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  • Clases privadas

    Clases privadas

    Me encanta ver cómo se corren en mi mano.

    Ver sus ojos en blanco, sentir el temblor de su cuerpo, el palpitar de su verga al escupir el semen, sus manos nerviosas recorrer mi cuerpo con desesperación y deseo incontrolable…

    El ser maestra me da oportunidad de gozar de mis alumnos y de dar rienda suelta a mis deseos.

    Prefiero los jóvenes de 18 en adelante; me encanta su vigor y fortaleza.

    He tenido suerte y me ha tocado desvirgar a unos cuantos; la primera leche de un hombre sabe distinto, está muy concentrada, no importa si se ha masturbado antes; esa primera leche que le saca una mujer es deliciosa.

    No soy una modelo; de hecho, soy muy rolliza, pero, mis tetas y mi culo grandes, les llama la atención.

    Este muchacho tenía problemas en mi materia y le dije que le daba clases extra para aprobar; al ver mi culo y mi escote en mi casa sola, no se pudo resistir; me rozaba por accidente y no perdía oportunidad de verme cuando creía que no me daba cuenta. Pude ver su verga parada, me senté frente a él, le pedí que se levantara, me abrí la blusa y mis tetas luchaban por salir del bra. Él abrió los ojos como platos; aproveché el momento para bajarle la bragueta y sacar su verga; al sentir mi mano, el líquido transparente comenzó a salir. Me lo metí en la boca y lo empecé a chupar. Él bufaba y gemía, se agarraba el pelo. Tomé una de sus manos y la puse en mi pecho, lo manoseaba con desesperación.

    No tardó mucho en venirse en mi boca; grandes chorros me inundaron; tragué todo lo que pude, pero la leche seguía saliendo.

    Cuando terminó, aún la verga seguía parada, quería más. Me levanté, me bajé el pantalón con todo y panty y me acosté sobre la mesa, dejando mi culo a su merced. Yo chorreaba jugo de mi vagina. Por instinto, me agarró las nalgas, las abrió y metió su verga de un solo empujón.

    Sentir la verga palpitante dentro de mi, me provocó el primer orgasmo. Él empezó un bombeo salvaje, no le importaba lo que yo sintiera, sólo buscaba más placer. Yo gemía con cada empujón y eso lo excitaba más. Me empecé a tocar el clítoris, el bombeo furioso y mis dedos me provocaron otro orgasmo.

    Al sentirme temblar y chorrear más líquido, él volvió a eyacular. La leche caliente me llenó por completo, las palpitaciones de la verga dentro de mi, me dieron un orgasmo más largo.

    Lo volteé a ver, él babeaba como un animal; le tomé de su cabeza y la acerqué a mi vagina. Él parecía un robot. Veía mi vagina, llena de mis jugos y su leche, cómo hipnotizado.

    Le ordené que me chupara y mamara despacio. Al sentir su lengua, me vine otra vez. Mi panocha se abría y cerraba rápidamente; ese movimiento, el olor de los sexos combinados y su excitación lo hicieron mamar todo lo que salía de mi.

    Cuando terminó de mamar, saqué mi lengua y tomé todo lo que estaba en sus labios.

    Él no sabía que decir; le dije que había aprendido todo y que le apoyaría con unos puntos para su examen. Él sonrió y me preguntó si podíamos seguir con las clases privadas en otra ocasión.

    Le guiñé un ojo y le dije que podía venir cuando quisiera…

    Hay más aventuras que seguiré contando en otra ocasión…

  • La entrevista

    La entrevista

    −Rafa, siempre he admirado tu don de gentes, pero tu sexualidad debe ser alta y refinada, pues tu éxito con las mujeres es evidente. ¿Tiene esto que ver con que tienes técnicas que son apreciadas por ellas, o tu comportamiento en este tema es como el de cualquier hombre?

    −No Irene, −contesté−, el plan de conquista debe siempre ser calmado, mesurado y sin presionar a la mujer. Pero efectivamente, sí aplico tácticas, por llamarlas así, en el camino de la seducción. El ideal es que ella dé muestras positivas de que hay avances en la relación. Espero con paciencia el momento en que aparezcan conversaciones íntimas, en las que, con mucha cautela, trato de averiguar, de investigar, lo que ella está dispuesta a incluir en una sesión sexual; trato de descubrir sus límites, Con prudencia, pongo sobre la mesa mis gustos y preferencias, para decidir si continúo o no.

    −Si continúas o no? −preguntó ella con extrañeza−. Me explicas?

    −Claro −dije−, si sus límites obstaculizan mis preferencias, amablemente acelero el fin de mi cita con ella, sin llegar a una unión sexual. Ni en el momento, ni en el futuro. Definitivo. Para explicarte mejor Irene, si todas las atracciones no están abiertas… no voy a Disneylandia.

    −Lo siento Rafa, si no fueras mi amigo y no te conociera, diría que suenas como un Depredador Sexual.

    −Puede que lo sea, −repliqué−, pues en el momento indicado… no desperdicio una presa que esté en mis planes y a mi alcance.

    −Muy interesante, pero me darías un ejemplo de por qué no continuarías?

    −Ciertamente, si descubro por ejemplo que una mujer no practica el sexo oral… estará descartada. Siempre pretendo ir muy lejos, pues esa clase de momentos deben ser aprovechados al máximo. No se pueden ni se deben, desperdiciar. Además, rehúso educar… o rogar.

    −Ir muy lejos? ¿Me explicas por favor?

    −No me gustan las “aguas mansas”, por llamarlas así, durante el sexo. Las disfruto, pero desde el principio trato de ir más allá, de buscar experiencias máximas; lo hermoso de éstas, es que, en el futuro, van a llegar automáticas, pues mi eventual pareja ya las habrá experimentado conmigo y seguramente, las habrá disfrutado al máximo. Ella no dudará en repetirlas.

    −Continúa por favor.

    −Llega el momento, en que cautelosamente, dejo las “aguas mansas”, y “solicito” mis preferencias, las que seguramente ya he discutido con ella. Sé que las aceptará.

    −Tus preferencias?

    −Sí, −dije−, para ser más específico, por ejemplo mi posición preferida, “La Favorita”.

    −Tu “Favorita”? ¿Cuál es? −replicó ella impacientemente.

    −Aquí debemos parar Irene.

    −Parar? ¿Por qué? No te entiendo, −exclamó ella.

    −Sencillamente, porque para continuar, debo entrar en “aguas borrascosas” y… tu eres sólo mi amiga.

    −Lo sé, pero deseo continuar escuchándote y no pretendo nada. Estamos sencillamente hablando… como amigos.

    −Está bien Irene, pero ten presente que no tenemos relación alguna, sólo amistad; pondré mi mente en blanco, tú has lo mismo; pretenderé que estoy escribiendo un libro; sólo así podré continuar.

    − ¿Entonces, volvemos a tu posición preferida?

    −Si, es con la que me gusta finalizar una sesión sexual, es “Mi Favorita” para terminar la sesión, la gran mayoría de las veces.

    Se trata sencillamente del muy conocido y deseado sexo oral, hecho simultáneamente en la posición llamada coloquialmente en francés “soixant neuf”, el sesenta y nueve, con mis modificaciones propias, que la hacen más placentera.

    −Oh! −exclamó ella, desviando su mirada.

    −Te quedaste silenciosa Irene; ¿fui muy lejos? Me lo pediste.

    −No, no Rafa, por favor. Me sorprendiste, pero si continúas, trataré de sobrevivir, −dijo ella jocosamente.

    −Ja, ja, ¿te sorprendí? ¿Nunca has hecho el “soixant neuf”?

    −Rafa, yo soy la periodista y tú el entrevistado, por lo tanto, sigue con esas modificaciones que mencionaste, sin hacerme preguntas.

    −Dicha posición, como fue diseñada hace miles de años, y como yo la adopté, ha sido mi obsesión por mucho tiempo, tanto así, que le dediqué una palabra de nuestro lenguaje; le dediqué el término Sublime, el que sólo uso, cuando me refiero a “Mi Favorita”.

    −Continúa, no te detengas, −dijo Irene.

    −La posición requiere que la mujer esté encima de mi; −mi voz de se tornó seria y adquirió un tinte explicativo−. No debe ser de otra forma, pues inmediatamente la corrijo, moviendo con energía su cuerpo sobre el mío. Debe estar exactamente sobre mí. Vendrán unos minutos de ajuste y acoplamiento a la posición, pero una vez que comience su progreso, viene mi siguiente modificación.

    −¿Tus modificaciones, las sugieres o las pides?

    −No Irene, “las ordeno” y como te dije anteriormente, ella obedecerá dócilmente y además complacida.

    −Cuál es la segunda?

    −Las manos de ella deben estar apoyados en el lecho a los dos lados de mi cintura, soportando el peso de su torso. Nunca sosteniendo mi Espada.

    −Por qué este extraño requerimiento? −preguntó ella con interés.

    −Porque el ideal es que su boca simule completamente una Hambrienta Cueva de Amor, por eso no quiero sus manos alrededor de mi Espada. Momentáneamente, acepto que la sostenga, mientras se acomoda, pero la mayoría del tiempo debe concentrarse en su función como te la describo.

    −Otros requerimientos? −preguntó ella, con curiosidad.

    −Ciertamente, sus rodillas deben estar ligeramente dobladas, a los lados de mi cabeza.

    −¿Y esto, por qué?

    −Porque al doblar las rodillas un poco, su hermosa Flor se ofrecerá como una Rosa recién abierta sobre mi boca, facilitando mi accionar.

    Ella guardó silencio.

    −No escucho tu voz Irene! ¿Estás escandalizada o algo así?

    −No Rafa, sólo me gustaría oír más.

    −Irene, todavía no has oído la verdadera descripción de mis requerimientos, cuando llega el momento de “La Favorita”. Aquí, añado ciertas cosas que son “la sal y la pimienta” del Sublime acto.

    − “La sal y la pimienta”? −preguntó con extrañeza−. Descríbemelas.

    −El sexo Sublime no existe sin dos componentes esenciales: Sonido y Movimiento. Para lograrlos, le ordeno que no retenga sus gemidos o expresiones de placer, los que tanto voy a disfrutar al oír. Además, le explico que, debido a su posición, ella tiene completa libertad de hacer continuos movimientos de vaivén, así como giratorios, que contribuirán a su deleite… y al mío. El movimiento mío es limitado, por estar sometido por su peso sobre mi cuerpo.

    −Irene me mira con un rictus de seriedad. −Continúa sin detenerte, −dice.

    −Bien, cierra los ojos Irene y toma parte de mi narración. Ha pasado una fracción de hora y las caricias preliminares y suaves han quedado atrás. Mis manos reposan sobre sus hermosas nalgas, ayudando a impulsar sus embestidas hacia mi boca. En este momento, estoy listo al siguiente paso; una de mis manos viaja rauda hacia su muy húmeda Rosa, preparo mis dedos índice y corazón y los sumerjo dos y tres veces, buscando esa deseada lubricación.

    −Mételos atrás Rafa! Métemelos atrás duro! −cuando la oigo, sé que está lista; los llevo hacía aquella cueva expectante y casi con rabia, se los meto por el culo hasta donde es posible. El erotismo del momento es alto, pues los veo desaparecer allí adentro. Con pericia, empiezo un lento movimiento de entrada y salida de su caverna prohibida.

    −Ay qué rico, Ay qué rico! Me gusta, Ay qué rico! Quiero más!

    Le pido que de rienda suelta a sus retenidas ganas. La animo a que hable y exprese lo que siente; le comunico cuánto me excita oír su voz, mezclada con sonidos de placer. Le repito que no pare de hablar y le ordeno que use vocabulario soez.

    −¡Háblame puta, sé creativa, deja salir tu lujuria! −grito en este momento.

    Oigo −¡Mírame el coño, es tuyo, todo tuyo. ¡Huélelo, disfrútalo y tócalo! ¡es todo para ti! ¡Chúpalo, lámelo, cómetelo! −Exclama ella con lujuria.

    Cuando oigo otra orden −¡Chúpame duro! −me animo a seguirle desordenando la mente.

    Mi mano libre se mueve sin parar, de su cintura a sus anchas caderas y a sus nalgas. No sé dónde ponerla. No puedo detener el movimiento de la otra. Hemos estado “ensexados” por casi veinte minutos.

    Oigo −¡no pares!, sus fuertes movimientos me indican que está muy ardiente y detecto que está próxima a venirse; me esmero en mi misión y con extrema pasión, atrapo la parte superior de su Rosa y lentamente la masajeo con toda mi boca, hasta que empiezo a sentir una pequeña pero firme serie de temblores y convulsiones, acompañadas de una hermosa sinfonía de gemidos lujuriosos.

    −¡No pares amor, dame toda tu boca! ¡Ayyy! ¡Me corro! −grita fuerte.

    Su pelvis gira con violencia durante casi medio minuto y lentamente disminuye su ritmo. Un corto tiempo después, mi boca sigue sintiendo leves contracciones de su Rosa. Sublime. Cierro los ojos y gozo del hermoso momento. La he sentido terminar. Sublime. Le doy un merecido descanso a mi lengua, a mis labios… y a mis dos dedos invasores.

    No la amo, pero, alguien ha dicho que para follar con pasión hay que amar? No estoy de acuerdo Irene!

    Siento su cabeza reclinándose en uno de mis muslos; conceptúo que necesita un breve descanso. Todavía está sobre mi. Por la gravedad, sus deliciosos jugos caen y escurren sobre mi boca, mis labios y mi mandíbula. Sublime.

    Pasan un par de minutos y de nuevo siento la presión y el hermoso vaivén de su boca sobre mi Espada, donde su lengua y labios se convierten en aquella ávida y Hambrienta Cueva de Amor.

    No sólo la proximidad, la humedad y el deleitable perfume de su Rosa Recién Abierta sobre mi cara, sino el dulce sabor de sus jugos, me obligan a lanzar mi mano izquierda como una flecha hacia mi Espada; la saco de su boca con rapidez, pues siento la proximidad de mi final, y no quiero eso. Sueño con una mujer erótica y multiorgásmica, por lo tanto, quiero hacerla correr varias veces más.

    Oigo −¡Me encanta mamártelo!, me doy cuenta de que mi estrategia funcionó y de que puedo concentrarme en lo que más gozo, darle más y más placer.

    −Seguimos amándonos; me sigue tragando, lenta y apasionadamente. Casi con rabia. Minutos después dice enérgicamente −Rafa, quiero tu leche en mi boca, ¡dámela!.

    Al oír su voz, todos mis planes de hacerla correr varias veces se van a pique. Con decisión, me toma en su boca lentamente, con una profundidad que no he conocido antes. Al sentirla, paso mis manos bajo sus brazos, la tomo suavemente de la nuca y la invito a llevarme hasta las profundidades de su garganta. Ella me acepta y la sinfonía de gemidos lujuriosos que ella emite, son reemplazados por un rugido que sale del fondo de mis entrañas, comparable al que hace un toro de lidia, cuando siente la estocada final. Mi inconmensurable orgasmo, le llena la boca de mi elixir de amor.

    −¡Tómalo todo! −exclamo con rabia− ¡Gózalo puta!

    Segundos después, ella voltea su cuerpo en el lecho y colocando su abierta boca sobre la mía me besa tiernamente y con pasión, su lengua juega expertamente con la mía.

    Sin saberlo, me está compartiendo el preciado líquido de nuestra noche… Mi Líquido!!!

    Esta no es una nueva experiencia para mi −¡y créeme, Irene… ya soy un experto!

    Irene guardó silencio!

  • La primera vez que cogí a mi suegra

    La primera vez que cogí a mi suegra

    Hola, soy Joel, tengo 35 años, 5 años de casado, mi esposa se llama Martha de 34 años y tenemos un hijo pequeño. Voy a relatarles algo real que me sucedió no hace mucho con mi suegra, Ana, cuando vino de visita y se quedó por casi 1 mes alojada en mi casa, hasta ahora no puedo creer que haya cumplido una de mis fantasías más anheladas al cogérmela.

    Ana, mi suegra, tiene 58 años y es viuda desde los 47 años, mide 1.62 m aproximadamente, unos 58 o 60 kilos de peso, tiene unas tetas medianas, pero lo que siempre me llamó la atención es el culito paradito y redondo que tiene, que se le marca aún más pues utiliza, casi siempre, ropa muy ceñida al cuerpo, pantalones, leggings, buzos, etc. dejando ver también sus piernas bien formadas y duritas, así como se le nota siempre las tanguitas o calzoncitos que usa.

