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  • Confesiones prohibidas (1): El comienzo

    Confesiones prohibidas (1): El comienzo

    La seguida de relatos que estoy a punto de confesar ante ustedes narran mis más profundas e íntimas experiencias vividas, fantasías y conflictos. Todos estos vienen acompañados por cierta sensación de liberación y desahogo, puesto que no siempre me he mantenido al margen de lo incorrecto, es más, son muchos los inocentes que se ven involucrados en mis turbias perversiones: tramando y entretejiendo siniestros planes he ideas y manipulando los instintos básicos de todo ser humano. Por lo que heme aquí, recurriendo a esta página de relatos para alivianar mi sobrecargada conciencia con la estimulación de los sentidos de todo desconocido que disfrute de este tipo de contenido, lo cual, siendo honesto; también despierta cierto morbo en mí el hacer que estas historias salgan a la luz de este modo, algo cobarde… lo sé, oculto entre las sombras de falsa seguridad que brinda el anonimato de internet.

    Cabe recalcar que el mayor de mis conflictos en cuanto a la sexualidad lo sufro con mi amada esposa, y la visión completamente opuesta que tenemos sobre ésta. Mientras que ella aboga por una vida más conservadora, moral y tradicionalista. Yo soy un lujurioso empedernido, sobrecargado por años de llevar una intimidad demasiado pasiva y apagada, puesto que me he dedicado todo este tiempo a complacer la vida pudorosa de mi mujer y su desinterés por lo sexual, lo que terminó por convertirme en una bomba de pasión y lujuria a punto de estallar.

    No me queda más que recalcar que no soy un gran escritor, pero me esfuerzo mucho en lograr algo de calidad; poniendo especial importancia en expresar mis relatos de la forma más fiel a lo vivido y a las sensaciones que despertaron al momento de estar ocurriendo, tratando en todo momento de crear algo fácil y cómodo de leer. Me disculpo de antemano por cualquier falta o error en la escritura.

    Quedo a merced del lector; abierto a cualquier comentario, crítica o sentimiento que hayan despertado al leer estos humildes relatos.

    Junio, 2021. Noche de insomnio. Ya se estaban haciendo costumbre estas largas noches interrumpidas que tanto odiaba, entre vuelta y vuelta; cada una más inútil que la anterior se me hacía imposible retomar el sueño, y ya habían sido demasiadas noches como esta, hasta llegar al punto de andar con una apariencia gastada y somnolienta las últimas semanas, lo que en mi clara piel se marcaba demasiado, en particular las ojeras; evidencia de mis malas noches y falta de descanso. Esto provocó que mis cercanos se preocuparan por mi estado de salud, a lo que respondía con un gesto de incredulidad y exageración. Nunca me hubiera atrevido jamás a compartir con alguien lo que atormentaba mi conciencia y robaba mi tranquilidad por las noches, al menos, no con alguien de mi círculo ni mucho menos en una conversación, pero definitivamente necesitaba comenzar a cambiar las cosas, así que esta vez decidí que fuera distinto mi sufrir. Procuré no seguir el interminable juego de las mil vueltas para intentar inútilmente de ser alcanzado por el sueño, así que simplemente me levanté resignado, al final, cualquier cosa hubiera sido mejor que esa locura. Me moví cuidadosamente por la cama entre la oscuridad nocturna, intentando perturbar lo menos posible los dulces sueños de mi joven esposa, Catalina. Partí rumbo a la cocina por algo de beber, pero me devolví lo poco que había avanzado y me quedé unos minutos de pie junto a ella, observando su silueta dibujada por el tenue haz de luz que entraba por la ventana. Disfruté de su dulce respirar y su delicioso aroma, deseando poder colarme en su mente, y violar la tranquilidad y pureza de sus inocentes sueños. No pude resistir el hacer contacto con mi hermosa, con el frente de mis dedos índice y medio acaricié su suave carita una y otra vez, para luego lentamente llevarlos hasta sus hermosos senos y acariciar con delicadeza su pequeño pezoncito que se escapaba de su pijama de satín; no pude abandonar la habitación sin antes culminar mi atrevimiento robando un suave y marcado beso de sus labios dormidos, agradeciendo a la vida por tenerla a mi lado.

    Retomé mi rumbo a la cocina, esta vez necesitaría algo más fuerte que simple agua; por lo que el minibar fue mi destino. Tomé un vaso ancho y serví el dorado licor acompañado de hielo y nada más, me recosté en el sillón de la sala de estar y procedí a pensar y a pensar, meditar y meditar, volviendo esto mi mente cada vez más errática y confundida. Tal baja muestra de filosofar mediocre y sin sentido no era más que un escape a las frustraciones que realmente atormentaban mi calma, frustraciones que no me atrevía a encarar por miedo a las consecuencias y a lo que me arriesgaba a perder, pero no podía más, no podía seguir así. ¿Cómo poder ser capaz de lidiar con tales perversiones? ¿Era normal o natural tener necesidades tan turbias y obscenas? ¿Vale la pena arriesgar la maravillosa vida que llevas junto a esa persona? Peor aún, cuando se comparte la vida con la única persona que no estás dispuesto a arriesgarte a perder, por la que respiras y luchas día a día. Sé que como adulto joven me faltan muchos caminos y experiencias por vivir, pero con humildad puedo decir que a mis 28 años ha sido considerable el agua que ha corrido por debajo de este puente. Por esto mismo, es difícil explicar mi incapacidad total para controlarme, para controlar mis tan bajos instintos; casi como si volviera a ser un púbero, un pendejo descontrolado por las hormonas alborotadas y necesitado desesperadamente por experiencias sexuales desconocidas y exploración fémina. Patético, lo sé, pero definitivamente debía hacer algo al respecto, o no podría retomar mi calma y vivir en paz nunca más. En momentos como estos envidiaba enormemente a esas parejas con la capacidad y transparencia absolutas, que pueden decir y confesar lo que sea sin herir susceptibilidades ni perder la confianza del otro, es más, añoraba ser una de esas parejas que se dedican a complacer los deseos del otro sin importar lo desviado que parecieran ser.

    Sentado con mis patéticos dilemas y lamentos, la calma comienza a llegar por fin a mí de la mano de los recuerdos sobre Catalina, mi hermosa y amada Catalina. Decir que la amo es poco, tengo la suerte de compartir mi vida con la mujer de mis sueños; cosa que pocos pueden realmente decir. Pero es por esto mismo mi frustración, el vivir con la persona que enciende tus deseos más íntimos y profundos; pero no poder hacer algo al respecto por respeto a su persona y a nuestro matrimonio, es simplemente desquiciante. Comencé a pensar en su hermoso cuerpo de 24 añitos, su piel clara y suave que me encanta recorrer por completo con mis labios, su hermoso cabello largo y castaño, su bello rostro de lindos y definidos rasgos. Me encanta que sea relativamente alta, un poco más que el promedio de mujeres, haciendo que su 1.75 combine muy bien con mi 1.85.

    Una cosa llevó a la otra, los ánimos en mi ropa interior comenzaron a levantarse, por lo que recurro a la única válvula de escape que había encontrado para noches como esta; buscar y consumir pornografía en el internet. Así que procedo a utilizar para esto mi celular, pero a medida que buscaba y buscaba me iba dando cuenta que ya no era suficiente para calmar mis ansias; se había vuelto la droga que dejaba de hacer efecto en mí sistema, además ¿por qué recurrir a tan indebido recurso cuando me bastaba simplemente con pensar en ella y el motor de mi placer pone marcha sin fin ni control? Honestamente, de haber podido me hubiera abalanzado sobre ella en ese mismo momento mientras descansaba en nuestro lecho; y la hubiera hecho mía una vez más, pero ya era tarde y un día nuevo por comenzar se avecinaba, además que no podría resistir otro rechazo suyo por culpa del sueño y la responsabilidad de tener que madrugar. Así que recurro a los recuerdos: al día en que la conocí, a las últimas veces que lo hicimos (las cuales habían sido hace un buen tiempo) a la mágica oportunidad en la que me entregó su flor. Todos atesorados recuerdos que en mi memoria descansan, los cuales me estremecen completamente cuando los revive mi mente pervertida, pero en esta oportunidad fue otro el recuerdo que me invadió, siendo cubierta mi imaginación por completo. Era un recuerdo más burdo e incluso absurdo en varios sentidos, pero que me hizo perder la razón en ardiente excitación descontrolada.

    Viajé unos pocos días al pasado, cuando habíamos salido con nuestra pequeña criatura, andamos haciendo cosas sin mayor importancia en estos raros días de pandemia. Catalina llevaba puesto ese vestido aflorado de hermoso café claro que me encanta cuando lo viste, está hecho con una tela muy suave y se apega delicadamente a su cuerpo; haciendo que resalten sus destacables y finos atributos, su contextura delgada y su linda figura se ven muy beneficiadas cuando lo usa. Siempre he creído que tiene cuerpo de modelo, a pesar de todas las razones absurdas e irreales que busca para acomplejarse de él, esto me hace luchar todos los días por lograr que entienda lo equivocada que está; pero simplemente no cree lo hermosa que es ni en sus dotes tan deseables que posee. Sus senos; según ella… pequeños, pero que en realidad tienen el tamaño perfecto como para realzarlos con un leve escote y para ser masajeados con mis toscas manos, me encanta cuando los trae libres en la intimidad de nuestro hogar y se marcan sus pezoncitos bajo la prenda de turno. Su culo es mi perdición, me descontrola y me vuelve un animal esclavo de sus primitivos instintos: grande, redondito y suavecito como la ceda. Pero que le viene en perfecta armonía con su delicada figura. Según ella, tienes demasiado y se quitaría un poco, pero primero muerto antes de dejar que haga tal atrocidad al atributo que alimenta mis deseos más pervertidos. Ese día en cuestión caminábamos por las calles céntricas de la ciudad, que, a pesar de haber restricción de salir solamente a hacer lo estrictamente necesario y bajo autorización escrita; estaban atestadas de gente. Mi andar se vio ralentizado, puesto que llevaba de la mano a nuestro pequeño y sus cortas piernitas, ella, con su característica personalidad distraída y despreocupada que me encanta; nos adelantó, sacándonos una distancia considerable. Mantuve esa distancia de algunos pocos metros, los cuales no eran los suficientes como para perderla de vista, pero que nos volvían dos completos desconocidos. Comencé a observarla detenidamente, me encantaba como interactuaba con el mundo que la rodeaba, fluía entre las personas con su hermoso y sensual toque al andar: un leve meneo casi imperceptible a simple vista que hace con sus nalguitas, que marcan cada uno de los pasos que da. No podía dejar de mirarla, se veía hermosa, radiante e iluminaba las grises calles. Durante ese corto lapso que me tomó alcanzarla la velocidad del mundo se redujo, casi al punto de detenerse por completo, mientras mi corazón comenzaba a latir cada vez más fuerte, y la temperatura en mí comenzaba a subir, me gustaba lo que veía y disfrutaba cada segundo. Me hice uno más entre el tumulto, un extraño más entre la multitud ajeno por completo a su vida. Así fue como me di cuenta de las muchas miradas que robaba, llamaba poderosamente la atención de la mayoría de los machos que se percataban de su presencia, que comenzaban por clavarle sus miradas, las cuales se convertían en miradas calientes de deseo y lujuria. La recorrían con la vista de pies a cabeza haciendo una marcada detención en su hermoso culo, algunos más atrevidos desde muy cerca, otros hacían comentarios apagados en sus bocas que de seguro exclamaban degenerados comentarios. En ese momento exacto fue que algo prendió dentro de mí, una excitación incontrolable, casi eléctrica me recorrió de pies a cabeza alojándose directamente en mi pene; con la capacidad de hacerme acabar en ese mismo instante. Con cada paso que daba se acrecentaba más y más esta deliciosa sensación de perversión y malicia, tuve que recurrir a la bolsa que cargaba en mi otra mano para disimular el bulto que se acrecentaba en mi pantalón. Un cálido viento levantó levemente su vestido, llevándolo hasta la parte baja de su trasero, dándonos a mí y a casi una decena de extraños una minúscula vista de la tierna ropa interior rosada que llevaba en esa oportunidad, y haciendo que sus piernas mostraran algo más de su recatado ser, pero, para evitar seguir mostrando más de la cuenta, rápidamente lo bajó con ambas manos apegándolo aún más a sus ricas nalgas, provocando que se marcaran sus calzoncitos de niña buena en su gran culo. Mi respiración se aceleró y mi vista se nubló, en ese momento fue que se percató de su soledad y volteó para encontrarnos, no pude hacer otra cosa más que embestirla a su regreso con un intenso y apasionado beso, ignorando por completo su timidez ante las muestras de afecto en público.

    Termino mi asunto en el baño; dando fin a la inmadura sesión que realicé en él, que culminó con uno de los orgasmos más intensos que se puedan dar por cuenta propia, y sin poder creer el poder que tenía el pensar en mi tierna Catalina siendo objeto de placer de otros. La abundante evidencia de mi patética fechoría se va con el agua del inodoro, y aprovecho de asear cualquier otra que haya quedado sobre mí. Vuelvo a donde pertenezco; junto a mi bella durmiente, que como siempre se encontraba apuntando su bella retaguardia hacia mi persona, cosa que no dudo en aprovechar recostándome con sumo cuidado y tapándome con las sábanas. La apego a mi cuerpo, mi torso desnudo quedó junto a su pequeña espalda cubriéndola por completo y presionaba mi pene oculto en mi bóxer sobre su dotado trasero. A pesar de mi anterior fechoría, mis ganas por tenerla no se vieron disminuidas, muestra de ello era la erección de mi pene creciendo cada vez más y calzando ajustadamente entre sus nalgas ricas. Pierdo completamente el control como si lo del baño jamás hubiera ocurrido, me desvisto para dejar libre mi prominente miembro que en mi ropa interior se ahogaba, le quito la parte de abajo de su pijama de suave satín, para dejar expuestos los calzoncitos que su madre le regaló, calzoncitos que son evidencia del tipo relación que mantiene con ella y a la crianza que aun la marca tanto, en resumidas palabras: nunca la ha dejado de ver como una niña, una pequeña niña, vulnerable e inmaculada. Muestra de esto eran estos calzoncitos en cuestión, blancos y con diseños infantiles que mayormente me encantan; desde una perspectiva perversa y de dominación, pero que, en más de una oportunidad he deseado que use algo más atrevido y lujurioso. Con mi mano separo levemente una de sus nalgas con delicadeza permitiendo empujar su calzón con mi pene hasta lo más profundo de tan privada zona, zona que durante toda nuestra relación ha sido completamente prohibida para cualquier tipo de actividad de índole sexual, pero que no resisto intentar explorar rogando que por algún milagro me permita cumplir tan turbia fantasía. A pesar de estar acariciando y rozando sobre su ropa interior lograba sentir claramente lo que ahí se ocultaba. Comencé a rozar suavemente con mi pene descubierto su delicioso ano mientras mis dedos acariciaban delicadamente sobre su vagina, hubiera dado lo que fuera por poder quitárselos. De repente me percato que ella comienza a seguirme el ritmo; dando leves movimientos pélvicos, pequeños círculos que realizaba con sus caderas y acentuaban el roce de mi sexo en su virginal orificio. Con su manito me tomó de la mejilla y me acerca a su boca, la cual mirando hacia atrás me estampa el más obsceno beso que me haya dado nunca, siendo en esta oportunidad su deliciosa lengua la que invadía mi boca y no al revés como de costumbre. Pequeños gemidos ahogados por lujurioso besos escapaban de su boquita, mientras los roces y caricias atrevidas se intensificaban, y sus inocentes calzones se humedecían cada vez más con las caricias de mis dedos. Comienzo a bajar su ropa interior para llevarla un paso más allá, pero su mano detiene la mía, y susurrando me dice:

    —Estoy cochinita, me tengo que asear.

