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  • El sabroso culo de mi cuñada

    El sabroso culo de mi cuñada

    Casi 10 años después que le inauguré el culo y fui su amante por unos meses, mi cuñada y mi hermano fueron de vacaciones a Lima. Yo ya estaba casado y tenía una hija. Se quedaron ambos en mi departamento, en el cuarto de visitas.

    Desde que habíamos tenido esa relación durante mi estadía por trabajo en mi ciudad natal, no había vuelto a pasar nada con mi cuñada. Había retornado muchas veces a mi terruño, pero nunca se había producido un reencuentro, ni siquiera unas palabras que lo recuerden o que lo inciten. No pensé sucedería algo durante las vacaciones de mi hermano con ella en Lima, pero estaba deliciosamente equivocado.

    Ella ya debía andar por los cincuenta años. No era una mujer que pudiera decirse era atractiva ni menos que tuviese un cuerpo bien cuidado y formado. Pero tenía un culo notable, interesante de ver y mejor de tocar y disfrutar. Pensé que me contentaría con mirarlo, rápidamente lo volví a usar.

    Al siguiente día de su llegada, sábado, como de costumbre, me desperté temprano para ver tv en la sala, mientras mi esposa seguía durmiendo. A los pocos minutos salió mi cuñada de la habitación de visitas, que compartía con mi hermano. Estaba en un ligero pijama de verano, que me permitía verle sin problemas el sabroso culo. Pasó frente a mí, me dijo buenos días y fue con rumbo a la cocina. Donde la vi buscando algo.

    Sin pudor se puso en noventa grados buscando en los reposteros de abajo, lo que hizo que su culo resaltara notablemente. Finalmente se levantó y cogió un vaso de los reposteros superiores. Donde sabía que estaban, pues el día anterior mi esposa se los había mostrado. En esos pocos segundos tuve una violenta erección. Ella se sirvió agua y me miró, en su rostro sentí el llamado que sus labios no articulaban. Bajé un poco el volumen del televisor y fui hacia la cocina.

    Al llegar, sin mediar palabras, la besé y sentí sus labios húmedos por el agua que ya iba bebiendo. Ella puso su mano en mi verga y al sentirla dura me dijo “Alonso la he extrañado”. Sabiendo ambos que el tiempo era muy breve, nos movimos un poco, quedando fuera de la vista de alguien que pudiera salir hacia la sala. La incliné sobre el repostero, le bajé el short de pijama, me unté la verga con algo de saliva y entré en su coño que estaba ya muy jugoso. Fue delicioso volver a sentirla perra y húmeda, dispuesta a ser mi amante siendo la esposa de mi hermano mayor.

    Estuve dos o tres minutos en esa posición y le dije “quiero tu culo”, ella no respondió a mi pregunta y entendí que era un sí, unté mis dedos con saliva y se la puse sin dejar de cogerla por el coño. En ese instante escuchamos la voz de mi hermano llamándola y pidiéndole un vaso de agua. Se la saqué inmediatamente, ella se subió el short y le respondió “te lo llevo amor”. Con sigilo volví a la sala, donde aún erecto volví a seguir viendo tv.

    Pensé que mi encuentro sexual matutino había concluido. Pero no fue así. A los pocos minutos mi cuñada salió de la habitación y fue a la cocina. En silencio me levanté y fui tras ella. Sin más palabras, ella se arrodilló, bajó mi short de pijama y me hizo una rápida mamada que puso mi verga aún más dura. Fueron muy pocos segundos, pues era obvio que eso la excitaba, pero quería otra cosa.

    Se levantó y se puso de espaldas a mí, sobre uno de los reposteros bajos de la cocina. En voz muy baja me dijo, pidió, casi ordenó “métemela por atrás”. Ensalivé su ano con mis dedos y sin más puse mi verga en la puerta de su culo.

    Para mi sorpresa, encontré resistencia al entrar. Sentí que no había sido usado en años, lo que me motivó a preguntarle al oído “¿tu culo sólo ha sido mío?”. Asintió sin responder verbalmente. Eso me excitó aún más y comencé una suave penetración, poco a poco, en mi cuñada casi 10 años virgen anal.

    Me tomó quizás un par de minutos introducir totalmente la cabeza de mi verga, mientras ella gemía ahogadamente de dolor y placer, pero como es lo usual, si va la cabeza, va todo y tras sentir que su culo se abría a mí, empecé a empujar lentamente, hasta tener toda mi verga dentro. Ella levantó su mano derecha para indicarme que me detenga y eso hice. La mantuvo levantada unos momentos y cuando la bajo, empecé a moverme hacia atrás y hacia adelante.

    Fue delicioso sentir ese culo apretado, pero a la vez deseoso de ser llenado, sentir los gemidos ahogados de mi cuñada siendo poseída en la cocina de mi departamento, mientras su esposo, mi hermano, seguía tirado en la cama y mi esposa dormía en la mía.

    Pensé que yo llegaría antes que ella por la excitación que llevaba, intenté bajar el ritmo, pero al sentir su respiración acelerarse supe que el orgasmo le llegaba y comencé a empujar con todas mis fuerzas, en pocos segundos más ella llegó, contrajo el culo con intensidad y llegué dentro. La abrace por la espalda, pegándola a mí. Me dejé estar dentro de ella unos instantes más y finalmente le saqué la verga del culo.

    Volteó y me beso con desesperación, lo que me volvió a poner duro. Le dije “ponte de espaldas cuñadita”, eso hizo y justo antes de volver a penetrarla escuché la voz de mi esposa diciendo “amor, me traes agua”. Odie el agua en ese momento. Pero fue el inicio de unas sabrosas vacaciones de mi hermano y su esposa en mi casa.

  • Intenso intercambio en el club con otra pareja

    Intenso intercambio en el club con otra pareja

    Estamos en un club y nos dirigimos al cuarto obscuro donde vemos a muchas personas ya cogiendo, parejas, uno que otro trío y varios intercambios en proceso.

    Nos sentamos a la mitad de un sillón muy amplio, entre dos parejas que ya están en plena acción. Se ve muy excitante todo. A nuestra izquierda, una de las parejas está él sentado en el sillón y ella lo monta a horcajadas, dándole sus senos a chupar, besándose eventualmente, abrazándolo con pasión y manteniendo un ritmo de la cogida constante, lenta, y disfrutando de la verga que se coge, misma que se aprecia de buen tamaño, mientras él le marca el paso con sus manos en la cadera de ella. La otra pareja, que está a nuestra derecha, ella está en el sillón recostada, un poco a lo largo, con su cabeza hacia nosotros, con sus piernas levantadas y recibiendo una penetración profunda de su pareja, que la hace gemir continua e intensamente. Él nos queda de frente mientras sigue cogiendo a su pareja.

    Nosotros nos quitamos la ropa y empezamos a jugar y acariciarnos, después de besarnos y hacer comentarios entre nosotros de lo que estamos viendo que sucede en la sala, tanto a nuestro alrededor, como en las camas del centro y los cuartos contiguos.

    Tomas mi pene que ya acusa una erección importante, para masturbarme, mientras yo te abrazo y con mi otra mano acaricio tus senos y constato en tu vagina lo húmeda que está por la excitación que ya sientes, mientras nos besamos con amor y pasión. De la pareja a nuestra izquierda, el amigo voltea a vernos, apreciando de frente tus ricos senos, observa nuestras caricias, mientras su pareja le sigue montando y disfrutando de la cogida. Tú le correspondes la mirada, sonrisas pícaras y brillo en tus ojos surgen como parte de ese acercamiento visual. Entonces te acercas a mi oído y me dices que te vas a pasar a mi izquierda, para quedar más cerca de ellos. Él no pierde detalle de tu cuerpo, mientras te cambias de lugar y ahora tú quedas recargada en el respaldo del sillón y yo semi incorporado viendo a ellos la forma que cogen.

    Podemos ver que él debe andar por los 50 años y ella unos 4 o 5 años más joven. Ambos de buen ver y con una actitud abierta para lo que pueda darse. Él le comenta a su pareja que volteé a vernos, que ya estamos más cerca, tocándonos, besándonos y mientras intercambiamos miradas, él extiende su mano hacia tu pierna. Ella voltea y observa cómo él va tocándote, subiendo hacia tu sexo, empezando a acariciar tu entrepierna, a lo que le das acceso dejándote tocar por nuestro nuevo amigo, mientras ella intensifica el ritmo de su movimiento sobre su duro tronco, gimiendo y suspirando delicadamente.

    Ella mira con excitación la forma que te está tocando su pareja, quien comienza a meter sus dedos en ti para cogerte con ellos, intensificando sus movimientos en ti. Te dejas hacer y lo disfrutas. Vemos como ella observa la forma en que su pareja te va acariciando y provocando en ti gemidos de excitación, así como tu pecho muestra la respiración incrementar su ritmo en respuesta a las caricias que recibes. En pocos momentos, llevas una de tus manos hacia la suya para enseñarle como tocarte y el ritmo que más disfrutas, a la vez que volteas a besarme y me dices lo rico que te está tocando, que te mojas con cada caricia y lo excitante que es para ti ese momento.

    Nuestra cercanía es tal que ahora ella acerca su mano para acariciar tu cara. Recibes su caricia y a alcanzas a besar ligeramente el torso de su mano. Entonces ella baja por tu cuello y desliza ahora la palma por tus senos, sopesándolos, disfrutando de tenerlos en su mano, deteniéndose a jugar con tus pezones entre las llenas de sus dedos. Por respuesta le levantas tu tórax para mostrarle tu aceptación a sus caricias y el deseo de que te siga tocando.

    Él no tarda en sacar su mano de tu sexo, completamente mojada y la acerca a su boca para saborear tus jugos y ella se inclina hacia él para lamer su mano, recogiendo tus líquidos y besándose entre ellos, mientras él regresa sus dedos a tu vagina que está completamente empapada por tu excitación, y recibe de nuevo dos y hasta tres dedos que se pierden sin problema en tu interior. Sin desmontarse de la verga de su pareja, ella empieza a acercar su cara a tu cuerpo, alcanzando a besar tu hombro y desplazándose hacia tus senos. Vuelves a levantar el tórax, arqueando tu espalda para ofrecérselos, deseosa que ella llegue a tus pezones que ya están duros y tus senos turgentes de excitación. Ahora ella puede sentirlos directo, su mejilla los roza, se apoya con una mano en tu pierna, y desplaza su cara sobre uno de tus senos, respirando sobre tu pezón erecto, provocándote intensas sensaciones. Yo puedo ver cómo te están tocando entre los dos. La forma que los labios de ella rozan ligeramente tus pezones erectos, y eventualmente su lengua llega a lamer en forma excitante tu piel, a la par de sentirte penetrada con mayor intensidad por los dedos del amigo.

    Es muy excitante y tu dedicas una mano a seguir masturbando mí ya duro pene. Después de unos momentos de intensa excitación, decides incorporarte un poco, para acercarte más a ellos, quedando ligeramente hincada, dándome la espalda, de frente a ellos y permitiendo más acceso a él para que siga acariciándote, lo que aprovecha para llevar su mano hasta tu culito y jugar un poco con él haciendo presión con sus dedos en la entrada. Eso te estremece.

    Ella se incorpora también un poco y voltea más su cuerpo para quedar frente a ti. Tú empiezas a acariciar su espalda, y ambas van acercando sus caras. Le tomas la cabeza y la llevas a tus senos, no tarda en entender el mensaje y comienza a lamerlos y chuparlos con intensidad. Te gusta sentir su boca en tu cuerpo. Él intensifica sus caricias y vuelve a meter dos dedos en tu ardiente y mojada vagina, a lo que respondes moviendo tu cadera para incrementar las sensaciones en tu vagina y clítoris. Desde mi posición puedo ver cómo su mano eventualmente toca tu cadera y vuelve a frotarse en tu culito y volver a perderse en tu vagina. Tu reacción no se deja esperar, mojando su mano con cada empuje dentro de ti. Ella ya te abraza y no suelta tus senos mamándolos con deseo, comiéndolos rico.

    Me incorporo detrás de ti y al llegar a abrazarte, ella levanta su cuerpo buscando tu boca fundiéndose ustedes en un rico y sensual beso, lo que incrementa tu excitación y tu cuerpo tiembla con la llegada de otro orgasmo que moja el sillón y te hace perder un poco el equilibrio, sujetándote de ella. Él observa todo desde abajo. El brazo que tiene ella detrás de ti abrazándote, no tarda en encontrar mi pene y comienza a masturbarme.

    Ustedes dos cruzan breves palabras, y observo como asienten y conversan en un susurro imperceptible para mí. Ella se desprende de la verga de su pareja y te hace tocarla, recorrerla toda. Tú aprovechas para acariciar sus testículos y comenzar a masturbarlo. Te acomoda entre de sus piernas y poco a poco te vas inclinando dispuesta a darle una mamada a esa nueva verga que te llama la atención.

    Ella se acerca a mí, me hace sentarme al lado de su pareja y se coloca igual entre mis piernas empezando a acariciar mi pene, jugando con sus senos para rozar la punta en sus pezones. Mientras, tú ya comienzas a lamer el pene de su pareja, asegurándote que te vea lo rico que lo recorres con tu lengua, lo aprietas con tu mano y acaricias sus testículos. Tú quieres llegar a más, pero sabes que le puedes hacer sentir muy bien con tus caricias orales. Puedo ver cómo comienzas a meterte su pene en tu boca y lo vas cubriendo con tus labios hasta meter más de la mitad en tu boca. Lo sientes duro, ancho y algo largo. Tus labios se estiran para darle cabida a ese pene excitante y comienzas a mover tu cabeza y masturbar su tronco, provocando en él gemidos inmediatos con tu cálida lengua. Ella te observa y sólo alcanza a decir que se ve excitante, mientras acerca su boca a mi pene para hacer lo mismo. Ella lame mi punta y saboreas mis líquidos preseminales, luego desplaza su lengua a lo largo de mi pene y sujetándolo con una mano se acerca a lamer y chupar mis testículos en forma muy grata. Mi verga reacciona inmediatamente poniéndose más dura y larga.

    Voltean a verse entre ustedes y sonriendo, dejan por momentos ambos penes y se dan un beso intenso, lamiendo la comisura de los labios de la otra, las mejillas y enredando sus lenguas en un excitante y pasional beso para después dedicarse ambas a lamer un pene y luego el otro, besándose ocasionalmente entre ustedes. La escena es de lo más excitante.

    Ella se inclina hacia su bolsa y saca dos condones. Abren los empaques y se disponen a colocarlos en nuestros penes. Tú a él y ella a mí. La pasión está al borde y no tardan en montarse en la pareja de la otra, toman el pene correspondiente con la mano, lo juegan en sus respectivas entradas, lo acomodan y poco a poco, al unísono van siendo penetradas por el pene que tienen a su disposición.

