Blog

  • Mujer casada, el descontrol de Ely

    Mujer casada, el descontrol de Ely

    Cómo ya conté en mi relato anterior comencé a tener está “relación” con Ely, pero no todo fue color de rosas. Ya en obvia confianza con ella comenzamos a contarnos nuestras vidas, y entonces supe que venía de una familia religiosa y por esta razón muchas cosas ella las entendía como vulgares o “bajas” para personas que tienen “cierto nivel”, y por eso a ella no le parecía correcto hacerlas y/o decirlas. Yo trate de explicarle que en el sexo las cosas son muy diferentes y que lo más importante es disfrutar tanto el placer que se recibe como el que se da.

    Poco a poco la fui convenciendo, desde el principio ella me mostró ser muy pasional, o sea largos besos, muchas caricias pero al momento de penetrar ella quería siempre que fuera abrazados y solo la posición del misionero, con su tremendo cuerpo era suficiente para el disfrute y llegar a los orgasmos, pero yo ya estaba digamos que… obsesionado con hacerla experimentar y vivir cosas nuevas y ponerla a hacer cosas que a ella no le parecían correctas.

    En nuestras conversaciones por chat siempre trataba de enviarle imágenes de diferentes cosas, como sexo en lugares públicos, sexo rudo, tríos, etc… y noté que lo que más le llamó su atención fueron las que trataban de sexo rudo así que por ahí fue que más sugerí intentar. La primera vez que la coloqué en posición de perrito y vi ese gran culo frente a mi quedé encantado, y ella lo notó, se sonrojó al ver mi expresión y me pidió que por favor no la mirara a la cara, yo le dije que todo lo contrario, que quería que fuera ella la que nos viera en esa situación y por ende la puse frente al espejo. Su cara era todo un disfrute, estaba entre avergonzada y sentir placer al mismo tiempo pero noté como ella cambió en el momento que la tomé por el pelo, su cara, su humedad, sus gemidos todo aumentó y ver sus ojos mirándome en el reflejo me hizo entender cómo serían las cosas desde ese día en adelante.

    Pero como dije antes, no todo es color de rosas, un día, nuestra conversación empezó con una discusión, ella me reclamó que yo había posteado una foto en la que me estaba besando con la que en ese tiempo era mi novia, me dijo que por qué no le avisé que subiría esa foto, yo sin faltarle el respeto le dije que no tenía porqué avisarle, porque esa era mi relación y estaba fuera de lo que ella y yo teníamos, entonces comenzó a discutirme y a pelear por cosas sin sentido, yo ese día solo la ignoré mientras me daba cuenta que Ely era bastante tóxica. Al día siguiente la saludé con un “ya se te fue tu pique?” y ella no me respondió hasta ya entrada la noche, me dijo que se sentía mal y que debíamos parar el juego que teníamos, yo le respondí que estaba de acuerdo y que para mí había sido todo un placer vivir esos momentos con ella, a partir de ahí cada vez que hacía una publicación en redes sociales su -like- era seguro y comentarios como “que lindos” o “que tiernos” eran frecuentes y si iba a decir algo relacionado a mi siempre venían con algún comentario hacia mi novia.

    Yo no estaba molesto con la situación pero sabía que ella me guardaba ese rencor, así que un día que estaba con mi novia teniendo sexo, aproveche que la tenía de perrito y sin que ella lo notara grabé un audio en el que sonaba el choque de su culo contra mi pelvis más sus gemidos bastante altos y se la mandé a Ely, apagué el teléfono pensando que ella se atrevería a llamar y lo encendí cuando ya estaba en mi casa y ahí estaba su conversación con un mensaje escrito, la abrí y era una pregunta “esa es tu noviecita?”, mi respuesta fue un “jajaja si, es mi novia”, me preguntó que por qué le mandé eso y yo le respondí que para ponerla celosa, ella solo me respondió “lo lograste”, la conversación quedó ahí pero al día siguiente me escribió temprano diciéndome que pasaría a buscarme a mi trabajo, yo solo sonreí y ella me dijo “desgraciado” y me colgó.

    Después de esa despedida pensé que no iría, pero al salir de mi trabajo ahora estaba, me dijo que no sabía que hacer, que se seguía sintiendo culpable y yo le dije que ya en serio, si ella se había tomado la molestia de manejar hasta allá ya ella estaba segura de que cogeríamos y así fue, fuimos a un motel y ese día ella estuvo muy suelta, le propuse cosas nuevas y ya se dejaba agarrar por el cuello mientras me la cogía de frente, lo disfruté muchísimo, la estaba convirtiendo en una demonia en la cama y ella estaba accediendo a todas las cosas que le proponía.

    En los días siguientes estábamos en las mismas, cogíamos luego de mi trabajo y en las noches seguíamos con el chat caliente y más propuestas para hacer, le envié un gif (imagen con movimiento) dónde se veía como abofeteaban a la chica mientras la cogían muy rudo, ella solo respondió con un Nooo, mientras yo sonreía, me dijo que no le parecía sexy y que no quería hacerlo, pero al día siguiente mientras la sujetaba del cuello le recordé la imagen, ella no me respondió, la comencé a arremeter más duro y le dije que le iba a pegar, ella solo me miró fijo a los ojos mientras gemía y saz la abofetee, no muy fuerte pero si que se sintiera, ella me apretó la mano a su cuello, sin dejar de mirarme a los ojos, como retándome a hacerlo de nuevo y saz, le di otra bofetada, ella comenzó a gemir más fuerte y me pidió que la ahorcara más duro, así lo hice pero la verdad es mi debilidad, al tenerla con la cara toda roja por sujetarla fuerte del cuello no resistí más y terminé llenándola de semen, ella sonrió y me susurró al oído “si, dámela toda amor”, cuando terminamos de bañarnos y ponernos la ropa, la vi mirarse al espejo y arreglarse la blusa que traía y tuve otra erección, me le pegué por su espalda para que ella la sintiera en su gran culo, me miró por el espejo y me dijo que si quería algo más, le dije que si, la senté frente a mi y me la comenzó a mamar, lo hacía lento, lo lamía de arriba hacia abajo y cuando me miró a la cara sin avisarle saz, le di una bofetada, ella se quedó inmóvil por aproximadamente 1 segundo, confieso que me asusté, pensé que se había molestado pero trate de permanecer serio, ella me miró a la cara de nuevo y siguió con la mamada, estaba claro, ya las bofetadas serían parte de la rutina de sexo, la levanté sin quitarle la ropa, solo baje su pantalón hasta las rodillas y frente al espejo la penetré, ella comenzó a gemir y arándola del pelo me le acerqué a su oído y le dije “ahora tu eres mi perra”, seguí con las arremetidas y cuando ya me iba a venir la puse de rodillas y le terminé en la boca por primera vez, ella no sabía que hacer, estaba ansiosa por botarla y termino escupiendo en una de las toallas del motel, yo con mi cara sería le dije que desde ese día en adelante ella tendría que tragársela, ella sonrió y nos fuimos.

    Los días siguientes a este fueron muy morbosos, cada día trataba de hacerle cosas nuevas o pervertirla más, pero su toxicidad volvió a relucir, pero eso se quedará para otras historias.

  • Por una apuesta entregué a mi novia a mi amigo y amante 2

    Por una apuesta entregué a mi novia a mi amigo y amante 2

    Continuando con el relato anterior, no podía creer que mi recatada noviecita estaba cayendo en las redes de Arturo y estaba siendo testigo sin poder intervenir, porque en caso de salir de mi escondite, ¿qué explicación podía darle a mi novia? sería obvio que todo fue una trampa y que yo estaba de acuerdo, por otro lado, se confirmaba la teoría de Arturo, en lo que se refiere al sexo, las mujeres son iguales que los hombres, predomina el instinto animal de cualquier especie, de la cual las mujeres no son excepción, y el objetivo primordial es el apareamiento, aún mayor que el raciocinio, y cualquier mujer si tiene la oportunidad buscará un macho con grandes atributos sexuales, sin importar su inteligencia, trato u alguna otra característica, todas tienen la fantasía de follar con un semental con pija enorme, así que si esa era también la fantasía de mi novia, tal vez debería dejar que la cumpliera, ¿o no? yo sabía en carne propia todo el placer que puede dar esa pija monstruosa, sería egoísta que mi recatada novia no la pudiera disfrutar, todo me daba vueltas, en fin, mil pensamientos pasaban por mi cabeza.

    Arturo empezó a desnudar a Adriana, mientras la seguía besando con pasión, primero le quitó la blusita y poco después por cayó su faldita, sus braguitas eran sexys, ese día llevaba unas de color negro, con encaje, contrastaban con su blanca piel, tal parecía que las hubiera elegido para la ocasión, las hábiles y grandes manos de Arturo recorrían la espalda de Adriana y bajaron a sus nalgas, apretándolas y empujándolas contra su propio sexo, besaba su cuello y mordisqueaba el lóbulo de la oreja de Adriana, estirándola y haciéndola gemir, al tiempo que le susurraba:

    No sabes cómo te tenía ganas, Adriana eres tan sexy, te mereces un macho de verdad y no al putito de Ariel.

    Me molestó mucho el comentario de Arturo, era mi amigo y me estaba denigrando con su comentario, pero al mismo tiempo mi verga estaba completamente erecta y tuve que sacarla de mi pantalón, el cual cayó hasta mis pies, tenía el ojo bien pegado al hoyo de la cerradura para no perder detalle alguno.

    Arturo se sacó la playera y en ese instante las manos de Adriana, ansiosas bajaron al borde del pantalón deportivo de Arturo y lo bajó hasta sus rodillas, el cabrón no llevaba boxers y su verga salió disparada hacia adelante, enorme y majestuosa.

    Mi novia suspiró y abrió los ojos con deseo y admiración, la cabeza rosada apuntaba hacia arriba y le llegaba más allá del ombligo. Se sentó en la cama con las piernas abiertas para terminar de quitarse el pantalón, Adriana lo miraba con la boca abierta y turbada con una débil voz, alcanzó a decir:

    Arturo, es taaan grandeee.

    ¿Qué pasa, acaso no te gustan las vergas grandes?, anda, date el gusto, disfrútala, siente lo que es una verdadera verga de macho y no la verguita de Ariel.

    Adriana no resistió la tentación y se agachó a chuparla, recorrió con su lengua toda la longitud de la enorme verga de Arturo desde los huevos a la punta del glande, poniendo énfasis en recorrer con su lengua el enorme y grueso hongo de la cabeza, incluyendo el frenillo, al tiempo que una de sus manos acariciaba sus grandes y pesados huevos.

    Es tremenda Arturo, no lo puedo creer, y que huevos, parecen de toro.

    Esto es lo que soñabas, eh, tus fantasías, anda, disfruta abre la boquita, sé que lo estás deseando.

    Adriana no se resistió más y abrió la boca lo máximo posible, el enorme mástil de Arturo se introdujo dentro, se veía monstruoso de tan grueso, Adriana batallaba para meterse en la boca todo lo que podía de ese enorme pedazo de carne y no era ni la mitad.

    Ay Arturo, es tan grande que no me cabe ni la mitad en la boca, me duelen las quijadas de tan grande que las abro.

    ¿Y no te gusta así? que te abra bien la boquita y que no te entre entera, pero que putita saliste, que rico chupas, en serio, se nota que te morías de ganas por chupar una verga así y no el penecito de Ariel, anda, desquita tus ganas.

    A pesar de las palabras de Arturo, ofensivas para mí, estaba excitado y mi verga estaba al palo, empezó a escurrir precum en la punta y me empecé a pajear, lento, para no acabar tan rápido.

    Movía su verga dentro de la boca de Adriana y le gustaba empujar a los lados dibujándose el contorno de su verga sobre las mejillas de Adriana, mientras disimuladamente volteaba con dirección a la puerta del vestidor, sonriendo. Sacó su enorme verga de la boca de Adriana y azotó la cara de Adriana con su imponente pinga, para después restregarla en toda la cara, recorría lentamente sus mejillas, su frente, su nariz, labios, incluso en los párpados y cejas con el enorme hongo de su verga, dejándole toda la cara llena de saliva y precum, su cara brillaba de tan húmeda que la tenía.

    Por Dios, para que me vas a hacer acabar, eres una mamoncita increíble, se nota que te encanta la verga, pero ahora me toca a mi disfrutarte.

    Arturo se incorporó y arrojó sobre la cama a Adriana, su mano fue a su entrepierna todavía cubierta con sus braguitas y le rozó el coño.

    Nenita, si ya tienes la braguita húmeda, cabrona, que putita saliste, tan recatadita que te ves.

    Ay Arturo, así me tienes, de solo ver como se nota tu enorme verga bajo tu ropa mi coño se humedece.

    Bueno nena, vamos a quitar estas braguitas ya no las necesitarás más.

    Arturo arroja a Adriana a la cama y le abre las piernas, y veo que hunde su cara en su coño, el cuerpo de Adriana se retuerce.

    Ayyy, Arturo tu lengua es increíble, me encanta como me comes toda.

    La lengua de Arturo se desplazaba desde el anillo del culo al clítoris, y cada que llegaba al clítoris lo succionaba suavemente, mi novia jadeaba y se retorcía y empezó a pellizcarse los pezones.

    No podía creer lo puta que se veía.

    Empezó a mordisquear y succionar el clítoris de mi novia, mientras dos de sus dedos se hundían profundamente en su coño, entraban y salían rítmicamente, sus jugos vaginales chorreaban, cada que sacaba los dedos Arturo algunas gotas escurrían y resbalaban por la rajita hacia su culito, levantó una de las piernas de Adriana tomándola del tobillo y haciendo que flexione las piernas para tenerla más abierta y hundió el dedo medio dentro del culo de mi novia al tiempo que hundía su cara en su vagina y sus labios se apoderaban de su clítoris.

    Mi novia se retorció, y se quejó, apretando las nalgas, pero pronto los quejidos se volvieron gemidos de placer.

    Aggg, duele, ay, que cabrón eres, por ahí nooo,

    Shh, tranquila, te va a gustar, que cerradita tienes la colita, me encanta como aprieta mi dedo, que suave y caliente se siente por dentro, anda afloja la colita para que goces y entre todo.

    Siguió empujando su dedo hasta que desapareció completamente en su culo, no lo podía creer, yo lo había intentado antes, pero siempre se quejaba que le ardía mi dedo en su culo y las veces que lo había intentado solamente pude introducir un poco menos de la mitad de mi dedo, siempre se ponía tensa y apretaba la cola diciendo que no le gustaba y que le ardía, por lo que desistía en mis intentos.

    Siguió mamando el coño de Adriana y el dedo en el culo de mi novia empezó a entrar y salir con facilidad, Adriana seguía retorciéndose y gimiendo. Las sensaciones fueron demasiado para Adriana, empezó a convulsionar y retorcerse en la cama.

    Me corrro, ayyy, me corro, – gritaba Adriana, mientras convulsionaba y Arturo recibía en su boca la corrida, chupando y disfrutando los jugos de Adriana.

    Al mismo tiempo yo estaba pajeándome y no pude aguantar más, chorros de leche salieron disparados de mi verga y se estrellaron contra la puerta del vestidor.

    Era increíble, que portento de macho, nos estaba haciendo acabar al mismo tiempo a mi novia y a mí y apenas empezaba, mordía mis labios para ahogar mis gemidos a fin de no ser descubierto.

    Después que terminó de correrse Adriana, Arturo se incorporó y buscó la cara de mi novia para darle un cachondo beso, mi novia lo abrazó del cuello fuertemente y se fundieron en un solo ser, sus lenguas se entrelazaron.

    Arturo, me vuelves loca, te necesito dentro, ya no aguanto, quiero que me cojas.

    Arturo se levantó y buscó en un cajón del escritorio, sacando una tira de condones, tomó uno, y escuché el rasgado del empaque.

    Ayúdame a ponérmelo nena- exclamó Arturo al tiempo que acercaba el condón a la punta de su polla y cubría la cabeza de su verga con él, mi novia presurosa empezó a desenrollarlo sobre el tronco.

    Ay cabrón, apenas te cubre tu verga, es tan grande, parece que el condón va a reventar.

    Ja ja, y eso que son extralargos, pero no te preocupes, aguantan bien, tampoco quiero que Ariel y tú bauticen a ml bebé.

    Ni lo digas, cabrón, anda, ya estoy que ardo, métemela.

    Arturo se sentó sobre la silla de escritorio de frente a donde yo me encontraba y le pidió a Adriana se empalara sola, de espaldas a mi, despacio se acomodó mi novia entre las piernas de Arturo y puso la enorme verga en la entrada de su coño, poco a poco empezó a descender su cintura hasta que se ensartó la verga completamente.

    Ay Arturo, que profundo me entra, siento ardor, nunca había tenido el coño tan lleno, me siento tan llena de verga.

    Aguanta, ¿acaso no era esto lo que soñabas? – contestó Arturo al tiempo que desplazaba la silla hacia adelante, hasta que llegó a poco más de un metro de la puerta del vestidor, indudablemente quería que fuera un espectador privilegiado y que pudiera observar claramente cómo se cogía a mi novia.

    Vamos, mi verga es tuya, disfrútala, muévete, putita.

    Adriana se movía en círculos, veía como se cerraban y abrían sus nalgas en cada movimiento.

    Ay Arturo, que rico siento, tu verga llega hasta lugares insospechados, jamás tocados, ay, siento que me abres por dentro.

    Si nena, siente una verga que te llene, que te haga sentir completa, satisfecha, bien follada, no como la del putito de Ariel, una verga de verdad, Anda cabálgame.

    Adriana se abrazó del cuello de Arturo y empezó a subir y bajar de esa inmensa verga, Arturo la agarraba de las nalgas y se las apretaba, guiando la intensidad y velocidad de las embestidas, su boca fue a sus tetas y succionaba sus pezones, veía toda la acción a sólo centímetros de mi cara, el coño de mi novia estaba abierto al máximo, me recordaba algunas películas porno de negros con vergas inmensas que penetraban alguna puta, sus nalgas estaban completamente rojas de los apretones que le daba Arturo, contrastando con su blanca piel.

    La tomó de la cintura y se incorporó quedando cargada y con la verga ensartada, sin ningún otro tipo de apoyo, con todo el peso de su cuerpo sobre la pelvis de Arturo.

    Ahhh, ayyy, me estas abriendo más, me rompes, me llega más profundo, siento que me desmayo Arturo, Ayyy, eres un Dios, gritaba mi novia.

    Posteriormente la depositó en la cama y la empezó a empalar duro, embistiendo largo y profundo, haciendo que mi novia dé un respingo en cada embestida y gritara de placer, poco a poco aumentó la velocidad de sus embestidas hasta que gritando exclamó.

    Ay, ya voy a acabar, ayyy que rico, me vas a sacar la leche, eres increíble.

    Yo aceleré mis movimientos, la verga ya me dolía de tanto que me había masturbado, y me corrí nuevamente saliendo disparados chorros de leche, Adriana se retorcía de placer, cerraba sus ojos y convulsionaba, estaba corriéndose también, juntos los tres, una triple corrida, los gemidos de Arturo y Adriana se hicieron más intensos, mientras que los míos eran gemidos ahogados, apretando mis labios, para no emitir sonido, hasta que en una última embestida Arturo la clavó profundo y se desplomó encima de Adriana, terminando de descargar su leche dentro de ella.

    Después de algunos instantes se separaron, y Arturo se sacó el condón lleno de leche, lo anudó y acercándose a la papelera al lado del escritorio lo arrojó, Adriana se incorporó y quedó sentada en la cama, se notaba agitada y cansada.

    Ufff, Por Dios, no lo puedo creer, fue fantástico, increíble, te juro que vi las estrellas, mira cómo me has dejado el coño, me arde mucho, pero fue delicioso.

    Ja ja, pues prepárate porque tu colita va a quedar en el mismo estado, me encanta tu culo, redondito y con tus nalgas tan tiernas y suaves.

    Sacó el mismo botecito de lubricante que mi culo ya conocía de un cajón de escritorio y sólo al verlo sentí una ligera comezón en la cola, recordando como ese lubricante me había puesto tan caliente, sonreía y se lo mostraba a Adriana.

    No Arturo, no, mi colita es virgen.

    ¿En serio?, no lo puedo creer, teniendo esa colita tan hermosa y que Ariel la haya respetado, ja, ja, si que es un putito- exclamó Arturo al tiempo que miraba hacia la puerta del vestidor sonriendo.

    No digas eso, no es que no quiera darme por el culo, siempre me lo pide, pero me da miedo, dicen que duele mucho.

    Ja ja, no te preocupes, yo te haré la colita, no te voy a mentir, duele, pero todos los culitos que he roto, regresan, es como las sabritas «a que no puedes comer solo una», ja ja -río, recordando el eslogan de una conocida marca de papas fritas.

    Me fascina desvirgar un culito y si es como el tuyo, tan lindo, tierno y redondito más, de sólo imaginarlo se me ha vuelto a poner dura ven apóyate en el escritorio.

    La tomó de la mano y la puso en posición, no opuso ninguna resistencia, pero noté cierta duda en su cara, su bonito culo quedó frente a Arturo que se relamió los labios y agachándose exclamó.

