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  • Secuestrada y follada

    Secuestrada y follada

    Abro los ojos y me doy cuenta de que estoy atada una barra de hierro que va desde el suelo al techo, como la de una stripper, me duele la muñeca derecha pues estoy atada de esa mano no entiendo nada ni siquiera sé cómo he llegado aquí lo último que recuerdo es que había quedado con una amiga para cenar y charlar.

    Al ir a mi casa alguien me atacó por la espalda me dio un golpe en la cabeza y me he despertado aquí dios mío intento calmarme y centrarme en averiguar dónde estoy, como puedo salir miro a mi alrededor y solo veo juguetes sexuales, látigos esposas y cosas similares, no sé qué hacer finjo estar inconsciente todavía creo que es lo mejor escucho como se abre una puerta y luego otra cada vez siento a la persona más cerca de repente me tira por encima un cubo de agua helada me pongo de rodillas en el suelo y abro los ojos inmediatamente, veo a un hombre de complexión fuerte, alto, tiene barriga pero no mucha, lleva unos vaqueros rotos, una camiseta de manga corta negra, no puedo verle la cara lleva un pasa montañas puesto, solo puedo apreciar que tiene una mirada penetrante de un marrón oscuro precioso.

    Me coge del pelo, me echa hacia atrás y comienza a explicarme de que se trata todo esto:

    -Verás, estas aquí para cumplir todos mis deseos si haces lo que te digo tendrás una recompensa si no serás castigada y créeme no te gustaran los castigos.

    Mientras me dice todo esto no dejo de mirar sus ojos intentando identificar a ese individuo, esa voz me suena muchísimo pero no consigo recordar, ¿porque está haciendo esto?

    – No pienso hacer lo que tú me pides por mucho que me castigues así que mejor déjame marchar. –En cuanto finalizo la frase le escupo en el rostro él se ríe se lo limpia con la mano y me dice:

     -Tranquila bonita esto lo pasaré por alto pero que no vuelva a ocurrir, ten en cuenta una cosa puedo ser el más bueno de todos, pero puedo ser lo peor que has conocido nunca no provoques esa parte de mi porque no te va a gustar -Intento recordar porque me es tan familiar a cada palabra que dice, se ríe y se dirige a la salida.

     -Oye, ¡De qué coño va esto! – Digo esto mientras me pongo de pie.

    -Una chica rebelde me encanta! Eso es revélate más será más divertido parta ambos -.Mientras dice esto se marcha.

    Empiezo a intentar quitarme las esposas como sea dando golpes, tirando fuerte lo que hace ruido, estoy tan absorta en eso que cuando me doy cuenta tengo a ese hombre encima de mí, me lleva a un colchón que hay en el suelo me ata de pies y manos a unas columnas me da un beso en la mejilla y me amordaza, cierro los ojos y me centro en su olor, huele a tabaco, a hierba con una mezcla de colonia varonil, tengo que recordar quien es.

    -Compórtate, te puede ir mucho peor déjame disfrutar de la cena y de la noche si tengo que volver a bajar te arrepentirás. -Y se marcha.

    No sé cuántas horas han pasado me he quedado dormida aún estoy medio adormilada cuando baja ese loco, me pone un collar en el cuello y unas esposas con cadena en los pies libera mis manos sabe que así no podré ir muy lejos venda mis ojos me coge embarazos no sé dónde me lleva empiezo a patalear, me deja en el suelo me quita la venda de la cara, estoy en un parking.

    -Muy bien, saquemos provecho a esa energía que tienes, quiero que me limpies el coche.

    No me puedo creer lo que me está diciendo esto tiene que ser una broma de mal gusto, pero, veo un coche marca Ford verde oscuro y una moto grande negra, creo que es una Honda, pero no entiendo mucho de marcas ni de vehículos en general, pero he de reconocer que esa moto me gusta, él me lo nota sonríe y dice:

    -Puedes empezar por ahí si te gusta más no importa, limpiarás las dos cosas. -Si pudiera fundirlo con la mirada lo haría.

    -¿Por qué tienes la moto tan sucia?, ¿aparte de ser un psicópata secuestrador eres un guarro? -Se ríe a carcajadas.

    -No la cojo apenas, sinceramente soy un peligro en ella, me gusta mucho la velocidad.

    Pongo cara de asco cada vez que habla, pero esa voz me es tan familiar y esos ojos donde los he visto y oído antes. No sé cuánto rato llevo limpiando, pero tengo mucha sed, aquí hace mucho calor no corre nada de aire.

    -No puedo más dame agua. -Él me mira y me ignora.- Por favor. -Le repito tengo que entrar en su juego si quiero salir de aquí así que le repito:- Me puedes dar agua por favor.

    Entonces sonríe y me acerca una cantimplora no sé cuánto rato ha pasado, pero no puedo más, no puedo mostrar que estoy tan cansada no debe verlo, aunque lo sabe.

    -Ven aquí muchacha ya está bien, ¿quieres darte una ducha y refrescarte? – Me dice esto sonriendo de manera pícara.

    -Sinceramente prefiero que me dejes ir. – Digo esto cruzándome de brazos y poniendo mi rostro muy serio me doy cuenta de que no le ha gustado nada mi respuesta, se levanta de la silla me coge fuerte del cuello y mira fijamente mis ojos.

    -Es una pena, eso no va a pasar, pero tranquila tengo una sorpresa para ti por lo bien que lo has hecho hoy. – Me vuelve a coger en brazos y me lleva a la cocina sin vendarme los ojos puedo fijarme en todo e idear un plan para escapar por lo menos intentarlo.

    Los muebles son de un color blanco reluciente de lo limpios que están, una mesa de madera en medio donde veo que hay un plato con salmón al parecer esta echo al horno, patatas fritas y una ensalada, me sienta en la mesa y cuando él se dirige a buscar la bebida decido salir corriendo. Mala idea, me agarra del cabello me tira al suelo se pone encima de mí se le pone cara de loco sonríe y me dice:

    -Gracias por hacer esto estaba deseando castigarte. –

    Tiene mucha fuerza no puedo sacármelo de encima me coge como si fuera un saco y me lleva a una habitación me tumba en la cama boca abajo me ata de pies y manos y pone bajo mi abdomen lo que parece una almohada hinchable, escucho como busca algo en un cajón, pero no puedo ver que es.

    -Aquí está!, esto te relajará por ahora, es mejor que te relajes si no puede que te duela, aunque te lo haga despacio y con cariño pequeña.

    No entiendo nada que va a hacer este loco conmigo tengo miedo, comienzan a caer lágrimas de mis ojos, se sienta detrás de mi trasero comienza a echarme un gel en las nalgas y me las masajea baja por mis muslos sube por mi entre pierna despacio no tiene prisa quiere disfrutar de cada centímetro de mi cuerpo y yo no puedo mentir me estoy excitando me gusta como este individuo me está acariciando. Abre mis nalgas escupe entre ellas y con un dedo esparce su saliva por mi ano despacio, masajeándome.

    -Ahora estate tranquila puede que te moleste al principio, pero créeme te gustará, disfruta de este momento pequeña.

    Introduce algo en mi trasero no sé qué es y me pongo muy tensa, él lo nota acerca su boca a mi espalda y comienza a besarla pasa su lengua de arriba abajo una y otra vez lo hace con mucha dulzura no sé qué me pasa, pero me gusta lo que me hace, vuelve a introducir el objeto en mi trasero mientras acaricia mi espalda con la yema de sus dedos esta vez no estoy tensa y puedo notar como lo introduce más y más lo deja dentro y empieza a lamer mi sexo.

     -Eso es cielo así me gusta estás muy húmeda ya te he dicho que te iba a gustar lo ves no miento, pero tranquila que esto no a echo más que empezar vas a suplicar que no pare ya lo verás.

    Tiene razón no quiero que pare es mas de echo quiero que me haga suya ahora mismo, no puedo decirlo, pero lo sabe por la humedad que hay en mí.

    -Dime que quieres en este momento no importa lo que sea, lo tendrás. -Mientras me susurra esto en el oído besa mi cuello, se acerca a la comisura de mis labios.- Dímelo, dime que quieres. -Besa la comisura de mis labios solo puedo cerrar los ojos y sentir como me acaricia entonces tomo mi decisión.

    -Hazme tuya por favor te necesito.

    Retira de mi abdomen la almohada, desata mis pies pasa su lengua por mis piernas mis muslos mis nalgas mi espalda, se detiene en mi cuello mientras con sus manos acaricia mis costillas.

    -Tus deseos son órdenes para mí, solo quiero verte disfrutar, quiero darte placer, que me sientas y sentirte en mí. Me desata las manos por fin, me doy la vuelta, quiero sentir el calor de sus labios en los míos, me doy cuenta de que todavía tiene la cara cubierta, decido acercarme a él despacio y empiezo a quitarle el pasa montañas se echa para atrás pero no me importa quiero ver su rostro.

    -Por favor quiero ver tu cara, quiero ser tuya completamente y necesito verte como tú me ves a mí.

    Dejo su rostro al descubierto, y en efecto lo conozco, es Isaac un compañero del gimnasio no me lo puedo creer, por eso me era tan familiar, tiene el pelo negro con alguna cana una barba corta con canas también, unos labios gruesos de un marrón claro que están pidiendo a gritos ser besados es muy atractivo la verdad, ahora mismo me la igual todo, cojo su cabeza entre mis manos y le beso con dulzura el responde a mi beso de igual manera, que me pasa debería salir corriendo de aquí, pero ahora que he visto su rostro no puedo alejarme, quiero estar con el aquí y ahora, no me importa el resto.

    Me echa hacia atrás se tumba encima de mí besa cada rincón de mi cuerpo me estremezco, se me eriza la piel, siento como su lengua recorre mi cuerpo despacio no tiene prisa por tenerme y eso me desespera decido cambiar las tornas del juego me pongo encima de él, le beso apasionadamente los labios y voy bajando por su cuello, abdomen, llego a su pantalón le quito el cinturón, desato sus vaqueros y se los quito, no lleva ropa interior, que da descubierto su miembro aprecio que lo tiene muy grande y grueso y enseguida pienso que no me va a caber y me va a hacer daño aun así, quiero tenerlo dentro de mí pero primero quiero darle placer y empiezo a devorar su entre pierna paso la punta de mi lengua por su capullo despacio él estremece, coge mi cabello y empuja mi cabeza hacia abajo yo me resisto quiero ir a mi ritmo y puedo sentir que eso le molesta, pero se deja llevar, repaso su verga con mi lengua bajo hasta sus bolas y me detengo en su perineo, se retuerce, escucho como gime me aparto de él me desnudo se acerca a mí y con dureza me empuja de nuevo a la cama se dirige a mis pechos, mordisquea suavemente mis pezones, luego lo hace con dureza, pero me gusta toca mi sexo con su mano acaricia mi clítoris lo pellizca levemente, doy un respingo, suelta mis pechos, me mira y sonríe, me besa, muerde mi labio inferior no lo soporto más.

    -Por favor te necesito dentro de mí, métemela ya te lo suplico.

    Noto que es lo que quiere, era justo lo que necesitaba oír, introduce su miembro dentro de mí, entra sin esfuerzo de lo húmeda que estoy. Comienza a entrar y salir de dentro de mí, dándome un placer inimaginable, me muerde suave el cuello yo echo mi cabeza hacia atrás para que lo vuelva a hacer cada vez me embiste con más fuerza hasta que ya no aguanto más y me corro él lo nota sale de mí y sonríe, me pone de rodillas en el suelo abre mi boca e introduce su miembro hasta que él también se corre dentro de mí.

    -Te prepararé una ducha, hoy dormirás aquí conmigo.

    Mientras dice esto nos dirigimos hacia el baño y efectivamente llena la bañera de agua templada para mí, echa sales de baño y pone música relajante de fondo no puedo evitar mirarlo y sonreír. ¿Puede ser el hombre que me ha secuestrado bueno en realidad? ¿Por qué lo habrá echo? Quiero averiguar todo sobre él y haré lo que sea necesario para eso. Nos tumbamos en la cama juntos, apoyo mi cabeza en su pecho sé que suena raro, pero me siento segura a su lado.

    Durante la noche me despierto, me doy cuenta de que estoy de espaldas y tengo mis manos atadas al cabezal de la cama. Me asusto e intento gritar, no lo consigo puesto que me amordaza la boca con un pañuelo, está siendo muy agresivo no entiendo nada no es el mismo hombre de ayer, pone debajo de mi abdomen una almohada dejando mi trasero al descubierto y me azota fuerte con sus manos me hace daño, lubrica muy bien mi ano e introduce su miembro despacio me hace daño me resisto intento saltar mis manos, pero me es imposible araña mi espalda con fuerza mientras me embiste cada vez más rápido y más fuerte siento furia en su manera de tocarme me saltan lágrimas de los ojos y comienzo a sollozar, de repente él se da cuenta de lo que me está haciendo decide parar, sale de dentro de mí, me quita la mordaza y me abraza por la espalda.

    -Sácame las esposas ahora mismo.

    Mientras le digo esto se acerca a la mesita de noche coge una llave y me las quita, me doy cuenta de que estoy libre por completo y él está en el lateral de la cama sentado en el suelo con las manos en el rostro, es mi oportunidad para escapar de aquí, así que aprovecho y salgo corriendo me doy cuenta de que ni si quiera se inmuta, sigue en el mismo sitio abro la puerta de la casa estoy fuera ahora si puedo salir de aquí. No puedo hacerlo, cierro la puerta detrás de mí, y me dirijo hacia la habitación me siento a su lado no hablamos solo nos quedamos ahí mirando a la nada. Pasan las horas y el sueño me vence.

    -Vamos a la cama anda, el sueño me puede y quiero abrazarte.

    Me levanto y le extiendo mi mano él la coge, nos tumbamos, lo abrazo y nos dormimos tengo que reconocer que en su pecho en es donde me siento más segura. Abro mis ojos aún es de noche, dirijo mi mirada hacia aquel hombre que tengo a mi lado, lo veo desnudo con su miembro al descubierto y decido agacharme y empezar a lamer su verga, huele a colonia, pero a la vez ha hierba, se la mojo bien con mi saliva la paso por mis labios, la agarro con firmeza, pero suave y me la introduzco en mi boca, entonces se despierta desconcertado me mira.

    -Tranquilo, disfruta de este momento.

    Echa su cabeza hacia atrás y se deja llevar por lo que yo quiera hacerle lamo sus bolas y me detengo en su perineo mientras con la mano sigo masturbándolo, me siento tan excitada, decido que es hora de llenarme de placer a mí también, así que me pongo encima suyo, pero de espaldas meto su miembro en mi sexo estoy lista para él, pongo sus manos en mis caderas las agarro con fuerza y empiezo a cabalgar, me inclino hacia adelante apoyando mi pecho en la cama junto a sus piernas, de esta manera puede apreciar como entra y sale de dentro de mí, coge mis nalgas con fuerza y me da un cachete, se me escapa un grito de placer justo en ese instante.

    Siento como masajea mi trasero con un dedo y noto como empieza a introducirlo suavemente, no me molesta a decir verdad empiezo a disfrutar de lo que me hace. Me levanta me pone a cuatro patas en la cama empuja mi pecho hacia abajo dejando mi trasero totalmente al descubierto, introduce un dedo luego otro mientras con la otra mano acaricia mi clítoris, lubrica bien mi trasero con un gel que ha sacado de la cómoda, e introduce su miembro despacio, pero con decisión, yo con una mano decido tocar mi sexo y me introduzco un dedo y luego otro, me siento llena estoy al borde del clímax.

    -Más fuerte por favor me corro.  

    Él sabe perfectamente lo que tiene que hacer y me embiste sin compasión tal y como yo le he pedido, llego al clímax con mucha intensidad.

    -Me voy a correr dentro de tu culo.

    Al decir esto hace que me dé un escalofrío por todo el cuerpo, me gusta lo que oigo y en efecto se corre dentro de mi trasero, nos levantamos y nos damos una ducha juntos me abraza me lava el cabello y me trata como nunca antes lo habían hecho.

    -No te imaginas el tiempo que llevo deseando esto, sé que no ha sido la mejor manera, pero no sabía cómo acercarme a ti.

    Me besa la frente cuando acaba la frase, lo miro y le beso la comisura de los labios.

    -Pues no la mejor manera no ha sido, pedirme el número de teléfono también era una opción y te lo hubiera dado pues yo también pensaba en este momento. -Pienso en la situación y rompo a reír, ambos tenemos pareja y sabemos que solo ha sido sexo, pero antes de olvidarnos de todo esto porque no repetimos una vez más, sonrío de manera pícara el me mira y entiende a la perfección lo que quiero.

    Salimos de la ducha, lo siento en el baño me siento encima le beso muerdo su labio inferior sé que eso le excita y a mí también, introduzco su miembro dentro de mi sexo y empiezo a cabalgarme a Isaac este hombre me hace perder la compostura cuando está cerca, ahora solo me centro de disfrutar de él dentro de mí, coge mis pechos con fuerza y muerde mi pezón derecho, echo mi cabeza hacia atrás, dejando-me llevar por el placer del momento.

    Me levanta y me pone el pecho contra el mueble dejando mi cabeza dentro de la pica de las manos e introduce su verga en mi inferior lo hace con fuerza y eso me encanta, levanta una de mis piernas y la sujeta todo el tiempo para que me entre mejor su falo erecto, me giro lo cojo de la mano y lo llevo a la cama entonces el vuelve a tomar el mando me ata las manos, separa mis piernas y las ata también, saca un estimulador de clítoris y empieza a utilizarlo, pone su verga en mi boca mientras no deja mi clítoris, me ahoga con su miembro no me deja respirar incluso me dan arcadas, la retira de mi boca y sale tan pero tan mojada quiero más, abro mi boca para decirle que estoy lista para recibirla otra vez y en efecto así lo hace, vuelve a introducírmelo con fuerza una y otra vez, de repente se aleja de mi retira el estimulador y comienza a besar mis piernas sube lentamente hasta llegar al muslo entonces con la punta de la lengua dibuja círculos acercándose a mi sexo, abre los labios con delicadeza y empieza a lamer con ganas, introduce dos dedos dentro, siento un placer muy intenso quiero empiezo a humedecerme sin control y sin poder evitarlo me corro en su boca, me mira y sonríe se acerca mi cuello lo besa y mordisquea.

    -Ahora me toca disfrutar a mí no crees?

    Mientras dice esto introduce su verga dentro de mí, no tiene prisa lo hace despacio la mete entera y la saca la vuelve a meter, la vuelve a sacar toda, me está volviendo loca ahora lo hace con más fuerza así me gusta que lo haga duro me coge del pelo fuerte besa mis labios y comienza a penetrarme sin ninguna compasión.

    Se sienta encima de mi cadera y empieza a masturbarse hasta que se corre en mi abdomen y pechos, se levanta suelta mis manos nos duchamos y me marcho. Con el paso de los días no puedo dejar de pensar en esos momentos así que decido volver al gimnasio a ver si está pasan un par de días y por ahí lo veo venir se sienta en una máquina para hacer piernas yo me levanto de la bicicleta estática me acerco le tiro unas esposas a su pecho y me marcho.

    Me sigue hasta los baños me aseguro de que no hay nadie dentro pongo las esposas en sus manos lo siento en el baño, retiro sus pantalones y empiezo a lamer su miembro huele tan bien y sabe tan rico se vuelve loco no puede mover las manos como le venga en gana, paso por dentro de sus brazos me siento encima suyo y comienzo a moverme con su pene dentro de mi sexo hasta que nos corremos los dos.

    Sé que esto no podía repetirse, pero nunca me habían dado tanto placer como él, soy adicta a su entre pierna, me excito solo con pensar en él quiero tenerlo en mi cama cada vez que este excitada para que me dé el placer que necesito.

  • Al viejo de don Margarito le gustan jóvenes

    Al viejo de don Margarito le gustan jóvenes

    Conocí a Don Margarito cuando ya vetarro él tenía un hijo de seis años (conocido por el mote del “Chiquis”). En ese entonces era su hijo más chico justamente, pues el hombre tenía ya una docena de descendientes, unos hasta casados y con hijos propios por supuesto. Me asombró, ya en aquel tiempo, que un hombre sexagenario no tuviese empacho en presumir a su hijo que bien parecía su nieto.

    En las juntas escolares las mujeres se burlaban de él a sus espaldas diciendo que de seguro el Chiquis era hijo de otro hombre, y que la mamá (que dicho sea de paso era por lo menos treinta años más joven que el Don) se lo había enjaretado al viejo. La Seño era su tercera esposa pues Don Margarito se las daba de galán y conquistador. Más tarde incluso supe que el muy cabrón presumía de tener varias amantes, aparte de sus esposas. Claro que había dinero de por medio pues si hay algo que reconocerle al viejo era que supo hacerse de un buen patrimonio gracias a sus distintos negocios. No por nada de esas señoras chismosas que acudían a las mismas juntas escolares no faltaba quién descaradamente “le lanzara el calzón”, como suele decirse, pues el dinero les llamaba el interés.

    El viejo picaba más que adolescente calenturiento; por lo menos eso presumía él.

    Eso sí, era un hombre que se encabronaba cuando lo llamaban abuelo. Pues aunque en realidad lo era, como ya he mencionado algunos de sus varios hijos ya eran padres a su vez, este apelativo lo tomaba como mentada de madre si se lo llegaban a decir. Don Margarito era de esas personas que se niegan a envejecer, siempre se quería mostrar vigoroso, enjundioso, y más en lo sexual. Se negaba a considerarse un anciano. Tanto así que, siendo de ojo alegre, ya le había echado el mismo a Mari Paz, una joven que trabajaba como mesera en su restaurant.

    La chica no llevaba ni una semana allí y el viejo ya se la quería chingar.

    —Usted ya no está para esos trotes —le dije francamente cuando me lo comentó—. Cómo cree que le va a hacer caso una chamaca como así.

    Y es que la mencionada se veía de buen ver. Su figura era como de edecán o modelo; quizás no tan bonita de rostro, pero con una figura muy deseable. Se hacía antojable, deliciosa. Silueta bien delineada, formada por un par de piernas morenas cuyos muslos (bien carnosos, hay que decir) conducían la mirada a unos glúteos pulposos de generosa carne; cintura finamente delgada; vientre plano; pechos con perfil de gota amamantadora; y una cara con una boca de mamadora innata, por su grosor y forma.

