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  • La nueva profesora de inglés (3): La putica del Director

    La nueva profesora de inglés (3): La putica del Director

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    El domingo Sandra se despertó acelerada, estaba nerviosa, ansiosa, al siguiente día comenzaba su trabajo en el jardín de infancia “mi tesoro” y sabía que el viejo Ernesto iba querer aprovechar cualquier oportunidad para volver a enredarla y no sabía hasta donde podía resistir.

    Ernesto, su esposo, salió en la tarde a jugar un rato fútbol con compañeros de la Universidad, algo que hacia generalmente una vez al mes para ejercitarse.

    Sandra pensó que si tenía una tarde y noche de pasión y desenfreno con su esposo seguramente iba a estar relajada al siguiente día y no permitiría abusos del viejo Ernesto Barceló, el director y dueño del jardín de infancia.

    Solo pensar en el viejo le producía calor a Sandra, no sabía porque ese viejo lograba alterarla de tal manera, ya la había manoseado y el primer día que lo vio, y la siguiente vez no sabe como pero termino chupándole un dedo índice y solo no llego a más porque el viejo se detuvo.

    Por un momento viéndose desnuda frente al espejo pudo apreciar sus senos firmes, levantados desafiantes de la gravedad, una cintura pequeña y luego unas bien proporcionadas caderas que permitían adivinar el trasero duro y respingón. Sin duda alguna era su punto fuerte, de lo que se sentía más orgullosa y lo que su esposo más admiraba y deseaba de ella, su culo.

    En varias ocasiones su esposo quiso hacer el sexo anal pero Sandra nunca pudo sentirse cómoda y lo dejaban para la siguiente vez, lo fueron dejando pasar y nunca lo hicieron en el tiempo que tenían juntos.

    Ya eran las seis de la tarde, la mujer pensó que su esposo estaría por llegar, se colocó un conjunto de ropa íntima que no usaba desde hace un tiempo, era una panti tipo hilo, muy pequeño, apenas lograba cubrir sus labios vaginales y atrás formaba una T que se le perdía entre las nalgas de una forma que se hacía invisible entre las carnes. El juego era un sujetador push up que levantaba aún más sus ya firmes senos.

    Sandra se vio al espejo y se sentía orgullosa de la mujer que era, el hilo lo sentía más clavado de lo que recordaba, tal vez su cuerpo en especial su trasero había crecido un poco consecuencia de la época del gym. Se colocó una bata que apenas le tapaba las nalgas y se decidió esperar a su esposo lo más sumisa posible.

    Las horas pasaban y su esposo no llegaba, Sandra se rindió y se quedó dormida alrededor de las once de la noche. Pasada la una de la madrugada llego su esposo algo mareado, consecuencia a unas polarcitas que había estado compartiendo con los amigos recordando viejos tiempos. Sandra apenas noto que llego cuando sintió que se acostaba en la cama, su esposo se durmió rápidamente y la noche paso sin pena ni gloria.

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    En la mañana el despertador sonó y ninguno de los dos lo escucho, apenas se despertaron pasadas las 7 de la mañana, era tarde para la pareja, como pudieron se vistieron y se fueron ambos a sus trabajos, solo se despidieron con un dulce beso y quedaron en llamarse para almorzar juntos alrededor de las dos de la tarde.

    Sandra al entrar al jardín de infancia ya los niños y docentes estaban entrando en sus respectivas aulas, rápidamente se dirigió al aula del tercer nivel que era el curso que comenzaría con el nivel básico de inglés, allí compartiría el aula con la profesora Angely, una linda chica menor que ella, muy amable y atenta.

    A las diez de la mañana a la hora del receso conoció a las otras dos profesoras del primer y segundo nivel, eran dos bellas jóvenes también, a Sandra no le pareció extrañó que el viejo Ernesto solo contratara jóvenes guapas en su colegio. Cuando sonó el timbre para regresar a las aulas luego del receso Sandra noto que el viejo director se acercaba, le comento que la esperaba a la una de la tarde al terminar la jornada para firmar el contrato y le recordó que debía llegar puntual a la hora de la entrada.

    Cuando sonó el timbre de salida a la una de la tarde Sandra se despidió de la profesora Angely y se dirigió a la oficina del viejo Ernesto, la mujer iba caminando y maldiciendo haberse colocado ese hilo tan pequeño el día anterior, no le dio tiempo de bañarse ni cambiarse en la mañana y ahora sentía que el hilo la estaba violando. Trataba de caminar con cuidado pero al acercarse a la oficina su vagina comenzaba a reaccionar, parecía que tenía vida propia y sabía que iba al encuentro del viejo, sentía que se mojaba y se sintió acalorada poco a poco.

    Al llegar a la oficina el viejo la hizo pasar y le dijo que lo esperara que iba a revisar los salones para asegurarse que se hubieran ido todos. Sandra lo esperaba sentada frente al escritorio, cruzaba de un lado a otro las piernas y se movía en la silla, estaba intranquila, estaba ansiosa pero no sabía lo que quería o estaba tratando de no aceptar lo que quería y necesitaba.

    Sandra sintió que pasaba mucho tiempo y vio la hora, era la una y cuarto en su celular cuando escucho que se abría la puerta, rápidamente coloco el celular en el escritorio y se siento derecha mirando al frente, escuchó como la puerta se cerró y luego escucho el seguro de la puerta.

    Sandra estaba nerviosa, sus manos sudaban y sentía que se mojaba, sintió como el viejo se acercó y se detuvo justo detrás de su silla, y sintió un corrientazo que le llego a la vagina cuando el viejo coloco sus manos en ambos hombros.

    El viejo le sobaba los hombros y le decía que se veía muy guapa, que le encantaba lo que se había puesto. Sandra por el apuro de la mañana se colocó lo primero que vio, un pantalón blanco de tela fina que le dejaba apreciar su perfecto trasero, en juego con una blusa roja semi transparente y tacones rojos.

    Sandra solo se dejaba hacer, el viejo le masajeaba sus hombros y llega a su cuello sin ninguna oposición, ella cerraba los ojos y pensaba que eso no podía ser pero algo en ella le impedía ponerle fin a lo que iba a comenzar.

    El viejo al notar la pasividad de la nueva profe de inglés se atrevió a poco a poco pasar su mano a la parte de adelante del cuello y comenzar a bajar entre la blusa, la mujer sentía como la mano se deslizaba por su piel y se acercaba al borde de su brasier. La mano siguió su recorrido hasta llegar a atrapar con sus dedos el duro pezón derecho de Sandra que soltó un gemido cuando sintió que se lo presionaba.

    El viejo jugueteo unos segundos apretando y soltando el pezón, le agarraba la teta y la masajeaba, Sandra solo gemía con los ojos cerrados, el viejo se dio cuenta que era hora de seguir y pasando su otra mano por delante la coloco sobre los labios de Sandra.

    Nuevamente iba a meter sus dedos en la profundidad de su cavidad oral, aunque esta vez no hizo falta hacer presión, al Sandra sentir el mínimo roce de los dedos abrió rápidamente la boca dándole paso a los dedos índice y medio de la mano izquierda del viejo.

    En todo el rato que tenía en esas posturas no se había articulado palabra, sin embargo Sandra casi acaba cuando escucho la voz del viejo decirle:

    – así me gusta putica, chupa con esa boquita que tienes.

    Sandra chupaba los dedos como si de eso dependiera su vida, el viejo hábilmente seguía con su otra mano turnándose entre ambas tetas de la mujer, manoseándoselas a su antojo.

    Sandra en su trabajo de seguir chupando no noto cuando el viejo retiro su otra mano y se desabrocho el pantalón y lo dejo caer.

    El viejo pensó que era hora, lentamente fue haciendo girar la boca de la mujer hacia un lado y el dio un paso al costado de atrás de la silla, saco sus dedos de la boca y cuando Sandra abrió los ojos se encontró de frente con el bóxer del viejo y una tremenda erección. Solo la fina tela del boxeo servían de barrera para poder ver y sentir lo que quería.

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    El viejo se reía y se sentía en la gloria al ver como Sandra se dejaba hacer sumisa y sabía que ya no había vuelta atrás, de un solo tirón bajo su bóxer y la mujer se quedó impresionada, media unos cinco o seis centímetros más que el de su esposo y mucho más grueso, pero lo que más le impresionada era el olor, un olor único que nunca había sentido en su esposo, pensó que tal vez era el olor a macho.

    – Abre la boca putica y mámame el guebo, fueron las palabras del viejo Ernesto.

    Sandra sintió espasmos es su vagina al escucharlo, y al escuchar cómo se refería a su pene, en un lenguaje soez y vulgar pero que la hacían calentar. No tuvo que repetir la orden ya que enseguida Sandra se dio a la tarea de chupar, de mamar como si estuviera poseída.

    Cada tanto el viejo se lo sacaba de la boca y se lo pasaba por la cara, por la nariz, por las orejas, quería marcarla por todos lados y luego volvía y se lo metía en la boca donde ella lo recibía ansiosa y seguía dándole una manada frenética.

    – ¿Te gusta putica? ¿Te gusta chupármelo?

    – Me encanta papi, me encanta mamártelo

    Sandra se asombrada de las palabras que salían de su boca pero era lo que en el momento quería decir, era lo que su cuerpo quería gritar. Lo estuvo mamando por unos cinco minutos hasta que el viejo la hizo levantar, el mismo le bajo el pantalón dejando a la vista el minúsculo hilo que cargaba la mujer, se relamía los bigotes al ver el monumento de mujer que se iba a coger.

    El viejo no le quiso quitar el hilo y la mando a colocarse los tacones nuevamente, le quito la blusa y el sujetador y la mando a sentar en el escritorio. Poco a poco hizo espacio y la acostó sobre el escritorio quedando sus piernas en el aire colgando hacia el piso. Agarro ambas piernas y las levanto, se las dobló y las coloco en la orilla del escritorio donde quedaban perfectamente ancladas con los tacones.

    Seguidamente el viejo se sentó en la silla donde hasta hace un rato estaba sentada la mujer casada, se acomodó entre las piernas de ella, y hundió su cabeza en la vagina de ella, Sandra soltó un gemido seguido de un pequeño chillido cuando sintió que la lengua del viejo director la recorría de arriaba a abajo de sus labios vaginales.

    La mujer tenía muchas nuevas sensaciones, quería gritar, gemir, llorar, era tanto el placer que sentía que comenzó a mover sus caderas buscando aún más la lengua del viejo.

    – ¿Te gusta putica? Fue la pregunta del viejo.

    – Si me gusta papi, mi esposo no me hace casi nunca sexo oral.

    El viejo soltó una carcajada al escucharla y le dijo.

    – Yo no te estoy haciendo sexo oral, yo te estoy comiendo la cuca. Al escuchar la forma como hablaba el viejo más se calentaba la casada que sentía que estaba a punto de explorar.

    Los espasmos llegaban uno tras otros, sus músculos se tensaron y una descarga comenzó a sentir la profesora, el cuerpo le temblaba y comenzó a gritar sin pudor.

    – Si papi, cómeme la cuca, esa cuca es tuya.

    – ¿Me vas a dar cuca cada vez que yo quiera putica?, le pregunto el viejo.

    – Si papi esa cuca es tuya, hazme lo que quieras.

    La mujer apenas se recuperaba del tremendo orgasmo que había tenido cuando sintió que la lengua del viejo le rozaba el agujero anal, se asustó y trato de separarse pero sin saber cómo el viejo ya la tenía bien agarrada con sus brazos entre las piernas de la mujer.

    Le estuvo comiendo el culo un bien rato, ya la casada no se oponía sino más bien tenía sus manos sobre la cabeza del viejo.

    Justo en el momento en que el viejo se llevando de la silla, se terminó de quitar el pantalón y el bóxer y se disponía a penetrar a la hermosa mujer sonó el celular de Sandra.

    El viejo lo agarro rápidamente del escritorio donde un rato antes lo había dejado la mujer, vio que en la pantalla aparecía la palabras «Mi esposito» dio unas carcajadas y pulso la tecla de atender y le paso el teléfono a la mujer.

    La mujer no sabía que decir, comenzó a sentir como el viejo le pasaba el pene por toda cuca y se la llegaba hasta el culo, se sentía expuesta en esa posición y al otro lado del teléf. medio escuchaba a su esposo diciéndole que eran las dos de la tarde, que si la esperaba para comer juntos.

    – No me esperes que aun tardo fue lo único que dijo la mujer y dejó el teléfono nuevamente sobre el escritorio, Seguidamente vio fijamente al viejo y le dijo.

    – Hazme el amor papi, hazme lo que quieras pero házmelo ya.

    Sandra se impresionada de la forma como hablaba más aun cuando veía el aspecto del viejo, un hombre para nada agraciado físicamente sino todo lo contrario, flaco como un saco de huesos, un bigote que le tapaba casi toda la boca, pero que lo había sentido de forma deliciosa como la había hecho correr minutos antes mientras le mamaba la cuca.

    El viejo se reía y le dijo.

    – Yo no te voy a hacer el amor, a las perrita como tú no se les hace el amor, a las perritas se cogen duro y se dejan llenas de leche.

    Estas palabras casi hacen acabar nuevamente a la mujer que solo gemía y se mordía los labios cada vez que el viejo se divertía pasando el pene por toda si cuca.

    Cuando la mujer sintió presión del aparato del viejo tratando de entrar en su cuca soltó un chillido seguido de un grito de placer.

    – Siii grito la mujer cuando sentía que la llenaban toda, por primera vez se sentía tan llena y no quería que terminara nunca.

    – Toma perra, disfruta de tu macho.

    – Dame papi cógeme, dame dame.

    – Esto es lo que querías perra, pídeme más zorra, habla como me gusta.

    – Si papi cogerme duro, méteme todo tu guebo, párteme la cuca.

    La mujer no podía creer lo que decía pero tampoco podía dejar de hablar y pedir más, el mete y saca del viejo era tremendo, parecía que el escritorio se iba a desarmar.

    Cuando la mujer sitio que no podía más, sintió que se desmayaba de placer y se dejó llevar, enrosco sus piernas en la cintura del viejo e hizo presión como para no dejarlo ir. Sintió el orgasmo más grande en su vida y justo en ese momento el viejo comenzó a inundarla de su leche, el viejo bajo un poco el ritmo mientras las piernas de la mujer seguían apretándolo en la cintura.

    – ¿Creo que te gusto putica?

    – Me encanto papi, me matas de placer.

    – ¿Ósea que vas a seguir siento mi putica?

    – Soy la putica del director, fueron las palabras de la nueva profesora de inglés.

    – La próxima vez que entres por esa puerta te voy a reventar el culo, fue la sentencia del viejo.

    – Jajá, mañana a la misma hora nos vemos papi.

    Sandra y el viejo se vistieron y arreglaron, la mujer se sentía feliz, se sentía plena, hasta rejuvenecida, a pesar que el hombre que la había recién cogido podía ser del doble de su edad.

    Cuando la mujer se disponía a irse el viejo la jalo de un brazo y comenzó a besarle la boca, era la primera vez que se besaban, las lenguas jugueteaban y se entrelazaban, el beso fue largo y muy húmedo y en todo momento el viejo tenía a la mujer agarrada por ambas nalgas.

    Cando se separaron la mujer dio la espalda y se dirigía a la puerta moviendo el culo lo más que podía, antes de salir recordó el teléfono que había dejado sobre el escritorio, se regresó y lo agarro y en ese momento sintió que el techo se caía, sintió que el mundo comenzaba a dar vueltas, al fijarse en la pantalla del teléf. la frase “llamada en curso”…

    Continuará?

  • Buscaba un sugar daddy y encontré mucho más

    Buscaba un sugar daddy y encontré mucho más

    Tengo 22 años y como no tengo interés en sonar humilde, voy a admitir que estoy buenísima. Tengo un pelo rubio, lacio y largo que me llega a la mitad de la espalda. Me gusta llevarlo suelto, creo que es un gran arma de seducción. Mido 1,65, Tengo unas tetas grandes que me gusta llevar bien visibles, una cintura pequeña, abdomen marcado de gimnasio, piernas firmes y entrenadas, y un culazo espectacular. En cuanto a mi cara, tengo unos labios carnosos, una nariz pequeña y linda, y ojos grandes y verdes, enmarcados en unas pestañas naturalmente arqueadas.

    No me gusta la falsa modestia, así que prefiero hablar con sinceridad. Hombres y mujeres se voltean en la calle para mirarme pasar. Y yo, que soy consciente de mi gran atractivo, me paseo con altanería, mirando fijamente y provocativamente a quienes me contemplan con deseo.

    Podrán imaginarse que siempre me ha ido muy bien con los hombres, he tenido prácticamente a todos los que he querido. Sexualmente he hecho todo lo que quise, aunque no tuve tanto éxito en mis relaciones, ya sea por celos por parte de mi pareja, o por no querer dejar de coquetear con cualquiera que se me cruzara.

    A mi corta edad ya he experimentado en el plano sexual más que mucha gente madura, y he llegado a aburrirme un poco. Generalmente pongo altas expectativas a los encuentros y me voy decepcionada y nada satisfecha.

    Por otro lado, al terminar mis estudios secundarios, ingresé en la universidad para estudiar abogacía y comencé a trabajar en un estudio jurídico, donde mis atributos me han dado beneficios y también perjuicios, ya que en un ambiente tan machista se suele creer que si eres linda no puedes ser inteligente, y que necesariamente has alcanzado tus logros acostándote con algún superior. Y en lo profesional no había sido así. Soy una persona responsable y estudiosa, y me considero muy buena en mi trabajo.

    No ganaba mal en el estudio, pero el salario se me iba rápido entre el alquiler de mi hogar, los cursos pagos que realizaba, el gimnasio, el terapeuta, y alguna que otra cosa más. Había tantas cosas que no llegaba a hacer y tantos deseos que dejaba de lado por no tener el dinero, que mis amigas me recomendaron que me consiguiera un sugar daddy.

    Todo empezó como una broma, un chiste interno en el que ellas me decían que debería usar mis llamativos dotes para algo útil. De cualquier manera ya estaba aburrida de mi vida sexual habitual, siempre con hombres preciosos y jóvenes, fuertes, pero que al final ya no me daban nada novedoso.

    – Vas a hacer feliz a un pobre tipo que no va a poder creer que se come ese culo, y además vas a poder conseguir todas las cosas que querés. Todos ganan. – me dijo un día mi amiga

    Luego de que la idea rondara durante un tiempo en mi cabeza, me decidí. Pero ¿cómo hacía?, ¿dónde se encontraban? Yo sabía que lo único que debía hacer era encontrar el hombre adecuado, elegirlo, y seducirlo. Las chances de que me rechazaran eran realmente pocas, y más en un hombre de la edad de mi padre.

    Cuanto más pensaba en tener un sugar, más me calentaba la idea. Me entusiasmaba. Quería hacerlo. Ya no sólo por lo material que podría recibir, sino por la experiencia de que un señor me deseara, me desnudara, me disfrutara. Ya quería hacer gozar a mi sugar todavía inexistente.

    Un día mi jefe en el estudio jurídico me dio unas carpetas que debía llevarle a primera hora del día siguiente al juez de una causa en la que trabajábamos.

    – Esto llévaselo al Juez Torres mañana antes de venir a la oficina. Es importantísimo que se lo des personalmente. ¿Sabés dónde queda el juzgado? – dijo mi jefe

    – Claro, he ido varias veces. No te preocupes. Hasta mañana.

    Me fui a mi casa con las carpetas, y me quedé pensando en el juez. Lo había visto alguna vez que había llevado papeleo a su oficina, aunque nunca había hablado con él directamente. Comencé a pensar que quizás podría ser mi tan ansiado sugar daddy. Era un hombre respetado, con muchos años de experiencia, con poder, y obviamente con mucho dinero. Tenía entre 55 y 60 años, era una persona que iba siempre muy prolija. Tenía una seriedad intimidante, pero cierto atractivo. Quizás era la importancia de su persona lo que lo hacía atractivo.

    A la mañana siguiente, me vestí como usualmente me visto para ir a la oficina, pero procuré estar especialmente provocativa. Me puse una falda tubo negra, hasta por encima de las rodillas, que marcaba muy bien mi culo y mis caderas. En la parte superior una camisa blanca, con el primer botón abierto, para que dejara ver sutilmente mi imponente escote, y unos zapatos altos. Por debajo de la ropa llevaba un conjunto de encaje rojo. No sabía si iba a tener la oportunidad de dejárselo ver, pero siempre había que ir preparada.

    Tomé un taxi y fui al juzgado. El taxista no paraba de mirar mis tetas por el espejo retrovisor, y yo me acomodaba para que las pudiera observar bien. Me gustaba imaginarme la erección dentro de su ropa. Me cobró al llegar y dijo:

    – Son 157 pesos. Para vos son 150.

    Le pagué y me bajé mientras pensaba que mi vida era una constante cadena de sugar daddys dándome beneficios por haberlos dejado contemplarme. Qué vidas tristes tendrían en la intimidad.

    Entré al juzgado, mostré mi identificación y esperé a que me hicieran pasar.

    – Vengo a entregar unos papeles al Juez Torres – anuncié

    – Está ocupado. Podés dejárselos a su secretaria

    – Lo espero. Prefiero entregárselos en persona.

    – Bueno, te llamamos cuando esté libre.

    Me senté en un sillón y esperé allí, intercambiando miradas con cada persona que pasaba por delante. Ese era mi entretenimiento mientras esperaba. Un rato más tarde, una mujer muy amable me hizo pasar al despacho.

    – Buenos días, Sr. Juez. Mi nombre es Eva y trabajo en el estudio jurídico Peretti. Vengo a traerle unas carpetas del caso Polok. Disculpe que lo moleste pero me pidieron expresamente que se las entregara en mano.

    El hombre no se levantó del asiento y me miró de arriba a abajo cuando crucé la puerta.

    – Pasá, adelante. Y cerrá la puerta. – su voz detonaba seriedad y estrés.

    Me acerqué y le alcancé los papeles. Me quedé parada esperando mientras los hojeaba.

    – Falta un anexo de las pruebas acá. – dijo

    – No señor, está todo. Permiso… – dije y me acerqué a su mesa

    Me agaché levemente sobre el escritorio y comencé a buscar las hojas perdidas. Lo hice tomándome demasiado tiempo, ya que mis tetas habían quedado frente a él, asomándose por mi escote, y de reojo veía cómo las observaba. Se veía además el costado de mi ropa de encaje roja, y sabía que cuando me fuera se quedaría pensando en eso. Quizás hasta se masturbaría en su despacho. Eso me excitó.

    – Aquí están.

    Las miró y al ver que estaba todo bien, me dijo:

    – Todo perfecto, Eva. Muchas gracias por entregármelas en persona. – dijo y por primera vez, dejó ver una leve sonrisa.

    – No hay problema, buen día. – dije sonriendo seductora.

    Me dirigí lentamente a la puerta meneando mi culo frente a su cara. Sabía que me estaría mirando. Antes de que pudiera terminar de salir, me volvió a llamar, y yo sonreí por dentro.

    – Eva.

    – Sí, señor. – dije ingresando nuevamente al despacho

    – ¿Cuál es tu apellido? Veo que sos muy eficiente y no abundan los asistentes así en los estudios jurídicos.

    – Mi nombre es Eva Suarez. Y muchas gracias.

    Pensé por un segundo que debía aprovechar esa situación sin parecer desubicada. Me acerqué nuevamente a su escritorio y le pregunté:

    – ¿Tiene un papel donde pueda escribir?

    Me alcanzó un papel y una lapicera. Escribí mi número de teléfono, con mi nombre debajo.

    – Le dejo mi número personal por si alguna vez necesita resolver algo con urgencia. A veces los tiempos del estudio pueden extenderse. Prometo tratar de agilizar el trabajo.

    – Muchas gracias. Buen día. – dijo

    Yo me alejé y salí de la oficina. Me fui sintiéndome victoriosa. Ahora sólo quedaba esperar un mensaje suyo.

    Pasaron varios días y yo ya había dejado de tener presente al juez, había pasado a un segundo plano en mis pensamientos, ya que me encontraba estudiando y trabajando mucho.

    A la semana siguiente a nuestro encuentro, recibí una llamada al llegar a mi casa. Era un número desconocido, y en ningún momento se me cruzó la idea de que podría llegar a ser Torres.

    – ¿Hola? – dije

    – Hola, Eva. Soy el juez Torres, espero no estar molestando.

    – Ah, hola, señor. No me molesta, acabo de llegar a mi casa. Dígame en qué puedo serle de ayuda.

    – No necesito nada del estudio esta vez, pero me gustaría reunirme con vos para hacerte una propuesta.

    – Dígame día y horario y ahí estaré.

    – ¿Te parece esta noche en el bar del Hilton? ¿A las 8 de la noche?

    – Claro, nos veremos ahí.

    Eran las 6 de la tarde. Me entré a bañar, preparé mi pelo, me maquillé sutil pero linda, y elegí un vestido ajustado rojo muy sensual. El Hilton era bastante lujoso y era mi excusa para ir vestida de esa forma.

    A las 8 en punto ingresé y la recepcionista me preguntó por mi reservación. Me quedé muda un segundo, pero por suerte Torres levantó su mano desde una mesa y le hizo un gesto a la mujer, indicándole que estaba con él.

    El juez se paró para saludarme, y me ayudó a quitarme el abrigo. Era un señor muy tradicional, formal, de otra época.

    – Iba a pedir un trago. ¿Vos qué quisieras tomar?

    – Un gin tonic para mí – dije

    Cuando vino la camarera, le ordenó mi trago y un whisky para él. Antes de que pudiéramos empezar a hablar, ya nos había traído nuestro pedido.

    – Me alegra que hayas venido. Quería hablar con vos porque me interesaría conseguirte un puesto en el juzgado.

    Yo me quedé helada y ninguna palabra salió de mi boca. Unos segundos después pude recién responder.

    – Ehhh, no sé qué decir. Me halaga muchísimo la propuesta.

    – Aceptala entonces. Sé reconocer a alguien profesional cuando lo veo, llevo muchos años en esto. Y quisiera que trabajaras para el juzgado. Sería muy útil tenerte trabajando para nosotros.

    – La verdad es que sería un placer, es un gran avance profesional para mí.

    – Tenemos un trato entonces. Ahora contame de vos.

    – Tengo 22 años, mi familia vive en otra ciudad, estudio abogacía desde que dejé el secundario y me apasiona. Me encantaría dedicarme al derecho penal en el futuro. Trabajo como sabe en el estudio jurídico, y con ese dinero pago cursos para continuar formándome y estar a la altura de lo que se me pida.

    – Me encanta tu dedicación.

    Hablamos durante un largo rato, tomamos unos cuantos tragos más. Me contó un poco sobre su vida, sobre sus hijos. Mencionó estar divorciado hace algunos años, ya que su trabajo no le permitía dedicarse a la familia como le hubiera gustado. En fin, compartimos un poco de nuestras vidas, y unas horas después comenzamos a despedirnos. Torres pagó la cuenta y me dijo:

    – ¿Cómo viniste hasta acá?

    – En taxi.

    – Vamos que te llevo

    Cuando le trajeron su auto, vi que el muchacho que lo alcanzó nos miró, seguramente pensando el bombón que se estaba comiendo el señor. Pero no… no todavía.

    Me subí a su auto, era un BMW negro, polarizado, brillante y lustroso. Le dije mi dirección y continuamos hablando en el trayecto. Yo me sentía un poco borracha, ya que hacía mucho que no tomaba alcohol, y me había tomado tres gintonics sentada en aquel bar.

    – Aquí estamos. Gracias por la compañía – dijo cordialmente

    – Muchas gracias por los tragos y por la oferta. Mañana mismo renunciaré al estudio.