    Qué bonito culo nena, redondito y suave, eres un manjar, no sabes cómo lo voy a disfrutar- enterró su cara entre las nalgas y pronto escuché gemir a Adriana, la verga se me volvió a poner dura, ya me había corrido dos veces y parece que iba a ver una tercera, mis huevos ya me dolían.

    Solo se escuchaba el sonido de las chupadas en el culo y los gemidos de mi novia, cuando lo vi abrir el botecito y aplicar lubricante entre sus dedos sin dejar de chupar el culo de Adriana, dirigió su dedo a la entrada del culo de Adriana, frotó el botoncito rosado unos segundos con la yema del dedo y vi cómo iba desapareciendo la punta del dedo índice dentro del culo de mi novia, mi novia dio un respingo y se quejó un poco, pero no se resistió, estaba totalmente entregada, sentí mi propio culo hacer pucheros, creo que sentía envidia de mi novia.

    Así, nena, aguanta, tienes que relajar la colita.

    Adriana dio un suspiro y el dedo de Arturo se hundió hasta el fondo.

    Muy bien nena, así ya entró todo mi dedo, sientes como tu colita aprieta mi dedo, que suave y caliente siento, muy apretadita, aguanta, ahí va otro dedito.

    Ambos dedos entraron y desaparecieron dentro de la colita de mi novia, quien dio un gemido de placer y después empezó a culear hacia adelante y atrás, enterrándose solita los dedos llenos de lubricante con estimulante.

    Muy bien nena, así, que putita resultaste, solita te mueves y te entierras mis dedos, estoy seguro de que quieres algo más que dedos, ¿verdad?

    Mi novia dio un gemido como respuesta y Arturo levantó una de las piernas de Adriana para ponerla sobre el escritorio, y empezó a pasar su enorme verga por las nalgas de Adriana, refregando su verga en el canalito y punteando con su enorme cabeza la entrada del rosado agujero.

    Siente, todo esto te va a correr por dentro, te va a doler un poco, pero vas a gozar como nunca, el placer que solo una verga de un verdadero macho te puede dar. ¿La quieres dentro?

    Mentiroso, pensé, ¿doler un poquito?, con esa verga enorme le va a romper el culo, pero se lo merece por puta.

    Vamos métela, quiero sentirte.

    Arturo le abrió más las nalgas y empujó, un grito desgarrador se escuchó en el cuarto.

    Ay, me matas Arturo, es demasiado grande, ay, sácala.- Gritó Adriana apretando la cola y echando los brazos hacia atrás, empujando el cuerpo de Arturo, pero sin ningún éxito.

    Ya hermosa, ya entró la cabeza, siénteme, no me voy a mover hasta que pase el dolor, vas a ver el placer que sentirás cuando mi verga te recorra por dentro.

    Después de unos minutos mi novia empezó a gemir y mover el culo.

    Ay Arturo ya pasó un poco el dolor, es una sensación tan intensa, como si me hubieras traspasado con un bate de beisbol, agh, siento la colita tan abierta.

    Bien nena, voy a avanzar poco a poco, siente como te va abriendo mi verga, disfrútala, debes sentirte orgullosa de tenerme dentro, siente como te va abriendo y llenando, me encanta tu colita, es tan suave y tierna, ay nena, me vuelves loco, que rico aprietas, siento que me ahorcas la verga.

    Poco a poco le fue enterrando la verga, entre gritos y gemidos de mi novia, hasta que dejó de avanzar y se la dejó unos minutos dentro sin moverse, para después iniciar el vaivén lento y profundo.

    ¿Te gusta putita?, disfruta la verga de un macho, que te rompa bien el culo y te haga sentir mujer, mira la diferencia como coge un macho y como coge el putito de tu novio.

    Ay Arturo, me matas, te siento tan adentro, tan profundo, me estás rompiendo toda, me revientas, pero no importa, sigue, dale, más duro. Aghhh.

    La tomó del vientre y la hizo incorporarse, le dio un beso cachondo y la hizo girar hacia la cama sin sacar su verga del culo, y lentamente la fue recostando quedando ambos de costado a mí.

    Una vez en la cama la tomó de la cintura y empezó a embestirla rápido, su verga entraba y salía del culo de mi novia a una velocidad impresionante, y alcancé a notar una mancha roja en las nalgas de mi novia, era un hilillo de sangre, que se había esparcido entre sus nalgas, le había roto el culo el cabrón de Arturo, y no se la había metido por completo, mi novia se retorcía en la cama, sus cuerpos sudaban y pronto ambos anunciaron su corrida.

    Agh Arturo, me corro, me corrrooo- Gritó mi novia.

    Ay, así, aghh, me encanta, te voy a llenar de leche putita, que rico aprietas, me estás ordeñando la verga, no aguanto, ahí te va, te voy a sacar la verga hasta dejar solamente la cabeza dentro para que sientas como te entra la leche en el culo y te va llenando nena.

    Efectivamente le sacó la verga hasta dejar solamente cabeza dentro, era increíble que le haya entrado, el diámetro y la longitud eran colosales y el culito de mi tierna novia no era muy grande.

    Allá van mis mecos, siénteme como te lleno.

    Ah, Arturo, que ardiente se siente, ay, me quema tu leche por dentro.

    Después sacó la verga del culo de mi novia, dejándole el culo abierto y chorreando leche, le restregó la verga en sus nalgas, esparciendo la leche y se desplomó encima de ella.

    Ay Arturo, me has matado, no podré caminar en un mes.

    ¿Acaso no disfrutaste? – creo que lo vale, y la próxima ya no te dolerá tanto.

    Yo no pude aguantar más y nuevamente me corrí, mi verga y mis huevos me dolían, era la tercera corrida de la noche, mis piernas me dolían, así que me senté en el banco del vestidor, exhausto y aparté la vista del agujero.

    Los escuché incorporarse y después meterse a bañar juntos, unos minutos después salieron del departamento.

    Un par de minutos después, cerciorándome de que efectivamente se hayan ido, salí, todo me daba vueltas, me sentía tan confundido con lo que había pasado, sentía coraje, la sangre me hervía y al mismo tiempo estaba excitado, no sabía cómo iba a reaccionar cuando me encontrara con mi novia y Arturo.

    Esperé un par de minutos para asegurarme de no ser descubierto y salí del departamento, tan pronto salí, tomé un taxi a mi departamento, al llega al departamento caí rendido en la cama, algunos minutos después recibí un mensaje de Arturo donde decía que había dejado a Adriana en su casa, y una hora después un mensaje de mi novia dándome las buenas noches, ninguno de los mensajes respondí, tenía tanto que pensar, me sentía herido, con el corazón un poco maltrecho.

    Lo que pasó después se los cuento en el siguiente relato.

    Este será mi último relato por un tiempo, voy a hacer una pausa. Ha sido un gusto relatar mis experiencias y recordar viejos tiempos, la verdad, no soy escritor ni nada parecido, empecé a escribir mi primer relato simplemente para matar el tiempo, después de una cirugía que me obligó a estar mucho tiempo en reposo, y no pensaba escribir más, pero sus correos y comentarios positivos me animaron a seguir escribiendo, sin embargo, ya regresé a laborar y tengo muy poco tiempo libre, así que seguramente tardaré más en publicar.

    Como siempre, para cualquier comentario, mi correo es:

    [email protected].

  • El crucero (03): La primera noche

    El crucero (03): La primera noche

    Al llegar, Nuria da un par de besos a los dueños de tu amigo, y tras sentarse empiezan a hablar, a reír. Tenían ganas de conocer a la jinete que cabalgo a su madre hasta hacerle ganar la gran carrera de las mamas, Nuria les cuenta cada detalle, cada sensación, y ellos le explican la sorprendente historia de sus esclavos, “rabo” era el marido de Rosa, aunque antes de la boda ella ya tenía claro que lo que más deseaba su novio, era ser su esclavo, su perrito faldero. Su verga se endurecía más y más cuando lo azotaba, lo insultaba, cuando se traía algún amigo con el que follar mientras “rabo” de rodillas los miraba, luego la lengua del esclavo limpiaba el coño de su ama, la verga de su amante y cualquier resto que hubiese quedado en la cama o en el suelo. Uno de estos amantes fue Juan, con el que Rosa enseguida congenió, a la segunda cita, él ya trajo a “cornuda” una hermosa venezolana a la que conocía desde sus tiempos de universidad, una chica que tras unos meses saliendo con él, le confeso que lo que más deseaba era ser sumisa, le excitaba que la penetrase encadenada a la cama, el sudor de la espera antes del primer latigazo, sentir sobre su piel un trozo de hielo derritiéndose o el fuego de las gotas de cera de una vela.

    Tras unos meses, Rosa y Juan decidieron ir a vivir juntos, y aparearon a sus perritos, la ceremonia fue en un salón privado donde tras una sesión de látigo, con sus espaldas, culos y pechos azotados hasta sangrar, les hicieron follar sobre unos viejos tablones rugosos y claveteados. Tumbaron a “cornuda” sobre la madera, ella gimió un poco cuando las astillas se clavaron en su espalda llena de verdugones, luego hicieron subir sobre la hembra a “rabo” que totalmente empalmado clavo al instante su verga en la mujer, mientras temblaba con cada nuevo azote que le daban sus dueños.

    Entre lágrimas de dolor y vergüenza, cornuda se corrió de placer con aquella verga sumisa golpeando una y otra vez su coño, Juan le ordeno que girase la cara, quería disfrutar de sus lágrimas, sus mocos, del temblor de sus labios, mientras rabo seguía fallándola una y otra vez. Por su parte Rosa, embutió de un golpe un consolador de castigo en el culo de su marido al mismo tiempo que Juan se corría sobre la cara de su perra. Y así empezó su historia. Mientras hablan, tú sigues de pie, escuchando y excitándote con cada una de sus palabras, con cada situación que tu imaginación te hace vivir en ti, estás nerviosa, inquieta, te muerdes los labios, mientras no sabes que hacer, donde mirar, allí de pie, desnuda e ignorada por todos. Juan te silba y con el dedo te indica que te acerques, tu miras a tu dueña y ella con un manotazo en tu culo, te dice que a que esperaras para obedecer a tu amo, él magrea tus tetas, pellizca tus pezones, luego baja su mano hasta tu coño, agarra con fuerza tu vello y de un tirón te hace caer sobre rabo y cornuda.

    Sollozando te enroscas junto con ellos, el camarero trae la carta, Nuria, Juan y Rosa van eligiendo platos, ella es vegetariana, pero a los demás les encanta la carne. Una vez han elegido, también le dicen al camarero que traiga un cubo con algunos restos de comida para los perritos. El sonriendo se va. Nuria les cuenta tu historia, tu sumisión, se sorprenden que aun te llame Joanna, de que tu dueña no te haya puesto un nombre más acorde con tu condición, Nuria con el pie te levanta la cara y te pregunta si quieres tener un nombre de perrita, tu bajas la mirada, una patada te hace ladrar suavemente, Nuria decide que durante el crucero, te llamará trisky, como una perrita esclava que su madre la conto que había conocido de joven.

    El camarero trae los platos, y tras dejarlos en la mesa, trae un cubo con agua sucia y restos de comida flotando en ella. Cornuda va hacia él, rabo también hunde su hocico, y tu sonrojada y asustada también intentas ir cogiendo con los dientes, algunas de las cosas que están en el agua. También bebes un poco, mientras sonrojada oyes como Nuria les cuenta más y más detalles de ti. Tras comer un rato, Rosa grita “top” y al instante sus perritos sacan la cabeza de la comida y la miran con sus caras sucias, tu tardas unos instantes en imitarles, Rosa os indica la mesa, ahora os toca ganaros la cena que habéis comido, rabo y cornuda corren bajo la mesa, y tu con ellos, Juan nota la boca de su esclava, pero una patada la hace caer, hoy le apeteces tú, eres la novedad y quiere ver que tal engulles una verga. Tú empiezas jugueteando con la punta de su miembro, mientras acaricias sus testículos, nadie te ve, pero sonríes orgullosa al notar como tu boca, tus labios, engordan y endurecen su deseo. Nuria siente la boca de rabo lamiéndole una y otra vez su sexo, lo agarra por los pelos y lo estruja contra ella, él sigue lamiendo, excitándola, haciendo que calambrazos de placer se vayan sucediendo con cada nueva lamida de aquella lengua caliente y sumisa. Enfadada y sollozando, cornuda empieza a lengüetear el sexo de Rosa.

    La cena va pasando de manera perfecta, los platos exquisitos y vosotros bajo la mesa haciendo disfrutar a vuestros dueños. Rosa no deja de mirar al camarero, un cubano negro como el carbón y de casi dos metros de alto. Le gusta y le apetecería follar con él, pero las normas son muy claras, solo las esclavas con collar negro y con el permiso de sus amos, pueden ser usadas por la tripulación, ahora es rabo quien va lamiendo la entrepierna de su dueña, que no deja de mirar aquel caribeño que nos acaba de servir el postre. Juan le dice que hay una manera, pero ha de cruzar la línea, ella le comprende y afirma con la cabeza, es ama, pero también se ha excitado más de una vez imaginándose sumisa. Él le pone un collar negro, y llama al camarero, este agradece los elogios por la comida y el servicio y se queda sorprendido cuando Juan le dice que por favor acepte a Rosa como propina por el excelente servicio recibido. Rosa se levanta y deja caer su vestido, es joven y hermosa, morena, con unos pechos prominentes y un culo redondo y apetecible. El camarero sonriendo y sin dejar de mirarla, dice que todas las propinas se reparten, Juan lo ve perfecto, y autoriza a que todos los cocineros y camareros que lo deseen disfruten de ella., Por un instante Rosa mira a Juan asustada, no era eso lo que ella pensaba, él le pregunta si tiene algún problema, y ella bajando la cabeza dice –No amo, luego sigue dócil y obediente la correa de la que tira el camarero hasta perderse tras una de las puertas de servicio del personal del comedor.

    Tras quedar solos, Nuria, Juan y Rosa deciden ir a dar una vuelta, les sigues atada a tu correa, piensas en tu nuevo nombre “trisky” en el fondo te gusta, mucho más que rabo o cornuda, Juan comenta que en la sala Corinne, hay un concurso de barro y azotes para hembras. Al llegar ves media docena de esclavas esperando junto a una gran piscina de barro, Nuria os apunta, y uno de los animadores, tira de vuestras correas y os ponen junto a ellas. Aun traen un par más de hembras. Cuando llega la hora, os dicen que en la piscina hay 30 cajitas con un nombre, es la parte de vuestro cuerpo donde os azotaran. Las primeras cinco que consigan sacar dos cajitas, pasarán a la final. Para hacerlo más divertido, os atan las manos a la espalda, habéis de coger las cajitas con los dientes. Una vez atadas, con un patada en el culo te echan al barro, caes, te hundes en él, estás asustada, no puedes levantarte, te falta el aire, abres la boca, se te llena de barro, al final consigues ponerte de rodillas y sacar la cabeza, toses, escupes, mientras la gente ríe y apuesta a ver cuál de los animales ganará, junto a ti, una chica oriental hunde su hocico en el barro, con la rodilla ha notado el recipiente y orgullosa saca su boca llena de lodo con la cajita entre los dientes, la gente aplaude, tu notas como una cajita se clava en tu pie, también hundes tu cara, pero alguien también lo hace y en el último momento te quita tu trofeo, cerca de ti, cornuda sigue buscando desesperada sin encontrar nada. Con los pies vas recorriendo toda la piscina, mientras aquí y allá los distintos animales van encontrando cajita tras cajita. Por fin encuentras una, ahora si la coges con todas tus fuerzas y la llevas hasta el chico que las recoge, restriega tus pechos para poder ver tu número de camarote y te devuelve al barro, tan solo quedan 3 plazas, ahora es cornuda quien consigue su primera cajita, tú al instante levantas tu cara con otra entre tus dientes. Y al final también cornuda consigue coger la última plaza que quedaba para poder seguir en el concurso…

    Mientras, lejos de allí, en otro de los restaurantes, Raul, Jacques y yo estamos con nuestras esclavas, nosotros cómodamente sentados, y ellas en unas sillas muy especiales, te miro, estás jadeando, una mueca de dolor en tu rostro, sudas copiosamente mientras te muerdes los labios para no gemir, la silla es de madera, con un vibrador inmenso en el centro, un consolador forrado en cuero, clavado hasta el fondo de tu coño que no deja de moverse al ritmo de aquel aparato, a su alrededor, decenas de pequeñas púas se clavan en tus nalgas, en tu culo. Zuleia no quiere gozar, no quiere disfrutar, pero aquel movimiento constante dentro de ella la hace contornearse, gruñir, Junto a mi está Margot, que también sufre como vosotras, me gusta acariciarla, limpiarle el sudor que empapa su rostro, jugar con sus pezones duros y levantados, A ti te acaricia Jacques, ordeña tus pechos, le gusta pellizcar tu vello denso y oscuro. Raúl abofetea a Zuleia, no le gusta nada que se corra sin su permiso, que goce de un placer sumiso que él no ha autorizado…

    En la sala Corinne, una vez termina la recogida de cajitas, salís chorreando barro, todas las que no han conseguido como mínimo dos cajas son enviadas junto a sus dueños, que enfadados ya las esperan con el látigo en la mano. Estás nerviosa, miras a cornuda, también ella respira de manera agitada, pero sois finalistas!!!, van abriendo las cajitas, tus 10 azotes serán cinco en tus pechos y otros cinco en tus culo.. Cornuda baja la mirada, los primeros serán en su espalda y los segundos en su coño. Otra chica será azotada en pechos y nalgas, otra en culo y tetas, y finalmente una joven japonesa, recibirá 5 en sus pechos y otros 5 en su sexo. Ponen una madera no muy ancha de lado a lado de la piscina, y vosotras sobre ella, con las manos en la cabeza y las patas bien separadas. Cada uno de los dueños azotará a alguna esclava que no sea la suya, Juan lo hará con la chica japonesa, y a ti te castigará un amo desconocido. Te muerdes los labios, tiemblas de dolor cuando el látigo se enrosca en tu piel enfangada, te arden las tetas mientras lloras y escupes. Al tercer azote ya cae una de las chicas entre los aplausos de la gente. Siguen los azotes, silba el látigo y te dan el quinto azote, justo en tu pezón, entre lágrimas resistes, otra de las chicas cae cuando entre temblores le fallan las piernas, Solo quedáis tres, cornuda, tú y la chica japonesa, que parece resistir sin inmutarse cada uno de los golpes. Ahora es tu culo el castigado, el cuero se enrosca en tus nalgas y al tirar de él, entre temblores y chillidos, te fallan las piernas y caes. Llegan los tres últimos azotes, la chica japonesa sigue firme, cornuda no para de temblar, de moverse, y Nuria decide actuar, Juan azota bien, pero ella tuvo a la mejor maestra, su madre le enseño como y donde azotar para doblegar a cualquier animal. El propietario de la japonesa, mira a cornuda, ella tiembla asustada al ver el látigo lleno de barro y sangre. Juan dice que el siguiente latigazo lo dará Nuria. Juan se acerca a su hembra, y en voz baja le dice que resista un golpe, uno solo. Ella afirma con la cabeza, Cierra los ojos, aprieta los puños y el cuero golpea de lleno su vulva, chilla, se estremece, tiembla, se mea, casi cae cuando se le doblan las rodillas, pero resiste, aunque no tendrá más oportunidades, el siguiente golpe la echará al barro. Nuria mira a la chica oriental, que levanta orgullosa su cara, muestras sus pechos azotados, y separa sus piernas. Nuria sigue mirándola, respira hondo y apunta con precisión, con todas sus fuerzas lanza el golpe de abajo a arriba, el cuero se clava en la entrepierna de la hembra, llega hasta el fondo de su coño, la levanta en vilo, la hace chillar como ninguna lo ha hecho hasta ahora, y cae medio desvanecida entre los aplausos de la gente que vitorean a cornuda.

    Antes de entregar a las hembras, con una manguera las lavan, asoman todos las marcas de los azotes, una vez secas, cornuda corre junto a Juan, que la abraza, ella sollozando de dolor y alegría restriega su piel desnuda y castigada en el traje de su dueño. Tú con la mirada baja te acercas a Nuria, que te da un beso en los labios, está orgullosa de ti, acaricia tus azotes y con una palmada en el culo te envía junto a cornuda y rabo. Uno de los organizadores cuelga en el cuello de cornuda una medalla dorada. La chica llora de alegría, de emoción, nunca pensó en ganar, y abrazándose a Nuria le da las gracias una y otra vez, por haber derribado a la japonesa.

