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  • No resistí y terminé con él

    No resistí y terminé con él

    No resistí las ganas. 

    Trabajo con un equipo y somos 7 personas, convivimos día a día y todos nos llevamos bien, unos mejor que otros y así.

    Pues a mi esposo le tocó salir de viaje. El tema empezó realmente como tres semanas atrás donde habíamos peleado por temas tontos del trabajo y apenas y nos hablábamos y mucho menos cogíamos.

    Pues durante todo ese tiempo a pesar del trabajo intentaba distraerme porque yo la verdad muy caliente, así que platicaba con la gente. Y en una de las charlas empecé a platicar con una chicha y me comenzó a contar que conoció un chico y bueno nos hicimos buenas amigas a tal punto que me contó cosas más personales y pues yo caliente le preguntaba detalles, ella se apenaba, pero yo insistía un poco pues me ponía aún más caliente y mi sorpresa fue cuando me dijo que ese chico era un compañero mío y resultó ser Marco, le pondremos así, es un chico más joven que yo.

    Pues bueno en esa semana de viaje de mi esposo teníamos que terminar nosotros un trabajo y a mí se me ocurrió decirle que fuera a la casa y le saque plática de la otra chica que no había contado que pasó si somos amigos.

    Pues empezamos a platicar y la verdad él no me dijo nada relativo al sexo, pero yo le pregunté, ah ella me dijo que estaba muy complacida contigo, con tu boca, ambos reímos y él me dijo que eso creía que cuando quisiera me daba la muestra y yo ni tarde ni perezosa le dije que a ver.

    Yo ya estaba caliente y aunque no me lo esperaba obedecí cuando me dijo “bájate el pantalón y las bragas”, me puse contra la mesa, me abrió las piernas y me empezó a comer el culo y las nalgas, toda su boca su lengua me recorrían delicioso, sentía su saliva y mis jugos ir escurriendo, sus manos abriendo mis nalgas, mi culito, su lengua era una cosa bárbara se movía sin control.

    Debieron pasar minutos pero me corrí en su boca de la comida de coño que me dio y que hace mucho no recibía algo así, se me doblaban las piernas, quizá estaba yo muy necesitaba, pero en mi orgasmo, escuche sus pantalones caer y sentí una tremenda verga abrirme que si no hubiera estado mojada me desgarra, me sentía llena y me arremetía con fuerza que me sentía como si un animal me follara, solo cerré mis ojos y me vine de nuevo.

    Tuve que ponerme de rodillas porque de verdad acabe muy rico, y al voltear pude ver su polla deliciosa, mojada, blanca por mis jugos seguramente y no pude más que comerla hasta que se corrió.

    Ahora es mi marido el que me busca, pero yo ya no quiero nada, solo quiero hacer cosas nuevas.

  • Vacaciones en Cullera

    Vacaciones en Cullera

    Todos los años, en el mes de agosto alquilamos un apartamento en Cullera, alejados del bullicio. Está ubicado más allá del faro. Para quienes conozcan la zona, —como ya saben— esa área no está tan masificada y el exceso de gente no es un problema, puesto que es una zona residencial más allá de la ciudad.

    Nosotros solemos bajar a la playa de buena mañana, cuando hay poca gente y los rayos del sol son menos dañinos. Después, por la tarde, lo mismo. No me gusta ponerme negra como el tizón.

    Hoy, al mirar al horizonte y contemplar la vasta extensión de agua, la superficie se asemeja más a un gigantesco recipiente de aceite, que al agua del mar. No hay olas, excepto las pequeñas que rompen con timidez en la orilla, producto de la dirección del viento que es de poniente, y eso precede a un día que va a ser tremendamente bochornoso.

    Después de extender las toallas en el suelo nos colocamos la crema protectora y mi esposo se tumba boca abajo para retomar el sueño que le fue interrumpido por mis ansias de un sexo mañanero. Pienso que es la mejor forma de empezar el día, después de haber liberado endorfinas porque te ayuda a afrontarlo con energía y positividad.

    Viéndole, cualquiera diría que no ha dormido en toda la noche. Me quito la parte de arriba del bikini, no me gusta que se me queden las marcas del sol, y mientras me aplico la crema protectora, caigo en la cuenta de que dos jóvenes no pierden detalle de mis frotamientos, o de mis pechos, o más bien, de ambos. Yo sigo a lo mío hasta que vuelvo a levantar la vista y compruebo que siguen escrutándome, incluso diría con cierto descaro, por lo que vuelvo a mi tarea intentando no hacer demasiado caso de sus indiscretas miradas, hasta que considero que mi piel ya ha absorbido la crema. Entonces lanzo una última y furtiva ojeada comprobando la insistencia de los jóvenes de las hormonas revueltas. Me doy la vuelta y me pongo boca abajo imitando a mi esposo. Me siento observada, pero intento pasar del tema. Abro la página del libro donde lo dejé la noche anterior y retomo mi lectura.

    No soy de las que puede estar horas tumbada al sol. Yo necesito levantarme de vez en cuando, darme un baño y atemperar mi piel, así que le digo a mi marido que voy al agua y él responde con un gruñido, pero sin interrumpir su sueño, ni tan siquiera hacer mención de levantar la cabeza. Antes de incorporarme vuelvo a colocarme la parte de arriba del bikini porque no me apetece que a mis admiradores les caiga la baba mientras camino hasta el agua, y cuando me llega a la altura de las caderas, me doy la vuelta y observo a mis seguidores oteando el horizonte, es decir, a mí.

    Al salir del agua regreso sobre mis pasos hasta mi toalla, y pese a que a todas las mujeres nos gusta que nos miren, estoy empezando a sentirme acosada por los dos jóvenes. Deben rondar entre los veintiocho o treinta, no sabría decir. Esta vez no me quito el sujetador. Pienso que ya se han deleitado bastante examinando mis atributos, incluso diría que ya conocen cada sinuosidad. Supongo que para ellos, una mujer madura de cuarenta y tres años bien conservada es una exquisitez para sus ojos.

    Por mi parte he de reconocer que son bastante atractivos, y por qué no decirlo, también guapos. Uno es rubio y el otro moreno y por ello decido llamar al rubio Zipi y y al moreno Zape.

    No me apetece pasar por donde están ellos, pero es el camino que debemos retomar para regresar. Mi ración mañanera de sol ya la tengo cubierta y no quiero quemar mi piel. Por la tarde bajaré de nuevo. Al pasar por su lado sus miradas se vuelven más discretas, pues el hecho de que mi marido pueda darse cuenta los hace ser más precavidos, de todas formas, Zipi me dedica una traviesa sonrisa al cruzar por su lado, Zape, sin embargo, sigue embelesado con las curvas que dibuja el pareo que me he atado alrededor de la cintura. Mi marido no se ha percatado, o eso creo.

    Estoy segura de que mientras nos alejamos sus ojos permanecen sin pestañear. Puedo notarlo, pero no me doy la vuelta.

    Después de comer nos echamos un rato a hacer la siesta. Tiramos de ventilador porque la brisa de levante hoy no existe. Hace día de poniente con un calor de mil demonios y eso me impide conciliar el sueño, en cambio veo a mi marido respirar fuerte, y es como si el bochorno no fuera con él. Cojo mi libro y retomo el capítulo. Leo tres páginas y no logro concentrarme. Mi mente regresa a los acontecimientos de la mañana. Siento como las miradas de los jóvenes se me clavan como dagas. Me siento deseada y un calor recorre mi cuerpo reclamando caricias. Acaricio mis pezones en busca de placer. Noto como mi sexo se moja reclamando más caricias y meto mis dedos por dentro de las bragas haciéndolos resbalar por la raja. Recreo en mi mente las dos lenguas y las cuatro manos que están dando cuenta de mi cuerpo. Una lengua recorre mis pezones y la otra se adentra en la humedad de mi sexo y yo me estremezco. Mi esposo se revuelve en la cama y yo detengo mis caricias al instante, lo que no puedo detener es mi imaginación, ni tampoco mi excitación. Mi marido me mira con ojos somnolientos y yo le doy un beso apasionado, él se entrega con la misma dedicación. No sé qué debe pasársele por la cabeza al verme así, lo que sé es que cuando bajo mi mano, su erección me pone más perraca. Le quito sus gayumbos y me monto a horcajadas sin quitarme las bragas, las hago a un lado y me siento sobre su polla, deslizándome con gran facilidad hasta que mi coño se topa con sus pelotas. Su boca se apropia de mis pezones y me los come con ansia, mientras yo salto alegremente sobre él, pero no transcurre ni medio minuto hasta que me veo corriéndome como una adolescente.

    Mi marido se queda sorprendido de mi rapidez, y yo no lo estoy menos. Estaba caliente, pero parece ser que no era consciente de hasta qué punto, o quizás me ha pillado en un momento flojo. Hubiese querido disfrutarlo un poco más, pero ha sido incontrolable.

    Lo que no puedo hacer es tirar la piedra y esconder la mano, por tanto, me pone mirando “pa Cuenca” y me la clava por detrás. Yo sigo disfrutando de sus embates, pero no me apetece correrme otra vez, teniendo en cuenta que por la mañana ya lo hice. No pasa mucho tiempo y en pocos minutos está resoplando como un toro y corriéndose dentro de mí.

    —Esto sí que ha sido un polvo rápido, —me dice y yo respondo afirmativamente sabiendo que es culpa mía.

    A las siete bajo a la playa, pero por las tardes no me apetece tomar el sol y me dedico una hora a caminar. Unas veces voy hacia la playa “El Dosel” y otras hacia el faro. Y por las noches salimos a tomar un mojito a algún chiringuito de playa.

    Al día siguiente, a las doce de la noche nos pasamos por uno de ellos que está a pie de playa. Nos acomodan en una de las mesas y pedimos un mojito para mí y un cubata para mi marido, y mientras bebo de la pajita me percato de que Zipi y Zape están unas mesas más hacia allá con un grupo de gente, chicos y chicas. Me doy cuenta de que es Zipi quien está observándome. Yo también me quedo mirándole y me saluda asintiendo. Yo lo que hago es esbozar un amago de sonrisa para no ser descortés. Al parecer, mi observador le hace una sutil señal a su amigo que yo no percibo. Lo sé porque inmediatamente se gira hacia mí y me dedica una sonrisa de oreja a oreja. Yo no sé si devolvérsela o qué, por lo que decido no hacerlo. Mi marido me habla, quizás del trabajo, pero yo no estoy prestando demasiada atención. Escucho su voz, pero no sus palabras. Mi cabeza está más pendiente de Zipi y Zape que de lo que dice. ¿Pero qué es esto? me pregunto, ¿seducción a distancia o atracción animal?

    Es Zipi el que, al parecer está interesado por mí, después de su saludo, Zape sigue conversando con su gente. Cada vez que miro hacia allí tengo los ojos de Zipi encima y estoy poniéndome nerviosa porque no sé como gestionar ésta situación. Empiezo a removerme en la silla porque no encuentro una postura que me resulte cómoda. No sé si quiero irme o quedarme. Las miradas se cruzan continuamente y yo tengo que disimular e incluso hacer esfuerzos sobrehumanos para mantener la atención en la conversación, y después de tres cuartos de hora quiero irme. Cuando me levanto advierto lo mareada que estoy después de tres mojitos. Intento no dar un traspié y me cojo a mi esposo. Mientras abandonamos el chiringuito Zipi me clava la mirada, aunque lo que yo querría es que me clavara otra cosa. Estoy caliente, no sé si por los efectos del alcohol o por sentirme deseada por él.

    Al llegar al apartamento beso a mi marido y me entrego totalmente. No hay preámbulos, simplemente le desnudo y él hace lo propio. Nos tumbamos en la cama, él se posiciona encima de mí y me la clava de un estacazo. Yo muevo mi pelvis acompasando sus golpes de cadera e inmediatamente una corriente eléctrica baja por mi columna hasta mi coño. Intento no correrme, pero es inútil, las convulsiones se apoderan de mi sexo golpeándome con un explosivo orgasmo. Vuelvo a parecer una colegiala cuando tiene sexo por primera vez. Mi marido sigue empujando y yo intento moverme para sincronizarme con sus movimientos y para acelerar su placer que no tarda mucho en llegar, ya que, con toda la razón del mundo, él prefiere prolongar el acto, pero sobre todo, que ambos encontremos el placer a la vez.

    Me pregunta qué me pasa, sin embargo no puedo darle una respuesta porque no la tengo. ¿O sí? Lo único que puedo decir es que esos calentones no son normales. Por lo general tengo bastante control sobre mis orgasmos, en cambio, ahora me está siendo difícil mantenerlo.

    Al día siguiente bajo sola a la playa porque mi marido ha pedido pista para jugar al tenis con un vecino. Yo no tengo ningún interés en jugar, y mucho menos en ver como juegan, por consiguiente, cojo mi bolso, con mi toalla, mi pareo, mi crema protectora y mi libro, entre otras cosas y me dirijo a tomar mi ración de sol mañanero.

    Antes de aplicarme protector me quito la parte superior del bikini, a continuación me pongo la crema y me tumbo boca abajo a leer. Estoy abstraída en mi lectura y no me doy cuenta de que mi admirador ha colocado su toalla cerca de mí. Me entero cuando lo tengo al lado y me saluda con un “hola”. Yo me doy la vuelta y reparo en que no llevo la parte de arriba del bikini, de tal modo que es inevitable que vea mis tetas. Sus ojos se abren de par en par intentando que se llenen de ellas. Yo me cubro, después me incorporo y ato el lazo detrás.

    —Por mí no lo hagas, —me dice él.

    —No lo hago por ti, —le respondo.

    Me dice que se llama Felipe, pero para mí es Zipi.

