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  • Sólo palabras… yo no lo creo

    Sólo palabras… yo no lo creo

    Sólo palabras han de brotar de tus delicados dedos.

    Simplemente el alma derramada por el tintero.

    Y anhelo verte desnuda desplomada en cada letra.

    Combinas tus curvas suaves con el furor de tu puño.

    Agudizas tus labios de carmín, con el amor de tus líneas.

    Poco a poco, lentamente… haces que recorra por tu cuerpo con mi mente.

    Configuras mis pasiones con el don de tu destreza.

    Desparramas tus caderas todas delineadas, por la fría hoja que al tocar tu quemas.

    Tu busto redondo, perfecto y eterno, me dibuja en mi cara un delirar contento.

    Tus gritos de sexo, pasión y lujuria has de contestarme en cada señal que envío.

    Y hemos de gozar en cada instante, tú en tu distancia, yo en mis momentos.

    Y hemos de esperar por cada minuto, de pasar tu cuerpo junto al mío, y yo acompañar tu silencio.

    Nuestras almas entrelazadas, casi unidas por fuego; desparraman goce puro por cada día.

    Y hemos de encontrarnos una y otra vez, gozando del placer de tenernos uno al otro.

    Y en cada experiencia que encontramos cada día, podemos reconfigurar nuestro amor sin rendirle tributo al tiempo.

    Ya han pasado más años que primaveras vividas, pero te sigo siendo fiel, y tú a mi, mi amada filosofía.

    No sufrimos las distancias, mucho menos la soledad, pues siempre soy tuyo, y tú a mi lado estás.

    Y sin saber nada más que de tus encantos a través del cartero.

    Miro ansioso el buzón esperando tu respuesta.

    Y una vez más espero encontrarte, en cada carta, en cada letra… en cada orgasmo de mil palabras y en cada canción tierna, que a la distancia me describes.

    Y hemos de gozar en cada instante, tú en tu buró, y yo en mi recamara.

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  • Infiel descubierta por la ex

    Infiel descubierta por la ex

    Dos mujeres jóvenes estaban tomando un café en una confitería del centro de la ciudad, cuando una, Ana, vio que se acercaba otra chica y le hizo una seña para que se acerque.

    —Hola Cata, sentate y tomemos un café. ¿A Sil la conoces? Es la novia de Gustavo Torres.

    —Hola chicas, no, no tengo el gusto de conocerla. Dijo Cata.

    —Me parecía. Estábamos hablando de novios, amigos y otras yerbas.

    —Sigan tranquilas, mientras mando un mensaje.

    —Dale, Sil, contame de Gustavo.

    —Lindo tipo, hace dos semanas que estamos juntos. Pero me parece muy paja, tranquilo. Antes de empezar a salir me pareció que le gustaba más la joda, la noche.

    —Listo. Quizás no es de salir porque Gus trabaja bastante, es un muy buen abogado. Dijo Cata.

    —Sí, pero… a mí me gusta salir, ir a divertirnos.

    —¿Están en pareja, conviviendo? Preguntó Cata.

    —No, no. No quiero atarme, tener que rendir cuentas de horarios…

    —Entiendo, ¿vos Cata estas saliendo con alguien?

    —Quique me jodió mucho para volver. Nos estamos dando otra oportunidad.

    —Guacha, tremendo tipo.

    —Ana, no jodas que Fernando es un hermoso hombre y por lo que me contaron… muy bien armado, como Javier Correa.

    —Pues querida amiga, no me puedo quejar en lo absoluto. Te aseguro que me llena… de placer…

    —Sos una cerda…

    —¿Lo conoces a Javier? Preguntó Sil.

    —Por supuesto. Dijo Cata sonriendo.

    —Ah… el otro día lo conocí en un bar… Me tiroteo fuerte… Esta fuerte en serio. Dijo Sil.

    —Muy fuerte el guacho. Dijo Ana…

    —Si te tiroteo fuerte solamente, debe estar enfermo. Normalmente de entrada te mete una mano en el culo y te rompe la boca. Dijo Cata…

    —Bueno… quizás… Dijo Sil.

    —Jajaja… Ana y Cata se rieron.

    —Y el desgraciado me invito a irnos el viernes hasta el domingo a la noche a Punta del Este con su auto.

    —¿Vas a ir? Preguntó Cata.

    —Ganas no me faltan…

    —¿Y a Gustavo que le vas a decir?

    —Que tengo que viajar a ver a un familiar… Dijo Sil.

    —No es mala excusa. Pero ojo que si te agarra, te va a mandar a la mierda sin vueltas.

    —No me va a agarrar… Aparte, me parece que le hago dos mimos y lo tranquilizo.

    —Si a vos te parece… Dijo Ana.

    —Chicas, las dejo, tengo que hacer un trámite. Dijo Cata.

    —Dale loca, te llamo. Dijo Ana.

    —Chau Cata.

    Cata se fue, tomo el celular y apago la grabación de vos sonriendo. Camino unas cuadras, entró a un edificio, subio unos pisos en ascensor, bajó y entro en un estudio jurídico.

    —Hola Carla, ¿Cómo estás?

    —Hola, muy bien. ¿Queres ver a Gustavo?

    —Si no está ocupado…

    —Le pregunto.

    La secretaria le preguntó por el interno y él le dijo que Cata pase.

    —Hola guacho hermoso.

    —Cuando me saludas así tiemblo. Hola loca. ¿Cómo estás?

    —Muy fuerte y bien cogida por tu amigo. Cuando me coge claro.

    —Jajaja… sos tremenda. ¿Un café?

    —Tacaño, por lo menos un whisky.

    —Sentate y te sirvo. ¿Qué pasa que viniste a verme?

    —Porque soy una jodida, pero te quiero a pesar que me pateaste cuando fuimos amiguitos.

    —Que vos reconozcas que sos jodida, me preocupa. Toma.

    —Recién me encontré con Ana y una boluda que tiene la boca muy floja. Una tal Sil… ¿La conoces?

    —Conozco a una Sil…

    —Entonces escucha.

    Ella puso a reproducir lo que había grabado y Gustavo escuchaba sonriendo.

    —Linda mina tu novia boludo.

    —Amiga… que boluda, por favor… Gracias Cata, pero ya algo de esto me esperaba, me habían llegado comentarios que el viernes estuvo en un boliche, debe haber sido el día que se encontró con Javier.

    —U otro, parece que le gusta la joda a la mina.

    —No lo dudes.

    —¿En la cama bien?

    —No más de siete puntos.

    —Medio pelo entonces, no está a tu nivel.

    —Eso queda por tu cuenta…

    —Siempre dijiste que yo era nivel nueve…

    —¿Cómo andan las cosas con Quique?

    —Cambia de tema… tironeando… muy controlador, asfixiante por momentos. Y vos sabes que eso me jode mucho.

    —A vos y a casi todos Cata.

    —Ahora volvimos porque me jodió mucho, pero no estoy nada convencida. Así que si pateas a la boluda y tenés ganas de llamarme…

    —Nunca te llamaría si estas con Quique, lo sabes.

    —¿Y si estoy sola?

    —Me emboscaste…

    —Te dejo hermoso. Pórtate bien…

    —Vos también.

    Se despidieron con un beso en la mejilla y ella se fue…

    A media tarde, lo llamó a su amigo Javier Correa para juntarse a tomar algo cuando terminaran de trabajar.

    Los dos de riguroso traje, se encontraron en un reducto irlandés y pidieron un whisky. Abogado como Gustavo, charlaron de trabajo hasta que Gustavo le dijo.

    —Así que te vas a ir con mi novia a Punta del Este hijo de puta. Jajaja…

    —¿Quién mierda es tu novia? Ni sabía que estabas de novio.

    —Silvana.

    —No me jodas… Pero solo me le tire la otra noche, le dije de ir pero no quedamos en nada…

    —Pues te cuento que posiblemente te diga que sí.

    —Me volvés loco Gus… ¿Cómo que me va a decir que sí? ¿Cómo sabes?

    —Porque se encontró con la mina más jodida de Bs.As. por lo menos y Ana en un café. La boluda empezó a hablar y las desgraciadas le tiraron la lengua.

    —No me digas nada: Cata.

    —Y la yegua la grabó y me hizo escuchar la grabación donde contaba que te había conocido, le apretaste el culo, la besaste y le dijiste de ir a Punta.

    —Y a los cinco minutos Cata estaba en tu estudio haciéndote escuchar la grabación. Jajaja…

    —Y tomando un whisky.

    —Claro… Gus, en serio que no sabía que estaba con vos, ahora la llamo para cancelar.

    —No seas boludo, la voy a cortar vayan o no vayan. Una mina así no sirve. Anda, tíratela sin problema. Me das una excusa para patearla el lunes.

    —Quedamos así…

    El miércoles, Gustavo estaba trabajando cuando recibió un mensaje de Cata.

    —Punto final, Basta. Estoy sola, si tenés ganas de llamarme…

    Lo leyó y se largó a reír.

    Más tarde, lo llamo Silvana para verse y el inventó una excusa para no verla. Fue en ese momento en que ella le dijo que un familiar estaba enfermo, que iba a viajar a Córdoba el viernes, que hasta el lunes no iba a volver. Él le dijo que no tenía problema, que esperaba que se recupere, y enseguida cortaron.

    El jueves a la noche, luego de cenar con un conocido, llegó al departamento, se ducho, se quedó en bóxer y se sirvió un whisky. Puso música suave, tomo su celular y se sentó en un sillón.

    —Hola hermoso. Dijo Cata cuando atendió la llamada.

    —Hola Loca.

    —Increíblemente sigo sola. Ningún hombre me valora…

    —Jajaja… Sos tremenda…

    —¿Cómo estás Gus?

    —Bien… ¿Planes a partir de esta noche y hasta el lunes?

    —Ninguno. Ganas de muchas cosas, y muchas de esas cosas, con vos.

    —Si llegas antes que me acueste, nos vamos el fin de semana a Punta del Este.

    —Servite otro whisky desgraciado… Dijo y cortó.

    Gustavo tomo un trago y pensó: “esto va a estar muy divertido”. Tomó nuevamente el celular y llamó a un restaurant de Punta del Este del cual era cliente frecuente e hizo una reservación para el viernes a las 21 para cuatro. Luego le mandó un mensaje a Javier para saber si podía hablar. De inmediato lo llamó.

    —Hola Javi.

    —Gus…

    —¿Vas a Punta acompañado de mi novia?

    —Forro… Sí, me llamo ayer.

    —Genial. Tengo reservaciones en Tricota, para cuatro, para mañana a la noche, 21:10.

    —Perfecto, nos encontramos ahí.

    —Voy con Cata…

    —Hijo de puta…

    Cortaron y diez minutos después llegaba Cata, con una valija y un bolso. Entro y le dio un tremendo beso.

    —¿Whisky? Preguntó Gustavo.

    —Por supuesto.

    —Solo vamos por el fin de semana Cata.

    —Quiero poder elegir la ropa.

    —Claro. Toma.

    —Gracias…

    —¿En serio terminaste con Quique? No quiero pelearme.

    —Muy en serio.

    —Bueno… Te planteo algo ahora, no quiero una respuesta hasta que volvamos.

    —Te escucho.

