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  • Soy un hombre en silla de ruedas y cuento mi primera vez

    Soy un hombre en silla de ruedas y cuento mi primera vez

    Pues hoy vengo a contarles mi primera experiencia sexual. Primero me presento, soy una persona (hombre) que actualmente tengo más de 30 años de edad, pero lo que me diferencia del resto es que tengo una discapacidad física, por lo que utilizo una silla de ruedas para desplazarme desde mi nacimiento. Desde muy joven siempre he sido una persona muy caliente y descubrí lo que era la masturbación.

    Nunca he tenido para explorar mi sexualidad y siempre he gozado de mi cuerpo y las sensaciones que provoca el tocarme a mi mismo.

    Yo me considero una persona heterosexual, pero lo que les contaré a continuación pasó por la necesidad de sentir lo que es el contacto humano.

    Todo empezó un día en el que me encontraba triste porque las chicas que me gustaban no me hacían caso debido a mi discapacidad, siempre me decían que no querían batallar conmigo y que no podían ser mis novias.

    Ese día llegó a visitarme un vecino que quería jugar PlayStation conmigo por lo que lo dejé quedarse, necesitaba distraerme un poco de mi tristeza. Y como mi mamá que era divorciada, tenía que trabajar todo el día para poder mantenerme, siempre gozaba de casa sola. Estando jugando un juego de futbol, recordé que ese día no me la había jalado como todos los días por pasármela triste por mi situación amorosa y andaba un poco más caliente de lo normal.

    Voltee a ver a mi amigo que estaba muy concentrado con el control del Play jugando, y recordé que en alguna ocasión me introduje una pluma por mi colita y me había fascinado. Puse mi mano sobre su pierna y empecé a subir despacio hacia su entrepierna, voltee un poco mi silla de ruedas para quedar de frente de él y le pregunté si quería. Cómo era un poco más joven que yo, cooperó conmigo y se desabrochó el pantalón.

    Bajé su bóxer y sacó su miembro que en un inicio me asustó un poco, pues aunque nunca tuve la oportunidad de medirlo, calculo medirá entre 20 y 22 centímetros, y lo suficiente grueso para que no pase imperceptible para nadie.

    Mi intención era sentir su pene en mi interior, pero me daba miedo que me lastimara con ese tamaño, por lo que me incliné hacia enfrente y empecé a chuparle el gran pene y darle un poco de lubricación. No cabía en mi boca, pero como podía, subía y bajaba con mi boca toda su herramienta hasta que sentí que lo tenía muy duro.

    Con una voz agitada le dije: “¿Me lo metes?

    A lo que sin pensarlo, me ayudó a voltear mi silla y colocarme en el descansabrazos de un sillón, con mi cola expuesta hacia fuera, me bajó el pantalón y en ese momento tragué saliva del nervio que traía.

    Colocó su pene en la entrada de mi cola y empezó a ejercer una leve presión, yo sentía como poco a poco, su miembro iba pidiendo permiso para ingresar, recorriendo cada centímetro hacia mi interior. Cuando por fin logró meter todo hasta el fondo, yo sentía una mezcla de dolor y placer pues era la primera vez que tenía sexo de cualquier tipo.

    Poco a poco empezó a moverse, hasta que las embestidas eran bastante rítmicas. De mi boca solo salían ruidos de “ahh, ahhhh”, no lo podía creer, lo estaba disfrutando y mucho.

    De pronto sentí como se ponía cada vez más duro, y estaba como palpitando. Estaba llenando mis entrañas con su semen y yo sentía delicioso ese momento. Terminamos y mi amigo me ayudó a limpiarme y colocarme nuevamente mi ropa en su lugar. Pero ese día solo fue el inicio de una serie de encuentros muy deliciosos en el que descubrí mi gusto por el rol pasivo.

    Más adelante les contaré un poco más de mis aventuras con mi amigo y con otras personas que me hicieron sentir cosas que no había sentido.

  • Balseros II: Amor de machos

    Balseros II: Amor de machos

    Me echó su aliento perfumado de licor en el rostro y me dijo: Te he vencido una vez más, pero esta vez no te vas a ir sin complacerme. Luego me besó en la boca, metió su lengua hasta mi garganta y me mordió los labios suavemente. Yo, en vez de forcejear no puse resistencia alguna. Era una sensación totalmente nueva para mí, en la misma posición, sin soltarme los brazos empezó a frotar su cuerpo con el mío y las dos pingas, encima de mi abdomen, estábamos tan calientes que nos vinimos casi de inmediato. Nos fuimos a la ducha y sin decirnos ni una palabra y nos volvimos a besar. Su aliento seguía tan sabroso y perfumado y su cuerpo enjabonado resbalaba con el mío.

    El contacto resultaba delicioso y aunque nunca había experimentado cosa igual, no puedo negar que el morbo era más grande que mi orgullo de hombre, dejamos que el agua corriera por nuestros cuerpos nuevamente, entonces agarró mi mano y me hizo acariciar su pinga que no tardó en pararse, en efecto, era como 2 pulgadas más grande que la mía. En ese momento comenté: Quiero que sepas que yo no soy maric… y no terminé la frase, otro beso interrumpió mi comentario y acto seguido se metió mi pinga completa de un solo bocado en la boca. Mis gemidos no paraban y él la chupaba como un experto, yo de veras nunca esperé que mi improvisado amante mamara mejor que una mujer. Cuando estaba a punto de venirme, le dije que descansáramos, ya yo había perdido el poco pudor que me quedaba y le dije: Esta bien te voy a complacer en todo, yo no pensé que esto era lo que te gustaba, pero no me toques el culo y le comencé a acariciar las nalgas, le metí mi pinga entre sus piernas, él acomodó la suya entre su abdomen y el mío y comenzó a moverse como una mujer. Era la sensación más sabrosa que había sentido en mi vida. Le chupé sus pezones, su pecho y su cuello mientras jugaba con su agujero; Aquello lo excito sobremanera y comenzó a besarme con fuerza y a levantar su pierna derecha sobre mi cintura para poder abrir sus redondas nalgas y dejarme libremente que le metiera el dedo hasta lo último. Me pidió entre besos y mordiscos que, si no sabía que hacer, le hiciera lo que yo le haría a una mujer.

    Lo cargué en peso y lo lleve a mi cama donde se volteó y adopto posición 4 puntos dejando aquel culito rosado y medio dilatado a mi entera disposición; Eché otro vistazo a su hermoso cuerpo, y me excitó verlo así. Comencé suavemente a lamer aquellas nalgas duras y redondas, luego a chupar su hueco que se dilataba cada vez más hasta poder meterle mi lengua hasta el tronco, entonces le metí el dedo suavemente a lo que el replicó casi llorando de placer: ¡el dedo no, métemela ya coñooo! él mismo me agarro mi pinga y se la fue metiendo poco a poco hasta quedar ensartado completamente, entonces fui yo el que perdí mis estribos y lo agarré por la cintura y empecé a bombearle su culo desesperadamente. Era divino sentir el calor y la abertura tan estrecha, otra experiencia totalmente nueva para mí, cinco meses a pura paja es demasiado tiempo y creo que no hay hombre que dure tanto tiempo así. Luego se viró y se sento a horcajadas sobre mi para poder besarme y decirme cosas en el oído o acariciarme el cuello con su lengua, mientras se volvía a meter mi pinga, esta vez sin ayuda de sus manos. Se veía que disfrutaba mucho porque se mantenía con la pinga dura y me pedía que no la sacara y que le echara la leche dentro. Cuando no pude aguantar más, le dije que termináramos y entonces me repitió: La quiero toda adentro y volvió a poner mi mano en su pinga, lo masturbé hasta que un gran chorro de su leche me saltó en la cara al mismo tiempo que yo le llenaba todo su culo. Se abalanzó sobre mí y comenzó a limpiar toda mi cara con su lengua al tiempo que me besaba y me daba a probar de aquello que, en otras circunstancias, unos meses atrás me hubiese resultado algo repugnante y hoy bebía como si fuese ambrosía.

    Nos fuimos a la ducha nuevamente, entonces caí en un estado entre culpa y pena y no sabía cómo dirigirle la palabra. Mientras él botaba todo lo que yo le había echado dentro, yo me duchaba y me sentía avergonzado de todo que había pasado. Se metió a la ducha conmigo y solo me dijo: Ya yo pasé por eso mismo, si quieres lo olvidamos todo ahora y ya, debió haber notado mi cara de angustia cuando dijo eso para alentarme. Y mientras el agua caliente volvía a recorrer mi cuerpo sentí sus manos acariciando mi cuello y mis hombros en forma de masaje mientras me decía al oído casi susurrando: si no quieres no lo hacemos más, aunque para ser tu primera vez estuviste excelente; Y agregó: el masaje es de amigos, ¿somos hombres o qué? En aquel momento, no pude entender ese cambio de actitud tan repentino y comprendí que él no quería que yo me sintiera presionado ni culpable y deseaba que, si en un futuro iba a volver a pasar algo, saliera de mí. Yo seguía sin hablar, aunque pensaba ya probé y creo que me gustó.

    Me fui a mi cama ,ya la borrachera se me había quitado por completo, eran las 3 de la mañana y yo, por algo raro no tenía sueño solo sentía una sensación indescriptible en mi estomago cada vez que me venía el momento anterior a mi mente .No me explicaba cómo había pasado, mi cerebro se confundía al pensar como había yo caído en tan semejante locura, comencé a pensar en detalle el rato tan agradable que había pasado junto Yovany momentos antes .Recorrí nuevamente su cuerpo, su cintura, los vellos de su pecho ,sus nalgas ,sentí su aliento en mi boca y recordé los besos con sabor a alcohol que desde ahora serían los más sabrosos que habría probado en mi vida , sentí algo raro dentro de mi cuerpo ,como un escalofrío, el mismo cosquilleo de antes pero más fuerte descubrí una media erección en mi calzoncillo .Sabia que él nunca iba a volver a atreverse a acercarse a mí de la forma que lo hizo esta noche, así que tome la iniciativa de ir a su cuarto. Yacía dormido como ángel entre nubes, lo miré nuevamente ahora con lujuria y deseo, lo miré diferente como yo miraba a las mujeres antes de que me pasara todo esto. Me acomodé y lo abracé hasta que me quedé dormido.

    Al día siguiente me encontraba entredormido, pero sin abrir los ojos y pensé: ¡tremenda pesadilla! al abrirlos me encontré desorientado, desnudo y en la cama de Yovany, no entendía que pasaba o sea no puede ser si yo me acosté en calzoncillos, me senté todavía aturdido y entonces sin esperarlo mi amigo se abalanzó encima de mí y me cayó encima haciéndome una llave e inmovilizándome y me gritaba furioso ¡que me has hecho y que haces aquí desnudo en mi cama! yo, con cara de angustia no respondía y solo lo miraba asustado y confundido. Entonces comenzó a reír y me dijo que era una broma y agregó: si hubieras visto la cara que pusiste y saltó de la cama a lo que decía voy al baño; Mientras me acercaba sentí su potente chorro cayendo en el agua y sentí morbo, sentí morbo también cuando me acerqué a espiarlo y cuando vi como sacudía su pinga, quien lo hubiese visto con ese aspecto varonil y esas piernas abiertas no hubiera pensado que era él quien me pedía a gritos la noche anterior que le echara la leche dentro. Luego me cruzó por detrás y me pegó suavemente todo su cuerpo, me acarició las nalgas y esperó así a que yo terminara de orinar. A mí en realidad ya me daba lo mismo que se restregara en mi espalda o me tocara las nalgas si en fin de cuentas después de lo que había pasado la noche anterior no quedaba vergüenza, pudor o dignidad y lo peor es que no me molestaba en lo absoluto lo que estaba sucediendo, aunque decidí jugarle una mala pasada. Me viré, lo agarré por el cuello y le dije: ¡yo soy un hombre y a los hombres no se les toca las nalgas! Luego de ver su cara de angustia me eché a reír y le dije: te di a beber de tu propio chocolate. Me asustaste, me dijo, pensé que me ibas a hacer daño de verdad y concluyó: eso es de esperar con primerizos.

    Nos fuimos a la cama nuevamente entre risas y entonces me dijo: tengo que hablar contigo en serio a lo que yo, lo interrumpí diciéndole: Lo único que me falta que me digas es que perteneces a la seguridad del estado cubana y que estoy preso. Luego de terminar de reírse por mi ocurrencia agregó: Sabes que soy de muy pocas palabras y lo único que te pido es que si consideras que lo que paso anoche es un error, me lo digas bien claro y te juro que no te molesto más

    – ¿Sí y lo del baño hace un momento que fue?

    -Eso fue un desliz, esas nalgas son filete de primera pero te lo juro que no te molesto más de veras ya en serio.

    Se le veía muy apenado, yo en ese momento me sentía muy a gusto con todas las sensaciones nuevas, pero tampoco le quise demostrar mis verdaderos sentimientos.

    ¿Creen que esto va a ser solo una aventura o hay más rollo entre estos dos?

    Pronto las confesiones de Yovany se dan a la luz.

    Sigue mis historias aquí.

    Gracias por leerme. Siempre tuyo ThWarlock.

  • ¿De quién será el semen que me comi?

    ¿De quién será el semen que me comi?

    Mi tía Martha cumplió 50 años de edad la semana pasada y para festejar tan importante suceso,  mi tío decidió hacerle una pequeña fiesta, con los amigos más cercanos y por supuesto, la familia más cercana.

    Llegamos a Cuernavaca temprano, prácticamente a desayunar. Durante el día se hicieron los preparativos correspondientes en donde, todos colaboramos. Ya por la tarde nos preparamos para comenzar a recibir a la gente. La verdad es que yo no quise vestirme tan corta por razón de que no conocía a mucha gente y no quise sentirme incómoda. Además, estarían presentes muchos familiares.

    Decidí vestir con un jeans muy ajustado, casi embarrado, un top blanco, una torera azul y unos tenis, algo muy casual.

    Nos reunimos entre 7 u 8 primos y dando las 10 de la noche nos fuimos a un antro, para bailar un poco y distraernos, pues en la casa habría puros viejitos.

    Llegamos cerca de las 3 de la mañana a la casa y los mayores siguen enfiestados; tomando y cantando, ya saben como son las fiestas familiares, verdad?

