Blog

  • Fuimos a explorar y fuimos mucho mas allá

    Fuimos a explorar y fuimos mucho mas allá

    Con esta pareja que tuve tendría mil relatos para compartir. Si algo nos unía era el sexo. Nos complementábamos tan perfectamente que cuando la dejé fue un día después de tener sexo y pensar inmediatamente luego de terminar “esto es todo lo que nos une, solo esto”.

    Debo confesar que es el día de hoy que extraño nuestras jornadas de garchar como animales.

    Ella delgada, muy muy bonita de cara, delicada, pelo largo castaño aunque a veces se lo teñía de negro, cintura de avispa, baja estatura, lindas tetas con pezones perfectos, piel muy blanca y suave, culito pequeño, redondo y parado.

    Era de las que tienen aspecto angelical, pero muy sexy a la vez y en la cama se transformaba totalmente para ser la más puta del mundo y multi-orgásmica.

    Más allá de todas las cosas que nos gustaba hacer, había algo en particular que ambos compartíamos de una forma que nunca pudimos compartir igual con otra persona. Teníamos los mismos pensamientos morbosos y nos calentaba mucho expresarlos mientras garchábamos.

    A veces ella me llamaba papá y yo le tapaba la boca y le decía no le cuentes a mamá y ella enloquecía, otras veces cuando salíamos a bailar ella seducía a otro hombre que le gustara y después me pedía que la garche de atrás y ella se lo imaginaba al otro y me llamaba por su nombre, otras ella era mi esclava y obedecía a todo lo que le pedía hacer, otras veces yo la ensartaba por el culo la sacaba y volvía a meterla, pero usaba otro tono de voz para que ella imaginara que era una fila de tipos que le iban haciendo el orto, incluso exponerla en público como llevarla en tetas en el auto y dejar que otros la miran (casi provocamos un choque en una ocasión), en fin, podría seguir con la lista e incluso ser más detallista, pero el punto es que siempre era entre nosotros dos aunque ella tenía la fantasía de ser abusada por muchos hombres y yo de verla garchar con otro.

    Así fue que un día dijimos de ir a ver, solo a ver, como era un club swinger. No teníamos idea de como era, así que fuimos bastante nerviosos ambos.

    Llegamos al lugar, nos dieron toda la explicación de las reglas, dejamos los celulares dado que no están permitidos, nos hicieron un recorrido inicial explicando para que era cada sector, solo parejas, orgías, parejas que podían invitar a terceros a participar o solo ver, la disco donde se podía comer algo también y hacían shows eróticos y la piscina que ese día estaba inhabilitada. Nos explicaron que también se podían solicitar cuartos y comprar juguetes sexuales.

    Luego de esa introducción nos dejaron solos y comenzamos a explorar el lugar.

    Nos asomamos al lugar de orgía, muy oscuro, se escuchaban los gemidos y había un olor muy intenso a sexo. No nos animamos a ir mas adentro realmente, no se veía casi nada y nos pareció muy sin control aunque nos calentó a ambos, ya habíamos perdido los nervios.

    Fuimos a la disco y nos quedamos viendo el show, lo cual también elevo nuestras temperaturas. Para colmo ya ahí se empezó a dar eso de que pasara una pareja y la mujer o el hombre hiciera una suave caricia en sus hombros o espalda o en mi mano. Es todo muy respetuoso, es el código, nadie viene a preguntar, sencillamente inician un sabré y breve contacto y si decís no gracias se van inmediatamente sin insistir en lo más mínimo. Recuerdo mi tentación de dejar seguir a una mujer que estaba en tetas y me acarició el hombro, pero hubiera sido aceptar intercambiar parejas y la que decide en esos lugares es la mujer, o en todo caso ambos en realidad, pero de ninguna manera el hombre solo.

    Nos comentábamos nuestras sensaciones, ambos estábamos calientes ya. Pasamos por la zona de parejas que dejaban a otros ver o participar, nos gustó, ahí al ser nosotros una pareja lo que se daba era que venían hombres solos y la acariciaban a ella. Pudimos ver ahí mujeres siendo tocadas por muchos hombres mientras garcha con su pareja, otras parejas con una multitud mirando, otras donde la mujer era penetrada por mas de un hombre. Uno nos llamó la atención porque vimos como mientras la mujer chupaba la pija de un hombre con muy buen físico, otro que imaginamos el invitado le sostenía la cabeza y miraba de cerca. Resultó ser que cuando terminó, se limpió la boca ys e fue de la mano con quien le sostenía la cabeza. Eso encendió muchísimo a mi novia.

    Luego de rechazar no menos de 10 invitaciones nos fuimos a la zona de parejas swinger. Allí también tuvimos muchas invitaciones pero como habíamos acordado ver para conocer, ninguno se atrevió a dejar avanzar a nadie. También se daba el caso de que a mi me gustara la mujer pero a ella no el hombre y viceversa.

    Salimos de esa zona, fuimos a tomar unos tragos y comer algo a la disco mientras nos tocábamos y besábamos. Estábamos muy calientes y no había problemas en ser bien exhibicionistas, yo le chupaba las tetas por momento en público y ella me sacaba la pija y me la chupaba también sin tabúes.

    De pronto Ella no aguantó más y me dice “vení”, me tomó de la mano y así en tetas me guio hasta la zona de parejas que invitan a terceros. Yo imaginé que quería garchar con público. Error.

    Una vez ahí seguimos con lo nuestro, estábamos besándonos cuando el primero de los machos se acercó, le acarició su espalda y ella no dijo nada. La mire a los ojos para corroborar que estaba consciente de lo que hacía y ella aún sin mirar al tipo que la acariciaba me sonrió.

    El hombre, como es la costumbre del lugar fue avanzando, poco a poco tocando mas y mas, pasando a sus tetas. Ella bajó mi pantalón y comenzó a disfrutar de mi pija como ella siempre lo hacía. Lamía mi glande y me pajeaba contra su boca mientras otros hombres también comenzaban a unirse.

    El primero de los machos bajó su pantalón y ella tomó su pija con su mano izquierda. Luego otro lo imitó del otro lado y ella también agarró su pija ahora con su mano derecha.

    Yo no podía creer ver a mi novia pajeando a 2 tipos mientras me la chupaba, yo le pasaba la pija por toda su cara y le daba golpecitos en su boca y mejillas con ella. Yo estaba súper excitado.

    Mas hombres se unían y ella seguía sin rechazar a ninguno. De pronto podía ver como le tocaban las tetas, otro arrodillado chupándole su teta derecha y otro detrás tocándole el culo (o eso creía yo).

    Los hombres ya se habían desnudado, yo seguía con mi camisa puesta.

    Por momentos ella dejaba de chupármela y siguiendo con la paja a los otros 2 se acercaba sus pijas a milímetros de su boca pero no se las chupaba. Yo le dije, “hacé todo lo que quieras, sentirte libre”. Ella no contestó, siguió haciendo lo mismo. Cada vez que se acercaba la pija de otro a su boca pajeándolo me miraba a los ojos. Yo estaba que explotaba de calentura.

    Cuando fui a tocarle la concha me encontré con otra sorpresa, me encontré con su bombacha ya baja (no lo había visto desde mi posición) y dos manos ahí, no una, dos, con sus dedos metiéndose en su concha totalmente empapada.

    La levanté y la recosté en uno de los camastros que había en el lugar. La desnudé completamente, yo igual y la penetré por su concha, todos podían participar pero yo era su dueño y ella mi ama a la vez.

    Mientras la garchaba los otros machos se fueron comprando a su alrededor. La tocaban por todos lados, miraban de cerca como yo se la metía, le pasaban sus pijas por el cuerpo, ella los iba pajeando por turnos y con la pija mas grande se la llevo a la boca y la empezó a chupar. De pronto ella tenía una pija en su boca que entraba y salía y otra pija que un macho que se estaba pajeando en su cara y otros en sus tetas. En total conté, entre los que acababan y se iban y los que seguían, 8 tipos, mientras yo la sentía tener un orgasmo tras otro.

    A pesar de mi calentura yo no acababa, estaba obnubilado viendo semejante espectáculo.

    Subí sus piernas llevando sus rodillas a su panza y la penetré por su culo. Mi pija a esa altura explotaba, las venas se veían aun en la penumbra, la tenía mas dura que nunca y dado que era habitual que tuviéramos sexo anal y yo sabía que ella lo disfrutaba tremendamente por sentirse sometida, ahora, con machos pajeándose y llenándole las tetas de semen y uno taladrándole la boca con una pija enorme, sabía que era aún mas intenso.

