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  • Un trío en la montaña

    Un trío en la montaña

    Mi novia y yo caminábamos por aquella vereda acompañados de varios de sus amigos. Ese fin de semana decidieron pasarlo de campamento, casi a manera de despedida, pues estaba a punto de graduarse de la universidad.

    Yo aunque ya llevaba un par de años egresado me llevo muy bien con la mayoría, suelo acompañarla a fiestas y reuniones, en esta ocasión, acudimos 3 parejas, además de 2 chicos que toda la vida fueron exploradores y se ofrecieron a ser nuestros guías.

    Llevábamos un par de horas de caminata, la idea era llegar a un acampado intermedio antes del anochecer para partir muy temprano hacia la cima de la montaña. Los varones íbamos cargados con mochilas, casas de campaña y todo el menester, en tanto las 3 chicas iban delante de nosotros.

    Mi novia es muy bella, no muy alta, con unas bonitas nalgas, piernas bien torneadas, y unos senos firmes que se complementan con unos grandes y expresivos ojos. Sin embargo, yo no podía apartar la vista de su amiga Laura. Desde que iniciamos la caminata me hipnotizaba con su caminar, su gran y firme trasero en un ajustadísimo short permitía observar sus largas piernas, además venía usando un top de manta amarrado al centro que parecía que en cada paso desbordaban sus senos, grandes, redondos.

    Trataba de ser discreto ya que su novio Carlos venía a mi lado, y aunque ella y él eran como de la onda hippie liberal, tampoco tenía planeado meterme en problemas con mi novia. Aunque el cansancio nos comenzaba a pesar y comenzaba a anochecer, todos estábamos entusiasmados por llegar acampar y comenzar la fiesta ya que además íbamos equipados con mucha cerveza, brandy, tequila y mucha comida.

    Desde que salimos de la ciudad, Carlos parecía no traer buen semblante, se le notaba algo resfriado, sin embargo estaba seguro que en el transcurso del día se sentiría mejor, situación que no sucedió, ya que después de varias horas de caminata, se le veía exhausto, sofocado y mucho más resfriado.

    Al llegar a la zona donde acamparíamos, nuestros amigos Beto e Isaac nos sugirieron varios lugares para recolectar troncos y varas secas para encender el fuego, por lo que organizados en parejas recorrimos la zona en búsqueda del encargo. Mi novia y yo caminamos campo abajo a una zona arbolada que nos habían señalado y comenzamos a recolectar todo lo que consideramos útil para la fogata. En tanto jugueteábamos, nos besábamos y tocábamos. Yo estaba muy encendido después de varias horas de estar viendo el culo de Laura, por lo que en algún momento tomé de la cintura a mi novia, la aparté hacía un árbol y comencé a acariciar su trasero, sus piernas y a besarla compulsivamente. Ella se calentó de inmediato, pero cuando quise meter mano en su entre pierna, me detuvo en seco.

    -No, tienes las manos sucias, espera a más al rato- Me dijo mientras retiraba mi mano, soltaba las varas y troncos y se arrodillaba frente a mi.

    Me desabotonó con buena agilidad mis pantalones, los bajó junto a mi ropa interior, tomando con la boca mi miembro erecto.

    -A que te la chupo sin tocarte.

    Me decía mientras llevaba sus manos a su espalda y me brindaba una exquisita mamada que podía observar con la tenue luz de la luna que iluminaba la noche.

    Yo estaba muy excitado, ella recorría su lengua por todo mi glande, alternaba succiones con unas pequeñas mordiditas que me tenían en órbita, estaba seguro que explotaría en su boca; sin embargo, escuchamos pasos de alguien entre las hojas secas, lo que hizo que mi novia se incorporara de un brinco, mientras yo por instinto me acomodé a toda velocidad los pantalones.

    -Hola, chicos, ¿no han visto a Carlos?

    Nos gritaba a la distancia Laura quien parecía intuir lo que pasaba ahí y decidió tomar distancia para no incomodar.

    Tomamos la leña, nos reunimos con ella y comenzamos a caminar de regreso al campamento. Pude notar una sonrisa pícara en ella, mientras yo caminaba con algo de dificultades por la erección. Al parecer Laura y su novio en algún momento se separaron y tomaron rumbos diferentes. Al regresar al campamento pudimos ver a Carlos sentado sobre su mochila, sonriente al ver a Laura, pero inmóvil y poco entusiasta. Laura se acercó a él a abrazarlo y preguntarle dónde se había metido.

    -Oye estás ardiendo, creo que ya te enfermaste de verdad.

    Le decía Laura algo preocupada. Carlos lagrimeaba, temblaba y sonaba su nariz continuamente.

    Después de encender la fogata, comenzamos a instalar la casa de campaña. La otra pareja que nos acompañaba decidió montarla lo más retirado posible del campamento, estaba claro que traían planes para la montaña y requerían privacidad, por nuestra cuenta mi novia y yo también quisimos separarnos un poco, ya que tras la escena de hace unos minutos estaba claro que también ocuparíamos privacidad.

    Por su parte Carlos y Laura se instalaron cerca del fuego ya que Carlos no estaba en condiciones más que para estar acurrucado al fuego. En tanto que Isaac y Beto, se instalaron cada uno cerca del fuego. Este último sacó de su mochila un botiquín del cual tomó unas pastillas antigripales que extendió a Carlos quien ya estaba resignado a no pasarla bien aquella noche.

    Una vez que nos instalamos y preparamos la comida, todos devoramos la carne, salchichas, papas y demás cosas que llevamos para azar al fuego además de variedades de botanas. Una vez comidos y más relajados comenzamos a beber, algunos cerveza, otros tequila y demás bebidas.

    Ante los escalofríos y malestar de Carlos, mi novia le preparó un té caliente al que agregó algo de tequila. Carlos relajado, tomaba a sorbos la infusión mientras observaba a todos desde la entrada de su tienda.

    -Laura, diviértete, cuando me recupere nos reponemos creo que sólo me queda dormir a ver si amanezco mejor para subir el resto de montaña.

    Minutos después lo perdimos de vista, cerró su tienda y cayó noqueado después de la caminata, la gripe, la infusión y los antigripales. Estaba claro que Laura no contaría con él en toda la noche.

    Laura también se resignó y como ella estaba dispuesta a divertirse aquella noche, se volvió el alma de la fiesta, tomando, bailando, gritando y riendo. Yo seguía hipnotizado por ella a pesar de estar con mi novia al lado, varias veces me sorprendió observándola.

    Con ayuda de una bocina portátil, rompimos el silencio de aquella montaña y mientras la música sonaba yo bailaba con mi novia, mientras el resto también seguía tomando y se divertía. Luego de un par de horas y ya algo mareados, la otra pareja que nos acompañaba decidió retirarse, seguirían la fiesta en su propia tienda.

    Los 5 restantes seguimos tomando por un rato, sin embargo la última botella de alcohol que quedaba estaba acaparada por Isaac y Beto quienes apartados estaban también ebrios platicando de política y aventuras.

    Laura y mi novia en toda la noche tuvieron una gran química, bailaban juntas, se abrazaban, se restregaban lo que a mi me tenía aún más pendiente de ambas, podía ver como jugueteaban una agarraba el trasero de la otra en tanto de vez en cuanto mi novia me agarraba de cuello y me besaba frenéticamente.

    Ambas parecían estar de acuerdo en seguir la fiesta, pero todo el alcohol del campamento se había acabado, nuestros amigos al acabarse la botella a tumbos se metieron en sus respectivas campañas a roncar. Yo estaba seguro que ahí terminaría la cosa y ya me estaba impacientando por llevar a mi novia a la tienda de campaña.

    -¡Ya se!, tengo una idea, esperen no se vayan.

    Nos dijo Laura mientras se metía a su casa de campaña. Después de unos minutos salió con un pequeño envoltorio entre las manos y mientras buscaba una manzana de entre las provisiones, nos decía:

    -Carlos está totalmente noqueado, no hay modo de que despierte.

    Nos advertía mientras nos mostraba el contenido del envoltorio. Una cajita de metal con mucha hierba y un par de encendedores, al tiempo que comenzaba con un cuchillo a realizar unos orificios a la manzana la cual a manera de pipa la retacó de mariguana.

    Ella quería seguir la fiesta y parecía tener en mi novia a la cómplice perfecta, ya que no puso resistencia en cuanto le ofreció la primera fumada. Mientras fumábamos alternadamente del fruto, la música seguía, sin embargo, Laura cambió a ritmos más cadenciosos en los que los 3 comenzábamos a bailar al unísono.

    Sin darme cuanta ambas bailaban a mi alrededor, mi novia frente a mi, mientras Laura a mi espalda me repegaba todo su cuerpo, la hierba del fruto comenzaba a hacer efecto. Sentí el cuerpo de ambas pegarse al mío ya me tenía muy excitado y aunque sentía una especie de aletargamiento, mi pene ya hacía un bulto inocultable bajo mis shorts, lo que mi novia pudo constatar al pegarme su entrepierna, bajar la vista, morderse los labios y abrazarme para besarme, mientras Laura continuaba bailando detrás mío.

    Pude sentir como las manos de Laura tocaban mi trasero, mi espalda y como de pronto llevó una de ellas a mi entrepierna agarrando sin pudor mi pene sin que esto pareciera importarle a mi novia. Incluso en un reflejo para evitar problemas retiré la mano de Laura mientras veía la reacción de mi novia quien sólo reía.

    -¿Te importa?, sólo quiero ver si es tan grande como se veía mientras se la chupabas.

    Soltó Laura la pregunta a mi novia dejándome helado y confundido.

    Ambas pudieron ver mi sorpresa, se miraron mutuamente y rieron, A mi novia parecía no importarle lo que pasaba, al contrario parecía disfrutarlo. Mientras la música cadenciosa seguía, Laura se puso en medio de ambos, se volteó de espaldas hacia mi, y me restregó sus hermosas nalgas en mi paquete; llevé mis manos a su cadera mientras él tomaba del cuello a mi novia a quien le plantaba un beso en los labios tan sensual que pude ver como se erizaba todo su cuerpo.

    No daba crédito a lo que mis ojos veían, mi novia también confundida por aquel beso y el efecto de la mariguana estaba frente a mi, con las sensaciones a flor de piel, absorta tan bien.

    De pronto Laura apagó la música, nos tomó a mi novia y a mi de las manos y nos jaló hacia nuestra tienda de campaña

    -Nos terminamos la manzana ahí.

    Señalando la tienda de campaña. Ambos estábamos sabíamos lo que iba a suceder y sin embargo sin decir palabra alguna nos dejamos llevar. Nos metimos en la tienda de campaña, sacamos algo de ropa y cobijas de las mochilas y logramos acomodar una especie de cama.

    Mi novia y yo tumbados frente a Laura observamos como ella mordía la manzana con restos de mariguana y nos ofrecía de su boca. Primero la de mi novia, luego la mía. Tras comer el fruto comenzó a besar alternadamente a ambos, lo cual sólo nos encendía más y más.

    A partir de ese momento en medio del mareo todo fue una volcadura de sensaciones, besos, manos y piel de un lado al otro, por un momento no pude identificar quién me besaba o quien me acariciaba, en medio de ese frenesí las ropas fueron desapareciendo, podía sentir perfectamente en mi espalda desnuda unos senos firmes, mientras otra boca me besaba.

    Tumbado en el suelo y con algo de torpeza pude deshacerme de mis shorts y ropa interior lo que me dio una sensación de alivio al liberar mi miembro erecto que inmediatamente fue tomado por una mano. Pude ver que era mi novia quien lo sostenía mientras me besaba, entonces pude identificar a Laura quien ahora bajaba poco a poco besando mi torso, mi ombligo, hasta llegar a mi miembro, el cual si dudar se metió a su boca.

    Mi novia retira sus labios de mi boca y me ofrece sus senos para chupar, mientras Laura continúa una felación sumamente excitante acariciando mis testículos con una mano mientras termina de despojarse de sus últimas prendas.

    Entre mareos y sensaciones a flor de piel, llevo mi mano al sexo húmedo de mi novia que en cuando siente mis dedos tocar sus labios, lanza un pequeño y excitante quejido que la hace poner los ojos en blanco mientras desesperadamente se mueve cabalgando sobre mi mano. Al ver la escena Laura suspende la felación, se coloca de espaldas a ella y comienza a besar su cuello, apretar sus pechos y a acariciar la vagina de mi novia que a esas alturas ya chorrea sobre la improvisada sábana.

    Laura toma una de las manos de mi novia y la lleva a la entrada de su propia vagina, agitando su respiración. Yo me alejo un poco para contemplar el gran espectáculo que ambas me están brindando. Mi novia está fuera de si, sintiendo en cada centímetro de su cuerpo las caricias y besos de Laura. En tanto yo no puedo resistir y comienzo a masturbarme.

    Laura voltea a mi novia, la pone frente a ella mientras comienzan a besarse frenéticamente y a tocarse mutuamente sus senos, nalgas y vaginas. Ya no puedo más, y aunque sé que es un momento de ambas quiero seguir participando, así que me incorporo y coloco mi pene entre ambas bocas interrumpiendo su profundo beso.

    A Laura parece agradarle aún más y se las arregla para alternar mamadas con mi novia, sus bocas y lenguas recorren cada milímetro de mi miembro y testículos mientras se tocan mutuamente la entrepierna. Es quizá el efecto de la droga, pero aunque las sensaciones cada momento aumentan más, no hay señales de que me pueda venir.

    Mi novia vuelve a sacar otro quejido que enciende más a Laura, quien retira mi miembro de su boca, y la empuja para acostarla en el suelo, abre sus piernas e hincada frente a ella comienza a realizarle un cunnilingus que la hace chorrear y gemir incontrolablemente. Al ver a Laura hincada sobre mi novia, no puedo más que abalanzarme sobre su enorme trasero, besarlo y acariciarlo, ella parece intuir mis pretensiones, para aún más sus nalgas y abre sus piernas como invitándome en silencio a penetrarla. No lo dudo un segundo, pongo la punta de mi pene en la entrada de su vagina, sólo que antes de entrar lo sacudo y tallo sobre su clítoris, haciéndola también gemir y chorrear.

    Introduzco con cuidado mi miembro en su cavidad, que se siente húmeda, tibia y estrecha mientras la tomo de las caderas y comienzo a bombear cada vez más rápido. Deduzco que ella lame y muerde el coño de mi novia al ritmo de la cogida que está recibiendo porque también aumentan los gemimos de mi novia que para estas alturas puedo suponer que se escuchan en todo el bosque.

    De pronto mi novia abre los ojos, parece por un instante darse cuenta de la realidad que está pasado en medio de ese viaje placentero, aun gimiendo aferra con sus manos la cabeza de Laura entre sus piernas, mientras me observa a mi detrás de Laura agarrado de sus caderas, sudoroso, extasiado. Cuando sus ojos y los míos se encuentran, me sonríe, me tiende una mano sobre Laura a lo que yo correspondo. Nuestro amor parece intacto, hay una suerte de complicidad y descubrimiento en ese momento. Yo comienzo a sentir los espasmos de la eyaculación, y mientras mi mano y su mano se aferran exploto en el interior de Laura, sin contener un grito que estoy también seguro rompió la calma nocturna del bosque.

    Rendido, me separo del cuerpo de Laura, mientras veo como parte de mi semen, sale de su coño y se va embarrando en su vello púbico.

    Mi novia aún sigue en pleno orgasmo, aún aferrada a Laura quien después de recibir mi eyaculación deja de chupar la vagina para colocarse frente a ella y besarla apasionadamente.

    Ambas paulatinamente comienzan a dejar de besarse mientras yo voy colocándome al lado de mi novia para abrazarle.

    Me acurruco detrás de mi novia desnuda quien aún tiembla de placer, ella se gira dando la espalda a Laura, me mira a los ojos y me planta un tierno beso, sonríe con malicia y me comienza a decir palabras dulces al oído.

    Aún mareado descansamos un poco los tres. Mi pene se ha emblandecido un poco y los 3 vamos recuperando la respiración. Laura no ha dejado de besar la espalda de mi novia, le pregunta al oído si le gustó mientras con una mano sigue acariciando la entrepierna de mi novia.

    Minutos más tarde luego de arrumacos entre ellas, la cosa parece volver a tomar calor. Laura se gira de tal forma que su cara quede frente al coño de mi novia mientras nos muestra ambos el suyo, invita a mi novia a chuparlo, mientras alza una pierna y se masturba, dejando salir un poco de fluido. Mi novia algo incrédula lo dudó un poco -parece que nunca había chupado la vagina de otra mujer- pero motivada por el momento, el mareo de la mariguana y la excitación que le provocaba la mamada que le estaban haciendo, llevó la lengua al coño de Laura.

    Tímidamente lamía los labios, la entrada y el clítoris de Laura, y poco a poco se fue acoplando al ritmo de tal suerte que ambas empezaban a gemir y retorcerse de placer, vibrando y chorreando. Era momento de ellas y mientras yo me iba recuperando sentí como mi miembro se iba levantando de nuevo, comencé a acariciarlo y masturbarme mientras observaba a ambas perdidas en su juego de placer.

    Mientras contemplo ese maravilloso 69, mi novia queda encima del coño de Laura dejando ver su hermoso trasero, no aguanto más y me acerco a penetrarle, al poner mi pene en la entrada de su vagina, Laura quien no deja de chupar su clítoris lo toma con su mano y se lo lleva a la boca, parece quererlo lubricar, luego después de llenarlo de saliva lo pone la entrada y lo empuja al interior, escucho un grito de placer de mi novia quien al mismo tiempo de recibir mi embestida sigue teniendo la lengua de Laura estimulando su clítoris.

    Le agarro de las caderas mientras doy penetraciones acompasadas a un ritmo cadencioso en el que pareceos entrar los 3, mi novia ha introducido 2 dedos en el coño de Laura quien totalmente abierta de piernas gime y chorrea. Beso la espalda de mi novia y siento las caricias de Laura en mis testículos que algunas veces pasa a lamer y chupar.

    La intensidad sube, los gritos parecen inundar todo el bosque, los 3 estamos llegando a un clímax, de pronto no aguanto más, empiezo a gritar previniendo mi eyaculación, Laura saca mi miembro de la vagina de mi novia, dejando salir un chorro tibio de entre sus entrañas, lo pone en su boca, saca la lengua y recibe mi semen que se va mesclando con los jugos de mi novia. Ambas gritan.

    Aún con el semen en su lengua, Laura sigue lamiendo el coño de mi novia que tiene su cara enterrada entre sus piernas. Ambas gritan, vibran y se tensan mientras yo exhausto me derrumbo al lado de ellas.

    He perdido la conciencia del tiempo que ha pasado, pero tras la faena el frio comienza a sentirse dentro de la tienda por lo que con una pequeña frazada trato de taparme y tapar a Laura y mi novia quienes aún entrelazadas se recuperan de sus orgasmos.

    En algún momento de la noche abro los ojos y sorprendo a Laura vistiéndose. Mi novia duerme.

    -Voy a mi tienda, veré como sigue Carlos, nos vemos al rato.

    Mientras me da un beso en la mejilla y escapa colocándose una chamarra de camino a su tienda.

    Regreso, me acurruco a mi novia, la envuelvo con toda la ropa posible y caigo en profundo sueño.

    La luz inunda mi tienda, mi novia aún desnuda se agarra de mi brazo, mientras escuchamos la voz de Beto gritarnos.

    -Hey, despierten, ya hay que seguir camino a la cima.

    Despierto a mi novia, que con una pícara sonrisa, me da un beso y me pregunta.

    -¿Lo soñé?

    -Entonces soñamos lo mismo-, le dije.