    La verdad yo sí me echaba mi buen taco de ojo cuando iba al restaurante de Don Margarito, pero hasta ahí. Bien sabía que la chamaca ya era casada.

    —Vas a ver que sí me la chingo —me afirmaba don Margarito con total seguridad.

    —Ya estamos algo mayores para una joven así —le decía incluyéndome, para que no me lo tomara a mal—. Está muy polluela.

    —¡¿Estamos…?! —Dijo el Don, ofendido en lo más hondo—. ¡Lo estarás tú, pendejo! —todavía me dijo—. Yo me echo mis buenos brincos en la cama y sin resuellos.

    Tal fue la forma en cómo dijo esto último que yo me reí en vez de molestarme.

    —¡Ya entiendo porque se ha casado tres veces!

    —Pues es lo que te digo… pinches viejas, no aguantan los palos que les doy —dijo, e hizo ademan de arremeter con fuerza a una hembra que tuviera delante. Luego se rio.

    Mari Paz ni en cuenta estaba del interés de su patrón. Ella estaba casada con un joven pescador.

    Mari Paz de seguro lo montaba cada noche, por lo menos así me lo imaginaba pues de ser yo así lo haría. Ya la podía ver, ella triturando el pubis de su macho con su pelvis femenina montada en un falo grueso y venoso haciendo un sexo desaforado, tal cual metlapil sobre metate haciendo masa. Así me los imaginaba mientras la veía limpiar las mesas del restaurante de don Margarito en el entallado y escueto uniforme que el Don la hacía usar. Éste consistía en una faldita negra, entallada, que le llegaba más arriba del medio muslo; la blusa bien escotada; y su infaltable pequeño delantal atado a la cintura.

    Y es que viéndola era más que obvio que su marido debía de aprovechársela en la cama. Si yo fuera me la chingaría de a perro, sacándole profundos gemidos a su escueta figura. Me le abrazaría con fuerza para metérsela toda; la abriría bien separada de piernas y así me le seguiría metiendo a su cuerpo para al final inyectarle mi esperma estando bien metido rociándole así su intimidad con mi caliente secreción. De seguro que ella lo agradecería.

    Está de más decirlo, pero el cuerpo de Mari Paz parecía rogar por quedar preñado. La naturaleza es así, llegado a su edad es natural que se lo exija; todo llega a su hora.

    Tal parecía que Mari Paz tenía un matrimonio de ensueño, sin embargo, Alejandro tenía un gran defecto, le gustaba beber a desmedida. Así como ganaba el dinero lo derrochaba en las bebidas, era por eso que Mari Paz tenía que trabajar. Como siempre había sido chambeadora, eso no le importaba, y no lo veía mal, sin embargo, la exponía a los ojos libidinosos de clientes, pero en especial a los de su patrón.

    “Cada día me gusta más la condenada”, me decía el cabrón de don Margarito pese a estar ella a tan sólo unos pasos de nosotros. Sin decírselo lo comprendía, la hembra exudaba un no sé qué que daba a entender que estaba más que apetecible necesitada de ser inseminada. Como ya he dicho, así es la naturaleza, todo llega en su divino momento.

    El morboso del Don (y yo mismo) no dejaba de mirarle los sudorosos senos; y la hermosa colita de señora/señorita, envuelta en aquella apretada y cortísima falda, en especial cuando ella se empinaba.

    —Hasta mañana don Margarito —le decía al despedirse la muchacha, sin sospechar los sucios pensamientos de su patrón.

    —Que Dios te acompañe Mari —le respondía el viejo libidinoso, a quien se le iba endureciendo el miembro nomás la veía retirarse brindándole la espalda y caminando en sensual contoneo. El muy cabrón me mostraba su erección bajo su pantalón como para presumir que aún se le paraba, como demostrando que no era ningún viejo chocho.

    Aquel lujurioso no dejaba de contemplarle las nalgas sin que ella lo notara. “Un día ahí mismo te la encajo, vas a ver”, decía mirándole el culo a la muchacha estando yo presente. Luego me confiaba lo que le haría a aquella nomás pudiera: “Uno de estos días la llamo a mi privado y ahí mismo me la chingo, vas a ver. A mano abierta me voy a apoderar de esas deliciosas nalgas”.

    Según él le enrollaría la faldita en la cintura y se atascaría tocando sus suculentas carnes para después meter su cara entre aquellas mejillas que le servían de asentaderas a la joven.

    “¿De quién son estas nalgas mi alma?, le diré y ella me va a responder: son tuyas Margarito —me advertía el Don—. Luego le meteré la lengua en la raya hasta llegarle a la jugosa raja de adelante.

    En seguida le abriré la blusa, sacando sus dos tetas al aire y me amamantaré de ellas; le chuparé cada uno de sus pezones oscuros con tal succión que le causaré dolor a la muchacha, pero le va a gustar, te lo aseguro” —me indicaba como queriendo enfatizar su fuerza de macho.

    Sus propósitos no terminaban ahí, claro. Ya que se la imaginaba echada en el piso por propia iniciativa de la muchacha y así, totalmente encuerada, ella misma se le ofrendaría bien abierta de piernas, al máximo, para rogarle que él le diera una rica chupada a la pelambrera y la raja en medio de esta.

    “Ahí te voy cabrona, así le diré cuando le meta mi vergota, vas a ver, se la obligaré a tragar”.

    Parecía casi venirse el viejo de sólo pensarlo. De hecho hasta puedo jurar que lo vi menearse en movimientos copulares mientras me lo contaba. Pinche viejo libidinoso. Viéndolo así era evidente que un día el viejo cabrón se le iría sobres a la pobre chamaca.

    —Sabes Mari Paz, cada día te pones más chula —le dijo un día don Margarito como lanzándose por fin a su joven empleada.

    —Ah, gracias don Margarito —respondió ella cortésmente. Tomando aquello como un sano halago, sin darse cuenta de las malas intenciones de su patrón.

    —De verdad lo digo muchacha. Estás preciosa.

    La otra se sonrojó pero ya no dijo nada en respuesta. Era notorio que se sentía incómoda. Yo lo noté, hasta estuve tentado a intervenir pero al fin no tuve que hacerlo.

    —Y yo ¿qué te parezco? ¿No dirás que soy mal parecido, o sí? —inquirió el veterano.

    —Usted… no, claro, es bien parecido —dijo sonriendo la muchacha, no queriendo ser descortés con su patrón.

    —¿De verdad? ¿Te soy agradable?

    —Sí, de hecho me recuerda a un hombre que quise mucho, hace varios años ya.

    —¿Sí? —dijo aquél, ansioso—. ¿Y quién era aquél afortunado?

    —Mi abuelo. Mi abuelito que en paz descanse. Se parece mucho a él —dijo.

    Casi se me sale la carcajada. Eso era lo peor para Margarito, mejor le hubiese mentado la madre. Con dificultad encubrí mi reacción pues no quería problemas con el Don.

    Jijo, esa no se la perdonó. Antes de que acabara la semana la despidió.

    “¿Cómo está eso de que le recuerdo a su abuelo? Hija de su…”, me decía el Don, no queriendo aceptar su evidente edad.

    Su frustración lo llevó a un estado encabronante de mal humor. Cada rato: “Tengo que chingármela”, decía. Estaba obsesionado con Mari Paz pese a que ya no trabajaba para él, tanto que lo invité a un putero para que se desahogara. Y no les miento, el viejo sí que era enjundioso, podía oír en el cuarto que a mí me tocó los crujidos del catre del cuarto de arriba, donde aquél se beneficiaba a la suripanta elegida.

    «Caray, de la que se salvó», pensé cavilando en la muchacha. «Para su buena suerte no se la chingó este viejo cabrón».

    Pero estaba equivocado. Para mala suerte de Mari Paz y buena de Margarito, Alejandro, el esposo de Mari Paz, había tenido un accidente automovilístico. Luego de una noche de copas, mientras regresaba a casa, se juntaron su estado etílico, la tormentosa lluvia y un desafortunado peatón que había atravesado la calle en mal momento. Aquél no sólo lo arrolló sino que huyó y luego dieron con él.

    Alejandro se veía en un trágico predicamento y junto con él su esposa. Tendrían que pagar los daños ocasionados, además de responder judicialmente por atropellar a aquél. El dineral que le costaría pagar los daños era cuantioso. Ya no digamos el riesgo de ir por varios años a la cárcel.

    Fueron días muy angustiosos para la muchacha y llegó, incluso, a pedirle ayuda a don Margarito, quien se portó especialmente atento y cariñoso con ella. Claro que era porque ya se traía entre manos su sucio plan. Mari Paz no sabía lo perverso que podía ser su antiguo patrón. Así pasaron los días y…

    —Cuanto deseaba esto —decía el viejo verde, mientras se asía de las nalgas de la muchacha varios años menor que él, e incluso más joven que algunos de los hijos del “venerable”.

    Don Margarito y ella estaban hincados, uno frente a otro, en la cama; ella sólo vistiendo sostén y bragas, y él mostrando orgulloso su correoso cuerpo desnudo. La pareja de joven hembra y hombre curtido, destacaba en sus cualidades por contraste. Quedando frente a frente estaban a punto de enfrascarse en cruda unión sexual.

    Yo pude verla pues el viejo la grabó sin que ella lo supiera y tal video me lo presumió lleno de orgullo por su fechoría.

    —¿De quién son estas nalgas, mi amor? —decía don Margarito en la grabación.

    Mari Paz se quedaba callada pero eso a él no le importaba, el Don sabía bien que eran suyas, el dinero que le había facilitado a la pobre necesitada pagaba por ellas. Eran tan suyas que podría hacer con ellas lo que quisiera y nadie se lo impediría.

    Le bajó entonces las pantaletas dejando al descubierto los dos gajos de carne morena y la raya que los dividía. Eran tan bellos como me los imaginaba. Luego retiró el brasier y se apoderó de los pechos, tomando ambos con sus dos manos, y sorbiéndolos uno por uno con chupetones bien tronados.

    —Mi nena linda, te adoro —le decía a la pobre mujer que tenía delante quien indefensa sólo guardaba silencio.

    Y es que Mari Paz se veía culpable. Culpable de haber aceptado el trato ofrecido por su patrón, quien se había comprometido a pagar gran parte del adeudo generado por el accidente, siempre y cuando ella se le entregara como mujer mientras su esposo estuviera en presidio.

    Mari Paz no sabía cómo volvería a ver a los ojos a su marido después de eso, de eso que don Margarito le estaba haciendo en ese preciso momento, lo que la mortificaba y eso para mí era evidente en la grabación mientras Margarito le chupaba los labios vaginales.

    Por su parte: “De verdad que te saben delicioso”, decía don Margarito luego de chupar aquella tierna carne. Goloso se tragó los jugos que inevitablemente se le escurrieron a la hembra.

    Como la oyó sollozar, el hombre le dijo:

    —Ya no sufras más que ahorita te penetro —y la ensalivó de ahí lo mejor que pudo, humedeciéndole a consciencia la entrada con el fin de dejarla bien lubricada para lo que vendría—. Ahí te voy —le dijo, y el veterano hombre guio su pene a la abertura vaginal de su empleada, aquella mujer que había aceptado eso sólo por verse necesitada. De no ser así…

    A pesar de eso gimió levemente cuando el anciano entró en ella. Mari Paz se estaba uniendo sexualmente a un señor mayor, y, ciertamente, se notaba su desencanto. Como tantas otras veces le sucediera con su marido era penetrada, pero ahora lo hacía con un viejo cerdo. Por lo menos así lo calificaba yo. Don Margarito era un viejo bien libidinoso, que había nacido para fornicar y engendrar hijos. “Desgraciado viejo cabrón”, me dije y esperé haberlo dicho en voz baja.

    —A partir de hoy te voy a hacer el amor a diario —le dijo el descarado, como si no supiera que para ella aquel acto estaba muy lejos de ser un acto amoroso. Ella lo hacía obligada por las circunstancias.

    Luego se la subió para que ella lo montara mientras él le decía: “Te amo; te amo…, jinetéame amor, jinetéame. Anda cariño, móntame, móntame como si fuera tu potro.” Y la agarraba de las nalgas, no sólo con interés de manosearla, sino también para marcarle el ritmo con que él quería que se meneara.

    Con deseo de presumirle su potencia, se incorporó cargándola, y así la siguió bombeando en pie.

    Joven mujer y viejo hombre así muellearon unidos en sus sexos, pero muy alejados en sus motivos para hacer tal acto. Margarito lo que quería era saciar su lujuria, a la vez que presumir ante cámara lo vigoroso, activo y enjundioso que era; capaz de hacerle el sexo a una mujer joven; pero Mari Paz, por su parte, sólo lo hacía por el bienestar de su marido.

    Varias veces lo hicieron y aquél me lo mostraba a través del celular. Claro que aquella relación llegó a un desgaste.

    —¡Pinche vieja despreciativa! —le vociferó don Margarito una ocasión que Mari Paz hizo a un lado su cara rechazando así el beso que aquél le quería dar en sus labios.

    Y es que esa era la última vez que lo harían y ella lo único que quería era terminar cuando antes con aquello. Había cumplido con aquel sucio trato y lo que en verdad deseaba era ir con su amadísimo esposo, quien por fin volvía a casa.

    La esposa, queriendo ocultar ante su marido y ante sí misma lo que había hecho, lo recibió con el mayor de los afectos.

    —Te extrañé mucho, amor —le decía Mari Paz mientras lo acariciaba de los muslos, hincada ante él quien estaba sentado en la cama.

    Alejandro vio que su mujer se mostraba de lo más excitada, subiéndosele sobre el pecho desnudo, haciendo qué éste se recostara mientras ella no dejaba de besarlo.

    Cuando ella se deshizo de su ropa, dejando sus pechos al descubierto, a Alejandro inmediatamente se le paró la verga, ya que tenía tiempo de no mojarla.

    —Acaríciame Alejandro, te necesito.

    El hombre empezó el contacto palpándole la vulva, aun sobre la prenda íntima. Luego, cuando ella se colocó sobre él, se apoderó de sus nalgas.

    —Ya las extrañaba —le dijo aquél.

    Luego de darle unos buenos chupetones a la verga de su marido le dijo:

    —Ya quiero tu verga.

    El cónyuge debió haberse extrañado, no sólo de esa manera de expresarse; pues Mari Paz comúnmente no hablaba así; sino de que aquella llevara la iniciativa en esa entrega carnal, sin embargo, embriagado por la calentura del momento, no le dio mayor importancia y siguió sus instrucciones.

    Obedeciendo a su mujer se incorporó, hincándose en la cama y apoyándose en la cabecera que quedaba a sus espaldas. Mari Paz, entonces, se colocó en cuatro justo frente a él.

    —¿Ya estás bien apoyado? —le preguntó ella.

    —Sí amor —le respondió él.

    —Pues no te muevas que ahorita me voy a ensartar solita.

    Moviendo sensualmente su trasero colocó la punta del tolete de su marido justo a la entrada de su sexo, sin meter manos.

    “¡Ah qué rico!”, decía la esposa, mientras la pieza iba entrando y a la vez su marido pensaba: «Me encanta que esté tan jariosa. Se ve que le hice falta», viendo como su propio trozo de carne era tragado por la hambrienta y mojada vagina de su mujer.

    —¿Te gusta mi amor? —le preguntó ella volteándolo a ver, en esa posición a cuatro patas como estaba.

    —Sí mi amor —dijo Alejandro sinceramente.

    La mujer echó hacia atrás las suaves nalgas, devorando así la virilidad de su hombre hasta topar con el vientre, el cual se vio varias veces golpeado luego por el trasero de la dama quien, agarrada de las sábanas que cubrían el colchón sobre el que estaba, tomó apoyo para darse con todo contra su marido.

    «Mari Paz está insaciable», se decía Alejandro mientras que su esposa, por su lado, pensaba: «A como dé lugar debo hacerle creer que es suyo, a como dé lugar…».

    Y la mujer azotó varias veces su trasero al pubis de su hombre, con toda su fuerza, machacándole así la verga a su amado hasta sacarle un buen chorro de semen.

    “¡Aaahhh..!” gritaron ambos al unísono, al conseguir lo que tanto ansiaban. Él: el tan satisfactorio orgasmo. Ella: la pretensión de hacerle creer a su marido que él la había embarazado, aunque a su pesar ella misma se había dado cuenta que estaba encinta desde hacía más de una semana, antes de que saliera libre su marido.

  • Mi esposa y suegra me dominan

    Mi esposa y suegra me dominan

    Después de varios encuentros con mi suegra (los cuales fueron deliciosos y ya les he contado, la convertía en mi perrita) algo había cambiado en ella, la buscaba cuando mi esposa no estaba y no me correspondía los besos o los toqueteos debajo de su pijama, cuando era delicioso llegar por la espalda con mi miembro tieso y que su hermoso culo lo sintiera y ella gimiera de solo saber que estaba detrás de ella, desnudo para que comenzara nuestro encuentro. Aquel día que me dejó “iniciado” salí enojado de la casa, al llegar en la noche a casa ella estaba con mi esposa.

    -Hola amor ¿Cómo te fue en el trabajo? – me dijo mi esposa

    -Bien amor, nada fuera de lo común, un día normal – le dije en tono apagado y ambas se dieron cuenta que venía bajo de ánimo y solo mi suegra sabía por qué.

    -Al parecer no te ha ido tan bien yernito – me dijo ella sonriendo, a lo solo la miré y me fue a mi habitación.

    Pasaron unos minutos y escuché que sonó la puerta, lo cual fue extraño, por la hora ya nadie debía salir a nada.

    -¿Amor? – grité esperando quien me contestaba.

    -Tu amorcito se fue – dijo mi suegra llegando a la puerta de mi cuarto.

    -¿a esta hora?.

    -No me demora – me respondió mirándome fijo y sonriendo – estoy mojada, me dijo yendo hacia algún lado de la casa y yo me quedé ahí, acostado un momento, con cara de no saber que pasaba, se había comportado extraño en la mañana como para ahora querer algo y mas si mi esposa no está.

    Salí de la habitación hacia su cuarto a ver si estaba y no la encontré, todo estaba apagado y me tocó de a poco ir encendiendo luces.

    -¿suegra? – decía mientras caminaba, cuando oí un jadeo venir desde la sala, al llegar a la sala estaba mi suegra con su pijama que era una bata algo corta, la tenía por la cintura mientras se tocaba la vagina y me miraba.

    -Uyyy sueg… -no me dejó terminar de hablar.

    -Shhhh perrito, hablarás cuando te indique, obedecerás lo que te digo sin peros, ¿entendiste? – a lo que quedé asombrado y algo asustado, nunca había sido así, pero no sé qué me sucedió, que un cosquilleo recorrió mis piernas y pasé salida al ver tal escena y solo asentí con la cabeza.

    -Así me gusta mi amor –me dijo– acércate rápido –a lo que corrí hacia ella– baja la cabeza y me dirás a todo “si mi ama” sin chistear, ¿entendiste? –me dijo mientras puso su pierna entre mis piernas y la elevaba apretando mis bolas, lo cual se sentía doloroso y placentero y con su mano, me apretaba los cachetes.

    -Si mi ama – le dije sin chistar mientras mi verga se ponía bien tiesa.

    -Abre tu boca –me dijo mientras acercaba sus labios y me mordía mi boca y cerraba ella sus ojos– que delicia –y se mordía ahora los labios, sacó su lengua y desde mi quitada hasta la nariz me lamió, fue muy rico y su pierna apretaba mas mis bolas, a lo que tragaba saliva y no pude evitar cerrar la boca- ábrela maldito perro –me dijo golpeándome en los testículos y dándome una cachetada, esto si había dolido mucho.

    -Levántate y ven para acá y abre esa boca –la obedecí como nunca había hecho con alguien, mi excitación estaba a mil, ella comenzó a mirarme– mira como te tengo yernito, mira nada mas que delicia, esto es lo que quiero ahora, que me obedezcas –me dijo y al terminar escurría saliva de sus labios y sacó su lengua y dejó escurrir saliva en ella dejándola caer en mis boca, instintivamente cerré los ojos y no pude evitar pasarla y saborearla.

    -Que delicia mi ama – ella tapó mi boca y soltó mi cinturón.

    -Shhh que no te he indicado que hables, quítate tu ropa –a lo que obedecí inmediatamente– date vuelta.

    -Si mi ama, lo que ordenes.

    Me quedé quieto, no sabía que iba a hacer, ella se acercó a mi y comencé a sentir sus mordidas y lamidas en mis piernas y comenzó a subir lentamente, mordiéndome fuerte, yo sentía como mi verga estaba tiesa y goteaba, ella con sus manos apretaba mis nalgas y las abría, lo cual era muy rico, jamás había hecho algo igual, pero sentirme así era como estar a punto de venirme, fue subiendo poco a poco y con sus manos me nalgueó, a lo que no sentí nada mas que excitación, me dio palmadas fuertes y me aruñaba la espalda, ella se alejó.

    -Voltéate nuevamente –me giré y la vi tirada en el mueble con las piernas abiertas– ven y chúpamela perrito, chúpamela como nunca lo has hecho, ven rápido!!

    -Si mi ama –le dije arrodillándome y lamiendo sus clítoris, estaba muy mojada, escurría de su vagina ese líquido delicioso que tanto me gustaba tomar y pasarme, me encantaba saborearle la vagina a mi suegra.

    -Siii, siii, maaas –me decía tomándome de la cabeza y empujando más hacia ella– maaas perrito -me golpeaba los cachetes y con mi correa me comenzó a azotar la espalda– vamos, obedece, quiero más fuerte, más fuerte y sus golpes eran cada más mas rápido y dolorosos pero me gustaba, podía sentir como mi espalda se marcaba con cada latigazo que hasta me movía de dolor pero que en ese momento no lo sentía así y en un orgasmo mi suegra me empapó la cara, no dejaba de salir liquido de ella, no había visto esto antes y como si fuera una ducha, esparcía sobre mi cuerpo su orgasmo y lo disfrutaba de una manera increíble.

    La puerta sonó, debía ser mi esposa.

    -Déjame aquí, vete a tu cuarto y espera boca abajo.

    -Per…

    -Shhh, que te dije sobre lo que debías responder.

    -Si mi ama – fui a mi cuarto y me acosté como mi suegra me dijo.