    Decidimos ir a dar una vuelta por cubierta, miles de estrellas decoran un cielo sin nubes, una ligera brisa eriza tu piel, de fondo se oye el murmullo apagado de las olas en un mar que apenas se mueve, algunos cruceristas y animales, disfrutan de esta primera noche repartidos en algunas de las muchas hamacas que hay. Cornuda no deja de mirarse la medalla, orgullosa y satisfecha, Nuria tira de la verga de “rabo”, y se deja caer en una de las tumbonas, él dócil y sumiso deja que ella lo use como un consolador caliente y apetecible, Juan te pone a 4 patas, te hace levantar el culo, para follarte por tu coño, sientes sus manos agarrándose a tu cintura, y al instante su verga entra dentro de ti, no sientes ningún dolor, al contrario estás excitada, mojada y caliente y agradeces aquella vara calmando tu deseo, te mueves al compás que te marca, jadeas, gimes, él se vacía dentro de ti y tú te corres entre espasmos de placer. Desde un rincón cornuda, os mira, se excita y se masturba viendo como su dueño disfruta de ti, como te empala hasta el fondo, como te hace jadear de placer una y otra vez.

  • Un fin de semana en Cap d’Agde, Francia (agosto 2019): 13-16

    Un fin de semana en Cap d’Agde, Francia (agosto 2019): 13-16

    Ultima parte de nuestro fin de semana «liberal» en Cap d’Agde, donde mi esposa ya es una completa zorra Hotwife, que hace todo lo que su Bull/Toro negrata francés Didier le pide para comportarse cual excelente putilla después de cenar, y nos dirigimos a un Cine Porno…

    Capítulo 13: Cine L’Instant X.

    La entrada al cine son 12€ la pareja… Este es pequeño, con un lavabo después de la entrada, las butacas en hileras (unas 60 plazas) y al final, debajo de la pantalla, unos sofás para poder desmadrarse y hacer una segunda pantalla en vivo, directamente en la Platea. Pasa Didier primero estirando de la correa a Laia y a unos metros los sigo, viendo cómo se vuelven las miradas de los hombres que se están pajeando y le miran su culo con la colita de zorrona. La película es bastante significativa, con una rubita siendo reventada a polvos por cuatro negros de pollones descomunales… me fijo y veo una pareja a mitad de la Platea, con ella rodeada de hombres montándose un Gang-Bang….

    Didier se sienta delante del todo de la Platea, Fila 1, que está totalmente vacía. En toda la sala habrá unos 15-20 hombres. Yo me siento en la Fila 2, detrás de Didier que tiene a su derecha a Laia, quedando a su derecha 2 butacas vacías. Aparecen enseguida dos hombres de unos 40 años y se sientan en la derecha de Laia… Después de 5-10 minutos de película, Laia se empieza a tocar de lo caliente que se ha puesto (yo también) y Didier le da un manotazo para que separe las piernas y uno de los hombres la empieza a masturbar con los dedos y ella le devuelve el favor bajando su cabeza y sacándole la polla del pantalón. Didier estira de la correa y hace que Laia baje al suelo poniéndose de rodillas mientras empieza a comer con fruición el nabo del tipo. El segundo hombre se saca también la polla y la pone para que a dos manos vaya alternando Laia los lametones, y entre ambos le soban sus melones que le cuelgan. Aparece otro tipo, y bajándose los pantalones la empotra por detrás, cual perrita, que babea de mamar las dos pollas. Tanto Didier como yo vemos la fiesta que se está montando, más interesante que la película, y un sonoro plof-plof-plof del chocho chorreante de Laia, hasta que un alarido suyo entre temblores la hacen derrumbarse al suelo. Uno de los chicos a quien le estaba comiendo la polla no está satisfecho, y levantándose se pone de rodillas detrás de Laia y de un golpe la empotra por el culo, y oímos un gritito de placer… Empieza el bombeo a su culo y en pocos minutos entre temblores se vuelve a correr en otro orgasmo, lanzando un par de chorros que encharcan el suelo mientras emite unos fuertes gemidos. Didier estira de la cadena pero Laia continua inmóvil en el suelo, aunque notamos como le vienen algunos espasmos postcorrida.

    Didier se enfada y la llama estirando de la correa, cual perra, para que se levante y se siente encima de su nabo que acaba de sacar entre los pantalones. Ella se levanta, y con cara lasciva mira libidinosamente el trabuco de Didier, y dándole la espalda, lo acomoda en su coño deslizándolo suavemente. Aparecen más chicos, que se ponen delante de los dos y empiezan a bajarse los pantalones, sacando sus cipotes, de todos los tamaños… y mientras va moviendo el culo en círculos para disfrutar al máximo de sentirse ensartada de polla, los hace ponerse en fila y empieza a chupar pollas… va repartiendo mamadas a diestro y siniestro, y van cayendo todos los machos descargando su leche en la boquita de Laia… Que pedazo putón verbenero que se ha vuelto!!! No para de tragar los lechazos que le tiran, aunque algunos también descargan sobre sus pechos…

    Cuando ya debe de haberse comido más de media docena de pollones, de repente, Laia empieza a convulsionar y doblándose hasta tocar el suelo con las manos se queda más muerta que viva, cayéndose de las piernas del gavacho, veo cómo va saliendo el pepino de Didier, resbalando entre su leche (se ha corrido dentro de ella) y un gran charco de la corrida de ella…

    No me ha dado tiempo a nada, solo he sido espectador esta vez… Se recomponen ellos dos y ambos comentan que están secos, que vayamos a tomar algo fresquito, así que nos recogemos y saliendo del cine caminamos por el Boulevard.

    Capítulo 14: Melrouse con Didier.

    Son las 12 de la noche. Caminamos Didier y yo juntos, y Laia detrás de nosotros, sujeta por la cadena que lleva a su cuello y moviendo su culo al caminar para bambolear la cola de zorra que sale del plug de su culito… Toda sudada de sexo, de hembra bien follada, va exhibiéndose, como reclamando más hombre que la satisfaga.

    Pasamos por delante del Melrouse, pero somos tres, y solo dejan pasar a parejas, así que al final acordamos que pasen ellos dos y yo me quedo fuera. Didier, estirándola de la cadena, la lleva a la barra y pide algo para los dos que casi lo devoran de un trago… Yo desde fuera los veo, y desde luego, puedo confirmar que estaban secos… Después, Didier la lleva a una de las jaulas y mete dentro a Laia, empezando está a bailar y comportarse como una Go-go o una Show-girl… Tanto hombres como mujeres se acercan a ella y metiendo sus manos por entre los barrotes, le acarician las piernas y alguna llega a subir sus dedos hasta el conejito y agarrándola de la cola del plug la hace ponerse en cuclillas para poderle meter mejor mano en su chocho, y al mismo tiempo, un hombre le acaricia y pellizca los senos… después de un buen rato de mete-saca dedos, vemos (Didier desde la barra con otro cubata, y yo desde fuera del Melrouse) como Laia se cae de culo entre espasmos y salpica la cara a la chica con los fluidos de su corrida, menudo squirting!!!

    Didier se acerca, la coge de la cadena y obligándola a bajar de la jaula, la deja entre la pareja que la estaban tocando arriba en la jaula, y que le hacen un bocadillo, acariciándola sin parar. Esta más caliente que la pipa de un indio, y Didier también se une a la fiesta de sobeteo… Pero en el Melrouse ya no se puede ir a alguna cosa más, así que salen los cuatro y nos movemos por la calle hasta llegar al parquing que hay fuera, y entre los coches, Didier sujeta a Laia de la cadena y la chica se sienta en el suelo para comerle el potarro, mientras su marido la abraza por la espalda y con sus manos sobetea sus cocos, estirándole de los pezones… Laia se retuerce de placer y a la chica que le hace el cunnilingus, le empieza a chorrear la boca al provocarle otro orgasmo… tengo perdida la cuenta de sus corridas, pero voy a necesitar mucha ayuda cuando volvamos a Barcelona para satisfacerla mínimamente, al ritmo de polvos por día que lleva…

    La chica se estira en el suelo, abierta de piernas y ahora es Laia la que le devuelve la comida de coño, mientras estando ella en cuatro, el marido empieza a montar a Laia por el culo sin que esta se queje. Didier se acerca a la chica, y poniéndose de rodillas le ofrece su vergota, que esta engulle hasta que entre sacudidas vemos como se corre. Didier se mueve para meterle su polla en la boca de Laia y el marido continua bombeándole el culo. Yo me acerco por detrás de Laia, no tengo espacio para meterle mi polla en su conejo, pero si para cogerle sus labios vaginales con mis manos y estirárselos rítmicamente hasta que se desploma encima de Didier, el cual, junto con el marido, no se han corrido todavía. Paramos todos, y nos presentamos.

    La pareja que pensábamos que eran marido y mujer, resultan que son amigos. Son franceses, ella es Sandra, una morena de 35 años lesbiana, que va junto a su amigo Rene, que es hetero para tener aventuras en Le Cap d’Agde (el acceso a la mayoría de sitios es para parejas) y así pueden tener los dos lo que buscan ya que no disponen de pareja para poder hacerlo.

    Sandra se despide de nosotros y se va para su apartamento, pero Rene (al igual que nosotros dos) está sin correrse y nos pregunta si vamos a otro sitio para continuar la fiesta (ósea, corrernos todos), a lo que Didier le propone de ir a su apartamento.

    Capítulo 15: Domingo noche.

    Son las 3 am de la madrugada, cuando llegamos al apartamento. Didier nos sirve un gin-tonic a todos, y en la terraza vemos la fiesta que hay por las calles… cuanta lujuria y perversión!!! Rene se mira a mi mujer y empieza a bailotear con ella mientras yo me pongo por detrás… Ambos empezamos a sobarla, culo, pechos, coñito… y ella va moviendo las caderas de forma que me azota con la cola del plug… Rene se morrea con mi zorra, y le pregunto al oído que como puede ser tan puta, y sin dudar me responde rápidamente: me gustan las pichas y me quiero follar esta última noche tres. Levanta los brazos hacia el techo, mientras baila y así darnos mejor acceso a su cuerpo, y Didier riéndose le dice: Ma petite copine cochone et coquine, algo así como: Mi putilla guarrilla… Total que entre los tres la vamos poniendo más caliente y yo desde atrás, le saco el plug un momento y meto uno, dos dedos en su culo, que más que entrar resbalan para adentro de lo caliente y mojada. Se lo vuelvo a poner y continúo acariciándole las nalgas y sus largas piernas.

    Estamos en la terraza, y en otras terrazas hay fiestas similares y gente que al igual que nosotros, también vemos las “fiestas particulares”. Le empujo la espalda a Laia hasta ponérsela horizontal y ella para no caerse, agarra con cada mano las trancas de Didier y Rene, y ellos la aguantan cogiéndola de sus melones. La inserto con mi cipote, que tal como tiene el coño, resbala y no noto presión alguna… vamos, que parece que este follando agua, casi no toco las paredes del conejo!!! Y ella, que no pierde fuelle se amorra alternativa al pollón de su Toro Didier y de Rene, que es normalita, como la mía. Voy bombeando, pero con el pedazo de agujero que le están dejando todos los machos que están jodiendo con mi hembra, me va a costar poder correrme, así que como tenía el culo antes bien mojado, le comento:

    A: Cariño, quieres que te folle bien?

    L: Glub, glub, SI¡!

    A: Putilla, quieres que te reviente ese culito prieto?

    L: Agg, SI amor. Dame bien!!

    A: Estas caliente eh, guarra?

    L: Uff, SI, mucho, fóllame ya ¡!!

    A: Espera puta, que te voy a regar el culo… Y cogiendo el plug de la cola, estiro y sin esfuerzo cae al suelo.

    L: Humm, dame polla!! Méteme la verga!!!

    A: Tranquila guarrilla que ya voy ¡!

    Empiezo a meter mi pene por su culo, y entra suave y sin ningún tipo de oposición. Mientras oigo los lametones que está dando a esas dos pollas.

    A: Que, puta, era esta lo que querías? Querías mi cipote, cerda?

    L: Si…

    A: Mira que eres putón… Te gusta?

    L: Siiii… soy tu puta, toda tuya… glub, glu, arg, soy muy guarra, para tener caliente a mi macho. Te gusta amor tener esta puta guarra?

    A: Uff si, si, me corro zorra…

    Así que me corrí, y después de unos segundos inmóvil, empecé a sacar mi pene de su cueva, y casi de inmediato le empezó a chorrear mi lefa… Me siento en una de las butacas y contemplo el espectáculo de Laia comiendo pollas con deleite, saboreándolas con fruición,

    Rene, ve su oportunidad (también tenía en ese momento Laia cogido el cipotón de Didier con las dos manos) y se escapa a la parte posterior, se pone un condón (que no acabo de ver de dónde lo ha sacado, y la inserta por el conejo. Es su turno, y follándola con ahínco y a un buen ritmo, el plof, plof de las embestidas hasta el fondo resuenan en la noche, agarrándose para meterle bien su polla, de los melones, hasta que después de un buen rato, el francés entre gritos se corre. Que escandaloso¡!

    Rene retira el condón que deja caer en una esquina y se sienta en otra butaca. Didier se mira a Laia, y con la mirada se entienden. Hace una noche fresca y el polvo a la fresca se agradece. El negro le da la vuelta a mi mujer, y hace que se apoye en la mesa. Su cipotón está más que ensalivado, así que lo introduce en la zorra mientras le cambia la cara a esta, notando como va entrando a todo lo largo de su vagina hasta llenarla por completo, y… entre espasmos, temblándole las piernas, la muy guarra se corre… No ha aguantado ni una embestida de su Toro francés… la muy viciosa ha acabado de rodillas en el suelo.

    Didier se pone sobre su culo y empieza a meterle polla, mientras Laia abre tanto los ojos como la boca al notarla y con otro grito se vuelve a correr… Y le digo a Laia:

    A: Puta¡!!! Te gusta tu torito negro? Todavía quieres que te den más de lo tuyo?

    L: Si, siii, aggg, uff, mas… Tres bien Didier¡!!

    A: Serás zorra¡!! Te vas a enterar con el cabrón del gavacho…

    Y riéndose, Didier, empieza a cabalgarla sin piedad por el culo, mientras por los gritos de Laia intuimos que está empalmando orgasmo detrás de orgasmo, y porque vemos como entre las piernas van saliendo unos chorros a presión increíbles de sus corridas… Después de tranquilamente más de quince minutos reventándole el culo a orgasmos, da un alarido y es el, el que se corre dentro del culo de Laia. Se retira el cabrón y empieza a salir leche… y más leche… y más… Puto negro, se ha vaciado los huevos a conciencia en mi hembra.

    Todos cansados, destrozados, y bien follados, después de beber agua fresquita para reponernos, nos vamos a la cama a dormir desnudos. Didier deja a Rene (ya es tarde) que se quede, pero el capullo dice que dormirá en uno de los lados de Laia, y claro, el estará en el otro… Así que entre ambos franceses, se sitúa Laia, completamente abierta de piernas, normal, debe tener ambos agujeros como un volcán… y yo en un extremo. Vaya día…

    Capítulo 16: La vuelta a casa del lunes.

    La vuelta a casa fue muy relajada… Nos levantamos el lunes sobre las 13 h y mientras Rene se despedía de nosotros, Didier mira la nevera, se pega una ducha y sale del apartamento. Después de unos minutos aparece con unos platos como combinados de pasta y carne, y una ensalada, todo empaquetado de comida hecha… De mientras nos habíamos duchado nosotros, así que cuando aparece empezamos entre los tres a poner la mesa y sacar agua fría de la nevera, ya que no está el cuerpo para más. Comemos como si hiciese días que no lo hiciésemos y después de unos cafés, Didier nos entiende y nos da “cuartelillo” para volver a casa. Estamos agotados. Eso sí, antes de marchar, Laia le pide el número de teléfono móvil a Didier, y este le pregunta si está en alguna web de contactos, y nos dice sus usuarios en Libertic, Nous Libertin, Wyylde y SpicyMatch… que apunta en su móvil en un meganuevo contacto que le ha hecho a su “Bull” negro Didier…

    Por el camino, conduzco solo yo y Laia va todo el viaje durmiendo, por suerte sin tráfico, y aunque al llegar a casa me ayudó a descargar y colocar las cosas, ni cenó, solo se tomó, un vaso de leche con cola-cao y unas galletas y a las 22 h ya estaba en la cama, completamente en “bolas”, boca abajo con las piernas muy abiertas… Se podía observar perfectamente como tanto su conejito como su culo estaban sonrosados y abiertos… La putona se lo había pasado en grande. No hacía falta preguntarle donde iremos el año que viene, el 2020 volvemos seguro a Cap d’Agde para reencontrarnos con su Bull negrata Didier, y yo seré su “Cuckold”.

    Al día siguiente a las 7 am, mientras Laia se tomaba el primer café en pelotas en nuestra terraza, cogió su portátil y empezaba a abrir cuentas en Libertic, Nous Libertin, Wyylde y SpicyMatch, con algunas fotos suyas sola, y algunas nuestras (del Glamour Beach / Mousse Party) como pareja cuckold + hotwife, buscando Bull con polla de +20cm… Me parece que nuestra vida sexual se va a poner más que interesante con el zorrón que tengo de mujer…

  • Tras bambalinas (capítulo 10)

    Tras bambalinas (capítulo 10)

    Capítulo 10. La defensa de las siervas: ¡Los royal knights en movimiento!

    En el capítulo anterior Serena logro coronarse como la ganadora del Gran Festival de Hoenn, así que después de una cita romántica entre los novios, Anthony y sus esclavas se disponían a tener una apasionada noche de diversión para recompensar a la performer. Sin embargo esta fue interrumpida por Malva, la miembro del Alto Mando de Kalos, quién no sólo confirmó las sospechas del chico sobre Palermo sino que también le ofreció una alianza para derrotarla.

    Al día siguiente todos en el apartamento se levantaron algo tarde, así que después del desayuno fue cuando el chico permitió que las chicas salieron de compras, con la excepción de Jenny, ya que la oficial era una pieza clave en sus nuevos planes. Por lo que unas horas más tarde, cuando Alexa, Shauna y Serena regresaron a la casa cargando algunas bolsas de compras se encontraron con una sorpresiva revelación.

    — ¿En verdad tienes que irte, Jenny? —preguntó Serena con ternura al ver a la oficial con una maleta en la sala de la casa, lo cual la entristeció un poco.

    —Me temo que sí, Ama Serena. A pesar de que estos fueron los días más increíbles de mi vida, todavía tengo una importante misión que cumplir y para ello debo regresar a mi trabajo de inmediato —explicó la mujer de forma dulce, pero respetuosa, antes de guiñarle un ojo a la chica.

    —Pero le aseguro que nos veremos de nuevo y más pronto de lo que cree, mi Ama. Entonces estaré completamente a su servicio y al del Amo Anthony —y tras esas palabras la oficial unió sus labios con los de la joven, quien tras un breve instante de sorpresa no dudo en corresponderle.

    —Esperaremos ese día con ansias, Jenny. Además de que confió totalmente en ti —respondió Anthony con una sonrisa mientras tomaba la cintura de Serena, recibiendo una sonrisa de la oficial, quién salió de la casa dispuesta a cumplir con su nuevo objetivo y no decepcionar a su Amo.

    Mientras tanto en la habitación principal de una lujosa mansión en Kalos se puede apreciar como Palermo estaba recostada a 4 patas sobre su espaciosa cama King-size, pero eso no era todo ya que la productora estaba siendo penetrada por 2 jóvenes mientras se encargaba de lamer apasionadamente la verga de un tercero.

    Los 3 jóvenes embestían a la mujer con intensidad y pasión, y esta a su vez les correspondía moviendo sus caderas y permitiendo que la enorme verga que invadía su boca se adentrara cada vez, mientras la lamía con lujuria. Por lo que no era sorprendente que después de unos minutos después ellos lo soltaron todo dentro de los orificios de Palermo, quien dejó salir un gran gemido de placer y comenzó a tragarse todo el semen que cayó en su boca con lujuria.

    Tras un breve instante de descanso aquellos chicos sacaron sus miembros del cuerpo de la mujer, quién con una gran sonrisa de satisfacción se sentó sobre la cama frente a ellos y con gran parsimonia estiro sus pies.

    —Lo hicieron muy bien, chicos. En verdad necesitaba de esto —comentó la productora, quien a pesar de lo complacida que estaba, nunca dejo su habitual tono de superioridad.

    —Es un verdadero placer estar a su servicio, Ama Palermo. Los Royal Knigths solo existimos para su placer y diversión —respondieron los tres chicos al unísono al escuchar la voz de la productora, mientras se ponían de rodillas frente a ella e inclinaban sus cabezas antes de besar los pies de la mujer.

    —Lo sé, mis lindos niños. Pero antes de seguir con nuestras actividades me gustaría hablar un poco con ustedes —dijo ella con una sonrisa antes de dirigirse hacia el chico que tenía más cerca.

    —Alphonse ¿Consideras que dentro de mis cazadores haya alguno que sea digno de ser ascendido a Royal Knight? —preguntó la productora con interés y su habitual tono altivo.

    Mientras que el aludido, un hombre musculoso y de tez morena que no aparentaba tener más de unos 25 años, cuyo cabello y ojos eran de un brillante color negro y que estaba situado en medio de sus compañeros inclino un poco más su cabeza para besar los pies de Palermo una vez más antes de responder con su voz profunda.

