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  • Mis cambios

    Mis cambios

    Toda esta historia empezó cuando, de la noche a la mañana y por motivos que no llegué a entender, ni vale la pena recordar, la relación que tenía desde hacía ya algunos años con un chico, se rompió.

    Yo estaba realmente enamorado de este chico, pero al parecer, el sentimiento no era mutuo por lo que me sentí muy decepcionado. Mis familiares y amigos me apoyaban y me decían que no valía la pena sentirse así por alguien que no lo merecía, pero yo, no era capaz de olvidarlo tan rápidamente.

    Pasaron las semanas y esa decepción, se convirtió en tristeza y la tristeza en rabia por sentir que había vivido una mentira durante mucho tiempo.

    Aproximadamente un mes después de aquello, decidí que tenía que pasar página y entretenerme de alguna forma, así que me apunté en un gimnasio para ganar un poco de volumen y musculatura ya que, por aquella época, yo era extremadamente delgado, mido 1,80 m y pesaba 50 kg.

    Y así empezaron mis cambios, iba al gimnasio cada día, por lo que no tardé mucho en empezar a notar los primeros resultados. Allí veía gente de todas las edades, hombres, mujeres, cuerpos de todo tipo… Pero yo me limitaba a ponerme unos cascos para escuchar música mientras hacía mis ejercicios e irme sin hablar con nadie. Los cambios empezaban a ser más que físicos ya que yo, antes de aquello, solía ser más hablador y relacionarme con los demás, pero en ese momento, simplemente no me apetecía.

    Poco a poco mi cuerpo iba modelándose y pasado un tiempo, ya notaba como tanto chicos como chicas se empezaban a fijar más en mí, sólo que ahora sentía que era yo el que podía rechazar a la gente y no al revés como ya me había pasado con anterioridad simplemente por el físico, lo que me empezó a convertir en una persona más antipática, fría, cortante, borde en definitiva y quizás algo egocéntrica también.

    Un día, mientras entrenaba se me acercó un chico, me saludó sonriente y me dijo:

    – Se te ha caído esto.

    Sujetando en su mano una toalla mía que al parecer se había caído al suelo y no me había dado cuenta.

    En otro momento de mi vida, yo le hubiera devuelto la sonrisa y le hubiera agradecido el detalle, pero en ese momento, simplemente lo miré manteniéndome serio y le dije un «gracias» de mala gana.

    Yo ya había visto con anterioridad a este chico por allí pero no habíamos hablado nada, parecía ser extranjero por su tono de piel blanco como la nieve y sus ojos azules. El chico se presentó y me dijo que se llamaba Sven, hablaba bastante bien español, pero con un fuerte acento extranjero. Yo también me presenté diciéndole mi nombre:

    – Alberto.

    Él, se puso a correr en una cinta cerca de mí y aproveché para preguntarle de dónde era simplemente por curiosidad, me dijo que era noruego, pero ahora vivía en España, después no volví a preguntarle nada más y, si él me decía algo, mis respuestas eran escuetas, con monosílabos y sin mucho interés.

    Al terminar la sesión de entrenamiento, simplemente me fui sin decir nada, como hacía últimamente con todo el mundo. En los siguientes días, volvimos a vernos en el gimnasio, pero como mucho, nos saludábamos si nos cruzábamos.

    Yo seguía cambiando en todos los sentidos y hasta me llegué a hacer un par de tatuajes en los brazos, cosa que antes nunca hubiera imaginado que haría; también empecé a depilarme todo el cuerpo salvo el pubis que simplemente lo recortaba para darle forma. Mi cuerpo estaba ya suficientemente fibrado para verme bien y mis familiares y los amigos que me habían quedado, decían que no me reconocían, sólo, que no se referían a mi aspecto físico sino a mi actitud. Había pasado de ser dañado fácilmente, a ser yo el que dañaba a los demás, pagando mi rabia con quien menos culpa tenía.

    Poco a poco iba hablando algo más con Sven, al fin y al cabo, él era el único con el que charlaba en el gimnasio y así nos fuimos conociendo más. Hasta que un día la conversación cambió al tema parejas y él me preguntó:

    – Oye ¿Tienes novia?

    Mi actitud cambió ipso facto, teníamos algo más de confianza sí, pero no quería hablarle de mis relaciones ni, por consiguiente, decirle que me gustan los chicos, me negaba a abrirme tanto así, de repente, por lo que simplemente le contesté tajante:

    – No quiero hablar de eso.

    Y me fui a otra parte del gimnasio dejándolo solo.

    Él se sorprendió de mi reacción, pero a mí me dio igual y continué entrenando un rato más, aunque esa inoportuna pregunta hizo que volvieran a mi mente recuerdos que creía olvidados, recuerdos de mi ex, por lo que me di cuenta de que aún no lo había superado del todo. Estuve un rato más y luego me fui a las duchas y volví a casa.

    Ya por la noche, antes de dormir, volví a darme una ducha, dejando que el agua caliente cayera por todo mi cuerpo desde la cabeza para así evadirme del mundo. Mientras, casi sin darme cuenta, empecé a acariciarme bajando por mi cuello, pecho, abdomen… hasta llegar a mi polla que, lógicamente no tardó en reaccionar al magreo.

    Empecé a masturbarme suavemente a la vez que me enjabonaba, pero, cambiando de idea, pensé algo que consideré mejor opción en ese momento, así que me terminé de duchar rápidamente sin llegar a correrme y me descargué una aplicación de citas, al fin y al cabo, llevaba ya algo más de un año sin sexo, el mismo tiempo que sin pareja.

    No tardé mucho en contactar con un chico, yo fui claro y directo y le dije que solo quería follar y adiós, también le dije que era activo, aunque realmente nunca lo hubiera sido, nos mandamos un par de fotos mutuamente y, como no estaba muy lejos, me vestí poniéndome una camisa blanca y unos vaqueros sin calzoncillos y fui a su casa.

    Al llegar, me abrió la puerta un chico de unos 20 años, muy delgado y de piel clara, pero pelo y ojos oscuros, vestido con ropa deportiva, ni siquiera recuerdo cómo dijo que se llamaba, ciertamente me recordó a mí mismo en el pasado. Me invitó a entrar, estaba solo en casa, se le notaba nervioso, pero yo me mantenía serio y sin hablar mucho.

    Viendo que el chico no tomaba la iniciativa, entré hasta el salón y allí me desabroché los pantalones sacándome la polla que ya empezaba a ponérseme dura, el chico se acercó y sin mediar palabra se puso de rodillas y me la empezó a chupar.

    Lo cierto es que no la chupaba mal, incluso llegó a conseguir tragársela entera un par de veces mientras se atragantaba e hilos de su saliva me chorreaban por los huevos, pero yo me mantenía de pie con las piernas algo separadas como si nada, sin ni siquiera mirarlo o tocarlo.

    Un poco después se levantó y me intentó besar, aunque yo lo evité así que terminó diciéndome sin dilación:

    – Fóllame por favor.

    Su cara estaba enrojecida y respiraba fuertemente, realmente lo deseaba.

    Fuimos a un sillón y le dije que se colocara a cuatro patas, prácticamente fue una orden, no una petición; él obedeció y rápidamente, le bajé bruscamente los pantalones hasta los tobillos para a continuación bajármelos yo también un poco más.

    Su culo, perfectamente depilado, me pareció bastante cerrado, pensé que probablemente era virgen, aunque no me molesté en preguntar, me daba igual. Y poniéndome un condón, escupí un par de veces en su culo y lo empecé a penetrar.

    Aunque no lo hice de golpe, tampoco fui muy cuidadoso, por lo que él dio un fuerte gemido. Para callarlo, le puse una mano en la boca y seguí hundiendo mi polla dentro de su culo sin pausa alguna. Mi polla es bastante recta, tiene un tamaño medio, 17 cm, circuncidada y más bien gruesa por lo que, en caso de que ese chico fuera virgen, creo que lo debí torturar un poco ya que, cuando se la conseguí meter toda, noté cómo dos lágrimas me mojaban la mano que le tenía puesta en la boca.

    Era la primera vez que penetraba a un chico, pero no estaba dispuesto a que se notara, así que empecé a bombearlo a buen ritmo, sacando mi miembro casi por completo de su culo para luego penetrarlo hasta que mis huevos chocaban con su cuerpo mientras él bufaba fuertemente con cada embestida.

    Yo solamente quería descargar toda esa tensión y rabia acumuladas durante tanto tiempo, correrme y largarme de allí, y así hice. Cuando me iba a correr, rápidamente me salí de él, me quité el condón y girándolo y arrodillándolo rápidamente delante de mí, descargué mis huevos soltando tres o cuatro trallazos de leche que terminaron en su cara y pelo.

    Hecho esto, cogí un pañuelo, me limpié un poco, me subí los pantalones y salí de allí rápidamente sin decir nada y sin ni siquiera esperar a que el chico también se corriera.

    Sí, fui un cabrón desde luego, un egoísta sexualmente hablando que sólo buscó su propio placer sin importarme si él disfrutaba o le hacía daño. Nada que ver con mi yo anterior, el que buscaba el placer de su compañero sexual más que el suyo propio. Y, para decir verdad, fue placentero sí, pero no más que si me hubiera corrido masturbándome en la ducha, placentero, pero no satisfactorio.

    En los siguientes tres o cuatro meses, volví a hacer uso de la aplicación un par de veces más, siempre con chicos diferentes, pero actuando de la misma forma.

    Mientras tanto, la pregunta de Sven había quedado sin contestar y se notaba más distanciamiento de nuevo entre nosotros, hasta que un día, decidí que iba a sincerarme con él, y empezaría por contestar esa pregunta, porque, aunque nunca se lo hubiera dicho ni se lo hubiera demostrado, lo consideraba un buen amigo ya que, a pesar de mis borderías y desplantes completamente inmerecidos, no me había dado de lado, como sí habían hecho la mayoría de mis amistades perdidas.

    Así que, al día siguiente, cuando fui al gimnasio lo busqué, pero no lo encontré, me pareció extraño no verlo, así que le escribí un breve mensaje al móvil:

    – Me gustaría hablar contigo de algo.

    Un rato después me contestó, me decía que no había podido ir al gym, que si quería podía ir a su casa y hablábamos tranquilamente.

    Era ya por la tarde cuando fui a su casa, él vivía solo. Una vez, allí nos sentamos en el salón y me ofreció una cerveza, yo la acepté y comencé a hablar, al principio con algo de duda y evitando dar a entender que mi ex era un chico, le conté toda la historia mientras él escuchaba con atención y, por último, lo miré y le dije refiriéndome a mi ex:

    – Esta persona, era un chico.

    Sven sonrió levemente y preguntó:

    – ¿Entonces eres gay?

    Yo le contesté sólo con un “Sí” esperando su reacción. Y acto seguido añadió:

    – Vaya… Yo creía que eras…

    Se veía algo sorprendido y la verdad es que no era el primero que creía que yo era hetero así que no me pareció extraño, aunque sí que me sentí algo mejor contándoselo todo.

    Pero las sorpresas no habían acabado ahí, ya que Sven volvió a hablar y dijo sin rodeos y riendo:

    – ¿Y por qué tanta intriga? Yo también lo soy

    Mis ojos se abrieron como platos. Creí que me estaba mintiendo puesto que yo también pensaba que él era hetero. Pregunté rápidamente:

    – ¿En serio?

    Sven soltó una carcajada y me lo confirmó. Luego me dijo que tampoco tenía pareja y también le habían hecho daño en el pasado, me sentí entendido e identificado con él.

    Ambos nos habíamos tomado ya un par de cervezas y puede que, debido a esto, empecé a ver a Sven de otra forma, era un chico atractivo para ser sinceros, un poco más alto que yo, de mandíbula ligeramente cuadrada que le otorgaba unas facciones muy masculinas y cabello de color castaño claro que contrastaba con el mío de un negro intenso.

    Pasaron las horas y se hizo de noche después de un largo rato hablando relajadamente, hasta que se produjo un momento de silencio, él sonrió y yo, por primera vez se la devolví; entonces, Sven aprovechó el momento para acercarse a mí lentamente con la intención de besarme mientras se mantenía con semblante serio, me puse un poco nervioso y terminé girando la cabeza y rechazando su beso, por lo que él se volvió a retirar rápidamente y un poco avergonzado me dijo:

    – Lo siento, yo…

    Todo parecía acabado por esa noche, pero entonces, fui yo el que dio un paso y puse una mano en su pierna antes de que terminara la frase.

    Nos quedamos mirándonos fijamente sin decir nada unos segundos hasta que Sven, algo cortado, tragó saliva y se atrevió a levantarme lentamente la camiseta sin apartar su mirada de mí, expectante a mi reacción.

    Yo simplemente le dejé hacer y me terminó de quitar la camiseta, seguidamente, con movimientos lentos, como esperando mi aprobación, se agachó delante de mí, me desabrochó el botón del pantalón y bajó la cremallera. Ese día yo sí llevaba calzoncillos y bajo estos, mi polla ya semierecta apretaba queriendo salir.

    Colaborando un poco con Sven, me levanté un momento para terminar de bajarme los pantalones y él se ocupó de quitármelos totalmente, quedando yo en calzoncillos. Por último, con una de sus manos, masajeó mi bulto un poco y sonrió levemente antes de liberar mi polla dejando el elástico del calzoncillo por debajo de mis huevos.

    Me relajé respirando profundamente y él empezó a chupármela recorriendo lentamente con su lengua un par de veces el tronco, desde los huevos hacia arriba para continuar metiéndosela en la boca e ir bajando con suavidad y sin apartar su mirada de mi cara.

    Su lengua no paraba de moverse golpeando y rodeando todo mi miembro sin excepción, mojándolo bien y sin olvidarse de mis huevos, los cuales succionaba alternando uno y otro; realmente Sven sabía lo que hacía. Un momento después aumentó el ritmo, tragándose mi polla entera y acompasando la mamada con sus manos, con las que me masturbaba y masajeaba los huevos.

    Probablemente fue una de las mejores mamadas que me habían hecho, aunque intenté no gemir mucho simplemente por hacerme el duro, eran todo matices de mi actitud en ese momento de mi vida, antes no me hubiera importado reconocerle que me había encantado.

    Un poco después, se levantó y rápidamente se empezó a quitar la ropa hasta quedar completamente desnudo, exhibiéndose frente a mí. El cuerpo de Sven estaba ligeramente más fibrado que el mío, aunque sin ser para nada rudo, también era más ancho de espalda que yo, con unos fuertes brazos y piernas cubiertos por un corto y fino vello casi invisible que también aparecía sutilmente entre sus pectorales.

    Una vez desnudo, yo también me levanté, me terminé de quitar los calzoncillos y él me dijo:

    – Vamos a mi cuarto.

    Fuimos por un pasillo hasta llegar a una amplia habitación con una gran cama, Sven se tumbó boca arriba en ella. Yo no sabía si Sven era pasivo o no, pero esa noche lo iba a ser si quería que folláramos, puesto que yo no estaba dispuesto a dejarme penetrar, así que le dije con firmeza:

    – Date la vuelta.

    Él sonrió y se puso boca abajo sin oponerse, dejándome su culo expuesto. Me coloqué sobre él y poniendo mi polla entre sus nalgas, empecé a moverme arriba y abajo, aunque sin penetrarlo todavía, entonces me di cuenta de que no tenía preservativos y se lo dije, él se rio un poco y me respondió:

    – No te preocupes, confío en ti.

    Hacía mucho que no follaba sin condón porque sólo lo había practicado con mis parejas y ni siquiera lo había experimentado antes como activo, pero ahora no iba a echarme atrás, así que, bajando hasta su culo, escupí un par de veces e intenté introducir un dedo, después de todo, con Sven quería ser más cuidadoso ya que era mi amigo, no un desconocido.

    Mi dedo entró sin mucha dificultad, por lo que probé con otro y un poco después, otro. Sven suspiraba suavemente y yo estaba ya totalmente empalmado, no aguantaba más, así que volví a escupir en su agujero y colocando la punta de mi polla en su entrada, empecé a empujar suavemente mientras los gemidos de Sven iban en aumento.

    Fue realmente delicioso sentir cómo se abría su culo conforme iba adentrándome en él, mucho mejor que cualquier otro culo de los chicos que me había follado desde que había decidido cambiar de rol, quizá por eso fue que, aunque al principio mis movimientos eran suaves, quise cada vez más y más, llegando a perder el control y empezando a follarlo más fuerte con cada embestida hasta llegar a no importarme nada, para terminar tratándolo como si fuera un juguete cuya función fuera darme placer y hacer que me corriera, como había hecho con los demás chicos.

    Su interior cada vez estaba más caliente por la fricción, pero yo continuaba follándolo intensamente y sin compasión mientras nuestros cuerpos chasqueaban al golpear el uno con el otro y Sven abrazaba fuertemente una almohada hundiendo su cabeza en esta, sin quejarse ni emitir sonido alguno.

    Un poco después, sin sacarle la polla, lo agarré por la cintura y dando un tirón hacia arriba, lo puse a cuatro patas para continuar así hasta que, un rato después, cuando estaba ya a punto de correrme, di un fuerte y seco golpe de cadera metiéndosela lo más profundo que pude a la vez que atraía su cuerpo hacia mí con mis manos, y me corrí dentro de él dando un fuerte gemido que sonó más como un gruñido.

    Cuando me salí, Sven suspiró aliviado y se desplomó sobre la cama. Yo también me tumbé a su lado boca arriba, necesitaba recuperarme, estaba agotado; mientras tanto, ninguno de los dos decíamos nada.

    Un momento después, giré la cabeza para mirar a Sven que seguía boca abajo con una acelerada respiración, los ojos cerrados fuertemente y los dientes apretados, las venas del cuello hinchadas y el pelo mojado por el sudor, tenía una clara expresión de dolor, mientras, su agujero, seguía un poco dilatado y muy irritado, casi a punto de sangrar.

    Poco a poco empezó a expulsar mi semen que, bajando entre sus nalgas y por sus huevos, formaba una mancha rojiza en las sábanas blancas, no me sentí bien por ello, más bien todo lo contrario, realmente le había hecho daño al chico que… espera un momento (pensé), ¿Puede ser que…?, No, no puede ser; ¿Me gusta Sven?, Pero… yo ya no creía en el amor, por eso rechazaba los besos o cualquier otro signo de afecto, por eso había cambiado tanto el trato a los demás y trataba así a los chicos con los que me acostaba, no podía volver a enamorarme, me daba miedo, aunque quizás, era ya tarde para evitarlo.

    Sven poco a poco iba relajándose hasta que se quedó dormido mientras yo, sin dejar de pensar en el tema, me empezaba a agobiar, así que me vestí lentamente sin hacer ruido para no despertarlo y me fui de allí dejándolo solo.

    Al llegar a casa, fui directamente a la cama y me tumbé sin ni siquiera cambiarme de ropa, entonces fui realmente consciente de lo injusto que había sido en el trato a mis seres queridos y empecé a llorar amargamente, no dormí nada en todo lo que quedaba de noche, no quería seguir siendo así, tenía que cambiar, tenía pedirles disculpas a todos.

    A la mañana siguiente decidí hablar con mis familiares y amigos uno por uno y pedirles perdón, hablé con todos, todos excepto uno, el que me resultaba más difícil de todos, Sven.

    Me pasé todo el día pensando qué le iba a decir a él, pero no encontraba unas palabras que me resultaran apropiadas. Al día siguiente, ya por la tarde, después de no haber dormido nada una segunda noche, me di por vencido y me dirigí a casa de Sven sin saber bien qué decirle, esperando que no fuera demasiado tarde para disculparme.

