Blog

  • Mis aventuras con la señora del aseo

    Mis aventuras con la señora del aseo

    En mi relato anterior conté como había perdido mi virginidad junto a mi mejor amiga y como eso desencadenó un noviazgo que duró dos años. Decidimos terminar al ella irse a Canadá a estudiar. En ese tiempo por problemas familiares mi padre y yo nos mudamos a un pequeño «departamento» que el había construido arriba de un local que mi padre le rentaba a un negocio de comida.

    El lugar estaba cómodo y yo tenía más privacidad que antes. Mi padre trabajaba todo el día y regresaba hasta la noche, para mantener el lugar lo más limpio posible y tener comida, mi padre contrato a una señora para que hiciera eso.

    Le diremos Martha, unos 50 años, piel morena, pelo chino negro, facciones algo toscas y un cuerpo típico de señora. Nada desagradable, pero tampoco era una modelo. Siempre fue el trato ameno con ella, me contaba muchas cosas de su vida, como que su esposo había fallecido en un accidente automovilístico y como ella había tenido que sacar adelante a su hija y a su hijo. Todo esto mientras limpiaba el cuarto o hacía de comer o mientras comía.

    Yo en ese tiempos por problemas no había podido concluir prepa y estaba en una preparatoria abierta y solamente iba unas horas por la tarde. Yo tenía 20 años y estaba ya próximo a concluir preparatoria. Un día me levante como a eso de las 10 30 y vi que Martha aún no llegaba y pensé que ya no iría. Me metí a bañar y salí completamente desnudo del baño, pensando que estaría solo.

    Al salir, mi sorpresa fue que ella estaba limpiando mi cuarto. Nos topamos de frente y ella enseguida se tapó los ojos y me pidió perdón. Yo me cubrí y le dije que no había problema que pensé qué ella no iría. Pude ver de reojo que miraba mi pene, le comenté que parecía que nunca había visto uno. Ella me dijo que ya tenía mucho que no. Y le dije hay apoco nunca ha estado con otro hombre aparte de su esposo. Ella me dijo que no, que no tenía tiempo. Solamente le pregunte que como le hacía, yo tenía solo meses de no tener novia y ya me mataba a pajas. Ella me dijo pues me mantengo ocupada y se me olvida. Yo me le acerque y temerosamente le dije y no me puede ayudar a mi? Ella se rio y me dijo ay no mijo, mejor háblele a una amiguita. Solo le dije que no tenía con quién.

    Me quite la toalla y le deje ver mi miembro. No es muy grande, me mide 16 centímetros, pero es bastante grueso y siempre he procurado traer cero vello allá abajo. Ella lo vio y me dijo ay no guárdelo mijo, nomás anda antojando. Le tome su mano y la lleve hacia mi pene. Ella apenada volteaba a todos lados, su mano era áspera, propia de una mujer que ha trabajado toda su vida. Comenzó a mover su mano y me dijo pero no le diga a nadie mijo. Se agacho y se introdujo mi pene en su boca. Duro varios minutos, le avise que ya iba a terminar y me apretó las nalgas y me empujó hacía ella y me vine increíblemente en su boca. Sin hacer gestos se tragó todo y se levantó y me dijo ándele cámbiese y continuó con su trabajo.

    Pasaron varios días y yo solo quería meterle mi miembro. Ella ignoraba todo avance y desistí a favor de terminar los varios exámenes que me quedaban para terminar la preparatoria abierta. Fueron dos semanas intensas, pero lo logré. Un día almorzando ella se me acercó y me dijo que si ya había acabado mis exámenes y le dije si, por fin, ya me puedo relajar.

    Ella me preguntó con quién me iba a relajar y le dije como no hay nadie voy a recurrir a una prostituta. Me vio y me dijo ay no mejor deme lo que vaya a gastar afuera y yo lo relajo. No supe que decir, me quede sentado y ella continuó lavando trastes. Me levante decidido y al verla de espalda en unos leggings no aguanté más, la calentura me ganó. Me deje ir y la tome por atrás, le arrime mi pene a ese culo y comencé a besar su cuello. Dure varios minutos hasta que ya no pude más, baje sus leggings y baje su calzón dejando a la vista una selva negra. No me importo y me abrí camino e introduje mi pene en su vagina mojada. Ella dio un grito ahogado y comenzó a tomarse con fuerza de la cocina. Yo tomé su cintura y comencé a embestir con furia contra ella. Tomaba sus pechos y acariciaba sus pezones mientras ella intentaba no gritar.

    Después de varios minutos le avise que ya iba a terminar ella solo me dijo échamelos donde quieras mijo, no me dijo dos veces y terminé dentro de ella. Saque mi miembro y se volteó y se vistió, le intente dar el dinero y me dijo el primero es gratis. Después de ese día cada vez que la encontraba en los platos llegaba y me descargaba dentro de ella. Así fue por año y medio, aunque conseguí novia poco tiempo después de empezar a tener sexo con la señora Martha ella siempre fue mi sexo seguro. Si un día con mi novia no tenía sexo, en la mañana siguiente la señora Martha se encargaba de mantenerme ordeñado. En ese año y medio también logré comerme a su hija. Pero esa es otra historia, para otro relato.

  • La decisión de Kar

    La decisión de Kar

    -¿Es verdad que te llevaste a la cama a tu secretaria? –lo soltó sin más, tomándome por sorpresa.

    -¿Te lo dijo ella? –comenté tratando de mostrar indiferencia.

    -No, me enteré por otro lado.

    -Entonces, no hagas caso a chismes –dije al salir y sin dar una respuesta a su pregunta.

    _______________

    Con Karla teníamos una amistad de años, ingresó a la empresa en que laboramos poco tiempo después que yo y desde el primer momento congeniamos; en ese tiempo ambos contábamos con pareja y nos reuníamos con frecuencia los cuatro, nuestras salidas en pareja eran frecuentes ya que tanto la edad como la situación económica nos lo permitía.

    Me separé de mi entonces compañera y hubieron algunas otras que pasaron fugazmente por mi vida, esto limitó que solo esporádicamente volviera a frecuentar a la pareja fuera del trabajo pero, en contra, mi relación con ella dentro del mismo se volvió más estrecha; se convirtió en mi mejor amiga, mi confidente.

    Al ser tan cercana nuestra relación en muchas ocasiones se nos relacionó como pareja sentimental, tomamos siempre la postura de no desmentir lo que se contaba ya que nos resultaba divertido el que pensaran eso de nosotros; cierto es que muchas veces tonteamos con uno que otro beso después de un café o pequeñas caricias en alguna salida de copas, pero nunca paso a mas; pusimos siempre nuestra amistad por sobre todo eso. En ocasiones me parecía que podía haber algo, que nuestras miradas decían lo que nuestras palabras no; pero nunca ninguno de los dos dijo algo o dio el siguiente paso.

    Pero con el tiempo, ella si lo dio al decir “si” a la petición de matrimonio que le hizo su novio; a partir de ese momento nuestra relación cambió ya que ella solo tenía destinado su tiempo libre en la preparación de su boda. Por mi parte, continuaba con mi vida, pero con un dejo de resentimiento hacia ella; no quería aceptarlo, pero la extrañaba, extrañaba nuestras pláticas y nuestras salidas al café, extrañaba su sonrisa… la extrañaba porque me había enamorado de ella.

    Se dice que en nuestra vida al menos en alguna ocasión cometemos una estupidez, la mía fue no haberle mostrado mis sentimientos.

    Por eso me alejé.

    Pasaron las semanas hasta la fiesta de fin de año que organizaba la empresa, ella normalmente participa en la realización de la misma por lo que le queda poco tiempo para disfrutarla ya que tiene la prioridad de la organización del evento; esto hacia que su novio pocas veces asistiera ya que, al no trabajar con nosotros y ella ocupada, normalmente se quedaba solo o con poca actividad.

    Asistí ese día solo por socializar con mi personal, obligación más que por diversión; incluso sin pareja ya que pensaba estar solo el tiempo estrictamente necesario.

    Verla ir y venir me evocó a los días en los que pude y no hice algo por ella, ¡qué estúpido fui!; apuré mi último trago, me levanté y tomé dirección a la salida alterna; no estaba por despedirme de nadie. Casi por salir escuché mi nombre en la voz más dulce que pude haber escuchado esa noche.

    -¡Alex!, ¿te vas ya?

    Volteé mi rostro para verla, más hermosa si cabía; con la sonrisa que tanto extrañaba.

    -Si, no me siento bien –fue mi áspera respuesta.

    -Ven –dijo tomando mi mano.

    Pasamos a una pequeña sala ubicada a un costado, tomamos asiento en el sillón al lado de la ventana que daba al jardín.

    -¿Qué te pasa Alex?, ¿por qué te has alejado de mí?

    No hubo respuesta, la había, pero no quería decirla.

    -Dime si te hice o dije algo que te molestó.

    -No me pasa nada –le respondí con la peor sonrisa fingida –en serio, estoy bien.

    -¿Ya no me tienes confianza? –me dijo mientras una lágrima resbaló por su mejilla.

    La vi a los ojos, tomé su mano mientras con la otra limpiaba su rostro.

    -No es tema de confianza Kar –esta vez mi sonrisa fue sincera.

    -¿Entonces?

    -Es solo que me enamoré de ti.

    Su sorpresa a mi respuesta fue mayúscula, comenzó a llorar mientras mis manos tomaron las suyas.

    -No sé cómo paso Kar, solo sé que cuando me dijiste que te casabas entendí que no podía estar sin ti.

    -¿Por qué ahora Alex? –preguntó entre sollozos.

    -Porque no podía arruinarte la vida, debí habértelo dicho antes, pero ni yo sabía lo que sentía.

    Me abrazó como no lo había hecho; lo hizo con fuerza mientras sus lágrimas mojaban mi hombro. Después de un rato en el que ninguna palabra se dijo se separó de mí, bajó su rostro mientras tomaba mis manos.

    -Siempre he estado enamorada de ti Alex, nunca te lo dije porque no pensé que me quisieras de esa manera; no sabes lo que sufría cada vez que una mujer llegaba a tu vida.

    El sorprendido ahora era yo, no había sido una sino dos estupideces en mi vida; ¿cómo no pude haberlo visto antes?, ¿en verdad fui tan estúpido de no verlo?

    -Kar… no sé qué decirte.

    -No digas nada, yo tampoco te lo dije cuando pude haberlo hecho.

    Se levantó y limpió sus últimas lágrimas, caminó hacia la puerta sin decir algo.

    -Espera Kar –le dije tomándola del brazo –ahora que sé lo que sientes por mi no puedo dejarte ir, no quiero.

    -¡Me voy a casar Alex! –dijo viéndome a los ojos –no podemos hacer nada.

    -¿Lo amas mas que a mi?

