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  • La noche no termina aún para los cuatro

    La noche no termina aún para los cuatro

    Abrazada a mi, le chupabas su pene a Manuel, saboreando su recién corrida en ti. Él la tenía ya muy dura, ancha, sus venas se marcaban en varias partes y me decías que te había gustado la forma que te había cogido, mientras seguías lamiendo su tronco que ya sacaba gotas de nuevo en su punta. A Laura la estabas masturbando con tu mano, ella nos observaba mientras se sentía cogida por tus dedos y él acariciaba tu espalda, hasta llegar a tu cadera y meterte un dedo en tu culito. Tú me decías que ya lo sentías jugando con tu orificio. Ella se acercaba a nosotros, se unía a ti para lamerle el pene a Manuel y besarnos los tres. Tú le chupabas sus testículos, mientras ella la punta. Todo esto, mientras seguías cogiéndote mi verga amor, restregándote en ella, corriéndote, mojándome con frecuencia. Te incorporaste un poco y así te metiste todo el pene de Manuel en la boca. Laura y yo nos besábamos.

    Le sujetabas a Manuel por sus testículos y lo llevabas hasta tu garganta, metiendo todo su largo y duro pene en tu boca. Yo sentía en mi pene las contracciones de tu cuerpo al sentir pasar su verga por tu garganta. Lo deseabas mucho. Mientras hacías eso, ella se levantó y se prendió a mamar tus senos, tú le sujetabas la cabeza para que se lo metiera todo y dirigir su boca hacia el otro pezón. Me mojabas mucho con tus continuas corridas. Se te iba la vida en chuparlo y cogerte mi verga.

    Laura te abrazaba y con una mano ahora ella te metía sus dedos en tu culito. Buscaba ella tu boca y le compartías de la verga de Manuel. Yo las veía acostado boca arriba, y era muy excitante observar la forma que le chupaban la verga a Manuel, se besaban entre ustedes dos y volvían a comerse ese duro miembro. Ella se regresó a chupar tus senos, y entonces jalabas a Manuel hacia ti para besarle y pedirle que te cogiera, junto a mi, tu vagina.

    Te recostaste en mi, Laura se hizo a un lado y Manuel se pasó detrás de ti. Acomodamos las piernas, él se ubicó y empezó a rozar tanto mi verga, como tu culito y vagina con la punta de su pene. Laura se incorporó para verlo todo y mientras te acariciaba la espalda, tocaba uno de tus senos, te pegaba los suyos y veía como él frotaba su duro pene sobre ti, a lo largo de la línea que divide tus nalgas. Tú y yo nos besábamos.

    De repente puso más presión en tu vagina, junto a mi pene y empezó a meter la punta, lo que te generó un sobresalto especial de tu parte, que ya he visto antes, avanzando su grueso miembro dentro de ti. Yo sentía más comprimido el espacio, y se detuvo un poco. Tú respirabas agitada, pero a la vez muy muy excitada, sintiendo lo rico de tener dos vergas en tu vagina.

    Tú cara era de disfrute total y empezaba Manuel a empujar en ti y a moverse. Ya no supimos nada de Laura. Te excitaba tanto sentirte llena que te corrías continuamente y él empujaba en ti. Extendiste tus brazos para apoyarte en mis hombros y poder empezar a empujar tu cadera hacia nuestros penes, era evidente que lo gozabas.

    La fricción de su verga contra la mía, lo excitante del momento, tu forma de sentirte invadida por dos penes, todo era delicioso, sensual, súper intenso. Él empezó a acelerar sus empujones en ti. En pocos momentos, a cada empujón venía una corrida tuya, y te hacía gemir riquísimo. Era electrizante.

    El ritmo que le iba poniendo Manuel era más intenso. Tu cuerpo temblaba, se estremecía todo. Tus senos estaban turgentes, llenos, tus pezones erectos y duros. En tu interior yo lo sentía entrar y salir a todo lo largo… Era una sensación de deseo, total, intensa. Manuel te sujetaba de tus caderas y empezó a cogerte con mayor intensidad, precediendo su corrida. Entonces él te preguntó que si así era como querías hace rato, cuando te estaba cogiendo él y le dijiste que querías una doble penetración… y tú sólo asentías, estremeciéndote toda.

    Te veías bella, intensa, plena, gozando de tener las dos vergas en tu ardiente vagina. Te agachaste a besarme. Eran besos muy especiales, de deseo, de gusto, de lujuria. Mi verga se desplazaba en ti por los empujones que Manuel te daba. Me acercaba a tu oído y te preguntaba si lo disfrutabas y por respuesta me besabas diciendo entre jadeos que sí. Que lo deseabas mucho y que lo estabas disfrutando enormidades. Te incorporaste otro poco, Manuel subía y bajaba el ritmo. Tus orgasmos se repetían uno tras otro, mojándonos, los espasmos de tu cuerpo eran más intensos cada vez.

    Yo aprovechaba para tocar tus senos, apretar tus pezones, todo te generaba más descargas. Él te sacudía con cada embestida de su verga que estaba cada vez más dura. La sensación de estar dentro de ti y mientras que te cogiera otra verga era deliciosa y súper excitante. Entonces, regresó Laura, se subió a la cama por nuestras cabezas, acercó un consolador a tu boca. Tú tenías los ojos cerrados, al sentir la punta, los abriste y vimos que tenía puesto ella un arnés con el consolador montado. Entonces abriste los labios para recibirlo para devorarlo todo.

    Podía yo sentir tu excitación en aumento. Verte así, sentir todo, me hizo eyacular en ti. Tu vagina se contraía acompañando otro más de tus orgasmos. Mientras Manuel te cogía intensamente por tu vagina y ahora Laura lo hacía con el consolador por tu boca, mi pene iba perdiendo tensión y tamaño y el de Manuel se hinchaba anunciado su corrida.

    Te tocó la cadera, volteaste a verle sin soltar la punta del consolador con tus labios, te preguntó que si se venía adentro, asentiste y empezó a correrse dentro de ti, lo que te provocó otro orgasmo más, que te dobló los brazos y te hizo caer en mi cuerpo, mientras que seguías con los estertores de la corrida intensa y siendo penetrado a fondo por Manuel.

    Respirabas con intensidad, gemías a más no poder y me dabas ligeros besos y susurrabas algo, que no alcanzaba a escuchar. La verga de Manuel no se rendía y volvió a empujar, tú te dejabas hacer y mi pene se salió mojado de nuestras corridas. El levantaba tu cadera y se agachó a lamer tu vagina. Te lamía toda, incluso hasta tu culito, lo que te hacía reaccionar un poco, ya que te gusta que te laman tu culito. Tú te separaste tus nalgas con las manos para que pudiera hacerlo mejor.

    Me besabas y me decías lo rico que te estaba lamiendo y lo mucho que te hacía gozar con su verga. Te pregunté que si más que Eduardo (un amigo de muchas experiencias previas), y después de un suspiro profundo y un «uffff» decías que diferente.

    Me comentaste que te estaba tocando de nuevo además de lamerte toda. Él se acostó sobre tu espalda, llevó sus dedos mojados de ti a tu boca y te los dio a probar. Lo hiciste con intensidad y deseo, me estabas dando un beso en la boca para compartir conmigo el sabor de la corrida, Manuel se levantó y de un solo golpe te volvía a ensartar su pene tieso por tu vagina.

    Te dejaste hacer todo, el té cogía fuerte, intensamente como al terminar de cogerte al principio. Te sujetabas de mí y empezaste a correr de nuevo. Tus senos se frotaban con mi cuerpo en cada embestida. Su duro pene te taladraba toda y te hacía correrte de nuevo intensamente. En un momento, el empujó profundamente en ti, ya no te preguntó y volvió a descargar su semen en tu vagina con un fuerte alarido de esta última corrida en ti. Salió de ti, se abrazó a Laura y se acostaron a nuestro lado.

    Tu sudabas copiosamente, descansando sobre mi cuerpo, cogida intensamente, llenita de semen varias veces en tu vagina, y tratando de recuperar tu respiración mientras Laura te acariciaba la espalda.

  • ¿Quisieras follarte a mi esposa?

    ¿Quisieras follarte a mi esposa?

    Volví del trabajo a casa, un viernes en la tarde, con la intención de hacer algo diferente el fin de semana, pero sin una idea clara al respecto.  Encontré que mi esposa se había arreglado el cabello y maquillado como para una ocasión especial, pero no manifestó ninguna intención en mente con el transcurrir de los minutos. Pensé que esa era una forma de sugerir que saliéramos o hiciéramos algo diferente aquel día y esperé para ver si algo me decía, pero pasó el tiempo y no fue así.

    De modo que fui yo quien, ya entrada la noche, pregunté el motivo para que ella se hubiese arreglado de esa manera. Me dijo que su amiga Sonia había pasado a saludarla y que le había pedido que la acompañara al salón de belleza, así que, estando allá, había aprovechado para arreglarse, ya que hacía días que no iba por allí. Le manifesté que tenía ganas de hacer algo, pero que no tenía nada en mente.

    Ella me sugirió, entonces, que, si quería, podíamos ir a escuchar música y a bailar un rato, si a mí me apetecía. Moví mi cabeza de lado y lado, como vacilando, porque el baile no es mi fuerte y no me gusta ir a sitios donde haya mucho ruido y música a todo volumen. Sin embargo, el tema de escuchar música sí me llamó la atención. Pues, sí, dije. Alístate, entonces, pero apurémonos, porque ya va siendo tarde para salir. ¿Tarde? Dijo. No. Es a esta hora que empieza la vida nocturna.

    No tardó mucho en estar lista. De hecho, se visitó para la ocasión, aunque un tanto informal, utilizando una corta falda negra, una blusa roja con escote y zapatos negros de fiesta, de tacón alto. No tardamos mucho en llegar a un lugar, de antemano conocido, donde interpretan música de jazz en vivo. El sitio estaba concurrido, cálido y con buen ambiente, así que fue fácil acomodarnos y disfrutar de la presentación del grupo que allí tocaba. Pedimos una botella de vino y unos pasabocas para pasar el rato allí.

    La música sonaba bastante bien y estábamos realmente entretenidos con el espectáculo. La mayoría de asistentes escuchaba la música, conversaba, aplaudía y pedía melodías que el grupo interpretaba para complacencia de todos. Parecía que la estábamos pasando bien, pero, pasado el tiempo, Laura empezó a mirar a un lado y otro, como esperando a alguien, lo cual me causó curiosidad y me atreví a preguntar. ¡Oye! ¿Esperas a alguien? No, respondió. ¿Por qué preguntas? Replicó. Pues, porque he visto, desde hace un rato, que miras insistentemente hacia la puerta, como si estuvieras buscando a alguien. No, dijo, para nada.

    Permanecimos allí, casi que, en silencio, porque el volumen de la música no daba oportunidad para hablar y, además, las melodías que interpretaban eran pegajosas y hacía que la gente estuviera entretenida y disfrutara del ambiente. Pero, Laura, pese a lo que me había dicho, seguía mirando insistentemente hacia la puerta, como buscando a alguien o reparando en alguien entre la multitud. No volví a preguntar, pero me quedé atento a detallar cuál era el objeto de su atención.

    Pasados unos minutos pude darme cuenta que ella se fijaba en un hombre joven, de tez trigueña, bastante bien vestido en verdad, que destacaba entre quienes estaban allí y que al parecer estaba solo, sin compañía. Creí que, quizá, era propietario del sitio o tenía que ver algo con el negocio o con los músicos, o estaba esperando a alguien, o se había citado con alguien y le habían incumplido, porque salía y entraba repetidamente del lugar, sin fijarse en tener o no acomodo dentro del recinto.

    El muchacho, para que, estaba guapo. Un hombre bien puesto diría ella, y creo que así lo estaba pensando. Dejé pasar el tiempo para ver como ella seguía los movimientos de aquel con interés, así que me vino a la cabeza la idea de que ella se había fijado en él y soñaba despierta con tenerlo cerca para conocerle, conversarle y quien sabe que más, así que osadamente apunté: Se te despertaron los “arrechocitos”, ¿verdad? Como así, dijo ella, ¿por qué? Pues porque te llevo detallando hace más de una hora y no le quitas el ojo al muchacho de la chaqueta café y buzo rojo. ¿Es que te gusta? Es un hombre atractivo, contestó. Bueno, y quisieras conocerle, ¿no es cierto? Me miró unos instantes y respondió. ¿por qué no?

    Me levanté, entonces, dirigiéndome hacia la puerta, a su encuentro. Hola, saludé, haciéndome el indiferente y saliendo fuera del lugar. El hizo lo mismo. Y estuvo allí, en la puerta, al lado mío, mirando el movimiento de la calle. ¡Oye! Llamé su atención y me atreví a preguntar; ¿Trabajas aquí? No, contestó, ¿por qué? Simple curiosidad, le respondí. Estoy con mi esposa en una mesa que queda casi en frente de esta puerta y te hemos visto entrar y salir, varias veces, así que pensamos que eras parte del grupo musical o estabas relacionado con el negocio. No, contestó riéndose. Quedamos de pasar el rato aquí con un amigo, pero a última hora no pudo venir. Y ya, estando acá, pues decidí quedarme un rato.

    Pero no te vemos acomodado en ninguna parte. ¿Vas a estar así toda la noche? Es que, la verdad, no me gusta sentarme solo, y además ocupo espacio que de pronto necesiten para atender a alguien que si vaya a consumir. Yo estoy aquí solo por escuchar la música. Ah, entiendo. Y ¿le gustaría sentarse? Pues, con este frío, a veces me dan ganas, pero como no estoy consumiendo, mejor me mantengo en movimiento. ¿Le gustaría acompañarnos en la mesa? ¡Le invito un trago! Me detalló de arriba abajo, como sorprendido y me respondió, ¿por qué no? Gracias.

    Lo invité, entonces, a que me acompañara, llegando con él a la mesa donde se encontraba mi esposa. Buenas noches, le dije a ella, le presentó a un amigo. Buenas noches, dijo el saludándola amablemente, Camilo. Buenas noches, dijo ella, Laura. Me lo traje para acá porque lo vi parado allí, como desplazado pidiendo limosna, de modo que sentí la necesidad de dar de beber al sediento y hacer la buena obra del día. No, para nada dijo él sonriente. Le agradezco la atención. Bueno, ¿qué se toma? Nosotros estamos tomando vino, porque el plan era escuchar música y pasar un rato aquí, pero a usted lo veo en plan de acción, así que le gustará algo más fuerte. Le acepto un ron, si no es molestia contestó. Tranquilo. Sus deseos serán satisfechos. ¿Qué tipo de ron? Bacardí. ¿Solo o michelado? Michelado. Bien. Voy por el pedido.

    Intencionalmente me dirigí a la barra para dejarlos solos y ver desde la distancia qué pasaba entre ellos dos. Pedí media botella de Bacardí Limón, y pedí que me prepararan un trago michelado para llevar a la mesa, pero, mientras esperaba, no observé que sucediera nada particular entre ellos. Si vi que Laura había entablado confianza con él, porque parecía charlar amistosamente e imaginé que ya le estaba averiguando su vida, obra y milagros.