    —Mi adorada Ama, me temo que en este momento dentro de nuestras filas no hay nadie que cumpla con los requerimientos necesarios para ascender a tan importante puesto, a excepción de una persona.

    — ¿Y de quién se trata? —preguntó ella, aunque de cierta forma ya intuía cual sería la respuesta de su esclavo y eso la incomodaba un poco.

    —De su sobrino Anthony, mi Señora. Su experiencia en campo es superada únicamente por la de nosotros —mencionó Alphonse señalándose a el mismo y a sus compañeros —Además de que su nivel de combate actual es muy superior al de la mayoría de los líderes de gimnasio. De hecho si él se lo propusiera sería capaz de conquistar la Liga sin demasiadas dificultades.

    Al oír aquello la mujer se mordió el labio y lo pensó por unos momentos. Ella siempre supo que Anthony era muy bueno en su trabajo, fue esa la razón por la que decidió dejar la misión de Serena a su cargo, pero también era cierto que ella lo odiaba y no confiaba del todo en él… Aunque pensándolo mejor… Ascender a su sobrino no solo era la manera perfecta de mantenerlo vigilado, sino de tenerlo bajo control.

    —No tengo ningún inconveniente sobre su efectividad en las misiones… Sin embargo… ¿Están seguros de que no exageran sobre su capacidad de combate? —preguntó Palermo un tanto escéptica sobre la habilidad de su sobrino.

    —Mi Ama, él fue capaz de derrotarnos a los 3 al mismo tiempo… De hecho creó que solo el Alto Mando y los finalistas de la última Liga Kalos serían rivales a su nivel —intervino el joven que estaba a la izquierda de Alphonse, un chico de unos 18 años y cabello rubio oscuro, un poco fornido y de ojos castaños, llamado Max Hagen.

    Al oír aquella declaración la altanera mujer no pudo evitar sorprenderse, ya que ella en persona se había encargado de que los 3 jóvenes que en esos momentos estaban a sus pies tuvieran como mínimo el nivel de los líderes de gimnasio más fuertes. Ya que los Royal Knights no eran únicamente los esclavos sexuales perfectos, sino que también eran su principal fuerza de ataque y la última defensa que tenían las Siervas de Xerneas.

    —Debo admitir que esto resulto ser una agradable sorpresa. Pero por el momento esperaré a ver cuáles son los resultados de la última misión de Anthony antes de ascenderlo de manera formal —comentó la productora con una sonrisa maligna antes de añadir.

    —Además tengo entendido que desde hace unos meses el ya había estado entrenando con ustedes, además de asistirlos en algunas misiones, por lo que podríamos considerarlo como un escudero ¿No es así?

    —En efecto, mi Ama. Pensamos que de esa manera evitamos que tanto sus habilidades como las nuestras se oxiden. La verdad es muy complicado encontrar a alguien que tenga el nivel adecuado para que podamos entrenar —habló un joven delgado de cabello oscuro, ojos verdes y tez pálida, que respondía al nombre de Grenuele.

    —De acuerdo. Por el momento dedíquense a sus obligaciones, ya que unos días los llamaré nuevamente para tratar un tema de suma importancia para nosotros —indicó la mujer haciendo el ademán de tomar una copa del mueble más cercano, que inmediatamente fue interpretado por los chicos, ya que Max tomo la copa, mientras que Grenuele rápidamente se puso de pie para llenarla de vino y se la ofreció a Palermo, quien sonrió complacida.

    Por unos breves momentos los tres chicos miraron con ensoñación como la productora degustaba su bebida, hasta que una nueva mirada de los ojos grises de Palermo les indicó que era hora de retirarse.

    De forma que ellos asintieron y después de besar por última vez los pies de su Ama, se incorporaron para tomar sus ropas y salir de la habitación, mientras que la productora tomaba un último sorbo de vino antes de pensar con malicia: “Anthony y Diantha, muy pronto los 2 serán fieles Royal Knights a mi servicio”.

    Región Kalos. 2 días después.

    La tenue luz de la luna iluminaba la siempre apacible ruta 18, la cual unía Ciudad Anistar con Pueblo Couriway, y esta sería la única fuente de luz de la misma de no ser por un Centro Pokémon ubicado a la mitad de la ruta. El cual tenía la finalidad de ofrecerle a los entrenadores un acogedor y tranquilo lugar en donde curar a sus pokémon y pasar la noche para continuar su viaje.

    Sin embargo en esos momentos el ambiente del Centro Pokémon era todo menos el de un lugar tranquilo, debido a una acalorada y también muy habitual situación: Por un lado la Enfermera Joy quería cerrar el lugar temprano, sabiendo de antemano lo poco transitada que era la ruta durante las noches, sin embargo su testaruda ayudante Audino insistía en que esperaran un par de horas más.

    Ambas féminas estaban tan enfrascadas en tratar de convencer a la otra que ninguna de las dos se percató del momento en que una suave y agradable fragancia floral comenzó a inundar el ambiente, en un principio ninguna le tomo mucha atención y continuaron con su discusión, sin embargo cada segundo que inhalaban aquel delicioso aroma sentían como sus cuerpos se relajaban y sus fuerzas se desvanecían, por lo que en cuestión de minutos ambas se tranquilizaron y se concentraron únicamente en aspirar hasta la última partícula de aquel celestial aroma.

    Tanto la enfermera como su pokémon estaban tan cautivadas por la fragancia que a ninguna de ellas le importo en lo absoluto que un hombre de tez morena acompañado de un Roselia irrumpieran en el lugar, de hecho desde que aquel hombre y de su pokémon entraron el efecto de aquella fragancia se había incrementado ya que ahora no solo se sentían relajadas sino también muy excitadas.

    Ya que al ver a aquel atractivo hombre frente a ella fue que Joy sintió como sus mejillas se sonrojaban, a la vez que un delicioso escalofrió de excitación recorría su cuerpo, en esos momentos la enfermera no pensaba en otra cosa más que la de tener sexo con aquel desconocido y estaba dispuesta a lo que fuera para conseguirlo.

    —Buenas noches, guapo. Bienvenido al Centro Pokémon ¿Hay algo en lo que pueda ayudarte? —preguntó la excitada enfermera de forma increíblemente sensual, moviendo su delineada cintura al caminar mientras le dedicaba un sonrisa coqueta a aquel desconocido, quien estaba deleitándose con el hecho de tener a su presa justo en donde la quería.

    Ya que desde que Alphonse entró a las órdenes de Palermo él y su fiel Roselia habían entrenado muy duro para perfeccionar el poder y el alcance del movimiento Atracción, el cual era menospreciado por una gran parte de los entrenadores al punto de considerarlo inútil o exclusivo para las coordinadoras o performers. Sin embargo el resultado de sus arduos entrenamientos había sido que el “inofensivo” movimiento de tipo Normal se impregnara en el aroma natural de su pokémon, convirtiéndolo en una inesoerada y poderosa arma.

    Una que ya no requería de sus indicaciones para ser ejecutada, razón por la que sus potenciales víctimas jamás sospecharían nada hasta que fuera demasiado tarde para poder defenderse, ya que su arma secreta era tan efectiva que podía afectar tanto a humanos como a pokémon sin problemas, incluso si eran del mismo sexo.

    Sin embargo la única desventaja que tenía su movimiento definitivo era la de ser incapaz de doblegar la mente de sus presas de forma directa, sin embargo para ese fin contaba con la valiosa ayuda de otro de sus amigos.

    Por lo que sin perder el tiempo, el moreno sacó de su bolsillo una más de sus pokébolas para liberar a otro pokémon. En este caso un Hypno, quién de inmediato comenzó a balancear su péndulo de un lado a otro para sumir a unas indefensas Joy y Audino en un profundo trance.

    Por lo que unos minutos más tarde el Centro Pokémon estaba completamente cerrado, y mientras que Audino se encargaba de curar a todos los pokémon de Alphonse, el joven se encontraba en la habitación de la Enfermera Joy reclamando su premio: Estar penetrando a la sexy enfermera y disfrutar de cada centímetro de su erótico cuerpo, ya que gracias a la hipnosis no había otra cosa que la mujer deseara nada más que complacer y obedecer al pie de la letra hasta la más mínima de sus instrucciones del hombre que ahora se había convertido en su Amo.

    —Eso fue muy divertido, sin embargo he venido aquí por otras cosas —mencionó el líder de los Royal Knigths después de sacar su verga del húmedo interior de su más reciente adquisición, derramando su semen sobre la concha y el culo de Joy, antes de ponerse de pie y ponerse su ropa.

    —Ven conmigo, lindura. Aún hay algo que debes hacer por tu Amo —ordenó el moreno de forma seca mientras que la emocionada mujer de inmediato se puso de pie y sin dudarlo comenzó a seguirlo hacia la recepción, en donde los estaba esperando Audino para entregarle a sus pokémon totalmente recuperados. Por lo que ese era el momento indicado para cumplir el verdadero propósito al que Alphonse venido a este Centro Pokémon en específico.

    —Esclava Joy, imagino que aquí hay una máquina de intercambio aquí ¿No es así? —preguntó el joven aun con tono serio, casi desinteresado.

    —Por supuesto, Amo, por favor permítame llevarlo —respondió la entusiasmada enfermera antes de comenzar a caminar de manera sensual en dirección a una las habitaciones del lugar.

    —Excelente. Ahora quiero que devuelvas a Audino a su pokébola y la coloques en la máquina, mi leal Joy —ordenó el joven antes de poner una pokébola en la máquina mientras que la hipnotizada enfermera de inmediato obedeció aquella orden, por lo que el proceso de intercambio comenzó, y una vez terminado Joy liberó a su nuevo asistente el cual era un Wigglytuff mientras que Alphonse liberaba a Audino, Hypno y a Roselia.

    —Audino, Joy necesito que observen el péndulo de Hypno una vez más y escuchen atentamente mis instrucciones —ordenó el moreno con voz clara y firme, mientras las aludidas asentían sumisamente y observaban el péndulo con atención.

    —Joy tu nunca has tenido un Audino… Al igual que el resto de las enfermeras tú asistente siempre ha sido un Wigglytuff, repítelo.

    —Yo nunca he tenido un Audino, mi asistente siempre ha sido un Wigglytuff —respondió la mujer con una voz monótona y sin dejar de ver el péndulo.

    —Lo mismo va para ti, Audino. Tú nunca has trabajado en un Centro Pokémon, sino que siempre has sido uno de mis pokémon, yo soy tu entrenador y harás lo que te pida sin dudar ¿Han entendido? —preguntó Alphonse recibiendo una cabezada de asentimiento tanto del pokémon como de la enfermera.

    —Muy bien, con esto mi misión está cumplida —mencionó el chico regresando a la pokémon escucha a sus pokebola, pero antes de irse aún le quedaba afinar algunos detalles.

    —Joy, quiero que escuches atentamente mis siguientes ordenes ya que desde ahora serán parte indispensable de tu vida. Al despertar serás una enfermera más eficiente en tu trabajo, sin embargo de manera inconsciente te encargaras de tomar toda la información de cualquier chica que se hospede aquí y la anotaras para mí, de forma que en cuanto oigas decir “Pokelito de nata rosa” volverás a este estado de trance y volverás a ser mi obediente esclava ¿Lo has entendido?

    —A la perfección, mi Amo —respondió la hipnotizada enfermera Joy, asimilando aquellas indicaciones en el rincón más profundo de su mente.

    —Perfecto. Ahora vuelve a tu habitación y duerme, mi esclava. Pero antes de eso entrégame el collar que cuelga de tu cuello, te aseguro que ya que no la necesitarás —indicó el chico mientras señalaba el cuello de la chica.

    —Sí, Amo. Ya no la necesitaré —recitó la indefensa enfermera antes de entregarle la Piedra Llave que le había obsequiado el Profesor Sycamore, y la cual le permitía megaevolucionar a Audino, antes de retirarse a su dormitorio, a donde Alphonse la siguió tras devolver a Hypno a su pokébola. Y tal como se le indico la hermosa enfermera cayó profundamente dormida en el momento en que se recostó sobre la cama.

    —Roselia, ya sabes que hacer —indicó el moreno y en ese momento el tipo Planta/Veneno comenzó a usar Danza de Pétalos, por lo que una lluvia de pétalos de color rojo comenzó a cubrir el cuerpo desnudo de su víctima. Ese bello acto era su sello personal y la razón por la que el líder de los Royal Knigths también era conocido como “Alphonse, el atacante de la Rosa”, tras lo cual salió del Centro Pokémon.

    Su misión había sido un éxito, ya que no sólo acababa de obtener el poder de la Megaevolución, sino que también había añadido a otra preciosa Enfermera Joy a su colección de esclavas, ya que con ella ya eran casi 30 Enfermeras Joy y Oficiales Jenny que estaban bajo su control, las cuales estaban estratégicamente distribuidas a lo largo de Kalos con la misión secreta de obtener información sobre posibles nuevas presas y amenazas, así como la de eliminar cualquier evidencia que pudiera perjudicar a las Siervas de Xerneas.

    Mientras tanto en el interior de un modesto apartamento de la enorme Ciudad Luminalia un chico de cabello rubio y ojos verdes estaba leyendo un libro sobre su cama, el estaba a punto de ir a dormir cuando escuchó que alguien tocaba a su puerta, por lo que conteniendo un bostezo tuvo que levantarse para abrir la puerta y grande fue su sorpresa al encontrarse con que la persona que lo buscaba era nada más y nada menos que una Oficial Jenny, aunque su aspecto era distinto a las oficiales que él había visto, lo cual le dio una mala espina.

    Sin embargo en lugar de intentar arrestarlo ella le sonrió con dulzura antes de decirle: —Tu debes de ser Fybelle ¿No, guapo? No tienes nada de que temer, estoy aquí tu hermano Anthony me dijo que tú podrías ayudarme.

    —Pasa, estás en tu casa —contestó Fybelle con una sonrisa e invitando a la oficial a entrar, ya que esto solo podía ser obra de Anthony, pero una vez que la puerta se cerró se dirigió de nuevo hacia su invitada

    —Espero no ser un mal anfitrión, pero antes que nada me gustaría saber cuáles son los planes de mi hermano —el esperaba que ella adoptara una actitud defensiva, pero grande fue sus sorpresa cuando la oficial lo puso al tanto de la información que el pelinegro había conseguido en Hoenn.

    —Entonces la balanza finalmente esta de nuestro lado —comentó Fybelle con una sonrisa antes de añadir —Eso significa que tendremos que esforzarnos bastante.

    —Sin embargo antes de comenzar con nuestra labor te ayudare a pasar más inadvertida. Ya que aquí en Kalos, tanto el uniforme como el peinado de las oficiales Jenny son diferentes al que usas ahora —comentó el rubio mientras buscaba una fotografía de las oficiales que estaba tan acostumbrado a ver.

    —Si así son las cosas lo hare con gusto. Hare cualquier cosa que haga falta por el Amo Anthony —respondió Jenny con una sonrisa de determinación.

    Al día siguiente el joven Max Hagen caminaba tranquilamente por la Avenida Otoño de Ciudad Luminalia, cuando vio algo que llamó mucho su atención: Se trataba de una linda niña de cabello verde que usaba un vestido azul y un moño rojo en su cabeza y que venía en compañía de una chica, unos cuantos años mayor, con el mismo color de cabello y un cuerpo bastante desarrollado, las cuales estaban entrando a uno de los Centros Pokémon de la ciudad.

    “Tiene bastante tiempo desde la última vez que me topé con unas chicas tan prometedoras” pensó el chico sacando 2 de sus pokébolas, liberando a un Meowstic macho y a una Kirlia, y con una mirada prácticamente imperceptible él les señaló a sus objetivos. A lo que los pokémon asintieron antes de alejarse de su entrenador, ya que ellos ya sabían perfectamente lo que tenían que hacer.

    Unos minutos después ambas hermanas caminaban tranquilamente por la calle cuando de repente el Pichu que estaba en el bolso de la más pequeña salió de este y comenzó a correr en dirección a una calle, por lo que la niña de inmediato salió en su persecución.

    —Lyn, espérame —pidió su hermana mayor, quién respondía al nombre de Lena, pero la pequeña la ignoro por completo. Por lo que después de recorrer varias calles, las cuales cada vez se hacían más pequeñas y con menos gente la niña finalmente encontró al ratoncito eléctrico.

    Sin embargo algo andaba mal ya que el pequeño Pichu estaba tirado en el suelo y totalmente fuera de combate, por lo que la pequeña se agachó para recoger a su debilitado pokémon y justo cuando estaba a punto de tomarlo en sus brazos ella se quedó quieta…

    La pequeña Lyn comenzó a escuchar una ligera pero muy linda canción, ella nunca en su corta vida había escuchado algo similar pero le encantaba, así que cerró los ojos por unos momentos para apreciar la melodía con más atención y en cuando los abrió de nuevo la luz había desaparecido por completo de sus bellos ojos cafés.

    A la niña ya no le importaba en lo absoluto el pequeño y herido pokémon que estaba frente ella ya que lo único que le importaba era aquella magnífica canción, por lo que lentamente se puso de pie y dejo a Pichu en el suelo. Y sin dudarlo comenzó a caminar en dirección al origen de la melodía con una sonrisa en su rostro, el único pensamiento que había en la mente de la pequeña Lyn era que debía llegar a la fuente de aquel sonido y en cuanto lo hiciera sabría qué hacer.

    Lena por su parte y después de una larga persecución, al fin pudo ver a su hermana, que ahora daba vuelta en una calle con un paso tranquilo y una sonrisa, y aunque la llamó en numerosas ocasiones la pequeña no le respondía y al acercarse pudo ver a su debilitado pokémon en el suelo.

    “¿Qué es lo que sucede aquí?” se preguntó la joven entrenadora muy consternada mientras regresaba al tipo eléctrico a su pokébola. Su hermanita adoraba a Pichu y ella nunca lo hubiera dejado abandonado, y menos aún si estaba herido… Para ella era claro que algo muy raro le estaba sucediendo a Lyn y ella averiguaría que era… Aunque fue entonces cuando Lena empezó a escuchar una hermosa melodía que venía de la dirección que tomó su hermana.

    “Esto es aún más raro… A Lyn nunca le ha gustado tanto la música” pensó Lena antes de seguir a su hermana y no tardó mucho en encontrarla de nuevo, ya que la pequeña estaba caminando de una manera tranquila y con los brazos extendidos, como si estuviera hechizada, lo cual extraño aún más a su hermana. Sin embargo a cada paso que daba la melodía resonaba con mayor fuerza en su cabeza impidiéndole pensar en el inusual comportamiento de la niña.

    “Ahora entiendo porque Lyn actúa así, está melodía es tan… cautivante” fue el último pensamiento de Lena antes de detenerse y cerrar los ojos, pero en cuanto los abrió de nuevo, su mirada estaba vacía… Y al igual que a su hermanita ya nada le importaba más que la canción de forma que ella también comenzó a caminar con los brazos extendidos.

    Poco después ambas hermanas llegaron al final de un callejón, en donde descubrieron que los intérpretes de la canción que tanto les fascinaba eran un Meowstic macho y una Kirlia dirigidos por un muchacho rubio, ellas se quedaron observando en silencio y poniendo su total atención, ya que la melodía se los indicaba.

    Cuando el joven y sus pokémon se vieron descubiertos, sonrieron triunfantes, los ojos de Kirlia brillaron y el ritmo de la canción cambio. Las hermanas no fueron ajenas a ello, pero su comportamiento no cambio en lo absoluto. Ambas seguían en trance, uno que cada vez era más profundo, escuchando con atención hasta la última nota de aquella melodía y convirtiendo las indicaciones que les daba en sus propios pensamientos.

    Max por su parte observaba el resultado de su brillante plan, al verlas salir del Centro Pokémon Kirlia uso Atracción en el pequeño Pichu, quién comenzó a seguirla y una vez que estuvieron lo bastante alejados de las avenidas principales, pero lo suficientemente cerca de donde estaba su entrenador, fue cuando Meowstic rápidamente ataco al pokémon bebé con Pulso Umbrío para dejarlo fuera de combate, y gracias al Teletransporte de Kirlia ambos pokémon volvieron con Max y alistaron su movimiento definitivo: La “Cautivación Hipnótica”.

    Y el nombre de esa combinación no podía ser más adecuado, ya que esta era la fusión de la Voz Cautivadora de Meowstic y la Hipnosis de Kirlia, y cuyo efecto era el de crear tenues pero poderosas ondas sonoras que eran capaces de atraer a toda persona en un radio de 30 metros en cualquier dirección, sumiéndolas en un profundo trance hipnótico que se hacía más fuerte entre más se acercaran a la fuente.

    Y esa devastadora combinación surgió en cuanto al chico se le ocurrió combinar aquellos movimientos, no solo para maximizar su poder y alcance, sino también para que sus grandes habilidades y su origen como coordinador estuvieran al servicio de su adorada Ama.

    Así que después de observar a sus preciosas víctimas por algunos minutos, el chico decidió que ya era suficiente, por lo que devolvió a sus pokémon. Ya que ese era el momento adecuado para iniciar con la verdadera diversión.