    Sus caras muestran una clara excitación y disfrute mientras van sintiendo ser invadidas por el visitante ocasional. Les gusta sentirse ensartadas, vivir este intercambio y todo lo que representa cogerse una verga ajena en presencia de sus parejas. Apenas te sientes llena, empiezas a moverte y proporcionar placer a nuestro nuevo amigo. Ella no tarda en acomodarse y se inclina hacia mí para besarme por primera vez y empezar a moverse despacio, pausadamente. Tú, mientras le impones un ritmo a tu cogida de mayor intensidad, desplazando tu cadera en forma vertical y luego pegando tu pubis a él para moverte en sentido horizontal y así frotar tu clítoris en su cuerpo. Te apoyas en sus hombros y le das a chupar tus senos a él, lo que hace de inmediato, deseoso de probarlos y complementando tus sensaciones.

    Ella observa cogerte a su pareja y me dice que eres muy intensa y que lo estás prendiendo mucho con tu forma de coger. Él comienza a empujar en ti y sientes sus embestidas hacerse más fuertes y repetitivas. Tu cuerpo suda de la excitación y te veo disfrutando de este eventual amigo. Moviéndote en forma circular, metiéndolo profundamente en ti. Sigue enterrándose mi verga despacio, pausadamente, levantando su cadera hasta tener la punta de mi pene en la entrada de su vagina y volviendo a ensartarse poco a poco, buscando que le toque su interior, disfrutando de la cogida y diciéndome lo mucho que disfruta cogerse vergas de otros. Que para eso van al club más o menos seguido.

    Ella se incorpora para sentirse más penetrada y juega con sus senos mientras se mueve en otra forma, lo que le excita y comienza a mojar mi pene y mis testículos al tener otro orgasmo que la hace temblar un poco. Tú tienes empapado a nuestro amigo. Aprovechas que la ves incorporada y se besan entre ustedes, sin dejar de estar ensartadas por nuestras vergas.

    Algo se dicen entre ustedes que no alcanzo a escuchar y después te levantas, te pones a chupar la verga que te acabas de sacar, saboreándolo todo y te acercas a él para besarlo. Entonces lo levantas del sillón y te pones en 4 puntos, quedando tu cara cerca de la mía, ofreciéndole tus nalgas para que te coja por detrás. Esa posición te gusta y lo haces que se acerque a ti, tomas su verga aún muy erecta y la llevas a tu vagina para que te penetre toda. La expresión de tu cara me deja saber que ya lo tienes hasta el fondo y poco a poco comienza a cogerte con mayor intensidad. Tú gimes al sentir la forma en que te va penetrando y él intensifica el ritmo, lo que te hace desearlo más. El golpeteo con tu trasero se hace más evidente y lo vas mojando a cada empujón. Ella acaricia tus senos, tu espalda, llega a tu cadera y se pierde en dirección de tu culito.

    Observa por momentos cómo te coge él y se inclina de nuevo hacia mí para ver tu cara de excitación por la cogida que ahora te pone su pareja. Sólo alcanza a decirme que te ves muy excitante e intensa, que coges rico y me besa pasionalmente apretando mi pene con su vagina, mientras vuelve a tener otro orgasmo intenso. Se levanta y se acuesta a mi lado, quedando de frente a ustedes.

    Me quita el condón y comienza a masturbarme mientras observamos la forma tan intensa que te está cogiendo su pareja y tu disfrute total. Se lleva la mano a su vagina, la saca mojada y me masturba con sus jugos. Me dice que me quiere hacer venir para saborear mi semen. Mientras seguimos observando la cogida tan intensa que te está dando él, que te provoca ya varios orgasmos, mojándolo y hace que tu cuerpo se convulsione cada vez más. Te doy mis dedos a chupar y eso te desencadena otro orgasmo más, intenso, mientras que él estalla en tu interior, clavando su verga en lo más profundo de tu cuerpo.

  • Metralleta

    Metralleta

    Metralleta era una señora que cuida de nuestros hijos cuando mi esposa y yo salimos. Le decimos así, porque habla muy rápido y es difícil entenderla a la primera.

    Yo siempre bromeo y me meto con ella, y le vivo diciendo que ella estuvo congelada del cuerpo para abajo, porque solo envejeció de cara nomás.

    En una oportunidad la muchacha de servicio renunció y mi esposa no consiguió un reemplazo. Así que terminó haciendo contrato con la fiel Metralleta. Todo transcurría normal hasta que un día cualquiera, Metralleta entró al baño sin avisar y me consiguió depilándome los huevos… Pensé que iba a salir del baño rápidamente, pero no fue así. Me dijo con su hablar rápido… “y Ud. qué está haciendo?”, mientras se reía; a mí me dio risa la situación y la pregunta y le dije… “aquí rasurando el regalito que te voy a dar de utilidades en diciembre”. Se rio a carcajadas y se burló de mi diciendo… “no será que se quita los pelos para que se le vea más machete porque lo tiene corto?”. Yo me reí y le dije que se preparara y afeitara el sobre donde se lo iba a meter, o si no le gustaba depilarse, que se lo dejara peludo, que para mi era como un sobre de manila. Nos reímos los dos y así como entró, se fue.

    Yo después de la situación me di cuenta que estaba con una erección y ni me había fijado, y de que fue tan natural y espontáneo que ni yo me inmuté, ni ella se apenó. Desde ese día las bromas de Metralleta y yo eran más en confianza y más atrevidas y de doble sentido cuando mi mujer no estaba en casa. Una vez en esa bromeadera Metralleta me preguntó si no quedaba pintura blanca atrás, refiriéndose al almacén que estaba en la parte trasera de la casa, yo le dije que la pintura atrás se la iba a regar toda yo cuando se descuidara; ella como siempre y sus ocurrencias se ríe y contesta… “pero no me la vaya a pintar con brocha… me la pinta con rodillo, y le das varias manos”. Nos reímos y cada quien siguió en lo suyo.

    Un día mi esposa se fue con sus colegas de la universidad a un congreso en otra ciudad, la ida era por dos días de diciembre. La dejé en el aeropuerto y la despedí, volviendo a casa me envió un mensaje: “cariño le dije a Metralleta que se quedara estos dos días en casa para que se encargue de los niños si tienes que salir o visitar a tus amigos y no tengas que quedarte prisionero con ellos”. Cosa que me pareció genial ya que había partida de softball ese fin de semana.

    Regresé a casa y ya Metralleta tenía la casa acomodada, niños bañados y jugando, almuerzo listo y le pedí que comiera conmigo para no hacerlo solo. Bromeamos como de costumbre, yo diciéndole que su marido se iba a poner celoso cuando supiera que yo le podía echar dos polvos más que él, ella me decía que polvo era todo lo que yo levantaba y que su marido lo que echaba era polvazos… nos reíamos de las bromas. En unas de esas jugaderas ella me dice… “y ahora se le fue la mujer y lo dejó sólo dos días va a tener que jalársela Ud. mismo, porque la doña me dijo que le avisara si llegaba Ud. después de las diez de la noche”; yo le respondí que era mentira porque mi esposa me dijo que si me daban ganas tú ibas a dormir aquí estos dos días para que no tuviera que jalármela me la jalaras tú”.

    Llegada la noche ya desocupada cenamos nuevamente y la noté ansiosa, a arte que estaba con un short con el que se le notaban las piernas macizas que tenía y el buen cuerpo que conservaba, le pregunté la edad y me dijo “400 la cara y 42 el cuerpo según Ud.” y nos reímos, “y Ud. cuántos tiene” me dijo… “yo tengo 51 echando puros polvitos” le dije y reímos igual.

    Hablamos hasta las doce de la noche, reímos hasta más no poder, cuando estaba ya pensando en irme a dormir, de verdad les juro que por mi mente no pensé que pasaría algo así; porque estaba convencido de que todo era broma nada en serio. Metralleta me queda mirando seriamente y me dice… “mira, estamos en diciembre, la mujer tuya no está, vamos para que me riegues la pintura atrás y metas en el sobre las utilidades que te estabas afeitando la otra vez, porque si no es ahorita me las vas a quedar debiendo para cuando la mujer vuelva a viajar”. Yo quedé medio en shock.

    Estaba pasmado pensando en si era en serio o en broma, le dije “bueno la pintura está donde tú sabes vamos a buscarla y allí te pago”. Salió rumbo al cuartico trasero, yo la seguí viendo el bamboleo del culote que ahora veía más grande, entramos e inmediatamente prendí el bombillo y la tome de la cintura, la besé tiernamente, así comenzamos tímidamente, caricias iban y venían; yo amasaba sus nalgotas mientras ella desabrochaba mi pantalón y bajaba su short… éramos dos adultos que sabíamos a lo que íbamos.

    Tomo mi miembro y me dijo, “voy a probar los aguinaldos” y reímos, mamó como una experta, cuando creí que iba a venirme la levanté y la recosté de un mueble que estaba allí y besé su raja y chupé su clítoris como si de eso dependiera mi vida… cuando dio signos de que se iba a venir, me levanté acaricié su clítoris con la cabeza de mi pene varias veces, de arriba hacia abajo y cuando estaba por correrse, se lo metí lo más lentamente y profundo que pude, solo bombeé dos veces cuando me apretó contra su cuerpo, rodeó con sus piernotas mi cintura y en un vaivén descontrolado me pedía que la besara todo lo que pudiera.

    Nos besamos con descontrol, metralleta resultó un volcán de pasión y flujos… era un mar de chapoteo, cada envestida mía era un sonido «chop» «chop» yo seguí bombeando era una delicia, estaba pensando en voltearla para darle de perrito, cuando volvió a apretarme con sus piernas y pedirme que la besara de nuevo, esta vez no se contuvo y dio un jadeo y un gritito de gata para soltarme y quedar como desmayada en el sofacito.

    Me preguntó si había llegado dentro de ella asustada y le dije solo después que me firmara un recibo y seguimos riendo; la volteé y la dejé en cuatro sobre el pequeño sofá, se lo puse en la puertita y zuaz… se lo encasqueté agresivamente, la bombeaba intensamente, le apretaba por las caderas, no me conocía yo mismo, hasta cuanto podía durar, si estaba excitadísimo, la visión de verla en esa posición y con ese cuerpo tan bien tonificado y duro era maravillosa, solo podía oír sus pequeños jadeos cuando me dice… “dame, dame, dame duro!!”. Yo la obedecí y la ensartaba hasta lo último y con la fuerza suficiente como para no hacerle daño… dijo cosas tan rápido que no entendí y tuve que hacer magia para no correrme dentro de ella, tan pronto destensó su cuerpo saqué mi pene y acabé en sus nalgas, culo, espalda…

    Allí caímos un rato, acostados en el piso, ella en mi pecho y yo mirando el techo. Allí me fijé que ese cuarto estaba muy limpio para ser un cuarto que solo se usa para guardar cosas, que el sofá no tenía el protector, ni tenía polvo producto del tiempo guardado allí.

    Me reí y le dije, “Metralleta limpiaste este cuarto con premeditación y alevosía, me guisaste y yo caí…”, se rio y me dijo… “y tú loco de caer en esta trampa”, señalándose la totona.

    Reímos y de allí nos fuimos al cuarto donde ella dormía, nos duchamos y dormimos acurrucados por unas 4 o 5 horas que despertaron los niños. Ella los atendió y puso a jugar en la sala después de haberlos bañado y vestido para irse a la cocina donde estaba yo esperándola para darle otro pago de utilidades. Fue unos de los mejores fin de semana que he pasado en mi vida.

    Seguimos haciéndolo por mucho tiempo, mi esposa luego contrató otra muchacha y Metralleta solo entraba en escena para cuidar a los niños. Pero por lo menos una vez por semana íbamos a un motel discreto a saciar las ganas, de paso, fue la primera mujer que me ha pedido por cuenta propia que le haga sexo anal… pero eso es otra historia.

    Espero les haya gustado, es una parte de mi vida que les comparto.

  • Insana relación

    Insana relación

    -¿Qué fue lo que hicimos?, ¿pero qué carajo hicimos? 

    Ella lloraba en silencio ocultando su rostro con el móvil en sus manos.  Tomé el mío y comprendí el porqué lo hacía.

    *******

    Era casi Navidad y hacia frio; llegué a casa ya tarde y aún había luz y movimiento en casa.

    -¡Hola papá! –dijo mi hija al pasar cargando una caja– ¡mamá!, llegó papá.

    -¡Qué bien que llegaste!, ¿Qué tal tu día? –me preguntó mi esposa a mitad de escalera.

    -Movido –comenté –aún no sé si pueda llegar a tiempo con ustedes.

    -¡Ni lo pienses! –dijo apuntando su índice hacia mi– ahora más que antes tienes que llegar, la cuñada se va contigo.

    -¿Cómo dices?

    -¡Que se va contigo!, va a entregar la casa ese día y no tiene como irse.

    -¿No se puede quedar tu hermano?

    -Él se lleva a mis papás y salimos antes para recoger a sus suegros, ¿no lo recuerdas?

    -Mujer, ¿Cómo comprometes mi tiempo?; ¿Qué pasa si no puedo salir temprano o llegar ese día?

    -Vas a llegar –Dijo tomando mi hombro y dando por terminada la plática.

    Los días siguientes pasaron volando, un día antes mi esposa y familia salieron con rumbo a la cabaña de los suegros de mi cuñado donde festejaríamos la Navidad; los despedí temprano en la puerta de la casa.

    -¡Manejen con cuidado! –grité cuando los autos se pusieron en movimiento.

    -¡No salgan tarde mañana! –fue la respuesta de mi esposa– los esperamos.

    El día de Navidad recibí una llamada por la mañana, era mi cuñada confirmando que estaría lista a la hora convenida y que me esperaba; tendría que apurarme a dejar todo terminado. Tiempo después volvió a llamarme para pedirme que sería mejor si la recogía en el lugar donde entregaría la casa, su negocio es en bienes raíces y una de las propiedades a su cargo se entregaría ese día.

    Llegué justo a la hora; dentro del inmueble se escuchaba un ambiente festivo, toqué a la puerta y fue ella quien me abrió.

    -¡Qué bueno que llegaste! –me dijo con voz angustiada -¡no sabía cómo quitármelos de encima!

    Al correr la vista al interior pude ver a tres hombres en la barra de la cocina, botella en mano y en claro estado de ebriedad.

    -No te apures –la tranquilicé –yo me encargo.

    La tomé de la cintura y nos dirigimos al interior.

    -Señores, les presento a mi…

    -Soy su esposo –me adelanté sin dejarla terminar –mucho gusto.

    Respondieron mi saludo con evidente enojo, si tenían un plan para con ella estaba claro que no iba a pasar.

    -Querida, si ya terminaste será mejor que nos vayamos, aún tenemos cosas por hacer y se nos hará tarde; caballeros, fue un placer conocerlos –esto último dirigiéndome a ellos sin dar pie a una respuesta.

    Ya en el auto y en camino a su casa a recoger sus objetos personales me dijo:

    -Han estado tras de mi desde hace algunas semanas, los soporté porque quería terminar la venta; por principio no fue un problema pero después que comenzaron a beber iniciaron las insinuaciones y de no ser por ti no sé qué hubiera pasado después.