    Ambos nos vestimos, levantamos la tienda de campaña y nos acercamos al centro del campamento. Al poco rato vemos llegar a Laura, quien trae jalando de la mano a Carlos que aunque parece más recuperado aún parece somnoliento y ajeno a todo lo que pasó en la noche.

    Al poco rato se incorpora la otra pareja, desayunamos lo poco que encontramos aún de comida y emprendemos el camino.

    Mientras mi novia y yo caminamos, cuesta arriba, Laura se acerca a nosotros.

    -Hey chicos, ¿Se divirtieron?

    Asentimos en silencio.

    -Carlos ya está mejor. La otra semana los quiero invitar a mi departamento, creo que Carlos se perdió de algo.

    Dijo mientras giñaba un ojo, pellizcaba el trasero de mi novia y le daba un rápido beso en la boca.

    Ambos nos quedamos viendo sorprendidos, mi novia rio nerviosa.

    Y así, seguimos el viaje a la montaña.

  • Me cogí a mi media hermana en pandemia

    Me cogí a mi media hermana en pandemia

    Micaela, mi media hermana por parte de padre, llegó al pueblo un sábado por la tarde. A mí me tocó ir a recibirla a la terminal de autobuses. Nos saludamos con un fuerte abrazo y con un beso en cada mejilla. Estábamos muy contentos de volver a vernos tan pronto. Meses atrás, hacia el final de las fiestas decembrinas, nos habíamos despedido pensando que pasaría al menos un año antes de que volviésemos a vernos, pero la pandemia por covid 19 lo había cambiado todo.

    —Cuando entendieron que la pandemia no terminaría en un futuro cercano, mi mamá y su marido decidieron enviarme para acá, con la abuela Damaris —le dije a mi hermana de camino a casa—. Dijeron que aquí, en un pueblo pequeño que está en medio del campo, estaría más seguro.

    —Mi madre y mi padrastro dijeron lo mismo —me explicó Mica—. Que no tenía sentido que me quedase en la ciudad, si de cualquier forma ahora mis clases de la prepa son en línea. Es curioso, ¿no? Que nuestras madres digan odiarse, pero siempre piensen de manera similar. Me imagino que por eso se hicieron amantes del mismo hombre —Micaela soltó una risotada y yo apreté puños y dientes—. Ya, no pongas esa cara, que solo fue un chascarrillo sin importancia.

    Al menos alguien se lo tomaba con humor, porque a mí ese tema siempre me ponía muy incómodo. Éramos hijos ilegítimos y hasta la fecha, nuestro padre negaba que fuésemos suyos. Para él y su conspicua esposa, nuestras madres solo eran dos mujerzuelas arribistas cuyos propósitos de convertirse en señoras de alcurnia se habían visto frustrados.

    El resumen de la historia es el siguiente. Nuestro padre se casó a los diecisiete años con su actual esposa debido a que ella salió embarazada. Un año después, él se fue a la capital a estudiar una licenciatura. Allí conoció a la mamá de Mica y a la mía. Las enamoró y las embarazó en la misma época en la que su esposa esperaba a su segundo hijo. Nuestro padre siempre negó que fuésemos suyos argumentando que las cuentas no le cuadraban, pero a nuestra abuela Damaris le bastó con mirarnos recién nacidos para reconocer que éramos de su sangre.

    —Eres idéntico a mi difunto hermano Eusebio, y Astrid es igualita a mi prima Ignacia —me dijo mi abuela en cierta ocasión—. ¿Cómo madre no van a ser de mi hijo Alfonso? Ojala que algún día se le ablande el corazón con ustedes dos.

    Mica se instaló en la habitación contigua a la mía y pronto establecimos una rutina. Casi todo lo hacíamos juntos. Yo la ayudaba con su tarea y ella me obligaba a acompañarla a correr. Mis momentos favoritos del día eran cuando íbamos por un helado y cuando subíamos al techo a observar las constelaciones. Ella era la única mujer de mi edad con la que podía hablar sin tartamudear, por eso me gustaba tanto estar con ella.

    Mi nombre es Gael y en aquella época era un chico bajito, flacucho y de cabello enmarañado. Mica, por su parte, era una encantadora muchacha de cabello castaño, ojos zarcos y hermoso cuerpo juvenil. Yo vestía siempre con ropa holgada y remendada, pero mi hermana gustaba de usar prendas ceñidas y relevadoras. Yo era muy tímido y ella demasiado extrovertida. A mí, por ejemplo, me daba mucha vergüenza caminar por el pueblo, ya que sentía que todos se me quedaban viendo y me señalaban como bastardo; a mi hermana, en cambio, le encantaba deambular por las calles con la frente en alto, saludando a todos los que se cruzaran en su camino. La muy descarada a veces hasta saludaba a nuestro hermano Axel, uno de los hijos legítimos de nuestro padre, que solo asentía con educación, pero también con indiferencia.

    Hacia a finales de Semana Santa de 2020, unos primos nos invitaron a una de las típicas tardeadas de nuestro pueblo, que se celebraban en la orilla del rio. Mica aceptó la invitación de inmediato, pero yo la rechacé cortésmente ya que en realidad, era ella quien tenía una amistad con ellos, no yo. Esa tarde me la pasé encerrado en mi habitación, solitario, durmiendo y mirando películas en internet. A esas alturas yo estaba tan acostumbrado a estar con mi hermana, que resentía demasiado su ausencia.

    Cuando ya casi era de noche, se me ocurrió revisar las redes sociales de Mica para ver cómo estaba yendo su tarde. Las fotos eran magnificas. El sol arrancaba destellos del rio. El azul del agua contrastaba artísticamente con el verde de los árboles de la ribera. Y, sin embargo, había ciertos detalles que para nada me gustaron:

    Primero, Mica llevaba un diminuto traje de baño de dos piezas, que dejaba muy poco a la imaginación. El hilo se le metía de manera obscena entre las nalgas. Algunos culeros ya hasta le habían puesto comentarios morbosos en sus publicaciones.

    Segundo, mi hermana estaba tomando cerveza. Yo sabía muy bien cuán cariñosa se ponía ella cuando bebía. En varias fotos salía abrazándose con tipos que no desaprovechaban la ocasión para acariciar su piel.

    Tercero, mi hermano Axel estaba ahí con ella. Yo sabía muy bien que a veces se saludaban, pero en las fotos, tal vez por el alcohol, parecía que fueran mejores amigos. Salían riendo, platicando, bebiendo y jugando juntos. En una foto salía Axel mirando a la cámara mientras Mica le daba un beso en la mejilla. En otra foto Axel estaba cargándola sobre sus hombros mientras ella reía. Todas las publicaciones donde salían juntos tenían decenas de reacciones y comentarios. Mi medio hermano era un tipo alto, musculoso y bien parecido. Tenía la misma edad que yo, pero me sacaba veinte centímetros de estatura y veinte kilogramos de puro musculo.

    Una persona normal jamás habría visto con malicia esas fotos. Una persona normal se habría alegrado de que Axel y Mica conviviesen como los hermanos que eran. Pero yo no era una persona normal. Yo conocía muy bien el lado oscuro de mi media hermana.

    Antes de las vacaciones de verano del 2019, mi relación con mi media hermana era más bien de indiferencia. Teníamos el mismo padre, pero nos habíamos criado con nuestras respectivas madres. De vez en cuando coincidíamos en la casa de nuestra abuela Damaris, pero incluso entonces, por lealtad con nuestras correspondientes madres, tratábamos de mantener una sana distancia entre nosotros.

    Sin embargo, un par de semanas antes de las ya mencionadas vacaciones, Mica comenzó a escribirme por Messenger para pedirme asesoría con ciertas tareas de su prepa. Yo, más que nada por educación, siempre accedí a ayudarla. En cierta ocasión me escribió para pedirme ayuda con un sistema de tres ecuaciones con tres incógnitas, pero yo tardé varias horas en responder. Por cortesía, para que ella no pensara que la estaba ignorando, o que ya no la quería ayudar, le expliqué el motivo de mi demora.

    Gael: Hola, Mica. Una disculpa por la tardanza. Lo que pasa es que estaba en casa de un amigo mío. Su hermana acaba de sufrir un caso de acoso callejero y nos lo estaba contando. O bueno, se lo contaba a él, pero yo escuchaba todo.

    Micaela: No te preocupes, hermano. Un amigo ya me pasó la tarea jejeje. Espero que todo esté bien con tu amiga.

    Gael: Por fortuna no pasó a mayores. Solo fue un rato desagradable. Karina, la hermana de mi amigo, se quedó muy impactada al principio, pero después hasta se lo estaba tomando con gracia jejeje.

    Micaela: Pero cuenta bien el chisme jejeje. Solo Hablas sin decir nada.

    Gael: Lo que pasa es que saliendo de la prepa, Karina tomó un bus a su casa. Extrañamente, iba casi vacío. Ella se sentó hasta atrás y al poco rato se subió un señor, que también se sentó en el asiento de atrás, pero en el extremo opuesto. Ella iba en su mundo, mirando por la ventana, pero de pronto volteó y se dio cuenta de que el señor tenía el miembro de fuera y se estaba masturbando mientras la veía.

    Micaela: Y en vez de huir, la tonta de tu amiga se quedó ahí, sentadita, ¿no? A mí se me hace que le gustó el wey jejeje.

    Gael: Todo lo contrario. Precisamente lo que la enojó es que era un señor chaparro, moreno y gordo. Se quejó de que no le “tocara” uno alto, güero y mamado jejeje.

    Micaela: Qué lista me salió la Karina jejeje.

    Gael: ¿Y tú qué harías?

    Micaela: ¿Si me tocara un wey como el que pedía tu amiga? Pues darle unas buenas mamadotas… digo, unas cachetadas jejeje.

    Mi verga reaccionó bajo mi pantalón.

    Gael: No sé por qué, pero ahorita que leí eso, sentí un escalofrío.

    Micaela: Porque has de ser bien pinche caliente jejeje. A mí una vez me pasó algo más o menos similar, pero no en un autobús, sino en el metro. Era la hora pico y me tocó irme parada. Un wey se puso atrás de mí y sin ninguna discreción, iba agarrándome las nalgas y restregándome su pito. Yo nada más le movía la colita, porque la neta estaba bien bueno. Era así, tal cual como lo pedía tu amiga: alto, güero y mamado. Cuando yo iba a bajarme, ese wey me abrazó por la cintura, me besó el cuello y me propuso que fuéramos a un lugar más privado. La neta yo no iba a aceptar, porque mi novio me estaba esperando, pero de pronto pensé que a ese wey lo veo todos los días y al del metro, nunca lo volvería a ver. Así que acepté su propuesta y nos fuimos a un hotel jejeje.

    Yo estaba tan caliente que perdí completamente el pudor y le pedí a Mica un chingo de detalles sobre lo que había pasado después. Ella me contó a qué motel se la habían llevado y hasta cómo la habían puesto. Le pregunté si le gustaba mamarla y ella reconoció que sí, que le encantaba. Mica describía las escenas con tanto detalle y con palabras tan sucias, que pronto comencé a masturbarme por la excitación.

    Gael: Qué bueno que no estás aquí, de lo contrario no sé qué podría pasar. Hasta se me iba a olvidar que somos hermanos.

    Micaela: Jejeje, no mames, tan seriecito que te ves. Ya estás bien duro, ¿verdad?

    Gael: Más o menos. ¿Quieres ver?

    Micaela: A ver…

    Le mandé un video de dos minutos donde me estaba masturbando. Al final del mismo me venía a borbotones.

    Micaela: Qué fuerte… La neta sí te la andaba chupando… Qué bueno que no estamos tan cerca…

    A partir de ese día, Micaela y yo tomamos mucha confianza el uno con el otro. Ella me platicaba sus intimidades con su novio y con sus amigos. Por mi parte, yo no tenía nada que platicarle. Mis experiencias en lo sexual eran prácticamente nulas. Sin embargo, no quería quedarme atrás, de modo que busqué la manera de mantenerla entretenida. Comencé a contarle historias veraces, pero que no me habían sucedido a mí, sino a mis amigos, aunque poniéndome yo como protagonista. Eso me sirvió para mantener enganchada a mi hermana hasta las vacaciones de verano.

    Durante las vacaciones de verano de 2019, Micaela y yo nos encontramos en la casa de la abuela Damaris. La verdad es que yo estaba muy nervioso. Una cosa era platicar con ella por internet y otra muy diferente hacerlo de frente. Sin embargo, ella con su actitud jovial, pronto me hizo entrar en confianza. Una cosa llevó a la otra y en menos de una semana, ya estábamos hablando cara a cara de los típicos temas sexuales que estilábamos por internet. A veces nos encerrábamos en mi cuarto a ver porno, pero siempre teníamos el pendiente de que mi abuela nos podía descubrir, aunque eso no hacía sino aumentar todavía más nuestra adrenalina.

    En cierta ocasión estábamos viendo una película de terror en la sala. Mica se había acurrucado a mi lado porque según tenía miedo. Era casi la medianoche y había una tempestad. Nuestra abuela ya estaba dormida. De pronto se fue la luz por la tormenta.

    —Puta madre, justo lo que faltaba —exclamó Mica—. Tan buena que estaba la peli…

    —Hay muchas cosas que se pueden hacer en la oscuridad. —dije yo, y entonces ella me besó. Estuvimos fajándonos hasta que regresó la luz. Luego fingimos que nada había pasado y terminamos de ver la película.

    A partir de entonces, Mica y yo nos fajábamos cada vez que teníamos la oportunidad. En cierta ocasión me animé a pedirle las nalgas, pero ella me dijo con firmeza que eso jamás pasaría, y que me conformara con unos besos.

    Así pasamos las vacaciones de verano. Ella me usaba como un juguete para entretenerse y yo la veía como una especie de novia. El último día que estuvimos juntos, Mica se desnudó de la parte de arriba y me dejó tocarle y lamerle los pechos.

    Pasamos los siguientes meses escribiéndonos como de costumbre. Cuando llegaron las fiestas decembrinas y nos volvimos a ver, intenté besarla en cuanto estuvimos a solas, pero ella me detuvo diciendo que debíamos detener esa locura. Fue en esa época en la que comenzó con la cantaleta de que estaba muy enamorada de su novio y ya no quería seguir engañándolo. Yo me resigné como un caballero; sin embargo, aun así seguía procurando estar el mayor tiempo posible a su lado.

    Aunque ya no nos besábamos ni nos tocábamos, eso no impidió que Mica y yo pasásemos un magnifico diciembre juntos. Tanto así, que cuando nos despedimos, ella se puso a llorar porque tenía planeado ir a pasarse el próximo verano a Mazatlán, razón por la cual no nos veríamos sino hasta el siguiente diciembre.

    Pero al final esos planes se fueron al diablo por el Covid 19 y volvimos a vernos tres meses después. Esta vez estaríamos juntos por un plazo de tiempo indefinido.

    Micaela regresó de la tardeada borracha y alegre. Lo primero que hizo al verme fue platicarme que estaba muy contenta porque ya se estaba llevando mejor con nuestro hermano Axel. De inmediato le advertí que se cuidara de él.

    —El tipo tiene su reputación en el pueblo —le comenté—. Dicen que es bien mujeriego y rompe corazones. Ándate con cuidado.

    —No mames, Gael. No seas enfermo. Aunque el wey esté bien pinche guapo y tenga un cuerpo como para chupárselo todo, cómo crees que voy a hacer algo con mi hermano.

    Mica soltó una risotada al advertir mi cara de celos.

    Pasaron los días y Micaela comenzó a pasar más tiempo con Axel que conmigo. Todas las tardes, el muy maldito iba a buscarla para llevársela a andar en moto. Yo me masturbaba como loco pensando en lo que pudieran estar haciendo. Por su parte, nuestra abuela estaba tan contenta de que Mica y Axel compartiesen tanto tiempo, que ni siquiera se daba cuenta de que su nieta se vestía cada vez más puta.

    Un jueves por la noche mi abuela se tuvo que ir a hospital para cuidar a un hermano suyo que estaba muy enfermo de covid. Mi hermana aprovechó la ocasión para irse a un antro con Axel. Esa fue la primera noche que salieron juntos y los celos no me dejaron dormir, de modo que esperé en la sala, a oscuras y en silencio, hasta que regresaron.

    Micaela y Axel entraron besándose como si fueran novios. Estaban tan ocupados en lo suyo, que ni siquiera advirtieron que yo estaba en el sofá de la sala, oculto entre las sombras. Axel cargó a Mica y se la llevó para el segundo piso. Escuché una puerta abrirse y cerrarse. De inmediato me levanté, me quité los zapatos para no hacer ruido y me dirigí a hurtadillas hasta la puerta del cuarto de Mica. Los muy malditos ni siquiera intentaban no hacer ruido. Se escuchaban obscenos gemidos sexuales. Me saqué la verga y me masturbé imaginando las porquerías que estaban haciendo. Me vine unos treinta minutos después y luego me fui a acostar, pero no pude dormir, ya que mis hermanos siguieron cogiendo escandalosamente casi hasta el amanecer.

    Antes de que ellos despertaran, me salí de la casa y tomé un autobús. No llevaba ningún destino fijo. Solo quería alejarme de allí. Me bajé en el último pueblo al que llegó el autobús y me pasé la tarde deambulando sin rumbo. Micaela me dejó un chingo de mensajes, pero ni siquiera los abrí. En la noche renté una habitación de hotel y contraté una scort en un tugurio cercano. Esa fue mi primera vez y la pasé a toda madre.

    Regresé a casa la tarde del sábado y me encerré en mi habitación sin hacer ruido. El domingo en la mañana mi abuela nos obligó a acompañarla a misa y no nos dirigimos la palabra, ni en ese momento, ni en todo lo que restó del día.

    El lunes por la mañana mi abuela se fue de nuevo al hospital a cuidar a su hermano. Micaela me acorraló en la cocina mientras me preparaba un licuado.

    —¿Estás enojado conmigo? —Me preguntó.

    —No, simplemente no te quiero hablar.

    —Me vas a hacer llorar si sigues ignorándome.

    —Igual que yo lloré mientras te escuchaba coger con el Axel. ¿Por qué con él sí y conmigo no? Te quiero hacer el amor. Estoy enamorado de ti.

    —La neta no te quiero lastimar.

    —Me lastima más tu desprecio.

    Mica me tomó de la mano y me llevó a su habitación. Entramos besándonos, acariciándonos y desvistiéndonos. Apliqué con ella todo lo que había aprendido con la scort dos días atrás. Le chupé los pechos, le estimulé el clítoris y cuando ya estaba mojada, le metí los dedos. Mientras la masturbaba, le susurraba al oído que la amaba, pero ella me dijo que me callara y que la besara.

    Arrojé a Mica a la cama, le abrí las piernas y comencé a mamarle su zona intima. Ella soltaba gemidos de placer y sujetaba mi cabeza para evitar que la retirase. Yo sentí que sus jugos eran como mi ambrosia, mi néctar de los dioses, mi tesoro soñado.

    Cuando tuvo su primer orgasmo, Mica se incorporó, me hizo tenderme en la cama y comenzó a mamarme la verga mientras me veía con ojos de puta. Me la chupó hasta que estuvo empapada de saliva y liquido pre seminal. A continuación, se montó sobre mí, guio mi pito hacia su interior y se sentó sobre él soltando un gemido. Mientras ella me cabalgaba, yo le estimulaba los pezones y el clítoris, tal como me había enseñado la prostituta del viernes.

    Mi hermana estuvo cabalgado un buen rato y cuando sentí que iba a venirme, la puse en cuatro y procedí a penetrarla así. Mientras me la cogía, le estimulaba el clítoris y el culo. Ella solo gemía como una puta descarada.

    Derramé me leche en su espalda y me tendí sobre ella. Estuve besándole el cuello y susurrándole cosas al oído hasta que ella me dijo que me fuera, porque necesitaba bañarse para su cita con Axel, que de nuevo iba a ir a la casa a cogérsela.

