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  • La amiga de mi ex novia

    La amiga de mi ex novia

    El cómo encontré a esta chica fue una casualidad y bastante curioso.

    En mis ratos de ocio me la pasaba perdiendo el tiempo en Facebook, méndigo vicio, jajaja. Y un día como cualquier otro me apareció como sugerencia de amigos esa chica. Ella era muy llenita, pero tenía algo que me llamaba la atención, aparte de que se arreglaba muy bien.

    Le envié solicitud de amistad y la aceptó casi enseguida. Empezamos a platicar sobre nuestras vidas, nuestros gustos, hasta que llegó un momento en que salió el tema de mi ex novia. Pues resulta que ella era amiga de mi ex.

    La cosa fue que me empezó a mandar fotos arreglada con faldas, vestidos y tacones. Ella sabía que me gustan las chicas arregladas así. Nuestras pláticas iban subiendo de tono cada vez más al igual que sus fotos, tanto que me envió unas fotos mostrando sus calzones mojados debajo de la falda qué traía puesta aquel día o incluso fotos de sus enormes pechos. Estas conversaciones a veces eran en la tarde así que yo conservaba esos chats para masturbarme por la noche fantaseando con ella.

    Me animé y la invité a salir, aceptó sin pensarlo. El día de la cita llegué primero con unos minutos de anticipación; poco después llegó ella. Me sorprendió verla arreglada: iba con una falda un tanto arriba de las rodillas dejando ver sus lindas piernotas, una blusa medio escotada y unos tacones muy sexys.

    Estuvimos platicando toda la tarde y tocamos el tema de mi ex quien literalmente me fue infiel 100% real no fake y confirmado por esta chica. No le tomé importancia.

    Cayó la noche y ella se tenía que retirar, curiosamente estábamos en un lugar donde la oscuridad gobernaba y sólo se podían observar las luces de los postes a lo lejos.

    Empezamos a caminar hasta una pequeña bajada que colindaba hacia un estacionamiento. La recargué en el pequeño muro que medía escaso metro y medio para empezarnos a besar. Ella se hizo de rogar al principio, la intentaba besar, pero volteaba la cabeza.

    De pronto, le empecé a meter la mano debajo de la falda para acariciar su panocha por encima de sus calzones que ya estaban muy mojados. Nos empezamos a besar otra vez pero ahora yo frotaba su vagina peluda mientras ella agarraba mi pene duro por encima de mi pantalón.

    Sus pequeños gemidos delataban lo rico que sentía al frotarle su panochita, no aguanté las ganas y la empecé a dedear. Yo estaba tan excitado que mi pene se había puesto más duro de lo normal. Bajé el cierre de mi pantalón para que ella pudiera hacerme una paja.

    Mientras me hacía una paja yo la deseaba, podía sentir su vagina muy lubricada y calientita escuchando esos gemidos tan ricos que daba.

    Estábamos tan conectados que nos venimos al mismo tiempo, su respiración estaba acelerada y una expresión de satisfacción se podía ver en su rostro.

    -Estás loco. -me dijo ella.

    -Pero te gustó ¿No? -contesté mientras metía mi pene en mi bóxer.

    En seguida se acomodó el calzón y su falda para reincorporarse. Caminamos hasta la parada del camión.

    -Esto no lo debe saber nadie. -dijo ella mientras me daba un beso y haciendo un guiño.

    Después de eso, estuvimos chateando varios meses, pero después jamás volví a saber de ella.

  • Memorias de África (II)

    Memorias de África (II)

    La luz del día se filtraba por las paredes de la choza. Todo el interior se dividía como si fuera un código de barras, en trozos alternativos opacos y luminosos. Tenía mucho calor, estaba sudando, me sentía sucia y pegajosa, y un dolor detrás de mi cabeza. Paseé los ojos por el recinto pero sin atreverme a mover. Estaba tumbada en una especie de camastro, hecho de troncos, y a modo de colchón un amasijo de hojas de platanera y helechos. De la misma manera que no me atrevía a levantarme, tampoco era capaz de hablar o gritar. Sentí sed y había perdido la noción del tiempo. Sentí pasos y voces que se iban acercando, y el parapeto de hojas que hacía de puerta se abrió. La luz inundó la cabaña, pero estaba por detrás de las figuras que entraron haciendo sombras. Por el tono de voz eran mujeres y entre gestos, cuchicheos y alguna sonrisa, entraron en la cabaña.

    Cuando mis ojos se acostumbraron a la luz, pude ver el exterior… cielo azul, árboles, más cabañas y una especie de poblacho. Las mujeres estaban desnudas, o casi. Un taparrabos cogido a la cintura con una especie de cuerda era todo lo que llevaban. Pelo corto, muy rizado, y según la posición en la que se acercaban, a algunas les brillaba la piel. Se sentaron hablando entre ellas y me examinaban con esos ojos negros grandes y brillantes. No sabía si me estaban preguntando algo o simplemente hablaban sin más, pero intenté hacerme la valiente. Puede que fuera por el aturdimiento de mi dolor de cabeza, pero lo primero que me salió de la boca fue preguntar por mi teléfono:

    -¿Dónde está mi IPhone?, ¿pueden darme agua?, tengo sed.

    Se pusieron a hablar entre ellas y a reírse:

    -¡Aifon!, ¡aifon!… ¡jajaja!

    Sin mediar más palabra, dos de ellas se pusieron por los pies y otras dos por los hombros, y de forma brusca me pusieron boca abajo. El dolor de cabeza, la sed y porqué no decirlo también, el miedo, me tenían atenazada. Examinaron mi cabeza y la herida que tenía. Una de ellas salió y cuando volvió, llevaba en las manos una masa que no acerté a ver de qué estaba hecha, pero que chorreaba un líquido. Me lo pusieron sobre la herida y al dolor y la quemazón que sentí al principio, le siguió un frio que me alivió bastante, a la vez que me despejó. Cuando mi cara se relajó, una de las chicas empezó a reír, hablaron de nuevo entre ellas, y casi sin darme tiempo a descansar, una de las mujeres intentó quitarme a tirones la camiseta que llevaba puesta. Cuando descubrieron que sacándola por la cabeza no tenían que esforzarse mucho, lo hicieron. Cuando empezaron a hurgar en el broche del sujetador intenté rebelarme, pero una de ellas se sentó en mis lumbares, desabrocharon el sujetador y me desnudaron. Luego hicieron lo mismo con el short y las bragas entre risas y exclamaciones.

    Una de las más viejas cogió mis nalgas y me las abrió para comprobar no sé muy bien el qué, y casi seguido, las dos que estaban al pie del camastro, me abrieron de piernas. No sé si era la misma que me abrió de nalgas u otra, pero unas manos empezaron a deslizarse por mis muslos. Esta vez sí que pude agitarme, deshacerme de esas manos y cerrar las piernas. Se echaron a reír y me volvieron a sujetar los pies; entre las cuatro me volvieron a dar la vuelta poniéndome boca arriba. Estoy acostumbrada a que me vean desnuda en la playa, pero aquello era diferente, así que intenté zafarme de los brazos para taparme al menos la entrepierna, pero me lo impidieron sujetándome más fuerte las muñecas y sentándose dos de ellas sobre mis piernas.

    Me miraban a los ojos, palpaban mi pelo castaño, recorrían con el dedo índice mis labios… Una de las más jóvenes me acarició los pechos, los apretaba, pellizcaban mis pezones y una se atrevió incluso a comerme uno de los pezones, lo que provocó que se pusieran duros y rectos. Hasta mi ombligo les llamaba la atención. Mientras me esforcé en que no se notara ninguna de las reacciones que todo aquello tenía en mi cuerpo, y gracias a esa distracción, las dos que se sentaron sobre mis piernas, se habían levantado y me las habían abierto más de lo que estaban. Algunas se inclinaron sobre sobre mi sexo, “jodidas cabronas, dejadme en paz de una puta vez”, pensé.

    Otra de las jóveness se acercó con un recipiente que me parecía una especie de calabaza ahuecada llena de agua, y con una especie de musgo o manojo de helechos. Empezaron a lavarme. Mira que me gusta bañarme y estar limpia, pero desde luego la forma en que aquellas mujeres lo estaban haciendo no era la mejor. Aquella suerte de esponja era suave, pero no era la que tengo en casa, los movimientos era violentos y daba la sensación que lo que querían eran borrarme el moreno de mi cuerpo; digo moreno para entendernos, porque para ellas era blanca como la cal. Menos mal que al tomar el sol desnuda en la playa, no tengo marcas porque de lo contrario hubiera sido otro motivo más para la algarabía o para que me escrutaran más a fondo.

    Mientras me limpiaban el sexo con mucho cuidado, menos mal, la más vieja puso su mano sobre mi vientre y dejó caer todo su peso sobre mí. Esa repentina presión me dio unas ganas tremendas de orinar y me lo hice sin querer. Me dio una vergüenza tremenda y pensé “mierda, tierra trágame”. Al ver eso, sonrieron y asintieron con la cabeza como si hubiera conseguido lo que ellas esperaban. Volví a rebelarme, “que os jodan cabronas de mierda”, me dije para mis adentros. Una de ellas salió de la cabaña y volvió con otro montón de hojas y helechos. Me levantaron mientras volvían a “hacer la cama”. Me volvieron a acostar y se ve que aquello también las divertía, porque no dejaban de sonreír y mirarme.

    Las más jóvenes volvieron a lavarme los muslos y el sexo sobre todo. Mientras me secaban, yo me dejé llevar. Una de las más jóvenes, la que no dejó de repetir “aifon, aifon” momentos antes, se sentó en el borde del camastro, y mirando a las que me sujetaban, les dijo algo en aquella extraña lengua. En aquel momento decidí “bautizar” como Aifon a aquella joven que no creo que tuviera más de 25 años. Las otras chicas obedecieron y me sentaron junto a Aifon. La pude ver de cerca esta vez, sus grandes ojos marrones, nariz chata pero elegante, labios gruesos, una fila de dientes blancos y perfectos para ser una indígena, pelo corto negro y muy tupido. Los pechos al aire, redondos, brillantes, no muy grandes, joder, eran casi perfectos. Contrastaba conmigo, más alta, blanca en comparación con su cuerpo color chocolate, mi pelo castaño, sus piernas más estilizadas contra las mías más musculosas y desarrolladas gracias al voleibol y al gimnasio. No le envidié sus pechos ni por tamaño, ni por postura.

    Aifon cogió uno de mis pechos en su mano, lo acarició y con su pulgar estimuló el pezón hasta que lo puso duro y crecido. Se interesó por mi sexo, lo acarició despacio y pasó de abajo hacia arriba sus dedos por la raja. Pareció gustarle que estuviera depilada, aunque desde mi última sesión de belleza me habían crecido algunos pelillos. Aquella caricia en mi sexo me puso la piel de gallina, me confundió, pero fui incapaz de cambiar la situación. No era la primera vez que estaba con otra mujer, pero en otras circunstancias. Las otras mujeres que estaban en la cabaña le dijeron algo y entonces dejó de acariciarme el sexo, tiró de mi hacia ella y yo me resistí, no entendía nada de lo estaba pasando. Las otras mujeres la ayudaron empujándome, y me acostaron boca abajo sobre las rodillas de Aifon, en una postura parecida a cuando le vas a dar una torta a un niño en el culo. Me sentí absolutamente desprotegida, avergonzada, expuesta, como si fuera un monigote. Cuando se aseguraron de que no me podía mover, Aifon empezó a darme azotes en el culo. Que a mis 35 años una niñata me trate así me enfadó muchísimo:

    -¡Hija de puta, negra cabrona, suéltame y deja de pegarme!  le grité.

    Me sentí humillada al ver a todas aquellas mujeres mirando y sujetándome. En cuanto intentaba moverme o rebelarme, más fuerte me sujetaban. Aifon me pegaba no con mucha fuerza, pero no por eso dejaba de dolerme. En esas intentonas por zafarme, contraía el culo y lo ponía duro, pero me di cuenta que así me dolía más, y opté por relajarlo. No se porqué extraña razón Aifon me daba azotes no sólo en las nalgas, sino que movía su mano por todo el culo, llegando incluso al interior, y a la parte donde el culo se une al muslo. Sus golpes llegaron hasta la zona donde la vagina y el culo casi se unen, pero al llegar ahí los golpes se hacían más suaves. Sin saber muy bien la razón, cuando eso pasaba, me relajaba aún más, mis piernas se destensaban y parecía como si mi sexo se abriera. No pude aguantar mucho y se me nublaron los ojos, lloré de rabia y las lágrimas salían de mis ojos cayendo al suelo.

    Como si hubieran conseguido una victoria, las mujeres que yo podía ver, sonrieron y asentían con la cabeza. Todavía era de día y hacía sol. Alguien pasó por delante de la choza y la sombra se proyectó dentro. Giré la cabeza y pude ver a un hombre, un hombre alto, corpulento, fuerte y que también iba desnudo salvo ese pequeño taparrabos igual que el de las mujeres. Se quedó mirando hacia dentro, y tuve miedo de que entrara y se uniera “a la fiesta” de mi sufrimiento; ese tenía que pegar fuerte. Mi corazón se aceleró, sentí miedo ante la posible brutalidad que podría ocurrir, pero por otra parte sentí una reacción extraña, casi de placer.

    Durante mis experiencias de pareja, en tríos o intercambios, descubrí que me daba mucho morbo mirar pero también ser vista. No confundir con ser una exhibicionista, pero el hecho de saberme observada me pone. Por eso cuando aquél indígena se paró en la puerta de la choza, noté que mi sexo se mojaba. El hombre siguió con lo suyo, pero las mujeres y especialmente Aifon, se dieron cuenta de lo que me había pasado. Aplaudieron suavemente, sonrieron, volvieron a asentir con la cabeza, y Aifon aflojó la intensidad de sus azotes. Pasó su mano por mi raja y empapó sus dedos con mis líquidos. Me masajeó el sexo, extendiendo el flujo e incluso se permitió el lujo de intentar meter un dedo en mi raja. Pararon un momento como esperando a que me relajara del todo. Mis piernas se aligeraron, el culo perdió la tensión y sin querer abrí las piernas dejando mi sexo y el culo a la vista.

    Aifon hablaba con el resto de mujeres, miraba especialmente a las más jóvenes, como explicándoles que mediante el castigo había conseguido doblegarme. Metió su dedo en mi sexo, buscó mi clítoris y lo estimuló. Me dejé llevar, pero tenía una mezcla de rabia y placer. Sentía ese dedo extraño en mi sexo masajeándome, estimulándome, masturbándome… me sentí todavía más mojada. Cerré los ojos y me dejé llevar. No me dio tiempo de tener un orgasmo y correrme, Aifon decidió quitar la mano y dejarme en paz. Las mujeres se levantaron y se fueron en silencio. Se llevaron la ropa y me dejaron desnuda en el camastro. Me dolía el culo de los azotes, tenía el corazón a mil por hora, el sexo mojado y los pezones de mis tetas estaban duros. El dolor de la nuca casi se me había ido. Fuera de la cabaña la vida de estos salvajes continuaba. Podía oír risas de niños, mujeres hablando, golpes de leña cayendo al suelo, incluso el crepitar de un fuego. Estaba cansada, tenía hambre y en esas estaba cuando me quedé medio dormida.

  • Estrenando pashmina (2)

    Estrenando pashmina (2)

    Mientras tomábamos y brindábamos por mis amantes, Saúl se desnudó después de que yo lo hice. Esta vez yo tomé más de la mitad de la botella de vino y ya estaba mareada cuando Saúl me cargó para penetrarme y llevarme así, ensartados, a la recámara. Ni él ni yo medíamos las consecuencias de una caída por el estado de embriaguez en que ambos nos encontrábamos. Afortunadamente llegamos a la cama sin percances.

    –¡Me gusta cogerte ya cogida, mi Nena puta! –dijo cuando caímos en el colchón y me besó antes de mamarme las chiches y moverse deliciosamente rápido.

    Me vine pronto y cuando él se dio cuenta, se separó de mí y se puso a chupar el flujo y mi entrepierna, la cual traía ya seco el atole que me había escurrido de la cogida que me dio Pablo.

    –¿Te cogieron rico, Nenita? ¡Seguro que así fue! –decía entre cada viaje de lengua– ¡Estás muy rica! –insistía.

    Me volvió a penetrar y nos vinimos como un río. “¡Te amo puta, mi Nena!”, gritó al tiempo que yo sentía el calor de su copiosa venida. Dormimos varias horas, hasta que el fresco nos obligó a meternos en las cobijas. Yo sentía que todo me daba vueltas por la borrachera, de vino y de amor…

    Diez días después, en la noche, cuando Saúl aún no regresaba de una asesoría que daría (creo que ahora está de moda llamarles así a las citas clandestinas), recibí un WhatsApp de Pablo: “Llegué a la CDMX. Salgo mañana en la tarde.” De inmediato le marqué y hablamos más de media hora. Quedamos en que nos veríamos en la mañana, tan pronto como yo pudiera, en el hotel ‘Fiesta Inn’ del aeropuerto, donde él estaba hospedado. Justo después de despedirnos, llegó Saúl algo malhumorado.

    –¿No salió tu junta ‘ombligatoria’ como esperabas? –le increpé y me miró furioso, pero se calmó de inmediato para no caer en la provocación que le hice por celos.

    –En la asesoría, los datos que ellos llevaban estaban mal, descubrí la contradicción al utilizar algunos de ellos. Disculpa si me ves molesto. En cambio, tú resplandeces de felicidad –dijo abrazándome y me besó.

    Le ofrecí de cenar y aceptó. Durante la cena, me contó que tuvieron que llamar a los responsables de las mediciones y que, al acudir, Saúl les hizo saber cuáles eran los errores y la manera en la que debían corregirlos, “aunque no durmieran hoy”, porque al día siguiente estaba programado el inicio de la siguiente etapa.

    –Así que mañana, no me esperes para comer, y quisiera cenar tan rico como hoy, pero con platillos como los que hacía mi mamá y que a ti te salen muy bien –solicitó con vehemencia–. Si no puedes, te invito a cenar.

    –¿Estás seguro que no habrá más contratiempos? –le pregunté– Más vale que dejemos la cena al estilo de tu mamá, para el viernes –dije sin explicar que quizá yo no tendría tiempo de preparar los guisos que él prefiere.

    –Tienes razón, Nena, mañana será un día difícil y sabré cómo va todo hasta varias horas después –dijo aceptando mi propuesta.