    -De haberlo sabido hubiera llegado contigo –dije –al menos te los quitaste de encima.

    Llegamos a su casa cuando comenzó la lluvia, le comenté que saliéramos cuanto antes para evitar caminos anegados pero dijo que mejor esperáramos a que pasará, que sería mas seguro.

    Tomé asiento y revisé mi teléfono; solo un mensaje de mi hija diciéndome que tuviera cuidado al conducir y que nos esperaban.

    Al poco rato bajó y me ofreció algo de tomar, no estaba por hacerlo ya que conduciría mas tarde pero se lo acepté por cortesía; con dos tragos en sus manos se sentó frente a mi.

    -Aún no te he dado las gracias por ayudarme –dijo alcanzándome el vaso –todavía estoy nerviosa de pensar que se hubieran puesto en violentos.

    -Nada tienes que agradecer –le respondí –no es la primera vez que tengo que lidiar con este tipo de personas, recuerda mi trabajo anterior.

    -En ocasiones quisiera que mi esposo fuera así, siempre es muy tranquilo.

    -Pues ante ellos es así –dije –así me presenté y ojalá sirva para que no te vuelvan a molestar.

    -¡Es cierto! –recordó –¡eso les dijiste!, que se cuiden que tengo un esposo matón.

    Ambos reímos por la ocurrencia; se levantó y, sin pedírmelo, tomó mi vaso y se dirigió al bar.

    -Si tomaste con ellos sería mejor que ya no sigas haciéndolo –alcancé a decirle al momento de servir los tragos.

    -Me siento bien, de cualquier forma tú manejas y puedo dormir mientras lo haces.

    -Entonces debo ser yo quién debe dejar de hacerlo –dije esto al tomar el vaso que me ofrecía.

    -Solo uno más, no quiero hacerlo sola.

    Ese trago se convirtió en otro más y otro después de ese, pasado un tiempo la botella se terminaba no así el torrente en que se había convertido la lluvia.

    -Será mejor que les llame para avisarles que vamos atrasados –le comenté –además me siento un poco mareado y sería mejor esperar que se me pase.

    -Mejor no los preocupes –alcanzó a decirme desde la barra abriendo la siguiente botella –aún estamos en tiempo.

    Sabía que no sería conveniente seguir tomando y que tampoco lo era estando solo con ella, tuvimos juntos un pasado que, a excepción de nosotros, nadie más conocía.

    -Ya no tomes –le mencioné –ambos sabemos el porqué.

    -Lo hago para no acordarme –dijo bajando la vista –aun no me perdono el haberlo hecho.

    -Ambos dijimos que íbamos a olvidarlo –dije queriendo quitar tensión al ambiente.

    -¿Pudiste hacerlo? –dijo clavando su mirada en la mía.

    -No.

    Se sirvió y tomó de un solo trago, sus ojos se llenaron de lágrimas; se acercó a mí, me abrazó recargando su cabeza en mi hombro y su desahogo manchó mi camisa.

    -¡Por más que trato no puedo olvidarte!, es una tortura cuando estoy con él y en el único que pienso es en ti.

    Mi silencio no logró más que aumentar su llanto. ¿Cómo pedirle perdón cuando lo pasado fue por mi culpa?, ¿Cómo decirle que sigamos adelante cuando era claro que no sería posible?, ¿Cómo decirle que lo olvidara cuando yo tampoco podía hacerlo?; era cierto que no habíamos vuelto a tocar el tema y que evitaba a toda costa estar cerca de ella, pero el destino parecía estar empeñado en juntarnos.

    -Te amo –dijo –todo este tiempo no he hecho más que mentirme.

    -Sabes que eso no es posible -dije un tanto sorprendido -ambos tenemos familia.

    -¿Y acaso crees que no lo sé?, ¿dime como hago para olvidarte? –dijo esto último viéndome a los ojos.

    No pude soportarlo más tiempo, la abracé y nuestros labios se juntaron. En adelante no hubo más palabras, no fueron necesarias; solo el lenguaje de nuestros cuerpos era el que conocíamos a la perfección.

    La tomé en brazos y la llevé al lecho, de pie al lado de su cama comencé a desvestirla mientras ella hacia su parte conmigo sin dejar de besarme con brusquedad. No había sutilezas, no había juegos previos; lo nuestro era así, burdo, tosco, casi salvaje.

    La tiré a la cama y jalé sus piernas hasta dejar sus nalgas al borde, las levanté y me di a la tarea lamer ese sexo que me embriagaba con solo olerlo, lamía toda la raja desde el culo hasta el mismo clítoris como si la vida me fuera en ello. Pronto sus jugos inundaron mi boca y yo, sediento, me daba a la tarea de no desperdiciar nada.

    -¡Me matas! –dijo aprisionando mi cabeza contra ella mientras levantaba aún más sus piernas -¡cómeme!, ¡y no pares hasta que me corra en tu boca!

    No había necesidad que me lo pidiera, si de algo estaba enviciado era de esa raja.

    -¡Me vengo!, ¡Hay Dios mío me corro! –gritó mientras un temblor recorría su cuerpo y sus piernas atenazaban mi cabeza impidiendo moverme -¡Sigue, no pares!, ¡No pares!.

    La quité de encima sin cumplir su pedido y, sin que ella lograse aun recuperarse, coloqué mi falo en su boca incrustándolo hasta que mis testículos tocaron su barbilla.

    -¡Espera! –dijo esto después de sacarlo de su boca tras una arcada -¡vas a hacer que vomite!

    Sin hacer caso alguno a su queja volví a meterla a su boca, esta vez ya sin sorpresa pudo adaptarse al ritmo que daba a mis embestidas; tomaba su cabeza con una mano mientras con la otra incrustaba un par de dedos en su concha, logrando recuperar la excitación perdida al abusar de ella.

    -¡Ahhh! –suspiró al salirme de su boca tratando de recuperar el aliento -¡me vas a matar!

    Levanté sus piernas y, con brusquedad, me incrusté dentro de su concha de un solo golpe.

    -¡Ah, si! –dijo al sentirme –¡como extrañaba tu verga!

    -¡Aquí la tienes!, y te la voy a seguir dando mientras sigas siendo mi puta –le dije, aumentando el ritmo de la penetración.

    -¡Trátame como quieras, pero no la saques! –esto último atenazando sus piernas alrededor de mis nalgas.

    La sujeté de sus senos con rudeza y continué con mis embestidas en su concha, podía ver como se corría con cada golpe de cadera mientras sus gritos inundaban la habitación.

    -¡Ya no puedo!, ¡por Dios que ya no puedo mas! –dijo casi llorando.

    -¡Sácala!, ¡por favor ya no mas! –imploraba empujándome con sus manos para que me retirara.

    En efecto me retiré, pero solo para buscar otra posición; la obligué a hincarse en el suelo mientras recargaba su cuerpo en la cama, ella se dejaba hacer más por cansancio que por convicción; sabía bien lo que se venía y no podía, ni quería, evitarlo.

    Me coloqué tras ella, apunté mi falo a su esfínter y, poco a poco pero sin detenerme, comencé a taladrar su puerta trasera.

    -¡Hay!, ¡por favor despacio! –me decía mientras sus manos trataban inútilmente de detenerme.

    Sujeté sus manos a su espalda mientras con la mano libre le daba palmas a sus nalgas.

    -¡Te encanta que te dé por el culo!, ¿verdad mi puta? –dije tomando su cabello y volteando su cara para verla sufrir mi acometida.

    -¡Para por favor!, ¡me duele! –me suplicaba llorando.

    -¡Después vas a pedirme que no la saqué!

    -¿Por qué me tratas como una puta? –preguntó

    -Porque en el fondo lo eres –le respondí soltando sus manos mientras la besaba, incrustando más, si cabía, mi falo en su recto.

    -Si va a ser así entonces sigue, ¡rómpeme el culo como quieras y cada vez que quieras!, en adelante ya no pienso ocultármelo, soy solo para ti.

    Un dejo de remordimiento cruzó por mi mente, no solo a mi sino también a ella estaba arrastrando en espiral hacia un abismo del cual, con seguridad, ninguno saldría bien librado.

    -¡Sigue! –dijo sacándome de mi letargo -¡dame fuerte!

    La tomé de su cadera y continué a un ritmo meteórico, con saña, como si el culpable de esto fuera su esfínter; ella no hablaba, estaba cercana a un trance donde mi ritmo acelerado la había llevado, jalaba aire con desesperación mientras sus manos sujetaban la sábana mientras su sexo liberaba jugos con cada golpe que daba a sus nalgas; el ambiente se sentía enrarecido, la cama estaba hecha un asco.

    Recargué mi cuerpo al suyo, metí mis manos bajo ella para aprisionar sus senos y, después de un par de estocadas más, terminé llenando su intestino.

    -¡Por Dios que me salió hasta el alma! –dije pasado un rato pero aún sobre ella.

    Me incorporé para luego ayudarla a hacer lo mismo, necesitábamos higienizarnos con urgencia. Regresamos a la cama, retiré las sábanas y nos tendimos uno al lado de otro; ninguno de los dos habló, el remordimiento nos impidió hacerlo; le ofrecí mi brazo, colocó su cabeza en mi hombro y, junto al efecto del alcohol y el cansancio, el sueño llegó a nuestro encuentro.

    *******

    Tanto la luz que se filtraba por la ventana como el ruido de voces me despertó ya entrada la mañana, despejé mi vista y me incorporé, volteé mi cara y la vi sentada a la orilla de la cama.

    -¿Qué fue lo que hicimos?, ¿pero qué carajo hicimos?

    Ella lloraba en silencio ocultando su rostro con el móvil en sus manos. Tomé el mío y comprendí el porqué lo hacía.

    -Llegaron porque no respondimos los mensajes, están abajo –dijo esto último con una tristeza profunda en su rostro– pase lo que pase solo recuerda que te quiero.

    No terminó de completar la frase cuando se abrió la puerta…

  • Sofi y la chaise longue

    Sofi y la chaise longue

    Sofi no tocó el timbre, pero supe que estaba ahí. Conociendo cada centímetro de su topografía, adiviné que debajo de ese tapado que la cubría desde el cuello hasta los pies, estaba completamente triste. Lo dejó caer al piso y dio tres pasos hasta acostarse en la chaise longue que era más de ella que mía.

    -Es cómoda, pero no va con la decoración de la casa -le había dicho yo el día que inesperadamente la trajo de regalo.

    -Tu decoración -dijo con un suspiro resignado, no combina con nada que sea bello, y yo necesito un lugar donde sentarme.

    En todo ese tiempo creo haberme sentado una o dos veces, pero me daba algo de pudor; ella tenía razón, ni la decoración ni yo estábamos a la altura de esa pieza.

    Sofi no suele usar mucha ropa cuando viene a casa, más bien ninguna, y yo nunca entendí porqué, pero jamás hicimos algún comentario al respecto. Es innegable que es el ser humano mejor diseñado que haya visto, y tal vez sea esta cualidad de inalcanzable lo que todos estos años me hizo verla como algo irreal.

    Nos miramos a los ojos en silencio, como solemos hacer, y ahí ocurrió. Primero imperceptible, pero ganando volumen rápidamente, una lágrima paseó por su mejilla y cayó al suelo, dejando un hoyo tan profundo que seguramente perforó la corteza terrestre. Sin aviso ni voluntad de mi parte, mi mano le acarició la mejilla con el dorso mientras ella empezaba a hacerse un ovillo. Si a alguien pudiera sorprenderle la desnudez habitual de Sofi, ya sería demasiado decirle que por primera vez, después de años de conocernos, teníamos alguna clase de contacto físico.

    Su cara era la de siempre, pero la tristeza era inédita, y a pesar de sentir algo de su pena, tocarla fue una sensación rara y muy agradable; mucho más cuando empecé a acariciarle el pelo y ella empezó a ronronear. Se aceleró mi respiración y perdí la visión periférica; solo veía mi mano sobre su nuca y sentía como se iban erizado sus pelos y los míos hasta sentirse como agujas. Todavía guiada por una consciencia propia, mi mano fue bajando por su espalda hasta la cintura, con sólo las yemas de mis dedos haciendo contacto con su piel, cada vez más viva. Cuando llegué a sus nalgas, giró sobre sí misma y quedó acostada boca arriba, con los brazos a los costados y las piernas ligeramente abiertas.

    Puse mis manos sobre sus sienes, y mientras le tironeaba muy suavemente el pelo besé sus ojos cerrados hasta beber todas sus lágrimas. Deslicé mi cara por la suya, después el cuello, los hombros y enterré la cabeza entre sus pechos. Bajé las manos y me quedé jugando con sus pezones, que iban hinchándose y endureciéndose al ritmo de su respiración. Seguí mi viaje hacia el sur de su cuerpo y llegué al destino que no había buscado, pero que reconocí sin dudar. En mi imaginación, mi boca se abría y la lengua comenzaba a moverse con frenesí golpeando su clítoris, pero nada de eso ocurrió; cuando mis labios hicieron contacto con esos labios en la geografía de las pasiones, no hicieron otra cosa que acariciarlos delicadamente, casi con miedo de romperlos, haciendo caso a los gemidos de Sofi, que no pedían otra cosa.

    Para mi sorpresa, en la boca me quedó el inconfundible gusto de sus lágrimas. Ella sonreía sin decir nada, se incorporó, y sin ponerse el tapado se fue en silencio como había llegado. Sé que por la calle nadie la vio desnuda porque estaba completamente cubierta de felicidad.

  • El juego de las llaves

    El juego de las llaves

    Era la mañana del sábado, despertamos mi esposa y yo e hicimos la labores de la casa, no teníamos pensado salir de casa más que sólo ver películas y pedir comida para pasar todo el día juntos, como a las 12 pm mi esposa me dice que su hermana le mando un mensaje que se iban a reunir en la casa de ella, que si queríamos ir.

    Le pregunté qué si quien iba estar y si ella quería ir, me dijo que estarían sus dos hermanas, sus cuñados, y dos parejas de amigos más y que pues estaría bien que fuéramos para no pasar el día encerrados.

    Nos fuimos como a las 6 de la tarde a casa de mi cuñada, llegamos y ya estaban todos en su casa había música, cerveza y snacks, un amigo de nosotros dijo que si jugábamos cartas y todos fuimos a jugar.

    Era una noche tranquila todos platicando, bebiendo, jugando. Hasta qué Sandra una amiga dijo que ya las cartas le habían aburrido que si mejor nos animábamos a jugar “El juego de las llaves”, todos con cara de que es eso la volteamos a ver y ella dijo:

    Sandra: es un juego que vi en una serie

    Mariana: si pero de qué se trata o qué

    Sandra: están dispuestos a jugar y dejarse llevar por el juego

    Todos respondimos: siii

    Sandra: ahí les va pues, consta de que las mujeres metemos nuestras llaves a un bote y los hombres meten la mano sin ver el bote y las llaves que saquen son con la persona que tendrán sexo…

    Cuñada Alma: comooo estás loca

    Sandra: sabría que no iban a querer no son de mente abierta y no dejan llevarse por un juego.