    —Yo me llamo Elsa, —le digo dándole la mano.

    —¿Puedo sentarme? —me pregunta, y obviamente le digo que sí.

    —Hoy has venido sola por lo que parece.

    —Las pillas al vuelo, —le digo intentando hacer una gracia que él me ríe. A continuación acerca su toalla hasta mi posición y se sienta a mi lado.

    —Te he estado observando estos días, —comenta, pero antes de que siga le interrumpo.

    —Ya me he dado cuenta de tus miradas.

    —Espero que no te haya molestado.

    —Bueno, no has sido muy discreto que digamos.

    —Tienes que perdonarme, pero es que no lo podía evitar. Eres demasiado atractiva para dejar de hacerlo.

    —¿Suele funcionarte ese sistema para ligar?, —le pregunto.

    —No siempre, —se sincera. —¿Ha funcionado?, —me pregunta, y yo no respondo, pero me sonrío y supongo que él entiende que sí.

    Aunque vaya con aires de lanzada, estoy un poco nerviosa y decido aplicarme un poco más de crema para tener algo que hacer. Él se ofrece a ponérmela por la espalda en vista de que mis manos no llegan y yo acepto con ciertas reticencias decorosas, pero encantada de que lo haga.

    Empiezo a notar sus dos manos esparciendo la crema y soy consciente de que los movimientos son más lentos de lo que deberían para que la piel absorba la crema, sin embargo, me gusta como lo hace. Para mí son caricias e imagino que sus intenciones van en la misma dirección. Sin decirme nada suelta el lazo del sujetador. Yo tampoco pongo ninguna objeción porque a pesar del frescor de la crema, sus dedos son como fuego en mi piel y la sensación es tremendamente estimulante. Sé que mi espalda ya no puede absorber más crema, aun así, él parece no querer dejar sus caricias, por el contrario, desliza sus manos por debajo de mis pechos e intenta llenárselas con ellos. Mis terminaciones nerviosas empiezan a agitarse con sus manos en mis tetas, después traza con sus dedos corazón movimientos circulares en mis pezones y los labios de mi sexo se abren como si tuvieran vida propia. Puedo notar mi humedad, pero también percibo como su aproximación me permite reparar en su erección en mi espalda.

    Estoy muy caliente, pero ahora tengo motivos para estarlo. Tan excitada estoy que dejaría que me follara allí mismo, y es lo que al parecer pretende, ya que me recuesta e intenta meter su mano en mi sexo, pero yo se lo impido porque, pese a que no hay mucha gente en la playa a esas horas, no quiero montar una escena, ni tampoco que nadie vea como Zipi me mete mano u otra cosa.

    —Para, —le amonesto, cuando en realidad lo que deseo es que me folle. —Pueden vernos, —añado.

    —Vamos a mi apartamento, —sugiere él tan excitado como yo. Yo también considero que es lo mejor.

    Al levantarse veo la tienda de campaña que forma su bañador y sonrío por no relamerme los labios, él en cambio intenta recolocarse su herramienta en una posición más cómoda y menos llamativa.

    Zipi abre la puerta del portal y subimos en el ascensor hasta el tercer piso. Abre y me cede el paso, a continuación entra él y cierra la puerta. No espera a llegar a la habitación, me coge por la cintura y me atrae hacia él besándome con pasión desmedida. Yo respondo a sus besos y caricias del mismo modo, buscando ambos cada rincón escondido de nuestros cuerpos. Ni siquiera nos planteamos ir a la habitación. Nos quedamos en el salón y nos deshacemos de las pequeñas prendas. Zipi me tumba en el sofá y se coloca encima besándome los pechos para después bajar poco a poco por mi barriga. Se detiene en el ombligo y traza varios círculos sobre él. Después desciende por el poquito vello de mi sexo oliéndolo y embriagándose de mi aroma. Su lengua abre los pliegues de una raja que a estas alturas está encharcada. La recorre de arriba a abajo, alternando el trayecto con ligeras penetraciones de lengua. Después busca el nódulo totalmente expuesto. Por mi parte contorneo el cuerpo moviendo la pelvis en busca de la lengua que me está encumbrando a la cima de un inminente clímax, pero Zipi detiene la práctica y se incorpora para colocarse encima de mí y penetrarme tal y como he fantaseado cada día desde aquel primer encuentro. Yo suspiro de gozo sintiendo su miembro perderse en el fondo de mi coño mientras mis manos recorren su torso, para después bajar por su cintura, y seguidamente las estiro hasta su duro culo apretándolo con saña. Un culo sin un solo vello, comparable al de “el David de Miguel Ángel”.

    De nuevo, no transcurren ni tres minutos follándome cuando me vengo sin remedio en medio de jadeos, pero Zipi sigue follándome sin descanso en busca de un placer que él parece no tener ninguna prisa en que le llegue. Me da la vuelta y pongo mi culo en pompa y a su disposición. Apoyo las manos en el respaldo del sofá y a continuación me la mete de nuevo y retoma la follada, pero ahora lo hace con más ímpetu. El furor de los embates logra excitarme otra vez y empiezo a culear queriendo sentir los golpes de su polla dentro de mí. Por un momento creo que va a terminar, pero me equivoco. Me saca la polla y escucho un plof, después se sienta en el sofá a la espera de que lo cabalgue, pero yo quiero saborear su verga y me abalanzo sobre ella. La engullo como si no hubiera un mañana. Zipi está observando como la hago desaparecer en mi garganta y con ello parece que esté a punto de correrse con mi soberbia mamada, sin embargo aparta la verga de mi glotona boca para evitarlo y, al hacerlo, las babas caen de formando un hilo elástico de saliva que va desde la punta de la polla hasta mi lengua. Con la mano lo engancho y lo enrolló alrededor del miembro para embadurnarlo y lubricarlo. Quiere a toda costa que lo cabalgue y no me hago de rogar. Levanto una pierna, cojo su verga y me la encaro, a continuación, me dejo caer. El placer regresa y empiezo a saltar de forma rítmica en busca de mi segundo orgasmo. Noto su dedo haciendo incursiones en el pequeño agujero y siento un goce añadido, con lo que aumento la cadencia de mis saltos. El dedo se adentra por completo en mi ano y lo hace con facilidad porque está muy lubricado, con lo cual algo no me cuadra. Me doy la vuelta y me doy cuenta de que es Zape quien está dilatando mi ojete y no puedo dar crédito.

    Por lo que intuyo, parece ser una encerrona y no sé qué hacer, si enfadarme y largarme indignada o quedarme y que me folle también Zape. Desde luego opto por lo segundo. Estoy demasiado excitada para andarme con ñoñeces y decido seguirles la corriente, en consecuencia, Zape añade otro dedo a la dilatación y el placer aumenta de forma sustancial. Mientras tanto sigo con mi cabalgada intentando que mi clítoris roce con su pubis para obtener más placer, de tal manera que levanto un poco más el culo. No he hecho mucho caso a Zape mientras me dilataba el ojete porque he estado pendiente de mi placer, pero al notar que saca sus dedos me doy la vuelta reclamando mi relleno, aunque no tengo que esperar mucho para que se deshaga de sus pantalones y se aproxime a mí para rellenarme el culo de polla. Mientras intenta metérmela, me detengo para facilitarle la labor y con un empuje lento, pero continuo introduce toda la verga en mi culo, haciéndome gemir de gusto.

    He de decir que es mi segundo sándwich, el primero fue antes de conocer a mi marido en mis tiempos mozos, y también tengo que reconocer que lo disfruté salvajemente. Ahora, los recuerdos retornan y la sensación de sentirme empalada por dos pollas me pone muy cachonda. Zape está empezando a acelerar el ritmo de la follada y Zipi intenta sincronizarse con él, por mi parte, yo estoy en el séptimo cielo gozando de dos pollas fornicándome.

    Empiezo a culear queriendo sentir cada centímetro de carne dentro de mí. Estoy encendida y deseo correrme de nuevo, pero es Zipi quien quiere encularme ahora. La única que invierte su posición soy yo. Me doy la vuelta y me siento sobre Zipi encajándome su polla que ahora entra con facilidad, me tumbo hacia atrás, dejo caer mi cabeza y me abro de piernas, seguidamente Zape me la clava en el coño y vuelvo a ver las estrellas, el sol, la luna y todos los planetas con el sándwich de carne que los dos niñatos me están propinando. Los bufidos, los gemidos y los alaridos se escapan de mi boca sin freno, mientras me follan salvajemente como si no hubiera un mañana.

    Soy la primera que se corre entre gritos y jadeos, acto seguido lo hace Zipi resoplando como un miura, y por último lo hace Zape derramando su leche en mi útero con unos últimos y contundentes golpes de polla.

    Menuda follada más salvaje, pienso. Reconozco que ha sido un polvo divino. Me quedo unos instantes extenuada encima del sofá como si me hubiese caído del techo. A mi lado derecho está Zipi igualmente despatarrado y a la izquierda está Zape intentando recuperar el resuello. Los tres nos miramos y nos sonreímos.

    —¿Y tú de dónde has salido?, —le pregunto a Zape.

    —¿No te ha gustado la sorpresa?, —me pregunta.

    —Esto ha sido una emboscada.

    —Sí, con artillería pesada, —responde Zape zarandeando su verga morcillona. Zipi le imita y yo contemplo a ambos hasta que me apodero de sus pollas a media molla.

    No me apetece follar de nuevo, pero sí jugar con sus vergas. Empiezo a moverlas a la vez y noto como se endurecen en mi mano, y en unos instantes están completamente duras y dispuestas para una segunda ronda. Mientras le masturbo, Zipi me mira con lascivia y me baja la cabeza para que se la mame y no me hago de rogar. Me inclino y engullo su polla por completo, después empiezo a mamarla con entrega y dedicación. Al mismo tiempo que me embriago mamando y engullendo el enhiesto falo, cojo sus pelotas y las masajeo.

    Por su parte, Zape no quiere quedarse al margen, me abre el coño, mira en su interior como si quisiera comprobar algo, y me la mete de un estacazo. Está lubricado de su anterior corrida y logra entrar con facilidad. Seguidamente empieza a bombear dentro de mí, al mismo tiempo que yo me zampo la polla de su amigo.

    No me apetecía follar otra vez, pero he vuelto a excitarme sin remedio y quiero seguir gozando de los dos niñatos. Dicho y hecho. Al parecer Zape ha leído mis pensamientos y saca su verga para incrustarla en el orificio de más arriba, y del mismo modo vuelve a ensartármela en el culo recién lubricado con la anterior corrida de Zipi. Al penetrarme, se me pone la piel de gallina y los pezones duros. Al mismo tiempo que la polla de Zape me da placer, yo me esmero en dárselo a Zipi con mi mamada. Me gusta su polla, es elegante y proporcionada. No es un pollón y puedo engullirla toda y eso me encanta. La de Zape es un poco más grande y también me parece una polla digna de enmarcar. Noto como abre mi ano una y otra vez y me da mucho gusto. El placer es cada vez mayor y de vez en cuando saco la verga de mi boca para gemir, pero no la suelto, sino que sigo masturbándole hasta que escucho un ¡AAHH! y un lechazo se estrella en mi cara. Zipi levanta el culo del sofá y yo incremento la rapidez de mi mano, por lo que la leche sale sin contención estampándose una y otra vez en mi cara. Al otro lado, Zape sigue follándome el culo con ahínco y yo grito sin remilgos. Creo que voy a correrme, pero tengo muchas ganas de hacer pis. Busco mi clítoris para añadir más placer. Zape empieza a resoplar más fuerte y eso es señal inequívoca de que va a reventar dentro de mí. No me equivoco, escucho un ¡OOHH! triunfante y yo me vengo a la vez, sin embargo, no puedo contener la orina y me meo con la polla entrando y saliendo de mi ano. Grito de placer como si fuera una histérica y Zipi me mira contemplando mi cara llena de semen, mientras doy gritos como una poseída. Debo de dar una imagen poco menos que de zorra, pero me da igual, he gozado como si lo fuera.

    Camino hacia mi apartamento como si fuera “Las muñecas de Famosa” y al llegar, mi marido está tumbado en una hamaca.

    —¿Qué tal el partido?, —le pregunto.

    —He perdido los dos primeros sets, —me contesta, y por un momento he estado a punto de contestarle que yo he ganado bolas, sets y partido.

  • Mi esposa y un amigo fornicaron en mi presencia

    Mi esposa y un amigo fornicaron en mi presencia

    Hola a todos, aquí estoy de nuevo escribiendo un relato más, esto sucedió cuando yo estaba casado hace algunos años, mi nombre es Alfonso soy un hombre que en ese entonces tenía (34) años, los otros involucrados son la que en ese entonces era mi esposa la cual su nombre era Gaby (32) años y un amigo en ese entonces al cual le decía Mike de (28) años, procedo a describirnos, yo soy un hombre alto de 1.80 tengo un cuerpo bien trabajado de gimnasio, soy hombre de tés morena algo velludo tanto de pecho como de barba y bigote, mi esposa Gaby mide 1.65, también tiene es de tés morena, con pechos muy grandes y un trasero más que aceptable y su cabello largo, en fin Gaby y yo teníamos en ese entonces una relación muy buena, cuando fuimos novios cogíamos muy seguido y ella era muy cachonda por lo cual hacíamos muchas posiciones tanto a petición mía como suya, nos grabábamos, una vez que nos casamos, cogíamos en todas partes de la casa, en la cocina, en el baño, en la sala, incluso llegamos a coger en el patio con el riesgo de que nos vieran, sin embargo esto nunca sucedió.