    —¿Tenes ganas, estas dispuesta en serio a ponerte las pilas e intentar que volvamos?

    —Sos una basura desgraciado… Desde ya te digo…

    —No digas nada Cata, por favor. Pensa bien lo que te dije hasta que volvamos. No tengo ganas de perder el tiempo y fracasar otra vez. Por culpa de los dos, por supuesto, pero fracasamos por boludeces que podíamos haber evitado. Dijo serio Gustavo.

    —Bueno… dale…

    —Eso no implica que desde ahora y hasta que volvamos tenemos que practicar el celibato… Jajaja…

    —Por supuesto que no desgraciado…

    Al día siguiente, pasado el mediodía se terminaron de registrar en el hotel y subieron a la habitación. Estaban sacando la ropa cuanto Cata le preguntó:

    —Gus… ¿No te jode que haya estado con algunos tipos desde que cortamos? Te aclaro, no más de cinco.

    —No, para nada.

    —¿En serio? ¿Por qué?

    —Por supuesto, porque yo también he estado con mujeres… Te aclaro, no más de quince.

    —Hijo de mil putas…

    —Fui honesto.

    —Sabes bien que soy celosa…

    —Jajaja…

    —No te rías…

    —Te buscaba un reemplazo boluda. Ni para tomar café te pude reemplazar.

    —Sos un cerdo… Yo ni reemplazo te buscaba, sabía que no lo iba a poder encontrar…

    Te das cuenta que por mi pelotudes sobre todo, perdimos tres años…

    —Pensalo distinto, ganamos tres años de experiencia. En mi caso por lo menos, ahora se bien lo que quiero y como lo quiero.

    —¿Cómo lo querés?

    —Mmm… De vos: menos loca, menos impulsiva, menos celosa al pedo, un poco más compañera, un poco más soñadora, pero sin dejar de ser vos…

    —Lindo desafío tengo.

    —¿Y vos, cómo lo querés?

    —De vos, igual, exactamente igual, aunque quizás que hables un poco más, que no te guardes todo para después mandarme a la mierda…

    —Trabajemos en eso…

    —Dale…

    Se prepararon para ir a la playa, pasaron por un parador a comer algo y luego sí fueron a la playa.

    —Gus, no te enojes… Los hombres son muy… no sé cual es la palabra… trata de entenderme. Quieren que “su” mujer haya estado con la menor cantidad de hombres posible, si son vírgenes mejor que mejor. A una mina como yo la miran de costado. En cambio nosotras, casi que preferimos que hayan estado con por lo menos tres o cuatro mujeres. ¿Por qué a vos no te jode que yo haya estado con cinco o siete…?

    —Jajaja hace un rato era no más de cinco…

    —Bueno, no soy muy buena para contar. Más a mi favor.

    —Porque no tengo problema de masculinidad.

    —No te entiendo…

    —Dicho de otra forma, no tengo problema en que me comparen con otros hombres. Ni me creo el mejor amante del mundo ni el peor. Por lo que algunas mujeres me han dicho, por observar a otras, creo que soy un buen amante, que me preocupo por el placer de la mujer. No la tengo gigante, pero tampoco es despreciable.

    —En otras palabras, tenés las pelotas bien puestas… Y es cierto, las tenés muy bien puestas.

    —Hablando finamente, sí.

    —Por experiencia personal y habiendo hablado con chicas que estuvieron con vos, todas coinciden en que estás primero o segundo en un ranking entre tipos con los que hemos estado… ¿Vos me comparaste con otras chicas?

    —Ponerme a pensar en compararte, decir, bueno, comparemos a Cata con Ale Guardia… No, no lo hice. Nunca compare a ninguna mujer de esa forma.

    No te voy a negar que consciente o inconscientemente uno hace un ranking. Como Uds. supongo.

    —¡Estuviste con Ale Guardia! ¡Hijo de puta! ¿Y en que puesto estoy del ranking?

    —Estás fuera del ranking Cata. Totalmente fuera.

    —Te adoro, sos hermoso.

    —Por insoportable estas afuera. Jajaja…

    —No te adoro nada, sos un hijo de puta…

    Cata se paró y fue corriendo al agua… Gustavo la siguió, se abrazaron y se besaron.

    Se quedaron casi hasta las 19 en la playa, se fueron al hotel y a prepararse para la cena.

    —Ah, me olvide comentarte, tenemos una reservación para cenar a las 21 con otra pareja. Dijo Gustavo cuando Cata se estaba duchando.

    —No hay problema… Por eso traje una valija, te conozco.

    Se terminó de bañar y cuando salió con una toalla alrededor de su pecho, lo miró a Gustavo sonriente y le di un beso.

    —Te deseo desgraciado…

    —No hay tiempo, por la cena…

    —Mala honda… ¿Conozco a la otra pareja?

    —Eh… Sí… Dijo Gustavo sonriendo y se metió al baño.

    —Uds. dos cerdos desgraciados no serán capaces de…

    —No Cata, no. Como pensás eso de nosotros…

    Cuando Gustavo salió del baño, Cata se estaba maquillando, solo con una tanga puesta.

    —Loca, la hora…

    —No me jodas, vos estas en bolas.

    —En diez minutos estoy listo.

    —Yo en siete…

    Cata se terminó de maquillar, se peinó un poco, se puso un vestido mini impresionante, zapatos con doce centímetros de taco y se terminó de peinar. Lo miro a Gustavo, que estaba con un jean, una camisa sport, zapatillas y un saco poniéndose perfume.

    —Sí que sos hermoso hijo de puta…

    —Vos una diosa.

    —Dame un beso antes que me ponga lápiz de labio.

    Se besaron, ella se pintó los labios y fueron al restaurant. Cuando llegaron, Javier y Silvana no habían llegado, se fueron a sentar a la mesa que tenían reservada, Gustavo miro la puerta de entrada y se sentó dándole la espalda.

    —Ahí entran. Se va a querer morir la boluda… Dijo Cata sonriendo y levantando la mano para que Javier la vea.

    —Hola, buenas noches. Dijo Javier sonriendo mientras se acercaba abrazando a Silvana.

    —Hola Javi divino, hola Sil, que sorpresa. Dijo Cata y le dio un beso rápido en los labios a Javier.

    —Hola, en serio que sorpresa.

    —Sil, te presento a un gran amigo, Gustavo. Dijo Javier y Gustavo se puso de pie.

    La cara de sorpresa, terror de Sil era tremenda. En menos de un segundo se quedó pálida por completo.

    —Hola, que sorpresa verte en Punta del Este…

    —Eh… sí, bueno…

    —¿Se conocen? Preguntó Javier tratando de no reírse.

    —Es… bueno, ahora veo que era mi novia Javi. Me robaste a mi novia.

    —¿Silvana, sos o eras la novia de Gustavo? No me dijiste nada…

    —Bueno, yo… lo que pasa…

    —Sos una tramposa… Gus amigo…

    —Javi, amigo, cenemos tranquilos. Veinte años de amistad tenemos.

    —Por supuesto.

    Silvana no podía recuperar el color en su cara. Se sentó y trataba de evitar la mirada de Gustavo.

    —Que sorpresa verte con Gus, Cata. ¿Otra vez de novios?

    —No… está o estaba de novio. Sabes bien que somos muy buenos amigos Javi.

    —Por supuesto… Pero me gusta verlos juntos… Déjense de joder y vuelvan.

    —Sos jodido… Dijo Cata.

    —¿Javi está entre los no más de siete?

    —No seas hijo de puta Gustavo, te voy a matar…

    —¿De que hablas Gus?

    —Dice que no fueron más de siete los muñecos que tumbó. Le preguntaba si sos uno.

    —Cata, este tipo día a día es más hijo de puta…

    —No te quepa la menor duda… Sí Gus, me invitó a cenar a Cariló.

    —No sos ningún boludo amigo. ¿Escala del uno al diez?

    —Totalmente fuera de rango. Dijo Javier y los dos se largaron a reir.

    —Viste que te dije Cata. Dijo Gustavo.

    —Son dos cerdos insoportables…

    —¿Qué te pasa Silvana que no hablas y estas con cara de culo? Preguntó Javier.

    —Es que yo…

    —Me había dicho que tenía un familiar enfermo que se iba a Córdoba. Sil, listo, terminado, da vuelta la página, estás con Javier, tranquila, es mi amigo. No me vas a decir que estabas enamorada… No seas boluda, no jodas. Dijo Gustavo.

    —Escucha a mi amigo. Y si no cambias la cara, te saco un pasaje y te vas a Bs.As. Boludas no tengo ganas de coger. Jugaste a ser infiel, perdiste, ahora te la bancas callada. Dijo Javier.

    —Bueno…

    —Sil, consejo. La noche de Bs.As. parece grande, pero es chica. Tiburones como estos, se conocen, se respetan y en algunos casos como este, son muy buenos amigos. Cuidado porque te van a fagocitar en menos de un mes si jodes con ellos. Dijo Cata.

    —Hablo Tiburón Blanco. Dijo Gustavo.

    —¿Por qué eso? Preguntó Cata.

    —Devora hombres Cata. Dijo Javier y con Gustavo soltaron una carcajada.

    —Son dos basuras…

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  • Nuestra segunda fiesta swinger (1)

    Nuestra segunda fiesta swinger (1)

    La semana pasada, un rato antes de la cena, recibo un llamado de un número desconocido. Al contestar una voz muy sexy me dice: ¡Hola Lau! Soy Hebe la anfitriona del club swinger al que han asistido hace un tiempo con José. ¿Te acuerdas de mí? Como para olvidarme de esa noche y de ella. Jajaja.

    Le respondo eso exactamente y nos reímos juntas. Luego de una charla sobre como estábamos y otras tonterías. Me invita a la próxima fiesta que realizan en su quinta, porque Cele y Esteban no pueden asistir por problemas familiares, y ellos ya tenían pagada las entradas y le comentaron que iríamos nosotros en su lugar. Cosa que me tomo muy por sorpresa, porque la turra de Cele no me lo comento… jajaja.

    Casi sin dudarlo y ni siquiera consultarlo con José acepté. Apenas corto con Hebe se lo comento a José que el finde iríamos a la fiesta de Hebe y Juan y le cuento que va a ser como la otra vez 16 parejas en la finca de ellos, más los 6 chicos y 6 chicas del staff, la idea nos pareció tremenda, teniendo en cuenta que nos encantó la vez que estuvimos ahí.

    Enseguida llamo a Cele para agradecerle las entradas y la sorpresa que nos dieron con semejante regalo y para preguntarle cual era el problema por el cual no podían asistir ellos. Y la pena que ellos no estén, ya que hace rato no armamos nada juntos.

    La cita era para el sábado, a partir de las 6 de la tarde en la casa de los organizadores, hasta las 8 de la tarde del domingo. Llegado el día, hasta allí fuimos.

    Al arribar al lugar un rato después de las 6, los dueños de la finca nos recibieron con gran alegría, el resto de los participantes, habían sido más ansiosos en su asistencia que nosotros, ya estaban todos presentes nos dice Hebe y Juan que nos indican que nuestra cabaña es la misma que usamos la otra vez. Y que a eso de las nueve estemos listos en el salón con nuestra mejor ropa y nos entregó y mascara a cada uno, porque la temática es no vernos las caras hasta que entremos cerca la media noche a las habitaciones donde se hace la fiesta swinger.

