Blog

  • Melanie, una madrastra perfecta

    Melanie, una madrastra perfecta

    Viernes 10 de septiembre, frío de provincia, lluvias propias de la temporada y una tetragenaria envuelta en una sosa rutina sexual…

    Melanie era una mujer ahogada en la monotonía de su matrimonio, había cambiado sus vestidos cortos por una pijama eterna que a pesar de ser holgada, dejaba notar un hermoso culo redondo, sumergida en una depresión constante debido a la fractura interna de su matrimonio con Pablo su regordete esposo y padre soltero quien como secreto a voces ya buscaba piel joven rolando a sus jóvenes secretarías bimestralmente dejando a un lado el calor de Melanie y arrastrándola a una apatía sexual total…

    Anthony, su hijastro era un joven estudiante de la universidad, bastante bien parecido pero concentrado totalmente en sus estudios, no quería tener novia, no pretendía que nada lo distrajera ni le restara tiempo, sin embargo, tenía brasas en los testículos, era un muchacho que gustaba mucho del porno y se masturbaba constantemente, deseaba tener una mujer con quien follar a menudo pero las chicas de su edad querían relaciones estables, el no, no estaba para eso, el solo quería una concha donde descargar.

    La rutina de Melanie era preparar el desayuno para Pablo y minutos después para Anthony una vez que su padre se iba y el terminaba de ducharse…

    Una de esas mañanas Melanie bajo a preparar el desayuno en un pantalón pijama transparente raída por la apatía de no pretender verse linda, Anthony giro su mirada a ese culo redondo y firme que dejaba ver una pantaleta aburrida pero que claramente se perdía al centro de un culo realmente bello que no encontraría el en la universidad; de repente Melanie le acerca a la mesa un café y es ahí donde él se da cuenta que no está usando sostén y saltan a la vista unos pezones como dedales a través de esa pijama aburrida; en una exclamación inconsciente Anthony le dijo:

    -¡Pero qué bien te ves Melanie!

    A lo que ella respondió con una mirada indiferente tomando ese cumplido como mera ironía.

    El no dijo nada más y los minutos siguientes fueron silencio, a pesar de ese rato de incomodidad Anthony no pudo apartar la imagen de esos pezones punzantes casi en su cara a la hora del desayuno, pensó en lo bonita que era Melanie cuando recién se había casado con su padre, la recordó con sus vestidos ajustados y escotes provocativos, con una melena que no dejaba ver hace mucho por las pocas ganas de soltar su cabello, tantos recuerdos de esa mujer bella de apenas unos años atrás terminó en una corrida abundante de Anthony entre sus sábanas, transcurrieron los días y un día que el universitario se quedó a estudiar hasta tarde prefirió no dormir y entrar a ducharse, cuál fue su sorpresa que Melanie pensando que nadie usaría el baño a esa hora se había levantado al baño en solo pantaleta lo que permitió a Anthony disfrutar de una vista espectacular de los senos con perfecta caída de Melanie, de su melena un tanto desmarañada pero que le llegaba por encima de la cadera y también de unas hermosas y regordetas piernas blancas, los dos guardaron silencio, pero entre nervios Melanie se pasmo y no hizo nada por cubrirse pronto, antes de que lo hiciera, Anthony ya había logrado una erección de calificación perfecta, se miraron de manera lasciva y sin decir nada comenzaron a besarse de manera divinamente sucia, sonidos de saliva y ligeros gemidos de parte de ambos los hicieron reaccionar, sabían que no podían hacer nada más en la segunda planta donde en cualquier momento podía salir Pablo de la recámara, sin hablar y pensándolo casi telepáticamente bajaron hacia la cocina y ahí sobre la encimera Anthony ubicó el tremendo culo que era idéntico al de unos 10 años antes, el mismo que el recordaba…

    Abrió sus piernas y comenzó a comer coño de manera desesperada, los fluidos de Melanie hacían que su culo resbalara sobre el mármol de la cocina pero que Anthony devolvía de golpe hacia su cara lamiendo y succionando de manera torpe pero tan prohibida que lo hacía ser de los momentos más deliciosos de la vida sexual de ella…

    Una verga enorme quería romper la pijama del muchacho y solo después de tres orgasmos ella salto hacia el piso como la gata que era e hizo lo propio con la polla de su hijastro, comenzó a lamer sus bolas y eso hacía que Anthony casi no pudiera resistir, apuntalados con la fuerza de un animal sobre el suelo resbaladizo de fluidos con olor a sexo entró en el coño de la que era prácticamente su madre y antes de la segunda embestida chorreo toda su carga dentro de ella, el apenado se disculpó y se recriminó por haber terminado, pero ella sin decir nada se limitó a lamer hasta la última gota del tronco y los charquetes de semen que se habían desperdiciado en el piso y que incluso escurrían de su vagina, como una gata lamia la leche, sus fluidos y sin pensar en la suciedad del suelo hacia disfrutar a Anthony del espectáculo de verla en una posición magnificente lamer el piso con una lengua enorme, con sus tetas contra el suelo y de su ojete mirando al cielo donde justamente hacía sentir al joven, el continuaba disculpándose cuando ella calló su boca con su par de pezones gordos y rosados, él no tardo en erectarse de nuevo y la faena comenzaba una vez más, pero ahora para un final mucho más justo, ella tomaba las manos de Anthony para que le recorrieran la piel, mientras él se metía en un moode total de macho y le hizo justicia a su madrastra luego de meses sin que fuera follada, semejante mujer era estúpidamente desperdiciada y él estaba haciendo un gran papel.

    Él era asiduo al porno, pero inexperto en la piel, Melanie era una combinación de amor maternal y pecado que lo rebasaba por mucho y eso lo dejó quieto por unos instantes, ella entendió lo que sucedía y lo llevó de la mano hasta el Sofá donde continuaban con besos de lengua y dientes luego el sentado vio como su madrastra introdujo su verga de golpe y así con movimientos contundentes de cogía sola usando al joven a placer, el comenzó a tirar de sus pezones desprendiendo de ella un orgasmos tras otro, de posó sobre la alfombra y simplemente se limitaba darle instrucciones al chico, era una hermosa loba dándose placer sim pudor ni censura, lo llevaba de una posición a otra y el gozaba como nunca imagino que se podía sentir, lo ahogaba con sus tetas, y el lamia esos melones cómo el infante que no había dejado de ser…

    -Melani, eres muy caliente!

    -Que?

    -Que eres muy caliente!

    -No me lo digas así…

    -Perdón

    -No, está bien pero dímelo más sucio!

    -Eres muy cachonda!

    -No!! Dime que te gusta que sea una perra!!

    -Eres una perra Melanie!

    -Dime que soy tu puta!

    -Eres mi puta!

    -Dímelo más papi! Dímelo mucho, dime, dime!

    -Eres una puta, eres una maldita perra, eres mi perra!

    -Ahhh!!

    Ella se metió en un trance de pecado al que lo arrastró y no hubo marcha atrás, estaban cogiendo como dos animales, el de torno viril y macho, ella rejuveneció con esa dosis de multiorgasmos, terminaron ahogados, cansados y con ganas de que volviera a suceder, así fue… Pronto se desempolvaron las minifaldas y los tacones y esa melena que años fue un moño volvía a caer sobre el culo de Melanie, volvieron los labiales provocativos y los perfumes, Melanie volvía para ser la puta de Anthony…

  • Nuevo hogar. Nuevas experiencias (2): Visitas inesperadas

    Nuevo hogar. Nuevas experiencias (2): Visitas inesperadas

    Desperté temprano a la mañana siguiente por culpa del celular.  Olvidé que había puesto varias alarmas con 5 minutos de diferencia entre cada una para viajar temprano el día anterior y comenzaron a activarse una tras otra hasta que me di por vencido y me vi obligado a levantarme de la cama. No eran ni las 6 am. Por su parte, Anna estaba profundamente dormida a mi lado, juro que esta mujer podría dormir durante un terremoto sin enterarse de nada. Las sábanas le cubrían de forma irregular algunas partes del cuerpo y la escena me recordó a una antigua musa griega intentando tapar su cuerpo con un velo. Antes de levantarme le di un suave y delicado chupete en la teta que estaba descubierta y le acaricié la concha levemente por encima de la tela, emitió un leve sonido dándome a entender lo había disfrutado pero decidí no insistir ya que ella aún podía descansar algunas horas más y parecía que tenía un importante día por delante.

    Por fin me levanté de la cama y noté que tenía la polla como un rifle. De pronto las imágenes de la noche de sexo intenso que tuve con mi esposa me inundaron y no pude distinguir si lo que sentía eran sus labios o culo comiéndome la verga. Estaba demasiado excitado aún después de correrme varias veces en todos sus orificios. Sonreí al preguntarme ¿cuántos hombres de mi edad podían darse aún ese lujo? sin recurrir a suplementos u otros remedios y me alegré de poder todavía disfrutar de los placeres del cuerpo junto a mi amada esposa. Quisiera decir que no había pensado en lo que sucedió ayer en la terraza pero la imagen de esa mujer fue un potente afrodisíaco que me impulsaba a tratar de darle más placer a mi mujer. Mentiría si dijera que mientras cogíamos no había tenido la esperanza de mirar mientras penetraba a mi esposa contra la ventana y verla de nuevo ahí con las tetas al aire. Incluso en ese mismo instante me asomé, todas las luces estaban apagadas y claro… tampoco estaba la rubia. También mentiría si dijera que no me sentía preocupado porque aunque al descubrirme mirándola desde la terraza tuvo una reacción bastante tranquila, imaginé que a pesar de no parecer algo tan grave, las consecuencias podrían ser muy grandes. De momento lo mejor será no pensar en eso.

    A tientas, busqué en la oscuridad algo de ropa para cubrirme. Entre las prisas de anoche, lanzamos todo por todas partes así que fue una tarea difícil para un ente que estaba prácticamente en calidad de bulto debido a la falta de descanso como yo y no quise encender la lámpara del móvil para no despertar a mi mujer. Finalmente desistí pero recordé que habíamos dejado unas maletas con ropa en la entrada, ahora ese era mi nuevo objetivo.

    Primero fui al baño que está en nuestra habitación, estaba haciendo lo mío y escuché un pequeño ruido, como un golpe muy ligero en la planta de abajo. Supuse que se trataba de los típicos sonidos que hacen algunos materiales cuando se contraen o se expanden durante la noche así que no le dí mucha importancia. Me lavé la cara para intentar mitigar un poco el sueño y me eché un vistazo rápido en el espejo.

    Estaba consciente que había ganado algo de peso estos últimos años, no mucho, pero sí podía notar esos kilos de más. Sobre todo en la parte del abdomen que se veía abultado y los pectorales algo caídos. Vi que la erección había disminuido un poco pero no del todo, todavía podía sentir un calor inquieto recorriéndome el falo. Desde muy joven me sentí seguro con lo que me colgaba de entre las piernas. Con lo que no me sentía seguro era con mi capacidad de relacionarme con el sexo opuesto. Siempre imaginé que al tener un pedazo de carne grande y grueso, las mujeres esperarían que supiera cómo usarlo en automático. No basta con llevar una buena arma a la guerra si no sabes cómo usarla.

    Así que me auto-impuse una presión irracional por tener que ser excepcional durante el sexo para respaldar aquello, la presión era tan grande y yo tan malo para ligar, que preferí evitar esas situaciones durante mi adolescencia a toda costa. Cuando conocí a Anna, apenas había estado con dos mujeres. Mi primera experiencia fue con una teibolera cuando cumplí la mayoría de edad gracias a mis amigos y la otra con una compañera de la universidad, pero esas son historias para otro momento. Anna siempre me dijo que mi polla era la mejor que había sentido y probado, no sé con cuántas y de quienes me habrá comparado y nunca le pregunté. Pero con ella no me importaba si era bueno o no para el sexo, simplemente lo hacía y ella parecía disfrutarlo y con el tiempo creo que fui mejorando ya que nunca se ha quejado y siempre quiere más. Entonces creo que algo estoy haciendo bien.

    “Tal vez sea momento de regresar a hacer ejercicio. Tengo tiempo de sobra ahora que estoy desempleado.” pensé mientras hacía rebotar mi pancita frente al espejo. Ese pensamiento me revolvió un poco el estómago. Por un momento, entre la presión de organizar la mudanza y el largo viaje, la emoción de Anna de su nuevo puesto, llegar a un nuevo hogar, etc., había olvidado que no tenía empleo, lo que significa que no tenía un ingreso y aunque eso no representaba un problema inmediato, ya que durante todos mis años laborales me dediqué a ahorrar un poco de mi sueldo pensando en tener un negocio propio algún día y Anna estaba ganando suficiente por los dos, sí me sentí un poco presionado para encontrar a que dedicarme a mis 45 años. Supongo que ahora también tengo bastante tiempo para pensar en eso.

    Salí con todo esto en mente, la casa estaba en completo silencio y por la hora no me extrañó, Anna seguro dormiría una o dos horas más y Camila anoche mencionó que estaba exhausta, así que también estaría dormida en su cuarto.

    Bajé las escaleras con mucho cuidado, intentando no hacer ningún ruido y también como precaución. No quería partirme el cuello tropezando y cayendo por las escaleras en nuestro segundo día de estar aquí por no saber como encender la luz del pasillo.

    Nota mental: Aprender la ubicación de todos los interruptores de la casa cuanto antes.

    Sentí la boca y los labios completamente secos, seguramente debido a la cantidad de fluidos que perdí anoche y, sin hacer ruido, me fui directo hasta la cocina por un poco de agua. Por estar pensando en todo al mismo tiempo, vi que la luz estaba encendida pero no le di mayor importancia.

    —¡Coño! ¡Que puto susto! —El grito y el salto que pegó Camila me exaltaron a mi también. Sentí que la fuerza de las piernas se me iba por completo— ¡Papá casi me das un infarto!

    Sus ojos recorrieron mi cuerpo de arriba abajo como para confirmar que iba completamente desnudo.

    —Creo que a mi si me está dando un infarto —dije mientras me sobaba el pecho a la altura del corazón. — ¿Qué estás haciendo despierta a esta hora?

    Camila estaba de pie junto a la barra. En una mano tenía su teléfono, en la otra, un cartón de jugo de arándano que estaba sirviendo en un vaso, que con el susto de antes, se derramó un poco. Vestía únicamente un sostén deportivo color negro y una bombacha color lila, llevaba su castaño y largo cabello recogido en una cola de caballo. Su piel bronceada relucía bajo la luz.

    Como mencioné antes, nuestra familia es muy abierta en cuanto a sexualidad se refiere y obviamente eso incluye la anatomía del cuerpo humano. En ese sentido, es común que los tres andemos muy seguido por la casa en ropa muy ligera e incluso en ocasiones… desnudos, aunque esto no es tan habitual. Entiendo que no es común, pero estamos convencidos que el cuerpo humano debe verse como algo natural y mientras Camila crecía queríamos que así lo percibiera y que la desnudez no es algo de qué avergonzarse.

    —¿Qué qué hago yo? ¿Qué haces tú? Andando a hurtadillas en la oscuridad y asustando a la gente — se volteó con total naturalidad para buscar algo con que secar el líquido que había derramado. Su bombacha estaba enterrada entre sus glúteos ofreciendo una vista hermosa de unos glúteos bien formados.

    —Lo siento hija, no quería asustarte. En realidad bajé a buscar algo de ropa en las maletas, pero quise tomar algo antes. De haber sabido que estabas aquí primero habría ido a buscar algo que ponerme.

    —Hay papá, sabes que no es necesario, solo no esperaba que alguien apareciera así tan de repente y tampoco escuché cuando bajaste. Sólo me tomaste por sorpresa, eso es todo.

    Mientras limpiaba la barra noté que me miraba de reojo especialmente hacia la zona media del cuerpo y recordé que traía la pinga a medio despertar. No supe si aquello la estaba incomodando y quise intentar esconder mi erección pero tampoco quería hacerla sentir mal. Pensé que lo mejor era no hacer nada más que llevar la cosa tranquila

    —¿Y tú? ¿Qué haces despierta tan temprano? —Intenté llevar la conversación con calma y naturalidad pero me salió el tiro por la culata.

    —Solo digamos que fue un poco complicado conciliar el sueño con el show que ofrecieron anoche —me dedicó una sonrisa sarcástica. Exprimió el trapo húmedo en el lavabo y volvió inclinándose de frente a mí con una mirada burlona. Sus pechos, que eran un poco más grandes que los de Anna, colgaban con gracia y delicadeza sobre la barra.

    —Mmm supongo que si fuimos algo ruidosos —le dije con sincero arrepentimiento.

    —¿Algo ruidosos? ¿Es en serio? Papá, estoy casi segura que todos nuestros vecinos escucharon a mamá decir: «Dame más fuerte» o «Sí… Así… no pares, por favor, no te detengas». O la ganadora de anoche: «Sí… por favor, párteme el culo por la mitad, soy tu putita» — Camila repitió aquellas frases haciendo la mejor imitación que pudo de su madre incluidas muecas y gemidos, mientras recorría su cuerpo con las manos y se apretaba los pechos para aparentar excitación, aunque no esté bien decirlo, creo que lo hizo a la perfección — fue muy divertido, estoy segura que no dejaron a nadie indiferente con su sinfonía de orgasmos.

    —No creo que sea para tanto ¿o sí? En el peor de los casos dudo mucho que se enteren que fuimos nosotros. Además si fue tan explícito y deleitable como dices, es probable que en el futuro puedan querer escucharlo de nuevo.

    Intenté bromear al respecto para restarle un poco de importancia a la situación, aunque estaba consciente que si podíamos llegar a tener algunos inconvenientes, sobre todo Anna ya que su empresa es la que está en contacto con la administración de este lugar para realizar los pagos correspondientes cada mes.

    —¡No, por favor! Por más divertido que sea escuchar sus berridos, dudo mucho que sea algo que otras familias quieran escuchar con frecuencia y los demás si queremos descansar apropiadamente —tomó su vaso con jugo de arándano y le dio un sorbo— Tal vez sólo deberías preocuparte por los que viven aquí junto y detrás. Ellos definitivamente los escucharon. Ojalá no sean problemáticos.

    Ese último comentario me trajo de golpe la escena de anoche. Lo que tenía frente a mí era muy similar. Si bien había evidentes diferencias, ver a Camila con poca ropa, su piel delicada bajo la luz, bebiendo el líquido rojizo de su vaso de vidrio me hizo recordar a esa mujer que vive detrás de nosotros y toda la sensualidad que proyectaba. Recordé sus impresionantes tetas, su delgado y natural cuerpo, su fina y delicada piel adornada con tatuajes igual de delicados que acentuaban su hermosa figura. La verga comenzó a darme saltitos solo de imaginarla nuevamente y ya estaba alcanzando su tamaño máximo. Vi que Camila me miraba fijamente la erección con los ojos como platos y su nerviosismo aumentó de golpe al darse cuenta que miraba su cuerpo fijamente.