    Con el paso del tiempo a pesar de que en algunas ocasiones la monotonía nos quería empezar a agobiar, siempre tanto ella como yo innovábamos con algo diferente, ya fuera grabándonos en cierta posición o con algunos consoladores, llegando a bromear con ella le pedí en alguna ocasión algún trio con otra mujer, a lo que ella contestó que me lo cumplía si yo primero le cumplía teniendo un trio con un hombre a lo cual yo reaccioné sorprendido y ella solo sonrió mencionando que solo era juego, que ella no tenía ningún interés en compartirme ni en que la compartiera. Teníamos varios amigos en común debido a que en reuniones que yo la había invitado y viceversa, siempre teníamos buen rollo y terminábamos llevando muy bien con las personas que recién conocíamos.

    Lo que a continuación les relataré será el día en cuestión, ella y yo hicimos una reunión en la casa, en la cual invitamos varias parejas de amigos, mi esposa para ser ese día se puso un vestido de rayas muy pegadito que hacía que lucieran sus piernas y sin duda llamaba la atención de muchos de los presentes, yo la verdad si me ponía un poco celoso esa situación ya que ella siempre la consideré mi mayor tesoro, y hasta antes de esa reunión, realmente jamás me dio alguna razón para desconfiar de alguna posible infidelidad, la reunión marchó con tranquilidad, mi esposa atendiendo a los invitados, las esposas de mis amigos la verdad algunas estaban de muy buen ver; sin embargo por la manera en que mi esposa se veía esa noche con esas piernas, esas tetas, ese culo tan redondito que tenía me hacía pensar en lo afortunado que era por ser el que se la cogería unas horas después, la fiesta fue avanzando nos pusimos a bailar, algunos amigos con su pareja y un amigo al cual llamaré Mike que era como el más gracioso del grupo, era el de las ocurrencias y hacia mucho reír a todos y a mi esposa en especial con la que siempre bromeaba, pero hasta ese entonces jamás pensé que ellos pudieran tener algo, Mike tenía una forma de ser muy espontanea que hacía que todos nos preguntáramos por qué no tenía pareja sin tan carismático era y la respuesta que todos teníamos es que de seguro era un mujeriego en exceso, situación que el siempre negaba diciendo que aún no le llegaba la indicada, en fin la noche siguió su curso y para ser honestos el ver a mi esposa risa y risa de las cosas que decía Mike durante la fiesta ,por primera vez me ponía algo celoso, tal vez era un indicador de algo, pero no lo tome tan a pecho y me dedique a disfrutar la noche también, dentro de las conversaciones que teníamos las parejas empezaron a hablar de cómo se conocieron y anécdotas entre ellos, mientras eso pasaba yo notaba una complicidad de miradas entre Mike y mi esposa, algo que Mike disimulaba muy bien inmediatamente bromeando con el resto de parejas en la fiesta.

    Los invitados se fueron despidiendo y ya prácticamente quedaba una pareja de amigos míos llamados Juan y Karla, una prima de mi esposa llamada Cinthia (30) años, Mike y yo, las conversaciones se empezaron a tornar algo más sexuales ya que Mike dentro de su cotorreo empezó a preguntarnos algunas cosas sobre que posiciones nos gustaban pero no sé si sería por el alcohol que todos los involucrados contestábamos sin ningún tipo de pudor, mis amigos que eran pareja mencionaron que en el caso de ella le gustaba coger más de lo que le gustaba a su marido, situación que evidentemente avergonzó un poco a su pareja pero se la regresó diciéndole que era algo estática al momento del acto y empezaron a molestarse entre ellos por lo cual minutos después decidieron despedirse, en ese momento le dije a Mike:

    Yo: Ya ves Mike lo que provocaste?

    Mike: No mames Poncho, pues ni que fueran unos niños we, cada quien sabe que responder

    Gaby: Eso si amor, no es culpa de Mike que Karla y Juan no tengan sentido del humor, además no saben tomar, no es la primera vez que terminan discutiendo delante de nosotros.

    En ese momento no me molestó tanto porque tenían razón ambos, pero el hecho de que mi esposa le diera la razón a Mike y no a mí me hacía sentir algo frustrado, seguimos tomando y por ese entonces ya eran prácticamente las 3 de la mañana, para ser honestos yo tenía unas ganas tremendas de cogerme a la esposa y así se lo mencioné en el oído:

    Yo: Vámonos al cuarto ya, tengo unas ganas de cogerte que no aguanto

    Gaby: Hahaha de verdad estas tan cachondo?

    Yo: Si, la verdad ya no aguanto las ganas de cogerte mi amor.

    Gaby: Pero no será de mala educación dejar aquí a Mike y mi prima solos?

    Yo: No, para nada, además pues ya es hora de que se vayan no crees? Les pido un taxi?

    Gaby: No, como crees, ya es muy noche, y ambos están bien tomados,

    Yo: A también quieres que se quede Mike?

    Gaby: Pues si, ya que se queden los dos, Cinthia en el otro cuarto y Mike en la sala

    Yo: Bueno pues entonces vámonos.

    Gaby: Pero espérate, apoco ya te quieres meter?

    Yo: Pues si, esa es la idea, vamos ándale.

    Gaby: Si vámonos, pero diles tú.

    Yo: Bueno chavos ya nos vamos a ir acostar nosotros, se quedan en su casa, Mike tú te quedas en la sala y tu Cinthia te quedas en el otro cuarto.

    Mike: A menos de que Cinthia quiera que me quede con ella en el otro cuarto

    Cinthia: estás loco!!

    Cinthia en ese entonces tenía un novio que estaba de viaje y con el que ya llevaba vario tiempo y hasta planes de boda tenía por lo cual no iba a quedarse a dormir con otro tipo y menos en casa de su prima,

    En fin nosotros nos fuimos al cuarto mientras Cinthia también mencionó tener sueño por lo cual también subió con nosotros a los cuartos para irse al de huéspedes mientras Mike se quedó en la parte de abajo en el sillón.

    La verdad a mí no me importaba tener sexo con mi esposa teniendo al lado del cuarto a su prima en el otro, una vez en el cuarto empezamos a besarnos y a desvestirnos, mi esposa estaba muy tomada y muy cachonda por lo cual al empezarle a bajar su tanguita ya tenía muy mojado su coño y algo oloroso, por lo cual lo tenía a merced para mí y empecé a saborearla de arriba hacia abajo, ambos desnudos empezamos a cachondearnos más, ella me empezó a chupar la verga con mucha intensidad al grado que si no la paro me hubiera hecho venir, nos acomodamos de forma de misionero y ella abrió sus piernas para darme la perfecta entrada a mi verga que ya se encontraba muy húmeda y dura dispuesta a llenar su jugosa cavidad, en el momento en el que entré soltó un fuerte gemido que muy probablemente habrán escuchado tanto Cinthia como Mike, pero la verdad me importó poco o nada, yo seguía embistiéndola una y otra vez, mis huevos rebotaban en su culo y el ruido era intenso, la verdad yo estaba muy caliente y le estaba dando más duro que en otras ocasiones, mi esposa Gaby entregada a mí por completo, apretándome las nalgas más hacia adentro con sus manos para sentirme aún más adentro de ella.

    Gaby: No pares papi! dame más!!!

    Ella gemía en mis oídos y muy probablemente el sonido también llegaba a los oídos de nuestros invitados que estaban escuchando la faena

    Yo: Así mami! te gusta cómo te coge papi!!!

    Gaby: Si papi! Dame bien duro! No pares Alfonso! por favor no pares!!!

    Yo la seguía embistiendo y ya teníamos varios minutos así por lo cual estábamos muy sudorosos, seguimos cogiendo por varios minutos más hasta que ambos terminamos satisfechos y exhaustos ya prácticamente listos para dormir, (o al menos eso creía yo) antes de dormir mi esposa me pregunto lo siguiente y fue un motivo de discusión.

    Gaby: Estará como Mike en el sillón?

    Yo: Es real tu pregunta? neta tienes en tu mente después de coger con tu esposo, si Mike estará cómodo en el sillón?

    Gaby: Bueno ya no es para que te molestes, solo fue una pregunta.

    Yo: No mames, no solo fue una pregunta, toda la puta noche te ha estado coqueteando.

    Gaby: No puede ser que dijiste eso.

    Yo: A ósea entonces es mentira lo que dije?

    Gaby: Alfonso, es nuestro amigo, como chingados dices eso, es más tu amigo que mío todavía.

    Yo: Y que chingados tiene, si yo noto que mi amigo y tu toda la puta noche están bromeando y con miraditas obviamente no me va a gustar.

    Gaby: En verdad que no puedo creer esto que estás diciendo, cuanto tiempo tenemos conviviendo con él para que salgas con estas chingaderas ahora.

    Yo: Pues ya lo dije!

    Gaby: Sabes que me voy a dormir con Cinthia, de verdad te estas portando como un pendejo.

    Yo: a ahora soy un pendejo por decirte lo que veo, si mejor vete que ya me voy a dormir.

    En ese momento Gaby se puso su bikini, su brasier, tomó su almohada y se fue hacia el cuarto con Cinthia y escuchándose el cerrar de la puerta, mi mujer se dispuso a dormir con ella.

    Yo en ese momento sentía una mezcla de celos, enojo y arrepentimiento, tal vez yo era quien estaba exagerando, tal vez todo esto de Mike y mi esposa estaba en mi mente solamente, durante varios minutos estuve pensando en eso y hasta culpable me empecé a sentir, pero decidí pedirle disculpas a mi esposa al día siguiente ya que me sentiría muy pendejo pidiendo disculpas minutos después de esa discusión.

    Cuando menos esperé ya me había dormido, sin embargo aproximadamente una hora después me despertaron las ganas de orinar por lo mucho que había tomado, abrí los ojos, eran las 5 de la mañana y aún estaba oscuro todo, pero empecé a escuchar algo raro en la planta de abajo, eran gemidos de una mujer y un hombre que provenían de la parte de abajo, me paré y empecé a bajar las escaleras lentamente, para observar que sucedía, si les soy honesto en ese momento me vino por la mente que muy seguramente la prima de mi esposa y Mike estarían cogiendo a escondidas, pero a medida que fui bajando por la escalera empecé a familiarizar un poco más los gemidos que provenían de la cocina y sorpresa me llevé al ver que era mi esposa quien estaba recargada en la parte de la tarja mientras Mike la estaba embistiendo fuertemente, tapándole por momentos la boca, pero inútilmente, ya que mi esposa jamás ha podido contenerse cuando está muy excitada, yo estaba muy asombrado, mi cara estaba desencajada de estar observando como Gaby estaba recibiendo otra verga que no era la mía, sus gemidos sonaban muy intensamente, ella lo besaba desesperadamente y apretando sus nalgas hacia ella como hacia algunas horas también lo había hecho conmigo, Mike no paraba de embestirla parado, tenía mucha condición el hijo de puta ya que en ningún momento observé que perdiera el ritmo, yo solo observaba atónito la escena y escuchaba lo que decían tenuemente.

    Mike: Así te gusta putita!

    Gaby: Si dame duro papi! Métemela toda!

    Mike: Ya tenías ganas de cogerme verdad putita (mientras le decía esto aumentaba el ritmo de sus embestidas)

    Gaby: Si ya te tenía ganas!

    Mike: Ya querías sentir mi vergota!?

    Gaby: Si ya quería esa vergota para mi sola!

    Mike: Lo sé putita, ya querías que te cogieran como debe de ser!

    Gaby: Síguemela metiendo! No dejes de meterme la verga!

    Yo no sabía cómo sentirme en ese momento, por una parte me venían pensamientos de arrancarle el corazón a Mike, por otra parte tenía ganas de gritarle a ella y pedirle una explicación de porqué me estaba haciendo esto.

    No entendía como mi mujer, la mujer que elegí para compartir mi vida, estuviera entregando su cuerpo a un amigo en mi propia casa, el ver como entraba la verga de Mike en ella me hizo sentir que yo no existía para ella, que era un cero a la izquierda.

    Ellos ni siquiera me notaban, después de un rato de estar cogiendo en esa posición en la puso de perrito viendo hacia la pared por lo cual seguían sin notarme a pesar de que yo prácticamente estaba dos 3 pasos más cerca de ellos, los gemidos de ambos continuaban, el ruido de sus sexos mezclarse una y otra vez despedazaba mi corazón lentamente pero yo estaba ahí, continuaba viendo la escena mientras seguía escuchando cosas que tal vez para ese momento ya o debí haber escuchado.

    Mike: Tu esposo te coge así?

    Gaby: No, solo tú me coges rico papi.

    Mike: Hace rato los escuché coger putita, no pienses que no me di cuenta

    Gaby: No quiero hablar de él, solo quiero que me cojas, como solo tú sabes!!

    Mike: Vas a seguir siendo mi puta?

    Gaby: Siii!

    Mike: Siempre que lo quiera me vas a dar tu panocha?

    Gaby: Si, siempre papi! es tuya!!

    Mike: De verdad es mía de ahora en adelante?

    Gaby: Si papi! siempre va a ser tuya, dame bien duro papi!

    Mike: Si vamos a darle duro putita!

    Ambos siguieron cogiendo como animales sin parar en ningún momento

    Mike: Quiero que te vengas putita! vente por mi!

    Gaby: Si! dame más duro!! Dame verga papi!

    Mike seguía metiendo su verga una y otra vez en la vagina de mi esposa, la cual ya se encontraba al parecer súper dilatada por todos los jugos que soltaba, en ese momento supe que ella había terminado

    Gaby: ahhh!

    Mike: Ahora me toca a mi putita

    Mike rápidamente la tiró al suelo y empezó a cogerla de misionero en el piso, el cual debió estar muy frio; sin embargo por lo caliente que se encontraban ambos no les importó.

    Mike seguía embistiéndola muy duro y ambos producían ya un olor a mucho sexo que se impregnaba por toda el área.