    Cuando el que la tenía en su boca la sacó chorreando leche y viendo que ella me miró dejando caer un poco desde dentro de su boca por sus labios, no aguanté mas y largué chorros de semen dentro de su culo con una intensidad que pocas veces recuerdo haber tenido.

    Ella inmediatamente retiro a los hombres con un gesto, tragó lo que tenía de semen en la boca y se limpió el sobrante con la mano, se agachó y limpió mi pija con una suave mamada.

    Subí mis pantalones, me puse la camisa, ella tomo su minifalda y bombacha, se las colocó, tomo su remera y fuimos a pedir un cuarto, donde ella pudo bañarse y donde volvimos a tener sexo con ella contándome cada sensación de lo que acabábamos de hacer. Esa noche en casa no dormimos, amanecimos teniendo sexo.

    Esa fue la primera y única vez que hicimos eso, pero el recuerdo lo usamos muchas veces durante nuestras maratones sexuales.

  • Un cocinero fetichista

    Un cocinero fetichista

    Desnuda, bajo el contraluz de tu cocina, el desorden reinaba en cada uno de los rincones de tu cueva…

    Solo sillones y una mesa donde ordenar tus más íntimas cosas…

    Te fascinaba masturbarme con todos tus elementos de higiene, solo podía ver tus ojos distintos y tus manos de arte…

    Abrías con tu lengua mis labios enrojecidos por tu barba, me lamias como un gato lame sus heridas… buscabas olvidarte del mundo en mi vagina.

    Todo entraba en mi… lograbas dilatarme como se dilataba tu alma cuando yo te cogía…

    Me fascina recordar cómo cada dedo me estimulaba, como combina en la memoria el olvido de ti y el recuerdo de tus tatuajes…

    Cómo si pudiera sacar de un mapa los países y solo queda océano…vacío y silencio de mar planchado…

    Mis acabadas eran tu océano… tu sal… y el condimento esencial para futuros maridajes.

    Ostras, conchas… conchas como estímulo de lo salvaje del fruto perdido… molusco… gruta y eyaculaciones explosivas como un acantilado excitado por los golpes de las olas…

    Tus manos… color y leche… leche que hacía brillar tus colores y el reflejo de tus jadeos guturales hundiéndose entre mis piernas….

    No pasaba el tiempo entre tus desprolijas mamadas y mi euforia de sentirte adentro…

    Toda tu mano podía colarse entre mi sexo… y tus colores no se apagaban en cada una de tus pajas ardidas…

    Oscuridad… gemidos.

    Tanta lengua que el trance de tu historia quedó tan lejos de tu nombre y tan cerca de ser memoria viva cuando te convocó en un buen polvo y cuento cómo tus colores se bañaban de mi goce…

    La memoria del sexo es el caudal de lo que siempre te calienta… te da pista y fuerza de garche fantástico en el cuerpo de otros…

    Cuando cojo, me cojo al universo… pero en el mío existe un solo SOL…

    Que goza mis recuerdos eróticos y le entrego esas memorias tan calientes que queman…

    Te seguiré recordando junto a tus fetiches sobre mi vulva…

  • Barbie látex

    Barbie látex

    Barbie es una morocha infernal. La conocí en la facultad donde compartimos un par de materias y apenas podía disimular mi cara de bobo cuando sus enormes ojos negros me derretían con preguntas académicas.

    Así nos hicimos, digamos qua algo parecido a compañeros de estudio hasta que un día finalmente acordamos que me visitaba en mi departamento de estudiante para completar un trabajo

    Realmente soy tímido, pero estaba por las nubes, ¡Idiota!! Al menos invítala a salir me decía mientras me miraba con desilusión en el espejo

    Llegó, estudiamos y me distraje de la calentura. Un rato, después se levantó y fue al baño…

    Ni me di cuenta de que había pasado un rato considerable hasta que me llamó desde la habitación…

    Casi me desmayo cuando la encontré estaba parada junto a una caja con mis juguetes secretos. ¡Si! ¡Soy fetichista de dormitorio! Siempre me atrajo el látex y el bondage y a lo largo del tiempo junte varios implementos y juguetes. Es muy difícil compartir estas cosas, o al menos eso pensaba, por lo que solo me ocupaban tiempo en la soledad de mi dormitorio o en la de las redes sociales

    -¡Esteee… Seee…yooo…!

    Sus carcajadas, entre la felicidad y la complicidad me relajaron un poco. Me contó que veía algo de esas cosas en revistas…

    -¡Veni, sentate!

    Azorado y colorado como tomate, la deje hacer… Tomó una capucha de látex y no sin esfuerzo y algunas pruebas logró deslizarla sobre mi cabeza. Era una de esas anatómicas que se ven como una segunda piel. Marcan el rostro dejándolo sin expresión, anónimo, como un maniquí impersonal. Disponía de agujeros casi imperceptibles que me dejaban algo de visión y solo mi boca quedaba al descubierto.

    -Ehh… Lo único estúpido que atiné a decir…

    Apoyó su dedo sobre mi labio en seña de silencio y solo dijo:

    -Shh! No hay nada que decir sol que es muuucho más interesante que en las fotografías…

    Tomó un collar postural y con sorprenderte firmeza apretó las hebillas y lo cerró con un candado cuya llave guardo en su bolsillo. Ya no podía sacar ni la capucha ni el cuello sin esa llave.

    Finalmente, se las ingenió con el “armsbinder” y su sistema de cierres y hebillas que me sujetaron firmemente los brazos en la espalda. Ella es de complexión atlética y apenas un poco más baja que yo por lo que no tuvo problemas con los ajustes.

    -Un poco embarazoso…

    -¡Fantástico! -dijo ella sin dejarme terminar de hablar mientras sacaba de la caja de la caja una gran mordaza con un arnés para su sujeción.

    ¡Tenía una amplia sonrisa que me preocupó un poco!

    -Eso es para… solo un rato….

    Ya tenía la mordaza puesta y ajustada a tope sin ningún tipo de contemplación y de tal forma que me fue imposible moverla.

    ¡¡¡Esto es para solo un momento, mujer!!! pensé, pero solo pude emitir un:

    -Mhhhh!

    -Shhh mientras con sus dedos recorrió mis labios.

    ¡Mierda! Mi polla comenzó a ponerse tan dura que no ya no la podía disimular en mis pantalones veraniegos.

    -Ohh, fue su expresión mezclada con una carcajada contenida.

    Tiró fuertemente de la cadena sujeta a la argolla de mi collar y no me quedó más remedio que acompañarla sumisamente a la sala.

    Se sentó continuó leyendo como si nada hubiera pasado y yo sentado a su lado.

    Así estivemos un rato largo. Solo de vez en cuando levantaba la cabeza y me hacía alguna pregunta.

    -Mhhhh. -Mientras asentía o negaba con la cabeza. Vaya forma de estudiar, pensé.

    ¡Ya está mujer…!

    -¡Mhh…!

    Sin resultado…

    Así paso una hora… tal vez dos. Hasta que se levantó y entró al baño.

    Pasaron 10, 15 minutos en lo por más que me esforcé no me pude liberar un milímetro.

    Cuando reapareció el corazón casi se me para. Con andar sensual y solo vestida solo con una de mis remeras cortaba el aliento mientas recorría mi casa buscando algo. Mientas hurgaba en los cajones su culo desnudo me elevo las pulsaciones a mil.

    Finalmente, encontró lo que buscada: unas tijeras de tamaño considerable.

    -No solo voz escondes cosas pelotudo!!! Yo también tengo mis inclinaciones secretas… Mientras venía a mí con las tijeras y una risa sádica.

    -MHHH!! Grité

    En un solo movimiento se puso a mis espaldas y violentamente rodeó mi cuello con su brazo. Gritó salvajemente y con solo en un par de movimientos cortó mis pantalones que cayeron al piso.

    Bajó mi capucha lo único que no pudo ver fueron mis ojos desorbitados mientas una carcajada que desbordó la casa.

    ¡Ahí quede! Dio vueltas alrededor mío sin decir palabra mientras sus mandos acariciaban mi polla que a esas alturas parecía unos de esos juguetes.

    Se arrodilló frente a mi y solo bastó que sus labios la tocaran para que explotara sin límites.

    Continuará.

  • De vuelta a las andadas con mi primo (Parte 2)

    De vuelta a las andadas con mi primo (Parte 2)

    Entonces después de nuestro primer encuentro sexual y después de nuestro largo receso él seguía en mi casa.