    Cuñada Rosa: pues a mi si me late, pero lo que pase en esa noche con quien te toque ahí queda, qué opinan?

    Sandra: obviamente es solo un juego y queda en que lo que pase en esta noche.

    Mi mujer y yo nos apartamos de la mesa y empezamos a platicar sobre el juego, que si en verdad queríamos jugar y que sólo sería un juego, y que si jugábamos pasara lo que pasara no íbamos a contar qué pasó con la persona que nos tocó.

    Sandra: entonces que, jugamos?

    Todos quedamos en que si jugaríamos, pero que sólo sería un juego.

    Sandra trajo un bote y metió sus llaves, después las demás siguieron por meter cada quien sus llaves.

    Sandra: fórmense los hombres y empiecen agarrar las llaves.

    Nos formamos: Roberto, Pedro, Juan, Luis y por último yo

    Roberto sacó las primeras llaves y eran de Mariana.

    Pedro sacó las llaves de mi cuñada Alma.

    Juan sacó las llaves de mi esposa.

    Luis sacó las llaves de Sandra.

    Así que quedaban solamente las llaves de mi cuñada Rosa.

    Sandra: no se queden aquí y vayan al lugar donde quieran tener sexo y aquí nos vemos en 3 horas.

    Todos estábamos quietos esperando que alguien saliera de la casa para irnos todos, Sandra obviamente salió primero, y después de varios minutos salimos todos.

    Mi cuñada Rosa y yo nos dirigimos a un motel cercas de ahí. Rosa, mi cuñada, mide 1.65, es de complexión delgada, tiene las tetas muy bien marcadas y un poco grandes, sus nalgas no son tan grandes, pero si están muy redondas y formaditas, tiene el pelo guero…

    Al llegar al motel y estar solos en la cama ninguno de los dos quería tomar la iniciativa, hasta que me acerqué y la tomé del cuello y le fui dando un beso, me sentía como un adolescente cuando recién conoce a una chica, después de ese beso y ya con más confianza nos fuimos quitando la ropa y pasamos acostarnos en la cama, empecé por tocarle cariñosamente la cara y fui bajando la mano hasta tocar sus tetas, después pasé mi mano por su abdomen hasta llegar a su vagina, introduje un dedo y empecé hacer movimientos con mi dedo dentro de su vagina hasta que noté que se empezó a poner mojada, después introduje otro dedo.

    Mi cuñada empezaba a mojarse, ella empezó agarrar confianza y empezó a tocarme mi verga, y comenzaba a masajearla, después de que ella tuvo un orgasmo, bajó sobre mi abdomen hasta llegar a mi pene para empezar a mamarlo, se lo metía a la boca y daba tremendas mamadas, nos olvidamos que éramos cuñados y comenzábamos a disfrutar la noche.

    Después de que me la mamó, me dijo que se quería montar en mi verga y comenzó a cabalgar era toda una experta parecía una vaquita del viejo oeste, mientras ella montaba a su ritmo yo mordía y mamaba sus tetas, ella gemía de placer así estuvimos algo de tiempo hasta que los dos terminamos en un orgasmo profundo y nos quedamos quietos por unos segundos, ella desmontó de mi verga y nos acostamos un rato.

    Volví a recobrar fuerzas y comencé a tocar de nuevo a mi cuñada, nos volvimos a calentar y le dije que se pusiera en posición de perrito que la quería penetrar así, ella accedió y se puso de perrito comencé a penetrarla lentamente a ella le gustaba eso, pero después me dijo dale rápido hasta que vayas a terminar y cuando estés a punto de terminar sacas tu verga y me echas tu leche en mis nalgas y así fue, hasta que acabe y le bañe todas sus nalgas del leche, ella se quedó en posición de perrito y yo le di un beso negro ella no dijo nada y dejo que siguiera, estaba a punto de calentarla de nuevo y que me dejara darle por el culo, pero no teníamos mucho tiempo teníamos que regresar a casa.

    Llegamos a casa de mi cuñada y ya estaban esperando. Roberto, Luis después llegamos nosotros, Pedro y por último Juan con mi esposa. Nos quedamos en la cochera y ya cada quien se fue a su casa. Mi esposa y yo en todo el camino no hablamos, pero yo estaba queriéndole preguntar de cómo la había pasado de que habían hecho ella y Juan.

    Llegamos a la casa, nos dirigimos a la ducha para bañarnos, noté que su calzón estaba lleno de leche, el maldito de Juan se habría corrido dentro de ella? Tenía muchas dudas, que quería preguntarle, pero solo nos bañamos y nos acostamos.

    Al despertar ya no pude más y pregunté sobre lo que había pasado, ella contestó y me dijo en un mensaje al mismo tiempo hay que poner lo qué pasó ayer, cada quien agarro su celular y empezó a escribir lo de anoche…

    Continuará.

  • Vuelta al pasado

    Vuelta al pasado

    Actualmente,  han pasado ya seis años desde que nos vimos en persona por última vez y, aunque en todo este tiempo no hemos perdido el contacto y hablamos cada cierta frecuencia, contándonos nuestras alegrías y penas, e incluso nos llegamos a masturbar en un par de ocasiones a través de webcam, el sentimiento se fue difuminando con el tiempo, quedando nuestro amor latente y nuestra amistad intacta como siempre ha sido.

    Así terminaba mi relato “Recuerdos”, comentando además que pronto publicaría otro relato relacionado con los dos anteriores. Espero que os guste.

    Si habéis leído también mi otro relato “Mis cambios” sabréis que mi actual pareja es Sven. Pues bien, un tiempo después de empezar nuestra relación, decidimos irnos a vivir juntos, todo iba bien y un día cualquiera, justo antes de la pandemia, recibí un mensaje de Javi como en tantas otras ocasiones, sólo que, esta vez, me decía que por fin podríamos volver a vernos, ya que tenía unos días de vacaciones e iba a volver a nuestra ciudad natal en la que yo seguía viviendo. Realmente me hizo mucha ilusión que viniera ¡por fin se cumpliría nuestra promesa de volver a vernos!

    Así pasaron unos días y por fin Javi regresó, pero decidimos quedar al día siguiente de su llegada, cuando ya hubiera descansado del viaje, por la tarde y en un bar.

    Por otro lado, Sven sabía lo que había habido entre Javi y yo, pero confiaba en mí, simplemente nos veríamos y charlaríamos como los buenos amigos que somos mientras tomábamos algo.

    Cuando llegué al lugar, él aún no había llegado así que esperé un poco, nervioso e impaciente por verlo de nuevo, hasta que un par de minutos después lo reconocí a lo lejos, seguía siendo el mismo hombre de espaldas anchas y mirada profunda, de ojos color miel y sensualidad natural.

    Pero espera, ¿por qué estaba yo pensando de esa forma?, enseguida traté de evitar esa forma de verlo y cuando estaba más cerca, fui hacia él y nos fundimos en un cariñoso abrazo durante un momento, riendo felizmente.

    Javi parecía estar un poco más fibrado que la última vez que lo vi, pero el cambio físico más radical era el mío, ya que la última vez que él me vio a mí en persona, era aún muy delgado y ahora mi cuerpo se había tonificado y tomado forma por lo que se sorprendió y dijo:

    -Casi no te reconozco tío, ¡menudo cambio!

    Después nos sentamos en la barra del bar a hablar relajadamente mientras tomábamos una cerveza y así voló el tiempo mientras disfrutábamos de nuestro reencuentro, después de todo, la última vez que nos vimos teníamos 23 años y en ese momento ya 29 (ahora 30).

    Pero un rato después, mientras hablábamos, de repente empezaron a volver a mi mente recuerdos fugaces de cosas que habíamos vivido juntos en el pasado, sin poder evitar que también los recuerdos sexuales me abordaran, así que irremediablemente terminé teniendo una erección, estaba enfadándome conmigo mismo, ¡eso no debería estar pasando! Pero por lo visto mi subconsciente era más fuerte que mi voluntad.

    Ese día hacía frío y la ropa de invierno disimulaba más la erección, pero, aun así, Javi se terminó dando cuenta y empezó a reírse disimuladamente, acabando por contagiármela, momento que él aprovechó para decir con tono divertido:

    -Veo que te alegras mucho de verme.

    Yo le contesté riéndome avergonzado, pero bromeando:

    -¡Calla joder!

    Y así quedó todo como algo anecdótico.

    Después de un buen rato juntos empezó a anochecer, por lo que decidimos irnos del bar y, estando en la puerta de este, nos despedimos con la idea de vernos más veces, antes de que volviera a marcharse y quizás, con Sven, pero, cuando me di la vuelta para irme, Javi volvió a llamarme y me dijo:

    -Alberto… Sé que no debería decir esto, pero… me gustaría que vinieras conmigo esta noche.

    Al escuchar eso debí negarme de inmediato, pero no lo hice, en vez de eso, contuve la respiración un momento, luchando internamente entre lo que debía y lo que deseaba hacer, después de todo, muy en el fondo seguía sintiendo algo por él, ya que nuestra relación nunca se había roto, sino que nos habíamos tenido que separar obligatoriamente.

    Mientras tanto, él me miraba expectante, pero, viendo que yo no decía nada, añadió con algo de decepción en su mirada:

    -Siento haber dicho eso. Olvídalo.

    Pero en ese momento reaccioné y un momento después, íbamos de camino a su hotel dando un paseo ya que no estaba demasiado lejos, ganándome finalmente y como siempre, el corazón a la lógica, aunque no sin repetirme interiormente una y otra vez “Te vas a arrepentir”.

    Cuando llegamos a su habitación entré yo primero y fui directamente a mirar por la ventana y contemplar las vistas de la ciudad, ya que es un edificio alto y su habitación estaba en una de las últimas plantas.

    A continuación, se me acercó Javi por detrás y rodeándome por el pecho con sus fuertes brazos, me susurró al oído:

    -Te he echado de menos.

    Continuando con un suave beso en el cuello que me hizo inclinar la cabeza hacia atrás apoyándola en uno de sus hombros y haciéndome pensar “¿por qué tienes que ser tan encantador?”.

    Un momento después me giré poniéndome frente a él y por fin nos besamos mientras yo empezaba a desabrochar los botones de su camisa lentamente. Entonces me di cuenta de que ambos sabíamos que esto iba a pasar desde que recibí su mensaje diciendo que volvía, por mucho que nos quisiéramos resistir.

    Seguidamente, él también empezó a desabrocharme la camisa a mí mientras yo terminaba de abrir la suya sin llegar a quitársela, entonces pude comprobar que efectivamente su pecho estaba más definido de lo que yo lo recordaba, aunque sin ser excesivo para mi gusto.

    A la vez, él me quitaba la camisa y yo continuaba con el cinturón de su pantalón para poco a poco ir besándolo pecho abajo, haciendo hincapié en sus pezones y abdominales ligeramente marcados, y terminar de rodillas frente a él, momento en el que tiré de sus pantalones y calzoncillos a la vez hacia abajo y su polla saltó fuera, apuntando directamente a mi cara, quedando a pocos centímetros de mi boca.

    Ninguno de los dos decíamos nada, pero respirábamos aceleradamente, excitados y nerviosos como si fuera de nuevo nuestra primera vez, con la diferencia de que ahora mi boca ya no era tan inexperta como en aquel momento.

    Con la tenue pero suficiente luz que entraba por la ventana, comencé a dar lentos lametazos a la barra de carne que se endurecía por momentos frente a mí, para posteriormente pasar a sus huevos mientras se la agarraba por la base del tronco firmemente y con un movimiento suave lo empezaba a masturbar.

    Javi me miraba lleno de deseo, de pie y con las piernas algo separadas a la vez que acariciaba suavemente mi pelo con sus dedos y yo, que tampoco quería alargar más la espera, me la metí en la boca y empecé a bajar poco a poco por su tronco, esta vez supe controlar las arcadas y conseguí que la punta de mi nariz tocara su pubis, haciendo que Javi gimiera satisfecho y pusiera sus manos en mi nuca, pero sin obligarme.

    Un par de segundos después me la sacaba de la boca de golpe, recuperando así el aliento con un gran aspaviento y quedando mis ojos humedecidos por el esfuerzo, con varios hilos de saliva densa uniendo mi boca y su rabo, esfuerzo que él se ocupó de recompensar con un apasionado beso.

    Después de eso continué haciéndole la mamada a un ritmo normal, ayudándome con la mano y jugando con mi lengua, aunque también alternando de vez en cuando una garganta profunda, lo que provocaba sonidos guturales que a él parecían encantarle.

    Así lo hice un buen rato hasta que Javi me pidió que parara entre jadeos y me ayudó a ponerme de pie, resoplando y diciéndome entre bromas:

    -¿Dónde has aprendido a hacer eso?

    Pero yo simplemente solté una carcajada y me encogí de hombros para a continuación, besarlo y, hacerlo retroceder hasta la cama.

    Una vez en esta, yo me senté en el borde y tumbándome quedó Javi sobre mí, ocupándose de desvestirme completamente mientras rozaba su paquete contra el mío y yo terminaba de quitarle la camisa.

    Finalmente quedamos los dos desnudos y fue él quien empezó a bajar por mi pecho hasta mi polla, la cual empezó a chupar sin demora. Él ya había probado a chupármela hacía años, en uno de nuestros últimos encuentros sexuales días antes de irse, pero, esta vez y al igual que yo, se notaba que lo había hecho más veces después por cómo jugaban su caliente boca y mi polla, abrazándola y empapándola con su saliva sin perder el contacto visual y mientras con sus manos, me acariciaba provocándome escalofríos, reacción que no había cambiado en mí, en todo este tiempo.

    Pero Javi tenía más sorpresas para mí guardadas y un poco después sin decir nada, me levantó de golpe las piernas y metió su boca entre mis nalgas, haciéndome gemir al sentir su húmeda lengua acariciando con movimientos circulares mi agujero. Esto sí que no lo había hecho él nunca, al menos conmigo, por lo que me pilló inadvertido, pero me encantó.

    Un poco después su lengua empujaba mi agujero y se metía dentro ayudada de uno de sus dedos, entre tanto, yo me mantenía con las piernas recogidas sobre mi pecho y sujetas con mis manos, exponiendo la zona del perineo, el cual también se encargó de lamer y mordisquear mientras yo le dejaba hacer, disfrutando el momento.

    Así continuó un buen rato, hasta que ambos nos terminamos de subir a la cama, quedando yo boca arriba y él a mi lado, mientras nos besábamos y me metía un par de dedos, acariciando mi interior suavemente para terminar preguntándome:

    -¿Estás listo?

    Yo tragué saliva algo nervioso de nuevo y simplemente asentí con la cabeza, por lo que él fue a coger un preservativo y poniéndoselo volvió a la cama, recibiéndolo yo entre mis piernas. Pero no me penetró inmediatamente, sino que punteó mi agujero con su polla un par de veces y después empezó a meterla, recibiendo así de nuevo al chico que años antes me había desvirgado.