    Bajó la vista sin contestar a mi pregunta.

    -¿Lo amas mas que a mi Kar? –dije al tomarla por la cintura mientras mis labios buscaban los suyos.

    -No me hagas esto Alex, por favor no –respondió desviando su rostro.

    Sabía que de seguir arruinaría su vida, que no podía hacerle eso sin tener consecuencias, pero no me importó en ese momento. La amaba como no lo había hecho con anterioridad con nadie mas, la quería conmigo ahora y para siempre y las consecuencias las enfrentaría por ella.

    -Solo sé que no puedo estar sin ti; espero por tu llegada cada mañana y te extraño apenas sales, extraño que acomodes tu cabello mientras platicamos tomando café y el olor de tu perfume que no has querido decirme como se llama; extraño tu sonrisa mientras te hago cosquillas en tu cuello y tus abrazos cada vez que llegas a mi oficina; no imagino un futuro sin ti Kar, lo quiero contigo. Si esto no es amor, entonces ya no sé que es lo que siento.

    Se separó de mi y caminó hacia la salida, sentí un vacío mientras una inmensa tristeza me invadió por completo; me volvió el alma al cuerpo en el preciso momento que se detuvo antes de llegar a la puerta.

    Dio el primer paso, pensé, el resto me corresponde a mi.

    Me acerqué a ella y la tomé nuevamente por la cintura mientras mi boca encontró la suya, esta vez no hubo rechazo; nos besamos y todo giró alrededor nuestro, mi mundo era ella y yo el suyo. Los últimos acordes de la orquesta así como las luces que entraban por la ventana fueron el fondo del telón a la puesta en escena de nuestro amor, con una mano tomé su cuello mientras con la otra recorrí su rostro sin dejar de ver la perfección de sus facciones.

    -¡Qué hermosa eres mi Kar!

    -¡Te amo Alex!

    La tomé con la delicadeza con que se trata lo más preciado porque lo era para mi; la senté sobre la mesita del fondo mientras comía su boca, recorría su talle por encima del ceñido vestido mientras sus manos me tomaban de mi cuello; con delicadeza pero con determinación me coloqué entre sus piernas mientras acomodaba su cuerpo al mío; quería sentirla y que ella lo hiciera de mi, quería que supiera que era mía. Intercambié su boca por su cuello provocando su estremecimiento así como sus involuntarios suspiros.

    -No sigas Alex, por favor; esto no está bien –lo dijo como requisito mas que por convicción.

    -No me pidas eso Kar, no me lo pidas porque ya no puedo estar sin ti –dije sin dejar de besarla.

    -No puedo hacerle esto a Luis, no se lo merece.

    -¡Me importa un carajo Luis! –dije –solo me importas tú.

    Fue lo peor que pude haber mencionado en ese momento; con determinación me hizo a un lado bajando de la mesa, acomodó su vestido y tomó rumbo a la salida; antes de dar un paso fuera me dijo:

    -Te amo pero no puedo hacerle daño, ni a mi tampoco.

    Salió cerrando la puerta dejándome solo.

    Pasaron los últimos días del año sin verla, al regreso a labores un frío saludo fue su única respuesta al mío; el tiempo me hizo reflexionar que debía intentar hablar con ella pero bajo la perspectiva de las circunstancias, estaba comprometida y sus principios no cambiarían solo por conocer mis sentimientos; debía convencerla que lo mío era auténtico y que podría dar el siguiente paso por y con ella.

    -¿Puedo pasar? –dije tocando la puerta de su oficina.

    -¿Urge?, tengo mucho trabajo –dijo sin levantar la vista de su escritorio.

    -Solo tomará un momento.

    Dejó lo que estaba haciendo y por primera vez en el día tuve su atención.

    -Te debo una disculpa –comencé –no debí hacer lo que hice y tampoco referirme a Luis de esa manera. Lo siento.

    -También quiero que sepas que aunque conoces mis sentimientos no haré algo que te incomode, me va a costar lo que no imaginas pero lo voy a hacer; como te lo dije, lo que menos quiero es arruinarte la vida.

    No dijo algo. Escuchó lo que dije sin comentar o refutar. Jugué mi última carta.

    -Tal vez no te interese pero pienso aceptar el puesto que me han venido ofreciendo, te vas a librar de mi en poco tiempo –dije esto último sin esperar respuesta y enfilando mis pasos a la salida.

    -¿Te vas?

    -Si.

    Dejé pasar los días tratando en lo posible de no intercambiar mas que los indispensables saludos, era una tortura no hacerlo; por su parte, ella no daba muestra de sentirse incomoda o desesperada como yo lo estaba de ella; las cosas no salían como lo pensaba y sentía que la perdía. Todas mis relaciones pasadas no me prepararon cuando frente a mí tenía a una persona de principios, sumada a mi desesperación por mis sentimientos, que jugaron en mi contra, me llegué a sentir enfermo; de cuerpo, pero más de alma.

    Los siguientes días me reporté enfermo, llegué a pensar seriamente en la posibilidad de tomar otro empleo e irme de ahí; tuve que aceptar el hecho que verla sin posibilidad de estar sentimentalmente con ella me hacía mal, mucho mal.

    El último día de la semana regresaba de la calle cuando, al llegar a mi puerta, la vi; tan hermosa como siempre y con sendas bolsas en ambas manos esperando por mi arribo.

    -¡Hola! –Dije sin ocultar mi alegría –permíteme que te ayude.

    -Solo vine a traerte esto –me dijo señalando las bolsas –espero que te mejores.

    Giró en dirección a la salida apenas colocó las bolsas en mis manos.

    -Kar –dije con un nudo en la garganta -¿pasas?

    -Mejor no –dijo deteniéndose a mitad de camino.

    -¿Por los viejos tiempos?

    Fueron segundos de indecisión los cuales me parecieron años, al final dio la vuelta y regresó conmigo.

    -Solo un momento, tengo trabajo por hacer.

    Ingresamos y le pedí se acomodara mientras me hacía cargo en la cocina, era la oportunidad que buscaba y no pensaba desaprovecharla; debía actuar firme pero con cautela si quería lograr algo con ella.

    -¿Mucho trabajo? –inicié la plática.

    -Bastante, es fin de mes –dijo.

    -Mucho calor, ¿no crees? –pregunté acercándome a ella.

    -Mucho –fue su respuesta al acomodarse en su lugar al ver que me acercaba a ella.

    -¿Te ofrezco algo de tomar? –pregunté colocándome a su lado.

    -No, así estoy bien y creo que mejor…

    -¿Por qué viniste Kar? –dije arrodillándome a su lado y sin dejarla terminar la frase.

    -Solo vine a traerte algunas cosas que pudieran hacerte falta –dijo en voz baja.

    -Viniste porque aún me amas, tienes miedo de aceptarlo pero así es.

    Me levanté y me senté a su lado, tomé con suavidad su rostro mientras la veía a los ojos.

    El Alex que ves aquí es uno nuevo, diferente al que conoces; este Alex se enamoró no de lo perfecta que eres, sino de tus pocas imperfecciones; te ha visto reír y llorar, ha crecido contigo y por ti es alguien mejor; este Alex hará todo lo posible por hacerte feliz y estará siempre a tu lado y te amará hasta su último día.

    Su respuesta fue la esperada y aun más, me abrazo y su llanto se hizo presente.

    -No puedo más Alex, ¡te amo!; todo este tiempo me he dicho que esto está mal, que no debo sentir esto por ti; pero no puedo. No puedo dejar de amarte así lo intente una y mil veces.

    Ocultó su rostro en mi hombro y lloró, lloró como no lo hizo en años.

    Pasado un tiempo dejo de hacerlo, la tomé en brazos y la llevé a la cama, la acomodé con el mayor cuidado del que era posible y me acosté a su lado; la abracé y, durante otro tiempo, me dediqué solo a mimarla con el mayor de los cariños.

    -No sé que es lo que pase en adelante –dije acariciando su cabello –solo quiero que sepas que voy a luchar por ti Kar.

    -No Alex, no voy a hacerle daño a Luis; no lo amo como a ti pero lo quiero mucho, además me voy a…

    -¡Cásate conmigo Kar! –dije viéndola a los ojos.

    -¿Qué dices Alex? –mencionó al levantarse con cara de sorpresa.

    -Si ésta es la única opción para que estemos juntos, ¡hagámoslo Kar!

    -¡Pero tú nunca pensaste en casarte!

    -Por ti lo haría Kar.

    El instante de desconcierto fue aprovechado por mi para besarla mientras suavemente volvía a depositarla en la cama, no me rechazó pero tampoco hizo por participar; se encontraba razonando el dilema que representaba continuar donde estaba o tomar camino conmigo, su decisión cambiaría nuestras vidas.

    -Quiero sentirme tuya Alex.

    Si no era la respuesta que esperaba al menos la tomé como afirmativa, nos fundimos en un beso que dio paso a otro y este a otro mas hasta perder la cuenta; lentamente quité lo que me impedía sentir su piel mientras ella hacia lo mismo conmigo, paré un momento al verla desnuda queriendo inmortalizar el instante; con pudor me atrajo a ella mientras nuestras bocas volvían a estar unidas, esta acción se estaba volviendo un hábito que era muy de mi agrado. Me posicioné en ella mientras mis labios recorrían su piel, besé desde su cuello hasta su pecho y lo hubiera hecho en todo su cuerpo de no haber sido ella quien no me lo permitió; me tomó del rostro y dijo a mi oído:

    -Siempre quise entregarme por amor Alex, por favor sé gentil.

    -¿Entonces tu no…?

    -No.

    Me sentí el mas afortunado de los hombres, no por el hecho de lo evidente sino porque su decisión había sido conmigo.

    Decir que la tarde se convirtió en velada y que esta se prolongó hasta entrada la noche sería poco para describir el momento, en ese tiempo busqué por todas las formas posibles su placer porque el mío… el mío fue verla disfrutando.

    Verla sufrir en mi primera incursión me dolió en el alma, pero me vi recompensado al escucharla gemir en su primer orgasmo; después de eso… después solo la pasión desbordada de dos seres que se deseaban mutuamente fue el tenor en las cuatro paredes que formaban nuestro refugio; la sacié de mi y yo lo hice de ella hasta que nuestros cuerpos decidieron por nosotros en parar. Le ofrecí mi brazo y ella se recostó al lado mío, todo era perfecto, no veía obstáculos en nuestro camino.

    -¿Cómo agradecerte el regalo que me hiciste?, porque eso fue Kar, un regalo –dije pasado un tiempo.

    Tomó mi rostro sin decir algo mientras sonrió viéndome a los ojos.

    -Tomé la decisión Alex, este fue mi regalo para ti.

    Y me besó.