    En la noche, después de haber pasado la tarde cogiendo con nuestro medio hermano, Mica se coló en mi habitación y volvimos a hacer el amor. Incluso nos bañamos y nos dormimos juntos.

    Pasamos varios meses cogiendo cada vez que teníamos oportunidad. Axel también se la cogía de vez en cuando y a veces hasta su novio aparecía en el pueblo para llevársela a algún hotel. Mi retorcido cuento de hadas llegó a su fin cuando mi hermana me dijo que estaba embaraza. Yo era con quien más cogía y por lo tanto lo más probable es que fuera mío. Pero nadie podía saberlo. De manera que iba a meterle el niño a su novio. Motivo por el cual Mica tuvo que irse del pueblo a vivir con él.

    Tanto Axel como yo entramos en depresión por la ausencia de nuestra hermana. Él se hizo alcohólico y yo me hice adicto a las prostitutas. Sin embargo, un par de meses después, en mayo del 2021, Mica nos sorprendió regresando al pueblo con un pequeño bebe en brazos. Todo el mundo decía que era idéntico a su tío jejeje.

  • Venganza por infidelidad

    Venganza por infidelidad

    Casi diciembre y aún no podía terminar la tesis en la universidad, me faltaba tiempo, tiempo que precisamente era lo que no tenía; con el trabajo a medio turno en la rectoría de la escuela, el desarrollo de mi proyecto por la tarde y ayudando en el bar los fines de semana apenas si quedaba espacio libre para el resto de mis actividades.

    -“Esto es temporal” –me decía –“después de esto todo va a ser diferente”

    Cansado, enfilé mis pasos con rumbo a la casa de mi novia; verla siempre me levantaba el ánimo aunque los últimos días no habíamos coincidido tanto por la escuela como por el trabajo.

    Casi al llegar me encontré con su hermano, charlamos un rato y le pregunté por ella, lo note algo nervioso cuando mencionó que había salido con su mamá, algo extraño ya que trabajaba hasta tarde desde que su papá los dejó pero no di mucha importancia, ya le marcaría después desde mi casa para al menos escucharla y platicar un poco de como nos fue en nuestros días.

    Ya en casa intenté comunicarme con ella pero no contestó, cansado como estaba solo atiné a probar bocado e irme a la cama a descansar.

    A la mañana siguiente la rutina de siempre con la salvedad que, por haber autorizado la Universidad el presupuesto para el siguiente año, el rector junto con su personal se reunían para elaborar el presupuesto de las facultades, por lo que el resto de nosotros quedaba libre por el resto del día y, considerando que era viernes, no regresábamos hasta el día lunes. Pensé en tomarme el tiempo para avanzar en mi proyecto, en su lugar decidí sorprender a mi novia, no pensaba en algo grande puesto que no tenía mucho dinero hasta fin de mes pero bueno, a tomar algo al menos podía invitarla.

    Me desvié de mi rumbo para pasar a retirar lo último que quedaba en el banco, al salir me encontré a un amigo que trabajaba conmigo en el bar, hablamos un rato y le pedí me disculpara pues tenía prisa por ver a mi novia y no quería perder tiempo, el la conocía puesto que los tres estudiábamos en la misma Universidad solo que en facultades diferentes.

    -Quiero hablar contigo de ella –me dijo muy serio -no sabía cómo decírtelo o si debía decírtelo, pero tú eres mi amigo y no es justo que te haga esto.

    No pude hablar, por sus palabras entendí que lo que estaba por decirme no sería algo bueno.

    -Ayer pasamos por el hotel que está al lado de la facultad y la vi saliendo con el amigo de su hermano –dijo apenado –íbamos en la moto y no pude detenerme pero la vi, y no solo yo, por lo que no puede ser que la haya confundido con otra.

    Sentí algo que nunca en mi vida había sentido, cierto es que no era mi primera relación, pero si la primera con la que había hecho planes a futuro; habíamos imaginado vivir juntos en nuestra casa ideal, lejos de todo y de todos, solo ella y yo. Que iluso.

    Bajé la vista, por parte de él ya no hubo palabras, solo su mano en mi hombro confirmando su apoyo y amistad.

    Tomé camino a verla, no pensaba en una solución a nuestra ahora fallida relación, pero al menos necesitaba una explicación, saber el porque. Esperé paciente por la única vía que llevaba a su casa; al cabo de un tiempo los vi llegar abrazados, su expresión al verme no dejo duda, se separaron y fue él quien avanzo hacia mi.

    -Mejor no te metas –le dije con la peor intención –no te conviene.

    -La culpa es mía –dijo sin hacer caso a mis palabras –te lo íbamos a decir solo que…

    No alcanzó a terminar la frase cuando mi puño hizo diana en su mentón, cayó al suelo y una vez ahí la certera patada en sus no tan nobles partes lo hizo doblarse del dolor.

    -¡Te dije que no te convenía cabrón! –dije volviendo a asestar otra patada directa a su costado.

    -¡Déjalo ya! –dijo ella temblando pero sin intentar interponerse –¡ya no le pegues por favor!

    El ruido hizo salir a los vecinos de sus casas, entre ellos el hermano de ella que, al verme, no atinó más que a quedarse quieto observando a su amigo en el suelo.

    -Sabes que este pendejo me importa un carajo, pero tú –dije señalándolo –¡se suponía que eras mi amigo!, ¡eres un hijo de puta!

    -Y tu –dije ahora a ella –sigue revolcándote con él, ya no me interesa lo que hagas porque seguro tampoco yo te intereso.

    Me di la vuelta, no avance ni dos pasos cuando escuché una voz llamándome; sabía de quien era y me lamenté por lo dicho, no debió enterarse de esa manera.

    -Por favor discúlpalos, no se lo merecen pero son mis hijos; sabes cuánto te aprecio y siempre creí que ustedes dos terminarían estando juntos, pero ahora veo que no y me da tristeza.

    -No, discúlpeme usted a mi –dije mirando al suelo –no debí hablarle así a su hija, es solo que me dolió enterarme de esta manera.

    Me di la vuelta. No volví a verla. Hasta ahora…

    ______________

    Llegué temprano a mi oficina ya que sería yo quien entrevistaría a mi nueva asistente, cierto es que podía contratar el servicio de un tercero para que me enviara una pero, como pensaba delegar detalles importantes, quería ser yo quien realizara las entrevistas. Al cabo de un rato comenzaron a llegar en los horarios establecidos y dio inicio el maratónico proceso de selección; una a una pasaban y salían hasta casi completar la lista, no había sido lo que esperaba de las aspirantes pero ¿qué más daba?, terminaría con esto y si ninguna cumplía con el perfil siempre podía pedir otra al servicio de reclutamiento de personal. Me recargué en mi silla dando la espalda a la puerta e hice pasar a la siguiente.

    -Buenas tardes –dijo deteniéndose en la puerta -¿puedo pasar?

    Di la vuelta inmediatamente al escuchar esa voz, era ella.

    -Pasa –le respondí.

    La sorpresa no le permitió moverse de donde estaba, me levanté señalando una silla y cerré la puerta; avanzó y, al verla, una avalancha de recuerdos llegaron a mi mente; ya no solo era la chica que volteaba miradas por su belleza, a su favor, la genética le había ayudado convirtiéndola en una guapa mujer madura, aunado a que el vestido que usaba acentuaba un busto grande y un trasero no menos generoso; se veía en verdad hermosa.

    -Que gusto volver a verte –dije mientras tomaba asiento -¿cómo has estado?

    Tardo un instante en recuperarse, después de hacerlo pude ver de nuevo en ella a la mujer segura de si misma que recordaba.

    -Bien, gracias; a ti no te pregunto porque veo que te va mas que bien.

    -No puedo quejarme, hice todo lo que había planeado; me costó trabajo eso si, y mucho, pero también me sobró tiempo después de graduarme -dije esto en clara alusión a ella.

    -Nunca me diste la oportunidad de explicarte, te busqué varias veces y nunca quisiste hablar conmigo.

    -¿Que podías haberme dicho? –dije recargando mi codos en el escritorio acercándome a ella –es verdad que quería saber el por qué me hiciste eso, pero también sabía que lo que me dijeras me iba a doler mas que solo alejarme de ti.

    -Te hubiera dicho que no toda la culpa fue mía, que ya no pasabas tiempo conmigo; necesitaba pedirte perdón.

    -¿Fue mi culpa entonces? –le pregunté con una sonrisa irónica.

    -¿Sabes qué?, no vine a darte explicaciones –dijo al levantarse de su silla –necesito el trabajo pero no así, no si tengo que pasar por esto.

    -Siéntate –dije levantándome y caminando con rumbo a la puerta –déjame explicarte en que consiste el trabajo.

    -Señorita –dije a mi asistente –avise por favor que el puesto fue ocupado; es todo por hoy, puede retirarse que yo cierro.

    Cerré la puerta y volví a mi lugar, pasó por mi cabeza la forma de tomar la venganza que no esperaba pero que, si se me presentaba de esta manera, no iba a pasarla por alto.

    -¿El puesto es mío? –dijo –¿así sin mas?

    -El puesto es tuyo si lo quieres –le respondí –pero este viene con una condición por si decides tomarlo.

    -¿Cuál es la condición?

    -Te quiero de nuevo en mi cama.

    -¿Estás loco? –dijo volviendo a ponerse de pie –¡estoy casada!

    -¿Con él?

    -Si.

    Tomó su bolso y caminó con rumbo a la salida, abrió la puerta pero se detuvo en el pasillo; salí tras ella, la tomé del brazo señalándole de nuevo mi oficina; ambos volvimos a entrar.

    -Nunca le he sido infiel –dijo bajando la mirada.

    -Conmigo lo fuiste, solo le estaría pagando con la misma moneda –le dije tomando los tirantes de su vestido.

    -¿Aquí? –levantó la vista hacia mi.

    -Aquí –contesté –que te quede claro que no busco reconciliación o perdón, solo te quiero a ti y ahora.

    La acerqué al diván en el cuarto contiguo, cerré la puerta y le ordené:

    -Desvístete.

    Lo hizo sin levantar la mirada mientras sus prendas fueron dejando su cuerpo al descubierto, muy poco quedaba de la chica estilizada de cara bonita que conocía, en su lugar, una mujer de hermoso cuerpo con unas tetas y caderas generosas se hizo presente. Terminó de quitar sus ropas cubriendo su desnudez con ambas manos, me acerqué quitándolas para deleitarme con lo que veía; me coloqué tras ella y comencé a besar su cuello mientras mis manos hacían lo propio con sus tetas, era un placer indescriptible no solo tenerla en mis manos, sino sentirme ahora el amante que tenía a la mujer que con anterioridad le había sido arrebatada.

    La tumbé en el diván, separé sus piernas y hundí mi cara en su sexo; lo hice despacio, saboreando lo que fue mío y ahora volvía a serlo sino por voluntad al menos condicionado. Lamía separando los pliegues de su vulva, de un lado a otro y de abajo hacia arriba haciéndola arquear aunque sin un sonido de su parte; todo en ella me encantaba. Al poco rato lo que inició con dulzura se convirtió en agresividad, succionaba hasta el límite del dolor mientras mis manos hacían lo propio con sus pezones.

    -Me lastimas –dijo tomando mi cabeza –por favor para.

    Lo hice solo para quitarme la ropa, con mi mástil de carne a tope me acerqué, levanté sus piernas y sin ninguna delicadeza me introduje hasta el fondo de ella en un solo golpe.

    -Aaaah! –su queja salió involuntariamente -hazlo con cuidado por favor que me haces daño.

    No hice caso a su pedido, como enajenado la embestía buscando solo satisfacer mis ansias de hombre; lo hice sin pensar en ella, solo me detuve cuando sentí como mis testículos bombeaban mi descarga que se vió depositada hasta el fondo de su vagina. Con mi falo aún dentro de ella me ocupé de comerme sus tetas; las lamía, mordía, chupaba; todo como un vicioso que no quiere dejar lo que lo enajena. Salí y la puse boca abajo, sus nalgas se vieron separadas con rudeza mientras restregaba mi falo por todo su canal, apreté con ellas sintiendo la fricción que me provocaban haciendo que volviera a recuperar la dureza perdida. Sin tiento, ubiqué su entrada trasera y me dirigí a profanar lo que con anterioridad nunca hice.

    -¡No!, ¡espera! –dijo mientras trataba de incorporarse –¡por favor, así no!

    De nuevo su súplica no fue tomada en cuenta, recargué mi cuerpo sobre ella y poco a poco fui ingresando, lo hacía lento mientras su esfínter ponía resistencia hasta llegar a introducirme del todo; me detuve un momento para verla, mantenía cerrados sus ojos con muestra clara de sufrimiento mientras sus manos atenazaban el diván, me sujeté a su cadera y, a golpe de riñón, me di a la tarea de bombear a ritmo constante sobre su ano, mi reciente descarga logró que pudiera soportar mas tiempo el ritmo hasta que, pasados los minutos, exploté dentro de su intestino volviendo a dejar mi cimiente dentro de su cuerpo.

    Salí de ella mientras me incorporaba buscando mi ropa, ella hizo lo propio con la suya; al cabo de un rato le dije:

    -Vamos, te llevo a tu casa; mañana temprano te explico el movimiento del lugar.

    Sin decirme algo tomó su bolsa y nos encaminamos a mi auto, ya en el y de camino a su casa me dijo:

    -Durante mucho tiempo me lamenté lo que te hice pero sobre todo el haberte perdido, mi mamá me lo recordó hasta el último día que estuvo con nosotros; mi hermano también te quería, lo que hizo no fue por ayudarme sino porque estaba celoso que mi mamá te ponía siempre como ejemplo. Te busqué mucho tiempo porque estaba arrepentida y en verdad quería estar contigo y que hiciéramos todo lo que habíamos planeado, al final me quedé con el cuando no tuve a nadie mas a quien recurrir cuando ellos se fueron y me quedé sola.

    -Siempre tuve ese remordimiento –continuó –pero hoy lo borraste de mi mente. Te comportaste como nunca pensé que lo harías. Si permití que lo hicieras fue para pagar mi error, y te cobraste como quisiste; humillándome.

    El resto del trayecto no se dijo mas, alguna lágrima que resbaló por su mejilla o un suspiro involuntario fueron los únicos que evidenciaron su presencia; al llegar a su domicilio bajó del auto y, antes de cerrar la puerta, me dijo:

    -No nos debemos algo y es obvio que no volveremos a vernos; por el cariño que te tuve te deseo solo lo mejor. Adiós.

    Verla dándome la espalda y reflexionando lo que me dijo me hizo ver lo ruin que fui con ella al tratarla de esa manera, como lo mencionó yo no era así; bajé del auto y la tomé del brazo antes de ingresar a su casa.

    -Cuando estuvimos juntos te prometí que pasara lo que pasara siempre te iba a cuidar y a la primera oportunidad rompo esa promesa; no te pido que me perdones, solo recuerda que de ahora en adelante puedes contar conmigo desinteresadamente; te lo debo, y a tu mamá también.

    No dijo algo y continuó su camino; abrió la puerta e ingresó, antes de cerrar completamente nuestras miradas se encontraron y una leve sonrisa iluminó su rostro.

  • La novia de mi amigo me encuentra en la ducha

    La novia de mi amigo me encuentra en la ducha

    Mi nombre es Emiliano. Vivo con Matías hace tres años. Ambos vinimos a Buenos Aires a estudiar en la Universidad, y nos conocimos en el cumpleaños de una amiga en común. Los dos buscábamos compañero de vivienda para poder dividir gastos, y como nos llevamos muy bien desde el comienzo, decidimos mudarnos juntos.

    La convivencia fue siempre muy buena, cada uno tiene su habitación y su espacio, y a medida que fue pasando el tiempo nos hicimos muy amigos.

    Desde el primer momento establecimos ciertas reglas para poder vivir en paz. Una de ellas tenía que ver con avisar al otro antes de llevar a alguna chica a la casa, para no invadir la privacidad del otro o incomodarlo.

    A los dos nos va muy bien con las mujeres. Somos deportistas, por lo que tenemos un cuerpo atlético. De cara somos bastante promedio, pero con todas las facciones armónicas. En términos generales no somos muy distintos. Los dos somos castaños y llevamos el pelo corto y cuidado. Tenemos los mismos gustos de ropa, y los dos somos bastante esbeltos, aunque yo soy un poco más alto y más musculoso. A donde vayamos siempre hay alguien que nos pregunta si somos hermanos, y más de una vez hemos dicho que sí he inventado alguna historia para divertirnos a costa del interlocutor.

    Con Mati solíamos salir todos los fines de semana, a veces con otros amigos que nos habíamos hecho en la universidad y a veces sólo nosotros. Hablábamos con chicas, tomábamos, nos divertíamos, y generalmente nos íbamos para el departamento con dos mujeres y cada uno se llevaba a la suya al cuarto para pasar la noche. Incluso alguna vez hemos hecho tríos y hasta orgías con varias mujeres.

    Hacía un tiempo que nuestras salidas de levante habían dejado de suceder porque Mati se puso de novio con una chica que conoció en el trabajo. Se llamaba Agustina y me caía mal. No la conocía mucho, pero era la persona que me había robado a mi amigo, así que no hacía falta que la conociera para guardarle rencor.

    Comenzaron a verse muy seguido, Mati la llevaba constantemente al departamento y se encerraban durante horas en sesiones intensivas de sexo. Yo los escuchaba y me calentaba. Agustina gritaba como perra, gozaba, y eso me la ponía durísima. Más de una vez me había masturbado escuchándolos, ya que muchas veces no me quedaba más opción que quedarme en casa por no tener compañía para ir de fiesta.

    Una tarde llegué temprano de trabajar y decidí tomar una ducha. Había tenido un día muy estresante y ansiaba relajarme bajo el agua caliente. Matías volvería tarde, ya que tenía la despedida de un compañero de trabajo que había renunciado, por lo que yo estaría solo y tranquilo hasta su vuelta.

    Me desvestí en la habitación, fui al baño y abrí la ducha. Esperé que el agua calentara y me metí dentro, mientras mi cabeza maquinaba acerca de la larga jornada. Estaba tan sumido en mis pensamientos, que no escuché cuando se abrió la puerta del departamento. Era Agustina, que tenía llaves y que aparentemente no recordaba que su novio tenía planes luego del trabajo. Ella escuchó la ducha y vio la puerta del baño abierta, y como yo no solía estar en casa tan temprano, asumió que era Mati quien estaba allí.

    Entró al baño sigilosamente, planeando darle una sorpresa a su novio, mientras se bajaba las tiras del vestido para dejarlo caer al piso.

    – Me invitás…? – dijo mientras corría la cortina de la ducha con una sonrisa provocadora.

    Yo me sobresalté porque no la había escuchado entrar, y al darme vuelta la vi allí, sin su vestido, con un conjunto de encaje violeta. Sus redondos pechos sobresalían y no pude evitar una media sonrisa.

    Agustina se quedó dura, no pudo decir nada. Pero vi como por un segundo sus ojos examinaron mi cuerpo de pies a cabeza.

    – Perdón, Emi! Qué vergüenza! Pensé que era Mati… – dijo mientras levantaba su ropa y se tapaba nerviosa.

    – No pasa nada, Agus… – dije

    Ella fue hacia la puerta para salir del baño, pero antes de que la cerrara, la llamé.

    – Agus… – dije, abriendo la cortina para mirarla.

    Agustina me miró desconcertada.

    – Claro que te invito – le dije seductor.

    – Cómo?

    – Acercate.

    Pensé que no iba a hacerlo, pero lo hizo. Parado desnudo frente a ella mientras el agua corría, pasé mis brazos alrededor suyo y desabroché la parte superior de su conjunto por detrás. Nuestras caras estaban muy cerca y podíamos sentir el aliento del otro.