    Al llegar, Sven me abrió la puerta y pronunció mi nombre con tono de sorpresa, no me esperaba.

    Entonces, sin ni siquiera esperar a entrar en su casa, reuní el valor que necesitaba y cabizbajo le dije:

    – Lo siento mucho Sven, de verdad que siento como te he tratado todo este tiempo y… lo de anteanoche, espero que puedas perdonarme.

    Y esperé con incertidumbre su reacción.

    Lo miré y los ojos se me llenaron de lágrimas, por un momento creí que no me perdonaría, ya que tardó unos segundos en reaccionar, pero de repente me dio un fuerte abrazo y me dijo:

    – Tranquilo, todo está bien. Con voz calmada.

    Yo también lo abracé fuertemente, Sven se empezó a reír y añadió:

    – Me reventaste el culo eh cabrón.

    Yo le volví a pedir disculpas por ello y separándonos de nuevo, me dijo con una amplia sonrisa:

    – No te preocupes, estoy bien.

    Yo también sonreí y así me quité esa sensación desagradable de culpa de encima al sentirme perdonado por él.

    Me sentía bien, así que simplemente hice lo que me apeteció en ese momento y, sin reprimir mis sentimientos, me lancé a la boca de Sven y empecé a besarlo con pasión allí mismo.

    Casi sin tiempo para entrar en la casa y cerrar la puerta, Sven me quitó la camiseta mientras yo también lo empezaba a desnudar a él, acabando ambos completamente desnudos antes de llegar a su dormitorio al que fuimos directamente, quedando toda nuestra ropa repartida por el suelo de la casa.

    Al llegar al cuarto, Sven tropezó con la cama, cayó de espaldas sobre ella y yo sobre él, así que aproveché para empezar a bajar por su cuello y pecho, brazos y dedos; besando, mordiendo y lamiendo cada rincón, intentando no dejarme nada atrás, queriendo probar cada centímetro de su cuerpo.

    Al llegar a su cintura, pasé mi lengua muy cerca de su miembro dejando que notara mi aliento, pero sin llegar a rozarlo, él tenía ya una tremenda erección, pero quise hacerlo de rogar un poquito antes de empezar con aquella delicia que se imponía entre sus piernas.

    Realmente era una buena polla, algunos centímetros más grande que la mía, algo curvada, venosa y también circuncidada, con una buena cabeza de un rosado pálido que invitaba a chupar hasta dejar secos esos redondeados huevos.

    Sin más demora, empecé a dar lametazos rápidos por todos lados a su tronco para continuar agarrándola por la base y tragándomela lo más hondo que pude de golpe.

    Joder cómo había echado de menos esa sensación de tener mi boca llena por una polla caliente y dura que me ahogaba, su olor a limpio… Más de un par de años ya sin saborear el rico líquido salado que empezaba a brotar de su uretra y que se mezclaba con mi saliva a la vez que goteaba por sus huevos.

    Sven mientras tanto me miraba con atención, con una ligera media sonrisa de satisfacción y sus manos puestas en mi cabeza con las que me acariciaba el pelo. Yo también lo miraba de reojo hacia arriba a la cara sin sacarme ni por asomo su rabo de la boca, quería verlo disfrutar.

    Hubiera seguido agachado entre sus piernas comiéndome su rabo todo el día, era como si necesitara recuperar en ese momento todo lo que no había hecho en tanto tiempo, besar, mamar una polla… Pero Sven tenía otra idea y, haciendo que me levantara, me cogió la polla y me empezó a masturbar antes de lanzarse a chupármela sin mediar palabra, en la habitación sólo se escuchaban los bufidos provocados por nuestro deseo.

    Pero yo quería más, así que me subí a la cama y poniéndome de lado y en sentido contrario a él, me tumbé y comenzamos a hacer un 69 con el que, en una especie de extraña lucha de placer, cuanto mejor me la chupaba Sven, mejor se la quería chupar yo y a la inversa.

    Así pasamos un maravilloso rato, pero de repente, pillándome completamente desprevenido, él se reincorporó en la cama y girando rápidamente, se puso sobre mí, encerrándome entre sus brazos y dejándome sin reacción al hacerme sentir de nuevo como hacía mucho tiempo que no, protegido a la vez que dominado por un hombre y me encantaba.

    Al momento empecé a acariciar suavemente sus fuertes brazos con un dedo mientras lo miraba fijamente a los ojos, esos ojos azules de mirada intensa que me hipnotizaron.

    Entonces se agachó un poco más y, poniendo su boca en una de mis orejas, me la empezó a mordisquear y lamer justo antes de susurrarme acalorado:

    – Hoy quiero hacerte mío.

    Esas palabras me hicieron gemir cachondo perdido, pero aparte de eso, no dije nada más y simplemente levanté un poco las piernas dándole permiso a Sven para que hiciera conmigo lo que quisiera, aunque, para decir verdad, también sentía algo de miedo ya que quizá Sven se vengaría por la follada que le había metido yo dos días antes.

    Él sonrió y empezó a bajar besando aleatoriamente mi pecho hasta llegar a mi culo, momento en el que separó mis nalgas con sus manos y hundió su boca entre ellas. Su lengua empezó a jugar con mi agujero y de repente se introdujo dentro, se movía rápidamente por todos lados mientras yo me relajaba cada vez más con los ojos cerrados, gimiendo suavemente mientras disfrutaba de su experta boca.

    Un poco después noté sus dedos y también me metió uno, dos y hasta tres, así que volvió a incorporarse, escupió en su polla e inclinándose sobre mí, apoyó su rabo en mi agujero y empezó a entrar lentamente. La expresión de su cara me decía que había deseado mucho ese momento.

    Y ahí fue cuando empecé a sentir el verdadero placer de hacerlo con un hombre que poco a poco me iba poseyendo, el placer realmente satisfactorio que jamás había llegado a sentir en mis veces de activo.

    Un dolor punzante que me hizo arquear la espalda hacia arriba me atravesó por dentro cuando su punta traspasó el esfínter y di un pequeño gemido que Sven se encargó de acallar sin separar su boca de la mía a la vez que su polla seguía entrando en mí con un suave y corto balanceo, hasta que sentí sus huevos rozar mi culo, estaba toda dentro, me sentía lleno de él mientras mi culo intentaba expulsar con espasmos el mástil de carne que lo había traspasado.

    Sven se quedó inmóvil dentro de mí mientras yo lo abrazaba y acariciaba con brazos y piernas, fundiéndonos en uno solo hasta que poco a poco fueron cesando las fuertes punzadas y, lubricándome con su saliva, comenzó a moverse.

    Al principio su vaivén era suave y corto, pero poco a poco fue aumentando el ritmo sin dejar de preguntarme:

    – ¿Vas bien?, ¿te gusta?… Se preocupaba por mí.

    Yo gemía y asentía con la cabeza entre aspavientos cada vez que Sven me la metía toda, realmente estaba disfrutando como nunca.

    Estábamos ya ambos empapados en sudor cuando Sven me dijo que me diera la vuelta y se salió de mí, provocándome una sensación de vacío en el culo, por lo que me puse a cuatro patas rápidamente y él me volvió a penetrar, esta vez entró toda de golpe fácilmente al estar ya bien abierto y mojado.

    Antes de que Sven empezara a moverse, empecé a moverme yo yendo en busca de ese rabo que me volvía loco y me hacía gritar de placer, hasta chocar con su cuerpo mientras él se mantenía quieto y colocaba sus brazos en jarra.

    Un momento después le dejé a él recuperar el control de las embestidas y continuó a buen ritmo mientras me sujetaba por la cintura. Hasta que unos minutos después, también Sven empezó a gemir, se iba a correr y lo iba a hacer como merecía tal follada, vaciando bien sus huevos en mi interior.

    Así que unos instantes después, noté como su polla convulsionaba y se hinchaba dentro de mí. Sven tiró de mí y pegando mi espalda a su pecho, agarró firmemente mi polla con una mano y me empezó a masturbar enérgicamente justo antes de sentir sus trallazos de leche inundándome mientras me tiritaban las piernas y Sven daba un fuerte gemido. Un par de segundos después me corría yo también sobre las sábanas y exhausto caía rendido boca abajo en la cama arrastrando tras de mí a Sven que seguía sin salirse.

    Cuando perdió la erección, lentamente se movió hasta quedar tumbado boca arriba a mi lado, yo también me giré y miré su polla, estaba toda mojada, enrojecida y aún más venosa que antes. Sven me cogió una mano y yo lo miré a la cara, me estaba sonriendo, me preguntó:

    – ¿Estás bien?

    Contesté resoplando:

    – Muy bien.

    Entonces, después de unos segundos de silencio mirando al techo, volví a mirarlo a él y le dije lo que no quería callar por más tiempo:

    – Sven, yo… a mí… me gustas mucho.

    Él me miró y me dijo:

    – Lo sé, ¿y sabes qué? tú a mí también.

    Y nos volvimos a fundir en un delicado y romántico beso que ninguno queríamos que terminara.

    Así me terminé quedando dormido, ambos desnudos y apoyando mi cabeza sobre su pecho mientras él revolvía suavemente mi pelo humedecido por el sudor. A la mañana siguiente nos duchamos y salimos a dar una vuelta y hablar. Desde ese día Sven y yo somos pareja y yo vuelvo a ser el que era antes de todo, somos felices.

    FIN.

    Espero que os haya gustado mi relato, un saludo.

  • Jóvenes amantes: Montserrat (Primera parte)

    Jóvenes amantes: Montserrat (Primera parte)

    Montserrat. 

    Ella tiene 18 años de edad, igual que yo, nos conocimos cuando se transfirió a la preparatoria donde yo estudio, ingresó a mi grupo. Pronto se ganó el cariño y la amistad de casi todos en el aula, es alegre, divertida, inteligente y muy amable, le gusta la lectura, el cine y la buena música, tiene un estilo y una forma de ser que la hace destacar, en mi caso sólo era un chico común con gustos comunes. Al principio intenté acercarme a ella para conocerla y aunque intercambiamos palabras, parecía no existir ninguna conexión entre nosotros, éramos de mundos distintos, resultaba obvio que yo no le parecía interesante, así que me mantuve distante. Ella ocasionalmente se reía de mis ocurrencias, le agradaba mi sentido del humor, se fue acercando a mí, pasamos de cruzar pocas palabras a conversar por mucho tiempo, se divertía conmigo, la pasábamos bien juntos, nos hicimos buenos amigos.

    Con el pasar de los días noté que me sentía atraído por Montserrat, me gustaba su pálida piel, sus hermosos ojos color marrón claro y de su largo cabello castaño que caía sobre sus hombros, odiaba cuando faltaba a clases, sólo quería estar a su lado. Una tarde quedé con ella para ir a comer, al llegar al lugar, Montserrat ya se encontraba ahí, al verme entrar corrió hacia mí y me dio un fuerte abrazo, se mostraba feliz por verme, pensé en la posibilidad de que estuviera enamorada de mí, cuando terminamos de comer, salimos y caminamos a un parque que se encontraba a poca distancia, nos sentamos en una banca y conversamos hasta que anocheció, cuando ella estaba por irse, me armé de valor y le declaré mi amor sin saber que esperar, después de todo quizás sólo era una bonita amistad lo que había entre nosotros, afortunadamente Montserrat correspondió a mis sentimientos y aceptó ser mi novia.

    Faltaban dos semanas para que finalizara el curso, decidimos mantener nuestra relación en secreto. Durante las clases, ella me enviaba notas diciéndome lo mucho que me quería, yo le dejaba chocolates en su mochila y cuando no había nadie cerca, aprovechábamos para darnos pequeños besos, aquello situación era muy romántica, estábamos enamorados. En las vacaciones, salimos varias veces, paseamos por la ciudad, fuimos al cine, a comer, entre otras cosas, no quería que se terminaran, disfrutaba pasar el tiempo con ella.

    El día de la charla provocadora.

    Regresamos a clases, iniciábamos el sexto semestre, el último antes de salir de la preparatoria, Montserrat y yo nos sentamos juntos. Pasaron unos días, era la hora del receso, cuando Karen, una compañera del grupo y amiga nuestra, se sentó frente a nosotros.

    – ¿Son novios, verdad? –nos preguntó.

    – ¿Por qué lo dices?–le respondió Montserrat.

    –Se la pasan juntos todo el tiempo, es obvio que tienen algo más que una amistad, se portan todos lindos, Damián siempre es muy atento contigo, te carga la mochila y tú Montse, le traes de desayunar a él.

    –Así es, somos novios, nos descubriste –le dije.

    –Hacen bonita pareja, se ve que son felices y que se llevan muy bien.

    –Es lindo de tu parte que lo creas así ¿Tú tienes novio?–le preguntó Montserrat.

    –Tengo casi cinco meses sin novio, pero aun así no me ha faltado cariño –respondió Karen, con una sonrisa traviesa.

    –Es lo bueno de tener una mascota ¿Qué tienes un perro o un gato? –le pregunté.

    Karen soltó una carcajada –Que tonto eres Damián, no me refiero a ese tipo de cariño, además yo tengo un conejo, muy precioso por cierto.

    – ¿Entonces, al cariño de tu familia?

    –Tampoco, les voy a decir, pero prométanme que no le dirán a nadie, luego se hacen los chismes.

    –No le diremos a nadie –le contestamos.

    –Está bien, confiaré en ustedes, llevo un tiempo acostándome con Noé, el del grupo B, pero no somos novios.

    –Al decir que se acuestan, quieres decir que tú y él… –dijo Montserrat

    –Sí, tenemos sexo.

    – ¿Tu primera vez fue con él? –preguntó Montserrat.

    –No, hace tiempo de eso, ya he tenido sexo con varios, Noé fue el que perdió su virginidad conmigo.

    – ¿Y por qué no se hacen novios?

    –Me lo ha pedido, pero de momento yo no busco algo serio, sólo me gusta hacerlo con él, estoy bien así por ahora. Pero díganme, ahora que estamos en confianza ¿Ustedes follan?

    –No, de hecho no –le contesté, volteando a ver a Montserrat.

    –Hasta el momento no –respondió Montserrat, mirándome.

    – ¿Entonces son vírgenes?

    –Lo soy –contestó Montserrat.

    –Yo igual –contesté.

    –Es raro hoy en día que una pareja joven, como ustedes, no tenga sexo. Si lo hacen perderán su virginidad juntos, eso es muy romántico. Una vez que lo hagan, no se van a querer despegar, de mí se acuerdan – dijo Karen, riendo.

    En eso sonó la campana, anunciando el fin del receso, los compañeros que estaban afuera regresaban al aula.

    –Damián, deberías darte prisa, si no otro sujeto te puede ganar a Montse, a los hombres les encantan las mujeres vírgenes –me dijo Karen, regresando a su asiento.

    Me quedé pensando en la conversación con Karen. Hasta ese momento, por mi mente no había cruzado la idea de tener sexo con Montserrat y desconocía si a ella le gustaría. Esa noche me masturbé mirando videos porno, fantaseando con hacerle a Montserrat lo que veía

    El día que acaricié sus senos.

    Regresamos de hacer un viaje escolar, llegamos a la escuela más temprano de lo planeado, debido a eso no habían llegado a recoger a Montserrat.

    – ¿Llamarás para avisar que pasen por ti? –le pregunté.

    –No, mejor aprovechemos este tiempo para estar juntos ¿No crees?

    – ¡Sí, buena idea! Vamos a dar una vuelta por aquí.

    –Sí, sirve que nos movemos, estoy cansada de venir sentada en el autobús.

    Caminamos unas calles, alejándonos de la preparatoria, pasamos por una tienda, compramos bebidas y bocadillos, seguimos andando por los alrededores, deteniéndonos a descansar bajo la sombra de un gran árbol, se encontraba junto a una casa aparentemente deshabitada, el lugar era muy agradable. Puse algo de música en mi mp3, conversamos y comimos los bocadillos.

    –Tengo tiempo sin treparme a un árbol.

    – ¿Por qué no lo intentas?

    –Lo haré, se ve fácil –dije, poniéndome de pie

    –Lo intentaría también de no traer falda, luego se me ve todo.

    –Por mí no hay problema.

    – ¿Quieres ver bajo mi falda?

    –Sí –le respondí, tomándola entre mis brazos–. Eso quisiera.

    Acerqué mis labios a los de ella, nos besamos de manera cariñosa, tocamos nuestras lenguas, las entrelazamos, la pasión aumentaba. De reojo cuidábamos que no viniera nadie, disimulábamos cada que un vehículo pasaba, continuando en cuanto se alejaba.

    Mi verga se endurecía por la excitación del momento, traté de disimular pero era notable el bulto que sobresalía de mi pantalón, Montserrat pronto se percató de mi erección, me miró a los ojos con una sonrisa coqueta y sin decir una palabra, agarró mi pene.

    – ¡Montserrat, qué estás haciendo! –pregunté, sorprendido.

    – ¿Quieres que lo suelte?

    –No, es sólo que no me lo esperaba, me tomaste por sorpresa.

    –Es emocionante sentirlo, aunque sea sobre tu ropa.

    –Yo también quiero sentirte.

    – ¿Qué quieres sentir?

    – Tus bubis.

    –Agárralas…

    Di un vistazo asegurándome que nadie nos miraba, rápidamente coloqué mis manos sobre sus senos, sorprendido miré a Montserrat, se había sonrojado.

    –No puedo creer que esté tocando tus bubis, parece un sueño.

    –Siéntelas y dime si es un sueño o no.

    Apreté sus senos cuidadosamente, ella continuaba frotando mi pene, nos besábamos.

    –¿Podría tocar tus bubis bajo tu ropa? Quiero sentirlas.

    Montserrat desfajó su camisa y se desabrochó el sostén, luego tomó mi mano, metiéndola bajo su ropa, la llevó hasta su seno desnudo, era muy suave, estaba calentito, su pezón tocaba la palma de mi mano.

    –Tus bubis son grandes y muy suaves, me encantan.

    –Me alegra que pienses eso.

    –Ya las quiero ver.

    – ¿Eso quieres?

    –Sí, verte desnuda.

    –Y yo a ti.

    Metí mi otra mano y agarré su otro seno, los acaricié, los apreté ligeramente moviéndolos en círculos, subiéndolos y bajándolos, froté sus pezones con mis dedos, haciendo que se endureciera, Montserrat acariciaba mi pene con mayor intensidad.

    –Tus manos acariciando mis bubis, me está excitando mucho.

    –Quisiera acariciarlas con mi boca.

    –Dejaré que lo hagas, yo acariciaré tu pene mi boca.

    – ¿Lo harías?

    –Claro que sí, de no ser porque estamos en la calle lo haría ahora mismo.

    –Podríamos hacerlo en mi casa, un día que mis papás no se encuentren.

    –Me parece buena idea.

    En eso entró una llamada al móvil de Montserrat, era su hermana, avisándole que ya iba en camino a recogerla. Acomodé mi pene tratando de disimular la erección que aún tenía, Montserrat se abrochó el sostén y acomodó su camisa, nos dimos un fuerte abrazo y un cariñoso beso, agarramos nuestras cosas y caminamos de regreso a la preparatoria.

    El día que acaricié su vagina.

    Quedé con Montserrat para asistir a un evento musical, esperé por ella en la entrada del auditorio, llegó al poco tiempo, ingresamos juntos, encontramos lugar frente el escenario, después de unos minutos inició el espectáculo. La banda había tocado un par de canciones, cuando Montserrat notó que no llevaba su móvil.

    –Oye, no encuentro mi teléfono ¿Podemos ir a la camioneta para ver si lo dejé ahí?

    –Claro, vamos.

    Salimos del lugar, caminamos varias calles hasta el malecón de la ciudad, donde se había estacionado. Al llegar subimos al vehículo, para buscar el móvil, no pasó mucho cuando lo encontré.