    Al día siguiente, Saúl se levantó muy temprano y salió después que desayunamos. Minutos después hablé con Pablo diciéndole que nos veríamos en poco tiempo y salí a verlo. Al llegar al estacionamiento y pasar al aeropuerto, ya me esperaba allí. Nos quitamos el cubre bocas para saludarnos con un beso y volvimos a ponérnoslo.

    –¡Qué bueno que llegaste temprano!, así nos alcanzará el tiempo para comer juntos después de bañarnos –me dijo con notoria emoción y me platicó sobre lo que él hizo.

    –Me da gusto que reconozcan la importancia de tu trabajo al darte una conferencia magistral en el congreso al que fuiste –le dije mostrando mi orgullo por conocerlo.

    –La verdad, no me lo esperaba cuando envié mi propuesta al congreso, pero días después recibí la aceptación y la universidad la invitación formal para que yo diera una conferencia magistral. Eso equivalía a que sólo requería el permiso de la institución, que ya me lo habían dado, ya que todos los gastos correrían por cuenta de los organizadores y no tendría tan limitados los viáticos –explicó muy feliz, dándome toqueteos en el pecho sin importarle lo que dijeran los viajantes que se cruzaron en el camino–. ¡Todo salió muy bien!

    Llegamos a la habitación muy calientes, pues en elevador donde sólo íbamos los dos, me subió la falda y me quitó las pantaletas para besarme los vellos del pubis y lamerme la entrepierna. “Lo siento, los ‘buenos días” no pudieron consumarse”, le dije pensando en que buscaba el sabor del escurrimiento con el ‘mañanero’ de Saúl.

    De inmediato nos desnudamos y lo acosté par que hiciéramos un 69. Cuando el pene estuvo completamente erecto, me monté y empecé a cabalgar. Él cerró las piernas dejando los huevos más en contacto con las pocas nalgas que tengo y los sentía moverse en cada sentón que me daba… “¡Rico, arre mi burrito inteligente!” le gritaba mientras me venía y él se entretenía viendo cómo me saltaban las tetas.

    –¡Te amooo! –dije cayendo sobre Pablo muy sudada y feliz por los orgasmos, que continuaban al seguir él con el pito parado, moviéndolo circularmente en mi interior y besándome en la frente.

    –Yo también te amo, me encanta que te comportes tan puta conmigo, mi amor –me decía en el oído y yo pensaba “Cómo no ser puta con este muñecote que me ha gustado desde hace treinta años”.

    –Ahora me vengo yo, porque la venganza es sublime –me dijo cuando ya había descansado. Me puso de perrito y me lubricó el ano con la punta del pene, tomando varias veces con éste el líquido que abundaba en mi vagina. Era rico sentir el glande deslizarse en el periné lubricando toda la zona– ¡Va…! –dijo comenzando la enculada.

    ¡Qué rico sentí el mete y saca!, pero más rico sentí su venida en mis entrañas, que concluyó inclinándose para besarme la espalda y acariciarla con sus mejillas. Me la dejó llena de saliva y me acosté para no seguir soportando su peso en mis rodillas. Quedamos así hasta que se salió de mí. Dormimos boca abajo y acariciando uno la espalda del otro.

    Despertamos y nos fuimos a seguir amándonos en la tina del baño. Yo no sé si sería el agua tibia o el exceso de amor que soltamos en líquido de sudor, flujo y semen, pero quedamos como trapo y volvimos a dormir muy juntos. Al despertar, Pablo sacó fuerzas de no sé de dónde y me hizo el amor una vez más.

    Al terminar la sesión de besos, sacó una hermosa pashmina que me trajo de Argentina y le posé con ella como única prenda. Nos vestimos y fuimos al restaurante a comer, platicamos hasta que él tuvo que ir a la sala de acceso del vuelo y yo me fui a la casa. Me habló Saúl para decir que no iríamos a cenar porque llegaría algo tarde. “Tenías razón, Nena, hubo algunos problemas más, pero al parecer, ya todo funciona bien”, explicó. “Te espero, mi amor, mientras me baño”, le dije. “¡No!, te quiero hacer el amor así, estés como estés”, me suplicó y yo no entendía por qué, pensé que se debía a que en la mañana no me dio los acostumbrados ‘buenos días’ y no le di mayor importancia.

    –Ya vine –me dijo Saúl´, después de quitarse el cubre bocas y lavarse las manos, dándome un beso y metió las manos bajo mi bata para acariciarme las chiches, aspiró mi pelo y mi cuello –. Te amo, mi Nena puta… –dijo antes de darme un beso sabrosísimo que acompañó jalándome y retorciéndome los pezones.

    –Cenemos, porque ya tengo hambre –le dije al ver que la temperatura también me estaba subiendo a mí.

    Él se sirvió un vaso de agua de naranja, antes de irse a poner algo más cómodo. Yo me metí a la cocina a palotear las tortillas de harina y freír los frijoles con chorizo norteño, tal como hacía mi suegra con rapidez en las cenas inmediatas.

    –No es una cena como la que haré el sábado, pero sí es al estilo de tu madre –le dije al servir lo que preparé.

    –¡Qué rico, gracias! –fue lo único que dijo y comió ávidamente– ¡Magnífica cena! –concluyó diciendo y nos fuimos a la cocina a lavar los trastes.

    En la sala, ya reposando la comida y después de ver, abrazados, algo de los juegos olímpicos, me quitó la bata y se hincó entre mis piernas para chupar mis labios interiores. Se desnudó mientras lo hacía, mostrando un miembro que crecía conforme lamía con mayor pasión mi entrepierna.

    –¡Te amo, mi Nena puta!, todos te amamos por puta –dijo antes de cargarme para llevarme a la cama. Era evidente que supo que yo había hecho el amor con otro…

    –Yo también te amo cornudo, maridito mío, todos te queremos así –le dije para vengarme de sus palabras.

    –No sé quién te coja mejor, pero Pablo te lo hizo tan bien que te dejó de buen humor, ¡hasta cena rica me tocó! –dijo dejándome sorprendida con su comentario, “¿Cómo sabía que fue Pablo?”, pensé, “¿De verdad los reconocerá por el sabor de su semen?”

    Ya no pude preguntarle pues me penetró sin miramientos y casi me desmayé de los orgasmos que tuve por su enjundia. ¡Fueron muchos orgasmos en el día! Afortunadamente fue mucha la cantidad de esperma que soltó en mi interior y quedamos dormidos. En la mañana desperté al sentir sus manos y su boca en mi pecho. Después bajó y abrevó de la miel que hicimos la noche anterior. “¡Qué rico es el atole fermentado!”, exclamó antes de cubrirme y al terminar de venirse dijo “Buenos días, mi Nena puta”.

    –Buenos días, mi amor –contesté dándole un beso y exprimiéndolo con el perrito de mi vagina– ¿Cómo supiste que fue Pablo? ¿Continúas espiándome a control remoto? –pregunté ya muerta de curiosidad.

    –No fue difícil. Hace un par de meses, recibí un correo de Ángelo, un querido colega brasileño, que me solicitaba opinión sobre unos trabajos que se presentarían en un congreso en Argentina, y del cual él era el responsable de la comisión académica que haría el programa. Me advirtió que esos eran los mejores y no pertenecían a ‘vacas sagradas’, pero que querían impulsar a dos de ellos mediante una invitación personal e institucional. Mi sorpresa fue grata al ver que uno de ellos, el mejor para mí, pertenecía a Pablo. y recomendé que además se expusiera en conferencia magistral pues innovaba mucho sobre las líneas que marcaba la ingeniería en este momento. Como sabía las fechas del congreso, supuse que fue él el dueño del pulóver y el responsable de tu buen humor de ayer –concluyó mirándome divertido.

    –Te amo cornudo, puto, pero más te amo por justo –le dije dándole un beso y me puse a chuparle la verga para parársela y seguir amándonos.

  • Mi inicio. Mi primo me folla mientras me hago el dormido

    Mi inicio. Mi primo me folla mientras me hago el dormido

    Soy una persona sin complicaciones, ante el sexo pienso que se debe explorar y hacer de todo. Así como he tenido experiencias sexuales agradables con mujeres, lo he tenido con hombres, pues la vida está para eso, para disfrutar de todo, de la diversidad.

    Podría decir que soy bisexual.

    Y de este modo podré contarles mi primera vez, mi primer contacto gay, y fue con un primo.

    La relación con mi primo siempre fue buena, cada vez que venía de vacaciones hablábamos de todo, jugábamos y la pasábamos bien, cuando se daba la oportunidad pues somos tres hermanos en casa y él se distraía con todos. Pasaron los años y nunca pasó algo indebido, así que en verdad fue algo sorpresivo cuando intervino la parte sexual entre él y yo.

    Así que un día mi primo, se llama Darío, ya con 19 años tuvo una oportunidad de trabajar en algo durante sus vacaciones cerca de nuestra casa y pidió a mi madre si podía hospedarse con nosotros mientras trabajaba. Mi mamá con gusto accedió pues lo aprecian mucho.

    La casa no es muy grande así que él debía compartir habitación, y claro, también la cama conmigo.

    Como dije siempre no la llevábamos bien, el ambiente resultaba chévere, hablamos de sus estudios, tema de chicas, desamores, jugamos video juegos… de todo. Pasaron como 4 o 5 días y todo normal, hablábamos, nos divertíamos jugando y al dormir, nada pasaba, todo tranqui.

    Hasta que un día, sobre mi posición para dormir favorita, que es recostado sobre mi hombro izquierdo, así como de cucharita, sentí un roce leve sobre mi culo, una mano agarrando mis nalgas, y la verdad me quedé sin saber qué hacer, quería decirle que pare, pero se sentía bien y quería saber que más haría, así decidí hacerme el dormido y dejarlo que haga lo que quiera.

    No sé si las anteriores noche hizo algo similar, pero fue hasta ese día que sentí y después de manosearme un poco, metió lentamente la mano debajo de mi bóxer hasta tocar mi ano virgen de toda caricia, sorpresa la mía de que sacó su mano ahí mismo y bajó mi bóxer con suavidad hasta la mitad de mis nalgas, no podía bajar más, y al ratico volví a sentir sus dedos untado saliva en mi huequito, y hacia eso, delicadamente untar saliva y masajear como en círculos mi culo, y haciendo en algunas ocasiones presión suave con algún dedo como querido penetrarme, pero nada más allá.

    Sentía como él se estaba masturbando mientras me hacía eso con su otra mano, creo que lo hacía hasta que estaba a punto de correrse pues en algún momento me subía el bóxer y se iba al baño, y ya, la noche terminaba así, él con su orgasmo y yo con el culo todo untado de saliva.

    Pasaron varios días así, que en el día yo hacía como que nada pasaba, y en la noche pasan acontecimientos similares a lo que conté y admito que esperaba las noches y deseaba que él hiciera lo mismo siempre, tanto así que ya llegué a sentir que quería que me metiera algo YA, así sea sus dedos o su pene.

    Obviamente sé que él se dio cuenta de que me gustaba lo que él hacía y yo era totalmente consciente en las noches de todo lo que pasaba, y más aún con el hecho de que empecé a dormir igual, de cucharita, pero empinando más mi culo, como provocándolo más y cuando me bajaba el bóxer me levantaba un poco para que pueda bajarlo todo.

    Él es corpulento, de unos 170 cm de altura, tez canelita y con una verga de 18-19 cm y gruesita.

    Era cuestión de tiempo y llegó el momento en que me despertó el toque de sus manos en mis nalgas, me desnudó y untó saliva, ya mi ano estaba acostumbrado y lo estimulaba fácil, lo deseaba, sentí como se quitó su bóxer él también y se acercó a mí, y por primera vez puso su verga en mi culo, jugo con ella pasándomela entre mi raja varias veces, me hacía desearlo.

    Luego la puso en la entrada de mi culo, y empezó a empujar, la verdad es que se sentía rico, me había hecho desear querer sentir algo entrando en mí.

    Unto más saliva en su pene e intento meterlo, pero no podía, se resbalaba hacia abajo cuando empujaba, yo, con tantas ganas, saque mi culo aún más como para que le quede más fácil metérmelo. Intento de nuevo y poco a poco pudo ir metiéndolo, sentí como su cabeza entró, lo tenía dentro, unos 4 cm, poquito, pero ahora el problema fue que aún con tantas ganas que tenía, me dolía demasiado, aunque seguía estando demasiado excitado. Pero no quería que siga metiéndolo, ahí me gustaba, más centímetros me dolía, entonces apreté mis nalgas y él lo noto, y estuvimos en eso, en un mete y saca con su puntica, como entre me lo mete y no, ahí si literal fue solo la puntica y él en algún momento eyaculo sobre mi ano y terminó ahí, él fue a traer papel, me limpio y nos dormimos.

    Pasaron dos días y volvimos a lo mismo, yo tenía muchas ganas de nuevo, pero esta vez hubo algo nuevo y es que él después de desnudarme, bajo a chuparme el culo, a lamer mi ano y fue espectacular, realmente era increíble sentir su lengua como jugueteaba con mi colita, me dejó más que listo y con el culo lleno de saliva.

    Subió de nuevo, yo ya con mi culo más que empinado así en cucharita y puso su pene queriendo meterlo, pero estaba intentando, e intentando y me estaba haciendo presión sobre otro punto y no en la entrada de mi culo, hizo que me desesperara y movía mi cola como queriendo le avisar que estaba mal, hasta que no pude más y cogí su pene con mi mano (era una verga muy linda, gruesa y suavecita), y la puse directamente en mi ano y empuje hacia atrás.

    Note como a él le encantó esa iniciativa que tuve y empezó a empujar lento mientras agarro mis nalgas y las abría, y yo empecé a mover mis caderas, empujando mi culo hacia atrás para que lo meta todo, esta vez ya entro, pero no todo, solo la mitad, pues me dolía mucho, siento que tenía una verga muy gruesa, aunque en verdad era delicioso sentirlo ya adentro, y me follo el culo, sin meterlo todo, siempre hasta la mitad, no le permitía meterlo más y así estuvo durante un ratico, él gozando, a tope y yo delirando entre el dolor y lo rico de qué me estén follando, hasta que me lleno el culito de semen.

    Lo curioso es que nunca, entre todo lo que sucedió, nadie dijo una sola palabra durante los actos sexuales, como no queriendo comprometernos.

    Él debió irse antes de tiempo a su casa por cuestiones familiares, así que esa vez fue la experiencia que sucedió en aquellas vacaciones.

    De ahí pasaron años para que volviéramos a tener o hacer algo similar, donde si me lo metió todo y me dejo re abierto, pero eso se los contaré en otro relato, pues es más corto, pero más excitante.

    Espero les haya gustado lo que acabo de contarles, espero poder leer sus comentarios de si les gustó, que puedo mejorar o qué quieren saber.

  • Nos cogen a mi esposa y a mi obviamente como trans pasiva

    Nos cogen a mi esposa y a mi obviamente como trans pasiva

    Yo soy una trans madura de 40 años, me hormono desde qué tenía 25 así que mi cuerpo ya es muy femenino aunque mis senos son muy pequeños y soy delgada si tengo unas caderas anchas y unas nalgas grandes, soy únicamente pasiva con hombres y casada, a mi mujer si la penetro y ella a mi con un arnés ( yo jamás penetro hombres), ella disfruta de qué yo sea su hombre y su mujer también, todo muy lesbian, ella es gordita con unas nalgas enormes y muy caliente, cuando cogemos siempre fantaseamos con tener a un hombre solvente de planta que nos coja seguido a las dos, pero por alguna razón nos excita más qué use una máscara de esas sado negras con cierre, o de luchador o algo así, también fantaseamos con que ella me acompañe a dar sexo servicio a los hombres que yo atiendo como puta travesti pasiva (soy escort), y el día llegó.

    A mí me excita mucho ver cómo otros hombres se la cogen sobre todo si es duro y a ella le pasa igual conmigo, vamos a cabinas a mamar verga las dos y ahí nos desnudamos totalmente y mamamos muchas vergas hasta desecharlas y comernos la leche y a veces nos coge un extraño, eso nos fascina, ella es alérgica al látex y se la cogen sin condón siempre e invariablemente le dejan el coño y o la boca llena de mecos espesos y calientes qué no duda en comer, yo como puta travesti también amo recibir los mocos en mi culo o boca y también me los como, ambas somos unas putas insaciables, lo sé y nos encanta.

    Pero el domingo pasado me contacto un hombre que me invitó al hotel a coger y a ella también, nos pagaría bien y acepte, llegamos al hotel «senador» por metro doctores y la reservación ya estaba, ahí nos bañamos y yo me depile toda y limpie mi ano a profundidad para recibir verga sin preocupaciones, nos vestimos muy putas en lencería y por fin llegó Luis, yo le abrí la puerta y me dijo:

    -Vaya hembra qué eres mamita te voy a dar hasta por las orejas.

    Yo: hay papi chulo claro que sí para eso estoy.

    Me dio el sobre dónde venía nuestro dinero y paso a la cama donde mi mujer estaba, al verla dijo: mamasota que tremendas nalgas tienes te voy a coger duro hasta preñarte y darte el hijo qué está jota puta qué tienes por mujer no puede darte.

    Mi mujer le respondió: seguro papito por eso tú eres un macho de verdad y no una puta trans como ella.

    Yo estaba detrás de él, Luis se volvió hacia mi y me tomo de la cintura y comenzó a agarrarme las nalgas con morbo y lujuria, yo sentí como un delicioso escalofrío me recorrió la espalda, acto seguido se bajó el cierre del pantalón y se la saco, un pene normal si acaso 15 centímetros, pero bien erecto, yo me hinque frente a él y comencé a mamársela hasta el fondo, una mamada profunda y fuerte, al minuto me dijo: para puta que no quiero terminar tan rápido, eres una experta mamadora y me harás terminar en dos minutos, además tú mujercita también mamara mi verga antes de cogérmelas, volteo hacia la cama y mi mujer avanzó a gatas y se metió su verga sin dudarlo, también es experta mamando pitos, hemos mamado mucho la verdad.

    Luis la tomo del cabello y le dijo: carajo mamacita no sé quién mamá mejor pero las dos podrían deslechar un regimiento entero, así que para, para poder darte lo tuyo puta, mi mujer obedeció y se levantó, él se le abalanzó a sus tetas y comenzó a mamárselas, le entraban cada una en la boca y mi mujer ya comenzaba a jadear, luego sin preguntar ni pedir permiso la tiró en la cama, la tomo por los tobillos, le separó las piernas y sin dudarlo la penetro, la bombeo fuerte, mientras ella gemía y gritaba pidiéndole qué le diera duro, él se puso sus piernas en los hombros y la penetro a más profundidad y con más fuerza mientras volteaba a verme y me decía:

    -Mira mujercito cómo se debe de coger a una mujer, mira como goza tu mujer con un hombre de verdad y le pidió a mi mujer qué me dijera lo diferente que era ser cogida por un macho verdadero y no por una putita travesti como yo, mi mujer decía: Hay cabrón no pares que estoy a punto de venirme, eres un cabrón coge putas, dame duro qué me vengo.