    —Escúchenme con mucho cuidado, lindas. De ahora en adelante, ustedes me verán como a su guapo hermano mayor, al que tanto adoran y por el que harán cualquier cosa sin dudar. ¿Entendieron?

    —Sí, hermano —respondieron las indefensas hermanas sin dudar, ya que sus mentes estaban demasiado influenciadas para oponerse a sus sugestiones.

    —Muy bien. Como ustedes deben saber las niñas buenas siempre hacen lo que su hermano dice, ya que todo lo que el hace es por su bien —dijo el mientras sonreía con lujuria, antes de añadir.

    —Por ejemplo, si yo les pidiera que me muestren sus cuerpos, ustedes no tienen por qué sentirse temorosas o apenadas conmigo, sino todo lo contario, ya que yo soy su hermano mayor y por eso no les molestará en lo más mínimo si las miro. ¿Entienden?

    —Sí, hermano. Haremos todo lo que nos digas porque sabes que es lo mejor para nosotras —respondieron las dos bellas e hipnotizadas hermanas al mismo tiempo.

    —Muy bien. De hecho ustedes se sentirán muy bien cuando miro sus cuerpos, ustedes son las que desean mostrarme sus cuerpos y mientras más las vea, más seguras y mejor se sentirán. ¿Entienden?

    —Si hermano, nosotras nos sentimos muy bien al mostrarte nuestros cuerpos —repitieron ellas, asimilando y guardando esa orden.

    —Muy bien hermanitas, para finalizar de ahora en adelante la idea de tener sexo entre ustedes o con su adorado hermano no será ningún problema. En realidad ustedes siempre han deseado tener sexo con su hermano, viéndolo alrededor se excitarán y se pondrán muy calientes. Ahora contaré hasta 10, y cuando diga 10 cumplirán mis instrucciones al pie de la letra ¿Entendido?

    —Sí, hermano. Haremos todo lo que tú digas —respondieron Lena y Lyn al unísono, con un adorable tono sumiso que excitaba bastante al chico.

    Al escuchar su respuesta él comenzó a contar y al terminar la cuenta regresivo las hermanas, abrieron sus ojos, que ahora tenían una mirada llena de amor y deseo hacía el chico que estaba frente a ellas.

    —Vamos a un lugar más privado ¿Les parece, mis lindas hermanitas? —preguntó Max con una sonrisa, ya que sabía de antemano cual sería la respuesta de las chicas.

    —Por supuesto hermano. Iremos a dónde tu gustes —respondieron ambas chicas al unísono, mientras Lena tomaba la mano de Lyn y seguían al chico.

    De forma que el trío no tardó en llegar al apartamento del chico, el cual a pesar de la zona era bastante lujoso. De forma que un confiado Max de inmediato se sentó en el sofá de la sala y con una señal le indicó a la pequeña Lyn que se sentara en sus piernas, lo cual ella hizo de inmediato.

    —Lena has un striptease para nosotros —ordenó el chico de forma pervertida mientras acariciaba con descaro el trasero de la menor.

    —Por supuesto, hermano —respondió la entrenadora con alegría antes de comenzar a quitarse la ropa y dejando ver que tenía un cuerpo hermoso.

    —Oye hermanita ¿No has pensado en convertirte en performer? —preguntó el chico al verla únicamente en ropa interior.

    —La verdad es que no, hermano. Si te soy honesta los Petformance nunca me han llamado la atención, pero a Lyn sí le gustan ¿Por qué lo dices? —preguntó ella mientras movía sus delineadas caderas de forma sensual

    —Porque eres muy hermosa, hermana. Y yo pienso que serías una performer excelente, incluso podrías llegar a ser la Reina de Kalos —respondió el, ruborizando a la chica.

    —Si eso es lo que crees, entonces lo haré. ¡A partir de ahora seré una performer! Después de todo mi hermano siempre sabe lo que es mejor para mí —dijo Lena antes de dejar caer su sostén, causándole una sonrisa al chico, quién estaba maravillado con el bello espectáculo frente a sus ojos.

    —Ahhh —fue el débil gemido que Lyn dejo escapar, ya que de manera inconsciente Max estaba acariciando su joven concha por debajo de su ropa interior, aquel sonido excitó mucho a los 2 jóvenes y cuando Lena estaba por quitarse sus bragas la puerta se abrió.

    Ninguno de los 3 pudo hacer el más mínimo movimiento, en un principio por la sorpresa, pero luego se dieron cuenta de que era por que la fuerza del ataque Psíquico de un Chimecho los había inmovilizado.

    —Max Hagen estás arrestado —dijo con seriedad la Oficial Jenny que estaba a lado del pokémon psíquico y que apuntaba al chico con un arma, mientras pensaba “Va uno, y faltan dos, Amo Anthony”.

    Continuará…

  • El tipster (Parte 8)

    El tipster (Parte 8)

    —Espera, no pensarás entrar sin usar protector solar —me dijo Jimena a modo de regaño.

    —Lo olvidé, gracias por… recordármelo —pude articular difícilmente al ver como venían.

    Jimena llevaba un sexy bikini brasileño de un color azul como sus ojos, que le daba una apariencia atrevida a la vez que resaltaba sus formas. Quedé estupefacto con el atuendo de Teresa, lucía un bikini muy pequeño, definitivamente era una talla menor a lo que le correspondía, tenía un color amarillo y la tela era muy delgada, debido a esto transparentaba sus partes íntimas, cualquiera que la viera pensaría que estaba rompiendo los cánones de moda baño. No sé qué hizo Jimena para lograr que Teresa se pusiera este singular bikini, pero vaya pedazo de cuerpo que ocultaba, definitivamente era muy atractiva, si bien antes la miraba como una chica guapa pero de mal carácter e ideología equivocada, esto último tal vez lo obtuvo después de que el padre de Jimena haya querido vulnerar su virginidad a la fuerza y mediante amenazas, luego a modo de defensa se recluyó en el feminismo más extremo, pero todo esto eran cavilaciones mías podían ser ciertas o simples hipótesis infundadas.

    La sirvienta venía detrás de Jimena, caminando despacio, con la cabeza gacha y el rostro rojo, mostrando evidentes signos de que estar avergonzada.

    —Al final no logré convencer a mi madre para que venga, puso como excusa que tenía una reunión de último minuto y se marchó.

    Suspiré de alivio, estaría algo cortado con la presencia de Sara.

    —Señorita Jimena, sigo pensando que este traje de baño revela demasiado.

    —No te preocupes por eso, es por tu bien, con este traje cojeras mejor el sol, no te quedarán muchas marcas, con lo blanquita que estas… —trató de convencerla Jimena.

    —Pero… señorita…

    —Nada de peros, mira que lo adecuado para tomar el sol sería en topless.

    —¿Y eso cómo sería? —preguntó Teresa ingenuamente.

    —Pues desnuda de cintura para arriba —explicó rápidamente Jimena.

    —Eso sí que no, señorita Jimena —respondió la sirvienta de manera escandalizada cubriéndose los pechos.

    —Entonces no te quejes. Además estamos en un entorno privado, la casa tiene muros altos, ningún vecino te mirará.

    Teresa levantó la mirada tratando de mirarme y dar a entender que estaba un hombre con ellas, Jimena se dio cuenta y dijo.

    —Carlos no es ningún morboso —respondió Jimena defendiéndome—. Me decepcionas, no deberías pensar de él de esa manera, es la mejor persona que conozco. ¿No es cierto amor?

    —Claro… yo solo tengo ojos para ti —traté de seguirle la corriente.

    Después de decir esto último, Jimena me dio un beso en los labios mientras ponía sus brazos alrededor de mi cuello.

    —¡Tu piel está quemando!, ven Teresa ayúdame a ponerle protector.

    —Si… señorita…

    —Rápido; que ya estuvo mucho tiempo expuesto, le dolerá la piel y no soportaré verlo sufrir de nuevo.

    Teresa se acercó a mi lado, se le notaba aún nerviosa, así que al pasarle el bote de crema a Jimena, lo soltó.

    —¡Hay!, disculpe señorita.

    —Ten más cuidado —Jimena le lanzó una mirada fulminante— tuve una mejor idea, para aprovechar el tiempo mientras yo me pongo la crema, serás tú quien le ponga el bloqueador a Carlos.

    —No creo… que sea lo más conveniente…

    —¡Que te dije Teresa!

    —Como usted desee, señorita Jimena.

    La sirvienta tuvo que resignarse, se acercó a mi espalda y empezó a echarme la crema, notaba sus dedos temblar al tocar mi cuerpo, lo hacía lentamente. Yo en mi interior estaba disfrutando, aunque por fuera lo disimulaba y trataba de mostrar un gesto serio. La imagen de tener a una feminista de esta manera era digna de ponerla en un cuadro.

    —Échale bien el bloqueador, que no quede ninguna parte desprotegida.

    Teresa aumentó la velocidad después de las amenazas de Jimena, siguió sobando mi espalda ahora ya no con tanto recelo como antes, pero sí más rápido, se le notaba que quería terminar lo más pronto posible. Cuando terminó de aplicar el bloqueador a mi espalda, se apartó al instante.

    —¡Hey! tienes que esparcirlo bien, sino se saldrá con el agua —agregó Jimena—. Trata de frotar adecuadamente, que penetre en la piel.

    Esta vez, lo hizo con cierta saña y fuerza, como vengándose por lo que le estaban obligando a hacer. Incluso me obligó a dar un paso hacia adelante por la potencia en la que tocaba mi espalda, era una chica dura después de todo. Sinceramente sentí cierta molestia porque me causó algo de dolor y tensé mi espalda, estuve a punto de mandarle a la mierda. Tal vez ella se esperaba mi contestación para buscar una querella entre los dos. Pero cuando me di la vuelta, en sus ojos cafés vi algo de arrepentimiento, como que se dejó llevar por sus instintos y no midió las consecuencias.

    —Gracias… —fue lo único que pude decir.

    Ella quedó algo sorprendida, tal vez no se esperaba que le respondiera de esta manera y estuvo algo contrariada por unos instantes. Sin embargo un sonido retumbó de su rostro.

    —Plaf…

    Era Jimena que le dio una cachetada, tan fuerte que hasta a mí me provocó escalofríos al pensar si yo sería quien lo recibiera. Estuvo a punto de lanzarse contra la sirvienta, tuve que detenerla agarrándola de los brazos.

    —¡Quién te crees que eres! ¡Ingrata, acaso no recuerdas la ayuda que te di cuando tu mamá estaba enferma! —le recriminaba Jimena.

    —Disculpa… lo siento.

    Teresa estaba de rodillas en el suelo, llorando incansablemente mientras pedía perdón.

    —¡Que hice! —se lamentaba la sirvienta llevándose la mano a la cabeza.

    —Ahora, te disculpas después de haberle hecho daño. Incluso te atreviste a enfermarlo, maldita loca.

    —Te enteraste…

    —¿Creíste que no lo sabía?, te lo advertí, eso si que no lo perdonaré.

    —Estaba equivocada, no sabía… —repetía Teresa mientras las lágrimas surcaban sus mejillas.

    —Te dije que no quería verlo sufrir de nuevo y lo hiciste. Además no te entiendo, no es solo a mí a quien debes pedir perdón —dijo viéndome.

    —Lo siento… joven Carlos… te juzgué mal.

    —Ya es tarde, en mi puta vida quiero volver a verte, no quiero saber nada sobre ti.

    Jimena se dirigió dispuesta a sacar las cosas de Teresa, la seguí para intentar conversar.

    —Será mejor que esperemos a tu madre.

    —Yo también tengo derecho a decidir sobre quien se queda en esta casa, no te parece. Mi madre tendrá que aceptarlo, después de explicarle lo sucedido no creo que se niegue.

    —No nos precipitemos, sabes que será su fin en este trabajo, sin una carta de recomendación no la contratarán en otro lado.

    —Ella se lo buscó, tendrá que asumir las consecuencias.

    —El plan era agobiarla, además te dije que sería a mi manera pero tu actuaste por tu cuenta sin consultármelo.

    —No pude soportarlo, no después de lo que te hizo. Ya no hay vuelta atrás.

    —Bien, veré como está. Tengo un mal presentimiento.

    Una suave brisa rompió el silencio de la casa, esa misma brisa levantó el cabello de Teresa permitiendo que observe su rostro desolado, sus ojos antes vivaces y profundos ahora reflejaban esperanzas muertas, estaba parada al borde de la piscina cuando de pronto, todo en ella se inundó en una oscura penumbra que la alejaba de todo lo que la rodeaba, al tirarse al agua y no tratar de hacer ningún movimiento para nadar ni para tratar de salir.

  • The world is yours

    The world is yours

    La Deep web tiene la falsa creencia de ser peligrosa y llena de malicias, pero eso es falso, la Deep web me entregó una mejor vida que cualquiera haya tratado de darme. Recuerdo haber estado navegando por estas misteriosas “tierras” en mi celular, un verano que me encontraba aburrido. Estando de vacaciones de la universidad, tenía mucho tiempo libre, y decidí invertirlo en buscar conocimiento aleatorio por ahí en internet. Tras pasearme un tiempo por páginas raras y algo tontas, decidí volver a la Hidden Wiki, la Wikipedia de la Deep web.

    Mientras volvía a revisar los enlaces que me entregaba, me apareció uno que no había visto antes, por lo que supuse que habían actualizado la página mientras revisaba otras. “The World is Yours” salía como título al nuevo enlace que me entregaba. Era una frase de Scarface, supuse que sería quizá un sitio de droga o algo relacionado con el tema de delincuencia, pero no pude estar más equivocado. Entré por la curiosidad de saber qué era exactamente, tardó unos pocos segundos en cargar la página entera. Un fondo negro con letras rosadas que dictaban el mismo título que el del enlace aparecían frente a mí junto a una flecha del mismo color que apuntaba a un link de descarga.

    Era muy tentador, no puedo negarlo, pero la probabilidad de que sea alguna clase de virus era considerablemente alta. Por pura superstición (y por la desesperada intención de encontrar una excusa) lancé una moneda al aire y, si salía sello, me dispondría a cliquear y descargar lo que sea que me hayan puesto ahí. Como habrán deducido, salió sello y con un morbo me dispuse a empezar la descarga del archivo. Para mi sorpresa, era un archivo APK, es decir, una aplicación para mi celular. El logo era un fondo negro con engranajes en color rosado, no pesaba mucho la app en cualquier caso, así que la instalé con una gran mezcla de temor y ansias. Entré a la aplicación con mucha expectación, el fondo y tipo de letra eran los mismos que los descritos anteriormente, pero un aviso de uso me saltó a la pantalla, decía algo así en inglés:

    • “The World is Yours” es la aplicación que has estado buscando toda tu vida. Has estado toda tu vida manteniéndote en lo que crees en libertad y libre albedrío, pero eso no puede ser más falso. Esta aplicación de limitada descarga te entregará una prueba de lo que es ser la persona detrás de la pantalla, la persona que tragó la píldora correcta. Diviértete y procura no causar un gran estrago, pues todas tus acciones son y serán vigiladas para mantener a raya atentados masivos en contra de la sociedad.

    Quedé pasmado frente a lo que acababa de leer, ¿qué clase de chiste es este? Pulsé “aceptar” en el aviso, pues no había otra opción. A continuación, me apareció una ranura blanca con el título de “ID” y otra de “Search”. Decidí, por curiosidad, colocar el número de identificación de mi prima, pues dentro de los IDs que me sabía de memoria, ella era la que menos me importaba. 18.365… y seguí la secuencia de números. Pulsé Search y apareció en unos segundos una foto de ella de frente y de perfil, como si fuera las fotos de identificación de un criminal. Estaba asustado y muy sorprendido, ¿cómo consiguen una foto así de ella? Aparte de eso, todos sus datos como la edad, nombre completo, vivienda, familiares y muchos otros más aparecieron debajo de sus fotos. Aún más abajo, salía un cuadro en blanco donde se podía escribir, tenía como título “Commands to Follow” y tenía el botón de “Obey”.

    Había que ser muy idiota para no saber qué hacía la app ya con todas las pistas a la vista. La app era una forma de controlar a las personas, lo que me daba un profundo temor de lo que yo he creído como libertad. Pero todavía más perturbador, es que yo tenía esta prueba gratis para controlar a quien yo quiera, bueno, ese era mi idea. No había colocado ningún comando, no podía probarlo al 100%, así que tenía dos opciones: Hacer la vista gorda y desinstalar la app, o usarla y probarla. No estaría escribiendo mi experiencia si no hubiera tomado la segunda, así de grande era mi morbo. “Text your cousin Edgar” escribí en la ranura blanca, luego pulsé Obey a esperar qué pasaría. La ranura se reinició a blanco y, a los quizá 20 segundos, recibí un mensaje de mi prima.

    Mierda, de por sí ya creía que sería real, pero al confirmarlo se vuelve de alguna manera más impactante. Quisiera decir que tomé valentía y que usé la app a mi favor de inmediato, pero la triste realidad es que acobardé y dejé la app por el resto del día. Estaba muy ansioso y lleno de una sensación de poder, algo muy raro de explicar. No fue hasta la noche, cuando me fui a dormir, que tuve un sueño mojado con mi misma prima, a ella la estaría enculando contra la pared y la agarraría de las caderas. Desperté algo agitado por el sueño, pero con una marcada erección y una mente algo cachonda. En eso, la app se me vino a la mente, y me debatí por unos minutos si debiese, o no, usarlo en mi “favor”. Terminé por decidir que sí, pues no era un atentado masivo en contra de la sociedad, solo era mi prima. “Send a pic of your face to your cousin Edgar” coloqué en los comandos, y efectivamente me llegó una foto de ella en mi celular, la prueba era exitosa. Le metí conversa a mi prima y ella continuó con normalidad, era increíble, es más, le pregunté por qué me envió una foto suya, y ella solo respondió que no sabía, pero ninguna emoción en contra de ello.

    Seguí escribiéndole comandos hacia ella, hice que me enviara una foto de ella solo con ropa interior frente al espejo de su baño. Un cabello castaño caía a sus hombros, su piel morena se notaba suave en sus curvas y no se notaba signo alguno de vello corporal en ella. Sus tetas no eran muy grandes, pero no importaba eso ahora, el uso de su culo y cuerpo era más que suficiente para mí. Escribí más comandos, fotos de ella hincada con la lengua afuera, otras con las piernas abiertas, algunas con medias largas negras y una falda, y sin ropa interior las últimas.

    Tenía ya alrededor de 16 fotos de ella en posiciones eróticas y cachondas. Ella vivía en otra ciudad debido a que no existía la carrera que ella quería estudiar acá, así que no podría follar con ella por ahora, para mi infortunio. No obstante, escribí en los comandos que ella me enviara un video masturbándose, y eso mismo llegó en mi bandeja de mensajes a los 5 minutos de ejecutar el comando. Acostada en su cama, se metía los dedos en su mojada concha y masajeaba con su saliva su clítoris, aumentaba la intensidad con el tiempo y terminó contrayendo sus piernas cuando se vino, acompañado de un gemido de placer que se grabó perfectamente.

    Esto era suficiente material para complacerme por la mañana, cosa que no tardé en hacer. Cuando terminé de satisfacerme, no pude evitar un arrepentimiento y sentimiento de culpa. Había hecho a mi prima una chica cachonda solo por andar de caliente en la mañana. Pero, ¿no acaso todo el mundo está bajo esta misma clase de control?, ¿qué tiene de malo que sea yo uno de los usuarios de este poder? Fui ciertamente privilegiado con un poder magnífico. Mi morbo era mayor a mis valores, recobré en poco tiempo las ganas de abusar de mi poder.

    Esta vez tenía que usar los comandos en alguien que estuviera cerca de mí, no tiene sentido solo recibir fotos y videos con semejante poder. Entre estos pensamientos, mi madre interrumpe en mi habitación para avisarme que vaya a desayunar. Una idea entra en mi mente entonces.

  • Luze (1)

    Luze (1)

    Hace unos ocho meses invité a cenar a mi casa a Luze, con tres o cuatro mujeres más; ella vino sola, no conocía al grupo y nos habíamos visto sólo una vez, en casa de un conocido. Cociné para todas, pero no me fijé en Luze, aunque tampoco me interesaba ninguna de las asistentes. Eran sólo mis amigas. Me esmeré en mi labor culinaria para ellas y cenamos delicioso. Siempre presto mucha atención al buen desempeño de mi afición predilecta.

    Se fueron todas muy tarde, después de bastante licor. Una de ellas manejó su auto, a Luze le ordené un Uber. Media hora después, casi a media noche, sonó mi celular. Era Luze.

    Su voz delataba que estaba bastante ebria. Yo me encontraba recogiendo mi limitado desorden, pues soy bastante metódico cuando tengo un evento así en casa.

    Conversamos por unos minutos y detecté que se le dificultaba hacerlo, pues no podía conectar una frase con otra.

    −Tengo una confesión que hacerte Rafa, me gustaría que nos viéramos −dijo.

    Casi no nos conocíamos, pero aunque sorprendido, siempre estaba listo a recibir algo así, pues le prestaba mucha atención a mi carisma delante de las mujeres. Esta vez, supe que alguien, en este caso ella, había mordido el anzuelo.

