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  • Mí jefe me obliga

    Mí jefe me obliga

    Buenas tardes, hoy me tocó ir a trabajar con un problema matrimonial, mi pareja está algo cansado y por consiguiente llega directo a dormir, él se esfuerza en darme todo lo que necesito menos lo más importante y me quedo desquitarme con quién hasta este momento era mí abusador.

    Mi jefe todos los días me hace agacharme frente a él, me agarra firme la cabeza y me sujeta fuerte para que le haga sexo oral, tiene que sentir ese placer todos los días para que yo no pierda mí trabajo, solo que hoy me agarró muy caliente y la que se tenía que sacar las ganas era yo.

    Llegué como todos los días a complacerlo, este día me puse un conjunto de sex-shop nuevo, de esos que te traslucen todo pero muy elegantes, lo espere en su oficina, me apoye en su escritorio a esperarlo, cuando llego yo ya estaba pronta para atraparlo, abrió la puerta y ahí estaba yo, esperándolo tocándome en su propia oficina, semi desnuda y extremadamente editada, él se acercó a mí y puso sus manos en mis pechos, empezó a tocarlos y besarlos como nunca lo había hecho, al punto que solo corrió el sutien para el costado para pasar la lengua cosa que me excita y encanta que me manoseen por arriba de la ropa interior, correr la bombacha para ponérmela sin sacarla me alborota. De solo pensarlo, me pidió besarlo a lo que accedí, estaba muy caliente y necesitaba que me hiciera gozar.

    Me saque la ropa, deje caer lo poco que tenía puesto y me senté arriba de su escritorio, metí mí mano en su pantalón y agarré su miembro, lo metí adentro de mí y empecé a moverme, estaba disfrutando de cómo me cogía a mí jefe, El entraba y salía dentro de mí hasta llegar a mí primer orgasmo, se agacho frente a mí y lamió todo lo que salía de adentro de mí haciendo que el placer no se terminará por un largo rato, se levantó frente a mí, me agarró del pelo me arrodillo y me tocó a mí darle placer con mí boca y mi mano pero con lo que había hecho por mí, no me quedaba de otra que chupársela con todo placer hasta que acabara en mí boca, fue el mejor día laboral que me toco, desde ahí cada pocos días se me da por visitarlo en su oficina y disfrutar de sus atributos sexuales.

  • Mi vecina la odontóloga

    Mi vecina la odontóloga

    Quizá no les he contado. Pero una de mis vecinas es odontóloga. Y aunque llevamos años de ser vecinos y que ella es una frecuente clienta de mi negocio, yo nunca he visitado su clínica.

    Ella me hizo la observación un día y yo no tuve más que darle la razón. Me dijo que si algún día decidía ir, me podía dar un descuento, por lo que acepté la oferta.

    Al siguiente día llegué puntualmente a la cita y la secretaria me hizo pasar a su clínica. Me senté en esa silla de dentista rodeado de muchos aparatos y cuanta cosa.

    En pocos minutos la vi entrar, estaba preciosa, mi vecina es una mujer muy bella, entre 38-40 años pero muy bien cuidada. Si bien no tiene un cuerpo fitness, una cintura bien definida hace resaltar sus caderas anchas y sus tetas grandes. Ella es de tez blanca, con cabello un poco ondulado, unos labios carnosos y sensuales con unos ojos marrón oscuros.

    Ese día ella usaba tacones altos, una falda de tela muy corta y bien tallada a su excitante figura, una angosta tanga que se notaba al medio de sus nalgas. Una blusa formal, de botones, desabrochada de los primeros botones superiores, con un top blanco debajo que dejaba ver la línea de sus pechos y esos grandes almohadones asomándose por el escote de su blusa.

    -Hola, me alegra que viniera.

    -Claro, como desaprovechar su oferta.

    -Oh que lindo, bueno pues, vamos a empezar con chequeo en general y luego una limpieza si te parece bien.

    -Sí claro, usted manda.

    -Bueno, vamos a ver…

    Reclinó mi silla recostándome casi por completo y ella se sentó en un banquillo al lado mío casi a la altura de la cabeza. No pude evitar voltear a ver sus fornidas y sensuales piernas. Su falda era tan corta que al sentarse podía verle la ropa interior por entre sus piernas, por más que ella se esforzaba en cerrarlas y creía que no se veía nada. Yo podía echar rápidos a su entre pierna. Uf, que delicia, una panocha carnosa se notaba cubierta por esa tanga de encaje. A través del encaje podía ver la el pliegue de sus labios mayores.

    Comencé a tener una erección. Traté de ocultarla con mi ropa interior, y creo que ella lo notó.

    Ella continuó chequeándome y luego de un rato me dijo:

    -Bueno, según lo que veo acá, tienes un pequeño punto de caries, no es grave, pero es recomendable tratarlo ya, antes de que empeore.

    -Bueno, usted sabrá doctora.

    -Te pondré un poco de anestesia local y luego lo arreglaremos.

    -Está bien.

    Ella me colocó la anestesia, yo observaba sus deliciosos pechos cuando se inclinaba sobre mí y mientras esperaba que hiciera efecto, se levantó a traer sus herramientas.

    Yo me deleité viendo el vaivén de sus caderas. No pude contener más mi erección. Cuando ella volvió, pudo notar mi evidente bulto elevándose debajo de mi pantalón, aquello parecía una tienda de circo.

    -¿Te encuentras bien? –preguntó amablemente al verme en ese estado.

    -Dra. Discúlpeme, que pena, pero… la verdad no entiendo que pasa, esto me sucedió y por más que me concentro no puedo evitarlo.

    -Tranquilo, no tienes de que avergonzarte, los anestésicos actúan sobre el sistema nervioso y en ocasiones puede tener efectos secundarios en otras partes del cuerpo.

    -¿Es eso posible? ¿… y tiene que ser justo ahí?

    -Bueno, suele pasar. Pero tú tranquilo, tomate unos minutos. Relájate, y yo vuelvo al rato, ok.

    Ella se retiró y yo me quedé pensando en su excitante cuerpo, en cómo sería poder coger a semejante bombón. Esos pensamientos no ayudaban a resolver mi erección. Tras unos 10 minutos, la doctora regresó. Se sorprendió al verme aún en el mismo estado.

    -Wow! ¿Seguro que te sientes bien? Veo que estas igual. –dijo intrigada.

    -Pues yo me siento bien, el único problema parece que es ese.

    -Tendremos que ver cómo resolvemos eso pronto, tengo más pacientes esperando. A ver, quizás si liberamos la presión te relajes un poco.

    Ella procedió a desabrocharme el pantalón y descubrir mi miembro erecto.

    Mi verga salió libre, alcanzando por fin su máximo tamaño ante la mirada sorprendida de la doctora.

    -¡Wow!… ok, emmm… creo que ahí estará mejor. –dijo mientras dejaba mi verga al aire libre.

    Procedió a realizar el trabajo dental. Ella no pudo evitar dar constantes miradas a mi verga durante todo el procedimiento. Yo disfrutaba mirando disimuladamente por debajo de su falda, pude notar como una mancha de humedad crecía en esa tanga, la piel de sus piernas se erizaba ocasionalmente y sus pechos comenzaban a rozar mi brazo cuando se inclinaba sobre mí para trabajar. Podía sentir sus pezones duros rozar en mi brazo y eso me ponía cada vez más duro e hinchado.

    Cuando terminó el procedimiento yo continuaba muy erecto.

    -Doctora, y ¿en cuánto tiempo cree que me pase el efecto de la anestesia?

    -Pues es muy extraño la verdad, ya duró demasiado. No se supone que todavía deba estar así

    -¿Y qué hago entonces?

    -Bueno, no podemos demorarnos más tiempo, tendré que ayudarte pero esto debe quedar en secreto profesional.

    Con sus cálidas manos tomó mi verga y comenzó a masturbarme, luego bajó su boca y se tragó cada centímetro de mi pene, salivaba en gran cantidad, masturbaba mi glande acariciándolo con fuerza y rapidez.

    Mis piernas temblaban y ya comenzaba a escurrir líquido pre seminal en sus manos. Luego de un rato se quitó la blusa, el top y liberó sus tetas. Sus tetas eran grandes pero firmes, sus pezones eran como volcanes que se elevaban erectos ante la excitación.

    Se bajó subió la falda a la cintura y se arrancó la tanga. Dándome la espalda abrió las piernas y comenzó a darse de sentones metiéndose mi verga en su mojada concha.

    -Ah! Ah! Vaya muchachito que eres! Tienes cara de chamaco pero tienes la verga de un semental. Ah! Ah!

    Sus nalgas chapoteaban sobre mi pelvis. Me cabalgo tremendamente. Se sentaba y se movía como bailando un perreo intenso. Era toda una perversa.

    -Bueno… ah! Ah!… ya va siendo hora de que… acabes muchachito ah! Ah! Ah!

    -Todavía no me vengo

    -¿Qué? ¿Aún no? ah! Ah! Ah! Eres un calentón.

    Me percaté que a mi lado había una de sus herramientas, era como un pequeño tubo de unos 10 centímetros que lanzaba agua a presión. Lo tome, lo lubrique con mi saliva y lo metí en el culo de la doctora mientras ella seguía saltando en mi verga.

    -Ah! Pero que haces! Ah! Ah! Deja eso ahí

    -Pierda cuidado doctora, solo disfrute.

    Le dije mientras activaba ese aparato. Sentí cómo un fuerte chorro de agua estalló dentro de su culo llenándole las tripas con agua tibia.

    -Ah! Carajo! Que hiciste! Ah! Ah! Ah! Sácalo!

    Yo saqué aquel instrumento y un chorro de agua tibia salió expulsado de su culo sobre mi verga. Sus piernas temblaron por lo que debió sentir.

    -Eres un carajito travieso, como se te ocurren esas cosas. Trae eso acá! – me dijo arrebatándomelo hábilmente.

    -Pero le gustó.

    -Cállate jovencito, estoy muy molesta contigo en este momento.

    -¿Y va a castigarme doctora?

    -Si, voy a castigarte. –levántate.

    Me hizo poner de pie, ella se recostó en la silla y me jaló del cabello para que me comiera su coño mojado.

    Yo me lo comí con gusto, su sabor era exquisito. Luego de un rato le levanté las piernas abriéndoselas penetrando su chochito fuertemente.

    Sus gemidos resonaban en la clínica mientras nuestros cuerpos chapoteaban intensamente con cada penetración.

    -Ya, ya me vengo –le dije

    -¡No adentro muchachito! ven acá –me dijo jalando mi verga hasta su boca.

    La chupó enérgicamente mientras me masturbaba. Yo volví a tomar su instrumento y alcancé meterlo en su vagina para activarlo de nuevo.

    Llené toda su vagina de agua tibia mientras se escurría por sus nalgas y en todo el suelo de la clínica. Esto le provocó un intenso orgasmo al sentirse tan llena. Su cuerpo se contraía de placer, y justo cuando abría la boca gimiendo, disfrutando de su orgasmo. Arrojé toda mi leche dentro de su boca. Los primeros chorros se fueron directo a su garganta, luego interpuso la lengua y terminé llenando su boca con caliente y blanca esperma. Ella lo saboreó por un buen rato y terminó tragando hasta la última gota.

    -Maldito chamaco, mira nada más el desastre que hiciste, no podré atender a los demás pacientes en este lugar.

    -Lo siento doctora… pero ¿eso significa que tiene el resto del día libre?

    Ella me miró intuyendo la propuesta detrás de mi pregunta.

    -Debo terminar un poco de papeleo. Saldré dentro de una hora.

    -¿La espero en el estacionamiento?

    -Más te vale que estés ahí cuando salga, porque no me has pagado.

    -Le pagaré lo que usted quiera.

    Se despidió dándome un beso y se fue al baño para limpiarse, yo la esperé en el estacionamiento para ir a su apartamento cuando saliera y terminar lo que habíamos iniciado en la clínica.

    Espero que les haya gustado, si es así déjame un comentario ahí abajo. O escríbeme a mi correo.

    Chao.

  • ¿La mejor decisión?

    ¿La mejor decisión?

    La infidelidad es un acto que mata, puede ser física o mentalmente, se sabe de las consecuencias pero muchos arriesgan por amor o por el simple hecho de hacerlo. Es jugar en el precipicio con media mitad fuera.

    ***************

    -¿Me invitas algo? –preguntó al acercarse.

    -Ahora no soy buena compañía para nadie –le respondí sin verla.

    -Soy buena escuchando si es lo que quieres –tomó mi hombro mientas se sentaba al lado mío.

    Volteé a verla, el exceso de maquillaje ocultaba arrugas pero sus ojos evidenciaban cansancio; quizá más que el que yo sentía en ese momento, ¿qué más daba ella que cualquiera?; regresé a mi trago el cual terminé mientras llamaba al barman.

    -Dame otro whisky, a ella sírvele lo que quiera.

    -Lo mismo que él –dijo con una sonrisa mientras se dirigía conmigo –me llamo Nuria.

    -Roberto –dije entre dientes –pero me puedes llamar “cornudo”.

    -¿Mal de amores?

    -El amor no tiene nada que ver en esto.

    -Cuéntame –dijo acomodándose recargando su codo en la barra.

    Por un momento no dije algo, los últimos días habían sido los peores de mi vida que en realidad no sabía por donde empezar a contarle; lo que era claro es que tenía que sacar todo esto que llevaba dentro, sino lo hacía iba a explotar por puro almacenamiento de emociones.

    -¿Alguna vez te engañaron? –le pregunté viéndola a los ojos.

    -¡Uf! –dijo para sí mientras encendía un cigarrillo –dejé de contar hace mucho tiempo.

    Volteé nuevamente la vista mientras jugaba con mi vaso, tenía tantas cosas por decir pero no sabía la forma de hacerlo; parecía como si las palabras formaran un nudo en mi garganta peleando por salir todas al mismo tiempo. Respiré hondo, tomé de mi trago volviendo a verla con una fingida sonrisa.

    -Mi mujer se acuesta con mi mejor amigo –dije tratando ser sonar tranquilo.

    No dijo algo, bajó de su asiento mientras tomaba de golpe su trago.

    -Ven –dijo tomando mi mano –sentémonos allá.

    Apuré el mío mientras pedía al barman la botella, nos encaminamos a las mesas del fondo donde nadie podía molestarnos.

    -Estas cosas no son para los oídos de todos –me dijo sin más.

    -¿Para los tuyos si?

    -Los míos no se conectan con mi boca –mencionó mientras tomaba mis manos –no me aprovecho de los que pisan por lugares que yo pisé.

    Algo en ella me inspiraban confianza, confianza que era lo que había perdido los últimos días; bajé mi cabeza y las palabras comenzaron a brotar mágicamente solas, como si supieran cual era su lugar en el largo camino del detalle.

    -Fue hace un par de semanas que comenzaron mis sospechas, llegué a casa como siempre después del trabajo; estaba sentada en la sala con la televisión prendida mientras veía su teléfono, me senté junto a ella en el justo momento que recibió un mensaje que alcancé a leer; “¿estás con él?”. Rápidamente apagó el teléfono, le pregunté quién le escribía y me dijo que su hermana, que tenía problemas con su esposo de no sé qué cosas más a las que ya no puse atención; no dijo más y se fue a la cocina.

    -La siguiente ocasión fue un día que olvidé las llaves del almacén, regresé a casa por ellas y fue raro no encontrarla; me había dicho que no saldría pero no di importancia, pensé que por la noche me lo contaría; cuando llegué le pregunté por su día y me dijo que había estado encerrada sin salir, me molesto su mentira pero no dije algo; lo dejé pasar.

    -La última fue el fin de semana pasado, tenemos un equipo de futbol donde jugamos los compañeros de trabajo; ahí juega también Juan, “mi amigo”; no jugó con nosotros porque dijo que no se sentía bien, le marqué para saber como estaba pero no contestó, llamé después a mi esposa para que lo visitáramos una vez llegara a casa y tampoco contestó mi llamada; podía no ser nada pero me dejó intranquilo.