    – Tomate el tiempo que necesites. Te van a llamar del juzgado para arreglar todo.

    – Gracias.

    Me acerqué a saludarlo con un beso en la mejilla (aunque no sabía si era correcto), y cuando estuve cerca suyo, me paralicé por un momento y lo besé en los labios.

    Él no me quitó, pero tampoco reaccionó. Luego de unos segundos me alejó amablemente con su mano.

    – Esperá. ¿Qué hacés? No pienses que te ofrecí el trabajo para esto.

    – No, disculpe. No quise incomodarlo. No tenía nada que ver con el trabajo. Simplemente fue un impulso, quise hacerlo. Perdón.

    – No te disculpes, soy un hombre soltero y vos una mujer hermosa. Pero no me gustaría que malinterpretaras mi oferta.

    – De ninguna manera.

    Me miró con unos ojos casi paternales, pero vi cómo su mirada cambió y tomándome la cara me besó, ahora sí con ímpetu. Nos besamos con firmeza, me encantaba sentir su barba canosa raspando mi rostro, poner mi mano en su cuello. Posé mi mano en su pierna suavemente, midiendo mis movimientos, veía de reojo su bulto hinchado. Él acarició el contorno de mis caderas, de mis pechos. Pero ninguno de los dos fue más allá. Era muchísimo agarrar su verga en el primer encuentro, aunque admito que me hubiera encantado. Nos despedimos y bajé en mi casa. Antes de dormir me masturbé pensando en Torres.

    Días más tarde me presenté en el juzgado para mi primer día de trabajo. Una empleada me presentó a mi jefa, que agradecí que no fuera el juez. Yo lo quería de amante, pero no de jefe. Quería hacer mi carrera por mis méritos y no por tener sexo con mi superior. También por eso me alegró que mi jefa fuera una mujer heterosexual, ya que no iba decidir nada estando caliente conmigo.

    A media mañana me crucé a Torres en el pasillo y me preguntó qué tal mi primer día. Le dije que muy bien, que todos eran muy amables.

    – Más tarde pasate por mi despacho y te pongo al tanto de algunas cosas.

    – Claro, dije. – y por dentro deseé que esa vez me cogiera.

    Me fui a trabajar y más tarde pasé por su oficina como me había pedido.

    – Permiso.

    – Pasá, pasá, estaba terminando unas cosas.

    – Si molesto puedo venir después.

    – No molestás, al contrario.

    Sonreí y cerré la puerta a mis espaldas. Cuando me giré hacia él, lo vi muy cerca de mí.

    Le sonreí y me acerqué, lo besé en la boca, ya que sabía que era yo quien debía dar esos pasos todavía. Me beso con lujuria, pasó sus manos por mi cuerpo, tomó mi culo esta vez y lo apretó, lo hizo también con mis tetas.

    – Me encanta que te hayas distendido un poco desde la última vez – le dije sonriendo, y sin querer lo estaba tuteando.

    – Es que no podía dejar de pensar en vos estos días

    – Me pasó lo mismo.

    Volvió a besarme, cada vez más caliente. Y ahora sí llevé mi mano a su entrepierna. Suavemente la pasé por encima de su bulto, midiendo sus reacciones. Como vi que continuaba besándome y que su respiración se hacía más profunda y sonora, continué tocándolo, cada vez con mayor presión, pasando mi mano por todo su tronco.

    – Ufff buenos días… – dije riendo, haciendo referencia a su erección

    – Nunca pensé que estaría haciendo esto en mi despacho, y menos con una mujer joven y hermosa como vos.

    – No pienses tanto. – le dije

    Las manos del juez se desesperaban por apretar mi culo. Comencé a desabrochar su cinturón y bajé su pantalón de vestir y sus bóxers. Lo guie suavemente para que se sentara en uno de los sillones que había en su oficina (este era de dos cuerpos). Saqué su pene duro como una piedra, lo cual me tranquilizó, ya que nunca había estado con nadie de su edad, y comencé a comérmelo con dedicación.

    – Ahhh, qué linda sos, por Dios.

    El juez metía sus dedos entre mi pelo rubio, mientras lo sostenía y miraba mi boca subir y bajar por su miembro. Luego de mamarla un rato largo, me paré frente a él y comencé a quitarme la falda, dejando libre mi enorme culo. Saqué también mi camisa, y me quedé sólo con mi conjunto de encaje negro.

    – ¿Te gusta lo que ves? – le dije

    – Me fascina lo que veo – dijo tirado sobre el respaldo

    Quité mi corpiño dejando que contemplara mis hermosos pechos. Los toqué para él, los apreté. Él seguía sentado y comenzó a masturbarse lentamente mirándome. Me quité la tanga también, chupé uno de mis dedos y me lo llevé a mi entrepierna, pasándolo por mi clítoris. Él me miraba con chispas en sus ojos.

    Me di vuelta y tomé mi culo con ambas manos, me incliné un poco hacia adelante dejando que apuntara hacia él, y abrí mis nalgas, para que viera tanto mis nalgas como mi ano. Pasé mi mano suavemente por él.

    – Y esto, ¿te gusta?

    Se estiró y agarró mis caderas, atrayéndome hacia él, todavía yo de espaldas. Sentado en su sillón y conmigo parada, comenzó a comerme el culo como hacía mucho no lo hacían. Yo gemía y él sostenía mis nalgas abiertas metiendo toda su cabeza entre ellas, pasando la lengua con profesionalismo. Me estaba excitando mucho. Comencé a masturbarme mientras él atendía mi culo.

    De repente me di vuelta quedando de frente a él, y pasando una pierna por cada uno de sus lados, me posicioné encima suyo. Mis tetas quedaron a la altura de su boca, y comenzó a besarlas, lamerlas, succionarlas, morderlas. Todo mientras las tomaba con fuerza en sus manos. Yo me movía sobre su verga pero sin meterla dentro todavía. Cuando vi que el juez estaba al cien, tomé su miembro y lo empecé a meter en mi interior. Ambos gemimos, y yo empecé a saltar sobre su pene como un resorte, con velocidad, con ganas. Él me sostenía de la cintura, jadeando, y cada tanto volvía a comer mis tetas.

    Llevó una de sus manos a mi culo, lo apretó, le pegó una nalgada, y luego comenzó a acercar su dedo a mi ano. Lo empezó a acariciar, cada vez con más presión, y a mí me ponía en el cielo.

    – Metelo – le dije mirándolo a los ojos

    Y cuando le di la aprobación, metió su dedo en mi culo, y empezó a moverlo en círculos. Entre su dedo allí y su pene entrando y saliendo de mi vagina, mis gemidos aumentaban en intensidad y volumen. Con la mano que no tenía en mi culo, el juez me tapó la boca, para que nadie escuchara. Continué cabalgándolo ya con dos dedos suyos en mi culo y alcancé un orgasmo impresionante en el que un grito ahogado salió de mi boca, impedido por la mano del juez.

    Me tomé un segundo para recobrar el aliento y seguí moviéndome, ya que él no se había venido todavía.

    – ¿Dónde querés acabarme? – le dije

    – Quiero venirme sobre ese culo enorme y precioso

    Yo salí de encima de él y me agaché sobre el sillón, de espaldas a Torres. Él se paró y comenzó a embestir mi vagina por detrás, mientras con sus dos dedos lubricados con mis flujos, penetraba mi culo. Me dio con fuerza hasta que sentí en su respiración que se iba a venir. Quitó su verga de mí, y me llenó todo el culo con su leche, al mismo tiempo que gemía ruidosamente.

    El juez me limpió con un pañuelo de tela que llevaba, y nos tiramos en el sillón agotados unos momentos.

    – Cuánto pensé en esto la última semana…- me dijo

    – Cuánto voy a pensar esto la próxima semana… – respondí bromeando

    – Cuando lo pienses vení a visitarme.

    – Tomo la propuesta. – dije mientras volvía a vestirme para volver al trabajo

    Luego de ese encuentro, nos comenzamos a encontrar a escondidas en su despacho, o en mi casa, o en algún lujoso hotel. Torres comenzó a pagarme cursos, me llevó de viaje a escondidas varias veces, y me hizo miles de regalos. Cumplió absolutamente con su función de sugar daddy, pero principalmente me dio algo que no esperaba encontrar en un señor de su edad: mucho placer.

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  • Me cogí al compadre

    Me cogí al compadre

    Hola qué tal ¿Cómo están? Yo espero que bien. Está vez les traigo un relato de como se dio todo para que me pudiera dar a mi compadre.

    Cómo todos saben soy una mujer en los 30s, con una cara pequeña pero una gran sonrisa, cabello quebrado, ojos grandes. Mis pechos son medianos pero suculentos, mis amantes me lo dicen y demuestran. Y tengo unas nalgas que jalan las miradas por dónde quiera que voy.

    Después de esta pequeña introducción les cuento. Mi compadre es dos años menor que yo, alto delgado, cabello chino, no puedo decir que es un galán pero tiene algo que me pone nerviosa cada que lo veo.

    Siempre que nos vemos nos saludamos con efusividad, me da un beso en la mejilla y a veces me abraza, cosa que me encanta por qué hay momentos en los que puedo sentir su paquete pegado a mi cuerpo.

    Ellos abrieron un negocio de comida y me ofrecieron un empleo en la cocina, ya que soy buena para cocinar jajaja. Todo siempre fue muy profesional llegaba saludaba a mis compadres y hacia mi trabajo, un rato de convivencia u cada quien a su casa al terminar la jornada de trabajo.

    Eso cambio hace apenas una semana, mi comadre tuvo que salir para poder llevar a su hijo a una clase de karate y me quedé solo en el local con mi compadre, acabamos de trabajar y al bajar la cortina se acerca y me dice que estaba lloviendo, que me esperara y el me llevaría en su carro. Acepte sin dudarlo por qué me gusta pasar tiempo con él.

    Empezamos a platicar sobre el día de trabajo y me dijo que me había manchado de algo en mi nalga y que según él no es que estuviera de fisgón pero se notaba. Me sacudí para limpiar pero no pude así que le dije: ‘sacúdeme compadre ni modo de salir así manchada a la calle’.

    Sin dudarlo me dio un par de palmadas para limpiarme eso me excitó mucho. Me dijo: ‘oye se ve que te ejercitas tienes una nalga muy durita ¿La otra está igual?’ Y se empezó a reír. Le contesté: ‘anda tiéntale para que veas que todo está igual’. No dudo por un segundo y tomo una nalga en cada mano, me las sobó y solo pude superar y soltar un gemido.

    La adrenalina del lugar, mi compadre y quizá el temor de que llegara mi comadre en cualquier segundo, todo estaba puesto. Se levantó y por la espalda me abrazo pegando su verga en mi culo, fue riquísimo poder sentir ese delicioso paquete. Me dijo al oído jadeando que se moría por tenerme así.

    Le dije que no podíamos, que éramos compadres y no quería fallarme a mi comadre y amiga, pero por dentro moría por sentirlo dentro. Me giro de un tirón u empezó a besarme apasionadamente, mi vagina se mojó enseguida, estaba deseosa. Metí mi mano debajo de su pantalón y así logré sentir su miembro duro, no era tan grande pero se me antojaba como pocos. Sin dudarlo me puse de rodillas, le desabroché el pantalón y le saque esa deliciosa verga.

    Si perder tiempo me la llevé a la boca, parecía niña con una paleta deliciosa, no dejaba de chuparla era una cosa maravillosa. Me jaló hacia el me besó y me abrió el pantalón, metió mi mano en mi vagina y sintió lo lubricada que estaba, ‘que putita mi comadre está que se muere porque le meta el pito hasta adentro’, le dije que si lo iba hacer tenía que cogerme duro para que no dijera nada.

    Me empino en una mesa y él se bajó a mamarme mi puchita caliente, lamía desde mi vagina hasta mi culo, sentía como una carga eléctrica recorría mi cuerpo, gemía como una zorra. Me dio una nalgada, me abrió las nalgas y me clavo hasta el fondo de mi húmeda vagina, woow si que sabía usar ese animal que trae entre las piernas.

    Me estuvo bombeando muy duro, sentís como llegaba hasta el fondo de mi. Me la saco y me acostó en el piso, me levanto las piernas y me lamió el culo, dijo que ya era hora de reventarme mi anito. Me escupió y eso me prendió más, ya estaba dilatado y casi casi le rogué que me la metiera, lo hizo de un solo golpe, lo hice como una puta le pedía e no me la sacará y que me llenará de leche. No tardó mucho en venirse pude sentir como me llenaba del mayor vicio. Nos besamos y me dijo que pronto se repetiría.

    Nos vestimos y me llevo a mi casa, cuando llegué a casa mi esposo pregunto que por qué me había tardado, le di un beso y le dije al oído: ‘traigo leche del compadre en mi culo para ti’.

  • Angélica necesita tener el culo lleno

    Angélica necesita tener el culo lleno

    -Uff bebé, creo que ahora sí me lo rompiste –dijo Angélica sobándose las nalgas.

    Admitiendo que quizá me dejé ir demasiado me disculpé.

    -Lo siento hermosa, creo que me dejé llevar por el momento –contesté– pero ven, vamos a sentarnos un rato a ver una película.

    Ya en la sala buscamos algunas películas hasta que elegimos una de carácter independiente que nos pareció buena para pasar el rato, al tiempo que podíamos mantener una charla casual. En algún momento incluso me disculpé formalmente con ella por lo ocurrido previamente.

    -Oye, creo que me pasé un poco hace un rato y quiero ofrecerte una disculpa, sabes que a veces no me controlo ya en el momento, pero si pasa algo así tienes que hacérmelo saber para no lastimarte.

    -Sí, fue un poco mucho, pero en parte es mi culpa porque yo igual pierdo un poco la noción de lo que pasa al calor del momento.

    -Bueno, supongo que sí, pero de verdad discúlpame y si en algún momento sientes que es demasiado me lo dices y me detengo de inmediato, vale?

    -Está bien bebé, yo igual trataré de calmarme un poco.

    Intercambiamos algunas palabras más mientras veíamos la película, la verdad es que no prestábamos mucha atención y era algo aburrida de ver, la abracé y la atraje a mi para estar más cerca mientras pasaba el tiempo. El punto álgido de la película fue cuando mostraron brevemente una escena de sexo entre los protagonistas, lo que hizo que nos diera un subidón de calor. Fue evidente para ambos, puesto que abrazada como la tenía comencé a acariciarle un pecho por encima de la blusa, mientras que ella acariciaba mi entrepierna, sin embargo, ambos sin voltear a vernos, casi como si no nos importara mucho lo que estaba pasando.

    -Un poco aburrida la película, no? –le dije sin prestar mucha atención.

    -Pues sí, pero pues ya que, ya va más de la mitad –contestó secamente.

    Pasé mi mano por debajo de su ropa hasta alcanzar el pezón y lo acaricié hasta que se puso duro (no costó mucho), ahora lo pellizcaba y estiraba suavemente mientras le apretaba el pecho, por su parte ella metió su mano debajo de mi pants alcanzando mi polla apenas semierecta y, si bien esperaba una paja clásica, me sorprendió acariciándome los testículos y apenas la base de la polla sin subir demasiado. Continuamos así mientras avanzaba la película, a la cual nos obligábamos a seguir viendo aunque sin prestar atención en realidad. Avancé un poco más acercándola un poco más hacia mi, lo suficiente para poder acariciarle ambos pechos. Angélica aprovechó para sacar mi polla de su jaula, con una mano seguía acariciando los testículos y con la otra ahora sí la jalaba lento arriba y abajo. La película se tornaba cada vez más eterna pero ahora suponía un reto implícito ver quién resistía más las ganas, lo que es más empezó una pequeña lucha por provocar al otro con el fin de hacerlo perder una competencia en la que curiosamente no había perdedores.

    -Te ves un poco abochornada, déjame ayudarte.

    Le dije y en un movimiento le quité blusa y brasier dejando sus pechos libres para apretarlos y con un poco de saliva entre mis dedos me entretuve con sus pezones estirándolos suavemente, al tiempo que dejaba besos pequeños en su cuello, su punto débil, con lo que finalmente soltó un gemido largo, y cuando pensé que ya la había vencido me dio la vuelta.

    -Gracias, pero tú igual te ves algo acalorado, déjame refrescarte.

    Y sin dejar de menear mi polla, dejó caer unos hilos de saliva en la cabeza que de inmediato me hicieron vibrar y desear su lengua. Seguía dejando caer hilos de saliva con los cuales me lubricaba todo el tronco pero no la chupaba y yo me resistía a meterle la polla en la boca. Ya la escena era bastante pornográfica, los dos semidesnudos, en un mueble de la sala, acariciándonos los genitales, pero sin consumar el acto. La tensión al máximo. Concluye la película. No hay perdedores, sólo ganadores.

    -Al fiiiin!! –dijo Angélica antes de meterse mi polla en la boca.

    Comenzó una mamada brutal, chupando y succionando, arriba y abajo, lamiéndome los huevos y metiéndoselos a la boca, lubricado todo el troco, escupiéndole para que resbale mejor, tragándola hasta el fondo hasta pegar su nariz a mi pubis y desde ahí acariciar el nacimiento de mi escroto con la puta de su lengua antes de sacársela para tomar una gran bocanada de aire y repetir.

    -Sí bebé sí, así, chúpala es tuya, cométela toda, así bebé, hasta el fondo, hasta la raíz.

    No paraba de gemir con su mamada magistral, pero también quería parte del pastel, así que la puse boca abajo en el sofá con su cabeza asomándose en el borde y sus caderas arriba sobre el respaldo con su concha apuntándome a la cara, listo para iniciar un 69 invertido delicioso.

    -Ay sí amor, dámela así, quiero que me folles la garganta, que me llenes toda la boca con tu polla.

    Se la acerque a la boca como me pidió y la dejé que siguiera con la felación, a lo cual ella ni tarda ni perezosa se la introdujo de nuevo en la boca. Yo me advoqué a chuparle la concha como perro sediento, la cual ya rezumaba de jugos vaginales abundantes, y cual helado derritiéndose comencé a pasarle la lengua por todos los sitios donde ya se chorreaba para después enfocarme en sus labios mayores y menores en una especie de beso atípico, introduciéndole la lengua hasta donde lo permitía.

    -Mmf, mmf, ujummm, mmm… -gemidos se escapaban de la boca de Angélica que resonaban por mi polla y alcanzaban la habitación para deleite de mis oídos.

    Continuando, mientras me acercaba a chupar su concha mejor vista de su culo tenía y más apetitoso se veía, brillante por algunos de los fluidos vaginales combinados con saliva que se chorreaban hacia atrás, contrayéndose suavemente por la estimulación. Dejé de saborear su concha e introduje un par de dedos antes de dirigirme a su culo, sin embargo, apenas y pude probarlo.

    -Por ahí mejor no cariño, todavía me duele un poco, mejor sigue cómo estabas –dijo Angélica que detuvo cualquier atención hacia mi polla para pedir solemnemente que le diera tregua a su orificio trasero– por favor.

    -Está bien hermosa, no te preocupes.

    Pues nada, fue un deseo pasajero, tampoco es que fuera indispensable, así que seguimos en lo que ya estábamos, en ese 69 tan rico que me permitía cogerle la boca a buen ritmo mientras degustaba todos los sabores de su concha. Finalmente, Angélica se liberó.

    -Ya amor, me quiero montar, ¿me dejas? –preguntó.

    -Uff sí, por favor hermosa, ven –contesté.

    Me senté y Angélica sin dilatar mucho se sentó dejándose ir sobre mi polla hasta enterrársela por completo. Ambos soltamos un suspiro de alivio y acto seguido comenzamos una faena más bien moderada, yo me daba gusto con sus hipnotizantes pechos mientras ella guiaba el movimiento y el ritmo con cadencia, únicamente acelerando y apretando cuando le venía algún orgasmo, sin embargo, algo faltaba y Angélica lo sabía, por más que acelerara, apretara o brincara, por más orgasmos que le llegaran algo parecía incompleto, llena de sudor intentaba movimientos cada vez más rápidos y violentos, pero sin resultados.

    -No te muevas –ordenó cambiando de lugar mi polla, desde su canal vaginal hasta su canal rectal– mmf sí, era esto lo que faltaba.

    -Pero pensé que seguías adolorida, ¿estás segura? –repliqué mientras estiraba sus carnosos glúteos al máximo facilitando la penetración.

    -Sï, ya me vine 3 veces, pero no consigo sentirme llena –había algo de dolor en su expresión a medida que engullía el tronco de la polla– necesito sentirte en mi culo.

    -Bebé, si tú me lo pides yo te llenaré el culo, pero si no estás segura dímelo y paramos para que descanses –ahora también empujaba mi polla dentro de su recto, contradiciendo mis palabras.

    -No, ya entró toda –hasta la raíz– voy a comenzar y déjate de estupideces.

    Y así tal cual, comenzó a subir y bajar recorriendo todo el falo, suspirando, con el ano cada vez más dilatado, gimiendo con la cara roja y llena de sudor, yo la dejaba hacer mientras le chupaba los pezones y le apretaba las nalgas, cambió gemidos por gritos de placer, vociferando sobre lo mucho que le necesitaba tener el culo lleno de carne caliente, sobre lo mucho que amaba tener el ano tan abierto y sobre lo mucho que adoraba el placer que sólo conseguía estando empalada. Sin embargo, sus esfuerzos previos por llegar al clímax vía vaginal hacían mella en su resistencia.

    -Ayúdame, no alcanzo, ya tengo cansadas las piernas, por favor.

    -Bien, relájate que ahí voy.

    Con un pecho en la boca chupándole el pezón como si quisiera arrancárselo y las manos separando sus nalgas para exponer mejor su culo empecé a perforarla lento e incrementando la velocidad.

    -Sí, así, sigue amor, sigue, ya lo estoy sintiendo de nuevo.

    Cambié de pecho y mantenía el ritmo, sin embargo, Angélica aún no llegaba, incluso parecía que le empezaba a costar trabajo de nuevo, quizá el dolor la limitaba nuevamente, me detuve un segundo.

    -¿Ya te viniste? Aún no he terminado, no te pares, me falta poco –se quejó.

    -Escupe en mi mano –le ordené rápidamente e hice lo propio.

    En una fracción de segundo le saqué la polla, la unté con la saliva que juntamos, y se la metí de nuevo hasta el fondo recibiendo un quejido de dolor de su parte, reinicié el bombeo pero ahora más rápido y fuerte, y ataqué todos sus puntos débiles, comencé a azotarla para redirigir el dolor hacia sus glúteos sabiendo lo mucho que le gustaba que la nalgueara mientras la penetraba, con la mano libre jalé uno de sus pezones y me dediqué a comerle el cuello fuertemente, jadeando fuertemente dada la situación, estaba seguro que si con esto no se corría me agotaría así que lo di todo, el resultado no se hizo esperar.

    Angélica se vino tan fuerte que las piernas le comenzaron a temblar y su espalda convulsionaba, sus jadeos llenaban la sala, su aroma me embriagaba, el sudor de nuestros cuerpos se mezclaba, sus fluidos vaginales chorreaban mientras la seguía perforando, y junto a las contracciones de su esfínter mi polla disparaba chorros de semen que iban dirigidos a perderse en las profundidades de su hambriento culo.

    Finalmente, nos comimos la boca a besos cargados de lujuria y satisfacción, era un agradecimiento mutuo.

    -Y qué pasó? –Pregunté– pensé que habías tenido suficiente.

    -Jamás tengo suficiente de ti bebé –contestó.

    -Pero dijiste que por ahí no, que te dolía –dije juguetón removiendo mi polla aún dura dentro de su culo.

    -Y aún me duele, pero es la única forma en la que consigo estar satisfecha, así que tendré que hacer el esfuerzo, me estoy haciendo adicta a esta sensación.

    -Uff sí bebé, no quería usar esa palabra, pero creo que igual me estoy haciendo adicto a romperte el culo.

    Continuará…

  • Tercer maratón del mes

    Tercer maratón del mes

    Ya era la segunda visita autorizada en el mes para que los trabajadores vieran a sus familias. Para mi marido y yo se trataba de una encamada desde el viernes en la noche hasta el lunes en la madrugada, sólo con intervalos para comer algo, además de leche en mi caso.

    –¡Mami, traigo un filo de dos semanas sin aprovechar! –fue lo primero que dijo mi marido llevándome a la recámara.

    Me levantó el vestido, me bajó los calzones, me tiró en la cama y se quitó las prendas de abajo. Su pene erecto tenía una gruesa gota de presemen que al verla quise mamárselo y me mojé, pero él no me dejó chuparla pues me penetró hasta que los huevos me golpearon. “Te amo, mamita, te amo” decía en cada embestida con la que hundía esa daga de carne en mi panocha que salpicaba jugo ardiente de las ganas de amar que con su verga me inoculaba. Nos vinimos y quedamos yertos por la fogosidad con la que nos entregamos. Mientras descansaba con su cuerpo sobre mí y su pene aún en mi interior lloré de felicidad.

    –Vamos a levantarnos para cenar y bañarnos –fue lo único que pude decir cuando su verga se salió de mí y pude echarlo hacia la cama para levantarme.

    Más tarde, cuando ya estaba servida la cena, fui a llamarlo. Aún tenía desnuda la parte inferior y despertó del letargo que le produjo el coito intenso.

    –Te amo, mami, y no quiero que te falte nada. ¿Qué más necesitas? –preguntó con una gran seguridad de poder cumplirlo porque ya le habían depositado la repartición de utilidades que anualmente da la empresa para la cual trabaja desde hace más de veinte años.

    –Lo único que me falta para ser completamente feliz es que me chupes la panocha tantas veces como yo te mamo la verga –le dije y le di un beso. Él simplemente sonrió y se fue hacia la mesa para cenar.

    Comimos entre sonrisas y cariños mutuos, descansamos un poco abrazados escuchando música y más tarde nos fuimos a bañar.

    –¡Qué nalgas tan hermosas tienes, mami! –me dijo al enjabonarlas y metió los dedos enjabonados en mi ano.

    Primero uno, después dos y por último tres. Los sacó y me metió la verga despacio. A la vez que se movía me enjabonó las tetas y la panza. Yo disfrutaba todo y me dejé llevar por una calma que terminó cuando sentí vibrar las paredes de mi intestino y sus manos me apretaron fuertemente las tetas: mi esposo se estaba viniendo…

    Una vez que nos bañamos, le hice una cuba con mucho ron y unos bocadillos de carnes frías con galletas y nos metimos encuerados a la cama para ver películas XXX, con argumentos vacuos, pero con bastantes y muy instructivas posiciones coitales, de donde elegíamos algunas para anotar el minuto en la que estaba. Al finalizar el video fuimos practicándolas una a una. Obviamente ninguna donde el hombre estuviera comiendo concha le parecían importantes a él, pero yo sí tomaba nota porque se las pediría a mi amante el lunes. Al parecer, mi marido quería seguir con su cornamenta…

    Además, le pedí que me soltara la leche en las orejas, en las axilas, en el cuello y en los pies. En cada lugar donde me soltó el semen, yo me lo extendía y él sonreía. Yo pensaba en las lamidas de mi amante y veía a mi marido con cuernos más relucientes por cada una de sus sonrisas. Me hice un bocadillo con una galleta, pero en lugar de queso, le puse leche de buey. “Tu leche es muy rica”, le dije relamiéndome los labios y tomé otra galleta que me pasé por la panocha babeante. Se la ofrecí pues se veía apetitosa al brillar el atole con el que la había cubierto. Se puso serio y movió su cabeza negativamente. Me la saboreé frente a él, lamentando no poder ofrecérsela a quien sí le hubiese gustado. Nueva sonrisa, nueva visión de cuernos. Me dejé coger como mi esposo quiso y se pasaron así el sábado y el domingo, incluidos sendos biberones en mi desayuno…

    En la madrugada del lunes, en cuanto detuvo la alarma del reloj, mi marido me mostró la verga parada para que le diera la mamada de despedida. Le dije melosa “Con gusto, mi amor, pero también quisiera que me chuparas la pepa con el atolito que hemos hecho en estos días”. “Ya sabes que no me gusta, mami”, respondió. “Cuando sepas de alguno que sí le guste, me dices, seguramente también me dará lengüetazos en todos los lugares por donde me dejaste leche, porque tu semen sabe delicioso” dije y me puse a mamar, sabiendo que en unas horas más estaría con una persona que sí apreciaría muy bien ese ofrecimiento.