    Volví a la mesa y, no obstante, sonar la música, ellos parecían conversar animadamente, lo cual hacía que, al hablar, cada uno de ellos se tuviera que acercar al oído del otro para poderse comunicar en aquel ambiente. Y yo, la verdad, no podía escuchar muy bien lo que hablaban. Al parecer el muchacho era músico, estudiante de música o conocía de música, porque la conversación giraba sobre ese tema, pero yo no podía captar muy bien lo que hablaban. Yo estaba en un extremo, él, en el otro, y Laura en la mitad de los dos.

    Habrían pasado dos tandas de música cuando ella me dice. Oye, ¿porque no vamos a otro sitio? ¿A dónde? Repliqué yo. No sé. Este lugar ya está cansón. Bueno, pues dime para donde. Vamos a bailar un rato, como para cambiar de ambiente. Pero, ¡fíjate la hora! Es solo un rato, contestó. Okey, dije, entonces despídete y vamos, pues. Había pensado que Camilo nos acompañara. Ummm, pensé, ya me zafaron del programa. ¿Y eso? Pregunté. A él le gusta bailar, me respondió, así que pensé que nos podía acompañar. Y él ¿está de acuerdo? Si, contestó ella. Entonces, voy a pagar, apunté. Espérame afuera y ve preguntando dónde hay un sitio al que podamos ir a esta hora.

    Cuando salí a la puerta, después de cancelar la cuenta, los encontré charlando. ¿Ya averiguaste? Si, me dijo, señalándome ahí mismo, en la esquina siguiente. Entonces vamos, dije, poniéndome en marcha. Y ellos me siguieron hasta llegar a Cabaret, que así se llamaba el lugar, un sitio donde colocaban música crossover y que se veía bastante animado, no obstante que ya eran casi las 2 am. Y la verdad, supuse que aquello iba a ser un ratico.

    Nos acomodaron, pedimos bebidas, nuevamente un trago de Bacardi para él, un trago de Vodka para mí y una botella de agua para la señora. Ni siquiera habían traído la orden cuando aquellos dos ya estaban probando la pista de baile. Para mí, aquello no es novedad, porque a Laura le encanta bailar y más si su parejo le sigue el paso y la mantiene entretenida. Y, en realidad, eso estaba pasando. Aquel joven bailaba con ritmo y llevaba el control del baile de manera notoria, de manera que ella estaba encantada, además que movía un poco las piernas después de haber estado sentados por casi cuatro horas.

    Me quedé solo en la mesa, observando la actividad del lugar y los movimientos de aquellos dos, porque no volvieron a la mesa. Los ritmos de la música eran variados e igualmente la forma de bailar, así que vi como bailaban sueltos, bailaban pegados, bailaban lento, bailaban rápido, bailaban de todas formas y se veía que la pasaban bastante bien. A Camilo, al parecer, se le había arreglado la noche. Igual que a Laura, que parecía no querer parar de bailar.

    Pasaron cuatro tandas de música antes de tomarse un respiro. Llegaron a la mesa, se acomodaron, probaron sus bebidas y se dispusieron a descansar un rato. ¿Cómo la están pasando? Pregunté. Bien, dijo Camilo, su esposa baila de maravilla. Y… tú no te quedas atrás, dijo ella. Gracias, respondió. Y añadió, les pido un permiso, mientras se levantaba de la mesa… voy al baño. Vaya tranquilo, dije. Y nos quedamos allí, solos, con mi esposa, viendo como se alejaba de nosotros. Bueno, hasta qué hora va la faena, pregunté. Ya es tarde. Son casi las 3:15 am. Un rato más dijo ella. Bueno, dije. Y ¿qué tal el parejo? Dije. Super, respondió ella. Bien… solo atiné a decir.

    Cuando Camilo volvió empezó a sonar la música de nuevo, y ellos, de inmediato, se dirigieron a la pista. Quizá por la hora, los ritmos se tornaron más lentos, baladas románticas y boleros, de modo que aquellos se juntaron y pareciera que no se movían, sino que mecían sus cuerpos al compás de la música. Al poco rato, ellos estaban de nuevo en la mesa. Se notaba un aire de involucramiento y complicidad en ellos, pero al acomodarse, ella se sentó a mi lado, dejándome a mí frente a frente con Camilo. Yo ya intuía lo que pasaría a continuación, pues ya había pasado por situaciones parecidas, pero estaba dubitativo porque no habíamos hablado no acordado nada con ella sobre el particular.

    Sin embargo, las miradas de ella hacia él y de él hacia ella, hablaban por sí solas. Así que, siendo un poco osado, me atreví a decir, Camilo, ¿te gustaría follarte a mi esposa? Y, de inmediato, aquel respondió; si usted y ella están de acuerdo, me gustaría compensarla por lo bien que me ha hecho sentir esta noche. Y tú ¿te gustaría follarte a Camilo? Pregunté. Me encantaría, respondió ella. Bueno, dije, no perdamos tiempo. Vamos antes de que se enfríe la cosa. Gracias dijo ella, dándome un beso.

    Pagué la cuenta y nos apresuramos a salir de aquel lugar. Fuimos a buscar mi automóvil y, como siempre opera en estas circunstancias, él y ella se acomodaron en los puestos de atrás para ir preparando el escenario sexual que se avecinaba y no dejar pasar la excitación del momento. Y yo, mientras, me apresuraba a conducir hasta el lugar donde aquella aventura de fin de semana iba a tener su clausura. Durante el recorrido aquel no dejó de toquetear y besuquear a mi esposa por todas partes, acción que le era correspondida por ella de igual forma.

    Menos mal no estábamos lejos del sitio donde aquel deseo se iba a consumar. Ingresamos al lugar y tuvimos acceso con mi vehículo al reservado asignado. No más llegar, ellos se apresuraron a bajarse y subir las escaleras hacia la habitación. De manera que, al ingresar yo al recinto, ya ella le había bajado sus pantalones y chupaba con deleite su enorme y erecto pene. El tan solo permanecía recostado a la pared, permitiendo que mi esposa degustara de él a su antojo.

    Pasado un rato ella, llevada por la excitación y la calentura, procedió a desnudarlo, descubriendo, poco a poco, un cuerpo atlético y bien formado, quizá trabajado con ejercicio en gimnasio. La verdad es que el interés y curiosidad de ella por él, aquella noche, bien había valido la pena. Y mucho más el aprovechar la oportunidad de que este hombre, más joven que ella, hubiera aceptado compartir con ella esta aventura de fin de semana. Una vez desnudo, él no tuvo que hacer nada; ella misma se apresuró a despojarse de la ropa para quedar en igualdad de condiciones con su macho. Tan solo se dejó los zapatos puestos para quedar un tanto igualados en altura con él.

    Permanecieron desnudos, de pie, abrazados, al borde de la cama, besándose con inusitada pasión, mientras sus manos exploraban el cuerpo del otro con curiosidad. Mi esposa no soltaba el erecto miembro de aquel, que frotaba delicadamente sin parar, tal vez para que no fuera de disminuir su dureza y disposición. El, entonces, empezó a avanzar, empujándola a ella hacia atrás hasta tropezar con el borde la cama y obligarla a sentarse y caer de espaldas sobre ella. Camilo se arrodilló en medio de sus piernas, las cuales separó a lado y lado, y se dispuso a lamer su sexo con la lengua.

    Lo hacía muy hábil y delicadamente porque bien pronto Laura empezó a contorsionar su torso, y a gemir, primero tímidamente, y luego más fuerte, mientras sacudía su cabeza de lado a lado. Era evidente que estaba experimentando sensaciones fuertes a medida que Camilo exploraba su sexo con su lengua e introducía magistralmente sus dedos dentro de la vagina de mi mujer, quien estaba encantada con aquello.

    El, pasados unos instantes, consideró que ya era tiempo y cubrió con su cuerpo el cuerpo de mi excitada esposa, introduciendo sin ninguna dificultad aquel duro y enorme miembro dentro de aquella vagina que lo recibió con deseo. Se veía diminuta mi mujer debajo de aquel macho, y su miembro, bombeando dentro de aquella parecía no caber en su totalidad. Ella, excitada como estaba, solo atinaba a mover sus piernas arriba y abajo al compás de las embestidas de aquel mientras ella gemía y gemía de placer, sin cesar.

    Camilo, de verdad, quería que aquel encuentro fuera inolvidable para ella, así que bien pronto propició un cambio de posición. Mamita, ¿te gusta lo que estás sintiendo? Te quiero penetrar desde atrás. ¿Me dejas? Si, dijo ella, acomodándose de rodillas sobre la cama, apoyada en sus manos, en posición de perrito, mientras él procedía a ensartarla desde atrás y embestirla repetidamente con todo el vigor. Ella empezaba a gemir nuevamente y elevar el volumen de su voz a medida que la intensidad de las sensaciones aumentaba.

    Camilo la tumbó sobre la cama, de medio lado, y siguió penetrándola desde atrás, sin parar con sus embestidas, susurrándole al oído, mamita, yo sabía que, si, así como bailabas follabas, con seguridad la iba a pasar muy bien. Y la verdad, la estoy pasando muy rico. Me encanta tener mi verga dentro de ti. Se siente calientica y húmeda, y veo que tú no quieres que yo la saque ¿verdad? No, sigue así que te siento rico. No pares, decía ella.

    Ahora él toma una de sus piernas y la manipula para que ella quede acostada de espaldas y él, de rodillas frente a ella, empujando mientras abre y balancea sus piernas al vaivén de sus embates. Ella esta excitadísima. Se revuelca, se acaricia sus senos y gime, hasta que ya no aguanta más y explota en un grito continuo y profundo, mientras aquel, impávido, continúa su labor, taladrando sin parar el excitado sexo de mi excitada y exhausta esposa. Déjame descansar un ratico, suplica ella.

    Camilo se recuesta sobre ella y la besa, sin sacar su miembro de su cuerpo, que aún está pendiente por explotar. Ella acepta sus besos y parece desfallecer, pedir aire y descanso. El entiende y saca su miembro, recostándose a un costado de ella, pero sigue acariciando su cuerpo y especialmente sus senos con sus manos. Yo todavía no he llegado, le dice. Tranquilo, le dice ella, ya vas a llegar. Espérame un rato, dice, y sigue masajeando con sus manos el miembro de aquel, que parece no descansar.

    Pasan unos minutos y ella, abriendo sus piernas le dice, bueno, dale hasta que te vengas. Y él, envalentonado con esa invitación, procede a colocarse encima de ella, penetrarla y empezar a bombear. Ella, sin pasar mucho tiempo, empieza a gemir de nuevo. Mamita, sabes qué, déjame venirme penetrándote desde atrás, ¿sí? Dale, dice ella, acomodándose en posición de perrito. Camilo, entonces, se acomoda detrás de ella, la penetra y le pide que junte sus piernas, y ella así lo hace. El, ahora, acelera las embestidas y masajea sus senos desde atrás, procurando llegar a su clímax y descargar todo su contenido.

    Poco después, sin dejar de bombear, se nota que va llegando el momento y, al hacerlo, saca su miembro de la vagina de mi esposa y riega su contenido en su espalda, que queda salpicada con el viscoso y lechoso líquido que estuvo guardado en el interior de aquel. Camilo le pide a ella que se voltee y le regale una última caricia con su boca, y ella, complaciente lo hace, llevándose aquel miembro aún erecto a su boca, limpiándolos restos de semen que aun gotean en la punta del glande. Una vez lo hace, Camilo la besa delicadamente y por un eterno rato. Su miembro ya ha descansado y la luz del día ya se asoma por las ventanas de aquel cuarto. Ha sido una noche entretenida, inesperada, pero muy excitante.

    Bueno, ya es hora, digo yo. Creo que ya es suficiente ¿O, no? Yo si necesito descansar, dice mi esposa. Espero que te haya gustado, dice Camilo. Si, responde ella, lo disfruté mucho y no lo voy a olvidar en muchísimo tiempo. Nunca antes me había sentido así. Lo hiciste súper. Gracias. Laura, usted también lo hace muy bien. Uno se esmera cuando está motivado y usted supo ponerme a mil. Y tampoco se me va a olvidar. Situaciones como estas no se dan todos los días. ¡Bendito sea Dios!

    Y con esa última expresión de agradecimiento por los favores recibidos de tan inesperada aventura, nos despedimos. Camilo, sin embargo, no dejó de agradecer la oportunidad y de despedirse de mi esposa con un largo beso y abrazo, que por poco sugiere el preámbulo de un nuevo encuentro sexual, pero ya las cosas estaban definidas. Gracias, que te vaya bien… y así nos despedimos, finalizando así el deseo de haber querido hacer algo especial aquella noche.

  • La revancha (7): Empieza la carrera; zarzas, látigo y pánico

    La revancha (7): Empieza la carrera; zarzas, látigo y pánico

    Abro la puerta, tumbada en la cama miras nerviosa, inquieta, te muerdes los labios, ha llegado el gran momento. Junto a Eva, también entra Nuria, joven, hermosa, sensual, suavemente maquillada y con la fusta en la mano. Te acercas a ella, tragas saliva, os miráis y os fundís en un abrazo, tu desnudez contrasta con su vestido rojo, ajustado e impecable. Una vez os separáis coges aire y dejas que te ponga tu collar con la herradura de plata, engarza la correa y te saca al pasillo, en aquel momento de la habitación de al lado salen Yoha y Zuleia. No puedes evitar abrazarte a ella, también ella se abraza a ti, os besáis, os deseáis suerte, dentro de unos minutos seréis rivales, pero ahora solo sois dos amigas, dos yeguas a punto de intentar superar la prueba más salvaje y cruel que os podéis imaginar.

    Nuria y Yoha, os dejan estar unos minutos juntas, tras un último beso, os separáis con lágrimas en los ojos, y sumisas seguís las correas de vuestras dueñas. Por una zona interior os llevan hasta el establo, Antonio os sonríe, como veterinario va a hacer las ultimas comprobaciones, va tocándote, mirándote, separa tus nalgas, levanta tus patas, mira tus pies, comprueba tu boca, al final te da un par de palmadas en el culo y mirando a Nuria le dice que su yegua está en perfectas condiciones. Minutos después también Zuleia supera la visita, sin ningún problema.

    En una mesa, hay algo de comida y bebida, coméis un poco, no mucho, ambas tenéis un nudo en el estómago, los nervios a flor de piel os hacen temblar, sudar, respirar agitadamente, Yoha y Nuria os enseñan un rincón, os ordenan que vayáis allí y agachadas sobre unos periódicos viejos vaciéis vuestros vientres, te cuesta hacerlo delante de las cámaras, sonrojada aprietas todo lo que puedes mientras no dejan de grabarte, pasan unos minutos eternos hasta que un plop sonoro te hace sonreír, miras a Nuria, ella te levanta una pata y con un trapo va limpiando tu culo. También Yoha limpia a su animal.