    -El día de ayer me enviaron a revisar un almacén a la ciudad, tendría que llegar hoy junto con mi ayudante; tomé la decisión casi al tomar camino, le pedí que fuera solo, que tenía algunas cosas por resolver y que después le daría un día libre. Llegué a mi casa y esperé afuera, si algo pasaría debería ser hoy ya que ambos sabían que iba a estar fuera; y así fue. Salió de casa y la seguí, por el rumbo que tomó sabía a donde se dirigía; llegó a casa de él y ni siquiera tocó la puerta, al parecer tiene llave…

    Volví a mi trago mientras mis lágrimas caían sobre la mesa, sentí como me liberaba de un peso que hasta ese momento me estaba asfixiando.

    -¡Casi diez años carajo! –me dije tomando mis cabellos -¡como se habrá reído de mi cuando le decía cuanto la quería!.

    -Y este cabrón –dije moviendo mi cabeza –contaba a todos su aventura con una casada, de puta no la bajaba; ¡hijo de mil putas!

    No se dio por aludida con mi último comentario, acercó su silla y pasó su brazo a mi espalda reconfortándome.

    -¿Hablaste con ella?

    -Al principio no quería hacerlo, me hervía la sangre al verla entrar que pensé en hacer una locura; me conozco.

    Levanté un poco mi chamarra para mostrarle el arma que llevaba a la cintura.

    -Por eso estoy aquí, quería embriagarme hasta perder la razón; el destino dirá que hacer saliendo.

    Se acercó aún mas a mi, puso su boca a la altura de mi oído mientras hablaba en voz baja.

    -Toma este consejo, la decisión que tomes no debe ser con esto que llevas, porque independientemente de lo que pase los que ganarían serían ellos; despeja tu cabeza de alcohol y sentimientos y enfréntalos, ya no tienes algo que perder pero al menos rescata tu dignidad.

    Que lección me estaba dando la persona que menos esperaba que lo hiciera, la vi una vez más y agradecí sin palabras; con la mirada. Tomé el último trago y me levanté de la mesa, le dirigí una sonrisa a mi confidente inesperado.

    -¿Se debe algo? –dije sinceramente.

    -Si sirvió mi consejo y todo sale bien, ya habrá oportunidad que me invites otro trago.

    ********************

    Salí del lugar un poco mejor de ánimo, caminé durante horas para despejar mi cuerpo del alcohol y mi mente de sentimientos; lo hice hasta sentirme cansado física y emocionalmente hasta llegar a casa. Abrí la puerta y ahí estaba ella con rostro preocupado.

    -¿Donde estabas?, imaginé lo peor –dijo después de un rato.

    -Siéntate –le dije –tengo que hablar contigo.

    Su rostro mostró preocupación pero trató de disimularlo, tomó asiento; hice lo mismo al frente suyo mientras colocaba el arma a mi lado.

    -¿Por qué tienes esa cosa? –dijo con auténtico miedo –no me asustes.

    -¿Desde cuándo te acuestas con Juan? –dije a rajatabla y sin tomar en cuenta su pregunta.

    -No sé de qué hablas –mencionó levantándose de su lugar.

    -¡Que te sientes carajo! –dije levantando la voz -¡contéstame!

    Volvió a tomar asiento, colocó sus manos entre sus piernas mientras comenzó a llorar.

    -Perdóname Roberto, las cosas se dieron sin pensarlo pero no volverá a pasar.

    -A ver si así entiendes la puta pregunta… ¿desde cuándo te mete la verga el cabrón de Juan? –esto último gritándolo sin importarme que me oyeran.

    -Desde mi cumpleaños –respondió cada vez más asustada.

    -¡Hijo de puta!, en mi casa… ¿te forzó?

    -No.

    -¡Un puto mes Verónica!, ¿cuándo pensabas decírmelo?

    Silencio.

    -Sé que ya no importa, que ni siquiera te importe pero… ¿por qué?, ¿qué te faltaba?, ¿por qué decías quererme entonces?

    Esto fue el acabose de su resistencia, se arrodilló abrazando mis piernas mientras lloraba desconsoladamente, hipaba sin poder articular palabra mientras su cuerpo temblaba sin control; verla así casi logró bajar mis defensas pero me contuve, mi dignidad de hombre estaba en juego.

    -Desde el primer día estuvo tras de mi, no te dije nada porque sé como reaccionas; pensé que hablando con el dejaría de molestarme pero no fue así, me acosó hasta que no pude resistir mas y comenzó esto de lo que ahora me arrepiento.

    -Merezco lo que quieras hacer conmigo pero por favor, ¡no me dejes!; ahora entiendo que es a ti a quien amo y no soportaría estar sin ti, por favor, por favor…

    -Si para saber que me amabas tuviste que compararme con otro entonces te dejo libre, ve y acuéstate con quien quieras que ahora ya no me importa.

    -¡No, por favor! –dijo impidiendo que me pusiera de pie –no tomes una decisión ahora, déjame mostrarte que voy a cambiar para ti.

    -La que tomó una decisión fuiste tú y sabías cuales serían las consecuencias.

    -Tratemos de olvidarlo, ¿si?; y si para hacerlo tenemos que irnos de aquí, hagámoslo; por favor.

    La mire con tristeza, tomé sus hombros y la puse de pie mientras yo hacía lo mismo.

    -Por dos razones es que lo nuestro no puede seguir, la primera es porque no podría volver a estar contigo sin dejar de pensar como te entregabas a otro por gusto y sin remordimiento para conmigo, tu esposo; la segunda y mas importante es porque nunca volvería a confiar en ti, viviría con la zozobra de imaginar cuando volverías a engañarme abriéndole las piernas a otro. No Verónica, no te hagas ni me hagas mal; por el tiempo que nos quisimos vamos a terminar aquí y ahora, no voy a mentirte diciendo que no te quiero pero voy a superarlo, espero que hagas lo mismo.

    Se abrazó de nueva cuenta a mi, la separé evitando contradecir con hechos lo que con palabras dije.

    -Toma tus cosas de la recámara, ya no puedes seguir ahí; tienes al día de mañana para salir de esta casa, para cuando regrese ya no debes estar aquí.

    La senté en el sillón mientras tomaba un par de cosas y salí de la casa, al cruzar la puerta alcancé a escuchar su último comentario.

    -Yo no voy a superarlo.

    ******************

    Renté una habitación en el primer hotel que encontré y me eche a la cama, apagué mi teléfono y dormí, lo hice como en días no hacía.

    El día siguiente me despertó con un buen sabor de boca, descansé bastante bien, tomé un baño y salí con rumbo al trabajo; en el camino pensaba lo que me deparaba el futuro, tendría que volver a aprender a vivir con eso, me dije; me dolía y mucho el pensar iniciar si ella pero no hubo otra opción, al menos no esta vez.

    Llegué e inmediatamente fui llamado a dirección, posiblemente no cayó bien que no fuera a revisar el almacén y merecía la reprimenda; preparé una excusa plausible y me encaminé escaleras arriba.

    -Buenos días Roberto –me dijo el director muy serio.

    -Señor, antes que nada quiero ofrecerle una disculpa; el día de ayer se me presentó un imprevisto y por eso…

    -Roberto, lo que tengo que decirte es muy delicado; siéntate por favor.

    Tomé asiento. Temí lo peor.

    -Me contactó la policía por la madrugada, trataron de localizarte pero tu teléfono estaba apagado; al parecer tu esposa le disparó y mató a Juan y se encuentra detenida hasta aclarar los hechos, siento decírtelo pero al parecer tenían una aventura.

    No sé qué tiempo fue el que estuve sentado escuchando a lo lejos sus palabras, en mi cabeza solo una frase resonaba una, otra y otra vez:

    Yo no voy a superarlo.

  • Casada con más de 40 años que nunca tuvo un orgasmo

    Casada con más de 40 años que nunca tuvo un orgasmo

    Eran las doce y algo del mediodía y yo estaba sentado en la plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela. A mi alrededor había cientos de personas sentadas en el suelo. Sentí llegar un grupo de peregrinos, al frente del grupo cinco gaiteros tocaban la gaita y el grupo cantaba: «De Andalucía yo soy.» Habían hecho el Camino desde Andalucía. Al pasar por mi lado desfilando hacia la catedral me emocioné y cómo vi que podía escaparme alguna lágrima no quise dar el cante. Me levanté y fui a un bar cercano que tenía las mesas fuera.

    Estaba sentado en una silla tomando una Estrella de Galicia y sin querer oí una conversación entre dos mujeres. Le decía una a la otra:

    -¿Qué le has pedido al apóstol?

    -Un orgasmo.

    -¡¿Qué?!

    -Un orgasmo, quiero saber que se siente al tenerlo.

    -¡¿En más de veinte años de matrimonio no te has corrido?!

    -No.

    -A ver, a ver. ¿Tampoco te corres al masturbarte?

    -No, me dijo el ginecólogo que lo mío es anorgasmia.

    Me giré y vi a las mujeres, la que decía que sufría anorgasmia estaba tomando un jugo de naranja y poco pasaba de los cuarenta años. La otra que estaba tomando una tónica debía ser de su edad, año arriba, año abajo. No me quise meter en la conversación porque había ido a Santiago para algo religioso y no se mezcla la religión y el sexo, aunque los religiosos la mezclen. Seguí escuchando.

    -No me lo creo, Sonia. ¿Probaste con otro hombre?

    -No, eso sería cometer adulterio.

    -¿Y con otra mujer?

    -¡¿Estás loca?! Soy católica y apostólica.

    No quería, pero no me cupo el pan en el cuerpo, me giré y le dije:

    -Católica, apostólica y tonta.

    La mujer me miró y se puso colorada, sí, con más de cuarenta años se había ruborizado.

    -¡Qué vergüenza! No sabía que estaba usted escuchando.

    -No hay paredes, señora. Perdone que las haya interrumpido. ¿Puedo hacerle una pregunta?

    -¿Referente a mi intimidad?

    -No, referente a su ginecólogo. ¿Es conocido de su marido?

    -Sí.

    -¿De qué se conocen?

    -Son los dos del Opus Dei.

    -Usted no sufre anorgasmia, señora, lo que tiene es muchos perjuicios y un marido que es un capullo.

    -Y usted es un insolente.

    -Un insolente que después de muchos años de casado aún hace que su mujer se corra tres o cuatro veces cada vez que follamos.

    La otra mujer le dijo:

    -A ver si este hombre va a ser quien te manda el apóstol para darte el orgasmo que le has pedido.

    -Este hombre es un diablo que me está tentando.

    Era una mojigata de libro.

    -Yo no le dije que la haría correr tres veces, señora, le dije que hacía correr tres veces a mi mujer, pero si quiere saber lo que es un orgasmo nadie mejor que yo para dárselo.

    Me ignoró y volvió a hablar con su amiga.

    -¿Ves cómo me está tentando?

    -Yo si fuera tú me iba con él aun lugar discreto y gozaba cómo nunca gocé.

    -Me condenaría al infierno.

    Le faltaban un par de empujones y le di el primero.

    -Desengáñese, señora, el cielo y el infierno están en la tierra, la paz es el cielo y el infierno la guerra.

    La amiga se levantó de la silla y le dijo:

    -Yo me voy. Déjate llevar por el momento, si no te dejas llevar por el momento te vas a estar preguntando el resto de tu vida cómo hubiera sido.

    -Si es un extraño, Maribel.

    -Por eso, Sonia, después de follar con él no lo vas a volver a ver.

    La mujer se marchó, me senté a su mesa sin pedirle permiso y en bajito le dije:

    -Sé de una pensión donde los posaderos son gente discreta.

    Puso cara de enfadada.

    -Y yo sé donde queda la comisaría de la policía si sigue acosándome.

    -Solo quería hacerle un favor, pero no la molesto más -me levanté-. Tenga un buen día, señora.

    -Por su culpa ya no lo tendré.

    Me volví a sentar.

    -La culpa es suya por estar tan rica, si no lo estuviera no le hubiera dicho nada

    -No siga seduciéndome, no voy a engañar a mi marido.

    -No la estoy seduciendo, señora, si la quisiera seducir le diría que hacerle el amor debe ser cómo hacérselo a un ángel. ¿Puedo invitarla a otro zumo de naranja?

    -No, y pare de seducirme, no voy a ir con usted a ninguna parte, mi anorgasmia es incurable.

    -No se engañe a si misma, señora, usted no sufre de anorgasmia, sufre a un marido que seguro que no vio más coño que el suyo y no sabe hacer con él mas que meter y sacar.

    Debí dar en el clavo porque su actitud de rechazo cambió.

    -¿Es que usted vio muchos chochitos?

    -Chochitos no tantos cómo quisiera, pero coños vi la tira.

    Había despertado su curiosidad.

    -¿Y todas…, ya sabe?

    -Sí, todas se corrieron, y usted también se correría, estoy tan seguro de eso que si no hago que se corra me corto los huevos.

    Se le escapó una sonrisa mientras decía:

    -No sea bruto.

    -¿Vamos a esa posada?

    -Cometería adulterio.

    -Lo que cometería es una tontería si no viene conmigo.

    -La tentación es tan grande… Vaya usted delante que yo lo sigo en la distancia.

    Pagué su cuenta y la mía y eché a andar mirando para atrás a cada momento por si se arrepentía. No se arrepintió y unos quince minutos más tarde estábamos en una pequeña habitación que solo había una alfombra en el piso, una mesita de noche y una cama pequeña y antigua, de esas que tienen barrotes de bronce en la cabecera y en los pies. Sonia se sentó en el borde de la cama con las manos y las piernas juntas y el bolso en la mano. Su mirada se perdió en el piso de la habitación.

    Sonia era de estatura mediana, tenía el cabello negro y corto. No era ni gorda ni flaca, ni fea ni guapa. Vestía una chaqueta azul de lana, por encima de una blusa blanca, una falda azul que le daba por debajo de las rodillas y calzaba unos zapatos negros casi sin tacón. De sus orejas colgaban dos pequeños aros de oro y de su cuello colgaba una cadena también de oro con la imagen de una Virgen. En el pulso llevaba un reloj y en su mano izquierda una alianza. Las uñas y los labios los llevaba pintados de rojo.

    Me senté a su lado, le puse un dedo en el mentón, le levanté la cara, le di un pico y tuteándola le dije:

    -Pareces una palomita asustada.

    -Es que estoy asustada, asustada y muy nerviosa.

    Fue decirlo y darle un escalofrío.

    -Échate sobre la cama, cierra los ojos e imagina que es tu marido quien te toca, ya verás cómo se van los nervios.

    Se echó sobre la cama vestida y con los zapatos puestos.

    Desabotoné su blusa al tiempo que le daba picos, luego se la abrí y acto seguido le subí las copas del sujetador. Sus tetas eran grandes, blancas, esponjosas y tenían areolas oscuras y pezones generosos. Le subí el vestido y le quité las bragas. Después mi lengua lamió un pezón, lamió el otro y luego se posó en sus labios. Su lengua asomó tímidamente entre los labios al tiempo que mi mano derecha cubría su coño peludo. Besándonos empecé a acariciar su ojete haciendo círculos sobre él con la yema del dedo medio de la mano derecha. De la boca bajé a las tetas y lamí sus pezones y se las mamé, mamándolas le metí la punta de mi dedo dentro del culo y seguí haciendo círculos. Al sacarlo notaba cómo se le abría y se le cerraba… Sonia cada vez que se lo sacaba me cogía por la nuca y me daba un buen morreo. De la punta pasé a meterle la mitad del dedo y seguí haciendo círculos dentro del culo, luego comencé a meter y a sacar, sacaba hasta que su ojete apretaba mi dedo, después se lo metía hasta el fondo… A los diez o doce minutos de follarle el culo con el dedo, de comerle sus esponjosas tetas y de comernos las bocas empezó a gemir. Al hacerlo abrió los ojos, me miró y dijo:

    -En ningún momento pude pensar en mi marido. Me venía tu rostro a la cabeza y me excitaba al verlo.