    – ¡Aquí está!

    – ¡En serio, dónde estaba!

    –Entre los asientos.

    –Menos mal no lo tiré, gracias por ayudarme –dijo, aliviada–. Eres muy lindo.

    –No hay de que, me alegro de que lo encontráramos.

    Se acercó a mí para darme un beso. Mientras me besaba, vi a lo lejos las sirenas encendidas de una patrulla de policía, venía en nuestra dirección.

    –Viene la policía, nos van a ver portándonos mal.

    –Hay que movernos al asiento de atrás.

    Primero se movió ella y después yo, sentándome a su derecha, esperamos a que pasara la patrulla. En la parte trasera del vehículo los cristales de las ventanas eran de un tono oscuro, por lo que era difícil ver al interior. La patrulla pasó de largo.

    –Ahora sí ¿En qué estábamos? –me preguntó, acariciando mi verga.

    –Imagino que no regresaremos al evento.

    – ¿Quieres volver?

    –No –contesté, pasando mi brazo derecho por su espalda, metí mis manos bajo su blusa, le subí el sostén y agarré sus senos.

    –Me encantan tus tetas.

    –Y a mí tu pene –dijo Montserrat, deslizando su mano debajo de mi pantalón y de mi ropa interior, tocando con sus dedos la punta de mi verga, la apretó suavemente.

    –¡Oh sí, mi amor, tócalo! –le dije, apretando sus senos.

    –Es muy esponjoso y suave –dijo, acariciando mi pene hasta la base–. Que grande y duro está, me excita tocarlo.

    Besé a Montserrat con mucha intensidad, nuestras lenguas se entrelazaban, ella frotaba mi pene de arriba abajo. Con mi mano izquierda toqué sus muslos luego froté su entrepierna, eso pareció gustarle.

    –Quiero tocar tu vagina.

    –Mete tu mano.

    Desabotoné y bajé la cremallera de su pantalón, deslicé mi mano bajo su panti, pasé mis dedos por su vello púbico, froté su pubis.

    –No encuentro tu vagina.

    –Mete tu mano un poco más –me dijo Montserrat, separando sus muslos.

    Metí mi mano lo más que pude, su panti estaba húmeda, froté su entrepierna, de pronto mis dedos se deslizaron entre sus labios vaginales.

    ¡Ahí! –dijo Montserrat, gimiendo.

    –Estás muy mojada.

    El interior de su vagina era muy suave, traté de meter mis dedos dentro del coño de Montserrat,

    – ¿Te lastimo? – le pregunté.

    –No, está bien –me respondió, entre gemidos.

    Al no lograr meter mis dedos, con cuidado froté su vagina de arriba a abajo, imaginando cómo se sentiría penetrarla.

    –Te lo quiero meter –le dije, susurrándole al oído.

    – ¿En dónde me lo quieres meter?

    –En tu vagina, en tu boca, por atrás.

    – ¿Por atrás?

    –Analmente.

    –Entiendo, te dejaré que me lo metas por donde quieras.

    Nos besamos de forma salvaje e intensa, los dos estábamos muy calientes, froté su vagina rápidamente, cada vez se mojaba más. Montserrat frotaba la punta de mi pene, aumentando la intensidad cada que yo lo hacía. Me dieron ganas de eyacular, traté de resistirme pero no pude, eyaculé en la mano de Montserrat,

    – ¿Estás eyaculando?

    –Sí, discúlpame.

    –No te preocupes.

    Cuando ya no salió nada, Montserrat sacó su mano de mi ropa, el semen le escurría entre los dedos.

    –Así que esto es semen, se siente tibio y pegajoso, pensar que con esto puedo quedar embarazada –dijo Montserrat, observando su mano–. ¿Cómo se sentirá que eyacules adentro de mí?

    – ¿Te imaginas que eso pasara?

    –Es una posibilidad –respondió–. Aun así me gustaría que eyacularas adentro de mí para saber que se siente.

    –¿Me dejarías?

    –Sí, un día que sea menos probable que quede embarazada.

    –Eso me gustaría.

    –En mi bolsa traigo papel, para limpiarnos

    Saqué el papel de la bolsa, tomé un pedazo y se lo di a Montserrat, yo tomé otro, nos limpiamos el semen. Al terminar, acomodamos nuestra ropa, nos abrazamos y besamos cariñosamente, hasta que llegó la hora de despedirnos. Al llegar a mi casa, noté que el aroma de la vagina de Montserrat, había quedado impregnado en mi mano.

  • La amiga culona de mi hija

    La amiga culona de mi hija

    Mi hija tenía una amiga llamada Micaela que en ese entonces tenía 18 años y que para mi era la más hermosa de ese grupito de amigas, pero no para ella. Mica como así la llamó de forma cariñosa es una chica petisa y culona, pero aparte también es media cachetona y un poco ancha de cintura, pero no llega a ser gorda, aun así se ganó el apodo de gordita y debido a eso le costaba tener relaciones con jóvenes de su edad. Yo como no le hago asco a nada y menos a una culona de 18 años me fijé en ella e hice todo lo posible para que me entregue el orto.

    Sucedía que a veces volvía de trabajar y me la encontraba a ella en casa junto con otras amigas de mi hija y era un disfrute verla ya que a veces venía vestida con una calza negra que hacía que se le marcase todo y tremenda burra tenía la hija de re mil puta. En más de una de ocasión me le acerque en mi casa y le hacía saber que estaba tremenda pero de una forma más sutil y no tan bestia como lo haría de verdad. Un día junto con otra amiga de mi hija se quedaron a cenar y luego yo tuve que llevarlas a su casa y doy gracias a Dios que eso haya sucedido porque ese fue mi primer acercamiento de verdad a ella con resultados más que positivos.

    Primero lleve a la otra chica y luego yendo a dos por hora lleve a Mica a su casa y en el trayecto hablamos de todo y le hice saber mis intenciones ya que le pregunté si tenía novio y ahí es cuando me cuenta lo que conté al principio del relato. Yo para sumar puntos le dije que no era gorda porque para mí no lo era y le repetí lo que le dije en varias ocasiones en mi casa que tenía un cuerpo espectacular y que a mi me volvía loco. Entonces cuando llegamos a su casa y antes de que baje de mi coche le pedí su número y ella me lo paso y eso fue el principio de todo lo que vino después.

    Empezamos a mensajearnos durante mis horarios de trabajo y la mayoría de mis mensajes eran para preguntarle como se encontraba y para decirle cosas lindas, entonces sucedió que ella empezó a ir más seguido a casa para verme y a insistirle a mi hija de querer quedarse a cenar para que luego yo la llevé a su casa y que tengamos pequeños encuentros, encuentros que pasaron a ser charlas más distendidas con abrazos y besos en la mejilla, hasta que un día sucedió lo que ya era algo inevitable.

    Como había tanta buena química entre los dos yo antes de llevarla a su casa me metía en una avenida y estacionaba el coche en medio de varios autos, luego apagaba todas las luces y nos poníamos a charlar entre unos 5 o 10 minutos. Sucedió que en una de esas ocasiones yo sin pensarlo dos veces y siguiendo mi impulsó natural de querer copular con ella la bese en la boca y nuestras lenguas se tocaron por primera vez porque empezamos a besarnos los dos. Entonces con todas las luces apagadas yo no me pude contener ante la situación e hice algo que quería hacer desde hace bastante que era manosearla y la toque por donde pude mientras la besaba, luego la empecé a chuponear por el cuello pero me tuve que detener porque por un lado no quería quedar como un depravado sabiendo que ya iba a tener la oportunidad de hacerle lo que quisiera aunque ella en todo momento se dejó y por otro lado aunque era de noche había alguna que otra persona circulando y no quería que vean semejante espectáculo. Entonces la lleve a su casa y cuando regrese a la mía tuve que meterme en el baño ya que tenía la necesidad de hacerme una paja debido a todo lo que había sucedido.

    Luego de ese día nació en mi cierta necesidad de verla todos los días ya que quería besarla, tocarla y si es posible garchamela así que le empecé a escribir para que nos veamos más seguido, entonces comencé a mentir en mi casa diciendo que iba a llegar tarde algunos días algunas veces por temas laborales y otras por supuestas reuniones con algunos compañeros de trabajo pero la realidad era que la pasaba a buscar en algún sitio y luego me la llevaba por ahí. En un par de ocasiones la lleve a cenar, en otras a tomar un helado y en otras ocasiones no salíamos del auto ya que un día le enseñe lo que podíamos hacer en el asiento trasero.

    Yo las ganas de cogérmela la tenía siempre así que en una de las primeras veces que nos vimos a la salida de mi trabajo la lleve a un lugar oscuro y apartado en donde no circulaba mucha gente, entonces apagué todas las luces y nos pasamos al asiento trasero, allí yo la empecé a manosear por todas partes hasta que sentí que tenía la pija bien dura y entonces decidí que era hora de enseñársela por primera vez, así que me baje el pantalón y por pedido mío me empezó a pajear y a disfrutar de cómo yo lo gozaba pero el placer total lo sentí cuando la tome de la cabeza e hice que se la metiera en la boca.

    Entonces ella me la empezó a chupar y a lamer y se notaba su falta de experiencia en el tema y en un momento con una vocecita de trola me pregunta si lo estaba haciendo bien y yo lo estaba disfrutando a pesar de su falta de experiencia así que le dije que siga como lo estaba haciendo y ella siguió. Mientras ella hacia eso yo aproveché la situación de que se encontraba en cuatro sobre el asiento y le metí mano al tremendo orto que saco estando en esa posición, mi mano derecha se hizo un festín con sus nalgotas.

    Después de todo eso la puse en cuatro con su culo apuntando hacia mi y luego de admirar sus nalgotas por un instante empecé a perforarle la vagina como un verdadero hijo de puta. Primero me agarre de su cintura para embestirla y luego cuando su coño se acomodó a mi poronga la agarre del cabello y la empecé a embestir con todas las ganas que le tenía y no sólo fue un disfrute para mi ya que ella también lo gozó ya que gritaba como todo una trola. Cuando sentí que me venía me saque el preservativo y le acabe todo en una de sus nalgas, tremendo orgasmo tuve cuando lo hice.

    Esta modalidad de tener sexo en el auto la hicimos un par de veces más hasta que un día la lleve al departamento de un amigo y me la garché junto con él, pero eso ya es para una segunda parte.

  • Cita con la psicóloga

    Cita con la psicóloga

    Trataré de ser breve, todo empezó cuando conocí a la hija de la dueña de un inmueble donde yo trabajo. Ella una chica contemporánea a mi edad, de cuerpo delgado, pequeña, atractiva y sobre todo de perfil bajo en todos los aspectos, me refiero a su demonio sexual dormido que llevaba por dentro.

    Todo empieza cuando me pide una cita para con la psicóloga de mi trabajo y esta se encontraba ocupada, así que la invite a esperar en mi oficina y empezamos hablar de distintos temas y sin querer llegamos hablar de las relaciones amorosas y que esto era el motivo de la visita con la psicóloga ya que tenía problemas con su pareja.

    Sin querer se nos pasó el tiempo conversando y la psicóloga se retiró y nos quedamos solos, intercambiamos números y en eso me nace la malicia de querer ahondar en la conversación y llevar la conversación al tema más sexual, al cual sin querer le atine como posible problema en su relación de pareja.

    Al principio ella un poco cohibida y tímida me hablaba con mucho respeto y a la vez algo temerosa, ya que, de pasar hacer un extraño, se creó una confianza como para hablar de estos temas, tal es así que yo le empiezo a dar sugerencias de como encender el deseo sexual para con su pareja. Ideas que iban desde ver películas xxx, lencería sexy, juguetes sexuales y de diferentes posiciones para la alcoba, cosas que a ella sonrojaban pero que para mí eran normal.

    Parte de los tips fue empezar a realizar texting y luego subirlo a sexting, pero ella me indicaba que su pareja no era participe a este tipo de juegos, así que no me quedo mejor idea que decirle que practicara conmigo. Un día x, por la tarde le escribí y le dije que hoy empezaríamos con las practicas, así que yo empecé el texting cuando ella se encontraba viajando en el transporte urbano y le empezaba a describir situaciones que podían suscitarse si yo estuviese a su lado, para lo cual ella me respondía de manera cándida y sutil que le estaba gustando. Ya con eso el texting se convirtió a sexting y le empecé a mandar fotos de lo que le haría si la tuviese en mi oficina, a lo que ella me respondió… que se sentía rara, que se sentía acalorada y que sentía como que algo le recorría su cuerpo y le humedecía las entrepiernas.

    Para todo esto, estaba aún en verano, así que le pedí que apenas llegue a su casa fuese y se cambiara de ropa y que vaya a mi oficina con un vestido corto y sin ropa interior, a lo cual no se negó. Y le dije dejare la puerta entre abierta, solo pasa y no te preocupes, yo me encargo de todo.

    Así fue como ella llego a mi oficina y apenas cruzo la puerta, estando ella de espaldas, me le acercó y le susurró al oído!! hasta que llegaste, hoy te cogeré como no lo hace tu marido, en eso deslizo mi mano entre sus piernas y logro confirmar que no llevaba ropa interior y a la vez confirmo como esos labios estaban empapados por ese jugo que emanaban de su suave y deliciosa concha, la cual empecé a frotar y masajear, haciendo que escape un gemido rico y placentero para mis oídos. Con la otra mano agarraba sus senos, los cuales estaban duros y con los pezones que parecían que iban a reventar.

    Así que sin pensarlo mucho la gire, me arrodille ante ella y le empecé a chupar de manera desenfrenada toda esa delicia de concha, empecé metiendo mi lengua, succione su clítoris y seguía bebiendo los jugos que se salían dentro de ella. Al escuchar que empieza a gemir más fuerte, le escupo la vagina y le introduzco dos dedos, provocando que sus piernas empiecen a temblar, lo hago una y otra vez hasta sentir que con eso se vino. Así que ahora es mi turno la jalo del cabello y la obligo arrodillarse, ella con deseos demás, saco mi pinga que estaba dura como piedra y se lo pongo en la boca, a lo cual ella con tal hambre, empieza a succionar y empapar con su saliva, lo hacía también, que sentía que en cualquier momento podría reventar y sobretodo que se lo introducía y de una manera tan lujuriosa que no aguante más y la levante, la pude de contra a la pared y la empecé a embestir con una fuerza que sus gemidos se transformaron en gritos, yo la bombeaba una y otra vez a tal punto que sentía que ya salía la primera ola de leche, así que la gire la puse de rodillas y le llene de leche toda su boca a lo cual ella entendió y empezó a mamar y tragarse todo lo que me salía.

    Era tanta nuestra arrechura que ella siguió chupándome la pinga a tal punto de dejármela al 100% para después yo cargarla encima de mío, subirla y hacerla que se moje y se venga una vez más. Así la pasamos un rato, hasta que sentí sus nalgas firmes y duras y se me dio por querer penetrarla y sin pensarlo de una la baje, me tire al piso y pedí que se siente encima mío, la volví a penetrar con mi pinga entre sus labios húmedos y con dedos dentro de su culo, algo que ella no me negó y así estuvimos un rato para después sacar mi pinga y metérsela por ese culo estrecho y apretado. Sus gemidos y gritos, asían que me mueva mas rápido y mas fuerte, cosa que en unos instantes logre soltar otra descarga de leche y ella termino con sus piernas temblando y con una cara de éxtasis total.

    Terminamos de vestirnos y de manera dulce y picara le dije “nos vemos en la siguiente consulta”.

  • Las tangas de mi madre insatisfecha (Parte II)

    Las tangas de mi madre insatisfecha (Parte II)

    Pero eso solo fue el inicio de nuestra lujuria, en las vacaciones de verano mis hermanos fueron a la casa a pasar varios días, eso nos quitó libertad para coger, pasaba días sin que tuvieras oportunidad para coger ya que mis hermanos se dormían tarde y andaba de un lado a otro, así que decidimos ir de visita a ver a una tía de mi mamá, como mi papá y mis hermanos esos viajes no les gustan se quedaron, para ese entonces ya me había comprado un carro, nos subimos pero antes de llegar a la desviación de la tía nos fuimos derecho, paramos en un pequeño terreno y nos pusimos a coger, ese día me tire a mi mamá unas 4 horas más o menos, la recosté en los asientos de atrás y la bestia como nunca, cada corrida dentro de ella era un sueño, sin querer cuando me la estaba cogiendo le rompí un poco sus bragas, me habré venido unas 5 veces ese día dentro de ella, como a las 9 de la noche regresamos muy cansados mi mamá se metió a bañar, mientras se lava veía como mi leche se le salía de su panocha. Yo había vuelto mujer a mi madre por segunda vez, ella era muy consciente de ello ya que todo lo que hacíamos era sexo, nunca el amor, a mí me daba igual mientras ella recibiera mi leche.

    Eso no fue nada ya que una semana después paso algo similar, no podíamos coger a gusto, así que le dije a mi papá que iba con mi mamá a la ciudad de Oaxaca para comprar hojas de plátano para hacer tamales, él dijo que si, le dio 500 pesos a mamá y nos fuimos, el plan era algo igual a la vez anterior, pararnos y coger un rato sin embargo se me ocurrió otra cosa, llegamos a Oaxaca compramos las hojas rápido, le dije a mi mama que con el dinero que le dio mi papá comprar algo de tangas sexy, ligeros o algo así, que ese día le iba a dar la cogida de su vida ella fue y compro unas 2 tangas chicas y sexys con ligero, con el resto del dinero rentamos un motel por 8 horas, con toda la libertad de coger hice que ella me modelara lo que compro, me cogí a mi madre como quise, la cargaba mientras le decía que se viera en el espejo, para que viera qué su hijo se la estaba cogiendo, hice que se viniera en ese momento, la embestía más y más fuerte, me senté en una silla e hice que ella se sentará sobre mí, se clavaba toda mi verga a sentones tras sentones, ese día ella me dio permiso de poder chupar sus tetas, se las mame como cuando era niño, mientras esa se clavaba mi verga le manoseaba a las chichis, nos fuimos a bañar mientras me la cogía en la regadera, le rompí la vagina como no se imagina durante 8 horas fue mi puta, en todo momento le decía mama, “te gusta le verga de tu hijo, mamá estás bien apretada, me voy a venir mama, te gusta que te ponga de perrito mamá”, mi papá le marco un par de veces, mientras ella montaba mi verga le hablaba con toda la calma que podía tener, mi nivel de lujuria era tanta que en una de tantas cogidas que le di ese día le marque a mi papa le pase a mi mama y me corrí dentro de ella en ese mismo instante, eso me puso como loco, la llene de semen mientras hablaba con mi papá, seguimos cogiendo en todas y cada una de las cogidas me corría dentro de ella en ninguna fue afuera ni por error, su vagina ya sabía la forma y el sabor de mi esperma, cogimos a nuestro antojo ese día, regresamos a las 10 de la noche, mi papá está muy tranquilo sin saber que hace 2 horas su mujer estaba gimiendo como loca con mi verga y que el dinero que le dio sirvió para que me la llevará a un motel y la vistiera como puta.

    Por si sola ella empezó a cambiar toda su lencería, tiro casi todo lo que tenía y empezó a comprar cosas más pequeñas y provocadores, no llegaba al nivel de tangas de hilo pero si algo pequeño, cacheteros, ligueros, conjuntos de bikinis, cosas muy atrevidas y calientes para una señora de casi 50 años, los escondía bien entre su ropa para que ni papa no los viera ya que sospecharía, lo que no podía ocultar era sus minifaldas, vestidos costos, y uno que otro escote que si bien ni tenía muchas tetas si se le veían bien y están muy mamables, pero estaba bien esas pelas hacían que ella se fuera a dormir mas seca de mi y por ende me la pudiera coger mas a gusto.