    Después de que limpié fuimos a la cocina y bebimos un poco de agua platicando lo rico que era lo que habíamos hecho, la cosa es que nos volvimos a excitar, y podíamos ver nuestras erecciones debajo de los pantalones.

    Me acerque de frente a él para acercar nuestros penes y lo jale de la cintura finalmente haciendo contacto cuerpo a cuerpo, no sé cuanto tiempo nos restregamos pero nuestras manos empezaron a bajar hasta nuestras nalgas y se sentía tan rico que me dejé llevar y cuando me di cuenta mi primo ya había metido sus manos dentro de mi pantalón y estaba jugando con sus dedos en mi ano, los movía de arriba para abajo y en pequeños círculos, yo comencé a moverme junto con sus dedos y a parar el culo, era una sensación tan rica, comenzamos a besarnos y a meter nuestras lenguas en las bocas del otro, todo esto mientras yo le desabrochaba el pantalón y le sacaba el pene para masturbarlo con las dos manos.

    Me llevó a mi habitación y se tumbó en la cama y yo me acosté de lado para que me siguiera dedeando mientras se la mamaba, mientras yo le mamaba si pito él se escupió los dedos y comenzó a hacer presión contra mi ano haciendo que poco a poco empezara a ceder, podía sentir ya la punta de uno de sus dedos entrando en mí, era una sensación nueva que hizo que mi pito se parara más y empecé a masturbarme mientras seguíamos con nuestros impulsos.

    Más temprano que tarde mi primo ya había conseguido meter por completo uno de sus dedos y empezaba a intentar meter otro y yo seguía ordeñándole el pito con la boca, cuando sentí que su segundo dedo estaba por completo dentro de mí y yo estaba gozando de lo lindo mi primo sacó sus dedos y me jaló de los brazos y la cintura para que me sentara sobre su pito.

    Fue cuando los nervios y la excitación de ambos llegó a su tope, me acomodó y puso la punta su pito en mi ano y poco a poco fue introduciéndose en mí, yo sentí como su pito se estaba abriendo paso dentro de mí mientras yo descendía hasta sentir sus piernas en mis nalgas, no podía creer que de verdad me estaba comiendo su pito completito.

    Tardé un par de minutos en acostumbrarme al invasor porque literalmente sentía que estaba siendo empalado, también sentía un fuerte dolor que poco a poco iba disminuyendo, mi primo se dio cuenta de que me dolía y empezó a masturbarme, remedio que fue exitoso porque casi al instante en que comenzó automáticamente yo comencé a mover mi cintura de atrás hacia delante, esto le gustaba a mi primo porque me agarró de la cintura con su otra mano y comenzó a moverme, era una sensación tan placentera el sentir mis nalgas bien abiertas y haciendo contacto con sus piernas mientras mi primo me movía qué ya no pude más, un demonio se apoderó de mí y todo el dolor desapareció, todo comenzó a ser gozo para mí y el ver como mi primo se retorcía de placer hacía que gozara más.

    En ese momento mi primo ya me había dejado de masturbar y su otra mano se encontraba fuertemente sujetada a mi cintura yo solo pude apoyarme con las manos sobre su pecho mientras él gozaba con mi ano, a ratos me soltaba y apretaba fuerte mis nalgas, yo ya había entregado totalmente mi cuerpo a él ya no eran mis nalgas, ahora eran suyas.

    Luego de unos minutos empezó a cogerme más rápido y más fuerte y me dijo totalmente excitado que ya no aguantaba más, que se quería venir adentro de mí, yo ya estaba en otro nivel de placer que no me dejaba articular palabra alguna pero solo asentí con la cara llevándonos a ambos a un genuino orgasmo mutuo.

    Presionó fuerte mi cintura contra su cuerpo con las manos y sentí que su pene entró inclusive más profundo y comenzó a expulsar chorros de semen caliente dentro de mí mientras yo eyaculaba fuerte en su pecho, ambos gemimos súper fuerte mientras el placer empezaba a disminuir gradualmente, dejándonos exhaustos en la cama.

    Era una sensación tan placentera que no nos dimos cuenta de cuánto tiempo había pasado, pero a mi primo ya se le hacía tarde para regresar a casa, así que todavía con su pene adentro y llenos de semen le dije que nos diéramos un baño y que se quedara a dormir en mi casa y como no podía ser de otra manera aceptó.

    Continuará…

    Mi Skype es XD17Gabo por si gustan platicar conmigo de sus propias experiencias.

  • Paja en las piernas de una amigo

    Paja en las piernas de una amigo

    Hola, este relato que voy a contarles ocurrió hace unos 15 años atrás, pero aún lo recuerdo como si fuera ayer. En ese entonces estudiaba en el terciario y nos reuníamos en casa de unos amigos que eran de la Provincia de Jujuy, Argentina para estudiar y preparar los prácticos, charla va charla viene se hablaba de sexo, mujeres y de vez en cuando salían los comentarios de los atributos sexuales de cada uno, ejemplo: cuanto polvo al día uno podía dar, cuántas mujeres uno había tenido en su cama, el tamaño del miembro, especialmente ese tema me llamaba la atención ya que siempre el que se llevaba el mayor galardón era Matías el amigo de un amigo del terciario, Matías estudiaba otra carrera, pero alquilaba ahí también.

    Bueno al parecer era muy bien dotado eso se decía. Esa idea me volvía un poco loco, ya que en ese entonces yo ya había empezado hace digamos como unos años atrás a experimentar la masturbación anal, momentos que voy a contarles luego de que rico lo pasaba cada vez que hacía eso. Sentir esa nueva experiencia en mi cuerpo me abrió un poco la cabeza y no podía dejar de pensar de cómo sería tener un pene de verdad y grande como me lo imaginaba de este chico y encima que juegue en mi virgen colita, más con tantos estímulos que tenía, no dejaba de ver videos de chicos gozando lindo, tavestis, sexo anal y todo lo que se refiera al tema. Bueno de más está decir las masturbaciones que tenía en casa cuando pensaba todo eso.

    Bueno una tarde surgió la idea de ir a un pub a bailar y escuchar buena música, nos preparamos en el departamento y salimos todos juntos, la pasamos genial. Ya de madrugada decidimos volver a casa, pero era tal la borrachera que tenían todos que yo al estar más consciente decido pedir un taxi para volver, una vez convencido el chófer en llevarnos ya que éramos varios nos acomodamos como pudimos, pero he aquí la sorpresa que sin querer y sin darme cuenta quede para el último y no tuve otra opción de sentarme en las rodillas de Matías, no bien apoye mi trasero ahí me llego a los recuerdos todas las cosas que se decía de él, todas las noches que gemía despacito en mi cuarto para que mis padres no me oyeran cuando jugaba con mis manos en mi hoyito y pensaba que eran sus dedos lo que entraban para dilatar mi recto y dejarlo preparado para la envestida de su poderoso y superdotado miembro viril.

    Eso me puso muy caliente y comencé a contraer mi recto y a moverme despacito en su rodilla, Matías estaba desmayado por la borrachera, eso me dejaba un poco tranquilo pero igual tenía unos nervios y un deseo de llegar más lejos, se me ocurrió una cosa, pedí al chófer que se detenga en la ruta un ratito ya que le mentí que tenía ganas de orinar, baje a un costado de la ruta y me saque el bóxer que tenía puesto para quedar solo con el pantalón, por suerte era uno liviano creía que de esa forma podría sentir mejor la sensación de ser rosado por su rodilla o mejor aún si podía bajar más por su deseado falo.

    Me acomode nuevamente pero esta vez de un solo tirón me tire en el centro de su pubis, sabía que ahí abajo mismo estaba su amiguito que tan loquito me ponía. Bueno de más está decir que ya en la primera sensación ya sentía algo que molestaba ahí o sea ya se sentía un bulto y cerré los ojos y me dije a mis adentro si esto está dormido y se siente así como será si se le para?!

    Bueno me puse en la tarea de que se despertara y me movía despacito de arriba abajo a ver qué pasaba, grande fue la sorpresa cuando sentí sus manos que me agarro la cintura y me apretó fuerte a su cuerpo, en ese momento me deje caer hacia su cuello y girando mi cara para poder sentir su olor comencé a moverme un poco más frenéticamente ya sin importar quien estaba a mi lado, ahí fue cuando empecé a sentir algo que me levantaba un poco más arriba de lo que antes estaba, ahí me di cuenta que lo que había abajo era algo magnifico, cerrando los ojos me imaginaba su textura, su color, la cabeza de su glande, alguna vena que podría surcar esa hermosura, y comencé a sentir como mis nalgas refregaban esa preciosa cosa que estaba ahí agarrada en sus pantalones.

