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  • Mi suegra me espiaba

    Mi suegra me espiaba

    Bueno empiezo mi relato, tengo 25 años, me casé hace un año con una chica de 19.  Teníamos una vida tranquila, los dos trabajábamos, nos compramos un terreno pequeño y pensábamos construir, pero como todo tenía un gran costo lo hacíamos de a poquito.

    Vivíamos en casa de mi suegra, una señora buena, de buen cuerpo aún, tenía 3 hijos dos varones y mi esposa.

    Bueno prosigamos, yo trabajo en un taller de 7 am hasta 17 de la tarde y mi esposa entra a las 6 de la tarde y sale en la mañana ya y el marido de mi suegra se pasaba viajando y venía solo de vez en cuando.

    Todo comenzó una tarde después de llevar a mi esposa al trabajo, me vine cansado a la casa tomé mi ropa y me dirigía a la ducha. Me quité la ropa y me relajaba, me pasaba la mano por el cuerpo con jabón hasta que sentí que alguien me miraba. Giré la mirada y vi más o menos que alguien me estaba mirando, es que la puerta quedó entreabierta y pues dije solo es el viento.

    Todo normal hasta allí como de costumbre tomé mi ropa y mi toalla me dirigía a la ducha cuando escuché que alguien estaba en el baño me di la vuelta para venir y escuché un par de gemidos y eso llamó mi atención. Mi suegra con su teléfono en la mano sentada en el baño mirando unos videos y sus dedos en las bragas que se movían más y más rápido, no podía dejar de mirar, pero me alejé lentamente y esa noche la imagen no salía de mi mente tenía las nalgas bien duritas y un coño mojadito peludito que excitan.

    Al día siguiente después de ducharme me pidió que llevara a sus dos hijos en casa de su tía ya que los jueves es noche de pizza y me vine otra vez y me acosté cansado, mirando el televisor cuando desde su cuarto me llamó “Fabián!!” –exclamó- me puedes ayudar con el aire no funciona y hace mucho calor”.

    Entré en su habitación y ella está acostada en su cama, llevaba un short de jeans y una blusita trasparente que dejaba viajar la mente y como hacía calor yo sin camiseta por supuesto.

    Agarré el control del aire y estaba tratando de arreglar cuando me dijo ella “hace bastante calor no si”, “si” respondí yo. Cuando más me concentraba sentí sus suaves manos en mi espalda y dijo “se me viene en la mente una forma para quitarnos este calor”.

    Y pensé, estaré soñando, cerré mis ojos y al abrirlos su mano ya está recorriendo mi cuerpo y me dijo “si no quieres no pasará nada” y me quedé callado otorgando el permiso. Desabrochó mi pantalón y me los bajó, solo estaba su cara y mi ropa interior en medio, los bajó y empezó a meterlo en la boca suavecito no es exagerar, pero tenía 22 cm y cuando se puso duro su mirada impresionada no dejaba de mamarla y le pregunté “él también la tiene así” y me dijo “ni la mitad crees tú”.

    Después agarré el control la empecé a besar y bajar por su cuello, le quité la blusa y el brasier y vaya que grandes tetas, era el cielo, me las chupé como nunca. Ella empezaba a gemir despacio. Bajé más, le quité su jeans y llevaba una tanga color rosa y me las bajé con el diente y empecé a saborear ese coño bien delicioso, ese olor de mujer caliente que no podía sacar de mi boca. Le metí un par de dedos despacito y estaba a punto de gritar cuando le agarré del cuello, puse un dedo en su boca y empecé a rozar la cabeza de mi pene por sus labios inferiores y me dijo “la quiero adentro, todo, todo” y se lo metí primero despacio, luego la puse de cuatro y agarré sus manos hacia atrás y le rompió la vagina, se venía una y otra vez y yo contemplaba el placer más grande de mi vida. Le di un beso en la espalda y le dije “me vengo” y me dijo “la quiero toda adentro dame tu lechita”. Le llene la vagina de leche que se derramaba hasta en la cama y me dio un gran beso y me dijo “gracias, era todo lo que necesitaba” y me fui a duchar y a dormir.

    Fue el día más feliz de mi vida hasta ahora que lo hacemos cada vez que está sola…

  • Fiesta de sexo con la licenciada Yasmín

    Fiesta de sexo con la licenciada Yasmín

    Cada vez que veía pasar a la Licenciada Yasmín, por los pasillos, en su oficina o en algunas reuniones, sentía un deseo que me invadía. Es una mujer madura, entrada en los 40 años, sumamente atractiva, su conservada figura se complementaba con una actitud, porte y simpatía que la hacían ser la fantasía de muchos.

    Morena clara, con grandes ojos y unos pómulos que enmarcaban una amplia sonrisa. Estaba orgullosa de su silueta, producto de horas de ejercicio y una gran disciplina alimenticia. Siempre utilizaba vestidos o faldas entalladas, que permitieran lucir sus piernas torneadas, sus grandes caderas complementadas con un busto prominente que no parecía ser producto de ninguna operación. Rara vez vestía alguna minifalda o vestido corto, aunque cuando lo hacía solía lucir mallas o medias negras que complementaban un espectáculo perfecto.

    Por mi posición en la empresa, solía tener constante trato con la licenciada, por lo que visitarla en su oficina, verla en reuniones e incluso en comidas con clientes era frecuente. Ella era de buen trato, simpática y con mucha personalidad, debo confesar incluso que intimidante a ratos; es de esas mujeres que cuando te habla te mira fijamente a los ojos y parece escanear todas tus expresiones.

    No me considero un galán y tampoco soy feo, me considero un tipo promedio que con los años fue logrando desarrollar la seguridad y carisma suficientes para ir superando los numerosos rechazos amorosos. Seré unos 5 años menor que la Licenciada Yasmín, y si bien varios compañeros han fantaseado con ella, nunca consideré seriamente intentar algo con ella, aunque debo reconocer que me excitaba mucho.

    El rumor decía que era novia de un famoso empresario de la ciudad, pero nadie lo sabía a ciencia cierta, ya que era muy reservada en su vida privada y platicaba poco con las y los compañeros de oficina salvo con Samantha su asistente particular, que la acompañaba a todos lados.

    Aquella noche el trabajo me rebasó y seguía en mi oficina ya cerca de las 10 de la noche. Todo el piso estaba apagado salvo la oficina de la Licenciada. En algún punto decidí bajar a un Oxxo a comprar alguna golosina que me hiciera más llevadero el trabajo pendiente.

    En el camino me pareció un acto de amabilidad preguntarles si querían que les comprara algo por lo que entré al privado de la Licenciada. Ahí se encontraba ella con Samantha su asistente, las observé sentadas en torno a un escritorio con una computadora y papeles en las piernas.

    -Buenas noches vecinas, ¿No quieren que les traiga un café o una botana del Oxxo? También les puedo traer un santo para que nos haga el milagro y acabemos antes.

    Ambas alzaron la mirada, Samantha rió, con una genuina sonrisa, mientras la Licenciada se quitaba los lentes para observarme. Esbozó una ligera sonrisa y respondió

    -No, gracias, todo lo que venden en el Oxxo engorda. Bueno ¿sabes qué? si tráeme un café por favor.

    -Licenciada, estoy seguro que no hay Chetos o papitas que se noten en una mujer tan guapa como usted- Respondí con prontitud y creo que con impertinencia. Por unos segundos dudé y estuve seguro que mi comentario no sería agradable para la Licenciada.

    Ella alzó la vista, me miró fijamente con un semblante serio y después de un par de segundos de silencio que se me hicieron eternos sonrió y me dijo:

    – ¿Y tú como sabes que me gustan los Chetos?

    -Ahora lo sé. Ahora los traigo, junto a su café. ¿Samantha, quieres algo?

    Si, también tráeme unas galletas y un café, aquí te doy. Respondió sonriente Samantha mientras sacaba de su bolso un billete y me lo daba. Tuve la sensación de que le simpatizaba.

    Tardé en ir y venir unos 15 minutos, deposité en el escritorio próximo a las chicas sus cafés, galletas y una bolsa pequeña de las frituras.

    -Acá están sus inofensivos Chetos Licenciada, disfrútelos que con tanto trabajo a veces puede uno romper las reglas.

    Ella sonrió, me volvió a ver fijamente, abrió las frituras, se llevó una a la boca, lo mordió y me dijo:

    -Gracias, sólo comeré uno- pero te agradezco mucho el detalle.

    Yo parecía observar la escena en cámara lenta. Nervioso extendí su café a Samantha y me aproximé a la salida.

    -No te vayas, tómate el café con nosotras, cuéntanos de ti, estamos aburridas capturando montón de papeles, si charlamos se nos va más rápido- Dijo apresurada Samantha mientras yo observaba a la Licenciada Yasmín esperando a ver su reacción.

    -Buena idea Sam, a ver cuéntame más de ti, nos hemos visto varias veces y casi ni te conozco, respondió la Licenciada mientras se sacudía el cabello y echaba atrás su cabeza en un intento por despejar lo que parecía una larga jornada.

    Les platiqué de mí, de mis ambiciones en la empresa, de algunos viajes que he realizado, y de algunos retos de mi profesión. Sin querer creo que intentaba captar el interés de Yasmín quien sólo escuchaba. Samantha reía y seguía preguntando más sobre mi asintiendo todo el tiempo y compartiendo también sus propias experiencias profesionales. Debo señalar que leer y viajar me ha permitido tener buena expresión y tema de conversación, lo que poco a poco fue despertando la atención de Yasmín quien se fue integrando a la charla hasta que pasadas un par de horas o más su papeleo y mi trabajo pendiente quedaron en el olvido mientras seguíamos intercambiando puntos de vista.

    De pronto sonó el celular de Yasmín. Rompiendo la animada charla que sosteníamos. Eran las 3 de la mañana.

    -Hola Carlos, si sigo acá en la oficina, se me fue el tiempo trabajando, salgo para allá en unos minutos. besos- contestaba tranquilamente la licenciada Yasmin.

    -Por Dios, se nos fue el tiempo platicando. Sam, porfa termina con estos 3 expedientes, son los últimos, ya me voy, es tarde.

    Se levantó del escritorio mientras acomodaba papeles, apagaba su computadora y entregaba unas carpetas a Samantha.

    También se me fue el tiempo, pero era muy tarde para retomar mi trabajo, iba a ser un largo día mañana, por lo que me dispuse a ir a mi oficina y apagar todo.

    La Licenciada Yasmín, se colocaba un abrigo, su cartera de mano, y se despidió de mi con un cálido abrazo y un firme beso que rosó la comisura de mis labios.

    Nos vemos pronto, me caíste muy bien.

    Casi perplejo, no alcancé a decirle mucho mientras ella tomaba el elevador dejándome ver su excitante silueta. Finalmente guardé mis cosas, apagué mi oficina y cerré todo mientras Samantha aún terminaba de capturar lo que le pidió la licenciada.

    – ¿Te puedo dictar para ayudarte? , creo que por mi culpa saldrás más tarde- le pregunte.

    -Ay sí, me ayudarías bastante, ya es poquito- respondía con una franca sonrisa.

    Después de unos 30 minutos de dictado, terminamos, le ayude a guardar y continuamos conversando camino al estacionamiento.

    -Eres muy simpático, y me pareciste muy interesante. Hay que vernos más seguido- me soltó Samantha súbitamente cuando nos acercábamos a su coche.

    Finalmente, Samantha se aproximó a mí, y me plantó un beso en la boca, mordiendo suavemente mi labio inferior mientras se despegaba y sonreía.

    Subió a su coche, me guiñó un ojo y yo me quedé un par de segundos en el estacionamiento sorprendido procesando lo que acabada de pasar.

    Samantha es una mujer joven, rondará los 30 años, es también guapa, un poco más bajita que la Licenciada Yasmín, morena, de tipo costeño, con labios carnosos y gran trasero, pero de gestos y actitudes muy delicadas. Una jovialidad y franqueza que desde la conversación de la noche me hicieron entrar en confianza.

    Esa noche llegué a casa sorprendido y contento, recordando el beso de Samantha, pero también la impactante despedida con Yasmín.

    El día siguiente no vi a ninguna de las dos en la oficina, pregunté y al parecer tenían comisión o trabajo en otra sucursal, por lo que perdí oportunidad de saludar a Samantha a quien había decidido invitar a salir. Por extraño que fuera no tenía su número telefónico así que sólo me quedaba esperar a volverla a ver en la oficina.

    Transcurrió el día sin novedad, hasta que recibí una llamada de un número desconocido.

    -Hola, soy Samantha ¿Cómo estás? – Me saludaba efusivamente

    -Hola Samantha, no sabía que tenías mi número, pero yo no tenía el tuyo, deja lo registro, ¿Ya no regresas a tu oficina hoy? le pregunté con familiaridad.

    -No, aún estamos en sucursal sacando trabajo.

    -Huy

    -Si, oye, te llamaba porque la Licenciada Yasmín, me pidió que lo hiciera, me dijo que le caíste muy bien y que quiere invitarnos a cenar esta noche en su casa, ¿Te animas?

    -Pues tenía planeado invitarte a salir, o atascarme de palomitas frente a la tele si me rechazabas, así que una cena suena bien, me parece un plan excelente.

    -Perfecto querido, vete a cambiar a tu casa y paso por ti, mándame tu ubicación.

    -Okey va.

    -Te veo a las 9 ¡Besos!, sigo trabajando- Colgó el teléfono

    Terminé la jornada y me fui a casa a cambiar, mientras pensaba cómo es que tan súbitamente la Licenciada Yasmín me abría las puertas de su casa y como es que terminé en una cita con su secretaria particular, a quien tampoco había considerado como un romance de oficina.

    Finalmente me alisté, me puse un traje casual azul que me permitiera verme formal pero no exagerado. Cerca de las 9 de la noche Samantha me volvió a llamar para avisarme que estaba a 10 minutos de mi casa. Llegó, subí al auto, me volvió a plantar un beso en la boca breve, pero cariñoso, casi como si lleváramos saliendo mucho tiempo y condujo en camino a una de las zonas más exclusivas de la ciudad.

    En el camino conversamos de su día del trabajo, mientras me comentaba que la Licenciada Yasmín, tenía un lujoso departamento en el que nos esperaba para continuar la plática.

    Finalmente llegamos, luego de cruzar 3 casetas de vigilancia, estacionamos el coche y tomados de la mano subimos el ascensor hasta el piso 14 de aquel edificio.

    Al llegar y tocar el timbre fuimos recibidos por Yasmín, quien lucía guapísima, portaba un vestido negro entallado adornado con un cinturón de cadena plateado muy delgado que llegaba hasta sus pantorrillas, medias y unos finos y discretos tacones, su pelo medianamente corto permitía ver su cuello estilizado.

    Nos invitó a pasar mientras nos recibía con un abrazo y un beso, tanto a Samantha como a mí, nos volvió a besar cerca de los labios, por lo que inferí que así solía hacerlo.

    Mientras nos sentábamos en su sala, podía admirar el lujoso apartamento, que contaba con una vista panorámica de la ciudad.

    -Les ofrezco algo de tomar chicos- Nos preguntaba una voz masculina que estaba detrás de una pequeña barra.

    -Permítanme presentarles a Carlos, mi novio- Se acercó la Licenciada Yasmín, mientras aproximándose también él nos extendía su mano.

    Era un tipo entrado en años, quizá a punto de cumplir los 50 años, pelo cano, no musculoso, pero si de cuerpo cuidado. Vestía un traje gris casual con unos zapatos y reloj costosos que inmediatamente hacían notar que era el empresario del que se murmuraba en la oficina.

    -Mucho gusto amigo, Yas, me contó mucho de ti, en verdad debes de ser muy especial porque ella no se sorprende tan fácil con nadie, ya te contaré el trabajo que me costó a mi- Me dijo amistosamente sonriendo con mucha familiaridad.

    -Hola mi Sam bella, cada día estás más guapa, ven aquí- saludo también familiarmente a Samantha mientras la abrazó estrechamente y le daba varios besos en las mejillas- Ni a Samantha, ni a Yasmín pareció causarles incomodidad, salvo a mí que a pesar de no tener nada aún con ella me despertó algo de celos.

    Comenzó la cena, charlamos amistosamente otra vez, esta vez acompañados de vino, muy relajados. Carlos me trataba como a un familiar, había buena química con él pues compartíamos gustos musicales y varios puntos de vista sobre política, cultura y esas cosas.

    La noche nos sorprendió relajados a los 4, después de la cena continuamos la charla en su sala, cómodamente sentados mientras bebíamos y sonreíamos. Ninguno estaba ebrio, ni mucho menos, parecía que tanto ellas como nosotros queríamos disfrutar de la velada luego de días de mucho trabajo.

    La plática continuaba en la cómoda sala de nuestros anfitriones. La relajada velada nos permitió a Samantha y a mi estrechar más, estábamos tumbados en uno de los sofás abrazados, ella agarraba mi pierna constantemente y cuando reía se aproximaba a mí. Estaba claro que habíamos desarrollado una primera cita muy interesante con mis nuevos amigos.

    La licenciada Yasmin y Carlos mantenían su porte. Se abrazaban y jugueteaban discretamente hasta que también ambos se tumbaron en el sofá. Ella se quitó las zapatillas subió sus pies en el sofá mientras pedía a Carlos que le aflojara el cierre de la espalda de su vestido. Parecía que ellos no tenían intenciones de despedirnos y Samantha también lucía muy cómoda. -Para esa velada ella eligió un vestido de una pieza gris de falda holgada un discreto escote al frente que permitía adivinar sus senos, redondos y firmes. No eran grandes, pero lucían muy bien además de que podía adivinarse también su gran trasero.