    Con el tiempo trate de llegar un poco más lejos pidiéndole que me deja metérsela por el culo, pero se negaba, también trata de que me la mamara a lo cual accedió, pero con la condición que ya no me dejaría correrme dentro de ella, así que mejor decido no hacerlo. Cuando mis hermanos regresaron uno a la escuela y el otro con su esposa, regresamos a coger en la casa, baje mucho de peso debido a la cantidad de sexo, incluso mi mama también, se veía mejor, mis cogidas le habían levantado las nalgas y se las habían puesto duras otra vez, mi papa lo noto y trataba un poco más seguido coger con ella, mi mama no lo dejaba terminar y hasta se molestaba con él. Mi madre seguía mandando a mi papa a comprar cosas, cada vez más lejos o más difíciles de encontrar para darnos tiempo de coger.

    Había días que cogíamos tanto que a ella se le irritaba su coño, se rosaba de tantas metidas de verga y yo ya no sacaba nada de leche, las erecciones me dolían pero no nos arrepentíamos, en esos días descasábamos para recuperar energías, en algunas fechas festivas íbamos de visita a casa de otros familiares, eso era muy excitante, en las noches mis papas y yo dormíamos en el mismo cuarto ella se metía de mi lado de la colchoneta y muy sigilosamente cogíamos, cogimos en casa de todos mis tíos por parte de mi papa y por parte de mi mama también, en total en 13 casa distintas.

    En una navidad precisamente, mi mama se puso un pantalón blanco y una cachetero morado que se le trasparentaba totalmente, deja entrever esas nalgonas que yo había vuelto a recuperar con las cogidas que le metía, uno de los hermanos de mi papa se le quedaba viendo, poco después en el baño se escuchaba como se masturba pensando en mi madre, “Cuñadita, que rica estas, cuñadita, cuñadita déjame cogerte abre esa vagina apretada para que recibas toda mi leche, cuñadita que culazo tiene pinche puta”. Eso me molesto un poco pero no hice nada, al fin y al cabo lo que él se imagina yo se lo hago todos los días, en lugar de decirle algo fui por mi mama, le dije que acompañara al cuarto por unas cosas, cuando subimos le levante su vestido tenía un cachetero morado bien temido en su coño, se lo hice a un lado y de un solo golpe le metí toda mi verga que le roce la entrada de su útero pues estaba como perro de caliente, mientras le decía “te vestiste muy puta no crees mama, quieres que todos te vena el culo, eso quieres verdad esto es lo que ganas que tu hijo te coja en plena navidad, te voy a dar mi leche como regalo mami”, poco a poco la fui empujando a la ventana que daba al patio mientras me la cogía, ella se asomaba y dejaba entrever su cabeza mientras yo esta atrás de ella ensartándola como toro, toda la familia estaba en el patio en la fiesta mientras mi mama solo los veía y aguanta los gemidos de placer, no pude mas y deje una enorme cantidad de esperma en su concha, ella quera cambiarse de bragas pero no al deje, le dije que esa era su castigo por andar de zorrita, le tocaba andar toda la fiesta oliendo a la leche de su hijo y con sus bragas manchadas. Lejos de importale solo dijo “ay papito si quieres cógeme cuantas veces quieras, mi coño esta para recibir toda tu leche”, la muy sínica se empezó a reír y bajamos a la fiesta a seguir conviviendo.

    En otra ocasión nos invitaron a una fiesta por parte de un familiar, a mi papá eso de las fiestas no le gusta así que solo fui con mi madre, ella ese día se puso una minifalda rosa y una blusa escotada, debajo traía una pequeña tanga amarilla no tan chica algo mediana con encaje en las orillas, que con el reflejo de la luz se le marca de una manera divina, en sus ya más duras y sabrosas nalgas. Encima se puso un abrigo para que mi papá no viera que se fue con minifalda ya que quizás se enojaría.

    Llegando a la fiesta nos sentamos con algunos familiares, comimos y mi mamá tomo unas cervezas ella no es mucho de bebidas así que se le subió algo rápido, como a las 11 nos regresamos a la casa pero antes pasamos a un motel de carretera por qué mi mamá estaba muy caliente, las cervezas le aflojaron la concha, en el coche le venía sobando la concha sobre sus bragas así que ella ya estaba muy mojada cuando entramos al cuarto, me quite los pantalones y ella se subió sobre mí, se subió la minifalda y se hizo a un lado su tanga, me metió toda mi verga de un golpe, se daba sentones como una puta en celo lo hacía con tal fuerza que se metía hasta la base de mi verga todo el tronco cada milímetro ella se lo comía con su concha, mi verga cada vez que entra en su concha besaba la entrada de su útero, el sonido de cada choque de sus nalgas contra mis muslos era excitante hasta que no pude más, expulse chorros y chorros de semen dentro de mi madre, 10 días de semen acumulado den mis bolas salieron disparados directo a la entra del útero de mi mama que la atravesaron con tal fuerza que parecería que querían dejarla preñada, el semen eran tanto que mancho cada parte de las paredes uterinas de mi mamá, pero a ella no parecía importarle, que ese cantidad de esperma caliente de su hijo estuviera dentro de ella por qué se seguida dando de sentones, mientras el semen que no pudo absorber su vagina salía a chorros y lubricaba más la entrada de su chocho, de pronto exclamo un enorme gemido por qué había alcanzó un orgasmo, se paró levemente y saco mi verga de su panocha, una enorme cantidad de esperma salió de su vagina, ella sonrió y dijo “ es mucha leche papi, su usaras condón de seguro lo hubieras Roto de tanta que le echaste, ahora pon dura esa verga otra vez que hoy no nos vamos hasta que mi vagina ya no pueda recibir ninguna carga más de tu lechita”.

    Eso me puso como loco, la tome de los brazos y la acosté en la cama, puse sus pies en mis hombros y le dije “si de verdad quieres toda mi leche mami, te la voy a dar tan duro que te voy a preñar”. Ella se empezó a reír y me dijo “si me preñas te la mamo y te doy mi culo papito, así que esfuérzate por embarazarme”, la muy perra jugaba conmigo yo me empecé a mover, cogimos 3 horas esa noche cada corrida era en esa posición, nunca le saqué la verga para que mi leche bañara a su útero completamente, al final de unos 5 o 6 cogidones su vagina había quedado inundado de esperma, era como meter un pene dentro de un bote de yogurt, así había quedado su concha retacata de la leche de su hijo.

    Cuando se paró chorros de semen salía de su vagina, a pesar que se bañó en el motel no puedo sacarse toda la leche por qué mientras regresábamos a casa sus bragas se iban manchando de leche que aún seguí saliendo de su concha. Llegamos a la casa a las 4 de la mañana directo a dormir, yo completamente deslechado por mi madre que se bañó 4 veces ese día pero por más que se lavaba su concha la leche aún seguí saliendo y sus labios estaba, completamente inflamados de tan terrible cogida que le metí, tanto así que no podía sentarse ni caminar bien.

    Fin parte (II)

  • Me acosté con mi ex que ahora es mi cuñada

    Me acosté con mi ex que ahora es mi cuñada

    Todo comenzó hace 10 años aproximadamente yo tenía 20 años estaba de novio con Agustina de 16, nos conocimos en Munro y en ese momento éramos buenos amigos hasta que decidimos dar el próximo paso que era ser novios… comenzamos a salir me gustaba su forma de ser una chica muy buena pero había algo que no me dejaba avanzar y era su edad.

    Sentía que al salir con una menor de edad nunca podríamos hacer esas cosas que nos unan más como una pareja. Siempre la respeté aunque ella siempre pensaba lo contrario y que la engañaba con todas las chicas de la zona, hasta que un día no aguante más y para no alargar el sufrimiento de una adolescente como Agus le dije que no quería salir más con ella y que haga su vida.

    El tiempo pasó yo salí con otras mujeres como todo joven la pasé bien. Lo que más me sorprendió fue cuando ella empezó a salir con mi hermano 5 años mayor que yo en el momento fue algo duro para mí por tener que ver a mi ex todos los días en mi casa saliendo con mi hermano nunca les pregunté cómo pasó y cómo fue que empezaron a salir yo seguí con mi vida y ellos con la suya. Paso el tiempo y su relación estaba más fuerte que nunca y ese momento fue cuando ella quedó embarazada, así que para dejar de pensar en eso que me carcomía la cabeza decidí irme a Caba a estudiar y seguir mi sueño de ser médico. Ese año tuve un imprevisto (accidente de tránsito) tuve que abandonar el estudio y regresar a casa de mis padres y volver a mi vida de antes aunque ya no era la misma. Mi cuñada (mi ex) ya había sido mamá y se habían ido a vivir juntos con mi hermano. Después de 5 años ya no me sentía mal y decidí seguir adelante como siempre lo hice.

    Hasta que un día habíamos salido con unos amigos a beber a un bar, fueron mi hermano y mi cuñada, a la vuelta cuando llegamos a mi casa y mi hermano se fue al baño me confesó que aquel accidente de tránsito que me ocurrió hacia 5 años la había puesto realmente mal por si algo me hubiese pasado y que solo quería que decirme que me quería mucho y me dio un abrazo. Yo me quedé sorprendido por lo que me dijo pero lo tome como que estaba borracha y que al otro día se iba a olvidar.

    Fue ese momento que cambio todo ella no me miraba cuando hablábamos me decía por mensaje que se sentía intimidada por mi y que le daba vergüenza hablarme me di cuenta que me cuñada seguía sintiendo cosas por mi y no podía hacer nada al estar con mi hermano y además tener un hijo con juntos. Me parecía una locura pensar todo eso, verla seguido y no poder hacer nada.

    Nos empezamos a mandar mensajes subidos de tono luego seguimos con fotos íntimas y todo eso se volvió deseo siempre le decía que la veía como una amiga y nada más porque a mí hermano lo quiero y lo respeto mucho pero esto ya se me había ido de las manos. Fue todo eso que cada vez que nos veíamos ella me miraba de otra forma al igual que yo, hasta que en una cena con amigos mi hermano se fue porque al otro día viajaba temprano los demás quedamos bebiendo y escuchando música hasta tarde se nos acabó el alcohol y ella me pidió que trajera una botella de vino de mi casa los demás también querían seguir asique fui a buscarla con ella, cuando entramos a mi casa me pidió pasar al baño cuando salió del baño se quedó parada como esperando la agarre de la mano para que nos vayamos y comenzamos a besarnos fue algo raro me sentía mal por lo que había pasado pero con ganas de cogérmela por todas las cosas que nos decíamos por mensaje por suerte pudimos parar y volver con nuestros amigos que nos estaban esperando.

    Cuando llegamos a la casa de nuestros amigos ya se habían ido a dormir varios al igual que los dueños de la casa asique pegamos la vuelta y decidimos seguir con lo que habíamos empezado lo hicimos y nos sacamos las ganas que ambos nos teníamos aunque no como hubiese querido que pasen las cosas.

    Todavía pienso en lo que paso soy una persona que sabe guardar un secreto y pienso mantenerlo así por la familia por mi hermano que lo quiero mucho pero es como se dieron las cosas.

  • Tumulto

    Tumulto

    Un mes después de que Cornelio, su exesposa Stella y yo hiciéramos un trío a petición de ambos, Cornelio fue a mi casa para tomarnos unos tragos. En la plática, obviamente salió lo que ocurrió en nuestro trío. Ambos recordamos gustosos los detalles. Más adelante Cornelio me hizo otra confesión.

    –Hace una semana, Stella me hizo participar en otra de sus locuras –dijo, pero se apresuró a aclarar que lo del trío no fue locura– Lo que hicimos tú y yo con ella no fue locura, fue amor entre ella y yo que quisimos compartir contigo.

    –¿Qué locura hicieron? –pregunté con curiosidad.

    –Ella me había dicho que le habían gustado ambos tríos, porque yo estuve presente –dijo refiriéndose al primero con Ociel, el macho de turno de Stella en esa ocasión–, pero que quería sentir más machos juntos tratándola como ‘la reina de la fiesta’ y me propuso algo muy loco –dijo meneando negativamente la cabeza–. Dijo que quería tener juntos a varios de quienes la aman regularmente. “Tú y otros cuatro o cinco”, me dijo.

    –¡Zaz! ¿Les dará batería a todos? –pregunté, dudando de que fuera capaz de satisfacerlos.

    –¿Les dará? ¡Nos dio!, porque eso hicimos la semana pasada. Y seguramente puede con más, incluso viniéndose ella también en cada cogida –precisó, dejándome con la boca abierta y algo triste por no ser yo de los requeridos.

    –¿Cómo fue? –pregunté ávido de saberlo.

    –Me dijo que ella se encargaría de invitarlos y decirles qué trajera cada quien para la fiesta, además de ‘las bolas bien cargadas’.

    –¿A cuántos invitó? –pregunté asombrado.

    –No sé a cuántos invitaría, pero los que fuimos, además de mí, Carlos, Ociel y Guillermo, que ya has oído de ellos, también fue David que llevó a un sobrino joven de unos 18 años, que Stella había conocido antes en casa de David porque vive con él –los nombró Cornelio, y ante un “¿Por qué?” que lancé cuando dijo ‘sobrino’, explicó–. “Tráetelo”, le dijo Stella cuando David le preguntó si podía llevar a Jacobo. Quizá para estrenar algo que ya se le había antojado. Lo cierto es que todos sabrían a qué iban…

    –¡Sí que es una puta tu exmujer…! –exclamé, agradeciendo que no me hubiera invitado a mí, porque no estoy preparado para participar más allá de espectador.

    –¡Putísima! –Cuando estábamos en la sala, después de haber bebido un poco y bailado cada uno con ella, abrazándola y magreándola en cada turno. Ella puso un disco para hacer un estriptís. El baile estuvo muy cachondo, y nos aventó cada prenda. A mí la última a la cara: su calzón bastante mojado.

    –Ese baile ha de haber estado muy caliente… –dije recordándola desnuda.

    –¡Estuvo de poca madre! Ante los gritos de los presentes, nos advirtió que ellos tenían que desvestirse antes de atreverse a tocarla. “Ya encuerados y con el pito parado, lo que quieran, mis amores”, dijo y todos empezamos a desnudarnos. Lo más caliente fue cuando ella siguió bailando sin ropa, pues, conforme alguien quedaba totalmente en pelotas, ella le pasaba los pelos de la pepa en la cara o las nalgas. Al terminar su danza, yo me quedé sentado, pues aún no me quitaba todo y mientras lamía sus pantaletas veía cómo se iba la jauría sobre ella. La mamaron y manosearon por todas partes. Hicieron una rueda y ella, cargada por todos, fue circulando para su uso Unos se vinieron y otros no, pero todos, menos yo, le dieron. Después, también cargada, se la cogieron por pares uno por atrás y otro por delante. También tuvo dos vergas en la raja al mismo tiempo, pero no pudieron hacerle igual por el culo. No sé qué les dijo a los de la última pareja, pero me la llevaron cargada, con las piernas abiertas y me restregaron el pelambre lleno de semen en la cara… Por la calentura, no pude evitar ponerme a chuparle la vagina, las piernas y las nalgas para dejárselas limpias. Es un decir, porque le seguía escurriendo semen y jugos con cada mamada que le hacía.

    –Descansamos sentados –siguió contando mi amigo–. Ella ensartada en mi palo rígido, ya que yo no me había venido todavía. Todos con nuestro vaso en mano, brindamos por la hembra más bella de la fiesta.

    –¡Qué puta es Stella! –volví a exclamar– Pero no me has dicho lo que sentiste cuando te obligó a chuparle la vagina y anexas –insistí.

    –Ya te dije que yo estaba muy caliente, además que me gusta tragarme el atole que hace con sus parejas. ¡Me encantó!, pero hubo más que no había hecho.

    –¡¿Más?! –pregunté azorado.

    –Sí, eso fue apenas el comienzo. “A ver, otro brindis hasta ver el fondo”, dijo Stella y continuó “Brindo por el amor que todos ustedes me han dado, ¡salud!”. Todos apuramos lo que quedaba en el vaso. En voz baja, me dijo “Quiero que aún no te vengas, pero que la tengas dentro de mí para lo que sigue”. Pensé que quizá fuera a saltar sobre mí para que todos disfrutaran el movimiento de su frondoso pecho, pero no, ella tenía en mente algo más sofisticado.

    –¿Qué podría ser? –pregunté e inconscientemente me apreté la verga sobre el pantalón que ya estaba húmedo por el presemen que solté al escuchar las locuras de Stella.

    –Stella aclaró que, “Para lo siguiente, sólo van a participar los que tengan el pene bien duro”. Imagina a todos sentaditos en los sillones o en la alfombra viendo quienes tenían la verga inhiesta, y los que no, porque aún no se reponían de la cogida que le dieron a la puta de Stella, estaban jalándosela para revivir la verticalidad.

    –Bueno, ver a tu exmujer desnuda es suficiente para ponerte así, más si sabes que tiene ganas de coger –dije dándome otro apretón más.

    –Sí, por lo que veo, a ti te basta con imaginártela… –contestó, cambiando la vista hacia mi mano en mi paquete.

    –¡Perdón!, pero sí… –dije por toda explicación de mi conducta.

    –¡Ja, ja, ja! No te preocupes, a mí también se me para cuando me acuerdo de ella, ja, ja, ja –dijo Cornelio con jocosidad.

    –Bueno, sígueme contando que tengo curiosidad.

    –Stella nos explicó: “Cada quien escogerá ‘mamada’ o ‘cubana’, y eso le haré. Para hacer mejor mi tarea, mi asistente me dará cariño mientras lo hago” dijo poniéndose de pie y se dirigió a Jacobo, quien le quedaba más cerca, para preguntarle. “Mamada”, contestó el muchacho. Stella se hincó y tomó el pene en sus manos, pero antes de metérselo a la boca volteó hacia mí y dijo “¡A ver, asistente! Métemela, mi amor”. Así que, ante la envidia generalizada, la empalé y ella se puso a mamar.

    –¡Órale, qué puta! –grité.

    –Jacobo se vino casi de inmediato. Stella, con la boca llena de esperma volteó y me pidió un beso, vaciando la leche en mi boca. Todos gritaron asombrados y se oyeron gritos de “Puta”, “Yo quiero”, “Él no aguantó nada”, etcétera –dijo Cornelio y, antes de que yo le preguntara, continuó– Me gustan los besos blancos que me da ella, ya lo sabes, he probado de Ociel y de ti. Sin salirme de ella, Avanzamos de rodillas al siguiente sujeto, que era Guillermo, quien tiene una tranca enorme. “A éste le queda bien una cubana”, dijo la puta envolviéndole la verga con las tetas y comenzó el franeleo. Guillermo la acariciaba y besaba lo que podía de ella, en tanto que yo la tomaba de la cintura para que no se fuera a salir de mí. De pronto, soltó un par de chorros que cayeron en el torso y ombligo de Guillermo. Ella recogió el semen con la lengua y volvió a besarme.

    –¡Más leche, habrás quedado empachado! –dije admirado.

    –Pues no me empaché, al contrario, me gustó cómo lo hizo y lo disfruté. Además, pude darme cuenta que había sabores distintos, pero no niego que me gusta más cuando lo tomo de la panocha. Así pasaron los cinco; en el último beso probé el semen de Carlos mientras me estaba viniendo en ella, al fin que ya habíamos terminado la ronda.

    –¡Uff! Sí que estuvo novedosa esa fiesta –dije con tono de envidia.

    –Y eso que apenas eran las dos de la mañana… –me advirtió mi amigo.