    Se vino muy rico y me lancé sobre él moviendo mi panocha sobre su exangüe pene para que me llenara los pelos con el semen que le exprimía con la presión de mi cuerpo y le di un beso lleno de una buena parte de esperma que no me había tragado. Sonrió al sentir el sabor y quiso separarse del beso, pero no logró retirar su boca y le metí la lengua paseándosela por el paladar. “¡Qué puta eres, mami!” exclamó. “Paladéalo, que está rico ese beso blanco. Imagina que pasaría si tuvieras una esposa que no te chupara la verga ‘porque no le gusta como sabe’. Es lo mismo que siento yo”, le dije, y pensativo se levantó a bañar. “Yo me baño más tarde, voy a aprovechar lo mejor que pueda todo tu olor y sabor que traigo en mi piel”, fue todo lo que dije.

    Más tarde, yo estaba tocando el timbre del departamento de quien compartía el atole que hacía con mi marido y sin remilgos me lamía el cuerpo. “¡Patitas en leche!”, dijo al lamerme los pies. “Yo sólo había comido ‘patitas en vinagre’, pero es más rico lamerlas cubiertas de leche”, expresó lamiendo cada uno de mis dedos y el empeine. Yo estaba carcajeándome de las cosquillas que sentía. “También traigo en las orejas la leche del cornudo”, le dije y le ofrecí mi cara para que me las chupara a su gusto. “Pobre de papi, lo explotas mucho, lo vas a dejar flaco, cansado, seco y ojeroso”, me decía al lamerme las axilas en tanto que yo soltaba otra catarata de carcajadas. “No, cada vez da más leche porque sé estimular la producción”, contesté apretando su rostro entre mis chiches. Más de una hora tardó para dejarme limpia por todas partes y con los vellos relucientes. Después de eso, ya mucho más calientes me cogía y me enculaba, ni modo de conformarme solamente con la lamida, como si él fuera un vulgar canis lupus familiaris…

  • El regalo (Final)

    El regalo (Final)

    -Qué bonito es despertarse con alguien a quien deseas y que sabes que te desea.

    Fue lo primero que oí a la mañana siguiente cuando me desperté, susurrado en mi oído. Era la voz de terciopelo de Lara que me daba los buenos días. El sol entraba por las ventanas y la terrible tormenta del día anterior había desaparecido como si hubiese sido un sueño Lo que era muy real era que allí estábamos las dos, la madre de mi mejor amiga y yo, entrelazadas nuestras piernas todavía. Nos estuvimos besando un buen rato y hablando de lo del día anterior. Las dos nos prometimos seguir disfrutando de nuestros cuerpos y vivir nuestro amor de la manera más natural posible, sin dramas ni, como se dice ahora, malos rollos. Yo quería hablar del papel que Leo podría jugar en nuestra relación, la noche anterior, mientras follábamos, Lara me había preguntado si nos habíamos acostado y yo, con el calentón que tenía, le había dicho que si y que pensaba seguir haciéndolo. Ahora, no es que me arrepintiese, pero si me resultaba un poco embarazoso. En cualquier caso, ese tema quedó pendiente, porque en cuanto pronuncié su nombre las dos nos preguntamos si habría vuelto a casa. Lara me acariciaba el pubis mientras hablábamos y a las dos nos apetecía empezar el día con un buen orgasmo, pero nos levantamos rápidamente para ver si Leo había vuelto. Lara se puso una de sus batas y yo una camiseta que cogí de mi habitación, Leo no estaba en su cama, pero me tranquilicé al ver su coche en el jardín desde mi ventana. Lara y yo nos la encontramos en la cocina desayunando, con una sonrisa angelical de oreja a oreja, yo corrí a abrazarla y Lara hizo lo mismo, ninguna de las tres sabíamos que decir, nos quedamos calladas unos minutos que parecieron eternos, sonriendo como tontas. Al final Lara rompió el hielo y nos arrancó una sonora carcajada a Leo y a mí.

    -Lara. ¿Leonor, pero como se te ocurre regalarle un falo de látex a tu madre?

    -Leo. Por favor mama ya nadie dice falo.

    Desayunamos las tres y poco a poco el tono rojizo de nuestras caras fue desapareciendo, la situación no era fácil para ninguna de las tres, pero especialmente para Lara, su relación conmigo tenía infinitas aristas en las que podría haber sido muy fácil engancharse y hacerse mucho daño. Por un lado, había engañado a su marido conmigo, además yo era una jovencita comparada con ella, a mis casi veinticinco años sabía muy bien lo que hacía, pero casi me doblaba en edad, aunque ni de lejos lo aparentase. Encima su hija era mi amante ocasional desde hacía meses y para terminar el embrollo era Leo la que había organizado y casi teledirigido nuestra relación. ¿Quién da más?

    No era fácil hablar de todo esto durante el desayuno, dirigimos la conversación hacia la tormenta del día anterior, Leo nos dijo que había dormido en casa de Fátima, yo creí que era mentira pero resultó ser cierto, Lara, por su parte, nos pidió que hiciésemos solas las tareas de la casa, especialmente su habitación, que estaba hecha un desastre, porque ella tenía un montón de llamadas de teléfono pendientes que debía hacer a pesar de ser sábado. Yo fui la primera en levantarme de la mesa, la camiseta que llevaba no era demasiado larga, y sin nada debajo, mi culazo se quedó un momento a la vista mientras la prenda no caía hacia abajo. Leo estiró su brazo y me propino una de sus habituales y sonoras palmadas.

    -Lara. (sonriendo). ¡Eh… no te propases con mi novia!

    -Leo. (poniéndose las manos en su cabeza). Por favor mama ya nadie dice novia.

    Se abrazaron las dos diciéndose lo mucho que se querían y Lara, cuyas mejillas volvían a estar rojas, le dio las gracias por el regalo, las tres sabíamos que no se refería a la polla de látex sino a mí.

    Leo y yo subimos a organizar un poco la habitación de Lara, nada más entrar Leo gritó bien alto para que su madre pudiera oírla: aquí han pasado cosas, menuda batalla.

    Como estábamos a solas le pregunte a Leo donde había dormido realmente.

    -Leo. Anita, he dormido en casa de Fátima. Si te soy sincera estaba más pendiente de lo que ocurría aquí, no me apetecía, ya sabes, rabo.

    -Ana. (sorprendida). Vaya, me habías dicho que pasarías la noche con dos buenos rabos y conociéndote…

    -Leo. Quizás ni yo misma me conozco o mi sexualidad está cambiando.

    -Ana. ¿Qué quieres decir, ya no te gustan los hombres?

    -Leo. Quizás he descubierto que aun gustándome los hombres hay otras cosas que me llenan más.

    Lara entró en ese momento en la habitación y se puso a ayudarnos, necesitaba trabajar allí y se le hacía tarde. Interrumpimos nuestra conversación y Leo se puso a vacilar a su madre en relación al estado en que lo habíamos dejado todo. Luego se fue al baño y volvió con la polla y el arnés colocado en su cintura y empezó a perseguirme mientras nos partíamos de risa por toda la habitación. Lara agarró a Leo cuando pasaba a su lado y le dio unas palmadas en el culo.

    -Lara. Estas son las que tenía que haberte dado cuando eras más niña, ahora ya es demasiado tarde. Vale chicas, nos lo estamos pasando muy bien, pero yo tengo que hacer varias llamadas de negocios muy importantes, porque ayer como decías aquí pasaron cosas y al final he tenido que dejar todo para hoy. Y una cosa más, si todo va bien, a mediodía tendré buenas e importantes noticias que daros, sobre todo a ti Leo.

    Yo miré a Leo y Leo me miró esperando que la otra aportase algo de información con su gesto, pero ninguna teníamos idea de que podía tratarse. En cualquier caso, eran negocios.

    Leo y yo bajamos a hacer la colada y recoger un poco la cocina. Pusimos la lavadora y tras organizar la cocina nos sentamos en el tendedero en dos viejas sillas de playa.

    -Ana. ¿Qué querías decir con lo de que tu sexualidad está cambiando?

    -Leo. Pues que estoy madurando y ya no tengo esa ansiedad por llenar mi chochito con una polla, contigo he descubierto que hay otro tipo de sexo, me has enseñado mucho. ¿Te acuerdas del bate de beisbol? (nos reímos las dos). Pues hoy no te haría pasar el mal rato de aquel día.

    -Ana. ¡Creí que acabaríamos en urgencias!

    -Leo. Si, han pasado solo unos meses, pero me he dado cuenta de que ningún hombre me ha hecho disfrutar como tú.

    -Ana. Quizás no has encontrado al adecuado.

    -Leo. Quizás sí.

    -Ana. Caray, Leo. Menuda responsabilidad saber que nadie te ha dado nunca lo que te doy yo.

    -Leo. Fui una tonta por haber desperdiciado varios años de convivencia que nos lo podíamos haber pasado tan bien.

    -Ana. (agarrando la mano de Leo). Olvídalo, mira hacia adelante, lo pasado pasado esta. ¿Sabes que ayer tu madre me preguntó sí nos habíamos acostado?

    -Leo. ¿Y tú que le dijiste?

    -Ana. Pues me temo que le dije que sí y que pensaba seguir haciéndolo

    -Leo. (recuperando la sonrisa que se había ido de su cara). Esa es mi Anita. ¿Y cuál fue su reacción?

    -Ana. No hubo reacción, estábamos demasiado calientes las dos. Seguimos a lo nuestro.

    -Leo. ¿Y os pusisteis a hablar de mi mientras follabais?

    -Ana. Estas muy guapa, me encanta cuando te pones sólo una camiseta larga. Siempre me fijo en tu culo e intento adivinar si llevas tanga debajo.

    -Leo. Gracias, pero no cambies de tema. ¿Hablasteis de mi ayer?

    No pude resistirme y me fui en busca de sus labios, Leonor estaba más guapa que nunca aquella mañana en el tendedero. Su melena tenía un tacto maravilloso y con mi mano recorrí el camino desde su rodilla hasta el interior de su muslo. Acaricie su pubis que volvía a estar perfectamente depilado mientras nos besamos durante unos minutos.

    Leo se recostó hacia mí para que le besase el cuello, le encantaba. Yo metí mi mano bajo su camiseta y agarré uno de sus pechos mientras recorría con mis labios su cuello. Leo nunca usaba perfume, pero su piel y su pelo tenían un aroma inconfundible para mi cerebro que significaba placer y excitación. Empecé e susurrar en su oreja y a mordisquearla.

    -Ana. ¿Sabes que desde que llegamos a esta casa siempre me he corrido pensando en vosotras?

    -Leo. (empezaba a estar muy excitada). Por favor Anita sigue susurrándome, me encanta, pero contesta a mi pregunta.

    -Ana. Estuvimos viendo las fotos de anteayer. A mí me daba mucho morbo y se lo pedí a Lara, bueno casi se lo impuse. Después de varios orgasmos fue un poco infantil por mi parte, pero llevo fantaseando con vosotras dos desde que llegamos y créeme no sin cierto sentimiento de culpa, pero no puedo evitarlo.

    -Leo. (empezando a tocarse la entrada del coño y con respiración cada vez más profunda). Sigue hablando por favor, en que piensas cuando te corres.

    -Ana. Como baje tu madre y nos pille aquí me va a dar algo.

    -Leo. No te preocupes, no va a bajar.

    -Ana. Eso espero. Bueno, no sé, pues mientras me masturbo pienso en Lara y a veces en ti, pero cuando ya estoy a punto me imagino que estoy con las dos a la vez, al principio que una me comía el coño y la otra la boca, pero con el paso de los días fui elaborando más mis fantasías.

    Yo estaba también muy cachonda e intenté relevar a Leo en la tarea de magrear su maravilloso chochito, pero ella no quería que yo separase ni un centímetro mis labios de su oreja. Volvió a suplicarme que continuase hablando mientras ella se ocupaba de seguir amasando los labios de su vagina con sus dedos.

    -Ana. Hace unas noches estuve un buen rato imaginándome a Lara de pie con sus piernas abiertas, pantys negros y zapatos de tacón, tu y yo besábamos cada una de sus piernas desde el tobillo hasta su cintura, despacito, tú sabes que el tacto de los pantys a mí me pone muchísimo. Luego cortábamos los pantys con unas tijeras y llegábamos a uno de los preciosos tangas de tu madre, a mí me encanta uno amarillo, lo cortábamos también y empezábamos a comerle el chocho y el culo, a ella se le ponía la piel de gallina.

    Cada pequeña pausa que yo hacía encontraba una casi furiosa protesta de mi dulce Leonor que me apretaba el brazo con fuerza para que no parase de susurrar en su oído mientras con su otra mano aceleraba hacia el orgasmo.

    -Ana. Con ella de pie y sus maravillosas piernas abiertas nos intercambiábamos chocho y culo y de vez en cuando, parábamos un momento para darnos nosotras un morreo entre sus piernas y seguíamos. Yo me abrazaba a su muslo y le lamía el ojete mientras escuchaba el sonido de tu lengua chapoteando por delante en los jugos de su coño. Me encantaría tener aquí su tanga usado y que pudiésemos olerlo juntas mientras te corres, suelen estar empapados yo me he pasado el verano disfrutando de ellos gracias a mi tarea con la colada.

    Leo me miro sorprendida ante este último comentario y sonrió de placer mientras se corría en mis brazos, fue un orgasmo interminable, empapada en sudor chupaba mis dedos y me acercaba los suyos para que saborease yo también aquella maravillosa paja.

    -Leo. (recuperando el aliento) Ves como nadie me lleva a donde tú me llevas. Me lo he pasado muy bien. Y tú debes estar en el paraíso follando con mi madre y conmigo el mismo día.

    Yo estaba un poco ruborizada, no era fácil compartir algo tan íntimo con otra persona, aunque fuese Leo. Ella se dio cuenta.

    -Leo. No te pongas roja Anita, si no me ruborizo yo…

    -Ana. ¿Cuándo vas a contarme tú tus fantasías? Me debes una. ¿Desde cuándo te excita tanto tu madre? No me he atrevido a preguntártelo antes porque es algo muy personal.

    -Leo (sonriendo y acariciando mi cara con su mano) Y porque te atreves ahora?

    -Ana. ¿Tú sabes el calentón que tengo? Eso ayuda a desinhibirse.

    -Leo. Me encanta cuando hablas como un hombre.

    -Ana. Las mujeres también podemos decir calentón, mujerón, jamona, maciza… eso no nos convierte en albañiles, pero no cambies de tema.

    -Leo. (acariciándome los muslos) Me encantaría comerme tu chochito, pero si prefieres reservarte para tu amor lo entiendo.

    -Ana. Me encantaría, pero Lara podría bajar y no quiero que nos pille aquí. Ay Leo que difícil va a ser manejar esta situación, soy tan feliz, pero al mismo tiempo me preocupa tanto este embrollo que tenemos montado aquí. Siento que lo mío con tu madre me va a alejar de ti y eso no lo quiero en absoluto.

    -Leo. Eso no va a ocurrir, disfruta el momento, olvídate de mañana piensa solo en hoy. Todo irá fluyendo.

    -Ana. Te quiero mucho, pero al final has cambiado de tema.

    -Leo. No te preocupes ya tendremos ocasión, ahora es mejor que subas a ver a tu princesa, yo me ocupo de la colada.

    -Ana. Pero dime solo una cosa, te gustaría oler el tanga de Lara mientras te masturbabas.

    -Leo. (en tono burlón) Y como sabes que no lo he hecho ya?

    Subí escaleras arriba sorprendida y divertida por la respuesta de Leonor y encontré a Lara al teléfono en su habitación. Llevaba puesto un vestido blanco muy fácil de levantar y, tras cerrar la puerta, no pude resistir meterme entre sus piernas mientras ella seguía hablando. No llevaba tanga y besé con cuidado su vagina hasta que finalizo la llamada. En ese momento acelere sin control y el beso se convirtió en morreo y desenfreno hasta que Lara se corrió con mi cara hundida en su coño. Lara me devolvió el orgasmo rápidamente porque tenía todavía dos llamadas pendientes y fue divertido tener a aquella belleza solo para mi pidiendo disculpas por lo acelerado de la paja mientras me mataba de placer con su lengua.

    Ese día comimos tarde y Lara dejo boquiabierta a Leo con la noticia de que había cerrado la venta de todos sus negocios relacionados con la peletería. Yo permanecí en silencio anonadada por las cifras millonarias en las que se había fijado la venta. Me enteré de que Lara y su marido tenían separación de bienes porque ella no necesitaba la firma de él para formalizar la venta y también deduje que era Lara y su familia los que realmente tenían mucho dinero desde varias generaciones atrás. Yo no pude disimular mi disgusto por tener que viajar a Madrid con ellas, Lara me cogió la mano mientras comíamos y me pidió disculpas por tener que interrumpir nuestras vacaciones, me dijo que ya había gestionado el viaje para las tres pero que si prefería podía quedarme allí, aunque a ella le gustaría mucho que las acompañara. ¿Qué podía hacer yo? Mostré mi alegría por la noticia y reconocí que lo estaba pasando tan bien que no quería irme nunca de allí, pero entendía la situación. Lara nos explicó que sería algo muy rápido, el martes por la mañana saldríamos temprano hacia Lisboa y de allí en avión a Madrid para firmar a primera hora de la tarde. Pasaríamos la noche en un hotel y a la mañana siguiente regreso a Lisboa.

    Aquella tarde Leo propuso bajar a la playa y Lara aceptó, yo sabía que las dos tendrían mucho de qué hablar y con un gesto le hice saber a Lara que prefería dejarlas solas. Habían pasado muchas cosas en las últimas horas. Me tumbé en la cama de Lara mientras ella se ponía el bikini. Bromeó con ponerse el que se había comprado conmigo en nuestra visita a Lisboa. No por favor, le dije, que me muero de celos. Me encantaba verla desnuda frente a mí, a cierta distancia, le hice esperar un rato mientras me comía con la mirada aquellos muslos y aquel trasero, realmente era todavía mayor visto a un par de metros de distancia, me apetecía amasarlo y jugar con él toda la tarde, seguía notándose la línea de bronceado del bikini que marcaba la frontera entre lo público y lo privado como yo solía decir, aquella zona más blanca que debía ser solo para mí. Lara se excito muchísimo al sentirse objeto de deseo.

    -Lara. (tocándose la entrada del coño). Mira cómo me estoy poniendo.

    -Ana. Sera mejor que te vayas o tendremos que follar de nuevo.

    -Lara. (poniéndose por fin el bikini) Y tú que vas a hacer?

    -Ana. (con mi sonrisa más picara). Creo que voy a curiosear tus cajones, sobre todo los de la ropa interior y aquí va a haber sexo, contigo o sin ti.

    Vi la felicidad pintada en la cara de Lara y me dio un beso mientras bajábamos hacia la cocina. Me pasé la tarde curioseando por la casa y también por el vestidor de Lara, pero me aguanté y decidí reservarme para ella. Estuve un rato en el tendedero y allí acabé quedándome dormida.

    Aquella noche se nos hizo bastante duro a Lara y a mi cerrar la puerta de nuestra habitación y dejar tras de ella a Leo. ¿Que podíamos hacer? Nuestra cama estaba frente al pasillo que rodeaban las demás habitaciones, nos disculpamos con Leonor y su madre le pidió que bajase al baño de la segunda planta. Ella aceptó las disculpas con una sonrisa, pero aun así a las tres se nos hacía extraña aquella “separación”. Llevábamos ya muchos días en que estábamos todo el día juntas y aquella puerta a mí me producía un sentimiento de traición hacia mi amiga. Lara me confesó sentirse igual, pero al final la excitación pudo más. Ya más tranquilas que nuestra primera noche todo fue más despacio, menos animal. Lara era una maestra de la masturbación, decía haber tenido años y años para practicar con su propio cuerpo y yo me dejaba invadir por su ausencia de prisa, podía estar acariciando mi coño durante una hora sin que me corriese, mi excitación iba en aumento gradual hasta que reventaba de placer. Debian ser mas de las dos de la madrugada cuando le pedí que se vistiese para mí, yo no creía poder correrme una vez más pero el día anterior había descubierto lo mucho que me gustaba observarla a cierta distancia. Elegí el vestido azul y blanco de playa que me volvía loca.

    -Lara. ¿Por qué te gusta tanto este vestido? Tengo cosas mejores.

    -Ana. Lo llevabas puesto el día que llegué y me impresionó mucho.

    Le conté lo mucho que me había excitado nuestro encuentro y sobre todo cuando había subido las escaleras delante de mí.

    -Lara. Nadie ha hecho tanto por mi autoestima en toda mi vida. ¿Me pongo ropa interior?

    -Ana. Por supuesto. Tanga amarillo, nada de sujetador.

    Cerré los ojos y enseguida noté las pisadas de Lara paseándose por la enorme habitación.

    -Ana. Es increíble lo mucho que me gustas desnuda pero también vestida. La manera en que se te marca ese vestido me pone a cien. Es transparente pero no demasiado, las aberturas a los lados ensenan lo justo de esos muslazos, te aplasta un poco esos tetones, pero los echa hacia los lados y se ven preciosos y lo del culo es para morirse, podría pasarme el resto de mi vida contemplándolo. Al tener franjas hace que parezca un enorme melocotón.

    -Lara. (completamente roja su cara). Sigue por favor. Me muero de vergüenza, pero me encanta.

    -Ana. Como puedes acostarte conmigo y no ruborizarte y en cambio…

    -Lara. Pues porque me siento observada, durante años tuve un enorme complejo con este culazo.

    -Ana. ¿Y cómo te lo quitaste?

    -Lara. Pues aprendí a disfrutar de él. Si no puedes con tu enemigo únete a él.

    -Ana. Tengo una fantasía que me gustaría hacer realidad.

    -Lara. ¿Cual?

    Me lancé escaleras abajo hacia el tendedero y deje a mi amor sorprendida en su habitación. Desde mi llegada me había fijado en la “ergonómica” empuñadura del mango de una fregona con la que limpiábamos cada día la cocina, era algo más grueso que los que había visto en España y estaba hecho de un plástico muy suave. Con un poco de lejía y abundante agua me aseguré de que quedase perfectamente limpio y me volví escaleras arriba con la mala suerte de que Leonor bajaba en ese momento al baño medio dormida. Su cara al verme con el mango de la fregona fue indescriptible.

    La cara de su madre también merecía un cuadro cuando entré en su habitación. No dije nada, solo me senté en una butaca en la esquina de la habitación y Lara entendió que debía arrodillarse en el suelo frente a mí, a cierta distancia. Aquel vestido que Lara acabó regalándome, y aún conservo, marcaba perfectamente las redondeces de aquel culo que era ya el centro de mi vida, me levanté un momento y puse una almohada en el suelo para que Lara pudiese descansar sus brazos y su cabeza en ella dejando todavía más expuesto para mi disfrute su trasero. Antes de sentarme de nuevo di varias vueltas alrededor de mi presa y acerqué la empuñadura del mango a la boca de Lara. Ella la lamio con placer, estaba muy excitada por mi juego, y la chupó hasta que yo volví a mi posición en la butaca. Desde allí solo podía ver culo y muslos, con el mango fui levantando con destreza el vestido y poco a poco aprecio el tanga amarillo cubriendo su vulva, acababa de ponérselo, pero ya estaba ligeramente húmedo, subi hasta arriba de todo el vestido y la octava maravilla quedó totalmente a mi vista. Con toda la paciencia que pude reunir, que no fue mucha, frote suavemente el tanga sobre su coño, me volvía loca tenerla alejada de mí y poder darle placer con mi “mando a distancia”. Lara se bajó el tanga hasta sus rodillas sin que yo se lo pidiese. Su chocho estaba brillante, le pedí que separase un poco las rodillas y empecé a jugar con la empuñadura en la entrada, hasta mi extremo del mango llegaba la sensación de que aquello era pura gelatina así que no la hice esperar y fui metiéndoselo poco a poco. Lara movía el culo suavemente mientras yo la penetraba desde mi butaca, de vez en cuando me levantaba y le ofrecía el mango para chupar, eso aun la excitaba más, verla sumisa ante mí, de rodillas a mí me ponía a cien también. Lara lamentó que solo tuviésemos una fregona y dijo tener sitio para dos o tres más allí dentro. Eso me decidió a pasar al culo porque era cierto que el mango no era demasiado grueso. Me costó poquísimo vencer su resistencia inicial, un leve masaje con el extremo del mango, y enseguida tuvo toda la empuñadura dentro, empecé a meter y sacar y a girar sobre sí mismo el mango para que Lara disfrutase, yo recorría con la mirada sus muslos y sus enormes nalgas que seguían bamboleándose al ritmo que yo marcaba en la distancia. Vi aparecer los dedos de Lara de entre sus piernas para hacerse cargo de la situación e irse directos al clítoris, pero la pare al instante con un: aquí mando yo. La follé por detrás desde mi butaca sin misericordia.

    -Ana. Cariño, esto solo es la primera parte del juego. Ahora que estas bien caliente viene la segunda.

    -Lara. Llevo caliente toda la noche, bueno yo diría que todo el mes desde que tu llegaste, pero tú mandas.

    -Ana. ¿Eres celosa?

    -Lara. ¿Por qué? No se… quizás. Todo amor verdadero tiene un punto posesivo, simplemente hay que saber controlarlo. ¿Pero te parece este el momento de hablar de algo así?

    Lara se levantó y la lleve a la cama agarrada de mi mano.

    -Ana. Es que no quiero incomodarte con mis vicios, que no necesariamente tienen que ser los tuyos.

    -Lara. Anita me estas calentando todavía más de lo que ya estaba y al mismo tiempo asustándome con tanto misterio. Habla claro por favor.

    Yo le explique que me encantaría masturbarnos y al mismo tiempo charlar sobre experiencias anteriores que hubiésemos tenido o fantasías que nos gustaría hacer realidad.

    -Lara (con una sonrisa de relax tras unos instantes seria). ¡Ah, era eso!

    -Ana. No te burles por favor.

    -Lara. No me burlo. Es que me gusta la manera en que lo enmarañas todo a veces. Y has hecho bien en calentarme, es cierto que algunas cosas en frio es difícil que afloren. Pero lo que no veo es donde está el juego aquí.

    -Ana. Pues es muy sencillo. Si te excita lo que tu pareja te cuenta deseas correrte, pero en el momento en que lo hagas esta parará, por eso se establece una lucha entre las ganar de acabar y las de escuchar más.

    -Lara. Ya entiendo, eres diabólica Anita, pero me gustas tanto. Has puesto mi vida patas arriba en solo unos días.

    Nos acomodamos en la magnífica cama recostándonos en los almohadones. Lara se quitó el vestido y nos quedamos desnudas. Le indiqué a Lara que podíamos empezar. Yo me empecé a acariciar mi coño que rebosaba jugo y ella optó por jugar con sus enormes tetas como lo había hecho dos noches atrás mientras yo la espiaba en el salón.

    -Lara. Lo cierto es que las cosas más excitantes de mi vida me han ocurrido estas últimas semanas y tu estabas presente.

    -Ana. Gracias por el cumplido, pero debes ser generosa.