    – Prefiero sin esto… – le dije

    Ella me miraba fijo pero no se corría de allí. Yo le gustaba, pero era el amigo de su novio.

    – Emiliano… – me dijo sosteniendo mis manos con delicadeza para que dejara de quitar su prenda.

    – Sólo si querés. Es una invitación… Pero me gustaría que entraras.

    No me reconocía haciendo eso. Nunca creí que pudiera hacerle eso a mi amigo. Pero la vi ahí, tan linda, morocha, con ese cuerpo hermoso… Me había encontrado en la ducha y yo había recordado todas las veces que los había escuchado tener sexo en mi soledad, y tenía muchas ganas de cogerla. De escuchar nuevamente sus gritos pero esta vez causados por mí.

    Ella me miró a los ojos durante unos instantes como tratando de leerlos, todavía con su mano sobre la mía en sus breteles. Luego de unos segundos que parecieron una eternidad, ella sin decir nada guio mi mano para que los bajara.

    Estábamos frente a frente, yo dentro de la bañera y ella todavía fuera. Su corpiño cayó a sus pies, y la miré de arriba a abajo. Nunca había visto su cuerpo de esa manera, y me encantaba lo que veía. Tenía unas piernas largas, un piercing en el ombligo y unas tetas medianas, proporcionales a su cuerpo delgado. Al liberar sus pechos vi que tenía piercings en los pezones también, lo cual me encantaba. Acaricié lentamente su cuello, bajando por su pecho y llegando a sus tetas. Toqué con la yema de mis dedos sus pezones y vi cómo el vello de su cuello se erizaba.

    Agus quitó su pequeña tanga, la dejó con el resto de la ropa y entró en la bañera. Acercándose a mí bajo la caída del agua caliente, tomó con su mano mi nuca y me besó con lujuria. Pegó su cuerpo desnudo al mío, y mi verga que ya estaba excitada, comenzó a ponerse más y más dura. Sin dejar de besarme Agus tomó mi miembro y comenzó a masturbarme. Con su otra mano bajaba muy lentamente por mi cuerpo, acariciando mi espalda, mi abdomen.

    Yo veía cómo el agua caía en su cabeza, empapando su pelo, su cuello, sus pechos. Comencé a acariciarlos, a apretarlos, a pellizcar sus pezones con los aros. Me encantaba cómo me tocaba. Yo bajaba las manos desde sus pechos a su cintura, pasando luego por su cadera, y finalizando en su culo donde me detuve un rato. Era redondo, no muy grande, pero ejercitado. Me saqué las ganas de apretarlo, acariciarlo, y hasta nalguearlo suavemente.

    – Me encanta todo – le dije

    – No hables y disfrutame – me respondió.

    Yo ya había llevado mi mano a su sexo mojado, y la tocaba mientras besaba su cuello, sus hombros, su pecho, sus tetas. Me detuve nuevamente en sus pezones y escuchaba su respiración agitada bien cerca de mi oído. Ella se apoyó contra la pared y subió una pierna pisando sobre el borde de la bañera, para darme más lugar a tocarla. Yo noté que le gustaba lo que estaba haciendo, así que aumenté el ritmo y ella comenzó a gemir cada vez más fuerte. Me arrodillé frente a ella y metí mi cara en su entrepierna, comenzando a comer todo su sexo. El agua caía sobre mi espalda y sobre su pecho. El sonido ahogaba un poco los gritos de Agus que cada vez eran más fuertes. Acompañaba los movimientos de mi lengua con mis dedos y ella se retorcía, empapada de agua y de sus fluidos, mientras yo la saboreaba. El agua seguía corriendo sobre nosotros y que nos disculpe el planeta, pero a ninguno parecía importarle.

    Agustina comenzó a gritar más y más fuerte, y yo cada vez movía mi lengua y mis dedos con más ritmo.

    – Me voy a venir, Emi – dijo tomando con fuerza mi cabello.

    A mi me enloquecía escucharla decir mi nombre mientras gozaba. Cuántas veces me había imaginado que quien la cogía del otro lado de la pared era yo.

    Yo la miraba a los ojos mientras movía mi lengua con destreza y rapidez, buscando su orgasmo. Leí en sus movimientos y sus jadeos que estaba por llegar, y ella emitió un grito ahogado y se vino en mi boca. Yo continué chupando hasta que cesaron sus espasmos y sus gemidos disminuyeron, y luego me paré quedando frente a ella de nuevo.

    – Qué bien lo hacés – me dijo agitada mientras bajaba su pierna del borde y me besaba en los labios.

    Se agachó bajo el agua y comenzó a chupar mi pija con desenfreno. Yo gemía como loco y pensaba qué pasaría si entraba Matías y nosotros estábamos allí, gimiendo y con la puerta del baño abierta. Sería el fin de todo. Eso no me importó, más bien me excitó. Agustina hacía garganta profunda hasta la arcada, y yo ayudaba con el vaivén empujando mi verga dentro de ella una y otra vez. Sentía que estaba por explotar pero no quería hacerlo todavía. La tomé del pelo y tiré, haciéndola frenar.

    – Pará, pará. Te quiero garchar. Parate. – le dije

    Ella me miró a los ojos, con restos de mi líquido preseminal en su boca. Pasó la lengua por sus labios mientras me sonreía, y se apoyó contra la pared ofreciéndome su culo.

    – No quiero hijos tuyos, así que dame por el culo.

    Mis ojos destellaron. Me agaché sobre ella y le lamí el agujero con hambre. Ella gemía y yo estirándome un poco fuera de la bañera tomé un lubricante que guardábamos en el cajón, ya que con el agua sería difícil penetrarla en seco. Ella levantó sus atributos y yo dejé caer un gran chorro del gel en su ano. Metí un dedo y luego dos lentamente. Miré su cara mientras ella la tenía apoyada en la pared de costado, con la boca abierta mientras gemía, y los ojos entrecerrados. Comencé a penetrarla con mis dedos con más velocidad, no costaba demasiado pero quería abrirle bien ese agujero antes de meter mi verga. Con la mano que me sobraba me masturbaba viéndola disfrutar.

    – Rompeme el culo de una vez, Emiliano – me pidió con urgencia.

    Escucharla decir eso me puso la verga como una piedra. Me puse detrás de ella y empecé a meterle mi glande, despacio pero con determinación. Ella emitía un grito de placer, cada vez más alto a medida que mi pija iba entrando en su interior. Finalmente entró toda y la tomé de la cintura, dejándole todo mi miembro dentro de ella por unos segundos. Ella gimió profundamente y comenzó a estimularse el clítoris.

    – Me vas a matar. No sabés las ganas que tenía de sentirte adentro. – me dijo

    Allí comencé a embestirla, aumentando la velocidad progresivamente, guiándome por sus gritos de placer absoluto, viendo su mano desesperada estimulándose.

    – Dame tu mano – me dijo

    Estiré mi mano izquierda y ella la llevó hacia su cuello.

    – Quiero que me ahorques fuerte mientras me das por el culo.

    Me volvía loco que me diera esas órdenes. Por supuesto que obedecí. Con mi mano izquierda apretaba con fuerza su cuello por delante, y con la derecha le daba fuertes nalgadas, que por sus fuertes gemidos notaba que le fascinaban como a mí. Todo esto mientras mi pene lubricado entraba y salía sin dificultad de su culo, con desenfreno. Sentí ese calor en mi verga que me indicó que me estaba por venir.

    – Cómo me vas a hacer venir, Agustina – le dije

    – Llename todo el culo de leche.

    Al decirme eso la embestí con fuerza algunas veces más, y con un grito fuerte y ahogado me vine dentro suyo. Cuando quité mi pene vi la leche rebalsando y apreté sus dos nalgas para ver cómo todo el semen salía para afuera y el agua de la ducha lo limpiaba. Esa imagen me iba a dar unas cuantas futuras pajas.

    Ella se dio vuelta de frente a mí, apoyó su espalda en la pared bajo el agua y continuó tocándose.

    – Quiero venirme de nuevo y quiero que vos me mires hacerlo. Quiero que cuando estés solo en tu habitación pienses en esto y te toques pensando en mí.

    Yo no respondí, sólo la contemplé. Ella se tocó y se tocó, con los ojos cerrados, gimiendo, concentrada en su placer.

    Justo en ese momento escuchamos la puerta, había llegado Matías. Mi cara fue de pánico, pero a ella pareció excitarla porque siguió masturbándose. Yo saqué una pierna de la ducha para alcanzar a cerrar la puerta.

    – Hola, Emi. – dijo Mati desde el living

    – Hola, Mati – respondí tratando de sonar normal.

    – No pasó Agus por acá? Me dijo que iba a venir.

    Agus seguía masturbándose y sonreía mientras escuchaba.

    – No, no la vi – le dije sin saber cómo íbamos a salir de ahí sin que él se enterara.

    Yo había vuelto a la ducha y Agustina se seguía tocando para mí. La adrenalina de saber que su novio estaba afuera y ella ahí conmigo, nos excitaba mucho a los dos. Yo sentía cómo mi pene recobraba fuerza, y ella se frotaba el clítoris cada vez con más fuerza, jadeando, tratando de ahogar los gritos, hasta que finalmente estalló en un orgasmo espectacular. Claro que iba a pensar en eso cuando ella no estuviera…

    Respiró unos segundos y mirándome a los ojos me preguntó:

    – Y ahora? Qué hacemos?

    – No sé…

    Cerré la ducha y le hice un gesto de que hiciera silencio. Abrí un poco la puerta y escuché ruidos desde la cocina.

    – Agarrá tu ropa y metete en mi habitación. Mati está en la cocina. Rápido.

    Ella tomó toda la ropa y cruzó corriendo el pasillo, dejando agua por todos lados. Yo me puse una toalla y cuando salí del baño estaba Mati.

    – Voy a cocinar algo, vos querés?

    – No gracias, Mati. Me duele un poco la cabeza, me voy a acostar un rato.

    – Uh, bueno. Mejorate.

    Me metí al cuarto, y estaba Agus todavía desnuda y mojada acostada en mi cama, acariciando su sexo y mirándome a la cara, como un llamado. Cerré la puerta y dejé caer la toalla al piso. Mi pene estaba erecto de nuevo.

    – Mirá lo que hacés conmigo – le dije y eché una mirada a mi verga como señalándola.

    – Quiero ver lo que vos hacés conmigo. Traé un preservativo y cogeme de una vez.

    Agarré uno que tenía en el cajón y me lo puse con delicadeza. Me recosté encima de ella y la penetré. Ella emitió un gemido y yo puse mi mano sobre su boca. La penetré con lujuria. Tomé sus piernas, las acomodé en mis hombros y aceleré mis embestidas. Las gotas de agua y de sudor se mezclaban, los dos tratábamos de no hacer ruido para que su novio no nos escuchara. Luego de un rato de penetrarla ella bajó sus piernas de mis hombros y me empujó sobre la cama, subiéndose sobre mí. Comenzó a cabalgarme mientras sus hermosos pechos perforados rebotaban frente a mis ojos. Ella jadeaba a más no poder y yo comencé a acelerar su ritmo tomándola de la cintura y moviendo mi pelvis con fuerza hacia arriba, una y otra vez. Ella volvía a tocar su clítoris mientras yo la penetraba.

    – Te vas a venir de nuevo para mí? – le pregunté.

    Ella no respondió y continuó subiendo y bajando sobre mí mientras se tocaba, hasta que ahogó un intenso gemido y sentí nuevamente su sexo palpitar. Yo continué embistiéndola con fuerza desde abajo, clavando mis dedos con fuerza en su culo. Le di durísimo durante un rato hasta que sentí que iba a eyacular nuevamente. Traté de controlar mi profundo gemido, y acabé.

    Agus se inclinó sobre mí y me besó brevemente pero con pasión.

    – Qué bien me la hiciste pasar. Me gustaría que tuviéramos más tiempo. – dijo.

    – Por qué se siente tan bien si está tan mal?

    Ella sonrió y despacio se quitó de encima mío, cuidando de que el preservativo quedara puesto. Yo me lo saqué, lo até y lo tiré al tacho de basura.

    Nos vestimos y me fui a la cocina para ver si Mati estaba ahí. No estaba, seguramente estaría en su cuarto. Le hice una seña a Agus para que saliera y le abrí la puerta del departamento. Ella salió y se puso frente a mí. Me besó con ganas. Yo le devolví el beso apasionadamente tomándola de la cintura y atrayéndola hacia mí, pero de repente escuchamos pasos acercándose. Nos separamos rápidamente y un segundo después apareció Matías.

    – Amor! Pensé que venías más temprano.

    – Sí, perdón, llegué tarde porque pasé por casa a ducharme – dijo velozmente para justificar su cabello mojado, y entró al departamento nuevamente.

    Yo me fui a la habitación otra vez, mientras veía como la pareja feliz se internaba en el cuarto de mi amigo. ¿Irían a tener sexo? ¿Iba a meter su verga donde acababa de meterla yo? Mientras pensaba en eso me quedé dormido.

    A la mañana siguiente me los encontré en la mesa desayunando. Saludé y me senté a tomar un café. Mati terminó y al tirar los restos del desayuno al tacho, vio que la bolsa estaba llena. La cerró y la puso junto a la puerta.

    – Emi, puedo sacar la basura de tu cuarto? Así ahora cuando bajo saco todas las bolsas.

    – Claro, pasá. – dije y vi como los ojos de Agus se abrían como platos.

    Inmediatamente recordé el preservativo. Matí volvió con la bolsa riéndose.

    – Veo que alguien estuvo disfrutando en mi ausencia… – dijo divertido.

    Yo me reí nervioso, y no dije más. Me sorprendía que no hubiera sospechado nada con todos los indicios que habíamos dado. Quizás él me consideraba mejor amigo de lo que en realidad era.

    Con Agus continuamos cruzándonos cuando visitaba a Mati y aunque siempre nos miramos con deseo y complicidad, nunca hemos vuelto a coincidir solos. Por ahora…

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  • Mi hermana me sorprendió con su disfraz

    Mi hermana me sorprendió con su disfraz

    ¡Hola! De nuevo Roberto y mis aventuras con mi hermana en la semana que nuestros padres se fueron de viaje. 

    Martes.

    Tuve un sueño muy extraño con mi hermana, soñé de manera que parecía que todo era real, fue incomodo ya que el sueño fue muy caliente. Me levanté con una gran erección, me iba a quedar en la cama para masturbarme, pero mi hermana tocó la puerta.

    Dayna: ¡Roberto!, mis papás ya nos marcaron, se molestaron que aún no te levantas así que ya levántate flojo

    Yo: Si está bien

    Me levanté un poco molesto por no poder desahogar mis deseos. Me lavé los dientes y ya salí de mi cuarto, afortunadamente la erección se había ido. Llegué con mi hermana que estaba preparando el desayuno. Claramente mi hermana tenía un ánimo diferente, estaba muy activa y de buenas.

    Yo: Huele delicioso hermana

    Dayna: Gracias hermanito, espero que te guste

    Yo: ¿Dormiste bien?

    Dayna: Por supuesto, descansé muy rico

    Agarré mi celular que se estaba cargando cerca del microondas.

    Dayna: Óyeme, ese es mi celular, ¿me tocó revisión o qué?

    Yo: Jajaja para nada, me equivoqué, voy a buscar el mío

    Esto era seguido que pasara ya que nuestros celulares son iguales.

    Empezamos a desayunar uno frente del otro platicando cosas que veíamos en las redes. Me alegraba que todo estuviera bien, era una mañana normal entre hermanos, no estábamos incomodos y no había nada raro. Me alegraba ver a mi hermana como mi hermana de nuevo. Acabamos de desayunar y nos fuimos a la sala. Cada uno estaba en su celular mientras en la tele estaba un programa de comedia. Estaba tranquilo viendo el programa cuando mi novia me envía un mensaje. Quería que nos viéramos más tarde ya que sentía mal de haberme dejado plantado y no hablarme en todo el fin de semana.

    Yo: Hermana, ¿qué harás más tarde? Te pregunto porque yo voy a salir

    Dayna: Pues aun no tengo planes, pero si vas a salir puedes dejarme en la plaza y ver si me topo con alguien

    Yo: Sale, también estaré en la plaza para cuidarte desde lejos

    Dayna: Jajaja hermanito, ya no soy una niña pequeña, además soy más grande que tu… un año, pero, aun así

    Yo: Bueno bueno, solo decía, me iré a alistar

    Se me hacía que el tiempo pasaba muy rápido, alzamos un poco la casa, me bañé y me alisté para salir. Cuando llegué a la sala mi hermana ya estaba lista, se veía muy linda, tenía el cabello agarrado y un top con una falda.

    Yo: Vámonos pues hermanita

    Llegamos a la plaza y mi novia ya me esperaba en el área de comida. Mi hermana se fue a la misma tienda donde lo hicimos por primera vez en los probadores.

    Dayna: Te mando mensaje si voy a estar con alguien ¿sale?

    Yo: Sale, me avisas cualquier cosa

    Mi novia me abrazó con fuerza cuando me vio, me alegraba verla también pero no me sentía muy cómodo. Pasamos dos horas juntos ya que se tuvo que ir. Me sentía molesto y disgustado, fui a buscar a mi hermana y la encontré de nuevo en el área de lencería. La verdad la inconformidad con mi novia me cegaba de todo pensamiento que pudiera tener.

    Dayna: No me digas, tu novia te dejó plantado de nuevo

    Yo: No sí llegó, pero se tuvo que ir, no quiero hablar de eso, ¿Tu qué haces aquí? No me digas que esperaste dos horas aquí

    Dayna: Llevo poco tiempo, fui a otras tiendas pero aquí tienen mejores cosas, mira

    Mi hermana me enseñó distintos disfraces y lencería, obviamente empecé a excitarme con esto. Había disfraces de enfermera sexy, policía, vestidos cortos con esposas y mi favorito, de colegiala sexy pero algo discreta. No podía evitar pensar en mi hermana con esos conjuntos y me estaba excitando. Le dije que iría al baño y le dejé las llaves de la camioneta por si me esperaba allí.

    Dayna: Si está bien, (mientras sostenía el conjunto de colegiala) tal vez me lleve algo

    La verdad no presté mucha atención a eso último para no pensar sexualmente en ella. No tardé mucho en el baño por lo que mi hermana seguía en la tienda pero ahora traía una bolsa con lo que había comprado.

    Yo: ¿Siempre que compraste hermanita?

    Dayna: Algo hermanito, no te puedo decir que es

    Yo: Sale pues, ¿ya nos vamos o quieres seguir viendo cosas?

    Dayna: Nah, nomás te estaba esperando, vámonos

    Cuando llegamos a la casa, me recosté un rato en el sillón pensando en que haría con la situación con mi novia. Estaba distraído en eso cuando mi hermana me habló de pronto.

    Dayna: Hermano, ¿Qué te parece?

    Mi hermana se puso un vestido de policía sexy, traía las esposas colgadas en su cinturón y el clásico sombrero y ella con cola de caballo, unas botas de tacón alto y sin mallas. Se veía tan sexy con este conjunto que me sentí mal de empezar a excitarme.

    Yo: Te ves muy bien hermanita, ¿para qué es?

    Dayna: Oh si, olvidé explicar, en la noche saldré con mi novio a una fiesta de disfraces, lo haré sufrir en venganza que me dejó plantada el otro día. No dejaré que me toque ni nada

    Yo: Vaya, que mala eres, sí que lo harás sufrir

    Dayna: Sip, te lo iba mostrar en los probadores pero te fuiste al baño… en fin, me iré a cambiar para esperar la hora en que me lleves

    Ignoré completamente lo de los probadores para no pensar en lo que pudo haber pasado… por lo que ya había pasado.

