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  • El inicio de un cambio en mi vida

    El inicio de un cambio en mi vida

    Hola, mucho gusto, me presento, me llamo Laura, tengo 26 años, mido 1,70, tengo unas tetas bien redondas y paraditas que no son tan grandes ni tan pequeñas, también tengo un buen culo redondo y firme, soy delgada, tengo unas piernas largas y unos muslos gruesos pero suaves, soy de piel blanca, mi pelo es color negro, y tengo ojos cafés.

    Estoy casada hace 4 años con Diego el cual es mi primer novio, y aun que no perdí mi virginidad con él fue mi primer y única relación estable, así que en pocas palabras es mi primer y único novio, él es alto mide 1,80, es delgado, es de color trigueño, actualmente tiene 30 años, lo conocí en una fiesta cuando yo tenía 18 años y el en ese tiempo 24 años, ese día a la fiesta con una amiga, pero ella se fue y me dejo sola y yo pues tipo normal estaba sentada en una silla mirando el celular.

    En eso él se me acerco, la verdad no es tan guapo, pero tampoco tan feo es pasable por así decirlo jejeje. Ese día me fui con un pantalón negro que realzaba bien mi culo, una blusa blanca normalita, y unos zapatos blancos, realmente fui lo más casual posible porque no tenía ningún plan en especial.

    Cuando él se me acercó lo primero que me llamó la atención no fue su cara si no su estatura, es alto y muy decente, el siempre vestido de una manera decente por no decir elegante siempre con camisas de botones o camisas de manga larga, me gustó la forma en la que vestía.

    Ese día me puse a hablar con él me dijo que se había graduado en administración de empresas y que trabajaba como subdirector de una empresa aquí en la ciudad, pero que estaba pensando en fundar su propia empresa, me pareció genial yo para ese entonces recién me esta graduando del bachillerato, y buscaba la forma de ingresar a una universidad o de conseguir un buen empleo.

    Después de ese día seguí saliendo con el tuvimos tres citas antes de poder tener sexo, ese día me puse un vestido largo apretado el cual marcaba bien mi figura, no era muy revelador la verdad para ese entonces no tenía ni la mentalidad ni la experiencia que tengo actualmente. Debo aclarar que para ese tiempo solo había estado con un hombre el cual la verdad no es que me haya dejado matada, tenía un pene de unos 15 cm delgada aparte de eso no duró mucho, así la verdad no es que haya quedado muy satisfecha.

    En ese tiempo no era el tipo de chica que le gustaba ir por ahí repartiendo culo ni dando mamadas después de haber tenido sexo por primera vez, y aun que estaba buena porque los comentarios vulgares y piropos nunca faltaron, no le prestaba mucha atención sabía que solo se querían acostar conmigo, y eso era algo en lo que no estaba interesada.

    Volviendo al tema principal ese día que me iba a ver con Diego iba con un vestido largo apretado que resaltaba bien mi figura, ese día fuimos a cenar a un restaurante elegante era mi primera vez yendo a uno y me sentía algo nerviosa, pero no paso mayor cosa.

    Ese día iba pensando en que si las cosas se daban tendría sexo con Diego, en mi mente decía que él era un buen chico y que si era con el si estaba dispuesta entregármele en la cama, me dijo que si quería ir a otro lugar más cómodo y privado, le dije que si sin pensarlo fuimos a un motel y pago la mejor habitación, yo entre en la habitación y era muy bonita la verdad.

    Diego se quedó afuera hablando unas cosas con la recepcionista, así que mientras el volvía yo me quite mi vestido, ese día llevaba puesto un hilo dental negro en encaje que literal se perdía en mi culo, y un brasier también en encaje negro cuando quede en ropa interior me quede en la cama costada esperando a que Diego llegara, cuando llego quedo boquiabierto de inmediato me pare para besarlo y ayudarle a quitarse la ropa, lo lleve hasta la cama y lo tire me arrodille y se la empecé a mamar no tenía mucha experiencia pero suponía que era como si chupara un helado, se la chupe con la mayor delicadeza posible con la punta de mi lengua desde las bolas hasta la cabeza de su pene, escuchaba como gemía suave me excitaba escucharlo, su pene era de término medio de unos 17 cm gruesa y cabezona una buena verga la verdad.

    Luego él me paró y me tiró en la cama me corrió la tanga y me la metió fue la primera vez que gemía de placer, me quite el brasier y lo abraza mientras me lo metía ponía su cara en mis tetas mientras me lo metía, gemía de placer me besaba el cuello luego yo me separe de él y me monte encima de su verga, a un que no tenía experiencia sexual si soy una buena bailarina por lo que mi movimiento de cadera es muy bueno, empecé a mover mi cadera y los gemidos de Diego no se contuvieron me tocaba las tetas las apretaba y me agarraba el culo me gustaba mucho esa sensación, lo disfrutaba.

    Luego empecé a mover mi culo tipo twerkin, me agache para besarlo mientras mantenía mi ritmo la verdad podía seguir así por mucho tiempo, Diego estaba en su límite lo podía sentir por su respiración agitada, sus fuertes gemidos, los latidos de su corazón que podía sentir como si se fuera a salir, hasta que por fin cuando se iba a venir me tiro a un lado y me hecho todo su semen en las tetas, ese día la verdad la había pasado increíble a partir de ese día formalicé mi relación con él y oficialmente éramos novios.

    A partir de ese momento mi vida mi mentalidad y mi forma de ser cambiaria de una manera impresionante.

    Bueno esto es todo por hoy espero que el relato les haya gustado, soy nueva en esto, estaré subiendo recuentos de mi vida desde los 18 años hasta mi yo actual de 26 años, espero que mis relatos les gusten y espero sus comentarios y sus críticas, por favor no sean muy duros conmigo, que estén bien.

  • Crónica de una infidelidad

    Crónica de una infidelidad

    Aún hoy lo recuerdo con la misma tristeza que lo hice en el momento de dejarla, fue mi primer amor y también el primer desengaño.

    Aún hoy, no terminó de reparar lo que ella destruyó.

    ___________

    Parado en el mostrador, y en espera de ser atendido, recordaba que hacía casi un año decidimos vivir juntos; ¡cómo pasa el tiempo cuando se es feliz! Me atienden amablemente al solicitar una reservación, algo cara por cierto, que en varias ocasiones mencionaste te gustaría para celebrar nuestro aniversario; pido me muestren el área reservada, ¡estoy casi seguro que te encantará!

    Mientras realizan el trámite observo el extenso jardín que bordea el hotel; nos imagino sentados sobre el césped disfrutando del día, como es tan de tu agrado.

    Salgo y me dirijo al auto, estacioné algo lejos pensando que el tráfico sería imposible; algo tarde para arrepentirme. Cruzo la calle para permitirme un poco de sombra; este hotel es en verdad alto, pienso, le agradezco el alejarme de los rayos del sol.

    A la salida de vehículos me detengo, un auto sale y prefiero esperar; el destino, la coincidencia o ambas, cuando en ninguna de ellas creo, confabulan para que sea el momento indicado de nuestro encuentro.

    Nuestras miradas se cruzan a través del cristal del auto; alcanzo a ver sorpresa en tu rostro, el mío debe mostrar lo mismo. Más adelante ambos descienden; el, de pie a un costado de la puerta; tu, apresurada vienes a mi encuentro; lo veo e inmediatamente lo reconozco, me saludó con efusividad cuando anteriormente fuimos presentados por ti; tu jefe, mencionaste en esa ocasión.

    Llegas a mí y me dices que no es lo que parece; ¿qué puede parecer el verte saliendo de un hotel con el cabello húmedo?, ¿que indica que el suba de nuevo al auto y continúe su camino evitando una explicación que te ayude?, ¿qué puedes decirme cuando mencionaste que saldrías a comer con una amiga?

    Escucho de ti una letanía que adormece mas que explica, la misma que usas todas la veces que visitamos a nuestras familias y aun así eres la favorita; yo solo el afortunado por tenerte.

    Colocas tus manos sobre mi pecho y siento que me queman aun cuando hay tela de por medio, esas manos que me prodigaban caricias y me hacían querer mas de ti ahora me repugnan de solo imaginar donde pudieron haber estado. Me separo con evidente enojo.

    Comienzas a llorar como tantas veces lo has hecho, chantaje llano; en esta ocasión no te funciona.

    Cambias la táctica delegando responsabilidad, al parecer es mi culpa al no poner la atención necesaria y tú te sientes sola; ¿en verdad pensabas que eso te funcionaría?

    Vuelves a llorar y en esta ocasión te disculpas, mencionas que no sabes como sucedió pero que no volverá a pasar; me dices que ahora y en adelante solo yo seré tu prioridad, que no habrá nadie más en tu vida; te miro, sé que eso no pasará.

    Me doy cuenta que no he articulado palabra; algo, que no identifico que es, me duele muy dentro de mí; nunca había sentido algo similar y lo estoy descifrando para lograr entender que hacer o como reaccionar a esta situación.

    La gente a nuestro alrededor nos observa con detenimiento, caigo en la cuenta que aunque no saben lo que pasa con seguridad están a favor tuyo; ahora sé que no se deben hacer conclusiones sin conocer los hechos.

    Te miro a los ojos, me preguntó el por qué; ¿pensaste que no habría consecuencias?, es mas; ¿qué esperabas obtener de esa relación?, ¿en verdad como hombre no supe responderte en la cama? Podría haberte preguntado pero no quise; pudo haber sido enojo o quizá miedo, o ambas, no lo sé.

    Doy vuelta y me dirijo al auto, me sigues y me detienes mas adelante; vuelves a pedir que hablemos, que lo resolvamos como adultos; ¿sigues pensando que esto tiene solución?

    Me recuerdas nuestro compromiso, podría decirte el significado de la palabra pero no lo hago; quiero escuchar lo que tienes por decirme. Insistes en mencionarme que tenemos una vida juntos, planes a futuro y una familia que nos quiere. No creo lo que escucho.

    ¿Cómo es posible que pienses a futuro cuando acabas de romper el presente?

    Me vuelvo a poner en marcha, en este momento no sé qué hacer; temo cometer una imprudencia de la que después me arrepienta. Llego al auto y te veo parada a mi costado, no te escuché o tal vez ya no dijiste nada pero aquí estas; subo y, después de segundos de indecisión, te abro la puerta; hacemos el camino a casa en tenso silencio, no quise hablar aún con tus fallidos intentos por querer continuar. Tu teléfono suena, alcanzo a ver que es él; busco tu mirada sin encontrarla mientras apagas tu aparato, esta vez no haces por hablar.

    Llegamos a casa, preguntas que hacer para que te perdone, conoces la respuesta; nada.

    Lloras, lo haces con una sinceridad que baja mis defensas; me acerco y en esta ocasión no encuentro lo que siempre veía en ti, lo intento pero no siento lo que me hacía desear estar contigo; cortaste de tajo todo lo construido en este tiempo.

    Continúo molesto pero ahora en menor grado, en este momento sé que lo nuestro terminó; trato de calmarme porque tengo algo por decirte; por última vez.

    “Nunca imagine estar sin ti, menos en estas circunstancias; pero así lo quisiste. Todos merecemos una segunda oportunidad, la tuya es comenzar de nuevo con alguien a quien en verdad quieras. Por el tiempo que fuimos felices perdono lo que me hiciste, créeme que no te deseo ningún mal y ojala entiendas que un compromiso se debe respetar y cumplir”.

    Di la vuelta y salí del que, hasta ese momento, consideraba mi hogar.