    Fue un momento más que entre medio de estos lujuriosos pensamientos, su olor a borrachera, mi jadeo y respiración acelerada, sus manos que me tenían prisionero en que sentí una explosión en mi miembro que recorrió todas mis bolas y empezó a bajar por mis piernas ese líquido que tantas veces mientras me corría analmente lo llevaba y lo saboreaba en mi boquita imaginando una descarga de verdad, no sé si Matías también se corrió pero yo quede inmóvil, agitado, tembloroso, entrando en conciencia de que a la par estaban amontonados los otros amigos y el chófer manejando, cuando recupere el aliento y abrí los ojos, nadie creó se dio cuenta bueno por el lado de mis amigos seguro que no, el chófer vaya uno a saber, si algo vio quedara en sus recuerdos.

    Bueno todo terminó al llegar a destino, ellos se bajaron para entrar en su departamento y yo seguí rumbo a mi casa todo mojado por mis espesos fluidos, no quería saber nada más, me moría de la vergüenza, pero a la vez no veía la hora de llegar a casa para ponerme en cuatro patas y meterme todos los dedos hasta correrme de nuevo ahora si iba a gritar como una loca en celo y sin miedo a ser escuchado ya que en mi casa esa madrugada no habría nadie.

  • El rockstar del lunes

    El rockstar del lunes

    Era la primera vez, la primera con él. Aún insegura de mi capacidad de entrar cómodamente en el lado oscuro de la infidelidad, me lancé.

    Me tardó 3 segundos y su lengua en mi garganta para que no me importara nada más. Y la semana se vino en un espiral de deseo que empezó con ese lunes.

    De inmediato advertí que era un alma libre, hace un tiempo había decidido despojarse de todo para serle fiel a su esencia y así contaba ya con algunos buenísimos temas a punta de mucho talento y un muy animal corazón. A sus 40 años había decidido valientemente lanzarse al vacío y eso lo volvía insoportablemente atractivo.

    Su pieza era también su estudio. Todo era negro. Había una batería, un bajo, una guitarra y una luz azul de esas que ayudan a perderse.

    Fue difícil intentar hacer algo más que recorrernos con las manos y la lengua. De todas maneras lo intentamos y eso hizo mejor cada momento en el que no pudimos.

    Su cuerpo encajaba perfecto con el mío y la temperatura de su leche era exactamente la misma de mi boca. Era tan fácil acoplarnos que a veces no sabía bien donde terminaba él y donde empezaba yo.

    Tenía el poder de calentarme en un segundo, me tenía tan mojada que me resbalaba constantemente de ese insaciable pico duro dentro de mí. Me hizo correrme mil veces y cada una me iba poniendo más pervertida y queriendo que me diera más.

    Mientras más fuerte me penetraba mejor se mezclaban sus jugos con los míos. Dominada en cuatro y rebalsada de esa deliciosa y caliente viscosidad, no podía evitar acercar mi culo hacia él, deseando quedarme así, atascada, pegada como una perra en celo.

    Me la metió con tantas ganas que olvidé por que había dudado de esa decisión. Y fue tal la intensidad que en algún momento hasta jugamos a pelear. Pero su capacidad de dominarme en cada embestida de su miembro en mi concha húmeda me hacía olvidar todo lo demás.

    Le hubiera dicho a todo que sí.

  • Íncubo

    Íncubo

    Me estoy empezando a acostumbrar.

    Tomo un cigarro de mi mesa de noche; fumo para relajarme y aceptar la situación.

    Estoy sentada sobre la cama y me abrazo las rodillas, poniendo mi cabeza sobre ellas, pensando.

    No soy un dechado de belleza; tan sólo una joven promedio de 20 años, viviendo en un departamento rentado en la colonia roma de la Ciudad de México.

    Estudio por la mañana y trabajo medio tiempo en las tardes para completar el dinero que me manda mi padre en lo que termino la carrera de administración.

    Sigo cavilando en lo que sucede y recordando la primera vez.

    Recuerdo que regresé del trabajo, ya tarde en la noche, un viernes. Estaba cansada y lo único que quería era dormir. Me desvestí y me puse una playera holgada, sin brassiere, y me quedé con la panty.

    Comencé a tener un sueño erótico. Me encontraba besando a mi antiguo novio, el acariciaba todo mi cuerpo haciendo que me excitara. Soñaba que sus dedos tocaban uno de mis pezones y me masturbaba, mientras chupaba con desesperación el otro pezón. Era una sensación deliciosa; me estaba acercando al orgasmo.

    Abrí los ojos; quería usar mi mano para terminar lo que mi sueño había empezado. En ese momento, me di cuenta que no me podía mover. Mi playera estaba enrollada, dejando al descubierto mis pechos; mi panty estaba en uno de mis tobillos. Volteé hacia abajo, la luz que entraba por mi ventana, iluminaba mi cuerpo; mis piernas estaban abiertas y no las podía cerrar. En uno de mis pechos, se marcaban movimientos, como si una mano invisible lo acariciaba; el otro pezón se movía arriba y abajo, demostrando que alguien lo estaba chupando.

    Yo no veía a nadie, solo los movimientos de manos invisibles sobre mi cuerpo; quería gritar, pero ya estaba muy excitada y tuve un orgasmo muy intenso; todo mi cuerpo comenzó a temblar. Mi vagina tenía vida propia, sentía grandes cantidades de líquido saliendo de ahí. Inmediatamente, eso cambió de posición y sin dejarme moverme, algo como una lengua comenzó a limpiar mi vagina. Me estaba volviendo loca, ese tacto en mis labios vaginales estaba alargando el orgasmo; no podía respirar de todo el placer que estaba sintiendo. Poco a poco, algo como una verga, se movía de arriba hacia abajo, recorriendo desde mi culo hasta mi clítoris y de regreso. Yo jadeaba y gemía. Podía sentir cómo mojaba la cabeza de su verga con mis jugos.

    Se puso en mi entrada y lentamente me comenzó a meter su miembro. A pesar de que estaba yo muy dilatada por el orgasmo, sentía que esa verga era muy gruesa y le costaba trabajo entrar. Me faltaba el aire, yo estaba jadeando; cuando entró la cabeza, sólo pude emitir un pequeño gemido. Eso seguía empujando dentro de mí; sentía cada centímetro que entraba y me parecía que no iba a terminar de entrar nunca; la cabeza de la verga chocó con mi útero y aún empujó un poco más.

    Empezó un bombeo lento, parecía que disfrutaba como lo apretaba. Sentía eterno el entrar y salir de ese pedazo de carne ardiente dentro de mí. Ahora podía ver mis piernas en el aire, abiertas, sostenidas por algo que no podía ver.

    El espejo de mi tocador estaba frente a mí, podía ver mis piernas volando y mi vagina abierta completamente.

    Esa vista me provocó otro orgasmo enorme, pero mis líquidos no salían debido al grosor de lo que me estaba cogiendo.

    Después de mi orgasmo, mis piernas cayeron sobre la cama; ya no había nada sobre mí, pero no me podía mover, estaba muy agotada.

    Busqué que podría haberme pasado y en internet, encontré que me había visitado un incubo y que ahora que me había probado, no me dejaría.

    Ahora me sucede varias veces a la semana y narraré cómo ha sido.

    Ya me estoy acostumbrando…

  • Perdiendo a Diana (Capítulos 1 y 2)

    Perdiendo a Diana (Capítulos 1 y 2)

    Capítulo 1

    Amanecí con un dolor de cabeza insoportable, me tomé unas pastillas para calmar el dolor. Miré el reloj y eran las 9 de la mañana, era tarde para ir al trabajo por lo que desayuné a medias. Ya en el trabajo el dolor no cesaba, así que decidí hablar con Mauricio mi jefe para explicarle mi situación, no le agradó mucho la noticia que digamos, aunque no tuvo de otra que enviarme a checar con un médico.

    Tomé un taxi para ir a consulta dejando mi coche en el estacionamiento, no me apetecía manejar con el terrible tráfico que hacía a esas horas. El taxista no intentó sacar plática camino al médico cosa que agradecí. Me diagnosticaron una fuerte infección, y me recetaron unas cuantas pastillas, descansándome por el resto del día. Al salir lo único que tenía en mente era llegar a casa para dormir lo más pronto posible.

