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  • Así le llené la vagina de semen a mi mejor amiga

    Así le llené la vagina de semen a mi mejor amiga

    Me llamo Dany, mi amiga y yo somos muy unidos, ella se llama Dana, es una chica de piel blanca, ojos café claro con un toque verdoso, pecas en su nariz y pómulos… un hermoso cabello castaño ondulado y un cuerpo digno de ser llamado «perfección» y haciendo compatibilidad perfecta con su baja estatura.

    Ella y yo somos amigos muy unidos, solemos compartir gran cantidad del tiempo hablando sobre nuestros más recónditos deseos, sueños y miedos. Casualmente siempre solemos pasar buenos momentos y reírnos mucho cuando tocamos temas sexuales, sé que a ella le encanta y ella sabe que a mí también, sabemos que somos unos pervertidos, pero de igual forma nos respetamos. Hasta que un día…

    Recuerdo que ese primer día de universidad su padre la llamó diciéndole que no podría pasar a buscarla, y que por lo tanto era más conveniente que quedara en mi casa para que luego él pasará a buscarla.

    Y así fue. Tomamos un taxi y llegamos a mi casa, no era la primera vez que pasaba, pero esta vez en especial ella estaba apurada a llegar para cambiarse, ya que estaba en su último día de periodo. Al llegar eso fue lo primero que hizo, ir al baño de manera acelerada para evitar algún tipo de manchón y poder cambiarse, ni siquiera saludó a mi madre, de todas maneras ella entendía lo despistada que Dana era en ocasiones.

    Luego de unos minutos salió del baño y saludó a mi madre.

    Dana: Hola segunda madre…! cómo está!? Mi padre no pudo pasar a buscarme así que tuve que venir con Dany! Luego me pasaran a buscar.

    Mi Madre: no te preocupes, tu papá siempre tiene esos contratiempos, igual que yo ahora mismo! Tengo que irme a hacer unas compras… Dany!…

    Gritó mi madre para decirme lo mismo de siempre… «Cuida la casa, yo vuelvo en un rato» ya me sabía esa línea así que la repetí al mismo tiempo que ella. Y entre risas y apuro solo nos abandonó diciendo las directrices en el caso de que nos diera hambre.

    En el momento que se cerró la puerta, Dana y yo fuimos a sentarnos al sofá, ella después de cambiarse en el baño se puso un licra de color gris resaltando sus bellas piernas blancas, suele hacerlo porque es más cómodo para ella, pero nunca la había visto frente a mí con eso.

    Dana rompió el pequeño silencio presente al momento de sentarnos enseñándome su celular con la foto en Instagram de una mujer muy linda, tenía un culo perfecto de esos que solo se consiguen con ir al gym, y me pregunta:

    Dana: Oye crees que ella es linda? Mira su culo!

    Yo: Si lo es, aunque igual al pasar del tiempo todo eso lo perderá, más aún cuando empiece a tener hijos!

    Dana: Pues si claro… Me imagino que no permite que nadie le eche el semen adentro.

    Yo: Imagino lo mismo, aunque si yo fuera su chico no podría resistirme a terminar adentro jajaja (sonreí de manera pícara)

    Dana: A ti sí que te encantaría venirte adentro de una vagina no? Crees que realmente sea tan especial?

    Yo: Joder Dana… (la mire a los ojos, de manera obvia) claro que debe ser especial, te imaginas como se debe sentir tan caliente adentro?

    Dana: Si… (Asintió) he leído que nosotras podemos sentir el pene bombeado toda la leche…

    En ese momento mi pene se empezó despertar, mi cabeza ya estaba pensando en lo que se sentiría hacer algo así, fue algo muy rápido, así que corrí a taparme con uno de los cojinetes del sofá. Ella me miró y se sonrojo porque sabía lo que estaba pasando siendo la primera vez que tocábamos temas sexuales estando tan solos en una casa grande.

    Dana: En serio te excitó mi pregunta? Tienes la mente llena de porno Dany!

    Yo: Oye Dana tú también (dije entre risas y avergonzado mientras tapaba mi pene) te encanta imaginar penes y vaginas, estás loca!

    Dana: Si claro… Imaginarme como lo tienes también (dijo mientras poco a poco bajo el volumen de la voz, centrando su mirada dónde tapaba mi pene)

    Yo: Jajaja imaginarte qué? Mi pene? Oye solo está erecto, es normal! Además tú sabes que me pasa cada vez que hablamos sobre sexo.

    Dana: Si pero hoy estamos solos. Enséñamelo (dijo mientras poco a poco se sonrojaba).

    Yo: que te lo enseñe? Cállate Dana por favor! (Dije entre risas nerviosas) Por qué todo lo tomas a broma?

    Dana: Solo quiero verlo. Te da miedo?

    Yo: No! Claro que no me da miedo! (Dije nervioso)

    Dana: Yo te conozco Dany… vamos, sé que tú también quieres, tienes todo el rato mirando mis piernas.

    Por unos segundos me quedé mirándola a los ojos, ella no estaba bromeando, parecía que todo lo tenía planeado. Así que solo quité el cojinete que mantenía en las sombras a mi pene de 17 cm.

    Y lo vio.

    Dana: En serio estás excitado. Y mira lo grande que es esa silueta. (Dijo acercándose lentamente hacia mi) Sabes Dany, solemos hablar tanto de sexo que ya no puedo aguantar más las ganas de probar tu pene en mi boca.

    Yo no podía creerlo. Pero, aun así solo deje que en silencio ella se acercara a él, sacándolo lentamente de mi pantalón y poniendo su delicada mano sobre el.

    Yo: Dana… estás segura de esto?

    Dana: Yo sé que tú también lo estás.

    En ese momento me besó lentamente, mientras metía su lengua dentro de mi boca mientras yo le seguía el juego, poco a poco nuestras bocas se llenaban de saliva. Y ella procedía a escupir toda esa saliva sobre su mano para luego llevarla a la cabeza de mi pene y ponerlo a brillar. Cada vez que lo hacía soltaba una bella sonrisa de niña mala, como si supiera lo prohibido y rico que estaba haciendo.

    Yo: Mámamelo (dije mientras empujaba su cabeza hacia abajo)

    Ella no puso resistencia y abrió su boca sacando la lengua dejando entrar la punta de mi pene rosando sus labios empapados de saliva. Lo chupaba como si tuviera años de experiencia en ello. Cada vez que lo sacaba de su boca para pasar su lengua desde lo más bajo de mis huevos, para luego pasar por el tronco de mi pene y terminar por la punta. Para nuevamente meterse todo en la boca me hacía suspirar de excitación mientras tocaba sus pechos suaves y calientes.

    Yo: Oye espera…

    Dana: Que paso papi? (dijo mientras se sacaba mi pene de la boca)

    Yo: Y a mi cuando me das tiempo de lamerte la vagina?

    Dana: Estas loco? Tengo la regla, no vas a acercarte ahí. (Dijo nerviosa)

    Yo: En serio? Al menos déjame meterte el pene, ya me lo tienes listo para entrar. (Dije en tono seductor)

    Dana: Oye pero… estás seguro? Estoy menstruando.

    Yo: estás en tu último día, casi no se notará. Tranquila.

    Dana: Está bien. (Asintió un poco indecisa)

    La agarre por el cuello para traerla frente a mis labios nuevamente, y ella sonrió. Eso fue algo que me lleno de ego, la besé con tanto furor que de un momento a otro estábamos haciendo el misionero, me permitió introducir mi pene lentamente mientras me miraba fijamente, esperando que la embistiera cuántas veces pudiera, mientras yo metía mi pene la escuchaba gemir de manera angelical, en esos momentos apagaba sus gemidos con besos llenos de saliva y ahorcaba su cuello mientras metía mi pene haciéndola sentir como una puta.

    Ese momento fue tan sucio que los dos nos sentíamos como en una película porno, cada beso y gemido se entrelazaba con las embestidas tan fuertes que le daba, sentía como su vagina empezaba contraerse mientras ella decía:

    Dana: No pares papi…! Me voy a venir! (Mientras sus ojos estaban cerrados y su expresión era de placer absoluto)

    Seguía embistiéndola mientras movía sus piernas en diferentes poses sin sacar mi pene. Hasta que un momento vi como sus ojos se retorcían de placer, un éxtasis de sentidos. Ella me agarraba muy fuerte, como si no quisiera que me alejara de ella.

    Dana: Ay…! Aquí me vengo…! (Cerro fuertemente sus ojos) Aaay!!!

    Su vagina se había contraído tanto que sentí dolor y saque mi pene. Pero en contra parte decidí frotar su clítoris como si de un DJ musical se tratase, y luego de sentir como su vagina tenía vida propia, me dice:

    Dana: Y tú cuando te vas a venir? (Dijo ansiosa)

    Yo: Estoy a punto de hacerlo. Creo que no podré aguantar más.

    Dana: Te acuerdas que me dijiste que te gustaría sentir el calor de venirte adentro de una vagina?

    Yo: Quieres que yo… (Dije un poco confuso)

    Dana: Tranquilo, yo estoy en mi periodo aún, no habrá errores. Por favor solo quiero sentir tu pene palpitando dentro de mi, por favor!

    Yo: Dana pero es peligroso. Y si quedas embarazada?

    Dana: Eso no pasará…

    Me dijo mientras su rostro aclamaba otro beso. Y haciéndome señas de que me acercara a sus labios me dice:

    Dana: quiero tener mi vagina llena de tu semen, quiero sentir lo caliente de lo que me hablabas, solo dame tu leche por favor, déjame sentir como sale despedida hasta el fondo de mi vagina. Solo hazlo.

    No dije más palabras e introduje mi pene en su vagina nuevamente viendo cómo habían pequeños rastros de sangre que me armaban de valor por ser la primera vez que hacía algo como eso, así que empecé a darle tan rápido y fuerte que escuchaba como ella gemía de dolor, lujuria, excitación. Éxtasis.

    Yo: Dana… Dana… (Decía mientras la miraba a los ojos con mis labios frente a los suyos) mami ahí viene… Ahí viene… Ahhh!!!

    Sentía por primera vez como mi pene bombeaba tanta leche dentro de su vagina. Mientras seguía metiéndolo suave, pero profundo ella solo me miraba con la boca abierta, sonrojada y sudada con sus tetas llenas de saliva. Asentía con su cabeza, sus ojos extasiados mirándome fijamente haciéndome saber lo caliente que se sentía mientras yo seguía introduciendo todo mi semen dentro de su preciosa vagina que palpitaba al son de mis disparos. Hasta que en un momento realmente termine.

    Su mirada era de saciedad y ternura al ver mi expresión final. Una mezcla entre emocionado y feliz, cansado y lleno de vigor. Ella solo me dijo:

    Dana: Dany. Si se siente cuando el pene está bombeando toda la leche adentro. Me enamoré de esa sensación.

    Yo: En serio mami? Yo también sentí como te estaba llenando, fue increíble.

    Oímos unos golpes en la puerta de la entrada. Nos miramos asustados esperando escuchar alguna voz.

    Padre de Dana: Buenas tardes!? (Gritó) vengo por mi hija! Dana estás por ahí? Dany!?…

  • La copa está servida

    La copa está servida

    Subió al taxi. Mientras que con ambas manos intentaba quitarse la identificación de aquel tedioso congreso, con los ojos en el retrovisor veía perderse la imaginación y la mirada del conductor en la penumbra del cruce de sus piernas.

    Abrió la ventanilla y se acomodó para poder ver un poco más. Eran las siete y veinte en el reloj de Time Square. Brodway era un caos tan pictórico como estridente; el único refugio posible para una mujer como ella, parecía ser algún bar del Soho. Y hacia allá se dirigía.

    El camino era corto, pero lento, y en algo había que ocuparse. Alzó las manos sobre la nuca y una lenta avalancha de espuma dorada bañó sus hombros. Un poco de rímel, y la profundidad de los ojos miel se volvió vertiginosa; sombras y delineador bastaron para que un dejo de lascivia se trasluciera. Su boca no necesitaba retoques, la voluptuosidad de los labios se veía acrecentada por una pequeña cicatriz próxima a la comisura. Se calzó unos tacones altos y descendió del taxi.

    The Apple era un bar donde se servían los más exóticos Martini’s de la «Gran Manzana», en un entorno de luces tenues y sonidos Ambient. Dejó al barman que eligiera por ella -Martini dry, Bitter Angostura y unas gotas de Cointreau- siempre que fuera seco. Le deleitaba observar las diferentes formas de sostener las copas de Martini. Había llegado a pensar que la sensualidad se desnudaba en aquel gesto.

    Unos dedos de ébano pulido, interminables y en total armonía con el nacarado de las uñas perfectamente esculpidas, se le hicieron absolutamente deseables. La yema recorría sinuosamente los contornos, deslizándose sutilmente sobre la transpiración de la copa. Apretó los dientes, separó los labios e inspiró. Estaba asistiendo a un deshielo que le recorría los muslos; untó el índice con sus humedades, y lentamente lo deslizó por el borde de la copa para luego introducirlo en sus labios. Se puso el piloto sobre la falda, abandonó su cóctel, y se abandonó al placer de autocomplacerse en la intimidad de la muchedumbre. Copiando cada caricia de la morena a su copa, ella derramó la propia.

    Con los últimos estertores recorriéndole el cuerpo vio entrar a su marido, al que recibió con una húmeda caricia sobre la boca.

    El retraso había resultado delicioso.

  • La Cebollita

    La Cebollita

    Una ocasión,  en una reunión de viernes social, un compañero de trabajo mencionó que en la Preparatoria donde estudió tuvo una profesora muy estricta que recibió el apodo de “La Cebollita” porque a todos los hacía llorar, ¡hasta al director!, complementó. Todos nos reímos de la ocurrencia. Al parecer, esta profesora era muy conocida por varios de los contertulios y hubo comentarios a favor, desde “Es buena persona, tiene un corazón enorme”. “Eso sí, es una persona muy exigente y estricta, pero, sobre todo, sabía su materia”. Hasta “Es una serpiente mal cogida”; “Es una perra sin alma”; “Es muy gritona, humilla a sus alumnos y a los padres de éstos”. También intervino en la plática uno de los socios de la empresa, a quien había invitado otro de los amigos con motivo de su próximo retiro ya que había rebasado los 75 años y le recomendaron sus colegas socios que aprovechara mejor la vida, como ellos, que también eran personas mayores. Éste fue quien aportó más información que fueron complementándola, a manera de chismes, los demás exalumnos.

    Va un relato ficticio construido con elementos de lo contado en la charla, en primera persona. Obviamente completado con ficción para darle continuidad; pues seguramente no fueron así las cosas en la realidad ya que las situaciones más delicadas del relato provenían de chismes de terceras personas, obviamente no presentes en ese momento.

    Conocí a la maestra Maru, entonces alrededor de sus treinta años, cuando ella ya había cursado dos licenciaturas y una maestría; ella se vestía cotidianamente con traje sastre, se pintaba el pelo de rubio, peinada casi siempre con un chongo y traía unas enormes gafas de pasta que completaban el temible aspecto, tal como la veían sus alumnos. Sin embargo, a veces se vislumbraba su cuerpo como el de una mujer deseable. Y sí, esto pude constatarlo en un balneario, donde lucía su escultural anatomía y el pelo suelto. “A penas se puede creer que esa sea ‘La cebollita’, ¡es hermosa!” decían sus colegas al verla en biquini y sin lentes en uno de los descansos en aquel centro vacacional donde se realizaba una reunión de trabajo y discusión académica. Yo había sido invitado para dar una breve exposición de mi investigación. A más de tres los noté empalmados cuando la vieron. “Sí, se ve muy bien, pero…” recelaban otros que le envidiaban sus dotes académicas y de liderazgo.

    Ella se casó con uno de sus exalumnos, quien se dedicó a atender una farmacia de su propiedad, y que no era bien visto por su suegra, pues ésta hubiese querido a alguien “intelectualmente a la altura de su hija”. Pero, de acuerdo a lo que yo veía, sus colegas la evitaban debido al machismo exacerbado, pues claramente era superior a ellos en muchos aspectos, además del carácter dominante y perfeccionista que se magnificaban con el lenguaje preciso y directo de esta mujer.

    Al mirarla tan discriminada por los demás, y atraído por su figura, me acerqué a hacerle plática. Ella no me rehuyó. Al contrario, hicimos amistad fácilmente y, a partir de ese momento, ella me buscaba en los descansos. Particularmente, la noche del día que me tocó hacer mi exposición, en la cena, se fue a sentar junto a mí. Vestía una blusa sin mangas que destacaban sus hombros y brazos níveos ya bronceados, pero las piernas se le veían muy rojas por lo asoleada. Ambos traíamos short. A la hora de los postres, los comensales se fueron retirando rápidamente. Cuando el mesero se acercó a retirar los platos vacíos, ella le pidió dos copas de coñac y, volteándose hacia mí señaló: “…porque me va a permitir invitarlo para agradecerle lo que hoy aprendí de usted”, me dijo sin ofrecer opción y se disculpó para ir al baño. A su retorno, me di cuenta que se había quitado el sostén pues se marcaban los pezones en la delgada blusa y se notaba la curva pesada de sus tetas.

    –Ya no aguanto la irritación de la asoleada – dijo sin más, al tomar la copa y ofrecer un brindis–. ¡Por usted, maestro! –me dijo quedando frente a mí mostrándome las bellezas que se traslucían en su prenda.

    –Gracias, nunca me había sentido tan cohibido y halagado a la vez –dije ruborizado y tomé mi copa–. ¡Salud, por usted, por su inteligencia y belleza extremas! –brindé sin poder apartar la vista de su pecho.

    –“Cohibido y halagado…” Dos razones más para brindar. ¡Salud! –dijo chocando su copa nuevamente con la mía.

    –Yo veo dos hermosas razones más… –dije mirando arrobado su pecho y descarando mis intenciones– ¡Salud!

