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  • ¡Ay que me corro, papá, ay que me corro!

    ¡Ay que me corro, papá, ay que me corro!

    Caridad, una joven morena, de ojos claros y delgadita. Estaba en su cama apoyada con la espalda en la cabecera. Tenía el teléfono móvil en la mano y escribió:

    -Hola, Robert. ¿Dónde estás?

    Recibió la respuesta al momento.

    -Estoy de aquella manera sobre la cama. ¿Y tú?

    Caridad sintió curiosidad y le preguntó:

    -¿Estás desnudo?

    -Sí. ¿Dónde estás tú?

    -También estoy en cama, pero yo estoy en tanga y camiseta.

    -Manda una foto.

    Se quitó una foto mostrando el tanga, la camiseta y su bella cara sonriendo y le escribió:

    -¿Me mandarás tú una?

    Robert, a quien había conocido la noche anterior en un pub, le mandó una foto de su polla.

    Caridad al verla se le iluminó la cara.

    -Es enorme. Pensaré en ti. ¿Y sabes lo que haré?

    -Me lo imagino. Manda una foto de tu chichi.

    Apartó el tanga, le quitó una foto a su coño y se la envió.

    -No me cansaría de comerlo.

    -Ni yo de mamar tu verga.

    -¿Me mandas una foto de tus tetas?

    Subió la camiseta, le quito una foto a sus tetas medianas con areolas marrones y generosos pezones y se la envió.

    -¡Qué ricas! Me entraron unas ganas locas de follar. ¿Quieres que vaya a verte?

    -Ven. Mientras no llegas me haré una paja.

    A los quince minutos entraba el padre de Caridad por la puerta de su habitación, en pelotas y con la verga en la mano. Encontró a su hija desnuda, con las piernas abiertas, los ojos cerrados, el coño corrido y respirando con dificultad. Le quitó varias fotos y después le dijo:

    -Ya estoy aquí

    Caridad abrió los ojos y al ver a su padre en pelotas se tapó con una sábana azul que tenía a su lado y le dijo:

    -¡Fuera de aquí, papá!

    -Me has dicho que viniese y aquí estoy. Ahora quiero ver cómo te tocas y cómo te corres de nuevo.

    Caridad puso cara de pocos amigos

    -¿De qué mierda hablas? ¡Fuera de mi habitación, degenerado!

    Le enseñó en el móvil las fotos de su coño y de sus tetas. Caridad le preguntó:

    -¡¿Qué haces tú con el teléfono de Robert?!

    -Se le cayó en el pub. Yo estaba en una esquina mirándoos y…

    Caridad se tapó los ojos con una mano.

    -¡Fuera, fuera! ¡¡No quiero verte delante!! ¡Tú no debías estar aquí, debías estar trabajando!

    -Soy el jefe…

    -¡Eres un mal nacido!

    -¿Mal nacido? A ver si dice eso tu madre cuando vea tus fotos colgadas en una página de guarras.

    -Tú no le harías eso a tu hija.

    -Si te comportas, no.

    -Mamá ya me advirtió. Me dijo que ya tenía diecinueve años y que debía ser muy cuidadosa con mi intimidad, pero nunca imaginé que andabas tú detrás de esas palabras.

    -Si te dijo eso debió ser porque te oímos cuando te masturbas.

    -Eso no es cierto.

    -Sí que lo es y me pongo tan cachondo que la folló a ella pensando en ti.

    Caridad mirando cómo su padre jugaba con la verga, le dijo:

    -¡Cerdo! Mejor que te vayas o seré yo la que le diga a mamá lo que intentaste conmigo, sal de mi cuarto.

    -¿Le dirás también cómo te encontré al entrar en tu habitación?

    Le enseñó las fotos que le había sacado. Caridad vio que la tenía pillada por los pelos del coño.

    -Desgraciado chantajista. ¿Qué quieres que haga?

    -Tócate otra vez y córrete para mí.

    -No me puedo creer que vaya a hacer esto.

    Caridad se destapó, puso un cojín debajo de la cabeza, flexionó las rodillas, abrió las piernas, cerró los ojos, echó una mano a una teta y otra al coño y se magreó y se masturbó. Mateo la grabó con el teléfono móvil de Robert. Al ratito le dijo:

    -¡Qué buena estás, Caridad!

    Caridad con los ojos cerrados le dijo:

    -Ya no me hables más mientras me toco.

    -Si supieras lo cachondo que estoy…

    Caridad abrió los ojos y vio que la estaba grabando.

    -¡Apaga eso!

    -Después de correrte lo apago. Quiero grabarte para masturbarme cuando esté a solas.

    Caridad ya estaba caliente.

    -No me puedo creer que esté masturbando con mi padre grabándome.

    Se estaba masturbando despacito, pero después de ver de nuevo la polla erecta de su padre y de saber que la estaba grabando aumentó la velocidad de sus dedos sobre el clítoris. Oyendo cómo gemía le dijo su padre.

    -Mira que dura la tengo.

    -No voy a mirar más para tu verga, papá.

    -No te puedes imaginar el morbo que da.

    -Puedo, puedo.

    -¿Qué has dicho?

    A Caridad se le había escapado lo del morbo, pero lo arregló.

    -Que no puedo, que no puedo creer que esté haciendo esto.

    -¿Puedo rozar mi verga con tu chichi?

    -¡No! No te acerques a mí.

    -La tengo cómo un obús.

    Caridad abrió los ojos, vio cómo una gota de aguadilla caía de la verga tiesa, sus dedos volaron sobre el clítoris y exclamó:

    -¡Oh Dios mío, me corro!

    Se corrió gimiendo y retorciéndose cómo una serpiente

    Al acabar le dijo:

    -Apaga eso.

    Dejó de grabar y le dijo.

    -¿Me ayudas a correrme?

    -No me apetece coger la verga de mi padre.

    Mateo fue junto a su hija y con la polla apuntando al frente se puso al lado de la cama.

    -Mastúrbame.

    -¿Qué será lo siguiente, papá?

    -Lo que toque, dale, coño.

    Caridad le cogió la verga con su mano derecha

    -No me puedo creer que vaya a hacer esto.

    Mojó la palma de la mano y los dedos con los jugos de la corrida que tenía en su coño y se la meneó.

    Pasado un tiempo le dijo el padre:

    -Métela en la boca.

    Caridad no estaba por la labor.

    -Estás bromeando

    -¿Te parece que bromeó? Recuerda lo de los mensajes y lo de las fotos.

    -¡Eres un desgraciado! No puedo dejar que esto llegue más lejos. No voy a meter tu verga en mi boca.

    Mateo la cogió por la nuca, y le acercó la polla a la boca.

    -Chupa.

    -No la voy a meter en mi boca.

    -Te gustó al verla.

    -Pensé que era la de Robert.

    Se la frotó en los labios hasta que abrió la boca, luego Caridad cogió la polla y dijo:

    -No me puedo creer que vaya a hacer esto.

    Caridad le hizo una mamada de aquella manera. Al rato le dijo Mateo:

    -Decías que no te cansarías de mamarla y no sabe hacerlo.

    -A Robert, no a ti.

    -Di que no sabes, reconócelo.

    Caridad se cansó de oír a su padre.

    -¡¿Qué no sé?! Te voy a enseñar cómo se mama una verga.

    Cogió la verga con la mano derecha, metió el glande en la boca y se la mamó mientras lo masturbaba, luego la quitó de la boca, le lamió y chupó los huevos… Subió lamiendo el talle y luego volvió a chupar la polla a tiempo que lo masturbaba. Mateo le dijo:

    -Esto ya está mejor

    Dejó de mamarla, le masturbó el glande y mirándolo a los ojos le dijo:

    -Córrete en mis tetas.

    -Aún la tengo lejos.

    Siguió mamando, pero Mateo no se corría.

    -Ya me estoy cansando de mamar. Tú te hiciste una paja antes de venir a mi habitación, si no fuera así ya te hubieras corrido.

    -Así es, sabes, creo que sería mejor si la metes en el coño.

    -No puedo creer que me chantajees por todo. ¿Qué será lo siguiente, meterla en mi culo?

    -¿La prefieres en el culo?

    -¡¡No!! No voy a darte mi coño ni mi culo.

    La empujó hacia atrás. Caridad al verlo venir con la polla tiesa flexionó las rodillas y cerró las piernas. Mateo puso sus manos sobre las rodillas y trató de abrirlas.

    -No te voy a dar mi coño, eres mi padre, cabronazo.

    -A buenas horas te das cuenta.

    Mateo le lamió una rodilla, lamió la otra al tiempo que le acariciaba las piernas, después lamió sus pies y luego lamió de abajo a arriba entre sus piernas cerradas. Puso de nuevo las manos en sus rodillas. Caridad las abrió un poquito, Mateo puso su cabeza entre las manos y Caridad dijo:

    -No me puedo creer que te vaya a dejar comer mi coño.

    Se abrió de piernas y dejó que su padre bajase lamiendo el interior de sus muslos y que luego lamiese su coño… Lo lamió de abajo a arriba con la lengua plana unas veinte veces.

    -¡Hostia puta! Vas a hacer que me corra.

    Lamió su clítoris de la misma manera, pero cada vez más aprisa.

    -Joder, joder, joder. ¡No pares, no pares, no pares! Me voy a correr. ¡¡Oh!! ¡¡¡Me corro!!!

    Caridad se corrió en la boca de su padre.

    Mateo siguió lamiendo el coño corrido después de descargar su hija. Al rato, Caridad, cachonda cómo una perra, le dijo:

    -Nunca creí que te lo diría.

    Mateo paro de lamer para preguntarle:

    -¿Lo qué?

    -Mete tu verga en mi coño.

    Mateó se la puso en la entrada del coño y después le metió hasta el fondo sus gordos 20 centímetros de carne dura. Al tenerla toda dentro, dijo Caridad:

    -¡Oh, dios mío! No me puedo creer que tenga la verga de mi padre dentro de mi coño.

    -Ni yo que te entrara tan ajustada.

    Mateo la folló a un ritmo medio. Poco después Caridad se echó las manos a las tetas y magreándolas, le dijo:

    -No puedo creer que esté disfrutando tanto No puedo creer que me guste tanto. Lo peor de todo eso es que eres tú quien me está haciendo gozar cómo nunca me habían hecho gozar antes.

    La folló más aprisa,

    -Así, así, así. Me voy a correr, papá, oh, dios mío, me corro, me corro. ¡¡Me corro!!

    Caridad agarró la colcha y le metió un bocado. Su pelvis se elevó y su cuerpo hizo un puente mientras sus gemidos de loca inundaban la habitación.

    Mateo bajo el ritmo, pero no paró de follarla. Al rato le dijo ella:

    -No puedo seguir así, no puedo seguir follando y mirándote a la cara, papá, cógeme por detrás.

    Mateo no le hizo caso. Siguió metiendo y sacando.

    Poco después le dijo Caridad:

    -Para ya, dame la vuelta y cógeme en la posición del perrito.

    -Ponte cómo quieras, pero quiero grabarte de nuevo.

    -Graba, pervertido.

    Se puso en la posición del perrito y su padre grabó dándole caña de nuevo. Al rato le dijo:

    -Oh dios mío, es tan desagradable que disfrute tanto follando contigo.

    -Me voy a correr y lo voy a hacer dentro de ti.

    -No te corras aún, papá, corrámonos juntos.

    Poco después, Mateo, vio temblar el pequeño, redondito y duro culo de su hija. Sintió cómo su coño apretaba su polla. Vio en la pantalla del teléfono móvil cómo el ojete se abría y se cerraba. Sintió cómo el coño le bañaba la polla y oyó cómo su hija decía:

    -¡Córrete conmigo, papá!

    Se corrieron juntos. Al acabar y pasarle la calentura, le dijo Caridad:

    -Apártate que me voy a dar una ducha, y deja de grabar de una jodida vez.

    Caridad se fue al cuarto de baño contoneando las caderas y moviendo de un lado al otro sus duras nalgas. Lo hacía aposta, provocaba a su padre, pero a Mateo se le había bajado la verga

    La ducha tenía cristales y Caridad no había cerrado la puerta del cuarto de baño. Vio de reojo cómo su padre la volvía a grabar. Cerró los ojos y le montó el show enjabonado sus tetas su coño y su culo, amasando las tetas, masturbando el coño y el culo a la vez. Acabó poniendo la alcachofa en frente del coño y con los finos chorros a presión sobre su clítoris y un dedo dentro de culo, exclamó:

    -¡Oh Dios mío, me corro!

    A acabar de correrse y cerrar el agua Mateo se acercó a la ducha y le dijo:

    -Buena paja la que te acabas de hacer.

    Caridad haciéndose la sorprendida, le dijo:

    -¡Pervertido!

    -Sal y hazme una paja a mí.

    Abrió la cristalera y salió de la ducha. Llegó junto a su padre y le preguntó:

    -¿Cuánto tiempo va a durar el chantaje?

    -El que haga falta. Coge mis huevos con una mano y mastúrbame con la otra.

    Caridad le cogió los huevos y la verga y comenzó a masturbar a su padre. Unos cinco minutos más tarde, le dijo:

    -Se me está cansando la mano.

    Mateo le pasó la mano por el coño…

    -Pues estás muy mojada.

    -Cómo que me acabo de correr, pervertido.

    -Volvamos para la cama, tenemos pendiente algo.

    -El culo no te lo voy a dar.

    -¿Ni a comer?

    -¡Qué desagradable eres!

    En cama se puso a cuatro patas sin que su padre le mandase, y le dijo:

    -No me creo que te esté dando el culo.

    Mateo le hizo una comida de culo que le dejó el coño goteando. Caridad se había puesto perra de nuevo, por eso le dijo a su padre:

    -La punta, méteme la punta.

    Se la acercó ojete, se la frotó y se la metió.

    -Es la más gorda que entró en mi culo y me siento muy llena.

    Le folló el culo despacito, metiendo y sacando la punta.

    Al rato le dijo:

    -Más, mete un poco más.

    La metió hasta la mitad y después la folló metiendo y sacando los diez centímetros.

    Algo después le dijo Caridad:

    -Toda, papá, métemela toda.

    Se la clavó hasta el fondo y la siguió follando.

    -Dios, se siente tan bien. Necesitaba una polla, pero no tenía que ser la tuya.

    -¿Te gusta por el culo?

    -Más que por el coño. Mis orgasmos más intensos fueron todos anales

    La cogió por caderas y le dio duró. Tiempo después le dijo:

    -¡Ay que me corro, papá, ay que me corro!

    ¡Y cómo se corrió! Comenzó temblando y acabó orinando y sacudiéndose sobre la cama. Parecía que estaba teniendo un ataque epiléptico.

    Cuando su cuerpo recuperó la calma, le dijo Mateo:

    -En mi vida había visto a una mujer correrse con tanta fuerza.

    Caridad no le contestó, había perdido el conocimiento y dormía plácidamente. Mateo mirando para el coño de su hija la meneó y se corrió sobre sus nalgas.

    Ya anocheciera cuando volvió Mateo a la habitación de su hija. Él estaba en bata de casa y traía un spray en la mano derecha, Caridad tenía puesta una camiseta corta de color blanco y unas bragas azules. Al verlo, le dijo:

    -¡¿Qué quieres ahora, papá?

    -Venía a disculparme.

    -Y lo quieres hacer dándome un masaje.

    -Sí.

    -¿No es un truco para volver a meter tu verga dentro de mí?

    -¡No!

    -Ok, a ver si haces algo bien.

    Caridad se echó boca abajo sobre la cama.

    -Te voy a subir un poco la camiseta.

    -Sube.

    Le subió la camiseta, le echó aceite en la espalda y comenzó a masajearle costillas y espalda mientras hablaban.

    -Si viene mamá y nos encuentra así nos mata, papá..

    -Es excitante saber que nos podría descubrir.

    -Y peligroso. ¿No te estarás empalmando?

    -No.

    -Si yo fuera un chico ya estarías empalmado.

    Le dio una palmada en el culo. Caridad rompió a reír Mateo le dijo:

    -Sabes que no me gustan los chicos.

    Bajó un poco sus bragas y masajeó sus nalgas.

    -No vayas más lejos de ahí.

    -No lo haré.

    Subió masajeado su espalda, después masajeó espalda y nalgas luego masajeó el muslo derecho de su pierna, el izquierdo… Caridad le dijo:

    -Te estás portando muy bien, papá. ¿Cómo te puedes aguantar?

    -Es que eres mi hija, si fueras otra chica…

    -¿Qué le harías?

    Metió su mano dentro de las bragas, le masajeó las nalgas y le bajó las bragas.

    -¡¿Qué haces?!

    -Me estorbaba.

    Masajeó sus nalgas y alrededor del coño, subió masajeando su espalda, bajó y siguió dando masajes a las nalgas, nalgas que al separarlas mostraban su ojete abierto. Le quitó las bragas para masajear sus piernas.

    -Estás mejor sin ellas.

    -Cómo tú digas

    Luego le pasó el dedo pulgar por el corte del coño. Caridad moviendo el culo ligeramente le dijo

    -¿Por qué te dejo hacer esto?

    -Porque lo disfrutas.

    Caridad comenzó a gemir y a mover en culo de abajo a arriba y de arriba a abajo.

    -Sí, lo disfruto, lo disfruto mucho, pero es tan raro que te permita tocarme…

    -¿Quieres que pare?

    -Termina el masaje.

    Mateo metió la mitad de un dedo pulgar dentro de su culo y después la mitad del otro dedo pulgar dentro de la vagina, Caridad moviendo el culo de abajo a arriba, de arriba a abajo y alrededor, le dijo:

    -Vas a hacer que me corra, papá.

    -Eso pretendo.

    Segundos después se corrió diciendo:

    -¡Me corro, papá!

    Al acabar de correrse se dio la vuelta y le dijo:

    -Hazme correr otra vez.

    Mateo le metió dos dedos dentro del coño empapado. Acaricio su punto G cada vez con más rapidez hasta que Caridad gimiendo levantando la pelvis, dijo:

    -¡¡Me viene otra vez!!

    Al acabar le metió la verga.

    -¡Sabía que me la volverías a meter!

    -Solo un poquito y ya me corro.

    El poquito ya duraba diez minutos cundo Caridad entre gemidos le dijo a su padre:

    -Me vas a hacer correr de nuevo.

    Le dio la vuelta, la puso a cuatro patas, le separó las nalgas con las dos manos y le metió la punta de la lengua dentro del ojete.

    -¡Qué gusto!

    Metió y sacó la lengua en el ojete más de una docena de veces y después dejó la punta de la lengua en la entrada. Caridad movió su culo de delante hacia atrás y de atrás hacia delante para que su lengua entrase y saliese del culo.

    -No me creo que esté haciendo esto.

    -Goza y calla.

    Al poco comenzó a gemir.

    -Me gusta mucho, mucho, mucho.

    Mateó le cogió una mano y se la llevó al coño mojado. Caridad comenzó a masturbarse. En nada le dijo:

    -Me voy a correr, papá.

    Se dio la vuelta, se abrió de piernas, le cogió la cabeza a su padre y se la llevó al coño.

    -Estoy a punto, come.

    Y tanto que estaba, ni diez segundos tardo en correrse en la boca de su padre.

    Después de correrse, le dijo Mateo:

    -¿Y ahora qué te gustaría, hija?

    -Me gustaría que volvieras a tu habitación, que me mandes las fotos y los videos a mi móvil y que los borres en el de Robert.

    -¿Sin correrme?

    -Sin correrte. Puedes pasar videos y fotos a tu móvil y masturbarte con ellos. Eso si quieres volver a follar conmigo.

    Mateo se le dibujó una sonrisa en la cara, y aunque su verga lloró dos lágrimas de aguadilla, él sabía lo que le convenía.

    -Tú mandas, hija, tú mandas.

    Mateo fue a su habitación pasó los videos y las fotos a su móvil y al de su hija y estampó el teléfono móvil de Robert contra el piso.

    Al llegarle a Caridad las fotos y los videos puso aquel en que se estaba masturbando y mientras su mano derecha se metía dentro del pantalón del pijama, dijo:

    -¡Qué buena estoy! ¡¡Papá, ven!!

    Quique

  • Mi primer encuentro con el chico que me gusta

    Mi primer encuentro con el chico que me gusta

    Tenía unos meses conociendo a un chico, el cual me pedía que tuviéramos sexo, aunque yo no quería aun porque pensaba que era muy pronto. La verdad es que yo lo deseaba mucho, al final acepté y decidimos hacer el encuentro en un hotel cerca de su casa.

    Cuando yo iba en camino me sentía algo nerviosa y fumé un poco de marihuana para bajar mi tensión.

    Llegamos al lugar, comenzamos a hablar para que estuviera más relajada, él tomó la iniciativa y comenzó a besarme, me acostó y se subió arriba de mi comenzando a moverse (sentía su pene rosando mi vagina).

    Paró de besarme y subió mi camisa y comenzó a chuparme los pechos, (eso me excitó mucho), empecé a gemir. Comenzó a bajar besándome… hasta llegar a mi vagina y la comenzó a lamer, me siguió hasta comenzar a chupar mi clítoris. Al quitarle la camisa pude ver que tenía el pecho bien marcado.

    Me llevó hasta la cama y comenzó a juguetear con su pene sobre mi vagina. Yo ya estaba muy mojada y algo desesperada porque me introdujera. Así que le pedí que me la metiera.

    Me penetró y comencé a gemir ya muy fuerte, comenzó a moverse sin ninguna sutileza, paró y me puso al costado de la cama, me puso de lado y me volvió a penetrar.

    Se sentía más adentro en la posición que puso, me dolía, pero a la vez me gustaba mucho. Entonces lo empujé un poco, le pedí que parara, le pedí que se acostara, me subí arriba de él.

    Primero lo besé, luego metí su pene en mi vagina, comencé a moverme lentamente, luego más y más rápido. Él comenzó a seguirme el ritmo. Me acomodó para a la vez poder chuparme mis pezones. Me hizo terminar, me puse en 4 y comenzó a moverse sin ninguna sutileza mientras yo gemía eso lo excitó aún más, comenzó a hacerme más duro hasta venirse.

    Al final nos besamos, unas horas después volvimos a hacerlo.

  • La nueva profesora de inglés (2)

    La nueva profesora de inglés (2)

    3

    La semana pasaba y a Sandra no la llamaban para obtener respuestas sobre las oportunidades de empleo que había estado buscando, el día jueves se decidió y salió a recorrer los sitios donde había dejado hojas de vida y en todos obtuvo la misma respuesta, ya faltaba muy poco y todas las plazas de todas las asignaturas ya están cubiertas, fue a todas las escuelas, Institutos, colegios donde había estado el Lunes pero en ninguno tuvo buenas noticias, solo le faltó ir al jardín de infancia «Mi tesoro» pero era el sitio donde estaba el viejo Ernesto y prefirió no ir, total en ese sitio no iba a trabajar.

    Al regresar a su casa ya estaba su esposo esperándola muy angustiado, sin querer había colocado en marcha una máquina plastificadora costosa y aun no estaba lista para arrancar, lo que provoco que se partiera un engranaje y provocar otro día más de parada de la máquina, la cual era necesaria para imprimir la propaganda electoral para las elecciones que se avecinaba en diciembre.

    Sandra trato de calmarlo pero Ernesto estaba desesperado, no había perdido el trabajo pero le seria descontado el 30% de su sueldo para reponer el daño causado y 50% de sus utilidades a fin de año, la situación económica empeoraría, sin embargo Ernesto se clamó y le pregunto a Sandra si había tenido suerte, si había conseguido algún empleo, que ahora si era totalmente necesario.

    Sandra lo miro como estaba, desesperado, angustiado y aunque no lo quería le dijo lo que el necesitaba oír en ese momento para calmarlo

    – Si amor, ya tengo empleo.

    4

    Al día siguiente era viernes, Ernesto se levantó de mejor ánimo, le pregunto a su esposa cuando comenzaba y cuanto iba a ganar de sueldo, Sandra se limitó a decirle que debía ir a una reunión para que le informaran esos temas.

    Los ojos del viejo Barceló brillaron cuando cerca de media mañana vio entrar nuevamente al jardín de infancia a Sandra, pensó que nunca más la volvería a ver, pero la circunstancia la llevaron a regresar, iba con una ropa bastante tapada, un traje de pantalón, camisa y chaqueta que difícilmente dejaba apreciar el escultural cuerpo de la bella mujer, sin embargo el viejo ya sabía lo que escondía debajo de esas ropas.

    Barceló inmediatamente le salió al paso y le ofreció pasar dirigiéndose a la oficina donde la hizo sentar frente al escritorio, en la misma silla de días antes

    Aunque Sandra nunca pensó aceptar ese empleo allí estaba, en la boca del lobo esperando ver que ofrecían.

    Esta vez el Sr Barceló fue cortes, le hablo del sueldo y el horario, y se dirigió a la mujer con respeto en todo momento. El viejo no quería dejar pasar esta oportunidad, sabía que debía comportarse para que ella se sintiera más segura y se decidiera a trabajar allí, luego cuando la tuviera a diario sabía que en cualquier momento iba poder tener ese cuerpo a su antojo.

    Después de compartir la información requerida Sandra se levantó para irse, el viejo ventilador de techo había despeinado la negra cabellera de la futura profesora de inglés. Al momento de despedirse el viejo Barceló no aguanto la tentación y cuando la tenía frente a el alzó una mano y le coloco el cabello detrás de la oreja, con intenciones de acomodárselo un poco, a lo que no supo cómo reaccionar Sandra porque la tomo desprevenida, el viejo viendo que la escultural mujer no hizo gesto de separarle la mano aprovechó y le rozó la mejilla con la palma de la mano.

    Sandra sintió un corrientazo que le comenzó en el cuello y termino es su entrepierna, solo el roce de la mano del viejo le había producido un cosquilleo en su zona íntima. El viejo noto inmediatamente la actitud de la mujer casada y acercando un poco más la mano se atrevió a apoyar su dedo pulgar en los labios de ella. Los ojos de Sandra brillaron y sus mejillas se ruborizaron enseguida, solo hizo falta un minúsculo aumento de presión en su pulgar y el dedo del viejo entro sin problemas entre los carnosos labios de ella que inmediatamente se amoldaron alrededor del dedo.

    El viejo mirando a los ojos a la mujer comenzó un lento mete y saca del dedo en la boca de ella, a lo que Sandra solo se dejaba hacer y chupada el dedo como un niño lactante. La mujer comenzó a sentir espasmos en el cuerpo, corrientazos que comenzaban en todas partes del cuerpo y todos terminaban en su vagina, el dedo entraba y salía y ella solo miraba los ojos del viejo que se sentía poderoso en ese momento. Cuando el viejo sintió que los labios le hacían más presión en el dedo como tratando de exprimirlo, mirando a los ojos de la casada le dijo «hoy es viernes y el cuerpo lo sabe» y seguidamente hundió el dedo hasta lo más profundo de la boca e inmediatamente sin avisar nada y así como se lo metió en la boca de igual forma lo saco. Sandra sintió que quedaba a la deriva, sintió que le quitaban la felicidad de un golpe. El viejo zorro sabía que ya la tenía donde quería pero no podía irse de bruces, ahora tenía que emputecerla para cogérsela cada vez que él lo quisiera.

    El viejo se dio la vuelta y se sentó en su silla y mirándola fijamente le dijo

    – Ya te puedes ir Sandrita, nos vemos el lunes, te espero con una ropa que resalte mejor tu figura y esbozo una sonrisa.

    La mujer casada aún estaba eufórica, aun sentía como se mojada su ropa íntima y solo le dijo: si señor y salió del despacho.

    5

    Cuando Ernesto llego a su casa ese viernes no sabía lo que le esperaba, apenas al entrar al apartamento sintió que algo se le tiraba encima, era su esposa que lo esperaba ansiosa y comenzó a comerle la boca apenas pudo, el rápidamente entendió de que se trataba y comenzó a responderle los besos. Sandra se separó un instante y le dijo que se sentará en el sofá de la sala, él le hizo caso y ella comenzó a bailar sensualmente a medida que se desvestía, para el eso era la gloria, algo que siempre había deseado pero que su esposa no había querido hacer nunca, pero ese momento ahí estaba ella totalmente desnuda y venía a gatas hacia el sofá donde estaba el, rápidamente el hizo un intento de levantarse pero ella le hizo seña que se quedara sentado. Cuando ella llego a su destino dirigió sus manos al botón del pantalón el cual rápidamente desabrocho y bajo el cierre.

    Ernesto ya estaba totalmente excitado con la actitud de su esposa, una mujer que parecía había cambiado en algún momento del día, no era la misma mujer que el despidió ese día en la mañana.

    Cuando Sandra finalmente saco el pene del bóxer de su esposo lo encontró totalmente erecto y con pequeñas gotas de líquido en el glande, el estado de excitación de su esposo era tremendo y la mujer no perdió tiempo y se lo metió en la boca de una vez.

    La cabeza de Sandra subía y bajaba rápidamente, se metía todo el pene en la boca hasta chocar su nariz con el vientre del esposo.

    Ernesto se revolvía en el sofá y coloco sus manos sobre la cabeza de su esposa, cuando la mujer noto las manos de si esposo haciendo presión en su cabeza se sacó el pene de la boca, lo miro a los ojos y le pregunto.

    – ¿Te gusta cómo te lo estoy mamando?

    – ¿Te gusta cómo te lo mama tu perra?

    Las palabras de Sandra retumbaron en los oídos de su esposo que seguidamente le empujo la cabeza otra vez para que siguiera mamando y comenzó a responderle.

    – Me encanta perra, mámamelo todo, sácame la leche

    En el momento en que Ernesto comenzó a dirigirse de esa forma a su esposa ella comenzó a emitir pequeños gemidos y los espasmos se acumulaban en su cuerpo, seguidamente bajo una de sus manos y comenzó a meterse dos dedos en su ya encharcada vagina.

    Las manos de su esposo seguían haciendo presión en su cabeza, y ella seguía mamándole el pene gustosamente mientras con una de sus manos se hacía un frenético mete y saca con dos de sus deseos, todo esto ocurría cuando en la mente de la mujer casada solo tenía una visión, la cara de poder y felicidad del viejo Ernesto cuando le tenía el dedo en la boca y cuando ella sumisamente se lo chupaba.