    Yo llegué algo ebria a casa y aun así me tomé dos tequilas más, lo que me noqueó y me mandó a dormir. A mis padres y a mí nos habían ubicado en un cuarto que está en la azotea de la casa, así es que, cuando me fui a dormir, estaba yo sola en el cuarto, mis padres seguían en la fiesta, jejeje.

    Me puse mi pijama, me recosté en la cama de mi lado derecho y cerré mis ojos, pero el sueño aún no se apoderaba de mi.

    Oí que se abría muy lentamente la puerta del cuarto y pensé que eran mis papás y que estaban entrando muy despacio para no hacer ruido; pero nada más lejos de la realidad. ¿Quién entró? la verdad no lo sé.

    Me mantuve con los ojos cerrados para aparentar estar dormida. De repente sentí aire en las piernas, pues alguien estaba alzando las cobijas. Una mano se posó en mis piernas y las acariciaba muy suavemente. Lo hacía de una manera muy lenta y como si tuviera la experiencia del mundo en hacerlo.

    Esa mano recorría desde mis rodillas hasta llegar a mi entrepierna y se detuvo porque mi calzón estaba tan ajustado que no lo podía mover. Sentí la presencia de alguien frente a mí, pero aun así no quise abrir los ojos. Escuché como se abría el cierre de un pantalón y como se desabrochaba un cinturón. Comencé a sentir golpecitos en mi mejilla y me llegó el aroma a sexo, a verga con un poquito de olor a pipi.

    Sentí una lengua en mis labios y después, sentí esa verga intentando abrirme la boca. Además de la humedad en mis labios que había dejado aquella lengua, ahora sentía un líquido calientito, seguramente era la babita que por la calentura, tenía esa verga.

    Dejé flojitos mis labios para que esa verga pudiera entrar a mi boca y sentí como entraba la cabeza. Así se quedó por un momento, poco después esa persona comenzó a convulsionar y de repente soltó un chorro de semen caliente en mi boca.

    Cerré la garganta para no tragarme, pero mucho de ese semen se quedó dentro de mi boca. Cuando sentí que se vino esa verga y que la sacaban de mi boca, cerré mis labios y me quedé con semen dentro de mi boca, el cual jugué con mi lengua por un rato más.

    Se abrocharon el pantalón y rápidamente salieron de la habitación. Unos minutos después me incorporé, seguía moviendo el semen dentro de mi boca y terminé tragándome lo poco que me habían dejado; me fui al baño, me lavé la boca y me fui a dormir.

    Al día siguiente todo era normal, como si nada hubiera sucedido. Aún sigo pensando, quien habría sido el extraño que había entrado a mi habitación la noche anterior. Tengo 5 primos que están de muy buen ver y todos, uno o dos años mayores que yo. El peor de los casos es que todos son tan amables y cariñosos conmigo que siento que más de uno me tienen ganas de coger.

    Ojalá y algún día sepa de quien fueron los mocos que me comí y que si por mi fuera, se los comería a todos mis primos y no es que sea una puta, simplemente porque me gusta el sabor del semen y especialmente, me gusta motivar para que ese semen salga caliente.

    Si te ha gustado mi relato, espero que me dejes un comentario.

    Besos con semen.

  • Reencuentro casi perfecto

    Reencuentro casi perfecto

    Y llegó el día,  sí, ese día que lo volvería a ver después de mucho tiempo. Gozosa y alegre por probar otra vez sus labios aunque era consciente de que sería la última vez.

    Era las 8 pm, llegaba de un viaje, cansada pero muy feliz, timbraba mi celular y era Javier, mi mejor amigo, diciendo: “¿ya estás lista?” y sonriendo le dije, “sí, ya estoy”, aunque no era una respuesta verdadera. 8:30 pm, pensé que Javier vendría pronto, pero no fue así, daba igual, sabía que la fiesta aun no comenzaba y aproveche en ponerme más guapa y sí, era para él. 9 pm llego Javier, mi mejor amigo, nos abrazamos por todo el tiempo perdido entre viajes y otras cosas más. Nos fuimos caminando y llegamos a la dichosa fiesta, estaban todos ahí, mis amigos, amigas y demás, pero aún no lo veía, fue raro.

    Entre tantas carcajadas, alcohol y una que otra confesión, lo vi, tan bello, grande y sonriente, joder, sentí otra vez la misma conexión de hace un año, pero no podía hacer ni decir nada, porque no hablábamos hace 5 meses. Éramos dos extraños con un pasado fuerte. Dejamos pasar la noche él por su lado y yo por el mío.

    1 am ya todos se estaban yendo, pero algo me decía quédate y sí, me quedé. Estaba ya un poco aburrida en eso él se acerca, sentí como aceleraba mi corazón.

    -Hey ¿tomamos? dijo…

    -Okey, fue mi respuesta.

    Nos fuimos a un rinconcito, fue muy gracioso entre tanta gente borracha, no hablábamos, pero el ambiente en nuestro alrededor quemaba, sentía esa necesidad de escapar, pero no podía y él sabía porque, nos amábamos en silencio y en secreto y aunque no decíamos nada nuestros cuerpos mostraban lo contario, no podía más, y fui al baño, llegue y sentí que alguien estaba detrás mío y era él, nos quedamos viendo, mierda, eran los 10 segundos más largos de mi vida, y no pude y el tampoco, nos besamos como esas veces en el campo, fue el beso más rico y entrañable de mi vida, esperaba tanto eso que decidimos seguir en su cuarto.

    Nos escapamos de la fiesta, no me importaba nada, ni Javier, solo él. Llegamos a su cuarto dejamos las llaves a un costado, me arrimo a la pared, empezó a besarme en el cuello, jadeaba de placer, después, pasó por mis pequeños pechos mientras sus manos me agarraban fuertemente las nalgas, mierda, me cargó entre sus brazos, me llevó a su cama, me tumbo y lentamente me desvistió, aun así sentía su lengua muy dentro de mí, me levanto e hizo que me arrodillara, empecé a chuparlo y sentí como se ponía gorda y grande para mí, me levanto e hizo que me volteara, abrió mis piernas y me la metió, Dios, amaba sus movimientos suaves y al mismo tiempo bruscos, en ese instante vi el paraíso, sabia como hacerlo, sabia por dónde empezar, estábamos muy calientes, nos extrañábamos, me jalaba el cabello y me nalgueaba tan fuerte que le pedía no parar, “sí, sí, así ah, siii no pares.

    Entre gemidos y sudor de placer, me agarro del cabello y me voltea, nos miramos fijamente, algo perverso decían nuestras miradas, baje… y se vino en mi boca, la disfrute tanto que tenía que succionarlo todo. Me pare, nos miramos otra vez, deseosos de volver a repetirlo, pero sabíamos que no se podía, aun así, sentí esa necesidad de volver a estar con él, nuestros cuerpos desnudos y sudorientos afirmaban eso. 4 am desperté al lado suyo. Mientras me vestía, sentí su mirada perversa y al mismo tiempo tierna, no cambio.

    Se puso de pie, me agarro la cara y fijamente me dijo:

    -te extrañé, te extraño y te extrañaré.

    Nos besamos y sentí algo húmedo en mi cara, sabía que era el final, me ayudo a ponerme la chamarra, fuimos a su puerta, recibe una llamada, era ella, sonreí y me fui.

  • El tipster (Partes 6 y 7)

    El tipster (Partes 6 y 7)

    Parte VI 

    Asomaba la noche, una foto encuadrada frente a mí mostraba a Jimena y su madre en Orlando, ambas sonriendo y con el mismo vestido turquesa, cualquier persona que las mirase notaría su parecido y familiaridad. Ambas compartían rasgos similares sobre todo en los ojos, azules y profundos en los que cualquier mortal se perdería, lo de Jimena era un calco de su progenitora.

    La foto probablemente se la tomaron en unas vacaciones a la que acostumbraban a ir cada temporada en las que el verano terminaba y el viento durante las horas de la noche anunciaba el reinado del otoño. Muchas familias adineradas de mi región huían al clima subtropical húmedo que ofrecía Florida, no se puede negar cierto desinterés que mostraban por el entorno nacional, incluso en las elecciones generando el mayor ausentismo en la votación.

    Un olor a pan y harina que llegó a mi nariz me sacó de mis pensamientos, me percaté de que las luces de la cocina y el comedor estaban encendidas, escuché voces provenir de aquella zona, así como también se escuchaban algunas risas y conversaciones que no llegué discernir debido a mi lejanía. Me acerqué un poco más y divisé la silueta de Jimena que conversaba alegremente con Teresa y su madre mientras preparaban una especie de masa de harina. La sonrisa de Jimena exaltaba las virtudes de sus carnosos labios, rojos como el rubí, parecían incluso transmitir cierto misterio. Al verla recordé todo lo acontecido y llegué a la conclusión que la amé y odié en proporciones similares.

    Me acerqué con pasos silenciosos, la posición y el ángulo de la puerta que estaba semiabierta ayudaba a que la mirase completamente, en un instante cuando ella giraba la cabeza después de atender a las conversaciones con Teresa, se percató de mi presencia encontrando mi mirada, su tono alegre cambió a uno de expectativa, soltó una ligera sonrisa a la cual respondí de la misma manera, extrañamente un sentimiento de soledad me invadió por completo, no por tristeza sino por reflexión y por este motivo me dirigí a la terraza. Era una noche de invierno y el cielo no estaba despejado, ni siquiera podía ver las estrellas, las nubes lo cubrían todo, en ese instante me dieron ganas de fumar un cigarro, a pesar de que raras veces lo hacía, pero este recuerdo lo ameritaba. Hace unos días cuando por casualidad vi por mi ventana un destello momentáneo surcando el firmamento sin estrellas, empalidecido por la luz de la ciudad, en ese instante por más ridículo que fuese se me ocurrió pensar: “Desearía pronosticar el resultado de las apuestas”.

    Sentí un abrazo que me saco de mis pensamientos, era Jimena que pegaba su cuerpo al mío, mientras me daba un beso en la mejilla.

    —Estas muy solito, vamos al comedor —me dijo mientras me jalaba del brazo.

    En el comedor estaba Sara, la madre de Jimena, esperándonos con un postre de pastel que acababan de preparar, mientras Teresa se encargaba de cortar en pequeños trozos y servir en los platos poniendo los cubiertos correspondientes.

    —Prueba, mi amor —mencionó Jimena mientras llevaba pastel en una cuchara a mi boca.

    —Delicioso —respondí con sinceridad.

    —Ella misma lo preparó, yo solo le di la receta —comentó Sara, dándole los créditos a su hija.

    —Teresa también ayudó —agregó Jimena.

    Esta mención me dio escalofríos, pero me dio un alivio esperando que estando Jimena y su madre viendo la preparación del pastel no intense hacer nada.

    —Si, pero la señorita Jimena estaba muy empeñosa, fue muy estricta con los ingredientes, puso la medida exacta ni un gramo más ni un gramo menos.

    Aquello me tranquilizó, y suspiré, ya podía comer con gusto, sin que me hiciera daño. Pero esto no se quedará así; tendré que hablar con Jimena sobre esto. La cena resultó muy amena, se notaba el buen ambiente, tanto Jimena como su madre estaban contentas.

    —Estoy muy feliz de verte bien hija, me tenías muy preocupada estos días.

    —Yo también me alegro de verte feliz madre, hace tiempo que no te veía así, tu semblante cambió, siempre fuiste preciosa, qué opinas Carlos.

    —Pues sí, Sara eres muy hermosa, se nota de donde sacó Jimena lo linda que es.

    Aquello sonrojó a Sara, verla así me causó cierta gracia, antes su presencia me daba la impresión de una mujer con clase y fría.

    —También lo estricta —agregó Teresa, pero luego Sara le envió una mirada seria.

    Teresa se tapó la boca, al darse cuenta de que metió la pata.

    —Buenas noches, los dejo tranquilos —se despidió inclinando su cabeza y se dirigió a poner los platos al lavavajillas.

    —Carlos quiero agradecerte por estar con Jimena en sus días más difíciles, demostraste ser una buena persona, cualquier hombre en tu lugar no haría lo que tú hiciste. Siempre estaré agradecida contigo, mi hija es lo más importante para mí, es la única familia que tengo, te juro que verla sufrir me partió el corazón.

    —Sí madre, si Carlos no estuviese no sé que hubiera sido de mí, es por esto por lo que lo amo tanto —comentó mientras me acariciaba con una mano mi rostro.

    —No fue para tanto, cuando te vi estabas muy decaída y bajaste de peso en tan corto tiempo, que me preocupé. Tenía que quedarme contigo por lo menos hasta que te recuperes —respondí.

    —Tu compañía en esta casa es muy grata, mi hija está muy feliz y yo también. Déjame decirte que te considero como parte de mi familia y si es así te podrías quedar todo el tiempo que quieras. Me enteré por Jimena que no tienes una casa y estas en un departamento, lo hablamos y te quería proponer que te puedes quedarte a vivir aquí con mi hija, nada te faltará.

    —Nada me haría más feliz —agregó Jimena con un semblante esperanzado mientras me agarraba del brazo esperando mi respuesta.

    Era cierto que si me quedaba estaría en una buena casa con todas las comodidades, pero yo quería algo propio, la idea de quedar como un mantenido me parecía absurda y en cierta manera no quería caridades, aún tenía el deseo de conseguir las cosas con mis propios medios, no quería ser la sombra de nadie, claro que ellas no sabían que actualmente tenía dinero para recuperar la casa de mis padres así que les dije.

    —Agradezco su hospitalidad, pero aún tengo opciones de recuperar la casa de mis padres, así que me iré a vivir ahí cuando lo consiga.

    —¿No estaba confiscada? —preguntó Jimena con cierta confusión.

    —Es cierto, pero pienso comprarla en la subasta. Sé que no será fácil, hay muchos lobos queriendo tenerla, por eso estoy contratando un abogado, mañana me reuniré con él.

    Después de decir estas palabras ambas se quedaron con un rostro de perplejidad, seguro que no se lo esperaban.

    —Cómo… ¿Cómo conseguiste el dinero? —preguntó la madre de Jimena titubeando al pronunciar las palabras.

    —Estuve creando una pequeña empresa de apuestas, negocios de deportes, adicionalmente mi padre me dejó una cuenta con suficiente dinero, estaba esperando el momento para usarla.

    La verdad es que mi padre solo me dejo una cuenta con poco dinero para mis estudios, lógicamente para ser más creíble mi versión les comenté aquello.

    —Seguro que lo recuperas —respondió Jimena, en sus ojos reflejaban muestreas de admiración pero también de desilusión.