    De pronto me dieron ganas de ir al baño y pregunté dónde estaba. Seguido Carlos me daba instrucciones de un pasillo y una puerta que no logré entender. De inmediato Yasmin se incorporó y me dijo que me llevaría. Parecía que el baño de visitas estaba averiado por lo que me condujo al baño de su recámara.

    Mientras caminaba observé una amplia habitación alfombrada, con muebles muy sofisticados y una cama redonda muy grande parecida a una que había visto en algún hotel al que alguna vez fui. Había algunos sofás alrededor, mesas de noche y demás. Yasmin me señaló la puerta del baño.

    – ¿No te pierdes de regreso? – Me dijo mientras sonreía y me daba un beso en la boca.

    Esta vez no pareció un accidente tocó totalmente mis labios y se retiró.

    Al regresar observé la vista que también se tenía desde esa recámara con un amplio ventanal. Salí y caminé por un pasillo hasta regresar a la sala. En ese momento me sorprendió ver a Samantha acostada en el sillón donde minutos antes estaba Yasmin con Carlos. Ella estaba prácticamente sentada en sus piernas y el parecía abrazarla muy familiarmente.

    En tanto Yasmin ahora estaba en el sofá donde antes yo estaba.

    -Ven aquí hombre, ¿no te piensas quedar parado ahí verdad?

    Comenzaba a parecerme extraña la situación sumada al beso que me había plantado. Me senté junto a ella y de inmediato ella me rodeó con sus brazos poniendo su cabeza en mi pecho.

    -Me caíste muy bien, en verdad que sí y haces muy bonita pareja con Samantha. Ya me había dicho que desde antes que le gustabas, pero hasta que te acercaste y platicamos me quedó claro porqué. Eres muy interesante- Me soltó mientras se acercaba aún más a mi e intercambiaba miradas con Samantha y Carlos.

    – ¡Vaya amigo! usted ya tiene conquistadas a estas dos bellezas, ya tiene usted mi respeto y admiración. Me dijo Carlos mientras abrazaba a Samantha cariñosamente.

    -Samantha además de ser muy guapa es muy brillante y eficiente, no sé qué sería de Yasmín sin ella- continuó mientras le sonreía.

    Ella no parecía incómoda ni sorprendida, al contrario, parecía disfrutarlo. En cambio, yo seguía tratando de entender la situación, hasta que de pronto, sentí la mano de Yasmín tocar mi entrepierna y acercar su boca a la mía.

    -Yo quisiera saber si en verdad es tan interesante en todo.

    Dijo Yasmín con una voz dulce y sensual. Sin saber cómo, ella me estaba besando, podía sentir sus grandes senos pegándose a mi cuerpo. No ofrecí resistencia alguna, me dejé de llevar unos segundos por la maravillosa sensación de probar esos labios carnosos.

    De pronto caí en cuenta que ahí mismo estaba Carlos, su novio, de reojo le miré y no podía creer lo que pasaba, él y Samantha se besaban apasionadamente, ella estaba montada prácticamente sobre él, le besaba abrazada a su cuello mientras la sostenía de la cintura.

    El impacto de ver a Samantha con Carlos fue rápidamente distraído por Yasmín quien me seguía besando y frotándose a mi cuerpo, por instinto yo llevé una mano a uno de sus senos, pude sentir todo el volumen a través de la fina tela de su vestido, no cabía en mi mano, no se sentía operado o duro, pero tampoco flácido, era firme y suave. Tan pronto lo hice ella mordió uno de mis labios y sonrió.

    ¿Sam, me das permiso de probar a ver si te conviene?, le dijo mientras separaba su boca de la mía.

    -Adelante licenciada, mientras yo acá le cuido a su novio.

    Contestó Samantha mientras yo entendía con esa frase que acá estaba planeada una fiesta de sexo, por lo que me deje llevar por las circunstancias.

    Yasmín me besaba aún más apasionadamente mientras yo recorría con mis manos su espalda que había quedado al descubierto luego de que Carlos le bajara el cierre del vestido. Básicamente yo podía acceder a todo, su sostén de encajes negros se asomaba dejando ver sus prominentes senos. No resistí más e introduje mi mano haciendo un lado el vestido, podía sentir su pecho a través del sostén, era hermoso, retiré mi boca de sus labios y empecé a descender para chupar esos senos maravillosos. Ella comprendió la acción y se despojó de la parte superior de su vestido dejando totalmente al descubierto sus senos apenas atrapados por ese débil y casi transparente sostén que poco hacía para contenerlos.

    Comencé por besar su cuello, su esternón y alternadamente fui besando y lamiendo la parte superior de sus senos. Ella tan pronto notó que me acercaba a sus pezones liberó ambos senos ofreciéndomelos para chupar. Pude escuchar una ligera respiración entre cortada por parte de Yasmín cuando comencé a chupar delicadamente uno de sus pezones. Mientras lo hacía, mi atención captó un gemido más profundo, que venía del otro sofá, sin soltar uno de los pechos de Yasmín, giré a ver lo que pasaba.

    Samantha nos observaba fijamente, excitada, mordiéndose un dedo de la mano, estaba totalmente recostada, boca arriba, con la cabeza de Carlos entre sus piernas, sonreía, y parecía que Carlos estaba haciendo un magnífico trabajo con su lengua. Había hecho a un lado su pantaleta y le practicaba un delicado cunnilingus. Mientras lamía su clítoris, frotaba sus labios vaginales con dos dedos, se notaba su experiencia en el rostro de placer de Samantha que dejaba escapar cada vez gemidos más fuertes.

    Cuando ya no quedaba rincón que lamer o chupar de los enormes senos de Yasmín, empecé a explorar su trasero con las manos. También era firme, se notaban las horas de gimnasio. Como la mitad del vestido ya había sido retirada, no me fue difícil bajar el resto, lo hice mientras ella se ponía de pie, me daba la espalda y frotaba sus nalgas contra mi entrepierna que sobra decir, ya mostraba una gran erección por debajo del pantalón.

    Al dejar caer su vestido, nos dejó ver una fina lencería, su calzón y ligero eran un coordinado de encaje similar al sostén, rematado en unas suaves medias negras. Ahí estuve seguro que fue cuidadosamente seleccionado para la ocasión, por lo que continué dejándome llevar.

    Samantha continuaba observándome desnudar a Yasmín mientras seguía recibiendo sexo oral de Carlos que parecía darse todo el tiempo del mundo para ello.

    -Oigan, vamos a la recámara, acá va a comenzar a hacer frío- Ordenó Yasmín mientras con una mano me conducía, y con la otra tomaba de la mano a Samantha.

    -Amor saca otra botella de vino del hielo, vamos a necesitarla- se dirigió a Carlos quien se había retirado de la entrepierna de Samantha. Le dio un beso en la boca y nos jaló a la recámara a Samantha y a mi cada uno de la mano.

    En el trayecto Samantha reía pícaramente, yo seguía perplejo dejándome llevar por todo lo que pasaba, como entre sueños.

    Al llegar a la recámara, Yasmín se detuvo al pie de la cama redonda, nos puso frente a frente a Samantha y a mí.

    -Tu novio besa muy bien y tiene unas manos delicadas, tienes suerte- Le dijo a Samantha.

    -Aún no es mi novio licenciada, contestó con una sonrisa traviesa, mientras me miraba.

    -Bueno, mañana me declaro y te lo pido, esta noche andamos algo ocupados todos- Arremetí

    Ambas rieron y comenzaron a besarse entre ellas. Yo estaba que reventaba y me coloqué entre ambas para sumarme al intercambio de besos. Alternaba entre la boca de Jazmín y de Samantha repetidamente, mientras con una mano recorría el pecho de la primera y el gran trasero de la segunda.

    Yasmín una vez más tomó la iniciativa y deslizó por los hombros el vestido de Samantha. Dejándola sólo con el sostén y una fina tanga que apenas lograba cubrir su entrepierna que junto a su trasero lucían deliciosas. Mientras continuábamos el intercambio de besos llevé mis manos a sus respectivas entrepiernas y pude notar que la de Samantha estaba tan empapada que escurría entre sus muslos un líquido transparente.

    Samantha observó mi entrepierna y mientras me besaba comenzó a aflojar mi cinturón, desabotonó mi pantalón e introdujo con destreza su mano para dejar salir mi pene que para esas alturas reventaba.

    -Con permiso licenciada, pero esto me corresponde a mí. – Exclamó Samantha mientras me tumbaba de espaldas en la cama, se ponía de rodillas e introducía mi miembro en su boca. Comenzó por el glande, lo lamía, lo chupaba mientras acariciaba con una mano mis testículos y con la otra uno de sus senos.

    En tanto Yasmín recostada a mi lado besaba mi cuello y terminaba de desabotonar mi camisa.

    – ¿Oigan y yo que?

    Exclamó a la distancia Carlos quien ya sin saco ni zapatos se aproximaba a la cama con la botella de vino y tres copas que depositó en una de las tantas mesas de noche de la amplia recámara.

    -Amigo, compárteme algo de tu fortuna, mira nada más como te están tratando- continuó.

    -Nada de eso mi amor, ven, vamos a divertirnos todos- Refutó Yasmín, sentándose en la orilla de la cama a mi lado, atrajo a Carlos, aflojó sus pantalones y con él de pie comenzó a practicarle también una felación.

    Estábamos tan cerca que podía sentir la piel de Yasmín y sus movimientos mientras mamaba el miembro de Carlos una y otra vez con magistral experiencia. Carlos se desabotonó sólo la camisa y echó su cabeza hacia atrás. Con su mano izquierda acariciaba la espalda y trasero de Samantha quien arrodillada no paraba de succionar mi pene.

    Tenía tan a la mano a Yasmín que llevé mi mano a su entrepierna y empecé a hurgar entre su delicado calzón. Ella con una de sus manos me ayudaba para llegar más al fondo, enseñándome el camino a sus labios vaginales. Aunque era algo incómodo por la posición, lograba frotar con dos dedos su vagina a lo que ella respondía con algunos gemidos silenciados por el miembro de Carlos que aún estaba en su boca.

    -Quiero probar la boca de tu novio, ¿Puedo? preguntó Yasmín con malicia.

    -Que aún no es mi novio, licenciada- pudo apenas contestar retirando mi pene de su boca unos instantes.

    De pronto Yasmín soltó el pene de Carlos, se incorporó de la cama, le dio un beso muy largo y profundo, se quitó la pantaleta y se sentó sobre mi rostro. Podía sentir la suavidad de sus medias en mis hombros y mis orejas y un depilado y aromático coño cerca de mi boca y nariz que de inmediato comencé a lamer con delicadeza.

    A mis años, si bien no soy un experto, he podido hacer un buen papel en lo que a cunnilingus se trata. Sabía que lo estaba haciendo bien porque los gemidos de Yasmín comenzaban a ser más prolongados y por mis mejillas escurrían chorros de líquido.

    Aunque desde mi posición no podía ver nada más allá del culo de Yasmín, podía adivinar que Carlos se había puesto detrás de Samantha en el suelo y la estaba penetrando, porque comencé a sentir un ritmo de bombeo que correspondía a las mamadas de Samantha en mi pene y sus gemidos luego de cada embestida de Carlos.

    Yo estaba muy excitado seguía lamiendo el coño de Yasmín quien a modo de sesenta y nueve se acercó a mi pene, en propiedad de Samantha, y entre ambas comenzaron a lamerlo a dos lenguas mientras Carlos seguía penetrando a Samanta en el suelo.

    A pesar de los finos perfumes de Carlos y Yasmín, la habitación comenzaba a oler deliciosamente a sexo.

    De pronto noté que Samantha dejó de mamar mi pene, y comenzaba a moverse para acomodarse, montarme e ir introduciendo mi pene en su vagina que apenas hace unos segundos estaba recibiendo los embates de Carlos.

    No quise perderme la escena y como pude me zafé de entre las piernas de Yasmín quien entendió el movimiento. Me incorporé y comencé a besar apasionadamente a Samantha mientras aumentábamos el ritmo de las penetraciones.

    Carlos se acercó a Yasmín y ambos abrazados observaron como Samantha y yo nos comíamos a besos y nos entregábamos. No pude más y exploté en el interior de Samantha que mientras me venía me apretaba contra sus pechos fuertemente.

    Parece que Yasmín y Carlos disfrutaban de vernos y cuando caí rendido ambos sonrieron.

    -¿Y bien? ¿Te gustó Samanta? Es tan bueno cogiendo como platicando.

    Comentó Carlos bromeando mientras besaba a Yasmín.

    Con mi miembro punzando aún dentro de Samantha me abracé a ella y desde nuestro pedazo de la cama sin movernos, observábamos como Carlos y Yasmín excitados comenzaban a besarse, acariciarse y cogerse sin inhibiciones. Lo hacían suavemente, exquisitamente, parecían fundidos, bailar y respirar al mismo tiempo. él se colocó en misionero entre las piernas de ella que rodeaban su cintura, bombeaba firmemente, pero sin prisa, ella gemía y gemía y él parecía no rendirse. Estaba claro que Carlos era de carrera larga y sabía controlarse para llevar durarle varios orgasmos a Yasmín.

    Él se incorporó, fue a servirse una copa de vino, la bebió rápidamente mientras sacaba algo de uno de los cajones de un buró cercano.

    Mientras Samantha y yo intercambiábamos algunos besos y observábamos la escena, Yasmín comenzó a cabalgar Carlos, Suavemente, mientras este maniobraba con un objeto en su trasero. Era un plug anal que estaba colocando delicadamente en el ojete de Yasmín, mientras esta seguía montándole.

    -Espera Carlos- Le dijo mientras se desmontaba.

    -Acuéstate aquí Sam, quiero probar algo de tu amigo- Le señaló un área libre de la cama en la que ella de inmediato se separó de mí, se colocó boca arriba y abrió las piernas. En tanto, Yaámín, hundía su cabeza en la entrepierna de Samantha y en cuatro recibía las embestidas de Carlos en su vagina.

    -Mmmm deliciosa, te sacaste la lotería con tu nuevo novio eh Sam- Entre gemidos ella respondió una vez más.

    -Aún no es mi noviooo

    -Amigo, mientras te recuperas alcánzanos otro de estos que está en esa cómoda, y tráeme un tubito de lubricante que está junto. – Me indicó Carlos señalándome el cajón.

    Obedecí expectante sin poder creer lo que estaba viviendo.

    Abrí el cajón y pude ver un dotado arsenal de juguetes sexuales, dildos, bolitas, lubricantes, condones. Busqué el dildo anal que me pidió, el tubito de lubricante y se lo di a Yasmín quien me extendió la mano.

    -Voltéate Sam- ordenó mientras Samanta se ponía de a perrito y dejaba introducir el juguete en su orificio anal, con la suavidad y delicadeza de Yasmín que no dejaba de lamer sus labios vaginales.

    Fue tal la excitación del espectáculo que me estaban brindando que otra vez comencé a tener una erección, así que acerqué una vez más mi pene a la boca de Samantha quien parecía estarla esperando para mamarla.

    De pronto los 4 comenzamos a incorporarnos y levantarnos lentamente sobre la cama. Samanta dejó de mamar mi pene y ambos de rodillas nos empezábamos a besar. Yasmín, comenzó a besar de rodillas a Carlos quien ahora penetraba el coño de Samanta agarrándola de la cintura. El momento ahora era muy cariñoso y excitante. Ellas se besaban alternadamente mientras nos besaban por turnos a Carlos y a mí.

    Yasmín me jaló hacía ella, nos apartamos un poco y comenzó a montarme. Fue increíble penetrarla y sentir en mi pene la tibieza de su vagina, se movía delicioso sobre mi mientras sus enormes senos rebotaban en mi cara. La sensación era extraña porque podía sentir el juguete que tenía insertado en el culo, mientras ella me cabalgaba, lo manipulaba para que entrara y saliera de su orificio anal.

    En tanto Samantha estaba otra vez en la orilla de la cama, en cuatro, siendo penetrada por Carlos quien para mi sorpresa estaba haciendo lo mismo con el juguete que Yasmín insertó en el culo de Samantha. Este se perdía entre su enorme trasero. Mientras Yasmín seguía montándome vi como Carlos extrajo el juguete sexual, le untó lubricante y lo volvía a introducir. Samantha gemía más fuerte, se tocaba y tallaba el clítoris mientras Carlos la penetraba.

    -Ya estoy lista- exclamó con voz entrecortada.

    Carlos extrajo el juguete sexual, untó su propio pene de lubricante y comenzó a introducirlo en el culo de Samantha poco a poco. Con suavidad y mucha destreza. Yo no daba crédito a lo que veía, y Yasmín pudo notarlo.

    Mientras Samantha gritaba de placer en cada envestida que le daba Carlos por el culo. Yasmín hizo una señal a Carlos quien le alcanzó el tubito de lubricante. Me jaló a la orilla de la cama, se incorporó, embadurnó mi miembro de la sustancia, retiró el plug que tenía insertado se volteó, puso mi pene en la entrada de su ojete y comenzó a descender lentamente de espaldas a mi.

    Comencé a sentir como mi pene se abría camino en su estrecho y caliente culo. La sensación era maravillosa pues podía ver como ese hermoso par de nalgas experimentadas devoraba poco a poco mi miembro. Sin gritar tanto como Samantha, Yasmín empezó a jadear cuando, luego de introducir mi pene hasta el fondo, comenzó a bombear lentamente. Realmente lo estaba disfrutando.

    Mientras embestía el culo de Yazmín, alcanzaba a ver desde mi perspectiva la cara de placer de Samantha quien no dejaba de observarnos. Ambas estaban empaladas por el culo y lo disfrutaban.

    Había pasado el suficiente tiempo y dilatación en el culo de Yasmín que ahora las embestidas eran más rápidas y profundas, sentía que entraba en todas sus entrañas mientras ella estimulaba su clítoris con fuerza.

    -Carlos, límpiate y ven- ordenó entre gemidos.

