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  • Mi primo, El Animal, como le dicen mis amigas

    Mi primo, El Animal, como le dicen mis amigas

    Todos los sábados nos juntamos en el club del pueblo para charlar, jugar tenis, pelota paleta, nadar. Ese no era un sábado diferente. Y como era pleno verano, la mayoría en malla. Yo, con mis 20 años, sin novio, con un cuerpo aceptable, trataba de pasar el tiempo deleitándome con los chicos que muy a la moda, aparte de hacer un deporte, todos los días iban al gimnasio, por lo que sus cuerpos eran esculturales. Aunque, había algunos que su deporte preferido era jugar a las bochas o a las cartas. Y sus físicos, deseaban bastante que desear. Nada de gimnasio y deporte. Algunos, como mi hermano y mi primo Luis, ya con un poco de pancita.

    Un sábado, estaba con otras amigas cuando veo que Luis sale del cuartito donde guardan las colchonetas de gimnasia. Me pareció raro, pero no comenté nada. Él fue directo donde estaban mi hermano y otros a jugar a las cartas.

    Un rato después, algunas chicas se fueron a la pileta y quedé sola con Patri. Charlábamos de cualquier cosa cuando vino Tere, con cara de cansada y dolorida.

    “Te pasó un tren por arriba.” Dijo Patri.

    Tere la miró, luego me miró a mí y otra vez a Patri.

    “Tranquila, es amiga y prima del animal.” Dijo Patri.

    “Uno no, dos trenes. Yo no podía creerlo, pensaba que era una exageración, pero sí que es real. Literalmente es un animal. Me partió en dos. Yo pensaba que podía manejarlo, que tonta fui.” Dijo Tere.

    “Viste, lo mío fue peor, porque empezamos en el boliche y después fuimos al hotel. Me dio toda la noche.” Dijo Patri.

    Yo, que andaba escasas de emociones los últimos meses, estaba súper intrigada de quien hablaban.

    “Lo peor de todo, es que piensa que semejante aparato entra fácil en todos lados. Te juro que me cuesta caminar bien.” Dijo Tere.

    “Por tu cara, veo que nunca te agarró.” Me dijo Patri.

    “Juro que no se de quien hablan.” Dije.

    “Del animal, de Luis tu primo, de quien más.” Dijo Tere.

    “¿Del gordo?” Pregunté con asombro.

    “Si. Los otros se matan en el gimnasio, pero el que más locas tiene a las chicas es el Animal, como le decimos nosotras.” Dijo Patri.

    “¿En serio, Luis, con esa panza, ese físico antideportivo, esa cara de manso?” Pregunté sin poder creerlo.

    “Otra ovejita.” Dijo Tere.

    “Ro, si no te tiraste al Animal, no sabes lo que es el sexo, sexo puro y bestial, solo por placer.” Dijo Patri.

    “No sabes cuantas minas con novios espectaculares, pintones, atléticos, se mueren por volver a estar con él.” Dijo Tere.

    “Y por lo que me enteré, atiende a varias casadas también.” Dijo Patri.

    Me quede con la boca abierta. Luis, mi primo, de pronto era el “Animal”, una bestia sexual.

    “Nunca me imaginé, y nunca estuve con él.” Dije.

    “No sabes lo que te perdes de conocer. Y si se te ocurre voltearlo, primero prepárate para que te agarre por todos lados, el no para.”

    “Pero, ¿Cuál es el tema, la tiene muy larga, gorda? Pregunté.

    “Tiene el tamaño justo para que siendo muy bien usada, te haga mierda. Si no mira como camino.” Dijo Tere y se fue a los vestuarios, con evidentes muestras de molestias para caminar.

    Me quedé impresionada, nunca me imaginaba eso de Luis.

    Un par de semanas después, un viernes, vino a mi casa para traer unos paquetes, justo en el momento que estaba sola.

    “Luis, hace unas semanas unas chicas me contaban que tenes el apodo de “Animal”, por como te las volteas.”

    “Si, eso me comentaron.” Dijo sin darle importancia.

    “Dale, no te hagas el misterioso.” Dije.

    “No jodas prima.” Dijo y se dirigió a la puerta.

    “Esperá. No podes dejarme así.” Dije.

    “¿Así como?” Preguntó sonriendo.

    “Así intrigada y caliente.” Dije.

    “Nina, en serio, no jodas.” Dijo.

    “Mis viejos vienen en tres horas. ¿Te alcanza?” dije desafiante.

    Él se dio vuelta, caminó dos pasos y tomándome la cara me partió la boca de un beso. Me tomó de la mano, me llevó a mi dormitorio, me quitó la ropa y en menos de un minuto estaba chupándome la concha, si, como Animal. Fueron un par de minutos y ya estaba teniendo orgasmos. Cuando se cansó, me hizo poner de rodillas, juntó mis muñecas en mi espalda, y me metió dos dedos en la concha mientras me chupaba las tetas con furia. Mordía, chupaba y dedeaba. Mis orgasmos, no paraban. De pronto sentí que uno de sus dedos entraba en mi culo sin pedir permiso y se metía hasta el fondo. Me dolía, pero el placer era más fuerte. Ahora me masturbaba concha y culo al mismo tiempo, mientras su boca iba de mis tetas a mi cuello.

    Gozaba como loca. Metió un segundo dedo en mi culo sin piedad. Ahí me di cuenta del porqué del apodo:

    “Pará animal. Me haces mierda el culo.” Dije.

    Por el contrario, ahora metió otro dedo, dejando solo uno en mi concha. Mi orto estaba abierto totalmente. Mis orgasmos crecían en cantidad e intensidad. Me puso en cuatro patas en el borde de la cama y antes que me diera cuenta su pija entraba en mi orto. Lentamente fue metiéndola, era gruesa pero para mi sorpresa no dejaba de entrar. A mi mente se vino un palo de amasar, unos 25 cm., de largo y bien grueso.

    Cuando la tuvo toda adentro, me apretó bien fuerte las caderas y comenzó a bombear con todo. Sentir salir y volver a entrar esa bestialidad me volvía loca. Me temblaba todo el cuerpo, no podía controlarlo. De pronto se quedó quieto, y era tal mi excitación que me empecé a mover yo para meter y sacar esa pija de mi orto. Apoye mi cabeza en la almohada, y me acariciaba las tetas apretando mis pezones. Cuando vio que una de mis manos iba a mi clítoris, me dio un chirlo y dijo:

    “No, ahora por el culo solo.”

    Saque mi mano y volví a mis tetas. Me tomó de los cabellos, hizo que arque mi espalda y nuevamente se movía, ahora con todo, golpeando sus pelotas contra mi concha. Cuando acabó, sentí todo mi intestino lleno de leche, haciendo que tenga el mayor orgasmo anal de mi vida. Se quedó quieto por unos segundos y me hizo girar para chuparle la pija. Cuando la ví no lo podía creer. Como lo había imaginado, casi un palo de amasar.

    La chupe toda y la limpié a la perfección. Pensé que iba a parar, pero no fue así. Tomó mi cabeza y me hizo seguir chupando. Su erección no bajaba. Mi excitación al verlo tampoco. Me puso boca arriba, llevó mis rodillas a mi pecho y me la metió por la concha de una. Nunca algo tan grande me había penetrado, y tan dura. Podía sentir como mi pobre concha se expandía para recibirla. Una parte de su pija no llegaba a entrar, pero sus embestidas eran brutales. Cada dos o tres, tenía un orgasmo tremendo.

    Pedía por favor que se detenga, que no daba más, pero él no hacía caso. Pudieron ser 10 minutos o 20, no lo sé pero de pronto, me envistió con todo y tuve un orgasmo tan grande que todo mi cuerpo temblaba, se sacudía sobre la cama. Lejos de parar, sacó su pija y me la metió en el culo nuevamente.

    “Pará animal, por favor te pido.” Dije.

    “Vos ya gozaste, ahora me toca a mí.” Dijo.

    No podía entender como su pija pasaba sin cesar de mi culo a mi concha y de vuelta a mi culo. Incluso llegue a pensar que tenía dos pijas por la forma en que me daba. Yo no podía parar de excitarme al sentirme penetrada de esa forma. Y su pija, ni atisbos de cansancio tenía. Estaba mareada, por momentos parecía que perdía el conocimiento de tanto placer y agotamiento.

    Fue en uno de esos momentos, que me levantó de la cama, me hizo parar frente a una pared y comenzó a bombearme el culo como loco. Apoyaba su boca en mi nuca y podía sentir su respiración acelerada al máximo. Mis pies casi no tocaban el suelo. Mis manos trataban de arañar la pared, era demasiado placer. De pronto, acabó nuevamente, haciéndome tener un super orgasmo. Sin darme tiempo a nada, me hizo poner de rodillas y me empezó a coger la boca como animal.

    Casi no podía respirar. Fueron 10 minutos terribles. Finalmente acabó en mi boca llenándome de leche. Me ayudó a ir a la cama, se vistió y se fue.

    Había pasado una hora y media. Como pude me di una ducha y me metí a la cama. Miré el reloj y eran las 5 de la tarde.

    Cuando desperté ya había amanecido. Fui al baño y los dolores en la cadera, mi culo y mi concha eran increíbles. Cuando pude, fui para el club. Tere y Patri me vieron llegar y se largaron a reír.

    “Bienvenida al club de las reventadas.” Dijo Patri.

  • Cena de aniversario

    Cena de aniversario

    Mis publicaciones no siguen una cronología los escribo y publico a como llegan los recuerdos a mi mente, espero que sea de su gusto la siguiente agridulce experiencia.  Y: Sólo mantén la calma.

    Exhalé las palabras con los dientes apretados mientras subía mi sedosa tanga crotchless hasta mis redondas caderas. Sacando mi vestido de la percha enganchada sobre la bisagra de la puerta del armario, me puse la falda y tiré de la tela elástica y ajustada sobre mis caderas. Cuando la tela gris metálica eclipsó la sedosidad de mi tanga diminuta, deslicé los brazos por debajo de los tirantes finos y enderecé la tela del frente sobre mis pechos.

    Volviéndome hacia el espejo, evalué mi apariencia. El dobladillo de la falda ajustada se detuvo centímetros por encima de mi rodilla, halagando la línea de mis piernas. El perfil mejoró cuando entré en un par de tacones de cuatro pulgadas. Mis ojos siguieron la curva de mis caderas hacia arriba a través de mi barriga plana hasta que mi mirada se posó en el generoso escote que estalló con entusiasmo sobre las copas gemelas del vestido. Incluso sin sostén, mis senos copa-C se sostenían sobresaliendo audazmente de mi caja torácica.

    Hice una media vuelta mientras alisaba el material sobre mi trasero, mis nalgas como esferas de navidad suspendidas como efecto de la reluciente tela gris que lo cubría. Siguiendo el arco de mi columna hasta la piel pálida de mi espalda expuesta, mi mirada se completó con los mechones sueltos de mi cabello que se derramaba sobre mis hombros desnudos y colgaba de manera tentadora sobre mi busto. Me sonrojé cuando reconocí que me veía muy sexy, luego me suspira esperanzadoramente al recordar la ocasión para el atuendo.

    Y: Es la cena de aniversario- agarrando mi bolso y apagando la luz mientras cerraba la puerta de la habitación – Solo mantente positiva.

    Todas las parejas tienen sus altas y bajas, pero en ese momento Mi Rey y yo, definitivamente estábamos en el fondo, lo últimos meses entre celos, desatenciones para mí y la bendición, como su adicción al trabajo, habían sido muy difíciles, finalmente lo había arrinconado a celebrar el aniversario con una cena.

    Muy en mi interior aun tenia mis dudas si esta cena fue una buena idea de mi parte, porque a pesar de todo Amaba a este hombre, pero, era desde cualquier punto de vista, el peor cliente de restaurantes del mundo. Exigente, impaciente, grosero, ruidoso y, para colmo, un terrible dador de propinas, su conducta grosera en los restaurantes no parecía tener límites. En la cena de mi cumpleaños, me cubrí la cara con una servilleta mientras él regañaba en voz alta a un mesero por una leve imperfección en la preparación de su bistec. Cuando salimos del restaurante, le di sigilosamente al camarero un billete, segura sin mirar que el recibo de la tarjeta sobre la mesa reflejaba aún más la descortesía y tacañería de Mi Rey.

    Mis padres pasaron por la bendición a media tarde, Por sus múltiples ocupaciones quede en encontrarme con mi esposo, en el restaurante, cuando mi taxi se detuvo junto a la acera justo antes del puesto de aparcacoches. A través del parabrisas, pude ver a mi Rey dando instrucciones detalladas al pobre chico encargado de estacionar su preciado coche. Respiré un último suspiro e intercambié una mirada de complicidad con el taxista sonriente mientras salía del coche. Mi Rey me vio cuando cerré la puerta y me acerqué hacia el mientras apuntaba a su reloj.

    MR: ¡Princesa! Ahí estás, finalmente. Espero que no le hayas dado una propina a ese tipo; te trajo aquí casi diez minutos tarde…

    El conductor me lanzó otra mirada a través de su ventana abierta mientras entraba al tráfico. Me incliné y le di amado esposo un beso en la mejilla y lo tomé del brazo, mientras caminábamos al interior, infle exageradamente mis mejillas mientras exhale y puse los ojos en blanco sabiendo que lamentablemente la noche ya iba exactamente como esperaba. Era una de mis restaurantes favoritos, aunque siempre fue un asador demasiado caro según mi Rey, cuando entramos y nos acercábamos a la recepción. El anfitrión comenzó a presentarse como Pedro e intentó dar la bienvenida, pero mi Rey lo interrumpió.

    MR: Sr. …, mesa para dos- ladrándole al paciente caballero

    El Anfitrión reviso el libro, encontró nuestro nombre y mientras miraba hacia el comedor confirmando que nuestra mesa estaba lista.

    MR: ¡Cuánta inteligencia! ¡Espero que payasos nos den una buena mesa por lo que cobran aquí! – gruñó para mí y para cualquier otra persona que estuviera a 50 metros a la redonda.

    Su queja no fue rescindida cuando el anfitrión regresó un breve momento después con gruesos menús encuadernados en la mano para acompañarnos rápidamente a nuestra mesa. Lancé una mirada suplicante a los otros comensales cuando pasamos, rogando un don de telepatía aún no descubierto para alertar a estos civiles inocentes de que yo también estaría entre las víctimas involuntarias del comportamiento de mi Rey. Lamentablemente, parecía que mis esfuerzos psíquicos no tuvieron éxito, ya que el resto del comedor continuó su rumor sin preocuparse por la pareja sentándose entre ellos.

    Antes de que el anfitrión terminara de empujar la silla para mí, mi Rey ya había cerrado su menú y había decidido su pedido. Cuando el camarero llegó unos momentos después para recitar su lista memorizada de especiales, su oferta de aceptar nuestras solicitudes de bebida fue interrumpida cuando mi Rey arrojándole un torrente de aperitivos, ensaladas, entradas para él, y una botella de vino. Mientras el camarero, un joven moreno alto y poco agraciado llamado Lázaro, luchaba por ponerse al día con la lista, yo me apresuraba a revisar el menú para hacer mi pedido y ahorrarle al pobre un viaje adicional. Leí la mirada de alivio en el rostro de Lázaro cuando se apartó de nuestra mesa y regresó a la seguridad de la cocina.

    Llegó un ayudante de camarero con vasos de agua y una canasta de pan. Mientras se movía alrededor de la mesa y abastecía nuestros cubiertos y platos, vi como sus ojos se desviaban disimuladamente recorriendo mis pechos, mi perfil de reloj de arena y mi cabello.

    Mi Rey se aclaró la garganta mientras partía un pan por la mitad y el ayudante de camarero se escabulló, pronunciando un fugaz

    Disfruten su comida.

    Torcí la boca en una sonrisa tensa, mientras mi Rey irrumpió en su línea habitual de quejas y discusiones durante la cena: trabajo (é), escuela (la bendición), trabajo (él, él, él, él).

    Su monólogo engreído duró todo el servicio de vinos, durante el cual ni siquiera miró en dirección a Lázaro. Sin embargo, noté que Lázaro tenía la mirada fija en mí. O más bien, se fijó en lo prominente de mi pecho mientras llenaba la copa de vino de mi Rey, y mientras giraba hacia la mía, parecía como si fuera a caer en el abismo suave y acogedor de mi escote. Me reí en voz baja y me sonrojé, sosteniendo mi vaso mientras él servía.

    L: Eso es… un hermoso vestido, señorita.- Tartamudeó torpemente mientras limpiaba el borde de la botella con una servilleta y la colocaba en el centro de la mesa.

    Cuando se volvió para irse, noté un bulto largo que recorría el interior de su muslo. Mi diablito de la retaguardia me murmuraba -Le gustas-.

    Afortunadamente nuestras ensaladas llegaron, permitiendo que mi rubor carmesí y risa pasara desapercibido para mi Rey.

    A medida que avanzaba la cena, mi Rey estaba sorprendentemente satisfecho con su plato principal, e incluso se mostró cortés con Lázaro y el personal del restaurante. Como resultado, yo – y, aunque sin que ellos lo supieran, los otros clientes en el comedor – pudimos disfrutar de nuestras comidas y la noche parecía que iba a terminar agradablemente.

    Lázaro regresó con el servicio de postres y café, colocando cada plato frente a nosotros, luego hizo un segundo circuito de la mesa mientras servía los cafés. Mi diablito de la retaguardia reanudó sus maliciosos consejos en mi hombro. Mientras mis Rey, inconscientemente, bebía de su taza.