    —Es aquí señor? —dijo nuevamente el taxista.

    —Sí, aquí es permítame —saqué la billetera para darle el dinero, le hice un gesto para que se quedara la feria.

    Subí a mi habitación y me quedé dormido inmediatamente. Cuando me desperté el reloj daba la 3:36 pm, mi esposa Diana debería haber llegado hace poco de la escuela donde imparte clases a alumnos de primaria. Hacía un calor insoportable por lo que abrí las ventanas y al hacerlo me sorprendió ver un carro aparcado en la cochera, ya que hasta donde sé, Diana toma el metro, bajé las escaleras con cautela, retrocedí cuando escuché una voz desconocida, me ubiqué en una posición en la que no pudieran verme y escuché atentamente.

    —Vamos Diana que irá Leo. —Escuché una voz desconocida, me detuve.

    —Y a mí que.

    —Pues que está bueno y quiere contigo.

    —Ya te he dicho que nada de eso, solo nos llevamos bien.

    —No has visto cómo te habla? Se ve que algo busca…

    —Delirios tuyos, además si fuera cierto, lo cortaría rápido.

    —Pues si yo estuviera en tu lugar amiga ya hubiera hecho no sé qué cuantas cosas con él.

    —Si serás —dijo Diana riéndose.

    —Oye, es culpa de mi marido por no poder complacerme.

    —Pues ya tiene sus añitos, igual…

    —No nada de eso tonta, si al viejo le gusta dar caña, es solo que no le alcanza

    —Acaso…

    —Sí, la tiene chica —dijo en tono burlón— son 5 minutos en los que tengo que fingir que me da placer, a veces ni lo siento dentro —agregó lamentándose.

    —Si serás, ¿y gimes y toda la cosa eh? —A Diana parecía divertirle.

    —Pues sí, vamos que a los hombres les hiere el orgullo si no lo hacemos, ya vez, las cosas que una mujer hace por amor —ambas rieron a carcajadas.

    —¿Y qué tal tu marido?

    —¿A qué te refieres?

    —No te hagas la inocente, dime ¿la tiene grande o chica?

    —Pues yo diría que normal.

    —No hay normales, son grandes o chicos, así de simple.

    —No lo sé…

    —Vamos linda es fácil, solo tienes que compararlo con los penes de tus ex —menuda guarra es esta tipa pensé.

    —Si te soy sincera… Carlos ha sido el único hombre con el que he estado.

    —No te creo amiga, ¿ni siquiera antes de conocerlo?

    —Pues no, he tenido novios antes que Carlos, pero con ninguno tuve relaciones.

    —Eres toda una niña bien, a ver dime ¿Cuánto tiempo llevas con él?

    —Poco más de 8 años.

    —Increíble, no puedo imaginar cómo no le hayas sido infiel en todo ese tiempo —dijo sorprendida.

    —Pues ya ves, las cosas que una mujer hace por amor —agregó mi esposa.

    —Vale ¿y nunca se te ha pasado por la cabeza enredarte con alguien más? no sé…

    —Evelyn por favor, no quiero hablar más de eso —así que nuestra zorra se llama Evelyn pensé.

    —Venga no seas tan aguafiestas, es juego.

    —Ya, pero a veces si te pasas un poco.

    —Perdón amiguis, pero ya en serio tienes que ir a esa reunión, invita a tu marido seguro le encantará ir.

    —No le gusta mucho ese tipo de cosas.

    —Va no te preocupes, solo dile que es algo tranqui y que volverán temprano.

    —Vale le diré, aunque no creo que quiera de todas formas.

    —Pues no pierdes nada preguntándole, además tienes que prometerme que vendrás venga tu marido o no.

    —Evelyn…

    —Por favor Diana, no será tan divertido sin ti, estaré muy molesta si no vas, prométemelo.

    —Bueno… creo que mi marido no se quejará si voy un rato.

    —Esa es mi amiga, solo porque dijiste que sí te invito un sushi, vamos que tengo hambre.

    Tiempo después de que salieron le envié un mensaje a Diana explicándole mi situación y que había regresado a casa, ya que no debió enterarse de que estaba en casa y para que no se llevara la sorpresa al volver. Esa amiguita suya no me daba buena espina y encima lo que dijo sobre ese tal Leo me inquietaba, no podía reprimir mis celos, pero tampoco podía recriminarle nada a nadie ya que después de todo solo fueron los vagos comentarios de Evelyn.

    14-mayo-2016

    Al parecer me quedé dormido el resto del día. He de decir que amanecí mucho mejor, mi esposa dejó el desayuno hecho por lo que nomás tuve que calentarlo, chequeé que tenía nuevos mensajes en el WhatsApp.

    “Te dejé el desayuno en el refri nada más caliéntalo”

    “También hay sushi del que te gusta te he traído ayer, pero como te vi dormido no quise despertarte”

    “Espero que te mejores pronto, te amooo”

    Por la tarde me dispuse a ver la tele, acostado en el cuarto sin encontrar ningún canal que me llamase la atención y me quedé divagando en si en verdad complacía a mi mujer en la cama, no tengo un pene espectacular como los que aparecen en los videos pornográficos, ¿pero mis 14 cm eran suficientes para ella? ¿Qué tal si ella finge que le doy placer como Evelyn?

    —Hola cariño como estas? ¿Te sientes mejor? —me saludó Evelyn al llegar de la escuela.

    —Mejor que ayer sin duda.

    —Gracias a dios —Se acercó dándome un piquito en los labios.

    —Ha venido una amiga espero que no te moleste.

    —Claro que no amor, ¿quién es? —Evelyn quien más pensé.

    —Es una compañera, se llama Evelyn, ven vamos a saludar para que la conozcas —agregó entusiasmada.

    Tengo que admitir que Evelyn no era lo que esperaba, pues yo la imaginaba de algunos 40 años como mínimo al referirse a su marido como una persona mayor, sin embargo, ella parecía rondar nuestra todavía joven edad de 30 años y lucía buena apariencia. Durante la comida charlamos de distintas cosas, uno no puede llegar a imaginar lo divertido que puede llegar a ser escuchar las anécdotas que viven los profesores con sus alumnos.

    —Por cierto, Carlos, este sábado tendremos una mini fiesta organizada por el director y queríamos invitarte a que fueses —dijo Evelyn.

    —No sé, no soy mucho de esas cosas.

    —Es algo tranqui no te preocupes, solo vendrán algunos profesores y sus parejas, y aquí entre nos el director va a rifar muy buenos premios eh —dijo convincente.

    —No lo sé ¿tú qué dices Diana, quieres ir? —esperaba que al ver mi expresión dijera no.

    —Bueno… —se volvió hacia Evelyn— me gustaría, sí.

    —Ya ves, se buen esposo y llévala el sábado, no se arrepentirán —agregó Evelyn.

    —Está bien, creo que no hace daño salir de vez en cuando —intenté sonreír.

    —Bien, ahí nos vemos, sábado a las 9:00 pm —dijo levantándose— bueno me tengo que ir, nos vemos, un placer Carlos.

    —El placer es mío —agregué educadamente.

    Capítulo 2

    Llegamos al local de reunión, había más gente de la que esperaba, pude divisar al fondo como Evelyn levantaba la mano para que fuéramos con ella. Junto a Evelyn se encontraba un hombre que lucía entre los 50 años.

    —Hola Carlos, este es mi esposo José.

    —Mucho gusto José —extendí mi mano para saludarle.

    —El gusto es mío, adelante siéntense.

    —Enserio pensé que no vendrían —dijo Evelyn

    —Bueno, Diana se ha tomado su tiempo —agregué

    —Y vaya que mereció la pena, estas espectacular —dijo José

    —Muchas gracias director —respondió Diana tímidamente

    —Venga ya te he dicho que me llames José, con toda confianza, estamos entre amigos.

    —Sí, lo siento —Diana parecía algo incómoda.

    —Bien ya estamos casi todos, solo falta Leo —dijo Evelyn.

    Así que este tipo era el director, ya se me hacía raro ver a semejante belleza a su lado, y no hacía más que confirmar que Evelyn no solo era una zorra, sino también una interesada y luego estaba Leo, quien según Evelyn iba tras Diana, no lo conocía, pero de entrada ya me caía mal.

    —Ya vengo, tengo que ir al baño, ¿dónde se encuentra? —dijo Diana.

    —Yo te llevo linda, para que no te pierdas —respondió Evelyn socarronamente.

    Al irse no pude evitar echarle una miradita a Evelyn, menudo culo se le veía con esos pantalones vaqueros que le quedaban bastante ajustados y que se realzaba más con sus tacones.