    Carlos se separó suavemente del culo de Samantha, quien dejó escapar otro grito cuando el pene salió de su orificio anal. Sacó una toalla húmeda de algún lugar y limpió su miembro, que aún no perdía la erección a pesar de toda la faena que llevábamos.

    De pronto se acercó a nosotros, Yasmín estaba encima de mi con las piernas abiertas y mi pene en su culo. Carlos se agachó unos segundos, lamió sus labios vaginales se incorporó y comenzó a tallar con su pene el clítoris de Yasmín quien a los pocos segundos comenzó a chorrear y expulsar con violencia chorros de líquido. Podía notar como escurría entre mis piernas, mientras seguía estimulándola. Sabía lo que venía, y estaba emocionado e impaciente.

    Carlos colocó su miembro en la entrada del coño de Yasmín y comenzó a introducirlo lentamente. Ella apretó los puños en las sábanas y comenzó a gritar de placer en tanto yo sólo podía sentir la extraña sensación de un objeto duro rosar al interior de Yasmín. Ambos estábamos penetrándola, yo por el culo, Carlos por la vagina, por la posición él tenía mayor campo de movimiento así que comenzó a bombear con más fuerza.

    Samantha excitada observaba la escena, se masturbaba con el plug anal y sus dedos estimulaban su clítoris imaginando esa doble penetración, gemía también.

    Después de varios minutos de penetrar a Yasmín, y que esta experimentara algunos orgasmos más, se le notaba cansada por lo que Carlos se retiró de encima y ella rodándose en la enorme cama se desempaló de mi.

    -¿Quieres probar Sam? Ambos están que queman. ¿Te animas?

    Samanta dejó de masturbarse con el juguete y los dedos, asintió, besó a Yasmín y se enfiló hacia nosotros.

    Carlos se colocó boca arriba en la cama, con su incansable miembro apuntando hacia el techo.

    -Súbete Sam, creo que tu novio merece el privilegio de tu joya de placer-

    -Aún no es mi novio don Carlos- Le dijo sonriendo mientras lo besaba y llevaba su pene al interior de su vagina-Ella comenzó a moverse y cabalgarlo mientras yo podía observar emocionado el negro orificio donde me perdería.

    -Ven aquí, te ayudo- Me dijo Yasmín quien sentada en la cama limpiaba con una toalla húmeda mi pene erecto, le dio un par de mamadas, tomó el frasco de lubricante y me lo untó a lo largo.

    -Se cuidadoso con Sam, ella apenas comienza- Me dijo mientras me daba un beso en la boca.

    Un poco nervioso me acerqué a ambos. Carlos y Samantha detuvieron la cabalgada para que yo pudiera enfilarme al culo de ella. Tan pronto puse la punta en su orificio, ella separó con ayuda de sus manos, cada una de sus enormes nalgas en señal de bienvenida. Siguiendo los consejos de Yasmín, introduje muy lentamente mi pene en su ano. Ella en cada milímetro gritaba de placer y me pedía que siguiera.

    Poco a poco fui entrando hasta que mis testículos tocaron sus nalgas y rosaron los de Carlos. Otra vez esa sensación dentro de ella, la estreches de su orificio complementada por la sensación del miembro de Carlos. Cómo él estaba abajo y yo arriba, el ritmo lo empecé a marcar yo. Comencé a entrar y salir de ella lentamente pero constante, apretando el ritmo conforme iba sintiendo que dilataba.

    Yasmín, algo cansada se acercó a Carlos y comenzó a besarlo al tiempo que también besaba a Samantha.

    Nunca había hecho algo así y ahora era la segunda vez que hacía una doble penetración a una mujer en una sola noche. Parecía una historia de película porno, y yo no quería despertar si es que era un sueño húmedo.

    Yo seguía bombeando cada vez más rápido en el culo de Samantha. Estaba a punto de venirme cuando Yasmín se incorporó y de pie junto a mi comenzó a besarme apasionadamente. Con tal estímulo no pude más y comencé a venirme dentro del culo de Samantha.

    En cuanto me vine y separé, Carlos empezó a bombear en la vagina de Samantha, ella gritaba y gemía, sin embargo, de pronto se separó con prisa, se incorporó y buscó a Yasmín quien ya le esperaba con la boca abierta. Él se masturbó unos segundos dejando salir un chorro de esperma que desbordó la boca de Yasmín.

    Exhausto me tumbé en la cama, en medio de Yasmín y Samantha quienes colocaron sus cabezas en mi pecho.

    Carlos fue por unas copas, se colocó a un lado de Yasmín y brindamos los cuatro.

    -Waw. Le llenaste los dos orificios a tu novia en una noche. Van a llegar lejos- Exclamó Yasmín.

    -¿Qué pasó aquí?, yo sólo venía a cenar- Pregunté

    Yasmín con un tono más amable, y educado me explicó brevemente:

    -Como notaste Carlos es insaciable en la cama, y pues yo con los años también me he vuelto más exigente, a ambos nos gusta experimentar y estamos en una edad en la que no nos limitamos de nada. A los 2 o 3 años de relación, Carlos y yo comenzamos a meter a más personas en la cama, incluida Sam quien además de ser una gran asistente, profesionista y amiga, es una excelente amante para ambos. Es una relación abierta, sin malos rollos, él y yo nos amamos a nuestro modo, aunque sin compromisos, por eso llevamos más de 10 años de novios.

    Samanta me contaba lo mucho que le gustabas, a mi me pareces atractivo e interesante por lo que luego de nuestra plática en la oficina, ambas le contamos a Carlos de ti y accedió para pasar un buen rato.

    Le pedí a Sam que te invitara y bueno, tan buena química hubo que estamos aquí.

    -Y vaya que pasamos un buen rato. Pfff, cuando tenga tu edad Carlos tengo que tener esa potencia- le dije.

    ¡¡Por favor!!- exclamó sonriente Samantha.

    Mientras Carlos y Yasmín se separaron de nosotros y se acurrucaron juntos en la gran cama, Samantha y yo terminamos la última copa de vino, desnudos frente aquel gran ventanal que mostraba la ciudad de noche.

    -Oye Sam, ¿Quieres ser mi novia?

    Le pregunté mientras bebía el último sorbo.

    -Va, acepto…

    -… Oye, pero igual que Carlos y Yasmin eh, libres y experimentando siempre cosas nuevas.

    Me dijo mientras me daba un beso.

  • Reencuentro de amigos

    Reencuentro de amigos

    Hola, tiempo llevo sin subir ningún artículo, pero aquí traigo una entrega nueva. Algunos recordaran mi entrega anterior: descubriendo a una sumisa, en la cual relaté como mi íntima amiga Elianys y yo nos iniciamos en el viaje del BDSM, hoy les contaré otro encuentro entre ella y yo, a petición de ella revelaré su verdadero nombre: Verónica.

    Pues este encuentro ocurrió hace un par de meses ambos llevamos tiempo sin explorar nuestra sexualidad ya que ambos empezamos en relaciones apartes y estábamos en ese estallido inicial que nos impide escaparnos para hacer otras locuras. Pero ella tuvo problemas con su pareja lo que la hizo volver al contacto conmigo y volvimos a nuestros chats nocturnos que se nos pasaba la hora de dormir y nos daba el amanecer. Mi novia y yo vivimos separados y en distintos municipios lo que me daba mucho tiempo para chatear en las noches y volvimos a nuestras viejas costumbres de enviarnos nudes y ponernos retos ilógicos como salir desnudos a la calle y recompensar al ganador con algún premio aún más ilógico como enviar un nude o un video masturbándose para excitarlo.

    Y en este tiempo ella estaba trabajando en un centro de aislamiento para pacientes con covid, de mas esta decir la situación como esta. Y llego al fin este período, al regresar a nuestra ciudad ella enseguida se pone en contacto conmigo y antes de preguntar como estoy me dice que está cachonda en la casa y necesita un pene dentro con urgencia. Aunque vivimos en la misma ciudad estamos algo alejados y más ahora que debido a que trabaja con pacientes con covid se alquiló un pequeño apartamento al otro lado de la ciudad y por la misma situación el transporte está suspendido, pero como dice el dicho si se quiere se puede así que desempolvé mi bicicleta y salí disparado, me tomo 30 minutos llegar, subí rápido las escaleras hasta la tercera planta y toqué en la puerta, me abrió en un albornoz sin mangas y medio transparente que a ella le gusta usar en verano.

    Vero: ohhh porque tardaste tanto ya he acabado 2 veces solo usando mis dedos y un consolador y aun no estoy satisfecha.

    Steve: sorry, tuve que dar mucho pedal para llegar.

    Vero: no te quedes ahí quítate la ropa y pasa rápido tengo necesidades que atender.

    Ella salió disparada a su cuarto yo entré mi bici y la deje en la sala, y llegué al cuarto ya desnudo ella se había quitado el albornoz y se encontraba sobre la cama masturbándose, admito que me deleité con la vista más de lo que debería mientras pensaba diablos, no debí haberla dejado de lado tanto tiempo estaba más bella que como la recordaba, y el cuerpo le había mejorado ya no tenía las libritas de más que recordaba, tenía su habitual culito en corazón, pero se veía más grande, como si hubiera hecho mucho ejercicio, los senos estaban paraditos como de costumbres y sus grandes aureolas majestuosas coronadas por sus bellos pezoncillos.

    Sin pensarlo más me lancé a devorar sus labios mientras restregaba a la vez mi verga contra su rajita. No me deleité mucho con sus labios bajé y me dispuse a comerme sus pechos ahí si me deleité a ella no le gustaban mucho sus pechos así que me di a la tarea de recordarle que a mí me encantan, y seguí hacia abajo y le devoré la rajita con especial interés en el clítoris.

    Después que si vino dos veces y solo gritaba que se la metiera me dispuse a eso, empecé suave deleitándome en su agujerito, sentía como se abría para dar paso a mi verga y comencé un vaivén sintiendo como resbalaba agradablemente en su interior la sentía como se ponía más cachonda cada vez, y aproveché para ponerla en cuatro, posición que sé que le encanta y ahí con una mano la sujeté por la larga melena manteniéndola cerca de mí y la otra mano la usé para masajear su clítoris, y así estuvimos entre embestidas y masajes hasta que explotó en un sonoro orgasmo, las contracciones que le produjo la hizo arquear la espalda mientras yo seguía embistiendo para llegar a mi clímax, pero al parecer era demasiado el placer que la hizo empujarme para zafarse de mí, pero como estaba al venirme la solté me coloqué de frente y cuando ella vio lo que hacía me ofreció su boca donde puse rápidamente mi falo y aproveché para follarle la boca hasta que me vine expulsando todos mis jugos en su boquita y que ella tragó.

    Terminamos los dos recostados sobre la cama y ella se abrazó a mí, aun no sé porque lo hizo porque no tenemos ese tipo de ración. Pasado un rato se levantó y se dirigió a la cocina para prepararnos algo de comer y yo aproveché ese tiempo para darme una ducha, al salir ya todo estaba listo comimos unos sándwiches que ella preparó y una vez hube terminado me dispuse a marcharme, ese día ella estaba rara, antes de partir me dio un tierno beso en los labios y sin más entró y cerró la puerta.

    Ese día no hablamos en la noche, pero al despertar lo primero que vi fue un mensaje de ella diciéndome que lo pasó genial que después que me fui se dio un baño y durmió plácidamente hasta hoy, aproveché para llamarla para salir a almorzar juntos, pero se excusó diciendo que tenía algo que hacer, pero en la noche volvió a comunicarse conmigo y tuvimos una plática nocturna como de costumbre, fotos van fotos vienen, hacíamos posiciones raras o provocativas, las enviábamos con distintos tipos de prendas o sin algunos tipos de prendas, y así nos desvelamos entres fotos y chateos.

    Al día siguiente ella se comunicó conmigo para que fuera a comer con ella tenía cierta cena romántica para nosotros. Eso me hizo dudar ella no es así normalmente, lo que me hizo dudar, durante la cena hablamos de varios temas entre ellos de la razón de porque estaba tan desanimada la cual era porque había terminado con el novio, lo había encontrado en su casa con otra, y se sentía vulnerable, rápidamente le cambie le cambie de tema, me dijo que no intentaba ponerme en el lugar del novio, pero haciendo esas cosas conmigo le era más fácil acostumbrarse a la situación.

    También hablamos que su novio no era muy liberal en el sexo que le gustaba ir por lo tradicional, y que por esa razón llevaba casi un año sin BDSM en su vida, que necesitaba una terapia conmigo. Terminamos de cenar y yo me retiré no hicimos nada y mientras chateábamos esa noche le comenté mi idea para la nueva, pero le puse dos condiciones: la primera era que íbamos a estar una semana sin ningún tipo de contacto y al terminar el plazo yo contactaría con ella y la segunda que tenía prohibido tocarse hasta que yo le diera permiso de nuevo.

    Así paso la semana rápidamente y yo aproveché para comprar cuerdas nuevas y forrar unas esposas en cuero para usarlas, como bono extra encontré unas velas aromáticas afrodisiacas y me compré un nuevo aceite para masajes.

    Terminó la semana y la contacté, dejé instrucciones claras para nuestro encuentro al día siguiente, la primera que debía esperarme en una calle cerca de su casa la cual se tiene poco movimiento de personas, la segunda que desde que se levantara de la cama debía de llevar sus bolas chinas, pero no podría masturbarse, y la tercera que a las once de la noche nos veríamos y debía estar preparada para todo, ella aceptó mis instrucciones y así comenzó el día, preparé mi mochila de BDSM eché las nuevas cuerdas y puse las esposas revestidas en un bolsillo de fácil acceso, mantuve la capucha junto a las esposas, compré fresas ligeramente verdes para que fueran más acidas que dulces, y una botella de vino de tinto, antes de darme cuenta ya eran las diez pm y me dispuse a salir.

    Llegué al sitio de encuentro y la encontré bajo de una farola ella sola y en ese momento pasaba cerca una pareja deje la bicicleta en la esquina en dirección a su apartamento, y me le acerque por su punto ciego la atrapé en mis brazos por sorpresa haciéndola sobresaltarse, le puse la capucha para impedirle ver y las esposas a la espalda ella se comportó y no gritó, la cargue en mi hombro y la llevé hasta mi bici la amarré sobre la parrilla para que no se fuera a caer y me dirigí a su casa, no había nadie afuera por suerte, la volví a cargar en mis hombros llegué a su apartamento ahí en la puerta la requisé en busca de las llaves, ya sabía en qué bolsillo estaban, pero me deleité toqueteando todo su cuerpo especialmente su rajita que estaba empapada tenía un pequeño charco en el short en la entrepierna, abrí la puerta y la entré la senté en una silla y reacomodé las esposas para que no se pudiera ir, ella me forcejeó un poco interpretando bien su papel, pero lo único que consiguió fue un par de azotes en sus nalgas.

    La dejé ahí con la incertidumbre de que iba a pasar y descorché la botella de vino, entonces me deleité viendo a mi victima mientras sorbía el vino, degustando su saber, su toque seco y aproveché y comí algunas fresas, entonces le levanté la capucha y la dejé a la altura de los ojos de manera que siguiera sin ver, y acerqué a ella el vino dándole a sentir su delicioso olor, y entonces le eché la cabeza hacia atrás y derramé un poco sobre su boca solo una ínfima cantidad, ella lo sorbió y se quedó como pidiendo más, y ahí le puse una fresa entre sus labios y la comió pero no debió de gustarle mucho por la cantidad de muecas que hizo, así pasamos un rato mientras disfrutábamos del vino y las fresas yo un poco más que ella, entonces levanté la capucha del todo, solo para que ella se encontrara con una habitación en penumbras iluminada solamente por la titilante luz de las velas, al parecer la sorprendí porque quedó boquiabierta al ver eso, pero no estábamos en una película de amor así que me dispuse a lo mío le hice una trenza en el cabello y coloqué una venda en sus ojos, la levanté soltando las esposas, y aproveché y coloqué las esposas en el tubo de una cortina que tiene para delimitar la sala de la cocina, y aquí le retiré el short solo para comprobar que no llevaba ninguna tanguita debajo, con razón tenía el short empapado, retiré los botines que llevaba y las medias.

    Dejándola solamente con la blusa que ya veía que no llevaba sostén, le coloqué el collarín y lo sujeté con una correa, y ahí retiré las esposas y la blusa al mismo tiempo dejando en libertad los bellos pechos de Verónica, entonces la obligué a ponerse en cuatro y caminar como una perra hacia el cuarto, siguiendo mis instrucciones para no chocar al llevar la venda en los ojos, al llegar le ordené levantarse y aquí intentó correr pensando que había soltado la correa, pero solo la aflojé buscando esa reacción así que tiré de ella de manera leve no tenía intención de lastimarla, pero esa actitud llevaba un castigo así que le até las manos y las sujeté a la cabecera de la cama y también los pies atándolos a la pata de la cama más cercana a cada una estaba a mi merced atada boca abajo y segada por una venda dejando al descubierto las bellas nalgas, su culito y la rajita, entonces sin previo aviso utilizando mi fusta descargue un golpe sobre las nalgas, no fue mi duro pero la sorpresa la hizo dar un leve respingo, y así hice una sucesión de golpes, mientras le repetía que no podía escapar de mí, y ella me respondía como me gusta: si mi señor.

    Una vez hube descargado suficientes golpes para dejar ambas pompis coloraditas saqué el nuevo aceite para masajes tenía un ligero aroma a vainilla, lo esparcí por la espalda y las nalgas y empecé a masajear la espalda, bajando a la cintura y terminando en las nalgas, bajé a los muslos dejando que ,mis dedos rozaran levemente su rajita de vez en cuando, entonces solté los pies y la puse boca arriba, y volví a sujetar los pies, pero esta vez la senté até las manos a su espalda y con la misma cuerda hice que los senos quedaran atados, y la cuerda la dirigí hacia abajo y la até a la que pasaba entre cada tobillo, ahí esparcí el aceite por el abdomen y las tetas y los muslos y seguí masajeando todo eso. Incluso a la luz de las velas veía como crecía la humedad de su sexo. Entonces retiré las bolas chinas de su lugar lo que hizo que gimiera con fuerza.