  • Caperucita Roja y seis lobos calientes

    Caperucita Roja y seis lobos calientes

    Hoy jugando frente al espejo me puse mi capa roja, material suave de texturas vaporosas que podían acariciar mi piel de forma casi perfecta, tengo una fascinación especial por lo que generan las telas de diferentes diseños y colores y texturas sobre mi piel, y está cápita roja es especial, porque apenas toca mis pechos mis pezones se vuelven erguidos y reinantes…. Ustedes dirán qué es un pezón reinante?… Es cuando la sensibilidad de ellos coincide con la humedad de mi vagina y tanto ellos como mi vulva late constantemente…

    Comencé a recordar escenas del pasado donde mis fantasías cobraban vuelo y usaba esa capita, sabiendo que caía de tal forma sobre mis caderas que podían enloquecer a cualquier hombre que me mirara y a cualquier mujer que me deseara…

    Y así fue como siendo maestra jardinera calentaba a los padres de mis alumnos, algunos, no podían aguantar su calentura y me seguían por mis redes usando Instagram, tuve un grupo de padres que sumaban 6 tipos calientes qué me escribían por privado pensamientos suaves, como que era hermosa, que era preciosa y siempre cerraban las frases con todo respeto… La idea era organizar algunas reuniones para chequear qué padres podían ser parte de un encuentro especial entre ellos y yo…

    Era invierno, teníamos que organizar la reunión de despedida antes de las vacaciones y la directora me pidió que convoque a los padres de salita verde para que actúen junto con sus hijos disfrazados de distintas entidades del bosque…

    Y fue allí donde pensé en disfrazarme de Caperucita roja…

    Inventa una excusa, y elegí a los padres que más me gustaban los invité al jardín de mi casa, y les pedí que cada uno traiga algún disfraz que tuviera que ver con, leñadores, guardaparques, lobos, osos, y todo lo que se les ocurra a ellos que podían ser parte de un bosque perdido en medio de la montaña…

    Ellos vinieron puntuales… A medida que entraban a mi casa, donde el jardín contenía una cabaña de juegos en el fondo del patio, se encontraban sillas con sus nombres…. En cada una de las sillas había un pañuelo rojo que luego yo usaría en medio de la escena que se estaba por desatar…

    Llegaron seis padres… eligieron ser lobos…

    Los espero en la puerta, totalmente vestida con el pelo atado, y con los modales típicos de una maestra jardinera ubicada y muy dulce…

    Pero cuando lo saludaba con un beso en la mejilla ese beso era cerca de la boca, mi mano tocaba su cintura y apoyaba mi tórax junto al de ellos… Con algunos pude sentir como su piel reaccionaba semejante saludo… Algunos se sonrojaron y otros podía divisar en ese abrazo de bienvenida una incipiente erección…

    Los dispuse en ronda abierta a los seis y les dije que se pongan los trajes y que no se preocupen por qué los seis decidieron ser lobos…

    En la casita de madera había una gran mesa con una altura de un metro veinte separada del suelo…

    Empezaba el atardecer y se podían dimensionar los rayos de la puesta de sol sobre la puerta y ventana de la cabaña… Un silencio incómodo para ellos y una espera magnífica dentro de esa cabaña, repleta de almohadones candelabros y un leñero artificial dónde asomaban llamas qué le daban una magia especial a ese lugar… En el piso una gran alfombra muy peluda color negra…

    Yo los espiaba por la ventana, ellos se desnudaban y se ponían el traje de lobo… Se reían de manera cómplice… Ellos esperaban armar la obra de teatro que sería presentada en la fiesta infantil…

    Entonces yo lo llamo de adentro de la cabaña y les digo que pueden pasar de a uno… Pero que antes de entrar por la puerta tenían que tapar sus ojos con ese pañuelo rojo…

    Y que yo los diría como entrar para que no se golpeen con nada…

    Y fue así como totalmente desnuda cubierta de esa capa, los hacía pasar de a uno les tomaba la mano y los iba colocando en diferentes lugares de dónde se podía ver con claridad esa mesa al final del cuarto dónde yo sería un plato principal en pocos minutos…

    Los dispuse a cada uno en un lugar estratégico… Me puse medias de red portaligas introduje un dilatador anal con una cola de zorra dentro de mi culo, tacones muy altos sin bragas, unas pezoneras peluditas del mismo material que la colita de zorra y una canastita llena de dildos, esferas chinas, aceites esenciales y comestibles, otra canastita llena de frutillas, y diferentes opciones para jugar entre ellos y yo…

    Entonces les digo…

    Bueno ahora que estamos todos acá juntos voy a contar hasta tres se van a sacar el pañuelo rojo y en silencio van a observar lo que yo estoy por hacer…

    1, 2 y 3 sáquense los pañuelos…

    No les puedo explicar la cara de ellos cuando me vieron disfrazada de Caperucita roja en cuatro patas y arriba de la mesa moviendo la colita de zorra y con una mano comiéndome una frutilla tan grande como la punta de cualquier pija de ellos…

    Cada uno me miraba atentamente y sus ojos pasaron de ser de asombro a ojos calientes, rojos salvajes…

    Los miro mientras chupo la frutilla… Y les digo, Hola lobitos… Está Caperucita está muy caliente… Tiene ganas de jugar con ustedes toda la tarde… Nuevo la colita de zorra me arrodillo sobre la mesa, la tomo de la punta

    Y dejó ver mi vulva roja depilada brillante de lo humedad que está…

    Con la media frutilla que me queda en la mano comienzo a masturbarme de espalda a ellos sigo moviendo la colita de zorra y ellos pueden ver como la Frutilla me la va a dejar cada vez más roja y comestible, tomo un consolador con base ajustable y lo pongo en la mesa y cabalgo arriba del el…

    Tímidamente se iban acercando…

    Me acuesto sobre la mesa cierro los ojos y siento como cada una de sus vergas duras como faros son apoyadas en mí y sus manos me acarician todo el cuerpo.

    El padre de Juancito, qué fue el primero que me empezó a seguir por mi Instagram DEBOCAENBOCA, me abre las piernas, lo miro fijo y me dice…

    Por fin te voy a chupar está concha qué es lo único que no mostrás en tus fotos… Me vuelves loco, sigue con el consolador negro y su lengua, mientras me pasaba la pija negra desde el culo al clítoris, lo mira a Carlos, el papá de jorguina, otro seguidor, el cual me ponía corazones en cada una de mis publicaciones y le dice, Carlos ayúdame con esta conchita, vos lamela que yo me dedico al culo..

    Ahí estaban los dos sosteniéndome las piernas y llenándome de lenguas y dedos provocándome gemidos dulces con la misma voz que le digo hasta mañana papis ,los espero mañana en la puerta, mientras me miran las tetas, Ricardo y Augusto padre y tío de Pedrito, se pajean y apoyan las bolas en mi boca, las lamo las besos las chupo y las escupo, mientras mis dos manos se ocupan de Hugo y Marcelo padres de Martita y Lucianito, tenía seis pijas a mi disposición, Marcelo y el otro papi me apretaban los pezones y chupaban mis tetas como si quisieran ser amamantados, le hubiera pedido al cielo tener leche, así veía sus lenguas rojas mojadas con ese líquido blanco tan parecido como el que me sale de la conchita ,líquido que ya estaba en la lenguas de los papis muy ocupados abajo mío, volví a cerrar los ojos mientras tenía las dos cabezas adentro de mi boca sintiendo cómo se lubricaban con mi saliva entre las escupidas y me la refregaba por la cara, en eso siento una doble penetración, de repente tenía las cuatro pijas en la boca, las lamía, las tocaba y las recorrida con la lengua, me tenían de costado, en eso me alzan y me llevan al lugar de los almohadones, uno se acuesta empiezo a cabalgar y otro por atrás me hace el culo, un tercero lame mi clítoris, mientras se tocaba y dos parados al costado mío seguían pidiéndome que se las chupara Mientras me atragantaba de huevos, se las escupía y gritaba…

    Qué manera de cogerme esos hombres, las cosas que me dijeron, los dos que estaban parados se decían, a ver la maestrita cómo abre la boquita, dale apoyale la pija al borde de la boca con la punta… entras… yo se la golpeteo, mira como saca la lengua… querés lechita Caperucita roja, roja te va a quedar la boca de las pijas que te vas a comer hoy, uno de ellos era más suave y me decía, me encantas maestrita me encantas, qué linda Caperucita qué linda puta mimosa… Lámeme la puntita, despacito trágala toda mientras le tocas la pija al otro lobo…

    El papá que me hacía el culo sostenía mis caderas, voy a sentir sus huevos arriba de los huevos del que estaba abajo… el papá que me cogía la concha tenía una verga grande gorda potente, entraba toda, y en una doble penetración no hay nada más lindo que sentir los huevos juntos, y que entren al unísono porque entre ellos pueden sentirse en sus troncos mientras me penetran…

    Mientras tanto me cambian de posición y hago un 69 quedando en el medio de dos padres. De repente tenía dos cuerpos a mi costado dos pijas duras dos huevos llenos de leche que esperaban derramarse mis tetas…

    Y en un momento le digo a todos que me rodean y me dejen en el medio que estemos todos acostados que quería sentir todos los cuerpos alrededor mío que todos hicieran de mí lo que quisieran… Eso fue la gloria sentía pijas, huevos, lengua, manos, dedos, todo me proporcionaba placer, empezaron acabarme estaba rodeada de leche, llena blanca completamente, les pedí que me laman como lobos calientes, estaban todos acabándome, están excitados, no importaba la leche de quién era, otros me seguían cogiendo, todos seguían disfrutando de mi cuerpo, y yo chupaba y chupaba ahogándome de leche, uno de ellos se había enloquecido lamiéndome la vulva metiéndome los dedos y otros seguían besándome los pezones limpiándomelos…

    Yo quería seguir teniendo sexo desenfrenado toda la tarde… Más me cogían más quería seguir cogiendo…

    Los celulares estaban apagados, se hacía de noche, ya no importaba ni la reunión ni el ensayo ni nada que se le parezca, querían que se queden conmigo esa noche, tenía ganas de que me cojan de a uno y el resto que mire…

    Y así fue… Pero eso te lo cuento en otro relato…

  • Incesto en una noche de tormenta

    Incesto en una noche de tormenta

    El temporal de agua y nieve había cortado el camino y el camión del butano no pudo llegar a la aldea. Se habían quedado sin butano para cocinar y para las estufas. Solo quedaba la bombona de la cocina y la necesitaban para hacer la comida. Cómo la casa estaba hecha de piedra el frío que hacía en ella era criminal. Claudia, su hija Nieves y su hijo Federico estaban sentados a la mesa de la cocina tomando unas copas de orujo. Un brasero bajo la mesa les daba calor. Les decía Claudia:

    -¡Maldito sea el día en que quitamos la cocina de hierro para poner el butano!

    Nieves, que era una veinteañera, casada, morena, gordita y con muchas curvas, después de tomar un trago de su copa de orujo, le dijo:

    -El butano es más limpio.

    -Pero no calienta la casa. No debí hacerle caso a Benito… Hablando de Benito. ¡Qué bien me vendría esta noche para calentar la cama!

    -Y a mí Roberto, para calentar la cama y la otra cosa, pero están los dos muy lejos.

    Benito y Roberto estaban trabajando en Suiza y ya iba para el año de la última vez que estuvieran de vacaciones. Claudia le habló en gallego a su hija.

    -Non se di a outra cousa, dise a cona, filla, dise a cona. ¡Que fame de carallo pasamos! (No se dice la otra cosa, se dice el coño, hija, se dice el coño. ¡Qué hambre de polla pasamos!)

    Federico bebía, escuchaba y callaba.

    Madre e hija se estuvieron lamentando hasta que se fueron para cama, y al entrar en ella se lamentaron más, ya que las sábanas blancas de franela aún con el pijama puesto estaban más frías que la nieve que había fuera de la casa.

    Federico al poco de meterse en la cama de su habitación volvió a salir de ella y se fue a la cama de su hermana. Se metió debajo de las sabanas y de las mantas, se puso en posición fetal, abrazó a su hermana y temblando de frío le dijo:

    -Quiero dormir abrazadito a ti cómo cuando éramos niños.

    Nieves encendió la luz.

    -Ya no eres un niño, Federico, date la vuelta hacia el otro lado.

    Se dio la vuelta y ahora fue Nieves la que lo abrazó cogiéndolo por la cintura. Cinco o seis minutos más tarde la mano derecha de Nieves dejó la cintura de Federico y se iba a posar en una de las piernas, pero en el camino se encontró con su polla empalmada. Se separó de su hermano y le dijo:

    -¡Vuelve a tu cama!

    -¿Quieres que coja una pulmonía? Estoy caliente…

    -Ya sé que estás caliente. ¿Te la puso dura el calor?

    Federico, que era un mocetón, moreno y bien parecido, le respondió:

    -No, se me puso dura al sentir tus tetas en mi espalda.

    Nieves parecía estar muy enfadada.

    -¡Ahora la culpa va a ser mía por tener tetas!

    Federico se puso boca arriba, le cogió la mano y se la llevó a la polla.

    -¿No decías que necesitabas una polla?

    Nieves instintivamente la apretó y vio que era muy gorda, después la soltó y le dijo:

    -Vuelve a tu cama, descarado.

    Federico le dio un beso. Nieves viera venir los labios y no apartara la cara.

    -Tú no quieres que vuelva a mi cama, tú necesitas correrte.

    -Sí que necesito correrme, pero no vas a ser tú quien me haga correr.

    Federico le dio un beso con lengua. Nieves lo empujó.

    -No puedo hacerlo contigo.

    -¿Por qué soy tu hermano?

    -No, por otra cosa.

    -¿Por qué cosa?

    -Porque podría quedar preñada.

    -No hace falta meter, te podría hacer correr haciéndote una paja, o comiéndote el coño.

    -¿Sabes cómo masturbar a una mujer y cómo comerle el coño y que se corra?

    -Puedes apostar el culo a que sí. ¿Y tú sabes mamarla bien?

    Le dio otro beso con lengua, Nieves se lo devolvió y se entregó al vicio… Le metió la mano dentro del pijama y del calzoncillo. Se encontró con la polla dura y calentita. Meneándola le dijo:

    -La tienes gordita.

    -¿Es más gorda que la polla tu marido?

    -Tendría que meterla en la boca para saberlo.

    Se metió debajo de las sábanas, le mamó la cabeza de la polla unas diez o doce veces y Federico le llenó la boca de leche a su hermana, leche que Nieves se tragó. Después de tragar, sacó la cabeza de debajo de las sábanas y le dijo:

    -¡Qué calentita y que rica estaba! Ahora sí que entré en calor.