    _______________

    Es Mayo y el clima es perfecto para una celebración, no hubo inconveniente económico para que resultara ser la mejor ceremonia de bodas que se vio en mucho tiempo; solo alegría reinaba en el ambiente.

    En el altar, los aún novios escuchan las palabras del pastor; el luce elegante y orgulloso, ella feliz y radiante, no hay pero que valga a esta pareja; él toma la mano de ella mientras escucha la pregunta:

    -“Luis, ¿aceptas como esposa a Karla…”

  • Un sábado de amor y amistad en taxi en Bogotá

    Un sábado de amor y amistad en taxi en Bogotá

    Era un sábado en la noche se acercaba y yo todavía me encontraba trabajando estaba por el lado de la terminal del salitre para los que conocen Bogotá, de pronto alcanzó a ver una muchacha por el módulo 2 que vestía una blusa escotada de color azul y traía una minifalda lo cual deja ver esas dos ricas y gruesas piernas.

    Era una muchacha de aproximadamente 22 años un poco alta y de senos bastante grandes lo cual llamaba demasiado la atención, recuerdo que me hizo la parada me dijo que iba hacia el barrio El tintal, pero que lastimosamente no tenía dinero para pagar la carrera, yo al quedar embobado y totalmente morboseando…

    La pasajera con solo la mirada desnudándola, imaginándome estos ricos y deliciosos pezones qué escondía bajo ese gran escote, de inmediato no le di importancia y le dije que se subiera.

    Al estar en el carro le pregunté qué porque se había quedado sin dinero, a lo cual ella me decía qué se había peleado con su novio y él la había dejado botada en la terminal de día de amor y amistad. Yo no pude contenerme y recuerdo que traía el retrovisor mirando hacia el asiento del pasajero lo cual deja ver esa hermosa tanga roja que ella traía puesta debajo de la minifalda.

    Recuerdo que ya me pregunto que sí se vería muy mal vestida o si era fea y por eso el novio no la quería más, yo le dije que sinceramente me parecía una mujer demasiado deliciosa, qué tendría que ser un hombre muy imbécil al dejar semejante mujer tan rica votada y si ni siquiera habérsela comido, ella solo se echaba a reír y me preguntaba que si de verdad le parecía que estaba así de rica, yo le dije que realmente con solo verla llegaba excitar cualquier hombre.

    La conversación tomó automáticamente otro tipo de contexto y en la cual comenzamos a hablar cosas más eróticas a lo que yo le preguntaba si realmente él si la satisfacía como ella se lo merecía, me dijo que en cuanto al sexo ella estaba muy descuidada y qué adicionalmente ella era una mujer bastante caliente, no supe qué cara hice la vaina es que ya me miró y me preguntó que si yo me había excitado con solo verla, yo le dije que sí que era una mujer demasiado hermosa y que no podía ocultarlo, lo que me fascinaba, que por eso la había montado el carro, pensando en poder ver debajo de esa falda.

    Ella solo se reía y me decía qué estaba tan despechada decepcionada qué sería capaz de hacer cualquier locura, recuerdo que yo le dije que sí sería capaz de tener una aventura conmigo ahí en el taxi.

    Se pasó para el asiento adelante, sin mediar palabra yo le mandé la mano debajo de la minifalda sentía toda la rajita de su cuca, mientras le besaba el cuello y me comía estos labios, ella me agarraba el pene y me decía que le encantada como lo tenía de duro y tieso, me hizo delicioso sexo oral luego nos pasamos para asiento trasero y le di en cuatro.

    Culeamos hasta en el capo del carro luego de eso me dijo que ya vivía sola y que la acompañara a la casa la dejara acostada durmiendo, pero esa ya es otra historia qué les contaré todo lo que pasó apenas llegué a la casa de ella.

    Para cualquier comentario demás mi correo es [email protected].

    Espero todos sus comentarios y cuando quieras un taxi de confianza que te recoja para hacer tus labores me dices y con gusto te llevo aunque no tengas dinero bye besos.

  • Nunca estuve solo

    Nunca estuve solo

    Desde que puedo recordar tuve una fijación con la lencería, de mi madre, de mi hermana, en las tiendas de ropa. Cuando estaba solo en casa me ponía lencería de ellas y me miraba al espejo. Siempre me gustó lo que veía.

    Con el tiempo descubrí también que en películas o en comics cada vez que veía a un personaje atado y amordazado me pasaban cosas con eso. Eso fue pavimentando el camino de mis gustos en esta área de mi vida.

    Cuando llegué a la universidad pensé iba a ser una gran experiencia en mi vida y por cierto lo fue. De donde venía no tenía muchos amigos, de hecho solo había tenido uno. Pero habiendo pasado el tiempo y estando en esta nueva etapa supuse las cosas serían mejor.

    Encontré un trabajo fuera de horario de universidad. La paga no era muy grande pero si me servía mucho, estando solo me cubría mis gastos.

    Luego de unos meses sucedió lo normal, comenzar a conocer gente nueva, formar grupos de amigos y grupos de estudio.

    Me hice muy cercano a uno, Alexandre. En principio solo para estudiar pero luego ya amigos bien cercanos. Él vivía solo con su madre ya que su padre se había ido de casa hacia años. Dos personas solitarias claramente tendrían cosas en común.

    Se estaba terminado el tercer trimestre y era época de exámenes. Le dije a Alexandre que viniera a mi lugar ya que estaba solo. Si bien era solo una pieza que arrendaba, pero habría tranquilidad. Por el espacio me dijo que no, que estudiáramos en su casa, lo que era muy normal ya que usualmente si no era en la facultad allí estudiábamos. Así que fui a buscar algunas cosas para pasar unos días donde él y pudiéramos enfrentar bien el período de exámenes.

    Su casa tenía dos pisos. En el primero estaba la cocina, living, comedor, baño de visitas y lavandería. En el segundo la pieza de su madre y la pieza de él, además de un baño.

    Estábamos en el living estudiando normalmente, me dieron ganas de ir al baño y me dijo fuera al de arriba porque abajo lo iban a arreglar ya que había presentado problemas.

    Cuando iba a entrar al baño note que había casi como escondida, lencería fina, simplemente me llamo la atención y ya. Luego cuando salí la vi nuevamente pero pensé que dado en ese piso también vivía su madre la podría haber dejado allí olvidada por algún motivo. No me di mayor importancia.

    Regrese a los estudios pero de pronto mi amigo me hizo una pregunta, respecto de que tenía una erección y que como me podía haber pasado eso estando solo con libros aburridos. Reímos unos momentos pero luego me insistió, le dije que eran cosas que simplemente sucedían sin motivo en particular. Me miró y rio. Pasó un tiempo y me preguntó nuevamente ya que si había sido algo espontáneo porque entonces no se me había pasado. Me recordó que era mi amigo y que podemos hablar de todo. Le dije que había visto esa lencería y que ese era el motivo.

    Me miró algo extrañado y tal como había señalado anteriormente esta vez me dijo que si éramos amigos y me podía contar cualquier cosa, por supuesto que le dije que sí. Me preguntó si me contaba un secreto las cosas cambiarían a lo que le dije que para nada, para eso somos los amigos.

    Entonces me confesó que la lencería era de él. Lo miré porque pensé que me estaba tomando el pelo o esperando le dijera algo para reírse de mí, a lo que me dijo que subiéramos y lo esperara en su pieza, si es que me animaba. Le dije que sí y bueno, subí, espere aun pensando era una broma y se iba a burlar de mí. La espera se me hizo eterna hasta que entró por la puerta.

    Si, era cierto, esa lencería era de él. Me dijo que si me quería ir que lo hiciera, que él entendía. Pero me quedé, estaba sin palabras, solo moví mi cabeza y la verdad no pude decir nada. Lo que estaba viendo era maravilloso.

    Se me acercó y me dijo que notó la erección estaba ahí, que si me podía tocar, nuevamente solo asentí sin decir nada. Me bajo el pantalón y me iba a tocar el pene cuando le hice una seña con la mano, le dije no era nada malo, solo que a mis 19 años aún era virgen y sería la primera vez alguien hacia eso. Me dijo que me rajara porque en su caso era la misma cosa.

    Entonces simplemente me deje llevar. Me bajo el bóxer y mi pene salió automáticamente, estaba respondiendo al llamado. Comenzó a pasar la lengua tímidamente, luego vino la primera mamada pero solo en la punta, era su primera vez y la mía también. Me preguntó qué si todo bien y le dije que era una de diferentes fantasías hechas realidad, a lo que me respondió que igual para él.

    Luego de la punta comenzó a llegar cada vez más abajo, gentilmente y lento. Era una sensación simplemente increíble. Luego se puso de costado, lo que me dejó ver más cerca aún su precioso culo. No se me ocurrió nada más que tomarlo con fuerza, darle alguna palmada y luego masajear su ano, dado el alcance de mi brazo no podía hacer más.

    Le dije que iba a acabar, sacó rápidamente su boca, se sentó a mi lado y me dijo si por favor podía acabar en su cuño, que él siempre había querido eso. Lo cierto es que no lo podía creer, así que le dije que sí pero que como estaba tan caliente probablemente iba a terminar muy pronto. Me dijo que no importaba ya que esa no sería nuestra última vez. Así que se arrodilló en el suelo, apoyo su estómago en la cama y dejó ahí, su hermoso culo, para que ambos cumpliéramos una fantasía. Tomó una almohada para morderla, pero le dije que tenía una idea mejor si estaba de acuerdo.

    Busque entre sus ropas y encontré unas corbatas, justo lo que necesitaba. Le puse un calcetín en la boca, luego la corbata, como mordaza. Con la otra até sus manos a la espalda. Me quedé simplemente mirando unos momentos, de verdad todo esto estaba sucediendo. Lo oí mascullar algo que entendí como: «qué esperas», era cierto, que demonios estaba esperando. Procedí a penetrar, bien lento, lo más amable posible, como era mi primera vez no sabía bien la verdad hasta donde. Nuevamente mascullo pero esta vez le entendí con claridad, esta entera. Fue una sensación realmente liberadora y un placer único en ese entonces. Algo me sucedió que lo que antes era amable y despacio cambió a rápido y constante. En el entretanto acaricié su espalda y claro le di algunas palmada.

    Cuando acabe me quedé dentro unos momentos. Aún pensaba que si sacaba mi pene iba a despertar o se iba a terminar la fantasía. Retrocedí un poco y note que Alexandre aún tenía una fuerte erección. No lo pensé dos veces, le ayude a subir sus piernas a la cama, lo puse de espaldas y me miró sorprendido. Lo justo era que el igualmente acabara, entonces fue mi turno de mamá. Primero lo acaricie, le lamí el pene, lo recorrí completo con mi lengua. Recordé lo que el había hecho y abrí la boca, primero mis labios en la punta y después comencé a llegar cada vez, más abajo, hasta que mi nariz tocó su cuerpo, sus gemidos con la mordaza sonaban increíblemente sensuales así que seguí, de arriba a abajo y luego lamiendo nuevamente. Note que masculló algo más, pero creyendo entender me detuve, sin dejar de masajearlo con mi lengua, y le dije que no pasa nada, que acabe en mi boca. Finalmente fue así.

