Blog

  • Gina y el séptimo piso

    Gina y el séptimo piso

    Gina y yo vivíamos un idilio. Una romántica aventura prohibida. Una vez por semana, durante la hora del almuerzo nos escapábamos a un motel cercano a tirar. Nos turnábamos para salir, primero uno y a los cinco minutos el otro con el afán de no levantar sospechas entre la gente del trabajo. El primero esperaba al otro a dos cuadras de la oficina y tomábamos un taxi con rumbo al delirio. Volvíamos justo a tiempo para almorzar y volver al trabajo.

    Para este entonces ya estábamos muy entrelazados, cuando llegábamos al motel nos volvíamos uno, los cuerpos encajaban perfectamente. La ponía a chupar por largos minutos viendo su cuerpo delgado contonearse en el espejo encima de la cama. Ella me decía “cosita”. Me sentía algo culpable, yo tenía una novia que a la postre sería mi esposa, pero aquello era muy intenso.

    Un día llegó con una sorpresa para mí. Llegamos al motel, nos desnudamos y la vi sacar de su mochila una correa de perro de color rosado. Se acercó a mí, me la entregó. Pude ver que traía una placa, decía “Cosita”. Se la enrolló en el cuello, se puso en cuatro patas y le di un paseo por toda la habitación deteniéndonos constantemente para que me mamara la verga. Era el tipo de cosas que hacíamos, era increíble.

    Yo trabajaba en el sexto piso, ella en el quinto. Chateábamos todo el tiempo, a veces de cualquier cosa, a veces de sexo. Resultaba yo a las tres de la tarde con una erección de los mil demonios con ganas de raptarla hacia nuestro escondite, aunque claramente era imposible a esa hora. Pero se iba a encontrar la forma…

    -¿Qué haces? -le pregunté en el chat.

    -Estoy terminando algo, cansada -respondió.

    -¿Tan cansada como para tragarte toda mi leche?

    -ufff, para eso nunca estoy cansada cosita

    -La tengo dura, vamos para el motel

    -jajaja bobo, a esta hora no se puede

    -Yo sé, pero tengo muchas ganas de ponerte en cuatro y darte duro

    -ufff cosita basta jejeje

    -Por qué no subes y me la chupas acá en el puesto, que lo sepan todos

    -jajaja si? Mejor no jejeje

    -bueno vamos al baño

    -nos puede ver alguien oye, estás loco, me encanta

    -debe haber un lugar…

    Mi mente empezó a recorrer todo el edificio en busca de un lugar en donde pudiera saciar mis ganas de cogerme a Gina. No había muchos lugares para tales fines. De repente lo encontré.

    En el séptimo piso no había nada, solo una puerta que daba a la azotea del edificio, siempre estaba cerrada. Frente a la puerta había un espacio de 2×2 metros más o menos justo al terminar la escalera. Nadie subía, solo la gente de mantenimiento de vez en cuando.

    -Creo que sé dónde podemos vernos -Le escribí.

    -¿Dónde? -Respondió.

    -El séptimo piso

    -Peligroso, que tal que suba alguien?

    -Yo sé que es peligroso, no te gusta?

    Hubo una pausa larga.

    ¿Cómo hacemos? -Me escribió.

    Me levanté de mi puesto y caminé un largo pasillo que llevaba al hall del sexto piso. Me asomé a la escalera que daba al séptimo piso y pude ver la gran puerta blanca de metal cerrada con candado. Volví a mi puesto.

    -En cinco minutos te espero en el séptimo piso -le escribí.

    -ufff, bueno -Respondió.

    Esperé un momento para asegurarme de que no hubiera moros en la costa y subí las escaleras. Me posicioné de espaldas a una de las paredes y posé mi mirada en las escaleras. No tardé mucho en escuchar unos pasos que subían, vi a Gina aparecer. Iba a dar el paso para subir el primer escalón y se detuvo, miró hacia atrás, miró hacia mí y empezó a subir.

    La recibí con un beso en sus gruesos labios. Desabroché su jean y metí mi mano entre su tanga. Mis dedos se impregnaron de sus jugos y Gina soltó un gemido. Tomé su mano y la puse sobre mi verga aún oculta por mi pantalón, ya tiesa, ya lista. Me bajé el cierre y saqué mi falo. Casi instintivamente, como era nuestra costumbre, Gina se arrodilló, abrió su boca y empezó a chupármela.

    En un relato anterior hablé de las mamadas de Gina y creo que hablaré de eso siempre que relate nuestras experiencias. Gina chupaba verga como nadie más. Generaba saliva para humedecerla toda y mientras se la tragaba sostenía la base haciendo un movimiento circular con la mano y con la cabeza, lo recuerdo y se me para. Nunca fue de tragársela toda, cuando yo sujetaba su cabeza y hundía mi verga hasta el fondo de su garganta hacia arcadas y terminé entendiendo que aquello de la garganta profunda no era lo suyo. No me recriminaba nunca, dejaba que yo le hiciera lo que quisiera. Recuerdo una frase que me dijo una vez cuando la vi coqueteando con otro chico y le recriminé por celos, le dije que si íbamos a estar juntos debía ser solo para mí, ella dijo “Yo hago lo que tú me digas”.

    Volviendo al séptimo piso. Me la siguió mamando hasta que no pude contenerme y sujetando la parte posterior de su cabeza vacié todo mi semen en su boca. Tosió un poco pero se tragó todo, mi niña juiciosa. Se levantó, nos despedimos y bajó, yo bajé después.

    Habíamos encontrado el sitio, ya no solo nos íbamos una vez por semana a un motel sino que otro par de veces por semana nos encontrábamos en el séptimo piso. Pasamos de simples mamadas a coger allí mismo. Ella se inclinaba sobre la pared y me ofrecía su culo. Solía penetrarla por el chocho mientras con mi dedo pulgar le trabajaba el ano, a ella le encantaba.

    En una ocasión decidimos subir tipo 6 de la tarde, yo fui el primero en llegar y para mi sorpresa la puerta estaba abierta. Ya yo conocía la azotea pero nunca la había visto de noche. Salí a la azotea para ver si había alguien allí, no había nadie. El cielo estaba estrellado, las calles rebosaban de automóviles. El hecho de que la puerta estuviera abierta era clara señal de que algún trabajo estaban realizando y pensé en abortar la misión, me di la vuelta para bajar la escalera y vi a Gina sonriendo sorprendida en la puerta. La misión continuó.

    Hablamos por unos minutos esperando a ver si alguien subía pero nadie apareció. Gina se bajó el pantalón y la tanga hasta la mitad de los muslos y se recostó sobre la pared al lado de la puerta para poder ver si alguien llegase a subir. Allí mismo bajo las estrellas y tal vez algún espectador del edificio del frente le metí la verga a Gina. Al estar al aire libre no éramos presa del eco de la escalera así que esta vez, a diferencia de las otras, hubo gemidos a alto volumen.

    Antes de venirme Gina se arrodilló y enrolló mi verga con su lengua para que yo pudiera descargarme completo en su boca. Sonreímos y bajamos.

    En una ocasión ocurrió lo que era posible, nos vieron. No fuimos del todo cuidadosos al subir esa vez y mientras nos besábamos antes de ir a por todo un compañero se asomó desde el sexto piso.

    -¿Qué están haciendo ahí? -Preguntó más por decir cualquier cosa que por de verdad averiguar, nos vio besándonos a escondidas.

    Ese día no hubo sexo en el séptimo piso. Le pedí a mi compañero que por favor lo guardara en secreto. No sé si lo hizo, creería que no. Igual seguimos viéndonos allí mismo.

    Esta sería solo una más de las facetas de mi aventura de 5 años con Gina. Una amante en toda la extensión de la palabra. Pronto pasarían más cosas, y también una de las mejores experiencias sexuales que he tenido.

    Llevaríamos ya un año viéndonos cuando al trabajo ingresó Jeniffer, una chica tetona y atrevida que despertaría en Gina un lado lésbico que nos llevaría a hacer un trío. Pero eso es otra historia.

  • Gordas a mí

    Gordas a mí

    En una página de citas por Internet conocí a Miriam, fue mientras miraba perfiles cuando me fijé en una foto de una chica guapísima y pinché para ver más. Era muy guapa, pero estaba algo gordita y no era mi tipo, estaba a punto de descartarla cuando me fijé en una foto donde estaba desnuda sentada en una silla, estaba muy sexy, me gustó.

    Tenía cara de sorpresa, con las manos en la boca y juntando sus tetas con los codos, sus piernas abiertas y su barriguita apenas dejaban ver un poco de la raja de su chocho. Me imaginé chupándole los pezones y metiendo la cabeza en su entrepierna intentando llegar a su chocho, acabé masturbándome. Estaba offline, la puse en mis favoritos y la dejé un mensaje diciéndole lo guapa y sexy que me parecía para llamar su atención.

    Unas horas después eché un vistazo a la web, vi que se había conectado y tenía un mensaje, también me había incluido entre sus favoritos. En el mensaje me daba las gracias y se sorprendía que me hubiese fijado en ella, yo era lo contrario, no tenía ni gota de grasa. Me dijo que yo también era muy guapo y que si quería charlar estaría conectada esa noche a las 11.

    Llegó la hora y me conecté, estaba algo nervioso, era una web erótica y antes de decirnos nada ya nos conocíamos desnudos. Online, ya estaba ahí, pasaron unos minutos hasta que rompí el hielo con un hola, ella me saludó, la dije que había estado mirando sus fotos y que me gustaba su cuerpo, también que era preciosa.

    Me dio las gracias y me preguntó porque me gustaba, llevaba algunos meses en la web y nadie le había dicho nada nunca, decía que yo estaba tremendo y no entendía porque me había fijado en ella, no lo comprendía y sospechaba. Le conté la verdad, que llevaba un tiempo solo, que buscaba desahogarme con alguien en las mismas circunstancias y tropecé con ella y la foto de la silla, sin cortarme le dije que me había excitado con esa foto.

    Charlamos un rato de la vida y empezó a confiar, me decía que ella también estaba sola, casi siempre lo había estado, hacía años que lo dejó con su novio y que desde entonces no había follado mucho. Yo la conté que salía de una relación, tampoco estaba follando nada y tenía muchas ganas.

    La conversación subió de temperatura y fui a saco, la dije que yo quería follarla y que estaba deseando meter la cabeza entre sus muslos y comerle el chocho, le conté que me había masturbado mirando la foto de la silla. Le gustó y me dijo que se estaba poniendo cachonda, le dije que ojalá estuviese allí para remediarlo y me contestó: «ojalá». Nos quedamos unos minutos sin decir nada.

    Se lanzó y me dijo que como lo íbamos hacer, que para follar había que estar físicamente. Los dos vivíamos en Madrid, le dije que yo tenía libre el día siguiente, si estaba dispuesta, podríamos tomar algo y luego ir a mi casa, contestó que prefería en todo caso ir a la suya, decía que era todo un poco locura y estaría más cómoda, por supuesto teníamos que vernos antes en algún lado. Yo no tenía ningún problema con eso y volvimos a quedarnos unos minutos en silencio.

    Me dijo que si quería tomar un café al día siguiente, para vernos y conocernos un poco, decía que no teníamos que follar ese día. Le contesté que sin problema, me parecía bien. Me mandó la dirección y quedamos por la tarde. Estaba seguro que me la iba a follar ese día, noté que estaba un poco desesperada, estaba deseando que la follaran y sabía que me la iba a llevar al huerto, seguro que no estaríamos lejos de su casa.

    Llegué puntual, sin llegar a entrar en la cafetería esperé sentado en unas mesitas altas del exterior, la vi llegar de lejos, las fotos no engañaban, preciosa, pero gordita, vestía un pantalón vaquero, estaba embutida en él y lo llevaba subido hasta el ombligo, no podía disimular el enorme culazo que tenía, sus grandes tetas se apretaban metidas en un body rosa, conocía la prenda, he desabrochado algunos corchetes, llevaba también una chaqueta rosa de punto para intentar taparlo todo, misión imposible. Para nada era mi tipo, nunca me había fijado en una chica gorda.

    Sabíamos quiénes éramos, yo la reconocí de lejos aunque ella se hizo la despistada, la llamé y se acercó, estaba avergonzada, se notaba que estaba muy acomplejada, no puedo describir la ternura que me género, la agarré de su ancha cintura y la di dos besos, asegurando que el segundo tocará la comisura de sus labios, se puso roja.