    Fuimos caminando hasta nuestra habitación cruzando todo el patio, donde solo vimos a una pareja donde se mataban a beso al borde de la piscina. Y a los chicos del staff que ya estaban con las máscaras puestas.

    Al llegar nos acomodamos y decido darme una ducha, para estar a tiempo en el salón, puesto que demoro mucho en acomodar mi pelo y en producirme. Cuando me empiezo a desnudar, José había dejado la puerta entreabierta de la cabaña, y un señor se para en el pasillo mirando hacia adentro. Con una voz muy sensual y un acento muy español me dice: -Hola, esta noche nos vamos a ver seguro. Al tiempo que me sigo desnudando le respondo: -claro, y dejo mi tanga en el suelo para entrar al baño. En eso escucho que se despide de José que estaba tirado sobre la cama solo con su bóxer.

    Me preparo con un vestido largo, con un tajo hasta arriba mi muslo izquierdo, que dejaba ver muy bien mi pierna. José se arrima me sube el vestido y me saca la tanga, diciéndome con cara de pícaro, no la vas a necesitar. Nos ponemos las máscaras y nos dirigimos al salón cruzando el enorme patio por el borde de la pileta.

    Al llegar al salón, todos alrededor de una mesa grande disfrutábamos de diferentes bebidas a disposición y algunos bocaditos de recepción, fuimos conociéndonos poco a poco con las demás parejas, lo que nos ayudó a distendernos e ir dejando de lado el lógico nerviosismo. La mayoría de ellos, ya habían compartido otras reuniones, salvo Graciela y su pareja Claudio, ella una amorosa y simpática muchacha de bellos ojos verdes y nutridas carnes. Así nos mantuvimos más de una hora, entre comentarios de experiencias vividas y anécdotas, entre calientes y jocosas, que fueron amenizando y creando el ambiente de la noche por vivir.

    Poco a poco, se fueron perfilando las simpatías, afinidades y gustos en común. El clima de complicidad y el sobrevuelo de las fantasías y deseos, sutilmente expresados, hacían que la noche fuera tomando temperatura. Graciela, por ejemplo, que desde un primer momento se mostró por demás expresiva y demostrativa para conmigo, se posicionó a mi lado con una determinación por demás evidente.

    No dejaba de estar presta a facilitarme lo que se me ocurriera de la poblada mesa de consumos, a la vez que me regalaba alguna caricia o recorriera con la palma de su mano el largo de mi muslo descubierto. Todo un preaviso a lo que, aparentemente, pretendía de mí, lo que me hacía sentir más cómoda y predispuesta para el momento del inicio concreto de las actividades.

    Claudio, en tanto, había empatizado en plenitud con Lily una mujer muy atractiva, con una silueta envidiable y Susana, una por demás interesante hembra de unos labios mortales, abundante cabellera rubia, medianos pechos carnosos que habitaban sin corpiño bajo su blusa beige y, un par de piernas macizas y bien torneadas, que anticipaban a simple vista lo que debían ser sus caderas sostenidas por su pollera negra de cuero.

    Ahí siempre a unos pocos metros estaba el español, con su tonada, marcando bien las zetas, que no sacaba nunca sus ojos sobre mí y su pareja una mujer muy flaca, que tenía a simple vista más o menos la misma edad que nosotros. Estaba claro que me perturbaba sin remedio y que ya estaba apuntada como uno de sus objetivos de la noche. Junto a ellos, mi marido desplegaba su relajado perfil de seductor. Tal es así que, en más de una oportunidad, la flaca mujer acercaba su boca al oído susurrándole quien sabe que, lo que me indicaba que estaba a gusto.

    Si bien Susana, me había hecho “click” desde que la vi y su pareja Claudio era un joven y atlético hombre, Graciela no dejaba de hacer mérito y despertar mi curiosidad minuto a minuto junto a su marido un señor de unos 50 años no tan agraciado con su físico, pero muy simpático. En un momento determinado, me dice: -Que ganas de besarte tengo. No bien terminó de expresar su deseo, entrelazamos nuestras manos que reposaba sobre el muslo de mi pierna y nos comimos la boca. Fue muy rico y gracioso, porque las máscaras chocaban entre ellas.

    Su boca se abrió toda húmeda y se filtró entre la mía, a la vez que su lengua toda temblorosa se desplegó saludándose con la mía, y nuestros alientos fueron inevitablemente cómplices. Me encantó tanto que, cerré los ojos. En ese instante o eternidad, no sé, pensé en José. Abrí los ojos y lo veo charlando con el español y su mujer, más otra pareja que se había agregado a ellos, todos mirando hacia mí, festejando con sus copas, mi protagonismo en el salón. Eso hizo que mis mejillas sintieran inevitablemente el calor del rubor y que, Graciela, se apoyara sobre mi pecho derecho y se abrazara a mi cintura.

    Creo que ese momento, fue la señal impensada para que la reunión abriera de par en par sus puertas al deseo. Dos de las parejas se levantaron rumbo a las amplias y mullidas habitaciones, ubicados en el fondo del salón donde como guardianes estaban Hebe y Juan, los anfitriones y los chicos del staff desnudos a esa altura.

    Mi marido, se acerca me toma de la mano y nos sentamos en una de las banquetas de la barra de tragos. Pedimos uno cado uno, a esa altura ya había perdido la cuenta de los que había tomado. José me susurra que levante un poco mi vestido y le abra las piernas, cosa que no costó nada para que sus dedos empiecen a recorrer mi sexo totalmente húmedo a esa altura de la noche. En eso me doy cuenta que mira con insistencia a mi espada, cuando giro veo al español y su pareja en un sillón observando como él me tocaba.

    José toma con fuerza la banqueta y la gira conmigo arriba, quedando mis piernas abiertas directamente hacia ellos, sin dejar de tocarme con una mano, con la otra intentaba con dificultad bajar el cierre de mi vestido. En tanto la flaca ya tenía la polla del español en su mano. Y también con algunos escollos trataban de desprenderse de sus ropas.

    Cuando José logra bajar el cierre mi vestido, este cae primero hasta mi cintura, atajado solo por la banqueta donde todavía estaba sentada y al pararme llega al piso, giro lo más sensual que puedo para que vean mi cuerpo desnudo, aunque el español ya me había visto así. Y comienzo a desabrochar cinturón y botones de mi marido que a esa altura ya tenía la verga dura como un vidrio. Al quedar desnudos me toma de la mano y nos dirigimos hacia los dormitorios, pasando por el frente del español y su pareja, donde estaban las otras parejas empezando con las orgías que se hacen dentro.

    Al llegar a la puerta de entrada la abrimos, estaba el pasillo con una luz tenue de color roja, Juan y Hebe desnudos nos reciben primero a mí donde Hebe me besa acariciando mi espalda y Juan me apoya de atrás haciendo un sándwich conmigo, Bienvenida Lau me dicen, después entra José, Hebe hace lo mismo con él, pero cuando Juan se quiere arrimar, lo frena para que no lo apoye. También le dan la bienvenida. Atrás nuestro llegaban el español y su flaca mujer.

    Nos asomamos a la primera habitación donde sobre la cama estaban las dos parejas más jóvenes de la fiesta con dos de las chicas del staff y 2 de los chicos. Sin dudas eran la atracción de la noche por su juventud y belleza. Varias parejas alrededor viendo cada movimiento de ellos e interactuando por fuera de la cama.

    Salimos y nos dirigimos a la segunda habitación donde había varias parejas sobre la cama y algunas en el suelo con varios del staff, parecía una caja de serpientes por como estaban todos enroscados, enredados. Ahí observamos por varios minutos la escena, al tiempo que el español recorría con sus manos mi espalda y mi cola con total delicadeza.

    Abandonamos la habitación los cuatro e intentamos entrar en la tercera habitación que estaba con la puerta cerrada, al pretender abrirla nos dimos cuenta de que la fiesta era privada y seguro los integrantes que la ocupaban no querían que nadie los observe.

    Entonces, por lo consiguiente nos dirigimos a la última habitación, al ingresar al amplio y bien dispuesto cuarto, Lily ya estaba extendida, perpendicularmente sobre la cabecera del espectacular King Size, con las piernas abiertas y apoyadas, mientras Susana, en cuclillas, le recorría su vagina de labios abiertos y brillosos por los jugos espontáneos, decoradas de unos pocos pelos castaños púbico que alcanzaban a rodearla. En tanto Claudio daba cuenta de la entrepierna de Susana que, con su cadera al descubierto, mostraba a pleno sus bellísimas piernas, su culo perfecto y abundante y una concha de maravilla que se habría cada vez más, producto de los lengüetazos y dedos traviesos de él.

    Graciela, al darse cuenta de nuestra presencia, nos llama a mí y a la mujer del español, enseguida me eché sobre la humanidad de esa hambrienta mujer y comencé a besarla, a la vez que mis manos se deslizaban por sus pechos, su cara, su cuello y, alternadamente, hurgaba su vagina latiendo de la calentura obvia del momento. Luego de un rato de jugueteo, bajé lentamente hacia su bajo vientre y me ocupé enteramente de su concha implorante de atención, que se abría complaciente para mis besos y caricias.

    De pronto, un quejido profundo surgió a mi lado, era Susana que había recibido, en su concha enrojecida, la pija endurecida de Claudio, hundiéndose hasta que las bolas chocaban sin remedio con los laterales superiores de las piernas abiertas de ella. El bombeo en un aumento progresivo, producto de la calentura que le provocaba tener clavada a semejante hembra, más el inconfundible sonido del miembro transitando la cavidad inundada de tanto placer y los gemidos de Lily que no se privaba de expresar el goce que tenía con la chupada de concha que en ese momento le propinaba la mujer del español.

    En tanto veo que se suman Hebe y Juan que se lanzaron sobre los huesos flacos de la mujer del español. Mientras Graciela no cesaba de hablarme con una ternura mezclada de arrechera contenida: “Así, así, sí, sí, sí, así, chúpame toda mi vida. No sabes cómo te siento. Cógeme, cógeme así, tesoro. Que boca preciosa tienes. Me estás haciendo gozar mucho. Cógeme, muérdeme el clítoris, méteme los dedos, todos, todos. Hazme tu puta, cariño. Quiero ser tuya, sentirme tuya. Cógeme como quieras, muérdeme toda. Quiero que me hagas más puta que nunca.

    Tal es así que, me convertí en una callejera sin límites: “Siii mi yegua hermosa, voy a hacerte acabar como nunca te hicieron. Me encanta tu concha, es muy rica. Te prometo que vas a ser mi puta preferida. Así, así, muévete toda. No dejes de gritar hermosa. Que rica puta. Que placer es tenerte para mí. El cuerpo de Graciela se movía de tal forma que, parecía que tenía una convulsión sin solución de continuidad. Mis manos la sostenían de la cintura para que su concha no dejara de estar al alcance de mi boca que se hundía y disfrutaba de ella con gran devoción.