    En 20 años está era la primera ocasión que Camila me miraba una erección como tal, frente a sus ojos, y lo peor es que seguramente imaginaria que ella me la había producido. Aunque no era del todo su imaginación. Por un instante dejé de verla como mi hija y la vi como una mujer sumamente atractiva. En otras circunstancias, habría considerado esa erección como una función normal del cuerpo, nada que esconder, pero me inquietó que hubiera sido producida por mi propia hija. Me intenté cubrir tan rápido como pude detrás de la barra pero ya era completamente inútil. Pocas veces había visto a mi hija incómoda y menos tan incómoda como en ese preciso momento, me sentí como un monstruo.

    —Es un milagro que hasta el día de hoy, mamá no haya sido partida por la mitad —Intentó hacer una broma para ocultar su incomodidad, pero creo que el daño estaba hecho— Bueno, supongo que tienes cosas que hacer y yo necesito descansar un poco. Que tengas un buen día pá.

    Enfiló directamente hacia su habitación a toda prisa antes de que pudiera decirle algo y escuché cómo cerró con llave detrás de ella. Quise pedirle perdón por la situación, no era mi intención que eso sucediera. Me sentía realmente mal por mi reacción, pero me sentía aún peor por haber alterado a mi hija. Sin embargo conocía bastante a Camila y sabía que antes de hablar con ella debía darle su espacio o si no terminaría empeorando todo. Lo único que realmente podía hacer era esperar que procesara lo que había sucedido y después tratar con las consecuencias. Me quedé ahí, mirando un vaso de vidrio con residuos rojizos sobre la barra y con la verga dura como un poste.

    *********************

    Tras el incidente en la cocina, el resto de la mañana fluyó de manera normal. Después de despertar de excelente humor, Anna se arregló, comió el desayuno que le había preparado y se fue a presentarse en su nuevo empleo así que estuve prácticamente solo el resto del día. Camila seguía encerrada en su cuarto y por la conversación de anoche supuse que estaría dormida para reponer las horas que estuvo despierta por nuestra culpa. Así que tenía bastante tiempo para dedicarme a mí.

    Encendí un rato mi laptop con la idea de buscar inspiración sobre actividades a las cuales pudiera dedicarme a partir de ahora. Después de un rato entendí que esto sería más difícil de lo que esperaba ya que según los resultados que arrojó mi búsqueda rápida en Internet, las actividades mejor pagadas actualmente estaban relacionadas con algo llamado «in-flu-en-cer» o «Streamer» en inglés y no tengo idea de qué sea ninguna de las dos.

    Algunos minutos más tarde, no sé cómo, pero terminé en una página de videos cortos lleno de animales haciendo cosas de animales, mujeres muy hermosas de todas las edades repitiendo coreografías extrañas cada vez con menos ropa y hombres también de todas las edades haciendo retos aún más extraños y sumaban millones de vistas y «me gusta» como si fueran estrellas de rock de mi época. Miraba por enésima vez un video de esas coreografías cuando alguien llamó a la puerta. Aquello me tomó por sorpresa, no esperaba que nadie viniera a visitarnos pues en realidad no conocíamos a nadie en varios cientos de km a la redonda.

    Salí a ver de quién se trataba y me topé con una pareja de adultos mayores muy simpática.

    El señor que debía tener al menos entre 70 -75, años se llamaba Abraham. Tenía el poco cabello que le quedaba completamente lleno de canas y en su rostro se podían ver infinidad de arrugas que demostraban los años que carga a sus hombros. Sus movimientos eran lentos y hablaba con la misma fluidez. Supongo que había perdido parte de su dentadura pues me costó un poco de trabajo entender lo que decía pero lo hacía siempre con una sonrisa amable. La señora se llamaba Rita, debía tener una edad similar a la de Abraham aunque tenía menos dificultad para moverse. Dijeron que habían salido a dar una de sus caminatas del día pues el doctor les había recomendado algo de actividad física y aprovecharon para conocer a sus nuevos vecinos, viven en la casa de junto y tras conversar un rato sobre nosotros y cómo fue que llegamos ahí y sobre los pesares de envejecer, antes de despedirse, la Sra. Rita se disculpó en nombre de algunos de sus vecinos pues en sus propias palabras <a veces pueden ser un poco fogosos y se dejan llevar por la pasión, como anoche, estoy segura los habrá escuchado, pero son buenas personas, no piense mal de ellos> Trágame tierra. Continuaron con su caminata no sin antes ofrecernos un lugar en su mesa cada que quisiéramos. Me dio gusto saber que esas personas tan dulces viven al lado pero me sentí un poco culpable de que tuvieran que escuchar todo lo que hice con Anna con total claridad.

    El resto del día fue bastante similar, Camila no salía de su habitación salvo para buscar algo de comer y volvía a encerrarse y más personas estuvieron desfilando por nuestra casa con la intención de presentarse y conocernos. En ese entonces, no comprendía esa situación. Usualmente los nuevos inquilinos tienen el deber de ir a presentarse, al menos eso es lo que yo sabía. Después nos aprenderíamos cuál era la dinámica detrás de esa práctica. Ese día conocí a Abraham y Rita, después pasó otra pareja, un matrimonio muy joven que me recordaron a Anna y a mí a su edad, sus nombres eran Izan y Romina. Romina es una chica muy guapa, de ojos color miel y por lo bronceado de su piel es obvio que hace actividades al aire libre. Lleva un corte de cabello bastante corto pero que le queda muy bien, usaba unos pantalones deportivos y una sudadera holgada pero era evidente que se mantenía en forma al igual que su esposo. Izan es un chico muy amigable y bromista. Es alto, moreno, musculoso, bien parecido y lleva la cabeza rapada. Ambos irradian una energía muy positiva y alegre. Supongo que podría decirse que son la típica pareja fitness que le imprimen energía y ánimo a todo lo que hacen. Después vinieron Samantha y su hijo Flavio, creí que estaban bromeando pues Samantha se me hizo muy joven como para tener un hijo de 17 años. Me avisaron que en unas semanas se celebraría el cumpleaños 18 de Flavio y estábamos cordialmente invitados. Se veía particularmente emocionada por este evento pero el chico se apreciaba molesto cuando nos extendió la invitación. Estaba seguro que de cualquier forma no asistiríamos. También pasaron Ava y Chloe, dos chicas muy agradables, que supongo son roomies únicamente pues no hicieron mención alguna de cuál era su parentesco o no las escuche. Para ese punto ya estaba algo cansado. Solo recuerdo que Ava era la conversadora y Chloe la tímida. En fin, varias personas vinieron a conocernos, todos fueron muy amables y nos dieron la bienvenida con la peculiaridad de abrirnos las puertas de sus casas cuando quisiéramos. Esto se me hizo muy raro pues de donde vengo usualmente quieres mantener a las personas fuera de tu casa, no invitarlas a pasar. Creí que se trataba de una mera formalidad, nunca imaginé lo enserio que hablaban. También me di cuenta que aparentemente nadie, aparte de Abraham y Rita, tenía ningún comentario sobre el escándalo sexual que protagonizamos mi esposa y yo. Supongo que Camila tenía razón y los únicos que nos habían escuchado eran nuestros vecinos más cercanos. Esto me tranquilizó al mismo nivel que me causaba cierta preocupación.

    Anna estaba por regresar del trabajo, yo había pasado casi todo el día entre atendiendo la puerta y tratando labores del hogar. Quería terminar de desempacar algunas cosas que habían quedado regadas en cajas o maletas. También tenía intenciones de revisar si el roof garden estaba en condiciones para preparar una parrillada el fin de semana o si necesitaba algo de mantenimiento. No había podido avanzar nada para tratar de encontrar algo a qué dedicarme y el timbre no paraba de sonar. Estaba anocheciendo cuando Anna regresó a casa. Entró por la puerta con una sonrisa enorme de oreja a oreja y estaba sumamente emocionada. Se abalanzó sobre mí enredándome por la cintura con sus piernas y llenándome el rostro de besos.

    ―¿Y ahora qué sucede mujer? ¿Qué estamos celebrando? ―comencé a dar brinquitos como pude con ella prendida de mi y gritando como niño en dulcería para celebrar con ella.

    Anna siguió dando grititos muy emocionada y comenzamos a reír a carcajadas.

    ―No estamos celebrando nada. Solo tuve un gran día. Estoy muy contenta con mi nuevo trabajo.

    ―No sabes que alegría me da verte así. ¡Me da mucho gusto verte triunfar y que estés tan emocionada! ¡Dame esos cinco mi amor… ahora choque de culitos… y beso para terminar! ―Ese es nuestro festejo “especial”, lo hacemos para celebrar nuestras victorias.

    ―¿Y tú qué me cuentas? ¿Cómo estuvo tu día? ¿Camila dónde está?

    Estaba por platicarle todo lo que había sucedido cuando el timbre nos interrumpió.

    ―Justamente eso es lo que ha sucedido todo el día ―señale con un dedo hacia la puerta― ven conmigo para que veas con que he lidiado desde que te fuiste. Vamos a saludar a nuestros vecinos.

    ―¿Vecinos?

    ― Solo vamos a la puerta. Ya verás a qué me refiero.

    Tomé la mano de Anna y fui a recibir a nuestras visitas por enésima vez en el día.

    ―¡Vecino, buenas noches, es un gusto conocerle! ―Abrí la puerta de par en par, puse la sonrisa más teatral que pude esbozar en ese momento e hice un ademán como si estuviera presentando una obra.

    Esperaba encontrarme con quien fuera, menos aquellas dos personas que estaban en nuestra puerta. Frente a nosotros estaba parado un hombre mayor, bien parecido, canoso, cabello corto, vestía con ropa oscura, simple, pero elegante. En resumen muy bien acicalado. Daba un aire de persona importante y su porte no hacía más que acentuar esa impresión. Junto a él, colgada del brazo estaba una joven mujer rubia impresionante que reconocí de inmediato. Usaba un vestido negro muy ajustado que le daba encima de la rodilla con un escote hasta el ombligo únicamente sujetado por listones entrelazados en el frente. Parte de sus pechos quedaban a la vista, pero no daba una imagen vulgar, al contrario. Al igual que el hombre, la elegancia era el tema principal de su atuendo que no hacia otra cosa que elevar su presencia y acentuar su perfecta figura. Tenía el cabello recogido dejando descubierto su estilizado cuello. Su elegancia, belleza y presencia descomunales eran innegables. Sus grandes ojos verdes me miraron fijamente y me dedicó una sonrisa llena de complicidad.

  • Sin condones (Partes 1 y 2)

    Sin condones (Partes 1 y 2)

    Físicamente y en apariencia nos encontramos bien, teníamos dos hijos 17 y 14 respectivamente en ese entonces, nuestras relaciones eran y siguen siendo muy buenas, después de mucho platicarlo y por fin convencer a mi esposa para llevar a cabo el trío.

    Mientras encontrábamos a la persona idónea cuando teníamos relaciones y la tenía bien penetrada introducía un dedo en su “pequeño“ era grandioso sentir mi miembro a través de esa piel que separa su vagina con su culo y le susurraba al oído ya quiero encontrar a quien te reviente el ano mientras yo estoy en tu cuevita.

    En cierta ocasión que fuimos a la playa en una excursión de mi trabajo un compañero mío le comento a mi esposa lo bien que se le veía el traje de baño y con todo “respeto“ las ricas nalgas que veía en ese momento, cabe aclarar que el ya conocía a mi mujer de eventos que me acompañaba al trabajo cuando me lo dijo mi esposa por la tarde noche quise irle a reclamarle, pero ella insistió que no, se me acercó muy sensual me besó el cuello y empezó a sobarme el miembro y los testículos cogimos alrededor de una hora sin parar dos orgasmos por parte de mi mujer y dos eyaculaciones mías.

    A la mañana siguiente me pregunta mi esposa:

    -Sigues enojado?

    -No, ya no.

    Sonriendo y ella muy feliz.

    -Por el contrario luego te digo que vamos a hacer -la dejé intrigada y salimos a desayunar.

    Después de un rico día de playa buena comida y unos ricos cocos con Ginebra llegamos a nuestra habitación mientras la desnudaba para tener sexo le dije:

    -Vamos a invitar a Manuel -que así se llama mi compañero- para realizar nuestro trío.

    -Queee?…

    Parte 2

    Después de comentarle a mi esposa que Manuel podría ser el indicado para ayudarnos a cumplir nuestro deseo de un trío me respondió un poco molesta.

    -Oye cómo crees, me dice en la playa que tengo buena nalga muy osado y ahora lo quieres premiar dejándolo que me coja vaya que suertecita la de él.

    Después de hablarlo con mucha calma y buenas sesiones de sexo aceptó, no muy segura de sí o más bien nerviosa no es fácil dar ese paso y yo estaba igual, pero quería demostrar lo contrario.

    Lo siguiente hablar con Manuel, se sorprendió cuando le dije que quería platicar con él más aún cuando le hice el comentario, que había pasado en la playa o comentado a mi esposa él de una manera muy rápida y especial me dijo:

    -De veras siento haberle dicho a tu esposa lo que dije, pero no me arrepiento ese traje de baño que llevaba realmente realzaba su figura, sus nalgas fueron tus palabras…

    Le interrumpí:

    -Cierto esas fueron mis palabras, pero no negarás que tiene un buen trasero, muy cierto y de eso quiero hablarte. -Respondí, se puso tenso y yo no sabía cómo empezar. Al punto empecé diciendo:

    -Quieres cogerte a mi mujer.

    -No, espera no es por eso que le hable a tu mujer.

    -Cálmate todo está bien –dije- queremos que partícipes en un trío mi mujer, tu y yo.

    -Comooo -se sorprendió.

    -Si la verdad es que hemos querido hacerlo hace tiempo, pero no sabíamos a quién invitar con tu comentario parece que te invitaste tu solo “le entras“.

    Por supuesto dijo emocionado:

    -Qué hay que hacer.

    -Primero que nada resérvate de coger unos días el día que lo hagamos mi mujer debe de quedar bien cogida.

    Continuará…

  • El motero

    El motero

    Fernando llevaba tiempo pensando hacer un viaje con su chica. Hacía siete años estaban juntos y cuatro conviviendo, pero desde que ambos comenzaron a trabajar como médicos cuadrar las vacaciones era muy difícil. Él, a sus 34 años, empezaba a ser un reputado traumatólogo en un hospital de la capital. Ella, Ana, tres años menor que Fernando, hacía dos que había conseguido una plaza de pediatra en un centro de Móstoles. De manera que sus vacaciones nunca habían coincidido.

    Este año sí. Por fin Fer y Ana podrían hacer un viaje. Al inicio de su relación habían recorrido la costa cantábrica a lomos de una Suzuki GSX R600. Los dos eran aficionados al motociclismo. Con ella habían hecho multitud de kilómetros por toda la Península. Durante unos años fueron asiduos al GP de Jerez y a la concentración de Pingüinos.

    Poco a poco, las obligaciones y responsabilidades laborales habían ido apagando esa afición. Ana, propietaria y habitual conductora, tuvo que vender la Suzuki. La búsqueda de empleo y los primeros cambios de destino les hicieron imposible seguir con su ritmo de vida. Ahora no tenían moto sino un SUV de Mercedes bastante más conservador, según Ana, pero mucho más práctico según Fer.

    Llegaron el viernes a primera hora a un camping en Caños de Meca, a escasos 20 minutos de Conil, de donde tan buenos recuerdos conservaban de su juventud. Incluso antes de ser parejas ambos visitaban este paraíso de la costa andaluza. Aquella añoranza era la que les había hecho elegir este destino. El camping fue «imposición» de Ana ya que decía que era lo último que les mantenía a aquel espíritu de libertad. Fer había propuesto un hotel.

    Después de montar la tienda en una de las parcelas la pareja se preparó para pasar la mañana en la playa. Por supuesto, Ana decidió que fueran a una nudista.

    Con su melena dividida en dos trenzas y un cuerpo moldeado por el fitness, Ana lucía espectacular. Su cara dulce le hacía aparentar menos edad de la que tenía. Se tumbó sobre una toalla boca arriba. Fer a su lado se deleitaban con el bello cuerpo de su novia. Sus tetas, algo pequeñas, se veían perfectas coronadas por un pezón gordo y oscuro en el centro de una aureola perfectamente redonda. Su piel tostada hacía que el conjunto luciera de un marrón muy oscuro. Entre ellas, justo por debajo, Ana tenía tatuado un tribal que le daban un punto atrevido a aquella cara de niña buena.

    En su abdomen plano brillaba un piercing en el ombligo. Su cintura se estrechaba como preámbulo a sus caderas. En medio su sexo. Una rajita estrechita con una pequeña franja de vellos negro. Sus piernas estaban bien torneadas. Fer no pudo evitar que su polla reaccionara a la lujuriosa visión.

    El cuerpo de él, en cambio, no había envejecido tan bien. Pese a haber hecho deporte desde joven, el trabajo le había vuelto perezoso para el ejercicio. Los últimos años no se había movido. Y la pandemia había terminado por deshacer un cuerpo tonificado. Su barba disimulaba una pequeña papaba. Lo que era indisimulable estando desnudo era su barriguita, que sin ser preocupante si empezaba a asomar de manera alarmante.

    Se inclinó sobre su lado derecho y se arrimó a su novia. Ésta sintió la dureza del miembro de su novio presionar contra su pierna e incluso la humedad del líquido preseminal:

    -Fer, pareces que estás contento, ¿no?

    -Ana, es que me pones muy burro estando desnuda en la playa.

    La mujer deslizó su mano izquierda entre los dos cuerpos y alcanzó la polla de su chico. La agarró y la comenzó a mover lentamente. Fernando suspiraba junto a su oído y susurrando cuánto le gustaba:

    -Joder, Ana, que buenas pajas haces

    La novia suspiró y giro su cabeza para besar a su chico. Fer la rodeó con su brazo izquierdo y acarició una de sus tetas provocando que su pezón se endureciese:

    -Fer, no sigas que me estoy poniendo muy cachonda.

    La mujer sintió como su coño se humedecía excitado por las caricias de su novio sobre su pecho. Ella continúo con la paja y él comenzó a mover su cadera intentando follarse la mano de ella:

    -Disimula Fer, que cualquiera que te vea sabe lo que estamos haciendo.