    -A mí también me excita verte a ti.

    Seguí follándole el culo con mi dedo y comiéndole las tetas cando no nos comíamos las bocas hasta que sus gemidos y su respiración me dijeron que se iba a correr, en ese momento le quité el dedo del culo muy lentamente, luego se lo di a chupar. Me dijo:

    -Esto es una guarrada.

    Lo chupé yo, me quitó el dedo de la boca, lo chupó ella y después me dijo:

    -Siempre supe que dentro de mí había una niña traviesa.

    Después tener el dedo humedecido hice círculos con la yema del dedo sobre el ojete, luego le metí la punta e hice círculos dentro del culo. Comenzó a temblar y se corrió cómo una presa cuando desembalsa. Corriéndose quedó en silencio unos segundos hasta que exclamó:

    -¡Ahhh!

    Al acabar de correrse rompió a llorar y entre lágrimas me dijo:

    -Me he corrido, no tengo anorgasmia.

    -No, no tienes. ¿Quieres que sigamos?

    -¿Qué me vas a hacer?

    -Para empezar comerte el coño y después…

    -Y después quieres copular conmigo.

    -Follar suena mejor.

    Se levantó de la cama, se desvistió y se descalzó, quitó la cadena y el reloj y los puso sobre la mesita de noche, volvió a echarse sobre la cama y abrió las piernas de par en par. Debió pensar que, ya que iba a pecar, lo haría a conciencia. Yo también me puse en pelotas y mi polla que estaba morcillona le debió de gustar, ya que al verla la sonrisa le llegó de oreja a oreja.

    Aquel coño peludo que había sido follado poco y por una sola polla se me antojaba delicioso. Lo olí, olía a jamón rancio. Ganas me dieron de ponerme un babero porque se me iban a caer las babas al comerlo. Panza abajó lo abrí con dos dedos y vi restos de los jugos de la corrida que acababa de echar. Mi lengua se deslizó por su coño cómo una fregona y lo limpió de jugos. Los saboreé y le dije:

    -Sabes a pecado, golfa.

    -¡Ay, no me llames golfa que se me pone mal el cuerpo!

    -Le lamí un labio vaginal, le lamí el otro y le dije:

    -Llámame cabrón.

    -Yo no digo palabrotas.

    Era una remilgada. Tenía que traerla a mi mundo. Le eché hacia atrás el capuchón del clítoris, le chupé el glande y después le dije:

    -Llámame cabrón, golfa.

    -Ya te dije que palabrotas no digo, y no me llames golfa, hombre.

    Le enterré la lengua en el coño, le levanté el culo y cuando le saqué la lengua del coño lamí su periné y se la metí en el culo. Luego lamí de abajo a arriba, seguí chupando el capuchón del clítoris y acabé lamiendo su glande cómo si estuviera chupando la cabeza de una cigala.

    -¿Te gusta, golfa?

    Vino a mi mundo.

    -Sí, cabrón.

    Desde su ojete lamí lentamente unas quince o veinte veces de abajo a arriba apretando mi lengua contra su coño y enterrándola en su vagina. Al llegar al clítoris me detenía y lamía de modo transversal, de abajo a arriba y haciendo círculos sobre él. Comenzó a gemir de nuevo.

    -No vas a tardar en correrte otra vez, cabrona.

    -No soy una cabrona.

    Volví a pasar mi lengua de abajo arriba y antes de lamer su clítoris le dije:

    -Insúltame, zorra.

    -¡Eso sí que no te lo consiento! No soy una zorra, maricón… Ay que me estoy lanzando y voy a acabar diciendo barbaridades.

    Lamí su clítoris durante tres o cuatro minutos. Ya su glande había salido al encuentro de mi lengua y sus gemidos eran escandalosos cuando paré y le dije:

    -¿Quieres correrte, perra?

    -Sí, lame coños, cabrón rastrero, sí, quiero correrme, quiero correrme, desgraciado inmundo, mala hierba, lame pelotas…

    Había despertado a la golfa que llevaba dentro, tuve que decirle:

    -Ya, ya, ya te vale.

    Me cogió la cabeza con las dos manos y me la llevó a su coño. Viendo que con nada se iba a correr, saqué la lengua y la puse entre sus labios vaginales. Sonia movió su culo de abajo a arriba, hacia los lados y alrededor y se volvió a correr, esta vez desembalsó en mi boca mientras se retorcía de placer. Estaba bien rica la jodida.

    Al acabar de correrse se le dio por reír. Cuando dejo de hacerlo, me dijo:

    -Eres el amante perfecto. Follas cómo un ángel o cómo un diablo, o que sé yo cómo follas.

    -Ahí le has dado, no sabes cómo follo, puesto que te corriste dos veces con los preliminares, o sea, con el calentamiento.

    -Sí, con el calentamiento global, no te jode el descapulla monos.

    Me dejó planchado, le había cogido el gusto a los insultos y ya le salían cómo churros.

    -Vamos a dejar los insultos Sonia. Quiero que me folles sin decir que soy el Robin Hood de los maricones.

    -Me gusta eso de Robín Hood de los maricones, jamás se me habría ocurrido, pero… ¿Qué quieres decir con eso de que te folle yo a ti.

    -Quiere decir que subas encima de mí, te corras y me hagas correr.

    Se me quedó mirando con unos ojos que parecía le hubiera dicho que la tierra era cuadrada.

    -Ah, no, eso sí que no. ¿Cómo voy a subir yo? Esas cosas las hacen las putas.

    -Debes ser puta por un día si quieres echar un buen polvo. Empieza mamando mi polla.

    -Qué coño voy a mamar tu polla si nunca mamé una.

    -¿Tampoco has visto a otra mujer mamarla?

    -¡Tú estás jodido del coco!

    -Deja de hablar mal que se te puede escapar en casa.

    -¡Hostias! Pues podría ser, tú.

    -Sí que podría ser. ¿No ves porno, Sonia?

    -Hasta hoy era una mujer recta.

    -Con muchas curvas.

    Me dio un empujón y riéndose dijo:

    -¡Qué cabrón! ¿Dime cómo te gustan que te la mame?

    Tenía que seguir haciendo de maestro.

    -Agarra la polla, deja caer saliva sobre el glande y humedécela subiendo y bajando la mano sobre ella.

    Hizo lo que le dije.

    -Es excitante. ¿Qué más quieres que te haga?

    Le cogí el dedo pulgar de la otra mano, lamí la yema y la uña, lamí de abajo a arriba por un lado y por el otro, después le chupé uña y yema, para después chupar el dedo entero usando mi lengua en las mamadas.

    -Así me gusta que me lo mamen.

    Sonia lamió el glande de mi polla, después lamió de abajo arriba por todos los lados, luego mamó el glande y por último mamó metiendo la polla en la boca hasta donde le entraba. Le dije:

    -Lo estás haciendo muy bien, solo te falta lamer y chupar los huevos.

    -De eso no me habías dicho nada, bandido.

    Fue a por los huevos, lamió, chupó, luego lamió la polla de abajo a arriba y cuando lamió el glande de nuevo le dije:

    -¡Para, para!

    -¿Te he hecho daño?

    -No, es que sigues ya me corro.

    -¿Soy tan jodidamente buena?

    -Lo que eres es una mal hablada.

    -¿Y quién coño me enseñó a ser una mal hablada?

    -Lo de mal hablada lo digo por tu bien.

    Se quedó mirándome y después dijo:

    -Se acabaron las palabras mal sonantes. ¿Ahora que toca?

    -Sube y fóllame.

    Me miró para la polla, polla que estaba dura cómo una piedra y me dijo:

    -Es gorda de cojon… La tienes muy gorda, no te muevas cuando la meta que me la puedes romper.

    ¿Romper? ¡Y una mierda! Cierto que la cabeza entró apretada, pero una vez dentro llegó al fondo sin ninguna dificultad.

    -Siento el co… Siento el sexo lleno.

    -De leche te lo voy a llenar, si es que tomas precauciones.

    -No hay problema, soy estéril.

    -Joder, cómo seas estéril cómo eras anorgásmica te dejo preñada.

    Follándome dijo:

    -Ojalá me dejases preñada, tener un hijo es mi sueño imposible.

    -Anda, cosita linda, dame esas tetas a mamar.

    Sonrió y me dijo:

    -Me gusta que me llames cosita linda.

    Me dio las tetas a mamar, me comió la boca, me volvió a dar las tetas a mamar y después de volverme a besar le metí el dedo medio de mi mano derecha en la boca. Luego con la yema hice círculos con ella en el ojete y después le metí la punta dentro. Sonia echó el culo hacia atrás y metió el dedo dentro de su culo hasta la mitad. Comenzó a darme caña y el dedo acabó entrando del todo. Polla y dedo entraban y salían de su coño y de su culo mientras ella me comía a besos… Al rato se empezó a poner mal, tan mal se puso que al besarme comenzó a babear. Sus pupilas se perdieron debajo de sus párpados y comenzó a convulsionarse. Su coño abriéndose y cerrándose sobre mi polla la fue ordeñando y nuestras corridas se juntaron. Fue tanto el placer que sintió que al acabar de correrse quiso hablar y solo pudo balbucear. Viendo que no podía comunicarse se quedó echada encima de mí con su cabeza sobre mi hombro hasta que levantó la cabeza y me preguntó:

    -¿Qué hora es?

    Cogí su reloj de la mesita de noche y se lo di. Miró la hora y salió de encima de mí cómo si la hubiera pinchado con una aguja. Cogiendo su falda del piso, dijo:

    -¡Las dos y media! Nuestro avión sale para Madrid a las tres y media. ¡No llegamos al Rosalía de Castro, no llegamos!

    -¿Dónde te hospedas?

    -A unos diez minutos de aquí

    -En un taxi llegáis al aeropuerto en veinte minutos. Llegas, mujer, llegas.

    No sé si llegó, lo único que sé es que se vistió y se fue.

    Quique.

  • Mis sobrinos me adoran

    Mis sobrinos me adoran

    Mi nombre es Silvia, tengo 45 años y vivo en Buenos Aires. A continuación les voy a relatar una situación bastante extraña, pero que resultó ser más placentera de lo que podía llegar a imaginar. Soy soltera, sin hijos y la única familia que me queda, al menos viviendo cerca, es mi hermana Norma y sus dos hijos, Gisela y Ezequiel, de 24 y 20 años respectivamente. Bruno es el marido de mi hermana y padre de mis sobrinos, pero no puedo decir que lo considere parte de mi familia, ya que llevamos un vínculo familiar muy débil y bastante distante. El motivo de la distancia son sus rígidas creencias religiosas que le hacen ver en mí a una oveja descarriada. Jamás me interesó cambiar su opinión sobre mí, siempre y cuando, no me prohibiera ver a mis amados sobrinos; eso lo respeta, aunque a veces creo que sin consentirlo demasiado.

    Creo que el hecho de que una mujer de mi edad nunca se haya casado o no haya tenido hijos representa una amenaza para la educación de sus hijos. Puede que tenga razón, pero me resulta mucho más amenazaste que crezcan entre tanto rezo y oración y poco mundo real.

    Mi forma de vestir también lo irrita y, aunque no me diga nada al respecto, puedo ver el desagrado en sus ojos. A pesar de que no soy una súper modelo y de que con los años hayan llegado algunas imperfecciones, estoy orgullosa de mi cuerpo y me gusta usar prendas ajustadas o con alguna transparencia, sobre todo en los días de mucho calor. Mi 1,68 de altura, mis 80 kg de peso, mis tetas naturales pero pulposas y mi culo un poco más amplio de lo normal era dignos de mostrarse. Mi piel poco bronceada siempre está bien maquillada con un hermoso cabello castaño claro cayendo hasta la mitad de mi espalda. Un lunar por encima de mi labio me da un adorno natural muy seductor.

    Todo comenzó un viernes por la mañana, la noche anterior había salido a tomar unos tragos, por lo que me había acostado relativamente tarde. Pensaba dormir hasta el mediodía, pero la melodía del celular me despertó cerca de las 10 am.

    -Hola, quién es? – respondí más dormida que despierta sin ni siquiera mirar el identificador de llamadas.

    -Hola Sil, soy Norma! Tu hermana. Todavía dormís? Son las 10 de la mañana.-dijo ella con vos enérgica y a modo casi de reto.

    -Hola Nor, si, anoche salí y tome un poquito de más, que pasa?

    -Perdóname hermana pero te tengo que pedir un favor. Lo acaban de llamar a Bruno que tiene que viajar a Santa Rosa mañana por trabajo y nos tenemos que quedar todo el finde allá. Te jode venir a cuidar a los chicos? – preguntó Norma preocupada.

    -No hay problema. A la tarde estoy por allá – contesté mientras desechaba las ilusiones de salir a bailar ese fin de semana y, por sobre todo, de tener sexo. Pero la idea de pasar un fin de semana con mis sobrinos no terminaba siendo un mal plan. Ellos son dos chicos muy educados y compañeros entre sí y conmigo tienen una relación de camaradería especial; la tía solterona a veces los regresa un poco a la realidad.

    Dormí una hora más después del llamado de mi hermana, tomé una larga ducha, desayuné algo liviano y me dispuse a armar la valija para el fin de semana de niñera en lo de mi hermana. Puse tres o cuatro mudas de ropa limpia, mis maquillajes y, por si había algún tiempito de privacidad, mi vibrador. Fue uno de los regalos para mi cumpleaños número 40 y siempre estaré agradecida con mi mejor amiga por eso. Mi hermoso falo color carne de 25 cm y varias velocidades de vibración fue lo último que empaqué, por lo que sería lo primero en verse al abrir la valija: no presté atención a ese detalle que me iba a costar carísimo.

    Luego de unas horas de redes sociales y escuchar música, emprendí el viaje a la casa de mi hermana. Después de 20 minutos de taxi estaba parada en el la amplia entrada de su casa. Norma salió a recibirme con Gisela y Ezequiel por detrás. Como era costumbre, Rubén no tuvo la misma cordialidad y me saludó con un seco choque de mejillas ya dentro de la casa mientras observaba con asco mis calzas encueradas negra y mi blusa blanca algo escotada.

    Norma me sirvió un café y antes de irse me dio algunas indicaciones mientras su marido cargaba sus valijas en el auto sin prestarme la menos atención.

    -Silvia, la heladera está llena de comida para los tres y te compré un par de cervezas. Estoy segura que tenías planes para el finde y pensé que por lo menos unas cervezas frías te iban a venir bien. Lo que si te pido es que no le des ni una gota de alcohol a los chicos porque después lo tengo que escuchar gritar a Bruno.

    -Gracias Nor. Despreocúpate que no les pienso convidar ni un poquito de mis cervezas – bromee para calmarla – y decile a tu marido que se relaje que no se van a ir al infierno por tomar una cerveza algún día.

    -Ni me hables mirá! Está insoportable, los chicos están con las hormonas por el cielo y Bruno los castra en cualquier momento– dijo Nor casi sonriendo por la situación. Yo no pude evitar la carcajada.

    -Jajaja, vos quédate tranquila que conmigo están bien cuidados y no vas a tener problemas con Bruno – dije sin saber lo que iba a pasar durante el fin de semana.

    Norma y su estructurado marido emprendieron su viaje y ahí comenzaba mi fin de semana con mis adorados sobrinos. Después de charlar un rato con ellos y que me cuenten como iban sus estudios y su vida en general, me dispuse a hacer la cena. Tuve que hacer dos comidas porque Gisela estaba entrando al mundo del veganismo, mientras que Ezequiel era un carnívoro empedernido. Yo comí milanesas con Ezequiel y a Gisela le prepare una ensalada de varias verduras que comió con gusto. Después de terminar de cenar, ambos hermanos juntaron la mesa y colaboraron entre ellos para limpiar los platos hasta dejar todo impecable. Era increíble poder ver a dos hermanos de 24 y 20 años llevarse tan bien.