    Continuará…

    ************************

    Háganme saber si les gusta con un comentario y quieren la segunda parte o a mi correo [email protected], el relato es real y quiero contarles más, recibo cualquier ayuda visual de alguna dama que quiera ser mi musa para un relato.

  • Disfrutando a mi vecina

    Disfrutando a mi vecina

    Que durante el encierro por el Covid se han dado todo tipo de situaciones sexuales no hay duda. A mí en particular se me dieron tres. La primera comenzó una tarde cuando fui al laundry del edificio donde vivo y me encontré con una vecina de mi mismo piso. Solo nos habíamos cruzado un par de veces, siempre saludos cordiales pero nada más. Yo sabía que vivía en el depto. “C”, y nada más.

    “Hola, ¿cómo estás?” La saludé mientras ella sacaba la ropa de la secadora.

    “Hola, como ves, disfrutando salir por lo menos del departamento.” Dijo en alusión al encierro forzado que nos hacía tener el gobierno.

    “Si, es un garrón.” Dije mientras ponía mi ropa en el lavarropas.

    “Si, para colmo mi pareja está en el exterior, no puede regresar.” Dijo para mi sorpresa por un comentario tan personal.

    “Me imagino, ojalá que pronto podamos regresar a nuestra vida normal.” Dije de compromiso.

    “Chau, nos vemos.” Dijo ella y se fue.

    Me quedé a esperar que se lave la ropa, y cuando terminó al ponerla en la misma secadora que ella había usado, encontré una tanga minúscula, casi un hilo. La tomé, puse mi ropa y fui hasta su departamento para entregarla mientras se secaba la mía. Toque a su puerta y ella abrió.

    “Hola nuevamente. Encontré esta prenda en el secarropas que usaste, por lo que supongo que es tuya.” Dije alcanzándosela.

    Ella al verla se ruborizó. La tomó entre sus manos como queriéndola ocultar.

    “Que bochorno. Si, es mía. Gracias por molestarte en traerla.” Dijo aún ruborizada.

    “Por favor, no fue molestia. Nos vemos.” Dije.

    “Esperá, somos vecinos y ni se tu nombre. Yo soy Pía.” Dijo extendiéndome la mano.

    “Es cierto, así es la vida ahora, vecinos y ni sabemos nuestros nombres. Soy Mateo, aunque todos me dicen Mat.” Dije.

    “Un gusto Mat. Y gracias nuevamente.”

    “No tenés por que agradecer, peor hubiese sido encontrar los calzones de la mujer del 5°”. Dije sonriendo.

    Ella largó la carcajada.

    “Sos muy malo, pobre mujer.” Dijo riendo.

    Pasaron un par de días y estaba por salir a hacer las compras cuando ella bajaba del ascensor trayendo ropa del laundry.

    “Hola, ¿necesitas que revise la secadora?” Pregunté sonriéndole.

    “Hola, no me avergüences más. Revisé dos veces.” Dijo poniéndose colorada de nuevo.

    “Voy a hacer algunas compras, al mercado y a la farmacia. ¿Necesitas algo? Digo, así no te expones.”

    “Gracias Mat, no, por ahora nada que vos puedas comprarme.” Dijo poniéndose más colorada.

    “En serio te digo, no tengo problemas.” Dije.

    “Es que es un producto femenino, y…”

    “Y un hombre no se atreve a comprarlo. No es mi caso. Pero no quiero incomodarte, insistiendo.” Dije.

    “¿En serio no tenés problemas? A mi pareja ni loca le puedo pedir.” Dijo.

    “¿Chico, mediano o grande?” Pregunté.

    “Mediano.” Dijo.

    “Ok. En un rato te los alcanzo.” Dije y salí a comprar.

    Cuando volví, dejé mis cosas en mi departamento y fui a llevarle su pedido.

    “Mil gracias Mat, pero pasa, por lo menos te tengo que invitar un café por la gauchada.” Dijo.

    Entre al departamento, un tres ambientes muy bien arreglado.

    “Sentate, preferís café, un jugo, té?” dijo.

    “Café por favor.” Dije.

    Charlamos bastante, me contó que su pareja hacía 4 meses había viajado a EEUU por la empresa y no podía volver, que ella era diseñadora gráfica y trabajaba desde su casa. Yo por mi parte, que era soltero y también trabajaba desde casa. Después la conversación fue al tema dominante, el Covid, la economía y otros.

    Cuando me iba me preguntó:

    “Espero que no te incomode lo que voy a preguntar: ¿Querés venir a cenar? Hace mucho que ceno sola, y así por lo menos se hace menos pesada la situación.”

    “Si, claro. Yo también llevo meses comiendo solo.” Dije.

    A la tarde fui hasta una panadería y compre una torta de chocolate para llevar.

    Cuando golpee la puerta y abrió, casi me caigo de espaldas. Estaba con un vestido mini muy corto y casi transparente. No llevaba brazier por lo que sus pezones se marcaban a la perfección.

    “Hola” dije con la voz cortada.

    “Hola, pasa Mat, ya conoces, ponete cómodo.” Dijo.

    “Gracias. Espero que seas golosa, digo, que te gusten los dulces.” Dije mientras le daba la torta.

    “Si soy golosa y si me gustan los dulces.” Dijo mirándome a los ojos. Tomó la torta y la guardó en la heladera.

    Mientras cenamos me contaba de los lugares que había visitado en sus vacaciones, donde pensaba irse en las próximas y su sueño de conocer el caribe. Estábamos en eso cuando sonó su celular, miró la pantalla, bajó el volumen de la llamada y dijo:

    “No es momento.” Y dejó el celular en la mesa. Mientras lo hacía pude ver que la llamada era de “AMOR”.

    Durante la cena tomamos una botella y media de buen vino. Al final de la cena Pía parecía estar algo alegre por el vino.

    “Te parece si nos sentamos en el sillón, bajamos un poco la comida y luego le entramos a esa torta.” Me dijo.

    Estuve de acuerdo y nos sentamos. Cada momento Pía se soltaba más.

    “Hace dos años, fuimos a Cancún, hermoso lugar. Toda la semana de joda. Mi pareja volvió destruido. Había tantos hombres lindos… y bueno, a la noche lo agarraba a él. Aunque una tarde…” dijo.

    “Dale, no dejes de contarme.” Dije.

    “Es que… bueno, salí de la pileta para ir a buscar una crema a la habitación y en el ascensor subí con una pareja colombiana. Ella una bomba, pero él, un Dios Griego, te juro. Antes de darme cuenta le estaba chupando la pija y la chica metiéndome mano sin parar. El hijo de puta paró el ascensor entre dos pisos hasta que lo hice acabar con mi boca. Volvió a hacer andar el ascensor y me bajé en mi piso con una calentura que no te das idea. Aunque me hice tremenda paja, esa noche lo maté a mi flaco.”

    “Esas son buenas vacaciones.” Dije.

    Ella se paró, puso algo de música, fue a buscar la torta, sirvió dos porciones y sin preguntarme nada, dos copas de champagne.

    “Esta torta esta genial, bien dulce, como me gusta.” Dijo mientras levantaba su copa para brindar.

    “Y vos Mat, supongo que tendrás tus historias.” Dijo.

    “No te creas. Hace rato que no estoy de novio.”

    “Ah… O sea que yo sería la única infiel entonces.” Dijo mirándome fijamente mientras se levantaba y tomando mi mano me hacía levantar.

    Comenzó a bailar muy sensual o sexualmente pegada a mí, mientras sus brazos rodeaban mi cuello.

    Me quedé sin palabras. Ella apoyo su cabeza en mi hombro y comenzó a morderme y chuparme el lóbulo de la oreja, sin dejar de frotarse contra mi cuerpo. Mi pija se paró de inmediato y ella lo notó, haciéndomelo saber con una sonrisa mientras miraba mi pantalón.

    “Ni pienses que estoy borracha, pero algunos hombres se asustan si la mujer toma la iniciativa.” Dijo y se puso de rodillas, desprendió mi pantalón y se puso a chupar mi pija. Lo hacía de maravilla, pasaba su lengua y la metía toda en su boca, para después chupar mis bolas y masturbarme. Estuvo un rato, hasta que se paró y sin soltar mi pija, me guio a su dormitorio. Entramos y ella se sacó el vestido quedando solo con la tanga que yo había encontrado en la secadora.

    “¿Te acordás?” Preguntó haciéndose la nenita.

    “Por supuesto.” Dije y la hice acostar en la cama. Me terminé de quitar la ropa y fui directamente a su concha con mi boca. No había pasado un minuto que ella gemía como loca y tiraba de mis cabellos.

    “Que boca tenés hijo de puta, como me volvés loca chupándome.” Dijo. Me puse arriba de ella haciendo un 69 y ella se prendió a mi pija como loca. Yo levante sus piernas y la penetraba en la concha con mi lengua sin parar.

    “No pares, por favor, no pares.” Decía entre gemidos. Por supuesto que no paré hasta que le saque un orgasmo. Después mi lengua se puso a jugar con su ano. Sus gemidos se hicieron más fuertes y sus labios apretaban mi pija con todo.

    “Guacho, ya me tenés muy loca.” Dijo. Mi lengua empezó a entrar en su ano y ella apretaba mis cachetes mientras hundía mi pija en su garganta. Mientras ensalivaba su orto, metí una falange de mi dedo índice en su culo.

    “No hijo de puta, me vas a hacer mierda.” Dijo, y lo comencé a sacar muy lentamente.

    “Ni se te ocurra sacarlo! Dejá ese dedo donde está.” Dijo

    Volví a enterrarlo ahora en su totalidad. Ni bien sintió que había entrado todo, tuvo un orgasmo. Yo jugaba con mi dedo mientras chupaba su concha y humedecía otro dedo en su concha.

    “No podes ponerme tan loca, me sacas orgasmo tras orgasmo desgraciado.” Dijo mientras enterraba dos dedos en su culo. Estuvimos un rato más así, hasta que la puse en cuatro patas. Estaba por enterrar mi pija en su concha cuando vi un consolador en su mesa de luz. Ella me miró tomarlo y no atinó a decir nada que lo tenía todo metido en su culo. Y mi pija en su concha.

    “Pará animal, es inhumano lo que haces, no aguanto tanto placer.” Dijo.

    No le hice caso y aumentaba mi velocidad, mientras le daba algún chirlo en el culo. Mi pija ocupaba cada centímetro de su concha. Cuando acabé, ella me siguió con un orgasmo brutal. Mi leche caía de su concha y ella la juntaba con su mano para luego chuparla. Cuando saque mi pija, también salió el consolador. Me acosté y ella se tumbó a mi lado.

    “Me hiciste gozar con todo, hijo de puta, guau, sos una bestia en la cama.” Dijo.

    Ella trató de levantarse para buscar champagne y se tuvo que apoyar en la pared por los temblores en sus piernas. Tomamos más champagne y me dijo:

    “Si no te molesta, voy a necesitar que vengas a cenar una o dos veces por semana, mínimo.” Dijo.

    “No tengo ningún problema, te aseguro que va a ser un placer. Por lo menos hasta que vuelva tu novio.” Dije.

    “Y cuando vuelva… yo te visitaré…” dijo mordiéndose el labio.

    Un rato después, me comenzó a chupar la pija. Me miraba y su excitación subía cada instante. De pronto, giró un poco, dejando su culo a mi lado. Tomó su consolador y de a poco lo fue metiendo en su culo.

    “Que fácil que entra. Sí que me lo abriste desgraciado. Nunca lo había probado por acá. Me pone loca chuparte, masturbarte y mostrarte como me meto mi consolador en mi orto. Estoy poniéndome muy puta evidentemente.”

    Puso dos almohadas en la cama y se acostó boca abajo, con su culo empinado y mostrándome como se metía y sacaba el consolador del culo.

    Me puse atrás de ella, y acerque mi pija a su ano, tratando de meterla junto al consolador.

    “Ni se te ocurra, desgraciado, me vas a reventar.” Casi gritó y sacó el consolador. Yo aproveche y enterré toda mi pija de una. Ella dio un grito ahogado por las sabanas y abrió más su culo con las manos. Ella gemía como loca, me insultaba, pedía más, apretaba sus tetas, y mordía las sabanas. Fue su orgasmo violento el que hizo que acabara en su orto. Caí sobre ella y por un rato nos quedamos así.

    “Mat, sí que sos una bestia cogiendo. Y tenés una pinta de tiernito que asusta. Parece que ni sabes lo que es el sexo. Pero bien podes dar catedra a muchos, incluso a mi novio…” Dijo Pía.

    “No es para tanto, pero igual se agradece el elogio.”

    Esa fue la primera vez de muchas y la puerta a otro tipo de encuentros…

  • Secuestro bondage (Parte 2)

    Secuestro bondage (Parte 2)

    Continuando con la historia de secuestro bondage (Experiencia).

    Mis intenciones eran claras, tenía que superar a Maira, esta vez yo sería su secuestrador, y mi primera intención era capturarla sorpresivamente como ella hizo conmigo, quería evitar “secuestrarla” públicamente, para evitar malentendidos, así que como habíamos quedado un sábado por la mañana y nos reuniríamos después de nuestros trabajos un día antes para repasar las normas que teníamos ambos.

    Algunas de nuestras normas consistían en que podíamos sorprender al otro al capturarlo, podíamos dejarnos inconscientes usando algún anestésico, podíamos desvestir al otro hasta dejarlo en ropa interior pero no podíamos dejarlo desnudo/a, y de vez en cuando podíamos manosear al otro en nuestras “torturas”, aun no nos sentimos listos para hacer contacto sexual, a pesar de que Maira no podía tener hijos, pero era cuestión de tiempo, ese hecho hacia que ella se sintiera libre.

    Boris me había aconsejado que a ella le gustaban las situaciones inesperadas y la excitaban hasta llegar a un orgasmo, llego la hora de reunirnos con Maira fuimos a tomar unas bebidas, ella no se dio cuenta que había puesto una pastilla que la iba a poner a dormir en algún momento, ya que estaba en coche se me haría fácil llevarla a la casa de Boris donde ya tenía reservada la sesión para la madrugada.

    Maira estaba vestida con una camisa azul, un pantalón jean negro pegado que resaltaban sus nalgas y sus piernas, cuando acabamos nuestras bebidas fuimos a mi coche y de camino a su casa, Maira se quedó completamente dormida, mi plan estaba funcionando, llegue rápido a la casa de Boris y empecé a atarla antes de que despierte, no le quite la camisa todavía pero si le quite sus zapatillas y su pantalón para dejarla solo en el calzón rosa que llevaba puestos, la ate de pies y manos y le aplique unos nudos estilo shibari en el torso similares a los que ella aplico conmigo, la vende los ojos y la deje amordazada esperando a que ella despertara.

    Pasaron unos 20 minutos aproximadamente, Maira estaba despertando y comenzó a notar en que situación estaba ella, empezó a gritar pero la mordaza se lo impedía, se retorcía para tratar de desatarse pero no podía, los nudos que había practicado estaban funcionando, en la habitación se oían ruidos como:

    -mmmffffm mmmff!!!

    Entre a la habitación, ella al escuchar mis pasos intentaba hablarme, pero no le entendía, le quite su mordaza y me suplico:

    -Por favor, suéltame, no quiero que me violen!!!

    Yo en tono serio le respondí:

    -Enserio crees que te voy a soltar así de fácil?? no saldrás de aquí hasta que obtenga lo que quiero.

    Le di una nalgada para que entendiera que hablaba enserio

    -Aaa, por favor no!!! socorrooo!! socorrmmm

    La volví a amordazar y la deje unos minutos así, mientras alistaba la cinta y una silla, Maira intentaba desertarse desesperadamente. Volví al cuarto, Maira estaba rendida y cansada por la impotencia de no poder desatarse, la puse en la silla y como ella seguía atada con cuerdas solo use la cinta para mantenerla pegada a la silla, le quite la mordaza otra vez.

    -Por favor suélteme, quiero ir a casa, si pide un rescate tendrá lo que quiere

    Pase mi mano por su pecho y le dije que esto apenas comenzaba, le tape la boca con la cinta, creo que le di unas 3 vueltas para estar seguro, la volví a dejar así, mientras traía las herramientas para la “tortura”, Maira había caído con la silla, sin éxito para liberarse. Tomé el mismo electroshock con el que ella me dio unos toques en el torso, piernas y genitales la vez pasada, le di toques en su pecho, en sus piernas, en sus pies y uno que otro en su zona vaginal, Maira emitía intentos de gritos y gemidos.

    Tomé un vibrador y se lo puse entre sus piernas, Maira comenzó a gemir más, y en unos minutos había llegado a un orgasmo, Maira había dejado de intentar soltarse, y se puso a disfrutar de su orgasmo, en la habitación se escuchaban gemidos sin parar, la deje así en ese estado de placer, tenía algo más para ella, le quite el vibrador, par que recobre energía luego tome un trapo impregnado con anestésico y, la puse a dormir.

    Una vez que Maira estaba inconsciente, en eso la desate, tenía que hacerlo para quitarle la camisa y dejarla en solo en su sostén blanco y calzón rosa, después de dejarla en ropa interior la volví a atar de manos y repetí el nudo shibari en su torso, la deje colgada de sus pies boca abajo, sus piernas estaban en forma de V, el nudo shibari resaltaba más su sostén y tetas, y sus nalgas y piernas se veían carnosas y tentadoras. Ella ya no estaba con los ojos vendados, solo estaba amordazada con la cinta.

    Ella volvió a despertar, estaba vencida por la impotencia, Maira era consciente de que no podía liberarse, solo se escuchaban gemidos de su boca, era obvio que estaba disfrutando de su “secuestro” tome un látigo, la azotaba y le decía cosas como:

    -Tu cuerpo de zorrita es demasiado tentador, quieres más de esto!!!

    Manoseaba sus piernas, eran bastante suaves, sus nalgas lo eran igual, a simple vista parecían algo duras, por momentos me vi tentado a quitarle la ropa interior, pero eso violaba nuestras reglas y no quería que futuras experiencias se vieran perjudicadas. Maira, solo emitía géminos, yo estuve azotándola, y dándole uno que otro toque eléctrico, de Maira solo se escuchaban:

    – Mmmffff (gemidos de placer)))

    La “pesadilla” de Maira estaba cerca a su fin, pero antes volví a colocarle el vibrador entre sus piernas y luego de unos minutos Maira llego a tener otro orgasmo, este fue mas largo que el anterior, mientras yo acariciaba su piel para aumentar la sensación que ella experimentaba, sentía su suave piel y su sudor frio, según recuerdo pasamos casi dos horas así,

    Al terminar le dije:

    -Ya disté todo lo que tenías…

    La baje, le quite los seguros de los tobillos, la desate y mientras ella se quitaba la cinta de la boca le traje agua, para que se rehidrate un poco, la deje recobrar fuerzas por unos momentos, Maira se veía contenta, le pregunte como se sintió, a lo que ella respondió:

    -Esto supero mis expectativas, Dylan, las emociones que sentí todo el tiempo iban desde la desesperación, impotencia, sumisión y excitación,

    – El hecho de que me hayas capturado por sorpresa hizo que esto fuera más de lo que esperaba, dudo que vuelva a sentir algo parecido en un largo tiempo. Parte de mi fantasía era que fuera secuestrada al salir de mi trabajo solo para que jueguen con mi cuerpo.

    Yo por mi parte había sentido placer al mantenerla bajo mi poder, al igual que ella en la vez pasada me había sentido satisfecho. Después de que ella se vistió, estuvimos conversando hora y media hasta que amaneció, la confianza entre ambos se había fortalecido, ambos habíamos encontrado a alguien que podía complacer las fantasías del otro, estuvimos hablando sobre que podíamos hacer en futuras sesiones, pero solo teníamos una vaga idea de estar ambos atados, solo habíamos quedado para salir a trotar algunos días para ganar algo de resistencia para futuros encuentros.

    Además, Boris a quien consideramos un guía en esto del bondage, tenía un par de amigos bastante experimentados que al igual que el solían alquilar sus casas, en caso de que su casa ya este ocupada, podíamos hablarle para que nos pase los contactos, ambas sesiones para mi fueron una experiencia bastante reveladora ya que descubrí que puedo estar en una posición domínate y sumisa, además conocí personas que me guían en esta práctica, espero poder narrar futuras experiencias.

  • Córrete conmigo, papá

    Córrete conmigo, papá

    Lesnói es una ciudad rusa situada al lado del río Turá, tiempo atrás no figuraba en los mapas, era llamada Planta 418 y allí se enriquecía el uranio para fabricar armas nucleares, esto fuera lo que despertara la curiosidad de Pedro por la ciudad cerrada, y cómo su hija María pasara la selectividad con muy buenas notas, le regaló las vacaciones en Rusia.

    Mantas de nieve lo cubrían todo mientras padre e hija daban un paseo por la ciudad cerrada. En el memorial a la Gran Guerra Patria, Pedro, que era un cuarentón de cabello cano, ojos marrones, alto y delgado, resbaló y se dio un leñazo de cojones. Se estaba cagando en todo lo que se menea. Levantó la cabeza y vio que su hija se estaba riendo. Quien no se reía era una muchacha muy hermosa que estaba al lado de su hija y que llevaba puestas unas botas negras, unos leotardos del mismo color, un abrigo rojo con piel blanca en el cuello y un gorro de lana a juego con las botas y los leotardos. La muchacha, en español y con acento ruso, le dijo:

    -Los zapatos que llevas no son apropiados para la nieve.

    Era obvio que no lo eran.

    -Después de este bochorno necesito echar un trago con urgencia.

    María, que era una muchacha que medía un metro setenta y seis, que era morena, de ojos marrones, de cabello negro y que tenía todo muy bien puesto, le dijo a su padre:

    -A mí tampoco me vendría mal, papá.

    La rusa les dijo:

    -Es la hora de la comida, encontraréis lugares donde hacerlo.

    María le dio una mano a su padre y lo ayudó a levantarse. Al levantarse Pedro vio que la muchacha rusa era algo más baja que él y que su hija. Tendría unos veinticinco años, su cabello era largo y negro, sus ojos azules, su mirada era seductora, sus labios de piñón y pesaba poco más de 50 kilos. Daban ganas de comerle la boca, pero las ganas son esas cosas que a veces se tienen que aguantar. Le preguntó:

    -¿Conoces un buen restaurante?

    -Conozco.

    -Te invito a comer.