    —Sabes que eso no me molesta, estás perfecta para mí. Aunque no te hubieras bañado en un año entero seguirías siendo igual de irresistible.

    —Lo sé, por eso y otras cosas te amo tanto, pero te mereces lo mejor. Pero no te preocupes, déjame compensártelo.

    Sin parar de besarme se levanta quedando de rodillas junto a mí en nuestra cama, comienza a bajar por mi cuello besando y lamiendo para continuar por mi pecho. Lentamente va llegando cada vez más abajo, haciéndome abrir mis piernas y posarse entre ellas. Al acomodarse ante mi sexo comienza a besármelo y acariciármelo con suavidad y ternura, me tenía en las nubes. Demás está explicar que esto era algo completamente nuevo entre nosotros, el que fuera ella la que tomara las riendas de nuestra relación sexual, era simplemente algo que jamás había ocurrido. La leve falta de experiencia lo compensaba con ánimos de hacerlo cada vez mejor; junto a su preocupación que la hacían preguntar a cada segundo si lo estaba haciendo correctamente, y si yo lo estaba disfrutando, lo que respondía con nada más que elogios, comentarios morbosos de todo lo que me gustaba de ella y uno que otro pequeño consejo para hacerme sentir lo mejor posible. Una vez que comenzó a ser más cuidadosa con sus dientes y a usar más su lengüita me llevó directo al paraíso. Comenzó a acelerar más y más intentando llevarlo cada vez más adentro, no pudo llegar hasta el fondo; pero debo reconocer que se esmeró bastante intentándolo, algunas veces lo sacaba para lamerlo y besarlo, ayudándose con su suave manito la que aprovecha de masturbarme cada vez que lo sacaba de su boca, y luego continuaba chupándomelo y metiéndoselo hasta el fondo. Con una de mis manos le tomo su pelito para tener visual completa de su sucia boquita y que este no se ensuciara, y al mismo tiempo con la otra acariciaba su cabecita. Con tal increíble estimulación no le tomó mucho tiempo para llevarme hasta estar a punto de acabar, le advierto que no faltaba mucho, para evitar llenarle su boquita de mi semen pensado que lo rechazaría por completo, pero hizo caso omiso y siguió a pesar de mi advertencia. Para el clímax no se detuvo en ningún momento a pesar del semen de mi eyaculación, nunca me había hecho acabar tan rico. A pesar de haber terminado con el orgasmo más intenso de mi vida, nada la detenía en su tarea; determinada a darme placer, a pesar de que mi pene estaba poco a poco más flácido y mi semen escapaba por los costados de su boquita terminando en mi zona púbica, completó su misión dándome tierno besitos en mi glande que me provocaban fuertes espasmos de placer post eyaculación. Fue indescriptible, me llevó al paraíso y nuestra cama se convirtió en una nube en la que me encontraba flotando drogado de placer. Jamás, en los seis años que llevamos juntos me hubiera imaginado algo así. Me sonrió muy coqueta con restos de semen aun en su boquita y mejillas, fue al baño a limpiar el pecado que le quedó, para volver con algo de papel sanitario y limpiar tiernamente y con mucho cuidado mi pene y toda huella que haya quedado. Al terminar me saltó encima en un abrazo de oso en el que nos reconciliamos después de tanto tiempo, entre arrumacos y caricias nos dispusimos a dormir lo poco que quedaba de noche, y lo último que me dice es:

    —Perdóname por abandonarte durante tanto tiempo, te juro que desde ahora haré lo que sea por hacerte feliz.

    Sellamos nuestro pacto con el beso más apasionado y profundo de nuestra vida.

    Por fin las cosas comenzaban a mejorar, pero sin tener idea alguna de los límites a los que llegaríamos…

  • El culo casi virgen de mi prima María

    El culo casi virgen de mi prima María

    María siempre me pareció algo feíta. Muy morena para mi gusto, me parecía poco agraciada, aunque siempre ha sido la más alegre y jovial de toda la familia y, por cierto, la más culona y piernona de todas las primas.

    Siendo primos, jamás tuve una intención más allá de la familiar con ella. Cuando éramos jóvenes y nos encontrábamos, salíamos a comer, a tomar algo, conversábamos mucho, nos reíamos. Me contaba sus desventuras amorosas (siempre fue fatal su suerte con los hombres) y luego cada uno a casa.

    Unos años después que me casé, María llegó a vivir a Lima una temporada, por un trabajo temporal. Se alquiló un cuarto cerca mi departamento y casi interdiario iba a visitarnos. Se hizo muy amiga de mi esposa. Cenábamos juntos, veíamos algo de tv. Alguna vez tomábamos algo y luego ella se iba a su cuarto. Algunas veces la acompañábamos mi esposa, mi hija y yo, otras yo sólo y unas pocas veces se iba sola. Eran pocas cuadras, así que todo tranquilo, de ida y vuelta.

    Una noche. Hacia las 7 pm, llegó como de costumbre. Mi esposa no estaba. Había salido con mi hija a visitar a unas primas suyas que habían llegado de Cuzco. Nos sentamos en el sofá y comenzó a contarme sobre su nueva decepción amorosa. Cuando estábamos con mi esposa nunca hablaba de su vida amorosa. Así que supuse que, siendo primos, se sentía más cómoda a solas.

    Como siempre el novio de turno la había abandonado. Ya conocía muchas razones para que ello sucediera. Así que esperé la repetición de alguna de ellas. Pero esta vez fue más allá. Comenzó a contarme sobre su vida sexual, algo que nunca había hecho, al menos no tan abiertamente y finalmente dijo que su último novio le había pedido tener relaciones anales. Que ella se había negado, pero que, tras mucha insistencia de él, aceptó.

    Me dijo que cuando eso sucedió (no me dio detalles), ella estaba “muy caliente” y que no le había dolido y que había tenido un orgasmo muy rápido. Le dije que eso era usualmente muy raro, pues suele doler y ser algo difícil la primera vez. Ella, ya con el despecho encima, me dijo que el pene de su último novio “era muy pequeñito” y que no tuvo problemas con eso. Y que, cuando hicieron el anal, supone por eso fue tan fácil para ella.

    Al final, luego que ella gozó entregando su culo. El novio comenzó a reclamarle que le había mentido. Que tenía el culo abierto y usado. Que era una perra y terminó con ella esa misma noche.

    María no estaba desconsolada. Hombres más, hombres menos, ya estaba curtida. Sólo molesta por haberse entregado analmente, ya cerca a los 30 años, a un hombre que no la valoró en nada.

    Yo me había excitado con la conversación y mi verga se había erectado. Pero no le decía nada pues no esperaba nada. Sólo le daba valor para seguir adelante y le decía que por el culo es muy sabroso y que ya iniciada lo debería aprovechar.

    Me dijo que nunca había tenido un orgasmo tan rápido como esa vez con su ya ex – novio. Y le dije que ya tendría una forma nueva de disfrutar su cuerpo y el sexo. Mientras se lo decía ella me miró a los ojos y me dijo “primo, se te ha parado” y comenzó a reírse. Yo me avergoncé un poco y le dije que lo que me contaba había sido muy excitante.

    Ella siguió riéndose y me dijo que tenía que irse. Y se fue. Mucho antes de cenar y de la vuelta de mi esposa. Se desapareció unos días. Cómo a la semana volvió a la hora de la cena. Con jamón y pan. Cenamos como de costumbre y desde allí la normalidad volvió. No volvió a hablarme de mi erección.

    Unos dos meses después de nuestra conversación. Llegó al departamento de improviso. Mi esposa había ido a un cumpleaños con mi hija. Como era devota del Facebook, estaba posteando sus fotos desde allí. Unos 15 minutos después de la primera foto posteada, mi prima apareció.

    La hice pasar, nos sentamos en el sofá. Ella vestía una minifalda muy corta. Se sentó a mi lado y se cruzó de piernas. Lo que hizo que se recoja y me permitía ver sus muy bien formadas piernas. Prendí la tv y comenzamos a divagar en la charla.

    De pronto ella me dijo “primo, lo volví a hacer”. Pecando de cojudo le pregunte ¿Qué cosa prima? Se río y me dijo, por atrás pues tonto. Me sonrojé y ella se río. Me contó. Había conocido a un chico en una fiesta, habían ligado y ella le había dado el culo a la primera. Me dijo que disfrutó maravillosamente. Pero que al día siguiente se enteró que el chico era casado y lo bloqueó.

    Le dije “espero no me bloquees prima, también soy casado”. Le tocó reír y comenzamos a reírnos ambos. Y entre risas, comenzamos a tocarnos y muy pronto a besarnos. Nunca nos había pasado, ni habíamos tenido deseos de hacerlo ni cuando yo estaba soltero. Simplemente se dio.

    Sentí que su respiración se aceleraba. Me paré. La acomodé en cuatro patas sobre el sofá. La minifalda era tan corta que no fue necesario sacarla. La tanga la baje a la mitad de los muslos. Sin preguntarle nada, se la metí directo a su coño ya húmedo.

    La sentí gemir y moverse aceleradamente. Sin que yo se lo pida, ella me dijo “primo, hazme la cola”. No sé de dónde sacó esa frase. De la tv o un vídeo porno o una conversa con sus amigas. Pero me puso a mil. Unté saliva en su culo y sin que me repita la pregunta o se desanime, se la empuje toda. Vaya si se la tragaba. Para ser una mujer con sólo dos culeadas previas, le entraba demasiado fácil.

    Y fue cierto. En pocos segundos, menos de un minuto, llegó por su culo. Y yo seguí dándole en perrito ella gemía casi salvajemente y tuvo un segundo orgasmo. Le dije “prima ahora tú montas sobre mi”. Se la saqué. Me senté en el sofá y ella se sentó de espaldas a mí. Con mis manos conduje mi verga a su culo y ella empezó a cabalgar. Tuvo un tercer orgasmo. Antes y después gemía como poseída.

    Yo estaba loco. Comerme a mi prima me ponía a mil. En mi casa lo multiplicaba por mil más. Y sentirla tan puta por mil más. Le pedí que se acueste en el sofá. Eso hizo. Puse sus piernas casi sobre sus propios hombros y la penetré analmente. En esa pose entra toda la verga. Hasta el último centímetro de ella. Comenzó a gemir y tuvo un cuarto orgasmo. La bese y me beso. Le llené el culo de leche. Me quedé tirado sobre ella unos minutos.

    Ella jugaba con mi cabello y sólo me decía “primo, primo, primo”.

  • El juego de las llaves (Parte 2)

    El juego de las llaves (Parte 2)

    Continuando con el relato anterior, cuando nos levantamos y decidimos contarnos que había pasado la noche anterior, mi esposa me escribió en un texto que solamente había mamado la verga de Juan, le había hecho una rusa con sus tetas y la alcanzó a penetrar hasta qué Juan terminó fuera, y que no había sido nada del otro mundo, obviamente no le creí; al ver que estaba echando mentiras yo no más le dije que su hermana me había mamado la verga y la penetre hasta que termine pero que me había puesto un condón, obviamente eran mentiras ya que la disfruté al natural.

    Pasó una semana y Sandra hizo un grupo en whatsapp donde estábamos todos los que jugamos y dijo que si volvíamos a jugar el fin de semana, que fuéramos a su apartamento lo cual todos aceptamos y fuimos el sábado. Llegando al apartamento estábamos todos y dijo que había invitado a su tía que venía con su pareja de visita a la ciudad, nos dijo que si no había problema a lo qué todos dijimos que no.

    Nos pusimos en la mesa y decidimos empezar el juego más temprano para tener más tiempo, se volvieron a explicar las reglas y el tiempo para estar con cada uno aumentó a 5 horas. Cuando estábamos en la mesa Juan se acercó a mi esposa y pude escuchar cuando le susurró al oído:

    Juan: ojalá que me vuelvas a tocar otra vez tú maldita perra.

    Mi esposa se hizo como si nada hubiera pasado y le dio un trago a su bebida; bueno chicas es hora de sacar sus llaves.

    Así quedaron las cosas:

    Tío Jesús con Mariana; Roberto con cuñada Alma; Yo con tía Angélica; Pedro con Sandra; Luis con mi esposa; Juan con cuñada Rosa.

    Cuando estábamos así parados escuché que Sandra dijo:

    Sandra: va estar muy aburrida tu esposa porque a Luis no se le para y cuando se le para dura 1 minuto en terminar, así que no te preocupes.

    Todos salieron, la tía y yo decidimos quedarnos en casa de Sandra.

    La tía Angélica media 1.60 o poquito menos, sus tetas eran operadas y estaban algo grandes, su culo era algo notable y sus piernas algo torneadas, de la cara no estaba mal, el pelo era negro con algo de canas.

    Al estar solos le pregunté qué si le explicaron lo del juego, a lo que la muy zorra me dijo ya, por eso estoy aquí, a lo que me aventó contra el sillón y comenzó a desvestirse y a bailar un poco, eso pe puso al mil, ya que quedo completamente desnuda pude ver su hermoso cuerpo y pude notar que no estaba depilada del todo su vagina aún me marcas excite mas.

    Vio que mi pene estaba ansioso por salir a lo que me quito el pantalón y bajo mi bóxer y pude ver como reboto mi pene y casi le pega en su cara.

    Tía: está de muy buen tamaño y tiene buen grosor, habrá que probarla.

    Y si comenzó a mamar mi pene se lo metía todo a la boca y casi se ahogaba cada que hacía esa acción, se lo sacaba de su boca y comenzaba a chuparme y succionarme los huevos, cuando iba acabar le dije que ya no aguantaba más y agarro mi pene y se tomó toda la leche caliente.

    -Ahora te toca comerte mi vagina cabrón así que dale sírvete.

    Se acostó en el sillón y abrió sus piernas para que yo empezara hacerle sexo oral, le lamía su vagina y le metía dos dedos, ella grita y gemía de lo excitada que estaba, después de un tiempo pude ver como salían sus jugos vaginales y como echaba su cabeza hacia atrás del orgasmo que había tenido, siguió por montarse en verga, lo cual ella se sentó y medio la espalda, yo mordía su espalda y tocaba sus tetas con una mano y con la otra mientras ella se penetraba yo tocaba su vagina, los dos terminamos en un lago orgasmo, la muy perra me dijo ahora sigue mi culo, así que empiézalo a lubricar, a lo que comenzó a mamarlo y meterle los dedos, luego cuando vi que estaba listo puse mi pene en la entrada de su culo y lo fui introduciendo noté que dolía porque ella apretaba sus nalgas, pero después se lo introduje todo, con una mano le agarre el pelo y lo jalaba, con la otra le daba de nalgadas, ella gritaba que le pegara mas fuerte que eso la excitaba, pude ver como ella gritó de placer de semejante orgasmos, cuando yo termine pude notar como la leche inundó su culo y al momento de sacarla, como se le desbordaba la leche por las piernas, ella se comenzó a vestir al igual que yo. No pasó mucho tiempo cuando empezaron a llegar los demás.

