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  • La señora de la tienda

    La señora de la tienda

    Cierto día me aburrí de pedir domicilios a la tienda y comencé a ir personalmente a comprar mis cervezas y cigarrillos.

    La señora Diana propietaria de la tienda es una mujer alta, aproximadamente 1.70 m, delgada de 47 años, de piel blanca, el cabello le llega a la mitad de la espalda, un culito no tan grande pero provocativo, unas tetas pequeñas con los pezones rosados y una cara fileña muy linda.

    Por mi parte soy un chico moreno de 28 años, mido 1.85 m, cuerpo atlético pero no exagerado trabajado en gym, un físico atractivo con una mirada que intimida a cualquier mujer (eso lo percibo cuando sostengo la mirada con alguna fémina).

    Fueron pasando los días y cada vez eran más frecuentes mis visitas a la tienda, muchas veces iba solamente para verla y sacarle temas de conversación. A la señora Diana le colabora atendiendo la tienda y haciendo los domicilios su hijo menor Carlos que tiene 18 años, el cual es muy celoso con su madre, con justa razón, una mujer que con su edad se mantiene como si tuviera 20 años. A medida que pasó el tiempo (unas dos semanas desde que comencé a frecuentar todos los días la tienda) Diana me comenzó a coger confianza y me contaba que era una mujer separada hace 10 años, su marido la había dejado por una niña de 25 años, desde entonces no había tenido ninguna relación con ningún otro hombre. «Yo me preguntaba si hace 10 años nadie aparte del padre de sus hijos se había comido semejante manjar» así que me atreví a preguntarle directamente:

    Yo: o sea que desde hace 10 años nada de nada jajaja

    Diana: jajaja pues obvio no, me refería que desde que me dejé con mi ex esposo no he vuelto a tener una relación seria con ningún otro hombre.

    Yo: yo si decía, que sería imposible que una mujer tan atractiva con usted no tuviera sus tinieblos jajaja

    Diana: jajaja Pues eso ya fue hace algunos añitos, la verdad que si tengo mas de 4 años que nada de nada con nadie.

    Yo me la quedé en silencio y me la quedé mirando y diciendo dentro de mí «esta mujer debe tener una arrechera que está que se come sola».

    Yo: y eso por que tanto tiempo sin dejarse querer de un hombre?

    Diana: La verdad me he dedicado a trabajar y sacar a mis hijos adelante, ya la parte sexual para mi pasó a un segundo plano.

    Yo: con todo el respeto que usted se merece, no le parece que está exagerando y está dejando pasar los mejores años de su vida sin disfrutar de algo tan rico como lo es tener sexo?

    Diana: Pues, la verdad es que a veces si dan ganitas pero como no hay con quien jajajaja mejor sigo en lo mío que es trabajar.

    Yo: Quiere que le diga algo y discúlpeme si estoy abusando de la confianza que me a brindado de tocar estos temas.

    Diana: Si claro dime, pierde cuidado.

    Yo: desde hace 2 semanas estoy viniendo casi todos los días con la excusa de comprar cerveza pero la verdad es que del primer día la razón principal por venir a su tienda es por verla usted.

    La señora Diana un poco sorprendida por mi confesión atina a decirme.

    Diana: Aww la verdad no me esperaba esto. Y por qué te llamo tanto la atención?

    Yo: La verdad es que me parece muy hermosa y siempre me han atraído mucho las mujeres mayores.

    En ese momento la señora Diana se quedó callada y sus mejillas ruborizadas hicieron que tomara el impulso para pasarme al otro lado del mostrador con la firme intención de robarle un beso, cuando ya estaba a punto de hacerlo sentimos a lo lejos la voz de su hijo menor Carlos. Lo cual impidió que sucediera lo que tenía entre manos.

    Al día siguiente llegué a eso de las 12 del mediodía, hora en la que no es tan concurrida la tienda y su hijo se encuentra en casa almorzando y haciendo siesta.

    Cuando llegué noté que estaba maquillada y arreglada más de lo que comúnmente la había visto.

    Yo: Buenas tardes

    Diana: Hola Alejo, como vas?

    Yo: Muy bien y ahora mejor que logro verla. Por cierto hoy está más linda y hermosa que de costumbre.

    Diana: ay muchas gracias, pero no creo que sea para tanto jajaja.

    Apenas me dijo eso le dije que ayer habíamos dejado algo pendiente. Ella con sonrisa nerviosa me dice.

    Diana: sii, y que dejamos pendiente que no logro recordar.

    Sin mediar palabra alguna me pase el mostrador y le di beso que de inmediato fue correspondido, demoramos unos 2 minutos basándonos como dos adolescentes. Comencé a cogerle el culo con tantas ganas que su respiración comenzó a ser cada vez más agitada.

    En un momento nos despegamos y son decirle nada corrí a la puerta y bajé la estera de la tienda, cuando regresé a donde ella, estaba aún en shock por lo que estaba pasando. Volví a besarla y esta vez comencé a desnudar la, ella no puso ninguna objeción, en cuestión de segundos la tenía casi desnuda frente s mis ojos, les juro que no tenía nada que envidiarle a una mujer de mi edad.

    Empecé a chupar sus pequeñas pero ricas tetas de una manera que nunca antes lo había hecho, baje mi mano a su concha que tenía su diminuta tanga totalmente mojada, comencé a acariciar su concha mientras con la otra mano me desabrochaba el pantalón. En ese momento me dice.

    Diana: déjame hacerlo a mí.

    Me bajo el jean y enseguida el bóxer, cuando me vio la verga (20 cm) se mordió los labios.

    Diana: Primera vez que veo una verga tan grande y provocativa.

    Empezó a chupármela de una manera majestuosa, en menos de 5 minutos sentí como estaba por venirme, enseguida le dije que parara que no quería venirme aún, a lo que ella hizo caso omiso y siguió bombeando, en poco segundo bote un chorro de leche espeso en su boca, no me dejó ni una sola gota de leche.

    Diana: Que delicia de leche, tenía años que no sabía que era tragar tanta leche. Ahora quiero que me hagas venir con esa lengua tan rica que tienes.

    Sin perder el tiempo la cargué y la senté encima del mostrador, le quite la tanta y oh sorpresa, frente a mis ojos un coño rosadito y totalmente depilado.

    Empecé a pasar mi lengua suavemente, fui aumentando poco a poco mis movimientos lingüísticos mientras con mis manos le masajeaba las tetas, esa mujer está irreconocible.

    Diana: Que rico me la chupas Alejo, que delicia por Dios.

    Seguía chupando con ansias su coño mientras le metí dos dedos en su coño, para mi sorpresa su coño estaba cerrado como una quinceañera. Pasaron pocos minutos cuando sentí como sus fluidos empezaron a llenar mi boca y sus piernas empezaron a temblar. Abatida encima del mostrador me dice.

    Diana: Alejo gracias cariño, me has hecho sentir en el cielo, pero ahora quiero que me lleves a la luna.

    Entendí el mensaje claramente. Ella se bajó del mostrador y se inclinó sobre el poniéndose de espaldas. Sin dudarlo comencé a meterle mi verga ya recuperada por esa concha apretada.

    Empecé a bombearla de una manera descontrolada. Ella daba gritos de placer como una loca mientras el jalaba el cabello y le daba nalgadas.

    Diana: Dame, dame, dame así papi, que rico. Azótame que me encanta.

    Al rato de estarla cogiendo en esa posición me acosté en el suelo y ella se sentó en mi verga y empezó a cabalgar como toda una profesional.

    Diana: Que delicia papi, que verga tan deliciosa, me la siento en la garganta. Ay que rico por Dios!

    Yo: qué coño tan rico y apretado tienes mami, me encantas.

    Luego pasé a la posición de misionero, cuando empecé a darle verga la señora Diana me dice que le dé cachetadas.

    Diana: Cachetéame como la perra que soy.

    Empecé a darle pequeñas cachetadas mientras le metía y sacaba mi verga de su apretado coño.

    Yo: Te gusta perra, te encanta que te coja verdad, puta.

    Diana: Siiii papi, me encanta como me coges. Tienes una verga muy rica, sígueme dando así que voy a venirme.

    En cuestión de segundos de este en esa posición la señora Diana doy un grito que me estremeció. Me empapó la verga de sus líquidos. Situación que me llevo a decirle que estaba por venirme.

    Yo: Ya voy a venirme, donde quieres la leche puntita.

    Diana: Dámela toda en la boca pese.

    Le saqué la verga de su coño y corrí y me senté en sus pechos y le puse la verga en la cara. Empecé a correrme a chorros y esa mujer con la lengua afuera tratando de atrapar cada gota de leche que salía de mi verga.

    Quedamos tirados en el piso unos minutos en silencio.

    Diana: Que polvo tan delicioso me acabas de echar. Espero y sea el primero de mucho, quiero seguir tomándome esa lechita.

    Yo: No lo dudes mi amor, quiero seguirte cogiendo.

    Diana: Gracias por hacerme sentir viva y deseada.

    Nos paramos del piso, ella buscó una toalla para limpiarse la cara. Nos cambiamos y nos dimos un beso profundo. Luego alcé la estera de la tienda y me despedí picándole el ojo y compartiendo una sonrisa pícara entre los dos.

    [email protected]

    Hechos ocurridos en febrero del 2021 en Medellín, Colombia.

