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  • ¿No te parezco gorda?

    ¿No te parezco gorda?

    -¿No te parezco gorda?

    ¿En serio me haces esa pregunta?

    Sí me pareces gorda, sí estás gorda. Pero tu pregunta no es si me pareces o estás gorda, tu verdadera pregunta es si puedo desearte igual estando gorda. Te han metido en la cabeza desde bien pequeña un modelo de belleza irreal que te hace dudar de tu atractivo y lo peor es que algunos hombres también se lo han creído.

    ¿Acaso las estatuillas de las antiguas diosas de la fertilidad no tenían abundantes proporciones? ¿Acaso como resultado de una cópula fructífera el cuerpo femenino no incrementa sus curvas y redondeces pareciéndonos a todos hermoso?

    No, no voy a mentirte diciéndote que no estés gorda. Eso no es necesario, te deseo, deseo poseer cada centímetro de tu redondo cuerpo y tus abundantes curvas tan solo avivan mi deseo.

    Demostraré cuanto digo con hechos cuando en la cama, desnuda, sientas mis labios recorriendo y sembrando de besos el interior de tus muslos. Sentirás mi deseo cuando al separar tus piernas las fuerce hacia atrás dejando tu sexo totalmente expuesto y dispuesto para recibir mi boca. Comprobarás mi sed cuando mi lengua se deslice entre los labios vaginales saboreando con avidez la humedad de tu cueva. Lameré tu clítoris, lo sorberé haciendo que crezca entre mis labios.

    Sí, quiero comerte el coño y que sientas el aleteo de mi lengua deslizarse arriba y abajo entre sus pliegues, que tu abundante flujo se confunda con mi saliva cuando la punta de mi lengua se dedique a lamer y punzar el prieto ano que esconden tus rollizas nalgas. Comerte sin que me importe el tiempo y con el único objetivo de recibir la recompensa de tu corrida en mi boca para que así comprendas, a las claras, lo que pienso de tu cuerpo y de esos quilos que solo a ti te preocupan.

    Y buscaré tu boca, la buscaré para besar tus labios y que también tu lengua pueda saborear el néctar que brota entre tus piernas. Esos labios y esa lengua que imagino deslizándose por mi polla mientras tus ojos golosos me miran.

    Te deseo a ti y deseo tu cuerpo con locura, deseo sentir la presión cuando me cabalgues marcando el ritmo que dicte tu calentura. Notar el flujo resbalando por mi polla, empapándome los huevos cada vez que tu sexo se desliza arriba y abajo envolviéndome en tu calor. Me muero igualmente por agarrarte las tetas que bailando imponentes frente a mi cara invitan a ser lamidas, chupadas, comidas con gula.

    Follarte, comerte, apretar tu cuerpo, corrernos juntos y derramarme sin remedio en tu interior mientras nos comemos la boca. Eso es lo pienso yo respecto a si estás gorda. ¿Te ha quedado claro?

    Sí, a mí también me gustan las gordas.

  • Casada insatisfecha de la ocasión se aprovecha

    Casada insatisfecha de la ocasión se aprovecha

    Jennifer,  a la que todos sus conocidos llamaban Jeni, era una mujer madura, guapa, con un cuerpo curvilíneo y mal casada, digo lo de mal casada porque el marido era un hombre de setenta años, montado en el euro, pero con flojera de polla, y esta flojera hacía que Yeni pasara más hambre que una mona en el desierto.

    Una noche que Yeni tenía ganas y a Onofre no se le empinaba, le dijo:

    -¿Sabes que me la pondría dura ahora mismo?

    -No, dímelo tú.

    -Verte follar con otro hombre.

    Yeni, que se casara a los veinte años, que llevaba 19 años de matrimonio y que no conocía más hombre que su marido, no se creía lo que acababa de oír, le dijo:

    -No hablas en serio.

    -Muy en serio, es una fantasía que tengo.

    -Eso sería una indecencia. Yo en los brazos de otro hombre…

    -Sí, gozando, gimiendo chillando… -la polla se le empezó a poner morcillona- Mira cómo se me puso solo de mencionarlo.

    Yeni empezó a creérselo, pero aun así le preguntó:

    -¡¿Serías capaz de estar mirando mientras otro hombre me folla?!

    -Había pensado en verte en un video.

    -O sea, quieres que folle con otro y que me grabe.

    -Sí, me haría muy feliz verte gozar con otro hombre.

    Yeni seguía con ganas. Le cogió la polla y meneándola le dijo:

    -¿Jugamos a ver si se te pone dura?

    -¿Quieres que nos masturbemos?

    -No, quiero que juguemos y tú fantasees.

    A Onofre le gustó la idea.

    -Empieza.

    Le preguntó:

    -¿Te gustaría ver cómo me besan?

    -Sí, cómo te besa él.

    Onofre cerró los ojos. Yeni lo besó con lengua.

    -¿Te gustaría ver cómo me come las tetas ese hombre?

    -Sí.

    Le dio las tetas a mamar y a Onofre se las mamó. La polla se le puso dura.

    -¿Te gustaría ver como me come el coño?

    -Sí.

    -Le puso el coño en la boca y Onofre se lo comió.

    Mientras se lo comía le dijo:

    -Solo por curiosidad. ¿Quién me está comiendo el coño en tu pensamiento?

    -Alex, mi mano derecha.

    -¿Quieres que folle a Alex?

    -Sí.

    Yeni metió la polla dentro del coño y folló a Alex, pues Alex estuvo en su pensamiento hasta que se corrió en la polla de su marido. Onofre se corrió dentro de su coño.

    Al acabar de follar Yeni vio en la fantasía de su marido un estímulo para su vida conyugal.

    Una semana después Yeni estaba cubierta con una gabardina de color beis claro bajo un paraguas en la acera del edificio de oficinas donde trabajaba su marido. Alex, un veinteañero apuesto y mano derecha de su marido, salió por la puerta principal. Al verla fue a su lado y le entregó un paquete que le había dado su jefe para ella:

    -Para usted, señora.

    -Gracias.

    -Encantado de haberla visto.

    Yeni era algo más alta que Alex y a Alex no le gustaba estar más tiempo del necesario al lado de una mujer más alta que él, así que le dio la espalda dispuesto a volver a su trabajo. Yeni le dijo:

    -Espere.

    Alex volvió a darse la vuelta.

    -¿Sí?

    -Tengo algo que decirle. ¿Tiene tiempo?

    Yeni era preciosa. Su cara era redondita, tenía los ojos color avellana, su cabello negro casi le llegaba a la cintura, sus tetas eran medianas, su cintura era fina, sus caderas anchas y su culo respingón. Alex tenía tiempo para comerla viva y más, pero no se lo podía decir, le dijo:

    -La verdad es que no mucho.

    -No abusaré de su tiempo. Tengo algo que proponerle, pero este no es el lugar adecuado.

    Alex tenía que complacerla porque era la mujer de su jefe. En la acera de enfrente había una cafetería, le dijo:

    -Vamos a tomar un café y me dice que me quiere proponer.

    Fueron a la cafetería y tomando un par de cafés le dijo Alex:

    -¿Entonces qué?

    Yeni, que estaba con la cabeza baja, le dijo:

    -Sí, bien… A veces mi marido no se siente bien y no sé que le pasa.

    -¿Su relación no va bien?

    -Él tiene un lado cariñoso…

    -A ver, señora, cómo no se explique no me voy a enterar de nada.

    -Lo siento. Tengo algo que proponerle, pero no sé por donde empezar

    -¿Es acerca de su intimidad?

    -Está relacionado con ella.

    -Usted es preciosa, es una tentación, es un sueño hecho mujer. No sé…

    -No vaya por ahí, por favor. Estoy aquí para hacerle una proposición.

    -Hágala.

    Yeni no soporto la presión. Se levantó, cogió el bolso y la gabardina y le dijo:

    -Tiene que excusarme. No me atrevo a hacerle la proposición. Debo volver a casa. Yo pago la cuenta. Gracias por su tiempo.

    Alex mirando cómo pagaba la cuenta se dijo a mi mismo:

    -¿Qué coño me querrá proponer?

    Dos días después estando Alex en la oficina recibió una llamada.

    -¿Sí?

    -Hola, soy Yeni.

    -Hola. ¿Cómo consiguió mi número de teléfono?

    -Lo tenía mi marido en la agenda. ¿Podemos encontrarnos y hablar otra vez?

    -¿Está segura? La última vez no quiso contarme nada. Me trató cómo a un tonto.

    -Estaba muy nerviosa para hablar, hoy le diré lo que le quería decir y no pude.

    -La espero en mi casa

    -Deme la dirección.

    Se la dio. Cuando Alex llegó a casa Yeni estaba esperando delante de puerta.

    -Perdón, pero tuve que cerrar un negocio.

    -No se preocupe solo llevo esperando un minuto.

    Metió la llave en el cerrojo y entraron en la casa. Al llegar al salón Alex quitó la chaqueta de su traje gris y mientras se quitaba la corbata le dijo:

    -Siéntese en el sofá que quiera. ¿Le apetece un jugo de naranja?

    Yeni se sentó en un sofá y le respondió:

    -Sí, por favor.

    Alex echó dos zumos de naranja en dos vasos, le dio uno. Yeni cogió el vaso y le dijo:

    -Gracias.

    Alex se sentó en la mesa camilla que tenía Yeni delante y le preguntó:

    -¿Qué proposición me quiere hacer?

    Lo soltó de golpe y mirando al piso.

    -Una proposición indecente.

    Alex se levantó y se inclinó para besarla. Yeni también se levantó, nerviosa, y con la cabeza baja, le dijo:

    -Pare, por favor, esto no es eso lo que quiero, es algo diferente.

    -Dígame que es y sea honesta.

    -Mi marido me empuja hacia usted porque le gustaría verme con otro hombre.

    Se le quedó cara de tonto.

    -¡¿Qué?!

    -Es una fantasía que lo hace disfrutar.

    -¿Sabe qué está aquí conmigo?

    -Sí.

    -O sea, que el jefe disfrutaría viendo follar a su esposa conmigo.

    -Sí, pero ya llegamos a un acuerdo satisfactorio para los dos.

    Alex abrió la hebilla del cinto. Yeni se puso nerviosa.

    -Pare, por favor.

    Alex bajó los pantalones y los calzoncillos y con la polla erecta en la mano le dijo:

    -¿A qué espera? Mi polla está dura. Mírela y tóquela.

    Yeni miró de reojo para la polla, luego miró al frente y le dijo:

    -Pare, por favor.

    Alex se cansó de tanta tontería. Se sentó en un sofá de dos plazas y con la polla apuntando al techo, le dijo:

    -Si no quiere follar sáquele una foto y váyase.

    Yeni le echó una mirada fugaz a la polla. Estaba muy nerviosa. Sin mirarlo a la cara le preguntó:

    -¿Puedo masturbarlo?

    Alex ató cabos.

    -¿Es ese el acuerdo al que llegó con su marido?

    -Sí, le dije que de la masturbación mis principios no me dejaban pasar.

    A Alex no le disgustó la idea.

    -Empiece cuando quiera.

    Jeni le miró a los ojos y le dijo:

    -Ocurra lo que ocurra aquí no se lo dirá a nadie. ¿Vale?

    -Tiene mi palabra de honor. Empiece.

    Yeni sacó el teléfono móvil del bolso, lo puso a grabar y lo colocó encima de la mesa camilla apoyado en su vaso de naranjada, luego se sentó al lado de Alex y mirando al frente buscó a tientas la polla, la cogió y comenzó a masturbarlo. Pasado un minuto, o menos, le dijo Alex:

    -Señora, su mano caliente le gusta a mi polla. La misma mano que masturba al jefe y…

    -No diga eso, por favor.

    Al ratito le dijo Alex:

    -¿No le gustaría chuparla, señora?

    -No diga eso.

    -Ahhh, su mano es maravillosa.

    Yeni mordió su labio inferior. Alex la vio en el móvil y le preguntó:

    -¿Masturbarme le será suficiente?

    -No digas eso, por favor.

    Su voz era de mujer cachonda, pero cachonda de estar a punto de correrse.

    -Ohhh. ¡Qué bueno! Lo está haciendo muy bien.

    Yeni iba a piñón fijo. Su mano subía y bajaba siempre a la misma velocidad. A Alex le encantaba, prueba de ello era que la aguadilla que saliera de la polla estaba ahora entre la polla, la palma de la mano y los dedos de Yeni. Alex le dijo:

    -Si sigue así me corro, señora.

    Siguió igual. Poco después le dijo:

    -Me voy a correr, señora.

    Paró de masturbarlo. Yeni miraba al suelo y mordía de nuevo su labio inferior. Alex le preguntó:

    -¿Por qué paró?

    Cómo seguía con la vista al frente sin decir nada le cogió la mano con la suya e hizo que lo masturbara más aprisa. En nada le dijo:

    -Ahhh, ahhhh, me corro.

    Yeni le separó la mano de la suya con la otra mano y se le escapó un gemido. Miró para la polla y no pudo evitar apretarla y soltar otro gemido. Mordió de nuevo el labio inferior. Estaba deseando mamarle la polla, pero no se atrevía a dar ese paso.

    Alex fingiendo que se iba a correr había conseguido su propósito, despertar el deseo de Yeni, le dijo:

    -Chúpela, señora, haga feliz a su marido.

    Lo del marido era el impulso que necesitaba, aunque en aquel momento lo que quería era ser feliz ella. Gimiendo cómo si estuviera a punto de correrse se arrodilló delante de Alex, metió la polla en la boca y la chupó con unas ganas tremendas. Cuando la quito de la boca y lamió de abajo a arriba, de la polla comenzó a salir leche. La volvió a meter en la boca y mamando se tragó la corrida. Al acabarse la leche siguió chupando y lamiendo el glande, el tronco, los huevos…

    -Si sigue me corro otra vez, señora.