    Mike: Ya voy a termina putita, donde los quieres?

    Gaby: Échamelos adentro todos papi!

    Mike: Segura? y si quedas embarazada?

    Gaby: Me estoy cuidando, no te preocupes, échamelos todos!

    En ese momento Mike se sintió tranquilo de saber que el haber fornicado con mi esposa o generaría ese tipo de problema por lo cual termino dentro de mi esposa, ambos tenían una cara de satisfacción enorme y estaba exhaustos besándose como dos amantes que claramente estaban satisfechos por haber saciado sus ganas por primera vez.

    En ese momento no pude ya ocultar mi presencia y pregunté

    Yo: Entonces eran ideas mías o si se estaba coqueteando hace rato en la reunión?

    Ambos voltearon sorprendidos sin saber que decir, el restó no tiene caso contarlo, discusión y llanto por parte de ella, mencionándome que estaba arrepentida queriendo justificar su acción debido al enojo que le hice pasar y el alcohol.

    Después de esa acción con el tiempo nos divorciamos, ella estuvo insistiendo por mucho tiempo el darnos una oportunidad, sin embargo el tener en mi mente tan gráficamente todas las imágenes de ella teniendo sexo con mi amigo, no me permitió ninguna posibilidad de un posible perdón.

  • Incesto al lado del río del pazo

    Incesto al lado del río del pazo

    Caía la tarde del que un caluroso mes de agosto. Leonor estaba sentada a la orilla de un río que pasaba al lado de la gran muralla que rodeaba la finca de su pazo. Andaba medio escondida entre unos arbustos. Tenía las rodillas flexionadas, una caña de pescar en la mano y una visera blanca en la cabeza. Atilano, su padre, al verla le dijo:

    -¿Pican, Leonor?

    Picaban, pero devolvía las truchas al río después de pescarlas. Le respondió con otra pregunta:

    -¿Qué haces aquí, papá?

    -Te andaba buscando.

    Leonor, que era una joven que tenía el cabello negro recogido en dos trenzas, espigada, delgada, de labios grueso, ojos marrones, tetas medianas, buen culo, le dijo:

    -¿Para qué?

    -Para hablar de padre a hija.

    -No hay nada de que hablar. Me cambiaste por Eugenia. Vete.

    -No te cambié por nadie. Siempre serás mi princesita. Tuve que casarme con ella, cielo. Sin su dinero para levantar la empresa estaríamos arruinados.

    Leonor miró hacia arriba y le dijo:

    -Soy la segundona, primero fue mamá y ahora es ella.

    -Nunca fuiste, ni eres una segundona cariño. Te quise y te quiero más que a nada en este mundo.

    Atilano era un cuarentón, resultón, de estatura mediana y de complexión fuerte. Hacía un mes que se había casado con una viuda rica y de buen ver y Leonor no lo llevaba bien.

    Leonor sacó la tanza del río, le metió una lombriz al anzuelo, volvió a echar la tanza al río, y le dijo:

    -Un día de estos me voy a hartar, me voy a ir de casa y no vas a saber más de mí.

    -Espero que eso nunca ocurra, me moriría si no te tengo cerca de mí.

    Leonor se lanzó a la piscina de cabeza y sabiendo que la piscina no tenía agua.

    -Si quieres que me quede tienes que hacérmelo.

    -¿Qué quieres que te haga?

    Puso la caña sobre la hierba, se levantó, le echó las manos al cuello, le dio un pico y le dijo:

    -Quiero que me hagas el amor.

    -¡¿Hacerte el amor?! ¿Te has vuelto loca, hija?

    -No, no estoy loca. Nadie me acariciará el cabello y las mejillas cómo lo hacías tú, ni nadie me mirará con tanta dulzura cómo me mirabas tú cuando lo acariciabas.

    -Eso es porque te amo, hija.

    -Pues ámame de verdad.

    Le dio otro pico. Atilano le quitó las manos del cuello y le dijo:

    -No me pidas imposibles.

    -Tú solo la quieres a ella.

    -Ella es mi esposa y tú eres mi hija, pero por si te sirve de consuelo no le hago el amor, la follo.

    Leonor se quedó sorprendida tras oír las palabras de su padre.

    -¿¡Es que Eugenia no te deja hacerle el amor?!

    Se sentó a su lado y le respondió:

    -No, ella solo quiere follar.

    -¿Se lo has dicho?

    -¿Cómo se le puede hablar de ternura a una bruta?

    -Eso es cierto, bruta es. ¿Soy la única mujer que amas?

    -Si, te amo solo a ti.

    Salió a la luz el lado coqueto de Leonor.

    -¿Y siempre seré la única que ames?

    -Siempre, princesita, siempre.

    Leonor le cogió la barbilla, lo miró a los ojos y le dijo:

    -Eres mi gran amor, papá.

    -Estás confundida, hija. Tu gran amor lo conocerás algún día.

    Jugando con un dedo en su cabello, le dijo:

    -Creo que…, no, mejor no te lo digo

    -Ahora no me dejes con la curiosidad, cariño. ¿Qué crees?

    -Que sería maravilloso si me comieras el chocho.

    -No seas cochina.

    Le volvió a ponerle un dedo en la barbilla y le preguntó:

    -¿Me lo comes?

    -¿Y qué más quieres que te coma para que te quedes a mi lado, loquita?

    -La boca, las tetas…, todo lo que quieras comer.

    -Estoy descubriendo a una hija que no conocía.

    -Sabes muy poco de mí. ¿Sabes que hice antes de que me encontraras?

    -No. ¿Qué hiciste?

    Leonor le puso el dedo medio en las fosas nasales y le preguntó:

    -¿A qué te huele?

    -Huele a coño.

    -Ya sabes lo que estuve haciendo.

    -Jamás pensé que una chica tan dulce cómo tú se masturbase.

    -Soy una mujer, papá, y las mujeres nos masturbamos… Anda, hazme el amor y cómeme la boca, las tetas, el culo y el coño.

    La miró con cara de sorpresa.

    -¡¿Has dicho el culo?!

    -Sí, el ojete.

    -¡Pero qué clase de hija he criado yo!

    -Criaste a una zorra y la zorra quiere que le hagas el amor.

    -¿Y desde cuándo se come el culo al hacer el amor, cariño?

    -Hay que querer mucho a una mujer para comerle el culo, eso es algo muy íntimo y personal.

    Le echó la mano al mentón. Los labios de Leonor besaron el labio superior de su padre.

    -Esto no está bien, Leonor.

    Los labios de Leonor besaron el labio inferior, después los dos a la vez. Tenía unos labios tan frescos que Atilano se empalmó. Al dejar de besarlo bajó la cabeza, vio el bulto en el pantalón, le acarició la polla y dijo:

    -Esto significa que me deseas tanto cómo te deseo yo a ti.

    Atilano se percató de que ya no había vuelta atrás.

    -Vamos a cometer una barbaridad, hija.

    -No, vamos a darnos todo el amor que nos profesamos, papá.

    Leonor le levantó la cabeza poniéndole un dedo en el mentón, lo volvió a besar cómo la había besado la primera vez y después le metió la lengua en la boca, le cogió la mano y se la llevó a su coño. Lo encontró empapado y se lo dijo:

    -Tienes el coño muy mojado

    -Se puso jugosito para ti.

    Leonor le sacó la polla empalmada y le dijo:

    -Es gordísima, va a entrar muy apretada en mi chocho.

    La mano cerrada subió y bajó por el tronco de la polla, una polla venosa y dura cómo una piedra. Leonor le dijo:

    -¿Quieres verme desnuda, papa?

    -Sí, desnuda aún debes ser más linda.

    Leonor se quitó la visera, luego quitó la cinta que sujetaba al cuello su mono pantalón corto a juego con la visera. Su coño peludo y sus tetas con pequeñas areolas de punta y pezones cómo mini dedales quedaron al descubierto. Se deshizo del mono pantalón corto con sus sandalias de cuña con cordones minimalista y le dijo a su padre:

    -Soy toda tuya.

    Atilano buscó su boca, Leonor lo recibió echando la lengua fuera, se la chupó y le cogió el culo. Sus tetas se apretaron contra el pecho de su padre y su coño se deslizó sobre su polla empalmada. Atilano le dijo:

    -Eres la mujer más bella que he visto.

    -Sigue diciéndome cosas bonitas.

    -Eres la cosa más linda de este mundo, hija.

    Leonor ya estaba que echaba por fuera.

    -Ufff. ¡Qué calentura tengo! Llámame zorra.

    Atilano iba a complacer a su hija en lo que le pidiese.

    -Desnuda pareces una zorra.

    -¿Una zorra linda?

    -Una zorra preciosa.

    Leonor desabotonó la camisa de su padre y le acarició el pecho, luego le quitó los zapatos, los calcetines, el calzoncillo y los pantalones y acto seguido le cogió la polla y se la mamó un ratito. Cuando se puso en pie se besaron de nuevo. Atilano le metió dos dedos dentro del coño y comenzó a meter y sacar. Lamió sus pezones y chupó sus tetas. Poco después sintió cómo el coño le apretaba los dedos y luego cómo los mojaba. Los jugos llegaron a la palma de su mano.

    Al acabar de correrse, le dio un pico y le dijo:

    -Me encantó oír tus gemidos de placer, ver tu cara al correrte y ver tu cuerpo temblando, cielo.

    -Ahora me toca oír y ver a mí. Quiero oír cómo gimes ver cómo sale la leche de tu polla.

    -Échate sobre nuestras ropas.

    Atilano se masturbó bajo la luz de la luna al tiempo que le pasaba el glande mojado por los pezones y las areolas de las tetas, poco después, apartándose para que su hija viese como le salía la leche de la polla, se corrió dejando caer la leche sobre sus labios. Leonor sacó la lengua, probó la leche, luego abrió la boca, la polla entró en ella y se tragó la leche del resto de la corrida, y no solo la que le eché dentro sino también la que tenía en los labios.

    Al acabar de tragar le preguntó Atilano:

    -¿Te gustó que me corriera en tu boca?

    -Sí, mucho.

    Atilano metió la cabeza entre sus piernas y ante él vio el coño rodeado por una pequeña mata de vello negro, vello que estaba mojado de jugos. Leonor le preguntó:

    -¿Qué me va a hacer, papá?

    -Comerte todo cómo querías -le dio media docena de lamidas-. Ponte a cuatro patas.

    Leonor poniéndose a cuatro patas sobre la hierba, le dijo a su padre:

    -¡No sabes cuánto tiempo llevo esperando este momento!

    -Y yo, hija, y yo.

    Leonor giró la cabeza, sonrió y le dijo:

    -¡Serás cabrito!

    -Cabrón, cariño, soy un cabrón.

    Atilano le echó las manos a sus duras tetas y magreándoselas y jugando con sus pezones pasó la lengua por su periné y por su ojete… Cuando le metió y le sacó la lengua del ojete, dijo:

    -¡Oooh, que gusto más rico, papá, que gusto más rico!

    Después de comerle el culo bien comido y de hartarse de jugar con sus tetas, le preguntó:

    -¿Quieres que follemos primero y que te coma el coño después, o quieres que te coma el coño ahora y que follemos después?

    -Quiero que me comas el cocho, correrme en tu boca y después follamos.

    La punta de la lengua de Atilano subió cuan caracol rozando la rajita del coño de su hija, llegó al clítoris, hizo media docena de círculos sobre él y con la misma lentitud que había subido fue bajando. Al llegar abajo, y sin cambiar de velocidad, fue entrando dentro de su vagina, y luego salió, volvió a entrar y salió de nuevo para lamer su labio izquierdo, después lamió su labio derecho y luego los dos labios al mismo tiempo. El coño ya estaba abierto cómo una flor. Le levantó el culo, le lamió el ojete y el periné y luego, cómo si la lengua se hubiese vuelto loca, comenzó a subir y a bajar del ojete al clítoris cada vez más y más aprisa. En cuestión de segundos Leonor comenzó a sacudirse y entre sacudidas y gemidos se corrió torrencialmente.

    A acabar de correrse se echó boca arriba sobre la ropa y le dijo:

    -Me corrí cómo una puta, papá.

    -Cómo una zorra, cielo, cómo una zorra.

    Atilano le abrió las piernas. Le frotó la polla entre los labios y en su clítoris, clítoris que tenía el glande fuera del capuchón. Tiempo después cuando comenzó a gemir le dijo:

    -Cógela y frótala tú en el chocho.

    -Coño, papá, di coño que suena mejor.

    -Cógela y frótala en el coño.

    La cogió. Atilano le echó las manos a las tetas. Se las magreó mientras la frotaba. Leonor no tardó ni un par de minutos en exclamar:

    -¡Me corro, papá, me corro!

    Al correrse Leonor, Atilano vio su cara de placer, vio cómo temblaba y se corrió en la entrada de su vagina.

    Acabó de descargar y Leonor seguía corriéndose. Metió la cabeza entre sus piernas y lamió su coño encharcado con sus jugos y con leche. Leonor encadenó tres orgasmos seguidos en menos de tres minutos.

    Tardó un tiempo en recuperarse, pero cuando lo hizo subió encima de su padre para follarlo. Quiso meter la polla, pero no le entró, le dijo:

    -Métemela tú, papa.

    Atilano la cogió por la cintura y fue empujando poquito a poco. Leonor le daba las tetas a mamar mientras el glande iba entrando despacito. Entraba medio centímetro y se la quitaba, otro medio centímetro y se la quitaba… Cuando iba por la mitad Leonor besó a su padre, empujó con su culo y metió todo el glande. El dolor agudo que sintió hizo que le mordiera el labio inferior. Después besándolo y saboreado el sabor de la sangre que había hecho en el labio la fue metiendo ella poquito a poco hasta que la polla llegó al fondo del coño. Con toda dentro Atilano mojó un dedo en la boca y con la yema acarició su ojete haciendo círculos sobre él. Al ratito Leonor le dijo:

    -Eres un travieso.