    En la distracción de mis lascivos pensamientos torpemente perdí el agarre del mango de una cuchara, tirando el utensilio al suelo. La cuchara repiqueteó ruidosamente sobre la madera pulida mientras reflexivamente me lanzaba de mi asiento para recogerla en mi vergüenza. La parte delantera de mi vestido se alejó de la parte superior de mi cuerpo, ampliando el espacio entre mi busto y la tela, exponiendo mis tetas colgantes a cualquiera que prestara atención y Lázaro estaba prestando atención.

    Con la boca abierta, Lázaro trató de dejar la jarra sobre la mesa mientras se movía para ayudarme, pero atrapó el borde de un plato con el borde de la jarra. La olla desequilibrada se inclinó, derramando café hirviendo sobre el mantel y sobre las piernas de Lázaro.

    L: Señorita, ¿se encuentra bien?- Ignorando su propia incomodidad,

    Lázaro tenía una servilleta preparada en caso de que me hubiera tocado el derrame. Me quedé boquiabierta en silencio ante el desorden, mis ojos pasaron de la mancha marrón en la mesa al rostro de Lázaro a la entrepierna empapada de sus pantalones mientras trataba de encontrar mi voz para reconocer que la escena era culpa mía. Mi Rey tenía una opinión diferente y no quedó igualmente mudo.

    MR: ¡Chingada madre! ¡¿Qué chingados te pasa?!- Gritó mientras se levantaba.

    Solo me quedo ver por enésima vez lo prepotente que era mi Rey, con una expresión lúgubre de desconcierto y tristeza en su rostro.

    MR: De todos los pendejos me tenía que tocar el más Grandísimo… ¡¿No hay alguien en este pinche changarro que sepa hacer bien su trabajo ?!- El comedor se había quedado en silencio excepto por los gritos del abusivo de mi Rey.

    L: Lo siento, señor. Fue un error -tratando de disculparse mientras su expresión mezclaba horror y evidente incomodidad por el café caliente en sus piernas.

    MR: ¡Tienes toda la pinche razón, te vas a arrepentirte! ¡Esta cena está arruinada! ¡Quiero hablar con tu pinche gerente! ¡O con cualquiera en este lugar que no sea completamente un pendejo!- No le gritó específicamente a Lázaro, sino al restaurante en su conjunto.

    Bajando sus ojos abatidos, el camarero se escabulló hacia el baño de hombres, dejando que la galería volviera a la vida conscientemente mientras el ayudante de camarero se apresuraba a atender el desorden. Cuando el siguiente joven se apresuró a contener el derrame y recoger la vajilla desplazada, la ira de mi Rey se volvió contra él.

    Asqueado por la desquiciada falta de cortesía de mi Rey, me levanté bruscamente de mi silla mientras tiraba la servilleta y me disculpaba en silencio. Mi Rey todavía se compadecía de la injusticia que les había sucedido, por lo que era dudoso que se fijara en mí cuando me fui.

    Con una mirada por encima del hombro hacia el comedor, abrí la puerta de vidrio esmerilado del baño de hombres y encontré la forma robusta de Lázaro inclinada sobre el fregadero, limpiando intensamente el café de sus pantalones negros. Me vio en el espejo cuando entré, mis tacones haciendo clic en las baldosas relucientes. Sus ojos estaban vidriosos, conteniendo las lágrimas frustradas. Suspiró pesadamente mientras arrojaba una toalla sucia en la canasta y se volvía hacia mí.

    L: Si también has venido a gritarme, lamento mucho el desorden en la mesa. Yo pagaré las facturas de la tintorería. Se apoyó tensamente contra el mostrador, con la cabeza gacha y las manos agarrando el borde mientras se preparaba.

    Observé que los músculos de su pecho y brazos se flexionaban bajo la camisa de vestir blanca.

    Y: No vine a gritar. – me acerque a él- Fue un accidente que no fue tu culpa en primer lugar, y, de todos modos, no me callo nada a mi- Mostré mi mejor intento de una sonrisa cautivadora. – No te preocupes por mi marido. Puede ser un idiota y lamento cómo te trató.

    La mandíbula y los hombros de Lázaro se tensaron de nuevo cuando se volvió hacia el fregadero, agarró una toalla limpia y reanudó el fregado de la pernera del pantalón manchada.

    Y: déjame ayudarte con eso. – acercándome a él mientras tomaba la toalla de su mano grande.

    Me incliné sobre él para llegar al fregadero; con mis tacones de diez centímetros, estaba casi a la altura de él agachado sobre el lavabo. Escurriendo el trapo mojado, me agaché frente a él para inspeccionar el daño.

    Y: No deberías restregarlo así. Tienes que limpiar la mancha. Aquí, recuéstate sobre el lavabo.

    Presionando el paño húmedo en sus pantalones, pude sentir las robustas piernas contraerse y flexionarse bajo las yemas de mis dedos.

    Y: ¿Ves? Creo que está empezando a salir ahora.- Palmeé la toalla a lo largo de su entrepierna, empapé la mancha y tiré el trapo sucio en la canasta- Pásame otro limpio.

    Giró su torso para alcanzar la pila de toallas limpias. Me di cuenta de que, desde su posición ventajosa, su mirada se dirigió directamente a la parte delantera de mi vestido. Le quité la toalla de mano y volví a secar el café. Mirando hacia arriba, pillé a Lázaro fijándose de nuevo en mis senos expuestos por el ángulo.

    Y: ¿No es eso lo que te metió en este lío? Le pregunté con una sonrisa tímida, presionando el trapo húmedo contra la parte interna de su muslo.

    Sus fosas nasales se ensancharon mientras respiraba con dificultad. Debajo de sus pantalones, sentí su polla saltar en respuesta a mi toque.

    Y: No pretenderías que realmente creí que encontraste mi vestido tan interesante, ¿verdad?

    Concentré mis palmaditas a lo largo de su dura polla, mirando fijamente el bulto creciente debajo de mis dedos mientras hablaba.

    Y: Aunque no fue tu culpa, debes saber que mi esposo no te dará una propina después de ese desastre. Hice una pausa y miré hacia arriba para evaluar su reacción

    La tensa frustración, ahora con un borde de ira, había regresado a su mandíbula, pero fue contrarrestada por un brillo de lujuria esperanzadora en sus ojos. Mis dedos reanudaron sus palmaditas, trazando el contorno del firme glande. Dejo escapar un largo y lento suspiro mientras yo acariciaba su eje con la mano derecha, mi mano libre se dirigía a su cinturón.

    Y: Entonces, si él no va a recompensar su excelente servicio, mis dedos sacaron la banda de cuero de su hebilla, supongo que tendré que encontrar una manera de compensarlo.

    El botón de sus pantalones se abrió de golpe y lentamente le desabroché la bragueta, sus pantalones se abrieron para revelar los calzoncillos bóxer negros con hinchado y palpitante trozo de carne debajo. Mi mano derecha abandonó su masaje, uniéndose a la izquierda mientras tiraba de sus pantalones hasta sus muslos y luego tiraba hacia abajo de la parte delantera de sus calzoncillos. Con un tirón más, la amplia y morena erección de Lázaro saltó, ondeando y balanceándose a centímetros de mi cara en su regocijo por estar libre.

    Metiendo la pretina elástica detrás de sus testículos, consideré el considerable desafío que me había planteado. Agarrando la base del monstruo con mí, apreté su eje justo debajo de la cabeza entre mi pulgar e índice. Lázaro se apoyó contra el borde del lavabo, aspirando un profundo suspiro anticipatorio mientras me miraba expectante. Poniéndome de rodillas, contuve la respiración y me zambullí.

    La cabeza abultada de su polla estiró mis labios, pegando mi lengua y magullando la parte posterior de mi garganta con un trozo de carne de buen peso. Jugué con mi boca alrededor de su circunferencia, mi boca luchaba por controlar el enérgico y carnoso cilindro. Emitiendo una serie de sonidos pequeños y apesadumbrados, ajusté mi mandíbula mientras su glande se movía en mi garganta hasta que descansaba pesadamente, pero más cómodamente, sobre mi lengua. Acariciando su eje rígido con mi mano izquierda y agarrando su base con mi derecha, comencé a tirar de mis labios fuertemente fruncidos a lo largo de su barra rígida e hinchada.

    Mi pequeña boca se tensó y mis mejillas se hincharon mientras arrastraba su polla a través de mis labios apretados. Mientras mis labios y manos apretaban y masajeaban su hinchada verga, dentro de mi boca, bañé la cabeza de su pene en mi cálida saliva mientras giraba con devoción mi lengua alrededor del abultado glande. El efecto del vigoroso batir de mi lengua en su rígida vara fue inconfundible, mientras su polla se movía y rebotaba con entusiasmo en mi boca.

    Gradualmente, mis movimientos comenzaron a caer en un ritmo, con ambas manos acariciando su barra, ensanchándome para apoyarme contra él cuando llegaron a la base de su vara. Mi boca siguió de cerca detrás de mis manos, trazando su miembro con mis labios juntos hasta que su punta se alojó en la parte posterior de mi garganta y no pude meter más de su rígida herramienta en mi boca. Lo sostuve en el punto de penetración más profunda tanto tiempo como pude, con lágrimas en los ojos mientras me atragantaba la enorme cabeza de su polla. Finalmente, solté mi boca, jadeando por respiraciones profundas y agradecidas mientras acariciaba vigorosamente su polla cubierta de saliva con mis delicadas manos.

    Cuando mi cabeza se inclinó sobre su abultada polla, mis mechones sueltos se derramaron sobre mis hombros y oscurecieron mi rostro. Lázaro apartó los gruesos mechones de los ojos y recogió mi cabello en una cola de caballo en la parte posterior de mi cabeza. Agarrando el mechón con fuerza en su mano izquierda, comenzó a dirigir la velocidad de los movimientos de mi boca hacia su erección. Suavemente al principio, pero cada vez más agresivo e impaciente, sus caderas comenzaron a moverse para encontrar mi boca en su trayectoria descendente, mi ritmo fue dictado más notablemente por el agarre de Lázaro sobre mi melena. Con mi cabeza balanceándose rápidamente sobre su polla.

    La mano libre de Lázaro vagó por la suave piel de mi rostro, su amplia palma trazó a lo largo de la línea de mi mandíbula y el bulto que bombeaba en mi mejilla, luego pasó por debajo de mi mandíbula a través de mi garganta hasta mi hombro. Sus largos dedos se encontraron con la tira de mi vestido y la apartaron, enviando casualmente la tira en cascada por mi brazo. La copa de mi vestido se aflojó y se deslizó, la tela se inclinó para exponer mi pecho izquierdo. Desenvolviendo momentáneamente mi mano izquierda de su eje hinchado, saqué mi brazo de debajo de la correa, repitiendo el movimiento con mi brazo derecho y doblando la parte delantera de mi vestido hacia abajo para dejar al descubierto mis senos.

    En un instante, la mano derecha de Lázaro envolvió mi busto, ahuecando mi pezón en su palma mientras hundía sus dedos en la carne firme y carnosa. El contacto con mi sensible botón envió un hormigueo a través de mi cuerpo, y gemí con su grueso pitón llenando mi boca. sus ojos dejaron brevemente el espectáculo de mi boca y mis tetas para echar un vistazo al vidrio esmerilado de la puerta.

    Liberando mi boca, besé su palanca hasta que mis labios se encontraron con el pliegue donde su polla se encontraba con su escroto. Picoteando con cautela a lo largo de sus bolas mientras continuaba acariciando su polla, hablé, mi voz ronca y chirriante por la tensión sostenida en mi garganta.

    Y: ¿Estás preocupado de que alguien se acerque a nosotros? -Besé tiernamente a lo largo de sus testículos y coqueteé con la punta de mi lengua por la parte inferior de su saco.

    Él asintió con la cabeza vacilante, soltando su agarre en mi cola de caballo improvisada, pero negándose a soltar mi teta mientras lo acariciaba y yo continuaba acariciando ligeramente sus piedras con mis labios y lengua. Sus ojos se movieron frenéticamente de mis labios en sus bolas, a mis tetas desnudas, de regreso a la puerta del baño, luego finalmente al baño accesible para discapacitados al final de la pared del fondo, frente a un trío de urinarios. Miré por encima del hombro, siguiendo su mirada.

    Y: ¿Parezco el tipo de mujerzuela que follaría en un baño? Le pregunté con incredulidad mientras lo miraba desde mis rodillas.

    La expresión confusa y desesperada de Lázaro no tenía precio cuando me paré. Con los ojos muy abiertos, vio cómo me bajaba las bragas por las piernas, deje deslizar mis tangas hasta mis tobillos y luego me doblaba para levantarla del azulejo. Metiendo pequeño trozo de tela en el bolsillo de su camisa de vestir, me alejé sin mirar atrás, crucé el baño hasta el cubículo.

    Lo escuché intentar apresurarse detrás de mí, disminuí la velocidad mientras se agarraba los pantalones desabrochados. Lázaro cerró y aseguró la puerta de acero inoxidable detrás de él, en el estrecho corral y empujó mi espalda desnuda hacia la fría pared de metal. Bajando la cabeza, presionó sus labios contra los míos por primera vez, su boca humeante se abrió paso en la mía, su lengua ancha se movió y luchó con la mía. Sus grandes manos aplastaron mis tetas desnudas, apretando mis panquesitos carnosos apasionadamente.

    Apretó su cuerpo con más fuerza contra el mío, aplastando el aire de mis pulmones mientras me apretujaba entre su cuerpo y la pared divisora. La barandilla de metal se hundió en mi espalda mientras apoyaba mis manos contra su pecho, sintiendo el latir de su corazón debajo de su camisa blanca. Su polla rígida y desnuda se clavó agresivamente en mi estómago, dejando una mancha espumosa y viscosa en la tela de mi vestido. Flexionando sus caderas, rítmica e insistentemente presionaba su erección completa contra mi vientre.

    Liberando momentáneamente mis tetas, las manos de Lázaro cayeron por mis costados hasta el dobladillo de mi vestido. Rápidamente, tiró de la falda hasta mis muslos, subiéndola hasta mi cintura para exponer mi culo y mi coño desnudos. Agarrándome las nalgas con ambas manos, me levantó del suelo y apoyó el borde de mi trasero en la barandilla. Mis tacones altos se encontraron en su espalda mientras envolvía mis piernas alrededor de él mientras él me sostenía con sus manos metidas debajo de mis posaderas. Agarrando su eje en mi mano, guie el agrandado glande hacia mi mojado y afeitado hueco.

    Luchando por mantenerme callada, apreté los ojos y estiré la boca en un gemido silencioso mientras Lázaro me penetraba con toda la longitud de su palo duro como una roca. Suspendido en su agarre, la gravedad hizo que mi cuerpo cayera sobre su eje al mismo ritmo que empujaba hacia mí. Los resbaladizos pliegues de mi estrecha raja se separaron y se estiraron alrededor de su hinchada herramienta mientras Lázaro me empalaba con cada centímetro de su erección.

    La cabeza de su polla entraba hasta el fondo de mi coño y mi capacidad de silencio se rompió mientras trataba de gemir por el intenso y punzante placer, pero todo lo que escapó de mi boca fue un ronco crujido. Lázaro nos mantuvo allí, su polla en su penetración más profunda, llenando mi hambre con la polla que ansiaba. Dejé escapar otro jadeo silencioso, mis manos rodearon su cuello y agarré sus hombros mientras mis entrañas se agitaban alrededor del intruso hinchado.

    Mi cabeza se balanceó contra el frío metal cuando comenzó a aumentar el ritmo de sus embestidas. Con cada golpe, su glande golpeaba profundamente dentro de mi útero y lo mantuvo allí brevemente antes de retirarse para tomar impulso para el rebote. Un pequeño y sofocado murmullo se escapó de mi garganta con cada impacto, su tono y volumen aumentaron con cada golpe sucesivo. La urgencia de mis pequeños y desesperados ruidos creció a medida que mi espalda se agitaba con mi orgasmo que se acercaba. Tímidamente, hablé.

    Y: vas a hacer que me corra- al límite cuando el clímax me atravesó.

    Un gemido bajo y chirriante se abrió camino desde mis entrañas y salió de mi boca, convirtiéndose en un gemido estremecedor cuando la fiebre subió. Lázaro cortó el sonido con un beso profundo, colocando su boca sobre la mía para amortiguar mis gritos orgásmicos. Cuando mis gritos disminuyeron, su agarre en mis tendones de la corva se relajó y bajó mis pies hasta la baldosa, su polla deslizándose de mis labios.

    Equilibrándome de nuevo sobre mis tacones de diez centímetros, Lázaro me hizo girar de espaldas a él y me dobló por la cintura hacia la esquina del cubículo. Apoyando mis manos contra la partición y el ladrillo de la pared trasera, mi trasero se abultó tentadoramente ante él mientras se acercaba. Partiendo mis mejillas, Lázaro metió su polla profundamente en mi empapada vagina. El impulso empujó todo mi cuerpo hacia adelante, y descansé mi frente contra el dorso de mi mano mientras él bombeaba su verga en mí.

    Con sus manos alrededor de mis caderas, las embestidas de Lázaro rápidamente ganaron velocidad y poder, separando mis pliegues empapados con su herramienta dura como una roca. Martillando su polla profundamente en mi piscina de amor, tiró con fuerza de mis caderas para encontrar cada una de sus puñaladas y su cabeza golpeó poderosamente en lo más profundo de mi panocha.