  • Con mi compa de trabajo

    Con mi compa de trabajo

    Yo tenía 21 años, fui y soy petiso (1.66) delgado 58 k, castaño pelo corto. Mi compañero en cuestión entró a laburar cuando tenía 43 años, el alto 1.95 m delgado normal, casado con bebé recién nacido. A mí me encantó, obvio traté de disimularlo. En mi laburo saben que soy gay, pero nadie me pregunta nada, porque lo que se sabe no se pregunta y siempre fui muy discreto con mi vida privada. Con Agustín siempre éramos encargados de ir al banco. Idas y vueltas ya fuimos tomando confianza, me contó que tenía problemas con la mujer, yo la verdad le mostré nulo interés, ni le contaba nada de mí.

    Una vez tuvimos que ir a cobrarle a un cliente, bastante lejos y en el medio me dice descansemos en la siguiente estación de servicio. Se quedó dormido, tenía puesto un pantalón de vestir con un diseño que me gustó, se lo miré y le vi el bulto marcado, la verdad me pareció que tenía una erección, porque estaba muy marcado. Obviamente jamás pasó de eso, pero que chupada de pija él hubiese pegado. Cada vez que me contaba algo suyo, me sacaba tema de mi vida, y yo no decía nada hasta que un día me dijo: «Vos conmigo podés hablar de lo que sea». Era muy mente abierta, pero yo no quería hablar de mi.

    Al año me mudé a vivir solo por Villa Urquiza, él me felicitó y me seguía quemando el bocho con que la situación con su mujer no daba para más. Un sábado de noche pasó lo siguiente.

    No me gusta mucho salir de noche, prefiero disfrutar el día al aire libre con deportes y caminatas, de noche soy de mirar películas. Ese sábado estaba perfecto para una maratón de El conjuro, estrenando la barra de sonido, y encima lluvia. En eso me empieza a llamar Agustín, no atendí porque supuse que fue un error. Entonces me llegó un whatsapp y me decía que se separó de la mujer y que no quería ir hasta lo de sus viejos un sábado tan tarde, si le podía hacer el aguante aunque sea por esa noche. (Siendo sincero ese mensaje me rompía las bolas, porque solo éramos compas de laburo, no amigos).

    Lo llamé y me contó, mientras manejaba, noté que estaba nervioso, llovía y manejaba, así que le dije que sí, que está bien. Claramente me cagó la noche. El sillón se lo dejé para él y apagué la Tv, o sea a mi cama no iba a entrar (o eso pensé). Estaba empapado así que me pidió baño para ducharse, tenía la valija con ropa en el auto, pero en su mochila tenía ropa seca para cambiarse. Se bañó y me pide una toalla porque no tenía, el alcanzo una y me abre la puerta totalmente desnudo, me dice somos hombres. Yo quedé impresionado por lo que hizo, y por el cuerpo, no era musculoso ni marcado, era delgado normal, lampiño y grueso por genética, aunque traté de disimular la pija era grande, estaba dormida, había poco vello.

    Bueno se acomoda en el sillón y la verdad era muy grande para el sillón tan pequeño, así que le dije que venga a la cama, la verdad no sé si de amable o por lo que había visto en el baño. Nos acostamos sin pronunciar palabra. Su short era muy chico para cuerpo, torso desnudo. Yo con mi bóxer y remera, como siempre.

    Directamente fui al grano y le pregunte si alguna vez había estado con un chico, y me dice que no, si con travesti. ¿Y vos? me pregunta. Y por primera vez y abiertamente, le dije: ¿Es chiste no? soy gay, solo con hombres, ni mujeres ni travestis. Y mirándole el bulto empecé a tocarle la pija, yo estaba muy caliente de tenerlo ahí y recordar la escena del baño. No me sacó la mano entonces avance y bajé a chuparle la chota. Para su edad estaba muy dura, olí rico, y era gruesa, no tan larga, pero gruesa, yo ya pensaba en el dolor de la penetración, pues no mencione soy más activo, pocas veces he sido penetrado. Se la mamé por un buen rato, subí no me anime a besarlo, para mi sorpresa lo hizo él, empezamos a franelear. Cuando llega el momento de penetrar, me da vuelta me chupo el orto muy bien, se nota que estar casado le dio experiencia para coger, me quería garchar a pelo, eso no lo permití.

    Así que con forro y de a poco y muy lubricado empezó a penetrarme. Una vez adentro y ya acostumbrado, a gozar. A ambos nos gustaba en 4, me sentía entregado y él el dominante, y arriba mío, sentía mucho placer peor también dolor, decí que no aguanto mucho, fueron unos 10 minutos incrustado con su verga. Luego a bañarse, y nos dormimos de cansados, al ser más joven yo estaba re caliente otra vez al re palo, él se durmió al toque. Al siguiente día quiso repetir, pero yo estaba tan dolorido, que todo quedo en franela y paja. Luego se fue de sus padres.

    A la fecha yo tengo mi novio, Agustín sigue su vida, creo tiene nueva novia, no volvimos a hablar más del tema ni a repetir, solo me acuerdo que le dije que lo que pasó se murió aquel sábado y sería mejor no repetir.

    Pero debo reconocer que me encantó como me cogió esa noche, y no olvidaría jamás esa chota tan gruesa que me partió.

  • La iniciación de mi esposa

    La iniciación de mi esposa

    Como les he contado la vida sexual que tengo con mi esposa es sumamente interesante, hemos tenido distintas experiencias muy satisfactorias, por ejemplo hemos compartido nuestra intimidad con otras personas, tanto física como virtualmente, todo encaminado a alimentar nuestra rutina y no caer en la monotonía. Como recordarán en el relato pasado tuve la oportunidad de platicarles la vez que mi esposa estuvo con su ex novio en nuestra propia casa (que no fue la primera experiencia con otro). Fue una agradable e inolvidable sorpresa. Ésta vez les platicaré una historia real que vivimos hace tiempo en un viaje a la ciudad de Guadalajara, y que significó el nuevo vuelco a nuestra relación en cuestión sexual, ya que esa fue la primera vez que (por llamarlo de algún modo) compartí a mi esposa.

    Resulta que por motivos de nuestro 5 aniversario de casados invité a Gaby a acompañarme a un viaje de trabajo a la ciudad de Guadalajara, como ya lo habíamos hecho en otras ocasiones.

    Por lo general en mis viajes, me dedico a mi trabajo durante la mañana hasta las 5 de la tarde, horas en las que Gaby me espera en el hotel viendo televisión, navegando en Internet, etc. Cabe mencionar que siempre llego al mismo hotel, un hotel céntrico, cómodo y de buen precio por lo que ya tenemos algunos conocidos en el servicio del mismo.

    La ocasión anterior que habíamos ido a Guadalajara (unos dos meses antes) Gaby que comentó que un chico del servicio había platicado con ella durante el desayuno (yo tuve que salir temprano y ella se quedó sola). Ella me comentó que el chico le resultó muy agradable y simpático, yo no le hice demasiado caso, simplemente un tipo más intentando ligar a Gaby, la verdad por lo guapa que es estoy muy acostumbrado a que desconocidos se le acerquen en lugares públicos. Bueno, en aquel viaje Gaby me presentó al Bell boy, se llamaba Joaquín. No noté nada malo en el chico, era simpático, de estatura media, moreno claro, ojos cafés, digamos que era un tipo apuesto y en buena forma física. Yo sabía ya los gustos de Gaby, y estaba consciente de que el tipo le había gustado.

    En aquel tiempo ya éramos una pareja muy sexual, pero no habíamos compartido con otras personas, sólo fantaseábamos de cómo sería estar con otros y otras.

    Para no hacer el cuento largo, en nuestro viaje de aniversario, llegando al hotel saludamos a Joaquín, obviamente se acordó de nosotros sobre todo de mi esposa, yo lo veía de reojo mientras nos acompañaba al cuarto y no dejaba de mirarle el culo a Gaby, no lo puedo culpar a él ni a nadie, es un culo perfecto! Al dejarnos en la habitación, vi una mirada de complicidad entre los dos entonces sí, ya me puse un poco en alerta, pensé, mientras no pase de miraditas no tengo problema. Incluso me parecía divertido e interesante.

    Esa noche bebimos una botella de vino tinto en la recámara, la verdad la pasamos muy relajados, escuchando música, viendo videos, etc. Ya un poco acelerados en copas, empecé a besarla, por todos lados, por lo que terminamos cogiendo muy rico, y mientras la tenía en cuatro, yo detrás de ella se me ocurrió preguntarle: ¿te gusta el Bell boy?

    Y sin titubear entre sus gemidos deliciosos me dijo «si, me encanta», no sabía si estaba celoso o me excitaba oír eso, creo que me calentó más que enojarme, ya que continúe preguntando: «¿te gustaría cogértelo?» A lo que respondió: «si!“ esa respuesta me puso al 100, a lo que le dije que me mantuviera informado mientras palmeaba ese par de nalgas y metía mi dedo en su ano apretado. En ese momento terminamos los dos juntos delicioso y dormimos, lo normal.

    Al día siguiente, me fui a mis actividades, pasé todo el día en el tráfico de la ciudad, visitando a mis clientes, etc. Resulta que mientras iba en el taxi camino a una cita, me llega un mensaje con imagen en la foto aparecía Gaby, en lencería blanca, una tanga que le queda perfecta con ese par de nalgas hermosas, un brassiere de encaje transparente que le daban una forma exacta a sus senos y que dejaba ver perfectamente los pezones dilatados. Que afortunado soy!!! (pensé) mujer sexy, caliente, que siempre está lista para mi, me envía fotos sin que yo se las pida, no pude evitar tener una erección mientras miraba aquella imagen. Le pedí otra foto, esta vez estaba de frente con las piernas abiertas en el sillón con la tanga puesta, la cual también transparenta la muy bien su dilatada vulva, incluso debo mencionar que se veía un poco humedecida a través de la transparencia. Realmente mi esposa estaba muy caliente. Y yo también!!