    Nos sentamos, intenté que se sintiera cómoda, la decía que era una chica guapísima y que aunque estaba gordita yo la veía estupenda, llena de curvas y recovecos para explorar. Ella se reía y empezaba a sentirse más a gusto, dejó de estar pendiente de sí alguien nos miraba y se centró más en mí, por fin.

    Estuvimos un par de horas sentados charlando y riendo, lo estábamos pasando muy bien y la besé en la boca, me miró sorprendida y volví hacerlo con mi mano en su muslo, la dije: «vamos a tu casa», me dijo: «vamos». Decía que vivía a 10 metros y aproveché el camino para meterle mano, le tocaba el culo y metía la cara en sus tetas, todo era enorme para mi mano, estaba muy cachondo y ella también.

    Cuando llegamos no frené y quería quitarle el pantalón con la cara en sus tetas. Me paró y me dijo que iba a ponerse cómoda, comprendí que no quería que la viera sacándose el pantalón. Me quité la ropa y me quedé solo con los calzoncillos, esperé impaciente y algo empalmado a que saliera del cuarto. Tardo unos minutos pero mereció la pena, llevaba un camisón corto transparente que terminaba donde empezaban sus bragas blancas engullidas literalmente por su cuerpo, las tetas libres parecían dos enormes gotas de agua, quería chuparla, besarla, quería comérselo todo, esa niña gordita me tenía a 100.

    Me puse de pie, se acercó y empezó a besarme mientras me tocaba el paquete, la tenía tiesa como un bate y ella apretaba excitadísima, hacía mucho tiempo que no tocaba una polla. Me bajó los calzoncillos y me sentó en la cama, se arrodilló en el suelo entre mis piernas y empezó a lamerme los huevos mientras me hacía una paja, estaba ansiosa, me la chupaba, me la mordía, sacaba la lengua y me lamía el capullo, me encantaba.

    Mi pene estaba tenso como nunca, pero cuando se quitó el camisón y lo metió entre sus tetas el empalme empezó a doler, las puso sobre mis caderas y mi polla se perdió metida entre ellas. Se las agarró y empezó hacerme una cubana, yo estaba extasiado del gusto y fue a más cuando se metió el capullo en su boca mientras agitaba las tetas con mi polla entre ellas, no podía más, me iba a correr y no podía evitarlo.

    La avise, dije que me iba a correr y la sacó de su boca, pajeándome muy rápido me pedía que lo hiciera en sus tetas que era mi putita, literalmente dijo: «en las tetas cariño, en las tetas de tu putita». Me corrí gimiendo como un perro, seguía pajeándomela despacio mientras se miraba como la chorreaba mi corrida por su pezón y por el canalillo. Mientras yo bajaba del cielo ella se limpiaba, me quedé mirándola, era redondita, su barriguita y sus muslos prácticamente hacían desaparecer sus bragas, solo se veía un triangulito blanco tapando lo visible de su chocho, me gustaba lo que veía.

    La dije que se tumbara a mi lado, lo hizo y levantó las manos como si fuera un atraco, nos quedamos mirando, estaba preciosa tumbada desnuda, acaricié su pelo y la besé con ternura, yo estaba falto de cariño, pero sé que ella necesitaba algo así. La besaba el cuello y la mordía la barbilla mientras le tocaba las tetas, la encantaba. Estaba blandita, me gustaba tocarla, apretaba sus pechos contra mi cara y lamia sus pezones mientras ella gemía sin parar.

    Me arrodillé en el suelo entre sus piernas y la hice acercarse al borde de le cama, me tumbé encima de ella con la boca a la altura de sus tetas, ella seguía manos arriba dejándome hacer lo que quisiera, junte sus tetas, las bese, seguí besándola el cuerpo mientras bajaba, le di mordisquitos en la barriga a la altura del ombligo mientras notaba el calor y la humedad de su chocho en mi pecho, bajé su barriga con la punta de la lengua desde el ombligo hasta la goma de más bragas, la hizo dar un gemido y atrapó mi cabeza entre sus piernas, me encantaba lo blandita que estaba.

    La quité las bragas, estaba muy excitada, respiraba fuerte y rápido, abrí sus piernas, estaba ahí, esperaba un chochote y me encontré con un chochete encantador, pequeñito y carnoso. Empecé besándolo, luego seguí abriéndolo con la lengua, ella no paraba de gemir, la daban pequeños espasmos y la vibraba todo el cuerpo. Le lamí el clítoris, sus alrededores, también lo hice de abajo arriba varias veces, la oía jadear, no podía ver su cara por su barriguita, pero me estaba empalmando de oírla disfrutar, la encantaba que la penetrara con la lengua.

    Empezó a temblar y jadear más deprisa cuando la metí el dedo, se lo metí entero y a su vez le chupaba el clítoris completamente hinchado, empezó a gemir fuerte y se corrió en mi boca gritando de placer, la tembló todo el cuerpo, parecía gelatina y me excité mucho.

    Me incorporé y la miré, la niña era guapísima y recién corrida lo era más, me miraba mientras acercaba mi polla como un garrote a su chochito, se estremeció al notar el primer roce, se la metí despacio, ella jadeó de placer, llevaba tiempo esperándolo y lo estaba sintiendo como si fuera la primera vez. Seguí empotrándola cada vez con más rapidez y fuerza mientras ella me pedía entre gemidos gritos y jadeos que siguiera, que por favor no parará. Seguí como pude embistiendo fuerte mientras ella gemía, en un momento dado agarré sus tetas mientras la embestía, jadeo encorvando el cuello y gritó de placer mientras se corría, su cuerpo vibraba y me encantaba ver esa preciosa cara llena de gusto.

    Cuando terminó de retorcerse la sequé de su chocho y me puse de pie, tiré de su mano y la senté en la cama, acerqué mi polla a su boca, la recibió con gusto, me la chupaba mientras se levantaba las tetas y me miraba a los ojos, no tardé mucho en notar que me iba a correr.

    Quise sacarla de su boca, pero ella lo impidió y me dijo no con la cabeza, lo quería y se lo di, me corrí en su boca mientras me miraba, perdí las fuerzas de las piernas del gusto. La miré mordiéndome el labio, ella me miraba completamente despeinada, limpié los restos de mis fluidos de su barbilla y la di un besito muy tierno, nos tumbamos y nos quedamos dormidos.

    Era gordita si, por la calle jamás me hubiese fijado en ella, pero me había echado uno de los mejores polvos de mi vida, y además, nunca había dormido en un lugar tan blandito.

  • Mi esposa se anima a más

    Mi esposa se anima a más

    Saludos lectores, pasó mucho tiempo de mi primer relato, es más pensé que nunca más iba a suceder lo mismo, pero no fue así! Les paso a contar.

    Los que leyeron el relato anterior sabrán cómo fue, bueno esta vez yo estuve presente en primera persona.

    Hace mucho que no volvimos a juntarnos con Jorge, el amigo en común, solo charlas por whatsapp, pero nada más que eso, yo nunca le hablaba de mí mujer, ya que solo esperaba que saliera de él la primera palabra. Nuestra charlas eran de lo más normales, hasta que un día me saluda, y me pregunta cómo estábamos hasta ahí todo tranqui, y de una me tira, no sabes ayer soñé con María, yo me que, me tilde, y solo me salió un: anda!!

    En mi cabeza aparecían las imágenes de aquella vez y el corazón me latía a mil, le respondo, así! Y que soñaste?

    Y que voy a soñar amigo, no sabes las ganas que tengo de estar con ella nuevamente.

    Yo: anda si nunca más me dijiste nada y yo no quería ser pesado, pensé que ya había sido historia jeje.

    Jorge: no! Nada que ver yo le escribo de vez en cuando, pero no sale el tema, lo mío es un hola cómo están? Y todo eso!

    Yo: pero vos sabés cómo es ella si no le preguntas nunca te va a decir nada.

    Jorge: ¿ustedes no hablaron?

    Yo: ¡no, como crees por ahí se enoja! ¡Pero igual te digo que está cambiada como siempre soñé!

    Vos tirarle la lengua jeje, y si se dan bien ahí.

    Jorge: dale sí.

    Entonces planteos algo para que se dé nuevamente, le dije que hablara con ella y que quede en pasar a visitar así tomábamos algo.

    Pasaron los días y me escribe mira que este finde voy ya le dije a María.

    Yo trate de convencer a mí suegra para que se quedara unas horas con los niños. Y así llevar a cabo mí plan. Por suerte todo se dio a la perfección. Llego el finde y mi corazón Se quería salir de mí, estaba súper ansioso. Sonó el timbre, eran como las 18 h voy y abro y lo saludo.

    Yo: ¡¡qué haces Jorge!! ¡Cómo estás tanto tiempo! Nos saludamos y paso salió mi mujer y también lo saludo, un poco cortada quizás por lo que se acordaba lo que había pasado.

    Jorge: hola María cómo estás traje para una picada, y los chicos?

    María: con la abuela, comen allá y después ella nos los traen.

    Jorge: a qué bien! ¡Se te portó la abuela!

    María: si ella los extraña.

    Pasamos a la mesa del patio preparamos todo y empezamos entre charlas y risa fuimos tomando y comiendo, todo iba a la perfección!!Jorge de vez en cuando elogiaba a María, y ella respondía estás loco necesitas anteojos jeje. ¡En un momento mi mujer me dice que deje de tomar que en cualquier momento tendría que ir a buscar a los chicos, yo le decía no pasa nada amor! Todo iba de maravillas con el doble sentido de Jorge pero mí mujer no me dejaba tomar más me decía que ya estaba mareado y diciendo pavadas, en eso llama mí suegra al celular de mí mujer, lo miro a Jorge y le guiño el ojo ya era hora de actuar mí mujer estaba más que cómoda,

    Miro a mí mujer y le pregunto qué paso, me dice que su mamá le pidió que los chicos se quedaron a dormir ahí, yo saltaba de alegría, pero me hacía el desentendido. Bueno pedimos unas pizzas y todo seguía de maravillas.

    En un momento mí mujer se va a la cocina en eso Jorge le dice que lindo te queda es shortcito, que mujer te gaste amigo, yo le decía gracias, viste ella no me cree que esta buena.

    Jorge: ¡y si amigo como no lo voy a saber! si me acuerdo a la perfección je je je, en eso mi mujer me dice que me callara que ya estaba borracho, en eso me paro y le digo que iba a la pieza cambiarme la remera , en eso lo miro a Jorge y le hago una seña, él ya sabía que ese era el momento de aprovechar ya que yo me iba hacer el borracho y que me iba a quedar dormido, En eso mí mujer va a verme ya que tardaba.

    María: dale pa! En serio? No me dejes sola despertate, viste que te dije que tomaste mucho.

    Yo: perdón amor ya voy me lavo la cara y voy anda con Jorge ya voy.

    Jorge: y María dónde está mi amigo?

    María: se quedó dormido no aguanta nada, yo sabía.

    Jorge: bueno tranqui ya va aparecer él se lo pierde jeje,

    María: si que se joda!

    Jorge: sabes algo? La otra vez soñé con vos.

    María: ¡habrá sido una pesadilla! Jejeje

    Jorge: no nada que ver fue muy rico y brindo por eso.

    Yo escuchaba todo lo que decían y como brindaban cada cosa que decía Jorge, Me levanto muy despacio y me acerco a la ventana veo que Jorge ya estaba junto a María y se ríen en eso Jorge le pone la mano en la pierna de mí mujer y ella no hace nada, Veo como sube su mano y mi mujer se lo saca y le dice que no! Que yo estaba dormido y que si me despertaba por ahí me enojaba.

    Jorge: dale! no sabes las ganas que te tengo.

    María vos estás loco, aparte si tu amigo se despierta que pasaría.

    Jorge: seguro que a él le encantaría. ¿Y por ahí quien te dice?

    ¡Termino de hablar y le dio un beso al cual mí mujer no se negó la estuvo besando y tocando sus pechos por un tiempo, Yo ya estaba empalmado! Y veo como Jorge le toma la mano a mí mujer y se lo pone en su miembro Y le dice mira como me pones, ella sonríe y sin dejar de acariciar aquel miembro, en un momento ella le dice.

    María: para Jorge, no da hacer esto.

    Jorge: dale porfa hace mucho que vengo pensando con este día.

    En eso Jorge le agarra las nalgas, y le dice.

    Jorge: que hermoso culo tenés María se me hace agua la boca! Me va a explotar la pija.

