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  • Natali, mi princesiña

    Natali, mi princesiña

    Después de varios días chateando, de forma muy caliente, con una niña de dieciocho añitos mi esposa se acabó enterando.  Acto seguido me pidió el divorcio y aún peor… no me dejaba ver a nuestra hija. Menos mal que no trascendió al instituto en el que yo daba clases.

    A Natali la olvidé rápido, pero tras varios meses intentando reparar mi matrimonio vi que era una tarea imposible, así que aprovechando el cambio de curso decidí irme lejos y empezar de nuevo.

    Yo soy del norte de España y me fui al sur, lo más lejos que pude. Me habían dado plaza en un instituto de un pueblo pequeño donde quería estar tranquilo.

    Me trasladé a mediados de verano, para instalarme tranquilo. Todo parecía ir bien hasta que fui a comprar comida y me pareció ver a Natali, pero… era imposible!!! Si de verdad existía no podía estar allí. Me dijo que era de México y sus palabras eran típicas de allí. Creí alucinar, tal vez era aquel calor del sur.

    Después de un par de días dando vueltas al asunto determiné que era imposible, una casualidad que aquella chica se pareciera a Natali.

    Estuve tranquilo el resto del verano hasta empezar el curso. EI primer día llegué tarde y mis alumnos ya estaban en clase. Eran de bachillerato y un tanto bravucones. Cuando entré estaban haciendo un concurso de pulsos, pero al ser yo nuevo se sentaron rápidamente. Empecé a pasar lista y llegué a una tal Natalia y en ese momento me dio un vuelco el corazón pues era Natali… mi princesiña la llamaba yo en el chat. Ella estaba muy tranquila, pues no conocía mi cara, pero yo no sabía que hacer pues la angustia me paralizó. Les pedí que hicieran unos kahoot que me servirían para determinar su nivel. El resto de la clase me la pasé mirándola, era tan bonita como en las fotos que me enviaba.

    Me fui a casa con un nudo en el estómago. No sabía qué hacer. Pensé hasta en renunciar a mí plaza. Pero llamé al centro y dije tener síntomas del covid para ganar un poco de tiempo.

    Ésta argucia no me salió muy bien, pues con el test de antígenos me dijeron, casi inmediatamente, que no tenía el virus, así que tuve que ir a dar clases.

    Poco a poco fui templando mis nervios y controlando el torbellino de sentimientos que me invadía. Los días se sucedían y todo parecía ir bien pero verla cada día y no poder decir quién era me llevaba a los infiernos.

    Después de un mes la vi por la calle, caminando con otras dos chicas, y sin pensar dije «hola princesiña». Ella se paró en seco, se giró y al verme me saludó con la mano. Continuó caminando pero se giró a mirarme dos o tres veces y dejó de charlar con sus amigas.

    Cuando llegué a casa tenía un correo electrónico, en el portal de educación, en el que sus padres solicitaban una tutoría conmigo y respondí que me dijeran una hora para realizar un videochat, pero en pocos minutos respondieron que exigían una tutoría presencial o se verían obligados a hablar con el jefe de estudios. Después de pensarlo no me quedó más remedio que acceder. Rápidamente solicitaron verme al día siguiente antes de empezar las clases así que los cité a las 08:00. Luego recé para que todo saliera bien.

    Al día siguiente fui hecho un manojo de nervios al instituto. Al poco de llegar llamaron a la puerta, mandé pasar y entró Natali. Pregunté por sus padres y me dijo que no venían, que aquella tutoría era cosa suya. Cerró la puerta y se quedó allí parada, con su falda de colegiala, calcetines hasta las rodillas y una camisa blanca que le quedaba pequeña y dejaba ver su sostén entre los botones. Yo pregunté el motivo de aquella tutoría y casi corriendo se abalanzó sobre mi y me agarró por la pechera.

    -Eres un tonto!!!

    -Por qué?

    -Vienes a chingarme?

    -Por qué dices eso?

    -Solo hay una persona que me llame princesiña

    -Y?

    -Me buscaste? Viniste a chingarme?

    -No… Solo huía del mundo que se me derrumbó a tu paso. Es mala suerte que coincidamos aquí.

    -Mala suerte

    -Un poco si

    -Pero no viniste a buscarme?

    -Te repito que venía huyendo

    -Pues no lo parece

    -Tranquila que también voy a irme de aquí. Acabo de darme cuenta de que es lo mejor.

    En aquel momento ella soltó mi camisa, cerró los puños y empezó a golpearme el pecho. Yo conseguí sujetarla por las muñecas y ella empezó a llorar

    -Creí que venías a por mí!!!

    -Sabes que eso no puede ser

    -Dejaste de escribir!!!

    -Y tú también

    -Pero…

    -Ni pero ni nada. Yo estaba casado y ahora no puedo ni ver a mi hija!!!

    -Pero ahora podemos…

    -No podemos nada!!!

    Ella se tapó la cara y siguió llorando desconsolada. Yo la abracé para intentar calmarla y ella aprovecho para girar su cabeza y besarme. Yo sentí subir al cielo y me deleite con aquel momento. Sin darme cuenta estaba sentado en mi silla con ella a horcajadas sobre mi. Bebíamos el uno de la boca del otro y mis manos acariciaban sus muslos debajo de su falda. Se desabrochó la camisa y yo besé su pecho mientras magreaba aquel culo tan rico. Ella bajo su sostén y arrimó mi cabeza hasta que alcance a lamer sus tetas, jugando con mi lengua alrededor de sus pezones, pero de repente ella se retiró y vistiéndose dijo que iba a tocar el timbre y se fue.

    Durante la jornada no dejaba de mirarme poniéndome ojitos y a mí se me hacía la boca agua, pero sabía que no era buena idea.

    Al salir del instituto intenté marcharme para no verla, pues poco a poco me había dado cuenta de que no debía hacer lo que mi corazón anhelaba, pero al bajar del coche una moto paró junto a mi y de pasajera venía ella. Me empujó dentro del portal y me di una retahíla de besos

    -Ya no me quieres?

    -…

    -Contesta perro!!!

    -Bufff…

    -Mira papi… si el destino nos volvió a juntar será por algo

    -Puede ser

    -No puede ser, lo es!!!

    -Pero esto puede ser mi ruina

    -Tu ruina lo seré yo como no me hagas feliz. Cuál es tu casa?

    Abrí la puerta y sin miramientos me empujó hacia dentro.

    Me tumbó en el sofá y después desabrochó mi camisa, besó mi pecho acariciando mi torso. Me regaló otros dos besos en los labios mientras desabrochaba mi pantalón y mi verga dura salió como un resorte. Se abalanzó para chupar pero yo no la dejé.

    -esos labios son para mi boca, sólo para mí boca.

    Muy despacio se subió sobre mi y vi que ya no tenía bragas. No sé cuando se las quito, pero me volvió loco ver aquel jardín. No estaba rasurada pero tenía la cantidad justa de pelo.

    Apoyó sus manos en mi pecho y muy despacio se fue sentando sobre mí polla. De repente paró, parecía no poder respirar y su cara denotaba placer. Pensé que mi polla no era tan grande como para provocar aquello, pero rápido lo entendí. Miré y estábamos los dos manchados de sangre. Me asusté un poco pero se me pasó cuando ella me besó y poco a poco empezó a moverse suave y sensual.

    Yo estaba en el séptimo cielo. Los besos se sucedían, los gemidos no paraban… el sudor bajaba por nuestros cuerpos y a cada movimiento ella me abrazaba más fuerte. Mis dedos acariciaban su culo deleitándose con su suave tacto y de vez en cuando ella se erguía para que yo lamiera sus pechos. Me llamaba «papi» una y otra vez y sus tetas botaban a cada embestida. Yo intentaba no acabar pero me parecía imposible con semejante diosa cabalgando sobre mi. De repente aumentó el ritmo y me besó hasta casi dejarme sin aire. Y justo cuando ya no pude aguantar más ella mordió mi labio entendido yo que ella también había terminado.

    Yo estaba exhausto y ella se acurrucó junto a mi mientras me abrazaba. Debimos de quedarnos dormidos porque a eso de las seis de la tarde me desperté y ella seguía allí, abrazándome como si no quisiera que me escapara.

  • Y después fue mi suegra

    Y después fue mi suegra

    Cuando tenía 20 años y a raíz de tener fuertes dolores cuando se me paraba la pija, concurrí a un urólogo. Atendía en su consultorio particular, en un edificio del centro. Llegué y una mujer de unos 30 años, que oficiaba de secretaria me recepciono, y me invitó a sentarme ya que el Dr. estaba con un paciente. En el lugar solo éramos ella y yo. Miraba mi celular mientras esperaba, y noté que ella me miraba con insistencia.

    En esa época yo todavía competía en natación de aguas abiertas. Mido 1.90 m, y obviamente por el entrenamiento tengo muy buen cuerpo. Pasaron 5 minutos y el Dr. me hizo pasar. Le comenté mi problema, me dijo que no me preocupe, que no era nada grave. Me pidió que me baje los pantalones y el bóxer y me acueste en la camilla para examinarme.

    “Bien, a simple vista no hay nada grave. Voy a hacerte un estudio muy simple, y luego te voy a medicar. Obviamente el tamaño influye. ¿Vos entrenas, haces algún deporte?” Me preguntó. Cuando le conté, el me comentó que suele pasar en las personas que compiten y en ese momento entró la secretaria. En donde yo estaba no llegaba a verme. Se quedó en el consultorio mientras el Dr. me hizo el estudio.

    “Tranquilo, es como pensaba. Muchos muchachos, con penes como el tuyo, de 20 cm. O más, y con entrenamientos de alto rendimiento suelen tener este problema. Vestite.”

    Me vestí y cuando me fui a sentar a su escritorio nuevamente, y la secretaria me miró sonriendo. El médico me indicó que tome unos comprimidos, que trate de no tener erecciones y que vuelva en una semana. Cuando volví a la semana, la secretaria me miraba en forma mucho más directa, y sobre todo a mi entrepierna. El médico me hizo algunas preguntas, me indicó que siga tomando los comprimidos y que deje pasar unos días y que vuelva a tener relaciones. Lo debía volver a ver una semana después.

    Cuando me iba, la secretaria me alcanzó un papel doblado y me dijo con una sonrisa:

    “Carlos, aquí tiene anotado su próximo turno. Cualquier cosa, no dude en llamar.”

    Mire el papel, y estaba anotado su nombre, Clara, y un número de celular. Lo volví a doblar y la mire. Ella se mordió el labio sin que los pacientes que esperaban la vean, me guiño un ojo.

    Cinco días después, la llamé y quedamos en encontrarnos al atardecer en un bar. Cuando llegó al bar, estaba con un vestido muy entallado, por lo que su figura se marcaba perfectamente. Si bien era baja, no más de 1.60, su cuerpo era hermoso.

    Nos sentamos, charlamos tonterías, aboné, y sin que hiciera falta decir nada, salimos del bar, subimos a mi auto y fuimos a un hotel. Fue entrar a la habitación que ella me quitó la camisa, y comenzó a acariciar y besar mi pecho. Mientras lo hacía se fue sacando el vestido y la ropa interior. Cuando estuvo desnuda, me quitó el pantalón y el bóxer.

    Fuimos a la cama, me acosté y ella se puso de rodillas para chuparme la pija.

    “Siempre soñé esto, acostarme con un gigante como vos, con una pija así.” Dijo y comenzó a chuparme. Lo hacía realmente bien, aunque no lograba metérsela toda en la boca.

    “Por Dios, que hermosura de pija. Me vuelve loca solo tenerla en la boca.” Dijo y siguió chupando por un rato.

    “Cogeme.” Dijo mirándome y mordiendo sus labios.

    La puse en cuatro patas, y comencé a penetrarla lentamente. Clara se quejaba de dolor aunque no intentaba sacarse mi pija de la concha. Cuando la metí casi en su totalidad, ella apoyo su cara en la cama y me pidió:

    “Cogeme bien duro.”

    La tome de la cintura y comencé a moverme con fuerza. Ella gemía como loca, sus manos al costado de su cabeza estrujaban las sábanas. Yo la tenía fuerte por la cintura, y le daba con todo. Sus gemidos de placer y quejidos de dolos se mezclaban. Escucharla y ver su orto hermoso al alcance de mí me pusieron loco. Escupí su ano, y soltándola, metí un dedo hasta el fondo sin previo aviso. Ella dio un salto, y se quedó quieta. Ahora gemía como loca.

    “Así, cogeme así, quiero que goces con todo mi cuerpo.” Dijo.

    Mi pija ahora entraba totalmente en su concha, ella se dio cuenta y me pidió cabalgarme. Cuando se la metió en su concha, me apretó los pectorales.

    “Que puta me siento, que manera de gozar.” Dijo y tuvo un orgasmo tremendo que la hizo temblar por varios segundos. Me puse de pie, ella de rodillas y comencé a coger su boca, tomándola fuertemente de los cabellos. Ella se apretaba las tetas y se dejaba coger la boca. Cuando estaba acabando, apoye mi pija en sus labios y mi leche saltó con todo llenando su boca y salpicando su cara.

    Ella juntó con un dedo lo que había quedado en su cara y lo chupó.

    “Parece que la abstinencia fue dura.” Dijo sonriendo.

    Nos tiramos un rato, me contó que tenía una hija de 15 años, la edad que ella tenía cuando la tuvo, que su marido casi no la atendía y que ella todavía era joven y sobre todo muy caliente.

    “Quiero cogerte el culo.” Le dije.

    “Querido, va a ser imposible, el tamaño de tu pija, no va a entrar, aunque no es virgen mi culito.”

    Sin contestarle la puse a chupar mi pija. Cuando estuvo bien dura, la puse nuevamente en cuatro y la metí en su concha al tiempo que dos de mis dedos empezaban a jugar con su orto.

    Apoye mi pija en su orto, y tomándola de la cadera fui empujando. Ella separaba bien sus cachetes pero costaba bastante que entre. No lo pensé dos veces y empuje más fuerte, enterrando por fin la cabeza de mi pija en su culo.

    “Por favor, despacio.” Dijo.

    Fue cediendo y por fin entro toda. Le di un chirlo en el culo y le dije que se mueva. La desgraciada se movía hermoso, muy caliente por tenerla toda en el culo.

    “Castígame, y decime obscenidades.”

    Le di un par de golpes en el culo, y le dije que era una puta muy cogible. Ella golpeaba sus cachetes contra mi pelvis en cada embestida. La tomé bien fuerte y yo ahora le daba con todo. Clara no paraba de gemir a los gritos. Acabe en su culo y ella de inmediato, se puso a limpiar mi pija con su boca.

    Por suerte no volví a sentir dolores, el médico me dio el alta, y con Clara nos vimos por casi un año, todas las semanas. Poco a poco nos dejamos de ver. Yo me recibí, fui a vivir a otra ciudad unos años y luego volví. En el trabajo, ocho años después, conocí a Tina. Una hermosura de 23 años, de 1.70 m, delgada, con un físico tremendo. Empezamos a salir como amigos, hasta que fuimos a la cama. Fui su primer hombre, y ella aprendió a gozar el sexo con todo.

    Un domingo me invitó por primera vez a almorzar a su casa. Yo llevaba un postre y flores para la madre. Cuando entre, le di un beso y tomados de la mano fuimos al living de la casa donde estaban sus padres. Cuando vi a la madre tuve que hacer un esfuerzo para no mostrar mi sorpresa. Supongo que a ella le debe haber pasado lo mismo. Nos saludamos con cordialidad, el padre hablaba poco y nada.

    “Tina, por favor acompáñame a buscar la comida así no me bajo del auto.” Dijo el padre y salieron los dos.

    Con Clara nos miramos y sonreímos.

    “Cuando Tina me contó que estaba saliendo con un toro, debí haberme imaginado que eras vos. La vida nos vuelve a encontrar.” Dijo Clara.

    “Si, evidentemente quiere que nos mantengamos en contacto.” Dije mientras sacaba mi pija. Ella la miró y de inmediato se puso a chuparla.

    “Como la he extrañado. Nadie me volvió a coger como vos.” Dijo y se la metió con todo en la boca, mientras llevaba una mano a su concha.

    “Yo también extrañaba cogerte bien cogida. Sobre todo ese culo hermoso que tenés.” Dije y la hice poner de pie, doblar sobre la mesa del comedor, le levanté la falda, corrí su bombacha y apoye mi pija en su orto.

    “Sabes que me vas a lastimar.”

    Sin decir nada, fui enterrándola de a poco. Ella cerraba sus puños y mordía sus labios para no gritar.

    “Sigue siendo un hermoso orto.”

    “Si, aunque solo un consolador me da un placer cercano a tu pija.”

    Yo embestía con todo y ella gemía con la boca cerrada. Un rato después, acabe en su orto llenándola de leche. Ella se puso de inmediato de rodillas, chupó mi pija y con la mano recogió del piso un poco de leche que había caído y la chupó. Se acomodó la ropa, y fue al baño. Yo me acomodé la ropa y me senté justo en el momento que Tina y su padre regresaron.

    “Espero que mi mamá no te haya aburrido. Veo que no te atendió como se debe, no te sirvió nada.” Dijo Tina.

    “Estuvimos charlando.” Dije

    Meses más tarde, Tina se vino a vivir a mi casa, y una vez por semana me encontraba con Clara.

  • Roberto me hizo recordar mi desvirgue

    Roberto me hizo recordar mi desvirgue

    Desperté, seguía en posición de cucharita con el cuerpo de Roberto tocando el mío, y su brazo sobre mí. Me sentía cansado, pero feliz, su verga ya no estaba dentro de mi colita y la sentía pegajosa, muy húmeda, sentía que semen había escurrido por mis nalgas y piernas, pero ya se encontraba duro, una sensación como el pegamento cuando se seca.

    Me levanté y me fui a asear al baño, al regresar Roberto seguía durmiendo, pero boca arriba, su verga estaba flácida, pero debía medir unos 10 o 12 cm, recordé todo el placer que su verga me había dado y se me antojó darle un beso en la punta.

    Me acerqué y acerqué mis labios a la cabeza de su verga, dándole un beso tierno, saqué mi lengua y recorrí la cabeza con mi lengua, tenía un sabor diferente, recordé que había estado casi toda la noche dentro de mi cuerpo y pensé que seguramente era el sabor de mi colita, combinado con el sabor de su semen, seguí recorriendo con mi lengua el tronco de su verga y bajé a dar un beso a sus huevos. Sentí que se movió y su mano acarició mi pelo.

    – Mmmm, que rico despertar así, sigue, chupa mi verga, anda.