    Estaba más o menos a 40 minutos del hotel, pensé en regresar hacerle el amor y volver al trabajo, en eso me llegó otro mensaje: «me pediste que te mantuviera informado», al leer el mensaje supe por donde iba la situación. Me sentía celoso, nervioso, excitado, todo a la vez.

    Mensaje nuevo… Era una imagen con texto: estaba Gaby en cuatro super sexy ésta vez tenía la tanga hecha hacía un lado, se veía perfectamente su vulva, su ano ella misma se abría las nalgas con sus manos, wow! Todo perfecto, delicioso… Espera, esa foto es imposible que se la tomara ella sola. Obviamente ahí había alguien, ayudándola a tomar la foto. Inmediatamente marqué, ella me contestó su voz sexy y agitada a la vez, dijo: «estoy ocupada Omar, Joaquín me está mamando delicioso la vagina, me mete la lengua muy adentro mientras me masajea las tetas»… colgó!

    No podía creer lo que acababa de escuchar.

    Volví a marcar… No respondió.

    Mensaje nuevo, imagen la pequeña mano de Gaby tomando del tronco un pene grande con una cabeza super gruesa. Ahora si me sentí muy celoso. Mi esposa, mientras yo estaba en el tráfico estaba cogiendo con un desconocido en el hotel!

    De nuevo marqué… El tono de llamada me parecía eterno!!! Qué estaba pasando?… Responde, después de 5 segundos se escucha la voz de Gaby: «amor, estoy chupando la verga que me dejaste chupar… No puedo mamar y hablar…» colgó!

    En ese momento le dije al taxista: «regrese al hotel donde me recogió por favor». Estaba muy celoso, pero tenía el pene extremadamente duro…

    Video llamada entrante! Me puse los audífonos, el chófer del Taxi estaba manejando, yo iba en el asiento trasero. Tragué saliva. Respondí la vídeo llamada y se veía solo la cama de la habitación, el celular fue colocado en una mesa que queda de frente a la cama por lo que se podía aprecia muy bien y con claridad todo lo que ocurriría en ese lugar.

    Apareció Gaby, con la tanga y el brassiere puesto, de la mano llevaba tomado a Joaquín, solo en bóxer, ella misma lo acomodó al filo de la cama él obediente no se opuso al empujón, inmediatamente Gaby bajó el bóxer de Joaquín, dejó exactamente el ángulo para que el celular pudiera enviarme el vídeo, al bajar el bóxer se asomó una verga dura, grande, lista. La boca de Gaby se abrió y se la llevó a la boca… Yo en el taxi estaba a reventar!! Ya iba de regreso al hotel. Durante un par de minutos esa verga se desaparecía en la boca de mi esposa, la mano de Gaby acompañaba el recorrido de su boca, ¡tal como me la mama a mi!

    Mientras Gaby tenía ese pene en su boca las manos de Joaquín no dejaban de tocarla, movía la ropa interior de mi esposa a los lados y acariciaba sus tetas, los pezones los estiraba con fuerza y la vagina de Gaby estaba siendo invadida con fuerza por los dos dedos de su amante.

    Asi duraron un par de minutos y como si tuvieran hambre de sexo, de un momento a otro, Gaby tomó esa verga entre sus manos le dio un par de mamadas en la cabeza, se levantó, abrió las piernas alrededor de Joaquín y dejándome ver el momento exacto en el que su vagina se comía completa de un sentón toda esa verga, durísima y esperando por ella. Su amante apretaba sus nalgas, subía y bajaba sus manos desde los hombros al culo, y se veía por el movimiento de su cabeza que le estaba chupando las tetas, en ese momento Gaby arqueaba la espalda y se dejaba apretar hacia la dura penetración que estaba recibiendo.

    Yo ya iba de regreso al hotel, intentando contener los celos y la excitación. Todavía faltaban como 20 minutos para llegar.

    De repente mi esposa comenzó a moverse más fuerte, la dura verga de Joaquín entraba hasta los más profundo de Gaby y ella agitando sus nalgas de arriba hacia abajo, dejándome ver perfectamente cómo se abría su vagina, en esos movimientos mi esposa tuvo un orgasmo, el miembro de Joaquín quedó dentro de mi esposa unos 20 segundos mientras Gaby explotaba de placer pegada a él. Yo también quería explotar!!! Duraron así un par de minutos, en eso mi esposa se levantó se acomodó en la cama en cuatro de perfil a la cámara y vi como Joaquín se acercó y tomó el celular, se regresó a la cama y pude ver a mi esposa en cuatro en primera persona, su espalda sudada, las nalgas abiertas con el ano hacia arriba y su vagina mojada y hambrienta por más verga. Joaquín tomó su verga con una mano y con su otra mano abrió las nalgas de mi esposa y la penetró tan lentamente como pudo, mi esposa empezó a restregar sus nalgas con el cuerpo de su amante, yo miraba el celular atónito, sólo estaba a una cuadras ya del hotel, pero el tráfico era muy lento!!! En la pantalla veía un pene muy duro entrando y saliendo de mi esposa y en los audífonos escuchaba el chasquido de sus nalgas y sus gemidos que aumentaron nuevamente al aproximarse otro orgasmo, ésta vez también Joaquín terminó bañando la espalda y las nalgas de Gaby con abundante semen… Se cortó la llamada.

    Todavía tardé otros 7 minutos eternos en llegar al hotel, pasé corriendo por el lobby, llegué al elevador, subí hasta el piso 9, habitación 921… Ahí estaba Gaby recostada en la cama, desnuda Joaquín se había ido ya, quise decirle algo, pero diablos! Yo mismo le había dicho que me gustaría que probara otra verga! Carai! Yo y mi gran bocota!

    No me dejó decir nada, abrió mi pantalón, sacó mi pene que estaba ya a reventar, y al verlo me dijo: «creí que te ibas a enojar». Lo metió en su boca mientras mis manos buscaron su vagina que todavía estaba escurriendo. Al ritmo de la mamada que me estaba dando mis dedos jugaban con su vulva y su clítoris aún dilatado. Ella mismo me dio la espalda y se puso en cuatro levantando lo más posible su par de nalgas, metí mi verga en esa vagina sucia y usada, ella misma acariciaba sus tetas ya rojas de tanto uso, Gaby estaba tan caliente que sus fluidos llegaban hasta los muslos, ya no pudimos más y ella volvió a tener otro orgasmo, ésta vez con mi verga. Yo ya no pude más y terminé adentro de ella lo más profundo que pude cada empujón era un chorro de semen que lo metía con tanta fuerza que parecería que era con coraje, pero no era excitación pura.

    Dormimos un rato, nos bañamos y salimos a cenar y a bailar, con los rostros satisfechos por hacer empezado una nueva etapa en nuestro matrimonio.

    Que pasará mañana?

  • La gordita cachonda

    La gordita cachonda

    Todo comenzó un día de trabajo, donde yo tenía la verga dura sentado en mi oficina, sin causa aparente, pero veía con unas ganas de cogerla a mi compañera del trabajo, la cual es de ojos de color y un tanto gorda, siempre habíamos tenido una relación bien de amistad, pero ese día empezamos a platicar y el tono de la conversación se fue calentando, al punto que le pedí que nos fuéramos literal a coger, situación dudaba, pero al final no accedió.

    Al tiempo me cambiaron de lugar de trabajo, por lo cual fue mi despedida de mi departamento de trabajo, al terminar la fiesta ella me veía mucho y al despedirnos me pidió que revisara mi whatsapp, al revisarlo me encuentro con un “Hola” suyo, seguimos platicando, hasta el punto que me llamo para decirme que estaba lista para lo que platicamos el otro día, pase por ella en mi carro pero el problema es que ella es casada, así que mientras estábamos en el carro, buscábamos un lugar para coger, nos fuimos hacia un camino rumbo a la sierra, al ir platicando me saque la verga y ella con una rapidez inmejorable me la comienza a mamar. Nos paramos en un lugar al aire libre y arriba del carro la empecé a coger (ella ya traía un condón femenino puesto, iba decidida a que la cogiera), terminamos de coger, la lleve a su vehículo y termino ese fantástico día.

    Al día siguiente ambos teníamos un poco de arrepentimiento por la situación, pero lo dejamos así. A los 10 días aproximadamente por suerte nos volvió a tocar trabajar juntos, ella enfermera vestida como tal, nos quedamos solos y sin decir nada mi verga ya estaba parada, me la saque y se la mostré y solo sonrió, le dije sígueme la lleve a un consultorio, se montó en mi verga y cogimos otra vez de manera deliciosa y única, esta situación tuve la fortuna de hacerla otro día mas.

    Al tiempo seguíamos en contacto pero como amigos, yo siempre masturbándome cuando recordaba las cogidas y mamadas que hacía, un día le propuse ir a desayunar en horas de trabajo, platicas de amigos y al final le propuse coger como se merecía en un motel y en una cama sin prisas, al principio no quiso pero me dijo que al día siguiente pasara por ella.