    Mientras los veía trabajar juntos, no podía entender en que momento habían crecido tanto. Ezequiel estaba dando uno de sus estirones y había crecido mucho en muy poco tiempo. Ya alcanzaba el 1,80 de altura y su cuerpo ya tenía forma de hombre, con sus hombros cada vez más anchos y el la barba cada vez más notoria. Usaba uno de esos peinados modernos con corte degradé que su padre desaprobaba completamente pero que para mí le quedaba excelente. Sus ojos color marrón oscuro mostraban una mirada muy profunda e iban acompañados de una nariz respingada casi perfecta y una boca algo grande pero muy seductora. Gisela ya había dejado atrás su pubertad unos años atrás y ya era toda una mujer. Mucho más baja que su hermano y con una complexión intermedia heredada de su madre, su 1,65 cm mostraba a una joven adulta algo más baja que la media pero con un cuerpo muy llamativo. Unas tetas más tirando a chicas, un rasgo que siempre acomplejó a Gise por tener menos que las chicas de su edad. A pesar de no ser grandes, tenían una forma redonda perfecta. Su culo si era su orgullo por ser un poco más amplio y llamativo debido a las largas horas de spinning en su gimnasio. Ojos similares a los de Ezequiel pero con una forma más almendrada se escondían tras unos impecables lentes cuadrados estilo ejecutiva. Gisela había heredado mi lunar por encima de su pequeña y delicada boca pero del lado contrario al mío.

    Terminaron de lavar los platos y me preguntaron si podían quedarse en el sofá del living mirando una serie. Es imposible negarles algunas horas de televisión a dos jóvenes tan buenos así que les di permiso mientras yo me iba a la cama aún con resaca de la noche anterior. El sueño me atrapó cinco minutos después de tocar la cama y me dormí profundamente. Cerca de las 3 de la mañana el dolor de cabeza me atacó más fuerte que nunca y me quitó el sueño, por lo que decidí levantarme a tomar un analgésico para ver si podía volver a conciliar el sueño. Salí de la habitación con mis tetas al aire y con una finísima tanga de encaje color celeste, confiando en que Gisela y Ezequiel ya estuviesen dormidos en sus respectivas camas. Antes de llegar a la puerta del living escuché sus voces que venían del sofá y me frené de golpe para no exponer mi desnudez ante ellos. Antes de volver a vestirme, la curiosidad me detuvo para escuchar su conversación.

    -Ayer mi amiga Vicky me mandó un video que si lo ve papá se muere – dijo Gisela contándole a su hermano.

    -Otro video de gente desnuda? – pregunto interesado Ezequiel.

    -No solamente desnuda, era una chica que se estaba metiendo un envase de desodorante ahí abajo – explicó Gise mientras bajaba la voz para que nadie más que su hermano la escuche.

    -Guau! Viste que mamá algo nos había dicho de gente que subía esas cosas a internet. A mamá mucho no le molesta pero papá se vuelve loco con esas cosas – dijo Eze.

    -Si, te imaginas si nos ve a nosotros haciendo algo de eso? A mí me da algo de curiosidad pero me da miedo que se entere papá. – dijo Gisela en tono de confesión.

    No podía creer lo que mis oídos estaban escuchando. Me perturbaba muchísimo el hecho de que estuvieran hablando de cosas sexuales entre hermanos, pero más me molestaba que dos chicos de 24 y 20 años todavía no sepan nada de la masturbación y que no hayan experimentado nada cuando estaban en la mejor edad para hacerlo.

    -Y yo cuando me baño también a veces me toco ahí abajo y me gusta. Pero el baño es un lugar privado y ahí no se puede enterar nadie.

    -O sea que vos te tocas como hace la gente de los videos? – interrogó Gisela con curiosidad

    -Y si Gise, papá es muy exagerado y hasta mamá lo dice siempre. Aparte no voy a ser tan tonto de filmarme.

    -Tenés razón. Igual una vez hace mucho me quise tocar y cuando metí un dedo me dolió– expreso Gisela acongojada.

    -Mamá una vez explicó que la primera vez puede doler, pero después empieza a gustar, que se yo – trató de explicar Ezequiel.

    -Y a vos te duele cuando te tocas? – preguntó Gisela más curiosa que nunca.

    -No, a mí nunca me dolió, al contario, me hace cosquillas. Tócate de nuevo y fíjate Gisela.

    -Pero me da miedo, pero a la vez vi el video de la chica del desodorante y me dan ganas de probar.

    -Aprovecha que nuestros papás no van a estar en todo el finde, no te va a ver nadie.

    -Vos me ayudarías? – preguntó Gisela.

    -Como?

    -A tocarme, porque me dijo Vicky que si te toca alguien más es mucho más placentero y dudo que papá me deje ir a buscar un chico para que me toque– explico Gisela.

    -No sé Gi, somos hermanos. Papá se infarta si se entera – dudó Ezequiel.

    -Vos te tocas y no se entera, aparte ahora no están hasta el lunes, vos mismo lo acabas de decir.

    -Bueno, está bien, pero es un secreto a muerte Gisela.

    -Si, te lo prometo Eze. Voy a buscar un envase de desodorante como la chica del video – dijo Gisela entusiasmada.

    -Ok, te espero acá.

    La conversación me subió las pulsaciones a mil y me dejo un montón de sensaciones encontradas. Mi sobrina Gisela le había pedido ayuda a su hermano para empezar a investigar su sexualidad y sabía que eso estaba terriblemente mal, pero por otro lado, Gisela tenía 24 años y todavía no sabía la sensación de tocar su propio cuerpo y esa desesperación y deseo reprimido la había llevado a recurrir al único hombre en el que podía confiar. Me sentí en el lugar de alguien que no puede juzgar porque estaba escuchando una conversación que no me correspondía y además, interrumpirlos tal vez significaría arruinar la vida sexual de mi sobrina por un largo tiempo, o quizá para siempre. Decidí dejarlos actuar sin haberme percatado que mi pequeña tanga celeste estaba empapada por mi flujo vaginal y que la había empezado a acariciar con mis dedos de forma inconsciente. No lo podía creer, la adrenalina se había convertido en morbo y excitación.

    Gisela tardó un rato largo mientras buscaba su envase de desodorante para usar de consolador improvisado. Ella apareció en el living con las manos vacías.

    -No hay ningún desodorante en esta casa Eze, tanta mala suerte puedo tener, estoy destinada a ser monja – dijo Gisela furiosa.

    -Y algo con una forma similar? – sugirió el hermano menor.

    -Pero qué?

    -Ya se – dijo él y se levantó rumbo a la cocina. A los segundos volvió al living con un pequeño pepino en la mano.

    -Esto va a ser mejor, tiene forma más redonda y es más suave – dijo Eze, orgulloso de su ocurrencia. Gise miró la verdura con algo de duda pero sus ganas la hicieron acceder.

    -Está bien, pero despacio Eze, si yo te digo que pares pará – dijo la joven mientras bajaba su calza y su ropa interior blanca hasta sus rodillas.

    -Si Gi-gise – dijo Ezequiel tartamudeando al caer en la cuenta que era la primera concha que había visto en su vida y era la de su propia hermana.

    Gisela se acostó en el cómodo sofá con las piernas abiertas apoyadas en la mesa ratona mientras su hermano estaba obnubilado con el sexo de su hermana a punto de masturbarla con una sugerente verdura. El ángulo en el que se acostó mi sobrina me dejó espiar desde el pasillo y ver sus rosados y lampiños labios vaginales. Ella se masajeo un poco con los dedos y, entre respiraciones agitadas, la humedad se fue haciendo presente poco a poco; yo por mi parte no pude evitar imitarla mientras veía la escena.

    -Dale Eze, de a poquito – susurró ella.

    El hermano menor se sentó a su lado y comenzó a refregar el pepino suavemente por el clítoris y los labios de su hermana. Los gemidos de Gisela se intensificaron y comenzó con unos movimientos pélvicos instintivos.

    -Empezá a meterlo de a poquito – dijo ella casi jadeando

    Ezequiel introdujo poco a poco la punta del pepino mientras su hermana gemía con los ojos cerrados. Pude notar como Ezequiel se acomodaba el bulto en su pantalón; la situación lo excitaba mucho y su pene se lo estaba avisando. Pero continuaba siguiendo las instrucciones de su hermana quien le iba susurrando que lo vaya metiendo un poco más. Después de unos minutos, la vulva de Gisela ya había hecho desaparecer todo el pepino al tiempo que tomaba la mano de su hermano para marcarle el ritmo. Gisela no paraba de estremecerse de placer cuando de repente todo su cuerpo se tensó, abrió los ojos bien grandes y no pudo contener un gritito casi inaudible de placer; Ezequiel quitó su mano con el improvisado juguete empapado en los flujos de su hermana. Mi sobrina había tenido su primer orgasmo gracias a su hermano mientras yo los espiaba detrás de la puerta. Yo hice lo mismo y tuve un pequeño clímax mientras me masajeaba el clítoris de parada. Con una sonrisa de oreja a oreja, Gisela se levantó del sofá y se volvió a vestir. Los dos hermanos se miraron y compartieron una pequeña carcajada sin necesidad de decir nada. Creo que a Ezequiel le hubiese gustado que le devuelva el favor de alguna manera pero no se animó a pedírselo a Gisela. Por su parte, su hermana le dio las buenas noches y se dirigió a su habitación a dormir plácidamente después de haber descargado por primera vez toda su lujuria. Me dio pena ver a mi sobrino quedarse con las ganas de algo más y, debo confesar, que yo quede con la misma sensación. Pero el fin de semana recién comenzaba y casi seguro que esto iba a traer cola.

    Al otro día me desperté cerca de las 10 am y los hermanos ya estaban sentados en el comedor con el desayuno listo. Si no hubiera visto lo de la noche anterior, hubiese jurado que no había pasado absolutamente nada entre ellos. Lo único que noté fue que Ezequiel no paraba de acomodarse la entrepierna de su pantalón, por lo que supuse que no había podido descargar toda la excitación acumulada del acto con su hermana.

    -Buen día chicos, durmieron bien? – pregunté

    -Buen día tía – contestaron casi al unísono – muy bien – agregó Gisela con una sonrisa radiante.

    -Se quedaron hasta tarde mirando la tele? – pregunté para demostrar no saber nada de lo que había pasado.

    -Si tía, nos enganchamos con una película – contestó Ezequiel sin titubear y mirando a su hermana con una casi imperceptible sonrisa de complicidad.

    -Me alegro que se hayan divertido mis amores. Yo me dormí como un tronco toda la noche – dije para no levantar sospechas de mi actuación de espía nocturna.

    El desayuno transcurrió entre charlas de series y películas con total normalidad mientras por la ventana veíamos como se formaban unos nubarrones negros y comenzaba a llover copiosamente. El clima nos iba a obligar a pasar el día encerrados y algo aburridos, lo que podía llevar a otro intento de mis sobrinos para seguir explorando su sexualidad. Mientras tomaba mi café me imaginaba un día largo y lleno de emociones.

    Terminamos de desayunar y Gisela se levantó de la mesa anunciando que se iba a meter a la ducha, lo que me dejaba un tiempo a solas con mi sobrino para generar confianza e indagar un poco sobre su escasa vida sexual.

    -Ya estás hecho todo un hombre Eze, me imagino que ya debes tener alguna chica revoloteando por ahí? – pregunté en mi mejor tono de tía comprensiva.

    -Jaja, no tía, por ahora no hay nada, entre la facultad y papá que es bastante estricto con que salgamos, no conozco muchas chicas.

    -Ay Eze! Voy a tener que hablar con tus papás. No puede ser que un chico tan lindo como vos no pueda conocer a una chica porque su papá no quiere que salga – dije mientras acariciaba su hombro y comenzaba a notar más incomodidad en los pantalones de mi sobrino.

    -No te gastes tía – dijo el con voz de resignación – mamá habló con papá pero el sigue firme en su postura.

    -Yo voy a hacer el intento Eze y, no te prometo nada, pero algo vamos a hacer para que puedas tener un poco más de roce con alguna chica – mientras hablaba, acomodé mi escote para bajarlo un poco y ver la reacción de Ezequiel. Su mirada se clavó por un segundo en el surco entre mis tetas y luego desvió su mirada por la vergüenza.

    -Gracias tía, pero no tengo muchas esperanzas en que papá cambie de opinión.

    Las hormonas del chico le estaban haciendo una revolución interna mientras su padre no permitía que su hijo tenga una vida social normal y así poder conocer a alguien para comenzar a tener una sexualidad algo más activa. La cara y la voz de Ezequiel me generaron una mezcla enorme de lástima y excitación que hasta el día de hoy no puedo explicar. Mientras pensaba cómo hacer para ayudar a mi sobrino a salir un poco de su inocencia, la voz de Gisela me llamó desde el baño.

    -Tía, prestas tu secador de pelo? El mío se lo llevo mamá – gritó ella

    -Si mi vida, está en mi valija, agarralo tranquila – contesté.

    La charla con Ezequiel me había acaparado toda la atención, tanto que olvidé que, al abrir mi valija, lo primero Gisela encontraría era mi juguete para mis momentos de soledad. Cuando caí en la cuenta de mi descuido, me levanté apresuradamente de la silla y me dirigí a mi habitación. Al entrar de forma algo abrupta, Gisela se asustó y dejo caer en el suelo mi juguete. Al chocar con las maderas del piso, el largo pene de látex color carne se encendió y comenzó a vibrar tan fuerte que se movía como una víbora en el suelo de mi habitación. Nos miramos con Gisela con ojos de sorpresa y no pudimos evitar una carcajada al unísono.

    -Perdón Gi – dije con lágrimas en los ojos por la risa – me olvidé que estaba esto en mi valija, tu papá me va a matar – dije mientras tomaba mi juguete del suelo y lo guardaba bajo la ropa de mi valija.

    -Jajaja, no pasa nada tía, no le voy a decir nada, quédate tranquila – dijo ella, lo que me generó muchísima tranquilidad – nunca había visto uno de esos juguetes, o sea, si en videos pero no había tenido uno en la mano – me confesó con algo de miedo.

    -Son muy útiles para cuando una está aburrida y sola – dije con tono de broma para generar algo de confianza – aunque una de verdad siempre es mejor – dije para ver la reacción de Gisela.

    -Mis amigas dicen lo mismo tía, pero yo todavía no conozco ni uno de verdad ni uno de mentira – dijo ella con tono ofuscado y frunciendo el ceño.

    -Si Gise, no me digas nada, el problema es tu papá.

    -Si tía, si sabe que voy a algún lugar y va a haber chicos no me da permiso para salir – explicó con voz triste.

    -Lo mismo que le dije a tu hermano se lo voy a decir a vos; voy a tratar de hablar con ellos para ver si puede aflojar un poco. No puede ser que, siendo tan jóvenes, no puedan disfrutar de tener amigos y algo de diversión – dije casi enojada.

    -Gracias tía, pero no va a ser fácil convencer a papá, y volviendo al tema de tu juguete, algún día me gustaría tener uno – bromeó ella con total confianza.

    -La tía te lo va a regalar pero cuando te mudes de tu casa, jaja

    Gisela tomó mi secador de pelo y salió de mi habitación. Mi cabeza y mis hormonas trabajaban casi a la par tratando de ayudar a esos chicos a salir de su encierro. La escena nocturna de colaboración íntima entre hermanos seguía presente en mí cuando se me ocurrió una idea que no podía fallar. Decidí elegir mi vestuario con el fin de atraer la mirada de Ezequiel: me puse una ajustada calza de deporte bastante colorinche que amoldaba mi culo y mi concha de forma muy ajustada, y por arriba opté por una blusa blanca bastante escotada acompañada de un fino corpiño que juntaba perfectamente mis tetas dejando ver un profundo surco oscuro entre ellas. Salí de la habitación y me dirigí al cuarto de Gisela a buscar uno de los viejos regalos que le hice cuando era chica. Tomé la caja y me dirigí al living donde ellos estaban sentados en el sofá jugando con sus celulares.