    Comenzamos a beber y a platicar, vi cuando Sandra se llevó a mi esposa a la cocina, muy disimuladamente las seguí y escuché su conversación.

    Sandra: como te fue? Lograste tener sexo con él?

    Mi esposa: para nada, no se le paraba por más que hice intentos y nada, al último tuvo una pequeña erección que logre mamársela un minuto cuando él terminó, qué noche tan más aburrida, tendré que llegar y tener sexo con mi esposo, y a ti como te fue.

    Sandra: la verdad me la pase muy bien Pedro es muy caballeroso y me comió la vagina como nadie más.

    Mi esposa: te confesaré que la vez pasada Juan me trato como una perra me hizo correrme varias veces e inundó mi vagina de leche.

    Sandra: pues ojalá me toque para la otra

    Vámonos dijo Sandra mañana nos mandamos mensaje, salí corriendo y me puse en el sillón, horas más tarde nos fuimos a la casa y obviamente llegue a complacer a mi esposa, pero quedé pensando en lo que dijo de Juan.

    Continuará.

  • Cremosa tentación

    Cremosa tentación

    En un viaje de camping estudiantil, descubro atónito como mi novia me cornea con descaro. Me entero que tiene un extraño fetiche conocido como «cuck creampie».

    La estoy observando con admiración, luce espléndida, como siempre. La brisa veraniega hace revolotear su cabello. Se encuentra charlando con unas compañeras, paradas en medio del campo. De seguro tengo la cara de pasmarote embobado.

    La mayoría de tíos en el curso me suelen mirar con desdén y yo creo saber el porqué: mi novia es una de las chicas más guapas del campus, y mi continua expresión de contento por ello les debía resultar altanera. ¡Cómo no estarlo!, si me ponía palote con sólo recordar la follada anterior en su departamento. No sólo es por su espectacular figura, sino por la manera en la que manifiesta su goce, lo hacía de una manera tan vivaz, con su respiración agitada y jadeante, dejando escapar unos gemidos tan dulces que son un néctar para mis oídos. No me refiero a gritos de actriz porno, son notorios si, pero denotan auténtico placer. No importa donde estuviésemos, ella cerraba los ojos y sin reparos se expresaba. De seguro, en los pasillos del campus nos habrán escuchado varios compañeros desde mi habitación.

    La cuestión es que, recordándola montándome en su sofá, se me había antojado de nuevo. No sé cómo nos las arreglaríamos para liarnos en este viaje estudiantil de camping, ya que nosotros estaremos juntos pero, como las cabañas son compartidas, con otras tres personas más.

    En fin, miré a mi alrededor tratando de disimular mi estado de embriaguez lujuriosa, y vi que el macarra de músculos marcados del curso se cruzó a mi lado con cara de pocos amigos, algo ya de costumbre para mí, pero tomaba cautela porque me daba la impresión que de la envidia me daría una hostia.

    Las tareas del día transcurrieron de manera amena, era un viaje más recreativo que de estudios. Ya de noche en la cama, abracé a mi chica y nos hicimos unos mimos hasta quedar dormidos. Tuve un sueño en el que estaba corriendo un maratón. Las exhalaciones de los demás competidores eran por demás extrañas. Me turbaron tanto, a tal punto que me habían hecho despertar…

    La sorpresa que me he llevado al notar que, efectivamente, esos jadeos provenían del ambiente. Me quedé con los ojos como platos en aquella penumbra, parecía ser que peña estaba follando. Se podían distinguir unas siluetas al fondo, cerca de la ventana, en el espacio entre una cama doble y la otra. Centré mi visión en ellos y pude notar que alguien subía y bajaba en plan cabalgada.

    La sensación de familiaridad de esos jadeos me invadió, congelando todo mi cuerpo. Tanteo con la mano a mi lado y no está… ¡No puede ser, esto no puede estar ocurriendo! Para colmo, el tío se estaba corriendo y trataba de disimular sus berridos. Acto seguido, noto que la silueta se yergue, escucho el sonido de un elástico al chocar con la piel, recolocándose su braga, y luego se acerca a mi. Por último, siento la cama hundiéndose tras volver su huésped al lugar.

    Mi corazón daba tumbos, me quedé shockeado. El colega se había quedado dormido allí mismo. Ella todavía se encontraba recobrando el aliento. No hice nada durante, probablemente, horas, mi mente había crasheado, no podía procesar lo que había ocurrido, tan descaradamente, a unos pasos de mi. Más adelante noto que ella me abraza. La calidez de su abrazo abriga mi congelado cuerpo. Me acariciaba con mucho cariño. Me sorprendió el gesto después de lo que me había hecho y, extrañamente, me sentía reconfortado de que volviera a mi lado, pero muy decepcionado. Ya no sabría si seguiría siendo el mismo en la mañana siguiente. Los ronquidos de aquel colega hacían acto de presencia estrepitosamente.

    Me desperté sin saber reconocer en qué momento me había quedado dormido. Nadie estaba allí, parecía ser que era ya avanzada la mañana. Estaba tratando de despabilarme cuando alguien entra. Se trataba de un colega del curso que solía ir de chill, probablemente porque siempre estaba fumado, le faltaba una tabla de surf y se convertía en el típico playero flipao.

    —No man —me dijo—, anoche me tiré a tu chica, justo allí. —me señala el sitio—. ¡Qué mujer más hermosa!, y lo confirmo ahora que pude catarla. Creo que me he corrido dentro. No voy a cuidar a su hijo eh. —se ríe—. Es coña.

    Con la modorra que tenía encima y los párpados pesados, alcanzo a responderle:

    —¿Quieres que te parta la puta cara o qué?

    —Colega, a partir de ahora tu eres el dios, todos los días debes de sentirte dios con semejante mujer tan fogosa encima. Si todos los tíos aquí pudieran catar como yo a tu chica, todos te respetarían como yo ahora. Hasta luego, crack.

    Me he enterado de una nueva característica del tío fumao este, que también es un bocazas. En ese momento me resigné a que todo con ella se había acabado. Tenía que pensar cómo proseguir, no iría jamás a atacarla, ni agredirla, y no porque no esté herido de verdad, sino porque no me salía de los cojones. Sin embargo, quería hablar con ella, yo uso protección pero lo que me acaba de contar el bocazas es para cuidado.

    El día estuvo liado por cojones y se me hacía más pesado por mi estado, me sentía con las peores de las resacas, a pesar de no haber ingerido ni una gota de alcohol. No me la quería cruzar, la evitaba, era como una incómoda extraña para mí. Empero, la observaba, como quien estudia al enemigo. Le había visto charlando muy de cerca con el machote, a quien también había visto con el bocazas. Cuando anocheció, se me vino la voluntad de hablar con ella, pero no tuve oportunidad de estar a solas, siempre había peña en su compañía. Le dije al oído que la esperaría en la cabaña, se hacía muy tarde y no parecía querer irse de la fogata. En el camino vi al macarra chuloputas con un colega a las afueras de la cabaña contigua a la mía.

    No había nadie dentro, me recosté en la cama. Al rato veo peña pasar por la ventana. Llega ella, por fin podría charlar. No sé dónde se encontrarán los demás ni cuándo volverían, por lo que debía de aprovechar el tiempo. Me saludó con cariño, como hace siempre. Procedió a colocarse su camisón de dormir y justo cuando estaba por venir junto a mí, alguien tocó la puerta. Era una de sus amigas, le pidió que por favor le acompañara al baño. Se calza unas chanclas y va a socorrerla.

    —Ya vuelvo, mi amor —me dijo antes de irse y me lanzó un beso.

    Se estaba tardando mucho, veía a la gente pasar y pasar pero ni rastro de ella. Nuevamente, me perturban unos jadeos en las cercanías. Esta vez parecían venir de la cabaña contigua. Voy a curiosear. Apenas salgo, noto mejor de donde proceden: de la parte trasera de mi cabaña. Me acerco despacio, rodeando las paredes. Oigo cada vez mejor los gemidos de una tía, acompañados del choque rítmico de piel con piel. Al girar la última esquina, los vi. Otra vez el corazón se me agitó, parecía que se me iba a salir por la boca. La garganta se me secó de repente. Inclinada, con las manos aguantando en la pared y las bragas a la altura de las rodillas; y él, con los pantalones bajados y sus marcados músculos al aire: se encontraban gozando como posesos con aquel impetuoso vaivén.

    —¡Aahg! Me corro tía.

    —Acábame adentro, hijo de puta —le respondió completamente salida.

    —¿Segura?

    —¡Sii!

    Se lo pensó unos segundos, luego aferró sus manos en su cintura y procedió a llenarla de lefa con tal potencia que el tío parecía desfallecer. Tras eso, ella se apartó de él sin más, subió sus bragas y se alejó contoneando las caderas. La expresión de aquel tipo al verla irse tan fríamente luego del orgasmo era de lamento.

    No podía tragar mi saliva. Llegó la hora de la verdad, entró en la cabaña, y yo detrás, temblando.

    —Mi amor, ¿dónde estabas? —dijo ella sentada en la cama, con las piernas cruzadas.

    —Lo sé todo —intenté sonar firme, seguro—, el bocazas me lo contó todo y recién te vi con el otro macarra —pero mi tono se quebró—. ¿Cómo puedes ser tan promiscua así?, y no sólo por la falta total de discreción, sino porque estos tíos se corren dentro de tí, a pelo…

    —No mi amor, no te preocupes por eso. —Se pone a rebuscar en su mochila y rápidamente me muestra una tableta de pastillas anticonceptivas.

    Me quedo unos segundos recalculando ante su acción…

    —¿Piensas que eso soluciona todo? Mi am… Digo ¡tú! Yo te suelo comer el conejito, no pensaste en que pudieras contraer algo, ¿algún herpesín?, ¿un sifilín? ¿¡Eh!?

    —Nono, los revisé bien, tampoco te preocupes por eso —me responde sin ningún ápice de preocupación.

    No podía entender tanto descaro, me siento en la cama junto a ella para decirle una última cosa antes de salir corriendo de allí:

    —¿Por qué bonita, por qué lo has hecho?

    —Es que, mi amor… Una de las cosas que más me encanta es poner los cuernos y luego volver a la cama llena de leche. De sólo pensarlo ahora me dan ganas de pajearme —su tono expresaba entusiasmo, pasión por el accionar.

    Le tomo de los hombros:

    —Como sea, no somos más novios, no quiero saber más nada de tí, no pienso dirigirte más la palabra y si te cruzas conmigo por la calle, te pido que, por favor, mires para otro lado.

    Tras eso, ella adopta una postura desafiante, una que jamás había visto, me empuja y luego me espeta:

    —¿Ah si? No me importa, vos te lo perdés, me voy a conseguir otro novio como tu, le voy a cornear y, a la cama que vuelva no va a ser la tuya, no vas a tener más esto… —Se quita el camisón y se toca los senos de manera obscena—. Ni esto… —Se pone de espaldas mostrándome su cola, acariciándola lascivamente. Luego se gira y hace lo mismo con el chochito. —Y por supuesto, te olvidas de esto…

    Los restos de lefa se deslizaban entre sus dedos y recorrían sus muslos mientras se tocaba el empapado coño. Fue la escena más vulgar que me tocó ver en la vida, sin embargo, me quedo extrañamente excitado.

    Le respondo con un poco convincente:

    —No me importa.

    Ella se sube a horcajadas sobre mí, con las manos apretando mis hombros.

    —Bueno, vete entonces, vamos a ver si tienes tanta suerte como para encontrar a otra mujer como yo. Vamos, vete —me incita sensual y desafiante—. Empujame a un lado y despídete de todo esto…

    Tenerla encima demostrando tanta potencia, tanto poderío, me dejó intimidado, y muy excitado. Su mirada firme, demandante, me estaba poseyendo, como si me hubiese echado un encantamiento. Mi entrepierna se había puesto como una roca bajo la suya, no sé si por la excitación del momento, pero no podía pensar claramente; de repente ideas que me parecían aborrecibles ahora tomaban un cariz de tentación. En ese momento me invadió la lujuria, sólo quería agarrarle las tetas, sentir la piel de sus nalgas, tomarla de la cintura y… sólo quería que me devorara completamente con su chorreante y cálido chocho.

    No sé lo que haría o pensaría cuando pasara el efecto, pero en ese momento la tomé y me volví su cuck.

    FIN

    Por Dany Campbell

    ***********************

    En el esbozo y el borrador, esta historia se llamaba «Ricota Esmegmosa» (whaaat!). Uno de los nombres tentativos era algo con «creampie» pero no sabía si funcionaría, la idea del título es que despierte algo de interés, pero no sea tan obvio para qué lado van los tiros (?), aunque ahora que lo pienso es bastante obvio por dónde se mire, jijiji.

  • En bandeja de plata

    En bandeja de plata

    Esa mañana se me había informado que la compañía me había seleccionado para viajar a la muy mentada y concurrida exposición anual de mobiliario de oficina de alta gama, en Chicago, ciudad que yo no conocía. Esto me entusiasmó, pues era una indicación de que se valoraba mi posible contribución a los varios eventos programados, los que incluían seminarios y conferencias sobre diseño y mercadeo, además de reuniones de Planeación de Ventas.

    Mi viaje había sido programado, saliendo el miércoles 18 y regresando el sábado 21 del mes en curso. También supe, que Kathy Rodas, Vicepresidenta de Productos Nuevos, tenía un programa de viaje exacto al mío. Con ella había hablado brevemente en el pasado, pero habían sido conversaciones breves, sobre el trabajo y la empresa.

    Ya en el aeropuerto, mientras tramitaba mi tiquete y la entrada al avión, la vi acercarse y después de un saludo cortés y rutinario, procedimos a acomodarnos.

    Ya al llegar a la Ciudad de los Vientos, la divisé en el carrusel de equipajes y tuve oportunidad de cruzar varias frases con ella. Me enteré de que estaríamos hospedados en el mismo hotel, por lo tanto, decidimos compartir el servicio de taxi.

    Durante el trayecto, seguramente por su alto cargo en la compañía, sabía detalles sobre nuestra estadía; así, me enteré de que el grupo de Ventas, compuesto por unas doce personas o más, había salido de los Angeles el día lunes, dos días antes que nosotros. Me informó que éramos los únicos del grupo que no teníamos gran cantidad de eventos agendados para los tres días. Nuestra función, debido a mi cargo como Director de Diseño y ella, Vicepresidenta de Productos Nuevos, era, fuera de asistir a dos o tres conferencias ya programadas, visitar ciertas selectas Salas de Exposición en el enorme edificio. Para esto, teníamos dos días enteros. Kathy me informó que esa noche era la Cena de Gala de la Compañía, en el hotel, a la que debíamos asistir a las ocho de la noche.

    Sin acordar nada, quedamos de vernos más tarde y nos retiramos a nuestras habitaciones a descansar del viaje. Sin embargo, cuando llegamos en ascensor con los maleteros y nuestros escasos equipajes, pude observar que nuestras habitaciones, tenían sólo un cuarto de por medio, es decir, éramos casi vecinos.