    -Y tu maravillosa, hija.

    -¿Tanto como para hacer lo que te pida?

    -No lo dudes

    -Córrete dentro de mí y hazme un hijo, papa.

    Atilano le dio la vuelta a su hija, la puso debajo de él y besándola la folló despacito. Al ratito Leonor le echó las manos al culo, lo apretó contra ella, movió el culo alrededor y al sentir la leche de la corrida de su padre, le dijo:

    -¡Me corro contigo, papá, me corro contigo!

    Temblando de placer se fundieron en un beso, y mientras se besaban sus corridas se juntaron.

    Leonor quedó preñada. Llevaron años follando sin que Eugenia se enterase.

    Quique.

  • Balseros: El comienzo

    Balseros: El comienzo

    Las olas del mar pegaban en las rocas más cercanas y yo me bajé del bote de un salto como de costumbre a encargarme de las amarras mientras mi primo organizaba los pescados y trataba de disimular dos langostas que habían caído en la red. Pesquería, mi oficio. Mis estudios de economía no servían para nada y mi diploma era solo para adornar la pared. El bote llamado Carmen, era de mi difunto padre que en paz descanse. Ahí, en el muelle mientras el sol nos regalaba sus primeros rayos vendimos todo lo que habíamos pescado ¡y en menos de una hora!

    Mi madre nos esperaba con café recién hecho; ¡Que puntual! Me oyó decirle mientras yo le besaba en la mejilla.

    -Julito peseta los vio recogiendo las bicicletas y me avisó, nos dijo con voz tierna.

    Tuve la fortuna de nacer en una ciudad muy bonita al lado del mar también tuve la dicha de nacer en una casa humilde y sencilla, pero muy limpios y educados. Tuve la desdicha de perder a mi padre a los 16, ahora tenía 23. Mi madre me miraba y me repetía una y otra vez: ¡Si tu padre te viera!

    Mientras mi primo se bañaba yo me quitaba la ropa que, luego de la larga jornada olía a una combinación bien desagradable entre sangre de pescado y sudor entonces me vi en el espejo, mi piel estaba curtida por el sol y mis bíceps desarrollados por los remos, mis piernas fuertes y robustas por la bicicleta diaria, mis nalgas empinadas y duras de caminar; flexioné un poco y reparé en un manojo de pelos medio rubios por el sol en el pecho, que cuando llegan a mi abdomen se pierden luego en un hilillo hasta el pubis.

    ¡Te estas mirando de nuevo en el espejo! Pareces mariquita dijo mi primo Jaime mientras se secaba delante de mí sin ningún pudor. Habíamos crecido juntos, su casa estaba al lado de la mía y hacía mucho tiempo que vivíamos como hermanos.

    Tenía su cuerpo muy parecido al mío, sus nalgas menos empinadas, su pinga más larga y delgada que la mía. Las piernas y los brazos casi igual y algo muy peculiar era que nos parecíamos mucho físicamente. Era solo un año mayor que yo, hijo del único hermano de mi padre y una prima segunda de mi mamá. No era extraño que nos pareciéramos tanto.

    Por mis conocimientos del mar, un grupo de amigos me propuso salir de Cuba ilegal en una pequeña embarcación pesquera. Ahí estaban por orden de aparición: Pedrito «El loco», Vicente «Tamal”, Julio «Peseta», Yovany «Bistec» y un servidor Javier «El culón”. Todos nos conocíamos del barrio, todos éramos amigos, todos habíamos crecido juntos excepto Yovany. Era hijo de un carnicero en otro barrio más al centro de la ciudad y por eso le decían «Bistec“ este último tenía un comportamiento un poco altanero que iba con su bien marcado cuerpo de luchador, ojos verdes y mirada penetrante y retorcida, pelo rubio medio revuelto, y estatura también mediana como yo. Era lo que diría mi padre un tipo pesado y de pocas palabras.

    La decisión fue muy difícil, la idea de la separación peor. Se conversó largamente del tema y mi madre trató de convencerme de que no me fuera, mi tío por otra parte se mostró muy positivo y me apoyó en mis decisiones, en fin, el bote seguía a su nombre, aunque quienes lo usábamos más éramos Jaime y yo. Por lo menos el sustento de la familia no se iba a ver afectado por mi decisión de partir a buscar mejor vida. Mi primo me prometió cuidar a mi madre.

    Los preparativos iban de maravilla, todo en secreto. Zarpamos una madrugada sin saber que nos deparaba el Estrecho de la Florida, ahí estaban solo algunas novias, incluyendo Lisa mi flaca a la cual besé apasionadamente antes de partir con la promesa de regresar un día y hacerla mi esposa.

    Hubo pocos contratiempos, la gente confiaba en mi porque sabían que yo había sido entrenado por el gran Gerónimo García el mejor pescador que tenía el pueblo y del cual yo era único hijo. Todos me mostraban confianza y afecto excepto el payaso de bistec, al que le gustaba orinar por afuera de la borda delante de todo el mundo y no dejaba de molestarme tocándome las nalgas o tratando de hacer alarde de sus dotes de luchador solo conmigo quizá por ser de su mismo tamaño y peso. Mi travesía hubiese sido mucho mejor si no hubiera tenido que lidiar tanto con ese antipático, con buena suerte a mi llegada no tendría que verle la cara por mucho mas tiempo.

    Ya en tierras de libertad nos abrazamos todos, algunos lloramos, otros reímos algunos lloraron mientras reían. Al fin libres de la opresión, la bicicleta y la comida racionada. Nos instalamos como pudimos en casa de la familia de Julito en Hialeah. Buena gente que nos dio la mano, nos ofreció casa y comida hasta que pudiéramos trabajar y mudarnos. Los primeros en irse fueron «El loco» y «Tamal» y luego Yovany, que después de una semana de haberse ido se tomó el atrevimiento de proponerme que compartiéramos la renta bien barata de un pequeño pero cómodo apartamento, aun sabiendo que yo no lo soportaba y no nos habíamos hablado más de 3 palabras en toda la aventura del bote y la llegada a Estados Unidos. No podía creer que Diosito me fuera a castigar de esta forma tan cruel viviendo con ese antipático, pero yo tampoco podía vivir toda la vida con “Peseta” y su familia. Por otra parte, esa casa me daba miedo, casi todas las noches tenía pesadillas con un viejo que me raspaba con su barba y muchas veces me levantaba todo mojado con mi propia leche. Yo les pregunté a mis amigos si les pasaban cosas parecidas y me tildaron de loco y falto de mujer. En fin, no lo pensé más y me fui a vivir con Bistec.

    Cuando llegué, todo estaba limpio y recogido; Una nota en el refrigerador que decía «Bienvenido” no era de esperarse esa acción, pero la agradecí, aunque si era muy típico de él, el ser de pocas palabras. Acomodé mis cosas (que no eran muchas) y me fui a duchar. El agua bien caliente, recorría todo mi cuerpo, de pronto sentí grandes deseos de tocarme, acariciarme, me excité tanto que mi pinga que no es muy grande, 7 pulgadas americanas, quería reventar. 2 meses a pura paja y sin mujer y yo estaba como dicen por ahí arañando las paredes. Total, que estaba yo en mi más placentero éxtasis pasándome los dedos suavemente por mis velludos testículos, apretando con fuerza mi pinga, pensando en todas mis aventuras amorosas, cuando de repente, un ruido me interrumpió. Era Yovany aparecido como un fantasma en la puerta del baño con una botella de Bacardí en la mano y con aliento a mechero de laboratorio. Le repliqué por su actitud y le pedí privacidad a la que, tratando de hacerse el gracioso, abrió la cortina y ahí me encontró todavía con la pinga en la mano. Ya sé por qué te dicen culón, me dijo y me dio una nalgada, y se puso a orinar sin el más mínimo pudor para marcharse sin hacer más comentarios, yo hervía de la furia, pero me calmé y continúe mi placentera faena. Después de descargar toda la potencia de mis testículos debajo de la ducha salí disparado a discutirle tan impropia acción. Cual no fue mi sorpresa al entrar a su cuarto y encontrarlo en brazos de Morfeo y completamente desnudo. Los vellos de su cuerpo si eran rubios de verdad donde tenía porque el resto de su cuerpo parecía el de un adolescente, abrazaba la almohada de medio lado y se podía ver muy claro que no tenía vello en las nalgas, que eran más pequeñas que las mías e igual de redondas, su herramienta si se veía mucho más grande que la mía, aunque la tenía muerta. Yo, que sin darme cuenta andaba completamente desnudo también me encontré por un instante comparando quien lucía mejor sin ropa a lo que admití que la lucha libre hace maravillas, y me fui a mi cuarto a dormir.

    Al siguiente día, el olor a café cubano me despertó, era sábado y yo no tenía que trabajar, supuse que el equivocado de mi «amigo” tampoco y decidí acabar con los atrevimientos de mi compañero de apartamento, en fin de cuentas, teníamos que convivir juntos y cuentas claras conservan amistades.

    Al siguiente día, el olor a café cubano me despertó, era sábado y yo no tenía que trabajar, supuse que el equivocado de mi «amigo” tampoco y decidí acabar con los atrevimientos de mi compañero de apartamento, en fin de cuentas, teníamos que convivir juntos y cuentas claras conservan amistades.

    Yovany: me dirigí a él no sin antes notar que me daba una taza de café que ya me había preparado y andaba totalmente desnudo, volví a recorrer su atlético cuerpo con la mirada, esta vez reparando en sus pectorales bien formados, luego sentí un cosquilleo raro en el cuerpo y lo único que se me ocurrió decir fue: ¿Chico, pero tú eres nudista?, me dedicó una sonrisa, cosa que jamás había visto en su rostro y me dijo: Estamos en Estados en Unidos, somos hombres y voy a lavar. Tomó su cesta y me pidió un pantalón deportivo y una camiseta prestados. Regresó cantando Javier culón yo no lleno tu pantalón y agregó mira, en agradecimiento te lavo lo que tengas sucio por prestarme esto. Solo tengo el calzoncillo de ayer a lo mejor me lo puedes lavar como hacen las puticas en la prisión, le dije y me le acerqué a la cara desafiante, mi respiración se cruzó con la suya y volví a sentir el mismo cosquilleo extraño en mi cuerpo.

    Javier, Javier me dijo muy pacíficamente yo quiero ser tu amigo de veras, mira si me porté grosero en el pasado ya perdóname. Puso cara de perrito triste y se fue.

    Debo señalar que después de una semana me adapté al desastre de amigo que escogí para convivir; No discutimos más y todo fue mejor, puede ser la nostalgia de no tener a mi familia a mi lado y saber que en cambio tenia a mi nuevo camarada que se había arriesgado igual que yo en el mar y estábamos a salvo. Él era de la edad de Jaime mi primo, de hecho, habían ido juntos más de una vez a jugar pelota o a cazar e increíblemente compartíamos casi los mismos gustos, entre ellos, la misma talla de conjuntos deportivos, el gusto por el ron y los discos de Ricardo Arjona, También compartíamos el carro que era suyo y por último, cuando me quedé sin trabajo me consiguió uno en el lugar donde estaba empleado y pagaban mucho más, además a él le iba súper bien. La rutina continuó por 3 meses más y salíamos en las mañanas a hacer ejercicios antes del trabajo como si anduviera con Jaime mi primo, por fin me adapté a andar en calzoncillos en el apartamento y hasta desnudo de vez en cuando, le tome tanto afecto a Yovany que hasta accedí a practicar lucha libre para mantenernos en forma, pero yo era tan malo que siempre salía perdiendo.

    Una noche de verano, el aburrimiento me poseía mientras pensaba en Lisa mi novia. Cinco meses sin mujeres. Yo, que las tenía comiendo de mi mano, me encontraba en la situación más acongojante y penosa en la que me hubiese visto jamás. La única novedad relacionada con sexo era cruzarme en el pasillo y la cocina con mi compañero de apartamento mientras ninguno se ponía ropa, y lo peor es hasta me acostumbré a andar así sin pudor delante de él. ¿total si lo hacía con mi primo, por qué no con Yovany? Que locura, pensé ¿qué ha sido de mi vida pasada?

    Miami brindaba un viernes de calor húmedo, cielo nublado y mosquitos, también brindaba situación económica mediocre y quedarse en casa era la mejor opción. Mi habitación tanto como la de mi amigo daban a un hermoso lago lleno de tortugas y patos, corrí las cortinas y me paré en aquella puerta francesa que separaba mi habitación del lago, suspiré y dos lagrimas corrieron por mis mejillas, miré mi reflejo en el cristal y me di cuenta de que la escena era patética, Javier García en calzoncillos mirando agua sucia, turbulenta y encerrado en una habitación un viernes a las 8 y algo de la noche. Mi mente voló lejos, a Cuba a la costa donde se iba todo el grupo a bajar unas cuantas botellas de ron y donde las olas del mar arremetían con el diente de perro con furia, donde las fogatas, las risas y los chistes eran una rutina de viernes cuando caía la tarde.

    De pronto sentí como una sensación rara en el cuello, como si algo o alguien me estuviera observando desde el umbral, al voltearme me di cuenta de que era Yovany, yo estaba tan sumido en mis pensamientos que no me di cuenta de que avanzaba ahí desnudo como de costumbre, ya casi delante de mí y con una botella en la mano, ¿Qué tiempo llevas ahí? Lo suficiente para notar que has llorado me dijo: Sécate esa lágrimas que vamos a ahogar las penas, yo me siento igual y trató de abrazarme a lo cual yo lo empujé reclamándole: ¡Estas en cueros no te me pegues! ¡Ponte ropa coño!