    –Jajajaja –rio con jocosidad y ahora ruborizándose ella, lo que trató de disimular llevándose otra vez la copa a los labios.

    –¡Uy, sí que la ha quemado el sol! ¡Tiene la cara roja! –expresé tomándole la mano y ella tuvo que dejar la copa para no atragantarse.

    –Jajajaja –volvió a reír con mayor sonoridad y luego tosió fuertemente– ¡Cof, cof, cof…! – lo que me hizo darle unas pequeñas palmadas en la espalda.

    –¡Gracias! –dijo al reponerse quitándome la mano con la que la golpeaba– pero también me arde la espalda, y allí no pude ponerme crema. Lo que me puso roja la cara fue su ocurrente comentario. Jajaja. Discúlpeme que me haya quitado el sostén, es que ya no aguanto la piel, no fue para provocarlo o molestarlo.

    –¿Molestarme? Al contrario, mañana en el alba le agradeceré al sol la alegría que me dio esta noche, aunque haya sido con el dolor y contrariedad ajenos –dije con suavidad, apretando su mano.

    Nos quedamos callados y sonriéndonos casi un minuto en el que ella también me correspondía apretando la mano. Bajó la vista para ver cómo se juntaban nuestras rodillas y me acarició la mía con la suya.

    –¿Puedo pedirte un favor? –me preguntó iniciando el tuteo.

    –Sí, lo que quieras –contesté acariciando repetidamente uno de los pezones con el dorso de la mano sobre la blusa.

    –Quiero que me pongas crema en la espalda, si no te incomoda… –me pidió con voz melosa y tomó de un solo trago lo que quedaba de su copa.

    –Desde luego que no será molestia, aunque no sé qué pueda pasar después… –precisé dejando claras mis intenciones y también apuré el resto de mi copa. Ella, como respuesta, sólo sonrió coquetamente…

    Llegamos a su cuarto, recogió un recado que había dejado la administración. Levantó el auricular y pidió una llamada de larga distancia. Me extendió el recado, en el cual se leía “La llamó su esposo a las 20:00 horas” y, sin más me pasó la crema, se quitó la blusa dejándome ver sus chiches hermosas y de inmediato me dio la espalda, ordenándome implícitamente que iniciara con lo que me había solicitado.

    “Hola, ¿cómo estás?”, inició su charla telefónica, y yo mi tarea. “Sí, estábamos cenando”, dijo y envió saludos para su madre pidiéndole a su marido que se pusiera de acuerdo con ella para que al día siguiente la recogiera de la iglesia. Al tiempo que hablaba se quitó las sandalias con los pies. “Me puse una gran quemada con el sol, pero ya me estoy poniendo crema”, dijo, y me tomó la mano para que le acariciara una teta. “Sí, yo también, adiós” concluyó colgando la bocina y me tomó la otra mano para ponerla en la otra teta, lanzando un suspiro al echarse para atrás y recargar su cabeza en mi hombro.

    –¿Tú también tienes que darle cuentas a alguien? –me preguntó antes de darme un beso en la mejilla.

    –No, desgraciadamente no, me divorcié hace un par de años –dije y ella se puso de pie.

    –¿Desgraciadamente? ¡No!, ¡eres muy afortunado! Yo sí debo reportarme, desde hace varios años. ¿Tienes hijos? –preguntó con curiosidad.

    –Sí, dos –contesté y a ella se le iluminó la cara.

    –¡Qué bien! Pero pongámonos cómodos, porque aún me falta crema en otras partes –dijo quitándome la playera para bajarse el short con todo y calzones dejándome ver una exquisita mata y unas estupendas nalgas cuando se dio la vuelta para acomodar su ropa en el sillón–. ¿Y tú? –preguntó haciendo un ademán para que yo también me desvistiera ya que estaba con la boca abierta en una situación contemplativa ante su belleza.

    Me quité los tenis y los calcetines y me puse de pie para bajarme el short. Ahora era ella la que estaba contemplando mi cuerpo. Extendió la mano para acariciar mis vellos desde el ombligo hasta el escroto.

    –Bueno continuemos – me dijo dándome otra vez el frasco de crema, y se tiró boca abajo sobre la cama.

    Le fui poniendo crema en toda la superficie que estaba a mi vista y le besaba la piel. Ella sólo suspiraba. Cuando terminé, le pedí que se volteara bocarriba para terminar mi trabajo. Sí, me tardé más, sobre todo por los besos y las lamidas… Al terminar le besé los pies y soltó unas pequeñas carcajadas alejándolos pues, según dijo, mi bigote le hacía muchas cosquillas. Extendió sus brazos para que me acostara sobre ella. Los besos y las palabras dulces fueron continuos, sólo interrumpidos por los jadeos y gemidos que provocaban las diversas posiciones en las que nos amábamos. “¡Sí, otra más!” dijo encajándome las uñas en la espalda al sentir en el útero la tercera eyaculación de la noche. Quedamos rendidos y dormimos hasta que oímos el despertador. Aún era temprano y me puse la ropa despidiéndome con un beso.

    –Ya va a salir el sol y debo agradecerte esta noche –le dije acariciándole los vellos de su panocha.

    –Y quiero que mañana también le agradezcas lo de la noche de éste último día –me dijo antes de apretarme los testículos–. Reponte, porque quiero una despedida con mucho amor… –concluyó.

    Afortunadamente, por lo temprano que era, no me topé con alguien más en el pasillo. Al siguiente día todo transcurrió normalmente. En el descanso previo a la comida vimos a varios niños jugando felices en el chapoteadero.

    –Creo que voy a traer a mis hijos para que ellos disfruten también. ¿No se te antoja hacer lo mismo? –pregunté y su cara se ensombreció.

    –Yo no tengo todavía –contestó mirando los juegos alegres de los infantes, salió una lágrima que enjugó de inmediato –. Vamos a comer, porque se nos puede hacer tarde –ordenó dándose media vuelta para alejarse de las risas de los niños y que no la viera triste.

    Al concluir las actividades de esa tarde, después de cenar y tomar un poco, regresamos a su cuarto en la noche. Entre besos y caricias, nos desvestimos el uno al otro y cuando estábamos acostados se acordó de pedir la llamada para su marido. Se sentó para hacerlo y yo me quedé acostado. “Hola. Ya mañana nos veremos”, dijo tomando el aparato para acercar más el cable de la bocina y recargó su cara en mi pecho, acariciando los vellos de mi vientre. “¿Sí?, ¿no la esperaste mucho?”, preguntó en alusión a su madre y bajó su mano más para acariciar y jugar con mis testículos. “Sí, acá ha habido de todo: momentos buenos y malos, pero algunos inolvidables, incluido un reconocimiento que hizo el ingeniero Guerra sobre mi trabajo”, mencionó y recordé la emotividad de las palabras vertidas por la máxima autoridad de la reunión de trabajo, concernientes a lo que ella le comentaba a su marido. “Después te cuento, porque ya quiero acostarme, a ver si duermo bien”, decía jalándome en vaivén el pellejo del tronco y mirando cómo salían las gotas del presemen. “Adiós, hasta mañana” se despidió antes de meterse mi glande en la boca, aún sin colgar la bocina. Sentí sus labios ardiendo y procuré contener mis gemidos a la vez que ella trataba de colgar el aparato telefónico, sin conseguirlo, cayéndose la bocina al piso, pero se levantó para acomodar todo y colgar, hasta entonces soltó una carcajada.

    –¡Ja, ja, ja, ja, por avorazarme no lo pude colgar bien, ja, ja, ja…! –dijo volviéndome a chupar con fruición – Pero no te vayas a venir, lo quiero dentro de mí… –precisó, suspendiendo la mamada, cuando sintió que yo iba a eyacular, y se montó sobre mí– ¡Qué rico! ¡Vamos a ver qué tal lo haces tú! –gritó en medio de sus orgasmos, sintiendo yo como resbalaba sobre mi escroto la humedad que salía de sus entrañas.

    –¡Sí, qué ricooo…! –exclamé también, viniéndome abundantemente al no poderme contener más –ella dio un grito entre “u” y “o”, antes de caer sobre mí, que se fue apagando. Yo contemplaba su rostro, que no dejaba duda de un gran orgasmo, jaló bocanadas de aire y después, abrazados, quedamos en silencio descansando en santa paz postcoital.

    –¿Te gustó más que lo de otros? –pregunté.

    –Sólo ha sido uno antes, y sí, él me ha hecho gozar, es joven, tiene como nueve años menos que tú, y es muy caliente –abundó, haciéndome sentir en desventaja, lo que seguramente notó en mi rostro pues se apresuró a señalar –. Tú también haces el amor divino, ¡me siento feliz! Pase lo que pase, jamás estaré arrepentida de estas noches contigo –me dijo antes de darme otro beso donde su lengua se trenzó con la mía, mis manos fueron hacia sus tetas y mi miembro volvió a crecer. Me quedó claro que muy difícilmente habría otra oportunidad después.

    La noche continuó, y nosotros también… Al sonar el despertador, que lo puso unos minutos antes que el día anterior, yo lo tuve que apagar pues estaba en el buró de su lado y me subí en ella. Su abrazo ya no me dejó bajar. Abrió las piernas, tomó mi erección y la dirigió a su vagina. Un beso a ocho labios y mi movimiento culminaron el orgasmo. Después que eyaculé, ella no me dejó bajar de su cuerpo hasta cinco minutos después. Me levanté para vestirme e irme a bañar a mi cuarto. Me despedí con un beso.

    –Espero haberlo hecho bien, aunque quizá no supere a lo que te espera en casa –dije como despedida.

    –Lo hiciste muy bien, y espero que perfecto, pero eso lo sabré después… –contestó.

    –Sí, a la noche… –precisé.

    –No, debe pasar un par de meses. Lo de estos días fue delicioso, y espero que también productivo…

  • De cómo los sueños se hacen realidad

    De cómo los sueños se hacen realidad

    En ocasiones aquello que fantaseamos se puede hacer realidad. En la intimidad la posibilidad de ser tomada por la fuerza ocasionaba que mi cuerpo se estremeciera concluyendo en orgasmos deliciosos.

    Pero el momento de vivirlo se presentó tomándome por sorpresa.

    Ese día era temprano, recién había visto el reloj que está puesto en una de las paredes de mi departamento y marcaba las 7:45, estaba sola y vestía algo ligero y cómodo, un short gris muy corto que dejaba ver la parte baja de mis nalgas con unas bragas pequeñas del mismo color, acompañado de una blusa de tirantes blanca que se pegaba a mis nenas dejando ver el frío que sentían al resaltar mis pezones, mis piernas desnudas y mis pies descalzos. Estaba distraída en mis pensamientos cuando escuché que tocaban a la puerta de forma ligera pero constante, pensé en no ir a abrir la puerta ya que no esperaba a nadie, pero cambié de opinión ya que podría ser mi vecina que me había pedido que le guardara algo o tal vez su marido.

    Me dirigí a la puerta girando la llave para abrirla y al hacerlo me quede helada al ver que no eran ninguno de los dos, apoyado con su brazo en la pared al principio solo vi su sudadera, levante los ojos y estaba un hombre que me miraba con la decisión de entrar, desde que lo vi sabía que iba a pasar, quise cerrar la puerta pero la sostuvo con su mano para que no sucediera y la mitad de su cuerpo ya estaba dentro del departamento y un cuchillo que dejó ver, me hecho hacia atrás con un empujón que no le requirió mucha fuerza (su complexión le permitía hacerlo así) me tomo del brazo ya que había cerrado la puerta y colocó la punta del cuchillo en mi cuello, a mí se me ahogó un grito que no pudo salir de mi garganta, él me dijo que no gritara acompañado de una bofetada a mano abierta que me cimbro, sin dejar de tomarme con el otro brazo.

    Me dijo que no me hiciera que yo lo había provocado, que me había visto con mis atuendos al salir a andar en bici muy temprano, “sé que quieres verga y vas a tenerla por todos lados puta” esto lo decía mientras tocaba mis nenas y apretándolas fuerte sobre la blusa, sentía el dolor que me provocaba, pasaba sus manos por ellas y las bajo para tocar mi panochita que al sentir sus manos gruesas se sobresaltó. Las piernas temblaban y mi voz se negaba a salir, como súplica inaudible solo podía decir “no por favor” sabiendo que no haría caso a ella.

    Me llevo hacia el sillón donde me acostó y en un forcejeo del que me llevaba ventaja jalo mi blusa cortándola por los tirantes, este forcejo hizo que mi sexo se contrajera no quería sentir excitación pero sus palabras, la brusquedad de sus manos, la fuerza que ocupaba y mi clara incapacidad para liberarme me provocaba demasiada excitación, quise no seguir sintiendo eso tratando de controlarlo, mientras él llevaba mis pezones a su boca, su lengua húmeda las cubrió de saliva, sin reparo las mordió tanto mis pezones como alrededor, “esto es lo que buscabas puta” mientas abría mis piernas y me pegaba su falo en mi panocha, se sentía grande aún por encima del pantalón, dura y la empujaba sin miramiento, ya con mi blusa vencida y sin poder moverme ya que había logrado inmovilizar mis brazos, sentía el peso sobre mi cuerpo y su jadeo, el olor, el sudor de su cuello me quedaba en la cara, hizo a un lado mi short junto a la tanga, quise cerrar las piernas pero recibí un golpe en el estómago como respuesta y una serie de palabras que me inmovilizaron, no supe cómo pero se bajó el pantalón abrió mis piernas y metió su verga en un solo movimiento, un grito ahogado por su mano en mi cuello “no te hagas si hasta mojada estás” sus movimientos bruscos no supe cuánto tiempo estuvo sobre mí sacando y metiendo su verga que sentía como abría mi vagina, jadeaba, “muévete puta, no hagas que no te gusta, esto lo querías, te vi viéndome la verga varias veces” “muévete pendeja” pero no podía hacerlo su peso no me dejaba, moví un poco mis caderas y sentí como se encajaba mas su verga, hasta lo más profundo de mi.

    De repente así como la metió la saco sin ningún miramiento me levanto de golpe y quito mi short dejando solo las bragas me coloco de bruces sobre la mesa mis nenas tocaban lo frío de la mesa, mis pies descalzos pegaron en la orilla de la mesa, “te voy a dar por el culo hasta que te lo reviente” me agache y quise recostarme en mi, pero me levanto y abrió mis piernas, sentí como sus manos separaban mis nalgas y metía sus dedos traté de moverme pero mientras lo hacía mas los metía, “no te muevas” dijo de forma decisiva, se inclinó y metió su lengua en mi ano lo lamió una y otra vez, con su lengua lo penetraba, y sin aviso de repente sentí su verga en mi, tocando mis nalgas dejándome sentir todo su miembro en mi ano el cual llenaba y yo gritaba, mas estaba sola sabía que nadie me iba a escuchar coloco una de sus manos en mi espalda y con la otra tomo mi cabello haciendo mi cabeza hacia él jalándolo en cada embestida, sentía que desfallecía, pero sentía como mi cuerpo Se movía, todo ello me excitaba mucho, pero seguía no queriendo sentir, sus huevos los sentía en mis nalgas y golpeaban una y otra vez, y su verga de lo hinchada y grande que estaba, se metía más en mi, sentía como todo me lo rompía, “así puta, siéntelo, goza, te voy a llenar de mi, te voy a cubrir con mis jugos, te gusta”

    Estaba ya casi sin fuerza no podía sostener la posición y me desvanecía y él al sentir que mis piernas se doblaban jalaba más mis cabellos, hasta que se corrió y su semen me llenó toda por dentro, caliente y en cada explosión de si mismo lo hacía con un golpeteo brusco, brutal que terminó de vencerme lo saco de la misma forma que lo metió y terminó de cubrir mis nenas con el líquido que brotaba de él, “híncate, me la vas a limpiar ahora” tomo mi cabeza por los cabellos y me acerco a ella, “ábrela” decía mientras acercaba su verga a mi boca, “lámela” lo hice, lamí su verga limpiándola y el olor y su viscosidad hacían que me excitara “toda cométela” la metió de un jalón y sentía que me ahogaba, “chupa mis huevos, ajhhh así toda una puta” retiró su verga que aún se veía dura.

    Su verga era grande, de color moreno intenso, ancha, sus venas se marcaba en el dorso de su miembro que tendía no sé si por él tamaño a verse inclinado hacia un lado, su glande se veía con brillos o mojado. Se marcaba el frenillo y al mamárselo lo sentía en mi lengua como si me lo encajara. Su semen lechoso con un olor entre dulce y algo más (olía como el de un amante que tuve) y sabía también así, como si además del olor a licor que había percibido en él y en su aliento también lo tuviera su verga. La base de su falo con vellos que no la cubrían de manera uniforme. Sus huevos colgaban grandes en proporción porosos

    Sin decir más se vistió (solo se había quitado el pantalón) y no pude más que notar que llevaba los calcetines y los tenis puestos, de manera absurda esto me molestó mucho (ni me gusta que me cojan así) se dirigió al refrigerador tomo un lata de paloma que tenía y se la bebió plácidamente mientras me veía sentada en el suelo. Sin decir más se dirigió al sillón donde había dejado su arma y se fue.

    Estuve un rato postrada sin saber que más hacer hasta que reuní las fuerzas para ir al baño y quitarme la sensación de mi cuerpo, dejé caer el agua fría en mi y ahí dirigí mis manos a mi panochita lastimada, me dolía pero empecé a tocarme y meter mis dedos en mi vagina hasta sentir como el orgasmo reprimido me llenaba en un constante palpitación de mi sexo acompañado de un gemido largo recordando esa forma tan groseramente de habérmelo hecho.

  • Primera vez con mi mamá

    Primera vez con mi mamá

    Hola, que tal, mi nombre es Jorge y tengo 31 años y mi mamá se llama Gabriela y tiene 51 años que para su edad aún está muy bien conservada.