    -Quién quiere jugar Twister? – grité alegremente mientras desenvolvía la colorida alfombra del juego en el amplio piso del living. Ambos se miraron y sonrieron a forma de aprobación.

    -Me había olvidado que tenía ese juego, que divertido – dijo Gisela mientras se paraba y acomodaba su calza gris de gimnasia preparándose para el juego.

    -Viste que la tía sabe divertirse? Ideal para un día de lluvia – contesté mientras acomodaba la pequeña rueda de plástico que indican la extremidad y el color que se debe tocar -como soy la más vieja arranco yo.

    Pie derecho, amarillo fue la primera instrucción y ese fue el primer paso para comenzar una tarde de locura con mis sobrinos. Mientras el juego transcurría, mi cabeza seguía reproduciendo el espectáculo de la noche anterior y me calentaba mucho la idea de estar enredada con esos mismos cuerpos. Durante las primeras tres rondas del juego todo venía bastante fácil y por lo tanto, todavía no había posibilidades de juntar los cuerpos de alguna manera sugerente. Pero la suerte empezó a cambiar y en uno de los movimientos a Ezequiel le tocó “pie izquierdo en azul” lo que requería pasarla por encima de su hermana y dejar sus genitales casi rosando las nalgas de Gisela; la situación comenzaba a ponerse interesante mientras la aguja del tablero marcaba que la suerte seguía en el mismo camino. Mi brazo izquierdo debía tocar el color rojo; al hacer el movimiento, mi enorme escote quedó tan cerca de la cara de Ezequiel que podía sentir el calor de su aliento en mis tetas. El chico quedo con dos enormes ubres frente a él y el culo de su hermana a centímetros de su verga, la cual ya se veía aprisionada dentro de su pantalón negro de gimnasia. Se podía sentir como la temperatura aumentaba de golpe sobre la pequeña alfombra de hule, incluso venían ráfagas de aromas íntimos con las que los pulmones se llenaban de deseo. La posición me obligaba a estar con las tetas hacía abajo y comencé a sentir como mi blusa y mi corpiño se deslizaban dejando cada vez más piel a descubierto.

    -Chicos, me tengo que acomodar la remera – dije entre risa haciendo fuerza con cada una de mis extremidades.

    -Si sacas la mano del color perdes Tía – advirtió Gisela, mientras parecía que cada vez levantaba más la cola buscando contacto del paquete creciente de su hermano.

    Mi blusa se siguió deslizando hasta que pude sentir el aliento de Ezequiel acariciando mi endurecido pezón izquierdo. Pude ver como la barra de carne bajo su pantalón lucía atrapada. Luego de un mal movimiento, uno de mis brazos se aflojó provocando un efecto domino que también hizo derrumbarse a los hermanos. La caída produjo que los labios de Ezequiel rocen mi pezón dejando incluso algo de saliva en él. Por su parte, Gisela cayó boca abajo con el bulto de su hermano apoyado en sus nalgas. Todos transpirados quedamos en la misma posición entre carcajadas de diversión y bastante lujuria. Gisela fue la primera en emitir palabra.

    -Eze, tenés un juguete como el de la tía ahí abajo, jaja – dijo ella manteniendo su cola hacia arriba con el pene de su hermano descansando entre sus nalgas. Aún no sé porque, pero no me generó ninguna vergüenza que mi sobrino se entere de mi intimidad, sino todo lo contrario.

    -Que juguete? No entiendo – preguntó el desconcertado mientras no tenía intenciones de cambiar su posición manteniendo el íntimo contacto con su hermana..

    -Se lo puedo mostrar tía? – preguntó ella muy entusiasmada.

    -Si, dale, pero de esto ni una palabra a tus papás Ezequiel – advertí con la mayor seriedad que pude en ese momento.

    -Si tía, secreto total.

    Antes de que se dijera la última palabra, Gisela ya corría a mi habitación a buscar a mi compañero de plástico. Al volver, se lo enseñó orgullosa a su hermano. Él, entre nervioso y tentado, se río de forma nerviosa al ver el largo pene de látex colgando de la mano de su hermana.

    -Guau tía! Como haces para que te entre todo esto? – preguntó Gisela inspeccionando el aparato mientras lo sostenía con cada vez más firmeza.

    -Jajaja, es mucha experiencia Gise – contesté algo nerviosa – dame que te enseño.

    Al decir esa frase, ambos se quedaron mirándome y compartieron otra sonrisa de camaradería y Gisela estiró su brazo cediéndome el juguete. Ambos se acomodaron cómodamente la alfombra del Twister como si fueran a ver el show de sus vidas. Bajé mi calza y mi tanga blanca hasta mis rodillas y me acomodé en el sofá en la misma posición y lugar que lo había hecho Gisela durante la noche. Ellos lo notaron y soltaron una risita, seguramente acordándose de lo sucedido. Encendí el vibrador y, con la punta del juguete, empecé a masajear mi clítoris y mis labios ya empapados. Los hermanos estaban obnubilados viendo a su tía en todo su esplendor. Entre gemidos cada vez más agudos, comencé a introducir el largo falo de plástico hasta dejar a la vista solo la base adornada con dos huevos muy realistas sostenidos por mi mano derecha. El nivel de humedad de mi vagina hacía que el juguete entrara y saliera cada vez más rápido y muy fluido, produciendo un pequeño chapoteo que resonaba en todo el living. Después de unos minutos con mi alargado amigo dentro de mí, el cuerpo se me estremeció y tuve un orgasmo extremadamente largo e intenso, tanto que un pequeño squirting fue a dar en la alfombra del juego a centímetros de la mano de Ezequiel.

    Cuando levanté la vista para verlos, ellos estaban allí petrificados y con sus bocas abiertas. La humedad de Gisela ya se podía ver manchando su calza gris claro y la barra de carne de Ezequiel parecía que iba a explotar bajo sus pantalones negros de gimnasia. Al ver la situación, decidí invitarlos a participar.

    -Gise, Viste que te dije que siempre era mejor uno real? Bueno, parece que Eze nos puede dar una mano – dije buscando la complicidad de la excitada chica mientras señalaba con mis ojos el bulto de Ezequiel.

    -Pero no es tan grande como tu juguete tía – dijo el algo nervioso por la falta de experiencia.

    -Mostranos Ezequiel – solicitó su hermana.

    -Bueno, está bien – accedió él.

    Al bajar su pantalón y su ropa interior, su pene saltó como un resorte provocando el choque de su glande a la altura de su ombligo. Ezequiel tenía razón; no era tan grande como el juguete, pero sus 17 cm tenían una forma perfecta y con un diámetro bastante interesante. Las venas recorrían el hermoso tronco de modo que le daban un aspecto muy fornido. Gisela no podía evitar demostrar el deseo al ver el juguete de su hermano y una sonrisa picarona se le dibujo en los labios.

    -Hermoso Eze – dije para darle confianza – conozco a hombres más grandes que vos que la tienen mucho más chica.

    -En serio? – preguntó el con voz de orgullo mientras la tomaba con su mano ágil para empezar a sobarla de forma instintiva.

    -De verdad – contesté tratando de convencerlo.

    -Y si vos decís que uno de verdad es mejor, está mal que uses el de Ezequiel tía? – preguntó Gisela algo ansiosa. La pregunta me dejó algo desconcertada pero tenía que responder la forma más honesta posible.

    -Para mucha gente si lo está Gise, pero si esto se mantiene en un secreto como prometimos, nadie nos puede decir nada – contesté algo dubitativa, mientras en mi cabeza seguía como prioridad hacer que esos chicos empiecen a disfrutar del sexo.

    Los tres intercambiamos una sonrisa acompañada de un asentimiento. Confiaba plenamente que ninguno de los dos iba a divulgar nuestro prohibido secreto y me dejé llevar por el placer. Me acerqué gateando despacio hasta donde estaba Ezequiel y comencé a meter su erecto pene en mi boca lentamente. El muchacho me miró sin poder creer lo que estaba pasando mientras su cuerpo se estremecía por el contacto tibio de mi saliva en su glande. Comencé a sentir en mi boca como su verga, dura como una piedra, comenzaba a depositar en mi lengua algunas gotas de espeso líquido, por lo que imaginé que el orgasmo de Ezequiel estaba pronto a venir. Su hermoso falo subía y bajaba por mi garganta mientras yo aplicaba cada vez más succión y acariciaba sus huevos con mi mano derecha. Luego de algunos segundos la explosión no se hizo esperar y mientras seguía masturbándolo con mis labios, sentí un fuerte y abundante chorro de leche espesa inundando mi boca. Mientras las piernas de Ezequiel temblaban y despedía gemidos ahogados de placer, seguí succionando y tragando cada gota de su producción saboreando el agrío pero excitante sabor de sus jugos. Mientras yo seguía masajeando el trozo de carne de mi sobrino sabiendo que iba a volver a pararse en breve, Gisela miraba mi labor con toda su atención.

    -Querés probar vos ahora Gise? – la invité mientras acariciaba la venosa pija de Ezequiel. Gisela no dijo nada y comenzó a acercarse hasta quedar arrodillada a mi lado.

    Sostuve la verga de su hermano frente a su cara y le hice señas con los ojos para que imite lo que había hecho yo. Ella abrió sus labios en forma algo exagerada e inexperta y metió en su boca los 17 cm de carne, aun empapados en una mezcla de semen y saliva. Intentó imitarme lo mejor que pudo pero sus movimientos de cuello eran algo torpes, por lo que decidí ayudarla: tome su cabeza por detrás y empecé a marcarle el ritmo con mi mano. Después de unos segundos ella siguió sola mejorando a cada segundo su vaivén bucal. Mi instinto animal me invitó a acompañarla en su labor y comenzamos a compartir la pija de Ezequiel; lo chupábamos una de cada lado, a veces yo bajaba hasta sus huevos mientras su hermana se llenaba la boca con su verga, y viceversa.

    Después de unos minutos de mezclar nuestras salivas en la pija de mi sobrino, decidí que era hora de que Gisela tenga su ración. La dejé entretenida devorando a su hermano mientras yo me centré en quitarle sus calzas y la pequeña bombacha negra empapada en su flujo. Ella no se resistió ni un instante. Al dejar sus pequeños y brillosos labios al aire, le indiqué que se acostase boca arriba en el sofá y abra sus piernas.

    -Vení Eze, ahora te toca a vos – le dije al muchacho mientras lo tomaba de la mano para que se arrodille a mi lado con la vulva de su hermana enfrente. Gisela resopló algo nerviosa e intentó relajarse.

    -Tranqui Gise, relaja el cuerpo y preocúpate por disfrutarlo nada más – dije intentando relajarla – Eze, vos pasale la lengua muy suavecito por acá y anda subiendo el ritmo despacio – le indiqué a él mientras le señalaba el hinchado clítoris de su hermana. El asintió y comenzó a realizar de forma muy correcta la indicación.

    Gisela comenzó a emitir gemidos cada vez más rápidos y agudos tapados por una copiosa lluvia que golpeaba las ventanas de la casa. Mientras Ezequiel jugueteaba con su lengua en el clítoris de Gisela, yo tomé mi juguete y lo prendí dejándolo en el nivel más bajo de vibración. Comencé a masajear sus empapados labios mientras ella comenzaba con el instintivo movimiento de sus caderas. Casi no tuve que ejercer presión porque el mismo movimiento de la chica llevó a que la punta del juguete se introdujera solo en su húmeda cavidad. Lo iba metiendo aún más a pedido de sus movimientos mientras la lengua de Ezequiel le masajeaba el clítoris de una manera increíble. Al introducir casi tres cuartos del pene de látex, bajé mi cabeza y junté mi lengua con la de Ezequiel. Gise estaba extasiada al recibir tantos estímulos juntos y, después de algunas metidas y sacadas enérgicas del juguete, Gise explotó en un rico orgasmo en el que no pudo evitar soltar un grito ahogado.

    Ella se incorporó un poco apoyando los codos en el sofá y nos miró a su hermano y a mí con una enorme sonrisa dibujada en su rostro y los ojos desorbitados típicos después de un rico clímax femenino.

    -Y ahora viene la próxima lección y la mejor parte – anuncié con la mayor de mis calenturas.

    Le indiqué a Ezequiel que se acueste boca arriba en el sillón. El obedeció rápidamente y su venosa y apetecible verga quedó recostada sobre su vientre. Me monté arriba suyo y con mi mano apoyé su glande en la puerta de mi vagina todavía empapada. Comencé a bajar lentamente mis caderas sintiendo como mi cueva se llenaba de carne dura. Mis gemidos hicieron que mi sobrino pierda la poca vergüenza que le quedaba y me quitó la blusa para empezar a masajear mis tetas y a pellizcar mis pezones. Yo sentía como su dureza me llenaba por dentro y el ritmo de mi cabalgue comenzó a aumentar. Gisela no tenía nada de experiencia pero su instinto animal llevó su boca a succionar fuertemente mis pezones mientras refregaba su concha con la mano. Jamás pensé que el contacto con mi sobrina podía ser posible pero que se haya animado a eso me excitó aún más. Luego de varios minutos de cabalgue duro encima de Ezequiel, mis gemidos anunciaron la llegada de mi segundo orgasmo y otro “squirting” dejó la pija y los huevos de mi sobrino empapados de mi flujo. Pude ver como una sonrisa se dibujaba en sus labios al darse cuenta que había sido responsable de mi placer.

    La excitación no bajaba y decidí ir por todas, dada la situación. Aproveché toda la lubricación generada y, en la misma posición, apoyé la cabeza de la pija de Ezequiel en la puerta de mi cerrado culo. Una vez que estuvo en posición, le hice señas a Gise que se parará delante de mí con la vagina a la altura de mi boca y comencé a pasar la lengua por toda su vulva rosada mientras, poco a poco, la dura verga de Ezequiel se iba abriendo camino en mi estrecho ano. Por unos instantes, el grosor de su pene me generó una pequeña sensación de dolor pero nada en comparación con el nivel de placer. De forma muy lenta y cuidadosa bajé mis caderas hasta que toda la carne de mi sobrino estuvo en mis entrañas, anunciándolo con una fuerte exhalación de dolor y deseo. Nuevamente comencé la cabalgata mientras metía y sacaba mi lengua enérgicamente de la húmeda cueva de Gisela. De reojo pude ver que la estrechez y el abrazo que mi orto le daba al pene de Ezequiel lo excitaban a más no poder y comenzaba a moverse al ritmo de mi cabalgata. Los movimientos se fueron haciendo cada vez más fluidos cuando, de repente, las piernas de mi sobrina comenzaron a temblar y un abundante chorro de flujo me llenó la boca y fue a parar directo a mis exuberantes tetas. La excitación al ver y sentir el primer squirting de Gisela fue tal que el recorrido anal que estaba haciendo la pija de mi sobrino me generó otro largo e intenso orgasmo.

    Me levanté quitando poco a poco la verga dura de Ezequiel de mi culo e invité a Gisela a imitarme. Ella accedió sin dudas y se ubicó en la posición que su tía le había enseñado en la lección práctica. La verga de su hermano seguía erecta y algo roja por la fricción anal. Junté saliva en mi boca y escupí su glande seguido de algunas subidas y bajadas de mi mano para ayudar a lubricarla. Una vez que su verga brillaba por la humedad le dije a Gisela que bajara su cintura y apoyé la cabeza en sus rojizos labios vaginales. No me dio tiempo para más instrucciones y su concha devoró el pene de su hermano de un sentón, comenzó a moverse instintivamente y a gemir sin miramientos. Los dejé en su íntimo encuentro y me paré por unos momentos a su lado admirando el acto prohibido entre hermanos. Hasta el día de hoy es una imagen que no quiero ni puedo borrar de mi memoria.