    –¿Hubo más? –pregunté.

    –¡Claro! La oportunidad se prestaba para que Stella siguiera poniendo en práctica sus fantasías –me dijo Cornelio, preparándome para más sorpresas–. Después de bailar otra ronda con cada uno, en las cuales todos dieron muestra de sus habilidades: Vals, Tango, Danzón, Rock y Lambada. Yo la hice bailar Twist para que sus tetas se movieran violentamente. Casi todos los que bailaron pegados querían meterle la verga y ella se dejaba, pero no permitió que eyacularan, ella tenía otros planes.

    –¿…? –“¿Cuáles? pregunté con la mirada arqueando las cejas.

    –Stella trajo unas toallas que extendió en la alfombra diciéndonos que ella quería ver lo que se siente en el ‘Bukkake’ “así que quiero verlos masturbándose y viniéndose sobre de mí. No se vale en el pelo ni lo desperdicien fuera de mi cuerpo”, concluyó y se acostó bocarriba sobre las toallas recogiéndose el pelo acomodándolo atrás, bajo el cuello.

    –¡Qué loca! Tú, ¿dónde elegiste venirte? –pregunté.

    –No tuve que hacer elección pues ella me dijo “Tú no, sólo acaríciate los huevos y la verga si te dan ganas, yo te digo cuando te vengas”. No tardó mucho para que le cayeran chorros de esperma a Stella. Desde la barba y chiches que fue la venida más arriba, hasta los pelos de la pepa. Cuando todos acabaron, ella estaba con mucho esperma en la piel y con vellos de distintos grosores y colores. Abrió las piernas y extendiendo sus brazos hacia mí me dijo “Ven, Cornelio, hazme el amor…” y me extendí sobre ella, abrazándonos y dándonos un beso. Todos empezaron a animarnos con aplausos y gritos mientras que nos embadurnábamos el frente con el semen que le regaron. ¡Nos vinimos riquísimo! Me dio un beso y dijo “Gracias, mi amor”.

    –¡De verdad que fue apoteósica la reunión! –exclamé viendo el rostro feliz de Cornelio que rememoraba esa última cogida.

    –Sí, pues allí terminó la reunión tumultuaria. Stella nos agradeció la presencia y dijo que ya estaba cansada y que en su cama sólo cabían tres o cuatro. Ociel tenía que pasar lista en su casa y darle un chorro de amor a su esposa y se despidió después de vestirse. También se despidieron David y su sobrino Joel. Carlos Guillermo y yo, no hicimos el intento de vestirnos, queríamos dormir con Stella.

    –¿Y durmieron? –pregunté.

    –Seguimos tomando. Stella le pidió a Carlos que forjara unos porros ‘de la buena’, pues durante la reunión ya había sacado unas bachas de mariguana y las circuló entre los que quisieron. La puta ‘le dio las tres’ mientras se la cogían. Ahora, sentándose un rato en el miembro de cada uno, se echó todo el cigarro. “Fuma”, me pidió poniendo me el cigarro en la boca. “No, Nena puta, no me gusta”, le dije y se levantó para ensartarse en Carlos y pasarse el humo boca a boca, entre risas y carcajadas. “¡A la cama, mis putos!, los quiero dentro a los tres, elija cada uno su hoyo”. Nos dijo, arrastrando las palabras, al terminar de fumar. Guillermo en el culo, Carlos en la boca y yo bajo de ella, metiéndosela otra vez en la pepa. Sí, me toco otro beso blanco con el semen que probé la primera vez en su pucha…

    –¿Y durmieron? –volví a preguntar.

    – A ratos, pues cuando nos daban ganas, nos la volvíamos a coger. Ella sí se quedó dormida por lo borracha y ‘pacheca’ que estaba, así que no podía protestar. Entre sueños, vi cómo se la folló Guillermo por la boca, mientras Carlos le daba por atrás, no sé si por el culo o por la vagina, pero la pobre quedó escurriendo semen en la cara. Lo probé una o dos horas después cuando le di un beso cogiéndomela de misionero agarrado de sus chiches.

    –Pobre Stella –dije.

    –Tal vez, pero ella sabía que todo eso podría pasarle… Incluso dormida lo disfrutaba porque nos encajaba las uñas en sus orgasmos. Amaneció llena de semen, con las chiches y las nalgas adoloridas y con moretones, quejándose del dolor; nosotros teníamos las marcas de sus uñas en las muñecas y espalda. “Ven”, me dijo, empujándome la cabeza hacia su pepa para chupársela y obligó a los otros a chuparle las tetas. Sabía riquísimo y se vino soltando flujo.

    –“Gracias, mis amores, ya váyanse que quiero dormir al lado de mi esposo”, dijo Stella como a las nueve de la mañana y me abrazó. No me di cuenta cuando se fueron ni cómo se despidieron, seguramente con un beso cada quien.

    –¿Y no le reclamaste que te haya dicho ‘esposo’? –pregunté intrigado.

    –No, me gustó que me sintiera así, cornudo, pero su esposo. ¡Es tan hermosa…!

    –Sí, tú la amas y ella también, al parecer esa fiesta fue para ustedes dos, y los demás solamente fueron comparsa –aseguré. Cornelio asintió con la cabeza y un dejo de tristeza en la mirada.

  • Descubriendo la puta que hay en ti

    Descubriendo la puta que hay en ti

    Mi esposa trabajaba en una fundación dedicada a la atención de niños con dificultades de aprendizaje y, en razón de su trabajo, debía relacionarse con personal que laboraba en el área de la salud, médicos, psiquiatras, psicólogos, terapeutas, enfermeras y paramédicos, entre otros, así que su círculo social era bastante amplio y también la posibilidad de compartir diferentes tipos de experiencias, tanto propias como de sus compañeros de trabajo.

    No era de extrañar que, por compartir actividades con miembros del sexo opuesto, no se diera uno que otro acercamiento que sugiriera intenciones más allá de lo estrictamente profesional, aunque, en el desempeño de su trabajo, se procuraba mantener las distancias convenientes entre todos para evitar situaciones que alteraran el ambiente laboral y afectaran las relaciones en el equipo de trabajo. Sin embargo, no faltaban las insinuaciones y los comentarios de doble sentido que en algún momento se pudieran considerar.

    Marta era una enfermera, compañera de mi esposa en el trabajo, casada con un marino mercante, y madre de dos hijos; un niño de 10 años y una niña de 8 años. Además de su dedicación al hogar, el trabajo como enfermera le permitía, entre otras cosas, obtener unos ingresos que le hacían sentirse autónoma e independiente, satisfacer sus caprichitos personales y colaborar con su esposo en los gastos de la casa. Y, por otra parte, también le distraía de las largas ausencias de su pareja, haciéndole centrar su atención en otras cosas y no pensar en el tiempo que, estando sola, debía resolver muchas situaciones.

    Ella era una mujer relativamente joven, unos treinta y ocho años quizá, guapa, de buen estado de ánimo, espontánea, alegre, sociable, servicial y, por lo tanto, de fácil trato con las personas que entraban en contacto con ella. Muchas veces compartimos con ella y su esposo en actividades sociales. En ocasiones sus papás le colaboraban quedándose en la casa con los niños, de manera que, en algunos momentos, podía disponer de tiempo para salir sola y atender compromisos sociales. Nosotros, considerando su situación, y procurando que la pasara lo mejor posible, regularmente la invitábamos a salir, a cenar, a disfrutar de un evento musical, a presenciar una obra de teatro, a cine y demás.

    Sin embargo, agradecida con nosotros por tratar de distraerla, era claro que le hacía falta la compañía masculina en esos momentos y que quizá anhelaba poder desfogar todo su deseo y ganas que le despertaban aquellas salidas con su amiga, mi esposa, que casi siempre iba acompañada conmigo, pero ella, siempre acudía sola. Así que, en alguna ocasión le pregunté a mi esposa si ella se sentiría mal si la permitíamos que fuese acompañada por alguien, de modo que no se sintiera como un estorbo para nosotros. La verdad, dijo mi esposa, nunca hemos hablado en profundidad de aquello, pero le voy a proponer, a ver qué dice.

    Pasaron los días y, acercándose un fin de semana, le propuse a mi esposa irnos de discoteca el fin de semana y, teniendo en mente a Marta, pregunté. ¿Al fin hablaste con ella? Sí, respondió, pero dijo no tener la suficiente confianza con nosotros para estar con otra persona diferente a su esposo y, le incomodaba un poco pensar en la impresión que ella nos pudiera dar. Bueno, dije en aquel momento, tocará ir de a poco. Si ella no quiere, pues, no se le puede presionar. La idea es que esté relajada y disfrute el momento, sin preocuparse del qué dirán. Sí, dijo mi esposa, pero ella anda un tanto prevenida. Y ¿será que tiene algún noviecito y no quiere que sepamos? No creo, dijo mi esposa. No que yo sepa. Bueno, pues invítala a ver que dice.

    Efectivamente, mi esposa le comentó la idea de salir a divertirnos, a bailar, y ella aceptó. Así que nos fuimos de fiesta el fin de semana, un sábado en la noche, los tres únicamente. El lugar escogido estaba bastante concurrido, con un ambiente fenomenal, que invitaba a salir a la pista de baile y no descansar, y así lo hicimos. Yo tenía que multiplicarme para bailar con mi esposa y con Marta, procurando pasar la velada lo mejor posible y que ellas no se aburrieran.

    Pasado el tiempo, y como siempre, en aquellos lugares, se veía hombres solos echando un vistazo a ver que pescaban. Decidí, de puro impulso, darme una vuelta por la barra y curiosear. Le dije a mi esposa que le iba a conseguir un parejo a Marta y que, cuando estuviera con él, si lograba convencer a alguien, lo iba a presentar como un amigo, de manera que necesitaba que me siguiera la corriente para darle a aquello un aire de causalidad. Y, de allí en adelante, ver qué pasaba.

    Me fui de correría por la barra y pedí un trago, haciéndome pasar por uno más. Puse mis ojos en un hombre, tal vez de la misma edad de Marta, o un poco más, que correspondía más al prototipo de hombres que desvelan a mi mujer, como de mi estatura, de tez morena, de cuerpo armonioso, manos cuidadas, con vestimenta adecuada y bien arreglado. Hola ¿cómo estás? Me llamo Fernando. ¿Y tú? Jorge, respondió un tanto sorprendido. Bueno, viejo, le dije, voy sin rodeos. Estoy con dos hembras, comenté señalándoselas; una es mi esposa y la otra es una amiga. Ella también es casada y un tanto prevenida con el tema de conocer gente nueva, así que se me ocurrió contactar a alguien para que me haga el cuarto y terminar de pasar la noche. ¿Le interesa? Pues, sí, dijo, ¿por qué no?

    Bueno, Jorge, ponga atención. Vamos a llegar a la mesa los dos y yo lo voy a presentar como un amigo, conocido de tiempo atrás, que encontré por causalidad y que invité para que nos acompañara, si a la dama en cuestión no le molesta. Mi esposa lo va a saludar como si lo conociera, así que tiene que tratarla como si hubiera confianza. Ella se llama Laura. ¿Ok? Perfecto, dijo. ¿Bailas? Si, respondió. Creo que lo hago bien. Excelente, comenté, porque a mi esposa le encanta bailar y yo trataría que ella y usted compartieran una ronda mientras yo entretengo a la otra señora y procuro que entre en confianza. Y después procuraré que usted haga pareja con ella. ¿Está bien? Sí, no hay problema, contestó. Bueno, ¡vamos! Dije.

    Cuando llegamos a la mesa, Marta y mi esposa me miraron un tanto sorprendidas. Laura, dije, mira quién está aquí, Jorge, ¿lo recuerdas? Ummm musitó ella, viendo a ver qué respondía. ¿Jugando tenis, tal vez? Si, dijo él, en el Club Campestre. ¿Cómo estás, Laura? Bien gracias. Hacía rato que no te veíamos. Sí, dijo él, estuve por la capital un tiempo, pero ya estoy de nuevo aquí. ¡Qué bien! Dijo ella. Y ¿nos vas a acompañar? Pues… si no les molesta, dijo él. Para nada, dijo mi esposa, ¡siéntate! Mira, te relaciono con una amiga… Marta, él es Jorge, un compañero de juego de Fernando. Mucho gusto, respondió ella, mostrándose de acuerdo, Marta. Encantada de conocerle…

    Empezamos una corta conversación, donde nuestro nuevo invitado, muy posicionado en su papel, nos contó que había estado finalizando un post-grado en mantenimiento mecánico y que volvía a su puesto como Jefe de la sección mecánica en una importante refinería. Le deseamos suerte en el retorno a sus actividades y, bueno, dije, señalándole a mi mujer, pero aquí lo importante no es hablar sino bailar. El, obediente, estiró su mano invitándola a salir a la pista y ella, sin dudarlo, aceptó. Yo, entonces, seguí el juego e invité a Marta a bailar.

    Las dos parejas estuvimos en la pista, bailando por largo rato. Jorge, al parecer, llenaba las expectativas de mi esposa en cuanto a baile se refiere, porque se veía muy animada compartiendo con él. Marta, quien no les perdía el ojo, se atrevió a decirme… ¡Oye! Tu amigo baila muy bien. ¿Qué quieres decir? Acaso ¿Yo no? ¡No! respondió riendo, no he dicho eso. Tú también lo haces bien, pero parece que Laura lo está disfrutando. Sí, comenté, a ella le gusta mucho bailar. Y si el parejo le da la talla, mejor. Eso parece, dijo ella. Bueno, ya tendrás oportunidad, comenté.

    Volvimos a la mesa para darnos un respiro. Ellas, ambas, decidieron ir al baño, así que nos quedamos Jorge y yo en la mesa, bebiéndonos unos tragos. Bueno, ¿cómo le fue? Bien, dijo. La señora baila muy bien. Gracias, contesté. Pero recuerde que lo contraté para que me haga el cuarto con la otra. No me diga que no está bonita la señora, afirmé. Si, dijo. Se nota muy alegre. Sí, es muy espontánea y alegre, comenté. Así que necesito que me la mantenga así el resto de la noche. ¿Se le mide? Descuide, dijo.

    Ellas, al rato, volvieron a la mesa. Se habían dado un respiro y tal vez habían aprovechado para conversar cosas de mujeres y las impresiones que le producía el invitado. No más llegar, Jorge invitó a Marta a bailar y, como se dice coloquialmente, hasta ahí los vimos, porque conectaron de maravilla, no solo bailando sino también en otros aspectos. El hombre tal vez hizo que Marta se soltara, se desinhibiera y descargara toda la adrenalina que había mantenido reservada para un momento así, porque, pasado el tiempo, la vimos muy abrazada a su pareja, permitiéndole ciertas libertades que tal vez no hubiera consentido momentos antes. Sin embargo, además del baile y la coquetería, nada pasó. Y muy de madrugada dimos por terminada la velada, nos despedimos y volvimos a nuestras casas.

    Aquel evento seguramente despertó deseos dormidos en ella y la hizo ver las situaciones de otra manera. Me contó mi esposa que las conversaciones durante la semana se refirieron a la posibilidad de repetir un evento así, más adelante. Pues, cuando quieras, le había dicho ella. Al fin y al cabo, eres tu quien ha sido muy reservada al respecto y nosotros para nada queremos que te sientas mal ni obligada a hacer algo que tú no quieras. ¿Cómo así? le había replicado ella.

    ¡Mira! fácil de entender, replicó mi esposa. Que por estar nosotros, mi marido y yo, presentes, te abstengas de hacer algo que tú quieres y que te nace hacer. No es otra cosa. No entiendo, había dicho ella. Marta, si estando en una actividad de esas, por ejemplo, tu quisieras vivir un instante de intimidad con tu pareja, puedes vernos a nosotros como impedimento y limitarte. Y eres libre para hacer lo que te parezca, si lo consideras que te hace bien en ese momento. Nosotros no somos quiénes para juzgarte, señalarte o criticarte. Lo que pase allí queda entre nosotros y ya. Eso te quería decir. Gracias, dijo ella, lo tendré en cuenta.

    Pues claro que lo tuvo en cuenta, porque al poco tiempo, estando su marido y yo ausentes, Marta le propuso a mi esposa que salieran juntas un sábado en la noche, como en aquella ocasión. Uno de sus compañeros de trabajo le había mencionado la posibilidad de salir a divertirse un día cualquiera, y ella, habiendo visto que no había nada de malo en eso, había concretado con él tal oportunidad. Su compañero, por supuesto, estaba entusiasmado con la idea, pero no contaba que la condición era que ella fuera acompañada por otra amiga, en este caso mi esposa.

    No obstante, aquello no era impedimento alguno, porque el muchacho ya sabía cuál de sus amigos podía secundarlo en la aventura. Y fue un médico, director del programa, quien complacido atendió la invitación. Así que las dos parejas se fueron de fiesta el fin de semana. Y, como cabe esperarse en un evento de personas adultas, la invitación comenzó con una cena donde, en medio de una conversación agradable, surgió la idea de extender la noche, ir a escuchar música o ir a bailar, escogiendo por unanimidad la segunda opción. De modo que fueron a seducirse y sacudir sus cuerpos un rato, pero, aparte de gozar de la proximidad de sus cuerpos durante el baile, tampoco nada pasó en aquella ocasión.

    Poco a poco, no obstante, la curiosidad por ir más allá en tales encuentros se fue acrecentando más y más. Marta empezó a ser más intensa con la idea de salir con mayor frecuencia y fue así como en alguna ocasión la diversión abarcó todo el fin de semana, viernes, sábado y domingo, y era cuestión de tiempo que la aventura fuera subiendo de intensidad. Aquel fin de semana, los tres días, habían compartido con Oscar, su compañero de trabajo, pero, aparte de paseos, comidas y conversación, las cosas no habían ido más allá.

    En algún momento acudimos a un concierto, un viernes en la noche. Marta, sin prevención alguna, acudió al evento con Oscar, quien al parecer ya era su compañero de reemplazo cuando su marido Antonio se encontraba ausente, así que ya nos habíamos acostumbrado a su constante y frecuente presencia. El tipo, para qué, era apuesto y bien coqueto, de modo que hacía pareja perfecta con la espontaneidad y desparpajo de Marta. Pero, según me contó mi esposa, él no había dado señas de ir más allá y ella, aunque lo deseaba, no sabía cómo proceder, porque le daba miedo actuar y, por impulsiva, dañar esa bonita amistad y que él pudiera pensar mal de ella.

    Mi esposa, tratando de ser imparcial y coherente, y aconsejar bien a su amiga, si así pudiera decirse, le había preguntado a Marta, qué era lo que realmente quería dar a entender con ser impulsiva y dañar la bonita amistad. Pues que él se atreva a tener algo conmigo cuando estemos juntos, había respondido ella, porque, si eso pasa, yo le sabré responder. Y a qué te refieres con que él se atreva a tener algo contigo. Pues, ya tú sabes, le confesó, que quiera hacer el amor conmigo. Y tú, ¿tienes ganas? le había preguntado mi esposa, ¿lo quieres hacer? Sí, le había respondido ella. ¿Y qué te ha impedido hacerlo? Le preguntó. Me da miedo, fue su respuesta.

    Bueno, le preguntaba yo a mi esposa, y ¿cómo crees que podrías ayudarla? No sé, de pronto acompañándola en alguna actividad, para que se sienta confiada y más segura. Pero, reflexionaba yo, ¿qué actividad sería esa? La verdad, decía mi esposa, ella cree que al tener sexo con alguien que no sea su marido estaría incurriendo en algo indebido y no quisiera cargar con eso. Jajaja, me reí. ¿Y cómo venciste tú eso, acaso no pensabas lo mismo? Sí. Aventurándome para verificar que esa idea no era tan cierta, pero, la verdad, conté con tu apoyo para que eso sucediera. Una cosa es el placer físico como parte de una experiencia y otra diferente el proyecto de vida, la profesión, los objetivos propios y en conjunto, la familia. Son muchas cosas, la verdad. Quizá la variedad en el disfrute sexual es tan solo un caprichito, que hay que vivirlo para poderlo comprender.