    Yeni se levantó, quitó el abrigo, se bajó las medias y las bragas, se levantó el vestido y dándole la espalda metió un brazo entre las piernas, cogió la polla, la acercó el coño y la metió hasta el fondo. Luego se apoyó con las manos en la mesa camilla y comenzó a follarlo metiendo, sacando y moviendo alrededor su culo respingón. Sus gemidos eran escandalosos. Gozaba una barbaridad. Alex no se movió en ningún momento. Unos diez minutos más tarde viendo el interior de sus muslos mojados de jugos le preguntó:

    -¿Quiere que la folle yo, señora?

    -Sí, por favor.

    Alex se puso en pie y se la metió con fuerza hasta el fondo. El gemido que salió de su garganta le sonó a música celestial, luego la folló despacito unos diez segundos y después a toda hostia hasta que sus piernas comenzaron a temblar. Paró de follarla y Jeni volvió a mover el culo hacia atrás, hacia delante y alrededor, pero así no se iba a correr, le suplicó:

    -Fólleme, por favor, fólleme.

    -Sin favor, señora.

    Se la clavó de nuevo con fuerza y de nuevo oyó un gemido desgarrador. La folló cómo antes y Yeni habló de nuevo, fue para decir:

    -Más rápido.

    Más rápido le dio. Al comenzar a correrse se la sacó y vio cómo le temblaban las piernas. Los gemidos escandalosos desaparecieron y llegaron los dulces gemidos del orgasmo. A Yeni se le doblaban las rodillas. No cayó de culo porque estaba con las manos apoyadas sobre la mesa camilla.

    Cuando le dejaron de temblar las piernas le dijo:

    -Desnúdese.

    Mientras se desnudaba Yeni, Alex se fue para su habitación, habitación que estaba al lado de la sala. Dejó la puerta abierta. Se desnudó y se sentó en la cama. Al verla desnuda y de espaldas, le dijo:

    -Venga.

    Yeni cogió el móvil. Al darse la vuelta bajó la cabeza y caminó acariciando el brazo derecho con la mano izquierda. Se veía que tenía vergüenza. Alex le dijo:

    -Es preciosa señora.

    Lo era y su cuerpo estaba hecho para el pecado. Sus tetas medianas tenían pequeñas areolas marrones y pezones gorditos. El cabello suelto la hacía aún más hermosa y el vello negro del coño era insultantemente sexy.

    Alex le cogió el teléfono móvil y le dijo:

    -Échese sobre la cama.

    Yeni se echó boca arriba sobre la cama con las piernas entreabiertas. Alex le quitó varias fotos y después puso el teléfono móvil a grabar sobre un mueble. Lo colocó en posición delante de un marco con una foto de su hermana y después fue a la cama. Hizo que levantara las piernas y doblara las rodillas y luego le abrió las piernas de par en par. Vio su coño abierto y mojado. La cogió por la cintura, metió la cabeza entre sus piernas y lamió la raja de su coño de abajo a arriba con la punta de la lengua, la lamió rozándola y después, poco a poco la fue introduciendo dentro mientras lamía hasta que acabó enterrándola dentro de la vagina. Yeni volvió a gemir con ganas. Alex le dijo:

    -Me gusta oír sus gemidos, señora.

    Dejó el coño y le agarró las tetas, se las apretó y le lamió los pezones para luego chuparlas metiendo en la boca toda la teta que le cabía. De las tetas fue a su boca. Yeni lo recibió lamiendo su lengua en el instante que la sacó de la boca. Se besaron con lujuria un rato, luego Alex le volvió a comer las tetas y acabó de nuevo en el coño. Ahora su lengua plana al lamer de abajo a arriba se apretaba contra el coño y al llegar al clítoris lo chupaba y lo lamía. Yeni movió su pelvis acompasando a la lengua hasta que se corrió, lo hizo retorciéndose, temblando, tirándole del cabello a Alex y entre duces gemidos de placer.

    Tras el último gemido se la clavó en el coño con fuerza, pero no una vez, la folló así un buen rato. En ese buen rato volvieron sus gemidos y esta vez fueron como gritos. Cuando Yeni sintió que se iba a correr sus manos tiraron de sus cabellos y su cabeza se movió de un lado al otro. Alex le dijo:

    -Es una chillona, señora.

    Fue decírselo y callar, levantar la pelvis, frotar su coño contra la pelvis de Alex y correrse gimiendo en bajito. Le dejó los pelos pringados de jugos.

    Al acabar de correrse volviéndola a clavar, le dijo:

    -Ahora me toca a mí, señora. Me voy a correr y lo haré en su linda cara, en la linda cara de la mujer del jefe.

    La levantó las piernas, la cogió por los pies y le dio a mazo. Aún no llevaba un minuto clavándola a tope cuando a Yeni le volvió el habla:

    -Voy a correrme otra vez, no pare.

    Le siguió dando caña hasta que le dijo:

    -¡Me corro!

    Otra brutal corrida que echaba, pero esta vez no llegó sola, la acompañó la corrida de Alex, corrida que le echó en la cara mientas Yeni se estaba corriendo.

    Al acabar de correrse Alex, mirando para Yeni, le dijo:

    -Aún con mi corrida en su cara, con los ojos cerrados, los puños apretados y temblando, sigue siendo bella, señora.

    Cuando Yeni volvió a recuperar las fuerzas se lavó la cara en la pileta del cuarto de baño.

    Mientras se vestían no se dirigieron la palabra.

    Cuando Yeni se iba la cogió por detrás, la rodeó con sus brazos y le dijo:

    -Fue maravilloso, Yeni. ¿Lo repetiremos alguna vez?

    Yeni se separó de él y se iba sin responder. Alex le dijo:

    -No le enseñes las fotos y los videos a tu marido.

    Se giró, lo miró a la cara, y le dijo:

    -Para eso pasé por este trance, aunque fue un trance placentero, muy placentero, el más placentero de mi vida. ¿Por qué no quieres que le enseñe a mi marido las fotos y los videos?

    -Porque te engañó. Se quiere divorciar de ti. Con esas fotos y esos videos te dejará sin un céntimo.

    -Me engañasteis los dos.

    -Yo te seguí el juego porque estás muy rica, pero él es un hijo de puta y ruin, muy ruin, pues hay que ser muy ruin para engañar así a una mujer que lo ama hasta el punto de entregarse a otro para satisfacerlo.

    Yeni estaba enfadada. Lo miró con la cabeza alta y una seriedad que imponía, y le dijo:

    -¿Si él es un miserable, tú quién eres?

    Alex mirando al piso le respondió:

    -Alguien que si hubiera tenido la suerte de estar en el lugar de tu marido te hubiese tratado cómo a una reina.

    A Yeni no se le iba a pasar el cabreo con palabras de halago.

    -Ya has estado en su lugar y me has tratado cómo a una puta, adiós Alejandro.

    Quique.

  • Del relato a la fantasía con una madura

    Del relato a la fantasía con una madura

    Hola a todos. Este es mi segundo relato, se trata de un suceso imaginario que acaba en la fantasía de un joven. 

    Tras escribir mi primer relato, recibí varios comentarios en el correo electrónico en el que los usuarios expresaban sus opiniones, reacciones… pero hubo un mensaje que me llamó la atención. Se trataba de una mujer madura de 44 años, me decía que le gustaba ser mala y exhibirse en la playa tal y como la protagonista de mi relato. Me encanto ver que mi relato había excitado a una mujer madura y que me lo hacía saber, pero lo que más me gustó del mensaje fue que me dijo que ella tenía la fantasía de ser follada por un chico joven como yo y me planteaba una quedada.

    Ella vivía en otra comunidad autónoma de España, pero por causas del trabajo vendría a Bilbao una semana, donde yo vivo. Me proponía pasar el fin de semana en un hotel balneario con circuitos de spa y piscina, pero el juego era que yo debía adivinar entre todas las personas que se hospedaban en el hotel quien era ella y si lo descubría me llevaría a su cama. Me encantó la propuesta y el juego por lo que la acepté sin poner pegas.

    Llegó el fin de semana concretado y me dirigí al hotel. Fui a mi habitación y me puse el bañador para comenzar por la piscina exterior. Sería una buena zona para echar un primer vistazo de las maduras que estaban por allí y ver si alguna me haría una señal o movimiento distintivo.

    Estando en la piscina, observé que había muchas parejas que rondarían los 40-50 años. Muchas de las mujeres estaban de muy buen ver y me fije en dos que estaban dándose un baño y no iban acompañadas, por lo que me centre en ambas. Estaba empezando a excitarme y para bajar el bulto que se marcaba en el bañador decidí entrar al agua.

    Poco a poco iba bajando el calentón y vi que una de ellas entraba a la zona interior del hotel donde estaba el circuito de spa, sauna… La otra salió del agua y se tumbó junto a un señor en una de las hamacas. De las chicas que había visto hasta el momento solo me quedaba una candidata por lo que opte por ir yo también al interior. 

    Quería estar tranquilo, ya llegaría el momento, por lo que decidí entrar en un jaccuzzi que estaba vacío. Al de poco tiempo entro un matrimonio y poco después entro la mujer en la que me había fijado en la piscina. Se trataba de una mujer morena con un buen culo y con unos pechos grandes y aunque por la edad habían empezado a caerse un poco llamaron mucho mi atención. Era delgada y por lo que parecía cuidaba mucho su imagen. 

    En el jaccuzzi cada uno estaba a su aire, pero en un momento noté que una mano rozaba mi entrepierna. Miré a la mujer y se mordió el labio inferior. Había encontrado a mi madura. Poco después, una mano se introducía en mi bañador y se posaba sobre mi pene. Me estaba poniendo muy cachondo. La mire y sacaba su lengua sin que la pareja que estaba compartiendo el jaccuzzi se enterara.

    De pronto paró y salió del jaccuzzi y entro en la sauna. Yo no podía salir de allí en aquella situación, por lo que tras esperar unos minutos, salí rápidamente y entre en la sauna yo también. Ella estaba sentada en una de las esquinas, ahora me tocaba jugar a mi y decidí sentarme junto a ella. En la sauna había más gente, por lo que de manera disimulada fui posando mi mano sobre su firme culo e introduciéndola bajo su bañador. Podía notar que estaba muy húmeda y eso me ponía muchísimo. Notaba como cada vez sus pezones se marcaban más y cada vez deseaba más tocarlos y morderlos. 

    Siguió entrando gente a la sauna y para que la gente se pudiese sentar cómodamente, le dije que podía sentarse sobre mí (fingiendo antes todos ser madre e hijo). Ella aceptó el juego y nada más sentarse sobre mí notó que mi pene estaba empalmadísimo. Ella se movía disimuladamente sobre mi haciendo que la temperatura de nuestros cuerpos siguiese subiendo.

    Debíamos parar o salir de allí lo antes posible por lo que cogiéndola de la mano, salimos y entramos en una zona de duchas individuales donde podías jugar con los cambios de temperatura del agua. Ambos estábamos muy cachondos y nos metimos en una ducha donde nadie nos viera. Nos comimos la boca según pudimos y comencé a desabrocharle la parte de arriba de su bikini. Bajaba mi lengua lentamente hasta llegas a sus pezones y jugar con ellos, estaban durísimos. Los chupaba y mordía y ella aprovechaba para ir retirándome el bañador. Cuando me lo quito, comenzó con una espectacular mamada, le avisé que no aguantaría mucho mas en esa situación y ella me dijo que quería que me corriese en su boca. Dicho y hecho, al de unos minutos, me encontraba expulsando todo mi semen sobre su boca y ella se lo tragaba todo.

    Yo aproveché para seguir bajando con mi lengua hasta llegar a su coño donde podía saborear sus jugos vaginales. Comenzamos a escuchar muchos ruidos de gente que entraba a las duchas próximas a las nuestras y decidimos subir a su habitación. 

    Solos en el ascensor, como dos adolescentes nos comíamos la boca y seguíamos con nuestros juegos. Mi pene volvía a estar firme y a ella le encantó verlo así. Nada más entrar a la habitación nos desnudamos y comenzamos con un magnífico 69 en su cama. Ella estaba muy cachonda y decidí introducir suavemente mi polla. Comenzamos un suave mete saca e íbamos aumentando el ritmo poco a poco. Íbamos cambiando la postura y estando a 4 patas, ella me decía que se corría y a mi también me faltaba poco. Quería que me corriese dentro, por lo que aumentamos el ritmo y ambos acabamos teniendo un tremendo orgasmo a la vez. Fue sin duda uno de los mejores polvos que había echado hasta entonces. Descansamos tirados en la cama durante unos minutos pero el fin de semana continuó con continuas jornadas de sexo, pero eso lo podré contar en otro relato.

    Espero que os haya gustado este segundo relato. Espero vuestros comentarios y sugerencias para poder mejorar en los próximos. Podéis escribirme también a mi correo: [email protected] donde os podré leer y responder más fácil y quien sabe igual me encuentro una propuesta como la de este relato.

    Muchas gracias a todos!!

  • Mi amiga es mi pornstar favorita

    Mi amiga es mi pornstar favorita

    «No sabía yo que hacerme pasar por el novio de una amiga me haría vivir una experiencia cuckold» 

    I.

    —¿Qué tan bien me queda? —me dijo.

    —Pues de puta madre. ¿Es un hilo dental? —le contesté recostado desde su arreglada y elegante cama.

    —Algo así, es una bikini tipo “v-string”. ¿Cómo me sienta el color rojo? —Se gira.

    —¡Madre mía! —Me río un poco nervioso— ¿No crees que vas un poco salida?

    —Esa es la idea, Eddie. Quiero ponerlo bien caliente.

    —¿Andas antojada o qué?

    —Si, tengo antojo de carne… Carne con leche, ¿no te parece esa una rara combinación? —dijo con picardía.