    -Lara. Sabes que no es un cumplido. Bueno supongo que debo empezar yo. Pues tienes razón no es fácil. ¿Qué prefieres alguna fantasía o algo real?

    -Ana. (besando su mejilla). Me da igual.

    -Lara. Me gusta que me beses en la mejilla. Por supuesto que en los labios es otra cosa, pero cuando me besas en la mejilla dejas de ser mi amante y eres de nuevo la jovencita amiga de mi hija que tanto me excita.

    -Ana. ¿Siempre te han gustado jovencitas?

    -Lara. Pues… creo que sí. Alguna vez me fijo en señoras de mi edad, pero a quien no le atrae la juventud.

    -Ana. Ponme un ejemplo.

    -Lara. Pues hace unos meses vine a pasar un fin de semana aquí, me apetecía estar sola. Ahora eres tú la que tienes que prometerme que no te vas a poner celosa.

    -Ana. Te lo prometo.

    -Lara. Pues Fátima y su hija que se llama Teresa vinieron a visitarme. Teresa ya estaba embarazada de unos cuatro meses. Tiene unos veinte años y es guapa, no tanto como tú, está bastante delgada pero un buen culo y pecho mediano, pero con el embarazo gano un par de tallas. Yo le traje unas cremas de regalo sin ninguna intención más allá de agradecerle lo mucho que nos ayudan con la casa. El caso es que su madre insistió en bajar al jardín a no sé qué y nos quedamos las dos arriba porque hacia algo de frio. Teresa llevaba puesta una minifalda azul y por debajo de la chaqueta un body verde de esos que van hasta la entrepierna y se abrochan con dos corchetes. Le marcaba muchísimo el vientre y el pecho. Ella quiso probar una de las cremas que era antiestrías y… bueno se desabrocho el body y se lo quitó, se quedó solo con la falda y se puso la crema delante de mí. Yo disimulé todo lo que pude, pero en cuanto se fueron me metí en cama y cayeron varias pajas.

    -Ana. ¿Ya está?

    -Lara. ¿Qué esperabas?

    -Ana. No se… cuéntame que es lo que más te excitaba de ella.

    -Lara. Pues admito que su embarazo tenía cierto morbo, verla ponerse la crema sobre su vientre y luego en los pechos me excito mucho.

    -Ana. ¿No se te paso por la cabeza intentar algo?

    -Lara. Sabes lo que nos costó lo nuestro así que imagínate.

    -Ana. ¿Y nunca la habías visto antes desnuda?

    -Lara. Pues sí, un par de veces en topless con Leo en la terraza, pero no es lo mismo. Siento defraudarte, quizás esperabas algo más interesante. Pero ahora te toca a ti.

    -Ana. Estoy segura de que tienes cosas más interesantes que contar, pero me ha gustado. Solo estar las dos aquí juntas susurrando me gusta. Que prefieres fantasía o realidad.

    -Lara. Realidad por supuesto.

    -Ana. No sé. Tampoco te creas que me han ocurrido tantas cosas.

    -Lara. Con la de novias que habrás tenido.

    -Ana. Vale voy a contarte el polvo de mi vida hasta que te conocí.

    Empecé a contarle como había sido mi primera vez con Leo sin decirle de quien se trataba. Lara no era tonta, solo tardó un par de minutos en descubrirme.

    -Ana. Lo siento quizás no es apropiado contarte esto.

    -Lara. (agarrando fuerte mi mano y dejando los pechos para pasar a jugar con su chocho). Sigue por favor.

    Yo perdí el miedo y la precaución y rememoré al detalle aquel primer polvo con Leo, las tijeras, el vibrador, el bate de beisbol, Lara magreaba sus labios y la entrada de su vagina y respiraba profundamente, yo le recordaba que si se corría el juego se acababa y yo misma tenía cuidado de no caer en la red de mi propia narración y correrme. Al llegar al final Lara pedía más y más.

    -Ana. Te toca.

    -Lara. Me muero de vergüenza, pero cuando me corra voy a tener el orgasmo de mi vida.

    Me di cuenta que Lara estaba tan excitada que en ese momento podía conseguir de ella lo que quisiese. Yo también notaba que el morbo de la situación me iba a llevar al paraíso.

    -Ana. Háblame de Leo y tú.

    -Lara. ¿Qué quieres saber?

    -Ana. Todo.

    Lara se puso a hablar con más tranquilidad, como bajando una marcha, pero su mano derecha seguía amasando a conciencia su depilado y enorme coño. Yo intentaba adaptarme a su ritmo, pero no era fácil.

    -Lara. (carcajada) Que es todo? La quiero todo lo que se puede querer. Supongo que te preguntas si siento atracción por ella.

    -Ana. Es que vuestra relación no tiene nada que ver con la que yo tengo por ejemplo con mi madre.

    -Lara. Te refieres a cosas como tirarme el gin-tonic encima para quitarme el bañador y luego magrearme el culo.

    -Ana. ¿Como sabes que lo hizo a propósito?

    -Lara. ¿Te crees que soy tonta?

    -Ana. Por supuesto que no, pero me sorprendes. ¿Pero te gusto?

    -Lara. Por supuesto, no soy de piedra. Pero esto es algo nuevo para mí. Todo empezó cuando Leo pasó de hablarme de ti, como su mejor amiga y compañera de piso, a darme todo tipo de detalles sobre tu cuerpo. Además, siempre está comparando nuestros culos, nuestras tetas, nuestras piernas. Una noche, la pasada navidad dormimos juntas y nos pasamos un buen rato hablando sobre todo de ti, también de otras mujeres, presentadoras de televisión, actrices, que se yo. Ella ya sospechaba desde hace años mi poco interés por los hombres. Nos costó horrores luego dormirnos con el calentón.

    -Ana. ¿Qué os pusisteis para dormir?

    -Lara. Por poner nos pusimos yo un camisón y ella una camiseta de tirantes, pero acabo quitándosela y durmiendo desnuda abrazada a mi espalda o a mi culo casi debería decir. Supongo que ya sabes cómo duerme Leo, encima de ti y no a tu lado. Imagínate el roce de sus pechos en mi espalda, su pierna subida sobre las mías. Y yo reconozco que mi chocho, sin bragas ni tanga ni nada acabo empapando toda mi entrepierna. Debimos tardar horas en conseguir dormirnos, al menos yo.

    Las dos estábamos ya más que a punto para corrernos, pero yo, al menos, podría haber continuado así el resto de mi vida. Llevábamos mucho rato de sexo sin un solo orgasmo, sobre todo Lara que no había llegado a correrse con el mango de la fregona por mis ganas de charla. Las dos seguíamos recostadas, medio hundidas en los enormes almohadones de la comodísima cama de Lara. Cada una ocupándose de su coño y sin atrevernos a mirarnos a los ojos por lo morboso de nuestra conversación. Nuestras piernas estaban medio entrelazadas para que las dos pudiésemos tenerlas abiertas y mi cabeza descansaba sobre el hombro de Lara.

    -Ana. ¿Y eso fue todo?

    -Lara. Pues no. No fue todo. Al final conseguimos dormirnos, pero Leo debía estar también muy excitada. No sé qué hora seria cuando me desperté al sentir que me daban la vuelta, y una lengua húmeda y muy caliente entraba hasta mi garganta. Me quedé unos segundos paralizada con la boca abierta, hasta que reaccione y empecé a disfrutar y comer yo también esos labios y esa lengua.

    -Ana. ¿Era Leo?

    -Lara. Por supuesto que era Leo. Me dio un morreo de por lo menos un minuto o dos. Yo no sabía qué hacer. Además, con una mano me acariciaba la parte de atrás del cuello, pero la otra no paraba de sobarme las tetas.

    -Ana. ¿Pero estaba durmiendo o despierta?

    -Lara. La verdad creo que al principio dormía, fue algo inconsciente, pero luego yo fui pidiéndole calma y volvió a su lado de la cama y continuó durmiendo. Quizás al día siguiente lo recordó todo, pero dudando si habría sido un sueño. La verdad es que desde ese día me besa en los labios más a menudo y sí, tengo que reconocer que me gusta, es una sensación muy extraña.

    La voz de Lara fue entrecortándose, pero aun consiguió contarme como había tenido que ir al baño aquella noche y masturbarse repetidamente para conseguir dormirse.

    Yo disfrute de un orgasmo largo y placentero y Lara se corrió ruidosamente a mi lado. Tras unos minutos de descanso volvimos a repetir la escena en el baño de la lluvia dorada del día anterior, era algo que a Lara le encantaba. En solo veinticuatro horas mi sexualidad había transmutado gracias a Lara hacia una especie de masculinización, menos orgasmos, pero más placer. Aun así, cuando nos dormimos estábamos extenuadas.

    El par de días antes de nuestro viaje a Madrid transcurrieron conmigo sintiéndome el centro del universo, al menos de aquel pequeño universo que era aquella casa junto al mar, nunca, en mis mejores sueños, me habría imaginado siendo el vértice de aquel triángulo que compartía con Lara y Leo, habría dado mi vida porque el resto de los habitantes del planeta desapareciesen y nunca nadie interrumpiese mi verano de sexo y desenfreno.

    El lunes por la tarde Lara se fue con su coche a una pequeña peluquería, a unos veinte kilómetros, necesitaba arreglarse el pelo para el viaje del día siguiente. Al despedirnos me dijo que guardase algo para ella, sabía que quedándonos solas Leo y yo acabaríamos acostándonos, yo bajé mi mirada hacia el suelo llena de culpabilidad y Lara se arrepintió al instante del comentario. Con su mano derecha hizo un gesto como si con una goma de borrar quisiese hacer desaparecer sus palabras y las cambio por un: “que os lo paséis muy bien” acompañado de un gesto con sus ojos que dejaba claro que no la contrariaba en absoluto que su hija y yo fuésemos a follar toda la tarde. Es más, añadió un comentario, algo así como: ya ves como está Leo y me guiñó un ojo, y no se refería a lo guapa que era ni nada parecido, se refería a que Leo llevaba un par de días completamente desatada, haciendo comentarios de tipo sexual de la mañana a la noche, lanzándonos todo tipo de indirectas a su madre y a mí. La noche anterior bromeaba todo el rato con que se iba a llevar la fregona a su habitación para pasar la noche juntas, nosotras nos moríamos de risa y de vergüenza al mismo tiempo, pero al final se la llevó, paso ante nosotras abrazando el mango de la dichosa fregona y besando su empuñadura, dejándonos a su madre y a mi completamente rojas en el salón.

    En cuanto Lara arrancó el coche y se fue yo subi desde el jardín a la casa y me encontré a Leo completamente desnuda viendo la tele. No tardó ni un segundo en suplicarme que le hiciese una paja, no me sorprendió la petición, pero si la prisa, yo no la hice esperar y le regale varios orgasmos allí mismo, ella repetía una y otra vez que echaba de menos el contacto con otra piel, vamos que “estoy cansada de mi mano derecha” decía. A mí me daba la risa, pero era cierto lo que decía y tras media hora consiguió tranquilizarse.

    -Leo. Uff, gracias Anita, desde el sábado estoy tan cachonda, vamos arriba, necesito sexo.

    -Ana. ¿Sexo? ¿Entonces esto que ha sido?

    -Leo. Esto me ha apagado el fuego, pero ahora quedan las brasas.

    No hacía falta que me insistiese, yo la seguí como un perrito escaleras arriba y ella se fue derecha a la habitación de Lara. Yo dudé por un instante, pero sucumbí a su orden de tumbarme sobre la cama, recosté mi espalda en los almohadones, se estaba muy bien allí, fuera hacia muchísimo calor, pero las ventanas abiertas creaban una brisa muy agradable en el piso superior de la casa. Leo se quedó de pie, mirando a su alrededor, hacia el suelo, entró en el baño y salió vestida con la blusa que Lara había llevado puesta toda la mañana. En su mano traía el tanga que yo recordaba haber escogido por la mañana para su madre, azul claro, muy bonito. Leo se lo apretó contra su boca y su nariz inhalando su aroma y respirando profundamente. Yo no pude resistirme y llevé mi mano derecha hacia la entrada de mi coño, estaba ocluida por todo mi jugo que había ido espesándose poco a poco, lo extendí sobre toda la vagina e introduje dos de mis dedos lo más profundo que pude. Me apetecía sentirlos dentro. Leo se quedó mirándome apoyada su espalda sobre la pared frente a la cama, de pie. La camisa de Lara era como un vestido muy cortito para Leo, respiraba profundamente, el tanga seguía siendo su juguete acabo metiéndoselo en la boca.

    -Leo. Está empapado. Desde luego le gustas muchísimo a mamá, nunca me lo he encontrado tan húmedo.

    -Ana. No me lo creo, insinúas que no es la primera vez que lo haces.

    -Leo. Pues claro que no, tenemos el mismo vicio.

    -Ana. ¿Desde cuándo lo haces?

    -Leo. ¿Tanto te excita? Ya tienes tres dedos dentro.

    – Ana. ¿Tú que crees? Estas genial ahí de pie, eres la mujer más guapa que he conocido.

    -Leo. (divirtiéndose) ¿Así es como como conquistaste a mama?

    -Ana. ¿Como, con cumplidos? No es un cumplido. Pero creo que fuiste tú la que la conquistaste para mí. Cuando llegué aquí ella ya estaba muy predispuesta a caer en mis brazos, aunque yo no lo sabía.

    Leonor se acercó a la cama y comenzó a besar mis dedos tras sacarlos de mi vagina, luego paso a mis labios vaginales y estuvimos un rato en silencio, solo se escuchaba el sonido de su boca “masticando” como un chicle mi coño mientras yo llegaba al orgasmo, notaba su lengua caliente y húmeda arriba y abajo y le pedí que me metiese sus dedos dentro en el momento de correrme. Ella obedeció y yo lancé un buen grito de placer. Cerré mis piernas con media mano de Leo dentro de mí y tiré de ella para que viniese a besarme mientras el orgasmo aun recorría mi cuerpo. Leo tenía su cara empapada de mi jugo, la lamí como un perrito y se acostó a mi lado para seguir besándonos.

    -Leo. ¿En qué pensabas mientras te masturbaba?

    -Ana. Lo haces tan bien que no necesito excitarme con nada más. Solo me dejo llevar. De todos modos, me paso el día tan cachonda… ni en mis mejores sueños hubiese imaginado que algo así podría ocurrir, no ya a mí, sino a nadie.

    -Leo. Yo, en cambio, creo que este tipo de cosas ocurren mucho más a menudo de lo que imaginamos.

    -Ana. Vamos Leo, tú te crees que es habitual que una joven, como yo, se lie con la madre de su amiga.

    -Leo. No digo habitual, pero sí que ocurre. Hay un montón de gente viviendo una vida que no le corresponde, como mamá, su matrimonio nunca ha funcionado, mi padre siempre ha estado obsesionado con sus empresas, sus viajes, sus contactos. Ella en su momento no se atrevió a vivir como quería, me imagino que no hubiese sido nada fácil en aquellos años, incluso para ella, con todo el dinero que tenía su familia.

    -Ana. ¿Te refieres a lo de que le gustan las chicas?

    -Leo. A eso y a que fue una gran estudiante, terminó dos carreras con muy buenas notas, podía haber llegado muy lejos en vez de dedicarse a su marido, a mí y a la casa.

    -Ana. (incrédula) Pero si va vender su empresa por unas cantidades que marean solo de pensarlo.

    -Leo. Anita eso es calderilla comparado con lo que podría haber conseguido.

    -Ana. ¿Calderilla? ¡Caray, a quien me he ligado!

    -Leo. Ana, tu eres su último tren. Tenía que hacer que os conocierais, sabía que os gustaríais. Llevamos ya muchos años juntas y nunca has tenido novia fija, eres muy exigente, además siempre he notado que te gustan maduritas e inteligentes. Llevo tiempo pensando en todo esto y he tenido que vencer varias veces la sensación que tenia de que era una locura, pero ahora que os veo juntas me alegro de haberlo hecho.

    -Ana. Leo, tengo que serte sincera. A veces creo que eres tú la que está enamorada de ella. Es evidente que lo estas a nivel sentimental, la quieres y admiras más que a nadie en el mundo, pero creo que además querías que yo me acostase con ella porque tú no te atreves a hacerlo.

    -Leo. (sin inmutarse) Lo sé, no lo niego. Pero es una fantasía que no se si quiero hacer realidad.

    -Ana. ¿Desde cuándo te ocurre?

    -Leo. Hace un par de años las dos empezasteis a aparecer en mis pajas. Yo solía masturbarme, ya sabes, pensando en hombres, siempre muy bien dotados, me excitaba muchísimo imaginarme follada por cuatro o cinco a la vez, que se corriesen dentro de mi boca, imaginármela llena de semen, que me follasen chocho culo y boca a la vez. Te cuento esto porque sé que no eres de esas lesbianas con fobia a las pollas.

    -Ana. (riéndome) Gracias por la aclaración.

    -Leo. Pero un buen día apareciste tu dentro de esta cabecita. No me preguntes como. Supongo que el roce hace el cariño. Anita, tú no te das importancia, pero estás muy buena. Eres muy guapa y ese culo y esas piernas no dejan indiferente a nadie. A medida que mis fantasías con hombres iban haciéndose realidad tu ibas ganando terreno en mis sueños.

    -Ana. ¿Y en qué momento aparece tu madre?

    -Leo. Pues, poco tiempo después. Cuando me fui a Salamanca a estudiar, no me fue fácil separarme de ella, nunca había estado fuera de casa más de unos días. No fue como para ti que habías estado interna en un colegio. Entonces en apenas unos meses, tu ocupaste su puesto en mi vida, eras como mi segunda madre, tenemos la misma edad, pero tú eres mucho más madura, más reflexiva, te piensas muchísimo cada decisión que tomas… De algún modo en mi cerebro, en mis afectos, en mi día a día os convertisteis en las dos caras de una misma moneda, os quería a las dos de la misma manera, al principio era un amor maternal, pero en cuanto empecé a sentir interés por tus curvas, tu arrastraste a mi madre contigo y, aunque intenté resistirme, comencé a verla y quererla de la misma manera que a ti. No sé, prefiero no darle muchas vueltas porque acabarás pensando que estoy de psiquiatra.

    -Ana. No Leo, te entiendo perfectamente. Sabes que tengo una conversación pendiente con tu madre, no sé qué va a pasar con nosotras cuando acabe el verano, pero está claro que ella sabe que lo nuestro sigue. Antes cuando se fue me dio a entender que sabia y aprobaba que nos íbamos a pasar la tarde follando. Y ni yo siento que la estoy engañando ni ella se siente engañada.

    -Leo. ¿Estás segura de eso?

    -Ana. Completamente. Es más, ella es feliz de que sigamos siendo amigas del mismo modo en que lo éramos cuando llegamos aquí.

    -Leo. ¡Que follón!

    Esa expresión me arrancó una carcajada, y estuve a punto de contarle a Leonor la confidencia que su madre me había hecho sobre su beso en medio de la noche. No hubiese sido correcto. Por suerte Leo me interrumpió. Estuvimos besándonos un momento y Leo volvió a coger el tanga azul de su madre. Lo puso sobre sus pechos y comenzó a masturbarse otra vez.

    -Leo. ¿Quieres que te cuente algo que te va a excitar?

    -Ana. Por supuesto.

    -Leo. Quizás creas que lo de pasearnos desnudas por casa es algo que siempre hemos hecho, pero nada de eso, para empezar, tenemos servicio y además en casa está mi padre. Cuando todo esto empezó, y empecé a fijarme en vosotras, a ti podía imaginarte muy bien, pero a mamá apenas alguna vez había visto sus muslos o su sujetador y me moría de ganas de ver su culo. Entonces un sábado por la mañana me enteré de que una famosa actriz (omitiré su nombre pues no me parece correcto nombrarla) salía desnuda en la revista Interviu. Se me ocurrió bajar a comprarla porque sabía que a ella le gustaría, me había fijado en que cada vez que salía en televisión se fijaba mucho en ella. Estábamos solas, y casi sin querer, sin planearlo se me fue poniendo en bandeja el quitarme aquel antojo de ver su culazo sin nada encima.

    -Ana. (mientras llevaba ya muy avanzada mi paja) Pero nunca la habías visto desnuda?

    -Leo. No, pero tampoco lo había buscado, además en verano nunca hacia topless ni nada y aquí, en esta casa, como mucho se ponía un bikini un poco más atrevido que en la playa.

    -Ana. Perdona, sigue por favor que estoy a punto de correrme

    -Leo. Pues me fui a mi habitación para dejarla sola y ella se sentó en el salón a ojear la revista. Pero en unos minutos la escuche ir hacia el baño, era el único sitio de casa que siempre cerramos con llave. Tuve suerte porque al girar la llave se quedó de un modo que se podía ver a través del agujero.

    Yo no pude más y me corrí en ese momento, Leo siguió a lo suyo.

    -Leo. Me sentí infantil y ridícula allí de rodillas espiando a mi madre por la cerradura del baño, pero ya sabes, cuando tengo un capricho, no paro hasta que lo consigo. Será mi educación de niña bien. Tenía muchísimo miedo de que no me gustase lo que quería ver. Mi madre dejó la revista abierta sobre la cisterna y se bajó el pantalón que llevaba hasta las rodillas.

    -Ana. ¿Te masturbabas mientras la observabas?

    -Leo. No, no quería perderme detalle.

    -Ana. ¿Que llevaba tanga o bragas?

    -Leo. (hablando muy despacio y con la voz entrecortada por la paja que seguía haciéndose). Hace poco que se pone tangas, llevaba unas bragas blancas, muy bonitas, que no llegaban a taparle el culo de todo, pero se las bajó enseguida hasta las rodillas y me quedé maravillada, se me fue el miedo y creo que me puse a sonreír como una idiota.

    Yo intente cambiar la mano de Leo por la mía y seguir yo frotando su coño, pero ella no me dejo, estaba muy lanzada ya.

    -Leo. Me enamoré al momento de su culo, tú me entiendes perfectamente, ese tamaño, esa piel perfecta, nada de celulitis, parecía leche, un enorme melocotón blanco. Ella se sentó en el váter de espaldas y empezó a masturbarse, tardó unos diez minutos en correrse, iba ojeando la revista y al final se dejó caer sobre ella, yo estaba esperando a que se pusiese de pie para ver su culo de nuevo y lo grabé todo en mi memoria para disfrutarlo más tarde.

    Leonor ya no pudo más y se corrió escandalosamente a mi lado. Volvimos a morrearnos un buen rato.

    -Ana. Supongo que esa noche te hiciste una buena paja.

    -Leo. Ya lo creo. No te creas que no tenía mis dudas morales y mi sentimiento de culpa, pero me lo pasé tan bien, yo sola con ella en mi memoria aquella noche, que me di cuenta de que nunca con ningún chico había llegado a esa excitación tan profunda.

    -Ana. ¿Y vuestra relación cambió a partir de ahí?

    -Leo. Si, poco a poco fui animándola a cambiar su manera de vestir. Meses después le regalé una caja preciosa, parecía de bombones, pero traía unos doce tangas de colores variados, tendrías que haber visto su cara cuando la abrió. Se probo algunos delante de mi y la vi desnuda por primera vez, me impresiono mucho.

    El sonido del todoterreno de Lara interrumpió nuestra conversación. Era media tarde y la temperatura fuera no debía bajar de treinta y cinco grados. No nos preocupamos demasiado en disimular lo que habíamos estado haciendo. Bajamos al segundo piso y Leo se ducho en el baño junto al salón, yo recibí a Lara en el jardín y vi que apenas se había recortado un poco su preciosa melena.

    -Ana. Me alegro que sigas con el pelo casi igual, me gustas tanto así que temía que te hicieses algo radical.

    Ella no contesto y esperó a que entrásemos por la puerta de casa para darme un beso. Nadie podía vernos en el jardín, pero Lara quería asegurarse que nadie pudiese vernos.

    -Lara. Te he echado de menos.

    Pasamos el resto de la tarde charlando las tres y cenamos pronto, al día siguiente teníamos que levantarnos muy temprano para viajar a Madrid y resultó imposible conseguir dormirnos cuando aún era de día. Lara y yo estuvimos follando hasta eso de las once y luego intentamos dormir algo. Yo estaba bastante cansada, me había pasado buena parte del día follando con mis dos diosas y al final conseguí dormir unas horas antes de que Lara me despertase a eso de las cinco.

    Lo hizo suavemente con unos besos en mi mejilla, cuando abrí los ojos me quedé de piedra. ¿Quien era aquella mujer que me besaba? Lara atribuyó mi sorpresa al mal despertar, pero en realidad estaba incrédula por la transformación de mi amada ama de casa en una ejecutiva agresiva que no era la mujer que me había vuelto loca. Su pelo engominado y recogido, su falda azul oscuro por debajo de la rodilla con la cintura alta, muy entallada eso sí, blusa blanca que dejaba entrever un enorme sujetador también blanco con mucho alambre. No me gustaba, yo me había enamorado de una dulce ama de casa, de mediana edad, madre de mi mejor amiga, frente a mi tenía a una mujer a la que yo nunca me habría atrevido ni a saludar. Lo nuestro nunca habría ocurrido si nos hubiésemos conocido en el entorno de trabajo de Lara, me hubiese puesto cachonda igualmente, esa falda marcaba muy bien su culazo, lo hacía también muy goloso, pero a nivel sentimental nunca me hubiese ni atrevido a soñar con ligármela.

    Lara me encargo despertar a Leo en cuanto me vistiese, todavía era de noche y lo hice lo más suavemente que pude. Lara había desayunado ya y Leo y yo intentamos tomar un café en la mesa de la cocina mientras Lara se maquillaba en su habitación. Leonor no había perdido su habilidad para leer mi cerebro.

    -Leo. ¿Intimidada?

    -Ana. Bastante.

    -Leo (con su primera sonrisa del día) Te entiendo, yo nunca me acostumbraré, pero es ella, no te preocupes, es como un disfraz, el mundo de los negocios es así, tiene sus rituales.

    Llegamos al aeropuerto en el coche de Lara con tiempo suficiente y a las ocho ya volábamos hacia Madrid. El vuelo es muy rápido, con el cambio horario eran las diez cuando llegamos a Barajas y allí nos esperaba un representante del bufete con el que trabajaban las empresas de Lara y su marido. El mismo nos acompañó con su coche hasta el hotel de cinco estrellas que había reservado para nosotras a unos doscientos metros del notario donde se firmaría la venta a primera hora de la tarde. Se despidió amablemente y nos subimos a descansar antes de comer algo. Teníamos dos habitaciones, pero al final las tres nos quedamos en la de Lara. Yo me quedé dormida un rato y Leo creo que también. Lara estuvo hablando de negocios con su marido que seguía en América. Yo deseaba que todo aquello acabase pronto y volver a Portugal.

    Por la tarde nos acercamos andando hasta la notaría y en apenas dos horas nos libramos de aquel maremágnum de banqueros, abogados y asesores. Lara se desenvolvía como pez en el agua en aquel ambiente, se diría que incluso disfrutaba, Leo también, al fin y al cabo, su futuro profesional se encaminaba a ese mundo, yo en cambio me alegraba más que nunca de haberme dedicado a la ciencia.

    Hacía muchísimo calor y tras finalizar la tarea que nos había llevado a Madrid Lara nos llevó a una famosa coctelería donde estuvimos charlando y bebiendo un rato, Leo bromeaba con que su madre era oficialmente multimillonaria, no lo hacía de un modo vanidoso, ya he comentado que no era la típica niña bien, que en cuanto desempaqueta un regalo ya está pensando en el siguiente. Leo fue un momento al baño y su madre y yo nos quedamos en silencio, era la primera vez que estábamos en un sitio público desde lo nuestro, nos reímos como tontas, no dijimos nada, las dos sabíamos que estábamos muy a gusto la una con la otra. Cuando Leo volvió me pregunto si me iba acostumbrando a ver a Lara vestida así, yo dije que sí, siempre y cuando no fuese lo habitual. Lara sonrió y nos apresuró a finalizar las bebidas para volver al hotel y cambiarnos.