    Entonces destapó el frasco, me di el primer trago y le dije: Necesito una mujer, necesito mi vida de nuevo y me eché a llorar. Después de calmarme y bajar la botella hasta el fondo entre los dos, me propuso que viéramos una película porno a ver quién de los dos echaba más leche. A mí en realidad me daba un poco de pena, pero entre la borrachera y la nostalgia asentí con la cabeza, aunque pensé: Esto es una locura. ¡¡Quítate el calzoncillo!! y me lo agarró con fuerza, tengo pena, le repliqué, Yovany salió de su cuarto y regreso con otra botella y desnudo de nuevo.

    Ya llevábamos rato viendo aquella película y estábamos al explotar. Yo todavía no me sentía cómodo delante de él cuándo me agarró con fuerza y me despojó de la única prenda de vestir que llevaba. Nos echamos a reír y empezamos a forcejear hasta que poco a poco él que siempre fue más fuerte por fin fue cediendo despacio, quedando el completamente encima de mí, pero sin dejar mis manos. No sé si fue el alcohol o el tiempo que llevaba sin contacto físico con nadie, tal vez todo el rato que habíamos pasado viendo pornografía, que su peso encima de mi me resultó placentero y sus brazos que todavía apretaban mis manos con fuerza detrás de mi cabeza y me inmovilizaban completamente me resultó agradable. Me echó su aliento perfumado de licor en el rostro y me dijo: Te he vencido una vez más, pero esta vez no te vas a ir sin complacerme.

    ¿De verdad está Javier tan borracho que se dejaría seducir por su amigo? Sígueme mis historias aquí.

    Gracias por leerme. Siempre tuyo ThWarlock

  • Gordo y sucio

    Gordo y sucio

    Lexi sintió sus manos manoseándole las nalgas con brusquedad; la apretaba fuertemente y sabía que como siempre, le causaría hematomas, pues su blanca y delicada piel era sensible a esta clase de tratamientos. Sentía el roce cerca de su cavidad favorita y sabía que Jimmy la estaba lubricando, preparándola para lo que venía. Era un rutinario ritual, al que estaba acostumbrada. Sabía que debía guardar silencio, pues de otra forma, sería reprimida.

    Minutos antes, sintió que alguien más había entrado a la pequeña habitación, pues detectó leves pasos cerca de ella; no hizo intento alguno de quejarse, pues sabía que, al jurar obediencia completa a Jimmy, él y su invitado tenían libertad de obrar a su antojo. Conocía bien a Jimmy, pues era su amo y se veían con frecuencia hace ya más de un año, pero el otro hombre era una incógnita; además, la negra pañoleta de seda atada sobre sus ojos y la apretada correa de cuero alrededor de su cuello, le recordaban su calidad de esclava. La venda le impedía ver algo del aspecto del segundo hombre, lo que era parte del extraño ritual, pues así fuera él, repulsivo, no hubiera podido protestar.

    Ahora ella sentía aquellas cuatro manos deslizándose por su desnudo cuerpo, a veces suavemente, otras con rudeza, haciendo paseos indebidos y tomando aventuras hacia áreas prohibidas, proporcionándole atrevidas caricias, a las que se sometía sin reparo; ella gozaba el intenso momento.

    Lexi sintió que la halaban del cabello bruscamente hacia atrás. Aunque trató de estabilizarse con sus manos y brazos, aterrizó sentada y con fuerza sobre el varonil cuerpo, su espalda contra el musculoso pecho, pudiendo detectar por su olor la proximidad de Jimmy. Su mente se había subyugado a él hacía un tiempo y por lo tanto no había en ella ninguna intención de rechazo. Jimmy era su dueño.

    Esta posición era bien conocida por ella, pues así era siempre el principio. Él, con su conocida brusquedad, empezó la lenta invasión, a la que, aunque algo dolorosa, Lexi respondió gustosa, pues siempre tomaban ese camino. Cuando se conocieron, él la obligó a la fuerza a hacerlo así siempre, pero no tuvo que luchar mucho, pues después de unas pocas veces, ella, muy dócilmente se acostumbró, es más, le encantó, hasta el punto de que, con frecuencia, ella era quien tomaba la iniciativa y se lo demandaba.

    −Soy Víctor −oyó Lexi− Dame placer!

    Al mover sus manos hacia adelante, se encontró con unas caderas masculinas a la altura de su cara. Conceptuó que el sujeto, haciendo alardes de malabarista, se había encaramado en algo, para acceder a la altura de su rostro. Su imposibilidad de ver, la obligaron a imaginárselo gordo y sucio, pero rápidamente desterró esos pensamientos, pues era consciente de que tenía un compromiso con Jimmy.

    Sintió en su labio inferior la proximidad de un miembro masculino y con su mano derecha, constató que era de gran tamaño. Sabía exactamente qué se esperaba de ella. Lentamente abrió su boca, invitando al extraño a entrar. Seguía preguntándose cómo sería su aspecto, pero adivinaba la mirada severa de Jimmy sobre su nuca, lo que atemorizaba su mente obligándola a volver a su misión.

    Varios minutos habían transcurrido y Víctor empezó a emitir unos leves gemidos, los que le indicaron a Lexi, que su acción era bien recibida. Los movimientos lerdos y pesados pronto adquirieron un ritmo fuerte, tratando de coordinar un poco con los vaivenes de la cabeza de Lexi, aunque sin lograrlo.

    Lo comparó con aquel Leo, a quien sí pudo ver hace unos días en La Estancia.

    La elegancia de Leo, su pasión y su delicadeza, le trajeron recuerdos secretos de aquella semana en la enorme casona, donde dos o tres docenas de hombres habían, de diferentes formas, usado su cuerpo una y otra vez, mientras Jimmy, su amo, observaba tranquilo, con mirada fría y lujuriosa.

    La agitada respiración de Víctor dominaba el silencio del pequeño cuarto y ella vislumbró un final sin gloria, después de cinco o seis cortos minutos. Lo comparó con Leo, quien le decía cosas de novios y quien se había demorado una eternidad para terminar; lo había hecho con cierta dulzura y delicadeza. No lo olvidaba, pues mientras se corría con fuerza, le había dicho palabras de amor.

    Víctor terminaba; ella sintió varias fuertes sacudidas y con agilidad se escapó del suplicio, dejando al indeseable hombre a la deriva, con gritos grotescos y lamentos eróticos. No lo veía, pero se lo imaginaba como una alimaña. Pero se sintió afortunada, pues obtenía su objetivo principal: complacer a Jimmy, su amo.

    Ella y Jimmy continuaron su rítmico ritual. Él le acariciaba ahora los pechos con algo de brusquedad, para después deslizar sus manos a las sensuales caderas, mientras ella subía y bajaba con frenesí.

    −Te amo Jimmy! −exclamó Lexi−

    −Al piso puta! −respondió él− Tienes prohibido hablar así!

    Lexi cayó de bruces al piso de piedra.

    −Ponte en cuatro! −exclamó él.

    Sin esperar, la atacó con dureza y las fuertes embestidas traseras fueron recibidas con pasión por Lexi, cuyos ojos semi cerrados y sus quejidos profundos, indicaban el alcance de su deseo, a pesar del leve dolor. Minutos después, Jimmy emitió un rugido que pareció salir del fondo de sus entrañas; ella le correspondió con un lamento fuerte y agudo, pero lleno de amor.

    Lexi, acostada sobre el duro piso de piedra, sintió tensionarse la correa alrededor de su garganta. Hasta ahora no había visto la habitación, pero sabía que Jimmy la estaba halando y eso la excitaba. Gateó unos pocos pasos hasta que dejó de sentir la tensión en su cuello. Se quedó arrodillada e inmóvil sobre el frío piso.

    Minutos después, sintió que Jimmy le soltaba la pañoleta de la cara; él había atado la correa a una argolla metálica en la pared adyacente. Vio a Víctor; su desnudez revelaba un hombre de piel clara y cabello negro, muy delgado y atractivo, sentado en un pequeño butaco a pocos metros, mirándolos con un erotismo no disimulado. Sonreía.

    Jimmy había colocado sobre un pequeño cojín en el piso frente a ella, un recipiente con agua.

    −Bebe perra! −exclamó con autoridad−, y descansa, porque bien sabes que hay más!

    Ella bebió y al terminar, removió el plato de su lugar y acostándose, reclinó su cabeza sobre el cojín, tratando de conciliar un corto sueño, pues sabía que, en menos de una hora, la despertarían para continuar… pero le quedaba el consuelo de que Víctor no era… ni gordo ni sucio. ¡Lo admiró!

  • Mi papi me coge en su casa

    Mi papi me coge en su casa

    Hola, es increíble que haya cambiado de categoría, nunca creí que me metería de lleno en el incesto, pero me alegro de no haber llegado tan tarde, como muchos saben, soy un ninfómano a mas no poder, me encanta el sexo con jóvenes y maduros por igual, pero con el último encuentro que tuve con mi papá era de esperar que me llenara de excitación hacerlo solo con él.

    No pasaron muchos días cuando recibo un mensaje de mi papi, queriendo pues coger, yo acepté y le dije que el pusiera el lugar, a lo que me dijo que en su casa, pues iba a estar solo en toda la tarde, casi siempre procuro que me cojan de noche, pero esta vez sería especial, me fui preparado con mi plug, ya no he comprado lubricante pues siempre trato de dejar bien babosa la verga de mis amantes y que la penetración sea lo más placentera posible; llegue a su casa y conversamos un poco, le sorprendió lo que hicimos la última vez, y dijo que nunca pensó que tuviera un hijo que le gustara la verga, pero que al mismo tiempo eso le gustaba, le daba cierto morbo, igual que a mi.

    Me recosté en su regazo y empezó a masajear mis glúteos, los apretaba, en eso comienza a bajarme el short, el también andaba en shorts, miró mi plug y jugueteo con él, lo sacaba y metía, me hacía gozar, cuando lo saco me lo metí a la boca para saborearlo, le dije que si me podía cochar por favor, con un tono afeminado, él me dijo: sí, pero antes tendrás que mamarme la verga; le dije pues tienes que sacarla de su envoltorio, me reí, en eso la saca y yo comienzo a hacerle una puñeta mientras sobo sus huevos, luego empiezo a chuparlos, a metérmelos a la boca, casi nunca lo hago pero ese día quería esmerarme para complacerlo. Le escupía, lo quería dejar bien ensalivado, en eso que me levanta y me da la vuelta para poner mis manos en el suelo y mis piernas en la cama, como si fuera una carretilla y en eso, no saben, que empieza a lamerme el culo, metía su lengua, me llenaba de éxtasis, nunca nadie lo había hecho antes, sin duda alguna ambos nos complementábamos, éramos padre e hijo unidos por el incesto, me daba pequeñas caricias en las nalgas, las sobaba, me encantaba, luego bajaba mi cadera hasta que la entrada de mi ano quedo a la altura de su miembro y en eso comenzó a penetrarme lentamente, el dejaba caer su saliva, me gustaba porque se sentía fría al contacto con mi piel.

    Luego me levanto pero en la misma posición, sentados seguíamos cogiendo, el me abrazaba por detrás mientras yo continuaba con los movimientos, me encantaba que me acariciaba todo el cuerpo, sus brazos me cubrían entero, me pellizcaba con sus dientes en los hombros, me estaba haciendo sentir una verdadera mujer, toda una zorra. Luego cambie de posición, en el borde de la cama le ofrecí mi agujero al hombre que hizo posible mi nacimiento, mientras él estaba parado, yo me recosté boca abajo con el culo levantado listo para seguir cogiendo.

    Después seguí chupando su verga, casi hago que se venga, pero se contuvo, luego sentados frente a frente seguí metiendo su pito en mi entrada y ahí abrazados mutuamente nos unimos, yo ponía mi cabeza en su hombro y el me penetraba con fuerza, sus embestidas eran rápidas, me encantaba la forma en la que me cogía, no lo podía creer, el hombre que nos abandonó a mi y a mi madre me estaba haciendo suyo, en eso nos cambiamos y empecé a cabalgarlo, mis manos en su pecho y sus manos en mi cadera. Luego en un movimiento brusco me recostó y levanto mis piernas en el aire y el se puso encima de mi, todo su peso recayó sobre mi ano, yo me pajeaba y le pedía que me levantara mas para poder eyacular en mi boca, lo hizo y en eso todo mi semen cayó sobre mi lengua, eso lo prendió mas, empezó a gruñir, y en eso siento sus latidos en mi ano, estaba eyaculando dentro de mi, mis hermanitos los tenía a todos adentro jeje; me levante de inmediato y como pude tome lo que salió de mis entrañas y comencé a lamer toda mi mano.

    Cuando terminamos hicimos un tour por su casa, mostrándome fotos de mis medios hermanos y su actual pareja; le dije que estaba feliz de verlo y todas esas cursilerías. Le dije que un día de estos quería coger de nueva cuenta pero en un parque, él me dijo que cerca de ahí había una plaza con una caseta abandonada que ahí podíamos hacerlo, le dije que estaba bien, y quedamos entonces.

    Si les gusto no olviden comentar o mandarme su mensaje a mi Telegram: @Km4zh0.

    Hasta pronto.

  • Cecilia

    Cecilia

    Recibí el correo… En él venía el pase de abordar y con él la fecha cuando debía viajar a Cancún para conocerla, después de tanto intercambiar mensajes de haría realidad.

    Iba a conocer a la mujer que me atraía tanto sexualmente y emocionalmente… Cecilia!

    Estamos el uno para el otro, después de haberla encontrado no pensaba dejarla ir sin comprobar que podía existir la mujer perfecta para mí…

    Abordé el avión muy contento y excitado… Las imágenes de su cuerpo desnudo se agolpaban en mi mente recordando todas y cada una de ellas.