    En el momento en que su esposo no aguanto más comenzó a explotar y dejar escapar la leche de su cuerpo, Sandra se hundió el pene en la boca para no desperdiciar ni una gota y justo en ese momento ella también sintió una fuerte corriente seguida de una ola de escalofrío que recorría su cuerpo, sus músculos y piernas se tensaron y sus fluidos comenzaron a chorrea por sus piernas.

    Continuará…

  • Van Gogh Alive: The Experience

    Van Gogh Alive: The Experience

    —Esto es el timo del siglo, —me digo a mí misma en un tono apenas audible, mientras maldigo por lo bajo.

    —Desde luego que sí, —me responde otro visitante situado a mi derecha.

    Rondará los cuarenta. Me sobrepasa media cabeza. A pesar de la penumbra puedo ver que lleva una perilla a lo “Iron Man” que me resulta de lo más varonil. Tengo que fijar un poco más la mirada para cerciorarme de que no es Robert Downey junior.

    Mientras tanto, en las pantallas se van sucediendo las imágenes de los cuadros de Van Gogh, y yo estoy deseando irme porque me siento estafada, pero intento no mostrar un talante de gamberra y procuro mantener la compostura ante las decenas de personas que contemplan el espectáculo embelesadas, pero también ante mi interlocutor.

    —¿Sabías que la exposición era virtual?, —le pregunto por si es que he sido yo la única pardilla que ha comprado unas entradas para una exposición que no es lo que creía.

    —Sí, lo que no sabía es que fuera tan mala. Me esperaba otra cosa, la verdad.

    —Entonces estamos de acuerdo los dos en que “Van Gogh Alive – The Experience” es el timo de la estampita, —le digo, puesto que me parece más interesante la conversación que mantengo con Robert Downey que seguir prestando atención a los audiovisuales, y lo más importante, siendo algo que ya me sé de memoria. En cambio, la sabionda con gafas de culo de botella que está a mi izquierda nos reprende con una regañina, diciéndonos que no ha pagado la entrada para oírnos a nosotros. Ambos nos reímos por lo bajo y seguimos a lo nuestro, pero moderando el tono.

    —Seguramente yo no leí la letra pequeña y pensé que iba a ver una exposición en vivo y en directo de sus pinturas. Llevo años queriendo ir a Ámsterdam a ver su obra. Sólo he visto algo de ella en el museo de Orsay en París, y cuando me enteré que venía a Madrid no dejé escapar la oportunidad, pero me encuentro con este despropósito.

    —Yo sí que sabía que era un espectáculo virtual con algunas representaciones de sus cuadros, como por ejemplo “El dormitorio de Arlés”, pero tampoco es lo que esperaba, la verdad.

    —Créeme que estoy tremendamente decepcionada, por no decir indignada. He hecho el viaje desde Valencia únicamente para ver este truño.

    —¿Has venido sola?, —me pregunta.

    —Sí. Mi marido no ha podido acompañarme porque tenía guardia en el hospital, y yo no he querido perdérmela, —respondo.

    —¿Es médico?

    —Sí, cirujano.

    —Pues no debería dejar viajar sola a una mujer tan guapa, —me dice.

    —Gracias por el cumplido, pero ya soy mayor para viajar sola, —le digo.

    —Sí que lo eres sí, —me replica, mientras una fugaz mirada suya transita por un escote que no existe, dado el exceso de abrigo. Por cierto, me llamo Elsa.

    —Roberto, —me dice, y yo me sonrío. Casualidades de la vida.

    —¿Por qué te ríes?, —me pregunta, y yo le respondo que no tiene importancia. No quiero decirle aún que se parece a Robert Downey Junior, y mucho menos que se llama como él.

    La mujer vuelve a increparnos y nos corta el rollo, supongo que no más que nosotros a ella, y por eso invito a mi nuevo amigo a abandonar el Círculo de Bellas Artes, y éste acepta encantado.

    Al salir, sigue lloviendo y hace un frío de justicia. La temperatura es de un grado y yo, acostumbrada al ambiente templado de la costa, me tapo la cara con las solapas de mi abrigo. Son las siete y media de la tarde y los dos estamos de acuerdo en que nuestra mejor opción es tomar un café con leche caliente en cualquier cafetería antes que estar en la calle soportando un frío inclemente. Él es de Madrid y está acostumbrado a las bajas temperaturas de la sierra, pero yo no. Mientras caminamos hacia la cafetería me parece estar haciéndolo por Siberia y cuando accedemos al interior, el calor me acoge con un abrazo.

    Yo pido un café con leche hirviendo y él un café solo, después nos damos cuenta de que tenemos mucho en común.

    Robert Downey junior es profesor de historia del arte en la facultad de Geografía e Historia en la Complutense y yo soy directora creativa en una agencia, escribo críticas de arte en una revista y dirijo una galería. Le hago saber entonces que tiene un aire a “iron man” y logro arrancarle una sonora y contagiosa carcajada que se me contagia, de tal modo que nuestros vecinos de mesa voltean la cabeza ante nuestro manifiesto estado de alegría.

    Detecto que empieza a existir una química especial entre nosotros, aunque ahora que lo pienso, ha sido así desde el principio, sin embargo, es en este momento que me doy cuenta de que me encuentro muy a gusto con él y a él parece ocurrirle lo mismo.

    —¿Y tú estás casado?, —le pregunto, no sé exactamente para qué. Entiendo que es todo un tópico, pero él sabe que lo estoy, y también sabe a qué atenerse en ese sentido, y por tanto, yo no puedo decir lo mismo.

    —Sí, —responde. —Me pasa un poco como a ti. Mi mujer parece que siempre tiene alguna puta que confesar, perdón por la expresión, —se disculpa. —Compramos las entradas para venir juntos, pero como el arte no entra dentro de sus prioridades, ha preferido irse a Valencia a unas ponencias. Ella es de matemáticas.

    —Pues podemos emparejarlos. Mi marido también está en Valencia, y también es de ciencias —le digo sin pensar mis palabras.

    —Eso estaría bien. Tú y yo disfrutando del arte y ellos a su ciencia—me dice agregando a su contestación una cómplice sonrisa.

    —No se puede decir que hayamos disfrutado mucho de la exposición. Ha sido un truño.

    —No hay mal que por bien no venga. ¿No dicen eso? Si no hubiese sido así no estaríamos aquí tomando una café, y desde luego, yo no estaría disfrutando de tu grata compañía.

    —Gracias, —le digo mostrando mi mejor sonrisa.

    —Es la verdad, —me declara, esbozando la suya en un gesto que me enamora.

    Robert Downey me cae fenomenal y me siento bien con su compañía. Podría estar todo el día contemplando ese rostro anguloso, adornado con una perilla que parece recortada a laser, una mirada enigmática que expresa seguridad en sí mismo, pero al mismo tiempo me transmite confianza. Su arrolladora personalidad hace que me embelese con cada gesto suyo. Su risa me contagia y no puedo evitar sonreír cuando él lo hace. ¿Qué me está pasando? Ni que fuera yo una adolescente que queda prendada mientras le pide un autógrafo a su actor favorito.

    Ahora tengo calor y me molesta el suéter. La verdad, no sé si es por la elevada temperatura del local o porque mis hormonas se han disparado, pero tengo unos calores que creo que se me reflejan en la cara. Los tonos rosados de mi piel mudan en matices rojizos, de modo que le pido disculpas y voy al aseo, me bajo los pantalones y las bragas y me siento en la taza, pero antes de orinar toco mi sexo y compruebo lo gelatinosa que está mi raja y la placentera sensación que me da pasar mi dedo por ella. Se me han ido las ganas de orinar, ahora lo que tengo son ganas de follar. Empiezo a frotarme la raja en un reiterado vaivén y hundo dos dedos dentro de mí con una facilidad pasmosa, después los saco y los lamo embriagándome de mis flujos e imagino que es la polla de “iron man” rezumando los suyos. Vuelvo a llevar mi mano a mi sexo y me detengo en mi nódulo del placer para frotarlo con firmeza. No puedo parar de hacerlo hasta que alguien entra en el lavabo y me corta el rollo. Puedo oír el chorro de pis y se me va la libido, de modo que me limpio mis caldos con el papel, me subo las bragas, a continuación los pantalones y salgo de la pequeña estancia para lavarme las manos. Después recompongo un poco mi atuendo y vuelvo a la mesa junto a mi don Juan.

    —¿Te parece bien que cenemos juntos?, —me pregunta cuando me siento. Supongo que es el camino correcto a seguir antes de que acabemos retozando en la cama. Soy yo la que está dispuesta a saltarme el trámite de la cena porque yo también tengo hambre, pero mis apetitos son de otra índole. Tengo que continuar ofreciéndole mi mejor cara de mujer ilustrada en arte y no el de una libertina que no puede mantener las piernas cerradas.

    Cualquiera pensará que soy una mujer muy dada al libertinaje. No es eso. Lo que ocurre es que Robert Downey junior parece haberme hechizado con una pócima.

    Cenamos en la Tagliatela. Yo he pedido una ensalada Caprese y él una pizza de no sé cuantos quesos. Para el vino elegimos un Protos (Ribera del Duero) y cae la botella entera mientras cenamos. Por supuesto, el tema más recurrente es el arte, sin embargo, en la sobremesa se aventura a dar un paso más, y no sé si es porque lleva una cogorza como yo, o porque ha decidido que ya va siendo hora.

    —¿En qué hotel te hospedas?, —me pregunta.

    —En Vincci Soho, —le digo.

    —Está cerca, —comenta. Sé que lo está. Tan sólo tiene que pedírmelo y en cinco minutos podemos estar retozando en la cama, pero no lo hace y le maldigo.

    —¿Te apetece que tomemos unas copas en un pub que conozco? No está lejos, —me pregunta.

    “Lo que me apetece es follar contigo hasta desfallecer y que no sigas haciendo el mindundi”, es lo que pienso, pero no es lo que digo.

    —Me parece bien, —le contesto.

    Roberto pide la cuenta y no me deja pagar, y yo, por supuesto, me dejo mimar. Cuando me levanto me doy cuenta de que el vino se me ha subido a la cabeza y doy un traspié. Él me coge al vuelo y quedamos uno frente al otro como dos tontos enamorados. Bueno, yo sí que lo parezco. Sus labios quedan frente a los míos y no puedo evitar comerle la boca. Él me devuelve el beso y nos quedamos morreándonos unos segundos mientras los comensales de otras mesas nos miran, pero me da igual. Parezco quedarme sin aire con el beso. El sabor a café de su beso me embriaga, pero también activa mis terminaciones nerviosas, endurece mis pezones y puedo sentir como mi raja se abre como los pétalos de una flor en primavera.

    —¿Te apetece ir al pub?, —le pregunto.

    —No, —responde tajante, y salimos del local en dirección a mi hotel.

    Al entrar en la habitación nos deshacemos de los abrigos, me coge por la cintura y retomamos el beso que dejamos a medias en La Tagliatela.

    Sus manos se pasean por mi espalda y una de ellas desciende buscando mis curvas.

    —Me gustas mucho, —se sincera el profesor de historia del arte.

    —Tú a mí también, —le respondo entregada, y ambos nos dejamos caer en la cama para seguir con el magreo.

    Roberto me quita el suéter atropelladamente. Después hace lo mismo con el sujetador. Admira mis pechos erguidos, los coge y los lame, primero uno, después el otro. Una mano furtiva se desliza hasta mi entrepierna, deteniéndose en ella y apretándomela a través de la tela del pantalón, mientras disfruto de sus caricias a la espera de que me desnude completamente. No se hace de rogar. Me desabrocha el pantalón, me lo quita y me quedo con mis diminutas bragas. Es ahora que la vista de Robert Downey se deleita contemplando mi desnudez. Su ansiedad le impide esperar a que yo le desnude. Se pone en pie, se quita la chaqueta, después la camisa y yo me recreo un breve instante contemplando su anatomía. No posee un cuerpo de gimnasio, pero su genética le ha dotado de un físico fibroso perfectamente modelado.

    Roberto se deshace de los pantalones apresuradamente. Yo me relamo esperando el premio y él se muestra desnudo exhibiendo una erecta verga que parece una percha adornando su cincelada anatomía.

    Mi cuerpo vuelve a segregar fluidos. Él se pone encima de mí para que restreguemos nuestra piel desnuda. Las manos de Roberto colisionan con las mías en su ruta de exploración por ambas fisionomías. Mis manos se aferran a su culo y lo aprieto con saña hasta hacer que se queje.

    Él me besa, explora mi boca y luego sigue su camino hacia el lóbulo de la oreja, desciende por el cuello, entretanto, su mano acaricia mi estómago y circunvala el monte de venus para deslizarse por la pierna. Su lengua repasa mis pezones, luego se descuelga por mi barriga dando repetidas vueltas por el ombligo buscando la humedad de mis pliegues y yo ahogo la respiración cuando la lengua encuentra la guarida. Me aparta las piernas y degusta mi esencia salada. Huele, lame y se embelesa con la ambrosía. Mis manos cogen su cabeza y la aproximo hacia mí, buscando su lengua con los movimientos de pelvis. Roberto se aplica en la tarea de devorar la gustosa almeja, a la vez que soba mis turgentes pechos. A continuación, baja la mano por la planicie de mi abdomen, acariciando cada resquicio de mi piel.

    Después me incorporo y tumbo a mi amante en la cama, ensamblo mi coño en su boca, y del mismo modo me pongo a la altura de su polla para engullirla, acoplándonos en un perfecto sesenta y nueve. Mis flujos resbalaban directamente en la boca de Roberto, y su miembro desaparece en la mía. Me deleito y me excito cada vez más hasta que abrazo el anhelante momento en el que “iron man” me penetre. Pienso que puedo estar ovulando y le pregunto si tiene condones, pero es evidente que ninguno de los dos veníamos preparados para la batalla. No me queda otra que pedirle que no eyacule dentro.

    Cojo su miembro y me lo meto, de tal manera que le muestro mis nalgas mientras salto sobre él, a la vez que contempla mis glúteos en forma de corazón y se aferra a ellos. Noto que le faltan manos para magreármelos. Simultáneamente me dedica las palabras más complacientes que pueda escuchar acerca de mi trasero. Después de un rato saltando encima de él, me doy la vuelta y vuelvo a acoplarme recorriendo su torso con las manos, al mismo tiempo que vuelvo a brincar sobre su polla.

    Roberto se incorpora para cambiar la posición y compartir el mágico momento mientras nos besamos. A continuación me acuesto, abro las piernas y vuelve a penetrarme, iniciando un nuevo bombeo, entretanto le presiono su culo, se lo araño con fiereza e incluso le provoco heridas con mis uñas, como si fuese una gata en celo. Ambos movemos nuestra pelvis al compás, y durante unos minutos, el ajetreo pélvico se hace progresivamente más frenético hasta que libero mi orgasmo.

    —¡No pares! ¡Sigue! —le ruego cuando mis terminaciones nerviosas confluyen al unísono en mi sexo, dejándome llevar por el placer.

    Mi orgasmo no remite, pero Roberto se contiene con la única finalidad de no cortar mi placer, y cuando yo consumo el clímax, él saca la verga de mi coño y eyacula sobre mí dos potentes lechazos en mi cuello y dos más livianos en mi barriga. Después se tumba a mi lado totalmente extenuado.

    —Ha sido maravilloso, —señala él.

    —Sí, —subrayo yo.

    —Déjame que te limpie.

    Coge varios clínex y se esmera en limpiarme las salpicaduras. Yo deslizo un dedo por los restos de mi cuerpo y saboreo el líquido.

    —¿Te gusta el semen? —me pregunta sorprendido.

    —Sí, —digo relamiéndome el dedo pringoso—y tu verga también, —añado.

    —¡Joder, Elsa! Como me pones.

    Roberto vuelve a tener una erección sin ningún tipo de contacto, y yo me llevo el miembro a la boca realizándole la mejor de las mamadas.

    —Vas a hacer que me corra de nuevo, —me dice entre jadeos.

    —No. Quiero que me folles otra vez.

    —¡Joder! Estaría haciéndolo toda la noche.

    —Soy tuya toda la noche, —le digo, pero no lo digo como tópico. Lo hago porque me sale del corazón.

    —Madre del amor hermoso, —exclama Roberto que no da crédito a mi fogosidad, aunque no sabe que hay algo más que fogosidad en mis palabras.

    Por un momento me olvido de mi marido y de que soy una mujer casada, excepto de lo que me apetece hacer el amor con mi “iron man”. Me incorporo y me pone de espaldas, apoyando las manos en la cama, de tal manera que le muestro mis encantos, moviendo el culo de un lado a otro.

    —¿A qué esperas?, —le reprendo.

    —¡Joder! —exclama fascinado Roberto con las vistas que le muestro.

    En esos momentos desea ser un pulpo para poder atender todo lo que le ofrezco. Se agarra la polla, la acerca a mi gruta y yo deslizo mi mano por debajo para cogerlo y acompañarlo. Los dos suspiramos de placer con aquella primera estocada y, tanto el ritmo como los jadeos empiezan a ser constantes y enérgicos. Me retuerzo y contorsiono mis caderas, intentando sentir cada centímetro de su polla en todos los rincones de mi cavidad. Después de un cuarto de hora sacudiendo sin descanso, Roberto abandona la posición y se tumba. Yo vuelvo a apoderarme de su verga y me coloco encima para cabalgar de nuevo sobre él, al mismo tiempo que Roberto acaricia mis tetas y las besa. Sus manos van y vienen repasando mis carnes. Las nalgas son atendidas, los pechos son abordados y mi cintura es dibujada con el perfil que van trazando sus manos al descender. Yo me apoyo en su torso atlético mientras salto briosa sobre su verga. Después de otro cuarto de hora brincando, acelero el ritmo ante la inminencia de un orgasmo que me alcanza, de tal modo que lo recibo con una explosión de placer que recorre mis ingles entre espasmos y contracciones.

    El clímax me deja sin energía para continuar. Me quedo quieta encima de él un instante. No puedo moverme, pero me gusta sentirlo dentro, aunque ya haya culminado mi placer. Él desea continuar e intenta moverse en mi interior, pero yo no respondo a sus meneos. Cuando me repongo un poco lo descabalgo y atenazo la enhiesta verga con mi mano para empezar a masturbarle, entretanto le digo las frases más ardientes que ninguna otra mujer, al parecer le ha regalado jamás.

    Me deslizo hacia abajo y encierro en mi boca el glande hinchado y amoratado, y me dedico a él como si fuera un helado que se está derritiendo y se precisa atrapar la crema para que no se deslice. Acto seguido intento engullir todo el cimbrel dentro de mi boca. Lo consigo un instante, pero tengo que sacármelo enseguida para no ahogarme. Cuando logro la hazaña, empiezo a mamar su polla con fruición, mientras con mis dedos índice y pulgar formo un anillo que me ayuda a masturbarlo, —al mismo tiempo que se la chupo— logrando en pocos minutos que eyacule dentro de mi boca. Pese a ello, no abandono el falo, de ese modo no desperdicio nada de su esencia. Cuando lo tengo todo en la boca me trago su simiente y me relamo los labios sin que él pierda detalle.

    —¡Increíble! —admite satisfecho. —Mi mujer nunca ha hecho algo así, ni en sueños.

    Yo no digo nada. No quiero meter cizaña. Simplemente le dedico una sonrisa, y él me la devuelve mientras me limpia con un pañuelo el reguero de semen que cae por la comisura de mis labios. Después acerca sus labios a los míos me besa sin importarle el hecho de haber tenido hace un instante su esperma en la boca y habérmelo tragado.

    Yo padezco de insomnio y no suelo dormir más de cinco horas, pero esa noche duermo nueve seguidas como un lirón. Es la cegadora luz del sol de la mañana entrando por la ventana la que me despierta. Estiro el brazo para abrazarme a Roberto, pero no está. Me levanto bruscamente y lo busco en el baño, pero constato que se ha marchado y no logro entender por qué lo ha hecho sin decirme nada, hasta que me percato que ha dejado una nota encima de la mesita. La cojo y la miro, aunque no me atrevo a leerla, sin embargo tengo que hacerlo. La mantengo unos instantes en la mano como si el hecho de leerla fuese a hacerme daño. No me atrevo. Sé que me he enamorado y lo que ponga no me va a consolar, pero finalmente cedo, me limpio los ojos con el puño y empiezo a leer con ojos llorosos:

    “Es curioso lo sencillo que resultó decirte hola, y lo complicado que es tener que decirte adiós. Aunque ya nunca volvamos a estar juntos, quiero que sepas que siempre te tendré en mi corazón”

    Si me hubiese dado la oportunidad de decirle que le quiero, quizás no se hubiera ido. Me maldigo a mí misma por haber sido tan estúpida.

    Ahora sé que lo hubiese dejado todo por él, pero ya es tarde.

  • Sexo por despecho

    Sexo por despecho

    Lluvia, lluvia y más lluvia…

    Recién leí de sequía en el mundo y al parecer por este rumbo no se habían enterado, a buena hora elegí manejar cuando pude haber tomado el vuelo…

    Al menos la vía se encontraba despejada y el par de golpes que había dado a mis neumáticos me respondieron el porque de ello.

    Casi al llegar a la intersección, y sin señalamientos de por medio, pude ver un auto que se encontraba detenido al finalizar una curva; mi acción refleja fue pisar el freno esperando que la distancia fuera la suficiente para lograrlo. Por centímetros pude evitar el golpe, ¡menudo susto me llevé!

    Instantes después, y luego de recuperar el aliento, bajé del auto; con enojo evidente avancé en dirección al conductor para reclamar su imprudencia, ¡a nada estuvo de presentarse un accidente por su culpa!

    A un palmo de llegar a su costado bajó el cristal de su ventana…

    -¡Por favor perdóneme!

    Mi enojo disminuyó al instante, no pensé el encontrarme frente a una mujer con muestras claras de nerviosismo en un lugar tan alejado de todo.

    -¿Te encuentras bien? –dije en un tono calmado –deberías mover tu auto porque puedes provocar un accidente.

    -¡Es que solo se apagó y no quiere encender!, tengo algún tiempo intentando; ¿puede ayudarme a revisarlo?

    -Aquí es peligroso –dije –quita velocidad y freno y lo movemos a un lado del camino.

    -Si, gracias.

    Después de mover su auto y regresar por el mío para aparcar a su lado me acerqué a su costado.

    -Mira, no sé nada de mecánica y menos con esta lluvia encima, si gustas puedo llevarte al siguiente pueblo; si mal no recuerdo está a unos veinte minutos de aquí.

    -Gracias, pero no quiero dejar mi auto.

    -Como quieras, pero no creo que pase alguien por aquí en algún tiempo, suerte. –diciendo esto último, y dando vuelta para regresar, enfilé hacia mi auto.

    -¡Espere por favor! –me gritó –si voy con usted.

    Ya en el auto, y después de ofrecerle un paño, pude observarla con detenimiento; no mayor de 25 años, menuda de cuerpo y con un rostro hermoso bajo su frondoso cabello claro.

    -Tome, gracias –dijo al entregarme el paño después de haber secado su rostro –me llamo Karen.

    -Hola Karen, yo soy Arturo; mucho gusto.

    -Y dime, ¿qué hacías por este rumbo tu sola?

    -Voy a la casa de mis papás, no imaginé que me pasaría esto.

    -Vamos entonces –dije avanzando –sirve que busco un lugar para cambiar mi ropa porque estoy hecho un asco.

    -Discúlpeme, no era mi intención que se mojara.

    -No es problema, traigo conmigo una muda de ropa; aunque por lo que veo te hace falta más a ti.

    En ese momento tomó conciencia a mis palabras, tenía por vestimenta solo un corto vestido que, con el contacto del agua, se pegaba a su cuerpo mostrando lo que en teoría debería cubrir.

    Pasé mi mano al asiento trasero tomando mi chaqueta, se la ofrecí sin decir algo.

    -Gracias.

    Avanzamos unos kilómetros cuando la lluvia se transformó en tormenta, los limpiadores apenas podían con la tarea de retirar el agua y la visibilidad era mínima; por prudencia aminoré la velocidad, unos metros adelante se vislumbró un paradero que posiblemente utilizaban los operadores de carga en su camino.

    -No puedo continuar –se lo mencioné –será mejor resguardarnos en ese lugar al menos hasta que aminore la lluvia.

    -¿Cree que tardemos mucho? –en su cara se veía la preocupación.

    -No lo creo, pero puede servir para preguntar por una grúa o para que uses el teléfono y puedas llamar a tu casa –esto último la tranquilizó un poco.

    -Es verdad, puede que sea lo mejor.

    Una vez aparcado bajamos del auto y nos dirigimos al lugar, nada especial; un restaurante que hacía las veces de posada. Me acerqué a la barra, las respuestas a mis preguntas fueron que tendríamos que esperar al día siguiente; tanto por la tormenta como por la hora.

    -Mira, voy a esperar que pase la tormenta para moverme de aquí; puedo llevarte una vez termine o puedes pasar la noche aquí, como tu decidas.

    -No quiero dejar mi auto, pero tampoco quisiera quedarme –dijo angustiada –no me da confianza el lugar.

    Pedía algo de comer y un par de tazas con café, al menos la espera no sería tan aburrida y podría tranquilizarla con un poco de plática.

    -Voy a la ciudad a la boda de mi hermana –dije –se casa en un par de días.

    -¿Me comentaste que vas a ver a tus padres?

    Tomó su taza, bajó su mirada y comenzó a sollozar. Silencio incómodo.

    -Discúlpame si dije algo inapropiado, no era mi intención molestar.

    -No es su culpa –dijo después de un rato –si voy a ver a mis padres pero ellos no lo saben.

    De nueva cuenta su mirada baja pero esta vez su llanto fue abundante y sonoro; me levante y me coloqué a su lado. Al parecer era lo que faltaba para desahogarse. Recargó su cabeza en mi hombro y por unos minutos solo su llanto, aparte del viejo televisor del fondo y el ruido de la lluvia, se escuchaba en el lugar.

    -Discúlpeme –levantó la vista –ya no podía aguantar más.

    -No sé qué es lo que te pase, pero créeme, todo tiene solución –dije tratando de consolarla.

    -Esto no, no creo que la tenga.

    -Te sorprenderías las veces que pensé lo mismo y mírame, aquí estoy.

    -No creo que lo suyo sea como lo mío –dijo.

    -Cuéntame entonces –esto último tomando mi taza y dando un sorbo a mi café –la lluvia no mengua y estaremos aquí un buen rato.

    Dejó su taza y se cubrió la cara con sus manos, suspiro hondo y después de un rato dijo:

    -Mi esposo me engañó, me lo dijo ayer. Tenía mis sospechas pero no fue hasta que lo escuché hablando con alguien que por fin me dijo la verdad.

    Silencio.

    -Es triste pero no es lo peor que pueda pasarte, puedes arreglarlo, tienes opciones. Terrible es perder a la persona que amas, que te fue fiel y aun así ya no está contigo –en esta ocasión fui yo quien desvió la mirada.

    Silencio, aun mayor.

    -Lo siento –me tomo la mano –en verdad lo siento mucho.

    -¿Ves que lo tuyo puede tener arreglo? –dije limpiando mis lágrimas –solo piensa las cosas antes de tomar decisiones.

    -Perdóname, estaba tan molesta que solo tomé el auto y salí sin siquiera fijarme si tenía combustible.

    Levanté la mirada y vi una sonrisa dibujada en su rostro.

    -Al menos sabemos por qué se detuvo el auto –dije.

    Esta vez fue ella quien pasó su mano por mi espalda reconfortándome.

    -Ven –la tomé de la mano –debes cambiar tu ropa o te vas a resfriar.

    -Pero… ¿Qué ropa?, no traigo más de lo que tengo puesto.

    -Prueba mi ropa de deporte, no te quedará pero al menos estarás caliente.

    -Ok, pero… ¿Dónde me cambio?

    Al preguntar al encargado, la respuesta obvia siendo un paradero: afuera.

    -Mirá –le dije –voy a rentar la única habitación que queda, puedes cambiarte y descansar hasta mañana para ir por tu auto; yo no pienso moverme de aquí y puedo quedarme afuera, ya lo he hecho otras veces.

    -No, te lo agradezco pero no; ¿cómo dejarte afuera cuando por mi culpa estamos aquí?

    -¿Quieres esperar entonces a que aminore la lluvia para salir?

    Conocía la respuesta lógica, pero esperé a que ella fuera quien lo propusiera.

    -Podemos compartir la recámara –dijo avergonzada.

    -Solo si tú estás de acuerdo.

    -Lo estoy.

    Subimos a la habitación y la dejé instalarse mientras salí por mi maleta al auto, las cosas tomaban un camino que no esperaba pero que tampoco buscaba rehuir.

    -Esta es la ropa que te mencioné –dije acercándole mi maletín –te sentirás más cómoda.

    -Gracias de nuevo –dijo tomando las prendas –eres muy amable.

    -No agradezcas.

    Se levantó de la cama y se acercó a mí.

    -En verdad siento tu pérdida, ¿era tu esposa?

    -Si.

    -¿Puedo hacer algo por ti? –dijo tomando mi mano.

    -Podrías, pero no sería correcto –dije tomando la suya.

    -A ti te debo una disculpa, a él le debo un escarmiento; yo creo que es correcto.

    La acerqué a mi delicadamente y probé su boca, me correspondió tomando mi cuello.

    Después de un rato la tomé en brazos y la llevé al lecho, quería estar seguro que sabía el paso que estaba a punto de dar.

    -Tomarás venganza, pero posiblemente no encuentres solución; ¿estás segura?

    Me volvió a tomar por el cuello y me besó, está respuesta no admitía duda.

    Con delicadeza la fui despojando de sus prendas las cuales no eran muchas, poco a poco se fue rebelando el cuerpo de una mujer en plenitud. Me detuve por un instante para admirarla bajo la tenue luz de la lámpara.

    -Eres tan hermosa que me siento un profanador al tocarte, mereces que no solo se te quiera sino que se te idolatre.

    -¿Te funciona eso?

    -No sabría decirte, es la primera vez que lo digo.

    -Pues conmigo, si.

    La besé de nuevo, ¿cómo no hacerlo con esos labios que incitaban a morderlos?; besé cada parte de su cuerpo haciéndola suspirar a ratos, gemir en otros. Tomé sus pechos y dediqué un tiempo en palpar, morder, chupar hasta escuchar su respiración agitada mientras mis dedos con suavidad tocaban cada pliegue de su sexo el cual, al paso del tiempo y de mis movimientos en él, provocaron la explosión anunciada de su primer orgasmo.