    Federico le metió la mano dentro del pijama y de las bragas y se encontró con el coño encharcado.

    -Estás empapada

    -Es de hacerte correr.

    . ¿Quieres que te haga la paja?

    -Ya estás tardando.

    Federico le metió dos dedos dentro del coño, los sacó, acaricio el clítoris y después volvió a meter y a sacar los dedos. Metiendo y sacando empezaron a besarse con lujuria… Federico con la otra mano debajo de la chaqueta del pijama le magreó las tetas y jugó sus pezones. Al rato, después de chuparle la lengua, le preguntó:

    -¿Cuándo estés a punto de correrte quieres que te la saque con la lengua y que después te siga comiendo el coño hasta que te corras otra vez?

    Rita no le contestó, bajó un poco el pantalón del pijama y las bragas y se echó boca abajo. Federico se metió debajo de las sábanas y le lamió el ojete a su hermana. Después de haberle comido el culo bien comido, Rita, se puso boca arriba y quitó el pijama y las bragas. Federico la besó en la boca, después le magreó y le comió las tetas, unas tetas gordas, con areolas negras y pezones grandes y duros. De las tetas bajó al coño, un coño rodeado por una gran mata de pelo negro y con unas pocas lamidas se corrió en la boca de su hermano.

    Federico al acabar de correrse su hermana la volvió a besar para que probara los jugos de la corrida, después le puso la polla en la entrada del coño como pidiendo permiso. Rita le echó las manos a las nalgas, tiró hacia ella y metió la polla hasta el fondo de su coño. Federico le dijo:

    -¡Qué coño más rico tienes, Rosa!

    A Nieves ya no le preocupaba quedar preñada.

    -Para rica tu polla, bandido.

    Rita ya no sentía el frío. Subió encima de su hermano y destapada le dio caña… Sus tetas se movían de abajo a arriba y de arriba a abajo, su culo volaba de atrás hacia delante y de delante hacia atrás. Lo estaba follando con tanta fuerza que el polvo parecía un musical. Los muelles del metálico de la cama ponían la música y Rita con sus sensuales gemidos hacía de cantante. Cuando Rita sintió que se iba a correr se quedó quieta. Miró a los ojos a su hermano, echó las manos a las tetas, sacó la polla del coño, se lo puso en la boca y mientras los ojos se le iban cerrando, le dijo cómo en un susurro:

    -Me corro, hermano, me corro en tu boca.

    Federico la meneó y se corrió con la fuerza de un géiser.

    Claudia había sentido los ruidos de los muelles y los gemidos de su hija, pero cómo ya no podía hacer nada para remediar lo que hicieran, dijo:

    -Nunca debimos quitar la cocina de hierro.

    Quique.

  • Confesión: Mi esposa embarazada de un conocido

    Confesión: Mi esposa embarazada de un conocido

    Hola, ¿cómo están? Me presento en estos medios para contarles algo muy íntimo de mi vida. Quisiera compartir estos hechos para tener diversos puntos de vista, así puedo apreciar otros pensamientos aparte del mío ya que, en muchas ocasiones, uno se cierra a su propia manera de interpretar las cosas para, de cierta manera, contentarse, pero a estas alturas tengo muchas dudas y eso ya no me sirve. Prefiero compartir estas cosas a través del anonimato, tanto mío como el de ustedes, ya que estas son situaciones que no veo pertinente comentarlo con algún amigo, compañero o alguien muy cercano por temor a que se pueda ver flagelada mi intimidad y la de mi esposa. Estoy abierto a leer sus más sinceras opiniones con respecto a lo que cuento. Trataré de contar lo sucedido con lujo de detalle, para que así ustedes tengan todas las cartas sobre la mesa y puedan precisar bien los acontecimientos a cómo ocurrieron.

    Ya por el título que le he puesto a esto sabrán qué es lo que pasó, pero más importante para mí son las circunstancias y condiciones para llegar a ello. Ahora se los voy a explicar todo. Yo con mi pareja nos amamos mucho, ella es, de todas las novias que he tenido, la que más buena está, no la voy a describir porque no me parece pertinente, más aún si quiero permanecer en el anonimato, pero es una mujer guapísima; de hecho me apetece hacerle el amor todos los días, eso llevó a que haga mucho ejercicio para poder rendir. Hay días en los que, ustedes sabrán, no se puede, pero pasados esos días se nos viene una explosión de ganas.

    Hace mucho tiempo que estamos juntos, ambos aprendimos mucho del otro y le chambeamos bastante para conseguir nuestra independencia y estabilidad económica. Tal es así, que ya pudimos hacernos con un terreno, una casa que la fuimos amueblando de a poco, hasta hacerla habitable. Nosotros vivíamos en un departamento, pero la casa está en otra ciudad alejada, por lo que, llegado el momento, nos tuvimos que mudar y dejar todos los círculos sociales que teníamos y formar otros, lógicamente. En pocas palabras, se trata de una nueva etapa en nuestras vidas, por así decirlo.

    Es en este punto en que las cosas se ponen particulares. Mi mujer, para esta nueva etapa, quiere ser madre, tener un hijo. Me comentó que para ella no se trata de un deber o algún tipo de mandato social, sino que es un deseo, como un sueño suyo, ve con pasión esto de ser mamá. A mi eso de tener hijos nunca me interesó, no es algo que desee ni que quiera, pero las cosas van más allá cuando la persona que amo lo desea y quiere que esté a su lado; entonces, por amor, la acompaño a cumplir su sueño, ella me ayudó a cumplir el mío por lo que no voy a ser tan egoísta de no ayudarle en el suyo.

    Ustedes se preguntarán: ¿y dónde está el problema entonces? Lo que sucede es que poseo una ets, una muy común, de hecho algunos pueden que la tengan pero no se han dado por enterados aún. Yo no pienso, ni considero contagiarle la ets a ella, justamente por ello compro cajas y cajas de condones. Debo de sacrificar ciertos placeres por culpa de esta desdicha, como no poder disfrutar de una mamada a pelo o, en estas situaciones, no poder darme la satisfacción de correrme dentro de ella. Mi mujer apreció mucho que le haya contado sobre ello y mi decisión firme de cuidarla. Además, supongamos que en una situación, por demás fantástica, ella dijera que no le importaría tenerla, aun así no querría hacerlo, por razones que en el sexo le practico mucho sexo oral a ella, y eso implicaría que se expanda más la transmisión. En fin, una situación delicada que, creo, debe de pasar mucho pero uno no anda por ahí contándolo, ¿no?

    La alternativa de una inseminación artificial está en un plano fantasioso para nosotros, con todo el dinero que hemos invertido para una casa propia, no sobra para eso. Así que tomamos otra alternativa más rudimentaria, fuimos a lo obvio: que alguien se encargue de preñarla. Como estaríamos en otra ciudad, no había problema con que la criatura, al crecer, refleje rasgos distintos a los míos levantando sospechas (en todo caso, yo ruego que salga con la belleza de la madre). Mi mujer, unos cuantos días antes de la mudanza, se encargó de seleccionar al candidato, no fue ni un amigo, ni pariente, ni vecino, ni nada de eso: se trataba de un conocido y ya, alguien que daba igual lo que pudiera o no decir de la propuesta, puesto que ya no estaríamos en la ciudad para ello. Es un chico joven, ella decía que se parecía a mí, yo no le veía para nada el parecido, es mucho más alto y delgado que yo, se me hacía que ella debía de haber proyectado algo de mí en aquel chico para decir eso.

    Cuando pusimos en marcha el plan, ella me comentaba que sentía mucha adrenalina, como si fuera a robar un banco o algo, muy al estilo película de acción. Nos citamos con el conocido en un pub, por la noche. Mi mujer llevaba la batuta, hablaba con el muchacho con un semblante serio y calculador, como una profesional. Cuando le comentó la propuesta, noté como el chico tenía que disimular su excitación, de seguro se le erizaron todos los vellos del cuerpo. Lo que se le exigió fue que, obviamente, se hiciera todos los estudios correspondientes para la detección de una ets, algo lógico puesto que venimos de eso. El chico musitó algo de que tendría que pagarse todos los estudios con la obra social o algo así, a lo que mi mujer le dijo secamente que ese es el mínimo precio por tener sexo a pelo, que no se queje. Sonreí cuando el colega se disculpaba rápidamente y decía que no habría ningún problema, por supuesto que no quería que ella se pusiera de mala gana y se echara para atrás la propuesta.

    Nos trajo los estudios a la brevedad, sabía que nos mudaríamos en unos días, de seguro habrá puesto dinero extra para tener todos los resultados tan prontamente.

    El día de la procreación yo iba a estar presente junto a mi esposa, allí en la alcoba de nuestro departamento donde se llevaría a cabo. Quería saber, ver con mis propios ojos lo que allí pasaría, iba a ser el día en que mi mujer concebiría su futuro bebé y me parecía un día importante para estar presente. Sé que puede sonar raro, pero aunque sea obvio lo que allí ocurriría, la incertidumbre que me quedaría si no estuviese presente, el no saber cómo ocurrió, de qué manera, me carcomería de forma tal que se me generarían pensamientos adversos sobre nuestra relación.

    Eran las cuatro de la tarde, hacía un lindo día. El teléfono móvil de ella suena, le había llegado un mensaje pero lo ignoró por completo. Al rato me suena el mío, era el colega que ya había llegado. Le aviso y ella automáticamente comienza a desvestirse.

    —¿Por qué te sacas toda la ropa? Si es suficiente con que te saques la bombacha nomás y ya —recuerdo que le pregunté.

    Ella me dice que el chico debe estar bien excitado, y de esa forma puede que no resulte bien, tal vez no se ponga a punto y tal. Bueno, se lo dejé pasar, de cierta manera tenía algo de sentido.

    Voy a buscar al chaval. Al entrar a la habitación, con ella desnuda de pie cerca de la cama, el chaval se asombra y dice: «¡opa!».

    —Ya sabes a lo que venimos —le recalca ella—, no tiene sentido tanto rodeo.

    El colega entonces se va desvistiendo, sin quitarle un segundo la vista de encima. Temblaba un poco. Estando desnudo noto otra diferencia conmigo: traía un cipote más grande que el mío y con un poco de vello encima, cosa que en mi no lo toleraba, siempre me afeitaba.

    Mi mujer se acostó en el borde de la cama, boca arriba, con las piernas flexionadas. Yo me acomodé a un lado, en un sofá que estaba casi pegado a la cama. El colega se fue aproximando a ella, notoriamente excitado, temblando un poco y con la respiración agitada. Comienza a metérselo así nomás.

    —Despacio, con calma —recuerdo que le dijo ella, con sus manos atajando la cintura del chaval.

    Ella en todo momento tenía un semblante serio y calculador, que me resultaba de todas maneras sexy.

    Me acuerdo que cuando logró metérsela toda, se quedó un rato quieto, respirando dificultosamente. Luego, con los brazos bien extendidos, apoyadas las manos a ambos lados de ella, comenzó el vaivén. El colega gemía. No se dieron ni besos, ni toqueteos durante toda su estancia. Mi mujer lo miraba, la mayor parte del tiempo, con ese semblante serio, supervisando el trabajo del chaval. Lo único que noté es que ella, cada tanto, le hacía unas caricias en la cintura, pero luego creo que ni gimió.

    Tenía algo de novedoso ver a mi mujer desde ese ángulo, diferente al que estoy acostumbrado. Me excitó la situación, pero como a cualquiera se excitaría al ver gente linda teniendo sexo. Al cabo de unos instantes, me quité el pantalón y comencé a masturbarme con ganas. Mi mujer me miró con una cara desencajada cuando vio que me estaba pajeando, pero luego cambió su semblante por uno comprensivo.

    —Hacé de cuenta que sos vos el que me está penetrando, mi amor. —fue lo que me dijo.

    Casi al instante de dicho eso, el colega empieza a bufar fuerte.

    —¿Se está corriendo? —Le pregunto, porque como estaba continuamente jadeando no me enteraba.

    Ella me hace un “sí” con la cabeza. Luego de la corrida, se queda quieto unos momentos aún dentro, recobrando el aliento. Ella le acariciaba la cintura. A continuación se sale lentamente de ella, y le pide permiso para usar la ducha. Ella le indica el baño de la habitación.

    Mi mujer se sienta en el borde de la cama, con los brazos extendidos detrás, apoyadas las manos en la cama. Se encontraba un poco agitada, no sé por qué.

    —Bueno, le despido yo nomás ahora cuando salga del baño —le digo incorporándome con los pantalones de vuelta puestos.

    Ella me mira seria:

    —No, mi amor, todavía no terminó.

    —Pero si ya acabó, ¿no?

    —No siempre se queda a la primera, vamos a hacerlo una vez más para asegurar.

    Me quedé desconcertado, como ella estaba tan segura de ello, me resigno y vuelvo al sofá. Probablemente sea cierto, yo, como nunca estuvo en mis planes tener bebés, y mucho menos luego de la ets, no me molesté en investigar sobre el tema así que le cedí la razón.