    Abrí mis labios y entró en mi boca la cabeza de su verga y la parte superior de su tronco, succioné con suavidad, intentando no lastimarlo con mis dientes, sentí que su verga iba creciendo y poniéndose dura en mi boca, y me excitó esa sensación. La saqué de mi boca y fui recorriendo con mi lengua el tronco hasta llegar a sus huevos gruesos y pesados. Roberto gimió y acariciaba mi espalda y nalgas, en ocasiones apretaba mis nalgas, al volver a meterme su verga en mi boca tomó del pelo y literalmente empezó a follar mi boca, muy rápido, su verga entraba y salía de mi boca y en ocasiones me la metía más profundo, hasta mi garganta, causándome arcadas, pero aguanté, me estuvo follando la boca algunos minutos hasta que empujó profundo y empezó a descargar su semen directamente a mi garganta, era la primera vez que descargaba su semen en mi boca y no me gustó la sensación, era demasiado espeso y sentí que me ahogaba, así que saqué su verga de mi boca y un par de chorros de semen se estrellaron en mi cara, dejándomela llena de leche.

    – Ay, que rico despertar amor, ven toma tu lechita- dijo y pasándome si verga dura por la cara recogió los restos de semen que escurrían por mi cara y los llevó a mi boca.

    La verdad no me tragué su leche, la sentí muy viscosa y sentía que se me atoraba en la garganta, dejándome una sensación extraña, y me daba un poco de asco y arcadas, pero para complacer a mi macho fingí que me la tragaba, le chupaba la verga, pero no tragaba su leche, la sacaba de mi boca y la dejaba escurrir por mi barbilla, apreté su verga y succioné la cabeza para exprimirle hasta la última gota, lo cual le encantó.

    – Ufff amor, me has dejado seco, siento que mis huevos me duelen, los exprimiste bien, que rico amor.

    Me dio un beso, todavía con mi boca escurriendo leche, un beso con sabor a verga y semen y nos levantamos a bañar.

    Yo me acababa de bañar, pero nuevamente estaba lleno de leche, así que juntos nos bañamos y nos enjabonamos, nos besamos en la ducha y nos acariciamos mucho, pero nada más.

    Al salir de la ducha me dice.

    – Ufff, amor, que cogida la de anoche, pero debes tener mucha hambre, yo siento que muero de hambre, vamos a desayunar para reponer fuerzas, ya tendremos tiempo para seguir amándonos.

    Me dirigí a sacar mi ropa interior de la mochilita que llevaba, pero no me dejó hacerlo.

    – No amor, no te vistas, me excita mucho ver tu cuerpo desnudo, sobre todo tu culito, tienes unas nalgas perfectas, cuando estés conmigo quiero que siempre estés desnudito o con ropa de mujer, que también me excita y te queda divina.

    Salimos a la cocina y se puso a preparar huevos con salchicha y yo me puse a preparar el café, era gracioso y a la vez excitante y cada que podía me tocaba el culo, apretando mis nalgas, a mi me excitaba mucho también porque veía como su verga y huevos se bamboleaban al caminar, aun cuando su verga estuviera flácida.

    Pusimos la mesa y nos sentamos a desayunar, me preguntó si le ponía leche a mi café y le dije que sí, que me encantaba su leche, en un tono de broma y entendió la indirecta.

    – Si amor, se nota que te gusta la leche, ya tuviste tu ración de leche en la mañana, pero deja que me recupere un poco y te la voy a seguir dando, Goloso.

    – Y el desayuno, espero te guste. También, te lo preparé con mucho cariño.

    – Me encanta amor, muy rico, pero ya sabes que mis huevos y mi salchicha favoritos son estos – contesté al tiempo que mi mano tocaba su bulto ardiente.

    – Espera, tranquila, porque no respondo, ja ja, no seas impaciente, tenemos todavía muchas horas para gozarnos, ten seguro tendrás mucho tiempo para disfrutar de salchicha, huevos y muuucha leche, ja ja.

    Terminamos de desayunar y nos dirigimos a la sala, ahí nos sentamos a conversar mientras acariciaba mi pelo, espalda y nalgas, le conté de mi familia, que estudiaba, que pasatiempos tenía, aficiones e incluso de mi novia, la cual, debido a la distancia y poco tiempo que nos veíamos, me había pedido terminar.

    Me trató de consolar y decirme que ya encontraría otra novia, que era muy guapo y seguramente tendría por allí algunas pretendientas, lo cual era cierto, ya que tenía algunas amigas y notaba que seguramente querían algo más conmigo, pero en ese momento, no quería tener una relación y aunque me seguían gustando las mujeres, no extrañaba el sexo con ellas, porque el sexo con Roberto era tan intenso, y me hacía gozar en forma increíble, mucho más de lo que hubiera experimentado antes, lo cual tampoco evitó que ocasionalmente siguiera teniendo algún encuentro con alguna chica.

    La conversación poco a poco fue cambiando al tema del sexo y me comentó que le excitaban mucho los relatos que hacíamos en el chat y que se había masturbado mucho recordándolos y le gustaría hacerlos realidad, si no me molestaría que me comprara disfraces sexys y ropa de mujer y en nuestros encuentros recrear las fantasías, también que extrañaba los relatos y que quería que por lo menos una vez a la semana nos conectáramos ambos al chat y hacer alguna fantasía escrita. Todo me pareció excitante y acepté. Su verga se había puesto morcillona, pero evité tocarla, no quería apresurar las cosas, y me gustaba estar a su lado.

    De pronto se levantó y me dijo que todavía tenía alguna ropa de su ex-mujer, que esperara a ver si encontraba algo sexy, así que vi que se dirigió a la otra recamara y después de unos minutos salió con una minifalda, un brassier y unos ligueros.

    Me pidió ponérmelos y la verdad .me había excitado ponerme ropa interior femenina, por lo que no tuve ningún inconveniente en aceptar, no quería que me viera ponerme la ropa y pedí ir a la recámara a cambiarme.

    Me puse los ligueros y posteriormente el bra, los cuales eran de color rojo, el bra no se me veía bien, ya que se notaba aguado y busqué en una cajonera y encontré muchos calcetines, los cuales usé para rellenar el bra, la minifalda, de color negro, me quedaba un poco apretada y ceñía un poco la cintura, pero aguanté con tal de darle el gusto a Roberto, antes de salir me vi al espejo y me pareció que mi atuendo se veía muy sexy.

    – Ufff, mami, cada vez me sorprendes más. Te queda la ropita mucho mejor que a mi ex mujer, hasta pareces de las modelos de revista- me alabó.

    Me dio un beso cachondo y su lengua exploró mi boca, tomándome de la quijada, su otra mano levantó mi faldita y empezó a apretar mis nalgas, su verga se había vuelto a poner dura y comencé a pajearlo, recorriendo con mi mano su tronco ardiente y grueso, mmm, que gruesa se sentía.

    Su mano bajo a la altura del brassier y lo palpó, sintiendo el relleno, creo que le causó extrañeza porque desbrochó mi bra y descubrió que estaba relleno de calcetines, vi que sonrió y tomó uno de ellos y lo llevó a mi cara, al tiempo que metía un par de dedos en su boca y los llenaba de saliva, con sus dedos ensalivados apretaba y estiraba mis pezones y sentí el aroma de su calcetín en mi nariz, al contrario de lo que esperaba, no olían mal y me excitó mucho, por lo que aspiré profundamente el calcetín, tenía su aroma a macho, acercó sus labios a mis pezoncitos y empezó a mordisquearlos con sus dientes, muy suave, cuidando de no hacerme daño. Empezó a succionar mis tetillas al tiempo que seguía mordisqueándolas y recorriéndolas con su lengua y mis pezones se pusieron muy duritos al tiempo que seguía aspirando el calcetín de mi macho.

    Empezó a salir precum de la punta de su verga y con mis dedos lo tomé y con los mismos dedos recorría la cabeza de su verga, la cual sentí que palpitaba en mis dedos.

    Me tomó del cuello y me guio a su verga.

    – Ufff, chupa putita, anda, prepárala para tu culito que quiero cogerte- Dijo al tiempo que me dio una sonora nalgada que me tomó por sorpresa y di un pequeño grito al tiempo que apretaba las nalgas.

    Tomé su verga y la llevé a mi boca, la fui recorriendo con mis labios, mientras sentí que llevaba su mano a la boca y ensalivaba sus dedos, los cuales buscaron mi hoyito y frotaron la entrada del mismo, gemí de ansiedad al sentir sus dedos en mi culo y abriendo mis labios metí la cabeza de su verga en mi boca, succioné un poco y fui recorriendo el glande y el frenillo con mi lengua, lo escuché gemir y volví a mamar, procurando al mismo tiempo que mi lengua recorriera la cabeza de su verga, empujó su dedo índice dentro de mi culo y lo sacó, y nuevamente me entró su dedo, pero ahora fue su dedo medio y sentí que me llegaba mas profundo, lo volvió a sacar, se chupó nuevamente sus dedos y ahora sentí que era su dedo pulgar el que entraba en mi culito, me encantaba sentir que cambiaba sus dedos porque cada uno me causó una sensación diferente, el dedo pulgar se sentía también muy rico, ya que si bien no me llegaba tan profundo, si era mas grueso y sentía como abría más mis pliegues y rozaba mis entrañas, yo seguía mamando sin descanso, y gimiendo, empujando mi colita contra su dedo, para que me entrara más profundo.

    Me levantó y dándome un beso hizo que me levantara, pensé que me llevaría a la recámara para follarme, pero me equivoqué me llevó al respaldo del sofá donde me había desvirgado y me hizo doblar la cintura hasta que mi cara tocó el asiento del sofá, levantó la faldita y mi culo quedó expuesto, era exactamente la misma posición en que me había quitado la virginidad y ese recuerdo regresó a mi mente.

    – Amor, recuerdas que en esta posición te rompí el culo la primera vez?

    – Si amor, como olvidarlo, será una experiencia que nunca borraré de mi memoria- contesté

    – Si amor, recuerdo como temblaba tu cuerpo, y que cerradito estabas, sabes, a mí también me dolió penetrarte, no fue fácil abrir tu culito.

    – No lo sabía amor, pero me alegro que lo hayas hecho, a pesar del dolor, si no tal vez no estuviera aquí, fue muy doloroso para mí, pero mi hiciste gozar como nunca había sentido en la vida.

    – Sí y mírate ahora, vestido como putita y deseosa de verga de su macho.

    – Si amor, jamás lo hubiera imaginado hace algunos meses, a punto de que un macho me rompa el culo como puta, y vestida de nena. Ufff, bendita confusión, el día que pensaste que era una chica en el chat me cambió la vida. Anda, rómpeme el culo, hazme tu hembra

    – Si Ariel, mi hembra, te preñaré y serás mi puta por siempre.

    Sentí su verga recorrer mi rajita, muy babosita y dura, depositando su precum en la entrada de mi colita.

    – Puja amor, al tiempo que te punteo, quiero sentir como la vez que te desvirgué.

    Así lo hice y al tiempo que contaba hasta 3, pujé y sentí que empujaba, abriéndome la colita, mis pliegues se abrían, pero a diferencia de mi desvirgue todo fue placer, no sentí el mínimo dolor.

    – Ayyy, que rico, que rico se abre tu colita, cuando te desvirgué me costó y sentí que me estrangulabas la verga, estabas tan estrechita. Siente, sigues estrechita, pero a la medida de mi verga, lo sientes?

    Era verdad, parecía mi culo un guante para su mano o una funda para un fusil, si bien mis pliegues se estiraban para permitir la entrada de su verga, se ajustaban perfecto al grosor de su verga, sin causarme dolor, solo placer.

    – Siente amor, ni siquiera fue necesario poner lubricante, solo saliva, tu culito me recuerda y sabe abrirse, abrazando mi verga rico.

    En ese momento, me acordé del lubricante, pero ya era demasiado tarde, sentí que poco a poco me la iba metiendo, milímetro a milímetro, pero consciente de la falta de lubricante iba escupiendo en mi culo al tiempo que me iba penetrando, era tanta su saliva que escurría entre mis nalgas y piernas, así como en mis huevos.

    Abría mis nalgas y me ensartaba un poquito y después la sacaba para nuevamente embestirme avanzando poco a poco.

    El roce de su verga en las paredes de mi culo me causaban torrentes de placer que recorrían mi cuerpo.

    – Ufff, mami, si vieras como desaparece mi verga en tu culo, y con tu faldita de nena, ufff, que rico, ni la mejor porno tiene esta vista.

    Me imaginé la escena y me excitó mucho, abrí más las piernas y arquee mi espalda, para que me penetrara mas profundo.

    Mis gemidos se fueron haciendo más fuertes y tomándome de la cintura me empaló profundo, mis nalgas rebotaron en su pelvis, no pude evitar dar un respingo y lanzar un gemido.

    – Ayyy, que rico, ya te la metí hasta los huevos, sientes?

    – Si amor, ahhh, siento que me va a salir por la boca, que profundo me llega, dale, rómpeme el culooo.

    Casi me arrepiento de lo que dije, porque parecía que se volvió loco, me tomó de la cintura y abriendo mis nalgas lo más que podía me empezó a embestir duro, con todas sus fuerzas, su verga rozaba mis entrañas y sentía corrientes de placer recorriendo mi cuerpo cada que su verga golpeaba mi próstata, cerré mis ojos y siguió embistiendo hasta que no pude más y empecé a correrme, entre gemidos de placer, convulsionando en sus brazos, eso lo volvió más loco todavía porque literalmente me taladraba el culo a un ritmo endemoniado hasta que sentí que explotó en mi culo, para posteriormente caer sobre mi cuerpo. Susurró en mi oído:

    – Ay amor, me encantó preñarte, aghhh, me estás dejando seco, pero no importa, quiero cogerte siempre.

    Su leche resbalaba por mis piernas, mientras que tratábamos de recuperar nuestra respiración normal, nuestros cuerpos sudaban en demasía.

    Después de unos segundos esperando que nuestra respiración se normalizara sacó su verga de mi culo y me ayudó a incorporarme, nos dimos otro beso cachondo y nos dirigimos al baño, necesitábamos asear nuevamente nuestros cuerpos.

    La colita me ardía, no era lo mismo que me cogiera sin lubricante, pero era un ardorcito rico.

    Para terminar ese día, todavía me cogió una vez más, pero ahora si, le pedí que usara lubricante, porque sentía la colita un poco rozada.

    Nuestra relación duró alrededor de dos años, hasta que lo ascendieron en su empresa para ocupar un puesto en Tijuana, y aunque al principio venía a visitarme una vez cada mes, después tuvo una novia y los encuentros se espaciaron hasta que un día me anunció que se iba a casar y quería que fuera a su boda, incluso me mandó el boleto, sin embargo no fui a la boda, creí que no sería apropiado, ya que si bien lo nuestro fue sólo sexual, no sé cómo reaccionaría al conocer a su novia, no sé, no es que me dieran celos, al contrario estaba feliz porque hubiera encontrado el amor, pero extrañaría mucho sus cogidas y no sé, pensé que tal vez sospecharía algo su novia, nuestras miradas nos delatarían, o que pasaría cuando hiciera preguntas de cómo nos conocimos, o que relación teníamos, y tal vez no supiera que contestar o contradecir a Roberto, lo cierto, es que antes de su boda ya había tenido otros encuentros con hombres, sin embargo Roberto siempre fue especial, jamás lo olvidaré, fue quien se robó mi virginidad y aunque tuve encuentros con otros hombres ninguno fue tan morboso y cachondo como Roberto y con ninguno me sentí como una verdadera hembra.

    Roberto era muy fantasioso y cada encuentro era especial, me compró tangas, medias, bra, ligueros, mallas, minifaldas y otras prendas femeninas, así como disfraces sexys que compraba en internet, en nuestros encuentros fui enfermera, doctora, colegiala, maestra, policía, conejita de playboy, puta, hijastra, sobrina, e incluso a veces fantaseábamos que era una nena inocente y el me violaba a la fuerza, me cogió también en un cine, en los vestidores de un centro comercial e incluso en una ocasión me invitó a Acapulco y me hizo el amor en la Isla de la Roqueta.

    En cierta ocasión me dio las gracias por siempre satisfacer sus fantasías, y me preguntó si tenía alguna fantasía especial. Después de pensarlo algunos instantes y no saber qué decir, porque todas las fantasías que habíamos imaginado las habíamos llevado a cabo se me ocurrió decirle que tener sexo con dos hombres, fantasía que alguna vez habría cruzado mi cabeza.

    Nuestros encuentros continuaron y en cierta ocasión me dijo que tenía una sorpresa, que les contaré en la próxima ocasión y será el último de los relatos con Roberto, ya que de lo contrario sería interminable, pero pienso seguir contando de las relaciones que siguieron.

    Agradeciendo que hayan leído mis experiencias, como siempre, si les gustó espero sus comentarios, mi correo es [email protected].

  • Aventuras y desventuras húmedas: Segunda etapa (16)

    Aventuras y desventuras húmedas: Segunda etapa (16)

    El fin de semana discurrió de la misma forma que los días anteriores. Sergio pasaba enclaustrado en su habitación la mayor parte del tiempo con los libros delante de sus narices, pero valió la pena el esfuerzo. Según el lunes a la mañana salió del aula donde por fin terminaba con los exámenes, no podía estar más contento.

    Había solventado aquel mes de la mejor manera posible. Todos los exámenes del que tenía alguna nota estaban aprobados y solo le faltaba saber el que recién había hecho y el del viernes, los cuales seguro estaban aprobados. Con la mochila a cuestas y los apuntes dentro de ella, volvió al coche levitando sobre una nube. Esa mochila que tanto pesaba a principio del mes, ahora la sentía más que liviana, como si tuviera alas.

    Incluso tuvo la suerte de aparcar delante del portal, todo le salía a pedir de boca, las cosas no podían ir mejor. Subiendo a su casa recordó la conversación con Marta y un leve picor le asomó entre sus piernas, pero debía pasar página, aquel beso era el último. “No volveremos nunca…, pero un aquí te pillo, aquí te mato… no me importaría” pensó mientras salía del ascensor.

    Saludó con efusividad y arrojó la mochila a su cama al pasar por su habitación. Se dirigió directo a la ducha, queriendo limpiarse el olor a estudio que le envolvía como un perfume. El agua le caía caliente por todo el cuerpo, golpeando sus hombros cargados debido a la postura del estudiante y los relajaba sin parar. Necesitaba un descanso, vaya si lo necesitaba, se lo había trabajado mucho y el estrés de todo el mes debía desaparecer de un plumazo.