    Tiran de vuestras correas y os enseñan vuestros sulkies, limpios, brillantes, recién revisados, a su lado vuestros correajes perfectamente ordenados, Nuria coloca las correas alrededor de tus hombros, rodea tus pechos, tensa los cierres y tus tetas quedan apretados, ahora es el turno del consolador-cola, Nuria te acaricia, hoy no será el de siempre, no quiere correr el riesgo de que a media carrera se te caiga. Te abres de patas, notas como lo hunde hasta el fondo de tu culo, y con un pequeño mando, activa un mecanismo que libera del mango del consolador 4 afiladas puntas de acero que salen hacia los lados, gritas de dolor cuando se clavan en tu carne, te retuerces, Nuria te levanta por tu collar, te cuenta que solo con el mando te pueden quitar esta cola, oyes chillar a Zuleia, Yoha acaba de ponerle un consolador- cola como el tuyo. Tira de tu correa, y te coloca en el centro del sulkie, oyes como los mosquetones encadenan tus muñecas a las barras de madera, te coges con fuerza a la madera, mientras entra el hierro en tu coño, con los correajes lo va subiendo, lo va hundiendo más y más dentro de ti, gruñes un poco, miras a Zuleia, también Yoha está subiendo y tensando la barra de hierro clavada en ella. Nuria te besa en la mejilla, luego te pone el bozal, con el mordedor, tus dientes se clavan en él, te mira, solo falta un detalle, un par de maquilladoras se acercan a vosotras, retocan vuestros labios, ojos, ponen sombras en las mejillas, incluso de manera casi imperceptible maquillan vuestros pechos y pezones. Mientras lo hacen comentan con Nuria, que este maquillaje especial aguantará sin problema todo el día, por muchas lágrimas, mocos, sudor, agua, orina, estiércol, semen o cualquier otras cosas caigan sobre vuestra piel. Ya estáis listas, Yoha y Nuria suben a los sulkies, se abre el portón del establo, las cámaras que no han dejado de grabar en ningún instante, retransmiten en directo vuestra salida del recinto, es un equipo técnico increíble con más de 10 equipos completos y decenas de pequeños drones con cámaras autónomas, Eva satisfecha comenta con vuestras dueñas, que hay centenares de miles de espectadores en distintas plataformas de todo el mundo, que se han inscrito para poder ver en directo esta carrera tan especial.

    Vuestras dueñas tiran hacia atrás vuestras bridas, con la cabeza bien erguida, luciendo vuestros pechos, vuestro rostro, avanzáis entre el griterío de la gente, al fondo veis las gradas donde está la salida, están a rebosar, vuestras amas os hacen avanzar a paso lento, quieren que todo el mundo pueda disfrutar de vuestra belleza, vuestra sumisión, vuestra valentía. La gente sigue aplaudiendo a rabiar, algunos levantan la mano enseñando los resguardos de las apuestas que han hecho confiando en una u otra de vosotras. Los miembros de la orquesta se levantan y suenan las fanfarrias, la gente en pie corea vuestros nombres, se te hace un nudo en la garganta, cuando a escasos metros de la salida, ves 8 sulkies haciéndoos el pasillo de honor, miras a tu lado, moviendo sus cascabeles, también llorando de emoción Shanga, Lidia, Carolina y Maria Guadalupe. Zuleia saluda con la cabeza a las que están junto a ella; Vane, Astrid, Hanna y Xan, todas con su collar con la herradura de hierro, menos Vane que luce orgullosa la herradura la de bronce.

    Miráis la recta interminable, delante se ponen en fila de a 4, Astrid, Vane, Xanga y Lidia, y tras vosotras Hanna, Carolina, Xan y Maria Guadalupe, empezáis a trotar, tenéis un kilómetro para calentar los músculos, para acelerar vuestro corazón, para preparar vuestro cuerpo para el esfuerzo y el castigo, mil metros para llegar a la salida real del circuito. Vuestras compañeras os marcan el ritmo, se acerca el momento de la verdad, apenas doscientos metros, por unas salidas laterales se retiran ya los sulkies de las yeguas que os preceden, Nuria gira tus bridas hacia la izquierda, Yoha las de Zuleia a la derecha, os miráis, sin dejar de galopar os saludáis con la cabeza, Nuria y Yoha también se saludan, os vuelven a girar la cara, la recta parece infinita, interminable… ya vais lanzadas, de pronto la fusta golpea tu lomo, la carrera acaba de empezar, como una exhalación Zuleia toma ventaja, su afición grita y ruge, Nuria te azota y no tardas en ponerte a su rueda, te cuesta seguir su ritmo, pero la carrera es larga, más de veinte kilómetros, de tierra, asfalto, zarzas, subidas, bajadas, piedras, fango. Y todo, bajo un sol agotador y un látigo que no cesará de castigaros.

    Decenas de pantallas muestran vuestras caras, vuestras bocas babeando, el sudor brillando en vuestra piel, por los altavoces retumba el sonido de los azotes, el gruñir de vuestras gargantas con los dientes clavados en el mordedor, sigues galopando, aceleras más y más. Esta recta tiene 3 kilómetros, el primero ha sido de calentamiento, pero ahora ya sois dos yeguas trotando en pos de una herradura de oro. Desde una de las gradas, veo como corres, como gruñes, Nuria sabe muy bien lo que ha de hacer, la potencia, la velocidad, la fortaleza de Zuleia es lo que te dará a ti la victoria, o al menos esto intentará Nuria. En un ataque de rabia, te pones al lado del sulkie de tu rival, tu cabeza llega a la suya, ella babea, suda, muerde su cuero, como tú, las dos empapadas en sudor afrontáis este último kilómetro antes de llegar a la subida entre la maleza. Ninguna quiere llegar segunda, el lugar es muy estrecho y quien inicie la subida tendrá mucho de ganado.

    Nuria y Yoha, no os quieren forzar aún, falta mucho para cansaros antes de hora, tiempo habrá para sacar de vosotras hasta el último gramo de fuerza. A pesar de tu esfuerzo, a falta de 300 metros Zuleia con sus zancadas inmensas consigue llegar la primera al giro hacia la colina, va demasiado rápida, se levanta una de las ruedas, la esclava chilla cuando la barra que está clavada en su coño se mueve, se gira dentro de ella, por un instante piensa que va a caer, pero Yoha se cuelga en el lado de la rueda levantada y consigue enderezar el vehículo, a pocos metros también tu inicias la subida, los sulkies se clavan en la hierba, patinan con las piedras, claváis vuestras patas y tiráis con toda vuestra fuerza y apenas 300 metros más arriba llega la primera de las sorpresas, una señal indica dos caminos, uno para cada yegua. Tiemblas de miedo cuando ves lo que te espera, una maleza donde zarzas de más de un metro de altas taponan vuestros caminos y justo al lado de cada camino una pequeña pasarela por encima de las zarzas. Yoha azota a su yegua, que sin pensarlo se lanza contra las zarzas, queda trabada en ella, llora, grita, mientras las espinas afiladas se clavan en sus patas, en sus pies, en su vientre, incluso en sus tetas, el látigo no cesa de golpearla, de hacerla avanzar rompiendo con su piel desnuda esta maraña. Tú también te lanzas contra las zarzas, chillas mientras tensas tus patas llenas de púas clavadas, Nuria salta del vehículo, sube a la pasarela, saca la argolla y acercando tu cabeza te la pone en tu nariz, lloras, gritas, llena de mocos sigues esta argolla que te desgarra y te humilla. Ella tira con fuerza de ti, azota tus tetas llenas de espinas. Rabiosa y enfadada avanzas, cada paso es un suplicio, el látigo no cesa de golpear tus pechos. Tu nariz tensada al máximo parece que se va a romper en cualquier instante, las espinas se clavan y se retuercen en tu piel mientras avanzas lenta, muy lentamente Y estas zarzas entrelazadas parecen no tener fin! Cerca de ti, también Zuleia sufre, con la argolla tirando de ella, y la fusta de Yoha golpeando todo su cuerpo.

    Algunas de las espinas se han clavado en tus pies, cojeas mientras sigues avanzando, es puro instinto, pura adrenalina, el dolor no cesará hasta que hayas superado esta prueba y Nuria no va a dejar que te rindas. También Zuleia renquea por las agujas que llenan sus pies, sus patas, todo su cuerpo. Yoha tampoco dejará que se pare.

    Bebiendo una cerveza, acariciando el pelo rojo de Vane, voy mirando una pantalla donde se os ve a las dos, tu cara desencajada, su boca babeando, tus tetas azotadas, su piel llena de heridas y cortes, esta primera prueba está siendo durísima, pero confió en Nuria y en ti, sé que la superareis y saldréis con la moral reforzada. Mi verga no deja de crecer con vuestro esfuerzo, con la increíble sensualidad de vuestros cuerpos castigados, oigo gruñir a Vane, sus labios están en mi verga, su lengua no deja de recórrela, con la fusta, azoto suavemente su espalda y su culo. En las gradas hay un silencio sepulcral viéndoos sufrir y avanzar, por los altavoces solo se oyen vuestros gritos desgarrados, vuestros llantos, los azotes de vuestras dueñas. Finalmente consigues romper el último trozo de zarzas y vuelves al pedregal, ves otra subida inmensa. Ensangrentada, herida, cojeando, tiras con fuerza de tus correas arrastrando tras de ti el vehículo, Nuria ya te ha quitado la argolla y subida al sulkie azota tu lomo, aquí no tiene permitido bajarse del vehículo, apenas llevas 50 metros, cuando Zuleia consigue también salir de entre las zarzas, la gente al veros luchando contra el dolor, el calor, contra vuestra rival, aplaude, os grita, os anima, por los altavoces oís sus voces, sus aplausos, esto te da el coraje que necesitas para seguir, y a pesar del dolor, tensas cada uno de tus músculos y sigues avanzando, Zuleia intenta seguir tu rueda, pero le cuesta, cojea más que tú, sin duda debe llevar sus patas llenas de zarzas y espinas, pero ni Yoha ni Nuria os las pueden quitar, de momento habéis de continuar así.

    Das un traspiés casi te caes, como puedes te levantas y vuelves a avanzar envuelta en una nube de sudor, una cámara se fija en tu rostro lleno de lágrimas, mocos, con la nariz hinchada, tú boca temblando y el sudor mojando tus heridas. Zuleia no está mucho mejor, pero ninguna piensa rendirse, las dos vais a competir hasta el final. Poco a poco el camino va mejorando, y podéis avanzar algo mejor… cojas, renqueantes, escupiendo babas, con calambres en las patas y con vuestras tetas llenas de afiladas espinas clavadas en ellas, vais ascendiendo paso a paso, metro a metro, apenas os separan una decena de metros, pero ahora tu problema no es Zuleia, es conseguir dar un paso más, avanzar un metro más, tensar unas piernas que no paran de temblar y que te fallan constantemente. El látigo espolea tu instinto y te hace caminar, Zuleia se mea cuando una de las espinas se dobla y rasga la planta de su pie. Yoha no la deja descansar, ni pensar, ni quejarse, azotándola, gritándola, la hace continuar, la hace seguir como una autómata la estela que tú vas dejando, mientras deja en cada una de sus pisadas un reguero de orina y de sangre.

    Finalmente llegáis a una zona relativamente llana, intentáis volver a correr, a avanzar, medio desvanecida vas dando bandazos de lado a lado, Cojeando Zuleia intenta avanzarte, pero está tan desfallecida como tú, al final se contenta con pegarse a tu sulkie e ir siguiendo tu ritmo. En lo alto veis, una zona con unas tiendas de campaña, Nuria fustiga tu espalda, te hace acelerar, quiere que llegues la primera, Zuleia sigue pegada a ti, y al final con apenas unos segundos de ventaja, consigues ganar este primer tramo.

    Un equipo de una docena de personas corre hacia ti, mientras un reloj empieza una cuenta atrás de 10 minutos, Zuleia en la otra tienda también ve como su reloj corre. Te quitan el mordedor y ponen una botella de agua azucarada en tus labios, bebes al ritmo que te marcan, quieres más y más rápido, pero saben la que puedes y debes engullir, otras manos levantan tus patas y van quitando las espinas clavadas, otros limpian tu cuerpo con unas toallas impregnadas en desinfectante, van cayendo todas las espinas, tu piel lacerada te quema con el alcohol empapando tus heridas, gritas, gruñes, pero te callas para poder seguir bebiendo. En poco más de dos minutos tu cuerpo está limpio, manos expertas empiezan a masajearte las piernas, a devolverles algo de la elasticidad y la fuerza que necesitas. Sin bajar del Sulkie, Yoha y Nuria descansan bebiendo un par de cervezas bien frescas. El tiempo va pasando, los minutos corren, te gusta como masajean tu piel, como cuidan tus piernas, tus brazos, como van saciando tu sed, con la boca abierta y la lengua fuera, sigues bebiendo, suena un silbato, es el último minuto de descanso, terminan con tus masajes, te quitan el agua y ponen en tu boca, una barra energética, te dicen que la vayas deshaciendo con la lengua y la tragues poco a poco, tu asientes con tu cabeza, tensan tus correas, te colocan el mordedor, Nuria deja la cerveza, y al momento un latigazo cruza tu lomo, sales corriendo, Yoha lo hará dentro de 10 segundos, es la ventaja que llevabas cuando llegasteis.

    Te ha sabido a casi nada este descanso, pero han hecho bien su trabajo, los pies te duelen una barbaridad, las piernas siguen cansadas, pero puedes volver a correr, a galopar, mientras vas engullendo poco a poco la barra que tienes en la boca, Oyes a Zuleia tras de ti, también ella se ha recuperado lo suficiente para seguir persiguiéndote. Durante un par de kilómetros galopáis por este falso llano, ella intenta avanzarte, pero consigues mantener la posición, más de una vez los sulkies se golpean en este camino estrecho, de pronto ves que el camino desaparece, solo hay un vacío que parece despeñarse, aflojas un poco el paso, antes de llegar ante una bajada brutal y salvaje, a un lado un barranco, al otro la montaña y en medio unas escaleras medio derruidas, cada escalón con casi dos metros de largo, desnivelados y rotos, y entre peldaño y peldaño, medio metro de altura. Frenando con las patas inicias el descenso, Nuria va frenando también el sulkie, llega el primer escalón, el vehículo cae al segundo escalón, notas el golpe seco en la barra que llevas clavada en el coño, cada escalón es un nuevo golpe, un nuevo chillido de tus labios. Tras de ti, Zuleia también frena, también nota los golpes escalón a escalón en su interior. Miras hacia abajo, hay centenares de escalones, centenares de impactos metálicos martilleando vuestra zona más íntima. Yoha suelta el látigo y coge con fuerzas las riendas de su yegua, la mueve lentamente, intentando sobrellevar el peligro y el miedo de su animal.

    Maldices el momento en que conseguiste ponerte delante, tú eres quien abre el camino, quien elige por donde bajar, quien caerá primero si Nuria se equivoca en sus órdenes. Las cámaras muestran tu cara, tus ojos asustados, el temblor de tu cuerpo, tu boca tensada por las correas con las que te va guiando tu dueña y el gesto de dolor, tras cada nuevo peldaño, la barra de hierro incrustada en tu coño te golpea y te desgarra cada vez que el sulkie salta un escalón, tu coño cada vez más está más sensible e irritado, intentas separar las patas, pero el dolor sigue intenso y brutal, el roce constante enrojece tu vulva, te hace sufrir, y los escalones parecen no acabar, Tras de ti, Zuleia nota el mismo dolor, los mismos golpes, el mismo sufrimiento. Lloras y chillas con cada golpe, solo el roce ya es un infierno, y sabes que cuando caigan las ruedas al siguiente escalón, otra vez el dolor se multiplicara dentro de ti.