    -Vamos a las rocas y me la terminas.

    -No, si te estas quieto te la hago aquí.

    Ana se giró contra Fer. Ahora estaban encarados y sus cuerpos muy juntos. Esta posición era tan delatora como el movimiento de cadera del hombre pero continuaron así. Se besaron sin dejar de tocarse. Ella, se había acomodado y accedía a la polla de su novio de manera más cómoda. Fer, por su parte, tenía acceso al coño de ella y comenzó a acariciarlo. Pasó su mano por la estrecha franja de vellos que cubría la rajita de la chica. Uno de sus dedos se introdujo entre los labios vaginales.

    Se estaban masturbando mutuamente. De repente Fer comenzó a convulsionar y eyaculó contra el cuerpo y la mano de su novia. El líquido viscoso y caliente impactó por debajo del ombligo, el resto quedó enredado en los finos dedos de Ana.

    Ella suspiraba sintiendo como los de Fer hurgaban en cada pliegue de su vagina caliente y húmeda. El hombre comenzó a moverlos dentro de ella que boqueaba intentando no gritar cuando el pulgar de su pareja presionó su clítoris. Tuvo que acercarse a él y morderle un hombro cuando el orgasmo la invadió de manera morbosa, evitando así gritar. Sus corridas solían ser muy escandalosas. Un baño les sirvió para refrescarse y limpiarse los restos de fluidos corporales antes de ir a comer al chiringuito del camping.

    Ana miraba la carta tras unas gafas de sol que le daban un aspecto sofisticado. Con sus dos trenzas, una camiseta de tirantas que dejaban claro que no llevaba sujetador y una faldita vaquera para tapar la carencia de braguitas, se apoyaba en una pequeña valla que delimitaba la tarima de madera del chiringuito. Fer bebía una cerveza observando a su novia.

    De repente, un ruido de motor llamó la atención de la pareja. Ambos miraron en dirección a la entrada del camping. Ésta se encontraba a pocos metros del lugar donde ellos estaban. Vieron aparecer una BMW R 1250 GS Adventure de color negra. La pareja se quedó observando como maniobraba hasta quedar estacionada:

    -Vaya bicharraco -exclamó Fer.

    -Joder, como echo de menos mi Suzuki. Apuntó ella con cierta nostalgia.

    De la moto bajó un tipo altísimo y se dirigió a la recepción. La pareja siguió hablando sobre la posibilidad de volver a contar con una moto de gran cilindrada pero los deseos de libertad de Ana, representados por la afición al motociclismo, eran rebatidos por la lógica y responsabilidad de Fer:

    -Joder tío, antes no eras tan tiquismiquis. Antes molaba viajar contigo encima de la moto. Sentir la adrenalina.

    -Ya Ana, pero para todo hay una edad. Y si queremos ser padres a corto plazo tendremos que posponer lo de la moto para dentro de unos años.

    -Bah, te has convertido en un viejoven. Ana dijo esto medio en broma medio en serio.

    Después de liquidar un par de jarras de cerveza en el almuerzo, la pareja se encontraba bastante contenta y se dirigió a su tienda de campaña. Iban abrazados y besándose cuando entraron en el pequeño iglú. Tras cerrar la cremallera comenzaron a comerse a besos. Era Ana quien llevaba la iniciativa y quien se mostraba más caliente. Fer se dejaba hacer tumbado en la alfombrilla.

    La chica se arrodilló a su lado y comenzó a lamer el cuello de su hombre que le acariciaba las piernas y las nalgas. Ambos estaba ya desnudos. Ana se colocó sobre él para seguir besando y lamiendo su cuerpo. El hombre notaba los pezones de su novia, totalmente endurecidos, clavarse en su pecho. Ella siguió lamiendo y besando. Mordió uno de los pezones de él antes de continuar camino de su entrepierna.

    Ante ella, Fer lucía una tremenda erección. Su polla era de un tamaño considerable y de buen grosor. Descapulló a su novio y se dispuso a lamer desde los huevos hasta el capullo. Tiraba de la piel hacia abajo liberando un glande de color rojo intenso. Pasaba la lengua por el frenillo antes de besar con sus labios aquella cabeza gorda y comenzar a engullirla. Lo hacía muy despacio, abriendo los labios lo justo para que pasara el capullo, primero, y el tronco después. Las venas se marcaban de manera morbosa y provocativa en la polla de su novio.

    Ana logró introducírsela entera en la boca. En una maniobra de acomodo logró que el miembro de su chico llegase hasta su garganta. Luego empezó a mover la cabeza con movimientos rápidos y cortos, sin llegar a sacar la polla por completo, provocando un morboso sonido gutural líquido:

    -Sí Ana, sí a Fer le excitaba que su chica le hiciese gargantas profundas qué buena comepollas eres, joder.

    Sintiendo las manos de su novio apoyadas en su cabeza marcándole el ritmo, Ana lo llevó hasta el límite del orgasmo. De repente se sacó la polla de la boca y se subió a horcajadas sobre él. Agarró el miembro con su mano y lo dirigió a su rajita. Abrió las piernas y se la fue encajando en la vagina mientras Fer se derretía de gusto.

    La mujer dejo caer el peso de su cuerpo sobre Fer y logró encajarla entera:

    -Ahhh, sí, joder. Ana se empaló en la polla de Fer y la sintió llegar muy dentro.

    Apoyada con una mano en el pecho de él, la mujer comenzó a botar sobre aquel embolo de carne. Sus nalgas golpeaban sobre el regazo de Fer y sus cuerpos sudorosos producían el excitante sonido característico de una buena follada. Entre jadeos y suspiros ambos llegaron al orgasmo:

    -Me corro, Ana, me corro.

    Ella, haciendo oídos sordos, continuó botando sobre la polla de Fer hasta que una corriente eléctrica recorrió su columna de arriba abajo y con un grito atronador alcanzó un maravilloso orgasmo. Cayó de bruces sobre el cuerpo de Fer y quedaron dormidos, ella sobre él, mientras la polla perdía dureza y el semen caía desde el coño de la mujer hasta las piernas del hombre.

    Ana no supo calcular cuanto tiempo estuvo dormitando cuando el calor de la tienda y lo incomodo de la postura la despertó. En cualquier caso no había sido demasiado. Se vistió y abrió la cremallera para airear y poder salir del iglú. Se sorprendió al comprobar que en la parcela vecina había otra tienda. Pero de esas unipersonales. Dirigió su mirada y se sorprendió.

    Frente a ella un hombre leía tumbado. Al sentirla, él la miró dedicándole media sonrisa antes de saludarla. Ana volvió a meterse dentro de su tienda. Se ruborizó ante la posibilidad de que aquel desconocido la hubiese podido oír cuando se follaba a su chico:

    -Fer, despierta.

    -¿Qué pasa?

    -Qué vergüenza. Tenemos un vecino y seguro que me oyó gritar cuando follábamos.

    Fer estalló en una carcajada.

    -Pues mejor para él.

    Ana se sintió incomprendida por su chico. Casi enfadada salió de la tienda sin mirar al tipo que seguía leyendo y tras pasar por los servicios se fue al chiringuito. Unos minutos después llegó Fer. Ana le miró seria para luego sonreír:

    -En el fondo te ha puesto cachonda que el tipo te oyera…

    -Cállate joder…

    -Venga Ana, que te conozco…

    Ella, simulando un enfado infantil, hizo pucheros. Hasta que Fer llamó su atención:

    -¡Mira quién es! -dijo asombrado.

    El vecino era el motero de la BMW. Ana lo escrutó. El tipo era un maduro que rondaría los 50 años. Muy alto, de complexión atlética. Espaldas anchas, muy buen culo. Con el pelo corto y cara angulosa, tenía un aire canalla irresistible. Se colocó el casco y se montó en la moto. Dirigió la cabeza hacia donde se encontraban ellos como si se sintiese observado. Fer retiró la mirada. Ana se quedó enganchada. Algo en su interior hizo «click». El tío estaba buenísimo, le gustaban las motos y la había oído follar.

    Todo esto comenzó a dar vueltas en su cabeza y se manifestaba con una extraña excitación. Sentía su clítoris latir y como su rajita se humedecía de flujos calientes. ¿Un flechazo? ¿Un enamoramiento a primera vista? No, no podía ser nada de eso. Era una situación de calentura transitoria:

    -Ana, Ana… -llamaba su atención Fer.

    -¿Qué…?

    -Qué te has quedado pillada…

    -¿Cómo…?

    -Sí, que te has quedado pillada con la moto, pero ya se largó.

    -Ah, sí… La BMW… Es que es una puta pasada. Y tú no quieres que tengamos otra…

    -Ya lo hemos hablado, Ana. Durante los siguientes años no. Además, si te has quedado embarazada esta tarde… no podrás montar en varios meses…

    Después de pasar la tarde en la playa se prepararon para ducharse antes de ir a cenar. Las duchas estaban separadas de los servicios. Eran una especie de cubículos delimitados por unas vallas de madera que cubrían hasta justo debajo de la cabeza. La intimidad la proporcionaba su situación, bastante alejada de las parcelas y entre los pinos. Fer y Ana entraron juntos en la última, la más alejada del pasillo de acceso. La visión hacia fuera del camping era a un frondoso pinar. Aunque Fer lo intentó, Ana se negó a volver a follar en las duchas.

    Se secaron y se dirigieron hacia el chiringuito para cenar. Desde el mismo sitio donde habían almorzado comprobaron que la BMW de su vecino se encontraba en el estacionamiento. Ana sintió de nuevo ese pellizco en el estómago. Disimuladamente comenzó a buscarlo por todo el chiringuito.

    Por fin lo vio junto a la barra. Sus miradas se cruzaron. El tipo levantó su cerveza a modo de saludo. Fer se dio cuenta que Ana sonreía a alguien a su espalda. Y se giró para comprobar quién era:

    -Coño el de la BMW. Vamos a decirle que nos la enseñe.

    El hombre se levantó y se dirigió hacia el dueño de la moto seguido de su chica. Después de una rápida presentación, Fer explicó el motivo del asalto. El tipo lo entendió y se dirigieron hacia el aparcamiento. Puso el contacto y arrancó la moto:

    -Buah, cómo suena, joder… -se deleitaba Fer.

    -Sí, su sonido es excitante. -Contestó el dueño de la moto con una extraña entonación sin dejar de mirar los ojos de Ana.

    La mujer se sintió aludida. Se dio cuenta que aquel tipo la había oído gritar mientras follaba. No pudo evitar excitarse. Aquel desconocido la había oído correrse como una perra en celo. Y la verdad es que la situación era tremendamente morbosa. El maduro con pinta de canalla estaba buenísimo. A Ana le pareció más alto estando tan cerca. Sus bíceps se marcaban bajo la camiseta. Sus hombros eran anchos. Su cara era de un atractivo salvaje, casi magnético.

    Después de hablar sobre algunos datos técnicos y de diseño la conversación sobre la moto no daba para más y se despidieron volviéndose cada uno a su sitio. Ana se había quedado pillada de una manera extraña. Se sentía atraída por el magnetismo sexual de aquel maduro. Fer no se enteró de nada. Pero su novia había estado manchando sus bragas de flujo durante la estancia con el tipo de la BMW.

    Estuvieron cenando durante una hora. En ese tiempo la chica no dejó de cruzar miradas con el tipo de manera disimulada para que Fer no se diera cuenta. Una de las veces ella se levantó para ir al baño aprovechando que el tipo de la moto abandonaba el lugar. Se cruzaron por un segundo en cada dirección. Sus miradas se quedaron enganchadas de manera casi lasciva. En el baño Ana no se explicaba lo que le pasaba. Era una atracción animal. Era como una leona en celo atraída por un macho alfa. Se refrescó la cara y salió hacia la mesa con Fer.

    Para intentar despejarse un poco le propuso a su novio dar un paseo por los alrededores. Durante casi una hora estuvieron paseando y charlando de sus planes y sus trabajos. Pero cuando por fin Ana había borrado al tipo de su cabeza tuvo una aparición. Desde un mirador sobre la playa nudista y con la única luz de la luna llena vieron al dueño de la moto totalmente desnudo camino del agua.

    La imagen fue impactante para Ana. El cuerpo del tipo era de infarto. Una musculatura perfectamente definida. Unos abdominales cincelados. Unas nalgas talladas en mármol. Un tatuaje tribal en uno de sus hombros remataba su imagen de «malote». Al andar hacia el agua su miembro se balanceaba de lado a lado demostrándole a Ana lo bien que calzaba aquel tío que la tenía atrapada.

    El dueño de la moto se metió en el agua mientras la pareja lo observaba en completo silencio. Ninguno de los dos dijo nada y se marcharon a su tienda. Fer sacó una botella de Seegram y un par de latas de tónica. Se sirvieron una copa y se sentaron delante de la tienda. Ana miraba de vez en cuando la tienda cerrada de su vecino y lo imaginaba desnudo bañándose en la playa bajo la luz de la luna. La conversación entre ellos se hizo más entretenida a medida que bajaba el nivel de la botella de ginebra. Casi sin darse cuenta acabaron bastante perjudicados.

    Nada más entrar en la tienda Fer cayó en un profundo sueño mientras la imagen del motero desnudo permanecía en la cabeza de Ana. Casi por inercia introdujo su mano dentro del pantalón corto con el que dormía. Sus dedos pasearon por su rajita caliente desde abajo, abriendo sus labios, hasta arriba donde su clítoris latía de excitación. Se humedeció los dedos corazón y anular en su lengua y volvió a rozarse el clítoris. Un leve suspiro y su libido estaba por las nubes. Se sentía el coño inundado de flujo caliente. Se introdujo los dedos dentro imaginando que eran los del motero desconocido. Recordó el buen rabo que tenía y se estremeció al imaginarse penetrada por ese enorme miembro erecto. Echó de menos su vibrador cuando aceleró el movimiento de sus dedos contra su clítoris.

    Sentía que se corría. Ese característico calambre cervical que anunciaba el orgasmo había salido ya en dirección a su coño. Tuvo que taparse la boca con una mano para evitar gritar y ser oída. Cerró las piernas entorno a su otra mano haciendo fuerza y presionando su clítoris. Su cuerpo estaba sudado. Sus pezones negros erectos. Soltó el aire de sus pulmones en un suspiro y cayó dormida por el alcohol y el orgasmo.

    Se despertó acalorada. El ambiente en la tienda era algo cargante. La sudoración de sus cuerpos exhalaba alcohol y, en su caso, el olor de su flujo vaginal era un componente más para cargar el ambiente. Decidió salir a ducharse. Eran las 7:30 de la mañana y el camping estaba en calma total. Salió envuelta en una toalla y corrió hasta las duchas. Ajustó la temperatura del agua y se mojó entera. Dejó que el agua recorriese cada rincón de su cuerpo. Las vistas del pinar al permitían un contacto total con la naturaleza. Echó su cabeza hacia atrás y su melena cayó por su espalda. El agua corría por todo su cuerpo. Al pasar por sus pezones saltaban gotitas al vacío. El resto continuaba por su abdomen y se metía entre los labios de su coño mojando su franja de vello púbico. Se comenzó a excitar.

    De repente una mano le tapó la boca y un cuerpo fuerte se pegó a su espalda:

    -No te asustes, soy yo… -susurró en su oído el motero buenorro.

    Ella giró la cabeza para comprobarlo. No se preguntó nada más. Se giró y buscó la boca del desconocido para besarlo con pasión. El tipo la abrazaba y ella se agarraba a su nuca. Le metía la lengua en su boca y la entrelazaba con la de él. El motero pasó sus manos por los costados y descendió su boca para besarle las tetas. El agua caía sobre los dos cuerpos desnudos sin poder apagar el fuego que ardía entre ellos.

    El hombre llevó sus dedos al estrecho coño de Ana. Ella levantó una pierna facilitando la maniobra. Gemía al sentirse ocupada por los dedos del desconocido. Él la levantó en vilo y la penetró con ella agarrada a su cuello. El primer puntazo hizo estragos en Ana. Clavó sus dientes en el poderoso hombro de su amante ahogando así un grito delator. El motero la tenía cogida por las nalgas mientras la empotraba contra la pared de madera que delimitaba la ducha.

    Se empleaba a fondo moviendo su cadera contra ella. Su polla, más grande de lo que Ana había fantaseado, separaba los labios hasta el límite de su flexibilidad. Cada puntazo del motero mandaba su capullo al fondo de su vagina. Nunca la habían penetrado tan profundamente. Aquel desconocido era un excelente amante dotado de una polla increíble. Antes de llegar al orgasmo la devolvió al suelo. La giró contra el pinar y la volvió a penetrar desde atrás. Su coño volvió a dilatarse hasta el máximo para acoger aquel ariete de carne ardiente. La atravesaba sin compasión mientras ella arqueaba su espalda.

    Agarrada a las maderas, comenzó a gemir de placer. Era la mejor follada de su vida y se la estaba dando un desconocido 20 años mayor que ella. El motero aprovechó que ella arqueaba la espalda para taparle la boca y evitar que gritase. La imagen era de película pornográfica. Un motero canalla con cuerpo de escándalo y polla enorme, se follaba por detrás a una joven desconocida en las duchas de un camping tapándole la boca para que su novio no la descubriese.

    Aceleró la follada contra el coño de aquella zorrita infiel. Ella se palmeaba el coño provocándose más placer cuando sintió que el motero tensaba su musculatura previa a su orgasmo. Por fin, con un sonido gutural, el tipo se corrió abundantemente dentro del estrecho coño de aquella chica. Un par de puntazos más y se la dejó clavada unos segundos para terminar de descargar la leche de sus cojones. Lleva meses sin follar y aquel polvo con una joven desconocida había sido una puta maravilla.

    Se besaron apasionadamente y se separaron. El motero salió de la ducha en dirección a su tienda. Ana se quedó para terminar de ducharse. Cuando iba camino de la suya pudo oír el motor de la BMW. El tipo se iba del camping. Nunca más volverían a verse. Ella se metió en la tienda. Fer empezaba a despertar. La miró:

    -¿De dónde vienes?

    -Fui a ducharme

    -Uff, vaya resaca tengo -anunció el novio mientras se desperezaba.

    -Anda vamos a desayunar para irnos a la playa.

    Tres meses después la prueba de embarazo de Ana daba positivo. Esa noche la pareja salió a celebrarlo. Iban a ser padres por primera vez. Fer no cabía en sí de alegría. Ana no podía asegurar que el hijo fuera de su novio o de aquel motero desconocido que le hizo perder la cabeza en el camping.