    El día que tuvimos nuestra primera vez fue una que me iba hacia su casa (ya que vivimos en diferentes domicilios) y no le avise que iba a llegar por lo cual le llegaba de sorpresa pero cual fue el resultado, que la sorpresa era para mí.

    Aquel día llegue sin hacer ruido abrí muy suavemente la puerta de la cochera y me dirigí hacia la puerta principal de la casa, cuando estaba en la puerta introducir muy suavemente la llave para no hacer ruido, cuando logre entrar cerré la puerta lo más silencioso que se pudiera.

    Cuando estaba dentro de la casa mire algunas luces apagadas y cuando me dirigí a su habitación estaba la luz encendida, entonces me fui muy suavemente hasta su habitación al pararme justo en la puerta de su habitación me lleve la sorpresa de mi vida, mire a mi madre con una ropa muy sexy la cual era una tanga de hilo color negra con algunos tirantes hacia la cadera y la acompañaba con una bata de tela delgada color negra y unos tacones altos con algunas correas y de estilo piel de víbora. Al mirar a mi madre me quede sorprendido y congelado de la sorpresa que me lleve, pues déjeme decirles que mi madre es de estatura promedio con unas nalgas grandes y piernas gruesas, tetas grandes y un lindo rostro que enamora a más de uno, bueno para no hacer muy largo este cuanto nuestras reacciones fueron las siguientes:

    Mamá: hijo cuanto tiempo llevas ahí parado mirándome.

    Yo: perdón mamá solo que me quede helado al mirarte vestida así tan sexy.

    Mamá: pero que haces ahí parado ven y salúdame que hace mucho tiempo que no le visitas y menos así de sorpresa.

    En ese momento se acerca mi mamá y me da un beso entre la mejilla y los labios acompañado de un abrazo fuerte, lo cual en el abrazo sentí sus enormes y bonitas tetas.

    Yo todo nervioso no sabía si abrazarla porque al abrazarla sentiría sus caderas en mis manos y con esa ropa tan sexy me iba a poner muy excitado más de lo que ya estaba.

    Mamá: que pasa hijo no me quieres dar un abrazo?

    Yo: si mamá solo que me pongo un poco nervioso por la forma en la que estás vestida.

    Mamá: que, me miró mal?

    Yo: No mamá al contrario te miras muy hermosa y luces muy bien con esa ropa, al caso estas esperando a alguien que por eso estas así vestida?

    Mamá: no hijo, solo que hace mucho calor y me puse una ropa muy cómoda y fresca.

    Mamá: te noto muy nervioso hijo, porque te pones así?

    Yo: es que nunca te había mirado con una ropa tan bonita y sexy mamá

    Mamá: pues no hijo porque preferiste irte a vivir a otro lado y dejarme sola, cuando me da calor uso esta ropa que hace algunos años me compre.

    Mamá: ven dame un abrazo que te extraño mucho.

    En ese momento se acerca y me abraza, cuando estamos abrazados ella siente como mi verga se pone súper dura.

    Mamá: hijo, es tu pene el que está erecto?

    Yo: si mamá es mi pene

    Mamá: y porque te pusiste así?

    Yo: porque me excita mirarte así vestida y porque tienes un cuerpo muy antojable y bonito.

    Mamá: te gusta?

    Yo: si mamá

    Mamá: puedes tocarlos si gustas.

    En ese momento no lo dude más y comencé a tocarla toda, la comencé a besar y no paraba porque besa muy rico.

    Mamá: hace mucho que no sentía una verga, se siente muy grande y rica hijo.

    Yo: tú también estás muy buena mamá, ya me imagino que traes varios hombres detrás de ti.

    Mamá: si hijo pero ninguno se me antoja como esta verga que estoy tocando ahorita.

    Yo: y porque estas tan caliente mamá?

    Mamá: porque cuando venía de la oficina me subí al Bus y venía de pie todo el trayecto, en ese mismo Bus venía un señor que se me quedaba mirando mucho y cuando él se bajó paso por detrás de mi pegando me su verga en mis nalgas entonces la sentí toda y me puse caliente, pero como te dije no me gusta otra verga mas que esta que traes aquí hijito.

    Yo: pues ya me imagino mamá, con esas enormes nalgas tan antojables hasta yo te hubiera arrimado mi verga en tus nalgas.

    Mamá: pues no lo pienses más hijo y ven a darme tu verga.

    En ese momento me toma de la mano y me lleva directo a la cama, seguimos besándonos.

    Déjenme sus comentarios y en los siguientes días les relatare como fue el encuentro sexual, que posiciones hicimos y cuantas veces lo hicimos en esa noche.

  • Cogiendo en la calle con mi vecino

    Cogiendo en la calle con mi vecino

    Hola a todos, esto me pasó el viernes pasado.

    Venía llegando de trabajar, me baje del micro me atravesé la avenida, en mi calle hay reja para los autos y peatonal, entré por la puerta, en eso iba saliendo un taxi, bajaron la ventanilla del coche no le hice caso, y me gritaron

    -Ya no me quieres hablar!

    Era el chacho hijo. Me acerqué a saludarlo, cabe mencionar que eran como 9.30 de la noche había llovido mucho, pero ya estaba seco.

    Me saludó y me dijo:

    -Vamos a dar una vuelta.

    -Vine a ver a mi mamá ya voy para mi casa, pero si tengo tiempo, a dónde?

    -A dónde quieras! -Me contestó, la verdad no tenía nada que hacer y al otro día no trabajo!

    -Ok, pero te portas bien va

    -Claro si siempre me porto bien contigo o no?

    -Demasiado bien chacho -le respondí.

    Me subí al coche se arrancó y como a 4 cuadras de mi casa hay una calle muy sola porque casi no hay casas, hay como talleres y cosas así y hay un lugar donde venden tarimas y casi no pasa nadie por ahí.

    Se estacionó enfrente de ese lugar, es un puerta muy grande de ahí salen camiones donde llevan las tarimas, afuera en la banqueta tienen muchas tarimas y unos tambos donde hay madera como de desperdicio del otro lado de la puerta hay un árbol muy frondoso que tapa la luz de las luminarias de la calle y del otro lado también las tarimas tapan la luz o sea que está muy oscuro y solo.

    El como buen taxista y siendo viernes ya venía algo tomado olía mucho a cerveza llegando ahí me quiso besar y la verdad no tenía muchas ganas ese día así que lo detuve, pero como estaba tomado no me hizo caso y me beso a la fuerza me empezó a manosear y la verdad me empezó a gustar y como me trato como una cualquiera me puso caliente.

    -A poco no eres mi perrita?

    -Pues si chacho, pero vengo llegando de trabajar y tu estas muy tomado y así.

    P-ues yo quiero coger con mi putita y te voy a coger como ves!

    -Ok chacho pero aquí?

    -A ti te gusta que te vean coger no te hagas

    -Pues si pero!

    -No te hagas si bien que te gusta

    -La verdad si

    Me beso y me quiere mi chamarra que traía, ese día traía unas mallas negras con zapatos y una playera morada con mi chamarra, luego luego metió su manota dentro de mi malla y me tocó mi papayita me alzó la playera y me sacó las tetas!

    Se ve que estaba muy caliente, yo empecé a ponerme cachonda me metía los dedos en mi papayita y mordía mis pezones y saber que si pasaba alguien nos podían ver me puso muy hot.

    -Te quiero coger…

    -Pues si pero cómo? Tu coche está muy chiquito y yo traigo mallas como le hacemos?

    -mira ahí en las tarimas se puede!

    -Nos salimos del coche? Nos van a ver!

    -A poco no quieres que te vean cómo te doy duro?

    -La verdad si quiero!

    Nos salimos del coche nos arrinconamos en las tarimas seguíamos besándonos yo traía las tetas de fuera me bajo las mallas con todo y mi cachetero me seguía metiendo los dedos en mi papayita yo le soba a la verga encima del pantalón, le baje el cierre y se la saque ya la traía bien dura!

    Me recostó en unas tarimas que había me dijo sube las piernas y el me penetro de misionero pero yo tenía las piernas juntas levantadas y estiradas.

    -Que putita eres! Tenía muchas ganas de cogerte!

    -Chacho que bárbaro eres como estamos cogiendo aquí en la calle como perritos!

    -Acuérdate que te dije que como eres mi perrita harás lo que te diga!

    -Si papi soy tu putita y soy obediente!

    En esa posición no estaba muy cómoda, estaba disfrutando mucho pero la tarima estaba húmeda y muy dura.

    -Oye chacho y si me pongo de perrito como te gusta!

    No le dije 2 veces se paró me dio la mano me levante y me subí a las tarimas!

    -Te quiero dar por el culo!

    -Si ya sabes que es tuyo!

    -Ofelia no se deja dar por el culo dice que solo las putas se dejan dar por ahí!

    Pues a mi si me gusta y soy tu putita así que aprovecha! Me centro y me metió su cabezota en mi culito! Después se recargo y me metió todo lo demás, parecía máquina de coser yo gemía estaba muy caliente me estaba dando por el culo y en la calle como una perrita que soy! De repente vi mucha luz, venia un coche solo paso a un lado de nosotros yo creo que si nos vio porque hasta nos echó la luces altas yo creo que para ver mejor, la verdad no me importo ni a él porque el siguió con el mete saca, me puso a mil saber que me habían visto con la verga del chacho dentro de mi culito no aguante y me vine, fue muy rico! De pronto oímos como se abrió la puerta! Pensamos que no había nadie estaba cerrado y era noche! Era el cuidador del lugar un señor como de 60 años!

    Me levante me subí las mallas él se metió la verga al pantalón.

    -Terminen por mi no hay bronca desde que llegaron los estoy viendo por la cámara!

    Nunca nos imaginamos que había cámara de vigilancia en la puerta.

    -Si me dejan ver y grabar con mi celular no llamaré a los polis.

    Se me quedó viendo el chacho y yo le dije que por mi no había bronca, él dijo por mi tampoco, de hecho me puso más cachonda la situación! Me baje de nuevo las mallas me volteé y así parada me empezó a penetrar por el culo mientras el señor grababa no se tardó mucho el Chacho se vino rápido se vino dentro de mi culito y el señor seguía grabando me tomó la cara me saque las tetas para que las grabará bien y abrí mi culito estaba muy dilatado y chorreando de leche y el viejito grabó y acercaba su teléfono para grabar mi culito me toco las nalgas y abrió más para grabar mejor mi culito!

    Me subí las mallas él se acercó y me toco las tetas que aun traía al aire, me las guarde y nos dijo:

    -Ok no hay bronca! Se pueden ir y cuando quieran lo pueden hacer adentro del negocio si me dan chance de cogérmela yo también.

    Solo nos reímos el chacho y yo nos subimos al coche y nos fuimos.

  • Mi primer squirt en manos de mi primo

    Mi primer squirt en manos de mi primo

    Mis experiencias sexuales no han sido muchas, ya que acabo de cumplir 18 años hace pocos meses. A pesar de que he estado con algunos chicos y lo he disfrutado, todavía me queda mucho por conocer en el área del sexo.

    Vivo con mi madre y su marido, quienes están casados hace 15 años. A mi padre biológico no lo conocí, así que desde muy pequeña yo considero a Víctor mi papá.

    No tengo hermanos, por lo que a mi vida siempre le faltó algún otro niño o niña de mi edad con quien jugar y crecer a la par. Si bien tengo varios primos, con ninguno tuve nunca un vínculo muy cercano, especialmente porque la mayoría son bastante más grandes que yo y esa diferencia era demasiado notoria cuando yo era pequeña. Cuando tenía 5 años, por ejemplo, mis primos de 15 o 20 años no eran mis pares, por lo que no tenía juegos ni intereses en común con ellos. Sin embargo disfrutaba mucho de verlos cuando nos juntábamos con la familia completa.

    Para que sepan un poco sobre mí: me llamo Milagros, me dicen Mili. Soy una joven tranquila, tengo varios amigos con los que la paso muy bien, pero fuera de ellos soy bastante tímida. Siempre busco tener perfil bajo con la gente que no conozco mucho, aunque soy muy simpática y agradable para tratar. Mido 1.60 m, llevo el pelo largo y castaño, ojos marrones y una boca grande y carnosa. Siempre fui bastante chata, pero últimamente mi cuerpo se desarrolló de golpe y adquirí curvas más definidas.

    Actualmente estamos en vacaciones de verano y acabo de terminar la escuela secundaria. Todos mis amigos se fueron de vacaciones a la playa, pero yo decidí quedarme ayudando en el negocio familiar para juntar dinero y poder hacer un viaje más importante el verano que viene.

    Hace poco, durante un domingo de muchísimo calor tocaron timbre en nuestra casa. Eran las 5 de la tarde y mis padres estaban en la terraza arreglando unos muebles que iban a vender. Era raro que nos tocaran el timbre durante el fin de semana, ya que no teníamos muchos conocidos en el barrio que pudieran visitarnos, y todos mis amigos se encontraban fuera de la ciudad.

    Yo, que estaba en pijama como había estado todo el día, bajé sin tomarme la molestia de cambiar de ropa. Tenía puesto un short pequeño de pijama y una remera con tiritas. Sólo con eso puedo dormir en estos veranos tan agobiantes. Ambas prendas me quedaban un poco chicas, ya que mi cuerpo había cambiado mucho últimamente. Los pechos me habían crecido y quedaban un poco apretados dentro de mi remera, y como mi culo y cadera también crecieron bastante, el short me quedaba como un culotte.

    Bajé la escalera, ya que la casa queda en un primer piso (debajo está la panadería, que es el negocio familiar). Abrí la puerta y vi allí parado a un muchacho que al principio no reconocí. Tendría unos 33 o 35 años, llevaba unas bermudas azules y una remera blanca de manga corta. Era delgado, un poco más alto que yo, y tenía el pelo corto. De repente sentí pudor por estar vestida como estaba.

    – Si? – dije.

    – Hola Mili. Wow, qué grande estás.

    En ese momento lo reconocí, era uno de mis primos. Su nombre es Ulises y hacía bastante que no lo veía. Además, tenía el pelo diferente. Ulises siempre me había gustado, lo miraba durante los festejos que pasábamos juntos y él jamás había reparado en mí, lo cual era esperable porque yo era una niña. Él tiene 15 años más que yo, por lo que yo siempre fui su prima pequeña y no mucho más.

    Sin embargo, cuando abrí la puerta y vio que había dejado de ser esa niña, noté una mirada distinta en sus ojos.

    – Ahhh, Uli. No te reconocí. Cómo estás? Cuánto hace que no nos vemos! – dije acercándome a él y dándole un beso en la mejilla.

    Ulises me tomó de la cintura cuando lo saludé y eso me hizo correr un escalofrío por la espalda, a pesar del calor que hacía.

    – Sí, mucho tiempo. – dijo mientras su mirada se iba por mi cuerpo – Venía a ver al tío Víctor.

    – Está con mamá en la terraza restaurando unos muebles. Pasá y lo voy a buscar.

    – Gracias, permiso.

    Me moví hacia un costado para dejarle lugar a que entrara, y mientras cerraba la puerta con llave sentía su mirada sobre mi culo, bastante visible en mi diminuto pijama.

    Cuando me di vuelta para subir las escaleras, me tropecé con la alfombra de bienvenida, y Ulises me atajó tomándome de la cintura nuevamente.

    – Cuidado, te vas a romper la cabeza con el escalón MIli… – dijo riendo, sin soltarme.

    – Ay, perdón. Siempre me tropiezo con esta cosa. – respondí y lo sentí muy cerca.

    El pasillo no tenía más de un metro de ancho, y mi primo me tomaba todavía por la cintura, pegado a mí. Llevaba un perfume que me embriagaba. Nos miramos fijamente a los ojos durante un instante, y embelesada con sus ojos sobre mí, me acerqué y lo besé. Es lo que siempre había querido hacer, y por primera vez en la vida, él me estaba viendo como una mujer, me miraba con ganas. Cuando puse mis labios en los suyos Uli se separó y me miró durante un momento, como si intentara descifrar la situación. Le sostuve la mirada y él volvió a besarme.

    Fue un beso caliente. Siempre había soñado con tener su lengua jugando dentro de mi boca, y por fin estaba sucediendo. Mientras tanto sus manos se movían con delicadeza por mi cuerpo. De mi cintura bajaban a mi cadera, la acariciaban suavemente, luego la llevó a mi culo y lo tomó firmemente pero sin realizar movimientos bruscos. Se notaba que se estaba conteniendo, no quería pasarse de la raya. Su otra mano bordeó mis pechos, tocándolos sutilmente. Llegó a mi cuello y lo acarició con su enorme mano. Yo sentía un calor húmedo en mi entrepierna, quería que me tocara.

    Nos seguimos besando, con los cuerpos pegados. Estábamos tan cerca que podía sentir su erección contra mi cuerpo. Comencé a acariciar su bulto y noté cómo su verga se ponía cada vez más dura.

    – Sí que creciste, primita – dijo.

    En ese momento fue cuando se liberó. Metió la mano por dentro de mi short y mi tanga de algodón, y comenzó a acariciar toda la ranura de mi vagina. No me encontraba depilada y eso me incomodaba, ya que es un mandato de belleza muy fuerte entre las jóvenes de mi edad. Sin embargo, mis vellos eran finos y suaves, y no los llevaba muy largos. Además, a él no pareció importarle en absoluto.

    – Mirá lo mojada que estás, me volvés loco. – dijo y sacó sus dedos de allí para lamerlos mirándome a la cara, y luego volvió a meterlos.