    En el momento que su glande me atravesó, sentí dos fuertes punzadas, lo que me hizo agarrarme de un puño a las sábanas y arqueando la espalda hacia arriba, gemir mientras apretaba los dientes sin querer hacer mucho ruido. Javi al escuchar mi quejido paró, pero no retrocedió y pasando varias veces sus manos por mi pecho, me susurró:

    -Shhh. Tranquilo. Relájate, sé que puedes.

    Entonces cerré los ojos y, en otro momento inseguridad quise pensar que era Sven, pero no, su forma de tocarme, de besarme o el olor de su perfume, todo era diferente, además, me di cuenta de que eso tampoco sería justo para Javi, por lo que por fin acepté totalmente que mi querido amigo, se había convertido de nuevo en mi amante y así me terminé de relajar, cosa que él aprovechó para empujar un poco más y terminar de llenarme totalmente con cada centímetro de su polla.

    Después de unos instantes inmóvil, empezó con un suave vaivén, inclinándose él sobre mí, de forma que podía sentir todo el calor que desprendía su cuerpo y su aliento.

    Poco a poco su ritmo fue aumentando, por lo que, poniendo sus brazos por detrás de mi cuello, me rodeó cariñosamente mientras me masturbaba involuntariamente con sólo el roce de su vientre contra mi polla que se mantenía dura hasta doler.

    Pero queríamos probar más cosas así que un momento después, cambiando de postura, Javi se salió de mí y poniéndose de pie sonriente, extendió un brazo hacia mí y dándome la mano, me pidió que me levantara.

    Yo enseguida lo hice y poniéndome contra un gran espejo me volvió a penetrar, esta vez con más fuerza, manteniéndonos de pie ya que ambos tenemos mas o menos la misma altura. Él, para empezar a embestirme me sujetó por la cintura, pero no tardó en acariciar mis brazos hacia abajo hasta llegar a mis manos, momento en el que lentamente, entrelazó sus dedos con los míos y me hizo abrir los brazos en cruz, dejándome completamente vulnerable.

    Yo arqueé la espalda hacia atrás entregándole mi culo y así seguimos otro poco, mientras él me besaba en el cuello y yo gemía acalorado, viéndolo a él a través del espejo, en un contraste de luz y oscuridad que me resultó muy morboso, pero mis piernas empezaron a temblar y volvimos a cambiar de postura para, finalmente quitar rápidamente todo lo que había sobre una mesa de escritorio y tumbándome sobre esta metérmela toda de un golpe y empezar a moverse inmediatamente con fuerza, lo que me desplazaba con un leve vaivén por la mesa mientras él acariciaba o besaba mis piernas, que descansaban en sus hombros.

    Ambos gemíamos o gruñíamos incluso ya sin miedo a que nos escucharan, completamente entregados el uno al otro hasta que un poco después Javi gritó entre aspavientos:

    -¡Me corro, joder!

    Pero después de todo, no pensaba dejarlo salirse ahora, así que lo rodeé con mis piernas por la cintura y aprisionándolo contra mí, noté como su polla se hinchaba en mi interior para enseguida correrse dejándose caer sobre mí, mordiéndome en un hombro suavemente.

    Quedándose así poco a poco fue recuperando el aliento, manteniéndose dentro de mí mientras yo le acariciaba su sudada espalda, hasta que perdió la erección y se quitó el condón completamente lleno de su leche.

    Por último, volvimos a la cama y me abracé a él quedándonos así un rato hasta que me di cuenta de que se había hecho muy tarde y Sven estaría pensando dónde me había metido, iba a ser difícil que no sospechara nada, así que me disculpé con Javi y me fui a la ducha para posteriormente despedirnos con un beso y volver a casa.

    Al llegar Sven ya estaba acostado y, aunque me provocó remordimientos irme a la cama con él después de haberlo hecho con Javi, lo hice para intentar no levantar sospechas.

    A la mañana siguiente Sven me preguntó cómo había ido el reencuentro, pero yo le contesté sin dar muchos detalles diciendo:

    -Bien… Fuimos a tomar algo y luego a dar una vuelta, se nos hizo tarde.

    No se mentir y, quizás por ese mismo motivo, la respuesta no sonó muy natural, aunque técnicamente no fuera mentira.

    Durante ese día hicimos vida normal y ya por la noche Sven y yo hicimos el amor, pero, cuando él me penetró, sentí más dolor que de costumbre debido al sexo con Javi de la noche anterior y, quizás, por estar algo inquieto en el fondo, así que me empecé a quejar inevitablemente.

    Esto lo debió notar Sven y, a la mañana siguiente cuando me desperté él me preguntó directamente:

    -Alberto… ¿pasó algo entre tu amigo y tú?

    Esa pregunta me despertó totalmente de golpe, lo miré y no hizo falta que dijera nada para que se diera cuenta de que así era. Aunque, finalmente decidí que ya no se lo podía ocultar y debía decirle toda la verdad, por lo que tímidamente le contesté:

    -Nos hemos acostado.

    Pero al decírselo no vi en la cara de Sven una expresión de enfado, sino de tristeza, lo que me hizo sentir fatal conmigo mismo, él confiaba en mí y yo lo había traicionado, después de todo lo que él me había apoyado en mis malos momentos.

    Entonces Sven se levantó de la cama sin decir nada y yo le dije casi tembloroso “Lo siento mucho” pero ¿con qué derecho le pedía perdón ahora? El daño, hecho estaba.

    Durante ese día no me habló y yo tampoco me atrevía a decirle nada por miedo a empeorar las cosas, pero ya al final del día él mismo me dijo:

    -Tenemos que hablar.

    Y sentándonos cada uno a un lado de una mesa, él añadió la pregunta más difícil de contestar:

    -¿Sigues sintiendo algo por él?

    Yo me quedé callado unos segundos, pensando que, si queríamos arreglar las cosas, tenía que enfrentarme a la verdad, puesto que, si no, me estaría engañando también a mí mismo y empeoraría todo. Así que le contesté con un:

    -Creo que vuelvo a sentirlo.

    Sven cerró los ojos y suspirando agachó la cabeza, así que me di prisa en añadir:

    -Pero a ti también te amo, créeme por favor.

    Esto último lo dije con los ojos humedecidos, ni yo sabía cómo era posible que pudiera quererlos a los dos a la vez, pero Sven sabía que no era mentira, por lo que concluyó diciéndome:

    -Quiero que hablemos los tres juntos.

    En ese momento no me atreví ni a respirar, pero en el fondo me parecía bien, sólo esperaba que Javi también quisiera.

    A la mañana siguiente llamé a Javi y le conté lo que había pasado, por lo que aceptó la idea de Sven de vernos los tres, pero el lugar lo elegiría yo, así que quedamos esa misma tarde en un parque tranquilo cerca de casa.

    Cuando llegamos Sven y yo, Javi ya estaba allí. Ellos se saludaron con un apretón de manos, finalmente se había cumplido lo que dijimos el día de nuestro reencuentro de vernos de nuevo y quizá con Sven, sólo que el ambiente no era el esperado, era un poco tenso, pero Javi tomó la iniciativa, dirigiéndose a Sven y diciéndole:

    -Oye… Fui yo el que le dijo a Alberto que viniera conmigo, lo siento, no debí hacerlo.

    Pero yo no estaba dispuesto a que él cargara con toda la culpa, así que dije:

    -No Javi, algo no pasa si dos no quieren, la culpa es mía.

    Entonces Sven nos calló a los dos, nos sentamos en la hierba y habló él:

    -Está claro que los dos sentís todavía algo el uno por el otro, así que sólo veo una solución…

    Me quedé inmóvil pensando que iba a decir que nuestra relación terminaba, pero en vez de eso, con un rápido movimiento se acercó a Javi y lo besó lujuriosamente, dejándolo perplejo y sujetándolo por detrás del cuello para que no retrocediera mientras Sven me miraba de reojo, esa fue su particular forma de “vengarse” de mí, dejándome con la boca abierta, ¡era lo que menos me podía esperar que pasara!

    Cuando reaccioné, supuse lo que Sven había pensado y Javi seguro que también se lo podía imaginar, así me empecé a reír sin poder evitarlo hasta que Sven dijo sugerentemente a Javi:

    -¿Qué te parece venir a casa ahora?

    Él tartamudeó un poco, pero finalmente sonriendo contestó simplemente con un “Vale”. Así nos fuimos los tres juntos de allí, pensando yo que quizás no se hubieran terminado las sorpresas que Sven nos podía dar. Javi y yo estábamos nerviosos, pero Sven lo tenía todo controlado.

    Al llegar a casa pasamos al salón, sentándose él al lado de Javi, volviendo a besarlo sin la más mínima contención, mientras este último, poco a poco se iba calmando y yo, que estaba sentado en el otro extremo, también me uní, era la primera vez que iba a hacer un trío y lo mejor es que los otros dos participantes eran los dos hombres más importantes en mi vida.

    Sven continuó avanzando y desabrochó rápidamente toda la camisa de Javi para a continuación, abrírsela él también y dirigirnos ya al dormitorio donde dijo Sven que “Estaríamos más cómodos”.

    Una vez en la cama, Sven empezó a desnudarse rápidamente y se recostó en la cama, mientras nosotros también nos colocábamos uno a cada lado.

    Javi por primera vez veía el cuerpo de Sven desnudo y, empezando a relajarse, agarró el rabo semierecto de mi chico y empezó a masturbarlo suavemente, mientras Sven le preguntaba:

    -¿Te gusta?

    Javi no contestó, pero Sven añadió:

    -Cómetela.

    Él obedeció y metiéndosela en la boca directamente, empezó a chupársela mientras yo, que no me iba a quedar atrás, besé a Sven y me uní a Javi, empezando por succionar los huevos de Sven para proseguir lamiendo todo el tronco de arriba abajo y a la inversa, mientras nuestras salivas se mezclaban y nuestras lenguas jugaban entre sí.

    Un momento más tarde, Sven se reincorporó en la cama quedando de rodillas en esta y así continuó sólo Javi chupándosela mientras yo, que aún seguía completamente vestido, me desnudaba rápidamente y me colocaba detrás de Sven también de rodillas, pegando mi pecho a su espalda para acariciar desde atrás todo su pecho y pellizcar sus pezones suavemente.

    Sven no tardó en empezar a gemir con una media sonrisa en su boca, ardiente de deseo mientras nos besábamos y acompasaba el movimiento de Javi con movimientos de cadera hasta que un poco después, le terminó de quitar la camisa a Javi y, sujetando su cabeza le dijo:

    -A ver hasta donde puedes llegar.

    Así que, empujándolo hacia él, forzó a Javi a tragarse su rabo mientras a este se le saltaban las lágrimas por el esfuerzo y la totalidad de su pecho y cabeza se enrojecían al instante, consiguiendo finalmente engullirla casi toda, cosa que yo no conseguí hasta que tuve un poco más de práctica, por lo que Sven lo felicitó con algo de sorna:

    -¡Muy bien, así me gusta!

    Para liberarlo justo después, dejando que Javi recuperara el aliento mientras ambos se terminaban de desnudar también.

    Entonces pude comparar sus cuerpos, Sven es el más alto de los tres, siendo también el más fibrado, su blancura noruega contrastaba con el moreno andaluz de Javi y, en cuanto a sus pollas eran más o menos igual de grandes, aunque diferentes a la vez por la curvatura y venosidades del miembro de Sven y la rectitud de la de Javi.

    Seguidamente Sven le pidió a Javi que volviera a la cama y le dejara ver su culo. Él se quedó pensativo un par de segundos, pero al final lo hizo sin decir ni una palabra, colocándose de rodillas en la cama mientras Sven se le acercaba para empujarlo suavemente hacia delante hasta dejarlo a cuatro patas, momento en el que Sven, separando con sus manos las nalgas de Javi, metió su boca entre ellas y yo, que estaba frente a Javi pude ver cómo se sobresaltaba para posteriormente cerrar los ojos con cara de resignación. Entonces lo besé con cariño y él mismo, sin decirle yo nada, empezó a chupármela, lo sabía hacer realmente bien.

    Así mientras Sven lamía y mordisqueaba con gusto el perfectamente depilado culo de Javi y hasta que, un buen rato después, parando de hacerlo le preguntó:

    -¿Se han follado alguna vez este culito?

    A lo que Javi contestó con un simple “No”, por lo que Sven añadió en voz casi susurrada:

    -Lo imaginaba.

    Pero las sorpresas de Sven no habían terminado todavía y dirigiendo su mirada hacia mí me espetó:

    -Todo tuyo.

    Yo abrí los ojos como platos y exclamé “¿Qué…?” realmente no me esperaba eso, pero, aceptando que, dadas las circunstancias, tanto Javi como yo debíamos hacer lo que Sven quisiera, miré a Javi que me hizo una señal de aprobación y colocándome detrás de él, cogí un preservativo.

    Entonces mientras me lo ponía, Sven echó un poco de lubricante en el culo de Javi y yo, recogiendo el exceso con una mano, me lo extendí por el condón a la vez que Javi me decía nervioso:

    -Hazlo despacio por favor.

    Recordándome a mi primera vez, cuando fui yo el que le dijo a él esas mismas palabras, sólo que ahora los roles se habían intercambiado. Así que intenté que se relajara con un suave masaje en la espalda y le contesté:

    -No te preocupes.

    Yo hacía años que no era activo y sólo lo había hecho tres o cuatro veces, además, porque nunca me llegó a gustar tanto, pero esto también era parte de una morbosa y extraña forma de castigo de Sven.

    Sin más demora sujeté a Javi por la cintura y poco a poco empecé a hundir mi miembro en su interior con un corto vaivén, hasta que finalmente la cabeza traspasó su anillo, su interior estaba increíblemente caliente y era bastante angosto, notaba cómo su culo intentaba estrangular mi pene que lentamente era absorbido.

    Conseguí meter más o menos la mitad y sin querer forzarlo más, paré ahí y le pregunté si le dolía. Él me contestó que estaba bien, aunque sentí que lo decía por hacerse un poco el duro, así que esperé a que se acostumbrara un poco y me empecé a mover muy suavemente, después de todo, era su primera vez.

    Después de un rato y con un poco de paciencia conseguí llegar un poco más adentro, moviéndome a mayor ritmo, aunque todavía despacio, mientras Javi gemía fuertemente con los dientes apretados, era deliciosa la estrechez y suavidad de su interior.

    Mientras tanto, Sven había estado delante de Javi masturbándose y observando la escena, pero a continuación le dijo a Javi que se diera la vuelta, por lo que yo me salí de él y entonces, colocándose Javi boca arriba, Sven cogió otro condón y poniéndoselo, penetró fuertemente a Javi haciendo que incluso yo me sobresaltara.

    Así empezó a envestir a Javi con más fuerza de lo que lo había hecho yo, chasqueando su culo con cada golpe.

    Yo sufría por Javi, escuchando sus quejidos ahogados mezcla de dolor y cansancio y viéndolo temblar con las venas de su cuello y sienes completamente hinchadas.