    -No te conozco de nada.

    -Hablando se conocen las personas.

    -¿Y por qué quieres que os acompañe?

    -Porque no hablamos una palabra de ruso.

    -¿Y qué hacéis en Rusia si no sabéis hablar ruso? ¿Habéis venido a tener una aventura amorosa?

    Pedro se puso serio.

    -No digas tonterías, María es mi hija.

    -Por eso, aquí nadie os conoce y…

    -¡Qué no, coño!

    -¿Entonces que hacen en Lesnói un padre y una hija que no saben hablar ruso?

    Estaban allí de pie, sin moverse y a Pedro le estaba cogiendo el frío, le respondió:

    -Congelarnos.

    La rusa sonrió y le dijo:

    -Pues que no se diga que es por mi culpa, vamos a comer. ¿Cómo os llamáis?

    Le respondió María.

    -Yo María y mi padre Pedro, pero puedes llamarle cómo quieras que con los ojos que te ha estado mirando…

    Pedro le dijo a María:

    -Eres una insolente, hija.

    La muchacha terció entre padre e hija y vieron que no tenía pelos en la lengua.

    -No, no lo es, se te nota mucho que te gusto. ¿Estás casado?

    -Estuve.

    Siguieron hablando en el camino al restaurante y lo siguieron haciendo mientras comían… Después de comer y beber lo que la rusa había pedido para los tres, le preguntó Pedro:

    -¿Estás casada?

    -No.

    María volvió a meter la nariz donde no la llamaban.

    -No creo que estés a tu alcance, papá.

    La rusa le preguntó a María:

    -¿Y eso por qué lo dices?

    -¿Tú que crees…?

    -Natasha.

    -¿Tú que crees, Natasha?

    Su respuesta, por inesperada, la iba a dejar a cuadros.

    -Yo no creo nada, yo sé, y lo que sé es llevo varios meses sin follar.

    No hizo falta que dijera nada más, María le dijo a su padre:

    -Quiero verlo.

    Pedro le preguntó:

    -¿Qué quieres ver, María?

    -Cómo folláis.

    Pedro puso el grito en el cielo.

    -¡¿Te has vuelto loca?!

    -Quiero que ese sea el regalo por mis buenas notas.

    -Tu regalo son estas vacaciones.

    -A ver, papá, no es muy normal que una hija sea voyeur con su padre de actor principal, pero no dirás que no sentiríamos un morbazo. Tú, allí, comiéndole la boca a la rusa, comiendo sus tetas, comiendo su coño, metiendo y sacando y yo mirando atentamente, calentándome, tocándome, y tú viendo cómo…

    Pedro no la dejó hablar más.

    -Tú no tienes vergüenza, María.

    Natasha, a la que por la forma de mirar a María parecía que le gustaban las mujeres tanto cómo los hombres, le dijo:

    -Yo también quiero que nos vea y verla.

    -¡Ni loco!

    Natasha siguió en sus trece.

    -¿Quieres copular conmigo?

    -Claro que sí.

    -Pues o mira tu hija cómo copulamos, o te quedas con las ganas de que lo hagamos.

    María trató de convencerlo.

    -No voy a querer hacer un trío, te lo prometo, solo miraré, bueno, y espero correrme…

    -Tú no vas a mirar nada.

    María, que se había dado cuenta de cómo la miraba Natasha, le dijo a su padre:

    -Si no la follas tú me la follo yo, si ella quiere, claro.

    Natasha se anotó al momento.

    -Quiero, claro que quiero.

    Pedro se encontró en un callejón sin salida. No podía dejar sola a su hija con una desconocida en un país cómo Rusia. Pagó la cuenta y poco después estaban en el apartamento de Natasha. El contraste con la calle era tremendo. El calorcito que allí había ya invitaba a follar.

    En la sala de estar de su apartamento Natasha se quitó el abrigo y María el plumífero blanco. Natasha llevaba debajo un jersey negro y una minifalda del mismo color. María un vestido gris que le daba por encima de las rodillas. Pedro fue al lado de Natasha y besó su boquita de piñón. María se sentó en una silla. Natasha y Pedro se comieron las bocas. Comiéndose las bocas Natasha le echó la mano a la polla e hizo amago de agacharse para sacarla, Pedro la detuvo y le dijo:

    -Primero yo.

    Le bajó los leotardos y las bragas, le levantó la minifalda y le enterró la lengua en el coño. Natasha se abrió de piernas y mientras le comía el coño se quitó el jersey, la blusa y el sujetador. Con las tetas al aire miró a María a los ojos, después le miró para las tetas, luego para el coño, después pasó la lengua por los labios y acabó mordiendo el labio inferior. María se empezó a poner cachonda.

    Pedro se levantó y fue a por sus tetas, no se las comió, se las devoró. Natasha seguía mirando para María que ahora se estaba tocando el coño por encima del vestido. Pedro volvió a agacharse, le quitó la minifalda y volvió a comerle el coño. Natasha sacó la lengua y mirándole para el coño de María hizo cómo si se la estuviera lamiendo. María soltó su largo cabello negro que llevaba recogido en una coleta, se levantó, se quitó el vestido, el sujetador y las bragas, y con ellas a la altura de los tobillos se echó hacia atrás en la silla, abrió las piernas y empezó a masturbarse. Pedro miró para su hija y la polla se le puso aún más dura de lo que ya la tenía. Tumbó a Natasha sobre la alfombra, ella flexionó las rodillas y abrió las piernas. Mirando para su coño se desnudó. Natasha no paraba de mirar para María y se moría por comerle el coño, pero lo que tenía más a mano era la polla, así que le dijo a Pedro:

    -Déjame chupar tu polla un poquito.

    -Luego me la chupas.

    La lengua de Pedro se perdió entre los labios vaginales de Natasha, lamió unas cuantas veces de abajó a arriba, le lamió y le chupó el clítoris… Natasha mirando para María y viendo cómo los dedos entraban y salía de su coño quiso correrse así.

    -Si lames un poquito poquito más rápido ya me corro.

    Pedro quería hacer las cosas a su manera.

    -Hay tiempo para eso.

    Dejó de lamerle el coño, se echó encima de ella, se la frotó en el coño mojado y después se la clavó de un chupinazo mirando cómo su hija se daba dedo. Natasha le echó los brazos alrededor del cuello y le devoró la boca, Pedro le cerró sus delgadas piernas y con la polla dentro de su coño y haciendo palanca la folló a toda pastilla. Ni dos minutos tardó su coño en apretar su polla y bañarla con los jugos de su corrida. Mientras se corría, Pedro, sintió cómo se sacudía debajo de él y cómo chupaba su lengua.

    Al acabar de correrse sus besos se hicieron más tiernos. Luego se dio la vuelta y se puso encima sin quitar la polla de dentro… Poco a poco los besos se fueron haciendo más lujuriosos. Su culo subió y bajó con más rapidez… Cuando sintió que le venía, le dijo:

    -Me voy a correr.

    Pedro la quitó la polla del coño y le dijio:

    -Ahora es cuando quiero que te corras en mi boca.

    Natasha le puso su jugoso coño en la boca, Pedro sacó la lengua, Natasha frotó el coño contra ella y en nada se corrió soltando un potente chorro de jugos al que siguieron media docena de chorros cada vez más pequeños.

    María sintiendo los gemidos se Natasha se corrió echando el cuerpo hacia delante y acabó sobre la alfombra en posición fetal retorciéndose de placer.

    Pedro se la estaba pelando para correrse cuando entraron la sala donde estaban un joven y una chica. El joven era muy alto, rubio, de ojos verdes y vestía una zamarra de color marrón, un pantalón gris, calzaba unas botas de militar, empuñaba una pistola Aspid y llevaba una cámara fotográfica en bandolera, la chica era alta, rubia, de ojos azules, y muy hermosa, vestía con un abrigo de piel de color negro y calzaba unos zapatos negros. El joven separó a Natasha de Pedro. Cogiéndolo por un brazo lo levantó cómo si fuera un pelele. Sin decir una palabra le agarró las manos, le puso unas esposas y acto seguido lo zapateó sobre la cama. A María se le había pasado la calentura al correrse, pero le iba a volver. La rubia le estiró las piernas y se sentó sobre ella. Las primeras palabras que se oyeron desde que entraron el joven y la chica fueron las de María, que dándole puñetazos en el pecho a la rubia y poniendo cara de no quiero, le dijo:

    -Suéltame, puta.

    La rusa le dijo algo en su idioma a Natasha y cuando la muchacha le respondió le escupió en la boca a María.

    -¡Cerdas! ¡¡Putas comunistas!!

    Natasha le dijo a María:

    -Yuliya solo trata de ser cariñosa.

    -¡¿Cariñosa?! Si me acaba de escupir en la boca.

    Natasha sonreía y le pareció que se estaba riendo de ella cuando le dijo:

    -Te escupió para empezar a calentarte, así lo hacemos aquí.

    -¿Se llama Yuliya, no?

    -Sí, Julita en tu lengua.

    ¿Entiende el inglés?

    -Sí, a la perfección.

    María tenía las tetas bien puestas, o sea, tenía valor, ya que mirando a Yuliya con cara de odio, le dijo:

    -You are a fucking communist bitch, Yuliya (Eres una jodida puta comunista, Julita.)

    Lo dijo para cabrearla, pero Yuliya en vez de enfadaese sonrió y le dijo:

    -And you are my little strawberry (Y tú eres mi fresita.)

    Yuliya la agarró por los pulsos y Natasha le abrió las piernas y la sujeto por encima de los tobillos. Yuliya buscó la boca de María. María movía la cabeza hacia los lados. Yuliya le escupía en la cara y después se la lamía cada vez que esquivaba sus labios. María le dijo:

    -¡Asquerosa!

    Al decirlo abrió la boca y Yuliya le escupió dentro. Maria le devolvió el escupitajo y al hacerlo le cayó el primer beso con lengua. Anduvo con la cabeza de lado a lado hasta que se cansó, entonces dejó que le diera picos, ya que la lengua la paraba con sus dientes. Natasha le quitó los zapatos, los leotardos y las bragas. Vio lo mojada que estaba. De un golpe le clavó la lengua dentro del coño. María lanzó un grito de placer y después dejó la boca abierta para que la otra lengua entrase en ella. Al rato ya correspondía a los besos de Yuliya y movía la pelvis para que la lengua de Natasha lamiese su clítoris… Cuando María estaba a punto de correrse, Yuliya se levantó. Al quitar el abrigo quedó totalmente desnuda. Tenía un cuerpo precioso, sus tetas casi piramidales tenían las areolas oscuras y echadas hacia delante, sus pezones eran pequeños, su cintura era fina, su culo respingón y el coño lo tenía peludo. Se echó al lado de María y le mamó una de sus duras tetas con areolas marrones y pezones gordos y tiesos.

    El joven rubio comenzó a hacer fotos de los besos, de las mamadas de tetas… Estaba claro que querían chantajear a Pedro… Luego el joven a punta de pistola hizo que Pedro se levantase de cama y que también le comiese la boca y las tetas a su hija… Se hartó de tirar fotos el cabrón, de eso y de la polla de Pedro en la boca de su hija, polla que María mamó con ganas y que acabó corriéndose en su boca al tiempo que se corría ella en la boca de Natasha.

    Después de correrse Pedro en la boca de su hija y María en la boca de Natasha, le dijo Natasha:

    -Coge con Yuliya y hazla gozar cómo a una loba esteparia.

    María obedeció, se echó encima de Yuliya, le metió la lengua en la boca y Yuliya, la que parecía tan dura, se comenzó a derretir, ya que después de media docena de besos empezó a gemir, y más que iba a gemir cuando la lengua de Maria aplastó sus pezones, cuando los lamió, cuando hizo círculos sobre sus areolas rosadas y cuando las mamó y amasó.

    El joven le había cambiado el carrete a la cámara y seguía tirando fotos. Natasha se masturbaba mientras miraba para ellas y la polla de Pedro estaba dura cómo el hormigón.

    Yuliya cuando María bajó a su coño ya estaba perra perdida. María le abrió el coño con cuatro dedos, dos de cada mano y lo lamió. La lengua tardó una eternidad en llegar de la parte baja de la vagina al clítoris. Fue un viaje de caracol en el que no faltaban las babas, babas que al llegar al clítoris subieron en la lengua hasta llegar a la boca de Yuliya. La lengua entró en su boca y Yuliya chupó los jugos, luego volvió a bajar lamiendo su mentón, su garganta, pasó por entre sus tetas, después por su vientre, por su ombligo, llegó al clítoris, siguió bajando y se enterró dentro de a vagina, Yuliya le agarró la cabeza a María, movió a su pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo, y lanzando un grito se corrió en su boca.

    Natasha volvió a la carga.

    -Ahora vete para la cama y copula con tu padre.

    María le dijo a su padre:

    -Métete en cama y túmbate boca arriba, papá.

    -¿No ves que es lo que quieren que hagas para chantajearme?

    María parecía tener las cosas más claras que su padre.

    -Y si no hacemos lo que nos dicen no tienen a quien chantajear y nos pegan dos tiros.

    Pedro se echó boca arriba, María iba a follar a su padre cómo es debido. Cogió su polla con la mano derecha y la meneó. Luego acarició sus huevos con la izquierda, los chupó metiendo uno en la boca, metiendo el otro, metiendo los dos, después le lamió el frenillo, y a continuación le mamó la polla metiendo casi toda en la boca… Luego subió encima de su padre, cogió la polla la acercó a la entrada del coño, empujó con el culo y la metió hasta el fondo, lo besó y a continuación mientras lo follaba le dio las tetas a mamar… Natasha se metió en la cama, hizo que se enderezara y le puso el coño en la boca. María le echó las manos al culo y cabalgando a su padre se lo comió. Los tres estaban muy cachondos. Natasha más que ninguno, ya que con poco más de una docena de lamidas se corrió en la boca de María. María tragando los jugos de la corrida sintió cómo le abrían las nalgas y cómo luego una lengua lamía su ojete. Giró la cabeza y vio que era el joven rubio que estaba desnudo y empalmado. Yuliya era ahora la que hacía las fotos. María se echó a lo largo de su padre con la polla metida hasta el fondo, lo besó y dejó el culo quieto para que el joven se lo lamiese… Durante un rato sintió como la lengua lamía su ojete, luego folló a su padre al mismo ritmo que la lengua entraba y salía de su culo… Aquello era nuevo para ella, una polla entrando y saliendo de su coño y una lengua entrando y saliendo de su ojete. La sensación era deliciosamente dulce y esa dulzura la fue llevando a las mismas puertas del éxtasis, y en las puertas, casi susurrando, le dijo a su padre:

    -Córrete conmigo, papá.

    Pedro se corrió dentro de su coño y María, estremeciéndose, le bañó la polla con la pequeña cascada que hicieron los jugos de su corrida.

    Cuando acabaron de correrse el joven rubio la quitó de encima de su padre. La quería para él solo. La puso a cuatro patas, le clavó la polla en el coño y cogiéndola por la cintura le dio a romper hasta que se volvió a correr. Luego se la frotó en el culo y se la fue metiendo con cuidado. Natasha y Yuliya subieron a la cama. La primera le cogió las tetas y se las amasó al mismo tiempo que le comía la boca, la segunda le echó la mano al coño empapado y le metió dos dedos dentro. Ya nadie hacía fotos. María miró su padre. Vio que se había empalmado de nuevo, y le dijo:

    -Mastúrbate, así no me sentiré tan puta.

    Pedro comenzó a menear la polla… Poco después, María le decía:

    -Córrete para mí, papá.

    Pedro se corrió. María mirando cómo salía leche de la polla de su padre y sintiendo cómo el joven le llenaba el culo de leche, se corrió cómo un torrente.

    Ya no follaron más. A pedro lo soltaron y padre e hija, después de vestirse, volvieron al hotel Diana.

    En el avión, de regreso a casa, Pedro le dio una carpeta a su hija.

    -Para ti.

    -¿Qué es?

    -Mira.

    Miró y dentro había un álbum con las fotos que había hecho el joven rubio y Yuliya…

    -¿Cuánto pagaste por esto?

    -Seis mil euros, pero incluía los billetes de avión, la estancia y lo demás.

    -No te entiendo.

    -Que Natasha, Yuliya y el chico rubio eran de una agencia de contactos.

    María no salía de su asombro.

    -¡¿Lo hiciste todo por follarme?!

    -Te tenía ganas.

    -Haberlo dicho, papá, no hacía falta salir de España, yo también te tenía ganas a ti.

    Quique.

  • Mi amigo Mario y yo

    Mi amigo Mario y yo

    Mi nombre es Karen, tengo 32 años y vivo en Medellín, llevo 10 años casada con Juan, ha sido prácticamente el único hombre en mi vida.

    Nuestra vida social no es muy activa, pero si tenemos una pareja de amigos (Catalina – Mario) con los que la pasamos muy bien, salimos a comer, a tomar algo, vamos de paseo, ellos van a nuestra casa, nosotros vamos a la de ellos, compartimos mucho; algún día que estábamos tomando vino en casa de ellos, los tragos ya se estaban subiendo a la cabeza y las charlas se estaban poniendo un poco más calientes.

    Catalina (nuestra amiga, es un poco más reservada y esquiva a estos temas) se empezó a quedar un poco dormida, mientras tanto los tres seguimos hablando y tomando vino, la música se estaba controlando desde mi celular y yo se lo entregue a Mario (él es una persona aparentemente tímida, pero que si le das confianza te puede tener a carcajadas toda la noche) para que el fuera el encargado de continuar programando la música, en eso Juan y yo estábamos conversando, cuando recordé que días antes, mientras Juan había estado de visita a donde su mamá por unos días, en nuestras conversaciones yo le había enviado unas fotos “calientes” mías, totalmente desnuda y tocándome; de inmediato reacciones y le pedí Mario, afanadamente que me regresara mi teléfono, el sorprendido, me respondió –que pasa Karen, tienes algo que no deba ver?- en ese momento sentí que él ya había visto algo de lo que yo inútilmente intentaba evitar que el viera, y creo que lo vio, porque instintivamente yo mire hacia su entrepierna y se notaba que tenía un abultado paquete; esa noche continuo y las miradas entre Mario y yo ya no eran igual, yo estaba segura que él había visto algo y su gran paquete me quedo rondando en mis pensamientos, entre los comentarios que hacíamos en la noche ya un poco calientes, yo le dije que le había quitado el celular porque tenía fotos que él no debía ver y todos reímos, ya que Juan, sabia de las fotos que yo tenía guardadas.

    En un momento de la noche que Catalina ya estaba dormida y Juan fue al baño, Mario aprovecho para pedirme que le dejara ver las fotos que tenía guardadas, a lo que yo le respondí, -si quieres verlas debes darme algo a cambio-, sonreí picaronamente cambiando de tema rápidamente, ya que Juan ya estaba regresando, en fin la noche fue pasando y decidimos ir a dormir, pero yo seguía muy inquieta con ese tema; sabía que Mario sería el último en acostase ya que el acostumbraba a levantar el desorden que quedaba después de tomar algo en su casa, yo sabiendo eso le dije que dejaría mi celular cargando en la sala, con la intención que él lo tomara y viera las fotos; el pensar en que el me viera desnuda y tal vez masturbándose me excitaba muchísimo; el plan que había creado en mi mente aparentemente funciono ya que durante un tiempo todo estaba en silencio pero el continuaba en la sala, sabía que estaba revisando mis fotos y tal vez masturbándose, eso me tenía demasiado excitada, pensar en que yo podía provocar esa erección tan grande en Mario, pues nunca había tenido ni un mal pensamiento con el después de tanto tiempo de conocernos

    Al día siguiente despertamos y Catalina ya se había levantado, ya que fue la primera en dormirse la noche anterior, mientras yo terminaba de despertar y a su vez hacia un repaso de lo que había pasado la noche anterior, recordé de cómo había dejado todo para que Mario viera mis fotos, eso me puso a mil el corazón y me sentía mojada, me toque un poco debajo de las cobijas, mientras Juan a mi lado aún seguía dormido, solo pensaba en la verga de Mario, así que me levante, con ganas de saber cómo me miraría después de lo que vio, efectivamente nos cruzamos y el sin pensarlo me dijo –creo que te debo algo por lo que me dejaste ver- y sonrió, a lo que yo respondí, -espero algo parecido, por lo menos.

    Mario dijo –toma tu teléfono y recibe la recompensa, veras como me tienes desde anoche-, sonreímos y en ese momento fui por mi teléfono y en el camino salude a Catalina, empezamos a conversar; Mario había entrado al baño; mientras hablaba con catalina, mi teléfono vibro anunciándome un mensaje entrante de Mario, era una foto y un mensaje que decía, -mira como me dejo el ver tus fotos-, sentí un escalofrió pasar por mi cuerpo cuando leí el mensaje, pero aun no podía abrir la foto, ya que Catalina estaba conmigo, estaba tan ansiosa de verla, así que me aleje de ella y abrí la foto, que sorpresa tan maravillosa fue ver esa enorme y venosa verga, se notaba que estaba muy excitado, porque se veían sus líquidos seminales en la punta, quede de una pieza era delicioso y sabía que nunca lo volvería a ver a Mario con los mismos ojos, también sabía que yo no iba aquedar satisfecha hasta tener esa hermosa verga dentro de mi vagina, muchas cosas pasaron por mi mente en ese momento, pero no respondí el mensaje, quise darle un poco de tiempo para que bajara nuestra excitación, pues nuestras parejas aún estaban con nosotros.

    La mañana empezó a correr y nos estamos los 4 a desayunar, en lo que planeamos el día, ya que lo íbamos a pasar juntos nuevamente, las miradas entre Mario y yo eran de complicidad y excitación, Juan y Catalina no sospechaban nada; en ese momento que planeábamos que hacer con el día, Catalina recibe una llamada en donde sus padres le pedían un favor y ella tendría que ir hasta donde ellos, en eso tardaría aproximadamente una hora, ella le pidió a Mario que la acompañara, él se negó diciendo que se sentía un poco mal por lo que había bebido, a lo que Juan, amablemente se ofreció a acompañarla, mi corazón se puso a mil sabiendo que iba a estar mínimo una hora a solas con Mario, y entendí que Mario quería lo mismo al negarse a acompañar a su esposa.