    Yo veía embelesado la cogida qué le daban a mi mujer mientras me masturbaba.

    Yo le dije: bebe quiero saber cuándo te estés viniendo, y quiero que le digas a Luis que lo estás gozando, Luis apretó más el bombeo y mi mujer grito de placer: yaaa, yaaaa cabrón me estoy viniendo, que cogida tan deliciosa me estás dando no quiero que acabe nunca!!!, mientras temblaba de placer, Luis que ya no pudo más le echo todo su semen hasta el fondo mientras gruñía de placer y le decía a mi esposa cuánta palabra soez y sucia se le ocurrió.

    Yo me acerque a besarla y Luis se apartó de ella, la abrace, y comenzamos a fajarnos, era un lesbian hermoso, le chupe las tetas y ella me volteo a darme lengua en mi culo, después un 69 delicioso, Luis veía la escena mientras se meneaba el pito, después de 5 minutos me dijo: a ver mamita ayudarme a revivir a este cabrón para ahora darte a ti y así lo hice, otra mamada aún más intensa para revivir su verga hasta qué lo logré, mientras mi mujer me mordía las nalgas y las besaba, cuando ya estuvo erecto mi mujer volvió a mamársela y después Luis me puso en 4 para penetrar mi culo, entro fácilmente, más de 20 años de ser enculada me dan esa facilidad,

    Luis me dio verga duro, me nalgueaba y me decía cuánta porquería se le ocurrió y yo feliz, tomo mi pene entre sus manos y comenzó a masturbarme, mi mujer se movió para mamar mi verga pues me conoce bien y sabía qué mi orgasmo no tardaría en llegar y así fue, me vine a chorros en su boca y no dejo ni una gota, yo le pregunté a Luis donde quería terminar si en mi culo o en mi boca y me dijo que quería ver cómo me los comía y así fue, no fue una gran cantidad pero me los comí todos, Luis ya exhausto se tiró sobre la cama y ella y yo nos fundimos en un beso largo sabor a semen de hombre de verdad!

  • Sexo anal en el baño de un bar

    Sexo anal en el baño de un bar

    Chascomús es una ciudad hermosa. Tiene una laguna grande, donde los deportes acuáticos abundan, la pesca del pejerrey en sus aguas es habitual y el turismo lo visita cada fin de semana.

    En su costanera se pueden encontrar varios locales comerciales, bares, restaurantes, y un frondoso parque, el famoso Parque de los Libres del Sur.

    La costanera y sus encantos son parte de nuestra vida cotidiana.

    Hace unos años atrás, cuando transitaba mi segunda década, la noche chascomunense se dividía en dos grandes grupos. Aquellos que eran adeptos al boliche del centro de la ciudad, con nombre de un famosísimo músico inglés con anteojos redondos, y aquellos que elegían el local de la costanera, que debía su nombre a la unión de las iniciales de sus socios.

    A finales de la década del 90, principios de los años 2000, la juventud de mi ciudad tenía una alegría que marcó una generación.

    En ese boliche de la costanera trabajaba como RRPP uno de los chicos más lindos de ese momento. Era el elegido para todo, eventos, fiestas, fotos, y por las chicas.

    Él había estado de novio con dos de mis amigas, a ninguna de las dos las había complacido, ni sexualmente, ni como novio. Era un chico egoísta, me habían contado ellas.

    Yo era una joven con buenas formas, morocha, pelo casi a la cintura, que apenas superaba los 45 kilos, y los 20 años, sin deseos de pareja, pero con ganas de exponer al galán como mal amante. A diferencia de él yo trabajaba como tarjetera en el boliche de la competencia, en el del centro, con nombre de músico inglés.

    Éramos los más populares de la ciudad. Él era un joven buen atleta, de buena posición económica, proveniente de buena familia, el yerno perfecto. Pero un desastre como novio según mis amigas. Yo, recién convertida en mujer, sexi, joven, linda, con buenas curvas, trabajando en la noche.

    Sin embargo no nos conocíamos personalmente, por diferentes razones nuestras vidas no se habían cruzado.

    Hasta el verano del 2002.

    Chascomús tiene su fiesta provincial y es la apertura de temporada. Al comenzar el receso de verano, se organiza un festival donde acuden diferentes artistas del país. Ese año fuimos contratados los dos por la misma empresa, en ese festival y nos encontramos.

    Él estaba contratado como relacionista público y yo como promotora del evento.

    Al llegar esa primera noche, me explicaron cuál iba a ser mi trabajo y me presentaron al resto de los jóvenes que me acompañarían esa noche.

    Pablo, así se llamaba, era un poco más grande de casi 30 años, con un poco más de experiencia, más picardía y un sex appeal que era imposible evitarlo.

    Cuando nos vimos cruzamos miradas letales. Ambos supimos identificar a un depredador en el otro.

    Realizamos con responsabilidad el trabajo para el cual nos habían contratado, pero hicimos lo imposible por cruzarnos varias veces esa noche, y en cada encuentro nos acercábamos un poco más.

    En un momento del show, veo la oportunidad de acercarme al muchacho, discretamente me paro a su lado, lo miro y me presento: “Soy Caro, vos?”. Bajó su mirada a mi escote, luego a mi cola y me dijo: “Pablo, muchísimo gusto” y sellamos el encuentro con un frío, pero pícaro beso en la mejilla.

    Antes de volver a mi lugar de trabajo le dije: “te gustaría conocerme mejor? te espero debajo del escenario”.

    Y lo espere ahí. Entre pilares de madera, que sostenían las tablas, una tela negra rodeaba la estructura y debajo las vibraciones de la música sonando le daban a la escena, que pronto viviríamos, un halo de aventura extra.

    El encuentro debía ser fugaz y la aventura me excitaba, el chico no tanto.

    Llegó en aproximadamente tres minutos, nervioso, temeroso de ser descubierto ahí debajo.

    Rodeó mi cintura con su brazo y me beso apasionadamente. Me besó muy bien, la experiencia que tenía con mujeres era muy amplia y sus besos daban cuenta de eso.

    Introduje mi lengua en su boca, mientras desabrochaba con rapidez su camisa. Recorriendo un camino con mi lengua sobre su pecho llegue hasta su pelvis, al momento me ponía de rodillas en el pasto, ocultos por el bullicio y la muchedumbre.

    Le practique sexo oral. Me puse nuevamente de pie y volvió a sujetarme por la cintura, giró mi cuerpo, colocando mis manos sobre una de las vigas de apoyo, con su dedo índice recorrió mi vagina, abrió mis piernas y al comprobar la humedad que salía de mi, me cogió, rápido, casi egoístamente.

    -no aguantaba más -me dijo- me calentas demasiado -mientras tomaba entre sus manos mi cara y me miraba con ojos grandes.

    Quedamos en vernos más tarde y continuar con lo que de mi parte había quedado pendiente.

    Y así fue, nos fuimos juntos del evento, hasta el departamento de soltero que sus padres le alquilaban. Nuestro segundo encuentro fue realmente malo. Mis amigas tenían razón, él era una persona egoísta que solo se interesaba por su placer, sin tener en cuenta el mío.

    Después de esa noche nos veíamos cada vez en más eventos, en los bares, en todos los lugares de moda del momento, pero no volvimos a tener sexo. No volvería a cometer el mismo error, pero si creía que merecía un escarmiento.

    Luego de unos meses me enteré que él trabajaba en el boliche de la costanera, una noche me presenté en la boletería. Al verme su expresión y su reacción inmediata fue una sonrisa de costado, que acostumbraba hacer como conquista.

    A mi me divertía mucho la actitud que tomaba Pablo cuando me veía y no podía tenerme.

    Comencé a usar todo mi encanto con él, le hablaba y miraba su boca, recorría mis labios con la punta de mi lengua, acomodaba mi minifalda y mi escote queriendo mostrar siempre un poco más.

    Al entregarme la entrada para ingresar, toma mi mano y la besa.

    Yo le digo a mi amiga que se adelante que yo entro enseguida e ingreso con él al lugar que oficiaba de boletería.

    El lugar era muy pequeño, con espacio solo para una persona, una silla y un perchero.

    Cuando abrió la puerta me abalancé sobre él, tomo su cabeza entre mis manos y le muerdo el labio inferior.

    Entré rápidamente y cerró la puerta. Como no quería ser vista por nadie, me coloque de rodillas en el piso.

    Mientras él estaba frente a la ventana cobrando los tickets de entrada, yo le practicaba sexo oral, nadie me veía a mi, pero notaba claramente su expresión corporal.

    Cuando noto que está a punto de llegar al orgasmo, me pongo de pie y digo: -me voy. Y lo beso.

    Su cara de desconcierto hizo que le lanzara una risa picara y lo besara nuevamente.

    Al salir de la boletería acomodándome el peinado en busca de mi amiga que me esperaba dentro, en la barra observo la expresión de desconcierto, ninguna mujer lo había dejado nunca con las ganas.

    La noche continuó, bailamos, tomamos algunos tragos y a la hora de regresar, sin ninguna necesidad pero toda la intención, paso nuevamente por la boletería y saludo con un suave beso en la mejilla a quien le había realizado sexo oral unas horas antes.

    Al sábado siguiente estaba trabajando como tarjetera en el boliche del centro de la ciudad, comienzo a repartir los folletos, y las publicidades y observó que llegan sus amigos, toman una mesa del bar y se sientan, una moza los atiende, piden una cerveza y le preguntan en qué área del bar trabajaba yo.

    Pasado un tiempo llega Pablo, caminando erguido, buscándome con la mirada y una sonrisa pícara en su rostro.

    Cruzamos miradas nuevamente pero yo estaba trabajando y soy responsable, así que no le presté atención en ese momento. Me propuse estar siempre al alcance de su mirada pero ignorarlo por completo.

    No estaba enamorada, ni lo quería, pero sabía que me divertiría la reacción que tenía Pablo al verme y no poder tocarme. Solo tenía que esperar al chico correcto para llevar a cabo la experiencia que le demostraría a ese galán que no debía jugar con las mujeres. En un momento de la noche un lindo chico, de cuerpo trabajado, de actitud humilde pero seguro de sus encantos se acerca a mi, comenzamos a hablar, a reírnos, a conocernos y noto que Pablo mira con más atención ahora mi accionar. Entonces, en complot con una amiga, acepté los halagos del muchacho trabajador de la construcción, lo tomé de la mano y nos perdimos entre la muchedumbre del lugar, caminando por el pasillo que llegaba hasta los baños del lugar.

    Cuando entramos no había nadie, estaba vacío, solo él y yo.

    Comenzamos a besarnos. Besaba rico, tierno, suave. Colocó sus manos en mis pechos, con timidez, acariciándolos. Desabrocho mi camisa y le doy mis pezones para que los apriete y los muerda.

    Pablo, nos encuentra y se queda parado en la puerta del lugar como atónito.

    Lo miro, hago una sonrisa pícara, apoyo mis manos sobre el lavatorio del lugar y le digo: -ups. ¿Me cuidas la puerta porfis?

    Saco mi ropa interior, abro mis piernas e introduzco el pene del chico en mi culo.

    Pablo no podía creer lo que veía y mi conquista no podía creer lo que estaba pasando. Frente al espejo mire la cara de Pablo al verme cogida por otro, viendo como otro me daba el placer que él no pudo, y no supo darme. Por el espejo vi la cara del chico que esa noche me gustó y me cogió en el baño de caballeros del boliche. Por el espejo vi la cara de excitación de los otros hombres que querían ingresar al baño y Pablo les tapaba la entrada, mientras movía su cabeza de un lado al otro con un gesto de desaprobación, de arrepentimiento.

    A mi conquista no le importaba nada más que mi culo en ese momento, a mi solo me importaba que Pablo mirara, y a él le importaba yo.

    El tumulto en la puerta del baño de hombres era cada vez mayor.

    La aventura del sexo en el baño de hombres me excitaba al extremo, escuchar los gemidos del muchacho mientras eyaculaba dentro mío, y ver que Pablo me miraba fijamente a los ojos, provocó un fuerte orgasmo en mi que compartí con los hombres allí presentes.

    Yo sonriendo pícara le devolví la mirada y muy complacida por el desempeño de mi chico me retiré del baño acompañada por él y al cruzar la puerta le digo a Pablo:

    – Te presento a mi amigo Martin, construye casas y coge muuucho mejor que vos, no es para nada egoísta.

    Pasé la noche con el muchacho, era de una ciudad vecina así que no tuve el placer de volver a verlo.

    Pablo intentó fallidamente volver a conquistarme, pero no lo logró.

    Mis amigas se sintieron muy satisfechas con la “venganza” hacia el galán.

    Nunca más estuve con él, ni trabajé en el boliche.

    Meses más tarde me mudé a estudiar a otra ciudad y mis aventuras sexuales fueron otras.

    Hoy, 20 años después, todavía me intenta contactar por redes sociales, aunque sigan siendo fallidos sus intentos de conquista.

  • Me dan un arrimón en el metro y terminé entregando el culo

    Me dan un arrimón en el metro y terminé entregando el culo

    Tenía 21 años y ya hacía algunos meses que Roberto se había ido a trabajar a Tijuana.

    Acababa de empezar a salir con una chica, y mi vida parecía que volvía a la normalidad a excepción de un par de veces que Roberto había viajado a la Ciudad de México y me había hecho su putita, pero nada más, había logrado eso sí tener sexo con mi nueva novia también en un par de ocasiones.

    Estaba iniciando el sexto semestre de un total de 10 semestres cuando recibí una oferta de dos de mis mejores amigos, ambos compartían un departamento de 3 recámaras con otro chico, el cual se había transferido a la ciudad de Mérida.

    El departamento pertenecía a un familiar de uno de ellos y por esta razón se lo estaba dejando a un precio módico, en una buena ubicación y con metro y transporte muy cerca, más cómodo, grande y espacioso que el que rentaba, y además al dividir la renta entre tres me quedaba súper barato, el único inconveniente es que me quedaba entre 15 o 20 minutos de la escuela, pero en México el transporte colectivo es muy barato, por lo que aun pagando transporte me quedaba muy económico y además me emocionaba poder convivir con mis amigos.

    Le comenté a mis padres y aunque no fue fácil convencerlos, al final accedieron al decirles que era más cómodo, en una zona más segura y que no iba a estar solo, así que el siguiente fin de semana me mudé al departamento de mis amigos.

    Ese semestre tomé una clase más temprano que mis amigos y por lo tanto me tocaba viajar solo en el metro, salía del departamento antes que se levantaran.

    Como no debe ser sorpresa para los que viven en la ciudad de México, entre las 6 y 9 de la mañana son las horas pico y el metro siempre va atestado. así que al entrar y salir del metro a esas horas hay un mar de gente apresurada, corriendo y vas a recibir sin duda empujones y apretones al entrar y salir del metro y viajar apretado entre varias personas, perdiendo completamente la distancia social, también debes ir muy pendiente de la cartera porque los carteristas aprovechan la multitud y también cuidar la mochila, porque pueden utilizar una navaja para romperla y tratar de robar algo, por lo tanto mi mochila la traía colgada enfrente de mí, entre mi pecho y mi vientre a fin de tenerla siempre a la vista y reducir el riesgo.

    Como de costumbre entré al vagón del metro entre empujones y busqué acomodarme entre el mar de gente agarrándome de un tubo vertical que la gente usa para sostenerse y evitar perder el equilibrio entre los apretones, empujones y el vaivén del vagón, llegamos a la siguiente estación y se abren las puertas entrando otro mar de gente, y entre los empujones alguien presiona su bulto contra una de mis nalgas, lo sentí claramente, solo un segundos, pero no creo que fuera la hebilla de su cinturón u otro objeto. Consideré que el contacto fue accidental y no puse mucha atención.

    El tren inició su marcha y en los vaivenes del vagón alcancé a sentir otra vez el roce de su bulto contra mi nalga, muy suave, casi imperceptible, pero un escalofrío recorrió mi cuerpo y mi piel se erizó, los roces parecían accidentales, solo un segundo y se retiraba, siempre siguiendo el movimiento del metro, pero me estaba poniendo cachondo, intenté cambiarme de lugar pero era imposible, así que lo pensé mejor, me quedé estático y cerré los ojos tratando de concentrarme y sentir con mayor agudeza el leve contacto, que estaba disfrutando mucho, sentí en los siguientes roces que su verga se estaba poniendo más dura y mi verga también empezó a pararse, lo cual me ponía en una situación incómoda y para tratar de ocultar mi erección bajé mi mochila a la altura de mi pelvis, y sin intención al hacer ese movimiento tuve que echar un poco el culo hacia atrás y el contacto se hizo más fuerte, alcanzando a sentir el grosor de su verga, creo que creyó que empujé el culo a propósito, porque en el siguiente vaivén del metro me apoyó toda la verga contra las nalgas y no se retiró, ya no podía ser un contacto accidental, sentí claramente que su verga estaba dura como una piedra y podía adivinar su longitud y grosor, e incluso la cabeza de su verga.

    Era muy excitante, se repegó más a mi y alcancé a sentir su respiración en mi nuca y el olor de su colonia, y en cada vaivén del vagón aprovechaba para mover su verga por toda mi rajita en un discreto pero suave bombeo, que continuó por varias estaciones. Mi mente dudaba en cómo reaccionar, salir corriendo, reclamarle o fingir no sentir nada, y escogí esta última opción, estaba paralizado, ruborizado y me daba miedo voltear y alguien se diera cuenta, pero intenté reconocerlo a través de su reflejo en la ventana, sólo pude observar que vestía un traje gris y un portafolio, y su tez era morena clara, pelo negro y entrecano, pero no pude ver su cara, seguramente sería algún oficinista o empleado de gobierno. De pronto llegamos a la siguiente estación y un mar de gente empezó a salir, entre ellos mi apoyador, pero antes de irse me dio un pequeño apretón en mi nalga derecha que hizo que diera un pequeño respingo y quedara parado todo cachondo y confundido y con mi verga al tope.