    Yo: No sabía que te tenía que llevar

    Dayna: Supongo que no tendrás nada que hacer, por favor hermanito, no te cuesta nada

    Yo: Está bien, yo te llevo

    Mi hermana saltó de la alegría y me dio un beso tronado en el cachete. Se metió en el cuarto a cambiarse y no salió en un buen rato, me di cuenta después que se había quedado dormida. Yo me quedé viendo la tele pensando en la situación con mi novia. Ya era de noche, mi hermana salió pronto de su cuarto despertando apenas.

    Dayna: Vámonos hermano, se me hizo tarde

    Yo: ¿No te vas a ir disfrazada?

    Dayna: Me cambio en la camioneta, ¡ya vámonos!

    Mi hermana me dio la dirección y manejé tan rápido que no se pudo cambiar por el movimiento. Me estacioné un poco lejos de la fiesta para que se pudiera cambiar. Quedamos en un lugar oscuro con muchos árboles.

    Yo: Lo siento hermana, pondré un cubre parabrisas para que no te vean

    Dayna: Gracias hermano, espero que mi novio aun no llegue

    Puse el cubre parabrisas, apagué todas las luces de la camioneta y mi hermana se fue a los asientos de atrás ya que hay mucho espacio. Vi como rápido se quitó la blusa y empezaba a cambiarse. Trataba de no ver pero no podía evitarlo, logré ver un poco sus pezones y eso me prendió mucho. Trataba de distraerme viendo hacia afuera pero no podía, me excitaba mucho toda la situación. Decidí bajarme para cuidar por afuera un poco. Mi hermana se bajó a los pocos minutos, me costó muchísimo no acercarme a ella y comérmela. Se veía tan sexy con ese disfraz de policía como vestido, cola de caballo, botas altas arriba de las rodillas, se veía preciosa, para hacerle de todo.

    Dayna: Iré a buscar a mi novio, quédate aquí y si lo encuentro te aviso

    Ver a mi hermana alejarse, esa figura, mi mente me traicionaba, mi pene se puso duro de la excitación que sentía. Me metí a la camioneta y me saqué el pene porque lo sentía muy apretado. El cubre parabrisas seguía puesto así que no veía cuando mi hermana llegó y toco la ventana muy fuerte. Obviamente me asustó ya que no tardó ni 5 minutos. Bajé la ventana con cara de susto.

    Yo: ¡Mensa, me asustaste!

    Dayna: (Jugando a ser policía) Señor le voy a pedir que no me hable de esa manera, bájese del vehículo, no se puede masturbar en vía pública

    Yo seguía con el corazón acelerado pero me dio risa que mi hermana estaba jugando

    Yo: (Siguiéndole el juego) oficial, no es lo que parece créame, me derramé un poco de café y…

    Dayna: (Interrumpiéndome) no le pedí una historia, bájese del vehículo y métase a la parte trasera mientras le hago su multa

    Me guardé el pene rápido y me metí a la parte de atrás como me lo indicó mi hermana. Me parecía un poco excitante y divertida aquella situación. Antes de entrar mi hermana me puso las esposas y me aventó a la camioneta. Se sentía algo raro pero me estaba excitando mucho. De todos modos, seguía en pie mi promesa de ya no hacer nada con ella. Mi hermana se metió también y puso los seguros.

    Dayna: Señor, tiene dos modos de salir de esto, pague una multa o me hace un oral, si me gusta, lo dejo libre y si no, le hago un descuento ¿cómo ve?

    Me sorprendió lo atrevida que regresó mi hermana, claramente me excité pero no podía hacer lo que me pedía.

    Yo: Hermana, no podemos…

    Dayna: Cállese, mejor yo decido por usted

    Mi hermana abrió las piernas y me excitó tanto ver que debajo de ese vestido no traía nada. Me quedé sorprendido viéndola, mi hermana no me dio tanto tiempo, me tomó del cabello y llevó mi cara directo a su vagina. No tenía opción, me estaba excitando tanto, no podía echarme para atrás y yo quería continuar con el juego. Empecé a lamer mientras seguía con las manos esposadas a la espalda.

    Dayna: Uy si sigue, me excita tanto, no pares no pares

    Me estaba esforzando con aquel oral, nunca lo había hecho sin ayuda de mis manos.

    Dayna: Lo haces bien pero no me convences, tendré que cobrarte la multa

    Ya no podía más, estaba demasiado excitado, solo quería seguir y seguir, ya me dejaba llevar.

    Yo: Oficial, por favor mi pene me lastima

    Dayna: Mmm tal vez no le cobre nada

    Mi hermana manejaba toda la situación, me sentó y me bajó los pantalones. Sacó mi pene y sin pensarlo empezó a chuparlo rápido.

    Yo: Ay si oficial, sabe como hacerlo, me excita mucho

    Dayna: Espero que se sienta tan bien dentro de mi como se siente en mi boca

    Yo: Venga a descubrirlo oficial

    Mi hermana se subió en mí. Una escena excitante, se quitó el sombrero y destapó su traje para liberar sus pechos. Los puso en mi cara y mientras yo los lamia, tomó mi pene y lo metió de una en ella.

    Dayna: Aaay si, no dejaba de pensar en esto todo el día

    Mi hermana empezó a subir y bajar rápido, con tanta excitación me faltaba poco para venirme.

    Yo: Oficial, ya casi termino

    Dayna: (Deteniendo sus movimientos) No no, aun no lo dejaré acabar

    Mi hermana me quitó las esposas y se puso en cuatro con su pierna izquierda en los sillones y la otra en el piso. Me excitaba verla con esas botas arriba de las rodillas y el vestido apenas cubriendo las partes más importantes.

    Yo: Prepárese oficial, esto le va a gustar

    Sin más, lo metí en su vagina y me empecé a mover rápido. Me sentí con ganas de acabar pero quería durar más tiempo dentro de mi hermana. Nuestros gemidos eran altos, la jale del cabello y la penetraba con más fuerza, la camioneta se estaba meciendo notablemente.

    Dayna: Uff estoy muy excitada, ya casi me vengo

    Yo: Es una perra oficial, mi perra sabrosa

    Dayna: Si si, házmelo como la perra que soy

    La solté del cabello y empecé a penetrar con fuerza y rapidez, casi gritábamos del placer.

    Dayna: Hermanitooo sigue sigue, no puedo más

    Yo: Yo tampoco puedooo

    Dayna: Termina en mis pechos hermanito

    La empecé a dar nalgadas y eso la excitaba notablemente. De pronto mi hermana se le corto la respiración, arqueo la espalda y su vagina se empezó a contraer. Me encantaba ver a mi hermana tener su orgasmo, era un placer indescriptible y muy morboso. Casi me vengo dentro de ella, lo saqué rápido y lo dejé todo en su espalda por accidente. Mi hermana se dejó caer al piso y yo me senté para agarrar aire. Todos los vidrios estaban empañados y mi hermana y yo respirábamos muy fuerte. Finalmente, mi hermana se sentó a mi lado y me abrazó.

    Dayna: Gracias hermanito, te confieso que quería hacerlo en los probadores como la otra vez, pero no te prestaste. Se notó que guardabas tu distancia

    Yo: Yo también me sentía algo excitado estando ahí contigo y más cuando me enseñaste los disfraces. No me lo tomes a mal porque en serio me encantó ese disfraz de policía, pero mi favorito es el de colegiala

    Mi hermana esbozo una gran sonrisa.

    Dayna: Que bueno que me dices eso, me lo iba a probar en la tienda pero andabas raro

    Yo: Es que, lo que hemos hecho desde ese día lo he disfrutado mucho, me gusta tu cuerpo y eres muy buena haciéndolo y me excita que mi hermanita sea una pervertida. Pero después de lo que paso ayer me sentí mal ponerte en esa situación, no querías hacer nada y por mi estupidez terminamos haciéndolo; me prometí que no lo volvería hacer porque está mal, somos hermanos…

    Mi hermana se me quedo viendo con unos ojos tan hermosos que mejor me detuve; se me lanzó y me dio un beso tan tierno, se sintió muy diferente a los besos calientes que nos habíamos dado anteriormente.

    Dayna: Lo que paso ayer, paso porque yo también lo quise, te deseo, me gusta como lo haces y eres muy bueno complaciéndome, lo único que tengo para ti es agradecimiento y la verdad, me gustaría seguir haciéndolo contigo hermanito

    No podía creer lo que me decía, la agarré con delicadeza y nos empezamos a besar.

    Yo: Te amo hermanita

    Dayna: Yo también te amo hermanito

    Mi hermana y yo nos seguimos besando y ese beso se puso caliente. No tenía los pantalones puestos así que mi pene empezó a pararse de nuevo.

    Dayna: Tu amiguito no se cansa, debemos darle amor para que duerma bien. ¿Te parece que se lo demos en la casa?

    Yo: Claro que si hermanita, mi pene te desea tanto

    Sin pantalones, me puse en el volante de nuevo y prendí la camioneta. Mi hermana se sentó en frente también.

    Dayna: Hermanito, ¿y si te la chupo de camino a casa?

    Dijo esto mientras se acomodaba con su trasero apuntando a la ventana de su lado.

    Yo: Uy hermanita, estaría muy bien, me iré con cuidado

    Antes de arrancar, mi hermana me dio un profundo beso mientras me masturbaba. Bajo a mi pene y lo lamia con quietud. Yo empecé a manejar lento, me encantaba ver el reflejo de su vagina en el vidrio, estiré mi mano y empecé a apretar su trasero mientras le daba algunas nalgadas. Mi hermana no paraba de chupármela y con cada nalgada venia un gemido. Era difícil concentrarse, afortunadamente la casa no estaba tan lejos. Dejé de acariciar su hermoso trasero y empecé a masajear su vagina.

    Dayna: Ay hermano, me vuelves loca cuando me tocas

    La masajeaba más rápido y mi hermana recargo su cabeza en mis piernas. Seguía masturbándome mientras gemía. Metí dos dedos de golpe y levantó su cabeza en señal de placer.

    Dayna: Aaay si, ya llega a casa por favooor, te quiero coger hermanito

    Yo seguía moviendo mis dedos dentro de ella y se movía dando el ritmo de la penetración. Continuó chupándome hasta que llegamos a la casa.

    Dayna: No te bajes, ya no aguanto

    Se subió en mí y se metió mi pene de una, se movía delicioso arriba de mí hacía frente y atrás. Recosté mi asiento y se empezó a mover más rápido. La sujetaba del cabello mientras nos veíamos a los ojos, no tardamos en empezar a besarnos con pasión, metía su lengua en mi boca y me excitaba tanto.

    Dayna: Hermanito, ya casi acabo, sigue así por favor

    La tome del trasero para empezar a moverla a mi ritmo. Mi dedo de en medio estaba cerca de su ano así que no lo pensé dos veces. Bajamos el ritmo y le metí el dedo en la boca, lo chupaba como si de mi pene se tratara.

    Yo: Hermanita, espero que te guste esto

    Dirigí mi dedo a la entrada de su ano, mi hermana me sonrió y me empezó a besar de nuevo. Con mucho cuidado, metí el dedo en su ano. Mi hermana se retorció un poco y respiraba más fuerte.

    Yo: Te voy a dar placer como nadie más hermanita

    La levanté un poco, empecé a subir y bajar más rápido mientras tenía mi dedo penetrándole el ano. Era tan excitante, dejo de besarme y se afianzo a mí, escuchaba sus gemidos en mi oído pidiéndome más. Aceleré el ritmo y metí otro dedo en su ano, mi hermana no pudo más y sentí como se retorcía de placer mientras tenía otro orgasmo. Saque mis dedos de su ano pero mi pene seguía dentro de ella. Nos quedamos en esa posición durante 5 minutos hasta que ella decidió sacárselo.

    Dayna: Hermanito, vamos adentro para hacerte terminar

    Abrimos la puerta de la camioneta volteando a todos lados, me baje sin los pantalones puestos y rápido nos metimos a la casa. Mi hermana me llevó a mi cuarto y me tiro en la cama.

    Dayna: Deja que tu hermanita haga todo el trabajo

    Mi pene había bajado un poco. Se sentó arriba de mi a la altura de mi pene dándome la espalda y empezó a moverse lento frotándolo con su vagina. Se sentía delicioso y la vista era espectacular. Duramos así unos 3 minutos y luego se acomodó para empezar a chuparlo. Lo hacía tan bien, metía mi pene en su boca sin dejar nada fuera, masajeaba mis bolas, sentía que me iba a venir rápido. La agarre del cabello y me hinque, necesitaba hacerlo a mi ritmo y tener algo de control. Mi hermana entendió rápido y empecé a penetrarle la boca. Se sentía delicioso y muy excitante, estaba en el cielo.

    Yo: Hermanita, ya estoy cerca

    Mi hermana me detuvo un momento y se desabrochó el vestido por en frente dejando sus pechos descubiertos

    Dayna: Vas a terminar en mis pechos hermanito

    Mi hermana empezó a masturbarme mientras lamia mis bolas, me volvía loco, se sentía demasiado bien. No tardé mucho sentir que mi orgasmo se acercaba.

    Yo: Aaahh ya casi hermanita, me vengooo

    Mi hermana aceleró la masturbación y apuntó mi pene a sus hermosos pechos. Solté todoo hasta la última gota mientras fijé mi vista al cielo con la boca abierta y un pequeño grito de placer. Una escena muy pervertida ver a mi hermana llena de mi semen. Estaba cansado, me dejé caer en la cama, casi me dormía, pero mi hermana se acercó y me empezó a besar. Mi hermana estaba totalmente desnuda y yo me quité mi playera para quedar desnudo también. Nos frotábamos y nos besábamos con mucha pasión, estábamos entrelazados disfrutando nuestros cuerpos desnudos.

    Dayna: ¿Te molesta si me quedo dormir contigo hermanito?

    Yo: Para nada, duérmete conmigo hermanita. Mañana nos levantamos tarde si quieres

    Dayna: Si, pero no mucho, necesito ir a la escuela por unos documentos

    Yo: Bueno, mañana vamos a la escuela y regresamos para seguir así

    Dayna: ¿Qué te parece si mi profesor, o sea tu, me da una buena calificación en el salón?

    Yo: Depende de que tan corta lleves la falda, alumna mía

    Dayna: Te tengo una sorpresita hermanito, pero la verás hasta mañana

    Yo: Eres la mejor, espero disfrutar de mi sorpresita

    Dayna: Nos hemos divertido mucho, te juro que me siento muy satisfecha

    Yo: Y eso que apenas es martes hermanita

    Creí que estábamos jugando, pero lo que iba hacer mi hermana mañana me demostró que entre nosotros nada es juego.

    CONTINUARÁ.

    ¡Hola!, Soy Calvin, el autor de esta historia. Gracias por leer mi tercer relato, espero que les guste tanto como a mi escribirlo.

    Me disculpo por la tardanza para quienes esperaban la continuación de esta historia.

    Si tienen alguna sugerencia o comentario personal, me pueden escribir a mi correo: [email protected].

  • Seduzco a mi ex para que sea infiel

    Seduzco a mi ex para que sea infiel

    Tal vez recordarán a mi ex novia Karla, de mi relato “el primer squirt de Karla”.

    Los años pasaron y ambos seguimos con nuestras vidas por separado.

    Pasé mucho tiempo sin saber de Karla, nuestra ruptura había sido turbia, discutimos fuertemente la última vez y rompimos quedando así, en malos términos, quizá con rencores y asuntos sin resolver.

    Una ocasión decidí escribirle para limar esas asperezas que habían quedado entre nosotros.

    Pasamos semanas hablando, poniéndonos al día, resolviendo todas las diferencias que nos acongojaban la memoria.

    Me contó sobre su nuevo novio, lo feliz que era con él, lo mucho que encajaban y que su madre apreciaba mucho a su yerno, etc.

    Comencé a intrigarme por su relación con ese tipo. Con un par de truquillos y trabajo, conseguí hacerme de la contraseña del Facebook de Karla.

    Debo decir que me llenaba de adrenalina poder indagar en los oscuros secretos de mi ex novia.

    Husmeé por su cuenta un poco y luego me fui al chat. Las conversaciones con su novio parecían de lo más ordinarias. Nada fuera de lo común, pero yo buscaba algo más.

    Di click en buscar, “sexo”. Enter. El buscador mostró más de 35 resultados. Comencé a revisar los textos rápidamente.

    Logré entrar un poco en contexto, según entendía, ellos habían quedado un par de veces en un hotel para coger. Él le decía que no tenía dinero, a lo que ella accedía a pagar el hotel. Vaya perdedor pensé.

    Típicos mensajes dándose ubicaciones, él preguntado si lo había pasado bien, ella diciendo que sí, etc.

    Revisé la sección multimedia. Entre muchas fotos de bobadas encontré lo que buscaba. Fotos de Karla en ropa interior, posando sensualmente frente al espejo. Fotos de su cuerpo desnudo, posando y tocándose para él.

    Que hija de puta, recordé tantas veces que yo le pedía fotos de esa manera y jamás accedió conmigo. Reconozco que eso me llenó de ira.

    Pronto esa ira desapareció al ver las fotos que su novio le enviaba a ella. Un pequeño pene en medio de un arbusto denso de pelos, que mal aspecto. Mi verga era notablemente más grande que la suya.

    Aproveché a descargar las fotos de ella y luego salí de su cuenta.

    Mi mente giraba de tanto pensar, no terminaba de asimilar las fotos de mi ex novia. Pronto, la idea de cogérmela comenzó a invadir mi mente, así que puse en marcha mi plan.

    Tras un par de semanas más de charlas, fui persuadiéndola a que saliéramos juntos. Ella aceptó, fuimos de paseo y luego a comer. Durante todo el día me la pasé calentándola, le besaba el cuello, la abrazaba por la cintura presionando mi verga morcillona en su culo, elogiaba lo hermosa que se veía, etc.

    Terminé llevándola a un sitio cerca del hotel donde ella y su novio se encontraban para ir a coger.

    En el momento adecuado se lo dije:

    -Últimamente he estado pensando mucho en los momentos que pasábamos juntos.

    -Ah ¿sí, y eso?

    -No lo sé, solo recuerdos, las tardes tan apasionadas que solíamos pasar… -le decía mientras acomodaba sus mechones tras su oreja con mis dedos, acariciando su mejía acercándome a su boca.

    -Si… -decía tímidamente mientras cerraba los ojos para que yo devorara su boca en un apasionado beso.

    Nos besamos ardiendo de deseo. Yo abrazaba su cintura apretando esas nalgas por encima de su pantalón.

    -¿Vamos a algún sitio? – le pregunté

    -Mmm… bueno. – dijo algo dudosa.

    -Solamente que… por aquí no sé donde habrá algún sitio… – dije haciéndome el ignorante.

    -Emmm… Si, bueno… por qué no caminamos un poco quizá encontremos algo en el camino. – dijo ella, haciéndose la inocente.

    Esa puta hipocresía me ponía cachondo.

    Caminamos tomados de la mano unas cuadras, yo dejándome guiar de sus pasos. Ella, disimuladamente caminando mientras “buscaba” donde.

    Hasta que llegamos al hotel donde ella pagaba para cogerse a su novio.

    -Oh! Mira, creo que ahí hay un hotel – dijo fingiendo sorpresa.

    -Bueno, vamos.

    Dentro de mí solo pensaba en lo hija de puta que era, fingiendo inocencia cuando yo sabía que había cogido tantas veces dentro de ese hotel.

    Ella entró muy naturalmente, como conociendo muy bien el lugar. Eso no pudo disimularlo. Teniendo la iniciativa pidió una habitación y sacó dinero para pagar.