    Mientras regresábamos Lara y Leo me contaron que necesitaban un par de horas para ellas solas, prometieron regresar lo antes posible. Yo traté de disimular mi sorpresa y disgusto lo mejor que pude porque no me apetecía nada quedarme sola en la habitación de aquel hotel, pero intente convencerme de que no podía acaparar a Lara las veinticuatro del día y que tenía que pasar tiempo con su hija. Se fueron y me quedé tumbada sobre la cama, para aumentar mi malestar salieron con un par de vestiditos veraniegos que dejaban entrever sus increíbles figuras, cada una en su estilo, Lara volvía a ser la misma de siempre y Leo sin sujetador y con su carita de ángel nórdico y su melena super lisa parecía una creación del diablo para tentar a todo aquel o aquella que, teniendo algo de sangre en las venas, se cruzase en su vida. Yo siempre he creído que Leonor es de esos seres que nos hacen a todas bisexuales, su belleza me parecía irrechazable, seas como seas, hombre o mujer, es imposible no caer a sus pies, imposible que no te excite, luego la conoces y su juventud, su capacidad de pasar de ángel a demonio te atrapa todavía más.

    En estos pensamientos estaba cuando, a pesar de estar sola, me ruboricé al punto de que noté mis mejillas calientes, se me encendió la bombilla y recordé que al día siguiente era mi cumpleaños. Repasé mentalmente mi comportamiento con Lara y Leo antes de irse y creí no haber dicho o hecho nada que exteriorizase mi disgusto. ¿Como había podido olvidarlo? Hacía una semana, es decir, en la prehistoria de mi vida, estuve a punto de comentarlo con mis anfitrionas, pero al final preferí no decir nada. Cada día para mí era una fiesta y pensé que Leo ni siquiera se daría cuenta porque nunca habíamos estado juntas en agosto. Pero ahora comprendía su sonrisa pícara hacía un rato cuando se fueron. Era evidente que iban a comprarme algo. Me quedé dormida sobre la cama y fue Lara quien me despertó siendo ya casi de noche.

    -Lara. Me alegro de que te hayas quedado dormida. Hemos tardado más de la cuenta.

    Yo la disculpe y nos abrazamos y besamos. En ese momento Leo entró en la habitación e instintivamente nos separamos.

    -Leo. Eh, no estáis haciendo nada malo. No voy a asustarme. Ya me imagino que cuando estáis solas no jugáis al parchís.

    Nos besamos unos segundos más, como para convencernos a nosotras mismas de que seriamos capaces de hacerlo con normalidad delante de nuestra celestina.

    Al día siguiente no necesitábamos madrugar y salimos a cenar las tres, Leo me comentó varias veces que su madre recordaría aquellos como los mejores días de su vida.

    De vuelta en el hotel llegó el duro momento de dejar a Leo en su habitación y nosotras nos fuimos a la de Lara. Tras un par de horas de sexo estuvimos hablando hasta muy tarde. Lara me transmitió tranquilidad sobre el momento que yo tanto temía, la vuelta de su marido, resumiría nuestra conversación de horas en una frase que me dijo, que aun retumba en mi cabeza por su sencillez: si dos quieren estar juntas eso no hay quien lo pare. Despejó todas mis dudas, por un lado, yo temía que Lara me quisiese demasiado y decidiera que nuestra relación no era lo que una joven como yo necesitaba, por el otro, temía que no me quisiese lo suficiente como para poner su vida patas arriba y seguir conmigo. También salió el tema de nuestra diferencia de edad, decidimos que era algo que no tenía solución y era absurdo darle vuelta alguna. Es más, le hice saber a Lara que su edad era de las mejores cosas que tenía. Habíamos follado como locas hacía un rato pero a mí me apetecía verla a cierta distancia de mí, Lara ya conocía ese vicio mío. Se levanto obediente y orgullosa y se paseó completamente desnuda por toda la enorme habitación. Sus curvas a unos metros de mi me resultaban aún más peligrosas y sus caderas y su enorme melocotón lucían mucho mejor a esa distancia. Al fondo de la habitación había un espejo grande, me levanté y arrastré hacia allí una cómoda butaca para que Lara se sentase frente al espejo. Yo me acomodé en otra butaca desde donde observarla, pero le prohibí mirarme ni por un instante. Ella solo podía mirar su reflejo en aquel espejo. Empezó por jugar con sus areolas y pezones y enseguida agarró uno de sus tetones, de aquel modo que tanto me calienta, poniéndolo sobre una de sus manos a modo de bandeja y llevándoselo a la boca. Estuvo un rato llevándose sus dos pechos a la boca, succionando sus pezones con dureza, iban poniéndose cada vez más rojos y más grandes. Yo pretendía jugar con mi rajita y aguantar hasta el final del espectáculo, pero ver la mirada de Lara clavada en el espejo, observándose fijamente mientras se amamantaba con sus propios pechos fue demasiado para mí. Me corrí pensando en lo mucho que Leonor hubiese disfrutado pudiendo contemplar aquella escena. Lara desobedeció mis órdenes y no pudo evitar mirarme mientras yo gemía de placer. Cerré mis ojos y me dejé escurrir en mi butaca. Cuando los abrí de nuevo Lara me miraba desde su posición, tenía un vaso con hielo y me pregunto si podíamos continuar. Yo asentí y ella por fin dejo sus pezones tranquilos y volvió a fijar su mirada en el espejo mientras llevaba uno de los enormes cubitos a la entrada de su coño. Sus piernas estaban abiertas, sobresalían hacia los lados del sofá sobre los apoyabrazos, yo me levanté y me puse tras su butaca, en el espejo veía como acariciaba con cuidado su vagina, completamente abierta, con el cubito. Besé su cuello y desde su espalda levantando sus tetazas se las ofrecí para que continuase disfrutando de ellas, ella comenzó a lamerlas de nuevo pasando su lengua suavemente sobre los pezones, yo me maravillaba una vez más del peso que tenían, preferí agarrar una sola para llevarla más fácilmente a su boca y se las iba ofreciendo alternativamente. Convenimos que cuando el cubito se derritiese yo me encargaría de llevar su coño con mi boca a su temperatura habitual y así fue, cuando me coloque entre sus piernas su coño estaba completamente rojo, Lara lanzo un profundo suspiro, mi boca debió parecerle fuego porque sus labios estaban completamente helados, calenté su clítoris primero con mi lengua y luego fui poniendo mi saliva sobre su todo su chocho hasta que vi como su respiración se aceleraba. Me pidió que le metiese mis dedos y la penetre con toda la mano salvo el pulgar, la note tan lubricada que gire y sacudí mi mano dentro de su coño sin piedad, se corrió frotando el clítoris con sus dedos porque mi mano no parecía suficiente. Estalló en un grito que me asusto y debió escucharse en todo el hotel y se retorció de placer hasta casi caer al suelo desde la butaca. Lara llevaba casi veinticuatro horas sin dormir y cayó rendida en cuanto nos metimos en cama.

    Por suerte no teníamos que madrugar, nuestro vuelo de regreso a Lisboa era a las doce. A eso de las cinco de la tarde, tras haber recuperado la hora de diferencia con España, cruzábamos con el coche de Lara la verja del jardín y volvíamos a estar las tres solas en mi paraíso. Nos duchamos y Lara me propuso bajar a la playa a dar un paseo, Leo no estaba invitada y acepté porque imagine que Lara tendría cosas importantes para hablar conmigo. No hacía calor, se estaba muy bien a unos veinte grados tras los dos días sofocantes en Madrid.

    Efectivamente Lara quería hablar conmigo, lo nuestro iba en serio, había planeado minuciosamente como dar cobertura a nuestro amor, al menos durante el año siguiente en que tanto yo, como Leo, pasaríamos la mayor parte del tiempo en Salamanca, con solo algún viaje de no más de una semana a otras ciudades. Mi futuro laboral a medio plazo estaba fuera de España, era algo inevitable, pero para eso aún faltaba un tiempo y decidimos no complicarnos con ello por el momento. El hecho de que mis padres comprasen la buhardilla donde Leo y yo vivíamos, que tan feliz nos había hecho hacía unas semanas se convertía ahora en un problema, las dos nos temíamos que si las tres nos quedábamos en él mi madre nos visitaría cada dos por tres, al fin y al cabo, era su vivienda. Recorrimos varios kilómetros de playa en busca de una solución, Lara hubiese preferido comprar un apartamento para las tres, sabía que mi madre nos visitaría igualmente, pero sería menos violento que vivir en una propiedad de mis padres cuando además sabíamos que ellos no aceptarían ningún tipo de pago en concepto de alquiler. Tras casi una hora de delicioso paseo bajo el cielo portugués dimos con la solución. Lara estaba dispuesta a comprar la buhardilla a mis padres, el dinero no era un problema para ella, además sabia lo mucho que a Leo le gustaba y eso justificaba la compra ante su marido, aunque ella era muy libre de hacer lo que quisiese con su dinero. Yo hablaría con mis padres, como así hice, y les haría llegar una generosa oferta de parte de Lara argumentando que por asuntos fiscales necesitaba comprar varios inmuebles aquel mismo año. Conocía a mi padre, era capaz de todo por ahorrarse el pago de una peseta en impuestos, y si le presentaba la operación como un favor a la familia de mi mejor amiga, a la que ellos además apreciaban mucho, aceptaría encantado. Por supuesto ni se nos ocurrió la posibilidad de planear nada que no incluyese que Leonor viviese con nosotras.

    Dimos media vuelta y regresamos hacia la casa, nos habíamos alejado muchísimo. Caminábamos la una al lado de la otra, Lara se había recogido el pelo con una cinta, le pedí parar un momento para que pudiese ver bien su cara. Estaba preciosa, no me atrevo a describirla, para mi era simplemente perfecta, tenía esa mezcla de belleza y juventud que normalmente alcanzamos las mujeres entre los treinta y cuarenta pero que ella conservaba camino de los cincuenta. Las pequeñas pecas de su cara parecían pintadas por un maestro del renacimiento y sus rasgos obra de un escultor de la antigua Grecia. Se ruborizo mucho. Yo puedo llegar a ser muy cursi. Continuamos andando.

    -Ana. Ayer por la tarde mientras os esperaba en el hotel me agobié un poco, no conseguía recordar tu cara.

    -Lara. No me mires por favor, tengo una absurda sonrisa que no consigo quitarme durante horas cada vez que me haces algún cumplido.

    -Ana. Sabes que no son cumplidos. Estoy loca por ti.

    -Lara. Eso es lo que pienso a veces, que todo esto es una locura.

    -Ana. Eh, ¿dónde está la mujer pragmática, agresiva y segura de sí misma que conocí ayer?

    -Lara. ¿Te gusta más que esta?

    -Ana. No, pero quizás deberías traer aspectos de tu vida profesional a tu vida privada.

    Lara me había transmitido todos aquellos días mucha seguridad y ese día, por primera vez, la vi dudar con respecto a lo nuestro.

    De vuelta a casa Leo nos había preparado la cena. Lara nos confesó estar un poco abrumada por la cantidad de dinero que acababa de ingresar y la agobiaba la idea de tener que ponerse en unos días a trabajar en qué hacer con todos esos millones. Yo pregunté ingenuamente cual era el problema en dejarlo en el banco y las dos estallaron en una carcajada.

    Nos fuimos pronto a la cama, Leo empezaba ya a bromear con que mañana sería un día muy largo. Estaba claro que preparaban algo para mi cumpleaños. Lara y yo volvimos a hablar un rato muy largo. Me contó como Leonor había ido cambiando su vida en los últimos años, como la había ayudado a sobrellevar el paso del tiempo, como fue convirtiéndose en su mejor amiga y como, al fin, me había puesto a mí en su vida. Sentía que se lo debía todo a Leo, que le había regalado una segunda juventud que no se podía pagar con todo el dinero del mundo.

    A la mañana siguiente Portugal nos obsequió otro precioso día, no hacía demasiado calor, pero el cielo estaba completamente azul, sin una sola nube en el cielo. En menos de una hora el tiempo podía cambiar rápidamente. Tras desayunar y ordenar un poco la casa subimos a la azotea a tomar un poco el sol. No llegamos ni a ponernos protector solar porque el cielo comenzaba a encapotarse, no parecía que fuese a llover, pero tampoco hacia demasiado calor. Se estaba muy bien allí arriba en cualquier caso y Lara y Leo se sentaron juntas para empezar a trabajar en la cuestión del dinero. Yo no podía ayudarlas, era algo totalmente desconocido para mí, ellas en cambio estaban en su salsa hablando en esa jerga económico empresarial que a mí me sonaba a chino. Yo me entretenía mirando sus piernas, estaban sentadas en la pequeña mesa que había en la terraza, frente a mí. Lara llevaba todavía la bata con la que se había levantado, pero Leo solo una de sus camisetas largas. Tardo muy poco en ver que yo las observaba y empezó a sonreír y abrir sus piernas para que yo viese su precioso chocho, depilado de unos días atrás pero que ya tenía un poco de pelusa que lo hacía parecer delicioso. A mí me encantaba jugar a que ignoraba sus provocaciones y fijaba mi mirada en las largas piernas de su madre, que podía ver casi hasta sus ingles. Desde que estaba en esa casa mi chochito no paraba de rezumar día y noche. Lara, en cambio estaba abstraída por la tarea y decidí dejarlas solas para que pudiesen trabajar. Baje a la cocina para preparar algo de comer y Leo me saco la lengua como solía hacer burlonamente cuando yo no accedía a “jugar” con ella, que era muy de cuando en cuando. Comimos en cuanto Lara estuvo lista porque quería aprovechar la ayuda de Leo para avanzar su estrategia económica y estuvo hablando por teléfono con varias personas.

    Por la tarde Leo me invitó a bajar a la playa a pasear, seguía nublado y no tendríamos calor. Lara estaba delante y comprendí que no tenía opción. Necesitaban sacarme de casa. Subí a cambiarme porque no llevaba nada debajo de mi vestido y bajé de nuevo para encontrármelas discutiendo sobre el atuendo de Leo. Su madre no quería que bajase a la playa sin ropa interior, y con un vestidito realmente corto. Subi con ella y me pidió una de mis bragas, ella no tenía. Te van a ir grandes, le dije. Ella busco en el armario y agarro también un sujetador.

    -Ana. ¿Leo, que haces? Te vas a poner sujetador.

    -Leo. Las bragas son para gastarle una broma a mama. El sujetador es porque estas me duelen un poco. Hace dos noches en el hotel se me fue un poco la mano jugando con ellas.

    Yo no dije nada y me coloqué a su espalda para ayudarle a abrochar el sujetador. No pude dejar de mirar su piel tostada ya por muchos días de verano, me gustó mucho verla tan de cerca y pensé que no era justo que otras partes de su anatomía tuviesen siempre mi atención cuando aquellos hombros y aquella espalda merecerían ser besados durante horas.

    Bajamos y en cuanto nos encontramos con Lara, Leo, que a veces se comportaba como si tuviese diez años, nos dio la espalda haciendo un sonido burlón y se levantó la camiseta y bajó las bragas mostrándonos su precioso culo y estallando en una carcajada. Lara salió corriendo tras ella escaleras abajo hasta que Leo alcanzo el jardín y su madre desistió en la persecución. Subió de nuevo jadeando y con una sonrisa en su cara. Nos besamos mientras Lara se preguntaba en que habían fallado con su educación.

    -Ana. (me partía de risa) Pues mejor que no mires por la ventana.

    -Lara. ¡Por dios! Iros ya y dile que cualquier día la desheredo.

    Leo estaba en cuclillas en el jardín meando en medio de unos rosales.

    -Ana. Tu madre se lo ha pasado muy bien.

    -Leo. Lo sé. Le encanta cuando hago estas cosas. Hace unos años se hubiese desmayado viéndome mear en el jardín.

    -Ana. ¿Tanto ha cambiado?

    -Leo. En lo que se refiere a este tipo de cosas sí. Me refiero a desnudarnos y eso… pues sí. Antes yo casi ni recuerdo haberla visto, no ya desnuda sino incluso en ropa interior.

    -Ana. ¿Y tras lo del baño y la revista?

    -Leo. ¿Ya quieres que te ponga cachonda de nuevo? Y aquí en la playa.

    -Ana. ¿Qué pasa? Tengo curiosidad.

    -Leo. Pues empecé a llevar más revistas a casa, las dejaba donde sabía que ella las encontraría, cada vez más subidas de tono. Estaba segura de que ella disfrutaba mucho con ellas y que nunca se atrevería a ir a un quiosco y comprarlas. También compré un video y una tele para mi habitación en casa y conseguí algunas cintas con porno lésbico.

    -Ana. ¡Guau! Esas cintas quiero verlas yo.

    -Leo. (dándome azotes cariñosos). ¿Te parece poco porno lésbico el que tienes aquí montado, tirándote a la madre y a la hija?

    -Ana. Eso es cierto. Vamos, que crees que cuando tu regresabas conmigo a Salamanca ella hacia buen uso de tu habitación.

    -Leo. Entre tu y yo, voy a quitarme las bragas, no hace calor, pero me gusta sentir la brisa del mar refrescando mi rajita.

    Era incorregible, nos alejamos un poco de la orilla y en un recoveco entre rocas se quitó las bragas. Llevaba un vestidito, tipo tenis, que apenas le cubría el culo. ¡Por suerte no hacía viento! Leonor continúo contándome como su madre casi “mojigata” había ido saliendo del cascaron a los cuarenta y muchos hasta atreverse a hacerse la depilación láser el verano anterior. Hablaba con orgullo, pero sin vanidad del papel que ella había jugado. Nos encontramos con uno de sus amigos del pueblo y por un momento miré a mi alrededor para cerciorarme de que no había un sitio propicio para que follasen. Todavía recordaba mi rol de “vigía” el primer día de vacaciones. Leo se dio cuenta y cuando volvimos a estar solas bromeo con el desinterés que los hombres empezaban a producirle. Me hizo una confidencia que me dejo K.O.

    -Leo. ¿Recuerdas que cuando nos vinimos aquí pase un par de días un poco preocupada?

    -Ana. Perfectamente.

    -Leo. Es que sabiendo que tú y mama os gustaríais dudaba si realmente quería que os conocieseis o guardarte solo para mí.

    Apenas intercambiamos un par de frases en nuestro regreso a casa. Yo siempre había intentado no caer en el error de enamorarme de Leo, quererla solo como amiga, casi hermana y separar el sexo del amor, pero sus palabras me dejaron desarmada.

    Serían ya las cinco cuando llegamos a casa y por como vestía Lara comprendí que esperaba a alguien, aunque no hacía calor, iba demasiado “tapada”. Leo y yo nos dimos una ducha, por separado, y yo no pude evitar que las palabras de Leo girasen y girasen alrededor de mi cabeza. Procuré mostrarme feliz ante Leo, sonreírle y asegurarme que no confundiese mi estupefacción ante su, casi declaración de amor, con enfado o contrariedad. Bromeé como tantas otras veces estirando mi pie descalzo y metiéndolo entre sus muslos mientras Lara nos llamaba al orden. Nos sentamos un rato en el salón a ver la tele, creo que las tres dormimos un rato de siesta hasta que un claxon nos despertó. Hoy es de lo más normal recibir comida en casa, pero en aquella época no lo era en absoluto, y menos en un rincón perdido de Portugal. Lara y Leo bajaron a recibir el pedido y me enviaron al piso superior de la casa. Quedaba claro que mi cumpleaños no iba a pasar desapercibido y menos cuando unos minutos más tarde sonó el teléfono, era mi madre que llamaba para felicitarme, estuvimos hablando unos minutos, pero luego insistió en hablar con Lara para agradecerle haberme recibido en su casa todo el verano. Mi anfitriona no pudo evitar que su cara pareciese un tomate durante un buen rato y encima Leo no paraba de bromear refiriéndose a mi madre como suegra de Lara. Al final Leonor encontró otro entretenimiento y la dejó en paz.

    Llegó la hora de la cena y por fin me dejaron entrar en la cocina. La cena era espectacular, Lara se había gastado un buen dinero encargando sobre todo mariscos, que a mí me encantaban, como cigalas, camarones, percebes gallegos y almejas. Yo estaba abrumada por tantas atenciones, nos bebimos casi dos botellas de vino blanco y cuando tocaba la carne ya no podíamos más. Estuvimos charlando una media hora antes del postre, yo sabía que me esperaba algún regalo y reconozco que me sentía el centro del universo aquella noche. Lara me pidió antes de cenar que me pusiese guapa, pero ellas vestían muy informalmente, Lara seguía con la misma falda y camisa con que había recibido el catering por la tarde y Leo, en su línea, con una camiseta larga y probablemente sin ropa interior. Yo llevaba un vestido blanco estampado en flores naranjas, con tirantes muy finos, algo de escote por delante y muy escotado por detrás, se me veía el sujetador que me había puesto para juntar un poco mis pechos y marcar algo de canalillo intentando, en vano, competir con ellas. Tenía unos elásticos en la cintura que ayudaban a resaltar todavía más mi gran culo y cubría hasta la mitad de mis golosos muslos. Me puse mi tanga favorito y me excité bastante pensando en que Lara acabaría quitándomelo y comiéndose mi chochito que no dejaba de hacer horas extras desde que llegó a aquella casa. Me equivocaba.

    Ya casi había anochecido cuando Lara se retiró un momento de la mesa y apagó las luces. En el tendedero se escondía mi tarta con una sola vela que soplé antes de recibir besos y abrazos de mis dos amores. Nos comimos un buen trozo y fui enviada escaleras arriba con la orden de esperar cinco minutos antes de bajar. Cumplí mi promesa y cuando regresé al segundo piso solo encontré silencio. En la cocina tampoco estaban, en el suelo, junto a las escaleras, encontré uno de mis regalos, era un viejo disco de The Art of Noise que Leo sabía que me encantaba, ya en aquella época llevaba casi veinte años editado y seguro que su compra había requerido visitar varias tiendas de discos en Madrid porque yo había fracasado varias veces en mi intento de encontrarlo.

    La caratula estaba vacía y pude escuchar que desde el sótano llegaba el sonido de mi tema favorito.

    Descendí despacio, saboreando cada momento, recuerdo que pensaba cuan aburrida mi vida era hasta ese verano. Al llegar al sótano, junto a la piscina, vi abierta por primera vez la puerta que daba paso a la única estancia de la casa que todavía no conocía. Confieso mi curiosidad por aquella puerta y aquel candado, nunca había preguntado por ella, dando por supuesto que no pasaría de ser un trastero. Mi fantasía no tenía limites en aquella época y a veces jugaba a inventarme que había allí dentro, pero nunca habría adivinado la verdad. Me acerque a la puerta, “Moments in love” seguía sonando, la calidad del sonido era extraordinaria, dentro había una luz azul, salía de un proyector que, desde cerca de la entrada, iluminaba una pantalla en la pared opuesta, el proyector estaba simplemente encendido, utilizado a modo de foco. Entre las dos paredes había unas diez butacas de un precioso terciopelo rojo, tras la pantalla cortinas rojas del mismo tejido que las butacas cubrían toda la pared desde el techo hasta un pequeño escenario que alejaba los primeros asientos de la pantalla. Hasta pude ver una máquina de hacer palomitas, estaba claro que aquello era un pequeño cine, construido con un viejo proyector de VHS totalmente desfasado pero que contaba también con un amplificador de sonido que conectado a un plato daba un glorioso sonido.

    Tampoco pude ver allí a Lara y Leo, pero estaba claro que querían que me quedase allí. Me senté al fondo envuelta en la luz azul que cruzaba la habitación hasta que vi que las cortinas se movían y de ellas surgían Lara y Leo interpretando una sugerente coreografía. Su indumentaria me impactó, las dos iban igual, llevaban un body negro completo desde cuello a tobillo confeccionado con el mismo nylon que los pantys, muy transparente y ajustado a sus curvas. Yo sabía que Lara había recibido clases de ballet cuando era joven porque era más alta que todas las niñas de su edad y sus padres querían que aprendiese a moverse con soltura y gracia. Y doy fe que había funcionado, se movía lentamente intentando en vano que Leo la siguiese, sus expresiones eran serias acorde con la coreografía que me prepararon, pero Leo no aguanto más de un minuto y comenzó a reírse entre dientes. Estaban increíbles, el nylon ceñido a sus cuerpos y aquella luz, el modo en que se miraban y rozaban, sin ser vulgar era muy excitante para mi o cualquiera que hubiese estado entre el público. Tenía algo de lésbico, sin duda ellas lo habían hablado y sabían que me encantaría y me resultaría muy excitante.

    Ninguna llevaba nada debajo de aquella piel de nylon, solo se diferenciaban en una cosa, en el cuello de Lara lucía un collar precioso, lanzaba destellos hacia cada rincón de la estancia, sin duda no era bisutería. Remataron el baile dándose un beso en los labios y Leo ya no aguantaba más la risa. Si yo llevase algo menos de ropa hubiese mojado el precioso terciopelo rojo de mi butaca. Se acercaron a mí y me cubrieron de besos, Lara se sacó el collar y lo pasó a mi cuello, yo me quedé paralizada, eran veinticinco diamantes auténticos valorados en una suma que cualquier trabajador necesitaría media vida para ahorrar.

    Abrumada por tantas atenciones subí a por una botella de cava para saciar la sed de mis diosas. Estaba helado y cuando regrese abajo Lara la utilizó para refrescar sus mejillas, estaban muy rojas. Confesó que solo ante dos personas en el mundo se hubiese atrevido a hacer semejante numerito, y por suerte, éramos nosotras. Me negué en redondo a bañarnos en la piscina, al menos durante un rato.

    -Ana. Estáis tan guapas y atractivas que no quiero que os los quitéis.

    – Lara. Hoy mandas tú, es tu día. ¿Qué quieres que hagamos?

    Todos los días allí eran mi día, estaba tan feliz que no podía pedir más. Simplemente bebimos, quizás más de la cuenta, bailamos y nos reímos. Nos quedamos toda la noche en el sótano, junto a la piscina. De vez en cuando Leo agitaba con sus pies el agua y la luz que la iluminaba desde el fondo llenaba el sótano de olas de luz. No era precisamente lo que necesitábamos. Tras un par de horas de fiesta estábamos las tres empapadas en sudor. Yo no podía más, estaba agotada y subí a ducharme, me quité mi collar con cuidado. Al acabar subí a la habitación de Lara y dejé mi regalo sobre el tocador. La música paró y oí como Lara y Leo subían. Si no estuviese tan cachonda me hubiese dormido en segundos, pero la imagen de ellas dos con el nylon empapado sobre sus coños, sus cuerpos desnudos bajo esa fina capa, el baile tan sugerente de antes, en fin, era demasiado para mí.