    María: andaaa!

    En eso Jorge se para frente a ella y se baja el pantalón, saca su miembro estaba como un mástil era más grande que la mía, mi mujer se había quedado paralizada viendo lo que tenía frente.

    Jorge: viste María que no te mentía! Dame tu mano, él se la agarró y se lo llevó a su miembro ella empezó a subir y bajar despacio.

    Jorge: que bien lo haces nena como me gusta! Que perra sos María.

    ¡Esas palabras hicieron que mí mujer selo lleve a la boca y se lo empezó a chupar, verla así me súper calentó pareciera que lo disfrutaba! En eso mi amigo le dice.

    Que bien la chupas que puta sos María, me encanta seguí así, me pones a mil nena.

    En eso saca la pija de la boca de mí mujer y la levanta la besa y le desabrocha el shortcito de jean y se lo baja y queda a la vista su microtanga fucsia en v que apenas le tapaba su conchita.

    Jorge: que hermosa tanguita María que bien te queda, que puta se te ve.

    Jorge la sienta en la mesa y baja le hace a un lado la micro y le empieza a dar una chupada de locura, le quería sacar la micro pero mi mujer no quería. En eso Jorge la toma de la mano y la lleva consigo, Sienta en la silla y le dice que se siente sobre él, al principio no quería pero Jorge la toma y hace que ella se siente ver cómo se introducía esa pija me ponía a mil yo solo me tocaba, pero ya está decido a salir al patio, sentía unos quejidos de mi mujer, se notaba que lo estaba gozando, me encanta ver a mi mujer así, todo una perra como siempre soñé, mi amigo le decía

    Jorge: como me encanta cogerte María, que bien te moves te gusta perra te gusta como te cojo?

    María: siii siiii me gustaba aaaa.

    Jorge: ¿quiero cogerte muchas veces más puta, me vas a dejar?

    María: si si si siii cuándo quieras.

    Yo estaba que explotaba y no aguante más, me desnude y me senté me puse de costado y me empecé a tocar.

    Ya no me importaba que ellos me vieran, mi mujer estaba con los ojos cerrado ni se había percatado que está ahí.

    Lo miro a Jorge y le hago un guiño, el entendió a la perfección y dice.

    Jorge: María como estas de mojada, me súper calienta cogerte, te voy a llenar de leche, la quieres toda adentró o afuera? Mientras con sus manos le agarraba fuerte su trasero.

    María: donde quieras, donde quieras.

    Jorge: si puta moverte así, sos toda una puta y me encanta decírtelo.

    En eso me acerco al oído de mi mujer y le digo que puta estas amor, ella me miró y se paralizó!

    María: no estabas borracho?

    Yo: no amor me hice el borracho para que Jorge te cogiera, en eso Jorge sigue moviéndose, mi mujer no sabía qué hacer, yo la miro y le doy un beso en la boca diciéndole mira amor como estoy empalmado viéndote así, es un sueño ver cómo te cogen, en eso ella ve mi pija, y se dio cuenta como me ponía esa situación, y eso la éxito mucho y empezó a moverse ya no le importaba que estuviese ahí y yo súper feliz.

    María: pa te gusta ver cómo me coge Jorge, no? ¿Te gusta ver a tu mujer como una puta no?

    Yo: si siempre!

    María: pero hay algo que te va gustar mucho más!

    En eso ella se levanta de Jorge se pone en frente mío se agacha y me empieza a chupar la pija, en eso Jorge se la coge por detrás.

    María: esto querías no? Que te la chupara mientras Jorge me coge por detrás, y sabes una cosa? A mi también me gusta.

    En eso mí mujer se da vuelta y me dice,

    María: amor quiero que me cojas y vea como se la chupo a Jorge.

    No podía creer lo que estaba viviendo, mis sueños hechos realidad, mi mujer hecha toda una puta.

    Jorge no aguanto más te quiero llenar de leche putita. Mi mujer se pone en cuatro enfrente de Jorge y él se la clava, mientras la enviste le dice lo rica y puta esta y que la va a llenar toda, yo le agarro del pelo le levanto la cara y le digo me encantas así amor toda una perra, querés que te acabe Jorge te acabe adentro? Ella me besaba y me decía siiii que me llene de leche, en eso Jorge descarga todo dentro de mi mujer.

    Una vez que sale mi mujer queda recostada boca abajo, toda chorreando leche de Jorge, en eso voy detrás de ella y le digo ahora te voy a llenar yo por puta amor! Se la clave y no tarde mucho en venirme, la sentía tan puta que eso me ponía a mil.

    Una vez terminado estábamos los tres desnudo, excepto mi mujer que estaba en refería y micro tanga, solo reíamos de la situación, Jorge y yo hablando de lo rica que está mí mujer, y lo bien que le queda las microtanga, él se cambia le besa a mi mujer y me da un abrazo diciéndome gracias amigo, gracias por dejar que cogiera a tu mujer espero que se repita, en eso me doy vuelta la miro y me dice ahora te jodes jeje, cuando quieras Jorge repetimos.

  • Mi casi sobrino inválido

    Mi casi sobrino inválido

    Durante esta pandemia me despidieron de mi trabajo y me las vi muy difícil, mi esposo conservó el suyo, pero su sueldo no nos alcanzaba para todos los gastos así que estuve buscando un buen rato y justo cuando ya apenas completábamos para los gastos y nos habíamos acabado los ahorros una amiga me platicó sobre un trabajo.

    Afortunadamente su esposo conservó su trabajo, en el otro lado de la moneda sus padres de mi amiga se contagiaron y al ser grandes no tenían a nadie que les ayudara y al mismo tiempo su hijo había tenido un accidente tenía las piernas muy lesionadas y no tenían quien les ayudara, así que mi amiga me propuso ayudarle con las cosas del hogar mientras ella no estaba. Lamento decirlo, pero esa situación me salvó de muchas más cosas.

    Como ya llevamos años de ser amigas me dio llave de su casa por la confianza pues ya éramos casi familiares, de hecho conozco a su marido y él al mío. Y bueno yo conozco a su hijo por lo que me sentí muy mal al enterarme de su accidente y aún más que por el trabajo le hubiera ayudado con sus cosas.

    El primer día llegue y la casa estaba en completo silencio, Fernando su esposo se había a trabajar y mi amiga Claudia ya había salido a la terminal de autobús para ir con sus papás. Escuché una voz decir Por acá!, así que camine hacia allá al cuarto que después sabría era de Marco.

    -hijo pero mírate nada más cómo estás —me acerque a darle un beso—

    -Tía cómo está —no soy su tía pero siempre me ha dicho así.

    -Bien hijo mira como te dejaron—mientras le sostuve el hombre pude sentir su cuerpo ya más grande, ya no era un niño.

    -Si es que se pasaron un alto y venía en la bicicleta y pues no me fije, afortunadamente no se dio a la fuga.

    -Solo faltaba eso hijo

    -Hace tiempo que no la veía tía.

    -Hijo pues tu que andas en la calle solamente yo si he venido

    -Si es que la universidad y las fiestas ya sabe

    -Si te entiendo, también tuve tu edad he

    -Jajaja seguro que si, pero que dice tía si está joven

    -Ya no soy una jovencita.

    -Eso si tía ya es una mujer jajaja

    -Si he y tu hombre mírate todo guapetón

    -Jajaja

    No sé porque dije eso último, pero me sonroje y solo pude decir que iba hacer el quehacer que si quería algo me dijera.

    El día transcurrió tranquilo le ayude a comer, hablamos de tonterías y ya hasta que me pidió que le ayudara a ir al baño. Ahí le ayude a pararse con mucha dificultad y con pasos pequeños agarrándose de mi lo lleve hasta el baño. Ahí al cerrar la puerta lo pude ver ya crecido y con un cuerpo joven y fuerte, a su manera porque no era musculoso, pero tampoco débil.

    Aquí haré un paréntesis de porque creo qué pasó lo que les contaré y seguro ya se suponen. Un matrimonio termina siendo más una amistad con el tiempo, y aunque hay sexo si no se sigue sorprendiendo se convierte más en una obligación y también es cierto es que el cuerpo de uno no es el mismo. En mi caso mi esposo no está tan mal, tiene barriga un poco, pero no es el hombre de hace muchos años, y yo no soy esa mujer que tenía todo en su lugar, ahora soy una mujer de 45 con senos grandes si, pero ya no tan parados y aunque tengo aún nalgas también están un poco flácidas.

    Y pues yo siempre he sido muy curiosa y morbosa la verdad, de hecho con mi esposo solíamos hacer muchas cosas, en lugares públicos o mirando porno o comprando juguetes pero poco a poco eso se fue terminando pero una se queda con todo ese fuego dentro, supongo algunas mujeres me entenderán, y por más que te consueles a ti misma eso no se apaga. Pues eso creo que me paso, con el transcurso de los días por mi mente fueron pasando muchas cosas y no fue sino hasta como por el quinto día que empezaron a pasar más cosas. Ese día lo recuerdo iba con leggings y se me marcaban mis nalgas y lleve una blusa también cómoda, en parte porque iba hacer el aseo de la casa. Y constantemente notaba las miradas de ese joven ahí tendido.

    -Bueno días hijo cómo estás?

    -Bien bien tía que bueno que llego, me ayuda ir al baño que ya me anda mucho

    -Si hijo claro — le ayude rápido a pararse pero con cuidado.

    -Perdone tía es que en verdad estoy que casi me orino

    -No te preocupes hijo entiendo

    Lo deje ahí rápido parado y en cuanto cerré la puerta unos segundos después oí un golpe fuerte y entre.

    -hijo pero que…

    Rápido lo levante para sentarlo, solo escuchaba sus quejidos

    -estás bien hijo?

    -Si si tía perdone

    En ese momento lo mire hacia abajo y ahí fue mi perdición, vi su pene, un miembro grande la verdad como pocos que he visto, una tranca negra de unos 15 cm diría yo, gruesa apenas lisa por un par de venas que se le miraban, cabezona por su circuncidado. Hasta olvide o pase por alto que estaban sus piernas aún moradas y se había orinado en el suelo y en la bata.

    -perdone tía —apenado se cubrió como pudo con la bata mojada— me da mucha pena déjeme limpiar a mi

    -Hijo pero apenas y puedes —yo un poco ya recobrada de la impresión.— ven puedes levantarte?

    -Si creo que si… oh no tía no puedo me duelen aún mucho

    -No te preocupes, siéntate bien que ya vengo

    En eso salí rápido, fui por una jerga y agua en una cubeta que tenía para limpiarle y tome otra bata. Pero en ese momento llenando el agua cruzó de nuevo mi mente esa imagen, me excito, sentí un calor recorre mi cuerpo tanto que mi corazón empezó a latir fuerte y empecé a tocar mi concha encima de mis leggings, solo en ese momento me intenté tranquilizar y fui rápido a con él.

    -a ver hijo voy a limpiar aquí, como te sientes?

    -Ya se me está pasando tía —me dijo ahí sentado mientras limpiaba al rededor.

    -Ahora si ya te levantas?

    -Si creo que si tía

    -Vamos a intentarlo —se levantó.

    -A ver hijo ahí está esa bata póntela mientras limpio crees poder?

    -Mejor ayúdeme

    -Está bien. —lo tomo mientras se quitaba la bata y yo me volteé pero veía de reojo ese palo colgándole.

    -Listo tía gracias.

    -Acuéstate hijo deja termino de limpiar.

    En ese día ya no paso a más pero al llegar a mi casa cogí con mi marido como nunca. Hasta me dijo que parecía que llevábamos meses sin hacerlo, el muy desgraciado me lo había hecho hace 15 días. Y a pesar de que lo habíamos hecho yo quería más y más pero mi esposo ya no pudo, yo todavía intenté chupársela así blanda para que se le parara pero nada, solo imaginaba hasta donde se le pararía a Marco si ya estaba de ese tamañote y fui así como chupándosela a mi marido y metiéndome los dedos me corrí tan rico.

    Al día siguiente me encontré con su papá y me disculpe muy apenada, pero el señor fui muy comprensivo y me dijo que solo había sido culpa de él y que no tenía nada que disculpar.

    -cómo sigues?

    -Ya mejor tía gracias, perdone por lo de ayer

    -Nada que no paso a mayores

    -Como no tía si ya me vio en el suelo orinado y no tenía copas encima

    -Jaja que dices hijo

    -En serio perdone que pena tía

    -No te preocupes hijo.