    Kathy era una mujer muy atractiva, elegante y delgada, quien revelaba ser unos veinte años mayor a mi, pues tendría unos cincuenta y dos o cuatro, me atreví a pensar. Despedía una personalidad dominante y se le veía muy segura de si misma, algo que me intimidaba, pues su carisma y profesionalismo, eran notables. Mi experiencia era entonces, limitada a mujeres menores e inexpertas, con las que yo lidiaba con facilidad.

    Más tarde, cuando bajé al Gran Salón, vi un enorme grupo de personas, unas ochenta o más, organizándose en mesas circulares; me saludé con tres o cuatro vendedores de la compañía, hombres y mujeres, a quienes había conocido en un pasado cercano y terminé acomodándome con ellos, gente posiblemente de mi misma edad. Con estos pasé un agradable rato y oí que planeaban irse a la discoteca del hotel, al terminar la Cena.

    Divisé a Kathy en una mesa cercana, con gente que parecían ser ejecutivos de otras compañías. Me extrañé cuando la vi acercarse a mi. Se le veía magnífica, pues el largo vestido negro ceñido al cuerpo, contrastaba con su pelo rubio y su muy clara piel. Un oscuro collar, realzaba su belleza.

    −Hola, ¿cómo has estado? –preguntó.

    −Bien, −contesté−, he estado tratando de adaptarme con gente a quienes no conozco muy bien. Parece que están planeando ir a la discoteca.

    −¿Y vas ir con ellos? −inquirió.

    Como dije antes, Kathy me intimidaba.

    −¿No se, tu tienes algún plan? −me atreví a preguntar con inseguridad.

    −En verdad, quisiera solo ir al bar un rato. −Contestó−. ¿Quieres venir?

    Me sorprendió su invitación, pero me intrigó. No me sentía cómodo yendo a la discoteca con aquel grupo casi desconocido, pero la oportunidad que se me presentaba con Kathy, no era despreciable. No vi la diferencia de edades como un obstáculo; al fin y al cabo, había tenido varias fantasías nocturnas con mujeres mayores y ella, aunque me intimidaba un poco, estaba ahí… disponible, creía yo.

    −Seguro Kathy, me encantaría. −contesté decidido.

    Estábamos tomando Vodka con agua tónica, su cocktail preferido; allí duramos casi una hora y después de varios tragos, la media noche se acercaba; nos habíamos reído y habíamos entrado en confianza; yo me sentía un poco más seguro. Nuestra conversación había sido desviada por ella sabiamente, de temas del trabajo, hacia nuestras vidas, aunque en un momento ella tomó la palabra.

    −Rafa, no quiero saber si tienes a alguien, una esposa, o una novia, o una amante, o familia, o algo así. Tampoco quiero que sepas de mi. Quiero saber si eres un hombre maduro. −dijo mirándome a los ojos.

    Me sorprendí enormemente. Estaba tratando de contestarle, cuando preguntó de nuevo.

    −En otras palabras, ¿eres un hombre reservado? ¿O estarías regando a los cuatro vientos lo que pudiera pasar entre tu y yo?

    Seguí enormemente sorprendido, pero detecté que mi hombría debía imponerse a la inminente situación.

    −Kathy, si quieres creerme, créeme. Pero, seré un muro de concreto, −dije.

    En ese momento, ella fraguó un plan casi calculado de tres noches y dos días, que me sorprendió enormemente.

    −Rafa, disfrutemos este período de tiempo que se nos presenta en bandeja de plata, tu me gustas mucho, lo mismo has expresado sobre mí esta noche. Hagamos de esta oportunidad, una maravillosa aventura, −dijo con entereza.

    Ella acababa de revelar su plan. Pensé que debería controlar la situación; mi decisión fue otorgarle el liderazgo y tomar las cosas como llegaran. Decidí contener un ataque de mi parte y esperar con paciencia, aunque me moría de la curiosidad de saber qué se escondía debajo de su rubia cabellera.

    Cinco minutos después, detecté que ella comenzaba su avanzada, a lo que me presté complaciente. Mirándome a los ojos, en una actitud amenazante acercó su cara a la mía; yo sin dudarlo, le coloqué una mano en la nuca y sin dudarlo, la atraje y la besé con fuerza. Al sentir que su boca se abría un poco, le mandé la lengua a las profundidades de su cavidad bucal y dirigí mi mano libre a su bajo vientre, a lo que ella respondió abriendo ligeramente las piernas.

    Sabía que la batalla estaba ganada, entonces solo esperé un par de minutos.

    −Subamos a mi habitación −dijo− allá podremos adquirir licor del barcito −agregó.

    Los dos minutos que duró el elevador en llegar a nuestro séptimo piso, me dieron oportunidad de abalanzarme sobre ella y abrazarla con rudeza.

    −¡Kathy, me muero por comerte! −grité con ansiedad.

    −Debemos tener mucha precaución, −dijo− Todo el personal de Ventas está alojado en nuestro piso.

    −¿Cómo lo sabes? −pregunté.

    −Porque mi secretaria hizo todas las reservaciones de avión y hotel. −respondió con decisión. Ella estaba imponiendo su jerarquía.

    Ya en la habitación, me apresuré con afán a removerle la ropa, como un verdadero principiante. Ella me sorprendió, pues con autoridad, me detuvo.

    −Sirve unos tragos y relájate sobre el lecho. −Su frase sonó como una orden, a la que obedecí.

    Se dirigió al televisor y la vi operar los controles; un minuto después escuché una muy sexy música de saxofón, que hacía perfecto juego con la tenue luz del lugar. Sentía que Kathy era la figura principal de la altamente decorada habitación y yo… me sentía como la presa indefensa de aquella pantera salvaje, lo que disfruté enormemente.

    La vi entrar a una salita adyacente, de donde salió dos o tres minutos después. Su bello vestido ya era historia; sólo tenía encima un juego completo de encaje negro, compuesto por las bragas, el sostenedor y las medias nylon; para ella, su apariencia era importante, pues no se había quitado los zapatos de alto tacón.

    Su figura me hizo temblar. Aunque yo era guerrero de muchas batallas, el espigado cuerpo de Kathy me impresionó. El hermoso conjunto interior que llevaba, resaltaba el tamaño y la forma de sus pechos, la belleza de su culo y la esbeltez de sus piernas.

    Le alargué su vaso con licor y ella sonriente me preguntó, −¿te gusto?

    Conceptué que su pregunta no necesitaba una respuesta. Solo sonreí aparentando una seguridad no existente y dije, −Salud Kathy, por nuestra noche, −ella sonrió.

    Te dije antes, querido lector, que la iba a dejar tomar el liderazgo; pero no, ella lo tomó con decisión desde el principio. Nos besamos con pasión y lujuria por un buen rato; ella colocó los vasos de licor en la mesa de noche y dijo con convicción,

    −Quédate quieto y déjame obrar. −yo obedecí una vez más.

    Procedió a lentamente desvestirme, a lo que respondí prestándole la ayuda necesaria. Cuando tuvo mi hambriento falo al descubierto, exclamó −¡me encanta tu verga! −lo que aprecié enormemente, pues me llenó de la necesaria confianza.

    Se apoderó de mi Espada y casi con rabia, se la introdujo en la boca, primero lentamente, emitiendo unos sonidos suaves, los que a medida que pasaron los minutos se hicieron tan sonoros, que desordenaron mi mente. Se demoró haciéndolo. Aguanté sus agresivos embates con tranquilidad, pues sabía que el exceso de alcohol me haría demorar un buen rato.

    −¡Kathy, necesito comerte! −dije al rato con ansiedad.

    Ella, suspendió su muy activo movimiento, y soltándome, giró levemente, hasta, quedando con su espalda sobre el lecho y mirando hacia arriba, abrió levemente las piernas.

    −¡Cómeme Rafa, cómeme el coño! −dijo.

    Ahora, al fin había llegado el momento de desvestirla, de ver a esta mujer madura, elegante, autoritaria, imperiosa, segura y determinada, en toda su plenitud.

    Remover las bragas, el sostenedor y las medias nylon, me tomó dos eternos minutos. Descubrir ante mis ojos su cálida cueva de amor, fue para mi una experiencia única, pues nunca había visto un coño rubio, aunque en realidad era casi pelirrojo. Me puse de rodillas en la cama y solo lo observé por un buen rato. Después de esto, me abalancé sobre ese plato gourmet y me lo comí con pasión por un buen período de tiempo, del que gocé infinitamente.

    −¡Para Rafa!, −dijo ella−, cambiando de posición y poniéndose en cuatro, como perrito.

    −¡Sígueme comiendo!, −gritó.

    Mi ataque era feroz, mi lengua y labios recorrieron con fuerza toda su zona de amor, de adelante hacia atrás, de arriba hacia abajo, con desespero y hambre de sexo. Te confieso, querido lector, que el momento era sublime, pero la mayor fuente de mi placer, era el color de esa pelirroja selva amazónica donde estaba sumergido.

    −¡Cógeme Rafa, méteme tu verga!, −exclamó Kathy con un tono dominante−. ¡Métemela!, −repitió.

    Solo me puse de rodillas lo mejor que pude y se la sumergí de un solo golpe, sin problema alguno, pues ella allá abajo estaba como un pantano resbaloso, el que despedía un olor embriagante.

    Allí duré largos minutos, confiado en mi y en mi capacidad de demorarme, pues como te mencioné antes, el alcohol era mi cómplice.

    −¡Siii, cógeme duro Rafa, me encantaaa!, −repitió una, dos y tres veces.

    Allí seguí, excitado pero muy tranquilo, pues estaba seguro de que duraría un buen rato, hasta hacerla correr duro; ese era mi objetivo principal.

    −¡Ayyy, siii, no pares!, −seguía diciendo.

    Mi tranquilidad terminó, cuando oí, −¡Ayyy, dame por atrás!

    Detuve mi accionar por unos instantes, pues no lo podía creer. Estaba pensando con detenimiento, cuando oí de nuevo.

    −¡Rafa, dame por el culo!

    Oir eso, fue para mi como un cuento de hadas, pues mi debilidad ha sido siempre el sexo anal. Te explico querido lector; para mi es muy erótico, pues es la expresión máxima de la lujuria, seguramente por los muchos tabús que se han creado a través de la historia, aunque a pesar de eso, un alto porcentaje de gente lo practica.

    Bueno, no nos desviemos de mi historia y de Kathy.

    Cuando la oí expresar −¡Rafa, dame por el culo!, eché un escupitajo en mi mano para lubricarme un poco y se la descargué a Kathy sin piedad, a lo que ella emitió un grito, no se si de dolor o de placer. Creo que ni a ella ni a mi nos importó. No podía creer lo que estaba sintiendo; se me fue la confianza, pues me di cuenta de que el alcohol ya no era mi aliado, por lo tanto mi esperada corrida no estaba lejos de llegar. Se lo metí lo más lento que pude, hasta que para mi sorpresa y alegría, ella gritó.

    −¡Ayyy, me vengo, ayyy, me corro Rafa!

    Descansé. Le di cinco o diez golpes duro y sentí que me corría de una forma fuerte e inolvidable, dentro del culo de esta mujer madura, elegante, autoritaria, imperiosa, segura y determinada, en toda su plenitud, quien me había dado órdenes toda la noche.

    Querido lector, esta fue sólo la noche de nuestra llegada, el miércoles. Después, tuvimos dos noches y dos días más, durante los cuales, como un par de cómplices malignos, nos dedicamos a programar nuestras cómodas agendas, para repetir los bellos episodios que te acabo de narrar. No te los repito, tú solo léelos de nuevo, si no es mucho pedir.

    Días después, cuando regresamos a Los Angeles a nuestros trabajos, la continué viendo en la oficina, de vez en cuando… sin hablar.

    Sólo me quedó el recuerdo de aquel coño rubio, aunque en realidad era casi pelirrojo. Kathy!!!

  • ¡Rómpeme el culo!

    ¡Rómpeme el culo!

    Esta historia comienza una noche estrellada del mes de agosto en que dormía en la casa de mis tíos y me apretaron las ganas de evacuar. El cagadero meadero estaba en la parte detrás de la casa en una pequeña finca. Al llegar al cagadero meadero salió de él mi tía Rufina vestida con una mini enagua que transparentaba sus bragas y su sujetador y que dejaba ver casi la totalidad de sus peludas piernas. Cogí un empalme que mi gorda polla salió por la abertura del calzoncillo. Mi tía al verla dijo:

    -Se te escapó el verderón.

    Rojo cómo un tomate maduro tapé la polla con las manos. Al irse mi tía me metí en el cagadero. Se me habían pasado las ganas de hacer lo que iba a hacer y me vinieron otras. La visión me las había provocado, o sea, que me la pelé. Juraría que alguien me estaba mirando cómo me la pelaba por un agujero que tenía la madera, digo que lo juraría porque entraba por él un rayo de luna y de repente dejó de entrar.

    A la mañana siguiente mi tía preparó el desayuno para ella, para mi tío, para mi primo, para mi prima Alicia y para mí. Mi tía llevaba puesto un vestido azul que le daba por debajo de las rodillas, pero yo la seguía viendo con la mini enagua y sin poder evitarlo me volví a empalmar.

    Mi tío era un hombre muy alto y muy fuerte. Debía darle lo suyo y más, o sea que pensé que follar no la iba a follar, pero pajas a su salud me iba a hacer las que me diera la gana, y las hice, las hice todo el verano y parte del invierno.

    El hijo de Rufina y yo, o sea mi primo Isidro y yo, éramos muy amigos y una tarde que estaba lloviendo fuimos a su habitación a jugar al tute. Jugando perdió quince pesetas y al perderlas se picó.

    -Te fueron todas, coño. ¡Vaya suerte!

    No quería hacer leña del árbol caído, pero lo vacilé.

    -Al saber le llaman suerte.

    Me retó.

    -Doble o nada a un juego donde no pinta nada la suerte.

    Yo nunca rehuía una apuesta, pero no iba a apostar sin saber de qué iba la cosa.

    -¿De qué se trata?

    -Nos hacemos unas pajas y el primero que se corra dos veces gana.

    -Andan por ahí tu madre y tu hermana, nos podrían oír, si no te oyeron ya.

    Parecía que le daba igual que nos oyeran su madre y su hermana, ya que me dijo:

    -¿Hay apuesta o no hay apuesta?

    -Hay.

    El mamón cuando la sacó ya estaba empalmado. Se me acababa de poner dura cuando se corrió por primera vez y… En fin, que me ganó y me dijo:

    -Devuélveme mis quince pesetas.

    Se las devolví y le dije:

    -Ya no eran mías.

    Me preguntó.

    -¿En tu paja pensaste en mi madre o en mi hermana?

    -¿A qué viene esa pregunta?

    -Curiosidad. ¿Pensaste?

    Me confié y le dije:

    -Pensé en las dos

    -Yo te llené el culo las dos veces.

    -Maricón.

    -Un poquito, solo un poquito.

    No era maricón, lo había dicho para joderme por haber follado a su madre y a su hermana con el pensamiento.

    Al rato fuimos a merendar.

    Merendando mi prima Alicia, que era un bombón moreno de 19 años, recién casada y con el marido en Alemania, me miró para la mano derecha, pasó la lengua por los labios y después mordió el labio inferior. No me cupo duda alguna de que estaba excitada.

    Al acabar de merendar le dijo mi tía a mi primo:

    -Vete a echarle de comer a los animales.