    Zuleia se para, no puede continuar, asustada, escocida, sangrando y agotada, jadea y llora, El látigo de Yoha la golpea una y otra vez, ella dice que no con la cabeza, Yoha empieza a dar saltos en el sulkie, el hierro aún se mueve más dentro de la yegua, Zuleia intenta girar la cabeza, solo consigue que Yoha azote sus tetas doloridas, al final con rabia vuelve a andar, vuelve a sufrir estos golpes con que la castiga cada nuevo peldaño. Tú te has avanzado unos metros, pero apenas si puedes moverte, tu coño está totalmente inflamado y aún quedan decenas de escalones, pero por fin puedes ver el final. Aquí la zona no es tan peligrosa, así que Nuria con la fusta te espolea, te hace ir mas rápido, entre lágrimas y gritos vas avanzando, cada paso es un infierno, sabes que no durarás mucho. Un último recodo, cinco escalones, te retuerces de dolor con cada nuevo peldaño, tu vulva está sangrando, el látigo de Nuria te hace avanzar, te hace acelerar, por fin el ultimo escalón, pero el castigo sigue, tras las escaleras, un tramo de asfalto a pleno sol, tus pies se queman con un suelo recalentado por un sol de pleno verano deshaciendo el suelo, Nuria no te deja pensar, no te deja llorar, no te deja sentir, eres solo carne azotada que avanza berreando entre gritos, sudor y heridas sangrantes. También Zuleia está intentando no quemarse sus patas. Son solo 500 metros de alquitrán, pero tu coño totalmente inflamado no te deja correr, tus pies se queman a cada paso, hace rato que terminaste de tragar tu barra energética, el esfuerzo, el dolor vuelve a llevarte más allá de tu limite, la cabeza te da vueltas, tiembla todo tu cuerpo, coges aire, fijas la mirada en un punto lejano y sigues avanzando, tan agotada como tú esta Zuleia. Yoha consigue que su yegua se ponga junto a ti, durante unos minutos cabalgáis juntas, hasta que tu rival consigue avanzarte, apenas si os movéis, arrastráis los pies, las dos mojáis de sangre vuestras patas, y las dos estáis convencidas que en cualquier momento caeréis, y la carrera terminará.

    Respiras aliviada cuando tus pies dejan el asfalto, un kilómetro de tierra, te permite recuperar un poco la sensibilidad en tus pies, miras adelante, Zuleia dando bandazos intenta avanzar, pero también está exhausta, respiras hondo, intentas olvidar el dolor intenso de tu coño, andas hacia ella. El látigo espolea vuestros lomos, os hace seguir como animales, recuerdas mis palabras cuando te adiestrábamos “solo eres un animal, no piensas, no decides, no gozas ni sufres, solo corres, corres y sigues corriendo, mientras tu dueña te lo ordene”.

    Por fin consigues ponerte a rueda de Zuleia, se acaba el camino de tierra y tus pies se hunden en la grava, piedras pequeñas rocallosas y puntiagudas lastiman tus pies y tus tobillos, pero al menos lo conoces, lo practicaste mucho durante tu adiestramiento. De pronto Yoha y Nuria clavan el freno, casi te caes de espalda, os dicen que es “otra sorpresa”, durante un kilómetro habéis de arrastrar el sulkie con las ruedas frenadas. Te coges con fuerza a las barras donde están atadas tus muñecas, tensas tus piernas, clavas aún más tus pies en el suelo, y arrastras unos pocos centímetros el vehículo, Yoha azota a Zuleia, también ella tensa sus músculos, grita y llora mientras arrastra su vehículo. El látigo no cesa, os castiga, os tortura, avanzáis lentamente, es imposible seguir, estás vencida, hundida, dejas caer tus brazos, te arrodillas, mientras niegas con la cabeza. Nuria no puede salir del sulkie, si lo hace os eliminan, así que tras pensar durante unos segundos, se pone de pie en una de las barras, con el tacón de su bota pisa tu mano, se agarra a los correajes de tu hombro, con la otra mano tira tu cabellera hacia atrás y te abofetea, la miras, ella te grita, te insulta, te dice que ya sabes que has de decir, ya sabes cómo rendirte y pasarte otros veinte años llorando por una herradura que no mereces, enfadada la miras, intentas mover tu cabeza, pero ella no te suelta, te grita que digas la palabra, tu muerdes tu bocado y niegas con la cabeza, te azota los pechos, una y otra vez, tiemblas cuando acierta de lleno en tu pezón, te grita que digas “vainilla”, tu escupes en tu boca abierta, gruñes, chillas y sigues negando con la cabeza, te lanzas hacia adelante, casi la tiras, pero consigue volver a su asiento, tu instinto, tu desesperación puede más que tu dolor, Zuleia te lleva unos 100 metros de ventaja, las ruedas arrastran las piedras, tensas tus muñecas, tus brazos, todo tu cuerpo. Las correas se clavan en tus hombros y en tus pechos, tus músculos se marcan en tus patas, oyes como Nuria te azota, te insulta, te dice una y otra vez esta palabra que no piensas decir, con todo ello consigue sacar de ti, esta fuerza desesperada, este instinto irracional que te hace caminar un paso, y otro, tu coño hinchado, tus muslos ensangrentados, tus pies llenos de cortes, tus pechos azotados, el sudor bañando en sal todas tus heridas, pero solo miras el sulkie de Zuleia, solo ves cómo te acercas a ella, como recortas esta distancia que te lleva. No dejaras que ella te venza, ni Nuria, ni yo, ni nadie decidirá por ti, aguantaras, resistirás y reventarás antes que rendirte.

    De pie en el sulkie, con la fusta en la mano Nuria sonríe, por un momento pensó que todo había acabado y ahora sabe que nadie te va a ganar y mientras azota tus costados, tú escupes, gritas, ruges, clavas tus patas y oyes como las ruedas siguen arrastrándose tras de ti.

    (Continuará)

  • Con 18 años recién cumplidos (II)

    Con 18 años recién cumplidos (II)

    Os diré que Joan y yo follamos durante el resto de la semana hasta que por fin vino Sofía y nada más verme Sofía sabía que había pasado algo, las dos éramos como un libro abierto para cada una de nosotras, nuestra historia nació cuando íbamos al jardín de infancia con tan solo 2 años, siempre juntas, siempre unidas.

    Estábamos en casa de Sofía hablando de sus vacaciones por Galicia, me acuerdo que era lunes por la tarde.

    -¿Qué te has acostado con Joan? –Me preguntaba un poco alterada Sofía.

    -Sí, no me preguntes como pasó, pero pasó tía y ya está. –Contestaba a mi amiga y esta se sorprendía de lo que acababa de oír.– Pero hay más nena. –Le seguía diciendo.

    -Más tía, ¿qué puede haber más?, ¿qué te hayas seguido acostando él? –Nada más terminar la frase, Sofía se llevaba las manos a la cabeza al ver mi reacción, al ver que con la cabeza y una sonrisa pícara asentía.– Joder nena, me voy una semana y la que lías.

    -Joder nena lo sé, pero ya te digo que intenté que no pasara, pero… Joder tía, tú no estabas allí, fue como… no sé explicártelo.

    –No tienes que explicarme nada, ven aquí mi chocho, lo que te quiero yo a ti. –Sofía me abrazaba y besaba en el pelo.– Bueno lo hecho está y ahora dime… que tal guarrona, que tal folla ja, ja, ja.

    -Nena no seas bruta ja, ja, ja, ¡Joder Sofía!, increíble, sencillamente increíble, ja, ja, ja –La contestaba muerta de risa mientras me tapaba la cara con un pequeño cojín.

    -Pero detalles Lara, quiero detalles. –Sofía me insistía en que le hablara de cómo me había follado Joan.

    -A ver Sofía, si quieres saberlo ya sabes lo que tienes que hacer, además Joan me ha comentado que le encantaría hacer un trío contigo, ja, ja, ja. –Una vez más Sofía se quedaba sin habla, bien es cierto que Joan no me lo había pedido explícitamente, pero sí que me lo había insinuado en un par de ocasiones.

    Sin quererlo, ese comentario despertó en Sofía también la curiosidad de cómo seria y ya no paramos de hablar en toda la tarde de lo mismo, el sol nos decía adiós y todavía estábamos las dos en la piscina de sus padres planeando lo que sería un trío con Joan, ¿Qué haríamos y cómo?, ¿nos besaríamos nosotras?, ¿quizás nos acariciaríamos?, un montón de preguntas surgieron de nuestras locas cabezas y todo eso sin pensar ni siquiera que lo íbamos a hacer.

    A la mañana siguiente, después de estar con él, después de dejarme una vez más exhausta, le miraba desde la cama mientras que Joan se vestía.

    -Te gustaría estar con las dos Joan. –Le preguntaba directamente tumbada en la cama boca abajo mientras veía que se vestía.

    -Perdón, ¿no entiendo Lara, que dos? –Contestaba extrañado, no sé si por no haber entendido la pregunta o por no saber tan siquiera de que hablaba.

    -Me refiero a Sofía y a mí, me refiero a lo que en alguna ocasión me has comentado que te encantaría estar con las dos juntas. –Le volvía a repetir a pesar de que él nunca me afirmó que le encantaría estar con las dos, simplemente lo insinuó algún que otro día.

    -Ay mi niña, pero a qué viene eso, yo solo quiero estar contigo, no estés celosa. –Joan se sentaba en la cama acariciando con sus dedos mi espalda bajando por ella hasta mis glúteos.

    -Ya, pero te gustaría. –Le volvía a preguntar, Joan se quedaba mirándome, pensativo sin saber muy bien que decir, intentando averiguar cuál era la respuesta adecuada.

    -A ver mi niña, yo estoy muy a gusto contigo, creo que nos lo estamos pasando bien ahora, no le digas a un hombre si quiere hacer un trío con dos preciosidades como sois vosotras porque te dirá siempre que sí.

    -Entonces… ¿Te gustaría?

    -Claro que si Lara, pues claro que me encantaría follar con las dos, pero no sé si Sofía querría. Joan salía de la habitación sin tan siquiera ver mi cara, quizás por no verme cuando afirmó que le encantaría y dando por seguro que Sofía no querría.

    El mismo martes por tarde se lo comenté a Sofía, la verdad que a mí la experiencia no me desagradaba y sabía que a Sofía tampoco, la conocía muy bien y aunque no me dijera nada sabía que le había picado la curiosidad, lo hablamos entre las dos, estábamos indecisas, seguíamos dándole demasiadas vueltas, demasiadas incógnitas, Joan se había marchado a Valencia por unos asuntos relacionados con su mujer y me pidió vernos el sábado por la tarde a lo que evidentemente le dije que si, ya me inventaría algo para que mi novio me dejara en paz, me dio las llaves de su casa y me dijo que le esperara allí que él llegaría a eso de las siete de la tarde.

    El resto de la semana transcurrió como siempre, Sofía y yo cogíamos color por la mañana en la playa y por la tarde las dos descansábamos en mi casa o en la suya, tomábamos algo en alguna terraza con los amigos y nuestros respectivos novios y hablábamos y hablábamos, dos días pensando que es lo que íbamos a hacer, ya que Sofía no lo tenía claro, hasta que llegó el sábado por la tarde, a las siete de la tarde en punto como Joan dijo abría la puerta de su casa, yo sí que lo tenía claro, quería estar con él y quise que lo primero que se encontrara según entraba fuera mi blusa tirada en el suelo sobre un lecho de pétalos rojos, pétalos que como una carretera discurrían por su casa hasta su habitación encontrándose a cada paso ropa mía tirada en el suelo, la ropa que fui quitándome, el sujetador, el pantalón, una sandalia y justo antes de entrar mi tanga junto con un cuenco pequeño de cristal con dos fresones bien rojos.

    Joan entró prácticamente desnudo, tan solo el bóxer que se fue quitando a medida que se acercaba a la cama donde yo estaba desnuda esperándole con una copa de cava, pétalos de rosa sobre la cama, sobre mí, sobre… sobre Sofía que le esperaba también desnuda abrazada a mí y con otra copa de cava en la mano, Joan sonreía mirándonos a las dos, la sorpresa había sido mayúscula y para cuando se subió a la cama estaba totalmente desnudo con una erección en su pene impresionante, nada más llegar a nosotras me besó apasionadamente mientras me acariciaba mi vulva, luego le tocó el turno a Sofía y de igual manera la besó y la acarició la vulva, pero quizás con más intensidad llegando a meterle un dedo en la vagina a lo que Sofía contestó mirándome con un gesto de agrado y placer mordiéndose los labios.

    -¿Sorprendido?, ¿contento?, pues esto no es nada porque no hemos empezado contigo cariño. –Comenté a la vez que le dejábamos tumbarse entre las dos y empezamos acariciar su pecho.

    -Contento no, estoy acojonado, esa es la expresión adecuada porque no sé qué me vais a hacer. –Contestaba Joan.

    -Pues tú relájate y disfruta de las dos. –comentamos al unísono Sofía y yo riéndonos.

    Las dos derramamos las copas de cava por su cuerpo, Sofía por su pecho por debajo del cuello y yo regaba su tripa, mojaba su vello y su pene con el cava, una vez vaciadas las copas empezamos a lamer despacio los ríos de cava que recorrían su cuerpo, Sofía por un lado y yo por otro, desde sus pezones hasta su tripa íbamos bajando muy despacio, hasta que no quedase nada de cava en su piel, hasta que no quedase ni un centímetro de su cuerpo sin lamer, poco a poco fuimos llegando hasta su pene que las dos lo empezamos a lamer con mucha suavidad.

    Nuestros cuerpos en dirección contraria al suyo, nuestras cabezas subían y bajaban por ese tremendo falo que tenía Joan, primero yo y luego Sofía, una a una, nos lo metíamos en nuestra boca, subiendo y bajando por él, nuestros labios y lenguas se juntaban cuando las dos decidíamos lamerle el glande, oíamos los gemidos de Joan, un hilo de voz salía de él simplemente para decirnos que le encantaba y que no paráramos, mis manos acariciando sus testículos, las de Sofía subiendo y bajando por su pene, las dos excitadas, las dos muy mojadas sentíamos también como Joan nos acariciaba nuestra vulva, como sus dedos penetraban en nuestra vagina y como nos hacía gemir cuando sus dedos circulaban por nuestro clítoris pulsándolo de vez en cuando.

    Joan estaba disfrutando de la felación que entre las dos le estábamos haciendo, estábamos los tres muy excitados cuando le empecé a poner el preservativo a Joan, me di la vuelta y susurrándole al oído le dije a Joan que se follara a Sofía, aunque no hizo falta porque Sofía ya se estaba sentando encima de él, los dos la mirábamos con lujuria a la vez que nuestras lenguas bailaban, Sofía se sentaba a horcajadas y cogiendo el pene se lo iba metiendo despacio en su vagina hasta tenerlo totalmente dentro, entonces Joan pegó un pequeño empujón hacia arriba haciendo que Sofía gimiera de placer, que su cuerpo se estirase hacia atrás con sus ojos cerrados, la melena le caía por delante tapando un poco los deliciosos senos que tiene con unas areolas grandes y unos pezones tremendamente hinchados y duros en ese momento.