    En el momento que Catalina y Juan salieron de la casa, por una ventana vimos que el carro se alejaba, al estar seguros que estaban un poco alejados, Mario me dice –te molesto la foto que te envié? pues no respondiste nada, discúlpame si te molesto- a lo que yo inmediatamente le respondí, – no es que me molestara, es que no puedo estar segura que seas tú, tal vez sea otra persona y me estés engañando- juntos reímos, el me pregunta si quiero verificar que es el, a lo que yo le respondo que sí; para ese momento yo estaba congelada de los nervios, sabía que él me iba a tomar y hacer conmigo lo que él quisiera, y yo sabía que me iba a dejar, lo deseaba mucho.

    Él se acerca a mi estamos frente a frente y pone sus manos en mi cintura y me da un giro de 180 grados, quedando mi espalda en su pecho, en eso siento como esa verga se acerca a mis nalgas, y él pone sus manos en mi cintura, hacía que cada vez pegara más mis nalgas hacia él, sentía como si verga fuera más grande de lo que había visto en las fotos, aunque de por medio estaba mi tanga, mi pantalón de dormir y él tenía su ropa interior y un pantalón deportivo, se alcanzaba a sentir el calor y el tamaño de su verga en mis nalgas, mientras lo acerca me pregunta, – ahora si me crees- yo empiezo a mover mi cola y le digo – y yo te puse a si solo con una foto, el no responde nada, pero su mano empieza a subir por debajo de mi blusa mientras yo sigo moviendo mi culo sobre su verga, cada vez la sentía más dura, sus manos llegaron hasta mis tetas, aprovechando que yo no tenía puesto más que una blusa, las comenzó a apretar y yo ya sentía que estaba muy mojada, gire mi cabeza buscando su cara, quería ya sentir algo de el en mí, él lo entendió y mientras él seguía acariciando mis tetas y sintiendo en mis nalgas su verga, nos dimos un beso, de esos que sabes que lo que viene son orgasmos, mientras nos besábamos en esa incómoda posición, mande mi mano a su pantalón la metí dentro, para palmar con mis propias manos ese enorme verga que había visto en la foto, comprobé que los dos estábamos muy calientes cuando sentí la punta demasiado húmeda, sabía que la tenía meterla ya en mi boca, quería sentirme atorada con esa verga en mi garganta y el sabor de sus luidos en mi boca, así que no lo pensé más, y me gire nuevamente me arrodille frente a él, baje su pantalón y ropa interior al mismo tiempo.

    Sabía que teníamos poco tiempo, que en cualquier momento podían llegar Juan y Catalina, así que no perdí más tiempo, y cuando tuve su erecta grande y húmeda verga frente a mi cara, empecé a pasar mi legua por la punta, el reaccionaba con suaves gemidos que no podía disimular, mientras con mi mano la sostenía, empecé a pasar mi legua desde abajo hasta la punta desde la raíz, el trataba de meterla en mi boca y yo también quería hacerlo pero me gustaba sentir su ansiedad y ganas, pero no resistí mucho, por fin la metí en mi boca, la sentía llena sin haberla metido por completo, mi corazón palpitaba a mil, mientras el con sus manos intentaban empujar mi cabeza hacia él, yo no hacía mucha resistencia, se la mamaba tan delicioso, que la incomodidad de sentirla en mi garganta me generaba más placer y excitación, así estuve, metiéndola y sacándola de mi boca por unos minutos, hasta que el no resistió más, me levanto me beso nuevamente, un beso muy profundo, quito mi blusa y yo acto seguido baje mi pantalón y mi tanga, en eso él se abalanzo con su boca a mis tetas, haciendo círculos con su lengua en mi pezón, que estaba demasiado duro, y bajo su mano a mi entrepierna, mi vagina estaba demasiado mojada, con sus boca en mis tetas y sus manos en mi vagina, no pude hacer más que gemir, duro y profundo, aprovechando la humedad de mi vagina fue metiendo unos, después dos y termino con tres dedos dentro de mi acariciando mi clítoris, mi excitación subía y subía cada vez más y sabía que él lo notaba, me llevo a la cama y yo quede acostada boca arriba mientas el metía su cabeza entre mis piernas para darle el sexo oral más increíble que me han dado en toda mi vida, metía su legua dentro de mi vagina mientras yo levanta las piernas y posaba mis pies en su espalda, me hacía estremecer con los movimientos de su lengua dentro de mí, gemía mucho, ya quería sentirlo dentro de mí, yo apretaba su cabeza hacia mi cuerpo, mientras me ocurría algo que no me había pasado antes, tuve un orgasmo mientras me hacían sexo oral, fue delicioso y sabía que iba a ser el primero de muchos en ese momento.

    Él se levantó poniéndose de rodillas frente a mi mientras mis piernas estaban abiertas invitándolo a entrar en mí, mientras mi vagina húmeda lo confirmaba, estando en esa posición, veo esa verga erecta demasiado grande y más ganas me dieron de sentirlo dentro, él no lo pensó mucho, con su mano la apuntó hacia mi vagina, moviéndola por el rededor de ella sintiendo mi humedad y yo la suya, lo sentía delicioso, hasta que por fin, lo puso en la entrada y de un empujón me penetro, uffff, ese gemido salió de los más profundo de mi placer, se sentía delicioso, empezó a bombearme, yo con mis piernas alrededor de su cuerpo lo apretaba y nos besábamos, así muy pegados, sentía delicioso el tenerlo dentro de mí, pero a su vez sabía que esto debía terminar pronto, pues Catalina y Juan llegarían en cualquier momento, lo saco y yo instintivamente me gire y me puse en 4 patas, frente a él dejando expuestas mis nalgas a sus voluntad, él se acomodó me tomo por la cintura y nuevamente sentía su deliciosa verga bombeándome la vagina y yo gimiendo de placer, pero esta vez sentí algo nuevo, mientras el me bombeaba, sentí como su saliva caía en mi culo y el con sus dedos la frotaba en mi ano, y poco a poco fue metiendo su dedo dentro de mi culo, me gusta y me gustaba mucho, sentirme penetrada por mi vagina y mi culo a la vez, mi extinción era tal en ese momento, que sabiendo lo que el insinuaba, le dije – dame por atrás.

    Él no lo dudo, saco su verga de mi vagina, me empujo la espalda hacia abajo, haciendo que mi culo quedara más empinado y abierto para recibir esa verga, el nuevamente lubrico mi ano para hacer más fácil la penetración, pero esta vez con mis mismos jugos vaginales, puso su verga en mi ano y empezó a empujarlo de a poco, temía que me fuera a doler mucho debido a su tamaño, pero gracias a mi excitación y que ya había sido un poco dilatado por sus dedos, el dolor no fue muy grande pero el placer si, me empezó a dar muy suave inicialmente pero las revoluciones fueron subiendo hasta darme muy rápido, en ese momento sentí que él iba a llegar a su orgasmo, lo supe, por sus movimientos, sus gemidos y con la fuerza que sus manos apretaban mi cintura haciendo que su verga entrara más profundo en mí, y así fue que sentí ese líquido dentro mío, el bajo el impulso y el ímpetu con el que me había estado dando durante ese rato de placer, y finalmente saco su verga, se iba poniendo flácida mientras yo sentía ese semen saliendo de mi culo y bajando por mis piernas, era mucho, como si lo hubiera venido acumulando por mucho tiempo solo para dárselo a mi culo, los orgasmos que me hizo tener ese día no los conté, fueron muchos, nos recompusimos y sin decirnos nada nos levantamos abrimos todas las ventanas para ventilar la casa y nos empezamos arreglar, esperando que nuestras parejas regresaran.

    Desde ese momento han pasado más cosas entre Mario y yo, cosas que les vendré contando en otros relatos.

  • Entre más fresa más perra (3)

    Entre más fresa más perra (3)

    Después de la brutal cogida que me había dado en los lavaderos la bestia de mi vecino, con mis calzones rotos me limpie lo que me escurría de las piernas lo mejor que puede y volví al cuarto sin siquiera haber lavado la mitad de la ropa que había subido, al entrar Edgar me vio rara «estás bien» le dije muy rápidamente «me siento un poco extraña voy a tomar un baño» y sin dejar que me contestara nada entre al baño, seguía asimilando todo lo que acababa de pasar yo amo a Edgar es por quién deje todo y con la persona que quiero pasar el resto de mis días y no voy a dejar que un viejo malandro asqueroso haga conmigo lo que quiera, pero en eso se me vino a la mente su polla y mi vagina palpito, trate de volver en mi pero me estaba calentando otra vez entre a la regadera y comencé a tocarme ahí me percate que dentro de mi todavía tenía mucha de la esencia que ese pedazo de polla había dejado en mi parecía qué eran litros y eso no ayudaba a calmarme con solo el hecho de pensar qué tan profundo se había venido me estaba haciendo llegar nuevamente al orgasmo, después de eso fue que me percate realmente de lo que acababa de pasar y que tenía que tomarme urgentemente una pastilla del día siguiente.

    Al terminar de bañarme salí corriendo a la farmacia a comprar la pastilla, no podía pensar claramente tenía que verlo a las 9 en su departamento y si no iba esto podría afectar gravemente mí relación con Edgar porque estoy segura que el maldito no dudaría ni dos segundos en compartir el material que tenía de mi.

    No sé porque estaba nerviosa como si fuera una adolescente que tendrá relaciones con su novio por primera vez, rápidamente pensé en decirle a Edgar que iría a una pijamada con unas amigas, fui a una tienda de lencería y pensaba en que se me vería mejor un camisón blanco o un set de encaje negro de tanga, brasier y un ligero que venía con sus justas medias perfectamente a juego y cruzó por mi mente el pensamiento de porque me preocupaba tanto y me ponía tan nerviosa por un maldito que literal me estaba violando, chantajeando y que además no tenía el más mínimo cuidado al recordar que anteriormente había arrancado mis calzones y amordazo con ellos.

    Aún con eso en mente compré el set negro al volver a casa le dije a Edgar que saldría con mis amigas de pijamada y él me contestó «que bueno amor últimamente has estado como distraída y estresada, tal vez salir con tus amigas te haga bien»

    Me entristeció ver lo increíble que era Edgar a pesar de que le estaba poniendo los cuernos el solo se preocupaba por mi bienestar «gracias amor y disculpa que allá estado tan distraída e tendido muchas cosas dentro» le di un beso y pasamos el resto de la tarde como una pareja y recordé lo mucho que amaba a Edgar no pude evitar lanzarme sobre él y desquitar mis ganas que tenía de sentirme mujer pero fue un sexo muy monótono le mentí diciendo que terminamos juntos pero yo apenas estaba empezando cuando dieron las 9 me llegó un mensaje del malviviente nunca supe como consiguió mi número «te estás tardando mamacita no me hagas ir por ti y mostrarle a tu cornudo quien es tu verdadero macho»

    Al leer eso me preocupe porque sabía que si era capaz de venir al departamento y cumplir lo que decía en el momento le mentí a Edgar diciendo que era una de mis amigas diciendo que ya me estaban esperando y aunque insistió en llevarme le dije que ya había pedido taxi a lo cual salí sin esperar su respuesta, ya tenía una mochila lista con la ropa que había comprado y a mi parecer me quedaba divina como ya les había contado mido 1.70, pechos medianos, cintura firme, piernas largas, un trasero muy bien paradito y lindo rostro.

    Pero con la ropa interior mi busto se veía mucho más prominente, mi figura se delineaba más, mis piernas se veían más sexys y yo me veía mucho más guapa ese era el objetivo de haberla comprado que era mucho más de lo que merecía mi victimario un señor panzón, descuidado y de mediana edad que seguramente sería feliz con cualquier mujer que le sonriera pero aun así algo dentro de mi quería verse en su mejor forma, al salir al pasillo vi que su puerta ya estaba abierta y la empuje suavemente «ya te estabas tardando, no vayas a ser una perra desobediente», no dije nada y entre rápidamente no quería que nadie viera que estaba entrando al departamento de este tipo, «que traes ahí?» Tímidamente le contesté «ropa» sé acercó a mí y me quitó la maleta la abrió y al ver qué traía lencería lo hizo sonreír la saco «mira nada más, me trajiste un regaló, ve al baño y póntela no puedo esperar para verte» rápidamente fui al baño y empecé a desvestirme no sé porque estaba haciendo todo lo que mi violador me pedía sin rechistar.

    Salí vestida con mi pelo suelto, brassier de encaje, liguero en mi cintura, tanga pequeña, medidas tipo secretaria y tacones de aguja para completar mi vestimenta que por experiencia sé que excitan de sobremanera.

    «Uff mira nada más qué rica estas con solo verte ya me la pusiste dura»

    Y pude notar como se levantaba su pantalón, se abalanzó sobre mi rodeo mi cintura con su brazo y me dio un beso, su boca sabía a tabaco, del asco hice mi cara hacia un lado y no tardó en soltarme una cachetada tomarme del pelo y lanzarme a la cama, levanto mi trasero «que mala perra te enseñaré a no portarte altanera conmigo» me empezó a dar nalgadas con la mano cada azote me ardía hasta el alma y cada vez que intentaba moverme me detenida y me daba más duro «recibe tu castigo como buena perra si no te tendré que dar con él cinturón para que aprendas», sus palabras me asustaron así que no me quedo más que resistir mi castigo con el culo levantado, empezó a tocar mi entrepierna y vergonzosamente descubrió que me estaba empezando a mojar, «jajaja qué pervertida te estás calentando por ser tocada por tu macho, ahora es tiempo de que tú me hagas feliz a mi», me dio la vuelta y me puso boca arriba me giro y puso mi cuello en la orilla de la cama quedando mi cabeza colgada saco su verga y en esta posición se veía más grande de lo que recordaba «esa boquita es mía y haré lo que quiera con ella si vuelves a mostrar asco o resistirte a algo que quiera hacerte tendré que darte un castigo mucho más duro o tal vez desquitarme con el cornudo de tu novio, ahora empezaré a darle forma a mi nuevo agujero de venidas» tomo mi cabeza y coloco su pene en mi boca mi culo seguía enrojecido y palpitando recordándome que no debía desobedecer o hacer algo que molestará a mi captor, pero apenas llevaba metiendo la mitad y ya estaba golpeando mi garganta por reflejó empecé a generar arcadas «tranquila putita mi polla puede llegar más profundo en ti» al decir eso me cacheteó y tomó un mechón de mi cabello con cada una de sus manos para apoyarse y dar una embestida con fuerza la cuál casi me hace vomitar pero metió todo ese monstruo en mi, podía sentir como abrió mi garganta y solo pude apretar las sábanas fuertemente, subía sus manos a mis pechos y jugaba con ellos apretaba mis pezones y no podía más que soltar quejidos enmudecidos por el pedazo de verga que tenía en la boca, no tuve relaciones más que con 3 hombres anteriormente y ninguno me había cogido la boca así, creo que también influye que ninguno tenía una polla tan larga tampoco y su brusco trato estaba mojándome a pesar de que al principio no podía ni respirar con sus bolas en mi nariz

    Por la posición en la que estaba el noto como mi tanguita comenzaba a humedecerse y soltando una sonrisa dijo «ves putita te dije que te iba a encantar qué te cogiera y apenas estamos empezando, te dejare llenos todos tus agujeros para que aprendas cómo es realmente coger y no las pendejadas que te han hecho anteriormente».

    Cuando termino de decir esto saco su verga lentamente yo me quedé inmóvil con la boca abierta y la mandíbula adolorida sintiendo como caían hilos de baba sobre mi cara.

    «Bueno yo también te tengo un regalito» saco de un cajón una correa rosa con cadena de perro «toda buena perra debe ser llevada por la mano de su domador así que te enseñaré a comportarte».

    Puso el collar en mi cuello se fue a sentar en el sillón y con vos tranquila pero autoritaria dijo «mueve el culo aquí y dame la correa».

    Me incorporé y tome la correa.

    «Eres estúpida, las perras van en cuatro patas y moviendo en culo».

    Entendí rápidamente porque note su molestia si hubiera estado a su alcancé no dudo en qué me hubiera dejado su mano marca en mi culo de una nalgada, me puse en cuatro y tome la correa con la boca me acerqué a él y puse la correa en su mano.

    «Buena perrita ahora te daré tu premio, date la vuelta y toma tu premio con tu vagina» sosteniendo su verga sugerentemente.

    Antes de la primer cogida que me había dado nunca había tenido algo tan grande dentro de mi pero esperaba que con lo mojada que ya estaba y los restos de mi saliva que todavía brillaban en su verga fuera suficiente lubricante para facilitarme la tarea, me di la vuelta y retrocedí hasta que su verga quedó al alcance de mi entrada, pase una mano por mi abdomen para buscarla y apuntar a mis labios, sentí como dio un jalón a la correa incitando que ya debería meterla, retrocedí lentamente abriendo mis labios con su cabeza sentí una corriente eléctrica recorrer mi cuerpo y sabía que a pesar de la lubricación no me sería una tarea fácil, no lo hacía ni muy lento ni muy rápido pero a pesar de eso dijo «no seas tímida, no actúes como si nunca hubiera estado dentro de ti y le estuvieras poniendo los cuernos al pendejo de tu novio y mira que si lo es, si yo tuviera un culo así no te dejaría de coger hasta quedar completamente vacío y justo eso haré jajaja» jalo la correa con fuerza y a pesar de tratar de detenerlo no pude evitar que me clavara por completo nuevamente y aunque ya la había tendido antes mi vagina no se acostumbraba al tamaño.

    «Ahora quiero que te muevas y me hagas venir y sabes que puedes venirte todas las veces que quieras ese será tu premio».

    Me dio una nalgada y empezó a jalar el collar en un vaivén, estaba en cuatro con su huevos chocando en mi vagina no podía creer que toda esa barra de carne estuviera dentro de mi y a pesar de que me hacía para adelante no podía sentir que saliera más de la mitad, siguió diciéndome cosas como «o si perra, te encanta mi verga, las putas como tú así se deben coger» y muchas otras vulgaridades mientras me daba nalgadas con una mano y con la otra me jalaba el collar y no sabía porque me estaba excitando de sobremanera, no pasaron ni dos minutos antes de tener mi primer orgasmo y esto encadenó el segundo lo cual estremeció mi cuerpo, «buena perra te encanta ser cogida» cuando pensé que no podría tener mayor placer tomo mi cintura y empezó a embestirme eso me hizo gemir como perra en celo hasta que me jalo por completo hacia él y sentí como su cuerpo se tenso sabía lo que venía y me provocó otro orgasmo perdí la cuenta de cuántos llevaba y solo pude sentir como llenaba mi vagina con su abundante venida y sentir como se desbordaba de mi interior escurriendo por mis piernas, en el momento no lo pensé pero no me importaba nada ni pensar que un maldito viejo mal viviente me estaba cogiendo a placer sin condón y me estaba llenando de semen ni en qué le estaba siendo infiel al hombre que decía amar, mi mente estaba en blanco solo pensando en todo el placer que acababa de tener, no caí al suelo solo porque él seguía sosteniendo mis caderas pero mi cara ya estaba apoyada en el suelo dejando expuesto mi culo ante mi captor, empezó a sacar su miembro de mis profundidades lo cual provocó un ruido de todo el aire que me había bombeado y sentí como salía más líquido pegajoso de mi interior, me perdí no sé si por el esfuerzo o por qué realmente quedé agotada no supe cuánto tiempo fue hasta que me despertó dándome ligeras cachetadas volviendo en mi me di cuenta que estaba atada, estaba acostada de lado con los brazos en la espalda y mis rodillas atadas a mi cuello haciéndome tener las piernas levantadas, «que haces suéltame esto es incómodo» le grite pero solo conseguí una burla y me respondió «tranquila putita voy a jugar contigo esto solo es para que te relajes y no tenga que castigarte» de un cajón saco uno de estos juguetes que son bolas enlazadas y que cada vez se van haciendo más grandes «para que veas que soy un buen amo primero vamos a entrenar ese culito o quieres que te lo rompa en seco?»

    Vi en su cara que no era una pregunta irónica y menos en la posición que me tenía así que respondí asustada «no, en mi culo no, nunca me han cogido por ahí» eso solo consiguió excitarlo más y con una risa burlona contesto «pero mira nada más de seguro tu novio si es un tremendo maricon teniendo este suculento culo a su alcance nunca te lo ha cogido jajaja, pero eso me agrada a partir de ahora este será mi agujero personal de venidas (me dio una nalgada como si estuviera marcando territorio) y como he sido tan bueno contigo quiero que me supliques que juegue con tu anito y dilo viendo a la cámara» no me había percatado que tenía una cámara de vídeo en un tripié apuntando hacia mi, eso me saco de mis casillas «que?!!! Nunca pediré eso maldito imbécil estás violándome y todavía quieres que aparente como si lo estuviera disfrutando» no tardó en castigar mi culo con su mano «mira perra he sido muy paciente contigo solo porque tienes un muy buen culo y desde que te vi he querido rompértelo así que tú escoges me súplicas que juegue contigo o te cojo a mi placer desgarrando te el ano para toda tu vida» sus palabras sonaron tan amenazantes que sabía que no estaba jugando y con voz apenas audible dije «juega con mi culo», «dilo fuerte y viendo hacia la cámara», «juega con mi culo», «suplícame que no te rompa el ano» (apuntó su verga a la entrada de mi ano), conteniendo las lágrimas gire a ver la cámara «por favor juega con mi ano y cógelo suavemente» «bueno si eso quiere mi perra la haré feliz»

    Cambio de posición y sentí como escupió en mi culo y luego empezó a lamerlo, metió las bolas en mi vagina lentamente «cuenta en voz alta cuántas bolas te voy metiendo» empecé «1, 2, 3, 4, 5, 6» ahí se detuvo mi vagina estaba llena pero no costo meterlas por todos los jugos que ya tenía «mira que fácil que tragaste más de la mitad pero ahora viene lo divertido» la séptima bola entro con más dificultad ya que está era más grande y cada bola se hacía más grande «está fue la séptima» y continúe forzosamente «7, mmm, 8, espe… aaa» estaba jadeando y gimiendo pero él no dejaba de empujar «9, para por favor», «es la última, disfrútala» sentí como empujó las 10 bolas dentro de mi y de un tirón las saco todas eso estímulo mi vagina a tal grado que casi llego al orgasmo

    «Bueno ya están lubricadas» las coloco en la entrada de mi ano y empezó a empujarlas a pesar de que costaba meterlas no se detenida «por favor no las metas, me vas a romper» sin importar cuánto le suplicará no se detenida al contrario parecía gozarlo más y al oír su respuesta supe porque «tranquila mami esto solo es para dilatarte cuando te monte realmente vas a llorar» ay caí en cuenta que me iba a destrozar con su tremenda verga y entre más en pánico, pero solo metió las primeras 6 bolas las más pequeñas pero nunca había tenido algo dentro de mi culo «bueno ahora también lubricare mi verga» y diciendo eso levanto mi culo y volvió a meter su verga en mi vagina dejando dentro de mi ano las bolas y empezó a cogerme por ambos hoyos poco a poco empezó a cambiar el miedo por excitación nuevamente, mi cabeza se estaba poniendo en blanco y cuando estaba a punto de venirme el saco de golpe su verga, «¿Te esta gustando verdad perra?».