    Comenzó a acariciar mi clítoris mientras volvía a besar mi boca dejándome mi propio sabor en la lengua. Siguió por mi cuello y bajó a mis tetas. Yo jadeaba, caliente, mojada. Me generaba mucha adrenalina pensar que mis padres podrían encontrarnos en cualquier momento. Pero no me importaba, estaba cumpliendo mi gran fantasía con mi primo. Ulises metía sus dedos dentro de mí una y otra vez, cada vez con más ritmo. Mis jadeos se transformaban en gemidos que trataba inútilmente de reprimir. Seguíamos en el pasillo. Yo me encontraba parada, apoyada contra la pared, y tenía una pierna sobre uno de los escalones, buscando que los dedos de mi primo tuvieran mejor acceso a mi interior.

    – Me vas a hacer acabar – le anticipé.

    – Sí, claro que te voy a hacer acabar. – dijo mientras me quitaba el short y la tanga.

    Luego de quitarme las prendas continuó tocándome como nadie nunca lo había hecho (claro, los chicos con los que había estado no tenían su experiencia). Con sus dedos alcanzaba mi punto G y con su dedo gordo tocaba mi clítoris. Siguió masturbándome con fuerza y desenfreno durante un rato, hasta que no pude más. El orgasmo se apoderó de mí junto con un gemido alto y profundo, y una catarata salió de mi interior. Mi primo miraba con ojos de placer y una media sonrisa. Me acababa de hacer squirtear, cosa que no sabía que podía hacer. Yo había visto algo así únicamente en pornografía, y realmente no estaba segura de que fuera posible en la vida real. Él no pareció impresionarse, seguramente no era la primera vez que una mujer se venía de esa forma para él.

    – Qué linda sos, por Dios. – dijo mientras yo empezaba a desabrochar su bermuda.

    – Quería tocar su pene, sentirlo duro cómo un mármol, saborearlo. Quería verlo gozar. Saqué su pija y comencé a masturbarla. Era enorme, o por lo menos para mí. Era larga pero también gruesa. Mi mano quedaba pequeña para maniobrar semejante verga.

    – Qué ganas de tener todo esto dentro de mí le dije.

    – La vas a tener donde quieras, primita.

    Me arrodillé en el piso mojado y empecé a chuparla. Primero con delicadeza y luego comencé a hacerlo más rápido y más profundo. Su miembro era tan grande que sólo me entraba hasta la mitad en la boca, y al intentar meterla más al fondo me ahogaba. Eso me calentaba mucho, y aún más a él. Yo no era una experta en sexo oral, pero le ponía mucha voluntad.

    – Sí, bombón, atragantate con mi verga. – decía entre gemidos mientras sostenía mi cabello suelto y tiraba su cabeza levemente hacia atrás.

    Luego comenzó a empujar su pene dentro mío con unos movimientos pélvicos, que hacían que me generara aún más arcadas. Ya me sentía excitadísima nuevamente.

    Yo pensaba que iba a venirse en mi boca, pero de repente me dijo:

    – Parate.

    Yo me paré sin decir nada. Me puso de espaldas, apoyada en la pared, con el culo levantado hacia él.

    – Mirá este culo, pendeja – dijo y me dio una nalgada con fuerza – estás buenísima.

    Comenzó a meterme los dedos de nuevo, y yo que ya estaba muy caliente le pedí que por favor me la metiera.

    – La quiero adentro – le dije.

    – No tengo protección, no importa?

    – No importa. Después compro una pastilla de emergencia – le dije.

    No iba a perderme esa oportunidad que no sabía si iba a repetirse. Ulises agarró su verga erecta y la comenzó a mover por todo mi sexo, acariciándolo con su glande. Comenzó a friccionarla contra la entrada de mi vagina, una y otra vez. Yo sentía que enloquecía.

    – Metela, te lo ruego.

    Mi primo comenzó a meter la punta de su pija suavemente, mientras yo gemía con la cara pegada a la pared. A medida que iba entrando comenzaba a dolerme, ya que su tamaño era enorme para mi estrecha vagina. Escuchaba sus gemidos al entrar en mí. Una vez que había metido su miembro, comenzó a moverse, primero lentamente, agarrándome de la cintura. Ese vaivén me hacía gritar, esperaba que mis padres siguieran en la terraza y que no hubiera vecinos escuchando desde la vereda. Ulises aumentó el ritmo, hasta cogerme desquiciadamente mientras nuestro sudor chorreaba por nuestros cuerpos. Mientras me embestía me presionaba con su enorme mano la nuca, y con la otra mano me apretaba furioso de la cadera.

    – Tocate, pendeja. – me pidió y obedecí.

    Comencé a tocarme el clítoris y con las aceleradas penetraciones de mi primo sentí cerca nuevamente el clímax.

    – Me vas a hacer venir de nuevo – le dije.

    Ulises comenzó a darme cada vez con más fuerza, de su boca salían rugidos. Y de repente sentí llegar los espasmos de mi orgasmo al mismo tiempo que escuché el gemido gutural de mi primo y supe que también se había venido dentro de mí. Yo también gemí. Sentí su leche caliente chorrear desde mi interior cuando quitó su verga de mí. Estábamos absolutamente transpirados y agitados, el pasillo tenía un charco de squirt, y yo tenía semen de mi primo entre mis piernas. El paraíso debía ser algo muy parecido a eso.

    – Nunca pensé que me fuera a alegrar tanto de que crecieras, Mili. Pero qué bueno que lo hiciste…

    Yo no respondí y lo besé apasionadamente en los labios por unos segundos.

    – Vistámonos antes de que mi viejos aparezcan – le dije sonriendo.

    Nos vestimos y nos acomodamos como pudimos. Subimos a la casa y estaban mis padres sentados en la cocina tomando un café con tostadas. Me sorprendí y me pregunté desde cuándo estarían ahí.

    – Ulises! Qué hacés acá? – dijo Víctor.

    – Hola, tío! Venía a verte. – respondió mientras yo disimuladamente tomaba un rollo de papel higiénico y me dirigía a la puerta para limpiar el desastre que habíamos dejado.

    Cuando volví me senté a tomar café con ellos en la mesa, al lado de mi primo. Disimulamos y nadie pareció sospechar nada, pero al rato sentí su mano deslizándose por mi muslo hacia mi entrepierna, muy despacio, mientras continuaba hablando con Víctor. En ese momento supe que esto no había terminado. Luego de la merienda, Ulises se fue apurado. Yo fui a la farmacia y compré la pastilla.

    Durante varios días pensé en ese polvo. Le dediqué pajas cotidianas, fantaseando que me volvía a coger una y otra vez.

    Varias semanas después nos reencontramos en una reunión familiar. Él se sentó enfrente de mí y nos miramos durante toda la cena. Por momentos yo estiraba mi pie y acariciaba con él su pierna, mientras mi primo me miraba con fuego en su mirada.

    Al terminar de comer se disculpó por haber olvidado el postre que había prometido llevar.

    – Voy a comprar helado ahora mismo – dijo – Mili, querés acompañarme así no tenemos que estacionar?

    Yo lo miré sorprendida y no alcancé a responder.

    – Dale Mili, acompañalo a tu primo así hacen más rápido – dijo mi padre que parecía contento de que estuviéramos entablando un vínculo.

    – Bueno, vamos – dije finalmente.

    Subimos a su auto y a las dos cuadras Ulises estacionó en un pasaje oscuro. Comenzamos a besarnos desenfrenadamente. Hacía semanas que esperábamos ansiosos el reencuentro, aunque había parecido una eternidad. Yo llevaba una falda y una remera ajustada. Mi primo empezó a tocarme por debajo de la falda, sobre mi tanga mojada. La corrió a un costado y me penetró bruscamente con sus dedos. Yo comencé a gemir y él comenzó a pasar su lengua por mi cuello suavemente.

    – Qué ganas de volverte a coger, primita

    Yo comencé a desabrochar su pantalón, liberando su enorme miembro. Me escupí la mano y la llevé a su verga. Él jadeó y nos masturbamos mutuamente durante un rato, mientras nos besábamos con desesperación.

    – No tenemos mucho tiempo, recostate en el asiento de atrás – me pidió.

    Yo hice lo que me ordenaba. Me recosté y me quité la tanga por debajo de la falda. Ulises se puso encima de mí, y sacó un preservativo de su bolsillo. Agradecí no tener que tomar la pastilla nuevamente. Una vez puesto, me penetró con delicadeza y comenzó a moverse rápidamente. Yo gritaba por el vaivén de su enorme verga dentro de mí. Veía su cara disfrutándome, escuchaba sus gemidos y me sentía plena. Me encantaba cómo me cogía mi primo. No quería acostarme más con gente de mi edad. Ahora que conocía este tipo de placer no quería volver a la mediocridad de los jóvenes hormonales.

    Continuó embistiéndome cada vez con más fuerza, tomándome de la cintura, del cuello, de las caderas. Me calentaba mucho verlo tan caliente. Ese hombre que podía estar con cuanta mujer quisiera, se excitaba conmigo.

    – Más fuerte – le pedí como un ruego, sabiendo que ese pedido en mi dulce voz lo iba a volver loco.

    Él se mordió el labio y aumentó las embestidas. De repente comenzaron a cambiar sus gemidos, se hicieron más profundos y fuertes, y supe que se iba a venir. Unos segundos después mi primo acabó. Salió de mi interior y sin sacarse el preservativo todavía, se acomodó con la cabeza entre mis piernas.

    – Ahora te toca a vos, quiero que te vengas en mi boca.

    Comenzó a chupar la entrada de mi vagina, a succionar mi clítoris, a lamerlo. Luego de un rato comenzó a penetrarme con sus dedos al mismo tiempo. Era la primera vez que me hacían sexo oral de esa manera, nunca había imaginado que se podía sentir tan bien. Se comió mi sexo durante un largo rato con sus dedos metidos en mí, moviéndose frenéticamente en mi interior.

    – Quiero que me empapes como en aquel primer orgasmo en el pasillo.

    No sabía si aquello sucedería de nuevo. Era la primera y la única vez que me había pasado, pero mi primo sabía bien cómo tocarme para lograrlo. Me relajé y disfruté de esos dedos mágicos dentro de mí, de su lengua moviéndose sobre mí clítoris… y por fin sentí el tsunami del orgasmo cerca. Iba a arrasar sobre mí. Grité como nunca lo había hecho teniendo sexo. Y fue genuino. Ulises siguió moviendo su mano en mi sexo a toda velocidad, y el segundo squirt de mi vida empapaba su cara y el asiento de cuero de aquel auto. Mi primo sonreía satisfecho.

    – Qué alta dejas la expectativa para los próximos polvos – le dije.

    – Cuando quieras uno bueno siempre puedes llamarme – respondió.

    Cuando nos recompusimos, agarré mi tanga para volver a ponérmela.

    – No, dame. Eso me lo guardo de souvenir. – dijo.

    Yo sonreí pensando en la idea de volver a la cena familiar con mi corta pollera y sin nada debajo. Ulises guardó la prenda en la guantera y acomodó su ropa. Teníamos que comprar el postre y pensar una excusa que justificara la demora y el desaliño.

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  • El aislamiento en casa de la tía

    El aislamiento en casa de la tía

    Me llamo Gonzalo y acabo de cumplir 22 años. A continuación les voy a relatar como las dos semanas de aislamiento por Covid que parecían ser las más aburridas de mi vida, se convirtieron en días que jamás en la vida me voy a olvidar.

    Era noviembre de 2020 y yo aún tenía 21 años. Por las medidas de prevención por el Covid me pasaba los días encerrado en casa mientras mis padres trabajaban la mayor parte del día, ya que ambos son médicos y eran considerados como trabajadores esenciales.

    Una calurosa mañana de domingo me desperté cerca del mediodía como ya era costumbre para mí cuando no tenía ningún compromiso antes del mediodía. Mamá y papá estaban de guardia y, a pesar de que los extrañaba y tenía ganas de pasar un domingo familiar, agradecía tener la casa para mi solo. Acostumbrado a la soledad matutina de fines de semana, ya me había armado mi rutina; desayunaba algo liviano, entrenaba una hora en el pequeño pero útil gimnasio que papá había armado para mi en el garaje y luego me metía a la ducha para dejar correr el agua caliente por mi cuerpo mientras me hacía una hermosa paja matutina para arrancar el día bien liviano. Después de superada la adolescencia, la masturbación se volvió para mi casi terapéutica, ya que me ayudaba a liberar tensiones. Y desde que me había peleado con mi ex novia Romina hacía ya varios meses, solo había tenido algunas pocas ocasiones de sexo esporádico.

    Mientras salía de la ducha y terminaba de secarme, escuché el ringtone de llamada de mamá que sonaba en el comedor; llegué a atender justo antes que mamá cortara.

    -hola ma, todo bien?

    -hola hijo, no tanto. Nos acaban de hisopar a tu papá y a mí por contacto estrecho con un caso positivo.

    -Uh! Que bajón ma. Y ahora?

    -Tenemos unas horas hasta que llegue el resultado Gon. Por lo pronto preparate un bolso con tus cosas. Si somos positivos te vas a tener que ir a quedar a lo de la tia Kari.

    La frase de mamá me hizo sentir como un preso que acababa de escuchar su condena.

    -A lo de la tía Kari? Por qué a la casa de ella ma? No me puedo ir a quedar a lo de Fede?

    -No Gonzalo, ya hable con la mamá de Fede y él se fue al sur a pasar unos días con el padre. Así que no te queda otra que irte a lo de la tía. Igual tenemos que esperar el resultado. Por ahí tenemos suerte y da negativo.

    -Pa! Bueno ma, avisame ni bien sepas.

    -Si hijo, y perdón! Pero no tenemos muchas opciones.

    Colgué el teléfono con una mezcla de tristeza y furia. Sabía que mamá y papá no tenían la culpa, pero yo tampoco y, si mamá y papá estaban contagiados, era yo quien iba a tener que pasar dos semanas aburrido en la casa de mi tía Karina.

    No es que no quiera a mi tía, en realidad fue una de las que me crío mientras mis padres terminaban sus carreras de medicina. Karina no era en realidad mi tía sanguínea, sino que era la mujer de mi tío Rubén, el hermano mayor de mamá. Pero como estuvieron casados desde antes que mamá me tuviera a mí, para nosotros siempre fue la tía Karina. En ese entonces ella tenía 52 años; lo recuerdo porque tiene dos años más que mamá. Hasta hace un par de años me encantaba pasar tiempo en casa de mis tíos, pero desde que mi tío Rubén falleció a causa de un Cáncer que lo mató en pocos meses, el hogar de mis tíos dejó de ser una casa medianamente alegre y pasó a ser una casa que en la que se respiraba tristeza. Por lo que mamá contaba, a la tía se le estaba haciendo muy cuesta arriba superar la pérdida de su esposo y cada vez estaba más hundida en la depresión. Cuando mamá me dijo que debía pasar esas dos semanas en casa de la tía Karina, la única imagen que se me vino a la cabeza fue la de esa viuda demacrada y repleta de angustia. Para no sentirme tan mal intente convencerme que, quizá, era tiempo de agradecerle a la tía el esfuerzo que hizo por mi al cuidarme de chico y tratar de hacerle algo de compañía en su tristeza. Ese auto consuelo no sirvió de mucho; mi parte más egoísta me hacía sentir mucha bronca por tener que ir a pasar dos semanas a lo de la tía llorona.

    Un par de horas después sonó mi celular avisándome que tenía un nuevo mensaje de mamá, lo abrí con la ilusión de que el resultado del hisopado fuese negativo pero la ilusión se desmoronó cuando abrí el mensaje: “los dos positivos, ya hablé con la tía, te espera”.

    Mi condena ya era firme así que me dedique a armar mi valija para pasar lo que, hasta ese momento me parecían las dos semanas más horribles de mi vida. Unas cuantas mudas de ropa, mi notebook, mi Play Station, algunos apuntes de la facultad y una sensación horrible de impotencia eran todo mi equipaje. Siempre me caractericé por sacar algún aspecto positivo de las cosas y lo único que se me ocurrió en ese momento es que estaban anunciados días de intenso calor y la tía Karina tenía una enorme piscina en el patio de atrás. Por lo menos iba a poder nadar y broncearme todo lo que quisiera mientras la tía llorisqueaba por los rincones.

    Salí de casa, me subí a un taxi y en poco más de media hora me encontraba parado en la puerta de la casa de mi tía. Desde el velorio del tío Rubén que no la veía; la última imagen que tenía de ella era de una mujer de 1,70 de altura, con el típico físico de una señora cincuentona; caderas anchas al igual que su cintura, considerables tetas siempre cubiertas por demás y afectadas un poco por la gravedad, y un rostro bastante maltratado por la tristeza en las que predominaban las marcas de expresión y algunas arrugas. Y para coronar la imagen de la desdicha de la tía, durante el velorio tenía su pelo repleto de canas y todo enmarañado ante un intento inútil de arreglar un mal corte.

    Toqué el timbre de la hermosa y espaciosa casa que había heredado mi tía de su difunto esposo pero no salió nadie, toqué varias veces más sin obtener respuesta. Me quedé sentado en la entrada pensando en que iba a hacer si mi tía no volvía mientras veo que en la esquina doblar una mujer con una enorme bolsa de compras. Estaba seguro que no era mi tía pero la sorpresa me invadió cuando llegó a la puerta de la casa y me sonrió.

    -Hola gonzi! Al fin venis a visitar a tu tía, solamente por obligación jaja – dijo la tía con tono irónico.

    -Tía!! No te había reconocido – sin darme cuenta me quedé recorriendo a mi tía con la mirada de pies a cabeza sin poder creer lo que veía.

    Aún conservaba sus anchas caderas pero esta vez muy bien lucidas bajo una calza verde oscuro que se le ajustaba muy bien al cuerpo. El tiempo dedicado al entrenamiento se veía reflejado en una cintura de avispa que hacía que su culo se vea más grande y formado. Sus tetas seguían igual de enormes, pero se notaba que la tía había modificado completamente su guardarropas, porque la mitad de su enormes ubres luchaban por escapar de una ajustada blusa negra con un amplio escote. Todo la transformación de la tía iba acompañada de un hermoso corte de pelo que le caía sobre los hombros con un negro azabache que reflejaba el sol de tanto que brillaba. Y para coronar semejante cambio, tenía los ojos hermosamente delineados, la cara perfectamente maquillada en la que ya no se notaban casi las marcas de la edad y un labial rojo suave adornando sus carnosos labios.