    -Tía, cree que pueda ayudarme de nuevo?

    -Si hijo no te preocupes vamos —y en ese momento apenas un día después yo seguía caliente y con esas imágenes rondándome en la cabeza— pero si quieres te ayudo

    Hubo un silencio mientras se ponía de pie y se apoyaba en mi, y justo cuando iba yo a intentar arreglarlo supongo que lo capto.

    -si tía está bien

    Ahí en el baño con mi corazón al mil y al lado de Marco, le abrí la bata y le saqué su miembro, se lo sostuve con mi mano completa que delicia apenas y me cerraba mi mano y eso que no estaba dura, empezó a salir un chorro abundante y sentí como su pene reaccionó. Y producto de mis nervios.

    -ya hijo si que has crecido —y me reí nerviosa

    -Si tía jajaja

    Pasaron segundos eternos y poco a poco su pene empezó a crecer y yo mirándola como se hinchaba y mi mano ya no alcanzó a rodearla y no sé cuánto creció, pero más de 20 cm si eran y yo no cabía en mi, mire a mi sobrino.

    -perdone tía es que… su mano y bueno…

    -No digas nada hijo, mira todo lo que te creció, a poco es por mi?

    -Si es que bueno tía es muy guapa también —ya había dejado de mear.

    -Vamos ya terminaste —lo limpié y regresamos a su cama, pero él seguía con su enorme miembro parado.

    -No te quedarás así o si?

    -Ahorita se me pasa tía creo

    Yo ya no pude más y me acerque a masturbarlo, sólo lo miraba a los ojos y después veía su polla gruesa más venuda, grande y ancha con una mano de la sostenía y con la otra se la jalaba, un olor entre orina y sexo se desprendía de su polla quizá hasta de semen, solo se escuchaba como lo masturbaba, entre suspiros de él y míos entre miradas entre nosotros y a su pene me lance a comerlo, apenas me cabía como un cuarto de su verga, intente con mi lengua rodearle su glande, chuparlo, apretarlo con mis labios, comiéndole como nunca antes había comido.

    Sentía mi boca llenarse de tanta verga que solo vino a mi mente la palabra puta pero era demasiado tarde seguía y seguía y ese chico no se corría entonces tome su verga y me empecé a pegar con ella en la cara mientras le miraba, el gruñía y gemía mientras yo le pasaba mi lengua por toda su polla hasta sus bolas y decidida regrese a comerle esa cabezota y minutos después de meterla casi hasta mi garganta me tomo del cabello y empezó a follarme la garganta, escuché más gruñidos y empecé a recibir lechazos calientes en mi boca y mi reacción como si se me callara algo de la boca fue inevitable que me llene las manos también de su leche abundante y yo empecé a pasarme su leche y a limpiarle toda su verga.

    -que rica hijo —le dije llevando los restos a la boca

    -Tía eso fue muy rico

    -Tienes una verga grande hijo

    -Pero quiero que me comas también tú ya que no me puedes follar

    Me baje los leggings y la tanga y abierta de piernas me senté en su cara y me empezó a comer mi vagina con tal hambre, con tal ansiedad que en cuanto me tomo de las nalgas apretándolas me corrí al sentir como su lengua y su boca inexperta me la comía. Mis piernas temblaban, pero solo me deje caer un poco sobre su boca y el me sostuvo de mis nalgas y siguió, yo empecé a convulsionarme un poco, mi cadera mis piernas temblaban y yo me desvanecí literal en su cara de lo rico y apenas tirándome a un lado de él. Cuando me recobre solo lo mire.

    -hijo creo que debo de ir, podrás cuidarte? —dije vistiéndome aún con todo el placer.

    -Si tía.

    Ambos agitados, sudados, llenos de nuestros fluidos.

  • Masturbación anal

    Masturbación anal

    Bueno, contaré otra de mis experiencias, esta si fue y aún sigue siendo la más excitante de todas, ya que me abrió los deseos a nuevos horizontes jamás imaginados, aún me falta cumplir muchas cosas con estos deseos y la verdad quisiera poder tener a la persona indicada para poder realizarlos, lo más cerca que tuve fue el haberme masturbado en la pierna de un amigo de un amigo (lo conté en otro relato), y los recuerdos junto a un amigo y mi hermano, pero eso solo fue el comienzo, digo capaz eso volvió a mi mente la vez que no me acuerdo cuando fue que instintivamente cada vez que me pajeaba jugaba con mi cola, me gustaba verme en el espejo de espalda y sentirme una nena en celos, así pasaba toda la tarde encerrado en mi habitación acordándome y pensando ir de a poco investigando lo que estaba sintiendo. Recuerdo que llegó a mis manos un vhs, en esos tiempos la tecnología, Internet no era el boom, uno veía porno alquilando los videos, ese vhs tenía unos compilados de pornografía gay, hermosos travestis que culeaban y gemían como locas, me voló el seso ver e imaginar que podían sentir al hacer todo eso que veía. Me puse en la tarea de investigar a ver si se podía gozar así de rico con algo dentro del culo.

    Empecé a usar mis dedos de a poco jugar con mi ano, sentir su olor, chuparme la puntitita del dedo y buscar más adentro para empezar a sentir esos escalofríos que me subía y bajaba en todo el cuerpo, no podía creer que tener un dedo adentro mío se podía sentir esto, bueno era cosa de todos los días: siestas, noche, despertar que acostado en cama buscaba la entrada de mi orto para hurgar sus paredes, eso me re contra mil calentaba muchas veces pasaba semanas enteras solo jugando con mi culo, y cuando decidía descargar toda la leche acumulada ya que no dama más del dolor de huevos iba al baño si estaba en casa, o algún público, si estaba en la calle y no se imaginan lo que pasaba, eran unos disparos de película, dejaba empapado los inodoros, las paredes donde sea que caía todo ese semen acumulado.

    Así fue que esa siesta -tarde un día de mucho calor volvía a casa del gym, al llegar me di con la novedad que no había nadie, una nota en la mesa que decía que mi madre estaba afuera y volvía a la noche, o sea quedaba toda la casa solo para mi y eso me hizo subir la temperatura, mas que ya había pasado un par de noche que venía jugado con mi hoyito me encendió más las ganas de sentirme poseída, pero no quería mis dedos, quería algo más, rápidamente abrí la heladera fue mi sorpresa cuando ahí la vi, estaba esperándome toda para mi el mejor banano jamás imaginado, parecía un pene de esos travas de las pelis y empezó a volar en mi mente las cositas que podía hacer eso en mi ser. Salí loco, me fui al baño a pegarme una ducha y dejar rico mi culo para la ocasión, saque el espejo de la pieza de mis padres y lo llevé a la mía, un espejo grande, alto que te deja ver todo el cuerpo, y allí empecé a verme, a desearme en ese reflejo que me daban esos pedazos de vidrios, era toda una señorita, pero bien deseada y putita, mis monólogos me excitaban aún más.

    -amor que linda que estas!

    -te gusto bebe? Mira mi colita blanca, chiquita, bien paradita solo para vos mi amor.

    -que ganas de romperte el orto que tengo

    -despacio amor acordate que soy virgen haceme tuya solo tuya.

    -chupame el pingo putita mía

    Así fue que me llevé la banana a la boca mientras arrodillado de espaldas contemplaba todo mi culo que dentro de poco iba a ser perforado, tenía pensado romperlo con todo sin importar nada.

    Tire salivas en las palmas de mi mano e inmediatamente las llevé toda a la entrada de mi ano, sin prisa puse la punta de la banana, en la puerta de mi caliente orto en celo.

    -papi ahí despacito ponemela despacito por favor.

    -mm si que ricura, más más gemía desaforadamente

    Le pedía a mi amante ser amada mientras sentía que la banana iba pelando toda mis comisuras, la verdad nunca sentí dolor, solo era placer, gemía y gemía mientras apoyaba mi cara en la cama y de reojo miraba en el espejo mi culo empinado y mis manos que empujaban más y más hacia mis adentros ese pene ficticio.

    Así quede inmóvil tiritando de placer, gozando y sabiendo que ya nada sería lo mismo.

    Pero lo más fabuloso estuvo por llegar, nunca desde que comencé el juego preste atención a mi pene, toda la atención estaba en otra parte de mi cuerpo, piernas, cintura, pechos, labios, y obvio mis nalgas y mi culo virgen y deseoso de carne eran los actores principales de esta escena de sexo explícito. Sin darme cuenta gozaba sin tener ni siquiera el pene erecto, estaba semi, pero nunca llego a ponerse de todo duro, pero se gozaba igual o más rico que antes, así fue que empecé con el mete saca de la banana a sentir un escalofrío en todo mi ser, mis rodillas temblaban, mi recto se contraía a no más poder, ya no dependía de la decisión de yo aprisionar ese intruso, lo hacía solo mis entrañas, sus contracciones eran involuntarias y ahí fue que primero sentí que desde mi más profundo lugar de mis bolas salió la leche más espesa y caliente y abundante jamás derramada, sin tocar mi pene, pero fue mayor mi sorpresa cuando nunca dejé de empujar la banana ya que aún seguía sintiendo gozo y ahí fue que entendí que esos calores abajo mío era mi primer orgasmo anal, no dude en sentarme en la cama con la banana incrustada en mi frágil y temblorosa figura, dar saltos de placer mientras mis nervios recorrían los últimos extremos de todo mi tronco.

    Fue la sensación más rica y placentera jamás imaginada, quede tirado boca abajo mientras sentía como poco a poco mi maltrecho y mojado pompis iba expulsando ese monstruo que me había hecho mujer, con el último empuje sentí algo que babeo y mojo aún más mis sábanas que ya estaban llena de leche se unió a ello algo más rico y húmedo que salió de atrás de mi colita. Digo capaz era propio de la misma transpiración, pero me quise quedar con la fija de que eso eran mis fluidos anales, la lechita que expectoro mi trasero ya desvirgado y roto, así quede en un éxtasis total, desmayado, agitado, suspirando de tanto placer jamás pensado, después de esto no fui el mismo, ahí empezó otra historia en mis autoerotismos, deseo llegar a más prácticas y conocer en aumento mis apetitos sexuales. Gracias por leer.

  • Primera vez y primer sexo oral

    Primera vez y primer sexo oral

    Recién cumplidos 18 años fui a un pueblo de campo, durante unas vacaciones de verano invitado, por un matrimonio amigo de mis padres. Íbamos seis personas por lo que tuvimos que repartirnos entre casas de amigos.

    En la casa que me quedé, me tocó de acompañante en la habitación un muchacho de unos 20 años, que curtido por el sol y por los trabajos del campo, tenía un cuerpo y una figura maravillosa, además, de que era muy bonito de cara, y tenía el pelo negro como un azabache.

    Realmente yo llegué a la casa y lo vi, y lo vi que estaba bien, pero no con ojos de deseo sexual ni nada parecido. De hecho te confieso que ni pensaba estar en esa época con otro chico. Sencillamente admiré lo bien definido de su cuerpo y lo bien que se veía.

    Llevaba su vida normal, o sea, sus deberes en la casa, su trabajo en el campo, etc., etc., y nos veíamos y hablábamos poquísimas veces al día, porque era bastante retraído. Normalmente cuando yo me acostaba, ya él estaba durmiendo, pues se levantaba muy temprano.

    Como al segundo o tercer día de estar allí, me fui a caminar un día solo, como a las tres de la tarde, hasta un río que me habían dicho que había cerca de la casa y que uno podía bañarse, (estaba como a dos km).

    Llegué al río, que realmente era como un riachuelo con una parte un poco más ancha y me pongo a caminar, por aquí y por allá, descubriendo ese mundo, cuando siento como un murmullo.

    Me acerqué despacio y evitando hacer ruidos y me encontré como a cinco metros de mi, a un chico como de mi edad, haciéndole sexo oral a otro, pero de una manera como si fuera lo último fuera a hacer en su vida. El mayor gemía y le aguantaba la cabeza al otro, como para que no se le escapara.

    No tengo que contarte la calentura que cogí al instante y los deseos de estar en cualquiera de las dos posiciones a pesar de que no había tenido experiencias homosexuales o heterosexuales.

    Quise masturbarme allí mismo, pero lo creí peligroso, y me quedé mirando, con la pinga a punto de explotar, y cuando sentí los gemidos propios de la eyaculación, me alejé con discreción y me senté debajo de un árbol que estaría como a unos 20 metros de ellos y cerca del río.