    Lo curioso es que nos conocimos en una página de internet especializada en fotografías, pero nunca me imaginé encontrar a una mujer tan sensual y dispuesta ahí…

    Después de mucho conversar en línea, decidimos conocernos; y cuál fue mi sorpresa al recibir una invitación a Cancún por parte de ella…

    De lujo! Iba a conocer a la mujer que me despertaba deseo intenso por tocar su delicioso cuerpo y comprobar que era tan caliente como me decía en línea.

    ¡Sus senos eran tan excitantes! Nunca había conocido una mujer con esas areolas grandes y pezones tan deliciosos como me dejaban ver en las fotos que me había compartido ya.

    Y su vagina… Esa era lo que más me había excitado al ver cómo derramaba ese líquido precioso precoital tan abundantemente en algunos de los vídeos que me había enviado…

    Sin duda, era la mujer ideal para mí: caliente, intensa y delicada.

    Solo recordar esas imágenes que me compartió, y saber que otros hombres y mujeres la habían visto así en esa faceta caliente de ella en esa página de fotos me ponía a mil…

    Eso fue lo que detonó mi deseo por ella, saber que subía fotos íntimas de ella desnuda mostrando su sensualidad para que la vieran era lo que me gustó y éxito más de ella…

    Era un sueño: una mujer sensual que disfrutaba mostrándose desnuda para el placer de quien la viera en su página… Me encantó, así la conocí y así me encantó!

    El avión aterrizó sin novedad alguna, me encontraba algo nervioso al saber que al fin la iba a conocer…

    Salí de la sala de llegadas y la vi agitando su mano recibiéndome feliz, me acerqué a ella y nos dimos un beso como una pareja que se encuentra de nuevo feliz de estar juntos de nuevo.

    Subimos al autobús que nos llevaría a playa del Carmen, ambos íbamos excitados y expectantes…

    Abrazándola con la naturalidad que da el saberla contenta de estar conmigo la besé dándole mi lengua cosa que correspondió de inmediato…

    Nos besamos intensamente durante el trayecto a playa del Carmen y no pude evitar tocar y acariciar esos senos que eran mi obsesión…

    Ella no objeto nada, al contrario, disfrutó de mis caricias en sus senos sobre su blusa delgada que dejaban sentir perfectamente sus pezones erectos al tacto mío.

    Llegamos al hotel que ella había reservado en playa y después de registrarnos nos enfilamos hacia lo que sería nuestro lugar para dar rienda suelta a la lujuria que ambos teníamos ya imposible de ocultar…

    Al entrar a la habitación ambos nos dirigimos hacía el balcón… Deseaba empezar a retratarla, conservar esa imagen suya permanentemente en mi cámara, ella lo sabía, vestía una blusa blanca y una minifalda azul que acentuaban esa figura deliciosa de mi hembra caliente.

    Sin decir nada ambos, ella entendió lo que ambos deseábamos y empezó a posar sensualmente y poco a poco empecé a guardar esa memoria visual de nuestro encuentro…

    Después de varias fotos, me acerqué a ella y nos retratamos como una pareja feliz de estar juntos…

    Al empezar a besarla intensamente ahí mismo en el balcón de la habitación mientras acariciaba sus senos sobre la blusa y tocaba sus piernas perfectas por primera vez sintiéndola caliente me percaté que dos parejas nos veían descaradamente desde las habitaciones de enfrente y entre besos le dije a ella lo que pasaba…

    Cachondamente Cecilia me contestó: ¿te molesta o te excita?

    Apretando mi verga por primera vez sobre el pantalón…

    Era perfecta! Saberla deseada por otros me ponía a mil y ahora saber que la estaban viendo me calentó muchísimo y le respondí: me excita mucho ver qué te están viendo…

    Sin decir nada me tomó de la mano y me condujo al interior de la habitación al tiempo que corría las cortinas de la habitación dejando todo el interior a la vista de quién se encontrará enfrente…

    Cecilia lentamente se recostó en la cama subiendo su blusa dejándome ver sus senos preciosos por primera vez pellizcando sus pezones erectos mientras me preguntó cachondamente:

    ¿Quieres que nos vean coger?

    Al tiempo que subía sus piernas para quitarse la tanga y la falda quedando totalmente desnuda a la vista de los curiosos de las habitaciones de enfrente mientras empezaba a mover sus caderas sensualmente y me decía: así me querías tener?

    Sus manos abrieron su velluda vagina… Le pedí que se dejará crecer el vello púbico y el vello de las axilas para este encuentro.

    y con una mano acarició y jalo los vellos de su axila mientras con la otra abría sus labios vaginales…

    Consciente de que nos podían ver claramente desde las habitaciones de enfrente me desnude mientras Cecilia se empezaba a acariciar y masturbar para deleite de los mirones…

    Sabía que esto la excitaba mucho, una cosa era subir fotos desnuda a la página y otra era exhibirse descaradamente a los ojos de extraños mientras teníamos nuestro primer encuentro sexual…

    Girando un poco a su costado, dejó que la vieran totalmente desnuda mientras me llamaba abriendo las piernas…

    Rápidamente me abalance sobre ella acariciando sus tetas preciosas y acariciando su vagina con mi verga.

    Gimiendo como gatita en celo llevó mi cabeza hacia abajo en un claro gesto de lo que deseaba…

    Al llegar a su vagina empecé a besar y mamar los labios de esa belleza mientras ella volteaba hacia las habitaciones de enfrente…

    Continuará.

  • Después de la discusión

    Después de la discusión

    Él: ¿Sabes? Quiero reconciliación.

    Quiero abrazarte, verte a los ojos y besarte. Primero lento decirte que te amo y que no dudes que entiendo, mientras mi mano invade tus nalgas y te arrima hacia mi.

    Sientes mi erección, pero te niegas y tratas de escapar.

    No te dejo ir y te beso atascado.

    Cedes ante el beso, pero me subes la mano.

    Bajo a tu cuello y mis manos a tu espalda, te muerdo ahí, gritas y me tiras la mirada, pero rápido la guardas.

    Sigo bajando y rozo tus senos que reaccionan, los pezones se levantan y suspiras, sigo bajando a tu ombligo, me tomas de la cabeza y me dices: “no lo hagas, estoy enojada”. Beso y chupo tu ombligo y sin querer desabrocho tu pantalón, me levantas la cara y me dices “NO”.

    Con cuidado bajo el pantalón, estás mojada, soplo, reaccionas y me dices: “¿Crees que así me vas a contentar?” y en ese momento te comienzo a chupar.

    Sientes mi lengua en tu clítoris, mi barba rasposa en tus piernas y pierdes el balance. Gimes.

    Me tomas de la cabeza y haces presión. Te levanto, te acuesto en la cama y te chupo completa en círculos presionando tu clítoris. Gimes y te resistes.

    Me levanto y te beso en la boca, es tu sabor.

    Te voy a penetrar y me dices “chúpame más”.

    Bajo nuevamente, está muy mojado, en encanta.

    Succiono, se te cruzan los cables, te arqueas, gritas: “Eres un cabrón, cógeme ya”.

    Y así, al instante, te penetro.

    Te vienes fuerte muy fuerte.

    Me aprietas durísimo, sabes que me vendré dentro de ti pronto.

    Lo vuelves a hacer mientras te vienes por segunda vez.

    Y termino dentro de ti.

    Sabes que quería aguantar más.

    Ríes finalmente.

    Y me repites: “Cuídame cabrón”.

  • Noche de vino con Katheryn

    Noche de vino con Katheryn

    Katheryn y Chris son una joven pareja de novios que quieren disfrutar de su sexualidad a pleno, pero debido a la falta de experiencia de él, no están pudiendo lograr un resultado fogoso y pasional. Un trío parece ser la respuesta conciliadora para una noche de placer y una aparente clase de sexo.

    Primera parte. Introducción

    La joven pareja de novios se encontraba teniendo sexo. El nido del amor era el departamento de ella, más cómodo y bonito que el de él. La escena estaba cargada de fantasía, con ella de cuatro esperando recibir acabadoras embestidas. Al novio se le vino el salvaje impulso de hacer sonar esas nalgas con aquel característico sonido: plaf plaf plaf… Se posicionó detrás de ella e intentó pasar de su imaginación a la acción. La cálida penetración le excitaba de sobremanera, incluso con el preservativo puesto, sentía como aquella apretada cavidad devoraba todo de él. Pero cuando quiso darle el frenético ritmo con el que conseguir el sonido, se encontró con muchas dificultades. Cuando intentaba empezar, su miembro resbalaba fuera como eyectándose de una peligrosa maniobra; sumado a que no lograba establecer una coordinación con su amante. Y es que no le resultó tan fácil como imaginarlo…

    Entre tanto intento, se le hacía más difícil controlar una inminente eyaculación y ni siquiera le había hecho gemir, por lo que se detuvo, aún dentro, para recuperarse. Su ejercicio para prolongar la erección, a base de respirar profundamente, se vio interrumpido por una aparición dactilar. Su compañera, ante la quietud en su retaguardia, posó sus dedos en su entrepierna para conseguir ella misma el gustito “dopaminesco” del orgasmo. Esos agentes dactilares se movían cada vez más rápido, ocasionando los primeros gemidos de placer en la alcoba.

    La carrera se aproximaba a la recta final. Ella empujaba sus voluminosas nalgas contra la pelvis de su inactivo amante en busca de guerra, pero esas ganas pudieron con él, quien, sin poder evitarlo, eyaculó dentro del preservativo.

    La novia se deja caer en la cama y termina sola el trabajo. Su orgasmo fue como aquellos que tenía, sola en su recamara. Un resultado nostálgico pero mediocre para su edad actual. Se dio la vuelta y miró con semblante serio a su novio. Él se acerca y le da unos tiernos besos, pero ella pasa de él, lo único que le apetecía en ese momento era darse una ducha.

    Segunda parte. Los preparativos

    Tras terminar su ducha, sale del cuarto y va a la oscura sala para mirar TV. El novio se acomodó junto a ella en el cómodo sofá. Se dan un abrazo y luego ella le espeta:

    —Mi amor, ¿cuándo vamos a hacer un trío?

    —Cuando quieras, beba.

    —¿Con quién?

    —No sé beba, elige tú.

    —¿Seguro?

    —Si.

    Los prolegómenos de una noche de placer comienzan a generar una tensión sexual. A pesar de ya haber salido del ambiente, la imaginación logra que la excitación reaparezca fácilmente en ambos, pero antes de que el novio le propusiera algo, ella se levanta, con móvil en mano, en dirección a la habitación.

    —¿Qué vas a hacer? —alcanzó a preguntarle antes de que se alejara.

    —Voy a buscar al candidato… Quiero estar un rato sola en la pieza, ¿si? No entres, porfi.

    Cierra la puerta con llave. Se oye música dentro. Luego de unos minutos, el novio se acerca a husmear. Pega la oreja en la puerta y sólo alcanza a oír unas risitas. Vuelve al sofá para ver una película. Pasados unos 45 minutos, la música se apaga y seguido se escucha la ducha, otra vez.

    Sale la novia de la alcoba, le da un beso de buenas noches y le recuerda que no se quede hasta muy tarde viendo pelis.

    Termina el film. El novio va junto a su, ya roncando, bella amada. Busca el móvil en la mesa de luz, no puede evitar revisarlo por causa del morbo. Pensó primero en mirar los mensajes pero luego se arrepintió. Decidió terminar su noche masturbándose con las sexys fotos que su novia posee de sí misma.

    Al entrar en la galería, esperando ver las mismas fotos hot de otras ocasiones, se encuentra con que nuevos y desconcertantes archivos han aparecido. La primera e intrusa foto que figuraba era la de un fuerte y trabajado torso de varón. No se veía la cara pero él se hacía una idea de a quién podía pertenecerle. La segunda era un primer plano del trasero, presumiblemente, del hombre anterior. Y la tercera mostraba el cuerpo entero, completamente desnudo. Pasó rápido de ellas.

    Los siguientes archivos no se trataban de fotos, sino de videos. Tras reproducir el primero de ellos, se alegró de ver a su novia mostrando los senos. No se le veía la cara, sólo se alcanzaba a ver los labios pintados de rosa. El siguiente archivo también era protagonizado por ella, esta vez enseñando la cola con una bonita tanga rosa. El último archivo recibido en esa galería ya no la tenía a ella, sino a una polla en todo su esplendor, siendo furiosamente masturbada por su portador.

    Volvió a ver las fotos de su chica hasta correrse, le fascinaba todo el material sensual que disponía aquella mujer en su propio móvil.

    Tercera parte. El arribo

    La novia se encargó de coordinar el día, uno en el que los participantes estén libres de responsabilidades para así dejarse llevar. Lugar: el nido del amor…

    Faltaba poco, tan sólo una media hora. Casi estaba todo listo:

    —Chris, andá a comprar un vino. Rapidito que ya debe estar por llegar —ordena endulzadamente la organizadora a su novio.

    Ya en el supermercado, Chris se debatía delante del escaparate: ¿cuál de todos estos vinos le gustará más a ella? Pide recomendación. La sugerencia era una botella de malbec y, como no tenía mucha idea sobre la materia, se la lleva sin titubear. La fila para el cajero era larga, solía ir rápido en otras ocasiones por lo que estaba tranquilo. Un mensaje de su novia le llega al móvil anunciando que el tercer participante ya había arribado. Cayó en cuenta de que eran las 20 h. De repente la fila le resultó pesada y lenta. La impaciencia hacía mella.