    Seguramente tendrás que hablar con ella, largo y tendido, más allá de lo meramente profesional, de manera que se construya confianza y una sana compinchería. Eso, había dicho, mi esposa, creo que ya está; pero tal vez no lo hemos llevado más allá de algunas travesuras. Y si el miedo de ella es aventurarse, ¿porque no le ofreces recorrer el mismo camino que tú recorriste? ¿O es que ya te olvidaste de cómo empezó todo? ¡No sé! Tendría que hablar con ella y ver cómo reacciona. Veremos qué pasa y te contaré.

    El tiempo fue pasando y aparentemente nada sucedía. Las salidas con Marta seguían siendo frecuentes, pero habían tomado un tinte familiar. Salíamos en familia, ella con sus hijos, nosotros con los nuestros, y todo se manejaba de manera formal. En algún momento, nuevamente, tuvimos la oportunidad de salir a bailar; ella, como ya estábamos acostumbrados, volvió a acudir al evento acompañada de Oscar, pero, igual que en otras oportunidades, nada extraño o fuera de lo común pasó. Pregunté a mi esposa el porqué de aquella aparente indiferencia, y me contó que las cosas entre ellos parecían haberse enfriado, ya que ella, aun cuando se moría de ganas por estar con él, había preferido evitarlo al máximo para evitar problemas.

    Sin embargo, más tarde, me comentó que ella no podía sacarse de la cabeza la idea de tener relaciones sexuales con él, pero esperaba que Oscar fuera quien tomara la iniciativa y, desafortunadamente, él se mostraba muy prudente al respecto y ella no quería mostrarle el hambre, según sus palabras. Pero le había pedido consejo sobre cómo hacer para dejar atrás tantas prevenciones y ser más decidida con respecto a lo que quería. Laura, mi esposa, entonces, le comentó el camino que ella había recorrido y Marta, admirada y sorprendida, le había dicho: Si le propongo algo así a Antonio, me mata.

    Mi esposa le comentó que todo empezó cuando, en algún momento de crisis en la relación, habíamos acudido a una psicóloga. El tema que nos indisponía, en el fondo, era el poder de decisión en la relación y utilizábamos el control y manejo del dinero como excusa para exteriorizar nuestras personales frustraciones.

    ¡Claro! En el fondo había muchas situaciones propias insatisfechas, entre ellas lo sexual, de modo que se nos plantearon tres alternativas de solución: en primer término, abordar las inquietudes de manera individual, dándonos un tiempo para andar cada uno por separado y resolver las propias necesidades; en segundo término, abordar en pareja la solución a las propias necesidades e inquietudes, considerando que cada uno tiene sus propios intereses y necesita experimentar una u otra cosa para adquirir mayores recursos y, esencialmente, confianza; y, en tercer término, tomar caminos diferentes y seguir cada uno por su lado, dando fin al compromiso matrimonial. Y ella le comentó que, sin hablar mucho, habíamos optado por la segunda opción, de allí que nos hubiéramos involucrado en diferentes situaciones para experimentar cómo lo gestionábamos y cómo lo íbamos resolviendo.

    Mi esposa le compartió las fotos que tomamos con uno de sus amantes y le contó los detalles de cómo se había dado aquella aventura. Y también le comentó que, si ella o yo tuviéramos algún capricho sexual en este momento, por ejemplo, había toda la libertad y apertura para conversarlo y ponerse de acuerdo en cómo llevarlo a cabo si fuera el caso. Le indicó que muchas de esas aventuras se dieron de manera espontánea, sin ninguna programación y resultado de las circunstancias del momento. Las cosas surgieron en el momento y ya, le había dicho.

    Además me contó que Marta se había mostrado interesada en aquello y le había pedido apoyo para aventurarse, aunque con mucho recelo sobre la manera de ponerlo en práctica. Y ¿cómo has pensado hacerlo? Pregunté. Pues, realmente, no sé. Bueno, dije yo, empieza por los bares swinger, tal como lo hicimos nosotros. Si, dijo ella, pero nosotros contactamos con quien hacerlo y gracias a eso las aventuras fluyeron. Entonces, dije, pues toca empezar de nuevo y volver a repetir, de algún modo, aquellas experiencias. Tal como en el pasado. ¡No sé! Dijo ella, porque, pensándolo bien, toca dedicarle tiempo al asunto. Tú, como siempre, dispones, mencioné. Entonces, ¡dime qué hacer!

    Pasaron unas semanas antes de que mi esposa me comentara que, si echábamos a andar la idea de acudir a los bares swinger, teníamos que conseguir alguien de confianza con quien acudir allí. Y ¿Quién sería ese alguien de confianza? Hoy no hay ese alguien, contestó. Tendríamos que ponernos en el plan de conseguirlos. La idea de recurrir a las páginas de contactos no se consideró, porque se daban muchas sorpresas en el proceso y, como decía Laura, era mejor en vivo y en directo. Será, entonces, gastar unos fines de semana en plan de conquista y ver si se logra lo que queremos. ¿Y sabes cuál es el tipo de hombre que excita a Marta a primera vista? Tenemos gustos parecidos; los hombres morenos son su debilidad.

    Entonces, con el pretexto de apoyar a Marta a decidirse, arrancamos el proyecto que denominamos, en broma, claro está, “Marta, descubriendo la puta que hay en ti”. Para ello, y con el propósito de ubicar a los muchachos más adecuados, volvimos a las andanzas. Nos fuimos de discoteca varios fines de semana, con el propósito de ubicar candidatos y probar, por qué no, si se prestaban para la aventura.

    Después de varios intentos fallidos, una noche, por fin, apareció alguien del gusto de mi mujer. Un tipo joven, apuesto, mulato, de buen cuerpo, bonita sonrisa, al parecer educado y de buenos modales. El hombre estuvo en la barra, bebiendo cerveza y mirando aquí y allá, como buscando a alguien. Aproveché para acercármele y preguntarle si tenía alguna cita. No, me dijo. Bueno, me presenté, mi nombre es Fernando y quise conversar un rato. ¿Le importa? No dijo. Entonces, continué, ¿vino a ligar, si se da la oportunidad? Sí, contesto. Pero no es fácil. No hay muchas mujeres solas. Entiendo, dije. ¿Me aceptas que te invite una cerveza? Sí, claro. Y nos tomamos no una sino dos cervezas mientras conversábamos, por lo cual el encuentro duró varios minutos.

    Pasado el tiempo y hablando de temas varios, le pregunté. ¿Y su radar ya captó a alguien a quien echarle el ojo? Sí, me contestó riendo, por allá hay una veterana que parece estar sola y pudiera ser. La veterana resultó ser mi esposa, quien, tal como estaba vestida, llamaba la atención. Ella, que sabía en las que yo andaba, buscando el macho adecuado, nos miraba a la distancia y, distraída con el agite del lugar, esperaba. Bueno, le dije al muchacho, la veterana que a usted le llama la atención es mi esposa. ¡Disculpe! Se apresuró a decir, no fue mi intención. Tranquilo. No se preocupe. Está usted de suerte, porque estoy buscando a alguien que esté interesado en follársela esta misma noche, ahora mismo, si se puede. ¿Estaría interesado?

    El hombre, entre sorprendido e incrédulo, me respondió, pues un hombre como yo y en estas circunstancias no pierde oportunidades y, si a usted no le molesta, me gustaría probar, ¿por qué no? Eso sí, le dije, con una sola condición. ¿Cuál? Preguntó curioso. Que la tiene que poner a gemir como nunca. ¿Será capaz? Haré el intento, contestó. Y otra cosa. ¿Qué? Preguntó él. Tiene que bailar muy bien, porque ella lo calibra de esa manera. Si se mueve bien bailando, seguramente lo hará bien follando. Yo tengo lo mío, contestó. Cuente con eso. Bueno, dije, ¿cómo te llamas? Joaquín. Ok, Joaquín. ¡Acompáñeme y se la presento!

    Llegados a la mesa, las presentaciones de siempre. Ella, haciéndose la sorprendida, y Joaquín, expectante, dispuesto a lo que fuera. Y, según nuestro ya trillado ritual, el baile definió lo que iba a pasar esa noche. Ella, tal como lo acostumbra, se quedó con él en la pista casi que una hora completa, después de lo cual, regresaron a la mesa para tomarse un descanso. Ella, como siempre, se disculpó para ir al baño, dándome tiempo para que le preguntara a nuestro nuevo amigo si estaría o no dispuesto a continuar.

    Bueno, joven Joaquín, ¿cómo le fue? Estupendo. La señora es toda una fiera. ¿Eso qué significa? Pregunté. Nada raro, dijo riéndose, que se nota que tiene ganas. ¿Ganas de qué? Insistí. De comerse a un muchacho joven como yo, dijo. Entiendo. ¿Y usted? ¿También tiene ganas de ella? Por supuesto, contestó. ¡Bien! Ahora que llegue mi esposa, por favor, deme un tiempo a solas con ella, para preguntarle si ella también está dispuesta. Y, si así es, nos vamos a un sitio donde podamos estar más cómodos. ¿Le parece? Si, dijo, de acuerdo. Está bien.

    Mi esposa regresó al rato, compuesta, nuevamente maquillada y arreglada. Y él, Joaquín, de acuerdo a lo concertado previamente, se disculpó para ir al baño. Mientras él se iba alejando me fijé en la mirada de mi mujer y de inmediato supe que le había gustado. No obstante, evitando equivocarme, pregunté. ¿Pasó el examen? Sí, dijo ella sonriendo. Está bien. Entiendo. ¿Quieres decir que tiene la verga como a ti te gusta? Yo no hablo así, me interpeló. Digamos que lo siento muy viril y que ciertamente me excitó. Y dejémoslo así. ¿Arrancamos, entonces? Sí. Bueno, dije, entregándole las llaves del carro, adelántate y nos vemos en el parqueadero. Voy a pagar la cuenta y allá te llego con la conquista.

    Yo anduve hasta la barra y me dispuse a pagar. Nuestro amigo, mientras tanto, había vuelto a la mesa, encontrándola sola, y estaba un tanto extrañado. Lo llamé, entonces. ¡Hey, Joaquín! Por acá. Se tranquilizó cuando me vio y llegando al encuentro dijo; pensé que me habían plantado porque no los vi en la mesa. ¡Cómo se le ocurre! Protesté. Somos gente seria. ¿Qué dijo su esposa? Me preguntó. Que pasó la prueba, le contesté. Y, ¿ahora qué? Pues nos vamos a algún lado para que la pueda montar. ¿No era eso lo que quería? Sí, por supuesto, contestó.

    Seguramente usted ya la habrá manoseado y besuqueado hasta la saciedad mientras bailaban ¿no es cierto? Bueno, sí, un poco. Y seguramente también le habrá arrimado la verga para que ella sienta lo que va a tener entre las piernas. ¿Me equivoco? No. Esta en lo cierto, contestó. Entonces no debiera demorar mucho las cosas y hacer lo que le llame la atención. ¿Hay alguna posición preferida? Me gusta penetrarlas en posición de perrito, dijo. Perfecto, comenté. A ella le gusta mucho esa posición, pero trate de hacerlo en diferentes posiciones. Ella le irá indicando dónde se siente más cómoda.

    Como cosa anormal en estas circunstancias, Laura, mi esposa, se acomodó en el asiento delantero del vehículo, dejando a nuestro joven amigo atrás. No era lo acostumbrado, pero no dije nada. Nos asignaron la habitación en el motel y, mientras yo pedía un servicio de bebidas, les dije que se adelantaran, pero que no aseguraran la puerta, que yo les llegaba de inmediato. Lo cierto es que me demoraron unos minutos que se hicieron eternos, de modo que cuando llegué a la habitación, me encontré que aquellos no habían aguantado las ganas y ya habían empezado la faena. Cuando entré, Laura estaba medio desnuda, en posición de perrito, sobre la cama, y Joaquín, en cuclillas, detrás de ella, la taladraba con mucho vigor. No más entrar en la escena, ya mi mujer estaba empezando a gemir de lo lindo.

    Joaquín, no se contuvo y, después de moverse como loco y acelerar sus embestidas, sacó su miembro y disparó su semen por el aire, carga que roció la espalda de mi mujer y alcanzó a humedecerle el cabello. Mmmm, pensé, fue demasiado rápido. Ella, sin decir nada, se giró hacia él y lo invitó a que se acercara, recibiéndole de frente, para acariciar su miembro mientras se besaban. La maniobra duró poco, porque, su miembro se puso erecto rápidamente. Y ella, para asegurarse que no fuera a decaer, decidió metérselo en la boca y regalarle una intensa mamada. Chupó y chupo el pene de Joaquín, quien disfrutaba de lo lindo, hasta que, ya dispuesta, se recostó de espaldas, abrió sus piernas y le guio para que la penetrara en esa posición.

    El muchacho no perdió el tiempo y la atacó nuevamente, llenando su sexo con su negro y endurecido miembro. No había duda de que la polla de nuestro amigo obraba maravillas en la vagina de mi mujer, porque no más entrar en contacto los dos sexos, ya ella estaba contorsionándose de placer y gimiendo ante la emoción que tal penetración le producía. Y así, en posición de misionero, Joaquín hizo que ella alcanzara la cima del placer y acabara rindiéndose de excitación con sonoros y profundos gemidos. Ya no pudo más y, casi que, al mismo tiempo, él volvió a eyacular, quizá estimulado por los gritos que ella producía. La cosa quedó ahí. Un poco apresurado el hombre, comenté, pero, ¿te gusto? Ella asintió afirmativamente con la cabeza, porque todavía no se recuperaba del agite del momento.

    Laura se dirigió al baño, saliendo vestida al rato, señal inequívoca de que aquello había sido suficiente. Así que, Joaquín, ante la situación, tuvo que hacer lo mismo. Al salir del baño y, teniendo bebidas disponibles, le invité a que nos acompañara para charlar un rato. Le comenté que estábamos buscando candidatos para servir de parejas a mi esposa y su amiga, a quien pretendíamos iniciar en relaciones swinger, pero que requeríamos a alguien de confianza, que entendiera la situación y nos acompañara en el proceso. Podría haber varias salidas en el futuro, pero no en todas existiría la posibilidad de tener sexo con las damas, ya que nuestra amiga no tenía experiencia y aun no se decidía a dar el paso. Nos tocaba ir con calma. Y, le preguntamos, si conocía alguien que, tal como él lo había hecho, nos hiciera el cuarto.

    Joaquín dijo tener varios amigos, jóvenes y fogosos todos ellos, y que creía que cualquiera de ellos estaría interesado en participar. Pero, dije, hay una condición. ¿Cuál? Preguntó él. Sea quien fuere, el candidato, al igual que tú, tiene que tener su visto bueno, le dije, señalándole a ella. Mi esposa, muy atenta y despierta, comentó que, debido a que era una aventura entre cuatro personas, ella quería sentirse a gusto con los hombres que les acompañaran en los encuentros. Y que, al fin y al cabo, ella estaba decidiendo en ausencia de su amiga, de modo que procuraba que las cosas salieran bien y que la experiencia, tanto para ella, como para su amiga, fuera lo mejor de lo mejor. Y, preguntó él, ¿cómo le gustaría a usted que fuera el otro muchacho? Alguien como tú…

    Intercambiamos números de teléfono y quedamos de conversarnos en el transcurso de la semana. La idea era que no pasara mucho tiempo para evitar que las cosas se enfriaran. Y así fue. A mediados de la semana Joaquín me contactó para comentarme que uno de sus amigos se había mostrado interesado y quería conocernos. Perfecto, pero ya le contó cómo es el juego. Sí, me dijo. Y sabe qué le espera si logramos concretar una cita para conocernos este fin de semana. Sí, dijo, follar con su esposa para ver si pasa la prueba. Okey, estamos claros entonces. El sábado, mismo sitio, a las 10:30 pm. ¿Usted va a acompañarlo? ¡No sé! De pronto me animo.

    En la fecha y hora, como acordamos, estuvimos puntuales en el lugar. Al llegar, Joaquín y su amigo ya se encontraban allí. Y fueron ellos quienes, muy educados y atentos, nos recibieron y nos invitaron a una mesa. Rafael, su amigo, resulto ser todo un gentleman, de modo que mi mujer se sintió muy cómoda desde el principio. Bueno, le dije yo a Joaquín, parece que lo desbancaron. Esperemos que el hombrecito la calibre como a ella le gusta y cuente con su aprobación, porque, entre otras cosas, ella tendrá que vérselas con ustedes dos cuando estén con su amiga. Y, ya sabe, este primer round entre ella y él será de estudio. Sí, respondió él, Ya sé lo que le espera. Pero está bien…

    Lo mismo que la semana anterior, después de una corta conversación Laura y Rafael se dirigieron a la pista de baile y hasta ahí supimos de ellos. Mientras tanto Joaquín y yo conversamos de todo un poco, entre otras cosas, de lo que podría suceder cuando finalmente definiéramos qué se iba a hacer con las dos hembras. Mi mujer, como ya se pudo dar cuenta, no tiene problemas en pasar el rato con los tipos que le gustan. El tema es que su amiga se deje llevar, se atreva y lo disfrute igual. La hembra tiene ganas de comerse a un amiguito, pero le da miedo y, por no dañar la amistad, dice, pues nada de nada.

    Y, bueno, comenté, hoy la cosa va a ser diferente. ¿Por qué? Preguntó él. Pues porque no nos vamos a meter los cuatro en una habitación para verlos tener sexo a ella y él, que son los interesados. Sí, tiene razón. O a su amigo le gustaría disfrutar de mi mujer con público presente. ¡No lo sé! Dijo. Habría que preguntarle. Mejor que la cosa funcione entre ellos dos. Quizá en otra ocasión nos volvamos más civilizados y podamos compartir esa intimidad con tal apertura. Por ahora, dejemos las cosas así.

    Y ciertamente, así fue. Después de bailar y bailar, mi mujer llegó bastante despelucada, señal de que aquel había hecho de las suyas y, esta vez, no hubo necesidad de preguntar. Tan pronto llegaron a la mesa, ella, con una pícara mirada, nos dijo, ¿vamos? Tal vez, comentó, ¿no sería mejor que nos esperaran? ¿Van a seguir bailando? Pregunté, haciéndome el bromista. Sí, dijo ella, pero en otra pista y en otro lugar. Mmmm, pensé yo, palabras mayores. Bueno, si quieres, los llevo. Sí, te agradezco, pero me gustaría que estuvieras por ahí, cerca. Tú sabes que no me gusta estar sola. Joaquín, al escuchar esto, entendió que su presencia era inoportuna, así que se apresuró a decir, tranquilos, vayan y diviértanse que yo los espero. Viejo Rafa, nos vemos aquí ¿vale? Sí, yo regreso, contestó su amigo.

    Nuevamente, como la semana anterior, emprendimos el camino hacia el motel. Esta vez entramos los tres y mi esposa, asumiendo el control de la situación, decidió tomar la iniciativa, así que se acercó a Rafael, lo abrazó y empezaron a besarse y tocarse. Y, entre caricia y caricia, poco a poco, se fueron desnudando. Ella se esmeró por desabrochar el cinturón y bajar los pantalones de su macho, y, no era para menos su interés, porque bien pronto dejó al descubierto el pene endurecido de aquel muchacho. Si el pene de Joaquín era grande, debo decir que el miembro de Rafael era extragrande y, tal vez por eso, ella había decidido tomárselo con calma y disfrutar a plenitud de ese hombre.