    No sé si se invirtieron los papeles después, pero como a los 5 minutos venían caminando ambos, como si nada. Se acercaron a mi y empezaron a hablar conmigo, que de donde era, que si hacía rato estaba por allí, etc. etc. y con la misma, después de creer que no sabía nada de lo que había ocurrido, se marcharon, tranquilos y campantes.

    No los había perdido de vista todavía, cuando ya me estaba masturbando como un loco y soltando leche como nunca en mi vida… pero lo peor fue que como a la media hora de haberme masturbado, estaba otra vez con una erección de campeonato lo que me obligó a hacerme otra paja.

    Me fui un rato después para la casa, con aquella imborrable imagen en mi mente y teniendo frecuentes erecciones y pasó, que cuando llegó mi acompañante de cuarto a la casa, si comencé a mirarlo con otros ojos y a pensar que ocurriría si estuviera con él.

    Esa noche entré a la habitación como era habitual, cuando ya él estaba dormido, y me acosté en mi cama, pero a diferencia de las noches anteriores, lo miré mientras dormía y con deseos de acostarme a su lado.

    Intentaba dormir y lo único que hacía era dar vueltas a un lado y otro de la cama. El recuerdo de la escena, no me lo permitía entonces comencé de nuevo a masturbarme y lo hice como dos veces, pero el fuego no salía de mi cuerpo. Pasarían como dos o tres horas, todo el mundo dormía y el único despierto en aquella casa era yo.

    No sé como me llené de valor y me levanté y fui hasta la otra cama y llevé mi mano directamente a su pinga y comencé a acariciarlo. Él se despertó y dijo en voz baja -¿Quién está ahí? y le respondí, sin quitar la mano, – soy yo, y le dije mi nombre, él se acostó boca abajo, como para darme a entender que no quería que siguiera, pero yo estaba demasiado caliente como para renunciar al primer paso que había dado. Metí la mano debajo de su cuerpo y descubrí que tenía una tremenda erección, pero que además tenía una gigantesca herramienta.

    Le fui dando vuelta poco a poco, porque él se hacía el dormido, pero no puso oposición ninguna, y cuando la tuve frente a mi, comencé mi primera lección autodidacta de mamar, acariciándosela con mis labios y con mi lengua y metiéndomela en la boca hasta donde era posible.

    Disfrutando intensamente ese momento. Recuerdo que sentía aquella cosa dura y caliente en mi boca, y procuraba darle el mayor placer, como pensaba yo que debía ser. Hasta que sentí unos espasmos y una cantidad tremenda de leche inundó mi boca.

    Me saqué la pinga de la boca, dándole las últimas caricias con mis labios y lengua, pero mantuve la leche sin saber qué hacer con ella. Pensé ir al baño a escupirla, pero me daba miedo que alguien me viera, y entonces opté por tragármela. Realmente el sabor me resultó agradable y me quedé un rato en su cama abrazado a él y con su pinga en la mano como para que no se me escapara. Él se quedó muy tranquilo.

    Al rato me levanté, me acosté en mi cama y me quedé dormido. Por la mañana, sentí los gritos de su madre para que se levantara a ordeñar la vaca. He pensado tiempo después que él temía levantarse por miedo a enfrentarse a mi y que yo dijera algo o se descubriera algo.

    Creo que la vida y la tranquilidad regresaron a su cuerpo cuando vio que yo lo seguí tratando como si nada, y nuestra relación fue tan pobre como había sido hasta entonces.

    Cada noche mientras estuve en la casa, que fueron como cinco días más, ocurrió lo mismo, y aunque él ya me esperaba, siempre se hizo el dormido, como para no comprometerse.

    El único cambio importante en mis hábitos, después de la primera noche fue que mi hambre disminuyó tremendamente, no sé si las proteínas contenidas en el semen de aquel semental, cubrían mis necesidades alimenticias diarias.

    Como dos o tres años después volví, por mis medios y solo a aquel lugar, pues los recuerdos eran demasiado buenos como para no revivirlos. Me hospedé en un hotelito de la ciudad y viajé hasta la casa de mis recuerdos que estaba como a 10 km.

    Conté que me habían invitado a un lugar cercano y que había pasado a saludarlos. Serían como las seis de la tarde, casi de noche. Como es normal me dijeron que me quedara a comer etc. y cuando se hizo de noche, como a las 8 dije que iba a comprar una botella de ron, y como algo normal, le dije a él que me acompañara. Aceptó y salimos, en la primera oscuridad que encontré, sin pensarlo, le agarré la pinga por encima del pantalón, y él se paró y me dijo: -¿Que tú quieres?, ¿mamármela?, a lo que respondí que si, y me dijo, -Pero aquí no puede ser, vamos para un lugar. Y me llevó, a un lugar que él sabía seguro. Esa vez, le di una tremenda mamada, con más experiencia, claro, y él por primera vez gimió y me agarraba la cabeza y le daba la velocidad que lo complacía.

    Al terminar, por primera vez, me dio un tremendo abrazo, y nos besamos apasionadamente. Parece que de despedida, porque fue la última vez que lo vi. Luego me enteré que se había casado.

  • Como me convertí en putisecretaria

    Como me convertí en putisecretaria

    Estaba en un país extraño como migrante y necesitaba trabajar, un día me llega una notificación a mi teléfono de una página de empleo, inmediatamente abro el correo y era trataba de un empleo de secretaria en un consultorio odontológico.

    De inmediato envié mi currículum, a los 2 días me llaman por teléfono del consultorio para una entrevista pero que me harían una pre- entrevista al día siguiente me dan un número de WhatsApp y me dan una hora específica para llamar.

    Inmediatamente llamo al número de WhatsApp y me le digo que cuando hacen videollamada para estar preparada y me dice el entrevistador que era el doctor dueño del consultorio, que solo necesitaba una foto de cuerpo entero, pregunto porque de cuerpo entero y me explico que una secretaria debe verse bien, yo busco en mi galería una foto decente y la envío y me dice: quiero ver una actual, de este momento, yo tenía un pantalón de yoga porque estaba ejercitándome y un top, mis senos son operados y se ven muy bien y con esos pantalones se marca mi concha en todo su esplendor porque era de color blanco. Busco un espejo, hago una pose sexy y le envío la foto.

    Luego de mirar la foto me dice: mañana a las 2 pm debe presentarse en el consultorio para la siguiente entrevista.

    Prepare todo mi outfit, camisa ajustada color negro, leggings del mismo color y un saco rosa con unos súper tacones para verme más elegante porque solo mido 1. 58 m.

    Llegó al consultorio y veo que la chica de la recepción lleva uniforme. Era una vestido ajustado color azul claro con una cremallera larga en la parte de enfrente medias de nylon y tacones muy altos.

    Le indico a la señorita que había llegado a la entrevista de trabajo, me dijo que tomara asiento y que en un momento me atendía el doctor. Pasan 5 minutos y la señorita me hace pasar a la oficina del doctor.

    -Buenas tardes doctor (me dirijo hacia él dándole mi mano).

    -Tomé asiento señorita

    -Gracias doctor (me siento cruzó mis piernas de forma sexy mi espalda recta y mis pechos casi salen de la camisa ajustada.

    -Puede sacarse el saco si gusta señorita, lo digo para que esté más cómoda y podamos conversar mejor.

    Yo asiento con mi cabeza y me quitó el saco. El comienza a hablarme del trabajo y mis deberes si llegase a contratarme. Saca de un pequeño armario el uniforme y me dice: puede probarse el uniforme? Yo miro y era el mismo que la chica de la entrada pero me doy cuenta que es una talla más chica que mi talla y se lo hago saber y solo me responde que es para ver si me va el uniforme. Yo entro en su baño a cambiarme y me coloco el vestido que al ser una talla más pequeña me quedaba más corto y ajustado mi trasero casi se veía y mis pechos se desbordaba yo me mire al espejo y juro que me excité al verme así…

    Salí y al mirarme dijo: le queda perfecto pero faltan las medias, saca unas medias de nylon sin estrenar y me dice: pruébeselas. Yo camino hacia el baño y me dice: eso puede hacerlo acá él se sienta en el escritorio y yo estando de pie coloco un pie sobre una de las sillas frente al escritorio para apoyarme mientras coloco las medias… Lo rozó con mi trasero y me doy cuenta que estaba excitado y tenía la verga muy dura. Terminó de colocarme las medias y me dice: ahora está perfecta. Yo doy una vuelta y le respondo: de verdad doctor? Si perfecta… Cómo el vestido era una talla menos la cremallera se bajó sola quedando yo casi desnuda en ropa interior.

    -Wow que rica está usted señorita (yo llevaba un hilo súper chiquito color blanco y un brasier de encaje del mismo color) ojalá pudiera trabajar así para admirarla.

    Yo me saque todo el vestido y doy una vuelta.

    -Definitivo usted está contratada

    Yo de la emoción le digo puedo abrazarlo y sin esperar repuesta lo abrazo y el de una vez me agarra de las nalgas y las aprieta y me dice al oído: quiero darle verga señorita me tiene duro y yo respondo: quiero chupársela doctor. Bajo su cremallera y veo una verga gruesa grande que meto en mi boca. La chupo con desesperación estoy mojada mis gemidos eran excitantes mientras la chupo, chupo sus testículos y estoy loca porque me penetre.

    Me levanto y él me apoya en el escritorio echa a un lado mi diminuto hilo y me da rico por mi concha – señorita sabe que también le voy a dar verga cuando quiera? Todas mis secretarias tienen sexo conmigo. – ay doctor cójame cuanto quiera soy muy puta ahora soy su zorra secretaria, desea probar mi culo?

    No perdió tiempo en sacarla de mi concha y me la metió de una vez por el culo, mi gemido fue fuerte y yo le digo ay doctor lo siento pero me encanta por el culo, -señorita puede gritar cuanto quiera estás paredes son a prueba de ruidos.- ay doctor más duro rómpame el culo doctor. Más duro doctor, que rico hijo de puta, así se coge por el culo, ay así así maldita sea.- usted es una puta como las que me gustan así me gustan zorras, toma zorra, toma por puta toma, eres mía te voy a coger cuando me plazca maldita zorra. Yo me corría una y otra vez.

    Me toma del cabello me muerde la espalda y comienzo a sentir como él está a punto de terminar, -toma leche perra aaaah aaah maldita zorra estás deliciosa.

    Llamo a la recepción y le dijo a la chica que le hiciera llegar el contrato que tenía nueva secretaria.

    Firmé mi contrato en ropa interior y con mi culo lleno de rica leche…

    Salí del consultorio bien cogida y con un gran empleo.

  • Mis pies, su fetiche

    Mis pies, su fetiche

    Solía estar bajo la sombrilla, en una playa de arenas blancas donde el océano, no solo bañaba sus costas la extensión de esas playas, me disponía sobre la manta color roja, boca abajo y soltaba los breteles de mi bañador, para que los pezones recibieran esas olas espumosas que me alcanzaban repentinamente.

    Todas las mañanas un turista francés, negro como el mismo ébano, alquilaba las sillas que estaban detrás de mí en ese hotel, donde me hospedada cada verano, era delgado, pero con músculos posibles de distinguir, lo mas llamativo de él eran sus manos, tenía tres anillos en cada una de ellas, y cada uno de ellos eran de diferentes piedras, yo me llenaba de curiosidad y buscaba en mi mente alguna excusa para que esas manos estuvieran mas cerca de lo que comúnmente estaban.

    Su nombre era Andrea, en Francia es un nombre de varón, y realmente le quedaba pintado, me acerque a la recepción y pregunte por este turista, la administradora se ríe y me comenta que es un empresario que tenía algunos gustos raros, entonces le pregunto de qué estaba hablando, y me dice que un día entro a su habitación y vio un maletín repleto de fotografías de pies de mujeres, y que le pareció tan extraño que se rio y no le dio mas que esa importancia.

    Volví a mi habitación y pedí un servicio al cuarto de belleza de pies y me dispuse a llamar la atención de ese moreno tan llamativo que cada verano compartía el mismo destino que yo en esas playas tan intensas como excitantes.

    Le pedí a la profesional que me pintara cada uña de colores diferentes en tonos pasteles y que colocara tres anillos pequeños en cada pie, quedaron realmente preciosos, casi como un sueño hecho realidad para un fetichista de pies.