    Mi suegra desde que la conocí fue una mujer muy atenta y amable conmigo y mantuvimos siempre una relación cordial, al conocerla me llamó la atención pues es una mujer muy guapa y sensual, aunque algo cohibida al tratar temas sobre sexualidad, alguna vez recuerdo haberme masturbado pensando en ella y fantaseaba con hacerla mía.

    Hace un par de meses estuvo de visita en mi casa, pues quiere pasar tiempo con Martha, mi esposa, y ayudarla con nuestro hijo pequeño; desde que llegó todo iba normal, hasta que en una oportunidad al entrar en la ducha observé colgado en el lugar de las toallas una tanguita color esmeralda con algunas blondas en la parte superior que obviamente no eran de mi esposa, sino de Ana, mi suegra, por lo que rápidamente cerré la puerta, tomé la tanguita y pude observar que tenía una pequeña mancha de color blanca que dibujada la línea de su vagina, por lo que la olí con frenesí y su aroma a mujer me paró la pija en un dos por tres, no pude evitar imaginar oliendo, besando, lamiendo y chupando la conchita de mi suegra directamente, por lo que eso me calentó aún más y terminé haciéndome una paja con su tanguita botando leche a por montones en la ducha, la volví a colgar donde estaba, me di una ducha y continué con mi rutina diaria, pero ya no podía dejar de pensar en mi suegra.

    En un fin de semana, mi suegra se ofreció cuidar a nuestro hijo pequeño, a fin de que pueda salir con mi esposa, a dar un paseo, cenar y tomar algo y se pueda desestresar del cuidado de nuestro pequeño, así que salimos a eso de las 07:30 pm, terminando en un bar tomando unos tragos, ya sintiendo que mi esposa se encontraba algo mareada por el alcohol, volvimos a casa como a las 11 pm, para esto mi suegra se encontraba en la sala viendo la TV y se sorprendió de vernos tan pronto:

    -Como que no es muy temprano para que hayan vuelto -dijo mi suegra

    -Me siento algo cansada mamá, pues ya no salgo hace mucho tiempo -contestó mi esposa

    -Entonces trata de descansar hija, el bebé está en su cuna, bien dormidito, -indicó mi suegra

    Por lo que ayudé a mi esposa a subir al segundo piso, a nuestro dormitorio, indicándome que se encontraba agotada, la acomodé en la cama y se quedó dormida casi de inmediato, yo bajé a la cocina a tomar algo de agua, mi suegra seguía en la sala viendo una película o serie, no lo sé, y por cortesía le ofrecí una bebida:

    -Suegrita, desea servirse algo de beber, ¿quizás una cerveza? – le indiqué

    -Sí Joel, gracias, hace algo de calor y hace tiempo que no pruebo una – me dijo

    Así que me senté en la sala junto a ella y comenzamos a charlar sobre la salida con mi esposa y comentando varias cosas sobre cómo iba la relación con su hija, mientras me la imaginaba desnuda, pues tenía puesta su bata e imaginé que tenía su pijama también; entre tanta charla me serví un vaso con whisky, dándole mi suegra un vaso con Baileys, prosiguiendo con nuestra charla, hasta que en un instante en la película o serie que veía se apreció a una pareja teniendo relaciones en la cama, mi suegra y yo nos quedamos mudos, escuchando los gemidos que hacían, viéndonos mutuamente y soltando una risa algo avergonzada ambos, por lo que le dije a mi suegra:

    -Disculpé la indiscreción suegrita, pero ya que está usted viuda hace años, no ha vuelto a tener una relación con otro hombre o encuentro sexual – dije ya más desinhibido por el licor que seguía tomando

    Mi suegra algo ruborizada me contestó:

    -Ayyy Joel cómo me preguntas algo así

    -Es que suegrita, viendo lo que acabamos de ver, me entró la curiosidad, a parte no creo que sea malo, ¿es algo normal no? – respondí

    -Bueno sí, es normal entre un hombre y una mujer, pero estando viuda y a mi edad no creo que alguien me pueda ver con esos ojos, los años no pasan en vano – respondió ella

    -Pero usted se ve muy bien suegrita, y como dicen, el hombre hasta que pueda y la mujer hasta cuando quiera o ya no piensa en eso – contesté presuroso

    -Jajaja, qué cosas dices, pero pensándolo bien, sí a veces se me antoja y recuerdo las cosas que hacía con mi difunto esposo

    -¿Y se ha tocado o masturbado durante todo este tiempo que está sola?, pues en mi caso cuando Martha estaba embarazada e incluso hasta ahora, ella no desea tener muchas relaciones sexuales, así que no me quedaba de otra que masturbarme – le dije

    -Enserio, pobre de ti, yo cuando estuve embarazada de Martha y sus hermanos me ponía más caliente jajaja, tiempos aquellos… y si en ocasiones me he tocado sola

    -¿La última vez que lo hizo? – le pregunté

    -Mmmm y por qué me preguntas esas cosas – me respondió

    -Le puedo confesar algo, pero sólo entre usted y yo, la última vez que lo hice fue cuando usted llegó, pues encontré una tanguita suya en la ducha – le terminé contando

    -No te lo puedo creer, como pudiste hacer algo así…pero no te culpo, ya que estás tanto tiempo sin hacerlo como dices -me dijo

    -Sí suegrita lamento lo ocurrido, pero usted me parece una mujer muy guapa y no sé… ya que usted está también hace tiempo sin hacerlo qué mejor que quitarnos las ganas juntos, sería beneficioso para ambos – le dije totalmente desinhibido por el alcohol y la calentura que tenía de imaginarla devorando su cuerpo desnudo

    -¿Estás seguro de lo que dices?, con una mujer como yo, no crees que sería mejor con una jovencita, no creo que Martha se pueda molestar si vas a alguno de esos lugares de citas, mi esposo también lo hacía cuando estábamos mucho tiempo separados y es comprensible

    -No suegrita, le confieso que siempre me ha gustado y no he dejado de pensar en usted desde que llegó a la casa – le dije, acercándome a ella

    -Si estamos con lo de las confesiones, pues te diré que te he visto es short y pude notar el bulto que llevas entre las piernas como ahora que te veo y pienso cuan afortunada es mi hija de tener compañía y poder coger contigo cuando quiera y la última vez que me masturbé o mejor dicho, lo estaba haciendo, fue antes de que ustedes llegaran a casa – le oí decir

    Luego de escuchar eso, no lo pensé y la besé frenéticamente, le introduje la lengua a lo que mi suegra respondió de la misma forma, le cogí una mano y la llevé hasta el bulto entre mis piernas que estaba a punto de estallar

    -Uhmmm que dura se te ha puesto la verga – me dijo

    -Sí suegrita usted me pone así – le respondí

    -No me trates de usted ni me llames suegra, dime sólo Ana – me indicó

    -Está bien Ana, cógeme la verga, es sólo tuya – le dije

    Me comenzó a quitar la correa y bajar el cierre del pantalón y yo comencé a besarla por el cuello quitándole la bata que traía puesta y para sorpresa mía estaba desnuda, le agarraba las tetas, bésalas – me dijo, obedecí sin demora comencé a besar y chuparle las tetas, estrujándolas con una mano y con la otra le toqué la vagina, la sentí muy húmeda y caliente, para esto mi suegra ya había sacado mi polla totalmente de mi pantalón, y comenzamos a masturbarnos mutuamente.

    -Que rica y dura verga tienes, te la quiero chupar – me dijo

    Me terminé de quitar el pantalón y la camisa, mi suegra se despojó totalmente de su bata, se arrodilló y se engulló mi pene hasta la mitad, comenzando a mamármela despacio y rápido, pasando su lengua por mi glande y bajando hasta mis bolas.

    -Que rico lo chupa suegrita, lo hace como una profesional – le dije

    -Dime sólo Ana -replicó

    -Disculpa, es la costumbre Anita, sigue así métetela toda, mi pinga es tuya

    -Sí ahora es mía sólo mía – dijo

    Prosiguiendo con su tarea, luego la senté en el mueble, se recostó y se me abrió la conchita, estaba peludita aunque no mucha, me excitó mucho verla así, me acerqué a ella y saboreé su sexo con locura, lamía y chupaba sus labios vaginales, por momentos introducía mi lengua en su agujero y me centraba en su clítoris que se encontraba hinchadito de placer.

    -Así cómeme la chucha Joel, sí que lo haces bien, mueves más la lengua – me dijo

    Entonces comencé a lamerle su clítoris aún más rápido, ella me sujetó la cabeza y hacía que la presión contra su sexo sea más fuerte, ¡empezó a mover cada vez más rápido su cadera contra mi boca – me vengo!, me vengo! Joel… ah si!!! sí!!! que rico, gemía de placer; me puse sobre su cuerpo, ella aun gimiendo y le introduje mi miembro de una embestida en su mojada y muy caliente conchita:

    -Ahhh! así que rico, métemela toda, hace tiempo no siento una verdadera verga como la tuya dentro mío, ¿te gusta mi amor? – me preguntó

    -Sí, me encanta tu conchita mi vida – le dije

    -Pues es toda tuya, métemela así, que rico te mueves – replicó ella

    La puse de espaldas hacia mí, en cuatro, sobre el mueble vi como se le veía ese culo redondito que tanto deseaba, aproveché para lamerle la vagina nuevamente y pasar la lengua por su culito, hasta meter toda mi lengua en ese agujero tan rico, mi suegra se retorcía como loca y gemía más y más, agarré mi verga y nuevamente se la clavé en la vagina, la tomé de los cabellos y la empecé a embestir como condenado una y otra vez, sentía como mis testículos golpeaban su cuerpo y sentí que ya me venía y lo hice sin darme tiempo a sacarla por la excitación.

    -Dámela toda, hasta la última gota, lléname con tu leche Joelito – exclamaba

    -sí toma mi leche Anita siente como te inundo la chucha de ella – le dije

    -¡No pares, no pares mi amor! sigue que me vengo otra vez – me indicó ella

    Así que seguí embistiéndola mientras ella estaba en cuatro, la tomaba de la cintura, pegando su cuerpo más al mía, sintiendo como toda mi verga estaba en el interior de mi suegrita, para luego con una mano estimular su clítoris, sintiendo de pronto como me bañaba la pinga de sus jugos vaginales y exclamando aún más de placer… se volteó hacia mí y me besó con pasión.

    -Así quiero que me cojas siempre – terminó de decir

    Escuchando ruido en el baño del segundo piso, por lo que mi suegra cogió su bata y se fue de forma inmediata a su cuarto, yo tomé mi ropa y me fui rápidamente a cambiar a la cocina, asustado por si mi esposa nos había escuchado y a la vez extasiado por lo que había sucedido.

    Luego les sigo contando que pasaron los demás días de estadía de mi suegrita en mi casa.

  • El confinamiento

    El confinamiento

    Esta historia comienza hace ya más de un año, concretamente en abril de 2020, es decir, pleno confinamiento. Es obvio que, durante esa época, todos tuvimos malos momentos en mayor o menor medida, siendo especialmente duro el caso de Sven, ya que él fue uno de los que tuvo que continuar trabajando durante ese tiempo, pero gracias a que vivimos juntos, nos pudimos apoyar mutuamente en los peores momentos.

    En cambio, Javi vive actualmente sólo y esta situación le producía bastante estrés también, por lo que hablábamos frecuentemente a través de videollamadas para intentar paliar la situación, hasta que uno de esos días, lo noté especialmente bajo de ánimos, así que Sven, que ese día no trabajaba, y yo, estuvimos un par de horas charlando tranquilamente con él, hasta que en cierto momento de la conversación Javi nos dijo:

    -Ojalá estuvierais aquí.

    Echábamos mucho de menos poder hacer nuestras vidas con normalidad, pero, sobre todo, nos echábamos de menos mutuamente.

    Después de esto, seguimos hablando un rato más, pero esa frase y su tono se me quedaron grabados, por lo que ya por la tarde, después de darle muchas vueltas, le planteé a Sven una idea:

    -¿Qué te parece si le hacemos una visita sorpresa a Javi cuando podamos? Dije.

    A él le pareció genial y me dijo que había pensado lo mismo, así que simplemente esperamos hasta que hace aproximadamente un mes, encontramos una forma algo rebuscada de poder ir a EEUU y, aunque no estábamos 100% seguros de poder llegar, teníamos que intentarlo. Así que después de un largo viaje, escalas, cuarentena de rigor y mucho papeleo, aterrizamos en Orlando (Florida).

    Sabíamos la dirección de Javi, al que lógicamente no le habíamos dicho nada de esto, pero, aunque teníamos ganas de ver su cara cuando apareciéramos en su casa de repente, estábamos cansados, así que decidimos irnos un hotel cercano que habíamos reservado y, al día siguiente, iríamos a verlo.

    Creo que jamás se me olvidará la cara de incredulidad que puso Javi cuando, ya por la mañana, llegamos a su casa y nos vio, ¡se quedó pasmado!, por lo que Sven y yo nos empezamos a reír, pero antes de que dijera nada, lo saludé diciendo:

    -Hola Javi. ¡Sorpresa!

    Un par de segundos después, Javi reaccionaba y lanzándose hacia mí, nos fundíamos en un fuerte y cariñoso abrazo que casi me emocionó. Él no daba crédito a que estuviéramos allí, así que, después de abrazar también a Sven, pasamos al interior de la casa para, una vez sentados en el salón, explicarle que habíamos querido hacerle una visita para que no se sintiera tan sólo y se animara un poco.

    Esa misma mañana, salimos a dar una vuelta los tres juntos y comimos fuera, me sentía muy feliz por estar con ellos, y de ver el brillo en los ojos de Javi, que denotaban agradecimiento e ilusión, habíamos conseguido nuestro principal objetivo.

    Ya por la tarde, volvimos a su casa y entre risas y charla, llegó también la hora de la cena, por lo que Javi nos propuso cenar allí juntos, cosa que nosotros aceptamos con gusto.

    Parecía que ese día no pasaría nada más allá de lo esperable en una agradable reunión con un gran amigo, pero fue durante la cena, que, de forma totalmente involuntaria (os lo prometo), le di un golpe a un vaso provocando que este se volcara sobre mí y me mojara el pantalón, por lo que Javi me dijo que me los quitara y él me prestaba unos, pero Sven, aprovechando la oportunidad, dijo a Javi:

    -No te preocupes, así tenemos menos que quitarle…

    Al escuchar esto, Javi y yo nos miramos y soltamos al unísono una sonora carcajada, pero Sven se mantuvo serio y sin mediar palabra se me acercó y me empezó a besar, estirando a la vez un brazo en dirección a Javi para que se uniera también.

    Así continuamos besándonos entre los tres hasta que, un poco después, Sven se puso detrás de Javi y empezó a acariciarlo bajo la camiseta para continuar quitándosela y desabrochándole el pantalón, momento en el que Javi, con un buen bulto ya que marcaba toda su anatomía bajo unos boxers de licra grises, nos dijo:

    -Vamos a mi cuarto.

    Una vez allí, él se dejó caer de espaldas en la cama y, entre algunas risas, Sven se ocupó de tirar de sus pantalones, arrastrando los boxers junto a estos y dejándolo ya desnudo.

    Continué yo quitándomelo todo salvo los calzoncillos, y me recosté a su lado para seguir besándolo mientras Sven se recostaba también al otro lado de Javi.

    Sven comenzó a besar suavemente el pecho de Javi, bajando por él hasta llegar a su entrepierna, momento en el que empezó a dar unos buenos lametazos a su erección de abajo a arriba repetidas veces para, segundos después, agarrándosela por la base, empezar a metérsela en la boca lentamente, llegando a perderse casi todo su rabo en la boca de mi chico, lo que provocó en Javi un pequeño suspiro de placer.

    Yo sonreí mordiéndome el labio inferior al ver la habilidad con la que mi chico trabajaba el miembro de Javi, cubriéndolo por completo con su saliva y abrazando su tronco con la lengua, y continué besando a Javi mientras acariciaba el pelo a Sven.

    Poco a poco empecé a bajar yo también por el cuello de Javi y le pregunté:

    -¿Te gusta?

    A lo que él respondió resoplando y diciendo:

    -¡Me encanta!

    Sven, al escuchar esto, aumentó el ritmo y continuó recorriendo con un intenso movimiento hacia arriba y abajo el rabo de Javi para terminar tragándosela hasta el fondo un par de veces y, después de algunos segundos, sacársela de golpe, cogiendo una gran bocanada de aire mientras algunos hilos de saliva densa seguían uniendo sus labios y la ya palpitante polla.