    —Me sorprendiste, tienes el espíritu de superación, ya veo porque mi hija esta tan apegada a ti y no deja de comentar lo increíble que eres —agregó Sara.

    Luego nos despedimos y en el cuarto de Jimena decidí terminar con el embrollo con Teresa y le hice escuchar la grabación de la llamada.

    —¡Voy a matar a esa perra! —gritó Jimena muy alterada.

    No esperaba esa reacción, ella estaba dispuesta a salir del cuarto, pero la tuve que contener porque temía que hiciese una locura.

    —Espera, tranquilízate —le dije tratando de calmarla, cuando la sostuve sentí que su cuerpo estaba muy tensionado y ella se mostraba furiosa tratando de soltarse. Así que la abracé mientras esperaba que se serenase un poco.

    —Es que te hizo mucho daño, mi amor —me dijo mientras soltaba lágrimas de impotencia.

    —Y pagará, mi amor, pero lo haremos a mi forma, ¿Esta bien?

    Creo que era la primera vez que le decía “amor” después de mucho tiempo, yo mismo me sorprendí después pronunciarlo. Ella me vio, creo que también se dio cuenta de lo que dije.

    —Será a tu manera —me contestó mirándome con un brillo intenso, algo parecido a cuando a una niña le dan su primer regalo e irradia alegría de sus ojos.

    Estuvimos abrazados un breve tiempo y luego nos fuimos a dormir, ambos tuvimos un día muy cansado y después de darnos un tierno beso nos quedamos dormidos.

    Parte VII

    Me desperté en la noche, mi brazo que se encontraba debajo de la cabeza de Jimena estuvo entumecido, sentí los hormigueos recorrer la zona, síntoma de la mala postura, Jimena tenía un sueño profundo, no se inmuto ni cuando despegué mi brazo, yo no tenía la suerte de ella así que me levanté y me dirigí al baño, quería lavarme el rostro pero me acordé de que cortaron el agua en todo el distrito ya que al parecer realizarían mejoras en el sistema de agua potable y alcantarillado.

    Esta casa no tenía muchos problemas con estos inconvenientes, ya que poseía un tanque de agua, lamentablemente la instalación no llegaba al cuarto de Jimena por lo que tuve que salir al pasillo donde se encontraba otro baño que si estaba conectado a la fuente de agua. Cuando estuve a punto de entrar al baño escuché un ligero quejido, casi imperceptible, estuve a punto de ignorarlo pero se repitió de nuevo, mi curiosidad me llevó al origen de estos sonidos, sorprendentemente provenían del cuarto de la mamá de Jimena. Acerqué mi oído para escuchar mejor.

    —Mmm… mmm… Sí… más… así.

    Aluciné, se estaba masturbando, me pregunté, la sola idea causó que se me endurezca la verga, una mujer como Sara que aparentaba ser delicada y de cierta manera con escrúpulos en estos temas, simplemente me parecía contradictorio y causándome un shock emocional, pensándolo bien quien era yo para juzgar a las personas, así que me retire dejando que disfrute su intimidad, cuando regresaba me percaté de que el cuarto de Teresa estaba entreabierto, tal vez se olvidó cerrarlo pensé; y no me acerqué por miedo a que me denunciase por acoso, tenía que estar alejado de ella, sus tendencias feministas eran un peligro. Regresé al cuarto y me acosté junto a Jimena para quedarme dormido.

    En la mañana escuché que me llamaban.

    —Carlos, despierta amor, te dejaría dormir más pero me acordé de que tenías una reunión y no quiero que lo pierdas.

    —No te preocupes; que es en la tarde, pero gracias de todos modos.

    Me levanté porque ya iban a ser las 8 de la mañana, le dije la idea que estuve pensando para vengarme de Teresa, Jimena aceptó la propuesta con cierto desgano, ya que por si ella fuese tal vez la sirvienta ya no estaría en la casa.

    Bajamos a la cocina, solo estaba Teresa terminando de preparar el desayuno, la noté con el rostro cansado como si hubiese pasado una mala noche. Toqué con el codo a Jimena para que también se percatase, en respuesta sonrió con complicidad.

    Mientras desayunábamos, su madre bajó y se sentó en el comedor con nosotros. Me puse muy nervioso con su presencia, recordando lo que pasó en la noche, me costaba entablar conversación con Sara.

    —Estás un poco callado —me susurró Jimena.

    —Si, estuve pensando en lo de la mañana —le respondí en voz baja.

    —Eres una buena persona, no te arrepientas, ella debe pagar por lo que hizo, y de cierta manera creo que tiene suerte, si fuese por mí; habría destruido su vida.

    Tragué saliva, ciertamente no estaba así por Teresa, la causa era su madre.

    —¿Qué planean, me tienen intrigada? —preguntó Sara al vernos hablar a solas.

    —Estábamos pensando en pasar la mañana en la piscina —respondió rápidamente Jimena.

    —Es el tiempo para relajarse, bien por ustedes, disfrútenlo —agregó su madre.

    —¿Por qué no te unes mamá?

    —¡Ay hija!, no quiero incomodar… —respondió Sara tapándose con las manos el rostro.

    —No es ningún problema, ¿Cierto? —me preguntó Jimena mientras me miraba de forma inquisitiva.

    —Si… todos merecemos disfrutar del agua, por mi parte no hay ningún problema.

    —Y no solo del agua, también del sol, con el hermoso cielo despejado que nos sorprendió la mañana —comentó Jimena.

    —Aun así, creo que lo pasarán mejor ustedes solos, yo aprovecharé para terminar de leer mi novela —replicó Sara.

    —Pero lo puedes hacer en la tumbona, vamos mamá, mira que incluso Teresa nos acompañará —Jimena le lanzó una mirada fulminante a la sirvienta— ¿No es así, Teresa?

    —Como… como usted desee señorita Jimena —respondió Teresa, con un rostro sorprendido.

    —No te preocupes por la vestimenta, te prestaré un bikini —le comentó Jimena a Teresa.

    —Gracias, pero creo que no es necesario, señorita.

    —Seguramente hará mucho calor, no quiero verte sudar como un pollo —argumentó Jimena con una mirada penetrante—. Es por tu bien.

    —Haz caso Teresa —agregó Sara de una manera tajante.

    —Si madam.

    La sirvienta no tuvo lugar a contestaciones, la propuesta para vengarme era agobiar a Teresa, pero no me esperaba esto, todo fue por iniciativa de Jimena. Era cierto que hablamos de darnos un chapuzón en la piscina al ver que el sol brillaba con intensidad y el cielo estaba despejado, sin embargo incluir a Teresa y a su madre no estaba en mis expectativas, sobre todo a esta última, con todo lo que había pasado me tenía intranquilo.

    Luego de esta extraña charla, mientras me desnudaba me miré al espejo, no tenía los músculos marcados ni tampoco era obeso, en fin soy lo que muchos consideran como un chico promedio, pensé, decidí ponerme unos shorts que solía usar cuando iba a la playa o a la piscina, siempre lo usaba como bañador, de pronto sentí los brazos de Jimena que rodeaban mi cintura mientras trataba de llenarme de besos el rostro buscando mi boca.

    —Eh… Alto, me estoy poniendo el short —traté de pararle porque estaba en una posición incómoda.

    —Estas muy bueno —me respondió mientras me daba un último beso.

    Luego cogió unos bikinis y al ver que salía le pregunté.

    —¿Qué tramas?

    —Ya lo verás —contestó guiñándome un ojo y salió por la puerta.

    Por el sonido de los pasos supuse que se dirigió al cuarto de Teresa, yo me quedé con la duda sobre lo que estaba tramando hacer.

    Hice unos cuantos ejercicios de estiramiento y me dirigí a la piscina, me sorprendí por lo conservada y moderna que la tenían, incluso contenía una instalación de electrólisis para la desinfección, se notaba la importancia que le daban a la sostenibilidad, después de todo el mínimo uso de sustancias químicas contribuye a la protección del medio ambiente y reduce los costes de producción. Me dieron ganas de entrar y cuando estaba a punto de zambullirme, una voz me detuvo.

  • Vaya aniversario del colegio

    Vaya aniversario del colegio

    Hola nuevamente. Soy Carla, de Arequipa, Perú. En esta oportunidad les daré a conocer un relato de lo que me pasó en la reunión de promoción por las bodas de plata de mi colegio.

    Una mañana cualquiera me llega un mensaje a mi celular. Era Silvia. Una antigua compañera del colegio, que me decía que íbamos a cumplir 25 años de egresadas del cole y que estaban organizando una reunión. Sin más que pedirle permiso a mi esposo para viajar, confirme mi participación.

    Veinticinco años después cómo se verían todos los compañeritos. En fin, coordiné con otras amigas hasta que llegó el día.

    Me vestí como para la ocasión. Mi vestido se ceñía de manera ideal a mi cuerpo. No era muy corto, pero si tenía unos detalles de transparencia en la parte de arriba desde los hombros hasta el escote, algo medio atrevido pero que de hecho llamaría la atención. En especial la de Ernesto, un antiguo enamorado de colegio. Y es que cuando nos vamos a un reencuentro, lo que más queremos es hacernos notar. Unas pantimedias canelas que realzaban mis muslos, unas sandalias de taco alto y un collar de plata formaban parte de mi atuendo.

    Me miré al espejo y me gustó mucho lo que vi. Me maquillé sin exagerar y me puse una pulserita que me regaló mi esposo y que hacia juego con el collar. Tomé una cartera pequeña, metí la tarjeta de invitación, algo de dinero, mis documentos, un perfumito, mi labial, mi celular, las llaves y llamé un taxi.

    A los cinco minutos, tocó bocina el taxista. Bajé, abrí la puerta decidida a divertirme.

    – Buenas noches, a donde la llevo.

    Me extrañó ver un chico apuesto haciendo taxi. A lo más tendría unos 30 años. Le di la dirección del local y subí. Durante el viaje, noté que quería iniciar una conversación, pero yo sólo pensaba en como sería volverme a encontrar con todos mis amigos.

    – La noche está un tanto calurosa no le parece, dijo en voz baja.

    Si, un poco contesté. Pude notar que me buscaba la mirada a través del retrovisor. Desvié mi atención viendo la costanera.

    – Parece que será una reunión concurrida. Son varias unidades que han salido con ese destino.

    Si, parece que será a lo grande. Disculpe cuanto le debo, pregunté. Cancelé. Atentamente se bajó presuroso para abrirme la puerta.

    – Señorita – me dijo extendiéndome su tarjeta -, señora lo corregí. Tal vez me necesite para llevarla de regreso. Hoy hago servicio hasta el amanecer.

    Gracias, le dije, guardé la tarjeta en la cartera. Entró al taxi y partió. Me arreglé un poco el vestido, respiré profundo y me encaminé a la puerta.

    Sentí raro al entrar al salón de recepción. De pronto sentí las miradas. Como es obvio todos estaban pendientes de los que iban llegando. Al ver algunas miradas no me quedó duda que estaban viendo lo que yo quería que vieran: una cuarentona (ya había cumplido cuarenta y uno) bien plantada a pesar del matrimonio y dos hijos a cuestas, muy distinta a la chica de rizos esponjados, delgada y casi sin nada de pechos que era en mi época colegial.

    – ¡Carlita!, aquí – la voz escandalosa de Jessica. Me acerqué a la mesa. Estaban cuatro chicas del quinto “C”.

    – Chicas, como están. Besos y abrazos, reconociéndonos a través de las miradas y sonriendo a más no poder.

    – Oye amix, estás linda flaquita, dijo Patricia. Me habían dicho que estabas regia pero no pensé tanto, Ernesto se va a poner feliz, sonrió malintencionadamente.

    – Gracias Patita. Ni digas, que tal está ahh?, dije sin pensar mucho lo que decía.

    Ernesto fue mi enamorado en la secundaria. Estuvimos casi todo el tercer y cuarto año. Al final por una tontería suya terminamos. Pero esos casi dos años fueron realmente lindos. Una adolescente enamorada.

    Pronto se unieron a la mesa, los chicos del salón. Pablo, ahora un abogado exitoso, antes un delgadito chiquillo inquieto y enamorado de mi, aunque nunca pasamos a mayores; Ricardo, funcionario de la Southern y también un fans de mi adolescencia; Fernando, Sergio y Rodrigo.

    – Wow Carlita, que guapa estás, dijo Ricardo. Para demostrar su alegría, me tomó del brazo y me hizo girar para que los demás aprecien mi hermosura. Y en la cara de mis ex compañeros se podía notar no solo alegría.

    Conversamos un buen rato, contándonos que había sido de nuestras vidas, de nuestros trabajos, todos ya estábamos casados, algunos con hijos, otros no. Me aparté del grupo dirigiéndome al bar, para ver que podía beber.

    – Un buen chilcano te serviría para aguantar la conversación de tus amigos.

    Voltee a ver quien me hablaba y zas Ernesto estaba detrás de mí, con su traje que le sentaba de maravilla, su mirada coqueta y esos ojos preciosos que recordaba desde siempre.

    – Hola Ernesto – titubeé un poco por la emoción de volver a verlo.

    – Hola Carla, de hecho sigues siendo la chica más bonita del colegio. Y tú el mismo coqueto de siempre.

    – Espero que todavía sigas soltera.

    – Lo siento – le dije mostrándole mi anillo de matrimonio.

    – Pucha, me arruinaste la fiesta con esa noticia, me dijo medio en broma y medio en serio, pero siempre con esa sonrisa coquetona.

    – Nada –dije- la noche es joven, además es súper temprano para cualquier cosa.

    Nos sentamos a conversar. Él también se había casado. Trabajaba en una empresa de importaciones, según me dijo. Tenía una niña de cinco años, pero según él, su relación no iba bien encaminada. Yo lo escuchaba atenta, mientras mi mente recordaba los momentos de chicos que habíamos pasado juntos. Ernesto fui el primer chico con el que lo hice. Claro, fue una cosa de cinco minutos, algo súper rápido en el salón de clase a fin de evitar ser descubiertos, pero igual cuenta como la primera vez.

    – Te había visto en Facebook, pero en vivo y en directo te ves mucho mejor, me dijo.

    Sonreí. Sentía las miradas de los compañeros como que esperando un desenlace.

    – Bueno, debo volver a la mesa con los chicos de mi salón, ya conversamos luego y a ver si me sacas a bailar.