    Pensó en que podía hacer durante las dos semanas que le quedaban para descansar y todo un abanico de posibilidades se habría ante sus ojos. Podría ir con sus amigos de viaje o podría aprovechar para vaguear en casa lo que no estaba escrito. Una de las opciones que se le cruzó por la cabeza fue hacer algo con su hermana, todavía le debía una por la vez que la dejó ir sola a casa, aunque ella no lo supiera. Pero no sabía que podía hacer, bueno… tenía tiempo para pensarlo, por el momento, lo que decidió fue mirar a su amigo que tanto se activaba últimamente y… ¿Por qué no darse una alegría?

    La puerta abriéndose le sacó de su momento cercano al nirvana. Asomó la cabeza para ver de quien se trataba, quien osaba perturbar la paz que tanto se había labrado. La que había atravesado la puerta de madera con todo su descaro como siempre lo hacía, era quien se temía, su hermana.

    —Laura, ¿qué pasa no sabes llamar a la puerta?

    —Lo siento, Sergio. Es que quería limpiarme los dientes.

    —¿Eh? ¿Me has pedido perdón por entrar sin llamar? ¿Dónde está mi hermana? ¡¿Qué has hecho con ella?!

    Escuchó las risas de su hermanita y él sonrió a la par. Cuanto había cambiado su relación, había solucionado aquella distancia que tanto les separaba y todo mediante lo que podría denominarse un error. Haber tenido algo con una amiga suya le había llevado a pasar una noche con Laura y debido a aquello, estrechar los lazos que ellos mismos habían desatado.

    —¿Qué tal los exámenes? —preguntó la joven haciéndose entender con el cepillo en la boca.

    —Pues bien, muy bien. —le sorprendió la pregunta. Es más, le dejó perplejo que Laura supiera que estaba de exámenes— Creo que voy a aprobar todas. Todavía me quedan dos notas por saber, pero estoy seguro de que las paso.

    —Como me alegro. —Sergio escuchó como escupía la pasta de dientes y después la jovencita añadía— Por cierto, el otro día… tu amiguita…

    —¿Estamos hablando de Alicia? —apuntilló Sergio al escuchar el tono de recochineo.

    —Exacto. Pues nada, estuvo hablando un poco de ti.

    Sergio frunció el ceño, dándose cuenta en aquel momento, que sin verse sabía que estaba haciendo el mismo gesto que su tía y su madre, cosas de familia. Las preguntas se formularon en su cabeza, ¿de qué hablaría Alicia? No tardó en preguntar para salir de dudas.

    —¡Sorpréndeme! ¿Qué dijo?

    —Obviamente, no dijo tu nombre, quizá porque estaba yo delante con más amigas. Pero estuvimos hablando de chicos, de con quien lo habíamos hecho la última vez y así… bueno cosas de chicas.

    —¡Para, para, para! —Sergio asomó la cabeza para mirar a su hermana. Esta vio el gesto torcido de su hermano junto con su pelo alborotado lleno de champú, la imagen era realmente cómica.

    —¿Qué? —sacando una sonrisa que llevaba a la carcajada y no le daba para reprimírsela.

    —¿Tú?… ¿Chicos?

    —Sergio… que tengo diecisiete años y voy a cumplir dieciocho… claro que sí.

    —¡Se me ha caído un mito! ¡Qué desgracia! —el dramatismo del joven logró hacer sacar una carcajada a su hermana— Aunque una cosa. —la cabeza de Sergio volvió a asomar esta vez con la zona de barba también blanca, de forma tan abundante como cómica. Laura se rio— De mis amigos… con ninguno ¿no?

    —De momento no. Pero… ya veremos, te la tengo que devolver.

    —Ni se te ocurra, o te meto a monja, soy el primogénito varón y tengo que guardar nuestra estirpe.

    Laura rompió a reír con aquella bobada que su hermano decía. Le encantaba cuando estaba de buen humor, todo lo que decía le hacía gracia, porque no era lo que soltaba si no cómo lo decía.

    —Tranquilo, tato. No voy a hacer nada con tus amigos, lo prometo. Bueno, vuelvo al tema que me lías. Pues resulta que eso, estábamos el otro día tomando algo en la calle y hablamos de ese tema, del último chico con el que estuvimos. Hablamos todas y cuando le tocó el turno a Alicia, pues no dijo tu nombre, pero habló de ti.

    —Seguro que me puso por las nubes. —la ironía de Sergio se podía incluso cortar.

    —No tanto. Empezó a hablar de que si no eras buena gente, que si no diste la talla y demás cosas por el estilo. Yo la miraba esperando que dijera que estaba de broma, porque ella me lo había contado, sabía que el último chico con el que había estado eras tú. Pero nada, erre que erre con que el peor polvo de su vida y así.

    —Si te soy sincero… creo que estaba mintiendo. —el orgullo de Sergio había sido herido en parte, aunque la verdad, tampoco mucho.

    —Soltó incluso que si tenías un micropene, fue entonces que me reí.

    —¿Cómo que te reíste? —a Sergio le interesó lo que venía a continuación.

    —Me reí y todas me miraron. Delante de las demás le dije que yo conocía al chico y que ella lo sabía. Alicia calló, pero no reculó, por lo que le dije que de micropene nada y que además es un partidazo.

    —¿Mi hermanita me sacó la cara? ¡Estoy flipando, Laura!

    —Bueno eres mi hermano ¿qué quieres que diga? Además que no me gusta que mienta. Hilando cabos, recordé que más o menos después de su cumple estaba realmente feliz, o sea que puede que fuera gracias a ti… no se lo pasaría tan mal.

    —Puede… Oye, de verdad, gracias. No era necesario, al final lo que opina Alicia de mí lo sé de sobra y lo que diga, me da un poco igual, pero que me hayas defendido me encanta. Te quiero.

    —No es para tanto. —quitó hierro al asunto— Dejémoslo en que no me gusta que mientan y menos de mi hermanito.

    Ambos rieron y Laura abrió el grifo del lavabo para dar un trago de agua y después lavarse el rostro. Sergio pensó una cosa que le estaba picando en el cerebro y decidió preguntársela a su hermana.

    —Laura, ¿cómo sabes tú, que no tengo un micropene?

    —Pues muy sencillo. Cuando vas a la ducha, sueles ir el trayecto desde tu habitación al cuarto de baño la gran mayoría de veces desnudo. Y no sé si te piensas que nadie te ve o que vives solo… pero, tato… que mi puerta está al lado, cada vez que pasas así te veo.

    —Vaya… —el tono de Sergio denotaba decepción— no sabía… que te va ese rollo… que tenía una hermana mirona.

    —Imbécil. —respondió Laura mientras no se aguantaba la carcajada— ¿Qué quieres que haga? Ya te tengo más que visto. Te conozco tanto como tú a mí, es como si alguno de tus amigos te dijera, pues Laura tiene unas tetas pequeñas no sé qué, ¿te lo creerías?

    —Pues hace mucho que no las veo, no sé yo…

    —Pues ahora mismo te las enseño. —la broma no se detenía y ambos sin verse sabían que el otro tenía una mueca de felicidad.

    —No, tata, gracias, rehúso tu proposición indecente. Seguro que son preciosas, pero no lo veo adecuado.

    —Tú te lo pierdes. —con un tono más que altivo para seguir jugando entre ambos.

    Los dos volvieron a reír y dentro de la ducha mientras el joven se aclaraba el gel que corría por su cuerpo, escuchó como la puerta se volvía a abrir. Su hermana estaba a punto de salir y recordó una cosa.

    —Oye, Laura, esto en serio. Es una tontería, lo sé, pero todavía me sabe mal cuando no volví contigo a casa.

    —Déjalo, es una chorrada, si estabas de fiesta, no ibas a volver por mí. —Laura no le daba muchas vueltas al asunto, de haberlo hecho podría haberse olido donde estaba su hermano.

    —Ya… puede ser, pero para mí no lo es. —el sentimiento de haber elegido a Alicia en vez de a su hermana aún le escocía— Tenemos que hacer algo.

    —¿Qué quieres hacer?

    —No sé, tenemos que pensarlo juntos, pero lo que quieras, eso está en tus manos.

    —Te tomo la palabra —y de nuevo con el tono de broma habitual que volvía a reinar entre ellos tras muchos años, le añadió—. Bueno marcho, ya puedes seguir masturbándote con tranquilidad.

    —Laura…

    La joven se fue y Sergio se quedó tranquilo en la ducha. Sería una buena opción la masturbación, pero después del comentario de su hermana, le parecía extraño hacérsela. Aunque pensándolo bien, ¿qué más daba? Había tenido relaciones con su tía y soñó de forma muy sexual con su madre, aquello no sería más que otra muesca en su revolver.

    Pero aun así, lo desechó y salió envuelto en una toalla, demasiada agua gastada como para desperdiciar más. Mirándose en el espejo, recordó como era su hermana antes de Navidades, huraña y desagradable, una adolescente con las hormonas alborotadas. Aunque tampoco se llevaban tanto, la diferencia era palpable.

    Como había cambiado todo en tan poco tiempo y… aquello le recordó que era cierto que hacía mucho que no la veía desnuda, ¿sería cierto que las tenía tan grandes? No lo recordaba. Se veía un gran bulto en su camiseta, pero, ¿en verdad habría heredado tanto los ojos como los pechos familiares?

    De imaginarlo un escalofrío recorrió su espalda atorando su cerebro, y diciéndose al mismo momento “tengo que relajarme, últimamente se me va la cabeza, los pechos de Laura ya son demasiado”.

    CONTINUARÁ

    ———————

    En mi perfil tenéis mi Twitter para que podáis seguirme y tener más información.

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Los feos también cogen rico

    Los feos también cogen rico

    Hay hombres poco agraciados que por incompresible que pueda parecer me resultan interesantes y hasta cierto punto atractivos. Poseen cierta especie de aura o energía que les hace destacar entre todos los mortales tanto que podrían hacer sentir inferior hasta el hombre más hermoso y codiciado del planeta.

    Eso me sucedió con Antonio, un electricista. Digo electricista porque la primera vez que lo vi estaba arreglando el motor del portón eléctrico de la entrada al condominio donde vivía, así que esa fue la primera impresión que tuve de él, un electricista. No era su único oficio, también hacía labores de jardinería, lavado de piscina y quién sabe cuántas cosas más, pues, prácticamente vivía todo el día en el condominio solucionando los problemas que se presentasen.

    Le calculé 40 años y una estatura de 175 cm. Era blanco de piel, llena de matices ya que era un hombre maduro, trabajador al aire libre y especulo que había sido el sol el culpable de degradar el color de su piel a un tono amarillento. Tenía el pelo corto y entradas pronunciadas, sobresaliendo un poco de cabello en medio de su frente.

    Es de esos hombres que tienen mucha barba que desde la patilla abarca toda la parte baja del rostro, es decir, la zona de la quijada hasta cubrir parte de las mejillas, los alrededores del mentón y la boca. También lucía un bigote a la par con su barba siempre bien rasurada, nunca tan poblada algo que me parecía sexy a pesar de que no era un hombre de buen parecer. Orejas grandes aunque paralelas con su cabeza, cejas gruesas, ojos negros pequeños, mirada fría, una nariz normal, pero con la punta redonda que me hacía pensar en un payaso.

    Del resto de su físico no podía adivinar mucho ya que solo una vez le había visto la espalda desnuda y lucía bastante gruesa y saludable, el resto de las veces siempre le veía con su pechera de trabajo.

    La fealdad de un hombre queda relegada a un lugar posterior si este tiene cualidades interesantes y una personalidad peculiar que le distingue del montón y puede que la percepción sea errada, pero es la mía y aquí les cuento solo lo que yo he experimentado. Antonio era un hombre enérgico, carismático, atento, amigable y popular lo que de una u otra forma lo hacía interesante y atractivo para mi y estoy segura de que para muchas otras mujeres también.

    A medida que pasaban los días me lo topaba muy a menudo ya fuese en la entrada o en los pasillos y hasta en el ascensor. Me saludaba con una sonrisa muy segura y una mirada llena de vida, yo simplemente le devolvía el saludo por cortesía.

    Con el tiempo fue incrementando la confianza, llamándome por mi nombre además de halagarme siendo muy respetuoso aunque provocativo. Daba la impresión de tener piropos reservados para cada vez que se topara conmigo y no me era molesto verle tan entusiasmado en saludarme y dedicarme uno o varios halagos, entendí que yo le gustaba cosa que no me sorprendió en absoluto.

    En una semana ya me sabía su nombre, no porque se lo haya preguntado sino porque un día que iba entrando lo vi hablando con el conserje de turno y este mencionó su nombre mientras conversaban.

    A partir de entonces decidí ser más cortes, las próximas veces que me topé con él lo saludé siempre agregando su nombre.

    Pasarían unas cuantas semanas para que Antonio cautivara por completo mi atención. Me lo conseguía muy a menudo en la entrada del condominio al llegar, me saludaba y se inventaba cualquier tema de conversación para retenerme por unos segundos logrando hacerme sonreír en casi todas las ocasiones. Ese fue el puente que nos conectaría más adelante; su sentido de humor, su espíritu enérgico y seguridad, dejar claro desde un principio que yo le interesaba.

    Con el tiempo se las ingenió para ser él quien me llevase a mi apartamento cosas puntuales como envases de agua potable, muebles que de vez en cuando iba agregando a mi apartamento, bolsas pesadas de alguna compra hecha en el supermercado; aparecía él de la nada para ofrecerme ayuda.

    Cada lunes o martes que solicitaba un envase de 20 litros de agua potable él se encargaba de llevarlo a mi apartamento y aunque yo le ofrecía propina siempre la rechazaba.

    Me fui dando cuenta poco a poco que Antonio despertaba en mi un extraño interés hacia él. Siempre que dejaba el agua encima de la mesa y se iba gustoso de habérmela traído yo me quedaba pensativa. Ese hombre me deseaba, no había dudas. Llevaba meses tratándome como una reina sin obtener nada a cambio.

    Quizá pensaba que era imposible que una chica linda como yo, teniendo la mitad de su edad jamás le correspondería o tal vez pensaba lo contrario y estaba seguro de que algún día yo caería rendidita a sus pies.

    La confianza se incrementó, yo era más amable con él y empecé a despedirme con un beso en su mejilla cada inicio de semana que subía a mi apartamento a llevarme el agua.

    Recuerdo que la primera vez que le besé la mejilla le dije:

    —Ya que no me dejas darte propina al menos déjame agradecerte con un beso

    En lugar de sonrojarse contestó:

    —Viniendo de ti es un beso que vale millones, preciosa.

    Ese día me regañé a mi misma apenas se fue. «¿Qué me estaba pasando? ¿Acaso estaba loca? ¿Te vas enredar con un feo cuarentón probablemente soltero, un simple empleado del condominio? Estás mal de la cabeza, María, reacciona a tiempo».

    Luego me reía a mi misma de mis alocados pensamientos. Cómo era posible que llegase a pensar y fantasear con ese hombre invadiendo mi vagina con sus dedos, su lengua y su pene, tomándome de las caderas, chupando mis pezones y haciéndome completamente suya. Y no solo eso, llegué a tocarme bajo la ducha pensando en él y tuve sueños húmedos en los que él aparecía observándome mientras me duchaba y haciendo gestos lascivos aunque sin llegar a tocarme, pero si masturbándose y mostrando una sonrisa de oreja a oreja.

    Las mujeres también fantaseamos y tenemos sueños de tipo erótico y no necesariamente con un príncipe azul, a veces aparecen en nuestros sueños un taxista de avanzada edad, un vigilante, un delincuente peligroso del que nos enteramos robó a alguien en la comunidad, un hombre desagradable que nos piropeó cuando nos dirigíamos a determinada zona del centro de la ciudad, un hombre que rozó su pene sobre nuestro cuerpo más de la cuenta cuando viajábamos en un autobús abarrotado de gente, cosa muy común en mi país. En nuestros sueños eróticos hay de todo un poco, solo que somos bastante reservadas y nos guardamos esas cosas.

    De hecho una vez soñé que mi papá me hizo suya. Fue un sueño bastante intenso y creo que se originó porque una vez cuando estaba mucho más joven espié a papá y mamá teniendo sexo que por cierto fue algo que me impactó de gran forma. Aunque no esperen un relato de «mi papá me cogió» porque tal evento no aconteció ni jamás pasó ni pasará por mi mente la idea de tener un encuentro de tipo sexual con mi papi.

    El que si me cogió y varias veces fue el papá de Brenda, pero ese relato ya lo habéis leído y tal vez publique más sobre las otras veces en que fui su niña pervertida.

    Volviendo con el electricista. Mis ganas de tener una aventura con él se incrementaron. Dejé de apreciarlo como un simple trabajador del condominio, lo veía como un objetivo, una meta, un capricho. La imagen que tenía de él había cambiado por completo, me parecía sexy, atractivo, deseaba que me cogiera aunque mi conciencia me condenara cada vez que la idea de tirármelo se paseara entre mis sienes.

    Empecé a recibirlo en mi apartamento vestida con poca ropa y evitaba toparme con él a la salida o entrada. Debía ser muy discreta y así evitar levantar sospechas por lo que evité coincidir con él y solamente le vería cuando fuese a llevarme el agua, lunes o martes en el que mis mañanas las tenía libres.

    El ambiente se tornaba tenso cuando le abría la puerta para que pasara a dejar el agua sobre la mesa, entablábamos una pequeña conversación sabiendo que a pesar de mirarme a los ojos me detallaba milimétricamente cuando yo miraba hacia otro lado.

    Siempre hacía un comentario sobre lo que llevaba puesto y eran comentarios que aunque atrevidos no eran irrespetuosos, era una combinación perfecta que me hacía querer jalarlo del cuello y besarlo.

    Estaba loca y sigo loca, lo sé, pero quería cogerme a ese hombre.

    Y no penséis que duré todos esos meses sin experimentar relaciones sexuales, obviamente tuve parejas y noviazgos que por una u otra razón no duraban más de un mes, digamos que soy exageradamente exigente y cualquier cosita que me incomoda es motivo para dar por terminada una relación por muy espectacular que aparente ser.

    Empecé a planear el momento perfecto para cumplir mi capricho y hacer feliz por un día a un soltero cuarentón que se babeaba por culearme, las cosas como son.

    La siguiente vez que vino a traerme agua le dije que necesitaba unas conexiones nuevas de electricidad y que si estaba dispuesto a hacerme ese trabajo.