    Al día siguiente paso por ella, vamos al motel, entramos y lo primero que hacemos es besarnos y tocarnos todo, le mame las tetas deliciosas, nos desnudamos y nos acostamos, ella me pidió que le hiciera sexo oral, una vagina deliciosa carnosa, a lo que empezó a gemir como una puta, le ofrecí mi verga en su boca y sin dudar la mamo como una diosa, después la puse me misionero y le metí la verga, su cara me excitaba mucho, y la forma en que su cuerpo obeso se movía me ponía más caliente, toco el turno de ponerla a gatas, con un culote de diosa, la empecé a penetrar y juguetear con su ano con mi dedo pulgar, hasta que lo introduje, sin que ella hiciera alguna queja, por lo que supe que era momento de sacar la verga y mamarle su ano, un momento más que delicioso que lo disfrute como un animal y que ella por sus gemidos sabía que lo disfrutaba junto con sus palabras «que rico me comes el culo, te gusta mi culo?,» que me excitaba cada vez más y más, llego el momento de penetrarla de nuevo y terminar como manda entre su cara y sus tetas caídas.

    Nos retiramos y seguimos la vida como amigos, pero siempre que la veo pasar no dejo de recordar ese ano que estuvo en mi boca y que yo disfrute.

    Puedo decir a quien no ha cogido a una gorda es algo que tiene que probar, son las más cachondas y las más decididas, y también si nunca has mamado un ano femenino te estás perdiendo de mucho.

  • Dia festivo

    Dia festivo

    Esa mañana Martha se levantó tarde, no debía ir a trabajar por ser día feriado, así que decidió tomárselo con calma, el sol entraba ya de lleno por la ventana de su recamara, sentía como caía en su piel, calentando su cuerpo, empezó a sentir como se iba llenando de energía, se levantó y se dirigió a la ducha.

    Era una sensación placentera el agua caliente cayendo por su cuerpo, las gotas caían resbalando por todo su cuerpo, resbalaban desde la cabeza, siguiendo diversos caminos, por la espalda seguían el camino que les marcaba su larga cabellera rubia, bajaban por el culito y las piernas, otras tomaban el camino frontal, pasaban por las tetas, caían por la deliciosa rajita y de nuevo por sus piernas.

    Parecía que sentía el camino de cada una de ellas, tomo el jabón y empezó a acariciar su cuerpo, masajeaba sus senos, los amasaba, claramente sentía como sus pezones se iban poniendo duros, se enjabono la espalda, las piernas y de nuevo encontró un lugar de placer, al enjabonarse la entrepierna sintió una cálida sensación, pasaba sus dedos por afuera de su rajita, a pesar de la humedad externa podía sentir como se mojaba por dentro, uno de sus dedos incursiono dentro de sus labios, podía sentir el calor que emanaba de ella, mayor al del agua caliente, era una bella danza la que tenían su dedo y su clítoris, su dedo recorría toda su vulva, tenía ganas de meterlo, pero prefirió terminar el baño.

    Salió con su cuerpo húmedo, secando su hermosa cabellera, pensando en la ropa que se iba a poner, se encontró unas bragas negras adornada con piedras, unas medias negras de red, pensó Martha: esto para empezar.

    Comenzó a aplicarse una capa de crema humectante, esa que hace que su piel luzca radiante, se colocó frente a la ventana para seguir deleitándose de los rayos del sol, muy entretenida extendiendo la crema por todo su cuerpo, cuando de reojo volteo hacia afuera y pudo ver que su vecino Jorge la espiaba a través de su ventana, por alguna razón esto a Martha no le molesto, por el contrario pensó: quieres espectáculo, yo te lo voy a dar.

    Continuo el proceso de colocarse crema, tomo un poco más, se la extendió en ambas manos y se la aplico en las nalgas, se puso de perfil hacia el mirón, se inclinó un poco y levanto el trasero mientras se aplicaba la crema con ambas manos, se las pasaba con fuerza, se las apretaba, se las masajeaba, hasta las abrió un poco para dejar ver el tesoro oculto dentro de ellas.

    Tomo sus bragas y se las coloco, pero ahora le dio la espalda por completo a la ventana, abrió las piernas y se agacho para ponerse la prenda, una vez colocada se incorporó, volteo de reojo para ver a su espectador, tuvo que mirar de nuevo para constatar lo que creyó ver, el depravado se había sacado el pene y lo estaba frotando con furia, nuevamente pensó Martha: en otra ocasión esto habría terminado, pero quiero ver hasta donde es capaz de llegar.

    Tomo sus medias y comenzó a calzarlas, se colocó en la cama de manera que el público no perdiera detalle de lo que estaba haciendo, se acariciaba las piernas al mismo tiempo que se acomodaba las medias, buscaba el mejor perfil, hacia las poses más eróticas que se le ocurrían, pensaba ella: no creo que llegues a que termine de vestirme sin que te vengas; cuando termino de colocarse las medias volteo hacia la ventana para ver la cara de su vecino depravado, pero ya no estaba; caray pensó Martha, no me duro el espectáculo completo.

    Mientras pensaba que más se pondría de ropa se calzo unos zapatos de tacón alto, le gustaba verse al espejo como se realzaba su figura, las piernas exhibían un mejor torneado y su culito se levantaba como esperando algo.

    En eso un toque en la puerta la volvieron a la realidad, salió de su trance se colocó una blusa holgada y larga para asomarse a ver quién estaba a su puerta, se acercó sin reparar en lo provocativo de su vestimenta, entreabrió la puerta al tiempo que preguntaba quién era, se quedó fría al ver que era su vecino, no sabía que decir, solo alcanzo a murmurar: ¿que desea?, el empujo la puerta al tiempo que respondió – terminar lo que empezamos, el entro dentro de su apartamento, cerró la puerta de golpe y la tomo entre sus brazos.

    Martha estaba confundida, no sabía lo que estaba pasando, el comenzó a besar su cuello mientas ella sentía como se iban deshabilitando todas sus defensas, las manos de Jorge empezaron a acariciar la espalda de Martha por debajo de la blusa, Martha se dejaba tocar y besar, realmente lo estaba disfrutando: Jorge de un solo movimiento despojo a Martha de su blusa, dejándola solo en bragas, medias y tacones, la cargo en brazos mientras la conducía a su recamara, en el camino la beso de nuevo en el cuello, hombros y senos.

    Al llegar a la recamara la deposito en la cama, mientras Martha trataba de reincorporarse, Jorge desabrocho su pantalón y saco de él un enorme miembro que sobresalía de su mano que lo sostenida, se lo ofreció a Martha que de inmediato se acercó a él, se hinco y tomo ese enorme pedazo de carne con su mano, su boca se fue hacia la glande del enorme miembro, lo primero fue un beso largo con lengua incluida, después comenzó a lamer aquel tronco tratando de comer algo que definitivamente no cabía dentro de su boca; ella lamia con desesperación aquel camote, trataba de tragarlo pero se atoraba en su garganta así que tenía que dejarlo ir, salía de su boca con saliva escurriendo por toda su longitud, Martha acariciaba sus huevos mientras comía de a pedazos ese enorme tronco de carne negra.

    Disfrutaba cada lamida, empezó a aprenderse el camino de cada una de las venas que recorrían ese enorme tronco, las acariciaba con su lengua, las lamia, y hacia esfuerzo inútiles por metérsela completa dentro de la boca, Jorge la tomaba de la cabeza mientras sus miradas se cruzaban, miradas llenas de lujuria, miradas que invitaban a seguir intentándolo; Jorge la tomo de la nuca con ambas manos y la jalo hacia él, tratando de meter por completo esa tremenda pieza dentro de la boca de Martha, ella sentía que se ahogaba, abría su boca lo más grande posible, pero no lograba el cometido, Jorge comenzó a mover su verga como si estuviera tratando de hacerle el amor a su boca, metía y sacaba el enorme trozo de la boca de ella con ritmo, de repente el movimiento se detuvo, saco su pene de la boca de Martha y la tumbo sobre su espalda, se acomodó entre sus piernas, abriéndolas por completo y comenzó a comer de la rajita de Martha, primero por encima de las bragas, pero poco a poco su lengua se las ingenió para hacer de lado la prenda, quedando al descubierto su vagina, un hermoso tesoro de labios oscuros que resaltaban entre la blancura de su piel, él comió de su vulva, chupaba cada centímetro de su vagina, ruidosamente, se escuchaba cada chupetón, cada succión, y ella lo podía sentir como retumbaba hasta su cabeza.

    Finalmente la despojo de sus bragas, solo quedo en medias y tacones, recostada sobre su espalda, la tomo por los tobillos y abrió sus piernas lo más que pudo, acomodo su pelvis cerca de la de ella, para presentarle su tronco frente a su vagina, coloco su cabeza en la entrada de su vulva, esta palpitaba y se movía en espasmos, como si quisiera alcanzar esa cabeza para morderla con los labios vaginales; finalmente Jorge empezó a empujar su tronco dentro de la vagina de Martha, era un avance lento, la cabeza de su miembro se abría paso entre las paredes de la vagina de ella, podía sentir como avanzaba poco a poco, parecía que nunca terminaría de avanzar, hasta que finalmente sus huevos se depositaron sobre sus nalgas, lo dejo ahí un momento, para que se acostumbraran uno del otro, de repente sin avisar, saco el miembro y lo ensarto con gran fuerza y rapidez, Martha soltó un grito ahogado, sintió que la cabeza de ese monstruo la había atravesado por completo, la electricidad recorría todo su cuerpo, la humedad de su vagina había rebasado los límites de su capacidad, comenzó a gotear, en tanto que Jorge bombeaba su tronco dentro de ella, cada vez mas firme, cada vez hasta el fondo, se escuchaba el choque de las carnes cuando el miembro de él entraba hasta el fondo de la vagina de Martha.