    Volví a la mesa de mi salón, conversamos. La mirada inquisidora de Jessica y Patricia me obligó a decirles: está lindo no?, que pena que no le va bien con su matrimonio. Si claro dijeron al unísono. Reímos juntas. Hicimos un brindis por los recuerdos y seguimos conversando, bailando, bebiendo.

    Como era obvio, a medida que avanzaba la reunión, los piropos de mis compañeros se hacían más presentes, lo que realzaba mi vanidad, y me sentía orgullosa de acaparar las lascivas miradas de algunos de ellos. Sería el alcohol, pero me sentía bien sabiendo que atraía esas miradas, me hacían sentir como una loba en celo.

    Luego de bailar con un compañero, me dirigí nuevamente al bar. Al instante Ernesto apareció nuevamente.

    – Vamos que hoy has rayado Carla. Si hubiese adivinado que a tu edad estarías así, jamás te hubiese sido infiel.

    – Si pues, te lo perdiste por meterte con esa tetona de tu salón (me ardía que me dejara por esa perra, y solo porque la puta naturaleza no me desarrolló a tiempo los senos).

    – Me dejé llevar, tú sabes, las hormonas. Fui un tarado.

    – Lo fuiste.

    – Pero, lo pasamos bien mientras duró. Te acuerdas cuando lo hicimos en el salón de clase?

    – Si lo recuerdo. Una locura no?

    -Ven. Vamos a ver el mar. Tomó una botella de champagne y un par de copas y salimos del salón rumbo a una terraza de donde se podía ver como rompían las olas en las peñas.

    Bebimos. Más de la cuenta. Recordamos aquellos momentos que pasamos juntos, las travesuras que hacíamos, las cosas que inventábamos para poder vernos sin que nuestros padres sepan que éramos enamorados. Adentro, la reunión seguía. Los bailes, los brindis, los discursos y demás.

    – Salud por nosotros, dijo y llenó la copa casi hasta el borde.

    – Oye, es demasiado.

    – Vamos Carla, no me vas a decir, que no has tomado antes o ahora eres la esposa, la mujer recta o la señorita perfecta.

    – No, pero, y si me paso de tragos, tú quieres que me emborrache?

    – No sería mala idea.

    – Tomé casi todo el contenido de la copa. Hice un gesto raro y le dije, volvamos al salón.

    – No, ni hablar, tú no vas a ningún lado.

    Me tomó de la cintura, me estrechó en sus brazos y me besó. Le correspondí. Rápidamente su lengua se abrió paso en mi boca y entre mordidas de labios seguimos besándonos. Estaba caliente. Estaba con mi amor de colegio. De pronto su traviesa mano se posó en mis nalgas, apretándolas suavemente.

    Que buen culo tienes Carla, me dijo. Lo besé con pasión. Recuerdas cuando chapábamos en la clase. Si, le dije, no puedo olvidarlo. Le mordí el labio. Me abrazó, Me acarició toda, cuando de pronto sentí su mano apretando mi seno.

    – Ahora si las tienes bien puestas mi amor. No contesté. Siguió manoseándome a su antojo e intentó subirme el vestido, pero lo ceñido del mismo o su premura en hacerlo se lo impidió.

    – Aquí no dije. Mierda, como que aquí no. No se por que lo dije.

    – Vamos al baño de atrás. Me tomó de la mano y me llevó casi sin darme cuenta.

    Abrió el último de los baños, entramos, cerró, y sus manos recorrían una vez más mi cuerpo. Me subió el vestido, dejando a la vista mi calzoncito rosado que contenía apenas mi conchita súper mojada. Me introdujo un dedo, robándome el primer gemido de aquella terrible noche. Ya no había forma de dar marcha atrás. Pose mi mano en su entrepierna sintiendo la verga dura de Ernesto. Aún recuerdo que no era grande cuando lo hicimos aquella primera vez, al contrario me parecía pequeña. Claro, al igual que mis senos, seguramente se habría desarrollado años después. La saque de su encierro y empecé a masturbarlo. No pasaba por mi mente que alguien pudiera descubrirnos, que mis amigas no supieran tanto tiempo nada de mi. Solo deseaba ser poseída. Me arrodille lo más que pude. Adivinó mis intenciones. Pude ver su rostro de alegría. Se la chupé, la lamí desde la base hasta llegar a su glande, literalmente envolvía su verga con mis labios.

    Mientras estaba comiéndome esa deliciosa verga con mucho afán, se escuchó un ruido. Estaban entrando al baño. Se oían voces. Ernesto me puso en pie, se guardó la verga. Eran voces de chico. Poco a poco me baje el vestido.

    – El pendejo del Ernesto se pasó no? Has visto como se puso cuando vio a la Carla. Y encima ha apostado con Javier que se la vuelve a tirar como cuando eran chiquillos. Soltaron tremendas carcajadas. Pero dejándose de huevadas, la Carla esta para cacharla nomás, dijo una de las voces. Si, esa cojuda se ha puesto bien rica no más, la suerte del huevón de su marido, contestó la otra voz. Desde que se fue a Arequipa ya perdí contacto, pero la Esperanza dice que se le han subido los humos a la abogadita. Ni modo, ojalá el Ernesto la haga linda y gane la apuesta. Sonó el agua de los urinarios y poco a poco el baño quedó nuevamente en silencio.

    Es de locos, como de la lujuria de hace minutos empezaba a sentir un odio extraño hacia Ernesto.

    – Por fin se fueron, dijo. El muy imbécil se acercó para volver a besarme. Lo detuve.

    – Eres un hijo de puta, le dije, acompañando mi frase con una cachetada. Abrí la puerta empujándolo y salí del baño. No sabía donde iba, estaba como escapando. Me sentía un objeto. Yo que me sentía una loba en celo, ahora me sentía una perra. Me sentía rabiosa. No sé como aparecí en el salón. Fui una vez más al bar y de un solo trago me bebí un vaso de whisky.

    ¡Maldito hijo de puta! En el fondo me molestaba que hubiera estado a punto de tirar con Ernesto solo para que ganara una apuesta, aunque desde que me enteré de la fiesta se me cruzó esa posibilidad en la cabeza.

    Me tomé otro vaso más y me serví un tercero con el cual me uní a un grupo de amigos. De pronto lo vi con sus amigos del quinto “A”. Empecé a coquetear con cualquiera. Salía a bailar con uno y otro. Bebía brindando por todo.

    Jessica me apartó hacia un costado y me preguntó por que estaba comportándome así. Le conté que Ernesto me había hecho objeto de una apuesta. No vale la pena me dijo. Vamos a nuestro grupo y olvídalo. Ya quedaban pocas personas. Poco a poco se habían ido retirando. El grupo lo conformábamos seis personas. Patricia y Sergio pidieron un taxi y se fueron. Pablo, Ricardo, Jessica y yo nos quedamos aún. Yo estaba demasiado mareada pero hacia lo imposible para no mostrarlo.

    Amanecía, cuando Jessy recibió una llamada de su esposo para recogerla. Flaquita te llevo?, me preguntó. Gracias amiguita, pero quiero quedarme un ratito más. Gracias. Ya hablamos mañana. Se despidió y nos quedamos conversando con Pablo y Ricardo.

    – Carla, bailamos?, preguntó Pablito. Claro. Esa canción me gusta.

    Mientras bailábamos, era una salsa romántica, me dice Pablo: Carla, que pasó con Ernesto. Se pelearon? Tú sabes que siempre ha sido un tarado. Ya desde el cole cuando te dejó por Sara, y por su culpa nunca pudimos ser enamorados.

    – Tú lo has dicho. Es un tarado. Ya lo sabía y ahora lo confirmé. No sé qué hubiese pasado si te hubiera dado esa oportunidad a ti y no a él, pero era una chiquilla pues.

    – Me hubieras hecho muy feliz. Ya después me fui a estudiar pero no podía olvidarte y si vine hoy desde Lima fue para poder ver a la niña que me robó el corazón. Y al verte, vaya que estás buena. Disculpa que te lo diga así, pero que afortunado mi amigo Richard. Quien diría que te casarías con mi compañero de promoción de la universidad. Es un buen tipo y se sacó la lotería contigo.

    – No lo dejé terminar de hablar y lo besé. Mi mente estaba demasiado confundida y mi cuerpo tenía una serie de sensaciones, de esas que me llevan a hacer las locuras de las que me arrepiento después cuando llego a casa. Necesito un trago, dije.

    Me trajo un vaso de whisky. Me lo bebí en sorbos grandes.

    – Carla, te parece si ya nos vamos. Has bebido demasiado. No. No quiero llegar a casa de mamá todavía. Y si vamos a tu casa?, pregunté. Vamos pues, que se te pase un poco y ya de ahí a tu casa.

    Me tomó por la cintura y nos acercamos a los pocos asistentes que quedaban. Nos despedimos de todos, prometiéndonos reunirnos para los treinta años.

    Ricardo, tú eres el amigo elegido, así que vamos en tu camioneta a mi casa. Me sorprendió lo que dijo, pero efectivamente Ricardo había sido el que menos había bebido de todos. Subimos a la camioneta y al toque llegamos a la casa de Pablo. El aire de la brisa del mar me puso peor de lo que estaba. Al bajar del auto casi me voy contra el suelo. Los tacos no ayudaban para esa tarea. Entramos. Para ser su departamento de soltero, estaba bien arreglado.

    – Carlita, ayúdame a preparar unos piscos sour. Ricardito ponte algo de música, ordenó Pablo.

    Ya en la cocina, mientras buscaba los limones, se me acercó y me besó con pasión. Yo estaba hecha, así que no me negué en lo absoluto y lo besé también. Ya no me daba cuenta del tiempo. No sé que tanto rato estuvimos chapando, ni en que momento me había bajado el cierre del vestido y éste ya estaba cediendo por uno de los hombros.

    – No pues Pablito. Me dejan en la sala y ustedes se divierten y lo peor es que no invitan, exclamó Ricardo, sonriente.

    – Jamás Ricardito, los patas compartimos todo, verdad Carlita? Me quedé muda. Aún en mi borrachera sabía lo que se venía, pero ni por eso abrí la boca. Solo atiné a besarlo una vez más.

    Pablo, deslizó su mano por mis hombros, haciendo que el vestido dejara al descubierto mis senos; mientras Ricardo detrás de mí me besaba la espalda mientras con sus manos tiraba del vestido hacia abajo, hasta que mi vestidito quedó en el suelo, dejándome con los pechos al aire y solo cubierta por mi calzoncito rosado y mis medias.

    – Que delicia Carla. Siempre soñé con este momento. Cuantas pajas me hice de chico pensando en ti, y ahora por fin serás mía, balbuceó Pablo, que no dejaba de morderme los pezones.

    – Y pensar que a ninguno de los dos nos diste pelota y todo por el cojudo del Ernesto. Pero la vida nos da revancha Carlita. Estas bodas de plata las vamos a recordar el resto de nuestras vidas, dijo Ricardo, mientras me abría las nalgas lamiéndome la concha desde atrás.

    De pronto estaba arrodillada frente a ellos, ya desnudos (nunca supe en que momento se desvistieron), y mi tarea era meterme la verga de cada uno calculando un mismo tiempo para cada uno. Solo sentía de vez en cuando que me agarraban de la cabeza forzándome contra su miembro lo que me provocada arcadas. Besaba y lamía esos testículos que parecían reventar de lo hinchados que estaban. Mientras se la chupaba a Pablo, con la mano masturbaba a Ricardo y viceversa.

    Sin pensarlo más, hice que Pablo se sentara en el sofá mientras sentándome sobre él me clavé su verga, comenzando a subir y bajar torpemente por mi estado de ebriedad, mientras Ricardo me chupaba los pezones y me lamía los senos. Ni hablar, Carlita, tú sí sabes ahh, dijo Ricardo. Nooo, grité. Yo no… yo soy una mujer casada. Soy una señora, por favor, dije, tratando de justificar mi pericia.

    Empecé a moverme más rápido sobre la verga de Pablo. Las sensaciones que tenía eran intensas. Pablo me hizo una señal para levantarse y se recostó en la alfombra. Me tomó de las manos y poco a poco me hizo sentar sobre esa deliciosa verga, cuando de pronto un dedo travieso de Ricardo acariciaba la abertura de mi ano.

    – Nooo. Por ahí no, por favor – fue lo único que recuerdo haber dicho como respuesta a esa caricia.

    Si la mujer disfruta del sexo anal puede ser ver verdad o mentira, dependiendo de cada mujer y de su experiencia personal. Yo ya lo había hecho algunas pocas veces y lo había disfrutado; pero no quería quedar ante mis ex compañeros como una experimentada.

    Ese dedo travieso, recorrió todo el borde de mi ano, haciendo círculos, hasta que finalmente logro introducir un dedo. Me quedé inmóvil por unos segundos para luego continuar degustando la verga de Pablo. Luego entró un segundo dedo. Sentí un escupitajo, ya que algo de saliva me cayó en la espalda. Sabía lo que venía.

    – Me hubiera gustado tener vaselina, dijo Ricardo, lamentándose.

    – La Carlita es aguantadora no más, contestó Pablo mientras me chupaba los senos.

    Yo estaba ajena a la conversación de mis amantes. Así como estaba la cosa, flaco favor me hacía decir que era una señora. Un punzante dolor en mi ano me volvió a la realidad. Con movimientos de cadera casi circulares y empujando suavemente hacia atrás mi trasero conseguí que la verga de Ricardo entrara poco a poco hasta el fondo de mis vísceras. Cuando ya estuvo totalmente adentro, empezamos a movernos acompasadamente, permitiendo que mientras la verga de uno salía permitiera a la verga del otro entrar sin mayor dificultad.

    Mis ex compañeros me penetraban por rato lento y por ratos se ponían violentos y me la empujaban fuerte, Ricardo me jalaba de los pelos y me la introducía de una hasta el fondo, ya no sabía si seguiría así cuando de pronto volvía con el mete saca lento y tortuoso.

    Mmm, ahhh, auuu, es lo único que salía de mis labios, incapaz de controlar lo que sentía. Más…más. Chicos por favor un poco más para su compañerita. No sabía lo que decía.

    No sabía si era la verga de Pablo que no dejaba en paz mis pliegues vaginales de tanto mete saca, o el grosor de la verga de Ricardo rasgándome el ano en cada penetración, lo que me estaba llevando al orgasmo. Por un momento vino a mi mente la imagen de mi esposo y algo de consciencia se apoderó de mi sabiéndome lo perra que estaba siendo. Todo en conjunto fue lo que me condujo a un delicioso y culposo orgasmo.