    Nunca había visto a Sven ser tan dominante ni tan duro y, aunque me preocupaba, también me producía mucho morbo y en el fondo sabía que Sven no le quería hacer daño. Aun así, decidí recompensar a Javi por su entrega y tumbándome a su lado, le empecé a hacer una mamada lentamente para que se relajara mientras Sven envestía su culo saliéndose de él casi por completo para volver a llenarlo con cada centímetro de su rabo, hasta que un momento después Javi gritó:

    -¡No puedo más, me corro!

    Notando en ese momento como su polla se hinchaba en mi boca, pero, aunque no me gusta el sabor del semen, por él, no me la saqué y dejé que se corriera dentro ya que sabía que le gustaría, lanzando varios chorros de leche directamente a mi garganta y notando como bajaba el espeso líquido por ella.

    Entonces Sven también se salió de él para no hacerlo sufrir más y terminó masturbándose fuerte y rápidamente para correrse un poco después también en mi boca sin dejar que se escapara ninguna gota de su esencia como no podía ser de otra forma. Entonces, mientras recuperaban el aliento Sven reconoció el esfuerzo de Javi y le dijo:

    -Lo has hecho muy bien campeón.

    Dándole un par de palmadas en un costado mientras yo lo besaba.

    Pero yo todavía no me había corrido, así que Sven hizo que me tumbara al lado de Javi y, quedando yo en el centro, me empezó a pajear hasta que me corrí sobre mi pecho, recogiendo con sus lenguas mi semen y besándose entre ellos y a mí alternamente.

    Pero un momento más tarde, cuando me di cuenta, Javi ya se había quedado dormido, estaba completamente agotado y empapado en sudor, entonces besé a Sven y le dije:

    -Te quiero.

    Y mientras él me abrazaba con cariño me correspondió diciéndome:

    -Yo también te quiero. Estamos en paz.

    Y así nos dormimos junto a Javi.

    A la mañana siguiente me desperté, con Javi a mi derecha acurrucado en mi pecho y Sven a mi izquierda, con sus dedos entrelazados con los míos. Entonces empecé a peinar suavemente con mis dedos el alborotado pelo de Javi que seguía dormido, pero al momento se despertó y tuvimos más o menos la siguiente conversación:

    Yo: ¿Estás bien?

    Él asintió adormilado aún y me contestó:

    -Sí tranquilo, estoy muy bien.

    Yo: Todavía no me creo lo que pasó anoche.

    Javi: Me alegro de que mi primera vez haya sido contigo.

    Para finalmente, acercándose a mi boca, besarme suavemente.

    Después, cuando se despertó también Sven, fuimos a ducharnos los tres por separado y desayunamos, prometiéndole a Sven que no volveríamos a acostarnos, al menos, sin que él también participara.

    Así terminamos de pasar juntos una agradable mañana, pero Javi ya se iba de nuevo al día siguiente, así que sobre el mediodía nos despedimos y al hacerlo, Javi le dio la mano a Sven amistosamente diciéndole:

    -Quiero la revancha eh.

    A lo que Sven contestó:

    -Estaré encantado tío.

    Pero yo no quería que me dejaran fuera del trato y bromeando dije:

    -Eh ¿y yo qué?

    Y Javi tomando la palabra me respondió:

    -No te preocupes, tu tendrás tu doble ración.

    Esa respuesta nos hizo reír a los tres y abrazándonos, nos prometimos que no pasaría tanto tiempo otra vez hasta que nos volvamos a ver.

    Espero que os haya gustado este nuevo relato que he escrito queriendo dar la mayor cantidad de detalles para que lo podáis visualizar con el mayor realismo posible.

    Durante el confinamiento de España, os adelanto que Sven y yo pensamos hacerle una visita sorpresa a Javi que por fin hemos podido realizar, pero eso será relatado en los próximos días, mientras tanto, os dejo los enlaces a mis otros dos relatos. Gracias.

    “Mis cambios”

    “Recuerdos”

  • De vuelta a las andadas con mi primo

    De vuelta a las andadas con mi primo

    Esta es la historia de cómo me contacté de nuevo con mi primo que alguna vez nos chupamos los penes.

    La cosa es que lo encontré en Facebook y empezamos a hablar, no pasó mucho hasta que salió el tema de si recordaba nuestro secretito, me dijo que sí, que a veces se pajeaba pensando en mí y le dije que yo igual lo hacía, que si no le gustaría que nos volviéramos a ver para revivir las sensaciones.

    Arreglamos que viniera a mi casa con pretexto de que me iba a pedir dinero así que el día llegó y finalmente tocó a mi puerta un miércoles por la tarde.

    Lo hice pasar y le dije que se pusiera cómodo, le indique un sofá que tenía en mi sala de estar. Hubo un pequeño silencio incómodo seguido de risas por parte de los dos, le pregunté que tanto le había crecido porque ya tenía años que no nos veíamos y me dijo que si quería ver, entonces no soporté más y me arrodillé frente a él y pasé mi mano por su caliente bulto de carne que sobresalía de entre sus piernas, abrí su pantalón y baje su ropa interior y ahí estaba, su rica verga apuntando hacia mi cara, primero la agarre con mi mano derecha y la empecé a mover pelando su cabeza y cubriéndola de nuevo.

    A mi primo se le metió el diablo de inmediato y con una mano me agarró del cabello (lo tengo largo) y me acercó a su verga para que se la mamara mientras que con su otra mano me estrujaba y pellizcaba los pezones.

    Para ese entonces como en los viejos tiempos yo ya tenía una súper erección y me dispuse a sacar mi pene y masturbarme, era tan rica la sensación que empecé a gemir, cosa que excitaba más a mi primo que en ese momento ya me estaba cogiendo bien rico por la boca y me preguntaba si me gustaba y yo solo lo veía sin sacarme su pito de la boca y le balbuceaba que sí. Así estuvimos como 10 minutos cuando sentí que las embestidas que me daba eran más rápidas y fuertes y supe anticipar lo que venía, cosa que me hizo estallar junto con el como si nuestros cuerpos se hubieran puesto de acuerdo.

    Se vino muy fuerte en mi boca más o menos 6 chorros grandes de semen, yo pude tragar algunos pero no pude evitar derramar algunos otros por el éxtasis que yo mismo estaba sintiendo.

    Yo había terminado en el piso y mi primo en mi boca, así que le limpié bien la verga de residuos de semen y me dispuse a limpiar el piso.

    Este es el final de la primera parte, pronto subiré la continuación donde mi primo y yo seguiremos con nuestro secretito. Gracias por leer.

    Mi contacto en Skype es XD17Gabo por si gustan escribirme. Chao.

  • Balseros (VI): Un balsero despechado

    Balseros (VI): Un balsero despechado

    Nunca pensé que me fuera a gustar tanto eso de revolcarme con un hombre en una cama, creo que la escases de mujeres en mi nueva vida de exiliado y la buena compañía ayudan bastante a que te vaya gustando y aunque no aceptaba mucho la idea de sentir algo en mi culo todavía, hubo varios momentos en que tuve la tentación de probar. Yovany gozaba mucho de nuestros encuentros que cada vez se hacían mas seguidos siempre haciendo de pasivo por supuesto y nunca tratando de cambiar nada entre nosotros quizá por miedo a que yo me enfriara y dejara de darle el placer que buscaba hace años en mí.

    Así que después de mis experimentos sexuales con él, y hasta con nuestros amigos, mi vida seguía igual, como la vieja canción de Julio Iglesias, Yo trabajaba como un mulo, y para hacer algo extra, ayudaba a Yovany a cortar hierba los fines de semana o de vez en cuando, le daba una mano a algún conocido con limpieza o arreglos de botes, yates, y otros vehículos marítimos, trabajo que era mejor remunerado que el de la hierba, y más placentero también. Yo para ese entonces, tuve una amante furtiva con la que terminé por problemas «económicos”, mientras Yovany se comportaba, más o menos como era él realmente y le tiraba los perros hasta a una escoba con falda. Tomaba cerveza Heineken, su favorita y vestía de bermudas, camisas estampadas o floreadas y gafas oscuras de sol; Era propio de su personalidad el parecer siempre un turista.

    También seguíamos la rutina que tanto a él le gustaba; Andar en cueros por todo el lugar que compartíamos como los mejores amigos que todavía somos. Salía dos veces por semana a estudiar Inglés, cosa que a mí no me hacía falta porque yo tenía buen grado en la materia .Tiempo que, de vez en cuando , yo aprovechaba para quedarme solo en el apartamento y poner alguna de aquellas películas porno que siempre andaban en cualquiera de las gavetas y mientras él estudiaba su materia yo me hacia una buena paja, o simplemente, lo esperaba bien caliente para descargar toda mi potencia y energía en una de las tantas cogidas de culo, que ya se habían vuelto habituales.

    Viendo aquellos videos instructivos y educacionales como bien anunciaban al principio, aprendí mucho en teoría y de paso alguna que otra vez, me metía el dedo para variar, cosa que, desde que la descubrí, me daba aún más placer cuando me pajeaba. Esto último no se lo comenté nunca a mi amigo, la curiosidad dicen que mató al gato y yo aún no estaba preparado para morir de esa forma. De ese se podía esperar cualquier cosa.

    Siempre terminábamos igual, medios borrachos en su cama y él mamándome la pinga. Luego sentado encima de mi dándose placer, su posición favorita. Nos convertimos en una especie de amigos con beneficios, cada cual por su lado, cada uno con su chica y de vez en cuando la pasábamos bien.

    Así pasaban los días hasta un jueves, mientras «Bistec» entraba a cambiarse de camisa y salía diciéndome que se le había hecho tarde para ir a la escuela; Corrí a buscar el correo y cual no fuera mi alegría al ver una carta de Lisa, la novia aquella que me despidió con tanto amor, y con la que mantenía excelente comunicación; y a la que yo le había insinuado varias veces, que la iba a traer conmigo para jurarnos amor eterno en tierras de libertad.

    Luego de abrir su carta y regocijarme con el solo hecho de recibir otra de sus misivas, me quedé sin aliento al leer que me abandonaba por un alemán para poder salir de Cuba. Cosa que, según su puño y letra, sabía que yo entendería perfectamente. Mis piernas temblaron, mi cuerpo se estremeció y caí de espaldas en el sofá sin decir ni una palabra. Recordé los bellos momentos que siempre compartimos, la cena de despedida de su madre y su voz dulce y tierna que me decía: Yo te espero mi amor. Me sentí traicionado y frustrado, aunque admití que tarde o temprano, eso podría pasar. No era una simple novia, tampoco era una más del montón, aunque todavía era muy temprano para regalarle el anillo, solamente 3 meses de relación y ya yo sabía que era ella, en realidad nunca hablamos nada en concreto sobre boda, pero yo siempre le dije que lo de nosotros era algo serio, por lo menos esos eran mis verdaderos planes; así lo demostraban mis ahorros que pasaban los cuatro mil dólares para mandar a buscarla por un tercer país cuando completara la jugosa suma de siete mil. Sin embargo, me culpaba una y otra vez por no haberle dicho nunca nada y querer darle la sorpresa. Maldita sea, pensé, todas son iguales y estrujé la carta, no me arrepiento de haber jugado con todas. Salí disparado hacia la cocina mientras buscaba afanosamente mi medicina; Una botella de Bacardí nuevecita que devoré hasta casi el fondo.

    ¡Javi, Javi! oí una voz lejana, luego sentí algo frio en mi cara a lo que yo reaccionaba mientras veía el rostro burlón de Yovany que me preguntaba: ¿Que significa esta borrachera? El apartamento me dio vueltas por un segundo, intenté ponerme de pie y lo que hice fue perder el equilibrio e irme hacia adelante mientras mi amigo me sostenía por las axilas, ¿qué hora es? pregunté aturdido. Me sentí mareado y me toqué el pantalón que estaba todo empapado, ¡me oriné!, le dije con asombro y nuevamente me miró con cara de risa para agregar: eso es agua, porque por más que te llamaba tu no respondías. Lo abracé y le dije bien bajito: Te amo, me quiero casar contigo, e intenté besarlo. De su boca salió una escandalosa carcajada a lo que decía sin poder parar de reírse descontroladamente. ¡Estás loco, que clase de borrachera tienes! Vamos, párate que te vas a dar una ducha fría ahora mismo, me quitó los jeans que tenía puestos y me dejo en calzoncillos; metió su mano entre mis dos piernas y acarició mi bulto de abajo hacia arriba, entonces me dijo:

    Me parece que tengo el remedio perfecto para esa curda. Comencé a sobar mi pinga, que quedó medio parada a lo que yo le preguntaba: ¿vas a singar conmigo papi? se alejó sin hacerme el menor caso, aunque por la expresión de su cara parecía que ganas no le faltaban. ¡Esto es lo que te voy a dar! y me enseñó una bolsa de plástico con unos pedazos de hielo, entonces me tumbó en el sofá mientras me acariciaba los muslos, yo acomodé mis brazos detrás de la nuca esperando con mi borrachera, una buena mamada. En realidad, lo que sentí después, fue que me bajaba los calzoncillos y metía dicha bolsa justo debajo de mis huevos, calzándola con la tela nuevamente. Cuando me di cuenta, era muy tarde, porque ya me había hecho una de sus «llaves” en las que era todo un experto y me había inmovilizado. ¡Ahora me vas a contar a que carajo viene toda esta locura! Y no me hagas fuerza porque te juro que no voy a tener compasión, ¡así tenga que dormir cuidándote en el hospital esta noche!

    Le conté sobre la carta entre sollozos, mientras contenía el dolor en mis testículos y mientras mezclaba mis incoherentes frases con toda clase de insultos y maldiciones hacia mi ex novia y hacia todas las mujeres en general, para luego pedirle un beso y decirle más de una vez que él sí me quería, que era mi único y verdadero amigo, que él era el único que se ocupaba de mí y que todas las mujeres son iguales, que no quería ver a una mujer más nunca en mi vida y no sé cuántas otras frases que solo los borrachos inventan. Le tomó media hora para casi entender mi historia, la cual yo interrumpía constantemente con insultos hacia Lisa o con halagos hacia él, cuando se cansó de mi repertorio, decidió buscar la carta y leerla. ¡5 minutos más! me dijo señalando el hielo, para pararse e ir a la cocina con la carta en la mano. Yo gritaba: ¡no me dejes solo, tengo mareos!…, ¡cobarde! me gritó de lejos, ¡estate tranquilo! ¡nadie te manda…! y regresó al rato con un vaso lleno y me ordenó, tómatelo todo. Me senté para beber ansioso. En realidad el alcohol y la conversación me tenían muerto de sed, terminé el agua con azúcar que me había traído y le pregunté: ¿ya me puedo quitar esto? En realidad, no estaba bien, pero me dolían los testículos y ya me sentía mejor, aunque no me acordaba de casi nada de lo que habíamos hablado minutos antes.