    —Vaya culo tiene eh? —dijo José orgulloso al ver a donde se dirigía mi mirada.

    —Solo quería ver en qué dirección estaba el baño —traté de parecer convincente.

    —Venga sin rodeos —rio— las mujeres son para el deleite del hombre o me equivoco?

    —Bueno, algo de razón tiene usted

    —Y como van las cosas con Diana? ¿No han pensado en tener hijos?

    —Por el momento no.

    —Haces bien, la juventud es para vivirla, no para estar atado con niños.

    La verdad es que Diana y yo hemos intentado tener un hijo, ella adora a los niños y es una de las razones por las que es profesora de primaria. El problema es que yo no puedo darle un bebe, al hacerme los estudios hace unas semanas resultó que era estéril, algo que he estado guardando solo para mí.

    —Don José! —giré mi cabeza y vi venir a un tipo alegremente a saludar.

    —Por fin llegas, te hemos estado esperando Leo, mira este es Carlos el marido de Diana.

    —Hasta que por fin conozco al afortunado, mucho gusto.

    —Que tal un gusto igualmente.

    —¿Y dónde están las chicas que no las veo?

    —Fueron al baño, no tardan —dijo José.

    —Bien, pues los dejo que aún me falta gente por saludar.

    El tipo no solo se veía simpático, era joven y en buena forma, ahora me caía aún peor.

    —Agradable sujeto no?

    —Sí, eso parece. —agregué con ligero fastidio.

    —Es un tipo de cuidado.

    —A qué se refiere?

    —Aquí entre nos —dijo bajando el tono de su voz— Leo es un mujeriego, se ha enrollado con madres de sus propios alumnos.

    —En ese caso no creo que sea el único que deba tener cuidado —respondí.

    —Sí, ciertamente Evelyn es un blanco apetitoso.

    —Pues parece no preocuparle.

    Paramos la conversación al ver que ya regresaban nuestras parejas. La música ya empezaba a sonar.

    —¿No tienes ganas de bailar cariño? —dijo Evelyn

    —Oh no, ya estoy viejo para eso, pero a mi compañero Carlos le encantará ¿cierto? —Evelyn me dirigió la mirada expectante.

    —Claro, por mí no hay problema —me giré hacia Diana para que me diera su signo de aprobación

    —Adelante ve con ella, que ahorita me toca a mí. —sonrió

    Evelyn me tomó del brazo y nos dirigimos a la pista de baile, donde ya había varias parejas. Ella tomó la iniciativa y se pegó a mí, yo hice lo propio y la tomé por la cintura.

    —No bailas nada mal eh —dijo Evelyn

    —Gracias, a decir verdad, tengo tiempo que no bailo.

    —Pues tu muy mal que a Diana le fascina mucho bailar.

    —Lo sé, es que me da un poco de pena.

    —No tienes porque anímate ya te dije que lo haces bien.

    Al cambiar la canción a una más movida, noté como ella en ocasiones hacía roses en mi entrepierna, llegando al punto de no saber si eran intencionales o accidentales, de cualquier forma me empezó a calentar y ya tenía un empalme notable, traté de pensar en otras cosas, pero teniendo a semejante mujer me era imposible, me sentía como un adolescente que no puede controlar una erección, y de repente sucedió, se pegó a mí y por el cambio en su expresión debió de darse cuenta, lejos de molestarse parecía encantada.

    —Vaya, veo que ya estás perdiendo la pena eh

    —Evelyn yo…

    —Es juego hombre, me halaga viniendo de un tipo tan apuesto como tú. —acto seguido agarró una de mis manos y las fue bajando hasta su culo, no hice nada para detenerla.

    Al terminar la canción fui directamente a los baños, no pude detener mi erección, tuve suerte de que otras parejas nos rodearan y así bloquearan el ángulo de visión hacia la mesa donde estaba Diana. Me encerré en uno de los cubículos del baño. Estuve unos minutos esperando a que mi erección bajara, pero no pude, el baile con Evelyn aunado al hecho de no tener sexo con Diana desde que me enteré que era estéril, me tenía bastante cachondo, empecé a masturbarme lentamente, pero al recordar como tocaba el culo de Evelyn hizo que me masturbara frenéticamente eyaculando rápidamente, y al hacerlo no pude más que sentirme culpable, de alguna forma le había fallado a ella, a mi esposa.

    Perdí la noción del tiempo en el baño, al salir noté que había más gente bailando, batallé un poco pasando entre tanta gente y al volver a la mesa Diana no estaba, tampoco Evelyn, pero si lo estaba José, quién me dirigía una sonrisa.

    —¿Dónde está Diana? —pregunté preocupado

    No me respondió, tan solo movió su mirada, y yo la seguí, entonces los vi, mi esposa bailaba alegremente con Leo.

  • Una invitación muy premeditada

    Una invitación muy premeditada

    Yo había estado varias veces en fiestas, estrenos, exposiciones en las que esa pareja brillaba de una luz particular. Me había fijado en la chica, tenía un cuerpo hermoso y una mirada que despertaba mi curiosidad. Me había costado establecer un contacto visual prolongado, un diálogo sin palabras, una invitación a alguna intimidad. Finalmente, un par de veces nuestras miradas se encontraron y sentí que sin rechazo ni invitación se había establecido un espacio entre los dos. Aún me faltaba la clave para poder romper la barrera que desde su presencia luminosa, ella imponía a su alrededor.

    Un día, en casa de unos amigos, excompañeros de la universidad, conocí al hombre que siempre la acompañaba. Ella no estaba presente ese día, era una reunión de hombres y pese a la impresión que ella me había causado, la incomodidad de mi curiosidad por ella y del deseo culpable que había experimentado, me sentí muy cómodo con su pareja. Pronto me encontré en una discusión muy apasionada en la cual resultó que mi aliado más entusiasta era el compañero de aquella mujer. Como suele suceder durante esas veladas masculinas, el tema de las mujeres cae sobre el tapete en algún momento. Por lo general, termino peleando por la hipocresía y el machismo de mis amigos. Nunca les conceden a las mujeres la posibilidad de ser libres y creativas y se confinan en el laberinto de una sexualidad pobre impregnada de tabúes religiosos por más libres pensadores que creen ser. Al descubrir la inteligencia y complicidad intelectual con Diego, ese resultó ser su nombre, experimenté una nueva fuente de interés hacia ella. Compartíamos muchas afinidades artísticas y actitudes ante la vida que finalmente me remitieron a mi intuición acerca de esa mujer.

    Aún no sabía mayor cosa de ellos, en ningún momento ella había sido mencionada, ni siquiera conocía su nombre. Su imagen estaba presente en mi mente y mientras se fortalecía mi amistad con Diego, crecía mi curiosidad hacia ella.

    Ya bien avanzada la noche, después de haber establecido una confianza y una complicidad rebelde y compartido una común alergia a los prejuicios y la estrecha visión del mundo de esta aldea, Diego me invitó a seguir conversando en su casa. Acepté, animado por el entusiasmo de nuestra imprevista alianza y con la secreta esperanza de acercarme a esa misteriosa mujer.

    Me monté a su carro, sin otra agenda que la de seguir compartiendo con mi nuevo amigo.

    Cuando llegamos a su casa, nos acomodamos en una sala llena de cuadros y afiches, bibliotecas llenas de libros que definían un refugio de inteligencia y estética. Me sirvió un trago de un whisky añejo desde una botella sin etiqueta y se disculpó para desaparecer un momento hacia el interior de la casa.

    Me levanté y empecé a recorrer la biblioteca, descubriendo una afinidad en los autores y las ediciones que llenaban los anaqueles. De pronto, me encontré con unos álbumes de fotos que por la demora del regreso de Diego me atreví a hojear. Allí fue donde me di cuenta de que aquella mujer formaba parte de la vida de Diego. Aparecía en muchas fotos. Hojeé varios álbumes hasta que me encontré uno con fotos de ella desnuda o con ropa interior muy sugestiva en poses provocativas que claramente eran parte de una colección muy íntima y de carácter sexual. Me sentía un tanto culpable de haber invadido esa intimidad cuando Diego regresó a la sala.

    Me dijo que quería presentarme su mujer, que pronto se uniría a nosotros. Su nombre era Claudia. Me dijo que seguramente la recordaba, porque ella tenía muy claro quien era yo, que me había notado varias veces en el pasado. Me sorprendí y me alegré de haber interpretado correctamente nuestros intercambios de miradas.