    Recuerdo que ese día andaba descalza con mis delicadas y lindas uñas de los pies pintadas de negro, cargaba un cachetero negro bien ajustadito (mis nalgas intentaban escapar de él) y un top rosado sin tirantes que hacía que mis senos destacasen más de la cuenta, un top estratégico que realzaba el tamaño de mis boobies.

    Les juro que si ese hombre se atrevía a lanzarse encima de mi diciéndome que me deseaba lo iba a conseguir, estaba dispuesta por si sucedía.

    «La gente no es tan enfermita como tú, María. Cálmate». (risas).

    Le estuve indicando las partes donde quería las nuevas conexiones y en una de esas me interrumpió y me dijo:

    —Coño, María, andas terriblemente bella hoy, me piensas matar o qué

    Y a continuación empezó a reírse como si se hubiera arrepentido de lo que dijo y quería borrar con su risa su atrevimiento. Yo me reí tras él y el momento mágico se desvaneció por completo.

    Se fue a los pocos segundos y quedamos en que el sábado podría venir a hacer las conexiones.

    Me quedé con una calentura y pensé que si yo estaba excitada él debía estarlo más, pues la bonita soy yo, la del cuerpo rico, medidas más que irresistibles, un culito y tetas imposibles de pasar desapercibidos. Llegué a la conclusión de que ese hombre iba directo al baño a hacerse una o varias pajas.

    A veces pienso que soy narcisista porque, estudiemos las dos perspectivas. Él quería cogerme por mi cara bonita, mi lindo cuerpo, por la sonrisa que le ofrecía cada vez que me saludaba en cambio yo tenía otro modo de verlo. No quería coger con él por ser lindo, solo quería que un hombre como él, con esas características, esas facciones, ese rostro poco agraciado me consintiera, me hiciera mujer, me produjera uno o más orgasmos. Era un morbo difícil de explicar, quería experimentarlo, quería ver sus reacciones al momento de tenerme desnuda delante de él, de poseerme.

    Llegó el sábado y nuevamente lo recibí con poca ropa, esta vez vestía un top blanco sin tirantes, se me marcaba la línea de bronceado lo que hacía más deseables mis senos, abajo llevaba puesto un short de tela con dibujitos de panda. Mi lindo ombligo quedaba al descubierto y aunque no tengo los abdominales de una fisicoculturista mi abdomen lucía y sigue luciendo bastante sexy. Mi cabello suelto, mis pies al desnudo. Él debió enloquecer apenas entró por esa puerta y recibió en su mejilla un beso de bienvenida.

    Aun así no lo noté tímido, seguía siendo él, enérgico, atento, dispuesto, sin intimidarse, algo que es súper importante para mi en un hombre.

    Lo hice pasar a la sala y me dirigí a la cocina a buscarle unas tajaditas con queso que había cocinado y se las traje a la mesa del comedor que está ubicado en la misma sala. También le traje un poco de café y estuvimos conversando. Yo como si nada medio desnuda delante de él, acostumbrada a andar así de relajada en mi apartamento mientras a él lo notaba de lo más tranquilo aunque se podía percibir la tensión sexual en el ambiente; el deseo estaba allí, solo había que abrir el candado.

    Después de acabarse las tajadas y el café comenzó su trabajo, yo me fui a mi habitación y al volver lo único que me cubría era la toalla de baño. Él dejó un momento lo que estaba siendo y giró su cabeza en dirección hacia a mi y no pudo evitar bailar sus ojos de arriba a abajo, de pie a cabeza.

    —Me voy a bañar, cariño —le dije, sonriéndole una vez que me di cuenta de que me había escaneado como terminator.

    Me tomé todo mi tiempo, calculé que le tomaría una hora (quizá un poco menos) en terminar ese trabajo.

    Salí del baño 40 minutos después volviendo de regreso a mi habitación, me vestí y me coloqué una fragancia de marca que solo uso para cuando quiero tener sexo.

    Cuando salí, estaba él recostado al sofá y entendí que había terminado. A verme me dijo:

    —Eres mala, flaca. Estás demasiado rica

    Yo no esperaba que fuera tan directo, pero es que soy una maldita provocadora. Vestía nuevamente un top sin tirantes pero esta vez rosado y un short de tela igual al anterior pero con rosas dibujadas, descalza y con mi cabello suelto un poco húmedo.

    Me encontraba en mi apartamento a solas con un empleado del condominio, a puertas cerradas, nadie sabría qué hacíamos o qué haríamos. «¿Por qué no llevar a cabo todo lo que se me ocurre y me gusta hacer con un hombre? ¿Quién me lo va a impedir? ¿Quién estará presente para juzgar mi comportamiento? Nadie»

    Me le acerqué un poco sonriéndole. Él no disimuló en lo absoluto mientras me miraba de arriba abajo y la situación ya pintaba extremadamente tensa, la cuerda estaba por romperse.

    —¿Terminaste? ¿Cuánto te debo? —Hice las preguntas una tras otra, pues me interesa solo la respuesta de la segunda.

    —Nada, mi cielo, como piensas que te voy a cobrar —me dijo mirándome atontado y con una cara de sumisión, como si delante de él estuviera la dueña de los siete reinos.

    —¿Cómo que no te debo nada? Claro que si.

    Llevé ambas manos por detrás de la espalda y desaté mi top, quedando mis pequeños senos al descubierto y que por efectos de la gravedad se caen un poquito. El top se lo lancé a él a la cara y le sonreí sintiéndome una puta.

    Y no, no soy una puta como tal. Putas son esas mujeres con problemas económicos que en el mayor de los casos se ven obligadas quieran o no a entregarse a otros hombres para poder pagar sus deudas y obligaciones.

    No es mi caso, pero si que me resulta excitante la idea de pensar que soy una de esas y no es que me entregue por dinero sino gratis o por pagar un favor lo que me produce un morbo y una excitación tan enorme que es imposible que lo comprendan. Adoro fantasear y experimentar que soy no solo una puta sino una puta barata, a la que cogen sin pagarle o a la que le pagan una miserable cantidad de dinero.

    Cada tanto, compro prendas y vestimentas relacionadas a ese mundo para usarlas cuando se presente una oportunidad interesante. Soy una enfermita pero todo de puertas adentro, que de puertas a afuera la gente solo conozca mi parte normal, mi parte sana y no la pervertida que llevo dentro de mi.

    —¿Es en serio, chamita? —me dijo al ver que me le estaba ofreciendo en bandeja de plata.

    —Si, en serio. —le respondí y comencé a sentir mi respiración agitada porque estaba casi del todo segura de que ese hombre me iba a coger.

    No había marcha atrás, si ese hombre no actuaba me iba a decepcionar.

    Me tomó de una mano y me acercó a él y empezó a manosearme los senos con ambas manos. Había dado el primer paso y nada ni nadie lo iba a detener.

    —Qué delicias de senos tienes, flaquita.

    Me terminó de jalar hacia él e hizo que quedara sobre sus piernas y me chupó los senos con tal dedicación que me hizo gemir

    —¿Te gustan? —le dije casi sin voz

    —Me los voy a disfrutar como si no hubiera un mañana dijo.

    Me reí levemente y le dije que eran suyos, que le hiciera lo que quisiera.

    Me quedé encima de él viendo cómo se comía mis senos, apretando con leve fuerza, mordiendo suavemente mis pezones, incluso los escupió para luego lamerlos, eso me encantó.

    Estuvo chupándome por unos minutos en los que no dijimos una sola palabra, solo se oían mis gemidos y el ruido de sus labios saboreando mis pezones. Se levantó y aun cargándome se dirigió con toda confianza y sin permiso hacia mi habitación donde me recostó, me quitó el short y se dio cuenta de que no tenía panti.

    —No sé si aguantaré cogerte, pero lo intentaré —dijo al ver mi vagina depilada de una forma tan perfecta, no había rastros de vellos por ningún lado y solo se veía la línea que separa mis labios vaginales.

    Se agachó, analizó mi vagina con sus dedos, comentó lo deliciosa que le pareció y procedió a comérmela como nunca me la habían comido en la vida. Me hizo retorcerme en la cama, su lengua me llevó al paraíso.

    No solo sabía realizar conexiones eléctricas y reparar el motor del portón, apodar el césped, limpiar la piscina y demás, también sabía chupar una cuca como los dioses, tan bien que no tardé en correrme.

    —Qué rico te chupas mi cuquita —le hice saber lo bien que lo hacía, con una voz que parecía estaba llorando.

    Pero no estaba llorando, era que ese hombre se había metido hasta lo más profundo de mi, me había hecho temblar todo el cuerpo y había logrado hacerme correr en cuestión de segundos.

    Yo estaba tan inmersa en una gran ola de placer que no me di cuenta cuando se quedó completamente desnudo frente a mi y me metió su pene de golpe.

    «Ohhh», lo escuché gemir en voz alta

    Empezó a penetrarme suave pero no tardó en apurar el ritmo hasta que me cogió como una bestia salvaje, una vez más me estaba alcanzando el clímax y lo logró, me hizo correr de nuevo sin parar de embestirme con frenesí.

    Me hizo voltear y quedé con las piernas fuera de la cama, se metió entre ellas y volvió a penetrarme. En esa pose me sentí su perra, quería decirle cosas vulgares y animarlo a que me insultara pero preferí callarme y disfrutar lo que me hacía, dejar que él hiciera lo que quería sin perturbar su mente. Así fue como en cuestión de segundos logró hacer que me corriera de nuevo y derramó su semen en mis nalgas jadeando como si algún espíritu acababa de robarle el oxígeno.

    Quedó impresionado cuando vio que me acomodé y me llevé los restos de semen a la boca, me agaché y le chupé el pene hasta dejárselo limpio. Ahí de rodillas fue que pude ver que tenía un buen cuerpo. Estaba rellenito el electricista, con el pecho peludo y también su pene, un delicioso y largo pene que me había cogido sin condón, había probado de mi cuca directamente y sin barreras, cosa que prefiero mil y una vez ya que la sensación es inigualable.

    Antonio parecía drogado, lo único que se le escuchaba decir eran expresiones sin sentido, estaba completamente loco por lo que estaba viviendo, era más que evidente que nunca en su vida había vivido algo semejante aunque si me quedó claro que ya tenía mucha experiencia sexual por la forma en la que me hizo su mujer.

    Me vestí delante de él y continuaba diciendo todo tipo de cosas de asombro, que no se podía creer todavía lo que yo acababa de obsequiarle, que no olvidaría jamás ese día, que yo era una delicia de mujer, y pare de contar. Yo le sonreía y le dije:

    —Guarda este secreto —le dije—. Y como dice un dicho: «El que come callado, repite».

    Le pedí que fuera discreto, respetuoso, «que no anduviera gritando a los cuatro vientos que me hizo su puta». Así de literal se lo dije y sé que esas frases son imborrables para ustedes, son como las marcas a fuego que le hacen a las bestias, ustedes adoran cuando nos comportamos vulgares durante el sexo sin llegar a parecer obscenas y putas de calle de mal gusto.

    Luego lo besé en la boca y no entiendo el por qué. Estoy enferma, hago cosas muy locas. Y no, no estaba enamorada de ese hombre pero me provocó besarlo profundamente por unos cuantos segundos, ese hombre me había cogido muy rico y mi cuerpo reaccionó de esa forma, el de enredarme con su lengua y el morbo de que probara su propio semen.

    Una vez que se fue en lugar de sentirme mal o arrepentida todavía sentía excitación y morbo por haberme comportado como una puta, me provocó llamarlo de nuevo para que me volviera a coger, pero logré calmar mis instintos carnales, ya era suficiente me repetí unas 30 veces mientras ordenaba los muebles y detallaba el buen trabajo eléctrico que había hecho.

    La semana siguiente leí en los clasificados sobre un apartamento en alquiler con mejor ubicación y a un precio más razonable por lo que sin pensarlo dos veces me mudé de ahí.

  • Jugando con un hetero

    Jugando con un hetero

    Hola a todos. De nuevo por aquí para contaros otra de mis experiencias. Ésta es un poco especial porque así como todas, las otras alguno de mis amigos las conoce, esta es la primera vez que la cuento y el anonimato me ayuda a hacerlo.

    Ocurrió hará unos cinco años en plena vorágine sexual mía. Los que me habéis leído alguno de mis relatos anteriores ya sabéis como soy y donde trabajaba. Pues bien estando en el trabajo se acercaba un vecino que me conocía desde pequeño y que ya alguna vez me había hecho alguna broma un poco «subida» de tono. Este vecino rondaba los 63-64 en el momento en que ocurrió todo y yo pues unos 35-37. Es un tipo de más o menos 1.70 y unos 80-85k, fornido de piel moreno por su trabajo al aire libre y de carácter muy jocoso o al menos conmigo. Vino una vez a mi trabajo y bromeando me abrazó por detrás e hizo como que me follaba y se puso a reír. Eso junto con su carácter jocoso conmigo y que siempre que me veía quería quedar conmigo para tomar un café, me hizo creer que quizás quería alguna cosa más. Lo que hace la imaginación cuando estás caliente y te gusta alguien como me gustaba él a mi, Yo fantaseaba con que me follara aún a sabiendas que estaba casado y con hijos.

    Pues bien, una de las veces que quería invitarme a un café y a lo que yo nunca tenía tiempo, le pedí su número de móvil para quedar algún día y el me lo dio. Un día quedamos a tomar un café en el bar de un hotel del pueblo y sentados en la barra mientras hablábamos de cosas me puso la mano en la pierna y me dijo que el próximo café lo haríamos en su casa. Yo le dije que no quería importunar en casa estando su mujer y me dijo que vivía solo en una casa a unos kilómetros del pueblo haciéndose cargo de la casa y del ganado y que solo iba a su casa, donde estaba su mujer, a hacer las comidas pero que no dormía allí casi nunca.

    Que hubierais pensado vosotros? Yo pensé para mí que estaba en lo cierto y que quería rollo. Como tenía su móvil nos enviábamos mensajes de vez en cuando y cuando me decía para cuando el café yo le decía que pronto que yo llevaría el café y que el pondría la leche a lo que él respondía que leche tenía mucha. Sus emoticones de guiños me hacían creer que estaba también por la labor. Tanto me lo creí que le dije que quería comentarle una cosa (decirle que me gustaba y que si quería tener sexo conmigo). Me dijo de quedar en el mismo bar a tomar un café y le dije que era personal lo que quería hablar. Me invitó a ir a su casa, la que estaba a las afueras del pueblo y donde vivía solo, para poder charlar con más discreción.

    Llegó el día y yo acojonado por lo que pudiera pasar por si me equivocaba y me daba una paliza, me acerqué hasta allí. Él estaba en el patio trasteando cuando llegué. Iba vestido con unos pantalones de camuflaje caquis (le gusta la caza) y una camisa también caqui un poco desabrochada por donde se le escapaba un vello plateado que se notaba aún más con su piel morena. Me saludó muy amigablemente y después de enseñarme la propiedad y los planes que tenía para ella entramos en su casa. Me enseñó toda la casa incluso su habitación que aún tenía la cama con las sábanas revueltas y se disculpó por cómo estaba. Nos sentamos en el salón en los tresillos que tenía, él en uno y yo en el otro, Estaban puestos en forma de L y delante había una mesilla de centro baja. Me preguntó si quería un café y le dije que sí. No le comenté nada de la leche por lo nervioso que estaba yo. Cuando hubo servido el café y se sentó me dijo:

    -«Mira creo que ya sé de lo que quieres hablar. Me has estado enviando mensajes y he de decirte que lo siento pero no me van los tíos. Si con alguna de mis bromas te di a entender que tenía interés en ti, perdona pero no era mi intención. Me gustan mucho las mujeres y no se me ha pasado por la cabeza liarme con tíos pero si llegara el día que decidiera hacerlo te avisaría. No te preocupes no estoy para nada cabreado contigo ni se lo voy a contar a nadie. Sé que para ti no debe ser fácil. Te agradezco que muestres interés en mí y más por la edad que tengo. Yo si quieres podemos ser amigos pero nada más. Otro día podemos quedar y tomar otro café o los que quieras pero de eso no pasará. Ok? Y ahora que querías comentarme?»

    Me quedé pasmado. Me pilló al vuelo. Al menos no estaba cabreado conmigo. Le dije:

    -«Sí, era eso. Otras veces ese mismo tipo de bromas me ha llevado a tener sexo con heteros así que pensé que esta vez también lo sería. Muchos de los heteros con los que he estado no quieren follar con tíos pero sí que les gusta que que se la mame un tío y yo pensé que en tu caso también querías que te comiera la polla. Y perdón por decirlo así. Prefería decírtelo que agarrarte directamente la polla sin saber si te gustaría o no».

    Se rio entre nervioso y sorprendido y se acomodó en el asiento. Estaba sentado con las piernas abiertas y como el pantalón que llevaba era un poco delgado se le marcaba un paquete que a mi parecer era enorme. Podía intuir por donde iba la polla.

    Me preguntó que aclaradas las cosas si quería otro café y le dije que sí si no le importaba. Se levantó y al pasar por delante mío y pararse para preguntarme algo (que no recuerdo) pude ver como su paquete se había hinchado. Fue hasta la cocina y al volver trajo los dos cafés y se sentó entonces a mi lado.

    Me dijo:

    -«No estés tenso. No ha pasado nada y no se lo voy a contar a nadie». Y me rodeó con el cuello con el brazo.

    -«Por cierto, tú no querías leche para el café?. Pues tendrás que sacármela tú que ya tienes experiencia por lo que me has dicho». Y acto seguido se agarró el paquete. A mi me iba a salir el corazón por la boca! Me cogió la mano y la puso encima de su paquete. Aunque estaba un poco morcillona podía notar como su polla se movía dentro del pantalón. Me cogió por el cuello y me acercó la cabeza a su paquete mientras se bajaba la cremallera. Se metió la mano dentro y sacó una polla toda descapullada, gruesa y venosa, medio enpalmada y con los huevos rasurados. Tenía un buen capullo y ya babeaba un poco.

    -«Anda empieza a mamar si quieres leche para el café. Me pica la curiosidad de ver como me la comes sabiendo las ganas que tienes de mi polla. «Yo me agaché, humedecí mis labios con saliva y empecé a lamer con suavidad su capullo. Noté como su polla disfrutaba con ello porque enseguida empezó a ponerse dura y decidí introducirla en mi boca todo lo que pude y empezar a mamar ese manjar. Él por su parte y aprovechando que estaba medio acostado encima suyo metió su mano por dentro del pantalón y busco mi ojete. Al ver que lo llevaba rasurado y que se estaba abriendo me dijo: -«Hummm no me he follado ningún culo, claro que tampoco me la ha chupado nunca un tío. Tienes el culo rasurado y se está abriendo. Parece el coño de una tía.». Me apartó la cabeza de su polla, se puso de pie, se desnudó mostrándose en todo su esplendor. Piernas fuertes, pecho velludo y ancho, fuertes manos y brazos y una polla que a esas alturas ya estaba empalmada. Se veía enorme, unos 20 cm de pura proteína con unos huevazos grandes y rasurados.