    Tras salir del baño, el chaval se para en frente de ella y le pregunta si ya estaba lista, al parecer el colega también estaba enterado de ello. Ella asiente y él comienza a masturbarse tímidamente. Mi mujer le mira unos instantes y luego se agacha y comienza a chupárselo. Yo también me había corrido al tiempo que el chaval, por lo que ahora no veía con los mismos ojos todo ello, me sentía algo turbado, pero tampoco quitaba los ojos de la escena. Ella se lo mamaba con mucho esmero, rápido, con intensidad. A mi no me lo hacía así, era mucho más suave, luego entendí que nosotros en nuestras relaciones no teníamos apuro, comprendí que si le estaba haciendo una mamada de campeonato así era para que el chaval se excitara lo más pronto posible, y terminar ya con todo el trámite.

    De repente, la escena me vuelve a excitar, teniendo una erección nuevamente. Ya bien excitado el chico, ella se arroja a la cama, esta vez no en el borde sino más al medio, y el chico se le sube encima. En esta ocasión ella no le dijo que vaya con calma ni nada, el chico la penetró rápido, cogiendo un ritmo acelerado, con el cual hacía mover el colchón. Ella ni se inmutaba, ni se quejaba. Me quedé absorto por ello, pero luego recordé que debía de tener restos de la lefa dentro del coño aún, lo que le serviría de lubricante natural para tan salvajes penetradas.

    No habrán estado así más de cinco minutos, que ya se estaba corriendo otra vez, hundiendo todo lo que podía su pelvis. Gemía estrepitosamente el chaval, me hizo pensar en lo que le estaba tocando, hacerlo sólo con la intención de correrse, sin procurar, como yo, extenuar todo lo que pueda mi erección para acabar junto con ella. Me acuerdo que durante la follada, ella llegó a jadear pero bajito, y durante la eyaculada se le iba la vista. ¡Qué envidia me daba!, y, a su vez, una impotencia, pero ya está, no podía hacer nada.

    Como la vez anterior, se quedaron un rato “pegados”, y luego se separaron procedimentalmente, sin dirigirse mirada ni palabra alguna. Estaban ambos sudados. Ella se dirigió sin más al baño y yo acompañaba al chaval al otro baño, ubicado en la sala.

    Al rato baja ella, ya con su blusita y su falda de mezclilla. Se había arreglado el cabello. Esperamos al chaval, quien se estaba duchando. Salió y compartimos alguna charla, nos deseó con cariño mucha suerte en nuestro viaje, mucha suerte para nuestra nueva vida, y nos dijo que jamás iba a comentar a alguien esto, que nos respetaba mucho y nos admiraba. Nos resultaron tan conmovedoras sus palabras. Mi mujer se acercó para darle un abrazo. Me resultó un poco largo, y se me hacía muy raro que se acariciaran las espaldas. De repente se separan, ella parecía intentar recatarse. Noté una intensa tensión entre ambos, me miraban, se miraban entre ellos, no sabían qué hacer.

    —Ahmm… ¿Estás… de nuevo…? —Le había preguntado ella al chaval, y él asiente como con culpa.

    Ella suspira y me mira con cara de resignación. Me dice:

    —Bueno, vamos a aprovechar que está a tiro nuevamente, amor…

    —No, mi amor, ya está —le había respondido sin tomarme a serio, casi riéndome.

    —Mi amor —me dice seria, me separa un poco del colega y tomándome las manos continúa—: tenemos que asegurarnos, sino no habrá servido de nada todo esto. No vamos a tener otra oportunidad así, vamos a aprovechar…

    —Okey, cómo quieras —le respondo secamente. Ella se queda mirándome a los ojos, no quería que se lo confirmara así. Le doy un tierno beso y, así, sí.

    Se separa de mí y le hace señas al colega. Se ubica detrás del sillón, el que nos sentábamos a mirar pelis, y allí, paradita, levanta su falda, baja sus bragas, se inclina y apoya firme las manos sobre la parte superior del respaldo. Ahora si aplicaba lo que le había dicho de la ropa, aparentemente. El colega se ubica detrás, baja sus pantalones y comienza a entrarle, ¡por tercera vez!, a mi mujer.

    Esto a mí ya me parecía demasiado, no creía que fuera necesario. Supongo que se aplica lo mismo de las otras veces, pero algo se me hacía extraño. Un sabor raro se me quedó tras eso hasta el día de hoy, que les estoy relatando esto a ustedes. Necesito diversidad de opiniones, porque no sé cómo tomarme esto, todo lo que pasó, ya hasta dudo si habremos hecho bien. Para colmo, el colega ni llegó a correrse, comenzó con una marcha brutal, como anteriormente (allí ya no sé si aplicaba lo de la lefa o, ¿acaso ella no se había lavado?), y ella ni se inmutaba, gemía con los ojos cerrados, mientras yo veía cómo su cuerpo se movía de atrás para adelante. Y como no podía faltar, a pesar de estar con mala cara, mi pene vuelve a reaccionar y me excito de nuevo. Pero ya no estaba para pajas. En fin, lo que pasó es que el colega comenzó a aminorar la marcha, hasta que se salió del todo. Mi mujer se da la vuelta para ver qué pasó, y el tipo le responde, con cara de consternado, que no podía seguir haciéndolo, que lo lamentaba pero se tenía que ir. Y se fue, sin más. Nos quedamos mi mujer y yo con cara de nada… ¡Qué cojones!

    Okey, perdonen el exabrupto al final. Ojalá hayan podido leerme y dejarme sus opiniones, para así tener al menos gente para charlar de esto porque, como les comenté al principio, no me animo a tocar el tema con mis amigos. Es algo extraño.

    Hasta luego y gracias por haberme leído.

    Gab8

  • La renovación de contrato

    La renovación de contrato

    Hola. Ya me conoces seguramente. Soy Carla, de Arequipa, Perú. Esta vez, contaré lo que me pasó cuando accedí a lo que podríamos llamar mi primera relación laboral.

    En aquella época, estudiaba en la facultad de derecho, tenía 20 años y había terminado el cuarto semestre (había perdido un año por no estudiar como se debe). Vivía en un cuarto de pensión con una amiga, cada quien en su habitación y desayunando vimos un anuncio en el periódico.

    Se trataba de una convocatoria para estudiantes de derecho, economía, administración y contabilidad para cuatro plazas de fedatarios en una institución estatal. La paga no era mala, seiscientos soles mensuales, contrato por tres meses. No lo pensamos más y nos fuimos a inscribir.

    A la semana salieron los primeros resultados y estábamos en la relación. Pasamos a la siguiente etapa y finalmente obtuvimos las vacantes. El día que fuimos a firmar nuestro contrato, el jefe de la división donde trabajaríamos era un señor de unos cuarenta años, simpático, no muy agraciado, de buen porte y algo serio. Nos indicó a las cuatro chicas que ingresamos las funciones que debíamos hacer que en buena cuenta era salir a la calle a verificar que los negocios cumplan con sus obligaciones, y nos presentó a nuestros compañeros de oficina. Al final el grupo operativo éramos diez fedatarios, seis chicos y nosotras cuatro.

    Para suerte a Susana (mi amiga) y a mi nos tocó los primeras dos semanas hacer trabajo en oficina, llenando información en la computadora (el trabajo estaba atrasado) y formando expediente de cada negocio intervenido, mientras las otras dos chicas a quienes no conocíamos salían a hacer trabajo de campo.

    El trabajo en la oficina era súper tranquilo. Salvo las miraditas medio mañosas de los compañeros. Daniel era un fedatario de 28 años, morenito, musculoso y hablador. Desde el primer día me cayó en simpatía. El ambiente era bonito, mucho compañerismo. Lo único “malo” es que los chicos eran muy toquetones. Cada vez que les pedía favor por alguna cosa se me acercaban mucho a hablarme o si estaba sentada apoyaban su mano en el hombro. Al principio me incomoda un poco, pero ya luego me fui acostumbrando. Demás está decirles que la primera semana no gaste nada en refrigerio pues uno a uno me fueron invitando a salir a almorzar. Que mas quiere una que le inviten el almuerzo y pasar un momento en compañía.

    Pero luego vino el cambio. Las dos chicas que habían salido ahora se quedarían en la oficina y nos tocaría a nosotras hacer trabajo de campo. El doctor Solis, nos llamó a su oficina. Allí estábamos Susana, yo, Daniel y Alex.

    – Chicos, escojan con quien quieren salir en parejas. Necesito que les enseñen todo para no tener inconvenientes. Ustedes (dirigiéndose a nosotras) no se preocupen, cualquier cosa, se la comunican a mis muchachos y no pasa nada. Ok. Bien, vamos a trabajar. Buena suerte.

    Salimos y los chicos nos empezaron a explicar lo que tendríamos que hacer. Tenía algo de nerviosismo. Nunca había estado frente al dueño de un negocio y explicándole si hizo bien o mal o dejándole una acta de las irregularidades cometidas. Me dio algo de miedo.

    Salimos en la camioneta de la institución y se quedaron Alex y Susana. El vehículo siguió su marcha varias cuadras más y Daniel le dijo al chofer que parara. Aquí nos quedamos Carla. Bajamos.

    – Mira, solo en este negocio vamos a entrar juntos. Mira y aprende ah.

    – Ok

    Entramos, y el con mucho aplomo llevó a cabo la intervención. No me pareció complicado.

    – Viste. Nada difícil. Ahora vamos a hacer lo siguiente. Tú estos dos negocios de esta cuadra y yo estaré en la cuadra paralela. Cualquier cosa me buscas.

    – Me vas a dejar sola?, pregunté.

    – Tranquila. Todo te saldrá bien.

    Y Se dio media vuelta dejándome paradita. Respiré y me dirigí al local. Entré y repetí casi textualmente lo mismo que Daniel había dicho antes y para suerte mía, todo salió bien. Salí del local y él me estaba esperando a media cuadra. Fui a su encuentro e instintivamente lo abracé.

    – Vez que no era difícil, me dijo.

    Y así se fueron pasando los días al lado de Daniel. Me invitó a almorzar todos los días por cierto y compartía casi todo el día con él. Hasta que llegó el viernes.

    – Carla, hay arrancamos temprano y lo hacemos al toque ya que debemos cerrar como se merece la semana.

    – Ok.

    Con la experiencia adquirida, terminamos casi a la una. Nos encontramos en la esquina acordada sonrientes de haber terminado temprano.

    – Vamos ahora a llenar los informes y los expedientes antes de ir a la oficina

    – Claro, pero a donde vamos

    – Es un sitio tranquilo, aquí a tres cuadras.

    Entramos a un local, pensé yo que también haríamos un operativo allí, pero no. Daniel saludó con familiaridad al dueño y le pidió una habitación. Pagó diez soles y me dijo vamos. Yo lo seguía sin saber muy bien donde estábamos.

    – Dani, dónde estamos?

    – Es un hostalito caleta Carla, aquí podemos trabajar sin que nadie nos moleste.

    – Un hostal?? pero…

    – Tranquila bebe, voy al baño, tú empieza a llenar las actas.

    Así lo hice, pero me sentía nerviosa. Fuera de la habitación se escuchaban algunas voces. Dani salió del cuarto de baño, por cierto escuché claramente el chorro en el inodoro ya que ni se molestó en cerrar la puerta. Empezamos a armar los expedientes mientras él me echaba unas miradas ya muy directas que me incomodaban. Para matizar un poco le dije y que será de Su y Alex.

    – Ahh ese Alex… nunca ha podido ganarme. De seguro cae en cualquier momento. Susana no es tan pilas como tú pues.

    – El también viene a terminar el trabajo aquí?

    – Claro. Todos los viernes cerramos la semana. Bien, y eso es todo creo. Firma cada acta y pon tu sello y ya estaría todo.

    – Me incorporé de la cama para buscar en la mochila el sello cuando de pronto siento que me toma de la cintura y me jala hacia la cama de vuelta.

    – Carla vamos a celebrar nuestra primera semana de trabajo juntos.

    – Daniel, nooo… que te pasa…

    – Vamos te va a gustar preciosa.

    Sentía sus manos apretándome los senos y su boca mordisqueaba mi cuello. Al voltear un poco me encontré frente a frente y aprovechó para besarme. No quité la cara. Dejé que me besara. El chico me gustaba finalmente, pero no era la forma. Total. Correspondí el beso y ya más calmada, seguimos tocándonos.

    – Oye, no le dirás a nadie verdad. No contestó.

    – Carla lo quieres hacer con o sin jebe.

    – Con jebe, le dije. Hace un año atrás ya había salido embarazada por no cuidarme y no pensaba repetir la historia de buscar quien me ayude a solucionar el problema.

    Me desvistió y en un abrir y cerrar de ojos, ya estaba desnuda completamente y él también, aunque no se había quitado las medias ni las zapatillas. Me acomodó en perrito y sin más empezó a meterme la verga. Sentía sus muslos rebotar contra mis nalgas, y el sin decir nada, solo haciendo algunos sonidos, seguía y seguía bombeándome, hasta que de pronto un ahhh salió de sus labios y se dejó caer sobre mi espalda.