  • Mi fantasía en la disco

    Mi fantasía en la disco

    Más que un relato es mi fantasía, siempre me hice el bocho con esta fantasía, y siempre termino masturbándome, con intensos orgasmos. Sinceramente me gustaría hacerla realidad.

    No tiene nada que ver acá el pudor, la fidelidad, la moral (menos), si algo está claro es que me siento una puta reprimida e insatisfecha, y es algo que debo resolver urgente.

    Por suerte tengo el apoyo de Jaime, mi esposo.

    El relato de desarrolla como dice el título, en una disco, y obvio soy la protagonista.

    Con mi esposo quedamos en ir a una disco, de esas de ambiente oscuro y buena música salsa. Al entrar ya nos prendimos a la música, moviendo los cuerpitos, nos pusimos casi en el centro de la pista y comenzamos a bailar.

    Yo estaba vestida muy rica y sensual, sin brasier y tanga metida bien en el culito, eso se podía apreciar sin levantar el vestidito.

    No era algo casual, me vestí así ya a sabiendas de lo que ocasionaría en los hombres esa noche, y claro, Jaime, enterado de mi fantasía, apoyándome en todo, es un amor.

    Comenzamos a bailar y yo con los ojos, no en Jaime, obvio, perdidos por ahí como radar tratando de detectar al hombre de mis sueños, erótico y lujurioso.

    No tardó la noche en proveer el interés de uno. Sigilosos y prudentes unos ojos pervertidos y osados se enfocaron en mis prominentes tetas, bajando según la luz lo permitía para visualizar mi culo. Cómo no soy ninguna tonta, capto la señal lujuriosa de esas miradas y me encargué de interceptarlas. Cómo haciendo un escaneo del cuerpo del muchacho, lo miro y le doy el ok con una sonrisita.

    Quiero aclarar que a pesar de los años, decidí y fui poniéndome cada vez más sexy, sabrosa, atractiva, los actos sexuales en mi matrimonio fueron poniéndose cada vez más intensos y ricos en situaciones, eso me dio la posibilidad de volverme experta en la cama, y fuera de ella. Chupo la pija como nadie, tengo una preciosa concha, jugosa, rica, un culo envidiable, que penetrarlo te volvería loco, meter una pija ahí es llenarlo de leche. Las tetas son de buen tamaño a grande, preciosas, tengo unas aureolas grandes y deliciosas. Hasta ese nivel elevé mi auto estima.

    Se imaginarán que el conjunto de todo eso, y con mi experiencia cogiendo, me siento una diosa, para más y como la frutillita de la torta, tengo una hermosa sonrisa, desesperadamente lujuriosa.

    Una mujer así no la conseguís así nomás, una mujer así necesita ser libre. Yo sé que cualquiera querría cogerme, cualquiera perdería la cabeza por esta puta sabrosa.

    Bueno, volvamos a lo nuestro

    El tipo al tener el ok telepático y multifrecuencial mío, se fue acercando, contoneando la cintura, y como un reloj de péndulo, iba y venía, pero cada vez más cerca. En unas de esas pasa rozándome, yo ahí bajo la mano siguiendo supuestamente el ritmo de la música, pero solo para rozar su mano, y dejar en claro que las puertas de la seducción estaban abiertas.

    Para mi suerte era un llamativo moreno, fibroso, alto, tipo atlético, la camisa ajustada mostraba sus atributos, así como el pantalón que llevaba y que hacía sobresaltar la silueta de su enorme pija, que fue lo primero que noté.

    En ese momento tocó una música salsa tan buena, de esas en la que todos terminan bailando con todos. Fue en ese preciso momento que Jaime me dice: «voy al baño y después a la barra por unas cervezas, vos baila nomás «sola» vuelvo después de tirarme una y te traigo otra». Así lo hizo, fue al baño, después fue a la barra y se sentó en dirección a mí. Para ese entonces el fibroso moreno ya estaba bailando conmigo, y con la música de cómplice lo ponía al moreno de pija grande detrás mío, yo moviendo bien rico el culo y él la pelvis al unísono, sin arrimarse al principio.

    En eso lo miro a Jaime, ese era el momento o punto sin retorno, o él paraba todo ahí, o me dejaría seguir hasta las últimas consecuencias.

    Pero creo que su morbo lo superó, porque me miró y se sonrió. Eso fue más que suficiente.

    En ese mismo momento estiro mis dos manos hacia atrás y me aferró a los lados de su cadera y lo traigo hacia mi culo para obligarlo a apoyar esa tremenda pija a mi trasero. El muchacho se sonrió de oreja a oreja, era evidente que estaba siguiendo atentamente las señas entre Jaime y yo, y entendió perfectamente que una luz verde se había encendido.

    Seguimos así pegoteados, y el paquete del moreno ya estaba casi en su máxima expresión: grande y duro. Me doy la vuelta y comenzamos a bailar frente a frente. Después bajo la mano derecha y comienzo a acariciar de lado a lado la pija del moreno, que cada vez se ponía más grande. El me agarra de las nalgas, metiendo las manos por debajo del vestidito, me estira con fuerza hacia él. A partir de ahí bailamos pegados así un rato más, la música y la luz tenue, como siempre cómplice de todo. Yo ya no aguanté más, y en un momento dado le bajo la bragueta del pantalón y le meto la mano, comprobado con la mano lo que la vista me había regalado. El tiro la cabeza hacia atrás, sus ojos daban vueltas. Saqué la mano de la bragueta y me llevé los dedos a la boca, mojados con el pre cum de su verga.

    En eso él baja la mano, hace a un lado mi tanguita y mete sus gruesos dedos en mi concha, los saca todos mojados, los fluidos de mi concha brillaban en sus dedos aún con la poca luz del ambiente, y se los metió en la boca, él primero y mi boca después.

    Bailamos pegados un buen rato en esa posición: yo con la mano en la pija de él y él con los dedos dentro de la concha. De a poco nos fuimos alejando hacia una zona oscura, debajo del rincón vip que tenía una forma L, con unos sofás alargados y pequeñas mesas con pubs. Era un lugar tan oscuro que la única luz que llegaba venía del reflejo de la luz en la pista, o de un globo espejado que cada tanto tiraba un haz de luz reflejada.

    Por un momento me perdí de Jaime, que se estaba deleitando con unas tetas y unos culos que pasaban delante de él, Poco después lo veo acercándose y poniéndose a tiro.

    Mi moreno me lleva a una zona más que oscura, dónde estaban muchas parejas, todos metiéndose mano y hasta cogiendo «disimuladamente», a nadie le importaba lo que hacía el de al lado, cada uno con lo suyo.

    Allí mi morenito me baja las tiras del vestido y deja mis dos tetas a la intemperie, baja la cabeza suavecito, y comienza a chupármelas intensamente, primero una y después la otra, sin dejar de meter mano en mi concha, que para ese entonces estaba chorreando a más no poder.

    Después de meterme mano, se agacha y me baja la tanguita, me la saca toda mojada, la agarro y se la reboleo, como quien no quiere la cosa, a Jaime, jajaja, si vieran su cara, se leía claramente en sus labios, «que hija de puta».

    En eso me agarra y me acuesta sobre una de las mesas, me abre las piernas se baja los pantalones y saca esa tremenda verga, mi sonrisa lujuriosa me pinta la cara, y le digo «que rica y enorme verga papi, cogeme ya por favor». Puso esa enorme cabeza en la entrada de mi vagina toda empapada y empujó con fuerza, de ahí en más era todo un vaivén de bombeo y fluidos, yo me sacudía de aquí para allá con la boca abierta jadeando de placer. Yo le gritaba, «más, más, hasta el fondo» y el hijo de puta me reventaba con embestidas realmente brutales. Se agarraba de las dos tetas, y me pegaba una y otra vez con los huevos en el ano. Después saca la pija de la concha y mete los dedos, los vuelve sacar y me los mete en el culo, los estaba lubricado para lo que se venía.

    Ahí le digo: «sentate papi», entonces él se sienta, me arrodillo y comienzo a chupar la pija. Empiezo por los enormes huevos y recorro toda la pija para luego metérmela entera en la boca. Gruesa, larga, cabezona, y todo eso me lo chupé, con la ayuda de él que me empujaba la cabeza para que me llegue hasta la garganta, le empapé la pija con tanta saliva.

    Cuando miro hacia Jaime, lo veo con los pantalones abajo y haciéndose la paja bien rico.

    Después el moreno se levanta y me pone de cuatro contra la mesa, se pone detrás mío y comienza otra vez a cogerme por la concha, para ese entonces y no se en que momento me saqué, y ya no tenía el vestido, tanto él como yo estábamos totalmente desnudos.

    Me cogió una y otra vez con mucha intensidad, después sacó la pija de la concha y me la puso en dirección del culo, lentamente empezó a empujar, paraba y empujaba, hasta que me la metió toda, paro un rato, y empezó a bombear, cada vez más rápido, para entonces mi culo de ya estaba agrandado, bien rico y dilatado. De ahí en más le dio con todo, «siii, hijo de puta rompémelo» le digo, yo estaba, decir excitada es poco, estaba hecha toda una puta desesperada.

    En eso me agarra de los pelos y me pone contra la pared, «por fin» me encanta que me cojan parada contra la pared. Me pega en las nalgas, me mete 3 dedos, y seguido me vuelve a coger por el culo. Con cada embestida mi cuerpo se arqueaba hacia atrás, la sacaba del culo y me la metía en la concha, una y otra vez, así durante 15 minutos. Yo estaba toda exhausta, transpirada, y muy feliz. Me sentía toda una puta, realmente estaba gozando y agradecida.

    Cuando el moreno ya no pudo contenerse más, me hizo sentar de un tirón y me largo la leche por toda la cara, la boca, los pechos, antes de dejar de largar, me dio vuelta, y me la metió en el culo y donde descargó como tres chorros más, detrás de un alarido de placer.

    Nos quedamos así pegados un buen rato, hasta recuperarnos, yo apoyada a la pared, él parado detrás. Fue sacando la pija lo más despacio posible, aún seguía enorme, le pedí que lo haga despacio, quería sentirla hasta el último segundo.

    Cuando la sacó, me di vuelta, nos abrazamos y nos besamos apasionadamente. Después de semejante cogida, era de esperarse, y muy merecido.

    Él se pone los pantalones, la camisa, me da otro rico beso, me dice: «sos un bombón muy sabroso», y se va.

    Me pongo el vestidito y miro hacia donde estaba Jaime, lo veo con la verga en la mano. Lo llamo y lo hago sentar. Le comienzo a chupar la pija, después de todo se lo merecía. Se levanta bruscamente me da la vuela y me pone contra la mesa, me levanta el vestidito y me mete de una la pija en el culo. Una y otra vez me revienta contra la mesa. Se escucha el chirrido del semen del moreno todavía en mi culito. Después de unos minutos vuelvo a sentir leche caliente a montones, solo que esta vez de mi esposo. Entre la leche del moreno y la de Jaime mi culo ya no dio a basto y me chorreaba por toda la pierna hasta los pies. Nunca vi, ni sentí tanto semen blanco y caliente saliendo de mi culo. El olor era penetrante y agradable.

    Después le chupé toda la pija, para limpiársela, obvio, y tragar las últimas gotas de leche de esa noche.

    Jaime me pasa la tanguita, y le digo «quedatela papi, te la ganaste» y voy al baño para asearme.

    «Nos vamos?» me pregunta Jaime

    «De irnos nada» le digo, nos tomamos unas cervezas y después de un merecido descanso comenzamos a bailar.

    De por ahí Jaime se enteró y me comenta que el moreno es el dueño del local, y le digo: «qué bueno, ya sabemos dónde venir siempre».

    Y de seguro así será!!!

    Fin

  • Si me follas el culo me corro otra vez

    Si me follas el culo me corro otra vez

    Los grillos y las cigarras dejaron de cantar al comenzar a ladrar un pastor alemán que estaba encadenado en una caseta. Un hombre de unos cuarenta años que tenía un vaso de vino tinto en la mano y que se sentaba en una silla de la cocina de su casa le dijo a otro hombre de cincuenta años, con canas en las sienes, alto, moreno delgado y trajeado que tenía otro vaso de vino tinto en la mano:

    -Cuando el perro ladra es porque alguien está ahí fuera, debe ser su ahijada, don Tomás.

    Don Tomás se levantó de la silla, miró por la ventana de la cocina y vio un taxi enfrente de la puerta de casa. Hizo una llamada con su teléfono móvil desechable.

    -¿Hay moros en la costa?

    Una voz le respondió:

    -No, don Tomás. En el cuartel y en la comisaría no hubo movimientos. Nadie ha seguido a su ahijada.

    -Buen trabajo, Paco.

    Pasaban las doce de la noche cuando don Tomás salió de la casa, una casa que estaba apartada de la ciudad y que era de uno de los muchos que trabajaban en las descargas de tabaco rubio, de hachís y de coca. Una muchacha le abrió la puerta trasera de un taxi, era su ahijada. Cerró la puerta detrás de él, entró en el auto y después de sentarse en el asiento del conductor, le preguntó:

    -¿A dónde quiere que lo lleve, padrino?

    -A Vigo.

    -Para allá vamos. ¿Es un viaje de ida y vuelta o solo de ida?

    -De ida y vuelta y con una espera de entre dos y cuatro horas.

    Celia, que era una joven de 26 años, morena, de ojos color avellana, cabello negro y corto, con buenas tetas y buen culo y que trabajaba de taxista hacía dos semanas al haberle comprado una licencia y un taxi su padrino, llamó a su marido y le dijo que iba a llegar al amanecer.

    Al par de minutos de empezar el viaje recibió una llamada y puso el manos libres. Era una amiga la que la llamó:

    -¿Estás en casa, Celia?

    -Voy conduciendo, pero puedes hablar. ¿Ocurrió algo?

    -Sí, otra vez el pelotudo me está puteando. Salió de joda y me dejó en casa tocándome las lolas y con la concha caliente.

    -Si te sirve de consuelo el mío también tiene sangre de pato, pero no es el momento de hablar de eso, estoy con mi padrino en el coche.

    -Solo decime si o no.

    -Solo te diré que la cosa se ve bonita.

    -Vos sí sos hermosa.

    Celia miró para su padrino por el espejo retrovisor y le dijo a la amiga:

    -Vamos a dejarlo que nos estamos pasando de frenada.

    Siguió conduciendo cómo si no hubiese tenido la conversación con su amiga. Al rato habló por segunda vez con don Tomás:

    -¿A qué calle de Vigo, padrino?

    -Avenida Atlántida.

    -¿Va a alguna fiesta?

    Don Tomás empezó a entrarle a su ahijada.

    -¿Cuándo harás tú la fiesta con tu amiga?

    -Nunca, soy heterosexual.

    -Yo creo que la harás. Llevas más de cinco años casada y la rutina seguro que empezó a comerte.

    -No me contestó a lo de la fiesta

    -No voy a ninguna fiesta, voy a cerrar un negocio.

    -Eso ya me lo imaginaba al salir de la ciudad por la puerta de atrás. Sé que no debería preguntar, pero… ¿Es verdad eso que dicen que después de cerrar los negocios hay orgías alcohol y coca?

    -¿Vas a acostarte con Ariela?

    -¿Cómo supo que era ella?

    -Tienes solo una amiga argentina.

    Celia era curiosa cómo ella sola.

    -¿Me dirá lo que quiero saber si le respondo?

    -Te lo diré. ¿Follarás con ella?

    -Sí, necesito experimentar con cosas nuevas. ¿Hay orgías, alcohol y coca?

    -¿Te gustaría estar en una de esas fiestas?

    -No, era simple curiosidad.

    -Y a mí que me da que te atreviste a hacer la pregunta porque te gustaría follar hasta no poder más…

    -Usted pilla las mentiras por el aire.

    -Soy perro viejo, y sí, las hay, pero a mí mi no me van las orgías. Lo máximo que hice fueron tríos con dos mujeres.

    -¿Y le da la herramienta para las dos?

    -Más que para una, la mitad de la juerga se la montan ellas solas.

    -¿Cómo son las mujeres que le gustan?

    -Me gustan aquellas mujeres a las que les guste el sexo sucio y salvaje, pero no las que por dinero hagan lo que sea, me gustan las que lo disfrutan y se corren cómo cerdas.

    -¿A qué llama sexo sucio?

    -A comerle el culo a una mujer, eso me va más que un buen plato de comida, y comerle el coño, eso me va más que una buena bebida, y sus corridas, sus corridas me gustan más que la mejor de las bebidas.

    -¿Y salvaje?

    -A follar a romper, a romper lo que toque, culo, coño… Me gusta follar a una mujer hasta que echa leche por las orejas.

    -¿Leche por las orejas? Eso será un decir.

    -Eso es un hecho. ¿Nunca se corrieron en tus orejas. Celia?

    -No.

    -Pues a mí me gusta lamer mi leche de las orejas de las mujeres.

    -¡Coño!

    -Y del coño también.

    -Eso suena rico, rico, rico.

    -¿Te gustaría hacer un trío esta noche?

    -¿Con usted?

    -Y con otra chica.

    -Sí

    La pregunta era obligada.

    -¿Lo harás por dinero o por placer?

    -Por placer.

    Una hora más tarde don Tomás se reunió en una habitación de hotel con tres sudamericanos, cerraron el negocio y después en otra habitación más grande comenzó la fiesta donde corrió la comida el alcohol, el hachís y la coca.

    Celia comió, bebió, fumó y esnifó en compañía de su padrino y de una joven brasileña de piel muy oscura. La joven tenía los ojos marrones, su cabello negro era rizado y corto y su cuerpo era de modelo. La habían traído para don Tomás, ya que no sabían que llegaría acompañado.

    Al acabar la fiesta Celia, la brasileña y don Tomás se fueron a una suite.

    En la suite Don Tomás cogió una botella de champán que había sobre un mueble en una cubitera, llenó tres copas y le dijo a sus acompañantes:

    -Vamos a brindar por una noche de desenfreno.

    Las muchachas cogieron las copas que le estaba ofreciendo y bridaron con él. Luego la brasileña cogió por la cintura a Celia y le dio un beso con lengua, largo, muy largo, tan largo y baboso que de sus bocas cayeron pequeñas cascadas de saliva que mojaron sus vestidos. Don Tomás sentado en un sofá con la copa de champán en la mano derecha veía la lujuria que había en sus bocas. Después vio cómo su ahijada se subía a la parra, ya que le dio la vuelta a la brasileña y le bajó la cremallera del vestido. Cuando el vestido cayó al piso la brasileña quedó desnuda cómo vino al mundo, ya que no llevaba ropa interior. A don Tomás le bajó el champán por mal sitio, lo tosió y después dijo:

    -¡Qué hijos de puta!