    Gisela cabalgó un largo rato en la verga de su hermano mientras él repetía lo que había hecho conmigo y amasaba las pequeñas tetas de Gisela y pellizcaba suavemente sus rosados y endurecidos pezones. Después de mirarlos un instante y guardar las imágenes en mi cabeza, decidí unirme una vez más; me arrodille a espaldas de Gisela mientras los muslos de Ezequiel y las nalgas de su hermana hacían sonar aplausos cada vez más rítmicos. Acerqué mi cara y olí en una rápida inhalación el aroma de sus fluidos mezclándose. Entre gemidos cada vez más acelerados de los hermanos, comencé a pasar mi lengua en un amplio recorrido desde los endurecidos y tensos huevos de Ezequiel, pasando por los labios abiertos de Gisela para terminar suavemente en su estrecho culo. A tientas busqué mi juguete y, con la boca ocupada en los genitales de ambos chicos, comencé a masturbarme con el pene de látex. Perdí la cuenta de los orgasmos que tuvo Gisela pero estuvo cabalgando sobre su hermano varios minutos hasta que sus piernas comenzaron a ablandarse y decidió parar.

    La cara de Gisela me decía que ya estaba más que satisfecha por lo que decidí darle una alegría más a mi guapo sobrino. Una vez que Gisela se levantó de los muslos de su hermano con la vagina hinchada y empapada en sus jugos volví a arrodillarme frente a la pija de Ezequiel y le hice señas a Gisela para que me acompañara. Ella se ubicó a mi lado y sin pensarlo, volvió a meter la verga de su hermano entera en su boca, esta vez con un movimiento mucho más fluido y habilidoso que la primera vez. Gisela aprendió rápido su lección oral y Ezequiel lo sintió en toda la dureza de su miembro. Mientras yo metía sus dos huevos en mi boca y comenzaba a succionar, pude notar que el volcán de leche era inminente. No sabía si a Gisela le iba a gustar su primera degustación de jugos masculinos, pero decidí que ella decidiera por su cuenta. Ambas bocas humedeciendo y succionando la verga del chico, hicieron que explotara en otra ola de espesa leche mucho menos abundante que la primera. Ezequiel anunció su placer con un largo gemido mientras miraba el techo. Me detuve a mirar la expresión de Gisela y pude notar como su boca se llenaba con los fluidos de su hermano pero ella no se detuvo; había prestado atención a lo que yo había hecho y lo imitó a rajatabla. Cuando el líquido dejó de fluir, Gisela despegó la boca del pene de su hermano con los cachetes hinchados. Abrió la boca y me mostró con señas de desagrado la agría producción que su hermano había depositado en su lengua. Puse mi boca bien abierta debajo de la suya y con señas le dije que la escupa en mi boca; ella obedeció y dejo caer sobre mi lengua la espesa mezcla de semen y saliva, cerré mi boca y me la tragué sintiendo como el líquido tibio recorría mi garganta.

    Mientras los tres yacíamos desnudos, sudados y exhaustos nos miramos con esa sonrisa de complicidad que acostumbrábamos a tener con mis adorados sobrinos. Esa sonrisa era la garantía de que lo sucedido era un secreto que nadie iba a revelar. El resto del fin de semana transcurrió entre charlas, juegos y cada vez más sexo. Los chicos estaban extasiados después de haberse introducido en el mundo del placer corporal de forma tan especial y yo estaba muy contenta de tener una actividad más para compartir con ellos que me generaba mucho placer. El lunes por la mañana, mi hermana Norma y Bruno volvieron a su casa y los chicos no dieron ningún indicio de lo que había pasado. Todo volvía a la normalidad mientras yo esperaba ansiosa otro viaje de Norma y Bruno para ir a pasar otro buen rato con mis sobrinos.

  • El juego de las llaves (3)

    El juego de las llaves (3)

    Volvió a sonar el teléfono y era el grupo de whatsapp «el juego de las llaves», a Sandra ya se le estaba haciendo costumbre el juego y nosotros estábamos cayendo en su juego. El mensaje decía que era tiempo de reunirnos, pero que esta vez iba ser en una casa que ella había rentado para el fin de semana. La mayoría contestó y dijimos que si, nos reunimos el sábado en la casa donde ella nos mandó la dirección, comenzamos a llegar, en un mensaje en el grupo era mariana que no podría ir por problemas de salud en casa de su mamá, por lo que Sandra dijo que no importaba que ahora a una mujer le tocaría con dos hombres, la noche comenzó y todos estábamos bebiendo, platicando, comiendo y hasta cantando. Hasta que como eso de las 11 de la noche Sandra apago la música y dijo que el juego comenzaba:

    Sandra: muchachos ahora el juego constará que nadie saldrá de la casa, cada pareja se meterá a una habitación y aquí mismo tendremos el juego hasta en la mañana saldremos de la habitación para vernos aquí en la sala.

    La casa era grande y tenía varios cuartos, hasta una alberca, empezaron las mujeres a echar las llaves para comenzar el juego. Y el sorteo quedo de esta manera:

    Luis con Sandra

    Roberto con mi cuñada rosa

    Pedro y yo sacamos las llaves de mi cuñada alma

    Y al maldito de Juan le volvió a tocar con mi esposa.

    Yo estaba que me moría de coraje y celos por todo lo que había escuchado en los juegos anteriores, pero no quería caer en pleitos por qué todos decidimos jugar y aceptar lo que se viniera, y todo se trataba de un juego.

    Todos nos fuimos a las habitaciones, y por un momento todos sabríamos que la menos afortunada sería mi cuñada rosa, por qué le había tocado Roberto.

    Llegamos al cuarto donde me encontraba con algo nervioso por qué nunca había hecho un trío, pero a la vez tenía coraje por qué mi esposa estaba con Juan, mi cuñada tomó la iniciativa y se comenzó a desvestir

    Cuñada: nadie me va tocar hoy o qué?

    Yo: claro pero estoy un poco nervioso por estar los tres

    Cuñada: vamos desvístase que es hora de jugar

    Y así fue, nos desvestimos y comenzamos la noche, mi cuñada se hincó frente a nosotros y comenzó a masturbarnos y a mamar nuestras vergas, también se golpeaba sus tetas con nuestros glandes, comenzó a subir el ritmo de las mamadas y se metía las dos juntas a la boca y en una de esas Pedro le empujó la cabeza hasta el fondo, mi cuñada se estaba ahogando con las dos vergas en su boca.

    Pedro: cómetelas maldita perra que yo sé que te mueres por qué te destrocemos.

    Le quitó la mano de la cabeza y mi cuñada saco las vergas de su boca para agarrar aire

    Cuñada: eres un maldito loco pero eso me gusto.

    Y siguió mamando, hasta que de pronto le dije que iba terminar y ella metió mi verga a su boca para tragarse la leche, a los pocos segundos de que terminó de tomarse mi leche, Pedro le dijo que ya terminaba a lo que ella lo masturbo y apuntó el chorro de leche a su cara y a sus tetas.

    Después se puso de perrito y Pedro se metió debajo para empezarle hacer sexo oral, yo me puse en su culo y comencé a darle un beso negro, no dejamos de chuparle sus agujeros hasta qué tubo un tremendo orgasmo que nos sacudió con sus gritos, y Pedro pudo mamar gran cantidad de líquido saliendo de su vagina, Pedro la acostó y se subió encima de ella para comenzarla a penetrar, mientras a mi me daba una mamada, donde después me paré y comencé a besar y a chupar sus pies, para también besar sus piernas, Pedro le dio duro hasta que la hizo terminar, mi cuñada era algo escandalosa con sus orgasmos ya que gritaba mucho, nunca me había tocado alguien así que gritara mucho. Después de que termino Pedro , me acosté y ella se montó en mi, pero antes de que se montara me dijo que quería ponerse sus zapatillas que su fantasía era tener relaciones con sus zapatos puestos, a lo que accedí por qué no me molestaba, brincaba y me restregaba sus tetas en la cara.

    Cuñada: vamos muérdeme las tetas, quiero que me hagas chupetes en ella.

    Yo obedecía lo que ella quería, volteé a ver a Pedro y él estaba en una silla masturbándose él decía que siguiéramos que estaba muy excitado viéndonos, a lo que nosotros seguimos, hasta que los dos terminamos yo blanquee mis ojos con tremendo orgasmo y mi cuñada con sus gritos y ver cómo temblaba supe que había terminado, descansamos que la noche era larga. Después de tomar un tiempo nos dijo:

    Cuñada: quiero que me desvirguen mi culo, quien va ser el primero

    Yo: bueno Pedro como tú empezaste a penetrarla primero a mi me toca darle por el culo primero.

    Y así fue comencé por mamárselo, después le metí un dedo, después dos, cuando vi que estaba preparada le puse el pene en la orilla de su culo, pude ver como estaba apretadito, apunte y se lo deje ir de un solo golpe, el grito de dolor fue algo fuerte, pero una vez que lo metí lo dejé quieto y no me moví hasta que su culo se adaptó a mi verga, y comencé con el mete y saca, ella quiso que le diera rápido, al principio no le hice caso quería disfrutar ese culo, pero después le hice caso y termine dentro de ella, de su culo salía leche, pero sin perder tiempo Pedro se incorporó y empezó a darle duro por el culo, ella gritaba pero a la vez quería mas y mas hasta que por fin Pedro terminó ella se tiró a la cama y la leche le salía a chorros

    Cuñada: me duele mi culo, pero qué deliciosa noche acabo de tener

    Pedro y yo nos reímos y nos acostamos al lado de ella. Amaneció y nos fuimos a la sala donde Sandra nos dijo que nos veríamos, estaba la tele encendía.

    Sandra: tomen asiento les tengo una sorpresa aún.

    Nos sentamos yo fui con mi esposa, y Sandra volvió a la sala.

    Sandra: muchachos les tengo esta sorpresa, puse unas cámaras en todas las habitaciones y grabé lo que hicieron, ahora veremos cada uno de los videos, pero para no aburrirlos los pondremos en reproducción x2 para que sea algo rápido.

    Comenzó a poner los videos, primero salió el de ella con Luis, después el de nosotros con mi cuñada, yo estaba desesperado por ver el de mi esposa. Mi mujer cuando vio el video de nosotros solamente dijo que la habíamos pasado muy bien, después salió el de Roberto y mi cuñada, tuvieron una buena noche por qué Roberto tomó una pastilla para levantar la pasión. Por fin salió el de Juan con mi esposa.

    Primeramente mi esposa ya iba preparada para el juego, ahorita les diré por qué. Cuando se metió a la habitación con Juan ella se le lanzó y lo abrazó del cuello para besarlo con mucha pasión, Juan no dejaba de tocar todo su cuerpo y comenzaba a desvestirla, mi esposa también desesperada comenzaba a quitar el pantalón y la camisa era algo de locos como si se trajeran muchas ganas, aquí es donde digo que mi esposa iba preparada, por qué su ropa interior era de encaje y traía un liguero para seducir a quien le tocara.

    Mi esposa le quitó el pantalón y le bajo el bóxer desesperadamente para darle una mamada qué Juan disfrutaba y hacía que se atragantara de verga mi mujer, Juan terminó en sus tetas y la aventó a la cama para quitarle la lencería y comenzar a mamarle su vagina, después de eso mi esposa se montó encima de él y la disfrutaba en todos los aspectos Juan, lo hicieron en todas las posiciones que pudieron, en el video se veía como cambiaban de posición, hasta que por último y nunca pensé que mi esposa accediera por que varias veces se lo propuse y no quiso decía que le daba miedo, así es accedió a que le desvirgara en culo pude ver como Juan se lo empezó a comer para después meterle el pene, la tenía en posición de perrito le pegaba tremendas nalgadas y jalones de pelo hasta que logró terminar Juan.

    Mi esposa mientras veíamos el video solamente agachaba la cabeza, la verdad no pensé que alguien más la desvirgara de su culo siempre creí que yo iba ser el primero, después de ver los videos, fui al baño con mi esposa, para empezar ella tenía las manos marcadas de Juan en sus nalgas y otra que el calzón que llevaba se lo dio a Juan. Me sentía como un completo imbécil, ella no decía nada, desde un principio sabíamos el riesgo de este juego, así que salimos de la casa y nos dirigimos a la nuestra, pero no pasó nada, los dos platicamos que era un juego y seguimos jugando por varias semanas más, la verdad después de ese juego me abrió los ojos para tratar como una perra a mi esposa durante el sexo por qué vi que le gusta el sexo fuerte.

    Si les gustaría que les contara los demás juegos háganmelos saber en los comentarios, al igual si les gusta el relato.

  • Sin condones (Parte final)

    Sin condones (Parte final)

    Se ha llegado el momento le comenté a mi compañero Manuel cuando y donde nos veríamos para realizar el encuentro, nos encontramos a la salida del trabajo con cierto nerviosismo el subió a mi carro y nos dirigimos a recoger a mi esposa a su trabajo no sabía cómo iba a ir vestida ya que en la mañana yo salí temprano para mi trabajo en el coche y ella una hora después hacia el suyo en un Uber según nos contó cuando pasamos por ella.

    Llevaba una falda verde pistache arriba de las rodillas, cuando usa esa falda sabe muy bien que me calienta y siempre terminamos en una sesión de sexo dándole miembro por todos lados, completaba su vestuario una blusa blanca de seda casi transparente que dejaba ver un brasier color beige o caqui y por supuesto imaginaba el coordinado abajo del mismo color cubriendo sus ricas nalgas que se veían bien paraditas y más aún con ese par de tacones que traía en sus pies.

    Con un suspiro Manuel atinó a decir está bien cogible tu mujer. Mi esposa se acercó al coche contoneado todo el cuerpo muy provocativa y después de saludar dijo estás en mi asiento yo siempre viajo ahí, acto seguido Manuel se bajó del carro para pasarse para atrás momento que aprovecho para saludar a mi mujer de beso en la mejilla pero muy cerca de la boca y le dijo algo que no alcancé a oír una vez que se subió mi esposa al auto nos dirigimos a una tienda departamental para surtirnos para el momento, tequila, cervezas, refrescos, hielo vasos, etc.

    Nos dirigimos a un hotel que está sobre el eje ocho Popocatépetl en cuanto llegamos nos dijo la dependienta que no aceptaban más de dos personas por habitación salimos en busca de otro hotel y por lo mismo no, nos dijeron que no les tenían permitido y que los podían sancionar, nos sugirió renten dos habitaciones y ya después se pasan a un solo cuarto con discreción eso si mucha discreción, pero por Dios íbamos a coger cual discreción si íbamos a romperle el culo a mi mujer y eso origina mucho ruido ustedes que están leyendo esto y han culeado a una mujer saben de que hablo por fin nos salimos de ahí no sin antes decirles unas cuantas cosas a las encargadas del servicio.

    El ánimo de mi esposa se estaba desvaneciendo, había que hacer algo y ella ya no quiso ir a otro hotel pensando en lo que había pasado en los anteriores.

    Estábamos pensativos cuando Manuel sugirió lo siguiente, vamos al trabajo ya son las seis de la tarde y ya no debe haber personal ahorita únicamente el velador que era un señor de edad avanzada medio sordo y con vista cansada.

    Como ves le dije a mi esposa a lo que contesto seguros que nos deja entrar porque tengo que ir al baño pronto. De eso me encargo yo dijo Manuel le voy a comentar al velador que vamos a tomarnos unas cervezas tú y yo dirigiéndose a mi le doy un dinero y le invito un par de cervezas para que no salga de la caseta y vaya a ver a tu esposa mientras abro el zaguán tu pasas el carro hasta el fondo y luego vienes a saludar okey, okey conteste y así le hicimos nunca se dio cuenta de mi señora nos pasamos a unas oficinas de las de atrás eran amplias y allí trabaja Manuel tienen baño propio sin salir de ellas que fue lo primero que buscó mi mujer.