    – Que rico Carla…que rico.

    – Si Dani… estuviste bien, atiné a decir.

    Mientras me vestía, y él arreglaba los expedientes, siento un gemido inconfundible en la habitación del costado.

    – Oye, esa es Su.

    – Ese Alex debe estar cerrando la semana también no te dije. Pero nosotros llegamos primero.

    No lo podía creer. Susana estaba cachando con Alex, si ella me había comentado que él no era de su agrado. No entendía que pasaba.

    Yo casi no hablaba para que no me fueran a escuchar. Cogí la mochila y salí primero de la habitación. El me seguía los pasos. Se despidió del señor que nos atendió con un “hasta luego don Luis”. Al salir traté de ver la fachada y nada. No tenía letrero ni nada que hiciera presumir que era un hostal. Durante el trayecto solo me tomó de la mano tímidamente pero no me dijo más nada. Llegamos a la oficina. Él se veía contento. Triunfador.

    Los demás chicos lo miraban como preguntándole algo y él solo levantaba el pulgar derecho. Fui a mi escritorio, guardé algunas cosas y me despedí con un hasta el lunes chicos, buen fin de semana y salí de la oficina.

    Seguía sin entender. Esperé con ansias la llegada se Susana. Como a la hora y media se apareció.

    – Óyeme tú, perrita, le dije- Que hacías cachando con el Alex ahh??

    – Lo mismo te pregunto putita… acaso tú no estabas haciéndolo con el Dani?.. Alex ya me ha contado como es la cosa… cada fin de semana tienen que terminarla cachándose a su compañera de trabajo, y el que no lo consigue tiene que invitar las chelas o algo así.

    – Nooo… se pasaron. A mi me agarró de sorpresa, pero como me gusta el Dani pues me dejé. Pero tú no decías que el Alex no era tu tipo.

    – Pero no sabes la pinga que tiene… es gruesota amibita.

    Y así seguimos conversando de nuestra primera semana de trabajo de campo, contándonos los detalles de lo que habíamos pasado.

    El lunes, nuevamente el doctor Solis nos reunió y nos indicó que zona nos tocaría intervenir. Siempre nos avisaba en el momento previo. Ustedes, ya se organizan en parejas, dijo.

    Tomé mis cosas, y me dirigí al grupo: con quien voy a trabajar esta semana? Alex al toque dijo: Voy contigo Carla. Daniel tímidamente preguntó: Susana, vamos juntos te parece? Bueno contestó ella y así se armaron también las otras dos parejas.

    Ya con lo aprendido de Daniel, la semana me la llevé sin contratiempos. Alex era más bien bajo, delgado, charlatán, chistosito, no era mi tipo tampoco, pero era entretenido. Así llegamos al viernes. Era obvio que Daniel le había ganado nuevamente, a pesar que Su no era tan rápida como yo.

    – Bueno Carla, imagino que Daniel ya te dijo que antes de retornar a la oficina hay que terminar el trabajo en el localcito.

    – Si, lo bueno es que ya he ido avanzando un poco mientras terminabas tu intervención.

    – Vamos entonces. Me tomó de la cintura, lo que no me gustó mucho, logrando zafarme al doblar una esquina.

    – Que tal Don Luis, una habitación por favor. Dos horitas ya sabe.

    Entramos. Tomé los papeles y me puse a ordenarlos. El también hacía lo propio. Pero cada que podía me acariciaba el hombro y me arreglaba el cabello.

    – Terminé, y tú?

    – Casi, solo me falta que firmes todas las actas.

    – Ya está. Todo listo y ahora me vas cachar o que estas esperando, mira que solo has pagado por dos horas.

    Le gané el vivo. Se sorprendió. Dentro de mi esperaba ver esa verga gruesota como decía Su.

    – Mira tengo unos jebes con espuelas. Lo has probado.

    – No. Va a ser la primera vez. Ojala se sienta bien.

    Se paró frente a mi. Le bajé el cierre y se la saqué. De verdad era gruesa, negra, maloliente tal vez, igual me la metí en la boca y se la chupé. Me desvistió y me dijo te voy a hacer patas al hombro Carlita. Me alzó una pierna, yo acomodé la otra y me acercó esa cosa fea y gruesa hacia mi conchita. Sin más, me la introdujo. Entendía ahora los gemidos de Su. Realmente esa tranca se hacía respetar. Me tuvo así un tiempo y me pidió que me volteara. Me puse de perrito y así terminó su faena.

    Nos vestimos y salimos justo cuando Dani y Su subían a un taxi. Llegamos casi juntos a la oficina, y mientras nosotras acomodábamos nuestras cosas, ellos se reían y cuchicheaban con los otros fedatarios.

    Las cuatro semanas siguientes fue lo mismo. Cada viernes terminaba enculada con un nuevo compañero. Pasó con Ernesto, Fernando, Iván y Martin. Los seis fedatarios nos habían aplicado sin mayor esfuerzo. Como era obvio en la oficina empezamos a tener nuestra fama. Y no solo en la división de auditoría, sino que chicos de otras divisiones empezaron a buscarnos e invitarnos a salir.

    Yo estaba contenta. Me gustaba tirar y encima el trabajo no era tan pesado y los 600 soles mensuales me permitían pagar la pensión en la que vivía y comía por unos seis meses, sin tener que molestar a mis padres pidiéndoles dinero o estirándolo para poder darme mis gustos, así que no iba a incomodarme por pequeños detalles.

    Habiéndonos conocido todos y ya en confianza, nos fuimos de juerga un sábado. Había un festival de música y fuimos en mancha todo el grupo. Bailamos, bebimos, todo chévere. Pero éramos seis chicos y cuatro chicas. No cuadraba el asunto. Para suerte mía, decidieron jugárselo a la suerte. Quien ganaba tenía la posibilidad de escoger. Así los dos últimos se quedarían sin nada. Jugaron al tradicional yan ken po y ganó Fernando. Y obvio, escogió a las más bonita. Volvieron a jugar y ganó Martín. Escogió a Claudia. Ganó Alex y escogió a Bertha. Yo estaba temblando. Pero finalmente ganó Dani y escogió a Su. Ernesto e Iván se fueron derrotados a buscar por ahí.

    Alex paró un taxi y Martin otro. Subimos dos parejas en cada taxi y nos dirigimos al hostal de siempre. Creo que me tocó la misma habitación. El olor era el mismo. Inconfundible. Con los tragos encima, y la arrechura a mil, no fue nada difícil para Fernando penetrarme. Ya con más confianza, esta vez, disfrutamos más. Siempre con jebe para cuidarnos. Ese piso era un concierto de gemidos y risas de una y de otra sabiendo lo que estábamos haciendo.

    Ya al salir Su me estaba esperando. Tomamos un taxi y nos fuimos a nuestra pensión.

    El lunes, todos en el trabajo como si nada, saludándonos con confianza, pero nada más, como si nada hubiera pasado. Era genial realmente. Le llamaban trabajo, pero para mi era una forma fácil de ganarme un dinerito y pasarla súper bien. Lo malo es que ya faltaban solo menos de dos semanas para que venciera el contrato temporal.

    Alex soltó la noticia, que era probable una renovación, pero que el doctor Solís era el único que tenía la fija. Nos reunimos con Bertha, Claudia y Su y fuimos a hablar a su oficina.

    – Doctor, las chicas y yo estamos preocupadas por que ya se vence nuestro contrato y no sabemos si habrá la posibilidad de una ampliación o renovación. Nos hemos sacrificado estos meses y hemos dado todo de nosotras. Nos gusta mucho nuestro trabajo y la institución que representamos. Usted cree que habrá posibilidad de una renovación?

    – Mira Carla, chicas, lamentablemente no nos han dicho aún nada de Lima. Pero es muy probable que así sea. Yo les confirmo el viernes a más tardar. Ahora sigan trabajando muchachas.

    Me quedé triste. Algo en mi sabía que ya no nos renovarían. Bueno finalmente nos dijimos con Su, que había valido la pena. Ganamos una platita, nos divertimos mucho, conocimos gente de la institución, y eso nos serviría como curriculum para un siguiente trabajo.

    El martes, el doctor Solís nos mandó llamar. Chicas, nos dijo en tono lastimero, lo siento, pero de Lima me indican que no habrá renovación. Lo más que podemos hacer es tomar una plaza por tres meses más como excepción. Pero solo una de ustedes. Voy a reunirme con sus compañeros para que me hagan un informe y según su desempeño una de ustedes se quedaría tres meses más.

    Salimos desmoralizadas pero con la duda de quien era la más eficiente en el trabajo y podría quedarse tres meses más. Con Su nos miramos y dijimos. Ya fue. Ya la gozamos y a la mierda. Total, ya estábamos por empezar el semestre en la universidad y ya nuestros enamorados llegarían de viaje para estudiar.

    Al día siguiente me llama el doctor Solis a su oficina.

    – Carla, mira yo quería hablarte sobre la renovación de contrato. He revisado el file de las cuatro y veo que tú podrías ser la elegida. No he hablado aun con los chicos y la verdad poco me importa. Te veo de pies a cabeza y eres tú la elegida. Pero, tú sabes, siempre hay un pero. Hay un curso en Arequipa este jueves y viernes y ya aprovecho y me quedo el fin de semana. Así me relajo un poco y evito los fastidios de mi esposa al menos unos días. Pero me gustaría relajarme mucho más si es que tú me quisieras acompañar en mi estadía en Arequipa. Que dices?

    – Bueno, yo no sé… pero acompañar, es decir?

    – Pasarla juntos el fin de semana, como si fueras mi mujer. Así de claro te lo planteo.

    – Doctor, yo… Mire es que…

    – Te animas o no. Sino para ver con otra de tus compañeras.

    – Pero yo trabajo hasta el viernes, como sería. O sea, está bien, acepto su proposición, pero y el trabajo y el viaje?

    – Mira mamita, por algo soy tu jefe. Tú sales el viernes de comisión de servicios a las 12 am, vas al terminal y tomas el bus, yo mañana te doy el pasaje y veinte soles para los taxis, y llegas de frente al hotel donde estaré alojado. Así de simple. Pero sé muy reservada por favor.

    – Ok. doctor, así quedamos entonces. No se preocupe, Nadie se va a enterar.

    El jueves en portería me entregan un sobre. Lo abrí. Estada mi pasaje para el viernes a la 1 pm., 20 soles y una tarjeta del Hotel Presidente con el número de habitación.

    Le dije a Su la propuesta del doctor y me dijo, no seas cojuda, son tres meses más de sueldo. Déjalo trapo así tienes chamba por tres meses más. Ok, está bien, no digas nada y más bien cúbreme el fin de semana por si llaman mis padres.

    El viernes ya había hecho mi maletín con lo necesario. Salí de la oficina a las 12 pm y fui a mi pensión a sacar el maletín y partí al terminal. En seis horas estaba en Arequipa. Tomé un taxi hacia el hotel. En la recepción pregunté por la habitación 314. El encargado me dice: usted es la esposa del señor Solís, tome las llaves, si gusta va por las escaleras. La habitación está a la derecha del pasillo.

    La esposa del señor Solís. No sanaba nada mal. Entré a la habitación y antes de darme un baño revisé el maletín del doctor. Olfateé no sé por qué sus prendas. Me desvestí y me di un duchazo. Justo cuando terminaba de cambiarme, llegó él.

    – Hola bebe. Todo bien en el viaje

    – Si doctor.

    – No pues Carla. Dime Marco, si vas a ser mi mujer llámame por mi nombre.

    – Ok Marco.

    Mira me voy a dar un baño y nos vamos a una reunión. Ponte bella para mi. Se desnudó sin reparos, y se metió a la ducha. Revisé sus bolsillos, y en su billetera estaba su documento de identidad. 45 años, casado. Parecía menos. Lo volví a poner en su sitio y me cambié. Un vestido ceñido al cuerpo y unos tacos siete suficientes para verme regia. Sin embargo estaba sorprendida de que ni me haya propuesto tirar. Mejor para mi.

    Salimos tomados de la mano, dejó las llaves en la recepción y tomamos un taxi. Al llegar al local de reunión, estaban algunos colegas de él con sus respectivas parejas. Eché un vistazo a las chicas y se notaba a leguas que eran del cuento, recontra maquilladas. Me sentí incómoda pero siempre al lado de él, escuchando las conversaciones y tomada de su mano.

    Nos sentamos, bebimos, salimos a bailar y la pasamos bien. Sus amigos bailaban conmigo también, y seguíamos bebiendo. Sin querer mientras retornaba a la mesa escuché un comentario de uno de sus amigos: «oye, este pendejo se la ha traído desde Tacna… buen billete debe estar costándole». Tonta no era y caí en cuenta de que se trataba. Me puse el saco que llevé, ya que hacía algo de frío cuando una de las chicas me consulta: amiga tú servicio es por horas o toda la noche? toda la noche, contesté, ahh dijo y volvió a la pista de baile. Ya no había dudas, los chicos habían llevado a sus putitas para divertirse un rato.