    Ahí note que estaba gimiendo, sudando y que mis caderas buscaban montar su pene, me dio una nalgada «ahora sí serás completamente mía» de un tirón saco las bolas de mi ano y apunto la punta a mi orificio empezó a empujar y a pesar de todo el juego previó que había hecho le costó meter la cabeza yo solo podía pedir clemencia pero por la diferencia de tamaños no le costaba nada someterme, cuando entró la punta solté un gritó no sé si fue de dolor o placer y caí rendida empecé a sentir como intentaba meter más y más como abría mi interior y empujaba mis tripas pero no pudo meter más de unos centímetros cuando se quedó quieto y dijo «ahora como la buena perra que eres quiero que te metas mi verga tu sola si no lo haces lo haré yo y créeme que no tendré ni el más mínimo cuidado» al escuchar eso no podía creerlo ya me estaba desgarrando el ano si lo hacía con su normal brutalidad no podría volver a sentarme en días así que con lo que me quedaba de fuerzas empecé a empujar mis caderas sentí como la engullía poco a poco cada centímetro sentía que eran kilómetros y no dejaba de jadear, no sé cuánto llevaba cuando soltó una carcajada «tremenda puta me estoy cogiendo, quien te viera tan fresa y buenota que te ves y no eres más que una perra en celo» me nalgueo y como mis caderas sabía lo que se venía y solo alcancé a apretar los dientes, me envistió y sentí como si se me fueran a salir los ojos pero no entro más de la mitad «si que tienes el culo apretadito por ahora bastará con que te acomodes a media verga así el entrenamiento será más divertido».

    Y solo empujando hasta la mitad empezó con un vaivén en el que yo no pude evitar soltar gemidos con cada empujé que hacía, me levantó y con su mano empezó a acariciar mi clítoris parecía que ya conocía de memoria cada parte de mi cuerpo y con su otra mano pellizco mi pezón no sabía que era peor si el dolor de ser sometida, el desgarre de mi ano o que todo eso me estaba llevando a la mayor excitación que había tenido en toda mi vida y creo que me llegó la respuesta cuando solté un squirt junto con un gemido profundo parecía fuente porque no me detuve en unos cuantos minutos.

    «Bueno perra es hora de que te llene»

    Me tumbó sobre la cama dejando mi culo elevado y mi cara contra el colchón se paró en el colchón coloco nuevamente su verga en la punta de mi ano y empezó a embestirme pero empezó a poner su pie sobre mi cara estaba sometiéndome más de lo que ya lo había hecho, me montaba como una bestia y empecé a escuchar sus alaridos cuando sentí como inundó mi culo de semen, se bajó de mi y al sacar su verga sentí como empecé a escurrir por todo mi culo su abundante leche.

    «Mira parece que no te cabe mi semen necesitas un tapón» y tomo las bolas y las empujó dentro de mi ano, ahora entraron sin mucha dificultad con tanta lubricación pero yo ya no podía ni quejarme estaba tan derrotada que si Edgar me hubiera visto en ese momento no hubiera tenido fuerzas ni si quiera para voltearlo a ver, perdí la conciencia por el cansancio y desperté como a las 8 de la mañana, al despertar sentí mi cuerpo lleno pegajoso nunca había tenido tanto semen seco en mi vida y menos escurriendo de mi culo en el cual seguía teniendo las bolas chinas las cuales empecé a sacar y en eso apareció mi captor.

    «Buenos días perra ayer me dejaste agotado así que mueve el culo y prepárame el desayuno» me jalo del pelo para levantarme y me dio una nalgada dirigiéndome hacia la cocina, tambaleé dando unos torpes pasos cuando me volvió a detener «ven acá perra se te está saliendo tu cola» y empujó las bolas dentro de mi culo, «a partir de ahora entrenaré tu culo hasta que puedas satisfacer por completo mi verga, entendiste».

    Sabía lo que significaban esas palabras no dejaría mi ano hasta que pudiera meter toda su verga en él, pero a estas alturas ya no me sorprendió estaba haciendo conmigo lo que quería y de cierto modo no me sorprendía, si un sujeto viejo, feo y casi vagabundo tenía en sus manos a una joven mujer que parece modelo no contendría ni su más bajo instinto…

  • Mi viaje familiar a Cuba (Parte 1)

    Mi viaje familiar a Cuba (Parte 1)

    Hola a todos.  Primero de todo tengo que presentarme, puesto que esta es mi primera vez por aquí. Mi nombre es Marta, soy una chica de Cádiz (España) y actualmente tengo 23 añitos. Soy rubia, con ojos azules claros y labios carnosos que llaman la atención de cualquiera. Mido alrededor de 1´60 y mi complexión física es normal, ni muy delgadita ni rechonchita, me gusta mi cuerpo. En cuanto a mi culo, digamos que se hace notar, y de mis pechos ya ni hablamos. La verdad que genéticamente hablando he tenido mucha suerte, no me puedo quejar. Una última cosa que debo contaros antes de empezar es que soy bisexual, me gusta tanto cabalgar sobre una buena polla como comerme coñitos jugosones, no le hago ascos a nada.

    La historia que les voy a narrar sucedió hace 5 años, en verano de 2016. Después de un duro año de trabajo a causa de la Selectividad, fui admitida en Enfermería, mi sueño, lo que había querido ser desde pequeñita, y lo que me ha permitido tener alguna aventura que os contaré en otros relatos. Para celebrarlo, viajamos de vacaciones a Cuba, país maravilloso con playas paradisíacas y vistas increíbles, pero a mi me interesaban más los cubanos que iba a conocer. Por aquel entonces aún no había comenzado a explorar el maravilloso mundo de la bisexualidad, pero si volviera a viajar a Cuba no tengo dudas de que me fijaría también en alguna que otra mamacita.

    Nos alojamos en un resort de lujo, cinco estrellas, todo pagado. La verdad que por suerte mis padres tienen buenos trabajos y nos podemos permitir este tipo de viajes. Tengo dos hermanos menores, un chico y una chica, que actualmente tienen 15 y 13 años, por lo que por aquel entonces eran bien pequeños. Ellos dormían en la habitación con mis padres, y a mi me dejaron una habitación para mi sola con cama de matrimonio. Cuando lo supe, solo podía pensar en la libertad que tendría durante esa semana y todo lo que podría hacer sin que mis padres se enteraran. Por aquel entonces ya había perdido la virginidad, a pesar de tener solo 18 años podría decirse que gozaba de experiencia, pero esto lo dejaremos para otro momento. La putada era que mi habitación era contigua a la de mis padres, por lo que un exceso de ruido sería sospechoso.

    El primer día llegamos por la noche, así que dimos un paseo por la playa y nos fuimos a dormir. A la mañana siguiente, bajamos al buffet a desayunar y comenzó la búsqueda del cubanito ideal. No tardé mucho en fijarme en cuatro o cinco buenos pretendientes, pero hubo uno de ellos que me llamó realmente la atención. Alto, moreno, fuerte, ojos marrones y pelo rizado. Era mi objetivo, lo tenía claro, pero lo complicado llegaba ahora. Debía llamar su atención. Solo pensaba en follarme a ese maromo cubano que había hecho humedecerme ligeramente.

    Tras desayunar subí a la habitación y me puse mi mejor bikini. Si quería hacérmelo, debía ser desde el principio, no podía perder un solo minuto. Era un bikini rosa fosforito, no era el más bonito, pero sí el más llamativo y provocador, y eso era lo que buscaba, que se fijara en mí. Y al parecer, lo conseguí. Tras pasar la mañana en la playa, veía como me observaba. Una rubia con estas tetas y este culo no se ve cualquier día, y aunque debía competir con otras zorras por semejante macho, conseguí que se fijara en mí.

    A la hora de la comida, fui a servirme al buffet. Había de todo: pasta, ensaladas, carnes, pescados, fritos, patatas… cuando escuché una voz con acento latino que me decía:

    -¿Qué me recomiendas?

    Me di la vuelta y era él. Me moría de vergüenza. “No sé, es mi primer día aquí”, le dije con una sonrisa nerviosa. “Eso está bueno, también es mi primero”, contestó aquel cubano que más tarde sabría que se llamaba Iván. Intercambiamos cuatro palabras y nos fuimos cada uno a nuestras mesas. Esa situación me había excitado mucho, y a él también, pues alcancé a notar un ligero bulto bajo su bañador. Al ir a por el postre, la situación se repitió, pero esta vez fue al revés, le pregunté que me recomendaba, a lo que me respondió:

    -No sé, a mi se me antojó algo, pero no está en el menú.

    Al terminar la frase me guiñó el ojo. Todos sabemos a qué se refería, quería follarme. Me sonrojé, y él se dio cuenta. Puso en mi plato una servilleta en la que había apuntado un número telefónico, y volvió a su sitio. La humedad de mi coñito alcanzaba niveles inimaginables, me lo había ligado en menos de 24 horas. Sabía de mis facultades seductoras, pero no imaginé que fueran tan buenas.

    Terminamos la comida y subimos a la habitación a echarnos la siesta. Debía escribir a ese número, quería follármelo esa misma noche, y me puse manos a la obra:

    -Hola. Soy la chica del bufet – escribí.

    La respuesta no se hizo esperar. A los 3 minutos mi móvil vibró:

    -Muy buenas linda. Encantado de conocerla. Estaba esperando su mensaje.

    -Jajaja, igualmente, encantada.

    Comenzamos a charlar sobre la vida, como se llamaba, de donde era, cuántos años tenía (cuando me dijo que tenía 24 años me asusté, ya que nunca había estado con alguien tan mayor, pero ya tenía 18 años y quería que me follara un hombre de verdad). De repente me preguntó:

    -¿Harás algo con tu familia esta noche?

    -Daremos un paseo por la playa, pero a las 23:30 estaremos en nuestras habitaciones – respondí.

    -¿Y podrás escaparte a tomar un mojito en el pub? ¿O se enterarán sus padres?

    -Tengo una habitación para mi solita, así que si invitas tú, esta noche nos vemos.

    -¿Duermes sola? Eso está chévere, sin que la controlen sus padres. Esta noche la veré en el pub a las 23:45 entonces.

    Era todo increíble, de película. Corrí al baño a prepararme. Me depilé y metí a mi cartera dos condones por lo que pudiera pasar.

    Llegaron las 23:30 y mis padres se habían ido a dormir con mis hermanos. Estaba dispuesta a salir de la habitación cuando alguien llamó a la puerta. Eran mi madre y mi hermana pequeña, María, que quería dormir conmigo. Se me había arruinado el plan, no me lo podía creer. Había estado tocándome, pensando en este momento y se me fastidió en un segundo. No podía decir que no a mi hermanita, sino mis padres sospecharían, pero quería follarme a Iván. No sabía qué hacer, lo dejaríamos para el día siguiente, pero esa noche debía hacer algo para complacerme. Mi hermana se acostó, y yo escribí a Iván contándole la situación. Me dijo que no pasaba nada, que otro día sería, que durmiera con mi hermanita. Su comprensión hizo que me gustara más todavía, que mis ganas por ser esclava de su cuerpo fueran mayores. Debía quitarme el calentón. Cuando mi hermana se durmió pase al baño y me masturbé con la alcachofa de la ducha hasta correrme pensando en cómo aquel cubano iba a hacerme gozar.

    Al día siguiente lo vi en el buffet, en la playa, en la piscina y en el pub, pero como iba con mi familia no podía saludarlo. Obviamente ponía mi atención en más objetivos, ya que en caso de fallar Iván, no podía abandonar Cuba sin ser poseída por un lindo cubano. Cada vez que pasaba por su lado, recibía un mensaje suyo diciéndome lo guapa que iba y las ganas que tenía de charlar conmigo. Yo sabía que las ganas eran de algo más que de charlar, y no podía dejar de pensar en ello. Llegó la noche, y a las 00:00 recibí un mensaje:

    -Buenas linda. ¿Hoy está libre mi española?

    -¡Sí! Ahora bajo al pub y me invitas al mojito que me prometiste.

    -Tengo una idea mejor. ¿Por qué no te vienes a mi habitación y pedimos los mojitos al servicio de habitaciones?

    -Claro, me parece genial – respondí, al mismo instante que mis pezones se endurecían al comenzar a imaginar lo que iba a suceder -¿Cuál es tu habitación?

    -La 205 – respondió. No me lo podía creer. Mi habitación era la 204, era su vecina.

    -Ahora voy – le conteste, sin hacerle saber el hecho que acababa de descubrir.

    -Aquí te espero bebe.

    Me maquillé rápidamente, un poco de pintalabios y un poco de rímel y estaba lista. Me puse un top negro sin sujetador debajo, marcándose mis pezones, y una faldita negra corta sin tanga, iba a por todas y quería que se diera cuenta. Salí de mi cuarto y llamé a su puerta. Me recibió con una camisa blanca y un pantaloncito deportivo negro, elegante pero callejero. Me dio dos besos y me invitó a pasar. Su habitación olía a hombre, ese olor cargado que te penetra y hace que tus niveles de hormonas suban por las nubes. Los mojitos ya estaban sobre la cama, cogí el mío y comenzamos a charlar.

    La tensión sexual se notaba, las miradas nos delataban. Puso su mano sobre mi rodilla y mi coño comenzó a humedecerse. Estaba a punto de follarme a un latino de 24 años que medía dos metros, yo, una joven chiquita muy puta. Dejé caer torpemente el mojito al suelo cuando ya solo quedaban los hielos en él, y me agaché a cogerlo dejando a la vista todo de mí. No sabía qué esperar de Iván, no sabía lo que haría, ansiaba que me tomara como a una zorra.

    Cuando levanté la mirada, vi exactamente lo que quería. Iván se había desabrochado la camisa y tenía una mano sobre su paquete. Un gran bulto comenzaba a surgir, quizás mayor de lo que esperaba. Me desnudó con la mirada, era obvio que ansiaba poseerme. Me abalancé sobre él y comencé a besarlo. Estábamos tumbados en la cama, yo sobre él, fundiéndonos en un eterno beso. Su mano buscaba mi culo, y no tardó en encontrarlo. Lo sobaba por debajo de mi falda como si fuera el primer culo que tocaba, pero lo hacía como nadie me lo había hecho. Deslizó su mano hasta mi coño húmedo y comenzó a tocar mi clítoris. Sabía cómo hacerme gozar, y lo estaba consiguiendo. Metió suavemente su dedo corazón dentro de mí, lo que me hizo gemir por primera vez. Jugaba con él dentro de mí, cuando metió también el dedo índice. Mi nivel de excitación era máximo. Sabía que Iván me haría disfrutar, pero estaba superando mis expectativas.

    (Continuará)

  • Tras bambalinas (C. 8)

    Tras bambalinas (C. 8)

    Capítulo 8. Previo al gran festival: Entre reporteras y policías.

    En uno de los camarotes del lujoso ferry S.S. Marea, que viajaba con destino a Ciudad Slateport, se podía observar como dos jóvenes y hermosas chicas se encontraban, sentadas en un sofá, acariciando con gran devoción y extrema suavidad la excitada verga del chico que se encontraba desnudo en medio de ellas.

    —Te gusta como lo hacemos, mi amor —preguntó Serena con cariño, la hermosa chica estaba usando un insinuante conjunto de lencería compuesto de un diminuto sujetador de encaje de color morado con bordes negros, que apenas podía contener sus desarrollados pechos, una reveladora tanga a juego y unas medias del mismo color, mientras que su mano recorría todo lo largo de la verga de su novio y Amo.

    — Su verga es muy grande, mi Amo ¡Aun sigo sin saber cómo es que entra dentro de mí! ¡Pero me encanta! —exclamó Shauna, usando el mismo sexy atuendo que Serena aunque en color rosa, mientras tomaba el glande del chico con cuidado.

    — Ustedes en verdad son muy buenas, mis hermosas esclavas, e imagino que ya saben que hacer ahora ¿No? —dijo Anthony con una sonrisa mientras que ellas asintieron antes de ponerse de rodillas, dejando al descubierto sus deliciosos traseros apenas cubiertos por sus prendas íntimas, y comenzaron con el tratamiento.

    De forma que las hermosas performer no dudaron en acercar sus rostros al erecto y palpitante miembro del chico y sacaron sus lenguas de manera sugestiva para comenzar a lamerlo con pasión, disfrutando del sabor y alternándose para darle una atención completa a la verga de Anthony.

    Ambas chicas querían darle toda la satisfacción posible a su Amo y después de unos placenteros minutos obtuvieron su recompensa al recibir el semen del chico, el cuál cubrió sus lindos rostros, dejándolas con una gran sonrisa de felicidad antes de que ellas comenzarán a limpiar la cara de la otra hasta que todo rastro de la esencia del chico desapareció de sus cuerpos.

    —Lamento ser yo el que interrumpa la diversión, hermosas. Pero dentro de muy poco tiempo llegaremos a Ciudad Slateport, así que hay que alistarnos —comentó el joven de cabello negro un tanto desilusionado, ya que era claro que ninguno de los tres quería parar por su propia voluntad, pero él tenía razón.

    De esa manera fue que los tres días que duró el viaje en ferry desde Ciudad Licovely hacia Ciudad Slateport llegaron a su fin; Los cuales habían sido los días más placenteros en la vida de Anthony, y como podían no serlo si el chico tenía a dos hermosas chicas como sus deseosas y obedientes esclavas, y ambas estaban totalmente dispuestas a hacer realidad todos y cada uno de sus deseos.

    Una hora después, cuando todos estuvieron arreglados, fue cuando el grupo finalmente arribo a su destino: Ciudad Slateport, en donde las chicas participarían en el Gran Festival que se llevaría a cabo en unos pocos días.

    Ellas se hospedarían en el exclusivo hotel que estaba reservado para todos los participantes del evento, y aunque él podía quedarse con cualquiera de las dos chicas, Anthony decidió que lo mejor sería buscar otro alojamiento en la ciudad.

    Los cual fue un poco complicado, ya que el Centro Pokémon y muchos de los hoteles ya estaban abarrotados por la gran cantidad de espectadores que venían dentro y fuera de Hoenn para presenciar el evento, aunque con un poco de esfuerzo el chico fue capaz de alquilar una pequeña y acogedora casa.

    Y la principal razón para que Anthony tomara esa inesperada decisión era porque el necesitaba tiempo para pensar con cuidado en cuál sería su siguiente movimiento; Ya que por más que lo quisiera él no podía darse el lujo de pasarse todos los días teniendo sexo con las chicas. Un mes, el sólo disponía de un escaso mes para encontrar la manera de vencer a Palermo y evitar que su amada Serena se convirtiera en uno más de sus juguetes.

    Eso sin contar en esos momentos lo más prudente que podía hacer era mantenerse un poco alejado de Serena y Shauna, no sólo para que ambas chicas pudieran dar actuar al máximo en la competencia. Si no por que gracias a su reciente llamada con Palermo el tenía una sensación de amenaza, y esta era una medida que disminuía de forma considerable el riesgo de levantar sospechas, ya que Anthony sabía muy bien que en un evento tan concurrido como el Gran Festival nunca puedes estar seguro de quién podría estar mirando.

    A pesar de todo ello, él no podía evitar la tentación de pasar un poco de tiempo junto a sus hermosas esclavas, por lo que no era raro que durante su estancia en la ciudad portuaria el dedicara una parte de sus tardes para ver los entrenamientos de Serena y Shauna; Aunque para desgracia de los tres amantes sus escasos contactos se reducían a simples halagos y palabras de aliento en público y a algunos castos besos robados con Serena acogidos por la oscuridad en algún callejón.

    Sin embargo Anthony ni siquiera se imaginaba que él no era la única persona en aquella ciudad que estaba investigando a Palermo, ya que la oficial Jenny de Ciudad Mauville también se encontraba Slateport, siguiendo a su instinto, y esperando encontrar alguna pista útil durante el Gran Festival.

    Por lo que en la tarde del día anterior al inicio del máximo Concurso de Hoenn, y después de que Serena le suplicara a su novio tener un cita, mientras que ambos chicos estaban cenando tranquilamente en un pequeño restaurante fue cuando una mujer desconocida se acercó a la chica de Kalos.

    — ¡No puede ser! ¿Serena eres tú? —preguntó la desconocida, quien se trataba de un hermosa mujer de unos 25 años, con el cabello castaño claro y unos expresivos ojos verdes: Que vestía con una ajustada camisa de color negro con rojo y con un pantalón gris, una indumentaria que sin duda resaltaba su delineada y bien formada figura y en especial ese delicioso par de enormes pechos.

    — ¡Alexa, eres tú! ¿Cómo has estado? —respondió Serena tras levantarse de su lugar para saludar a la alegre reportera que conoció en Kalos.

    —Yo he estado bastante bien, pero y tú ¿Cómo has estado?, ¿Qué haces aquí en Hoenn? y ¿Quién es él? —preguntó Alexa con curiosidad al ver a la chica que acompaño a Ash en Kalos en esa región, y sobre todo muy bien acompañada.

    —Yo he estado muy bien, gracias Alexa. Estoy aquí para participar en el Gran Festival y él es mi novio Anthony —contestó Serena con una gran sonrisa —Déjame presentarlos, mi amor, ella es Alexa. Es una amiga y una excelente reportera que conocí durante mi viaje por Kalos.

    —Es un verdadero placer poder conocerla, señorita Alexa —comentó Anthony haciendo una ligera inclinación y tomando la mano de la reportera para besarla.