    Sabía lo que estaba sintiendo Sofía en esos momentos, la miraba con mi cara apoyada en la de Joan, veía como culebreaba con sus caderas sobre el pene que la estaba haciendo gemir, levantándose y sentándose sobre él mientras que con sus manos se apretaba sus pechos y yo quería participar de aquella fiesta sexual, pero no quería que Joan dejase de follarse a Sofía así que me levanté y poniéndome de cara a mi amiga me senté sobre la boca de Joan el cual enseguida empezó a meterme su lengua dentro de mí, saboreando el néctar que salía de mi vagina, sus manos subieron y sujetaron mis muslos para que no pudiera escaparme de aquella prisión de placer, empalada por su lengua y su boca echaba el cuerpo hacia delante con la intención de coger por el cuello a Sofía para abrazarla.

    Los gemidos y gritos de los tres envolvían la habitaron con la certeza de que al ser un quinto piso y con la ventana abierta de par en par nuestras voces no se oirían, pero sí que viajarían con la pequeña brisa marina que por ella entraba, el espejo del fondo podía ver como nos mostraba la imagen de dos féminas frente a frente, abrazadas con sus cabezas, mejilla con mejilla, moviéndose hacia adelante y hacia atrás montadas sobre un hombre que las daba el placer que ellas deseaban con su boca y con su pene, el espejo no mostraba sonidos, pero no hacía falta, solo al verlas cuando se separaban apoyando sus frentes las dos con la boca abierta y ojos entornados, las dos con un rictus de placer en sus caras se miraban la una a la otra respirando de sus propios jadeos.

    No recuerdo bien si llegamos a besarnos, si los labios de Sofía impactaron con los míos uniéndonos en un baile de pasión, si sé que mis manos, también las suyas recorrieron nuestro cuerpo, acariciándonos los senos y pezones, de Joan solo sabíamos que estaba debajo de nosotras, que su pene se clavaba continuamente en la vagina de Sofía volviéndola loca de atar y que mi vagina era lamida y atravesada continuamente por su lengua y dos de sus dedos, los cuales tenían la misión de pulsar también mi clítoris.

    Sentía como la lengua de Joan poco a poco hacían mella en mí, pero sobre todo como tanto él como Sofía se preparaban para un orgasmo, Sofía me agarraba y arañaba con las unas a la vez que gritaba y su cuerpo sufría espasmos de placer, poco después la boca de Joan emitía un grito cuando le veía mover su pelvis con fuerza hacia arriba atravesando a Sofía con su pene, Sofía caía sudorosa sobre mi cuerpo, abrazándola mientras que yo desmontaba de Joan, dejándole libre, Joan nos miraba sonriendo,

    -Dos ángeles que han caído en mi cama. –Joan se refirió a nosotras de esa manera cuando se levantaba para ir al baño dándonos un beso en la frente a cada una de nosotras.

    -Que tal nena, te ha gustado, folla o no folla bien Joan. –Le preguntaba a Sofía sonriéndole.

    -Joder Lara, que… que rabo que tiene, te lo juro que me ha llenado toda, pensaba que no podía entrar tan dentro y joder que aguante, si tengo las piernas cansadas de estar abierta tía ja, ja, ja. –Me contestaba Sofía riéndose y con una cara de felicidad que hacía tiempo no veía.

    -Te lo dije y no me creías, te lo dije. –En esos momentos cogía la almohada y la golpeaba en su cabeza, las dos empezamos a pegar gritos y a pelear con la almohada, hasta que terminé encima de Sofía con ella sobre la cama de espaldas y yo encima de ella, estaba como una perrita a cuatro patas sobre ella.

    La dos nos mirábamos y reíamos, Sofía pasó sus pies sobre mi espalda abrazándome con ellos he intentado presionarme con ellos y me decía entre risas.

    -Venga Lauro, fóllame Lauro. –No solo me cambiaba el nombre, sino que con voz grave me decía que la follara, las dos estallamos en una carcajada tremenda que llamó la atención de Joan que entro en la habitación ya con el pene nuevamente erecto y cogiéndonos a las dos nos desplazó un poco hasta el borde de la cama.

    -Chicas, no os preocupéis de que el que os va a follar soy yo. En esos momentos sentí como su pene se metía entre mis labios y bajaba hasta mi vagina metiéndose un poquito, luego la sacaba y agachándose un poquito se la metía a Sofía igualmente solo un poquito para luego sacársela.

    Las dos nos miramos sonriendo, las dos nos preparamos para recibir con nuestras vaginas realmente húmedas y mojadas en nuestro interior el pene de Joan, fue entonces cuando la sentí entrar, cuando su pene atravesaba mi vagina y se deslizaba dentro de mí cuando Sofía, quitándome la melena de la cara me besó en los labios, la miré sorprendida y jadeando en cada penetración que recibía por detrás, ese si lo recuerdo, si recuerdo que esos fueron nuestros primeros besos en los labios.

    Joan sacaba su pene e inclinándose un poco otra vez buscaba la vagina de Sofía metiéndosela de un tirón, Sofía daba un respingo junto con un pequeño grito, las manos de Joan en mis caderas, notando por detrás los empujones que Sofía estaba recibiendo, la veía disfrutar y la besaba a la vez, nunca llegamos a pensar en aquella situación, nunca nos imaginamos de esa manera, ni cuando nos contábamos por la noche en la cama como sería nuestra primera vez o que fantasías teníamos.

    Primero una y luego otra, su pene nos iba penetrando y nosotras empezábamos a gritar según la sentíamos entrar, parecía mi turno y pensaba que la esperaba impaciente como en otras ocasiones aquella tarde ya de noche prácticamente, cuando Joan se echó encima de mí y susurrándome al oído me comentó que disfrutara, quería que ese polvo fuera especial para mí y dándome un beso en el oído se alejó, sintiendo como su pene me golpeaba continuamente mi clítoris, lo pulsaba con su glande dejándolo unos segundos, luego lo rodeaba y volvía a pulsármelo como si fuera un botón, el placer que estaba recibiendo era enorme cuando su glande se deslizó resbalando por el medio de mis labios tremendamente mojados hasta llegar a mi vagina.

    Entonces se agachó nuevamente y empezó a follar a Sofía tan fuerte y rápido que la pobre no sabía si gemir o gritar hasta que estalló en un orgasmo, fueron unos minutos que parecía estorbar nuevamente allí en medio y sin embargo lo que me hizo anteriormente con su pene en mi clítoris y el orgasmo de Sofía me excitó aún todavía más.

    Su pene envuelto en el flujo de mi amiga, sin la protección de un preservativo esta vez, se metía muy despacio en mi vagina, Sofía seguía teniendo pequeños espasmos y la veía morderse los labios cuando empecé a notar como su glande empezaba a deslizarse con suavidad en mi interior, como mi vagina se dejaba llenar por él, como lo había estado esperando, la sensación de tenerlo dentro era maravillosa, se deslizaba hasta el fondo y salía de mi cuerpo con tanta facilidad que tan siquiera tenía que empujar para volver a entrar, era como una pista de hilo en mi interior, pero de lava fundida, la fricción de nuestros sexos era tan placentera que no paraba de gemir y de gritar.

    -¡Ay!… ¡Ay!… ¡sí!… Mm. –Estaba tan mojada y excitada que realmente ese polvo superó a todos los que habíamos echado anteriormente, le sentía entrar tan dentro de mí, apretar cuando ya no tenía más pene que meterme juntando tanto nuestros cuerpos que la locura empezaba a revolotear por mi cabeza.

    -¡Ay!… ¡Ay!… ¡Así!… ¡Así ah!… -Sofía me miraba y acariciaba mis pezones suavemente por debajo, los gritos cada vez más altos parecía como si me hiciera daño y era todo lo contrario, el placer era indescriptible, inenarrable.

    Sentí como mi vientre se cargaba de calor, como empezaba a arderme y a transmitirse por todo mi cuerpo, con espasmos en mis piernas y con mi vagina inundándose de flujo que quería escapar por la vagina en forma de chorros cuando noté como Joan explotaba también dentro de mí, sacándola rápidamente y corriéndose casi por entero con varios disparos de semen en el exterior de nuestras vaginas, tanto en la mía como en la de Sofía.

    Las dos comentábamos al día siguiente la tarde y si repetiríamos o no, estábamos a mediados de agosto y claro que repetimos, Joan durante quince días se aprovechó de nuestra inocencia follando con nosotras juntas o por separado, cuando no era con una era con la otra, el final del verano llegó y él se fue, no volvimos a saber nada de él aunque dijo que nos llamaría, no supimos nada salvo que lo de su mujer era mentira y seguía con ella, la verdad que no me importó que me hubiera engañado, que nos hubiera engañado realmente a las dos, bueno un poco quizás sí por eso hicimos lo que hicimos unos días después de sentirnos engañadas por él, supongo que ya os podéis imaginar que su mujer se enteró de todo.

    Aquella relación nos despertó de la inocencia y nos trasladó a un mundo no sé si mejor o peor, pero, aquella relación lo que sí que hizo fue unirnos más a Sofía y a mí, tanto que un año más tarde tendríamos nuestra primera relación lésbica juntas, en Madrid tras un concierto de música clásica.

    Fue un verano inolvidable que hasta ahora estaba oculto y que relato tras el consentimiento de mi amiga y hermana Sofía.

    Te quiero nena.

  • Con mi amigo Buga (VI): Por fin siento su leche

    Con mi amigo Buga (VI): Por fin siento su leche

    Este es el sexto relato de una serie de aventuras que sucedieron con mi mejor amigo, él se dice Buga, pero solo él y yo sabemos la verdad.

    Después de haber sido casi descubiertos por su hermano, no me quería quedar con las ganas de sentir su leche dentro de mí, hasta ahora habíamos cogido con condón y mi boca ya había probado sus jugos (Con mi amigo Buga IV, El excitante viaje en moto) pero mi culito no.

    Estábamos acostados en su cama, aún suspirábamos por la emoción de ser casi descubiertos y por la corrida que cada uno de nosotros habíamos tenido, en ese momento llega un mensaje de su hermano – carnal, nos vamos a quedar en casa de la tía, llegamos hasta mañana por la tarde, dice mi mamá que en el refrigerador hay comida – J me dijo -ahora si cabroncito, tenemos toda la noche y vas a sentir mi leche- y me dio un beso – Pero antes vamos a reponer energías que muero de hambre y sed – Aunque ya habíamos comido, ya teníamos hambre otra vez, posiblemente producto de la calentura y la emoción del momento.

    Fuimos a la tienda de la esquina y compramos un six de chelas (cervezas), unas botanas y unos refrescos, él se sentó enfrente de mí, empezamos a comer y yo quitándome el zapato estiré mi pierna y con el pie empecé a masajear su bulto sobre el pantalón, el solo levantó la mirada y seguimos comiendo como si nada pasara, de vez en cuando retiraba mi pie y sin que el supiera cuando, lo volvía a masajear, cada vez lo sentía más duro. terminamos de comer, parándome junto a él, le di un beso de lengua, empecé a bajar lentamente a su cuello y a mordisquear el lóbulo de su oreja, el giró su silla y me llevó a sentarme sobre sus piernas, nos empezamos a comer las bocas como si la vida nos fuera en ello, los besos eran frenéticos, nos mordíamos los labios, chupábamos nuestras lenguas, mientras nuestras manos recorrían el cuerpo del otro, le quité la playera y la aventé sobre la mesa, el hizo lo mismo con la mía, ahora nuestros torsos desnudos se frotaban, lubricándose un poco por el sudor que empezaba a emanar de nuestros cuerpos.

    Me levanté de su regazo y empecé a besar su cuello, llegué hasta sus tetillas que chupé y jalé suavemente con los labios, seguí bajando, su olor tan característico que se había vuelto el estímulo favorito de mi verga, golpeó mi nariz y la hizo empezar a crecer dentro del pantalón.

    J manejaba suavemente mi cabeza e iba empujándola hacia abajo, llegué con la punta de mi lengua hasta su ombligo con aquella línea de vellos, que bajaba hasta su vello púbico, fui lamiendo esa línea hasta que me encontré con el resorte de su pantalón, el cual no tardo en abandonar su cuerpo, y dejar que su verga aun morcillona saliera disparada.

    Me arrodillé frente a él y empecé a pasar mi lengua por su glande y por todo el tronco de aquel delicioso mástil, volví a subir asegurándome esta vez de ir recorriendo las venas que empezaban a marcarse, llegué hasta aquella cabeza y trazando pequeños ochos en su punta, solté un suspiro que había estado conteniendo, provocando que mi cálido aliento, impregnara aquella zona.

    J hizo la cabeza para atrás, se deslizó en la silla abriendo las piernas, lo que provoco que sus huevos quedaran colgando afuera de la silla y se facilitara la mamada que estaba por iniciar, dirigiéndome una mirada cargada de lujuria, cerró los ojos y se dispuso a disfrutar de mi trabajo, el trabajo que más me ha gustado en la vida, yo volví a bajar con mi lengua rodeando aquel manjar, hasta que llegué al hermoso par de huevos que restregué en mi cara embriagándome de su olor a macho, sudor y corridas, mientras que con mi lengua estimulaba su escroto, intentando que cada testículo quedara de un lado de mi lengua.

    Aprovechando que J tenía los ojos cerrados, levanté mi mano hacia la mesa y agarré un pequeño cubo de hielo del vaso en que él había estado tomando y sosteniéndolo entre mis dientes, empecé a pasarlo por la piel que cubría sus huevos, los cuales dieron un pequeño salto que estuvo acompañado de un suspiro entrecortado, empecé a subir aquel hielo por su verga que ya estaba repleta de venas hinchadas, algunas gotas del hielo se pegaban a su piel y escurrían hasta sus huevos, metí el hielo a mi boca y asegurándome de no tragármelo, llevé mis labios hasta su glande, que ya estaba completamente descubierto y empecé a meterlo poco a poco en mi boca, jugaba con mi lengua y apretaba suavemente su pene entre mis labios, llegaba hasta su base y volvía a subir y a bajar cambiando de ritmos y de presiones, mientras con una de mis manos me apoyaba en su muslo y lo sobaba, la otra mano se ocupaba de masajear sus testículos.

    J volvió a abrir los ojos llevó sus manos a mis axilas y separándome un momento de su verga se puso de pie, llevó su mano a mi nuca empujando mi boca a su verga, ahora era el quien me cogía por la boca, sentía como sus huevos chocaban con mi barbilla y su glande topaba con la parte trasera de mi garganta lo cual me provocaba arcadas, pero el morbo de ser cogido de esa manera fue más grande, J cambiaba frecuentemente el ritmo de la follada que me estaba dando entre un suave vaivén que me dejaba respirar y una fuerte cogida que me hacía querer respirar.