    -«Anda desnúdate que vea lo que me voy a follar. Espero valga la pena así que empléate bien. Vamos a la habitación. «Me desnudé delante suyo. Yo estaba empalmado aunque me dijo que él no iba a chuparme la polla para nada. Me volteó y me hizo inclinarme hacía el sofá. Me abrió el culo con las dos manos y pasó un dedo mojado en saliva por mi ojete.

    Entramos en la habitación y me tiró encima de la cama. Me dijo que me pusiera en el borde de la cama, mirando hacia arriba con la cabeza colgando y se puso delante mío. Introdujo su polla en mi boca y agarrándome por el cuello me folló la boca tan fuerte que casi me hace llorar. Luego me puso a 4 patas, sacó un bote y un par de condones de un cajón. Me untó un poco de lubricante en el culo y él se puso un poco en la polla y sin avisar ni nada apuntaló su cipote en mi ojete y de un golpe secó penetró mis esfínteres, Espero un segundo y acabo de meterla hasta el fondo. Yo solté un alarido que suerte que la casa estaba en un lugar aislado sino se hubiera oído.

    -«No grites putita, No era esto por lo que has venido o es que es demasiada polla para tu culo? Virgen ya se ve que no lo eres. Sólo hay que ver lo bien que la sabes comer. Ni las putas con las que he estado la comen tan bien. Y tu culo? Seguro que pollas más grandes han entrado ahí!». Empezó a darme cachetadas en mis nalgas mientras me iba follando cada vez más fuerte. El dolor del principio se volvió placer cuando pude acompasar sus embestidas a mis movimientos. Me folló a 4 patas, de lado… hasta de cara. De cara su rostro se mostró más varonil y duro en cada embestida. Tenía una sonrisa de morbo y vicio que me ponía a cien. Tan excitado estaba que me corrí sin tocarme.

    De repente sacó su polla de mi culo y me hizo poner como al principio, echado de espaldas boca arriba y en el borde de la cama, me ató las manos y volvió a introducirme su polla dura esta vez sin condón. Me agarró del cuello para que no pudiera moverme y me folló tan hondo que casi toca mi campanilla con su polla.

    -«Ahora te voy a dar la leche para el café que has venido a buscar Te la vas a tragar toda sin dejar ni gota. Entendido?» Asentí como pude y entre sus gemidos y bufidos empezó a descargar trallazos de leche espesa en mi boca. Su corrida era tan fuerte que a pesar de mis esfuerzos por tragármela toda se escapaba por la comisura de mis labios. Cuando terminó me hizo limpiarle con la lengua lo que le quedaba de leche en el capullo.

    -«Anda levántate y vístete. Esto que ha pasado ahora no volverá a pasar. Así que ni palabra a nadie. Yo lo negaré. Además tengo aún tus mensajes así que no hace falta decir a quién creería la gente, Ya sabes dónde está la puerta. Lárgate y no vuelvas a escribirme.»

    Me vestí tan rápido como pude, me subí al coche y arranqué. Unos kilómetros más adelante paré el coche. Me puse a llorar. Que había sido eso? parecía una violación pero de hecho no lo era porqué la busqué, la quise y la disfruté. Quizás fue un polvo bastante bruto a lo que yo no estaba acostumbrado.

    En fin, eso fue lo que pasó. Cuando veo su coche intento no cruzarme con él y su número de móvil lo borré.

  • Mi amiga Shey

    Mi amiga Shey

    Shey nunca había ido a un hotel así que después de ruegos e insinuaciones creo que lo estaba consiguiendo, así que mientras mi amiga seria insistía que no, al notar la emoción en mi pantalón su semblante iría cambiando y empezaría a sonreír, sin más complicaciones se acercaría, a mí y se relajaría, mientras mi cabeza daba vueltas para encontrar la manera de cómo seguir y es que permitirme describir a mi amiga, no es muy alta, es morenita, cabello lacio negro, no es tan delgada y es que en verdad tiene un cuerpo tan suculento, sus caderas, sus firmes senos y sus grandes nalgas, todo tan incitante al pecado, solo quería poderla comer y hacerle ver que valdría la pena. (La invitaría a su primera vez en un hotel y después de ruegos aceptaría y no se arrepentiría).

    Todo empezaba a ponerse levemente más caliente, una vez teniéndola cerca era momento de ir de una y si, la besé, teniendo miedo al rechazo pero lo hice y wow, respondió del mismo modo, vaya, sus labios eran tan suaves, su grosor era tan sensual y disfrutaba la forma en que besaba y claro, imaginaba como se sentiría tener esa sexy boca besando mi verga, era alucinante, de pronto sentí su lengua, ella empezaba a chocar con la mía y el beso era más apasionado, parecía que no habría un mañana pero joder, era el comienzo apenas.

    Yo empezaría a utilizar mis manos y tocar, recorrería si espalda, cintura y directo hacia su suculento y gran culo, era gratificante poder por fin tener en mis manos las nalgotas de mi amiga Shey, hace tiempo que la deseo y obvio no desaprovecharía la oportunidad.

    Ella haría lo mismo, empezaría a frotar mi miembro y este duro palpitaba aceleradamente, de igual forma que sus labios vaginales, una vez que metí mi mano en su pantalón podía sentir lo húmeda que estaba, lo excitada que se sentía y lo deseosa que esperaba ser introducida, así que seguimos, toqueteo tras toqueteo, hasta que decidí quitarle la blusa, desabrochar su brasier y disfrutas de sus firmes y bellos senos, ella gemía levemente mientras tenía mi boca besando sus pezones y mi mano derecha dedeándole para tenerla más mojadita, se dejaba llevar y disfrutaba, siguió con su mano a desaprovechar mi pantalón y empezaría a masturbarme, su mano estaba en mi pene erecto y era tan excitante, pero lo fue aún más una vez que decidió bajar, hincarse y empezar a besar mis bolas mientras sus angelicales manos jalaban hacia arriba y hacia abajo, lento y rápido, sin pedírselo coloco sus labios en la punta de mi verga y la besaba, comenzó a entrar más y ahora sí comenzó a chupar, la sacaba, la escupía y empezaba de nuevo, toda una puta maestra, recorría con su lengua desde la raíz hasta la punta, era una experta mamándola, así que empecé a cogerle su profunda garganta, le tomé del pelo, le hice una coleta de caballo y empecé, ella lo gozaba, le gustaba que fuera violento y delicado a la vez.

    Después de unos 6-7 minutos de chupármela le pedí que se levantara y se recostara boca abajo en la cama, ella obediente siguió mi orden y una vez más su gran culote me volvía loco, así que haría que valdría la pena, me subí sobre ella y acerque lo suficiente mi pene entre sus nalgas para que lo sintiera y le empecé a dar un masaje en su espalda, en su cuello y cadera, le besaba todo y empezaba a frotar mi verga en ella, su cara mostraba extrema excitación y sabía que iba bien, entonces le bajé por completo pantalón y tanga, y mi lengua fue recorriendo sus piernas hasta poder llegar a ese majestuoso atributo que posee, le empezaría a besar, a chupar y a pesar de resistirse un par de segundos, se dio cuenta que le gustaba y valdría la pena, me dejó seguir y le alcé con mis manos para que quedara en 4 y todo, TODO estaba en mi cara, me lo empecé a comer y ella a chorros agradecía.

    Quería seguir probando sus jugos y le dije que hiciéramos un 69, para mí sorpresa ella extrañada aceptó (supongo que era lo caliente del momento) y lo hicimos, se la chupe toda, mi lengua y dedos hacían un buen trabajo y claro, ella con su rica boca también hacia lo mismo, no se quedaba atrás., Un ratito pasado me levanté y le hable cerca del tocador la besé, la volteé, la empine y ahora sí entraría, ella gustosa se dejaba domar y empecé a darle despacio, los movimientos eran lentos, sin embargo una vez que pidió entre gemidos más, las entradas y salidas eran más duras y veloces, le obedecería y haría que pidiera piedad la perra, entonces le tomé del pelo de nuevo y mientras sus manos recargaban en el espejo yo chocaba mis muslos contra su glorioso culo.

    La levanté y la empine ahora contra la cama, le daba y le daba, ella lo disfrutaba ya que su posición favorita era estar en 4 o bien de perrito y como no? Si ese majestuoso culo merecía comer bien y yo le daría algo que recordar y disfrutar, así que seguía hasta que la voltee de frente, la cargue sobre mi u empezó a brincar sobre mi verga, era un poder difícil pero valía la pena y ella gritaba más duro, estaba estimulando bien y seguía hasta cansarme y ahora ponerla en contra del tocador una vez más, solo que de frente esta vez y la tomaría del cuello dándole más duro y ella pidiendo piedad como buena perra, pero pedía al mismo que tiempo que no parara

    – Dale Rodri, dale (gimiendo gritaba)

    – Te gusta perra? (Le preguntaba extasiado)

    – Si papi no pares (entre dientes me respondía mientras duro le daba)

    La lleve a la cama y abrí sus piernas, las lleve a mi hombro le empecé a dar, duro y despacio, sus gritos eran más fuertes pero aún pedía que no me detuviera y yo sería obediente, seguí y seguía, sus chorros era gloriosos y decidí detenerme un poco darle un respiro y le tocaría lucirse, devorar mi verga con su mojadita vagina y empezó con montarme, bajó despacio y una vez dentro tomo velocidad y entraba y salía con más velocidad, meneaba sus caderas hacia atrás y hacia delante mientras la nalgueaba y aumentaba el ritmo, sentía que me venía, la detuve y la lleve contra la pared dándola fuerte y ella colocaba ambas en mi nuca, podía sentir que sufría pero le gustaba, la baje me senté, le di la vuelta y le dije:

    – Mátate a sentones amiguita.

    – Si papi (Respondió agitada)

    Se sentó sobre mi verga y empezaría a darme de sentones más rápidos cada vez, yo le daba de nalgadas y gritaba.

    – Dale perra, Dale

    Ella más duro azotaba su culote contra mi verga, joder, se la estaba devorando y estaba a punto de correrme a chorros, le detuve le dije híncate y ella obedeció.

    – Dame lechita papi, vamos

    Colocó su mano derecho y me ayudó, hasta que abrió la boca y chorros de leche caerían en toda su cara, carajo, que rica corrida.

    – Que rica lechita amigo. (Sonriendo me dijo)

    – Deberías sacarla más seguido (agitado contesté)

    Después de esa rica cogida nos vestimos, salimos y el ambiente era especial, ambos satisfechos y contentos, mi amiga Shey obvio querría repetir.

  • Mi primera vez con un trapito

    Mi primera vez con un trapito

    Hace un par de años conocí a un trapito en una red social.  La verdad es que se portó muy buena onda conmigo y entablamos una bonita relación de amigos. Hasta que un día le pedí que fuera mi novia y ella aceptó.

    Ese mismo día le comenté que si podíamos vernos el fin de semana. Cabe mencionar que ella es cosplayer y me pidió de favor que le ayudara a tomarse unas fotos para poder venderlas.

    Llegó el día del encuentro, apenas sería la primera vez que nos veríamos en persona y yo estaba nervioso. En las fotos se veía muy preciosa, pero como ella no podía salir vestida de niña me dijo que lo más seguro es que llegara como niño. Le dije que no había problema.

    Nos quedamos de ver afuera del metro de la Ciudad de México y efectivamente cuando la vi ella iba como niño. La saludé y nos dirigimos al motel que estaba por ahí cerca. Llegamos y pedí una habitación.

    Subimos hasta el segundo piso que era donde se encontraba nuestra habitación. Abrí la puerta y dejé que ella entrará primero. De repente me dieron muchas ganas de besarla, pero me aguanté.

    Para no hacerlo tan largo.

    Yo estaba acostado en la cama esperando a que ella se pusiera el primer cosplay para tomar las fotos. De repente, escuché el sonido de sus tacones altos pisando el suelo. Cosa que me excitó bastante.

    Cuando ella se acercó, tenía puesto el Cosplay de Sailor Mars (Sailor Moon) con unos tacones altos color rojo. Esa faldita dejaba ver sus lindas piernas. Mi pene se empezó a poner duro pero me tuve que aguantar.

    Empecé a tomarle las fotos con mi celular poniéndola en posiciones muy sugestivas, sus calzoncitos marcaban su pene erecto por aquel erótico momento. Yo también tenía el pene como piedra.

    No aguantamos las ganas así que me puso el condón, se puso de rodillas y me empezó a chupar el pene que se había vuelto duro como una piedra. Grabamos ese momento, ella miraba a la cámara cada vez que mamaba mi pene y se lo metía hasta el fondo de su boquita.

    Después ella se levantó y se acostó en la cama alzando aquella faldita roja para poder quitarse el calzoncito. Rápidamente me le fui encima y poco a poco fui metiendo mi rico pene en su anito que estaba muy apretadito. Ella gemía suavemente cada que vez que le dejaba ir mi pene grueso y duro como una roca.

    Nos besamos apasionadamente mientras le follaba el culito y ella gemía como toda una putita. Se masturbaba mientras le metía toda mi herramienta sin parar.

    Le levanté las piernas para dejarlas en posición recta mientras me la cogía de su culito. Ella gozaba tener mi verga adentro de ese apretado anito qué tanto yo quería follarme.

    Cuando nos venimos, descansamos acostados en la cama besándonos muy rico mientras frotábamos nuestros penes con la mano.

    Rato después se fue a cambiar nuevamente, dijo que me tenía una sorpresa. Cuando salió del baño ahora estaba vestida de colegiala con una minifalda color gris y unos tacones altos grises. Peinada con dos colitas.

    Verla así me puso el pene cómo piedra otra vez. Tomamos varias fotos y me la volví a follar tremendamente por su culito.

    Follamos en todas las posiciones posibles, en una de esas se subió encima de mí insertando mi pene en su culito dándose sentones y gimiendo como toda una putita hasta que nos venimos una vez más.

    Tengo que admitir qué cogérmela fue de lo más rico y que la hice mía un par de veces más.

    Comenten si les gustó para seguir relatando otras experiencias más.

  • De hombre simplón a hembrón de fantasía

    De hombre simplón a hembrón de fantasía

    No atravesaba un buen momento en mi vida, tenía un empleo como mesero en un restaurante que no me dejaba mucho y en la universidad estaba obteniendo malas notas, ocupaba tanto de mi tiempo que ya prácticamente no tenía amigos ni vida social. Vivía en un pequeño departamento que contaba únicamente con un cuarto y un baño, me había mudado solo a la ciudad para continuar con mis estudios. Mi vida amorosa tampoco era la mejor, mi novia me había dejado hace unos días sin darme mayor explicación «se acabó el amor» fue lo único que me dijo. Atribuyo que quizás pudo deberse a que ella vivía en mi pueblo natal y apenas tenía tiempo para hablar con ella.

    Yo era un joven muy delgado, de piel blanca y de metro setenta de estatura. Nunca fui deseado entre las mujeres, pero eso no impidió que tuviera tres novias hasta el momento que cumplí 22 años.

    Ese día estaba como de costumbre, me encontraba muy cansado por haber tenido que estudiar para un examen. De igual forma tuve que ir al trabajo y comenzó el infierno de siempre.

    – ¡Esto está mal! ¡¿Quién tomó este pedido?!- Escuche gritar al chef desde la cocina, era un gordo gruñón de unos 50 años de edad. Su pregunta era totalmente innecesaria, ya que yo era el único mesero del lugar.

    – Fui yo señor… ¿qué sucede?- pregunté algo temeroso de recibir sus siempre molestos regaños.

    – ¡¿Te parece que está bien que anotes el plato de fondo antes que la entrada?!- me grito totalmente indignado, yo sabía que había anotado las cosas bien. Él sólo hacía ese tremendo escándalo para culparme de la demora por el servicio. Yo estaba tan cansado que ni pelear quise.

    – Lo siento don Rodrigo… le daré las excusas a las mesas.- dije para luego ir donde los clientes para dar las respectivas disculpas, quienes no lo tomaron para nada bien y se marcharon indignados por la larga espera.

    Al finalizar la jornada mi jefe me llamó a su oficina, se llamaba Juan, un joven de más o menos mi edad, que heredó aquel restaurante de su padre. Siempre lo veía acompañado de hermosas mujeres y conduciendo costosos vehículos, la verdad me provocaba mucha envidia.

    – José, todos los días tenemos retrasos en los pedidos por tu culpa- me dijo mirándome con una mirada molesta, yo simplemente me quedaba en silencio.

    – ¡Dime algo! ¡¿Hay alguna razón para no despedirte?!- me grito molesto por mi falta de personalidad para defenderme.

    – Lo siento don Juan… – fue lo único que dije, él me miraba furioso. Lo tenía que tratar con mucho respeto a pesar de tener la misma edad, si lo trataba de tú se enojaba muchísimo.

    – Esto ya es el colmo, no puedo seguir perdiendo tiempo con alguien tan poco comprometido. Mañana ya no vengas, pasa por la caja para recibir tu sueldo de esta semana y no vuelvas más.- me quedé helado, ese trabajo era lo que me mantenía. De verdad no podía perderlo.

    – Por favor… sólo una oportunidad más, le demostraré que… – no alcancé a terminar, ya que fui interrumpido por él.

    – No insistas, ya tomé la decisión. Puedes irte.- me dijo sin darme oportunidad a replica, no me quedó más que ponerme de pie e ir por mi dinero.

    Me marché conteniendo mis ganas de llorar, debía buscar un trabajo pronto o todo se pondría muy feo para mi.

    Me subí al transporte público, ya no aguanté más. Cubrí mis ojos con mis manos y comencé a llorar amargamente, deseando que mi vida cambiara. Poder ser alguien a quien la gente no tratara como a un don nadie.

    De pronto algo llamó mi atención, mientras limpiaba mis lágrimas pude ver algo en uno de los asientos a mi derecha. Era algo brillante, pensé que probablemente se le cayó a algún pasajero.

    Me levanté y caminé hacia aquel asiento, pude ver mejor de que se trataba. Era una pulsera dorada, en el centro tenía una joya que parecía ser una esmeralda. Pensé que seguramente era una réplica, pero de igual manera la tomé. Quizás con algo de suerte podría valer algo.