    —¿Qué cojones?

    —¿Y a vos qué se te antoja?

    —Ahmm… pues pescao.

    —Ah bueno, te puedo ofrecer a la vuelta pescado con leche. —Se ríe.

    Esa… esa es mi buena y despampanante amiga Kim, y allí… allí estaba yo, tratando de disimular que podía verla, casi desnuda, sin perder un ápice de mi relajada actitud confiada. A ver cuánto me duraría…

    Se estaba arreglando para ir a la piscina de uno de sus amantes. Me pidió que mientras tanto le haga compañía. Estaba claro a por lo que ella iba, y eso me llenaba de morbo.

    Cuando la vi por primera vez, de mano de unas amigas, me quedé hechizado por su atractivo, yo y todos los colegas del bar. Esa noche me propuse quedarme cerca de ella, abriéndome paso entre los buitres, para ofrecerle las más espontáneas charlas que se me iban ocurriendo. Entre cervezas y música, le caí majete. Al rato ya me comentaba sus experiencias íntimas con sus ex parejas y ¡madre mía!, las cosas que me contaba. Aquel día era la envidia de tíos y tías porque esa bonita mujer prefirió charlar conmigo todo el rato. Me sentía con la mayor de las suertes por caerle bien.

    En mi intimidad, esa chica se había convertido en una de las protagonistas de mis fantasías o, bueno, si lo decimos a lo bruto sería de mis pajas. Lo que pasa es que siento una morbosa curiosidad por la vida sexual de chicas que considero despampanantes, contrario a las chapuzas de los típicos chuloputas. Pasaba que un colega eructaba que se había liado con cinco tías, todas a espaldas de sus esposos o novios, y que han follao toda la noche; y para mi era como “ajam, sí. Bueno… ¿quién tiene hambre?”. Pero si una sexy mujer era la que comentaba, era como “uy, madre mía, ¡diablos señorita!, qué atrevida jijiji…”

    En varias oportunidades, cuando salíamos con el grupo de amiguetes, ocurría que Kim soltaba algún comentario picante de sus aventurillas, teniendo así una probadita de su fogosidad. Me daba la impresión de que en la cama debía ser hardcore, como lo que viene siendo una actriz porno, pero mejor porque se supone que no estaría actuando (?). Tal es así, que se me había formado el fetiche de querer verla teniendo sexo con uno de sus amantes… porque obviamente yo no tenía ese perfil para serlo. No iba a espiarla como un pervertido y arriesgarme a perder su confianza con tal de complacerme; más allá del morbo, me cae muy bien y es una de las amigas más interesantes que tengo. Sin embargo, cuando nos encontrábamos solos hablando sobre temas sexuales, siendo ella libertina y yo un noob, tenía que hacer fuerza para mantener los papeles y no revelarle mi libidinoso deseo.

    Kim se estaba terminando de arreglar el cabello, su peinado me hacía recordar al de Britney Spears en aquel videoclip “Oops!… I Did It Again”.

    —¿Querés venir conmigo? La pileta de Nacho es enorme, su casa parece la de un narco —se ríe.

    Estaba embobado viéndola. Simplemente estaba sentada derechita en su tocador vanity y aun así, me resultaba sensual sin intención de serlo. Me pasaba a menudo, tenía que empezar a disimular, no quería pasar por un baboso e incomodarla. Despabilé cuando me habló y me senté en el borde de la cama:

    —Oye, ¿pero acaso no vas a ir sólo para ligar con el colega?

    —¿Y qué tiene? Mientras tanto te podes quedar con los demás, son todos buena onda.

    —Mmm, no lo sé, se me hace aburrido estar con peña cuando la acción va a estar en una de las habitaciones de la casa.

    Kim me lanzó una insinuante mirada:

    —¿Qué estás tratando de decirme?

    —No sé, digo… —le respondí tímidamente.

    —¿Querés sumarte o qué?

    —Non, no me reff, refería a eso…

    «Me duró poco, gente»

    —¿Y entonces? ¿Querés ir a vernos?

    —¡Cómo!, pero qué cosas dices, por favor un poco más de respetación…

    —¡Mirá, te pusiste colorado! —Lanza una carcajada maliciosa—. ¿Qué pasa, te calienta la idea o qué?

    Respiré hondo. Suspiré. Debía de reponer mi compostura.

    —Lo que trato de decir es que, obviamente, sería muy sexy, de seguro, verte; pero sólo eso… Como cuándo miras una porno, ¿sabéis?

    —¿Pero vos querés verme a mí o al penacho de Nacho?

    —Nono, a ti, obviamente, siendo tú una chica muy hot y eso…

    —¿Seguro…? —Me miraba con picardía.

    Le respondí con un firme y seguro:

    —Si.

    —Mmm… Ok. Mirá vos el Eddie eh, me saliste voyerista, no me habías contado tu perversa afición…

    —No Kim, jamás te espiaría sin tu consentimiento. —Quise recuperar algo de decencia.

    —¿Y entonces qué serías?

    —Pues un mirón, pero ése no es el punto. Sólo digo que me parecería muy interesante verlos ya que, al lado suyo ustedes son básicamente profesionales y yo pues… bueno, digamos que he tenido pajas más interesantes que mis folleteos.

    Ya estaba en el pozo, debía de jugármela.

    —Ohh, entonces vas a ir con tu libretita y tomar nota de cómo se hace. —Se estaba acojonando de la risa.

    —Bueno… ¿podríamos hacer de cuenta que no te he dicho nada?, ¿por favor?

    —Noo, ahora te jodiste pervertido ¡Buajaja!

    —No seas así Kim, de seguro tú también tienes tus extrañas fantasías.

    —Ah, resulta que lo tuyo no era tomar nota, sino una fantasía (?)

    Maldita sea, me tiene arrinconado. No tuve peor idea que dejar entrever mi jodido deseo, ahora para ella soy una coña viviente.

    —Por favor Kim, déjalo ya.

    —Tranquilo, bobo. Yo también tengo mis fantasías, como dijiste recién. Hagamos un trato: yo te cumplo hoy la tuya y vos me cumplís una mía, ¿qué te parece?

    Abrí los ojos como platos.

    —¿De verdad me lo dices o estás de cachondeo?

    —Te juro. —Me estrecha su mano.

    —Uy, genial. Trato hecho. —De seguro estaba ruborizado de la emoción mientras apretaba su mano. —Y dime, ¿cuál es tu fantasía?

    —Ya lo vas a descubrir…

    —Anda, dime.

    —No te preocupes, no sos el único “rarito” acá.

    —¡Dios! De ti me puedo esperar cualquier cosa. —Lo dije en el mejor de los sentidos pero no sonó así.

    —Mirá quién habla, el tipo que quiere ver como me rompen el culo a pijaz…

    —¡Alá! —le interrumpí.

    —Bueno… hacer el amor dulce y suavemente, ¿así te gusta? —se ríe. —Ya es hora, vamos.

    —Vale.

    —Eso sí —me recalcó por el camino—, no se te ocurra sacarme fotos o filmarme porque te corro a patadas.

    —No soy un idiota, Kim.

    —Ok, así me gusta… —luego me susurra al oído— Perversito.

    II.

    Llegamos a la casa, que digo casa, mansión del tal Nacho. Me dirigía hacia la puerta principal pero Kim me indica un portoncito al costado.

    —Vamos por acá, va directo al patio de atrás. Esperá… —Espía por encima para asegurarse que no se acercara alguien, supongo—. Vamos a hacerle una jodita a Nacho. —Me guiña.

    —Vale.

    —Te voy a presentar pero como mi novio.

    —Okey.

    Ojalá fuese mi novia, sería el mortal más feliz del planeta, aunque siendo su amigo nada más me consideraba bastante afortunado ya.

    Abre la puerta el susodicho en bañador con maso six pack y todo el pechamen al descubierto, portando un rostro de chuloputas que flipas.

    —Holaaa, hermosa mujer. —Saluda extendiendo los brazos—. Y tuu…

    —Mi novio —le espeta.

    Su rostro de anfitrión buen rollero cambió por uno de escabrosa seriedad. Kim pasó de él como si nada, el colega se adelantó y le susurró al oído una serie de ininteligibles preocupaciones, a los que ella, con un ademán de despreocupación, respondió:

    —Tranquilo, no pasa nada… —y se adelantó por el pasillo contoneando las caderas.

    El colega se quedó unos instantes pasmado, me miró, levantó una ceja cual Dwayne Johnson, y luego dijo:

    —Tu amigo, tú eres un tipo con suerte. —me rodeó los hombros con el brazo y avanzamos detrás de la dama—. Mira nada más eso… Tu eres el tío más suertudo del mundo, ¿qué mundo?, de la galaxia.

    »Sabéis, no suelo recordar los rostros de personas que no sean tías buenas —me iba comentando por el camino—, pero contigo, tío, tengo que hacer una excepción. Es más, voy a tomarte una foto y hacerla cuadro para ponerla en mi sala. A las visitas les voy a decir que aquel tío, aquel tío es un ídolo, y cuándo pregunten el porqué les diré que es por el peazo de novia que se carga; y es ahí cuando giró el cuadro con una foto de ella y todos comprenden al instante lo que les digo…

    Madre mía la chapa que me está dando el colega flipao este. Como íbamos de estatura parecía yo Messi y él Piqué.

    Había buen rollete en aquel patio, gente guapa, lujos, música pachanguera, más lujos, vestigios de una barbacoa; en fin, una reunión de pijos como muchas, ambiente que se me hacía por demás ajeno, pero si era por acompañar a Kim, pues nada, a tope.

    —Hola chiquis, ¿cómo están todos? —saluda animadamente Kim—. Les presento: este es mi novio.

    —¡Holiiis! —saludan como críos desde la piscina.

    Joder macho, creí que la “jodita” se había acabado, no porque me disguste rolear como su pareja, para nada, pero es que la tía ha venido para ligar con el dueño de la casa.

    En un momento de la tarde, me acerco a ella y le comento en secreto:

    —Oye, ¿no crees que está bien raro que me presentes como tu novio cuando has venido a liarte con el colega aquel?

    Kim me contesta con una risita:

    —¡Sii! Las caras que van a poner cuando me vean tonteando con Nacho. Y peor, cuando me vaya con él para adentro, mmm…

    Se lo estaba pasando de puta madre a costa mía.

    Cuando mencionó eso último, de sólo pensarlo, el corazón me latía a mil, parecía como cuando de puber me metía en secreto a ver porno en la laptop, tremendas pajas me colaba, pero cambiaría a todas las Valentinas Nappis o las Lanas Rhoades por la mujer que tengo ahora en frente. No dejo de ser un pringado más, con un poco de suerte, enamorado de la bella que arranca a su paso suspiros de deseo.

    —Bueno, me voy a meter a la piletita —anunció por todo lo alto.

    —¿Qué pasa, levantaste temperatura? —dijo uno de los coleguis.

    —Sii, estoy re caliente.

    Se quita el pareo, dejando así lucir su flamante bikini rojo, y la brisa movía su rubia y lacia cabellera… ¡Suspiros de deseo, chavalaas!

    —¿Te gusta cómo me queda, Nacho? —dijo con un leve pero perceptible tonito cachondo.

    El colega trata de tapar con sus manos su prominente lascivia y luego me señala al grito de:

    —¡Eres el ídolo, tío, el ídolo!

    Kim, luego de una carcajada, se tira de clavado a la piscina como toda una profesional. Yo me meto también y voy junto a la peña. El tal Nacho arrastra su tumbona más cerca de la orilla. Kim nada hacia su dirección y se ponen a cuchichear. Por la posición en la que estaba acomodada, de seguro se le vería un canalillo de espectáculo. No cabe duda que al colega se le habrá perdido la vista más de una vez allí. No sé qué acordaron en su charla, pero la cuestión es que ambos se incorporaron y fueron juntos al interior de la casa.

    Pasados unos 15 minutos, aparecen trayendo sándwiches. Nos acercamos a ellos, ella me mira con su insinuante sonrisa y le da un mordisco a su refrigerio, para luego limpiarse lascivamente una “miga”.

    —¿De qué son? —preguntó uno de los colegas.

    —El mío es de carne con leche —le responde Kim con total naturalidad.

    —¡Watafaka?

    Kim se ríe. Me llama y vamos a un lugar más apartado para charlar.

    —Acabó al toque, mucha chele —me suelta—, se ve que le re calienta la onda de corneador.

    —Madre mía lo salida que vais. ¡A tope! Disfrutad de tu jovial “sezualidad”.

    —Obvi. Para la noche, capaz, vamos al cuartito y “zuit-ziu, zuit-ziu, zuit-ziu” —ilustró con silbiditos el mete-saca—. Yo te aviso y ahí… —Me hace repetidos guiños.

    La tardecita transcurrió con música y alcohol, todos bailando como si de repente estuviéramos en Ibiza. La pareja de cachondos no tuvo mejor idea que bailar frotándose como posesos en medio de todos.

    Dos chicas, tomadas de la mano y con ojos azules como la piscina de la que habían salido, se acercan hacia mí. Una, con toda admiración, me dice:

    —Me encanta la relación que tienen tú y Kim.

    —Si, a mi también —(?).

    —Ojalá yo tuviera un tipo de relación así. —Mira a su compañera, ríen y se marchan.

    Voy a la cocina del anfitrión a buscar algo de alcohol de su repleta heladera. Me intercepta allí otra chica, rubia de cabello cortito con unos enormes senos.

    —Sabía, desde que llegaste, que eras uno de esos…

    —¿Uno de qué?

    —De esos tipos que se calientan viendo a su novia con otros machos.

    —Nono, no se trata de eso…

    No me dio tiempo a explicarle porque la tía me agarró con rudeza el paquete.

    —Uy, qué durito —se burla y luego huye antes que llegue más peña.