    Entonces derramé un poco de vino sobre el prepucio de mi pene y se lo metí en la boca, ella lo chupo con maestría, entonces me dispuse a subir el calor de mis juegos, la deje en total soledad en el cuarto mientras me dirigía a buscar los ingredientes para los nuevos juegos. Regresé con una bandejita de cubitos de hielo y más cuerda, entonces solté sus piernas de las ataduras y sentándome sobre su abdomen me dispuse a ponerla en una nueva posición.

    Mi peso sobre ella le impedía moverse a pesar que sentía como se debatía contra mi entonces tomé uno de sus pies lo doblé y lo até de manera que quedara a un lado del cuerpo hice lo mismo con el otro de esta forma no podía estirarlos, tomé la soga de las manos y por ahí mismo la subí pasándola a ambos lados de la rajita y de su culito y la subí hasta unirla con la de los senos la entre lacé y la seguí hacia el cuello le di una vuelta de manera que quedara flojo y la volví a bajar a los senos entonces tome las de los pies las lleve las entrelacé en el abdomen y la seguí hacia ese el lado contrario sujetándolas al borde de la armazón de la cama. Se veía bella en esa posición, aunque incomoda.

    Entonces había que empezar a divertirse, tomé nuevamente las bolas chinas y se las metí en la boca seguidas de mi falo mientras empapaba las bolas en sus juguitos, entonces se las introduje en el culito, lo que la hizo soltar algunos chillidos, yo estaba deleitándome con la vista que ofrecía así que tomé algunas fotos, me gustaba lo escultural del momento y las poses de lujuria de ella, para continuar tomé un cubito de hielo y lo deposité en su ombligo, y le derramé una tapita de vino que lo envolvió y se derramó sobre su abdomen cayendo un poco por los lados y en su rajita que la hizo soltar otro chillido, y se lo limpié con mi lengua al igual que el del abdomen entonces tomé el cubito de hielo y lo bajé a su rajita introduciéndolo un poco mientras ella gemía de placer, y volví a subirlo por la barriguita hasta los senos donde me detuve dando vueltecitas alrededor de las aureolas y tocando sus pezoncillos, y de repente deje caer una gotita de cera de una de las velas que la volvió a hacer chillar mientras respiraba entrecortadamente, rápidamente volví con el cubito de hielo, a la zona, después lo repetí en la otra teta, ella gemía sin parar respirando entrecortadamente y así fui haciendo por toda la barriguita, después en los hombros, y volví a los senos, la tenía loca, estaba disfrutando, una gota de esperma caliente de la vela, seguida de la frialdad del hielo, entonces el cubito se hizo pequeño y ya siendo algo tolerable lo introduje en su rajita para que se terminara de derretir ahí, y volví a hacer la misma operación con un nuevo cubito de hielo.

    Cera, hielo más cera, más hielo, sus gemidos habían subido de intensidad ya casi eran gritos de placer y de repente al introducir el nuevo cubito en su rajita dio un nuevo grito y la vi arquear la espalda como un arco casi sin poder moverse. Le di unos segundos para que se recuperara después de semejante orgasmo, y le coloqué mi falo en la boca dejando al alcance de mi boca su rajita, haciendo un 69 admito que ella encima de mi hubiera sido menos incomodo, pero funcionó, yo le comía el clítoris, y ella se comía mi verga, me sentía a reventar, ella me la mamaba como toda una profesional incluso haciendo gargantas profundas, y yo recorría su clítoris con mi lengua, le daba vueltas, lo presionaba, lo succionaba, podía sentir como ambos nos calentábamos cada vez más y aumentábamos la intensidad hasta que ambos estallamos en un rico orgasmo, le inundé la boca con mis fluidos que bebió ávidamente y sentía como su humedad crecía y como con cada pasada de mi lengua se estremecía.

    Cuando pude levantarme solté sus ataduras para hacer unas nuevas, los pies los dejé como estaban, pero la puse boca debajo de manera que quedara en cuatro, las manos las sujeté por delante una a cada tobillo y volví a atar las tetas esta vez un poco más apretadas lo que las hizo hincharse y ponerse rojas. Para cuando terminé ya estaba duro de nuevo, así que la penetré sin avisar y así fui embistiendo sin parar, tomé una vela que me quedaba cercana y derramé la cera en su espalda siguiendo todo el camino de la columna mientras con la otra mano usaba la trenza de pelo que le había hecho a modo de rienda, y antes de que se enfriara del todo la cera tomé varios cubitos de hielo y los esparcí por la espalda utilizando mis manos para delimitar el terreno que debían tocar, Vero se retorcía empalada por mi verga, gemía y chillaba, y sin más llegó a un nuevo orgasmo, entonces retiré mi verga de su rajita e introduje un cubito de hielo que estaba casi entero y lo dejé la veía como se debatía para intentar sacarlo pero todo esfuerzo en vano, entonces, saqué las bolas chinas de su trasero y utilizando el lubricante de su rajita le introduje mi falo, todo, de un golpe hasta atrás mientras se retorcía y gritaba, no estaba seguro que le molestaba más si mi embestida por el culito o el cubito de hielo en su rajita, y ahí empecé un vaivén de movimientos rítmicos, mientras dejaba de gritar y empezaba a gemir de placer, hasta que estallé llenando todo su culito de mis fluidos, y como no había terminado utilicé mis dedos para ayudarla a terminar, entonces me deja caer sobre la cama, me sentía exhausto, y ella se dejó caer a mi lado, la solté de sus ataduras, y se acurrucó a mi lado entonces nos dirigimos al baño, y bajo la ducha la ayudé a retirarse la cera de las velas de su cuerpo, al menos la que le quedaba, y en el baño lo volvimos a hacer ella subida encima de mí, y después dormimos toda la noche plácidamente.

  • La contadora casada me da el culo

    La contadora casada me da el culo

    La semana pasada visité un proyecto con el que trabajamos. La sede del mismo se encuentra en una ciudad mediana de la selva central del Perú. El acceso a la misma es fácil y las comodidades que uno puede tener allí suficientes. Buenos hoteles, no lujosos pero cómodos, y restaurantes con una sabrosa propuesta.

    Estuve dos días allí y luego tuvimos que ir dos días a un pequeño pueblo, mucho más adentro en la selva, donde se implementa el proyecto con el que colaboramos. Durante los dos días en la ciudad, entrevisté a diferentes funcionarios. En casi todas las reuniones participó la contadora del proyecto, que es una señora de unos 40 años, algo gordita, pero como todas las ligeramente subidas de peso, con un notable culo que luce siempre coquetamente.

    La segunda noche cenamos juntos en un restaurante de la ciudad, todo iba formal y laboral hasta que le dije para tomar un par de cervezas. Ella aceptó y tras las dos, vinieron dos más y sentí una coquetería en ella que me resultó muy excitante. No intenté avanzar más pues en una ciudad así de pequeña todo se sabe y podía tener problemas para mi empleo. Terminamos las dos últimas cervezas, ella tomo una mototaxi a su casa y yo caminé al hotel.

    Al día siguiente, luego del almuerzo, partimos al pueblo donde se implementa el proyecto. En una camioneta íbamos 5 personas: un ingeniero del proyecto, la contadora, dos asistentas del mismo y yo. Fueron unas 4 horas de una terrible trocha amazónica. Al llegar al pueblo fuimos al único hospedaje “decente” del mismo y sólo había 3 habitaciones, dos simples y una doble. El ingeniero, que solía ir allí, dijo que iría a la casa de un amigo y quedamos ordenados. Una habitación para mí, como el visitante, una para la contadora y la doble para las dos asistentas. Por ser un pueblo tan alejado, no había señal de celular, pero el gobierno proveía de wifi a los pobladores. El hotel nos lo subarrendó.

    Nos duchamos y salimos a cenar hacia las 8 pm, en un restaurante rústico donde la sazón me sorprendió, estuvo notable. Un chicharrón de pescado, con yucas, que estuvo muy bueno. Al concluir la cena, las dos asistentas volvieron al hotel. Quedé a solas con la contadora. Conversamos un poco, caminamos por la plaza del pueblo, sin pistas ni veredas, pero como no había llovido, estuvo agradable. Volvimos al hotel. Ella fue a su habitación y yo a la mía.

    Como a los 15 minutos, casi a punto de dormir, recibí un mensaje de WhatsApp de la contadora. Una consulta medio tonta sobre algo irrelevante. Le respondí cortésmente y le comenté que ya dormiría, ella siguió con un par de consultas sin sentido en ese momento y era obvio que quería conversar. Le seguí la corriente.

    Siendo un pueblo de selva, había mucho calor. Como a los 20 minutos de conversación, el tema ya se volvió personal y comencé a escalar mis preguntas:

    -Cómo aguantas el calor en una habitación sin aire acondicionado y ni siquiera ventilador

    -Estoy acostumbrada, vivo en la selva, lo sabes.

    -Eres de sangre caliente entonces, ja, ja, ja.

    -Ja, ja, ja. Tonto. Sólo me quedo ligera de ropas

    -¿ligera de ropas?

    -Ja, ja, ja, si, con la ropa necesaria

    -¿y qué es lo necesario?

    -Adivina pues, supongo tienes algo de imaginación.

    -Humm. Pues con este calor yo estoy desnudo. No creo tú lo estés. Pero supongo que estás con un ligero baby doll

    -Ja, ja, ja. No sabes nada. Como voy a traer baby doll a un viaje de trabajo. Que tonto eres.

    -Entonces, pues un pijama de short y polo

    -No, estás relejos, jajaja.

    -Sólo tanga entonces.

    -Si, sólo eso.

    Mientras teníamos la conversa, mi verga se erecto. Era cierto. Estaba desnudo en la cama, el calor era muy fuerte. Que una mujer te diga que duerme en tanga no es una indirecta, creo que es una directa, un gancho al mentón, en términos boxísticos. No me contuve más y fui directo al grano.

    -Con tanga nomás, uf, tus nalgas deben estar libres al aire.

    -Pues claro, libres completamente.

    -Las he visto y son muy provocadoras. Te imagino en tanga y me excito.

    -¿en serio?

    -Sí, me pareces una mujer muy excitante.

    -¿Lo dices en serio?

    -Sí, estoy erecto ahora y no sabes cómo quisiera que estés acá.

    -Me visto y voy a tu habitación.

    Desapareció de línea. Pasaron unos 15 minutos. Pensé me dejaría calentón. Justo cuando me disponía a masturbarme, tocaron la puerta. Me puse un short y abrí. Era ella.

    Me dijo disculpa que me haya demorado. Le estaba dando las buenas noches a mi esposo. Escucharla hablar de su esposo me calentó más. Quien haya corneado debe saberlo, es un estimulante muy fuerte.

    Estaba en short y polo. La cogí de la cintura y la besé. Ella me respondió brevemente y me dijo “quiero que me veas en tanga”. Se quitó el polo y el short y se quedó en tanga. Sus senos al aire eran firmes, no inmensos, pero de perfecta forma. Sus piernas contundentes, algo barrigona, pero su culo compensaba todo.

    Se dice en Perú que la mujer de la Amazonía es la más fogosa y desinhibida. Ya había probado algunas. Pero nunca una cuarentona y casada, con tres hijos en su haber. Y seguro con muchos cuernos puestos a su marido.

    En todo momento iba yo detrás de sus propuestas. Me pidió que me acueste y comenzó a mamármela sabrosamente. Comenzó a decirme “me gusta, es más grande que la de mi esposo”. Eso me calentó sobremanera. Le dije “chupa más perra” y siguió con maestría. Sin pedírselo se puso encima de mí, en 69, me entregó su coño para que se lo lama y fui muy obediente. Que rico, lo tenía jugoso y, para ser sincero, sudado y peludo.

    Me excitó tener esa vagina peluda en mi lengua. Mientras la disfrutaba con mi lengua ella se vino. Y sentí como sus fluidos caían por mi lengua y mis labios. Dejó de mamármela y se reacomodó, sentándose sobre mi cara, dejando, perfectamente alineado, su culo sobre mis labios. Comencé a lamerle el culo y me di cuenta lo muy abierto que lo tenía, un culo brutalmente trabajado. Correlacione la verga pequeña de su esposo, con ese culo tan trabajado y ya se me hizo obvio que era una cachera muy fácil y su esposo un simple cornudo de pueblo.

    Mientras se lo lamía volvió a tener un orgasmo, luego del mismo se levantó y se acomodó en cuatro patas. Me levanté de la cama, me paré sobre la misma y me acomodé detrás de ella, la penetré por su vagina y al primer gemido que tuvo la saqué y la acomodé en su culo. Se reacomodó un poco dándome el ángulo perfecto para disfrutarlo.

    Entre a su muy dilatado y usado culo. Solté mi lengua mientras la culeaba

    -Eres una puta cachera

    -Sí, lo soy, una puta

    -Eres una perra, una entrega culo

    -Sí, me gusta dar el culo

    -Tu marido es un puto cornudo

    -Sí, si es un cornudo. Soy una puta.

    -Así te acuestas con todos los que llegan. Eres una perra fácil, una regalada, una culera sucia.

    -Sí, si soy una culera, mi esposo es un cornudo. Todos saben que soy una puta.

    -Pobre tarado y cornudo tu marido.

    -Si es un cornudo de pene pequeño, por eso lo corneo. Me gustan los penes grandes, soy puta cachera. Soy una perra y Martín un cornudo.

    -Si, Martín es un puto cornudo.

    -Si, me gusta coger. Me encanta que me cojan.

    Comenzó a acelerar sus gemidos. Dejó de hablar. Seguí diciéndole lo puta que era y lo cornudo que era su marido. Volvió a llegar y yo con ella. Me acosté. Ella a mi lado. Empezamos a dormitar, pero en pocos minutos empezamos el segundo round.

  • Trío virtual

    Trío virtual

    Una de las cosas que me sube la temperatura de manera abismal es compartir a mi esposa y la otra es mirar y que nos miren.

    Estábamos en casa con Pau acostados un viernes de noche totalmente bloqueados por la pandemia. Yo estaba un poco caliente como de costumbre. Le comenté a Pau que tenía ganas de que nos vieran coger y que nos pidan cosas.

    Beso va, beso viene. Empezamos a tocarnos y Pau me dice vamos a hacer una video llamada. Toma el celular y llama por facetime a nuestro amigo Jorge.

    Él estaba en su casa, sentado frente a la TV tomando un vinito. Nos pregunta que hacemos y le comentamos que estábamos en la cama aburridos y Pau le dice que estaba algo caliente con ganas de coger.

    Pau sin dejar la llamada me da un beso y le pregunta si no le molestaba mirar. Conecto la llamada a la laptop y la dejo en una mesa de luz así teníamos las manos libres.

    Saco la remera a Pau y dejo sus enormes tetas libres y las empiezo a chupar. Jorge ya estaba desnudo. Tocándose y Pau le preguntaba si le gustaba lo que veía.

    Pau baja a mi pija que estaba para esa altura más dura que la vida y me da una mamada genial. Bajo y empiezo a chupar a Pau metiendo mis dedos también por el culo.

    Pau me dice que pare. Que estaba muy caliente y quería que termine adentro con ella. Pregunta a Jorge por donde quiere que le penetre y él dice por el culo.

    Pongo a Pau de cuatro mirando a la pantalla mientras despacio empezaba a penetrar esa colita y con un dildo por el otro agujero. Pau gemía encantada y nuestro amigo estaba por su segunda acabada.

    Quedamos con nuestro amigo que cuando se liberen los horarios volvíamos a una fiestita presencial.

  • Mi amiguita

    Mi amiguita

    Por fin, desde hace varios años que me quería coger a mi amiguita (así le digo porque ella a todos les dice así: “amiguito”), hasta hoy se me hizo.

    Ella conoció primero a mi hermano, y “él quería con ella”, según sus palabras. Al poco tiempo se casó y tuvo dos hijos. Sin embargo, quedó viuda muy pronto. No era muy agraciada de la cara, pero el cuerpo estaba en excelentes condiciones, “cuerpo de tentación y cara de arrepentimiento” decía un compañero de trabajo. Yo no supe que anduviera con alguien más, incluso, alguna vez conoció a un sujeto en un bar y la pasó divertida y bailando toda la noche con él, pues ella es muy alegre, pero al final, pasó muchas dificultades para cortarlo pues él quería que se fueran a coger y ella se negó. Tuvimos que auxiliarla ante su petición de llevárnosla nosotros.

    De cualquier manera, ella me buscaba frecuentemente, lo que provocó unos celos enormes en mi amante, quien no la bajaba de “puta buscavergas”, aunque tampoco le constaba que lo fuera. Una vez me invitó a tomar un café en un centro comercial. Fijamos día y hora. La razón que manifestó fue que quería saber si era cierto que me despedirían en el trabajo, dados los recortes que se harían. Le platiqué que yo sí quería que me liquidaran pues me tocaba una buena indemnización, además de que ya tenía otras ofertas de trabajo, pero que algunos de los directores se oponían a que me fuera.

    Al terminar nuestra plática, salimos por nuestros respectivos vehículos al estacionamiento y, dada la oscuridad, la forcé a un abrazo y la besé, pero respondió con titubeos. Una de mis manos que posaban en su espalda fue hacia sus nalgas y en el intento por deslizar la otra hacia su pecho fue interrumpido por sus palabras “No te quedaste con las ganas” despertando a mi razón, que había estado adormecida por los deseos que disparó el aroma de hembra que logró escapar por encima de la fragancia del perfume que mi amiguita traía. Pero de inmediato ella se separó de mí para que yo no continuara. La respuesta que le di, ya consciente, cuando la razón volvió a imponerse al olor de la esencia que usaba, fue “Sí, seguro que me quedaré con las ganas”, porque veía que no había razón más allá que la de los sentidos.