    Levante mi pierna para que mi tacón descansara ahora sobre la tapa de la taza del inodoro, doblándome mientras me agarraba de la barandilla como apoyo y le daba un ángulo ventajoso para empujar su polla más adentro de mi raja. Deslizando una mano de mi cintura, azoto mi nalga con tanta fuerza que se me llenaron los ojos de lágrimas. Grité ante el picotazo mientras su mano viajaba por mi cuerpo, a través de la tela arrugada de mi vestido, siguiendo el arco de mis costillas, hasta que finalmente agarrar mi bubi que rebotaba. Apretando mi teta para complementar su agarre en mi cintura, aumentó el ritmo y la violencia de sus empujes. Encorvada en el baño de hombres de un restaurante, comencé a perder el control.

    Mientras apaleaba salvajemente mi nidito, mis pequeños y moderados ruidos aumentaron a medida que aumentaba el placer en mí. Agarrando la barandilla fuertemente con los nudillos blancos, me aferré a mi vida mientras su venosa carne invadía mi depilada raja. Mi respiración jadeante se hizo más laboriosa cuando mi continuo y atormentado lamento llenó el establo. Las paredes de mi coño se apretaron alrededor de su enorme polla mientras el orgasmo incapacitante recorría mi cuerpo. Con mis ojos saliendo de mi cráneo, grité, mi voz transformada por las abrumadoras convulsiones en mi coño en un ladrido ronco.

    L: ¡Ssshhh! siseó para que me callara, pero justo mientras hablaba, la puerta del baño se abrió y las pisadas resonaron en las baldosas.

    Sin otra palabra, Lázaro me levantó del suelo como una muñeca de trapo, haciéndome girar en el aire y colocando mi trasero desnudo sobre la porcelana fría encima del tanque del inodoro. Se paró frente a mí, con los pies a horcajadas sobre el cuenco. Sus manos ahuecadas debajo de mis rodillas, sosteniendo mis piernas en el aire y fuera de la vista debajo de la puerta del cubículo, volvió a entrar en mí con suavidad, pero firmeza, instando al silencio en sus ojos.

    AC: ¡Hey, Lázaro! ¿Estás ahí?- Los pasos se detuvieron fuera de la puerta del establo. Reconocí que la voz pertenecía al ayudante de camarero, que había venido a ver cómo estaba su amigo desaparecido. -¿Estás bien, hombre? -La tensión de estabilizar su voz mientras me follaba lentamente fue evidente en el rostro de Lázaro mientras respondía.

    L: Sí, Raúl. Solo estoy tratando sentirme mejor.

    Sonreí tímidamente ante su respuesta, a lo que Lázaro frunció los labios en otro gesto de silencio.

    R: No te quemaste, ¿verdad? Mierda, ese viejo imbécil seguía gritándome mientras yo corría de regreso a la cocina. Él tiene a Eric y Pedro lidiando con él ahora. La mujer desapareció ha de estar en baño, escondiéndose, es ardiente la vieja ¡le daría un poco de consuelo en su boquita remilgada!

    Arrugué la nariz con disgusto por la representación gráfica de mi persona, Lázaro respondió con un profundo empuje de sus caderas que me dejó apretando la mandíbula en silencio. Sin darse cuenta de los eventos en el cubículo, Raúl bajó la cremallera de su bragueta en el urinario y reanudó su monólogo sobre el sonido de su propia orina.

    R: Que tetas hermano, se ve que es bien cerda. ¡Sabes de lo que estoy hablando!

    Levanté las cejas inquisitivamente a Lázaro, quien sonrió con satisfacción mientras bombeaba mi raja goteante.

    R: ¿De dónde sacan unos imbéciles ricos como esas viejas tan calientes? ¡hombre, que tetas! ¡Quiero envolverlas alrededor de mi polla! Quiero decir, verla arrodillada frente a mi ¡Sé ve que es bien golosa, la puta! ¡Apuesto a que podrías follarte por el culo, correrte en su cara y luego te da las gracias!

    Con el chorro de orina de Raúl y sus vociferaciones silenciándose, sus pasos resonando hacia el lavabo, Lázaro sacó su polla de mi húmedo hueco y presionó la punta lubricada contra mi esfínter. Negué con la cabeza alarmada. Él insistió y empujó la punta firmemente contra mi apretado ano por segunda vez, y, de nuevo, negué con la cabeza

    Y: No.

    Sin desanimarse, Lázaro forzó su polla contra mi esfínter con una presión fuerte y decidida. Tomando un respiro profundo resignado, asentí con la cabeza y traté de relajarme.

    L: Sí hombre, apuesto a que tienes razón. -respondió a Raúl con un aire de distraída y satisfecha contemplación.

    Una vez que la gruesa cabeza de su polla había ganado su lucha para allanar su camino más allá de mí de la resistencia agónica de mi recto, el resto de su bastón destrozó mi apretado capullo rosa. Mi visión se oscureció y una oleada de vertiginosas náuseas me invadió. El moreno y duro cilindro se arrastró a través de mi ano, angustiada tragué bocanadas de aire en silencio como un pez varado cuando el borde inelástico de mi agujero se rompió. Dejé escapar una tos gutural involuntaria cuando su erección llenó mi trasero, un ruido que Lázaro cubrió aclarándose la garganta en voz alta.

    R: De todos modos, hombre- concluyó desde el otro extremo del baño mientras terminaba de lavarse las manos-te dejaré terminar. Nos vemos cuando regreses. -Hizo una pausa por un momento antes de continuar con su pensamiento-. Espero que te encuentres con esa viejota antes de que se vaya con el pendejo de su marido. Creo que te debe una buena propina, Después de esa puta escena-. Lázaro sonrió ampliamente mientras follaba mi culo apretado.

    L: Está bien, hombre. Veré qué puedo hacer

    Raúl se fue y cuando la puerta se cerró, las caderas de Lázaro aumentaron su ritmo, su erección bombeó rápidamente hacia mi puerta trasera. Metiendo mis tobillos sobre sus hombros, soltó mis rodillas y regresó sus manos al agarre favorito de mis balanceantes tetas. Mientras su dura polla empujaba en mi culo, se empujó más y más fuerte hacia mí usando mis cántaros como agarraderas.

    Con cada embestida, hacía una mueca y gritaba cuando su polla me estiraba y desgarraba mi ojete. Su respiración se volvió dificultosa y el ritmo de sus impulsos se volvió errático. Mientras apretaba mis pechos con ambas manos, nuestras miradas se encontraron y él asintió con la cabeza en confirmación.

    Sentí una agitación en mi ano mientras trataba de contraerse inmediatamente después de que se quitó la polla. Deslizándome del inodoro hasta el piso siguiendo sus instrucciones, volví a ponerme de rodillas sobre el frío azulejo del baño. Envolviendo mis tetas alrededor de su herramienta hinchada, levanté mis caderas y espalda, apretando su polla entre mis pechos mientras empujaba sus caderas. El efecto de mi cogida de tetas fue casi inmediato cuando Lázaro alcanzó la pared para estabilizarse contra su inminente clímax.

    Aprisionado entre mis ubres, su polla sufrió un espasmo y arrojó una carga que golpeó debajo de mi barbilla, su espeso semen se deslizó por mi cuello y se acumuló en mi clavícula antes de gotear entre mis agitados senos. Lázaro sacó su temblorosa erección de entre mis tetas con una mano mientras agarraba la parte de atrás de mi cabeza con la otra. Tirando de mi cara hacia su entrepierna, disparó una carga extra de semen directamente al puente de mi nariz. La eyaculación me salpicó la frente, las mejillas y el cabello mientras cerraba los ojos con fuerza en previsión del próximo ataque. Mientras masajeaba su eje, su glande se contrajo de nuevo cuando el esperma salpicó mis labios y barbilla.

    Abrí la boca y acepté su verga, amasando sus bolas mientras ordeñaba las últimas gotas de esperma de su polla. Chasqueando mis labios mientras lo sacaba de mi boca, tragué un último trago de saliva y esperma.

    Y: Gracias. -dedicándole una sonrisa maliciosa arrodillada frente a él.

    Lázaro contuvo el aliento, metiendo su aun duro pene en sus pantalones mientras se abrochaba el cinturón. Se apresuró hacia el fregadero, tomó un puñado de toallas, luego regresó al cubículo y me las entregó. Acepté con gratitud los paños, limpié el semen de mis senos y cuello, luego, mientras me ponía de pie, enderecé mi vestido para cubrir mis tetas, así como mi coño y culo recién follados. Le di un vistazo a mi rostro con una toalla mientras caminaba hacia el lavabo, luego mojé el trapo y limpié mis mejillas y barbilla más a fondo mientras enfocaba un ojo en mi reflejo y el otro en la puerta del baño de hombres detrás de mí.

    Lázaro se estaba poniendo visiblemente ansioso de que su ausencia del comedor probablemente se volviera más notoria a medida que se acercaban los veinte minutos. Limpiando los últimos rastros de eyaculación de debajo de mi mandíbula, asentí con la cabeza y sonreí cortésmente en señal de aceptación mientras arrojaba el trapo sucio en la canasta. Caminó hacia la puerta, la abrió y rápidamente escaneó el área antes de acompañarme de regreso al restaurante.

    Lázaro, sabiamente, se metió en la cocina para esperar nuestra partida. Mi Rey todavía atormentaba en voz alta al gerente y al anfitrión cuando llegué.

    MR: … ¡y no sé si alguna vez he experimentado una actuación tan vil y vergonzosa por parte de todo un establecimiento!

    Habiendo agotado los hechos relacionados con el incidente, mi Rey, había recurrido a amplios ataques emocionales contra el restaurante en su conjunto para alimentar su ego. Miró para registrar mi llegada a la mesa, mientras agarraba mi bolso del asiento. Sus ojos se posaron en la mancha lechosa de semen untado en el estómago de mi vestido. Señalando la mancha sucia, su perorata cambió de rumbo.

    MR: ¿¡Y qué hay de mi esposa, mi princesa!? ¡Su vestido se arruinó por este lío!

    Me sonrojé levemente mientras abría y cerraba mi bolso, luego caminé alrededor de la mesa, evitando los ojos abiertos de los caballeros mientras viajaban desde la mancha en mi vestido hasta mi cara enrojecida.

    MR: ¡No volveremos a este pinche changarro! -Concluyó su discurso

    Y: Rey, vámonos. -Le di una palmada en el hombro mientras comenzaba a caminar hacia la salida.

    MR: Mientras lanzaba su salva de despedida, ¡Será mejor que mi coche me esté esperando en el frente!

    Caminando detrás de mi marido, miré por encima del hombro para ver a Lázaro emergiendo de las puertas de la cocina. Al otro lado del comedor, luego sacó un pedazo de seda negro del bolsillo del pecho, culminando con un hondo respiro al mismo y una inmensa sonrisa de satisfacción.

    Subimos al coche mientras mi Rey repetía en voz alta al valet.

    MR ¡Pinche changarro de mierda, Nunca volveremos a venir aquí!

    Deslizando mi trasero por el asiento, sintiendo el calor de las vestiduras contra mi piel desnuda.

    Y: Tu quizás no, pero yo definitivamente sí. -en voz alta:

    Epilogo:

    1.- A las pocas semanas decidimos separarnos y después de un tiempo nos divorciamos.

    2.- Ya separada, pero aún no divorciada volví para un 2 x 1, con Lázaro y Raúl, pero esa es otra historia.

  • La fiesta de disfraces

    La fiesta de disfraces

    Ya tenía yo unos 30 años cuando mi cuñado, dos años menor, hizo una fiesta de disfraces con motivo de “Hallowin”.  Nuestras casas estaban un frente a la otra, sólo era cosa de cruzar la acera, allí vivían mis suegros, pero en esa fecha se fueron una semana a un estado del norte del país, de donde eran originarios, a festejar varios cumpleaños de los hermanos de mi suegra y el de ella misma, todos de octubre, incluidos sus padres. Seguramente el frío de enero tuvo que ver en sus costumbres. El caso es que la casa enorme, con seis recámaras, dos cuartos para las mucamas, a quienes también les dieron vacaciones, una sala enorme, comedor, cocina y cinco baños, quedó para el fiestero de mi cuñado. Varios de sus amigos y yo le ayudamos a limpiar, hacer los bocadillos, etcétera.

    Mi cuñado, hasta donde yo sabía, era bisexual y entre sus amistades había de todo. Seguramente una buena muestra de lo que hoy se conoce como la comunidad lésbico gay y anexas. Durante el día trabajamos mucho y me pegaba muy duro en las feromonas el olor del sudor de los demás. Me di cuenta que de vez en cuando se perdían algunos en las recámaras de la planta alta. Sólo la de mis suegros estaba con llave.

    El asunto es que en la noche acudimos Saúl y yo a la fiesta. Él, quien ni disfraz llevó, se retiró pronto, cruzó la calle dejándome allí, al cabo era la casa de sus padres y la fiesta de su hermano. Yo me hice un disfraz de diabla o súcubo o como se llamen, era un traje completamente rojo de, entonces, una nueva tela elástica y brillante. Incluí unas botas, una diadema con cuernos rojos, el pelo largo y suelto, una pequeña cola que no llegaba al piso, pero que, además, como toque de coquetería podía traerla sobre el brazo o darle vueltas con la mano. Aunque mis nalgas no eran grandes, sí tenían redondez, como mis piernas. La tela daba muy buena cuenta de ello, más en la parte superior donde estaba muy escotado por atrás (jalando la cola se podía ver la línea conde empieza el culito) y lo suficiente por delante para que el canal de las tetas resultara la entrada a lo caliente del promisorio Paraíso que quisiera asomarse por allí. Ya en la fiesta, me dediqué a apoyar a mi cuñado con el servicio, aunque cada quien podía servirse por sí solo.

    Mi marido estuvo junto a mí todo el tiempo que permaneció en la reunión y ni quién se me acercara. Sí se molestó un poco conmigo por lo atrevido del disfraz, pero ni modo, lo caliente (o lo puta, decía él) siempre se me notaba, aunque me vistiera de monja.

    Apenas pasaron diez minutos de que se retiró Saúl, ya era yo la chica más popular de la fiesta. No fueron pocos los que, desde atrás, me jalaron la cola y me susurraron alguna guarrada; ni qué decir de quienes platicaban de frente conmigo y, también en el baile, no podían levantar el rostro por estar ocupados viendo hacia abajo. Ja, ja, ja, sólo me acuerdo de ellos y me río.

    Lo bueno de la fiesta, para mí, fue cuando llegó un adonis disfrazado de minotauro, solo traía un tocado con cornamenta, un short dorado que parecía biquini y unas botas cafés pintadas como pesuña. Cuando pasó a mi lado nos quedamos viendo muy impresionados ambos. Sentimos el llamado instantáneo. No obstante me hizo una seña de que lo esperara y entró a saludar a todos los presentes. Era muy conocido este chico de 25 años y, tanto a las damas como a los “caballeros” se les iban los ojos, y las manos a algunos, admirando lo marcado de ese cuerpo. Cuando se desafanó de todos, mi cuñado le dijo “busca a tu Ariadna” y él contestó “Sí, creo que ya encontré el hilo” y vino directamente hacia mí. No pude evitar saludarlo con un beso, mientras le acariciaba los vellos del pecho. “Soy Tita” le dije por saludo. “Yo soy Mauricio”, contestó acariciando mi pecho sin sombra de contención o recato. “¿Bailamos?” fue todo lo que dijo, tomándome de la cintura y las manos, sin esperar respuesta. Yo le recargué mi cola del disfraz en el brazo y dándole una vuelta la enrosqué como nudo. “Es para que no te me vayas a perder en el laberinto”, le dije. “Ya sé cómo entrar y no quiero salirme”, fue su respuesta y yo junté mi rostro al suyo. Bailamos y nos acariciamos. Lo invité a la cocina y de allí pasamos a un pequeño y solitario jardín trasero de la casa que comunicaba con el cuarto de servicio y las habitaciones de las mucamas. Cuando nos sentamos le acaricié las piernas y se las apreté para confirmar la misma dureza que la de sus brazos y abdomen.

    Mauricio veía con pasión mi pecho. “Entonces tu disfraz es de becerro hambriento, y yo que creía que eras el becerro de oro”, le dije tomando su barba para que me mirara a los ojos. “Sí, se nota que estoy hambriento, pero no sabía que había vacas rojas”, contestó antes de darme un beso que correspondí febrilmente mientras él me sacaba una teta. “Yo era una diabla, pero ahora soy vaca. Mama, becerrito”. Estuvimos manoseándonos buen tiempo, hasta que le saqué el pene, o no recuerdo si él se lo sacó. El tamaño de su miembro no era descomunal, pero lo traía bien hinchado. No aguanté más y se lo chupé. Él no dejaba de acariciar mis nalgas, metiendo su mano por el escote. No había manera de desnudarme allí para realizar lo que nuestros cuerpos estaban exigiendo. Me puse de pie y, tomándolo de sus grandes huevos, que yo esperaba que estuvieran bien cargados, lo jalé de allí para llevarlo a una de las recámaras de las sirvientas. Cerré la puerta con seguro, no prendí la luz, pero entraba por la pequeña ventana superior la luz del jardín trasero, donde también se escuchaba música, risas y conversaciones. Cada quien nos desnudamos, sin perder la vista del otro para admirar el banquete que nos daríamos. Sin ropa nos acercamos de frente para darnos un beso y fundirnos en un abrazo. Mis chiches cubrieron su pecho, su verga me embadurnó de presemen el ombligo y con nuestras manos recorríamos las nalgas del otro, o de la otra, según el caso.