    Mientras Sven recuperaba el aliento, empecé yo a acariciar y succionar los huevos a Javi para así seguir mimando a nuestro anfitrión, pero Sven tenía otra idea y no quería que Javi se corriera tan pronto, así que poco después me paró y le dijo a Javi sugerentemente:

    -¿Quieres la “revancha”?

    Diciendo esto, Sven se refería a lo relatado en “Vuelta al pasado” cuando él mismo se folló tan duramente a Javi, aun siendo la primera vez que se lo hacían, en represalia por habernos acostado este último y yo.

    Por lo que Javi, que entendió enseguida a lo que se refería, con una media sonrisa contestó:

    -Me encantaría tío.

    Así que Sven, que sólo se había quitado la camiseta hasta el momento, se desnudó rápidamente y se tumbó boca abajo en la cama, a la vez que yo también me terminaba de desnudar por completo.

    A continuación, Javi bajó rápidamente con algunos besos salpicados por su ancha espalda hasta su culo y hundió su boca entre las duras nalgas de Sven, lo que le hizo reír un poco en tono socarrón.

    Pero Javi quiso sorprender a mi chico y, después de explorar con su lengua toda la zona, y de lubricarlo con un poco de saliva, le metió un par de dedos directamente; por lo que Sven se quejó ligeramente, aunque no dijo nada.

    Mientras tanto, yo simplemente me mantenía al lado de Javi, de rodillas en la cama, acariciándolos a los dos y besando a Sven. Así continuamos hasta que unos minutos después, Javi penetró con un tercer dedo a Sven, preguntándole a este si iba bien mientras los giraba en su interior, a lo que Sven contestó con un escueto “Sí”, por lo que Javi le dijo con tono autoritario:

    -Date la vuelta.

    Él lo hizo enseguida y, sin dejar de mirar a Javi con una expresión retadora, abrió las piernas mientras Javi sacaba un par de condones y un bote de lubricante de la mesilla de noche, pero yo me adelanté y empecé a chupar de nuevo un poco el miembro de Javi para un momento después, coger el preservativo, ponérselo yo mismo y decirle:

    -¡Todo tuyo!

    Javi me sonrió y rodeándome suavemente con un brazo por la cintura, me besó y se colocó entre las piernas de Sven, escupió un poco entre sus nalgas y, sin más, empezó a penetrarlo suavemente.

    La polla de Javi ya dije en otro de mis relatos que tiene un buen tamaño, pero lo que más me gusta es que es muy recta y lisa, por lo que, con un par de cachetadas, entró toda en el apretado agujero de Sven al que se le notaba nervioso ya que su respiración se había acelerado, cosa que me ponía mucho.

    Javi se mantuvo un momento inmóvil y empujando fuertemente cada centímetro de su rabo al interior de Sven, el cual intentaba aguantarlo agarrando de un puño las sábanas, hasta que finalmente Sven se fue relajando y Javi empezó a moverse suavemente con un sexy vaivén de cintura.

    Poco a poco, el ritmo de la penetración iba aumentando y Sven empezaba a ser desplazado ligeramente con cada envestida mientras Javi lo sujetaba por los tobillos con las piernas bien abiertas; y Sven, con las manos tras su cabeza, miraba seriamente a los ojos a Javi, queriéndose hacer el duro, aunque en el fondo, yo sabía que le estaba encantando.

    Seguidamente, me coloqué detrás de Javi y pegué mi pecho a su espalda, empezando a acariciar su marcado pecho y pellizcar suavemente sus pezones con mis dos manos mientras veía por encima de sus hombros cómo su rabo se hundía en el interior de Sven.

    Javi inclinó ligeramente la cabeza hacia atrás, apoyándola en uno de mis hombros cariñosamente mientras mi polla, completamente dura hasta doler, se restregaba entre sus nalgas, con lo que empezó a gemir suavemente mientras las piernas de Sven, que continuaban hacia arriba, empezaban a temblar, por lo que Javi le permitió bajarlas y, saliéndose de él, le espetó:

    -¡A cuatro!

    Así Sven pudo tener un breve respiro justo antes de volver a recibir a Javi que, esta vez, entró de un golpe para, inmediatamente después, empezar a embestir más fuertemente que hasta el momento a Sven, el cual, por fin dejó de disimular y empezó a disfrutarlo gimiendo sin complejos, así que quise compensarlo colocándome a su lado y empezando a acariciar su tensa espalda para que se relajara, pero él se incorporó rápidamente y se abrazó fuertemente a mí, por lo que me puse frente a él y le devolví el abrazo, dejándolo encerrado entre Javi y yo.

    Seguidamente, empecé a masturbarlo y él clavó su boca en uno de mis hombros, respirando acalorado por la boca entre aspavientos con cada golpe de caderas de Javi que hacía chasquear su culo.

    Así continuamos hasta que, poco después, levanté la mirada y vi cómo Javi cerraba los ojos, se inclinaba ligeramente hacia atrás y, con una gran sonrisa en su cara, daba un fuerte gemido y se corría en el interior de Sven casi a la vez que mi chico vaciaba sus huevos en mis manos, salpicando con varios trallazos de leche mi polla y su propio pecho.

    Finalmente, después de unos segundos de recuperación, Javi se salió de Sven y se quitó el preservativo, dejándome ver cómo la hinchada y enrojecida polla que había hecho gozar y sufrir a partes iguales el poco experimentado culo de mi chico, terminaba de expulsar las últimas gotas de semen mientras Sven caía rendido en la cama y suspiraba aliviado, momento en el que Javi le preguntaba atento como siempre:

    -¿Estás bien Sven?

    Pero él simplemente se limitó a resoplar y levantar el dedo pulgar de la mano mientras se terminaba de recuperar para, unos minutos después, levantarse e irse a la ducha, dejándonos a Javi y a mí solos en la cama, guiñándome un ojo disimuladamente desde la puerta de la habitación sin que Javi se diera cuenta.

    Seguidamente me tumbé junto a Javi relajadamente en la cama y me abracé a él, preguntándole en voz baja:

    -¿Te lo has pasado bien?

    Refiriéndome no solo al sexo sino al día en general, a lo que él me contestó sinceramente:

    -Muy bien, me alegro mucho de que estés aquí.

    Dicho esto, nos quedamos mirándonos a los ojos mutuamente e, irresistiblemente, comenzamos a besarnos de nuevo.

    Con toda tranquilidad empezamos también a acariciarnos y Javi agarró suavemente mi polla, que no tardó en reaccionar al magreo, por lo que aproveché para preguntarle:

    -¿Te gusta?

    Él sonrió y, casi susurrando tímidamente me sorprendió contestándome:

    -Alberto… Házmelo

    Yo le volví a preguntar:

    -¿Estás seguro?

    Y Javi asintió suavemente con la cabeza diciéndome que sí, por lo que, recostándome de perfil a su lado, cogí el bote de lubricante y me puse un poco en los dedos, empezando a acariciarle la zona perianal con movimientos circulares mientras seguía besándolo suavemente.

    La primera vez de Javi fue también con nosotros como ya he dicho anteriormente, pero creo que no lo disfrutó realmente porque fue algo inesperado y casi obligado, por lo que en ese momento me propuse demostrarle a mi querido amigo sin prisa alguna, el placer único que se podía llegar a sentir al entregarse al chico que se quiere y desea.

    Continué un buen rato acariciándolo y, acto seguido le introduje un dedo poco a poco, este entró sin dificultad, pero Javi se tensó un poco, por lo que le dije:

    -Tranquilo, respira profundo.

    Mientras empezaba a moverlo dentro de él con un suave vaivén.

    Otro rato después, probé a introducirle un dedo más. Esta vez su culo se resistía un poco, así que, me puse más lubricante en los dedos y me coloqué entre sus piernas para empezar a succionar sus huevos y lamer también la zona del perineo.

    Una vez estuvieron ambos dentro, los dejé inmóviles unos segundos para que se acostumbrara, y después empecé a palpar su suave interior con un movimiento giratorio, mientras acompasaba los movimientos con un punteo de mi lengua, lo que le hizo suspirar ya más relajado.

    Así seguimos un buen rato hasta que Javi, que me miraba deseoso, me hizo subir por su cuerpo para besar su boca, así que, para no hacerlo esperar más, me incorporé en la cama y cogí un preservativo, pero Javi me paró diciéndome:

    -Espera no, quiero sentirte… a ti…

    Esas palabras me pusieron más caliente aún, por lo que, sin contestarle nada, tiré el condón a un lado y lubricándolo abundantemente, me volví a recostar sobre él y le hice levantar las piernas, acomodándome yo entre ellas y apoyando la punta de mi miembro en su entrada.

    Pero antes de empujar, me quedé inmóvil de nuevo y, disfrutando el momento, aunque nerviosos también, le acaricié cariñosamente el pelo con los dedos a la vez que Javi se atrevía a decirme:

    -Te quiero.

    A lo que yo le contesté:

    -Yo también te quiero…

    Añadiendo a continuación una palabra que no suelo decir, pero que en ese momento sentí verdaderamente, “cariño”, lo que me hizo redescubrir que tanto Javi como yo deseábamos que las cosas hubieran sido diferentes y jamás habernos tenido que separar ya que, seguíamos siendo amigos sí, pero dos amigos que se habían amado mucho en el pasado, sentimiento que resurgía con fuerza cada vez que nos volvíamos a ver.

    Mientras pensaba todo esto, me evadí del mundo por un momento, pero volviendo a la realidad, besé con pasión a Javi y empecé a penetrarlo sin separar mi boca de la suya para acallar sus pequeños quejidos.

    Javi me rodeó con sus brazos y piernas conforme iba adentrándome lentamente en él, hasta que finalmente mis huevos rozaron su culo, estaba completamente dentro de él, así que me volví a quedar quieto mientras su caliente y suave interior se acostumbraba a mí y palpitaba espasmódicamente, abrazando mi rabo con fuerza y produciéndome unos placenteros escalofríos por todo el cuerpo como nunca los había sentido al penetrar a alguien, por lo que, poniendo mi frente en uno de sus hombros suspiré…

    -Oh Javi…

    Él abrazó mi cabeza y poco después me empecé a mover muy muy despacio, sin la más mínima prisa, queriendo únicamente que Javi me sintiera acariciar su interior.

    Poco a poco nos íbamos adormeciendo, completamente relajados y con una respiración temblorosa mientras nuestras bocas se mantenían a pocos centímetros una de la otra, pero, después de un buen rato, Javi empezó a quejarse un poco con cada vaivén, por lo que me salí un momento de él para darle un respiro y le pregunté:

    -¿Estás bien? ¿Te gusta?

    Él me acarició un brazo y aunque estaba cansado, me sonrió y me contestó asintiendo con la cabeza y en voz baja:

    -Sí, estoy muy bien.

    Pero su agujero boqueaba dilatado y un poco enrojecido, por lo que, antes de volver a penetrarlo, esperé unos minutos en los que nos estuvimos besando y acariciando mutuamente para después lubricarlo un poco más y seguir haciéndole el amor, esta vez un poco más fuerte y sin cambiar de postura, encerrándolo entre mis brazos y colocando sus manos a ambos lados de su cabeza para así entrelazar nuestros dedos.

    Así hasta que un poco después, mientras jadeábamos y gemíamos sin grandes aspavientos, sentí que no iba a poder aguantar mucho más, por lo que avisé a Javi, diciéndole:

    -No puedo más Javi…

    El cual, sintiendo cómo mi miembro se hinchaba en su interior, se mordió el labio inferior y arqueó la espalda un poco hacia arriba a la vez que yo apretaba los dientes y derramaba mi leche en su interior mientras Javi se agarraba tembloroso y fuertemente a mis brazos.

    Finalmente, con los últimos espasmos de mi miembro, di un par de golpes fuertes de cadera y esperé en su interior a perder la erección mientras lo besaba delicadamente para después salirme y tumbarme de nuevo a su lado, agotado pero pletórico.

    Después de esto, sólo recuerdo preguntarle a Javi si estaba bien y dormirme a su lado plácidamente.

    A la mañana siguiente, cuando desperté, encontré a Javi acurrucado a mí, desnudo y dormido con una ligera sonrisa, estaba tan guapo… Pero de repente eché en falta a Sven y me levanté, encontrándolo también dormido en el sofá, lo que me produjo mucha ternura, me había permitido tener una noche íntima sólo con Javi, y eso es lo que había significado ese guiño cómplice antes de salir de la habitación, pero, acto seguido, también sentí pena ya que él es mi pareja realmente, y miedo, porque me di cuenta de que no podía seguir así.

    A media mañana, Sven y yo nos fuimos al hotel de nuevo mientras que yo intentaba evitar esos pensamientos por el momento, aunque casi inconscientemente me sumergiera en ellos, lo que provocaba que me evadiera un poco, cosa que lógicamente Sven notó, así que ya por la noche, pensé que no debía callármelo mucho tiempo y decidí contarle a Sven lo que me preocupaba. Concretamente le dije que no me parecía justo ni para Javi ni para él, tener que “compartirme”. Pero Sven sonrió suavemente y me dijo más o menos las siguientes palabras:

    -Alberto… Te quiero. Y sé lo que hubo entre Javi y tú… Sé que todavía lo quieres, y que él también te quiere mucho, eso es obvio. Es un buen chico, pero… la pregunta es… ¿Tú me quieres a mí?

    Esta pregunta me la hizo sabiendo perfectamente la respuesta, ya que se lo suelo decir, pero, aun así, no tardé ni un segundo en contestar diciendo:

    -¡Por supuesto! Tú eres mi pareja y te quiero, no lo dudes nunca por favor.

    Recalcando esto último con los ojos un poco vidriosos, pues estoy seguro de lo que siento también por él.

    Sven me miró fijamente a los ojos y sonrió al darse cuenta de que estaba siendo sincero, por lo que me besó suavemente, haciéndome sentir al momento, mucho más tranquilo.

    Durante los siguientes días Javi tenía que trabajar, pero siempre encontrábamos un rato para vernos, charlar y desconectar del día o simplemente para ver una película tranquilamente, hasta el día anterior a nuestro viaje de vuelta, día en que Javi no trabajaba, por lo que hicimos multitud de planes para aprovechar al máximo el día y pasarlo los tres juntos.

    Ya era de noche cuando volvimos a casa de Javi después de un día que resultó perfecto, así que, pusimos la tele y nos sentamos en un sofá para descansar quedando yo en el centro, por lo que puse mis brazos sobre los hombros de mis dos chicos. La mezcla de sensaciones en común en ese momento era palpable ya que, estábamos felices sí, nos lo habíamos pasado muy bien durante toda la semana que habíamos estado allí, pero en el fondo, también estábamos un poco tristes porque llegaba el momento de volver y no sabíamos cuándo podríamos volver a juntarnos. Esto, se puso de manifiesto cuando Javi dijo:

    -¡Que rápido se ha pasado esta semana! Demasiado rápido.

    Yo en ese momento no encontré unas palabras adecuadas porque pensaba lo mismo, así que simplemente suspiré algo melancólico y, a la vez que asentía con la cabeza, acaricié un poco la espalda a Javi que se esforzó en sonreír ligeramente, pero Sven, poniendo una mano en una de mis piernas dijo:

    -No os preocupéis, seguro que nos volvemos a ver pronto.

    Su empatía y capacidad de animar a los demás son dos de las cosas que me enamoraron de él, por lo que reaccioné besándolo con delicadeza a modo de agradecimiento a la vez que él me envolvía entre sus fuertes brazos. Al separarnos, me giré hacia Javi y vi que me miraba cariñosamente así que tampoco me pude resistir a besarlo de la misma forma.

    Mientras lo hacía, Javi se recostó en el sofá y me arrastró junto a él, haciéndome quedar sobre su cuerpo, de modo que casi ni me di cuenta de que Sven se quitaba la camiseta y, con un rápido movimiento, hacía un rulo con ella, me la colocaba sobre los ojos y me la anudaba por detrás, sorprendiéndome y haciéndome reír un poco. Así, Sven se unió también a un beso alternado que cada vez era más apasionado.

    Yo no veía nada, aunque, un momento después, noté como Sven se ponía de pie y escuché el sonido de la hebilla de su cinturón. Mientras tanto, Javi me ayudaba a incorporarme en el sofá y, segundos después, sentí el miembro de Sven ya semierecto rozarme los labios, así que le di un lametazo juguetón para continuar metiéndomela en la boca y empezar a chupársela, pero él enseguida me sujetó la cabeza con sus dos manos y empezó a moverse con un ligero movimiento de vaivén, tomando de esta forma el control mientras su miembro se seguía endureciendo en mi boca.