    Entramos a la habitación y conociendo bien el sitio, dejó sus cosas en la mesa, prendió la televisión y comenzó a quitarse la ropa.

    Se quedó con una blusa roja de tirantes, sin sostén. Sus enormes tetas resaltaban sus pezones en su blusa. Con una tanga de encaje roja que se introducía entre sus nalgas.

    Se abalanzó sobre mí para besarme, me recostó sobre la cama y me montó comiéndose mi boca con besos apasionados. Su concha estaba ardiendo. Yo desenfundé esas enormes tetas y lamí sus pezones, chupeteaba amamantándome de sus senos mientras ella gemía de placer.

    Presurosa se empeñó en desvestirme, cabe resaltar que no cogíamos desde hace muchos años y las cosas habían cambiado desde entonces.

    Me quitó la ropa interior liberando mi enorme verga dura e hinchada frente su cara.

    -Oh carajo, Donni!

    -Qué pasa?

    -No recordaba que estuvieras así de grande, mira nada más

    -¿Diferente?

    -Está enorme, pero ¿qué te hiciste?

    -Yo, nada… supongo que nuestros cuerpos crecen con el tiempo. Yo tampoco recuerdo que tus tetas fueran tan enormes.

    -Bueno… pues que bien te ha favorecido el tiempo entonces. Y en eso tienes razón, mis pechos crecieron en estos años, ahora uso una talla más grande de sostén. – decía ella mientras me masturbaba la verga.

    Con una sola mirada le señalé mi verga. Ella como toda perra entrenada entendió. Se arrodilló frente a mí.

    Recuerdo que cuando éramos novios no le gustaba chupármela porque le daba asco. Pero eso ya no era así.

    Se arrodilló y sin pedírselo, comenzó a besar y lamer mi verga en toda su longitud, desde los huevos hasta el glande, lo lamía como una paleta, saboreando cada centímetro de mi verga depilada. Hasta que la engulló. La mamó de la manera más deliciosa que jamás me habían mamado. Su boca ardía, se esforzaba en tragarla toda, pero no lo lograba. Sus arcadas la detenían.

    Una vez que se deleitó chupándome, la recosté en la cama y la abrí de piernas, comencé a devorar su vagina de la forma más exquisita que jamás había hecho. Ella gemía mientras se apretaba las enormes tetas.

    Luego de un rato me monté sobre ella y le ensarté toda mi verga de un golpe.

    -AH! Ay! Ah! Que rico, ay por deos, ay! Ah!

    -Te gusta?

    -Ah! Sí, me encanta, ah!

    -Extrañaste mi verga?

    -Ah! Si, la extrañé mucho, ah! Me encanta como me coges

    -Hace cuanto no te cogían así? – le preguntaba mientras la penetraba rápido y fuerte.

    -Desde que dejamos de hacerlo mi amor.

    -Y tu novio no te coge? – preguntaba mientras la embestía brutalmente golpeando su pelvis

    -Ah! Ah! Ah! No! No!, no me coge así, así no, ah! Ah! Ah!

    -Y la mía como la sentís? Te gusta?

    -Ah! Está muy grande, muy gruesa, ah! Ah! Si! Me encanta! Me encanta mucho mi amor, me encanta! Ah! Ah!

    -Querés que me detenga? – le preguntaba mientras detenía mis bombeos

    -No, no, por favor, seguí, seguí mi amor – respondía excitada mientras me jalaba la pelvis con sus piernas para que la penetrara.

    -Date la vuelta – le ordené.

    Ella obedeciendo se arrodilló levantando todo su culo, bajando su cabeza y sus hombros dejó a mi disposición su vagina y culo.

    Acaricié toda su vulva y su ano masajeándola toda, nalgueando con furia esas nalgas de puta. Y luego sin previo aviso le ensarté mi verga dura en la panocha cogiéndomela de perrito.

    -Aauh! Ah! Ah! Que rico, ah!

    -Te gusta?

    -Me encanta!

    -Como la sentís ahí?

    -¡Delicioso! Así siento que me llega hasta el fondo! Ah! Ah!

    -Querés que te dé más duro?

    -No, así está bien, seguí así

    Ignorando su respuesta la penetré con más fuerza, como una bestia. El choque de mi pelvis sobre su culo resonaba en toda la habitación. Ella apretaba las sabanas con sus manitas hasta casi arrancarlas de la cama.

    -Ah! Ah! Ah! – su cintura se convulsionaba en espasmos placenteros.

    -¿Querés que pare?

    -No! No! No pares! Ah! Ah!

    Ignorando de nuevo su respuesta me detuve. Manteniendo esa posición bajé mi pelvis hasta la cama, recostándome mientras veía su panocha destilando flujos de placer.

    Ella instintivamente bajó su culo buscando mi verga para insertársela ella sola. Yo la ayudé acomodándome y en esa posición comenzó a penetrarse ella solita. Daba de brincos metiéndose mi verga, gimiendo de placer.

    -Te gusta así?

    -Si! Que rico

    -Movete como queras, métetela a tu gusto.

    -Ay Si, que rico, ah! Ah! – decía ella mientras se movía cada vez más rápido metiéndose cada vez más profunda mi verga.

    Pude sentir como su vagina apretaba mi verga y su cuerpo temblaba mientras ella gemía intensamente, típica de sus orgasmos. Yo alcanzaba sus tetas desde atrás apretándolas.

    -Ya te cansaste?

    -Si un poco

    -Vení

    Le dije mientras me acomodaba. Me acosté boca arriba, con mi verga elevada como mástil. La abrí de piernas sobre mí y la puse a cabalgar mi pene.

    -Tu tranquila, solo acomódate.

    -Está bien – dijo y se acomodó sobre mí.

    Sus enormes tetas quedaban a la altura de mi boca y yo las devoraba mordisqueando sus pezones, que solo la excitaban cada vez más.

    Levantando mi pelvis le penetraba la vagina en un movimiento de taladro de arriba hasta abajo de manera rápida y vigorosa.

    Con mis manos acariciaba sus piernas hasta su culo, levantándolo y dejándolo caer para acompañar mis movimientos penetrantes.

    El cuerpo de ella se abatía rendida sobre el mío, sentía como temblaban sus piernas de placer y su vagina escurría abundante flujo mientras era penetrada por mi verga venosa e hinchada.

    -Ah! Ah! Que rico! Como es que puedes ser tan rico! Ah! Ah! Ah!

    -Te gusta así?

    -Mmm… me encanta! Me encanta como me coges de rico.

    -Te gusta mi verga?

    -Mmm me encanta tu pene, lo tienes bien grande, está tan rico! Tan rico ah! Ah! Ah! Ah!

    La seguí penetrando hasta que sentí su cuerpo estremecerse en un segundo orgasmo, más intenso que el primero, su espalda se arqueaba presionando sus pechos en mi cara, y yo devorándola a más no poder.

    Estallé en una gigantesca eyaculada que terminó llenándola por completa. Los restos escurrían por mi verga cayendo en las sabanas. Ella cayó rendida a mi lado.

    Nuestros cuerpos agitados y sudorosos se fundieron en un abrazo mientras besaba su boca de aliento agitado. Y nos quedamos dormidos profundamente por unas horas.

    Al despertar, me percaté que ella continuaba dormida. Yo me levanté al baño, tras una meada, volví a la cama.

    Vi su cuerpo desnudo en la cama, con esa piel blanca y ese culo respingón levantadito, abriéndose levemente mientras ella se recostaba sobre su costado levantando una pierna.

    Me empalmé de inmediato. Una erección de tamaño monumental se energizó entre mis piernas. Quería penetrar ese culo.

    Ella continuaba profundamente dormida, y yo aprovecharía la oportunidad.

    Lentamente me asome tras ella, subiéndome a la cama dejando mi verga a la altura de su culo, le puse un poco de lubricante entre sus nalgas y luego en mi glande y todo el tronco.

    Abrí lentamente sus nalgas y firmemente introduje mi verga de un zarpazo en su culo. Ella despertó al instante abriendo sus ojos adormitados, muy grandes, sorprendida de dolor.

    -AH! – gritó en un gemido que terminaba en suspiro mientras resoplaba tratando de superar el dolor. – ah! Espera! ¿Qué haces?, No! Espera! Sácalo, sácalo, duele mucho.

    -Tranquila, no te muevas.

    -Ah! No, en serio, sácalo, duele mucho, ah! Ah! – gemía mientras trataba de apartarme con sus manos empujándome.

    Saqué mi verga lentamente escuchando un ¡blop! Al sacar mi cabezota de su ano.

    Una expresión de dolor soltó una pequeña lágrima por su mejilla y ella se reponía de la sorpresa que le había dado.

    -Puedo meterla ya?

    -Nou, cómo eres, eso dolió mucho

    -Anda, hace rato le llevo ganas a tu culito.

    -Pero no, por ahí no por favor.

    -¿Por qué no?

    -Porque no Donni, entiende.

    -De seguro que a tu novio si se lo das. – le dije enfadado.

    -No, a él tampoco lo dejo hacer eso.

    -Eso es lo que dices, pero de seguro si se lo das. – le reclamaba celosamente.

    -Ya te dije que no. Además por ahí duele mucho.

    -Por favor, ándale chiquita, compláceme un poquito, cúmpleme esa fantasía, si?

    -Mmm… nou

    -Anda, si?. Por favor. – le insistía mientras me acomodaba tras ella y empezaba a frotar mi verga hinchada en su culo de nuevo.

    -No, ya te dije que no.

    -Por favor… mi amor… anda sí…

    Ella no quiso responder más… pero dejó de poner resistencia a mis peticiones dejándome frotar mi verga en su culo. Yo le froté mi glande en toda las nalgas y en el culo, y ella solo suspiraba comenzando a excitarse.

    Comencé a empujar mi verga dentro de su culo lentamente y ella cerraba los ojos intensamente, apretaba las sabanas con sus manos mientras respiraba profundamente soportando el dolor.

    -Uf, uf, despacio, ah! Ah! Despacio – pedía entre gemidos.

    Poco a poco pude sentir como el grosor de mi verga dilataba su culo introduciéndola hasta mis huevos. Ella solo abría la boca con expresiones de gemidos enmudecidos. Abriendo los ojos grandemente como si fuera de susto o asombro.

    Su mano ocasionalmente sujetaba mi pubis poniendo resistencia ante la embestida, pero yo la penetraba suavemente hasta que se dejara.

    Me dejó follarle el culo cuanto yo quería. Sus gemidos eran una mezcla de dolor y placer. Le saqué y metí la verga en el culo suavemente hasta que le llené el recto de mi semen caliente y abundante.

    Ella se sorprendió al sentir la viscosidad caliente dentro de su culo y solo siguió gimiendo de doloroso placer. La penetré hasta que mi verga quedó flácida y su culo la expulsó lagrimando chorros de semen de su culo.

    Ella se quedó recostada recuperándose del dolor, luego se levantó al baño. Yo escuchaba sus leves quejidos mientras ella se limpiaba el culo. Al regresar podía notar como caminaba despacio y dificultosamente debido al dolor.

    -¿Te duele mucho?

    -Me duele… y me duele todo, el culo, la vagina, mis tetas. Me siento muy agotada.

    -¿Tenías mucho de no coger así?

    -Mucho – dijo silenciosamente mientras recostaba su cabeza sobre mi pecho, acurrucándose entre mis brazos.

    Yo sentía su cuerpo desnudo enredándose con el mío. Sentía sus cálidas tetas en mi torso y sus sensuales piernas rodear mi cintura. Su mano acariciaba mi abdomen y ocasionalmente de forma traviesa bajaba hasta mi verga para acariciarla dulcemente.

    Pasamos horas de esa manera, besándonos, manoseándonos y conversando sobre lo mucho que disfrutábamos del sexo entre nosotros.

    Esa fue la primera vez que Karla le fue infiel a su novio conmigo. Y debo decir que no fue la última. Pero el resto se los contaré en otro capítulo.

    Espero les haya gustado, si es así déjamelo saber en los comentarios.

    Bye.

  • ¿Quieres que te desvirgue, hijo?

    ¿Quieres que te desvirgue, hijo?

    Santiago se moría por follar con su madre desde el día en que supo que su padre se había quedado impotente a causa de un accidente, pero no se atrevía a entrarle, pues pensaba que por más ganas que la mujer pasara no le iba a dejar follar con ella, al fin y al cabo era su hijo.

    Aquella tarde llegó a casa de la playa, llamó por su madre y cómo no le contestó fue a su habitación. La puerta estaba entornada, la empujó y allí estaba Raquel dormida sobre la cama. Vestía solo con una camisa blanca desabotonada que dejaba ver sus redondas y gordas tetas con areolas rosadas y generosos pezones. Tenía su negra melena suelta, la cabeza girada hacia la izquierda, un brazo estirado a lo largo de su cuerpo y el otro detrás de la cabeza, las largas piernas estiradas y abiertas. Sobre el tobillo de su pierna izquierda estaban sus bragas blancas. Su coño peludo llamó la atención de Santiago aún más que sus tetas, ya que la mata que lo rodeaba era muy abundante.

    Santiago no había visto a una mujer desnuda en su vida. Tenía que inmortalizar aquel momento. Empalmado sacó el teléfono móvil del bolsillo y empezó a sacar fotos de sus tetas, de su coño, de cuerpo entero… Estaba tan excitado que no controló. Quiso saber cómo era un coño por dentro. Acercó su cabeza al sexo de su madre, lo abrió con dos dedos y al abrirlo Raquel despertó. Incorporándose a la velocidad del rayo le cogió la cabeza y empotró la boca de su hijo en su coño, después lo soltó y le dijo:

    -¡¿Ya viste mi coño de cerca, cabrón?!

    Santiago se separó de su madre. Tenía sus labios pringados de jugos, los lamió, después pensó que esta podía ser la suya y se comportó como nunca antes lo había hecho, le dijo:

    -Tienes un coño muy rico, mamá.

    -¡Puerco! Cuando se entere de esto tu padre te va a crujir.

    Santiago se puso en plan chantajista.

    -Tengo fotos en las que estás cómo estás. Cómo le digas lo que hice se las enseño.

    -¡Ven aquí, desgraciado!

    Raquel salió de la cama con idea de hacer pedazos el móvil, pero Santiago corría más que ella. En la cocina, Raquel andaba alrededor de la mesa detrás de él, pero el cabrito sabiendo que no lo iba a coger aún se reía de ella.

    -¿Cuánto tiempo llevas sin follar, mamá? ¿Tres años? Yo podría…

    -¡Me cago en tu sombra! ¡Los coños de las madres son para parir a los hijos!

    Santiago hizo cómo que no la escuchara.

    -¿A qué sabrán tus tetas?

    -¡Y las tetas para amamantarlos!

    -Eso, eso, eso.

    -¡Cuando son bebés, cabezón!

    -Quiero ser tu bebé.

    El cabreo de Raquel iba en aumento.

    -¡Cómo te pille te muerdo en los huevos!

    -Mejor chúpamelos.

    -¡Tú no tienes huevos ni polla, tú no tienes nada!

    Santiago ya andaba sobrado.

    -Si te meto la polla en la boca te atraganto.

    Raquel ponía una cara de fiera que aún excitaba más a su hijo.

    -¿¡Con qué me atragantas, mal bicho?!

    Santiago sacó la polla empalmada, se la enseño, y le dijo:

    -Con esta verga.

    La polla era importante, pero Raquel le mintió:

    -Con esa no me harías ni cosquillas, tienes picha de gato.

    Raquel moviéndose alrededor de la mesa con las manos apoyadas sobre ella veía cómo su hijo se reía y desesperaba.

    -¡Te pillaré, mal nacido!

    -¿Cuántas pajas te hiciste hoy, mamá? Yo me voy a hacer dos para empezar.

    Raquel estaba tan furiosa que hasta mordía su labio inferior:

    -¡Los muertos no se hacen pajas!

    Estuvieron así hasta que sintieron llegar el auto de Rosendo.

    Con Rosendo en casa se miraban cómo el perro y el gato a espaldas de él y sonreían por delante. A pesar de que Raquel andaba encima de su hijo, Santiago logró esconder el teléfono móvil tan bien que a su madre le fue imposible encontrarlo. Lo que no esperaba el gamberro era que su padre, que era enfermero, tuviese que hacerle el turno de noche a un amigo y no fuese a volver hasta el día siguiente. Rosendo les dijo antes de irse:

    -Hasta mañana, Raquel. No le des mucha guerra a tu madre, Santi.

    Le respondió Raquel.-No dejaré que me la dé. Hasta mañana.

    Nada más salir Rosendo de casa, Santiago echó a correr hacia su habitación, una vez dentro quiso cerrar la puerta con llave, pero la llave había desaparecido, se sentó en el borde de la cama, y dijo:

    -No le voy a dar el móvil ponga cómo se ponga.

    Estuvo espera, espera, espera…, pero su madre no llegaba. Acabó por desnudarse y en calzoncillos echarse sobre la cama. Tiempo después se quedó dormido boca abajo. Despertó cuando sintió que se unían sus muñecas, era su madre, estaba en camisón y le tenía cogidas las manos.

    -¡¿Qué haces, mamá?!

    Raquel unió sus muñecas con cinta aislante de la ancha y le dijo:

    -Calla o te tapo la boca con cinta.

    Al acabar de atarle las manos le quitó los calzoncillos, después le ató las piernas a la altura de los tobillos y le dio la vuelta.

    Santiago, que ya estaba empalmado, le dijo:

    -No te voy a decir dónde agaché el móvil.

    Raquel cogió debajo de la cama una zapatilla de su hijo y sonriendo le preguntó:

    -¿Quieres que te dé la vuelta y te deje el culo en carne viva cómo hacía cuando te portabas mal de pequeño?

    -Hagas lo que hagas no te va a servir de nada.

    Raquel cogió una navaja de afeitar de su marido y que había dejado encima de la cama, cortó con ella un trozo de cinta aislante, le tapó la boca y le dijo:

    -Así no te oirá nadie chillar.

    Le dio la vuelta y con el culo en pompa le largó con fuerza:

    -¡¡¡Plas!!!

    Después de darle lo cogió por los pelos, le levantó la cabeza y le preguntó:

    -¿Dónde lo agachaste?

    Santiago, con lágrimas en los ojos le movió la cabeza en sentido negativo. Le volvió a dar.

    -¿Dónde lo agachaste, cabronazo?

    Santiago mascullaba palabras inteligibles y seguía negando con la cabeza. Le volvió a dar.

    Lo volvió a coger por los pelos y le levantó la cabeza.

    -¿Dónde?

    No había manera, Santiago así no iba a hablar. Raquel viendo que aquello lo único que hacía era calentarla a ella, tiró con la zapatilla, cogió la navaja de afeitar, lo puso boca arriba, le quitó la cinta de la boca, le agarró los huevos y le dijo:

    -¿Quieres que te cape?

    -Si me capas te quedas sin ninguna polla útil en casa.

    Raquel le dio una palmada en la polla y esta se movió de abajo a arriba y de arriba a abajo cómo si tuviera un muelle.

    -Mira que viva está, dentro de nada va a estar muerta.

    La polla de Santiago, dura cómo una roca, estaba manchando de aguadilla la mano de su madre. Raquel se puso más cachondo que su hijo. Instintivamente su mano bajó y subió por la polla media docena de veces antes de decirle:

    -Habla ahora o queda sin picha para siempre.

    Santiago sabía que su madre no le iba a cortar la polla, no estaba tan loca. Volvió a negar con la cabeza.

    Raquel vio que aquel no era el camino.

    -A ver, Santi. ¿Qué quieres que haga para que me digas dónde escondiste el teléfono móvil?

    Santiago no se lo tuvo que pensar.

    -Desnúdate.

    Raquel estaba muy mojada, sabía que si le seguía el juego acabaría follando con su hijo y se lo siguió.