    Mi primo fue a darle de comer a los cerdos y a la vaca y mi tía fue a la tienda. Nada más salir los dos de la casa, mi prima Alicia fue a la habitación, volvió, me echó la mano a la polla y me dijo:

    -¿Te queda leche después de la paja?

    Con mi prima ya había follado antes de casarse, así que le respondí:

    -Sabes que tengo leche de sobras.

    -Echemos uno rápido.

    Me sacó la polla y puso en ella un condón que traía en una mano, se dio la vuelta, levantó el vestido, se bajó las bragas, apoyó las manos sobre la mesa de la cocina, se abrió de piernas y me dijo:

    -Fóllame.

    La cogí por las tetas y se la clavé hasta el fondo de una fuerte estocada. Había que acabar pronto para que no nos pillaran, así que le di a mazo, con fuerza. Mi culo parecía una máquina moviéndose hacia delante y hacia atrás. Mi polla entraba y salía de su coño a mil por hora y mis manos estrujaban sus tetas. Follando así era obvio que me iba a correr en un par de minutos, pero mi prima no llegó a ellos. Se corrió temblado, gimiendo y sacudiéndose, y no una vez, se corrió dos veces antes de que me corriera yo.

    Al acabar de correrme saqué la polla del coño, ella se giró, me quitó el condón, lo exprimió con dos dedos de la mano izquierda, mi leche le cayó sobre la palma de su mano derecha, con la yema de su dedo medio tocó la leche, la probó, la lamió y después me dijo:

    -Sigue sabiendo saladita.

    Ver a mi prima lamiendo mi leche me puso de un cachondo subido y yo también quise beber. Me agaché y lamí su coño. Mi prima me dijo:

    -Cómemelo en la ventana que así veo si vienen mi hermano o mi madre.

    Se puso frente a la ventana y yo en cuclillas con mi espalda contra la pared le comí el coño. A los tres o cuatro minutos, me dijo:

    -Apura que viene mi madre.

    Aceleré los movimientos de lengua y mientras las gotas de lluvia bajaban por el cristal gotas del jugo de su corrida bajaron por mi lengua y cayeron en mi boca.

    A todo esto os preguntaréis que hacía yo viviendo con mis tíos, o no os lo preguntaréis, pero os lo diré. Estaba con ellos porque mis padres se metieran en un berenjenal de café de estraperlo y temporalmente estaban de vacaciones a cuenta del estado.

    Pero volvamos al turrón.

    Esa noche mi tío, mi primo y mi prima fueran a trabajar en algo que daba dinero, pero ilegal y no llegaban hasta el otro día por la mañana.

    Yo me había quedado solo con mi tía. La vi de nuevo con su mini enagua. Estaba con un brazo estirado y una mano apoyada en el marco de la puerta y la mini enagua transparentaba sus tetas y los pelos de su coño, me dijo:

    -Tengo frío. ¿Te importa que duerma contigo?

    La cocina de hierro calentaba toda la casa y allí el frío brillaba por su ausencia. Apartando la manta y la sábana, le hice un sitio y le dije:

    -Ven que te voy a dar calor.

    Se quitó la enagua y desnuda caminó hacia la cama contoneando las caderas. Mi polla se puso tiesa. Rufina no entró en cama, de pie al lado de ella, me dijo:

    -Ven aquí.

    Salí de la cama y al estar a su lado me echó una mano al hombro y empujando hacia abajo me dijo:

    -Cómeme el coño.

    Lamí un par de veces y ya ella cogió la batuta, que en este caso era mi cabeza, la cogió con las dos manos y moviendo la pelvis frotó su coño contra mi lengua. Al rato dejó que me levantara, me empujó y me dejé caer boca abajo sobre la cama. Abrió mis nalgas con las dos manos y me lamió y me folló el ojete, después me levantó el culo, tiró mi polla hacia atrás, me metió su dedo medio en el ojete y me dio por culo con él mientras me masturbaba. No le duré nada, lo que se dice nada de nada. En segundos me corrí en su mano.

    Después de correrme me di la vuelta y vi cómo lamía la leche de la palma de su mano y cómo chupaba los dedos. Al acabar de tragar me la volvió a mamar y al tenerla dura la metió debajo de una de sus peludas axilas, apretó con ella y yo se la follé, después le follé la otra, luego la metió entre las tetas y me hizo una cubana. Cuando estaba a punto la metió en la boca y me la mamó hasta que me corrí. Rufina se tragó mi leche. Al acabar de tragar me dijo:

    -Ahora te voy a follar hasta que me llenes el coño de leche.

    Mi polla se había bajado un poco, pero dos docenas de mamadas la pusieron dura de nuevo. Subió encima de mí y con la polla metida hasta la mitad comenzó a hacerme cosquillas en las costillas. Yo reía y me sacudía y al sacudirme mi polla entraba y salía de su coño y se movía alrededor. La tortura acabó tiempo después cuando se corrió y anegó mi polla con una inmensa corrida. En el momento que se corrió dejó de hacerme cosquillas. Yo con los ojos llorosos le di cera y acabé corriéndome con ella. Al acabar de hacerlo me puso el coño en la boca y me dijo:

    -Si me haces correr de nuevo te dejo que me la metas en el culo.

    A ver, yo no soy maricón, pero me hacían ilusión meter en el culo de una mujer, así que lamí su coño mientras mi leche y sus jugos me caían en la boca. La cabrona esperó a que me tragara todo para mover su pelvis de delante hacia atrás y de atrás hacia delante a tropecientos por hora hasta que se corrió en mi boca.

    Al acabar de correrse me puso su gordo culo en la boca y me dijo:

    -Cómeme el culo como te lo comí yo a ti.

    Le lamí y follé el culo con la lengua y después siguiendo sus indicaciones le fui metiendo dentro de culo un dedo, dos, tres, cuatro… Cuando me lo dijo le clavé la punta y mi tía dijo:

    -Si lo sé no pruebo, duele la hostia.

    -Le pregunté

    -¿La quitó?

    -Sí, quita, quita que me vas a romper el culo.

    La quité y se la metí en el coño, la agarré por la cintura y le di caña. Poco después me dijo:

    -Me voy a correr, quítala y métela en el culo otra vez.

    Le metí el glande y le aplaudí el culo con fuerza, pues dicen que un dolor con otro dolor se quita. ¿O era la mancha de una mora? En cualquier caso se mezcló el dolor con el placer, ya que se corrió chillando cómo una coneja, y yo, yo le llené el culo de leche.

    Al acabar de gozar quería más.

    -Cómeme otra vez el coño.

    Fui un iluso, sí un iluso, ya que al poco de estar lamiendo su coño salió de él un fuerte chorro de orina. No pude evitar el baño en toda mi cara, ya que me cogió la cabeza con las dos manos y no la soltó hasta que no acabó de orinar. Al acabar tuvo el santo coño de preguntarme:

    -¿Te gustó? Era una de mis fantasías.

    No le contesté porque si lo hago la pongo de cabrona para arriba. Limpié la cara con una sábana y después le pregunté:

    -¿Tienes más fantasía?

    -Tenía la de que me la metieran en el culo, la de que me comieran el coño, otra era que me follaran las axilas…

    La interrumpí.

    -¿Qué has hecho todos estos años en la cama con el tío?

    -Tu tío es muy tradicional.

    -Y muy tonto.

    -Eso también.

    -¿Qué te apetece ahora, tía?

    No se lo tuvo que pensar.

    -Me apetece comer algo y un buen trago de vino.

    Fuimos a la cocina en pelota picada. Comimos unas lonchas de jamón serrano y nos mandamos una jarra de vino tinto de la casa. Mi tía tenía más fantasías, pero me preguntó:

    -¿Qué te gustaría hacer ahora?

    -No sé. ¿Qué te gustaría hacer a ti?

    Creo que ya fuera a la cocina con una idea predeterminada, pues miró la manteca en un bol sobre una encimera de madera y me dijo:

    -Que me afeites y después me untes de manteca de los pies a la cabeza. Quiero que sientas mi piel más suave que el de una niña.

    -¿Y con qué te afeito?

    Abrió la alacena y sacó una maquinilla de afeitar de esas que se les cambiaba la hoja y un recipiente donde había una pequeña barra de jabón de afeitar y una brocha. Supe en ese momento que sí, que me llevara a la cocina adrede para seguir gozando.

    Se echó otro trago de vino. Hice la espuma para afeitarla. Se echó sobre la mesa. Eché con la brocha espuma sobre los pelos de sus piernas y se los afeité, después le tocó a las axilas y por último a los pelos del coño. Les eché espuma abundante y con mucho cuidado le dejé el coño pelado y echando por fuera, ya que un hilillo de jugos bajaba de su coño hasta su ojete. Después cogí el bol con la manteca y le unté los pies. Mi tía estaba muy cachonda y yo tenía un empalme criminal. Me dijo:

    -Mete todo el coño en la boca -lo metí todo en la boca-. Clávame la lengua que ya me corro.

    No mentía. Le clavé la lengua en el coño, movió la pelvis de arriba a abajo y de abajo a arriba y en segundos echó en mi boca una lechada pastosa que me tragué.

    Al acabar de sacudirse y de gemir, miró para mi polla empalmada y me dijo:

    -Mete.

    Tiré de ella y con las piernas colgando se la metí. Al llegar al fondo sentí que me iba a correr, la saqué y me corrí en la entrada de la vagina. Sintiendo mi leche en su coño, me dijo:

    -Limpia mi coño con tu lengua.

    A veces me trataba cómo si fuese su esclavo y la hostia es que me empezaba a gustar. Cuando tenía el coño «limpio», me dijo:

    Sigue untando. Le unté de manteca las piernas, el coño, el vientre, las costillas y después las tetas, unas tetas gordas, decaídas y esponjosas con areolas oscuras y grandes y gordos pezones. Al untarlas me volví a empalmar, al verme empalmado, dijo:

    -A ver cómo mamas.

    Amasando las tetas con las dos manos, lamí y chupé sus pezones primero y sus tetas después. Vi cómo mi tía metía dos dedos dentro del coño y se masturbaba, luego mientras yo mamaba, mamaba y mamaba pasó a la siguiente fase al decir:

    -Sigue untando.

    Unté su cuello, sus hombros y sus labios. Me cogió la cabeza y me metió la lengua en la boca, luego me cogió la mano derecha, me separó tres dedos y los metió dentro de su coño. Movió la pelvis y mi mano con la suya y acabó corriéndose a lo grande.

    Al acabar de correrse me sacó la mano del coño, llevó los tres dedos a su boca y los chupó. Después se dio la vuelta.

    -Sigue untándome de manteca.

    Le unté la espalda, las piernas y por último su gordo culo. Estaba pasando dos dedos por su ojete y me dijo:

    -Fóllame el culo con los dedos.

    Los dedos entraron y salieron del culo dándole placer desde el segundo uno. Mi tía gemía sin parar. Se puso tan cachonda que salió de la mesa, se apoyó en la encimera, se abrió de piernas y me dijo:

    -¡Reviéntame el culo!

    Cogí la polla para llevarla a su ojete. Al estar mi mano pringada de mantequilla era cómo si la hubiera metido en un coño lubricado. Le di dos toques y casi me corro, el caso fue que el intento de meneo había untado mi polla de manteca y al estar también su culo engrasado de reventarla nada, ya que la polla entró dentro cómo un cohete. La follé y en nada me corrí, me corrí y la seguí follando hasta que a mi tía le empezaron a temblar las piernas y dijo:

    -¡Vuelooo!!

    Se corrió cómo una fuente, de hecho creí que estaba meando por ella, pero no, luego vi que eran jugos espesos los que mojaban el cemento del piso de la cocina. Creí que me los iba a hacer lamer, pero me dijo:

    -De esto ni una palabra a tus amigos.

    Se había acabado, y fue para siempre, ya que no volví a follar con ella.

    Quique.

  • Capricho por él

    Capricho por él

    Tu presencia impone, tu aroma envuelve y tu andar desvía miradas como el imán le hace al metal; eres consciente y te ufanas de serlo, lo vales. Tienes lo que quieres, obtienes lo que deseas con o sin consentimiento; lo tuyo es solo estirar la mano para inmediatamente hacer tuyo lo que en el momento te interesa; dinero no te falta, no te es necesario; el poder es lo que te embriaga y no precisamente en lo material, sino sobre las personas.

    Acostumbrada estas a que sean cumplidos todos tus caprichos que no entiendes el por qué no has logrado lo que deseas, has hecho lo acostumbrado y no has obtenido más que un saludo y una leve sonrisa de él; te crispa, te enferma que no logres su atención; así han sido los últimos días y no sabes que más hacer; te mantiene molesta su proceder a tal grado que el resto de los que te asedian no valen lo suficiente para ocupar tu tiempo.

    Diriges tus pasos a tu habitación, ni el hermoso atardecer con sus esplendorosas tonalidades logran llamar tu atención; volteas la vista en un último intento por verlo, ya no está, no te quedas ni siquiera con la última imagen de su estilizada figura y eso te molesta aún más.

    Llegas al ascensor, esperas mientras piensas que fue lo que pasaste por alto; parece ser que no siempre obtendrás lo que quieres y no logras entenderlo; te molesta. Se abre la puerta e ingresas, tras de ti lo hace un par de personas más que quisieras no lo hubieran hecho, los ignoras; en tu mente solo anida el enojo y la frustración. Te quedas sola al descender la última de las personas que te acompañaba, aún te faltan un par de pisos más y te impacientas pues quieres llegar y tomar un baño después del tiempo que pasaste al sol con el bikini de dos piezas que luciste para él, infructuoso piensas. Se abre la puerta.

    Tu desconcierto no puede ser mayor, ahí está él, parado al lado del ascensor; no articulas palabra ni tampoco atinas a moverte hasta que la puerta comienza a cerrarse; la detiene. Toma tu mano suavemente, pero con firmeza y te lleva al final del pasillo, lo permites como una autómata; en ese momento tu seguridad se ve rebasada por la suya, no te dice una sola palabra; no es necesario.

    Se detiene y toma tus hombros mientras su mirada se clava a la tuya, te estremeces; en ese momento ya eres suya y lo sabe, no impones, esperas por lo que va a ser de ti; algo nuevo en tu vida.

    Se acerca a ti con una lentitud que te impacienta, no sabes de esperas cuando siempre has sido quien pone el ritmo; coloca su mejilla junto a la tuya acariciándote, sudor y olor a lavanda junto a su barba áspera es lo que percibes en su primer acercamiento; sus labios van a tu cuello sin besar, los arrastra sobre tu piel haciéndote estremecer al sentirte mojada en el instante que muerde suavemente el lóbulo de tu oreja, tu primer suspiro sale involuntario.

    Toalla, bolso y móvil caen al suelo cuando desliza sus manos por tus brazos hasta encontrar las tuyas; las sujeta poniéndolas tras de ti atrayéndote por la cintura hasta topar con su cuerpo, te impide moverte, de cualquier forma no deseas hacerlo; te deja sujeta solo con una mano mientras la otra hace lo propio en la parte trasera de tu cuello, recorre besando tu piel hasta el canal que forman tus tetas; estás agitada, vuelves a mojarte, lo sientes.

    La mano que sujetaba tu cuello deshace el nudo superior de tu sujetador, se desliza suavemente por tu espalda hasta topar con el otro, lo deshace sin prisa; te estremece pensar el mostrarte desnuda ante él, no lo quieres, lo necesitas; la tela cae al suelo dejando al descubierto tu pecho que rítmicamente se mueve por tu respiración agitada.