    Ahora su polla me llegaba más al fondo, lo que me empezó a producir algunas arcadas, así que, con una mano empecé a acariciar su fibrado pecho y con la otra, lo sujeté por la cintura para intentar controlar un poco la profundidad, pero Sven continuaba y me decía:

    -Respira.

    Poco después, Javi, también se puso en pie y, al igual que Sven, se desabrochó los pantalones, cogiendo una de mis manos y llevándola a su paquete. Todavía tenía la ropa interior, pero yo metí la mano por una de las perneras y lo empecé a masturbar lentamente, pudiendo notar cómo su polla empezaba a crecer.

    Finalmente, cuando estuvo ya bien dura, yo mismo le bajé los boxers y, agarrándolo por el culo, lo empujé hacia mí para empezar a chupársela, recorriendo con mi lengua cada centímetro de su rabo, ajustándolo bien a mis labios y masajeando sus huevos con la palma de una mano mientras con la otra empezaba a magrear a Sven.

    Puesto que ahora era yo el que tenía todo el control, continué tragándome la polla de Javi hasta llegar lo más profundo que pude, haciéndolo jadear suavemente cada vez que mi nariz tocaba su pubis, para seguidamente sacármela y jugar un poco con su cabeza, rodeándola con la lengua y haciendo succión en el glande para pasar posteriormente a sus huevos y hacer lo mismo alternando uno y otro. Todo esto mientras él me acariciaba el pelo y me decía cosas como:

    -Eso es nene, que bien lo haces, sigue así…

    Ese día hacia bastante calor, por lo que yo ya estaba chorreando de sudor, así que Sven me desabrochó la camisa y Javi se retiró un poco, permitiéndome ponerme de pie para quitarme también los pantalones, quedando completamente desnudo.

    Pero esta vez, en lugar de volver a sentarme en el sofá, Sven me empujó ligeramente por un hombro hacia abajo y me hizo ponerme de rodillas sobre una alfombra para, seguidamente, decirme:

    -Abre bien esa boquita.

    Colocándose a continuación ellos dos frente a frente, para juntar sus dos pollas y que así se las siguiera chupando, pero, aunque de esta forma no aguantamos mucho ya que yo no pude con los dos a la vez, fue algo que me encantó por ser novedoso para nosotros y muy morboso.

    Así que, cambiando de idea, me guiaron hasta el chaise longe del sofá en el que Javi se recostó boca arriba para, a continuación, colocarme yo a cuatro patas, dejándolo encerrado entre mis brazos y piernas mientras mi culo quedaba expuesto a Sven que, hundiendo su boca entre mis nalgas, empezó a puntearme con su lengua, separando mis nalgas con sus manos para continuar dándome pequeñas cachetadas y besos entre estas.

    Poco después, sentí cómo me metía un dedo con facilidad y me agarraba la polla para llevarla hacia atrás dándome un par de lamidas desde la punta hasta el culo pasando por el perineo; empezando después a masturbarme con un movimiento rápido y corto, lo que me hizo gemir un poco mientras Javi me acariciaba los brazos.

    Finalmente, después de un buen rato trabajándome el culo, mi guapo noruego se puso en pie y, después de extenderme un poco de lubricante con su polla, me penetró sin prisa pero sin pausa, escapándoseme un pequeño quejido; pero Javi, tirando de mí hacia abajo me dijo al oído:

    -Tranquilo, disfruta de tu chico.

    Así que respiré profundo y me relajé, sintiendo entonces el pubis de Sven rozar mi culo, estaba completamente empalado por su dura barra.

    Casi sin respiro, Sven se comenzó a mover a buen ritmo a la vez que me besaba la espalda y el cuello, produciéndome unas oleadas de placer que me recorrían todo el cuerpo; y haciéndome gemir inevitablemente con cada embestida, mientras Sven, con una respiración acelerada me decía:

    -Te gusta esto eh…

    Pero yo, en vez de contestarle, me incorporé rápidamente pegando mi espalda a su sudado pecho y, buscando su boca lo besé con todas mis ganas.

    Un poco después, mis fuerzas iban flaqueando y las piernas me empezaron a temblar, así que, sin previo aviso, Sven se salió de mí dejándome el culo abierto y latente para, inmediatamente después, pillándome por sorpresa levantarme en brazos e irnos los tres a la cama de Javi, donde Sven me dejó caer.

    El nudo de la camiseta que me tapaba los ojos se había ido aflojando mientras Sven me lo hacía, por lo que al caer en la cama se terminó de soltar, viendo lo primero a Javi, que se sentó en la cama con la espalda apoyada en el cabecero, las piernas abiertas y un poco flexionadas, mirándome con una media sonrisa. Momento en el que me dijo suavemente:

    -Ven aquí.

    Yo me acerqué y me coloqué sobre sus piernas, comenzando a besarnos seguidamente, esta vez con mayor pasión, mientras su dura polla se frotaba entre mis nalgas y sus brazos me rodeaban, haciéndome encontrar la calma que complementa a la fuerza de Sven.

    Unos segundos después, Javi se recostó en la cama para estar más cómodo, momento que yo aproveché para, agarrando su mojado miembro por la base, empezar a sentarme en él, poco a poco mientras Javi, sintiendo cómo me llenaba, suspiraba relajado.

    Su polla entró toda sin dificultad, así que, finalmente dejé caer todo mi peso sobre sus caderas y lo empecé a cabalgar más o menos al mismo ritmo que Sven me lo había hecho, ya que mi culo seguía bien abierto y lubricado. Aunque, de repente, Sven hizo que me tumbara sobre Javi y me dijo:

    -A ver si ahora puedes con los dos…

    Estas palabras hicieron que me pusiera nervioso, mi corazón latía fuertemente y lo cierto es que no estaba seguro de querer intentarlo, pero, aunque no dije nada, Javi se dio cuenta y me abrazó fuertemente, haciéndome sentir el calor de su cuerpo.

    Así, Sven se colocó de rodillas detrás de mí y, con un poco más de lubricante, me empezó a puntear. Yo hundí mi cabeza sobre uno de los hombros de Javi y él me dijo:

    -Tranquilo, respira hondo, tú puedes.

    Sintiendo después, cómo Sven empujaba y entraba un poco en mí, cosa que me dolió y me hizo dar un fuerte quejido, así que ambos se salieron enseguida y Sven me dijo:

    -¡Ay, lo siento cariño! ¿Estás bien?

    Yo le contesté con un simple “Sí” ya aliviado y girándome, le sonreí y lo besé, acariciando a la vez su espalda para que no se fuera a sentir mal. Decidiendo en ese momento que, las cosas de las películas, mejor para los actores.

    Después de unos minutos de descanso, sin decir nada volví a colocarme sobre Javi entre algunas risas y, masturbándolo un poco, me volví a sentar en él, empezando a cabalgarlo de nuevo, aunque esta vez con más suavidad mientras masturbaba enérgicamente a Sven, que se mantenía de pie a mi lado.

    Y así fue hasta que, un poco después, mientras los gemidos de los tres iban en aumento, Javi me agarró por la cintura deteniendo mi movimiento y, clavándose hasta el fondo, dio un fuerte gemido y vació sus huevos en mi interior, regalándome su caliente esencia por primera vez, ya que las otras veces él había usado preservativo; y haciéndome jadear de gusto y agotamiento mientras Sven, cerca ya también del orgasmo, metía su polla en mi boca e, hinchándose espasmódicamente, se corría permitiéndome saborear su agridulce y caliente leche antes de tragarla y besarnos entre los tres.

    Por último, Javi se salió de mí al perder la erección y así pasamos lo que quedaba de noche, cansados, pero felices.

    Al día siguiente nos duchamos, desayunamos juntos y, ya a medio día, Javi nos acompañó al aeropuerto para despedirnos con un fuerte abrazo, no sin antes darle ánimos y hacerle prometer que no volvería a sentirse mal anímicamente porque no estaba sólo, ya que, aunque en la lejanía, yo estaba con él.

    Estas últimas palabras que me salieron directamente del corazón lo emocionaron un poco, por lo que, lanzándose hacia mí, me besó y me susurró:

    -Te quiero.

    Contestándole yo con las mismas palabras y sellando así esta especie de triángulo amoroso consentido en el que, años atrás, jamás imaginé que me pudiera encontrar alguna vez; y en el que Sven es mi pareja mientras que Javi es… Mucho más que mi mejor amigo.

    FIN.

    PD: A modo de consejo basado en lo que he podido vivir, os digo que no tengáis secretos con vuestras parejas. Por muy difícil que sea, la verdad antes que la paz, ese es mi lema, porque quizá las cosas salgan mejor de lo que esperáis y, además, os sentiréis liberados.

    Espero que os haya gustado este nuevo relato que viene a actualizar a los otros tres. Os agradezco la lectura. Si queréis leer o releer los demás, los podéis encontrar en mi perfil, y si queréis comentar o preguntarme alguna curiosidad o detalle que se me haya escapado, lo podéis dejar por aquí en comentarios o escribirme a mi correo electrónico ([email protected]) y os responderé en cuanto pueda, un saludo.

  • La tanga roja de mi hermana

    La tanga roja de mi hermana

    Todo empezó cuando mi hermana regreso a vivir a mi casa ya que se había ido a vivir con su pareja, pero ellos terminaron y ella regresó, ella tiene 20 años y yo 19, es de complexión delgada y buen culo.

    Yo nunca la vi de manera sexual ni ella a mi, pero un par de circunstancias nos llevó al incesto.

    Un día fui a pedirle un cargador de celular a mi hermana y cuando entre a su cuarto la vi frente al espejo probándose lencería, una tanga roja de victorias secret que traen brillos en los tirantes yo quede impactado con lo que había visto, cerré la puerta y me fui a mi habitación, ella nunca menciono algo de eso, desde ese momento entraba a su cuarto y me comencé a masturbar con su ropa interior, yo continuaba haciendo eso con sus prendas íntimas, cabe mencionar que nunca las manchaba, paso tiempo y una mañana que me iba saliendo de bañar mi hermana estaba arreglando su habitación escuche un golpe por lo que fui a ver que ocurría, ella se había caído por intentar alcanzar algo, la intente levantar y se me callo la toalla que traía la solté y regreso al suelo pero mi pene quedo justo enfrente de su cara fue algo muy incómodo para ambos, me envolví la toalla la ayude a levantarse y me salí.

    Yo tengo un cuerpo bien definido y un pene de tamaño promedio, pero flácido se ve algo impactante, pensé que ese momento era algo sin importancia pero no, despertó el deseo de ella un día la descubrí mirándome en la ducha y otra ocasión buscando algo en mi teléfono.

    Sabía que ambos teníamos el deseo del otro pero no sabía como dar el siguiente paso, tenía miedo a que no saliera bien y terminar en un problema.

    Una noche me anime a dar un paso más y se me ocurrió que por accidente le mandaría una foto mía desnudo a ver que reacción tenía, le mande la foto y espere a que la viera y la borre ofreciéndole una disculpa diciéndole que me había equivocado ella me dejo en visto por 1 hora, tenía miedo de lo que pasara en la mañana pero de repente vibra mi teléfono y es una foto de ella desnuda frente al espejo con el mensaje de «para que estemos a mano», yo quede impactado no sabía que hacer a lo que le respondí que si no me podía mandar más fotos, tardo en contestar y me respondió que no le gustaba por mensaje que mejor en persona que fuera a su cuarto para vernos a detalle.

    Tarde en decidir si iba o no, cuando decidí toque su puerta a lo que ella me dijo que pasara, entre y estaba con esa misma tanga roja con la que la había visto la primera vez, estaba algo tímido y nervioso, note que ella igual, todo era silencio hasta que ella se paró puso música a tono de la ocasión y comenzó a bailar muy sensualmente frente a mi, eso me dio el valor, me levante y comencé a besarla mientras me quitaba el short y ambos quedamos semidesnudos, pasamos a la cama y le quite el sostén para empezar a jugar con sus pechos comencé a lamer sus pezones y baje hasta su vagina retiré su tanga y comencé a probar su sexo ya húmedo bajando hasta su ano, comenzó a soltar pequeños jadeos se vino en mi boca fueron unos segundos quietos.

    Yo me acosté en la cama ella me beso y fue bajando hasta llegar a mi miembro lo libero quitándome el bóxer para comenzar a darme la mamada más placentera de mi vida continuo lamiendo mis testículos ya que estaba bien ensalivado se incorporó introdujo mi pene en su vagina montándome como toda una experta mientras yo lamia sus pechos continuamos en esa posición y ella se volteó para dejarme ver su bello culo tuvo un orgasmo soltando gemidos sin medirse, ya que hasta el cuarto de nuestra mamá no llega el ruido de esa habitación.

    Continuamos haciendo un misionero increíble ya los dos gimiendo, sudando, besándonos hasta que yo me detuve y le pedí que se pusiera en 4 comencé a penetrarla y jalarle el cabello hasta que ambos llegamos juntos al orgasmo, me acosté un segundo pero yo seguía duro y ella con ganas de más, volvió a montarme pero yo decidí levantarme y ponerme sus piernas en los hombros la embestía con fuerza y ella solo gemía estallo en otro orgasmo pero yo no quería venirme aun, baje nuevamente a su sexo para lamerlo pero decidí concentrarme solo en su ano lo lamí y comencé a meter mis dedos dilatándolo, le pedí que se pusiera nuevamente en 4 pero apuntando a su ano ella asintió con la cabeza e intente introducirlo costo algo de trabajo fui despacio para que entrara por completo comenzamos a ir más rápido y llegue a mi segundo orgasmo de la noche llenando su ano de semen, me acosté quedando dormido, desperté a las 6 de la mañana y me fui a mi habitación.

    Nunca hablamos de lo que paso pensé que se había arrepentido ya que yo sentí algo de culpa el día siguiente, paso un mes y ya había dejado el tema por la paz, ella y yo convivimos normal.

    Hasta que una noche toco mi puerta y al entrar venia en la misma lencería roja y volvimos a tener relaciones, antes de que se fuera le pedí que si me puede mandar fotos de ella desnuda y no me contesto, pero de repente me llegan fotos de ella en lencería y tocándose, así ha pasado durante 1 año, ella viene de repente siempre con la misma lencería roja tenemos relaciones y como si nada nuestra relación de hermanos, no tengo idea de cuando pasara de nuevo.

  • Antiguos compañeros

    Antiguos compañeros

    Cuando el gilipollas de mi marido cerró la puerta lo que sentí fue rabia. Apreté los dientes y afloraron algunas lágrimas a mis ojos. Habíamos tenido una nueva discusión. Lleva demasiados años aguantando una situación insoportable. Aunque no lo podía confirmar (o realmente no quería ser consciente de ello) me ponía los cuernos cada vez que quería. Y ese fin de semana de diciembre lo volvería a hacer. Se largaría a esquiar con sus colegas de toda la vida mientras me dejaba sola en casa.

    En medio del salón, con la mirada perdida en un punto indeterminado de la puerta cerrada mi mente voló a un hecho del pasado. Casi 20 años antes, ya me había dejado sola mientras se iba a esquiar con sus amigos. Pero en aquella ocasión me vengué tirándome a un compañero de clase.

    Conocía a Dani de toda la vida. Un chico del mismo grupo de amigos y mismo lugar de la encuentro, dos años mayor que yo. Teníamos cierta confianza y aunque nunca lo confesé, siempre me sentí atraída por él.

    Su altura, su belleza discreta, su discreción. La verdad es que el tipo era atractivo y sin ser el típico espectacular, a poco que te fijaras era un pedazo de tío. Pero, sin saber muy bien cómo me encoñé con el gilipollas de mi actual marido. Por más que Dani me decía como era yo no quería saberlo.

    Con el paso del tiempo Dani y yo fuimos estrechando nuestra relación y le contaba todas mis movidas con mi novio. En parte por desahogarme y en parte porque quería que se sintiera celoso igual que yo cuando lo veía liado con alguna tía.

    Pero aquel diciembre que el gilipollas se largó a esquiar dejándome tirada no me lo pensé y quedé con Dani para provocar una situación propicia. Aún me excito cuando recuerdo aquella mezcla de olores que producía mi chaquetón Barbour y su perfume Adolfo Domínguez en el habitáculo de su Fiat Uno. En el aparcamiento público de aquel casino, a la vista de todos. Solo cubiertos por los cristales empañados por nuestra transpiración Dani me folló. Me echó un auténtico polvazo como nunca antes había hecho mi novio el gilipollas.