    Vamos a la ducha, que hueles a cojón de oso, me dijo, mientras se quitó su camisa y rectificó, olemos. Después vomitar como hasta la bilis y unos 20 minutos de protesta continua, por el agua casi helada, con la que Yovany me obligó a bañarme, me dio dos nalgadas y me dijo: Creo que ya estas listo y me mandó fuera de la ducha, quedándose dentro para terminar y limpiar el desastre que dejamos. Me sentía casi nuevo, aunque mareado, me cepillé los dientes y devoré con ansia casi un galón de agua. ¿Ya estas mejor? preguntó mi amigo mientras pegaba todo su oloroso y fresco cuerpo por detrás del mío. Recosté mi cabeza hacia atrás, en su hombro con placer erótico y le dije: Quiero que me hagas tuyo esta noche. Besó mi boca, me miró asombrado y dijo… Todavía estás borracho; Tomé sus manos y las coloqué en mis nalgas mientras me viraba de frente entonces le rocé los testículos con la punta de mi erección. No estas tan borracho… se contradijo y mordió delicadamente mi labio inferior. ¿Tu estas seguro de lo que me estás pidiendo? me susurró al oído mientras metía su lengua hasta lo último del mismo. Le respondí con un beso largo y placentero, metiendo mi lengua bien atrás y sin querer soltar sus labios. Lo tomé por la cintura y lo encaramé en la meseta de la cocina, abrí sus piernas y lamí sus pequeños y recogidos testículos, chupándolos como caramelo y metiéndomelos cuidadosamente en la boca de vez en cuando ,luego seguí, jugando con su rosado glande, haciendo placenteros círculos en el mismo, a lo que él respondió con gemidos de placer y levantando sus piernas en el aire, y así chupé por un buen rato todo lo que tenía delante .Vamos a la cama ,me pidió con ternura bajando de su posición; Mientras me pasaba todo su sexo desde mi pecho hasta mi erecta pinga.

    Ya en la cama, el frescor de la ducha y el aire acondicionado me hicieron sentirme entre nubes mientras me tumbaba entre las sabanas limpias, me acomodé sabrosamente poniendo las manos bajo mi nuca nuevamente. Minutos después apareció él con un pequeño pote y me dijo: Esto nos va a hacer falta después. Se abalanzó sobre mí y me pasó su dedo índice suavemente entre mis dos testículos mientras yo me estremecía de placer. Tomó mi pinga entre sus manos y también la acarició con movimientos ligeros de abajo hacia arriba y viceversa. Tienes que relajarte, me comentó, estas muy tenso. Lamió mi prepucio medio mojado y tragó con placer lo que provenía de él; Absorbió mi pinga hasta que sentí como su garganta masajeaba mi glande con maestría. Luego levantó mis piernas y pasó su lengua por mi orificio con lo que me estremecí sin poder controlarme. ¿Te gusta verdad? Oí que me decía, mientras yo seguía en mi posición inicial y él, levantaba del todo mis extremidades inferiores; Dejándome ver casi en frente de mis narices, mi propia erección. Volvió a pasar su lengua una y otra vez para hacerme sentir la sensación y el placer sexual más sabroso que hasta ese momento, hubiese sentido en mi vida.

    Cada minuto que pasaba, una nueva sensación que sentía, mientras él seguía abriendo con sus dos manos mis redondeadas y musculosas nalgas y metía su lengua una y otra vez sin cesar. Mis músculos se relajaron por completo al tiempo que yo casi lloraba de placer con aquella experta boca, que no cesaba de chupar una y otra vez mi culo, que no tardó en dilatarse. No sé realmente de donde saqué el valor aquella noche para apartar su boca y comenzar a introducirme mis dedos en aquel dilatado hoyo ante los estupefactos ojos de Yovany que me decía: Así machito ábretelo bien, métete dos ahora, así…, rico papi. Puso su precioso miembro delante de mi boca para luego subirse encima de mí y quedar en un auténtico 69 debido al tamaño de ambos, ahí siguió comiéndose mi culo por largo rato luego extendió su mano y me ofreció el pote.

    Lubriqué su pinga y luego mi culo, jugué con mi orificio un rato más hasta que me dijo: ¡Aguanta como un hombre coño! y puso su punta muy delicadamente en mi entrada. Ahí estuvo buen tiempo, acomodando mi hueco a su talla, hasta que me dijo: Si quieres paramos. No, le dije y empujé hasta sentir un tremendo dolor. Hizo un gesto para sacarla hasta que advertí que eso dolía y ardía aún más. Déjala adentro, relájate, repitió él insistente, así duele menos y me advirtió si cooperas vas a aprender a sentir placer con el dolor, ah y trata de mantener la erección todo el tiempo.

    Así fue como con paciencia, caricias y besos me deje penetrar del todo para luego continuar la faena por largo rato, mientras disfrutábamos placenteramente jugando con nuestros cuerpos; Yovany disfrutaba mi primera vez con un morbo incalculable, se le veía en su cara que disfrutaba los gestos de dolor y placer en mi rostro, sus ojos se iluminaban de una forma extraña cada vez que metía y sacaba su miembro en mi dilatado hueco.

    Es indescriptible todo lo que se siente cuando te entregas sin inhibiciones y cuando tienes una persona que sabe lo que hace. Aquella lujuria duró lo suficiente como para explotar en un manantial de leche como dos verdaderos sementales, mientras yo me quedaba sin habla luego de tamaña aventura.

    ¿Qué te provocó hacer esto? preguntó mi amigo mientras jadeaba del cansancio y jugaba con los pelos de mi pecho. No sé respondí, creo que fue el alcohol de nuevo o la estúpida carta y agregué: Te diste tremendo banquete. Yo sabía que tu caías como la otra vez, el alcohol es el mejor amigo del hombre… cuando quieres llevar a otro hombre a la cama y rio con cara de satisfacción.

    -Te volviste a salir con la tuya ahora puedes decir que le partiste el culo o a tu mejor amigo.

    -Lo voy a publicar en el Miami Herald.

    Dijo esto burlonamente mientras yo me le subía encima e intentaba estrangularlo en tono de broma.

    -No me tientes, que todavía me quedan fuerzas para echar una luchita.

    -Que va, si estoy muerto, y me duele mucho.

    -Eso siempre pasa la primera vez, vamos, levántate que lo bueno viene ahora, y no te asustes si ves sangre.

    No podía casi ni caminar, el encuentro había sido tan fuerte que me temblaban las piernas y me dolía todo el cuerpo.

    – ¡Acabaste conmigo!

    -Eso es para que veas como me siento yo después que tú me coges el culo.

    Tu esta entrenada princesa, le dije en tono de burla y recibí un almohadazo por mi atrevimiento. Ahora la princesa eres tú; La princesa del culo o roto ja,ja,ja. Si me vas “a matar como un perro” (Referencia a mi historia IV Amigos Calientes) no me importa, ¡me voy con la satisfacción de que fui yo quien te partió el culo! y siguió riendo; Nos fuimos a la ducha, ya eran pasadas las 5 de la mañana. Con tremendo trabajo me lavé, como pude, porque el ardor y el dolor eran bien molestos. Traté de sentarme en la cama y tampoco pude, ya los primeros rayos de sol aparecían en el horizonte, por fin me acosté a su lado.

    -Creo que hoy no vamos a trabajar.

    -Estoy de acuerdo me duele la cabeza, el culo, las piernas, la espalda…

    ¡Hay ya no te quejes mas que no fue para tanto! interrumpió él. Yo me encargo de llamar a Eduardo con una mentira piadosa respondió.

    -¿Que se te ocurre?

    Si nos ven en este estado, sobre todo a ti…, ah ya entiendo, lo interrumpí, le decimos que fuimos a una discoteca.

    -Y cuando te vean caminando así, vas a decir que tienes hemorroides repentinas no seas bobo chico, el jefe es más listo que eso. Tenemos que decir que se nos rompió el carro mira perdona que te pregunte, pero ¿cuánto tenías ahorrado para tu asunto?

    -Cuatro mil quinientos y algo.

    Con eso te puedes comprar un buen carrito el fin de semana, digo si no tienes más planes con ese dinero, además el carro te hace falta. Así vamos el lunes descansados y en carro nuevo; Nadie va a sospechar. A mí no me molesta que andemos juntos en el mismo carro, al contrario, tú sabes que me gusta andar contigo; Pero tu piénsalo porque creo que ya es hora.

    Bueno…, en realidad no esta mala la idea, le comenté. Me levanté a orinar y advertí que el reloj del pasillo daba las 6:15, retorné y le dije. ¿Bueno, vas a llamar al boss o qué? Es muy temprano para llamar por teléfono; Quisiera saber algo: ¿Javier, tú me quieres? Y entonces puso cara de gatico triste. Suspiré profundamente y le dije: ¿a qué viene eso ahora? además, después de lo que acabo de hacer contigo, creo que te he demostrado bastante. Un hombre no le entrega la virginidad a otro hombre así por deporte.

    Eso no cuenta, estabas borracho y despechado, me dijo. ¿Lo volverías a hacer?

    Aun así, creo que cualquier otro hombre lo hubiera pensado bien antes de dejarse partir el culo, ¿no crees? Mira, si quieres hablar de eso, mejor espera a levantarnos porque me duele la cabeza. Se levantó, y de inmediato y regresó con dos pastillas, un vaso de agua y un Alka- Seltzer. Se paró enfrente de mi con las piernas abiertas y esa pose masculina que lo caracterizaba. Toma, me dijo después de todo, no es tu culpa. Me imagino como te debes haber sentido con lo de la carta. Hablemos luego, repetí, y me quedé rendido mientras él trasteaba en la cocina.

    Me desperté sediento y aun medio mareado. Me dolía aun la cabeza y sentía un poco de frio. A mi lado, yacía entre brazos de Morfeo, el ángel carnal al que había entregado mi virginidad la noche anterior. Estaba completamente desnudo y brindaba a la luz su imberbe espalda terminada en unos magníficos y bien moldeados glúteos. Su pose erótica, me toco el sentido que todos los hombres tenemos y donde guardamos nuestras fantasías, vivencias y emociones sexuales. Sentí un cosquilleo delicioso por todo el cuerpo y como dicen por ahí hasta mariposas en el estómago y tremendos deseos de tocarlo, besarlo, acariciarlo. Mis pensamientos recorrieron una vez más, todo lo que pude recordar, de aquella noche de placer; Que yo nunca esperé que fuera haber sido una de las mejores noches de mi vida. Cada momento que compartía con él, daba un paso más hacia lo que nunca me había causado repulsión, pero tampoco atracción. Entonces me di cuenta que ya no había vuelta atrás y lo mejor es que no me arrepiento de nada.

    Sigue mis historias aquí.

    Gracias por leerme.

    Siempre tuyo ThWarlock.

  • ¿Infidelidad?

    ¿Infidelidad?

    Aunque ya vivían juntos en tu casa, él aún conservaba su departamento como estudio en el cual se refugiaba cuando requería tiempo y silencio para escribir o analizar profundamente algún tema. Era impensable mudar su biblioteca y demás mobiliario hacia tu casa pues no cabrían. Seguramente al siguiente año, cuando aceptaras la propuesta de matrimonio que te hizo, buscarían una casa amplia donde todos tuvieran un espacio propio; sus ingresos se lo permitían fácilmente.

    Esa tarde, se despidió sin darse tiempo para hacerte el amor, y fue a encerrarse con sus notas y libros. Había prometido escribir un ensayo para una publicación periódica que frecuentemente recurría a él por ser capaz de satisfacer con mucha calidad las solicitudes urgentes y encasilladas a algún tema específico; esa capacidad, que debía hacer sentir orgullo a cualquier escritor, le disgustaba por la tensión que generaba, pero pagaban bien y puntualmente. Había pasado la noche anterior leyendo los papers que consiguió en las bibliotecas de algunos institutos de investigación sobre el tema que debía comentar, y se metió a la cama en la madrugada. En la mañana lo dejaste dormir, despertándolo cuando ya salías al trabajo.

    Tampoco te agradaban sus ausencias, por muy justificadas que pudieran estar, rompían el ritmo de amor al que te había acostumbrado. Seguramente no se trataba de un superhombre, pero gozabas su cuerpo tres veces al día. Sin embargo, cuando se concentraba en los libros sufrías su olvido. Algunas noches, cuando leía en el escritorio de tu casa, lo interrumpías desnudándolo y recorriendo su cuerpo con las manos, que pronto dejaban el lugar en el bajo vientre a los mimos de tu lengua; después, con tu mano lo tomabas del pene erecto para conducirlo a tu cama. Por ello decías, que se aislaba en su estudio, “donde esta vieja caliente no se lo pueda llevar a la cama”, más que para buscar el silencio, cuando tenía un compromiso que le obligaba a trabajar.

    Esa noche dormiste incómoda, ya había pasado un día sin que tus entrañas sintieran el calor húmedo que te daba haciéndote explotar en múltiples orgasmos, antes de que, sollozante de felicidad, durmieras en sus brazos. Al sonar el despertador muy de mañana y no sentir su cuerpo sobre ti, —como acostumbraba hacer para apagarlo, y, ya encima, te penetraba antes de levantarse sudoroso para meterse a la ducha donde lo alcanzabas—, te levantaste más temprano. Fuiste puntual al dejar a los niños en su escuela, y al trabajo llegaste antes que los demás. Al terminar tu corta jornada laboral, te desplazaste hacia tu escuela, para asistir a dos clases. Antes de retirarte, pasaste a la biblioteca por un par de libros que necesitabas, fue inútil, todos los ejemplares estaban prestados. Fuiste al cubículo de uno de los profesores para pedírselos.

    El maestro te recibió cordialmente y con varios piropos; no era gratuito, estaba enamorado de ti y ya te lo había dicho. Cuando él solicitó que fueran novios, habías sido algo cruel en tu respuesta, la cual resaltaba los cuatro años más de edad que tenías, “No estoy para tener novio de ‘manita sudada’, eso ya pasó para mí”, contestaste dejándolo perplejo; pero insistió en que su proposición era real, que deseaba tratarte con mayor formalidad. “Está bien, qué te parece si en el próximo periodo vacacional salimos juntos, aunque te advierto que podría ser con mis hijos, en caso de que no se fueran con su papá, así tendrías oportunidad de conocer la verdadera formalidad”, prometiste retadoramente. Él aceptó, y sus planes incluyeron la visita a su tierra natal para que conocieras a sus padres. Así, quedó establecido que viajarían a Oaxaca. Al principio te pareció que tu broma podría llegar muy lejos, no deseabas tener relaciones formales con nadie; sin embargo, Fernando se veía con buenas intenciones. Todo parecía ir bien, aunque tus actividades sólo les permitieron algún paseo dominical con los niños, ambos esperarían las vacaciones de primavera, para tratarse como él quería, pero pronto apareció en tu vida el hombre con quien ahora compartías la vida familiar. El destino quiso que fuera éste y no Fernando con quien disfrutaras las vacaciones. No obstante, jamás hubo un reclamo al incumplimiento de tu promesa y, aunque de trato esporádico, continuó la amistad.

    —Necesito que me prestes unos libros, el lunes tengo examen —precisaste extendiéndole la hoja donde estaban anotados los títulos.

    —No los tengo aquí, están en mi casa. Como siempre, estudian en el último minuto —contestó después de leer la hoja.