    Cuando regreso ya habíamos servido dos tequilas uno para ella y otro para mi ya que Manuel toma cerveza, el primer vaso se vacío prácticamente de un trago así lo hizo mi esposa y así lo hice yo servimos el siguiente le dio un sorbo mi mujer a su vaso y lo dejo sobre el escritorio y todo esto que nos ha pasado no tuve la oportunidad de preguntarles cómo me veo, me sienta bien esta ropa al momento en que se daba una vuelta.

    Magnífica dijo Manuel, cogible conteste yo… tomo la mano de mi compañero del trabajo y la coloco sobre una nalga crees que están duras y el inmediatamente puso la otra mano en la otra nalga están buenísimas.

    Había empezado el juego me acerqué por delante de mi mujer y la empecé a besar mientras acariciaba sus pechos en su momento vi a Manuel agachado besando las nalgas de mi vieja sobre la falda pero con sus manos debajo de ella quería llegar a sus calzoncitos y por supuesto quitárselos ella reaccionó aún no es hora tomo su vaso y apuro el tequila, acerquen esas sillas aquí juntas y siéntense.

    La oficina estaba alfombrada y mi esposa se hinco frente a nosotros acto seguido empezó a bajar el cierre del pantalón de Manuel y metió su mano para sacar su miembro que ya se notaba fuerte y duro no voy a exagerar pero eran por lo menos 20 centímetros de largo y añadan a esto un grosor sumamente considerable la cabeza era gruesa pensé en el pobre culo de mi mujer era la idea original mientras yo la cogía por delante él tendría que romperle el culo iba a ser muy difícil esa maniobra creo que yo tendría que abrir su ano y después invitarlo a él.

    Los ojos de mi esposa se abrieron muchísimo al ver semejante verga , oye esto está enorme dijo e inmediatamente se agachó a besarlo lo lamía como a una paleta de dulce le lengüeteaba el glande para ir lubricándoselo empezó a introducírselo poco a poco en la boca su respiración se le dificultaba pero ella seguía en el intento por fin logró cubrir hacer desaparecer la cabeza dentro de su boca descanso un poco y continuó chupando ese rico miembro decía ella al parecer tragarse lo demás fue más fácil o al menos así lo vi yo y empezó el mete y saca de su boca, debo decir que a mi mujer le gusta chuparme mucho el miembro no hay sesión de sexo sin una buena mamada de verga.

    Y allí estaba ella mamando verga en una oficina hincada frente a un hombre que no era yo al parecer se había perdido en la maniobra jadeaba jalando aire y cuando descansaba con la boca chaqueteaba hábilmente con la mano aquella verga paso lo inevitable Manuel se tensó y empezó a jadear sujeto la cabeza de mi mujer y descargó todo su semen en la boca de mi mujer que al parecer era mucho porque tardó tiempo en digerirlo sonriendo me dijo perdón primero el invitado…

    Luego continúo.

  • La bachera mojada

    La bachera mojada

    Cada mañana, después del trabajo, llegaba a un diminuto mono ambiente en Las Grutas, ubicadas en un golfo azul en el sur de la República Argentina, más precisamente en la provincia de Rio Negro.

    Había decidido irme lejos, tenía ganas de volverme salvaje, tanto como la fauna del lugar, el océano es cálido en esta parte del Atlántico, y ser anónima, por lo menos al principio, me dejaba jugar más de lo que pensaba.

    Empecé como bachera, en un Restó de lujo, pensado como para que no entren más de 100 personas por noche y que cada jornada deje lo que pague el alquiler del lugar.

    La cocina no era para nada cómoda, dicen los que saben que los dueños de restoranes no saben nada de cocinas, jajaja, este era el caso.

    La bacha era incómoda, alta y me mojaba continuamente, situación que me parecía adecuada por los calores que tenía que aguantar cada día en esa maldita cocina, un día entró un ayudante nuevo, un pibe común, pero muy alto y de una voz muy potente, ya en ese lugar éramos cinco, y el cocinero se ponía pesado después de los primeros cuarenta minutos del servicio, el tipo le gustaban los pibes, estaba tranquila en esos términos, no usó sostén y como soy de pechos grandes cuando lavo los platos terminó empapada y me ponga lo que me ponga, mi escote termina siendo un dulce atractivo para el resto de mis compañeros, el cocinero tiene confianza conmigo y siempre resalta que quisiera tener estas tetas para sentir una buena chupada entre platos y cubiertos.

    Un día cualquiera de tanto escuchar esto, Julián, el pibe nuevo, se me pone detrás de las caderas y me dice, no estaría mal lo que el cocinero dice que le gustaría hacer… hasta ese momento, no le había dado mucha importancia a su existencia, pero esa voz, en ese momento, en medio de trescientos platos llenos de salsa, me calentó, sentí un fuerte escalofríos y automáticamente el cosquilleo de mi entrepierna me alertó que esa noche no iba a ser igual que otras.

    Gire la cabeza, alce la mirada, y le sople suavemente la punta de la nariz, acompañe este gesto de estas palabras, mira nene, ojo con lo que generas, porque esta bachera hace rato que no coge y si me apuras te vas a tener que preparar, porque cuando arranco no paro.

    Se rio, me pego una apoyada épica y definitivamente deje de preocuparme por si terminaba o no mojada con el grifo, el me pasaba los platos, y comenzó a rosarme los pezones en cada movimiento, me baje un bretel de la musculosa blanca, y se asomaba la aureola del pezón izquierdo, en uno de esos movimientos dejo resbalar por el plato un poco de salsa blanca sobre el pezón y sin que nadie lo notara baje el brazo y quedo descubierto todo mi pecho, vio un lunar negro que tengo entre la punta y el interior del pezón, mágicamente en ese momento estaban todos en el salón, una mujer cumplía años y estaban cantándole todos, Julián tomo con su gran mano el pecho y empezó a chuparlo como si fuera un crio, verlo pegado a mi pecho lamiendo, mordiendo, y succionando esa salsa blanca como si fuera su misma leche, me volvió loca.

    Le manosee la verga, estaba ese pendejo muy duro, le metí la mano hasta los huevos. Y saque la pija para pajearlo, no me importaba nada, sentimos que venían y nos dejamos calientes como el agua de las langostas. La noche se hizo interminable, sigue apoyándola en mi gran culo, cada momento que puede, y el muy turro mantiene esa erección como nadie, pedí descanso y me fui al baño, me quite las bragas, estaban mojadas de mis acabadas mentales, y se me ocurrió tenerlas en el mandil y usarlas para enloquecer aún más a ese pendejo caliente, volví en la primera de cambio saqué las bragas, lo mire y le dije, saca la lengua y cerra los ojos, le refregué la tanga en la lengua y juro que la pija de ese hombre no aguantaba más. Limpiar y cerrar eran la excusa perfecta, faltaban unos minutos para que se marchen todos y Julián le dice al cocinero cerramos nosotros.

    Entra y me hace upa de una, me alza y me mete las manos por todos lados, me desparrama sobre la mesada y me dio la chupada de concha de mi vida. Cuando me metió la pija, era perfecta, recuerdo que era más gruesa que lo de costumbre, sostenía mis piernas en su pecho y me cogía duro y muy fuerte, sentía sus huevos como golpeaban en mi culo y le pido por favor que me lo haga, pero que me guarde la leche para el final, antes de que me penetre sentí la necesidad de besarla completamente, recorrerla y sentir esas venas llenas de sangre, mis tetas apoyadas en sus piernas y mi lengua recorriendo sus huevos, lo puse contra la cocina y le digo que abra las piernas, amo ver los huevos de un hombre caliente entre sus muslos. Los lamo los chupo y le practico el beso negro más profundo que este pibe sintió, mientras sostenía su pija con las dos manos y me dedique a la punta escupida previamente, me dice, déjame acabarte en la boca y después te hago el culo, la verdad con esa edad y esa pija no cabía duda de que me cogería toda la noche.

    Seguirá en el próximo relato.

  • Mi fantasía en la disco (2)

    Mi fantasía en la disco (2)

    Hola soy Jaime, el esposo de Gloria.

    Un tiempo atrás, si lo leyeron, Gloria había relatado el encuentro sexual, cogida, que había tenido, cumpliendo una fantasía de sexo en una disco.

    Ok, pensé que la fantasía ya se había cumplido, y que ya estaba realmente satisfecha, contenta y realizada. Pero pasó el tiempo y me di cuenta que no fue así, que le gustó tanto, que estaba loca por una segunda vez. Era como que la primera lo disfrutó, pero ahora quería saborearlo mejor.

    Eso me puso la mente a cranear algo, porque por este tema de la pandemia sea hacía todo muy difícil, pero, como buen compañero que soy, se me ocurrió algo.

    Fui a la disco donde Gloria había tenido su rico encuentro con el que había sido el dueño de local, y si leyeron el primer relato, sabrán que fue una noche exquisita, de rico sexo, intenso y apasionado, ella lo disfruto mucho, y por qué no, yo también.

    Pero en esta ocasión la idea era ir para planificar un segundo encuentro en la misma disco, después de todo era el sitio ideal para que la vuelvan a reventar. Para el efecto voy y hablo con el moreno pijudo y le explico la situación. La sonrisa qué se dibujó en el rostro del muchacho fue instantánea,

    «Siii, cómo no? con gusto!! me acuerdo de tu esposa, una mujer muy sabrosa, realmente disfrute de ese encuentro con ella, una mujer riquísima, muy ardiente, con gusto podríamos planear algo», y así lo hicimos.

    Un sábado de esos le digo a Gloria: «no te gustaría ir a bailar en una disco?»

    Ella me mira con unos ojitos brillosos evidenciando que todavía tenía en la mente aquel encuentro de la última vez.

    «pero cómo? estamos en pandemia» Yo le digo: «no te preocupes por eso, hay un lugar donde si se puede déjamelo a mí»

    «Bueno papi, siii quiero!!»

    «No sé hable más, prepárate, hoy a las 20 h vamos a la disco. Pero mami, ponete el vestidito negro corto ajustado, sin nada abajo, nada!!»

    «Nada?», me dice

    «Absolutamente nada» le digo

    «ok, me gusta eso» exclamó.

    Llegó la hora, Gloria sin saber lo que pasaría, pero con una tacita esperanza, se viste más que sensual, mucho esfuerzo no tiene que hacer, es terriblemente sexy, se pone un rico perfume, tacos no tan altos, uñas pintadas en un «rojo cogeme» y todo se complementa con ese precioso y sensual corte de pelo. Y bueno, ya listos partimos rumbo a la disco.

    Ella ni enterada dónde sería, era una sorpresa.

    20 minutos después llegamos.

    «pero acá es donde estuvimos la vez pasada!!»

    «Siii» le digo. Los ojitos le daban vueltas, y el corazón se le aceleró. Ella no me quería preguntar, pero quería saber más, por qué ahí? etc.

    Casi te podría asegurar que comenzó en ese mismo instante a mojársele la vagina con sus ricos fluidos.

    Entramos, la música y las luces en su máxima expresión. El ambiente fabuloso. En la barra estaba el barman, nos acercamos y pedí unos tragos: ron con jugo de limón.

    Después la tome de las mano y la llevé al centro de la pista. Comenzamos a bailar rico y pegaditos.

    En unas de esa bajo la mano mientras la beso en el cuello, y le meto 2 dedos en la concha, estaba toda inundada!! muy excitada.

    El hecho de estar ahí, el mismo lugar donde le habían dado tremenda cogida la última vez, la tenía totalmente sacada. Los ojitos miraban aquí y allá, era evidente que anhelaba que volviera aquel moreno pijudo para darle su segunda rica sesión. Se leía en su rostro ese deseo hasta palpable, de verlo entrar, y así sucedió!!

    De entre la penumbra, luces y humo, aparece nuestro galán, vestido para la ocasión: pantalón al cuerpo, camisa de seda, también al cuerpo, y con un perfume que excitaría a cualquier mujer.

    «Hola, cómo están, que bueno verlos por acá, especialmente a vos preciosa»

    Ufff, para que?!!! yo ya molestaba!!

    Pero todo ya estaba planeado. Ahí él me dice:

    «Me permitís bailar con Gloria?, vos servirte lo que quieras del bar»

    Ella me mira y me dice «puedo?», eso fue solo de protocolo, obvio que ya nada la detendría.

    «si mi amor» que más!!

    Me voy y me siento a la barra, que no estaba nada lejos de la acción. Ella casi instantáneamente se abrazan y pegaditos comienzan a bailar un lento. Desde donde estaba se podía apreciar la pija bien dura que se le marcaba por sobre el pantalón de nuestro amigo moreno. Y ella obvio, no solo se dio cuenta sino que la sintió, apretándose más a él. Ella bien apoyada comenzó a hacer movimientos de lado a lado y semicirculares para sentir toda la extensión de la pija del moreno en su Monte de Venus, así lo hizo 1 minuto hasta que no se aguantó más y bajó la mano derecha y comenzó a frotarle la pija, al mismo tiempo nuestro amigo bajó las manos sobre los cachetes de Gloria acariciándolos suavemente y de a poco levantando el vestidito para dejar al descubierto toda la cola de ella. Agarraba y apretaba fuerte, empujándola hacía él, arriba y abajo, pincelando la pija con la concha de Gloria. En eso ella le baja la bragueta y saca la enorme y gruesa verga de nuestro amigo, haciéndole una tremenda paja. Cómo ella se puso de costado para poder pajearlo, él también baja la mano derecha y se la mete por debajo del vestido y la penetra en la concha con dos dedos, que para ese momento está totalmente mojada. Cada vez que sacaba la mano para chuparse los fluidos de Gloria se veía la mano brillosa de tan mojada que estaba. La escena era realmente excitante, el barman y yo estábamos con los ojos cuadrados y con la respiración acelerada.

    En un momento dado él amaga sacarle el vestido, pero ella toma la iniciativa se agacha y le desprende el pantalón, se lo baja totalmente poniendo a la vista la tremenda pija, totalmente erecta. Acto seguido ella comienza, primero lengüeteando la cabeza de la pija y yendo de adelante para atrás por los costados, luego girando la lengua alrededor de la cabeza, con besos y chupones, después metiéndola de a poco, chupando y lamiendo, metiendo y sacando, y así hasta meterla totalmente en la boca. Por momentos se ponía roja por el esfuerzo de meterla totalmente, pero estaba en su salsa y eso no sería un impedimento para después meterla de una totalmente hasta su garganta. Una y otra vez lo pajea con la boca, luego va directo a los huevos, metiendo uno primero, luego ambos en la boca, succionándolos suavemente mientras lo pajeaba con la mano derecha. El moreno jadeaba como loco, tirando la cabeza hacia atrás y los lados.

    Después ella se para y le saca totalmente la camisa, siempre tomando la iniciativa. Él le saca el vestidito, quedando totalmente desnudos ambos. Se fusionan en un rico y tremendo abrazo con besos profundos, lengüeteos, y manoteos apasionados. Luego casi al unísono y coordinadamente van hacia el suelo, él se acuesta boca arriba y ella se tira sobre él. Ella lo besa en el cuello y la boca alternadamente, mientras él la aprieta por las nalgas con una mano, y con la otra le mete el dedo en el culo. Ella montada, se levanta un poco, toma la pija por debajo con la mano derecha y la pone en dirección de su concha, y la empuja hacia dentro de a poco, hasta meterla totalmente, ambos pegan un tremendo alarido de placer. Ahí ella comienza a cabalgarlo brutalmente con movimientos de arriba abajo, de adelante hacia atrás, el jadea como loco y ella comienza a pegar gritos de placer. La cogida ya es toda una delicia.

    Para ese momento ya me bajé tres vasos de ron con jugo.