    Mientras recordaba esto, sentía como de mi coño manaba flujo caliente que me mojaba las bragas. Mis pezones se endurecían y se marcaban bajo la camiseta que tenía puesta. Por mi cabeza pasaron varias posibilidades…

    Cogí mi móvil y le envié a Dani un WhatsApp:

    «¿Sabes qué día es hoy?»

    Cinco minutos después me contestaba. Con su habitual originalidad y memoria, me enviaba una fotografía baja de internet del casino donde habíamos estado este mismo día, pero 20 años antes.

    «He vuelto a subestimar tu memoria»

    «Mujer hay momentos que son imposibles de olvidar»

    Durante la siguiente media hora estuve dudando si lanzarme a la piscina o no. Pero al recordar otra vez el portazo que dio el gilipollas cuando se largó a esquiar lo tuve claro:

    «¿Te apetece tomar un café mañana…? Solo por los viejos tiempos…»

    «Por la mañana imposible. A partir de las 7 de la tarde estaré libre. Mi mujer se va a pasar el fin de semana con su hermana…»

    No me lo podía creer. La alineación astral me estaba permitiendo una oportunidad única. Pensando que de perdidos al río, redoblé la apuesta:

    «¿Te apetecería cenar conmigo mañana?»

    «¿Me estás proponiendo algo…?»

    Por un momento me arrepentí de mi atrevimiento. El hecho de que hace 20 le pusiera los cuernos a mi novio con mi amigo Dani no me daba derecho a ponerlo de nuevo en el compromiso y que él le pusiera los cuernos a su mujer:

    «Nada que tú no quieras hacer. Solo invitaba a un amigo a cenar una noche que estoy sola…»

    Reconozco que me dio algo de vértigo la propuesta que le acababa de hacer. Era una proposición en toda regla. Durante los siguientes 40 minutos el móvil permaneció en silencio. Empecé a arrepentirme de lo que había hecho. Incluso me planteé enviarle un mensaje disculpándome pero…:

    «OK»

    Esa fue la escueta respuesta de Dani. No sabía cómo interpretarla. ¿Se habría sentido ofendido por la insinuación? Desde ese instante se me puso una sonrisa en la cara. A poco que Dani estuviera receptivo me lanzaría y le pondría los cuernos a mi marido. Qué por cierto, me acababa de enviar una foto con sus colegas. Gilipollas.

    Al día siguiente, viernes, estuve todo el tiempo planificando mentalmente el plan. A qué hora tendría que dejarle los niños a mi madre y con qué excusa. Qué prepararía de cena. Y lo más importante, ¿dónde conseguiría un chaleco de lana blanco?

    A las 9 de la noche Dani apareció por mi casa con una botella de vino. Yo tenía la cena lista, pero aún me faltaba vestirme. A decir verdad, lo había hecho a propósito para dejar la sorpresa del chaleco blanco para el final. Mientras mi amigo se quedó en el salón frente al televisor yo subí a cambiarme. Diez minutos después aparecí con un pantalón vaquero y un chaleco de lana blanco perfectamente ajustado a mi cuerpo. Él se quedó boquiabierto al verme vestida, prácticamente, igual que veinte años antes:

    -Estás espectacular. -Me dijo con media sonrisa.

    -Gracias… -Veo que lo recuerdas…

    Durante la cena nos liquidamos la botella de Rioja. Estuvimos recordando y riendo con anécdotas de aquellos años de facultad. Hacía meses que no hablábamos y en los últimos cinco años solamente nos saludábamos y nos felicitábamos los cumpleaños.

    Después de hora y media decidimos sentarnos en el sofá a tomarnos una copa. Fui a la cocina a por un par de tónicas y un recipiente con hielo. De un botellero saqué ginebra y brindamos por los viejos tiempos:

    -Así que te ha vuelto a dejar sola para irse a esquiar…

    -Pues sí, parece que hay cosas que no cambiarán nunca.

    -Siempre fue un gilipollas.

    No sé por qué, pero al oír a mi amigo insultar a mi marido en mi propia casa me produjo una sensación de extraño placer morboso. Imitando lo que había hecho en su coche aquella noche me recoloqué de lado en el sofá mirando hacia Dani. Él me miraba fijamente mientras sostenía su copa. El beso, otra vez, se hizo inevitable. Fui yo quien acerqué mis labios a los suyos. Unos labios carnosos que sabían a alcohol. Le acaricié la cara. Mi amigo se deshizo de la copa y me correspondió con un apasionado beso. Se fue echando sobre mí hasta tumbarme boca arriba obre el sofá. Me ayudó a quitarme el chaleco y le sonreí cuando se quedó mirando mis tetas:

    -¿Te siguen gustando?

    Me las agarré. La gravedad y los dos partos habían derrotado su firmeza y ahora se veían caídas aunque enormes.

    -Sabes que siempre me he mandado pensando en tus melones.

    Me quité el sujetador y dejé que Dani me las comiera. Sentir sus carnosos labios sobre mis pezones fue como una explosión en mi cabeza. Mi amigo me comía las tetas como nadie. Succionaba mi pezón y lo trillaba con los dientes hasta el límite del dolor. Mi rajita empezó a rezumar flujo caliente que noté descender hasta mis glúteos. Con mis manos buscaba el bulto que se marcaba en su entrepierna. Quería comerle la polla a mi amigo Dani.

    Él no se hizo esperar y se deshizo de su pantalón ofreciéndome su polla erecta. Era un buen rabo, hacía más de 20 años que no lo veía, pero ahora me parecía precioso. Recto, grande, más que el del gilipollas de mi marido, con unas venas marcadas. No me pude reprimir y acerqué mi boca hasta el capullo envolviéndolo con mis labios. Sentí el grosor de aquel miembro invadiendo y ocupando todo mi espacio bucal. El calor que desprendía hacía que segregara mucha saliva. Dani me cogió la cabeza con sus manos y dejé que me marcara el ritmo de la mamada. Me excitaba sentirme usada por mi amigo. Me ponía muy cachonda ponerle los cuernos a mi marido con un amigo que me follaba la boca.

    Metía la polla hasta el fondo para después sacarla casi entera. Mi lengua se envolvía en su glande y Dani suspiraba de placer:

    -Joder, hija de puta, sigues siendo una excelente comepollas…

    Cada insulto hacía que mi coño se inundase con flujo. Me sentía como una puta y me encantaba. Me acordaba de la discusión con el gilipollas de mi marido y sentía que me estaba vengando. Todas aquellas veces en que me dejaba sola en casa mientras él se iba de copas y, casi con toda seguridad, se follaba a cualquier tía se amontonaban en mi cabeza y me empleaba a fondo en darle más placer a mi amigo Dani:

    -Sigue que me corro, sigue Patri…

    Me agarré a las piernas de mi amigo sabiendo que le llegaba el orgasmo. No quise retirarme y sentí como su polla estallaba en mi boca. El primer lechazo golpeo en mi campanilla antes de descender por mi esófago. El segundo lo mantuve en mi boca y comenzó a salir por la comisura de mis labios. Dani se retiró para hacer impactar sus últimos chorros de leche contra mi cara y mi cuello. Me levanté y me fui al baño a limpiarme.

    Cuando salí, Dani se encontraba totalmente desnudo sentado en el sofá donde minutos antes se la había mamado. Yo también estaba desnuda. Me dirigí hacia él y le besé. Me coloqué de pie en el asiento del sofá y le ofrecí mi coño.

    La imagen era de película porno. Mi amigo sentado en el sofá de mi casa mientras yo me colocaba de pie en el mismo sofá y poniendo mi coño en la cara de él.

    Sentí como sus manos separaban mis labios y con su lengua separaba cada pliegue vaginal. Mis pelos del coño le hacían cosquillas en su nariz mientras su lengua me practicaba una tremenda comida de coño:

    -Sí, joder, sí. Cómetelo todo cabrón.

    Dani se agarraba a mis nalgas empujando mi entrepierna contra su cara y su boca. Yo gritaba de placer con el sexo oral que hacía mucho tiempo no recibía. Pero lo que quería era que Dani me follase. Necesitaba sentir como mi coño abrazaba una buena polla. Notar como un capullo baboso se abría paso en mi interior.

    Así, poco a poco comencé a descender hasta colocarme a horcajadas sobre mi amigo. Con una rodilla a cada lado, fui dejando caer mi cuerpo sobre la dura polla de Dani. Yo sola me fui empalando por el coño. Mi amigo se agarró a mis caderas y me la calzó hasta el fondo. Sentí como mi cuerpo aplastaba sus cojones. Me agarré a sus hombros y comencé a botar como una auténtica puta. Mis enormes tetas comenzaron a saltar y Dani se abalanzó sobre ellas para comérmelas. Hacía tiempo que no echaba un polvo y este era un polvazo aumentado por el morbo de ponerle los cuernos al gilipollas de mi marido con mi amigo.

    Mi excitación era máxima. Mi orgasmo estaba a punto de llegar. Me separé un poco de Dani y miré hacia abajo. Quería ver como mi coño peludo se tragaba el pollón de mi amigo. Mis labios se abrían al máximo para acoger el grosor de aquel mástil de carne. Comencé a masturbarme sin dejar de botar, sintiendo las manos de Dani agarradas a mis nalgas.

    Un grito de mi amigo me anunció que se estaba corriendo de nuevo, esta vez dentro de mi coño. Esto hizo que un relámpago cruzase mi cerebro y una descarga eléctrica recorriese mi columna hasta estallar en mi clítoris. Con un grito que no quise ahogar me corrí como una perra caliente.

    Dani se marchó media hora después. Nos despedimos con un apasionado beso y la promesa de volver a repetir. Me pregunté si eran los primeros cuernos que le ponía a su mujer o solía serle infiel. Por mi parte, era la primera vez que le ponía los cuernos a mi marido desde que nos casamos. Pero lejos de tener cargo de conciencia me sentía bien. En el fondo era una venganza contra un gilipollas que llevaba años engañándome.

  • El crucero (05): De excursión por el desierto

    El crucero (05): De excursión por el desierto

    En el camarote, recostada en la cama sientes el peso de Nuria sobre tu cuerpo, cierras los ojos, sonríes mientras las manos de tu dueña no dejan de tocarte, de acariciarte, sus dedos saben dónde buscar, donde jugar, empiezas a contornearte al ritmo de sus besos, de sus caricias, el barco se mueve un poco, mece vuestro deseo, vuestro placer. Nuria se levanta y la miras, ella te sonríe mientras te muestra una verga de cuero lo suficientemente larga para las dos. Abierta de piernas te relames los labios, mientras las yemas de tus dedos acarician tus pechos, lentamente tu dueña va entrando aquella vara dentro de ti, te gusta, te encanta sentir sus dedos tocando tu vulva, acariciando tu clítoris, excitada y caliente, mojas con tus jugos esta verga que Nuria va deslizando en tu sexo empapado. Una vez lista, ella se sienta sobre ti, y entra el resto de la verga en ella. Luego se deja caer sobre tu cuerpo y con un mando activa un vibrador doble incorporado al aparato, que empieza a moverse dentro de ti y de ella. Con tu boca abierta buscas sus besos, sus labios, mientras tus pezones endurecidos se pegan a sus pechos, y tu vientre se mueve al compás de su deseo. Sois dos hembras jóvenes y hermosas disfrutando de una noche de placer y deseo, aferrada a ella sientes su respiración, el palpitar de su corazón. Te gusta cómo te ama, como te mueve, como sus manos recorren cada rincón de tu piel mientras sus labios y sus dedos se entretienen en las marcas que las distintas pruebas del día han dejado en tu cuerpo. Giras dócilmente la cara, para que pueda seguir mordisqueando los lóbulos de tu oreja, para que pueda lamer y relamer tus mejillas sonrosadas. El placer os llega a las dos, y por enésima vez le das las gracias por comprarte, por aceptarte, por hacer de ti la hembra sumisa y decidida en que te ha convertido.

    Relajadas y satisfechas, moviéndoos al ritmo del oleaje que sigue moviendo el barco, no tardáis en dormiros, te encanta estar abrazada a ella, sentir su boca junto a tu cara, su piel pegada a la tuya, le acaricias las nalgas, la espalda, besas cada rincón a donde llegan tus labios, finalmente notas que el sueño te vence y deseas no despertar mientras tu dueña comparta tu cama y tu piel, pero…

    A las 6 de la mañana, alguien tira de ti, gritas, protestas, Nuria se despierta, te mira y sonríe, es parte de la excursión de hoy, tu asustada no entiendes nada, ella se da la vuelta, aún es pronto para ella, pero no para ti, medio arrastrada por tus cabellos te sacan del camarote, no tardas en ver otras hembras igual de asustadas y adormecidas como tú, unos azotes en tus nalgas te despiertan del todo, a empujones te hacen bajar por las escaleras, una de las chicas cae, y golpea con sus pechos uno de los escalones, de una patada la hacen bajar rodando hasta la cubierta inferior. Finalmente llegáis a la cubierta 3, sois casi un centenar de sumisas y esclavos, sollozando, temblorosas y asustadas, y el barco sigue moviéndose, oías la lluvia golpear los cristales de las distintas cubiertas por donde habéis pasado. Ves a cornuda, te acercas a ella, le das la mano, y juntas seguís inmersas en este rebaño que a latigazos llevan hacia aquí, hacia allá.

    En una de las salas interiores, os reúnen a todas, estás nerviosa, torpe, un par de bofetadas cruzan tu cara y te hacen estar pendiente de sus órdenes, levantas los brazos, atan una cuerda a tu cintura de la que cuelga una boya, cuando estáis todas atadas, abren un portón, una ráfaga de aire frio eriza tu piel, oyes el ruido del mar y una lluvia que no cesa. A latigazos, os hacen correr hacia allí, el pánico clava tus pies, no quieres ir, muchas intentáis tirar hacia atrás, pero el látigo no cesa de golpearos, y empujándoos las unas a las otras corréis hacia el vacío, delante de ti oyes los primeros gritos, chillidos de pánico, mientras van cayendo al mar, cornuda está histérica, y ni con el látigo consiguen que avance, tú al lado de ella, intentas calmarla, pero de una patada te echan al agua, a ella la cogen en volandas y también la lanzan, hay casi cuatro metros de altura hasta el agua.

    Te hundes en el mar, el frio y el miedo hiela tu cuerpo y tu mente, no puedes respirar, ni moverte, pero al final el instinto te hace subir a la superficie, también cornuda está chapoteando en esta agua helada, no podéis parar de temblar, os castañean los dientes, mientras sobre vosotras siguen cayendo más y más esclavas, veis unos barcos no muy lejos desde donde os llaman, las dos empezáis a nadar hacia ellos, las olas os levantan, os mueven, os hacen caer una y otra vez. Entre espasmos y temblores seguís avanzando. Cornuda y tú, sois de las primeras en llegar a uno de los barcos, desesperadamente os agarráis a unas redes que cuelgan desde cubierta, subís a bordo, toséis, escupís agua entre temblores y gritos de dolor, tienes los músculos entumecidos y un pánico como nunca has imaginado, tiran de ti y te desatan la boya de seguridad que llevabas en la cintura

    Sin dejaros pensar ni descansar, a latigazos os hacen correr hacia los lados de la galera, todo está oscuro, resbalas y caes golpeándote contra la madera, otros marineros, vuelven a azotarte, a magrearte. Retorciendo uno de tus pechos te lanzan a tu sitio, apenas si puedes verlo, es una tabla sucia y mugrienta con unos astas de madera cónica de más de un palmo de largo por casi 4 dedos de ancho. El mar sigue encabritado y una ola llena de agua toda la zona, tragas agua, te escuecen los ojos y vuelves a toser, a escupir, mientras chillas de dolor. Uno de los marineros cogiéndote por los hombros te clava de un golpe a aquella asta, luego atan tus muñecas a un remo, con tus ojos llenos de lágrimas, ves como a tu lado colocan a cornuda, las dos tembláis de frio, tenéis la piel erizada, y vuestros dientes no dejan de castañear. Aun pasan unos minutos hasta que todas las esclavas estáis encadenadas a esta especie de recreación de un barco entre romano y cartaginés. Tus temblores y el movimiento constante del barco, te hacen sentir aún más el vaivén de aquella verga dura y rugosa que llena tu coño.

    Sin tiempo a recuperar el aliento, empieza a sonar los golpes secos y acompasados de un inmenso tambor, es vuestro ritmo para remar, algunas dudan, otras están tan entumecidas que no son capaces ni de agarrar el remo al que están atadas, lo que enfada a la tripulación, que se esmera azotándoos una y otra vez. Cornuda y tu empezáis a mover con todas vuestras fuerzas vuestro remo, y poco a poco todas vais al ritmo que marca el tambor. La tormenta no cesa, y cuando salís del amparo del Justine, que poco o mucho os servía de mampara ante las olas, los pequeños barcos en los que estáis se mueven de manera tan intensa, que piensas que en cualquier momento se van a romper. Sin dejar de temblar, de llorar, ves como aquí y allá, esclavas y sumisos, no dejan de marearse, de vomitar, de mear e incluso cagarse encima, de puro dolor y miedo.