    De pronto Diego dirigió la conversación hacía temas dónde habíamos coincididos durante la velada, sobre todo los temas de libertad sexual, su conclusión era que yo a la diferencia de los otros amigos tenía una mente abierta.

    Me preguntó si me parecía que su mujer era guapa. Pensé que me había visto mirar las fotos. Le contesté que me parecía muy guapa, pero que apenas la había visto unas pocas veces. Me aseguró con una larga carcajada de que yo no tenía idea de lo guapa que era en realidad. Un tanto confundido por ese repentino tono que tomaba la conversación, le seguí la corriente hasta que ella entró a la sala.

    Su presencia iluminó la sala inmediatamente. Andaba una bata de noche, una especie de Kimono que cubría alguna ropa de dormir negra. Supuse que Diego la había despertado y sacada de la cama, pero ella actuaba de manera muy natural. Tenía una copa de vino en una mano y un cigarro en la otra. Estaba descalza y me gustaron sus pies. Se dirigió hacia mí, y me dio la bienvenida con una sonrisa muy natural, me dio un beso y se sentó a la par mía.

    Tomamos varios tragos, conversamos de varios temas, pero sentía que Diego dirigía la conversación hacia temas cada vez más íntimos.

    De pronto, Diego se levantó, tomó su teléfono y se alejó para sacarnos una foto. Dijo que quería guardar un recuerdo de esta nueva amistad.

    Tomó varias fotos y le pedí que me las enseñara. Él no parecía escuchar mi solicitud y seguía sacando fotos. Al rato me pidió mi número de teléfono para mandarme las mejores por whatsapp. Se lo di y me empezaron a llegar las fotos. Cuando empecé a mirarlas, me di cuenta que ella había posado con las piernas abiertas y que tenía el sexo abierto, sin calzones. No me había dado cuenta de nada ya que estaba sentada a la par mía y que yo inocentemente sólo había estado mirando a la cámara.

    Me percaté que Claudia descubría las fotos al mismo tiempo. Se había acercado a mí y había puesto una mano sobre mi hombro. Su rostro estaba muy cerca del mío. La miré, un poco confundido, ella me preguntó: “Te gustan las fotos” con una sonrisa alimentada por mi sorpresa.

    Ante mi incomodidad, Diego me preguntó si me sentía incómodo por la situación. Aunque estaba muy excitado por los acontecimientos necesitaba entender la dinámica entre ellos. Me preguntó si me gustaba su mujer y si me gustaría hacer el amor con ella. Aunque ya había sentido que la situación estaba muy cargada, su pregunta no fue del todo una sorpresa y le dije que me encantaría.

    Entonces él empezó a dirigir la escena. Me pregunté si era un ritual muy establecido entre ellos, no sabía si lo habían hecho muchas veces antes. Tenía la curiosidad de saber qué era lo que ella quería.

    Entendí que él iba a ofrecerme a Claudia, bajo sus términos y las reglas que ella había aceptado.

    De pronto se acercó a ella y le susurró algo en la oreja. Claudia se levantó y salió de la sala sin decir nada.

    Me sentí confundido. Esperaba alguna explicación acerca de la salida de Claudia. Lo había visto hablarle en el oído y supuse que le había pedido algo y que seguramente regresaría.

    Diego me sirvió otro trago y me dijo que sentía mucha confianza conmigo, que ellos no acostumbraban hacer esa clase de cosas. Habían tenido experiencias, pero nunca de esa forma. Me reveló que yo era un prospecto. Me habían detectado, estudiado, evaluado. Descubrí que tenía una reputación y era buena.

    Finalmente Claudia regresó. Ya no llevaba el kimono, vestía solamente un “babydoll” negro muy transparente que revelaba un cuerpo hermoso. Descubrí unos pequeños senos redondos, una piel dulce y cobriza que invitaba a mis caricias.

    Le dijo: “Claudia tenés que ocuparte de la verga de nuestro invitado.”

    La orden me tomó de sorpresa, el efecto fue inmediato y tuve una erección.

    Su mano ya estaba abriendo mi pantalón y liberaba mi sexo mirándome a los ojos. Empezó apretar mi sexo y mover su mano de arriba abajo sin quitar la mirada.

    Diego muy excitado la alentaba. Comentaba el espectáculo que dirigía.

    -¿Viste que picha más grande? ¿Viste cómo la tiene bien dura?

    Le ordenó que me chupara, ella abrió su boca, sin quitarme la mirada y tragó mi pene con su boca llena de saliva.

    Era la primera vez que me pasaba algo así. Confieso que siempre había soñado encontrarme en esta situación y descubría una sensación de placer totalmente inadvertida e intensa. Diego sentado frente a nosotros se masturbaba viendo a Claudia tragándose mi pene con una deliciosa ferocidad. Con su mano libre Claudia frotaba su sexo y retorcía sus preciosas nalgas, que erguía en espasmos acompañando su movimiento con gemidos de placer.

    Me deleitaba con ver mi sexo entrar y salir de su boca hambrienta, sentía el placer que le provocaba chuparme delante de su pareja. Mi mirada se sentía atraída por momentos hacia Diego. No había presenciado antes a un hombre masturbarse delante de mí. Yo miraba su verga crecer, veía su glande rosado salir por intermitencia de su prepucio y descubría algo nunca visto ya que soy circuncidado.

    Claudia se dio cuenta que estaba a punto de eyacular y retiró mi sexo erguido y brillante al salir de su boca. Me miraba a los ojos y pasó su lengua por el borde de sus labios, seguía frotando su clítoris y su cuerpo temblaba, se estremecía.

    Diego me tendió un preservativo y me dijo: “Está lista, tenés que penetrarla ahora.”

    Claudia se desnudó por completo y acostó de espaldas sobre ese inmenso sofá blanco. Seguía apretando mi sexo en su mano, abrió sus piernas invitándome a adentrarme en su sexo abierto y húmedo.

    Diego se había acercado y acariciaba un seno de Claudia pellizcándole el pezón. Mientras tanto luchaba con el preservativo para poder penetrar esa concha. Entré muy suavemente y sentí una energía que se liberaba en el cuerpo de Claudia, un largo estremecimiento. Ella había atrapado el sexo de Diego y empezaba a chuparlo con el mismo frenesí con que había atendido el mío.

    Yo estaba en el cielo. La visión de esta mujer con nuestros dos sexos penetrándola era una revelación estética absoluta de placer compartido. Tal era mi excitación que no pude aguantarme por mucho tiempo. Cuando sentí estallar mi orgasmo, se multiplicó al ver el semen estallar por el sexo de Diego y cubrir el rostro de Claudia que pronto se unió a nuestros con unos profundos gemidos.

    Una inmensa paz se impuso en la sala, se parecía a la felicidad de la inocencia.

  • Solo sé que nada sabía

    Solo sé que nada sabía

    Después de despedirnos de esa supuesta última cita en el departamento de Nicolás, como siempre antes de volver a casa, íbamos a un bar a conversar de como nos sentíamos. La decisión de dar ese paso para integrar un tercero a nuestra intimidad, fue un tema conversado, producto de nuestra lujuria y placer que sentíamos al gozar los dos la fantasía de una doble penetración.

    Mi esposa es atractiva, bonito físico, rubia de ojos claros con un rostro de niña inocente y mis amigos siempre me han comentado la suerte de tener una mujer tan linda. Todos esos comentarios me hacen pensar: Si supieran que es una puta sumisa y hembra ninfómana… nuestro primer paso al placer sexual, fue decirle lo que ella, como hembra despertaba en mi, que la amaba pero también me sentía mal conmigo mismo, por controlar los instintos básicos que todos los hombres tenemos, desahogar esa brutalidad, el camino más fácil es buscar fuera del hogar lo que no se encuentra en casa.

    Uno como macho básico, goza del placer sexual de dominar, del egoísmo de la penetración violenta y acabar cuando la excitación se apodera de nosotros. Es el instinto animal oculto en nuestros genes.

    En cambio una mujer se siente realizada cuando ha sido madre. El dolor, la dilatación de su cuerpo, sentir vivas sus entrañas, son sensaciones dormidas que uno deja pasar. Cuantos de Uds. se han dedicado a entender si su esposa le dice, muérdeme los pezones… piénsenlo… el placer anal y excitación nos llevó a integrar al negrito como parte de nuestra fantasía de un trio hmh, ese dildo de látex que ella le daba vida en sus manos para disfrutar de la penetración vaginal, mientras me pedía entre gemidos, que se lo metiera más fuerte por el culo inicio todo, el placer mutuo de fantasear con una doble penetración. «Así me gusta amor, párteme!! Métemelo todo.» No hay nada más excitante que oír a tu esposa pedirte que le des duro. «No te controles, que rico es sentir al negrito y tu pene entero dentro de mi».