    Al día siguiente me buscó telefónicamente

    —¿Cómo estás amiguito? —me preguntó después de que pronuncié el tradicional “¿Bueno?”

    —Bien, y tú, ¿cómo estás? —inquiero

    —Estoy muy buena, como siempre, o ¿qué opinas tú?

    —¡Claro que sí! —confirmo y me vienen a la mente las curvas de tu cuerpo, especialmente las que tienes de la cintura para abajo. Me imagino recorriéndolas sobre la ropa.

    —Amiguito, quería disculparme por lo de anoche, me porté como una quinceañera.

    —No tienes por qué, al contrario, perdóname a mí por haberte hecho sentir mal —dije atajando sus palabras.

    —No. Sí me gustó, a ver cuándo lo repetimos —corrigió.

    “Sí, a ver cuándo” dije y cambié el rumbo de la plática. Charlamos de otras cosas y al finalizar reiteró la pretensión de repetir lo que habíamos hecho. “¿Será posible?”, me preguntaba yo, resistiéndome a embrollarme o embrollarla en algo que seguramente no le convenía.

    Las semanas pasaron, intenté llamarla varias veces al celular y, a pesar de que nadie contestaba, yo quedaba muy tranquilo por no haberme acercado a la tentación. Un día me buscó en la oficina donde trabajo.

    —¿Por qué no me has hablado, amiguito? ¿Qué te hice? o mejor: ¿qué no te hice? —me preguntó inmediatamente después de sentarse en la silla que le ofrecí.

    Al acomodarse en el asiento, me dejó ver por un momento sus exquisitas piernas y al final un pequeño triángulo de la tanga donde se traslucía la raja y el clítoris por su depilación. A pesar de todo, seguí mostrándome imperturbable.

    La despedí pronto, aduciendo que yo tenía que hacer algo del trabajo. Pocos segundos antes de que me despidiera, ella levantó el brazo para recargarse sobre un estante y miré su axila, rasurada, con la grasa exacta para mostrarse como un remedo de labio exterior de su vagina, además mostró el inicio de su pecho y mi presión subió. Quise lanzarme hacia ella para lamerle la axila, pero sólo se la acaricié mientras la besé en la mejilla para despedirme.

    Una ocasión nos topamos en la calle y a bocajarro me reclamó “¡Ay, amiguito, ya supe que anduviste con María, tu secretaria!” y la interrumpí “No sé quién anda con ese chisme. ¿Acaso ella te lo dijo?, obviamente no”. Ella contestó “Me lo dijo una amiga a quien ella se lo dijo”. “Y tú te crees todo”, retobé para continuar, “Si tú y yo cogiéramos, ¿lo andarías diciendo a otra?”. Ella se ruborizo y permaneció en silencio. “No hagas caso de chismes”, ella está casada, tiene como veinte años menos que yo y no andaría divulgando algo así”, concluí. Quizá fui convincente, quizá no, pero ya no insistió.

    Otras veces más, cuando concluíamos alguna reunión de trabajo o la encontraba con sus hijos en algún lugar, al despedirme le acariciaba el pecho con discreción y ella sólo sonreía, o me decía “No…”, apretándose más a mí para que no vieran los demás mi maniobra, y mientras ellos seguían entretenidos en sus asuntos yo completaba la caricia en su par de chiches; las estrujaba y sonriéndome ella se separaba. “No te quedas con las ganas…”, volvía a repetir. “¿No te gusta?”, le preguntaba y como respuesta sólo suspiraba y volvía a sonreír. Al retirarse veía sus nalgas que pronunciaban su movimiento pues ella sabía que la veíamos. “Está bien la señora”, me dijo una vez uno de los compañeros quien también se extasiaba con su caminar. “Sí, lástima que ella no me lo pida”, le contesté y él sonrío por la ingenuidad de mi comentario.

    Así pasaron algunos años. Yo dándole indirectas por Whatsapp o Messenger y ella correspondiendo sólo con sonrisas de gifs o memes de “Eres terrible”.

    Por fin, me hizo una llamada para invitarme a comer a su casa, con pretexto de mi cumpleaños. Acudí. Sólo estaríamos los dos pues su hijo mayor había ido a una entrevista de trabajo a otra ciudad y su hija menor regresaría hasta el día siguiente de un paseo.

    Charlamos y bebimos muy a gusto. Después bailamos y en el baile traté de besarla, pero ella se separó abruptamente.

    —¿Ya me vas a calentar como siempre? —dijo como reclamo.

    —Perdón por mi atrevimiento, no lo vuelvo a hacer —dije volviéndola a tomar de las manos para continuar el baile.

    —¿Cómo, por una vez que no quise seguir ya no lo vas a hacer? —preguntó dejándome perplejo— Sí me gusta, hasta que me manosees las tetas, ¿no te has dado cuenta? —volvió a preguntar y me puso la mano en su pecho antes de darme un beso.

    —Entonces, aquella vez que comentaste ante todos que tú también “necesitabas una sacudidita”, en una fiesta donde yo barría los restos de un vaso que se cayó. ¿te referías a mí?

    —¡Claro! pero ahora seré más directa: ¡quiero que me cojas! —dijo moviendo su mano sobre mi pene, que estaba notoriamente queriendo escapar de mis ropas.

    Seguí bailando, pero empecé a desnudarla y ella hizo lo mismo conmigo. Bailamos una pieza más desnudos y nos fuimos a su cama.

    Ella retiró la cobija y yo contemplaba sus hermosas nalgas.

    —¿Te gustan? —me preguntó alejándose moviéndolas tentadoramente.

    No hubo más, me fui sobre ella y me hinqué para besárselas mientras con mis manos acariciaba su coño depilado y sus chiches. Entre jadeos ella sólo pudo decir “En la cama…”, por lo que la cargué y la acosté para admirar su cuerpo. “Ven acá, amiguito” dijo abriendo las piernas. “Sí, voy, y me vengo, allí” contesté antes de extenderme sobre ella, quien diestramente tomo mi verga y se la metió. Parecía que no había tenido sexo en mucho tiempo, pues gritó y lloró con tanto orgasmo acumulado. La cama quedó mojadísima de tanto flujo que le escurría. “Sí, gracias…” dijo entre resuellos. Sin sacarle mi tranca, que seguía firme, pues no quise venirme ya que aún quedaban varias horas antes de que me retirara a mi casa, le besé la cara, el cuello y los hombros para que se calmara poco a poco. Ella estaba tranquilizándose y mostraba una sonrisa radiante, feliz y satisfecha.

    Manteniendo el pene crecido dentro de ella, seguí con las caricias: lamiendo los lóbulos de las orejas, después las tetas. Al fin se lo saqué para seguirla besando y lamiendo desde su ombligo hacia abajo. Después le di vuelta y la besé por atrás. Cuando metí la lengua en su ano ella se retorcía de placer.

    —Estas nalgas invitan a metértela por aquí…

    —Si quieres, sí, pero con mucho cuidado y despacito, porque sólo mi marido lo hizo —me aclaró.

    —¡Claro que lo haré!, pero al rato que te repongas —advertí.

    —¿Tú ya te repusiste? —preguntó volteando a ver mi pene —¡Tan pronto! ¡Ya estás listo otra vez! —exclamó yéndose de boca a la verga para darme una mamada.

    Fue delicioso como ella lo hacía y me vine muy pronto, pero ella siguió al sentir la primera descarga y me vació el resto del amor con el que quería complacerla. Se irguió y me dio un beso con los residuos de lo que aún no se había tragado

    —Eres único, con razón todas quieren contigo —me dijo.

    —Nombres, nombres… —exigí y ella soltó una carcajada.

    —Ay, amiguito, después de leer tus relatos pornográficos, todas nos preguntamos si tú lo harás así de rico como lo cuentas. Y no… —dijo jalándome los huevos. Yo me iba a justificar con alguna pendejada, pero ella continuó—, ¡lo haces mejor! —terminó diciendo y me sonreí.

    —No te lo van a creer —expresé.

    —Ni yo lo voy a andar diciendo, como otras…, aunque sí sea cierto —dijo en alusión a María.

    Me invitó a tomar un vino delicioso, pidiendo que lo descorchara mientras ella cortaba unos quesos y carnes frías. Terminé antes y lo dejé aireando, mientras recogí los trastos que habíamos usado para la comida y comencé a lavarlos.

    —¡Amiguito, deja eso! —gritó al verme lavándolos —¿No sabes que a los hombres se les caen los pantalones si hacen cosas de mujeres? —dijo mostrando sus valores caducos.

    —Lo bueno es que no traigo pantalones, ni calzones —dije mostrándole mi verga aún en reposo —además, ¿quién me las va a hacer en casa, si vivo solo? —rematé.

    —Pues vives solo porque quieres, con estas dotes, muchas estaríamos dispuestas a hacerte el quehacer de la casa.

    —Sí, pero van de entrada por salida y quieren que se les pague doble —dije, acordándome de la señora que me hace el aseo y demás servicios, incluida la bañada.

    —Pues yo cobro el triple, pero puedo estar de planta —me sugirió jalándome el pene.

    —Ya tuve una que le pagaba en líquido, al menos tres veces al día —señalé acordándome ahora de una bella mujer con quien viví en amasiato.

    —¿Y qué pasó? —me preguntó tomando la fuente de bocadillos y dos copas.

    —No sé, a lo mejor encontró una mejor oferta, como mi primera esposa, pues un día me dijo adiós —mencioné encogiéndome de hombros y tomé la botella para seguirla y ver su delicioso caminar.

    —¡Qué pendejas! ¿Cómo van a dejar algo así? —expresó, colocando la fuente sobre la cama y las copas en el buró.

    La plática continuó sobre nuestros respectivos matrimonios y derivó en las prácticas sexuales que más nos gustaban. Cuando la botella se acabó, nos pusimos a cantar, pero con sus caricias ya traía otra vez mi aparato bien parado y goteando presemen.

    —Vamos a ver si te gusta cabalgar en este potro —le dije y me acosté bocarriba, en alusión a que esa era una de las posturas que, según dijo, más había disfrutado con su difunto esposo.

    De inmediato se subió en mí y dijo “¡Arre caballito!” para empezar a moverse. Algunos pelillos del pubis le estaban empezando a crecer y con la fricción quedé algo irritado, pero aguanté hasta que ella se desplomó sobre mí, y sólo movía la grupa un poco mientras lloraba, evidentemente con tristeza. “¡Qué rico, gracias!, estoy bien, pero no pude evitar acordarme de mi marido al tercer orgasmo”, me dijo como explicación por sus lágrimas.

    La abracé y la besé en la cara para reconfortarla, pero sin sacarle el falo de su encharcada panocha. Sólo unos cinco minutos después me salí.

    —Quiero recordarte otra vez a tu marido, ponte en cuatro —le pedí y ella obedeció sonriente.

    Me puse a lamerle el ano y darle lengüetazos viajando una y otra vez desde el clítoris, siguiendo el periné y terminando en el ano, donde le metía la lengua, pero también un dedo, luego dos y cuando cupo el tercero los saqué para meterle mi verga. “Despacio”, me pidió. Poco a poco iba metiéndosela mientras le acariciaba las hermosísimas nalgas. Ella soportaba en silencio, aunque eventualmente hacía una mueca de dolor. Tardé como quince minutos para tenerla completamente empalada y me moví poco a poco hasta ver que su boca cambiaba la mueca de angustia por una sonrisa y comenzó a darme el ritmo con su movimiento. Cuando éste fue rápido le grité “Yo también quiero nalguearte, aunque no te guste” y como respuesta tuve “¡Dale Ramiro (el nombre que tenía su marido), nalguéame como a ti te gusta!” y empecé a golpearla hasta que me vine y quedé jadeante sobre su cuerpo al venirme. Procurando que no se saliera mi verga, ella fue estirando los pies para quedar extendidos uno sobre la otra.

    —¡Ay, amiguito, lo hiciste mejor que él! Nunca me había gustado, pero me dejaba porque lo amaba, pero ¡sí es delicioso hacerlo así! No cabe duda que eres un experto en cuestiones sexuales.

    Sólo hubo un palo más esa noche, pero la posibilidad quedó abierta cuando al despedirnos me dijo “Puedo ir a tu casa de entrada por salida cuando me lo pidas, aunque sólo me toque una vez”.

  • Jugando a los desconocidos (I)

    Jugando a los desconocidos (I)

    Corrí hacia mi habitación aún con los vaqueros desabrochados. Cerré la puerta tras de mí y apoyando la espalda sobre ella me dejé caer flexionando mis rodillas. Podía oler el aroma que desprendía los restos de semen de mi vecino sobre mi cuerpo. Sin pensármelo dos veces accedí a mi entrepierna con una mano, notando como mis dedos se impregnaban de ese líquido viscoso. Acto seguido me los llevé a la boca para saborearlo, mientras con la otra mano atrapaba mi clítoris entre mis dedos anular y corazón. Oía ruidos detrás de la puerta, pero el sabor del semen me pedía más. Quería masturbarme y dejé mi mente volar…

    Estaba en cuarto de carrera y acababa de terminar los exámenes de junio. Llevaba casi 4 meses separada de mi novio. Él estaba trabajando fuera y mi vida sexual se limitaba a alguna conversación telefónica subida de tono (Aunque he de reconocer a él no se le daba demasiado bien eso de expresarse por teléfono y al final terminaba masturbándome sola debajo de las sabanas…). Hasta entonces nunca me había planteado ponerle los cuernos (En otra ocasión relataré mi primera y de momento única vez), pero sinceramente necesitaba sentirme deseada, tenía ganas de sexo y no sabía cuánto iba a poder aguantar así. Hasta que un día recibí la llamada de mi novio pidiéndome un favor algo especial. Según él llegaba a la ciudad su primo el “marginado”. Era el único primo que no tenía relación con los demás, además era un poco friki, algo introvertido y según sus palabras, “un auténtico gordales”. Ninguno de sus primos quería ir a recogerlo al aeropuerto y me pidió por favor que lo recogiera y lo llevara a cenar algo. Solo sería esa noche, puesto que al día siguiente según me dijo se iría de nuevo. Mis ganas no eran demasiadas, pero precisamente esa noche mis amigas no iban a salir y bueno no me importaba hacerlo por él.

    Tenía ganas de arreglarme la verdad. Llevaba demasiado tiempo estudiando en casa, con todo tipo de pijamas y me apetecía ponerme guapa, así que aproveché y me puse una falda con estampado de cebras. No era demasiado corta, pero tenía una raja en medio por delante que dejaba ver lo justo del interior de mis muslos que me parecía bastante sexy. Me coloque un top negro sin sujetador y unos tacones negros y me dije “Que se muera de envidia el primo gordo de mi novio.”

    Le esperé en la puerta de Salidas del aeropuerto mientras me entretenía mirando un poco el Instagram. Ya que me iba a pasar toda la tarde lidiando con el primo gordito de mi novio, que menos que alegrarme la vista un poco con el insta. Menudos cuerpos, que abdominales… En fin, cerré el móvil porque ya me estaba poniendo nerviosa cuando de repente vi a uno de esos maromos de insta dirigiéndose hacia mí. Alto, muy moreno, brazos incluso demasiados grandes para mí que me gustan los tíos bien grandotes… “Ojalá fuera este…” y de repente…

    -¿Ana…? Eres tú, ¿no?

    No daba crédito, o mi novio me había mentido o tenía tan poca relación con su primo que no sabía que se había convertido en autentico pivonazo. Lo miré a los ojos con carita de cordero degollado, notaba como mis labios y mis ojos se derretían mientras me miraba…

    -¿Pablo? Que sorpresa yo…

    -Ya ya, supongo que el cabrón de Carlos, como todos mis primos, aun piensan que soy el gordito de la familia…

    (Le mire avergonzada mientras no podía quitarles los ojos a los brazos. Llevaba un polo que le marcaba perfectamente el bíceps y los pechos, madre mía…)

    -No por favor, no me malinterpretes solo que… (Mientras que a mí se me notaba nerviosa, a él se le veía bastante cómodo con aquella situación y también me miraba curioso…)

    -No te preocupes de nada Ana. Por lo menos ya veo que Carlos no me mintió cuando me dijo que ibas a recogerme. Eres guapísima…

    -Jo muchas gracias… (Me tocaba el pelo, continuamente nerviosa, no me lo podía creer, pero estaba coqueteando con el…).

    -¿Bueno, vamos a ir a cenar no? Tengo un hambre que me muero… (Juraría que mientras me lo decía me miraba el corte de la falda y por un momento sentí que me estaba gustando el intercambio de miradas).

    -Claro, claro. Vamos a ir a un sitio en el centro, cerca de casa que te va a encantar.

    -Eso espero Anita, porque vengo con un hambre…

    Cogimos el coche y nos encaminamos hacia el centro de la ciudad. Al principio estaba nerviosa, pero él estuvo todo el tiempo mirando el móvil y solo hablaba con monosílabos. Por lo que hablamos, era un tío bastante interesante. Era ingeniero informático, de ahí que sus primos lo llamaran friki, y se encargaba de diseñar sistemas informáticos para una empresa japonesa con su sede en Madrid. Ganaba bastante dinero y además estaba como un tren… ¿Dónde estaba la novia de semejante pivon…?

    Llegamos y nada más sentarnos Pablo decidió ir al baño justo en el momento en el que mi novio me llamó.

    -Hombre cariño ¿Cómo estás, ya estáis cenando? Muchas gracias por ocuparte de Pablo, para el resto de primos eres nuestra heroína.