    – Oye Pablito quiero probar la conchita de Carla. Hay espacio doctor?. Yo creo que sí, Carlita es de conchita generosa, contestó Pablo.

    Ricardo me la sacó del culito y fue acomodándola poco a poco en mi conchita. Sentía como se agrandaba la pobre. Y así, poco a poco me estaba comiendo dos vergas a la vez. No lo había experimentado nunca. Me vine otra vez más.

    Estuvieron bombeándome un momento más. No se cuanto. No tenía idea del tiempo. Sólo escuché la voz de Pablo gimiendo y diciendo me voy a correr, a lo que Ricardo, retiró su verga y de pronto sentí un chorro calientito en mis entrañas.

    Ricardo se puso de pie, mientras yo intentaba levantarme sintiendo como la sustancia blanca rodaba lentamente por la cara interna de mis muslos. Me tomó de la cabeza y me dirigió hacia su verga. Empecé a chupársela mientras Pablo se servía un trago. No pasó mucho para que un torrente de semen inundara mi boca. La abundancia del líquido seminal me generó ganas de vomitar. Igual me tragué todo el semen que pude y escupí solo un poco.

    Pablo me acercó un vaso de pisco sour. Para el mal sabor de boca Carlita, me dijo. No lo dudé y me lo aplique de un solo sorbo. Me incorporé y lo abracé con ternura. Ricardo se unió a nosotros y así abrazados estuvimos unos segundos.

    No sé si el trago o la sesión que me propinaron, o la mezcla de todo hizo que me de vuelta todo. Casi no podía caminar derecha.

    Por momentos me volvía la lucidez. Avergonzada y como pude me puse el calzón y me subí el vestido y pedí ayuda para que me pusieran mis sandalias de tacón. Tenía una sensación de adormecimiento y sueño. Me recosté en el sofá y empecé a cabecearme.

    – Ricardo y ahora que hacemos con esta cojuda. Yo no pienso llevarla así a su casa. Llévatela tú en la camioneta.

    – Estás huevón. Es tu amorcito de colegio. Asume pues.

    – Esta puta se va a quedar dormida. Ya son casi las cuatro de la mañana, conchasumadre que hacemos.

    Media somnolienta y entreabriendo los ojos sólo atiné a decirles: chicos, no se preocupen. En mi cartera tengo una tarjeta de un taxista, voy a llamarlo. Pablo cual es tu dirección, le pregunté. Llamé. Aló, si por favor, me puedes hacer un servicio, le dicté la dirección.

    Ya chicos en cinco minutos llega el taxi, no se preocupen por mi. Los quiero mucho. Se portaron muy bien, pero igual yo voy saliendo para que me recoja de la esquina, así se liberan de esta putita, dije en tono de molestia.

    – Chau preciosa. Hasta la próxima reunión de ex alumnos, me dijo Pablo, mientras me nalgueaba.

    Como pude salí de la casa. Intentaba caminar pero me sentía tan mareada que me costaba demasiado. Sentí frio. La brisa de la mañana golpeaba mi cuerpo. Mis piernas ya no tenían la protección de mis medias. Dios sabe donde se habrían quedado. Sentí algo húmedo. Me toqué el muslo y sentí algo pegajoso. Seguí caminando y ni bien llegué a la esquina las luces del taxi me anunciaron su llegada.

    – Buenas noches. Que tal estuvo la reunión? Bien, bien, contesté. Y subí con esfuerzo. Parece que se pasó un poco de copas. Pero está bien, de vez en cuando hay que darse un gustito. Ajá, balbuceé.

    Mientras me llevaba a casa, se me cerraban los ojos y como que me quería cabecear un poco. Ya las luces de la mañana como que querían aparecer. Abrí los ojos y estábamos por el malecón. Para un momento por favor. Quiero ver el amanecer. Me bajé del taxi, y tropezándome por los tacos y las piedras avancé desde la vereda hasta casi la orilla. Hacía muchos años que no contemplaba el amanecer frente al mar. Una ligera brisa movía mi cabellera, extendí los brazos como para sentirla en su plenitud, cuando de pronto siento una presión en mi espalda y unas manos en mis senos acariciándolos.

    – Un amanecer casi tan lindo como usted señora.

    No dije nada, ni retiré sus manos. Dejé que siguiera acariciándome los senos, volteé la cara ligeramente buscando la suya y lo besé. El ni corto ni perezoso, aprovechando la situación, me besaba con todo y lengua. Me abrazó por detrás, me mordía el cuello, yo solo me dejaba, soltando de vez en cuando un gemido.

    Como te llamas, le pregunté. Mario. Para servirla, contestó de inmediato. Mira que preciosa la inmensidad del mar. Hace buen tiempo que no amanecía en la playa, sabes. De joven solíamos pasar buenos momentos con mi enamorado contemplando el mar, el ruido de las olas y la brisa ligera del amanecer.

    – Yo podría ayudarla a recordar esos bonitos momentos si usted me lo permite? Sonreí, y le dije, por supuesto que te lo permito.

    Ni bien terminé de hablar, me tomó del talle, se acercó frente a mi y me besó con intensidad, jugó a su antojo con mi lengua dentro de la boca. Mientras tanto subió mi vestido hasta la cintura y prontamente deslizaba mi calzoncito hacia las rodillas. Me alzó de los muslos y me subió hasta su cintura mientras con una de sus manos acomodaba su verga en mi conchita, hasta que lo consiguió. No fue difícil, ya que la pobre estaba suficientemente húmeda. No vi ese pedazo de carne, pero por lo que sentía era un chico dotado. Estuvimos así un rato, hasta que me la sacó y me hizo hacia adelante como para bajarme de mi gloria.

    -Vamos al auto, me dijo.

    Caminé tomada de la mano, con el vestido remangado hasta la cintura y con mi calzoncito enganchado en uno de mis zapatos. Apenas llegamos al auto me inclinó sobre la maletera, mis brazos sintieron el frío intenso del metal. Me abrió las nalgas con los dedos y me clavó una vez más esa verga que aún no veía. Empezó a darme por detrás tan fuerte que por momentos sentía que el auto se iría cuesta abajo por la costanera. Se notaba que él la estaba pasando muy bien ahí atrás, ya que a pesar de todo podía escuchar su gemidos en cada embate que me propinaba.

    Todo iba bien, cuando de pronto, una voz se dejó escuchar: ¡oigan cochinos! váyanse a un hotel sinvergüenzas. Giré la cabeza, y vi al panadero. Un señor que pedaleaba su triciclo repartidor de pan. Me hizo pensar en la hora. Serían las 5 de la mañana. Mario me tomó de la cintura, me volteó como para que no me pudieran ver el rostro y me condujo hacia el auto. Abrió la puerta trasera y me dijo, ponte en cuatro mi amor. Como pude me acomodé de rodillas en el asiento posterior dejando hacia afuera mi trasero.

    – Te va a doler un poquito me dijo, pero te lo tengo que hacer.

    Para mis adentros, solo pensaba en lo bien que la estaba pasando. No le contesté. Mi respuesta fue levantar un poco más el culito para que le fuera más fácil ensartarme. Sin más, me puso la verga en mi culito y a la menor presión se abrió mi ano, ya dilatado gracias a Ricardo, dejando entrar esa verga que me provocó un ayyy de esos llenos de placer. Me dio de alma, a pesar de todo se escuchaba unos sonidos raros como de vacío cuando me la sacaba antes de volverla a meter. Al estar en esa posición pude ver a través de la luna del asiento que ya había más claridad y sólo deseaba que acabara para poder ir a casa. Para mi suerte mientras pensaba en ello, y en un último empujón, sentí el semen dentro de mi y un sonido de ¡terminé¡ de Mario. Empecé a retroceder a gatas, hasta que pude poner un pie en la vereda. Me agaché buscando la herramienta que me había dado placer y no me equivoqué. Era gruesa y grande. Aun le brotaba algo de semen, así que entendí que mi deber era ser agradecida y proceder a limpiarla. Me la metí en la boca y la succioné con fruición, la relamía y relamía, sintiendo ese agradable sabor a semen mezclado con el característico olor de mi orificio. Me incorporé y al hacerlo el semen de mi hoyito bajo raudamente por mi pierna hasta la altura de las rodillas. Me bajé el vestido. Quise besarlo, pero se apartó. Supongo que no querría que lo bese después de habérsela chupado. ¡Llévame a casa! prácticamente le imploré. Me tomó de la mano, abrió la puerta del copiloto y me hizo sentar. Subió al auto y encendió el motor, mientras yo trataba de desenredar mi calzoncito. Lo conseguí. Toma, le dije. Para que me recuerdes con cariño.

    Mi casa estaba cerca, así que no tardamos mucho en llegar. Ya estaba prácticamente todo claro. Bajé del taxi, abrí la cartera, saque las llaves y le dije ábreme. Ya estás bien abierta mamita, me contestó sonriendo. Tonto, ábreme la puerta que no puedo hacerlo yo. Abrió, me miró con ternura. Le acaricié el rostro, lo besé. Un beso lindo. Mañana, nooo, más tarde viajo a Arequipa, vienes a recogerme por favor. A las 11:30 am para que me lleves al terminal. Por supuesto, como tú me ordenes. Nos besamos una vez más. Entré.

    Traté de cerrar la puerta y subir las escaleras sin hacer ruido. Estaba hecha un desastre. Sentía húmedo entre los dedos del pie y al verme noté un grumo de semen entre las tiritas de mis sandalias. ¡Carla eres tú mi hijita! Si mamí, ve a descansar no más, yo me voy a recostar un ratito. Me avisas para desayunar. Todo bien mamita. La reunión súper linda. Ya te cuento.

    Me recosté en la cama. Tenía la sensación de vomitar, pero ya no estaba mareada. Tomé el celular para ver la hora. Eran las cinco y media de la mañana. Y tenía más de diez mensajes de mi esposo, y otros tantos de Jessy.

    Me armé de valor, entré al baño, me metí un dedo en la garganta para provocarme el vómito. Me quité el vestido y me di una ducha con agua caliente. Ya más despejada llamé a mi amiga y le conté más o menos mi faena, suplicándole para que recoja mi vestido y me lo guarde. Y llamé a Richard. Le inventé que no había señal en el local por la playa, y mil cosas más, que llegué cansada y me dormí al toque. En fin. Se puso y se sentía muy molesto. Dormí un poco.

    A la hora indicada llegó el taxi. Me despedí de mi mami y subí al auto.

    – Descansaste, me preguntó

    – Un poco, estoy súper cansada, pero no quería que mi mami me vea así, total ya me duermo en el viaje. Y tú, cómo estás?

    – Feliz. No he dejado de pensar en ti. Giró el rostro y me dio un piquito.

    – Mario, yo, soy casada y me gustaría que seas prudente, me entiendes no?

    – Por supuesto. Nadie sabrá lo bien que la pasamos, salvo ese panadero de mierda, jajaja

    Me sonreí a carcajadas. Recordé la cara del señor gritándonos.

    Llegamos al terminal. Aún faltaban quince minutos para partir. Mientras nos acomodamos para esperar antes de subir al bus, me tomó de la cintura y me dijo: me gustas mucho, yo quisiera ser tú… No, mi amor. No puedo, ya te dije, soy casada, pero lo que si puedo es ser muy cariñosa contigo cada vez que venga a ver a mi mamita, o cada vez que vayas a Arequipa. Lo miré a los ojos. Vi en los suyos realmente amor. Creo que el chico se había enamorado. Total, que más da. Le podía dar quince minutos de enamorados, pensé. Lo besé y dejé que él me tomara de la cintura jugueteando como dos chiquillos, besándonos, riéndonos, sin importar nada.

    Sonó el celular. Era Richard. Mi esposo le dije- mientras le retiraba la mano y me ponía a su costado.

    – Aló mi amor? Si estoy esperando. Aún no subimos, pero ya falta poco… Gordito me perdonas por haberme portado mal anoche?… no volverá a pasar, te lo prometo. Te llamo apenas parta. Besitos.

    Me volví y lo abracé nuevamente. Mientras le tocaba coquetamente el rostro, le dije, es que mi esposito se enojó por que no lo llamé anoche; pero no podía por que alguien me tenía ocupadita pues… en todo caso debería enojarse contigo no crees? Se sonrió. No pues con el panadero ya tuvimos suficiente. Otro sapo más, ya no. Y nos reímos, mientras me acariciaba disimuladamente las nalgas.

    Hora de partir. Le di el mejor beso que pude, no sin antes decirle: ya tiene mi número en tu celular. Si viajas a Arequipa, llámame, no te vas a arrepentir. Te lo prometo. Lo besé una vez más y subí.

    Acomodé la mochila que llevaba, me senté en el asiento de la ventana, pidiéndole permiso a un señor de unos 60 años que ya estaba sentado al costado. Mientras el bus iniciaba la marcha me despedía de Mario moviéndole la mano y dándole besitos volados. El agitaba la suya también. Ni bien salió el bus del terminal, cogí el celular y llamé. Gordito? si mi amor, acabo de partir, pides algo de comer para cuando llegue si. Te extrañé mi amor, me hubiera gustado que hubieses podido venir… Ya mi amor. Te quiero mucho mi gordito. Chau. El caballerito mi miraba sin entender, como pidiéndome una explicación.

    Recliné el asiento un poco. Suspiré profundo. Me sentía vacía, como mi corazón. Cada vez que le era infiel a mi esposo, me preguntaba por qué lo hacía. No tenía respuesta. Pero continuaba haciéndolo. Me acomodé en el apoya brazos y la ventana. Empecé a llorar.

  • Mi sugar invita a sus amigos a cogerme

    Mi sugar invita a sus amigos a cogerme

    Saludos a todos los que leen mis relatos, hace unos días probé la experiencia de la lluvia dorada, incluso hace unos meses la lluvia blanca, pero no fue tanto de mi agrado por lo que me quedé sin ideas hasta que mi querido sugar daddy se le ocurrió una brillante idea, hace dos días llego un paquete y me dijo que fuera a su casa para abrirlo, llegué casi en la noche, me dijo que era para mí, era un paquete chiquito, resulta que era una bala vibradora con plug, de esos de silicon pero con un pequeño vibrador que se puede remover, me lo obsequio, para esos en los que me excito, me gustó mucho mi regalo, y entonces fue a sentarse a su sillón de cuero, en eso me dice que ahora tiene un castigo para mi, porque días antes le dije que un grupito de chavos me había cogido en una casa abandonada y pues a él no le gusto que hiciera eso, obvio lo dijo bromeando, pero yo como lo sumiso que soy, obedecí y me acerque hasta el y me arrodille ante mi amo, me tomo de una mejilla y me puso boca abajo en el soporte del sillón, el se sentó y me comenzó a bajar el short, pues con el calor que hacía ya solo usaba shorts y de vez en cuando ropa interior de mujer, pero ese día no traía nada mas que el short; me levanto la playera, y empezó a sobar mis nalgas, las abría y me empezaba a meter dos dedos, me estaba calentando, él solo me decía que me había portado mal, yo le respondía que sí, que era la putita de la cuadra, a lo que respondió que solo era su putita de nadie mas.