    -Eh querido! Tan vieja estoy que ya no me reconoces?

    -No tía, al contrario, sos otra mujer desde la vez que te vi en… bueno, ya sabes – antes de terminar la frase me di cuenta que había metido la pata.

    -En el velorio del tío Rubén, no pasa nada mi vida! Me cuesta pero de a poquito voy saliendo del duelo – dijo la tía con una sonrisa pero con un atisbo de dolor en los ojos.

    -Perdón tía! No te quería hacer acordar. Sabes que para meter la pata soy un especialista – dije, tratando de cambiar de tema.

    -Olvidate Gonzi! Veni, pasa. Cuando tu mamá me dijo que venías a quedarte dos semanas salí corriendo al supermercado para atender a mi sobrino preferido.

    Cuando entré a la casa de la tía me di cuenta que ella no era la única que había sufrido cambios; la casa también parecía otra. Había dejado de ser esa casa de gente vieja llena de antigüedades y fotos en blanco y negro para pasar a ser una casa completamente moderna, con muebles nuevos, una tele enorme, una decoración hermosa en tonos de negro y grises, y hasta una notebook nueva en un moderno escritorio. Lo que más me sorprendió de todo fue la incursión de la tecnología en la casa de la tía ya que ni ella ni mi difunto tío eran muy habilidosos en los avances del siglo XXI.

    -Guau tía! Te quedo preciosa la casa – dije mientras giraba la cabeza hacia todos lados.

    -Te gusta? Seguí el consejo de la psicóloga y cambié todo lo que me hacía acordar a tu tío. Y una empresa de decoración hizo todo esto. Todavía no me acostumbro a tanta modernidad pero para eso lo tengo a mi sobrinito ahora, jaja – bromeó ella mientras se agachaba a guardar algunas cosas en el bajo mesada y podía ver como una finísima tanga blanca se dejaba ver bajo la ajustada y translúcida calza verde.

    “Deja de mirarle el culo a tu tía enfermo” me dije a mi mismo mientras dentro mío se libraba una batalla entre la libido y lo correcto. Seguí mirando los cambios de la casa pero de vez en cuando la vista se me iba casi por instinto hacia las anchas nalgas de la tía, que aún con sus imperfecciones me seguía pareciendo atractivo.

    Me asomé al patio trasero y noté que la tía se había preocupado por mantener la piscina limpia y en condiciones. Sabía que ese hermoso espacio verde era el lugar donde iba a pasar gran parte de mis dos semanas en esa casa.

    -Que linda que está la pile tía! La usas o la tenés de adorno nada más? – pregunté mientras en mi imaginación se formaba una imagen de la tía en malla. No podía creer que podía llegar al punto de sentir tanto morbo por la mujer que, prácticamente, me había criado.

    -Obvio que la uso! Con los calores que está haciendo me paso la mayor parte del día en el patio.

    -Espero que no te moleste la compañía de tu sobrino, jaja – dije, tanteando la situación para ver si las intenciones de la tía eran similares a las mías.

    -Para nada Gonzi! Al contrario, ya me aburría de estar todo el día sola en esa pileta tan grande.

    Una respuesta normal de cualquier tía que no mostraba ninguna señal de que ella tenga otras intenciones. Decidí calmarme y meterme la idea en la cabeza que era mi tía y que no podía dejar que mis hormonas me controlen.

    El día transcurrió normal; la tía se dedicó a mimarme con su excelente habilidad culinaria y, tanto en el almuerzo como en la cena, me llené al punto de casi explotar. Pero mis pensamientos libidinosos no me abandonaron tan fácilmente; para cocinar, la tía Kari se había encajado un delantal de cocina negro uno o dos talles más chicos que hacía que la curvatura de sus pechos y el timbre de sus pezones se vean a la perfección. Intentaba desviar la mirada pero cada movimiento de la tía hacía que sus enormes ubres rebotaran haciéndome saltar la vista. No sé si la tía se habrá dado cuenta de mi lujuriosa vista clavada en sus pezones, pero por momentos no me importaba. La cena transcurrió con charlas típicas de una tía y un sobrino que hace mucho que no se ven.

    -Tia, me voy a dormir que estoy muerto. – le dije mientras soltaba un amplio bostezo y me acariciaba la panza después del manjar que la tía había preparado.

    -Bueno mi amor. Yo me quedo un ratito jugando con la compu y después me voy a la cama. Tu mamá me dijo que dormís hasta tarde. Yo mañana arranco tempranito porque tengo mi sesión de terapia con Fernanda por video llamada. Vos dormí tranquilo.

    -Dale tía, gracias! Que descanses, hasta mañana.

    Me fui a la habitación que la tía había preparado para mi y me acosté en la amplia y hermosa cama con sábanas limpias con aroma a lavanda mientras por la ventana entraba la tenue luz de los faroles del patio trasero. Pasé media hora dando vueltas en la cama sin poder sacar de mi cabeza las carnosas tetas de la tía. Iba a pasar 14 días en su casa y decidí que tenía que aprovechar los momentos de soledad para descargar el tanque. Agudicé el oído y después de asegurarme que la tía estaba entretenida con el Candy Crush comencé a masajear mi pene ya erecto para luego comenzar masturbarme fervorosamente bajo las suaves sábanas. Tuve un largo e intenso orgasmo que se manifestó en una gran cantidad de leche espesa y olorosa. La excitación me había hecho olvidar de todo, incluso de tener algo a mano para limpiar tanta producción. Decidí improvisar y usé mi ropa interior para absorber la mayor cantidad de semen derramado posible, pero sin darme cuenta que uno de los potentes chorros había ido a parar a las impecables sábanas. Me dormí sin darme cuenta.

    La luz del sol que se colaba por la ventana me despertó, miré la hora y eran las 9 de la mañana; demasiado temprano, por lo que intenté en vano volver a dormirme. Me estiré luego de una reconfortante noche de sueño y decidí darle la sorpresa a la tía de desayunar con ella. Pero antes de girar el picaporte de la puerta recordé que la tía debía estar en su sesión de terapia online. No quería interrumpirla porque sabía que su terapia era lo que la había sacado de la depresión más profunda y era importante que tenga sus sesiones en paz. Intenté hacer tiempo hasta que las ganas de orinar me obligaron a salir de la habitación. Emprendí mi caminata por el pasillo hasta el baño sigiloso como un ninja, entré al baño mientras escuchaba la voz lejana de la tía en el living y la respuesta de su psicóloga a través de los parlantes de su computadora. Ya en el baño, oriné, lave mis manos y mi cara, y salí del baño con el mismo sigilo con el que había entrado. Antes de dar el segundo paso de vuelta a mi habitación mi nombre en la voz de mi tía me hizo detenerme de golpe. Tenía bien claro que las sesiones de terapia de cualquier persona son privadas y nadie debe invadirlas, pero por qué la tía hablaba de mi en su sesión? No debía hablar de su difunto esposo y como superar su pérdida? Esas preguntas hicieron que mi curiosidad le gane a mi moral y decidí acercarme silenciosamente por el pasillo hasta que ambas voces se hicieran perfectamente entendibles.

    -Y cuando llegó tu sobrino a tu casa Kari? – preguntó la psicóloga con vos apacible.

    -Ayer Fer. Cuando lo vi no podía creer que había crecido tanto. A ese nene prácticamente lo crié yo y para mi era mi sobrinito chiquito. Pero cuando lo vi en la puerta de casa me encontré con un hombre de 21 años.

    -Y eso que te generó Kari?

    -Al principio mucha tristeza y nostalgia por el paso del tiempo. Como que el nene que yo vi crecer hoy es un hombre y yo de a poco me voy convirtiendo en una vieja. Pero una vez que Gonza entró a mi casa esa sensación se convirtió en una especie de alegría; otra vez tenía la presencia de un hombre en casa, es mi sobrino, lo sé, y me da vergüenza decir esto, pero por momentos me sentí un poquito excitada. – confesó la tía con voz cada vez más tenue por si alguien más que su terapeuta escuchaba su polémico y depravado secreto.

    Mientras tanto yo seguía parado en el pasillo escuchando descaradamente como mi tía hablaba de mi en su sesión. No me había dado cuenta pero al escuchar la palabra “excitada” en la voz de la tía, mi verga se había despertado de un momento a otro y había empezado a masajearlo por encima de mi bóxer limpio. Por un momento me invadió la culpa y me pregunté como podía ser tan cerdo de estar escuchando una charla privada mientras me tocaba la pija, pero ese pensamiento se esfumó cuando noté que la charla de la tía con su psicóloga seguía centrada en mi.

    -Tranquila Kari! – dijo la psicóloga con su voz tranquilizadora – esto es perfectamente normal y no hay motivos para que pienses que sos una degenerada.

    -Pero es mi sobrino Fer. Anoche lo veía acá sentado en la mesa conmigo y por momentos sentí que estaba cenando con Rubén durante nuestros primeros encuentros. Encima hasta tiene un parecido con Rubén, con la diferencia que Gonza se nota que se entrena duro y se le nota incluso por arriba de la ropa. Y por momentos hasta sentí que el no dejaba de mirarme las tetas. Ay! No ves que soy una enferma Fer? Empecé hablando de Rubén y ahora estoy hablando del cuerpo de mi sobrino – mientras hablaba, la tía agachaba y meneaba la cabeza de un lado a otro sin poder mirar a su psicóloga en la pantalla.

    -Fernanda! Calmate… no sos ninguna enferma – prosiguió la pacífica voz que salía de la computadora – esto que te está pasando le pasa a muchas personas y no solo con sus sobrinos, sino con sos hijos.

    -Y si te digo que anoche me masturbé pensando en Gonzalo también es normal? – contestó la tía mientras se tapaba la boca y sus ojos solo reflejaban culpa.

    -También es perfectamente normal Karina. – Volvió a tranquilizar Fernanda. – en el plano de la fantasía vos te podés excitar con cualquier cosa, incluso con tu sobrino. Vos sabes que eso está mal si pasara al plano de lo real, pero mientras solo forme parte de tu fantasía no tenés que sentir ninguna culpa Kari.

    -Ay! Gracias Fer. No te das una idea lo mal que me sentí anoche cuando… bueno, eso que te dije recién. – dijo la tía con la voz un poco más calmada como si se hubiese sacado una pesada mochila de encima.

    -Te entiendo Kari. Estás en la etapa final de un duelo y hoy tenés un hombre en tu casa que no es tu marido y que te genera cosas lindas. Es normal sentir culpa en el proceso. Ya se nos acaba el tiempo, disfruta el tiempo con tu sobrino y el que tengas para vos sola, nos vemos la semana que viene.

    -Dale Fer! Hasta la semana que viene, gracias. – se despidió la tía mientras cerraba su notebook y se levantaba de su escritorio.

    Yo seguía parado en el pasillo, atónito después de escuchar la reveladora charla de mi tía Karina con su psicóloga. La culpa se había trasladado a mí por unos segundos, pero se fue cuando note que, mientras escuchaba la conversación, estaba masajeando muy lentamente mis 18 cm de carne que explotaban de dureza. Volví a mi habitación intentando repasar en mi cabeza todas las frases de mi interés que la tía había dicho; soy parecido a quien fue el amor de su vida, le gusta mi cuerpo, se masturbó pensando en mí y su terapeuta le dijo que, mientras sus fantasías no se hagan reales, era todo perfectamente normal. Era información muy valiosa que me había caído del cielo y estaba dispuesto a usarla para que la fantasía de mi tía Karina se haga realidad.

    Me acosté en la cama con la absoluta seguridad de que mi tía ni siquiera sospechaba que había escuchado su charla. Mientras seguía con la mano en mi dura entrepierna, el ruido de la puerta corrediza del patio me hizo frenar de golpe y asomarme por la ventana. La tía había salido rumbo al patio luciendo un traje de baño enterizo color amarillo brillante, con un vaso de jugo de naranja en la mano y su celular en la otra. Esto se ponía cada vez mejor; iba a disfrutar el espectáculo de la tía metida en la pileta mientras ella pensaba que yo dormía. Dejó su vaso y su celular en una pequeña mesa de plástico junto al borde y se fue metiendo al agua poco a poco por los escalones. Nadó hasta una amplia colchoneta inflable y se subió para recibir el intenso sol de frente. Mientras iba subiendo el ritmo de mi auto masaje, disfrutaba de la hermosa vista que me brindaba la curvatura de mi tía en la piscina y mi cabeza comenzaba a idear planes para que, antes que terminen las dos semanas, sea la tía quien me acaricie la entrepierna.

    Pero para mí sorpresa, yo no era el único en esa casa que disfrutaba de la excitación matutina. A los pocos minutos de haber subido a la colchoneta, la tía desató la tira superior de su sexy malla y dejo sus enormes tetas al aire. Pero iba a mejorar más cuando un ágil movimiento de sus dedos desabrocharon el botón de su entrepierna y comenzó a masturbarse. Sus dedos se movían frenéticamente por los anchos y oscuros labios de su vagina, y de vez en cuando se perdían dentro de esa húmeda y sensual cueva. La tía movía su pelvis y debajo de forma tan enérgica que la colchoneta generaba olas en la pileta. Si existía un escenario perfecto para mi paja matutina, era ese. Tuve un orgasmo más largo y más intenso que la noche anterior y dejé las sábanas mucho más sucias y olorosas. No me importaba, lo único que pasaba por mi cabeza en ese momento era que muy pronto iba a tentar a la tía Kari para agradecerle todo lo que había hecho por mí.

    Tuvo varios orgasmos mudos, o al menos que no se escucharon desde la ventana. Pasaron algunos minutos, ella volvió a darse un chapuzón para refrescarse y volvió caminando a la casa por el caminito de cemento. Después de un rato, cerca de las 11 am, escuché como los pasos de la tía se acercaban por el pasillo, golpeó la puerta y entró sin esperar el permiso, típico de chusma, o de mirona. A pesar de que mis latidos iban muy rápido, me hice el dormido y la tía se acercó mientras susurraba mi nombre. Cuando abrí los ojos divisé su imperfecta pero sensual silueta, envuelta en una bata de toalla azul, sosteniendo un plato con tostadas y una taza de café. Me dio los buenos días y me dijo que en media hora llegaba su vecina Gladys para almorzar con nosotros porque hacía mucho tiempo que no me veía. Yo no me acordaba para nada de Gladys, pero iba a ser una interrupción para los planes que tenía con la tía. Asentí con la mejor sonrisa simulada y salí de la cama solo en ropa interior para ver la reacción de la tía; no pudo evitar mirar mi entrepierna por un segundo pero su mirada se desvío hacia el enorme manchón de mis jugos en las sábanas. Con tanta excitación me había olvidado de limpiar y ahora la tía sabía que no era la única aficionada a la paja bajo ese techo. Lo único que me salió en ese momento fue la estúpida excusa de los sueños húmedos y salir caminando nervioso hacia el baño.

    Me di una ducha rápida, me puse un short de baño rojo y una musculosa negra bien apretada al cuerpo; el calor era mi excusa perfecta para lucir mis atributos delante de la tía. Luego de unos minutos en mi habitación, me di cuenta que la tía ya se había encargado de sacar las sabanas manchadas y poner unas limpias; esperaba que no las haya olido de muy cerca. Pero el tema de las sabanas no me preocupó demasiado; la tía también podía saber algunos secretitos míos. Sonó el timbre y me apresuré a perfumarme y peinarme un poco para completar mi outfit.

    Al llegar al living, la tía Karina abrazaba fervorosamente a una mujer un poco más baja y rellenita que ella con su cabello castaño oscuro decorado por unos delicados reflejos rubios. Gladys era unos años mayor que la tía y se le notaba en algunos detalles, pero eso no la impedía vestirse de forma provocativa al igual que la tía; quizá haya sido ella su asesora de moda. Las calzas y la remera deportiva dejaban ver un cuerpo de una mujer cincuentona algo gordita pero con curvas bastantes pronunciadas; tetas un poco más chicas que la de la tía pero bien formadas y con hermosas pecas, su culo era mucho más pequeño pero con una forma divina.

    -Ay! Pero como creciste Gonzalito, no puedo creerlo! La última vez que te vi todavía no habías terminado el primario – la típica frase de señora que no te ve después de mucho tiempo vino acompañada de un asfixiante abrazo. Al ser mucho más alto que Gladys, sentí como la dureza de unas tetas de quirófano se apoyaban en mi abdomen. Decidí jugar el papel de tímido.

    -Hola Gladys! Cómo estás? Ya era hora de que venga a visitar a la tía Kari – dije mientras miré a la tía con una sonrisa entre inocente y picarona. Al mirarla noté que el acercamiento físico de Gladys no le había gustado mucho y estaba ahí parada con el ceño fruncido. Los celos de la tía con Gladys podían ser una herramienta perfecta para animar a la tía a hacer realidad sus fantasías, así que deje el papel de tímido y saqué algunos halagos de la galera.

    -Ay! Qué bueno que andes por acá otra vez Gonzalito! Ya estás hecho todo un hombre. – dijo Gladys con vos dulce mientras pasaba su suave mano por mi cachete y terminaba en mi mentón. Gladys seguía buscando contacto físico y eso a la tía ya la incomodaba al punto de no poder disimularlo.

    -Y ya tengo 21 Gladys. Pero vos seguís siempre igual desde la última vez que te vi, no pasan los años para las chicas del barrio, jaja – bromee intentando introducir a la tía en la charla para no ponerla demasiado nerviosa.

    -Bueno, vamos a comer que se enfría la comida – interrumpió la tía con una sonrisa bastante mal actuada.