    Lara subió a decirme que estaría conmigo en cinco minutos. Solo esperaba a que Leonor dejase la ducha libre para ella. Bajó y Leo, que no tenía sueño subió y entró ruidosa en la habitación con una botella de licor. Se dejó caer en la enorme cama pretendiendo estar completamente borracha. No dejaba de bromear con que tendríamos que llevarla en volandas a su cama. Cuando Lara subió nos encontró a las dos en su cama completamente desnudas. Mostró su sorpresa por encontrarse allí a Leo y pretendió echarla dándole unos manotazos en su precioso culo. Era lo que yo necesitaba para que mi coño definitivamente rebosase todo su jugo hacia mis ingles. Me moría de ganas de follar con Lara, pero el juego de Leo no yéndose a su habitación era más morboso aún. Leo me agarraba poniendo mi cuerpo entre ella y su madre y acabamos las tres casi cayéndonos de la cama, Leo y su madre jadeaban y se reían y en el fondo tanto Lara como yo odiábamos el momento en que cada noche nos separábamos de ella. Nos quedamos un rato charlando sobre lo mucho que habíamos bebido. Poco a poco la conversación fue decayendo. Lara apagó la luz para que no entrasen mosquitos. No hacía calor, pero se estaba muy bien sobre la sabana. Tras unos minutos mis pupilas fueron dilatándose. El azar hizo que yo quedase en medio, con Lara a mi izquierda y Leo a mi derecha. Lo que en principio eran nuestras siluetas fueron convirtiéndose en algo mucho más nítido. La luz de la luna entraba en la habitación e iluminaba aquella maraña de piernas, muslos y pechos. Yo, boca arriba, me derretía con el tacto de la piel de Leo que reposaba su cabeza en mi hombro y cabalgaba su muslo sobre mis piernas. No me daba calor. Su piel, tras la ducha, estaba muy suave. Lara miraba hacia el techo como yo. No me resistí a acariciarla con mi mano, fui de su vientre hasta el pubis y allí pare esperando que Lara me dejase comprobar su “estado de ánimo”, ella abrió ligeramente sus piernas y unté mi dedo entre los labios de su coño, confieso que me llevé el dedo a mi boca asegurándome que el aroma llegase unos centímetros más allá, hasta la nariz de Leo.

    Ella, con un ligerísimo gemido en mi oreja me hizo saber que el delicioso néctar de su madre había excitado su pituitaria. Lara me miraba de vez en cuando y en la penumbra veía su gesto preguntándose si Leo dormía ya y podíamos llevarla a su habitación. Yo no pude más y con un gesto llamé la atención de Lara hacia lo que sucedía un metro más abajo, Leo llevaba ya un par de minutos acariciando su propio coño con suavidad, nos miramos incrédulas, quizás Lara creía que Leo estaba algo borracha y no era el momento de reprenderla, yo sabía que no había para tanto, ella tenía bastante aguante con el alcohol. Lara no se atrevía a mirar y yo ya empezaba a mojar la sabana bajo mi culo. Leo estaba cada vez más cachonda y empezó a besarme en el cuello, dejó su chocho tranquilo por un rato y me plantó un morreo llegando con su lengua a mi garganta. Nunca la había visto tan desatada, no tenía prisa, me besaba con cuidado y paciencia, en silencio, solo se oía el sonido de la saliva circulando entre nuestras lenguas y labios, pero la notaba muy muy excitada, dispuesta a todo. Yo utilizaba mi brazo izquierdo para comunicarme con Lara, me tranquilizó colocando la palma de su mano sobre el anverso de la mía, aquel gesto me decía que no debía rechazar a Leo. Poco a poco mi temperatura fue subiendo, nunca otra boca en la mía me dio tanto gozo. En otras circunstancias ya estaría comiendo el chocho de Leo. Sin pensármelo mucho, dejé a Leo haciéndole saber con la palma de mi mano en su mejilla que aquello solo era un paréntesis, me di la vuelta e inserté mi lengua en la boca de Lara, ella no dudó un instante y me correspondió abriéndola todo lo que podía para que yo llegase a su garganta, metí toda su lengua en mi boca, tuve la sensación de no haber dado nunca besos tan profundos como aquellos, le di un respiro y la besé en el cuello. Me acerqué a su oído y le susurré que me diese algo de su saliva, Lara hizo un movimiento con sus mejillas y me llenó la boca con su saliva caliente y gelatinosa, yo agarre su teta mas cercana y la lleve a su boca para dejarla entretenida mientras me daba la vuelta y llenaba la boca de Leonor con la saliva de su madre. Leo se dio cuenta y aparte de seguir con nuestro morreo me dio un abrazo. De vez en cuando con mi brazo izquierdo palpaba el cuerpo de Lara y comprobaba que aun jugaba con su pecho. Varias veces me volví a comer la boca de Lara y regresaba a Leo con la jugosa saliva que ella esperaba ansiosamente. No sabría decir el tiempo que estuvimos así, pero el aroma de nuestros coños debía llegar al primer piso. Ninguna se atrevía a ir un paso más allá hasta que en una de mis visitas a la boca de su madre Leo bajó toda mi espalda y comenzó a besar mi enorme trasero. Yo estaba frente a frente con Lara, pero levanté una de mis piernas para que Leo accediese a mi vagina. Primero me beso el ojete, como solía hacer muchas veces, y luego comenzó a pasar su lengua sobre mis labios internos y comerse todo lo que de allí salía, yo me acomodé boca arriba para que Leo me hiciese correrme de una vez, Lara continuaba besándome y en la nueva postura sus enormes tetas quedaban a mi alcance. Las sobaba hasta el punto de que Lara no podía evitar lanzar pequeños chillidos y yo no tuve más remedio que romper el silencio y pedirle, casi llorando, a Leo que me corriese ya que me moría. El orgasmo más morboso de mi vida llegó enseguida y estuve varios minutos en el paraíso, no podía seguir besando a Lara porque necesitaba todo el aire de aquella habitación para no morirme de placer, mi corazón golpeaba mi pecho con tanta fuerza que Lara me confesó al día siguiente que llegó a preocuparse. Leo tuvo que dejar mi coño porque mis piernas se cerraron como las valvas de un mejillón, pero continúo besando mis muslos y mis rodillas. Lara me acariciaba en silencio y besaba mis mejillas. Leo tardó muy poco en volver sobre mi chocho, yo sabía que solo quería comprobar que bien había hecho su trabajo, abrí un poco las piernas y recogió con su lengua todo el jugo que fluía abundante de nuevo. Con su carita embadurnada de mi subió hacia nosotras y nos inundó el olor de mi rajita, Lara se apartó unos centímetros porque Leo venia hacia mi boca pero se encontró con mi mano derecha que la dirigió hacia su madre.

    Leo disipó sus dudas y sin miedo a ser rechazada juntó sus labios con los de Lara y comenzó a besarla. No era un beso como los que se habían dado hasta ahora, poco a poco sus lenguas empezaron a llegar muy adentro en sus bocas, estaban sobre mi pecho y notaba que ambas tenían la piel de gallina. Estuvieron así unos minutos, yo debajo necesitaba mear y ya no podía más, no quería interrumpirlas, pero era ya una cuestión de vida o muerte. Al fin un lo siento por mi parte precedió a unas risas casi susurradas y dos “yo también”. En penumbra nos fuimos las tres juntas hacia el baño, haciendo bueno el tópico. Lara se sentó primero sobre la taza y yo la sorprendí sentándome sobre sus muslos, mirando hacia ella, acerqué mi vientre hasta casi su ombligo y comencé a orinar sobre su pubis, mi pis bajaba hacia su coño y se mezclaba con el suyo. Un profundo suspiro de satisfacción agradeció mi calenturienta ocurrencia. Tenía tantas ganas que tuve tiempo de abrazarla y besarla mientras meaba y meaba. Cuando por fin me encontraba aliviada miré hacia atrás y vi a Leo que deseaba ocupar mi lugar. Se lo cedí y se acomodó sobre Lara del mismo modo que yo, Lara agarró sus nalgas y la acerco hacia ella y volvió a suspirar al notar el pis de su hija, calentito caer sobre su monte de venus y mojar su coño y mezclarse con sus jugos. Yo me separé un poco hacia atrás y me morí de gusto al verlas sentadas sobre la taza del váter, abrazadas, los muslos de Lara eran un trono del que Leo no parecía querer bajarse.

    La ventana en el techo del baño dejaba entrar la luz de la luna, la melena de Leo caía sobre su espalda y las manos de Lara continuaban abiertas sobre sus nalgas, como queriendo que no se escapase. Volvían a besarse y parecían muy cómodas en aquella postura. Yo abandoné mi posición de observadora y me acerqué a besar la espalda de Leo. Vi que tuvo un escalofrío de placer y no me resistí a sobar su precioso culo. Lara apartó ligeramente las palmas de sus manos y yo recorrí su raja con mi dedo hasta llegar a su ojete, estaba empapado de orina, pero sobre todo del jugo que llegaba de su coñito. Le di un pequeño masaje y metí mi pulgar en él, creí haberme equivocado de orificio por lo fácil que entraba. Escuchaba el sonido de ellas dos besándose y yo volvía a estar muy caliente, me acomodé de rodillas en el suelo, podía besar y morder los muslos de ambas y Leo movía sus caderas como follando con una polla imaginaria. Sin sacar mi índice de su culo metí dos dedos más en su coño y comencé a follarla con fuerza. Lara abrió las nalgas de Leo para facilitarme la tarea y al oír que dejaban de besarse comprendí que lo estaba haciendo bien y Leonor necesitaba su boca para respirar todo lo que podía. Cuando miré hacia arriba Leo tenía sus dos melones bien agarrados para que Lara le comiese sus pezones. La cara de mi novia iluminaba en rojo la noche, pero no dejaba de chupar y chupar a pesar del tremendo rubor. Leo jadeaba y gemía y parecía que casi llorase de placer, yo apenas necesitaba mover mi mano para follarla porque saltaba arriba y abajo sentada sobre su madre como si tuviese muelles. Lara seguía agarrándola fuerte por el culo, pero ahora para que no se le escapase hasta el techo. Noté en mis dedos como su coño dejaba de lubricar y empezaba a gotear ese flujo más líquido que las mujeres producimos cuando algo nos penetra bien hasta el fondo, me empapó hasta la muñeca y gritó de placer al correrse mientras abrazaba a Lara de nuevo y besaba su pelo. Sus rodillas temblaban y mi mano, todavía dentro de ella notaba como sus líquidos cambiaban de nuevo y volvían a ser viscosos. Saqué la mano y la lamí con placer.

    Ayudé a Leo a ponerse de pie y las cogí a las dos de la mano para llevármelas de vuelta a la cama. Lara necesitaba lavarse de cintura para abajo en la gran bañera, y al ayudarle, me di cuenta de que no solo era nuestra orina el motivo, al no tener prácticamente vello su almeja había derramado, como un tarro, toda su miel ingles abajo. El silencio era total, tanto dentro como fuera de la casa, cruzamos el umbral de la puerta que separaba el baño de la habitación y vimos a Leo con mi fetiche favorito, el vestido de playa a franjas horizontales azules y blancas. Sin decir nada se lo ofreció a Lara que se lo puso en un instante, no sin dificultad porque le quedaba muy ceñido. Leo sabía que no sería buena idea encender las luces y salió disparada escaleras abajo, nos quedamos mirándonos y al momento la oímos subir con dos velas y un mechero. Puso una en cada extremo de la habitación y pudimos ver en todo su esplendor aquel cuerpo. Leo se sentó a ver a su madre desde una butaca como a mí tanto me gustaba, yo desde la cama tampoco le quitaba ojo, la observábamos como un animal a su presa, su enorme trasero y sus caderas, con su talle de botella de Coca-Cola, no nos dejaron ver su preciosa cara durante un rato, nos tenían hipnotizadas. Luego sus pechos marcados por las líneas de tela parecían olas de tempestad, la que se avecinaba si no hacíamos algo ya. Lara ya no podía más, llevaba horas excitada y se merecía mil orgasmos. Me levanté y la traje de la mano cerca de la cama, de pie entre Leo y yo. De repente tenía a dos jovencitas besando sus pies y sus tobillos, Leo captó al momento lo que yo quería. Fui subiendo y Leo me seguía, me pare en su gemelo y Leo también lamio y beso el suyo. Deliciosa era la zona inmediatamente encima de las rodillas, yo veía los ojos de deseo de Leo que empezaba a tomarme ventaja, ¡que morbo! pensaba. ¿Como hemos llegado hasta aquí? me preguntaba. Cuando yo todavía saboreaba mi muslo y me deleitaba con el tacto de piel de gallina de mi víctima, Leo ya se había abalanzado sobre el mejor bocado y masticaba con vicio los labios del coño de su madre que abría las piernas para que yo pudiese pasar mi lengua por su ojete. Antes apreté sus nalgas como a ella le gustaba, porque en su parte superior hacían una especie de escote o canalillo que me encantaba. Pero Lara probablemente ni se dio cuenta, tenía a Leo que con desenfreno comía su coño, ruidosamente, yo lamía su raja y desde atrás metí mi dedo por el coño, la lengua de Leo continuaba trabajando y solo para chupar mi mano abandonaba un momento su tarea. Paramos un momento y nos besamos entre las piernas de Lara como en mi fantasía. Dejamos que Lara se tumbarse en la cama y Leo se dedicase a jugar con su clítoris, oímos un “guau” cuando, con Lara bien abierta de piernas, se percató de su verdadero tamaño. Yo conocía muy bien esa sensación, de metérselo en la boca y chuparlo como un pezón. Yo mientras me entretenía con sus pechos y su boca, hasta que Leo descubrió que podía ocuparse de dos chochos al mismo tiempo y empezó a toquetear el mío también. Le pedí que se centrase en Lara y le diese todo el placer que se merecía, fue casi un susurro pero las dos me escucharon y vi que mis palabras, tras tanto silencio tenían un efecto relajante en ambas, así que continúe hablando, muy suave, “dirigiendo las operaciones hasta que Lara por fin se corrió, Leo no dejó que me acercase ni un segundo y se comió ella sola todo el flujo que salía de su madre, mientras yo besaba a Lara y secaba el sudor de su cara con la sabana. Fue un orgasmo brutal. Temía que Lara se encontrase mal, susurre en su oído.

    -Ana. ¿Estás bien cariño?

    -Lara. No he estado mejor en mi vida.

    -Ana. Te quiero mucho.

    Nos besamos con cuidado porque ella todavía respiraba atropelladamente, Leo se nos unió con la cara embadurnada, nos besamos las tres disfrutando el sabor más íntimo de Lara en los mofletes de Leo que aún llevaba el vestido levantado hasta su cintura. Leo no decía nada, pero no estaba dispuesta a parar, la misma ansia que yo sentía días atrás por explorar cada rincón de Lara la experimentaba ella ahora. Con mi ayuda despojó del vestido a Lara y se abalanzó sobre sus pechos. Insistió en que Lara nos “amamantase” a las dos y así fue, se irguió y nos acomodamos a sus lados a comernos sus rotundos melones. No podíamos más pero Leo no podía esperar al día siguiente para saciar sus fantasías e insistió en follarnos a ambas con la polla y el arnés que le había regalado a Lara. Tampoco nos resistimos mucho. Nos fue penetrando alternativamente hasta que me pidió que me pusiese sobre Lara, y la besase, entonces perdió el control y rompió a sudar de tanto movimiento de su pelvis, cuando penetraba a Lara iba un poco más despacio, pero a mí me follaba a una velocidad que parecía una máquina, sentía la polla llegar al fondo y golpear mi útero, la sacaba del todo y en décimas de segundo ya la tenía toda dentro de nuevo, era como un embolo funcionando a muchas revoluciones por minuto, me gustaba y me corrí sin que ella ni se diese cuenta, fue un orgasmo distinto a lo que estaba acostumbrada, y tuve que suplicarle que parara. Por suerte se centró en Lara, que ya sin mi encima, recibió el mismo trato. Yo tenía mi vagina tan sensible que no hubiese podido ni limpiarla, Lara se corrió igual que yo lo había hecho y nos abrazamos las tres. Leonor estaba empapada en sudor pero no había fuerzas para nada más.

    Así amanecimos, o mejor dicho, asi nos despertamos casi a mediodía. La primera fue Leo que salió disparada al baño, escuchamos su meada interminable y tras ella me toco a mí y luego a Lara. Nos hizo gracia. Bajamos a desayunar y si el día después de mi primera noche con Lara fue difícil, esa mañana fue mucho peor, hubo frases como: esto no puede volver a ocurrir, el alcohol nos ha vuelto locas, si hay infierno ardemos en el seguro.

    Pero un factor tiraba por tierra cualquier propósito de enmienda que yo, hipócritamente, y sobre todo Lara nos propusiésemos. Ese factor era Leo, como ya he dicho, era un ser irrechazable, hubiese podido seducir a quien quisiese. Para nuestro gozo, nos tocó a nosotras.

    Tras un par de horas, el “esto no puede volver a ocurrir” se había convertido en: de vez en cuando podemos hacerlo, pero sin perder la cabeza, y por la tarde, mientras tomábamos el sol en la terraza, Leo comenzó a masturbarse delante de nosotras, sin pudor alguno, mientras nos miraba desafiante. Y ardimos antes incluso de llegar al infierno, follamos sin parar durante horas todos los días de aquel verano como nunca más lo haríamos en nuestras vidas, el sentimiento de culpa se desvaneció entre orgasmos, fuimos dejándolo atrás en cada estancia de aquella casa, no hubo habitación que no nos viese hacer todo tipo de extravagancias, la cocina se convirtió en nuestro centro de operaciones y nos obligábamos a no andar todo el día desnudas para no acostumbrarnos a nuestros cuerpos.

    Saboreamos la felicidad, el verano terminó, continuamos juntas, nos prometimos que el siguiente sería igual o mejor, nos engañábamos a nosotras mismas, sabíamos que ese había sido el verano de nuestras vidas.

    Que suerte haber querido y podido vivir de un modo tan poco convencional.

    Fin.

  • Ariane

    Ariane

    Como ya les había dicho esto es pura fantasía que nace de los juegos de rol cuando juego con desconocidas por internet.

    Había terminado mi primer semestre en la universidad y fui invitado por un amigo a su casa de campo antes de volver a casa de mis padres para trabajar en las tierras que teníamos y así fue donde Ariane y yo nos conoceríamos.

    -¿Ya lo pensaste nos vas a acompañar sí o no?

    -No se aún… la verdad es que tenía pensado volver a mi pueblo y encontrarme con mis amigos antes de dedicarme de lleno al trabajo.

    -¡Vamos! solo seremos los cuatro y puede que incluso tengas acción en la noche si mueves bien tus fichas.

    -¿Tú crees?

    -Por supuesto… yo me llevo a mi novia y tú con su amiga.

    -Está bien acepto… y ojalá que sea bonita.

    -¡Por supuesto! Eso ni se pregunta.

    Encontrándonos así resultó ser que Ariane era la mejor amiga de la novia de mi amigo y solo estábamos los cuatro, para mí ella era una chica de ojos rasgados y piel blanca la cual me atrajo de inmediato por sus rasgos asiáticos y en ese momento solo esperaba poder conquistarla.

    Paseando por el campo disfrutamos del aire limpio y los espacios abiertos, nadando en una piscina que parecía un lago me enamoré aún más al admirar la figura de Ariane, agradecido con mi amigo por haberme traído todo estaba yendo de maravilla.

    Esa noche del sábado que corría un viento fresco salimos al patio a escuchar música y beber unas cervezas, charlamos de una cosa y de otra hasta que sin darnos cuenta todos estuviéramos medios ebrios, lo cual hizo que mi amigo empezará a tocar a su novia de forma descarada enfrente de mi y Ariane.

    Pareciendo una película para adultos en vivo se habían olvidado que nosotros estábamos presentes y fue cuando hablé con Ariane y le pedí que fuéramos a dar una vuelta y ella aceptó, pero antes tomamos las últimas cervezas y nos fuimos.

    Caminando por los alrededores de la casa terminamos sentamos frente a la piscina en una silla reclinable, ella se veía hermosa con ese vestido azul sencillo y unas sandalias. Compartiendo la última cerveza ella ya estaba muy ebria y yo le empecé a tocar sus piernas mientras ella me abrazaba.

    Hasta que notamos como su amiga y mi amigo se marchaban, lo cual hizo que ella me diera un beso en la mejilla y yo se lo devolví, ambos sonreímos y así fue como empezó su interrogarme hasta que simplemente se cansó.

    -Sabes Joaquín me caes bien… y no me parece justo que lleguemos más lejos por respeto a tu novia.

    -Yo no tengo novia… hace tiempo.

    -¡No te creo!, todos los hombres dicen eso cada vez que quieren algo más conmigo.

    Para ese momento lo único que me pareció correcto fue mostrarle mi teléfono para que viera que no escondía nada y así lo hice esperando poder tener algo de acción por la noche.

    Revisando aplicación tras aplicación no encontró nada comprometedor más que la visita a unas cuántas páginas para adultos y riendo su última pregunta me pareció que al fin podría sentir sus labios.

    -¿Entonces hace cuánto que no tienes sexo?…

    -¡Hay que pregunta!… ¿La verdad para ser exactos desde que comencé el semestre y tú… ¿Hace cuánto?

    -¡Oye! Yo aquí soy quien hace las preguntas… y la verdad es que al igual ha pasado tiempo desde que tuve sexo.

    Levantándose de la silla donde estábamos sentados la vi dándome la espalda y al acercarme ya de una forma más cariñosa la abracé por la cintura, Ariane giró su cuello y nuestros labios se tocaron lo cual provocó que tuviera una erección de inmediato.

    Ella comenzó a frotar su trasero sobre mi erección, mientras yo que estaba detrás de Ariane aproveché para tocar todo su cuerpo al tiempo que besaba su cuello y nuca, subiendo hasta sus senos los apreté por encima de su vestido.

    -Tal parece que me tenías ganas…

    -Eso no se pregunta y si te soy sincero… desde que te conocí.

    -¡Entonces recuesta!

    Obedeciendo su orden me acosté sobre la silla en la cual habíamos estado y al sentarse a mi costado empezó a desabrochar mi pantalón, buscando mi pene empezó a tocarlo jugando con mi glande movía sus dedos antes de empezar a masturbarme.

    -Mira qué largo y grueso lo tienes…

    -¡Gracias por ese cumplido!

    Yo estaba emocionado y más cuando Ariane acercó su rostro y besando mi glande empezó a lamer como si fuera paleta, yo podía sentir su lengua jugar con cada centímetro de mi pene lo que provocaba que me estremeciera y me sostenía de la silla apretando los bordes de la silla.

    -¿Te gusta que haga esto?…

    -¡Si! No pares continúa.

    Succionando por completó era el mejor sexo oral que me habían hecho y mientras jugaba con mi pene parecía dibujarse en su rostro una sonrisa pícara, hasta que ella se puso de pie y quitando los tirantes de su vestido este se deslizó por su cuerpo y me mostró su figura una vez más.

    Luciendo un conjunto negro se quitó el brasier y me mostró sus senos por lo que de inmediato me quite la camisa que usaba y termine por quitarme el pantalón, antes de que ella se acercara y al desprenderse de tu tanga abrió sus piernas para subir sobre mi.

    -Que bien se siente tu pene…

    -Disfrútalo Ari…

    Tomando mi pene lo empezó a deslizar dentro de su vagina y poco a poco comencé a penetrarla, Ariane se movía de forma lenta y constante hasta que fue agarrando ritmo y yo me puse a jugar con sus pezones los cuales eran dos pequeñas cerezas que no me cansaba de probar.

    Gozando ambos al máximo era increíble sentir cómo mi pene se bañaba en sus fluidos ante los simples movimientos de su cadera que eran rítmicos y fuertes al mismo tiempo…

    -¡Eso Ari… ¡Mueve más ese culito!

    -¡Sí! Me gusta como se siente tu pene…

    -Más rápido…

    Dándole de nalgadas deje mis manos plasmadas en su trasero para luego solo rodear su cintura con mis manos y la ayude a mantener el ritmo hasta que no pudo más y tuvo un orgasmo que hizo que se arqueara, fue magnífico ver si expresión de placer.

    -¡Me vengo papi! ¡Ahhh!

    Fue algo sin precedentes y aún con ella sobre mí volví a jugar con sus senos, yendo de uno a otro mientras le daba tiempo para que se recuperara antes de cambiarla de posición.

    Al cargarla la acosté sobre la silla y le hice subir sus piernas hasta sus propios hombros, metiendo mis dedos dentro de su vagina la estimulé aún más y pellizque su clítoris hasta sentir mis manos entumecidas.

    -¡Joaquín rápido… mételo ya!…

    -Sí tanto lo quieres, no puedo negarme a tu petición.

    Obedeciendo su orden deslice mi pene dentro de ella una vez más y disfrute de sus gemidos que pronto se volvieron gritos con cada bombeada que le daba, me volví sin zángano que disfrutaba de su cuerpo y ella parecía estar fascinada.

    -¡Ahhh! Que rico…

    Los minutos pasaron y fue justo en ese momento cuando ella me empujó una vez más con sus piernas y me apartó solo para ver cómo mojaba por completo la silla donde estábamos y sus fluidos empezaban a escurrir hacia el piso.

    -Me hiciste venir de nuevo…

    -De eso se trata que lo disfrutes.

    Eso me excitó aún más y sin darle tiempo la puse a cuatro patas, Ariane gritaba cada vez que la embestía e incluso cada vez que sentía cansarme era ella quien movía sus caderas, haciendo círculos al estar pegados o simplemente golpeando mi pelvis con su pequeño trasero.

    -¡Ahhh! Lo siento… me voy a venir una vez más.

    -¡Ya somos dos!

    Sin poder aguantar Ariane y yo explotamos en un orgasmo combinado, yo sentía como sus fluidos empezaban a escurrir por sus muslos y estando todo acelerado le di una última embestida solo para empezar a eyacular dentro de ella, la nalguee una última vez y yo sentí que ya no podía hacerle nada más tras arrancarle el último orgasmo.

    Después de eso ella simplemente se giró y comenzó a mamármela nuevamente aunque en realidad sólo limpio mi pene que había perdido su erección, descansando junto a piscina nos quedamos dormimos ahí abrazados y por la mañana entramos a la casa como si nada.

    Aunque luego me enteré que ella tenía novio al revisar sus redes sociales, sin embargo eso no impidió que la pasaremos lindo el resto de ese fin de semana, quedando de volver a vernos después de las vacaciones resultó que cuando nos encontramos ella estaba preñada.

    Habiendo terminado con su novio de toda la vida, también me enteré que su familia la cual era muy conservadora le había dado la espalda y yo al ver que llevaba en su vientre a mi hijo tuve que volverme aún más responsable al tener que trabajar la tierra y estudiar al mismo tiempo.

    Yo estoy feliz con mi hijo y el embarazo ha hecho que el cuerpo de Ariane se desarrolle aún más y ella está feliz de vivir en mi pueblo porque al igual que la primera vez que nos conocimos podíamos tener sexo sin que nadie nos interrumpiera en cualquier lugar ya que las tierras de mis padres son amplias y ahora tengo pensado construir un lago artificial y quien sabe volver a tener otro hijo o simplemente gozar.

  • Estoy embarazada, pero no sé si sea tuyo o de mi jefe

    Estoy embarazada, pero no sé si sea tuyo o de mi jefe

    Producto de sus celos en una fiesta tuve una discusión con mi saliente sexual, lo cual nos hizo tener sexo reconciliador follando sin protección. Luego me hizo saber que estaba embarazada, pero la emoción se tornó en decepción luego de saber la verdad, no solo me la follaba yo sino también su jefe.

    Después de reencontrarnos y tener ese fin de semana por Cerro Azul, quedamos en irnos de viaje a Huaraz, accediendo nuevamente a sus caprichos de viajar con ella. La realidad era que en el trabajo paraba pidiendo permiso u hacia sobre turno para cubrir mis horas de ausencia, para el cumpleaños de una de sus hermanitas, me ofrecí a regalarle un pastel personalizado con una Chef “Sra. Marla” La cual conocí por temas de trabajo, ya que le remodelamos su local, y la menciono porque con la chef de repostería tuve unos encuentros ocasionales, muy ardientes los cuales me hicieron olvidar la confusa historia con “Mary” de la cual narro, la chef ,era una bomba sexual.