    −Me encantaría Luze −le contesté− pero para hacerlo, te anticipo que debes estar dispuesta a darme sexo, mucho sexo.

    Después de algunos segundos de silencio, dijo −debo ir a dormir−, y se despidió.

    Pensé en ella, en su cuerpo y en detalles que había observado. Poseía un magnífico físico, le calculé unos setenta años bien vividos, pues observé cierta elegancia en su vestir, además de un comportamiento que denotaba seguridad personal. Mientras seguía haciendo mi labor de limpieza, pensé que una mujer como ella, debería ser una leona brava en la cama. Pero concluí que mi comentario le había intimidado y que por consiguiente… la había perdido, a lo que no presté importancia, pues para mi, era sólo una más.

    Soy un hombre mayor y no soy selectivo con la edad de una mujer, pues considero que cada etapa de la vida de ellas, te proporciona sorpresas para las que no estás preparado. Pero tengo una preferencia especial hacia mujeres mayores, bastante mayores, por decirlo así.

    Una mujer mayor, estoy hablando de las que cuyo elevador ya pasó hace rato el quinto piso y tal vez el sexto, tiene encantos, que solo hombres sensatos pueden apreciar, descubrir y admirar. Sus cuerpos, ya han sufrido las inclemencias del paso de los años, pero ellas saben que todo ser humano está expuesto al mismo fenómeno, de manera que, con la frente alta, enfrentan con seguridad a algún candidato que empiece a merodear alrededor de ellas, sabiendo que las arruguitas y los músculos flojos de él, acompañados de la infalible celulitis, serán acompañantes de los suyos propios. Pero cuidado! Ellas no se preocupan ya por sus cuerpos; creo que les llevan esa gran ventaja a las jóvenes. Además, por su experiencia, pueden manejar muy bien la seducción, la coquetería y especialmente la pasión, como si fueran naipes en un juego de póker.

    Las hay que han enviudado una vez y hasta dos veces; han enterrado a uno… o dos. Las hay divorciadas una o más veces; estas son las que más experiencia tienen en relaciones humanas, pues han atravesado varios caudalosos ríos, por lo tanto, saben nadar contra la corriente.

    Pasaron algo así como ocho meses y Luze había pasado a la historia. Nunca pensaba en ella y si lo hubiera hecho, hubiera recordado su inmediata reacción ante mi insinuación de sexo. Cierta noche, solo en casa y algo hundido en aburrición, decidí llamarla a darle un saludo. Hablamos por un largo rato y sin presión alguna de ella o mía, concertamos que, en un par de días, yo iría a visitarla a su apartamento.

    Allí llegué; la animada conversación varió entre muchos temas, en los que no incluí sexo ni erotismo. Es más, no se me pasaba por la mente plan alguno, ni intención de presionarla sexualmente; sin embargo, observaba en ella gestos y movimientos que insinuaban bastante coquetería; no dejaba de mirarme fijamente a los ojos y debo aquí confesar que al principio mi mente no albergó deseo alguno hacia Luze, pero después de una hora y de dos o tres copas de vino, detecté que definitivamente ella continuaba lanzándome dardos llenos de doble sentido y sutileza, lo que me animó a aceptar sus continuas insinuaciones. Tenía un cuerpo pequeño, atractivo y delgado y una cara bonita y agradable; a pesar de su edad, pensé que allí había un buen potencial, por lo tanto, mi carácter de macho siendo provocado empezó a responder a sus ataques.

    Ella se me aproximó a servir otra copa de vino y no puedo explicar cómo, nuestros cuerpos se unieron y se produjo una explosión. Todo sucedió como si, tanto ella, como yo, hubiéramos estado aguantando una lujuria secreta. Nuestras bocas se enloquecieron y nuestras lenguas se trenzaron en una lucha sin cuartel, hasta el punto que me sorprendí. Me pregunté por qué una mujer con tal ímpetu había respondido negativamente, durante aquella llamada telefónica hace ocho meses.

    Con mi mano izquierda la atraje de la nuca y la otra, voló hacia su bajo vientre, donde sobre su falda, empecé mi exploración entre sus piernas, a lo que no se resistió. Necesitaba averiguar que tan lejos iría y si era lo que yo deseaba. Con destreza, seguí mi viaje bajo su ropa, hacia su vagina y oh sorpresa, al posar mi mano allí, sentí a través de la braga, una humedad que contestaba mis dudas. Sus abundantes flujos vaginales me decían que estaba ante la tigresa que yo deseaba. Dos minutos después, ya estaba arrodillado sobre la mullida alfombra y prácticamente le arranqué la falda y con fuerza deslicé las bragas hacía abajo, para descubrir un coño que parecía una muy tupida selva amazónica. Al observar mi accionar, ella se sentó en el sofá adyacente y mirándome fijamente a los ojos, abrió las piernas, ofreciéndome aquel deseado manjar; con entusiasmo, empecé mi faena. El embriagante olor de su coño me embrujaba y detecté cierto temblor en su cuerpo, lo que me impulsó a comerme con esmero a Luze.

    —Ay qué rico, Ay qué rico, Ay qué rico! Me gusta, Ay qué rico! Quiero más! Quiero más Rafa! Cómeme!

    Después de diez minutos, sentí su fuerte corrida y pensé: −Luze es, no sólo una mujer muy ardiente, sino la Puta Salvaje que he estado buscando.

    Querido lector, este es sólo el principio de una serie de eróticos encuentros con Luze.

  • Gitana

    Gitana

    -Sana… y entera, Coronel.

    -Entera? Qué edad puede tener? -responde, asombrado. De esa etnia lo poco que sabe es que las mujeres se casan cuando aún son niñas.

    -Pues esta chica parece que de niña tiene ya poco, y de haber catado hombre… sabe poco también. Te has quedado con una joya. Está en buen estado, buenas caderas, flacucha y con signos de trabajar como pocas. Los dientes bien y los análisis correctos, dentro de la necesidad que haya podido vivir en tiempos de guerra.

    -Gracias D. Luis. Puedes retirarte.

    Joan era Coronel desde que estalló la Guerra Civil. A la muerte de su padre, el Gran Coronel Silvio Gómez, le sucedió por el arte de las prisas, y sobre todo por ser alguien con muchas agallas y sangre fría. Viudo desde hacía varios años y prometido con la hija del empresario de tejidos más rico de España, nada podría irle mejor. Desde su posición la guerra era algo que debía afrontar con energía, pero podía disfrutar de una vida cómoda y agradable a las afueras de Sevilla, desde donde se podían oír los bombardeos, pero apenas le llegaba el problema. Coordinaba a la perfección el perímetro que el General Franco le tenía dispuesto, y su misión más importante, aunque macabra, era eliminar cualquier atisbo de «rojo» al frente. Ante la duda, pum!

    No le temblaba el pulso. Ni siquiera esa noche en la que le avisaron de un asentamiento gitano a las afueras de Carmona. «Los gitanos van al mejor postor». Le decía su segundo a bordo. Para él nunca fueron gran problema. Los gitanos izaban la bandera que más les convenía, pues de todos es sabido, no predican con ninguna política, con ningún bando ni con colores. Pero suponían una amenaza, pues los republicanos podían coger a todos los hombres como armamento, y ante la merma en la zona del ejército franquista, había que cuidarse. Y así hizo. Mandó a un batallón de la Legión a acabar con el asentamiento. Hombres, niños y ancianos debían ser aniquilados. Las mujeres que estuvieran en buena edad, podrían ayudar a levantar la moral de las tropas. Llegó cuando metían a las mujeres en un camión descubierto, y ese cabello negro centelleó con el reflejo de la luna. Bajó del comboy y aceleró el paso, mandando a frenar el camión. Asomó la cabeza, y la chica, con la mirada clavada en el suelo, brillaba. Mandó bajarla. Con las manos atadas a la espalda, la colocaron frente a él. El coronel la observó de arriba abajo. Era realmente preciosa. Cabello negro revuelto de la lucha que habría dispuesto para meterla en el camión, piel morena, tostada, iluminada por el sudor y unos ojos marrones claros, que contrastaban entre tanta oscuridad.

    Sí, preciosa.

    Ahora daba vueltas en su despacho. Excitado por la idea de que ningún otro hombre hubiera rozado su piel, ni la hubiera hecho mujer. El calor le subía por el cuerpo, y ante tal agonía, actuó en consecuencia.

    -Matilde, dile a Sara que me prepare el baño.

    -Sí, señor.

    Matilde era su ama de llaves. Una mujer dispuesta a pesar de su avanzada edad, que disponía todo aquello que él pedía sin rechistar, habiendo servido primero a sus padres, y ahora a él. Callada, prudente y servicial. Era perfecta para el momento. Al cabo de unos minutos, Sara estaba en la puerta.

    -Señor, le preparo el baño en un momento. Matilde le había dado la orden de manera clara y concisa, pero su rostro se volvió tierno y la agarró del brazo. «Cuánto menos te resistas, menos te dolerá, hija». Sara se quedó paralizada. Nunca había estado a solas con un hombre, pero recuerda a sus cuñadas contando sus noches de boda. Sólo podía recordar las palabras dolor y sangre. Sentía el corazón en su sien, y tras largos segundos de espera, Matilde le advirtió «Abre bien las piernas y respira hondo, acabará en unos minutos».

    Ataviada con una falda larga de tela gruesa marrón anudada delante y una camisa abotonada en un color beige, Sara se dispuso a llenar la bañera del coronel. Joan la miraba desde su mesa de trabajo, donde daba la sensación que estudiaba el terreno a batir al día siguiente. Nada más lejos de la realidad. La miraba, la imaginaba desnuda y no podía más. «Ya está lista, Señor». Joan se levantó y Sara se apartó hasta la puerta. «Quédate». Recta, asustada y con la cabeza al suelo, sentía como el coronel se iba desnudando. Recogió la ropa y la dejó en una cesta para tal efecto, Volvió a su posición.

    -Sara, mírame. Joan, desnudo, de pie, firme, la miraba con rudeza. La quería y la quería ya. Se acercaba lentamente como fiera a su presa, sereno, excitado… su miembro estaba a punto de estallar del deseo.

    -¡Mírame! ¡Es una orden!

    Sara abrió los ojos, llorosos… y temblando le miró a los ojos.

    -Mírame entero.

    Ella sabía a lo que se refería. Él quería que lo viera desnudo. Con una mirada fugaz lo vio todo. El cuerpo del coronel era bello a pesar de su edad (rondaba los 45), con pelo justo en el pecho que le daba un aire varonil, vientre plano y estaba muy… excitado. Se acercaba despacio hacia ella, y cogiéndole la cara con sus manos, la besó. Los ojos verdosos del coronel se clavaron en los suyos. Mientras la besaba, hizo que su mano lo acariciara. Estaba caliente y era suave. Y estaba dura. Sintió la mano mojada de un líquido pegajoso que salía de la punta, mientras seguía con el movimiento que él le guiaba. Al cabo de unos segundos, desató el nudo de su falta, arrancó la camisa y desnuda, la tendió sobre la cama. «Abre bien las piernas y no pongas resistencia, así te dolerá menos». Recordaba una y otra vez la voz de Matilda en su cabeza. Joan abrió sus piernas y se quedó quieto encima de ella. La besaba con todas las ganas que sentía, acariciaba sus pechos y éstos se endurecían. Él veía la excitación de Sara. Sus pezones oscuros se iban haciendo pequeños y duros, la piel de gallina, sus ojos cerrados… podía oír pequeños gemidos, apenas imperceptibles… oía su corazón. Acercaba su sexo al de ella, y con un dedo pudo ver que ya estaba lista. Mojada, entregada. Iba a ser suya. La guio hasta la entrada. La miró. Alzando la cadera, dejó caer su primera embestida. La sintió caliente, húmeda, estrecha. Un gemido ahogado salió de la garganta de Sara. Le ardía. Notó como las paredes de su vagina se abrían ante su polla, larga y dura, hasta el fondo de su ser. El peso de él encima apenas la dejaba respirar. Sólo se aliviaba cuando levantaba la cadera y al segundo volvía a embestirla con más fuerza. Le dolía. «No te resistas, acabará en unos minutos». Y una y otra vez, Joan embestía gimiendo, besando y pasando su lengua por cada rincón de su cuello, oliendo una mezcla de lavanda y sudor, que lo ponía aún más excitado.

    Era ella, ahí debajo de él, con sus piernas abiertas, sus pechos desnudos… era ella… era Sara. Sintió sus manos agarrando su espalda y aceleró el movimiento. Una y otra y otra y otra vez… y vertió en ella todo su ser. Sara sintió como le llenaba las entrañas de un líquido caliente y cerró los ojos. «Se acabó», pensó ella. La miró y se retiró. Al cerrar las piernas notó cómo se derramaba el semen de dentro. «Es normal. Espera». Joan cogió una toalla y la secó. Vio el semen abundante saliendo, mezclado con la sangre de la primera vez. Manchada la toalla y la sábana, Joan la miraba. Lo excitaba sólo pensar que nadie más había estado donde él está. No imaginaba hacerlo con nadie más que con ella. «Era de él o no era de nadie», se sorprendió pensando. Era una mezcla de deseo, ¿amor?, y propiedad. Era suya, suya y de nadie más. Una punzada de celos sin sentido se apoderó de él.

    Al levantarse de la cama, Sara vio la mancha de sangre. Helada, sintió vergüenza por haberle manchado las sábanas al coronel.

    -Cambio las sábanas en seguida, Señor.

    -Sara.

    -Lo siento mucho, Señor… no sabía que eso… en un momento se las cambio y las lavo… se quedarán bien se lo prometo… Dios mío…

    -Sara. Mírame. -Joan, sentado en el filo de la cama la atrajo hacía sí, hasta sentarla en sus rodillas, aun desnuda, sudando, temblando.- Estás bien?

    -… sí, señor.

    -¿Sabes qué es esto? -dijo señalando la mancha de la cama.- Es el mejor regalo que me podrías haber hecho. No te avergüences. ¿Te ha dolido? -aparentaba preocupación por haberle hecho daño, pero en el fondo le excitaba pensar en su dolor. Eso la hacía más suya, eso lo hacía más hombre, más arriba, y a ella más suya.

    -Sí… ha dolido un poco…

    -Bien… ¿te duele ahora?

    -Me escuece…

    -Bueno… ¿te gustaría repetir? -sólo con la pregunta, sintió como de nuevo su polla se endurecía. Ella, tan frágil, tan dispuesta, tan bella. Ignorante de que a partir de ahí, sólo estaba él. No habría nadie más. Sara no contestó. Quizás no sabía ni qué contestar. Le ardía su sexo y le escocía… el acto anterior le había dolido y, aunque había intentado mantener la calma, era difícil con las embestidas que Joan le daba. Parecía que la partiría en dos en cualquier momento. Con la pregunta del coronel, se sintió mojada, el corazón le latía más deprisa y no sabía bien si quería o no. Era un hombre guapo. Contrastaba su color con el que ella estaba acostumbrada. Blanco como la nácar, rubio y con ojos verdosos, con una barba a punto de salir que le había destrozado el cuello, una boca limpia y perfecta…»¿duele siempre, señor?»

    -No.

    La levantó de sus rodillas y se sentó en la cama. Apoyó su espalda en el cabecero y la hizo subirse encima de él… agarró firme y apuntando a su entrada… y la sentó de golpe… Sara echó la cabeza hacia atrás, mientras Joan agarraba sus caderas sentía el pelo caer en cascada, negro… y cogiéndolo con fuerza le mordió su cuello mientras ella bajaba y subía sobre él… gemían… se besaban… chupando sus pezones… mordiéndolos… la notaba estremecerse entre el dolor y el placer… en pocos minutos sintió cómo Sara suspiraba con más fuerza… con más ganas… «se va a correr»… y será con él dentro, con su polla dura, entrando y saliendo de su cuerpo… cuando entre sus manos el cuerpo de Sara tembló.

    Se agarró al cuerpo de Joan, tiritando, extasiada, y con dos golpes de cadera volvió a notar el líquido caliente del coronel entrar. En esa posición, casi a la misma velocidad que entraba… salía… manchándolo todo. En esa posición se quedaron mirándose, exhaustos, sin saber qué estaba pasando. Ella, habiendo vivido la sensación más extraordinaria de su vida. Él, con las ganas de un toro, sintiendo que no, no era suficiente. El haberla sentido correrse con él había sido algo increíble, algo distinto a todo lo demás.

    La miraba y pensaba que estaba perdido…

  • Mi novia Luci, de santa a puta (III)

    Mi novia Luci, de santa a puta (III)

    Nota: Gracias a los que leyeron mis dos relatos anteriores, en especial a los que se tomaron la molestia de comentar, eso me motivó mucho para seguir escribiendo. Aquí está la tercera parte de la historia. Creo que es una buena conclusión para la historia de Luci. Quedó un poco larga, pero no quise dejar muchos cabos sueltos. Saludos cordiales.

    Entré al motel y busqué la habitación que mi esposa me había indicado. Me estacioné al lado de un Mustang rojo, subí por unas escaleras y toqué un timbre. La puerta se abrió y Luciana salió a recibirme con una sonrisa en los labios. Yo esperaba encontrarla empapada en sudor y leche, pero estaba vestida, maquilla y peinada, como si acabara de arreglarse, como si acabase de salir de la casa. Se me aceleró el corazón. Una cosa era verla en fotos y otra muy diferente, verla en vivo, vestida así, tan puta, tan sensual, con sus pantalones de cuero y sus tacones que hacían resaltar sus nalgas. La tomé de la cintura y le besé la boca y el cuello.

    —Amor, aun no es tarde —le dije—. Vámonos a la casa y hagamos de cuenta que esto nunca pasó. Te prometo que nunca hablaré al respecto.

    —No, Ismael, esto tiene que pasar —me agarró la verga—. Va a pasar. No hay vuelta atrás. Mira cómo te pones de duro. Estás bien puto enfermo.

    Me tomó de la mano y me llevó al interior de la habitación. Había una tenue luz rojiza, olía a perfume y sonaba una música sensual. Ernesto estaba sentado en un amplio sofá, fumándose un cigarro y bebiéndose una copa de whisky. Me examinó de pies a cabeza con indiferencia y me sentí tan avergonzado, que evité cruzar miradas con él. Estaba casi desnudo, solo llevaba un bóxer negro en el que se marcaba su enorme bulto. Su musculatura era impresionante: tenía pecho de toro, abdomen marcado, brazos enormes y piernas como troncos.

    Luciana me sirvió una copa, me encendió un cigarro y me hizo sentarme en el borde de la cama, frente al sofá en el que yacía Ernesto. Me dio un beso en los labios y me susurró al oído: «Disfruta el espectáculo». Entonces se dio la vuelta, se alejó contoneando las nalgas y comenzó a bailar al compás de la música. Se acariciaba el cuerpo y me sonreía. No había ternura en su mirada, solo lujuria. Primero se quitó las zapatillas y luego, lentamente, moviéndose como una golfa de putero, se despojó de la blusa. Desabrochó su pantalón y dejó que callera al suelo para después patearlo hacia mí. Me dejó contemplarla en lencería unos segundos, pero pronto me dio la espalda, caminó hacia Ernesto, se sentó anchada sobre él y lo besó. Sentí un escalofrío recorrerme la espalda, pero a su vez, un morbo inmenso.

    Mi esposa y Ernesto se besaban con pasión y deseo, como un par de animales, mientras él acariciaba sus nalgas, su cintura, su vientre y sus pechos. En ese momento me saqué la verga y comencé a masturbarme.

    Luciana se arrodilló, le quitó el bóxer a Ernesto y comenzó a mamarle su enorme pito, que exhibía unas venas monstruosas y apenas si le cabía en la boca. Mientras ella chupaba, él le quitó el brasier y se estiró para acariciarle las nalgas y meterle los dedos. Me dieron ganas de acercarme a mi esposa, quitarle la tanga y penetrarla en esa posición, pero no quise interrumpirlos.

    Ernesto tomó un condón de una mesita cercana y se lo puso. Luciana se levantó, se empinó y se quitó la tanga y los ligeros. Tenía cuerpo como de guitarra: unas caderas enormes y una cintura pequeña. Empujó a Ernesto para que se recostara, se montó sobre él y se ensartó su enorme verga, que entró sin problemas. Luciana soltó un gemido de placer. Ernesto la tomó de la cintura. Yo me masturbaba como loco, como un adolescente viendo su primera película porno.

    Mientras mi esposa lo cabalgaba, Ernesto le daba nalgadas, le chupaba los pechos y la llamaba puta. Me dio un poco de envidia, ya que conmigo jamás había hecho tal posición, quizá porque mi verga no era tan descomunal. No sé qué me excitó más, si los gemidos de placer de mi esposa, o el ver cómo tremendo pito le entraba y salía, pero sentía que iba a explotar, ya estaba a punto de venirme.