    Luego lo desate, nos fuimos a duchar. Aprovechamos de tocarnos más. Cuando terminamos le dije que lo que esa fantasía que él tenía era la misma que la mía. Que no estaba más solo ni tenía que ocultarlo, tampoco yo.

    Bien, era hora de volver a los estudios, pero le dije que se prepare porque la próxima vez ya tendríamos más conversaciones para saber que más podríamos hacer y que era mi turno de ser penetrado.

  • La curiosidad de Chat Noir

    La curiosidad de Chat Noir

    Observación:

    Para facilidad de narración, asumiremos la mayoría de edad de los personajes. Sin embargo, al tratarse de un relato fantástico, cada quien es libre de interpretar las circunstancias de los involucrados.

    De igual modo, utilizaré en medida de lo posible los nombres empleados en su versión oficial (inglés) para no generar problemas respecto a doblaje/traducción.

    Muchas gracias. Continuamos con el relato.

    Capítulo 1

    Por los techos de Paris corretea un joven héroe; portador del miraculous del gato negro y con el poder de la destrucción en la palma de su mano. Aunque reconocido y admirado en su ciudad, bajo el antifaz se oculta un muchacho solitario que solo ansía una muestra de cariño para entregarse en cuerpo y alma.

    Busca incesantemente que sus sentimientos sean correspondidos por la chica de quien se enamoró desde el primer día; su compañera en la lucha contra el mal y gran amiga: Ladybug. Sin embargo, ella le ha dicho en repetidas ocasiones que sólo puede verlo como un amigo, cosa que destroza el corazón de Chat Noir, quien espera el día en que su lady pueda ver lo que en verdad siente por ella, para así darle todo lo que siempre ha querido compartir con una pareja.

    No había un solo día en que, al vencer al villano creado por Hawk Moth, se le quedara mirando completamente embelesado; fuerte, valiente, determinada, hermosa… Era en cuanto empezaba a prestarle atención a sus facciones y rasgos físicos, que el corazón se le aceleraba; y mientras más a detalle admirara la figura de Ladybug, más ofuscada se tornaba su mente.

    Pareciera que en esos momentos el único pensamiento en su cabeza fuera ese: acercarse a su compañera heroína, tomarla de la mano y mirarla directamente; entonces, acercarse hasta sentir sus labios con los suyos y fundirse en un beso mientras ambos cerraban los ojos y se abrazaban, pegando sus cuerpos cada vez más, sintiendo el relieve de sus atributos resaltados por el entallado traje rojo con motas negras…

    -Aah, mi lady, mmm…

    Entonces la tomaba de la cintura y empezaba a acariciar sus costados, perdido totalmente por el delicioso aroma que se desprendía de ella. Sentía cómo Ladybug se alzaba un poco en la punta de sus pies para alcanzar a besarlo mejor, animándose traviesa a jugar con su lengua dentro de la boca de Chat Noir…

    -Mmm… Tus besos mi lady…

    Dejándose llevar por la emoción, deslizaba sus manos poco a poco por detrás de la heroína, acariciando sus costados y bajando cada vez más, acercándose lentamente a las posaderas de Ladybug; dándoles un ligero pero intencional apretón sin dejar de besarla. Su compañera dió un respingo acompañado de un gemido apenas audible. Abrió un momento los ojos y le dirigió una mirada provocativa a Chat Noir, seguida de un mordisco sensual en su labio inferior…

    -Aah… te ha gustado, Ladybug? Aah…

    Ladybug rodeó con sus brazos el cuello de su compañero con una actitud seductora, aflojando el cuerpo y dejándose llevar, pegándose más a Chat Noir, restregando intencional pero sutilmente su vientre contra la ya evidente erección del chico bajo su entallado traje negro.

    Sin dejar de besarse, bajó una de sus manos, explorando con curiosidad el pecho de su compañero, descendiendo paulatinamente hasta alcanzar el bulto que se había formado bajo sus pantalones…

    -Mi lady, aah… ¿quieres conocer a mi amiguito? Mmm…

    La heroína le dedicó una mirada sensual a su compañero felino a la vez que jugaba con su miembro sobre el traje, apretándolo con gentileza y acariciándolo. A Chat Noir le costaba trabajo controlar los gemidos que buscaban escapar de su garganta ante las caricias de la chica. Entonces ella ponía un dedo sobre los labios del chico, y seductoramente, lo tomaba de la mano, lanzando su yo-yo al cielo para columpiarse con un ademán de «sígueme»…

    -Si mi lady, llévame a donde nadie nos vea, aah… para que pueda amarte y hacerte todo lo que quiero, mmm… mi lady, aah…

    Adrien murmuraba estas palabras entre jadeos, tumbado en su cama con los ojos cerrados, con la toalla de baño acomodada de cualquier modo sobre sus piernas, desnudo en su totalidad, con su viril miembro apuntando al techo mientras se masturbaba con frenesí, recorriendo la envergadura completa de su pene con ambas manos.

    Hace tan solo una hora acababa de pelear codo con codo con la dueña de su fantasía para derrotar a otra víctima de Hawk Moth. Y al despedirse, justo antes de que sus miraculous los transformaran de vuelta en civiles, Ladybug le dio un gentil y cálido beso en el cachete, llenando sus fosas nasales de aquel aroma que lo volvía loco.

    Fue ese beso perfumado en particular el detonante de la fantasía que ahora ocupaba la mente de Adrien. Lo que podría ser si tan solo su lady accediera a darle un beso de verdad.

    Llegó a toda prisa a la mansión Agreste, sin perder un segundo y buscando guardar el mayor tiempo posible el recuerdo del aroma de Ladybug. Entró por la ventana de su cuarto como de costumbre, murmuró «garras fuera», se destransformó y de forma casi desesperada, comenzó a quitarse la ropa mientras buscaba su toalla para bañarse. Necesitaba una excusa por si llegaban a interrumpirlo y se encontraba sin prenda alguna.

    «¡Un momento Nathalie! Estaba a punto de darme una ducha» Si, eso sonaría convincente. Pensó mientras se tumbaba en la cama y comenzaba a darse placer a sí mismo, su mente ocupada enteramente por Ladybug; el contorno de su cuerpo, su mirada, lo apetitosos de sus labios, la manera tan sensual en que se movía en acción…

    -Aah… mi lady, eres tan hermosa, aah… tan sensual, mmm… déjame darte todo este, aah… amor que te tengo, aah… Ladybug, aah…

    Adrien sentía que dentro de poco alcanzaría el orgasmo. En su fantasía, Ladybug lo llevaba de salto en salto por las azoteas de Paris, acercándose a un edificio en particular donde muchas veces ya habían estado… pero en esa ocasión, la mirada que le dirigía la heroína le indicaba que no iban a proteger a los ciudadanos de Paris; sino a pasar un buen rato en una de las habitaciones del Hotel Grand Paris, a la cuál acababan de entrar por una de las ventanas abiertas.

    Imaginar que estaría a solas con Ladybug, que ella actuaba con la misma complicidad y deseo que él, en una situación así de erótica, fue demasiado para el joven Agreste, quien jadeando en voz baja, se corrió abundantemente, expulsando chorros de semen que salpicaron su toalla, su cama, el piso y parte de su torso desnudo.

    Una vez disparó la última descarga de leche, rendido, se secó el sudor de la frente y miró al techo, de donde colgaba un poster inmenso de la heroína dueña de su corazón, en una pose ruda pero también sexy. Adoraba ver esos ojos antes de ir a dormir; y también siempre que terminaba de masturbarse pensando en ella.

    -Uff, mi lady, no sé como, pero tengo que… aah, cumplir esa fantasía contigo.

    Dijo Adrien entre jadeos, recuperando la respiración mientras su erección disminuía. En su mente, pasaban toda clase de planes para averiguar un poco más sobre ella; encontrar «algo» para poder seducirla y que se enamorara de él, así como él estaba perdidamente loco por ella.

    En eso, sonó su celular dentro del maletín donde siempre cargaba sus cosas para practicar esgrima. Dando traspiés, se levantó de la cama, tirando la toalla en el proceso y alcanzando la bolsa, desprovisto de cualquier tela o prenda que cubriera su cuerpo. Lo sacó y revisó la notificación. Era una fotografía que Alya, una de sus compañeras de clase, había tomado del pizarrón con la tarea que había dejado la señorita Bustier.

    -¡Pero claro, Alya! Ella podría ayudarme a averiguar más sobre ella.

    Pensó Adrien emocionado para sus adentros. La chica a cargo del Ladyblog, el sitio en internet con la mayor cantidad de información sobre la heroína de sus sueños… ella era la respuesta.

    Ya sabía que haría al día siguiente.

  • Consolando a una amiga

    Consolando a una amiga

    Después de años de no ver a esta persona con la que ya había tenido algo pasajero,  le mandé un mensaje de texto y me contestó que estaba triste,  le pregunté ¿por qué?

    Y me empezó a platicar que su novio la había dejado.

    Traté de consolarla. Le pedí que nos viéramos y me dijo que estaba bien, pero que solo era para platicar. Nos quedamos de ver a unas cuadras de su casa, cerca de una avenida, ya era de noche.

    Le esperé en ese lugar, llegó y se subió al carro, se veía muy bien.

    Ella es alta, güera y madura. En ese tiempo tendría casi los 40 años.

    Cómo 5 años sin verla me sorprendió lo cuidada que estaba.

    Ya arriba del carro me platicó su historia con este novio que la dejó, que estaba triste.

    Se le salían las lágrimas y yo le decía que no llorara, que estaba muy sabrosa para llorar por un pendejo.

    La abracé y la besé.

    -no , que haces?

    -Que? Yo siempre a pesar del tiempo he estado contigo y si no nos hemos visto en todo este tiempo fue porque tú nunca quisiste, pero yo siempre he pensado en ti.

    Comencé a besarla y dejó de resistirse, la puse bien cachonda con besos en el cuello, en la boca hasta que levante su blusa, subí su brasier y mame sus tetitas güeritas por un buen rato, se las mordí y así estuvimos agasajando por un buen rato.

    Pasó una semana y le dije que fuéramos al hotel, dijo que no quería sexo, que aún extrañaba a su ex.

    -no vamos a tener sexo, mamita! Solo haremos lo mismo de la vez pasada, besos, faje, te mamaré las tetas sin que nadie nos moleste o que vaya a llegar una patrulla.