    La siguiente estación era la de mi escuela e intenté relajarme para que mi verga se bajara, pero no fue fácil, solo logré que perdiera un poco de dureza, así que me bajé del tren tapándome la erección con mi mochila y discretamente fuí a los sanitarios de mi escuela a masturbarme y soltar la leche, lo cual no fue suficiente ya que estuve todo el día caliente y recordando lo sucedido, terminando clases estuve más cariñoso que de costumbre con mi novia, pero no logré llevarla a la cama y descargar mi calentura y nuevamente me tuve que masturbarme esa noche.

    Al día siguiente inconscientemente o no me subí al mismo vagón del metro, pero no pasó nada, salvo los empujones y apretones de costumbre, ni al siguiente, día.

    Pasó una semana y ya casi había olvidado la experiencia, cuando en la misma estación de la vez anterior, después del mar de gente, sentí que nuevamente alguien se me repegaba atrás, y directamente apoyaba su verga en mi culo, y percibí el olor de su colonia, el cual me resultó familiar, sin lugar de dudas era nuevamente mi apoyador, así que cerré los ojos y me relajé para disfrutar el calentón que me dio la vez pasada.

    En esta ocasión fue muy directo, su verga se puso dura al instante y empezó a refregarme la colita, traía una playerita deportiva la cual discretamente sacó de mi pantalón sin que nadie se diera cuenta quedando desfajado con la playera por fuera del pantalón y después sentí que junto a su verga empezaba a apretar mis nalgas, por debajo de la playera, no pude evitar dar un ligero respingo de sorpresa y apreté el culo, pero inmediatamente me relajé y dejé que disfrutara de mi colita.

    Me encantaba como me acariciaba la colita, apretaba mis nalgas muy suave y me abría una nalga para que su verga se acomodara mejor en mi rajita y pude sentir la caricia de su verga directamente en mi hoyito, solamente separada por la delgada tela de nuestros pantalones, fue muy excitante, empujé mi colita hacia atrás para que el contacto en mi hoyito más intenso y en el siguiente vaivén del metro sentí que junto con su rica apoyada apoyaba sus labios en mi nuca y me daba un discreto beso en la nuca, totalmente inesperado, busqué su cara en el reflejo de la ventana y ahora si pude ver su cara, él se da cuenta y sonríe, efectivamente era un señor maduro, alrededor de 50 años, tez morena clara, usaba bigote, no muy grande y bien conservado, podría decirse que me resultaba atractivo.

    La apoyada siguió en las siguientes estaciones, siempre en forma discreta y aprovechando los vaivenes del metro para moverse y embestirme por encima de nuestras ropas, en esta ocasión, yo también aprovechaba cada movimiento del metro para empujar mis nalgas y sentir en forma mas intensa sus arremetidas, parecía que su verga quería atravesarme a través de la ropa e incluso sentí el calor de su verga ardiente y el grosor de sus venas, sus dedos se hundían en mi colita también, aprovechando que la tela de mi pantalón era flexible y llegó a masajear la entrada de mi orificio con la yema de uno de sus dedos, tuve que morderme los labios para no lanzar un gemido. Cuando llegamos a su estación me hizo una seña para que lo siguiera a través del reflejo en la ventana, pero me dio miedo y me quedé nuevamente estático, esta vez con la tela del pantalón muy metida en mi rajita y ardiendo de calentura, y fue similar a la vez anterior, me bajé en la siguiente estación y discretamente saqué la tela del pantalón de mi cola, me dirigí al baño a masturbar y tirar la leche y nuevamente me tuve que masturbar en la noche ante una nueva negativa de mi novia.

    Al día siguiente, nuevamente me dirigí al mismo vagón del metro y busqué acomodarme como las veces anteriores, llevaba la playera por fuera de mi pantalón para esperar a mi apoyador, por si tenía suerte y se presentaba, y efectivamente al llegar a la siguiente estación pude reconocerlo entre las personas que estaban esperando en el andén y alcanzó a verme, la circulación de los trenes del metro es constante, por lo que seguramente también estaba esperándome, rápidamente se metió al vagón del metro y entre empujones logró ubicarse nuevamente detrás de mí, sonrió al verme con la playera fuera del pantalón y la historia se repitió, nuevamente sentí su verga en mi cola y su mano acariciando mis nalgas, en esta ocasión fue mas osado y en la siguiente estación tomó mi mano y la jaló hacia atrás, con dirección a su verga, pude sentir en mi mano el diámetro y longitud de su verga a través de su pantalón, se sentía muy gruesa y caliente, apreté su verga y pude sentir su dureza, era una situación muy morbosa, con toda la gente alrededor, su verga se endurecía todavía más con mis caricias y de pronto sentí que apartó un poco su verga de mi mano y en el siguiente vaivén del metro, tomó nuevamente mi mano la acercó a su verga, pero ya no estaba la tela del pantalón, sentí la piel de su verga ardiente directamente contra mi mano, no podía creer la osadía de este desconocido, voltee a ver a los lados por si alguien se daba cuenta, pero el maletín de mi apoyador por un lado, una bolsa de mandado de una señor por otro lado y el sacó y mi playera tapaban la acción de cualquier espectador inesperado, así que más confiado estuve recorriendo su gruesa verga con la palma de mi mano, era tan excitante, sentía su suavidad y dureza a la vez, su grosor y sus hinchadas venas, también acaricié la punta de su verga y sentí un líquido viscoso en la punta, era su precum, tomé un poco de su precum en mis dedos y me sirvió para recorrer la punta de su verga ardiente usándolo como lubricante, una situación morbosa en serio, tocando la verga de un macho ardiente en medio de un mar de gente y nadie se daba cuenta de lo que sucedía excepto nosotros dos, seguí acariciando su verga mientras el acariciaba mis nalgas y frotaba la entrada de mi hoyito a través de mi pantalón con su dedo, en ocasiones me embestía suavemente con su verga desnuda a través de la ropa punteando directamente a la entrada de mi culo, afortunadamente protegida por la tela del pantalón que evitaba la entrada del invasor, pero era una caricia que me volvía loco, cerraba los ojos para concentrarme en disfrutar y mordía mis labios para evitar que de mi boca saliera cualquier sonido que nos delatara, sentía su respiración muy cerca de mi oreja y mi piel se erizaba, pensé que tal vez me susurraría algo, pero no lo hizo, en lo que cabe era muy discreto.

    Llegamos a la estación del metro donde siempre bajaba y se guardó su verga en el pantalón, al bajarse me jaló la mano para que lo acompañara pero nuevamente me resistí, no lograba superar mi miedo, así que se bajó solo, una vez que se bajó acerqué discretamente mi mano a la nariz y percibí el aroma inconfundible de su verga, todavía tenía restos de precum en la palma de mi mano y mis dedos, cerré mis ojos aspirando el olor a su verga en mi mano y mi mente daba vueltas, al llegar a la siguiente estación tuve que recomponerme rápido y bajarme, al sacarme el pantalón de la cola, alcancé a percibir una ligera humedad en el pantalón justo a la altura de mi hoyito, así que no me acomodé la playera para disimular y nuevamente hice lo de los días anteriores, masturbarme en el baño y en la noche si logré convencer a mi novia para tener sexo, así que por fin pude descargar con alguien toda mi calentura, para mi novia no fue indiferente que estaba más cachondo que lo usual y así me lo dijo, le hice el amor con pasión y me vine dos veces en su coño, pero usando condón por seguridad, sino seguramente la embarazo, durante el sexo tomé sus manos y las dirigí a mis nalgas mientras la penetraba imaginando al desconocido del metro, pero mi novia pensó que puse sus manos para que se apoyara y la embistiera más profundo, no era igual de excitante el contacto, pero de todas formas lo disfruté mucho y me vine abundantemente dentro de su coño.

    El día siguiente era viernes y no tenía clases en la mañana (la mayoría de las clases era de lunes a jueves) excepto un par de materias que tenía en la tarde, aprovechaba los viernes para ir a jugar futbol con mis amigos en las instalaciones de la escuela, incluso teníamos un equipo y participábamos en un torneo interno estudiantil, el partido no era tan temprano, pero a pesar de ser viernes y poder descansar un poco más, me levanté a la misma hora de siempre y me puse mi uniforme deportivo y salí a tomar el metro, en mi mochila en lugar de libros llevaba un cambio de ropa para ducharme después del partido en las instalaciones de la escuela, sabía que era muy temprano, pero no me importó, estaba caliente por encontrarme con mi apoyador del metro y volver a disfrutar, no me fajé la playera deportiva a propósito y pensé que iba a ser más excitante porque la tela de mi short era muy delgada y flexible.

    No me equivoqué, mi apoyador estaba nuevamente esperándome y sonrió al verme en ropa deportiva, nuevamente entre empujones se colocó atrás de mí y yo colaboré haciéndome un poco hacia adelante para darle paso y tome su posición, tan pronto arrancó el tren sentí su mano en mis nalgas, a través de la delgada tela de mi short y di un ligero respingo, aprovechando la abertura de mi short, metió su mano por la abertura de una de mis piernas y por debajo de mi bóxer, acariciando mi nalga al desnudo, sin ninguna tela que la separase, piel con piel, apretando mi nalga suavemente y deslizando uno de sus dedos por mi rajita, hasta que encontró mi orificio, inmediatamente di otro respingo, apreté las nalgas, mi piel se erizó y cerré los ojos, la sensación de su dedo frotando la entrada de mi hoyito directamente, sin ningún obstáculo, era exquisita, definitivamente mi hoyito era demasiado sensible y la caricia me volvió loco, me relajé y separé un poco las piernas, al tiempo que apoyándome del tubo superior del metro empiné la colita para darle mejor acceso al lugar más íntimo y secreto de mi cuerpo, estuvo unos segundos acariciando mi hoyito, frotando con la yema de su dedo y lo retiró dejándome sumamente cachondo, mientras apoyaba su verga contra mi culo, unos instantes después regresó su mano por medio de la abertura de mi short y su dedo buscó nuevamente mi agujero, pero ahora era diferente, se sentía húmedo, seguramente lo había mojado con su saliva y nuevamente frotó la entrada de mi hoyito, empujó suavemente y mi esfínter se abrió con la ayuda de su saliva, solamente la puntita de su dedo, ardió un poquito, pero fue muy excitante, mi verga estaba durísima y sentí una oleada de placer recorrer mi cuerpo, era indescriptible las sensaciones que sentía con la punta de su dedo recorriendo mi interior, mordía mis labios para no gemir, mi vista se ponía turbia, sacó su mano y sentí que ahora me bajaba el short junto con mi bóxer dejando mis nalgas desnudas, pero fuera de la vista de la gente gracias a mi playera y su saco, y enseguida algo ardiente y duro, adiviné al instante que se había vuelto a sacar la verga como la vez anterior y que me quería penetrar, lo cual ya sería el colmo de la desvergüenza, dejarme dar por el culo en un lugar público en medio de un mar de gente, era demasiado y apreté las nalgas, no estaba en mis planes dejarme dar por el culo, pero no apoyaba directamente su verga contra mi hoyito, si no que era una caricia transversal, su enorme verga recorría mis nalgas y mi rajita en un roce riquísimo y la punta de su verga recorría mi perineo y se estrellaba contra mis huevos, yo estaba loco de placer, las sensación de su verga estrellándose en mis huevos era sumamente erótica, cerré los ojos y no pude evitar abrir la boca, un gemido ahogado, ya que no podía emitir ningún sonido, me relajé era imposible que en esa posición me pudiera penetrar, y mis nalgas se abrieron permitiendo sentir el grueso y caliente tronco moviéndose en forma paralela a la raja de mi culo, jamás había sentido nada igual, sentía en mi hoyito la frotada del tronco de su verga y la cabeza de su verga rozando mi perineo y estrellándose en mis huevos, mientras mis nalgas envolvían su tronco, llegamos a la estación donde siempre se bajaba, pero no hizo movimiento de bajarse, continuó restregándome la polla así, el tren volvió a arrancar y llegamos a la estación en dónde estaba mi escuela, pero tampoco hice el movimiento por bajarme, el roce era muy intenso y lo estaba gozando muchísimo, en cada frotada sentía una corriente eléctrica que me atravesaba, además era temprano para mi partido por lo que podría regresar en el mismo metro, así que la frotada continuó unos minutos más, pero sucedió algo que no tenía contemplado, de tanto rozar su verga contra mi culo, en una embestida no aguantó más y sentí que estallaba entre mis nalgas, no lo podía creer, me estaba llenando de leche el culo rodeado de un mar de gente, y no podía hacer nada para detenerlo, fueron 3 o cuatro chorros de leche ardiente que se encargó de untarla entre mis nalgas, y en la rajita de mi culo, cuando terminó de descargar sacó su verga y me subió mi boxer y mi short deportivo, apreté las nalgas, tratando de que no escurriera la leche depositada entre ellas, estábamos llegando a una estación, por lo que rápidamente me bajé, sentía totalmente húmedos mi short y boxer, afortunadamente podía disimular dicha humedad con mi playera, pero me sentía sucio, sentía me daba mucho miedo que alguna gota de leche llegara a escurrir por mis piernas, sería algo muy vergonzoso que alguien lo notara, caminaba apretando las nalgas, seguramente algo gracioso y sentía que la gente me miraba, me urgía algún baño donde poder asearme y cambiarme, entonces escuché una voz detrás de mí

    – Espera amigo,

    Giré mi cabeza para ver, y si, era mi apoyador, el culpable de mi vergonzosa situación, el cual me había seguido y el único que sabía cuál era mi urgente necesidad y esbozando una sonrisa algo burlona, posiblemente conteniendo la risa dice:

    –Tal vez yo pueda ayudarte

    Era la primera vez que escuchaba su voz…

    Lo que pasó después se los cuento en el siguiente relato

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    [email protected].

  • El regalo: Un antes y un después (Vigésima octava parte)

    El regalo: Un antes y un después (Vigésima octava parte)

    —Mi amor… ¡Perdóname! Discúlpame por todo el dolor que te he causado. —Le dije a mi esposo aún ebria, por supuesto que sí, pero embriagada de un reconocido y profundo amor por él.

    —Silvia, mi amor… Lo sé todo y aquí el único que debe pedir excusas soy yo. Me he portado como un hijueputa imbécil contigo. —Y se arrodilló en medio de un doloroso llanto ante mí, sujetándose con mucha fuerza a mis piernas, –tan necesitado de mi amor y comprensión– recostando posteriormente su cabeza de medio lado sobre mi vientre, implorándome perdón.

    Martha permanecía estática en la entrada bajo el marco metálico de la puerta, recostada contra el larguero del pestillo, también gimoteando y con un brazo cruzado apoyando con la palma, el codo del otro y este último en vertical ascensión, ocultando en parte con su mano la palidez de su rostro, impactada por la demostración de amor y humildad de mi esposo.

    —¡Mi vida!… —Le dije a Rodrigo acariciando sus cabellos y una parte de su rostro–. Los dos nos hemos fallado, pero mi amor por ti sigue intacto y al verte aquí de nuevo junto a mí, me demuestras una vez más que el tuyo sigue como antes. ¡Me amas! ¡Nos amamos! — Y mi esposo seguía allí postrado y avergonzado, expresando su sentimiento hacia mí, en una demostración no verbal de amor y entrega, con pequeños besos continuados a la parte superior de mi muslo izquierdo, cerca de la ingle y por sobre la delicada tela, que para nada aislaba la calidez de su respiración.

    —Rodrigo… Ven mi vida. ¡Mírame! Hoy a solas, recordé que sin pedirte aún perdón por haberte fallado años atrás y a pesar de que te cambié por una estúpida ilusión, comprendí porque después de todo, con tan solo una llamada, tú regresaste a mi vida… ¡Me amas demasiado! Porque estando lejos y por supuesto herido por mi traición, volviste junto a mi cuando abandonada y sola, de manera egoísta al sentirme defraudada conmigo misma, yo te lo pedí y nunca preguntaste por qué lo hice ni mis razones, mucho menos me exigiste nada a cambio, tan solo que te diera la oportunidad de amarme.

    —Mi amor… ¡Te ganaste a pulso este corazón! —Y diciendo esto, me fui arrodillando también, para tomar su mano derecha y colocarla sobre mi seno izquierdo, desnudo y tibio, palpitando por dentro, henchido de amor y juntamos no solo nuestros rostros en un beso que de nuevo sellaba nuestro pacto sino que al confundir sus lágrimas con las mías, –no las tristes anteriores que ya había gastado y qué por el contario todas eran nuevas y felices– brindamos con ellas por nuestro reencuentro como amigos y amantes, dichosa yo de que brotaran de mis ojos, como ríos hacia nuestros propios mares.

    —¡Te amo, te amaré por siempre! —Me respondió mi esposo tomando mi cara entre sus manos y me ayudó a colocar en pie y fue en ese instante cuando Martha se acercó y nos abrazó a los dos, sonriendo con algo de timidez y pidiéndome ella, también un perdón.

    ¿Y por qué ella? ¿No debería ser yo acaso, por intentar meterme con su esposo?

    —Martha, por favor pasa y siéntate. Bienvenida y disculpa todo este desorden. —La esposa de mi jefe y mí casi amante, continuaba sollozando sin moverse de su lugar, por lo tanto me separé de Rodrigo y me acerqué a la puerta.

    —Pero no comprendo porque estás aquí a estas horas y más encima, has llegado en compañía de mi esposo. Acaso ustedes dos… ¿Ocurrió algo malo con tu esposo? ¿Hugo está bien? —Entre asombrada y preocupada le pregunté para luego tomarla de sus manos temblorosas y bastante frías, invitándola a pasar a la sala y de forma natural, retirar del brazo del mueble mis tanguitas negras.

    —Silvia, yo estoy aquí porque te debo… ¡Te debemos una explicación! —Y me lo dijo apenada, pero eso sí, sin dejar de mirar a Rodrigo que se encontraba a mi lado rodeando con su brazo mi cintura.

    —Yo he sido el génesis de todo este desastre. Tu esposo y tú misma, los sólidos muros blancos que fueron alcanzados por las esquirlas de mis desvaríos. — Rodrigo posó su mano en el hombro, para reconfortarla mientras su boca dibujo una breve sonrisa y luego si nos preguntó si deseábamos beber algo. Yo podría soportar un poco más de alcohol, pero decliné la oferta pidiéndole mejor un vaso con agua y nuestra invitada, con algo de frio aun, señaló con su índice la botella de vodka. Y nos dejó allí un momento a solas, mientras se desplazaba hasta la cocina por otro vaso y una botella de agua.