    Caímos en la cama, que resistió muy bien el golpe y el ajetreo posterior. Sin dejar de besarnos, me metí su falo que se deslizó hasta el fondo, lo abracé con manos y piernas. Se movió tanto que cuando tuvo la primera eyaculación, yo ya tenía varios orgasmos. Sin salir de mí descansó y me preguntó si me gustaría ser madre, “porque no me puse condón”, justificó y me dio un tierno beso, antes de decir “a mí sí me gustaría ser padre”. “¿Eso es una declaración de matrimonio?”, pregunté. “Sí, quiero vivir a tu lado” dijo sin mayor dimensión de lo que ignoraba.

    Al concluir el beso, empezándome a mover, le dije “A ver, ensaya otra vez”. Me monté en él y nos vinimos juntos. “¿Lo hice bien?”, preguntó. Lo apreté con mi perrito y su cara delató el placer que sentía. “¿Cómo lo hace esta vaca, señor semental?”, le dije antes de llenarle la boca con una teta, la cual mamó a la vez que acariciaba desde mi espalda hacia mis nalgas. “¡Divino, estoy en la Gloria!”, contestó cuando desocupó la boca. “Lléname otra vez la vagina y te cuento sobre mis posibilidades contigo”, le dije melosa. Sin más respuesta que colocarme en cuatro, me penetró, se movió como cinco minutos, bañando mi espalda del abundante sudor que le escurría de la cara. Me lo imaginaba tratando de cumplir alguna de sus rutinas de ejercicio para estar en forma, hasta que sentí dos oleadas de calor en mi interior, seguramente correspondientes a dos potentes chorros de esperma y se dobló sobre mi espalda, agarrando firmemente mis tetas y soporté su peso hasta que se percató de que estaba recargando gran parte de su anatomía sobre la mía y se tiró en la cama.

    “¿Ya puedes contarme?” fue lo primero que dijo cuando abrió los ojos. Ni qué decir que se molestó mucho cuando supo que yo era casada y quién era mi cuñado. “Te juro que lo disfruté tanto o más que tú, por favor, si de verdad sientes algo por mí, no me busques, ni comentes con alguien lo que hicimos esta noche tú y yo”, le dije al terminar de vestirnos y, discretamente, nos volvimos a integrar separadamente a la fiesta. A los pocos minutos, me despedí de mi cuñado, quien dijo “Quédate otro poco más, esto se está poniendo muy bien”. “Gracias, ya me divertí mucho. Adiós”, contesté dándole un beso de despedida.

    Al entrar a mi casa, vi que Saúl estaba leyendo y escuchando música a bajo volumen.

    –¿Cómo está la fiesta, Nena? –preguntó mirándome de arriba a abajo.

    –En su mero auge, por si quieres ir. Yo ya no aguanto esta ropa tan apretada, ni el humo de los cigarros, quedé toda olorosa –expliqué tomando mi cabello para olerlo– ¡Púchala, que feo huelo!, voy a bañarme –dije haciendo un mohín de asco y me metí al baño.

    No olía feo, olía a Mauricio y lo disfrutaba oliendo cada prenda que me quitaba. Al salir, Saúl me dijo “Te veías hermosa con tu disfraz de súcubo, has de haber llenado de malos pensamientos a más de un santo. Aunque a mí me parecía de puta, y me vine porque hubiera sido capaz de cogerte allá”. Me tomó en sus brazos y cargada me llevó a la cama. Sí, al chuparme la vagina supo que alguien me hizo el amor, “Sí, disfraz de puta” dijo metiendo su lengua una vez más en mi vagina… y otra vez me tocaron tres eyaculaciones. Terminé hecha polvo de tanto polvo. ¡Qué hermosos recuerdos!

    Para concluir, pondré como resumen, algo que escribí entonces:

    Ella escogió un disfraz de diabla; él, de minotauro. Coincidieron en la fiesta, él la vio como a una vaca roja y ella lo sintió como un becerro, por lo que tuvieron que abandonar el lugar. En pocos minutos el calor del infierno era poco para ese momento: él quería ascender a la Gloria y ella supo que el becerro había prosperado en semental.

  • Llegando (Partes 1 y 2)

    Llegando (Partes 1 y 2)

    Llegaste a nuestra casa de hacer unas compras o algo así, porque traías unas bolsas contigo. 

    Era media tarde y nos abrazamos saludándonos con unos besos ricos que pasaron rápidamente a caricias en nuestros cuerpos con las manos. Entonces tomaste mi mano, llevándome al sillón de la sala, donde nos recostamos y nos besamos mucho, acariciándonos muy rico.

    Abrazados como estábamos, nos quedamos juntos, tocando nuestros cuerpos.

    Te incorporaste, quedando sentada frente a mi, con tus ricos senos erguidos, presumiéndolos, abriendo lentamente los botones de tu blusa sin quitar tu mirada de mis ojos. Ágilmente te quitaste el brasier y yo me retiré apuradamente la camisa. Ya con tus senos desnudos, los acercaste a mi provocativamente -sabes que me encantan-, para restregarlos riquísimo contra mi cuerpo, abrazándonos de nueva cuenta y empezando otra vez los besos intensos con mucha pasión. Era muy rico, muy excitante, grato y agradable.

    Rápidamente yo retiré el resto de tu ropa y así acostada boca arriba, empecé a comer tu vagina y lamer tu clítoris, lo que me encanta hacer. El sabor era muy especial, estaba mojadita, rica.

    Me decías que te excitaba que lo hiciera, que te lo comiera y metiera mi lengua en ti, mientras apretaste un poco mi cabeza contra tu vagina y abriste más tus piernas para darme mayor acceso a ti. Eventualmente yo te di a probar de tus jugos, ya fuera con mi boca al besarte o mis dedos, que salían llenos de tu vagina, lo que era muy excitante.

    Pude sentir que te ibas excitando más. Me incorporé para ponerme a tu lado, sin dejar de tocar tu vagina, y te empecé a coger con dos de mis dedos que entraban fácilmente por lo lubricada que ya estabas. Por la forma que te toqué, en cada movimiento de mi mano, froté con la palma tu clítoris y eso hizo que tus flujos empezaban a salir más seguido. Mientras, tú extendiste tu brazo hasta alcanzar mi pantalón, desabrochándolo para sacar mi pene. Lo tomaste con tu mano, recorriéndolo, sintiendo lo excitado que ya estaba, me jalaste hacia a ti, para llevarlo a tu boca y empezar a chuparlo, rodeando la punta con tus labios y tocándolo con tu lengua en su longitud, hasta llegar a mis testículos, haciendo que se pusiera más largo, duro y saboreando las primeras gotas que asomaron en la punta.

    Hincado al lado del sillón, veía cómo lo metías en tu boca y recorrías con tu lengua, seguía tocándote y saboreando con mis dedos todo lo que salía de tu vagina, cogiéndote cada vez con mayor intensidad, a lo que tu cuerpo respondió estremeciéndose deliciosamente, con unas primeras corridas de tu parte

    Parte 2:

    Así estábamos, hasta que me pediste que entrara en ti. Para ello, te incorporaste y después de girar y ponerte en rodillas en la orilla del sillón, me ofreciste tus ricas nalgas, levantando tu cadera para mí.

    Es un espectáculo verte así, y muy excitante. Entonces incliné más tus hombros, acercándolos al asiento del sillón, tomé tu rico trasero, separándolo con mis manos para descubrir tu culito y poder lamerte bien tu clítoris, saborear así más de tus jugos que salían de tu vagina, y rematar en tu culito, que me encanta. Saborearte así, más ver cómo estabas mojando y escurriendo, hizo que disfrutara mucho comerte en esa forma. Aproveché para meterte otra vez mis dedos y desplazar tus pliegues, así como pasar mi pulgar sobre tu culito, presionando ligeramente, y sintiendo tu reacción a esas caricias.

    Acerqué mi pene a tu vagina. Estaba muy duro por lo excitado que me habías puesto con tu mamada, más toda la excitación del momento, y empecé a restregarlo un poco, jugando con tu clítoris y frotándolo en la entrada de tu vagina. Cuando lo sentiste allí, empujaste tu cadera para que lo metiera. Coloqué la punta y aprovechando uno de tus leves empujones, fue abriendo paso dentro de ti. Fue riquísimo sentir como tus labios vaginales se abrían y lo abrazan. Rápidamente entré hasta tocar fondo en tu vagina y empezamos a movernos, haciendo que chocaran mis testículos con tu cuerpo en cada embate.

    Tu excitación se incrementó y empezaste a correrte de nuevo, mojándome todo deliciosamente. Dijiste que me viniera dentro de ti, que querías mi semen en tu vagina y después de unos minutos muy intensos, y de estar empujando fuertemente en ti, empecé a correrme, presionando mi pene para entrar lo más profundamente en ti, mientras tú me mojabas nuevamente con tu corrida, lo que hizo que tu cuerpo se estremeciera por la excitación. Adoro que seas multiorgásmica y que de manera natural, repitamos varias veces, lo que hace muy excitantes nuestras sesiones de sexo.

    Después de una breve recuperación abrazados en el sillón, te incorporaste y fuimos al dormitorio.

    Al llegar al cuarto, te sentaste en la orilla de la cama, tomaste mi pene aún mojado de nuestras corridas y empezaste a lamer mi pene, alternándolo con besos en nuestras bocas, hasta que pusiste mi pene de nuevo duro y listo para más. Volviste a ponerte de rodillas en la orilla de la cama, y me acerqué por detrás de ti, para insertar mi pene profundamente en ti.

    Sacarlo de tu vagina, muy mojado, muy lleno de todo, y verlo así duro y mojado para volverlo a meter y sentir como te estremeces en cada empujón. Ver cómo entra de nuevo, con toda esa humedad que permite deslizarlo a mayor profundidad es delicioso.

    Sigo cogiendo tu vagina con mi pene, y de nuestra bolsita de juguetes saco el vibrador blanco y lo empecé a pasar sobre la entrada de tu culito. Lo mojé con tus jugos, y, encendido con un nivel de vibración que te gusta, hice presión con la punta en la entrada de tu culito, y vi como te estremeciste al sentirlo. Lo lubrico más con tus jugos y empiezo a insertar la punta en tu ano, pudiendo ver cómo se fue abriendo tu apretado culito para recibir el vibrador.

    Entonces, comienzo a cogerte con él, lo meto y saco rítmicamente, mientras te penetro con mi verga en tu vagina. En cada movimiento puedo percibir que te gusta sentirte invadida, llenita. Mojadita deliciosamente. Así estamos hasta que vuelves a correrte intensamente y tu excitación me provoca un nuevo orgasmo intenso dentro de ti.

  • José Carlos (Parte II)

    José Carlos (Parte II)

    Deslizaba mi mano por encima de su camisa, un manoseo lento pero contundente que exploraba la firmeza de su cuerpo, bajando poco a poco hasta el cinturón que desabroché con la experiencia que me caracteriza. Le desabroché el pantalón y con ansiedad le sentí ese pedazo de virilidad…

    ¡Dios!, qué cosa tan deliciosa sentir ese calor a través del bóxer y esa sensación que me empuja a transformarme en un animal en celo. Metí mis dedos en la ventana de sus interiores y lo palpé por primera vez… ardiendo, palpitando, venoso, rígido y muy grueso.

    Mis labios humectados se rozaban entre sí con el jugueteo de mis piernas, mi boca entreabierta y mi mirada clavada en la suya eran el marco ideal para dejarle una imagen de lo que le esperaba en la habitación. Mientras le masturbaba, noté su impaciencia y su deseo de tocarme, de sentir lo que se iba a comer en breves momentos. Su mano derecha buscaba hacerse camino entre la falda y mis piernas. Le abrí camino lo suficiente para que sintiera el calor de mis muslos y percibiera mis ligueros.

    Me lanzó una sonrisita cómplice mientras le miraba fijamente. No viene a mi memoria la primera vez que disfruté observando a un hombre retorcerse del placer que le proveo yo, pero es algo que he patentado en mi juego previo y sé de sobra cómo lo disfrutan mis amantes.

    Continuaba manejando, pero era evidente que cada vez le costaba más trabajo concentrarse. Sus ojos se abrían y cerraban continuamente al tiempo que me iba deshaciendo de sus pantalones y su bóxer. ¡Ese objeto viril me estaba exigiendo libertad!

    Le acariciaba el tronco con la palma de mi mano mientras mi dedo pulgar y el índice le estimulaban el glande. Le miraba con ojos de lujuria mientras lubricaba mis labios con mi lengua frente a él. Deseaba pasear mi lengua por su cara, pero había algo que por hacer primero. Dirigí su mano hacia mi entrepierna, hizo a un lado mi tanga y sintió lo mojada que estaba…

    “Méteme los dedos” – le ordené

    El obedientemente lo hizo y lo forcé a que se llevara los dedos empapados de mí hacia su cara. Tomé su mano y se la froté por todo su rostro especialmente en la nariz. Deseaba que me respirara, que sintiera que ya era mío y que fuera asimilando su nueva pertenencia.

    Gocé enormemente de cada una de sus reacciones, de su mirada embriagada por el placer que le daba, de la inquietud de sus manos y la torpeza de sus movimientos. Casi podía ver su ansiedad agolparse en su pecho, luchando por contener a la bestia que vi en su interior y fue ahí donde sentí la necesidad de lanzarme.

    Me aseguré de que mirara cómo abría mi boca con hambre, y bajé a saborear ese pene que me miraba atento desde hacía minutos. Mis dedos definitivamente cerraban menos, la palma de mi mano se sentía más caliente en más puntos, muestras inequívocas del diámetro de ese delicioso apéndice. Imaginaba ¿cómo me iba a abrir por dentro?, ¿cómo sentiría la primera penetración, expandiéndome las entrañas? ¿Cómo me miraría al darse cuenta que la cabrona que conoce se convierte en víctima de sus propios deseos?

    Pasé mi lengua alrededor de su glande mientras mis labios rodeaban la punta. Poco a poco iba descendiendo y sintiendo la forma en que tenía que ir abriendo más y más el maxilar para darle cabida en mí. Escuchaba sus ruidos de excitación y más me prendía. Ya estaba empapada, me sentía toda una zorra hambrienta consumida por el deseo y presa de la ansiedad de sentirme poseída.

    Lo masturbaba de arriba hacia abajo con la lubricación de mi saliva que se derramaba desde el glande. Mi lengua patinaba por todo el tronco y hacía escalas breves en la boca de su pene, deseando ingresar para degustarlo todo. El trataba de controlarse, pero sentía claramente como la base empezaba a convulsionarse, así que lo apreté fuerte y detuve la felación. Me incorporé aun sosteniéndolo con fuerza.

    “No se te vaya a ocurrir venirte antes que yo” –le advertí.

    “¡No mames, tienes unas formas que lo hacen complicado!” –JC

    “Ese es tu problema, si te vienes antes que yo no me vuelves a ver en tu vida y te garantizo que vas a perder muchísimo si eso sucede” –C

    Cuando sentí que dejaba de estremecerse, aflojé para volverlo a estimular y ahí fue cuando me di cuenta de que estábamos frente a la entrada de un motel. En mi interior agradecí el hecho porque si continuábamos con el juego en el auto, sin duda alguna haría que se corriera.

    Continué acariciándolo, aunque más que entusiasmarlo, pretendía únicamente seguirlo sintiendo. Honestamente estaba maravillada con el grosor de su herramienta. Nunca me han gustado los que son muy largos. El golpeteo en el fondo de mi vagina me distrae y no me permite estimularme. Esta pieza es diferente, perfectamente rasurada, lo que me hace pensar si daba por sentado que me llevaría a la cama o si es exclusivamente su higiene personal. Si bien me encanta la seguridad en un hombre, este particular detalle me dejaba inquieta.

    Apagó el vehículo dentro del garaje y escuché la cortina eléctrica del portón descender mientras el interior del espacio se iba oscureciendo. Sentí sus dedos gordos tomarme de la nuca y acercarme a él. Percibí el olor de su loción que penetraba de a poco en mi sentido e iba aflojando mis extremidades… era como una ola que rompe en la playa cubriendo de forma masiva los primeros metros de arena, inundándolos violentamente y sobrecogiendo cualquier vestigio del pasado.

    Literalmente me encontré a mí misma transformada en una perra fogosa y hambrienta de sexo, anhelando ser tomada con violencia, con fuerza y ser sometida. No podía parar de imaginar cómo me sentiría partida a la mitad mientras lubricaba profusamente.

    Sentí sus labios carnosos jugar con los míos de forma inteligente, su lengua no se abalanzó como lo hacen la mayoría, no. La suya me estudiaba, me tentaba usando carnadas. Buscaba la mía y al primer contacto se retiraba, me hacía sentir la necesidad de ir a por ella y abrazarla, morderla despacio y cubrirme con su humedad.

    Mi respiración era agitada ya y en cuanto sentí su mano desabotonar mi blusa y tomarme un seno, no pude contener la sensación de ansiedad y exploté en un gemido que ahogué en el beso. Provoqué que su deseo se desencadenara y liberara sus ganas de sentirme suya.

    Lo que sucedió a continuación es difícil de relatar, tantas emociones acumuladas, tanto manoseo en todo mi cuerpo y esos besos me hacían perder el control. Mi cuerpo ya no me pertenecía. En unos segundos abandonó el comando de mi voluntad para rendirse a la voluntad de mi amante. Se dobló sin aviso y sin consideraciones. Lo único que deseaba era exactamente lo mismo que yo… ser poseída de forma brutal.