    -¿Si me desnudo para ti me dirías dónde lo escondiste?

    -Tendrías que hacer algo más que eso.

    -¿Cómo qué?

    -Ya te lo iré diciendo, desnúdate.

    Raquel quitó la chaqueta del pijama y los pantalones. Santiago volvió a ver sus gordas tetas con areolas rosadas e importantes pezones y su coño peludo. La polla soltó más aguadilla. Raquel le dijo:

    -¿Contento?

    -Mi polla está llorando de alegría. Tu cuerpo la excita.

    Raquel frotó el meato con sus pezones. Sintió cómo se los mojaba de aguadilla y su coño se mojó un poco más.

    -Quiero mamar tus tetas, mamá.

    -Te dejaré solo un poquito, por ahora.

    Santiago quería más.

    -Y me la meneas.

    -Y te la meneo.

    Le puso una teta y al segundo se la quitó. Le meneó la polla tres o cuatro segundos y paró.

    Santiago no se conformaba.

    -Y me la chupas.

    Le dio un beso en la polla, la lamió y se la chupó otros tres o cuatro segundos.

    -¿Algo más?

    -Y me das el coño a comer.

    Le puso el coño en la boca casi un minuto. La idea era que fuera un visto y no visto, pero por lo visto le gustaba sentir la lengua de su hijo en su coño. Cuando se lo quitó le dijo Santiago:

    -Y por último…

    Raquel sabía de sobras lo que le iba a decir, así que se adelantó ella.

    -De meter nada. ¿Aceptas o no?

    No se lo tuvo que pensar dos veces, le respondió:

    -Acepto.

    Diez veces subió y bajó la mano por la polla al tiempo que se le mamaba el glande y ya se corrió soltando un chorro de leche que casi llega al techo. Raquel ya estaba muy perra. Dejó que acabara de correrse, le metió un dedo en el culo y masturbándolo y meneándosela se la mamó, ocho mamadas le hicieron falta para correrse de nuevo soltando otro gran chorro. De nuevo la leche bajó por la polla abajo. Raquel ya echaba por fuera. En menos de un minuto su hijo se había corrido dos veces. Raquel le preguntó:

    -¿Es tu primera vez?

    -Sí.

    -Se nota.

    Le puso un pezón en la boca. Santiago lo lamió y luego mamó lo que le dejó mamar. Luego le puso el otro pezón en la boca… Después de mamarle la teta le frotó las dos en la cara. A continuación le metió la polla entre las tetas, apretó, Santiago movió el culo y se volvió a correr soltando un chorro que le fue a dar a su cuello. La otra leche pringó las tetas de Raquel.

    Se dio la vuelta y dándole la espalda le puso el coño en la boca y le dijo:

    -Con esto acabamos. Lame mi coño.

    Santiago lamió su coño empapado. Al rato Raquel fingió que se iba a correr. Gimiendo, le dijo:

    -Me voy a correr en tu boca, hijo.

    Fue decirlo y salió otro chorro de la polla de Santiago, un chorro tan potente cómo los otros, y cómo los otros acompañados de pequeños chorros. Raquel sintiendo la lengua de su hijo en el coño y mirando cómo bajaba la leche metió la polla en la boca y mamándola y tragando se corrió de verdad anegando la boca de su hijo de jugos.

    Al acabar de correrse se quitó de encima y le preguntó:

    -¿Dónde está tú teléfono móvil?

    -En tu armario, debajo de los jerséis. Suéltame.

    -No antes de comprobar si lo que me dices es cierto. ¿Cuál es la contraseña?

    -2012.

    Fue a su habitación y el móvil estaba donde le había dicho. Lo encendió, miró en fotos y allí no estaban. Volvió a la habitación de su hijo y le preguntó:

    -¿Dónde pusiste mis fotos?

    -Las borré.

    -¡Serás hijo de puta!

    -Hijo de puta sería si no las borrara. ¿Follamos de verdad, mamá?

    -¿Es qué antes te corriste de mentira?

    -Me refiero a meter. Quítamelo.

    -¿Quieres qué te desvirgue, hijo?

    -Sí, quiero perder mi virginidad contigo, mamá.

    Raquel nunca había desvirgado a nadie y el coño se lo pedía. La cabeza le decía que no lo hiciera porque podía quedar preñada. Pudo el coño, le dijo:

    -Te desvirgaré, hijo.

    Santiago sonrió cómo un tonto.

    -¡¿De verdad?!

    Raquel sacó la puta que llevaba dentro. Le puso el culo en la boca y le dijo:

    -Mete y saca tu lengua de mi ojete.

    Santiago metió y sacó su lengua del ojete de su madre incontables veces… Raquel, perra de verdad, le puso el coño en la boca y le dijo:

    -Haz lo mismo con mi coño -le señalo el clítoris- pero lamiendo mi pepita cada vez que saques la lengua.

    Hizo lo que le dijo y esta vez sus gemidos no fueron fingidos. Echando por fuera de nuevo le dijo:

    -Llegó el momento. ¿Preparado?

    -Sí.

    Raquel durante un tiempo fue metiendo la punta de la polla en el ojete, la sacaba y después la metía en la vagina… Quería hacer sufrir a su hijo, pero poco sufrió, ya que se corrió enseguida. Lo hizo cuando tenía la punta de la polla dentro del ojete, Raquel empujó con el cuerpo y la polla corriéndose entró en su culo desvirgando a su hijo.

    Al acabar de correrse su hijo la sacó del culo y la metió en el coño. Follándolo le puso las tetas en la boca. Poco después se corrió con él sintiendo cómo chupaba con fuerza su teta derecha y cómo le llenaba el coño de leche, y lo hizo retorciéndose cómo una serpiente y gimiendo cómo una gata.

    Al acabar de correrse quedó echada sobre su hijo. Lo besaba con dulzura cuando sintió cómo la llenaba de nuevo. Su coño recibió la leche con agrado. Raquel le dijo:

    -Puede que me hayas dejado preñada.

    -¿Tú crees?

    -No sé, pero si lo hiciste tendré que irme de la ciudad antes de que se me note la barriga.

    -Si te tienes que ir me iré contigo. ¿Me desatas?

    Lo desató. Santiago se hartó de culo, de tetas y de coño y Raquel de correrse.

    Y sí, quedó preñada, y si, se fueron juntos antes de que se le notase la barriga.

    Quique.

  • Sorpresivo encuentro con Pamela: Cogiendo en el coche

    Sorpresivo encuentro con Pamela: Cogiendo en el coche

    Cierto día estaba en una tienda departamental buscándome una nueva cartera cuando de repente siento una mano femenina sobre mi hombro y una voz melosa y coqueta diciéndome:  -¿Cómo ha estado el Sr. Zena?… usted como el vino, entre más tiempo pasa más bueno se pone. – Era Pamela, una preciosa mujer que un par de años atrás nos habíamos dado una tremenda follada en una noche de algunos tragos y donde ella aprovechó mi compañía para de alguna manera vengar esa traición que había descubierto de su novio en turno. Solo fue esa noche, pues creo encontró el coraje de tomar aquel paso por el valor mentiroso que nos da el alcohol. Desde entonces no la volvía a ver y ella nunca me dio su teléfono pues, aunque creo teníamos una buena química, nos separaban un par décadas de edad.

    La vi más mujer, bien maquillada, exquisitamente vestida con una falda por sobre sus rodillas y zapatillas de tacón que no tuve que inclinar mucho mi rostro para darle un beso en la mejilla. Llevaba una blusa con botones frontales y mostraba discretamente parte de esa anatomía frontal que a muchos hombres nos llama la atención. Después del beso en la mejía ella me dio un beso en la boca y luego con su índice me lo pasó por mis labios diciendo: -¿No crees que nosotros ya pasamos esa etapa de besos en la mejía? – y se rio con esa melosidad y coquetería que define a Pamela.

    Mientras me tomaba de las manos, me contaba que había regresado con el mismo chico que la había traicionado y que ya tenía fecha para su boda. Obviamente la felicité y le deseé suerte y, fue en ese momento que me lo decía en forma de broma:

    -¿No podrías ser el bailarín para mi despedida de soltera? – Ambos reímos y luego yo agregué.

    -¡A menos que tu despedida de soltera sea en Halloween y vaya a asustar a todos!

    -¡Qué va Antonio! ¿Quién no se quisiera acostar contigo? ¿Qué me lo pregunten a mí?

    -¿De veras? ¿Es por eso por lo que no volví a saber más de ti?

    -¡No cariño! No te llamé ni te volví a buscar por yo sé que usted no es de una sola mujer… ¿Crees que no lo sé?

    -¡Me hubiese gustado verte otra vez!

    -¿Crees que a mí no? Deseaba que me hablaras y volverte a sentir de nuevo. Lo dejé como se deja un sueño, pues esa noche fue de ensueño.

    Pamela es la chica del sexo delicado, la del sexo erótico. Nada debe llevar prisas y esa noche y sin muchas prisas la llevé al orgasmo al menos una media docena de veces. Le hice un rimming o, en otras palabras, le acaricié su ojete con mi boca y todo ese hermoso trasero que realmente es de ensueños hasta hacerla acabar. Esta es la chica de besos prolongados y de hecho no se debe desarrollar un vaivén frenético pues a Pamela le gusta el sexo lento, despacio. A ella le encanta sentir el pene profundamente y solo sostenerlo enviándole esa contracción donde el pene toma un poco más de volumen enviándole esa vibración en sus paredes vaginales y estrecha que uno siente como ella envía otra contracción correspondiendo. De esa manera se corre Pamela y lo que me gusta de ella, es que te va dirigiendo, porque a uno de hombre le gusta que la mujer le diga: Bésame el cuello, apriétame cuidadosamente los pezones… o chúpalos de esta manera o la otra… realmente es exquisito escucharlo. Y cuando me corría en ella me decía: ¡Que rico… siento que tu corrida me hace muchas cosquillas ricas y me gusta como se contrae tu pene en mí cuando expulsas tu corrida! De esa manera también me decía que le encantaba sentir mis huevos rozando su perineo o cómo le gustaba sentir mis huevos cuando se encogían escupiendo esa corrida. Era muy comunicativa en la cama y una de las pocas que me compartió esos detalles mientras follábamos.

    Ella ese día mencionó algunos detalles de aquella noche que a mi me excitaron y creo que lo mismo sucedía en ella. Vi sus ojos que brillaban con esa magia de la morbosidad e intuyendo que ella quería lo mismo que yo, se lo propuse:

    -¿Si fue una noche de ensueños, te gustaría repetirla?

    -A mi si… ¿y tú?

    -Creo que me has calentado, que si no hubiese gente ya te estuviera desnudando.

    -¡Calma don Antonio Zena… Calma! ¿Qué le parece si vamos a mi coche y lo platicamos?

    Me tomó de la mano y me guio hasta donde se había estacionado. Me pidió que me sentara en el asiento trasero mientras ella encendía su coche tipo todo terreno, el cual creo era una Cadillac Escalade con los vidrios traseros polarizados, puso el aire acondicionado y algo de música y se vino hacia atrás y nos comenzamos a besar. No sé si las mujeres son más flexibles de las coyunturas que los hombres, pero mientras nos besábamos ella se acomodó sentándose sobre mí con las piernas abiertas y me decía: ¡Don Antonio, quiero sentir su verga!

    Con un poco de incomodidad y con más inseguridad me he bajado el pantalón, pues estos trotes los había dejado de hacer desde esos años mozos, donde esto lo hice en vehículos más reducidos que este, tomando esos riesgos de joven. Por el parabrisas que era claro podía ver la gente que iba y venía caminando en el estacionamiento. La blusa Pamela se la desabotonó de enfrente y a la vez sin quitarse el brasier liberó sus dos pequeñas tetas, las cuales comencé a besar y chupar ese pezón alargado y erecto de esta preciosa chica. Ella sin quitarse el calzón se lo hizo de un lado y comenzó con la tarea de introducirse mi falo. Podía oler su aliento a sexo, podía sentir su calor vaginal incluso antes que ella se llevara mi glande a su entrada. Estaba caliente, húmeda… esta chica se derretía del solo deseo. Ella se metió toda mi verga mientras me besaba el cuello, los lóbulos, la boca. Ella me murmuraba cosas al oído y entre todo eso decía: ¡Como me encanta tu verga! ¡Tienes una carita y verga muy deliciosa! ¡Como he deseado que esto sucediera otra vez! – Y de esa manera se comunicaba Pamela.

    Como dije, ella es la del sexo erótico, sexo delicado y en esa posición apenas movía su pelvis y esto me daba la oportunidad de tomarla del trasero. Con toda la confianza que me daba la experiencia anterior, en la cual le perforé todas las cuevas posibles, me di a la tarea de masajearle el ojete usando sus jugos vaginales como lubricante. Se lo sobaba suavemente sin penetrárselo y entonces era yo quien le decía: ¡Qué rico trasero tienes Pamela… como quisiera volvérmelo a coger! – Ella solo gemía calladamente mientras restregaba su mojada panocha contra el tronco de mi falo. Tenía un pezón en mi boca, el cual chupaba tiernamente, mi dedo en su ojete masajeándolo y mi verga en su conchita, la cual es muy estrecha regularmente en chicas con el cuerpo de Pamela. Ella me dijo: ¡Me vas a hacer acabar si sigues hablándome así… es que además de tu bonita carita, tu hermosa verguita, me gusta tu voz!

    Y en ese momento mientras cambiaba de chupar un pezón y el otro le decía cosas como: ¡Me gusta tu culito… como quisiera comérmelo otra vez! ¡Quiero saborear tu conchita y meterle la lengua al fondo! ¡Quiero estar en tu culito nuevamente! ¿Verdad que me lo vas a dar? – Y no aguantó mucho más y sentí como me abrazo, apenas hizo algo parecido a un movimiento de su pelvis y su vagina me apretaba mi falo, podía sentir esos espasmos y ella me pidió que me corriera, que le gustaba sentir mi corrida cuando ella experimentaba la suya. Yo si le hice un vaivén, y ella gemía profusamente y sentía que el coche comenzó a moverse, pero no me importó y en un par de minutos le disparé mi corrida. Ella solo me dijo: ¡Qué rico… que rico está eso!

    Mi pantalón estaba empapado de nuestras secreciones y el interior del coche olía a esas feromonas embriagantes. También el asiento estaba empapado, pero por suerte, estos eran de cuero y son fáciles de limpiar. Nos limpiamos con unas toallas de papel que estaban en el coche y en ese proceso pude ver su diminuto calzoncito blanco, el cual se quitó porque le incomodaba esa humedad. Yo le he tomado y me lo puse en la bolsa del pantalón. Retomamos la compostura y Pamela me pregunta:

    -¿Te gustó?

    -¡Me encantó!

    -¿Quieres darme por detrás?

    -¡Me gustaría!

    -¿Qué tal si lo dejamos para el fin de semana y con más tiempo lo hacemos en tu casa?

    -¡Como tú quieras!

    -¡Yo quisiera que me siguieras cogiendo ya, pero me siento incómoda sin asearme bien! Y… quedé con una amiga pasar por ella. Ahora debo ir a bañarme y limpiar el coche.

    -Está bien… quedamos para el fin de semana.

    Me llevó a donde estaba mi coche, nos dimos un beso apasionado de despedida el cual sabía a corrida y me llevé su calzoncito mojado en mi bolsillo y todavía lo tengo de recuerdo.

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  • El día de la vecina

    El día de la vecina

    Aunque me sacaba 9 años (yo tenía 30 y ella 39), estaba loco por ella, segura de sí misma, mucha personalidad y sabía mucho de sexo. Además era preciosa y con un cuerpo, para mí, insuperable.

    Ya nos habíamos hecho de todo, ella a mí y yo a ella (léanse si quieren saber «Fui su presa» y «Fui su presa 2»).

    Hacia buena noche y charlábamos en la terraza cuando vi a la vecina haciendo tareas en su patio. Le conté a mi chica que la había pillado espiándome y que me había puesto cachondo. Ella se reía y quería saber más, le dije que en un momento dado estaba dispuesto a pajearme delante de ella pero se fue antes.

    Ella tenía los ojos como platos y me dijo que la conocía, era la camarera china donde desayunaba frecuentemente. Habían hablado muchas veces, sabía que llevaba mucho tiempo viviendo en Madrid y que tenía 48 años. Me sorprendió un poco, la dije que no parecía tener esa edad y me dijo que era una mujer guapa.

    Empezó hacerme cosquillas mientras me preguntaba que más cosas tenía por ahí guardadas y le confesé que me había masturbado en la ducha oliendo sus bragas, me miró mordiéndose el labio y algo excitada. Me dijo que era un cochino y empezó a besarme y acariciarme el paquete.

    Se me puso dura muy rápido cuando recordé que la vecina podría estar mirando, pero no estaba. Mi chica empezó a pajearme mientras me besaba el cuello y los pezones. Cuando estaba a punto de correrme paro, me dijo que se iba a dormir que estuviera tranquilo, que dejaría sus bragas en el baño. ¡Que narices había pasado! Con el pene como un bate fui al baño y ahí estaban sus bragas, las cogí y terminé de masturbarme con ellas en la nariz. Me fui a dormir muy confundido.

    Me desperté tarde, eran más de las 12 y fui directo a despejarme a la ducha. Cuando salí del baño fui a la salita con una toalla en la cintura, quise irme rápido nada más ver que teníamos visita pero mi chica me dijo que me quedara como estaba, no pasaba nada.

    La reconocí enseguida, era la vecina china espía, la situación ya me tenía excitado al no saber que estaba pasando, pero ver a Lili, que así se hacía llamar, hizo que tuviese que disimular como pude la erección. Vestía un vestido ceñido hasta las rodillas, que se la remangaba a mitad de los muslos cuando estaba sentada y tenía que taparse para que no se le vieran las bragas. Tenía un escote precioso y escondía unas tetas muy grandes.

    Mi chica nos presentó, era la típica china que hace reverencias al saludar y me sentí algo ridículo con la toalla, aunque vino bien para bajar el empalme. No era una jovencita pero era muy guapa y daba mucho morbo sus rasgos asiáticos, deseaba follármela.

    Mi novia contó que se despertó recordando la conversación de la terraza y se la ocurrió bajar a desayunar mientras yo dormía. Estuvieron charlando, la contó que nos estábamos espiando mutuamente y le dijo que yo me ponía cachondo, la pregunto que si quería ir a casa, y acepto.

    Estuvimos hablando un rato, aunque Lili era muy tímida la conversación se tornó picante, nos contó que llevaba años sola y no follaba desde entonces, estaba roja como un tomate.

    Mi chica se sentó en medio de los dos y me preguntó si quería follar con Lili, la mire a los ojos y dije si mientras notaba como se me empalmaba. Cogió la mano ella, la puso en mi paquete y la preguntó si quería follar conmigo mientras restregaba su mano en mi polla, a esas alturas tiesa como un roble. Con una mano en mi pene y la otra tapándose la boca dijo si asintiendo con la cabeza.

    Nos agarró las manos y nos llevó a la habitación, nos dijo que empezáramos cuando quisiéramos mientras se desnudaba, dijo que iba a mirar. Mire a Lili, se notaba la timidez, la bese en la boca mientras remangaba su vestido hasta sacarlo como una camiseta, tenía unas tetas enormes moviéndose en todas direcciones y metí la nariz en su escote, con una mano apretaba ni nuca contra sus pechos, con la otra se tapaba la boca y miraba al cielo muy excitada.

    La senté en la cama me puse delante de ella y retire la toalla, mi polla estaba muy dura y ella la miraba como hipnotizada, agarre su cabeza y dirigí mi pene a su boca. Empecé a metérsela despacito mientras me miraba a los ojos, me puse a 100 y folle su boca con más ritmo, ella se dejaba hacer, abría y cerraba los ojos con las manos en mis muslos.