    —Mis fantasías, –continuó Martha hablándome– y deseos me llevaron a causar un gran daño en mi esposo, una desastrosa decisión que casi arrasa con el matrimonio de ustedes y por ello quiero que me escuches, pues yo debo pedirte perdón por todo. —Y tomando un pañuelo desechable de su bandolera marrón, se sonó brevemente la nariz y luego prosiguió.

    —Hugo es el hombre de mi vida. —Y yo la miré sorprendida–. Lo sé Silvia, por todo esto pareciera que no y que soy una completa hija de puta por mi comportamiento. Tal vez sea verdad y todos tengan la razón menos yo. Pero aunque me mires así te aseguro yo, que Hugo es el único hombre al que amo, pero desafortunadamente, nuestro diario vivir y la maldita rutina colándose a diario por cualquier rendija de nuestro hogar, asociado a la falta de interés de mi esposo por mejorar nuestras relaciones sexuales, siempre con la disculpa del trabajo y la urgente necesidad de sus constantes viajes, sencillamente yo… ¡Exploté! —Y volvió el llanto a bañar aquellos tiernos ojos, y suspiros, dos, tres tan seguidos y dentro mío, aflorando el sentimiento de compasión cuando días atrás solo sentía por ella una fuerte aversión.

    —Silvia tu eres mujer, creo que me entenderás cuando la persona en este mundo que más amas, te hace sentir sola y abandonada, a pesar de tenerle algunas horas a tu lado y cuando dejas de ser el centro de su mundo, te apartan y ya no eres más la parte primordial de tu pareja. Sumado a ello, Hugo y yo nos conocimos de muy jóvenes y no nos dimos tiempo para conocer a nadie más y esa falta de experiencia fue la razón de nuestra aburrida vida sexual. —Te entiendo Martha, pero la verdad y con todo respeto, actuaste con tu esposo muy mal–. Le respondí con sinceridad.

    —Lo sé preciosa, lo sé. Las ideas surgieron en mi cabeza una tarde, como era usual, mi esposo de viaje, yo tantas horas al día solamente encargada del hogar y del cuidado de mis niños, me llevaron a imaginar la posibilidad de hacer renacer en mi esposo la flama de la pasión, con más fantasías que con certezas. Necesitaba cambiar, Silvia. ¡Y lo hice! En la cama fui más fogosa y muy sexy me mostraba ante él, ya fuera noche o en la mañana antes de que se marchara a su oficina. Maquillaje diferente, peinados juveniles y con ropa nueva traté de seducirlo… ¡Reconquistarlo! Y a pesar del esfuerzo y mis ganas de que me tomara en sus brazos al regreso a casa, nada en él parecía cambiar. —Y Rodrigo acercándose a nosotras, nos ofreció un vaso a cada una. Ambos cristalinos pero el mío sin alcohol. Se sentó en el brazo del sofá, pero no a mi lado, sino detrás de ella. ¿Por qué? ¡Eso me confundió!

    —En Hugo no sucedía ese cambio, no parecía ser necesario o primordial para él. Supongo que para mi esposo, sus prioridades eran otras y que con lo poco que me hacía uno o dos días cada quince al mes, «si estaba de humor», lo encontraba suficiente y era tan normal su manera tradicional de hacerme el amor, que nunca me preguntó si yo quedaba realmente satisfecha con su desempeño. —Ella bebió un sorbo de vodka y mirando a mi esposo le agradeció. Mi esposo por su parte se tomaba una cerveza y yo noté como al levantar el envase, su pulso vacilaba.

    —Pero a mí me faltaba, Silvia. Y eso me hacía sentir mal con él, pues siendo un hombre maravilloso y buen padre, en nuestra intimidad era un tedioso amante. Yo al creer que ya todo seguiría igual por el resto de nuestros días, hice las cosas mal, de forma precipitada decidí buscarme un amante, era algo muy fácil para mí hallar alguno interesado en el gimnasio y lo hice primero con uno. Pero aunque arrepentida de obtenerlo y haberlo disfrutado en esos otros brazos, con un cuerpo nuevo y musculado, yo me sentí una mujer plena y satisfecha con la nueva sexualidad por mi descubierta, pletórica de orgasmos largos, seguidos de caricias y atenciones, en el fondo de mi corazón sabía que no era esa la meta ni lo que en verdad yo pretendía. Me faltaba el amor Silvia, el que Hugo había refundido. —Su confesión tan real y dolorosa a la vez, me conmovió y visualicé en un instante a mi jefe comportándose con su mujer como usualmente hacía con nosotras en la oficina. ¡Frio y distante!

    —Tampoco me sentí plena. Necesitaba hallar la manera de que Hugo aprendiera a tener sexo conmigo. A tratarme como a una puta en la cama y hacerme o deshacerme, lo que se le antojara realizar conmigo. Si hablé con él en las noches, estoy segura de que más me escucharon las paredes de nuestra habitación. Su tradicional forma de hacer el amor no estaba mal pero yo quería sexo, emputecerme para él. ¡Con él! —Un nuevo dedo de Martha, estirado para limpiar de humedad ambos parpados, luego ambas dimos un trago para calmar la sed y apaciguar aquellos recuerdos, entre tanto observé que Rodrigo por fin se puso en pie, para recostado en la baranda del balcón, ponerse un cigarrillo entre los labios.

    —Y luego se me ocurrió dejarme ver de Hugo, teniendo sexo con otro hombre, no para darle celos Silvia, no. Quería que viera como se me podía hacer gozar, deseaba en realidad que aprendiera a hacerme el amor diferente, más salvaje y rudo que su acostumbrada posición del misionero o aquella de medio lado tomándome por detrás. Otras maneras de tocar, acariciar y besar. Chupar, lamer, hurgar en mi interior y sacarme los quejidos que con otros hombres logré conocer y alcanzar nuevas sensaciones, ya que hablando con él, nunca me quiso escuchar. —Martha se giró de medio lado y le pidió a mi esposo compartir un poco de su cigarrillo y el sonriente se acercó nuevamente, para colocarlo con bastante familiaridad en aquella boca entreabierta. Y una punzada en la boca de mi estómago sentí. ¿Celos?

    —Porque una mañana de tantas a solas, en la sala descubrí una pequeña cámara, instalada por mi esposo y revisé con cuidado el resto de nuestro hogar. —Y con aquellas palabras Martha volvía a tener mi plena atención–. No era la única en la casa, por lo tanto, supe que mi esposo me espiaba porque ya intuía mis andanzas y aun así no me decía nada. ¡No reaccionaba! Yo deseaba que me preguntara y hasta me insultara para responderle a sus preguntas con mis verdaderas intenciones pero no… Hugo calló y tragó. Hasta que llegó una noche con unos papeles en sus manos, solicitándome el divorcio. —Y de repente me sentí mal por haber sido yo la persona que le indicó ese camino. Rodrigo retiró con suavidad el cigarrillo de aquellos finos dedos y la ceniza con un leve movimiento de su mano, cayó en el fondo del cenicero. Y me miró con aquellos ojos cafés, de una forma cómplice que parecía querer quitarme toda mi culpa de encima.

    —No supe que hacer para que cambiara su decisión. ¿Equilibrar la balanza de mi engaño con uno suyo? Pues sí preciosa, eso maquinó mi estúpido cerebro. Proporcionarle una amante, una mujer diferente a mí para que con ella Hugo reaccionara, tuviera sexo y de paso aprendiera en ese encuentro. Una prostituta no sería la solución pues conociendo su férrea educación y preceptos, jamás lo hubiera logrado de esa manera. Yo requería de alguien más cercana, otra mujer que para Hugo fuera… ¡Entrañable! Y llegaste tú a mi hogar, Silvia. Sí mujer, con una llamada que pude oír, una conversación entre ustedes dos, y en la cual escuché con claridad que Hugo aun me amaba. Te convertiste de repente en la solución, en mi oscura obsesión y no solo en el ángel de Hugo. —Y al escuchar esas últimas palabras, un escalofrió recorrió mi cuerpo por completo, desde la nuca hasta la parte baja de mi espalda. Y ellos dos, lo pudieron constatar en mi expresión de asombró y la palidez repentina en mi rostro.

    —Tranquila cielo, no te preocupes por eso que como ya te mencioné, siempre he estado al tanto de todo. Se lo que sucede en esa oficina, el repentino cambio de humor en él, los arreglos florarles sin un claro remitente y sus salidas a almorzar o cuando fuiste con Hugo a tomar un café para hablar de mí, de los dos y sé de tus bonitos consejos. Me dolieron sus besos, pero era solo un pequeño precio para compensar el desequilibrio que causé en mi esposo. Gracias a ti, logramos volver a hablarnos y conducir nuestro camino hacia una terapia que en parte ayudó a sincerarnos. —Creo que ahora sí te recibo un vodka de esos. ¡Fuerte por favor! –. Le dije a Rodrigo, quien sonriente y caballeroso me lo sirvió en el mismo vaso que horas antes desprecié después de haberlo disfrutado.

    —Silvia, yo lo noté diferente, más interesado en vivir… ¡Lograste animarlo! —La mano libre de Martha alcanzó intempestivamente mi rostro y sentí la tibieza de su piel sobre la mía, y en su mirada, la cálida expresión de agradecimiento por un cambio que yo inicié sin querer y que no concluí por temor a serle infiel de nuevo a mi esposo.

    —Aunque conmigo actuara tan frio y distante como siempre, yo deseaba que pasara de todo entre ustedes. Su felicidad seria la propia mía y eso era exclusivamente por ti, por la conexión que en ustedes se creó, el cariño y la admiración que surgía en Hugo hacia su bella asistente. Y me dediqué a indagar sobre ti, con la clara idea de proponerte ser la oficial amante de mi esposo, así tuviera yo que pagarte con todo el oro de este mundo, para que mantuvieras una relación con mi esposo y obviamente que tú Silvia, le obsequiaras algunas horas de sexo y me lo devolvieras convertido en un amante mejor. —Y mi esposo por fin se acercó a mí, sentándose a mi costado, rodeando con su brazo izquierdo mi cuello y dejando descolgar su mano sobre el nacimiento de mi seno.

    —Y aquí apareció este hermoso hombre tuyo, mi caballero sin armadura, para desbaratar con su amor y fidelidad hacia ti, mis planes de conocerte antes y hacerte esa propuesta. Porque Silvia, Rodrigo siempre se opuso al plan, inicialmente haciéndolo sin que yo supiera que el sabia en quien había fijado mis ojos para cumplir con la idea trazada. Incluso después ya revelado su papel en esta historia por mi amiga Almudena, buscó siempre la manera de que tu no te vieras involucrada, pero a espaldas de Rodrigo, mi amiga y yo proseguimos con esta estratagema. Tu esposo Silvia, es un hombre con principios, bastante analítico y a la vez muy divertido, locuaz y… se hace querer muy fácilmente. Rodrigo te ama con locura y ese es precisamente el amor que yo deseo encontrar en Hugo. —Y entonces caí en cuenta de que ellos ya se habían conocido mucho antes de aquel encuentro en el bar de nuestros amigos.

    Giré mi cabeza y echándome hacia un lado observé el rostro de Rodrigo para contemplar su gesto de culpabilidad, tras aquella otra mentira. Pero Martha se acercó más a mí y con su mano sobre la de mi esposo y Rodrigo aun acariciando con sus dedos mi pecho cubierto por la delicada tela, con su voz dulce y suave me terminó por decir…

    —Rodrigo es tan inocente en esta obra mía como tú. Por eso te pido perdón y también, ahora tú valiosa ayuda. Hugo se fue. Me abandonó. —Y recostando su cabeza sobre mi regazo, Martha angustiada, lloró.

    —Silvia, mi amor… ¡Perdónanos! También debo pedirte disculpas por no haber detenido con mayor firmeza todo esto. Desde que percibí en ti un cambio en tu pensamiento sobre tu jefe, intenté saber más, mirar el otro lado de esta historia y no sabía cómo hacerlo sin que llegaras a pensar que era únicamente por tu pasado que aún me tenía marcado y que yo finalmente me había convertido en un celoso empedernido y que te agobiaba demasiado con mis preguntas. No te quise presionar y en un camino un día, el destino me puso de frente con esta mujer y decidí aprovechar la ocasión para ahondar en las causas y obtener las respuestas a mis inquietudes sin que sospecharas nada. —Silvia me escuchaba con atención pero mantenía sus manos acariciando el cabello y el cuello de Martha, la mujer de su jefe, que reposaba la cabeza sobre sus rodillas.

    —Desconfié de ti, –continué la confesión– claro que sí, pero más de las intenciones de tu jefe y me involucré en una investigación personal para conocer todos los ángulos de ese triángulo que se fue formando entre un jefe, su asistente y yo. Y ahora a pesar de mis vanos intentos por evitarlo, sucedió que nada ocurrió en verdad, pero nos lastimamos todos, Hugo, tú, Martha y yo. Por eso estamos aquí para disculparnos por engañarte y necesitamos ahora tu colaboración para que todos los lados mantengan unidos ahora este naciente… ¡Cuadrado! —Martha se reincorporó después de que terminara yo mi declaración y tomando con fuerza a Silvia por los hombros le dijo…

    —Preciosa, no sé dónde está mi esposo, no responde mis llamadas y estoy preocupada por no saber de él ni de su situación. ¿Sabes por causalidad de algún lugar donde pueda encontrarlo? —Y mi esposa dejando la botella de agua en la mesita auxiliar, se puso de pie y tomó uno de mis cigarrillos y el encendedor plateado para en el balcón, sin mirar a Martha ni a mí, encenderlo y dar un sorbo al vodka que tenía en su otra mano.

    —Martha, con ese video lastimaste el corazón, el amor propio de Hugo. Lo mataste prácticamente y si te soy sincera, yo desee que él te abandonara. Ahora, después de escucharte, reconozco que la culpa también es de tu esposo por no entenderte y me siento mal por ti, por él, por mi esposo. Jugamos con fuego los cuatro y estuvimos a punto de quemarnos. Los disculpo a los dos y a ustedes también les pido perdón. A ti Martha por meterme con tu esposo y dejar que el sintiera algo por mí y no detenerle a tiempo y usarlo para darle al mío una lección. Y a ti mi amor, por provocar tus celos, humillarte tanto con mi loca venganza, frente a nuestros amigos. De Hugo no sé mucho Martha, él es un hombre muy reservado. No le conozco amistades aquí en la ciudad. Pero debemos pensar que está bien Martha, tranquilízate. No creo que quiera hablar conmigo después de todo lo que sucedió en tu casa con su amigo americano. —Terminó mi esposa por hablar, regresándose hasta sentarse frente a Martha en el otro sillón y le ofreció a Martha de su cigarrillo y esta se lo recibió con una sonrisa de amistad.

    —Silvia, mi vida. Tú le manejas la agenda, las visitas y los viajes, los hoteles donde se hospeda. Piensa mi vida y si de algo estoy seguro es que a ti, él te va a responder. Tú sabes que sin pensarlo o sin quererlo mucho, él confía en ti; te aprecia y… Hugo te sigue deseando. Y yo que soy hombre te puedo asegurar que no despreciaríamos una segunda oportunidad con la mujer que queremos estar. Él te responderá la llamada, de eso estoy seguro. Necesitamos ubicarlo y hacer que regrese con su esposa. Ellos se aman y tú lo sabes. Se por Almudena que prometiste estar siempre para él y yo… Ahora te pido mi amor que ayudes a Martha y lo llames, lo ubiques y entre los cuatro como personas adultas busquemos una posible solución. —Martha fumó y devolvió lo poco que quedaba de aquel cigarrillo a mi esposa, yo terminé mi cerveza de un largo trago y Silvia… ¡Dudo!

    —Mi amor, Hugo puede que me responda pero con seguridad te digo que él va a imaginarse otra cosa de mí si lo llamo, si lo busco. ¿Me comprendes? Martha… Tú sabes que él ha empezado a sentir algo más por mí que una sincera amistad y Hugo desea mantener una relación conmigo más íntima, no solo de una noche de sexo. Me dijo que me quería pero que entendía que yo no me separaría de mi esposo por él. Y yo no quiero que por mi culpa terminen ustedes dos separándose. —Todas aquellas palabras en su respuesta tenían mucho de verdad. Martha se encogió de hombros y me extendió su brazo con la intención de que yo le vertiera en aquel vaso ya vacío, más cantidad de alcohol.

    —Eso lo sé muy bien Silvia, lo entiendo pero también sabes que en el fondo, Hugo me sigue amando, solo que no se siente capaz de demostrármelo en la cama. Si no quieres llamarlo está bien. Te entiendo, no quieres volver a poner en peligro tu matrimonio. ¡Tranquila! —Y bebió Martha un sorbo largo de su vodka, sin dejar de mirarme como buscando en mi un apoyo. ¡Yo su ansiado auxilio!

    Más no dije nada en ese momento. ¡Callé! Pues aún estaba pensando y analizando el próximo movimiento, debatiéndose en una lucha, mi corazón contra varios encontrados sentimientos.

    —Lo lastimé –continuó mi esposa hablando– también al dañarle su dichosa terapia, y dudo mucho que me escuche ahora solo hablándole como su amiga. El desea tener a su ángel entre sus brazos solo para él, sin compartirme. Y yo no puedo ser tu reemplazo Martha. Eres tú la causa de esta separación y por lo tanto creo yo, serás también la solución. Por el contrario yo deseo que entre ustedes se arreglen las cosas. Si lo llamo y me pide que vaya a buscarlo… ¿Cómo te vas a sentir? Y tu mi amor… ¿Cómo vas a actuar frente a su deseo por mí? ¿Estarás dispuesto a dejarme marchar y verme a solas con él, con el hombre que tanto te mortifica que yo sea su deseo, su obsesión? —Mi esposa tenía tanta razón como siempre y ese era uno de los aspectos que más me enamoraba de ella. La conciencia y la razón que a veces a mí me faltaba. Ella, mi Silvia era sin duda alguna, mí amado complemento.

    —Silvia, como te dije días atrás, yo estoy muy cansado de esta situación y debemos entre los cuatro darle termino a todo esto. Tú me amas y yo te adoro. Martha ama a Hugo y él por lo que he escuchado, aún a ella. Ya que estamos en estas, creo que debemos ser totalmente sinceros. —Y tomando a las dos mujeres por sus manos, continué expresando lo que mi mente pensaba que era lo correcto y mi corazón simplemente se negaba a aceptarlo.