    En una de las salidas, me levantó del piso y nos volvimos a fundir en un ardiente beso, J me tomó por la cadera y me hizo darle la espalda, casi podía adivinar lo que seguía, pues J me había prometido preñarme y el siempre cumplía sus promesas. Así que casi por instinto, recargué mis manos sobre la mesa, J me besó la espalda alta y fue bajando poco a poco lamiendo y chupando cada centímetro de mi espalda, cuando llegó al resorte de mi pantalón lo bajó de un tirón junto con mis calzones, levanté mis piernas para deshacerme de la prenda, y sentí como J se hincaba en el piso y llevaba sus manos a mis caderas, acercó su boca a mis nalgas y las empezó a besar, lamer y a morder, me sentía en la gloria.

    J empezó a deslizar su lengua desde mi espalda baja hasta mis huevos pasando por mi culo y luego en sentido contrario, pequeños quejidos empezaron a salir de mi mientras me inclinaba un poco más sobre la mesa para dejar a J hacer lo suyo, su lengua de pronto empezó a hacer movimientos circulares alrededor de los pliegues de mi agujero. Yo estaba en la gloria con mi verga completamente erecta y lubricada. Ahora J lamía, chupaba y movía su lengua, como un loco, en mi ano que ya estaba completamente lubricado. En ese instante sentí como J empezaba a introducir su lengua en mi agujero, empujaba con ella metiéndola y sacándola.

    Ya no aguantaba más el deseo de tener su verga dentro de mí y le dije – cabrón, ya cógeme y dame tu leche- él se separó de mi culo y metiéndome dos dedos, que entraron con facilidad debido a la lubricación de su saliva me dijo – así me gusta cabroncito, que me pidas verga – se puso de pie y agarrándome con ambas manos por la cintura, empezó a colocar la punta de su verga en la entrada de mi ano.

    Empecé a sentir aquel trozo de carne invadiendo mi cuerpo y la boca de J lamiendo mi cuello, de pronto sentí como sus huevos chocaron con mis nalgas, su verga estaba completamente dentro, J se recargó un momento en mi espalda antes de empezar un vaivén suave que fue incrementando de velocidad poco a poco. J sacó su verga de mi culo y me hizo darme la vuelta y mientras me daba un beso de lengua, me cargó y me sentó en la orilla de la mesa y llevándose mis piernas a los hombros volvió a introducir su verga en mi culo, la postura hacía que la penetración fuera muy profunda, y una mezcla de dolor y placer surgía de mis entrañas que eran sacudidas por su mástil.

    Nuestros cuerpos estaban completamente sudados y nuestras vergas al cien. Se salió de mí y me cargó nuevamente sentándose en una silla, me ayudó a irme deslizando poco a poco hasta que su verga estaba completamente dentro de mí, y empecé a cabalgarlo rápidamente mientras nos besábamos al ritmo de la cogida. J agarraba mis nalgas con fuerza y las separaba, la respiración de J empezó a alterarse y me dijo estoy por correrme, eso me hizo darme el último sentón y quedarme con toda su verga dentro y empezarla a apretar con mi culo, J me jaló hacia el de modo que mi verga quedo pegada a su abdomen y clavando su boca en mi cuello, sentí 5 trallazos de su caliente leche que llenaba mis entrañas, en ese momento mi verga expulsó sendos disparos acabando sobre su abdomen.

    Nos quedamos un momento en esa postura, J llevó sus brazos hacía su cabeza y yo aproveché para clavar mi nariz en sus axilas y aspirar su aroma de sudor que tanto me encantaba.

    Hasta aquí termina este relato, donde por fin J pudo preñarme con su leche, aún hay más aventuras de sexo y pasión con J. En el siguiente relato les contaré la vez que J casi, fue pasivo en un viaje lleno de lujuria, juegos y leche.

    No olvides dejar tus comentarios y si tienes sugerencias para hacer mejor mis relatos también te las agradecería. Si gustas que platiquemos, entonces escríbeme ([email protected]).

    1. Con mi amigo Buga I, la primera fantasía

    2. Con mi amigo Buga II, La segunda fantasía

    3. Con mi amigo Buga III, La confesión de mi amigo

    4. Con mi amigo Buga IV, El excitante viaje en moto

    5. Con mi amigo Buga V, Un videojuego sexual

  • Mi viaje familiar a Cuba (Parte 2)

    Mi viaje familiar a Cuba (Parte 2)

    Hola a todos de nuevo. Espero que la primera parte de esta historia les gustara tanto como yo la disfruté, incluso más. Les estaba contando cómo conocí a Iván, un chico cubano alto, fuerte y muy cachondo durante mis vacaciones a Cuba cuando tenía únicamente 18 años. Si no han leído la primera parte de esta historia, se lo recomiendo encarecidamente para que se pongan en situación. Sino, les comento que la primera parte del relato concluyó en el momento en el que Iván y yo habíamos comenzado a besarnos en su habitación. Aquí tienen el momento en el que mi querido amigo me hizo gozar como una perra. Disfrútenlo mis amores.

    Iván besaba mi cuello mientras variaba el ritmo con el que sus dedos entraban y salían de mi. Sin esperarlo, me cogió y me dio la vuelta, poniéndose sobre mi. Me desnudó, rompió mi top en dos y sacó mi falda de mi con una fuerza que me hizo ponerme más cachonda todavía. Seguía tocándome cuando comenzó a bajar. Su lengua recorría mis pechos, mordía mis pezones, los succionaba por momentos. Siguió bajando dándome besitos por la tripita, el ombligo y la pelvis hasta llegar a mi tesoro. Allí su lengua se unió al trabajo que sus dedos estaban realizando, una auténtica obra maestra digna de cualquier actor porno que se precie. Mi coñito rosadito y húmedo comenzaba a segregar fluidos, preparándose para lo que se venía, un polvo que siempre recordaré. Su lengua se movía por los lugares exactos, mis gemidos de placer aumentaban y mis expectativas se iban superando cada vez más. Me pellizcaba los pezones generándome más placer, a la vez que sujetaba su cabeza contra mi vagina deseando que nunca terminara ese momento que la vida, y sobre todo mi cubano, me estaban regalando. Mi calentura era tal que no era capaz de articular palabra alguna, solo alcanzaba a gemir.

    De repente, Iván se detuvo. Sacó sus dedos de mi y su lengua comenzó a subir por mi cuerpo, siguiendo el camino opuesto al que había seguido anteriormente. Llegó hasta mi oído, y susurró una frase que nunca olvidaré:

    – «Quiero que me comas la polla como una buena puta, que es lo que sos».

    Si me hubiera dicho que me tirara por la ventana, lo hubiera hecho también. En ese momento era su esclava, habría hecho todo lo que me hubiera pedido, y ansiaba complacerlo. Además, todavía no había visto su polla. Quería que fuera grande, que no me entrara en la boca, quería atragantarme con ella. Sin embargo, nunca habría imaginado que fuera tan grande. Cuando bajé sus pantalones y vi su polla tras su bóxer, no me lo podía creer. Él estaba tumbado boca arriba y yo de rodillas mirándole a los ojos. Comencé a tocarla por encima del calzoncillo, le daba besitos y notaba como cada vez crecía más y más. Su glande comenzó a asomar por encima del elástico, y fue en ese momento cuando bajé sus boxers y los tiré por la ventana de la habitación. No sabía por qué había hecho eso, pero en ese momento a ninguno de los dos nos importó.

    Cuando pude observar por fin su polla en todo su esplendor me asusté. Era muy grande, de los 25 centímetros no bajaba. Era la más grande que había visto en persona, y por supuesto más grande que ninguna otra que hubiera estado dentro de mí. Comencé a chuparla lentamente. La lamía como si se tratara de un helado, desde su base hasta el glande, una y otra vez. Me comía sus huevos mientras le pajeaba con una mano. Quería sorprenderlo, hacerlo gozar, tenía que sacar toda la zorra que llevaba dentro de mí. Sabía que no podía comérmela entera, pero lo iba a intentar, iba a comerme todo lo que pudiera hasta tener una arcada y que me saltaran las lágrimas, y así lo hice. Comencé a mamar lentamente, aumentando el ritmo. Iván sujetaba mi pelo y decía cosas que me hacían sentirme como una puta. “Que rico se siente amor”, “Mámala todita”, “Vas a ser mía”… Su glande chocaba con mi campanilla, yo lo notaba, pero ese no era mi tope, quería le me llegara al fondo de la garganta. Iván empujaba mi cabeza hacia él a la vez que yo aumentaba el ritmo. Mi boca se llenaba de babas a la vez que su polla, que cada vez que salía de mi boca iba acompañada de ellas. Comencé a tener dificultades para respirar y llegaron las primeras arcadas cuando solo había sido capaz de comerme medio pollón. No podía ni imaginar qué sería de mí cuando eso penetrara mi coñito, pero entre la humedad de este y las babas de la polla de Iván seguro que iba a entrar todo todito.

    Pensaba que él querría acabar en mi boca, yo estaba dispuesta a tragarme toda su leche, sin embargo su aguante era bestial. Cogió mi pelo, me levantó la cara y acercó la suya a la mía. Me besó y me dijo:

    – «Ya estuvo bien por hoy».

    Me quedé en shock. ¿No me quería follar? ¿Iba a dejarme así? El calentón que llevaba encima era mayor a cualquiera que hubiera tenido nunca, esto no podía acabar así. Sin embargo, se levantó y se fue al baño. Cerró la puerta con pestillo y me quedé paralizada, no entendía nada. Pasaron dos minutos que se hicieron eternos, y salió del baño. Podía ver el placer en su cara, sin embargo, su erección había bajado. Me miró y se acostó a mi lado. Reinaba el silencio. Se tumbó de espaldas a mí y dijo:

    – «Preparé una cosa para vos en el baño».

    No sabía qué hacer. No quería levantarme rápidamente y que notara mis ganas de follármelo, pero la curiosidad me invadía. Me levanté y pasé al baño. No daba crédito de lo que veía. ¡Se había hecho una paja y había dejado su semen en un vaso! Al lado había una nota que decía: “Si quieres seguir jugando, solo tienes que beberlo”. Claro que quería, pero debía vengarme. Lo que había hecho no tenía nombre, no tenía explicación. Comencé a tocarme y a gemir para que me escuchara. Lo oí levantarse de la cama y acercarse a la puerta del baño.

    – «¿Qué haces zorra?» – preguntó.

    – «Aquí estoy masturbándome, como hiciste tú» – le respondí.

    El plan le había salido mal, no esperaba esto. Me decía que parara, sin embargo yo seguía. Con lo cachonda que estaba sabía que no tardaría en correrme. Además, cada vez que me suplicaba que parase hacía que me pusiera más todavía. Estaba tumbada en el suelo cuando alcance el clímax. Los espasmos recorrieron mi cuerpo, mis ojos se pusieron en blanco y mi coñito comenzó a expulsar fluidos. Gemía como nunca lo había hecho, y él se dio cuenta. A los dos minutos, cuando me hube repuesto, cogí el vaso con la leche y abrí la puerta. Ahí estaba él, de pie, masturbándose. Le miré a los ojos y sin articular palabra, bebí todo su semen de un trago. Cuando terminé, le miré a los ojos de nuevo y le dije:

    – “Quiero seguir jugando”.

    Me agaché y comencé a chuparle la polla de nuevo. Estaba flácida, por lo que fui capaz de meterla entera en mi boca, pero poco a poco sentía como semejante arma iba cargándose de nuevo. El sabor de su polla se unía ahora al sabor de su leche, y provocaba en mi que la excitación volviera otra vez. Quería follármelo, quería follármelo ya, y así se lo hice saber. Saqué su verga de mi boca y le dije:

    -“Quiero que me revientes, me partas en dos. Quiero sentir tu polla tan dentro como nunca antes he sentido una. Quiero que mañana mis padres me pregunten por qué estoy tan cansada. Fóllame”.

    A lo largo de mi discurso notaba como su polla se ponía más y más dura. Veía en sus ojos las ganas de poseerme, de hacer pedacitos mi coñito, y esta invitación fue lo que hizo que se pusiera manos a la obra. Sacó un condón de la mesilla de noche, me lo dio y me dijo:

    -“Quiero que me lo pongas con tu boquita de perra”.

    Y así lo hice. El condón tenía sabor a chocolate, lo que me hizo tener la sensación de estar comiéndome una chocolatina Mars. Comencé a chupársela sobre el condón, pero no me lo permitió. Me cogió del cuello con una mano y me levantó. Me miró a los ojos y me dijo:

    -“Te voy a reventar”.

    Sonreí y pasé la lengua por mis labios a la vez que le guiñaba un ojo. Me tiró sobre la cama y me puso en cuatro. Escupió sobre mi coño para lubricarlo, pero solamente con todos los fluidos que lo rodeaban su polla hubiera entrado hasta el fondo a la primera. Todavía recuerdo la primera embestida. No había sentido nada igual hasta el momento. Sentí como se rellenaba todo dentro de mi. Un alarido salió de mi boca de manera espontánea, no era capaz de controlarme. Un espasmo recorrió todo mi cuerpo, mis piernas temblaban. Eso era el verdadero placer. Iván me embestía una y otra vez, y cada vez iba entrando un poquito más. Me azotaba las dos nalgas, primero la derecha, luego la izquierda, así continuamente. Agarraba mi culo, tiraba de mi pelo, metía sus dedos en mi boca para que no pudiera gemir y eso hacía que mi placer aumentara constantemente. Me decía cosas como “Sigue así mamá”, “Eres una puta” o “Esto es lo que te mereces por ser una zorra”.

    Estaba cachonda como nunca. De repente paró y me cogió al vuelo. Me abracé a él colgando como una koalita indefensa y metió su polla dentro de mi. Me acercó a la pared y comenzó el baile de su pelvis, introduciendo toda su polla dentro de mi rosadito coñito. Me comía las tetas, mordía mis pezones, chupaba mi cuello. Gemía sin control, mis padres y toda la planta debían estar enterándose de todo. Esperaba que no identificaran mi voz, sino, mal pelo me correría al día siguiente. Pero no podía pensar en eso ahora, un dios cubano estaba regalándome el mejor polvo de mi corta vida y no sabía si tendría la oportunidad de repetirlo.

    Nos tumbamos sobre la cama, yo encima de él. Cabalgaba sobre su miembro como una buena puta. No podía mirarle a los ojos puesto que los tenía constantemente en blanco del placer que estaba sintiendo. Veía como se mordía el labio, seguía azotándome cada vez más fuerte mi culito. Estaba gozando tanto como yo. Durante todo el tiempo que estuvimos follando, creo que mis únicas palabras fueron: “Oh sí dame más”, “Aaaahhh” y “Sigue papi no pares”. Hasta que de repente un fuego se encendió dentro de mí. Estaba teniendo el mejor orgasmo de mi vida. Me abracé a Iván con su polla todavía dentro de mi. Todo mi cuerpo temblaba mientras ríos de fluidos salían de mí. La cama parecía un lago. Cuando terminé, realmente estaba reventada, pero Iván todavía no se había corrido.