    Al llegar a casa tomé un baño y luego me fui a la cama, me encontraba demasiado cansado. Ya no podía seguir con ese estilo de vida.

    Podía escuchar a mi vecino Jean haciendo mucho ruido, eso ya era habitual. Escuchaba música muy fuerte y cuando le iba a reclamar me echaba la bronca. Su nacionalidad no importa, pero era un negro de casi dos metros y muy musculoso, no era tan tonto como para insistir y recibir un golpe de su parte.

    Tape mis oídos con la almohada y cerré los ojos. Luego de algunos minutos me relaje y fue entonces cuando comencé a soñar, fue algo muy extraño. En mi sueño pude verme a mi mismo, pero yo no tenía cuerpo. Mi cuerpo se alejaba cada vez más de mi y yo lo seguía, flotando por los aires con lentitud. Sentía que debía atraparme o algo malo sucedería. De pronto pude ver como mi cuerpo caía por un acantilado y desaparecía de mi vista.

    Desperté sudando y respirando agitado. Pude sentir una gran presión en mi pecho. Me levanté con dificultad, sentía que perdería el equilibrio. Lentamente camine hacia el baño, con el objetivo de lavar mi rostro para sentirme mejor.

    Encendí la luz del baño y me paré frente al espejo, abrí el grifo y agaché la cabeza para llenar mis manos de agua y luego pasarlas por mi rostro. Se sentía extraño, mis manos se sentían distintas. Muy pequeñas, finas y suaves, por otro lado mi rostro no parecía ser el de siempre. Sentía que tenía una pequeña nariz, el rostro suave y unos labios más gruesos. Mi mentón era puntiagudo.

    No entendía que pasaba, levanté la mirada para observar el espejo. Lo que vi me hizo paralizar y dar un pequeño brinco hacia atrás.

    En el reflejo podía ver a una mujer, una muy hermosa. Tenía rasgos nórdicos, piel muy blanca y sin imperfecciones. Ojos color azul y brillantes, además de unos labios gruesos, de color rojizo. Su cabello era rubio, casi tirando a blanco, muy liso y también largo, podía ver como se extendía casi hasta la altura de sus caderas. Otra cosa que llamo mi atención fue esos bultos que tenía en el pecho, eran enormes sin ser grotescos. Desafiaban a la gravedad manteniéndose bien parados a pesar de su gran volumen.

    ¿Qué hacía esa belleza en mi casa? Me preguntaba a mi mismo, pensando en que hacer o decir. Pronto el horror llegó a mí, analice la situación y era evidente… eso era un espejo y los espejos no hacen más que reflejar lo que están frente a ellos ¡Esa belleza nórdica era yo!

    – ¡Ah!- exclamé del asombro, de mis labios salió una femenina y dulce voz. Me toque el rostro repetidas veces para confirmar que no fuese mi imaginación, pude comprobar como el reflejo de la chica hacia exactamente lo que yo. Fue entonces cuando me fije en algo, el brazalete que encontré en el bus estaba en mi muñeca. ¿Acaso sería él el responsable de esta transformación? Con desesperación intente quitármelo, pero me fue imposible.

    Rápidamente salí del baño. Me costó mucho caminar, sentía mis grandes pechos rebotar y me costaba mantener el equilibrio. Sin duda ese nuevo cuerpo era demasiado distinto al que tenía antes. Llegué hasta el cajón de mi cómoda, saqué un pequeño destornillador de paleta e intenté hacer palanca con él contra el brazalete, sin embargo lo único que logré fue dañar levemente mi piel. Esa cosa estaba adherida a mi piel, como si fuese parte de ella. Me quedé impotente, no sabía que hacer ahora. Lo que me estaba pasando era imposible, nadie me creería ¿qué debería hacer? ¿Ir al doctor? Lo único que lograría era que me tomaran como una loca y me sacaran del lugar por hacerles perder el tiempo.

    Con frustración me recosté sobre la cama boca arriba. Pude sentir esas enormes masas que tenía por pechos ejerciendo mucha presión sobre mí. De verdad no podía creer que todo eso fuese real. Me quedé unos segundos en la cama hasta que me levante y me puse frente a un espejo de cuerpo completo. Vestía con shorts y una camisa blanca como pijamas

    Pude ver mi pequeña cintura, era delgada y hacía que mis caderas lucieran aún más grandes. Tenía un trasero bien levantado y firme. Mis piernas lucían largas y estaban gruesas en los lugares adecuados. Simplemente estaba buenísima por todos lados ¿acaso me volví loco? Tenía que sacarme las dudas, cogí mi teléfono y me tomé una foto frente al espejo. Sin comentar nada se la mande a uno de mis amigos del pueblo. Espere la respuesta y me quede de piedra.

    – «Uuuf ¿Instagram de la minita?»- no estaba soñando ni alucinando, era todo totalmente real. Deje caer mi teléfono al piso ¿y ahora que haría?

    Me senté sobre la cama, ya sabía que la pulsera era la culpable. Ahora debía investigar cómo sacarla. Me quedé investigando en mi laptop durante muchas horas, hasta que finalmente caí dormido mientras navegaba por internet.

    Al día siguiente desperté pensando que todo se trató de un extraño sueño, pero esa posibilidad se desvaneció al bajar la mirada y ver los enormes pechos que cargaba. Me puse de pie y caminé, cada vez me adaptaba más a ese nuevo cuerpo. Fui al baño y me senté a hacer mis necesidades, mi pene ya no estaba y me tocaba hacerlo así.

    No sabía que hacer, no podía salir así a la calle. Pensé que quizás un baño de tina me ayudaría a aclarar mis ideas. Puse el agua caliente y llené la bañera, añadiendo algunos polvos que me habían regalado para navidad. Luego de eso me saque la pijama, al quedar desnuda pude apreciar aún más mi cuerpo.

    Mis pezones eran rosados y estaban siempre erectos, la piel de mi cuerpo era totalmente perfecta, sin rastro de celulitis ni ninguna de esas marcas habituales en una mujer. Por otro lado pude ver que era totalmente lampiña, no tenía nada de pelo en mis piernas, brazos, axilas y entrepierna.

    Improvisando con una cuerda, amarre mu cabello en una especie de tomate deforme. Lo que importaba era que fuese funcional, luego de eso me metí a la bañera, lentamente comencé a frotar mi cuerpo con mis manos, las pase por mis brazos, piernas y en mi plano abdomen. De cierta forma estaba evitando tocar mis nuevos atributos, hasta que finalmente decidí que no podía seguir evitándolo.

    Agarre mis pechos, eran suaves y firmes a la vez. Mis manos no podían cubrirlos por completo. Sentía una cálida sensación cada vez que rozaba mis dedos por mis pezones.

    Manosearlos era casi terapéutico, me relajaba mucho haciéndolo. Deje una de mis manos ahí y baje la otra hasta mi entrepierna. Comencé a frotar suavemente aquella vagina.

    – Hmm… ¡Ah!- comencé a gemir con sólo tocarla superficialmente, no podía verme, pero sabía que mis mejillas ya debían estar muy rojas.

    – Bueno, estoy solo y nadie se enterara, no tiene nada de malo experimentar un poco.- Dije para mi mismo mientras comencé a frotar más rápido. Recordaba las instrucciones de mi exnovia cuando tocaba su vagina.

    Con dos de mis dedos comencé a jugar con mi clítoris, era una sensación espléndida. Seguí explorando, pronto me metía dedos frenéticamente sin dejar de gemir. Estaba experimentando el sueño de muchos, saber cómo sentía placer una persona del sexo opuesto.

    El agua de la bañera se agitaba a medida de que me masturbaba, estaba en un estado de excitación total. Me sentía en el cielo, en eso estaba hasta que escuche como tocaban la puerta abruptamente.

    – ¡José! ¡José abre la puerta!- reconocía esa voz, era Ernesto, el viejo casero que cobraba semana a semana el arriendo.

    Con desesperación me puse de pie, cubrí mi desnudo y mojado cuerpo con una toalla. Fui a mi cuarto buscando que ponerme, no quería que ese viejo me viera así.

    – ¡Sé que estás ahí, no saliste en la mañana! – me insistía mientras yo no encontraba soluciones.

    – ¡Abre o lo hago yo! – ese abusivo hombre tenía llaves de todas las habitaciones y se metía a ellas cuando quería. Era un trato totalmente repudiable, pero nosotros los inquilinos no teníamos donde más ir por tan poco dinero y terminábamos aceptando eso.

    – ¡Espere por favor! – al final me dirigí hacia la puerta solamente cubierta por la toalla. De mi billetera saqué el dinero requerido. Abrí levemente la puerta e intente pasarle el dinero por ahí, sin embargo el empujo y la abrió por completo.

    – ¡¿Por qué demoras tanto?! – gritaba, su expresión cambió totalmente al verme. Pude notar como su mirada me recorría de pies a cabeza repetidas veces.

    – Oh, lo siento señorita. No sabía… – su personalidad cambió abruptamente, ahora me trataba de manera distinta.

    – Ya no importa, ahí está el dinero. – respondí rápido, intentando que se vaya.

    – Que maleducado por mi parte, soy Ernesto, el dueño del lugar – decía orgulloso, sacando pecho por su propiedad.

    – Oh sí, ya lo sé… digo, José me dijo. – replique nervioso, sólo quería que se fuera.

    – Ah, entonces usted debe ser la novia ¿cuál es su nombre, señorita? – me pregunto mirándome, pude ver como su vista se iba a mi pecho-

    – Eh sí… soy su novia, me llamo… Josefina. – mentí rápidamente, el tipo sacó una carcajada.

    – Así que José y Josefina, que linda pareja. – respondió intentando parecer gracioso.

    – Bueno señor… tengo cosas que hacer. Aquí está el dinero- se lo acerque nuevamente y lo recibió.

    – ¿Se quedará a vivir aquí?- me pregunto contando el dinero.

    – Eh… sí, viviré aquí. – respondí sabiendo que probablemente me quedaría mucho tiempo así.

    – Entonces me deben más dinero, es lo justo. Son dos personas después de todo- me miró con seriedad, fui un tonto al decirle la verdad-

    – No tengo más… – me quedé mirando con miedo de su reacción, pero no fue mala.

    – Está bien, le daré más plazo jeje. Si no junta el dinero no se preocupe, aquí tenemos un método de pago especial para señoritas jeje.- me quedé absolutamente de piedra, sabía a que se refería. Muchas universitarias incapaces de pagar el arriendo pasaban a su departamento y luego las escuchaba gemir de manera escandalosa.

    – No será necesario, le pagaré a tiempo- respondí con notables nervios. Debía reunir el dinero o tendría que acostarme con ese horrible viejo.

    – Jeje, bueno. En dos días vengo otra vez. – sólo eran dos días, tendría que encontrar trabajo rápido. – Adiós señorita- se despidió de mi y abandonó el lugar.

    Rápidamente comencé a vestirme con unos pantalones deportivos y una camisa. Recorrí toda la ciudad buscando trabajo, pude sentir muchas miradas y comentarios por mi manera de vestir. Esa ropa holgada ocultaba en parte mis atributos, pero eso no me evitaba recibir asquerosos comentarios de muchos hombres.

    Me fue imposible encontrar empleo, por mi aspecto muchos se interesaron por mi, pero todo se derrumbaba cuando me pedían documentos. No tenía nada para acreditar mi nombre, estudios ni nada sobre mi. Me decían que era una verdadera lástima, pero que no podían aceptar indocumentados para no arriesgar multas.

    Llegue a casa con frustración, le pedí dinero a mis conocidos, quienes se negaban porque yo tardaba más de tres meses en devolverles el dinero cuando les pedía prestado.

    El plazo se cumplió y no tenía el dinero, me sentía muy ansioso y nervioso. Sabía que en cualquier momento llegaría el viejo a exigir el pago.

    Y el momento llegó, escuché como tocaban la puerta. Tarde unos momentos pero fui a atender, vestía únicamente unos shorts y una camisa. Obviamente tampoco tenía dinero para comprar ropa de mujer.

    – Jeje, hola señorita Josefina ¿cómo ha estado? – preguntó Ernesto con una gran sonrisa.

    – Bien… ¿y usted? – pregunte con notables nervios, él sonreía imaginando el motivo.

    – Bien jeje, vine por lo acordado.- dijo extendiendo su mano. Yo baje la mirada.

    – Lo siento… no tengo el dinero. Si me da más tiempo podré pagarle. – intente apelar, pero él se puso muy feliz al ver que no tenía como pagarle.

    – No, no, no. Lo siento mucho, si no me paga se tendrá que ir.- el tipo gozaba la situación, me tenía tal y donde quería. Obviamente no deseaba quedarme en la calle, la única opción que tenía era la que ambos ya sabíamos.

    – Pero ya sabe… existe el método de pago especial para señoritas. Dependiendo de la señorita se define el monto… – me miró completamente una vez más, recorriendo mis curvas con los ojos

    – En su caso podría cubrir un mes entero con este método.- me dijo frotando sus manos, seguramente ya estaba ansioso de que le dijera que sí.

    Ya no tenía opción, al menos si me acostaba con él estaría un mes completo libre del acoso de ese hombre.

    – Esta bien… pero también debe cubrir el pago de mi novio.- Negocie con él, ya no quería más sorpresas. Él me miró con mucho deseo, sin dudas no desperdiciarla la oportunidad de darse un revolcón con el monumento de mujer que tenía en frente.

    – ¡Claro señorita! ¡Trato hecho! – estrecho fuertemente mi mano, cerrando el acuerdo.

    – La espero a las nueve de la noche en mi departamento, es el número dos, en el primer piso.- dijo casi con euforia, no me quedaba nada más que hacer mi decir.

    – Bien, ahí estaré… – cerré la puerta, pude escucharlo celebrar luego de eso. Que hombre mas repulsivo.

    Me quedé el resto del día con miedo y nervios, cada vez que cerraba los ojos me imaginaba a mi misma abierta de piernas, siendo cogida con violencia por el viejo y gordo casero. Gimiendo fuerte al igual como el resto de inquilinas que hicieron efectiva esa forma de pago.

    Ya eran cinco para las nueve de la noche, me armé de valor y abandoné mi hogar. Al bajar pude ver a don Ernesto hablando con unos viejos.

    – Créanme, es un hembrón. Parece europea y está buena por todos lados jeje y lo mejor de todo es que me la voy a coger hoy mismo.- el resto de viejos reían, no le creían para nada. Una mujer de esas características jamás haría eso con un viejo verde como él.

    Yo estaba roja de vergüenza, ahora todos sabrían que ese hombre me iba a coger. Me acerqué tímidamente a ellos.

    – Uuuf hablando de la reina de Inglaterra. Aquí llegó- todos voltearon a verme, quedaron impresionados por mi físico escultural. Balbuceaban mientras me acercaba a don Ernesto.

    – Señorita Josefina, le presento a estos viejos, son mis amigos jeje.- decía orgulloso, presumiendo con ellos el monumento de mujer que se iba a comer. Posó su mano en mi cintura y me mantuvo apegada a él. Uno a uno salude a los viejos.

    – Es un gusto señores… – dije tímidamente mientras todos ellos me miraban con morbo y deseo.

    – El gusto es nuestro jeje. – decían sin despegar su mirada de mis pechos. Don Ernesto me acariciaba suavemente las caderas.

    – Bueno viejos, vamos a estar ocupados así que no molesten jeje. Nos vemos mañana.- ellos se despidieron y yo también. Miraban con envidia como entraba muy pegada a su viejo amigo.

    La casa del hombre estaba limpia, siempre pensé que ese hombre sería desordenado, pero no era el caso. Sin dudas ese lugar era más grande y con más habitaciones que mi pequeño y precario departamento. Me llevo hasta un sofá y me hizo sentar ahí.

    – ¿Le ofrezco algo de beber? – me dijo para por fin soltar mi cintura, yo sabía que necesitaría algo de alcohol en el cuerpo para revolvarme con ese viejo desagradable.

    – Sí… un whisky estaría bien. – respondí al ver una de las botellas que estaban en la vitrina de su bar.

    – ¡En camino señorita! – Riendo fue hacia el bar y sirvió los vasos. Me lo entrego y me bebí el contenido de golpe.

    – Que nena más extravagante eres ¿tienes ascendencia nórdica? – me pregunto mientras se sentaba a mi lado.

    – No, para nada. – respondí mirando como llevaba su mano a mi pierna y me acariciaba.

    – Vaya, pensé que lo eras. Otra cosa que me llama la atención es la ropa que llevas, nunca te he visto con ropa de mujer.- pregunto mirando mis masculinas prendas.

    – Es que me fui de mi hogar y no he tenido ni tiempo ni dinero para comprarme ropa. Esta es de José. – le dije con nervios, siempre me costó mentir.

    – Vaya… José es un descuidado, si fueses mi mujer te tendría con todas las comodidades. – respondió riendo, yo no le seguí el juego. Ni en sueños me gustaría ser su mujer.

    Él siguió recorriendo mis piernas, pronto acabó su trago y supe que el momento de mi pesadilla se acercaba. Se puso de pie y me llevó de la mano hacia su cuarto.

    – Hmm… métete al baño y quítate todo. Quiero que salgas toda encueradita, como Dios te trajo al mundo.- me dijo y acepte, me daría mucha más vergüenza desnudarse frente a él.

    Entre al baño y rápidamente me desprendí de toda prenda, me quedé largo rato viendo mi cuerpo frente al espejo. Que injusta era la vida, ese viejo feo y horrible se iba a comer a una mujer de fantasía. Y lo peor de todo era que yo era esa mujer.

    – ¡¿Estas lista, mi niña?! – el hombre comenzaba a impacientarse.

    – ¡Ya voy! – respondí para que dejara de gritar.

    Respire profundamente y salí del baño completamente desnuda, lo primero que pude ver fue la enorme barriga del viejo. Él también se había sacado la ropa. Tenía el pecho y barriga muy peludas, por otro lado su entrepierna lucia de igual manera. Tenía una erección de unos 15 centímetros y todo cubierto con una espesa capa de vellos.

    Sus ojos casi se le salieron al verme, pude ver como abría su boca, prácticamente babeaba por mi. Eso me hizo sentir extraño, jamás nadie me había visto con tanto deseo.

    – ¡Gracias Dios mío! – celebraba el hombre poniéndose de pie. Yo me mantenía casi tiritando de nervios, sentía mi larga melena rozando mis nalgas.