    — Hugo no va a cejar en su empeño por tenerte para él en sus brazos, quiere hacerte su mujer en la cama para ver si contigo puede olvidar a Martha y contigo mi vida, superar su trauma. Y a mí me gusta Martha, física y emocionalmente. Me parece desde que la conocí, una mujer de sentimientos bonitos y pensamientos diferentes, es decidida, tiene unas ideas estúpidas eso si no lo podemos negar. —Y nos reímos los tres–. Como nosotros también hemos cometido muchas pendejadas estos últimos días. Silvia, he descubierto que esta preciosa española es una mujer muy agradable y he sentido con ella esa química que me hace sentir bien cuando estoy a su lado. —Y me acerqué a Martha para besarla en la mejilla y a mi esposa un pequeño beso en sus labios.

    —Estoy decidido a hacerlo. Escúchenme muy bien las dos… ¡Yo podría ser el reemplazo de ese gringo manilargo! No sé qué opinan ustedes. Piénsenlo. También quizás tú, mi amor y yo, necesitemos dar el paso de compartir con otras personas para superar lo que sucedió años atrás. —Y las dejé a las dos mujeres allí, una sentada frente a la otra, mirándose fijamente, analizando la propuesta y mientras tanto me dirigí a nuestra habitación, para tomar de la mesita de noche, el teléfono móvil de mi esposa.

    Cuando regresé a la sala, ya Silvia y Martha estaba juntas, fundidas en un cálido abrazo y por testigo de lo que hablarían entre ellas, tan solo aquel sofá.

    —Rodrigo, –dijo mi esposa tomando la vocería– si continuamos vamos a incluir a nuevas personas en nuestro corazón, porque yo no soy una puta de lujo a la que se le va a pagar por tener sexo y tú tampoco, un playboy cualquiera. ¿Estamos? Mira mi vida, lo haré porque Hugo me interesa como persona, le aprecio no solo por ser un hombre inteligente y capaz que me ha brindado oportunidades para superarme laboralmente, sino que se convirtió en otro ser más amable cuando se fijó en mí y eso es bueno, para todos. Lo quiero hacer con Hugo porque es un hombre que me gusta, pero también porque me interesa su bienestar, como ese amigo que quiero que viva bien, que quede eso muy claro. —Y Martha recostó su mentón en el hombro de Silvia, no dejándome ver su expresión ante esa confirmación de cariño por su marido.

    —A ti te amo loco mío, y si voy a estar con él no solo necesito que me des tu permiso y tan solo lo sepas, mi amor. Yo quiero que estés ahí conmigo cuando suceda, pues a pesar de todo, no es fácil para mí aceptar que me entregaré en otros brazos sin tu compañía. Necesito de ti, requiero estar segura de que no te sentirás mal y que yo por supuesto, después no me vaya a arrepentir de verte junto a Martha. Vamos a cambiar de parejas, ok. Pero no quiero que sea solo por el simple hecho de calmar las ganas de Hugo, o la que ustedes dos se tengan. Vamos a querernos los cuatro. Martha y tú, Hugo y yo. Pero antes yo… —Y mi esposa se contuvo para pensar en algo, medir sus palabras antes de expresarlas. ¡Sorprendiéndonos a Martha y a mí!

    —Quiero verlos quererse, sí. Necesito saber que puedo llegar yo a sentir, estando con ustedes a nuestro lado, pero Martha y tú, queriéndose. Necesito verlos como se besan y acarician delante de mí. ¡Ven mi amor, siéntate aquí! Y dale un rico beso a esta mujer. —Y mi esposa se apartó cediéndome su lugar.

    Yo me senté a lado de Martha y sin dejar de mirar aquellos preciosos ojitos acaramelados, retiré de su rostro el bendito mechón de siempre, que ocultaba en parte el rubor de su mejilla izquierda y me fui acercando a su boca ya entreabierta. Temblaba ella, algo más que yo.

    —¡Relájate preciosa! —Le dije a la mujer que en próximas horas se convertiría en mi nueva amante.

    Y posé con suavidad mis labios sobre los suyos, humedeciendo un poco con la punta de mi lengua aquellos tan carnosos pero resecos por su respiración agitada. Jadeo un poco, suspiró y me dejó recorrer discretamente la abertura de su boca. Martha desviaba nerviosa su mirada hacia el marrón de los de mi esposa, sentada en el sillón. No se concentraba aunque ya estaba entregada al sentir mis labios besar la punta de su respingada nariz. Tomé con mi mano su mentón y la obligué con suavidad a girar su cara. Con besitos cortos me aprendí de memoria la tersa curvatura de su mejilla primero, la otra la disfruté lamiéndola despacio hasta alcanzar sus labios nuevamente. Escuchaba los leves gemidos y los suspiros de mi mujer, que no perdía detalle de aquella demostración de afecto. Sudaban sus manos cuando se las tomé para brindarle tranquilidad y luego sí, mirándome a mi le escuchamos decir con claridad…

    —¡Te quiero Rodrigo! —Y yo a ti preciosa–. Le respondí.

    Después de eso, se relajó e inclinó hacia la derecha su cabeza y su boca se abrió lentamente, permitiéndome darle un leve mordisco a su labio superior, pasar a su interior mi lengua, rozando la suya, ya sincronizados y en principio discretos, yo fui absorbiendo la suya dentro de mi boca, como si de un cono de helado se tratara y luego ella con la mía, repitió la misma operación. Martha acarició mi rostro con una mano, la otra la mantuvo apretando primero con fuerza la mía, posteriormente la soltó y realizó alguna presión en mi pecho, como cuando no quieres pero deseas que siga ocurriendo. Quería apartarme por pena con mi esposa, pero las sensaciones de su cuerpo desobedecían obviamente las órdenes de su cerebro.

    Duramos así algunos prolongados segundos, respirando ambos con excitación y luego de separar nuestros labios, recorrí con los míos su cuello hasta alcanzar el lóbulo de su oreja y susúrrale un… ¡Que rico beso! Martha sin mirar a Silvia, dejándose explorar el cuello y su mandíbula por mi boca entreabierta, estiró su brazo en dirección a mi esposa y con su mano extendida, recibió la de mi mujer y con un ágil movimiento la jaló hacia nosotros, para terminar Silvia, sentada en su regazo y allí termino el beso. ¿O no?

    —¡Hummm, que rico se besaron! —Nos dijo Silvia, con voz suave y el gesto en su carita de muñeca, arrugando su nariz, achinando sus ojitos cafés y arañando mi nuca con las uñas de sus dedos, causándome un delicioso escalofrió. —Es una sensación tan rara, muy difícil de definir. Una mezcla de celos y ganas. Celos de no ser yo la que es besada y besa. Y ganas de que no se terminara esa visión.

    —¿Si te gustó mi amor? O… ¿Te sentiste incomoda por este beso? —Le pregunté.

    —¡Sí, me gustó! Inclusive mi vida yo… Me excité. ¡Jajaja! —Y distendidos nos reímos nuevamente–. Martha estaba acalorada al igual que yo, por lo cual bebimos de la botella de agua, primero la dama y después el caballero.

    —Y tu Silvia… ¿Qué tal besaras a mi esposo? —Le indagó una sonriente Martha, ya tan familiarizada que no se contuvo y pasando su brazo por la cintura a mí esposa, terminó por besarla en la frente y toqueteándole graciosa la punta de la nariz con su dedo, luego rozó sus labios con los de mi esposa con algo de timidez.

    —Bueno, pues creo que él no tiene queja alguna, la pregunta correcta es como nos sentiremos después de que los cuatro juntos, demos el siguiente paso. —Le respondió mi mujer a Martha con mucha sinceridad.

    —Pues mi amor, –intervine yo con inmediatez– ante eso ya no vamos a dar marcha atrás. Como dicen por ahí… «A Santa Rosa o al charco». —Le aseguré, mientras frente al rostro de Martha, yo literalmente me comía la boca de mi esposa hasta que esta con su otra mano alcanzó la mejilla de la esposa de su próximo amante y la instó a acercar la suya a nuestras bocas, para terminar por fin en un trio de bocas que con sus lenguas no se decían nada, pero se mezclaron sus sabores en un sexteto de labios húmedos compartiéndose cariños, en aquella insólita madrugada.

    —¡Pufff! Pues esto entonces sella nuestro acuerdo. —Les dije yo a ambas, al terminar aquel raro beso simultáneo. —Solo falta un participante y ahora tendrás mi amor, que buscarlo, atraerlo y deleitarse.

    —Rodrigo… mi amor. ¿Estas completamente seguro de que quieres que lo hagamos? —Me preguntó y yo asentí con decisión, mientras apretaba la mano de Martha y se la besaba por el dorso, justo sobre su alianza matrimonial.

    —Escúchame bien lo que te voy a decir mi amor. Si se trata de vivir esta experiencia por conseguir una libertad separada de ti, yo no lo quiero. Prefiero estar por siempre a ti atada, aunque estándolo, tú compartas este cuerpo. Si no es contigo a mi lado, no sería feliz sintiéndome entregada. —Y Silvia se puso en pie y encendiéndose un nuevo cigarrillo, comenzó un pequeño recorrido a pasos cortos, entre el balcón y nuestro comedor.

    —Si deseas que lo haga, que lo busque y que lo atraiga, lo haré. Pero tomada siempre por tu mano, sintiéndome unida a ti, aunque sea únicamente por el resplandor cómplice en nuestras miradas. Por qué sí mi amor, para poder hacerlo yo te necesito cerca. A pesar de que en esos instantes agitándose dentro de mí, horadada por su carne y mi cuerpo temblando, no solo él se satisfaga. Si con sus besos y sus caricias, con su verga templando las paredes de mi vagina, me otorga el orgasmo, debes hacerlo conmigo al mismo tiempo estando tu dentro de ella, como si fueras tu quien me poseyera, descargando tu semen en su interior, mientras él con su simiente se viene donde el prefiera. —Y me puse yo a su lado para robarle un beso de su boca y el cigarrillo de sus dedos.

    —Porque si decides entregarme, yo quiero que sea completa. Nunca por partes ni a pedazos, mucho menos escondida o apartada. Y tú eres mi complemento mi amor, quien me da seguridad y confianza con todo el amor que me has demostrado al querer que yo con… Con tu esposo Martha, le haga de nuevo un hombre feliz y seguro de sí mismo. —Ya fue Martha, que con sus ojitos de miel algo aguados por las palabras sinceras de Silvia, poniéndose en pie nos abrazó con fuerza y su actitud de mujer agradecida.

    —Pero mi vida, así como quieres que yo lo haga con él, tú mi amor, harás lo mismo con Martha. Su esposo me quiere en sus brazos para amarme, pero yo estoy segura de que aún te ama preciosa. Y entonces te juro Martha, que solo me dejaré querer por él pero para que ustedes dos vuelvan a amarse. Y tú mi amor, –me dijo mi esposa acariciando mi mejilla derecha– solo vas a querer a esta mujer, será tuya pero al igual que yo, no por completo. Pues después de compartir debemos las dos asegurarnos de concluir con la persona que en verdad amamos… ¡Como tiene que ser! Le harás el amor con ganas, con las mismas mías al hacerlo con Hugo, con todas tus fuerzas para que sea Martha quien obtenga de ti varios orgasmos y sea feliz. Yo entre tanto a Hugo le enseñaré a romper los moralistas esquemas que le aprisionan en su interior. Así lograremos tú y yo, que ellos dos se brinden después a solas, la pasión y el deseo por el goce que cree Hugo, nunca poder darle a su mujer. —Martha besó de nuevo a Silvia, primero en la frente, luego en las dos mejillas y por último en su boca, aunque ya más casto, más sublime y enternecedor.

    —Lo mejor para todos será que nos queramos juntos, viéndonos lado a lado, alegrándonos por los gemidos escuchados y el clímax alcanzado, eso sí, sin faltarnos nunca a la verdad y nos recordemos con especial cariño sí después de cruzar ese umbral, alguno de los cuatro desea que solo sea esta, la única vez. —Le devolví el cigarrillo a Silvia, aunque para ser sinceros, ya no quedaba casi tabaco por quemar. Serví más vodka en los vasos, coloque algunas hojitas de menta y dos o tres rodajas de limón en su interior. ¿Hielo? ¡No! El calor que habitaba en los tres nos causaba sed, pero de la otra, de aquella que deseábamos saciar en otros cuerpos, humedecidos por el sudor de otra piel.

    —Si aceptas mis condiciones mi amor, y volvemos luego a este hogar abrazados y en nuestra cama, yo desnuda por tus manos y tu desvestido por las mías a pesar del cansancio y aun tú con el aroma de Martha y yo impregnada de la colonia de Hugo, nos haremos los dos el amor con todo nuestro amor, a nuestra intima manera o mejor que antes, hasta que la piel se nos desgaje a tiras por las orgasmos alcanzados. —Y la besé con mucha pasión, sin nervios ni celos y así se lo hice saber hablándole muy cerca de su oído, terminando con un franco… ¡Te amo!

    —Te amo, Rodrigo. Y si me llevan al clímax, unas o más veces que las obtenidas junto a ti, no temas ni te preocupes, pues esos momentos no opacaran para nada, los orgasmos que ha sentido mi corazón junto a ti, y que en el fondo de tu ser sabes bien, que es solo tuyo. Este cuerpo si así lo quieres, o el tuyo mi vida, si nos gusta o si así nos place, los podremos conceder juntos a Martha y a Hugo, si nos sentimos cómodos y a ellos les agrada por igual. Porque Rodrigo mi amor, si iniciamos este camino, quiero que entiendas y sepas que el alma mía ya tiene tu impronta tatuada y sé con plena seguridad que en la tuya, con fuego grabada, mi nombre está ya. —Martha aplaudió emocionada por estas últimas palabras de mi amada esposa.

    Tomé el móvil de mi esposa y se lo alcancé a Martha, quien tomando el teléfono de mi esposa, buscó en la agenda el nombre de su esposo, más Silvia no lo tenía guardado así, por el nombre de pila. —«Mi Jefe» Búscalo así–. Le indicó mi esposa y una vez hallado, Martha mirándonos nos dijo…

    —Bueno pues… ¡vamos a probar! Ojalá a ti si te responda. —Y marcó. Una, dos, tres veces y a la cuarta con resignación desistió y lo colocó de revés sobre la mesita auxiliar y dejó su caer su mirada hacia nuestra alfombra, triste y sin esperanzas.

    Pero casi en seguida, la vibración y el sonido fueron amplificados por la madera de aquella mesa y mi esposa tomándolo con rapidez, nos mostró la pantalla iluminada, tan clara y brillante como los ojos acaramelados de Martha.

    —¿Hugo? —Y nadie hablaba–. Hugo, háblame por favor. Hug… Cariño, quiero verte, necesito que hablemos. Dime algo por favor… Mira, dime donde estas y voy a tu encuentro, porque… ¿Sabes algo, Hugo? Tu ángel no está sola ahora, pero quiere hacer diabluras y necesita un acompañante. ¿No te gustaría ser tú, ese alguien?

    Continuará…

  • Me enamoré de una ninfómana y no lo sabía

    Me enamoré de una ninfómana y no lo sabía

    De un tiempo para acá he estado mirando estas páginas de relatos donde la gente publica sus historias aunque la mayoría, por no decir que todos suelen ser ficticios, pero la realidad siempre supera a la fantasía así que me decidí por compartir aquí algunas cosas que me sucedieron en mi anterior relación.

    Primero quiero describirme un poco y también describir a mi pareja de ese momento para poner un contexto de los hechos: Soy bisexual y en el pasado he tenido relaciones con hombres y mujeres en diferentes momentos de mi vida, aunque es algo que mantengo en secreto y sólo muy pocas personas lo saben. Vivo en la ciudad de Bogotá, Colombia. Ella se llama Helena, es una chica de piel muy blanca y suave, cabello negro, liso y largo a media cintura, ojos cafés, 1.60 m de estatura, bonito cuerpo con tetas talla 34b y un buen culito redondo y rellenito, nariz respingona y labios pequeños. Es menor que yo 10 años.

    Nos conocimos por medio de una prima mía, ella tenía 18 años recientemente cumplidos y su belleza me atrapó por completo. Empezamos a hablar y poco a poco nos fuimos enredando en una relación que al principio fue solo una amistad pero con mucho de atractivo e interés mutuo. El caso es que al poco tiempo ya era mi novia.

    Muy pronto y como es normal, empezamos a tener relaciones sexuales casi que en cualquier lugar y circunstancia que fuera posible: en su casa o en la mía, a solas o con más personas en casa, en la habitación, en el baño, en la sala, etc. Por su juventud había muchas cosas que para ella venían siendo su «primera vez» y fuimos descubriendo paulatinamente…: Por ejemplo, me había dicho que aunque no era virgen, pues antes de mí había tenido un novio, en la práctica nunca había visto a un hombre eyaculando, así que un día quise que me masturbara con su mano mientras con la otra se alistaba a recibir mi semen en su palma para que lo pudiera ver con sus propios ojos… Otra cosa que tampoco había hecho era sexo oral así que un día se preparó y sin decírmelo estando a solas en mi casa me hizo una deliciosa mamada que me hizo correrme en su boca. Sobra decir que se lo tragó lo cual me pareció muy excitante y delicioso.

    En fin, conmigo ella empezaba a experimentar algunas cosas que no había vivido antes, pues con su anterior novio que se llamaba José (quien además fue su primer novio), tuvieron sexo muy pocas veces y siempre en la pose del misionero, según ella me comentó.

    Quiero aclarar que en algún momento conversamos el tema de utilizar preservativo, pero coincidimos en que ni a ella ni a mí nunca nos gustó hacerlo así, siempre hemos preferido sentir la piel sobre la piel, siempre, y nunca utilizamos condón… así que ella decidió planificar con el implante subdermico que les colocan a las mujeres en el brazo y que tiene efecto por 5 años. Ya sé que a pesar de evitar embarazos no deseados, el implante no previene enfermedades de transmisión sexual y sé que asumimos riesgos muy grandes por esas prácticas, sin embargo la verdad es que las ETS no era algo en lo que pensáramos mucho en esos momentos y más importante aún, nunca resultamos infectados durante los 6 años que duró la relación.

    En una oportunidad en mi casa estando solos, decidí hacerle sentir lo que es un buen sexo oral, así que primero nos besamos un buen rato, nos tocamos hasta que ya estábamos excitados y después la desnudé toda de cintura para abajo y la recosté en mi cama con las piernas bien abiertas mientras yo la iba recorriendo despacio con mi boca y nariz desde los pies hasta su coñito que ya estaba muy húmedo y caliente y al llegar ahí me aferré a su sexo como un ternero hambriento recorriendo cada centímetro de su intimidad, lamiendo su vagina y su clítoris, sintiendo sus espasmos y gemidos de placer con cada pasar de mi lengua hasta que empezó a liberar un pequeño chorrito de un líquido que en principio identifiqué como su orina pues tenía un ligero sabor saladito, sin embargo decidí continuar y me lo tragué todo poco a poco y lentamente a medida que iba brotando de su cuerpo. Al rato le pregunté y me dijo que estaba tan excitada que no había sentido que soltaba ese chorrito.