    Me estimulaba los pezones de forma conocedora, me los mordisqueaba, me los pellizcaba ligeramente y después se los comía con maestría. Sus dedos ya habían hecho a un lado mi ropa interior y se daban vuelo embalsamándose en mi interior, jugaba con mi clítoris, se introducía en mí y regresaba a masturbarme una y otra vez. Estoy segura de que mis gemidos se escuchaban hasta afuera del estacionamiento. Evidentemente en ese momento nada me importaba, solo quería que continuara.

    Cuando más excitada estaba, me tomó del cuello con fuerza y me alejó.

    “No te imaginé tan caliente” –JC

    “No has visto nada” –C

    “Tus fluidos hablan más que tus palabras” –JC

    “Mis fluidos se van a quedar en tu cerebro intoxicándote de ahora en adelante para que seas mío cuando se me pegue la gana” –C

    José Carlos solo atinó a hacer una mueca que demostraba incredulidad. No podía entender en qué momento él había tomado el control de la situación, pero me agradaba bastante este cambio de rol. Estaba cansada de decidir todo y me resultaba genuinamente interesante sentirme pasajera de este nuevo papel.

  • Servidumbre y profanación (Memorias de Xanadú)

    Servidumbre y profanación (Memorias de Xanadú)

    -Hola Tollan

    Tollan enfocó la vista abrumada que tenía hacia la mujer que le habló, rápidamente la identificó, era Ishtar y se veía contenta.

    -Ja, mi hermano me debe 500 piezas de oro ¿Sabías que apostamos sobre tu llegada? Él decía que te habías resignado y no vendrías, yo sabía que no

    -Pu-púdrete…-alcanzó a mascullar

    -¿Aún deseas pelear? Vale-respondió sorprendida Ishtar y realizó un ligero movimiento de cabeza hacia las guardias

    -Aprende a respetar, perro-la voz de Ur´ruk resonó con fuerza en la cabeza de Tollan y sintió en seguida un golpe en el abdomen, un golpe muy fuerte que lo dejó casi sin aire.

    -Entonces Tollan ¿Te vas a comportar si en este momento te llevo arriba? -le inquirió Ishtar

    Tollan lo pensó, vio que sus posibilidades de salir de ahí luchando eran nulas, rápidamente sus cavilaciones y estimaciones se vieron interrumpidas por un nuevo golpe en la boca del estómago que lo dejó mareado.

    -Nuestra señora te ha hecho una pregunta, bastardo

    Esta vez la voz fue de Marie, rápidamente Tollan asintió con la cabeza

    -No te escucho querido -replicó en tono burlón Ishtar

    -Si-

    -¿Sí que?

    -Maldito humano estúpido, respeta a tu nueva ama y dirígete a ella como tal -Ur´ruk demostraba su mal genio nuevamente tomando del cuello y del pene a Tollan apretando ambos con cierta fuerza.

    -Si, ama Ishtar -dijo Tollan con un hilo de voz pues el dolor en el pene y en el cuello le podían más.

    -Buena mascota -dijo Ishtar mirándolo a los ojos, después miró a las guardias -Llévenlo al salón del trono.

    -Si señorita Ishtar -respondieron sumisamente.

    -Y pónganle unos pantalones.

    15 minutos después:

    Tollan se encontraba en esa amplia estancia. De las ventanas, fríos rayos de luz se colaban y le daban un aspecto imponente, al centro de la espaciosa habitación se hallaban los tronos, ambos diferenciados por tamaños. El grande evidentemente era de Velimount con calaveras doradas adornándolo y tonos negro que realzaban su poder, el pequeño pertenecía a Ishtar, adornado con figurillas de mujeres en éxtasis y posturas orgásmicas era mas extraño, pero a Tollan le agradó. Ambos estaban sentados en sus respectivos tronos y Tollan fue obligado a arrodillarse por Marduk, el orco que lo llevaba atado, sabía su nombre por meras coincidencias durante la búsqueda de sus pantalones en el calabozo.

    -Tollan, vaya milagro que te sobraron huevos para venir-escupió Velimount

    Ishtar fulminó a su hermano con la mirada y añadió.

    -Tollan, aun no sabes por qué estas aquí, por qué te hemos arrastrado hasta nuestra guarida, pues vale creo que es momento. Tollan necesitamos tu ayuda, nuestro señor Arno nos ha encomendado conquistar Xanadú y a pesar de nuestro vasto poder nos falta conocimiento y estrategia para alcanzar nuestro objetivo, es por esto que solicitamos tu ayuda poderoso héroe de la batalla de camposanguineo, tú aquel que cercenó la cabeza de nuestro padre Ebdickson, tienes una deuda y además eres nuestra mejor opción para ayudarnos en nuestra pequeña aventura-al terminar Ishtar lo miró intensamente desde el trono mientras Velimount daba un gran bostezo.

    -¿Su padre era Ebdickson? -exclamó sorprendido, sin embargo, pronto recuperó la compostura y añadió en un tono más serio– ¿Entonces eso es lo que buscan, venganza? ¿Venganza contra Nigurathlán, contra Ox, contra Bree, contra Pinnath y Los Gamos? ¿Buscan venganza contra toda Xanadú?

    -No nos malinterpretes humano, nuestro padre era un completo desconocido para nosotros -añadió Velimount- sin embargo, buscamos que nos regresen lo que debió ser nuestro, que nos devuelvan Xanadú

    -¿Y si me niego? -respondió tajantemente Tollan

    -En ese caso no nos serás útil, los mataremos a ti y a Elina y buscaremos algún otro héroe más dispuesto -dijo con pereza Ishtar

    Tollan sabía que Ishtar estaba en lo correcto, había más héroes como el, no tan grandes y conocidos, pero había mas y eso lo ponía en desventaja.

    -Y si decido ayudarlos ¿Qué tendría que hacer?

    Velimount rio estrepitosamente

    -El humano cree que tiene elección, hilarante

    -Tendrás que obedecer nuestras ordenes, explorar nuestros campos de batalla, reclutar, participar en las batallas… conquistar -dijo Ishtar haciendo caso omiso de la palabrería de su hermano.

    A Tollan le repugnó la idea, pero recordó a Lambdamy y su oportunidad de asesinar a ambos demonios, también valoró las vidas de la gente inocente y que tal vez podría proteger y pensó en Elina, en su amada Elina.

    -Acepto -susurró

    -Buena decisión héroe-celebró Ishtar

    -Bien hecho humano-le reconoció Velimount

    -Aunque aún debes probarnos tu lealtad-añadió Ishtar – Debes pasar una prueba para que creamos un poco en ti.

    -Díganme que desean -dijo sumiso Tollan mientras se levantaba y le retiraban las esposas e iban por su espada y demás equipo.

    -Queremos ver tus habilidades sexuales Tollan -dijo Velimount mientras escupía por haber pronunciado su nombre.

    -¿Con quién amos?

    Ishtar movió los dedos y trajeron a tres muchachas jóvenes de no mas de 20 años de edad, estas lloraban y sollozaban, tenían la ropa rota y estaban algo sucias, se notaba a leguas que eran botín de guerra de algún pueblo cercano.

    -Con alguna de ellas-mencionó Ishtar arrogantemente.

    Tollan las vio y sintió lastima por ellas, las tres poseían cuerpos similares, pechos firmes y traseros tonificados, la mas alta era la primera, tenía cabello rubio y labios carnosos, la mas baja era la de en medio, de cabellos castaños y piel morena, la mas tetona y culona era la última, pelirroja como su esposa, de piel blanca y pecas en la cara.

    Escogió a la primera entonces y se acercó a ella, la chica se espantó cuando Tollan la toco y sin mayores ceremonias la puso en cuatro. La chica se resistió y forcejeó, pero ante un hombre como Tollan no había mucho que hacer, Tollan sacó su miembro, no estaba excitado por la situación, sin embargo, el cuerpo de la chica y el ver a Ishtar lo hicieron calentarse un poco. Tollan acercó su boca a la oreja de la mujer y le susurró un tierno -perdóname-entonces procedió a metérsela.

    Tollan tenía movimientos veloces, a veces hasta bruscos, sin embargo, los sollozos de la joven que poco a poco se fueron haciendo gemidos mantenían a los demonios entretenidos, tanto así que cuando la joven comenzó a gemir de verdad ambos demonios estaban masturbándose en sus tronos. Tollan no daba cuartel y seguía empalando a la pobre chica que ahora lejos de sufrir estaba mojando toda la “espada” del héroe. Ishtar veía asombrada la virilidad de su campeón y no pudo evitar mojarse más pensando en como la podría partir en dos y usar su culito.

    Tollan sintió entonces el orgasmo inevitable de la mujer, sus gemidos fueron tan fuertes que incluso en la entrada del castillo se logró escuchar, la vagina de la rubia se pegó contra su verga y la comenzó a ordeñar, disparo tras disparo de leche inundaban todo el interior de la joven.

    Los demonios estaban aún calientes y viendo esa escena se dirigieron a Tollan, que aún se estaba recuperando.

    -Tollan de Nigurathlán, te aceptamos como siervo de Deathtouch, aunque aún debes pasar una última prueba.

    -¿Qué desean mis amos? –dijo Tollan haciendo una especie de reverencia

    -¿Con quién de los dos deseas tener sexo?

    Una figura femenina veía embobada desde el balcón las embestidas de Tollan a la esclava, sus orgasmos y posteriormente la pregunta de los demonios.

    (Continuará)

    Saludos a mis lectores y muchas gracias por calificar, no olviden comentar lo que les gustó, lo que no y si tienen sugerencias con mucho gusto las leeré.

  • Fantasía realizada, primera experiencia bisexual

    Fantasía realizada, primera experiencia bisexual

    Hasta antes de esa experiencia, siempre me consideré hetero, buscando sensaciones nuevas hice amistad como tercero de un matrimonio amigo. En una de esas citas, mientras tenía sexo oral con ella montada sobre mi mamándome, yo le comía su vagina, un 69 clásico. El esposo nos miraba mientras fumaba un cigarrillo y se masturbaba mirando el show porno erótico.

    Sin notarlo, él se acercó y penetró a su esposa. Abrí los ojos al sentir el roce de «algo» en mis labios y un sabor en mi lengua cuando salía ese pene de la vagina húmeda de su esposa.

    Quede saboreando ese miembro y lo lamí hasta que ambos se corrieron. Ningún comentario de parte de ellos y todo quedó ahí.

    Pero quede pensativo por la reacción mía, no sentí ese rechazo que había pensado iba a tener, porque me encanta hacer gozar a una hembra. Hasta esa experiencia, había sentido una cosa excitante, al cuando ella nos mamaba a los dos juntos. Pero sólo era el contacto con otro pene cuando ella nos masturbaba y nos hacía gozar del sexo oral mutuo.

    Eso quedó ahí. Pendiente dando vueltas entre un si y un no.

    En una página web de citas, en la sección hombre busca hombre, un jovencito buscaba un hombre maduro para masturbación mutua. Después de contactarlo hablamos por wasap de su aviso. Él tampoco tenía experiencia pero veía porno gay y los videos de masturbación mutua lo excitaba.

    Después de una cita en un shopping para conocernos, hubo química entre nosotros.

    Yo un hombre maduro y él un joven de 22 años. Morenito, 1.60, delgado con una cola parada, como el dicho. Pasto tierno para buey viejo. Si iba a experimentar mi fantasía bisexual, quería darme el gusto con carne tierna.

    Mi departamento está ubicado en el centro de la ciudad, así que entre la multitud uno es invisible. Subimos al quinto piso y mientras esperábamos que bajara el ascensor, le comente que se le notaba la erección de su herramienta. Se abrieron las puertas y no había nadie más para subir.

    Te ves nervioso y excitado le comenté mientras nos mirábamos por el espejo, relájate que es la primera vez para los dos y puse mi mano en su entrepierna. Sentí al tacto como se ponía más dura. Tómalo con calma, déjate llevar por lo que estás sintiendo.

    Un trago para conversar, vimos unos videos porno donde dos jóvenes se masturbaban y le comenté, tu publicaste el aviso, así que la iniciativa debes tomarla tú.

    Debo confesar que estaba nervioso, quizás más que él, era mi primera incursión sexual con un hombre.

    Estas excitado con los videos le comenté, mientras puse mi mano en su entrepierna, serían las siete de la tarde, siempre me ha gustado tener sexo con alguna de mis amigas cuando empiezan a caer las sombras. Quieres que conversemos más relajados, te invito a mi dormitorio.

    Déjame llevarte. Me puse de pie y poniendo mi mano en su espalda lo hice avanzar un paso delante de mi. Mi dormitorio está al final del pasillo, y esos 15 metros los recorrimos lentamente. También estoy nervioso le dije y a modo de prueba, baje mi mano hasta tocar su culito.

    Recostémonos en la cama de dije, antes de conversar pondré música para conversar. Soy heterocurioso activo y me excita tomar la iniciativa. Le saqué el pantalón de buzo deportivo que vestía y tomé su mano colocando colocándola sobre su slip, voy en busca del control remoto que lo deje en el living. Táctica que siempre me ha servido cuando invito a alguna amiga.

    Me desvestí en el pasillo y me apoyé en la puerta del dormitorio. Félix se había sacado las zapatillas y pantalones. Tendido de espalda con la polera arremangada sobre su pecho y se masturbaba a ojos cerrados. Con el slip aún puesto, solo podía ver ese pene.

    No abras los ojos, deja que el misterio sea parte de tu excitación. Me pare al costado de la cama, tome su mano que tenía sobre su pecho y la puse en mi pene. Siente como también estoy caliente mientras que me recosté junto a él, quedando ambos en posición de un 69.

    Mi lado heterocurioso era querer saber que sentiría al tener un pene erecto en mis manos, mirar detenidamente su grosor y largo. Sentí el tacto de sus dedos en mi pene que también reflejaba mi calentura.

    Que rico lo que siento, me dijo. Esto quería descubrir también, una masturbación mutua. Estoy muy excitado, es mi primera experiencia sexual y no sé si me pueda controlar me dijo entre gemidos de placer.

    No te preocupes por nada, quiero que disfrutes tu primera vez. Juguemos a descubrir el placer del sexo. Como así? Me pregunto. Sabes que no tengo experiencia.

    Déjate llevar por lo que sientes, no controles tu calentura, te masturbare y cuando ya sientas que te vas a correr, yo también lo haré.

    Los dos queremos sentir el semen tibio deslizarse por las manos.

    Sé que en ese momento lujuria y clímax, el descontrol de la lujuria nubla la mente, y uno se deja llevar por el descontrol y no controla la eyaculación de semen.

    Ambos nos dejamos llevar por esa sensación nueva que nos dábamos al masturbarnos mutuamente.

    Jugué con sus estados de erección, lamia mis dedos y le acariciaba su glande. Lo masturbaba y cuando sentía que su pene se ponía duro, mis dedos al apretaban suavemente los testículos.

    Ese juego de placer sexual lo extendí por casi 40 minutos. Cuando sentí que no iba a controlarme, lo masturbe, apretando la vena entre sus testículos hasta recorrer todo su pene de forma rápida y controlando mi eyaculación. Me gustaría que acabaremos juntos me había pedido.

    Sé que la primera experiencia sexual es importante, así que espere ese gemido.

    Me voy gimió en un tono entre placer y desmayo. Me corrí en su mano. Sentí que me apretaba y con mayor fuerza me .masturbaba. Me hizo correrme tres veces.

    Sigue así, le dije. Quiero darte una sorpresa.

    Que ricooo. Al sentir que se iba descargar, me tragué entero su pene, así como guiaba a mis amigas íntimas, puse mi lengua apegada a la mandíbula, dejando libre el paso de ese pene que sentía como pasaba de mi garganta hasta sentir que por mi tráquea corría un líquido tibio.

    Sigue así, me decía.

    Empecé a masturbarlo con la boca. Así como me pido a mis íntimas cuando les hago sexo oral total.

    Me apoye su pelvis, las dos primeras descargas son intensas, y mi lengua acariciaba esa vena que está entre los testículos, al lamerlo se descargó dos veces, controle mi estado de ahogo para no toser.

    Su excitación fue tal, que me masturbo con violencia hasta hacerme acabar. Sus dedos .mojados por mi semen acariciaban mi pene.

    Lo saque de mi boca, y lo masturbe con mis manos, quien sienta ese deseo de asumirse como heterocurioso, den el paso.

    Lamí todo su pene y lo hice acabar en mi boca, me excitaba ese sabor cálido que llenaba mi boca y dejarlo correr por mis labios de modo que recorriera ese pene de mi lolito hasta sus testículos.

    Lo lamí entero hasta beber todo su jugo.

    La próxima cita quiere que acabe en su boca, quiere su segunda lección de sexo.

  • La rebelión de mi madre (VI): La abstinencia de mi madre

    La rebelión de mi madre (VI): La abstinencia de mi madre

    Anteriormente: Me masturbé con la tanga roja de mi madre que colgaba en la canilla de su baño.

    Después terminé con Andrea, la amiga socia de mi madre en mi departamento cogiendo de manera desenfrenada.

    Andrea, a diferencia de Maribel, era una mujer independiente, sus hijos ya eran grandes, era divorciada hace muchos años.

    Mi madre tenía de amigas a dos putas, una hipócrita y la otra deliberada, no sé como pero espero que mi madre no siga el consejo de estas dos amigas.

    Al menos Maribel no sabía que yo era el hijo cuando me cogió. Andrea solo apeló a que guardemos el secreto.