    La reunión siguió y de verdad la pasé bien. Pero ya era súper tarde y estábamos algo bebidos. Marco se despidió de algunos de sus amigos, me abrazó orgulloso y salimos del local. Tomamos un taxi con destino al hotel.

    – te divertiste amor?

    – mucho Marco. Lo besé.

    – bueno ahora nos divertiremos solo los dos.

    Llegamos a la habitación. Abrió la puerta y alzándome de los muslos entramos como una pareja de recién casados. Reímos por su ocurrencia.

    Empezó a comerme la boca. Se sentía rico el aliento a licor. Su lengua jugueteaba dentro de mi boca salivando en demasía. Me corrió el cierre del vestido y este a pesar de ser ceñido cayó al suelo, dejándome con las tetas al aire y en calzones. Te gusta Marco? Eres divina Carla, lo eres, por eso te elegí, dijo, mientras me metía la mano a la conchita introduciendo uno de sus dedos en ella, y a su vez me besaba nuevamente con intensidad.

    Se quitó el saco y se desabotonó la camisa. Yo lo besaba por todo el cuello y su pecho velludo. Hasta hoy me encantan los hombres de pelo en pecho. Le mordisqueaba los pezones y él se retorcía gimiendo. Ya verás, ahorita me toca a mi me decía. Me sentó al borde la cama mientras se bajaba los pantalones. Dejó al descubierto su verga. Era normal, algo más grande que las otras que ya he conocido hasta hoy, pero nada excepcional.

    Me introduje la verga casi hasta el final. Puse mi lengua como base, como soporte para poder tragármela casi toda. Procuraba ensalivarla para que sea más fácil pajearlo con los labios. El solo gozaba haciendo ruidos y viéndome en acción. Eres una chica con experiencia por lo que veo?, me dijo. No tanto Marco, pero algo ya he vivido. Me tomó de los hombros y empezó a besarme nuevamente. Me gustas, me gustas Carla.

    Me recostó boca arriba y acomodó mis piernas en sus hombros. Tomó su verga palpitante y la dirigió hacia mi conchita rosadita. No tardó nada en introducirla, sacándome un gemido de placer. Así inició la interminable penetración.

    – Te gusta Carla. Te gusta cómo te lo hago

    – Al parecer necesitaba aprobación. Yo no se la negaría. Me encanta Marco, eres mi hombre. Ya quisiera que mi enamorado me lo hiciera como tú.

    Él se encendía cada vez más y me penetraba con más fuerza como para hacerme sentir más. Me volteó. Ponte en cuatro patas me ordenó. Obedecí sin chistar. Me puse al filo de la cama con los pies afuera y ofreciéndole mi generoso trasero. Me abrió un poco las nalgas solo para que pudiera entrar más fácilmente su verga en mi raja. Siguió dándome más verga. Yo pensé en exagerar un poco para hacerlo sentir mejor y así cumplir con mi objetivo de renovación contractual, pero no fue necesario, de verdad me estaba haciendo gozar mi jefe. Se sentía bien estando con él. No se apuraba, se tomaba su tiempo, me preguntaba si estaba todo bien. Me daba realmente el trato de esposos.

    Mi amor, Carlita, ahora te voy a hacer gozar como no tienes idea, dijo, retirando la verga de mi concha. Soy tuya Marco, hazme lo que quieras.

    Sin más, tomó su verga con la mano derecha y la dirigió a mi ano. Intentó, pero no pudo. Mi amor, me dijo, haz como si fueras a hacer tus necesidades, así será más fácil que te entierre mi verga. Obedecí, pujé un poco y él a su vez me la empujaba. Mi ano cedía ante la presión de su glande, pero el dolor era cada vez más intenso y por instinto apretaba el culo y le impedía su tarea. Intentó varias veces, pero dolía.

    – la puta mare y justo ahora no tengo vaselina. Óyeme y no tienes alguna crema o algo así, me dijo.

    – déjame ver. Me pare y busqué en mi bolso. Mira tengo una crema de manos Hinds. Marco, es que yo no lo he hecho aún por ahí, me excusé.

    – no te preocupes, siempre hay una primera vez. A ver la cremita esa, ven.

    Tomó la crema y se untó la verga, me echó una cantidad en mi anito, y me indicó que volviera a pujar, Así lo hice y esta vez, mi culito cedió dando paso a que esa verga entrara lenta pero dolorosamente.

    – Auuu, me duele, Marco, sácamela por favor…

    – tranquila Carla… ya va a pasar, relájate amor.

    No podía. El dolor era simplemente intenso. Mientras el gemía y me la introducía y me la sacaba rítmicamente generándome chillidos de dolor. Por más que le suplicaba que la sacara, no me hacía caso. Seguía y seguía, lento sí, pero igual me dolía. No pude más y las lágrimas brotaban de mis ojos. No se dio cuenta. El seguía en lo suyo. Me dolía tanto que no sólo eran lágrimas, sino que un ligero sollozo empezó a oírse entre los bramidos y el sonido del catre.

    – no llores amor, no llores…

    – me duele demasiado Marco…

    – ya va a pasar, te lo prometo princesita, así es al comienzo, ya después te pasa el dolor, mientras me secaba las lágrimas de mi rostro. Lo estás haciendo muy bien, me estás complaciendo como nunca lo han hecho.

    Yo no contesté más… sólo mordía las sábanas para no gritar ante cada embestida que me daba, seguía llorando y sollozando bajito, hasta que se vino dentro.

    Tenía el culito destrozado, cuando me la sacó sentí como si tuviera un agujero enorme que no cerraba a pesar de no tener ya su verga. Obviamente me había desgarrado un poco porque sentía una ardencia al contacto de mis dedos y vi algo de sangre en uno de ellos.

    Fue tanto el dolor que sin querer me quedé dormida, mientras Marco acariciaba mi pelo y me susurraba al oído lo linda que era y que por esa faena lo recordara siempre, que me había portado muy bien.

    Al medio día nos despertamos. Me dijo lo mucho que le gustó. Él ya se había bañado.

    – vamos, báñate. Vamos a salir a pasear un poco mi amor.

    Intenté pararme de la cama, pero me dolía no solo el culito sino la pierna y casi tambaleando del dolor entré a ducharme. Ya se te va a pasar me dijo una vez más.

    Disfrutamos la tarde, almorzamos en un restaurante típico de la ciudad, conocí varios lugares turísticos. Siempre de la mano, como pareja, sin necesidad de escondernos de nadie. Me sentía bien. Me sentía como si realmente fuera su esposa. Me seguía doliendo mi potito, pero era más la alegría de estar con él.

    Ya cerca de las 11 pm fuimos de vuelta al hotel, conversamos como iba a ser mi regreso. No te preocupes, ya tengo reservado tu pasaje de vuelta y los veinte soles para la movilidad. Yo me voy al aeropuerto temprano y tú viajas al mediodía.

    Así que estando todo planeado, me dijo una vez más: para que me recuerdes siempre Carla; y empezó a desvestirse, mientras yo hacía lo propio.

    Esta vez, ya con precaución había comprado no sé qué en la farmacia, pero me dijo: ya no habrá dolor amorcito, ya verás. Asumí que tendría que sacrificar mi agujerito otra vez. Y así fue. Pero esta vez, él se echó boca arriba y me ordenó que me sentara como haciendo sentadillas del gym. Poco a poco yo me iba introduciendo su verga, era yo quien manejaría el ritmo y la cantidad de verga en mi culito. Tú, mi amor, tú decides cuanto quieres comer y se ría a carcajadas. Al principio, manejé la situación, pero quienes lo han hecho así, saben que esa posición cansa demasiado, y terminas sentándote del todo, con lo que te comes la verga en su plenitud.

    Me dio como unos veinte minutos. No sé si no era suficiente rapidez o si se estaba aguantando, pero no se corría. Veinte minutos con la verga adentro. Podre anito, pero se sentía bien. Me dolía sí. Mucho menos que la noche anterior. Pero también esta vez sentía placer en cada empujón que me daba. Si lo estaba gozando.

    – mira te voy a hacer la puntada del zapatero, pero tienes que ponerte de perrito.

    – como es eso Marco, pregunté?

    – Sin más, me la metía por el culito, la sacaba y me la empujaba por la conchita y de nuevo al culito. Así mi amor, puntada adelante, puntada atrás, y se reía.

    – me pareció ocurrente el nombrecito, y entre que la sacaba de un lado y la metía en el otro, descansaba de alguna manera y el dolor menguaba.

    En esa posición habría de acabar. Lo presentía, pues el intercambio de agujeros se hacía más veloz, me tomó del pelo y me jalaba hacia atrás, se notaba que estaba a punto de acabar. De pronto el semen calentito desparramándose por mis nalgas confirmaban el fin de aquella sesión.

    – sería lindo ser tu esposa, le dije.

    – no lo eres, pero eres una chica maravillosa.

    Me besó y así sudorosos, desnudos y yo llena de semen, me tapó con la sábana y nos dispusimos a dormir. Mañana debo levantarme temprano. Lo besé y con un hasta mañana amor, me acurruqué entre su pecho y me quedé dormida, estaba cansada de la noche anterior, del paseo y de esta última cogida.

    – Amor… Carla… despierta…

    – Abrí los ojos y Marco ya estaba bañadito y vestido a punto de marcharse. Miré la hora. Las 8:15 am. Ya estaba el desayuno en la mesita (ni cuenta me di cuando lo trajeron). Su vuelo salía a las 9:20 am. Me senté sobre el filo de la cama, y solo le dije: No te pensarás ir así no más, al menos déjame que te de los buenos días. Mientras le decía ello, le iba bajando el cierre y una vez liberada esa verga que me hizo sufrir un par de noches, la tomé con las manos y empecé a mamarla. Sabiendo que no tenía mucho tiempo apretaba lo más que podía sin causarle daño, con los dientes se la rasgaba de vez en cuando para que sintiera algo de dolor también, y así en poco más de tres minutos ya sentía los primeros líquidos que brotaban. Seguí incesante disfrutando de la verga y mientras me la acomodaba ya no pudo más y se vino el chorro de semen gomoso compacto sobre mi mejilla y mi boca. Disparó como unas tres veces. Tomó una fresa de la mesita, con ella juntó el semen que había en mi rostro y me la metió en la boca. Cogió mi calzón que estaba sobre la cama y se limpió la verga como pudo. Se subió el cierre, dándose vuelta hacia la puerta, me dijo: nos vemos mañana en la oficina. Eres una mujer preciosa. No me equivoqué contigo, y sólo espero que me recuerdes siempre.

    Lo vi marcharse, mientras disfrutaba el agridulce sabor de la fresa mezclado con la deliciosa crema de leche que me había procurado mi jefe.

    Me bañé, desayuné, arreglé mi maletín y salí para el terminal. Ya en el bus, sonaba en mi cabeza, su “para que me recuerdes siempre”.

    Y vaya que lo recordé y muchísimo, cuando a mitad de semana nos comunicara que no habría renovación de contrato para nadie, que de Lima no habían autorizado y que el viernes hiciéramos la entrega del cargo y dejáramos el fotocheck en vigilancia. Claro que lo recordé. A pesar que el viernes al despedirse me regaló unos aretes en forma de corazón que aún conservo. Lo recordé varias semanas más, hasta que ya estudiando y con los amigos, el enamorado y las clases poco a poco me fui olvidando de todo.

    Pero hoy lo volví a recordar.

    Por esas cosas de la vida, conversando con unos amigos, tomé conocimiento que el doctor Marco Solís no había podido con este virus hijo de puta y había fallecido a los setenta y seis años. La noticia me cayó de sorpresa. Lo recordé. A mi memoria vinieron todos estos recuerdos. Me disculparán, pero lo mínimo que podía hacer es dedicarle estas líneas.

  • Mi padrastro y yo

    Mi padrastro y yo

    El nuevo esposo de mi madre, Ricardo, es uno de esos hombres que son feos pero sexys, algo así como un hombre de las cavernas. No está sucio ni nada, solo es grande y musculoso, con barba, un corte de pelo rapado y una tendencia a caminar sin camiseta cuando estamos en casa. Además, es muy molesto a veces. Por suerte es un más suave con mi hermana Amelia. Ella es muy tranquila, obediente y estudia todo el tiempo.

    Incluso nos hace llamarlo «señor», hasta mi madre lo hace. Creo que es algo cultural del norte. No es todo el tiempo, pero muchas veces nos dice a una de nosotras que haga algo por él, y si simplemente asentimos o algo así, él dirá «tienen que responder con un, ‘sí, señor’ «, y tenemos que decirlo. Al principio me quejé de esto con mi madre, pero ella solo me dijo que no estaba acostumbrada a tener un hombre en la casa, pero esto así era el, así que debería aprender a adaptarme si quería una familia feliz.