    Luego puso mis manos sobre mi espalda y solo quedo mi pecho y piernas sobre el reposa brazos, en eso saco un poco de aceite de coco que tenía sobre una mesita y comenzó a vaciarlo sobre mis glúteos, luego fue poco a poco a esparcirlo dentro de mi dilatado ano, después me dio una fuerte nalgada en cada una de mis mejillas, me dolió un poco pues no estoy acostumbrado a ese tipo de violencia en mi pero ese día me estaba empezando a gustar, yo solo le decía que me castigara mas fuerte, mala idea; se saco el cinturón y comenzó a golpearme con el en mis posaderas, yo gritaba del dolor, pero por dentro lo estaba gozando, de repente se detuvo y en eso tomo mi nuevo juguete y me lo acerco a la boca para llenarlo de saliva y en eso empieza a insertarlo en mi culo, no estaba tan grueso como mi plug de 4 cm, era de 3 según leí en la caja, pero tenia forma como de burbujas así que la sensación era placentera, luego presiono el botón para iniciar con las vibraciones; yo estaba extasiado, mis piernas comenzaron a temblar, me sentía una mujercita disfrutando su nuevo juguete mi orgasmo llegó de inmediato, tanto que eyacule sobre el pantalón de mi sugar, me dio una nalgada fuerte y me dijo que lo había manchado, yo solo me reí; me quito de donde estaba y me hizo arrodillarme para lamerle mi semen de su pantalón, yo como toda la zorra que soy, comencé a lamer la entrepierna de Antonio, yo solo podía sentir el paquete ya erecto, así que sin mas se lo saque y comencé a sacudirle la nutria, lo sostuvo con su mano y me daba golpecitos en mi lengua, y me lo metí hasta la garganta, casi vomito de lo atragantado que estaba, me lloraban los ojos, sentía un poco de dolor en los cuartos traseros, podía ver que ya se estaban poniendo rojos.

    Antes de que pudiera ponerme en cuatro sobre el sillón me dijo que volteara a la cocina, me quede atónito; había gente detrás de la puerta de la cocina, eran 3 hombres casi de la edad de Don Antonio, de unos 50 años, ya casi rucos; Don Antonio se empezó a reír, yo solo podía taparme con mis shorts la parte baja de mi abdomen, entonces salieron los hombres en cuestión, me saludaron y algunos comenzaron a toqueterme las nalgas, los pezones, me sentía sensible y algo avergonzado ante ellos, en eso todos se sentaron, yo me quede ahí desnudo, y en eso comenzaron a platicar sobre como lo había estado haciendo con el don desde hace mas de un mes, ellos no creían que su amigo se hubiese cogido en mas de una ocasión a un jovencito; yo solo asentía con la cabeza; me dijeron que porque me gustaba hacerlo, y pues les conté todo lo que hice cuando era niño y que posiblemente de ahí viene el hecho que me guste tanto ser penetrado, dijeron que el regalo fue de parte de los 4, y pues les agradecí, me levante porque ya no aguantaba mi culo con todas las nalgadas que me dieron.

    Me insistieron en que les diera una mamada a cada uno, y pues como me gusta mucho chupar verga, lo hice. Todos se pusieron alrededor de mi y bajaron sus pantalones y shorts, y comenzó la faena, ahí estaba yo, puliendo y limpiando esas pijas viejas, todas tenían un sabor diferente, casi todas pálidas, pero eso sí, duras como el acero, una que otra inclinada a la izquierda, como que se la jalan a menudo. Se les antojo bastante que le pidieron permiso a mi sugar para cogerme, a lo que les dijo que sí, que podían cogerme tanto como quisieran, fuimos a la habitación de Antonio y ahí comenzaría la fiesta, todos se sentaron en la cama, y ya estaban todos encuerados, don Antonio estaba en una silla observando como chupaba las vergas de sus amigos, todavía no me se bien los nombres aunque si se los pregunte al final por eso no pongo que le hice que a quien; solo me limitaba a mamar la verga de uno y a jalar a los que estaban a su lado, y luego se intercambiaban entre ellos para mas disfrute. Don Antonio les dijo que usaran condón conmigo ya que solo el podía cogerme sin el. Luego un don se levanto y puso detrás de mi, yo estaba con el culo hacia afuera pero hincado así que el hizo lo mismo, casi como haciendo la cuchara, su miembro estaba muy duro, me di la vuelta y le puse el condón, lo guie hasta la entrada de mi ano y comenzó a penetrarme muy lento, yo solo tomaba su verga para asegurarme de que no se saliera de su sitio el condón; estuvimos así varios minutos hasta que el ruco se vino dentro del condón, Don Antonio se reía de su amigo, le dijo, nombre para lo que sirves, no aguantas nada.

    Luego otro don se metió a la faena, esta vez me recosté, y levante mis piernas lo mas que pude para que el otro señor pudiera metérmelo, mientras que el don que se había venido dentro de mi le dije que me diera de beber su semen directo del condón, eso calentó al don que me cogía, lo empezó a hacer mas rápido, mientras yo disfrutaba del liquido preciado que tanto me gusta, el don toma mis piernas entre sus brazos y me levanta y con intensidad me penetraba hasta adentro, yo me vine en ese momento sobre mi cara, era la segunda vez que me hacían venir con una pija adentro, aunque la primera haya sido el plug vibrador. El don que me cogía quería venirse en mi boca así que accedí, luego de esa posición, me levanto, se quitó el condón, me sujeto de la frente y puso su verga dentro hasta que sus chorros de leche invadieron mi paladar y mi garganta, un tanto salado pero de buen sabor, seguí chupando su mástil hasta dejarlo seco, finalmente le tocaba al ultimo don, yo solo podía ver a mi sugar mirando todo lo que sus amigos me hacían, sentado ahí, jalándose su deliciosa verga, el ultimo señor no pidió muchas posiciones, a lo que le dije que me gustaba de perrito, me puse ante su verga y comenzó a rozarlo en mi entrada hasta que lo metió de golpe, puse mis manos detrás de la espalda y lo disfrutaba tanto, cada vez que me ocurren estas cosas no paro de pensar que tanta suerte tengo para tener sexo con hombres, a pesar de que me considero hetero, pero sin duda no importaba eso; luego de un rato lo cabalgue a la inversa, y finalmente eyaculo dentro de mi también, parece ser que no la controlan mucho, pero eso si, que bien dura se les pone.

    Luego de eso fui con don Antonio a darle su respectiva mamada, ya se andaba haciendo agua, la tomé entre mis dos manos y a pesar de que casi no cabe en las dos, le hice la mejor puñeta que pude, hasta que se vino en mi cara, yo tomaba lo que podía con mis dedos, y Antonio me ayudaba tomando con sus dedos y llevándolos a mi boca. Les dijo que era su putita, y yo orgullosamente les dije que sí, mientras sujetaba la verga de mi amo. Después de esa escena de sexo nos fuimos a bañar, ya se sentía un poco mas el dolor en mi trasero por las nalgadas propinadas por Don Antonio, nos sentamos en la sala a conversar un poco mas y conocernos mejor, quizás mas adelante sigamos teniendo encuentros «cercanos». Aunque lo último que he querido hacer es contactar de nuevo con José, mi negro vergudo, ya no he sabido nada de él, lo mas que me dijo es que se iba a ir de viaje con una familia de fuera, espero tener respuesta pronto de él y así sacar otra anécdota para relatarles, hasta pronto.

    Si gustan contactarme mi Telegram es: @Km4zh0.

  • Por una apuesta entregué a mi novia a mi amigo y amante

    Por una apuesta entregué a mi novia a mi amigo y amante

    Continuando con mi relato, les diré que tenía una novia llamada Adriana, teníamos sólo algunos meses de que empezamos a salir, muy linda, cara bonita, de tez muy blanca y suave, pelo largo, lacio y castaño, delgada, sin llegar a ser flaca, con un bonito trasero, no muy grande, pero redondito y respingón, tetas medianitas pero firmes, no precisamente una mujer caderona y exuberante, sino más bien tierna y frágil, pero inteligente y sociable, mucho más sociable que yo, que era un poco reservado, vestía juvenil, a la moda pero en forma recatada, y diría elegante, sin demostrar demasiado de su cuerpo, es más le molestaban las chicas que se exhibían demasiado, ya que decía que no tenían respeto de sí mismas, aunque cuando usaba jeans, le quedaban de infarto, me llevaba excelentemente bien con ella, un excelente humor, nada celosa y divertida, aunque tenía un pensamiento algo feminista, lo cual me costó para poder llevarla a la cama, ya que privilegiaba la relación de pareja antes que el sexo, lo cual no quiere decir que no fuera buena en la cama, al contrario, era desinhibida y le gustaba disfrutar del sexo. A pesar de ser sociable, nunca vi que llegara a coquetear con algún otro hombre, y les caía bien a todos mis amigos, hombres y mujeres.

    Por otro lado, mis encuentros con Arturo continuaron cada 2 o 3 semanas, en la cama era su puta, pero fuera de ella, éramos los mejores amigos, con un trato muy cordial, hacíamos bromas, chistes, pero siempre con respeto, sin ofender, un día, después de darme una de sus cogidas memorables, dejándome toda la colita rozada y adolorida como acostumbraba me dice:

    Sabes Ariel, me excita mucho Adriana, me encantaría cogérmela y hacerla mía, pero eres mi amigo y te respeto y sólo me la cogería si tú aceptas, con tu consentimiento.

    Estás loco, le repliqué, jamás, eres un depravado, ¿no te cansas con todas las mujeres que tienes y conmigo?, además mi novia no es del tipo de mujer con la que acostumbras encamar, vamos que no es tu tipo, no tiene el cuerpo de esas chicas voluptuosas que parecen modelo, no seas desgraciado, respétame.

    Ja, ja, perdóname, no te enojes, ya me conoces, soy muy sexoso, me encanta el sexo, siempre quiero sexo, a todas horas, anda, no te pongas celoso, sé que a Adriana le encantaría un macho como yo, no seas egoísta, también tiene derecho a disfrutar de una gran verga, que la llene bien.

    ¿Y sabes que me encanta de Adriana? tiene los mismos hoyitos que tú tienes en la parte baja de la espalda, justo encima de las nalgas, no he podido evitar descubrirlos en las fiestas de piscina a las que te he invitado. Vamos que se le ven muy sexy, casi tan sexy como tú- me dijo, guiñándome un ojo.

    No insistas Arturo, ya te dije que no, tú tienes muchas mujeres, respeta a mi novia, además no eres su tipo, ya me ha dicho que no soporta a los mujeriegos como tú, que jamás saldría contigo- le confesé, expresando lo que había dicho mi novia.

    ¿En serio te dijo eso?, vamos, te mintió, cualquier mujer desearía ser cogida por una verga como la mía, estoy seguro de que si estuviéramos solos, se abalanzaría sobre mi verga para que la cogiera.

    Me molestó mucho su enorme ego y que pensara que todas las mujeres son iguales y así se lo dije.

    Pues Adriana jamás, no sé porque piensas que todas las mujeres son así, las mujeres como Adriana piensan diferente a los hombres, no es sólo sexo, buscan una relación de pareja, sentimientos. No es igual a todas las putas que te coges, incluyéndome.

    Pues te apuesto que si tu novia tuviera la más mínima oportunidad ella misma me pediría que me la cogiera, sin que yo se lo pida, tu novia es igual a todas las mujeres y siempre sueñan con una pija grande que les rompa y las haga disfrutar, vamos que es la naturaleza, el instinto animal de cualquier especie, cuyo objetivo primordial es la reproducción, sin importar lo que hayamos evolucionado, esos instintos permanecen dentro de nosotros, sea hombre o mujer, por eso a los hombres nos gustan las mujeres caderonas y tetas grandes, son las mejores para tener hijos y a las mujeres las vergas enormes, que las preñen, vamos un semental que les garantice reproducirse.

    Te lo repito, mi novia no es así, ya no estamos en la prehistoria, no insistas, no lo conseguirás.

    ¿Quieres apostar?, déjame un rato con tu novia y verás que ella sola me pide que haga con ella lo que quiera y sin tener que pedírselo.

    Mira, sé tus dotes de seductor, y sé que tal vez, mi novia pueda acabar cediendo, un ejemplo soy yo, pero nunca te lo pediría ella, sin que tú la seduzcas.

    No estés tan seguro, y te lo puedo demostrar.

    ¿Cómo?, ya te dije que mi novia no es como tus putas, y si te dejo solo, ¿cómo me aseguraría que es ella quien te pide tener sexo y no tú?

    Te lo voy a demostrar, sólo dame chance y desaparécete una tarde y déjame un rato con tu novia, es más para que estés seguro quiero que escuches todo. Te propongo que me permitas llevarla un rato a mi departamento y tú te escondes en el vestidor, para que seas testigo.

    Me quedé pensando un rato, estaba jugando con fuego, conocía las artes seductoras de Arturo, pero también las ideas feministas de mi recatada novia, era imposible que cayera en las redes de Arturo sin que él la sedujera, así que acepté, quería ver por fin a alguien que pusiera en su lugar a Arturo y le bajara tantito su autoestima de seductor.

    Acordamos que le daría chance y con cualquier pretexto la llevaría al departamento y yo sería testigo como mi novia le pedía tener sexo con él o mandarlo al diablo, quedamos que no podría estar desnudo, o con el tórax descubierto, mucho menos mostrarle la verga y no la besaría o tocaría a menos que ella diera el primer paso y se lo pidiera, y jamás le pediría tener sexo.