    Martha estaba ya perdida en su orgasmo, cada vez que el ensartaba su miembro, la vagina de ella dejaba escapar chorros de una venida interminable, de repente él se detuvo y saco su pene de ella, de un solo movimiento hizo que se girara, le levanto el trasero y le abrió de nuevo las piernas volviéndola a penetrar por la vagina, ahora la dirección de penetración era otra, tocando sitios que anteriormente no habían sido tocados, era como una experiencia nueva, salvo por el sonido de choque de la pelvis de el con las nalgas de ella, era un sonido seco, que hacía que la piel blanca de sus nalgas se fuera tornando rosada y después roja por los embates de Jorge.

    Martha sintió que empezaba a desfallecer, sus piernas empezaron a temblar de manera incontrolable, temblor que se propago por todo su cuerpo, cayo desfallecida mientras su vagina soltaba chorros acompañados de espasmos interminables, finalmente Martha pudo incorporarse, viendo que el aun no tenía su orgasmo, se hinco de nuevo y comenzó a masturbarlo con una mano, que subía y bajaba empuñando el tronco, mientras con la otra masajeaba sus testículos.

    Subió la mirada para buscar sus ojos, en tanto que continuaba el movimiento de su puño, cada vez más fuerte, cada vez más largo, el rostro de Jorge empezó a desencajarse, el rictus de placer que anunciaba la explosión de sus testículos, Martha lo descubrió y acelero el ritmo de la masturbación, cada vez más rápido, Jorge cerro sus ojos y volteo la cabeza hacia el techo, de manera inmediata su cabeza empezó a escupir chorros de leche espesa, blanca que se proyectaban hacia el cuerpo de Martha, donde se confundían con el blanco de su piel.

    Finalmente su miembro expulso la última gota de semen hirviendo, Jorge abrió sus ojos de nuevo para ver los de Martha, bajo sus manos para acariciar su cara, la beso en la boca y comenzó de vestirse de nuevo, volteo para verla una vez más, su rubia cabellera que caía sobre su espalda, su rajita de labios oscuros resaltando la blancura de su piel, sus piernas enfundadas en sus medias de malla y sus tacones.

    Se dio la vuelta y se fue, y así comenzó Martha su día libre.

  • Cruzando el charco

    Cruzando el charco

    Un día al revisar mi correo asociado la cuenta de relatos vi que alguien me había escrito. Un tal Jeferson Granero, decía literalmente que le gustaban mis relatos y que era un chico guapete; eso y un número de teléfono de Colombia. Un poco lejos de España, pero bien, un admirador es un admirador, pensé. Le envié un whatsapp y contestó al poco tiempo. Empezamos a hablar y conectamos en seguida. Era un joven bi, su rol gay era principalmente pasivo y no había tenido muchas experiencias. A punto había estado de tener algo en los aseos de la universidad donde estudia, pero había gente y no pudo ser. Estuvimos hablando de algunas de ellas, yo tengo 48 años y he vivido algo más que él a sus 19.

    La conversación fue fluida y en menos de media hora me pidió hacer una videollamada. Así que me fui para la habitación, me acosté en la cama, me puse los auriculares y empezamos. Nos gustamos en seguida. Tenía una voz dulce y acaramelada que te envolvía, unos ojos almendrados, grandes y curiosos y unos labios carnosos, grandes y sugerentes. Y de repente bajo la cámara hasta su polla y empezó a hacerse una paja. Tenía una polla fantástica, grande y fina. Movía su mano con gracia arriba y abajo y su polla se movía a un ritmo fantástico. La mía creció rápidamente y empecé a hacerme una paja yo también. Tal vez fue su voz o esa polla tan bonita, pero lo cierto es que me corrí como nunca, unos diez lefazos largos y abundantes; dos de ellos pasaron por encima de la cabeza y otro me dio en la cara. Él al ver que me corría se corrió también muy abundantemente, era maravilloso ver salir los chorros de blanca leche de su hermosa polla.

    Pero claro, nos separaban unos doce mil kilómetros, así que después de este fantástico encuentro no hubo nada más. Yo le hablé de algunas me mis conquistas, hablamos unas cuantas veces, le envié vídeos de mi zona y poco más.

    Un día de repente me llama y al descolgar me dice: —¿Oye me puedes venir a recoger que estoy en el aeropuerto y no sé a dónde tengo que ir?

    —¿Qué? Perdona que estás dónde, como que estás en el aeropuerto —Me explicó que se había venido a España y estaba en el aeropuerto de Valencia. Empezaba a patinarle la lengua, entre el yet lag y que en Colombia vivía a más de 2500 metros de altura y Valencia está a nivel del mar, estaba como si llevara dos copas de más. Así que flipando fui a recogerlo al aeropuerto.

    Al verlo nos saludamos cordialmente, lo ayudé a cargar las maletas en mi coche y le pregunté si tenía hotel o sitio y me dijo casi dormido que no. Supuse que al menos de momento sería mejor llevarlo a casa y ver de qué iba todo esto. El viaje en el coche fue aburrido, unos veinte minutos, él ya estaba dormido. En los semáforos lo miraba, iba vestido con unos pantalones vaqueros pirata hasta las rodillas y una camiseta. Tenía el pelo corto y realmente era muy guapo. Entre las piernas se notaba un gran bulto.

    Al llegar a casa, metí el coche en el garaje y me costó horrores subirlo a él y a sus maletas. Con cara de cansancio se dio una ducha y salió del aseo con unos pantalones cortos y una camiseta que estaba cortada a la altura del pecho dejando unos bonitos abdominales al descubierto. Sus piernas también eran bonitas, redondas, torneadas y sin apenas vello. Se desplomó en la cama de invitados y se durmió de repente profundamente. Eran las tres de la tarde.

    Se despertó a las dos de la mañana, fresco como una rosa y con mucha hambre. Después de comer todo lo que le puse y algo más que él mismo se buscó por fin se sentó tranquilo al lado mío en el sofá. Me explicó que le habían dado una beca en la universidad para estudiar en España, buscó la universidad de Valencia y vio que había acuerdo. Incluía la matrícula, el viaje, el papeleo y parte de la manutención. Como su familia no tenía mucho dinero se le ocurrió que podía quedarse en mi casa. Pero esto último se le olvidó comentármelo.

    Yo estaba con los ojos como platos, no sabía que clase de loco había metido en mi casa. La situación era tan ridículamente caótica y había tantas cosas que podían salir mal. Y él seguía sonriendo. Y de repente se sentó mucho más cerca de mí, y puso su mano en mi polla. Me miró con esos almendrados y profundos ojos suyos y me dijo: —tenía que hacerlo, me he pillado de ti, pienso en ti, sueño contigo y ni modo de poder tenerte allí. Voy a estar un curso aquí en tu casa si me dejas y quiero estar contigo.

    Su mano seguía en mi polla, masajeándola suavemente. Yo seguía callado, él siguió explicándome que tampoco es que fuera algo premeditado, sino que el chico que iba a venir se echó para atrás y le ofrecieron a él la beca. Y entre los preparativos y otras cosas, fue dejando lo de pedir permiso y sin darse cuenta llegó el día del viaje. Además, tenía miedo de que yo dijera que no.

    Yo no dije nada, puse mi mano en su muslo y empecé a acariciarlo y pasé mi otra mano por encima de su cabeza, incliné mi cabeza sobre la suya mientras atraía la suya con mi mano y nos fundimos en un beso húmedo, largo y profundo. Metí la lengua en su boca y su lengua empezó a jugar amigablemente con ella. Luego empezamos a besarnos en el cuello y en las orejas, mi mano subió hasta su entre pierna y noté que había un bulto terriblemente enorme, empezaba a estar húmedo en la punta, supongo que estaba chorreando precum. Me levanté del sofá y estirando de su mano me lo llevé a mi habitación.

    Nada más llegar me senté en el borde de la cama y tirando de los lados del pantalón dejé su enorme polla al descubierto. Salió rebotando hacia arriba, algunas gotas de precum ya chorreaban de su glande hacia el tronco. Me relamí nada más verla, mientras él seguía allí de pie. Lo cogí por la cintura, era estrecha y lo atraje hacia mí. Su polla entró suavemente en mi boca, él suspiró de placer. Su polla era deliciosa, larga y no tan estrecha como recordaba; mi lengua empezó a jugar con su glande y el empezó a jadear mientras me cogía la cabeza con sus manos. Empecé a masajearle los huevos con una mano y sus gemidos se intensificaron. Luego probé a meterle un dedo por el culo y fue más de lo que pudo soportar, explotó sin previo aviso en mi boca y en mi cara. Le temblaban las piernas y no se podía aguantar la risa tonta, así que se tumbó en la cama.

    Me tumbé a su lado y seguimos besándonos mientras le acariciaba el pecho, los perfectos abdominales y sus bonitos pezones. El me pajeaba suavemente y jadeando me dijo: —dame bibe papi. —¿Cómo negarse? —Me levanté inmediatamente y acerqué mi polla a sus carnosos labios. Me comió la polla con muchas ganas y devoción, no la tengo tan larga como él; pero su grosor hacía que le ocupara toda la boca, lo cual no le suponía muchos problemas. Succionaba y luego me lamía el tronco con la lengua mientras se pasaba el glande por su rostro imberbe. Mientras musitaba bibe. Empezó a mirarme con deseo mientras me la comía y le exploté en la boca.

    Seguimos besándonos y acariciándonos y en poco tiempo su polla se empezó a poner dura otra ver. La mía estaba tardando un poco más y me dijo: —papi te guardé mi agujerito, soy virgen —creció de repente, como nunca. Aquello era muy sugerente.