    Cornuda y tu, intentáis no mirar a ningún sitio, solo aferraros a este remo que compartís, lo movéis con todas vuestras fuerzas que no son muchas, mientras, en el horizonte el día empieza a clarear. Lleváis más de una hora remando, tus brazos están tan doloridos que cada nuevo sonido del tambor conlleva un nuevo suplicio al tensar tus músculos, cornuda está agotada, se deja caer sobre el remo, hasta que el látigo la obliga a levantar su lomo, y seguir moviendo el remo. El frio intenso del amanecer, está dejando paso a un calor sofocante, el sol arde en el cielo y enrarece un aire sucio, que apesta a sudor, vómitos, orina y heces.

    Finalmente el tambor deja de sonar, te dejas caer sobre el remo, miras a cornuda que intenta medio sonreírte, miras al resto de tus compañeras, todas tan exhaustas y doloridas como tú, unos bancos más adelante, ves a nuri, atada junto a uno de los esclavos, los dos con sus espaldas azotadas y llenas de verdugones.

    Os desatan, y tirando de tus axilas te desclavan de la verga de madera, otra vez os atan las boyas y os hacen saltar del barco, a unos trescientos metros se ve la playa, aunque no tienes tiempo de ver casi nada, otra vez en el agua, casi no puedes mover los brazos, el dolor, el cansancio, los azotes hacen que cada brazada sea un suplicio, todas estáis igual de castigadas, regueros rojos de sangre de vuestros azotes se dibujan en el mar, pero has de continuar, a tu lado bracea cornuda, y algo más lejos nuri, al resto no las conoces, te suenan algunas caras, pero no saben quiénes son.

    Finalmente puedes poner tus pies en el suelo de los últimos metros de mar, andas como puedes hasta dejarte caer en la arena, allí tiran de ti, te quitan tu boya, y a correazos te hacen ir hasta unos cubos con agua y comida, restos espesos y resecos de vete a saber qué, pero lo que quieres es agua, hundes tu cara en aquella agua recalentada por el sol del desierto, notas un sabor extraño, además de agua hay algo más, algo que conoces bien, a Luna le encantaba que te bebieras su orina, y al final te acostumbraste a su olor y a su sabor

    Nadie os lo dice, pero apenas si son las nueve de la mañana, y ya lleváis un castigo que no os deja ni teneros en pie. Una vez consideran que ya habéis comido bastante, os ponen en pie, en la playa, la arena quema vuestros pies, aguantas como puedes, mientras ves como traen unos cubos y con unas brochas van mojando todo vuestro cuerpo, la brocha empapa tu espalda, tus tetas, tu culo, tu sexo y tus patas, incluso embadurnan tu cara. Ya estáis todas bien empapadas de este líquido, que no es otra cosa que un potente protector solar, luego engarzan una larga cadena de hierro a vuestros collares, y desde un carro con dos caballos, un par de los organizadores empiezan a dirigirse hacia el desierto, vosotras les seguís sumisas, el sudor vuelve a empapar tu piel, te duele el cuello con los constantes tirones de la cadena de acero. Algunos, disfrazados de antiguos legionarios montados en sus caballos, se pasean junto a vosotras, azotan a las que apenas pueden seguir el ritmo, toquetean a las que más les apetecen y ríen divertidos al veros sollozar, sudar, temblar, sois solo carne, eso sí, una carne hermosa y apetecible de la que piensan disfrutar al máximo.

    Estás subiendo una duna, cuando una de las chicas cae, tres o cuatro también ruedan junto a ella, pero al final, entre todas conseguís levantarlas y continuar vuestra marcha. Llevas más de una hora andando, tienes la boca reseca, los labios cuarteados, tus pies hinchados por la arena caliente y todo tu cuerpo rebozado en sudor y arena. El ritmo cada vez se ralentiza mas, vuestros pies se arrastran más que andar, y ni el látigo consigue acelerar vuestra marcha, y tras cada duna, solo hay otra, y otra más, y un sol implacable quemando vuestra piel, llenando de sudor vuestros azotes.

    Por fin, tras la enésima subida, veis al fondo unas casas, el júbilo de los legionarios os hacen comprender que aquel es vuestro destino, el látigo vuelve a azotaros, os gritan e insultan, mientras vosotras sacando fuerza de donde no hay aceleráis nuevamente el paso, animadas por llegar a algún sitio, donde sea, cualquier cosa será mejor que ser parte de una recua de esclavas perdidas en medio del desierto. Llegáis a las primeras casas, allí os hacen parar, todas caéis al suelo, agotadas, exhaustas y vencidas, dóciles y sumisas, dejáis que os quiten la cadena que unía vuestros collares.

    Al terminar, los legionarios y el resto de miembros de la comitiva, van eligiendo hembra, es su derecho a pernada, a cobrarse en vuestra piel los honorarios de su trabajo. De una patada te da la vuelta, un nubio de casi dos metros de altura, se tumba encima tuyo, agarra tus nalgas, y al instante una verga gruesa y dura te penetra hasta el fondo, aprietas los puños, mientras no dejas de llorar, notas sus dientes mordiendo tus pechos, llena tu boca con su lengua, mientras sus manos amasan y ordeñan tus tetas, tu coño cada vez está más irritado y escocido por el roce brutal y salvaje de aquella tranca de carne dura y gruesa que en pocos instantes se vacía dentro de ti. A cornuda han preferido usarla por el culo, a cuatro patas, es penetrada una y otra vez, apenas si puede aguantar, mientras la verga llena de sangre y semen su agujero.

    Finalmente os dejan tiradas y se van, son las 11 de la mañana unos instantes después se acerca uno de los organizadores, os hace levantar, pesadamente lo haces, ante ti, un larga mesa con bebidas frescas y comida, y detrás algunos autocares climatizados. El organizador os dice que las que no se vean capaces de continuar con “la excursión”, pueden ir a beber, comer y luego volver al barco en los autocares climatizados, la prueba es lo suficientemente dura, como para que vuestros amos hayan aceptado que no todas la vais a poder terminar.

    Tragas saliva, por un instante dudas, ves como algunas de las chicas entre sollozos corren hacia las bebidas, les siguen otras, pero tu permaneces quieta, miras a nuri, ella lo tiene claro, no piensa moverse, luego miras a cornuda, que no sabe qué hacer, levanta su cabeza preguntándote y tu le dices que no con la cabeza, tiras tus hombros hacia atrás, muestras orgullosa tus pechos azotados, tu piel castigada y te quedas inmóvil, ella también se queda, junto con nuri y poco más de una veintena de esclavas, dispuestas a no rendirse…

  • Niñato futbolista

    Niñato futbolista

    Hola, esto ocurrió hace algunos años se trata de un niñato llamado Martin que cada vez que mi grupo de profesionales entrenábamos football para las olimpiadas de nuestra profesión él concurría al club junto con amigos porque si faltaban jugadores hacían de suplentes para completar los equipos.

    Ahora hablaré de mi, soy un flaco cuarentón de 68 kg, buen cuerpo morocho algo marcado que fui invitado a entrenar dos días a la semana por las tardes en un club con canchas de césped de mi ciudad. Así que me propuse ir y concurría siempre sin faltar. En el primer día de entrenamiento estaba fuera de forma y por ende no jugaba bien pero si me fije en un chico que no era del grupo, pero si del vecindario del club pues vivía al frente y pronto me entere que su nombre era Martin en el tercer tiempo luego de entrenar y jugar quien es mi protagonista de este relato

    Claro Martin era un flaco de un 170, bien flaco, marcado y morocho atractivo, linda piel, de origen más humilde pues el vecindario era de casas sencillas y no dejemos de lado su edad 18 añitos. Pronto note que nos observamos creo que era mutuo más aún en cada tercer tiempo estábamos cerca y de a poco fuimos conociéndonos.

    Personalmente era bisexual en aquel entonces y me gustaban flacos de su edad ya era separado de mi mujer y vivía solo en el centro de la ciudad a unos 6 km del club donde entrenaba.

    Con el correr de los días no faltaba nunca y Martin tampoco hasta que un día le dije note que eres rápido y juegas bien y el me respondió que de niño entrenaba en un club local de football en las inferiores y luego juveniles pero que recientemente había dejado por motivos diversos. Le dije oye yo estoy con poca técnica así que él se ofreció a darme algunos tips para que mejorará con lo cual marcamos otro día para concurrir al club y encontrarnos para tal fin así que intercambiamos nuestros números de celular para concretar clases privadas.

    Con el correr del tiempo solo era entrenar y Martin me corregía mi mala técnica y fui mejorando paulatinamente el me gustaba y era agradable estar con él más a solas. Todo transcurrió en forma normal, pero empezamos a escribirnos más seguido y note un día el tercer tiempo que se fue enojado porque no le di demasiada atención según su hermano que era menor que él y simplemente me dijo Martin se fue molesto dice que no lo tenés en cuenta ya.

    Ese día volví a mi departamento confundido, pero contento… será que estaba celoso? Será que tengo chances con él? La intriga y el deseo me perturbaban ni podía dormir bien. También me gustaba cada vez más él y no veía las horas de verlo de nuevo en el próximo entrenamiento.

    Llego la hora de ir al club de nuevo y él estaba como si nada lo saludé normal y el también y en el tercer tiempo conversamos y trate de estar cerca de él así este cómodo. Una noche cualquiera me escribió y me dijo estoy aburrido porque no me buscas y yo le contesté pero oye que dirán en tu casa? Que sales con alguien mayor y él me contestó no pasa nada me buscarás o qué onda.

    Mmmm la pensé y como me aseguro que no había drama lo busque de la puerta de su casa y cuando llegue él estaba esperándome frente a su casa. Esa noche dimos una vuelta y tomamos algo en un bar y luego de un par de horas lo deje en su casa. Con el correr del tiempo ya era habitual al menos 2 veces por semana que saliéramos de noche con el tiempo conoció mi departamento íbamos a bares hasta fuimos a un baile en varias ocasiones y así transcurrió un año de una hermosa amistad yo vivía solo y me daba tiempo para estar con él.

    Pero había algo entre los 2 sentía que se enojaba o me celaba lo cual me hacía pensar y así paso como un año en estado de situación indefinida.

    Una noche cualquiera fuimos a una plaza y nos sentamos a escuchar un poco de música que provenía de mi auto y yo no daba más así que decidí preguntarle si que pasaba que se enojaba conmigo a veces y si sentía que nuestra amistad era algo más y ahí fue que rápidamente dijo nada que ver no me enojo y no siento nada raro de distinto contigo no soy gay. Ese día lo deje y volví más confundido a casa no satisfecho y desilusionado con su respuesta o no convencido, pero me dije seguramente está asustado es nuevo para el sentir algo por un hombre y decidí dejar que fluya.

    En ese estado de cosas nos veíamos menos fuera de los entrenamientos hasta que con el tiempo volvimos a salir seguido. Un sábado de verano veo mi celular y tenía un mensaje de Martin que decía adónde salimos hoy (era caprichoso el niñato) y le contesté que te gustaría? Adónde podríamos ir? Me tomemos algo y vamos a una disco a bailar y yo le dije bueno pero los dos solos? Si obvio me respondió.

    Esa noche compre algo de bebidas me bañe me cambié y a la hora marcada fui a buscarlo a su casa. Para mí era una salida más no pensé nunca que pasaría algo pues cuando le pregunté y no fue una vez negaba que éramos o que pasaba entre ambos. Parecía una noche más o sea conversar beber un poco hasta la hora de ir al baile. Fuimos a la disco pedimos algo para beber en la barra y la noche transcurrió hasta que me dijo vámonos y yo le contesté aún no termina, pero él dijo vamos a tu departamento igual ya quiero irme, bueno vamos le dije.

    Llegamos prepare para tomar algo pusimos música ya era tarde y en un momento dado él se puso a bailar frente a un espejo grande mientras cantaba y yo primero lo miraba y pensaba que sensual además de fachero estaba esa noche Mat.

    De golpe me acerque lo abrazo un poco estando a su lado y también empecé a bailar con el como que el me miraba a través del espejo y me sonreía como si me dijera… te tengo loco… A estas alturas yo estaba frenético empalmado y tratando de disimular jeje hasta que se me ocurrió bailar atrás de él sosteniendo su abdomen con mi brazo derecho y de a poco lo acerque a mi cuerpo o sea mi pija cada vez más pues no había ninguna resistencia de su parte.

    Yo estaba en las nubes cuando se dejaba apoyar y bailaba con su cola apoyada en mi miembro duro explotando por mi jeans así seguimos entrando en calor ya era sexual netamente encima de golpe con su mano izquierda me tocó la pija que aún estaba vestida y al toque sin decirnos nada yo la saqué afuera de mi pantalón. Me juego dije… Y él me la agarro cómo pajeándome… yo creía que estaba soñando… de golpe mi jeans estaban en mis tobillos y mi mano ya no en su abdomen sino en su colita que era paradita como no me dijo nada afloje su cinto y sus jeans también se fueron a sus pies.

    Así fue un juego frenético lo apoyaba le tocaba sus nalgas y el mi pija hasta que él se apartó se agachó y comenzó a chupármela al principio con timidez solo la puntita de mi glande cómo que la besaba luego la punta de su lengüita pronto fueron sus labios y su lengua los que tomaron cuenta y confianza todo frente al espejo y aún no estábamos desvestidos completamente.

    De golpe el niñato se incorporó y mientras se terminaba de desvestir se sentó desnudo en mi cama como indio y me dijo vení (la cama estaba cerca del espejo). Lo imite me desvestí lo que quedaba creo que arranque la ropa y me acerque al niñato no son antes contemplar su cuerpo tan bello y su expresión de pícaro, de como te hice sufrir, se reflejaba en su pequeña sonrisa, así que empecé a tocarlo a unir nuestros cuerpos roces besos y desenfreno hasta que después de un tiempo lo di vuelta tomando con mis dos manos sus nalguitas duritas sin pelitos y metí mi lengua en su hoyuelo…

    Instantáneamente sentí su cuerpo temblar y su exclamación de gozo de placer de lun culo sin pelitos tierno sabroso cerradito, debía trabajarlo pues era virgen (después me lo confirmó) y tenía que dilatarlo para que pueda recibir mi polla. De golpe me agarró mi miembro y lo acerco a su cola que estaba lista para recibirme mis solo 18×5 empezaron a hacer lo suyo y a entrar muy de a poco hasta que ambos tomamos ritmo su cola se movía contra mi pija como una coreo perfecta hasta que nos fuimos casi juntos…

    No acabamos, literalmente explotamos en un orgasmo único creo que nunca tire tanta leche y la de él niño dejo un charco en mis sábanas.

    Fue la mejor noche de mi vida actualmente se juntó con una mujer así es la vida, ya no nos vemos.

    Paciencia es mi primer relato.

    Saludos a todos.

  • Balseros (VII): El Mustang amarillo o un balsero con suerte

    Balseros (VII): El Mustang amarillo o un balsero con suerte

    Era sábado nuevamente y la desagradable resaca de otra de mis juergas con mi compañero de «lucha», parecía pasar del todo. Yovany, que yacía en mi cama, no daba señales de volver en sí, y yo, más que tener sueño, aunque eran las 12 del día, más bien tenia deseos de tener sexo. Tomé la iniciativa y pasé mi mano por su espalda suavemente, luego, lo besé tiernamente en el cuello. Seguidamente, comencé a lamer sus imberbes y deliciosas nalgas, y por último pasé mi lengua justo por el camino que hace la columna vertebral en la espalda, hacia su cuello nuevamente esta vez descansando en su nuca y besándolo por último en los labios. Para ese entonces, me había posicionado completamente encima de él y metía mi erecta pinga entre sus piernas.

    -Si continúas, vas a tener que singar de nuevo, ¿no te basta con lo de anoche?

    Me dijo a lo que yo asentí: Eso es precisamente lo que quiero.

    Se lo susurré al oído de tal forma que su piel se tornó de gallina, al mismo tiempo que mi lengua mordía el lóbulo de su oreja derecha y él hacía fuerza para virarse boca arriba. Hice firme resistencia, mientras le decía:

    -Me toca a mí de nuevo, tú no me coges más el culo, eso duele mucho.