    En un momento determinado, al alzar mi cabeza, veo que Lily y Graciela tenían sus bocas pegadas, repartiéndose el placer que estaban recibiendo ambas. A su vez, Susana, que seguía ensartada por Claudio movía sus caderas al ritmo de la cogida recibida, le dice a Juan: “Corazón, por favor, mójame el culo con el jugo de mi concha. Méteme los dedos bien adentro, quiero una pija dentro de mi culo.

    Mientras mi cabeza procesaba la calentura de Susana y me ponía más puta, de pronto mi concha se estremeció ante los mimos inconfundibles de una boca que se había apoderado de ella. Primero suspiré hondo de placer y, luego, giré mi cabeza para descubrir al benefactor. Era el español que junto a mi marido se acercaron a la cama, estaba arrodillado haciendo un fenomenal oral a mi concha abandonada, pero más caliente que todo el sexo del cuarto. Sus labios tomaban los labios de mi vagina con una sensibilidad y maestría que me hicieron estremecer inmediatamente. Sus manos se ocupaban de mis muslos superiores y mis nalgas, a la vez que en el transitar, sus dedos comenzaban a separarlas para incursionar en el hoyo de mi culo que, también palpitaba al ritmo de mí ya florecida concha.

    De pronto cesa en su oral y José me levanta de la cama y me lleva hasta un mueble que había en la habitación, primero se sienta él apoyando su espalda contra la pared, luego hace que me siente en el borde del mueble apoyando mi espalda contra él, seguidamente toma mis rodillas para levantarla, para que de esa manera quede todo mi sexo expuesto al español que no fue necesario hacerle ningún pedido, apoyó la cabeza de su pija, la recorrió varias veces para embadurnarla con el líquido que vertía sin parar del pozo de mi enfiestada vagina y me penetró con una justeza y precisión.

    Un quejido se despegó de mi boca, sentí esa satisfacción tan especial que solemos tener las mujeres cuando una pija se introduce en nuestras entrañas. En la mitad de su ingreso, me di cuenta de que el grosor de esa poronga no era algo normal, no era muy larga, pero si muy gruesa, venosa, dura, ello me obligó a sobreponerme rápidamente de la sorpresa, acomodar mis caderas y prepararme a recibirla plenamente. Que la tuviera tan gruesa, no me molestó en absoluto, muy por el contrario, sentía como llenaba toda la cavidad de mi vagina, sentía como rozaba las paredes forzando a que se dilate más.

    Bien la tuve toda adentro, ya que sus bolas golpetearon en el hueco de mis piernas, un suspiro, acompañado de una exclamación de recibimiento, explotaron de mi boca: “¡Aaaah, uuuh, siii. Uuuuy que lindo!, háblame que me calienta tu tonada española. Siii, la siento tooodaaa. Así, así. Eso, eso. Así. No pares. Agárrame bien de las caderas y empújala toda, mira como estoy de mojada.

    Mientras me cogía a gusto y paladar y yo en las nubes de Eros, escuche los orgasmos, gritos y contracciones que no dejaban de producirse uno tras otros, provenían de los que estaban en la cama, eso me desconcentro, no pude abstraerme de mirar el momento cumbre unos segundos, pero enseguida volví a lo mío. Sentía las palpitaciones de la verga de José en mi cintura, en tanto los dos juntos no paraban de susurrarme guarradas.

    El español empezó a darme cada vez más duro parado frente mío, al tiempo que José continuaba sentado donde mi espalda se apoyaba, con una mano me sostenía de la cadera y con la otra busco mi clítoris, lo que me puso más puta y hambrienta. Mientras seguía enterrándomela en mi concha totalmente entregada, los dedos de José iniciaron el anunció que mi orgasmo estaba por llegar. La pija del español y los dedos de José eran la conjunción perfecta.

    Dale, mi amor. Así, así tocame. Aaaaah, guacho, que pijón grueso tienes. Así, ahora sí, eso, empújala toda, así, así. Aaaah. ¡Uuaaau, que pedazo me metiste. Ahora, dale, hazme gritar. Dale, dale. Eran alguna de mis exclamaciones. Hasta que solté algo que nunca había dicho: -Quiero que vea mi marido cómo un buen pedazo de pija me hace delirar como la más grande de las putas. Mira mi amor como me culean. mira como soy la puta de otro.

    -¿Te gusta, te calienta cómo te cojo? me pregunto el español.

    -No sabes cómo estoy gozando esta poronga. Es maravilloso cómo la siento. Tócame con los dedos amor, sentí como entra esa verga dentro mío.

    Y luego de un buen rato de entrar y salir ese tronco precioso del interior de mi concha, mis convulsiones características se encadenaron a más no poder, mis gritos, gemidos, alaridos se deben haber escuchado en toda la finca. La mujer del español no pudo resistirse al espectáculo y, sin dudar un instante, arremetió con su cabeza debajo de las bolas endurecidas de su marido y su boca se ocupó de ellas.

    Su pija iba y venía como si corriera libremente por un amplio pasillo, hasta que comenzó a distenderse, producto de la acabada. Yo al volver a mis cabales me encontré colgada de los hombros del español y con la mirada sobre mí de todos los presentes que sonreían y algunos comentaban mi terrible orgasmo. Me incorporé y me di vuelta para abrazar a José que todavía continuaba sentado sobre el mueble, tomé en mis manos su inflexible verga y procedí a agradecerle tanta felicidad, la introduje en mi boca sedienta con toda la paciencia del mundo. En eso, la flaca mujer felicita a su pareja por el hermoso polvo que me brindo.

    Y me dijo: -No me digas que no es bueno, Toño. Acababa de enterarme cómo se llamaba el dueño de semejante tronco que me había deleitado.

    -Ya lo creo cariño, Toño tiene una hermosa pija y sabe usarla muy bien.

    Mientras tanto veo a Claudio sobre la cama que, con total decisión, como si se tratara de un cuervo hambriento le deglutía sin miramientos la pija de uno de los chicos del staff. Su acción me dejó perpleja. Su cabeza subía y bajaba sin pausa. Claudio estaba en pleno goce, Graciela, seguramente ya conocía los vicios de su marido, parecía ponerse más cachonda con ese espectáculo -Dale mi amor, cómesela toda. ¿Viste que rica es la pija que se cogió a tu mujer?

    Lily, se acercó a Hebe la dueña de casa, se arrodilló al costado de la cama, cómo pidiendo perdón por lo que iba a hacer, y comenzó a comerle la concha recalentada por el orgasmo que había tenido hacía unos minutos antes del mío. Graciela, se tiró a lo largo sobre el piso y se deslizó por debajo de la entrepierna de Lily para ocuparse de la solitaria vagina. El círculo estaba casi completo. Solo faltaba Silvia, la mujer de Toño que con sus piernas flacas se acercaba a la cama para participar. Cada uno disfrutaba del otro. En eso, le digo a José: -diviértete, pórtate bien y me despido con un beso bien jugoso en su boca. Y me retiro de la habitación para dejarlo disfrutar.

    Al salir, por el pasillo me encuentro con dos chicas del staff y les pido que vayan a atender lo mejor que puedan a mi marido. Ellas sin dudarlo entraron a la habitación y lo buscaron inmediatamente. De ahí empecé a caminar para salir al salón en busca de agua. Al llegar a la barra donde todavía yacía mi vestido tirado en el suelo, siento la voz de Toño que me invitaba a sentarnos en el sillón donde estuvo con su mujer observándome antes de que todo comience.

    Pedí un vaso con agua, y luego él pidió que nos lleven unas copas al sillón. Ahí comenzamos una larga charla, donde me contaba que Silvia su mujer tiene ataques de pánico y otros trastornos psicológicos desde hace unos 6 meses, que le produjeron esa extrema delgadez, y que desde entonces no llega a tener orgasmos. Y que el objetivo de ir a esta fiesta era que ella lograra acabar con quien sea, pero que pueda disfrutar.

    A tiempo que varios circulaban por la barra, todos casi con el mismo objetivo, hidratarnos, yo le comencé a contar mis aventuras sexuales, o sea todos mis relatos escritos.

    Eso hizo indudablemente que la temperatura empiece a subir y su pija reaccione de igual forma, que junto a sus manos empezaban a recorrer mi cuerpo otra vez, no sé qué me pasaba, pero no estaba caliente, se ve que el orgasmo que tuve fue tan fuerte que me dejo muy relajada. Igual me pidió que me suba sobre él, que se encontraba sentado, no lo dude ni un segundo, le hice caso, puse una rodilla a cada lado y apoyándolas sobre el sillón, con una mano le tome ese grueso y duro pedazo de carne y me lo incrusté en medio de la concha.

    Empecé a moverme muy lentamente sobre él, a tiempo que le seguía contando cada una de mis historias, eso se notaba que lo ponía caliente, no paraba de frotar mis tetas y mi culo. No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero fue un rato largo. Hasta que llega una pareja, se sientan en el mismo sillón donde estábamos, ellos llamaban mucho la atención porque ella era una mujer alta, grandota, con muchas carnes y su pareja un muchacho mas joven, flaco y unos 15 centímetros más bajo que ella.

    Comienzan por tomar la misma postura que nosotros, ella sentada sobre él, estirando los brazos para tocarnos. Eso hizo que a los pocos minutos nos ofrecieran que intercambiáramos. Yo les pedí disculpas, y les dije que Toño era todo para ellos, estaba cansada y quería ir a descansar a mi cabaña un rato. Así que suavemente salí de arriba de Toño y le dejé su verga para ella, que inmediatamente se subió sin pedir permiso.

    Encaré para las habitaciones, donde debería estar José. Pase primero por las otras donde ya todos estaban muy tranquilos y cogidos, la mayoría durmiendo, salvo algunos pocos que seguían charlando o tocándose.

    Continúa…

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  • Carmen y compañía

    Carmen y compañía

    Cuando mi secretaria me anunció la llamada de Carmen, una sonrisa se dibujó inmediatamente en mi cara. Era siempre tan agradable charlar con ella de cualquier cosa.

    —Necesito que vengas esta tarde al estudio. Tenemos que habar detenidamente del proyecto multimedia y quiero presentarte a la persona ideal para el DV y la programación.

    —Estupendo estaré por ahí sobre las cinco, cuando tenga todo listo y le pueda dedicar todo el tiempo necesario.

    —Ya, Ya todo el tiempo necesario

    A las cuatro y media ya estaba deseando acabar con aquella miserable reunión y salir volando para allí, sabía que llegaba tarde y no quería dejar pasar la tarde sin ver a mi diseñadora.

    Llamé al timbre del despacho en dos ocasiones hasta que la propia Carmen me respondió.

    —Pasa, te esperábamos.

    Carmen estaba tan guapa como siempre. Tenía el pelo recogido en un ligero moño y vestía una camiseta clara apretada que me permitía ver claramente como su pecho estaba libre de sujetador y sus pezones apuntaban ligeramente hacia mí.

    Junta a ella estaba una chica de veintipocos años. Era morena y baja, vestía de forma muy sexy, con una minifalda ajustada y una estudiadamente desabrochada blusa para mostrar lo necesario de un escote moreno con un hermoso canalillo.

    —Te voy a presentar a Patricia. Lleva trabajando una temporada conmigo y ya hemos hecho ya un par de cosas y te van a impresionar.