    —El placer es todo mío, Anthony —contestó la reportera ligeramente sorprendida por ese saludo tan caballeroso «Ahora entiendo cómo es que logró que Serena se olvidara de Ash. Este chico no solo es muy guapo, también es todo un caballero»

    — ¿Y qué haces en Hoenn, Alexa? —preguntó Serena con interés sacando a la aludida de sus pensamientos.

    —Bueno vine a Hoenn para hacer una investigación sobre los pokémon más raros de la región y también sobre la Megaevolución, debido a que Hoenn y Kalos son las únicas regiones en donde sus entrenadores son capaces de acceder a ese poder —explicó ella con una sonrisa —Pero como en estos días toda la atención se está centrando en el Gran Festival, decidí tomarme un breve descanso y observar el evento con mis propios ojos.

    —Vaya eso es muy interesante —contestó Anthony con sinceridad y aprovechando la oportunidad para admirar el curvilíneo cuerpo de la mujer, cosa que no pasó desapercibida para Serena, quien sonrió de forma cómplice al intuir cuáles eran los planes de su novio y Amo.

    —Lo es, lo malo es que hoy llegue a Slateport y ya no pude encontrar ninguna clase de alojamiento en la ciudad, por eso tendré que acampar en las rutas cercanas o dirigirme hacia Ciudad Mauville —respondió la reportera con un tono abatido y cansado.

    —Entiendo ¿Y qué te parece la idea de quedarte con nosotros? —preguntó Serena con inocencia causando sorpresa en los presentes —Como nosotros ya no encontramos lugar en el Centro Pokémon tuvimos que alquilar una pequeña casa para hospedarnos en lo que dura el evento —aclaró la chica mientras le sonreía a Anthony, quien de inmediato entendió lo que su novia pretendía.

    — ¿Están seguros de que no será ninguna molestia, chicos? —preguntó Alexa ilusionada por la idea de no tener que acampar ni hacer largos viajes de una ciudad a otra, pero a su vez estaba un poco incómoda por la idea de interrumpir algo entre la pareja.

    —Por supuesto que no, señorita Alexa. Cualquier amigo de Serena es amigo mío y si a mí hermosa miel no le molesta, yo no tengo ningún inconveniente —respondió el pelinegro con una sonrisa que irradiaba confianza.

    —Está bien chicos, entonces acepto su oferta —contestó la reportera de Kalos tras meditarlo por algunos momentos.

    De forma que después de salir del restaurante, y que Anthony se ofreciera a llevar el equipaje de Alexa, los chicos se dirigieron hacia la vivienda para dejar las pertenencias de su invitada y salir a disfrutar de las atracciones previas a la inauguración del Gran Festival, en ese tiempo los 3 hablaron sobre sus diferentes experiencias, creando un clima de confianza en el grupo.

    —Oigan ¿Puedo alcanzarlos en la casa? Es que me gustaría hacer un último entrenamiento antes de la competencia de mañana —preguntó Serena de forma inocente.

    —Adelante, mi amor, te esperaremos allá —comentó Anthony acercándose para abrazar y besar a su novia.

    —Imagino que Alexa será tu nueva esclava ¿No es así, mi amor? —le susurró la performer al oído de forma traviesa.

    —Por supuesto cariño —contestó Anthony sin dudar, antes de añadir —Pero por ahora tu única preocupación debe ser ganar el Gran Festival, si lo haces te prometo darte un delicioso premio que nunca olvidarás.

    —Así será, mi amor —afirmó la chica con una hermosa sonrisa de ilusión —Con esta inspiración no hay manera en la que pueda perder —y tras esas palabras ella lo beso apasionadamente con la intención de cerrar el trato.

    Después de esa despedida Serena se retiró a su hotel, ahora con una nueva motivación para ganar el evento, mientras tanto Anthony y Alexa se dirigían a la vivienda, cuando el chico vio un campo de batalla bastante cerca de su destino y se le ocurrió una idea para capturar a esa bella mujer.

    —Oye Alexa ¿Y qué clase de pokémon de Hoenn son los que te interesaría conocer? —preguntó el chico de forma inocente para no despertar sospechas en su nueva presa.

    —Bueno para mí sería un sueño hecho realidad el poder conocer a los pokémon legendarios, pero en Hoenn también hay otros pokémon muy interesantes y que son bastante raros en Kalos, eso sin contar a los pokémon que pueden megaevolucionar —respondió la apasionada reportera sin sospechar en lo absoluto.

    — ¿Y qué te parece si tú y yo tenemos una batalla Pokémon aquí y ahora? —propuso Anthony señalando el desierto campo de batalla, causando un poco de intriga en la reportera —No tengo ningún pokémon legendario, pero algo me dice que algunos de mis pokémon te interesaran bastante.

    —Muy bien, Anthony, acepto tu desafió ¿Un 3 vs 3 está bien para ti? —respondió ella con confianza y acercándose a una de las esquinas del campo de batalla antes de elegir a su fiel Noivern como su primera opción.

    —Está bien para mí —comentó el joven dirigiéndose a la esquina contraria y eligiendo a su Milotic. Y a pesar de que todo parecía estar en su contra la batalla fue bastante breve, ya que el pokémon de Anthony estaba bastante bien entrenado, y no tuvo muchas dificultades para vencer a Noivern, Gogoat y Helioptale.

    — ¡Vaya eso fue una gran sorpresa! ¡Cuesta un poco creer que un pokémon tan hermoso sea tan fuerte! —comentó Alexa con asombro mientras se acercaba al tipo Agua.

    —Lo sé, pero las apariencias suelen ser muy engañosas. Por cierto ¿No te gustaría estudiar a Milotic? Después de todo no es una especie muy común en Kalos —comentó mientras acariciaba el lomo de su pokémon, quién volteó a verlo y de inmediato supo lo que tenía que hacer.

    —Tienes razón, Milotic es uno de los pokémon más hermosos que hay, y tal y como lo dices son una especie en extremo rara, así que no puedo perder esta oportunidad, y menos si se trata de un ejemplar tan fuerte —exclamó Alexa emocionada, pero cuando estaba por sacar su cámara el pokémon comenzó a acariciar a la chica con su rostro y lamer afectuosamente sus mejillas.

    —En verdad lo siento, creo que olvide decirte que el siempre hace eso cuando nos encontramos con una chica hermosa —se disculpó Anthony fingiendo pena mientras que el pokémon tierno comenzaba a poner manos a la obra.

    —No hay ningún problema, en realidad es bastante… lindo… —comentó la reportera antes de mirar de frente los ojos del pokémon, los cuales eran rojos y brillantes en lugar de su usual color negro. —An-Anthony ¿Q-que sucede? —intento preguntar mientras su conciencia iba perdiéndose en la profunda e hipnótica mirada del tipo Agua, y fue después de unos breves instantes que la mente de Alexa se quedó totalmente en blanco y lista para ser controlada.

    — ¿Puedes escucharme Alexa? —preguntó con seriedad y una sonrisa de triunfo.

    —Sí… —respondió la hipnotizada mujer con una voz monótona, y fijando sus hermosos y vacíos ojos verdes en el chico.

    —Muy bien, entonces escúchame con mucha atención. De ahora en adelante yo soy tu Amo y tú eres una obediente y sensual esclava que sólo quiere hacer todo lo yo diga. Repítelo, por favor.

    —Tu eres mi Amo, y yo soy una obediente y sensual esclava que sólo quiere hacer todo lo me digas… —repitió la reportera de forma monótona y sumisa, mientras ese pensamiento se guardaba en lo más profundo de su mente y comenzaba a tomar el control de ella.

    —Muchas gracias por tu trabajo, amigo, lo hiciste excelente y ahora te mereces un buen descanso —comentó el pelinegro dirigiéndose a su fiel pokémon, quien asintió feliz antes de ser devuelto a su pokébola, por lo que toda su atención de volvió a centrarse en la hermosa e indefensa reportera.

    —Muy bien, ahora vayamos a casa Alexa. Aun tengo bastantes cosas que debo enseñarte —le ordenó con confianza a la hipnotizada mujer, quién aunque no le respondió con palabras, sonrió y se limitó a seguir las instrucciones que se le dieron.

    Rápidamente llegaron a su destino y una vez en la sala fue cuando Anthony se disponía a programar a su nueva esclava a su gusto, y disfrutar de un hermoso espectáculo en el proceso, cuando alguien tocó la puerta. Así que maldiciendo internamente a quién fuera el que se atreviera a interrumpir su diversión, el chico no tuvo más remedio que ir a abrir la puerta y cuando vio que la persona que tocaba era la oficial Jenny, el joven se quedó de piedra.

    —Muy buenas noches, Oficial Jenny ¿Que se le ofrece? —preguntó Anthony con calma, tras recuperarse de la breve sorpresa de ver la bella policía.

    —Buenas noches, joven ¿Podría permitirme hablar un momento con la mujer que venía con usted? —ordenó la oficial con un tono que no era de pregunta, y sin tardanza y sin que la invitaran a hacerlo, ella entro a la casa y se dirigió de inmediato a la sala.

    «Maldición. Ella debe de haber estado cerca del campo de batalla cuando hipnotice a Alexa… De forma que no tengo otra opción más que someterla a ella también» pensó Anthony mientras que con mucho cuidado presionaba una de sus pokébolas, de la cual salió una especie de gas que al tocar el suelo formó la figura de un Gengar.

    —Sígueme y no dejes que te vean —le indicó Anthony en un susurro casi inaudible, pero que el tipo Fantasma entendió y sin dudarlo acató las ordenes de su entrenador, no sin antes sonreír con malicia.

    «Bueno, esto no es tan malo. Después de todo siempre quise esclavizar a una Oficial Jenny» pensó el chico con una sonrisa confiada antes de dirigirse a la sala, en donde ya se encontraba la oficial, quién no tardó en darse cuenta de que Alexa estaba hipnotizada y volteó a verlo con furia.

    —Imagino que estas al corriente que usar las habilidades de tus pokémon en contra de una persona es un grave delito. ¿No es así, muchacho? —inquirió la oficial con serenidad, pero para su sorpresa el chico estaba tan tranquilo como ella.

    —Supongo que sí ¿Aunque no veo el problema si ella estuvo de acuerdo en que lo hiciera? —comentó Anthony con calma antes de añadir de forma desafiante —Aunque también creo recordar que primero se necesita de una orden antes de entrar en propiedad privada ¿No es así, oficial?

    —No quieras pasarte de listo conmigo, chico. Aunque en el estado en que ella se encuentra ahora es muy conveniente para ti ¿No? Justo ahora podrías decirle que ella es la croupier de un casino y ella lo creería sin dudar —respondió Jenny molesta por el tono y la respuesta del chico

    «¿Porque ella mencionó eso? Algo me dice que esta oficial sabe algo que yo no. Entonces esto va más allá de un simple juego y debo saber con qué me estoy metiendo» razonó el chico antes de volver a asumir una actitud desafiante.

    —No tengo la más mínima idea de lo que me está hablando, Oficial Jenny. Así que si no le molesta me gustaría que fuera directamente al punto.

    —Primero quiero que saques a esa chica de su trance, si ella me dice que te pidió hipnotizarla entonces me iré y te daré una sincera disculpa por interrumpirlos, pero si ese no es el caso entonces tendrás que acompañarme a la comisaría —ordenó Jenny con autoridad, ignorando los cuestionamientos del joven.

    — ¿En serio? ¡Qué miedo! ¿Y qué haría si… Me niego, Oficial? —preguntó Anthony en un tono burlón que para la oficial equivalía a una confesión.

    —No te hagas el valiente conmigo, muchacho. Tú ya no tienes alternativa —respondió ella triunfante y tratando de tomar la pokebola de su cinturón, pero…

    —Yo no diría eso si fuera usted, oficial. Ya que la ya no tiene ninguna alternativa es usted —comentó Anthony con tranquilidad, mientras que la Oficial Jenny comenzaba a sentirse adormilada e incapaz de moverse.

    «¿¡Que!? ¿¡Cuando es que caí en su trampa!? ¿Acaso él tiene poderes psíquicos?» se preguntó la oficial a sí misma, con un poco de temor e intentando escapar de aquel lugar, pero su cuerpo ya no era capaz de moverse ni un solo milímetro, fue entonces cuando vio cómo su sombra se expandía y de pronto lo entendió todo: Aquél bribón había tenido la brillante idea de usar a un tipo Fantasma para retenerla mientras él se encargarba de distraerla.

    Sin perder tiempo Gengar se colocó delante de ella y comenzó a mover sus brazos, generando un tipo de siniestras ondas de color morado, y aunque Jenny cerró sus ojos con fuerza no pudo evitar abrirlos nuevamente, señal de que estaba comenzando a caer bajo el influjo de la Hipnosis y de que no podía hacer nada para evitarlo.

    —Escúchame muy bien y relájate, Jenny —indicó el chico con un tono firme y una confiada sonrisa.

    —No… Déjame ir —gimió ella recurriendo a todo el autocontrol que tenía para oponerse al poderoso ataque psíquico.

    —Es inútil que siga resistiéndose, oficial… Justo ahora está cayendo en un trance muy profundo —dijo Anthony dejando su tono desafiante y burlón para cambiarlo por uno más profundo y tranquilizador.

    —No… Muy… profundo… —la voz de la oficial era cada vez era más débil, lo que indicaba que la hipnosis comenzaba a actuar sobre ella.

    —Muy bien, Jenny. A partir de ahora no puedes escuchar nada a excepción de mi voz, la voz que siempre sabe que es lo mejor para ti, la voz a la que desde ahora obedecerás.

    —Solo… Tu voz… —susurró Jenny con los ojos cerrados.

    —Muy bien. Entonces comienza a desvestirte —ordenó el chico al creer que tenía la situación bajo control, ya que la Oficial Jenny comenzó a obedecer la orden, pero al acercar sus manos al primer botón de su camisa ella se detuvo.

    — ¡No lo haré! ¡Sal de mi cabeza! —gritó ella mientras sacudió su cabeza con fuerza y trataba de recuperar el control sobre su cuerpo.

    —Tú debes de obedecerme, Jenny —ordenó Anthony con firmeza, aunque realmente estaba ligeramente emocionado por la resistencia de la mujer, ya que hacia bastante tiempo desde la última vez en que una de sus presas había logrado darle algo de pelea.

    —Obedecerte…—murmuró la policía comenzando a desabrochar su camisa dejando ver un simple sostén negro, para después quitarse el cinturón y dejar caer su falda, revelando unas bragas a juego con su sostén.

    Fue en ese momento cuando la mujer pareció reaccionar un poco e intentó detenerse, solo para darse que su cuerpo ya no respondía sus órdenes, así que se dio la vuelta para mostrarle su espectacular trasero al chico mientras se deshacía de sus bragas, y después quitarse el sostén y dejando libres sus magníficos pechos.

    — ¡Eres un asco, muchacho! ¡Te juro por Arceus que acabaré contigo! —dijo la mujer furiosa, quién se quedó de pie al terminar de desvestirse, tratando en vano de cubrirse con sus manos.

    —Eso ya lo veremos, pero por ahora abre tus piernas Jenny, imagino que debes estar excitada, muy excitada —mencionó Anthony con calma e ignorando olímpicamente las amenazas de su nueva presa.

    —Claro que no… Yo no… Estoy… excitada —contestó la oficial entre ligeros gemidos mientras abría sus torneadas y bien formadas piernas y en contra de su voluntad comenzó a masturbarse con su mano derecha y a acariciar sus pechos con la izquierda.

    —Se siente muy bien ¿Verdad? Sentir como tu voluntad y tus pensamientos van desapareciendo y son sustituidos por placer —continuó diciendo el chico con una voz firme y tranquilizante.

    —No… claro que no… —murmuro la oficial intentando resistirse, pero su cuerpo la delataba, ella ya no podía dejar de masturbarse y la expresión de su rostro estaba cambiando gradualmente de la furia al placer.

    Anthony por su parte no le quitaba la mirada de encima a su presa hasta que decidió terminar de una vez, agachándose lo necesario para sacar un vibrador de su mochila y mostrárselo a Jenny.

    —Debo de felicitarla, oficial. Está es la primera vez toda mi carrera que tengo que recurrir a esto, ya que normalmente mis encantos suelen ser más que suficientes para que cualquier mujer caiga de rodillas a mis pies —dijo Anthony con orgullo antes de encender el aparato y ponerlo a una intensidad media, antes de pasarlo por el abdomen de la mujer hasta llegar a su coño, quién al instante soltó un gran gemido de placer.

    —Ya no puedes engañarme Jenny, es obvio que estás muy cerca de llegar al orgasmo. Sin embargo no podrás correrte, no hasta que aceptes mis condiciones —declaró el chico alegremente mientras que un pensamiento de pánico se apoderó de la oficial, quién muy a su pesar ya había aceptado que su cuerpo haría todo lo que aquel chico deseara ignorando su voluntad.

    —Te veo muy ansiosa y parece que eres una mujer muy sensible. Dime Jenny ¿Cuánto ha pasado desde la última vez que alguien te llevo al orgasmo? ¿Una o dos semanas, tal vez un mes? —preguntó el pelinegro de forma burlona.

    — ¡¡¡3 AÑOS, INFELIZ!!! —gritó la mujer, quién al darse cuenta de lo que dijo puso los ojos en blanco y se cubrió la boca con la mano que masajeaba sus pechos.

    Al principio Anthony creyó que a Jenny aún le quedaba la suficiente voluntad para intentar burlarse de él, pero el ver su reacción comprendió que la oficial no sólo no le mentía: El la había hecho admitir algo muy íntimo.

    Aunque esa declaración en verdad lo dejo muy sorprendido, ya que para nadie era un secreto que las oficiales Jenny y las enfermeras Joy eran parte de la mayor parte de las fantasías sexuales de los hombres en cualquier región. Por lo que lo natural sería pensar que ellas podían darse el lujo de tener sexo con quien quisieran y cuando quisieran.

    — ¿Quién lo hubiera imaginado? Debe de ser muy triste vivir durante 3 años sin experimentar el máximo placer ¿No, Jenny? Pero yo soy una persona muy generosa, y si abandonas tu inútil resistencia y te sometes a mis órdenes te daré el orgasmo que tanto has anhelado.

    —No… ¡¡¡NO LO HARÉ!!!… —gritó ella con toda la voluntad que aún le quedaba, mientras que la necesidad de correrse invadía su cuerpo.

    —Jenny, ya debiste haberte dado cuenta. Tú ya estás totalmente bajo mi control y resistirte sólo te hará sufrir —Anthony siguió hablando mientras le tendía el vibrador, y aunque la mujer aún trataba de resistirse, al ver el juguete su cuerpo reaccionó por si solo y lo tomó para masajear su coño, cada vez más rápido.

    —Ya sabes qué hacer si quieres llegar a tu clímax. Debes ser obediente, sumisa y dócil —insistió el chico sin dejar de sonreír, pero la testaruda mujer seguía resistiéndose.

    —Puedo ver a través de ti Jenny. En el fondo tú siempre has deseado ser la esclava perfecta y lo sabes, sueñas con ya no tener voluntad ni pensamientos propios, y yo puedo ayudarte a hacer tu sueño realidad. Tú sabes que obedecer mis órdenes te dará mucho placer y por más que lo niegues los dos sabemos que estás muy cerca del orgasmo, pero no podrás correrte hasta que dejes de resistirte.

    —No… Por favor… ¡Necesito correrme! —suplicó la Oficial comenzando a ceder ante todo el placer que sentía, el placer que ella misma se había encargado de contener, y que ahora se estaba convirtiendo en la más dulce y efectiva tortura.

    — ¿Quieres correrte Jenny? —preguntó Anthony una vez más, sabiendo que ya tenía a su presa justo en donde la quería.

    —Sí… Sí quiero… ¡NECESITO… CORRERME! —exclamó la excitada mujer, ya que cada segundo que pasaba era más insoportable que el anterior, y cada vez le era más difícil controlar su creciente excitación.

    —Sí quieres correrte ya sabes lo que tienes que hacer. ¡Tienes que convertirte en mi sexy y leal esclava! —insistió Anthony con una sonrisa antes de darle el golpe final —Y te aconsejo que te decidas rápido, ya que empiezo a aburrirme.

    Por su parte Jenny no podía dejar de masturbarse y comenzaba a admitir que tampoco quería hacerlo, había una sola cosa que la mujer deseaba hacer y esa era correrse —Y-yo… ¡LO HARÉ!—exclamó la excitada oficial mientras que el último atisbo de su resistencia había desaparecido por completo —ES… DEMASIADO… POR… FAVOR… DÉJAME… CORRERME… ¡¡¡HARÉ… LO… QUE… SEA!!!

    —Muy bien, tomaste una sabía decisión ¡Córrete ahora! —ordenó Anthony con calma mientras la mujer llegaba al mayor orgasmo de su vida y en ese momento lo entendió: Aquél chico tenía razón, ella debía convertirse en una persona fiel y sumisa, ella tenía que obedecerlo en todo. En realidad era algo que ella misma deseaba, pero era demasiado terca y estúpida para aceptarlo.

    Así que tras recuperarse del placentero esfuerzo realizado Jenny abrió sus hermosos ojos castaños, los cuales ahora brillaban de la lujuria y la emoción, además de que una provocativa sonrisa adornaba su rostro. Gracias a aquel atractivo muchacho ella finalmente había encontrado un nuevo propósito, su verdadero sueño, y la única forma que tenía para agradecerle por ello era dándole su absoluta devoción.

    — ¡Amo! —exclamó una emocionada y claramente excitada Jenny al ver al chico que estaba frente a ella, ya que la alegría que sentía por estar desnuda en su presencia era indescriptible.

    —Veo que finalmente estás lista para comenzar con tu entrenamiento ¿No es así, esclava Jenny? —respondió Anthony con una sonrisa de triunfo,

    — ¡Sí, Amo, lo estoy! ¡¡¡POR FAVOR ENTRENEME!!! —suplico la oficial con emoción y ansiosa por recibir más ordenes, y por ende más placer, a lo que Anthony sonrió antes de sentarse tranquilamente en el sofá y lanzarle uno de los cojines al suelo.

    —Imagino que ya sabes lo que debes de hacer ¿No, mi putita? —al oír la orden Jenny de inmediato se puso de rodillas sobre el cojín y con gran frenesí comenzó a desabrochar el pantalón del chico para dejar su verga en libertad, así que después de admirarla por un breve instante ella comenzó a lamerla con devoción.