    La oportunidad se dio el siguiente sábado, fuimos invitados a una fiesta de alberca, y acordamos que yo me desaparecería de la fiesta bajo cualquier pretexto, e iría a su departamento a esconderme en su vestidor, por lo que en la semana sacó duplicado de llaves y me entregó una copia y posteriormente Arturo llegaría con Adriana bajo cualquier pretexto.

    El sábado siguiente Arturo pasó por Adriana y por mí, como de costumbre, pero en esta ocasión no llevaba a ninguna chica.

    Una vez que nos subimos a su coche, Adriana se subió de copiloto y yo atrás y le pregunté a Arturo para despistar.

    ¿Y por qué hoy no has traído a ninguna amiga, Arturo?

    Invité a Sofía pero de último momento me canceló, por un viaje repentino y ya no encontré a quien invitar.

    Ja ja, en serio- me reí, -Arturo el mujeriego y galán de la escuela no encontró pareja, ja ja, me haces reír.

    Adriana escuchaba y sonreía, pero no intervino.

    Ya no te burles Ariel, ja ja, alguna vez tenía que pasar y además en la fiesta debe haber muchas chicas, así que no me preocupo, ya me voy a divertir.

    ¿Cómo siempre Arturo, no te cansas de tener solo aventuras?, deberías buscarte a una novia y tener una relación estable, deberías sentar cabeza, si no al final vas a quedar sólo, vamos que la juventud se acaba- intervino Adriana, le molestó un poco el comentario de Arturo, el cual chocaba con sus ideas feministas.

    Seguimos charlando y pronto llegamos a la fiesta de la piscina, nadamos y nos divertimos, Arturo como siempre, exhibiéndose, se había puesto un traje de baño pequeñito que mostraba morbosamente su enorme instrumento ante la mirada de todas las mujeres sin pareja que lo seguían con la vista, se divertía con todas las mujeres y con ninguna, solamente pasando el rato con todas, pero con ninguna en particular.

    En un momento en que estábamos descansando en unos camastros, llegó Arturo a ofrecernos unos cocteles y estuvo de pie junto a mi novia mientras charlaba conmigo, la verga bajo su traje de baño se notaba morcillona, gruesa y larga, a escasos centímetros de la cara de mi novia, incluso se notaba la cabeza, en forma obscena, y vi que Adriana se ruborizaba un poco, era imposible que no pudiera ver esa morbosa imagen.

    Allí fingí revisar mi celular y les dije a Arturo y Adriana que tenía un mensaje de mi familia y que me disculparan un segundo, me paré y alejé un poco de la música, fingiendo que hablaba con mi familia y en unos minutos regresé, ellos se encontraban charlando de forma amena.

    Les dije que mis padres me habían pedido un favor enorme, que un familiar que nunca había estado en la ciudad de México iba a visitar unos parientes suyos y que se sentía inseguro, por lo que me pedían el favor de que vaya a esperarlo a la central camionera y lo transportara con sus parientes y que era un favor que no podía rechazar.

    Mi novia me dijo que me acompañaba, pero me opuse, le dije que no era justo que se perdiera la fiesta por mi culpa y le pedí a Arturo si le podía dar un aventón a mi departamento, ya que saldríamos al cine en la noche.

    No muy convencida mi novia aceptó y se la encargué a Arturo.

    Ahí te la encargo Arturo, se van con cuidado, no me la vayas a dejar tirada por alguna de tus conquistas- le recalqué.

    Arturo sonrió y contestó.

    Ja ja, ve sin cuidado, yo te la cuido, no te preocupes.

    Como acordamos me fui al departamento de Arturo y esperé su mensaje, avisándome que iban en camino, estaba ansioso y un poco nervioso y preocupado.

    Tan pronto me llegó el mensaje que pronto llegarían, me metí al vestidor y apagué la luz, poniendo seguro por dentro, como habíamos convenido, en ese instante le mandé mensaje a Adriana, informándole que el camión estaba retrasado y llegaría dentro de dos horas, por lo que le dije que no podríamos ir ese día al cine y que iríamos al día siguiente.

    Minutos después escuché que llegaban, y mi corazón palpitó, seguía nervioso, entraron a la recámara y escuché que Arturo decía:

    Disculpa Adriana, perdona que te haya hecho venir, pero tengo que enviar esos archivos urgentemente, los están esperando mis compañeros de equipo para integrarlos y poder darle una presentación adecuada, no tardo mucho, en unos minutos nos vamos, olvidé enviarlos temprano.

    No te preocupes Arturo, toma tu tiempo, me acaba de llegar un mensaje de Ariel, que el autobús que fue a esperar a la Central está retrasado y que se suspende la ida al cine, así que no hay prisa.

    Entonces, ¿ya no te llevo al departamento de Ariel?- preguntó Arturo.

    No, ya no, creo que me vas a tener que dar un aventón a mi casa.

    Lástima, que pena, yo tampoco tengo nada que hacer, ¿no te gustaría quedarte un rato a charlar o si estás más cómoda podría invitarte un café?

    Creo que podría aceptarte el café, no es correcto que esté en tu departamento, no me gustaría que algún curioso me vaya a ver salir de tu departamento más tarde sola contigo, y vaya a soltar algún chisme, con la fama que tienes, ya sabes, lo que podrían pensar de mí, no quiero andar en boca de todos, pero pensaba darme un baño en el departamento de Ariel y cambiarme para quitarme el cloro de la alberca y estar más fresca.

    ¿Y porque no te bañas aquí?, digo, mientras termino de enviar los archivos.

    La verdad me da pena, no es correcto- replicó Adriana.

    Vamos, sin pena, somos amigos, y sabes que te respeto, anda báñate aquí, sin pena – insistió.

    De tanto insistir Adriana acepta y se mete a bañar, escucho que el agua de la regadera caer, segundos después, a pesar del seguro abren la puerta del vestidor con llave y me sobresalto un poco.

    Al abrir la puerta del vestidor veo que es Arturo, que con su mano en la boca hace señal de que no haga ruido, sonríe, quería asegurarse que estaba allí y acercándose a la chapa de la cerradura quita un tornillo que estaba flojo, quedando un pequeño orificio y me hace señas de que por ahí podría mirar, después saca una muda de ropa y cierra, haciendo señas de que ponga el seguro.

    Que loco, pensé, no contento con escuchar, quiere que mire, pero estaba confiado, mi novia se estaba duchando y quería salir cuanto antes del departamento. De todas formas, me dio curiosidad y pegué el ojo al agujero.

    Una vez que salió Adriana del baño, ya lista, la estaba esperando Arturo y le dijo que si no le importaría que él también se duchara, dijo será una ducha rápida y mi novia aceptó y le dijo que iba a esperar afuera de la recámara a lo que contestó.

    No, no es necesario que salgas, así podemos seguir charlando, te respeto, voy a cambiarme dentro del baño- así que Adriana se sentó en la silla junto al escritorio.

    Siguieron charlando de cosas intrascendentes y una vez que salió Arturo vi que salió con unos pantalones de deporte muy ajustados que mostraban toda su anatomía, en especial su enorme verga, demasiado sugerente, y una camiseta deportiva sin mangas, pensé que cabrón, se está exhibiendo, se paseaba por el cuarto para peinarse y arreglarse y era muy notorio su enorme instrumento, a través de sus pantalones deportivos, vi que Adriana se sonrojó y disimuladamente bajaba la vista a su entrepierna, era un desgraciado, pero no había roto el acuerdo, no estaba desnudo, escuché que le dijo a Adriana:

    Sabes Adriana, estuve pensando en lo que dijiste en el coche sobre tener una relación estable, sabes, me dan mucha envidia Ariel y tú, son la pareja más linda de la escuela, pero ¿dónde encontrar una chica, así como tú?, inteligente, bella y divertida.

    Adriana se ruborizó un poco y le replicó- chicas como yo hay muchas, sólo que tú no las miras, sólo ves tetas y nalgas en las mujeres, no cerebro.

    Y si alguna vez, digo, si terminaras con Ariel, ¿tú crees que yo tendría alguna oportunidad? – le replicó y pensé, que cabrón ya empezó el ataque.

    A lo que Adriana contestó:

    Lo siento Arturo no tienes ninguna oportunidad, no sólo por la relación estable, que todavía dudo que pudieras cumplir, un hombre como tú me pondría el cuerno en la primera oportunidad, prefiero a un hombre como Ariel, responsable, estudioso, serio, tierno y guapo, Ariel es mi hombre perfecto.

    Me sentí orgulloso y pensé que allí acabaría todo, estaba feliz de escuchar a mi noviecita, le estaba dando una lección al creído de Arturo.

    Lástima, me pareces una chica muy centrada, inteligente, divertida, fiel, y además hermosa, sabes, en la carrera hicimos una lista de las mujeres más sexys de la escuela y tú apareciste en ella, es más obtuviste mi voto.

    Craso error pensé, conociendo los pensamientos de mi novia.

    Adriana se volteó y visiblemente molesta le reclamó:

    Me halaga que piensen que soy bonita, pero hacer una lista, vaya, que denigrante, ustedes los hombres siempre nos toman a nosotras las mujeres como un objeto, debería darles vergüenza y respetarnos, no somos objetos.

    Al escuchar la paliza que le daba mi novia a Arturo sonreí, no había duda qué le estaba dando una lección, pero Arturo siguió muy tranquilo y contestó.

    Y ¿por qué?, ¿acaso ustedes las mujeres no hablan de chicos?, creo que es lo más natural del mundo

    Mira Arturo, si hablamos de chicos, no somos de piedra, pero de eso, a hacer una lista de hombres, como si fuera mercancía, hay una gran diferencia, eso es denigrante.

    ¿Y se podría saber de qué hablan?, vamos, ¿cuándo hablan de un chico?, he visto en la alberca que se juntan y rumoran, ¿qué platican?

    Pues es similar a ustedes, los hombres, bromas, chismes y también charlamos de hombres, quien es el chico más guapo, sexy como dicen ustedes, aunque por lo general, casi siempre terminamos hablando de un chico en especial, ja ja.

    ¿Puedo adivinar?, seguramente es Ariel, ya te dije que forman bonita pareja, seguramente eres la envidia de todas en la escuela, vamos guapo, no está mal de cuerpo, serio e inteligente- respondió Arturo, al momento que simulando interés en la conversación se recargó en el escritorio, y cruzando sus brazos, muy cerca de mi novia, el enorme mástil le quedaba muy cerca de la cara, seguía exhibiéndose, pero hasta ahora sin éxito, aunque noté la turbación de Adriana.

    Ja, ja, Ariel, no tonto- río en forma un poco nerviosa Adriana- Ariel es lindo y tierno, pero digamos que entre nosotras las mujeres también hablamos de cosas más sexuales, digamos como ustedes cuando hablan de cual chica tiene mejor pecho o mejor culo, algo similar.

    Empecé a entender a dónde iba la plática, notaba a Adriana sonrojada, Que cabrón pensé, pero ha cumplido, aunque empecé a tener dudas si mi novia se podría contener, la veía turbada y con la respiración un poco agitada, mientras seguían charlando.

    ¿En serio? ¿Y de que atractivos sexuales platican?, me gustaría saber.

    Ja ja, que curioso saliste, nada en particular, ¿sólo fantasías de los atributos de algún chico y que se sentiría estar con él?, bromas entre chicas, ya sabes sólo fantasías, así como ustedes hablan de estar con alguna chica en particular, exactamente lo mismo.

    Y ¿qué clase de atributos de los chicos hablan?, digo, si no es indiscreción

    La enorme verga de Arturo había crecido todavía más a través de su pantalón y mi novia ya no pudo resistir verla, se veía sumamente nerviosa y se levantó de la silla, tratando de alejar su vista de ese enorme miembro que la tenía tan turbada. Se veía que estaba torturando a mi novia.

    Me da pena decirlo Arturo, son cosas de mujeres, no insistas- recalcó muy nerviosa, la voz de Adriana se notaba agitada.

    Y hablaste de fantasías, ¿tú también las has tenido con este chico?

    Pues la verdad sí, un par, pero son sólo fantasías, como ustedes cuando tienen fantasías con una determinada chica. Vamos que no hay mucha diferencia- contestó Adriana, pero su cara estaba sonrojada, y el tono de voz seguía agitado.

    Y ¿por qué sólo fantasías?, si tuvieras la oportunidad, porque no cumplirlas, digo, no reprimirlas.

    A mi novia se le subieron los colores, estaba agitada y su corazón palpitaba y con una débil voz respondió.

    Es que las mujeres tenemos principios, vamos que pensamos en las consecuencias, ya sabes un hombre se acuesta con varias mujeres y todo el mundo lo celebra, como si eso fuera un logro y crece su fama de hombre, galán, macho, en cambio si una mujer se acostara con varios chicos no la bajarían de puta.

    Y no estás abogando siempre sobre la igualdad en los derechos de los hombres y las mujeres, ¿que una mujer debe ser libre y hacer lo que su corazón le dicte, sin importar lo que opine la sociedad? Veo que no eres congruente con lo que dices, por lo menos en el tema sexual, yo creo que vida hay sólo una y tenemos que liberarnos de nuestros miedos, disfrutar de nuestros cuerpos, de nuestra sexualidad libremente.

    Tienes razón, Arturo, pero no es tan fácil, te voy a confesar la característica que tiene ese chico que nos tiene a todas las mujeres locas, y entenderás quién es, pero te lo tengo que decir al oído, me da pena decirlo en voz alta, y comprenderás porque no es correcto.

    El chico que nos tiene a todas las mujeres locas tiene un pene enorme entre sus piernas y nuestras fantasías es que se sentirá tener ese pene en nuestras manos o dentro de nuestra boca, coño y culo, susurro en el oído de Arturo, pero ante el total silencio del ambiente alcancé a escuchar- El rostro de mi novia estaba totalmente rojo.

    Que tipo tan especial, pero con tantos chicos guapos en la fiesta, todavía no estoy tan seguro, de lo que si estoy seguro es que deberías hacer realidad tus fantasías, eres muy guapa y seguramente no le eres indiferente a ese chico.

    Ay Arturo, no puedo creer que seas tan ingenuo, el chico que nos tiene locas a todas, incluyéndome, eres tú y el enorme pene es éste, dijo mi novia al momento que apretaba la verga de Arturo a través del pantalón y le propinaba un beso cachondo.

    Quedé con la boca totalmente abierta, no lo podía creer, mi recatada novia había sucumbido a los encantos de Arturo y vi que éste fijó su vista hacia el vestidor, como si me mirara, había ganado y reclamaba su premio.

    Lo que pasó después se los cuento en el siguiente relato.