    Durante el almuerzo, Gladys fue la protagonista de la charla bombardeándome a preguntas sobre los años que no me había visto. A pesar de que no tenía el mínimo interés en ese tema, le presté toda mi atención respondiendo cada una de sus preguntas mientras, de vez en cuando, ella hacía un rápido paneo de mi cuerpo con su mirada. Ella había apoyado sus codos en la mesa procurando apretar sus tetas con los brazos para que se notaran mejor, por lo que yo respondía con una leve miradita a su amplio escote.

    La tía Kari había quedado casi al margen de la charla y, salvo algún que otro comentario aislado, no había podido ser partícipe del interrogatorio de su amiga. El enojo y los celos de la tía iban en aumento; al terminar de comer, juntó la mesa con un gesto casi de furia, por lo que decidí que el plan de los celos ya había sido suficiente.

    -Tía, me encantaría quedarme a charlar un rato más, pero quedé de ir a correr con un amigo. Les molesta si me voy? – mentí para seguir con la siguiente fase de mi plan. Se notó un atisbo de alivio en la cara de la tía al saber que ya no iba a estar al acecho de Gladys.

    -Pero si querido! Anda tranquilo y divertite con tu amigo. Yo me quedo charlando un ratito más con Gla y después ya me quedo toda la tarde en la pile. – contestó la tía un poco más relajada. Sentí que lo de la pile había sido una especie de invitación pero no me quise apresurar.

    -Gracias tía! Te quiero! Dejo el celular cargando acá en la mesada tía – dije mientras enchufaba el aparato en la pared. Lo que la tía ni Gladys notaron fue que antes de dejar el celular, abrí la aplicación para grabar voces y apreté REC.

    Si la charla con su psicóloga había sido valiosa para mi plan, una charla con su mejor amiga también iba a serlo. Me despedí de las dos amigas con un cariñoso beso y salí por la puerta principal para correr algunos minutos. Mi plan era correr al menos una hora, pero la ansiedad por escuchar la íntima charla entre la tía y Gladys me hizo volver diez minutos antes. Mientras corría, otra vez cruzó por mi cabeza que lo que estaba haciendo era incorrecto y por momentos me planteé cortar con semejante locura. Pero desistí de esa idea en el momento después de cruzar las puertas de la casa de la tía.

    Entré y al asomarme al patio vi a la tía tomando sol en una amplia reposera mientras jugaba con su celular. Abrí la puerta corrediza del patio procurando que la tía escuche, le avisé que ya había vuelto y que iba a entrar a la ducha. Ella me saludo con un amplio gesto de la mano y siguió con la mirada en su teléfono. Me acerqué a la mesada y tomé mi celular que aún seguía grabando, me metí en el baño, deje correr el agua para evitar sospechas y puse “play” a la grabación de cincuenta minutos. Apenas se escuchó la puerta al cerrarse cuando yo salí, la voz de la tía saltó furiosa.

    -¬Sos una desubicada total Gladys!

    -Ay! Por qué Karina?

    -Casi te le tiras encima a Gonzalo. No paraste de mirarlo desde que llegó.

    -Ay perdóname! Pero yo que culpa tengo que tu sobrino esté tan fuerte?

    -Ah, listo. Te terminaste de desubicar. Ahora te querés coger a Gonzalito?

    -Gonzalito! Jaja, me haces reír. Gonzalito ya tiene 21 años y está que se parte solo Karina.

    -Pero es mi sobrino Gladys. Como le vas a mostrar las tetas así a mi sobrino delante de mí.

    -Si el problema es que lo haga delante tuyo, mándalo a casa, jaja.

    Gladys siguió tomándole el pelo a la tía y eso jugaba a mi favor. Lo que menos me importaba mientras escuchaba la grabación era la calentura de Gladys conmigo, sino la reacción de la tía ante la amenaza de que su amiga tuviera a su sobrino antes que ella.

    -Basta Gladys! No hablemos más del tema porque me sigo enojando.

    -Ay Karina! No te hagas! Si vos también sabes muy bien que tu sobrino es un potro. – la voz de Gladys se interrumpió en seco y luego se escuchó un pequeño grito de sorpresa – Ay Karina! No será que Gonzalito te quiere dar alguna alegría?

    -Pe-pero cállate! Desubicada! – Tartamudeó la tía nerviosa. – Pensás que todo el mundo son unos degenerados como vos?

    -Ay Kari! Estas tartamudeando y te pusiste muy nerviosa. Te conozco hace muchos años para que me andes ocultando secretos. Vos tampoco paraste de mirarlo desde que llegó, no? – interrogó Gladys con vos de policía. Por unos segundos se hizo un silencio incómodo y volví a escuchar la voz acongojada de la tía.

    -Por favor Gladys! Cortala con el tema de Gonzalo que me estoy poniendo nerviosa! Es mi sobrino y no tengo ningún pensamiento retorcido más que el amor de una tía.

    -Está bien Kari! Si me lo decís así, te creo. Pero que vos no lo mires con deseo no significa que yo no lo pueda hacer. El tampoco dejó de mirarme las tetas y el culo desde que llegué. Y si no me mentís, no tendría porque molestarte que pase a visitarme uno de estos días.

    -Pero vos estás loca Gladys! Si se llegan a enterar los padres, como les explico que el nene se encamó con una vecina mientras yo sabía todo?

    -Son secretos Karina! Como los tiene todo el mundo. Y yo creo que Gonzalito sabe guardar uno. Además, vos pensás que un pibe de 21 años le va a contar a los padres sus proezas sexuales?

    -Si, que se yo, por ahí soy demasiado estructurada y me tengo que relajar un poco más. Al menos eso me hizo entender mi psicóloga.

    -Hablaste con tu psicóloga por la visita de Gonzalo? Bueno, que el tema principal no haya sido Rubén ya es un avance, no?

    -Sí, creo que tenés razón. La psicóloga me dijo que mientras todo pase en el plano de la fantasía, no era nada malo.

    -Ajaa! Entonces te lo querés coger a Gonzalito! Viste que te conozco! Pero no te sientas mal amiga. Vos viste el bulto apretado debajo de ese short? Yo casi que me babeaba sola, jaja.

    -Cállate estúpida! Que si vuelve y te escucha me muero de la vergüenza.

    -Pero tiene 21 años Karina de mi corazón! Si no están haciendo deporte, están cogiendo o se están haciendo la paja; son sus principales aficiones a esa edad. Y no te olvides del detalle que es el sobrino de tu marido, con vos no comparten sangre. No sé si sería tan terrible. Ese detalle lo sabe la psicóloga?

    -No, no me acuerdo habérselo contado.

    -Ay Karina! Te cayó un regalo del cielo, aprovéchalo mi amor. Aunque sea pueden ser unos días en los que te olvides un poco de tu dolor. Y volviendo al tema de Gonzalo, sabes que se va a matar a pajas si está catorce días sin coger, no?

    -Creo que ya lo hizo Gla! Hoy a la mañana cuando le llevé el desayuno a la cama había varios manchones en las sábanas limpias y un olor agrío bastante fuerte.

    -No ves que tengo razón Kari! Te lo digo como tu mejor amiga; si no vas a aprovechar vos a ese bombón, llámame a mí que me lo como en dos pancitos, jaja.

    Ambas rieron y después de algunos saludos cordiales, Gladys se fue a su casa. La poca discreción de la atrevida amiga de la tía me había dado una mano enorme. El detalle de recordar que somos tía y sobrina sin compartir lazos sanguíneos fue excepcional. Todo se estaba dando perfectamente para que esos catorce días se conviertan en casi los mejores de mi vida. La tía le haría caso a su amiga o a su psicóloga? Solo era cuestión de averiguarlo, pero algunas sorpresas más me iba a encontrar a lo largo del día. La tía ya sabía que mi leche era la culpable de sus sábanas manchadas y no me avergonzaba para nada; todo lo contrario, el morbo me recorría todo el cuerpo y cada vez me calentaba más el hecho de poder seducir a la tía Kari.

    Cerré la ducha y salí con el pelo empapado a ponerme ropa interior limpia. Elegí el bóxer más ajustado que tenía junto con un short de baño corto. El calor ya era considerable así que decidí ponerme en escena con el torso desnudo para lucir mis trabajados abdominales. Volví a abrir la puerta del patio con la intención de acompañar a la tía en su tarde de pileta, pero antes de llegar a su lado, la tía me interrumpió.

    -Gon! Perdóname que te moleste, pero cuando puedas no podes ver mi compu? Anda muy lenta y viste que yo no entiendo nada. Y la necesito para trabajar a la noche.

    -Ss-si, obvio tía – contesté algo decepcionado. Pensé que los celos y las palabras de Gladys habían animado a la tía pero su pedido me desconcertó.

    -Gracias mi vida! – agradeció la tía mientras seguía concentrada en su celular.

    Regresé al interior de la casa y me senté en el escritorio de la tía mientras la miraba por el amplio ventanal del patio. Mientras hacía un escaneo rápido de su computadora en busca de virus, mi cabeza se hacía una sola pregunta: ¿Habrá decidido hacerle caso a su psicóloga y dejar todo en el plano de la fantasía? Si la tía decidía mantenerme alejado mucho tiempo más la respuesta se respondería sola. El escáner de virus terminó y comprobé que la computadora funcionara normal, pero antes de levantarme se me ocurrió una idea; abrí el historial de navegación de su navegador y las sospechas que tenía se hicieron ciertas. Una larga lista de links de videos porno se mostró en la pantalla dejando a mi merced las fantasías de la tía. El último link había sido abierto quince minutos antes de mi regreso tras el ejercicio y era un video de una señora madura teniendo sexo fuerte con un joven en una piscina. La lujuria otra vez me invadía y se hacía, literalmente, carne bajo mi short short de baño. Decidí que era el momento de actuar y comprobar si nos podíamos divertir de verdad con mi tía Karina.

    -Ya está tía! Ahora anda re bien la compu, tenía un par de virus nada más. – grité desde adentro

    -Ay gracias mi vida! Sos un genio.

    -De nada tía! Llevo dos cervezas y charlamos un rato?-pregunté intentando el primer acercamiento. Se hicieron unos segundos de silencio y la tía respondió algo nerviosa.

    -Da, dale! Me encantó el plan.

    Titubeó pero aceptó, ya no había marcha atrás. Rápidamente agarré dos botellas de cerveza de la heladera y me acerqué a la pileta. Le di un beso largo y húmedo en su mejilla y me senté en la reposera de al lado y le di unas de las cervezas. No demostraba nervios pero evitaba el contacto visual.

    -¬Que hermoso día Gonzi! – comentó la tía intentando recurrir al típico tema ante una situación incómoda.

    -Si tía, especial para estar en la pile. Gladys no se quiso quedar un rato más? Me cayó re bien. – los nervios de la tía fueron en aumento con mi pregunta.

    -No mi vida! Tenía cosas que hacer. A ella no le gusta mucho el sol, es más de salir de noche, como los vampiros, jaja – bromeó la tía.

    -Jaja, y por momentos se le saltaban los dientes con ganas de morder me parece, no? –

    -Me imaginé que te habías dado cuenta. Te quería comer entre dos pancitos, jaja. Igual ella no era la única mirona de la mesa. A vos también te vi con la mirada un poco más abajo, jaja – los celos de la tía se habían hecho presentes y me calentaba muchísimo, tanto que tuve que subir una pierna en la reposera para que no se note la erección que comenzaba a crecer.

    -Y un poquito si tía, no te puedo mentir a vos! Pero ese cirujano hizo un excelente trabajo, jaja – dije con tono gracioso mientras notaba en el lenguaje corporal de la tía como se empezaba a romper el hielo.

    -Ay, le miraste las tetas a mi amiga, desubicado! Vas a ver cuándo se enteren tus viejos, jajaja – amenazó con tono gracioso.

    -Y bueno tía, viste que por momentos a los jóvenes nos manejan las hormonas.

    -Me estás diciendo vieja pendejo mira viejas? Jaja

    Las bromas fueron y vinieron por algunos minutos. La confianza entre ambos iba en aumento y yo ya estaba preparando mi siguiente jugada. Terminamos de conversar por un rato, tome un trago largo de mi cerveza y sin previo aviso me tiré de cabeza al agua. Nadé algunos largos y me subí a la colchoneta inflable en la que la tía había hecho sus chanchadas matutinas; casi que todavía podía sentir el olor de su flujo impregnado en el cuero de la colchoneta. Una vez que estuve cómodamente acostado boca arriba en la colchoneta, estire mis piernas y dejé que el apretado bulto de mi short quedé a plena vista. Decidí no mirar a la tía para que no se inhiba y pueda tentarse sin avergonzarse. Con la cabeza fija en el cielo, decidí seguir dando pasos de seducción

    -Hoy a la mañana escuché un chapuzón en la pile y cuando me asomé eras vos tía. Te gusta disfrutar la pile desde temprano – comenté mientras imaginaba la cara de la tía al darse cuenta que, muy probablemente, la había visto mientras se masturbaba en la misma colchoneta que yo estaba tomando sol.

    -Eh, si! – contestó titubeante -Me gusta tomar sol a la mañana apenas me levanto. Se ve la pile desde la ventana de tu habitación? – preguntó ella para confirmar si había sido testigo de su paja de la mañana.

    -Si, se ve todo tía! Igual estaba entre dormido, me desperté un segundo, miré por la ventana y seguí durmiendo – dije para no incomodarla más con la invasión a su privacidad.

    -Seguiste en esos sueños húmedos donde me manchaste todas las sábanas, jaja – bromeó la tía con voz picarona y, acto seguido, se tiró al agua de cabeza.

    La tía ya estaba dentro de la piscina conmigo y eso era una señal de que la proximidad física ya no la incomodaba. Luego del zambullido, ella nadó por debajo del agua y cuando estaba bajo la colchoneta se impulsó para derribarme y hacerme caer al agua. La tía se había despabilado y tenía ganas de jugar.

    -Vas a seguir ahí como un viejo tomando sol o vamos a jugar en la pileta como cuando eras chiquito?-preguntó desafiante mientras me salpicaba agua en la cara con sus manos y sus enormes tetas chapoteaban en la superficie del agua.

    -Jaja, ya no soy chiquito tía! – contesté mientras le devolvía la salpicadura de agua.

    -Ay! “Ya no soy chiquito tía”-contestó ella haciéndome burla – dale, juguemos así se pasa el rato! Jugamos a Marco Polo? E igual que cuando eras chico, el que agarra al otro le tiene que hacer cosquillas.

    -Bueno, dale! Para recordar viejos tiempos – contesté. La verdad que una de mis últimas ideas era jugar al “Marco Polo” con la tía, pero la posibilidad de estar con los ojos cerrados y poder tocar con mis manos alguna parte pulposa de la tía me convencieron. Creo que a ella se le vino la misma idea. – empiezo yo! MARCO!

    -Polo – contestó la tía mientras escapaba de mí corriendo en el agua.

    Por algunos segundos seguí gritando “Marco” con los ojos cerrados y caminando con mis manos al frente buscando la cara o, mejor aún, las ubres de la tía. Cada vez sentía más cerca las respuestas de ella y el chapoteo del agua, por lo que me di cuenta que estaba buscando que la atrape. Parado en el centro de la pileta, volví a gritar “Marco” y escuché la voz de la tía a un metro de distancia frente a mí. Me abalancé lo más rápido que pude con mis manos como garras y agarré sus hombros. Ella no ofreció mucha resistencia y, como decían las reglas del juego, comencé a hacerle cosquillas en la panza. Aprovechaba cada oportunidad que tenía para rozar sus enormes tetas con mis manos de forma casi imperceptible. Mientras tanto, la tía se retorcía entre carcajadas. En un movimiento brusco e involuntario, enganché la tira de la parte superior de su malla y sentí como se cortaba en seco. Sus enormes pechos habían quedado flotando en el agua sin nada que las cubriera y, después de un segundo de deslumbrarme con el espectáculo, ella atinó a subir la malla y cubrirse otra vez. Esos pocos segundos pude deleitarme con dos hermosos pezones oscuros y anchos como una dona, que llamaban a darle una mamada.

    -Pe, perdón tía! Fue sin querer, a veces soy re bruto jugando – dije con tono de arrepentimiento en una actuación digna de un Oscar.

    -Despreocúpate Gon! – dijo la tía mientras trataba de encerrar sus enormes tetas en su traje de baño con un nudo improvisado – Ya estaba viejita esta malla, sigamos jugando. Ahora me toca a mi

    Me di cuenta que no le dio ninguna importancia al hecho de que había visto sus tetas completamente desnudas; lo tome como otra señal de que la tía estaba más convencida por el consejo de su amiga que por el de su psicóloga. Así que decidí poner todas las fichas en la mesa y comprobar de una vez por todas si la tía iba a darle rienda suelta a sus fantasías.

    Ella cerró los ojos, puso las manos al frente y gritó – Marco.

    -Polo-susurre mientras me dirigía hacia la colchoneta inflable. La tía seguía caminando ciega y sin rumbo por la pileta. En una maniobra rápida y silenciosa, me quité el short y la ropa interior y la dejé a un costado de la pileta; ahora sí que no había vuelta atrás. Me subí a la colchoneta completamente desnudo y me senté a esperar a la tía para que recibiera su sorpresa.

    ¬-Marco! – grito ella algo impaciente

    -Polo – contesté fuerte mientras la colchoneta comenzaba a flotar cerca de la tía.

    Ella imitó mi movimiento y se abalanzó sobre la colchoneta. En el intento rozó mi pierna derecha mientras seguía con los ojos cerrados e ignorando mi desnudez.

    -Sos un tramposo! No vale esconderse arriba de la colchoneta – reprochó y tiró un segundo manotazo que fue a parar a mis 18 cm de carne erecta. El contacto la dejo perpleja y quitó su mano de mi verga apresuradamente, abrió los ojos de golpe. -Ay Gonzalo! En qué momento te desnudaste?