    Al siguiente día tuve que despertar a Andrea, era un día hábil. Fue incómodo tener que decirle que debía salir conmigo e irse del departamento, pero así ocurrió.

    Andrea, se viste y con el maquillaje corrido del día anterior se sube en su auto, estacionado detrás del mío.

    Me tira un beso desde adentro mordiéndose el labio.

    En ese momento me dieron ganas de decirle que vayamos a hablar y dejemos las cosas en claro, lo que menos quiero es que una cincuentona se me enamoré y crea que quiero un noviazgo.

    Pero bueno, así se dieron las cosas. Se va en su auto y yo en el mío al trabajo.

    Pasan los días y a mitad de semana por la noche mientras miraba un partido de fútbol en repetición me cae una notificación de la aplicación de citas.

    Cuando abro, veo con horror que es mi madre quien me envía un corazón a mi perfil falso.

    Lo falso era que no estaba mi cara, sino que era la de uno parecido a mi que encontré en el buscador.

    Las manos me temblaban, transpiraban, no sabía qué hacer.

    Jamás me imaginé que mi madre seguiría buscando por estas aplicaciones y tan jóvenes.

    Le devolví el corazón y se activaron sus fotos privadas.

    Nada del otro mundo, pero más sexies, minifaldas, escotes, boca roja, medias y tacos por doquier.

    Inmediatamente al dar el corazón, me escribe un mensaje:

    «hola, como estas, me llamó la atención tu perfil»

    Le respondo:

    «hola, ¿cómo estás? ¿qué te llamó la atención?»

    Y ella contesta:

    «no sé, jaja, solo me llamó la atención, no suelo dar corazones a tan jóvenes, pero hay algo en el tuyo que me gustó»

    Mi corazón palpitaba furioso, una mezcla de nervios, miedo y excitación pasaban por mi cuerpo.

    «Espero que no te moleste que una señora mayor te hable» sigue conversando mi madre.

    Le respondo:

    «para nada, es mas, me parece agradable»

    «ah bueno, solo agradable, como simpática la vieja jajaja» me acorrala mi madre.

    «no, para nada, es una mujer muy atractiva, no quería parecer irrespetuoso» intento arreglar la situación.

    La conversación se calma y termina en tono amistoso, deseándonos buenas noches.

    Al día siguiente estuve pensando todo el día en cómo haría para deshacerme de mi madre en la aplicación sin que le cause un efecto rechazo y se deprima.

    Después de todo, estaba aún fresca la herida de la separación de mi padre, quien la engañó con una veinteañera.

    Al llegar la noche siento la notificación, mi madre escribe en la aplicación.

    «Buenas noches, cómo estás»

    Le respondo que estoy bien, cansado del trabajo.

    Me pregunta en qué trabajo, le invento algo y trato de salir de esa entrevista.

    Me pregunta si tengo pareja, le contesto que sí, que solo era un tramposo que era infiel.

    Eso tal vez la disuadiría de seguir hablando, le recordaría a su padre.

    Pero no ocurrió eso, siguió hablándome.

    Me cuenta que está separada, que ahora es libre, pero está saliendo de a poco, tratando de recordar lo que era ser independiente y soltera.

    Le pregunto si está saliendo con alguno de los que conoce en la aplicación. Me responde que aún no, que todavía no consigue alguien más que para un café.

    Yo preguntaba por el café, pero ella sola dijo que «nada mas que un café», o sea que está considerando tener sexo con alguno.

    Pregunto entonces si no ha estado con nadie más desde que se separó.

    Me confiesa que incluso cuando estaba casada no tenía relaciones con su esposo (mi padre) desde hacía años.

    «y recién hace un par de semanas pude volver a autosatisfacerme» me dice mi madre.

    No sabía que decir, no esperaba tal confesión. Pero le comento que está bueno que disfrute de su cuerpo.

    Ella sigue con su relato:

    «El domingo último venía estimulada porque una de mis amigas me cuenta todo lo que hace con chicos como vos que conoce y se los coge.»

    «yo me hago la recatada, que me horroriza pero me estimula escuchar todas las historias de sexo de ella.»

    «este último domingo estaba muy caliente, y después de entrenar quería masturbarme, pero no pude porque llegó mi hijo temprano y me interrumpió»

    «Me fui a bañar y mientras me duchaba me metí los dedos, yo soy muy gritona, pero tuve que hacer gritos sordos, mi hijo estaba en el comedor»

    «recordaba las historias de mi amiga cogiendose pendejos, pero no me alcanzaba, así que en lugar de lavar mi tanga roja con la que hice gym, solo la use para secar mis labios vaginales y estimular mi clítoris»

    «siento ruido afuera y me distraigo de lo que estaba haciendo, el miedo de saber que mi hijo podría saber lo que hacía me hace salir de la ducha sin terminar y lavo la tanga rápidamente para que no quede rastro de nada»

    «me puse una toalla y salí a la cocina, allí me encuentro con mi hijo esperando, me doy cuenta de que de tanto pensar en autosatisfacerme me olvidé de sacar la carne del freezer para almorzar»

    «de tan apurada que salí no me di cuenta que la toalla atada a mi escote quedaba muy corta de abajo, aún tenía gotas de agua cayendo por mis piernas, y sentía en cada paso como el aire pasaba entre mis nalgas»

    «Mi hijo me dice que él va a comenzar a cocinar con lo que encuentre, que me vaya a vestir, evidentemente me vio por debajo de la toalla»

    «me voy a dormir la siesta después de comer, no me puedo dormir, siento que mi hijo se mete al baño para ducharse, me entra pánico, deje la tanga colgando de la canilla»

    «me levanto pensando en que hacer para entrar y sacar la tanga pero ya es tarde, se escucha el agua caer, mi hijo ya descubrió mi tanga roja»

    «me asomo por la mirilla para ver qué hace, mi hijo parece correr la tanga con cierto asco y lo deja en el extremo de la pileta»

    «No tomé en cuenta que ponerme a ver qué hacía con la toalla me permitió ver a mi hijo desnudo, ya era todo un hombre, increíble que yo le haya dado la teta y ahora era todo un señor»

    «Verlo desnudo me causó cierta electricidad en mi interior, vi su miembro, mucho más grande que el de su padre, colgando se bamboleaba, por debajo unas bolas grandes parecían querer competir con su pene en protagonismo»

    «me arrepentí de lo que estaba mirando y me fui a mi cuarto»

    Respiro aliviado, sabiendo que mi madre no vio lo que hice con su tanga roja.

    Ella sigue relatando:

    «en mi cuarto me desnudo y me meto los dedos como hace mucho tiempo no hice, y mi mente había fijado la pija de mi hijo para estimularme, la única que había visto durante mucho tiempo»

    «moje toda la sabana, mis dedos y temblando me quedé dormida mientras seguían los escalofríos de la excitación en mi cuerpo»

    «me quede dormida, y al despertarme, fui con culpa a ver a mi hijo en el living, él se adelanta y prepara café»

    «siento vergüenza y culpa por lo que hice, pero lo necesitaba, hacía mucho que no me estimulaba sola»

    «Mi hijo tiene 25 años, como vos, y es parecido a vos, tal vez por eso me llamó la atención tu perfil, y tal vez llegó la hora de volver a sentir lo que sentí ese domingo pero ya no autoestimulado, sino con otra persona…»

    ¿Qué les va pareciendo hasta acá? Comenten que todo se tiene en cuenta para el relato.

  • Orgía con el taxista

    Orgía con el taxista

    No sé cuánto tiempo pasó… Debieron ser unos segundos, pero yo sentí como si hubieran sido horas.

    El hombre me veía con esa mirada lascivia de la vez anterior y mi novio estaba comenzando a cabecear por sueño.

    Sentía el impulso de decirle lo que me había pasado y bajarnos del auto pero en mi interior sabía que eso no saldría nada bien.

    Noté que tomó la ruta de la vez anterior y comencé a sentir un escalofrío recorrer mi columna. Yo sabía lo que iba a pasar… O bueno pensé saberlo, no me imaginaba que sería algo muy diferente esta vez.

    -vaya preciosa, veo que tu noviecito ya se durmió jajaja. Eso nos va a facilitar mucho las cosas.

    -nos? A qué se refiere con eso?…

    No termine mi oración cuando él se estacionó y alguien fuera del vehículo abrió la puerta de mi lado jalándome en la oscuridad hacia el mismo cuarto en el que ese tipo había abusado de mi la vez anterior. Mientras veía como un par de personas sacaba a mi novio del asiento trasero casi como si estuviera inconsciente.

    Me metieron al cuarto y noté que había solo una mesa larga como tablón al centro y a un lado una colchoneta como para gimnasia y nada más.

    -bien preciosa, vamos a prepararte para la función jajaja, te dije que iba a volver por ti.

    -por favor déjanos ir, tengo buen dinero para pagarte y te prometo que te voy a dar más en el futuro.

    -jaja, te refieres a este dinero?

    El taxista se estaba abanicando con el fajo de billetes que mi novio había guardado.

    Cuando lo metieron al cuarto lo revisaron antes de atarlo a una silla y lo revisaron, por lo que encontraron el dinero que Pedro me había dado.

    En ese momento comencé a pensar con claridad y me di cuenta que eran 4 tipos en total, el taxista y 3 hombres igual de desagradables que él.

    -bien perrita veo que después del susto al principio ya te diste cuenta que traje a unos amigos. Verás, les conté de la putita que me había cogido aquí y como no me creían les dije que la próxima vez que te trajera los invitaría para que ellos también puedan disfrutar.

    -por favor, por lo que más quieran déjenme ir.

    Al decir esto una lágrima rodó por mi mejilla.

    -bien perrita sigue así, a mis amigos les gusta más cuando suplican. Lo único que lograrás es excitarlos más.

    Yo estaba desesperada, no sabía qué hacer, por un momento pensé en correr para pedir ayuda y estaba a punto de animarme a hacerlo por qué el tipo que me había sacado del auto estaba disminuyendo la fuerza de sus manos y pensé que era mi oportunidad.

    De un movimiento se liberé y corrí a la puerta pero justo en ese momento la puerta se abrió y me impacte contra un hombre que iba entrando.

    Esto me aturdió un poco y solo sentí como me levantaban del piso.

    -jaja, que pasó compadre? Ya se te estaba escapando la cena… Dijo el hombre con el que choque cuando me levantó.

    Me di cuenta que no venía solo, sino que 2 tipos más lo acompañaban.

    -si compadre, este pendejo tiene la culpa por soltarla. Y tú perra si no quieres que le pase nada a tu novio más te vale no volver a hacer ninguna tontería.

    Esto lo dijo mientras sostenía una navaja en el cuello de mi novio aún inconsciente.

    -no por favor… Haré lo que me pidan.

    -muy bien… Así me gusta, para empezar quiero que te quites ese vestido, los zapatos déjatelos.

    Obedecí y comencé a bajar mi vestido frente a esos 7 asquerosos hombres que me comían con la mirada.

    -uy compadre que buena está la chamaca… -no volveremos a desconfiar de lo que nos digas… -además se ve que es buen puta, ni ropa interior trae…

    En ese momento también recordé que Pedro se había quedado con mi tanga y me ruborice.

    -muy bien perrita ahora quiero que te acuestes boca arriba en la mesa.

    Obedecí pensando lo mismo de la vez anterior, que entre más rápido terminaran más rápido me dejarían ir.

    Rápidamente el más grande de todos me amarro las manos a la pared superior de la mesa dejando mi entrepierna justo al borde frente a la silla en la que estaba mi novio. Y note como otro de los hombres le daba una cachetada para despertarlo.

    -Despierta maricón…

    Note como Raúl iba levantando la cabeza y abría los ojos tan grandes como un plato al verme en esa posición y al grupo de hombres mirándome sobre esa mesa.

    -muy bien niñito, supongo que tu novia no te ha dicho nada, pero yo ya la hice mía en una ocasión, la trate como la puta que es y al parecer lo disfrutó, entonces decidí compartir con mis amigos y bueno, el hecho de que tú vinieras con ella no estaba contemplado pero ahora podrás ver cómo la hacemos gozar jaja

    Inmediatamente le hizo una seña a los demás que inmediatamente comenzaron a tocarme y besarme de arriba a abajo, sin embargo el líder les indico que no se podían acercar a mi vagina hasta que él lo ordenara.

    Sentía como los otros seis me tocaban de arriba a abajo, algunos con caricias y otros de manera brusca. Sentía como me mordían los pezones y como lamian mi cara lo que comenzó a calentarme involuntariamente, ya que Pedro me había dejado a medias y mi instinto fue más fuerte.

    Cuando el taxista noto que yo comenzaba a disfrutar por más que quisiera disimularlo se acercó a mi y de manera brusca separó mis piernas.

    Sentí como hilos de mis fluidos comenzaban a escurrir de mi vagina y el con una sonrisa buen marcada me miró sin decir nada, inmediatamente metió su cabeza entre mis piernas y comenzó con ese jugueteo de lengua como el de la última vez.

    Supongo que es en parte por qué Pedro me dejó con ganas de más, pero la verdad es que también el hecho de estar sometida por varios hombres me provocó una calentura extrema.

    Esta vez no aguante nada y casi inmediatamente llegue al orgasmo, dejándole la cara empapada.

    -bien muchachos, este manjar ahora está disponible para quien lo quiera… Pero ya saben, solo probar por el momento.

    Después de decir eso, me quitó los zapatos y se hizo a un lado, dejando mi vagina a merced de los demás, mientras yo veía a mi novio embobado. Se le notaba triste y frustrado, pero el bulto en su pantalón demostraba que tenía una excitación enorme al verme así.

    Inmediatamente uno tras otro comenzaron a juguetear en mi entrepierna, también seguían recorriendo mi cuerpo con sus bocas y manos.

    Literalmente recorrieron todo mi cuerpo, de pies a cabeza, no había parte de mi cuerpo que no hubieran recorrido con sus bocas y manos.

    No sé cuántos orgasmos tuve, pero si sé que estaba bañada en sudor y que no podía con tanta excitación… Sabía que quería más.

    Habían logrado su cometido y me habían convertido en su puta…

    -Bien muchachos muy bien… Creo que ya tememos dominada a esta perrita cierto?

    -Por favor, por favor cógeme ya…

    -Bien, ya comienza a suplicar… Que dicen, le damos lo que quiere?

    Todos los hombres confirmaron al unísono y yo estaba desesperada por sentir esas vergas dentro de mí.

    -Por favor libérenme, les prometo que no voy a intentar nada, quiero estar más cómoda para poder conocerlos mejor.

    Esas palabras fueron suficientes para que quitaran los amarres de mis muñecas que ya estaban bastante adoloridas, caminé hacia la colchoneta y mire de reojo a mi novio que estaba en una especie de trance.

    Inmediatamente me arrodillé y ellos comprendieron el mensaje, rápidamente me rodearon y comenzaron a desvestirse.

    Al verme ahí, arrodillada, rodeada por hombres dispuestos a utilizarme a su antojo solo hacía que mi excitación se incrementara.

    Comencé a mamar una a una las vergas que me ponían enfrente y le comporte como la puta que realmente soy.

    Luego uno de ellos se recostó en la colchoneta y me monte en el mientras seguía mamando a uno tras otro.

    No sé en qué momento el líder se colocó detrás de mi y de un solo golpe me penetró por el ano, logrando sacarme un grito de placer.

    Estuve en esa posición demasiado tiempo pero no me importó, estaba perdida de placer, solo notaba como cambiaban de posición y se turnaban para penetrarme hasta que sentí como iban terminando uno tras otro. Unos lo hacían dentro de mi, otros lo habían en mi boca o simplemente lo tiraban en mi cuerpo.

    Al terminar todos, me dejaron tirada en la colchoneta sin poderme mover…. Pero con una sonrisa marcada en mi rostro.

    -Bueno muchachos… Creo que es hora de que vaya a dejar a este par de tortolos a su casa jajaja

    Tomaron a mi novio que estaba como en trance y me levantaron para colocarme el vestido y subirnos a los 2 al taxi.

    El taxista nos dejó cerca de mi casa pero no exactamente en la entrada, solamente me dijo que nos volveríamos a ver y felicitó a mi novio por la puta que tenía en casa…

  • ¿Quieres jugar con nosotros hija?

    ¿Quieres jugar con nosotros hija?

    Eran las 9 de la mañana cuando el despertador empezó a sonar,  Lucia adormilada comenzó a estirarse mientras escuchaba a lo lejos a su mama que le gritaba.

    -ya Lucia despiértate y báñate para que bajes a desayunar.

    -si mama, ahorita.

    -nada de ahorita señorita, recuerda que tienes que ir con tu papa a comprar las cosas, o no quieres tu fiesta de cumpleaños?

    Lucia al escuchar eso de un salto se paró de la cama y se dirigió al baño que estaba dentro de su habitación, no cerró la puerta de su baño pues estaba en su espacio privado y nadie tenía por qué entrar a su habitación sin permiso, y mientras se desnudaba no dejaba de repetir.

    -ya tengo 18 años, ya soy mayor de edad por fin.

    Y abriendo la regadera Lucia comenzó a bañarse, sin darse cuenta que 3 intrusos a escondidas de la mama habían entrado a su habitación dirigiéndose directamente al baño, se trataba del papa, el hermano y el abuelo, que era papa del papa de Lucia, que con ojos de lujuria la espiaban mientras se bañaba tranquilamente sin sospechar nada.