    Celia estaba tan cachonda que ni lo oyó. Besando el cuello de la brasileña le masajeó sus redondas y duras tetas, luego bajó besando y lamiendo su espina dorsal, después le abrió las duras nalgas con las dos manos y le lamió el ojete. Acto seguido le dio la vuelta, abrió los ojos como platos y exclamó:

    -¡La hostia puta! ¡¡Qué sorpresas nos da la vida!!

    Delante de ella tenía una polla gorda, larga y tan tiesa que se marcaban en ella las venas. Le echó la mano a los gordos huevos y luego metió la cabeza de la verga en la boca y la mamó. Don Tomás le dijo a su ahijada:

    -Se ve que pasas hambre, Celia.

    Celia ya tuteó a su padrino.

    -Ni te puedes imaginar cuantas, Tomás, ni te puedes imaginar cuantas.

    De mamar la polla pasó a mamar las tetas de la brasileña, unas tetas con areolas grandes, tan negras cómo su piel y con unos pezones gordos, luego le volvió a comer la boca, después de la boca tocaba follar. Le dijo:

    -¡Te voy a dejar seca, morena!

    La brasileña solo se dejaba manejar por quien le pagaba.

    -Cuando yo te mande, blanquita. ¿No me decías que te gustaba el sexo salvaje?

    -¿Y?

    -¡Y toma sexo salvaje!

    La brasileña le echó las manos al cuello del vestido y se lo rompió de arriba a abajo. Celia en ese momento estaba tan caliente que no le preocupó que no tuviera nada con que vestirse para salir del hotel. La brasileña era fuerte, ya que le rompió el sujetador y después las bragas. La cogió en alto, la empotró contra la pared y le clavó el cipote en el coño. Celia con las tetas de la brasileña aplastadas contra las suyas, chupándose las lenguas, lamiéndose la una a la otra y sintiendo cómo aquella verga entraba y salía de su coño acabó corriéndose cómo una cerda y diciendo:

    -¡Me muero de gusto!

    No se murió. Al acabar de correrse miró para Tomás y le dijo:

    -Si me follas el culo me corro otra vez.

    A Tomás ya se le había ido el cabreo. Aunque eso de querer meterle gato por liebre se lo iban a pagar. Hacía rato que estaba empalmado, así que les dijo:

    -Ir para cama.

    La brasileña sin quitarle la polla de dentro del coño se echó boca arriba sobre la cama con Celia encima de ella. Tomás se desnudó y fue a la cama con una copa de champán en la mano, se la echó en el ojete y las nalgas a su ahijada y después lamió nalgas y lamió y folló el ojete con su lengua. Mientras Tomás lamía y metía y sacaba la lengua del culo. Celia y la brasileña se comían las bocas. Al ir a clavársela en el culo, le dijo a la brasileña:

    -Sácala la tranca, morena.

    La brasileña, con la colaboración de Celia, sacó la verga hasta dejar solo la punta dentro del coño. La polla de Tomás entró en el culo lentamente, pero de un tirón, una vez dentro comenzó el mete y saca, o sea, cuando Tomás metía la brasileña sacaba y cuando metía la brasileña sacaba Tomás. Celia no paraba de gemir, de besar a la brasileña y de girar la cabeza para que la besara Tomás, pero Tomás la ignoraba, él no iba a besar a nadie… No besó a nadie hasta que no comenzó a correrse Celia, ya que al hacerlo le chupó el cuello a la brasileña y esta se corrió dentro de su coño. Viendo y sintiendo cómo se corrían se corrió él, y entonces sí, entonces la besó, besó a la brasileña.

    Al acabar de correrse se tomaron otras tres copas de champán y esnifaron otras tres rayas. Después le dijo Tomás a la brasileña:

    -Quiero ver cómo Celia se corre en tu boca. Cómele el coño.

    Celia se echó sobre la cama. La brasileña debiera comer más coños que biberones, ya que su lengua tenía vida propia. Era como si tuviera el mal de san Víctor en la lengua, ya que la hacía vibrar sobre sus labios vaginales. Vibrando se metía dentro de su vagina y vibrado salía y se posaba sobre su clítoris. Luego dejó de hacer que vibrara y lamió su ojete. Después fue subiendo hasta entrar en su vagina, salió y lamió el clítoris. Todo esto lo hacía la brasileña sin dejar de magrear las tetas de Celia con su mano izquierda y de masturbarse con la derecha. Tomás, encima de la cama, le daba a su ahijada los huevos a lamer y a chupar y la polla a mamar, Celia gemía y las únicas palabras que dijo fueron:

    -Esto sí que es salir de la rutina.

    Después de muchos recorridos la lengua volvió a vibrar en sus labios vaginales, entró y salió de su vagina, al llegar al glande erecto del clítoris lo chupó y Celia gritó:

    -¡¡Me corro!!

    La brasileña no paró de lamer hasta que Celia dejó retorcerse y de gemir.

    Al acabar de correrse Celia, la brasileña se la metió en el coño encharcado y le dio caña brava. Tiempo después Celia sintió cómo Tomás se corría en su oreja derecha y después en la izquierda. Seguía dándole a mazo la brasileña cuando Tomás le lamió la leche de una oreja…, luego el de la otra… Sintió cómo la brasileña le llenaba el coño de leche y se volvió a correr cómo una cerda.

    -¡Me matáis! -dijo entre convulsiones- ¡¡Me matáis!!

    Después de gozar descansaron. Tomás pidió más champán y algo para picar y tiempo después volvieron a la faena.

    La brasileña se echó sobre la cama y empezó a menearla para ponerla dura. Celia la iba a ayudar lamiendo su ojete. Tomás se la frotó en el coño a su ahijada para empalmarse y cuando la tenía dura se la clavó. Pasado un tiempo Celia dejó de follar con su lengua el ojete de la brasileña y le dijo a Tomás:

    -Quítala de mi coño y métesela en el culo, padrino.

    La brasileña estaba deseando que le follaran el culo.

    -Sí, por favor, papi, métemela.

    Tomás viendo aquel ojete listo para ser penetrado, les dijo:

    -Sí os empeñáis…

    Celia subió encima de la brasileña, metió toda la verga dentro de su coño. Tomás le clavó la polla en el culo y la follaron a romper, lo que hizo que en nada se corriera dentro del coño de Celia. Al acabar de correrse la brasileña, Celia, se dio la vuelta y frotó su coño lleno de leche y flujos contra la lengua de la brasileña moviendo su pelvis de atrás hacia delante y de delante hacia atrás. Tomás le dijo:

    -¡Cómo gozas, golfa!

    Celia mirando a los ojos a Tomás, le dijo:

    -¿Es esto suficiente guarro para ti, padrino? Es… ¡Ay que me corro!

    Se corrió en la boca de la brasileña y Tomás al ver cómo se corría su ahijada, como temblaba y cómo gemía, se corrió dentro del culo de la morena.

    Siguieron follando una hora más… Luego Tomás llamó por teléfono, le dio a alguien la talla de los vestidos de su ahijada y de la brasileña, las tallas y los colores que querían cada una, y en nada tenían dos vestidos nuevos para volver a sus casas.

    Sé que algunas y algunos de vosotros os gustaría saber si la brasileña le dio por culo a Tomás, pues sí, le dio y le dio bien dado.

    Quique.

  • Me la cogí en la tienda

    Me la cogí en la tienda

    Desde que comenzó la pandemia la situación económica se había vuelto difícil, decidí emprender poniendo una pequeña tienda, ya sabes, de esas típicas tiendas de barrio donde se venden alimentos y cosas de consumo diario.

    Improvisada en el garaje de la casa, contaba con un par de mostradores y variedad de productos. Pronto se corrió la voz en el barrio y me hice de numerosos clientes.

    Una de mis clientas preferidas era la señora Julia, una señora de entre 35-40 años, casada con 2 hijos, pero con una sensual figura bien guardada. Unos pechos prominentes que mostraba ocasionalmente cuando iba a comprar sin sostén. Un culo respingado, con unas nalgas que tambaleaban con cada paso que daba al caminar con sus faldas ajustadas que marcaban la orilla de sus tangas.

    Siempre solía llegar a comprar muy temprano por la mañana, cuando apenas abría o muy tarde por la noche. Eso me encantaba ya que siempre llegaba con sus fachas de pijama, en ocasiones sin ropa interior y eso se notaba a simple vista.

    Llevaba bastante rato observándole esos pezones, marcándose en esas blusas de tirantes, de tela delgada y apretada que dejaban muy poco a la imaginación. Cada vez que la atendía me esforzaba en contener una erección.

    Una mañana, antes de abrir, escuché que tocaban.

    Era doña Julia, llevaba una blusa floja, sin sostén, sus enormes pezones erectos, por el clima frío, se notaban claramente por sobre su ropa, una cintura esbelta se descubría levemente por debajo, dejando ver la orilla de su short que se marcaba sensualmente en su tremendo culo, dejando al descubierto sus fornidas y sensuales piernas.

    Aproveché mirarla cuanto quise, aprovechando el silencio de la calle que a esa hora se mantiene muy solitaria. Pidió lo que necesitaba y se lo di.

    Cuando le dije el total a pagar, comenzó a rebuscarse el dinero entre sus bolsillos, no encontró. Estiró su blusa desde el cuello bajándola, dejándome ver un poco más sus deliciosos pechos, se metía la mano entre los senos rebuscándose el dinero (típico de señoras latinas). A pesar de su esfuerzo y de su evidente intención de mostrarme sugestivamente parte de sus pechos, me salió con la típica escusa.

    – Ay! Le juro que creí que traía el dinero, debí dejarlo en la mesa, ¿puedo pagárselo más tarde?

    -Está bien, no se preocupe –respondí.

    -Muy amable, se lo agradezco! –dijo mientras caminaba meneando las caderas.

    Está demás decir que no volvió a aparecerse durante días, ignorando la deuda.

    Después de unos 5 días volvió a llegar, esta vez con un vestido muy ajustado, de una sola pieza, de tirantes, como siempre sin sostén, y con una tanga que se marcaba a mitad de su culo.

    Comenzó a pedir y yo le atendí con gusto. Me pidió un producto, que en ese momento tenía en la parte de atrás de la tienda, me dirigí a desempacarlo para dárselo. Por la ventanilla me deleité observándola de espaldas, contemplando su enorme culazo. Sin demora alguna me endurecí tremendamente.

    Hoy es cuando vas a pagármelas, pensé dentro de mí. Y me desenfundé la verga del pantalón. Me coloqué la camisa ligeramente por encima cubriendo una erección que era imposible de ocultar y me dirigí para seguirla atendiendo.

    -Deme una botella de aceite –dijo distraída, viendo las botellas.

    Yo frente a ella, extendí mi brazo para alcanzarla en el estante de arriba. De inmediato mi camisa se subió dejando al descubierto mi verga completamente erecta, podía sentirla bien hinchada, caliente y palpitante.

    Pude escuchar un leve suspiro de asombro asustadizo al verme la verga. Yo coloqué los productos en el mostrador para seguirle atendiendo como si nada.

    -¿Qué pasa? -Le pregunté. Mientras ella trataba de evadir la mirada viendo para todas partes.

    -Este… emmm… no recuerdo que más iba a llevar… -decía pensativa mientras podía notar como sus pezones se inflamaban en su blusa. Ella lo notó también y se cruzaba de brazos tratando de ocultarlo.

    -Bueno, según las cuentas… serían… 32.50 –mi verga se posaba sobre el mostrador, entre las galletas que habían ahí, pudiendo verse perfectamente desde cualquier ángulo.

    Me pagó con un billete de 50.

    -¿Le cobro también lo del otro día?

    -Estem… preferiría pagarle eso más tarde, es que ese dinero es de mi marido y yo tengo mi dinero aparte.

    -Bueno, igual no tengo cambio, tengo justo 15. ¿No desea llevar algo más para ajustar los 35.00?

    -Bueno. –decía mientras ocasionalmente daba rápidas miradas a mi verga hinchada.

    -Le parecen… ¿unas galletas? –le pregunté sugestivamente.

    -Si está bien. –respondía un poco nerviosilla.

    -¿De cuál gustaría? Tengo mucha variedad. –le preguntaba obligándola a mirar hacia el mostrador.

    Ella bajó su mirada recorriendo toda la longitud del mostrador, para escoger las galletas. Mi verga se posaba enorme, palpitante entre ellas, y doña Julia, inevitablemente la miraba con detalle. Demoró bastante rato observando “las galletas” mientras nerviosa se relamía los labios.

    Las venas prominentes de mi verga hacían sacudir mi verga palpitante. Hasta que por fin se decidió, escogió algunas y tras agradecer, se marchó.

    Yo tenía el pecho a punto de reventar, estaba nervioso y la erección no me bajaba de la emoción.

    Esa misma noche, llegó muy tarde, justo estaba cerrando cuando la escuché gritar advirtiéndome que le atendiera. Cerré el portón y la espere en la puerta para poder atenderle desde ahí.

    -Buenas

    -Buena noche doña Julia, que le puedo ofrecer.

    -Voy a querer algunas cosas…

    En eso estábamos cuando escuchamos la sirena de una patrulla oficial que ronda las calles por el horario de toque de queda.

    Yo le abrí la puerta y ella inmediatamente entró apresurada para evitar que los oficiales la atraparan en la calle a esas horas de la noche.

    -Tranquila, de seguro no la vieron.

    -Eso espero, ahora tendré que esperar que pasen de aquí para poder regresar.

    -Mientras tanto dígame, que va necesitar.

    -Ah sí… -dijo y comenzó a pedir lo que quería.

    Intencionalmente me iba hasta la parte de atrás a traer la mercadería para empalmarme viéndole ese culo. Aun llevaba ese mismo vestido. Decidí hacer la misma jugarreta de la mañana.

    Cuando salí de nuevo al local, mi verga se tambaleaba de un lado a otro con cada paso que daba.

    Ella se quedó observándola durante todo el recorrido, en cada movimiento que hacía ella la observaba fijamente sin pestañeo alguno con los ojos bien abiertos.

    -Serían 18.75, más lo del otro día serían 30

    -Ah, quería ver si, no podría anotármelo en mi cuenta, es que mi marido aun no me da el gasto de fin de mes, pero en cuanto pueda yo se lo vengo a pagar de inmediato. –me rogó de manera tímida y apenada.

    -Mmm… doña Julia, doña Julia, así no tiene mucho provecho tener negocio, yo vivo de las ventas, si doy fiado salgo perdiendo.

    -Ay por favor, hágame la campaña, yo le juro que en cuanto tenga le vengo a pagar. –decía mientras sus manos temblorosas intercedían para que aceptara.

    -Mire, la verdad yo tengo ganas de ayudarla… para que vea, negociemos el pago de otra manera pues.

    -¿Cómo así?, ¿cómo?

    -Usted como cree –le dije mientras le tomé su mano llevándola hasta la cabeza de mi verga poniéndola a acariciarla.

    Sus manos temblaban de nervios e inseguridad, pero sabía que era la mejor manera de saldar sus deudas.

    -Bueno. –dijo tímida mientras comenzaba masturbarme toda la verga.

    Me quité los pantalones y luego baje su vestido desde los tirantes, dejando al descubierto esas enormes tetas con las que me provocaba siempre.

    Eran enormes, pero firmes y bien colocadas, sus pezones eran marrones claros. Me los devoré hambriento mientras ella suspiraba y gemía.

    Le quité todo el vestido, la muy puta no llevaba ropa interior, su depilada panocha estilaba humedecida entre sus labios, la recosté sobre el mostrador subiendo una de sus piernas y de rodillas me comí su panocha ardiente, ella acariciaba mi cabello mientras le temblaban las rodillas de tanto placer.

    Ahora te toca pagar tu deuda, le decía mientras la ponía de rodillas. Abrió la boca cuanto pudo y engulló mi verga hasta el fondo.

    -Le gusta verdad putita, ya llevabas rato provocándome.

    -Mmm… sí que delicia, desde que le vi la verga no dejé de pensar en ella.

    -Pinche puta viciosa, su marido no la complace o usted es la puta?

    -Mmm… no, mi marido no me complace y yo muero de ganas de que me cojan… aggg… –decía mientras se atragantaba con mi verga en la garganta.

    La levanté y la llevé dentro de la casa, la empiné sobre la mesa, abriéndole las piernas la penetré desde atrás.

    -AH! AH! Despacio, suave, ah! Que rica, que rica verga, me encanta

    -Te gusta? –yo la taladraba fuertemente una y otra vez.

    -Ah! Si! Así! Que grande la tienes muchachito, ah! La tienes más grande que la de mi marido, y mucho más gruesa. Ah! Así, que rico! Ah!

    Yo la penetraba hasta mis huevos y nalgueaba sus hermosas nalgas. Luego de un rato le escupí el culo y sacando mi verga de su vagina, la posé en su ano y empujé fuertemente.

    Su culo se abrió dando paso a mi glande inflamado.

    -Ay! Ah! Ah! Despacio, suave, espera, espera… está muy grande.

    -Te duele puta? Aguántate.

    -Ah! Espera, puedo sentir tu cabezota abriéndome toda, despacio, por favor! Ah! Ah!

    Yo escupía mi tronco mientras se la hundía cada vez más rápido e intenso. Su culo terminó dilatándose, podía sentir la calidez dentro de ella, su esfínter apretado estrangulaba mi verga desde el tronco hasta mi glande, ordeñando mi verga, acumulando toda la sangre en la punta.

    La cabeza de mi verga estaba tan inflamada que se atoraba para salir de su culo. Tras embestirla salvajemente la llené de mi leche por completa.

    Su culo dilatado y enrojecido escurría restos de esperma sucia, sus piernas temblaban de placer y su cuerpo abatido quedaba tendido sobre la mesa.

    Sus ojos lagrimeaban de dolor, pero su expresión era de intenso placer, tras dejar que se recuperara un poco me recosté sobre la mesa, y la puse a cabalgar mi verga.

    Lo hizo de manera magistral, su panocha chapoteaba bañando de flujos vaginales hasta mis huevos, y tras un largo rato llené su vagina de abundante leche caliente también.

    Quedamos tendidos sobre la mesa, recuperando el aliento.

    Cuando nos dimos cuenta había pasado más de 1 hora, su celular sonaba incesantemente, era su esposo quien preocupado la llamaba.

    -No puedo creerlo, mi esposo debe estar como loco.

    -Me imagino.