    -En el momento que te vi las tetas y se me paró la pija tía. Perdón, pero ya me apretaba muchísimo.

    -Ay Gonzalo! Como decís esas cosas? – dijo la tía colorada de la vergüenza con su mirada yendo de mis ojos a mi verga y viceversa.

    -Vos no estabas igual hoy a la mañana cuando te metiste a la pile? – pregunté casi a modo de acusación.

    -Me estuviste espiando Gonzalo? – Preguntó ella con tono indignado pero curioso.

    -Imposible no verte tía, te estabas masturbando en el medio del patio.

    -Ay querido! Tenés razón! Soy una degenerada. Que van a pensar tus papás de mí?

    -Si no le contás nada no tienen por qué enterarse tía – contesté tratando de aliviar tensiones y decidí hacer mi intento final. Agarré mi falo con la mano derecha y comencé a masturbarme mientras lo acercaba a su boca.

    Después de unos segundos de duda y de mirarme con cierta desconfianza, la tía abrió su carnosa boca y sus ojos empezaron a trasmitir lujuria. Empezó a mamarme la verga mientras llevaba su mano a la espalda para desatar el improvisado nudo de su malla y dejar que sus tetas caigan sobre el agua. Mientras ella hacía llegar mi glande hasta su garganta, yo amasaba con mucho vigor sus carnosos pechos. Ella gemía con cada apretón mientras con su mano derecha se comenzaba a masturbar bajo el agua.

    Después de varios minutos de potente succión y garganta profunda, baje de la colchoneta y le hice señas para que se acueste en los escalones que iban bajando poco a poco a la piscina. Ella se acostó y apenas se puso cómoda, desgarré de un tirón todo su traje de baño para quedar en las mismas condiciones de desnudez. Chupé cada centímetro de sus tetas y baje poco a poco para poner su vagina frente a mi cara. Tenía unos labios vaginales extremadamente anchos y bien depilados. Enterré mi lengua en toda su entrepierna mientras ella comenzaba a empaparse de fluidos. Uno, dos, tres orgasmos bien húmedos disfrutó la tía mientras yo recorría toda su parte íntima con mi boca. A esa altura ya iba a por todo, así que decidí bajar la boca un poco más e intentar meter mi lengua en su culo; no hubo resistencia. La tía también iba a por todo y mientras más enterraba mi lengua en sus entrañas, más fuertes eran sus gemidos.

    Luego de saborear toda su vagina y su ano, me incorporé con el agua por las rodillas y, sin decirle nada, la di vuelta de forma algo brusca. Ella me siguió el juego y se acostó con su hermoso y redondo culo hacía arriba. Apoyé mi verga en sus labios y comencé a penetrarla muy despacio mientras su humedad y sus gemidos iban en aumento. En menos de un minuto ya estaba bombeando con todas mis fuerzas al ritmo de los orgasmos de la tía Karina. Perdí la cuenta de las veces que acabó, y después de algunos minutos ella siguió dejando volar sus fantasías.

    -Haceme el culo Gonzi! – susurró ella entre gemidos mientras chupaba sus dedos índice y mayor para luego pasarlos por su ano a modo de lubricación.

    Repetí su técnica y escupí mi mano para humedecer mi barra de carne y lubricar la entrada al culo de la tía. Apoyé el glande y fui empujando de a poco para no lastimarla. Ella no se preocupó por eso y empujaba fuertemente hacia atrás con sus nalgas atrapando toda mi pija en lo estrecho de su culo. Gimió y hasta soltó algún grito de dolor pero nada la detuvo. Gozaba cada segundo que mi verga estaba enterrada en su ano. Acabó algunas veces más y se corrió hacia delante para sacar la carne de su culo y arrodillarse delante de mí.

    -¬Ahora te toca darle la lechita a la tía – susurró mientras me miraba con ojos de puta y metía toda mi verga en su garganta hasta hacer arcadas.

    Con cada subida y bajada de sus labios succionaba muy fuerte, por lo que la leche no se hizo esperar. Inunde de semen su boca con varios chorros potentes de espesa y agria leche. Ella lo juntó todo en su boca y lo tragó mientras saboreaba cada gota de mis jugos. Limpió cada centímetro de mi verga con su hábil lengua y me miró con ojos pícaros.

    -Espero que los juegos con la tía te sigan pareciendo divertidos – dijo ella con vos provocativa mientras saboreaba las ultimas gotas de leche en la comisura de sus labios.

    -Me encanta jugar con la tía y creo que me puedo acostumbrar a esto – contesté para luego tirarme en el agua cristalina y sentir la hermosa sensación del agua tibia en mi cuerpo desnudo. La tía me siguió al centro de la piscina y me abrazó con todo su cuerpo mientras apoyaba sus enormes tetas en mi pecho.

    -Sabes que si tus papás se enteran de esto me matan, no?

    -No tienen porque enterarse, principalmente porque quiero seguir viniendo a jugar con mi tía favorita.

    Ella me sonrió y pude ver en sus ojos la tranquilidad de un secreto bien guardado y la felicidad de haber tenido muy buen sexo después de mucho tiempo. Pasamos el resto de la tarde jugando desnudos en la pileta, pasando de ser un sobrino y una tía jugando inocentemente a ser los dos amantes más lujuriosos. Durante los días restantes del aislamiento seguimos con la misma rutina; nos divertimos de todas las formas posibles inventando juegos sexuales de todo tipo. Tuve éxito en mi plan de agradecerle a mi tía todo lo que había hecho por mi brindándole la compañía de un sobrino amoroso y de un amante para hacer realidad todas sus fantasías.

    *****************

    Espero que mi relato les haya gustado. Todos los personajes que aparecen en ella son producto de mi imaginación y totalmente ficticios. La idea para mi próximo relato es contar la misma historia, pero desde el personaje de la tía Karina. Pero siempre estoy abierto a nuevas propuestas, así que si alguien de los que leyó mi relato tiene una idea que considera digna de escribir, no dude en dejarlo en los comentarios.

    Saludos a todos los que leyeron mi relato, pronto estaré escribiendo más.

  • Limerick School (Parte III)

    Limerick School (Parte III)

    Miércoles

    Me desperté y una fuerte puntada se apodero de mi verga. Levante mi bóxer y observe que mi glande estaba morado. Quise sentarme en la cama y sentí muchísimo dolor. Mi esposa se despertó y entre dormida observó mi cara de sufrimiento. -¿Te sentís bien? No quise preocuparla pero no podía ocultar lo que estaba pasando. –Ayer ordenando unas cajas hice fuerza demás y creo que me jodí la espalda. Es mi tercer día de trabajo, no puedo faltar. Le dije.

    Verónica, mi esposa quedo preocupada. –Tenés razón… deberías ponerte hielo. Esas fueron sus últimas palabras antes que se quede dormida. Tome su consejo y mientras me preparaba y desayunaba me puse una bolsa de hielo sobre mi verga. Inesperadamente el consejo resultó y un leve cosquilleo empezó a recorrer mi cuerpo.

    Luego de relajarme y hacer todo con calma me di cuenta que estaba por llegar tarde. Le mande un mensaje a Marcia avisándole y salí rápidamente. Por suerte ella me dijo que los miércoles la directora llegaba a las 10 am y ella casualmente estaba llegando más temprano. En vez de ir a tomar un café iba a hacerme el favor de abrir las puertas y hacer lo que me correspondía antes del inicio de las clases. –Me debes una. Me escribió y colocó un emoticon de una carita guiñando el ojo.

    El mensaje de Marcia me tranquilizo y me tome mi tiempo para tomar el colectivo. No quería ocasionarme mas dolor. Al subir al colectivo noté que estaba mas lleno que lo habitual. Trato de abrirme paso entre las personas y ubicarme al fondo del colectivo. Mientras estaba perdido en mis pensamientos, me llama la atención una conversación telefónica. –¡Boluda estoy llegando tarde! ¡Me voy a quedar libre!

    Miro hacia la chica que esta hablado e inmediatamente reconozco su figura: la pendeja del amazonas. Se encontraba dándome la espalda, inmersa en su celular. Su pollera corta y su camisa ajustada rápidamente llamo mi atención. Alrededor de ella todos los pasajeros estaban o dormidos o distraídos con su celular, otros mirando por la ventana. Aproveché que bajaron unos trabajadores, y me acerco hacia ella. Podía oler su perfume. Al acercarme me di cuenta que yo era mas alto, al parecer me impresiono su tremendo cuerpo y la percibí como una diosa gigante que en cualquier momento podía aplastarme. O tal vez ella estaba usando plataformas cuando la vi por primera vez.

    Me acerqué mucho mas y finalmente pude vislumbrar esas tetas impresionantes. Felizmente noté que su camisa estaba desabrochada y para mi sorpresa… no tenía corpiño. El movimiento de sus tetas naturales provocado por los saltos del colectivo me provocaron una fuerte erección. Al parecer tenía la pija para el costado, así que la erección se desarrolló lateralmente, mi glande había quedado a la altura de mis bolsillos.

    En la siguiente parada ingresó mas gente al colectivo, y al apretarnos mas inevitablemente mi verga se presionó contra su tierno y contundente culo. Una explosión de placer surgió desde la punta de mi verga, que se frotaba intensamente contra sus nalgas. Ella, a pesar que se liberó un espacio a su costado, no se corrió. Es más, empecé a notar que empezó a ejercer presión hacía mí. Así estuvimos por un largo rato. Mi calentura era insoportable, mi verga estaba totalmente dura y una sensación extremadamente placentera surgía desde ella. Pensé en hacer alguna maniobra para sacar mi verga y ponérsela contra su culo, pero me pareció estúpidamente arriesgado.

    Llegando a la escuela ella se da vuelta con tanta velocidad que no logré disimular. Me miró fugazmente y sonrió levemente. Puso una de sus manos hacia atrás y yo decido acercarme. Siento que movió sus manos acariciando mi verga por un pequeño momento. Luego bajó rápidamente del colectivo y se dirigió hacia la escuela.

    Mi verga estaba tan dura que me costaba muchísimo caminar. En el movimiento de bajar del colectivo la pija me quedó hacia adelante y mi erección era muy evidente. Entre a desesperarme. Rápidamente entré a un Mc Donalds y me metí en el baño. Con desesperación saque mi verga del pantalón, no podía más. Trabé la puerta y empecé a pajearme furiosamente pensando en esta pendeja y su carnoso culo. Me miré al espejo y me di cuenta de lo hinchada y enorme que se veía mi verga. Realmente tenía una verga majestuosa digna del mejor actor porno. A través del espejo me doy cuenta que había alguien en el baño, sentado en el inodoro con la puerta del único cubículo abierta. Empecé a prestar atención y… estaba en el baño de mujeres. Observo atentamente el cubículo y una joven de unos 18 años acababa de presenciar todo el espectáculo. Tenía el uniforme de Mc Donalds y me miraba petrificada a los ojos. Yo me asuste y me quedé helado. Ella bajo su mirada y se quedó mirando mi verga. Estaba durísima en todo su esplendor. No sabía que hacer… decidí acercarme con pequeños pasos. Era una chica de tez morena y pelo muy oscuro. Bonita de cara, menudita. Luego de un instante que pareció eterno se empezó a desabrochar lentamente la camisa del uniforme y dejó al descubierto unas lindas tetas de enormes pezones. Me acerqué y continué masturbándome. Me pajeaba apretando mi glande contra sus pezones. Se sentía un tanto incómodo. Al parecer ella reconoció el problema y de su cartera sacó una botellita de aceite para bebé. Se lo tira en sus tetas dejándolas bien lubricadas. Seguí haciéndome la paja mientras ellas se manoseaba las tetas. Se sentía exquisito. Comencé a aumentar la velocidad, mas rápido y más rápido. Cinco enormes chorros de leche bañaron sus hermosas tetas. Ella uso sus dos manos para terminar de exprimirme la verga. Con toda la leche encima volvió a cerrar la camisa. Se notaba lo mojado por el semen, pero no le importó. Me miro sonriendo y puso su dedo índice en su boca, quedó claro que esto era un secreto. Guarde mi verga y me fui con prisa. Me sentí relajado.

    Llegue a la escuela tranquilamente y las clases ya habían comenzado. Fui a la oficina y Marcia no se encontraba. Miré para todos lados y los pasillos se veían vacíos. Había una chica con un uniforme de limpieza barriendo cerca de la puerta que daba al patio. Me acerqué y me presenté. Era una linda joven, bastante bajita, parecía que tenía cierto grado de enanismo. Su cuerpo era robusto, aunque con sus prendas mucho no podía verse. Me llamaron la atención lo carnosos que eran sus labios. Pregunté si sabía donde estaba Marcia y me dijo que tuvo que hacer un trámite urgente que le encargó la directora. Solo eso había escuchado. Me puse a caminar por los pasillos esperando que llegue Marcia o la directora. Creo que ya sabiendo lo que quería me puse a deambular por las aulas del último año. Y allí la veo, a esta infernal rubia amazónica. Con un enorme culo y unas enormes tetas, todo bien firme. Estaba saliendo del aula, al parecer se dirigía al baño. Me encontró con la mirada y se me quedó mirando fijo. Vi como se mordió los labios mi me miro el bulto. Luego se fue caminando hacia el baño de mujeres y yo lentamente la seguí. No había nadie cerca. Me asomé por la puerta y vi como se metía a un cubículo. Me puse muy nervioso, no sabía que carajo hacer, pero mi verga ya estaba pulsando y la cosquilla en mi glande iba en aumento. Acá me estaba arriesgando con todo. Todo se me vuelve muy claro cuando escucho “¿y, vas a venir?, para que te quedes tranquilo te cuento que repetí un año, ya soy legal”. Un fuego se apoderó de mí. Busque en el armario el cartel de fuera de servicio, lo coloqué afuera y cerré con llave. Me dirigí al cubículo y abrí la puerta. Me quedé totalmente impactado y extasiado. Esta hija de puta estaba totalmente desnuda. En un solo movimiento agarré sus increíbles tetas con mis dos manos y comencé a chuparle sus pezones que también eran igual de grandes. Con desesperación y mucha lujuria, trataba de meterme la mayor cantidad de teta en mi boca. No podía mas del éxtasis y note que ella disfrutaba y gozaba mucho, estaba gimiendo. Le chupe incansablemente sus pezones hasta que me alejé y con violencia me bajé totalmente los pantalones. Me senté en el inodoro y me la senté encima. Sentir su enorme culo sobre mi me volvió loco. Puso mi verga entre sus piernas, le seguí agarrando las tetas desde atrás y nos besábamos salvajemente moviendo con descontrol nuestras lenguas. Veo como escupe su mano y me agarra lo que sobresalía de mi verga, masturbándome furiosamente. En menos de 1 minuto la bañe completamente de semen. ¡Que increíble que en el mismo día se repita algo similar! Solo que esta vez no dejaba de masturbarme. Sentí una leve molestia que me duro muy poco, mientras la seguía besando y manoseando ya estaba gozando nuevamente. Me paro y la siento en el inodoro. Agarro su cabeza metiendo mis dedos entre su dorado cabello e introduje me verga semi erecta en su boca. Ella empezó a masturbarse con violencia también. Su lengua saboreaba lo máximo posible de mi glande. Me calentó mucho como se metía los dedos y sus gemidos. Me comenzaron a temblar las piernas y tuve que usar mis manos para no caerme. En eso momento me agarro la verga con una mano mientras se seguía masturbando y haciendo círculos con su lengua alrededor de mi glande me hizo salir varios chorros de semen que cayeron sobre sus tetas. La rubia lanzo un grito orgásmico y se tiró hacia atrás. Yo también me fui hacia atrás y caí al piso sentado. Me quedé sorprendido viendo como de esparcía todo el semen sobre su cuerpo, chupándoselo de sus manos y tetas.

    Me miró fijamente con unos hermosos ojos verdes. ¿Cómo te llamas? Martin le dije. ¿Y vos? Le conteste. –Nadia… veni acercate. Me levante con suavidad y me acerque, ella seguí sentada en el inodoro. –Ponete mas cerca. Puse mi verga agotada cerca de ella. Volvió a llevarse la mano hacia abajo y con la otra empezó a examinarme, a la vez que me la acariciaba. –Yo a esta verga la conozco… hijo de puta sos vos, ¡te vi en la página de cámaras web! Dios mío, no lo puedo creer, me habías dejado recontra caliente. Agarra mi verga que estaba semi erecta y se la mete en la boca, cierra sus ojos y comienza a mamarla mientras se sigue masturbando aumentando su ritmo. Yo sentía cosquillas pero realmente necesitaba descansar. Igualmente deje que me la siga chupando, ya que se lo hacía con lentitud y suavidad, sentía mucho alivio y placer, nunca se me puso dura totalmente. Nuevamente ella se arquea hacia atrás teniendo otro orgasmo.

    La quede mirando, que locura lo que acabé de hacer. –Me tengo que ir, ¿estás bien? –Uf Martin, nunca me sentí tan bien en mi vida. Yo soy como vos, vivo caliente, a que te pensas que venía al baño? Me encanta pajearme y pajearme, solo que nadie lo sabe. Me encanta saber que alguien es tan caliente como yo, dios mío basta, tengo que volver a clase. Yo me vestí con rapidez y luego abrí la puerta. Giré para despedirme y la vi lamiendo lo poco que quedaba de semen. –Que puerta más peligrosa que acabo de abrir. Me dije a mi mismo. Cerré la puerta y mire hacia todos lados. No vi a nadie cerca, no sé cuánto tiempo había pasado. La oficina seguía cerrada y la directora no había llegado aún. Aproveche para relajarme un poco y hacer mis tareas diarias, no tenía que descuidar el trabajo.