    El primer gemido sale de tu boca al sentir la suya besando la base tus tetas, se da el tiempo de solo rozar con sus labios y te impacientas pues quisieras sentirlo en tus pezones; tu premio llega cuando los moja haciendo círculos con su lengua mientras succiona sin tocar, te sientes morir del gusto y una vez más vuelves a mojarte; cierras los ojos y te dejas llevar por el placer que estas sintiendo, no cuenta tu voluntad, le perteneces.

    Suelta tus manos mientras voltea tu cuerpo recargando tu pecho contra la pared, está frío, no te importa; te toma de la cintura recargando su cuerpo en el tuyo, lo sientes, puedes sentir como palpita colocado en el canal que forman tus nalgas; no solo estás húmeda, goteas.

    Sientes sus besos en tu cuello y espalda mientras sus manos se deslizan por tus ingles, tus piernas te tiemblan con cada roce de sus dedos; no toca tu intimidad aun cuando tu ruegas en tu cabeza porque lo haga, te desespera, sabes que eso es lo que quiere, pero no puedes evitarlo, tampoco quieres.

    Lentamente toma tu bikini y lo desliza por tus piernas hasta que este llega a tus tobillos, te deshaces de el con un movimiento de tu pie; te encuentras desnuda en el pasillo de un hotel y no te importa, si te pidiera correr desnuda por la recepción lo harías, a esta altura haces su voluntad, eres suya.

    Baja besando hasta tus nalgas, toma tus pantorrillas y abre tus piernas, te dejas hacer; no sabes que será lo siguiente, pero esperas impaciente, chorreas.

    Tu primer orgasmo llega tan solo al sentir su lengua tocando los pliegues de tu vulva, se para y te sujeta porque el temblor generalizado de tu cuerpo no te permite permanecer de pie; sientes una descarga que recorre tu cuerpo y el placer se vuelve interminable, lo sientes como nunca antes lo sentiste, te sientes viva. Poco a poco te repones, aún te sientes sujeta por él, quisieras que en adelante siempre sea así; lo deseas con el alma.

    Voltea tu cuerpo y por primera vez sientes sus labios junto a los tuyos, por primera vez lo pruebas, sabe a ti.

    Tus manos buscan desprenderlo del bañador, no te lo permite; te toma de la cintura y te sienta sobre el descanso que se forma en la pared, vuelve a besarte suavemente con la lentitud que te desespera, saborea tu lengua, recorre uno a uno tus perfectos dientes mientras se acerca cada vez más a ti. Lo sientes, vuelves a sentirlo palpitar, pero esta vez entre tus piernas, junto a tu vulva, por enésima vez te mojas y esta vez también lo mojas a él. Vuelves a intentarlo y esta vez te lo permite, lo despojas de la tela que te impide sentirlo sin ella, lo tomas, lo sopesas, tu cara refleja el deseo al tenerlo en tus manos, se deja hacer.

    Por tu mente solo pasa el deseo de tenerlo en tu boca, lo sientes y puedes imaginar su dimensión alojado en tu garganta, tocar sus testículos mientras lames el tronco, disfrutar de las arcadas al sentirte saciada; lo que deseabas lo tenías, siempre había sido así, hasta ahora.

    Intentaste bajar, pero no te lo permitió, lo viste a los ojos implorando por hacerlo, pero no tuviste la respuesta que querías, te dejó tocar y eso era precisamente lo que te desesperaba; saber que entre tus manos tenías lo que en tu boca no, volviste a suplicar y la respuesta fue la misma.

    Con suavidad recargó tu espalda en la pared mientras pasaba sus brazos bajo tus piernas recargando sus manos sobre el descanso; tu vulva se abrió como una flor, orgullosa, brillosa por el flujo que no dejabas de manar; aún tenías entre tus manos el objeto de tu futuro placer, no hizo por avanzar, quería que fueras tú quien diera el siguiente paso; esperó por tu respuesta.

    Dejaste a un lado tu orgullo, te afianzaste bien de él y lo llevaste a tu entrada; volviste a sentir otra descarga al instante mismo de la introducción; ¿cómo era posible que te hiciera sentir de esa manera?, no tuviste una respuesta ni te importó no tenerla, lo que sentías rebasaba tu entendimiento.

    Quisiste decir algo, de tu boca solo un gemido salió al sentir tu intimidad invadida, sentías como se incrustaba dentro de ti con esa maldita lentitud que te desesperaba; pero a la vez que placer el sentir la dualidad de sentimientos, de felicidad cuando entraba, de frustración cuando salía; comenzaste a sentirte llena, plena, satisfecha. Bombeaba sobre ti por momentos con fuerza y decisión y al cabo de un rato con lentitud y delicadeza; te desesperaba, querías todo, querías sentirte usada, poseída; no se lo dijiste con palabras, tus manos se aferraron a él tratando de marcar el paso que querías, que necesitabas, de nueva cuenta se dejó hacer.

    Dejó de sujetarse al descanso para tomarte con firmeza de la base de tus tetas, sentiste un escalofrío por la rudeza con que te tomó, por primera vez se permitía serlo contigo y lo disfrutaste. Marcaba el ritmo cada vez más rápido y fuerte, no te importó jadear con cada intromisión que hacía a tu interior, lo disfrutabas, sentías la desesperación del macho por poseerte; sujeto como estaba de ti poco o nada podías hacer por liberarte, ni lo querías, tu cuerpo pedía más, más de lo mismo, más de lo que le estaban dando como nadie lo había hecho; comenzaste de nueva cuenta a sentir la venida de un orgasmo, que se ligó con otro y este de algunos más que se perdieron en la cuenta, tu felicidad era inmensa, las lágrimas brotaron sin saber a ciencia cierta porque; te vio llorar y se ocupó de lamer tu rostro mientras apuraba con rapidez, casi rayando en la brutalidad para, después de un par de envíos sobre ti, terminar depositando una descarga que te supo a gloria, aun cuando el único par de labios que lo degustó no supo decir a que sabía. Todo era luminoso, todo era maravilloso, no había algo que pudiera opacar tanta satisfacción.

    No supiste cuanto tiempo transcurrió hasta que te viste depositada con delicadeza en el piso, cubrió tu cuerpo con la toalla y te dio el resto de tus accesorios; en ningún momento dejaste de verlo, esperabas como hipnotizada su siguiente orden, hubieras aceptado la que fuera si esta venía de él; ya no te importaba lo que pasara después, sabías que tendrías lo que querías siendo suya. Te llevó a tu puerta, volvió a tomarte de los hombros mientras te miraba a los ojos.

    -¿Quieres que me quede un rato? -te preguntó con su varonil voz.

    -¡Quiero que te quedes para siempre! –le respondiste tomándolo del brazo e ingresando a tu habitación.

  • Capítulo 1: Infiltración

    Capítulo 1: Infiltración

      

    En algún lugar del extenso mar, se encuentra una isla, de la cual resalta un gran risco donde se encuentra las ruinas de algún castillo olvidado por el tiempo; solo permanecía una torre y las altas murallas fortificadas con técnicas modernas. Siempre hay movimiento, aun en la noche, soldados con uniformes negros haciendo rondas a cada hora, en ocasiones usando las grandes lámparas para iluminar las zonas más oscuras por cualquier movimiento sospechosos, pero la mayoría de los guardia realizan sus labores de manera mecánicas, sin esfuerzo y solo con el fin de cumplir con su trabajo, aquello causaría una debilidad en la vigilancia.

    En el cielo, se encuentra una nave, que se mantiene a una altura y distancia considerable del castillo, que a simple vista no se puede detectar. El vehículo no era más grande que un camión de pasajeros, las alas modificados posen motores que le permites mantenerse en el aire, su diseño es parecido al modelo Ninja Stealth, el cual solo cuenta con un tripulante, ya que esta nave no posee cabina de piloto sino que es piloteado por inteligencia artificial, con tecnología de invisibilidad y capaz de evadir los escáneres más sofisticados.

    Dentro de la nave se encuentra una hermosa mujer joven, de cuerpo atlético, su traje táctico no deja nada a la imaginación, solo es una especie de top color negro que cubre solo la parte del frente, del cuello hasta su entrepierna, dejando al descubierto el resto, y a pesar de lo pequeño del traje, pose un exuberante escote deja ver gran parte de sus firmes y generosos pechos, sin embargo aquella tela creada con nanotecnología genera una especie de campo de fuerza transparente, que cubre todo su cuerpo, la cual solo se puede percibir en contra luz, mostrando hexágonos dorados que parecen escamas sobre su blanca piel, capaz de resistir impactos de bala de gran calibre, el conjunto de su traje también lleva unas botas altas, hasta la mitad de sus muslos con placas de kevlar reforzado, de su cintura cuelgan sus pistola de gran calibre una en cada lado, también posee guantes largos con placas kevlar, con diferentes dispositivos; el derecho posee una computadora de tecnología avanzada que genera pantallas holográficas y el izquierdo tiene un potente mini arpón, su máscara solo cubre su rostro con una superficie lisa de cristal negro, el conjunto termina con una espada estilo Jian, colocada en la parte baja de su espalada casi cerca de sus carnosos y firmes nalgas.

    La compuerta de la nave se abre dejando entrar el frio aire moviendo su caballo corto de color blanco, la nave casi está en posición alejando se unos cuanto kilómetros de la orilla de la playa aguas más profundas, mientras se prepara para lanzarse al vacío para caer en el inmenso mar sin ser detectada, revisa los datos de su computadora visualizando la información a partir de una pantalla holográfica. La misión era sencilla, infiltrarse en la fortaleza sin ser detectada, buscar a la agente pitón, desaparecida a ser más de tres días y rescatarla en caso de ser hallada.

    La agente recuerda cuando ambas fueron reclutadas para el proyecto del súper soldado, donde su cuerpo asimilo a la perfección la formulo, a diferencia de la agente pitón que debe tomar suplementos para mantener los efectos sobre humanos que el proyecto da. La alarma de la nave comienza asonar indicando que se encuentra en la zona, y sin más la misteriosa mujer se lanza sin paracaídas al mar, cuyo impacto no la afecta en lo más mínimo gracias a su fortalecido cuerpo y su traje protector.

    Sin ser detectada, nada hasta la horilla de la playa, con el resguardo de la noche, su fina silueta apenas percibida como una sombre que los guardias no prestan a tención. Para la hermosa espía utiliza su brazo apuntando el arpón a una de las ventanas más cercanas, el disparo apenas y genera algún sonido y solo fueron segundos que la punta del aprontan traspase el marco de la ventana y se clave en el techo, la espía oprime un botón y el pequeño motor pero poderoso la introduce dentro del lugar. A la espía le resulto sencillo infiltrarse en la zona, gracias sus guantes y las suelas de sus botas, posen un mecanismo que le permiten trepar las paredes como si fuera un insecto, pasando inadvertida entre los pasillos del lugar avanzando por el techo. Mientras ronda el lugar, se mantiene atenta, buscando cualquier pista que le ayude a encontrar a su compañera.

    Dos guardias pasaron cerca, riendo y platicando con picar malicia — Uff que buena follada se está llevando ese pedazo de mujer — el otro se reía de manera maliciosa— es increíble lo que esa puta puede aguantar, deberíamos bajar a la armería para seguir viendo. — Aquello sonó tentador pero su compañero comienza a dudar —no lo sé viejo, el jefe comienza ponerse más agresivo con la vigilancia, a esa zorra aun la siguen buscando y yo no quiero problemas. — Ambos guardias se van alejando discutiendo sobre si cumplir con sus deberes o seguir de fisgones.

    La joven espía ajusta su máscara con un sistema de “rayos x” para poder localizar más rápido la zona de la armería, también ajusta el sistema de audio, ya que si lo que dijeron los guardias es cierto, tal vez pueda localizarla con sus gritos. Aquello le trajo recuerdo de sus sesiones de “entrenamientos” — quizás con sus gritos sea más fácil localizarla, siempre a sido muy ruidosa durante el coito, jeje.— comienza a moverse entre los techos, en algunas partes pudo ver alguna extrañas criaturas, su altura no pasa de los 60 cm, su apariencia son como flores, que caminan de un lado a otro, sus patas son cuatro raíces, y como brazos dos lianas cubiertas con espinas, su escáner de su máscara le confirma que son mutaciones de la criminal conocida como la Orquídea, trata de avanzar lo más lento que puede esperando que no la vean o la detecten ya que la espía no ve que tenga nada que le parezcan a ojos, con forme va avanzando, fue descendido en la fortaleza, empezó a escuchar unos gritos, los cuales le parecieron familiar, que van creciendo con forme se va acercando, su casco reconoce el lugar mostrando el arsenal que guarda aquel cuarto, al llegar a la armería, noto que la compuerta la dejaron a vierto, facilitando al acceso, dentro los gritos no solo se escuchan con gran fuerza si no también se escuchan los jadeos, que la guían a un enorme mueble metálico, donde resguarda armas de gran tamaño, para la espía perecen unas enormes lanza granadas y rifles de gran calibre.

    Los sonidos vienen de abajo un enrome y pesado mueble de metal que casi topa con el techo, el en el suelo puede ver huellas de arrastre del mueble, con mucha facilidad lo mueve, mostrando un agujero en el suelo, que da a lo que parece ser las celdas del lugar, la espía se agacha para ver lo que sucede, sin darse cuenta que la están observando.

    En las sombras una de las criaturas planta que se encuentra aún lado de una especie armadura robótica, gracias al cuarto oscuro la espía no se percata de la criatura, entre sus pétalos, se encuentra una pequeña cámara, la visión la contemplan dos individuos, una hermosa mujer de un cuerpo sugerente, de voluptuosos pechos, caderas anchas y generosas, y de su cabello color castaño resalta una ornamenta parecida a los de un ciervo. Aquella mujer acompaña a un hombre armado hasta los dientes, sentado en una especie de silla flotante, la observan con atención a través de un único lente rojo que sobre sale de su máscara. — qué demonios hace esa perra en mi armería, lo va arruinar todo — pero la mujer trata de tranquilizarlo, sin pegar la vista del monitor.— tranquilo amor, ella nos puede ser útil, mira — oprime unos cuantos botones del teclado, rebela unos archivos con el nombre de silver Fox que aparecen en la enorme pantalla — su cuerpo acepto con creses la fórmula del supe soldado, a diferencia de nuestra actual prisionera, en unos pocos días digamos que ya no podrá aguantar, su corazón está al límite.— el Devastador mira con atención la pantalla, a silver fox quien se encuentra en la armería — esa perra me ha causado muchos problemas y enormes pérdidas…— La orquídea mete su mano en su pantalón comenzando a estimularlo. — te prometo que baldra toda la pena, es más dejare que el tiburón se divierta con ella, ¿qué dices? — el Devastador la mira aun dudando.— reconozco la fuerza de ese bruto mutante podría acabar con ella, pero esa puta es demasiado lista, podría escapar — La orquídea lo mira con lasciva.— ella ya es mía tan solo mira lo que está haciendo— el devastador mira nuevamente la pantalla y con asombro ve a la chica masajeándose la entrepierna.— mi pequeña mascota está dispersando en pequeñas dosis para que no sea detectado por su equipo, pero causa una reacción casi inmediata en el cuerpo como puedes ver, además como tú mismo lo dijiste es toda una puta, tan solo mírala. Manda dos guardias para calentar un poco las cosas y probar mi nueva droga, manda al tiburón cuando termine con ellos. — Solo fue unos segundos los que tardo en tomar una decisión — de acuerdo, pero si logra escapar, tu cabeza adornara mis paredes — La orquídea sonriente comienza a descender para hacerle una felación, mientras el devastador se comunica a la fortaleza dando la orden para enviar dos guardias a la armería.