    Me quedo pasmado unos instantes hasta que llegan otros dos tíos:

    —Che perrito, fijate tu mina ahí, controlala porque le está re calentando al loco.

    —Si man, ese le va a re cojé a tu mina.

    —Vale, me ha quedado claro.

    El “Kun Agüero” y su colega se marchan tras advertir el offside de uno de los jugadores. Salgo para ver en qué andaba Kim. Sonaba a tope funk brasileño, un tipo de música que conocí justamente por ella, que, casualidad, se caracteriza por ser sumamente sexual. La veo haciéndole tremendo twerking al Nacho, quien no perdía detalle tomándola de la cintura y restregando el paquete entre sus nalgas. Me atajo la frente ante tan magistral habilidad para el baile urbano. A un costado, las dos chicas de los ojos azules me sonreían burlescamente.

    III.

    Ya había anochecido. No sabría precisar dónde había ido el resto de la peña, si se habían marchado o andaban revoloteando por la casa que, con drogas y alcohol tenían para rato. Yo estaba con Nacho y Kim en el jacuzzi porque si, tenía un jacuzzi al lado de la gran piscina, «lujos baby…».

    De ellos sólo veía sus cabezas, estaban juntitos. Kim cierra los ojos y suelta un suspiro. Por lo oscuro no veía lo que pasaba bajo el agua. El colega le observaba con atención. Al rato Kim suelta, ya no un suspiro, sino un gemido que se oía muy rico. Al instante el colega me mira y dice:

    —Recuerda tío, tú eres el afortunado porque de todos, ella te eligió.

    Se oían unos cada vez más intensos gemidos de ella, hasta que repentinamente se incorpora:

    —Ay por dios, los chorros de esta pileta son descontracturantes, uy. —Se acerca un poco a mí—. Mi amor, estoy muy cansada, me voy a acostar un ratito y después nos vamos.

    —Vamos, te llevo para el cuarto de huéspedes —le atiende el anfitrión con toda cordialidad.

    Los veo marchar y me quedo unos instantes en el jacuzzi, pensando en que esos gemidos fueron toda una delicia para el oído y la mente. Me salgo y seco con una toalla que estaba por allí. No sabía qué hacer a continuación, supongo que entraría en la casa para sacarme la duda sobre la peña. Apenas entrar, Kim se aproxima con prisa hacia mi.

    —Eddie vení —me toma del brazo—, me dijo que no tiene problema con que mires.

    Nos dirigimos hacia la habitación del colega, quien estaba ya completamente desnudo con la chorra colgándole entre las piernas, posicionando un sofá cerca de la cama.

    Me quedo observando como ella, sentada en el borde de la cama, toma el rabo aquel y lo menea. Se mete todo lo que le cabe y me mira… Madre mía, cómo me estaba poniendo la tía. Tras la felación, se despoja de su bikini y así, como si de un sueño lujurioso se tratase, pude apreciarla en todo su esplendor. Se pone en cuatro de cara al chulo, quien no tarda en tomar posición y comenzar a restregar el rabo entre las redondas y firmes nalgas. Yo me ubico en el sofá, dispuesto a masturbarme con mis aproximados 13 centímetros de furia española, pero ambos se quedaron estáticos viendo mi pene.

    —¿Cuánto mide eso? —me dice el colega.

    —Dejalo —me defiende Kim, empujándole con la cola—, a mi me gusta, me entra todo en la boca, la tuya no.

    El colega se queda mirándola y luego me dice:

    —¿De verdad quieres ver como me la follo, tío?

    —Ahmm, si. Es en realidad a ella quien quiero ver.

    Kim me guiña un ojo y el colega se echa una carcajada.

    —Vale pero que sepáis que no me voy a cortar un pelo porque estés aquí, voy a hacer sonar esas nalgas por toda la casa y todos los que estén lo van a oír. —Tras decirlo le da una nalgada.

    —Ay, no me cachetees así forro, que a mi novio no le gusta que me quede la cola toda marcada —dice Kim.

    Las que se inventa la tía. Además, con una simple nalgada no bastaría para enrojecer su bronceada piel.

    Nacho se vuelve a reír y acomoda su aparato en la entrada, haciendo pasear el glande por su dorso. Ella se estremeció sintiendo todo aquello abriéndose paso, y me dice cachonda:

    —No te asustes si grito, mi amor, es porque me está gustando mucho.

    El colega se puso como una moto tras oír eso y «plaf», la primera marcha sonó, «mmm…», los jadeos de ella. «Plaf, plaf», la segunda marcha, los gemidos ricos no tardaron en salir. «Plafplafplaf», la tercera y los gritos de placer coparon la carrera.

    FIN

    Por Dany Campbell

  • Una fantasía en el laboratorio

    Una fantasía en el laboratorio

    Me tomó mucho tiempo un papeleo y arreglarme. Definitivamente ya iba tarde con Carlos, ponerme bella es tardado, pero no me arrepiento, quería que al verme hiciera mi expresión favorita: una expresión que hacia cuando estaba a punto de comer algo sumamente rico.

    Iba un poco enojada a su laboratorio, las distancias eran largas y el sol estaba horrible.

    Llegué y dentro era una atmósfera deliciosa, el clima tenía una misión sencilla, enfriar un salón muy grande, y por supuesto no lo lograba, pero enfriaba lo suficiente. Cosa anti producente, porque mi cara se empezaba a poner caliente. Carlos tenía el salón para él solito, y ahora nosotros dos.

    Al parecer no era la única con papeleo. Había varios escritorios y uno al fondo le pertenecía a él, donde tenía varias hojas regadas y llenando unos formatos.

    -Solo tengo media hora, a las 5:00 es el mariachi -me comentó antes de volver a sentarse y tomar la pluma de nuevo. Hizo una mueca y en sus ojos una decepción: no teníamos tiempo. Me miró de nuevo buscando una respuesta de confirmación o negación.

    Yo ya había ido antes a su laboratorio y tuvimos unos ricos fajes, pero solo fueron eso. Él siempre quiso llegar más allá, pero el hecho de que estuviéramos en un lugar público me ponía nerviosa y me impedía siquiera relajarme y disfrutar el momento. Me estresaba más que sus amigos llegaran en cualquier momento o tocara la puerta algún profesor.

    Estaba recordando aquellos momentos. ¿Por qué sería diferente esta vez que estaba seguro todos llegarían en 30 minutos? En fin, no sé qué vio en mi rostro, tal vez alguna mirada encendida o que mordí mis labios, porque de pronto escuché un fuerte manotazo de las hojas deslizándose al piso mientras mi trasero se sentaba sobre el escritorio. Aquello fue inesperado y si ya estaba caliente por el ambiente eso me excitó aún más. No me había tocado y ya estaba mojada.

    Y los ansiosos besos con lengua comenzaron, pero no, era poco tiempo, no podía dejarme ir y disfrutar, alguien podía abrir la puerta y encontrarse con una escena comprometedora. Ya tenía la piel de gallina y mis sentidos comenzaron a distraerse: no podía ya pensar en nada excepto en mantener el hormigueo que me invadía.

    Desabrochó los interminables botones de mi blusa y le ayudé a llegar a mis pezones, mi cuerpo me pedía a gritos que me besara aquellas pequeñas zonas. Me lamió desesperadamente como si se los fueran a quitar, seguido de eso me beso y con su saliva me siguió tocando mis pezones con sus pulgares. Solté un pequeño gemido. Podría desabrochar mi pantalón junto con el cachetero que elegí a propósito para provocarlo, bajarlos yo misma y empinarme sobre el escritorio, mismo que había despejado ansioso para mí, para poner mi trasero sobre él.

    Quería que él me quitara todo, eso me prendía, pero me desesperé tanto que comencé desabrochando mi único botón del pantalón y el cierre.

    -¿Ya quieres que te lo meta? -preguntó sorprendido y sin filtro alguno.

    Lo volteé a ver a los ojos y con voz sensual le susurré –Lo necesito.

    Sus brazos se pusieron duros para cargarme de mis piernas, me bajó del escritorio y me empinó rápidamente. Le ayudé a bajarme mi apretado pantalón para encontrarse con mi cachetero blanco.

    -¿Acaso quieres matarme, mujer?

    Moví mis caderas a los lados –Te estoy esperando.

    Pasó sus dedos por encima del cachetero –Estás muy mojada-, parecía más nervioso que yo.

    -¿Qué estas esperando? –Acto seguido me introdujo sus dedos y su pulgar me empezó a agitar el clítoris.

    -No solo eres bueno programando con los dedos, ¿eh? –Escuché una ligera risa y después una lengua saboreándome.

    Me volteé con la única intención de ver si estaba tan ansioso como yo. Le quité el cinturón y le bajé ahora yo su pants. Un pene salió como resorte esperándome. Sin pensarlo le di un suave oral. Escuché verdaderos gemidos de placer de su boca. Me tomó del cuello y me levantó para volver a empinarme y sin pedirme permiso me penetró. Empezó suave a probarme mientras me nalgueaba de la manera que tanto me gustaba.

    -Justo así -dije entre gemidos. Me taladró hasta que mi trasero sonaba como aplausos contra su pelvis. Tomé los extremos del escritorio para apretarlos. Mis piernas empezaban a temblar y su pene se salía a cada rato pues me encontraba escurriendo.

    Quería más. Me terminé de sacar el pantalón y me subí al escritorio de cara con él.

    -No te detengas -le supliqué sumamente caliente y le abrí mis piernas.

    No esperé respuesta pues ya volvía a tener a su pene dentro de mí. Me agarraba de la cintura para acercarme hacia él, me encantaba que apretara mi cadera tan fuerte que creía que me escaparía. Parecíamos no tener suficiente. Sus gemidos cambiaron a unos más fuertes, fue entonces cuando sentí caliente dentro de mí. Me miró a los ojos sin detener su respiración agitada y sonrió.

    -Me encantas -Le respondí con una mordida en los labios.– Quiero hacer esto de nuevo.

    Aquella adrenalina mantuvo mi día alegre.

  • De marido comprensivo a cornudo mirón

    De marido comprensivo a cornudo mirón

    Estoy convencido que todo se puede gestionar a través de la comunicación, pero, en nuestro caso, hablar de sexo con mi esposa sigue, aun, siendo un tanto complicado. Somos abiertos para hablar de muchas otras cosas, pero ciertamente no de lo sexual. Educados ambos bajo parámetros religiosos y conductas muy conservadoras, ser totalmente abiertos sobre los gustos o preferencias en este aspecto no siempre fluye de manera natural. Muchas veces me he preguntado, entonces, ¿cómo fue que resulté compartiendo los encuentros sexuales de mi esposa? Y la respuesta se remonta a los momentos en que la relación matrimonial experimentó crisis y buscamos soluciones para superar los inconvenientes.

    Habiéndonos casado muy jóvenes y sin experiencia alguna en muchos sentidos, ambos miembros de la pareja deberíamos aprender y crecer paralelamente para construir una verdadera relación de compromiso y hacer que el vínculo funcionara hacia el futuro. Cada cual estaba aportando lo suyo, pero, también cada cual tenía guardados sus pendientes, muy personales, que en algún momento saldrían a relucir. Y en el fondo de todo, ciertamente había la necesidad de experimentar. ¿Cómo así que el hombre tiene libertad para tener sus aventuras y nosotras no? Se habrá preguntado mi esposa. ¿Por qué él si puede acostarse con otras y yo no? Muchas de esas preguntas habrían partido de supuestos, lo que se comenta entre esposas, las infidelidades descubiertas de los maridos y, también, la curiosidad por saber cómo es aquello; lo prohibido.

    Recuerdo que Xiomara, una amiga en el trabajo con quien establecimos una relación de confianza muy cercana, algún día me preguntó si yo sabía algo sobre los clubes swinger. Ni Idea fue mi respuesta, ¿por qué preguntas? Un muchacho con el que salgo me ha propuesto ir ahí, pero me cogió por sorpresa y no supe que decir. Me hice la indiferente y le respondí que iba a mirar cómo andaba de tiempo. Pues, nada sé del tema, pero averiguamos, le respondí. Me puse, entonces, a buscar de qué se trataba el tema, qué sitios había en la ciudad y qué podría esperar en su cita. Y, claro, mi esposa, dándose cuenta de mi interés por averiguar para otra, y más sobre aquel tema, despertó sus alarmas. Fui extremadamente inocente y hasta muy honesto, lo reconozco, porque le dije que yo no sabía nada del tema y que le había prometido, a la otra, averiguar. Eso era todo.

    Y eso era todo, porque no había con ella, la otra, ningún compromiso. Hoy, escribiendo este relato, encuentro natural que mi esposa se hubiera sentido desplazada, tan solo por el hecho de que yo tuviera con la otra mujer ese tipo de confianza y ella, siendo la esposa, no. Supongo que pasaron por su cabeza miles de imágenes y pensamientos y eso, por supuesto, condicionó sus respuestas cada vez que hablábamos. De nada sirvió haberle mostrado abiertamente los resultados de mis averiguaciones, sin ningún secreto, porque sospechaba que detrás de aquello había algo más profundo en mi relación con aquella mujer. Y eso desató la desconfianza.

    Mi amiga rechazó la invitación, porque tal vez su pareja no era del agrado para avanzar en la propuesta, pero, en lo que a mí respecta, las consecuencias de aquel simple hecho no se harían esperar. Por una parte, la rendición de cuentas permanente ante mi esposa por lo que hacía o dejaba de hacer en el trabajo se empezó a volver agobiante, a qué hora salía, dónde estaba, con quién estaba, hasta el punto de llegar a considerar a mi amiga una mujer mucho más receptiva, considerada, abierta y confiable. Y, en ese ambiente, claro, mi ayuda para superar sus curiosidades, expuestas más espontánea y abiertamente, aparentemente sin interés alguno, tuvieron mí respuesta y llegamos a tener nuestros encuentros sexuales, dejando claro que aquello no iba a pasar de ahí.