    Entonces apoyé todo mi cuerpo firmemente encima de él mientras le inmovilizaba sus brazos contra la almohada.

    -¡Vamos deja eso! ya tendrás tiempo, ahora déjame orinar porfa.

    Tú estás loco, si te dejo escapar no regresas.

    Me apoyé con fuerza sobre su cuerpo y rocé una y otra vez, la hinchada cabeza de mi pinga entre sus nalgas; Ahí comenzó a moverse con sensualidad y erotismo. Recosté mi cuerpo sobre su espalda, una vez más y sin soltar sus brazos seguí, ahora rozando y moviendo mi cintura tomando su ritmo. Ahí, la calentura que tenía hizo que su raja se lubricara con mis jugos, de tal forma que mi glande quedaba justamente en su entrada. La morbosa posición y el hecho de tenerlo inmovilizado, como nunca lo había tenido; Me hizo venirme en contra de mi voluntad. Mi leche chorreó toda, por su culo y sus testículos, manchando las sabanas. Por fin lo solté, y luego de acariciar sus muñecas para aliviar su dolor, se abalanzó encima de mi como león en celo y luego de inmovilizarme él a mí, me metió la pinga de un tirón en la boca. Solo decía ¡Te la tragas toda coño! y no botes nada afuera. La metía y la sacaba con furia desesperada, a tal punto, que me provocaba deseos de vomitar. Se vino como un verdadero semental y me tuve de verdad que tragar hasta la última gota. Se fue, mientras yo saboreaba mi primera experiencia En realidad no es tan malo como dicen, pensé y me recosté en la cama a descansar.

    Regresó medio vestido y con mi café en la mano, me dijo: vístete que tenemos que comer algo y de pasada visitamos a Paco en la agencia de los carros usados. Creo que ya es hora de que te decidas que carro vas a acabar de comprar, ya llevamos una semana en esto.

    Ya en una cafetería cualquiera y tomándonos una sopa de pollo, nos pusimos a discutir sobre el carro que más me convenía, hasta que, entre la voz alta en que de por si hablamos los cubanos, y la maldita costumbre que tenemos de meternos en las conversaciones de los demás; apareció aquel sujeto de piel tostada por el sol, ojos almendrados color avellana y de estatura un poco más alto que yo, pelo castaño, cerca de 35 años aproximadamente, vestía unos jeans muy simples y desteñidos, zapatos limpios de mocasín y una camisa de esas que a Yovany le gustaba usar, lucia elegante a pesar de la sencillez de su ropa, aunque no portaba nada de joyería noté inmediatamente que su dedo anular mostraba la marca de un anillo que ya no estaba, y su muñeca izquierda una visible marca de un reloj que había estado ahí lo suficiente para dejar la piel más clara en esa zona. Como todo cubano entrometido comenzó con la famosa frase: Perdonen que me meta en la conversación, para continuar diciendo: Hace rato que los estoy oyendo como deciden que carro va a comprar uno de ustedes. No sé si les interese el mío, lo tengo parqueado a un costado de la cafetería y si desean verlo, estoy aquí en la mesa de al lado terminando de almorzar con mi abogado, lo doy baratísimo.

    Yo, por mi parte, nunca había creído ni en los golpes de suerte, ni en los amores a primera vista, ni en las hadas madrinas, ni en las casualidades del destino. No obstante, le comenté sin excitación alguna a mi amigo: Debe ser un cacharro, pero, con verlo, no perdemos nada.

    Terminamos de almorzar y aunque el sujeto aún no concluía la plática con su abogado, se dio cuenta de que esperábamos y nos llamó a su mesa. Me llamo Rogelio dijo con voz masculina y este es mi abogado Richard. Tomen la llave y denle un vistazo, es el Mustang Amarillo, aquí a la derecha. No se preocupen que yo confío en ustedes. Mis ojos no podían creer la belleza de carro que tenía ante mis ojos; nuevecito como de 4 o 5 años atrás y la pintura brillaba como de agencia Por primera vez creí en el amor a primera vista. Yo no tengo culo o para pagar eso, le dije sin acercarme.Yovany sonrió con cara picardía y me dijo: Mejor no te digo lo que pienso. Nos viramos, como para regresar y ya estaba Rogelio detrás de nosotros. Esta vez pude notar que por fuera de los dos primeros botones desabrochados de su camisa, se veía algunos pelitos enrolados, también se podía sus brazos llenos de un vello castaño pero más rubios, debido al sol y un pequeño tatuaje 3 puntos en su mano derecha entre su dedo pulgar y su dedo índice, casi invisible: Pasó sus manos desde su ancho pecho hasta su abdomen, que lucía una minúscula pancita feliz. Manos que luego vinieron a descansar muy sensualmente encima de la hebilla de su cinto. No es desconfianza dijo, es que ya terminé. No se asusten, de veras, el carro está en perfectas condiciones, de hecho, recién le cambié el aceite; Lo doy en lo mismo que le debo al banco, seis mil dólares; Me estoy divorciando y no pretendo dejarle el carro a esa para que se lo vacile con otro.

    Entonces por primera vez también creí en las casualidades del destino y en los golpes de suerte. Miré al hada madrina que tenía delante, que dicho sea de paso tenía una figura deliciosamente masculina esta vez y le dije apesadumbrado, no tengo esa cantidad. ¿Cuánto tienes? preguntó Rogelio, cuatro mil quinientos, le dije. Bueno si encuentras quien te preste los otros mil, te lo dejo en cinco mil quinientos. Pero esa puta, no va a quedarse con el carro, aunque lo tenga que donar a una institución benéfica. Yo le puedo prestar algo, dijo Yovany más excitado que yo, pero si puedes rebajar algo sería ideal, es que acabamos de llegar hace poco y es su primer carro…mientras yo tomaba la llave en el aire de su mano y echaba un vistazo dentro y al motor; Debo reconocer que es una joya, le dije. Es una lástima, respondió él, es el primer carro que compro a mi gusto, al menos sé que va a quedar en buenas manos. Dale una vuelta a la manzana y dime si te gusta, sugirió. Negociamos el precio por cinco mil, esa oferta que era más bien una «Ganga» fuimos adentro, donde aún se encontraba su abogado que nos ofreció su tarjeta y me dio cita para su oficina el lunes siguiente, no sin antes darme a firmar un sencillo documento como acuerdo del trato.

    De regreso a la casa, no podíamos ambos ocultar la alegría y el regocijo del buen negocio que habíamos hecho. Entonces sin esperarlo me dijo: Viste que no eres el único que tiene problemas, a unos les da por vender el carro barato y a otros por regalar su virginidad y sonrió maliciosamente. Lo que te voy a regalar yo, va a ser un turno con el dentista después que te saque los dientes de un piñazo dije yo. Era una broma, me respondió apenado. Entonces hicimos absoluto silencio.

    Hay veces que pienso que no me quieres, me reprochó mientras yo ponía la llave en la cerradura y le respondía que se dejara de mariconerias y que por favor no insistiera más en eso. Hace una semana que me estás preguntando lo mismo.

    Te quiero, le dije, pero no sé si podría vivir en una relación contigo porque me gustan las mujeres Yo tampoco quiero vivir como un matrimonio contigo, replicó él; o te tengo que recordar que a mí también me gustan las mujeres, de hecho, estoy viendo una muchacha en la escuela y me gusta; Creo que es serio hemos estado como 3 veces. Hace una semana que estoy por decírtelo y nunca me dejas. Entonces le confesé: Estoy preocupado porque no sé si andas por ahí de picaflor, ¿o sea, tienes algún otro hombre? No son celos, aclaré, pero es que no usamos condón. Descuida macho, que desde que nos hicieron la prueba a todos juntos yo he sabido cuidarme bien, me dijo con firmeza; Además he salido con algunas chicas, los chicos son muy pocos, me respondió.

    – Oye… lo de las mujeres no me importaría mucho saberlo, pero los tipos ¿quiénes son?

    Calló por un momento para luego continuar: A dos, los conoces, estuve con ellos antes emborracharte aquella noche y por fin probar de tu néctar prohibido, y hay otro que tú nunca te has esperado ¿Y tú? Preguntó a la defensiva; ¿Yo? Le dije, creo que tú me echaste brujería porque desde que llegué a este país no se me pega ni un catarro. Tú sigues siendo el único hombre… Bueno y el loco, y tamal, por cierto ¿ellos se cuidan?

    Ellos me confirmaron que todo andaba bien antes de hacernos la visita.

    O sea que tú como siempre estabas detrás de la patraña de encontrarnos y beber y todo lo que pasó.

    ¡Nooo!, no, de veras fueron ellos los que querían yo si les dije desde el principio que tú me gustas, el resto lo planearon ellos, Vicente te descubrió ¿te acuerdas?

    Todavía no confío en ti después de todo lo que hiciste para llevarme a la cama, pero bueno…

    ¿Entonces, quieres saber con quién estuve o qué? Si, ya vomita le dije yo.

    Estuve con Diego. ¿El nica? pregunté asombrado. Si, ese con un 6 de cerveza y una película porno se fue, me dijo victorioso. ¿Y el otro? pregunte intrigado. Ah el otro fue Philips el muchacho del camioncito de los sándwiches. ¿El rubio que ya no viene? pregunté. Sí, es una lástima porque le encantaba que yo le cogiera el culo, y para tu sorpresa, Eduardo nuestro jefe, que tiene un tema totalmente aparte, el último es el que no se si deba decirte quien es, porque ese es tan reservado como tú, y le prometí que no le iba a contar a nadie, ni siquiera a ti; ¿Le contaste de mí? pregunte intrigado. Solo que compartes la renta conmigo y que vinimos juntos en la lancha. En realidad, no hemos hecho nada, solo besarnos y masturbarnos, él está más confundido que tú, otro día te cuento. Mi asombro era espantoso. No quise indagar más en el tema, ni reclamarle nada. Era demasiado embarazoso para mí, luego de todo lo que me había ocurrido en una semana. Por lo menos ahora entendía por qué gozábamos de tantos beneficios en la compañía.

    Bueno, si estás viendo a una muchacha, yo entonces tengo derecho también a ver a quien quiera, le comenté. Está bien, me dijo; Con eso no hay problema, pero vamos a protegernos, ¿está bien? y me besó ligeramente en los labios. ¿Café? pregunto él y yo asentí con la cabeza.

    Mientras mi amigo se dirigía a la cocina prendí el TV y no me había concentrado aun en ningún canal todavía cuando sonó el teléfono. Me quedé sin habla al sentir nuevamente esa voz sensual y masculina que esta vez me pedía casualmente que me llegara por su casa, para celebrar por el recién hecho negocio y enseñarme algunas otras cosillas en venta debido al divorcio. Era obviamente Rogelio. Aquello me agarró tan de sorpresa que no dudé en decirle que sí. Después de colgar el teléfono, me di cuenta de que, aunque era solo para hablar de negocios y celebrar, la invitación era aparentemente para mí solo, me resultó extraño y mis pensamientos corrieron a la velocidad de la luz.

    ¿Era Rogelio verdad? dijo Yovany mientras me extendía una humeante taza de café. ¿Cómo lo sabes? pregunté. Mis ojos no se equivocan, ese tipo está en algo, cuando un hombre habla contigo, sin mirarte a los ojos, esconde algo. Yo vi cómo te miraba cuando fuiste a chequear el motor del carro, y miró tus nalgas con deseo cuando te inclinaste, además cuando te fuiste a dar la vuelta en el carro, me vaciló a mí también. Hay, quisieras tú, eso son ideas tuyas, déjate de boberías que ese tipo no es lo que tú piensas, ¿no se acaba de divorciar? le respondí, lo que está es contento de que encontró a quien venderle el carro y quiere ser cortés. ¿Y por qué no me invito a mí? pregunto Yovany. Porque seguro que le miraste la portañuela y te cogió miedo ja, ja; el negocio es conmigo, le dije y agregué: Tú lo que estás es celoso, «El ladrón, juzga por su condición».

    Manejé las 12 cuadras que me separaban de su casa y toqué el timbre, ya me disponía a irme cuando por fin se abrió la puerta y apareció Rogelio con el pelo todo mojado. Perdona, te oí llamar, pero estaba enjabonado, no sabía que ibas a llegar tan rápido y por favor no te fijes en el reguero, dijo cerrando la puerta detrás de mí; Estoy recogiendo para mudarme en dos semanas para Los Ángeles. Yo con mi nerviosismo no había advertido que su cintura la cubría solamente una toalla blanca; Andaba obviamente, sin camisa y descalzo. Lo miré de arriba hacia abajo y reparé en su pecho desnudo rodeado de minúsculos vellos y su barriguita pequeña que ahora cubría lo que algún día fue un abdomen de deportista. Se viró de espaldas para dejarme ver, mientras me conducía hasta un desmantelado salón, unas nalgas bien formadas que lucían de verdad, preciosas dentro de aquella apretada toalla; Por último, piernas duras y musculosas. ¿Futbol o ciclismo? Le pregunté. Los dos me dijo, me encanta el deporte. Estoy fuera de forma, este divorcio me tiene loco. ¿Y tú? Preguntó él. Remo y bicicleta le dije casi entre carcajadas

    Me acomodé en un sofá de dos puestos mientras él se marchaba para regresar luego con una casi transparente pijama de algodón blanco, que dejaba ver perfectamente una preciosa silueta entre sus piernas de todo lo que le colgaba, parecía del tamaño de lo mío y se balanceaba libremente dentro de la ancha prenda; Al mismo tiempo que me extendió una copa igual que la suya y me servía un licor dorado transparente. Espero que no te moleste mi facha, me dijo; Estamos en confianza ¿verdad? Asentí con la cabeza, mientras bebía un sorbo de aquel néctar divino. Es coñac, y del bueno, le dije para romper el hielo y su rostro dibujó una sonrisa. Vine solo a celebrar, continué diciendo, pero de verdad no me interesaría nada más, todo lo que tengo lo voy a invertir en comprarte el carro. Descuida ya me di cuenta de eso; Perdona si te hice esperar en la puerta, pero es que necesitaba una ducha. De todas maneras, esperaba que no faltaras porque, en fin, quiero celebrar que hoy terminé con todos los papeles de mi divorcio, pero no tenía con quien; Todas las amistades me han dado la espalda luego de caer en desgracia.

    Espero que no tomes a mal mi atrevimiento. Llevo dos meses de angustia, sin hablar, ni relacionarme con nadie, solo con mi abogado, además quiero que recuerdes de una forma única la adquisición de tu nuevo carro, según me contaste es el primero en este país. Nada, un detalle para ti que estas casi recién llegado. Salud, me dijo y se tumbó a mi lado en tan reducido espacio, luego soltó un suspiro de alivio y bebió y largo sorbo. La potencia de tan fuerte bebida y el sentirme con un hombre medio encueros a mi lado, no tardaron en ponerme nervioso y comenzar a sudar a mares ¿Tienes calor? ¿Bajamos el aire?, Preguntó Rogelio, mientras bebía más de su copa, quítate la camiseta a mí no me importa estamos en confianza, volvió a repetir. Yo no estoy pasando algo tan serio como tú, le dije para entrar en confianza, mientras él se acomodaba más cerca prestando atención, entonces me saqué la camiseta de un golpe. Pero mi novia me dejó por un alemán para poder irse de Cuba; Hace una semana recibí la carta, estoy destrozado, le dije fingiendo angustia. Todas son iguales, me advirtió en tono de experiencia mientras me miraba el pecho sudoroso y se paraba para llenar las copas nuevamente. Se estiró provocativamente, dejando ver unos hermosos bíceps y unos sensuales vellos debajo de sus axilas. Luego se acercó en tono afectivo, me entrego mi copa y me dijo: Bueno, entonces tenemos más en común de lo que pensé; Porque aquella me pego los tarros con mi mejor amigo. Se acomodó nuevamente al lado mío y cruzo uno de sus brazos por encima de mis hombros, acerco su cara a la mía mientras echaba todo su aliento etílico en mi rostro. No te preocupes que todo pasa en esta vida por eso hay que disfrutarla como quieras, este es mi segundo divorcio, y creo que el ultimo. Mira, hasta el Rolex vendí, esa hija de puta no se queda con nada. De hoy en adelante voy a vivir mi vida solo y como me dé la gana entonces me abrazó. Sus brazos rodearon mi cuerpo con virilidad masculina y sentí aquel olor a hombre recién bañado que me inundó completamente, sus manos acariciaron mi espalda y su barba recién salida raspó disimuladamente mi cuello. No pude evitar cierto cosquilleo de la cintura hacia abajo y cuando nos separamos, pude notar cierta erección en su entrepierna. Perdona, me dijo es que llevo como cuatro meses sin contacto físico de ningún tipo. Además, el coñac me pone así. Estiré mis piernas hacia adelante y le dejé ver mi bulto bastante crecido también. A lo que yo agregaba parece que a mí también me pasó lo mismo.