    El tiempo que tomé en bajar a su sexo fue el justo para evitar que cerrara sus piernas, como animal hambriento me apoderé de cada rincón de él, mojando mi cara con el elixir que a raudales prodigaba.

    -¡No más por favor! –decía con apenas voz -¡no puedo con todo esto que siento!

    Si tomar en cuenta su súplica pero un poco más consiente bajé el ritmo de la acción, pero a cambio de eso me apoderé de su botón del placer y, sin dar tregua a mis embates, disfruté como nunca al sentir la convulsiones que provocaba en su cuerpo, mismas que me prodigaron con una fuente al parecer inagotable de jugos sexuales.

    -¡Ya!, ¡ya por favor!… en verdad no puedo más…

    Terminé de quitarme la ropa mientras ella se reponía, mientras lo hacía, no podía dejar de admirar su cuerpo que, sin caer en lo exuberante, era en verdad muy hermoso. Me acerqué de nuevo y, con suavidad, volví a mamar de esas tetas que poderosamente volvían a llamar mi atención; ella se dejaba hacer mientras acariciaba mis cabellos.

    -Sigue por favor, me hiciste gozar tanto que no quiero que termine.

    Me levanté y me acerqué para mostrarle mi orgullo de hombre. Sin pensarlo, lo tomó y acercó su boca, si hubo un momento de indecisión este se esfumó tal cual llegó; lentamente pero sin demora lo aprisionó entre sus labios, provocando en mí el primer espasmo, preludio inequívoco que mi corrida estaba cerca. Pasados unos minutos no pude más y se lo hice saber, sin perder el ritmo continuó con sus suaves manos hasta que literalmente hubo una explosión como hacía tiempo no sentía; dejándola hecha una desgracia al verse salpicada en parte de su cuerpo.

    Ya un poco más tranquilos reímos como niños al vernos y ver la cama hechos un desastre.

    -Sabes –me dijo –sé que esto estuvo mal, no me malinterpretes, fue genial hacerlo contigo pero lo que hice no lo hubiera pensado en hacer nunca.

    -Hasta cierto punto es normal –dije justificándolo –tenías una bronca muy grande y aprovechaste.

    -Y tú no querías, ¿verdad?

    -Solo un poco, no creas.

    Me lanzó un puño con la fuerza de un bebé, respondí con una palma en su nalga; parecíamos niños jugando en cama hasta que de nueva cuenta volvimos a besarnos; la coloqué sobre mi tomándola de sus nalgas, sentir sus pechos sobre el mío me estaba poniendo a mil; sin pedírselo pero en espera que lo hiciera se montó sobre mí.

    -Ahhh! –exclamó al sentirse llena –no te muevas.

    En esta posición ella tenía el control, lo que me daba opción de apoderarme de sus tetas, las cuales en poco tiempo se habían convertido en mi vicio y, como vicioso, quería seguir probando de ellas.

    -Mmmm! Ya casi –dijo pasado un tiempo –¡ya casi!, ¡ya casi!

    Después de esto último término cayendo sobre mí con su respiración agitada, clavando sus uñas en mis hombros hasta que, lentamente, fue saliendo sobre mí para dejarse caer al lado mío.

    -¡Carajo!, nunca había terminado así.

    -Pues tu terminaste pero… ¿qué hay de mí? –esto último poniendo mi mejor cara compungida.

    -Ya no doy para más, en serio –dijo con una cara aún más compungida.

    -Tú no tienes que hacer algo, déjamelo a mí.

    Diciendo lo anterior la coloqué boca abajo y comencé a besar cada rincón de su hermosa espalda, ella se dejaba hacer suspirando y moviendo su cuerpo al contacto con mi boca.

    -¿Qué intentas? –me dijo al sentir mi cara a la altura de sus nalgas –si es lo que imagino entonces olvídalo.

    -No sería venganza si dejas pasar lo que con el tal vez no haces, ¿me equivoco? –y sin esperar respuesta clavé mi cara entre sus nalgas.

    -¡No!, espera; ¡no! por favor… esto no está bien…

    Si hacer caso a sus quejas me entregué a la tarea de hacerla de nuevo mía de una forma diferente, quería hacerla acabar en una posición que ella consideraba incorrecta; con suerte, podría llegar a profanar esa entrada a la cual, casi con seguridad, no le había dado ese uso.

    -¡Para por favor!, no me hagas esto –dijo con voz entrecortada.

    -¿Acaso no te gusta? –le respondí mientras mi lengua recorría el camino de su clítoris a su esfínter.

    Silencio.

    -Puedo parar si tanto te incomoda –deteniéndome al acto con mi cara a centímetros de ella.

    Silencio.

    -No voy a forzarte, nunca podría hacerlo –dije esto levantándome para sentarme en la orilla de la cama.

    -¡Espera! –dijo con la cara viendo al lado contrario –¡Sigue por favor!

    -Sabes que es lo que terminará pasando, ¿verdad? –voltee su cara para verla a los ojos.

    -Solo ten cuidado –dijo bajando su mirada.

    Volví a colocarla pero en esta ocasión con un cojín bajo su vientre, lo siguiente fue, a mejores palabras, hacerle el amor a su esfínter mientras mis dedos los hacían con el resto de su intimidad.

    Pasado un rato, el preludio a su inminente orgasmo; comenzó a convulsionarse y a decir incoherencias mientras sus manos y pies golpeaban el colchón sin cesar, de no saber que era un orgasmo hubiera llamado a un sacerdote para exorcizarla.

    Me levanté posicionándome sobre ella, me coloqué en su entrada y, lentamente, inicié la acometida; en varias ocasiones tuve que desistir, volviendo a utilizar sus jugos para reiniciar el camino prometido.

    Una vez vencida su resistencia a mi primer ingreso su cuerpo se tensó, volvió su cara de súplica a la mía; le sonreí con dulzura.

    -Este paso fue el más difícil, ahora relájate; veras que todo estará bien –le dije mientras besaba su cuello.

    -¡Me duele!, despacio…

    -Shhh

    Sobre ella y sin permitirle moverse terminé de introducirme, lo hacía de a tantos mientras ponía la mayor atención a su clítoris para tratar de sobrellevar el paso que estaba dando.

    Una vez terminado el recorrido se lo hice saber, para que tuviera plena conciencia de lo que estaba dentro de ella.

    -¡Por favor termina!, me gusta pero también me duele un poco…

    -No pongas resistencia, te juro que lo vas a disfrutar.

    Diciendo esto último inicie con un ritmo al principio lento y acompasado para después incrementarlo sin llegar a ser brusco.

    -¡Termina!, ¡por favor termina!

    -¡Casi llego!, aguanta un poco.

    -¡Sigue tocándome!, creo que también llego; ¡por favor ya no pares!

    Pude sentir como su esfínter me apretó al correrse, por lo que no pude aguantar más y me vacié con una descarga tan grande que me dejó desvanecido sobre su espalda.

    Me olvidé de todo, de quién era y donde estaba, de que hacía y que no; nada importaba después de tanto placer.

    Después de un rato se volteó dándome la espalda, la abracé y besándola le dije:

    -Creo que ya te amo.

    Y el sueño llegó a mi encuentro.

    Por la mañana desperté, no sé qué tiempo había dormido pero la luz de sol ya entraba por la ventana; la busqué por la habitación esperando verla… nada.

    Me vestí y bajé, esperaba verla tomando el desayuno con el mío a su lado… nada.

    Pregunté al encargado del cual obtuve las amargas respuestas y una nota.

    Le habían ayudado llevándola a su auto junto con el combustible que le hacía falta. Abrí la nota.

    “Siempre te voy a recordar como el hombre que estuvo para mí cuando más me hacía falta conocerme. Seguro tu esposa fue muy feliz mientras estuvo contigo.”

  • El regalo

    El regalo

    Lo que a continuación narro ocurrió hace unos años. Más adelante explicaré cuando porque es muy importante. Yo y mi amiga Leonor estudiábamos en Salamanca, nos habíamos conocido en primero de carrera. Mi nombre es Ana y a partir de aquí intentaré no ser muy específica en datos que pudiesen revelar, no tanto mi identidad, como la de mi amiga y su familia. La verdad es que yo nunca he ocultado que soy lesbiana pero guardo un enorme respeto por todos aquellos que prefieren mantener su condición sexual en un ámbito privado.

    Como decía, Leonor y yo nos conocimos en nuestro primer año en Salamanca. Las dos éramos de pueblos distintos no demasiado lejos, pero dadas las terribles comunicaciones por tren y carretera nuestros padres decidieron que lo mejor era que nos quedásemos a vivir en Salamanca durante el curso para que así nos centrásemos en nuestros estudios. Nuestras familias no se conocían por lo que podemos decir que fue el destino el que nos unió. Me explico: nuestros padres alquilaron el piso en el que pasamos todos esos años a través de una agencia, y por supuesto, la única condición era que la otra inquilina fuese chica. Por lo tanto las dos acabamos compartiendo una pequeña pero cómoda buhardilla no lejos del centro.

    Desde el principio de nuestra convivencia Leonor, Leo como yo la llamaba, supo »lo mío». Cuando se lo confesé a los pocos días de vivir juntas, soltó una enorme carcajada. Te crees que no me había dado cuenta? me dijo. Me dejó desconcertada. Pero tanto se me nota le pregunté. Pues sí, me dijo. Me miras las tetas a todas horas. Y sí, era cierto, de la anatomía de Leo si algo sobresalía eran dos enormes pechos que eclipsaban su bonita cara llena de pecas, ojos azules, pelo largo muy liso y de un castaño casi rubio que le daba un aspecto nórdico. Por abajo su culo tampoco estaba nada mal. Ni grande ni pequeño pero muy bien acompañado por unos muslos que si aparecían más gruesos de lo habitual pero muy proporcionados con unas preciosas piernas que para mí tortura y placer solía lucir casi todos los días del año con unas minifaldas que quitaban el hipo.

    Cómo decía tras mi confesión y su carcajada creí que nuestros caminos se separarían ahí, pero no. Leonor me dijo que no le importaba en absoluto, que aunque a ella le gustaba una buena polla más que nada en el mundo respetaba mi opción sexual y se sentía incluso alagada por mis miradas. Y claro que se sentía alagada, durante todos esos años, tuve mil oportunidades de disfrutar en la distancia de su cuerpo. Llegué a conocerlo palmo a palmo. Leo disfrutaba sintiéndose observada. Como todo el mundo sabe Salamanca es una ciudad en la que hace frío casi todo el año pero en casa nunca pasábamos frio; Leo ponía siempre la calefacción al máximo y nos pasábamos todo el tiempo en tanga y camiseta. Ella disfrutaba cuando la mía saturada del jugo de mi chochito cambiaba de color y transparentaba al pegarse a mis labios que yo en aquellos años llevaba afeitados »al cero». Solía pasarme horas y horas empapada con el clítoris inflamado y los pechos duros como piedras. Era tal mi excitación que aunque me masturbaba un par de veces al día, a los pocos minutos mi cuerpo pedía más y más. Mi momento favorito del día era cuando ella se iba a la ducha. Aunque cerraba la puerta, la antigua cerradura, más grande que las de ahora me ofrecía un puesto en primera fila para recrearme. Ella solía pasarse casi una hora en el baño cada noche. Yo me acomodaba tras la puerta con mis piernas abiertas y con cuidado de no calentarme demasiado rápido jugaba con la entrada de mi coño hasta que no podía más y me corría observando a mi diosa. Muchas veces la suerte me sonreía y Leo también se masturbaba al otro lado de aquella puerta que para mí era el paraíso. Solía llevarse objetos de cualquier tipo para frotarse y meterse por el coño, yo acabé por hacer lo mismo y además descubrí que alguno podía serme de gran utilidad dada mi postura frente a la cerradura. Mi favorito era una cuchara grande de metal que sujetaba por el mango con la que trabajaba la entrada de mi vagina, llegue a meterla en el congelador en alguna ocasión y cuando estaba mi chochito bien caliente me la acercaba con cuidado para disfrutar esa sensación de frio, aunque ni así apagaba ese fuego que me hacia acabar en el suelo muchas veces al correrme. Alguna vez dejaba objetos en el baño para que ella se los encontrase y estos acabasen en su coño. Cuando funcionaba me excitaba muchísimo. Buena parte del utillaje de la cocina acabo pasándose por nuestros conos pues luego yo me los llevaba a mi habitación y volvía a darles un nuevo uso. Recuerdo una botella de cristal para decoración que todavía olía a su coño y me relamí de placer con ella durante un buen rato. Nunca supe si ella conocía mi vicio por aquella cerradura. Y tuve oportunidades para preguntárselo pero siempre preferí quedarme con la duda.

    Ella, en aquella época nunca mostró interés por mí, en el aspecto sexual. Me confesaba divertirse al saber que yo la deseaba, lo hacía sin mala intención, no me hacía sentir mal ni humillada ni nada por el estilo, yo aceptaba la situación e incluso rechace alguna pretendiente que surgió en aquellos primeros anos en la facultad porque aquella extraña relación con Leonor me llenaba. Yo, la verdad, no estoy nada mal. Mido un metro sesenta y cinco, soy morena de pelo, buen pecho no demasiado grande y eso si mi culo es mi parte favorita: grande, carnoso con forma de melocotón, buenos muslos… no me considero guapa pero de haber querido, con los hombres hubiese tenido mucho éxito. Lo noto en sus miradas. Pero nunca me han interesado.

    A quien si le interesaban y mucho eran a mi amiga Leonor.

    Tras nuestros dos primeros años de convivencia, en que había flirteado con un par de chicos empezó a salir, y claro a traerse a casa, a un chico un par de años mayor que ella. Tengo que decir que evidentemente esto no me gustaba, no es que yo estuviese enamorada de Leo, que no lo estaba, pero me sentía como el niño al que le quitan su juguete favorito. Lo único positivo de aquello fue que yo empecé a centrarme un poco más en los estudios y pasaron muchos meses en los que mi desenfreno masturbatorio descendió en picado. Ellos solían follar como locos un par de noches por semana, a veces sentí la curiosidad de acercarme a su habitación a echar un vistazo pero no era algo que me llenase tanto como cuando estábamos solas las dos aunque separadas por la puerta del baño.

    Esto cambio para mi sorpresa un día. A eso de media noche me levante para ir al baño y al pasar por delante de su habitación note un ruido extraño. No era el traqueteo habitual de Leo y su novio follando a todo trapo, la cama hacia mucho más ruido de lo habitual. La curiosidad me pudo. Abrí ligeramente la puerta y vi a Leonor con su novio y otro chico al que creí reconocer de la facultad. El otro chico, un estudiante portugués de origen africano, estaba tendido boca arriba en la cama con Leo encima, tumbada de espaldas sobre él. Su novio completaba la escena por encima. Me fijé y aunque no había demasiada luz vi como alternativamente los dos metían sus pollas por el coño y el culo de mi amiga. Ella gemía de placer, si no me hubiese despertado para mear ella me habría despertado igual con esos gemidos. El chico negro la penetraba con al menos veinte centímetros de polla que entraban por su agujero de atrás con tremenda facilidad. A los dos o tres segundos este retiraba su verga y su novio desde arriba hundía su polla en el coño, por como sonaba ese agujero también gozaba de muy buena lubricación. Así estuvieron varios minutos. Yo me quede en la puerta oculta tras la rendija y enseguida note que mi raja pedía guerra. Tenía un pijama viejo puesto porque era invierno, sin nada debajo. Hacía meses que apenas me masturbaba y casi sin querer al acercar las yemas de mis dedos y apartar los labios para acariciarme la entrada, estos se colaron hacia dentro primero dos y luego un tercero, era como si mi coño se los tragase. Cuando volví a prestar atención a lo que ocurría en aquella cama Leo tenía ya las dos pollas dentro simultáneamente. Estaba totalmente desnuda abierta de piernas con dos pollas entrando y saliendo al mismo tiempo de su culo y vagina. Se la veía feliz, quizás era una de esas fantasías que ahora podía marcar como conseguida en su curriculum. Todos hemos visto alguna vez una peli porno con alguna penetración doble e incluso actrices profesionales del cine X tienen problemas para rodar ese tipo de escenas, se las nota incomodas. Leonor al contrario gozaba cada segundo. Al cabo de unos minutos cuando creo que ya había tenido varios orgasmos los chicos deshicieron la postura y se pusieron uno a cada lado de Leo, ella irguió su torso, apoyo su espalda contra el respaldo de la cama y como si tuviesen todo ensayado de antemano agarró cada polla con una mano y empezó a comérselas. Su cara reflejaba felicidad, tan pronto se metía toda la polla negra de su lado izquierdo en la boca como la dejaba y se iba a por la de su novio que esperaba en su moflete derecho. En cuanto a mi conseguí no correrme rápidamente. Intentaba no tocar ni mi clítoris ni la parte exterior de mi vulva. Tenía ya toda mi mano derecha dentro menos el pulgar. Nunca antes había notado mi cono tan, no sé, elástico por dentro, parecía de silicona, suave, húmedo, flexible. Su jugo llegaba ya a mis rodillas por la parte interna de mis muslos. Quería sacar ya mi mano y frotarme el clítoris hasta hacerlo sangrar. Pero quería esperar y hacerlo cuando Leonor acabase el espectáculo que me estaba dando. Y no me hizo esperar, noté que aquellas dos pollas tampoco podían más y estaban a punto de estallar. Parecía que hasta para correrse habían ensayado porque por un momento pensé que iban a hacerlo sobre sus enormes melones pero no, Leo agarró fuerte las dos pollas y se las puso delante de su boca abierta casi entre los dientes. Los chicos la regaron casi al unisonó. La mayor parte de la leche lleno su boca. Resplandecía blanca en la tenue luz que iluminaba la habitación desde la calle. Ella lejos de darse por vencida todavía tenía ganas de más. Dejo salir todo el semen de su boca y poco a poco fluyo hasta sus pechos. Se lo repartió con las manos hasta embadurnar los dos pezones. Luego se los frotó y pellizcó durante unos minutos como si fuesen dos clítoris. Yo me corrí en ese momento, a pesar del frio tenía el pijama empapado de sudor y de mis jugos, casi no podía andar llegue como pude a mi cama y ya más cómoda rememore lo que había visto y como seguía muy cachonda y mi chocho ya no podía mas empecé a acariciarme el culo, mi enorme culo, no sin dificultad por su tamaño conseguí llegar al ano y tras juguetear con mi dedo unos minutos acabe metiéndome el mango de un cepillo con un poco de crema que remato mi noche más caliente en mucho tiempo con un orgasmo anal.

    Al día siguiente ninguna de las dos fuimos a clase. Yo no podía casi caminar y me dolía el culo. Cuando por la mañana me di cuenta del tamaño del cepillo me asuste y pensé que realmente debía estar muy caliente la noche anterior. De todos modos al verlo me puse cachonda de nuevo y me dije que al menos había valido la pena. Con el paso de los días Leonor se fue colgando más y más por su novio. Desde la noche del trió yo estaba preocupada por ella, por un lado me preguntaba qué clase de novio era aquel que compartía a su novia con otro hombre y al mismo tiempo me avergonzaba de mi misma y me veía como una mojigata llena de prejuicios y chapada a la antigua. Precisamente yo no era ejemplo de ortodoxia sexual. Todos estos pensamientos, bastante paradójicos, me hicieron alejarme un poco de la hasta entonces mi Diosa. Pasaron los meses y los años y poco a poco ambas fuimos avanzando con nuestras carreras. Aún así andábamos las dos ya por encima de los veinticuatro y aun nos faltaban varias asignaturas para nuestra graduación. Fue en el ultimo invierno que debíamos pasar juntas en aquella buhardilla cuando Leo recibió en muy poco tiempo dos duros golpes que la sumieron en una especie de depresión que yo, como pude, intenté hacerle pasar del mejor modo posible. Por un lado su novio de ya varios anos rompió con ella, no le pregunté por qué ni ella quiso contármelo pero lo cierto es que ella veía en esa relación un futuro que probablemente su novio nunca había contemplado. Por otro lado Leo se enteró, casi por casualidad, de la muerte de su madre biológica, con la que apenas había convivido y que casi no recordaba pero aun así esto la afectó muchísimo. Ella había sido adoptada muy pequeña, adoraba a sus padres adoptivos, su padre se dedicaba a negocios relacionados con la agricultura y la ganadería, podía decirse que era un hombre rico. Su madre, bastante más joven que su padre, tenía negocios relacionados con la peletería y esto era en lo único que chocaba con su hija adoptiva que odiaba ese mundo y juró desde muy joven que nunca se pondría una de esas prendas. Por lo demás, como digo, se adoraban.

    A Leonor le llevó varios meses ir saliendo de ese pequeño gran hoyo en el que había caído, yo estuve como decía muy pendiente de ella en todo momento. Perdí muchas clases incluso por estar a su lado. Nos habíamos hecho muy amigas, llevábamos ya casi cinco años conviviendo casi todo el año, salvo en verano, que cada una nos volvíamos con nuestros padres. Lo que le ocurría a la una afectaba a la otra. Yo seguía haciéndome mis pajas a su costa, pero no con la frecuencia del principio. Verla triste no me excitaba.

    Creo que era un lunes por la noche, ya en primavera cuando Leo empezó a salir a flote. Llegamos juntas a casa después de clase. Como cada día después de mi ducha me puse mi tanga y una camiseta, era nuestro uniforme oficial para estar en casa, así lo llamábamos. Me fui al sofá e iba a poner la tele, esta no se había encendido aún cuando vi en ella reflejada a Leonor. Me sorprendió verla casi desnuda, sin camiseta, solo con un tanga, nuevo por cierto, color purpura, minúsculo como todos los suyos.

    Había tardado una decima de segundo en darme la vuelta y la tenia detrás mía, casi desnuda, a centímetros. Yo la había visto cientos de veces desnuda, pero no a esa distancia, sin la puerta del baño entre nosotras. Estaba increíble, sus pechos cada vez me gustaban mas, con los años se habían caído un poquito y eso a mí me encantaba. Además había cogido un poco de peso y su culo lucia mucho más que años atrás. Sin decir nada se sentó a mi lado en el sofá, y como veía que yo no sabía que decir bromeó como solía hacer antes sobre el color de mi tanga, decía que nunca me las compraba blancas porque ese color delataba la calentura de mi rajita que enseguida las empapaba. Tenía razón llevaba siempre tangas oscuros.

    Tienes calor? Le pregunté medio en broma.

    No, me dijo. En realidad quería tener un detalle contigo.

    .

    Pues lo has tenido y muy bueno. Sabes que esas dos sandias me vuelven loca, le contesté.

    No, me refiero a un detalle real, material. Tráeme unas tijeras para desenvolverlo.

    Hacía tiempo que no veía una sonrisa así en su cara, miré a mí alrededor y no vi ningún paquete ni nada parecido a un regalo pero decidí seguirle el juego y me levanté a por unas tijeras. Con la excitación que tenía tarde en encontrarlas. Cuando regresé me senté de nuevo a su lado y ella se giro en el sofá hacia mí y abrió sus piernas indicándome con un gesto su coñito afeitado bajo la tanga.

    Por una vez el triangulo de tela no era transparente, ella siempre elegía los tangas más atrevidos, pero yo sabía que aquella raja siempre estaba perfectamente depilada. Yo no sabía qué hacer, estaba más cachonda de lo que había estado jamás, Leo hizo con dos de sus dedos el gesto de la tijera, indicándome que cortase el tanga por el triangulito. Así lo hice, y por su chocho vi asomar un enorme vibrador. Me quedé a cuadros. Sin esperarlo, para nada, había llegado el momento de quitarme el calentón que duraba ya años. Mi primera reacción fue preguntarle, como una tonta, como podía caminar con aquello dentro. No dejé que respondiese a la pregunta, cuando abrió la boca mi lengua estaba ya llegando a su garganta. Nos dimos un morreo que debió durar más de cinco minutos. Nuestras lenguas súper calientes se hacían un nudo, llegamos a hacernos daño sin querer al chocar nuestros dientes, »mi» vibrador seguía dentro de Leo pero hicimos un pequeño alto para encenderlo, mi coño ardía al frotarlo contra el muslo de mi diosa, dejaba caer todo el peso de mi cuerpo sobre mi rajita que se aplastaba contra aquel muslo que ya estaba completamente mojado con mi jugo. Nuestro morreo se convirtió en algo más parecido a un beso, yo me moría por bajarme a sus tetones pero su boca me atraía y mi primer orgasmo estaba a punto de llegar. Agarré a Leo por la parte superior de sus brazos y usándolos como punto de apoyo recorrí con mi coño todo el camino que iba desde su rodilla hasta su cadera varias veces, ella empezó a sobarme las tetas y chuparme los pezones y movía su muslo ligeramente para darme todavía más placer. El sofá se movió casi un metro cuando me corrí, caí rendida sobre Leo, mi boca volvió a besar su boca, y no perdí tiempo alguno para viajar hasta sus pechos que ahora estaban debajo de los míos, caídos hacia los lados, parecían dos flanes, nunca los había tenido tan cerca. Agarré uno de ellos primero y lo sobé y sobé mientras me comía su pezón, duro y enorme. Podría haberme dedicado a ello durante días pero también quería seguir hacia abajo, me faltaban manos y bocas para realizar todo lo que mi cerebro calenturiento me pedía en esos momentos. Decidí intentar calmarme y regalarle a Leonor un buen orgasmo, se lo merecía, imaginé que aquella era su primera relación lésbica y quería que fuese el polvo de su vida. Era difícil porque ella no paraba de hablar, me decía cosas que ni me atrevo a escribir aquí, y me ponía todavía más cachonda. Acabé acercándome a su coño para ver lo que había por allí. Estaba rasurado como siempre, el vibrador se había salido ligeramente hacia afuera y por los lados salía tanta »gelatina» que podía habérmela comido con una cucharilla.

    Lo apague y retire hacia afuera dejándolo sobre el vientre de Leo, ella lo cogió y se lo llevo a su boca para disfrutar de su jugo, la muy golosa estuvo callada durante varios minutos. Yo me lleve lo mejor: al quitar el vibrador de su agujero trajo tras de sí un torrente de sus jugos, parecía semen, blanco y espeso, una parte me lo cené en ese momento, otra parte fui extendiéndolo con mi lengua por todo el coño y me puse a la tarea de llevar a mi diosa al orgasmo. Fui trabajando con paciencia el clítoris y la entrada alternativamente con mi lengua hasta que por su respiración note que ya estaba a punto y le provoque el orgasmo pasándole toda la superficie de mi lengua varias veces de abajo a arriba, presionando con fuerza. Casi me desencajo la mandíbula, como decía antes quería que ella recordase ese día durante toda su vida. Leo tuvo que cerrar sus piernas al correrse. Mi cabeza se quedo atrapada entre ellas y yo empecé a reírme. Ella no se reía, por sus ojos me di cuenta que seguía disfrutando del orgasmo, volví a buscar su boca con la mía y ella me pidió que le dejase lamer mis labios y mi cara llenos del sabor de su coño.

    Estuvimos besándonos durante un buen rato. Mi conejito pedía cuidados de nuevo y Leo me soltó algo así como: Anita, me lo estoy pasando muy bien pero mi coño quiere algo más que caricias y un poco de látex. La pregunta era retórica pues antes de que yo abriese la boca ella había salido del salón. La oí acercarse a la puerta del piso y luego estuvo un momento en la cocina. Cuando volvió al salón me di cuenta que por muy guarra que yo llegase a ser, nunca podría competir con ella. En su mano traía un bate de beisbol que llevaba años junto a la entrada de casa, quizás propiedad de los antiguos vecinos. Mi cara le hizo gracia, me quede con la boca abierta. Me pasó el bate, y mientras se recostaba boca arriba en el sofá me susurraba: Ana, fóllame, fóllame bien, lléname el chocho. Agarre el bate con mis manos por la parte más gruesa y me puse a la tarea. Mi rajita tenía que esperar. Leonor enseguida me hizo un gesto: no quería el lado »delgadito», su fantasía era con el extremo gordo. Solté un uff. Tenía miedo de hacerle daño. Empecé con cuidado, acomode el bate sobre la vagina que abrió todo lo que pudo, tenía un pie en el suelo y el otro casi en la parte superior del respaldo del sofá. Fui presionando y girándolo suavemente ella movió un poco las caderas y aquello entró poco a poco hacia adentro, sin prisa, cuando tenía ya unos diez centímetros dentro agarre bien el bate con las dos manos y me puse a follarla con él, note que podía llegar ya al fondo de su vagina y que la madera estaba ya totalmente embadurnada de su leche así que pude sacárselo y penetrarla de nuevo, ya mucho más fácil. Ella no perdía detalle, me miraba, miraba al bate, se miraba sus pechos, creo que la excitaba mas el verse así abierta de piernas frente a mí con todo aquello dentro que el propio bate en sí. Seguí dándole un buen rato, mi raja ya goteaba de nuevo. Le pedí a Leo irnos a la cama para estar más cómodas, yo me lleve el vibrador y nada mas tumbarnos en la cama ella me pidió que continuase con el bate y le metiese el vibrador por detrás. Me negué rotundamente, no quería acabar la noche en urgencias. Ella me lo pedía por favor de una manera que era muy difícil decir que no. Ana, me dijo, pídeme lo que quieras a cambio. Yo no pedí nada porque ya tenía todo lo que quería. Finalmente llegamos a un acuerdo. La situación era un poco grotesca pero también divertida. El vibrador acabo empotrado hasta el fondo en su culazo y el extremo mas delgado del bate en su coño. Aguantó varios minutos y acabó corriéndose envuelta en sudor, su cama estaba empapada, tuve que ayudarle a caminar hasta mi cama, sus piernas seguían temblando un buen rato después. Mi Leonor era una mujer agradecida y me obsequió con otra hora inolvidable, el último orgasmo de la noche fue mío, con el vibrador esta vez en mi culito y su mano por delante, con paciencia, con maestría, me llevó al paraíso.