    Me acerqué para proceder con la presentación de rigor y cuando me acercaba para besarla la mano de Carmen aterrizó directamente sobre mi culo para acariciarlo durante un segundo.

    —Cuidadito con perderte con ella, que no te quiero ver desconcentrado ni un segundo.

    La palmadita, el comentario y el tono de Carmen me hizo sentirme inmediatamente cómplice de ella, pero sin saber todavía hasta donde iba a llegar.

    —Lo siento Carmen, hoy no eres la protagonista, con semejante belleza no tienes nada que hacer.

    Después de un par de comentarios más propios de adolescentes que de tres profesionales, comenzamos a trabajar, exponiendo mis ideas y mostrando diversas posibilidades. El ambiente estaba completamente relajado y disfrutábamos de la conversación a la vez que de unos cuanto refrescos.

    En medio de la discusión acerca de cómo me gustaría la presentación de una serie de fotografías a Patricia sugirió que utilizase una serie de fotos de una misma sesión para mostrarme el efecto.

    Retomando el tono del inicio de nuestra conversación le sugerí a Carmen que utilizase las fotos de una sesión que ella me había mostrado hacía algunas semanas. Era una prueba que había hecho para un catálogo de joyería donde Carmen se había prestado como modelo, unas fotos realmente bellas donde la belleza serena y madura de Carmen se mostraba increíble.

    Accedió y le descargo varios archivos a la computadora de Patricia. En cuanto vio las primeras se volvió hacia Carmen y le comentó increíble que estaba. Carmen se levantó y situándose detrás de Patricia me llamó.

    —Ven aquí hay un par de ellas que no te había mostrado.

    De pie, puso sus manos sobre la espalda de Patricia y le pidió que abriera otra sesión más. Una sesión en blanco y negro en la que en algunas fotografías Carmen aparecía, prácticamente desnuda, imponente.

    —Dios, estás guapísima. Y las fotos son preciosas, con una delicadeza increíble.

    —Verdad que si mi niña, seré una cuarentona pero, todavía tengo más que tersura.

    La verdad es que a mí me había provocado una erección increíble y Carmen aprovechaba que Patricia estaba de espaldas para manosearme la dura polla con vigor.

    Mientras observé como sus manos comenzaban a masajear los hombros de Patricia con algún disimulo.

    —Yo también tengo unas cuantas fotos. Deja que os enseñe.

    En un momento Patricia nos mostraba un book de fotos increíble. Era tremendamente guapa y las fotos le hacían honor.

    —Corazón tu si que tienes un cuerpazo, cierra eso antes de que este cochino se nos ponga más cachondo de lo que está.

    Carmen seguía mientras tanto agarrada a mi polla cada vez con más fuerza.

    —Sigue por favor, Pero ten cuidado, es Carmen la que se está poniendo cachonda.

    La mano de Patricia, se levantó y agarró suavemente la de Carmen, mientras reía. Carmen se agachó y casi susurrando le dijo:

    —Sigue niña, sigue que son realmente preciosas.

    El suave masaje de Carmen en los hombros de Patricia comenzó a ser algo más que masaje y puede ver mientras Patricia continuaba enseñándonos fotografías como cerraba ligeramente sus ojos con una sonrisa entreabierta de placer.

    Me acerqué contra Carmen y mientras encajaba su culo contra mis caderas, comenté en su oído como disfrutaba del masaje Patricia. Mientras yo disfrutaba acariciando los pezones durísimos ya de Carmen y le lamía con pasión su cuello y sus orejas. Podía observar como sus manos separaban el cuello de la blusa de Patricia y continuar descendiendo muy despacio y suave entre fotografía y fotografía por el pecho de Patricia hasta sacarle las dos tetas de los cazos de sujetador.

    Carmen empujó su culo ligeramente hacia atrás para poder inclinarse hacia Patricia y después de juguetear con la lengua en su cuello le giró la silla para dejarla viendo hacia nosotros.

    Comenzaron a besarse mientras yo levantaba la falda de Carmen y tras apartarle el tanga comencé a acariciarle suavemente su coño.

    Se pusieron ambas en pie para desnudarse la una a la otra entre besos, podía ver como los dedos de Patricia recorrían las duras tetas de Carmen y se entretenían pellizcándole, tirando y apretando los pezones que tanto me excitaban a mí.

    Los dedos de Carmen recorrían el coño empapado de patricia, separaban sus labios rugosos y encarnados y los soltaba de golpe para que se juntaran y rebotaran soltando finísimas gotas, luego se enterraban, primero uno luego dos, dentro y fuera una y otra vez para mi mayor deleite y excitación.

    Mis manos seguían escondidas en el coño de Carmen cada vez más empapado hasta que me separó de un golpe.

    Alzó a Patricia y la sentó sobre la mesa, separó sus piernas y muy despacio comenzó a lametearle el redondo y grande clítoris que se mostraba. Mientras yo ya no era capaz de soportar el ardor de mi polla así que la enterré hasta el fondo en un solo golpe dentro Carmen que me ofrecía su culo mientras se deleitaba con Patricia.

    En medio de los ataques de mi polla dentro de Carmen pude oír como Patricia se corría sobre la mesa del despacho.

    Carmen se levantó y se giró para agarrar inmediatamente mi polla que palpitaba empapada en el aire, se agacho y comenzó a lamerla muy despacio alrededor de la corona de mi glande.

    En un segundo Patricia estaba a su lado y se alternaba chupando con violencia mi polla hasta que me derrame sobre las dos en dos golpes largos.

    Aquellas dos mujeres, no tenían descanso, Patricia seguía besando a Carmen y la empujaba hacia los sillones del despacho, la tiró con cierta violencia sobre el sofá para arrodillarse inmediatamente entre las pierna abiertas de Carmen y comenzar a lamerle el coño, tan húmedo que gruesos hilos colgaban de sus labios. Podía ver como Patricia alternaba intensos lametones con pequeños mordiscos en el aquel precioso coño,

    Mientras tremendamente excitado de nuevo y decidido me senté detrás de Patricia y obligándola a mostrarme su duro culo, le empecé a acariciarle el coño de adelante a atrás, suavemente con toda la longitud de mis dedos, para una vez completamente empapado mi dedo anular, metérselo despacio por el agujero del culo. Sin presentar prácticamente resistencia lo metía y sacaba una y otra vez siguiendo el ritmo que empezaron a marcarme los empujones de sus caderas. En un momento aquellas dos mujeres se derretían juntas en una cadena intensísima de orgasmos.

    Sin un momento de respiro levanté a Patricia para manteniéndola en alto abrazada con sus piernas en mi cintura penetrarla intensamente y notar como la boca de Carmen se entretenía con mis huevos a la vez que notaba clarísimamente su dedo metido en el culo de Patricia penetrándola muy suavemente a la vez que tratando de alcanzar mi polla dentro del coño que la abrazaba.

    La penetraba solo ligeramente para poder notar los movimientos del dedo de Carmen y notaba como su coño se cerraba atrapando con fuerza la punta de mi polla. Cuando no podía más la enterré hasta el fondo para descargar allí con todas las fuerzas que podía, empujando hasta tropezar con mis huevos y retirarme suavemente para disfrutar de las increíbles ordeñadas que me regalaba Patricia.

    Los tres acabamos tirados en el sofá sobeteándonos durante una rato, riéndonos y bromeando acerca de nuevos encuentros y futuros proyectos.

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  • Mi secretaria bien puta

    Mi secretaria bien puta

    De esta historia ya pasaron varios años, acababa de llegar de Monterrey a hacerme cargo de una empresa familiar en el puerto del pacifico mexicano, la empresa estaba iniciando operaciones así que entré a trabajar como un empleado más, nadie sabía que yo estaría a cargo de la empresa excepto el gerente.

    Comencé mis labores como ayudante general haciendo todo tipo de trabajos eso me permitió ir evaluando las actividades, así como a los empleados, recuerdo bien que tenían contratada a una secretaria joven de nombre Betty, de carácter fuerte, delgada con buenos senos, cada vez que entraba a la oficina me trataba con despotismo mientras yo nada más la dejaba ser hasta que pasados dos meses le ordené al gerente que reuniera al personal.

    Cuando ya estaban todos reunidos me paré frente a ellos informándoles que a partir de ese momento yo tomaría las riendas de la empresa todos se quedaron con la boca abierta, pero aún más la secretaria que no hallaba en donde meterse.

    Conforme pasaban los días fui haciendo ajustes de personal y la secretaria me rehuía cada vez que nos topábamos hasta que en una ocasión la mandé llamar, ella muy nerviosa entró a mi oficina.

    Le comenté que sus tareas las hacia bien, pero que su manera de tratar a la gente dejaba mucho que desear así que la tendría a prueba unas semanas y si había alguna queja o me percataba que seguía con sus malas actitudes no tendría más remedio que despedirla.

    Como por arte de magia cambió tanto así que se desvivía por atenderme, en una ocasión al revisar los trabajos en el patio me torcí el tobillo, tuve que entrar a la oficina cojeando, ella se percató y de inmediato se acomidió a quitarme el zapato porque ya se me estaba hinchando el pie sin imaginar lo que tenía Betty en mente.

    Apoyé mi cabeza en el respaldo del sofá mientras ella ponía una compresa para calmar un poco la hinchazón, entrecerré los ojos cuando siento que rápidamente me desabrocha el cinturón y baja el cierre metiendo su mano para sacarme la verga. Apenas me dio tiempo de reaccionar, antes de que dijera algo ya tenía mi verga en su boca diciéndome “con este masaje se te va olvidar el dolor del tobillo”.

    Así nada más, empezó a darme una mamada como toda una experta se la metía hasta el fondo, retiraba su boca me masturbaba y volvía a comérsela para después pasar su lengua por el glande. Yo estaba que me venía, la agarré de la cabeza para que se la tragara toda. En eso me dice “espérate tantito que la tienes muy gorda”.

    Poco a poco se tragó toda la verga, no pensé que lo fuera a hacer, sin embargo, me estaba dando una mamada como pocas. Ya a punto venirme le sujeto la cabeza soltándole toda la leche en el fondo de la garganta. se la tragó toda.

    Cuando saca mi verga de su boca me dice “a la hora que quieras me llamas para quitarte el estrés”.

    Salió de la oficina dejándome alucinado y con la verga exprimida.

    Así cambió mi relación con ella, de ser esa chica déspota se convirtió en mi putita personal

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  • Los pies de Alondra

    Los pies de Alondra

    Hace un mes llegó de cambio a la empresa Alondra. Una güerita hermosa, de unos 33 años, caderas prominentes, piernas preciosas y sobre todo unos pies muy hermosos.

    Siempre vestía de manera muy sexy con mini faldas, jeans ajustados y nunca faltaban tacones abiertos, flats, sandalias y sus uñas pintadas de acuerdo a la ropa o zapatos.

    Llegó para suplir a mi jefe por lo que trabajaríamos juntos. Yo estoy en el turno matutino y Alondra al estar a cargo del área rotaba entre el primer y segundo turno, por lo que la veía muy poco.

    Un día platicando con un compañero que estaba más tiempo con Alondra me dijo que ella es muy agradable y que por lo bonita que es todos siempre le hacían cumplidos y se la querían ligar pero a pesar de eso nunca fue grosera o creída.