    Comentarios, mi correo es [email protected].

  • Sorpresa vespertina

    Sorpresa vespertina

    Tú me pedías por un mensaje que fuera a una dirección a alcanzarte.  Era algo tarde y yo venía saliendo de mi trabajo. Tú me pedías que fuera a una dirección a alcanzarte. Era algo tarde y yo venía saliendo de mi trabajo. Llegaba a una casa, tocaba el timbre, me abría un señor quizás de mi edad o un poco menor y me dejaba pasar. Me pedía que pasara a una sala. Me quedaba allí solo, y a los pocos minutos, ya sentado, salías tú y una amiga tuya o conocida tuya de una puerta contigua, tomadas de la mano, sudorosas y ya estaban sin ropa, bellas las dos, sus caras mostraban mucha excitación, al igual que sus cuerpos y se acercaban a mí. Me saludabas dándome un beso riquísimo, donde tu boca tenía un sabor a sexo muy sensual y excitante.

    Entonces me decías que era una sorpresa que tenías para mi muy especial. Me presentabas a tu amiga, se llamaba Laura. Ella me saludaba de beso en la boca y me abrazaba también. Yo me excitaba de inmediato al verlas y tú empezabas a frotar a nuestro amigo sobre mi ropa. Me quitaban la ropa entre las dos, me sentabas en el sillón y cada una se ponía a cada lado mío

    Era todo muy excitante. Nos dábamos besos, era acariciarnos entre los tres, tocarnos, chuparnos intensamente, me daban sus senos a chupar, yo les metía mis dedos y les tocaban sus sexos, sacándoles gemidos y deliciosas corridas, frotaba mis dedos en sus sexos, empapados, mojados, muy intenso Me comentabas que ella ya nos había visto antes, que te conocía de algún lado (que no era relevante) y que en una conversación ocasional, salió el tema del sexo y de allí se dio que podríamos estar los tres…

    Me decías al oído que ese día que habían platicado, ella te había llevado a nuestra casa y antes de bajar de su coche, te había tomado de la cara y se habían besado muy rico en la boca. Que te estuvo tocando y se abrazaron intensamente, abriendo las blusas para sentirse y tocarse los senos. En eso, ella te levantó la falda para tocar tu vagina, sintiéndola húmeda, rica. Hizo a un lado tu ropa interior y te pasó su dedo por tus labios vaginales, hasta que lo insertó y te hizo dar un pequeño sobresalto y un rico gemido. Lo frotó intensamente y le fuiste mojando la mano. Lo sacó lentamente, lleno de tus jugos, y lo lamió con su lengua para saborearlo. Estaban ambas muy excitadas y se besaron un poco más. Entonces fue cuando acordaron hacer el trío.

    Mientras me decías eso, ella estaba ya entre mis piernas hincada, chupando mi pene muy intensamente, lamiendo mis testículos, metiéndolos en la boca. Poniéndomela muy dura amore. Me preguntabas si me gustaba esta amiga, y te decía que estaba muy linda, y de muy buen cuerpo. Me decías que a ti también te gustaba su aspecto, cómo se veía… que por eso, cuando se había dado la conversación inicial, habías pensado que sería excitante estar con ella, pero más después del evento del coche afuera de nuestra casa.

    Entonces, le decías que se subiera para ensartarse en mí ya duro pene. Te parabas del sillón, te ibas detrás de ella, la abrazabas y la guiabas. Tomabas mi verga dura, y la acomodabas, la detenías en esa posición y con tu mano, sujetando mi verga, le frotabas la punta en su entrada, pasando desde su culito hasta el clítoris. Ella se mojaba mucho y te decía que era muy rico lo que hacías. Le decías al oído que se fuera sentando. Ella estaba apretadita, pero muy húmeda, muy excitada. Le ponías la punta de mi verga en su entrada y veías cómo iba entrando poco a poco, cómo se la iba metiendo toda, abriéndola, hasta quedar toda ensartada. Su cara mostraba la sensación de verse invadida, de sentir como iba recibiendo a un visitante nuevo, de saberse penetrada en un ambiente muy excitante y pleno de sensaciones.

    Abría la boca sensualmente, entonces te acercaste a ella y las dos se besaban en la boca, tu abrazada a ella, pegándole tus senos a su espalda, pasando tus manos por su cuerpo y tocando los senos de ella, que estaban muy duros, con unos pezones muy erectos y tiesos. Yo veía todo y estaba superexitado, mientras tú me decías que la viera como le gustaba sentarse, disfrutar del momento y cogerse mi verga… que la habías escogido así para mí, para que la disfrutáramos, y mientras le besabas su cuello, me mostrabas su cara de excitación. Ella sudaba y se sacudía con cada metida que se daba de mi verga y se empezaba a venir mucho mojándome todo. Tú le decías al oído, «te dije que lo disfrutarías, cógetelo rico» ella solo asentía, con sus ojos cerrados y apoyando sus manos en mi cuerpo para poder subir y bajar sobre mi pene.

    Entonces bajabas tu mano para frotarle su clítoris, y hacías que se mojara más, que sus sensaciones fueran más intensas, que temblara toda, sudara más, se marcaran más sus pezones, mostrando que estaba próxima a venirse de nuevo. Me decías que querías que me corriera en ella, que la mojara toda, que le querías comer su vagina llena de mi semen y dármelo a probar de tu boca. Para entonces, ella ya brincaba literalmente en mi verga, sacándola casi completa para enterrársela toda de golpe, meterla toda y sentirla hasta lo más profundo, su vagina estaba toda húmeda y era delicioso sentir como lo hacía, y con ello llegaba a tocar con mi punta el fondo de su vagina.

    Le preguntabas si quería que yo me viniera en ella, y decía que sí… que para eso se la había metido sin condón, ni nada… Tú te agachabas a besarme en la boca y a decirme que te gustaba y excitaba verme cogiendo a esa cuata, que estaba muy buena y que le gustaba verla gozar con mi verga. Todo eso era muy rico y tenía mi pene a punto de explotar.

    Me decías que te excitaba ver cómo me iba a venir dentro de ella y la cogida era muy intensa. En eso, abrías tus ojos y te quedabas quieta, y yo veía que el señor que me abrió la puerta (a quién había olvidado por completo), estaba detrás de ti, desnudo, y ya te estaba metiendo su verga en ti. Me decías que era el esposo de Laura, y que antes de que yo llegara, mientras ustedes se besaban y acariciaban, él había entrado al cuarto ya con su verga de fuera.

    Entonces lo hiciste acercarse a ti y se la habías estado chupado hasta ponérsela dura, masturbándolo, lamiendo sus testículos, que tenía una verga rica, larga, venosa, ancha y que te había gustado su sabor, pero que, por estar jugando con su esposa, no te la había metido hasta ese momento. Me decías que te estaba abriendo rico, llegando hasta el fondo de ti. Yo te tenía muy abrazada a mí, tú de pie, inclinada hacia adelante, levantando tu cadera, dejándole todo tu cuerpo abierto al esposo de esta amiga, que seguía montada en mí, cogiéndome rico, con sus ojos cerrados. Él te penetraba fuerte y duro, te abrazabas de mí y nos besábamos, mientras me decías lo rico que te cogía, lo mucho que entraba y lo grueso que se le iba poniendo.

    Tu amiga abrió los ojos y tenía a su lado la vista de su esposo cogiendo fuerte tu vagina y se excitaba más, viniéndose intensamente encima de mí, temblando y sudando. Yo no pude aguantar más y me vacié en ella también.

    Apoyó su cuerpo sobre el mío, girando su cadera para que no me saliera de ella. Entonces las cabezas de las dos quedaron juntas sobre mi cuerpo, se besaban, se decían lo ricas que estaban, lo rico que cogían, lo calientes que estaban, lo mucho que les gustaba que se las cogieran, lo mucho que lo disfrutaban y ocasionalmente me incluían en esos besos húmedos y sensuales, mientras él seguía empujando fuerte dentro de ti y te generaba el venirte una y otra vez.

    Eso nos permitía a Laura y a mi ver en tu cara la excitación que sentías en cada momento que te empujaba a fondo. Yo te preguntaba si lo disfrutabas, y me decías que mucho, mientras me besabas de nuevo, intensamente. Empezabas a convulsionarte ante la cogida rica que te estaba dando y temblabas, diciéndome que te ibas a venir mucho. Ella te besaba y tocaba, mientras él intensificaba sus arremetidas en ti. Me decías que sentías como se le estaba hinchando más su pene y que lo ibas a dejar que se viniera dentro de ti, entonces volteabas hacia él y le decías que te llenara de su semen, que lo querías sentir dentro, que te mojara toda. Lo decías fuerte para que todos lo escucháramos y entonces él empezaba a venirse mucho, jalando tu cadera para meterla profundamente en ti, empujando y resoplando de la intensa venida sujetándote de tus caderas, pasa asegurar que te entrara toda su verga y te llenara desde lo más profundo.

    Tú, al sentir correr su semen dentro de ti, te volvías a venir mucho, temblando y jadeando intensamente entre mis brazos, mojándolo más. Fueron corridas muy intensas, excitantes y muy sensuales.

    El sacó su verga aún dura y chorreante y ambas voltearon a chuparla para saborear sus jugos y besarse entre ustedes, se veían bellas y sensuales al hacerlo, al recorrer con sus bocas esa verga mojada y semierecta, que al llegar a la punta, les permitía besarse a las dos, saboreando los jugos de él y tuyos, intercambiando con sus lenguas lo que iban recogiendo, sus caras se llenaban de jugos. La vista era por demás excitante.

    Regresabas a besarme en la boca, saboreando sus jugos, jugando nuestras lenguas y lamiendo tu cara, para preguntarme si me había gustado la sorpresa. Yo te decía que sí, mucho…

  • Inicios de una hotwife

    Inicios de una hotwife

    Por fin puedo decir: «tengo una hotwife», aunque mi esposa ya había tenido una experiencia estando con otra persona hace varios años, no había podido convencerla que lo hiciera nuevamente con mi pleno conocimiento, pero por fin después de varios meses, tal vez años, se convenció que podía y quería hacerlo. Debo aclarar que no estábamos mal en la relación, pero después del primer suceso el sexo ha sido más gratificante para ambos.

    Somos pareja de 15 años juntos y aunque habíamos fantaseando con realizar tríos, no había logrado convencerla de hacerlo, decía que se sentía que me traicionaba si estaba con otro hombre. Ella me había contado que en su trabajo había varios que le tenían ganas, en la cama fantaseábamos con que ella estaba con alguno de ellos y nos ponía muy calientes.

    Les contare la primera experiencia que tuvo con un ex compañero de trabajo, esto paso hace algo más de un año y es que aprovechando que tuvieron que contactarse por una información de trabajo, empezaron a charlar más seguido, mi esposa me conto que era uno de los que le tenían ganas a ella y me confeso que ella también le tenía ganas. Yo le propuse que intentara insinuársele para ver si picaba y así fue, comenzó a responder los estados de forma morbosa y llegaron al tema de sexo, hasta que él le propuso tener un encuentro sexual al que ella accedió.

    El cito a mi esposa para que después del trabajo llegará a un lugar donde él la recogería en su carro y se irían a su apartamento para poder estar juntos, mi esposa me contaba detalladamente, pero con algo de miedo, el cómo iban concretando la cita, así fue como llego el día y ella salió de casa rumbo a encontrarse con su amigo.

    Me conto por teléfono que iba muy nerviosa y ansiosa, que sentía algo de nauseas porque pensaba que me estaba siendo infiel, pero que estaba decidida a cumplir la fantasía así fuera solo una vez. Llego donde su amigo y perdimos comunicación por unas cuantas horas, pero después tuve un relato completo de lo que paso en este tiempo:

    Tal y como habían quedado llego al lugar y el en su carro ya la esperaba para ir al apartamento, en el trayecto solo hablaron de hace cuanto no se veían, pero al llegar al apartamento él cambio y se le lanzo encima, ella iba aun con su uniforme de trabajo, al inicio cuando intentó besarla le rechazo los besos, pero al ir empezando a quedar desnudos se sintió más en confianza y excitada por lo que iba a hacer que se dejó llevar, mi esposa tiene una forma particular que le gusta poner los preservativos con la boca mientras hace un oral, lo cual a él lo puso aún más caliente y casi se viene enseguida, la levanto la puso de espaldas y la hizo suya, ella en su mente no podía creer lo que estaba pasando, estaba con otro tipo con permiso de su esposo, busco la forma de tomarse una foto para tener la evidencia pero no encontró su celular, además ya la excitación del momento no la dejaron pensar en nada mas sino en disfrutar la verga de su amigo y entregársele completamente, la pusieron en varias poses, ella se puso en cuatro que es su posición favorita conmigo y el no tardo mucho más en venirse.

    Cuando terminaron él se levantó y se fue a fumar, ella pensó que era un cigarro normal pero resulto ser algo de hierba para tomar fuerzas, por lo que no tardo en buscarla nuevamente, ella en este momento se sentía una completa puta y pensaba como disfrutaría yo cuando llegara a casa usada por otro hombre, el intento penetrarla por el culo pero no se dejó, ese espacio es solo para mí, jajaja, por lo que decidió sacarse el condón y venírsele en la espalda, al terminar ella se limpió y se quedaron sentados hablando un rato, ella ya se sentía algo cansada y pensaba que era tarde para regresar, él le dijo que la acercaría hasta nuestra casa para que no se afanara, además quería una última vez y ya estaba listo, ella se percató que él no se había puesto preservativo aun pero tenía ganas de llegar a casa vuelta una Puta completa, se puso en cuatro y se dejó llenar completamente de la leche de su amigo, después de eso se vistió y le pidió que la acercara a su casa, el le ofreció una ducha pero ella se negó, quería llegar oliendo al semen de otro para su esposo.

    Cuando llego a casa venia cansada pero dispuesta a cumplir con sus deberes de hotwife, se empezó a desnudar mientras me contaba lo que había pasado y como venía chorreando aun la leche de otro, esto me puso muy caliente y no dude en tirármele encima para llenarla mi leche también, ella olía completamente a sexo y se sentía aún más cada vez que la embestía con mi verga, ella me decía entre sollozos: «dale más duro a tu puta que viene con la leche de otro, no era lo que querías?», fue una noche muy intensa, mejor de cómo lo habíamos imaginado, después de varias folladas me pidió que la dejara descansar, pero que prometía que no sería la última vez…