    Cogí el lubricante y estando en cucharilla le metí un dedo por el agujero y rápidamente otro. Inclinó su cabeza hacia atrás empezó a besarme. Yo pasé el otro brazo por debajo de su cuerpo y empecé a tocarle la polla. Se había puesto otra vez enorme. Cuando noté que su agujero estaba preparado puse la punta de mi polla en la entrada de su culo e hice un poco de presión. Fui haciendo presión, poco a poco, y de repente toda la punta entró. Le dolió bastante porque me besaba apretando los labios mientras respiraba fuerte por la nariz.

    Sin prisa fui metiendo toda mi polla en su culo hasta que mis huevos tocaron su perineo. Me palpitaba toda la polla, notaba la presión, pero él siguió aguantando. Le seguí masajeando la polla y al final la excitación superó al dolor. En cuanto noté que podía empecé a bombear. Primero de forma suave y luego de forma más frenética. Él empezó a decir “dame papi” y “más papi”. La verdad es que su voz me la ponía más dura de lo que lo había estado nunca, eso y que su culo prieto y pequeño tragaba polla de forma increíble.

    Me tumbé boca arriba en la cama y haciendo fuerza con el brazo que tenía pasado por debajo de él lo puse encima de mí. Él apoyó los pies en la cama y empezó a marcar un buen ritmo cabalgando mi polla mientras jadeaba sin parar. Paró y me dijo que quería besarme, se dio la vuelta y se sentó sobre mi polla de nuevo y siguió cabalgando. Al principio pudo besarme y seguir cabalgando; pero cuando aumentó el ritmo no pudo seguir besándome.

    Lo puse boca arriba en la cama, le subí las piernas y me coloqué entre sus piernas. Ahora entraba mucho más profundo que antes. Eso lo hacía jadear en mi boca mientras me besaba. Su polla rebotaba entre nuestros abdómenes. Empezó a pajearse y a decirme que le quedaba poco. Le metí tres fuertes empujones llegando muy muy profundo y entre gritos empezó a correrse con abundancia. Su agujero se puso muy estrecho y palpitaba y eso hico que empezara a correrme. Fueron once o doce lefazos dentro de su culo preñando a mi bebé.

    Esa fue la primera de un gran año de estudios, mi bebé lo aprobó todo y eso que algunos días no podía sentarse por tener su agujerito tan dolorido.

    Gracias.

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  • Lo delicioso que es estar entre las piernas de una gordita

    Lo delicioso que es estar entre las piernas de una gordita

    Esta historia es de una amiga de hace tiempo atrás, la molestábamos con ese apodo; pues, obviamente era poseedora de unas piernas gordas, pero esos mismos mazos de carne los imaginaba en mis hombros.

    Bien. La chica en cuestión y para que la vayan imaginando es gordita. De nombre Guadalupe.

    Guadalupe siempre se caracterizó por ser buenísima onda y juntarse con el grupo de amigos al que yo pertenecía. Ella es de tez blanca, cabello negro, con unos muy bien proporcionados pechos, de hecho la mayoría hicimos lo posible por tocarlos. Además de tener una cara linda.

    Llegamos a pensar que era lesbiana, porque casi no tenía amigas y siempre vestía con pantalones o mallas, las cuales hacían lucir su apodo. De cariño le decíamos «muslitos» cuando vestía de esa forma.

    Pero a mí, a mí siempre me gustaron esas frondosas piernas.

    – José. Porque no tratas de cogerte a muslitos para ver si es lesbiana o no? Hemos visto como la miras cuando anda en mallas.

    Me dijo un amigo en una noche de peda.

    La idea no era tan descabellada. Primero la invitaría a salir y luego vería como echármela.

    Me costó un poco de tiempo para convencerla, pero al final accedió. Ahí note que era muy insegura con su cuerpo, pero yo la veía como una gordibuena.

    Al pasar por ella me dejó bien pendejo. Y lo digo porque así fue.

    Llevaba un vestido azul. Para empezar escotado, a eso sumando que el mismo llegaba hasta más arriba de las rodillas.

    Casi tuve una erección al mirar su atuendo. Se veía fantástica aquella gordita.

    La lleve a un antro, bailamos, bebimos, charlamos de todo un poco, hasta que por mi calentura, al momento de bailar me le pegaba más, casi echándomele encima.

    – Óyeme. Que te pasa?

    – Me gustas mucho. Hace tiempo que he querido decirte.

    – Acaso es una apuesta para ver si alguien de ustedes me lleva al hotel?

    – Nada de eso. Me gustas y ya. Como te lo demuestro?

    – Bien. Acepto ir al hotel contigo. Vamos a ver si eres muy hombrecito, al cabo no he tenido acción.

    – No es eso…

    – Vamos o no?

    Por esas palabras estaba al borde de un infarto por lo que había dicho.

    Sin más rollos, ya estábamos en el hotel.

    Prontamente me prendí de su boca, mis manos acariciaban ese voluminoso cuerpo que al fin sería mío.

    Recostándola en la cama, semi desnuda, devoraba esas piernas gordas que tanto quise tener, pasando una y otra vez la lengua.

    – Que extraño fetiche el tuyo. Ya llevas rato devorando mis piernas. Y lo demás?

    Obedeciendo a esto, le saqué sus pantis blancas, quedando asombrado por aquella vagina vestida por un caminito de vello púbico como indicando donde había que atender.

    Muslitos gemía al momento de comer su rosado clítoris. Tener esos casi monumentales pechos en mi boca era una delicia pues, no me daba abasto para recorrerlos. Subía y bajaba por su cuerpo, saboreándola toda.

    Ella no se quedó atrás. Me hizo acostarme dándome así la mejor de las mamadas que me hayan hecho.

    Con toda la iniciativa, se clavó de golpe mi verga.

    Me hacía gemir de lo lindo. Realmente sabía cómo satisfacer a un hombre.

    Rodamos en la cama al momento de que me besaba con más ahínco que al principio, esta vez estando yo arriba.

    La acomode para cumplir mi fantasía. Sus piernas en mis hombros.

    Esta vez entre mordía sus muslos de toro, que por cierto estaban firmes, cosa que hizo que le diera más duro.

    Guadalupe me pidió algo que jamás hubiese imaginado.

    Darle por el culo!!

    Solo los que hayan clavado a una gordibuena o gorda por el culo, sabrán lo fascinante que es tener atrapado tu chorizo en dos carnes grandes.

    Para esas alturas ya estaba delirando con tanta carne, rodando en la cama, con buena sincronización y lujuria, dándonos placer al momento, de cabalgarme con maestría, enterrándose mi glande en culo y de limpiar me la verga con su boca, para luego meterla en su vagina.

    De ahogarme con sus grandes pechos, para seguir prendido a estos.

    Volví a las piernas al hombro, teniendo así el más grande y el mejor de los orgasmos que hasta esa fecha, han sido pocas.

    – Nada más donde quede embarazada pendejo.

    – Te juro que después de hoy, no pienso soltarte.

    Y así fue en ese año. Sólo que a partir de ahí le daba sus pastillas anticonceptivas.

    Por qué no quedamos juntos? Pues bien.

    La muy puta no quiso cuidarse más y salió preñada por otro compañero del trabajo.

    Aunque aún tengo dudas de si el niño sea mío; pues da la casualidad que en nuestra última vez y a la fecha de su embarazo no pasó mucho.

    En fin…

    Vladimir escritor.

  • Fin de la sequía de besos en mis cuatro labios

    Fin de la sequía de besos en mis cuatro labios

    El viernes pasado en la tarde, antes que mi marido llegara, verifiqué que todo estuviera en orden en nuestra recámara, incluido el aceite que utilizamos cuando me quiere coger por el ano, y me fui a la cocina para terminar de hacer los platillos que comeríamos en familia. Cuando llegó mi marido, todo estaba listo y comenzamos a comer. Las reuniones son muy alegres cuando estamos todos y en esta ocasión, como en otras más, las atenciones eran para mi marido quien el lunes temprano partiría fuera de la ciudad a trabajar a otro estado, no lo veríamos en una semana completa, cuando él regresaría sólo a pasar la tarde del sábado y el domingo y volvería a salir.

    Esa reunión, y lo que seguiría, sería motivo de fiesta entre nosotros dos, pero muy especial para mí pues ya había hecho planes para aprovechar el resultado de esta efusiva despedida apenas se fuera mi marido. En efecto, por la pinche pandemia (como le dice mi amiga Tita) yo llevaba un año sin que mi amante me chupara la panocha y recurro a él porque mi marido se niega a chuparme (¡pero bien que me pone a mamarle la verga!). Claro, a mí me fascina mamársela y sacarle la leche para saborearla. Mi amante hace bien el trabajo de mamador y, gracias a una exesposa que lo envició, se engolosina chupando, sorbiendo y lamiendo cuando voy a verlo llena de la leche que le ordeño a mi esposo.

    Mi marido ha ganado al tener yo un amante, no sólo porque evito atosigarlo con mis insistencias, sino también porque mi amante logró que me gustara el sexo anal, algo que mi esposo quería hacerme, pero fue doloroso y violento cuando me lo metió por primera vez, al grado de que no le permití volverlo a hacer… hasta que mi amante lo hizo con ternura y me enseñó a gozarlo, claro que mi marido no supo de eso, pero le agrada cogerme por el culo. (Eso pueden leerlo en «Aceptación» y «Cómo le enseñé a mi marido a sodomizarme»).