    Ella siempre gustó de mantener su vulva y ano completamente depilados en todo momento. Su vulva es rosada y suave y de ese estilo donde los labios menores sobresalen un poquito al exterior y su ano es pequeñito y de un color ligeramente más oscuro que la piel que lo rodea.

    En otra ocasión me dijo que quería tener sexo anal, que quería saber que se sentía ser penetrada por el ano. En ese momento estábamos en su casa, así que esperamos que sus papás se durmieran y en una silla de la sala lo hicimos. Sentados, ella encima de mí, le apunte el pene en el ano y poco a poco le fue entrando… Realmente no fue la mejor experiencia por la incomodidad del momento y porque tampoco habíamos usado lubricante, es más, yo ni siquiera logré venirme, pero esta experiencia le quedaría a ella como uno de sus asuntos pendientes por llevar a cabo más adelante…

    Tuvimos sexo en muchas ocasiones y lugares, una vez lo hicimos al aire libre en un parque natural cercano a la ciudad, incluso varias veces lo hicimos teniendo ella su periodo menstrual.

    Otra vez fuimos a un motel, y ya estando desnudos en la cama me pidió abrir las piernas y cerrar los ojos, yo pensé que me iba a meter un dedo, pero lo que sentí fue su lengua calientica y húmeda recorriendo los pliegues de mi ano, y esa sensación me hizo casi saltar de placer. En fin, ella iba descubriendo con total curiosidad el mundo del placer sexual.

    Con el paso del tiempo y a medida que nos íbamos teniendo más confianza, ella me confesó que su deseo e interés en los temas sexuales había despertado desde que se empezó a desarrollar como mujer, y que desde entonces se ha masturbado frecuentemente y que cualquier situación erótica por pequeña que fuera encendía sus pasiones.

    Normalmente yo iba de pasada a su casa una o dos veces entre semana en la noche después de llegar de trabajar y si se daba la oportunidad lo hacíamos a escondidas, y ella también venía a mi casa y se quedaba conmigo desde el viernes hasta el domingo por la tarde, y teníamos sexo delicioso unas tres o cuatro veces cada noche. En total veníamos teniendo sexo en promedio unas 6 – 10 veces por semana. Aclaro que no siempre era así, también había ocasiones en que por otras circunstancias no podíamos ni siquiera vernos.

    Así habían pasado ya unos 2 años con esa intensidad y poco a poco iba bajando la frecuencia con que lo hacíamos hasta que habían días en que después de haber tenido sexo 2 veces seguidas yo ya empezaba a cansarme y no quería más, pero ella siempre quedaba con ganas de más, y un buen día discutimos fuerte por eso y le dije que era una ninfómana. Ese fue el principio del fin. Las cosas pronto se calmaron pero el daño había sido hecho. Por ese entonces ella se encontraba estudiando un curso técnico en contabilidad y en pocos meses lo terminaría.

    Aproximadamente dos meses después, un sábado me encontraba yo en mi casa revisando un computador portátil que alguien me había pedido que revisara, y ella llegó, entró y hablamos un rato y enseguida me pidió que dejara lo que estaba haciendo y que tuviéramos sexo y le dije que no podía porque me había comprometido a hacer ese trabajo, entonces ella estalló y se fue.

    Duramos aproximadamente dos semanas sin hablar pues ella estaba demasiado enojada conmigo porque no quise tener sexo ese día, sin embargo cuando regresó varias cosas habían cambiado para siempre en la relación… Durante ese tiempo había estado pensando lo que pasó y que como yo le había dicho que era una ninfómana entonces había aceptado una invitación a salir que le hizo un amigo de estudio el fin de semana anterior, que fueron a tomar algo y a bailar y que después habían pasado toda la noche en un motel teniendo sexo hasta la mañana siguiente.

    Para mí fue un golpe muy duro en ese momento pero aun la quería demasiado y no quería perderla, sin embargo ella ya había cambiado, no sería más la misma niña de antes… Fue una decisión muy difícil porque ya llevábamos un buen tiempo juntos y yo la quería mucho a pesar de todo pero ella estaba firme y no iba a cambiar, se había revelado, había «abierto sus ojos» y las cosas no iban a seguir como antes. Era dejarla, olvidarla y que todo terminara o seguir una nueva relación bajo nuevas reglas, así que tuve que tomar una decisión…

    Al principio no fue nada fácil, saber que de vez en cuando ella seguiría saliendo con su amiguito, pero yo la había iniciado cuando le dije que era ninfómana, y con el hecho de que cada vez íbamos teniendo menos sexo, además una de las nuevas normas era que si alguno de los dos iba a salir con alguien más le comentaría al otro con honestidad y detalle las cosas que fueran pasando.

    Al cabo de unos 3 meses las cosas habían alcanzado un extraño nivel de normalidad. Ella me decía: «…mañana no nos vemos porque voy a salir con Jhonatan, te llamo después…» y poco a poco fui normalizando la situación. De hecho desde que empezó a salir con él tambíen cambió conmigo, se volvió un poco más cariñosa y amable, extrañamente todo iba mejorando.

    Unos pocos meses después ella consiguió un trabajo en una pequeña oficina de abogados donde sería asistente contable. En esa empresa duraría un año y medio, tiempo suficiente para conocer a un nuevo amigo con quien un día tambíen haría de las suyas…

    Se trataba de un joven estudiante de derecho que estaba haciendo allí sus prácticas para profesional y con quien entablaría una gran amistad. Ella misma me iba contando todas las cosas que pasaban entre ellos, y que su nuevo amigo la estaba empezando a cortejar a pesar que desde un principio ella le había dicho que tenía novio hacia casi 3 años, sin embargo Helena empezó a jugar el juego de hacerse la difícil para no caer tan rápido, a pesar que él ya la había invitado a salir varias veces ella siempre se hacía de rogar, siempre tenía una excusa y nunca le acepto las salidas, estaba jugando al gato y al ratón, todo sería cuestión de tiempo…

    Andrés era un muchacho de unos 27 años, mediría quizás 1.75 de estatura, moreno, delgado, utilizaba gafas y era muy educado, según ella.

    Llego diciembre y la empresa había organizado una salida de fin de año lo cual es costumbre pues las empresas acostumbran dedicar un día para agradecer a sus empleados, algunas hacen fiestas, otras organizan salidas a clubes y otras van más allá y realizan actividades recreativas en hoteles y balnearios cerca de la ciudad.

    La salida sería un sábado regresando al otro día, todo estaba incluido, transporte, alimentación y hospedaje, como era una empresa pequeña de no más de 15 empleados, se habían hecho reservas de habitación por persona. Ella ya me había dicho que ahí si iba a ser… yo le dije que se divirtiera y lo disfrutara y que al otro día cuando regresara me contara todo en detalle cómo había sucedido.

    Y así fue, llego el día, el bus que los recogía salía a las 8 am y al llegar allá lo primero que hicieron fue instalarse cada uno en su habitación y cambiarse de ropa por otra más cómoda pues en el lugar la temperatura promedio era de unos 28 grados centígrados. Ella se vistió con una blusa delgada de color blanco que transparentaba y dejaba entrever su brassier, un pantalón azul muy corto y ceñido al cuerpo y unas sandalias para poder lucir sus hermosos pies y el pedicure que se había mandado hacer la noche anterior, unas gafas oscuras y un sombrerito. El hotel tenía piscina y zona de juegos. Los hombres fueron acomodados en habitaciones del segundo piso y las mujeres en el tercero. Era un hotel muy pequeño. Hubo música, bebidas y celebración. Se entregaron regalos y por la tarde se sirvió el almuerzo y enseguida un DJ animó la celebración poniendo a todos a bailar hasta las 8 pm, hora en que cada quien fue retirándose a descansar. Solo dos de ellos se quedaron tomando. Ellos habían estado juntos todo el día y ya lo tenían planeado, se retirarían cada uno a su cuarto a ducharse y arreglarse un poco y a eso de las 9 pm Andrés pasaría al cuarto de ella…

    Todo el tiempo se iban hablando por whatsapp. A la hora que habían acordado, Andrés llegó caminando descalzo y despacio para evitar hacer ruido, llevaba una pantaloneta negra y una camisa oscura de manga corta. Tocó suavemente la puerta y ella abrió. En ese momento ella también ya se había puesto algo más cómodo… Tenía puesto un camisón rosado y largo hasta la mitad de la pierna, no llevaba ropa interior y también estaba descalza. Lo dejó entrar, cerraron la puerta con llave, se sentaron al borde de la cama y enseguida empezaron a besarse… Su habitación era muy pequeña, apenas cabía la cama y un pequeño mueble, tenía vista a la piscina. Creo que sobra decir lo que pasó esa noche, Helena se entregó por fin en brazos de Andrés quien pudo finalmente saciarse las ganas que le tenía…

    Después de un largo beso y ya con algo de excitación encima, ella se puso de rodillas frente a él bajándole la pantaloneta para empezar a hacerle sexo oral, Andrés se encontraba aún sentado en el borde de la cama y la dejó hacer.

    Mi novia que para ése entonces ya había estado perfeccionando su técnica de sexo oral conmigo y con Jhonatan le lubricó los genitales con un poco de saliva y recorrió con boca y lengua su pene y testículos hasta empalmarlo bien y cuando ya estaba a punto de eyacular se lo metió todo en la boca hasta la garganta y así lo hizo venirse tragándoselo todo sin desperdiciar ni una sola gota.

    Se recostaron y ella lo dejó descansar recostado sobre la cama con la camisa aún puesta y se tendió a su lado. Estuvieron hablando de varias cosas sin mayor importancia.

    Unos 45 minutos después, cuando Andrés dio muestras de estar recuperado ella estiró su mano y lo empezó a masturbar suavemente, se sacaron la camisa y el camisón quedando completamente desnudos y ella lo montó a él quedando de espaldas enseñándole de primera mano su culo abierto y dejándole ver como su pene entraba en su ya húmeda vagina mientras ella llevaba el ritmo subiendo y bajando a su antojo, al tiempo que ella lo tomaba a él por los tobillos y jugaba con su liso cabello negro haciéndolo pasar entre los dedos de sus pies.

    Unos diez minutos más tarde Andrés estaba a punto de explotar de nuevo y Helena ya estaba excitadísima tanto así que sus jugos lubricantes habían escurrido por el pene de Andrés mojando sus testículos y hasta las sábanas. No aguantaron más y explotaron cada uno a su manera uno dentro del otro.

    Nuevo descanso y nuevo espacio para conversar. Él le hizo saber que nunca antes le habían hecho una mamada tan deliciosa como la que ella la había hecho hacía un rato y que esa pose que acababan de hacer también lo había dejado muerto. La suave sensación de sentir su cabello en los pies mientras la penetraba y al mismo tiempo podía ver cómo le salía y le entraba el pene de su vagina había sido algo espectacular. Ella se sonrió.

    A pesar de estar cansados no podían dejarse vencer por el sueño por el riesgo de que al otro día los encontraran a ambos en la misma habitación, y sin embargo él quería seguir repitiendo, así que después de más o menos una hora Andrés recargó energías y empezó a besarla nuevamente. Entre caricias y besos de parte y parte Helena también volvió a calentarse y se puso como perrita en 4 pies sobre la cama para que él pudiera comérsela a su antojo. Enseguida Andrés estaba sentado a un lado de la cama con el culo de Helena en bandeja listo para ser comido. Primero lo recorrió bien con la lengua y cuando estuvo listo se puso de pie para penetrarla. Ella ya le había indicado que solo harían sexo vaginal entonces la montó y empezó a hacerla suya de nuevo con sus movimientos de cadera acompasados adelante y atrás, sucesivamente, sin interrupción.

    Se quedaron así en esa pose y al cabo de unos 15 minutos, él ya se estaba corriendo de nuevo en sus entrañas.

    Otra vez a descansar y recargar energías. Se recostaron desnudos en la cama uno junto al otro abrazados y pusieron música en el celular para no caer dormidos. En ese descanso aprovecharon para ir cada uno al baño y siguieron conversando como dos buenos amigos.

    Según Helena, serían quizás las 3 am y ya llevaban casi 3 horas conversando en buena onda. Ambos seguían acostados desnudos en la cama pero ya hacía más de una hora que ella se había girado 180° quedando a los pies de él, conversando y riendo cuando se le ocurrió jugar de nuevo pasando suavemente sus mechones de cabello por entre los dedos de los pies de Andrés como lo había hecho hace unas horas y él empezó de nuevo a excitarse.

    Ella se sonrió al verlo así y se le ocurrió que hicieran un 69 aprovechando que se encontraban en esa posición invertida. De inmediato ella se giró colocándose sobre él boca abajo pero a la altura de los pies. La idea es que empezaran a lamerse desde ahí y fueran bajando poco a poco hasta llegar a la cintura para hacer el juego un poco más caliente.

    En esa posición ambos cuerpos desnudos se tocaban piel a piel, él acostado boca arriba y ella encima de él boca abajo, entonces ella empezó lamiendo sus pies al tiempo que él hacía lo mismo con los de ella.

    La cosa poco a poco se fue calentando y pasaron de una simple lamida a chuparse los dedos uno a uno, del grande al pequeño y de vuelta. Ella pasaba su lengua por el espacio entre los dedos lo cual le encantaba a Andrés por los pequeños gemidos que daba. Poco a poco fueron bajando por las plantas a los tobillos y rápidamente pasaron a las piernas, Andrés la recorría a ella por la parte interior de sus muslos y eso la ponía muy caliente.

    En menos de nada ya estaban formalmente haciendo el 69. Helena empezaba a darle nuevamente una gran mamada y él mientras tanto alternaba clavando su lengua lo más profundo posible en el fondo de su vagina y dándole unos repasos en el capuchón de su clítoris, escapándose de vez en cuando para salvar su ano que palpitaba con fuerza.

    Antes de que llegaran a correrse así ella se levantó rápidamente dándose la vuelta para quedar de frente a él y con una mano dirigió el pene hasta su vagina clavándolo tan profundo como podía y empezó a cabalgarlo.

    Andrés la miraba a los ojos mientras le acariciaba las tetas que de vez en cuando llegaba a chupar, después bajaba sus manos agarrándole el culo mientras ella seguía subiendo y bajando a su propio ritmo.

    No tardaron mucho en venirse, Andrés gimió de placer mientras la llenaba con semen e inmediatamente ella también soltó un ligero gemido. Ella se tiró a un lado para descansar.

    Se recostaron un poco, colocaron alarmas en los celulares y durmieron un par de horas para intentar recuperarse. Los teléfonos sonaron a las 5:00 y a las 5:10 am, se despertaron y se quedaron así abrazados en posición de cucharita sin cruzar palabra. Mi novia me había contado que así en esa posición ella podía sentir el pene de Andrés en las nalgas pero que no lo tenía parado y dio por sentado que ahí había terminado esa aventura pero que al poco rato empezó a sentir como le crecía lentamente y se le ponía cada vez más duro.

    Ella giró la cabeza rápidamente para mirarlo a la cara y él por toda respuesta sólo le dio un beso en la boca y apoyó su mano sobre la cintura de ella. Ya estaba listo y preparado para entrar de nuevo en combate y así mismo en cucharita como estaban la penetró nuevamente.

    Ella me dijo que ni siquiera se movió y sólo lo dejó a él que lo hiciera, sin embargo alcanzó a excitarse ella también y tuvo que ayudarse con su propia mano mientras Andrés se movía adelante y atrás… En cuestión de minutos había logrado eyacular por quinta y última vez ése día dentro de Helena pero ésta vez no le sacó el pene sino que lo dejo ahí adentro de ella hasta que la erección le fue pasando y se salió por sí solo.

    Se levantó enseguida, se limpió los rastros de semen con el camisón de Helena, se vistió, le dio un beso y se volvió a ir igual como había llegado.

    Todas estas cosas me las contó ella ése mismo día al regresar cuando nos vimos en su casa, tal y como habíamos acordado en nuestras nuevas reglas, y a mí más allá de haber normalizado todo, me empezaba a desarrollar un gusto morboso y una curiosidad por saber sus nuevas aventuras en otras camas, me empezaba a parecer incluso excitante… Según sus palabras, Andrés la penetro 4 veces en toda la noche y ella le hizo sexo oral 1 vez, siempre sin condón pues como ya dije antes, le gustaba hacerlo así. Al día siguiente antes de las 6 am ya habían terminado y él se escapaba silenciosamente a su cuarto para que nadie sospechara nada y así fue… Ese día a las 10 am salía el bus de regreso con todo el equipo de trabajo luego de tomar el desayuno y nadie había sospechado absolutamente nada…

    En este momento mi novia ya estaba saliendo con dos tipos más aparte de mí: Jhonatan, el amigo de estudio y Andrés, el compañero de trabajo.

    Pasaron seis meses más y ella seguía saliendo ocasionalmente con sus nuevos amantes, una, dos o tres veces al mes aparte de las veces que tenía sexo conmigo hasta que ella se retiró de la oficina pues le había salido otro empleo donde ganaría un poco más y además quedaba muy cerca de una universidad donde ella tenía pensado hacer la carrera profesional del curso técnico que había hecho.

    Al cabo de unos meses, y ya estando estudiando en la universidad conoció un tipo que era fisicoculturista y asistía a algunas clases con ella. Se llamaba Giovanni. Ella me confesó sentirse atraída por sus brazos musculosos y su porte altivo y le pregunté si pensaba salir con él, la respuesta era más que obvia.

    Todo sucedió más o menos igual, ellos acordaron salir un viernes después de clases. Lo que pasó me lo contó ella un par de días después:

    A eso de las 8 pm ya habían salido de clases y estaban afuera, se dirigieron a un bar cercano donde tomaron unos tragos, conversaron un rato de todo un poco, Giovanni le dijo que tenía novia y que esa noche se inventó que se iba a ir a tomar con unos amigos para que ella no lo molestara y mi novia le dijo que tenía una relación conmigo pero que yo estaba enterado de lo que ella estaba haciendo esa noche y que no había ningún problema. Se besaron y salieron a buscar habitación pasadas las 9:30 pm.