    Al poco tiempo empecé a llevarme bien con ella. Platicábamos de nuestras vidas, bromeábamos y reíamos mucho, pude confirmar que es una persona muy agradable y nada mamona.

    Recuerdo que un día llevó unos tacones

    negros de punta abierta y las uñas perfectamente pintadas de color rojo, yo sólo veía sus pies y fantaseaba.

    De la nada hizo un movimiento con su silla y se dio un golpe en el pie, se quejó e inmediatamente se sobó un poco cohibida.

    —¿Estás bien?—. Pregunté.

    —Sí, no fue nada—. Respondió sonriendo.

    Seguimos trabajando. Me levanté para ir por agua y me percaté que se sobaba el pie mientras se quejaba.

    —¿Todo bien?

    —Sí me duele, creo que sí me pegué feo —respondió mientras se quitaba la zapatilla—. Mira está rojo—. Dijo elevando un poco su pie.

    —¿Te duele mucho?—. Pregunté “preocupado” mientras acariciaba el dorso de sus dedos.

    —No mucho pero sí.

    Me dejó seguir acariciando sus dedos mientras sonreía.

    —¡Te lavas las manos eh!—. Dijo riendo.

    —¡Ja! He tocado cosas verdaderamente sucias, tu pie está muy limpio—. Respondí bajando un poco la cabeza y le di un beso en el pie, me llegó un delicioso olor al interior de la zapatilla, ella se sonrojó, dijo que estaba bien y retiró su pie.

    Los siguientes días nos mandábamos mensajes y cada que nos saludábamos nos abrazábamos y le daba un beso en la comisura de los labios, pero no pasaba de ahí y no me quitaba de la cabeza que quería volver a besar sus pies.

    Dos días antes de que Alondra regresara a su sucursal me pidió que me quedara en el segundo turno para ayudarla a preparar los envíos de material a otras sucursales.

    Decidí hacerle un regalo y así poder acercarme otra vez a sus pies. Le mandé a hacer una tobillera de plata y compré una crema para masaje.

    Ese día estuvimos preparando los envíos en el almacén.

    —Ya me quiero ir, tengo hambre y sueño—. Dijo exhausta.

    —Sí yo también.

    —A parte estas zapatillas ya me cansaron.

    —Te tengo un regalo—. Respondí con un poco de miedo.

    —¿Qué es?—. Dijo sorprendida.

    —Cierra los ojos.

    Tomé su pie y lo subí a mi rodilla, le puse la tobillera, abrió los ojos.

    —Está bonita, ¡gracias!—. Dijo feliz.

    —Te tengo otro regalo pero necesito quitarte la zapatilla.

    Saqué la crema y comencé a masajear su piecito, ella me decía que le daba pena pero que me permitía seguir haciéndolo. Ya cuando la vi más relajada le daba besos en el dorso del pie, luego empecé a lamer sus plantas, lisas y blanquitas, me dijo que parara porque alguien podría entrar.

    —Está bien pero déjame masajear tu otro pie—. Respondí.

    —Okis, deja me quito la zapatilla.

    Pude ver casi en cámara lenta cómo se la retiraba y me la ponía en las manos.

    Para poder tener mi fantasía completa me hinqué y ella al no poder dejar su pie en mi rodilla, puso el primer pie en mi hombro mientras que yo cogía el recién salido de su zapatilla y comencé besarlo todo; talón, planta, dorso, dedo por dedo, aspirando ese delicioso olor de su piel calientita, me sentí tan bien hincado ante ella, con sus pies en mis manos y boca mientras ella se encontraba en su gran silla, era como estar postrado a los pies de una diosa. Ella me miraba con gusto mientras yo me comía sus pies y olía el interior de sus zapatillas.

    Después de un rato me dijo que ya era tarde.

    Di un último beso a cada pie, tomé sus zapatillas y se las puse delicadamente.

    Sonó su teléfono, me dijo que era su esposo, que ya iba a pasar por ella a recogerla.

    —Hoy es mi último día aquí y debo regresar a Guadalajara—. Me dijo triste.

    Me abrazó pero busqué sus labios y nos dimos un delicioso beso, ya movido por la lujuria acaricié sus nalgas apretándolas, ella me agarró la verga y nos volvimos a besar.

    Salimos juntos.

    —Cuídate mucho nene—. Dijo mientras me daba un beso en la mejilla y se subió al auto que la esperaba.

    Seguimos escribiéndonos y me ha compartido varias fotos de sus pies.

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  • Los condes y la religiosa

    Los condes y la religiosa

    Bajo el resplandor plateado de una luna llena que inundaba los campos con una luz casi sobrenatural, el conde galopaba raudamente hacia su castillo, en aquella noche, su corazón latía con alegría al pensar en el regreso a su hogar, tras largas jornadas de asuntos en tierras lejanas. Vestía un traje de cuero negro que cubría todo su cuerpo, ajustada como una segunda piel como una amante posesiva, pantalones ceñidos que moldeaban sus muslos, una chaqueta que abrazaba su torso, botas altas de cuero reluciente que llegaban hasta las rodillas, y guantes largos que enfundaban sus manos hasta los codos. Al conde le obsesionaba estar completamente enfundado en cuero, sentir cómo lo aprisionaba, cómo el aroma intenso y animal del material se mezclaba con su sudor, le despertaba deseos ocultos.

    Llegó al castillo de forma furtiva, desmontando en las sombras y deslizándose por pasadizos secretos conocidos solo por él. Subió sigilosamente las escaleras hacia la recámara principal, atraído por un murmullo de voces femeninas y susurros ahogados. Al entreabrir la puerta, sus ojos se abrieron con una mezcla de sorpresa y excitación. Allí, en el amplio lecho, yacía la condesa, su reciente esposa, quien desnuda mostraba de curvas generosas y carnes abundantes, y una religiosa de formas igualmente voluptuosas. La religiosa estaba desnuda, salvo por el tocado blanco que aún cubría su cabeza, contrastando con su piel rosada y expuesta.

    Se besaban con pasión voraz, sus labios fundiéndose en un beso profundo mientras las manos de la condesa exploraban los pechos plenos de la religiosa, pellizcando sus pezones endurecidos. La monja, a su vez, deslizaba los dedos entre las piernas de la condesa, frotando su sexo húmedo con movimientos circulares, provocando gemidos que llenaban la habitación. Luego cambiaron, la religiosa se tendió boca arriba, y la condesa descendió sobre ella, lamiendo sus pliegues íntimos con avidez, después sus labios se fundían en besos profundos y húmedos, lenguas danzando con avidez mientras saliva se escurría por sus barbillas.

    Luego la condesa succionaba los pezones oscuros y erectos de la religiosa, mordisqueándolos hasta hacerla gritar, mientras sus dedos gruesos penetraban el coño empapado de la monja, embistiendo con ritmo frenético, salpicando jugos calientes sobre las sábanas. Luego la religiosa se arrodilló entre las piernas abiertas de la condesa, lamiendo nuevamente su clítoris hinchado con lengua voraz, introduciendo dedos curvados para golpear ese punto secreto que hacía convulsionar a la noble dama en éxtasis.

    El conde las observó en silencio desde las sombras, su respiración acelerándose bajo el cuero que lo aprisionaba, para su sorpresa, su miembro se endureció presionando contra los pantalones ajustados, pensó la situación un momento.

    Hasta que de pronto, emergió de la oscuridad, su figura se veía imponente y amenazante recortada contra la luz de las velas. Las mujeres se sobresaltaron, separándose con un grito ahogado. La condesa palideció, y la religiosa se cubrió instintivamente los pechos, ambas pensando que el conde desenvainaría su espada para castigarlas por su infidelidad pecaminosa.

    Pero el conde, con una sonrisa lasciva, arrojó su espada y chaqueta al suelo con un clangor metálico, se abalanzó sobre la religiosa dirigiéndose a la cama, obligándola a ponerse de cuclillas sobre sus rodillas, con sus manos enguantadas de cuero, comenzó a darle nalgadas firmes y sonoras en su trasero carnoso, cada golpe resonaba en la habitación, dejando marcas rojas que florecían en la piel pálida, haciendo que la monja jadease de dolor y sorpresa.

    El conde no se detuvo hasta que su trasero estuvo completamente enrojecido, ardiente al tacto. Al separar sus nalgas con los guantes, descubrió con deleite que el coño de la religiosa estaba empapado, sus labios hinchados y brillantes de excitación. Entonces una gran erección distendió sus pantalones de cuero, entonces se sacó sus botas y pantalones, liberando su pene grueso y venoso, y se arrojó lascivamente sobre la monja. La envistió apasionadamente, penetrándola de un solo empellón profundo, sus caderas chocando, cuando la envistió el trasero rojo con un ritmo feroz en la cama, la religiosa dio un frito entre mezcla de placer y dolor.

    Así, la religiosa, en lugar de asustarse, comenzó a gozar intensamente, arqueando la espalda y empujando hacia él, sus gemidos convirtiéndose en gritos de placer, seguía empujaba hacia atrás, mientras gritaba obscenidades, su coño contrayéndose alrededor de él en espasmos de gozo puro. La condesa observaba, aterrorizada y extasiada, con sus dedos hundidos en su propio sexo, masturbándose frenéticamente al ver a su esposo dominar a la otra mujer. Cuando el orgasmo del conde se acercaba, rugiendo como una bestia, se detuvo. Se volvió hacia la condesa, y mostro su polla reluciente de los jugos de la monja. “Ahora no te opondrás a cumplir con tus deberes maritales “, le dijo con voz ronca y dominante.

    La tomó por las caderas generosas y la envistió con fuerza, hundiendo su miembro hasta el fondo en su sexo caliente y dispuesto. Mientras la penetraba con embestidas potentes, ordenó a la religiosa: “Chúpame el culo,”. La monja, obediente y excitada, se colocó detrás de él, separando sus nalgas y con su lengua hábil, le realizó un beso negro profundo, lamiendo y estimulando su ano con círculos húmedos y penetraciones suaves, succionando y explorando mientras su tocado rozaba la piel del conde.

    Entre el movimiento rítmico de la penetración en la condesa y la intensa estimulación anal de la religiosa, el conde alcanzó un orgasmo monumental, su cuerpo se tensó, y se corrió profusamente dentro de la condesa, inundándola con chorros calientes y abundantes de semen, mientras rugía de placer, el orgasmo fue devastador, rugiendo mientras eyaculada chorros espesos y calientes dentro de la condesa, inundando su matriz con semen abundante, marcándola como suya.

    Entonces descansó un momento, un poco jadeante, pero pronto continuó penetrando a ambas mujeres, alternando entre ellas. Las tomó por turnos, chupando sus pechos plenos, mordiendo sus pezones y sus carnes suaves, lamiendo sus sexos hasta hacerlas temblar de éxtasis. Ambas gozaban ahora de las nuevas circunstancias, entregándose sin reservas a sus embestidas.

    Casi al amanecer, con las primeras luces tiñendo el horizonte, el conde se recostó entre ellas y abrazándolas les dijo: “Os perdono, bellacas. Me han dado buen placer. van bien los asuntos del condado y no deseo ensombrecer los grandes acuerdos he logrado haciéndoles daño”.