    Estuvimos hablando un buen rato antes de dormirnos. Yo le di las gracias por el regalo y de repente se puso seria, casi trascendente, me dijo: Anita, te debo un regalo pero uno grande, lo más grande posible y aun así no conseguiré compensar todo lo que me has dado tú todos estos años, especialmente este último. Lo de esta noche ha sido muy divertido, hace tiempo que te había comprado el vibrador y quería dártelo de un modo original pero muy pronto espero ofrecerte algo que te haga tan feliz como tú me has hecho a mí. Yo sé cuando Leo dice algo en serio y me dejó descolocada. Su familia tiene muchísimo dinero, mis padres también tienen una buena posición, aunque a otro nivel, ninguna de las dos teníamos grandes necesidades materiales. Como a cualquier chica joven nos gustaba la ropa, y podíamos comprar toda la que necesitábamos, ambas teníamos coche, aunque solo los utilizábamos en verano, en fin, podría citar cincuenta cosas más que aunque ella me regalase no justificarían la trascendencia de sus palabras. Le hablé claro: Me asustas un poco cuando te pones tan seria. No soy desagradecida pero sabes que tu amistad es el mejor regalo que puedes hacerme. No necesito más. Quiero tenerte cerca el resto de mi vida, aunque te cases y tengas ocho niños yo quiero seguir ahí, seré la tía Anita, tu marido me odiará. Leo cambió su expresión y sonrió de nuevo. Vale tía Anita, me dijo, no tienes ni idea de lo que puede ser. No todo se compra y vende necesariamente. Te va a encantar y no me va a costar ni una peseta. Un perro!, exclame yo. Leo soltó una carcajada y gritó un largo No.

    Dormimos juntas y yo me dormí pensando en las palabras de Leonor, mi mejor amiga y también la persona más obstinada que conocía La conocía tan bien que sabía que ese regalo llegaría, tarde o temprano, y esto me producía cierta desazón.

    Nuestra relación fue, si es posible, todavía mejor a partir de ese día. El verano se acercaba y cada vez pasábamos más tiempo juntas. Apenas un par de fines de semana nos fuimos a visitar cada una a nuestros respectivos padres. Hacía varios veranos que Leo me invitaba a su casa en verano. Sus padres solían veranear en un pequeño pueblo en la costa portuguesa. Un domingo por la noche cuando ambas regresamos de visitar a la familia le di la buena noticia a Leo. Mis padres se iban de crucero durante casi un mes para celebrar con varios años de retraso sus bodas de plata. Nos abrazamos y nos pusimos a saltar y chillar en el salón como chiquillas.

    Las dos volvimos a tener alguna relación esporádica Leo se trajo a un par de chicos a casa, de uno en uno, quiero decir. Con el segundo me avisó al mediodía y me dijo si quizás me apetecería participar, yo decliné y me lanzó una de sus habituales diatribas: que lesbiana eres. Lo bueno era que siempre adornaba este tipo de comentarios con un beso en la boca. Así era muy difícil tomárselo a mal. Yo por mi parte, también tuve mi rollito. Un día invite a casa a una chica que trabajaba en la frutería, cerca de casa, en la que solíamos comprar. Era una chica muy guapa de unos treinta años, un poco gordita. Sus padres eran los dueños y hacía mucho tiempo que solía hacer lo posible por atenderme para entablar conversación. Varias veces nos habíamos dicho que teníamos que quedar para charlar y tomar algo y finalmente me decidí. No estaba segura de que fuese de las mías, ella tenía novio, pero me atraía bastante. Al mediodía le pedí a Leo que si podía quedarse en su habitación y dejarnos solas por la noche.

    -Leo. Quien es ella? La conozco?

    -Ana. La chica de la frutería

    -Leo. La gordita?

    -Ana. Si la gordita.

    -Leo. Y vas a poder tu sola (sonrisa picara)

    -Ana. Si necesito ayuda te aviso.

    -Leo. Pero es lesbi?

    -Ana. Pues (dudando) no estoy segura.

    -Leo. (Divertida) Pues a estas alturas yo no quiero cambiar de frutería, empléate a fondo y déjala satisfecha.

    -Ana. No sé, ya tanteare el terreno antes de lanzarme. Espero no quedarme con el calentón.

    -Leo. (Medio en broma medio en serio) Si la cosa no va vente a mi habitación, tengo la regla pero te hago un favor.

    Acompañó sus palabras con un explicito movimiento de sus dedos. Yo contesté con un beso en su mejilla.

    Desde nuestro polvo inaugural habíamos dormido varias veces juntas, no queríamos hacerlo habitual, sería caer en la rutina. No éramos pareja. Eso lo hacía especial, era como una cita. Por supuesto esas noches eran muy largas, por la mañana solíamos repetir, nunca nos levantábamos sin habernos regalado tres o cuatro corridas la una a la otra. Por la noche mi cita fue bien, mi amiga la frutera tenía un desnudo impresionante y me excito muchísimo cuando me di cuenta que Leo nos espiaba desde la puerta entreabierta. Estábamos las dos con nuestros coños pegados haciendo la tijera cuando vi que la puerta se abría unos centímetros, la chica estaba tan caliente que no hubiese oído un terremoto, por una vez yo era la observada y no al revés. Leo se quedo allí un buen rato, luego lo primero que me dijo fue que si no hubiese tenido la regla se hubiese unido y habríamos tenido fruta gratis el resto de nuestras vidas. La chica se fue a eso de las doce. Quedamos en que había que repetirlo. Por suerte, para ella fue solo sexo, porque yo lo había pasado bien pero nada más. La despedí y me fui disparada a meterme en cama con Leo. Me soltó lo del trió nada más entrar. Ella me estaba esperando, le pregunte si quería que me diese una ducha y ella contesto comiéndome la boca y lamiendo mi cara. Deliciosa, me dijo, sabe a fruta. Estábamos solas, nadie podía oírnos, pero en cama siempre hablábamos bajito.

    -Ana. Pero tú no eras hetero?

    -Leo. Y lo soy, me susurro. Entre miles de millones de mujeres solo me gustas tú, eso es ser hetero con un pequeño tropiezo.

    -Ana. Y lo de que te hubieses hecho un trió con mi amiga?

    -Leo. Ya, pero te habría pedido permiso. Sería más un halago hacia a ti que otra cosa.

    Me hablaba en un tono que me recordaba a la casi niña que conocí años atrás cuando comenzamos a vivir juntas. Era casi imposible hablar en serio con ella sobre nosotras, enamorarme hubiese sido una locura, ni ella misma tenía claro lo que sentía por mi y, si lo tenía, no encajaba en ninguna convención social para definirlo. No había palabra en el diccionario para adjudicarle a lo nuestro, éramos novias, amigas, hermanas o nada de eso.

    A la mañana siguiente estaba claro que nadie me subía al paraíso como Leo. Nos despertamos abrazadas, era sábado y estuvo jugando con mi rajita durante más de una hora, me llevaba casi hasta el orgasmo y paraba cuando estaba a un solo roce de explotar. Dejaba que me enfriase un poco y volvía a la carga, escuchaba mi respiración, su boca y sus dedos mandaban en mi vagina, me aceleraba y frenaba como si fuese un simple mecanismo en sus manos, ella estaba en mi cerebro. Llegaba a un punto en que yo intentaba acercar la mano a mi clítoris y correrme ya de una vez porque no podía más pero ella, que era más fuerte, me agarró con firmeza y me ordenó darme la vuelta. Estuvo acariciando mi culo varios minutos, vigilaba mis brazos para que no los acercara a mi vulva. Con su lengua empezó a lamerme el ojete con mucho cuidado y untando sus dedos en mi conito se los lubricaba tan bien que sin necesidad de crema hidratante enseguida acabo metiéndome dos de sus dedos por detrás. Era toda una experta los metía y quitaba con total facilidad. Mi vagina se beneficiaba de cómo me follaban aquellos dos dedos y yo movía mis caderas como si fuese un caballo salvaje, Leo ponía todo el peso de su cuerpo sobre mi espalda y sujetaba mi brazo derecho pero ni así podía contenerme. Yo le suplicaba correrme ya pero ella se acercaba a mi oído y me decía que no quería que aquello se acabase nunca y eso me calentaba todavía más. Al final se apiadó de mí y me ofreció elegir como quería correrme. Estábamos las dos jadeando, Leo dejó que me diese la vuelta y en cuanto pude llevé mi mano al chocho y empecé a frotarlo como nunca antes, ella se rindió y me dejo hacer, no podía besarme en la boca porque yo necesitaba aire, me hubiese ahogado pero me besaba en las mejillas, cuello y orejas. Me sorprendí a mi misma al no correrme en menos de cinco segundos, aguante quizás un minuto o dos frotándome todo lo rápido que podía Por fin me corrí diciendo gracias, gracias sin parar y apretándome mi cuerpo contra el de Leo. Estaba rendida intente corresponderle a Leo pero no pude, ella se masturbo a mi lado. Levaba el tampax puesto y se corrió enseguida tocándose el clítoris Nos dormimos de nuevo toda la mañana y nos despertamos por la tarde muertas de hambre. Fue un gran día .

    Julio llegó y solo tres días antes de irnos de vacaciones a Portugal el padre de Leonor nos visitó para pasar un par de días con su hija. Se alojo en un hotel no lejos de nuestra casa. Se iba a Madrid durante unos días y luego de viaje de negocios a Argentina, Uruguay y Brasil por un mes. Yo ya lo conocía y fue muy amable conmigo, les acompañe a comer y cenar el primer día en los mejores restaurantes de la ciudad, nos llevo de compras, hizo varios regalos a Leo sobre todo un bolso carísimo y alguna joya. Era un hombre muy educado, sesenta y cinco años, había triunfado en los negocios pero no pensaba en retirarse y disfrutar de lo conseguido, al contrario estaba lleno de planes y soñaba con que Leo se hiciese cargo algún día de sus negocios. Había llegado a Salamanca en el coche de Leo para dejárselo a ella y se fue a Madrid en un coche de alquiler con chófer. El segundo día les deje solos para que pudiesen hablar de sus cosas. Yo había recibido también la visita de mi madre unos días antes, quería despedirse de mí antes de irse de crucero con mi padre y la tuvimos en casa un interminable fin de semana. No paraba de preguntar a Leo si yo tenía novio, porque yo no le contaba nada y Leo decía: bueno, algo hay lo que pasa es que Anita es muy reservada. A ella le parecía divertido, a mi no me hacía gracia, pero que iba a decirle? No señora, a su hija me la estoy tirando yo y también la gordita que atiende la frutería al final de la calle. Se hubiese muerto allí mismo.

    Prefiero no dar detalles sobre nuestros estudios, ni hablar de graduaciones, asignaturas etc…

    Mis padres estaban a punto de comprar el piso en el que vivíamos de alquiler así que dejamos nuestras cosas en él, además todavía deberíamos pasar algún tiempo en allí al año siguiente. Nos hubiese resultado duro despedirnos de aquella casa, Leonor se alegro muchísimo cuando le comenté lo de la compra.

    Antes de continuar me gustaría describir la casa de Leo en la que pasamos aquel maravilloso verano. Es el lugar en el que he sido más feliz en toda mi vida.

    Estaba situada a apenas un kilómetros del pequeño pueblo a orillas del Atlántico. Era una casa de tres plantas, la única de esa altura en todo el pueblo y probablemente en toda esa zona. Eso la hacía parecer un castillo, majestuosa en lo alto de un pequeño acantilado. A apenas 100 metros de distancia un estrecho y empinado camino bajaba hacia la playa. Había sido construida en los años 70 por los abuelos paternos de Leo. Ella había veraneado allí desde que era capaz de recordar e incluso tenía algunos amigos en el pueblo. La casa tenía tres plantas más sótano. La primera estaba enteramente dedicada a garaje, un pequeño trastero, y una despensa con un gran congelador donde se guardaban todo tipo de precocinados, también había vinos y licores en abundancia y muchas más cosas, parecía un pequeño supermercado. Un viejo deportivo era el único » inquilino »del garaje, se encontraba a medio restaurar, su padre había empezado hacía años y era su eterno proyecto inacabado, su Escorial. La madre de Leo siempre dejaba su coche, un gran todoterreno, fuera. La primera planta estaba dedicada casi por completo a cocina y comedor más un pequeño tendedero con una lavadora, allí la pared tenía huecos por donde entraba la brisa del mar pero no la lluvia. Acabó siendo uno de mis lugares favoritos. La cocina no parecía en absoluto la de una casa de veraneo, al contrario, estaba equipada con los mejores utensilios y electrodomésticos de aquel momento. Tenía un gran ventanal justo detrás del fregadero y la encimera desde el que en días sin niebla podían verse varios kilómetros de costa hacia el sur. Solíamos comer allí, aunque al lado teníamos un enorme comedor. Estaba decorado con bastante buen gusto, mesa para comer, un enorme sofá, rodeado de varias butacas muy cómodas donde solíamos dormir la siesta si no hacía buen día. Otro ventanal en la pared opuesta al de la cocina ofrecía otra vista de postal pero hacia el norte del pueblo. También había un televisor con un Dvd y un receptor de satélite, aunque apenas lo utilizábamos. Por último en esta planta había un cuarto de baño que había sido añadido hacia pocos años ya que la casa fue construida con uno solo en la tercera planta y un pequeño despacho. En esta última planta había tres habitaciones, eso sí bastante grandes las tres, dos de ellas estaban abuhardilladas y la más grande contenía ahora el baño original de la casa, en la reforma se le había incluido una enorme bañera que tenía justo encima dos ventanas en el techo que era en realidad el tejado. Esa era la habitación de la madre de Leo y tenía también un vestidor repleto de toda su ropa, eso sí ni una sola prenda de piel pues ella sabía que eso la podía enfrentar con su hija. Aunque en ese momento no lo sabíamos incluso estaba comenzando el proceso para vender su negocio. Su habitación tenía también una gran caja fuerte en la pared, me pareció curioso que no tuviese un cuadro encima, es lo que todos hemos visto siempre en el cine. En un descansillo, entre las tres habitaciones, por una puerta de aluminio se llegaba a una terraza llena de macetas con flores, que la señora que venía por la mañana a hacer algo de limpieza cuidaba durante todo el año. También se podía desayunar o cenar allí en una pequeña mesa y no faltaban unas tumbonas para tomar el sol. Había también varias sombrillas y un toldo que podía cubrir gran parte de la azotea. La vista era increíble desde allí arriba. Casi daba vértigo mirar hacia abajo, a la altura de la casa se sumaba la del pequeño acantilado a un extremo de la playa en cuya parte norte nos encontrábamos. A lo lejos se veía el pequeño pueblo repleto de casas de planta baja que se apiñaban en torno al puerto. Aparte de esto ni un solo rastro más de actividad humana. Ni casas, ni coches, ni campings, ni urbanizaciones a pie de playa … solo más y más kilómetros de costa hasta donde la vista alcanzaba. La casa tenía un sótano, con (sorpresa) una piscina climatizada. Solía tener el agua a unos veinticinco grados para evitar problemas de condensación y aunque apenas tenía un par de metros de ancho si tenía unos doce de largo, casi la longitud de la vivienda. Con la iluminación del fondo azul de la piscina el sótano parecía más una habitación de lujo que otra cosa. No faltaba detalle, a un lado había un gran mueble bar repleto de bebidas, también una nevera, otro mueble con toallas y más tumbonas y una pequeña mesa. La madre de Leonor disfrutaba mucho con el agua. Por eso me extraño que estando rodeada la casa por unos muros de unos cuatro metros de altura y teniendo un enorme jardín de unas tres hectáreas no se hubiesen construido una piscina. Supongo que estando el mar al lado de casa no les habría parecido necesario. El jardín estaba repleto de árboles, por lo que no necesitaba grandes cuidados. Muchos de estos árboles habían sido traídos por su padre de sus viajes. En una zona más cercana a la casa si había un huerto de apenas cinco por cinco metros donde Lara cultivaba tomates. Se me olvida mencionar que la piscina ocupaba solo una parte del sótano, un tabique con una hilera de pequeñas ventanas opacas en su parte superior y una puerta de metal con un gran candado guardaba la única estancia de la casa a la que en principio no teníamos acceso.

    Tras casi seis horas de viaje con varias paradas para comer, repostar y consultar el mapa de carreteras, por fin Leo, que conducía, reconoció el lugar donde nos encontrábamos. No estábamos perdidas. Empezábamos a dudar de los lugares por dónde pasábamos, quizás el padre de Leo, con el que ella siempre había hecho el viaje, siguiese otra ruta, pero Leo dijo conocer ya aquella zona. Estábamos a media hora de casa. Por si acaso yo había llamado a Laura, la madre de Leo, mientras ella repostaba en la última parada que habíamos hecho. Queríamos tranquilizarla, por si se nos hacía tarde. La cobertura para los móviles era bastante desigual durante todo el viaje.

    Por fin vas a conocer a mi madre, me dijo Leo. Tenía razón. A las dos nos parecía increíble que nunca, en tantos años hubiésemos coincidido. Yo había hablado con ella muchísimas veces, sobre todo los primeros años cuando todavía no teníamos móviles, luego menos porque en vez de llamar a casa lo hacía al de su hija. El caso es que varias veces que se había acercado a Salamanca para visitar a Leonor yo estaba en casa de mis padres. Ella tiene muchísimas ganas de verte, se alegró de que tus padres se vayan de crucero y te dejen sola, me dijo Leo. Ya sabes que yo también. Mi amiga había estado callada durante todo el día, podría decir incluso varios días. La notaba preocupada, pero no sabía por qué. Intenté tenderle mi mano durante el viaje varias veces para saber que ocurría pero fue en vano.

    Finalmente a lo lejos apareció la casa de Leo. Pudimos verla bastante antes que el pueblo. Leo acercó el coche al enorme portal de la finca, yo busqué en la guantera el mando a distancia que lo abría y por fin entramos. La madre de Leonor nos esperaba a medio camino hacia la casa. En ese momento mi corazón empezó a latir a toda pastilla. Supongo que todos tenemos un ideal de hombre o mujer, cuando digo ideal doy por supuesto que esa persona no va a existir, es solo eso: una idea, una ensoñación. Cuando yo fantaseo me excita pensar en una mujer a la que le pongo cara, pechos, culo, piernas, no necesariamente por este orden; es mi fantasía y elijo lo mejor, le pongo un buen par, si es mi sueño por qué voy a conformarme con unas tetitas pudiendo tener dos buenos melones. Pues bien lo terrible es que mi fantasía existía y estaba allí de pie esperando a que bajase del coche para abrazarme. Y así lo hizo, primero se fundió en un abrazo con Leo, que continuó con el coche los cincuenta metros que nos separaban de la casa y luego vino hacia mí y me beso en las mejillas antes de abrazarnos. Mi corazón latía tan fuerte que podía oírlo. Me encantó el olor de su cuello, era un perfume que no conocía pero ya era mi favorito desde ese momento. Lara era una mujer muy guapa, ojos marrones, pelo castaño recogido en una trenza, piel ligeramente morena por las dos semanas que llevaba ya de vacaciones, me encantaban sus brazos, especialmente esas manos grandes pero de finos dedos. Llevaba puesto un vestido de los de ir a la playa, casi hasta la rodilla, parecía algodón, ligerísimamente transparente, de color blanco con franjas azules horizontales, bastante apretado, tirantes que dejaban sus hombros a la vista con poco escote por arriba y dos grandes aberturas por los lados que llegaban hasta sus caderas. La madre de Leo tenía una figura increíble, muchísimo más alta que nosotras, casi un metro ochenta, no llevaba sujetador y me mareaba al ver aquellos pechos, en eso se parecía a su hija, aunque fuese adoptada, ambas competían en talla de sujetador con, quizás un par de tallas a favor de la madre. Aunque aparentaba mucho menos de cuarenta yo sabía que Lara tenía cuarenta y seis, aún así esas dos tetas se aguantaban perfectamente erguidas, solo ligeramente aplastadas a los lados por aquel vestido que claramente estaba un par de tallas por debajo de lo que cualquier mujer menos segura de sí misma se atrevería a lucir.

    Tragué saliva y tras los saludos subimos parte del equipaje que traíamos a las habitaciones de la tercera planta. Leo y yo cogimos las maletas más pesadas y Lara una mochila mía y una bolsa de deporte de su hija. El mundo se paró cuando me encontré subiendo escaleras arriba. Leo me cedió amablemente el paso y Lara subía delante de mí. Entonces pude contemplar lo que hasta ese momento solo había intuido. Delante de mis ojos, a apenas unos centímetros, tenía el culo más impresionante que en mi vida había visto. Era un culazo al límite. Era todo lo grande que podía ser sin llegar a lo grotesco, pero no lo era porque sus formas eran perfectas. Redondito, parecía mullido como una almohada de algodón. Las nalgas se movían como flanes escaleras arriba. Un tanga tan ajustado como el vestido gritaba estoy aquí, envidiame. La naturaleza me regaló una imagen que aún arde dentro de mi cerebro años después: al llegar al primer descansillo del primer piso el sol del atardecer atravesó la fina tela de aquel vestido y llegó a mis ojos mostrándome aquellas caderas y piernas que completaban la anatomía de mi mujer diez. Aquellos muslos que las aberturas del vestido dejaban ver eran lo suficientemente gruesos para acompañar con solvencia semejante trasero, más gruesos o más delgados también hubiesen desafinado en una partitura que sonaba muy bien de principio a fin. El resto de las piernas de Lara hablaban de una mujer que se quería y se cuidaba, depiladas a la cera, con ese brillo inconfundible y sobre todo aquella piel tan joven, tan sedosa, ni rastro de celulitis ni varices, incluso en la frontera entre muslos y nalgas que el vaivén del vestido me dejaba ver. Seguramente participé en la conversación mientras subíamos pero ni me acuerdo. Al final el mundo arrancó de nuevo, llegamos al descansillo del tercer piso y tuve que separar mi cara de aquella escultura. No me gustan mucho expresiones machistas como mujerón o maciza pero reconozco que no hay adjetivos mucho mejores para definir aquel cuerpo. Y dicho esto Lara vista en conjunto era una mujer, si no delgada en absoluto pasada de peso , su vientre era la envidia de cualquier veinteañera como nosotras, cuello y cara estilizados. Era un sueño de mujer. Me duele definirla como si fuese un objeto, un purasangre en un concurso equino, pero ya tendré tiempo más adelante de hablar de la mujer que había dentro de ese cuerpo a la que pronto valoré como ser humano, más allá de ese físico que tan impresionada acababa de dejarme.

    Debí parecer tonta mirando al suelo cuando Lara nos preguntó si íbamos a compartir habitación o no. Sentía en mis mejillas ese calor que acompaña a la rojez de la piel. Tenía miedo que ellas notasen el shock que acababa de experimentar. Me tranquilicé al ver que las dos jadeaban después de subir hasta la tercera planta. Hice un comentario, algo así como: guau la próxima vez nos traemos menos equipaje y levanté la vista. Mis ojos se cruzaron con los de Leo y su sonrisa pícara me decía: a mí no me engañas. Qué bien te lo has pasado escaleras arriba. Me conocía demasiado bien. Podía leer mi mente.

    Mami, si no te importa ya decidimos mientras veníamos hacia aquí usar las dos habitaciones. A mí me parece perfecto, dijo Lara.

    Lara se llamaba en realidad Laura pero desde niña empezaron a llamarla así. Leo arrastró su equipaje hasta su habitación de todos los años y Lara me acompaño a mí para ayudarme a instalarme. Su voz era suave como su piel. Estuvimos unos veinte minutos poniendo mi ropa en los armarios, me ofreció todo aquello que pudiese necesitar y no me hubiese traído. En tan poco tiempo ya me resultaba una persona muy cercana. Su carácter era muy parecido al de Leo, bromeando continuamente, abierta, sincera, segura de sí misma, generosa y además muy joven de actitud ante la vida. Mis padres tenían un par de años más que ella pero una moral mucho más cerrada. Tras preguntarme si podía dejarme sola unos minutos para bajar a ducharse en el baño de abajo, nos ofreció a Leo y a mí la enorme bañera que su baño tenía. Me imagino que estaréis muy cansadas. De acuerdo mami grito Leo desde su habitación.

    En ese momento me di cuenta de que Leo había recuperado su habitual buen humor. La habitación de Lara estaba abierta y al fondo también el cuarto de baño tenía su puerta abierta con la enorme bañera ya llena de agua tibia. Me llevé mi bata y tras desnudarnos nos metimos en la bañera y empezamos a charlar.

    -Ana. Me alegro de que estés más animada. Me habías preocupado estos últimos días, sobre todo hoy. Ahora te veo feliz. Echabas de menos a tu madre?

    -Leo. No. Olvídalo. Algo me preocupaba y ahora ya no. También un poco cansada. No te preocupes. Y tú qué tal? Qué te parece mi madre?

    -Ana. Me encanta. Tan amable, me ha ayudado con todo mi equipaje, me hace sentir muy bienvenida.

    Mientras yo hablaba Leo esbozaba esa sonrisa suya que tan bien conocía.

    -Leo. Sabes que no me refiero a eso.

    -Ana. Es muy guapa pero sabes que solo tengo ojos para ti.

    -Leo. No me digas esas cosas que no soy de piedra.

    En ese momento ella salto hacia mi lanzando un montón de agua fuera de la bañera y empezó a hacerme cosquillas y meterme mano, era algo que hacía muy a menudo. No la rechace pero tenía miedo que su madre subiese y nos sorprendiste en esa tesitura. Leo paró y se quedó a mi lado rodeándome con su brazo sobre mis hombros. Nos quedamos en silencio mirando al cielo a través de las ventanas del techo, justo encima de la bañera. Ya era de noche pero hacía calor. Leo separó mis piernas y metió su mano bajo el agua, le gustaba saber si mi conejito estaba húmedo. Lo hacía algunas veces desde nuestra primera noche . Aun dentro del agua sus dedos notaron perfectamente lo resbaladizo de mi coñito. Yo hice lo mismo. Ella también estaba caliente. Note que hacía tiempo que no se depilaba, me gusto el tacto distinto al habitual. Oímos subir a Lara, se había duchado y preparado algo para cenar. Nos habló desde la habitación sin entrar en el baño.

    -Lara. Chicas, vais a dormir en la bañera

    -Leo. Se está tan bien.

    Lara se acercó al dintel de la puerta, llevaba una bata blanca de seda preciosa que le cubría hasta la mitad de los muslos. Ahora tenía el pelo suelto y todavía mojado. Las dos la miramos con admiración. Parecía una actriz de Hollywood.

    -Lara. Lo sé cariño, tenéis que estar muy cansadas. He preparado unas ensaladas, solo falta aliñarlas. Cuando os parezca bien bajáis.

    Las dos le dimos las gracias y prometimos bajar enseguida. En cinco minutos estábamos secando, recogiendo y limpiando el baño que Lara nos había cedido. Era precioso, grande, con azulejos azules y blancos a distintos niveles. Poniéndote de pie en la bañera podías ver el mar. No hacía nada de frío y la noche era estrellada, sin una sola nube en el cielo.

    Al acabar de secarnos me surgió una duda. Todo apuntaba a que Leo iba a bajar de uniforme, tanga y una mini camiseta de tirantes, pero yo no sabía que ponerme.

    -Ana. Leo vas a bajar así?

    -Leo. Si, se está muy bien. Todavía hace calor. Por qué?

    -Ana. Yo no sé qué ponerme. No sé qué va a pensar tu madre si bajo medio desnuda como tú.

    -Leo. Ana te quiero mucho y no quiero ofenderte pero mi madre no es como tus padres, de misa de domingo y comer pescado en semana Santa.

    Leo me habló con mucho cariño, con voz muy suave, estaba detrás de mí secándome la espalda y me beso en el hombro con mucha suavidad. Tenía razón mis padres eran de moral bastante estricta. Yo había estudiado en colegios religiosos desde los diez años.

    Uy, nos hemos puesto demasiado serias dijo Leo. Empiezo a hablar como una vieja. Mira ponte lo que quieras pero te aseguro que lo qué somos nosotras, se refería a su madre y ella, te vas a cansar de vernos el culo todo el verano. Leo salió disparada del baño riéndose y gritando: el baño me ha abierto el hambre. Me quedé sola y opté por el término medio. Me puse una de las pocas bragas que tenía y que por suerte había puesto en mi equipaje. Era casi transparente por detrás y por supuesto oscura, pero un azul bastante bonito. Antes de bajar me sequé mi rajita con una toallita, estaba empapada.

    Bajé y Lara y Leo me esperaban sentadas en el sofá frente al enorme televisor que presidía esa parte del salón. Me mareaba ver a Lara ahora en bata que apenas llegaba un poco más abajo de su cintura. Me pareció que no llevaba nada debajo. El pecho derecho casi se salía de su sitio, estaba anudada de un modo muy descuidado, además como solía hacer su hija iba descalza y eso era algo que a mí me encendía todavía más. Las tres nos fuimos a la cocina y esta vez yo me adelanté. Y mi culazo fue el protagonista.

    Mientras cenábamos Lara nos puso al corriente del problema que tenía con la señora que cada mañana ayudaba en casa.

    -Lara. Haber niñas os cuento la situación. Fátima tiene a su hija a menos de una semana de dar a luz y no va a poder venir más que dos o tres días más. Tenemos dos opciones, Fátima puede ayudarnos a contratar a alguien nuevo, pero evidentemente sería meter una persona desconocida en casa, la otra opción es que nosotras nos distribuyamos las tareas.

    Las dos al unísono apoyamos la segunda opción. Nos repartimos las tareas. Cada una se ocuparía de su habitación y yo y Leo ayudaríamos a Lara con la suya, mucho mayor y con el baño que usaríamos para evitar, especialmente de noche tener que bajar al de la segunda planta. Yo me ocuparía de la colada, Lara de cocinar, Leo de pasar el aspirador etc..

    Era ya tarde y estábamos muy cansadas, recogimos la mesa, pusimos el lavaplatos y tras comprobar Lara que tanto el portal de la finca como la única puerta que tiene la casa estaban correctamente cerradas subimos juntas hacia las habitaciones. Esperé un momento para ver si Lara o Leo cerraban sus puertas, Lara dejó la suya abierta pues el baño estaba en su habitación y Leo también así que yo hice lo mismo. Me quité la camiseta y me metí en bragas en cama. El silencio era absoluto, no se oía ni el ruido del mar, tenía sueño pero también estaba muy excitada. Las imágenes de Lara iban pasando rápidamente por mi cabeza. La cena había sido muy agradable, habíamos charlado como si nos conociéndonos de toda la vida, había disfrutado viendo aquellas piernas, aquellos muslos. Aquellos melones inquietos debajo de la seda moviéndose como flanes. Oí la fuerte respiración de Leo, conocía ese jadeo, yo no podía dormir tampoco con mi coñito latiendo como si fuese un segundo corazón. La habitación de Leo estaba pegada a la mía, su jadeo me ponía aún más cachonda, me quité las bragas y me puse a darle un buen masaje a mi clítoris, quería correrme rápido, hacia horas que ya no podía más con las ganas. Oí a Leo, se corrió enseguida y yo tardé muy poco más.