    Lucia era una hermosa joven adolescente de apenas 18 años cumplidos, piel blanca, de 1.65 de estatura, cabello largo castaño, ojos grandes color verde, delgada con hermosas piernas largas, pero sin duda lo más hermoso que ella tenía era ese par de senos enormes que la naturaleza le había dado, y los 3 hombres lujuriosos que espiaban lo sabían pues babearon de excitación al ver como Lucia se inclinaba hacia abajo para enjabonar sus tobillos quedando sus grandes pechos colgando y meciéndose muy rico los dos.

    Los 3 estaban con una tremenda erección pero escucharon a la mama que al parecer subía y de inmediato salieron corriendo de ahí antes de ser descubiertos, media hora más tarde bajo Lucia vistiendo un short pegadito y una blusa ligera con un enorme escote, calcetas blancas y unos tenis rosas, de cualquier forma que se vistiera se veía simplemente hermosa, en cuanto llego al comedor todos la estaban esperando y gritando «feliz cumpleaños» comenzaron a darle su abrazo, después desayunaron y la mama comenzó a planear el día.

    -bueno el plan esta así, que les parece si Lucia y su papa van comprar las cosas, el abuelo va a dejar las invitaciones y Oscar y yo nos encargamos de limpiar la casa.

    Ninguno se opuso, todos estuvieron de acuerdo y enseguida Lucia se subió con su papa en la camioneta y el abuelo en su coche y enseguida se fueron, Oscar que era el hermano mayor de Lucia con 25 años salió a verificar a la avenida y en cuanto el coche de su abuelo y la camioneta de su papa desaparecieron entro a la casa buscando desesperadamente a su mama encontrándola en el comedor levantando el desayuno, él la sujeto del cabello y se la llevo a la sala mientras le decía.

    -ya sé que planeaste todo para que nos quedáramos solitos, no sabes cuantas ganas tengo de cogerte putita. -hijo que haces, espérate, que tal si regresan. -no te preocupes mama, ellos ahorita no regresaran por eso quiero aprovechar.

    Y Oscar aventó a su mama sobre el sofá grande quedando empinada y lista para su hijo, subiéndole su falda a la cintura y haciéndole a un lado sus calzoncitos le coloco su pene en la entrada de su vagina y comenzó a cogérsela muy duro y sin piedad, la mama comenzó a gemir y a gozar el pene de su hijo que la bombeaba muy rico y se dispuso a disfrutarlo pues era obvio que no era la primera vez que lo hacían, y tampoco muy seguido pues era raro cuando ellos se quedaban solitos, había veces que era tanta la urgencia de coger que luego tenían la necesidad de pagar un hotel.

    Mientras tanto en la camioneta, Lucia se inclinaba hacia delante para alcanzar la radio y poner un poco de música, el escote era tremendo y el papa no pudo evitar mirar esos enormes pechos asomándose en la blusa, de pronto sin querer paso un bache y los senos de Lucia botaron amenazando con salirse y enseguida tuvo una erección, ella enseguida lo noto y como niña traviesa quiso jugar un poco con su propio padre.

    -que tanto miras papa?

    -no sé de qué hablas hija.

    -sabes a lo que me refiero papa, no te hagas.

    -perdón hija, pero es que tú tienes también la culpa, como se te ocurre venir vestida así.

    -está bien, está bien papa, no te preocupes no pasa nada.

    -hija, debes saber que soy tu papa y te respeto, pero también debes saber que soy un hombre al que le siguen gustando las mujeres.

    -si papa, claro que lo sé, solo dime algo, pero necesito que seas sincero conmigo.

    -claro hija dime?

    -crees que tengo unos pechos bonitos?

    -hija por favor, que clase de pregunta es esa?

    -no tiene nada de malo papa, anda dime, dijiste que serias sincero conmigo.

    -está bien, ok si, son muy lindos tus pechos y al menos para mí, me gustan grandes así como los tienes tú.

    -gracias papa, eso es lo que quería escuchar, te quiero mucho.

    Y dándole un beso en la mejilla acerco su escote regalándole una vista más de cerca a su papá, pues siendo una niña traviesa lo único que buscaba era atormentarlo con sus encantos de mujer, horas más tarde Lucia regresaba de las compras con su papa, el abuelo de dejar las invitaciones y la mama y su hijo terminaban de limpiar toda la casa, todos se dedicaron a bañarse y a vestirse para la fiesta y dando las 8 de la noche comenzaron a llegar los invitados.

    Familia, el novio y amigos de Lucia se divertían junto con la cumpleañera hasta que se llegaron las 12 de la noche y comenzaron a irse poco a poco los invitados, quedando en la sala solo los papas de Lucia, el abuelo, el hermano, el novio, un tío y su hijo que era primo de Lucia, se disponían a ver una película ya que todo había terminado, pero la mama se despidió de todos y se subió a dormir pues se sentía muy cansada por la fiesta y por la cogida que le había dado su hijo en la mañana, en cuanto la mama cerró la puerta de su recamara Lucia aburrida dijo.

    -bueno chicos subo a ponerme mi pijama y bajo a despedirme ok.

    Y en cuanto Lucia entro a su habitación el papa junto a todos y les platico de un perverso plan que tenía para su hija, todos al saber de qué se trataba no dudaron en quedarse, enseguida bajo Lucia a despedirse y a decirle a su novio que si se iba a quedar que avisara a su casa.

    -hija, como que ya te vas a dormir, es tu fiesta no seas aburrida.

    -es que ya no hay música, ni baile ni están mis amigos papa.

    -pero hija, no solo así se divierte uno, hay otras formas de divertirse también, mira tengo una idea para que te sigas divirtiendo aquí con nosotros, quieres saber cuál es?

    -haber dime cual es esa idea tan divertida que tienes para mí.

    -ok, se trata de un juego que se llama verdad o reto y se juega con una botella.

    -hay papa, ese juego ya lo conozco y la verdad no es nada divertido.

    -si lo se hija, pero que te parece si a este juego le cambiamos algunas cosas y algunas reglas, no te suena interesante?

    -bueno a ver, como se jugaría entonces.

    -ok, te explico a ti y a los demás para que me entiendan, este juego se va a llamar pregunta o reto, tu por ser la festejada siempre vas a girar la botella y el que escojas con la botella decidirá si te hace una pregunta o te pone un reto y va a ofrecer una cantidad de dinero, si tu respondes esa pregunta o haces el reto te ganas ese dinero.

    -en serio, dinero de verdad?

    -si hija, dinero de verdad, y te vamos a dar tres condiciones, número 1 que nadie te va a obligar hacer algo que tu no quieras, numero 2 si no quieres hacer el reto o contestar la pregunta simplemente dices paso y ya, pero no ganarías el dinero del premio y numero 3 cuando ya no quieras jugar simplemente nos dices, le paramos y nos vamos a dormir ok.

    -está bien, me llama la atención este juego, voy a jugar con todos ustedes ok, pero no se pasen conmigo por favor, respétenme ya que soy la única mujer entre todos ustedes.

    Y así Lucia acepto jugar ese juego con todos ellos sin saber lo que le esperaba más a delante, el papa agarro la botella vacía para el juego y destapo una botella de vino y a cada uno le dio una copa, en eso se acercó Oscar a su papa y le dio un frasquito de vidrio sin que se diera cuenta Lucia.

    -mira papa este es un elixir de placer, pon unas gotitas en la copa de Lucia y se va a excitar muy rápido y así será más divertido para todos.

    El papa le puso 10 gotas a la copa de Lucia y se la dio.

    -pero papa, ustedes no me dejan tomar.

    -si lo se mi amor, pero es tu cumpleaños y además ya eres mayor de edad, yo te doy permiso que te tomes unas copas, solo no le digas nada a tu mama ok.

    Y Lucia le acepto la copa de vino a su papa.

    -haber todos con su copa arriba, hay que brindar por el cumpleaños de mi hija, y por este juego que sea divertido para todos, salud.

    Y todos bebieron su copa incluyendo Lucia dejándola vacía, enseguida todos se sentaron en la alfombra de la sala haciendo un circulo y quedando la botella en medio, Lucia sujeto la botella y de inmediato las gotas del elixir hicieron efecto pues de repente comenzó a sentir mucho calor en su cuerpecito y una inmensa sensación rara entre sus piernas, ruborizada tomo la botella y la giro comenzando ese juego perverso para ella, el elegido fue el abuelo.

    -pido reto hija, te reto a que te pongas esto que está dentro de esta caja, mi reto costara 500.

    Lucia tomo la caja mirando desconfiada a su abuelito.

    -no te preocupes Luci, no es nada malo, es solo ropa.

    Lucia entro al baño de abajo con la caja y minutos después salió vistiendo un hermoso uniforme de colegiala, todos miraron con deseo a Lucia que vestía una camiseta blanca con 4 botones, una corbata azul, una falda tableada color azul, calcetas blancas largas hasta las rodillas con moños azules, zapatos negros y una boina en la cabeza, realmente se veía hermosa, enseguida se fue a sentar a su lugar y usando la caja como alcancía ahí depositaron los primero 500 ganados, de nuevo giro la botella y fue el turno del tío.

    -pido reto sobrina, te reto a que te desbroches un botón de tu camiseta, el que tú quieras, mi reto costara 700.

    Lucia sonrió nerviosa mirando a su tío, pero obvio no iba a dejar escapar esos 700, así que desabrocho su primer botón de su camiseta mostrando ligeramente sus pechos, Lucia guardo los 700 en su caja y giro la botella de nuevo, esta vez el turno fue para su primo, el hijo de su tío.

    -pido reto prima, te reto a que te desabroches otro botón de tu camiseta, costara 900.

    Lucia le brillaron los ojos con esa cantidad, y sintiéndose más excitada cada vez, se desabrocho su segundo botón ya menos apenada, esta vez se le abrió un poco más la camiseta mostrando más sus pechos que aprisionados estaban aún en esa camiseta escotada, Lucia con manos ambiciosas guardaron los 900 en la caja y giro la botella de inmediato, esta vez, fue el turno del papa.

    -pido reto hija, te reto a que vengas aquí conmigo y me dejes subirte tu falda escolar hasta donde yo quiera, mi reto costara 1000.

    Lucia ya excitada estaba perdiendo la pena y estaba agarrando más confianza y camino hacia su papa sonriendo con sus mejillas sonrojadas, su papa se puso de pie y sujetando su falda escolar se la comenzó a subir a modo que esta quedara muy por arriba de sus rodillas.

    -ya papa, no tan arriba no inventes.

    Y Lucia camino a su lugar metiendo su dinero en la caja mientras el papa miraba ese hermoso par de piernas blancas, al parecer se había pasado un poco ya que le había subido de más su falda escolar y le había quedado muy cortita, necesitabas muy poco para inclinarte y ver de qué color eran sus calzoncitos, Lucia giro de nuevo la botella y el turno fue para su novio.

    -pido reto amor, te reto a que te desabroches otro botón de tu camiseta, mi reto vale 1200.

    Lucia sabía lo que tramaban todos, querían dejarla con los senos afuera, pero en realidad a ella ya poco le importaba, se sentía muy caliente y era obvio que mostrar un poco sus pechos no le incomodaba en absoluto, además estaba ganando mucho dinero, así que se desabrocho su tercer botón.

    Esta vez se desbordaron sus pechos casi afuera de su camiseta, el ultimo botón intentaba mantener con fuerza sus enormes pechos en su interior de la camiseta blanca, todos babeaban al ver ese par de senos mientras que Lucia guardaba el dinero que había ganado, la botella giro y esta vez le toco a su hermano.

    -mi reto hermanita es que me dejes quitarte tu sostén por debajo de tu camiseta, costara 1600 como vez?

    Lucia lo miro sorprendida, pero sabía que su hermano era malo con ella, así que toda excitada le dijo.

    -no hermanito, ofrece más para que valga la pena, ya que no van a ver cualquier cosa.

    -ok, te doy 1800, piénsalo es un buen dinerito para tu caja.

    La ambición de Lucia la llevo a aceptar el reto, su hermano camino hasta ella y metiendo sus manos en su espalda por debajo de su camiseta y le desabrocho ágilmente el broche de su sostén, de inmediato sus pechos cayeron recargándose en la camiseta amenazando con salirse, todos miraron esos deliciosos y duros pezones rosaditos que se marcaban claramente sobre la delgada tela de la camiseta blanca escolar, Lucia hizo a un lado sus sostén color rosa para poder girar la botella pero en eso el papa dijo.

    -bueno ya acabamos con la primera ronda, que les parece si tomamos otra copa de vino para refrescarnos un poco, pero antes de esto, hija, quieres seguir jugando o ya no?

    -lo dices enserio papa, obvio que quiero seguir jugando y ganando dinerito.

    Le dieron otra copa de vino a Lucia y esta vez el papa le echo el doble de gotas de elixir que la primera vez, y brindando se tomó todo el vino, apenas comenzaba la segunda ronda y sujetando la botella se mordió los labios pues su vagina comenzó a lubricar y sentía unas tremendas ganas de al menos tocarse, vaya que ese elixir del placer tenia efecto rápido, intentando controlarse giro la botella y el turno fue para su tío.

    -bueno sobrinita elijo pregunta y va costar 1000, dime sinceramente, eres virgen del ano.

    -cielos tío, que pregunta tan fuerte, pero si, sigo siendo virgen de ahí.

    -por qué sobrina?, te da miedo que te lo hagan por atrás?

    -dicen que es muy doloroso tío pero yo creo que mi ano es muy importante para mí, y si se lo voy a dar a alguien pues tiene que ser alguien muy especial.

    Lucia excitada giro la botella eligiendo esta vez a su hermano.

    -ok hermanita será reto, te reto a que me dejes quitarte tus calzoncitos por debajo de tu falda, este reto costara 2000.

    Lucia le sonrió a su hermano aceptando el reto y en seguida metió sus manos bajo su falda escolar y fue bajando esos excitantes calzoncitos rositas ya húmedos y oliendo a mujer caliente, su hermano se guardó los calzoncitos en su pantalón y Lucia ya desesperada de excitación giro la botella de inmediato, era turno del papa.

    -ok hija, será reto, esta noche te has portado muy mal y has sido una niña muy traviesa, así que te reto a que me dejes darte unas nalgadas por ser una niña muy mala esta noche, te daré 2100.

    Lucia completamente perdiendo el control de ella misma, como niña regañada se acostó boca abajo sobre las piernas de su papa y el recogiéndole su falda escolar dejo al descubierto ese par de nalgas blancas redonditas y duras, todos sobándose su pene por encima del pantalón miraban el panorama mientras que los pechos de Lucia no aguantando la gravedad estaban colgando y meciéndose afuera de la camiseta abierta.

    El papa levanto su mano y le dio una buena nalgada haciendo temblar todo su cuerpecito, y Lucia lanzando un delicioso gemido supo en ese momento que las nalgadas la ponían a mil, otra nalgada le soltó su papa haciendo temblar sus nalgas y Lucia volvió a lanzar su delicioso gemido excitando a los demás.

    -aguantas otra nalgada mi amor.

    -no papa, por favor ya no.

    El papa supo que su hija estaba tremendamente excitada con el elixir y con las 2 nalgadas que le había dado, entonces ayudo a ponerse de pie a su hija que ya mostraba cara de una inocente putita caliente, ella como pudo se acomodó sus pechos dentro de su camiseta pero ella sabía que ya no importaba tanto, pues todos ya habían visto más de lo normal, temblando se sentó y tomo la botella para girarla, esta vez era turno para el abuelo.

    -ok hijita, será reto, aquí en la bolsa de mi pantalón tengo unas bolas chinas, te reto a que me dejes meterte cada bola en tu ano, mi reto costara 2500.

    Lucia miro asombrada la mano de su abuelo que sostenía un cordón con cuatro bolas plateadas del tamaño de un limón, nunca había visto esa clase de juguete sexual.

    -pero abuelo, son demasiadas bolas y además están muy grandes, no creo que me entre una.

    -aun no conoces las capacidades que tiene tu cuerpo hermoso, tu ano se puede comer esto y más.

    Lucia ya entregada a lo que fuera a pasar, acepto el reto y se puso de pie caminando hacia su abuelo.

    -ven hijo ayúdame con Lucia.

    Y el abuelo y el papa acomodaron a Lucia quedando hincada arriba del sofá dando ella la espalda a todos, enseguida se acomodaron para ver tan deliciosa escena, Lucia se recargo sobre el respaldo del sofá y enseguida sintió como le subían su falda escolar y la inclinaban hacia atrás quedando su ano expuesto, el abuelo paso su dedo con vaselina por el ano de su nieta y después puso vaselina en una bola china que sujetaba el papa.

    -empieza hijo, primero una bola y después otra a la vez, con cuidado, no se te olvide que es virgen aun.

    El papa coloco la primera bola plateada sobre su ano y comenzó hacer círculos intentando estimularlo, Lucia sujeto con fuerzas el respaldo del sofá con sus manos y comenzó a lanzar sus deliciosos quejidos de dolor, pues el papa comenzaba a empujar la bola sobre el ano comenzándolo abrir lentamente.

    Lucia lanzo un gemido y se devoro la primera bola china, se acercó el abuelo para lubricar la segunda y de igual manera el papa comenzó a empujarla logrando meterla con más facilidad, lubricaron la tercera y la metió empujando las otras dos que estaban dentro y ahí Lucia comenzó a jadear como perrita en brama, el papa volteo a ver a su hija para saber si estaba bien y le pregunto si aguantaba la cuarta bola.

    -cielos papa ya métela por favor, no te das cuenta como estoy de excitada.