    Aquí en Colombia se pueden rentar habitaciones de motel sencillas o con sauna y jacuzzi y temáticas por un rato de 3 horas o amanecida por 12 horas, para salir al otro día según la hora a la que uno llega, 12 horas después. Este último plan es el que Helena siempre prefiere.

    Ya en la habitación continuaron besándose un rato y se desnudaron rápidamente, ella sentada al borde de la cama le hizo un poco de sexo oral pero él casi enseguida retiró el pene de su boca, la tumbó sobre la cama y se le echo encima penetrándola desesperadamente mientras la besaba en la boca y el cuello y en cuestión de pocos minutos ya se había corrido adentro llenándola con su semen. En ese momento ella pensó que el tipo iba a ser malo en el sexo porque se había corrido muy rápido y ella ni siquiera había alcanzado a disfrutarlo.

    Descansaron un rato, tomaron el jacuzzi para relajarse y retomar energías y regresaron de vuelta a la cama. Mientras veían televisión desnudos, Helena le dijo que quería darle un masaje (porque de esa manera ella podría saciar su gusto de contemplar y acariciar su musculoso cuerpo). Giovanni llevaba 5 años asistiendo al gimnasio y su musculatura estaba bien desarrollada, tenía 25 años y medía 1.80 m, mi novia apenas media 1.60 m.

    Mi ninfómana novia ya lo tenía todo preparado y había llevado un frasco de aceite esencial de naranja para masajes y comenzó entonces a darle su masaje desde el cuello estando él acostado boca abajo sobre las sábanas y ella sentada encima de él, con las piernas abiertas a lado y lado de manera tal que con su vulva acariciaba también su espalda. Continuó masajeando su ancha espalda y fue bajando por sus caderas, sus glúteos, sus fibrosas piernas, las pantorrillas y terminando con un pequeño ejercicio en las plantas de sus pies. Después lo hizo voltearse boca arriba y así pudo verle la fuerte erección que ya tenía y que la estaba esperando.

    Helena continuó donde había quedado. Terminó de darle masaje en los dedos de los pies y en el empeine y empezó a subir por los tobillos, lentamente recorriendo sus gruesas piernas y cuando llegó a la cintura lo calentó un poco mas con unas suaves lamidas y chupaditas en los testículos y en el pene, agarrándolo suave pero firmemente con una mano y bajándole el prepucio para comerle bien el glande pero sin dejar que llegara a eyacularle en la boca… Luego de eso fue subiendo por su abdomen marcado y sus pectorales hasta su boca y ahí fue que mientras la besaba, Giovanni la agarro con un brazo mientras con el otro se cogía el pene y lo colocaba en la entrada de su vagina y empezó de nuevo a penetrarla.

    Según ella esta vez duró un poco más, quizás unos 15 minutos alternando entre esa posición donde ella estaba encima de él cabalgándolo y la pose del misionero cambiando el ritmo de penetración de lento y pausado a rápido y duro y nuevamente suave y despacio hasta que estando de nuevo ella encima, él volvió a explotar en sus entrañas, al tiempo que ella también lograba su primer orgasmo de la noche…

    Hay un mito por ahí que dice que los hombres musculosos tienen el pene pequeño a causa de los esteroides que se inyectan, pero mi novia decía que Giovanni está muy bien dotado y que le debe medir unos 17 cm mas o menos, y que como todo fisicoculturista tiene el cuerpo completamente depilado.

    Luego de esto, se quedaron dormidos viendo televisión por el cansancio pero que en la madrugada él se despertó excitado y de nuevo la cogió. Helena dijo que en ese momento ella estaba dormida boca abajo con la cabeza hacia un lado, con el cuerpo desarropado y el culo expuesto, entonces Giovanni se le montó encima dispuesto a penetrarla y cuando ella despertó y se dio cuenta, abrió un poco las piernas para dejarlo entrar pero que estaba demasiado cansada para unirse a la fiesta así que lo dejó que se divirtiera él solo mientras ella intentaba seguir durmiendo, así entonces él la penetró de nuevo vaginalmente…

    Al amanecer del otro día ya se habían despertado antes de las 8 am y estaban hablando de todo un poco y lo bien que la habían pasado esa noche, pero debían entregar habitación a las 10 am pues habían llegado la noche anterior a las 10 pm. Por supuesto tuvieron sexo una vez más antes de levantarse. pero ésta vez él le pidió a ella que se pusiera en 4 pies bien abierta sobre el borde de la cama para comerle el culito un rato y luego cogerla así de perrito. Yo sé que a ella le encanta la sensación de sentir una lengua recorriéndole el culo, pero aún no se animaba a dejarse penetrar por detrás pues había quedado una mala experiencia desde la vez que lo intentó conmigo, entonces hasta ahora solo permitía sexo vaginal, y como siempre, sin condón, como a ella le gustaba.

    Descansaron un poco y antes de salir mientras se estaban duchando, Giovanni la volvió a coger en el baño contra la pared y bajo el chorro de agua tibia.

    Salieron, desayunaron algo por ahí y luego él la acompañó hasta el frente de su casa pues vivían más o menos cerca. Se despidieron con un beso.

    En total fueron nuevamente 5 veces que fue penetrada esa vez, igual que la noche que estuvo con Andrés en la despedida de la empresa de fin de año.

    A estas alturas ella ya tenía 21 años cumplidos y estaba empezando a vivir las cosas que quería experimentar y conocer.

    Hasta aquí ya eran tres sus nuevos amiguitos; Jhonatan, Andrés y Giovanni, aparte de mí, los que disfrutábamos ese placer y a cada uno nos dedicaba un fin de semana al mes, y yo de vez en cuando entre semana cuando se podía por cuestiones de tiempo. Así duramos aproximadamente unos ocho o nueve meses más en ésta extraña relación felices los cinco, pero siempre nos atendía de a uno. Nunca nos atrevimos hasta el momento a hacer un trío.

    Por supuesto todos sabían de mí pues ella siempre les dejó claro desde el principio que yo era su novio, pero ninguno sabía de la existencia de los otros. Incluso en alguna ocasión llegué a conocerlos en determinadas circunstancias: A Jhonatan lo conocí un día que se reunieron en la casa de ella a hacer algún trabajo que les habían dejado del instituto, yo estaba ahí y él llegó al rato. Ese día sin embargo estuve con ellos todo el tiempo hasta que él se fue, no por celos porque al fin y al cabo yo ya sabía que ellos salían a veces sino porque ese día me quedé con ella.

    A Andrés lo conocí un viernes en que él la había invitado a cine. Ese día yo almorcé con ella en el mismo centro comercial y pasamos la tarde juntos. Ya por la noche se vería con él y estarían juntos hasta el otro día.

    Y finalmente a Giovanni lo conocí un sábado por la mañana cuando ellos venían saliendo de pasar la noche juntos en un motel porque habíamos quedado de vernos ése día con mi novia para hacer algunas vueltas, y como a él siempre le gustaba acompañarla a ella pues así nos conocimos.

    Sin embargo las cosas no se detendrían ahí pues en la empresa en la que ella había entrado a trabajar hace poco, la que quedaba cerca de su universidad, tuvo otras experiencias, y más adelante pasó algo más durante un paseo de vacaciones que hicimos ella y yo a la costa caribe donde unos amigos míos, pero eso se los contaré más adelante.

    Quizás ustedes se estarán preguntando que cómo permití yo algo así y que las cosas hayan llegado hasta ese punto pero como les digo, fueron varias las razones que me llevaron a vivir estas experiencias:

    1) Ya sabía yo que ella era una ninfómana insaciable y que sólo conmigo no le iba a alcanzar para satisfacerse sexualmente, pero yo la amaba y no quería que la relación se terminara, entonces evolucionamos.

    2) Preferí que fuera así y no que hiciera cosas a mis espaldas, por lo menos sabía lo que estaba haciendo.

    3) No me molestaba que otros hombres se la comieran porque al fin y al cabo el sexo es sólo la satisfacción física de una necesidad humana (y ella siempre tuvo necesidades muy altas), pero los sentimientos son sólo para uno. No importa la cantidad de veces que se tenga sexo, la calidad de una persona no se determina por el número de cogidas que haya tenido.

    4) Haciendo a un lado el tema de las ETS que ya hablé de eso, y teniendo en cuenta que a ella siempre le gustó más tener sexo sin condón, aun así el riesgo de embarazo era demasiado bajo por su método de planificación, y en todo caso ya habíamos hablado ella y yo en alguna oportunidad que si llegara a quedar embarazada yo asumiría la paternidad sin importar quién hubiera sido el papá biológico.

    5) Alguna vez investigué los beneficios del semen en el cuerpo de la mujer y aparte del contenido de minerales, vitaminas y hormonas que influyen positivamente en su salud y estado de ánimo, resulta que los propios espermatozoides a pesar de que pueden sobrevivir en el interior del cuerpo de una mujer hasta 72 horas o más después de la eyaculación, al final son absorbidos así estén vivos allí donde hayan quedado, bien sea en la vagina, el interior del útero o en la curvatura de las trompas de Falopio cerca a los ovarios que es hasta donde finalmente llegan en su desplazamiento por el aparato reproductivo de la mujer, por unas células especiales que se llaman macrófagos las cuales detectan esos «cuerpos extraños» y literalmente los devoran alimentándose de ellos y aprovechando su energía celular, así que entre más sexo tuviera más «alimentada» iba a estar y así se iba a sentir mejor.

    6) Me parecía bien y siempre estuve de acuerdo en que saliera y se divirtiera con sus amigos y sus amantes y que cambiara de ambiente. Incluso a veces yo mismo la animaba a que lo hiciera. El hecho de que tuviera relaciones sexuales con otros hombres me alivianaba un poco a mí la carga de tener que satisfacerla plenamente como ella quería.

    7) Ella podía explotar toda su sexualidad y su personalidad y sentirse toda una hembra. Una mujer que se siente atractiva y muy deseada eleva su autoestima

    8) Aparte de todo, la relación mejoró contra todo pronóstico

    Todo lo que le he dicho aquí ha ocurrido en realidad. Yo sé que por ahí hay muchas mujeres que han hecho estas cosas y hasta más, solo que pocas se atreven a confesarlo y mucho menos a negociarlo con sus parejas.

    Próximamente les compartiré el resto de la historia.

    Hasta pronto!

  • Sometido a los pies de una anciana

    Sometido a los pies de una anciana

    Me llamo Abel, desde que tengo uso de razón me atraen los pies y el calzado femenino, los pies más aún con medias, siempre me excitó el olor que se crea entre los pies y las medias encerrados en un zapato o tenis. Nunca había tenido la posibilidad de poder concretar mi fantasía y lo más cerca que estuve de satisfacer mi gusto era oler calzado o medias cuando iba a la casa de mi tía buscaba en el baño en la canasta de ropa sucia si mi tía o prima habían dejado algo y si encontraba un par de medias podía masturbarme o recuerdo en la casa de un amigo hacía lo mismo con el calzado y medias que usaba su madre. Siempre soñaba con que una chica bonita y de lindos pies me sometiera y me tuviera a sus pies, pero nunca se concretó y además sentía una gran vergüenza de que supieran de mi gusto fetichista y se burlaran de mí o me tomaran por alguien raro, ante lo cual se siente una gran frustración.

    A los 23 años me dedicaba a hacer trabajos de jardinería, cortar césped, poda, etc. y como siempre tuve habilidad para trabajos de albañilería, plomería y electricidad la gente me ofrecía también ese tipo de trabajos. Tenía muchos clientes en un barrio privado, gente de clase media en buena situación económica y con quienes tenía mucha confianza.

    Un día estaba cortando el césped de una casa y la señora que vive enfrente me llama y me dice que quería contar con mis servicios, que la persona que venía siempre a hacer esa tarea un hombre mayor había fallecido y había pedido referencias mías y le habían dicho que era de confianza.

    La Señora que se llamaba Amelia era una ex directora de escuela jubilada, viuda y tenía 76 años, pero se veía en muy buen estado y se notaba que en su juventud debe haber sido una mujer muy hermosa. Comencé a trabajar en su casa y era bastante controladora y autoritaria, cada cosa que me pedía que hiciera lo hacía de un modo imperativo y eso me molestaba un poco, pero me daba trabajo seguido y no me convenía perder a una cliente así, pensé que al haber sido una directora de una escuela sería así desde siempre. Por supuesto que nunca me fije en ella como mujer y si bien miraba sus pies siempre llevaba botas o zapatos cerrados y verdaderamente no le prestaba atención, mi sueño era estar a los pies de una chica hermosa y nunca de una mujer como Amelia.

    En una oportunidad fui a arreglar una pérdida de agua que tenía en el lavadero y justo estaban uno de los zapatos que usaba siempre y dentro unas medias se ve que las había dejado para lavar, cuando quede solo no pude resistirme a descubrir como olerían, fue tan agradable mi sorpresa que quede embriagado oliendo esas medias y el interior de sus zapatos, mi verga se puso a full de dura lo que me impedía trabajar ya que tenía impregnado su aroma, pensaba robar esas medias, pero no me animé, le pedí permiso a Amelia para ir al baño y me lleve a escondidas una de sus medias para masturbarme y descargar la calentura que llevaba encima.

    Desde ese día no podía dejar de pensar en cómo serían los pies de la Señora Amelia y me masturbaba pensando en estar a sus pies y yo mismo me cuestionaba que cómo era posible que los pies de una mujer de 76 años me generara tanta excitación, para peor las siguientes veces que fui siempre llevaba botas que no me permitían adivinar la forma de sus pies, si al ser una persona de esa edad estarían cuidados o no y pensaba «Sus pies deben ser horribles por eso siempre usa calzado cerrado», pero a su vez no dejaba de recordar el aroma excitante y hermoso de sus medias y zapatos.

    Ya sus tonos autoritarios no me molestaban para nada, es más me ponían muy caliente soñando que era su esclavo y que me tendría alguna vez a sus pies como mi Ama. Pasaba el tiempo y mi atracción se hacía más fuerte al igual que mi resignación de saber que jamás podría realizar mi fantasía, por ahí solo poder oler su calzado cuando ella se distrajera o no este en la casa.

    Hasta que un día me llama ya que tenía problemas con los enchufes de su habitación, me pidió que si podía venir urgente porque había hecho cortocircuito, cuando llego la veo vestida como para salir, me muestra donde estaba el problema y me dice que debía salir urgente a hacer un trámite en el banco, le dije que vaya sin problemas que yo mientras arreglaba la falla eléctrica y que la esperaba.

    Nunca había entrado a su habitación, me puse a solucionar el desperfecto y cuando termine me puse a revisar su armario y allí vi donde guardaba sus zapatos y botas había también unas sandalias, no pude resistirme a degustar el aroma de cada uno de ellos lo que me excitaba tremendamente y terminaba de masturbarme y probaba con otro zapato y volvía a hacerlo, hasta que veo unas pantuflas debajo de la cama, me abalancé enseguida sabiendo que su aroma sería magnífico ya que se veían muy usadas y no solo no estaba errado sino que ese aroma era más intenso aún y tuve que volver a masturbarme haciendo rozar contra mi pene esas suaves pantuflas a las que casi ensucio con mi semen, tuve que ir a lavar mi verga con agua fría para sacarme la calentura ya que quería seguir disfrutando de esos momentos de placer y temía que la señora Amelia volviera y llegará a descubrirme.

    Había tardado bastante en volver y cuando llega me dice que había una cola grande de gente, se sienta en el sillón del living y me dice que le dolían las piernas y los pies de estar tanto tiempo parada y que justo se había llevado las botas menos cómodas, ya que nombrara que le dolían los pies me excitó mucho, no sé cómo tomé coraje y le dije si quería que le buscara un calzado cómodo (sabiendo que estaban sus pantuflas) y me dice «Ah sí por favor fijate debajo de mi cama tengo mis pantuflas, haceme el favor y traemelas», fui y volví enseguida cuando llego la veo intentando quitarse las botas y ahí mismo le dije «Dejeme señora Amelia que yo la ayudo, usted descanse», me arrodillo y suavemente le quité una de sus botas al descubrir su pie vi que tenía puestas unas medias negras de Nylon que le daban una forma hermosa a su pie con un arco perfecto, el dedo gordo ligeramente mas largo que el resto, acaricio su pie y noto la calidez del mismo mezclado con un leve sudor y ni hablar del aroma absolutamente perturbador para mi mente fetichista, mi verga que se alzó como un resorte ya se quería salir del pantalón, apoyo su piecito en mi pierna y voy descalzando su otra bota volviendo a acariciar su pie, » Uy que alivio Abel ya no soportaba mas estas botas, me estaban apretando y haciendo dolor los pies» yo ya estaba totalmente en otro mundo y mi instinto me llevó a tomar su pie y darle un suave masaje, «Uy que hermoso, me encanta!!!, que hermoso masaje no sabes lo que me hace falta» decía Amelia mientras cerraba sus ojos y se acomodaba aún más en el cómodo sillón, yo ya estaba fuera de mi sin control de mis inhibiciones y llevé su pie a mi boca y comencé a besarlo y pegarlo en mi cara para sentir ese aroma que me volvía loco, no me importaba cual fuera la reacción de ella solo tenía que hacerlo, ya no veía nada, solo su hermoso pie pegado a mi rostro, todos mis sentidos estaban absortos a ese momento y lejos de sentir la reacción natural de sorpresa que pudiera tener Amelia de quitar su pie y enojarse, me dejó hacer y alce mi vista y vi su rostro y sus lindos ojos celestes con una sonrisa de satisfacción, lo que hizo que siguiera adorando su divino pie.

    Amelia se dio cuenta del éxtasis en el que estaba y el otro pie que estaba apoyado en mi pierna lo movió hacia mi verga que ya estaba que explotaba, a medida que rozaba su piecito en mi verga yo me pegaba más a su otro pie para besarlo desesperadamente, de pronto saca su pie de mi cara y de mi verga y me dice que me ponga de pie, al hacerlo me baja el pantalón y el bóxer y deja mi verga totalmente dura al descubierto, me mira con rostro sonriente y sabiéndose dueña de la situación agarra mi pene y se lo lleva a la boca, lo besa, le da una suaves lamidas y se lo introduce para darle una mamada que me estaba haciendo temblar de placer, tanto que apenas podía sostenerme parado.

    No pude resistirme demasiado, mi cuerpo se estremeció de placer de una forma que nunca lo había hecho antes para que mi semen estallara dentro de su boca a borbotones, siguió mamando para no dejarme una sola gota de leche tragándoselo todo, volvió a mirarme sonriendo y yo no pude hacer otra cosa que caer a sus pies para besarlos y decirle gracias, gracias, gracias.