    En esas circunstancias, y sin saber por qué, mi esposa resultó enredada con un profesor universitario. El tipo era un hombre apuesto, con pinta de modelo, comprensivo con ella y su situación, de manera que, ante mi aparente indiferencia, su presencia llenó mí ausencia afectiva en el momento preciso y, creo yo, el vínculo llegó a ser tan intenso, que incluso llegó a plantearse la posibilidad de formar pareja. Sin embargo, como dicen en nuestro país, de eso tan bueno no dan tanto, y pronto fueron claras las intenciones de aquel de llevar a la cama a mí mujer, quien en ese momento estaba necesitaba llenar otro tipo de necesidades y no precisamente sexo. Así que su experiencia fue agridulce.

    Hablamos sobre lo que estaba pasando y, tratando de que cada uno entendiera la condición del otro, pareció claro que yo si había tenido oportunidades y ella, por el contrario, no. Y, refiriéndonos a su vínculo con el profesor, y si tanto le encantaba, ¿por qué no había aprovechado la situación para tener una experiencia con él? Porque me sentiría mal, respondió. Creería que me estaba traicionando y faltando a mí compromiso matrimonial. Y, en ese punto, mucho hablamos sobre la necesidad de separar una cosa de la otra. Una era la satisfacción de una curiosidad y deseo físico, y otra, permanecer fiel a su compromiso matrimonial. Ella, según confesaría después, consideraba que no podría haber disfrute sexual con una persona, actuando fuera del matrimonio.

    Así que, tratando de llenar experiencias y hablar desde otra perspectiva, propuse que conociéramos gente y que, dado que aquello le causaba curiosidad, acudiéramos a los famosos clubes swinger. La agenda, entonces, se llenó de citas, especialmente los viernes en la noche, contactando hombres que pudieran estar interesados en el tema. Sin embargo, por raro que parezca, los encuentros no progresaban para nada. Nos limitábamos a mirar y las reuniones se prolongaban en charlas interminables, pero que no pasaban de la idea a la acción. Entre otras cosas, mirando hacia atrás, porque nosotros, quienes propiciábamos los encuentros, no proponíamos nada.

    Pasado el tiempo, sin embargo, llegó el día en que uno de esos muchachos ciertamente mostró tener experiencia, y fue él quien nos llevó a un sitio y se dio mañas, de manera muy respetuosa, de iniciar a mí mujer, por decirlo así, en este tipo de aventuras. El, con mi consentimiento, la llevó a la sala de fantasías, para que, tímidamente en principio, ella fuera descubriendo poco a poco el disfrute que la situación le podría proporcionar. El muchacho se bajó los pantalones, se sentó en un sofá y expuso su pene. Hizo que mi esposa se colocara de rodillas, frente a él, en medio de sus piernas, y la fue guiando para que ella le acariciara y le mamara su miembro. Después, ella confiaría que aquello la había excitado y que nunca pensó que eso fuera posible con una persona que no fuera su marido.

    Y, continuando la aventura, el muchacho la convenció para que se dejara penetrar. Ella accedió, pero no muy convencida y con muchas prevenciones. Así que aquello se dio un tanto forzado y no se percibió en ella real disfrute. Así que aquello se hizo, más bien, para no quedar mal con el muchacho y, acorde a lo que habíamos conversado previamente, mostrarse como una mujer adulta, decidida y madura. Y después de aquello, aparte de otras experiencias soft, no hubo nada más significativo.

    Fuimos a vivir un año en Santo Domingo, República Dominicana, y, teniendo opciones de explorar y tener otro tipo de aventuras, las cosas se tomaron con calma y la atención se dedicó a otras cosas, conociendo el país y sus sitios de atracción turística, pero nada que ver con el tema sexual. Sin embargo, el propósito trazado seguía presente y se aprovechó la estadía allí para tomar fotografías de ella, en poses sugerentes, usando lencería o semidesnuda, y montarlas en páginas de contactos. Y fue a través de ese medio que alguien, en algún momento, comentó una de sus fotografías. Yo di respuesta a su comentario y fue así como se estableció el vínculo con este muchacho.

    Su fantasía era tener sexo con una mujer casada estando el marido presente. Y, bueno, creí que sus deseos coincidían con los nuestros, así que procuré que ella y él se conversaran y conocieran virtualmente, antes de poder concretar algo real, porque él se encontraba en nuestro país y, nosotros, en República Dominicana. Ellos, curiosamente, se entendieron bien desde el principio. El muchacho era mulato y a mí esposa le agradó. Incluso, contrario a lo que uno esperaría, en las fotografías que recibió de él se le veía vestido.

    Después, por lo que pude conversar con él, y no por lo que me hubiera contado mi mujer, me confió que, en aquellas conversaciones virtuales, algo había habido de exhibicionismo sexual a través de la webcam, de modo que él ya la había visto a ella, y ella a él. Eso fue posible porque aquel muchacho era dueño de un café internet y tenía espacio para estar bastante tiempo frente a los computadores, de manera que utilizó esa herramienta para seducir a mi mujer y convencerla en llevar adelante la experiencia.

    Casi seis meses después de aquello, el ansiado encuentro por fin se dio. Nos encontramos en una discoteca y claro fue, desde el principio, la atracción que aquel hombre producía en mi mujer. Él era, por decirlo así, el objeto de sus deseos, y el tipo de hombre por el que había estado esperando para un encuentro sexual, de modo que todo pareció fluir más fácil. No obstante, en un momento dado, pareció que el final de aquella situación dependiera de mí y no de ellos, quienes habían construido el vínculo a través de sus contactos virtuales. Tuve que preguntarle a ella, ¿Lo quieres hacer? Sí, fue su respuesta.

    No me importó ver a aquel joven disfrutando de mi mujer en la pista de baile, a la vista de todos, pero sí llegué a dudar de su respuesta al verla tan dubitativa y, en algún sentido, pidiendo mí aprobación. Por eso su sí me avivó más la curiosidad y las ganas de ver en qué finalizaba todo aquello. Al fin y al cabo, si finalmente se hacía realidad, quedábamos a mano. No habría, como en efecto no ha habido, motivo de reclamos, de celos, de querer controlar al otro.

    El trayecto al motel alborotó aún más el morbo que despertaba en mí esta experiencia. El estar instalados los tres en la parte trasera de un taxi no fue impedimento para que aquel muchacho empezara a besuquear a mi esposa y recorriera con sus manos todas las partes de su cuerpo. Era su fantasía. Disponer de la esposa de otro en frente del marido. Y ella aceptaba de buen agrado aquella embestida, de manera que poco podía hacer yo para intervenir en eso. Estaba sucediendo lo que por mucho tiempo se había previsto tan solo como una fantasía, pero esa noche se estaba haciendo realidad.

    Llegados al motel, el intercambio entre ellos dos se hizo más evidente. El la sentó en la cama, frente a él, y dejó que ella, a su ritmo, dictara lo que seguiría a continuación. Y ella, en efecto, sabía su papel, sabía lo que seguía y sabía lo que quería. Cuidadosamente y con delicadeza fue aflojando el cinturón de aquel, bajando su pantalón y palpando dentro del pantaloncillo su miembro, como si se tratará de algo muy frágil, exponiéndolo a continuación. Estaba fascinada, como también lo estaba yo, no tanto por lo que estaba viendo, un miembro espléndido a la vista, grande y erecto, sino por imaginar que mi esposa lo fuera a mamar. Y ella, contrario a lo que yo esperaba, porque no es lo que acostumbra en los preliminares conmigo, así lo hizo.

    Fue realmente delicioso y muy excitante ver cómo ella literalmente devoraba aquel miembro con su boca, mientras aquel macho, disfrutando de lo lindo, se deleitaba con las mamadas que mi esposa le procuraba y que parecían no parar. Ella chupaba con especial atención su glande, grande, en forma de hongo, que parecía explotar con las caricias de la lengua de mi mujer. Pero él quería más y, tomando su cabello, la guiaba para que su pene fuera más profundo dentro de su boca. Y ella, obediente, lo permitía. ¿Por qué no protesta? Me preguntaba yo, ¿si por acciones menos atrevidas que estas me ha reclamado en algún momento? Pero ella no reparaba en eso. Disfrutaba la aventura y disfrutaba ser el objeto sexual de aquel.

    Después de aquello terminaron de desnudarse. Me impresionó, debo decirlo, el cuerpo bien formado y trabajado de ese muchacho. Llegué a pensar que era mucho hombre para esa hembra. En realidad, se veía el contraste. El, alto, acuerpado, musculoso, exhibiendo un miembro proporcionalmente grande con respecto a su cuerpo, y ella, más bajita, más menuda, aparentemente indefensa, más blanca. Por mi cabeza pasó la idea de que su miembro era muy grande para su vagina y que quizá la penetración le iba a causar algún dolor. Pero no fue así.

    Ella, desnuda frente a él, propició la penetración. Se acomodó de espaldas en la cama y abrió sus piernas, invitando tácitamente a que aquel la penetrara, como en efecto sucedió. Él también fue cuidadoso e introdujo su miembro en la vagina de mi mujer con mucha delicadeza, yendo de a poco. Pero ella estaba tan excitada y lubricada, que su pene entró sin dificultad alguna. Y el gesto esperado de dolor se convirtió en una sensación placentera, lo que hizo que ella lo tomara por sus nalgas y lo guiara para que la penetrara más profundamente.

    El movimiento del cuerpo de aquel, penetrándola a ella, me excitó sobre manera. El contraste del color de su piel con el de ella y la longitud del miembro que ingresaba y salía constantemente del cuerpo de mi mujer era fascinante. Y verla a ella como se contorsionaba en respuesta a los movimientos de aquel, simplemente cautivaba la vista y agudizaba los sentidos para identificar qué pasaba a cada instante. En ese, su primer encuentro sexual oficial con un extraño, totalmente dispuesta y entregada a la experiencia, curiosamente no emitió ningún gemido. La expresión de su cara y las contorsiones de su cuerpo confirmaban lo bien que lo estaba pasando, pero nada más.

    Y después de aquello, pasado su primer intercambio sexual entre ellos, y después de un descanso, ella tomó el control de las acciones y, montándose sobre el pene de aquel, se movió de lo lindo al ritmo de sus personales y particulares sensaciones. Su cadera era verdaderamente una batidora, para complacencia y agrado de su macho, quien gozaba a plenitud su atrevimiento. Jamás me imaginé que mi esposa fuera capaz de comportarse como lo estaba haciendo, dejando atrás tanto recato e inhibiciones. Realmente, esa noche, podría decir que había visto a otra persona, otra mujer diferente a la que cotidianamente convivía conmigo.

    Esa expresión liberada de su sexualidad y su comportamiento con los hombres no se detuvo. Nuestra manera de comunicarnos en pareja no cambió en realidad. Simplemente aparecieron códigos no verbales, que, debidamente interpretados, daban a entender el real significado de lo que pasaba por su interior. Y, eso, de verdad, me sorprende incluso ahora, pues no sé cuál será la próxima expresión que debo traducir para interpretar sus gustos o deseos. En otra ocasión, recordando las proezas acaecidas en ese primer encuentro con su amante, me informó que se había puesto en contacto con él y que tenía deseos de verle, pues hacía tiempo nada se sabía de él. ¿Propósito? Pregunté, esperando que me dijera que se quería revolcar con él o algo parecido. Conversar y saber qué ha sido de él fue su respuesta.

    Y, con esa idea, fuimos a verle. Incluso ella, contrario a como ha sido en otras ocasiones, fue vestida de manera muy convencional. Nada de vestido insinuante ni atrevido, nada de lencería. De verdad, le creí. Pensé que íbamos a conversar, tomarnos un café y pasar el tiempo. Sin embargo, una vez frente a frente, se desató la calentura y, sin siquiera haber previsto o planeado nada, el encuentro terminó entre sábanas. Y, para complementar, la despedida de ambos se dio bajo la ducha con agua caliente, extendiendo aún más los coqueteos, lo toqueteos y el intercambio sexual. Casi no acaban. No lo esperaba. Me vi sorprendido.

    O, como en otra ocasión, que, a regañadientes, aceptó asistir a un encuentro con un muchacho que habíamos contactado por internet, simplemente con el propósito de conocerlo. Era un día jueves. La primera impresión no pareció favorable y ella, durante la conversación, se mostró muy indiferente y evasiva. Y, como ya creo conocerla un poco, me ausenté por un rato y le dije al muchacho, bueno, voy al baño. Si quiere tener sexo con ella esta noche, tendrá que convencerla, así que ahí los dejo un rato. ¡Déjelo de mi cuenta! Dijo él.

    Conversaron un rato, bailaron otro tanto y, cuando regresé, pregunté. ¿Vas a hacer algo con él? Pero, sería un ratico, contestó ella. ¿Acaso no tienes vuelo mañana? Me dijo. ¡Ahora no importa eso! repliqué. ¿Quieres o no quieres estar con él? Sí, fue su categórica respuesta. Así que salimos en búsqueda de un sitio donde poder realizar el encuentro. Al llegar allá, sin demora, cada uno se desnudó por separado y nuestro nuevo amigo, excitado como estaba con la aventura, rápidamente montó a mi mujer y empezó a disfrutar de ella como se le antojó. Y ella, encantada, no paraba aquello.

    Después de penetrarla varias veces y haberla hecho experimentar orgasmos en diferentes posiciones, el muchacho se tomó un descanso. Ella, mostró su gusto, quedándose allí, tendida en la cama, esperando, tal vez, una nueva atención. Entonces, viendo que el tiempo había pasado y ciertamente tenía compromisos laborales muy temprano, me atreví a intervenir. Bueno, dije, si queda algo pendiente, mejor se apuran, porque ya nos tenemos que ir. El muchacho se incorporó, dirigiéndose a ella, sin decir nada, tan solo enarbolando su miembro erecto. Y ella, tampoco sin decir nada, abrió de nuevo sus piernas para recibirle. Y otra vez presencié una faena casi interminable. Estaba insaciable. Y eso me comentó el muchacho: Esta comeloncita la señora ¿no?