    -Tengo que irme, es muy tarde ya.

    Mientras ella se vestía yo aprovechaba para manosearla cuanto quería. La nalgueaba y apretujaba sus pechos mientras ella solo se dejaba.

    Luego tomó el producto y la despedí con una fuerte nalgada en sus hermosas nalgas. Ella sonrió y agradeció por el servicio.

    -Ahí lo molesto otro día entonces, gracias. Ya quedamos con la cuenta pendiente ¿verdad?

    -Con la primera deuda sí, lo que se llevó ahorita me lo cancela otro día. –le dije sugestivamente.

    -Jaja está bueno, ahí platicamos –dijo mientras se iba moviendo sensualmente ese culo que me encanta.

    Hasta ahora sigue siendo mi clienta favorita con la cual arreglamos negocios de manera especial.

    Espero les haya gustado, si es así déjame tu valoración y un comentario ahí abajo.

  • Recuerdos de un pasado incómodo

    Recuerdos de un pasado incómodo

    Sucedió un jueves por la tarde, lo recuerdo por ser un día festivo en la ciudad, todo bullicio y alegría; salimos temprano de la escuela, tomé mis cosas y charlé un rato con mis compañeros antes de regresar a casa. Por el camino me encontré con un amigo que hacía casi el mismo trayecto y nos acompañamos hablando de trivialidades.

    Ya casi por llegar a la intersección donde tomábamos rutas distintas nos despedimos; apenado, me tomó del hombro y me señaló hacia la rotonda cercana que estaba a un lado del camino, sentí que mi mundo se venía abajo.

    Ahí estaba, con él; recargados en la columna del fondo, él tomando su cintura mientras ella jugaba con su cabello, sonrientes.

    Me encaminé a su encuentro con mi amigo como escolta, su desconcierto fue mayúsculo al verme llegar a su lado; con un golpe en su costado se lo quité mientras a ella la tomé de los hombros llevándola al fondo; él quiso intervenir, pero mi amigo no se lo permitió.

    -¿Qué pasa contigo? –le dije con mis manos aun temblando por el coraje -¿por qué haces esto?, ¿por qué me haces esto?

    Ella no contestó, solo desvió su mirada de la mía; podía sentir su miedo al tenerla sujeta de forma un tanto agresiva, la solté mientras trataba de tranquilizarme un poco.

    -No quiero seguir contigo –dijo casi susurrándolo– te lo iba a decir.

    -¿Hasta cuándo carajo?, ¿hasta cuándo me lo ibas a decir? –Casi lo grité viéndola a la cara- ¿sabes lo que este pendejo quiere contigo?

    -¡Eso no te importa cabrón! –dijo él aún en el suelo.

    No me pude contener. Como energúmeno me lancé sobre él; le golpeaba con mis puños sobre su rostro una, otra y otra vez con saña, con una fuerza que me salía desde lo más profundo; él se cubría lo que podía y también impactó mi rostro con sus puños, no le sentía; como autómata seguía lanzando golpes sin tomar en cuenta que me pedía parar; no estaba por hacerlo, no podía y tampoco quería. Solo hasta que me vi arrastrado por sobre él pude reaccionar, una última patada recibió antes de sentirme sujeto por mi amigo.

    -Vámonos –me dijo– ya no tienes que hacer aquí.

    La miré al rostro, en ese momento quería que fuera la última vez que lo hacía; tomé mis cosas y di la vuelta, me dolía, pero no quería saber nada de ella.

    Con el tiempo la olvidé.

    Pasaron los años así como las parejas, conocí a mi ahora esposa, nos casamos; por mi trabajo nos trasladamos lejos de ahí, hicimos nuestra vida juntos; éramos felices.

    Por motivo de traspaso de bienes tuve que regresar, lo hice sin mi esposa ya que su trabajo no se lo permitía; solicité un par de semanas en el mío para dejar terminado todo, aunque me trajo muchos recuerdos la estadía no quería permanecer más que el tiempo necesario, nada me retenía… o eso pensé.

    A un par de días de dar por terminado mi viaje, me encontraba tomando un café en la terraza de una plaza comercial; el día frío y lluvioso lo ameritaba. Estaba por pedir la cuenta para retirarme cuando tocaron mi hombro, volteé la vista, ahí estaba ella.

    -Hola! –dijo con esa sonrisa que recordaba– te vi cruzando la calle, al principio no sabía si eras tú; cambiaste mucho.

    -Pues si soy yo –le confirmé al levantarme y saludarla con un beso en su mejilla- ¿tienes tiempo para tomar un café?

    -Ahora no puedo –se disculpó– voy retrasada al trabajo, tal vez en otra ocasión.

    -En otra ocasión será –dije.

    -¿Vienes con frecuencia por aquí? –me preguntó– trabajo enfrente y puede ser que coincidamos.

    -Pasé por casualidad y solo voy a estar uno o máximo dos días en la ciudad, ya no vivo aquí.

    -Ok –dijo levantando sus hombros- me dio gusto verte.

    Tomé su cintura al momento de volver a besar su mejilla como despedida, la vi y sonreí, devolvió la sonrisa y me dio la espalda al continuar su camino; avanzó unos pasos y se detuvo, espero unos instantes y dio media vuelta dirigiéndose de nueva cuenta hacia mí.

    -Si tienes tiempo esta tarde te acepto ese café.

    -¿Quieres que pase por ti?

    -Mejor te veo en el café donde antes íbamos, aún sigue abierto.

    -¿A qué hora te veo?

    -¿Te parece a las 8?

    -Me parece perfecto.

    Siempre imaginé que si alguna vez volvía a cruzarme con ella solo indiferencia habría entre nosotros, ¡que equivocado estaba!; verla de nuevo me trajo recuerdos, recuerdos felices de mi primer amor y amargos de mi primer engaño, todo al mismo tiempo; sumado a que su aspecto físico cambió para bien y que se daba la oportunidad de volver a tratar con ella, hacía del momento algo contradictorio; sabía que no había algo malo en una reunión con una antigua novia pero a la vez sentía que estaba siendo infiel. Deseché esto último de mi cabeza.

    Llegué al hotel y tomé una siesta, quería presentarme lo más despejado posible ante ella.

    Minutos antes de la hora estaba en el lugar, todo seguía tal cual lo recordaba, incluso algunas personas me eran conocidas; la busqué y la vi sentada en el lugar de siempre, avancé a su encuentro como lo hacía en los tiempos de escuela.

    -¿El lugar tiene dueño?

    -La que tiene dueño soy yo.

    Ambos reímos recordando la forma en la que siempre lo hacíamos, la saludé con un beso y tomé asiento.

    -Llegué temprano, te pedí el café que te gustaba, ¿estuvo bien?

    -Perfecto.

    -Antes que nada quiero decirte algo, siempre pensé en cómo iba a decírtelo cuando te volviera a ver y ahora que estas aquí, enfrente de mí, olvidé todo lo que había pensado –dijo cubriendo su rostro.

    -Si es por lo que pasó, no te…

    -Déjame decirlo –me interrumpió– en verdad, perdóname.

    Durante un rato solo el silencio nos hizo compañía, ninguno sabía como continuar hasta que la llegada del café rompió el incómodo momento.

    -Te perdoné ese mismo día, me dolió lo que no te imaginas, pero era más fuerte mi amor que mi enojo.

    -Tuviste razón en todo –dijo bajando la vista– por eso me fui, con el pretexto que aquí no estaba lo que buscaba.

    Tomó mi mano, no supe que hacer o como reaccionar.

    -Tal vez te parezca extraño, pero durante mucho tiempo esperé un momento así, tu y yo en el lugar donde nos conocimos, como si no hubiera pasado algo y siguiéramos siendo novios.

    Continué sin saber qué hacer, no esperaba esta confesión; si alguna vez había pasado por mi mente algo remotamente parecido siempre era yo quién daba el primer paso, me sobrepasó el momento.

    -No quiero saber de tu vida –dijo viéndome a los ojos– hagamos de cuenta que no pasó el tiempo y que seguimos como antes.

    En este momento me decidí a tomar la iniciativa, era ahora o nunca volvería a presentarse la oportunidad.

    -Si vamos a imaginar que seguimos igual, ¿puedo pensar que TODO es igual? –dije ahora siendo yo quien tomaba ambas manos.

    -Todo –fue su respuesta.

    Me acerqué a ella, pasé mi brazo por su hombro y la besé; el hacerlo me transportó a un tiempo pasado que ya no recordaba, disfrutaba de esa boca que sabía a miel y pecado, a deseo e infidelidad.

    Después de un tiempo en el mismo tenor me incorporé y tomé su mano, ella desconcertada volteó a verme como esperando una respuesta, no dije algo; puse un par de billetes sobre la mesa y la ayudé a incorporarse, la tomé de la cintura y acercándome a su costado le susurré.

    -Quiero volver a sentirte mía, si también lo quieres ven conmigo, sino, termina tu café y continúa con tu vida –dije esto último separándome de ella en espera de su decisión.

    Caminó hacia mí y tomó la mano que le ofrecía, salimos del lugar sin decir palabra. Manejé unos minutos hasta detenerme en la entrada de mi hotel, volteé a verla preguntando con la mirada, una sola palabra decidió mi futuro.

    -Hagámoslo.

    Ya en mi habitación la tensión se hacía presente en el ambiente, di el primer paso abrazándola por la espalda y besando su cuello como recordaba le gustaba, no hubo cambio en esa regla; al sentir el contacto de mis labios con su piel involuntariamente el primer suspiro.

    -Mmmm

    Mis manos recorrían al completo su silueta, sentir su figura por sobre su ropa de oficina me enervaba, me enloquecía; la despojé de su saco e inmediatamente después su blusa cayó al suelo, manos me faltaban para completar la tarea de dejarla sin prenda alguna; ella lo sabía, yo lo deseaba.

    Cumplida la tarea la deposité sobre la cama, la besé mientras me despojaba de mi ropa; continuaba tal cual la recordaba, sensual y radiante. Tomó la iniciativa como tantas veces con anterioridad, hizo que me tendiera en la cama mientras gateaba a mi alrededor besando a ratos parte de mi cuerpo, me enloquecía la lentitud y al mismo tiempo deseaba no terminara de hacerlo; en un momento se apoderó de mi falo que, erecto, esperaba por ella, se instaló por encima mío pasando una de sus piernas para colocarse con su vulva a la altura de mi cara; no tuvo que decirme que hacer, sabía lo que quería, lo que la hacía gritar de contenta.

    Sincronizamos nuestro ritmo, ella lamía todo el tronco desde la base hasta la punta, deteniéndose en mi glande dando chupones y mordiscos; yo hacía lo propio en ella, hundí mi cara y lamí sus pliegues, incrustando mi lengua a ratos y chupando su clítoris en otros, provocando sus gemidos que hacían mantener sus manos aferradas a mi carne mientras chupaba con desespero por la avalancha de sensaciones que le provocaba en su cuerpo. Pasado un tiempo su primer orgasmo; se hizo presente al sentir como su cuerpo se tensó y un vendaval fluido arrasó mi cara, mi falo sufría con la garra en que se convirtió su mano por el espasmo sufrido; poco a poco se calmó volviendo a su tarea incompleta pero moviendo su cuerpo a un costado, le encantaba que tocara sus tetas mientras mamaba; nada había cambiado pensé.

    Sentí mi venida por lo que detuve su tarea, una queja salió de ella al verse privada de su cometido, no le di importancia; tomé su cuerpo, la acomodé hincada en la orilla de la cama mientras empujaba su espalda hasta que sus codos tocaron el colchón; era un placer verla así, sumisa, entregada, en espera de lo que quisiera hacer con ella; separé sus nalgas y me coloqué a lo largo de su raja, casi al contacto sentí como sus jugos mojaban toda mi extensión.

    -¡Ya métela por favor!, ¡no me hagas sufrir así! –dijo casi como un reclamo.

    -Pídemela como antes lo hacías –dije mientras tocaba sus tetas bajo su cuerpo.

    -¡Soy una puta!, ¡las putas queremos que nos cojan fuerte!

    -¿De quién es esta puta?

    -Tuya, soy tu puta.

    No terminaba de decirlo cuando incruste mi verga hasta las bolas, su primer quejido fue de sorpresa, el resto… el resto fue solo placer. Recorría todo el camino sintiendo como sus paredes me abrazaban; apretaba cuando entraba y aflojaba cuando salía en un ritmo no ensayado, la tomé de sus tetas y la levanté mientras continuaba bombeando en su interior. Volteé su cara y la besé, un beso salvaje, sin contemplaciones mientras la hacía verse en el espejo frente a mi cama.

    -Quiero que veas quien te está cogiendo, que no te olvides quien fue el primero.

    -Mmmm, sí –dijo viéndome a los ojos –nadie lo hace como tú.

    La tiré a la cama cayendo boca abajo, pasé una almohada bajo su vientre y me acomodé sobre ella.

    -Aaaah –fue su quejido al incrustarme de nueva cuenta dentro de ella–¡dame fuerte!

    No hizo falta su pedido, me hinqué a su costado y, tomándola de la cintura, volví a tomar ritmo penetrando de nueva cuenta en ella; pasado un rato recargué mi pecho en su espalda metiendo mi mano bajo ella hasta encontrar su clítoris, conocía su debilidad e iba a sacar provecho de ella; aumenté el ritmo de mis estocadas mientras con lentitud movía mi mano en su raja, la dualidad la desesperaba, golpeaba la cama con manos y pies pidiendo que parara y al mismo tiempo contradiciéndose al pedirme que siguiera. Fue solo dar un par de estocadas más para que su siguiente orgasmo llegara al mismo tiempo que mi corrida, apreté su vulva incrustándome, si cabía, un poco más dentro de ella; la tomé del pelo y giré su cara para besarla; no me moví hasta que mi erección menguó y no me permitió seguir dentro de ella, ¡que frustración tener que abandonar tan acogedor lugar! Me coloqué al lado suyo mientras nos recuperábamos de tamaña cogida. Volteé mi cara y nuestras miradas se encontraron, acaricié su rostro y acerqué mis labios a los suyos, cerramos los ojos y antes de besarnos el sonido de un teléfono nos interrumpió…

    Desperté agitado mientras la alarma de mi teléfono me indicaba la hora, 7.30 pm.

    Un sueño, un maldito y a la vez bendecido sueño; pasé al baño a lavar mi rostro y a recomponer mis ideas. ¿Una premonición?, pensé; me senté en la cama mientras pensaba, después de un rato tomé mi chaqueta y casi al salir volvió a sonar mi teléfono, pero esta vez no fue la alarma.

    -Hola amor, ¿cómo estás? –Dijo la voz al otro lado de la línea– te llamo porque te extraño mucho, ¿tú a mí?

    ¿Premonición?, pudiera ser que sí; volví a colgar mi chaqueta y me recosté en la cama.

    -Yo más mi vida –dije con sinceridad– voy a descansar ya, te veo mañana.

  • El chantaje de mi hermana mayor (I)

    El chantaje de mi hermana mayor (I)

    Mi nombre es Matías y tengo 25 años.  Vivo en una ciudad del interior de Buenos Aires y, a continuación, les voy a relatar una experiencia que sufrí, gocé y marcó mi vida para siempre, sobre todo en la forma de ver mis relaciones familiares.

    Los hechos transcurren en un frío junio, mientras yo transitaba mis 23 años. En mi familia somos tres; Irene, mi madre, de 54 años; Rocío, mi hermana mayor que yo por dos años y quien les habla. Meses antes de lo sucedido, mis padres se habían divorciado durante un angustiante caso de infidelidad por parte de mi padre. Tanto mi hermana como mi madre se ocuparon de guardar muchísimo rencor hacia el hombre que había arruinado sus vidas, y por momentos, a todo el género masculino. Tras la partida de mi padre, quedé como el único hombre viviendo bajo ese techo, a veces sintiéndome como blanco del odio de las mujeres de la casa. Entendía que la ruptura de una familia de tantos años había sido traumática para todos, pero por momentos me enojaba al pensar que no debía soportar tanto maltrato por parte de mis convivientes, sobre todo de mi hermana Rocío.

    Así como ellas decidieron expresar su dolor en maltratos hacia mí, yo también lo tuve que expresar de alguna forma. Desde que papá se fue de casa, comencé a fumar algún que otro cigarrillo de vez en cuando; siempre a escondidas de mamá y Rocío porque sabía que lo desaprobarían completamente. Sobre todo, teniendo en cuenta que mi abuelo, el padre de mi madre, había fallecido a causa del vicio del tabaco. Fumaba uno o dos cigarrillos por día, siempre procurando que no quede ni una pizca de olor en mi ropa o en el ambiente. Con la ayuda de chicles y perfumes pude canalizar mi dolor tranquilamente sin que nadie se enterara.

    A pesar de que el rencor con mi padre se comenzó a volcar hacia mí, todos los episodios de hostilidad eran normales: típicas peleas de familia en las que yo terminaba siendo el culpable de todos los conflictos. Pero todo empeoró cuando mi hermana terminó con su novio definitivamente después de cinco años de relación. Cada vez que volvía a casa sus ojos estallaban de cólera y ni siquiera se la podía saludar porque su respuesta era un insulto. No se la veía por la casa, salvo para la cena, donde se sentaba a comer de forma voraz y no emitía palabra alguna. Y si lo hacía era para soltar algún agravio. Mientras tanto, mamá no le daba demasiada importancia al mal momento de su hija por su apretada agenda en el trabajo.

    En ese entonces, Rocío tenía 25 años. La larga relación con su ex novio y la seguridad que sentía con él, había hecho que Rocío se dejara de preocupar por su cuerpo; por herencia de mamá, mi hermana ya tenía huesos anchos y baja estatura, pero el descuido de su cuerpo hizo que su rechonchez aumentara dando como resultado una chica de casi 1.60 de altura y varios kilos de más. Su aumento de peso se notaba en su enorme busto, su amplio culo y su cintura cada vez menos visible. Sin embargo, mi hermana aún conservaba sus delicados y bellos rasgos faciales; hermosos ojos celeste intenso, nariz respingada, pómulos perfectamente redondeados y su boca muy amplia y carnosa. Su cabello era otro de sus aspectos positivos ya que era uno de los pocos aspectos que cuidaba de su cuerpo; tenía un pelo extremadamente lacio color negro azabache brillante que le caía delicadamente un poco más debajo de sus hombros.