    Esta es la primera salida de mi marido después que ha pasado un mes de la segunda dosis de mi vacuna contra el covid-19 y el miércoles le hablé a mi amante para que me dedicara toda la mañana en su departamento: ¡se puso feliz de saberlo! Así que el viernes, después de reposar la comida, me puse a cortar algunas carnes frías, a preparar pan que acompañaría con paté y jamón endiablado, algo de guacamole y un vino tinto (para mí, porque mi esposo prefiere tomar ron o tequila) con el que acompañaríamos los bocadillos para ver juntos alguna película erótica o pornográfica (al gusto de mi esposo) después de bañarnos. Se ha acostumbrado a este ritual cuando sale a trabajar fuera del estado donde vivimos. Sabe que quiero deslecharlo completamente todo el fin de semana para que él se vaya contento y yo quede bien cogida. Lo que mi marido no sabe es que yo debo quedar lista para ser amada por mi amante como a él le gusta: bien cogida, escurrida de atole en las verijas y las nalgas, muy sudada y con leche en mis tetas.

    El maratón de amor inicia el viernes, cuando se oculta el sol, en el baño, donde nos enjabonamos mutuamente y yo me dejo coger como a mi esposo se le antoje., pero no lo dejo venirse, eso es para la cama, Al salir nos secamos mutuamente, aprovecho para mamarle la verga y los huevos. En la cama vemos la película que él haya escogido y, dependiendo de cómo se le pare, se la chupo y se la chaqueteo, pero sin que eyacule, se trata de tenerlo con el pito parado y calentándose al máximo. Por lo general, yo me acabo el vino y él sus cubas y la primera cogida la hacemos ya borrachos de alcohol y de amor. Cuando está tomado me coge muchas veces, alternando entre momentos de descanso donde dormitamos un poco. Esta vez, con la primera leche que tomé de su pene, le di un beso que acepto de mala gana pues no quería tomar su semen. Cuando por fin lo tragó le dije “No hagas gestos, tu leche es muy rica, tu esperma no debe desperdiciarse. Si no lo tragas tú, lo tragaré yo o me lo untaré por todo el cuerpo para sentirme deseada por el sabor y el olor a amor consumado que despida”, el sólo sonrió y me besó otra vez. Cuando se vino en mí insistí, a sabiendas de su negativa: “Dicen que es más rico el atole de amor que hace una mujer con la leche de su macho, ¿quieres probarlo?”, y abrí las piernas con mis vellos revueltos y pringosos de semen ofreciéndole mi vulva acercándosela a su cara. “¡No, huele a puta!” dijo haciendo un gesto de desagrado. “Huele a mujer cogida por su marido. Huele a amor. Pruébalo…”, lo exhorté, pero se volteó a dormir. Para mis adentros pensé: “Conste que te lo ofrecí, pero hay alguien que sí lo gozará y te crecerán más los cuernos, mi amor”.

    Me cogió dos veces más, todas por la panocha. Hasta el día siguiente, cuando ya se iba a venir para tomar mi biberón matutino, me sacó el pene de la boca y me dijo “¡Espera mamacita, quiero dártela por el culo!”. Me puse en posición y le di el frasco de lubricante. Él lo abrió apresuradamente, se untó en el pene y me puso un poco en el ano para enterrarme su pene, daga filosa de amor. Sí, me dolió un poco y solté un fuerte grito, pero lo que siguió compensó el adolorido preámbulo. Me nalgueó a su gusto y me embistió con enjundia, sacándome un orgasmo tras otro hasta que me llenó con un chorro que sentí caliente y amoroso. Se quedó pegado sobándome las nalgas que habían quedado rojas por sus manazos. Parecerá contradictorio, pero ambas fueron muestras de su deseo y de su amor. “¡Qué lindas nalgas tienes, mami…!, me decía al acariciarlas. Lo mismo que mi amante… Mi amante me dice mami y yo a él ‘nene’ porque cuando me mamó la primera vez lo sentí como si amamantara a un bebé, diciéndole “Mama, mi niño, mama más a mami, nene…” En cambio, a mi esposo le dije “papi”, quizá porque pensé en mi papá (¿así es Dr. Freud?), dada su edad, diez años mayor que la mía, y él en respuesta me dijo mami. Me encanta ser la mamacita de ambos cuando se regodean con mis nalgas.

    Sólo nos levantamos para comer un poco. En esos días, mis hijos mayores se organizan para atender el trabajo de la casa y dejarnos retozar todo el tiempo que queramos. Y exactamente eso hicimos: aprovechar la cama para coger de todas las formas posibles, bueno, el 69 no, ese sólo lo disfruto con mi amante porque mi marido sigue negándose a chuparme y como yo necesito amor en mis cuatro labios de la vagina, él sigue con una hermosa cornamenta. El domingo, le hice venirse en mis tetas y que con su glande me extendiera el semen, poniendo atención en mis pezones y en mis axilas. También, con lo que me escurría de las mamadas que le di, unté mi cuello contestándole a su porqué “Quiero oler a ti en todo mi cuerpo”. Ese día, en una de las enculadas, lo sacó antes de venirse soltándome la carga en mi espalda y en las nalgas. Me acosté y le pedí que con sus huevos me la distribuyera muy bien. ¡Sentí delicioso el paseo de su escroto que creí que sus vellos eran una brocha pintando una pasta con leche y huevos para saborearse después de salir de este horno de amor! ¡Claro que me puse más arrecha pensando en el paseo de la lengua que daría el beneficiario de este gran acto de lujuria entre mi esposo y yo!

    El lunes muy temprano, me tomé un bibi riquísimo antes de que mi marido se metiera a bañar. Al salir del baño me dijo “Te toca bañarte”. Más tarde lo haré, quiero estar oliendo a ti y con tu sabor en mi piel unas horas más” Tomó su desayuno y se fue con su cuadrilla. Yo me puse una ropa delgada para evitar que la fricción eliminara esa costra de amor que ya tenía dueño esperándola por más de un año y salí de casa para que me hicieran la primera limpieza de mi cuerpo, ¡a pura lengua!

    Al llegar al departamento de mi amante, él abrió la puerta mostrando sólo el rostro. Entré y le di un beso donde jugaron nuestras lenguas y mis manos recorrieron su desnudez. En la recámara, me quité los zapatos y me subí de pie a la cama para hacerle un estriptis, lanzándole una a una mis prendas, que fue acomodando en la silla, mientras yo cantaba con el ritmo de la canción ‘Fiebre’: “Ya llegó tu desayuno, nene”/ Sé que tu lengua va a envolverme/ Y de tanto amor yo me vendré/ nene / Mira mi panocha, nene/ Esta rebosa de amor/ Escurre leche( leche de varios días que ordeñé para ti/ Tú me das lengua… Fue divertido y al mandarle la pantaleta, la olió y lamió antes de tirarme sobre el colchón para chupar desenfrenadamente mi vulva. “¡Tantos meses que esperé estos labios!”, le decía restregando su rostro en mi pubis al tiempo que brotaban ríos de mi flujo que él sorbía y tragaba sin parar. Quedé yerta y a la merced de su boca que me recorrió por el frente por detrás. “¡Lámeme toda, mi amor, el cornudo fue muy generoso para preparar tu banquete!” Como de costumbre, me lamió y besó todo el cuerpo. Yo reía con las cosquillas que sentía. Lo único que extrañaba eran los piquetes de su barba rala porque estaba bien rasurado. En el ombligo quedaba suficiente sabor de semen para enloquecerlo y le dedicó más de un minuto para limpiarlo. Cuando le tocó el turno a las axilas y a mi cuello, creí venirme con tantas caricias, obviamente sus manos magreaban nalgas, panza, nalgas piernas y chiches, ¡lo que quedara al alcance! Yo seguía con los ojos cerrados, pero al terminar el recorrido de mi cuerpo, cuando abrí los ojos vi una vergota enorme en mi cara: él se había acomodado para gozar nuestra posición favorita, el 69. Sin más que intuir lo que él había esperado por mi boca, como yo por la de él, se la mamé acariciando los huevos. Literalmente, me cogió por la boca y se vino mucho, tragué con la misma pasión como le chupo a mi marido. Su semen sabe distinto, pero son ricos los dos. Ya quieto, volvió a lamer mis verijas. “Me gusta el atole que hacen ustedes con su amor, mami. Papi te quiere mucho y yo se lo agradezco”, dijo antes de voltearme y lamer mi culo. Yo quería que cambiara su lengua por la verga, pero él seguía con el miembro flácido, así que me puse a chuparle los huevos para darle el tipo de amor que su esposa le niega. El cansancio nos hizo dormir, oliendo nuestros sexos.

    A la hora, cuando despertamos, le pedí que me enculara, pero que sólo usara su saliva como lubricante y su lengua para dilatarlo. ¡Estuvo riquísimo!, tanto que no me dolió cuando me lo metió, despacito y agarrado de mis nalgas; después cuando empezó el movimiento tremolante, se inclinó para besarme la espalda y agarrarse firmemente de mis tetas. ¡Me vine riquísimo! Él, sin sacarme el pene que seguía rígido, me dio la vuelta como ‘pollito rostizado’ igual que lo hace mi marido, dejándome sorprendida. “Ha de ser un movimiento obvio en las enculadas seguidas”, pensé dejándome colocar la almohada entre mi cintura y nalgas. ¡Otra venida mía más! y también de mi amante… Al descansar, me llevó al baño, donde, antes de salir, me cogió cargada bajo la ducha, haciéndome subir y bajar sosteniendo mis nalgas. ¡Otra venida mía más!, pero creo que él ya no soltó leche en su orgasmo.

    Cuando ya estábamos vestidos y próximos a salir de su departamento, sonó mi teléfono: llamada de mi marido.

    –Acabamos de llegar. ¿Cómo estás? ¿Ya te bañaste? –preguntó.