    Dormí de un tirón, me desperté triste, preocupada. Era absurdo, no había sido un sueño, mi mujer ideal existía, la has conocido ayer me decía y debe seguir en algún sitio de esta casa. Intenté quitarme esa angustia y me fui hacia su habitación, además me estaba meando. Vi su cama vacía, por suerte porque iba completamente desnuda, se me había olvidado ponerme algo. Volví a la habitación y cogí mi bata, volví al baño y luego me lancé escaleras abajo. Leo estaba todavía dormida. Encontré a Lara en la cocina, necesitaba asegurarme que mi imaginación calenturienta no me había jugado una mala pasada. Lara estaba sentada en la mesa de la cocina desayunando. Al verme se levantó preocupada.

    -Lara. Cariño te encuentras bien ? Estás completamente blanca.

    -Ana. Sí, bueno he tenido una pesadilla y me he levantado algo angustiada.

    Ella me abrazó y pegó mi cara contra sus pechos. Sentí sus brazos rodeándome, me tranquilicé al ver que todo seguía en su sitio. La caída de la bata sobre su cuerpo delataba la presencia de aquel culazo, seguía en su sitio, mi tortura continuaba. Llevaba una bata más bonita todavía que la del día anterior, de estilo oriental, roja y con motivos dorados. Corta, muy corta. Poco a poco iba perdiendo la vergüenza que siempre tuve cuando me gustaba alguna chica mayor que yo y empecé a mirar con menos disimulo. Cuando nos separamos la cadena de mi cuello se enganchó en la bata y esta se abrió casi del todo. Lara me dijo cuidado Anita y se acercó de nuevo a mí para evitar romperla. Arqueo sus brazos y encontró el cierre de la cadena en mi nuca, lo abrió y está vez si pude apartarme. Delante de mí deshizo completamente el nudo de la bata para poder acercar a sus ojos la zona, al nivel del pecho, donde mi cadena seguía enmarañada. Vencí mi timidez y me recree en la vista, Lara no llevaba nada debajo, me quedé mirando el coño más goloso que he visto en mi vida. No me sorprendió que estuviese casi totalmente depilado, sabía que Lara se había hecho la depilación láser el verano anterior, algo bastante novedoso y exclusivo en aquella época, lo más goloso para mí era lo marcada que tenía la vulva, carnosa, con muy poco vello, parecía un melocotón amarillo, jugoso, quizás la depilación, que solo dejaba ya crecer vello en los labios externos ayudaba a crear aquel efecto. Se me hizo la boca agua pensar que delicioso sería comerse aquel manjar. No presté atención a los pechos ni a los muslos ni a aquella barriguita tan hermosa, me quedé hipnotizada mirando y guardando cada detalle para dedicarle mi próxima paja.

    -Lara. Ya esta cariño.

    -Ana. Gracias.

    -Lara. Te gusta?

    Se refería a su pubis. Conteste tomando la pregunta en el estricto sentido estético.

    -Ana. Me encanta. Está precioso.

    -Lara. La verdad es que sí y resulta muy cómodo pero su sacrificio cuesta. Son muchas sesiones de laser.

    -Ana. Duele?

    -Lara. Bueno, a mi edad si una quiere cuidarse hay un precio que pagar.

    -Ana. No digas eso. Tu edad es perfecta. Estás increíble.

    La bata seguía abierta y yo continuaba mirando a alternativamente sus ojos y su coño cuando las dos nos asustamos. Leo rompía aquel silencio con un sonoro: buenos días, si molesto me vuelvo a la cama.

    Las tres nos reímos, la bata se cerró y Leo nos dio una buena palmada a cada una en el culo.

    -Leo. Me alegro que hayáis intimado tan rápido (riéndose y mirándome). Has visto el coñito de trescientos mil escudos.

    -Lara. Bueno ha sido un pequeño accidente.

    -Leo. Lo sé, os he oído desde el salón. Me alegro mucho de que os llevéis tan bien.

    -Ana. Pero qué es eso de los trescientos mil escudos?

    -Lara. Bueno, es el precio del tratamiento, me lo hice el año pasado aquí en Portugal.

    Continuamos charlando mientras desayunábamos. Lara ya había acabado y se puso a recoger algo la cocina. Yo, tras el mal comienzo del día me sentía ahora feliz. Lo tenía todo. Las dos mujeres que mas me habían gustado en mi vida y yo, solas en aquella casa, el día era radiante, no eran ni las nueve y ya hacía calor.

    Aunque innecesario precisar fechas sí que tengo la sensación de que en un tiempo más cercano nada hubiese sido igual a como lo fue en aquel verano. La sensación de aislamiento que vivíamos nos hacía estar más unidas, un teléfono fijo en el salón con un supletorio en la habitación de Lara era toda nuestra comunicación con el mundo. Internet todavía estaba naciendo, las tres teníamos ya un móvil gsm pero en aquel lugar de la costa portuguesa faltaban años para que llegase el servicio. Aparte de la televisión y un equipo de música solo la lectura y la conversación eran nuestro entretenimiento. No nos pasábamos el día pendientes de redes sociales ni páginas web ni smartphones. El tiempo discurría despacio, los días parecían eternos, pero eternos no significa aburridos, de eso estoy muy segura.

    Leo había bajado medio desnuda y yo seguía con las bragas transparentes del día anterior. Lara nos dijo: chicas a las diez llega Fátima y seria una falta de respeto que nos paseásemos así por la casa, mientras ella esté aquí, poneros algo, luego ya si os apetece os cambiáis de nuevo y sois libres de vestir como os apetezca. Así lo hicimos, sabia por Leo que su madre apreciaba mucho a su empleada, de hecho, habíamos traído varios regalos para Fátima desde Salamanca por encargo de su madre. Cuando subimos a cambiarnos Leo tuvo la idea de bajar a la playa, a dar un paseo o quizás tomar el sol. A mí no me apetecía demasiado, prefería quedarme con su madre en casa, pero accedí. Nos pusimos los bikinis, el mío naranja y azul él de Leo, eran de los que se atan con lazo a un lado y sujetador de triangulo. Creo que eran la misma talla por lo que los tetones de Leo parecían a punto de salirse y a mí no llegaba casi a taparme ni la raja de mi culazo. Antes de bajar a la playa pedimos a Lara unos pareos, y nos dejó dos iguales. Tuvimos que terminar de descargar el coche y subir a casa lo que habíamos dejado la tarde anterior y en menos de diez minutos ya estábamos paseando sobre la arena. Al quedarnos solas temí que Leo llevase la conversación hacia lo que había sucedido por la mañana. Yo seguía pensando en aquel pubis depilado y aquellos labios que parecían hechos para mi boquita y ya estaba lo suficientemente caliente como para que ella me encendiese todavía más. De momento tuve suerte, la playa todavía estaba casi vacía. Leo conocía a algunas de las personas con las que nos cruzábamos y saludaba graciosamente en portugués, lo hablaba, para mi sorpresa bastante bien. Llegamos caminando por la playa al pequeño embarcadero por donde los barcos eran sacados del agua cada día, no existía lo que conocemos como un puerto propiamente. A esa hora casi no había nadie pero vimos a un chico que se acercaba rápidamente caminando, Leo lo reconoció y corrió hacia él se saludaron y vinieron hacia mí, el chico me dio dos besos al estilo español e hizo el esfuerzo de hablarme en castellano. No tenía más de dieciocho años era guapo, no demasiado alto y por sus manos y sus brazos se veía que ya no se dedicaba a estudiar sino a trabajar en el mar.

    Los tres juntos continuamos paseando por la playa ya alejándonos hacia el otro lado del pueblo, caminamos unos die minutos, poco a poco yo me fui quedando atrás deliberadamente, lo suficiente para que pudiesen charlar sin escucharles. Les seguí durante un rato hasta que vi correr a Leo de vuelta hacia a mí. Repitió mi nombre varias veces como siempre que me pedía algo y junto las dos palmas de sus manos como rezando. Sabía que esa era la llave para que yo no hiciese preguntas y accediese rápidamente.

    -Leo. Ves ese hueco entre las rocas con arena.

    -Ana. Si lo veo.

    -Leo. Súbete a la roca y vigila que no venga nadie.

    Pregunté absurdamente para qué. Cuando llegué a mi puesto de vigilancia Leo ya estaba sacando de los vaqueros del chico su polla y empezando a dar lengüetazos en su glande. A ella el tamaño si le parecía importante porque era la tercera polla que veía entre sus manos y todas eran de categoría XXL. Yo estaba a unos dos metros de altura, prácticamente sobre ellos. Intentaba mirar a mí alrededor por si venía alguien pero no era fácil concentrarse en la vigilancia. Me gustaba ver la cara redondita, preciosa de Leo mientras se metía toda la polla en la boca, todavía llevaba el bikini y el pareo y su larga melena lisa brillaba al sol pareciendo más rubia de lo habitual. El miedo a que yo tuviese que interrumpirlos hizo que ella enseguida se desatase uno de los lazos de bikini en su muslo y se tumbase sobre la toalla extendida en la arena. Se apartó el triangulo del bikini que seguía atado a su otro muslo y el chico la penetró sin contemplaciones, hasta el fondo, sin cuidado alguno, me dolió hasta a mí, si no llega a estar muy bien lubricada le habría hecho mucho daño. Ella soltó un grito que parecía de placer, yo me tranquilicé, el chico no parecía tener gran experiencia como amante, o quizás fuese la prisa, lo que si tenía era la polla dura como el acero, la sacaba totalmente del coño de Leo y la metía violentamente hasta el fondo de nuevo, una y otra vez. Ella debajo, el encima. Yo seguía mirando y reprimiendo mis ganas, los veía desde arriba, el chico de espaldas a mí. Veía el cono de Leo y aquella polla que seguía taladrándola. Ella de vez en cuando me miraba y me hacía sentir parte del polvo. Ponía sus ojos en los míos y parecía decirme: me gusta mucho mas contigo ahí mirando. Follaron como posesos unos diez minutos y el chico cuando ya parecía estar a punto agarró su polla yéndose hacia las tetas de Leo, ella había perdido la parte de arriba del bikini hacia un rato y el portuguesito se las había comido mientras la penetraba, bastante torpemente, en mi opinión. Pero Leo no estaba de acuerdo. Pronuncio un no, no, no, dentro, dentro, y la polla volvió a su cueva. Aquel chico debía llevar tiempo sin descargar porque desde que note por la cara de Leo que empezaba a correrse todavía dio varias embestidas mas, cada una de ellas lanzaba los pechos de mi amiga hacia el cielo y caían de nuevo haciendo un sonido muy característico. Leo se puso rápido el bikini dio unas chupadas a la polla, que todavía continuaba goteando algo de leche y se despidió del chico. Este me miró y me dio las gracias, le saludé con la mano, como despidiéndome y se fue por un sendero entre las rocas que yo no me había ni percatado de que existía. Menuda vigilante estaba hecha. Bajé de mi atalaya y ayudé a Leo a recoger sus cosas, la ayude a atarse bien el lazo del bikini, ella jadeaba todavía. No dije nada, empezaba a darme cuenta de que ella no buscaba en los hombres lo mismo que buscaba en mí, eran sexualidades diferentes, no sabría explicar las diferencias pero conmigo no follaba como con los chicos y no me refiero a las obvias diferencias anatómicas. Caminábamos en silencio de vuelta a casa. Leo tenía en su cara una mueca de satisfacción y orgullo.

    Por fin me atreví a romper aquel silencio.

    -Ana. Supongo que te lo habías tirado ya antes. Cuántos años tiene?

    -Leo. Unos 19. Hace años que follamos tres o cuatro veces cada año. Es muy torpe pero tiene la mejor polla en todo el pueblo.

    -Ana. Me hace gracia la resignación con que lo dices.

    -Leo. Que quieres, esto es muy pequeño y me he pasado aquí todos los veranos de mi vida. Eso son unos tres años seguidos de tiempo. Por eso estoy tan feliz de que estés aquí conmigo, bueno, con nosotras, mamá también está encantada de que seamos una más.

    -Ana. (Sonriendo) Me halagas mucho. Me hacéis sentir muy bien.

    Leo cambió de tema. Cerró sus ojos e hizo un gesto de placer.

    -Leo. Tengo el semen saliendo del coño , me encanta. Noto los labios internos embadurnados de él. Se mezcla con mi lechecita y me encanta la sensación. Lástima que haya tanta gente, porque tengo una fantasía que me gustaría hacer realidad contigo.

    -Ana. (Tapándome los oídos con las manos y acelerando el paso) No, no, no, ni se te ocurra. No quiero escucharte.

    -Leo (corriendo detrás de mí). Vale, olvídalo. No he dicho nada.

    Me alcanzó y con una palmada en mi culo me lanzó sendero arriba hacia casa. Ya estábamos llegando.

    Tocamos el timbre y saludamos a Fátima a la que Leo acercaba a casa en su coche. Estaría de vuelta en veinte minutos para comer. Nosotras subimos a casa y nos duchamos juntas en el baño de abajo . Al final accedí a masturbar a Leo pero su fantasía no era esa. Utilicé mi mano y no mi boca como ella quería. Casi todo el semen estaba ya en la tela del bikini pero reconozco que el tacto de sus labios internos tenía algo de especial. Estábamos las dos de pie en la ducha, yo jugaba con los labios del chocho de Leo y aceleraba para que se corriese pronto, podía oír el coche de su madre a través de la ventana abierta. Leo estaba tan cachonda que no paraba de hablar. Me decía que la primera ocasión que tuviese se tiraría una buena polla y luego se desharía rápido del chico para que yo me comiese su coñito. Yo le decía, por favor cariño córrete ya. Tu madre está llegando. Frotaba y frotaba mi mano entera contra su coño pero no llegaba. No quería dejarla con el calentón pero ella aguantaba y aguantaba sin correrse. Yo me había puesto a cien. Cuando su madre debía estar ya en la cocina por fin llegó al orgasmo. Tuve que taparle la boca con mi mano o se la hubiese oído en Lisboa . Se le doblaron las rodillas y rozando su espalda contra los azulejos se acurruco en el plato de la ducha. Besaba mis rodillas y se apretaba contra mi pierna como un perrito. Susurraba gracias repetidamente, yo me sentía orgullosa y agachándome le susurre: a que ningún hombre te hace las pajas como yo. La ayudé a levantarse y salimos rápidamente de la ducha . Se nos había olvidado subir a por ropa limpia así que salimos del baño solo con una toalla . Lara se acercaba al salón en ese momento porque ya empezaba a dudar de que estuviésemos en casa. Reaccionó con aparente normalidad al vernos medio desnudas. Con mi toalla o me tapaba el culo o las tetas. Lara iba a la azotea del tercer piso para ver si el calor nos permitiría comer allí. Nosotras también subíamos. Esta vez fui yo la que le puse a mi madurita el culo delante de su cara al subir. Fue solo una planta pero quería que me lo viese, estaba bastante blanco después del invierno pero así parecía aún mayor, me subí la toalla hasta las axilas y dejé que mi culazo fuese el protagonista. Leo subía delante de mí con el culo al aire también, que bien me lo estaba pasando, yo empezaba a fantasear con la idea de que la madre de Leo fuese al menos la mitad de guarra que su hija. Pero de momento era solo eso, una fantasía. Lara decidió que hacía demasiado calor en la azotea y bajó para poner la mesa en la cocina. Leo y yo estuvimos un rato en mi habitación buscando algo que ponernos.

    -Leo. Debes estar muy caliente. Siento no haber tenido tiempo de ocuparme de ti.

    -Ana. Me ganas dos a cero hoy.

    -Leo. Ya tendrás tiempo de empatar.

    Bajamos a comer y nos prometimos que era el último día que no ayudábamos con la casa. Aunque Fátima aún volvería al día siguiente, Lara se mostró agradecida y nos ofreció vino para comer, las dos preferimos agua, quizás en la cena, dije yo y Leo asintió. Lara se había cambiado también y llevaba un vestido estampado con flores por encima de la rodilla. La tela era súper ligera, quizás tul o algo parecido y muy transparente. Se veía perfectamente su tanga amarillo, muy bonito pero minúsculo. Aquel enorme melocotón seguía llamando mi atención, hipnotizándome, no podía dejar de mirar aquellas nalgas. Intenté llevar la conversación hacia el tema de nuestras medidas, quería saber si ella se había medido el contorno del culo, pero no funcionó. Solo yo me lo había medido. Me sentí infantil. Pero estaba tan caliente…

    Estuvimos charlando un buen rato, seguíamos en la cocina donde corría una brisa que mitigaba un poco el tremendo calor. Todo lo que teníamos que hacer era cuidar que las ventanas se mantuviesen abiertas sin golpearse para refrescar la casa. Leo y yo estábamos en tanga, yo llevaba una blusa que solo me llegaba a la cintura, sin sujetador. Leo tanga también y un top sin tirantes verde que amenazaba con caerse en cualquier momento. Eran ya más de las cuatro y decidimos quedarnos en casa por la tarde. Lara propuso tomar el sol en la azotea. Leo se quedó conmigo recogiendo la cocina y Lara se fue a su habitación para hacer un par de llamadas.

    Mientras yo recogía la mesa ella se quedó en silencio, sentada todavía, me miraba mientras me movía, se recreaba en mis curvas, no lo hacía disimuladamente sino con una mueca de orgullo. Fui yo la que rompió el silencio.

    -Ana. Por favor Leo, ya estoy muy muy cachonda. Si sigues mirando vamos a tener que fregar el suelo por donde yo pase.

    -Leo. Perdona pero cada día estas mejor. Lo siento .

    Hablamos en voz baja y Leo estaba un poco seria. Levanté mi mano.

    -Ana. Pero no te preocupes, nada que estos deditos no puedan solucionar.

    -Leo. Tengo una curiosidad.

    -Ana. Me dan miedo tus curiosidades.

    -Leo. Qué te ha calentado más lo de ésta mañana aquí en la cocina o lo de la playa y luego la ducha.

    -Ana. (Haciéndome la despistada). A que te refieres ?

    -Leo. (Cambiando de humor e incapaz de ocultar una sonrisa) Bueno, ya sabes, lo de mi madre. El coño de trescientos mil escudos.

    -Ana. No voy a negar que tiene un pubis increíble, me encanta.

    -Leo. Solo el pubis?

    -Ana. (Divertida). A donde quieres llegar?

    -Leo. No sé, antes pensaba que mamá es como un compendio de nosotras dos. Mis tetas, tu culo, mi pelo, tus muslos y piernas .

    -Ana. En lo de las tetas estoy de acuerdo, en lo de los muslos ya me gustaría a mí y el culo no se lo he visto. Y déjalo ya que me estoy poniendo roja.

    Leo siguió insistiendo en la razón de mi calentón, yo me moría de ganas de gritar: si, me gusta tu madre, me la tiraría ahora mismo, podría comérmela a trocitos, me vuelve loca… pero a pesar de la confianza que nos teníamos no me atrevía. Fue Lara la que me rescató dando una voz desde el piso de arriba.

    -Lara. Chicas, cuanto se tarda en recoger tres platos?

    Subimos rápidamente. En la azotea nos esperaba Lara, había abierto el toldo parcialmente y teníamos una zona de sombra y otra más pequeña donde daba el sol. Yo me acomodé a la sombra en una tumbona leyendo, Leo se puso al sol, se quitó tanga y top y se soltó su larga melena, estaba increíble, Lara se había cambiado y tenía un bikini negro, muy elegante aunque no demasiado sexy. Advirtió a Leo de que se pusiese crema por todo el cuerpo especialmente en pubis y pechos . En ese momento Leo se fijó en el bikini de Lara.

    -Leo. Mami, pero tú en bikini. Y además debe tener más años que yo.

    -Lara. Hija con una exhibicionista en la familia es suficiente.

    Yo solté una carcajada.

    -Leo. Mami, me ayudas con la crema.

    Lara se acercó a poner protector solar en la espalda de Leo.

    -Lara. Ana, no tomas el sol?

    -Ana. Más tarde.

    -Lara. Podría pedirte que me pusieses crema ?

    Contesté con un por supuesto. Respiré hondo y me acerque a su tumbona que estaba a un metro de la mía aunque al sol. Ella se tumbo boca abajo y empecé a embadurnarla. Que sensación, ya había puesto en ella cuatro de mis sentidos y ahora podía experimentar el del tacto, solo me faltaba el gusto. Empecé por los hombros, apretando un poquito, como dando un pequeño masaje, Lara mostró su aprobación con un: gracias, que gusto. Se relajó, pude notarlo, continué por los omóplatos y al llegar al cierre del sujetador del bikini me pidió que lo desenganchase.

    -Lara. Será mejor que me lo quite, me está apretando un poco.

    -Ana. Si que tienes un poco marcada la espalda.

    -Lara. Necesito comprar un bikini nuevo. Debe hacer siglos que no me compro uno.

    -Ana. Yo también. Tengo dos y no me gusta cómo me queda ninguno. Bueno la parte de arriba bien, pero de abajo me hacen un culo horrible.

    -Lara. Por favor Anita no seas tonta, tienes un cuerpo increíble, ese culo no puede estar horrible ni con el bikini más feo del mundo.

    Leo intervino divertida desde su hamaca.

    -Leo. Yo no me atrevo a opinar. En culos vosotras sois las expertas.

    -Lara. Nos tienes envidia?

    La conversación continuó animadamente. El cierre del sujetador cayó y yo lo aparté a un lado. Lara seguía boca abajo y se acomodó los pechos que sobresalían hacia los lados. Debí gastar medio envase de protector, al terminar con la espalda me atreví a ponerle también en los laterales casi en el vientre y en la zona de las axilas donde arrancaban aquellas tetazas que desafiaban al tiempo y la gravedad. Deseaba continuar hacia abajo pero Lara se irguió y me dio las gracias no sin antes decirme que algún día tendría que darle un masaje pues lo hacía muy bien. Eso está hecho, contesté mientras me volvía a mi sitio a la sombra. Me acomodé y volví a mi libro. Lara se puso crema en el resto del cuerpo y yo noté como los jugos de mi rajita llegaban ya a mi ojete, me toqué un momento disimuladamente y aquello parecía aceite. Iba a ir al baño para intentar apagar algo el fuego que tenía entre mis piernas cuando Leo se levantó y se ofreció a traer algo de beber. Las tres aceptamos, le ofrecí ayuda pero Leo ya iba escaleras abajo. Volvió enseguida con nuestras bebidas favoritas, ron cola para nosotras y gin tonic para su madre. Entonces vi como Leo derramaba a propósito la mayor parte del gin tonic sobre el culo de Lara. Estaba helado y su madre se llevó un buen susto. Leo se disculpó y su madre que boca abajo no había visto nada pensó que se trataba de un accidente. Entonces Leo me sorprendió, me dejó boquiabierta, me sentí en lo alto de un tobogán lanzada cuesta abajo a toda velocidad. Ayudó a Lara a quitarse la braga del bikini y la animó a tomar un rato el sol en el culo. Yo no podía mirar a otro lado, estaban a poco más de un metro de mí, la cabeza de Lara casi a la altura de mis pies y sus piernas más alejadas. Me gustaba demasiado para volver la vista a mi libro, había visto ya todo aquel cuerpo pero lo mejor acababa de mostrármelo Leo cuando menos me lo esperaba. Leo tenía razón, aquel culazo necesitaba un poco de sol, estaba muy blanco pero también allí la calidad de su piel era superior, ni un solo granito, nada de celulitis, las dos enormes nalgas no caían hacia los lados incluso tumbada se mantenían firmes. Durante muchas noches desde entonces me dormí imaginándome que lo acariciaba. Casi me mareo cuando Leo agarró el protector solar y dejó caer un buen chorro en cada nalga, puso una de sus rodillas sobre la tumbona y empezó a magrear aquel culazo, nunca he tenido un orgasmo sin tocarme pero si alguna vez he estado cerca fue en aquel instante. Leo me miraba y extendía la crema suavemente por la raja llegando casi al ojete. Yo no podía más. Por la postura de Leo inclinada, sus dos tetazas colgaban sobre los muslos de su madre, Lara parecía muy relajada, casi dormida, y la mirada de Leo que se clavaba en la mía me resultaba muy muy morbosa. Me ponía muy cachonda ver moverse aquellos dos flanes al ritmo que marcaban las manos de Leonor. Esto duró un par de minutos. Leo seguía mirándome, su expresión era de estar disfrutando de lo lindo, le ponía muchísimo excitarme pero usar a su madre para hacerlo era un plus que añadía más pimienta. Al fin acabó el magreo con una sonora palmada en el culo de Lara. Leo me envió un beso y acercó su tumbona a las nuestras para seguir tomando el sol. Yo pregunté a Lara si podía usar su baño. Oí un por supuesto y salí disparada, cerré con llave y me arrodille a un lado de la puerta donde estaba el cesto de la ropa sucia, levante la tapa de mimbre y encima de todo encontré el vestido y el tanga que apenas media hora antes estaban sobre la piel de la mujer de mis sueños. Al instante noté en el vestido su aroma tan especial, aquel perfume. Me lo puse, me quedaba grande, no pesaba nada. Se me puso carne de gallina, los pezones se me erizaron, podría haber colgado dos perchas en ellos. Mi coño rebosaba ya. Me acerqué a la cara el tanga amarillo que Lara había llevado todo el día , vi en la parte que cubre la vulva que ella había pasado un día excitante también, se notaba que al llevarlo un poco apretado aquella zona había estado entre sus labios y absorbido el jugo de aquel manjar. Me lo puse, me lo quité, lo olí, me lo comí, me lo metí en el agujero de mi coño y con él dentro empecé a pajearme, me senté en el váter y abrí la tapa para no manchar el suelo, no tenía demasiado tiempo así que ni siquiera intenté retrasar el orgasmo, me pellizqué el clítoris varias veces, no conseguía agarrarlo de resbaladiza que estaba mi vagina, saqué parte del tanga del coño y me seque un poco. Pude agárramelo entre el índice y el pulgar. Estaba hinchado y muy al descubierto, tire de él y lo zarandee con fuerza, estaba tan caliente que el dolor me daba placer, debajo la entrada del coño ya estaba inundada de nuevo, por mi cabeza pasaron las imágenes de Leo y Lara, me las imaginaba comiéndome el coño una y la boca la otra, me daba igual, las intercambiaba a mi antojo, nunca me había ocurrido algo tan morboso. Me corrí maltratando mi clítoris, debí hacer bastante ruido, me dejé caer lentamente al suelo reventada, empapada en sudor, saque con cuidado el tanga de mi coñito, lo acerqué a mi cara, ahora nuestros olores estaban unidos en él.

    Me tomé un par de minutos para recuperarme, me sequé la rajita varias veces con mucho cuidado porque estaba muy sensible, refresqué mi cara con un poco de agua y volví a la azotea solo con mi tanga. Mis diosas seguían como las había dejado, Leo me sonrió y yo le hice un gesto de que iba a matarla por lo que había hecho. Pero mi cara de placer decía todo lo contrario, decía gracias , decía quiero que esto no acabe nunca. Lara y Leo estaban desnudas y yo no quería ser menos, me quité el tanga y Leo me puso crema en la espalda. Yo lo hice en el resto de mi cuerpo, Lara seguía adormilada, yo quería que cuando se diese la vuelta me viese bien, quería que viese mi coño entreabierto, mojado otra vez, yo estaba tan cachonda que me daba todo igual. En unos minutos ella se dio la vuelta, llevaba gafas de sol, alzó el respaldo de su tumbona y mi desnudo empequeñeció frente a aquel mujerón, la que me enseño su rajita fue ella, levantó una rodilla arqueando su pierna izquierda y su coñazo se abrió lo suficiente para ver que estaba muy bien lubricado, sus labios internos brillaban al sol. Yo no sabía donde ella ponía sus ojos pero yo que no tenía gafas miré descaradamente aquel coño, aquellos pechos , aquellas piernas.

    La tarde fue avanzando, tras un buen rato nos movimos a la zona de sombra, en la azotea estábamos a salvo de miradas indiscretas y Lara me puso todavía más cachonda al pasearse desnuda. Bajó a por el gin tonic que antes no pudo tomarse y subió de nuevo, trajo también algo de agua y se puso a regar las plantas. Leo estaba muy orgullosa de su madre, la veía feliz, mientras Lara había bajado a la cocina me confesó que el motivo de su preocupación los días anteriores a venirnos a Portugal era el temor a que su madre y yo no congeniásemos. Yo me sorprendí.

    -Ana. Pero por qué no íbamos a congeniar?

    -Leo. No sé. Os conozco a las dos y sabía que os ibais a llevar muy bien pero me agobiaba la idea de que algo no funcionase.

    -Ana. Pues ya ves que todo va sobre ruedas.

    -Leo. Si y me alegro mucho.

    -Ana. Pero lo del magreo en el culo no te lo perdono en la vida.

    -Leo. No seas hipócrita. Seguro que te has hecho una buena paja. Tan malo no habrá sido.

    Mientras decía esto se me acercó y hundió un dedo en la entrada de mi coño. Le fue muy fácil. Se lo acercó a la boca y lo lamió.

    -Leo. Espero que sigas pensando en mí de vez en cuando para tus pajas.

    -Ana. Por qué no iba a hacerlo?

    -Leo. Lo hiciste antes en el baño pensando en mí?

    -Ana. (No podía mentirle) Pues sí y no. Me conoces demasiado. Espero que no te moleste. Tú no eres tonta, sabes el tipo de mujer que me gusta. Me corrí pensando en tu madre.

    -Leo. (Orgullosa y sonriente) Gracias por la sinceridad. Pero ni me molesta ni me sorprende y no es la primera vez que veo como mi madre atrae a hombres y mujeres . Aunque nadie ha tenido tu suerte.

    -Ana. Estoy muy cachonda me encantaría pasar la noche contigo.

    En ese momento Lara subía con su gin tonic poniendo fin a nuestra conversación.