    De manera que me aficioné a ser sorprendido, a no estar cierto de lo predecible y a esperar ver algo nuevo cada vez, a seguirle la corriente. Me encanta. Aquel muchacho se volvió su corneador regular. El tipo no es muy guapo, no en comparación con el primer moreno con el que tuvo su primera experiencia. ¿Qué te gusta de él? Pregunté. Su vigor, su resistencia, su virilidad. Una manera de decir, ese tipo me hace sentir lo máximo, muchas veces. Y, a partir de ahí, por decirlo así, mi mujer ha explotado sexualmente y el corneador ha sido la herramienta para que ella se sienta realizada y más segura en ese aspecto.

    Yo no la pude convencer de atreverse a muchas cosas, pero él sí. Muchas veces el evento ya está coordinado y acordado. Yo solo soy informado de lo que va a suceder. Y no me opongo para nada a eso. De alguna manera me releva de algunas responsabilidades. Así que, hoy en día todavía tengo que traducir sus expresiones, porque no siempre lo que dice con palabras ilustra lo que está sintiendo o deseando. Y de esa manera pasé de ser un marido comprensivo a un cornudo mirón.

  • Léeme, me encendí pensando en ti

    Léeme, me encendí pensando en ti

    Estoy recorriendo con mi lengua húmeda mis dedos índice y medio, pues están untados con mi semen caliente. Acabo de masturbarme por ti e imagino que mi semen es el tuyo y mis dedos son tu pene duro que escurres por toda mi cara, boca y cuello.

    Como tú, soy travesti de closet, aunque tengo una vida heterosexual normal. Tú y yo sabemos de la emoción de que tus hermanos, tu esposa, tu madre o tu padre que viven contigo te anuncien que saldrán y te quedarás solo en casa. Cada ausencia de alguien es una gran oportunidad para correr a tu lugar secreto en el closet, sacar tus prendas más sexys, desnudarte y vestirte de mujer, transformándote en toda una nena deliciosa y codiciada.

    Mientras lees mi historia, estoy travestida en tu honor. Saco y meto mis pies con pantimedias de mis sandalias de meter, sintiendo una excitante sensación que hace que mi ano se humedezca, que mis pezones se paren y que te desee dentro de mi cada vez más.

    Sé que también te gusta masturbarte, ya sea que te travistas o que desees cogerme estando yo travestido para ti. ¿Acaso no es delicioso enloquecer de deseo, sentir la ropa prohibida de mujer en el cuerpo, fantasear con que te pellizquen las tetillas y besen los pechos abundantemente? ¿acaso no te hace hervir la sangre y jadear el desear que alguien tenga todo el control, que no necesitas hacer nada más que dejarte llevar, abandonarte, que te desvistan, se acuesten sobre ti en la cama, abrir voluntariamente las piernas e imaginar la inigualable sensación de ardor mientras te desfloran el culo?

    Gritar de placer mientras obsequias tu virginidad anal, gemir como una princesa, desquiciar tu lengua dentro de su beso y abrazar a tu amante agradeciéndole por hacerte sentir femenina y mujer… qué delicia.

    ¿Sabes? Me encendí pensando en ti. Quiero sentir tu verga. ¡Hazme tuya! Estoy desde este lado de la pantalla agitando mi miembro hacia arriba y hacia abajo, con fuerza, pensando que es el tuyo el que acaricio, mientras que de tu lado tú también lo haces, pensando que me penetras profundamente.

    Mi amor, quisiera que estuvieras desnudo en el mismo sillón que yo estoy sentada y montándome sobre ti, sentir tu grueso y largo manjar de carne entrando en mi esfínter, llegando muy dentro de mi recto. Quisiera ver tus gestos de placer mientras abrazándome me haces tuya. Quiero ser tu esclava sexual, que me poseas como lo desees. ¿Quieres que te mame la verga? Te la mamo. ¿Quieres que me trague tu leche? Me la trago ¿Quieres penetrarme por el culo? Penétrame, te lo suplico, por favor. ¿Quieres que grite que eres el rey del sexo? ¡Papito rico eres el emperador de mi culo!

    Por ti eyacularé muchas veces hoy, me meteré el dedo en el ano deliciosamente humedecido con saliva caliente por ti.

    Me imagino una y otra vez bailándote sexy, quitándome cada prenda para calentarte, arrodillarme y tragándomelo, sentir hasta la garganta tu pene.

    ¿Acaso no ves lo que provocas con solo leerme? ¿Entiendes que me siento privilegiada por que tu verga se pare por mí? ¡Soy travesti por ti! ¡Quiero ser mujer por ti! ¡Hazme mujer! ¡Aquí viene mi semen de mi pequeña verga, sí, sí, sí, me vengo por ti, me vengo, me vengo, me corro! ¡ahhh, ahhhh, ahhh! ¡Qué delicia! Un calambre se apodera de todo mi cuerpo, ¡brinco sin control, como un látigo en la cama de este placer!

    Mastúrbate hoy por mi, dime que quieres metérmela, dime que quieres que sea tuya, dime que quieres que sea tu esclava, ¡te lo suplico! ¡Me muero de tanto desear tu verga!

    Tu nena golosa [email protected] que quiere sentir tu miembro, te esperará desde aquí.

    [email protected].

  • Mi primera vez con Cristina

    Mi primera vez con Cristina

    Hoy quiero compartir con ustedes cómo fue mi primera experiencia heterosexual. Desde muy joven, aprendí a darle suelta a mi sexualidad, cuando eran los tiempos que hablar, ya no se diga de practicar el sexo, era un taboo. Estuve internado en un colegio mixto (hombres/mujeres) en el cual se practicaba sexo gay y hetero a escondidas pero al fin gratificantes. Por políticas de esta página no podré contarles mis aventuras en ese periodo. De tal manera, que les voy a contar lo que me sucedió cuando yo tenía 19 años y que fue mi primera experiencia hetero. Ya antes había tenido relaciones gay que en otras ocasiones iré contándoles. Me considero bisexual porque a pesar de que me fascinan las mujeres, de vez en vez, me gusta ser penetrado.

    Todo sucedió cuando trabajaba en el negocio de un tío en el cual también trabajaba una joven mayor que yo (21 años) que para efectos de este relato llamaré Cristina. Cristina era, en esos entonces, una hembra bonita, alta, delgada y muy sexi. Los hombres la admiraban por su manera de vestir, escotes que dejaban ver su muy generoso atributo mamario y falda corta que permitía admirar sus largas y torneadas piernas.

    Debido a que ella llamaba mucho la atención y tenía muchos admiradores y aunado a que yo era menor que ella, no me hacía muchas ilusiones, pero eso no evitaba que por las noches me masturbara pensando en sus ricos pechos y todo lo demás. Resulta que mi tío tuvo que salir de viaje y nos quedamos solos, yo como encargado y ella como mi ayudante. El negocio permanecía abierto todo el día y nos turnábamos para salir a comer y descansar un rato, excepto que ahora que no estaba el dueño tuvimos que permanecer todo el día trabajando. Llegaba el momento, en la tarde, que la tienda quedaba con muy pocos o nulos clientes. En uno de esos momentos, Cristina, por descuido o de manera premeditada, se agachó y tuve la oportunidad de ver la tanguita roja que traía puesta. Me dije que era la oportunidad de hacerle saber que me gustaba y que me excitaba mucho verla y sentirla cerca y oler el rico perfume que se ponía. Le dije, palabras más palabras menos: «Que hermosas piernas tienes y que hermosa vista he tenido».

    Honestamente pensé que se iba a enojar por mi atrevimiento, más cuál fue mi sorpresa cuando ella contestó: «pensé que no te habías dado cuenta, lo hice para que me vieras». La invitación estaba dada y el primero en reaccionar fue mi pene que se puso duro y parado como un mástil. Desde luego ella se dio cuenta del estado en que estaba, supongo que ella también se excitó. Me senté en un banco pequeño y ella se aproximó a mi de manera que sus piernas quedaron a la altura de mi boca y aproveché para darle un beso en una pierna. Vi cómo se le puso la piel de gallina al sentir mis labios en su pierna. Cómo vi que le gustó, seguí besándole ahora las dos piernas y aproveché para subir mis caricias hasta llegar a su entrepierna y besarle el chocho por encima del calzón. En ese instante ella se retiró y me asusté porque creí que me había pasado de la raya. Me dijo «espera, espera» y se fue al baño. Yo estaba preocupado porque pensé que se iba a quedar con mi tío por haberle besado la vagina. Sin embargo, regresó y sin decir nada se volvió a poner en la misma posición en la que estaba antes de la interrupción. Lo que cambió es que abrió un poco las piernas y yo al mirar hacia arriba me fijé que ya no traía la tanga puesta. La verga se me paró más y sentí como empezaba a mojarme. Inmediatamente entendí lo que deseaba ella y le besé su hermoso y oloroso coño que palpita de emisión cada vez que le introducía la lengua.

    Así estuvimos unos instantes, hasta que el deseo nos nublo la mente y sin medir las consecuencias dimos el siguiente paso. Yo me pare y me coloqué detrás de ella que ya estaba un poco inclinada y con las piernas abiertas. Le introduje mi verga de un solo golpe y empecé a meterla y sacarla hasta que con espasmo me vine dentro de ella. Cristina se fue al baño a asearse y yo como pude me limpié la verga que la tenía empapada de los jugos de ambos. Ya calmados y después del arrebato vinieron las lamentaciones, ni a ella ni a mí nos interesaba que quedara embarazada y fue cuando empezaron las preocupaciones.

    Pasaron varios días de angustia hasta que ella alegremente me dijo que ya le había llegado su periodo. Después de esa vez, tuvimos muchos encuentros sexuales, ya sea en la tienda o también en hoteles de paso pero ahora si con la debida protección, lo hicimos de la manera tradicional, por la vagina y por el ano, que por cierto me encanta coger por ahí. Pasó el tiempo, yo me fui de la ciudad un tiempo y cuando regresé ella ya estaba casada. Es felizmente madre y abuela. De vez en cuando nos vemos y nos saludamos como buenos amigos. La llevo siempre en mis recuerdos y creo que también recuerda las aventuras sexuales que vivimos.

    Espero que les haya gustado. Pronto les contaré otras historias.

  • Me enamoré de una ninfómana y no lo sabía (II parte)

    Me enamoré de una ninfómana y no lo sabía (II parte)

    En la primera parte de mi historia comenté que mi novia había cambiado de trabajo después de trabajar en la oficina de abogados, y ahora se encontraba trabajando en el departamento de contabilidad una empresa que se dedicaba al manejo de información y recopilación de datos para terceros y que muy cerca de ahí se encontraba la universidad donde ella haría su carrera profesional, lo cual para ella era una gran ventaja.

    Al poco tiempo de haber ingresado a trabajar, sus nuevos compañeros (como no) comenzaron a hablarle y a hacerle invitaciones para salir, las cuales ella al principio rechazó elegantemente y siempre manteniendo una cierta distancia de ellos. Sin embargo de vez en cuando en medio de sus conversaciones ella les seguía un poco el juego con un poco de coquetería para mantenerlos cerca pero siempre sin pasarse de la raya.

    Me decía ella que varios de sus nuevos compañeros de trabajo le habían hecho invitaciones a salir de forma independiente, es decir, no eran salidas en grupo. Nomás en el área donde ella trabajaba había al menos cinco hombres, sin contar con los del almacén con quienes tenía contacto frecuente y con otros más del área de operaciones. Definitivamente por su juventud y belleza ya estaba empezando a llamar la atención en varias partes de la empresa.

    Sin embargo en medio de todo le habían llamado la atención dos de ellos: un joven mensajero de unos 25 años y el contador quien era un señor muy mayor, de aproximadamente unos 60 años pues nunca antes un hombre de esa edad le había hecho invitaciones a salir, y ese toque de extraña curiosidad había quedado dándole vueltas en la cabeza. En ese momento ella tenía apenas 21 años.

    Estuvo pensándolo durante un tiempo mientras decidía qué hacer al respecto, incluso me comentó que no sabía si aceptarle la invitación al contador pues se encontraba indecisa. De lo que si estaba segura era de aceptarle la invitación al chico mensajero pues además de todo él le gustaba.

    Yo le sugerí que aceptara primero la invitación de don Fernando, pues así se llamaba el contador y después saliera con Vladimir, el mensajero, pues de esa manera si no le gustaba la experiencia con un hombre mayor podía arreglarlo después con el otro que era más joven.

    Siguió pensándolo unos días y decidió hacerlo así: Sería un viernes en la tarde. La excusa sería que a la 1 pm justo después de almorzar irían a visitar una sucursal de la compañía para revisar algunos procesos y documentos financieros lo cual les tomaría el resto de la tarde, pero en realidad saldrían a mediodía a almorzar juntos y de ahí tomarían un taxi que los llevaría a un motel que quedaba cerca de la empresa.

    Ese día mi novia se vistió con una falda corta de color negro, medias veladas negras, zapatos de tacón, una blusa blanca con un escote insinuante pero decente y un abrigo negro también. Don Fernando como siempre andaba de traje y corbata.

    Pasó la mañana y a mediodía salieron juntos a almorzar a un restaurante cercano y enseguida tomaron el taxi.

    Yo me reuní con ella esa noche pues habíamos quedado de ir a comer hamburguesas y a comentarme su nueva y primera experiencia con un hombre maduro, y en sus propias palabras, lo que pasó después de que llegaron al motel fue lo siguiente:

    El taxista no podía disimular su mirada al ver una pareja tan dispareja pues fácilmente podían ser abuelo y nieta. Bajaron del auto y mientras él pagaba la carrera ella sin ninguna vergüenza ya había entrado al motel y le pedía una habitación al recepcionista.