    Medito un momento recostado en la cama y para sorpresa de las mujeres, añadió “Os hago una propuesta, si os apetece escribiré al obispo para liberarte de tus votos, hermana. Serás la dama de compañía permanente de mi esposa. Velarás porque ningún otro hombre la toque jamás. Entre vosotras podéis follaros cuanto queráis, con dedos, lenguas o lo que os plazca… pero siempre me admitiréis en este lecho para uniros a vuestro gozo, como ocurrió esta noche”.

    Las mujeres solo expresaron sorpresa y felicidad en sus ojos brillantes. Al unísono, tomaron fuertemente el pene del conde con sus manos suaves, masturbándolo con vigor renovado, fuerza y coordinación, exprimiendo las últimas gotas mientras sus labios se buscaban en un beso profundo sobre él, indicando que aceptaban la propuesta. A partir de dicho momento, solo habría gozo en dicha cama, un trío eterno de placeres prohibidos bajo las paredes protectoras del castillo.

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  • Los vaivenes en un autobús

    Los vaivenes en un autobús

    Era un sábado por la tarde, estaba en el centro de Valencia comprando una ropa y ya iba de regreso a casa, ya era la hora pico, decido ir a la parada a tomar la buseta con destino a mi casa, mientras esperaba en la parada, me deleitaba observando la gran cantidad de mujeres hermosas, las más bellas del mundo, jeje parecía un ventilador, siempre disfruto mucho el poder ver mujeres de todo los colores y todos los tamaños la verdad eso me gusta, tetas grandes, tetas pequeñas, disfruto una mujer que se le marque el camal toe, jaja.

    Al cabo de media hora, llegó mi bus, me monto y por la hora ya estaba full. Me dirijo por el pasillo a la parte de atrás al final, me agarro del pasamano y justo detrás de mi esta una señora gorda con unas bolsas de mercado, lo que hacía que me robara un poco de mi espacio en el pasillo, por su gran tamaño y gran culo jaja, cada vez que el bus frenaba y arrancaba la señora culona chocaba con mi cuerpo lo que hacía que yo me moviese adelante y atrás, en uno de esos movimientos ocurrió lo inesperado. Podría decirse que me tomó por sorpresa.

    En un movimiento que hizo el bus produjo que la señora culona me moviese y yo a su vez roce con mi verga en modo dormida el hombro de una chica joven, blanca, cabello color castaño liso hasta los hombros, yo quedé fuera de base. Me tomó por sorpresa y me hice el loco. Pude sentir como la muchacha reaccionó a ese roce, es decir ella lo sintió y miró hacia arriba para verme a la cara y poder reclamarme o decirme algo al respecto, cosa que no hizo. Podía sentir su mirada buscando la mía para reclamarme, sin embargo, mi mirada nunca bajó.

    Al cabo de un rato se repite la misma ocasión y produjo el mismo efecto en la chica, y yo apliqué la misma técnica sólo que esta vez fue un roce mayor, al principio era una situación incómoda y así estuvimos como media hora la chica al final se resignó y como vio que no la miraba se dejó llevar y con el pasar del tiempo se despertó el morbo en mí.

    La molestia que me producían los empujones de la señora culona empezaron a ser placenteros, y noté como mi verga también empezó a despertar y reaccionar al roce, cada vez que el autobús se movía yo pegaba mi verga a su hombro, y la chica se quedaba quieta, en una de esas aproximaciones que hice decidí en vez de rozar el hombro.

    Me levanté en la punta de mis zapatos y le monté la verga encima del hombro por un instante y lo retiré y en esta ocasión bajé la mirada para ver la reacción de la chica y pude leer su lenguaje corporal y su lenguaje corporal decía que estaba disfrutando de esa verga tiesa, sin embargo decidí probar para asegurarme que ella lo quería, e hice lo siguiente: me acerqué a su hombro bastante cerca y dejé mi paquete y pude ver como el hombro de la chica esta vez era quien buscaba el roce con mi verga…

    Y ufff eso despertó el morbo en mí, a partir de ese momento me fui el resto del viaje con mi verga montada encima de ese hermoso y lindo hombro que le daba cobijo a mí verga…

    Al llegar a mi parada me alejé de su hombro y fue ahí que se encontraron las miradas, sin decirle una palabra y a la vez muchas cosas con la mirada, entendió que era la despedida y tenía que bajarme, ella tenía en su rostro una cara que no quería que me bajase al igual que la mía, pero era inevitable y decidí bajarme.

    Al llegar a casa solté mis bolsas, me quité la ropa y me di un pajazo que me dejó sin aliento.

    Espero les haya gustado.

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  • Doble infidelidad en Mocambo (2)

    Doble infidelidad en Mocambo (2)

    Los decorados del motel me gustaron mucho, creaba un ambiente muy sensual, combinados colores eróticos como el rojo y siluetas femeninas muy eróticas, mi amigo pidió por el interfón una botella de vino blanco y yo me fui directa al baño, tenía mucho calor y debía limpiarme bien mi vagina, pues acababa prácticamente de coger con aquel inmenso lanchero. al acabar de ducharme, me puse nuevamente el bikinito, no quería salir desnuda y salí a la habitación, donde mi amigo que se llama Rogelio ya estaba sentado viendo un video porno, al acercármele me jalo de una mano y me dijo que estaba buenísima, me sentó en sus piernas y me dio una copa con vino muy refrescante pues estaba bien frío, bebimos varias copas mientras Rogelio me acariciaba las nalgas, la cintura la espalda.

    Me decía que tenía muchas ganas de hacer el sexo, que hacía ya casi dos meses que no estaba con nadie, su necesidad me dio mucha ternura y me voltee para besarlo en la boca, me paré y me acomodé sobre él abriendo mis piernas y mi cara quedó frente a la de Rogelio, dejamos las copas a un lado y nos besamos muy rico, el con sus manos, me rodeó la cintura, y yo me quité el bra y el me empezó a besar los pezones, a pesar de que yo acababa de coger, me calenté muy rápido de nuevo, sus dientes mordisqueando mis pezones y sus manos acariciando mis nalgas me provocaban deliciosas sensaciones, y así como estaba.

    Rogelio se levantó y me llevo alzada y besándome en la boca hasta la cama, dijo que ya no aguantaba más, yo me senté en la orilla y lo empecé a desvestir, Rogelio tenía una panza no muy grande, y su verga era mediana de unos 17 cm y gordita, pero curveada hacia arriba, se la acaricié un ratito y me acomodé en medio de la cama, Rogelio me preguntó si no me estorbaba la tanga, “no, le dije, si a ti te estorba pues tu quítamela”.

    Se hincó frente a mis piernas y me quitó la tanga, con sus manos me abrió las piernas y se acostó a un lado mío, me empezó a besar la boca, las orejas el cuello y con sus manos me recorría los pezones, el vientre hasta llegar a mi vagina, yo levanté las piernas y sus dedos empezaron a hurgar mi vagina, el clítoris y empecé a sentir como me acariciaba muy rico, luego quiso meterme los dedos y le quite la mano de mi raja.

    Rogelio siguió besándome y su boca la bajo a mis pezones, me los lamía muy rico y yo ya tenía esa frialdad dentro de mi raja, esa necesidad de que me penetrara ya, así que lo jalé y se montó sobre mí, lo abrace con mis piernas de su cintura y su verga empezó a penetrarme, yo cerré mis ojos, pues es ya para mi costumbre hacerlo para así disfrutar más, Rogelio metía y sacaba su verga y me besaba el cuello, “mi amor -me decía- que rica estás, te quiero chiquita, te amo”. “Yo también siento muy rico sigue así por favor”, le dije.

    Luego puse mis manos en su espalda, con mis uñas lo arañaba suavemente y levantaba más las piernas para que me penetrara más profundo, deje salir de mi boca unos gemidos de placer y Rogelio empezó a moverse dentro de mi más rápido, y pujando de placer, “me vengo” me dijo, entonces como yo también quería venirme junto con él, apreté muy fuerte mis músculos vaginales y nos venimos al mismo tiempo.

    Estuvimos recostados unos minutos en la cama y luego me paré para ir al baño, estaba disfrutando el agua recorrer mi cuerpo cuando entro Rogelio, y me preguntó si podía ducharse conmigo, entra le dije, mientras él se acomodó bajo el chorro de la regadera, yo me enjabonaba, le dije que el motel estaba muy bonito y luego Rogelio me empezó a enjabonar la espalda las nalgas las piernas y luego me volteó, con la esponja enjabonada, recorrido mi cuello, las bubis, el vientre y la raja, “tiene que quedar muy lavadita” me dijo, para hacerlo de nuevo, entonces yo le quité la esponja y le enjaboné el pecho, muy peludo por cierto, el estómago (pancita) los testículos y su verga empezó a parársele de nuevo, también se la enjabone muy delicadamente, luego lo enjuague y le besé sus pezones.

    Rogelio dio un gritillo de placer, “mmm que rico”, luego baje mi cara besándole la pancita hasta llegar a su verga, le pasé la punta de mi lengua alrededor de su cabeza del pene y luego me la empecé a meter en la boca, Rogelio me levantó y me volteó de espaldas, con sus manos me hizo que me agachara y puse mis manos en la orilla de la tina, me abrió con sus manos mis nalgas y me metió su verga en mi rajita, yo ya me sentía algo rosada pero me aguanté, así Rogelio estuvo penetrándome hasta que dijo que mejor nos fuéramos a la cama, que estaba incómodo, así mojados nos fuimos a la cama, yo muy pícara, me puse a cuatro patas en la orilla de la cama y me agaché lo más que pude para que me viera la raja abierta.

    Rogelio me dijo que estaba bien culona, se hinco en el suelo y empezó a pasarme la lengua por la raja, yo sentía muy rico y me empujaba de adelante hacia atrás, gimiendo de placer, yo ya sabía que su verga no era muy grande, pero eso sí, su lengua era muy larga, cuando bajaba del clítoris y llegaba a mi hueco vaginal, yo me empujaba hacia atrás y en una de esas, Rogelio me metió su lengua, y la movía en círculos dentro de mí, eso me volvió loca de placer, sentía en mi raja que estaba a punto de venirme, pero Rogelio sacó su lenguota y me la puso en el culo, paso su lengua en círculos alrededor y me hizo gritar de placer, me empujé hacia su cara y su lengua empezó a entrar en mi culito.

    “Que rico siento, dame más lengua mi amor” le decía, casi se me salían las lágrimas de placer, que riquísimo movía su lengua en círculos dentro de mi culito, Rogelio se cansó de su lengua y se acomodó atrás de mí y me metió la verga, me tomó de la cintura y me jalaba hacia su cuerpo, los dos estábamos gimiendo mucho de placer, mis líquidos vaginales estoy segura que mojaron todos sus testículos, me sentía muy empapada.

    “Que culo tienes mi cielo, que nalgotas”, me las apretaba y luego con sus dedos me acariciaba el anito, que placer tan intenso estaba sintiendo, estaba toda chinita de mi piel, hasta que nos volvimos a venir juntos.