    Por un momento estuve a punto de decirle que su primo el “friki” de la familia, en realidad era un pedazo de pivón, que estaba buenísimo y que se le veía bastante interesante. Pero en una décima de segundo pensé que al día siguiente se marcharía y que no había necesidad de ser sincera del todo…

    -No te preocupes cari, no me supone ningún problema, ya sabes que me adapto a todo.

    -Bueno Ana, si te molesta demasiado o estás muy incómoda vete a casa y lo mandas al carajo. Tú no te cortes que ese está acostumbrado a que lo dejen plantado.

    -Ains cariño no seas bruto. Vamos a cenar y me iré para casa.

    -¿Está ahí contigo?

    -No, ha ido al baño… ¿Por?

    -Porque no quiero que pongas caritas cuando te diga las ganas de follarte que tengo…

    En ese momento me dio un vuelco el cuerpo, sentí como mis labios reaccionaban al estímulo inesperado y es que Carlos no me acostumbraba a decirme esas cosas tan directas y menos entre una conversación normal. Me dejé llevar.

    -Espero que sigas con esas ganas cuando vengas, porque yo tengo las mismas ganas…

    -¿Ah sí?, ¿Tienes ganas de que te folle?

    -Si… ¿Acaso no te lo crees?

    -Si, pero quiero saber si tienes más ganas de que te folle o de follarme…

    Sentía como aquella conversación me estaba poniendo especialmente cachonda cuando para mi sorpresa vi aparecer a Pablo por el pasillo de los aseos. Tenía que acabar, pero me estaba poniendo mucho…

    -Cariño viene Pablo…

    -Respóndeme

    -Que me folles, prefiero que me folles.

    -¿Duro?

    -Si…

    -¿Fuerte?

    -Joder si… (Empecé a cruzar los muslos mientras notaba como la tela de mis braguitas rozaba mis labios con tanta sutileza como placer. Sin entender bien porque, mirando como Pablo se acercaba hasta mí, lo imagine desnudo. Mi novio había conseguido ponerme demasiado cachonda y ahora era la cara de Pablo la que imaginaba entre mis piernas). Pablo…

    -¿Qué dices nena?

    -Pablo… que viene coño, tu primo, tengo que colgarte…

    -Se buena…

    Colgué cerrando los ojos mientras sentía como mi respiración se hacía cada vez más acelerada. Cuando los abrí Pablo estaba ya sentándose en la mesa mientras me miraba entre divertido y extrañado. Empezamos la cena y poco a poco me fui tranquilizando, aunque mi novio había conseguido sembrar en mi la semilla del sexo y cuando eso pasaba, no me quedaba tranquila hasta conseguir los orgasmos que fueran necesarios. Por un lado, me sentía mal al estar en ese estado cenando con el primo de mi novio, podía notar como mi mirada transmitía lascivia y deseo a lo que el en ningún momento rehuía mi mirada, incluso habiendo momentos en los que ambos parecía que sabíamos lo que pensaba el otro. Por otra parte, pensaba que él, mi novio, había sido el culpable porque me había llevado a ese estado sabiendo que estaba acompañada.

    Pero claro, él pensaba que mi acompañante era un “gordo” sin atractivo y entonces me volvía a embargar la culpa. Había tenido la oportunidad de ser sincera y decirle que su primo habría cambiado. Ya no era gordo, era un pivón, ya no era un friki, era un tío interesante y si… Me lo habría follado sin ningún problema… A Pablo lo notaba suelto, divertido con la situación y poco a poco la conversación cogió el rumbo a la cual estaba destinado, el sexo… Todo después de preguntarle si tenía novia, a lo cual me respondió que no, que no quería tener pareja estable en ese momento a lo cual con una sonrisa de lo más persuasiva le dije que lo que le gustaba era ir de flor de flor.

    -Pues sí, ahora estoy disfrutando de tener sexo con diferentes chicas, y me encanta. (Mi cara tuvo que ser tal que acto seguido me dijo…)- Pero no pongas esa cara mujer. Tu seguro que estás bien satisfecha con mi primo. Carlos de pequeño se las llevaba a todas de calle…

    -A ver, no me quejo, sexualmente estoy satisfecha, si, aunque lo de probar otra pareja también tiene su encanto.

    -Pues sí, sobre todo por ver más gustos sexuales, hay chicas que jamás pensaba que tendrían ciertos gustos o aficiones. No siempre tiene que coincidir con mis gustos, pero bueno, por experimentar.

    -Ya claro, hay que experimentar. Cuando tienes pareja, al contrario de lo que pueda parecer, experimentar se vuelve incluso más complicado, por falta de comunicación ya sabes…

    -Exacto, sin embargo, cuando conoces por primera vez a alguien es como… “A ver que me encuentro” y te puedo garantizar que me he encontrado de todo…

    -¿Ah sí? (En condiciones normales la conversación solo hubiera ido en el sentido estrictamente teórico, pero en ese estado quería saber para imaginar…) ¿Cómo cuáles? (Intenté que pareciera una pregunta rutinaria, aunque en mi voz se pudo notar cierta impaciencia. Siempre he tenido el deseo o las ganas de experimentar ciertas prácticas poco habituales y pensaba que ese podía ser el momento de saber si ese deseo estaba fuera de lugar o por el contrario era algo no demasiado mal visto en la sociedad)

    -¿Segura que quieres saberlo? Mira que Carlos me puede echar la bronca por perturbarte…

    -Nadie ha dicho que tengamos que contarle a Carlos toda nuestra conversación ¿No?… (Su mirada decía todo lo que yo estaba insinuando. En una décima de segundo vi como su mirada me atravesaba el top. No me había dado cuenta hasta entonces, pero fui consciente de que a esas alturas mis pezones ya estaban intentado rasgar la tela del top pudiendo notarse perfectamente a través de él. Aguanté su mirada y sentí como mi excitación iba de nuevo en aumento sin poder controlarlo)

    -Solo te digo que no quiero ser el culpable de ningún malentendido con mi primo…

    -A ver Pablo, que soy mayorcita, puedo tener una conversación de índole sexual con quien yo quiera… (Le cambió la cara al notar que endurecía mi mirada y de repente me soltó…)

    -¿Has visto “Kiki, el amor se hace”?

    (Como podía ser que fueran por ahí los tiros… Claro que la había visto. Más veces de las que me gustaría reconocerlo. Y no precisamente acompañada, más de una vez me la había puesto sola en casa solo para masturbarme…)

    -Si, alguna vez, si… (Mi mente recordaba escenas, momentos, diálogos, era un torbellino y sentía mis pezones cada vez más duros entre la fila tela del top).

    -Pues yo la primera vez que la vi pensé: “Bah, esas cosas no pasan en la vida real…” Pues Ana, eso… y más. Está claro que la gente no va contando ese tipo de gustos por la calle, pero a poco que tienes don de gentes, vas hurgando, sabiendo como llevar el tema de conversación… Mis primos siempre me han visto como un “bicho-raro” porque de pequeño era introvertido, pero uno aprende… A ver la mirada de deseo, los anhelos…

    -Bueno, vamos a cambiar de tema Pablo…

    -¿Eso quieres?

    -Si…

    -Yo creo que no…

    -¿Qué dices? Por favor…

    (Mi respiración se agitaba, mi pecho se notaba elevándose un exceso, claro que no quería cambiar de tema, pero el morbo que se estaba generando era equiparable con la humedad entre mis piernas y aquello no podía terminar bien…)

    -¿Te has tocado en algún sitio público alguna vez?

    -No te voy a responder Pablo…

    (Claro que sí, desde que lo descubrí en los baños de la facultad un día en el que los tocamientos con mi novio llegaron a un punto de no retorno lo había probado en muchos sitios, en el cine, en el agua de la playa, en probadores… era por puro morbo y disfrutaba como una zorra de hacerlo)

    -Eso es que sí, ¿Carlos lo sabe?

    -Si, claro que si

    -¿Quieres ahora?

    -Pablo para ya joder.

    -Hazlo, he visto la falda que llevas una falda con una buena raja delantera, si abres un poco los muslos no será difícil que se suba…

    -Me voy a ir Pablo, no quiero seguir con esto, no pienso ponerle los cuernos a tu primo.

    -Pero Ana, ¿Quién habla aquí de cuernos? Lo siento, pero no pienso tocarte ni un pelo…

    -¿Ah no? (No me podía creer la desilusión que por un segundo me había invadido. Sus palabas me dejaron muda, desorientada y anhelando una reacción por su parte)

    -Claro que no, ¿Por quién me tomas? No le pienso hacer eso a mi primo, solo te digo que lo hagas tú… No son cuernos, ni siquiera lo voy a ver… Pero veo tu mirada, y lo deseas.

    Después del bajón mi cuerpo quería recuperar la excitación y por puro instinto, mis piernas se abrieron, mi falda iba cediendo, subiendo, sintiendo como el interior de mis muslos iban quedando al desnudo.

    -¿Ves? No es tan difícil… No queremos que nadie sospeche Ana, así que pon una mano sobre la mesa. Acaríciate por encima de las bragas, quiero que solo vayas asintiendo… ¿Húmeda? (Asentí) Vale, yo solo te voy a ayudar un poco, luego tu sola seguirás o no, según quieras y donde quieras… ¿Entendido? (Asiento) Aquí nadie sospecha que tienes uno de tus dedos sobre tus bragas, ¿Eso te excita? (Asiento casi cerrando los ojos). Sh-sh-sh… Mírame Ana, no te dejes llevar tanto, intenta controlarte. Ahora estíralas hacia arriba, juega con ella contra tu vagina.

    Estaba tensa, cachonda, ardiendo. Mis pies estaban de puntilla aguantando la tensión de mis piernas y notaba como temblaba mientras jugaba con mis bragas por debajo de la mesa. Quería cerrar los ojos, apretarme fuerte el clítoris y dejar que mi cuerpo alcanzase el clímax. Pablo me estaba llevando por lugares que nadie antes había conseguido. Notaba mis labios presionados por la tela des bragas saliéndose por los lados. Estaban hinchándose demasiado y la braguita ya no conseguía abarcarlos.

    -Cuéntame Ana. ¿Qué experiencia de la película te excita más?

    -Pablo eso no…

    -No te voy a juzgar, solo quiero que te sinceres, ahora solo estas tú, yo y el placer… A ver déjame imaginar: ¿Te pone la fruta Ana? Podemos pedir el postre jaja

    -Jajaja idiota sí, me pone la fruta

    -Desliza tus bragas Ana. No es eso lo que mas te pone, no me mientas…

    -No voy a hacer eso

    -¿Ah no? No quieres pasarte un dedo libremente por tu sexo, sentir como te abres mientras todos los presenten ignoran lo que corre por tus venas en estos momentos…

    Metí dos dedos dentro de mis bragas y separé mis labios. Esta vez cerré los ojos, me abandoné, mientras la mano encima de la mesa agarraba el mantel hasta estrujarlo entre mis dedos. La yema de los dos dedos que separaban mi coño eran pura electricidad. Mis ingles eran ya un riachuelo por el que manaba mi flujo interno. No, no podía más. Tenía que salir de allí. Cerré mis muslos y por un segundo casi jadeo al llegar a un orgasmo incontrolable. Pero me levanté, aun con la falda a medio muslo, me la acomodé y me dispuse a salir a la calle, el frío del ambiente me ayudó a serenarme. Salí sin mirar a Pablo, avergonzada, pero con la certeza de que nada más llegar a la soledad de mi casa me iba a masturbar imaginando como me follaba a aquel desconocido que casi me hace llegar a un orgasmo en mitad de un restaurante… Y eso que no abrí la boca acerca de la película… Ya nunca lo sabría, y mejor así. Llegué al portal deseando subir, a la carrera, casi temblando con las llaves en la mano… Abrí…

    -Ni te muevas zorra. Si te portas bien solo me voy a llevar tu dinero.

    Una venda anudada a mi nuca tapaba mis ojos. Un objeto punzante estaba clavado en mi cintura presionando mi hígado. El cuerpo de mi agresor pegado al mío, era alto, fuerte, una mano sostenía el objeto contra mi mientras la otra mano me agarraba la nuca contra la pared Mi mente era presa del… ¿Pánico? No, ojalá hubiera sido eso. No podía ser. No podía estar sintiendo pánico. Recordé la escena de la película, un robo, un forcejeo… Eso, ese era mi secreto. No podía pensar, solo quería que se fuera y no se diera cuenta de que presa tenía entre sus manos aquel hijo de puta.

    -¿Dónde tienes el dinero “pija” de mierda? (Joder, no llevo dinero nunca)

    -No llevo, llévate mi móvil, mi reloj…

    -¿Qué te crees que soy tonto zorra? Si me llevo tu móvil la policía me encuentra en 10 minutos ¿Cómo no lleva dinero una “pija” como tú?

    Apretó tu objeto contra mi cintura, su mano superior palpaba mi espalda y manoseaba todo lo que encontraba a su paso. Me rodeó posando el extremo de la yema de sus dedos sobre mis pechos pequeños. No había sentido tal mezcla de sentimientos jamás en mi vida. Solo quería que se fuera y que se llevara lo que quisiera de mi…

    -Pues si no tienes dinero, algo tendrás que darme, ¿no pequeña?

    Apretó su cuerpo al mío, era grande, se notaba que estaba en forma. No podía articular palabra. Se guardó el arma, su mano se posó sobre mi cintura y empezó a palpar mi cadera, bajó hasta una de mis nalgas y la subió apretándola contra su mano, mi cuerpo se tensó aún más. Mi cuerpo se apretó a la pared, pero solo conseguí que me siguiera apretándome aún más contra él. Su manaza se abrió y estrujó la zona superior de mi culo. Gemí, error. Su otra mano apretó una de ms tetas, pequeña, fue completamente enterrada en su pedazo de mano, la apretó a buen seguro notando como mis pezones estaban duros como témpanos. Al sentir mi pecho apretado un rayo de placer corrió por mi nuca y volví a gemir, error…

    -Pero que pasa zorra, ¿Te pone esto o qué? La verdad es que estas muy buena zorrita, como se nota que las “pijitas” como tú se cuidan como deben…

    -Por favor, déjame…

    -Solo voy a comprobar una cosa, y si me equivoco… me iré.

    La mano que agarraba mi culo pasó hacia delante, levantó mi falda sin ningún preámbulo y palpó mi entrepierna por encima de las bragas apretándomelas tanto que sentí como casi me las bajaba. Sus dedos se colaron por la tela y abrieron mi coño con rudeza. Jadeé, era imposible que no lo sintiera. Pringué sus dedos de flujo. Su mano izquierda agarró mi pelo. Y de un tirón metió dos dedos en mi coño. Los metió de forma experta. El hijo de puta sabía lo que hacía Lo arqueó dentro de mí dándome un placer indescriptible. Gemí. Me frotaba las paredes vaginales. Yo gemía, no quería, pero gemía. Otro dedo, me abría, cada vez más. Era una puta locura. Sus dedos clavados en mi coño, que no aguantó más. Mi cuerpo estalló. Las palabras de mi novio, los mandos de su primo y ahora aquel forcejeo era demasiado para mí. Me corrí en su mano. Mi flujo empapó mis bragas, mis muslos, el suelo… Mi cuerpo quedó tenso, entregado y no caí en la cuenta de lo que iba a pasar a continuación. Aquel desalmado subió mi falda hasta la cintura, sacó lo que era una polla de tamaño estándar y grosor nada despreciable y la colocó a a entrada de mi culo.

    -Si me dices que no quieres que te la meta, me voy.

    No lo hagas Ana. Ya has disfrutado Ana, has tenido la experiencia que querías, no te denigres más por favor. Pero ese pedazo de carne me daba con sus venas entre mis muslos, estaba caliente, ardiendo y suave y… Abrí los muslos.

    No lo hagas Ana. Pensé en mi novio. No podía hacerle esto, él no me lo perdonaría, si lo hacía iba a quedar como una puta. Pero aquel hijo de puta me estaba dando el placer que mi novio no me había dado nunca. Sus dedos expertos me habían hecho correrme como eso, como una puta y quería más. Arqueé la espalda.

    No lo hagas Ana. Esto puede ser el inicio de algo incontrolable, algo que se me puede escapar de las manos. ZAS. Un azote duro, repentino, seco… “Métemela”.

    -¿Qué dices?

    -Que me la metas joder

    -Dilo más alto…

    -Fóllame, por favor, fóllame.

    Sentí como se agarraba la polla y la insertaba entre mis nalgas. Como se apretaba contra mi. Su polla desgarrando mi esfínter. Me manoseaba las tetas con una mano mientras la otra apretaba mi cadera contra él. Aquel animal gruñía mientras su polla entraba dentro de mí. Tenía su glande completamente dentro cuando una mano bajo para palparme el coño, esta vez con delicadeza que me sorprendió.

    -¿Te gusta tener mi polla en el culo, señorita?

    -Si…

    -¿Y esto te gusta?

    Palmeó mi clítoris, una vez, dos, tres. Mis gemidos se podían escuchar en todo el bloque. Alternaba frotarme el clítoris con esas palmadas sin dejar de apretar. Gruñía detrás de mi cada vez que me empalaba con su polla que ya estaba dentro completamente. No era un “mete-saca”. Solo me embestía, como si quisiera meterme su polla cada vez más adentro. Me ardía el culo, pero a la vez cada dilatación que me daba y sus juegos manuales con mi coño hacían que sintiera que iba a llegar de nuevo al orgasmo. Mi coño se deshacía. Su cuerpo ya me elevaba de puntilla con cada empotramiento. Mi culo pegado a su cuerpo. No podía más.

    -Me corro…

    -Eso es zorra, te voy a llenar el culo de pija deportista este que tienes de leche. ¿Eso es lo que quieres no?

    -Si…

    -Joder zorra lo tienes apretadísimo.