    Tan pronto entraron a la habitación, fueron al baño cada uno a asearse un poco, ella primero y después él. Cuando él regresó a la habitación, ya se había quitado la corbata, se había aflojado la camisa y tenía los pies descalzos. Ella se había quitado su abrigo y sus zapatos, tenía la blusa desabotonada hasta la mitad, se había quitado el brassier de encaje blanco que llevaba y lo estaba esperando acostada sobre la cama con la falda un poco subida revelando casi por completo sus bellas piernas. El tiempo era limitado y solo estarían ahí unas cuantas horas pues don Fernando es un hombre casado, así que sin mas demora él se sentó en el borde de la cama y ella se incorporó colocándose a su lado, se miraron a los ojos y fueron acercándose poco a poco hasta besarse.

    Mientras se besaban, él metió su mano derecha por la abertura de la blusa de Helena acariciando con su gruesa mano sus suaves y pequeñas tetas y con las puntas de sus dedos pellizcaba suavemente sus pezones que ya se encontraban bien duritos por la excitación del momento.

    Minutos después ella se puso de pie frente a él y mientras don Fernando acariciaba sus piernas sobre las medias veladas y bajo la falda, Helena se quitó la blusa dejando a la vista de sus ojos sus blancas y pequeñas tetas y sus pezones rosados y erectos que ya apuntaban hacia él con bastante firmeza.

    Agitó sus cabellos y enseguida se quitó la falda y las medias veladas quedando únicamente en los pantys blancos de encaje que hacían juego con el brassier para que él con sus propias manos lo quitara y de esa manera ella ya se encontraba completamente desnuda ante sus ojos. A ella siempre le ha gustado mantener todo su cuerpo completamente depilado y esa vez no era la excepción. Abrió un poco las piernas y se sentó frente a él en sus piernas mientras seguían besándose abrazados y él la manoseaba todo lo que podía.

    Al cabo de un rato ya era el turno de don Fernando. Se puso de pie y se quitó primero la camisa y enseguida el pantalón y el bóxer quedando así completamente desnudos los dos. Don Fernando es un tipo moreno de mediana estatura, alrededor de 1.75 m, un poco canoso, lleva bigote y tiene una prominente barriga, tiene una gran calvicie en la parte superior de la cabeza y es bastante velludo por todos lados: el pecho, la espalda, las piernas, los brazos y hasta en el dorso de las manos y los pies. Quiero recordar que mi novia mide 1.60 m, tiene ojos cafés, es delgada, tiene la piel muy blanca y suave, cabello negro y liso hasta la cintura y un culito redondo y pequeño pero bien formado. 21 años ella y él rondaba los 60 o 61.

    Estando él de pie y ella sentada en el borde de la cama empezó a darle una buena mamada, cosa para lo cual ella es toda una experta. Como no podía ser de otra manera, los genitales de don Fernando estaban bastante poblados en vello púbico medio canoso y su pene aunque de un tamaño promedio era bastante grueso y sin circuncidar. Los testículos quizás por efecto de la edad eran mas grandes de lo normal.

    Antes de que él lograra eyacular con la mamada que ella le estaba dando, se retiró un poco para atrás y la hizo recostarse sobre el borde de la cama, boca arriba y abriéndole las piernas se agachó a comerle el coñito que ya estaba lo suficientemente lubricado como para permitir la penetración.

    Estando así logró comérsela de una manera que le hizo tener su primer orgasmo.

    Inmediatamente y sin perder tiempo él se montó sobre ella quedando en posición de misionero y a pesar que la estaba aprisionando con su enorme barriga, rápidamente con una mano dirigió la punta de su pene a la entrada de su vagina penetrándola de un sólo golpe arrancándole un ligero grito pues a pesar de estar muy lubricada el grosor de su pene le hizo doler un poco.

    Así pasaron según Helena unos diez minutos en esa posición, él encima de ella con su gran barriga, penetrándola con cambios de ritmo, de movimientos rápidos a movimientos lentos hasta que logró una eyaculación bastante jugosa… Descansó un momento sobre ella sin sacarle el pene y luego se levantó. Ella se sentó rápidamente cerrando las piernas para que el semen no se saliera y manchara las sábanas y le limpió los restos de semen del pene con una buena chupada.

    Don Fernando no le había dicho nada a mi novia pero con el almuerzo él se había tomado un Viagra de los de doble dosis y en ese momento su erección no bajaba a pesar de haber acabado de correrse dentro de ella, al contrario permanecía durísimo e hinchado, así que le comentó lo que había hecho y para aprovechar la situación la hizo darse la vuelta y ponerse en 4 sobre la cama para volverla a penetrar…

    Primero le comió el culito un rato recorriéndole con su lengua los pliegues del ano mientras ella se retorcía del placer antes de volverla a penetrar. Helena le dijo que no iban a tener sexo anal pues no se encontraba preparada para hacerlo y tampoco iba a poder con ese pene tan grueso.

    Don Fernando volvió a colocar el pene en la entrada de su vagina y se lo fué metiendo pero ahora ya más lentamente. Esta vez duraría un poco más en venirse, según sus cuentas fueron alrededor de 15 minutos de empujar y jalar, empujar y jalar, metérselo y sacárselo, a veces lento y pausado y a veces duro y rápido. En ese momento mientras ella se encontraba en esa posición y su veterano amante la montaba por detrás, tomó el teléfono y me llamó haciéndome entender en clave lo que estaba pasando, como si fuera una conversación normal para que don Fernando no sospechara nada aunque de vez en cuando yo si lograba escuchar sus gemidos al fondo…

    -… Hola mi amor, cómo estás?… ah que bien, yo aquí trabajando en la oficina como siempre sino que paré un momento para tomarme un café y llamarte… Bueno mi amor, te dejo, seguiré aquí juiciosa como siempre en mi trabajo porque tengo muchas cosas que hacer, te llamo luego… -Decía ella girando la cabeza y mirándolo a él guiñándole un ojo mientras la penetraba, como para hacerle creer que yo no sabía nada…

    Al rato el viejo logró venirse nuevamente entre suspiros y gemidos y de nuevo ella se volteó rápidamente y se sentó apretando sus piernas para evitar que el semen se saliera y manchara la cama, y nuevamente le limpió los restos de semen del pene con una mamada.

    Estando así, ella sentada al borde de la cama y él de pie frente a ella pudo ver que ahora si la erección le iba bajando poco a poco y podían descansar.

    Don Fernando se recostó sobre la cama, encendió la televisión, se colocó sus anteojos y se puso a revisar su teléfono mientras ella iba al baño a intentar dejar salir de su cuerpo lo que pudiera salir de las dos descargas que le habían acabado de inyectar…

    Volvió con él a la cama y se acostó a su lado abrazándolo y pegándose a él, apoyando la cabeza y las tetas sobre su peludo pecho y una pierna doblada sobre él de tal manera que con su rodilla rozaba su verga ya medio dormida y hablaron de sus vidas y de otras cosas sin mayor importancia mientras él también la abrazaba con su brazo izquierdo.

    Besito va y besito viene mientras conversaban y mas o menos una hora y media mas tarde con los cuerpos ya descansados y repuestos y después de haber tomado un café que pidieron a la recepción, los ánimos empezaron a calentarse de nuevo. Helena había estado acariciando con su pequeña mano el voluminoso y velludo abdomen de don Fernando, su pecho y de vez en vez bajaba la mano hasta acariciarle el pene y los testículos mientras él revisaba su teléfono celular. Le había llamado su atención los enormes y peludos huevos que tenía ese señor y ya luego no paraba de mirarlos y acariciarlos, jugaba con ellos, los cogía suavemente uno con cada mano. Según ella eran tan grandes que prácticamente solo le cabía de a uno en la palma de la mano y uno solo de ellos era tanto o mas grande que los dos míos. Él le dijo que siempre los tuvo grandes y que le habían crecido un poco más hacía unos años.

    En ese juego de caricias don Fernando se volvió a excitar, dejó a un lado el teléfono, se giró un poco quedando de lado y empezó a tocarla a ella con la mano que tenía libre. Tocaba sus caderas, su cara y sus cabellos. Estaban ambos acostados de medio lado y de frente a frente pero luego él la acomodó a ella para que quedara boca arriba y de esa manera poderla tocar mejor. De nuevo volvió a manosearle las teticas y el vientre con esa mano casi completamente llena de pelos. Luego la bajó despacio hasta su vulvita y Helena abrió las piernas como los pétalos de una flor dejando que esa mano gruesa y velluda agarrara su coño mientras le iba introduciendo completamente primero uno y después dos de esos dedos gruesos en su ya húmeda vagina jugueteando y moviéndose adentro mientras tanto que la besaba metiéndole la lengua en su boca.

    Iba a ser el tercero y último polvo de la tarde pues ya iba siendo hora de alistarse para salir. Después de haberla besado de esa manera un buen rato y de haberle metido los dedos en el coñito y ya estando los dos muy excitados la volvería a coger una vez más.

    Esta vez ella lo cabalgaría a él. Acostado boca arriba, Helena se le puso encima dándole la espalda mientras con una mano le agarraba el pene para ponerlo en la entrada de su vagina y poderse sentar. De no ser por su voluminoso vientre hubiera podido mirarle el culo mientras ella iba bajando clavándose en su verga. Arriba y abajo ella controlaba los movimientos de penetración mientras apoyaba sus manos en las peludas piernas deslizándose en ocasiones hacia adelante hasta tocarle los pies.

    Después de un buen rato ella se volteó para quedar de frente a él y continuar así. En esa nueva posición el viejo podía cogerla del culo con ambas manos y «ayudarle» a subir y bajar… Y también podía acariciarle las tetas mientras ella subía y bajaba agarrándose el cabello para que no le molestara.

    En ésta posición ella controlaba la velocidad y el ritmo y mientras apoyaba sus manitas en el velludo pecho del viejo y él seguía manoseándole las tetas pudo calcular el momento en el que él se venía para ella venirse también y terminar al mismo tiempo.

    Esta vez todo había durado unos 40 minutos aproximadamente. Unos 15 minutos en los manoseos y los besos y unos 25 minutos en la penetración a dos poses.

    Al terminar, ella aún con el pene adentro, se recostó un par de minutos sobre el viejo para descansar y él aprovechó para abrazarla.

    Enseguida se levantaron y fueron a ducharse. Mientras se levantaban y entraban a la ducha el semen había empezado a escurrir por la parte interna de su pierna izquierda y ya casi le llegaba al tobillo.

    Entraron a la ducha juntos y acordaron que uno enjabonaría al otro y viceversa. Helena empezó a pasar el jabón por el pecho, los brazos y la espalda de él, entonces cambiaban turno y ella le entregó el jabón a don Fernando y él hizo lo mismo, jabonó su espalda, sus brazos, sus axilas y de nuevo le acarició las tetas mientras le pasaba el jabón.

    Un nuevo cambio de turno y ella continuó jabonando su abultado vientre y agachándose lavó su pene y testículos con ambas manos, retrayendo su prepucio para asegurar un aseo completo. Luego se giró y aplicó jabón en sus nalgas introduciéndolo para lavarle bien el culo y así desde atrás volver a agarrarle los enormes huevos que tanto la habían asombrado. Bajó otra vez por las piernas hasta llegar a los pies. Ella se encontraba agachada frente a él y él levanto uno de sus peludos pies colocándolo sobre su rodilla para poder hacer mejor el trabajo, luego hizo lo mismo con el otro pie limpiando bien entre sus dedos.

    Al terminar le tocaba a él continuar e hizo lo mismo. Helena abrió un poco las piernas y él lavó su coñito depilado por fuera y después solamente con agua introdujo un dedo para intentar limpiarla por dentro, aunque en realidad ella terminó ese trabajo… Igualmente, terminó por lavarle las piernas y los pies del mismo modo que ella lo había hecho con él.

    Salieron, se vistieron y bajaron a la recepción. Pidieron cada uno un taxi y se despidieron de beso.

    Esa noche me vi con ella para ir a comer algo y ahí fue donde me entregó éstos detalles que les acabo de compartir. Después de eso ella se quedó en mi casa y si, tuvimos sexo.

    A mí en lo personal, lejos de molestarme éstas cosas, al contrario ya había empezado a gustarme, saber todo lo que hacía, la manera en que se la comían, cómo ella lo disfrutaba y hacía disfrutar a alguien más y finalmente siempre volvía a mí entera, no le faltaba nada.

    Después que empezamos con éstos juegos y cuando vi que yo también lo disfrutaba, empecé a apoyarla para que lo siguiera haciendo, y esto se repitió muchas veces más. Incluso con el mismo don Fernando continuaron saliendo ocasionalmente en la medida que el tiempo lo permitía hasta el punto que ella llegó a hacerse conocida en éste motel adonde iban, como iba más o menos frecuentemente ya algunos empleados la conocían y la saludaban. Tanto así que un día le pedí que fuera conmigo para yo poder verlo con mis propios ojos y efectivamente así fue.

    Quedan otras cosas más por revelar de los secretos de esa relación pero ya será en otra ocasión.

    Saludos a todos!

  • El crucero (05): Látigos y cuerdas

    El crucero (05): Látigos y cuerdas

    El látigo llega a milímetros de la piel,  lo justo para que salten las pinzas sin marcar la esclava, en caso de empate, quien más haya precisado en los azotes, mayor puntuación tendrá. Entre temblores margot se retuerce de dolor cuando de un solo golpe Rosa ha hecho saltar tres de las pinzas de su sexo, ha quedado una pequeña marca del cuero en su piel, pero ha valido la pena. Nuria no se queda atrás y con un par de golpes en las tetas de su hembra, hace saltar de manera limpia 5 pinzas más. El resto de esclavas también aúllan y chillan de dolor, mientras sus amos y amas van despojándolas de las pinzas que llenaban sus cuerpos, pero la precisión y destreza queda muy lejos de Nuria y Rosa que siguen dominando la prueba.