    Aquella noche no pude dormir con Leo. Era una locura pensar que, al menos yo, iba a ser capaz de pasar la noche con ella y no follármela varias veces. El resto de la tarde fue muy excitante también. Cenamos algo, las tres bebimos un poco de vino y acabamos bajando al sótano para bañarnos en la piscina. Nos bañamos desnudas, me di cuenta de que iba a tener muchas oportunidades de contemplar aquel cuerpazo que llevaba ya veinticuatro horas ocupando el centro de mi vida. Mi primer día completo allí finalizo con horas de masturbación bajo mi sábana, debí dormirme ya muy tarde, de madrugada, tan excitada estaba que me corría, intentaba dormir pero después de un rato recordando todo lo que había ocurrido durante el día mi mano se iba de nuevo hacia mi coñito húmedo y vuelta a empezar. La última fue por detrás metiéndome uno de esos bolígrafos de varios colores primero y luego el mango de un cepillo. En realidad todas las noches eran un poco iguales, me costaba dormirme, los días fueron pasando y las escenas que Leo y sobre todo Lara protagonizaban me mantenían cachonda a todas horas. El carácter de Lara me gustaba más cada día que pasábamos juntas. Tenía la sensación de que la conocía de toda la vida. Por las mañanas nos ocupábamos de las tareas de casa, yo hacía la colada y esto me permitía comprobar en su ropa interior que Lara también mojaba su tanguita todos los días, me preguntaba por la causa de su magnífica lubricación, me gustaba fantasear con que yo era esa causa pero, quien sabe, a lo mejor era simplemente algo natural en ella o quizás yo exageraba y el tanga no había estado tan mojado como yo creía. Pero al día siguiente mi fantasía volvía siempre a confirmarse, llegaba uno de mis momentos favoritos en que me hacía cargo de los cestos de ropa sucia y a escondidas disfrutaba de los tanguitas de Lara, me encantaba olerlo y lamerlo. La tercera o cuarta noche, como Lara dormía solo con un mini camisón, fui al baño y cogí el tanga que se había quitado hacía un rato para llevármelo a mi habitación. Al menos introduje una novedad en mi desenfreno masturbatorio de cada noche. A la mañana siguiente me lo metí en el coño y así lo llevé de vuelta a su sitio sin ser descubierta. Me ponía my cachonda también el momento en que tendía la ropa cada día, el tendedero estaba un poco alto para mi estatura y Lara venía a ayudarme siempre. Me recreaba viéndola a contraluz, intentaba poner la lavadora temprano y tender la ropa cuando el sol todavía no estaba muy alto. Sus ropas solían ser al menos ligeramente transparentes y, no sé, aun pudiendo verla desnuda varias veces al día aquel momento tenía algo de especial, quizás el modo en que abría las piernas y levantaba los brazos era lo que más me calentaba.

    Por las tardes solíamos bajar a la playa, a mi no me gustaba, me ponía celosa viendo como los hombres miraban a mis dos tesoros. Leo además hacia topless y se convertía en la expectación de una playa, por otra parte no demasiado concurrida. La vuelta a casa solíamos hacerla por separado, Lara se quedaba un rato con sus amigos del pueblo y nosotras nos adelantábamos para preparar la cena. Nos duchábamos en el baño de la segunda planta pues el de la habitación de Lara solo tenía la enorme bañera. Todos los días me prometía a mi misma que iba a sugerirle a Lara hacerlo juntas pero llegado el momento de la verdad no podía, que razón podía darle para hacerlo? No había escasez de agua ni nada por el estilo, estaba pasando un verano maravilloso y no quería estropearlo intentando tirarme a la madre de mi mejor amiga.

    Tras unos diez días de vacaciones Lara propuso acercarnos a Lisboa, eran unas dos horas de coche. La idea no me sedujo en un principio pero al final me lo pasé bien. Salimos temprano en el todoterreno de Lara, ella había hecho multitud de veces ese trayecto. Al norte de la ciudad dejamos el coche en un parking y nos movimos en taxi el resto del día. Fue en el primer taxi que tomamos donde me di cuenta que tarde o temprano acabaría cayendo en la tentación de intentar acostarme con Lara. Ella llevaba un vestido de lino blanco de cintura alta que le realzaba mucho el busto. No era demasiado corto, casi llegaba hasta la rodilla, pero al sentarnos las tres en la parte trasera del taxi, yo en el centro y Lara a mi lado, nuestros muslos se tocaron. Yo llevaba una minifalda vaquera y tuve la sensación de que Lara dejaba su muslo desnudo a propósito para que tocase el mío. Además llamaba mi atención sobre distintos lugares por los que pasábamos para que yo me inclinase hacia su ventanilla y tenerme más cerca. El contacto de nuestras piernas fue eléctrico, algo fluía entre nuestros muslos y de su cuello salía aquel perfume que me excitaba tanto. El recorrido se me hizo corto y salí del taxi pensando que aquello empezaba a convertirse en una tortura.

    Visitamos varios lugares preciosos, Lara nos llevo a comer a uno de sus restaurantes favoritos, donde la conocían de haber estado allí muchas veces, los camareros se deshacían en atenciones hacia ella, yo me moría de celos. La tarde la dedicamos a algunas compras. Nos separamos un rato de Leo y entramos a comprarnos un bikini en una boutique. Decidimos comprarnos el mismo, muy simple , braguita con lazos a los lados, muy poca tela por atrás, aunque no era tipo tanga y triángulos arriba también bastante pequeños, el color era un bonito rosa muy claro. Nos dieron varias tallas para probar, se refirieron a mí como si fuese hija de Lara y ninguna de las dos corregimos a la trabajadora de la boutique. Nos acercamos al probador y cuando iba a cederle el paso a Lara para que se probase primero, ella, con una sonrisa, me puso la mano en la espalda y suavemente me empujo hacia adentro y entró conmigo. Yo llevaba todo el día fuera de casa y mi vagina debía desprender un magnifico aroma porque la sentía empapada hacia horas, fue lo primero que pensé al quedarnos allí solas. Lara descartó uno de los bikinis porque las chicas de la tienda se habían olvidado de ponerle la tira sanitaria a la braguita. Nos desnudamos, yo estaba completamente roja y ella se dio cuenta.

    -Lara. Anita acabo de darme cuenta que quizás no te apetecía que entrásemos juntas a probar.

    -Ana. No, no eso. Me encanta que nos probemos cosas juntas. Es que acabo de darme cuenta que tengo la vagina un poco húmeda y voy a poner perdida la braguita del bikini.

    -Lara. (Sonriendo y con un tono de voz tranquilizante). Tranquila, no eres la única, pero tiene fácil solución.

    Mientras decía esto se acercó su dedo corazón a su coño y se toco levemente, mostrándome a continuación su dedo lechoso. Cogió dos salva slips de su bolso y me lo sujetó contra mi coño mientras yo me ponía el bikini. Mi rubor despareció y mi coño empezó a latir y segregar más y más jugo. Lara me pasó el segundo salva slip y yo repetí la operación esta ve en su chocho. Era algo totalmente innecesario, cada una podía haberse colocado su salva slip. Era la primera vez que ella no me hablaba en tono maternal. De repente éramos dos mujeres, dos amigas. Nos ayudamos mutuamente a colocarnos el bikini. Nuestras pieles se tocaron de nuevo y la electricidad volvió a fluir. Yo toqué ligeramente sus nalgas por primera vez, queríamos comprobar si el bikini cubría su raja. Nos miramos y remiramos en el espejo.

    -Lara. Imposible, nunca encontraré un bikini de este tipo que cubra mi pandero.

    -Ana. Te queda perfecto, yo incluso probaría una talla menos.

    -Lara. Gracias por el cumplido.

    -Ana. No es un cumplido. Es la verdad. Tienes un culo perfecto. Mira el mío, es enorme también. Pues yo estoy feliz con él, es lo que más me gusta de mi cuerpo. Bueno en tu caso todo tu cuerpo es perfecto, tu piel es seda pura, tus pechos son los que muchas mujeres pagarían por tener, eres guapísima pero seguro que tu culo es lo mejor.

    Tuve que parar porque me estaba lanzando. Lara me contestó poniendo sus ojazos fijamente en mí sonriendo y con un gesto de cierta sorpresa.

    -Lara. Vaya, gracias, me has arreglado el día. Ni me acuerdo de la última vez que alguien me ha dicho algo así. Sabes qué? Me llevo una talla menos. Si no me atrevo a bajarlo a la playa me lo pongo en casa.

    Al acabar esta frase me dio un beso, en la mejilla, casi en la comisura de los labios. Seguíamos desnudas y yo estuve a punto de devolvérselo en los labios. Me contuve por un momento. Empezamos a vestirnos, yo cogí el sujetador de Lara y en silencio esperé a que se pusiera el tanga, cuando estaba lista desde atrás pasé mis brazos bajo los suyos, mis pechos tocaron su espalda, puse el sujetador delante de sus tetas y ella se las colocó dentro de las copas, yo se lo abroché atrás y separé mis pezones empalmados de su espalda, note que a ella se le erizó la piel. Mientras Lara se ponía su bonito vestido yo me puse mi falda vaquera y mi camiseta, no llevaba sujetador y mis pezones se marcaban muchísimo. Estábamos listas, Lara recogió su bolso del suelo del probador y cuando levantó la cabeza, acerqué mi cara a la suya y le di un beso en los labios. No fue un beso a traición, ella pudo haberlo rechazado pero no lo hizo. Fueron apenas un par de segundos. Su reacción, al menos, no fue darme un bofetón. Yo, que lo hice casi si pensar, no sabía a dónde mirar. Ella no dijo nada. Salimos del probador y Lara pagó los dos bikinis, yo no me atreví a decir nada, debería haber intentado pagar el mío o al menos dar las gracias pero estaba muda. Su tono de voz al hablar con la dependienta era relajado y distendido pero yo me temía que aquel día fuese el último de mis vacaciones con Lara y Leo. Me arrepentí profundamente de lo que había hecho. Creo que por primera vez en muchos días se me secó el coño. En los tres o cuatro minutos que permanecimos en la boutique se me pasaron todo tipo de ideas por la cabeza, alguna tan peregrina como hacerle ver a Lara que quería devolverle su beso en la mejilla y accidentalmente le planté uno en los labios. Era absurdo, yo incluso me había humedecido los labios antes de lanzarme. Por otra parte ella tuvo oportunidad de rechazarme y no lo hizo, tal vez lo mejor era asumir lo que había hecho y simplemente pedir perdón y prometer que no volvería a ocurrir. Tras aquellos eternos minutos, salimos a la calle, yo en silencio caminaba al lado de Lara sin mirarla, Lara sacó su móvil del bolso y llamó a Leo para quedar en algún lugar, Leo estaba comprando un regalo para un amigo del pueblo que cumplía años. Me tranquilicé al oír que Lara le decía que nos lo estábamos pasando muy bien, y que habíamos estado comprando unos bikinis. Por fin conseguí mirar a Lara de nuevo, su cara estaba relajada, no sonreía pero su expresión no era ni mucho menos de enfado. Me habló con cariño, casi agradecimiento.

    -Lara. Gracias de verdad por lo que me has dicho antes, se que tus halagos son sinceros, ni mi marido me hace sentir tan hermosa como tú. Eres un sol, no me extraña que Leo te quiera tanto.

    Yo tenía ganas de decirle tantas cosas. Pero me quedé callada, no era cuestión de tentar mi suerte de nuevo. Quizás ella solo quería ser amable y zanjar el tema al ver lo avergonzada que yo me encontraba, así que no iba a continuar tirándole los tejos.

    Leo llegó en apenas unos minutos y continuamos tras tomar un café con nuestras compras. Yo me separé de ellas esta vez para comprar una cámara digital, eran novedad en aquella época y la necesitaba para mis estudios. También aproveché y compré algo para Lara y Leo, quería agradecerles lo magníficas anfitrionas que estaban siendo. Para Leo compré unos pendientes de oro blanco y para Lara un enorme pañuelo de seda. Cuando regresé al punto de encuentro con ellas me preguntaba si Lara habría compartido con su hija lo del beso. Era cuestión de ver a Leo y sabría si era así o no. Fue no, Leo no sabía nada, si lo supiese me habría lanzado su pícara mirada que yo conocía tan bien.

    Llegamos a casa casi a media noche tan cansadas que yo ni siquiera me duche. Dejamos nuestras compras sobre la mesa del salón y nos fuimos a la cama. Yo me dormí pensando en aquel probador y en que había besado a mi diosa. No me masturbe, empezaba a echar de menos el roce con otra piel, tocándome lo había pasado muy bien en tantas ocasiones, pero desde el primer día de vacaciones con Leo en la ducha, todo mi sexo había sido solitario. Varias noches estuve a punto de sucumbir a la tentación y asaltar la cama de Leo, pero no me atrevía, su madre dormía a apenas unos metros de nuestras habitaciones. Ya de madrugada fui al baño de la habitación de Lara como solíamos hacer por las noches, ella dormía, estuve observándola un momento. Me apetecía tanto meterme en su cama.

    A la mañana siguiente nos levantamos bastante tarde. De nuevo hacia un día radiante. Yo bajé antes que Leonor y me encontré a Lara en la cocina. Me acerqué a ella, todas las mañanas nos abrazábamos y besábamos en la mejilla pero ese día me besó en los labios, fueron un par de segundos. Yo sentí un cosquilleo en el estómago y le di un abrazo enorme, no sabía lo que ese beso significaba pero mi abrazo era de agradecimiento, ella me hacía sentirme muy bien, FELIZ. Era la primera vez que sentía algo así por una mujer.

    Me pasé un buen rato pensando si aquel beso era maternal, de amiga o de amante o si simplemente Lara se había dado cuenta de mi mal rato el día anterior y quería darle normalidad a lo que era un simple beso.

    Esperamos a Leo y cuando bajó les entregue sus regalos. Lara estaba encantada con su pañuelo, llevaba uno de sus mini camisones y se lo probó por encima. Leo también se mostró muy agradecida por sus pendientes pero en cinco segundos ya había puesto sus ojos en la cámara digital.

    -Leo. Guau, una cámara digital.

    -Lara. Y que tiene de particular?

    -Ana. Pues que no tiene carrete, las fotos se pueden ver en un ordenador o en la tele.

    En menos de cinco minutos, sin desayunar ni nada, tenía a Leo delante de mí posando con sus melones al aire de la mañana. Le hice unas diez u once fotos y las descargamos en mi portátil mientras desayunábamos. Lara se lamentó sonriente.

    -Lara. Pero hija de donde te viene ese gusto por el exhibicionismo?

    Leo echó un vistazo de arriba a abajo a su madre con su camisoncito, súper escotado que apenas conseguía contener sus enormes tetones, uno casi estaba completamente fuera y le soltó un: y tú me lo preguntas?

    Las tres soltamos una carcajada al unísono y Lara me hizo prometer que yo me ocuparía de tener las fotos a buen recaudo. Las fotos habían quedado muy bien y Leo quería seguir jugando con ella pero al terminar el desayuno Lara nos dijo que tocaba limpieza así que nos dedicamos a las tareas de la casa durante el resto de la mañana y dejamos la sesión de fotos para la tarde. Lara se cambió y apareció con unos vaqueros impresionantes, Leo y yo nos quedamos con la boca abierta, yo por el tipazo que le hacían y Leo porque nunca había visto a su madre en vaqueros y con camiseta.

    Después de comer sonó el teléfono, era el padre de Leo que llamaba desde Uruguay, tras una breve conversación con él Leo dejó a su madre al teléfono y nos subimos a la azotea. La tarde no era tan calurosa como los días anteriores pero no había nada de viento y se estaba muy bien. Leo quería que la inmortalizara completamente desnuda. Se quitó los shorts playeros que llevaba y la camiseta, no tenía ropa interior, apoyó su espalda en la pared de la casa y se agarró las tetas con las dos manos, yo empecé a disparar, realmente se había convertido en una mujer de bandera desde que nos habíamos conocido cuando era casi una niña, su larga melena estaba más rubia que nunca tras largos días de sol, su piel morena casi color miel. Hacía tiempo que no se depilaba a fondo, el monte de Venus si lo tenía perfectamente rasurado pero los labios tenían un pelo, si no abundante si más de lo que yo le había visto nunca. Me gustaba, era una novedad y resultó muy fotogénico porque le hice varios primeros planos con las piernas ligeramente abiertas. Tiré unas treinta fotos, en muchas posiciones, su cara de viciosa al posar me ponía muy cachonda y aunque llevaba días atontada besando el suelo por donde pisaba su madre, una no era de piedra. En cuanto Leo posó para su última foto empezó a insistir en que era mi turno. Lara se unió a nosotras en ese momento y yo no dudé en lanzarme. Me quité todo menos el tanga y Leo empezó a disparar, yo no podía poner una cara de zorrita como ella y me limite a sonreír. Lara me observaba con una sonrisa y Leo me pedía que me quitase el tanga y le dejase fotografiar mi culazo desnudo, yo accedí y me tumbe boca abajo en una colchoneta con una de mis rodillas algo doblada para mostrarle también mi coño abierto. Tras otras treinta o cuarenta fotos ya no quedaba ni un centímetro de mi piel sin retratar. Lara me hizo un sitio a su lado y me senté junto a ella en una tumbona, me pasó su brazo por encima de mis hombros y me beso en mi pelo.

    -Lara. Tienes que haber salido guapísima. Me encanta esa sonrisa, eres muy fotogénica.

    -Ana. Gracias, pero no sé si me atreveré a ver las fotos. Quizás lo mejor sea borrarlas.

    -Lara. De eso ni hablar, yo quiero verlas

    Leo intervino entonces.

    -Leo. Ahora tú mama.

    -Lara. Ni hablar, yo no tengo veinte años.

    -Ana. Lara, vas a salir mucho mejor que nosotras, si no te gusta borraremos las fotos.

    Yo mentía descaradamente, si aquella mujer, que me volvía loca, se ponía delante de mi cámara ni por todo el oro del mundo borraría esas fotos.

    Lara accedió pero diciendo que de desnudarse nada, como mucho algo sugerente. Se fue a su habitación y cambió vaqueros y camiseta por un vestido blanco, tipo túnica, de tela transparente totalmente abierto por los lados, solo con unos hilos casi invisibles que dejaban ver todo su cuerpo desde las axilas hasta las piernas, no tenía apenas escote pero por los laterales se veían aquellas enormes peras, casi hasta los pezones. Yo empecé a quitar fotos y a decirle lo increíble que estaba, tenía gafas de sol y me acerque para quitárselas, le dije que su sonrisa no era la misma sin ver aquellos preciosos ojos, ella me miró y obedeció con un gesto de agradecimiento por mis palabras. Leo me pidió que les hiciese una juntas y se puso delante de su madre diciendo que tenía una idea. Sin más levantó la túnica de Lara y se la quitó, las dos desnudas se pusieron frente a mí con Leo delante tapando a su madre, la foto quedó muy bien. Yo no podía más, llevaba un par de días sin masturbarme y todo aquello me tenía al rojo, entonces Lara, ya desnuda me pidió que continuase, se tumbó sobre una toalla grande blanca, su piel estaba ya muy morena e incluso las marcas del bikini que tenía los primeros días estaban desapareciendo. Para empezar se puso boca abajo con los brazos bajo su cara, yo tuve una gran idea, fruto de mi calentón, le pregunté si tenía algún aceite hidratante y Lara indicó a Leo donde encontrarlo. Leo me lo trajo y se disculpó diciendo que tenía que ir al baño. Me guiño un ojo y me hizo un gesto como diciendo: voy a tardar.

    Yo dejé la cámara y estruje el bote de aceite sobre la espalda de Lara. Me senté a su lado y empecé a extender el aceite.

    -Lara. (Suspirando) Que bien, creo que prefiero un buen masaje a la sesión fotográfica.

    -Ana. Tú tranquila. Puedes tenerlas las dos cosas.

    -Lara. Anita me encanta como me cuidas, eres tan dulce, tan buena, nunca desde el día que nos conocimos te has quejado de nada, siempre estás pendiente de mí, pasas más tiempo conmigo que mi propia hija.

    -Ana. Tengo que ponerte en el culito o prefieres hacerlo tú.

    -Lara. Culito? Cariño mi trasero no admite diminutivos pero sí que estará encantado de recibir un buen magreo.

    Era la primera vez que me hacía un comentario así, tan directo.

    Entonces puse bastante aceite sobre mi objeto de deseo y me puse a magrearlo, fue cuando me di cuenta de su verdadero tamaño, necesitaba una eternidad para rodearlo por completo con mi mano, empezaba donde la nalga se une con el muslo e iba describiendo un círculo, pasando por la cintura, para acabar en la parte inferior de la otra nalga. Sus piernas estaban bastante abiertas y su carnoso coño a la vista, tentándome, por detrás se veía precioso, la depilación láser había incluido la zona entre el ojete y la parte inferior de la vagina, solo tenía algo de vello sobre los labios, solo me atreví a aceitar la raja, llegué a tocar casi su ojete pero no fui capaz de más, temía qué Leo regresase y me pillara con las manos en la masa, una cosa era el juego que se traía utilizando a su madre para calentarme y otra llegar y encontrarme sobándole el coño a Lara. Disfruté mucho de todos modos, todavía me quedaban los muslos y los trabajé a conciencia. Al final me limpié las manos y tiré las fotos, todo su cuerpo brillaba, y su moreno destacaba muchísimo sobre la toalla blanca, saqué varias de su culo muy de cerca, su coño estaba empapado y yo quería creer que yo era la causa del calentón de mi diosa. Lara se dio la vuelta y se embadurnó de aceite por delante. Continúe tirando fotos, pechos, coño por delante, que paja voy a hacerme en cuanto me quede a solas pensé. Leo regresó y tomamos el sol un rato, la tarde fue empeorado y bajamos a la piscina del sótano hasta la hora de cenar.

    Después de cenar tuvimos que cerrar todas las ventanas que normalmente estaban abiertas. Leo estaba impaciente por ver las fotos así que yo las pasé a mi portátil y de él a un DVD. Me guardé una copia en el disco duro. Eran unas cien fotos. Nos acomodamos las tres en el gran sofá frente al televisor y Lara nos puso unos licores. Nos tapamos las tres con un par de mantas porque la temperatura había caído bastante. Leo y yo estábamos en tanga y camiseta como siempre y Lara con una bata de raso blanca sin nada debajo. Yo en medio estaba calentita, Lara se apretujaba contra mí, nuestros muslos se daban calor mutuo. Hoy todos estamos hartos de hacer fotos pero en aquel momento nos causó verdadera impresión vernos en el enorme televisor por primera vez totalmente desnudas. Las fotos iban pasando lentamente empezando por Leo, al principio nos reíamos, silbábamos y sobre todo Leo hacía todo tipo de comentarios subidos de tono pero poco a poco el silencio fue imponiéndose al jolgorio. Cuando llegaron mis fotos Lara agarró mi mano y dijo: que guapa mi Anita, te comes la cámara con esos ojazos. Mientras a mi lado derecho no me creía que Leonor se estaba acariciando el coño bajo la manta, se abrió un poco de piernas y puso su pierna encima de la mía agarrando mi mano y llevándola al interior de su muslo. Yo no me ruboricé por una vez y acerque mis dedos a su almejita, era puro aceite, yo no era la única necesitada de un buen meneo. Leo seguía a lo suyo cuando llegaron las fotos de Lara y las dos exclamamos un halago que ella agradeció besando el anverso de mi mano izquierda y quedándose con ella. Allí estaba yo, en la gloria, Leo me tenía agarrado el otro brazo y llevaba mi mano a su coño. Yo me preguntaba si pretendía correrse allí mismo y notaba que cuanto más desnuda aparecía Lara en la pantalla más se excitaba, además su chocho empezaba a hacer ruido de húmedo que estaba. Cuando el Dvd llegó al final noté que se colocaba el tanga que se había apartado a un lado y se levantaba para irse a la cama. Me invitó a subir con ella y acepté, yo me moría por un orgasmo y aunque me hubiese gustado quedarme allí con Lara, que se había puesto otro licor, la invitación de Leo suponía una gran tentación. Subimos, nos lavamos los dientes y para mí sorpresa Leo me pidió prestado el portátil para ver las fotos en su habitación. Yo accedí y me di cuenta que no estaba invitada, Leo cerró por primera vez en todas las vacaciones su puerta y me dejó con el calentón. Encima me dio un buen morreo a cambio del PC para acabar de ponerme a mil. Estuve a punto de bajar de nuevo al salón pero pensé que Lara quizás quería estar sola. Me metí bajo las sábanas y me quité el tanga, el coño estaba tan bien lubricado que el jugo llegaba ya a mi agujero de atrás, así que empecé a meterme un dedo por el culo para no correrme enseguida. Empecé a repasar lo excitante que había sido el día y lo que más cachonda me ponía era que Leo estaba en la habitación de al lado pajeándose con nuestras fotos. Me fui calentando más y más y ya tenía un par de dedos en mi culo. No podía dejar de pensar en ellas pero allí estaba, sola como tantas veces. Mi excitación era tan fuerte que me levanté de mí cama y me iba directa a tocar a la puerta de Leo cuando vi a través de mi ventana la luz del televisor del salón reflejada en los árboles del jardín. Cambié de opinión, fui al baño de Lara, me lavé las manos y me limpié el coñito que rebosaba jugo, busqué el tanga de Lara en su cesto de la ropa sucia y jugueteé un poco con él como hacía casi todos los días. Volví a mi habitación y me puse el tanga más sexy que tenía y una camiseta my corta. Bajé en silencio las escaleras hasta la segunda planta, por suerte antes de abrir la puerta que separaba las escaleras del salón eché un vistazo a través de unos pequeños cristales circulares y translúcidos que adornaban los extremos de la puerta, desde allí se veía perfectamente el sofá iluminado por el enorme televisor y a Lara acariciando una de sus tetazas, la tenía fuera de la bata, una de sus manos sujetaba el enorme pecho sobre su palma como si fuese una bandeja y con la otra rozaba la yema de su dedo contra la aureola y el pezón. Yo ya la había visto desnuda, mis labios ya habían besado los suyos, aunque aún no supiese que tipo de besos eran los nuestros, mis manos habían magreado ya su trasero y sus muslos pero aquella escena era la primera evidencia directa de que aquella mujer también sentía, también gozaba, también necesitaba sexo para poder conciliar el sueño. Su cara miraba fijamente el televisor y por un reflejo en una ventana al fondo del salón vi perfectamente que era el DVD con las fotos lo que estaba viendo, incluso podía distinguir de qué foto se trataba, enseguida se terminaron pero con el mando a distancia lanzó de nuevo el disco. Aparecieron las primeras fotos de Leo y el morbo me invadió de nuevo, Lara seguía acariciándose el pecho y con su mirada fija en la pantalla. Me fascinaba la relación que tenían madre e hija, yo sabía que Leo solo se había acostado con una mujer en su vida y era yo pero casi todos aquellos días de vacaciones había estado tentada de preguntar a Leo por la relación con su madre. No fui capaz, era algo demasiado personal por muy amigas y amantes que fuésemos. De lo que tampoco fui capaz fue de traspasar la puerta, la tentación era muy fuerte pero me faltó valor. Lara no tenía prisa alguna, estuvo así varios minutos y yo metí mi mano entre el tanga y mi coño. Su paciencia me contagió y estuve un rato acariciándome por fuera sin tocar apenas labios ni clítoris. Luego ya no pude resistir más al ver como ella agarraba el pecho con las dos manos y se lo llevaba a la boca, era algo que aunque yo era capaz de hacer, ni de lejos con su facilidad. El tamaño de sus tetas le permitía comérselas muy cómodamente y ella se sacó la otra y alternativamente se llevaba los pezones a la boca y succionaba como si fuesen un chupete. De vez en cuando apartaba la mirada del la tele y se las observaba, las separaba, jugueteaba con ellas y volvía a juntarlas, sus aureolas eran enormes y los pezones tenían ahora el tamaño de una pequeña aceituna. Me excitó mucho que cuando vi en el reflejo que llegaban mis fotos ella fijase de nuevo su mirada en la pantalla. Dejó sus pechos y vi desaparecer su mano derecha bajo la manta con la que se tapaba de cintura para abajo, leí en su cara perfectamente que acababa de tocar su coño por su gesto de placer. Sus ojos estaban clavados en mi cuerpo que iba apareciendo en distintas posturas, ya no pude más y me corrí en cuanto mis dedos empezaron a trabajar la entrada de mi chochito. No fue la corrida de mi vida, me gusto y punto. En el fondo deseaba hacer realidad mi deseo de follar con ella que no había hecho más que aumentar desde el día que la conocí. Lara seguía jugando con su coño ya hacia un rato, lentamente, sin prisa alguna, su sexualidad parecía totalmente distinta a la mía, en aquel rato yo podría haberme corrido ya varias veces y tener el chocho tan sensible que ya habría recurrido a la parte de atrás, pero aunque aquella maldita manta me tapaba la vista de su vagina me parecía, por el movimiento de su brazo y la apertura de sus piernas, que se estaba metiendo alguno de sus estilizados dedos, lo hacía lentamente en cualquier caso. Seguí allí en silencio otros veinte minutos, entregada a mi tarea de voyeur, me daba igual que Leo pudiese bajar y sorprenderme, es mas pensaba hablar con ella y averiguar, al menos, si Lara conocía mi condición de lesbiana, eso me ayudaría a valorar su actitud hacia mí, por ejemplo el hecho de probarse el bikini conmigo o pedirme que le untase aceite en su cuerpo. Me estaba meando así que subí arriba al baño de Lara, quería bajar de nuevo, me daba mucho morbo ver como se corría y con qué fotos lo hacía, antes rápidamente cogí mi bata de mi habitación y eche un vistazo rápido a la de Leo. Su puerta estaba ahora abierta y por su respiración debía llevar un buen rato dormida. En un minuto estaba de nuevo espiando a mi diosa, la encontré ya mucho mas excitada, su brazo se movía de otra manera, como si en vez de hacer movimientos de fuera adentro con sus dedos, estuviese ya acariciando la entrada de su magnífica almeja o quizás sus labios internos que yo me imaginaba brillantes, rosáceos y húmedos como la primera vez que los vi mientras tomábamos el sol. Su vulva estaba aun tapada por la manta pero una de sus piernas salía hacia un lado, se había recostado en el sofá. Me maravillaba una vez más la tersura de su piel, aquel pedazo de muslo estaba firme, ni rastro de flacidez. Tuve tiempo de empezar a sobarme de nuevo, su aguante me empezaba a dar envidia, se tocaba y tocaba con tal control que creí que amanecería antes de que Lara se corriese. Lentamente fue respirando cada vez más rápidamente, casi jadeando, y cuando por enésima vez aparecieron mis fotos me di cuenta que el final llegaba, apartó la manta bruscamente hacia un lado y se abrió bastante más de piernas, pude ver su coñazo abierto completamente y su mano que volaba arriba y abajo a velocidad de vértigo, su cara estaba completamente roja, casi desencajada, llevaba quizás más de una hora tocándose el chocho y aun aguanto minutos y minutos frotándose con una dureza que yo no aguantaría ni unos segundos. Lara, como podía, aguantaba su mirada clavada en mis imágenes y casi en una de las ultimas se corrió con un grito mudo de placer que aun así resonó en el silencio absoluto de la noche. Se derrumbó hacia un lado en el sofá, se había metido varios dedos dentro en el momento del orgasmo y su mano seguía atrapada entre sus piernas ahora cerradas, sus pechos subían y bajaban mientras trataba de recuperar el aliento y respiraba rápida y profundamente, la veía feliz, se quedo así un par de minutos mientras su respiración se normalizaba y despacio sacó su mano del chocho y se la llevo empapada a la boca. Se lamio los dedos y se tapo con la manta. Yo ni me había tocado, había estado observando sin perder detalle, no quería distraerme con nada. Subí las escaleras feliz, Lara se había corrido viendo mi cuerpo desnudo en aquellas fotos que todavía conservo, al menos sabía que yo la excitaba y mucho. Me metí en cama muerta de frio y enseguida oí como Lara subía y entraba en su habitación, eran más de las tres de la madrugada y yo intente emular a mi diosa con una paja lenta pero explosiva como la suya. Fue en vano, no tardé ni cinco minutos, empecé a fantasear con la imagen de nosotras tres en el sofá y Leo besando a su madre y me corrí sin remedio. Esta vez fue mucho más placentera que la anterior y me dormí profundamente.