    De forma que la lengua de la oficial se encargó de recorrer con pasión y delicadeza hasta el último rincón del erecto miembro de su nuevo Amo, disfrutando profundamente de su sabor, antes empezar a succionarlo con fuerza y sin dejar apartar en ningún momento la mirada de aquellos ojos azules que la veían con deseo.

    En aquellos momentos no había nada que la hipnotizada Jenny deseara más que recibir la leche de su dueño en su boca y deleitarse con su sabor, lo cual la impulsaba cada vez más, sin embargo cuando estaba a punto de recibir la recompensa que tanto anhelaba fue que…

    —Detente, esclava. Antes de seguir quiero que me escuches muy bien —ordenó el chico de forma firme

    —Sí, Amo. Lo que usted ordene —respondió la sorprendida mujer con una nota de temor en su voz, ya que temía que la causa de la interrupción fuera que ella estuviera haciendo la felación de manera incorrecta.

    —Primero necesito saber ¿Si entiendes cuál es tu verdadero propósito? —pregunto Anthony con el mismo tono firme.

    —Lo entiendo a la perfección, mi Amo. Yo solo soy una fiel y obediente esclava a su servicio. Mi único y verdadero propósito es complacerlo en todo —respondió ella inclinando sumisamente la cabeza.

    —Muy bien, entonces cuando chasque mis dedos despertarás de tu trance. Sin embargo ya no lo harás como la aburrida Oficial Jenny que eras antes, sino como la verdadera tú, la mujer que siempre has deseado ser y la que serás por el resto de tu vida: Ya renacerás como mi eterna y leal esclava ¿Has entendido? —indicó el chico con confianza, pero antes de recibir una respuesta el chasqueo los dedos.

    En ese instante los ojos castaños de la Oficial Jenny recuperaron su habitual brillo, y como si se acabara de despertar de un largo sueño, la mujer comenzó a frotarse los ojos antes de darse cuenta de la situación en la que estaba y por instinto se alejó un poco

    — ¿Donde estoy? ¿Y que estoy haciendo? —preguntó Jenny un poco desorientada y tratando de recordar como había llegado a ese lugar

    —Eso no importa, Jenny. Lo importante es que estabas dándome una mamada —respondió Anthony de inmediato, llamando la atención de la mujer, quien lo miraba con un poco de extrañeza y a la vez una sensación de familiaridad.

    — ¿Una mamada? ¿Porque? —preguntó ella de forma adorable, sin duda tratando de asimilar y darle algún sentido a lo que sucedía, lo cual hizo sonreír al chico.

    —Porque la única obligación de una esclava es encargarse de satisfacer a su Amo ¿No lo crees, Jenny? —explicó Anthony con calma, como si aquella situación se tratara de lo más normal del mundo, y en cuanto la palabra «esclava» llego a los oídos de la mujer ella de inmediato lo comprendió todo.

    —Tiene razón, mi Amo. Como su fiel esclava mi única obligación es satisfacerlo, así que por favor disculpe mi torpeza y permítame continuar con mi labor —pidió Jenny con calma, recibiendo una cabezada de asentimiento de parte de Anthony, antes de volver a su tarea.

    Pero a diferencia de antes ahora el trabajo de la oficial era mucho más eficiente y placentero, ya que al estar totalmente consciente de lo que hacía ahora podía usar su lengua a voluntad para proporcionarle al chico el mayor placer posible, y su recompensa fue que en muy poco tiempo el espeso semen del chico inundo su boca por completo.

    —Su semen es delicioso, Amo, quiero más ¡MUCHO MÁS! —suplicó la mujer después de tragarse toda la esencia del chico y relamerse los labios con lujuria, lo cual excito bastante a Anthony, quien estaba a punto de complacerla cuando recordó que Alexa aún estaba en la habitación.

    —Espera Jenny, aún tengo cosas importantes que hacer antes de seguir divertirnos —ordenó el chico dirigiendo su mirada hacia el lugar en donde se encontraba la preciosa castaña de tetas grandes, quien ajena a todo lo que había ocurrido desde la interrupción de Jenny, continuaba en una posición firme y esperando sus órdenes.

    —Como usted ordené, mi Amo —contestó la mujer de cabello azul con devoción mientras veía como él se quitaba el resto de su ropa y se levantaba del sofá en dirección a donde estaba la sexy reportera de Kalos.

    — ¿Puedes escucharme Alexa? —preguntó el chico de cabello negro con suavidad, mientras que su pokémon de tipo Fantasma/Veneno aparecía a su lado, ambos listos para actuar si era necesario.

    —Sí, Amo. Te escucho —respondió la bella reportera con un monótono tono de voz, lo que indicaba que el altercado con Jenny no había influido para nada en el trance hipnótico en que se encontraba.

    —Muy bien. Entonces quiero que me hagas un striptease muy sexy, Alexa, y quiero que sientas que con cada prenda que te quites tu excitación y tu obediencia hacia mi crecen más y más ¿Has entendido?

    —Sí, Amo. Entiendo y obedezco —contestó la joven mujer con una sonrisa traviesa antes de que su manos se movieran para empezar a quitarse su riñonera y ponerla sobre un estante cercano, antes de comenzar a moverse seductoramente y pasar sus manos por encima de sus pechos y desabrochar poco a poco su ajustada camisa, y conforme dicha prenda se iba abriendo era posible ver la suave piel de porcelana de la reportera junto con el sexy sujetador rojo que la mujer usaba.

    Una vez que la prenda cayó al suelo fue cuando los brazos de la reportera comenzaron a bajar lentamente por su delineada cintura y increíbles sus piernas para poder quitarse lentamente sus botas, inclinándose un poco mientras lo hacía con la intención de que sus espectadores tuvieran una privilegiada vista de su trasero, y una vez que lo logro dejar libres sus hermosos pies descalzos. Lentamente Alexa fue levantándose y sus manos llegaron de nuevo a su cintura, ahora para quitarse su pantalón, el cual fue bajando muy lentamente, dejando que el chico apreciara sus blancas y bien torneadas piernas junto con la provocativa braga de encaje rojo que usaba.

    Y cuando la atractiva reportera estuvo en ropa interior ella comenzó a dar vueltas a la sala caminando de puntillas, como si de una bailarina se tratara, y lentamente se deshacía de la prenda que resguardada su ardiente coño y giro un poco para que su trasero quedara totalmente a la vista, pero en lugar de tirar al suelo su prenda íntima la levantó con su mano y la hizo girar en el aire antes de arrojarla a la cara de Jenny, quien con gran excitación tomo la prenda y se llevó a la nariz para aspirar su esencia, mientras que Alexa bajo nuevamente sus brazos para quitarse el sujetador y liberar sus enormes y suculentos pechos talla 100, con unas lindas aureolas rosadas y sus pezones totalmente erectos, una vez desnuda continuo moviendo lenta y sensualmente sus caderas para excitar aún más a sus observadores.

    —Es suficiente Alexa. Ahora ven aquí, preciosa —le indicó Anthony, haciendo que la nativa de Kalos de inmediato detuviera su sensual danza y se acercara a él para fundir sus labios en un lujurioso beso en el que ambos comenzaron a recorrer el cuerpo desnudo del otro sin ningún tipo de pudor, las manos de la reportera recorrían la amplia y fuerte espalda del pelinegro, mientras que el sin ninguna vergüenza acariciaba esos preciosos melones, apenas se separaban lo suficiente para recuperar el aliento y volvían a besarse con mayor intensidad que antes.

    La castaña lo empujo ligeramente haciéndolo caer en el sillón y sin dudarlo ni un segundo abrió sus piernas y se sentó sobre el chico, orientando su miembro hacia su coño, el cual gracias al baile y las caricias previas ya estaba totalmente empapado.

    — ¡Métemela, Amo! ¡Meta su gran polla en mi coño y hágame tuya! —suplicó Alexa con desesperación, así que el no tardo en tomarla de la cintura y cumplió su deseo, comenzando a embestirla mientras tocaba las nalgas de la joven con sus manos y lamía las prominentes tetas de Alexa, sacándole unos deliciosos y obscenos gemidos de placer a la mujer.

    — ¡Amo, eres fantástico! ¡Nunca me habían follado tan rico! ¡SU VERGA ES PERFECTA! ¡LO HE DECIDIDO SERÉ SU ESCLAVA, AMO! ¡UNA ESCLAVA DE TU GRAN VERGA! ¡VIVIRE SOLO PARA OBEDERCELO! ¡HARE LO QUE SEA POR USTED! —gritó la reportera totalmente dominada por el placer y después de unos intensos minutos ambos llegaron al orgasmo

    —Se… siente tan… rico, Amo. Es un… privilegio… tener su semen… en mi coño… Tengo tanta… envidia de Serena —mencionó Alexa de forma débil, pero visiblemente excitada y deseosa de más placer.

    —Me alegro que te gustará, Alexa. Y si eres una buena esclava y me obedeces fielmente en todo está será tu recompensa ¿De acuerdo?

    —Por supuesto Amo. Desde ahora soy de tu propiedad y todos tus deseos serán mis órdenes. Solo existo para obedecerte —respondió ella antes de besarlo nuevamente, la reportera estaba decidida a tener un segundo round, lo cual molesto a Jenny quien también quería ser penetrada por el joven y se levantó para confrontar a la chica.

    —Es suficiente esclavas. Ahora quiero que se pongan de rodillas ante su Amo y contesten a todas mis preguntas con toda la verdad —ordenó Anthony con firmeza y dispuesto a tomar el control de la situación.

    —Sí, Amo. Lo que usted ordené —contestaron ambas mujeres al unísono y de inmediato se colocaron de rodillas.

    —Muy bien, antes de seguir con la diversión hay algo que quiero que me digas Jenny ¿Cuál es la razón por la que me estabas siguiendo? —preguntó el chico con interés, ya que esa información era la razón por la que había esclavizado a la oficial de policía en primer lugar.

    —Hace algunas semanas el famoso casino de Ciudad Mauville fue clausurado debido a la presión impuesta por Wattson, el líder de gimnasio de la ciudad, y quien se encargaba de dirigir la remodelación de la misma —explicó Jenny antes de continuar.

    —Wattson argumentaba que el Casino proyectaba una mala imagen de Mauville y tras muchas discusiones se aprobó su clausura, por lo que parecía que todos los problemas finalmente habían terminado, pero pronto nos dimos cuenta de que había uno nuevo y muy grande.

    — ¿Y eso que tiene que ver conmigo? —cuestionó Anthony después de escuchar con atención el relato, aunque aún sin vislumbrar la conexión que todo eso tenía con él.

    —Cuando realizamos la redada final para cerrar el establecimiento me percaté de que el personal femenino del lugar no parecía tener ningún tipo de reacción ante lo que sucedía, lo cual llamo mi atención. Fue entonces que note que uno de los clientes más frecuentes del casino estaba tratando de llevarse a varias de las chicas con él, pero lo más raro de todo es que ellas no ponían ningún tipo de resistencia, sino todo lo contrario, ya que lo obedecían en todo de inmediato. Lo cual me pareció muy extraño así que logre detener a ese hombre y hacer que todas las chicas me siguieran a la comisaría y fue ahí cuando me di cuenta de que algo andaba muy mal.

    —Sin importar lo que hiciera ellas parecían responder únicamente a órdenes, como si de una especie de autómatas se tratara, y cuando traté de buscarlas en la base de personas desaparecidas de la región no pude encontrar nada, por lo que solo había una conclusión posible: Esas chicas no eran de Hoenn.

    —Al poco tiempo obtuve un permiso especial para llevarme a las chicas a Ciudad Modsdeep y solicitar una reunión con Tate y Liza, los líderes de gimnasio de la ciudad y quienes están especializados en el tipo Psíquico, con la esperanza de que ellos pudieran ayudarme a obtener algo de información acerca de su lugar de origen las chicas y el cómo fue que ellas llegaron a trabajar en el casino… Pero lo que ellos encontraron fue algo sencillamente aterrador —comentó ella, haciendo una pausa antes de proseguir.

    —Después de un exhaustivo exámen ambos hermanos llegaron a la conclusión de que aquellas chicas habían sido sometidas a un fuerte acondicionamiento mental, que por desgracia era irreversible. Por lo que no tenía ningún sentido intentar sacar alguna información de ellas, ya que sus personalidades y recuerdos habían sido completamente aplastados. En resumen, la mente de esas pobres chicas había sido reducida a la de unas esclavas totalmente sumisas y obedientes.

    —Pero antes de retirarme ambos líderes de gimnasio me dijeron que este tipo de acondicionamiento sólo era posible utilizando a un pokémon con extraordinarios poderes hipnóticos, y al cual la víctima estuviera sometida de forma continua durante un periodo de tiempo prolongado. Así que por el bien de las chicas ellas fueron internadas en el manicomio de la ciudad con la esperanza de notar algún progreso.

    — ¿Aún recuerdas como era el aspecto de esas chicas? —preguntó Anthony claramente consternado por aquella revelación, tras lo que Jenny se levantó y sin tardanza se dirigió hacia donde estaban sus cosas, de donde saco una carpeta para dársela al chico y volver a arrodillarse frente a el.

    —En esa carpeta encontrará las fotografías de las 25 chicas que laboraban en aquel lugar, Amo —contestó la oficial mientras que el revisaba aquella carpeta, todas aquellas chicas le eran ligeramente familiares hasta que se encontró con una fotografía que lo conmocionó, se trataba de una linda chica de cabello verde con ojos cafés que no podía olvidar, ya que el mismo fue quien capturó a aquella chica en Kalos.

    «¿Que está pasando aquí? ¿Cómo es posible que ella llegará a Hoenn?» pensó el muchacho alarmado y muy confundido.

    Él sabía a la perfección que Palermo disfrutaba de hipnotizar a prácticamente todas las chicas que hubieran participado en algún Performance, ya que ella lo enviaba a él y a sus compañeros a cazarlas para convencerlas de estudiar con ella, y también sabía que una mínima cantidad de aquellas chicas iban a parar a la colección privada de su tia para convertirse en sus esclavas personales.

    Aunque gracias a ciertos rumores, esparcidos entre sus compañeros, él también sabia que un pequeño grupo de las presas de Palermo abandonaba por completo su sueño de aspirar a ser la Reina de Kalos. Sin embargo ellas seguían trabajando en el mundo del Performance, ya fuera como asistentes, maquillistas o presentadoras, y todas para la agencia de Palermo, en donde recibían salarios miserables.

    Pero aun con esa información había algo que no cuadraba: Ya que una parte considerable de aquellas chicas no terminaba ni en su colección privada ni trabajando para ella ¿Entonces qué sucedía con ellas?

    Ninguno de los cazadores de Palermo, incluyéndolo a él, tenía una idea muy clara sobre las intenciones reales de la productora y la única posible excepción eran los Royal Knights, un escuadrón de élite que estaba directamente al servicio de su tía. Aunque la nueva información que estaba recibiendo lo estaba haciendo pensar en una posibilidad que no le agradaba para nada, una que nunca había considerado y que era muy baja incluso para Palermo.

    — ¿Encontraste alguna información sobre la procedencia de aquellas chicas? —preguntó el pelinegro con algo de miedo, sin embargo necesitaba comprobar o descartar aquella aterradora hipótesis lo más pronto posible,

    — Sí Amo. Revisando cuidadosamente los escasos documentos que aún había en el casino logre corroborar que aquellas chicas no eran de Hoenn y que ellas habían sido traídas de otra región. Sin embargo poco antes de la clausura del casino sus dueños se dieron a la fuga y desaparecieron por completo, de forma no podíamos obtener ninguna pista de ellos. Pero sin duda ellos debieron de intuir que en algún momento nos daríamos cuenta del estado de las chicas y buscaríamos información acerca de su procedencia ya que casi todo el papeleo referente a las chicas fue destruido.

    —Espera Jenny ¿Dijiste casi? —pregunto Anthony con desesperación, ya que hasta ese momento la explicación de la oficial no parecía conducir hacia ningún lado.

    —Así es, Amo. En unos documentos pude hallar unas vagas referencias hacia una «Condesa» y tambien al pokémon legendario Xerneas, lo cual me llevo a pensar que el origen de todo estaba en Kalos, ya que junto con Sinnoh no solo es la única región que aún conserva los títulos nobiliarios, sino que es la única en donde puede ser hallado el pokémon de la creación.

    —La hipótesis a la que llegue es que acababa de descubrir a una peligrosa red de tráfico de esclavas que tiene su base en Kalos y que a partir de ahí operaba en Hoenn, por eso es que solicite una lista de todas las personas provenientes de Kalos que hubieran llegado a nuestra región en el último año.

    —En aquella lista aparecía usted, unas jóvenes chicas llamadas Serena y Shauna, esta última acompañada de sus familiares, la señorita Alexa, unos cuantos entrenadores y el Campeón Steven Stone. Es por eso que decidí vigilarlos en espera de que alguno de ustedes me llevaran a una pista —terminó de explicar la oficial.

    Mientras tanto Anthony se quedó helado al escuchar eso, era cierto de que él y sus compañeros habían escuchado ciertos rumores acerca de que Palermo permitía cierto nivel de acceso a las chicas que estaban bajo su tutela a cambio de fuertes sumas de dinero, pero a él nunca se le pasó por la cabeza que aquellos rumores no sólo resultarán ser ciertos, sino que estaban a un nivel completamente diferente.

    Fue entonces cuando Anthony recordó los comentarios que su tía le hizo cuando le asigno la misión de capturar a Serena: «Ella no terminará vestida de croupier en un casino, no te servirá tragos vestida de Loppuny, no terminara como una maid y ni sueñes que ella terminará como tu bailarina nudista. Ella será la sucesora de Aria como la Reina de Kalos»

    En aquella ocasión el sólo le prestó atención a la última parte, ya que estaba convencido de que la intención de Palermo para decirle esas palabras era la de evitar que jugará demasiado con Serena, ya que esas justamente eran las fantasías que cualquier hombre hubiera tenido con una belleza como ella bajo su control, por lo que nunca se cruzó por su mente que Palermo estuviera diciéndolo en serio.

    Palermo, su tía, la única familia que tenía. Desde que era pequeño Anthony siempre notó que ella era una persona bastante fría y despiadada, especialmente con él. Pero en esos momentos pudo darse cuenta de que la productora era mucho más despiadada de lo que él jamás creyó.

    Él no era una persona muy moral, ya que al igual que ella, el había hipnotizado a varias chicas a lo largo de su vida, e incluso había llegado a tener sexo con algunas de ellas antes de someterlas. Pero a pesar de todo él nunca se atrevió a hacer algo que las lastimara o que ellas no desearan, por lo que las acciones de su tía eran imperdonables incluso para él.

    Sin embargo había algo más que le preocupaba. Ya que los nombres que Jenny le mencionó le eran ligeramente conocidos, y fue después de algunos momentos cuando recordó que en el bajo mundo de Kalos existían algunos rumores acerca de una tal «Condesa de Xerneas», sin embargo todo el mundo creía que aquel era el alias de algún integrante que pertenecía al extinto Team Flare y que deseaba revivir a la organización criminal.

    Pero para el eso no tenía ningún sentido… Ya que gracias a las conversaciones que tuvo con Serena acerca del incidente del Team Flare, el sabía a la perfección que aquella organización no tenía el más mínimo interés en el bienestar de las personas. Ellos solo deseaban crear un mundo mejor y fue Lysson quien decidió que la mejor manera para hacerlo era destruyendo a la humanidad. De forma que la misteriosa «Condesa de Xerneas» no podía ser una integrante del Team Flare…

    De hecho el único nexo que las chicas tenían en común era ser provenientes de Kalos y haber sido performers, por lo que todo aquello era demasiado conveniente para tratarse de una simple coincidencia: El estaba casi seguro de que Palermo era la Condesa de Xerneas

    —Y aparte de ti y de esos hermanos ¿Quien más sabe de esto? —preguntó el chico al terminar de reflexionar sobre la información que acababa de recibir, y aunque su idea tenía bastante sentido, por el momento solo era una idea, ya que necesitaba de pruebas que lo confirmaran.

    — Nadie más, mi Amo. La investigación está clasificada como súper secreta y mis superiores esperan a que obtenga más información antes de poder tomar acciones. Además los líderes de Mosdeep me prometieron mantener cualquier información de esas chicas fuera del alcance público.

    — ¿Escuchaste todo, Alexa? —preguntó el chico un poco más aliviado de que las únicas personas al tanto de sus suposiciones estuvieran en aquella habitación.

    — A la perfección, mi Amo —contestó la aludida.

    — Muy bien, a partir de ahora ustedes no sólo serán mis sexys y obedientes juguetes sexuales, también trabajaran para mí; Jenny necesito que te dediques a esta investigación con aún más empeño que antes y que me informes periódicamente de todos tus avances y si es necesario viajaras a otras regiones ¿De acuerdo?

    —Sí, Amo. Así lo haré —respondió la oficial, quien a pesar de estar hipnotizada aún conservaba su gran espíritu de justicia.

    —Alexa, tu volverás a Kalos con Serena y conmigo, y cuando estemos allá quiero que pidas una licencia en tu trabajo y te dediques a investigar a fondo la productora del Performance Palermo. Busca cualquier tipo de relación que exista entre ella y la Condesa de Xerneas y si encuentras alguna conexión quiero que se lo informes a Jenny de inmediato. Y si alguna de las dos llega a encontrar alguna prueba incriminatoria en mi contra la destruirán de inmediato ¿Entienden?

    —A la perfección, Amo. Sus deseos son nuestras órdenes —recitaron ambas mujeres con convicción.

    —Excelente. Y ya que ahora tendrán que trabajar juntas en esta misión es crucial que ambas se vuelvan lo más unidas posible y me parece que tener un poco de sexo lésbico para su Amo las ayudara a volverse mucho más cercanas.

    —Sí, Amo. Haremos todo lo que usted ordene —respondieron ambas mujeres a la vez, sonriéndose mutuamente antes de empezar a besarse con lujuria.

    Por su parte Anthony estaba feliz, no sólo por el sexy espectáculo que aquellas hermosas mujeres le estaban dando, sino porque si sus sospechas resultaban ser ciertas finalmente habría adquirido una ventaja en aquel intrincado juego. Una que no solo podría ponerle fin al cruel reinado de su tía sino que le permitiría salvar al único y verdadero amor de su vida al mismo tiempo.

    Continuara…