    Volviendo al relato, cuando llevé el pastel para su hermanita el día de su cumpleaños quedamos en viajar a Huaraz, donde tenía familia y visitaba frecuentemente lugares de aquella ciudad, como accedí a nuevamente viajar, pedí permiso por vacaciones adelantadas, así ya en el bus camino a la sierra, y con su hermanita viajando con nosotros, solo esperaba el momento de estar a solas con ella y pedirle que sea mi novia, oficializar, porque ya era mi mujer fuera de todo y quería asegurarme.

    En el bus empezamos a whasapear, ya que estamos en asientos separados.

    D: Te tengo unas ganas jeje

    M: Jaja, ya habrá tiempo… vamos a ir a unos pueblos que me gustan y que siempre suelo visitar, quizás pasemos ahí un día a solas y relax.

    D: Bebe quería decirte algo muy importante ya hace varios días… desde que estábamos en la playa… pero todo paso tan rápido.

    M: Y qué cosas quieres decirme, que no puedes decírmelo por aquí… uhmmm, no me quiero casar aún ya que soy aún muy joven… ya tu sabes… jajaja

    D: Jajaja, lo sé… pero es otra cosa

    M: ¡Que cosa?, no me asustes

    D: No bueno, ya te lo digo, así directamente… quiero, quiero que vivas conmigo, que vivíamos juntos, quiero pasar más tiempo contigo, estar juntos… me gustas pues, ya me fregué jajaja

    Por un momento se quedó sin contestarme, y giraba hacía ella buscándola entre la oscuridad del bus, bajamos el brillo de los móviles y seguimos testeando.

    M: Uhmmm, creo que no es momento… ósea si quiero una independencia, por algo estoy que trabajo en un buen lugar y estoy creciendo profesionalmente… creo que sería muy pronto irme así, de mi casa y vivir con alguien, o sea mis papás saben que salimos pero así tan rápido no se me da miedo… no sé, no creo… preferiría esperar.

    Dentro de mi sabía que no era tanto por eso, sino otra cosa más ocultaría que se fue revelando en el futuro.

    D: Ok, ok ya no insisto, solo decía… vamos a pasarla bien… vamos a dormir, ya es de madrugada y nos van a llamar la atención en el bus

    M: Ok, gracias por entenderme.

    En la oscuridad el bus veía de reojo que por ratos miraba su móvil y contestaba, siendo tan tarde la observaba, en fin… ya llegando a la ciudad de Huaraz fuimos a tomar desayuno con su hermanita para luego partir en otro carro hacia un pueblo cerca, conocí a algunos familiares de ella y su hermanita se quedó jugando con demás niñas de aquella casa, por fin estábamos solos y salimos a caminar por las chacras a respirar aire fresco antes de regresar a almorzar, llegamos por un pequeño canal el cual aprovechamos en sentarnos y entre conversa y conversa empezamos a besarnos, poco a poco le acariciaba sus piernas, iba besando su cuello y poco a poco nos íbamos poniendo calientes.

    D: Te tenía unas ganas… que dices lo hacemos aquí

    M: ¡No!, que dices, nos pueden encontrar ni hablar – pero con voz algo excitada

    D: Anda, aunque sea dame una mamada… que las tengo llenas de leche

    M: ¡No!, si nos ven que vergüenza… mejor en la noche, cuando estemos a solas

    D: ¿Vamos a estar a solas?, y tu hermanita?

    M: Se queda en la habitación de mis primitas, le dije que salíamos a una fiesta patronal en la noche… ahhh, deja de toquetearme que tampoco soy de hielo…

    Mientras la besaba del cuello, presionaba sus tetas, aprovechando en un rápido movimiento en subirle la blusa con su brasier, mientras mordía sus preciosos pezones rosaditos ufff estaba queriendo follarmela ahí mismo, solo me cubrió con su saco por un momento dejándose llevar, pero me hizo parar para seguir caminando. Se volvió a cubrir esas riquísimas tetas y nos paramos, yo quería seguir no había nadie en tanto campo abierto, habían cercas, arboles ramales.

    M: Para, por favor, que también me excito… vamos a seguir caminando ok

    D: Me traes excitadísimo – mientras le hacía ver mi bulto bajo el pantalón, mostrándose que estaba erecta mi verga.

    M: Cálmate si por favor, no hemos venido para eso… bueno si quisiera, pero no es momento o

    D: Ok, ok… – deje de insistir y seguimos caminando

    Llegamos a la plaza del pueblito, compramos panes y dulces para llevar a la casa, de paso aproveche en llevarme dos chatas de ron y cigarros para el frio de la noche.

    Regresando ya a casa de sus familiares, almorzamos, charlamos con su familia, le conté que trabajaba en arquitectura y que nos conocimos años atrás y que nos volvimos a encontrar con los años nuevamente, por ratos sus sobrinitas nos decían bromeando, “El novio de Mary”, nos va comprar esto, nos va llevar a lugares, etc. etc.”, entre risas pasamos a una habitación que nos habían reservado; por si se imaginan, paredes de barro y adobe, techos de caña, camas con sabanas de lana, muy acogedora y para suerte con una chimenea que le daba un ambiente cálido a la habitación, ya imaginaba lo que haríamos esa noche.

    Aunque por ratos notaba que le llegaban mensajes de texto y /u solía contestar su móvil y se alejaba al hablar, no le tome tanta importancia, aunque ya sospechaba que algo traía, pero decidí seguir con mi plan; esa noche iba follarmela sí o sí.

    Con la caída de la tarde, salimos a caminar con la chatita de ron y fumando unos cigarros camino a una ladera… aunque por un momento dude, como regresamos

    D: ¿Sabremos regresar bien?

    M: Lo dudas, conozco estos lares desde niña, se verá las luces de la casa de lejos, además mi prima me dio una linterna

    D: ¡Ok tu sí que estas preparada!

    M: vamos rápido a ver el atardecer serrano

    Llegamos a una ladera, se veía las quebradas, pero tras la cordillera el sol se iba ocultando, mientras fumábamos y tomábamos ron de sorbos, por un momento nos quedamos en silencio, mientras ella se apoyaba en mi hombro.

    M: ¿y… y no me piensas abrazar? – con voz tierna, buscando cariño

    D: Claro que si – la abrace, se sentía el frio ya con el pasar el rato

    M: Discúlpame por ser tan fría contigo, es que así soy… ya sabes… ósea…

    D: Descuida, ya sé cómo eres y lo acepto… no digas nada – algo frio al responderle, pero mientras la abrazaba y la presionaba a mi pecho

    M: Pero tampoco pienses que no me importa lo que dices, ósea creo que busco contigo tener un escape pasarla bien, lo necesito

    D: Relax, ya lo sé, igual sabes que siempre estoy aquí para ti, y lo único que te pediría es que no me mientas. ¡Ok?

    Se quedó en silencio por un momento y me anime a decirle para regresar

    D: Vamos de regreso, no nos vaya agarrar una lluvia o algún fantasma ja – algo presuroso

    M: Vamos.

    La ayude a ponerse de pie y al traerla hacia mi nos miramos en silencio dándonos un tierno beso, mientras ella me tomaba del cuello y yo sujetaba sus caderas hacia mí, ese momento romántico fue lindo, volvió a ser una mujer sublime conmigo estuvimos así por unos minutos hasta que nos abrazamos fuertemente, sintiendo sus tetas, lo cual hizo excitarme, pero disimule diciéndole una que otra frase romanticona

    D: Pase lo que pase yo voy a estar ahí para ti… trátame bien nomas jaja

    M: Sabes que si lo hago tonto – mientras me replicaba cerca de mi oído

    D: Lo sé, me tratas muy bien… por eso me tienes enamorado

    M: Sabes que no me quiero enamorar.

    D: Lo se lo se… ya no digas nada.

    Me separé de ella y le dije:

    D: a ver vamos por donde es el camino de regreso, me preocupa esta que se pone muy oscuro

    Saque la linterna y apuntamos hacia el camino, empezando a regresar con premura, mientras la sujetaba de la mano

    Siendo sincero, me la quería follar ahí mismo, pero guarde la compostura y me hice el difícil e indiferente, esperaba que me táctica tuviera frutos con el pasar de las horas; ya de regreso fuimos a la habitación, reposamos por un momento, aunque íbamos a regresar para la plaza del pueblo ya que esa noche habría un castillo de fuegos artificiales, una festividad por el patrón (santo) del pueblo.

    Con familiares de ella en la plaza mientras tomábamos “calientito”, trago de la zona, íbamos charlando la banda del pueblo tocaba, para que estuvo linda esa noche, pero mientras estábamos ahí decidí, charlar con una prima de ella, que, aunque no estaba tan guapa tenía buenas tetas, era de familia al parecer, entre risa y risa, empecé a notar que “Mary” me miraba y como que la sentía celosa por ratos, hasta que un baile patronal, en vez de sacarla a ella, la saque a bailar a su prima… entre danza y danza me ganaba con el movimiento de sus tetas bajo su pegaba chompa de lana, ufff me excitaba más el trago, hasta que luego baile con ella.

    M: Se nota que la estás pasando re bien -entre risas y reclamos disimulados de su parte

    D: ¡Claro que me estoy divirtiendo y tú no acaso!

    M: No… pero si quieres que me divierta, no te preocupes lo hare… ya veras

    D: ¡¿Que hablas oye?! – entre risas y mirada de desconcierto

    Por suerte toco la hora de prender el castillo, mirábamos los fuegos artificiales, trataba tomarla de la mano, aunque ella se notaba sería.

    M: Me duele la cabeza, ya me quiero regresar a descansar – en tono serio

    D: Ok, ¡quieres que te deje en la casa de tus tíos?

    M: ¿Dejarme?, que piensas regresar entonces?… Sabes que no dije nada – girando y disimuladamente diciéndole a sus familiares que ya se retiraba que estaba cansada que quería irse a descansar

    Empezó a caminar rápido mientras también me despedía, corría hacia ella rápidamente dándole el alcance mientras caminábamos con las luces de los postes, ella toda sería se cruzaba los brazos para abrigarse.

    D: ¿Oye todo bien?, porque estas así

    M: Me duele la cabeza – respondiendo con seriedad

    D: ¿En serio?, ¡es eso o es que te amargo que la estuviera pasando bien?, y no fueras el centro de mi atención.

    M: ¡Imbécil! – replico amarga, caminado más rápido

    D: ¡Hey!, porque me dices eso?… o sea la estoy pasando bien acaso tu no?

    M: Si claro, tan bien la estabas pasando, que crees que no me di cuenta como la mirabas mi prima todo morboso… ¡estas borracho?, seguro que sí?… que vergüenza que dirá mi familia – replicaba molesta

    D: Jajaja… ¡en serio, estas celosas? de verdad no me lo esperaba

    M: Celosa yo, nada que ver, estoy avergonzada – con tono de voz amarga

    D: Vamos, basta de tonterías, ¿estas celosa, cierto?… además, lo hice adrede para ver si realmente te importaba, tú crees que no estoy cansado de siempre estar ahí, a tus caprichos sin opinar, sin decidir nada… no crees que tengo derecho a molestarme.

    Parando cerca de llegar la casa de sus tíos y mirándome con furia

    M: ¡Sabes que!, ¡Ni más contigo, eres un estúpido!, ¡No sabes comportarte!… me avergüenzas!

    D: ¿Te avergüenzo?¡, vaya!… que bueno saberlo y yo que pensé que me querías, pero no… como siempre te creo y te digo que no me mientas, resulta que no sientes nada por mí y me utilizas, en fin ya que importa, ¡ni más entonces, ni más!, ¡niña engreída! – mirándome sorprendida

    M: ¡Eres un imbécil!, lárgate, no sé dónde dormirás esta noche, pero en la habitación conmigo no

    D: ¡Sigues… ya para si! – mientras me acercaba a ella para bajar los ánimos

    M: ¡Aléjate de mí, no me toques! – dándome una cachetada

    Rápidamente fue a meterse rápido a la habitación, tirándome el portón en la cara poniendo seguro

    D: ¿Es en serio, no vas a dejar que entre, ósea basta de juegos no? Tampoco te aproveches

    M: ¡Vete no te voy a dejar entrar, ve donde duermes!

    D: Tú tienes mi ropa.

    M: Se lo voy a pasar a mi prima para que cuando venga te la alcance, ya déjame en paz

    D: ¡Ok, Ok Srta.!, la dejo en paz… que bueno saber que eres así realmente conmigo, me regreso a la fiesta y seguro ahí si disfrutarán de mi compañía – mientras hablaba tras la puerta

    Estaba furioso de regreso a la plaza eran como 15 minutos, iba pensando que ya para que insistía con ella, era caprichosa, ya que importase si tenía buenas tetas, piernas, culo… ya que importa ni que fuera la única buena mujer que me he follado.

    Ya nuevamente en la plaza tomaba con unos señores que también conocí, tomando cerca de una hora, mientras charlábamos sentí que vibro mi celular, al revisarlo veía mensajes de ella y una llamada perdida, procedí a revisar los mensajes rápidamente

    Primer mensaje – 11 pm

    M: ¡Eres un imbécil!, no quiero volver a saber nada de ti, espero no insistas más aquí quedo lo nuestro

    Segundo mensaje – 11.30 pm

    M: Espero te estés divirtiendo, mis tíos ya llegaron y me dijeron que te vieron tomando en la plaza, que vergüenza, que dirán de mí, porque de ti no me importa nada.

    Tercer mensaje – 11.45 pm

    M: ¡ya saqué tu ropa en tu maleta y está en la puerta, llévatela y ve donde duermes

    Me moría por contestarle, pero seguí divirtiéndome y ya pasando la media noche recibí otro mensaje de ella.

    Cuarto mensaje – 12.35 am

    M: Vas a venir por tu maleta, no sé si se la lleven tú ya ves, está ahí en la puerta

    En ese momento pensé, está loca es capaz de tirar mis cosas, mejor regresaba por mis cosas

    D: Ya, ya… ya voy por mis cosas, que ya tengo donde quedarme no toques más nada de mis cosas gracias.

    Camino a la casa, estaba algo mareado y me moría de sueño, me estaba chocando el frio de la noche y todas esas emociones que vivía; Ya que importa a lo mejor era que pasará esto para dejarme de tonterías. Ya llegando cerca de la casa no vi ninguna maleta fuera de la habitación ¡Dónde está mi maleta? No estaba, solo veía el resplandor del interior de la habitación donde estaba ella dentro.

    D: “Mary”, ¡donde está mi maleta? ¿No esta acá afuera?, Mary? Me oyes.

    Toqué suavemente la puerta, y para sorpresa la puerta pues se encontraba sin seguro, abriéndola suavemente, pude ver a la luz de la chimenea que estaba sentada en la cama abrigada con las sabanas encima protegiéndose del frio, y desde la puerta sin ingresar le dije

    D: Mary, disculpa donde está mi maleta para regresarme, ya tengo un lugar donde pasaré la noche

    Estaba muda.

    D: Por favor, dime donde pusiste mi maleta – mientras la divisaba que estaba al costado de la otra cama, bueno voy a entrar a tomarla, disculpa molestarte otra vez.

    Entre raudamente tome mi maleta algunas cosas más mías que estaban sueltas, y sin decir más palabra empecé a salir de la habitación, sin antes prender un cigarrillo con el fuego para que me acompañase en el camino.

    D: Gracias por todo, no te vuelvo a molestar, échate seguro… cuídate – todo eso sin mirarla

    M: ¡En serio te vas a ir? – con voz suave

    D: Bueno, eres tu quien me está largando, así que no te voy a decir nada más… Adiós

    M: ¡Eres un imbécil! – susurraba para que la oyese

    D: Si, claro, claro… – mientras me salía y cerraba la puerta

    M: ¡No te vayas! – hablo algo tensa

    D: ¡Si, ya me voy! – cerré la puerta y me quedé tras ella esperando que se levantase y viniera por mi

    M: ¡Que no te vayas idiota!, ven acá! (me llamo por mi nombre), no te vayas! – sintiendo que se levantó y abrió la puerta

    Y ahí estábamos frente a frente, yo parado de frio junto a la puerta con mi maleta, y ella con un poncho cubierta, con las piernas al descubierto, pero en sus pies con unas medias de lana que hicieron reírme

    D: ¡Que sexi estas!, esperabas a alguien, mas… no te interrumpo, deseas algo, los boletos del bus lo tienes tú – mientras me agachaba para cerrar bien mi maleta haciéndome el desorientado

    M: De que te ríes idiota, y no espero a nadie… ¡y tengo frio! – con voz tierna, pero con cara de molesta y buscando consuelo.

    D: Bueno pasa y abrígate… que pases una buena noche – replique

    M: ¿Que dices? Ya pasa si, a donde vas a ir… no hagas que te persiga, pues no lo haré no lo mereces, tampoco – entrando y metiéndose bajo las sabanas nuevamente – pasa y cierra la puerta.

    D: Total, me vienes largando, ¿ósea… no te entiendo?

    M: Bueno eso ya depende de ti, te estoy diciendo que no te vayas, pero si quieres vete.

    D: Bueno ya, solo un rato me voy a primera hora, voy a descansar en la otra cama

    M: Bueno, si quieres eso.

    D: ¡No, no quiero eso, quisiera, estar contigo ahí, echados juntos abrazándonos, besándote y diciéndote que te quiero!… pero no ya que importa, buenas noches quiero descansar – algo afligido también producto del trago

    Recostándome sobre la cama vacía y dándole la espalda, pensando irme temprano a primera hora, pero en medio del silencio escuché sollozos de su parte, y al girar hacia ella la vi que votaba lágrimas, mientras miraba a la fogata.

    D: ¿Estas bien?, te duele algo? – algo sorprendido

    M: ¡Sí!, me duele que seas así conmigo, ¡pero ya que importa cierto!?

    Me puse de pie y me senté al costado de ella, y tiernamente le hablé para limar las asperezas de la noche.

    D: Preciosa, creo que somos muy intensos sabes que me importas, que daría todo por ti, incluso te dije para vivir juntos, pero si no deseas y tienes tus dudas no tengo más que decirte… bueno si tengo algo que decirte, que te quiero mucho y siempre voy a estar para ti, así tu no lo estés para mí – La tome de una de sus manos y le di unos tiernos besos, mientras ella me miraba en silencio

    M: ¡Hueles al trago!, seguro estas mareado por eso me dices esas cosas.

    D: Si, estoy borracho, embriagado por ti, eres y serás mi vicio

    M: Ves que dices… ya acuéstate a dormir.

    D: Aquí contigo, ¿estás segura?… no me vas a botar más tarde.

    M: Ya anda lávate, cámbiate y ven a descansar – con voz tierna

    Salí a lavarme en medio de la oscuridad con su linterna, y de regreso me empecé a quitar la ropa quedándome en bóxer y polo, mientras buscaba ropa abrigadora dentro de mi maleta y en medio de la luz de la chimenea me llamo suavemente

    M: Ven aquí, ven así…

    D: Eh pero hace frio?… déjame…

    M: Ven aquí ya, te tengo una sorpresa

    Me acerque al filo de la cama y mientras ella se levantaba poniéndose de rodillas sobre la cama, nuevamente bajo el poncho se le notaba las piernas descubiertas además de unas medias de lana, volviendo a sonreír

    D: Quieres que me ría nuevamente…

    Dándome un beso por sorpresa, con intensidad y al meter mis manos bajo el poncho pude tocar su piel al desnudo, tocando su trasero quedando sorprendido

    D: Estas sin…

    M: ¡Sí!, estaba esperándote y tu todo idiota me querías dejar – sonriendo pícaramente

    D: ¡que sorpresa!, estas muy sensual – riendo ambos suavemente.

    Empezando a masajear mi verga sobre mi bóxer, no hizo más que ponerme excitadísimo y empecé a besarla, le levante el poncho, apreciando sus riquísimas tetas al aire, puede apreciar toda su desnudez empezando a chupar sus pezones y a dar mordiscos suaves a sus tetas, lo cual hacia que la excitará, me quite el polo y bóxer no me importándome el frio que hacía en ese momento, me pidió parar un rato y saco de su neceser paños húmedos, me bajo el bóxer dejando al descubierto mi verga y mis bolas, limpiándomelo con delicadeza… Esta me va moler la verga, que faena me espera, excitado y con mi verga erecta a palpitar a mas no poder.

    M: Vaya, sí que estas excitado – mientras me miraba y pajeaba

    Le daba besos y lengüetazos provocativos en mi glande que me hacían volver loco

    D: ¡Ya chúpamelo! – jalándola de sus cabellos hacia mi pene

    Wao! qué sensación tan rica, después de una pelea no hay como el sexo reconciliador, con el poncho tirado hacia atrás de ella, tipo capa, podía apreciar el menear de sus tetas, mientras las presionaba sintiendo duro esos pezones, la tire sobre la cama y subiéndome sobre ella empecé a hacer una riquísima rusa; ufff sus pezones rígidos por el frio hacían excitarme cada vez más, pare para chuparlos y succionarlos , para luego bajar hacia su vagina, saboreando con mi lengua de tan húmedo coño… estaba desesperado no sabía qué hacer y a la vez quería hacer todo…

    M: Para, para… Siéntate en la cama – llevándome a recostarme

    Me senté cómodamente en medio de la cama y ella subiéndose en mi metió mi verga en su humedecido coño, empezando a dar unos riquísimos sentones, con el poncho puesto hacia atrás, parecía una amazona domando la fiera, sujetaba sus carnosas caderas y veía en mi cara el menear de esas tetas que al compás de cada sentón saltaban, presionaba su pelvis con la mía mientras sujetaba su colita hacia fuerza, a la vez que la acercaba a mí para darles apasionados besos, gozábamos igual o mejor que el sexo en la playa, era toda una cacheraza y sabía con sus movimientos dejarme embelecido.

    M: ahhh, ahhh me vengo… deja déjame, ¡déjame no te muevas ahhh ah!

    Sentí correrse, todo mi pene lo sentía húmedo, la bese del cuello y quitándole el poncho la tire nuevamente sobre la cama para abrirle de piernas, la puse piernas al hombro y con la excitación del momento empecé a penetrarla, bombeando tan rica vulva.

    M: ¡Vente, vente… dame tu leche! – mientras su cara de excitación la hacía cerrar los ojos y gemir

    No me importo nada más en ese momento, que llenarla de leche y que pase no iba dejarla escapar.

    D: Ahh, me corro, ufff… ahhh! – corriéndome dentro de su vulva, mientras la sujetaba piernas al hombro y presionaba mi verga en su coño, mientras acariciaba sus nalgas y piernas

    M: uhmmm, que rico… ven, dámelo para chuparlo – con voz de satisfacción ya arrechura

    Retiré mi verga con la seguridad que la había llenado de leche hasta la última gota, aunque toda chorreada por nuestros flujos, no hizo más que mamármelo como ternera poniéndome al palo nuevamente, ufff… esa boquita y esos labios tenían poder, me recosté rendido sobre la cama, para ella luego colocarse cómodamente dispuesta a mamarme la verga… mientras mamaba, mordía, y lamina mis bolas succionándolas, disfrutaba de esa rica boquita y de esos labios carnosos.

    Gozaba ver su carita hambrienta de verga, de mi verga, recordé y fantaseaba de todas las veces que lo hicimos, desde la oficina en remodelación aquella primera vez, de las veces que lo hicimos en la playa… la tape para que no siéntese frio y bajo las sabanas me lo mamaba devorándomela a su placer.

    D: ¿Estabas celosa cierto? – con voz de cansancio y excitación

    M: uh? Glup, glup, no…

    D: Bueno yo creo que si… sino imagínate a estas horas, ¡donde estaría mi verga?

    M: ¿Cómo? – parando un instante – idiota!

    D: Sigue, me vuelves loco, que rico… no hay mejor boca para mi verga que al tuya mi amor.

    Sonreía, pero siguió hasta vaciarme los huevos nuevamente, que maravilloso momento, luego se limpió con sus paños húmedos la boca y me pidió un sorbo de cañazo para calentarse, prendí un cigarro el cual compartimos, ya estando desnudos y abrazados bajo las sabanas nos dábamos mimos y caricias.

    Luego se quedó profundamente dormida sin hablar nada de lo cual discutimos, temprano le pase la voz, para alistarnos, ya que en cualquier momento nos llamarían seguro para tomar desayuno, así salimos pasamos la mañana, nos alistamos para regresar temprano, su hermanita se quedaría unos días más , ya que sus papas irían a Huaraz por ella, así que ya de retorno en el bus hablábamos de los más normal, como que no tocamos el tema de la discusión, ella era así y pues era mejor dejarlo en paz, que fluya lo que tenga que fluir.

    La llevé en su casa y me fui para la mía, quedamos en vernos durante la semana, pensé quizás que dejando enfriar las cosas podríamos vernos normalmente y seguir con nuestros encuentros. Los días pasaron y ya que no me escribía y le envié un mensaje al WhatsApp.

    “¿Que, de ti, todo bien… cuando nos vemos? “

    No me respondió hasta ese mismo día ya por muy de noche.

    M: Bien con las cosas del trabajo, tu sabes, estresada… ya quedamos en estos días, que termine mis pendientes ando full, cuídate un beso.

    M: Ok, cuídate.

    Pensé que seguro quiere darse un tiempo, total no hablamos bien de la situación, así pasaron los días, y la verdad ya tenía una espina de que más íbamos a ya no vernos que seguir, como siempre.

    Me sentía confundido, pero a la vez la extrañaba, quizás era amor, quizás un capricho… pero ya habiendo vivido tantas situaciones similares, me sentía más frio en mi pensar y sentir, pero a la vez quería verla… tantos coños que me iba comiendo y siempre terminaba flechado o enchuchado, pero quien no lo haría con tremendo hembrón, si leyeron mis primeros relatos, sabrán enterarse como es físicamente.

    En fin, pasaron los días y ponía en sus estados de whatsapp y sus redes de restaurantes lugares varios y me dije esta ya está en otra, ¡puta mare!… Me sentí enfadado, pero ya que importa, me tragué mi orgullo y no le escribí. Justo en esos días me hice más amigo de una clienta, La chef “Marla”, una mujer madura de unos 42 años, separada, el cual habíamos implementado y decorado su negocio; una mujer voluptuosa, pecosita, algo llenita y sobre todo de unos lindos ojos caramelo, incluso la invite a salir en algunas ocasiones, las cuales dudo en un momento ya que yo era menor que ella por unos años, en fin, una historia candente que relatare en una próxima historia.

    Llegaba navidad, era quincena y para sorpresa mía “Mary” me empezó a dejarme mensajes, que quería charlar conmigo que era un tema delicado que quería hablarlo en persona, así que un día nos encontramos por el centro financiero y nos sentamos a charlar en un parque público.

    D: ¿Y cómo estás?, no sabía nada de ti, te has desaparecido casi tres semanas… ¿todo bien en el trabajo?

    M: Si, si, mira quiero ser directa. – con voz algo tensa

    D: Ok, que paso… estas enferma, necesitas algo.

    M: Escúchame y no digas nada, hasta que te pida que hables por favor… (Respiro profundamente) la verdad si he querido hablar contigo es de un tema muy delicado, creo… creo que estoy embarazada.

    D: ¿¡Que dices!?… hace cuanto… desde que… es mío?, no es mío cierto, no me mentirías con eso, dime la verdad, ¡yo soy el papá? – estaba de nervios de pensar que podría ser así

    La sentí nerviosa y como desahogo se puso a llorar

    D: ¿No verdad?, ¿Entonces no soy el papá?… que paso… dime la verdad, sin paltas… sabes que siempre estaré para ti, así tu no estés para mí – broto de mí unas lágrima y tristeza, pero me mantenía fuerte ante la situación

    M: Es que no sé… o sea quisiera que fueras tú, pero… no estoy segura – era un baño de lagrimas

    D: Entonces quien sí es, ¿el que te llamaba en Huaraz y tú te ibas a hablar a escondidas?… pero descuida no estoy para juzgarte – nos fundimos en un abrazo consolándola.