    Desde la mesa, orgullosa de tu dueña, no dejas de mirarla, mientras sientes las manos de Juan en tus nalgas, en tus pechos, en tus mejillas y tú, sumisa y caliente bailas satisfecha al ritmo de su verga anclada en ti. Solo quedan 2 pinzas en el pecho derecho de la sumisa de Nuria, y una en el pezón izquierdo de margot. La primera en lanzar el látigo es Rosa que hace saltar la pinza, margot se muerde los labios para no chillar aún más, mientas un escozor brutal quema su piel. Rosa hace una mueca de desagrado, además de la pinza, ha rozado el pecho de la esclava, que ahora luce una llamativa línea roja. Nuria se concentra, mira la cara asustada de su víctima, y lanza un golpe que hace saltar las dos pinzas entre los aplausos del público, aunque para ello también ha tenido que marcar un poco la piel de la hembra, que colgando de sus cadenas, solloza con la cara oculta entre sus cabellos.

    El resto de amas ha quedado muy lejos, así que la victoria está entre Nuria y Rosa, un miembro del equipo de animación hará de jurado, se acerca a margot, le levanta el rostro, ella intenta limpiarse las lágrimas con la lengua, mientras él empieza a mirar cada centímetro de su piel, decenas de marcas rojas, dibujan los lugares donde estaban las pinzas, pero no es esto lo que busca, sino las líneas rojos del látigo cuando la imprecisión de Rosa ha hecho que impactase en la piel de la esclava, le levanta una de las patas, en sus pantorrilla hay una, otra en su sexo, y un par más en nalgas y tetas, en total 4 marcas suaves pero marcas al fin y al cabo. Ahora es el turno de Nuria, el jurado empieza a mirar su perrita sumisa, tiene un par de marcas en sus pechos, otra en su coño, y rebuscando encuentra una casi imperceptible en uno de sus costados. En total 4, empate.

    Suenan las cadenas y el resto de hembras azotadas suben hacia el techo por el mismo lugar por donde bajaron, Pero margot y la perrita de Nuria, aún se han de usar para el desempate. El mismo juez pone 5 pinzas en las axilas, pezones y sexo de cada una de ellas, esta vez no importa marcar la piel de las hembras, cuenta la velocidad, son 5 azotes, y la primera que termine gana, evidentemente si ha hecho saltar todas las pinzas.

    Empieza la cuenta atrás, 5,4… Los látigos a punto, las esclavas temblando y un silencio total entre el público, 3,2… por los altavoces solo se oye el jadear tembloroso de las sumisas 1, Ya!!!, los látigos vuelan de manera increíblemente rápida al compás de los chillidos de las esclavas, las pinzas van saltando, y en apenas unos instantes, Rosa termina su castigo, aunque su cara seria denota su enfado, un momento después nuria hace caer la última pinza, la del sexo de su esclava, Los focos se entretienen en las esclavas, llorando, temblando, entre sollozos, margot luce medio desenganchada una pinza en una de sus axilas. Tú no puedes evitarlo te levantas y gritas orgullosa que aquella es tu dueña!!! tu ama!!! Juan te coge por los hombros y de un golpe te hace sentarte, clavándote nuevamente su verga dentro de ti, te revuelves enfadada mientras él te retuerce uno de tus pechos para que te estés quieta, y tú entre gruñidos y gimoteos le obedeces. Mientras, en el escenario, las correas de las esclavas se tensan y vuelven a izarlas, hasta desaparecer en el falso techo por donde salieron hace ya un buen rato.

    Nuria y Rosa vuelven a la mesa, entre las felicitaciones y los aplausos de toda la gente del comedor. Una vez sentadas, cornuda se acerca sumisa y dócil a Rosa y empieza a lengüetear las piernas y el sexo de la mujer de su amo, que con una media sonrisa, agradece los elogios de Nuria, cuando le dice que solo la mala suerte hizo que aquella última pinza no terminase de caer. Uno de los animadores se acerca a ellas y les dice que tranquilas, antes de que termine el crucero tendrán nuevas oportunidades para poner a prueba su puntería. Uno de los camareros trae un cubo con los restos de la comida, para que tú, cornuda y rabo podáis comer un poco. Pero lo habéis de hacer rápido, muy pronto se os van a llevar, para un nuevo espectáculo que se está preparando.

    Mientras comes, notas los pies de Nuria acariciando tu culo, te gusta el tacto suave de sus dedos, el dedo gordo jugando en tu agujero empapado del placer de Juan, te contorneas, gimes un poco, mientras la miras relamiéndote tu cara sucia y marrana. Y tal como os habían dicho, media hora después, unos marineros os vienen a buscar, con una fusta os van apremiando para que salgáis rápido de debajo de la mesa, corréis junto a un grupo de una treintena de esclavas, y dóciles y sumisas seguís hacia una zona interior entre correazos y bromas por parte de la tripulación. En la mesa, Nuria, Rosa y Juan continúan una sobremesa que se alarga hasta pasadas las 4 de la tarde.

    Luego paseando por el barco, en uno de los bares, Raül, Jacques y yo también estamos solos, nuestras perritas también participan en el espectáculo de esta noche, os unís al grupo, y charlando de todo un poco va pasando el rato. En aquel mismo momento en la sala más grande del barco, están terminando de quitar las butacas y las mesas. En el centro uno de los maestros más conocidos del “Shibari” esta ordenando aquí y allá lo que quiere y como lo quiere, centenares de metros de cuerdas, miles de nudos, y casi un centenar de hembras y machos sumisos, formarán un telaraña gigante, que llenará por completo el recinto. En un rincón junto a cornuda y rabo estas tú, nerviosa, sudorosa, notas como el miedo y la incertidumbre te excita más y más, en una sensación extraña, a la vez inquietante y placentera. En otro rincón ves a nuri, zuleia i margot, les sonríes y les saludas tímidamente con tu mano, mientras ponen unas correas en tus muñecas, al instante tiran de ti, te levantan en vilo, tus pechos atados se unen a uno de los tobillos de una mulata, a rabo lo atan cabeza abajo, sus muñecas y tobillos están atadas a otros animales, cuando ellos se muevan, eél también. Todo es un gran engranaje de cuerdas y nudos, cada esclava que se mueve hace que otras lo hagan y viceversa. A cornuda tardan algo más en atarla, será uno de los expositores junto a la puerta, la ponen cabeza abajo, sus tobillos se atan a otras hembras con la misma función, sus patas separadas, su lengua atada al suelo, y en su sexo, un puñado de programas de información del acto. Entre gruñidos y jadeos, Las cuerdas van tensándose cada vez más, formando una gran telaraña que lo envuelve todo, y que da una belleza plástica y una sensualidad increíble a todo el grupo, todo está calculado, pechos, rabos y culos en perfecta armonía, vergas que se empinan con los contorneos de otros animales, pechos que se tensan hasta el límite atados a sexos y culos listos para ser penetrados.

    Tras un rato en cubierta, decidimos ir hacia el teatro, falta poco menos de media hora y tenemos mucha curiosidad por como habrá quedado “la telaraña”. En la puerta decenas de amos esperamos pacientemente a la hora en punto, apenas cinco minutos, ya empieza a sonar una suave música relajante, y los focos van girando iluminando tenuemente los cuerpos suspendidos entre los correajes, que con unas poleas se han tensado de manera espectacular, realmente parecéis las víctimas de una inmensa araña en su tela. Los focos no dejan de girar lenta, muy lentamente, ahora te iluminan a ti, tus piernas abiertas se mueven al ritmo de un los pechos de tus compañeras,

    Se abren las puertas, y justo al entrar, el artista hace una señal, y centenares de vibradores se activan en vuestros culos y coños, os empezáis a mover, a gemir, haciendo que todo el conjunto cobre vida, Rosa y Nuria no dejan de aplaudir, el espectáculo está superando cualquier expectativa. A más de 4 metros del suelo, empiezas a gruñir, el placer de tus consoladores se une al dolor de tus pechos moviéndose al ritmo del placer y del deseo de dos esclavas cuyas patas están atadas a tus ubres. Juan ríe divertido al reconocer el coño de su esclava, aquella peca junto a su vulva la delata, luego le mira la cara y ella con su boca abierta y babeando intenta sonreír mientras la gente va cogiendo distintos folletos que llenan su entrepierna. Cornuda no puede evitar mojar los papeles mientras cabeza abajo, siente tantas manos acariciándola, cogiendo y poniendo papeles en ella, algunos se entretienen en jugar con su vulva, con su clítoris, otros prefieren poner sus botas en aquellas lenguas atadas, o sus pies descalzos, algunos tiran de las correas que atan sus pechos, mientras por los altavoces se anima a la gente, a tocar, pellizcar, azotar, jugar, cada animal atado es parte de un espectáculo vivo que sus amos van creando a cada instante, Nuria quiere probar la lengua de cornuda, pone su pie izquierdo en la boca de la hembra que sumisa deja que su lengua inmóvil sirva de felpudo húmedo y caliente a quien quiera usarla.

    Los distintos dueños van señalando aquí y allá, cuando reconocen a sus hembras, las tetas de margot i nuri están justo encima de nuestras cabezas, un par de jóvenes se entretienen tirando de ellas, ordeñándolas, y con cada nuevo tirón, gritos aquí y allá demuestran lo entreligadas que están las esclavas. En uno de los rincones hay unas cerbatanas, para los que quieran probar puntería con las hembras colgadas más arriba. Juan decide probar suerte contigo, pone el pequeño dardo en la punta, te mira, y apunta a tus pechos, pero el tiro se desvía y se clava en una de las nalgas de una mulata que esta junto a ti, toda la zona se mueve y vibra con los movimientos de dolor de la chica.

    De pronto uno de los esclavos, no puede evitar correrse, y como una fuente su leche va saltando de hembra en hembra hasta gotear en el suelo, a unas les moja la espalda, a otras sus pechos, incluso una intenta relamer lo que ha caído cerca de su boca. Ahora es Nuria quien prueba suerte en zuleia que también está en la parte superior. El dardo se clava en su vientre, y ella grita de dolor, el hecho de que las puntas estén mojadas en alcohol ayuda a hacerl que os movais y gritéis aún más. Alguien se ha aferrado a las tetas de nuri, la están ordeñando como si fuera una vaca, ella se muerde los labios mientras siente aquellos dedos presionando y pinzando sus pezones. En la puerta un amo, decide apuntar su meada a la boca de cornuda, que pronto tiene toda su cara empapada de orina, entres las risas de la gente, esto anima a otros dueños, que no tardan en ir mojando las caras rojas tras tanto rato cabeza abajo de los animales del expositor.

    El espectáculo dura algo más de una hora, cada vez más, las sumisas y esclavos gritan, lloran, se retuercen de dolor, los cuerpos de las que están más cerca del suelo, se llenan de manos, de bocas, de vergas, y las que están más arriba, sienten los pinchazos intensos de los dardos de las cerbatanas, y también las punzadas de las afiladas puntas de largas cañas listas para dar placer a sus dueños. El autor cuenta algunos trucos de las ataduras, mientras muestra de manera gráfica donde poner los nudos para que el dolor sea más intenso o suave, también como gozar de culos y coños moviéndose al ritmo de las correas

    Tras un buen rato disfrutando del espectáculo, decidimos ir ya hacia el comedor, se acerca la hora de cenar, y como cada noche, tenemos la misma mesa reservada, por los altavoces anuncian que sumisos y esclavas serán entregados a sus dueños durante la cena. Al llegar, cómodamente sentados nos recibe el camarero cubano, Rosa no deja de mirarlo, de insinuarse, mientras él la felicita a ella y a Nuria por el excelente resultado del concurso de azotes. El menú como siempre excelente, y la amabilidad y simpatía una constante, aunque se le nota sin ningún disimulo que las atenciones a Rosa, son más intensas, se palpa la complicidad entre los dos, Suena la música y al girar la mirada, vemos que llegan nuestras sumisas, como el resto de mesas, aplaudimos la llegada de las perritas y esclavos. Escocida y dolorida te acercas a Nuria, que te acaricia el rostro, mientras que Juan también da algunos mimos a cornuda. Rosa tira de la verga de rabo y lo mete bajo la mesa, mientras le dice que esta noche habrá sorpresa, el asiente con la cabeza mientras va lamiendo el sexo cada vez más empapado de su dueña.

    Tras terminar con los postres, Nuria te coge por tu collar y te lleva junto a su boca, te besa hasta el fondo de tu paladar, mientras con su otra mano acaricia uno de tus pechos, luego dice que mañana será un día duro, hacemos parada en la costa africana y se ha apuntado a una de las excursiones, así que mejor ir a descansar, y tras despedirse de Juan y Rosa, tirando de ti, te lleva hacia el camarote. En la mesa, Rosa espera a que venga el camarero, y al llegar, ella pone el collar negro sobre la mesa, y le pregunta si le apetece ayudarla a ponérselo, Juan ríe, parece el título de una película “ama de día, sumisa de noche”. Rosa sonríe y con sus manos levanta sus cabellos, nota las manos grandes y fuertes de su cubano tensando el collar en su piel hasta hacerla gemir un poco, ella se levanta y deja caer su vestido, luego se arrodilla y le besa las botas. El cada vez más excitado coge sus ubres y la levanta en vilo, mientras ella le dice que hoy además de ella, también tendrán de propina a rabo, que asustado mira sorprendido a su dueña. El camarero le retuerce uno de sus pechos y le dice que ya sabe el camino, y ella a 4 patas, junto a su esclavo se dirige desnuda, orgullosa y sumisa hacia el interior de la zona restringida al personal del barco…