    -ok, vamos

    La quedé de ver en el mismo lugar de la vez pasada, ya de noche.

    Llegamos al hotel y rápidamente la acosté en la cama, la besé, levante su blusa y su brasier y mame sus ricas tetitas, le quité las mayas negras, quité su bikini.

    Me desnudé, la desnudé por completo, se puso de pie, me mamó la verga y me decía: ya vente!

    -no, mamacita como que vente

    Me levanté, la puse en la orilla de la cama, puse sus piernas a mis hombros, yo estaba parado y se la metí sujetaba sus piernotas fuertemente a mis hombros…

    Ella me decía: no, detente, detente!

    Yo estaba tan excitado que le daba más duro, su panocha estaba riquísima que después de un rato la solté y aventé mi semen en su vientre…

    [email protected].

  • Experiencia en el río

    Experiencia en el río

    Experiencia real.

    Era una soleada mañana de domingo cuando decidí salir de pesca. Me dirigí al mismo riachuelo, como acostumbraba siempre, me gusta viajar solo y disfrutar de la naturaleza relajándome, en fin.

    Hay un sitio entre las montañas que celosamente he guardado en secreto para mí solo. Es un lugar especial, ya que al estar casi escondido, se convierte en un pequeño paraíso personal del cual disfruto siempre, además en ese lugar se da el encuentro de dos vertientes, una vertiente que proviene del Río Soharon, el cual tiene aguas termales naturales y la otra el Río Pome, que es de agua normal.

    Una pequeña poza de medio metro de profundidad es la perfecta unión de ambas corrientes, con una mezcla cálida de ambas aguas que me sirve como jacuzzi natural.

    Transcurría ese día mi expedición como cualquier otra, luego de pescar algo que valiera la pena, me dirigí a mi poza. Puse a cocinar el alimento y mientras esperaba decidí darme un baño.

    Luego de unos minutos, comencé a escuchar pisadas sobre las hojas en el suelo, eran varias, eran lentas, muy discretas y se paseaban por los alrededores de mi sitio.

    Pronto me sentí acechado, tomando mi cuchillo me apresuré a salir sigilosamente del agua y buscar en los alrededores la fuente de aquellos sonidos. Me abría paso entre la densa flora del sitio y escondiéndome ágilmente tras un árbol pude observar lo que buscaba.

    A unos 10 metros de distancia, escondidas entre densos arbustos, 4 hermosas jóvenes mulatas, riendo traviesamente entre ellas, como jugando y disfrutando de su energía, divirtiéndose… viviendo.

    Por sus rasgos físicos pude notar que eran originarias de la región, de alguna aldea al otro lado de la montaña probablemente. No parecían tan altas, pero eran muy esbeltas, con una cintura bien definida, con caderas anchas y prominentes, piernas talladas pero fuertes, dos de ellas con cabellos rizados, las otras, cabello entre liso y ondulado.

    Tenían todas los ojos más bellos que jamás haya visto, con colores que iban desde el negro profundo hasta un color avellanado, con pieles bronceadas fruto de sus trabajos en el campo, con bellos, redondos y generosos pechos, labios carnosos y enrojecidos naturalmente.

    Todas ellas llevaban consigo pequeños canastos donde recolectaban hierbas y frutos que pudieran encontrarse en el camino.

    Para fortuna mía, no se percataron que las observaba, pude contemplarlas unos minutos, embobado de su belleza, hasta que reaccioné. Que desagradable impresión daría, un muchacho detrás de un árbol, husmeando a 4 bellas jóvenes con un filoso cuchillo de caza en las manos. Guardé mi herramienta y volví a mi poza.

    Continué con mi interrumpido baño, luego de unos minutos, comencé a escuchar los pasos cada vez más cerca de donde estaba, sus voces y risas también se escuchaban acercándose, seguro estarán recolectando hierbas cerca pensé, decidí no ponerle asunto creyendo que pronto se irían y continué con lo mío.

    Conforme transcurría el tiempo escuchaba sus pasos más cerca, pero más silenciosos, sus voces se silenciaban hasta llegar a susurros y sus esfuerzos de mantener la discreción entre risillas era cada vez más evidente.

    -Mira, hay alguien ahí – dijo una de ellas, casi susurrándole a otra.

    -Sh! Cállense, nos va escuchar – susurraba la otra advirtiéndole al resto.

    Disimuladamente observaba entre la densa vegetación, podía distinguir sus siluetas entre las ramas, tratando inútilmente de esconderse. Comencé a sentirme incómodo pues no parecían hacer más que estar ahí, escondidas, observándome, murmurando ridículamente entre ellas creyendo ser silenciosas. Así que decidí ahuyentarlas de alguna manera.

    Me metí a la poza y comencé a desvestirme, me quité la camiseta y los pantaloncillos, me apliqué jabón en todo el cuerpo, luego me puse de pie, la altura del agua llegaba justo debajo de mis huevos, así que me quité la ropa interior exponiendo al aire libre mi verga completamente erecta.

    Pude escuchar algunas enmudecidas expresiones de asombro, casi como un jadeo asustadizo ante lo inesperado. Murmuraron entre ellas, parecían un poco asustadizas, como toda principiante.

    Yo proseguí aplicándome jabón en la verga, me acariciaba bajando la piel, haciendo emerger mi glande hinchado y rojo mientras me masturbaba lentamente, me acariciaba los huevos y luego iba a mi glande para untarlo y masajearlo suavemente.

    Esperaba que en algún momento por fin decidieran irse, pero para mi sorpresa, continuaban ahí. Espectadoras de cada uno de mis movimientos.

    Una de ellas parecía un poco incómoda o disgustada, se levantó saliendo de entre las plantas sin cautela alguna.

    -¡Yo ya me voy! ¡Se hace tarde! – dijo en voz alta delatándose a sí misma y a todas las demás, que asustadizas y sorprendidas por esto, salieron de sus escondites también.

    Yo, como todo buen actor, me hice el sorprendido, sumergiéndome rápidamente hasta el cuello para ocultar mi cuerpo desnudo, fingiendo asombro ante la presencia de aquellas muchachas.

    Esa chica se fue rápidamente caminando de manera nerviosa. La segunda chica la siguió pidiéndole que la esperase. Las últimas dos chicas se quedaron levantando las frutas y hierbas que habían caído de sus canastos por tan impulsiva actitud de la primera chica.

    Sus rostros bronceados se enrojecían de vergüenza ante tan incómoda situación. Estaban tan nerviosas que podía notar sus manos temblando, sus movimientos torpes y erráticos dejaban más en evidencia sus nervios. Se miraban entre ellas y me miraban a mí, con movimientos rápidos y apenados.

    -Buenas tardes –exclamó una de ellas, tratando de hacer menos incomodo aquel rotundo silencio.

    -Buenas –respondí fingiendo un poco de molestia.

    -Disculpe si lo asustamos, no era nuestra intención, no sabíamos que había alguien por aquí.

    -Está bien, no pasa nada. ¿Ustedes que hacen por aquí muchachas?

    -Venimos a recolectar lo que encontramos del campo.

    -Mmm… ya veo, y de dónde vienen?

    -La aldea que está al otro lado de la montaña señor –respondió la otra chica.

    -Pues andan bastante lejos ¿no creen? La tarde está casi por caer y el campo es peligroso a oscuras. –les decía haciéndoles conversación.

    Mientras hablaba me incorporé de pie nuevamente, dejando ante sus miradas mi verga venosa y fuertemente erecta. Actuaba de manera natural, como si fuese lo más común del mundo, como si estuviera completamente vestido ante ellas, sin darle importancia a mí desnudes. Caminaba de un lado hacia otro de la poza llevando mis cosas a la orilla mientras mi verga se tambaleaba chapoteando ocasionalmente en el agua.

    Ambas chicas estaban atónitas, paralizadas de los nervios, observaban mi trozo de manera asustadiza, mientras sus respiraciones aumentaban agitándose levemente.

    La impresión de ver una verga enorme y la naturalidad con la que yo hacía tal cosa les generaba una mezcla de asombro, morbo y confusión. Pero en el fondo de sus ojos avellanados podía notar una inocente lujuria esperando manifestarse por primera vez.

    -Casi es hora de la comida, y esto parece estar listo ya. ¿Gustan quedarse a comer algo? –les propuse mientras aun desnudo y erecto sacaba la comida del fuego.

    -Le agradecemos la invitación señor, pero nos esperan en casa y ya tenemos que irnos –dijo una de ellas algo nerviosa al ver que me acercaba hacia ellas.

    Me paré frente a ellas casi rozándoles mi verga en sus piernas.

    -Seguras? Esto está buenísimo, además si vuelven ahora podría oscurecérseles en el camino, vengan, no se preocupen, hay suficiente para todos. –las tome de la mano a ambas y las llevé cerca de la fogata, allí las senté en unas rocas grandes.

    Les di de lo que había preparado y comieron tímidamente mientras trataban de resistirse a observar mi miembro mientras yo comía al lado de ellas…

    Continuará…

  • La psicóloga viciosa

    La psicóloga viciosa

    Lo malo de acudir a una psicóloga en busca de ayuda es que no sabes cómo va a acabar la cosa, y más si la psicóloga es tu sobrina.

    Severiano… Para no liarnos digamos que era yo con sesenta años, pues bien, la llamé por teléfono para concertar una cita y me la dio su recepcionista. Llegó el día y fui a su consulta, la puerta estaba entreabierta, al asomar la cabeza por la puerta y verme se llevó tal susto que dio un bote en la silla, luego dijo:

    -Ya es muy tarde, tío, vuelve otro día.

    -Si me voy ya no vuelvo, me costó mucho venir, Mercedes.

    Mercedes era una treintañera, morena, guapa y muy risueña. Estaba sentada detrás de una mesa y sin levantarse me dijo:

    -Llegas una hora tarde. No puedo atenderte.

    Entré en la consulta y le dije:

    -El tráfico.

    -Tú no tienes coche, tío.

    -El tráfico de pensamientos cruzados en mi cabeza. Voy, no voy, voy, no voy…

    Me senté en una silla enfrente de su mesa, mesa que tenía paneles por delante y por los lados. Mercedes me dijo:

    -Y pudo voy. Levántate y vete, tío. No puedo atenderte. ¿Cuántas veces tengo que repetírtelo?

    Mi sobrina parecía tener mucha prisa por deshacerme de mí, pero yo no tenía ganas de irme sin que me aconsejara.

    -No me hagas esto, mujer, no me hagas esto.

    Mi sobrina se resignó y me preguntó:

    -Veo que no te vas a ir. A ver si acabamos pronto. ¿Para qué has venido?

    Fui al grano.

    -Pillé a tu tía haciendo una paja y estoy preocupado.