    En ese momento tenía dos opciones. La primera era acabar lo que había empezado. Dejarlo seco. Beberme toda su leche. La segunda, la venganza. La venganza por haberse pajeado él solo en el baño la primera vez. Podía salir corriendo, puesto que la puerta de mi habitación era la de enfrente, y dejarle mi faldita y el top que me había roto de regalo, o volver al día siguiente a por mis prendas y repetir semejante espectáculo. Y obviamente, decidí lo primero. Quería su leche, quería que acabara en mi cara, que todo su semen fuera directo desde su polla a mi. Le quité el condón y me puse a mamar. No tardaría en venirse, pues ya llevábamos buen trote. Me atragantaba con ella una y otra vez, y por fin comenzó la explosión. El semen salía a chorros de su verga. La mayoría entraba en mi boca, pero otro poco cayó en mis párpados, mi nariz y mis mofletes. Tragué todo, y con su leche todavía en mi cara, le besé. Le susurré al oído:

    – “Muchas gracias papi. Espero que me escribas”

    Me puse de pie, y sin que él dijera nada, cogí una toalla de su baño y me envolví en ella. Salí por la puerta de su habitación duchada en su semen y marché a mi habitación dejando mi ropa en su cuarto. Al entrar a mi habitación cogí el móvil y conté a mis amigas lo zorra que había sido, mandándoles una foto mía desnuda con su semen cayéndome de la cara por todo el cuerpo. Lo rebañé todo con mis dedos, no dejé nada. Me di una duchita fresquita para quitarme el sudor, pero acabé masturbándome con la alcachofa de la ducha otra vez pensando en todo lo que acababa de suceder. Me fui a la cama, pero antes miré el móvil. Eran las 4 de la mañana. Tenía un mensaje de Iván:

    – “Me dejaste con ganas de más. Espero poder repetir algún día”

    Agregó también una foto de su polla que sigo conservando y mirando a menudo, ya que me hace recordar lo que gozó esta puta aquella noche en Cuba. Iván, si estás leyendo esto, aquí me tienes para lo que quieras, fóllame como esa noche.

    Esta era únicamente la tercera noche de mi viaje. Todo lo que pasaría las tres noches siguientes, lo sabrán dentro de muy poquito, pero permítanme un spoiler: seguro que les gustará.

    (Continuará)

  • Descubriendo mi punto P

    Descubriendo mi punto P

    Soy un hombre casado con una vida sexual activa, pero eso si con mucha calentura, alguna vez leí una nota que el punto “p” del hombre está en la próstata y se encuentra adentro del ano, esto le platiqué a mi esposa, pero dice que teme lastimarme. Yo lo pasé como una idea loca hasta que un día solo en mi departamento me iba a bañar y en lo que me desnudaba empecé a tener una respiración agitada y me senté en el escusado, afortunadamente con mi esposa utilizo lubricante y me puse un poco en los dedos frotándome el ano el cual se sentía muy bien hasta que de repente lo sentí dilatado y proseguí en meterme el dedo.

    Encontré ese botón el cual me hizo explotar de excitación, froté y froté hasta que mi pene empezó a eyacular sin necesidad de masturbarme, pero yo quería más y me puse a buscar en la gaveta y encontré un destapa caño nuevo con una agarradera algo inusual, con inusual me refiero en forma de pene, este lo lave le puse un condón y un poco de lubricante, como tiene ventosa lo pegue en la pared de forma que quedara a una distancia que me pudiera poner en 4, proseguí a insertármelo el cual dolió pero cuando entro todo se salió de control, me movía como si estuviera estimulando un pene, proseguí en agarrarme la verga y masturbarme el cual eyacule como nunca, el problema fue cuando se me bajo lo caliente lo saque de mi ano el cual dolió y lo lave, en ese momento en lo que preparaba la ducha me sentía mal conmigo mismo al no saber si era correcto o no.

    Yo siempre le cuento a mi esposa todo, pero en este caso no, solo le hice el comentario que quería un masaje de próstata.

    Espero acepte y ya les contaré que pasa.

  • Cuernos en el trabajo (Parte 02)

    Cuernos en el trabajo (Parte 02)

    Hola mis queridos lectores. Antes de comenzar mi relato del día de hoy, quiero agradecer a todos los que se han puesto en contacto conmigo. Y pronto podrán conocerme mejor.

    La verdad es que en el trabajo me siento bastante bien. Don Armando es muy amable conmigo, no es una actividad pesada y aunque gano muy poco, la ganancia no radica exactamente en mi sueldo, sino en las dádivas de mi jefe y cuando me porto bien, como a él le gusta, pues el ingreso es mejor.

    Han sido días de muy buen sexo. Con dos o tres días a la semana, le he dejado vacío. Casi les puedo asegurar que en su casa, ya no rinde igual que conmigo (y bueno, no sé si tenga otras amiguitas más).

    Con mi novio, solo tenemos una vez a la semana sexo, pero lamentablemente creo que es precoz, jejeje. Apenas se pone el condón y no tarda ni dos minutos cuando ya se viene. Lo mantengo a mi lado porque él no me quiere dejar y a mí me sirve, por lo menos me recoge todos los días al salir del trabajo para llevarme a casa o bien, me lleva al súper a mi mamá y a mí para comprar la despensa, jejeje.

    Pues como les iba diciendo, así como me lo solicitó don Armando, dos días después me compré las pantimedias blancas que me había pedido y esto fue lo que sucedió.

    Resulta que ese día llegué a la hora de costumbre, lo saludé de forma normal, como cualquier empleada a su jefe.

    Entré al local y me dispuse a irme al baño para ponerme el uniforme. Como pensé que habría sexo, decidí solo ponerme las pantimedias blancas sin ropa interior y claro, tampoco con bra, me puse la blusa sola; creo que ya desde ese momento me sentía excitada por lo que vendría, pues mis pezones se marcaban muy claramente que sobresalían de la blusa.

    Salí del baño y me senté frente a él para comenzar a hacer el inventario de inicio, pero él notó mis pezones y solo comenzó a vacilarme al respecto.

    Mientras yo tomaba nota de la mercancía, sentí como una de sus manos se metía entre mis piernas. Al principio, por instinto de conservación las cerré inmediatamente, dejando su mano presionada en mis muslos; lo miré a los ojos y sólo sonreí. Las fui abriendo poco a poco hasta que puso su mano en mi panocha, pero por encima del short y me dijo, te ves deliciosa, te quiero coger.

    Me fui a su silla y me senté en sus piernas, cara a cara. Abrí mis piernas para ajustarme a su cuerpo y comenzamos a besarnos como desesperados. Me quitó la blusa y me chupo las tetas, mis pezones los quería arrancar a mordidas y eso me calentaba mucho. Me pidió que me quitara el short pero dejándome las pantimedias puestas; sus manos se desesperaban en mis piernas, es como si me las quisiera arrancar de deseo.

    Rompió el puente de mis pantimedias para poder cogerme, se bajó los pantalones, rápidamente se puso un condón y me volví a sentar en él. Rodeé su musculosa espalda con mis brazos, con su mano puso su cabecita en la entrada de mi panochita y me senté en su rezago. Podía subir y bajar sobre su verga de forma muy placentera y apretaba mis piernas y mis rodillas a su cuerpo, eso le excitaba mucho. De repente, cuando su excitación estaba a punto de la locura y que su pene estallaría en mi, me agarró de las nalgas para empujarme más rápido y más fuerte, hasta que no pudo más y se vino; también yo tuve un orgasmo como nunca.

    Me quedé un rato más sentada en él y mientras lo besaba le decía, tienes una verga deliciosa, quisiera tenerla siempre en mi.

    Me levanté, él se fue al baño a limpiarme y me dijo, quédate con las pantimedias, así como estás, cuando venga a cerrar, te quiero tener nuevamente. Y como soy bien obediente? así lo esperé.

    Al salir del trabajo mi novio ya me esperaba en el estacionamiento y lo saludé con un beso profundo, y me dijo, hoy te veo distinta?

    Si, claro, superé mis ventas y me gané $200, libres de mi sueldo.

    Me llevó a casa y mientras me acariciaba las piernas, pensé, no te preocupes amor, si tu no puedes aguantar más tiempo, hay alguien que te ayuda a mantener tu relación fuerte, jejeje.

    Si te gustó mi relato? Espero que me lo hagas saber en un comentario y ve a mi perfil, ahí encontrarás más información sobre mi.

    Besos.

  • Yo me ilusioné, pero él no

    Yo me ilusioné, pero él no

    Lo tenía agregado del Facebook, sólo sabía de él por amigos en común. Entre ellos mi ex…

    Soy muy abierta en temas de sexualidad justo ese día, en los que se me antoja postear algo posteo en mis redes, me sale una frase sexosa, la subí a mis historias de Instagram, una frase, que no recuerdo exactamente qué decía. Ahí empezó todo. El respondió mi historia, el soltero y yo soltera. Ni siquiera sé cómo pasó… Todo fluyó desde ese momento.

    Empezamos a conversar, siempre en doble sentido. No lo niego, llegue a pensar que tendría algo serio con él, en esta cabecita loca que tengo.

    Pero eso lo contaré más adelante. Después de tantas conversaciones por Instagram, me pidió mi número para agregarme al WhatsApp, sin dudarlo se lo di. Y empezó una nueva historia en mi vida. De esas que pasan como una estrella fugaz y las recuerdas con alegría, y un poco de melancolía.

    Llego el momento de vernos, y no recuerdo si a él o a mí se nos ocurrió la idea de ir al cine. Quedamos en ir, me recogió en mi trabajo, admito que me esmere en arreglarme y estar bonita. Fuimos al cine, llegamos, entramos a sala, no duró ni media hora de la película, y ya estábamos besándonos. El muchacho era rápido, buenos los dos. El beso empezó lento y luego más intenso, al punto de que ya lo hacíamos ahí. Tiene una forma de besar peculiar, sus labios son demasiado suaves y sientes que te va a devorar de un solo mordisco.

    Luego de eso, no fuimos a cenar, creo que quería otra cosa. Ya sabía cuál era, no me hice la loca tampoco, ya sabía también a dónde íbamos a llegar, a una cama de hotel.

    Y así fue, a la segunda cita, fuimos a un hotel, fue sabrosísimo estar con él, me encanta su trasero, él no la sabe no se lo he dicho, pero si tiene un rico trasero.

    Él tenía la mezcla de ser tierno y tosco a la vez, desde antes de entrar al hotel ya sabía cómo me lo haría, ese poder de intuición nunca me falla. Y esta vez no me falló. Nos besamos, nos acariciamos, al inicio fue tierno, empezó lento. Admito que al principio sentí un poco de vergüenza, la que siempre tengo cuando voy a estar con alguien. El proceso a la penetración no fue muy extenso. Me penetro con tanta fuerza y ganas, que los dos sentimos el placer. La primera vez fue tranqui, después de tener sexo, nos pusimos a conversar, el me confesó que no le gustaba mucho ir a hoteles, pero ahí estaba en uno y conmigo. En verdad me gustaba, es moreno, pelotero y salsero, para que más. En serio me gustaba y mucho, yo me pegue el no, él siempre la tubo clara era solo sexo y ya. Después de eso nos despedimos y cada uno a su casa. La segunda vez que quedamos fue la mejor y empezó la travesía. Le hice un oral, su pene entraba perfecto en mi boca, una vez termine me subí encima de él y empecé a moverme, luego cambiamos de pose.

    Mientras me penetraba, le dije que me pegara, admito que se sorprendió, pero sé que esa locura lo éxito más, me puso en cuatro, y me siguió dando, sentía todo su pene. Sus manos eran suaves, mientras tocaba mis senos. Siempre era un placer estar con él, hasta que llegó la última vez en donde, me tocó ya no verlo en un hotel si no en su casa, no duramos ni dos minutos conversando y ya estaba encima de él, es que era inevitable, éramos arrechos.

    Creo que si hubiéramos llegado a tener algo lo hubiéramos hecho en cualquier lado. Ese día fue el último día que estuve con él, me lo hizo como un loco, después del mueble pasamos a su cuarto, me paro me quito todo me puso contra la pared y me penetro, luego me acostó en su cama y me siguió penetrando. Sentir su pene era placentero. Y después de eso, sin querer nunca más volvió a pasar algo, lamentablemente yo si me ilusione y él no estaba preparado. Así que me aleje de él, sin que él se diera cuenta. Igual siempre me dejó las cosas claras era solo sexo y ya.

    Ahora está a punto de casarse y le deseo toda la felicidad del mundo porque se lo merece, es un gran tipo.

  • La esposa de mi hermano

    La esposa de mi hermano

    Hola, mi nombre es Martin, soy de Bogotá, pero llevo algo más de 6 años viviendo en Londres, trato de viajar a Bogotá al menos para la Navidad todos los años, esta historia que les voy a contar ocurrió en diciembre de 2018, cuando llegué y me quedé en casa de mi hermano.

    Mi hermano mayor es casado hace 8 años con su esposa, Tatiana tiene 32 años al igual que yo, ella siempre había tenido un cuerpo muy armonioso, unas piernas espectaculares, una cola muy redondita, que sin importar la ropo que lleve puesta, se hace notoria y llama mucho la atención, de esas colas que es imposible no mirar cuando te la cruzas por la calle, sus tetas no son muy grandes pero son agradables.

    Un día desperté muy temprano, no sé si por el cambio de horario o porque ya había descansado lo suficiente pero no pude dormir más, así que me levante y fui a la sala y me senté a leer una revista que estaba allí, y procure no hacer mucho ruido para no despertar a los que aun dormían, sin embargo al pasar algo así como media hora, sentí como la puerta de la habitación de mi hermano se abría, deje de leer la revista para fijarme quien había despertado, al levantar la mirada vi unas hermosas piernas trigueñas, con un short de dormir rosado, muy muy pequeño y ajustado a su hermoso culo, iba descalza con sus pies muy bien arreglados, eso le subía aún más puntos positivos a su hermoso cuerpo, también tenía una pequeña pero suelta blusa, que marcaba un poco los pezones de sus lindas tetas, después de verla completamente rápida pero detalladamente, supe que definitivamente Tatiana estaba muchísimo mejor de lo que la recordaba, su cuerpo era perfecto.

    Ella al percatarse de mi presencia en la sala, se sintió un poco avergonzada por ir tan descubierta en ese momento, lo supe porque con sus manos trataron de tapar sus hermosas piernas y su pecho, mientras decía – Perdón Leo, no pensé que estuvieras despierto no te escuche- a lo que respondí – No te preocupes, estás en tu casa, jejeje (Sonreí tratando de romper un poco su timidez y quitarle la vergüenza intentando que se quedara un poco más y así disfrutar viendo ese hermoso cuerpo de mi deliciosa cuñada) y al parecer funciono, pues ella también sonrió y me ofreció algo de tomar, dirigiéndose a la cocina a preparar algo de café.

    Mientras ella estaba frente a la cafetera, no pude evitar mirara hacia donde estaba y me di cuenta como casi la mitad de sus nalgas estaban por fuera del su short, su culo era tan lindo y perfecto que ese pedazo de tela no era suficiente para cubrirlo.

    Para ese momento yo ya tenía una erección increíble, no lo podía disimular, a la vez sentía culpa, pues era la esposa de mi hermano, mi mejor amigo, mi anfitrión en ese momento, pero igual era más grande mi excitación.

    Taiana me ofrece el un café, yo seguía sentado sin posibilidad de levantarme pues se me notaria la verga parada, pero para recibir la taza que ella me ofrecía, debía inclinarme un poco y sentí como Tatiana desvió su mirada y noto mi evidente erección por debajo de mi pantalón de dormir; ella no dijo nada pero sé que lo noto, pues nos sentamos a tomar la taza de café y durante nuestra conversación varias veces me fije como ella miraba hacia mi verga (era algo mutuo, también estuve desviando mi mirada hacías su cuerpo todo ese tiempo).