    Se acercó a mi y sin mayor espera puso sus manos en mis enormes pechos y comenzó a manosearlos con desesperación. Yo tenía la cara toda roja y me sentía realmente humillado.

    – ¡Que tetazas! ¿Qué te daban de comer, pendeja? – me dijo el hombre, ya poco quedaba de la caballerosidad mostrada hace unos minutos.

    Agacho la cabeza y comenzó a chupar mis pechos, parecía un becerro mamando de las ubres de su madre. Me dolían los pezones, era muy bruto en su actuar.

    – Despacio… por favor. – reclamé mientras Ernesto continuaba con su tarea, no parecía tener ninguna intención de soltar mis pechos.

    Escuchaba su asqueroso succionar, me dejó las tetas llenas de babas hasta que finalmente se aburrió y me hizo voltear. Con sus manos alcanzó mis nalgas y comenzó a jugar con ellas.

    – Uf, no puedo creer que el fracasado José sea tu novio. Mereces algo mucho mejor.- me hizo sentir mal aquellas palabras, tenía el autoestima tan bajo que ni siquiera le respondí.

    En cosa de minutos pude sentir como rozaba su pene entre mis nalgas, mientras me agarraba los pechos desde atrás. Ambos teníamos alturas similares, alrededor de metro y setenta centímetros.

    – Que delicia de hembra eres. – esa era mi nueva realidad, era una atractiva mujer a la disposición de ese viejo verde. Me provocaba asco la manera en la que se frotaba contra mi.

    – Bueno Josefina, hora de efectuar el pago.- dijo tomándome de los hombros y empujándome hacia abajo hasta quedar de rodillas ante él.

    Mi rostro quedó a sólo centímetros de su pene, podía sentir su hedor y podía verlo palpitar. No podía creerlo, estaba a punto de chupársela a mi asqueroso casero.

    – Vamos, llévame al cielo rubia exquisita. – se la agarró de la base y la apego a mis labios. Pude sentir lo resbaloso y salado que estaba.

    Fui cediendo ante su insistencia. Abrí mi boca para él y su pene comenzó a entrar. Jamás imaginé estar en una situación como esa, era heterosexual y nunca vi a un hombre con el más mínimo deseo.

    Ahora estaba de rodillas, chupando un asqueroso miembro, el hombre gruñía mientras deslizaba su pene dentro y fuera de mi boca. Sentía el glande rozando mi lengua una y otra vez.

    – ¡UF! Que boca golosa tienes. – me dijo con excitación, yo mantenía mis ojos cerrados. No quería ver su rostro de satisfacción por mi labor.

    Pronto me acostumbré a la situación, su pene ya estaba totalmente dentro, mi nariz estaba pegada a su peluda pelvis. Lo mismo mi mentón con sus testículos.

    – Muévete tú, ponle empeño. – mostro molestia por mi baja participación. Ya había llegado muy lejos como para echarme atrás.

    Apoye mis pequeñas manos en sus gordos muslos, comencé a mover mi cabeza de atrás hacia adelante. Pude saber que lo hacía bien ya que escuchaba los gemidos de placer del hombre.

    – Así mi niña, lo haces bien. Sigue, no te detengas. – me ordenaba él, me era muy fácil tragarme todo su pene. Entraba y salía con facilidad, no podía creer que estuviese mamando un pene con tanta normalidad.

    Succionaba con fuerza su miembro, sentía como la baba escurría por la comisura de mis labios. No pude evitar abrir los ojos y levantar la mirada, sin embargo no pude ver su rostro ya que su enorme panza me impedía la visibilidad.

    – ¡Espera! Descanso… ¡UF! – me detuve de inmediato, la saqué de mi boca. Él se sentó en la cama, estuvo a punto de eyacular en mi boca.

    – Ah, eres una fiera Josefina. Casi me haces acabar en segundos. – dijo sudando y jadeando. Me miró fijamente a los pechos. Mientras tanto yo me puse de pie para descansar mis rodillas.

    – Quiero probar esas delicias de tetas, hazme una rusa. – exigió el viejo casero, nunca había hecho eso con mis ex novias, así que no tenía idea de cómo hacerlo.

    – No sé cómo se hace. – replique con las mejillas muy coloradas. Él carcajeo por mi respuesta.

    – Jeje, ese novio que tienes es un tonto. Qué manera de desperdiciar a una hembra. – respondió acariciando su peluda verga.

    – Arriba de ese velador tengo un lubricante, traerlo y ven para acá.- apunto hacia el lugar.

    Lo agarre y se lo lleve hasta la cama. Lo recibió no sin antes darme una pequeña nalgada.

    – De rodillas. – me ordenó otra vez. Le hice caso y me acomode entre sus piernas. Entonces abrió el lubricante y lo dejo caer entre en mis pechos.

    Se sentía muy frío y resbaladizo. Con sus manos lo esparció bien por mis tetas. Luego hizo lo propio con su pene.

    – Listo, ahora coloca mi verga entre esas bellezas. – agarre mis pechos entre mis manos y de manera lenta puse su pene entre ellas. Me sentía humillado, totalmente reducido a un simple juguete sexual. Maldecía que eso me pasara a mi.

    – Hmm así mamita… ahora mueve esas lecheras para mi. – dijo sin dejar de mirarme con perversión. De inmediato comencé a mover mis pechos de arriba abajo.

    Ernesto se retorcía de placer, sin dejar de gemir y gruñir producto de la paja rusa que le estaba otorgando. Me miraba con deseo y superioridad, nunca pensé en estar en esa posición.

    – ¡UF! ¡Mueve las tetas, apriétalas! – me seguía indicando como hacerlo. Pronto le estaba haciendo la paja a toda velocidad. El lubricante era excelente y mis pechos se deslizaban con total comodidad.

    Podía ver la punta de su pene asomándose entre mis pechos, no me detuve ni un segundo. El viejo me decía a cada rato que estaba en el paraíso y que yo era una mujer de ensueño.

    – ¡Ah! ¡Para, para, para! – me advirtió, sin embargo cuando lo solté fue demasiado tarde. Su pene comenzó a eyacular sobre mis pechos.

    – ¡Dios! ¡Te pasaste, rubia! – me dijo mientras su miembro me llenaba de semen. Pude sentir su calidad y densa esperma sobre mis pechos.

    Luego de eso su pene se ablando y él se recostó hacia atrás en la cama. Sudando y respirando muy agitado.

    – Ah… cuando me recupere seguimos. – me quedé aterrado, sabía que cuando recuperara su erección lo que seguía era el sexo… sin embargo eso nunca ocurrió.

    – Maldición. – lo escuché decir luego de muchos minutos. Me ordenó agarrar su pene con la mano y masturbarlo, pero nunca pudo volver a colocarse duro.

    – Ya está, se acabó. Hice todo lo que me dijo. – me puse de pie, aún con su semen entre mis pechos. Él me miraba frustrado, no pudo cumplir con su fantasía de poseer mi cuerpo.

    – Espera… debo pedirte un favor. – me dijo nervioso y algo avergonzado.

    – ¿De qué se trata? – pregunte volteando a verlo.

    – Necesito que gimas un rato… para no quedar mal con esos viejos.- me dijo y yo no podía creerlo, era tal su necesidad de presumir que me estaba pidiendo eso.

    – Me niego, se acabó. – respondí con más seguridad, me comenzaba a sentir mejor.

    – Por favor… es parte del acuerdo. – me dijo intentando incluirlo en el trato. Yo sonreí pensando poder sacar provecho.

    – No lo es, si quiere que lo haga, págueme.- lo dije más que nada para molestarlo. Pero me sorprendió que aceptó a regañadientes.

    – ¿Cuánto quieres? – dijo mirándome con algo de molestia.

    – Cien dólares, no voy a negociar. Si se niega le diré a sus amigotes de su pequeño problema de erección. – tomaba cada vez más confianza, como ese hombre resultó ser un perdedor me hizo sentir más seguro.

    – Ok, como digas. Ahora sólo gime y grita lo que te diga. – me dijo resignado.

    Escuche atentamente sus instrucciones y me volví a sonrojar muchísimo. Pero ya había aceptado el trato.

    – ¡Sí, dios mío! ¡Que pija más rica! ¡Delicioso! – comencé a exclamar muy fuerte, una tras otra cada una de las frases que me dijo.

    – ¡Don Ernesto, me encanta! ¡Ah sí! ¡Lo amo demasiado! – repeti sus palabras, ya entendía porque las chicas eran tan escandalosas cuando entraban a aquel lugar, todo era una petición del inseguro viejo para quedar bien con sus amigos.

    Una vez termine recibiendo el pago y me fui a limpiar al baño. Una vez con la ropa puesta me dispuse a abandonar del lugar, él viejo casero no me dijo nada. Se sentía muy mal por su pésimo desempeño en la cama. Aproveche de decirle algo.

    – A José no le pasan estas cosas, siempre me responde en la cama. – dije para hacerlo sentir aún peor y desquitándome de todos los insultos que dijo sobre mi persona.

    Luego de eso me fui, pude ver a los vejetes murmurando sobre la supuesta cogida que me dio su amigo. No les di mayor importancia y subí hacia mi departamento. Entre y me di un baño.

    Ya tenía dinero, podría comprar ropa para que se adecue a mi cuerpo. Además tenía que trabajar en un lugar informal, donde no necesitara mayor documentación. Ya más tranquilo pude ver la solución más sencilla.

    En mi antiguo trabajo como mesero se trabajaba por semana y sin contrato alguno, podría postularme ahí.

    Me recosté en la cama y pude escuchar una vez más a mi vecino Jean haciendo ruido con su música. Me levanté con molestia, nuevamente estaba sólo en shorts y camiseta.

    Pensé un rato, ahora que era una chica no podría amenazar con golpearme. Una sonrisa se dibujó en mi rostro. Salí de mi hogar para dirigirme a donde se producía el ruido. Toqué la puerta con insistencia y el abrigo abruptamente.

    – ¡Deja de gol… – se detuvo al verme, sus ojos reflejaban total impresión por mi aspecto.

    Me crucé de brazos para increparlo. Pero mi mirada fue hacia su cuerpo, estaba únicamente en boxers. Pude ver su trabajado y negro abdomen, no sabía que me pasaba, no podía dejar de mirarlo.

    – ¿Diga? -me interrumpió y levanté la mirada para verlo.

    – Eh sí. – agite mi cabeza para abandonar esos indeseables pensamientos.

    – Por favor algo de respeto, baje la música. – le dije mientras lo miraba a los ojos.

    – Por supuesto, te ofrezco una disculpa. – accedió de inmediato, con su teléfono bajo el volumen. Me sorprendió mucho, nunca me había hecho caso.

    – Eh… gracias. – dije respirando agitada, no entendía, ese hombre provocaba sensaciones extrañas en mi cuerpo.

    – No te había visto antes ¿cómo te llamas? – pregunto el moreno sin dejar de ver hacia mis pechos.

    – Soy Josefina, me mudé hace una semana a la casa de al lado. – respondí y baje aún más la mirada. Me quedé totalmente de piedra. Su pene estaba todo parado, parecía una tienda de campaña.

    Era enorme, la humedad del glande permitía que se transparentara el bóxer y se viera parte de su miembro. Sentí como mi vagina se humedecida y un intenso cosquilleo en ella.

    – Un gusto Josefina, soy Jean.- el hombre notó mi mirada en su pene y comenzó a reír orgulloso. Di pasos hacia atrás, alejándome de ese moreno que alteraba mis sentidos.

    – El gusto es mío… nos vemos otro día. Buenas noches. – retrocedí hasta quedar a una distancia prudente.

    – Claro vecina, que tengas buena noche. Y no dudes en pedirme lo que sea que te haga falta. – Descaradamente acomodó su miembro con su mano.

    Me fui rápido hasta mi hogar, sentía mi pecho acelerado. Mi vagina seguía caliente y picando. No entendía lo que pasó. Era hetero, ¿por qué diablos me excite con Jean?

    Me deje llevar por mis instintos, me saqué la ropa y me tumbe sobre la cama. Lentamente comencé a masturbarme, con mis dedos estimulaba mi vagina.

    Cerré mis ojos y pude ver a Jean, me tenía agarrada por los tobillos y me embestía dándome su enorme pene con fuerza. Mis pechos se balanceaban al ritmo de sus penetradas. Me sentía en el paraíso.

    Gemía de placer, jamás me sentí tan caliente. Mi vagina chapoteaba mientras imaginaba que el poderoso Jean me poseía.

    – Sí, te daré todas rusas que quieras… Jean. – en mi fantasía envolvía ese pene negro con mis tetas y los movía rítmicamente de arriba a abajo. A diferencia de con Ernesto, en esta ocasión lo hacía con total gusto.

    En mi mente sólo estaba ese robusto pene negro. Seguí en mi faena hasta que estalle en un orgasmo. Sentí mi vagina palpitar, y solté fluidos. Así que así se sentía el orgasmo femenino, como hombre nunca sentí tal placer.

    Me recuperé del orgasmo acostada en la cama. Luego de varios minutos comencé a recuperar la razón. Me puse de pie y corrí hacia el baño. Me comencé a duchar con agua fría.

    Ya había recuperado la cordura ¿por qué diablos me excito Jean? Yo era un hombre, no era gay. No entendía que me pasó, me calme con el agua fría, luego seque mi cuerpo y me fui a la cama.

    Pensaba que seguro fue sólo un traspié que no se repetiría, ahora me tenía que enfocar en encontrar trabajo para cubrir la renta y nunca más verme obligado a entregarme al viejo casero Ernesto.

    Pensando en eso fue que finalmente caí en un profundo sueño.

  • ¡Toda, la quiero toda dentro de mi culo!

    ¡Toda, la quiero toda dentro de mi culo!

    -… Eres de esas mujeres que llevan siempre los cuatro ases.  El de corazones en tus labios, el de picas en tus tetas, el de diamantes en el coño y el de tréboles en el culo.

    -Tú llevas uno solo, es de la baraja española y te basta para ganarme. Mira cómo me dejaste el coño con tu as de bastos…

    Álvaro le miró para el coño y vio que los pelos rubios que lo rodeaban estaban mojados de la corrida que Lexi acababa de echar. Le pasó la lengua por él, con ella llena de jugos le lamió los pezones, las areolas y después la besó, luego hizo el recorrido a la inversa. Al llegar al coño besó la vulva y rozó con sutileza los labios mayores, lo hizo con la lengua plana. Lamió de abajo a arriba con lentitud, luego lamió los labios menores con movimientos lentos, suaves, largos, medianos y cortos, después apretó un poquito la lengua cada vez que lamía. Pasó a lamer y a succionar los labios y a lamer y meter y sacar la lengua en la vagina. Lexi gimiendo movía la pelvis para que la lengua rozase su clítoris. Álvaro retiró hacia atrás el capuchón del clítoris con un dedo, y con dos dedos de la otra mano le abrió los labios. El glande del clítoris quedo al descubierto, lo lamió sutilmente con la puntita de la lengua, luego hizo círculos sobre él. Lexi movía la pelvis alrededor. Se moría por correrse. Le clavó la mitad de la lengua dentro del coño y con la otra mitad le aplastó el glande. Lexi le cogió la cabeza con las dos manos y rugiendo cómo una leona y moviendo la pelvis de abajo a arriba, hacia los lados y alrededor, se corrió en su boca.

    Al acabar de correrse, Álvaro se echó a su lado y le dijo:

    -Tienes un coño delicioso.

    Lexi le cogió la polla empalmada con la mano izquierda… La mano subía y bajó lentamente por ella.

    -Y tú una lengua mágica.

    -Lo que tu rico coño merece.

    La mano al bajar dejaba al descubierto su glande, un glande excelso y que Lexi metió en la boca y mamó. Luego subió besando y lamiendo su tableta, sus pectorales, besó su cuello y por último besó su boca, después de besarse le dijo Álvaro:

    -¿Alguna novedad en tu vida sexual?

    -Todo sigue igual con mi marido.

    -¿Has vuelto a masturbarte mientras dormía a tu lado?

    Sin dejar de pelársela, le dijo:

    -Hice algo mejor.

    -¿Qué hiciste?

    -Follar con su hermana mientras él dormía a nuestro lado.

    Lexi no paraba de sorprenderlo.

    -¡¿Follaste a tu cuñada estando tu marido en la misma cama?!

    -Follé, y fue un polvo genial, nos corrimos cómo dos perras.

    -Cuenta.

    Lexi, que era una mujer rubia de ojos azules, alta, de cuarenta y pocos años, con buenas tetas y buen culo. Comenzó a contar la historia meneando la polla con lentitud.

    -Pasaba de las once de la noche cuando llamaron a la puerta de mi piso, abrí y allí estaban mi marido y mi cuñada Berta. Mi marido se apoyaba en su hermana echándole un brazo alrededor del cuello. Benito traía una tajada criminal. Ya dentro de casa, Berta me dijo:

    -«Lo encontré en un bar a punto de que le dieran una paliza. Le decía al otro que tenía más huevos que cualquiera de la ciudad. Tuve que decirle al tipo que no le hiciera caso que lo que tenía era una granja de gallinas.»

    -¿Y coló?

    -«No, pero al tipo le gusté y ya sabes lo tontos que son los hombres cuando les gusta una mujer.»

    -Más que tontos, babosos.

    -En fin, voy a dejar la cosa ahí e ir con el tema que nos ocupa. Benito se empeñó en que su hermana durmiese con el cómo cuando era pequeña…

    Álvaro le preguntó:

    -¿Cómo es tu cuñada?

    -Es veinte años menor que mi marido. Tiene 22 años, el cabello pelirrojo, las piernas interminables, las tetas medianas, el culo redondo, es ancha de caderas y estrecha de cintura, es un bombón.

    -¿Y cómo la atacaste?

    -No seas impaciente. Mi marido ya dormía cuando le enseñé a mi cuñada el cajón donde guardo mi ropa interior. Para mi sorpresa cogió mis bragas de guerra y uno de mis picardías de seda transparente, después de ponerlo, me preguntó:

    -«¿Cómo estoy?»

    En mi vida se me había pasado por la cabeza hacerlo con una mujer, pero vi sus areolas oscuras y sus pezones marcados en el picardías y la boca y el coño se me hicieron agua. Le respondí:

    -Estás muy sexy.