    La pérdida de su padre, de su novio y de su figura generaron una crisis enorme en mi hermana, quien comenzaba a tener la autoestima por el piso, no salía de la casa y se le pasaba en su habitación haciendo quien sabe qué. En los únicos momentos que se la veía algo tranquila era mientras comía, mejor dicho, devoraba durante la cena. La situación de Roció era casi desesperante, pero desde mi lugar de hermano maltratado no podía hacer mucho así que dejé que las cosas sigan su curso, confiando que era solo una etapa y que todo iba a volver a la normalidad. Que equivocado que estaba.

    Una fría tarde decidí ir al patio a fumar mi segundo cigarrillo del día aprovechando que mamá trabajaba hasta tarde y Rocío había decidido salir a tomar algo con una de sus amigas. Salí al patio trasero con mi campera más abrigada y encendí mi cigarrillo armado con rico sabor a vainilla. Cuando iba por la mitad del cigarrillo, escuché que se abría la puerta corrediza del patio trasero a mis espaldas, dejé caer la colilla de forma instintiva en el césped y giré rápidamente para ver quien había interrumpido mi ritual mientras expulsaba la poca cantidad de humo que quedaba en mis pulmones. Ahí estaba parada Rocío tapándose la boca con la palma de su mano y con su cara invadida de sorpresa y decepción.

    -Matías! ¿Estas fumando? -preguntó ella con voz acusadora.

    -N-no Rocío, no me molestes, déjame en paz –conteste con la adrenalina típica de alguien que había sido descubierto haciendo algo que no debía hacer.

    -Sabes que si se entera mamá te echa a la calle, ¿no? -preguntó Roció con tono amenazante.

    -¡No seas bocona Rocío! Vos te la pasas comiendo y yo no te digo nada – cuando escuché la frase de mis propios labios, me arrepentí al instante. La expresión en su rostro se llenó de furia y eso no era nada bueno para mí. Sabía perfectamente el odio que tenía mamá hacia los fumadores después de la experiencia con su padre y era perfectamente capaz de echarme a la calle si se enteraba que yo tenía el hábito del tabaco.

    -¡¡Apenas vuelva mamá le cuento todo idiota!! -gritó ella y cerró de un fuerte golpe la puerta del patio.

    El regreso anticipado de mi hermana y mi descuido me habían puesto entre la espada y la pared. Estaba aterrorizado, me imaginaba la cara de mi madre cuando Rocío le cuente mi rebeldía y eso era solo el comienzo de las consecuencias. Miré la hora y me di cuenta que aún faltaban dos horas para que mamá regrese a casa. Ese era el tiempo que tenía para improvisar y convencer a mi hermana para que guarde mi secreto. Mis esperanzas se diluían cuando repasaba la frase que le había dicho sobre su debilidad por la comida y cuando recordaba todo el rencor que venía acumulado hacia los hombres. Solo un milagro podía salvarme de semejante situación. Me acerqué a su habitación y golpeé la puerta casi con las manos temblando.

    -¡Ro! ¿Podemos hablar? -pregunté con vos acongojada.

    -¡No! ¡Salí! Anda a hacerte la valija y pensar en donde podés dormir esta -noche pelotudo.

    Dale Ro, perdóname. No te quise decir eso. Yo también la estoy pasando mal con toda la mierda de papá. -dije intentando buscar algo de comprensión.

    -Vos sos un mierda y un mentiroso igual que papá. Así que no te gastes porque mamá se va a enterar de todo –contestó casi gritando de furia.

    -Dale Ro, abrime la puerta y hablemos. Pedime lo que quieras, cualquier cosa, pero por favor no le cuentes a mamá. Ella también esta angustiada por lo de papá y no está bueno sumarle un problema más.

    -Lo hubieras pensado antes de prender un pucho idiota, ahí mamá no te importó nada. – contestó ella furiosa, pero con mucha razón – No pierdas tiempo Matías, no me vas a convencer.

    Decidí encerrarme a mi habitación a esperar lo peor como un preso espera su condena a la silla. Mama llegaba en unas horas y mi intento por convencer a mi hermana de que guarde el secreto fue en vano. Imaginaba las peores reprimendas posibles y, lo que más me dolía, era imaginar el llanto de mamá por culpa de mi estupidez. Pasaron algunos minutos y escuché como se abría la puerta de la habitación de Rocío al otro lado del pasillo. Salí de la mía, todavía con alguna esperanza de que haya un poco de compasión en mi hermana. Pero a partir de ese momento fue cuando me di cuenta que no la conocía del todo y que yo iba a ser la victima principal de su odio hacía los hombres que tanto la habían lastimado y de sus perversiones más oscuras.

    -Queres un puchito para calmar los nervios hermano? -dijo ella sonriente y con tono burlón.

    -¡Dale Ro! No me jodas, por favor te lo pido -supliqué casi con lágrimas en los ojos.

    -¡Ay! No me digas que vas a llorar, espera que traigo la cámara, jaja -soltó entre carcajadas mientras se veía el goce que le provocaba verme sufrir.

    -¡No seas así Rocío! Pedime lo que quieras, por favor, pero no le digas nada a mamá.

    -Mmm, no sé, puede que esté de buen humor y lo considere, pero vas a tener que hacer todo lo que te diga idiota! Porque a la primera que desobedezcas se va enterar todo el barrio de tu vicio. -dijo ella con el tono de una villana de películas.

    -¡Si Ro! Te lo prometo –la sonrisa se me dibujo automáticamente en la cara sin saber los días que me esperaban por delante.

    -¡Bueno boludito! Andá a la cocina y empezá a preparar la cena para cuando llegue mamá -Un precio bastante bajo en comparación a las reprimendas de mamá si descubría mi secreto.

    Ya en la cocina y mucho más relajado ante la oportunidad que Rocío me había dado, me dispuse a hacer una rica cena para los tres. Abrí la heladera y encontré una bolsa con papas y un trozo de carne que quedarían muy bien al horno. Apoyé la carne en la mesada y me puse a pelar papas en la pileta de la cocina. Mientras estaba abocado a mi labor culinaria, oí los pasos de Ro que se acercaban por detrás.

    -¿Y hermanito vicioso? ¿Cómo va la comida? -preguntó maliciosamente.

    -Bien Ro, pero no me digas así, mira si se te escapa delante de mamá.

    -Cállate la boca que acá los pedidos los hago yo, o no te quedo claro? – dijo con bronca.

    -Está bien Ro –conteste con voz baja mientras por dentro deseaba que mi hermana no se vuelva loca de poder al tenerme comiendo de su mano.

    -¿Y qué haces cocinando sin delantal? Te vas a manchar la ropita hermano. -soltó ella con tono burlón y con claras intenciones de ridiculizarme y someterme lo máximo posible.

    -Ahí me lo pongo -accedí para no generar una excusa y que la reprimenda sea peor.

    No me dio tiempo a ir a buscar el delantal y se paró a mi lado mientras yo cortaba cuidadosamente las papas. La miré de reojo para no hacer contacto visual directo y noté que estaba más producida de lo normal: se había puesto una blusa negra bien entallada al cuerpo y muy escotada que dejaban a la vista la mitad de sus carnosas tetas blancas. Nunca había notado que tenía un lunar decorando su pecho izquierdo que le quedaba muy bien. Para acompañar su sexy blusa se calzó una pollera negra por encima de las rodillas y unos borcegos del mismo color. Su pollera dejaba ver sus anchas piernas y, de vez en cuando, con el movimiento se podían ver sus anchos jamones que terminaban en su amplio culo. Varios meses habían pasado desde que había visto a Rocío medianamente decente en su vestimenta. Me di cuenta en un segundo que el hecho de tener el poder completamente sobre mí era considerado para ella una ocasión especial y debía vestirse acorde. Esto ya iba demasiado lejos y, lo peor de todo era que no sabía que tan lejos podía llegar en los próximos días. Muchas ideas se me pasaban por la cabeza mientras ella seguía parada a mi lado con una sonrisa perversa y mirando con atención cada uno de mis movimientos.

    -¡Carne al horno con papas, que rico! -dijo ella con tono algo sarcástico- la primera vez que te veo hacer algo útil hermanito.

    -Gracias -contesté masticando mi propia bronca.

    -De nada, porque, al fin y al cabo, vos y los hombres en general no sirven para nada –dijo con tono perturbadoramente calmad – lo único que vale la pena en ustedes esta de la cintura para abajo. Así habría que tratarlos, como un pedazo de carne. Vos no vales más que este pedazo de carne –dijo mientras el cólera iba aumentando en su voz y apretaba violentamente la carne que había dejado en la mesada. Levantó el trozo de carne chorreante y lo estampó en mi cara y lo refregó por mi ropa manchándome todo. Luego de mirarme con toda mi ropa sucia soltó una vil carcajada– Te dije que te pongas delantal porque te podías manchar hermanito, jaja.

    Estuve a punto de reaccionar y devolverle su agravio, pero de alguna manera logré contenerme y devolverle una sonrisa extremadamente falsa. Ella se regocijaba en su poder mientras me veía sucio y humillado. La felicidad se dibujaba en su rostro ante la posibilidad de volcar todo su rencor en su hermano menor. Luego de masticar y tragar rabia por el asqueroso acto de mi hermana, abrí uno de los cajones de la cocina y saqué un delantal de cuerina negra que mamá guardaba entre sus elementos de cocina. Antes de que pudiera embocar la cabeza en el orificio del delantal, mi hermana me frenó de golpe.

    -Shh! ¿Qué haces hermanito? ¿Cómo te vas a poner el delantal arriba de la ropa toda sucia? -dijo ella manteniendo su malévola sonrisa mientras cruzaba los brazos bajo sus enormes ubres.

    -Bueno, espera que me voy a cambiar –dije mientras me encaminaba a mi habitación a cambiarme la ropa toda manchada por la carne cruda. Ella hizo un paso para ponerse delante de mí y cortarme el paso.

    -Nada de cambiarse, sacate la ropa sucia y ponete el delantal arriba.

    -¿Pero Rocío, como voy a cocinar así en bolas? -dije intentando dar un poco de lástima.

    -Se nota que no entendiste la charla que tuvimos hace un ratito. Sin cuestionamientos a todo lo que yo te pido era el trato. Salvo que quieras que mamá se entere que sos un pendejo vicioso. Y cambiame esa cara de enojado que te queda fea, pone una sonrisa para obedecerme.

    No contesté porque sabía que era una batalla perdida así que con mi mejor sonrisa actuada me saqué toda la ropa sucia y quedé solo cubierto por mi bóxer blanco. Ella me veía gozando el poder que tenía sobre mí y no paraba de recorrerme con su mirada mientras su boca dibujaba una amplia sonrisa. Me puse el delantal que era de la talla de mi madre, por lo que me quedaba extremadamente apretado y ridículo. A través de la cuerina negra se podía ver la silueta de mi verga dormida que se inclinaba hacia un costado. Ella seguía riendo y gozando de la vista mientras yo seguía cortando las papas y poniendo la carne en el horno que mi hermana había usado para humillarme.

    -Mati –dijo mientras yo estaba de espaldas. Cuando me di vuelta estaba apuntándome con su celular y sacando varias fotos– jaja, perdón, pero quería tener un recuerdo de tan hermoso momento.

    -No Rocío, me parece que te estás pasando –dije sin poder contener más mi bronca.

    -¡No te lo repito más Matías! Deja de cuestionarme porque vas a tener problemas más graves que una foto con un delantal. -dijo cambiando su tono al de una mamá que reta a su hijo.

    Me di vuelta sin responder y seguí cocinando. Ella seguía a mis espaldas mirando las fotos vergonzosas que me había sacado mientras yo irradiaba bronca. En ese momento me di cuenta que Rocío se había embriagado de poder, un poder que yo le había concedido, y que sería capaz de cualquier cosa con tal de humillarme. Cuando saqué la cena del horno, escuché que el auto de mamá entraba al garaje. Yo aún seguía con el ridículo delantal que mi hermana me había obligado a ponerme así que junté la ropa manchada del suelo de la cocina y corrí apresuradamente a mi habitación a cambiarme.

    -Hola chicos! Ya llegué –gritó mamá después de cerrar la puerta a sus espaldas– Que rico aroma a comida, ¿quién cocinó?

    -Matías y yo ma, hicimos carne al horno con papas -mintió Rocío.

    -Pero que sorpresa ustedes haciendo algo juntos. Siempre se están llevando como perro y gato y hoy cocinaron juntos –expreso mamá con tono alegre.

    -Te queríamos dar una sorpresa ma, sabemos que volvés cansada de trabajar todo el día. -dijo Rocío en una impecable actuación.

    Mientras escuchaba la conversación, por dentro explotaba de bronca. No solo mi hermana me había humillado y sometido a su voluntad, sino que también había quedado bien parada con mamá al decirle que ella había colaborado con la cena. Pero me tranquilice al recordar que no podía hacer nada al respecto, tenía las manos atadas al secreto que había descubierto Rocío e iba a estar a su merced mientras ella siga en sus planes de verme derrotado. Me tranquilicé al darme cuenta que el hecho de que mamá estuviese en casa me daba un respiro de los caprichos de mi perversa hermana.

    Mientras comíamos tuvimos algunas de las banales charlas de familia. En algunas ocasiones, Rocío me miraba con su sonrisa perturbadora y me guiñaba uno de sus ojos azules, yo respondía con una sonrisa casi imperceptible mientras mamá disfrutaba la cena que había preparado con esfuerzo y humillación. Rocío se había dejado su atuendo de ocasión especial y, cuando no me veía, no podía evitar bajar la mirada a sus enormes tetas apretadas en ese escote. No podía creer que, después de toda su maldad, aún podía mirar las tetas de mi hermana con cierta lujuria.

    Una vez que terminamos de cenar, mamá nos dijo que estaba muy cansada y que se iba a dormir. Yo dije lo mismo en un intento de escapar de las garras de Rocío antes que se le ocurra alguna otra exigencia. Pero ella ya tenía un as bajo la manga.

    -Dijiste que ibas a lavar los platos Mati –dijo Rocío con su sonrisa macabra antes que pueda levantarme de la mesa.

    -Cierto Ro, ahora los lavo –dije con esa sonrisa que ella exigía.

    Junté los platos sucios de la mesa mientras mamá nos despedía con un beso a cada uno y caminaba rumbo a su habitación. Rocío se quedó sentada en su silla con la atención fijada en la pantalla de su celular. Al espiar vi que movía su dedo pulgar de derecha a izquierda mientras se regocijaba viendo mis ridículas fotos. Seguí lavando los platos mientras rogaba que se termine ese maldito día de una vez por, pero Rocío aún tenía algunos planes más. Se acercó caminando por atrás y me abrazó por los hombros juntando sus manos en mi pecho. Podía sentir como el peso de sus tetas caía en mi espalda. Era mi hermana y me estaba haciendo la vida imposible pero el contacto de ese enorme busto me generó una enorme erección que traté de ocultar.

    -¿Viste que puedo guardar un secreto mientras te portes bien hermanito? – me susurró con su boca pegada a mi oído.

    -Eh, si, gracias Ro –dije más preocupado por ocultar el bulto entre mis piernas que por lavar los platos.

    -Hasta mañana hermanito, mañana a las 10 quiero el desayuno en la cama –dijo, me dio un beso entre la mejilla y el cuello y se fue saltando de alegría hacía su habitación.

    Respiré profundo aliviado de que el día había terminado. Ese alivio duró poco al darme cuenta que no podía entender cómo podía sentir excitación sexual en un momento así. Mi verga seguía dura como una piedra bajo mi pantalón después de haber tenido un día horrible. Mi perturbación se incrementaba a cada momento así que decidí irme a la cama y desestresarme con una paja antes de dormir. Busqué un video porno de mi agrado en mi celular y empecé a acariciar mi barra de carne suavemente mientras iba aumentando la presión y la velocidad de mi mano. Tuve un orgasmo largo e intenso que produjo un volcán de leche espesa que fue a parar a mi ropa interior. Cuando acabé me di cuenta que no había estado mirando el video en mi celular, sino que había cerrado los ojos con la imagen de las tetas de Rocío en mi mente. La situación me estaba preocupando porque sabía que esto iba a seguir por varios días y, principalmente, porque la humillación de mi hermana despertaba una lujuria animal en mi cuerpo.

    Dejé el celular en mi mesa de luz y me acosté deseando tener una noche de sueño reparadora para enfrentar el viernes que se venía. Pasaron diez minutos y mi celular vibró anunciando la llegada de un mensaje. Miré la pantalla implorando que no sea quien yo temía, pero el celular mostro el nombre “Rocío” con la alerta de un nuevo mensaje. “vení al baño que necesito algo” rezaba el imperativo texto de mi hermana. Le contesté que me estaba quedando dormido y si no podía esperar hasta mañana. Su respuesta fue una de las ridículas fotos que me había sacado en la situación de la cocina. De mala gana y cansado, me puse un viejo pantalón gris de entrecasa y fui al baño. Golpeé la puerta y desde adentro, ella susurró que entrara. Al entrar ella estaba parada con su sonrisa de jefa malévola y una tanga blanca en la mano.

    -¿Que necesitas Ro? -le pregunté con vos de dormido y sin entender nada.

    -Hermanito, me quedé sin tangas limpias. Y ahora que vos me debes algunos favores pensé que me podías lavar una –dijo mientras estiraba su brazo para darme su tanga. Resoplé a modo de fastidio, pero no contesté nada y agarré la tanga. Al contacto con mis manos noté que la tela de encaje estaba húmeda, casi mojada y con el característico olor agrio de la intimidad femenina. Arrugué la nariz para mostrar mi asco, aunque realmente la situación me generaba más adrenalina y excitación que rechazo. La tomé con la punta de mis dedos y abrí la canilla del baño para lavar la tanga de mi hermana.

    -Con la lengua hermanito –dijo mostrando sus dientes y disfrutando de mi reacción.

    -¡No seas asquerosa Rocío! -contesté sorprendido ante la depravada exigencia.

    Se acercó de un salto, me agarró violentamente del pelo y empezó a hablar entre dientes con furia en su voz.

    -¡Voy a ser todo lo asquerosa que quiera hijo de puta! Y vos te vas a tener que callar la boca y hacer lo que te digo, porque ya mismo la despierto a mamá y le muestro esto –dijo mientras con su mano libre me mostraba mi paquete de tabaco que, de alguna manera, había encontrado hurgando en mi habitación.- Así que junta mucha saliva y lávame la tanga con la lengua hermanito.