    Pasado un rato, mi hermano también se levantó y se unió a la charla, debí hacer un gran esfuerzo para que el no notara la forma en que yo miraba a su esposa, aunque creo que lo noto.

    Después de un rato y de hacer algunos planes para ese tiempo que estaríamos reunidos en Bogotá, decidimos que iríamos un algunos días a la playa, Tatiana se levantó del sofá donde estaba sentada para dirigirse de nuevo a la habitación, dejando de nuevo ante nuestros ojos su hermoso culo nuevamente, a lo que mi hermano, con total tranquilidad seguridad y jocosidad, le dice- amor estas mostrando medio culo, no te da pena- sonríe, ellos eran muy tranquilos en ese tema y además yo era de confianza.

    Habían pasado unos 4 días desde mi llegada a casa de mi hermano y la confianza con Tatiana había crecido, pues ya no se avergonzaba tanto en llegar a casa después del trabajo y ponerse pijamas cortas como las que había visto aquel día, al parecer por vivir solos ellos dos, era normal vestir así estando en casa y con mi llegada nada cambio, a mi hermano no le molestaba, ella se sentía cómoda y yo estaba feliz.

    Una noche Tatiana le pidió a mi hermano que le acompañara al otro día a hacer unas compras para cosas que ella debía llevar a la playa; mi hermano le dijo que no podía acompañarla, ya que debía dejar muchos temas de su trabajo organizados para poder ir al paseo con tranquilidad, entonces yo me ofrecí a acompañarla, a lo que tanto mi hermano como Tatiana, aceptaron gustos;

    El día siguiente, tal como lo habíamos acordado ella llego, fuimos a un centro comercial y ella me dijo que trataría de no demorar tanto, pues sabía que a mi esos planes no me gustaban mucho, sin embargo yo estaba gustoso de pasar tiempo con ella; entre las comparas que se disponía a hacer estaba algo de ropa de playa para mi hermano, entramos a una tienda donde venden ropa de este tipo tanto para hombres como para mujeres, elle me pidió que le ayudara a escoger la ropa para mi hermano y así lo hice, estando allá ella vio un vestido de baño muy pequeño y muy lindo para ella, me pregunto cómo le parecía, a lo que yo con mucha más confianza le respondí. -sinceramente, se te vería espectacular, ojala lo compres para poder verlo en ti; ella sonrió bajo su mirada y note que se había sonrojado un poco, pero le insistí, -mídetelo-, pero en esa tienda no dejan medir este tipo de prendas, así que le dije que si no era mucho atrevimiento me dejara regalárselo en agradecimiento por su hospitalidad y que en casa se lo midiera, (yo lo hacía más por verla en la playa con ese diminuto traje); ella avergonzada y después de negarse un par de veces, acepto mi obsequio.

    Ya de regreso, en el carro ella me pregunto si creía que a mi hermano le gustaría el traje que le había regalado, a lo que yo le dije -Tati, tienes un cuerpo espectacular, nada de eso te puede quedar mal, seguramente le va a gustar- ella me responde –gracias, ojala que quede tan bien como tú dices, yo respondí – en serio, de verdad que tienes muy buen cuerpo; ella continuo diciendo – pues te creo porque he notado que me miras un mucho cuando llego a casa y me cambio la ropa, jejeje –continúe yo– lo siento, te incomoda que te mire así? prometo no hacerlo de nuevo- a lo que ella respondió – No me incomoda para nada, incluso lo he hablado con tu hermano y a él no le importa, tu sabes que él es demasiado abierto para esos temas.

    Ya estando en casa, mi hermano llamo a Tatiana para avisarle que aún se demoraba en regresar si quería dejar todo listo; ella le dijo que no se preocupara que estaba conmigo en casa.

    Ya sabiendo que mi hermano se demoraba, destapamos un vino mientras lo esperábamos (cabe aclarar que yo no acostumbro a beber) pero está bien estaba de vacaciones y con mi familia.

    Después de un par de copas y distintas charlas, el vino me desinhibió un poco y le dije que sería mejor que se probara el vestido de baño para que no se llevara una sorpresa en la playa; a lo que ella estuvo de acuerdo y se fue a su habitación probarse su traje, mientras yo continuaba en la sala tomando vino; en eso ella desde allá me dice -me quedo divino, muchas gracias

    Yo: Me alegra mucho, sabía que a ti nada te podía quedar mal, pero déjame ver cómo te queda (dije jocosamente, pero esperando una respuesta positiva);

    Tatiana: jejeje, en la playa lo vas a ver

    Yo: pero no te parece buna otra opinión diferente a la tuya, solo por seguridad jejeje

    Para mi sorpresa ella me respondió

    Tatiana: está bien, te mereces ser el primero en ver cómo me queda, solo por habérmelo regalado.

    Ella salió de la habitación con una bata cubriendo su cuerpo, pero veía algo diferente en su mirada, no sé si era el vino, los nervios, o que sería pero note algo de picardía.

    Tatiana: Te voy a dejar ver mi nuevo vestido, pero debo sentirme en ambiente, como si realmente estuviera en la playa, entonces tu también debes estar con vestido de baño, jejeje

    No sé si lo diría en broma o seria verdad lo que me proponía, pero tal era mi afán de verla en ese diminuto traje, que sin pensarlo dos veces quite mi camisa, zafe mis zapatos y desabroche mi pantalón.

    Tatiana: y es que tú vas a la playa en pantalón?

    Yo de inmediato fui a la habitación y con desesperó busque un pantaloneta y me la puse, regrese a la sala donde estaba ella, esperándome.

    Tatiana –Eso ahora si puedo estar en confianza y de paso saber si realmente te gusta cómo se me ve el vestido – dijo sonriendo.

    Volví a sentarme y ella se levantó y abrió la bata, la parte de arriba del bikini era de color rojo, que resaltaba sus tetas de una forma increíble, como le había dicho anteriormente, no eran muy grandes pero su tamaño era aceptable y además con ese traje de baño se veían redondas grandes levantadas y muy juntas, ufff, me puso a mil, pero al fijarme en la parte de abajo quede aún más feliz, era un hilo de color blanco diminuto, que solamente tapa parte de su pelvis, sostenida a los lados por dos grandes nudos que evitaban que se fueran al piso, acto seguido ella me pregunta.

    Tatiana: qué opinas?

    Yo: e… e… e… muy bien, pero no he visto atrás, date una vuelta

    Ella se quitó la bata por completo y se giró, yo pensé estar en el cielo al ver ese pequeño pedazo de tela blanco metido entre las nalgas más hermosas que mis ojos han podido ver en toda mi vida, eran redondas, paradas, se notaban firme, con un pliegue muy marcado entre las nalgas y donde terminan las piernas, yo estaba en el cielo, no quería dejar de mirarlas, quería acariciarlas, lamerlas, morderlas, tenía una erección como nunca antes, con solo contemplar el culo de la esposa de mi hermano, me quede sin hablar por un tiempo.

    Tatiana: te gusto, cierto?

    Yo: se nota? que me hasta dejaste sin palabras

    Tatiana: eso por un lado y por otro, porque desde aquí veo que tienes la verga como un garrote jejeje

    Eso no me lo esperaba realmente, pero si, era muy evidente mi nivel excitación en ese momento, yo no supe cómo reaccionar, más que inclinándome un poco tratando de disimular el gran falo que en ese momento tenía.

    Yo: discúlpame, pero entiende soy hombre y tú estas demasiado buena.

    Tatiana: tranquilo, no disculpes, me alaga pensar que te pongo así, me hace sentir bien.

    Tatiana: prefieras que me vuelva a poner la bata?

    Yo: realmente preferiría que te quitaras todo (a lo que los dos reímos y bajamos un poco las miradas)

    Ella tratando de cambiar un poco de tema me ofreció mas vino, pero yo estaba demasiado caliente y no podía dejar de pensar en que solo quería hacerla mía; así que sin pensarlo dos veces le propuse:

    Yo: Me gustaría verte sin nada puesto, me gustaría verte desnuda

    Creo que ella se esperaba esa propuesta, pues no reacciono de forma que se notara sorprendida

    Tatiana: Sabes que lo que estamos haciendo está mal, y ahora me pides que me desnude, no creo que eso sea correcto, no te voy a negar que quisiera hacer algo más, pero no va a pasar.

    Sus palabras me dieron pie a seguir insistiendo, pues ya me había mostrado que también estaba interesada en algo más, su negativa inicial no me iba a desanimar.

    Así que me acerque y tome su mano, la acerque a mi verga erecta sobre mi pantaloneta, ella no se opuso ni intento alejarla, por el contrario, la poso sobre mi verga y suavemente sentí como ella trataba de apretarla suave, pero rápidamente la quito.

    Tatiana: Entiéndeme, soy mujer y siento, pero eres el hermano de mi esposo

    Yo: El no se enteraría de nada, yo también siento que eso está mal, pero no sabes lo mucho que quiero hacerlo.

    Tatiana: Estas seguro que nunca le vas a decir nada a tu hermano, ni por accidente?

    Yo: PROMETIDO

    Esas palabras de ella desataron aún más mi lujuria, mi verga estaba a punto de salirse de mi pantaloneta, demasiado dura y mojada.

    Le mande mi mano por detrás de su cintura, apretándola fuerte contra mí, intentando que ella sintiera mi verga dura, ella mando sus manos sobre mis hombros y nos empezamos a besar con una pasión exagerada, yo sentía su lengua y ella sentía la mía en su boca, mientras mi mano bajaba hasta su culo hermoso y apretaba su nalga, la apretaba fuerte y abrazados besándonos y comiéndonos la boca, fuimos hasta su habitación y nos tiramos en la cama, ella acostada y yo encima de ella besándola, sintiendo su cuerpo contra el mío, esas tetas contra mi pecho, y sus piernas abiertas haciéndome espacio para poder poner mi cuerpo u sentir muy cerca mi verga contra su vagina, nos giramos y ella se sentó sobre mi aunque aún con ropa se podía sentía la excitación que teníamos, lo húmeda que estaba su vagina y lo dura que estaba mi verga, con ella sentada sobre mí y moviéndose para sentirnos mejor, estire mis brazos para soltarle la parte de arriba del traje de baño que aun llevaba puesta, se lo quite y quedaron expuestas esa hermosas tetas, que no eran la parte que más me gustaba de su cuerpo, pero que sorpresa me he llevado al verlas, eran hermosas, redondas, paradas, sus pezones cafés estaban muy duros; no lo dude más así que me incline llevando mi boca hacia esas hermosas tetas y con mu brazo en su espalda las apretaba más hacia mi boca, las chupe, las lamí, las mordí, las acaricia, estaba saciándome, mientras ella seguís moviendo su pelvis, sobre mi verga, y gemía suavemente.

    Después de lamer un poco esas deliciosas tetas, la empuje sobre la cama, quite mi pantaloneta dejando expuesto mi enorme falo, en ese momento ya ansioso por sentir a esa mujer; ella no pensó mucho se acercó y lo empezó a pasar su legua por la cabeza, como acariciándolo, saboreando mi liquido pre seminal que era abundante para ese momento, lo lamio, mientras yo un poco inclinado sobre ella estiraba mis brazos para alcanzar esas nalgas que me traían tan mal dese hace un buen tiempo, la acariciaba hasta llegas a sentir su vagina húmeda, mis manos pasando sobre la tanga, las las metí por debajo, para sin dudarlo empezar a meter un dedo, después otro y luego otro, mientras ella ya tenía toda mi verga en su boca, la metía y la sacaba, para poder gemir por el placer que mis manos le estaban dando en ese momento, la excitación estaba en el punto más algo al que habíamos podido llegar, ella me dijo.

    Tatiana: Dame ya te quiero sentir dentro ya, no tenemos tiempo

    Me retire un poco alejando mi verga de su cara, mientras ella sin mucho más, se puso a 4 patas frente a mí, puso esas nalgas solo para mí, por fie eran mías, las veía y no lo creía, ya quería tenerla toda, me acerque y puse mi verga frente a ese culo, mientras ella pasaba su mano por para correr ese diminuto pedazo de tela que aún se oponía entre mi verga y la entrada a su cuerpo, al ver esa vagina, húmeda, carnuda, depilada, perfecta puse mi cabeza en la entrada y con mi mano la movía para que la sintiera por los bordes como reconociendo el terreno que estaba a punto de explorar, estando a punto de entrar, le di un gran empujón haciendo que toda mi verga entrara entera en ella, hasta el fondo, mientras ella soltaba un suspiro de placer que nunca voy a olvidar, fue muy profundo fue deliciosos, desde ese momento empecé a bombearle fuertemente, de daba muy duro con mi vista sobre ese culo, como esas perfectas nalgas se estrellaban contra mi cuerpo uno y otra vez, ella solo podía dejar de gemir para decir,- dame mas dame mas dame mas duro-, eso me excitaba aún mas, yo quería seguir, quería seguir en ese momento toda mi vida dándole verga fuerte, viendo como giraba un poco su cabeza para que yo notara su cara de placer, con mi manos en si cintura para controlar un poco el ritmo y poder penetrarla muy profundo, ella me dijo.

    Tatiana: No te vengas dentro, dámelo todo.

    Como si fuera poco todo lo bien que estaba pasándola en ese momento, ella me dice eso, fue perfecto, ella me tenía dominado y sin haber terminado, saber que iba a buscar más,

    En ese momento ella se gira y me corre para un lado, ya presentía que yo estaba a punto de llegar a mi primer orgasmo de la noche, me aparto un poco dándose espacio para poder levantarse de la cama poniéndose de rodillas en el piso, diciéndome, ven dámelos en la boca, yo de inmediato me puse de pie frente a ella, ella corrió su cabello hacia su espalda mientras yo me empezaba a masajear la verga y la acercaba a su boca que ella había abierto esperando que mi falo se aproximara, bastaron unos 10 o 15 segundos para sentir que toda esa leche iba a salir sobre su cara, ella lo noto y de inmediato metió toda mi verga en su boca, haciendo que todo mi semen se depositara dentro de ella, fue una venida impresiónate, su boca no alcanzo a almacenarla toda, haciendo que un poco saliera por los borde, ella se sintió ahogada, saco mi verga de su boca, por su garganta bajo lo que había alcanzado a quedar dentro de su boca, al ya verla disponible nuevamente volvió a acercarla a mi verga, y con su lengua limpio lo que aun escurría la cabeza, con una mano limpio lo que había escurrido por sus mejillas, para después llevar a su boca y limpiarla toda, no dejo nada de evidencia del semen que de mi había brotado, lo trago todo, diciendo –No podemos dejar evidencia: Sonrió picaronamente.

    Nos reincorporamos despupuses de tal agitación, sabíamos que debíamos dejar todo en total normalidad en poco tiempo, así que nos organizamos y llegamos al acuerdo que nadie se enteraría de lo que esa tarde había pasado, sin embargo nuestra historia sexual no termino aquí, si les pareció interesante, en otro relato les contare lo que paso días después en nuestro viaje a la playa.