    Al otro día me desperté excitada, me coloque una bikini blanca para que las olas hagan lo suyo dejando entre ver mis pezones rosas con un gran lunar negro, lunar que enloquece a cualquier mortal sobre la tierra…

    Él estaba allí, y me coloco frente a sus ojos adentrándome en las aguas transparentes del océano, dejando que la fuerza del mar me arrebate la parte superior del bañador y que los pechos asomen casi tímidamente.

    El miraba mis pies, no le quitaba los ojos de encima, me acerco, lo miro y lo saludo, él me hace un gesto con sus hombros, los sube y baja la mirada a mis pies…

    Le muestro la crema humectante y le pido si podía ponérmela en el cuerpo, y me acuesto boca arriba dejando mis pies sobre el camastro donde él estaba sentado.

    Me coloco crema en las manos y le pongo crema en las manos de él, no hablaba castellano, y era de muy pocas palabras, me mira a los ojos, nos sonreímos, y yo comienzo a ponerme crema en la cara, hombros, y en los pechos, rodeaba mis pezones con la crema y suavemente los presionaba para que se pongan erguidos y que esa estimulación logre humedecerme tanto, para que ese turista pueda apreciar el aroma de mi vulva ardiente.

    El empezó a tocar mis pies, podría ver como su bañador cobraba forma diferente y su miembro endurecía, notaba que el tronco del pene se diferenciaba naturalmente de la cabeza, y los huevos eran la base perfecta de toda esa humanidad.

    Acariciaba dedo por dedo, se detenía en las uñas y parecía masturbarme los pies, si literalmente los tocaba como si fuera un pequeño clítoris cada dedo de mis pies.

    Los separaba, los acariciaba, los llenaba de crema, y acercaba muy lentamente mis talones a su bulto encarnado en ese bañador azul que ajustaba cada vez más ese pene jugoso que imaginaba sobre mis labios, los dela boca y los de mi concha mojada…

    Mire a mi alrededor, no había gente cerca, y mientras yo me ponía crema en los abdominales, pensé en bajar mis manos a mi concha y tocarme allí mismo, lo hice, el me miraba y tocaba mis dedos, yo acariciaba mi clítoris como el acariciaba la punta de los dedos, hacia exactamente lo mismo que él hacía en mis pies, ya asomaba la cabeza de la Berga por el borde del bañador, y simplemente con uno de mis pies comencé a tocar esa punta brillante y jugosa, las venas de esa gran pija negra eran asombrosas, recorría con mi pie derecho toda esa extensión de pija gorda y el seguía masturbándome los pies, corrí mi bikini y le mostraba mi vulva mojada y metía mis dedos de a dos y el dejo toda su pija afuera, entendí que ese era el juego.

    En el bolso tenia plátanos verdes, saque uno y con la leche de mi concha empecé a meter la fruta en mi sexo, entraba muy lentamente, mi pie derecho seguía tocándole los huevos a él y el seguía con sus manos tocándome el pie izquierdo…

    Los dos jadeábamos lento y suave, él toma el plátano y me pajea suavemente, me acerco y tomo su pija muy dura, nos masturbábamos y no dejaba de tocar mi pie, apoyo mis pies en sus huevos y los froto, con ellos soy muy activa, al ser bailarina manejo los pies perfectamente, la pija quedaba dentro del hueco que formaban mis pies juntos, él estaba excitadísimo y yo acababa plenamente, sus manos metían la fruta profundamente y sus dedos los introducía en mi culo, notaba que la leche de sus huevos estaba por salir con la fuerza de esas olas que parecían estar en sintonía con esa gran cogida de la playa, él me toma de las caderas mete el plátano completamente en mi concha y aprieta con su mano derecha mis pies contra sus huevos salta la leche sobre mis dedos y su mano pajea su verga y mis pies…

    Los dos estábamos totalmente empapados y calientes, quedamos sobre las sillas, le tomo la mano, la lamo integra, me tomo esa leche blanca y el besa mis pies, nos levantamos y nos metimos al mar juntos, jugamos y nos reímos toda la tarde y sabíamos que ese era el comienzo de una relación caliente entre mis pies y su pija negra…

  • El juego de los celos

    El juego de los celos

    Debido a un comentario que recibí de Tita cuando publiqué “Consecuencias de las videocorridas recibidas”, mi segundo maratón al salir del confinamiento me di cuenta que los celos propiciaron que mi amante y yo nos corriéramos muy rico en un 69. Otra persona más me preguntó si alguna vez mi marido me había cogido sintiendo celos.

    Sí, pero no fue de una persona en particular, o al menos no la mencionó, sino de una situación previa al coito. En cambio, en el caso de mi amante, sí hubo una persona: Luis, quien me envió unas videocorridas sobre las fotos que publiqué y en el audio se escuchaba su caliente voz diciendo “Mar, abre la boca, así… sí, toma… toma la leche así en la boca, toda para ti” y yo, al escucharlo y ver cómo le salía el semen, hasta la boca abrí… ¡Es que me gusta mucho tomar el biberón de carne lleno de leche, acariciando las bolas surtidoras!”.

    Respondí que en el caso de mi marido hubo una ocasión en que él tuvo una reunión con sus amigos en nuestra casa y, ya tomados, ellos empezaron a mirarme arrechos. Obvio, era yo la única mujer, así que cada vez que pasaba me veían y me desvestían con la mirada. Al concluir la reunión y que ellos se fueron, mi marido, también borracho, me empezó a reclamar cuando nos desnudábamos para acostarnos. (¡Claro, hay que dormir así: encuerados!)

    –Me di cuenta que cuando les ofrecías las botanas o les servías otro trago, te inclinabas para que te vieran las chiches –dijo con su voz pastosa de borracho.

    –¡No seas mentiroso! ¿Cómo me iban a ver las chiches si el escote de la blusa era pequeño? –retobé de inmediato.

    –¡Por eso te agachabas, puta, para enseñárselas y hacer que se les parara la verga! –insistió.

    –¡Aun así, no me verían más que el canalito! –me defendí, e hice caso omiso de responder algo sobre si traían la verga parada por verme. Y sí, todos estaban arrechos, se notaba el monte en el pantalón, supongo que por el olor de mis feromonas, como ya era la hora de coger…

    –¿Y los que estaban sentados atrás de ti? ¡Ésos hasta se resbalaban en el sillón para verte mejor las nalgas! –dijo haciendo un gesto de mirar hacia adelante con los ojos desorbitados.

    –¿Cómo me iban a ver las nalgas, si la falda no está corta ni holgada? –pregunté molesta.

    –¡Será el sereno! Sí enseñabas buena parte de tus piernas y tus nalgas se dibujaban muy bien en la falda – replicó insistente.

    –¡Estás borracho! –le grité y me volteé dándole la espalda.

    Él jaló la cobija dejándome destapada y, enojada, volteé a verlo. Su mirada era extremadamente libidinosa y su verga estaba paradísima.

    –¡Eres una puta buenísima que busca cogida con todos! –dijo bajando su mano desde mi cintura recorriendo mis nalgas y al final metió los dedos centrales en mi cuca moviéndolos y sentí las caricias de los restantes en el clítoris y labios.

    –¡No soy puta! –grité disfrutando las caricias, pero al terminar de hablar le quité la mano de mi vagina.

    –¿No? ¡Mira cómo estás de mojada, mami! Así te pusiste de caliente por ver cómo les parabas la verga –dijo resbalando los dedos húmedos sobre mi espalda.

    –¡Ponerse caliente con tus manos acariciándome el trasero no es ser puta! Además, con tus dedos en mi panocha, ¿cómo querías que la tuviera?: ¿seca…?

    Se acercó a mí y de cucharita me metió de un solo envión toda su turgencia. ¡Sentí riquísimo! Me lo movió unas tres veces adentro y se salió para voltearme bocarriba y me cogió de misionero diciéndome “Eres una puta, mami, no lo niegues”. Lo enlacé con las piernas y los brazos. “Soy tu puta si quieres, papito” contesté y lo besé hasta sentir el calor de su venida en mi útero. ¡Tres chorros soltó dentro de mí mientras yo me derretía soltando líquido bañando sus huevos! Dormimos abrazados y empiernados.

    Más tarde se despertó y me puso en posición de perrito. “Nalgona puta, estás buenísima”, dijo al ensartarme y me nalgueó fuerte mientras me cogía. “Puta, puta”, decía en cada una de las nalgadas que me daba a dos manos. Otra venida y otra dormida.

    Me desperté sintiendo que me quería meter algo en la boca. ¡Otra vez traía la tranca dura! –cuando se emborracha, a mí me toca palo muchas veces, de todas las maneras posibles, en la noche; me coge, se viene (y yo también), se duerme (y yo también); así seguimos hasta que él queda rendido–. “Toma tu lechita, mami. ¿o se te antoja más la de mis amigos, puta?”, insistía. No me gusta que él tome, pero lo disfruto mucho…

    El caso es que relacioné los comentarios que hicieron en mi relato con esa vez que mi marido me cogió bastante y supongo que fue por sentir celos de sus amigos que se calentaban al verme. Resumiendo, fueron los celos que sintió por la situación, pero no se refirió a ninguno de sus amigos en particular.

    Recordé que esa fue una de las mejores noches de sus borracheras. Más tarde, mientras comentaba un correo que me envió un muchacho llamado Guillermo donde estaba un relato ficticio en el cual él y yo fornicábamos –el caso es que el relato en sí era caliente, pero a mí no me movió porque no pude identificarme, ni de lejos, con la situación presentada– y le trataba de explicar eso a Guillermo, recordé la situación que expuso otro amigo con nick “Vago82” en un relato ficticio para mí, el cual adolecía solamente de una situación creíble que nos llevara al coito para que yo lo tomara como algo bien hecho y que me mereciera una buena masturbada. Él lo reescribió añadiendo una situación plausible (lo publiqué con el título que él le puso: “El cielo en Mar”). Y me quedé pensando en posibles situaciones, celos y demás, cuando continué escribiendo las líneas para Guillermo y pensé en voz alta escribiendo algo referente al respecto de la travesura que empecé a urdir en ese momento y fui afinando pues tenía tres semanas para llevarla a buen fin. De esa travesura que salió más que bien, pese a mis temores, es de lo que trata este relato. Lo anterior sólo fue la introducción para justificar cómo llegué hasta aquí.

    ***

    Faltaban tres semanas para que mi marido fuese relevado de la comisión que cumplía fuera del estado, en la cual sólo le autorizaron dos fines de semana para descansar en nuestro hogar y que disfrutamos completamente los tres: mi marido al ser deslechado completamente desde el viernes en la noche hasta la despedida del lunes en la madrugada; mi amante al gozarme el lunes completamente embadurnada del semen que le ordeñé a mi marido en las 50 horas que lo tuve a mi lado (también encima y abajo) sin bañarme pues me da limpieza a lengüetazos y me pone calentísima haciéndome venir mucho cuando chupa mi panocha y lame mis nalgas y piernas. Obviamente, la tercera persona beneficiada de esos días de descanso soy yo.

    A su regreso, además de ordeñarlo y darle mi amor como es debido, le sugerí a Ramón, mi esposo, que hiciera una reunión el viernes con algunos de sus amigos de la cuadrilla para festejar su retorno, sugiriéndole también que trajeran a sus esposas o novias. Insistí en que esa sería una forma agradable de agradecerles su lealtad y camaradería en el trabajo. A mi esposo le pareció buena la idea y él decidió a quiénes invitar. En total seríamos seis parejas.

    Llegó el día de la reunión, donde mis hijos mayores estarían atendiendo a la concurrencia. Hice un platillo sencillo: rollo de carne, el cual me queda muy sabroso. Además, preparamos muchos bocadillos y hubo suficiente botana para acompañar la bebida mientras platicábamos o bailábamos.

    Dos esposas eran mayores que yo, otra más o menos de mi edad y otras dos más jóvenes. Eso sí, todas nos vestimos elegantemente y nos arreglamos bien. Una de las mayores sí estaba pintada de manera exagerada y con sus carnes abundantes retacó un vestido a media pierna (bien torneada a pesar del grosor superior) y con un escote donde parecía que de un momento a otro se le podrían saltar las enormes tetas, más cuando daba saltos en el baile y se ondulaban las carnes que resultaban atractivas para los hombres, incluido Ramón que se embobaba viéndola (sí, lo acepto, mi descripción subjetiva está sesgada por mis celos). Sin embargo, su marido parecía lucirla muy orgulloso de lo que se comía feliz todos los días.