    Marcia llego mas tarde, pero al parecer no estaba teniendo un buen día. Aproveche para mantenerme alejado un poco, sentía que todo esto se me estaba yendo de las manos. Le dije que iba a encargarme de las tareas que eran fuera de la oficina, igualmente a ella no pareció importarle mucho, fue raro y eso me hizo sentir un poco mal. ¿Qué le pasaba?

    Llegando al final del día, me volvi a cruzar con Nadia en los pasillos. Me empujo hacia un rincón oscuro y me robó un beso que no me esperaba. Me agarro sus manos y me las puso sobre su culo. –no, Nadia estas loca! No nos pueden ver! Me van a rajar!

    -Ay Martin es que no puedo dejar de pensar en vos y tu hermosa verga, me estuve tocando durante toda la mañana.

    -Bueno, mañana lo repetimos pero en secreto si? Ahora anda anda

    Nadie se fue y volví a la oficina para agarrar mis cosas y volver a mi casa. Allí estaba Marcia que me estaba mirando con seriedad. – vos estás jugando con fuego, se lo que hiciste, ¿en que habíamos quedado? Vi que tenia lagrimas en sus ojos. Me acerqué un poco y me di cuenta que se estaba pajeando. Fue muy extraño. Me pare tras ella y la agarré de sus tetas masajeándoselas. La mire a los ojos y no pude evitar besarla. Una sonrisa ilumino su rostro lo que hizo que ella eyacule con fuerza. –Mañana hablamos dale?

    Cerramos todo y volví a mi casa. Al llegar encontré una nota de mi esposa. Su madre estaba internada y se iba a ir unos días para estar con ella. Yo tenía la casa sola por unos días. ¿Debería llamar a Marcia? Me recosté sobre mi cama, pensando mirando el techo. Mi verga empezó a palpitar. Le mande un mensaje. Vino y la hice pasar. Charlamos un rato, comimos y tomamos algo. Nos sentamos en el sillón a mirar la tele. Ella se recostó apoyando su cabeza sobre mi falda. Saque mi verga y ella se la metió en la boca, vi como cerraba sus ojos. Comenzó a mamarla con tranquilidad, diría que con amor. Mis ojos empezaron a cerrarse. Antes de quedarme dormido siento como se libera una gran carga de semen dentro de la boca de Marcia, la cual se traga todo y continua mamando. Mi mente se puso en blanco y me dormí sintiendo un gran placer.

  • El crucero (07): De excursión por el desierto (Parte 2)

    El crucero (07): De excursión por el desierto (Parte 2)

    Ver a vuestras compañeras comer y beber es un nuevo castigo, bajo el sol, con la piel empapada en sudor y la boca reseca, solo podéis mirar, relameros los labios mientras ellas no dejan de beber, de comer y vosotras medio desfallecidas las observáis con rabia, con envidia, pero también con la certeza de que lo que estáis haciendo es lo que vuestros amos desean que hagáis.

    Antes de arrancar el autocar, todavía corren cuatro esclavas más a unirse a las que vuelven al barco. Los autocares se van entre una nube de polvo por un camino que no merece este nombre. Ya solas, ves que se acerca uno de los organizadores, te asusta la fusta que lleva en la mano, te mira, palpa tus pechos, sopesa tus nalgas, pone su mano en tu entrepierna y sonríe satisfecho mientras te comenta, -van a pagar bastante por ti. Estas palabras se convierten en un nudo en tu garganta, y él sin dejar de magrearte te cuenta que ahora os van a vender, una puja que dará derecho a quien más pague a usarte como le apetezca. Sin tiempo a pensar, os arrastran hasta los pies de una tarima, la primera a la que suben es una hermosa hembra africana, joven, mulata, de pechos y nalgas grandes, la van girando mientras cuentan lo mucho que tiene por ofrecer, le separan los labios del sexo, para que todos vean bien el sonrosado placer que esconde, le hacen abrir la boca, un excelente lugar donde correrse, algunos de los dueños, suben a comprobar la calidad del animal, y ella entre sollozos deja que la magreen, que la pellizquen y le toqueteen cada rincón de su cuerpo. Finalmente, uno de los que ha subido, puja por ella y se la lleva tirando de su correa. Estás asustada y nerviosa, otra esclava ya está en el escenario, mas insultos, magreos y manos y bocas de desconocidos recorriéndola por toda su piel, hasta que alguien la compra. Ahora es nuri quien sube, es vieja para la mayoría, pero el vendedor sabe cómo convencer, les habla de la gran carrera que todos vieron por televisión, les cuenta como la cerda es capaz de hacer cosas que otras más jóvenes ni se imaginan, al final por un precio más módico también ella encuentra un dueño. Y cuando menos lo esperas, tiran de tu collar, agarran uno de tus pechos y te suben al escenario, al momento sientes manos y bocas junto a ti, alguien te muerde las nalgas, otro te pellizca los pechos, miran tus dientes mientras el vendedor, habla de lo hermosa y servicial que es la perrita triska. Con la mirada baja y los puños apretados, humillada y castigada, sigues dejando que te toquen, te pellizquen y magreen, hasta que desde el fondo alguien te compra, intentas mirar quien es, pero solo ves una mano levantada.

    De un tirón te hacen bajar del escenario, al instante suben un nuevo ejemplar. Por orden de tu dueño, te ponen una venda en los ojos, de momento no quiero que sepas que soy yo quien ha pagado por ti. Estoy ante ti, estás temblando, asustada e inquieta, mi mano se acerca a tu entrepierna, notas mis dedos jugar con tu vello rubio, instintivamente tiras hacia atrás, pero al instante dócil y obediente vuelves a acercarlo a mis dedos. Mientras una mano sigue en tu entrepierna, con la otra juego con tus pechos azotados, me gusta reseguir las líneas que el látigo ha dibujado en tu piel, pellizco suavemente tus pezones, te acaricio las mejillas, paseo mis dedos por tus nalgas, recorro tu sexo entrando suavemente dentro de ti. Tu no puedes evitar excitarte, no quieres sentir ningún placer, pero la oscuridad de tu venda, la suavidad de mis caricias, la incertidumbre de lo que te espera, todo combinado hace aflorar más y más tu instinto sumiso, sonrojada intentas no darme la satisfacción de verte mojada y caliente con tan solo unas caricias, con tan solo unos instantes de mis manos recorriendo tu cuerpo. Apenas 5 minutos después, dejo de tocarte, tragas saliva esperando un castigo, un azote, pero no pasa nada, tú no lo sabes, pero estoy pujando por otra hembra, una compañera de juegos para ti y para mí.

    Tras unos instantes que se te hacen eternos, mis manos vuelven a ordeñar tus pechos, a acariciar tu rostro, a recorrer tu cara. Das un respingo cuando sientes la respiración de otra persona junto a ti, también ella está con los ojos vendados, con el miedo y la incertidumbre de lo desconocido. Ahora que ya os tengo a las dos, tiro de vuestras correas, y nos vamos a una de las habitaciones que la empresa ha dispuesto para que disfrutemos de vosotras. Tumbo a cornuda en la madera que hace de cama, tirando de ti te pongo encima, os dejo solas unos momentos mientras voy a terminar de ultimar unos detalles. Notas su piel, sus curvas, su respiración, y en el primer jadeo reconoces su voz, ella también la tuya, acercas tus labios a su oreja y de manera discreta le susurras –cornuda?, ella sonríe y se abraza a ti, mientras responde –trisky?. Abrazadas, os besáis, os acaricias, os dais todos los mimos que la situación permite, siempre pendientes de la vuelta del desconocido que os ha adquirido.

    Oís pasos, os abrazáis aún más fuerte, tus labios besan los suyos, y sus manos se aferran a tus nalgas. Estoy unos instantes junto a vosotros sin decir nada, disfrutando de vuestros nervios, de la tensión y el miedo de vuestros cuerpos. Luego mi mano se pasea por tu espalda, acaricio tu culo, tú en silencio, abrazada a cornuda te dejas hacer. Os ordeno que os quitéis las vendas, al instante te la quitas, miras los ojos oscuros e intensos de cornuda rojos de tanto llorar, ella te besa mientras entre sollozos te sonríe. Levanta la mirada y se queda sorprendida al verme, tú te giras y me ves. Ante vosotras con una media sonrisa no dejo de miraros mientras os acaricio, os cuento que Nuria, Juan y yo decidimos que si llegabais hasta la subasta, él se quedaría con nuri, Nuria con cornuda, y yo contigo, pero al final Nuria se encapricho de uno de los esclavos, y yo me he quedado con las dos.

    Cornuda sonríe agradecía, se agacha y sumisa engulle hasta el fondo de su boca, mi verga, es su forma de darme las gracias, agarro sus cabellos y empiezo a moverla, mientras miro su piel morena, noto sus pechos acariciando mis piernas, mientras cimbrea su culo y relame con su lengua cada centímetro de mi verga, que se endurece más y más. Tu no quieres quedarte atrás y acercas tus labios a mi boca, sumisa esperas a que te bese, a que te use, mi lengua no tarda en recorrer tu paladar, en jugar con la tuya. Los tres entremezclamos nuestros cuerpos, me excitan los pechos grandes de cornuda, su belleza hecho de mil cruces, generación tras generación, rasgos latinos e indígenas se entremezclan en esta hermosa venezolana. Tumbada en la madera tiro de sus nalgas hacia mí hasta que su coño cuelga junto a mi verga, tú te pones encima de ella, notas su boca en tu sexo, cornuda se agarra a tu culo, para poder lamerte mejor. Tu boca junto a su sexo hace que yo vaya alternando vuestros agujeros, me gusta como el coño de cornuda empapado y caliente moja mi verga endurecida, con una vara te voy dando pequeños azotes en tu culo, te hacen gemir suavemente, mientras ahora eres tu quien engulle mi verga con sabor a ella.

    Cuando estoy a punto de correrme la saco de ti, y la entro de un golpe en el sexo empapado de cornuda, que no puede evitar correrse mientras desfogo mi deseo en su vagina empapada. Tú también estás excitada con la boca de cornuda jugando en tu entrepierna, con su lengua entrando dentro de ti. Con su piel y la tuya temblando al unísono. Una vez me he desfogado en ella, me apetece limpiarme en tu cara, con tu boca buscas los restos de placer que quedan en mi verga, yo voy paseándola por tus mejillas, por tus labios, por tu nariz y barbilla. Me miras traviesa con tu sonrisa sucia y brillante. Cornuda más relajada muestra un reguero blanco y lechoso saliendo de su entrepierna. Pero tú no quieres quedarte sin tu premio y bajando de cornuda, empiezas a masajear mi verga con tus pechos, no dejas de mirarme y relamerte, orgullosa y satisfecha, mientras el sudor de tus pechos lubrica mi verga cada vez más gruesa y dura, estrujas tus ubres para sentirla aún más, no dejas de mirarme con tu cara sucia y traviesa. Hago bajar a cornuda y te ordeno que te tumbes en la cama. Me gusta mirarte, rubia, excitante, sensual y caliente, tu piel brilla mojada de sudor y semen, tus pechos se mueven al compás de tu respiración y todo tu cuerpo está decorado con decenas de azotes. Contorneas traviesa y golosa tu entrepierna. Jadeas mientras muestras satisfecha este vello rizado y rubio que tanto me apetece, tus manos no dejan de acariciarte, de moverse por tu piel, de jugar con tus pezones endurecidos, mientras tu lengua relame tus labios a la espera de mi boca.

    Mis manos se agarran a tus nalgas, sientes mis dedos tirando de ti hacia mi, gimes cuando mi verga se desliza en tu vagina empapada, cuando desaparece dentro de ti, cornuda se tumba junto a ti, sus manos juegan con tus pechos, con tus pezones, mientras no dejas de gemir, de moverte, de bailar al compás de mi verga cada vez más caliente, más gruesa, no tardamos en corrernos, me gusta verte gruñir, chillar, ver cómo me miras caliente y satisfecha. Cornuda deja tu boca y engulle los restos de tu placer y el mío que llenan mi verga, luego relame tu coño abierto, mientras yo le acaricio el lomo, y ella se mueve coqueta y sumisa.

    Tumbado sobre ti, satisfecho y relajado, jugueteo con tus cabellos, con tu cara, cornuda se tumba junto a nosotros, restriega sus pechos, su vientre, busco sus labios y la beso, me gusta el sabor de su boca, el tacto de su lengua, su cara de perfil afilado, su piel morena de sabor caribeño. El tiempo va pasando, y sin darnos cuenta son ya más de las cuatro de la tarde, y antes de devolveros quiero que bebáis y comáis un poco, falta una última prueba, igual de exigente que las anteriores y quiere que la afrontéis en las mejores condiciones. Agradecidas bebéis y coméis hasta quedar satisfechas y listas para lo que os tengamos preparado.

    Beso a cornuda, ella se abraza a mí, le encanta restregar sus pechos por mi pecho, hacerme sentir la dureza de sus pezones, el tacto suave de su vientre, el cosquilleo de su pubis rizado y negro azabache. Tú la apartas, también quieres abrazarte a mí, hacerme ver que no tienes nada que envidarle a ella, me gusta esta competición por ver cuál de las dos es más cachonda y servicial, pero habremos de seguir el juego en el barco, porque ya están sonando las sirenas, que avisan que todo el rebaño se ha de reunir para volver al barco.

    Cuando salís de la habitación, a latigazos os vuelven a juntar con el resto de hembras, en el suelo veis un montón de cruces de madera. Sin decirte nada, Nuria tira de coño, te tumba sobre una de las cruces y te ata las muñecas a la madera, luego ata otra cuerda a tus pechos, gimes un poco cuando tensa la cuerda y comprueba que no soltará fácilmente. Miras a tu alrededor, por todas partes amos y amas, atan a sus esclavas y sumisos. Un par de azotes en tu vientre, te hacen volver a mirar a tu dueña, que sonríe orgullosa de su perrita, tu bajas la mirada, te ayuda a levantarte, quedas encorvada, la madera sobre tu lomo, tus brazos dolorosamente extendidos y tus muñecas atadas a la cruz, y la parte inferior de la madera, sobre la arena, aún no habéis empezado y ya estás empapada de sudor, toda tu piel brilla con este sol que no cesa de recalentar más y más vuestros cuerpos, no te atreves a mirar a tus compañeras, Nuria tira de la cuerdas de tus pechos y las ata la silla de su caballo. Una vez todas listas, montamos, miro a nuri, atada, jadeando, con decenas de marcas por toda su piel, con su cara embadurnada de esperma reseco, respira con la boca abierta, no deja de temblar de miedo y dolor. Cornuda respira agitadamente, mientras nota como sus pechos se tensan con las cuerdas que le ha atado Juan.

    Y cuando todas estáis listas, empezamos ya a caminar, el mástil de la cruz se clava y va dejando un surco en la arena, la arrastras con todas tus fuerzas, pero apenas si consigues avanzar, estás demasiado cansada, agotada, solo los tirones de tus pechos te hacen seguir adelante. Estamos subiendo una de las dunas, cornuda llora y solo el dolor de sus ubres la hace continuar, nuri apenas si puede resistir la caminata, y un murmullo sordo y constante de gemidos y lloriqueos pone música a esta caravana de esclavas. Una de las mujeres cae de bruces, chilla cuando las cuerdas tensan aún más sus pechos. Su dueño tras arrástrala durante unos metros, baja del caballo, gira la cruz, ella llora y suplica, mientras él la azota con furia durante unos minutos, luego le levanta la cruz, y tras un par de bofetadas vuelve a montar, y la hembra arrastrando los pies intenta seguir adelante, nuri se tambalea, pero consigue aguantar hasta llegar a la cima de la duna, allí como a todas, se os iluminan los ojos, al fondo, se ve el puerto y la silueta del “Justine”. Queda una bajada y una recta no muy larga, parece poco, pero sigue siendo un suplicio para vuestros pies descalzos, vuestros brazos tensados y vuestros pechos castigados. Otra de las hembras cae de rodillas, el tirón de sus ubres la hace caer de bruces, su dueño la mira, y la lleva arrastrando por las tetas casi 100 metros entre sus chillidos y suplicas, las caídas son constantes, tiemblas cada vez que oyes estos gritos desgarrados, reconoces uno de ellos, es nuri, que también ha caído, la miro y bajando del caballo, la levanto, un par de bofetadas, un pellizco en su clítoris y otra vez a andar, ella con sus cara llena de lágrimas y mocos, asiente con la cabeza, y cuando nota el tirón en sus pechos avanza nuevamente. Tú ya has llegado al puerto, toda la gente del pueblo está mirándoos, os insultan, escupen, magrean, pellizcan, y vosotras solo podéis callar, bajar aún más la cabeza y andar tras estas cuerdas que no dejan de tensar vuestros pechos.

    Finalmente llegáis a la terminal donde está el Justine, caes de rodillas, Nuria se acerca, te desata la cuerda de tus pechos, totalmente enrojecidos e hinchados. Al poco ves cómo llega cornuda, que en plena bajada también ha caído, el roce del suelo contra su piel, ha dejado algunas heridas en sus tetas. Poco a poco van llegando el resto de los animales, a pesar de su edad nuri, no es de las últimas, me acerco a ella, y orgulloso la desato, está agotada, exhausta, pero aun así intenta esbozar una media sonrisa.

    Cuando habéis llegado todas, con una manguera os van limpiando, notas el chorro del agua en tu piel, en tu cara, por todo tu cuerpo, abres la boca, bebes todo lo que puedes, notas una mano que se aprieta a la tuya, es cornuda, también ella está empapada de esta agua que no deja de caer sobre vosotras. Algo más alejada nuri también siente el placer de esta ducha. Una vez listas, a latigazos os hacen entrar en una de las bodegas, desde donde os irán repartiendo a vuestros respectivos amos. Mientras entras, oyes como silban las sirenas del barco, terminan de quitar los últimos amarres y una vez estáis todas dentro, el Justine zarpa hacia un nuevo destino…

    (Continuará)