    En el agujero de la armería, Silver fox mira con atención el lugar, a primera vista parece una mazmorra bastante amplio, pero el lugar se encontraban bastante equipo que parecer ser mas un laboratorio; una enorme computadora, refrigeradores frascos y tubos de algún contenido desconocido, equipos que mesclan el líquido, contenedores y algunas otros aparatos.

    Pero lo que más llama su atención es su compañera que se encuentra, en medio de aquel cuarto, se encuentra en una estructura de una sola pieza que por su forma mantiene su cuerpo desnudo curvo, sus brazos y piernas que están atadas con grilletes al final de la estructura, la cámara de su máscara enfoca el vientre de su compañera la cual se ve que sobre sale un bulto que vibra dentro de ella, que casi llega a la boca de su estómago, Silver inmediatamente entendió que tenía adentro un enorme dildo y el sistema de rayos x le confirma no solo lo que imagino si no que le muestra que tiene dos metidos; uno por el culo y el otro por su vagina, Silver comienza a excitarse, pero trata de concentrarse, trata de enfocarse ante la escena que tiene enfrente, la expresión del rostro demostraba que lo disfrutaba demasiado; sus ojos en blanco y su larga lengua que le traía agradables recuerdas salía de una boca abierta hasta el máximo, le daba envidia el imaginar el placer que debe de estar sintiendo, pero noto que tiene sensores que monitorea su cuerpo, como unas mangueras conectadas sus brazos y cuello, el escáner confirma que le están suministrando una clase de afrodisiaco, unos cuantos centímetros de la base del enorme dildo de que tiene dentro de su vagina, se encuentra un contenedor que recolecta sus jugos vaginales, lo cual tiene intrigada Silver, asiéndola preguntarse — ¿para qué carajos los quieren?

    En la misma habitación se encuentran dos personajes de considerable peligro, Silver los reconoció de inmediato, el mutante marino conocido como Shark jaw y el otro enorme mastodonte era el súper zombi llamado, Lapida, ella sabe que en frenarlos directamente, sería estúpido, por lo que decide esperar.

    El enorme Zombie toma la cabeza de la agente capturada, la posición de la estructura deja la boca de la agente pintona a la altura perfecta del enorme miembro del mostro dejando lo muy cerca de sus labios la mujer, la cual comienza a lamerlo como si fuera un dulce, aquello dejo sorprendida a Silver que por la escena comienza a estimular la entre pierna aún mas y su lujuria comenzó a dispararse cuando, el zombi comienza a follarse la garganta de su compañera cautiva. Silver ya no aguanta así que desactiva el escudo de su traje y comienza a masturbarse, el afrodisiaco de la orquidal ya empezó afectarle a la joven espía.

    La orquídea mientras le hacia una felación podía ver todo a través de su criatura planta, gracias a la conexión telepática que tiene con su creación, con satisfacción pudo ver que su droga al fin comenzó hacer efecto, pero no dejaría nada al azar.

    Dos guardias llegan a la armería tomando por sorpresa a Silver, quien se pone en guardia, esforzándose por controlar su deseo, apuntando con sus pistolas de gran calibre, pero justo antes de que comenzara el enfrentamiento, desde las sombra la extraña criatura planta, lanza varias espinas de sus ramas que impactan en la piel de sus víctimas, inyectándoles dosis concentradas. Aquello provoco que los tres perdieran ante la lujuria que se apodero en ellos, pero en los hombres, el afrodisiaco provoco un cambio sus cuerpos; un gran aumento en su masa muscular rasgando sus uniformes y el tamaño de sus miembros crecieron al punto que la punta llegaba hasta su pecho, Silver se despojó de su máscara, sus ojos brillaba con el deseo como dos llamas vivas, sus suaves labios probaba la cabeza del pene de uno de los guardia, lo saboreaba, su lengua recorría cada parte del enorme miembro, el guardia ya no era un hombre si no una bestia, toma la cabeza de la chica y de un solo movimiento de su cadera le introduce todo su pene hasta la raíz, la droga volvió tan sensible el cuerpo de silver que con esa envestida provoco un orgasmo que no pudo contenerse que se vino dejando un charco entre sus piernas, el otro guardia no perdió tiempo que introdujo todo su miembro dentro de su vagina, ambas bestias enfermas de lujurias comienzan a follarse a la espía.

    La razón y los pensamientos comienzan abandonar a Silver, siente como una electricidad recorre todo su cuerpo, dándole placer a cada fibra de su ser, enloqueciéndola de lujuria, las embestidas de los enormes falos en su garganta como de su vagina comienzan a aumentar, el sabor del líquido seminal lo tiene impregnado desde su boca asta en su garganta, podía sentir como los jugos de su vagina recorrían sus firmes y suaves muslos, el soldado hambriento de lujuria comienza a nalguear aquellas nalgas que se impactan una y otra vez en su vientre mientras la penetra.

    La orquídea mira con satisfacción la pantalla mientras se limpia la boca, pero el devastador aún no se convence, aún está tentado de cambiar la orden y que acribillen a silver fox en ese momento sin importarle los otros dos guardias, la orquídea adivinando sus intenciones sigue masajeando su falo. — ¿Qué pasa amor no fue suficiente?— el devastador sin dejar de mirar la pantalla muestra sus dudas sobre el plan de la doctora, solo para buscar una excusa y matarla. — estas segura de que tu plan es infalible, he escuchado que esa perra es demasiado puta que quizás solo se está dejando coger— la orquídea solo sonríe mientras lame su miembro, pero ella ya sabía de la lujuria de aquella chica.— hay amor, ¿acaso no lo ves? Ella ya es mía, esa zorra no anda con cualquiera mucho menos con los pobres diablos que son tus soldaditos, observa lo sumisa que esta, tan solo mira como se la cogen. — en efecto el devastador mira como ambos guardián se follan sin compasión, los jugos de su vagina escurrían entre sus muslos y de su boca babeaba bastante incluido el líquido pre seminal.

    Ambos guardias ya están llegando a su límite comenzando aumentar más el ritmo y gruñir con más fuerzas, las generosas tetas de silver se tambalean de tal forma que endurece más el miembro del devastador — debo admitirlo que ver a esa parre ser follada por esos dos, es bastante excitante, lástima que tendré que contratar a sus remplazos. — la orquídea mira con atención la pantalla, comprobando las palabras de su jefe, ambos tenían la mano en el pecho del lado del corazón, ya avía tenido ese problema con sus víctimas, en los hombres, su veneno vuelve los cuerpos tan sensible que en el primer orgasmo sufren un ataca al corazón que los aniquila.

    Ambos guardias sueltan una gran descarga dentro de silver fox que la llenaron por completo, pero al terminar, caen fulminados con sus falos aun erectos. Orquídea mira con interés mientras saborea su labios con su lengua, la pantalla muestra a silver masturbándose con ambas manos, “sigue insatisfecha, pero los efectos del afrodisiaco comienzan a desaparecer, eso podría ser peligroso” nuevamente masajea el pene del devastador y con una voz dulce le habla a su en aquel momento amante — dile a Shark jaw que le dé con todo — aquello sorprendió al devastador — segura, ese maldito tiene la fama de partir en dos a sus víctimas, literalmente, pensé que la querías con vida — la orquídea se sienta en sus piernas, con el falo del devastador recargado en su vientre, sus ojos lascivos miran fijamente el lente rojo de su máscara.— claro que la quiero pero deseo ver que tanto puede aguantar, después de todo su cuerpo asimilo a la perfección el suero del súper soldado, veamos su resistencia, de cualquier forma veas por donde lo veas tu saldrías ganando.

    Aquellas palabras fueron suficiente para convencerlo — De acuerdo. — Se comunica con el tiburón mutante — Shark jaw hay una intrusa cerca de tu posición, quiero que te la cojas sin restricción, quiero que disfrutes ese culo joven como te plazca.

    Silver contempla a los dos guardias aun deseando sus miembros que permanecen erectos, su mente comienza aclararse, sabe que no está en condiciones para seguir con la misión, lo que tenía las espinas de aquella extraña criatura la domino en segundos, debe huir antes de que la descubran, pero antes de que pudiera hacer algo, Shark jaw surgen del suelo destrozando el piso de grueso concreto, Silver fox lo mira con preocupación, sus ojos se enfocan en el enorme falo.—Vaya, vaya que tenemos aquí una hermosa intrusa con un buen culo—aquello no le gusto en lo absoluto a silver sabe que un enfrentamiento sería estúpido, tenía que correr o acabaría empalada, pero el monstruo marino fue mucho más rápido.

    Todo fue tan rápido, que en el momento que le dio la espalda, no pudo ver cuando los enorme brazos de Shark jaw pasaron entre sus piernas para terminar agarrándola por su nuca, consiguiendo doblar sus piernas hacia su cabeza, haciéndole una llave, alzándola con suma facilidad dejando su culo al aire, sus brazos quedaron atrapados entre sus muslos y el cuerpo del enorme monstruo[1], Silver podía sentir la punta del monstruoso falo a punto de entrar por su culo — espe… ¡H-HUAAAGH!— ni siquiera la dejo terminar Sahrk Jaw la empala con su gran miembro hasta la raíz. Silver lucha por mantenerse consiente el dolor que sentido al ser penetrada, al instante se convirtió en placer que la inundo totalmente que no pudo evitar venirse en el momento que el falo entro dentro de ella, aquello le provocó que se sonrojara, sus ojos que muestran preocupación, contempla su vientre hinchado por el enorme pene que tiene dentro. “si no fuera por el suero del súper soldado, tal vez me hubiera partido en dos en el momento en que me penetro” piensa ella, pero aún está preocupada de que tanto podrá soportar su cuerpo, puede sentir todos sus órganos oprimidos.

    Shark jaw comienza a menear sus caderas haciendo que su falo se mueva dentro de ella, Aquello estremeció todo su cuerpo — ¡demonios!— sentía que tendría otro orgasmo, aún estaba sensible por el veneno. Sus ojos bien abiertos intentan mirar Shark jaw, y si lo hiciera, vería su sonrisa perversa. —Me encanta como tu culo aprieta. — Y sin perder el tiempo empieza a cogerla, las envestidas eran fuertes y rápidas, la sensación que experimenta Silver era demasiado para ella sus jadeos y gritos aumentan mientras es penetrada, el placer que inunda su cuerpo y enloquece su mente al punto que sufre otro orgasmo y se viene, Shark jaw ríe a carcajadas al ver como la escena.— pero que puta ni siquiera me he puesto serio y tú ya te corriste al poco tiempo.— silver con la poca conciencia que le queda ruega por que se detenga.— por… por… favor… ahh… agh… aaah… para… aaah… nnggh.— aquello solo provoco más al monstruoso ser.— jajaja, eso solo me excito mas.— de la nada su miembro creció aún más que Silver creyó que la partiría en dos.— h-huaaaagh!? — los gritos y gemidos seguían, pero en vez de demostrar dolor gime de placer, su rostro tenía una mueca de placer absoluta; su boca abierta cuyos labios sonreían, con la lengua de fuera tambaleándose al ritmo de las caderas del monstro que la penetraba, sus ojos bien abierto con la mirada en blanco, su mente se perdió.

    Mientras tanto la Orquídea mira toda con atención con el devastador levantándose sin despegar la mirada de la pantalla.— bien esa perra al fin está teniendo lo que se merece, aunque debo reconocer que el suero del súper soldado es sorprendente, un cuerpo normal habría sido destrozado.—mira a la orquídea con autoridad.— una vez que termines de usarla para tus fines, quiero que uses su cuerpo para obtener la fórmula del súper soldado.— una vez dicho se va de la habitación confiado de que sus órdenes se cumpliría al pie de la letra, pero la orquídea se decía a sus adentros “pobre idiota la formula ya la he recreado y no solo obtuve mi primer sujeto exitoso sino que también la mejore, en cuanto a nuestra pobre niña tengo otros planes, si logra sobrevivir” la orquídea mira la computadora, sería una pena no poder gozar de esas buenas nalgas”.

    Las envestidas eran más rápidas y la bestia sentía que ya estaba apunto— oye muñeca, ¿sigues consiente?— pero solo recibió como respuesta jadeos y gritos. — jajaja que puta eres ya solo gozas, puedo sentir como tu culo aprieta más fuerte mi pene, pero ya estoy apunto asique no me contendré — sus caderas aumentan el ritmo que silver no aguanto más, se vino antes que el monstruo, soltando un buen chorro y al poco tiempo Shark Jaw deja salir una gran descarga, el gran chorro sube por sus entrañas llegando a la garganta y saliendo con gran fuerza de su boca y de su nariz, al terminar el monstruoso hombre tiburón quedo exhausto que incluso su pene quedo flácido permitiendo que el cuerpo mancillado de silver cayó al suelo.

    Asombrada Orquídea mira los resultados de la computadora, aún seguía viva, su cuerpo no solo aguanta el sexo con ese monstruo sino que sanaría rápidamente. — Shark Jaw, sustituye al sujetos D-080, con ella — Shark Jaw mira asía el enorme agujero que da al laboratorio donde a Lapida teniendo fallándose la garganta de la agente piton. —¿Y qué hacemos con la otra?— Orquídea despreocupada da un sus pira.— dásela a Lapida como su nuevo juguete.— diciendo eso corta la conexión Shark Jaw, toma a Silver por la cabeza y se la lleva.

    Cuatro días des pues, Silver Fox se encuentra ocupando el lugar de su compañera, sentada en aquella extraña silla con dos grandes dildos dentro de ella, uno en su culo y otro en su vagina, sus gritos eran más fuertes teniendo orgasmos y viniéndose constante mente.

    Shark Jaw miraba con atención el nuevo producto que salían en consecuencia, por los fluidos de silver Fox, la nueva droga tiene un tono morado más oscuro y la formula resulta más concentrado, él sabía que era un afrodisiaco muy bueno, pero solo tenía un gran efecto en las mujer, en los hombres no causaba ninguna reacción al menos que se modificara con la raíz de una extraña planta asiéndolos mas viriles y resistentes, aquella droga lo aria más rico si tan solo pudiera tener aquella raíz en su poder.

    Mira a su compañero acostado en el suelo mientras que la mujer que alguna vez considero una enemiga mortal, ahora no paraba de disfrutar del enorme falo de su compañero, lo veía en su mirada perdida, su mente ya estaba destrozada por el deseo, ya solo pensaba en coger, en ocasiones mientras su compañero dormía ella le daba sexo oral tragándose la enorme polla hasta la raíz.

    Se pregunta cuánto tiempo tardaría silver fox en convertirse en una insaciable perra cachonda. De repente una gran explosión se escucha muy cerca de done están, las alarmas comenzaron a sonar, Shark Jaw usa el tele comunicador para saber que pasaba, pero nadie sabía, todos los que le respondían decían que de repente habían explosiones y en efecto el constante estallido obligo ambos monstruos a dejar su lugar e ir a investigar, nos sin antes que el zombi conocido como Lapida se quitara de encima a pitón que se aferraba a su enorme miembro, que tuvo que golpearla dejándola inconsciente.