    D: Ok, respira hondo y dime que paso, cuéntame cómo son las cosas – fui a comprar agua de una señora que vendía en un puesto, mientras que en el camino pensaba por eso, por eso no me daba un sí a estar, a vivir juntos, pero calmadamente bebió el agua, respiro suavemente y ya más calmada me confeso toda la verdad.

    M: La verdad… la verdad desde que estoy en el trabajo, he tenido muchos pretendientes y uno de los socios de buffet de abogados, quien me contrato y trabajo para él, siempre ha insistido en salir conmigo, al principio me resistí, hasta pensé en dejar el trabajo, pero luego pensé… necesito el trabajo, el dinero… tengo que salir adelante.

    D: Ok, ¿y que paso?

    M: Cuando nos encontramos, y me invitaste para la oficina el cual estabas remodelando, la verdad lo hice pensando en disipar el momento, y fuiste como un escape, pero créeme que de verdad te tengo mucho cariño… y no quería confundirme en las cosas y menos sentir sentimientos.

    D: Si, lo se… entonces empezaron a salir, accediste a él y… ¡tuvieron sexo?

    Ella toda triste y avergonzada…

    M: Si, o sea… me deslumbro con regalos y salidas, siempre me llevaba para todos lados…y un me llevo al sur fuera de Lima, alquilo una casa de playa, me cegué en ese momento y accedí, y paso y solo me deje llevar… pensé que perdería mi trabajo, luego te llame… ¿recuerdas que nos fuimos a Cerro azul?

    D: Si, si… recuerdo. Sigue y que más? – mientras sacaba un cigarro y fumaba, pero ya sentía una sensación de querer escapar de ese momento, pero seguí escuchándola.

    M: Pues la pasamos bien, te juro que estaba confundida, pero tú fuiste un escape para mí, porque accedías a decirme a todo si, y cuando yo estuve con mi jefe, le pregunte que éramos y me dijo que ya veremos con el tiempo, pero que le gustaba y que mantuviéramos en secreto para que nadie sepa en la oficina, ya que él es casado.

    D: Si, sí, me imagino… pero como así me dices que estas embarazada, y tienes dudas de que sea él.

    M: Antes de ir a Huaraz, salimos habitualmente a un motel, escapándonos por horas con el cuento de ver a unos clientes y tuvimos más relaciones, la verdad pensé que podría ser una salida a mi situación… y una vez camino a dejarme a mi casa, yo insistí en decirle que somos, y él seguía en lo mismo en tenerlo callado y guardar el secreto que era mejor así… prácticamente me presiono a seguir así o a que dejará el trabajo si no me sentía cómoda, me dejo fría y me sentí mal, quise huir escapar no saber nada y…

    D: Y yo estaba ahí, cierto, siempre para ti…

    M: Si, lo siento, discúlpame… debí haberlo afrontado, pero estaba confundida y si no fuera por esta situación, de verdad estaría feliz que tu fueras el papá, pero no estoy seguro y lo que más me jode es que se lo dije a él y el prácticamente me dice que me lo baje

    D: ¡¿Y piensas hacerlo?!… o sea estas seguro, quien crees que sea el papá

    M: Yo creo que sí, pero igual tengo mis dudas y tengo miedo, ya separó una clínica privada con unos contactos y con el cuento de un viaje voy a estar internada, imagínate… no estoy para más problemas en la familia…

    D: Mira la decisión la tienes tú, pero tienes que parar esta situación ya, de verdad no comparto lo que podrías hacer, sin embargo, para tu situación tener un hijo y con tantos detalles sería un problema más aún para ti y tu familia… es tu decisión.

    Siendo sincero quería escapar de ese momento, resulto ser tremenda y no me iba a ganar tantos problemas. Así fuimos a tomar un café, el tipo le escribía y le pedí un taxi por aplicativo y le dije que me escribiese cualquier cosa, ese fin de semana sabía que iba solucionar el problema. Con los días me escribió, que todo había salido bien, exactamente, no supe si fue verdad o mentira solo para alejarme, y esa experiencia la deje ahí, con el tiempo ella seguía poniendo fotos de sus redes siguió con su vida y yo con la mía.

    Ya para esos días salía con la chef, tuvimos unas salidas furtivas de riquísimo sexo, incluso me sorprendí lo rápido que me olvidé de ella “Mary”, aunque siempre recuerdo ese cuerpito tan delicioso, pero es más que eso un buen recuerdo.

    Ya han pasado años y suelo stalkear, una que otra vez en sus redes, sigue igual de linda y sexi, de buen porte … en fin, quedo en un buen recuerdo. De toda esta experiencia puedo confesar, que no todo lo que brilla es oro, que no toda mujer que uno idealiza e imagina es lo que cree, resulta ser muy diferente, quizás esa mujer que uno idealicé años atrás, puede volver a ti y ser totalmente diferente, siempre hay segundas oportunidades lo tengo más que claro.

    Finalmente, a todo lo vivido, ya no le temo al dolor del desamor.

    Pueden conocer el relato completo de esta larga historia, en mi perfil con en el orden tituladas:

    Primero: Secretaria de día, mi puta indomable de noche

    Segundo: Amiga secretaria: No me quiero enamorar, solo quiero follar

    Tercero: La secretaria: Un fin de semana de mucho sexo en la playa

  • Casada insatisfecha de la ocasión se aprovecha (2)

    Casada insatisfecha de la ocasión se aprovecha (2)

    Yeni había despertado muy mojada y era debido a que tuviera un sueño húmedo en el que era follada por el culo y por el coño por dos hombres a los que no conocía. Metió una mano dentro de las bragas, pasó un dedo por el coño, luego miró las babitas que había en él, lo sacó a la sabana y dijo:

    -Va a ser que sí.

    Su marido ya se había ido a trabajar. Cogió el teléfono móvil. Miró sus fotos desnuda. Luego la paja y la mamada. Una mano se metió dentro de sus bragas y dos dedos dentro de su coño. Acabó el video, vio sus piernas temblando al correrse y tiró el teléfono móvil sobre la cama. Tocándose muy lentamente imaginó que estaban con ella en la cama Alex y su marido. Se vio a cuatro patas. Su marido estaba boca arriba y empalmado, ella masturbaba el coño con dos dedos y le chupaba la polla, detrás de ella estaba Alex lamiendo su ojete y magreándole las tetas. Se vio dando la vuelta cogiendo la polla de su marido y bajando el culo metiéndola toda dentro. Se vio echándose hacia atrás y vio a Alex clavándosela en el coño. Para hacerlo más real se puso de lado, mojó un dedo en la boca y lo metió dentro del culo… Poco después se corría cómo una loba.

    Estuvo media hora más en cama. Al levantarse se duchó, puso la bata de casa, desayunó y después se vistió para hacer las tareas de la casa.

    Habían pasado tres días del polvo en casa de Alex. Limpiando el espejo del baño se acordó de la leche que vio en su cara antes de lavarla en el aseo de Alex y le entraron unas ganas locas de estar con él. Cogió el móvil y lo llamó.

    -¿Sí?

    -Necesito hablar contigo, Alejandro.

    -¿Cuándo te viene bien?

    -¿Puedes venir ahora a mi casa?

    -Me pongo en camino.

    Media hora después Alex llamó al timbre de la puerta Yeni le abrió vestida con un jersey de cuello alto de color gris, una falda de tablas que le daba por debajo de las rodillas y calzando unos zapatos marrones con poco tacón.

    -Pasa.

    Al llegar a la cocina le ofreció asiento y luego le puso un vaso de naranjada delante. Se sentó enfrente de él, Alex le dijo:

    -Gracias por la bebida.

    -De nada, te llamé porque no le enseñé los videos a mi marido y quiero hacer otra grabación para enseñarle.

    -Estoy a tu disposición.

    Puso el teléfono móvil a grabar sobre la encimera sujeto por el salero, volvió, se sentó al lado de Alex y le dijo:

    -Quería saber cosas suyas.

    -¿Qué desea saber de mí, señora?

    -¿Qué le gusta?

    -¿Qué me gusta? Me gustan las aventuras, viajar, una copa de brandy antes de acostarme, jugar al tenis…

    -¿Y de comer?

    -Mi comida preferida es el curry con carne, pero como de todo.

    -¿Tiene novia?

    -No, para tener novia hace falta dinero y yo no lo tengo. ¿Puedo hacerle yo una pregunta?

    -Hágala.

    -¿Por qué me está haciendo estas preguntas?

    -Creyó que lo llamaba para otra cosa.

    -Honestamente, sí. ¿Por qué me llamó?

    -Mi marido quería saber hasta donde podía llegar conmigo en la intimidad de mi casa.

    -Y usted le ayuda a que me despida. Si quiere despedirme podría hacerlo sin ese montaje.

    -No lo va a despedir. Se acabó la entrevista.

    Yeni se levantó, apagó el teléfono móvil y le dijo:

    -Gracias.

    -¿Es todo?

    Yeni bajó la cabeza y no le contestó, Alex se levantó y caminó hacia la puerta.

    -Espera.

    Alex se dio la vuelta, fue a su lado, le apartó el cabello con una mano, le echó las manos a las tetas y le comió la boca. Comiéndole la boca le levantó la falda, metió una mano dentro de las bragas, le manoseó las nalgas y le acarició el ojete. Yeni estaba tan excitada que lo cogió de la mano y lo llevó a la habitación de matrimonio. Allí se quitó el jersey y quedó con las tetas al aire. Le quitó la chaqueta del traje, le desabotonó la camisa, se la quitó y luego mientras Alex se acababa de desnudar se quitó la falda, las bragas y los zapatos. Una vez desnudo Alex la echó sobre la cama, amasó sus tetas y se las mamó, Yeni ya no paraba de gemir. Se comieron las bocas. Yeni le dijo:

    -Necesito un buen polvo.

    Alex se dio la vuelta y se puso cómo para hacer flexiones. Su polla entró en la boca de Yeni y su boca le comió el coño. Yeni gemía de placer sintiendo la lengua en su coño y la polla en su boca… Poco después la puso de lado y le lamió el ojete… Sus gemidos subieron de intensidad cuando metió y sacó la lengua de él… Al tenerla cachonda perdida dejó de comerle el culo y se echó boca arriba sobre la cama. Yeni le dio una chupada a la polla, después se puso en posición y se la metió hasta el fondo del coño, entre duces gemidos, se estiró sobre él. Besándolo lo folló lentamente, metiendo, sacando y moviendo el culo alrededor. Yeni no dejaba de gemir ni cuando lo besaba con lengua, ni cuando lamia su cara, ni cuando lamía y chupaba sus orejas, ni cuando lamía y chupaba su cuello, ni cuando lamía y chupaba sus pezones. Dejó de gemir mientras se dio la vuelta y le dio la espada, pues cuando volvió a meterla en el coño volvieron los gemidos. Disfrutaba con lo que estaba haciendo y con sus gemidos se lo hacía saber. Alex le dio dos palmadas en el culo.

    -¿Te gusta?

    Le amasó las nalgas cómo si fueran tetas y le volvió dar otras dos palmadas.

    -¿Quieres que continúe?

    Yeni subiendo y bajando su culo cada vez más aprisa, le dijo:

    -Sí, azótame.

    Cómo no la azotó le dijo:

    -¡Azótame, azótame, azótame!

    Cómo seguía sin azotarla se lo suplicó.

    -¡Azótame, por favor!

    La azoto.

    -No pares, sigue azotándome.

    -¡Sigue, sigue que me voy a correr!

    -Me corro.

    El culo de Yeni comenzó a temblar y su coño a descarga en la polla de Alex. Se lo levantó y vio cómo caían de él babitas.

    Esperó a que acabara de correrse. Le dio la vuelta y le comió el coño empapado hasta ponerla otra vez a punto de caramelo. Cuando la tuvo le clavó la polla en el coño y se quedó quieto. Yeni movió el culo hacia arriba y hacia abajo para sentirla mejor, pero así no se iba a correr. Le dijo:

    -Fóllame.

    Alex seguía inmóvil mirando para ella. Yeni seguía moviendo el culo de arriba abajo y de abajo a arriba. Se lo repitió.

    -Fóllame.

    Alex quería hacerla sufrir y no se movía.

    -Fóllame, así no me llega para correrme.

    -¿Qué sientes con mi polla dentro de tu coño?

    Yeni seguía moviendo el culo.

    -Dilo.

    -Siento que estoy en el paraíso. ¡Fóllame!

    Alex le levantó las piernas, se las abrió y la agarró por los tobillos. Quitó la polla y se la clavó con fuerza hasta el fondo, Yeni gritó de placer.

    -Me gusta que seas una gritona.

    La empezó a follar cada vez más aprisa. Cuando sus gemidos le dijeron que se iba a correr paró de follarla y le dijo:

    -Dime que estabas deseando volver a follar conmigo.

    -Sí, sigue follándome.

    La folló suavemente y de repente se la clavó de un trallazo. Yeni volvió a gritar. Alex le preguntó:

    -¿Sí, qué?

    -Estaba deseando follar contigo otra vez. Por favor, hazme correr.

    Le lamió las plantas de los pies, después dejó sus piernas, le cogió las tetas y se las amaso mientras le daba caña. Cuando le cogió los pezones y se los apretó, Jeni le dijo:

    -¡Me voy a correr!

    La folló a mil por hora.

    -Voy a correrme… Voy a correrme… ¡¡¡Me corro!!

    Ver correrse a Yeni era algo único. Ver cómo temblaba, ver su carita de placer y oír sus sensuales gemidos, era algo maravilloso, era más que maravilloso, era algo mágico.

    Alex dejo que se recuperara, y luego le subió las piernas y le puso los pies sobre sus hombros. Comenzó a follarla lentamente y fue aumentando el ritmo sin acelerar demasiado. Cuando paró para cambiar de posición, Jeni le dijo:

    -Sigue.

    Le bajó las piernas y besándola le volvió a dar caña.

    -No pares, por favor, por favor, por favor no pares.

    Le llevó la contraria. La puso a cuatro patas, le abrió las piernas, se la metió hasta el fondo y se quedó inmóvil. Yeni pegada con su culo a Alex lo comenzó a mover alrededor, hacia atrás y hacia delante, Alex volvió a darle palmadas en el culo.

    -Fóllame con más ímpetu si quieres que te azote y después te haga correr.

    Yeni lo folló con una rapidez y una fuerza que parecía que le quería romper la polla. En nada Alex sintió que se iba a correr y le dijo:

    -Si no la quitas te voy a llenar el coño de leche.

    -¡Quiero correrme!

    Alex le dio caña y Yeni se corrió cómo una bendita. Al acabar de correrse Yeni, Alex le puso la polla en la boca, Yeni la cogió con la mano derecha y la olió.

    -Huele a coño, hubiese preferido que oliese a otra cosa.

    -¿A qué?

    -Tuviste tu lengua dentro de él.

    Metió la polla en la boca y comenzó a hacerle una mamada.

    -¿Me hubieras dejado metértela en el culo?

    -Lo estaba deseando cuando tu lengua entraba y salía de mi ojete.

    Alex no era tonto. Sabía que Yeni le estaba ofreciendo el culo. Le dio la vuelta, la puso a cuatro patas, le volvió a lamer y a follar el ojete, y después se la clavó lentamente al tiempo que le daba palmadas en su culo respingón.

    No sé cómo aguantó Alex sin correrse oyendo los gemidos de placer de Yeni mientras la polla entraba y salía de su culo, pero aguantó cómo un león hasta que Yeni se corrió y se derrumbó sobre la cama, en ese momento con ella convulsionándose debajo de él, le llenó el culo de leche.

    Alex con Yeni espatarrada sobre la cama se vistió, y antes de irse le dijo:

    -Si quieres follar otra vez no tienes más que llamarme.

    Yeni no le contestó.

    Esa noche estando Yeni en cama con su marido le enseñó el video que había grabado en la cocina y Onofre le dijo:

    -Vaya, que pena que no hayas follado con él.

    Yeni quiso decirle: «Sí, hijo de puta, sí, una pena no haberlo follado, no haberlo follado antes. Ahora lo que tengo que pensar es como darte por culo y llevarme tu dinero», pero le dijo:

    -Hasta mañana, Onofre.

    Quique.

  • Tía religiosa se vuelve puta

    Tía religiosa se vuelve puta

    Quiero que sepas sobre el siguiente relato, que no es fantasía ni fruto de mi imaginación, te voy a contar los hechos tal y como yo mismo los atestigüé.

    Breve contexto:

    Mi tía Mónica es una mujer de unos 50 años de edad, aproximadamente de 1.65 m de altura, con un físico acorde a su edad, pero con un destacable tamaño de tetas y caderas, en especial el culo, tiene el culo enorme, ancho, bien redondeado que resalta hasta con la ropa más floja que encuentre. En fin, es una de esas mujeres religiosas que se esmeran tanto en ser devotas y cuanta cosa, pero vaya pillada la que le he dado.

    Ella vive con su esposo, ya anciano y enfermo. También con Agustín, quien no es su hijo, pero como si lo fuera, ya que ella lo cuida desde que era un niño pequeño. Prácticamente lo adoptó con la intención de rescatarlo de una mala vida, y de reflejar ser una buena devota. En fin, los años han pasado y Agustín recién hace unos meses cumplió la mayoría de edad. Es un joven simpático.

    En fin. Ya intuirás por donde va la situación.

    Mi tía vive al lado de mi casa, puedo ver su techo de lámina desde mi terraza, hace semanas repararon su techo y por cuestiones económicas, reemplazaron una de las láminas de metal por una plástica transparente (que es más barata). Por las noches puede observarse el lavadero dentro de su casa sin ningún problema, y fue esto mismo lo que me permitió ser testigo de lo siguiente.

    Fin del contexto.

    Ahora si viene el ahuevo chismecito.

    Hace dos noches alrededor de la 1:00 am, salí a fumarme unos cigarrillos a la terraza, me asomé al balcón y vi la luz encendida en casa de mi tía.

    Mi tía Mónica se encontraba lavando ropa en el lavadero, tallando a mano (los que sabrán de pobreza tercermundista entenderán de que hablo) tenía un bote lleno de ropa, su enorme culo temblaba con cada sacudida que daba al restregar la ropa.

    Ella llevaba puesto un baby-doll muy delgado, casi transparente, la amarillenta luz del bombillo hacia transparentar unas bragas negras, delgadas, entrometiéndose entre sus enormes nalgas cada vez que se reclinaba por una nueva prenda.

    Vaya culo tía Mónica, pensé.

    -Agustín, ¡tráeme tu ropa de una vez, que quiero terminar de lavar todo esta noche! – dijo tía Mónica.

    -Voy – dijo Agustín, llevando con él unas cuantas prendas más.

    -¿Estas son todas?, ¿seguro no tienes más ropa sucia? Porque si llego a ver que dejaste ropa apestosa de nuevo en tu habitación ¡juro que te pongo a lavarlas a ti mismo!

    -Sí, estoy seguro, esa es toda.

    -¿Y esa camisa? Mira nada más, ¿en dónde te revuelcas jovencito?, quítatela, voy a lavarla de una vez. – dijo imperativamente

    Agustín obedeció.

    -Quítate esos pantalones, que también están sucios

    -¿Qué? Pero ¿con que voy a dormir esta noche? – replicó el chico, un poco apenado e incómodo.

    Ya es mayor, y mi tía parece no darse cuenta que él ya no es el niño de antes, ni lo incómodo que resulta que te traten de manera infantil cuando ya eres casi un adulto.

    El pobre Agustín, algo nervioso y apenado trataba de negarse a obedecer la orden, evadiendo y excusándose. ¿Por qué se rehúsa tanto?, me pregunté, al fin y al cabo solo son unos pantalones.

    Luego de un rato de discusión, sin otra alternativa, terminó obedeciendo.

    Se desabrochó los pantalones y se los bajó por completo. Jajaja

    El maldito chamaco no llevaba ropa interior, al parecer había ensuciado toda su ropa y no tenía más para ponerse.

    Una verga lampiña, aunque de un considerable tamaño, quedó descubierta ante la mirada atónita de tía Mónica.

    Estuve a punto de estallar en carcajadas, ¡toma eso tía Mónica!, eso te mereces por necia jaja.

    Esperaba que ella se exaltara, que gritara indignada, o que saliera corriendo avergonzada. Para sorpresa mía, se quedó en silencio un par de segundos, viendo la herramienta de aquel muchacho.

    Le tomó varios segundos reaccionar, se agachó para recoger el pantalón sin quitar la vista de esa verga, la miraba confusa, como indignada y nerviosa, como deseándola por dentro, pero tratando de negarse a sus instintos.

    Agustín, de manera respetuosa intentó cubrirse y procedió a retirarse rápidamente. Ella arrojó los pantalones al lavadero y se quedó congelada, con la mirada perdida en la nada, quien sabe cuántos pensamientos le cruzaron la cabeza en ese instante. Parecía indecisa, pensativa, su respiración se agitaba un poco. Estuvo unos minutos de esa manera.

    Imagino que lidió una lucha interna entre sus deseos y su conciencia. Y terminó entregándose a sus más carnales deseos, porque tras esos breves minutos exclamó:

    -¡Agustín!, ven para acá.

    El chico se asomó de nuevo, esta vez con una toalla envuelta en la cintura para cubrirse.

    -Si, diga doña Mónica.

    -Emmm… – pareció pensar unos segundos – dame esa toalla Agustín, también voy a lavarla.

    Agustín se la quita, se la da y justo cuando se da la vuelva para retirarse

    -¡Agustín!, ven acá.

    El muchacho se queda atónito y confundido. Tía Mónica se acerca, su mano temblorosa de nervios se acerca a acariciar el abdomen de Agustín y lentamente baja hasta su verga.

    Acarició su verga y sus huevos con ambas manos, hubieran visto su cara, ella estaba tan nerviosa, miraba para todas partes asegurándose de estar a solas con Agustín.

    -Doña Mónica… pero… espere… -decía Agustín poniendo leve resistencia, confundido y sorprendido a la vez.

    Tía Mónica terminó lanzándose sobre la boca de Agustín, lo besó apasionada y ardientemente.

    Agustín terminó cediendo al deseo y terminó correspondiendo aquella lujuria, empalmándose con una erección enorme. El chico está bien dotado, y eso lo reconozco.

    La tía Mónica terminó arrodillándose frente esa verga y comenzó a devorarla como un animal. La lamía desde el tronco hasta la punta, lengüeteaba ese glande como un caramelo, ocasionalmente bajaba hasta los huevos y los succionaba mientras masturbaba ese trozo de verga que crecía cada vez entre sus manos.

    Ella estrujaba la verga del tronco haciendo que el glande se inflamara tanto que brillaba enrojecido, una buena cantidad de venas resalaban de ese enorme tronco, la tía trataba de engullirla vorazmente, pero era demasiado enorme, solo lograba tragar la mitad para luego atragantarse.

    Gran cantidad de saliva espesa estilaban sobre esa verga hasta los huevos. El culo de la tía Mónica se contraía de manera espasmódica por la excitación.

    Luego de unos minutos se puso de pie, se desvistió quedando completamente desnuda, ese culo era tremendamente enorme, sorprendentemente perfecto, piel blanca y aterciopelada, parecía el culo de una jovencita. Sus tetas inflamadas de excitación se posaban sobre el frio lavadero cuando ella se inclinaba dejando expuesto aquel enorme culo, a merced de la verga de Agustín.

    El chamaco no titubeo, se inclinó abriendo esas nalgas con sus manos y sumergiendo su cara para lamer de los jugos de la vulva de Mónica.

    -Ah!, Ah!, así! Así! Que rico, Ah! – gemía la puta de mi tía

    El chico continuaba su labor, introduciendo sus dedos para masturbar aquella vagina hambrienta. Luego se levantó, hizo inclinar más a mi tía Mónica. Y la embistió con su verga desde atrás.

    -AH! AH! Ah! Agustín, suave, despacio – gemía la desgraciada

    La verga de aquel muchacho parecía no ser acorde a su edad, no exagero, y lo reconozco por respeto y admiración, ese chico tiene una verga monumental. Las nalgas de mi tía se estrellaban escandalosamente en la pelvis de aquel chico. La perforaba una y otra vez con rapidez y vehemencia, con fuerza y vigor.

    Las piernas de mi tía Mónica temblaban de exquisito placer, gotas de fluidos comenzaban a caer mojando el suelo debajo de ellos. Ella estaba desquiciada, fuera de esta realidad, solo gemía y gemía mientras trataba de mantenerse en pie, se sujetaba como podía del lavadero mientras sus piernas se tambaleaban y contraían sin control alguno.

    Agustín tomó una de sus piernas indicándole que la subiera al lavadero, y así lo hizo, con una pierna en el suelo y la otra sobre el lavadero, dejó aún más al descubierto la vulva de mi tía, y continuó penetrándola con fuerza hasta que ella gimió en un intenso orgasmo.

    Su torso se desplomó sobre el lavadero, llenándose las tetas de espumoso jabón, quedó ahí inclinada tendida como un animal agotado. Mientras el muchacho se escupía el glande y lo restregaba entre sus enormes nalgas.

    Tras unos minutos de recuperar el aliento, tía Mónica se incorporó. Tiró la toalla sobre el piso y guio a Agustín a ella. Lo recostó boca arriba, esa verga se elevaba como un grueso mástil, era realmente grueso, podía ver cómo las manos de tía Mónica apenas lograban abarcar todo su perímetro, (y es que he de decir que ella es de manos grandes).

    Tía Mónica respiraba de manera agitada y agotada, pero aun no saciaba su lujuria.

    Chupó y masturbó aquella verga por unos minutos más, para luego montarla como toda una jinete. Primero se paró y se agachó como un luchador de Sumo, clavándose el enorme glande dentro de ella, bajó tanto que se metió todo ese trozo hasta el fondo lentamente.

    Sus gemidos eran incesantes e inevitables, el muchacho comenzó a taladrarla hacia arriba como una máquina, los pechos de mi tía brincaban excitantemente mientras su culo chapoteaba con los huevos y el cuerpo de Agustín.

    Religiosa pero se movía como un animal, el movimiento de su culo era digno del más sucio perreo que jamás haya visto, incluso mejor que cualquier chamaca. Montaba esa verga con majestuosos movimientos de twerking.

    Luego de largo rato, ambos terminaron estallando en intenso orgasmo, Agustín llenó la vagina de mi tía hasta rebosar de su blanca y viscosa esperma. Tía Mónica estalló en un chorro de flujo trasparente que derramó en el abdomen del muchacho mientras ambos caían abatidos en el suelo.

    La muy perra bajó hasta la verga de Agustín y comenzó a relamer y tragarse todo el semen y flujo que había caído, era un asquerosa perra, no la reconocía.

    Cuando hubo terminado, se levantó, le dijo a Agustín que vistiera y que fuera a dormirse.

    Ella se quedó allí, recuperando el aliento y la fuerza en sus piernas para caminar de nuevo. Extrañamente no se vistió. Continuó desnuda, levantando la ropa tirada y poniendo las cosas en su lugar, era excitante ver su tetas al aire libre, y su culo tambaleante escurriendo restos de semen por su entre pierna, mientras ella iba y venía, completamente desnuda como toda una perra.

    Finalmente, así, desnuda, apagó las luces, y entró a su casa.

    Desconozco lo que haya pasado esa noche, luego, dentro de esa casa.

    Lo que sí sé, es que pude tomar unas buenas escenas con mi celular, mismas que me servirán para alguna travesura que tengo en mente. La cual claro, les contaré si logro hacerlo.

    Espero que les haya gustado. Bye.