    -Me corro…

    Zas, con el siguiente palmeo mis piernas se quebraron y un espasmo llegó a mi vientre. Mi boca abierta gimió mientras me dejaba caer sobre la polla de mi asaltante que me agarró como si fuera un muñeco en sus manos y ahora así empezó un “mete-saca” con su polla en mi culo hasta que me hizo sentir como sus huevos rebotaban contra mis muslos. No se cuanto duro pues yo estaba abandonada al placer. Solo recuerdo como cada vez me apretaba con mas fuerza hasta que un chorro de fluido espeso y caliente rellenó mis entrañas. Uno y luego otro, y otro, y otro, mas de 5 o 6 chorros de aquel semen llenaron mi culo mientras su fuerza se iba desinflando y me soltaba en el suelo., arrodillada.

    No pude abrir los ojos hasta que oí la puerta del portal cerrarse y aquel tipo abandonando el lugar de los hechos dejándome colmada de placer y resentimiento…

  • Mi primera vez con mi mejor amiga Karen

    Mi primera vez con mi mejor amiga Karen

    Desde joven he sido muy abierto a la sexualidad. Aunque por ser introvertido rara vez logré triunfar en mi juventud. A los 18 aún era virgen, ya había tenido otras experiencias relacionadas a lo sexual, pero no había logrado culminar en un orgasmo teniendo sexo. Yo iba a la escuela y por las tardes trabajaba en una pequeña tienda de regalos de una amiga de mi mama. Y la tienda quedaba a unas cuadras de la casa de mi mejor amiga.

    Su nombre es Karen, en ese entonces, flaquita, piel morena y cabello negro, grandes ojos cafés y unos labios carnosos, nunca fue del tipo de arreglarse mucho y era deportista, le encantaba correr y tenía una figura esbelta. Yo trabajaba de 3 a 8 y de ahí esperaba a que mi madre pasará por mí en casa de Karen. Era habitual estar ahí, era otro más de la familia. Cenaba y jugaba con sus hermanos y en ocasiones me invitaban de vacaciones con ellos.

    Ese día recuerdo hacía mucho calor, llegué sudando a casa de Karen y ella me abrió solo en un top negro deportivo y licra negra, ella estaba haciendo ejercicio y estaba sola en casa. Me dijo “espérame en la sala ya mero termino” y no hice caso y me fui con ella al patio donde continuó haciendo sus ejercicios. Le saque plática pero empecé a notar su culito marcado en esa licra apretada y cuando se agachaba como se le marcaban sus labios. Mi pene creció y yo solo estaba hipnotizado. Ella termino y sudada se acercó y me dijo “ándale ya vamos adentro”, entramos a su cuarto (les repito, la confianza era increíble) ella se metió a bañar y al salir solo salió en toalla. Yo le comenté que sus piernas se veían muy bien y solo se rio y me dijo “tócalas, ya están súper duras de tanto correr”. Y entre broma le dije “lástima que tus nalgas sigan caídas” (cosa que era mentira, no tenía muchas, pero estaban firmes) y me dijo “claro que no, tócalas”.

    Yo me quedé frio y accedí a tocarlas y agarre fuertemente su glúteo y apreté. Me levante y simplemente la bese, ella al principio trato de apartarme, pero conforme seguíamos los dos nos fundimos en un beso que duró varios minutos. Ella aun en toalla y yo con mi pene tratando de reventar los pantalones nos envolvimos en un beso que parecía llevaba mucho tiempo cocinándose.

    Tome su mano y la lleve a mi pene, ella bajo el cierre de mi pantalón y saco mi miembro y me comenzó a masturbar. Me quitó el pantalón y me comenzó a dar sexo oral. Se notaba que ya lo había hecho antes, no tarde mucho y sin avisarle me descargue en su boca. Ella hizo algunos gestos y después de unos segundos trago todo mi semen. La levanté y comencé nuevamente a besarla y ahora le quite la toalla y baje a devolverle el favor, su vagina con poco pelo y suave era mía, estuve varios minutos hasta que con sus piernas apretó mi cabeza y comenzó a gemir más y más fuerte, había llegado al orgasmo. Me levante y comencé a tratar de meter mi miembro, ella me detuvo y me dijo que no, que aún era virgen y le dije yo también. Me miró y me dijo «pero hazlo despacio».

    Me posicioné, pero entre mi nula experiencia y mi nerviosismo, no lograba introducir mi pene. Pero al frotarlo contra su húmeda vagina y el hecho de tenerlo tan cerca me jugo una mala pasada y terminé eyaculando fuera en su estómago. Estaba realmente apenado, ella me tranquilizó y me beso y mientras me besaba pude sentir nuevamente mi miembro ir creciendo y ella también puesto que lo tenía pegado a su estómago. Tome mi tiempo y con paciencia pude introducir mi pene, los dos estábamos perdiendo la virginidad. Sentir su calor rodeando mi miembro y su cara de placer y dolor me hizo llegar rápidamente al clímax. Ella me beso mientras yo depositaba mi semen dentro de ella. Sin salirme seguimos y en poco tiempo yo ya me había vuelto a descargar adentro. Nos bañamos y llegamos al orgasmo juntos en la ducha. Yo podría haber seguido ahí, pero mi madre llegó y me tuve que ir.

    Ella fue mi primera vez y después de eso fuimos novios por dos años. Cuando ella recibió una beca de una universidad en Canadá y se fue a estudiar allá. Seguimos siendo grandes amigos y ella sigue allá en Canadá. Espero algún día volver a verla, para recordar viejos tiempos.

  • Nuestro primer lésbico (Segunda parte)

    Nuestro primer lésbico (Segunda parte)

    ¡Hola a todos y todas de nuevo!  Como disculpas por dejar pasar tanto tiempo, pero no me di cuenta de que la primera parte se quedó corta, y después de eso, recomiendo que os leáis un poco la primera parte para poder coger con más emoción esta parte que en breve voy a contar detalladamente.

    Siguiendo por dónde acabamos la primera parte del relato, el juego de la botella empezó a calentarse poco a poco, de tal manera que en un «reto» dentro de las 3 opciones que puede elegir la persona que la botella le señala (verdad, reto o pregunta) les propusimos Leo y yo que sé dieran un beso en la boca, ellas con una sonrisa pícara sé miraron y sin dudarlo sé dieron un beso normal, pero para no perder la gracia ellas nos la devolvieron y tuvimos que dar Leo y yo otro, bueno al final la cosa se animaba y con tal de calentarlas a ellas, nosotros no pusimos pegas a darnos un beso.

    A medida que pasaba el tiempo empezamos a lanzarlas retos más atrevidos, como que nos muestren sus tanguitas o braguitas, la primera fue mi chica Julia, que a la vez que me quedaba asombrado por su atrevimiento me estaba poniendo muy cachondo el ver como ella se ponía en medio de nosotros y nos enseñaba su culazo con su braguita roja bien sexy, y más aún que Leo sin dudarlo la acarició el culo con muchas ansias de comérselo… Pero lo qué más caliente fue cuando las propusimos en otro reto que se dieran un morreo y ellas esta vez se lanzaron y fue tan intenso y caliente el momento que se nos hizo eterno!

    En ese instante sabíamos que algo pasaría pero para mi sorpresa y la de ellos, Leo y Lyn, Julia decidió dejar de jugar excusándose de que se encontraba cansada, y así que nos quedamos los 3 pero al instante Lyn también decidió subirse en el piso de arriba diciendo que también se encontraba cansada.

    Leo y yo nos quedamos solos en el piso de abajo en su salón de estar gigante y fantaseando con lo que podría haber pasado pero de nada sirven las penas, así que seguimos bebiendo y hablando de otros temas, de pronto Leo me dice que me espere en el salón que él iba a subir arriba para ver si se encontraban bien Julia y Lyn, cuando veo que pasan 5 minutos y Leo no baja empecé a sentir mis pálpitos en la polla de pensar lo que en verdad sucedería más tarde, entonces me decidí subir al piso de arriba y el silencio era desolador pero a medida que me iba acercando empecé a escuchar ruidos…

    Total, llegando al segundo piso, empecé a escuchar besuqueos y pequeños gemidos, no me lo podía creer!! Decidí ponerme la oreja en la puerta de la habitación de invitados y sí, estaba escuchando bien, eran besos fuertes y gemidos que cada vez subían más de tono, en ese momento me imaginé que estarían ellas dos solas, y me puse a buscar a Leo para que lo escuchara él también.

    Para mi sorpresa que no pude encontrar a Leo en ninguna otra habitación ni en él baño, entonces me volví a acercar a la puerta de la habitación de donde ellas, y él, creía yo, qué estaban, en ese instante me puse tan morboso y caliente qué casi solo con escuchar me corro, pero me aguanté las ganas, la cama empezaba a escucharse y los ruidos de besos y gemidos eran aún más calientes y altos! En ese momento se pararon de besar y gemir, cuando de pronto escuche un -Ay!- de mi chica, y la cama empezó a sonar fuerte acompañada de los ruidos que le hacía la verga de Leo contra el coño de mi Julia… No me pude aguantar y me saqué la verga y empecé a masturbarme mientras con sentimiento de recelo y morbo me ponía aún más cachondo el pensar que mi Julia se la están follando nuestros amigos.

    Ya estaba a punto de sacar mi leche escuchándoles cuando de repente se para todo y noto como se están levantando, en ese momento me agarran de la mano y me llevan a la habitación principal de ellos y ellas dos se tumbaron en la cama, yo de pie en un lado con mi verga en la boca de Julia y Leo y Lyn, tumbados ambos al lado de Julia besándose y tocando a Julia, fue cuando Leo se levantó y sin importarle que Julia me estaba chupando la verga se puso encima de ella y la penetro con bastantes ganas, ella del gemido que pegó, se sacó mi verga de la boca y entonces él aprovechó para besarla apasionadamente, mientras Lyn tumbada de lado besándola el cuello a mi chica, yo aproveche y me fui a su lado, la abrí las piernas y ese olor tan rico que desprendía su coño, me hizo comérselo hasta meter mi lengua dentro de su chiquito, al instante me levanté y la metí la verga tan dura en su coño tan caliente que la hice estallar de gemidos que los disimulaba besándome con ansias.

    Después de estar un rato así los 4, yo puse en cuatro patas a Julia en la cama, y delante nuestra, Leo y Lyn haciendo un “69” cuando de repente Julia empezó a comerle la verga a Leo a la vez que Lyn, me hizo dejarla gran cantidad de leche calentita de mi verga a Julia, que no dudó en ponerse al revés y ponerla el coño en la cara de Lyn y poder limpiarla la lechita mía de su coño, yo me aparte en ese instante después de correrme, y Leo, que estaba como una fiera, se puso de pie en la cama y la dejo la verga en la boca de mi chica, dejando que Lyn terminase de dejar el coño de Julia limpio de leche, ya terminando de comerla el coño, les propuse que se pusieran a hacer la tijereta entré ellas, como lo normal en una experienciales casi novel, no sabían como ponerse bien, entonces se pusieron una encima de otra, y empezaron a frotarse con sus piernas, tocarse y besarse apasionadamente entre ellas, era tan rico verlas como lo hacían, que no tarde en volver a ponerme duro, entonces Leo saco de un momento a otro un consolador y Julia que estaba encima de Lyn, se lo penetró a ella, y yo puse mi verga entré las dos aprovechando que se estaban comiéndose los morros, pero las vimos tan bien entre las dos que decidimos dejarlas a solas y Leo y yo nos bajamos al salón.

    Al rato de estar con Leo en el salón, él no dudo en volver a subir, yo me quedé abajó en el salón terminando de fumar a la vez que los gemidos de ellos arriba eran cada vez más intensos y placenteros, no me pude aguantar entonces decidí subirme con ellos pero antes de entrar, me quedé mirando lo rico que Leo y Lyn estaban cogiéndose a mi esposa Julia…

    En ese momento Julia, mi esposa, estaba encima de Leo cabalgándole rico y gimiendo tan fuerte que la note que se estaba corriendo, entonces él exclamó;

    -Ay que rico, me corro!!

    Entonces yo sin apenas tocarme me corrí de verlos a los 3 y acto seguido veía como un chorro de leche le salía del coño de Julia y Lyn sin pensarlo se fue a comérselo…

    Y así amigos y amigas, terminamos los cuatro en la cama de ellos todos sudados y lo mejor, todos llegamos a corrernos.

  • Dominado por Arturo

    Dominado por Arturo

    Continuación del relato “Castigando a mi novia por infiel”, dejo el enlace al final del relato.

    La vida debía continuar, así que decidí regresar a los entrenamientos el siguiente lunes, sabía que me encontraría con Arturo y no sabía muy bien cómo enfrentarlo, había decidido terminar nuestra amistad y relación, no sin antes reclamarle sus acciones, era inconcebible que el mismo hombre nos cogiera a ambos, me seguían atormentando los recuerdos y no debía volver a suceder, tenía que ponerle un punto final.

    Al llegar al vestidor, me lo encontré y me saludó como si nada, pero no respondí el saludo, al contrario, desvié la mirada y apreté mis puños, conteniéndome para no ir tras él y golpearlo allí mismo. El entrenamiento fue rápido y todos notaron que no hubo coordinación entre Arturo y yo en la cancha, recibiendo la llamada de atención de nuestro entrenador, amenazándome incluso de mandarme a la banca, me disponía a retirarme lo más pronto posible, cuando se acerca Arturo y me dice que teníamos que hablar, que me notaba molesto y que teníamos que aclarar las cosas, pensé que sería lo mejor no prolongar más el encuentro y acepté ir a su departamento, lo que tenía que decirle no podía decirlo en el vestidor, ni en un lugar público, tampoco en mi departamento, ya que podía estar presente o llegar alguno de mis compañeros que vivían conmigo, así que nos bañamos en los vestidores, me puse unos pants deportivos y una playera fresca, el vistió en forma similar y salimos en su auto, vivía a una corta distancia de la escuela por lo que preferí llegar a su departamento para reclamarle, no sabía si en el auto podría controlarme e incluso llegar a los golpes con él al calor de la discusión.

    Iba absorto en mis pensamientos, con la mirada perdida, pensando en todo lo que tenía que reclamarle, cuando se detiene en un semáforo y siento un beso totalmente inesperado, en la mejilla, justo en la comisura de mis labios, la sensación de sus suaves labios me estremeció, pero al mismo tiempo di un manotazo y lo alejé violentamente, sentí que se estaba burlando de mí.

    -¿Qué te pasa cabrón?, ¿no chingues?- exclamé.

    No te enojes, Ariel, veo tu cara seria y enojada, y no me gusta verte así -Sonrió y siguió manejando, apreté mis puños y me contuve para no soltarle un puñetazo en plena cara.

    Subimos rápidamente al departamento y empecé con mis reclamos.

    -Cabrón, mal amigo, como fuiste capaz de cogerte a mi novia.

    Y no contento con eso me humillaste con mi novia, sabías que escuchaba todas las cosas que le decías sobre mí a Adriana, eres un desgraciado.- Inicié con mis reclamos

    -Lo siento Ariel, pero no te mentí, te dije que quería coger a Adriana y pedí tu autorización, tu aceptaste la apuesta, no he hecho nada a tus espaldas, vamos que te estimo y no te engañé y todo lo que dije a Adriana fue para excitarla, vamos que a las hembras hay que hablarles sucio para excitarlas, a ti te he dicho toda clase de guarradas para excitarte, pero en la calle siempre te he respetado, vamos que solamente es parte del acto sexual, no lo decía en serio o realmente quisiera humillarte, si te molestó lo siento, sabes que eres mi amigo.

    Tenía razón, en la cama Arturo me decía toda clase de obscenidades que me prendían, al decir hembras en general, sentí un ligero estremecimiento, eso había sido siempre, su hembra, no sabría decir si me molestó o me agrado, pero estaba decidido a terminar de una vez por todas, las cosas se habían salido de control, por lo que seguí firme.

    -Es que eres un maldito, tienes un montón de amantes, no merecía que me hicieras esto, amo a mi novia y lo sabías, cabrón.

    -Lo sé, pero no voy a interferir en tu relación, vamos, solamente fue sexo, nada más, es igual al sexo que tengo contigo, no afecta a tu relación con Adriana, ¿o sí?, Adriana seguirá siendo tu novia, tu mujer, no quiero nada serio con ella, me conoces y me alegra que estés con ella, hacen una bonita pareja, son tal para cual.

    Me quedé pensando un instante, no podía ser lo mismo, ¿o tal vez sí?, pero continué firme:

    -Mira, esto ha ido demasiado lejos, lo he pensado mucho y no quiero seguir, aléjate de Adriana y de mí, creo que es lo mejor.

    -No digas eso, mira, es cierto que tengo muchas amantes, pero eres la mejor de todas, ninguna me hace gozar como tú, no me gustaría perderte.

    -Mira Arturo, es una decisión difícil, también me gusta mucho como me coges, pero no puedo seguir viéndote igual después de cogerte a Adriana, no soporto la situación, tu sola presencia me hace recordar y siento enojo y celos, tuvimos una hermosa relación, pero ya no es posible seguir, y creo que quien tiene más que perder con esto que te estoy diciendo, soy yo, tú tienes un montón de hembras a tu disposición, no creo que me vayas a extrañar mucho, solamente he sido un depósito de semen para ti.

    -No Ariel, no has sido solo un depósito de semen, eres especial, y sabes, siéntete orgulloso, siempre uso condón con todas mis parejas, me cuido mucho, excepto contigo y recientemente con Adriana, porque sé que son limpios y sanos, así que son las únicas hembras que tienen el privilegio de ser preñadas por mí.

    Al escuchar eso de Arturo me sentí raro, tal vez hasta orgulloso, saber que mi culo era afortunado al recibir su preciado néctar y al mismo tiempo me enojó muchísimo al hacerme recordar nuevamente cómo rompió el hermoso culo de Adriana, culo que era mío y tenía la esperanza de desvirgar.