    Cuando el lugar quedo desprotegido una nueva explosión bolo una de las paredes del laboratorio, del enorme agujero salió una mujer vestida con un entallado traje negro que la cubría de pies a la cabeza armada hasta los dientes, se adentra al lugar con rapidez y cautela, primero libera Silver fox a quien le inyecta un calmante, ya que los efectos del afrodisiaco que aún tenía en su cuerpo la volvían inquieta y ansiosa — con esto estarás tranquila, lindura.— Acto seguido toma a la inconsciente Piton, aquella misteriosa salvadora corría con ambos cuerpos en cada hombro como si no pesaran nada.

    Se alejaban de la zona hasta que las explosiones se escuchaban muy lejos, llegando a una zona lejana de la isla, la misteriosa mujer deja caer los cuerpos desnudos en la arena, Silver fox ya consiente trata de incorporarse pero solo consigue quedarse sentada, sus piernas las sentía de papel, jadeante y temblorosa mira a su salvadora — ¿quién eres?— La mujer la mira de reojo a través de los lentes rojos de sus googles, dejando escapara una risa burlona y antes de dejarla, señala a lo lejos donde se encuentra una nave acuática. Silvera solo la ve alejarse, “es muy rápida la perra.” Con gran esfuerzo se levanta y carga su compañera, temía que el cuerpo le fallara. — Vamos, suero del súper soldado no me falles. — con trabajo llego a la nave con la escotilla abierta junto con su compañera, no tiene tiempo que perder, sería cuestión de tiempo antes que la descubran y la capturen o la maten. Con alivio ve en la computadora que ya hay una ruta marcada que va directo a una zona segura. Al activar la nave y autorizar la ruta, este se pone en marcha a toda velocidad. Al sentirse segura se relaja un poco, mira a su compañera inconsciente, pero más bien parece que solo está durmiendo plácidamente, lo cual no le parece mala idea los efectos del calmante resultaron más fuertes que las del afrodisiaco, decidió dormir durante todo el camino ya descubrirá quien es la mujer y por qué la salvo, pero no pudo evitar pensar que aquella sonrisa le resulto familiar, antes de quedarse dormida.

    A pasado más de una semana, Riley Conner alias Silver fox descansa en su cabaña privada a orillas de la playa, donde contempla el mar tranquilamente mientras toma una taza de café, sus brazos recargados en el balaustre del balcón luciendo su cuerpo atlético, solo usando una tanga negra y una diminuta camisa sin mangas que solo cubre la mitad de sus generosos pechos.

    Reflexionaba sobre lo sucedido después de su escape, ya que al poco tiempo de haber despertado encontró una nota de uno de sus contacto consiguiendo descubrir la identidad de su salvadora, por lo que tuvo que inventar algunas cosas de la historia antes de que el submarino llegara a su destino, por ejemplo la activación de las bombas que ayudaron en su escape, según su supuesta versión, las bombas no se activaron hasta después de una mala calibración a causa del sorpresivo ataque de Shark Jaw, tuvo que hackear la computadora de su brazalete para que su cuartada sea más creíble, aprovechando los rumores de un topo dentro de la organización tomo la excusa de tener preparado un segundo vehículo de escape, algo que sus altos mando aceptaron y más aun con el descubriendo el cobro de una descomunal factura en su cuenta personal, aquello al principio le intrigo que su contacto supiera la contraseña, por lo que tuvo que cambiarlo en al poco tiempo.

    En cuanto a la agente pitón como ella fueron sometidas a examen médicos, por desgracia para quien fue su maestra y compañera, el afrodisiaco y el constante estímulo a la que fue sometida destrozo su mente ahora solo piensa en satisfacer su deseo sexual, en estos momentos se mantienen en un estado de semejante al sueño, hasta encontrar una cura para su condición, pero en ella fue diferente ya que su cuerpo al ser más resistente y al no haber sometida por tanto tiempo solo salió con una temporada de descanso hasta que su cuerpo deseche los restos del potente afrodisiaco. Para afrontar los efectos tenía que tomar unas pastillas para controlar su libido, pero solo las tomaba de vez en cuando.

    Mientras mira el océano dos manos comenzaron a recorrer su suave piel, una de las manos sube hasta su ceno que comenzó a masajear, mientras la otra baja y se metía entre su tanga, comenzando a estimular su sexo, entre sus nalgas pudo sentir lo que parecía un enorme falo, ella no hizo nada sabía quién era, ligeramente voltea la vista para ver a su amante, lo único que lleva puesto era un cinturón con el enorme falo de caballo de plástico, Riley nota su musculatura que resalta en su piel pálida como fantasma, su sonrisa demente y sus ojos llenos de lujuria la miraban fijamente—mira nomas, apenas he empezado, ya estas toda mojada — Riley sonrojada no aparta los ojos de su compañera quien le acerca sus dedos empapados a los labios de Riley, quien comienza a chuparlos. Su amante notando como abre sus piernas y se posiciona para ser penetrada— Vaya, estas muy deseosa, me pregunto si un es el afrodisiaco que apuesto a mi perrita muy caliente. — Con el enorme falo la penetra, provocándole a Riley un fuerte grito de placer y en un intento suplicante, Riley mira a su amante a punto de empezar — por… por… favor, Conejita… aún estoy… aaaah.— pero aquello solo encendió aún más a su amante quien al igual que Shar Jaw comenzó a penetrarla con fuerza, los movimientos de las caderas se sincronizan con las de sus largas coletas negras y sus firmes senos, los gritos y gemidos de Riley la excitan aún más, aumentando el ritmo, Riley por un momento la compara con Shark Jaw, “maldita sea ¿acaso planea partirme en dos?, ella sea vuelto más fuerte que antes incluso el agarre de sus manos es como si dos pinzas hidráulicas me estuvieran sujetando los brazos, demonios, demonios estoy a punto de venirme.”

    El orgasmo fue demasiado fuerte, cuando la conejita saca el enorme dildo de ella, este quedo todo empapado de sus jugos, las piernas de Riley tiemblan tanto que no pueden sostenerla más, su cuerpo cae de rodillas, jadeante y mareado, por el fuerte orgasmo, “maltita sea eso estovó muy intenso al menos aún sigo consiente”, aun hasta la fecha saborea el sabor del semen de Shark jaw, y recordando aquello no pudo evitar hacer la pregunta. — ¿cuan… cuando te volviste tan fuerte? Sentí que me estaba cogiendo un toro— La conejita se quita cinturón con el dildo, y aprovechando que Riley está en el suelo, se coloca encima de ella dejando su vagina sobre su cara.— quieres respuestas, bueno mami quiere amor de su adorable perrita.— Riley sin más remedio comienza hacerle un oral mientras la conejita comienza hablar.—mmmm… Aaaah… bien… mmm… por donde empiezo jeje. Bueno… Oooh eres buena… mmmm. Tu gente no es los únicos creando súper soldados… mmmm… que bien se siente y dime perrita, no te molesto que te compre un submarino.— Riley deja de a ser lo suyo.—¿De que hablas? me salvaste el culo, que ahora es todo tuyo.

    Para ambas el día sería bastante agradable, pero ninguna se percató que estaban siendo vigiladas por una pequeña criatura con características semejantes a las plantas, que las observa con una pequeña cámara incrustada a su cuerpo. Quien mira por la cámara era la Orquídea, quien ve a su novia jugueteando con otra y enterándose que es una soplona. — ¡Esa perra! Ya arreglare cuentas con ella, me las cobrare todas, por ahora gocen todo lo que quieran, al final todos serán mis putas.

    Continuará…

    ****************

    [1] La pose sexual nelson

      

  • Le muestro la verga a mi profesora online

    Le muestro la verga a mi profesora online

    Tengo una maestra de la universidad muy hermosa, desde que la vi me enamoré perdidamente de su bello rostro, tiene unos ojos redondos y grandecitos, unas cejas bien depiladas con pestañas grandes y onduladas, sus labios son ligeramente delgados, pero se notan carnosamente deliciosos, una sonrisa perfecta y su cabellera negra que enmarca sus mejillas. Cuando se pone lentes durante las clases, uff!, me calienta al cien.

    Su cuerpo no deja nada que desear, con sus apenas 31 años tiene una figura tan sensual, pechos generosos y unas caderas que dejan alucinando.

    De costumbre al terminar su clase, suele decirnos.

    -Me quedaré conectada hasta el final por si alguno de ustedes tiene alguna duda, puede preguntarme.

    Y luego uno a uno van desconectándose de la clase virtual hasta no quedar ninguno.

    Cierto día quise atreverme a hacer travesuras con ella. Me quedé esperando a que todos mis compañeros se desconectaran hasta que solo quedamos ella y yo en la video-llamada. Cabe aclarar que yo estaba conectado desde mi teléfono celular, y ella tan hermosa, sentada en su escritorio.

    -¿Tienes alguna pregunta Donni?

    -Emm… Si licenciada. No me quedó muy claro que significan están gráficas en el libro.

    -¿Cuáles?

    -Ahorita le muestro –activé la cámara posterior de mi celular para enfocar la página del libro mientras observaba su hermosa carita en mi pantalla.– esta de acá.

    -Amm… ya veo… esa gráfica muestra… bla bla bla -y procedió a explicarme.

    -Oh! Ya veo

    Mientras observaba su hermosa boca moverse de manera tan sensual al hablar y sus grandes pechos que se asomaban en su escote ante la cámara, comencé a jalarme la verga, poniéndome enorme y duro al instante.

    Me quité la ropa interior dejando mi verga al aire libre mientras ella continuaba hablando…

    -… y bien, pues eso es básicamente lo que representan esas gráficas. No sé si aclaré tu duda.

    -Ah! Si, si, ya entendí, creo que eso aclara mucho el resto del tema.

    -Así es, por eso es importante que presten atención a esas gráficas en especial. No sé si tienes alguna otra duda…

    -Sí, tenía otra duda, pero respecto a lo que dice en el otro libro, pero… no lo tengo a la mano, me permite lo busco rapidito.

    -Claro, no te preocupes

    Me paré “sin querer” con el teléfono en la mano, para ir a buscar el otro libro. Me aseguré de enfocar mis pies mientras caminaba a mi habitación y también de enfocar “accidentalmente” mi verga completamente erecta mientras se sacudía con cada paso que daba.

    Los hermosos ojos de mi maestra se abrieron a más no poder viendo la pantalla. Trató de mantener la compostura desviando la mirada, pero siempre terminaba volteando a ver mi verga.

    Se notaba nerviosa, miraba hacia todos lados asegurándose que no hubiese nadie cerca de ella, se sobaba el cuello, se acomodaba el cabello, pero siempre su mirada siempre volvía a la pantalla.

    -Listo, lo encontré. Es en esta página… -y continué preguntando solo para mantenerla en la llamada.

    -Emmm… bueno, sí, mira… lo que… ejem… lo que significa… -podía verla evidentemente nerviosa, titubeando sin poder concentrarse. Luego trató de explicarme, se notaba distraída.

    -Mmm ya, ya veo… permítame tomo mi cuaderno para anotar eso, si no, lo olvido. –me paré de nuevo e hice lo mismo. Enfocando mi verga mientras caminaba hacia el escritorio.

    Ella se mordía y se relamía los labios ocasionalmente. Acomodé el celular de tal forma que pudiera verse mi verga dura mientras miraba su hermosa carita nerviosa tratando de explicarme. Mientras me explicaba me masturbaba viendo sus pechos.

    Ocasionalmente le lanzaba algún comentario fuera de lugar, interrumpiendo su explicación. Cosas como:

    -Licenciada, que hermosa se ve hoy, esos lentes le quedan muy bien.

    Ella se sonrojaba nerviosa, y agradecía entre dientes para tratar de continuar su explicación.

    Continuamos así hasta que mi verga estalló en una enorme eyaculación, que se vio completa y perfectamente en la cámara.

    Ella al ver esto, de manera inevitable suspiró sorprendida y quedó en silencio, tras unos segundos, reaccionó volviendo en sí.

    -Bueno, creo que eso sería todo, no sé si aclaré tus dudas.

    -Si licenciada, bastante claras, gracias por explicarme y por alegrarme el día con tan hermosa sonrisa. Sus clases son mis favoritas.

    -Ammm… bueno, gracias, solo… una recomendación, la próxima vez tenga cuidado con su cámara… bien si no quedan más dudas me despido, nos vemos la próxima clase, buen día. –y se desconectó de la llamada sin darme tiempo a responder nada.

    Decidí escribirle a su número personal, para seguirle haciendo conversación, y haciéndome el que no sabía de qué hablaba.

    Estuvimos texteando lo siguiente:

    -Licenciada, no entendí a qué se refería con el comentario de mi cámara, me disculpo si no enfocaba bien los libros.

    -tus libros solamente –respondió ella con emoticones picaros.

    -Si

    -y esos libros tenían la cabeza muy grande y rosadita

    -oye, y tú que estabas viendo –le pregunté con emoticones riendo

    -el libro mayor –me respondió de manera traviesa

    -jaja no era mi intención que viera eso, pero ya ve como me pone al hablar contigo.

    -Pues no debería, y el malvado “libro” es gordo –continuaba ella, refiriéndose a mi verga.

    -Es por que tienen mucho contenido…

    Ella terminó la conversación con emoticones riendo. Y ya no me respondió más.

    Fue muy emocionante verla observar mi verga, ahora solo me queda esperar los resultados de su curso.

    Les cuento lo que vaya pasando.

    Esta historia es completamente real, si quieres comprobarlo, escríbeme a mi correo.

    Chao.

  • Estoy cachonda

    Estoy cachonda

    Siempre he sido muy caliente, desde que descubrí que se sentía rico tocarme entre las piernas lo hago. Perdí mi virginidad a los 18 y ahora tengo 20 años, no he cogido con nadie en un año y no puedo más. Necesito volver a sentir que me metan toda la verga en mi puchita, que me hagan gemir y me digan lo puta que soy.

    Este día había quedado con un amigo para irnos a coger, pero la lluvia hizo que no pudiera venir y se inundó (o eso me dijo) el camino por dónde tenía que pasar. Él me pone muy caliente, es alto, tiene una verga muy rica o eso pude sentir una vez que nos vimos cuando salía de mi trabajo.

    Ahora estoy sola en mi habitación tocando mis pechos y apretando mis piernas para sentir rico en mi puchita, ya no pienso en él, ahora eres tú el que me está apretando las tetas y las chupas dejándolas llenas de tu saliva, tu mano está en mi vagina rozando encima de mi ropa interior.

    Empiezo a gemir más fuerte cuando muerdes mis pezones sin contemplación, me dices que soy una zorra por gemir así. Te pones de pie y yo te la comienzo a chupar, tienes una verga muy rica, papi. Me tomas de cabello y empiezas a penetrarme mi boquita

    —¿Te gusta, mi putita?

    —Sí! Me encanta, papi.

    Sigues haciéndolo hasta que te corres en mi boca y el semen que no alcancé a tragar se escurre por mi garganta y mis tetas…

    Soy nueva escribiendo, ahora mismo acabo de tener un orgasmo haciendo este relato. Espero sea de su agrado, agradecería sus comentarios.

    Besos.