    Me despertaron las ganas de orinar a la mañana siguiente, pensé que sería muy temprano pues todo estaba casi a oscuras todavía. Casi me muero de vergüenza al ver en mi reloj de la mesita que eran casi las doce. Salte de la cama y fui al baño, ni Lara ni Leo estaban en sus habitaciones. Fuera estaba lloviendo y no se veía casi nada alrededor de la casa con la cortina de agua que caía, además hacia bastante viento. Me lave la cara y me fui hacia la cocina lamentándome porque me gustaba bajar antes que Leo y encontrarme a Lara sola, su beso y su abrazo eran el mejor de muchos buenos momentos cada día. Tuve suerte y Lara estaba sola, la vi con pantis por primera vez, hacia bastante frio, eran negros y se ajustaban perfectamente a sus maravillosas piernas, además llevaba una falda bastante corta con vuelos y acampanada de color beige. Ella también había dormido más de la cuenta ayudada por la tormenta. Me disculpé y me acerque a ella dispuesta a cobrarme mi beso de cada mañana que últimamente era en los labios. Nos abrazamos primero y luego yo me puse de puntillas y nuestras caras se acercaron, por primera vez saque un poco mi lengua y toque sus labios con ella, nos separamos y nos miramos a los ojos sin miedo tras el beso, Lara estaba feliz, sonriente y relajada y yo tenía un cosquilleo por todo mi cuerpo.

    -Lara. No te preocupes cariño yo acabo de bajar. La única que ha madrugado es Leo y se ha ido hace un rato con el coche.

    -Ana. Con esta tormenta?

    -Lara. Pues sí. Me ha pedido que las disculpes y te llamará luego. Yo todavía estaba en cama cuando se ha ido.

    -Ana. Ha donde habrá ido con este tiempo?

    -Lara. (Sonriendo y abrazándome de nuevo) Me encanta que te preocupes por ella. Todos estos años, aun sin conocerte, me daba mucha tranquilidad saber que estabas tú con ella. Pero no hay motivo de preocupación, estará en el pueblo con sus amigos, con esta tormenta los barcos no han salido y mañana es sábado así que es como un día festivo para esta gente.

    -Ana. Bueno, espero que esté bien. Asusta un poco esta oscuridad y por las ventanas no se ve nada, apenas los arboles del jardín.

    -Lara. Pues esto no es nada, probadamente empeore a lo largo del día, todos los veranos tenemos un par de días así.

    Yo había bajado en bata y Lara, aparte de su preciosa falda que le daba un aspecto juvenil, llevaba una chaqueta de punto blanca muy bonita con solo el sujetador debajo de color rosa. Casi nunca llevaba sujetador en casa. El hecho de estar solas en casa me hacia olvidar mi sincera preocupación por Leo.

    -Ana. Me encanta este sujetador, es precioso. Te queda muy bien así con la chaqueta medio desabrochada.

    -Lara. (Poniéndose ambas manos sobre los pechos) Gracias, sabes que en casa nunca me lo pongo pero no quería que estas dos se enfriasen. Y tú te vas a congelar con esa batita.

    -Ana. Es que apenas me he traído nada más que ropa muy ligera, no me esperaba más que sol y calor.

    -Lara. No te preocupes, antes de desayunar vamos a bajar al garaje a poner la calefacción y luego subimos y te dejo algo de ropa. Tardará un par de horas pero la casa acabara calentándose, la caldera es un poco lenta pero en semana santa la utilizamos un par de días y funcionaba perfectamente.

    Así hicimos y conseguimos poner a funcionar la vieja caldera que solo se usaba para la calefacción. Subimos a su habitación y Lara abrió su vestidor, aun no viviendo allí tenía una cantidad fenomenal de ropa.

    -Lara. Creo que lo mejor será buscar algo elástico como unas mallas porque nuestras tallas son bastante distintas.

    -Ana. Me encantaría ponerme pantis como tú, me encanta el tacto que tienen.

    -Lara. En ese caso creo que tienes suerte porque el año pasado me equivoque de talla al comprar unos y luego no los devolví. Deben estar en el fondo de algún cajón.

    Ella empezó a revolver los cajones de ropa interior y enseguida los encontró. Me quite la bata y el tanga y empecé a ponérmelos. Eran negros.

    -Ana. Me van perfectos y son de los caros tienen un tacto increíble.

    -Lara. Yo te confieso que si alguna prenda me pone un poco cachonda son los pantis desde luego.

    -Ana. Bueno a mí los tangas lo confieso, pero los pantis me encantan también.

    Nos reímos y Lara se puso a buscar algo mas para mí. Nuestra confianza mutua seguía aumentando. Lara me dio una chaqueta de punto con motivos navideños, a ella le hubiese quedado por la cintura pero a mí me hacía de vestido y ya no necesitaba nada más.

    Cuando bajamos a la cocina nos dimos cuenta de que casi era hora de comer y no de desayunar. Las dos teníamos hambre y decidimos preparar unas tortillas francesas y una pequeña ensalada. Yo me ocupé de la ensalada y Lara empezó a preparar la tortilla. Ella junto a la encimera, casi dándome la espalda, y yo en la mesa de la cocina. Su cuerpo se cimbreaba ligeramente al batir los huevos, su enorme culo daba más campana a la falda del que esta ya tenía y sus nalgas se notaban dentro moviéndose como flanes. Yo paré mi trabajo y la observe descaradamente. Ella notó mi mirada pero no dijo nada, paró un momento y se subió un poco más la falda en la cintura dejando sus muslos mucho más a la vista, siguió batiendo los huevos y me hablo con voz suave.

    -Lara. Podrías acercarte y subirme un poco los pantis, yo tengo las manos llenas de huevo.

    Yo me acerqué a ella, sus manos estaban limpias. Le levanté la falda, vi que no llevaba nada debajo de los pantis, no había nada que subir, estaban perfectamente ajustados, eran como una segunda piel. Separe mis manos lo suficiente para abarcar sus caderas y las apreté fuerte con las palmas de mis manos. Apreté mi cuerpo contra el suyo, ella seguía con los huevos aunque su respiración se volvió larga y profunda. Subí su chaqueta y bese su espalda, una de mis manos pasó de la cadera a su nalga y con la otra acaricie su vientre, yo me pegaba a ella todo lo que podía casi la estrujaba. En ningún momento me rechazó, pero me pidió tranquilidad susurrando.

    -Lara. Tranquila, tranquila, no tengas prisa.

    -Ana. Pero Leo podría volver en cualquier momento.

    -Lara. No te preocupes, Leo no va a volver, la conozco.

    -Ana. Como lo sabes, te lo ha dicho ella?

    -Lara. No pero es mi hija, a veces yo sé antes que ella lo que va a hacer.

    Seguimos un momento abrazadas susurrando mientras la tormenta arreciaba y el agua golpeaba los ventanales de la cocina. Ahora sí que parecíamos aisladas del resto del mundo.

    Lara se giró y nuestras lenguas se anudaron. Estuvimos besándonos unos minutos, yo no podía creerme que fuésemos a follar, lo que había empezado como una fantasía se estaba convirtiendo en realidad. Algunas veces me habían gustado madres de mis amigas pero con un tipazo así jamás. No podíamos parar, nos comíamos la boca y nos metíamos mano, yo le suplicaba a Lara irnos a la cama, pero ella me pedía tranquilidad. Nos separamos y acabamos de preparar la comida. Nos reímos mucho al darnos cuenta de lo que nos habíamos preparado: tortilla. Yo le confesé a Lara que tenía miedo de que se lo pensara mejor y no quisiese seguir adelante. Su contestación fue dejar el tenedor sobre su plato, levantarse y quitarse los pantis. La casa empezaba a estar templada. Se acercó a mí y pude ver el cordón de unas bolas chinas que salía de su enorme coño, se sacó las bolas empapadas en jugo y me las ofreció. Yo no dudé un momento y empecé a chuparlas, estaban calentitas, quise tocar su chocho pero ella se alejo hacia el tendedero. Hacía muchísimo frío allí, pero a Lara le dio igual, se desnudó del todo y empezó a recoger del tendedero la ropa del día anterior.

    -Lara. Me excitabas mucho todos estos días cuando me observabas aquí en el tendedero.

    -Ana. Qué vergüenza, te dabas cuenta?

    -Lara. Nada de vergüenza. Esperaba cada día que me pidieses ayuda con la colada y cuando acababa me tenía que ir al baño a masturbarme.

    Mientras Lara hablaba yo me senté en una vieja silla y empecé a acariciarme el coñito por encima de mis pantis , hacía frío pero Lara seguía su tarea completamente desnuda. De vez en cuando se daba la vuelta para mostrarme su tesoro, aquel enorme culo, que yo por fin iba a saborear.

    -Ana. Con lo que me hubiese gustado acompañarte, por qué no hemos hecho esto antes?

    -Lara. Pues yo no estaba segura de lanzarme y supongo que tú tampoco, es normal el tener miedo a ser rechazada. Y luego está la diferencia de edad, que tampoco ayuda y que soy la madre de tu mejor amiga.

    -Ana. Y por qué hoy? Porque estamos solas, varias veces lo hemos estado durante estos días.

    -Lara. Bueno eso es algo más complicado cariño.

    En ese momento me levanté y fui hacia ella. Nos abrazamos y la besé, estábamos las dos heladas.

    -Ana. Me apetece un baño calentito. Por qué no subimos y me cuentas lo que sea.

    Mientras subíamos Lara contoneaba su culo escalera arriba y yo le di un par de palmadas en las nalgas, me estaba comportando como un fontanero.

    La sensación de meternos juntas en la bañera con el agua calentita fue deliciosa, yo bajé rápidamente a por una botella de vino blanco.

    Lara me dejó de piedra cuando me contó una historia que a mí se sonaba mucho. Al parecer hacía tiempo que Leo le hablaba de un regalo que iba a hacerle y que la haría muy feliz, Lara imaginó todo tipo de obsequios incluido un nieto, pero esa mañana cuando Leo fue a su habitación a despedirse antes de salir hacia el pueblo le anunció que yo era su regalo.Yo pretendí no saber nada, no quise decirle que yo también había recibido la misma promesa y que ella era también mi regalo.

    -Ana. Por favor Lara, dime que no os habéis enfadado por mi culpa.

    -Lara. No, nada de eso. Me dejó boquiabierta, no supe qué decir. Me dio un abrazo y se fue.

    -Ana. Me muero de ganas de follar, no quiero saber más. No voy a preguntarte si soy la primera mujer con la que te acuestas ni que sientes por mí ni nada. Quiero follar hasta que no podamos más.

    -Lara. Perdona Anita pero necesitaba contártelo, estoy bastante confundida, todavía no sé muy bien cómo hemos acabado las dos aquí metidas en esta bañera, siento que Leo te ha traído aquí para que te acuestes conmigo y eso me inquieta y me encanta al mismo tiempo. Y, por cierto, nunca me he acostado con una mujer, vas a tener que ser mi maestra.

    Era evidente que Lara conocía mi pasión por las mujeres, y si era cierto que yo era la primera, iba a recordarme toda su vida. Estábamos juntas sentadas en la bañera, yo me senté sobre sus muslos y estuve jugando con sus tetas unos minutos le pedí a Lara que se comiese una como había hecho la noche anterior y yo chupe el pezón de la otra, tenía que sujetarla con las dos manos y me impresionaba su peso. La vieja caldera poco a poco iba caldeando el ambiente en la casa y se estaba ya muy bien. Entre la bañera y la pared había un espacio que permitía sentarse e incluso tumbarse, estaba cubierto con láminas de madera. Yo me salí del agua y me senté con mi espalda apoyada en la pared, doble mis piernas y apoyé los codos sobre las rodillas. Lara, sin salir del agua se acercó a mi chocho abierto de par en par para ella. Me encanta es precioso me dijo y yo le contesté poniendo un tono imperativo: vamos a ver que sabes hacer cariño. Una vez más hizo gala de su paciencia y empezó suavemente a mordisquear mis labios externos con mucho cuidado, estaban bastante peludos para lo que en mi era habitual, el resto de la vulva sí me la había depilado un par de días antes. Para ser el primer coño que se comía Lara lo hacía muy bien, a pesar de haber estado en el agua enseguida le regalé una buena dosis de mi miel, ver su cabeza entre mis piernas y tocar su pelo me ponía cachondísima y su lengua sabía donde tocar para subirme la temperatura sin que me corriese, aquella mujer sabía lo que hacía, sin duda había pasado horas y horas experimentando con su chocho para llegar a tener tal control de la masturbación. A los pocos minutos yo me moría por correrme pero ella no me dejaba acercar mi mano para masajear el clítoris. Su lengua entraba varios centímetros en mi vagina y ya dentro la movía hacia los lados y arriba y abajo, me daba mucho placer pero sabía que así tardaría en correrme. Lara ocupó mi lugar fuera del agua y se puso en la misma postura, yo me metí en el agua y su enorme coño quedó frente a mí, pude ver bien el precioso depilado, casi total, solo sus labios tenían un vello muy cortito y suave, tardé nada en hundir mi boquita en aquel agujero, podía meter mis labios en la entrada y llegar muy adentro con mi lengua, Lara grito de placer, yo abrí sus labios agarrándolos hacia fuera con mis dedos y me dije que ya era hora de que alguien se corriese allí. Llegué a frotar toda mi cara por su vagina y acabé con ella llena del néctar que no paraba de salir de su enorme almeja. Lara me interrumpió disculpándose de una manera tan educada y fina que me hizo mucha gracia, dada la situación: se estaba orinando. Hizo un ademán de levantarse para acercarse al váter pero yo la paré con un gesto que ella entendió perfectamente. Estas segura? me pregunto, Claro que estaba segura continué con mi trabajo y cada vez su delicioso coño estaba más suave, más carnoso y más y más húmedo, y encima venía aquella lluvia que yo esperaba con impaciencia, Lara tardo un par de minutos pero finalmente de su uretra salió a toda presión un chorro calentito que me empapo la cara, yo seguí lamiendo su coño como si nada, Lara tenía muchas ganas porque su meada no se acababa nunca, tuve tiempo de hacer algo que me encantaba, bloquear con mi lengua su salida para que fuese hacia los lados y empapar sus ingles. Con la meada Lara se volvió loca, su paciencia y su saber hacer se terminaron ahí, yo me acerqué a su cara y nos dimos un morreo, mi cara estaba empapada de su meada, nos salimos de la bañera y nos secamos atropelladamente, en menos de un minuto estábamos sobre su cama, la dos estábamos tan calientes que no podíamos hacer nada que no fuese un sesenta y nueve, Lara debajo y yo encima, nos corrimos casi a la vez, yo utilicé mis dedos para llevarla al orgasmo , frotando su raja desde la entrada hasta el clítoris, ella me hizo correrme solo con su boca.

    Las dos sentimos la necesidad de abrazarnos, Lara se dio la vuelta y nos besamos una vez más, las dos saboreamos el sabor de nuestro propio coño en la boca de la otra. Teníamos la luz apagada y la habitación estaba en penumbra, no eran más de las cinco pero nos dimos cuenta que la tormenta no dejaba de ir a más. Estábamos muertas de hambre, apenas habíamos comido algo al mediodía. Lara no había tenido bastante y me lo hizo saber.

    -Lara. (Metiéndose dos dedos en su vagina). En mi vida he tenido mi juguetito así. Es como si metiese mis dedos en un tarro de Nivea.

    -Ana. (Metiendo mis dedos en su coño). Solo que está calentito. Me encanta.

    -Lara. Haber el tuyo. También está muy bien, pero no como el mío. Me encanta como me follas. Nunca he tenido un orgasmo como este y en la bañera me has vuelto loca,

    -Ana. Gracias pero eres tú y éste cuerpazo que me pone a cien. Pero no me creo que nunca hayas estado con otra mujer. Te veo muy desenvuelta.

    -Lara. (Riéndose). Te lo juro. Siempre me han gustado las mujeres pero nunca he tenido la ocasión. Pero la vida me ha compensado poniéndome una princesita como tú a mi disposición, porque ya te aviso que la noche va a ser muy larga.

    -Ana. Cariño, te parezco infantil si te pregunto cuando empecé a gustarte. Tú a mí me pusiste cachonda desde el primer día nada más verte.

    -Lara. En eso te gano. Yo hace casi un año que me masturbo pensando en ti.

    -Ana. Como un año? Si nos conocemos hace unos días.

    En ese momento sonó el teléfono, Lara me dijo que debía ser su hija y me dejó que hablase con ella, me dio un beso y bajó al sótano a bajar la calefacción. Yo cogí el teléfono de la mesita junto a la cama y efectivamente era Leo. Se oía fatal, parecía mentira que llamase desde el pueblo a apenas un kilómetro.

    -Leo. Que tal todo va bien, has abierto tu regalo?

    -Ana. Leo por un lado quiero matarte y por el otro comerte a besos. Porque te has ido, vas a venir a dormir? Estoy preocupada por ti, el tiempo está empeorando.

    -Leo. Ayer comprendí que tenía que darte un empujón, la tenías a punto y en vez de lanzarte te quedaste mirando tras la puerta, te pedí el ordenador para que pusieses tu atención en ella pero ni así.

    -Ana. Es que para ti todo es muy fácil pero yo no soy así. Pero tranquila hoy no te he defraudado. Pero, por favor vente para casa.

    -Leo. De eso nada, hoy duermo con dos buenas pollas. No te preocupes yo estoy perfectamente. Que lo paséis muy bien. Ah, y dile a mi madre que ya puede abrir la caja. Un beso, te quiero.

    Colgué el teléfono y bajé en busca de Lara. Subía del sótano tras haber bajado un poco la calefacción y traía una cajita de pescado rebozado para cenar. Ya no hacía nada de frío y las dos estábamos desnudas.

    -Ana. Leo se queda a dormir en el pueblo.

    -Lara. Te dije que teníamos tiempo. Pero veo que estás preocupada y no hay motivo. Ella va a estar bien Anita. No necesito explicarte más, tú la conoces bien.

    -Ana (Más tranquila). Lo sé pero me asusta un poco esta tormenta. Y ahora tienes que contarme lo de antes. Hace un año ni me conocías.

    -Lara. Bueno yo intentaré explicártelo, créeme que no es fácil pero a cambio tú tienes que vestirte para mí, me vuelve loca ese culazo pero también me encantaría que te pusieses algo sexy.

    -Ana. De acuerdo pero yo no tengo lencería ni nada especialmente sexy.

    Subimos a su habitación, por mi nos hubiésemos quedado en pelotas, me gustaba pasearnos desnudas por todos los rincones de la casa. En ese momento recordé lo de la caja y se lo dije a Lara, ella se acercó a la gran caja fuerte empotrada en la pared y abrió la pesada puerta tras introducir el código. Al fondo había una caja dorada que yo recordaba haber visto entre el equipaje de Leonor. Lara la abrió y las dos lanzamos una exclamación. Dentro había un conjunto con una preciosa mini tanga de color blanco, medias a juego y un camisón de gasa completamente transparente y muy corto, debajo una nota decía: el blanco te sienta muy bien.

    -Lara. (Sorprendida y divertida) Vaya, a esta hija mía no se le escapa detalle. El día que llegasteis Leo me pidió que guardase esta caja y me hizo prometer que no la abriría. Te das cuenta de lo que esto significa? Leo lo tenía todo planeado.

    Lo que Lara decía era más que evidente y también lo era que la dos estábamos encantadas en el papel de marionetas. Pero la caja contenía algo más que mi conjunto, también había algo para Lara, cuando lo vimos parecía una gran polla de látex pero venia también con un arnés para colocársela en la cintura y follar. Ninguna de las dos habíamos visto algo así antes y nos quedamos con los ojos abiertos. Una nota decía simplemente: para Lara.

    Nos quedamos un rato sin saber que decir y Lara rompió el silencio con un tono positivo.

    -Lara. Bien será mejor que cenemos algo, hay que reponer fuerzas.

    -Ana. Voy a mi habitación a ponerme mi regalo, y tú que te vas a poner?

    -Lara. Te dejo que elijas.

    -Ana. Muy fácil, donde están las bolas chinas?

    -Lara. Creo que en el baño.

    Entré en el baño y lavé con cuidado las bolas, se las di a Lara.

    -Lara. Ya esta, solo esto?

    Se sintió muy halagada. Yo quería ver su cuerpo al natural, aquellas tetas que cuando se inclinaba casi llegaban a su ombligo, sus caderas cada vez me gustaban mas, sus pies desnudos eran una debilidad que yo tenía y su culo parecía hablarme y pedirme que me ocupase de él. Enseguida baje con mi conjunto, Leo se había gastado un buen dinero, el tacto era tan suave que solo ponértelo ya te erotizaba. Entré en la cocina y me encontré a Lara en vaqueros y camiseta.

    -Lara. Cariño, no te enfades, pero me da miedo el aceite de la sartén, en cuanto acabe me desnudo. La bolas están ya en su sitio. Caray que buena estas con ese camisoncito, Leo tiene buen gusto para la lencería.

    -Ana. Los vaqueros te sientan muy bien pero desnuda me haces sentir una privilegiada, supongo que muy poca gente te ha visto y encontrarme entre ellas es algo muy especial, eres la mujer más espectacular que jamás veré, eres inmejorable.

    No podíamos estar más de cinco minutos sin morrearnos y meternos mano, a este paso no cenaríamos nunca. Después de un nuevo magreo, Lara me envió al salón a preparar la pequeña mesa que había entre el sofá y el televisor para cenar allí. Finalmente nos pusimos a cenar, y Lara abrió una botella de vino. Por fin iba a satisfacer mi curiosidad.

    -Lara. No sé por dónde empezar pero bueno supongo que es evidente que mi matrimonio ha sido un éxito en muchos aspectos pero no en el sexual. Hace años que mi marido y yo ni siquiera dormimos juntos, no voy a darte más detalles porque no quiero aburrirte. El caso es que mi única fuente de placer estos últimos anos son mis dedos y algún juguete. Cuando me toco prefiero pensar en mujeres y no en hombres, no siempre pero cada vez más. Hace unos meses Leo empezó a hablarme de ti cada vez que nos veíamos, por supuesto antes me hablaba de ti pero de otra manera. Últimamente incluso te describía con detalle, me hablaba de tu culo, decía que era tan grande y tan bien hecho como el mío, tus pechos, tu pelo incluso lo bien depilado que tenías el coñito. Ponía tanta pasión en sus descripciones que una noche no pude más y en mi imaginación te hice de todo, tuve el mejor orgasmo en mucho tiempo y a partir de entonces eres el centro de todas mis fantasías. Cuando me dijo que ibas a pasar aquí el verano se me puso un nudo en el estomago y no pude comer en varios días. Era una mezcla de nervios, excitación, ansiedad. Me sentía ridícula por la ilusión que tenía por verte. Cuando llegaste me tranquilicé bastante al ver cómo era tu carácter, pero me intranquilicé al ver tu cuerpo y lo guapa que eras. Sabía que iba a sufrir al no poder hacer realidad mis fantasías.

    Lara me puso muy cachonda. Yo quería saber que fantasías eran esas y hacerlas realidad.

    -Ana. Que te imaginabas? Ahora puedes hacerlo realidad.

    -Lara. Muchas cosas, lo de comernos el coño mutuamente ya lo hemos hecho, pero con el tiempo acabé excitándome muchísimo con algo tan simple como que salíamos juntas a cenar, me masturbaba pensando en nosotras cenando en un bonito restaurante, paseando y besándonos sin parar. No te cuento nada más me da mucha vergüenza.

    Lara me hablaba sin mirarme a la cara, su rubor me divertía y me gustaba, yo la besaba en el cuello.

    -Ana. Te dijo Leo que yo era lesbiana desde el principio?

    -Lara. No desde el principio, pero hace ya tiempo, varios anos.

    -Ana. Y por qué crees que ella sabía que yo te gustaría, no hubiese sido más lógico que lo intentase con un chico.

    Me di cuenta de lo personal que podía resultar la pregunta y me disculpe. Lara me interrumpió.

    -Lara. No te preocupes, si hemos estado follando toda la tarde tienes todo el derecho a preguntar lo que quieras. No hay nada que ocultar, tranquila. Leo no es tonta, me conoce bien, supongo que se habrá fijado en como miro a las mujeres, ella es muy observadora y, bueno, una vez me sorprendió en la playa comiéndome con la mirada a una chica que hacia topless.

    -Ana. Y ya está?

    -Lara. (Divertida).Y que esperabas, que me hubiese sorprendido haciendo una orgia en mi cama con diez jovencitas?

    Nos reímos y terminamos rápidamente de cenar, no me convenció demasiado la explicación de Lara, lo de los regalos dejaba bien claro que Leo estaba muy convencida de que lo mío con Lara funcionaría pero estaba tan caliente que solo pensaba en follar. Terminamos de cenar, Lara seguía en vaqueros y un top con tirantes, me daba pena desnudarla, estaba tan buena con vaqueros. Nos acabamos el vino y Lara tomo la iniciativa. Se puso de rodillas en el suelo y empezó a besarme los muslos, luego metió su cabeza bajo mi camisón y fue besando mi vientre hasta llegar a mis tetas, deje que jugase con ellas unos minutos, luego le quite el top y me tumbe en el sofá, le susurre que se pusiese encima de mí, de rodillas, con sus tetones colgando. Podría jugar con ellos durante horas, chupé sus pezones con fuerza, tenía miedo de hacerle daño, pero Lara empezó a contarme mientras suspiraba como una noche se había puesto dos pinzas de la ropa en ellos mientras se pajeaba pensando en mi, entonces chupe y chupe sin miedo, ella gritaba pero me pedía que no parase, con su rodilla metida entre mis piernas apretaba mi resbaladiza vulva. Lara se subió al sofá y encajo sus piernas con las mías para juntar nuestros chochos, conseguimos que se tocasen, nuestros cuatro muslos juntos eran lo más excitante de la postura, me gustaba tener su coño pegado al mía pero yo pensaba en no defraudar a Leo y subir a probar su regalo. Subimos a la habitación de Lara y lo sacamos de la caja, fuimos al baño y lo lavamos juntas. Se me hacia la boca agua viendo como Lara enjabonaba aquella polla de látex. Volvimos a la habitación y ayudé a Lara a colocárselo en la cintura. Se quitó las bolas chinas y se las comio sin compartirlas conmigo. La parte trasera de la polla tenía una zona para masajear su coño mientras me penetrase. Yo me había metido de todo por el chocho pero cuando Lara me penetró sobre la cama sentí que era diferente, su cuerpo encima mía, sus pechos otra vez colgando sobre mí, me agarre a sus nalgas y ella empezó a follarme poco a poco, la polla era bastante grande pero entraba sin ningún problema, Lara estaba muy cachonda, al principio nos reíamos por lo insólita que nos resultaba la escena pero las risitas dejaron paso a nuestros jadeos, cuanto más me follaba Lara mas placer recibía ella del reverso de la base del falo, paró un momento para ofrecerme la polla, yo la chupé como había visto hacer a su hija varias veces, estaba empapada de mi jugo. Lara continuó follándome y ofreciéndomela para comérmela varias veces más. Al final se volvió loca y me follo con tal fuerza que mi cono goteaba, empape la sabana, yo acerque mi mano como pude al clítoris y me corrí en unos segundos. No estoy seguro si Lara lo hizo también pero cayó sobre mi jadeando empapada en sudor, su piel ardía y no tuvimos fuerzas ni para besarnos. La primera en moverse fue Lara, se quito el arnés, la polla aun estaba empotrada en mi chocho, la sacó con cuidado y empezó a chuparla, yo aun disfrutaba de mi orgasmo pero al ver sus labios redondearse para metérsela en la boca ya pensaba en el siguiente. Nos besamos y me ofrecí a Lara para lo que apeteciese, pensé que me pediría que ahora la follase yo pero su respuesta fue: hazme lo que más te apetezca, ese es mi deseo. Estas segura? Le pregunte. Su respuesta fue afirmativa. Fui a mi habitación y volví con mi ordenador portátil, lo coloqué sobre la mesita de noche y empecé a reproducir aleatoriamente las fotos del día anterior. Lara se giró hacia su lado izquierdo sentada sobre la cama, yo me puse en su espalda las dos apoyándonos sobre las almohadas, la abracé y besé su espalda y su cuello. Le susurre que ayer me había quedado con ganas de verlas juntas en el salón.

    -Lara. Estuviste espiándome?

    -Ana. Me corrí dos veces mientras lo hacía. Vas a castigarme?