    Cogen así como 10 minutos, el amasándole las tetas hermosas de Gloria, y ella saltando como loca sobre la pija enorme del moreno. Él se sienta y ella extiende sus piernas hacia delante, haciendo más pleno e intenso el contacto entre uno y otro. Están frente a frente abrazados y exquisitamente entrelazados, para una total penetración. Ella embiste una y otra vez, subiendo y bajando, adelante y atrás sin parar, está totalmente excitada. Allí ella tiene su primer orgasmo, toda una perra en celo, es exquisito verla como se lo come vivo al moreno.

    Ella sale por un costado y se pone de cuatro.

    «Dale perro, dame duro por la concha»

    Él se levanta, se pone de rodillas detrás y se la mete de una y con mucha fuerza. Ella pega un grito tremendo…

    «Siii, así hijo de puta, metemela toda, dame duro, perro!!» le dice ella.

    «Siii, perra, ahí tenés puta de mierda» réplica él.

    «Si papi, así, ahora rompeme el culo, la quiero toda adentro» «despacito primero bebé, porque la tenés muy grande, lubricante, perro!»

    ‘Si mi reina, lo que me digas, soy tu esclavo»

    Él le lubrica bien el culo, apunta y suavemente se la va metiendo, la cara de Gloria lo dice todo, él sigue empujando, hasta que toda la pija está dentro de Gloria. Él no hace nada, dejando que el culo de ella se dilate y se acostumbre a la pija. Después de un ratito le dice:

    «Ahora sí maldito, dame con todo, rompémelo!».

    Y así lo hace, el moreno le da embestidas tremendas, sacudiéndola de aquí para allá, ella pegando gritos salvajes, ambos traspirando como locos, el pegándole fuertes nalgadas y diciéndole:

    «Así puta, sacudite, gritá perra, te gusta?»

    «Si bebe, me dejaste con las ganas de más la última vez, dame, dame, quiero más»

    El la tira hacia delante sin sacar la pija del culo y mete la mano derecha por debajo y la masturba, le mete mano a la vulva y el clítoris. Ella pega un jadeo casi grito y tiene su segundo orgasmo. Los jadeos de placer de Gloria son un descontrol total, está fuera de sí y ya no le importa nada. Sabe que tiene que aprovechar al máximo, este es su momento.

    Después ella se tira boca arriba:

    «Cogéme así, quiero tu pija en mi concha»

    Él se tira sobre ella y la coge rico, hundiendo una y otra vez toda la pija en la concha. Ella se retuerce como víbora, mientras él se sostiene de ambas tetas, sin dejar de penetrarla con mucha fuerza.

    Cómo siente que la pija está más que dura, ella le dice:

    «No termines todavía perro!! Quiero que me cojas contra la pared»

    El la levanta y la lleva contra la pared al lado de la barra, lo que me da a mí asiento en primera fila, ya que ella está casi al lado mío. Eso realmente me puso como loco. Verla de cerca mientras le rompen el culo.

    Ella pone las manos hacia arriba, tirando el culo hacia atrás, y piernas abiertas. Él se pone detrás y de una le mete toda la pija en el orto, ella jadea fuerte y le dice al moreno, mirándome a la cara:

    «Asiii, rompéme el culo, dame fuerte, quiero tu pija hasta el fondo!!»

    Ella pega alaridos mientras me sigue mirando, con cara de puta agradecida, porque me lo dice:

    «Gracias papi» y sigue gritando.

    El moreno exclama:

    «Ya no aguanto más puta de mierda, voy a terminaaar!!!»

    «Si perro acabarme en el culo, y la cara, y te la chupo!!»

    El, pega un grito:

    «Ahhhh, Tomás perra putaaa!!!»

    La llena de leche el culo, ella se da la vuelta y se arrodilla, dándole la cara, y con la boca abierta.

    «Dale, tírame todo lo que tenés!!»

    Le tira tres chorros en la cara y dos en la boca, que ella traga con gusto, mientras le chorrea la leche del culo. Después lo pajea con la boca, para limpiarte toda la pija, y tragarse hasta la última gotita.

    Él está más que muerto, ella feliz, y yo recontra caliente.

    Ella se incorpora, se abrazan, se besan rico. Así un buen rato.

    Él le dice gracias mi reina, esto estuvo mejor que la vez pasada, sos una diosa.

    Él toma su ropa, y se va, antes se da vuelta, y me hace ok con las manos, y un guiño de ojo. Sello de que todo salió como queríamos, y mejor.

    Gloria toma su vestidito, se lo pone, y me dice:

    «Gracias papi, ahora vamos a casa, te toca a vos, te voy a hacer sufrir perro!!!»

    Fin!

    PD: Ah el barman se fue al baño a pajearse.

  • Complejo de Electra (parte 1)

    Complejo de Electra (parte 1)

    Quisiera contarles mi historia, como un deseo fue transformándose en una obsesión y como esa obsesión transformó mi vida.

    Mi nombre es Victoria tengo 31 años, soy hija única. Mis padres están separados y ambos son aún jóvenes, me tuvieron cuando tenían 17 años. Ellos nunca me lo dijeron, pero sé que fui un error, siempre me brindaron su amor y apoyo aunque desde que tengo uso de razón siempre fue mi padre quien más lo demostró.

    Yo vengo de dos separaciones, aunque no traumáticas si muy dolorosas, nunca tuve hijos debido a que nunca pude formar una relación sólida con mis parejas, siempre fueron muy turbulentas y casi siempre la culpa fue mía.

    Desde mi pubertad que tengo un conflicto interno, primero pensé que era un problema de identidad de género, pero luego comprendí que no, todas mis amigas tenían su noviecitos, pero yo no conseguía alguien que me gustará, veía a los chicos y me parecían muy tontos. Cuando llegó mi adolescencia continuaba con mis dudas, no dudaba de mis gustos ya que me excitaban los hombres, pero no podía ver a los chicos de mi edad como posibles parejas, por el contrario si me llamaban la atención los hombres más maduros (pongamos 30-35 años). Esto me afirmaba que mi problema no era de género sino de edades.

    Recuerdo que mis amigas ya comenzaban a contarme sus aventuras sexuales, de cómo se tocaban con sus novios, como ellas los provocaban para generar en ellos erecciones y divertirse de esa manera, un día mi mejor amiga me contó que había tenido su primera vez con su noviecito y por supuesto le pedí lujo de detalles. El escucharla provocó una excitación que nunca antes había sentido. Recuerdo claramente el calor en mi sexo y un dolor en mis pechos inflamados. Cuando mi amiga se fue de casa cerré la puerta de mi habitación con llave y comencé a tocarme, lo hacía de una manera tímida como con miedo pero rápidamente el frenesí se apoderó de mí, mi respiración aumento mi sexo parecía hervir y su humedad aumentaba con cada rose de mis dedos en mi clítoris, mis pechos diminutos me dolían, la falta de brasieres permitía que la remera rosara los pezones totalmente puntiagudos, generaba aún más dolor pero al mismo tiempo una sensación que aumentaba mi excitación y mi placer. Sinceramente no recuerdo cuanto tiempo dure pero si recuerdo perfectamente mi primer orgasmo, fue algo delicioso sublime sentir esa explosión en mi interior esa sensación que jamás había experimentado.

    También recuerdo que mientras me masturbaba recordaba lo que mi amiga me contó de sus sensaciones al ser penetrada por primera vez, de su primer contacto con un pene, en mi mente pasaban imágenes que yo generaba pero como no podía ser de otra manera las imaginaba con un hombre mucho mayor a mí, ya desde entonces mis fantasías eran dominadas por ese deseo.

    Así pasó el tiempo, mi gusto por los hombres mayores me llevó a mis 18 años sin ningún novio.

    Saciaba mi lujuria con imaginación y la ayuda de mis dedos y a veces de algún juguete sexual improvisado.

    Recuerdo un día estar en el colegio, era un día lluvioso y éramos pocos en la clase, llegó la hora de matemáticas y justamente el profe de matemáticas era de mi tipo, joven (unos 32) pero maduro muy bonito y muy galante, pero respetuoso.

    Yo me senté en el fondo del salón y mientras el profe daba la clase con mucho disimulo baje una mano abrí mis piernas e introduje la mano por debajo del jumper, corrí mi bombachita y me masturbe. La clase duró 90 minutos y yo estuve como 50 de ellos tocándome mientras observaba al profe hablar vaya a saber uno de qué. Mis dedos jugaban con mi clítoris y se introducían en mi, saliendo totalmente empapados, recuerdo que cuando tuve el orgasmo solo apreté fuerte mis piernas y mordí mis labios, sentía mi humedad deslizarse por mi entre pierna.

    Recién a los 19 años tuve mi primer novio, él tenía 23, un muchacho muy lindo y excelente persona pero no me generaba nada, creo que me puse de novia con él porque ya todos hablaban y me recriminaban que no tenía novio y todo eso.

    No duró mucho, seis o siete meses, con él comencé mi camino sexual aunque no hubo penetración siempre nos tocábamos y nos masturbábamos mutuamente.

    Luego conocí a el primer hombre que si me gustaba yo ya tenía 21 años y el 35, mis padres no querían saber nada pero a mí no me importo, me fui a vivir con él estuvimos juntos 5 años pero otra vez terminó en fracaso y nuevamente era yo quien no se sentía plena a su lado.

    Por supuesto con el si tuve mi primera vez y fue hermosa, pero no se la hice fácil.

    Recuerdo que todavía yo vivía en casa de mis padres, llevábamos un mes y medio de novios, un día fuimos al cine y obviamente durante la película nos matamos, nos besamos y nos tocamos. Recuerdo que estábamos al fondo de todo y la sala estaba prácticamente vacía, llevábamos como media hora besándonos y tocándonos, yo tenía mi mano dentro de su pantalón y frotaba su miembro, este estaba totalmente duro y palpitaba entre mis manos.

    Venciendo mi timidez desabroché el botón de su pantalón baje el cierre y saque su miembro, era la primera vez que veía su pene, la penumbra del cine no me dejaba observar en detalle, pero por lo poco que veía y sentía este era más grande que el de mi novio anterior. Lo masturbe mientras nos besamos, salía líquido de su miembro duro caliente y palpitante, yo aceleré mis movimientos y el a los pocos segundos me detuvo diciéndome que si seguía terminaría allí mismo.

    Yo lo solté y me reí, él respiraba profundo y su miembro daba espasmos involuntarios, durante toda la película lo tuve así lo masturbaba y cuando se estaba por correr lo dejaba descansar, disfrutaba verlo gozar y a la vez sufrir, sabía que él moría por poder correrse pero el control lo tenía yo.

    Al finalizar la película tuvo que permanecer sentado un rato porque su miembro no lograba relajarse. Cuando salimos del cine me invitó a su casa, yo le dije que no, que debía ir a mi casa porque mis padres me esperaban. Si bien era verdad yo no estaba segura aún de dar el paso, sabía que ir a su casa iba a ser tener sexo.

    En el auto, el medio enojado me dijo que no podía dejarlo así, que le dolían los testículos de la excitación, yo también estaba muy excitada pero le dije que ese día no sería la primera vez que si me quería debía esperarme, por supuesto que el asintió, pero con ojos de ternero degollado insistió en que no podía ser tan cruel de dejarlo así. Yo le pedí que detuviera el auto en algún lugar desolado y el sin dudarlo buscó un lugar así y se detuvo. Comencé a besarlo, tocaba su miembro por sobre el pantalón no pasaron tres segundo que nuevamente se puso duro, definitivamente estaba que explotaba.

    Ahora a la distancia lo entiendo más, esa noche yo me había puesto una minifalda y una top que dejaban ver todos mis atributos que por cierto son bastantes, con mis 21 años era dueña de un cuerpo esbelto mis pechos pequeños pero firmes y parados, un par de piernas largas y torneadas y un trasero grande redondo y firme, todo esto hacía que el pobre tuviera la cabeza que le estallaba.

    Le vuelvo a aflojar el botón del pantalón, bajó su cremallera y sacó su miembro. Aunque el lugar era oscuro la luz de la calle entraba y me permitía apreciar en detalle su pene y definitivamente era mucho más grande que mi novio anterior.

    Lo comencé a masturbar suavemente, nos besábamos él tocaba mis pechos, me dijo que le dolían sus testículos así que también los saque desde dentro de sus calzoncillos y los acariciaba mientras seguía masturbando, su líquido preseminal mantenía su miembro lubricado, lo masturbaba despacio ya que no quería que termine muy rápido, la verdad es que yo también estaba muy excitada y quería disfrutar viendo como mi mano frotaba su miembro. Tome un pañuelo de mi cartera, lo abrí y lo coloque sobre su pene, aumente mis movimientos al masturbarlo e inmediatamente dando un profundo gemido se vino sobre mi pañuelo. Nos besamos mientras con movimientos más suaves lo continuaba masturbando, mi pañuelo quedó empapado con su esperma, le limpie su pene hice un bollito el pañuelo y lo tire.

    Recuerdo que al llegar a casa fui derecho al baño a darme una ducha.

    Al sacarme la bombacha la note totalmente empapada, un hilo de flujo colgaba desde mi vulva hacia la parte interior de mi bombachita negra, mientras me duche me masturbe dos veces pensando en lo ocurrido y recordando aquel pene que tuve entre mis manos.

    Al tiempo me fui a vivir con él y por supuesto no me dejó pasar de la primer noche, y me hizo suya, la verdad que tengo hermosos recuerdos de él, siempre fue muy caballero y atento si bien como dije en la primer noche viviendo juntos tuvimos nuestra primera vez y mi primera vez, él siempre supo espérame y respetarme.

    Ese día yo moría de los nervios, era la primera vez que salía de la casa de mis padres, comenzaba una experiencia nueva y para rematar, el todo el día me repetía por mensajes que no veía la hora de llegar a casa para estar con migo, yo también lo deseaba pero no podía evitar los nervios.

    Cuando llegó del trabajo todo cambió, él supo cómo relajarme, supo cómo tratarme para que los nervios se transformarán en deseo.

    Me hizo de cenar mientras escuchamos música, disfrutamos una copa de vino y charlamos, él parecía haberse olvidado de sus intenciones, me platicaba de cosas que a mí me interesaban, me decía cosas bonitas y me trataba de una manera especial. Cenamos y luego de apoco fue llevándome al terreno que él quería.

    Fue mágico, muchas amigas mías me contaron que su primera vez fue algo traumático o no había sido como ellas esperaban, en mi caso todo lo contrario. Él me supo contener, supo guiarme y sobre todo supo respetar mis tiempos.

    Al recordar aquel momento aún me parece sentir como el ingresaba en mi, como mi sexo se rendía ante su virilidad, sus caricias estimulando mis sentidos, sus besos elevando mi deseo. Sus labios recorriendo todo mi cuerpo, mis pechos turgentes pegados a su pecho, mis manos aferradas a su espalda y mis piernas formando un lazo sobre su cadera. Sus movimientos suaves llevándome al clímax y sus susurros en mi oído dándome tranquilidad y confianza.

    La verdad he tenido bastante sexo en lo que va de mi vida, pero aquella vez, mi primera vez fue y será algo especial.

    Por cosas de la vida nuestra relación no funcionó y luego que nos separamos sentí una gran frustración.

    A los 28 años conocí a mi segunda pareja estable, él también me llevaba unos cuantos años.

    Con el solo estuve tres años, al igual que con el anterior el motivo de la separación fue porque yo no me sentía completa, algo me faltaba.

    Luego que nos separamos decidí comenzar terapia, había algo en mi que no me permitía formar una pareja estable o conseguir un hombre que colmará todas mis expectativas.

    Luego de un tiempo el terapeuta me mencionó que quizás lo que yo tengo es un conflicto no resuelto de mi niñez, para el todo apuntaba a que yo sufría de complejo de Electra.

    Al indagar y estudiar sobre el tema todo comenzó a tener sentido, siempre tuve una predilección por mi padre y un raro rechazo hacia mi madre.

    Quizás por ello siempre busque hombres mayores, pero nunca colmaron mis expectativas porque ninguno era mi padre.

    Por Dios!!! Estoy enamorada de mi padre?!

    Continuará.