    Y ahora, desnudos, como estaban, ella invitó Rafael a que se tumbara de espaldas en la cama. Y así, en esta posición, ella empezó a besarlo de arriba abajo, hasta alcanzar su pene, concentrando su atención en él. Era evidente que aquel miembro le excitaba, de modo que empezó a chuparlo con especial dedicación y fuerza, frotando el tallo con sus manos, con gran intensidad, como si quisiera exprimirlo allí mismo y degustar su semen. Rafael estaba que no cabía de la dicha y se dejaba consentir de la señora, que extasiada estaba con su juguete. Más adelante ella se incorporó, se montó sobre el cuerpo de su hombre y se sentó sobre su pene, introduciéndoselo en su vagina.

    Ella, ciertamente, tenía el control de sus movimientos y se contorsionaba a voluntad, acorde a la intensidad de las sensaciones. Rafael, excitado, también, ya empezaba a empujar, siguiendo el ritmo de los movimientos de ella, que, en un lento vaivén, se movía adelante y atrás, acompasadamente. Pero no había gemidos, tan solo expresiones de estar disfrutando del momento y querer extender al máximo aquellos momentos de placer. El hombre no pensaba lo mismo y, apurado, le dijo a mi mujer que si lo dejaba colocarse arriba y ella accedió. Cambiaron de posición y allí, Rafael, casi de inmediato, aceleró sus movimientos hasta que fue él, quien presa de la emoción, emitió un grito de placer cuando eyaculó. Sacó su miembro del cuerpo de mi mujer y en el condón se pudo ver la acumulación del semen extraído.

    A Rafael le pareció muy rápida su faena, así que se escurrió hasta colocar su cara en frente del sexo de mi esposa, para dedicarse a chupar su sexo mientras su miembro volvía a recuperarse. Esta maniobra la excitó a ella a tal punto que gimió ante las sensaciones que estaba experimentando. El hombre, entrado en calor nuevamente, y con su miembro dispuesto, no perdió tiempo, se colocó un nuevo condón y volvió a penetrar a mi mujer, acomodando su cuerpo encima del de ella, pero ahora empujando delicadamente mientras sus manos inquietas se deleitaban acariciando a mi mujer por todo su cuerpo. No tardó en empezar a empujar más fuerte y, al cabo de un rato, entre gemidos y contorsiones de mi mujer, nuevamente eyaculó. La faena, entonces, llegó a su fin.

    El encuentro, según palabras de mi mujer, estuvo intenso. El sexo de Rafael excita porque su penetración es muy profunda, dijo. Eso estuvo súper. Ambos se bañaron, se vistieron y se acicalaron para abandonar el lugar bien elegantes y acomodaditos. Regresamos a la disco para encontrar a Joaquín quien, al ver su compañero, le preguntó. ¿Cómo le fue? ¿Pasó la prueba? Creo que sí, contestó Rafael riendo. Y así, con el visto bueno de mi esposa, acordamos que ellos, si querían, iban ser las parejas de mi esposa y su amiga en lo que vendría, que aún no estaba muy claro. Por ahora se vislumbraba una reunión para charlar, bailar, conocerse y entrar en confianza. Y después, según como fueran las cosas, ya se vería que iría a suceder.

    Efectivamente, esa reunión finalmente, después de varios ires y venires, se vino a concretar casi dos meses después. Laura, actuando como la coordinadora del evento, se encargó de convocar a Marta, Joaquín y Rafael. El encuentro tuvo lugar en un afamado restaurante de la ciudad y su propósito era conocerse, charlar, explorar si la relación podría funcionar y ver qué se podría hacer más adelante. El encuentro estuvo tranquilo y muy ameno. Los muchachos fueron del agrado de Marta, y Laura, quien ya conocía les conocía, se comportaba con ellos con total confianza y naturalidad, situación que infundió en su amiga el ánimo necesario para persistir en el propósito, porque estaba claro que la salida con estos hombres, tarde que temprano tendría que terminar con un encuentro sexual. ¡Claro! Si se daban las cosas y Marta finalmente se decidía.

    El segundo encuentro se dio en una discoteca. Los cuatro se encontraron para cenar, reconocerse nuevamente, y salir a divertirse, bailando un rato. Marta entabló una conversación muy cercana con Joaquín, lo cual hizo suponer a mi mujer que esa sería su pareja de aventura. Además del baile, aquellos coquetearon y, de alguna manera, se insinuaron sexualmente, pero ellas estaban en plan de divertirse, relajarse y disfrutar de sus parejas, por lo cual aquello no pasó a mayores. Laura les recordó a los caballeros que la aventura se iba construyendo de a poco y que no había necesidad de forzar las cosas. Ella me contó que, sin embargo, durante la velada intercambiaron a menudo sus parejos de baile, de modo que no estuvo claro, finalmente, quién hacía pareja con quien.

    Pasados los días, Laura, en respuesta a las conversaciones que tenía con su amiga, y su impresión de que aquello, de a poco, le estaba gustando, consideró que había necesidad de elevar el nivel de excitación en los encuentros y pensó qué, después de un rato de baile, bueno sería intentar algo en un club swinger. Al menos, como decía ella, para despertarle la curiosidad y las ganas. Y la ocasión, tal como ella lo había planteado, se dio a los pocos días. Concurrieron muy formales a su evento bailable en la discoteca y, entrada la noche, con la excusa de ir a conocer algún otro lugar, acudieron a un club swinger.

    Para Marta, aquello fue toda una novedad y revelación, porque no había estado nunca en uno de esos lugares, y estuvo más concentrada en observar y ver cómo funcionaba aquello, que en pretender hacer algo en concreto. El momento, sin embargo, se aprovechó para interactuar entre los cuatro, algo soft, bailar medio desnudos, caricias, besitos, abrazos, cambiarse con otras parejas de baile, pero para ella, Marta, sobre todo, mirar. Los muchachos se desnudaron y prestaron para que ellas, muy pudorosas como parecían estar, les acariciaran sus cuerpos y frotaran con delicia sus penes. Mi esposa, según me relató, había tomado la iniciativa y le había proporcionado a Rafael una interminable mamada. Y Marta, sorprendida, aunque continuo frotando entretenida el pene de Joaquín, no se atrevió a ir más allá.

    Y, presa de la excitación, como estaba mi mujer, invitó a su amiga a que les acompañaran a la sala de fantasías. Bueno, Marta, si tú no te animas, yo sí. Ya llegamos a este punto y para nada voy a desperdiciar la ocasión. Además, me parece injusto con los muchachos que, después de permitirnos los jueguitos previos, les salgamos con nada. Y Marta, a regañadientes, tomada de la mano de Joaquín, había aceptado acompañarlos, pero ciertamente, como expresó mi esposa, se encontraba bastante incómoda. El miedo se había apoderado de ella.

    De modo que, para no echar a perder el momento, según comentó, decidió no hacerle caso. Y como Marta no daba pie con bola con Joaquín, ella decidió involucrarlo en la actividad y me confesó que empezó a mamarle su pene tan pronto él se había aproximado a ellos. Y que Rafael no había desaprovechado la oportunidad y que la había cogido desde atrás. Además, que, caliente, como estaba, lo había disfrutado muchísimo. Marta, según me dijo, simplemente se había quedado viendo lo que pasaba entre los tres. Y que, como yo podía suponer, la cosa no había terminado ahí, porque los muchachos se habían turnado para penetrarla.

    Al final ella, muy excitada, se había tumbado de espaldas con sus piernas abiertas y Rafael la había penetrado en esa posición, haciéndola llegar varias veces al orgasmo. Pero que después de aquello se levantaron, sin comentarios, para no incomodar a Marta y se quedaron mirando un rato más lo que pasaba con otras parejas. Después se tomaron unos tragos, bailaron un poco más y, finalmente, dieron por terminada la velada. No puedo creer lo que hiciste, había exclamado su amiga. Tú me llevas ventaja en esto. Ciertamente, me tengo que soltar.

    En la semana siguiente, según me contó mi esposa, tuvo la oportunidad de hablar con Marta sobre el tema y preguntarle. Bueno, cuéntame, ¿Qué pasó? ¿Acaso no estabas excitada y con ganas de probar? Sí, le había dicho ella, pero no me sentí cómoda estando en presencia de tanta gente. Pues, lo hubieras dicho antes y hubiéramos hecho otra cosa, le reclamó mi esposa, pero, entonces, ¿qué te gustaría hacer? Bueno, realmente no sé. Tal vez algo más íntimo ¿no? Contestó. Entonces, indagó Laura, ¿quisieras verte con uno de ellos a solas? No sé, tal vez, pero quisiera que me acompañaras, respondió. No me refiero a que estés ahí cuando lo hagamos sino a que me acompañes cuando me vea con él. ¡Intentémoslo! Bueno, había dicho mi esposa. ¿Y con quien te quieres ver? Con Rafael, le había contestado.

    Pasaron varias semanas, sin embargo, antes de que Marta, en algún momento, buscara a mi esposa para buscarle conversación. ¡Oye! Laura, ¿Cuándo lo vamos a hacer? ¿A qué te refieres? Le había respondido mi mujer haciéndose la desentendida. Bueno, ya sabes, creo que ya estoy lista para Rafael. Solo dime cómo enfrentarlo y qué debo hacer. Tú sabrás lo que te gusta y lo que, en medio de la excitación, te hace sentir mejor, le había dicho mí esposa. Que sea lo que tú quieras. Vive el momento, disfruta la experiencia y olvídate del resto. Si eso es así, para nada importa si hay o no alguien presente. De hecho, en mi experiencia, varias veces mi esposo ha estado presente cuando he tenido encuentros con alguno de esos hombres, y yo me concentro en lo que estoy haciendo y prácticamente me olvido que él está ahí. ¡Increíble! Había comentado su amiga.

    Y a ti, ¿qué es lo que más te excita? Había preguntado Marta. Pues, solo pensar que el miembro de un hombre, el que me gusta, va a estar dentro de mí, me dispara el deseo y la excitación. Por eso el baile es importante para mí cuando tengo el deseo de darme un caprichito con alguien. Es allí cuando puedo sentir si el cuerpo de ese hombre me atrae, y, ciertamente, el tamaño y la dureza de su miembro es definitiva para que me decida a estar con él. Alguna vez, Fernando, concertó un encuentro con un mulato que habíamos contactado por internet. En principio, la verdad, no me llamó la atención, pero, una vez, que palpé su pene, no me pude resistir. Y, después de haber estado dudosa, tuve sexo con él. Y fue una experiencia super. Al escuchar eso, Marta dijo. ¡Hagámoslo!

    Y se llegó el momento. Mi esposa se las arregló para verse con Rafael unos días antes, encuentro durante el cual le comentó los deseos de su amiga de verse a solas con él, pero querer estar acompañada por ella durante la aventura. En consecuencia, le había dicho, la prioridad era que se concentrara en estar con Marta y olvidarse que ella estuviese presente durante el encuentro. Él se mostró de acuerdo en hacer que aquello funcionara lo mejor posible y que ellas no se fueran a defraudar. Bueno, Rafael, le había dicho mi esposa, esperemos que todo salga bien.

    Como venía sucediendo recientemente, acordaron encontrarse en una discoteca, situada frente al motel donde todo se iría a consumar. Ese primer contacto entre los tres, según me había relatado mi mujer, después de varias semanas sin verse, fue muy cordial y emotivo. Era evidente la atracción que Rafael ejercía sobre su amiga y, preparada para la ocasión, Marta se había vestido de manera sexy y sugestiva. Nos veíamos muy zorras ambas, me confesó Laura.

    Rafael, desde el principio, se mostró muy atento y especial, de modo que ella estuviera cómoda y se sintiera a gusto durante la velada. Se acomodaron en una mesa y, tal cual lo acordado con mi esposa previamente, él se concentró en estar con ella y prácticamente ignoraron a mi mujer, a tal punto que ella, para estar distraída y no desentonar, se había procurado una compañía masculina casual. Un hombre, Gustavo, que los acompañó por largo tiempo. Rafael estuvo coqueteando con Marta todo el tiempo y, durante el baile, se dio sus mañas para prepararla, excitarla y ponerla a punto. Y pasadas unas dos horas, estimó mi mujer, su amiga se acercó a mi mujer para decirle, bueno, creo que ya es hora. ¿Nos vamos? Sí, había dicho mi mujer.

    Se despidieron de Gustavo, pagaron la cuenta y, sin musitar palabra alguna, se dirigieron directamente al motel. Mi papel, contó mi esposa, fue el mismo que tú haces cuando vamos a esos sitios. Yo me adelanté para rentar la habitación mientras ellos, esperándome, se besaban y acariciaban en la recepción. Consíguete unos condones le había encargado Rafael, de modo que ella les dijo, bueno, subamos, nos acomodamos y vuelvo a buscar lo que se necesite. ¿Les parece? Y, estando de acuerdo, los tres habían subido a la habitación. Ella les abrió y ellos, acaramelados, como estaban, ingresaron. Bueno, bajo y ya vuelvo, les había dicho mi mujer. Espero no demorarme.

    Eso fue rápido, me confesó mi mujer. Ambos estaban que se comían. Tal vez me habré tardado de diez a quince minutos en regresar, porque, además de los condones, pregunté y compré un aceite lubricante por si fuera necesario. Cuando llegué a la habitación y abrí la puerta, muy discreta y silenciosamente, encontré a Rafael desnudo de la cintura para abajo, sentado en un sillón, y Marta, de rodillas frente a él, chupándole la verga y acariciándole los testículos con sus manos. Estaba muy tragona y excitada mi amiga, fascinada, porque parecía que nunca iba a parar. Pero, después de un rato, se detuvo.

    ¿Trajiste los condones? Dijo mirándome. Sí, le respondí, alcanzándoselos de inmediato. Ella tomó uno, lo colocó sobre el pene de Rafael y, dejándolo listo, se incorporó, se levantó la falda, se bajó las bragas y se sentó sobre su pene. Y ahí sí, de verdad, Marta se volvió como loca, porque cerró sus ojos y empezó a moverse como endiablada encima de él. Había que ver cómo movía sus caderas, manteniendo los brazos apoyados en los hombros de él.

    Rafael solo contemplaba lo que Marta hacía y, lo único novedoso, es que la fue desnudando poco a poco. E incluso él mismo terminó de desnudarse. Pero Marta estaba tan ensimismada en lo suyo que creo que ni se dio cuenta a qué hora le habían quitado la ropa. Me llamó la atención que no pronunció palabra, ni gimió. En los movimientos de su cuerpo y los gestos de su casa se veía que lo estaba pasando de maravilla. De repente volvió a levantarse, se volteó de espaldas a él, y muy rápido se volvió a acomodar sobre su pene. Rafael la tomó por las caderas y empezó a empujar dentro de su vagina.

    Ella, en algún momento, abrió sus ojos un tanto, y quedamos viéndonos unos instantes. Sonrió y me pico el ojo. La verdad es que no parecía tan mojigata como creíamos que era. Estaba realmente posicionada en su papel y totalmente transformada. No debería yo decirlo, pero se veía realmente bonita. Y, además, el contraste del color de su piel con la de Rafael hacía muy llamativo ese cuadro. Imagino, dijo riendo, que es lo mismo que tú ves cuando presencias mis encuentros. Sí, no lo dudes, así es, respondí.

    Y, luego, de un momento a otro, Rafael, empujando más rápido, dijo, Marta, ¡apúrate, que yo ya me vengo! Dale tranquilo, respondió ella, que yo ya llegué. Más bien apúrate y termina tú. Así que Rafael subió la velocidad de sus embestidas hasta que, de un momento a otro, paró en seco, presionando su cuerpo contra el de ella. Marta se separó de él y viniendo hacia mí, dijo riéndose, bueno, gracias a ti, misión cumplida. Por fin me gradué. Oficialmente me he convertido en una puta convencida. Me está haciendo falta el cartón.

    Para nada, le había dicho mi mujer. No hables así. Lo único es que has dejado atrás ideas y creencias que te llevaban a comportarte diferente. De ahora en adelante tú eres quien decide como vives y expresas tu sexualidad, si haces o dejas de hacer, pero no hay lío si decides una u otra cosa. Y no necesitas cartones. El que tú te sientas bien será suficiente para comprobar que haces lo que te gusta, sin el consentimiento u opinión de otros, y sin culpas ni rollos. Y, si puedes compartir estas aventuras con tu marido, mejor. Ahí va a estar el problema, dijo, no es fácil cambiar la imagen de señora educada y con valores al de puta pervertida, afirmó con una sonora carcajada.

    Y Rafael, para terminar, después que nos dimos un descansito, tendidos los tres en la cama, charlando y recordando lo que habíamos hecho hasta ese día, nos consintió a las dos. ¿Cómo así? pregunté. Pues que, con dos mujeres a su disposición, muy educado, mirándome a mí y tomando su pene entre sus manos, le dijo a Marta, ¿no te importa? ¡No! para nada, había respondido ella. Seguramente Laura está que se muere de ganas, como estaba yo hace un rato. Entonces, dirigiéndose hacia mí, apartó mis piernas y tuvimos nuestro retozón. Y después de aquello, volviendo a Marta, le dijo, ¿la despedida? ¿Por qué no? Dijo ella. Así que el la montó de nuevo y tuvieron su jaleo hasta que aquello terminó.

    Nos vestimos, salimos y volvimos a la discoteca. Estuvimos allí otro rato, charlando y bailando, ya descargadas las tensiones. Rafael estuvo muy atento con las dos. Marta me agradeció, porque dijo que yo la había ayudado a abrir los ojos. Y mi esposa, bromeando, le había dicho, los ojos no tanto, más bien te ayudé a que aprendieras a abrir las piernas. Bueno, también, había dicho ella, riéndose. Después de aquello, me contó mi esposa, había sabido que Marta se había pegado sus escapaditas con Rafael, a escondidas de su marido. Y ¿por qué? Pregunté. ¿Acaso no podría contar contigo para secundarla? No. Ella lo ha preferido, porque dice que así se excita y disfruta mucho más el encuentro. La llamada, la cita, la escogida de lugar, su alistamiento, el encuentro y todo lo demás. En fin. Cosas de cada uno. Así somos las mujeres.

    Poco tiempo después pudimos compartir una cena las dos parejas, mi esposa y yo, Marta y su marido. Y haciendo gala de madurez y confianza, y hablando de todo un poco, atrevidamente pregunté, bueno, Antonio, y ¿puede saberse cuál es el patrón erótico sexual de Marta? Pues, dijo él, mirando a su esposa, a ella se le mojan los calzones cada vez que ve un negrito simpático. ¡Oye! Le reclamó ella, golpeándolo en un brazo. No seas así. Ahhh, dije yo, rápidamente. Igual que a Laura, les gusta el chocolate. ¿Por qué será? Adivinen, dijo mi esposa, y los cuatro no echamos a reír. Después de aquello las cosas parecieron fluir para ellos en todo sentido. Y es seguro que Marta ahora se procura sus gustos de vez en cuando, sin remordimientos, esté o no esté acompañada de su marido, porque, gracias a nuestro patrocinio, pudo descubrir y disfrutar la puta que había en ella.