    Berta se echó al lado de su hermano. Yo mirando para sus tetas me metí en la cama a su lado. Estábamos los tres destapados. En la penumbra le estuve mirando primero para sus tetas y para su coño, después al ponerse boca abajo miré para su culo. Hacía mucho calor. Sudaba cómo una cerda y me moría por hacer una paja… Cuando creí que estaba dormida metí una mano dentro de mis bragas. Estaba muy mojada. No podía meter y sacar los dedos en el coño porque haría ruidos, así que después de mojarlos hice círculos sobre el clítoris e imagine que le comía el coño. Al rato estaba perra perdida y me tiré al monte. Le cogí la goma de la braga y comencé a bajársela a ver si despertaba y se dejaba. Berta ya estaba despierta y se iba a dejar, ya que levantó el culo para facilitarme la labor y después se abrió de piernas y me dijo:

    -«Pensé que no te ibas a decidir nunca.»

    Me metí entre sus piernas y le lamí el ojete. Berta comenzó a gemir… Al follarle el ojete con la lengua echó el culo hacia atrás y jadeó cómo una perra, entre jadeos me dijo:

    -«¡Qué buena eres usando la lengua, jodida!»

    Se incorporó, se quitó el picardías y después se volvió a echar boca arriba. Al besarla encontré los labios más tiernos que había besado. Comí sus duras tetas y sentí cómo mi coño goteaba. Al bajar a su coño me encontré un lago de jugos. Estaba tan encharcada cómo yo. Nada más lamer su coño se retorció con el placer que sintió, seguí lamiendo y se corrió. Hasta siete chorritos echó aquel pequeño coño, siete chorritos de jugos espesos con sabor a ostra que me tragué con lujuria desmedida. Sus gemidos eran escandalosos, pero los ronquidos de Benito los atenuaban. Berta resultó estar hecha de fuego. Nada más acabar de correrse se abalanzó sobre mí, y dijo:

    -Ábrete de piernas, golfa.

    Hice lo que me había dicho, Berta metió su cabeza entre mis piernas. Me levantó el culo con sus pequeñas manos, me metió y sacó la lengua en el ojete varias veces. Me la metió y sacó otras tantas en el coño, después chupó mi clítoris y ya me corrí cómo una loba.

    -Sí, que fue un buen polvo, sí. ¿Repetiréis?

    -En eso quedamos. ¿Pero sabes qué?

    -¿Qué?

    Lo miro a los ojos y le respondió:

    -Que después de correrme eché de menos una polla. Ponte a cuatro patas. Hoy quiero acabar dándote placer yo a ti.

    No era la primera vez que acababan así. Lexi hacía con Álvaro lo que no se atrevía a hacer con su marido. Álvaro se puso a cuatro patas.

    -Dame caña.

    Lexi con las dos manos acarició sus nalgas, después acaricio sus huevos, acaricio la polla, volvió a las nalgas, acarició el interior de sus muslos, lamió su ojete y después lamió y chupó sus huevos, cogió su polla y se la mamó, después lamiendo sus nalgas, lamiendo su ojete y follándolo comenzó a ordeñarlo. Al rato Álvaro tenía los huevos hinchados. Lexi le folló el ojete con la lengua al tiempo que lo ordeñaba. Poco tardó Álvaro en correrse. Lexi al sentir la leche en su mano tiró de la polla y acabó tragando el resto de la corrida.

    Al acabar de tragar le dijo Lexi:

    -¿A qué te gusta que sea una cerda?

    -No es que me guste, es que me encanta.

    -¿Sabes?

    -¿Qué?

    -Sé que se acabó el tiempo, pero estoy tan cachonda que me gustaría correrme otra vez.

    -Olvídate del tiempo. ¿Cómo quieres correrte?

    -Quiero correrme dándome por el culo.

    -Ya sabes que tienes que hacer.

    Lexi se puso a cuatro patas. Álvaro la cogió por las tetas y magreándoselas lamió más de una veintena de veces desde su coño empapado hasta el ojete, después nalgueándola con las palmas de sus manos ahuecadas le fue metiendo y sacando la lengua del ojete. A cada palmada correspondía una follada de lengua… Luego hizo que se enderezara un momento y apretando sus pezones le comió la boca, le metió dos dedos en el coño y la masturbó. Lexi ya había empezado muy caliente y le iba a durar muy poco.

    -Me voy a correr, Álvaro.

    La volvió a poner a cuatro patas, la agarró por la cintura, se la clavó en el coño de una estocada y después le dio caña. En nada, Lexi le dijo:

    -¡No aguanto más!

    Se la quitó del coño, se la frotó en la entrada del ojete. Le metió el cabezón y Lexi le dijo:

    -¡Toda, la quiero toda dentro de mi culo!

    Se la clavó hasta el fondo. Al tenerla toda dentro le magreó las tetas, Lexi se volvió a incorporar. Le echó un brazo alrededor del cuello, giró la cabeza, buscó su boca, le metió la lengua dentro y después le dijo:

    -Dame suave, muy, muy suave.

    Comenzó un lento mete y saca aderezado con besos con lengua y magreos en sus tetas que acabó cuando Lexi le dijo:

    -¡¡Me corro!!

    Lexi sacudiéndose y gimiendo descargó un pequeño torrente de jugos que Álvaro recogió en la palma de su mano. Al acabar de gozar le enseñó la corrida. Lexi le preguntó:

    -¿¡Eché yo todo eso?!

    Lo echara, lo echara y lo volvió a recuperar a lamida limpia, después de decirle Álvaro:

    -Si gustas…

    Ya se estaba vistiendo Álvaro cuando le sonó el teléfono móvil. Lo cogió y vio que era su madre.

    -Dime, Eva.

    -¿Mañana estás libre?

    -Pon el lugar y la hora.

    Eran las cuatro de la tarde, Eva estaba en la habitación de un hotel. Su nerviosismo trataba de calmarlo caminando de un lado al otro de la habitación y echando tragos de jerez. Cuando llamaron a la puerta se arregló el cabello y fue a abrir. En la puerta estaba una joven mulata de unos diecinueve años, de su misma estatura, de ojos color avellana, de cabello negro y largo que recogía en dos trenzas. Tenía sus labios gruesos pintados de rosa… Era bella a rabiar. Le preguntó:

    -¿Qué quieres?

    La muchacha se metió dentro de la habitación, cerró la puerta y le respondió.

    -A ti.

    Eva no salía de su asombro.

    -Creo que te equivocaste de habitación.

    La muchacha la agarró por la cintura y le preguntó:

    -¿No te llamas Eva?

    Eva sin hacer nada para quitársela de encima, le respondió:

    -Sí, ese es mi nombre.

    -¿No estás esperando por Álvaro?

    -¿Y tú cómo sabes eso?

    Le quiso dar un beso en los labios, Eva le hizo la cobra.

    -Me dijo que intentara iniciarme contigo.

    -¡¿Qué?!

    Le echó las manos a las tetas, Eva seguía sin separarse de ella. Magreándole las tetas, le dijo:

    -Que intentase que mi primera vez como puta fuese contigo.

    -¡Será cabrón! A mí no me gustan las mujeres.

    Mentía, desde muy joven tenía la fantasía de follar con otra mujer, pero cómo es obvio Lucía no lo sabía.

    -Eso me dijo.

    Lucía volvió a buscar sus labios, pero Eva le volvió a apartar la boca. Luego mientras dejaba que le magreara las tetas, le preguntó:

    -¿Y qué haces aquí si lo sabías?

    Le cogió las manos, se las llevó a sus tetas, le echó una mano al coño, y después le dijo:

    -Es un reto, si te seduzco, sé que valgo para puta, si no lo hago tendré que darle la razón a Álvaro.

    De nuevo quiso besarla, y de nuevo le hizo la cobra, pero tampoco hacía nada más para que desistiese en su empeño de besarla, ni siquiera retirar las manos de las tetas de Lucía.

    -Si te dejo la puta sería yo, morena.

    -Lucía, mi nombre es Lucía.

    Lucía le echó las manos al culo, la apretó contra ella, y le plantó el primer beso. Los labios de Eva temblaron sobre los de Lucía al sentir la lengua entre ellos y su cuerpo se estremeció cómo una adolescente en su primer beso.

    -Bella cómo eres… ¿Por qué quieres ser puta, Lucia?

    -Para no ser una mantenida.

    -Ha miles de trabajos. ¿Por qué el de puta?

    -Para poder saborear coñitos cómo el tuyo. ¿A qué te sabe?

    Eva no le contestó, se separó de ella, fue hasta la mesita de noche, y a morro echó un trago de jerez. Lucía le quitó la botella de la mano, puso la botella en los labios, y con el jerez en la boca la volvió a besar. Eva abrió la boca y el jerez y la lengua entraron en ella. Al acabar de besarla le dijo Lucía:

    -Estoy mojada.

    Eva, aun temblando, le dijo:

    -Pues sécate.

    Le levantó la falda, le metió la mano dentro de las bragas y se encontró con el coño jugoso, le metió dos dedos dentro y le dijo:

    -Estás tan mojada cómo yo. ¿No te gustaría sentir mi lengua en tu coño?

    Mintió de nuevo.

    -No.

    -A mí me gustaría, comerte las tetas, comerte el coño, comerte el culo… Me gustaría que te corrieras en mi boca.

    -Guarra eres un ratito largo, bonita.

    La volvió a besar con lengua. Eva dejó que le chupara la lengua. Lucía pensó que no tardaría en entregar la cuchara. No estaba equivocada, ya que al dejar de besarla, Eva le dijo:

    -Eres una seductora nata, pero claro, al ser tan bella y estar tan buena…

    Lucía le cayó la boca con un beso con lengua.

    -Para tía buena tú, estás para comerte.

    Al volver a besarla ya los besos fueron apasionados por ambas partes… Al rato estaban frente a un espejo que había en la pared y donde se reflejaban de cuerpo entero. Lucía estaba vestida detrás de Eva, que estaba en bragas blancas y con las tetas al aire. Eva se miraba al espejo. Lucía besando su cuello le metió una mano dentro de las bragas y le preguntó:

    -¿Me deseas?

    -Desde el momento en que quisiste besarme por primera vez.

    Le dio un pico y le dijo:

    -Desnúdame.

    Eva se dio la vuelta y con Lucia de lado le bajó la cremallera de su vestido azul, un vestido que le daba por encima de las rodillas. El vestido cayó al piso y Lucía quedo en bragas blancas y luciendo unas tetas medianas, picudas, con pequeñas areolas negras y pezones finos que apuntaban hacia el techo. Lucia mostrando su mejor sonrisa, la miró a los ojos, le acarició el cabello y después la besó en el cuello, subió lamiendo hasta llegar a su boca y su lengua se perdió dentro de ella, luego volvió a mirarla a los ojos, a acariciar su cabello, a sonreírle… Era cómo si estuviera adorando a una diosa, y así se sentía Eva, cómo una diosa. Lucía la volvió a besar, ahora lo hizo dulcemente, y dulcemente se chuparon las lenguas, luego le preguntó:

    -¿Quieres que te lo coma todo, Eva?

    Eva, susurrando, le respondió:

    -Sí, pero no no he traído dinero para pagarte.

    -El dinero no importa, ya te he dicho que para mí eres un reto. Vete para cama y dame una pista cómo lo quieres..

    Eva se echó boca abajo sobre la cama. Quería que le comiera el culo. Lucía le quitó las bragas mojadas, luego sus manos abrieron las nalgas de Eva y su lengua lamió desde el periné al ojete. Metió la lengua dentro del ojete, la sacó e hizo círculos con la puntita sobre él, para luego lamer varías veces el periné y el ojete, le folló el ojete de nuevo… Al rato Eva se dio la vuelta y le dijo:

    -Eres una cochina encantadora.

    Lucía vio su sus grandes tetas con areolas rosadas y pequeños pezones y su coño rodeado de una mata de pelo negro. Se echó a su lado y la volvió a besar, luego pasó la lengua por sus pezones, por sus areolas y acto seguido se las mamó, mamándoselas le metió dos dedos dentro del coño y empezó a masturbarla acariciando su punto G, poco después Eva le dijo:

    -Vas a hacer que me corra, Lucía.

    -Eso quiero.

    Segundos después le vino.

    -¡Me corro, Lucía!

    Lucía sintió cómo una cascada de jugos anegaba sus dedos, luego cómo el coño apretaba sus dedos y cómo Eva se retorcía de placer. Lucía le dijo:

    -Mírame, cachonda.

    Eva la miró, pero sus ojos vidriosos no vieron más que una cara borrosa. Lucía le sacó los dedos del coño y mientras se corría lamió sus jugos.

    Al acabar de correrse Eva, Lucía le metió la cabeza entre sus piernas, le cogió las tetas y magreándoselas lamió su coño empapado de abajo a arriba… Lucía enterraba la lengua dentro de la vagina a medio recorrido y después al llegar a su clítoris hacía movimientos circulares sobre él. Ya había hecho ese recorrido unas treinta veces cuando le dijo Eva:

    -Me voy a correr otra vez, Lucía.

    Lucía puso la lengua sobre el clítoris, la apretó contra él, la movió alrededor a toda hostia. Eva se puso tensa, hizo una curva con su cuerpo y gimiendo cómo una loca descargó una corrida brutal que Lucía se encargó de tragar.

    Eva tardó un par de minutos en recuperarse. Cuando se recuperó le dio a Lucía un beso con lengua, largo, muy largo, luego le besó el cuello, su lengua lamió y chupó los pezones, lamió y chupo las areolas. Su boca mamó las tetas y luego fue bajando al pilón. Al ir a quitarle las bragas vio que tenían más tela mojada que seca.

    -¡Cómo estás!

    -Empapada. No te voy a durar nada.

    Así fue. La lengua de Eva fue cinco veces de abajo a arriba en aquel coño jugoso, cinco, ya que a la sexta, Lucía se corrió en la boca de Eva. ¡Y cómo se corrió! Eva no dio abasto para tragarse aquella barbaridad de corrida.

    Lucía había dejado el teléfono móvil abierto y Álvaro estuviera oyendo en el asiento de su auto toda la conversación. Al rato entraba en la habitación abriendo la cerradura de aquella manera. Venía vestido con una camiseta blanca, un pantalón gris de tergal, llevaba gafas de sol, una gorra blanca y traía unas esposas metidas entre el cinturón y el pantalón. Una vez dentro, le dijo Lucía:

    -Pasé la prueba.

    -Ya veo, ya.

    -Alégranos la vista.

    -Ya sé lo que quieres, pero tú no eres la clienta.

    Eva le preguntó:

    -¿Qué quieres que haga, Lucía?

    -Que nos haga un striptis.

    Eva estaba animada.

    -Hazlo, Álvaro, hazlo.

    -Tú mandas.

    Álvaro puso en su teléfono móvil el clásico: «You Can Leave You Hat On», y comenzó a pasear con andar chulesco por la habitación, luego contoneaba las caderas, movía el culo, y de cuando en vez movía la pelvis de atrás hacia delante invitándolas a follar. Después se quitó las gafas y se las lanzó a Lucía, que las cogió y las puso a un lado. Siguió contoneándose y caminando con chulería… Y caminando y contoneándose se acariciaba los pectorales y se cogía su gran paquete. Luego le lanzó las esposas a su madre, que las cogió y las puso al lado de las gafas, acto seguido se quitó el cinturón. Bailando fue hasta la cama, cerró el cinturón sobre el cuello de su madre y tiró de ella cómo si fuese una perra. Con la otra mano y sin dejar de bailar se quitó la camisa. Sus pectorales quedaron al aire. Tiró de su madre y le puso la boca sobre su teta derecha, Eva lamió y chupó esa teta y después la otra. Luego tirando del cinturón hizo que se agachara y moviendo el culo alrededor y contoneando las caderas le frotó el paquete en la boca. Eva le abrió el botón, le bajó la cremallera y después le bajó el pantalón, le sacó la polla empalmada y mientras su hijo bailaba se la mamó. Lucía estaba tan cachonda que metió dos dedos en el coño y empezó a masturbarse. Álvaro puso a su madre a cuatro patas, se quitó los zapatos, el pantalón, los bóxer y los calcetines y solo con la gorra puesta se agachó y se la clavó en el coño. Eva exclamó:

    -¡Oooh!

    La folló suavemente mirando cómo Lucía se masturbaba y mientras veía cómo ella lo miraba a él. Al rato, sintiendo los gemidos pre orgasmo de su madre y con la polla enterrada en su coño, la levantó en alto en peso, la llevó a la cama y la puso entre las piernas de Lucía. Eva le comió el coño… Álvaro no se movía para que su madre le comiera el coño a Lucía sin ninguna dificultad… Eva iba metiendo y sacando la polla echando el culo hacia atrás y hacia delante. Poco después Lucía le dijo:

    -Me voy a correr, Eva.

    Al ratito Lucía comenzó a correrse y Eva se bebió sus jugos. Eva, que ya echaba por fuera, se corrió con Lucía al sentir cómo le llenaba la boca de jugos espesos y calentitos. Álvaro no fue menos, le llenó el coño de leche a su madre.

    Al acabar, y estando los tres boca arriba sobre la cama, le dijo Álvaro a su madre:

    -¿Qué te pareció mi esposa, mamá?

    Lo miraron las dos con caras de tontas, luego se miraron la una a la otra, y después le preguntó Lucía a Eva:

    -¡¿Es tu hijo?!

    Eva le respondió con otra pregunta.

    -¡¿Es tu marido?!

    -¿¡Follaste con tu hijo?!

    Aquello iba camino de convertirse en un concurso de preguntas si no dice Eva:

    -Es mi hijo, pero es un cabrón.

    -Follaste con él, la cabrona eres tú.

    Álvaro iba a poner fin a la discusión.

    -A ver, Lucia. ¿Tú no follaste con tu padre?

    Eva no la dejó contestar.

    -¿Follaste con tu padre. Lucía?

    Lucía no le respondió a su suegra, le preguntó a su marido.

    -¿Por qué me has descubierto? Era nuestro secreto.

    -Quise zanjar una discusión estúpida.

    Lucía bajó la cabeza y ahora sí que le respondió a su suegra.

    -Fue una locura de juventud, Eva.

    Eva acariciando una de sus coletas, le dijo:

    -Nunca vuelvas a decir eso, hija, nunca vuelvas a decirlo.

    -¿Y qué debía decir?

    -Di que tu padre te violó.

    Lucía le tomó la palabra.

    -Es que me violó.

    -Así me gusta, cariño.

    Álvaro cuantas más mujeres follaba menos las entendía.

    -Hay que joderse, acabas de conocerla y ya vuelves por ella.

    -No, voy a volver por ti, bandido.

    Y se jodió lo que se daba, por ese día, ya que Eva y Lucía tenían muchas cosas de que hablar, Álvaro se tuvo que conformar con joder el jerez que quedaba en la botella.

    Quique.