    La verdad es que las cosas habían mejorado mucho desde que Ricardo apareció así que no me molestaban mucho estos cambios si tengo eso en cuenta. Mamá estaba abrumada por sus responsabilidades en el trabajo y tratando de mantenernos a mí y a Amelia todo el tiempo, y ahora que él se ha hecho cargo de las finanzas y las decisiones de la casa por ella, ella está mucho más relajada y capaz de reír otra vez. Mi madre estaba muy estresada antes de que el llegara, así que todos estamos agradecidos con él por su ayuda.

    El único problema es que nada es gratis en la vida. De hecho, hasta ahora Ricardo se ha asegurado de pagar las deudas que no podemos pagar ganándose el papel de jefe de familia, y aunque aprecio que ha hecho mucho trabajo por nosotras también siento que no tuve ninguna otra opción para evitarlo, y que ahora mi vida está completamente en su control. Puede ser exasperante pero hasta que llegue el momento de irme a la universidad el próximo año (la cual será pagada por el) no hay nada que pueda hacer más que obedecer y esperar.

    No pasó mucho tiempo después de que se mudó para que me diera cuenta de la personalidad autoritaria de Ricardo. Mencioné antes que Amelia es tranquila y tímida, pero yo soy todo lo contrario. Me encanta pasar el rato con mis amigas e ir a fiestas hasta tarde los fines de semana, beber cervezas, fumar y salir con los chicos más guapos de nuestra ciudad, que es bastante pequeña, hasta que Ricardo se mudó y lo arruino.

    Mi madre se había rendido desde hace mucho tiempo a hacerme llegar a casa a tiempo. Simplemente no decía nada y nunca me castigo, así que cuando fui mayor de edad se me permitió hacer lo que quisiera. Volvía a casa borracha y cansada todo el tiempo, a veces después del amanecer, y francamente mis notas en la escuela eran una mierda.

    Ricardo había visto lo que sucedía un par de veces cuando estaban saliendo y no dijo nada, pero una vez que estaban comprometidos y se estaba preparando para mudarse, me llamo para una ‘charla’, en la que me dijo que muchas cosas iban a cambiar en «esta casa», y mi estilo de vida iba a ser una de estas cosas. Acababa de entrar, y todavía estaba un poco borracha, así que solo dije «sí, como sea», me fui a la cama y me olvidé de ello.

    Luego se mudó, y lo hice nuevamente: aparecí el sábado por la mañana justo cuando él y mi mamá se estaban despertando. Fue a principios de primavera, y todo el mundo usaba ropa de verano. Llevaba un vestido de sin tirantes que acababa de comprar y apenas cubría mi cuerpo, y debido a que estaba demasiada borracha y cansada, también se me había caído bastante hacia abajo de mis pechos. De todos modos, me tambaleé y allí estaba Ricardo en la mesa de la cocina, ya vestido con pantalones vaqueros y su camiseta, bebiendo su café de la mañana.

    Se vio sorprendido al verme, como si no hubieran sabido que no estaba allí, y luego lo vi enojado. Esto me asustó, porque sabía que él tenía un gran temperamento, y nunca había estado enojado conmigo directamente, al menos no lo expresaba. No tenía idea de cómo se iba a comportar.

    Bueno, así es como se comportó, y no es exagerado lo mucho que me sorprendió. Me tambaleé y me detuve brevemente, y nos miramos el uno al otro durante mucho tiempo, el tiempo suficiente para que obviamente se convirtiera en una prueba para ver quién iba a mirar hacia otro lado primero. Perdí, por supuesto, e inmediatamente me preguntó si sabía qué hora era.

    Pensé por un momento, y respondí «no», con una risa despreocupada. Realmente no tenía ni idea. «¿es de mañana?» bromeé, tratando de bajar la tensión. No funcionó.

    «Sí. Son las ocho de la mañana. ¿Qué te hace pensar que esta es una hora aceptable para que las jóvenes lleguen a su casa?»

    «¿Supongo que no lo es?» Le contesté riéndome nerviosa, fue un gran error.

    «No». Se paró entonces, y caminó hacia mí para que tuviera que mover la cabeza hacia arriba para ver su cara. En realidad, fue algo muy intimidante, y perdí todo el sentido del humor que me daba el alcohol. Estaba en problemas. Mi corazón comenzó a correr, era otro nivel sentí una extraña euforia. ¡Finalmente a alguien le iba a importar si me jodía la vida o no! Sabía que mi madre se preocupaba por mí en su corazón, pero no lo suficiente como para tratar de mantenerme a raya. Aunque para ser justos, ella no era una persona tan fuerte como Ricardo, ni mental ni físicamente. Lo miré sintiendo cierta medida de gratitud, a pesar de mi miedo al castigo. Pero sabía que debería ser castigada y lo miré a los ojos con alivio.

    «Nunca más vas a volver a casa tan tarde», dijo, «o temprano, más bien. Eres un miembro de mi casa, y yo lo prohíbo. ¿Está claro? No me importa si tienes dieciocho años o no. Mientras vivas aquí, vives según mis reglas, ¿claro?»

    Tragué saliva y asintió con la cabeza. Todavía estaba de pie tal vez a dos pulgadas de distancia, obligándome a mirarlo, y de repente se acercó detrás de mí y me agarró de la parte posterior de mi suéter con su mano. «Ahora vamos a subir a tu habitación», dijo después, y hábilmente me giró hacia las escaleras y comenzamos a caminar.

    «¿A mi habitación?» Chillé, pero él me ignoró, marchándome. Llegamos rápido, y en unos instantes estábamos dentro, y él había cerrado la puerta detrás de él. Nos quedamos en silencio, mirándonos el uno al otro, y su mirada se movía de forma lenta por todo mi cuerpo. Mi estómago comenzó a agitarse con ansiedad. ¿Qué estaba haciendo? que yo pudiera recordar nunca me había mirado así antes. La mirada era malvada y perversamente lasciva, y me preguntaba qué estaba pensando sobre mi

    Me enteré cuando se acercó y agarró la parte posterior de mi cuello y me empujó boca abajo sobre mi cama, empujándome hacia abajo con una pierna pesada extendida a través de mis omóplatos. Ni siquiera me molesté en empujarlo. Esa pierna tenía casi el mismo peso que yo, y simplemente no había manera de que pudiera escapar. Sin embargo, esto no me impidió llorar, porque en el momento en que me había puesto en posición, me di cuenta de lo que vendría, y sentí un gran miedo.

    Él suavemente levantó el dobladillo de mi vestido de verano entonces y expuso mi cuerpo, que estaba cubierto sólo por una tanga roja. Él enganchó un dedo a través en él y tiró hacia abajo, dejando mi mitad inferior desnuda. Entonces, como marcando su territorio, su mano se coló debajo de mi vientre y se ahuecó entre mis piernas, dándome un suave apretón allí. Jadeé y empecé a llorar. De ninguna manera mi madre sabía que esto estaba pasando, y yo no tenía idea de cómo detenerlo.

    «Por favor, deténgase», susurré. «¡Por favor, que pensaría mi madre!»

    «Soy tu padrastro», susurró de nuevo, apretando de nuevo. «Tengo que mantenerte disciplinada». Con eso, me dio una horrible bofetada en el culo, que estaba seguro de que debió dejar una marca roja, si no morada, luego dio otra, y otra, y otra, y otra, cada una tan dura como la primera, sin parar. Su única interrupción fue que en algún momento se dio cuenta de que estaba gritando demasiado fuerte, porque sacó un trapo de su bolsillo y me lo metió en la boca para morderlo y detener mis gritos.

    El trapo sabía horrible y quería escupirlo, pero si lo hacía sería peor para mí. Sus golpes estaban al borde de la brutalidad, y la crudeza de mi situación me hundió, y ningún trapo me llego a importar con el tiempo. Estaba furiosa y en un momento oportuno, logré romper con su agarre y correr a la habitación de mi madre, donde ella estaba sentada en la cama leyendo.

    «¡Mamá dile que pare!» Le grité: «Ricardo me está dando unas putas nalgada, ¡hazle PARAR! ¡Tengo dieciocho años y ni siquiera es mi puto padre!». Rompí a llorar y me derrumbé en la cama a su lado.

    Escuché la puerta abierta de nuevo detrás de mí y Ricardo entró, pero no dijo nada. Sentí que mi madre se acercaba y comenzaba a acariciar mi cabello. Se sintió tan agradable y cálido después de la brutalidad de esas nalgadas que no dije nada, simplemente me acurruque cerca de ella y seguí llorando, esperando que él dijera algo.

    Ella siguió acariciando mi cabello, y él permaneció en silencio durante casi un minuto. Cuando alguien finalmente comenzó a hablar fue mi madre, y sus palabras me enfriaron la sangre. Ella dijo «cariño, Ricardo está a cargo de esta casa, y tienes que hacer lo que él te dice que hagas, ¿de acuerdo? Eso incluye aceptar sus castigos cuando decide que los necesitas, ¿entiendes? Si crees que algo no es justo, todos podemos hablar de ello más tarde, pero no puedes decidir tus propios castigos. Ese es el trabajo de Ricardo, y quiero que lo haga. ¿De acuerdo?»

    La miré con horror, pero ella lo miraba, con esa mirada de ensueño y cariño en su rostro que solo puedo describir como amor. Amor que me estaba por enviar a los lobos. Bien. No respondí nada y luego sentí la mano de Ricardo en mi codo, me levantó y lo seguí mansamente por el pasillo sin mirar a mi madre de nuevo. Quería vomitar pero en su lugar lo seguí de nuevo a mi habitación, me incliné sobre la cama para él de nuevo y volteé yo misma el vestido para que pudiera terminar lo que quería hacer.

    Sonrió mientras me miraba hacer esto, y pronto lo sentí de pie muy cerca de mí una vez más. Esta vez corrió ambas manos por los lados de mi culo y muslos, luego él separo mis pies para que se extendieran para él, y me horrorizó al darse cuenta de que mi coño y culo estaban ahí mismo para que él viera. Lo oí murmurar «eso es, sé una buena chica y quédate así» y luego el sonido de su cinturón despeinando, y girando a través de los bucles del cinturón de sus pantalones vaqueros.

    Jadeé, sintiendo no el cinturón a través de mi culo, sino sus dedos en mis labios vaginales, separándolos suavemente sondeando dentro. Hace una hora habría gritado, o lo habría pateado y huido, pero ahora el recuerdo de la cara feliz y pacífica de mi madre y su voz diciendo «tienes que hacer lo que él te dice», me mantuvo quieta. Tragué duro y lo dejé continuar. «Buena chica», repitió suavemente, apoyando su otra mano sobre mi espalda. «Pensé que podría llegar a hacer mojar, y fue así».

    No tuve respuesta a eso, porque era cierto, y porque, aunque era lo último que quería sentir, lo que fuera que estuviera haciendo con sus dedos se sentía increíble, y sabía que no pasaría mucho tiempo antes de que me hiciera venir.

    Su toque envió un estremecimiento a través de mi cuerpo, una extraña mezcla de rechazo y deleite que le hizo detenerse en lo que estaba haciendo y dar una nalgueada suave con una risa. «Oh, no», dijo «esto recién está empezando».

    Pronto agarró su cinturón y marcó unas líneas rojas en mi culo, dejando mi coño mojado. Grité y chirrié e incluso grité un par de veces, pero él no paró hasta que me quedé sin energía y solo gemí en la colcha.

    Finalmente se detuvo, y me permitió colapsar y descansar así por un tiempo mientras lloraba.

    Mis pies todavía estaban extendidos en el suelo mientras sentí que dos manos grandes y fuertes me agarraban la cintura y me volteaban para que yo estuviera acostada debajo de él en la cama, mientras miraba hacia sus ojos. Me miraba con una expresión que me resultaba difícil de leer. Ya no estaba enojado, pero tampoco había afecto. Estaba inspeccionando mi cuerpo, pero lo hacía de una manera fría, como si buscara cualquier indicio físico de desafío restante para ser borrado a mano o cinturón. Podría haberle asegurado que no había ninguno, pero mi apariencia parecía decírselo porque al final luego de estar mirándome a los ojos por un tiempo, se desabrochó los pantalones y liberó una gran erección, y sin decir una palabra la metió en mi coño de una vez.

    Mi cuerpo estaba apretado contra el suyo, y mientras descansaba mis pies sobre sus hombros, de repente sentí que me estaba derritiendo de placer. Dios, se sintió muy bien. Constantemente la metía y sacaba y con cada golpe se sumergía aún más en las profundidades de mi cuerpo. Con una mano en cada pierna, se introdujo en mí durante una larga y constante serie de suaves embestidas y cuando me puso el pulgar en mi clítoris, me llevo a un lento y duradero orgasmo, el más intenso de toda mi vida.

    Yo esperaba que él se viniera también, como mi novio de aquel entonces siempre lo hizo justo después de mí, pero en su lugar siguió adelante, quitando su pulgar de mi tierno clítoris y colocando ambos pulgares a cada lado de la abertura de mi ano presionando contra él mientras me embestía una y otra vez, gruñendo y gimiendo de vez en cuando, nunca mirándome a la cara. Si lo hubiera hecho, me habría visto sacudir la cabeza horrorizada ante la idea de que podría querer quitarme la virginidad anal.