    Cuando uno deja la satisfacción personal para complacer los placeres de su mujer, esta se sabe una dama para el entorno y asume su rol de puta en la cama. El primer placer de sádico de compartirla, fue al sentir que el roce del negrito cuando mi esposa lo movía en su vagina y descubría el placer se una doble penetración. Sin pensarlo, solo siguiendo ese instinto de violencia sexual, la abracé apretando uno de sus senos y presionado con mis dedos sus pezones duros y con mi otra mano busque su cabello para tirar de él, al tiempo que mi brazo apoyado en su espalda la inmovilizaba haciéndola doblarse hacia atrás sin que pudiese moverse. «Así me gusta, sigue, dame duro». Quiero violarte, abusar de ti le confesé sin pudor. «Hazlo, gózame, soy tu puta» me respondió.

    Una esposa que se sabe amada, valorada como mujer, se transforma en una hembra madura para satisfacer a su macho, asume su rol de sumisa para hacer del abuso sexual la violación consentida y dejarse llevar para complacer los deseos sádicos del hombre que la ama. Para ser esa diosa que transforma ese sadismo en el acto de amor más puro que una mujer sabe que le regalara solo a un hombre.

    Nuestro descontrol llegó a su clímax, cuando sentí el choque con el negrito y posterior roce producto de mi erección y largo de nuestro juguete al dejarnos llevar por ese juego erótico de un trío, por primera vez ese placer sádico de percibir como ese músculo que separa las entrañas vaginales del conducto anal, se dilataba en cada penetración.

    «Que rico amor, me descontrola el placer de sentir el roce de otro pene en tu vagina» le confesé al oído. «me gusta lo que siento, párteme, quiero más, así, culéame, soy tuya» Un gemido que salió de su alma, como un grito ahogado, una súplica entre espasmos. «Dámelo todo. Acaba en mi culo» no me controlé y me apoderé del negrito y lo metí todo en su vagina, la apreté a mi pecho para mantener mi pene pegado al negrito, a ese otro pene que la había hecho gozar su primera doble penetración, en mi primera descarga de semen, sentí deslizarse mi leche tibia dentro de ella. Mi mano rozaba sus labios vaginales al sostener en la palma de mi mano, la base del negrito, sentir que se lo tragaba entero, todo fue un descontrol de placer, ella no controlaba sus orgasmos y dejando correr sus jugos vaginales, fue su primer squirting descontrolado al dejar libre su placer ninfómano de una doble penetración.

    Adelante, hermosa como siempre y la saludo con un beso Nicolás, un abrazo agradeciéndome por la segunda invitación. Unos tragos, la seducción de una previa que siempre la prepara para saberse deseada, con el morbo femenino para provocar a dos machos y gozar del sadismo que percibía en nosotros que la hacían dejar en forma consciente todo prejuicio de lado.

    «Me permites dejarte solo por unos minutos» adelante, pregúntale a ella. «Mi rubia lo tomo de la mano y se dejó llevar al dormitorio». Mientras los esperaba prendí un cigarrillo, interrumpí el trago al verla vestida con un traje largo, de color negro, un corte a un lado que mostraba una de sus piernas desde mitad de cadera. «Supe que habían acordado algo, cuando mi esposa me dijo, quiero que me mires, sé que te excita verme cuando me masturbo con el negrito». Nicolás la apoyo al pilar que dividía la cocina del living, la apoyo en el muro, levantando sus brazos para atarla en la parte superior. Tus deseos son órdenes para nosotros le dijo, él se desnudó y volviéndola de cara a la pared recorrió todo su cuerpo. Al doblar su cuerpo para sentir el pene duro posarse en sus nalgas sobre el vestido, me miraba con esa carita de niña inocente mientras me desnudaba sentado en el sillón, contemplar su ninfomanía reflejada en su rostro, noté su calentura al mirarme cuando me masturbaba al verla como se movía al sentir las manos de Nicolás recorrer su cuerpo debajo de ese vestido de gala.

    Me calentó ver que solo llevaba ese vestido, porque mientras le besaba la espalda y cuello las caricias de ese amigo íntimo, me permitían ver la desnudez de sus senos, piernas, y nalgas que la hacían moverse apretando su cuerpo contra su pelvis y su rostro apegado a la pared.

    Me levanté para apoyarme yo en el muro, frente a ella la besé y tomando en mis manos sus senos, pude sentir la dureza de sus pezones y la excitación de mi rubia al sentir en su vagina los dedos de él que acariciaban su clítoris. En un momento apoyo su cabeza en mi hombro, «Que rico es todo esto mi amor, gózame toda es para ti» su entrepierna estaba húmeda al percibir que Nicolás la tomaba de las caderas y apoyando mi mano en su vagina me dijo al oído.

    «Dile que me duele, que lo meta despacito». Nunca me había atrevido a pedirle esa fantasía secreta que tenía oculta, el morbo sádico de verla gozar con otro hombre el dolor inicial del sexo anal.

    Apoye sus codos sobre mi hombro y le dije a Nicolás «méteselo despacio» la levantamos tomándola yo de los muslos y el de las caderas. Cuando metí mi pene en su vagina me besó y sentí ese roce que me hacía gozar al percibir que se movía de placer al tener todo el pene de Nicolás en su culito y el mío también enterrado en su vagina. Fue una sensación especial de placer, la fantasía de una doble penetración nuestra realizada por deseo mutuo.

    Cuando se dejó llevar por su ninfomanía descontrolada nos pidió que la liberásemos de las amarras. Los tres desnudos nos recostamos en la cama a conversar unos tragos y recuperar fuerzas.

    Mi rubia nos pidió ser sus esclavos ya que le confesamos que era una diosa sexual. Nos hizo estar de pie al borde de la cama y por primera vez se hincó tomando nuestros penes para masturbarnos por turno mientras nos mamaba en forma alternada.

    No terminaba de asombrarnos su calentura al juntar nuestros penes erectos uno sobre otro para masturbarnos mientras nos lamía, al notar que al verla excitada como nunca antes, me miró y me dijo gózame. Abrió sus labios, abriendo su boca se llevó ambos miembros a su boca, masturbándonos con cada mano, cuando noto que perdíamos el control, nos tendió sobre la cama. Se montó sobre Nicolás cabalgándolo hasta hacerlo acabar, siempre mirándome y besándome cuando le ordeno acabar y sentir el semen de él en su vagina. «Te quiero gozar a ti mi amor, me dijo poniéndose en cuatro al borde de la cama, separe sus nalgas para colocar mi pene en su botón anal, «despacito metelo» la tomé de más caderas y fui penetrándola para gozar esa dilatación a medida que sentía como un guante las paredes anales.

    Sentí los dedos de Nicolás que los metía en su vagina y eso la volvió a descontrolar, «culéame con fuerzas, métemelo todo, así más adentro” me pedía entre gemidos de placer, dámelo me pidió cuando volvió a tener un doble orgasmo, vaginal con los dedos de Nicolás acariciando su punto G, al mismo tiempo que acababa rendida a un orgasmo anal al sentir mi semen tibio dentro de su culo.

    Nos apartamos de ella, para contemplar sus espasmos descontrolados que le hacían temblar sobre la cama al no poder controlar sus orgasmos.

    Antes de despedirnos, Nicolás nos preguntó si podía decirle a mi esposa una fantasía sexual que había despertado ella. Era algo que sabía podría ofendernos por ser algo íntimo, que si eso nos molestaba, que lo perdonarán y por favor lo olvidásemos.

    Nos miramos y ella le comentó: “dime cuál es tu fantasía, eres nuestro amigo íntimo y sé que respetas tu rol de tercero como parte de nuestra fantasía”.

    «El placer sexual que me haces gozar, ni siquiera mi esposa me lo ha dado. Quiero insistir que ojalá lo que te diré no te haga sentirte incómoda y a ti como su esposo te pido disculpas anticipadas».

    -Cuentas con nuestra confianza para hablar.

    -Mi fantasía es acabar en tu boca, le dijo y me miró. Sabes que mi condición es que ella es quien determina los limites le respondí.

    Mi rubia le sonrió y le dijo:

    -Déjame hablarlo con él, y te daré una respuesta cuando nos invites nuevamente.