    Sonrió, metió un brazo debajo de la mesa cómo si fuera a rascar algo y cuando lo quitó me dijo:

    -No te debías preocupar, tío, las mujeres fantaseamos desde una edad muy temprana. Empiezan siendo fantasías románticas y a medida que el cuerpo cambia se convierten en sexuales. Es normal que después de casadas volvamos a fantasear con amigos, desconocidos, con familiares, e incluso con mujeres, eso no quiere decir que no amemos a nuestros maridos.

    -Pero tu tía tiene cincuenta y tres años.

    Puso una mano delante de a boca y carraspeó, era como si estuviera a punto de coger un catarro.

    -Sé la edad que tiene. ¿Tú no te masturbas?

    Me había dejado a cuadros y encima me lanzaba la indirecta.

    -Si, a veces, por eso estoy preocupado.

    -No debías, las fantasías, fantasías son -volvió a poner la mano delante de la boca y carraspeó-. Cierto que a la hora de profundizar en el contenido nosotras imaginamos de forma más detallista, más visual y por lo tanto de forma más intensa -volvió a carraspear-, pero no es cómo para preocuparse.

    Lo que os dije al principio, acabas jodido y muy preocupado, pero la curiosidad es una puta que nunca se da por satisfecha y ya metido en harina quise saber en qué podría pensar mi mujer cuando se hacía un dedo. Le pregunté:

    -¿Y qué fantasías son las más habituales a su edad?

    -Eso solo lo sabe la tía, pero te diré las más recurrentes… Una es hacer un trío con dos hombres y no necesariamente debes ser el novio o el marido uno de ellos.

    -¿Crees que se hace pajas pensando en que la follan dos hombres?!

    -No sé, pero muchas mujeres lo hacemos -carraspeó de nuevo.

    Me extrañó que fuera tan abierta.

    -¡¿Tú también?!

    -Sí, antes y después de hacer el trío y no lo hice con mi marido.

    -¡Joder cómo está el patio!

    -¿Quieres que siga o no? -volvió a poner la mano delante de la boca y a carraspear.

    -Estás cogiendo algo…

    -Estoy cogiendo, sí, pero me gusta empezar lo que termino.

    -En ese caso sigue.

    -Otra es ver a dos hombres follar entre ellos mientras nos damos dedo.

    -¿Qué más?

    -Otra es masturbarse imaginando que estamos follando en un sitio público.

    -¿Conmigo?

    -Es una fantasía.

    Madre que la parió, no se cortaba un pelo.

    -Ya.

    -Otro es tener sexo con un conocido.

    -¿Con un amigo mío podía ser?

    -¿Te echaste últimamente algún amigo joven que esté bueno?

    -Sí, uno.

    -Pues con ese.

    -¡Qué puta!

    -Para qué me voy.

    -Lo siento, no le llamo puta otra vez

    -A ver si estamos a lo que estamos, tío. Son fantasías que la tía puede tener o no. Yo las tenía… ¡Joder, me voy!

    -¿Adónde?

    – A donde el río me lleve.

    -No te entiendo.

    Comenzó a gemir y a temblar y los ojos se le pusieron en blanco. Anonadado, solo pude decir:

    -¡Vaya corrida!

    Al acabar de correrse echó la otra mano debajo de la mesa y levantó con las dos manos la cabeza de una joven rubia que estaba cómo un queso, la joven la besó y después le preguntó:

    -¿Desea algo más, jefa?

    -No, ya puedes volver a tu casa, Paloma.

    Reconocí la voz de la joven, era la misma que oyera por teléfono al pedir la cita. Le dije a Mercedes:

    -Pudiste haberme dicho que estabas ocupada.

    Mirando cómo se iba su secretaria, me dijo:

    -Si ya te lo dije…

    -No, no me dijiste que también eras una chochologa.

    Sonriendo y arreglando la falda me respondió:

    -Tú sí que eres un chochólogo.

    -Algo de eso tengo, pero volvamos a lo mío. ¿Qué crees que le pasa a tu tía?

    -Creo que mi tía pasó y pasa mucha hambre por tu culpa.

    -¿Y de dónde sacas esa conclusión?

    -De que llevas toda la vida de coño en coño.

    -¿Y tú cómo sabes eso?

    -Me lo acabas de decir, e intuyo que también hubo hombres, sé franco conmigo si quieres que te ayude.

    Mercedes parecía una adivina, así que fui franco.

    -Has intuido bien, probé polla, probé coño, probé culo de mujer y de hombre. Se corrieron en mi boca mujeres y hombres y yo me corrí en las suyas.

    -¿Quién fue la última?

    -Una amiga de un amigo que quería follar con seis hombres maduros.

    A mi sobrina le picó la curiosidad.

    -¿Hubo dobles penetraciones, comidas de coño y comidas de culo?

    La miré con lujuria y le respondí:

    -Hubo de todo.

    -¡Qué suerte tuvo la muy puta!

    -¿Tú lo harías con seis hombres?

    -Es otra de mis fantasías. ¿Y con la tía cuándo fue la última vez que follaste?

    -Hace tres meses. Ya no me desea.

    -¿Quieres que vuelva a desearte cómo me estás deseando tú ahora a mí?

    No se le escapaba una.

    -¿Y tú cómo sabes qué me deseaba?

    -¿Quieres o no quieres?

    -Sí, a eso vine, pero no me has dicho cómo sabes que me deseaba.

    -Te diré por qué lo sé. La primera vez que me masturbé cómo no me corría le pedí a la tía que me enseñase a hacerlo.

    Me dejó con la boca abierta.

    -¡¿Y te enseñó?!

    -Sí, se masturbó delante de mí para que yo hiciese lo mismo que ella. ¿Sabes en quién pensó?

    -¿En quién pensó?

    -En ti.

    -¿Y tú?

    -También y me corrí imaginando que estaba contigo.

    -¿Y eso?

    -Fue porque mientras la tía Beatriz se tocaba describía tan bien tu polla, cómo le comías las tetas, cómo le comías el culo…

    -¿Y cuándo ocurrió eso?

    -Cuando mis padres se fueron quince días a Nepal y me dejaron en vuestra casa.

    -Si eras una…

    -Sí, era jovencita, ya te dije que fue mi primera paja.

    -Entonces lo de mi mujer con las pajas ya no es de ahora.

    -Las pajas de las mujeres y de los hombres son tan viejas cómo el barro, tío, y la tía no iba a ser una excepción.

    Se lo tenía que preguntar.

    -¿Folló contigo después de la paja?

    -No.

    Se levantó de su silla giratoria y subió las bragas. Aquel día vestía un traje de falda de color beis y calzaba unos zapatos de tacón de aguja del mismo color. Le dije:

    -Lo que daría por comer ese coño corrido.

    -Se te nota en la cara que darías lo que fuera.

    -Es que llevo mucho tiempo sin follar. ¿Echamos un polvo?

    Mercedes se acaba de correr, pero le vinieron a la mente las pajas que había hecho pensado en mí y quiso hacer realidad aquella vieja fantasía.

    -Vale, pero lo haremos a mi manera.

    Se puso al lado de la mesa, se quitó las bragas mojadas, hizo que me las daba y cuando las iba a coger las dejó caer al piso y me dijo:

    -Huélelas a ver si te gusta el olor de mi coño.

    Me agaché y las cogí. Estaban mojadas. Lamí la humedad. Mercedes se apoyó con una mano en la mesa, con la otra cogió mi cabeza, la llevó a su culo, se abrió de piernas y me dijo:

    -Cómeme el culo.

    Tiré con las bragas, le abrí las nalgas con las dos manos y mi lengua lamió y folló su ojete hasta que me dijo:

    -Dame duro.

    -¿Por dónde?

    -Por dónde quieras, pero dame duro.

    De un chupinazo se la clavé hasta el fondo del coño, después la saqué y engrasada se la clavé en el culo. Al ratito Mercedes comenzó a jadear cómo una perra. Sonó el teléfono, lo cogió y oímos una voz que decía:

    -«Estoy en el bar de enfrente. Reservé una mesa en tu restaurante favorito. ¿Te falta mucho?»

    Era el marido. Paré de follarla y dejé la polla en la entrada del culo. Mercedes la cogió, la puso en la entrada de la vagina, empujó con el culo, la metió hasta el fondo y le dijo a su marido:

    -Enseguida acabo. ¿Qué tal el día?

    -«Petado de trabajo. Tienes voz de cansada.»

    Yo ya había desabotonado su blusa, levantado las copas del sujetador, le follaba el coño y le magreaba las tetas. A mi sobrina se ve que le iba el morbo, ya que prolongó la conversación con su marido mientras la follaba.

    -Es que estoy fregando.

    -«¡¿Fregando tú?!»

    -Cómo lo oyes

    -«Ese ruido que se siente no parece de fregar.»

    -No te dije lo que estoy fregando.

    -«¿Qué estás fregando?»

    -Estoy fregando el coño.

    -«¡¿Te estás masturbando?!»

    -Sí, y tengo el coño encharcado.

    -«¿Subo?»

    -No, me apetece hacer una paja. ¿Quieres sentir el chapoteo de mis dedos dentro del coño?

    -«Sí.»

    Puso el teléfono cerca del coño y el marido sintió el chapoteo que hacía mi polla al llegar al fondo, después le preguntó:

    -¿Te gusta que me dé placer?

    -«Sí, voy al servicio, espera por mí.»

    -¡No puedo esperar!

    A marido supo que no había vuelta atrás.

    -«¿Ya te vas a correr?»

    La voz entrecortada de Mercedes anunciaba el inminente orgasmo.

    -Sí, me viene, la siento venir.

    El marido le dijo:

    -¡Qué malo me acabas de poner, cielo!

    El marido estaba malo, pero Mercedes echó por fuera.

    -¡Me corro!

    Mercedes se corrió cómo un río. Unos segundos después de comenzar a correrse le llené el coño de leche.

    Después de correrse y de apagar el teléfono, me dijo:

    -Te ayudaré a volver a avivar la llama.

    -¿Cómo lo harás?

    -Ese es un secreto profesional.

    -¿Cuánto te debo, Mercedes?

    -Ya me pagaste.

    Un sábado por la noche que me acababa de meterme en cama me sonó el teléfono móvil, lo cogí y oí la voz juvenil y muy dulce, que hablando spanglish dijo:

    -Guess donde tengo two fingers de mi mano derecha.

    -No estoy para sexo telefónico, golfa. ¿Quién le dio mi número?

    -¿Importa eso?

    -Mira, bonita, mi esposa está en el cuarto de baño y en nada se mete conmigo en cama.

    -Mi boy friend is enfrente de mi masturbating conmigo. Cuando vuelva tu wife que te encuentre touching yourself y lo pasaremos bien.

    -Si mi mujer me encuentra hablando contigo me mata.