    No hubo más respuesta que un profundo suspiro. Yo agarré su enorme trasero y empecé a acariciarlo sin prisa. Lara se acomodo para que lo tuviese a mi entera disposición. Enseguida mi impaciencia me pudo y empecé a masajearle el ojete, tome algo del abundante jugo de su chocho en mi dedo y fui metiéndoselo poco a poco, ella movía sus caderas para exponer mejor su mercancía y al final con una pierna flexionada y la otra más estirada, dejo a la vista la entrada del culo y el chocho. Me hubiese gustado hacerle una fotografía en esa postura. Lara no se cansaba de mirar nuestras fotos y su respiración me excitaba muchísimo, yo ya podía meter y sacar mi dedo con total facilidad, la postura me permitía besar su cuello y su espalda. Cuando Leo aparecía en pantalla Lara aprovechaba para girar su cabeza y besarme, pero a la tercera yo le ordene fijar su vista en la pantalla.

    -Ana. (En tono imperativo). Esta es mi fantasía, ahora mando yo.

    -Lara. Os habéis acostado alguna vez?

    -Ana. Bastantes, y pienso seguir follando con ella pero de ti estoy enamorada y de ella no, contigo es distinto pero, si puedo, quiero seguir tirándome a las dos, no quiero que esto se acabe aquí.

    Era la primera vez que le confesaba a Lara que aquello para mí era algo más que sexo. Dejé que girase la cabeza y me dio un beso y empezó a repetir “te quiero” sin parar. Yo me centre en su agujero de nuevo, a mi me encantaba correrme por detrás y quería que ella tuviese el máximo placer posible. La entrada de su culo estaba a punto para meter un segundo dedo y tenía a mano suficiente lubricante en su almeja, lo embadurné bien y los dos entraron con facilidad, Lara tenía su atención puesta en las fotos de nuevo. A mí me apetecía horrores tocarme pero necesitaba la otra mano para apartar una de las nalgas y clavar mis dedos en su culo. Ella estaba muy relajada y yo no podía más, me dolía la mano. La deje un momento y fui al baño en busca de un cepillo cuando vi la polla de látex, era un poco grande pero por probar no perdía nada. La hundí en su cono para lubricarla y la saque cremosa, sin problema la punta entro en su culo pero me di cuenta que algo tan gordo no iba a darle el placer que yo quería, mientras se me ocurría algo me baje y estuve lamiendo su cono y la entrada del culo, ella empezó a jadear y me dijo que era la primera lengua que acariciaba su ojete. Note que sus nalga y su espalda tenían la piel de gallina decidí seguir besando y lamiendo su ano porque veía que se estaba volviendo loca, se había olvidado del ordenador y se puso boca arriba tumbada sobre la cama pidiéndome que me pusiese el arnés con la polla. Yo me apresuré y en cuanto estuve lista ella abrió sus piernas y las levanto agarrándoselas por detrás de las rodillas. Yo tenía miedo de hacerle daño, primero se la metí hasta el fondo por el chocho pero eso no era lo que Lara quería, la saque y fui metiéndosela con cuidado hasta llegar al fondo, ella gritaba, yo no sabía si de dolor o placer, si la sacaba me pedía que la metiese de nuevo, me tranquilizó ver que entraba ya y salía con toda facilidad y me concentre en darle todo el placer que se merecía. La follaba alternativamente con fuerza y mas suavemente, agarraba sus tremendos muslos con mis manos y besaba sus gemelos y sus tobillos. Sus tetas no paraban de moverse y ella se las agarraba porque parecía que iban a salir volando. Se metió los dedos en el coño y me los dio a lamer, luego se los lamió ella. Poco a poco fui dejándome caer sobre su pecho y nos besamos, o más bien nos chupamos nuestras lenguas, noté su brazo buscando el clítoris y empezando a frotarlo, yo le pedí que no lo hiciese, quería que se corriese solo por detrás, ella me dijo: cariño ya me he corrido dos veces.

    Yo no lo había notado pero dejé que se tocase y seguí follándola por detrás. Esta vez soltó un grito desgarrador que me asusto y buscó mi boca casi llorando para besarme, saqué la polla de su culo y dejé que me besase todo lo que quisiese. Separamos nuestras bocas y ella cayo rendida frente a mí. Tenía la respiración aceleradísima y vi que no le quedaba ni un gramo de energía. Me masturbé mientras la contemplaba delante de mi completamente desnuda, ella reunió fuerzas y se puso boca abajo para que yo me corriese viendo su enorme trasero, me miraba con deseo, yo de reojo veía las fotos que pasaban todavía en mi portátil, la cara de Leo parecía mirarme desde la pantalla, sus ojos preciosos se clavaban en mi. Me corrí pensando en las dos y en qué nos depararía el futuro inmediato. Seriamos capaces las tres de manejar aquella situación a partir del día siguiente?

  • Cómo me hizo sangrar y gritar

    Cómo me hizo sangrar y gritar

    Hola me presento soy Angely de 25 años, una venezolana súper caliente que empecé a disfrutar del sexo ya a mis 21 años… Antes de mis 21 años tuve un novio durante 3 años y el sexo era aburrido y muy básico, pero bueno no los entretengo más con mi presentación y vamos a los que realmente nos apasiona de esta página sexo.

    Por intermedio de una amiga conocí a un chico llamado Humberto un hombre con cara de ángel (o al menos eso pensaba yo), ya que en el sexo me demostró ser un demonio con este chico aprendí a disfrutar lo que es el sexo y de verdad que me dio unas cogidas sensacionales acá les relato lo que hasta ahora ha sido la cogida más monumental que me han dado:

    Un sábado Humberto me escribió para invitarme a ir a la playa en un principio dude en ir ya que nuestro noviazgo se había terminado pero el insistió y me dijo que solo iríamos en plan de amigos y nada más (que ingenua yo) accedí en ir a la playa con él y todo el día iba bien hasta que el licor hizo que me dieran ganas de besarlo y él me correspondió entre esos besos el me pide que nos metamos al mar y accedí ya estando dentro del mar empezamos a besarnos de nuevo y yo le coloque mis piernas alrededor de su cintura y no se en que momento ese hombre y se había sacado su pene (debo resaltar que no es un pene muy largo, pero si tiene un grosor considerable) y en pleno beso me hizo mi traje de baño a un lado y me penetro me quería morir de dolor porque no estaba lubricada y porque el grosor de ese pene es wow muy grueso y además teníamos otras personas al rededor… Así me estuvo unos minutos hasta que le dije que me dolía y que mejor lo sacara y así lo hizo.

    Decidimos salirnos del mar y al llegar a la orilla le reclamé que porque hizo eso y me respondió que se dejó llevar por el momento, tanto fue mi enojo que le pedí que nos regresamos a la ciudad y el acepto de mala manera.

    Ya en el carro el me empezó a meter mano por sobre el traje de baño y no sé porque me deje y así hasta que me calenté y decidí besarle el cuello y ese hombre se volvió un demonio me dijo ahora por puta me lo vas a chupar mientras manejo hasta un motel en dónde te voy a dar la cogida de tu vida, yo ante ese comentario me eche a reír y le dije si claro como no y al terminar de decirle eso me puse en la tarea de chupar semejante pene.

    (El) dale así puta chupa, hoy vas a sentir lo que siente una puta

    (Yo) solo chupaba y dios mío lo tiene demasiado tieso será que si va a cumplir la promesa y me va a coger como nunca.

    Así estuve como 15 minutos chupando ese delicioso y grueso pene hasta que llegamos al motel…

    Ahí empezó mi odisea sexual pero a su vez las más rica y fuerte cogida que me han dado.

    Al entrar a la habitación me dijo ahora sí puta ven a chupar de nuevo y como una niña obediente que soy así lo hice por unos minutos hasta que él me dijo ahora acuéstate boca arriba y él se me subió encima, coloco mis piernas en sus hombros y me clavo esa cosota:

    (Yo) ay papi me duele tan fuerte no

    (El) aguanta puta ya te empezará a gustar

    Y así fue ese hombre me daba como si me estuviera violando y yo gritando como perra ayyy papi me matas y más fuerte me daba hasta que vi que de mi vagina salía un poco de sangre y le dije para que estoy sangrando y eso no es normal, el a pesar de estar muy excitado paro y saco su pene el cual tenía rastros de sangre y me preguntó te duele y le respondí no…

    Me dijo entonces sigamos ponte en cuatro y así me puse y mis queridas y queridos lectores ahí me dolió mucho más pero empecé a disfrutar como la buena puta que soy, y empezó a darme tan fuerte que me movía hacia delante pero él me tenía bien sujetada de la cintura y así me cogió por 10 minutos más y me dijo perra aguanta aumento el ritmo y solo decía así puta que rico y yo gritando de placer y dolor ayyy papi acaba ya te lo pido y ahí me dijo ven puta quiero que te tragues la leche y aunque no me agrada ese sabor del semen por complacerlo me arrodille ante el mientras él se masturbaba y ahí eyaculo y me tocó tragarme todo su semen…

    Espero les guste mi historia y me dejen comentarios para mejorar este fue mi primer relato.

  • Trío con nuestro amigo el Doc

    Trío con nuestro amigo el Doc

    Nos complace compartir esta historia con ustedes. Una tarde noche de un sábado ultimo del mes de julio, salimos mi Maricruz y yo a disfrutar de un tiempo a solas, nuestros hijos se quedaron a dormir en casa de sus abuelos, y pues cada que sucede esto aprovechamos para salir modo novios. Ella vestía normal pero sexy, pantalón apretado negro tipo leggings pero pantalón de vestir, una blusa de animalprint muy escotada, permitía ver poco de su sostén, unos zapatos de tacón alto y descubiertos que dejaban ver sus deditos de los pies que esta vez estaban pintados de rojo y de lencería traía un sostén de animalprint con detalles de encaje y su panty era completamente de encaje negro. Y pues yo no intereso mucho la verdad pero pantalón de vestir, camisa blanca y mocasines.

    Salimos sin rumbo a disfrutar de mi esposa y de una buena platica, llegamos a un drive thru por unas copitas para empezar con nuestra noche y ahí nos topamos con un amigo el Doc y nos comentó que estaba esperando a otras personas y le ofrecimos que mientras los esperaba que se subiera al coche con nosotros para que pasara más rápido el tiempo. Una vez dentro del coche, nos saludó con más propiedad y con poco más entusiasmo sobre todo a mi esposa, la plática surgió tan amena y variada que el tiempo se fue rapidísimo, y ni cuenta nos dimos si habían llegado o no las amistades que el Doc estaba esperando se pasaron cerca de 2 horas y 4 rondas de bebidas y fue cuando el Doc fue a saludar a sus colegas y nosotros aprovechamos para despedirnos. Nos quedamos unos minutos más estacionados disfrutando de lo que nos quedaba en la copa y tratando de organizar lo que nos quedaba de noche y ver que travesura podríamos realizar y ya para salir del local nos hace señas de parar nuestro amigo el Doc.

    Nos comenta que sus amigos se van a retirar del lugar también, y que si no nos incomodaba que él nos invitara una ronda más, nos estacionamos de nuevo y esperamos a que se despidiera y volviera con nosotros, para esto nosotros nos quedamos un poco abochornados porque se nos tranquilizaría la noche, pero gustosos aceptamos su invitación. A su llegada a nuestro coche llego ya con la nueva ronda de bebidas, ya todos poco tomados pues mi esposa y yo no solemos tomar mucho así que nos ponemos mareados rápido, la plática siguió igual fluida y muy confortante y como nunca puede faltar «comenzamos a hablar de sexo», el Doc es una persona de nuestra edad cerca de los 40´s y no sé si por suerte o decisión está soltero, es de buen ver pero se nos hace raro.

    Poco a poco nos fuimos desinhibiendo contando secretos y una que otra aventura y él nos contó que visitaba un club swinger de la ciudad y nos propuso ir y ver si nos parecía bien unirnos a esa comunidad, así que ya tomados y medio calentones por la plática de sexo y el contar las travesuras que habíamos hecho decidimos ir y ver qué pasaba.

    Llegamos y nos recibe el encargado del lugar y nos pide antes que nada que seamos respetuosos con la demás gente y nos indicó cuales eran las reglas del lugar para nuestra sana y perversa diversión. A el Doc lo saludo con mucha amistad y nos dimos cuenta que él era cliente frecuente, entramos y nos recibe una chica muy guapa, alta muy guapa vestida solo con un vestido negro completamente transparente y un panti negro sin brasier, nos saluda y nos da la invitación a sentarnos donde nos pareciera mejor. El lugar es genial y las parejas que estaban dentro todas muy amablemente nos dieron la bienvenida y de igual forma saludaron al Doc muy amistosamente, platicamos con muchas parejas y seguíamos bebiendo alcohol.

    Cerca de las 3 de la mañana dijimos que nos retiraríamos pues ya estábamos nosotros bastante calientitos y queríamos quitarnos las ganas mi esposa y yo, pero recibimos un no por respuesta de las demás personas, nos pidieron que disfrutáramos la noche un poco más, y para ello nos invitaron a otra parte del lugar donde había varias personas interactuando, ahora sí que no se sabía quién era pareja de quien porque todo se desarrollaba muy cachondamente. El Doc nos dijo que si queríamos participar tendríamos que empezar entre Maricruz y yo y así los hombres poco a poco se acercarían y pedirían permiso de disfrutar de ella, como es un lugar swinger pues si la respuesta a la invitación es si todo se desarrollara muy excitante pero que si la respuesta es no, no tendríamos problemas en solo disfrutar del espectáculo.

    Para esto el Doc nunca se separó de nuestro lado y esto sirvió para que él nos explicara cómo eran las cosas dentro del lugar, así que decidimos sentarnos en una sala donde estaba el espectáculo bueno orgia, nos explicaba cómo eran las cosas dentro del lugar, y nos dijo que si nos acomodábamos en la sala de cierta manera (y nos sentamos como él nos dijo que era invitar a alguien a que se siente enseguida de ella y poder platicar o bien intentar otra cosa) estábamos yo en la orilla pegado a la pared y ella enseguida de mi digamos así al centro del sillón y así el lugar libre (ocupado por el Doc) podría sentarse alguien. Seguimos viendo el espectáculo y de reojo veo que el doc se frota por encima del pantalón y le digo a Maricruz que vea y cuando lo hace los ojos de ellos se cruzaron y el la invito a tocar, esta voltea a verme y me pide permiso, y al oído le dije que estábamos en un lugar de sexo diversión y que si a ella le gustaría probar que probaríamos juntos de esta nueva travesura.

    Así que se voltea pero a besarlo y entrar en un agasajo extremadamente excitante para mí, mientras él la besaba le acariciaba las pompis y los pechos por encima de la blusa, y yo tocaba sus piernas y sus nalgas cada que podía, y ella frotaba su pene por encima del pantalón, para esto me levanto y me pongo delante de ellos en un taburete mientras se seguían besando y cuando vieron que me moví, se acomodaron mejor y esta vez ella saco el pene de el de su encierro y comenzó a darle sexo oral, y las manos del Doc ya estaban en los pechos de mi esposa y dentro del pantalón de ella, tanto sus nalgas como en su vagina, era excitante ver la escena, y cuando se acomodaron para cambiar de posición yo aproveche para bajar el pantalón de ella, y dejarla solo en pantys en medio de la sala, las demás personas de vez en cuando nos echaban un ojo pues ellos también estaban en lo suyo. Cuando Maricruz se agacha para besarlo y masturbarlo yo le pido se quede de pie y cuando ella se agacha, recorro a un lado su panty y le comienzo a hacer sexo oral en su ya empapada vagina, así estuvimos un rato, y fue cuando el doc nos pide irnos a un privado.

    Iba caminando Maricruz únicamente con su blusa mal hecha de tanto agasajo y con los pantalones en la mano, y una vez dentro empezamos a besarla por todos lados yo por delante y el por detrás, acariciándole todo el cuerpo y después se voltea para besarlo a él, poco a poco nos iba desnudado y cuando lo logro se puso de rodillas para jalar una y mamar otra, la pongo de pie después de un rato y le pido se empine delante mío para comenzar a frotar mi pene en su vagina, logro penetrarla con una facilidad pues la calentura permitió que su vagina estuviera completamente dispuesta a disfrutar, después cambiamos fue el Doc el que pidió cambio y la penetro igual que yo con facilidad y con mucha fuerza, que mi Maricruz cada vez que paraba de mamar y agarrar aire soltaba gemidos de placer y pedir más. Los dejo que jueguen un rato ellos solos, y este la acomoda con sus piernas en sus hombros y la penetra con mucha fuerza y ella solo le pedía «más y siiii» seguido de otro «que rico» y después de un rato de cambiar de posiciones me uno a ellos poniendo mi pene en su boca, no lo van a creer pero duramos cogiendo cerca de 4 horas y cuando ya íbamos a terminar y lograr nuestros orgasmos el doc se recuesta sobre la cama con las piernas abiertas y mi esposa se acuesta en medio de ellas, mamándole el pene, y yo sobre de ella la empecé a coger con fuerza para que ella mamara también con muchas ganas tanto fue la intensidad que logre venirme pero lo hice en la espalda de ella, y el primer disparo casi cae en su nuca, tuvo que recogerse el pelo para que no lo manchara, y casi al mismo tiempo el doc se viene de tan rica mamada que le estaban haciendo, un chorro de semen le cayó en la cara a ella porque mientras se estaba terminando el doc, ella le mamaba los huevos y la base del pene. Repuestos nos pusimos un rato a recobrar fuerzas y tomar aire, agradeciendo el buen rato y la invitación al lugar salimos del lugar.

    Intensa nuestra noche, con una nueva experiencia y con más ganas de vivir y compartir nuestras travesuras, que se resumen en disfrutar de nuestra vida y sexualidad. Como siempre un saludo a todos y muchas gracias por ser de alguna manera cómplices de nuestras travesuras.

    Saludos.

  • El primer cuarteto no se olvida

    El primer cuarteto no se olvida

    Hola de nuevo. Soy María y como recordarán me lie en un amorío con mi maestra de historia y a la vez auxiliar de entrenadora Karen.

    Esto fue lo que sucedió luego de nuestra primera vez.

    Todo iba bien, mis calificaciones, el fútbol y desde luego mi relación con Karen.

    Nos encontrábamos hablando en el pasillo, cuando otro profesor saludo a mi maestra diciendo » Buenos días señora Rodríguez».

    Ella contestó el saludo, en lo que yo le hacía burla.

    – Señora Rodríguez. Jajaja.

    – Nena. No sabes que soy casada?

    – Es un chiste?

    – No.

    Y la verdad es que no tenía mucho de conocer a Karen; pues, no hacía mucho que entró a laborar en la escuela.

    Ese día me puse furica. Porque rayos no me dijo que era casada, porque?

    No le conteste ni un mensaje en el celular y mucho menos sus llamadas. Hubo un mensaje que al final del día hizo que la buscara.

    «Siento lo que pasó. Esto se da cuando tienes una estúpida aventura sin conocer a la persona. No te volveré a molestar, cuídate y gracias por todo»

    Espere a Karen a la salida de la escuela, pero ella ya no quería hablar conmigo, hasta que le dije.

    – Para mi no fue una estúpida aventura; sólo que me tomo por sorpresa el hecho de saber que eras casada. Pensé que sólo seriamos tú y yo, me equivoqué, ojalá me puedas perdonar.

    – No pasa nada nena, yo tuve parte de culpa al no decirte.

    -Estamos en paz?

    – Claro.

    Me invitó a subir al coche para ir a su casa un rato.

    Me dijo que era bisexual, cosa que ya sabía y que su esposo le daba permiso hasta cierto punto.

    Tuvimos un encuentro de reconciliación, descansamos un rato.

    Estábamos en la sala, cuando su marido llegó.

    – Te presento a Marco, mi querido esposo.

    Levantándose para darle un tierno beso.

    Luego nos saludamos, platicamos los tres un momento.

    Marco es un hombre que trabaja como instructor en un gimnasio, por lo que efectivamente podrán imaginar el cuerpo que tiene.

    Pasaron los días y todo seguía igual, hasta que una tarde llegó el marido de Karen, para invitarla a salir.

    Escuche que él le proponía que tuvieran una reunión y yo por curiosidad pregunta qué clase de reunión.

    Karen se adelantó a decirme.

    – Nada importante nena, sólo una reunión que estamos planeando.

    – Oye. Porque no la invitamos, al cabo ya es mayor de edad. No?

    – No amor. Cómo crees?

    Diciendo esto se fueron, dejándome con la duda; pues Karen y yo íbamos a varios lugares.

    Pasaron los días y Karen no me quería decir acerca de su famosa reunión, hasta que logre convencerla.

    – Es el cumpleaños de Marco y este año quiere hacer algo diferente.

    – Yo te ayudo a festejarle.

    – Nena. Marco ya había planeado eso precisamente, que me ayudes a los preparativos.

    – Entonces, que esperas para darme los pormenores?

    – Mira. Marco quiere un trio con las dos.

    -Piénsalo bien. Ok?

    Un trio? Vaya que la propuesta me dejó pensando y a la vez excitada, porque no estaría con un muchacho, sino; con alguien maduro y experimentado.

    El día y la fecha habían llegado.

    Realmente quería sorprender tanto a Marco como a Karen.

    Recordé que Karen me dijo una vez lo sexy que me veía cuando usaba mi uniforme de la escuela y pensé que a su marido no le desagradaría la idea.

    Al verme llegar, los dos pusieron cara de sorpresa; pues no esperaban a una colegiala como parte del show.

    Después de largo rato de bebidas y cachondeo entre la maestra y yo para excitar a Marco.

    Ahí estaba yo, sin ropa interior de bajo de la falda escolar, teniendo dos bocas las cuales devoraban mi depilada concha y es que Karen me dijo que así le gustaría más a su esposo.

    Pronto Marco colocaría su gran armaño en mi boca, cosa que gustosamente mamaria sin importar que en momentos me ahogara un poco.

    Sentía delicioso el que Karen me chupara la papaya, en lo que Marco me daba su verga en la boca y además con sus fuertes manos apretujaba mis pechos.

    Sin más ni más el marido de mi amada maestra me metía su regordeta cabeza en mi concha, cosa que me hacía gemir, siendo estos apagados cuando Karen puso su vulva en mi boca.

    Me sentía tan bien que no me percaté cuando entro otra mujer y la verdad me di cuenta cuando con su boca atendía mis pechos.

    – No te espantes nena. Es parte del festejo.

    Ya más tranquila volví a dejar que Marco me penetrara. Karen con su concha en mi boca y la otra invitada de nombre Pamela alzaba mi cadera para darme un beso negro.

    Pareciera que la festejada fuera yo por la forma que era atendida.

    El matrimonio, junto con aquella invitada cambiaron de posición. Pamela me comía la concha, Marco le perforaba el ano y Karen me besaba.

    Pronto se oyó el gemido de Marco anunciando su orgasmo, para dejar a las dos mujeres gozar de mi.

    Desnuda en su totalidad, cada una de las dos chicas se prendieron de mis pechos, al igual que sus manos hurgaban mi vagina.

    Me sentí desfallecer cuando en la posición de perrita, las dos chicas devoraban mi culo y mi vulva; ya que eso me trajo dos orgasmos seguidos.

    Para revivirme Karen pasaba su lengua a lo largo de mi espalda, cosa que hacía que me prendiera de boca.

    Ahora yo me besaba con Pamela al momento de mamarle la concha a Karen.

    No había sentido placer en rosar mi lengua junto a otra en un clítoris.

    Era más que obvio que Karen se retorciera de placer; pues al igual que yo, tuvo sus orgasmos seguidos.

    Lo mismo le hacíamos a Pamela, cuando Marco me comenzó a penetrar el ano con su lengua.

    Ésa fue la señal para las otras dos mujeres, para ponerme de perrita otra vez.

    Ahora tenía tres lenguas recorriendo mi culo y vagina.

    Estando en éxtasis Marco paro mi culo y lo empezó a penetrar. Me dolía bastante, pues siendo mi primera vez.

    Karen me besaba y tranquilizaba, al momento de que Pamela me seguía mamando la papaya.

    Pronto le estaría diciendo a Marco que no parece y dando órdenes a las otras dos mujeres que me chuparan pechos vagina y me dieran sus lenguas a probar.

    Marco volvió a dar aviso de otro orgasmo, llenándome la entrañas de su leche.

    Pamela se puso abajo para limpiar los residuos de líquidos; pues también, me vino otro orgasmo.

    Ya cansada y recostada, veía como Marco aun clavaba a las otras dos chicas.

    Él quiso terminar en sus caras, como en las películas porno.

    Descansamos, comimos de nueva cuenta y conversamos de todo, excepto de lo antes ocurrido.

    Pamela no paraba de chulearme y Karen no paraba de consentirme.

    Marco y Karen me llevaron de vuelta a casa, agradeciéndome aquel obsequio que obviamente fue mi culito virgen.

    Karen al despedirse de mi. Como de costumbre me beso y me dijo que por eso me amaba.

    Bien. Este tipo de nueva vida no me venía mal.

    Hasta la próxima.

  • Me vuelve a coger mi ex

    Me vuelve a coger mi ex

    Hola, hace mucho que no escribía algo aquí en esta página ya que no soy de contar mucho, solo las cosas que no quiero guardarme y que a la vez me hacen sentir mal o que hago sin pensar al cien. Bueno les cuento porque necesito desahogarme ya que en estos momentos tengo novio y pues él nunca supo de lo que pasó. Resulta que salí al centro de la ciudad a comprar cosas que necesitaba para mí, ropa, cubrebocas, productos de higiene y otras cosas de comida, cuando al entrar a una tienda estaba él ahí viendo camisas de hombre y al pasar me ve y me empieza a seguir hasta que me alcanza y me saluda.

    Ya me saluda y me dice que cómo va todo, que ha sido de mi y de más, a lo que igual lo saludo, y platicamos un rato. Notaba que me miraba de pies a cabeza, me empecé a sentir algo incómoda porque lo hacía como si nada a pesar de que había algunas personas cerca de nosotros viendo la ropa y no le importaba. Yo vestía lo normal, unos botines, unos jeans y llevaba una blusa blanca algo ajustada la cual hacia que se me marcara el bra y se notara un poco al estar tan pegada a la blusa. Tengo el pecho un poco grande y al parecer eso es lo que más se notaba porque no dejaba de mirarme ahí para ser exactos. Ya al pasar diez minutos me dice que si tengo prisa y yo le dije que si por lo que me dice que si podía al menos encaminarme a mi carro pero se me había descompuesto, entonces le dije que me iría en el camión y que la parada del camión estaba como a cinco calles.

    Me dice que me acompañaría y total acepte ya que en esas calles se paran los camiones y le dije que si. Mi novio estaba trabajando y pensé que no habría problema si me acompañaba ya que no podría encontrarlo o algo por el estilo. Resulta que al ir caminando me empezó a hablar bonito, que me veía muy bien, que estaba hermosa, que ya tenía tiempo sin verme y lo normal, pero al ir caminando calle tras calle comenzó a ser más informal y comenzó a decirme cosas un poco más de tono, me decía que cambie mucho, que me veía más buena, me dijo que la blusa que llevaba me quedaba muy bien y no dejaba de mirarme los pechos, a lo que yo solo quería que se callará y solo le decía que si que cambiará de tema. Ya al faltar una calle mi ex me dice lo que sospeche que me diría, me dijo que fue un tonto en dejarnos, que a veces me extrañaba pero no me lo decía y solo le dije que olvidará eso que ya había pasado que las cosas habían terminado a lo que al verme muy negada me dijo que me iba a contar un secreto y se quedó callado.

    Yo me quedé con la intriga, ya que solo lo dijo así de la nada y me quedé pensando en lo que quería decirme. Me quedé callada para no decir nada y que pensara que no me importaba y el seguía mudo, no sé porque sentí que debía preguntarle y le dije cuál secreto. El solo con su cara de serio me dijo no vale la pena, no es nada importante solo que me arrepentí de mencionarlo es algo tonto y se sentó en una banca. Yo solo esperaba el camión pero por obra de algo no pasaba y no pasaba y era más difícil sacarme de esa situación a lo que me dice creo que el destino no quiere que te vayas. Yo le dije pero tú te puedes ir y solo sonrió.

    Me dice bueno te diré mi secreto y me dice que quería hacerme el amor a lo que le respondí que ya tengo novio y que solo con el hago el amor, y que esa palabras no le corresponden ya que él no lo haría con amor sino por calentura. Entonces él me dice y como sabes que no es con amor y yo le dije que no tengo porque responderle eso, y ya entre platicas de sexo y hacer el amor resulta que me dice mira vamos a hacer algo, yo te quiero hacer el amor es lo que siento en estos momentos y tú estás aquí hablando de eso conmigo por un buen rato, si no quisieras no hablarías a lo que me comienzo a responderle que contesto por educación más no por seguir su juego. El punto es que nos comenzamos a reír un poco con esa pequeña discusión de que si sí o no estábamos hablando de eso y saca su teléfono, abre la App de Uber y escribe el nombre un motel cercano. Entonces me dice bueno ya se está haciendo tarde, y como estábamos en la parada del camión, me toma la mano y me dice ven ya va a llegar nuestro Uber y yo le dije que a dónde vamos y solo me mostró la pantalla de su teléfono, a decir verdad con tanto juego y hablar de eso me sentí emocionada ya que hacía tiempo no me hablaban así ni me hacían juguetear con eso y le dije está bien, pero solo a lo que vamos y me voy a mi casa.

    Nos subimos al Uber y sentía que iba muy lento el auto, sino que mi ex me empezó a besar y yo solo lo que quería era llegar, ya al llegar dejé mis cosas en la habitación, y él me llevo inmediatamente a la cama, tal como dijo a lo que íbamos, me desnudo, me quito todo, me empezó besando, luego bajo a mi cuello, me chupo los pechos un buen rato, bajo por mi ombligo y me hizo un oral yo sentía que me mojaba y le dije ven, lo tome y me comenzó a coger, yo estaba acostada sin moverme, solo levanté mis piernas y el me las detenía y me daba duro, yo le gritaba de placer que ya estaba muy mojada, la sábana ya la tenía muy empapada y yo sintiendo su pene duro entrar y pegarme. Ya al terminar se vino en mi abdomen y fue tanto lo que salió que mis pechos también quedaron llenos de él.

    Acabe rendida, me lo hizo dos veces con mucha energía, le respondí los mensajes a mi novio, nos cambiamos, tome mis cosas, me pagó un taxi y al llegar a mi casa me metí a bañar le dije a mi novio que tenía mucho sueño y me fui a dormir.