    —¿Qué esperabas, una rata de biblioteca? ¿A qué hora sales?

    —Ya acabé de dar clase, si quieres vamos por ellos.

    Asientes y él recoge las cosas que habrá de llevarse, cierra con llave el escritorio, el estante y los libreros. Salen rumbo al estacionamiento donde está tu auto, sabes que él viaja en camión.

    —Te va a convenir, pues vas a llevar chofer exclusiva —dices cuando abres la puerta del lado izquierdo, mientras él espera del lado contrario.

    Al meterte al automóvil, se sube tu falda y el aprecia una porción generosa de tus muslos tras el vidrio, no la bajas y te inclinas para quitar el seguro de la puerta donde él entrará. Mientras sube, baja el vidrio para disminuir el bochorno del calor que se ha encerrado en el carro. Tienes que flexionarte para pasar atrás tu bolsa y los cuadernos, entre los asientos, y la falda deja ver mejor tus piernas. Una vez puestas las cosas atrás, tienes que erguirte para acomodar tus ropas, pero en la maniobra necesariamente se sube aún más la falda dejando ver incluso una pequeña parte de tu triángulo, cubierto con la pantaleta blanca. Fernando no deja de mirar tus piernas.

    —¿Ya? —pregunta cuando logras acomodarte.

    —Ya, ¡se acabó el cinito! ¿Querías ver más, pinche Fernando? —le preguntas con fingida molestia y le lanzas una sonrisa.

    —Sí, pero me conformo con eso —afirma sonriendo.

    —¡Uy, qué barato me va a salir el “préstamo interbibliotecario”!

    —No, lo que pasa es que prefiero que manejes bien, llegando a la casa te cobro… —contesta en el mismo tono con que lo bromeaste.

    Durante el camino te dirige para que tomes las vías adecuadas, hasta que llegan a su casa.

    —¿Quieres tomar algo? —pregunta una vez que están adentro, y le pides un refresco.

    El departamento es pequeño, hay libros en los dos cuartos; los que necesitas están en uno de los libreros de la recámara, adonde te pasa. Te señala el librero y va hacia la cocina. Al regresar trae dos vasos con refresco de cola, te encuentra semiacostada, recargada en un codo viendo unos libros, tu falda se ha vuelto a subir. Te incorporas para tomar el vaso con una mano y con la otra bajas tu falda. Platican sobre algunos de los libros que pusiste en la cama. Él ha arrimado un banco para quedar frente a los tomos que reposan sobre el colchón.

    —¿Cómo te va con tu pareja? —pregunta cambiando por completo el rumbo de la plática.

    —¡Muy bien!, me tiene bien atendida.

    —¡Ah!, ¿tendida?

    —También, cada vez que me ve.

    —Y pensar que no nos fuimos a Oaxaca como lo planeamos porque él, saliendo quién sabe de dónde, se interpuso entre los dos.

    —Bájale, no te pongas trágico. ¿No te fuiste de vacaciones a Oaxaca?

    —Sí, pero solo…

    —Hubieras invitado a otra…

    —No. Era contigo con quien yo quería salir.

    —¿Para qué?

    —¿Para qué crees? —te preguntó acariciándote la pierna.

    —¡Quieto! —le dijiste dándole un manazo.

    —¡Ay!

    —¿Crees que por prestarme unos libros ya vas a poder hacer lo que quieras?

    —No es por los libros, es porque te quiero, porque me gustas y verte en mi cama, donde muchas veces soñé tenerte, me pone muy cachondo.

    —¡Pues no!… al menos que te cueste un poco de trabajo —dices al haberse despertado tu libido por la caricia de su mano, pues te hizo desear lo que no habías tenido en más de 40 horas.

    —Bueno, estoy dispuesto a que me cueste, ¿cómo le hago? —pregunta, intuyendo que tu propuesta va en serio.

    —Averígualo —dices al poner tu vaso en el buró.

    Te inclinas para seguir viendo los libros y tu falda asciende. Cruzas la pierna y queda al descubierto la parte de la pantaleta que te cubre la nalga. Él se excita mucho y no puede evitar tocarse el pene sobre la ropa, pues se le ha parado bastante. De reojo miras cómo se acaricia con discreción y tú también te excitas. Volteas sonriendo a mirar cómo presiona con su mano el bulto que sigue creciendo.

    —¡Hay güey! Ya déjate de sobar que me calientas.

    —¿No que te tienen bien atendida?

    —Sí, pero desde ayer me dejó sin pan, siendo que me acostumbró a comer tres veces al día —dices pensando en que un “acostón” no debe ser malo—. Te voy a dar chance, pinche Fernando, pero primero me satisfaces, porque si te vienes antes, me cae que te capo…

    —Te cumplo con todo gusto —dice abalanzándose sobre ti para besarte.

    Él queda encima, se besan y acarician. Haz abierto las piernas para sentir mejor su erección en el movimiento de sube y baja que hace sobre tu pubis.

    —¡Encuérate, cabrón! —le ordenas eufórica y se levanta para desvestirse presto. Tú sólo te has podido quitar el chaleco de seda y los zapatos cuando él ya está completamente desnudo. Te ayuda a despojarte rápidamente de la ropa y se incrementa tu humedad al mirar cómo se balancea su miembro por los movimientos rápidos que hace. Te quitas los calzones mientras él baja el cierre de tu vestido, quedas solamente con sostén y así te acuesta. Tomas su pene para dirigirlo hacia tu vagina y entra de sopetón pues ya estás muy mojada. Se mueven y viene, casi de inmediato, tu primer orgasmo. “¡No fue en Oaxaca, pero ya me cogiste, cabrón. Ya se te hizo!”, le gritas mientras te vienes. Fernando hace esfuerzos sobrehumanos para no eyacular, pues mira con deleite y suma excitación las muecas que delatan el furor en tu rostro. Sin soltarse, se voltean para que tú quedes encima. Te sigues moviendo desaforadamente, voltea hacia el espejo vertical de cuerpo completo que tiene en la pared y aprecia el oleaje de tus amplias nalgas, sólo se ve esa parte, pero la visión es soberbia. Tienes un par de orgasmos más y quedas exhausta. Reposas sobre él. Su miembro sigue enhiesto, pero respeta tu paz, limitándose a acariciarte las nalgas. Sube las manos y desabrocha el sostén, te levantas un poco para que pueda quitártelo por completo; vuelves a descansar sobre él.

    —Así está mejor, —dice cuando siente tus pezones en su pecho.

    —¡Ay, ya me hacía falta! —exclamas. Te remueves un poco más, regodeándote con lo que sientes en tu interior. Le presionas varias veces con tu vagina mientras lo besas, antes de consentir que concluya:— ¡Ahora sí!, puedes venirte.

    Te baja hacia el colchón, lame tu pecho, pone una almohada bajo de ti, la cual recibe parte del abundante flujo que había escurrido en tu entrepierna. Se acomoda para subir tus pies a los hombros y te penetra lentamente. “¿Armas al hombro?”, preguntas. “Pero qué hermosas armas”, contesta besando tus piernas. Te acaricia las tetas antes de pasar las manos bajo tus brazos para tomarte de los hombros. Su movimiento se acelera, soportas la incomodidad de estar muy doblada hasta que eyacula. Cierra los ojos, le prietas el miembro con tu vagina y crees sentir otro chorro más cuando gime. Sudoroso, baja lentamente tus piernas y, sin salirse de ti, quita la almohada para recargar todo su peso un momento sobre el tuyo. Cierras las piernas y le aprisionas los testículos; él sonríe por tu maldad. Aprietas más y hace una mueca de dolor.

    Al rato reposan boca arriba, él tiene su mano sobre el vello de tu pubis y con el dedo cordial acaricia tu clítoris.

    —Si ya no vas a poder otra vez, mejor no me calientes… —le dices tomando su pene cubierto con algunas escamas que los líquidos dejaron al secarse; está flácido y lo sueltas despectivamente al terminar de hablar.

    —Sí puedo, pero dame una hora para reponerme.

    —¡Sácate, qué una hora ni qué nada! Tengo que ir a darles de comer a mis nenes —concluyes, levantándote para vestirte.

    Fernando se convence de que ya no podrá hacer más, aunque sabe que el transporte escolar recoge a tus hijos y que en la casa la muchacha que te ayuda los recibe y les da de comer. No objeta nada y también se viste. Vuelve a reclamarte que no hayas salido con él en las vacaciones de primavera.

    —Me la pasé mejor con mi amor —le retobas lanzándole la camisa que recogiste al otro lado de la cama—, y después de esto, aunque no estuvo mal, creo que fue buena la elección.

    —Entonces, si lo quieres, ¿por qué cogiste conmigo?

    —Porque que estaba caliente, llevaba casi dos días de que él no me cogía. Me ha acostumbrado a hacer el amor tres veces al día. Antes ni necesitaba esto, podían pasar meses sin que me inquietara, pero él me hizo descubrir que soy muy caliente.

    —Te creo, confieso que desde que andas con él te ves más antojable. Y conste que no soy el único que lo dice, Alejandro también se quedó con las ganas…

    —¡No me vayas a hacer publicidad, cabrón! Sé que a ti te la debía y ya que estaba aquí, y caliente, pues me compadecí… —le aclaras sonriendo—. A decir verdad, si no lo hubiera puesto su dios en mi camino, hubiera caído contigo, o tal vez con Alejandro… ¡Además Alejandro ya tiene a su güera!

    —Que se parece mucho a ti, hasta parecen gemelas, aunque se nota una gran diferencia.

    —¡Qué se va a parecer a mí! Ya quisiera Alejandro algo así.

    —La verdad tú te ves mejor y estás más rica.

    —¿Ya te la cogiste?

    —No. Solamente digo que se parecen, ella no se me antoja, pero tú me vuelves loco con sólo verte, más cuando estás cerca y siento tu olor a mujer…

    —Loco sí estás, pero no es por mi culpa.

    —¿Qué te habrá dado tu galán? Desde que andas con él te ves más hermosa, más alegre y jovial… Para decirlo en dos palabras: más hembra.

    —Me da lo mismo que me diste ahorita, pero mucho mejor…

    —No lo dudo. Se ve que se aman mucho, aunque me duela.

    —Pues vieras que no duele nada, al contrario…

    Siguieron intercambiando bromas y veras en el corto tiempo que se vistieron. Al terminar de abrocharte los zapatos te levantaste para retirarte.

    —Adiós y gracias —le dijiste después de abrir la puerta de tu auto, mostrando los libros que te prestó.

    —Gracias a ti, por traerme, por la venida.

    —Pinche Fer… ¡Alburero! —le gritas al tiempo de arrancar tu vehículo.

    Al llegar a tu casa, tu pareja está revisando su correo electrónico para ver si ya había confirmación del artículo que envió en la madrugada. Lo besas en la mejilla y, antes de que se levante para abrazarte, le pides que te espere. Saludas a los niños, quienes ya están haciendo la tarea, y de inmediato te metes al cuarto de baño. Después de usar el bidet, piensas mejor las cosas y decides darte también un regaderazo. Él termina su sesión en Internet, satisfecho por la confirmación, pues el artículo, en la primera lectura, había sido aprobado por el editor. Apaga la computadora y va a la recámara. Cierra con seguro la puerta para que tus hijos no importunen y al empezar a desnudarse escucha el chapaleo del agua, lo cual le extraña. Obviamente hay algo raro, pero como te notó acalorada al llegar no sigue preguntándose qué pasaba. Desnudo te espera en la cama. Cuando sales, envuelta en una toalla, pregunta el porqué de que te hubieras dado una ducha a esa hora. “Es que en la mañana me levanté tarde y no pude bañarme. Ya mero me cerraban la escuela de los nenes, llegué barriéndome al home”, le mientes. Te quita la toalla, se hinca para besar y lamer tu vulva, pero le disgusta el excesivo olor del jabón —te habías lavado muy bien para evitar cualquier delación—, vuelve a ponerse de pie para besarte y recibes una sesión más de amor, todo lo que él había acumulado después de un día de no verte…

    En la noche, después de enviar un correo electrónico donde aprobaba las escasas e intrascendentes modificaciones que le hicieron a su escrito, deja la computadora para ir a la cama, te encuentra con la piyama puesta, con un libro cerrado entre las manos y muy pensativa.

    —¿Qué pasa, mi amor? ¿Hay algo que no entiendas de ese libro? —te pregunta tomándolo para leer el título: “Naive set theory” — Éste lo llevé en primer semestre, ¿Acaso lo ven en quinto o sexto ustedes?

    —No. Estaba consultando el “axioma de elección”. En mi escuela lo llevamos en tercero.

    —¿Y qué pensabas?

    —Nada qué ver con lo del libro. Ayer pasaron varias cosas en la terapia de grupo. La sesión, en un momento se desvió hacia las fantasías y empezaron a preguntar si alguien había fantaseado con hacer el amor con alguno de los del grupo —explicas.

    —¿Y qué pasó?

    —Somos cuatro mujeres y tres hombres, además de la terapeuta que no está mal, y todos los hombres habían deseado hacer el amor conmigo. Sólo uno dijo que también con la terapeuta.

    —¿Cómo son las mujeres? —pregunta creyendo saber dónde está la respuesta.

    —Normales, ninguna es mayor que alguno de los hombres y hay dos que son muy bonitas.

    —¿Y la tercera?

    —La tercera soy yo —replicas mirándolo fijamente y liberas una sonrisa coqueta.

    —¡La más hermosa, seguramente! —dice antes de relamer tu sonrisa.

    —Gracias, amor, pero es cierto que ellas sí son bonitas y jóvenes —aclaraste—. ¿Por qué tendrán deseos de cogerme a mí y no a ellas?

    —Yo te veo hermosa, pero hay algo más atractivo: resultas antojable a cualquiera… se te nota lo puta… —te dice encimando su cuerpo para darte un beso que correspondes metiendo tu lengua en su boca, pero resuena en tu mente esa expresión que oyes por segunda vez en el día: “eres antojable”.

    —Yo no veo dónde está el problema. A propósito, ¿tú qué dijiste sobre tus fantasías? —pregunta cuando le liberas los labios.

    —Que no había tenido, aunque aclaré que antes de conocerte sí soñé que hacía el amor con uno de ellos, y que al despertar me acaricié lujuriosamente el sexo recordando el sueño, pero que ahora ya no he tenido algo parecido.

    —Así, de repente, ¿ya no te resulta atractivo tu compañero de terapia?

    —No, él no y solamente fue en ese sueño. Pero después aclararon que las fantasías las tenemos todos, y que es común detenerse allí; incluso si se avanza más, debe distinguirse que una cosa es una relación afectiva o sentimental con alguien y otra distinta es el “acostón”.

    —¡Y tú qué piensas?

    —Yo estoy segura de que eso es cierto. El “acostón” lo tienes porque estás caliente y no pasa de ahí.

    —¿Será? —pregunta. Su mirada penetra en la tuya de manera enigmática y sientes que ha descubierto tu desliz, después cierra los ojos y su lengua entra en tu boca…