    -No te va a matar. Don´t forget de poner el teléfono en hands off.

    La verdad es que me había puesto caliente. Saqué mi polla morcillona y le dije:

    -Me la pusiste gorda, golfa.

    Mi esposa entró en la habitación, me vio hablando por teléfono y con la polla en la mano, con cara de pocos amigos, me dijo:

    -¡¿Quién te la puso gorda?!

    Tapé el teléfono con una mano y le dije:

    -Una que se equivocó de número.

    Puse el manos libres. Mi mujer venía vestida con un camisón largo, en vez de decirme que apagara el teléfono me dijo:

    -¡Cuelga ese teléfono!

    Del teléfono salió de nuevo la juvenil y dulce voz:

    -Colgar te colgaba yo a ti, te colgaba atada de hands and feet y te lo comía todo, fingers, pussy, tits, asshole.

    Mi mujer entendía el inglés, de aquella manera, pero lo entendía y al hablarle cómo le habló aún la entendió mejor. Se metió en la cama y me dijo:

    -Cuelga de una puta vez.

    -Para un día que podemos variar…

    Se volvió a oír la voz.

    -Yes, deja que le diga a mi boyfriend cómo comerme el pussy para que tu husband te lo coma así a ti.

    -¿Qué dice esa del novio?

    -Se está masturbando con su novio enfrente? Bueno, se están masturbando los dos.

    -No dijo eso.

    -No, eso me lo dijo a mí antes, ahora lo que quiere es que te coma yo el coño del mismo modo que se lo come su novio a ella

    -¡¿De dónde sale esta loca?!

    Le respondió la golfa.

    -De tus fantasies.

    -¡Anda y que te den!

    La golfa fue a que le dieran.

    -Pon tu head entre mis legs, Bobby.

    Se oyó la voz del novio de la golfa.

    -Yes, dear.

    Mi esposa exclamó:

    -¡Coñooo! Está con el novio.

    -Ya te lo había dicho. ¿Meto mi cabeza entre tus piernas?

    Se puso de uñas.

    -¡Ni se te ocurra!

    Se volvió a oír la voz de la golfa, esta vez hablaba en ingles y casi susurrando.

    -Put a pillow under my ass and slowly lick mi asshole.

    A mi esposa ya le había entrado la curiosidad.

    -¿Qué dijo?

    -Que le pusiera una almohada debajo del culo y que le lamiese el ojete.

    -Fuck it with you tongue while you touch my tits.

    Mi esposa se perdió entre tanto inglés.

    -¿Y ahora que dice?

    Traduje.

    -Dice que se lo folle con la lengua y que le meta mano en las tetas.

    La golfa comenzó a gemir y mi mujer ya entregó el equipo. Se quitó el camisón y las bragas y se puso la almohada debajo del culo. Al abrirse de piernas y meter mi cabeza entre ellas su coño se abrió y una gota de jugo bajó de su coño hasta su ojete. Se lo lamí y se lo follé.

    Al rato oímos a la golfa decir:

    -Stick it in my pussy.

    -Dice que se la meta en el coño.

    Mi mujer ya iba lanzada.

    -Ya sé lo que dijo. ¿A qué esperas para follarme?

    Sintiendo los gemidos de placer de la golfa levanté a mi mujer cogiéndola por la cintura, ella con las piernas abiertas arqueó el cuerpo y al tenerla a tiro se la clavé hasta el fondo. Mientras la polla entraba y salía de su coño mi mujer también comenzó a gemir. Follándola tuve que parar un par de veces, pues si no lo hago me corro. La verdad es que tardaban una barbaridad en correrse, todo se les iba en gemidos, era cómo si estuvieran esperando a que se corriera una de ellas para correrse la otra, y lo estaban, la golfa dijo:

    -¡¡I cum!!

    Ni tres segundos tardo mi mujer decir:

    -¡Me corro!

    Mi mujer se corrió cómo hacía tiempo que no se corría.

    Después de los gemidos de placer de una y le la otra la golfa volvió a la carga.

    -Now lick my tits and fuck my pusy whith two fingers, Bobby.

    Lamí y chupé las tetas de mi mujer, le metí dos dedos dentro del coño y la masturbé con ellos.

    -Kiss me and fuck me hard.

    Besé a mi mujer con lengua y la masturbé duro. Antes de que la golfa dijera nada, dijo ella:

    -¡Me voy a correr!

    La muchacha tenía otros planes.

    -Stop, bitch!

    Paré de masturbarla y sentí cómo su coño apretaba mis dedos. Mi mujer quería correrse.

    -Sigue, cabrón, no le hagas caso a esa puta.

    A la golfa no le gustó que le llamara puta.

    -Puta eres tú, mamona.

    – ¿Puta yo? ¡Cómo te pille delante…!

    -You lick my ass?

    -¡El culo me lo comes tú a mí, zorra!

    -I will be happy to do it.

    Mi mujer me preguntó:

    -¿Qué dijo?

    Le respondió la muchacha.

    -Que me encantaría hacerlo.

    -Tú eres tan inglesa cómo yo, cabrona.

    -Fuck off, bitch. Stick ii in my ass, Bobby, and fack again my pussy with two fingers.

    Mi mujer me volvió a preguntar.

    -¿Aparte de mandarme a tomar por culo y de llamarme cabrona qué más dijo?

    -Le dijo a su novio que le meta la polla en el culo y dos dedos dentro del coño.

    -O sea, que me manda a mí a tomar por culo y va ella.

    -Pues sí.

    -Pues no. ¿A qué esperas?

    -¿Para qué?

    -Para meterme la polla en el culo y los dedos en el coño.

    Se la clavé en el culo y la masturbé con dos dedos, al rato mi mujer frotando el clítoris con tres dedos, con la polla dentro del culo y con dos dedos dentro del coño se corrió cómo una loba y la golfa por sus gemidos se corrió cómo una cerda.

    Acababan de correrse cuando mi teléfono móvil se quedó sin batería. A mi mujer no le sentó nada bien.

    -No das una, coño, no das una, para una noche que lo podíamos pasar bien…

    -Podemos seguir tú y yo. ¿Qué te parece si empezamos haciendo un 69?

    -Me parece una buena idea.

    Se había anotado al momento, la verdad es que esa noche la golfa la pusiera tan cachonda que se anotaría hasta a un bombardeo.

    ¿Quién sería lo golfa que nos llamó? Yo diría que fue alguna amiga de la sobrina de mi mujer, o no, nunca sabré quien fue.

    Quique.

  • El consentidor (II)

    El consentidor (II)

    Habían pasado unas 14 horas desde que Ariel se metió en la cama cuando se despertó. Ojerosa y agotada, solo pudo comer algo y volver a la cama. Roberto, no se podía creer que tuviese que seguir esperando a saber que había pasado ese fin de semana entre su mujer, Ariel, y el puto desconocido que lo había hecho cornudo, Hans. Pero su mujer se dio la vuelta y volvió a caer en un profundo sueño.

    Roberto agarró el móvil de su mujer. Una punzada de celos atravesó su estómago. No podía pasar ni un minuto más sin saber que había pasado. En un claro estado de ansiedad el hombre manipulaba el smartphone de su mujer. Se metió en la aplicación WhatsApp y dudó. Estaba violando la intimidad de su mujer. Aquello era ruin. Él mismo la había propuesto aquel juego del cornudo-consentidor y ahora buscaba a sus espaldas una prueba de «infidelidad’. Cerró los ojos. Su cabeza daba mil vueltas… al carajo, tenía que saber algo.

    Por fin miró la pantalla y vio que la aplicación estaba llena de iconos verdes con números indicando cuántos mensajes había en cada contacto. De su hermana, de sus hijos, de su madre, de su mejor amiga. Roberto pasó por encima de todos ellos sin entrar. Buscaba los que tuviese de Hans. Y allí sí entró.

    Lo primero que vio le hizo abrir los ojos. Eran un par de fotografías de aquel fin de semana. No podía ser. Aquello no entraba en los planes pactados. Aparecía Ariel arrodillada ante un chico negro con un miembro descomunal. El cabrón de Hans lo había engañado. De repente el móvil sonó al recibir más mensajes. Eran del mismo Hans.

    «Qué pasa Ariel, ¿cómo has descansado?»

    «Ngolo te envía recuerdos u dice que el cornudo de tu marido debe estar encantado de tener una puta como tú a su lado».

    «Te voy a enviar las fotos y los vídeos de este fin de semana. Ya le enseñas y le cuentas al cornudo de tu marido lo que creas o quieras, jajaja»

    De repente el móvil comenzó a sonar al recibir los archivos. Vibraba en su mano como si tuviese un orgasmo digital. Roberto miraba atónito la llegada de vídeos y fotos.

    En la primera, a modo de presentación se veía a su bella esposa en un dormitorio agarrada por la cintura a dos tipos. Ninguno era Hans. Uno era un chico negro. Debía ser el tal Ngolo del que hablaba el cabrón de Hans. El mismo al que se la estaba chupando en la primera foto que vio.

    En otra se veía a Ariel, con los ojos muy abiertos y cara de sorpresa, midiendo la polla del negro con su ante brazo. Aquel rabo era algo desproporcionado. El cornudo siguió visionando fotografías y dejando los vídeos para el final. Se paró en una que se veía las nalgas de su mujer y en medio asomando el coño abrazando una polla.

    Ahora abrió una en la que se veía la preciosa cara de Ariel apretada contra la pared mientras el tercer tipo se la follaba. El tío se veía más joven que el resto del grupo y tenía un cuerpo fibrado que aparecía tensado en la imagen. Sin duda se la estaba follando fuerte.

    Por fin decidió abrir los vídeos. El primero era una grabación desde arriba. Ariel estaba arrodillada ante el pollón del Ngoló. Se empleaba a fondo, moviendo la cabeza a lo largo de aquel ariete negro inabarcable por su boca. De vez en cuando recorría el tronco hasta lamerle los huevos y succionarlos sin dejar de pajeare. Después volvía a tragarse lo que podía de aquella verga negra.

    El tipo gruñó y tensó su musculatura. Ella se preparó para recibir la lechada en la boca. Ngolo gritó y soltó un primer chorro que Ariel apenas pudo contener en su boca y se le salió por la comisura. Liberó su boca de aquella polla enorme que siguió escupiendo lefa contra su cara y sus tetas. Todo fue grabado y jaleado por los otros dos tipos:

    -Anda zorra que te vas a hartar este fin de semana.

    De inmediato el chico más joven levantó bruscamente a la mujer del suelo y la puso contra la pared. La agarró del pelo dejando su cara apretada. Le abrió las piernas con las suyas y blandió su polla contra las nalgas de su mujer. De un puntazo fuerte la penetró.