    -Que cabrón eres, tienes la osadía de recordarme que desvirgaste el culo a mi novia, no tienes vergüenza, malnacido, hasta ese privilegio me quitaste, desgraciado.

    -Ya Ariel, perdona, amor, no tenía idea que no se lo habías estrenado, la verdad Adriana tiene un hermoso culo y jamás pensé que no lo hubieras ya disfrutado, tal vez te hice un favor, a veces, a una hembra hay que domarla, estoy seguro que a partir de ahora te va a entregar el culo, si se lo pides.

    Era cierto, le había por fin hecho la cola a mi novia algunos días antes, pero no se lo iba a decir, me molestó que me llamara amor y más que siguiera hablando del culo de mi novia y muy molesto le reclamé.

    -Y no soy tu amor, no me llames así, maldito. Ya no quiero oír una palabra más, me voy y espero que nunca me vuelvas a dirigir la palabra- Expresé muy molesto, casi gritando y me dirigí a la puerta para salir al instante.

    Rápidamente bloqueó mi paso y me arrinconó a la pared, me sujetó con fuerza y me dio un beso en la boca cachondo, húmedo y profundo, que me tomó totalmente desprevenido, sentí una corriente eléctrica recorrer mi cuerpo, besos me había dado infinidad, pero nunca en la boca, incluso había comentado en relación al par de hombres que se había cogido con anterioridad a mí, que nunca le dio por besar en la boca a ninguno de ellos, y tampoco lo había hecho conmigo, intenté forcejear, apartarlo, pero era inútil, Arturo era más fuerte y corpulento, apreté los labios, resistiéndome, pero su lengua insistente, venció mi resistencia y se introdujo a la fuerza, explorando su cálido interior y buscando la mía para entrelazarse, no puedo negar que era excitante, pero me estaba besando contra mi voluntad y seguí forcejeando, logré voltear la cara y sacar su lengua de mi boca y le pedí clemencia,.

    -Basta Arturo, ¿qué te pasa?, suéltame, me lastimas, por favor, por la amistad que tuvimos, no lo arruines, no me puedes hacer esto.

    No me soltó, al contrario, me aprisionó contra la pared más fuerte, su cara contra mi mejilla, su mano buscó mi trasero y en un rápido movimiento me bajó el pants deportivo, mis nalgas quedaron expuestas y las empezó a amasar con firmeza ante los vanos intentos de separarme, apreté las nalgas y seguí forcejeando, me sentía violado, no me gustaba que me tocara así, forzándome, me arrastró a la recámara sin poderlo impedir y me arrojó en la cama, al tiempo que me iba sacando la ropa, él también se desnudaba.

    -Nena, no te resistas, sabes que soy tu macho y serás mía por siempre.

    Su cuerpo aprisionó el mío, aplastándolo, me costaba respirar, su piel ardiente me quemaba, su enorme mástil ya estaba duro y se refregaba contra mi verga, la cual ante la inesperada situación, se encontraba completamente flácida, en su mínima expresión, sus pesados huevos rozaban mi piel, seguía luchando por liberarme, no quería seguir, nunca me había tratado así, sentía miedo, pensé que podría lastimarme, estaba como loco, me tomó de la cara con ambas manos y me volvió a besar a la fuerza, mordiendo mis labios, forzando su lengua, nuevamente logró introducirla, su boca succionaba salvajemente la mía, ahogando mis gritos y plegarias, apartó su boca de la mía para besar mi cuello, mis mejillas y orejas, dejándome una sensación extraña en la boca, la sentía sensible y ligeramente entumecida y adolorida y seguí implorando piedad, esperando su compasión.

    -Por favor, Arturo, no me hagas esto, no quiero seguir, me lastimas, estás como loco, suéltame por favor, te lo ruego.

    Mis esfuerzos eran en vano, me sentía impotente, y un par de lágrimas resbalaron por la comisura de mis ojos, mis esfuerzos por liberarme, parecían excitarlo más, pasó su brazo por detrás de mi cuello y me jaló, apretándome más fuerte, al tiempo que empezó a moverse como si me estuviera cogiendo, su lengua limpiaba las lágrimas que escurrían por mi sien, su boca estaba cerca de mi oído y lo escuchaba bufar como toro, me dominaba completamente, me dolía el cuerpo, cualquier intento de zafarme era fácilmente controlado por Arturo y susurró al oído.

    -Tranquila nena, no quiero lastimarte, eres mía y sabes que lo serás siempre que quiera, no luches, mejor disfruta a tu macho y goza, yo sé que quieres.

    Se me quedó viendo a la cara, con cara triunfal y dulce a la vez, casi angelical, pero firme, insistente, de macho, me veía a los ojos, no pude contener la mirada y cerré los ojos, casi resignándome a mi suerte, otro par de lágrimas escaparon y escurrieron ahora por mis mejillas.

    Mis esfuerzos por zafarme fueron disminuyendo, sentía el cuerpo cansado, y todo era en vano, seguí con los ojos cerrados, resignándome, vencido y esperando que todo terminara rápido, tal vez tomaría mi cuerpo, pero no le iba a dar placer, no me entregaría como en ocasiones anteriores, no le daría mi alma y mi esencia.

    Bajó a mis tetillas y las succionó con fuerza, estirando mis pezones, casi haciéndome doler, apreté los dientes para evitar dar un quejido.

    -Así nena, sabes quién es tu macho, entrégate, no te voy a lastimar, seré suave, quiero hacerte mía una vez más, sabes que no puedo vivir sin ti, me excitas tanto.

    De repente volteó su cuerpo para ponerse encima de mí en la clásica posición del 69, sus piernas sobre mis brazos, inmovilizándome, su verga y huevos aplastando mi cara, el aroma de su sexo impregnaba mi nariz, por lo que voltee a un lado y su sexo quedó aplastando mis mejillas, de pronto siento su lengua rugosa y húmeda recorriendo el tronco de mi verga flácida y continuar por el frenillo, una corriente eléctrica recorrió todo mi cuerpo, me estremecí y apreté los labios para no gemir, intenté nuevamente zafarme, fue muy excitante pero no quería mostrar signos de que me había gustado esa suave caricia, mi cuerpo me traicionó, poco a poco mi verga se fue poniendo dura y Arturo lo notó al instante.

    -Ay nena, mira cómo se pone duro tu clítoris, ufff, tu cuerpo no miente, te está gustando, zorrita.

    ¿Clítoris?, lo que dicen los machos para no aceptar que me estaba lamiendo la verga, pensé en humillarlo, para ver si me soltaba, pero no respondí, pensé que podría ponerse más violento y hacerme daño, pero como lo señalaba Arturo, mi cuerpo no mentía, pronto se puso dura mi verga al grado de hacerme doler de tiesa y mi piel se erizaba con cada lamida, jamás creí que Arturo, el macho, iba a estar lamiendo mi verga, nunca lo había hecho, metió mi verga en su boca y empezó a mamar, pero ahí se notó su inexperiencia, me lastimaba con sus dientes, intenté detenerlo, levantando mi pierna y empujar su cuerpo con mi rodilla, pero hábilmente pasó un brazo por detrás de mi pierna y me forzó a abrirla al máximo quedando mi culo a su alcance, se estiró un poco y fue tras él, deslizó su lengua entre mis nalgas y alcanzó mi agujerito, mi cuerpo se estremeció al sentir el suave contacto y me retorcí curveando mi espalda, sin poderlo evitar, señal inequívoca que me causó una ráfaga de placer, sus nalgas musculosas quedaron frente a mi cara, percibía el aroma de su culo de macho, sudoroso y apretado, al estar su culo a mi alcance, me dieron ganas de lamerlo, pero me contuve, no quería hacerle gozar, si bien me estaba dando placer, era un placer forzado.

    -¿Te gusta nena?, mira cómo te retuerces, eres una puta y lo sabes, aunque lo niegues, necesitas la verga de tu macho y la tendrás, te haré gozar y me pedirás que te haga mi hembra por siempre.

    Punteo con su lengua la entrada de mi orificio y su lengua se hundió dentro sin ofrecer resistencia alguna, entrando como cuchillo en mantequilla, abriéndome, una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo y di un respingo involuntario, nuevamente forcejeé sin éxito levantando mi otra rodilla, que fácilmente tomó con su otro brazo quedando mi culo totalmente abierto, a su disposición, succionó mi culo profundo, como si su boca tuviera una ventosa, y lo quisiera succionar entero, devorarlo, me volvía loco de placer, pero no podía rendirme, intentaba apretar las nalgas y retorcía mi cuerpo, forcejeando, todo inútil, jaló más mis piernas, obligándome a abrir más el culo y escupió en mi orificio, un par de dedos forzaron mi entrada y se hundieron profundo, hasta tocar mi próstata, otro respingo, ahogué mi gemido y tensé todo mi cuerpo, me dio un par de fuertes nalgadas que más que dolor me excitaron, las nalgas me quedaron con un ligero ardor y las sentía calientes, las nalgadas provocaron que aflojara mi cuerpo, permitiendo que sus dedos entraran y salieran de mi culo a voluntad, ensanchando y lubricando mis paredes internas, escupiendo cada vez más saliva que introducía dentro de mi culo al extremo que ya no cabía más y escurría por mi rajita hasta mi espalda.

    -Por favor Arturo, suéltame, No me hagas esto, me violas, me estás lastimando, no quiero seguir- le rogaba, pero mis ruegos cada vez eran más débiles.

    Estaba seguro que mis ruegos lo excitaban, pero no tenía otra opción, era la única alternativa que me quedaba.

    Su cuerpo volvió a dar media vuelta, tomó mis manos entre las suyas y las apretó contra la cama, con sus piernas, abrió las mías y su verga se deslizó en la raja entre mis nalgas, lento, haciéndome sentir su hombría y buscando mi orificio, pronto lo encontró, posicionó su verga justo en la entrada y me vio a la cara.

    -Vamos nena, yo sé que quieres sentirme dentro, pídeme que te meta la verga.

    -No Arturo, por favor, ya no sigas, me lastimas- rogaba sin mucho afán, sabiendo que poco le importaba,

    Empezó a puntear suave, lento pero insistente, mi culo reconoció al visitante y se abrió al instante, sin ofrecer resistencia, me traicionaba, arropaba al intruso envolviéndole, dándole cobijo y calor, una calurosa y afectuosa bienvenida, invitándolo a entrar más profundo, seguramente recordando el rico masaje interno que tanto placer le había propinado en anteriores ocasiones.

    -Ves nenita, tu culito pide verga, aggghhh, que rico, me encanta como aprieta y succiona mi verga, Ufff, te voy a preñar como una perrita rica.

    Empezó a embestir largo y profundo, en cada embestida masajeaba mi próstata y daba un respingo involuntario, arqueando ligeramente mi espalda, me estaba causando un placer infinito, pero no quería demostrárselo, así que cerré nuevamente los ojos y desvié la cara, apretando los labios para no gemir.

    Me tomó con ambas manos mi cara y me obligó a voltear hacia él, mientras seguía embistiendo.

    -Mírame a la cara y dime que no te gusta, nena, putita, anda, dime que no estás gozando, que no me quieres sentir dentro, que no disfrutas que te meta la verga, pero viéndome a los ojos.

    No respondí, pero de mi boca empezaron a salir gemidos de placer, hasta aquí llegó mi resistencia, ya no pude seguir reprimiendo el placer que sentía, Arturo disfrutaba y arremetía con más fuerza adivinando que estocada me causaba más placer y repitiendo aquellas estocadas que me hacían gemir más, quería hacerme gozar al máximo. Estaba en el cielo, el paraíso, me sentía en una nube, ese macho hermoso y salvaje me estaba gozando el culo como una puta y lo disfrutaba, estaba loca de placer.

    -Cabrona, así que no quieres hablar, te voy a sacar la verga y solamente te voy a clavar si me ruegas, oíste putita, solo si me ruegas que te rompa el culo.

    Sentí que efectivamente sacó su verga, mi culo quedó abierto, con una sensación de vacío exasperante, necesitaba imperiosamente su verga dentro de mí, masajeando mis entrañas, y no tuve más remedio que humillarme, totalmente vencido y pedirle que me metiera su imponente tronco de carne.

    -No Arturo, nooo, no la saques, metemeee, aghh.

    No alcancé a terminar la frase, Arturo me enterró su verga hasta lo más profundo y lancé un fuerte gemido. Hasta aquí había logrado mantener mi orgullo, me había convertido en su puta, su hembra y así me sentía, mi cuerpo estaba hecho para hacer gozar a ese macho insaciable, me sentía femenina, dominada y mis gemidos empezaron a escucharse más agudos.

    -Así nenita, libera a la hembra que tienes dentro, putita y deseosa que su macho la llene y la preñe.

    -Ay Arturo, asiii, ay, que rico, rómpeme el culo, reviéntame, préñame, quiero tener un hijo tuyo, soy tu hembra, tu putaaa.

    -¿Un hijo tuyo?, que estupideces estoy diciendo, pensé, pero así me sentía, era su puta, su hembra y como toda hembra, nada me daría más gusto que me preñara y tener un hijo de ese macho increíble.

    Mis palabras lo enardecieron y me tomó de la cintura, apalancándose para ensartarme duro al tiempo que se inclinó y buscó mi boca, ya no me resistí a su beso y nuestras bocas se fundieron, nuestras lenguas se entrelazaron, intercambiando saliva, las arremetidas se volvieron más salvajes y rápidas, chocando su pelvis contra mis nalgas con fuerza, haciendo que mi cuerpo se retuerza en cada embestida y empecé a convulsionar, exploté en un fuerte orgasmo, mis chorros de leche salieron disparados contra mi pecho y mi vientre, incluso algunas gotas salpicaron el vientre de Arturo y mi cara.

    Tomó el semen con una mano y la llevó a mi boca, bebí mi propio semen y chupé sus dedos con ansiedad y glotonería, hasta dejarlos limpios, Arturo me volvió a besar, un beso con sabor a mi leche, dulce, un último empujón fuerte, profundo, clavándome hasta los huevos, al tiempo que resopla y da un fuerte gemido, su verga en lo más profundo empieza a lanzar sus chorros de leche ardiente dentro de mis entrañas, siento como su verga se ensancha y escupe su néctar, vibra, palpita, siento espasmos en su verga, en cada espasmo lanza un chorro de leche inundando mi interior, aliviando mi ardor interno, preñándome, de ser realmente una hembra seguramente habría salido preñada no de uno, sino de gemelos o trillizos.

    Se desplomó encima mío, con su verga todavía ensartada en mi culo, la sentía latir dentro de mí, las paredes de mi culo se contraían involuntariamente, ordeñando, sintiendo como expulsaba hasta la última gota, poco a poco su mástil fue perdiendo dureza al tiempo que nuestros jadeos iban disminuyendo de intensidad.

    -Ya te preñé putita, tendrás un hijo de tu macho y se llamará como yo, será igual de macho que su padre- bromeó y yo solo sonreí, aunque mi mente evocaba la imagen de un infante rubio y con los rasgos de Arturo.

    Se desplomó a un lado mío, mirando al techo, me sentía en el paraíso, en un mundo fantástico e ideal, mi cara dibujaba una sonrisa, cuando una frase suya, desdibujó mi felicidad y me bajó a la tierra al instante.

    -Sabes Ariel, fue maravilloso, me encantó, algún día me gustaría cogerme a Adriana y a ti al mismo tiempo.

    -Nooo, jamás olvídalo, nunca- respondí con firmeza y un dejo de incomodidad

    Nada es más humillante para una hembra, que tu macho se acuerde de otra hembra justo cuando te acaba de preñar, pero debía comprender que así era Arturo, hoy me había hecho gozar y sentir como una hembra, pero seguiría siendo eso, solamente una hembra más en su lista, tal vez, especial, como él decía, pero no la única, además nada podría ser más humillante que ser cogido frente a tu novia y no estaba dispuesto a llegar a tanto.

    Así que le respondí:

    -Mira, si quieres cogerte a Adriana, si ella acepta, adelante, pero nunca juntos- respondí, rindiéndome ante Arturo y aceptando entregársela cuando él quisiera, me decía a mí mismo, engañándome y resignándome, que mi novia también merecía a un macho como Arturo.

    Agregué pidiendo un poco de piedad con mi novia.

    -Sólo que no sea muy frecuente, me la vas a dejar guanga.

    Arturo no pudo contener la risa y me dijo:

    -Ja ja, no te preocupes, no la usaré mucho, tú eres mi preferida y creo que a ti te usaré más, me haces gozar como ninguna, te dejaré el culito bien guango, ja ja.

    Cabe señalar, que efectivamente a partir de ese día las cogidas de Arturo se hicieron más frecuentes, me dijo que lo excitó mucho el dominarme y me pidió en varias ocasiones posteriores que me resistiera y fingiera que me violaba, así también en ocasiones me llegaba a atar y me cogía atado, a lo cual accedía sin objeción, ya que también me excitaba sentirme sometido, me cogía duro, pero nunca realmente me lastimó, solo era fantasía, creo que nada da placer más a un macho que dominar a otro macho, y a una hembra, el ser dominada por un macho como Arturo.

    Respecto a mi novia, se comprometió Arturo de pedirme autorización cada vez que quisiera cogerla, lo cual se dio en 3 ocasiones posteriores, si bien pudieron ser más ocasiones, no lo creo, ya que le gustaba hacerme saber que se cogería a mi novia, y creo que también me llegó a excitar saber que se la cogería.

    La próxima vez que se cogió a mi novia fueron unas tres semanas después, pero eso se los cuento en el siguiente relato.

    Si les gustó, háganmelo saber, mi correo es [email protected].

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    “Castigando a mi novia por infiel”