    –Estoy bien cogida, aun recordando la dicha que me diste el fin de semana. Sí, me acabo de bañar. Me gustó sentir con la humedad –“de la lengua de tu socio”, pensé– el olor del semen con que me cubriste, lástima que no probara yo ese delicioso sabor de tu semen, pero sí te lo agradezco, papi –dije y mi amante hizo unas señas dejando ver que él también lo agradecía.

    –Te mando besos y mientras acumularé mucho amor en mis huevos para vaciártelo todo el siguiente fin de semana, mami.

    –Sí, te esperamos para que nos des tu amor, a tus hijos en besos y abrazos y leche para mí, para disfrutarla mientras me la das y después de que te vayas, como lo hice hoy al limpiarme. Besos –dije y colgué.

    –Esperaremos esa nueva carga de amor, para reponer lo que no nos dimos durante tanto tiempo –dijo mi amante al abrir la puerta para salir.

    En el auto, sólo hubo caricias en las manos. Me dejó en el mercado donde compraría algo sólo para justificar mi salida por si preguntaban mis hijos algo. Pero yo quería descansar del maratón de amor que acababa de terminar. ¡Cuatro días de verga y venidas abundantes!, recibidas y dadas…

  • Libre

    Libre

    Ayer estaba un poco cansada, los tacones tallaban mis pies y el maldito vestido blanco que tanto me gusta se manchó con un poco vino. Como si fuera poco las tangas de hilo color negro me tallaban el culo cuando caminaba. No sé qué diablos tenía que todo me estorbaba. Cuando fui a almorzar al restaurante de enfrente quería desnudarme delante de todos, deseaba tirarle la ropa al mesero en la cara, subirme a la mesa, pasarme las servilletas por las tetas y que los viejitos que estaban ahí se quedaran mirándome y me tiraran mucho dinero como si fuese bailarina de cabaret; mientras su verga muerta fracasaba en erectarse. ¡Quizás al verme les hubiese resucitado el muerto, favor que les hubiese hecho! Si no fuese porque mi oficina queda enseguida lo habría hecho.

    Los proveedores me quedaron mal, no trajeron lo que les pedí y para ajustar hace días no tengo sexo. En la noche salí a tomar algo, me senté en una mesa y de pronto un caballero se me acercó con una copa. Me dijo un par de palabras para resaltar mi belleza y me pidió que me sentara con él. Para ahorrarle su trabajo puse cara de puta y le dije que me diera dinero para tener sexo con él. Sus ojos se abrieron y me ofreció un buen billete. Salimos de allí y llegamos a su hotel. Me preguntó en qué trabajaba y le dije que era prepago. Te confieso que quería sentir que era mala, olvidarme de que debo ser una mujer conservadora ante mis empleados y mi familia. Quería que me pagaran por disfrutar, sentir que era libre, que tenía poder, que era deseada, que yo me mandaba y que no tenía que abrir las piernas por cumplir. De solo recordarlo es excitante. Fue divertido y no pongas esa cara de susto. Pregúntale a tu mejor amiga si alguna vez no ha fantaseado con que le paguen por sexo y me darás la razón.

    Cuando llegamos al hotel me invitó a pasar y al verme tan exhausta me llevó a mi casa. Quizás he estado tan agotada, aburrida y decepcionada por estos días que ni mi papel de meretriz me sale bien. De toda mi tragedia debo rescatar algo bueno y es que soñé contigo y fue muy fogoso. ¿Quieres que te cuente? pero primero ponte cómodo, quiero que sientas y revivas conmigo lo que sentí. Por un momento pensé que era real. Cuando desperté tenía un peluchito entre mis piernas y me estaba tocando con él. A propósito la nariz del peluche estaba húmeda; creo que estando dormida metí su naricita en mi vagina y se mojó.

    Ahora que estás listo, te voy a contar. Estaba en mi oficina con mi cara estirada y de pronto llegaste tú mostrándome el nuevo catálogo de lencería que vamos a sacar en la próxima temporada. Hacía mucho calor allí y de pronto te pedí que activaras el aire acondicionado, me respondiste que no sabías cómo se hacía y me paré de la silla, pasé por tu lado, me empiné un poco y mi cola quedó cerca de tu cara. Al darme la vuelta te sorprendí oliéndome las piernas. Entonces pasé mis dedos por tu cabello y te acerqué hacia mí, con tu mano derecha empezaste a subir mi falda y corriste mis bragas hacia un lado. Con tu otra mano descubriste mi clítoris y sacaste tu lengua, empezaste a hacer un remolino con la puntita y al sentir tanta dicha, levanté mi pierna y la puse encima de la mesa para quedar más cómodos. Al ver que estaba mojadita metiste dos dedos en mi estrecha vulva y jugaste con ellos como si fuese un juguetito, hasta ver que mis piernas se mojaban a causa de un delicioso orgasmo que había tenido. En ese instante entró una llamada de uno de los proveedores y al despertar era mi alarma recordándome que es hora de empezar un nuevo día.

  • Viaje a dos carrillos

    Viaje a dos carrillos

    Todo transcurría normal en la estación de autobuses de Cádiz cuando me disponía a subir al coche para viajar a Madrid. Estaba cansado, había venido a trabajar y me quedaba un largo viaje hasta llegar a casa. Decidí ir al final del autobús, pensé que sería más tranquilo y podría dormir un rato.

    El coche se iba llenando y ya había bastantes viajeros, la verdad que iba casi lleno y solo quedaban asientos al final, donde yo estaba. Casi a última hora subió una chica joven, era muy guapa, tenía el pelo rojo y los ojos verdes, la chica llamaba la atención. Era delgadita, vestía camiseta de tirantes y una faldita. Me miró con un poco de desprecio cuando me pilló mirando su escote y se sentó al otro lado en mi misma fila. Era bella, tenía la frescura y el desparpajo de una chica que se sabía guapa. Pensé que sus padres subirían o estarían sentados delante.

    El autobús comenzó el viaje, en ese momento la chica cogió el móvil y llamó a su madre. Puse la oreja y pude oír que iba a Toledo, qué tenía 20 años y que estaba en Cádiz visitando a su padre. Me reí de mi mismo diciéndome que donde iba, que era un carroza, yo tenía 41.

    Llevábamos un rato ya de viaje, hacía calor y se podía ver una marca de sudor en su camisa a la altura del escote, tenía una pierna apoyada en el asiento y se veía el muslo casi hasta las braguitas. Ella solo levantaba la cabeza del móvil para mirarme con mala cara, se había dado cuenta de que la estaba comiendo con los ojos. Seguro que pensaba que era un viejo verde.

    A mitad del camino cambió de postura apoyando la espalda en el cristal y subiendo las piernas en el asiento, en una mirada rápida vi el color de sus bragas y me excite, eran azul cielo. Volví a mirar, tenía los mulos al aire y las bragas apretadas, tanto que se podía apreciar la boca que dejan la separación de los labios, también note un óvalo de humedad cerca de la «pepita». Me estaba poniendo a 100 pero enseguida se incorporó tapándose las bragas y mirándome con cara desafiante. Se quedó un minuto mirándome fijamente, no la mire.

    Pensando fríamente concluí que no era tan viejo y ella era una niñata, decidí jugar.

    Desabroche mis pantalones y empecé a masajearme la polla por encima de los calzoncillos, cuando la mire la pille bajando los ojos al móvil, disimulando como si se mordiera una uña, mire su chocho ya con detalle, podía ver que tenía la bragas metidas en el culo y la humedad había aumentado, ya no cerraba las piernas, me permitía mirar y me estaba empalmando.

    Al estar atrás la gente no veía pero había que vigilar un poco. Cuando la polla empezó a salirse del calzoncillo la saque y empecé a menearla de arriba abajo, era un garrote, la mire buscando cruzar las miradas pero seguía disimulando con su uña, se la veía muy nerviosa, tenía las bragas mojadas, estaba excitada, estaba ganando en su juego y eso me hacía sentir bien.

    Baje mis pantalones por debajo del culo y empecé a masturbarme mirándola fijamente hasta que cruzó la mirada, la hice un gesto para que se acercará, miró al interior del autobús y luego al móvil. Se veía lo cachonda que estaba y volví hacerle el gesto, se incorporó sentándose normal mirando a la gente del autobús, giro la cabeza hacia mi y se puso a mi lado.

    Ella sola me agarró la polla y empezó a hacerme una paja, apretaba para comprobar su dureza y ponía morritos, era joven y aún no había visto una buena polla grande y bien culeada. Yo cada vez respiraba más rápido sin hacer ruido y ella seguía vigilando mientras me pajeaba fuerte y excitada.

    Me estaba encantando y di un paso más, la hice el gesto para que me la chupara mientras yo vigilaba, miró a su alrededor y empezó a chupar despacito, mi polla casi llenaba su boca y la tenía durísima. Agarre de su coleta y la obligue a seguir un ritmo, empujaba su cabeza follándole la boca hasta el fondo, ella, entregada, se dejaba llevar.

    Estaba a punto de correrme y sabía que iba a ser en su boca, no la pensaba avisar. Las piernas empezaron a temblarme y me corrí intensamente, intento retirarse pero se lo impedí, no pare hasta que me ordeño la última gota, menuda mamada, casi me llevo al cielo. Cuando la solté enseguida se fue a su sitio con los carrillos llenos y vi como lo escupía en un pañuelo. No volvió a mirarme, media hora después llegamos a Toledo, se bajó, y no me dijo ni adiós.

    Cuando llegué a casa me tumbé en la cama y me quedé recordando mirando al techo, que chica, seguramente nunca más la vea, pero nunca la olvidaré.