    Luciana y Ernesto cambiaron múltiples veces de posición, pero no parecían exhaustos. Al final, Luciana se arrodilló frente a mí y Ernesto le derramó su corrida en la boca, la cara y el pecho, mientras ella me veía y me sonreía. Me levanté y caminé hacia Luci con intención de que me la mamara, pero Ernesto me prohibió acercarme. No le di importancia. Derramé mi corrida en la alfombra. Las piernas me fallaron y caí hincado.

    Ernesto le dijo a mi esposa algo al oído, tras lo cual, ella se levantó, se acercó a mí y me besó en los labios. Al sentir ese asqueroso sabor a leche ajena, intenté separarme, pero ella me sujetó la cabeza con una fuerza inusitada. Fue una sensación por demás extraña. Me dejé llevar durante algunos segundos, pero no quería que Luciana tuviera una percepción errónea de mis deseos, de modo que pronto la aparté con firmeza. Ernesto parecía furioso, enardecido, pero mi esposa soltó una risotada, se acercó a él y se le llevó de la mano al baño.

    Los seguí, pero Ernesto, furioso, me cerró la puerta en la cara. No entendía qué pasaba; sin embargo, al poco rato salió Luciana para explicarme que sí me permitirían entrar, pero solo para grabarlos con el celular de Ernesto, que quería tener evidencia para mostrársela a sus amigos. No sé por qué, pero la idea de que mi esposa fuese exhibida como una puta, tal como Mar se exhibía para mí, me encendió de nuevo.

    Los grabé desnudos en el jacuzzi, con sus cuerpos llenos espuma, mientras se besaban, acariciaban y cogían como animales, sin el más mínimo pudor. Para ese punto, Luciana me ignoraba por completo. Al final, Ernesto se corrió en su boca y le ordenó que me besara, pero me negué con firmeza, cosa que a él no le hizo ninguna gracia.

    Poco después del amanecer, nos vestimos, recobramos la compostura y bajamos al estacionamiento para despedirnos. Ellos iban tomados de la mano y yo los seguía. Al lado del Mustang rojo de Ernesto, comenzaron a besarse como dos adolescentes. Mi esposa le acariciaba el bulto y él le acariciaba las nalgas.

    De pronto se separaron y entonces comenzó el conflicto. Ernesto se me quedó viendo con despiadada frialdad. Por primera vez en toda la noche, me dirigió la palabra directamente.

    —A partir de hoy, tu esposa será mi amante de planta —me dijo con desprecio—. Me la voy a coger dos o tres veces por semana. A veces te permitiremos ver, pero no siempre, que no somos tus juguetes. Se te avisa para que no tengamos problemas.

    Hasta ese momento, yo estaba extasiado por la lujuria de aquella noche intensa, por la excitación, pero semejante comentario me devolvió a la realidad.

    —Estás bien pendejo —le espeté de inmediato—. ¿Y se puede saber con el permiso de quién pretendes hacer eso? Una cosa es que nos hayas servido para cumplir una fantasía y otra muy diferente, que vayas a traer de puta a mi mujer.

    —No te molestes en querer recuperar algo de dignidad, cornudo —Ernesto tomó a mi esposa de la cintura y la acercó a él—. Luciana necesita un hombre de verdad, no a un pendejo que ocupa que otro se la coja para que esté satisfecha.

    —Es suficiente, wey. No va por ahí. Ya estuvo, ya nos vamos —me acerqué para llevarme a Luci, pero Ernesto se adelantó y se puso entre nosotros—. Ábrete, wey.

    —Puede que tú seas su marido, pero a partir de hoy, yo soy su hombre.

    El primer golpe se lo asesté en la garganta y el segundo en la quijada. Aturdido, confundido, Ernesto alzó la guardia y contraatacó, pero sus golpes eran lentos, torpes y ebrios, de manera que los esquivé uno a uno. No sé si fue porque él estaba tomado, o porque yo estaba cegado por la ira, pero pronto rompí su guardia con una lluvia de ataques frenéticos. Ernesto recibió tantos golpes en la cabeza, que cayó al suelo de espaldas. Estaba a punto de empezar a patearlo cuando Luciana, desesperada y con lágrimas en los ojos, se me acercó para detenerme.

    —Ya estuvo, Ismael. ¡Eres un idiota! ¡Tampoco tenías por qué pegarle! ¿Ya estás contento? ¿Ya te sientes muy hombre?

    —Pues la neta sí, sí me siento muy hombre, ¿cómo la ves?

    Pateé a Ernesto hasta que sus costillas crujieron. Le saqué el celular del pantalón y lo arrojé contra la pared. Obligué a mi esposa a subirse a la moto. Conduje a ciento cincuenta kilómetros por hora hasta que Luciana me amenazó con lanzarse si no me detenía. Me estacioné al lado de un riachuelo. Luciana salió corriendo hacia el agua, pero rápidamente la alcancé y la detuve abrazándola por la espalda.

    —¿Estás loca o qué te pasa? ¿Te ibas a aventar al agua? No me chingues, Luciana, ni siquiera sabes nadar bien. ¿Te ibas a matar por ese pendejo? ¡Responde, puta madre!

    —¡Suéltame, culero! ¡Suéltame! —Luciana se retorcía entre mis brazos con fuerza y furia, pero poco a poco se fue relajando—. Suéltame, Ismael, en buena onda. —de pronto, Luci estalló en llanto y se dejó caer sobre sus rodillas. Yo me hinqué a su lado y la abracé—. ¿Oh, dios mío, qué hemos hecho?

    Dejé que Luciana sollozara en mi pecho mientras le acariciaba la espalda. Tardó algunos minutos en tranquilizarse, pero por fortuna volví a ver esa mirada tierna de la que estaba tan enamorado, aunque estaba llena de lágrimas.

    —¿Amor, podrás perdonarme por lo que pasó? —Me preguntó Luciana, con la cara roja por la vergüenza—. No era mi intención faltarte al respeto, solo quería que disfrutaras, pero Ernesto lo malinterpretó todo… Oh, mi dios, he sido tan, tan tonta…

    —No hay nada que perdonar, hermosa. Solo fue un desliz. Y no me molestó… lo que hiciste con él… Pero ese culero me quería humillar y eso es algo que no voy a permitir. Estate tranquila, que todo está bien entre nosotros. Más adelante, tal vez, podríamos intentarlo con otra persona…

    —No —me interrumpió Luciana con firmeza—. Todo esto ha sido un tremendo error y nunca se repetirá.

    Luci pasó algunos días algo apenada conmigo, ni siquiera se atrevía a mirarme a los ojos, pero cuando le regalé un ostentoso celular nuevo, las cosas volvieron, más o menos, a la normalidad. Veíamos películas, jugábamos nintendo, andábamos en moto y cogíamos en cualquier rincón de la casa, pero cada vez que yo mencionaba la posibilidad de repetir la experiencia con otra persona, mi esposa se enfurecía tanto, que me aplicaba la ley del hielo durante varias horas. Aquel tema se había vuelto tabú entre nosotros.

    Nuestros encuentros sexuales se vieron mejorados desde la noche del baile. En sí, nada había cambiado, pero tan solo con recordar a mi esposa siendo cogida por Ernesto como una zorra desgraciada, yo me podía tan caliente, que me la cogía por tanto tiempo y con tanta fuerza, que Luci quedaba completamente satisfecha.

    Y sin embargo, no podía sacarme de la cabeza la idea de repetir la experiencia, en un ambiente más controlado esta vez. En cierta ocasión, mientras cogíamos en el sofá de nuestra sala, aun a sabiendas de que podía generar un conflicto, le planteé la posibilidad. Esta vez, en lugar de enojarse, mi esposa se limitó a responder tranquilamente.

    —Quieres que yo coja con otro wey para tú poder cogerte a otra vieja, ¿verdad?

    —No, para nada. No va por ahí. Tú eres mi fantasía. Sentiré placer mirando tu placer.

    —Ay, aja, si bien que te ganan los celos. Además, al rato que te llegues a enojar conmigo, me lo estarás echando en cara. No quiero problemas. Pero si tú te cogieras a otra vieja, estaríamos a mano…

    —Esto no se trata de estar a mano, enserio. Solo… vuelve a hacer realidad mi fantasía… Te prometo que no te lo voy a reclamar y que no te lo voy a cobrar. Lo único que te pido es que sea con alguien cabal, no con un wey que vaya a salir igual de pendejo que el Ernesto.

    —Estás bien puto enfermo, pero lo voy a pensar, aunque no te prometo nada.

    A partir de ese día, para no hostigar a Luciana y darle tiempo para pensarlo, no hablé más al respecto. Estaba convencido de que, una vez que meditara las cosas, mi esposa accedería a mi propuesta. Ahora el único problema era encontrar al candidato perfecto. No podía ser alguien del pueblo, ya que no quería que anduviésemos metidos en chismes. Y, al mismo tiempo, tampoco podía ser un completo desconocido, ya que no me podía arriesgar a que resultara igual de idiota que Ernesto. ¿Entonces quién?

    La respuesta llegó en el momento menos esperado.

    Mis padres celebraron su vigésimo quinto aniversario de matrimonio con una enorme fiesta en el patio de su casa. Yo invité a Leonardo para que me acompañara y mi esposa invitó a Melisa, cuyo marido, pensábamos, seguía embarcado. De vez en cuando, la muy maldita se me quedaba viendo y esbozaba una sonrisa burlona. Sin duda, por los mensajes que Luciana le había enviado la noche del baile, Melisa ahora me consideraba un cornudo patético, pero mientras no me lo dijera a la cara, por mí no había ningún problema. Obviamente, ella no sabía que yo estaba al tanto de todo.

    Melisa iba ataviada con un pantalón de cuero y una blusa bien entallada, que dejaba en evidencia su figura curvilínea. Era más alta, nalgona, chichona y rellenita que mi Luciana, pero sin llegar a ser gorda. Sin duda su plan era aprovechar la ausencia de su marido para, por fin, cumplir su fantasía de cogerse a Leonardo. Conversaban, bebían y reían como viejos amigos. De vez en cuando se toqueteaban las manos, los brazos y las piernas. La blusa de Melisa dejaba descubierta la espalda y Leonardo no perdía la oportunidad de acariciársela. Mi esposa y yo veíamos sus coqueteos y reíamos.

    —Me voy a coger a Melisa, wey —me dijo Leonardo en cierto punto de la fiesta, mientras ella y Luciana andaban por el baño—. Préstame una habitación de tu casa.

    —A huevo que sí. No hay ningún problema.

    Apenas regresaron las mujeres, Leonardo se llevó a Melisa a bailar, pero Luciana y yo nos separamos y fuimos a comprobar que todo estuviera bien entre los invitados, labor que nos correspondía como hijo y nuera de los festejados.

    Mientras iba de mesa en mesa verificando que todo estuviera bien, a veces desviaba la mirada hacia la pista, donde Leonardo y Melisa, aprovechando la oscuridad y el gentío, bailaban casi besándose.

    Me detuve en la mesa de mis padrinos para saludarlos. Una cosa llevó a la otra y terminé tomándome una botella con ellos. Mi padrino se enorgullecía de mí por estar estudiando la maestría y mi madrina lamentaba que no estuviera libre para su hija. Estuve sentado allí durante casi una hora, hasta que Luci, asustada y pálida, apareció ante mí.

    —¿Qué pasa, amor? —Le pregunté—. Parece que hubieras visto un fantasma.

    —Ven conmigo.

    La seguí hasta un rincón apartado.

    —No me preguntes cómo, porque no voy a poder responderte —me dijo—pero Ramón, el marido de Melisa, acaba de llegar a la fiesta buscándola. Está bien emputado y trae un machete. Me da miedo que la agarre a planazos si la encuentra. Lo hice sentarse en la entrada, le destapé una cerveza y le dije que iría a buscarla.

    —Hay que distraerlo mientras Leonardo se la lleva para la casa.

    —¿Estás imbécil o qué te pasa? Si Ramón no encuentra a Melisa aquí, nuestra casa será el primer lugar en el que la va a buscar. No quiero que ni tú, ni tu amigo, se vayan a meter en problemas por defenderla. Tampoco la podemos llevar a su casa porque el marido la va a madrear ahí. Necesito que te la lleves a casa de sus papas.

    —¿Yo? No mames. Que se la lleve el Leo.

    —A ver, Ismael, piensa. ¿Tú qué crees que va a pasar si Ramón encuentra a Melisa con un wey al que ni siquiera conoce? En cambio, si la llega a encontrar contigo, pues fácilmente le puedes inventar que te la llevaste porque uno de sus papás se puso mal.

    —La neta Melisa ni siquiera me cae tan bien. Además, sus pinches papás viven en otro pueblo. Yo digo que no nos metamos y que arregle sus problemas como pueda.

    —Melisa será lo que tú quieras, pero conmigo siempre se ha portado bien. Además, no seas tonto, no lo hagas por ella, hazlo por ti. Así me darás tiempo de cumplirte tu fantasía. Aprovecha que ya estoy peda y caliente.

    —¿Mi fantasía? —Abrí los ojos de par en par—. ¿Hablas enserio? ¿Lo vas a hacer? ¿Aquí y ahora? ¿Pero con quién?

    —No sería justo que Leonardo se quedara caliente por culpa del marido de Melisa.

    La verga se me puso como piedra.

    —Tienes razón. No sería justo. Mientras yo voy a botar a Melisa con sus padres, ayúdalo en lo que puedas, como buena amiga.

    ¿Cómo no lo había visto? ¡Leonardo era el candidato perfecto! No era del pueblo, de modo que no nos iba a meter en chismes. Tampoco era un completo desconocido, así que no se portaría como un imbécil con mi Luciana. Era alto, barbado y fornido, tal como Ernesto, así que sin duda era del agrado de mi esposa. Además, Melisa ya lo había calentado, por lo tanto, Luci tenía las de ganar si intentaba seducirlo.

    —Ismael, voy a hacer esto, pero no quiero que tengas problemas con tu amigo —me dijo Luciana, seria—, así que creo que lo mejor es que él no sepa que tú estás de acuerdo. Por lo tanto, si quieres que esto pase, necesito que te quedes haciéndote pendejo por ahí. Te prometo que te mantendré informado y que tomaré muchas fotos.

    Tomé a Luciana de la cintura y la besé. Me emocionaba saber que otro hombre se la cogería esa noche. Me pregunté si en realidad era tan urgente que llevara a Melisa con sus padres, o si mi esposa se estaba aprovechando de la situación para poder coger a gusto. Muy en el fondo, deseaba que fuera la segunda, pues eso terminaba de confirmar que mi Luciana había pasado de ser una novia santa a una esposa puta.

    Melisa y Leonardo estaban sentados en un sofá de la sala de mis padres, en completo silencio. Ambos lucían decepcionados. «Ni te imaginas lo que te espera, wey», pensé mientras observaba a mi amigo.

    —¿No se suponía que tu esposo andaba embarcado? —Le espeté a Melisa con desprecio—. ¿Por qué vino el hijo de la verga a dar guerra a la fiesta de mis papás?

    —No tengo ni puta idea —dijo Melisa con tristeza—. A mí me dijo que volvería hasta dentro de diez días. No sé si lo regresaron o si me tendió una trampa. Sea como sea, estoy acabada. Mi cuñada me acaba de mandar un mensaje diciéndome que ni se me ocurra volver a la casa, porque les llegó al chisme de que engañé a mi esposo durante la noche del baile.

    —¿Y es verdad?

    —¡Por supuesto que no es verdad, idiota! ¿Cómo te atreves a pensarlo? Pregúntale a Luciana. Ella estuvo conmigo toda la noche. ¿Verdad, Luci?

    —Es correcto —dijo Luciana, que se acercó a Melisa y la abrazó mientras me miraba sonriendo—. Meli, al menos de momento, no tiene caso que intentes volver a la casa de la familia de tu esposo. Lo más prudente es que te vayas con tus papás. Allá estarás a salvo. Ni te molestes en rezongar. Ismael va a llevarte.

    —P-pero… Luci, recuerda que…

    —¡Pero nada! No queremos que ese loco te vaya a hacer algo. Agarra tus cosas, que mi marido te va a llevar en su moto. Mientras más lejos estés, mejor.

    Melisa asintió, resignada y triste. Se despidió de Leonardo con un beso en la mejilla y de Luciana con un fuerte abrazo. Salimos de la casa por la parte trasera y nos dimos a la fuga en mi moto.

    En un sendero flanqueado por cañaverales, Melisa balbuceaba algo sobre haber arruinado su matrimonio, pero no le presté atención. En mi mente solo había espacio para la fantasía. Me pregunté qué haría Luci para seducir a Leonardo. ¿Sería directa, o se iría por la tangente para que él hiciera el primer movimiento? ¿Y si, por lealtad a mí, Leo la rechazaba? No, era imposible. Así como no había dudado en cogerse a Mar a pesar de que Sagardi estaba enamorado de ella, tampoco dudaría en cogerse a mi mujer.

    La situación era por demás obscena. Prácticamente había separado a mi amigo de su ligue para que pudiera cogerse a mi mujer. De pronto me sentí como en mis años universitarios, ansioso de recibir el mensaje de una mujerzuela en el que me mostrara cómo se la estaban cogiendo. Aunque también deseaba que Luci, además de eso, me mantuviera al tanto de todo el juego previo.

    Una vez que llegamos al pueblo donde vivían sus papás, Melisa me pidió que me detuviera en una tienda para comprar cigarros. Había unos adolescentes tomando en la acera, que le silbaron y le hicieron comentarios soeces, pero ni siquiera por eso dejó ella de contonear las nalgas mientras caminaba. Tenía buenas piernas y buenas caderas. Llevaba descubierta la espalda y se le marcaba la tanga sobre el pantalón de cuero. Uno de los borrachos me dijo que qué buena estaba mi vieja.

    —Te la cambio por una caguama. —le dije sonriendo.

    —Por una vieja con ese culo, si quieres te pago un cartón. —respondió él con suma seriedad, como si no estuviera bromeando, de modo que pasé a ignorarlo. Aproveché el momento para revisar mi teléfono. Ya tenía tres mensajes de Luci.

    Luciana: Amor, ya nos vamos para la casa. Leonardo me llevará y me acompañará hasta que regreses jejeje. Ahí tú sabrás a qué hora vayas a aparecer.

    Luciana: Amor, vamos a abrir una botella de whisky para que Leo me cuente sus penas. Está muy triste porque Melisa se tuvo que ir. A ver si puedo consolarlo jejeje.

    Luciana: Amor, márcame en cuanto puedas.

    Al leer el último mensaje de Luci, me emocioné demasiado. Me imaginé que ya estaba cogiendo con Leonardo y que quería mostrarme. Sin embargo, descarté la idea de inmediato. Luciana no quería que él supiera que yo estaba al tanto de todo. Me dispuse a llamarla para averiguar qué quería, pero justo en ese momento, Melisa caminaba de vuelta. Pude haberme alejado para hablar en privado, pero uno de los borrachos se levantó de la acera, se acercó a ella y le dio una nalgada tremenda. Melisa respondió abofeteándolo. El tipo la tomó de la cintura e intentó besarla a la fuerza, pero yo me acerqué, lo aparté empujándolo, lo tomé del cuello y lo arrinconé contra una pared. Sentí que yo mismo había provocado esa situación con mi broma estúpida, de modo que le apreté la garganta hasta que casi se ahoga, entonces lo solté, cayó sobre sus rodillas e inhaló una bocanada de aire. Sus amigos me rodearon, insultándome y reclamándome. Pensé que se armaría una trifulca, pero el dueño de la tienda salió y nos amenazó con llamar a la policía si no nos largábamos. Melisa me tomó de la mano, me llevó hasta la moto y nos fuimos tan rápido como nos lo permitió el motor.

    Melisa me indicó qué calles tomar para llegar a la casa de sus papás. La fachada me impresionó. Se notaba que los dueños eran gente de bastante de dinero. Hasta ese momento yo había pensado que Melisa venía de una familia humilde y que debido a eso, se había escapado con el primer pendejo que le había hablado bonito.

    Ella traía llave, de manera que entramos y nos acomodamos en la sala: un lugar amplio con enormes y elegantes sillones. Melisa encendió dos cigarros, sirvió dos copas y se sentó frente a mí.

    —Gracias por traerme y por defenderme de esos borrachos.

    —Te traje porque mi esposa me lo pidió y te defendí porque yo tuve la culpa de lo que pasó. Uno de esos pendejos me dijo que estabas bien buena y yo respondí que te cambiaría por una caguama. Sospecho que eso envalentonó a su amigo para hacer lo que hizo. Si las cosas se hubieran dado de otro modo, te habría dejado a tu suerte.

    —¿Por qué eres tan imbécil conmigo? ¿Qué te he hecho para que me trates así?

    No supe qué responder, de modo que simplemente cambié la conversación.

    —Llama a tus papás para explicarles la situación y largarme.

    —Mi papá tiene covid y mi mamá está con él en el hospital. En esta casa no hay nadie. Ya se lo había platicado a Luci, pero creo que por los nervios, se le olvidó.

    Luci no era dada a olvidar esa clase de cosas, pero no le presté atención al detalle.

    —Sea como sea, ya estás bien lejos del pendejo de tu marido. Lo que aun no entiendo es qué madre pasó. Dices que tu cuñada te comentó que les llegó el rumor de que engañaste a tu esposo en el baile, ¿no?