    El papa sujeto la cuarta bola plateada lubricada y comenzó a hundirla, enseguida Lucia se la comió sin problemas quejándose y retorciéndose de placer, todos estaban sorprendidos mirando como la cuarta bola apenas asomaba una parte, era señal que su ano estaba completamente lleno.

    Lucia sonriendo con dificultad sabía que había logrado cumplir el reto, le habían entrado las 4 bolas chinas del tamaño de un limón en su pequeño ano recién estrenado, decidieron dejarle un rato las bolas a dentro y como pudo se levantó del sofá y las bolas chinas se movieron dentro de ella acomodándose, con mucha dificultad quería sentarse pero ya no podía, el placer y el dolor era tremendo.

    -perdón papa, ya no puedo sentarme a girar la botella.

    -no te preocupes mi vida, yo me encargo.

    -gracias papa.

    -antes de acabar con este juego, que les parece si brindamos por mi hija que fue muy valiente al jugar con todos nosotros.

    El papa le termino de vaciar la botellita de elixir a la copa de su hija hasta la última gota y todos brindaron, Lucia bebió su copa completamente y comenzó a volverse loca de excitación, estaba a punto de pedir que se la cogieran, no importaba quien, ni donde, solo quería ser penetrada, todos los demás ya sabían, Lucia se los decía con la mirada, no necesitaba las palabras, entonces el papa supo que el momento había llegado, el reloj daban las 2 de la mañana y aun la noche era joven.

    -ok hija, para finalizar yo voy a pedirte un reto, más que un reto es un juego que queremos que hagas para nosotros.

    -si papa, lo que ustedes quieran, es mas no me importa si me dan dinero.

    -está bien hija, el juego será así, todos nosotros nos pararemos frente a ti y tu con ojos vendados gatearas hasta nosotros y el que escojas le tendrás que hacer sexo oral, mi reto costara 4000.

    Lucia acepto de inmediato, más que por el dinero era por la tremenda excitación que la estaba matando, quería saber hasta dónde iba a llegar todo esto, todos se formaron a 3 metros de ella y Lucia con una venda en sus ojos comenzó a gatear como perrita que iba con su amo, todos veían como avanzaba mientras que sus pechos se meneaban ya afuera de su camiseta escolar, con facilidad llego a ellos y con manos temblorosas comenzó a sujetar las piernas de los 6 intentando escoger a uno.

    -elijo a este.

    Entonces se hinco y comenzó a buscar el broche del pantalón pero para su sorpresa sintió unos calzoncillos, entonces los sujeto y los bajo de un solo golpe liberando un poderoso pene que enseguida atrapo con su boca, todos comenzaron a ver la manera en que Lucia chupaba ese pene completamente, así que su papa se acercó y le quito la venda de sus ojos de una vez por todas para que viera a quien se lo estaba chupando.

    Lucia sin dejar de chupar esa rica barra de carne miro hacia arriba buscando el rostro y se llenó de asombro al ver que se trataba de su abuelo, pensó ella, como era posible que el abuelo tuviera un pene de ese tamaño y tan duro como un hierro a sus 65 años.

    Enseguida Lucia miro a los lados notando que todos los demás ya se estaban desnudando completamente y se iban acercando uno a uno con su pene completamente erecto, formaron un circulo quedando ella en medio y supo ahí que no tenía escapatoria y no había nadie que pudiera salvarla, pero ella se preguntaba si en verdad quería ella ser salvada.

    Como toda una putita comenzó a chupar uno y después otro hasta completar los 6 penes que tenía para ella solita, sentía mucha excitación de estar rodeada de tanto hombre pero también sentía miedo, pues sabía que esa noche la iba hacer pedazos pues 6 machos para una joven de 18 años era demasiada carne para comérsela ella solita.

    Sujetando el pene de su novio y el de su hermano comenzó a chuparlos turnándose, entonces su papa levanto la falda escolar de su hija y se metió entre sus piernas comenzando a comerle la vagina como un lobo hambriento, el tío de igual manera se puso atrás de ella y comenzó a sacarle las bolas chinas una a una dejando un vacío en su ano completamente abierto y roto, sin piedad el tío comenzó a meter su lengua en su ano haciendo círculos matando de placer a Lucia, el abuelo y el primo jugaban con sus pechos mordiéndolos y chupando sus pezones, ahí estaba Lucia entreteniendo a 6 hombre a la vez, a dos les chupaba sus penes, otros 2 jugaban con sus enormes senos y los otros 2 se comían su ano y su vagina, sus tesoritos más preciados para ella.

    Oscar, su hermano ya desesperado se acostó sobre el sofá boca arriba quedando su pene en todo lo alto y sujeto a Lucia jalándola hacia el con fuerzas, ella cayó encima de él y con hábiles manos solo la levanto acomodándole su pene en la entrada de su vagina y la dejo caer enterrándole de un solo golpe todo su pene.

    -por favor Oscar que te sucede, se mas gentil conmigo que lo tienes muy ancho y me duele.

    Y enseguida Oscar comenzó a bombear a su hermana haciéndola gozar de placer, entonces sintió unas manos en su espalda que la empujaban hacia delante y volteo a ver desconcertada, era su novio que se estaba subiendo en ella acomodando su pene, esta vez, en la entrada de su ano.

    -que es lo que intentas hacer Carlos.

    -te vamos a enseñar que rica es la doble penetración.

    -no Carlos por favor, si te atreves a hacerlo terminamos, Carlos no, te lo suplico.

    Y entre lágrimas sintió como Oscar la abrazo jalándola hacia el quedando los pechos de su hermana en su boca y el novio aprovecho ese ano abierto y de un solo empujón se lo comenzó poco a poco a hundir, Lucia lloraba y se quejaba mientras que Oscar y Carlos intentaban agarrar el mismo ritmo de bombeo, la joven de 18 años en ese instante comenzó a tener su primer orgasmo en la vida, pues fue demasiado para ella tener dos barras de carne enterradas al mismo tiempo.

    Ambos lograron sincronizar metiendo y sacando sus penes al mismo tiempo y comenzaron a bombear con más velocidad, Lucia poco a poco comenzó a disfrutar cada vez más el dolor de la doble penetración al grado que empezó a rebotar en medio de los dos hombres por los fuertes bombeos que estaba recibiendo brutalmente.

    Otro orgasmo comenzó a tener Lucia volviéndola loca de placer, no conocía lo que era un orgasmo y en poco tiempo ya había tenido dos, los pechos de Lucia se movían con intensidad sobre la cara de su hermano, entonces Lucia sintió como empezaron a temblar los dos y comenzaron a venirse dentro de la vagina y ano de ella llenándola de semen en ese momento Lucia tuvo su tercer orgasmo de la noche.

    Apenas Lucia recuperando el aliento se quitó de en medio de su hermano y de su novio mientras que de sus piernas resbalaba hilillos de semen, entonces vio que su tío se acostaba boca arriba en el otro sofá mediano quedando su enorme pene en todo lo alto a la espera de ella, Lucia sin que se lo pidiera su tío se disponía a montarlo pero él le hizo señas que lo montara al revés, y así ella obediente se subió en su tío dándole la espalda, con manos temblorosas ella sujeto el grueso pene de su tío y lo coloco en su vagina pero su tío lo cambio de lugar poniéndolo en su ano y él dijo.

    -quiero cogerte tu ano sobrinita, además hay que dejarle libre el camino al segundo.

    Lucia se comenzó a sentar sobre la inmensidad de su tío y poco a poco se devoro todo su pene quedando completamente ensartada, sintiendo como su tío comenzaba a bombearla lentamente ella estaba teniendo su cuarto orgasmo de su vida, entonces vio que su primo se iba acercando, Lucia sin dejar de gemir abrió sus piernas como invitándolo a que se uniera a su papa, quería sentirlos a los dos juntos, él se metió entre sus piernas y en segundos los dos comenzaron a darle la segunda doble penetración de su vida.

    Los demás veían como Lucia en medio de su tío y primo sufría los bombeos fuertes mientras que sus piernas adornadas con calcetas blancas y zapatos negros se movían brusco suspendidas en el aire de la tremenda cogida que estaba recibiendo de sus dos verdugos.

    El tío y el primo aumentaron los bombeos avisando que ya iban a terminar y de pronto explotaron rellenando completamente los dos orificios de Lucia con su semilla de hombre, todavía escupiendo las últimas gotas de semen Lucia logro disfrutar su quinto orgasmo de la noche.

    Sin poderse mover Lucia jadeando permaneció acostada sobre el pecho peludo de su tío mientras miraba que se acercaba su papa.

    -aguanta solo un poco más hija, falta tu abuelo y yo.

    Lucia como muñeca de trapo sintió como su papa con sus fuertes y grandes brazos la cargo quedando suspendida en el aire, ella cruzando sus piernas se aferró a la cintura de su papa mientras que un pene largo y tremendamente grueso en forma de arco esperaba abajo ser devorado por la adolecente.

    -papa tengo miedo, es que tu pene es demasiado grande.

    -no te preocupes mi amor, voy a metelo despacito para que disfrutes como entra papa en ti.

    Y Lucia abrazando a su papa del cuello sintió como la dejo caer ensartándola en ese descomunal pene venoso, la joven lanzo un delicioso quejido delicioso y comenzó a llorar pues tanto su vagina como ella estaban sintiendo la gran diferencia de tamaño, sin duda el de su papa era el más grande de todos, Lucia comenzó a tener su sexto orgasmo mientras que su papa comenzaba a bombearla muy rico subiéndola y bajándola deslizándola en esa enorme barra de carne mojada por el orgasmo que había tenido, ni siquiera le dieron tiempo a la joven disfrutar como entraba su papa en ella cuando se dio cuenta que el abuelo se acercaba de tras de ella poniéndose vaselina en su pene.

    Lucia miro con miedo el pene de su abuelo y sabía que se había equivocado, en realidad el pene más gordo y largo era el del abuelo y después el de su papa, como decía el dicho de tal padre, tal hijo, Lucia muerta de nervios abrazo fuerte a su papa como buscando protección y cerrando los ojos sintió como el abuelo comenzó a meter sin piedad su pene intentando alojarlo en ese ano dilatado pero aun estrecho, La cumpleañera lanzo su más rico quejido sintiendo como el abuelo había logrado meter su cabeza ancha y lentamente todo lo demás.

    Como una niñita comenzó a lloriquear abrazando fuertemente a su papa mientras que ambos la destrozaban por dentro como unas máquinas, ella sentía como palpitaban los dos enormes penes dentro de ella y estaba completamente convencida de que no había suficiente espacio en su cuerpecito para soportar dos penes gigantescos, ella comenzó a gritar y a llorar mientras sentía como le comenzaban a dar su tercera doble penetración a una velocidad impresionante, no soporto más los tamaños y tuvo otro orgasmo perdiendo esa noche la cuenta de cuantos había tenido.

    Suspendida en el aire subía y bajaba en esas gruesas barras de carne aun con su uniforme escolar puesto, pronto aumentaron tremendo sus bombeos matando de placer a la adolecente.

    Ella sintiendo como la estaban partiendo en dos y matando de placer tuvo otro orgasmo orinándose de lo delicioso que se la estaban cogiendo, enseguida el papa comenzó a venirse plantando su semilla dentro de la vagina de su hija y el abuelo tambíen dejo su semilla dentro de su ano completamente roto.

    En cuanto los dos penes salieron desinflados broto el semen depositado en su interior y lentamente se fue escurriendo entres sus piernas y muslos goteando el piso, el papa así subió a Lucia a su habitación y acostándola en la cama la cobijo quedando ella profundamente dormida en posición fetal.

    Al siguiente día, eran las 9 de la mañana y la mama bajo hacer el desayuno, paso por la sala y vio a unos ahí acostados en la sala y a otros en la alfombra, les pregunto que si ya querían desayunar y todos dijeron que si, en eso Lucia salió de su habitación ya bañada y bajo las escaleras vistiendo una blusa color azul muy escotada como a ella le gustaba usarlas, tenis blancos y una faldita tableada color blanca cortita, y en su cara una tremenda sonrisa de felicidad que no podía con ella.

    -pero que te paso hija, te levantas temprano y aparte vienes muy contenta, entonces eso quiere decir que me puedes ayudar con el desayuno.

    Y la mama se llevó a Lucia a la cocina a preparar el desayuno, tiempo después la mama mando a Lucia a decirles a todos que se fueran sentando en el comedor, ella camino hacia la sala donde estaban todos y les dijo en voz baja.

    -chicos, muchas gracias por lo de anoche, realmente me la pase muy bien y me encanto, me hicieron la mujer más feliz del mundo entre todos ustedes, fue un hermoso regalo por mi cumpleaños, ah y que dice mi mama que ya se vengan a desayunar.

    Y Lucia traviesa se giró dándoles la espalda a ellos y subiéndose su faldita un poco más quedando súper cortita, les mostro a todos lo que se habían comido anoche, después camino hacia el comedor moviendo muy rico su culito al mismo tiempo que ellos notaban que no se había puesto calzoncitos, bonito detalle solo por tratarse de ellos, todos desayunaban felices, Lucia estaba sentada en medio de su papa y su hermano y cuando la mama se descuidaba ellos metían sus dedos en su vagina por debajo de la mesa y después se los llevaban a la boca saboreando esa rica miel, entonces la mama se dirigió al papa.

    -bueno y que tanto relajo tenían todos ustedes anoche, estuve a punto de pararme a mandarlos a dormir, solo escuchaba a Lucia llorar y quejarse mucho, pues que tanto le estaban haciendo a la pobre de mi hija?

    -nada amor, solo estábamos jugando un juego de castigos, y pues Lucia como siempre perdió pues la tuvimos que castigar entre todos.

    -mira que abusivos y montoneros son con mi hija.

    En eso sonó el teléfono y la mama contesto dándoles la espalda mientras que el abuelo aprovechando el descuido de la mama, se metió debajo de la mesa y hundió su rostro abriéndole las piernas a su nieta y comenzó a comerle su vagina como perro hambriento, Lucia intentaba controlarse pues su mama estaba ahí y de ratos volteaba a verlos, entonces colgando el teléfono les dijo.

    -bueno muchachos, yo tengo que salir por un rato, se quedan en su casa y por favor les encargo mucho a mi hija, pórtense bien con ella y no le hagan maldades abusivos, por favor que termine de comer.

    -no te preocupes mama, nosotros nos encargaremos de darle de comer bien y bonito, verdad hermanita?

    La mama no entendió lo que dijo su hijo y Lucia sonriéndole nerviosa a su mama sujeto con fuerzas el mantel de la mesa soportando la lengua de su abuelo que seguía debajo de la mesa comiéndose el rosadito clítoris de su nieta que ya le estaba escurriendo esa deliciosa miel de mujer, entonces la mama se percató de la ausencia del abuelo.

    -a propósito, donde está el abuelo?

    Lucia moría de nervios y de excitación de saber que sucedería si su mama sorprendía al abuelo abajo de la mesa haciéndole cosas indebidas a su hija, entonces el papa salvo el día.

    -el abuelo fue al baño, ya sabes cómo son los viejitos de su edad.

    -bueno, me despiden de él, nos vemos en la tarde, bye.

    Y la mama se subió a la camioneta y se fue, no dejaron que pasara ni cinco minutos y el papa cargando a Lucia le dijo.

    -ya escuchaste a tu madre, dijo que nos encarguemos todos nosotros de darte bien de comer, pero que no sea aquí en el comedor, que te parece si alimentamos esos deliciosos orificios que tienes en tu habitación.

    -claro que si papa, soy toda su suya, pueden hacerme lo que quieran, solo no me dejen solita en mi habitación porque me puedo aburrir.

    Lucia en brazos de su papa subieron las escaleras dirigiéndose a la habitación de ella, cual novios recién casados dirigiéndose a su luna de miel, y atrás de ellos iban los demás, en cuanto entraron a la habitación Lucia busco en su buro y saco una tira de condones.

    -chicos aquí están los condones, alcanza para todos ustedes, creo que los tenemos que usar no creen, o acaso no les da miedo dejarme preñada, se imaginan que le diría a mi mama si salgo embarazada, que el papa de mi bebe es uno de ustedes?

    -hija, creo que de nada sirve ponerse condones hoy, por si no lo recuerdas ayer nadie se puso uno mientras te cogíamos, y creo que ya es tarde pues fuimos varios que nos venimos dentro de tu vagina noche.

    -pero papa, que le vamos a decir a mi mama si ustedes me embarazan.

    -eso ya lo veremos después, ahorita disfrutemos que nos quedamos solitos, vamos aprovecharlo bien princesa.

    En eso el novio de Lucia hablo.

    -Lucia no te preocupes, si quedas preñada y no sabes quién fue el afortunado que lo hizo, le decimos a tu mama que es mío y que me hare responsable, solo no te preocupes, te amo, y quiero que desfrutes con todos nosotros este momento y que aprovechemos que tu mama te dejo solita aquí con nosotros.

    Lucia ya más tranquila se tiro a la cama encima de sus peluches y abriendo sus piernas invito a todos a que se la cogieran, todos comenzaron a desnudarse y cerrando la puerta de la habitación comenzaron a cogérsela sin piedad, en la casa silenciosa y solitaria apenas se podían escuchar los tremendos gemidos que Lucia lanzaba de su boca, pues era obvio que le estaban dando nuevamente otra tremenda cogida entre los 6, imaginado lo excitante que seria, que la mama llegara en ese momento, que abriera la puerta de la habitación de su hija y la viera ahí desnuda con 6 hombres en la cama cogiéndosela sin piedad.

    Fin.