  • El crucero (04): Despertando en alta mar

    El crucero (04): Despertando en alta mar

    El sol entra por el balcón, te hace sudar cuando toca tu piel, intentas desperezarte, pero unas cadenas te lo impiden, estás tumbada con tus muñecas y tobillos encadenados a las patas de la cama, te relames los labios aún con sabor a Nuria, a Juan, a rabo, cierras los ojos y recuerdas la noche, notabas en tu espalda, en tu culo la humedad de la cubierta 12, tumbada en el suelo, mirabas las estrellas mientras eras manoseada y magreada por conocidos y extraños, jadeabas y te retorcías de placer con aquellas manos, bocas y vergas jugando contigo, penetrándote y disfrutando de ti, Nuria sonreía mientras se entretenía con cornuda, cerca de vosotras, rabo agotado y exhausto, era exprimido una y otra vez, el látigo golpeaba su lomo mientras otras esclavas le acariciaban, masturbaban su verga hasta que se le empinaba nuevamente, listo para satisfacer otra ama o dueño que quisiese disfrutar de él.. Hacia las dos de la madrugada, Nuria te miro, ya no quedaba nadie que desease usarte, envuelta en semen y orina, te relamías los labios, te acariciabas los pechos, mientras dolorida y agotada sonreías a tu dueña. Volvimos al camarote, una hora más tarde, llamarón a la puerta, era Rosa, no podía ni moverse, la boca dolorida, el coño irritado y un culo tan abierto que apenas si lo notaba.

    Nos contó que eran más de cien hombre y mujeres, por suerte no estaba sola, eran media docena de hembras y dos machos, todos entregados y dispuestos para el placer de una tripulación que hacía semanas que no tenía nadie con quien desfogarse. En la ducha, Juan la iba limpiando, lavando, acariciando, mientras ella se había de sostener en él porque apenas si podía aguantarse en pie, al final se dejó caer en una de las camas, durmiéndose al instante. Entonces Juan te acaricio y te dijo que te merecías un premio, y acercando a rabo, le ordeno a cornuda que lo excitase de nuevo, será él quien termine la noche dentro de ti, miraste a tu macho encadenado, y con una mueca de impaciencia, sonreíste mientras cornuda de rodillas, iba lamiendo y relamiendo aquella verga totalmente flácida y dolorida, hasta que consiguió volverla a empinar.

    Al ver que te has despertado, Nuria se acerca a ti, y te besa en los labios, le encanta el sabor de tu boca, de tus besos, tú sacas la lengua, buscas sus caricias, sus manos, su sexo restregándose en ti. Ella juega con tus pechos, los acaricia, los estruja y los ordeña, mientras te dice que hoy a las 12 tienes hora en el gimnasio, pero a las 10 ya iremos a ver qué tal se les da la carrera a nuri, zuleia i margot. No entiendes nada pero sonriendo afirmas con la cabeza,

    Juan te desata, y tras despertar a cornuda, deja dormir a Rosa y a rabo que enroscado a los pies de su dueña, restriega en ella su hocico. Los demás vais hacia el bufete Shibari, hoy vais a desayunar sentadas con nosotros, queremos saber cómo estáis, como ha sido este primer día de crucero. En una de las mesas, nos veis, estamos Raúl, Jacques y yo, y sentadas junto a nosotros zuleia, margot y nuri. Os hemos guardado sillas, y enseguida os unís a nosotros. Cuando explicas lo del nuevo nombre, nuri se emociona, recuerda muy bien a su amiga, a trisky, con quien compartió una amistad que tan solo un accidente absurdo de carretera, rompió.

    Dejamos que seáis vosotras quienes elijáis el desayuno para todos, cogéis las bandejas y entre risas y bromas corréis hacia el bufet, vais cogiendo de todo un poco, cornuda elige bollería, zuleia i margot prefieren frutas i nuri y tú pastas saladas. Una vez en la mesa empezamos a comer, a charlar, a oíros, queremos que nos contéis vuestras sensaciones, vuestras ilusiones y miedos, margot con la mirada baja dice que está asustada e ilusionada pensando en el hierro quemando su piel, nuri i zuleia la animan mientras le enseñan las marcas de sus nalgas, cornuda cuenta lo orgullosa que está de su victoria de ayer, y tu cogida del brazo de Nuria algo sonrojada le dices que te has corrido más veces en estas últimas horas, que en todos los meses que estuviste con Luna. El desayuno sigue entre bromas y risas, Charlamos, reímos, os acariciamos y vosotras a nosotros, mientras lucís orgullosas vuestros cuerpos desnudos, azotados y sumisos. Raül mira el reloj, y dice que ya es hora de irse, os hemos apuntado a las distintas carreras de esta mañana, Han sacado del gimnasio 10 cintas de correr y las han puesto en la cubierta 12, habrá 3 carreras y vosotras participareis en la segunda y la tercera.

    Antes de irnos todas queréis pasar por el baño, luego vamos ya hacia la cubierta 12, hay bastante gente, decenas de personas que se arremolinan alrededor de las máquinas de cintas, se oyen gritos y aplausos, acaba de terminar la primera de las carreras, la de las esclavas mayores de 60 años, que agotadas están tiradas por el suelo jadeando, con sus pieles ajadas azotadas y sus caras arrugadas desencajadas, solo una de ellas intenta sonreír tras haber ganado, mientras su dueño la masturba con una verga de cuero inmensa.

    Sus dueños se las van llevando y llega la segunda de las carreras, os contamos en que consiste la prueba; una hora corriendo en la cinta a pleno sol, con las manos atadas a la espalda, y una cadena que une vuestros pezones al aparato con unas pinzas metálicas, cada corredora se elimina cuando cae y se sueltan las pinzas. Nuri no quería perderse esta carrera, es solo una hora, pero otra vez se va a enfrentar a zuleia. Margot abrazada a su marido, chilla un poco cuando le ponen las pinzas de cocodrilo en sus pezones, endurecidos tras un rato con Jacques acariciándolos. Luego le atan las manos a la espalda, y la ponen junto al resto de animales. De pronto nuri y zuleia tienen un sobresalto, entre las hembras, esta shanga, la gran favorita de hace 20 años, saluda con la cabeza, mientras luce orgullosa su collar verde, el que solo permite a su dueño usarla.

    Me pongo tras de ti, tras tantos años juntos, sigue excitándome ver tu culo cimbreando a cada paso, hoy no hay carro, ni látigos, solo una pequeña fusta para irte recordando lo que eres, una hembra en celo, dispuesta a entregarle una nueva victoria a tu dueño. A tu lado esta margot, Jacques nos sonríe, para ellos es la primera experiencia en una competición, al otro lado tienes a zuleia, i junto a ella shanga, que seria y concentrada espera ya el inicio de la salida, con su dueño acariciándole el culo. Tragas saliva, tanto zuleia como tu llevas muchas horas con castigos y juegos, este era solo uno más, pero la presencia de vuestra rival os hace desear más que nunca volverá a vencer.

    Suena una silbato, y las cintas empiezan a rodas, al principio lentamente, no os cuesta nada seguir el ritmo, pero tras 5 minutos, acelera, empiezas a sudar, a jadear, margot también está nerviosa no quiere ser la primera en caer. Al cuarto de hora, estás tan sedienta que con la boca abierta y reseca intentas beber tu propio sudor, la cinta empieza a elevarse, a empinar la carrera, y el ritmo no para, al contrario acelera más y más, oyes un par de chillidos, dos de las participantes acaban de caer, sigues corriendo, cada vez más concentrada, más dispuesta a no dejar que gane Xanga, A la media hora, aúlla de dolor margot, que acaba de caer, solo quedáis 4 hembras en esta carrera para animales de 40 a 60 años.

    Quedan más de 20 minutos y el calor, la sed y el agotamiento empieza a hacer que dudes de ti, de tus fuerzas, zuleia a tu lado está jadeando como tú, y xanga aunque lo disimula, también esta bañada en sudor y con la boca abierta. La gente no deja de animaros, de gritar, todos apuestan sobre cuál será la siguiente en caer, A menos cuarto, cae la última de vuestras competidoras, solo quedáis vosotras 3, la cinta acelera aún más, apenas si puedes seguir el ritmo, también les cuesta a tus rivales, y a 10 minutos del final, un traspiés te hace caer, chillas de dolor y rabia, cuando ves que las pinzas saltan de tus pechos. Zuleia corre como la gacela africana que siempre ha sido, a su lado xanga no afloja, el aparato va al máximo y ellas resisten entre los aplausos de la gente, apenas quedan 5 minutos, y las dos van dando bandazos, pero siguen en pie, con sus patas doloridas y sus cuerpos agotados, pero el látigo, la rabia y el pundonor las mantiene en pie, y a dos minutos para el final, un aullido rompe la carrera, es xanga, no ha podido más y ha caído agotada. La cinta se para, y zuleia cae de rodillas, saltan las pinzas mientras ella se muerde los labios para no chillar, empapada en sudor y lágrimas, con su culo y su espalda azotados, a 4 patas, intenta recuperar un poco el aire, todas la abrazáis, la besáis, le dais agua y ella girando la cabeza, intenta sonreír a Raül, que se acerca orgulloso y la besa en sus labios abiertos y resecos, mientras le acaricia sus pechos doloridos.

    Sin tiempo a recuperarte de la emoción y los nervios, ya te atan las manos a la espalda, es tu turno, llega la carrera de los 20 a los 40 años, miras a tú alrededor, diez mujeres, tan esclavas como tú, esperáis nerviosas a que terminen de limpiar el sudor de las hembras anteriores. Chillas cuando Nuria te pone las pinzas en tus pezones, también Juan está preparando a cornuda, y a las 12 en punto empezáis a moveros lentamente, son los primeros cinco minutos de calentamiento, nerviosa, inquieta, intentas concentrarte, tras de ti, con una pequeña fusta Nuria va controlando tu ritmo, te dice lo que hacer en cada instante, Juan dirige la carrera de cornuda, que no tarda en abrir la boca y jadear. Empapadas en sudor veis como el tiempo apenas pasa, a los 20 minutos la cinta ya se eleva, coges aire, eren joven, fuerte y decidida, pero el dolor en tus patas es tan intenso que apenas si puedes correr sin morderte los labios para no gritar. Antes de la media hora ya han caído tres de las participantes,

    Nuria te azota el lomo, prefiere que pienses en su fusta, en sus castigos que en tu cuerpo agotado. Poco a poco van cayendo las distintas esclavas, el sudor moja tus heridas, tus azotes, solo tu orgullo te hace seguir, corres con todas tus fuerzas, no puedes reservar nada, vas al límite, sonríes con cada nuevo chillido, con cada nueva esclava que cae, pero no es momento de pensar, Nuria te azota cada poco, sabe dónde golpear, donde castigarte para que te enfades más y más y conviertas tu rabia en fuerza para tus piernas. Solo quedan diez minutos, y tres hembras. Miras a cornuda que entre temblores sigue corriendo, el sudor moja sus pies y el la goma de la cinta por donde corre, no ves a tu otra rival, esta tras de ti, en la segunda fila de cintas, solo puedes esperar un chillido, un grito, y que no sea el tuyo!!!.

    Cornuda patina con su propio sudor y cae, las cintas saltan y ella se aprieta los pechos intentado calmar el dolor intenso de sus tetas. Entre lágrimas te mira, te sonríe, también mira atrás, una joven japonesa sigue corriendo con la boca abierta, intentando coger el máximo de aire en esta mañana de aire enrarecido, calor y sudor. El reloj se acerca a la hora, y la traspasa, prorroga de 15 minutos, las dos gruñís, os quejáis, pero las fustas os devuelven a la única cosa en la que habéis de pensar, en correr más que vuestra rival. Un corro de gente os rodea, nuri, zuleia i cornuda no dejan de animarte, de gritar tu nombre, Nuria sigue gestionando los azotes, no muchos, solo los suficientes para mantenerte pendiente de la carrera, de fondo oye como a la japonesa la azotan mucho más, está medio desvanecida y solo el castigo y los gritos de su dueño la hacen resistir. Tú también vas dando bandazos, pero al final oyes el chillido de tu rival cuando vencida cae redonda, saltándole las pinzas de los pechos, y entre los aplausos de todos, te dejas caer, como zuleia chillas de dolor cuando las pinzas saltan de tus pechos, pero al instante, los besos de nuria, la botella de agua que te dan, y las caricias de todas tus compañeras compensan todo el dolor que sientes en tus pechos, en tus piernas, en tus nalgas. Nuria te levanta en volandas y te abraza con todas sus fuerzas, sientes sus pechos junto a los tuyos, su sexo restregándose en el tuyo, notas su lengua recorriendo tu boca, mientras sus manos se aferran a tus nalgas que ella misma ha castigado.

    Necesitas un buen rato para recuperarte, luego uno de los organizadores cuelga una medalla entre tus pechos, y felicita a Nuria por el magnífico ejemplar de que dispone. Entre besos y caricias, Nuria te dice que hoy comeremos en el restaurante Corinne, hay un espectáculo muy especial y no puede perdérselo. Juan y cornuda se nos unen, y en la puerta del restaurante encontramos a Rosa y rabo que nos esperan desde hace unos pocos minutos. El camarero nos acompaña hasta nuestra mesa, Rosa y él no dejan de mirarse, de sonreírse, seguro que ayer él también fue uno de los que disfruto de ella. Sentados en una de las mesas delanteras, tenemos una excelente visión del escenario, y en pocos instantes un miembro de la tripulación nos da la bienvenida, y nos anima a disfrutar del concurso de precisión del látigo, Nuria te da un beso, y te dice que disfrutes de la comida, ella tiene “su concurso”. También Rosa deja a rabo, y va can ella.

    Junto con media docena de amos, se dirigen al escenario entre los aplausos de la gente, se apagan todas las luces, y desde el techo empiezan a descender unas cadenas, de cada una de ellas cuelga una esclava o un sumiso, las cámaras les enfocan sus rostro, asustadas, inquietas, con sus cuerpos brillando de sudor y nervios, se muerden los labios mientras muestran sus pechos, sus nalgas, todo su cuerpo encadenado. Las cadenas paran cuando las esclavas tocan con sus pies el suelo, se nota el dolor en sus rostros, llevaban bastante tiempo colgadas y hasta que todo ha estado preparado para el espectáculo no las han hecho bajar.

    Entre las hembras, reconoces a margot, está seria, asustada, pero es decidida y valiente, no piensa rendirse, aunque hoy ella y el resto solo son dianas donde demostrar la puntería. Cada uno llevara 75 pinzas de madera repartidas por el cuerpo, y el dueño o ama, que con menos azotes haga saltarlas todas ganará el concurso. Empieza a girar el bombo, será la suerte quien decida quien azota a quien. Mientras las bolas giran, unos operarios, encadenan los tobillos de las esclavas a unas argollas en el suelo, han de estar con las patas bien separadas, muchas de las pinzas estarán en su coño, en sus patas, en sus nalgas y culo.

    Nuria saca el número 5, mira hacia la esclava, no la conoce, pero ella asustada baja la mirada, Nuria coge la bolsa con las pinzas, y empieza a llenar su piel, pero antes le da un beso largo y suave en sus labios, le gusta el sabor de su boca, el temblor de su cuerpo, sopesa sus pechos, no son muy grandes, pero si lo suficientes para llenarlos de pinzas, con cada nueva pinza, la chica tiembla un poco más, traga saliva, aprieta los puños, mientras nota las manos de Nuria acariciando su sexo, entrando sus dedos en él, la zorrita está a punto de correrse, el miedo, el castigo, solo hacen que acrecentar su deseo. Tras tocarla un buen rato, Nuria se limpia la mano en su cara. Poco a poco el cuerpo se va llenando de pinzas, por delante, por detrás, está casi lista. Nuria mira a margot, es Rosa la afortunada que la va a azotar, también cuelga llena de pinzas, sus pechos algo más grandes, han permitido llenar un poco más esta zona. Rosa besa a su esclava, margot abre la boca y entrega su lengua y sus labios a su dueña, mientras nota como la mano de su ama mueve dolorosamente las pinzas que tiene clavadas en su sexo.

    Tras preparar a los animales, empieza el espectáculo, en la mesa tú no puedes evitar masturbarte, envidias a aquellas mujeres, te enfada no ser tu quien reciba los azotes de tu dueña, te excita verlas e imaginarte en su lugar, pero Juan tira de tus cabellos y te acerca a él, tú te quejas quieres ver el espectáculo, pero el tras darte una sonora bofetada, te dice que tranquila que lo veras todo, separa un poco la silla de la mesa, y te muestra su verga dura y empinada, cogiéndote por las nalgas te empala en ella, gruñes un poco, pero te encanta, sonrojada oyes como comenta con uno de los camareros que la ha metido hasta el fondo de lo mojada que estas, y con los primeros latigazos en el escenarios, empiezas a moverte, a estrujar, a ordeñar aquella verga con tus sexo empapado, mientras sus manos van tocando, magreando y ordeñando tus tetas.

    Empiezan a saltar las primeras pinzas entre los chillidos de las hembras, que tiemblan de dolor a cada nuevo azote, a cada pellizco de las pinzas saltando de sus pechos, de su sexo o de sus nalgas, la gente aplaude y anima a las distintas amas, Rosa también sabe cómo azotar, como hacer que las pinzas vayan saltando entre los aullidos desesperados de margot. Y tú clavada a Juan, no puedes evitar correrte una y otra vez, mientras notas su placer lechoso y caliente mojándote, llenándote, resbalando por tus muslos hasta las bocas de cornuda y rabo, que arrodillados bajo la mesa, no dejan de lamer tus piernas y las de su señor….

    (Continuará)

  • Queso

    Queso

    Sí, eres un queso, lo sé. Un camembert francés, añejado con el paso de los días desde que alguien tuvo la osadía de abrirte y no devorarte como corresponde. Ahí estás sobre la mesa, viendo el tiempo pasar, pensando en todos los posibles destinos que podrías haber tenido, pero te dejaron ahí.

    Sé que me miras, que me llamas. Sabes que me gustan las manchas que te han ido apareciendo en tu blanca piel y que el sabor maduro, producto de tu desamparo, se me hace irresistible. Qué pena que seas un queso, porque eres realmente todo lo que deseo en este minuto.

    Veo como tu contenido suave y cremoso se intenta escurrir de tus solidas paredes por ese mordisco que te alcanzaron a dar. Te preocupa que la sequedad de este ambiente termine por petrificarte y que quizás nunca más alguien pueda sentir tu humedad interior. Cada día es más dura tu coraza, pero más sabrosa la sabia que ruega por fundirse en una lengua salivante.

    Me sigues mirando, notas que no he pasado de largo y que de una forma incómoda me estoy dejando cautivar por tu presencia. Veo que notaste la fuerza de mi mandíbula y sabes perfectamente que no me tomaría un segundo en volcar mi hambre sobre ti. Sabes también que soy bueno, que si bien mi naturaleza depredadora es fuerte, no tengo interés alguno en hacerte daño, solo pienso entregarte el hambre que merece tu sabor.

    Me acerco, tomo un cuchillo, mientras me miras te comienzas a derretir por dentro. Ves como la hoja brillante de mi herramienta se acerca decidida hacia ti y sin vacilar te penetra la cáscara reseca, para luego de un par de segundos provocar una hemorragia de esos fluidos internos que ya no aguantaban más por salir. Tu solidez externa contrasta con esta incontrolable viscosidad, esto resulta excitante al momento de tomarte con mis manos callosas, similares en apariencia a tu corteza, para luego introducir mi lengua caliente a través de ésta.

    Me gustas y tiendo a pensar que yo a ti también. Te tomo con firmeza y te envuelvo con mis labios, luego empiezo a recorrer mi lengua por tu interior, sintiendo ese salado sudor que solo aumenta mi sed. Tanto tiempo tuviste que esperar en el abandono, pero prometo comerte como nadie lo hubiese hecho jamás. Así sigo bebiendo el centro cremoso, mientras de a pequeños mordiscos voy desmembrando la carne de tu cuerpo.

    Que dolor abrir los ojos, yo tan hombre y tu tan queso.