    —Pero eso es mentira.

    —Aquí el punto es que es demasiada coincidencia que justo hoy que les llegó ese rumor, haya aparecido tu marido de la nada para hacértela de pedos. Porque como bien dices, o nunca subió a plataformas, o te tendió una trampa.

    —¿Y eso qué importa ya? Como hayan sido las cosas, ya me chingaron.

    —Pues yo ya te acompañé y me aseguré de que estuvieras bien. Ya no tengo vela en este entierro. Tengo que regresar con mi esposa.

    —¿Estás celoso de que la Luci se haya quedado a solas con tu amigo? —Melisa esbozó una sonrisa maligna—. No te culpo. Está bien guapo el wey.

    —Y luego preguntas por qué te trato como te trato.

    —No te enojes conmigo, si solo fue un chascarrillo inocente. Todos sabemos que tu mujer es una santa. Santa Luciana. Uno puede hasta prenderle una vela y rezarle.

    Qué mujer tan maldita. No podía sacarse de la cabeza lo que había pasado en el baile y usaba el sarcasmo para burlarse de mí. Pero lejos de molestarme, aquello me emocionó, pues me excitaba el hecho de que Melisa supiera las puterias de Luci.

    —Hagamos una cosa —continuó Melisa—. Espérame un par de minutos en lo que paso al baño y me pongo cómoda. Luego vete si quieres.

    Melisa se bebió su whisky de un trago, se levantó y se fue. No pude evitar mirarla contonear las nalgas como puta. Siento que ya ni siquiera lo hacía apropósito. Tenía la puteria tan arraigada, que le salía de forma natural. Aproveché el momento para sacar mi teléfono y llamar a Luciana. Ella tardó algunos segundos en responder.

    —Amor, qué bueno que me marcas, ya estaba muy preocupada —Mi esposa susurraba, de modo que inferí que se había alejado de Leo para hablar conmigo—. ¿Ya llegaron con los papás de Melisa?

    —Llegamos a su casa, pero sus padres no están. Melisa dice que su papá se enfermó de covid y que su mamá está cuidándolo en el hospital.

    —Es cierto, algo me había comentado ella al respecto. No sé cómo pude olvidarlo. Lo bueno es que ya está bien lejos de su marido. El wey se fue bien emputado de la fiesta de tus papás. Hasta se puso a rayar el machete en la calzada.

    —No hablemos más de ese pendejo. Mejor platícame qué estás haciendo. ¿Para qué querías que te marcara con tanta urgencia?

    —¿Pensaste que ya estaba echando el primer palo con el Leo, verdad? —Luciana soltó una risotada—. Lo siento, pero no. Lamento decepcionarte. Tu amigo como que tiene pena conmigo. Creo que no quiere traicionarte. Pero ya cederá. Me puse algo más ligero que el vestido que me llevé a la fiesta. El wey no deja de mirarme las piernas y el escote. Yo creo que con un par de tragos más, se animará a intentar algo. Te pedí que me llamaras para decirte que busques algún lugarcito y te pongas cómodo, porque en un rato te voy a mandar unas fotos interesantes y querrás darte cariño. Te iba a decir que te fueras al motel del pueblo de Melisa, pero en vista de que no están sus papás, quédate un rato allí, con ella, así sirve que le haces compañía. Yo te aviso cuando te vaya a mandar las fotos para que le pidas prestado el baño.

    —Vale, me parece bien, pero no te tardes mucho. No sabes cómo me tienes.

    —Te dejo, no vaya a sospechar algo el Leo, bye.

    Colgamos la llamada y me quedé pensando. ¿Qué estaba pasando por la mente retorcida de Luci? ¿Qué clase de fotos obscenas iba a mandarme? ¿Pretendía que me la chaqueteara en el baño de su amiga?

    Un par de minutos después, cuando regresó Melisa, yo ya me había acabado el primer vaso de whisky y me había servido el segundo.

    —Perdóname por ser tan impertinente —me dijo—. Sé que no te caigo muy bien, pero la neta me da miedo quedarme sola. En este pueblo todos nos conocemos y no vaya a ser que los borrachos de la tienda vengan a hacerme algo. ¿Me podrías acompañar durante un rato, hasta que me sienta segura?

    La petición de Melisa me sorprendió, pero me caía como anillo al dedo, de manera que no me hice mucho del rogar. La única condición que le puse es que mantuviera mi vaso lleno de whisky. Además, le hice saber que no me gustaba beber solo.

    Melisa hablaba sobre su esposo y sobre sus demás relaciones. Entre más bebía, más confianza agarraba conmigo. Yo al principio no le prestaba mucha atención. Estaba más bien concentrado en mi teléfono, esperando las fotos de Luci, pero poco a poco, la plática se fue tornando más y más interesante.

    —Perdí la virginidad en esta misma casa, con dos primos —me confesó—. Ellos tenían quince y yo catorce. Nos encerramos en mi cuarto y nos pusimos a jugar cartas, pero en vez de apostar dinero, apostamos prendas. Los malditos se pusieron de acuerdo para que yo fuese la primera en quitarse todo. Cuando me dejaron encuera, comenzaron los castigos. Primero solo eran cosas simples, como besos de piquito o caricias en la espalda, pero esos calientes no tardaron mucho en ir más allá. De pronto me pusieron como castigo besarme de lengua con ambos, luego dejarme chupar los pechos por ambos. Una cosa llevó a la otra y cuando me di cuenta, ya les estaba haciendo una mamada a los dos. A esas alturas, ya nos había quedado claro que terminaríamos cogiendo.

    —Te besaron al mismo tiempo, te chuparon las tetas al mismo tiempo y te recibieron una mamada al mismo tiempo. ¿También te la metieron al mismo tiempo?

    —No, fue primero uno y después el otro —le dio un trago a su whisky—. A partir de ese día, todas las tardes después de la prepa, veníamos a mi casa a coger. A veces ellos invitaban a algún amigo y me agarraban entre los tres. Mi plan era seguir cogiendo a lo desgraciado en la universidad, pero cuando cumplí diecisiete años, se me ocurrió la estúpida idea de escaparme con el Ramón, que en aquella época trabajaba de albañil en la casa de mi madrina. Sí, ya ni me digas nada, que sé muy bien que estoy toda pendeja.

    —Al menos tu infierno ya llegó a su fin.

    —La neta yo ya sabía que pronto nos dejaríamos, ese wey es bastante celoso y abusivo, pero nunca me imaginé que fuera a pasar así, tan de repente —le dio un trago a su whisky—. Y lo que más me emputa no es que ese pendejo haya hecho su escandalo a la fiesta de tus papás, ni que su familia me vaya a traer en chismes, sino que no pude quitarme las ganas de cogerme a tu amigo Leo.

    —¡Ya salió el peine! —dije con una risotada.

    —Eso sí, lo dejé con la verga bien parada, porque me la arrimaba mientras bailábamos. A ver si el wey no se agarra a otra vieja en la fiesta.

    —A lo mejor. Tal vez ya hasta están cogiendo.

    —Pues brindemos por esa vieja, sea real o imaginaria —alzó su copa—. ¡Salud! ¡Ojala que ella disfrute de ese hombre! —Vació su vaso de un trago—. Qué puto coraje, la neta. Lo calenté yo para que otra se lo cogiera. Puto Ramón. Esta iba a ser mi noche.

    —Como si no pudieran verse otro día.

    —Pues sí, wey, pero ese no es el punto. Yo ya tenía planeado hasta el más mínimo detalle, desde la lencería que traigo puesta, hasta la canción que le bailaría para calentarlo, hasta cómo le restregaría las nalgas en su verga.

    Melisa cerró los ojos, se sujetó los pechos y se lamió los labios. Yo sentí un escalofrío. Lo bueno de estar con ella era que, con sus historias y fantasías, estaba haciendo un magnífico trabajo para mantenerme caliente hasta recibir el mensaje de Luci.

    Melisa se recostó, abrió los ojos y se me quedó viendo. Cruzamos miradas y sonreímos. Sus ojos verdes siempre me habían gustado, pero jamás me había detenido a contemplarlos con tanta atención. Con el índice de la mano diestra me indicó que me acercara. Me levanté y me senté a su lado. Chocamos las copas y brindamos por el amor.

    —Si yo fuera Luciana —me dijo Melisa—, estaría muy celosa de que mi marido se hubiera ido con otra vieja.

    —Si tú fueras Luciana, ya ni te acordarías de tu marido, sino que estarías en chinga cogiendo con el Leo.

    Melisa me pidió que le platicara sobre mí y sobre mi maestría, de manera que empecé a hablar al respecto, pero mientras lo hacía, ella me acariciaba una pierna. Yo fingí que no me daba cuenta e intenté no darle importancia, pero su mano subía cada vez más. Discretamente la abracé y comencé a acariciarle la espalda desnuda. Mis dedos oscilaban entre su cuello y su cintura. Ella no dijo nada, solo siguió acariciando mi pierna mientras fingía ponerle atención a mi plática.

    Se me hizo bastante curioso que mientras con nuestras palabras teníamos una conversación normal, con nuestras caricias hablábamos de algo completamente distinto. Nuestras bocas decían una cosa y nuestros cuerpos otra. La situación llegó a su clímax cuando ella finalmente se animó a ponerme la mano sobre el bulto. Yo metí la mano bajo su pantalón de cuero y le acaricié las nalgas.

    Entonces ella me besó.

    Mil ideas pasaron por mi cabeza. Aquello estaba bastante podrido. Melisa era amiga de mi esposa. Pero Luci estaba cogiendo con otro wey. Pero yo le había dicho que no quería que ella cogiera con otros para yo hacer lo mismo. Pero Melisa estaba bien buena, bien peda y bien caliente. Pero no quería traicionar a mi esposa.

    Nos besamos durante más de dos minutos, hasta que mi celular sonó y me aparté de Melisa para revisarlo. Me había llegado un mensaje de Luci.

    Luciana: Amor, en un momento te mando las fotos. Ve poniéndote cómodo.

    Aquello había sido un golpe de suerte. Una vez que me llegaran las fotos de Luci, me haría tremenda chaqueta en el baño de Melisa. Después de eso me quedaría sin ganas y pensaría con más claridad, de modo que no traicionaría a mi mujer con su amiga.

    —Ahorita seguimos platicando —le dije a Melisa, como si nada hubiera pasado—. Pero necesito pasar al baño.

    —Está al final del pasillo, a la izquierda. Pero no te tardes, que está buena la conversación.

    Sentí pena por Melisa ya que, por segunda vez aquella noche, se quedaría con ganas de divertirse. «Ya encontrará la manera de superarlo», pensé.

    Me encerré en el baño y le escribí a Luciana que ya me mandara las fotos. En menos de un minuto, me llegaron varias imágenes por Messenger. Sin embargo, había algo extraño: no eran fotos de mi esposa cogiendo con Leo, como yo había pensado, sino capturas de pantalla de una conversación de Whatsapp entre ella y Melisa, que se remontaba casi hasta la noche del baile.

    Melisa: ¿Qué andas haciendo, pinche Luci? ¿No me quieres acompañar en la tarde a ponerme unas uñas al salón?

    Mi esposa tardó varias horas en responder.

    Luciana: Hola, Meli, discúlpame por tardar tanto responder, lo que pasa es que me estaban cogiendo jejeje. No te puedo acompañar porque casi no puedo ni caminar jejeje.

    Melisa: Pinche Luci, ya andas de puta otra vez jejeje, no te bastó con cogerte al Ernesto. ¿Y ahora con quién te fuiste de zorra?

    Luciana respondió con unas fotos en las que salía cogiendo con un wey, pero a él no se le veía la cara, solo el cuerpo y la verga.

    Melisa: Pues no la tiene tan grande, eh, pero tiene bonito cuerpo, delgadito y marcadito. Me gustan un chingo los weyes así. Se parece a un primo que me cogía. Pero aún no me has dicho quién es.

    Luciana: Es mi marido jejeje. Si quieres te lo presto, wey, jejeje.

    A continuación, Luci mandó una foto cabalgando al wey. Esta vez sí se le veía la cara. En efecto, era yo.

    Melisa: ¡Pinche Luci asquerosa! Cómo me mandas eso, no mames. Ya no hay pudor, de veras. Yo qué madre quiero andar viendo las miserias de tu esposo. Aunque sí está chido el wey jejeje. La neta tienes mucha suerte por ese lado, no como yo con el barrigón de mi marido.

    Luciana: Dime la neta, Melisa. ¿Si te lo cogerías?

    Melisa: Pues si no fuera tu marido, a huevo que sí jejeje.

    Las siguientes capturas de pantalla eran de una conversación de esa misma noche. Me imagino que Melisa se había escrito con Luci cuando pasó a comprar cigarros y cuando pasó al baño, porque estando conmigo, no había tocado su celular.

    Luciana: Oye, Meli, no te vayas a enojar, pero el Leo se quedó muy tristecito porque te fuiste, así que voy a ver si lo puedo consolar jejeje. ¿No hay problema, verdad?

    Melisa: Pinche Luci, no te pases de pendeja. Ese hombre era mío. No quiero ser tu hermana de leche, no mames.

    Luciana: Pues sí, wey, pero el que se fue a la villa, perdió su silla. Ni modo. Así es esto. Necesito que me hagas el paro con mi marido. Distráemelo un rato, por fa, ¿sí?

    Melisa: No mames, wey, ¿cómo me haces esto? Se siente bien pinche culero. Prácticamente te estás aprovechando de mi desgracia. ¿Qué te parecería que yo aprovechara el momento para cogerme a tu marido?

    Luciana: ¡Pues cógetelo! Jejeje. Por mí no hay ningún problema. No soy celosa.

    Melisa: No me provoques, wey.

    Luciana: Si quieres intentarlo, adelante, pero no te vayas a poner triste cuando fracases. Mi marido solo tiene ojos para mí jejeje.

    Melisa: No seas ilusa, pinche Luci, parece que no conoces a los hombres.

    Luciana: Haz lo que quieras, wey, pero hazme el paro, de amigas. La neta me voy a coger al Leo. Distrae a mi marido.

    Melisa: Muy bien, pero después no quiero problemas entre tú y yo.

    Luciana: No te enojes, pinche Melisa jejeje. Mira, ya que calentaste al Leo para mí, te voy a dar un consejo para estar a mano. Si quieres calentar a mi esposo, platícale tus puterias, eso le mama el wey jejeje. Solo cuéntale una o dos historias y ya verás.

    Si hubiera estado pensando con claridad, me habría ofendido por la manera en la que Luciana había manipulado las cosas para que Melisa y yo termináramos encamados, pero estaba demasiado emocionado y demasiado caliente, de modo que no iba a desperdiciar la oportunidad que Luciana me había puesto en bandeja de plata.

    Regresé a la sala y Melisa me sonrió. Me acerqué a ella, la tomé de la mano, la hice ponerse de pie y la besé en la boca. Primero la tenía sujeta de la cintura, pero no tardé mucho en poner mis manos en sus nalgas y apretárselas. Su lengua en mi garganta se sentía sublime, así como su mano en mi entrepierna. Me quité la camisa y le quité a ella la blusa. Nos acariciamos los torsos desnudos. Sus pechos apenas si cabían en mis manos.

    —Vamos —me dijo ella con un susurro—, que te voy a enseñar el lugar donde me cogían mis primos y sus amigos.

    Me llevó de la mano hasta su habitación. Entramos besándonos y desvistiéndonos. Nuestros pantalones y zapatos cayeron al suelo. Melisa me hizo sentarme en el borde de la cama y me dejó contemplar su lencería translucida. Sus pezones eran hermosos.

    —¿Te pusiste esa madre para el Leo? —La pregunté.

    —Sí —reconoció ella—, pero me la quitaré para ti.

    Melisa se me acercó, se arrodilló frente a mí y me bajó el bóxer. Primero observó mi verga, luego la jugueteó y finalmente se la metió a la boca. La mamaba de manera magnifica, mirándome desde abajo con cara de puta, abriendo la boca solo lo necesario y lubricando con su saliva para facilitar el trabajo. Su lengua se movía en una especie de remolino sobre mi cabeza pelada. Yo solo gemía y me dejaba consentir. Todo parecía irreal, como en un sueño. Nunca me la habían mamado así, ni Luciana, ni Mariana.

    Melisa se levantó y se dio la vuelta. Me encantó cómo se le metía la tanga entre sus nalgotas. Me recosté y ella comenzó a regresarme las nalgas en la verga. Yo la sujetaba de la cintura, marcando el ritmo. Estaba súper erecto. Jamás había tenido la verga tan pelada. Sentía que iba a venirme en cualquier momento, pero yo quería que aquello durase toda la noche… No, quería que durase para siempre.

    Me levanté y arrojé a Melisa sobre la cama. Le quité la tanga, le abrí las piernas y le hundí mi lengua en lo más profundo de su ser. Estuve así por algunos minutos, pero pronto pasé a meterle los dedos y lamerle el clítoris. Ella gemía como una desquiciada. Si sus papás hubiesen estado en la casa, sin duda nos habrían sorprendido. Con mi mano libre me chaqueteaba la verga. Ella se acariciaba los pechos y se los lamía.

    Cuando sentí que estaba lo suficientemente mojada, procedí a penetrarla en la típica posición del misionero. Mi verga entró sin problema alguno. Ella soltó un gemido de placer. Mientras la embestía le mordisqueaba los labios, las orejas y el cuello. Ella susurraba que quería ser mi puta para siempre.

    Nos separamos para cambiar de posición. Puse a Melisa en cuatro y la penetré con fuerza. Mientras la embestía tomándola de la cintura, llamándola puta y nalgueándola, ella grababa con su celular. Advertí que le mandó el video a Luciana por Whatsapp. No intenté detenerla. Quería ver la reacción de mi esposa.

    Al poco rato Luci respondió con otro video. Estaba desnuda sobre la cama, abierta de piernas y con una verga enorme entrándole y saliéndole. Se mordía los labios y tenía las mejillas rojas. Al final, la verga enorme salió de su interior y derramó una corrida obscena sobre su vientre, pecho y cara.

    —¿Ya viste lo que está haciendo Santa Luciana? —Me preguntó Melisa mostrándome el video—. ¿Ya viste para quién calenté al Leo?

    Lejos de molestarme, comencé a embestir a Melisa con más fuerza. Al mismo tiempo que me la cogía, le estimulaba el clítoris y el culo. Cuando tuvo su primer orgasmo, soltó un alarido tan fuerte que seguro despertó a los vecinos. Le avisé que estaba a punto de venirme y ella me pidió que se los echara en la cara. Lo grabamos y le mandamos el video a mi esposa, que respondió con una foto de ella mamándole la verga al Leo.

    Nos pasamos toda la noche cogiendo e intercambiando fotos y videos con mi esposa. Varias veces me corrí dentro de Melisa. Con el amanecer, nos fuimos a dormir y despertamos a media tarde. Pensé que Melisa estaría cohibida conmigo, pero en vez de eso, me llevó el desayuno a la cama, me trató como a su marido y me confesó que tenía la fantasía de mamarme la verga con Luci.

    Cuando llegué a mi casa, ya era de noche de nuevo. Me había pasado toda la tarde caminando con Melisa en un parque. Leonardo ya se había marchado de mi casa y mi esposa me esperaba con la cena hecha. Sin embargo, apenas la vi, me le fui encima y le arranqué la ropa. Ella me masturbó a mí y yo a ella, mientras nos contábamos con lujo de detalles cómo habían estado nuestras respectivas noches.

    —Tengo que confesarte algo —me dijo Luciana mientras le metía los dedos—. Yo fui quien le avisó al esposo de Melisa que ella estaría con otro macho en la fiesta. Hace como una semana le mandé un mensaje anónimo y le dije que fuera a ver con sus propios ojos cómo era de zorra su esposa. También fui yo la persona que le dijo a su cuñada que ella se había ido de puta la noche del baile. Todo con tal de que la corrieran de su casa y se fuera contigo.

    —Eres una perra sin corazón —le espeté casi con desprecio, pero sin dejar de masturbarla—. Arruinaste el matrimonio de Melisa solo para que yo me la cogiera.

    —El matrimonio de Melisa estaba arruinado desde hace años. Desde la primera vez que Ramón le puso una mano encima. Lo único que yo hice fue sacarla de su infierno. Debería agradecerme por ello. Ahora podrá unirse a nuestro juego del amor.

    —¿Y cuando ella te pidió que la acompañaras al salón a ponerse uñas, para qué le mandaste las fotos donde estábamos cogiendo tú y yo?

    —Porque necesitaba plantearle la idea de que a mí no me molestaría que se acostara contigo. Además, para que se diera la situación de anoche, necesitaba que comenzara a verte como hombre. Ahora estamos a mano. Un palo tú y un palo yo.

    —Ahí te equivocas, mi amor. Porque si las cuentas no me fallan, han sido dos cogidas para ti y solo una para mí. Me tienes que recompensar.

    —Es correcto —Luciana esbozó una sonrisa coqueta—. ¿Qué tal te vendría volver a cogerte a tu amiga Mar?