    Casi me corro cuando escuche y vi a mi chica tocándose y gimiendo mientras me la estaba mamando Lili, la saque de su boca y ella me la agarró y empezó a lamérmela de abajo arriba, quería más, estaba necesitada de polla. Dejé que me la lamiera un poco, la tumbé en la cama y me volví a enganchar con sus tetas, las apretaba contra la cara y lamia sus pezones, ella gritaba y jadeaba siempre con una o las dos manos en la boca, que cachondo me ponía la china.

    Me arrodille en el suelo al borde de la cama, ella estaba tumbada, me encantaba ver como la gravedad no podía hacer nada con esos pechos, abrí sus piernas y empecé a darle besitos por encima de las bragas, estaba muy mojada y yo apretaba la nariz contra su clítoris, ella gemía y daba respingos cada vez que apretaba. Cuando de un tirón le saque las bragas no pudo evitar correrse intensamente encorvándose y tapándose el chocho con la mano, fue toda una sorpresa.

    Con una mano tapándose los ojos y la otra tapándose el chocho creo que pensaba que había terminado y no había hecho más que empezar. Retire su mano del coño y abrir sus piernas, lo tenía todo rasurado excepto un flequillo lacio, lo lamí de abajo arriba con toda lengua, estaba muy mojado, ella empezó a moverse como una culebrilla mientras se lo chupaba, se tapaba la cara gritaba y gemía.

    Tuve que hacer algo de fuerza para sujetarla y acertar en el punto adecuado, se notaba que no podía más y empecé a comerla el culo, dijo: «no no», antes de gritar algo en chino y correrse a chorros en mi boca retorciéndose sin control.

    Sin poder demasiado tiempo me seque la cara en sus tetas, abrí sus piernas y la chorreaba el chocho, era una vagina menuda, mi polla tiesa parecía demasiado grande. La metí despacio, notaba como la iba dilatando y ella se encorvaba jadeando, empecé a embestir con ritmo y fuerza, jadeaba y decía cosas en chino entrecortado casi sin poder respirar, me excitaba mucho.

    Estaba tan cachondo que ni pensé cuando agarre su cuello y mirándola a los ojos embestí fuerte y rápido. Sus ojos se le pusieron blancos, solté su cuello y un grito ahogado precedió a una intensa eyaculación mientras se retorcía y le temblaba todo el cuerpo.

    Yo no podía más, miraba sus tetas como se movían como flanes mientras la seguía embistiendo y se notaba que estaba agotada. Quería correrme en sus pechos, la saque y empecé a pajearme cerca de ellos, ella me la agarró, se la metió en la boca, me miró a los ojos y lo supe, lo quería todo. Escuche como mi chica se corría y eyaculé gimiendo como nunca dentro de la boca de Lili, no dejó de mirarme hasta que me lo sacó todo, que gustazo.

    Lo escupió en su mano, mi novia se acercó con un pañuelo, la limpió la mano, la miró, y sin decir nada le beso en la boca. Lili se sorprendió un poco pero no pareció importarle, luego me besó a mí y nos dijo que a la próxima vez jugaríamos todos mientras salía de la habitación.

    Lili se incorporó agarró mi cara con las dos manos y me dio el beso más rico que nunca me habían dado, sentí su satisfacción y agradecimiento. Ya no es la vecina espía asiática, ahora es Lili, la vecina.

  • Castigando a mi novia por infiel

    Castigando a mi novia por infiel

    Continuación del relato “Por una apuesta entregué a mi novia a mi amigo y amante 1 y 2”, dejo los enlaces al final del relato.

    Después de que Arturo se había cogido a mi novia me sentía aturdido, molesto, enojado, no sabía cómo reaccionaría al encontrarme con ellos, si podría contener mi furia y estaba molesto conmigo mismo también porque mucha culpa era mía por haber aceptado esa apuesta ridícula, había sido un imbécil.

    Pensé que lo mejor era no ver a ninguno hasta que estuviera más calmado, por lo que no vi a Adriana en toda la semana, ni acudí a los entrenamientos, tenía mucho que pensar, a Adriana le inventé que estaba en exámenes y proyectos que debía entregar y los mensajes de Arturo, que no fueron pocos, ni los leí.

    Mil pensamientos rondaban mi mente, ¿cómo podría reclamarle a mi novia su infidelidad?, si yo mismo había propiciado el encuentro a solas entre ellos y conocía en carne propia el poder seductor de Arturo, incluso también le había sido infiel a mi novia y con el mismo hombre, pensaba que si la teoría de Arturo era correcta, era inevitable que no pudiera resistirse a sus encantos, ¿cómo reclamarle a Adriana?, pensé que de los tres, Adriana era la menos culpable, así que a mi pesar, decidí tratar de olvidar lo sucedido y seguir adelante, algo que sería muy difícil, ya me las arreglaría con Arturo.

    Los recuerdos me atormentaban, venían a mi mente como Arturo penetraba a mi novia con su enorme verga, haciéndola gemir y como se burlaba de mí y me insultaba, humillándome, a sabiendas que lo escuchaba, sentía coraje ¿o serían celos?, pero celos ¿por quién? ¿por Arturo?, ¿por Adriana?, o incluso por ambos. Estaba muy confundido.

    Llego el viernes y ya estaba un poco más calmado, iniciaba el fin de semana y era inevitable encontrarme con Adriana, así que salimos a cenar, cena que fue un poco tensa y no hablamos mucho, después de la cena la llevé a mi departamento, estaba molesto, pero también muy excitado.

    Ya en mi recámara la abracé por detrás, apretando fuertemente su frágil cuerpo al mío, besé su cuello, mis labios recorrieron suavemente su nuca hasta llegar a su oído y le susurré que estaba muy caliente y excitado y que hoy sería mía y la volvería loca de placer, saqué mi lengua y recorrí el contorno de su oreja y después introduje la punta de mi lengua dentro, su cuerpo se estremeció entre mis brazos y un gemido salió de su boca, aspiraba el fresco aroma de su piel, y sentí que su piel se erizaba, mi verga ya estaba dura e hinchada y la apoyé entre sus nalgas, refregando mi verga contra su culo, sintiendo la tibieza de su piel a través de la ropa.

    ¿Sientes mi verga?, ¿Dura?, así me tienes, es tu culpa que esté así de dura- Le susurre.

    Nuestras ropas fueron cayendo, pero sin despegar mis labios de su cuerpo, a medida que la desnudaba iba recorriendo cada centímetro de su piel, mi orgullo estaba herido y quería matarla de placer, hacerla gozar, y que gimiera y gritara más fuerte que con Arturo, mostrarle que era un mejor amante, difícil competencia en lo que a artes amatorias se refiere ya que en lo que se refiere al tamaño del miembro sexual había una clara desventaja, tenía que poner todo mi empeño y suplirlo con otras virtudes.

    La arrojé a la cama boca arriba y me abalancé sobre ella, mi boca buscó la suya y le propiné un beso intenso y ardiente, succionando sus labios, mi lengua se introdujo en su interior, explorando, nuestras lenguas se entrelazaron, mordía sus labios con fuerza, los chupaba, recorrí su cuello y como un pulpo, le propiné un par de chupetones que le quedaron marcados en su blanca piel, algo que Adriana me había prohibido, ya que consideraba un chupetón como violencia física contra la mujer.

    Espera Ariel, que haces, nooo, me vas a dejar marcada, como una mujerzuela, no seas cabrón, nooo- exclamó Adriana al tiempo que intentó apartar mi cabeza y forcejeó un poco, pero la tomé del brazo y la inmovilicé.

    Tranquila nena, aquí manda papi, eso serás, mi mujerzuela, una mujerzuela deseosa de verga, puta, zorra- le dije

    Mis manos recorrieron su espalda y encontraron sus suaves nalgas, las amasé y apreté con fuerza, las pellizqué, se quejó un poco, pero ignoré sus protestas, al contrario más me excitaban, mis labios alcanzaron sus pechos y me aferré a ellos como bebé recién nacido, succionando en forma alternada uno y pellizcando el otro, estirando cada pezón hasta casi hacerle doler, el cuerpo de mi novia vibraba y empezó a gemir, de su boca salieron algunas palabras pidiéndome clemencia, las cuales me incitaban más a continuar, llegué a su vientre y metí mi lengua en su ombligo.

    Abrí sus piernas y las levanté acomodando una almohada bajo sus caderas, su sexo quedó alzado y expuesto, acerqué mi nariz y aspiré su olor, delicioso, saqué mi lengua y recorrí toda su rajita, desde su arrugado agujerito trasero hasta su clítoris, succionando y mordisqueando cada tramo del recorrido, al frotar mi lengua su estrecho agujerito, se estremeció y se retorció, así que repetí la operación, su hoyito se contraía involuntariamente al sentir mi lengua y un nuevo gemido salió de su boca, apretó los puños contra la cama arañando las sábanas.

    Ay Ariel, que haces, me matas, que bárbaro, ayyyy, ahhh,

    Si, eso quiero, matarte, pero de placer, goza cabrona, así, córrete como puta, quiero chupar tus flujos.

    Sus piernas temblaban y se retorcía, alcancé su clítoris y lo succioné profundo, su cuerpo se tensó y se retorció, hizo esfuerzos desesperados por alejarme de su coñito, a fin de tener un respiro, pero no se lo permití, empecé a succionar más fuerte e introduje un par de dedos por su coñito, húmedo y lubricado por sus flujos, por lo que se deslizaron hasta el fondo sin problema, las paredes de su vagina se contraían en forma involuntaria dando ricos apretoncitos a mis dedos, sus flujos escurrían, los saqué y con sus mismos flujos froté la entrada de su culito con la yema de uno de mis dedos, masajeando los arrugados pliegues exteriores y empujé suavemente ambos dedos, un dedo por su coño y otro por su culo, sin soltar su clítoris succionado por mis labios, se tensó y apretó las nalgas, ahorcando fuertemente mis dedos.

    Ay, que haces, por atrás no, me arde, sácalooo- se quejó.

    Claro que puedes, puta, sé que te gusta, relájate y disfruta, no te lo voy a sacar, así que aguanta, papi quiere tu culo y me lo vas a dar.

    Ese orificio ya había sido estrenado y no había tenido la dicha de ser yo, llegó a mi mente la imagen del culo de mi novia profanado por la enorme verga de Arturo, lo que me turbó y no escuché sus ruegos, siempre había tratado de ser tierno y gentil con ella y cuando mi dedo había logrado penetrar su apretado orificio en ocasiones anteriores, cuando empezaba a quejarse, desistía de mi intento, siempre con la esperanza que en la siguiente ocasión lograría mi objetivo, en esta ocasión sería diferente, estaba molesto, y en vez de sacar el dedo se lo hundí más profundo, mi novia se retorció y dio un alarido, pataleó e intentó zafarse, sin éxito, saqué los dedos y en un acto de compasión puse saliva en su agujero antes de volverlos a hundir..

    Ay, me lastimas, no seas cabrón, ayme dueleee – gritó Adriana.

    ¿Te duele putita?, Tranquila, relájate si no quieres que te duela, ya te dije que no te voy a sacar los dedos, tu culo me pertenece, es mío, así que no te queda de otra, relájate- Le expresé con determinación.

    Poco a poco su cuerpo se rindió, entendió que no le iba a sacar los dedos y dejó de patalear, así que empecé a mover mis dedos, los metía y sacaba, masajeando sus paredes internas, mis dedos se rozaban entre ellos, solamente separados por una delgada capa de piel, mi lengua dentro de su coño y succionando su clítoris, empezó a retorcerse y a convulsionar, sus jugos empezaron a escurrir entre sus piernas, empezó a gritar de placer.

    Agh, ay, me corro, me corrrooo- Gritó

    Así córrete, cabrona, córrete como puta, goza como zorra, mi zorraaa – le dije y regresé a chupar su coño.

    Sentía los espasmos de sus paredes internas apretando mis dedos, sus jugos escurrían y los succionaba con deleite, terminó de correrse y se desplomó en la cama, pero no pensaba darle tregua, rápidamente tomé un condón, me lo puse, le abrí las piernas y la empalé profundo, de una sola estocada, mis huevos chocaron con sus nalgas, y empecé a embestirla salvajemente, duro, se escuchaba el golpeteo de mi pelvis contra su cuerpo, como un aplauso, celebrando la cogida, celebrando el castigo que le daba a mi novia, el tierno Ariel había desaparecido, estaba convertido en una bestia, un monstruo con hambre de hembra, que sólo pensaba en su placer, Adriana era mi puta y la estaba tratando como tal, castigándola por su infidelidad, la seguí empalando y mordiendo sus labios, mi lengua recorría su cara en forma obscena, le gritaba lo puta que era, la escuchaba gritar y gemir y más duro le daba.

    Se la saqué, le di vuelta, poniéndola en cuatro, piernas bien abiertas, la tomé del cuello y empujé su cabeza hasta que tocó el colchón, abrí sus nalgas lo más que pude y la empalé profundo, Adriana no paraba de gritar y gemir.

    Así, gime como puta cabrona, se nota que te encanta la verga.

    Le abrí más las nalgas y escupí directamente en su hoyito, mi pulgar empezó a frotar su entrada sin dejar de embestir, dejé caer otro poco de saliva en su culo y empujé mi dedo pulgar dentro de su culo, Adriana dio un agudo y fuerte grito, intentó zafarse, si bien no era un tipo corpulento, si era lo suficiente como para poderla dominar y le di una nalgada seca, con fuerza, y repetí el procedimiento en su otra nalga.

    Quieta perrita, aquí manda papi, no te portes mal, o papi te castigará- le señalé

    Sentí que mis cachetazos relajaron el culo de Adriana, así que empecé a girar mi dedo, cuando sentí que entraba y salía con facilidad, saqué mi verga de su coño, me quité el condón y apunté directamente a la entrada de su culo, empujé, su culo se resistía, seguí empujando hasta que fue cediendo y ensanchándose, entrando mi verga en su cálido y apretado agujero, pataleó, maldijo, gritó, pero no pudo zafarse, le propiné otro par de fuertes nalgadas, la tomé del pelo y la jalé hacia atrás, obligándola a curvear su espalda.

    Ay, Ariel, que te pasa, eres una bestia, suéltameee, me estás violando, ay, sácala, me duele – Gritaba y se retorcía.

    No te la voy a sacar puta, así que relájate y goza cabrona, te voy a preñar este culo de puta que tienes, ufff, que rico culo, agh, me encanta como me aprietas la verga, no sé cómo no te había ensartado antes, pero desde hoy es mío.

    Seguí empujando, embistiendo, lento pero firme, sin detenerme, mi única muestra de compasión fue ir escupiendo saliva en su culo al tiempo que iba entrando mi verga, hasta que se la ensarté toda, seguía quejándose y pataleando, la solté del pelo para apoyar mis manos en su cintura y embestirla con fuerza, dio un grito desgarrador e intentó escapar echando su cuerpo hacia adelante, pero seguí su movimiento y mi cuerpo quedó encima de ella, dominándola completamente, mi verga enterrada hasta lo más profundo, disfrutando ese suave y ardiente agujero que envolvía mi carne, sus espasmos ahorcando mi verga, sus paredes internas se contraían y se ensanchaban buscando acoplarse al diámetro de mi miembro.

    Me daba rabia saber que Arturo fue el primero en disfrutar de ese rico tesoro, y empecé a embestirla duro, sin compasión, poco me importaron sus gritos y quejidos, era mi forma de vengarme, aumenté la velocidad de mis embestidas prácticamente taladrando su culo, violándolo, metí una mano entre sus piernas y hundí mis dedos en su vagina, estaba chorreando, los saqué y con sus flujos masajeaba su clítoris, se sentía duro, a pesar de todo estaba excitada y seguí besando su cuello, mordisqueando su oreja y susurrando al oído:

    Así te quería tener, puta, siente a tu macho, me perteneces, tu culo es mío, solo mío, putaaa,

    Sé que te duele pero te está gustando perrita, tienes el coño babeante y tu clítoris duro, eres una zorra, te gusta que papi te castigue.

    Su única respuesta fueron fuertes gemidos, lágrimas escurrieron por sus mejillas, se retorcía en la cama, mi cuerpo sudoroso encima, aplastándola, castigándola por puta, quería que sufriera, que sintiera dolor y más duro la embestía, hasta el fondo de su culo.

    Ay Ariel, ay, me revientas, ayyy

    La cálida suavidad del interior de su cuerpo apretando mi verga me volvían loco y ya no pude aguantar más, le dí una nueva embestida profunda y me corrí intensamente llenándole sus entrañas de mi leche, chorros y chorros de leche ardiente, la corrida más intensa que hubiera tenido memoria, Adriana también se corría, la escuché gemir y convulsionar bajo mi cuerpo, gimiendo de placer, todo su cuerpo temblaba, los espasmos de su culo apretaban más fuerte mi verga, ahorcándola, exprimiéndola, ordeñándome y sacándome hasta la última gota de semen.

    Me desplomé sobre su cuerpo sudoroso, sin sacar mi verga de su culo, con mi respiración agitada y mi corazón palpitando, hasta que poco a poco mi verga fue perdiendo rigidez saqué mi verga y me di media vuelta, dándole un respiro, quedando mi cuerpo a un lado de Adriana, y me quedé viendo al techo.

    Poco a poco fui tranquilizándome y recuperando la cordura, me había vuelto loco y un sentimiento de culpa me invadió, había maltratado a Adriana, prácticamente la había violado, los celos me cegaron y la había tratado como una puta barata. Me quedé inmóvil, esperando su reacción, tal vez había ido demasiado lejos y por un momento temí perderla, incluso conociendo sus ideas, llegué a pensar que podría denunciarme por violación y me imaginé tras las rejas.

    Ay Ariel, que bestia fuiste, me has dejado toda adolorida, me duele todo el cuerpo, me has forzado, prácticamente me has violado, cabrón.

    Pensaba pedirle disculpas, pero no salían palabras de mi boca, seguía inmóvil estático, cuando de repente sentí que Adriana se volteaba hacia mí y me daba un beso en la mejilla.

    Ufff, pero a pesar de todo Ariel, me has hecho gozar como nunca antes, no conocía tu otro yo, el Ariel salvaje y rudo.

    Me gusta mucho que me trates como una princesa, amor, no quiero perder al Ariel suave y tierno, aunque de vez en cuando, podrías dejar escapar ese lado salvaje, pero ya no me des chupetones en el cuello, ¿podrías?

    Sentí un alivió, Adriana buscó mis labios y me dio un rico y tierno beso, la abracé con fuerza, contento, había pensado lo peor.

    Cabe señalar que esa noche la hice mía dos veces más, pero dejé descansar su culo, sabía en carne propia el dolor y escozor que se puede sentir y estaba seguro de que se lo había dejado muy maltrecho, aunque mi verga no tenía las dimensiones de la de Arturo le había dado muy duro y sin usar lubricante, solamente saliva, sus flujos y mi propio precum para encularla.

    A partir de entonces me siguió dando el culo, por lo menos, eso tendría que agradecerle al desgraciado de Arturo, nuestros encuentros se volvieron más excitantes, me encantaba dominarla, le seguí dando chupetones, pero ya en lugares que no fueran visibles como en sus tetas o en las nalgas.

    Seguía teniendo cierto resentimiento con Arturo, pero ya tendría tiempo para arreglar cuentas, así que el siguiente lunes decidí regresar a los entrenamientos y sabía que me encontraría con Arturo, lo que pasó se los cuento en el siguiente relato.

    Si les gustó, háganmelo saber, mi correo es [email protected].

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    «Por una apuesta entregué a mi novia a mi amigo y amante»

    «Por una apuesta entregué a mi novia a mi amigo y amante 2»