    ¿Qué quieres hacer? me preguntó con cierta ingenuidad y desconfianza. Me aproximé a él y me quedé mirando sus ojos, su respiración se agitó y me echó todo su perfumado aliento en mi cara. Haz lo que quieras, me dijo y cerró sus ojos. Besé sus labios, a lo que respondió con deseo loco. Acaricié sus tetillas y jugué con su pecho y con su improvisada barriga. Lo acosté encima del sofá y halé el elástico de su pijama hasta las rodillas con mis dientes. Luego me metí aquella derecha pinga en mi boca y jugué incansablemente con ella hasta que su éxtasis me ordeno que cesara, era mucho más grande que la mía y mucho más derecha también. Me agarró por el pelo y me paso la cara por la barriga nuevamente, como sugiriendo que le había gustado lo que había hecho anteriormente, seguí mi juego hasta que terminé totalmente acostado encima de él. Lo volví a besar esta vez, metiendo mi lengua bien adentro y mordiendo suavemente su labio inferior. Entonces acarició mi espalda hasta ir a dar justamente en mis nalgas Luego de apretarlas un poco, me dijo: Yo no me dedico mucho a esto, pero ese culo o me tiene loco. «Ojo por ojo, y diente por diente» le susurre al oído, a lo que él respondió: Yo nunca me la he metido, y he mamado poco. Siempre hay una primera vez, le dije. Y recordé las palabras de Yovany, que me comentó una vez: “Psicológicamente hablando, una negación de esa índole es señal de que ya lo ha hecho otras veces o está dispuesto sin ninguna objeción».

    Enséñame a mamar me decía con su voz ronca y varonil, mientras jugábamos desnudos en su cama. Mientras más oía su voz, más me excitaba, lo puse entonces a mamar de todas las formas que yo conocía. Caímos casualmente en un 69 mientras él “practicaba” muy bien, lo que supuestamente acababa de aprender, por último, logré encontrar su culo, que para sorpresa mía era bien lampiño y parecía que hubiesen andado bastante ahí. La teoría de mi amigo no falla pensé, y comencé a chupar su delicioso hueco, que abrió paso a mi lengua rápidamente. Como respuesta, apartó completamente mi pinga de su boca, para sentarse encima de mi cara y comenzar a mover la cintura descontroladamente, mientras agitado, gemía sin parar. Mi excitación ante tan nueva experiencia fue tal, que mi pene, sin tocarlo siquiera, erupcionó como un volcán, soltando toda su caliente lava, encima de mi abdomen. Al ver aquello, mi improvisado amante volvió a posicionarse, esta vez encima de mí, mientras rozaba su cuerpo contra el mío, provocando que toda mi leche resbalara en nuestro abdomen. ¿Te gusta? preguntaba, ¿quieres más? decía sin dejar de moverse. Al sentir tan erótico roce por todo mi cuerpo, mi miembro paso de una erección a otra sin pasar por estado de flaccidez alguno. ¿Tienes condones?, pregunté; Debajo de la almohada indicó él. Luego de enfundar mi machete dentro de la lubricada vaina, rocé varias veces mi instrumento entre sus sensuales nalgas. De veras no supe cómo ni cuándo se perdió del todo en aquella caliente y experta cueva, mientras él decía: Me partiste el culo, cabrón, ¿te gusta? Yo, para no arruinar el momento, ni sus fantasías, solo seguí su juego, notando que eso lo excitaba más ¿Te duele papi? le pregunté, a lo que él respondió entre gemidos, no importa macho, goza ese culo que es tuyo.

    Me pasé como media hora, bombeando mi pinga sin parar mientras él se daba placer a horcajadas encima de mí, luego lo viré boca abajo y lo penetré nuevamente, mientras jugaba con su nuca y sus orejas; Entonces le pregunté si le gustaba que un machito de solo 23 años le había quitado su virginidad y su honor de hombre a lo que me respondió con su lengua y un largo gemido de placer. Por último, terminé en su cara obligándolo a abrir su boca y tragarse el resto de mi leche. ¿Quieres más?, le pregunté, a lo que él respondió, basta, por hoy es suficiente.

    Luego de una refrescante ducha, donde no cruzamos palabra alguna, me dejó solo por un instante en el mismo salón de antes, para regresar con algo en la mano. Quiero que tengas esto, me dijo extendiendo un hermoso aro de oro en su mano. Es mi anillo de casado, no sabía qué hacer con él tenía más valor sentimental que material, creo que a ti te va a ser más útil, además hace juego con la cadena que llevas en el cuello. Me probé su anillo que me quedaba un tanto flojo, pero elegante. No es necesario, repliqué con pena e hice un ademan para devolvérselo. Yo sabía que pertenecía a tu dedo, porque tienes la marca 12 años, me dijo, quédatelo, no lo tomes como ofensa por favor, pero podría terminar en el rio más cercano, me advirtió.

    -No sé cómo agradecerte

    -No es nada, yo soy el que no sabe cómo agradecerte el buen rato que he pasado contigo, por eso se me ocurrió que tengas un recuerdo mío, has sido como un oasis en medio del desierto. Hacía tiempo que no me sentía tan bien. Gracias por venir y recuerda de venir a recoger el carro y el titulo el viernes. Ah, y mira a ver si te dejan venir solo de nuevo.

    -Yo no le tengo que pedir permiso a nadie

    -Yo vi cómo te mira Yohandi.

    Yovany rectifiqué yo.

    Bueno ese muchacho está enamorado de ti, me dijo, es que se le ve cómo te mira, yo no nací ayer. Se ven muy bien juntos y se ve que se preocupa mucho por ti. Acuérdate que ya no estás en Cuba, aquí no hay prejuicios y me guiñó un ojo.

    Esas cajas que están cerca de la puerta están llenas de cosas que les pueden servir en el apartamento, también hay ropa, llévatelas, a ustedes les hace más falta que a mí. Yo intento comenzar una nueva vida lejos de aquí y muchas de esas cosas son recuerdos de mi pasado.

    En cuanto llegué a la casa, oí la tele del cuarto de Yovany.

    ¡Aun despierto!

    No tengo sueño, me dijo.

    No podías dormir pensando en si me acosté con Rogelio, le dije directamente. Mira Yovany quedamos en que yo por mi lado y tú por el tuyo ¿cierto?

    Si, contesto él.

    -Bueno, pues yo te dije que ese tipo era todo un hombre.

    -Entonces, Javy ¿no pasó nada?

    -Bueno papi lo que te quiero decir es que hay que ser todo un hombre para meterse mi pinga, de la forma en que lo hizo, y sin protestar.

    Y recité sonriendo”…Y yo que la llevé al rio, pensando que era mozuela… pero tenía marido…» y agregué: Y le cabía un tren por ese hueco de culo que tiene. Yo te dije que ese tipo estaba en algo, mis antenitas nunca se equivocan, dijo Yovany mientras reía por mi broma. Aunque con lo macho que se ve, pensé que había pasado al revés.

    Yovany yo nunca pensé que diría esto, pero por ahora este culo es solo tuyo. Y ese tipo en la cama es toda una dama, le dije sonriendo, y agregué: ¡Macho yo! y le mostré mis bíceps. Mira, me regaló su anillo de casado, dice que lo hubiera botado en el rio. Y que era mejor regalármelo. Ah y me dio unas cajas con cosas y ropa para los dos.

    Vaya, parece que le diste donde le gustaba; me dijo como incentivo. No chico el problema es que «A algunos solo nos da por regalar la virginidad» mientras que a otros les da por dar el carro barato, regalar su virginidad y hasta el anillo de compromiso». Quiere que vaya el viernes de nuevo… ¿tú me das permiso para ir solo?

    – ¿Desde cuándo tu pides permiso? Mejor voy contigo, ya me dio deseos de cogerle el culo a mi también…

    -Yo lo sabía, te gusta, y estás celoso, estás celoso. Él sabe que estamos juntos, deja de mirarme en la calle que la gente se da cuenta…

    – ¿Ah? Entonces sí estamos juntos.

    -Ya me volví un lio, mejor vamos a dormir.

    – ¿No vas a dormir en mi cama Javi?

    -Vas a querer y ese tipo no dejó nada para ti, además tú roncas mucho…

    ¿Será que ahora Javier tiene más suerte que antes con esto de su bisexualidad?

    Entérate aquí como llegó dentro de una panadería y no precisamente por pan.

    Sigue mis historias aquí.

    Gracias por leerme.

    Siempre tuyo ThWarlock.

  • Ratones con mi esposa (Partes 1 y 2)

    Ratones con mi esposa (Partes 1 y 2)

    Parte 1.

    Hola, después de leer y ver de todo, me decido a contar las fantasías que empezaron a comerme la cabeza con mi esposa. Y ya verán en poco tiempo las consecuencias de eso.

    Todo empezó cuando descubrió ella que chateaba con mi ex novia. Flor de quilombo tuve, ya que leyó todo con lujo de detalles, de cosas que hicimos en un pasado y recordábamos con lujo de detalles.

    Eso, causo que me tenga que ir de mi casa por un par de semanas, hasta que recompusimos la relación.

    Dormía en casa de mis viejos o en mi oficina, desde donde le empecé a revisar su Facebook.

    Y acá vino la primera sorpresa, que exploto mi fantasía reconociendo que siempre me excito que a mi señora la miren otros tipos y la deseen.

    Le descubrí un chat con un amigo que resultó ser un ex. Y una amiga de ella, quien blanqueaba los deseos de mi esposa y la incitaba a que siguiera adelante con sus deseos.

    El tema descubierto fue que una noche en que salieron con Naty, su amiga, a San Martin, se encontraron con este flaco y tomaron algo.

    Luego, fueron a bailar, cosa que siempre hizo con mi consentimiento, solo que esta vez, al estar distanciados, lo hizo más suelta.

    Leí el chat con el flaco, al cual le contaba que estábamos separados y esas cosas, a lo cual como buitre que somos los hombres cuando olemos una presa, el chabón le daba de comer letra tratándola de llevar para su lado.

    Es así, que leyendo, relataban lo lindo de un encuentro, lo bien que la pasaron y que él quisiera seguir viéndola, a lo que mi esposa, estaba en duda, ya que al tener tres hijos y estar enamorada de mí, la hacía sentir con culpa.

    A todo esto, chateando con su amiga, esta incitaba a mi señora, a seguir viendo a este flaco, que la iba a pasar bárbaro y que tenía que sentirse viva. Flor de amiga.

    Reconozco que al leer esto, en lugar de ponerme loco y celoso, me despertó un gran morbo, saber que alguien atacaba a mi señora y que por lo visto, la hizo suya, aunque que sin saber hasta dónde llegaron en esos encuentros.

    Lograron con esto despertar en mí una gran fantasía, el de compartirla con otro y sin sentirme cornudo.

    Es así, que me propuse, no contarle nada de lo leído, de recomponer la relación, pero incitándola a que siga saliendo con sus amigas, para que ella se sienta bien. Es decir, dejársela servida en bandeja.

    Así, podría seguir leyendo sus chats y tratar de descubrir hasta donde llego o llegaría ella.

    Y así fue, salía cada vez con sus amigas de siempre a la zona de boliches de San Martin, llegaba más tarde y con olorcito a alcohol, tiene 32 años, se vestía sexy, con calzas negras o jeans ajustados.

    Cuando volvía, la esperaba para hacerle el amor, venia media borrachita y súper caliente y yo ratoneado con lo que le pudieran haber hecho y directamente con lo que hubiera hecho.

    Le preguntaba si la sacaron a bailar, si le propusieron cosas, si la apoyaron, en fin, nada por celos, todo para estimular mi fantasía.

    Así, me empezó a contar sus cosas, no sé si eran de verdad o mentira, pero cada vez con más detalles.

    Me volvía loco: que le tocaron la cola en el boliche, que la apoyaban cuando bailaban reggaetón o una cumbia y que eso le gustaba. Ni se imaginan como me ponía yo.

    Así, luego de cada salida de ella, teníamos el mejor sexo, como nunca.

    Luego, en la semana, le chequeaba sus chats, sus nuevos contactos, solo para descubrir si se pasaba de la raya. Y la verdad, era eso lo que yo quería.

    Parte 2

    Siguiendo con mi experiencia (y mis ratones) cada vez revisaba el chat de mi señora, evidentemente lo único que buscaba era descubrirla en alguna aventura, no para recriminarle nada, solo para comprobar que hacia algo y alimentar mi morbo.

    Ella es profesora y ya empezaba a chatear con un par de compañeros de colegios, aunque nada interesante, solo seguía con ese ex y su amiga, quien la incitaba a seguir adelante con ese pibe y que al yo ser el culpable de todo, que diera un paso más y que disfrutara (Eso es lo que yo llamo una amiga de fierro).

    Hasta que por fin leo que programan un encuentro, contándome me señora que saldría con sus amigas a tomar algo y no sé qué más.

    Esa noche se vistió con calzas negras, remera larga que se le ajustaba hasta la cola, aunque insinuando las curvas de su trasero. Realmente, si la hubiera visto en un boliche, hasta yo la hubiera deseado. Igual, no era nada nuevo, salvo que cambio los jeans por las calzas, ya que siempre le gusta llevar ropa pegada al cuerpo y debo reconocer que por más que tengamos tres hijos, tiene un lindo cuerpo y mejor trasero, nada perfecto, pero ese que le gustan a los hombres mirar.

    Cuando se fue esa noche, mi morbo no podía más, sabiendo que iba a un encuentro secreto. Aproveche para mandarle varios mensajes, sabiendo que los leería mientras estaba con su ex, imaginado en que situación los recibiría, yo, la verdad, estaba al palo, sabiendo eso, no lo voy a negar.

    Esa madrugada, cuando regreso, a diferencia de otras, se acostó sin hacer ruido, casi cayéndose de la cama, sin saber que estaba yo despierto y disfrutando la situación.

    Amague a abrazarla, pero note que se corrió un poquito, como esquivándome, evidentemente había recibido lo suyo y ya estaba complacida, para que más.

    Esa mañana, me detuve a mirarla, estaba nerviosa, evasiva, hasta como sospechando de que yo supiera algo más. Le pregunte como le había ido, si la paso lindo, si la sacaron a bailar, edad de quien oso hacerla bailar, si la rozaron, apoyaron etc. etc. etc.

    Nunca se hubiera imaginado que yo sabía con quien había estado.

    Esa noche, hicimos el amor y le propuse cambiar los roles, siendo yo la persona que la saco a bailar, que la apoyo, para lo cual le pedí que mientras lo hacíamos, me relate cosas como que estaba engañando a su marido, que necesitaba de otro hombre, otra pija y esas cosas.

    Me sorprendió, no solo su calentura al hacerlo, sino la veracidad con que me relataba todo le pedí, hasta tal grado, de hacerme sentir un flor de cornudo. Fue impresionante, me hizo acabar como pocas veces y hasta le dije que sentía como de verdad había estado con otro, a quien me gustaría conocerlo y tenerlo en la misma cama, para compartirla a ella. Su respuesta fue un rotundo si, que le encantaría hacer un trio, siempre que yo se lo pidiese, que si era mi fantasía, estaría dispuesta a hacerla, con tal de verme gozar.

    Yo solo, le pedía, jugando nuevamente a verla coger con otro tipo para verla en acción y yo masturbarme.

    Realmente creí que le desperté una gran fantasía a ella también.

    Grande fue mi sorpresa, al revisar su chat, que le conto a su amigo, todo lo que hicimos y dijimos mientras lo hacíamos, a lo que el ex, le decía que tenga cuidado, aunque a el también le ratoneaba compartirla pero no conmigo, por miedo a yo reaccione mal, pero si con algún amigo de él, flor de guacho el muchacho. Yo se la serbia en bandeja y este subía las apuestas. Un genio.

    Mi señora, le respondía, que ante esa propuesta, no estaba convencida, ya que sentía que me amaba, pero que tal vez, ante mi fantasía, podía inventar algo casual para que aparecía este chico en el medio del matrimonio y disfrutar a su esposo y amante al mismo tiempo.

    Yo, imagínense, como estaba, sentía por un lado un fuego interno y empezaba a darme cuenta que la cosa se me empezaba a ir de las manos, que estaba creando una monstrua!

    Pronto seguiré relatando estas fantasías que comenzaban a ser ya una realidad.