    Las menores muy guapas, tanto que sólo tenían un tenue toque de maquillaje, rímel y sombras, el tono de lápiz labial era suave; todo para resaltar lo que el tiempo aún no les cobraba. El cuerpo era fino y la falda de los vestidos llegaban un poco antes de la rodilla. Las tres restantes teníamos un cuerpo normal, pero la vestimenta de cada quien resaltaba su mejor atributo.

    Yo traía un vestido liso con un escote provocador; el sujetador era delgado y tenía unas varillas que me levantaban las tetas. La falda era relativamente holgada con pliegues tableados que iniciaban a media nalga para lucir esa parte muy bien; mi cintura estaba en forma por el ejercicio diario que me imponía. Un poco llenita, sí, pero la tela marcaba muy bien el ombligo. Para completar la invitación a que me vieran ¡no me puse medias! Esto último fue en honor a mi amante quien al besarlas dice que le gusta ver cómo se erizan mis vellos; también a mi marido le gusta que no me ponga medias pues cuando tiene oportunidad sube sus manos recorriendo las piernas hasta llegar a mis nalgas.

    De la fiesta no hay mucho que decir, el baile siempre fue con la respectiva pareja, salvo un “calabaceado” que organizó mi hija, que además del cambio obligatorio de pareja cada minuto, incluyó bailar en fila tomados de la cintura y cambiar de sentido unas tres o cuatro veces. Esa parte fue bastante caliente. Ramón se apropió un par de veces de la pintada y se quedaba viéndole las chiches descaradamente; en la fila también hubo toqueteos de la cintura hacia las tetas y hacia la parte superior de las nalgas, al menos eso sí me tocó con un par de hombres, incluido Pedro, el marido de la pintada.

    Mi marido también se dio un buen “taco de ojo” viendo el bamboleo de las tetas de la pintada o descubrir el color de su tanga, también se quedaba con la boca abierta cuando el marido de ésta le estrujaba el pecho, en el baile de la fila, ya que no la tomaba de la cintura sino de las chichotas.

    En las pláticas, esta vez sí procuré enseñar un poco más que otras veces, pero sólo cuando mi marido se daba cuenta, esa era mi estrategia; temí que se molestara, pero afortunadamente nunca hizo un mohín de desagrado. Eso era la travesura a la que me atreví y por la que le sugerí a Ramón lo de la fiesta. Los invitados se fueron retirando poco a poco. Todos muy tomados, excepto yo que los soportaba manteniendo buen ánimo. Al final sólo quedamos acompañados de Pedro y su esposa: la chichona, nalgona y pintada. Ambas parejas estábamos sentados frente a frente. A veces, la señora dejaba ver su tanga, que cubría un poco de su pubis depilado; mi marido cruzaba las piernas para disimular su erección. Me enojé, pero como la idea había sido mía y yo también había enseñado un poco más que otras veces, me aguanté de mostrar mi enojo.

    Me levanté para recoger lo poco que quedaba, ya que mis hijos se habían retirado a dormir después de lavar los trastos. “Voy a terminar de recoger”, le dije a mi marido y abrí las piernas para levantarme y darle a Pedro una bonificación por la función que su esposa le regalaba a mi marido. También, al levantarme, apoyé mi mano sobre el paquetote de Ramón. La pintada dijo “yo te ayudo” y se puso de pie de idéntica manera que yo: piernas abiertas y apretón de verga.

    –Gracias, no es necesario –le dije, pero ella insistió.

    Levantamos lo que había, lavamos trastos y demás. Terminamos pronto y me dijo que ya se retirarían.

    –Ya nos vamos, mi marido está ‘bien templado’ y hay que aprovecharlo antes de que esté más borracho. El tuyo ha de estar igual y por las mismas razones ya querrá quitarte esos calzoncitos azules que traes –concluyó, dándome un beso. Sólo le faltó decirme “y tallarte los pelos de la panocha”.

    Yo la escuché como un reproche por haberme levantado abriendo las piernas, más que una justificación por haber hecho lo mismo que yo. Sólo sonreí, pensando para mis adentros que la puta era ella. Asunto que confirmé, pues al despedirse lo hizo de beso con mi marido y, mientras le agradecía la hospitalidad, ella, quien le había tomado la mano, se la restregó sobre el pecho, incluida la parte descubierta.

    Cuando nos fuimos a acostar, mi marido me desvistió y yo a él. Le di un beso en el glande, después de bajarle el prepucio.

    –¡Mámala, mami! –pidió y me lo metí a la boca y me acaricié el tamalito para sentir mejor el momento.

    –¡Qué rica te quedó después de verle la tanga a esa pintada! –le dije buscando pleito porque aún seguía enojada con lo de la despedida– ¿O fue por acariciarle las chiches…?

    –¿Para qué iba a buscar a una puta, si la que tengo en la casa está más bonita y sabe enseñar con delicadeza la mercancía? –replicó picando el anzuelo– ¿Crees que no me di cuenta que abriste las piernas al levantarte agarrándote de mi verga? –concluyó.

    –Sólo te la agarré para comprobar que la señora esa te tenía al palo.

    –¡Puta, tú eras quien andaba enseñando las tetas a todo el que quería vértelas! –reclamó, dándome acuse de que mis travesuras dieron en el blanco.

    –¡Estás loco! La vista es muy natural, y yo no enseñaba para que vieran. Ellos veían porque yo estaba ahí –aclaré.

    –Será, pero más de uno se embobaba viendo tus piernas sin medias, seguramente deseando acariciártelas hasta las nalgas que, por cierto, se te veían muy paraditas. Además, el ombligo era una invitación para llenarte la panza –dijo acariciándome la panza y poniendo su glande babeante en mi ombligo.

    –Y tú, por estar viendo cómo le apretaba Pedro las chiches a la pintada, no viste cómo me estrecharon la cintura cuando bailamos en fila. Uno de los más jóvenes me resbaló la mano por mi nalga cuando terminó la pieza; sólo dijo “Perdón”, pero se le notaba cómo traía muy crecida la verga –le comenté dándole cuerda a su imaginación.

    –¡Eso no lo vi, puta! Capaz que tú se la sobaste pues te gusta andar de puta –dijo completando lo que me hubiera gustado hacerle a su amigo y sonreí asintiendo con la cabeza –A ver, toma esta y hazle como te hubiera gustado hacerle a él –dijo poniendo mi mano en su pene y se lo jalé dándole un beso.

    –Así se la hubiese agarrado para que me llenara la mano de lo mismo que ya traía mojado el pantalón al terminar de bailar –dije echándole más combustible a las llamas de sus celos.

    –¡Puta! Te mereces un castigo –-dijo inclinándome para que me detuviera a la orilla de la cama

    Y me penetró en la vagina de golpe. Se meció adentro varias veces y la sacó para metérmela en el culo, también de una sola estocada. Grité de dolor y él empezó a moverse y mis gritos cambiaron por quejidos de placer. “¡Toma, puta buscavergas!”, me decía en cada embestida, dándome fuertes nalgadas. ¡Qué rico y doloroso!, me sentí una puta que recibía mi castigo por mirar una verga parada por mi causa.

    –¿Y qué me harías si te digo que me gustaría que tu amigo Pedro me chupe la panocha? ¿Me la mamarías agarrándome de las chiches? –le dije para continuar el juego– Anda, dime, ¿o quieres que me depile como su mujer para que me la mames tan rico como ella me dijo que se la chupa su marido? –le grité.

    Obviamente no me dijo eso la señora, pero se me ocurrió que así debería ser entre ellos. Me tumbó en la cama, me abrió las piernas y empezó a chupar la panocha, pero se detuvo pronto.

    –¡Es que sabes a puta, muy feo! –dijo abandonando la tarea.

    –¿Ya se la has chupado a una puta? –le pregunté.

    –Sólo a ti y no me gusta cómo sabes: amargo y a orines de varios días –explicó.

    –Pues no son orines, es tu leche de varios días. Sí, soy tu puta y a eso sabe mi vagina, a dos o tres cogidas diarias, porque me gusta que me cojas… –dije montándome en él para cabalgarlo hasta que se vino, yo también me vine mucho.

    Jalé la cobija y nos tapamos para dormir. Más noche se despertó y me dijo “A ver, cómo me la mamarías si yo fuera Pedro y tú su mujer”. Me puse sobre de él en posición de 69, dejando mi panocha en su cara y empecé a mamarlo con ganas. No sé si fue su calentura imaginando a la pintada, o el olor del atole lo que lo incitó a chuparme, lo hacía bien, pero le faltaba la enjundia de mi amante. “Chúpame el clítoris”, le pedí y lo hizo, lo sorbió delicioso. Ya le iba a pedir que también abarcara mis labios, pero me detuve, porque seguramente eso le daría pistas de que ya me lo habían hecho así, así que sólo le pedí “¡Hazlo como en las películas que vemos, quiero sentir tus ganas de mí!” y lo seguí mamando con fruición. Intentó hacerlo, pero se detuvo. Yo empecé a mover mi pubis sobre su cara, especialmente tallando mis labios en la barba y la nariz. Ramón no abrió la boca, pero soportó mi fiebre hasta que me vine y lo dejé como dejo a mi amante: cubierto con la pátina del amor…

    –Gracias, papi –le dije entre jadeos que yo daba para recuperar el aire–. Lame mi panocha, seguro que es más rica porque sabe a lo que tú me das.

    –Me gustó el olor de la pucha, pero el sabor no tanto, pero te prometo que voy a acostumbrarme para hacerte feliz, mami…

    Sí, desde ese día comenzó una etapa más en nuestra relación: ¡ya me la chupó otra vez más!

  • Incesto, el pecado más placentero del mundo: Mi tía Katya

    Incesto, el pecado más placentero del mundo: Mi tía Katya

    Hoy después de muchos años he vuelto a tener relaciones sexuales con alguien más de mi familia que no es mi madre, y he decidido volver a escribir sobre esto, a los que ya me conocen saben que mantengo relaciones sexuales con mi madre desde hace 4 años y hace unos días mantuve relaciones con mi tía Katya, toda un diosa.

    Los que han leído mis antiguos relatos ya tienen una idea de cómo soy y sobre como es mi madre, ya han pasado más de 3 años desde mi último relato, desde que era más joven hasta ahora que ya soy todo un hombre, mi vida con mi madre ha sido de lo mejor, sigo cogiendo con esa extraordinaria mujer que sin duda alguna sigue siendo las mujer más culona con la he estado, ¿o no?

    Todo comenzó hace unas 3 semanas, un día normal algo caluroso como es aquí en donde vivo una mañana normal me desperté cogiendo con mi madre como cualquier día, en el desayuno recibimos una llama de mi tía Katya, nos comentó que por motivos de pandemia tenía que hacer una parada aquí en nuestro estado (Veracruz) y mi madre le dijo que aquí en la casa había lugar para darle asilo unos días, yo me sorprendí mucho porque hace como unos 10 años que no veía a la hermana de papá, yo recordaba que era un mujer no muy alta y de buen ver.

    En ese mismo día como a las 10 p.m. ella llegó con 2 de sus hijos un niño de 8 años y otro de 14 años, eran mis dos primos que yo no conocía, los vi entrar a ellos primeros, mi madre preparaba cena cuando en eso vi a mi tía Katya, no lo podía creer me quedé pasmado cuando vi entrar aquel mujerón. Mi tía estaba muy cambiada ella mide 1.60 y tiene unas tremendas piernas y lo que más resalto en ella era un par de tetas inmensas, se me hacía agua la boca de solo verla.

    Rápido fui ayudarla con las maletas, la ayude y toque su mano por error y me volteo a ver y quedamos los dos viéndonos directamente, tenía unas labios muy gruesos un cabello negro muy lacio y largo y sobre todo muchos tatuajes que fue lo que logré apreciar ella era una auténtica milf, mi respiración estaba a mil no podía creer que tremendo mujerón tuviera de tía, la ayude a bajar sus cosas ya acomodar y charlamos un rato, de ahí bajo mama a saludar, yo subí al cuarto y no podía creer que mi tía estuviera tan buena, en eso lo mismo que sentía por mi madre cuando era joven empecé a sentir por mi tía, un deseo y una lujuria increíble, y unas ganas de cogerme a mi tía se apoderaron de mí, ya no era un joven yo ya era un hombre y sabía lo que quería y era estar dentro de mi tía.