    Ariel gritó al sentir como la polla de aquel niñato pijita la empotraba contra la pared metiéndole la polla hasta el fondo del coño:

    -Cabrón, que me vas a abrir en dos, joder

    El tipo no hizo caso y volvió a metérsela con fuerza. Con cada golpe de cadera el cuerpo de Ariel se levantaba y tenía que ponerse de puntillas para mantener los pies en el suelo.

    Roberto seguía visionando el vídeo y no daba crédito. Su mujer estaba siendo follada de manera salvaje por un desconocido mucho más joven. Lejos de resistirse, Ariel se mostraba encantada y alentaba al desconocido a que se la follara más fuerte. El marido cornudo nunca hubiese imaginado que a su mujer le gustase el sexo tan bestia.

    Ariel miró a cámara con la cara congestionada:

    -Dame más fuerte, cabrón. Métela más fuerte, hijo de puta.

    El niñato tiró del pelo de Ariel obligándola a echar la cabeza hacia atrás y a que arqueara su cuerpo. Un grito de ambos evidenciaba que habían alcanzado el orgasmo. El cuerpo del tipo convulsionaba pegado al de la mujer soltando los últimos chorros de esperma dentro de su coño. El vídeo se fundía a negro.

    Roberto seguía boquiabierto. Nunca imaginó que aquella fantasía suya de ser un cornudo consentidor le fuese a estallar en las manos de esta manera. Siempre pensó que sería menos humillante. Sentía una extraña mezcla entre la rabia y el morbo. Entre los celos y la excitación. Su polla llevaba un rato dura con el visionado de la orgía que había protagonizado su mujer.

    Se puso de pie y fue al dormitorio dispuesto a que su mujer le diera su versión de los hechos. Al entrar comprobó que Ariel estaba despierta. Se miraron fijamente a los ojos. Roberto tendió su mano y le ofreció el móvil a su mujer. Ella se sentó en la cama con cara de circunstancias:

    -¿Me has registrado el móvil? -preguntó ella intentando tener una excusa.

    Ariel miró la pantalla y vio que el siguiente vídeo estaba listo para ser reproducido. Sin mirar a su marido le dio al play. En medio del silencio tenso entre ambos, se reproducían las imágenes.

    Hans se encontraba arrodillado detrás de Ariel que estaba con el cuerpo apoyado en la cama y las rodillas en el suelo. El hombre masajeaba el ano de ella, lubricándolo con una especie de gel. Ella no perdía ojos de la pantalla del móvil con una insoportable sensación de vergüenza de verse en aquella situación. Su marido, sentado a su lado, observaba todo aquello sintiéndose humillado.

    En la pantalla, Hans se había acomodado sobre la grupa de Ariel y ejercía fuerza para meterle la polla por el culo. La mujer se abría las nalgas con sus manos facilitando la sodomía. El grosor de la polla del desconocido hacía que la maniobra fuera dolorosa:

    -Joder, no me cabe

    -Cállate, que te la voy a calzar

    Ariel se quejó cuando el capullo de Hans atravesó el anillo de su esfínter profanando su culo. Un empujón fuerte terminó por encajarle la polla entera. Ariel se tuvo que agarrar fuerte a las sábanas y mordió la almohada cuando el desconocido comenzó a percutir contra su estrecho agujero. Era la primera vez que le daban por culo y lo hacía un desconocido para ponerle los cuernos a su marido. El vídeo se interrumpía. La pareja continuaba en silencio. Sin dudas, aquello no había sido buena idea.

    Roberto miró a Ariel que permanecía con la mirada baja hacia el móvil, avergonzada al verse ahora en esa situación:

    -¿Quiénes son esos dos tíos? Preguntó Roberto.

    Ariel tragó saliva y tardó unos segundos en contestar:

    -El negro es un socio de Hans y el otro es Carlos, su hijo.

    -Joder.

    Fue lo único que acertó a decir Roberto. En su cabeza las imágenes de su mujer follada por aquellos tres desconocidos daban vueltas sin parar. Una vez mas, la realidad superaba con creces a la ficción. En sus fantasías su mujer le ponía los cuernos con un desconocido pero esto superaba con creces cualquier cosa que hubiese imaginado. Su mujer se había montado una orgía con tres desconocidos, un padre, un hijo y un negro

    En ese momento el móvil de Ariel volvió a sonar al recibir un nuevo vídeo. La mujer cerró los ojos temiendo una nueva secuencia de depravación sexual con ella como protagonista. Roberto se apresuró a cogerlo y darle al play. Lo colocó de manera que lo pudieran ver ambos.

    Era una continuación del anterior. Ahora Hans, sin sacársela del culo, la había puesto sobre su pecho al tiempo que él se tumbaba boca arriba en el colchón. Pasó sus brazos por las axilas de ella y cruzó las manos detrás de su cabeza. En esta postura Ariel estaba inmovilizada y con el culo penetrado por la polla del tipo:

    -Venga Carlos, vamos a hacer cornudo a su marido con una doble penetración.

    El chico más joven no lo dudó y penetró el coño de la mujer. Ariel no pudo evitar gritar al sentirse totalmente ocupada por aquellas dos pollas:

    -Sí, joder, qué ganas tenía de sentir dos pollas al mismo tiempo. Aaahhh

    Roberto tenía los ojos abiertos, impresionado por el comportamiento lascivo de su mujer. Pese a lo que habían hablado nunca imaginó que su mujer fuese capaz de prestarse a hacer una orgía con tres desconocidos. Y hacerlo de esa manera tan depravada. La mujer retiró la vista del móvil. No le agradaba nada verse en esa situación delante de su marido, por más que hubiese sido él quien provocase toda aquella situación:

    -Para eso por favor, Roberto.

    -Quiero verlo hasta el final.

    Con un grito de Hans comenzó la cascada de orgasmos:

    -Me corro, joder, me corro. La voz de Ariel sonaba con un nivel de excitación desconocido por su marido.

    Carlos fue el siguiente en descargar su leche en el interior de Ariel.

    -Joder, vaya corridas, hijos de puta. La mujer quedó exhausta, emparedada entre los dos hombre que respiraban de manera forzada después de correrse dentro de aquella zorra infiel:

    -Quiero saber qué más pasó, Ariel.

    -No te voy a contar todo lo que pasó, Roberto. Ya tienes suficiente para hacerte una idea.

    -Pero esto son diez minutos de vídeo y has estado 48 horas.

    -No voy a contarte nada más, joder. Tú querías que te pusiera los cuernos. Me ofreciste a un desconocido en la playa, y después me propusiste que me fuera con él. Te ha salido mal porque esto ha sido muy superior a lo que habías fantaseado, pues te jodes. No me puedes entregar y ahora quejarte porque se te ha ido de las manos No voy a volver a hablar de este tema. Ahora, si estás cachondo con lo que has visto te haces una paja. ¿Es lo que quería no?

    El hombre estaba rabioso, cabreado. Su mujer tenía razón. Él fantaseaba con ser un cornudo consentidor y ahora lo era por partida triple. Nunca midió las consecuencias de hacer realidad una fantasía tan peligrosa y ahora tendría que cargar con eso. Su mujer se levantó desnuda de la cama. Él la miraba con una sensación de humillante derrota que muy en el fondo le producía un extraño placer excitante.

    Ariel salió de la habitación sin mirarle y sabiendo que ahora sería ella quien dominase la relación.

  • La confusión

    La confusión

    Soy Alejandra y esta es mi historia: empieza un domingo en el que mi novio me iba a llevar a coger a un motel de lujo, había esperado todo el mes este día, como yo vivo más cerca fui a esperarlo, llevaba un vestido corto que apenas me tapaba mis nalgas y debajo un babydoll transparente y una tanga muy corta, jamás me había puesto una tanga tan corta, de solo pensar en lo que me iba a hacer mi novio se mojaba mi vagina.

    Al rato me llega una llamada de él pidiéndome disculpas por no poder ir pero tuvo un problema urgente, yo me quedé aburrida y ya me iba a ir hasta que un señor llega y me dice:

    -¿Eres la puta que contraté?

    Iba a decir que no, pero algo en mi quería sentir lo que era ser una sucia puta que es llenada de semen por dinero y aparte el estúpido novio me había dejado caliente y mojada.

    -Si papi, soy la putita. -Respondí

    Era un señor de unos 40 años ni feo ni guapo, promedio, pero tenía presencia, él pide una habitación y lo sigo.

    Llegamos a la habitación y no sabía que hacer hasta que él me dice:

    -Me vas a poner el condón o qué?

    Me acordé de que tenía unos condones guardados en mi cartera junto un lubricante, le bajó el pantalón al señor y veo una verga potente de 17 cm, mi vagina empieza a mojarse aún más y las gotas caen al piso, él se da cuenta y su verga se pone más dura, le doy una chupadita y le pongo el condón.

    Ahora sí listos para culear, él me empieza a llenar de besos y me quita el vestido, me quedé sonrojada al ver que otro que no era mi novio y que acababa de conocer me veía en babydoll, él me quita mi baby doll y solo quedó en tanga, me está chupando mis tetas y puedo sentir como se ponen sensibles mis pezones y no puedo evitar gemir, su pene me empieza a golpear en mi vagina mojada, ya decido me quita el panty que estaba totalmente húmedo, me pone en misionero y siento como esa verga fuerte se abre camino en mi apretada y mojada vagina, empiezo a gemir, estaba gozando del mejor sexo de mi vida.

    Este hombre no paraba de darme duro con cada penetrada me sentía más puta más zorra y me encantaba, quería ser la más puta del mundo, chupar todos los penes, el hombre después de 15 minutos se viene y puedo sentir como su verga late llenando mi puta vagina de semen, sentía el vientre caliente de tanto esperma, yo pensé que había cansado, pero él quería más.

    No dejó que me limpiara la vagina cuando saca el lubricante anal de mi cartera, y me empieza a meter los dedos en mi ano, después de haber lubricado mi ano, sentí como la cosa más grande del mundo se metía en mi pequeño anito, sentí como se abría cada vez más y pensé que mi ano no volvería a ser normal y que me lo merecía por zorra, me daba nalgadas y me masajeaba las tetas, yo solo sentía que me moría, gritaba del placer doloroso que sentía en mi ano al ser destruida por esa verga, el me insultaba diciéndome que era la mujer más perra del mundo, que era una tragaleche, que solo servía para guardar semen yo solo decía que si que era todo eso porque era verdad.

    Al fin se vino y quedé yo tirada en la cama temblando de placer con la boca, la vagina y el ano llenos de semen, como la reina de todas las zorras me sentía y me encantaba sentirme llena de semen, me dejó 80 dólares por mis servicios y me dejó tirada en la cama llena de semen.

    Después me duche y la leche no paraba de bajar por mi vagina y mi ano, salí feliz con la mejor experiencia de mi vida.