    Cuando terminamos de coger, Rogelio y yo estuvimos un buen rato acostados acariciándonos y besándonos, diciéndonos lo rico que habíamos cogido. Nos fuimos a duchar, nos vestimos y me dijo que quería verme de nuevo, pero le dije que sería imposible que los dos éramos de ciudades muy lejanas y que además yo era casada. eso si nos dimos nuestros números de teléfono por si algún día quisiéramos charlar.

    Le dije que ya tenía que retirarme pues mi esposo me estaría esperando. Rogelio muy gentil, me dijo, “pues que suertudote tu marido, tener una mujerona así todos los días”. Rogelio me llevó al centro histórico y me bajé de su camioneta, se fue y yo entré al hotel, subí a mi habitación y aun no llegaba Luis. Me serví una copa y me dije a mi misma, canija que puta serás, dos cogidas el mismo día jajaja y todavía faltaba mi marido, inolvidable para mi Veracruz

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  • La alumna es mía

    La alumna es mía

    Soy profesor de preparatoria, llevo poco tiempo en ello pero sé cómo manejarlo, una de las cosas buenas de mi trabajo es la posición de autoridad que se refleja ante los jóvenes y la gran cantidad de mujeres que se ven, de todo tipo, y en su momento de alto lívido.

    Desde que inicié, noté a muchas chicas sexys, hermosas, a veces con situaciones duras en casa, es difícil no darse cuenta de las oportunidades que a uno le salen, fue el caso de Cassandra, 18 años recién cumplidos, delgada, pechos medianos muy redondos, y un culo pequeño pero bien definido, levantado y todo lo que un culo debe tener.

    Durante mi curso, noté que era chica callada, me miraba mucho, buscaba cualquier ocasión para conversar conmigo, era obvio que los chicos la querían pero maliciosamente si veía que alguien le hablaba de manera más coqueta o trataba de sobrepasarse, yo intervenía con el pretexto de las reglas escolares, pero lo hacía con todos, para no levantar sospechas, sin embargo eso hizo que hablara aún más conmigo.

    Es una buena chica, así que un día, cuando me platicaba situaciones difíciles en su familia y como quería huir, le di consejos para que no lo hiciera, para que supiera que eran situaciones temporales que mejorarían y que irse de casa, juntarse con alguien que le prometa una mejor vida, era una mala decisión y una mala idea, y que a veces uno se ve tentado por las malas ideas, y la miré a los ojos.

    –¿Tiene alguna mala idea respecto a mi? –me preguntó directa y coquetamente

    –Media escuela debe tener ideas de que hacer contigo, así que tú debes imaginartelo –Le respondí, con algo de indiferencia pero mirándola fijamente

    –¿Y no quiere tomar una mala decisión conmigo? –cuestionó mientras se agarraba el pecho sutilmente, en ese momento, yo no iba a andar con rodeos así que saqué mi cartera, de ella un billete e impuse mis reglas

    –Solo hay una manera de algo así sea posible, no te daré mi número, no vas a enviarme mensaje al respecto, no vamos a hablar de nada relacionado. Yo me desocupo a las 3, así que te podría ver fuera de esta plaza a las 4, este dinero te servirá por si necesitas transporte hasta ahí, ya sea hoy o mañana ¿Cuando? –dije muy serio y mirándola a los ojos

    –… Hoy, ya no puedo esperar, Profe –Dijo nerviosa y ansiosa

    –Bien, necesito que cuando nos veamos, me des tu celular, lo voy a apagar y te lo devolveré al terminar, y te voy a revisar que no tengas otro, ¿Estás de acuerdo? No quiero que te asustes.

    –Si Profe, entiendo porque, haré lo que me pida –dijo mientras en su rostro se le hacía una sonrisa, tomó el dinero y se fué.

    La jornada acabó, fui a comprar condones, lubricante y unas pastillas por si había un accidente o una mala decisión, y me dirigí a la plaza, al llegar, vi a Cassandra bajar de un camión, traía mochila rosa, una blusa morada clara de resaque, y un pans gris, todo le resaltaba mejor que con la falda que normalmente usaba en la escuela, noté que me buscaba con la mirada, y al ver mi carro su sonrisa fue inevitable, corrió como una niña emocionada y se subió, arranque y me detuve un poco adelante para tomar su celular, el cuál ella ya había apagado, le revise el cuerpo y aproveché para tocarla un poco de más, solo se reía por la situación, estaba emocionada, incluso me pasó su mochila para que la revise.

    –Que cooperativa –dije en broma y sonriendo

    –¡Es que ya quiero que vayamos! –dijo sonriendo y mordiendo sus labios

    En su mochila encontré varias prendas que mencionaré más adelante, pero en general había varias cosas, ropa, cargador y artículos de higiene, no había otro celular, así que continúe.

    Maneje al motel, entramos a la habitación y lo primero que hizo fue tirar su mochila al suelo, quitarme la bolsa donde traía lo que compre y arrojarla lejos, puso sus manos detrás de mi cuello, y me comenzó a besar mucha intensidad, al punto que comencé a cargarla sujetando su culo con mis manos mientras me abrazaba con sus piernas, mordisqueaba mis labios y lengua se alocaba. La puse sobre la cama, se quitó la blusa, revelando un sostén morado bajito, continúo con su pans, revelando un calzon del mismo color y abriendo sus piernas para mí, sin embargo, antes de que me acercara

    –Está va a ser mi primera vez, y quiero que me lo hagas con mi falda de la prepa, por eso la traje –Dijo sonriendo y excitada, eso era lo que noté en su mochila al revisarla, traía su uniforme, le devolví la sonrisa

    –Muy sensual tu idea –dije mientras agarraba la mochila y le daba lo que me pedía

    Comenzó a ponerse el uniforme y dijo:

    –Desde que entre a tu clase me gustaste, y fantaseaba con que me cogieras, me masturbe casi todos los días pensando en eso, y necesitaba quitarme las ganas, cuando un muchacho me habló, pensé en hacerlo pero tú lo alejaste y eso me gustó así que no le hice caso, y luego comenzaste a alejar a todos los demás que también querían y eso me excitó, decidiste que yo era tuya, y yo también, siempre quise que me lo hicieras en la escuela, pero si eso no se puede, al menos quiero usar mi uniforme, ahora ven a tomar lo que es tuyo.

    Abrió sus piernas, levanto un poco la falda, le quite su calzón y comencé acercarme para a comerme su vagina con lentitud, chupando y lamiendo piernas, labios vaginales y llegando poco a poco a su clítoris, lamiendolo lento y con poca fuerza, se retorcía y gemia, así que comencé a subir la intensidad, se volvió loca, gritaba mi nombre, pedía que siguiera y la complaci, su vagina sabía tan deliciosa y sacaba tanta agua que se veia muy viscosa, la saboreaba y baja a su culo y subía rápidamente.

    –¡Quiero verla! Sácala –decía agitada mientras desabrochaba mi pantalón y yo me quitaba la camisa, bajo mi boxer y mi pene rebotó frente a ella, su sonrisa era inmensa, lo tomó entre sus manos, lo acercó a su nariz y lo olió, suspiró para después reír y meterselo en la boca mientras me veía fijamente a los ojos, se notaba que no sabía que hacerlo pero estaba tan loca por saborearlo que lo compensaba y lo dejó lleno de saliva, baja a mis testículos para pasar la lengua, le escupía y me masturbaba, nunca dejaba de mirarme a los ojos y sonreír, solo desviaba la mirada para ver a mi amiguito, besarlo y acomodarlo para meterselo profundamente, o sacarlo por sus cachetes, yo estaba durísimo.

    La acosté, saque sus tetas del sostén y lo arrojé y eran hermosas, un tamaño perfecto, pezones claros, casi llegando a rosas. Imbuí mi cara entre las 2 y respiré profundamente para olerlas, riquísimo, debido al calor habían sudado un poco y eso lo hacía más exquisito, comencé a chupar sus pezones mientras acercaba mi verga a la entrada de vagina, rozándola con mi punta, disfrutaba tanto sus pechos, que comencé a meterme sus 2 pezones a la vez, mordisqueandolos. Agarré uno de los condones y antes de ponermelo estuvo mi mano.

    –No, cómprame una pastilla o algo así, yo vine para que me lo hagas toda la noche, y no quiero que nos detengamos porque se acabaron los condones –Me dijo sería y quitándome el condón de la mano

    –¿Toda la noche? –pregunté asombrado ya que no íbamos a estar tanto tiempo en el motel

    –Si, por eso traje ropa y todo para quedarme, le pedí a una amiga que dijera que iba a quedar en su casa, y le dije que venía a coger con un amigo de afuera de la escuela –me contaba en tono orgullosa mientras restregaba mi punta en lo empapado de su vagina. En ese momento no quise pensar más en ello, así que agarré sus piernas, la acerque a mí, la besé y le dije

    –Pues aquí viene tu dueño –e introduje la punta poco a poco

    –Yo te pertenezco, soy tu mujer, soy tu estudiante, soy todo lo que tú quieras –cuando comenzó a entrar todo poco a poco, sus ojos se pusieron en blanco, parecía gustarle pero también dolerle, fui subiendo la intensidad.

    -¡Sí! ¡Sí! ¡Más! ¡Dame más! –gemia con locura, estuve dandole unos minutos entre gritos pidiendo más, diciendo mi nombre y agradeciendo, mientras yo la miraba y decia que es mi propiedad, le pedí que se volteara y se pusiera de perrito, acomodé su culo, noté un muy pequeño rastro de sangre producto de perder la virginidad, pero continúe embistiendo ese culo, la combinación de nuestros fluidos provocaban un olor que enamoraba, la agarre del cabello a la vez que la nalgueaba, ella festejaba, se reía, pedía más duro

    –Amor, quiero que me chupes las tetas pero sígueme nalgueando –se la saqué, me senté y le di la señal para que se siente en mi verga, lo hizo, comenzó a saltar, no sé cansaba ni yo tampoco, bendita juventud, sus pechos chocaban con mi cara, y las lamía, chupaba y la nalgueaba como me pidió. Llegó el momento, no pude aguantar más, apreté su culo, me metí una de chichis a la boca y descargue bastante leche en el interior de su vagina, ella me besó y me agradeció, se levantó y comenzó a quitar mi semen de su vagina con sus manos para llevarlo a su boca

    –Delicioso, quiero más amor –decía mientras lamía mi pene para dejarlo limpio

    –¿Quieres más chiquita? –Le dije mientras le chupaba sus chichis y le dejaba un pequeño chupete

    –Si quiero mucho más, podría acostumbrarme a esto –Y me besó, nos acostamos a besuquearnos y a tocarnos un rato tranquilamente.

    Continuamos haciéndolo un par de veces más, acabe en sus pechos y en su carita de ángel, siempre se limpiaba con la mano y se los tragaba, incluso lo hicimos mientras nos bañamos antes de irnos del motel.

    Como había dicho, tenía planeado quedarse a dormir, así que solo mandó un mensaje para avisar que estaba bien, la llevé a mi casa, y lo hicimos buena parte de la noche, comimos algo, y nos fuimos a dormir. Al día siguiente por la mañana, lo hicimos varias veces en todas las habitaciones de mi casa, la cocina, el baño, mi patio de atrás, etc. Al final nos bañamos, y se fue a su casa con mi saliva en sus tetas, esperando a que la vuelva a hacer mía, espero hacerlo pronto.

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