    Con una mezcla de asco y excitación accedí al ver que no tenía opción. Junté toda la saliva que pude en mi boca y comencé a lamer la ropa interior de mi hermana mientras sentía como el sabor de sus jugos me llenaba la lengua. El gusto de mi hermana era una mezcla de transpiración y flujos que me parecía horrible, pero de alguna manera, el contacto de su ropa interior con mi boca me comenzó a excitar. Seguí lamiendo cada vez más acostumbrado al agrio sabor en mi boca y cuando volví a mirar a mi hermana, ella había metido su mano bajo su pollera negra y había empezado a masturbarse de forma silenciosa mientras miraba atentamente como mi lengua recorría lo amarillento de su tanga. Se mordía su labio inferior y el ritmo de su mano iba aumentado mientras metía sus dedos en la humedad de su vagina, se escuchaba de forma clara el chapoteo que producían sus dedos empapados de fluidos y unos segundos después sus piernas se comenzaron a aflojar en un orgasmo interminable que la hizo estremecerse entera. Yo seguía con la tanga en mi boca sin darme cuenta que la escena me había generado otra erección bajo mi pantalón y que Rocío ya había notado.

    -Te das cuenta que tengo razón? ¡Son todos unos cerdos! Se te paró la pija mientras lames el flujo de tu hermana en un tanga, depravado –dijo mientras se acomodaba la ropa y recuperaba el aliento. Se acercó a mí, me agarró violentamente del mentón y metió sus dedos enchastrados de flujo en mi boca hasta mi garganta.- Así me gusta pajerito! A las órdenes de su hermana.

    -Rocío, de verdad te digo. Tenemos que parar con esto, por lo menos mientras mamá está en casa. Nos llega a ver nos mata a los dos. -dije buscando un poco cordura.

    -Sabes bien que mamá duerme como un tronco cuando vuelve de trabajar, así que no te quieras salvar de mí hermanito. Aparte tu pija no dice lo mismo –dijo mientras me pegaba un fuerte y doloroso manotazo en mi venosa y dura pija– ¡Apa! Pero que bien calza mi hermanito. Ahora te toca a vos, hacete una paja así te vas a dormir tranquilito para obedecerme mañana -dijo con la petulancia en su rostro mientras se sentaba en la tapa del inodoro.

    Sabía que no iba a aceptar un “no” como respuesta así que acepté sin reclamos para irme a dormir lo antes posible. Bajé mis pantalones y mis 18 cm de verga saltaron como un resorte al liberarse de la presión de mi ropa. Pude ver la sorpresa y la depravación dibujados en el rostro de Rocío. Comencé a recorrer mi trozo de carne con la mano de arriba abajo cada vez más rápido y luego de unos minutos, un disparo abundante de leche fue a parar a uno de los azulejos del baño ante la atenta mirada de mi hermana. Mientras me volvía a vestir ella me miraba y hacía un gesto de aplausos.

    -Muy bien hermanito, que obediente. Vas aprendiendo a obedecer a tu hermana mayor –me dijo mientras me acercaba la cara y olía sus propios olores íntimos en mi boca. Miró el manchón de leche en el azulejo, paso su dedo índice juntando gran parte del espeso líquido y lo metió en su boca seguido de un gesto de aprobación como haría un catador de vinos– Hasta mañana hermanito, acordate que mañana quiero el desayuno en la cama.

    Me quede parado en el baño unos minutos sin poder comprender lo que había pasado durante todo el día. Acepté que mi hermana me pidiera lo que quiera a cambio de guardarme un secreto, sin saber que su rencor y su crisis la habían llevado a lugares extremadamente lujuriosos. Se estaba vengando de todos los hombres que la habían llevado a ese lugar y estaba aprovechando conmigo para satisfacer sus fantasías sexuales más ocultas. Yo demostraba que eso no me agradaba, aunque en el fondo me generaba una excitación inexplicable y mucho morbo. Pero ella quería humillarme, degradarme y maltratarme, por lo tanto, yo debía seguir demostrando rechazo para que ella sienta que me está maltratando.

    Esa noche dormí de corrido, pero con muchos sueños muy vívidos y reales. Se me aparecieron las tetas de mi hermana, un montón de tangas sucias salían de mi boca, trozos de carne caían sobre mí mientras mi hermana se masturbaba frente a mí y muchas imágenes escabrosas más. Pero aún después de tantas imágenes perturbadoras, me desperté con las sábanas manchadas por mis sueños húmedos y bien descansado para obedecer las órdenes de Rocío.

    Continúa.

  • Lujuria & taboo

    Lujuria & taboo

    Un poco de suerte y giros repentinos hicieron que la madre de mi novia se hiciera adicta a mi verga.

    Nunca he tenido una visión clara del amor, siempre lo he sentido y expresado liberalmente a pesar de mi corta edad y de los tabúes de la ética, religión, filosofías y demases. En momentos de pasión, todo lo que está encadenado puede desencadenarse, y es justamente lo que pasó en esta historia.

    Mi familia siempre fue bastante religiosa, mis padres solían ir a la iglesia todos los domingos, tanto era su devoción o como se diga, que casi que me obligaban asistir a misa. Gracias a ello, hoy en día, la iglesia y todo lo relacionado con ella me causa repudio y rechazo.

    Lo único en ese entonces que me motivaba ir a ella, era una chica muy bonita que se llamaba Elena, la cual tenía unos ojos pardos grandes, abiertos y una mirada que sentías que te escaneaba prácticamente el alma, su pelo era largo color oscuro ceniza, su sonrisa era muy bonita, como si hubiese dejado de usar frenillos hace poco. Ella era una de las pocas jóvenes que iba a misa y a mí me hervía la sangre cuando la veía. Los botones de su blusa blanca se veían ajustados y eso que no se trataba de una persona de grandes pechos, más bien medianos y en cuanto a su trasero podría decir lo mismo. Me gustaba mirarla de arriba a abajo, me imaginaba como sería tenerla en mi cama besando sus labios carnosos y acariciando su piel morena. Siempre que la miraba trataba de hacerlo lo más discretamente posible, pero un día me descubrió.

    Siempre después de misa se suelen dar charlas entre los asistentes, es como la sobremesa después del almuerzo. Bueno resulta que mis padres conocieron a los padres de Elena en una de estas charlas y para suerte mía se llevaron bien. Por lo que cada vez que nuestros padres iban a misa, se daba una charla eterna entre ellos y su devoción por «el señor». Gracias ello tuve la oportunidad de acercarme a Elena, que cada vez que terminaba la misa, se sentaba en el banquillo junto a un árbol a pasos de la iglesia.

    Es increíble, pero la primera vez que sucedió esto no la fui a saludar, algo me detenía, quizás era el miedo al rechazo, o por esa vez que me había descubierto mirándola obscenamente. Sin más rodeos la segunda vez me le acerqué y para sorpresa mía me saludó sin ningún problema, como si ya me conociera. Y es que es verdad, llevábamos yendo a la misma iglesia desde que éramos pequeños y con el paso de los años yo sentía que se empezaba a manifestar una tensión sexual en el ambiente, cada vez que estábamos cerca. Para cuando esa tensión no daba para más, yo tenía 21 y ella 19 y fue justo en esos días, de cuando Elena se sentaba en esa banquilla cerca de la iglesia, cuando nuestra relación empezó a florecer. Empezamos a encontrar que teníamos cosas en común, nuestro gusto por la música, la discrepancia por la iglesia y… el sexo.

    Pasaron muy pocos domingos para que la relación entre Elena y yo subiera de escalón. En algún momento le pregunté porqué es que casi siempre usaba la misma ropa para ir a la iglesia, ya que siempre vestía su blusa blanca y jeans azul claro. A lo que ella me respondía, a que se debía a que ni su madre ni su padre estaban interesados en comprarle ropa nueva. De cierta manera lo entendía pero después de un silencio me dijo:

    «Y también porque nunca me dejas de mirar cuando las uso».

    Y ahí fue en cuando no dudé y le di un beso, que se sintió eterno. Sentir su lengua mientras con una de mis manos tocaba su cadera y luego abdomen, era un sueño. Cada vez que nos besábamos mi mano exploraba una nueva parte de su cuerpo, hasta que nos detuvimos. Los dos estábamos demasiado excitados y nuestra temperatura era tanta que estábamos sudando, el día tampoco nos apoyaba en ese sentido. Después de eso quedamos en juntarnos el siguiente domingo, pero algo terrible pasó, la madre de Elena nos encontró besándonos cuando esta la llamaba para irse a casa.

    Y ustedes se preguntarán, como es eso posible si tiene 19 años, puede irse a casa sola. Pues así son las familias fanáticas y conservadoras (no todas) y las hay peores.

    Para cuando Elena se había ido yo ya tenía su número de hace unos días atrás así que empezamos a organizarnos y a salir, esta vez íbamos a lugares donde había poca gente y teníamos encuentros casuales en parques, llevábamos mantas y cualquier cosa que nos sirviera para ocultar que teníamos sexo. Muchas veces nos encontrábamos en posiciones extrañas cuando la gente pasaba. Lo bueno es que Elena no gemía fuerte, si había algo que me encantaba era mirar su cara cuando tenía un orgasmo, pasaba de ser una mujer tan pura de ir a una iglesia, a ser una verdadera puta adicta a mi semen. Nos amábamos mucho, nos encargábamos de cumplir todas nuestras fantasías sexuales.

    Mucho antes de que nuestros padres lo supieran nosotros ya éramos novios y Elena les explico a los suyos de que el beso de aquella vez cuando su madre nos descubrió, no había sido casual y que sentía algo por mí.

    Su madre lo aceptó, a lo que reaccioné contento porque no me lo esperaba, de hecho me esperaba una negativa y me emocioné cuando Elena me contó por Whatsapp, que su madre aprobaba nuestra relación.

    Y así fue como conocí a Gloria, la madre de mi novia. Una mujer no más grande que mi novia (1.65), pero que lo tenía todo.

    De verla en la iglesia a verla en un apretado pijama paseándose por su casa, cambio bastante mi perspectiva. Era una de esas milfs «gordibuenas». Todo lo que tenía mi novia, su madre lo tenía por dos, en resumen el doble de tamaño de sus pechos, un culo grande y parado. Pero la singularidad más grande que tenía, era su alegría e inocencia. Nunca me sentí intimidado por ella a pesar de que a veces se enojaba con su marido o con su hija enfrente de mí. Ella siempre me trató con respeto y no sabía que había metido un diablillo en su casa.

    Y hablando de su casa, era bastante bonita, claro que era heredada por la familia de su marido, tenía dos pisos, abajo estaba el living y el dormitorio de mi novia y arriba estaba el dormitorio de la empleada y de los padres de Elena.

    Pasó mucho tiempo, mi relación con Elena no podía ser mejor, tenía mucho apego a su familia, incluso me sentía uno de ellos, creo que a Elena le pasó lo mismo con la mía. Ya eran 2 años y me había enterado de todo. El árbol familiar, los viajes, hasta los dramas familiares. Habían cosas que me impactaban escuchar, Elena me solía contar anécdotas de sus padres, pero las que más me impactaban era cuando me contaba historias sobre Gloria.

    – Cuando mi madre estuvo embarazada esperándome a mí, mi padre salía casi siempre de casa a trabajar para mantenernos. Un día mi madre me contó, que una tarde un vecino, supuesto amigo de la familia, estaba borracho y tocó el timbre de la casa, buscando a mi padre. Pero mi madre dijo que no se encontraba y que estaba trabajando. A pesar de eso el tipo insistió diciendo que podía esperar adentro. Mi madre, que era joven y aún más bonita e inocente en ese entonces lo dejó pasar, pensando en que se trataba de problemas de dinero entre mi padre y ese hombre. En un momento el sujeto pilló a mi madre desprevenida, la agarró fuertemente de los brazos y la guío al cuarto más cercano. Y pasó lo inevitable».

    El vecino había violado a Gloria estando embarazada, Elena me detallaba cada detalle mientras yo escuchaba:

    – Mi madre me contaba que sentía mucha vergüenza por contarme su historia, pero también sentía que era bueno para prevenir de que algo así me ocurriera, ella me decía:

    – Cuando el tipo me llevó al cuarto simplemente cerré los ojos, sabía que no estaba en posición de hacer algo, te tenía a ti y no podía forzar mi cuerpo o escapar, por miedo a perderte. El hombre que me violó no perdió su tiempo, empezó a tocarme de arriba a abajo sin parar, me succionaba leche de mis pechos, mordía mis pezones y me besaba sin parar, era imposible que mi concha no se pusiera húmeda.

    Durante mi embarazo estuve muy cachonda y tu padre siempre me fue infiel, así que no teníamos contacto alguno en la cama. Por lo que ese día, cuando el vecino entró a la casa, cada vez que me embestía poco a poco empezaba a disfrutarlo, hasta que finalmente después de varios minutos se corrió dentro. El tipo se fue eventualmente y a las pocas horas llegó tu padre, para ese entonces yo ya me había bañado y borrado rastro de todo lo ocurrido.

    Quedé impactado con su historia, no sabía que decirle a Elena la vez que me la contó. Fue ahí donde algo hizo «click» en mí. Estaba sintiendo atracción por Gloria, aparte de su belleza, me estaba gustando su fortaleza, alegría e ingenuidad.

    Con el pasar de los días esta atracción paso a ser más evidente, yo sabía que Gloría pasaba por una frustración sexual y que no tenía contacto con su marido, también sabía que alguien joven podía ser tentador para ella. Así que empecé ir días a casa de Elena cuando sabía que era más probable que encontrara a Gloria sola.

    Traté de ser evidente. Cuando ella me sonreía yo le sonreía con una mirada más «picaresca», cuando ella movía su pelo estando cerca mío, no podía evitar que se me parara, su aroma era intenso y cada vez que nos encontrábamos solos había una tensión sexual más evidente.

    Por mi parte, me entusiasmaba el hecho de tener sexo con la madre de mi novia y por otra, no podía creer que quizás mi futura suegra de 45 años pudiese ser una posible perra personal.

    Hasta que al fin llegó el día, en el que toda la familia estaba fuera menos Gloria. Ese día había hablado con Elena por Whatsapp y le había preguntado si estaría en casa, a lo que me dijo que no y que regresaría muy tarde porque estaba en la casa de su mejor amiga.

    Asumiendo que el padre estaría en otro lugar siéndole infiel a Gloria, fui a su casa inventando una excusa de que Elena me dijo que la esperara allí.

    – ¡Aster que lindo estás, ¿esperas a Elena? -Me preguntó Gloria.

    A lo que respondí sí, bastante cortante. Ella me preguntaba si pasaba algo malo y yo le decía que no. Que necesitaba hablar con ella a solas.

    Sin más ella me guio al living, donde hablamos de cosas muy banales. Incluso hablamos de la fidelidad y cuál era la visión de la iglesia acerca de ella. Fue ahí cuando la conversación se tornó algo incomoda, hubo un silencio y dejamos de hablar, hasta que todo cambió, cuando le dije que se veía hermosa mientras me la comía con la mirada. Ella se percató y solo sonrió mientras sus mejillas se tornaban rojas.

    – Gloria no sabes cuánto te deseo. – Le dije con la voz algo entrecortada.

    – Lo sé. – Me dijo mientras sonreía.

    La abracé y fundí mi cabeza en sus pechos mientras olía su aroma de perfume de frutas. Seguido a eso nos empezamos a tocar y besar desenfrenadamente, mientras las ropas caían una por una, haciendo camino hacía el cuarto de Elena.

    Desnuda Gloria se dejó caer en la cama y al fin pude admirar su desnudo cuerpo, esos pechos tan grandes al fin los podía tocar, a pesar de tener manos grandes, sus senos superaban más de lo que podía agarrar con una mano.

    Tomé la iniciativa y lo primero que hice fue hacerle un oral, metiendo mi lengua lo más profundo posible. Estoy seguro que fue el mejor oral de su vida, porque después de unos minutos me rogó que se la metiera.

    Ver a la madre de mi novia tan vulnerable, lo único que hizo fue excitarme más de lo normal. Por lo que con tan solo 10 minutos de embestirla duramente y sin parar me corrí dentro sin poder evitarlo. Sus gemidos eran canto para mis oídos, de verdad amaba a esa mujer. Su interior se sentía tan apretado y rico que sentía que la satisfacción de hacerle el amor valía el doble de hacérselo a su hija.

    Elena tenía mucho que aprender de su madre, en tan solo minutos Gloria hizo que me corriera y lo único que hizo fue presionar su concha con toda la fuerza posible para exprimir la verga de su nuevo amante.

    Después de haberme corrido por primera vez en su vagina, ambos quedamos exhaustos, caí a su lado y ella no paraba de decir que me amaba y que fue lo mejor que había hecho en años. Empezamos a besarnos hasta que de nuevo se me paró. Tenía ganas de que se me pusiera encima y sin decirle nada ella lo hizo, como si estuviéramos conectados. Solo quería sentir su peso encima de mí. Quería morir de un orgasmo y ella también, simplemente lo sabía, por la forma en que movía sus anchas caderas. Sentir sus glúteos rebotando en mis piernas y mis pelotas húmedas mientras nuestros jugos y sudor recorría nuestros cuerpos, no tenía precio. Para cuando ya estábamos por llegar nuevamente, apreté sus enormes senos con toda mi fuerza mientras la embestía. Ya no podía aguantar más, la perra sucia me gritaba:

    – ¡Házmelo como a Elenita hijo de puta! – Me decía, mientras sus ojos se desorbitaban.

    Después de eso, me corrí inevitablemente por segunda vez, esta vez había durado 20 minutos. Mi pene me dolía, estaba muy irritado sin embargo lo único que pensaba, es que quería hacerlo una y otra vez más con esa gran puta que tenía al lado.

    No le di descanso, después de haber terminado en su concha, seguí usando los dedos para forzar más sus orgasmos, Gloria se retorcía y sus ojos se tornaban blancos. Me decía que parara, pero para mí era imposible. A ella le tambaleaba todo el cuerpo, solo bastaba con que le tocara un pezón para que se retorciera y gimiera. Mirando como sufría y orgasmeaba a la vez, se me paró de nuevo, pero esta vez la puse en cuatro. Y esos 15 minutos fueron los mejores de mi vida cada vez que se la clavaba hasta el fondo ella gritaba, estaba demasiado sensible y sus gemidos se convirtieron en gritos entre cortados por orgasmos continuos. Dentro de mí sentía solo placer y plenitud de saber que al igual que yo, ella estaba pasando uno de los mejores días de su vida.

    Saqué mi pene justo antes de correrme y la agarré del pelo dirigiendo su boca a mi miembro, me corrí mientras su lengua me succionaba y lamía cada gota de semen hasta tragárselo todo.

    Sinceramente nunca pensé que una ama de casa que asistía a iglesias, podía ser una perra tan hecha y derecha.

    Gracias Gloria