    Para mi fortuna mi madre salía de viaje el fin de semana, yo me quedaría solo con mi tía 3 días seguidos y con mis primos pequeños, algo se me tenía que ocurrir, más tarde bajé a cenar y todo bien, ayude a mi tía a instalarse en el cuarto y solo había una cama para los dos niños, ella dijo que dormiría en el sofá ya que le daba miedo quedarse sola en el otro cuarto, de ahí un abrazo de buenas noches y subí a cama con mamá.

    Mi madre y yo teníamos más costumbre de coger todas las noches y esta no fue la excepción solo que estaba vez había visita en casa, tendríamos que ser precavidos para que no se escuchara nada, mientras me cogía a mi madre tenía en mente en poder tener a mi tía solo que no sabía cómo, así que se me ocurrió la idea de que escuchara gemir a mi madre, no sé si funcionaría o tal vez mi tía saliera corriendo de la casa, pero me arriesgué y tuve que comerle todo el coño y el culo a mi madre así es la manera en que ella gime como loca, sus gritos, gemidos y pulidos eran excitantes y muy fuertes yo sabía que mi tía nos escucharía.

    Después le metí una buena cogida para ya ir a dormir. A la mañana siguiente el vuelo de mi madre era a las 7 así que salió desde temprano sin despedirse, solo de mi tía, yo desperté por ahí de las 10, bajé a preparar algo de desayuno y mi tía ya había preparado algo, solo veía a los dos niños y no sabía donde estaba mi tía, me dijeron que había ido a tomar una ducha, lo tomé normal y cuando estaba terminando de desayunar vi que mi tía entró a la cocina con un mini short y un top supongo así se vestía para estar en casa, cuando la vi se me escurría la baba al ver ese par de tetas salirse por los lados y ese par de pezones muy remarcado, ella me sonrió y me dijo que pasaba le dije que nada, muy rico su desayuno y solo se empezó a reír.

    Ella termino de desayunar y fue a lavar los trastes, fue un espectáculo ver ese par de piernas gruesas caminar dándome la espalda y sobre todo este culo grande y firme que tenía, tambíen logré ver que llevaba una pequeña y diminuta tanga que se remarcaba, eso me calentó a un más, de ahí empecé a poner mi plan en marcha, me acerqué hacia ella a buscar un vaso que estaba arriba del lava trastes y logré restregar mi miembro por su espalda ya que ella siendo tan pequeña y yo alto hasta ahí llegaba, más que ya lo tenía media erecto, ella lo sintió y se volteó rápido mente, aunque solo fue un instante, yo hice como si nada y me fui a sentar, noté a mi tía un poco diferente como que no se esperaba esto pero lo tomé normal, hacía mucho calor así que fui a la piscina, me llevé a los niños he invite a mi tía.

    Yo estaba en la piscina cuando en eso vi que mi tía se acercaba con un traje de baño, que realmente se le veía espectacular, sus tetas se veían increíbles y pude apreciar más sus tatuajes, eso me prendió aún más, ver como ese par de muslos se movían me ponían muy loco, ella entró a la alberca y yo veía de reojo como veía mi cuerpo al igual que yo el suyo, veía que los niños quería jugar con ella y me acerqué a ella y vi mi oportunidad, así que lo ofrecí un trago, yo sabía que me lo aceptaría y así fue.

    Me salí rápido y fui al mini bar y le serví un caballito de tequila y me llevé la botella, al momento de entrar a la alberca ella estaba de espalda cargando a niño más pequeño y ahí fue donde me acomode detrás de ella e hice que sentiría mi miembro y le di su trago y se quitó rápido y se tomó de un trago el tequila y le ofrecí más y ella aceptó pero se quedó al pie de la alberca y yo me quedé con los niños, yo la veía algo impaciente pero aún seguía viendo mi cuerpo, y le pregunté que si pasaba algo y me dijo que no que solo estaba preocupada y le pregunte porque y no me quiso decir.

    Ella se sirvió otro trago y entro a la alberca luego vi cómo se acercaba a mi y me abrazo y empezó a decir que me extrañaba y que yo ya era un hombre y cosas así que realmente yo ignoraba por sentirla cerca de mi, al poco rato ella se puso enfrente de mi y empezó a jugar con el niño más chico y sentía como poco a poco se iba pegando a mi, hasta que su culo quedo a modo con mi miembro ahí fue donde yo ya no aguante y tuve una erección, ella lo empezaba sentir y vi que se estaba quitando hasta que me tuve valor la agarre de la cintura y la pegué por completo a mi, y ahí estábamos los dos, pegados completamente mi tía sintiendo mi pene y yo tomándola de la cintura.

    Sentía como se estaba moviendo poco a poco y yo hacía los mismo, cuando de repente me dijo que si sabía hacer masajes y le dije que si, así que salimos de la alberca y ella se recostó en una silla que tenemos en el patio, ella se quitó su bra y quedo boca abajo, yo empecé a masajear sus hombro y espalda poco a poco fui tomando valor y logré tocar por los costados de sus grandes y ricas tetas, me acosté casi sobre ella y puse mi pene en su rico culo y empecé a hacer presión sobre él, yo veía en sus labios como lo disfrutaba, yo también estaba completamente perdido por tanto placer y lujuria que estaba sintiendo en ese momento.

    Mi tía Katya estaba sintiendo mi verga, aunque me estaba lastimando por tenerla dentro del short, al parecer los dos disfrutábamos del momento hasta que nos acordamos que sus hijos estaban ahí, y uno de ellos la empezó a llamar, ella se dio cuenta y se levantó rápido a lo que pude ver rápido ese par de tetas, no lo podía creer eran demasiado grandes y muy firmes, ella fue con el niño y se lo llevo, al parecer ella tenía que hacer unas compras así que se fuera duchar y salió de casa, yo estaba seguro de que me la cogería en cualquier momento.

    Fui a tomar una ducha y como todo hombre algo de mi adolescencia entro en mi y me aventure entre su ropa y encontré donde tenía toda su ropa interior, usaba unas tangas muy pequeñas eso aún me prendió más, no sabía como le haría para cogérmela, pero estaba decidido.

    Ella llego por la tarde trago el almuerzo y todo el día transcurrió normal hasta que llego la noche, yo sabría que ella dormiría en la sala así que de alguna u otra forma tenía que estar ahí con ella. Vi como durmió a los niños y ella se quedó en el sofá leyendo una libro, yo me fui al cuarto a armarme de valor y bajé solo en bóxer, y me senté en el mueble de enfrente con mi celular y ahí me quedé un buen rato, hasta que ella me dijo que hacía, le comenté que nada que estaba algo aburrido así que nos pusimos a charlar sobre la vida de cada quien y todo eso.

    Ya eran como las 12 y ella me dijo que ya dormiría, pero veía como ella no dejaba de ver mi entrepierna hasta que me arme de valor y le dije que la notaba algo cansada, que un masaje no le caería mal, ella puso su cara de pícara y acepto, solo dije que se iría a poner cómoda, ella salió del cuarto con un mini short y un bra. Debo admitir que se veía deliciosa y yo ya tenía la verga algo erecta, ella hizo lo mismo que en la piscina y desabrochar su bra, a lo que yo me pare y apague un par de luces y me puse arriba de ella y yo ya estaba decidido a lo que quería y lo iba a lograr esa misma noche. Así que cuando empecé fui bajando poco a poco a los costados donde se salían sus tetas y las empecé a acariciar yo veía como poco a poco empezaba a disfrutar y yo ya estaba con la verga parada, pero traía el bóxer así que con cuidado me lo quite sin que se diera cuenta, ya cuando estaba con la verga de fuera empecé a tocar sus muslos y parte de sus nalgas ella no decía nada y sentí como abría sus piernas.

    Yo sabía que estaba listo para cogerla, una diosa de mujer, era mi propia tía y pronto sería mía, una de mis manos tocó su entrepierna y vi que estaba muy mojada y veía como ella gemía, hasta que decido en dejarle caer toda mi verga en su rico y firme culo, cuando ella lo sintió se quedó algo quieta, yo lo empecé a frotar poco a poco, y de ahí empecé a quitar su short, para mi sorpresa llevaba una tanga muy diminuta y muy atractiva en ese par de nalgas. Yo sabía lo que se sentía cogerte a una mujer de tu propia familia y en ese momento lo volvería a sentir.

    Mientras restregaba y pegaba mi verga entre ese par de nalgas con mi boca besaba su espalda y cuello ella se retorcía de placer, empezaba a gemir, pero no decía ni una sola palabra, yo quería comerme ese par de tetas, la volteo y quedo frente a ellas, sus pezones eran espectaculares, muy grandes y se veían exquisitos, empecé a comerme sus tetas y me sentía en el paraíso, era un digno manjar, yo veía como ella disfrutaba cuando le comía sus tetas, con una de mis manos la masturbaba y ella estaba muy mojada y lo estaba disfrutando.

    Con una de sus manos buscaba mi verga hasta que la senté en el mueble y me pare para que pudiera ver mi grande y gorda verga ella quedo sorprendida y dijo «que grande y rica verga tienes» yo me calenté mucho y la tome del pelo veía como con sus ricos labios besaba mi verga, se la quería meter toda a la boca y no podía, la sostenía del pelo y veía como se ahogaba. Que rica mamada de verga me estaba dando mi tía Katya, en eso la levanté del pelo y la puse de a perrito, ese enorme culo y piernas gruesas se veían espectaculares, entonces procedí a comerle el coño, muy rico y jugoso y sobre todo muy limpio, se veía que se acaba de depilar.

    Ella sabía lo que quería y llegue a pensar que quien se estaba cogiendo a quien, no le tome importancia y me seguirá comiendo su culo y besando sus nalgas, a lo que procedí a penetrarla, a pesar de que su vagina era grande y estaba muy húmeda veía como le costaba entrar a mi verga y ella le estaba doliendo un poco hasta que la empine más, la tome de la cintura y pelo y la penetre por completo ella dio un grito de placer y eso me excito aún más y me di cuenta que ya estaba cogiendo a mi tía, lo estaba disfrutando totalmente y más cuando veía como mi verga se perdía en esa rica vagina.

    Poco a poco empecé a aumentar mis embestidas y ella ya no aguantaba tanta verga dentro de ella, yo la navegaba tan fuerte que ella lo disfrutaba como una total puta, parecía una perra en celo y más sus gemidos que inundaban toda la cosa de placer y lujuria, yo la cogía de una manera extraordinaria y tanto ella como yo lo disfrutamos. Veía ese par de nalgas marcadas por mis manos y la cambie de posición, yo me acosté y ese se subió arriba de vi, no podía creer la imagen que veía, ese par de tetas rebotando y esa vagina muy apretada tragándose toda mi verga y mis huevos rebotando en sus muslos.

    En eso vi como sus ojos se voltearon y supe que tenía su primer orgasmo, ella lo disfrutaba sentía como sus flujos vaginales caían sobre mis huevos y ese sonido que hacían sus nalgas rebotando sobre ellos, era realmente excitante, ella solo gemía y disfrutaba, era una hembra con un hermoso y exuberante cuerpo y era mi tía a la que me estaba cogiendo. En ese la cambié a misionero, le comí las tetas y de ahí le di unas embestidas que no soporto más y tuvo otro orgasmo mucho más largo que el otro. Yo le estaba dando muy duro y rápido veía como gemía y yo ya no aguanté otro rato más y me vine sobre ella.

    Ella tuvo otro orgasmo con mi leche adentro. Los dos terminamos rendidos uno arriba del otro con mi verga aún dentro y los dos cansados y sudados, ninguno de los dos decía alguna palabra, nos entendíamos con el simple hecho de coger, la bese de una manera muy apasionada y me levante de ella, me senté en el otro mueble y veía como su vagina chorreaba todo mi semen, ella aún con las piernas abiertas y sus respiración muy profunda, le dije «que buena cogida te di tía Katya» a lo que ella respondió «Dime solo Katya, tremenda cogida que me diste, soy tu puta, hazme tu perra por favor» yo no sabía que decir mi tía me acaba de decir todo eso después de cogerla yo estaba exhausto y ella no se podía mover y quería seguir cogiendo.

    Continuará…

    Espero les haya gustado el comienzo de este relato en mis siguientes días terminaré de contar esta gran experiencia con más detalles.

    Si gustan intercambiar fotos ya sea de mi madre o de mi tía o intercambiar historias aquí tienen mi correo.

    [email protected]