    Llegó a toda prisa al edificio. Se alcanzaba a oír un poco la música desde el pasillo. Antes de abrir la puerta, pega el oído. Como si fuese un déjà vu, vuelve a escuchar las risitas de ella. Entra en plan sigiloso y los ve en el sofá… charlando. El brazo del colega descansando encima del respaldo, rodeándola. La novia al verlo llegar se levantó, tomó la botella y fue para la cocina.

    —Tarde, vida —le dijo, más su tono y rostro no representaban reproche, de hecho estaba contenta.

    Luego de descorchar la botella, toma dos copas y las lleva a la sala. El novio se sirvió otra cosa más de su preferencia. Se saludaron los caballeros. La sospecha de Chris resultó estar en lo correcto: se trataba de Dartel, de todos los amigos y conocidos de su novia, él era el candidato más comprensible y atrayente para la hazaña; aquel que, entre susurros, las mujeres comparten comentarios sobre las impúdicas maravillas que es capaz de realizar.

    Antes de acomodarse, ella quiere ambientar el lugar. Apagó todas las luces, a excepción de la tenue luz de la cocina. Se posiciona en medio de los dos hombres.

    Con copas de vino la charla cada vez se volvía más amena y, en cuestión de tiempo, fue tomando un cariz picante de manera tan gradual que Chris no se había dado cuenta.

    —Como me encanta el vino —apreció ella—, así puro, sin hielo, sin soda, sin nada, al natural.

    —Si, a mi también me gusta “a pelo” —agrega su compañero de copas.

    —Lástima que a Chris no le gusta… así.

    La novia mira unos instantes a su amado con una jocosa sonrisa. Luego se dirige a Dartel:

    —¡Ah!, te quería consultar, vos que tenés cancha. Esos días con Chris, digamos que, tuvimos ciertos inconvenientes con una posición.

    —Dime —responde como todo un consultor profesional.

    —Estábamos haciendo el perrito pero como que costaba llegar a la parte de los bifes. —Aplaude para ilustrar con efecto de sonido su punto. El gesto le hace soltar una risita maliciosa.

    El colega trata de disimular la sonrisa, rascándose la nariz. Se dirige a Chris con modesto y comprensible tacto:

    —Observa bien sus movimientos, acompáñala.

    —A ella la miro pero vamos, más que bien, es sólo que la intensidad con la que quiero darle… no la consigo.

    —Lo que debes de hacer es quedarte quieto y esperar a que ella tire pa’ tras y allí tu das. El error que muchos cometen es querer moverse a lo loco y eso no funciona en todos los hombres…

    Ella, que estaba escuchando atentamente, agrega:

    —Claro, eso último sería para los que la tienen bien grande, ¿no?

    —No lo quería decir pero si, es una cuestión de tamaños.

    —Puede ser… —responde poco convencido Chris.

    —Bueno más tarde nos vas a mostrar cómo se hace —finaliza ella dirigiéndose al invitado.

    La novia, ya algo cachonda, se acerca a su pareja para darle un tierno beso en los labios, beso con sabor a vino, pero sólo un momento porque luego esa lengua se desplaza hacia el invitado. Después de más besos a ambos, se recuesta en el cómodo sofá, abre las piernas y procede a dar sendas caricias manuales en los muslos de esos hombres.

    Cuarta parte. Noche de vino con Katheryn

    La respiración agitada de los participantes daba cuenta de la creciente excitación en el lugar. Chris acariciaba los voluptuosos muslos de su amada, enfundados en aquellos leggings negros de cuero. Katheryn se había puesto un bonito sujetador de encaje negro semitransparente y una pequeña chaqueta. Dartel, con delicadeza, quitó esta última prenda.

    Las entrepiernas de los hombres fueron asaltadas por las manos de ella. El novio no quiso esperar ni un segundo más para sentir esa suave mano directamente sobre su miembro, por lo que se bajó el pantalón. Ahora el miembro erguido estaba siendo firmemente empuñado.

    Katheryn vuelve a besarse con su amado. Podía sentir claramente como se iba poniendo muy a tope, por lo que se detuvo antes de excitarlo demasiado. Ahora le tocaba al invitado. Se ubica entre las piernas de aquel hombre. Pantalón y calzón fueron despojados con ímpetu. Viéndose con picardía, la tensión y el desafío estaban a partes iguales. ¿Quién daría el primer paso? Ella acariciaba los torneados muslos con el miembro viril reposando a poca distancia. Cansado de sostener esa expectante tensión sexual, el tercer participante, incitador, toma firmemente su miembro desde la base, izándolo ante el rostro de la sensual mujer. Antes de proseguir, la dama bebe un sorbo de vino. Luego toma aquel mástil, ubicando su mano a continuación de la del dueño, y procede con un lento e intenso fellatio en la punta del asta.

    Chris observaba con detalle aquel lujurioso panorama. Recorrió el cuerpo de su amada novia y vio que, al estar tan inclinada, su pantalón cedió un poco dejando ver su tanga g-string. Su rostro no podía verlo pero, gracias a que su momentáneo amante sujetó la rubia cabellera de ella, pudo ver justo como Katheryn había ladeado tanto su cabeza que en su cachete se distinguía el contorno del glande. En ese momento el novio pensó que si ella le hiciera eso a él, de seguro lo dejaría fuera de combate.

    ¡Paf! Aquel sonido del descorche de una botella se volvió a oír pero esta vez de una manera muy distinta.

    —Viste como sé —le dijo ella al afortunado.

    —No es así como me dijiste que lo harías…

    Ella le clavó una mirada cómplice, luego se dirigió enérgicamente hacia su novio montándose a horcajadas sobre él. Pensaba en devorarle la boca a besos, de hecho lo estaba por hacer, pero decidió hundirse a último momento en su cuello.

    —Quería besarte en la boca pero no sé si… —le susurró al oído.

    Chris, motivado por la fuerte excitación que le provocaba su novia, no pensó en otra cosa y le respondió:

    —Si mi amor, hazlo.

    Y es que él se ponía a tope con sólo sentir el tacto sensual de esa mujer, así lo demostraban sus rápidas erecciones, por ello es que sus lenguas, sin ningún reparo, se entrelazaron con pasión.

    Las manos de él se pasearon desde la espalda hasta sus pompas. Notó que otras manos también acariciaban aquel cuerpo, sólo que estas se ocupaban de los senos. Ya no podía seguir el recorrido anterior, por lo que se estacionaron en la cintura de la dama. De repente, sus cuerpos se apretaron con un peso extra. Chris entreabrió los ojos y pudo comprobar que se trataba de Dartel encima de Katheryn.

    Los suspiros de ella se transformaron en gemidos.

    —Vamos a coger —ordenó a los dos hombres.

    Chris, de la emoción, se desvistió ahí mismo mientras los otros dos marchaban. Escuchó los rápidos sonidos de unos talones y, de seguido, un gritito de Katheryn. Se giró para ver lo que pasaba detrás de él y vio que Dartel, abrazando a Katheryn por la espalda, empujaba su ingle contra el trasero de ella de tal manera que la hacía elevar. Ella sólo se reía.

    Katheryn se libera luego de los brazos de aquel hombre.

    —Hay que ser justos —le dice él—, nosotros estamos con la tula al aire y tú sigues con ese pantalón.

    —¿Ah si?, ¿querés que me saque la calza?

    La dama comienza a bailar. Introduce sus pulgares dentro de la tela, creando expectativa. Se pregunta dónde está su novio. Se gira sobre sí misma, moviendo sensualmente la cadera, y lo ubica detrás del sofá. Estaba observándola atentamente, así que le sonríe, luego le da la espalda y comienza a bajar lentamente su leggings, liberando en el proceso sus turgentes pompas, hasta despojarse de la prenda. Vuelve a verlo para leer la expresión de su rostro que, como era de esperar, denotaba encanto. Ella quiere darle un beso.

    Dartel, tras ver el sexy cuerpo de aquella dama, no pudo evitar las ganas de tomarla y volver a restregar su paquete. Sólo la pequeña tirita de la tanga los separaría.

    Cuando la novia se inclinaba para darle un beso, las palmas del colega resonaron en su cadera con un splash. Chris pudo ver cómo, casi al instante, el semblante de ella pasó de sorpresa a uno desafiante. Su novia aferró las manos en el respaldo del sofá y empujó su trasero ante aquel entusiasmado. Lo movió un poco, pero el otro no iba a ceder, se puso más firme. Ambos hacían presión y parecía que no iban a ceder hasta que uno sea el ganador.

    Katheryn notó que aquel miembro se había ubicado entre sus nalgas, así que se puso a subir y bajar por él, con movimientos cada vez más rápidos. El hombre simplemente no pudo evitar relajarse ante ese frotar, cediendo en su enfrentamiento. Ella, mofándose de su derrotado rival, le da un último empujoncito. Luego de la tontera, quiso ir a por otro trago de vino, pero en el camino Dartel la detiene, rodeándola con el brazo.

    —¿Qué pasa, querés que te gane de vuelta? —le dijo altanera.

    —¿A dónde vas?

    —Quiero otro trago.

    —Espera, yo te lo alcanzo.

    —¡Ay, pero qué caballero!

    El colega sonríe ante la mofa, procede a servir el vino ante su atenta mirada, pero al volver, no le pasa la copa. Ella estira la mano para tomarla pero él la aparta.

    —No, es mía —le dice.

    —¡Dame!

    —Espera, ¿qué te parece si antes, hacemos un jueguito para ponernos más cachondos?

    —¿Más? —le responde jocosa.

    —Vale, tú te tienes que arrodillar y yo dejo caer el vino directo a tu boca sin derramar por fuera.

    —No, vas a errar y me vas a manchar todo.

    —¿Quieres apostar? —le reta.

    —Si cae afuera me debés 100 euros —dice seriamente.

    —Vale. —Estrechan las manos.

    Katheryn se arrodilla, sube la cabeza y vocaliza un:

    —Aaa…

    El tío se inclina un poco para medir mientras ella lo espera con la lengua afuera. Luego de calcular la posición entre el borde de la copa y la boca de ella, a algunos centímetros de distancia, Dartel deja caer un chorrito del vino. El líquido entra limpiamente. Ella lo saborea antes de tragar, y ve cómo el retador se yergue con una sonrisa triunfadora, quedando su miembro a un palmo de su rostro. En un ágil y rápido movimiento, lo toma con las dos manos y lo devora vertiginosamente. El sorpresivo rostro del hombre no tardó en mostrar una expresión de intenso placer.

    —Aaah… —gimió.

    Al verlo así, Katheryn se detiene y le dice:

    —Viste que sé cómo se hace.

    Ahora era ella la que se erguía con una sonrisa triunfante.

    Quinta parte. Cama y desafío

    Nuevamente, la dama busca a su novio. No podía comprender porqué aún estaba “escondido” en el sofá.

    —Ay amor —le dice con cariño—, ¿qué haces ahí, bobo? Vení. —Le extiende la mano. El novio va junto a ella—. Uy, estás todo desnudito. —Se muerde el labio, gira para verlo a Dartel y éste se estaba quitando rápidamente la camiseta—. Mmm… Bueno, yo también me saco todo entonces.

    Las últimas prendas en pie de la noche, aquel bonito sujetador y la tanga g string, fueron despojadas.

    —Bueno, vamos a coger ya —proclama la dama.

    Dartel admiró el cuerpo de la dama, cargando una mirada llena de deseo. Ella sabía que lo traía loco. Se dieron un acalorado morreo, mientras él acariciaba con fervor sus glúteos, y ella meneaba su miembro. De repente, Katheryn corta el rollo y se dirige sin más hacia la alcoba. Él va tras ella, pisándole los talones. Había prisa en ambos.

    Chris iba detrás de ellos por el pasillo, pero los pierde de vista cuando desvían por la puerta. Escucha otro gritito de ella, seguido por risitas. Tras pasar por el umbral, notó con más intensidad las agitadas respiraciones. Piensa en encender la luz pero se detiene a último momento, no había que “cortar el ambiente”. Se adentra a tientas por la oscura habitación, en dirección a la mesita de luz. En el trayecto le invadieron los rechinidos de la cama, acompasados por los gemidos de su novia. Al encender la cálida y tenue luz, logra ver los pies revoloteantes de ella. El colega estaba encima dándole caña en el borde del colchón. Cada vez que hundía su pelvis se escuchaba cruak, cruak…

    El novio saca del cajón un preservativo y va junto a ellos.

    —¡Espera, tío! —le dice enseñándole el condón.

    El colega para en seco, se separa de la mujer y toma la protección. Mientras se lo ponía, Katheryn arquea los ojos y acerca sus pies para juguetear, dificultándole la tarea. Dartel se aparta riendo. Ella se acomoda en la posición de perrito, moviéndose de manera incitadora ante el nuevo amante. Dartel bufa al ver eso y se ubica rápidamente en su retaguardia, dispuesto a provocarle los más intensos orgasmos a aquella mujer tan sensual, tan desafiante…

    Al ver que aquel hombre parecía cargar con mucha intensidad, Chris le dice:

    —Con calma, ve despacio.

    —No pasa nada colega, que está toda mojadita —responde cortés.

    —Aun así tío, que tienes un peazo polla, le vas a hacer daño.

    —Tranquilo mi amor —dice Katheryn—, que no es la primera pija grande que me entra.

    —¿Ah si? —el colega lo toma como un desafío.

    Se la mete entera y empieza a darle duro. La cama se sacudía, y de las risitas burlonas, se pasó a serios gemidos de placer que estallaron en todo el cuarto. La práctica profesional había empezado…

    FIN

    Por Dany Campbell

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    ¡Coleguis! Espero que hayan disfrutado del relato. Me haría mucha ilusión que me dejaran en comentarios sus impresiones, ya sean aspectos positivos, negativos o simplemente curiosos ayudarían a crear un feedback constructivo para mis próximos relatos.