    «Es su derecho», pensé, sintiendo que una sensación recorría mi espina dorsal y recorriendo con la mirada sus poderosos y bien musculados brazos. Volvió a poner sus manos en mi cintura y apretó con fuerza mientras aumentaba su ritmo. Su pene estaba muy duro y podía sentir que me estiraba y me tensaba, por no decir que me dolía bastante. *Es su derecho*, repetí en silencio, concentrándome en mantener una respiración profunda y regular, al ritmo de sus largas y duras embestidas, y traté de relajar mis caderas para permitirle un control total. Respondió acercándome, de nuevo al borde de la cama, e inclinándose para darme un rápido beso.

    «Buena chica», susurró, frotando mis pechos y luego besándolos suavemente, manteniendo el empuje, «esa es mi chica». De repente, se retiró y me levantó en brazos como si fuera un bebé, y me colocó en el centro de la cama, con la cabeza apoyada en las almohadas, como si fuera su mujer, y me abrió las piernas. Se arrodilló a mi lado y me dio un rápido y sorprendente lametón en el clítoris antes de colocarse encima de mí, cubriéndome por completo con su enorme cuerpo.

    Una vez más, con una precisión perfecta, me penetró de un duro y rápido empujón y esta vez ambos gemimos con fuerza. Su verga estaba tan dura y ardiente que me sentí como si pudiera estar follando con un hierro candente, y por reflejo envolví mis piernas alrededor de él, o hasta donde podían llegar, para atraerlo aún más cerca. Pronto nuestros cuerpos se movieron juntos como si fuesen uno solo, y casi me levanté de la cama por la fuerza de sus embestidas. Nunca en mi vida había sentido tanta fuerza física, y la sentí fluir en mi propio cuerpo, a través de todo mi cuerpo, y por un breve momento sentí que era yo la que era fuerte, y que era la poderosa, y que era libre. Nunca antes había sentido tal sensación de adrenalina y, sin embargo, nunca antes me había sentido tan segura y protegida.

    Pronto algo cambió en Ricardo, y sentí que sus músculos empezaban a cerrarse a mi alrededor, y entonces me sentí pequeña y débil de nuevo, atrapada una vez más como una tortuga en su caparazón. «Oh, mierda, preciosa», murmuró, y un «oh, mierda, oh, Dios…» Me soltó, me dejó caer en la cama, y se puso de rodillas y sacó su verga de mí justo a tiempo para lanzar un pegajoso y blanco semen por todo mi delgado cuerpo.

    Cuando abrió los ojos yo no me había movido. Me miró con satisfacción y sonrió, pasando sus dedos por mis muslos, y luego subiendo para dar a mis pechos un cariñoso apretón, luego se recostó a mi lado y se quedó callado durante algún tiempo.

    «Ahora, hija», dijo al final, poniendo una mano sobre mi cosa, «la próxima vez que te vea faltándole el respeto a mi autoridad en esta casa, tienes unos cuantos recuerdos que te ayudarán a acordarte lo que pasara, ¿verdad?».

    «Sí», susurré, con un nudo en la garganta.

    «Bien. Sabes que, por supuesto, no me importará recordártelo todas las veces que lo necesites». Se rio por eso. «Pero créeme», añadió «los castigos no van a ser más suaves. ¿Lo has entendido?»

    Asentí con la cabeza. «Sí, Señor», me esforcé.

    Sonrió y me pellizcó el pezón, luego se levantó. «Límpiate», dijo, lanzándome una caja de pañuelos. «Tu madre está terminando de cocinar».

  • Mi primera infidelidad en un cine

    Mi primera infidelidad en un cine

    Esta es una situación que me enteré no hace mucho, mi mujer me la confesó, la tenía guardada en secreto y por eso voy a dejar que ella la relate.

    Soy Graciela, y estamos casados hace un tiempo, nos conocimos en un bar bailable con mi marido y congeniamos desde el principio, tuvimos una cita después de esa noche, a la semana para tomar un helado y lo que pasó fue en nuestra segunda cita. Aclaro que recién tuvimos sexo un tiempo después, como al mes de conocernos. Cuando lo vi era más bien tímido (lo sigue siendo), pensaba que nos iba a costar llegar a tener relaciones, con lo cual después de la primera salida (la del helado) me dieron ganas de cumplir una fantasía recurrente en mí, la de sentirme deseada por otro hombre estando cerca de mi pareja o marido.

    Se me ocurrió que nuestra segunda cita, fuera ir al cine, lo cual acepto. Nos encontramos un viernes a la noche y yo elegí ir a ver una película que imaginaba con poca gente, no a sala llena. Ya en el cine, éramos contados con los dedos de la mano los que estábamos allí en nuestra fila estábamos nosotros ´dos y como a tres butacas del lado mío, había un tipo solo. Esa fila estaba al fondo del salón.

    En medio de la película, puse en marcha mi fantasía, empezamos a besarnos y acariciarnos y asumí que iba a traer la atención del tipo que estaba cerca de nosotros, que nos iba a ver. Me había puesto una pollera corta, holgada, sin medias. Empecé a mostrar mi cola hacia el tipo y note que ya nos estaba viendo, que me miraba la cola, pero mi novio, no se dio cuenta, sigilosamente el tipo se acercó, y se sentó al lado mío, a la vez que yo, ya excitada lograba que mi novio no se diera cuenta y también conseguía que se vaya quedando dormido.

    De repente en medio de toda la situación, el tipo de al lado, metió su mano por debajo de la pollera, algo que no había planificado, ya que mi fantasía era solo ser vista, no manoseada, y fue subiendo su mano hasta llegar a mi cola, yo estaba de costado con la cola hacia el tipo pegada a mi novio que ya estaba dormido. Me pasa la mano por arriba de la bombacha, se me acerca y me dice: «mmm que bombachita te pusiste…”.

    Yo tenía puesta una bombacha, tipo vedetina clásica, de lycra color natural, muy suave al tacto por atrás ya que adelante tenía más encaje y no tanta lycra. Me excito lo que me dijo y me calenté mas, a la vez que vi como el tipo se bajaba el cierre y sacaba su pene erectisimo que no aguantaba más. Al ver mi calentura, pude notar que el tipo saco un sobrecito del bolsillo que termino siendo un preservativo, se lo coloco en su pene y se acomodó atrás mío, sobre mi cola, sentí ese miembro bien duro y me deje llevar, el tipo corrió mi bombacha hacia un costado y me introdujo su pene en mi vagina que estaba mojadisima y caliente.

    Imagínense la escena, mi novio dormido, yo al lado de costado y de costado atrás mío este tipo cogiéndome, en pocos minutos el tipo eyaculo con mucho placer, note me beso en la cabeza y se fue.

    Al rato, desperté a mi novio porque había terminado la película, fui al baño y pude notar que el tipo dejo su firma, porque tenía la bombacha pegajosa atrás con semen, cosa que no limpie, me excito estar así, y nos fuimos del cine mi novio, yo y mi bombacha con semen de otro desconocido.

  • Desde el taxista hasta el amigo de mi jefe

    Desde el taxista hasta el amigo de mi jefe

    Era una mañana de sábado en la cual no voy a trabajar, de repente a las 6 am, me despierta un mensaje de ni jefe.

    Jefe: señorita por favor preséntese a trabajar hoy a las 8 am.

    Yo: disculpe doctor, debo llevar uniforme?

    Jefe: no necesariamente pero, ya sabe cómo me gusta que se vista

    Yo: ok doctor, cuente conmigo a las 8 estaré puntual.

    Yo me levanté y comencé a preparar mi outfit, ropa interior color rosa transparente, mini vestido manga 3/4 con escote cruzado y en v al frente de color rosa pálido con lunares blancos y tacos súper altos color nude. Maquillaje súper lindo y medio fresa sin pintarme los labios, siempre lo hacía después de llegar al consultorio porque casi siempre mi jefe me ponía a mamarle su verga antes de comenzar a trabajar.

    Me dispuse a llamar un Uber y la app me mostró que en 5 minutos mi Uber estaría en mi casa para recogerme. Llegó mi Uber.

    Yo: Buenos días!

    Taxista: soy Rodrigo Martínez soy su Uber.

    Yo verifique en mi App que fuera quien decía ser y me monte en el automóvil.

    Yo: ay disculpe! Lo que sucede es que uno tiene que verificar estás cosas una nunca sabe.

    Taxista: señorita no tenga cuidado, es el deber ser.

    Mi vestido al sentarme en el automóvil se ha subido un poco más pero realmente no hago ni el más mínimo esfuerzo por arreglarlo, me gusta mucho y me causa morbo que me miren.

    Miro de reojo al taxista y me doy cuenta que de vez en cuando me mira el escote, mira mis piernas y eso me calienta un poco y mis pezones comienzan a ponerse duros pero yo actúo tranquila. Comienza a sonar en la radio un reggaetón, la verdad no me agrada mucho ese tipo de música, a menos que esté algo tomada en una disco, e intenté seducir a alguien con movimientos de pelvis y cadera.

    Yo: usted perrea? – (lo digo en tono de broma)

    Taxista: no mucho pero lo intento (risa)

    Comienzo a hacer movimientos de pelvis, parecía culebra y al mirar al taxista me doy cuenta que se comenzó a notar un bulto en su pantalón, eso me calienta a horrores, mi concha se moja y yo continuo con los movimientos.

    Taxista: señorita, voy a tener que invitarla a bailar, se mueve muy bien.

    Yo: (risas) gracias (intento cambiar el tema) señor disculpe se me olvidó preguntarle al montarme en su Uber si tenía cambio para un billete de 50$?

    Taxista: no señorita, pero no sé preocupe eso queda guardado en la App y cuando vuelva a usar el servicio usted lo cancela.

    Yo: ay señor, es que no me gusta deber, le podría cancelar de otra forma? (Coloco mi mano en su entrepierna)

    Taxista: estaría usted dispuesta a cancelarme con lo que le pida?

    Yo: si, claro. La cuestión es no deberle nada.

    Taxista: busquemos un sitio a solas.

    Yo: en el estacionamiento del edificio donde trabajo, siempre está solo a esta hora y ahí le puedo pagar.

    Llegamos al edificio, entramos en el estacionamiento y solo había una camioneta negra estacionada. El taxista estacionó su automóvil y bajo la cremallera de su pantalón, dejando salir aquella verga grande y gruesa sus venas a punto de reventar y además estaba un poco doblado a la izquierda, me encantan las vergas que están dobladas son más ricas en la penetración. Su glande era de igual forma grande y de un tono rosa oscuro, se veía delicioso. Él lo toma con su mano izquierda y lo sacude como un látigo, yo muerdo mis labios al verlo, mis pechos están duros, están a punto de salir por el escote de mi vestido, mi concha muy caliente y húmeda, muy húmeda, palpita de excitación.

    Taxista: pague señorita, deme una mamada, usted tiene cara de que lo hace muy bien.

    Yo en medio de una sonrisa pícara, lo tomo con mi mano derecha y siento como está muy duro como piedra de inmediato poso mis labios en su glande, está delicioso, siento ese líquido lubricante natural chupo el glande mientras con mi mano lo masturbo, paso mi lengua por todo la verga e intento meterlo todo en mi boca pero mi garganta no deja que entre más, es muy grande, vuelvo a intentar abriendo toda mi boca y entra un poco más pero no todo como me gustaría, mi concha palpita con más intensidad y yo gimo entre chupada y chupada, el taxista con su mano izquierda me toma del cabello y con su izquierda toca mi concha, mete un dedo luego otro, los mete luego en su boca- estás deliciosa, puta- me dice en tono de morbo, mete otra vez sus dedos y comienzo a menearme.

    Taxista: tu como que quieres verga? Quieres verga puta?

    Yo: si, si, si quiero verga.

    El taxista coloca el asiento un poco más hacia atrás, baja el respaldo. Yo sin pensarlo dos veces me subí encima de él, coloqué el hilo hacía un lado y comencé a menearme como culebra, el taxista saca mis tetas del vestido y se da cuenta que no llevo brasiere, las aprieta con frenesí y las chupas culminando cada chupada con un mordisquito que lo sentía en el clítoris y aún no sé porqué, mis movimientos comienzan a ser más fuertes, más violentos, tanto que el automóvil se movía hacia delante y había atrás, jadeaba y gemía fuerte casi gritando, que delicia aquella verga gruesa grande venosa y dura como piedra, sentía como le daban espasmos dentro de mi, yo le digo – por favor no termines aun- el responde – no lo haré, no te preocupes- mis tetas se mueven al son de mis movimientos.

    Taxista: quiero verte en cuatro perra!

    Yo: ah sí? Quieres seguir cogiéndome? Cómo se nota que te gustan las perritas como yo cabrón.

    La verdad yo no quiero sacarlo se siente demasiado rico para hacerlo, pero debo, el taxista sube el respaldo yo me desmonto y el coloca su asiento hacia delante.

    Taxista: pasate al asiento trasero putita rica, ahora sí sabrás lo que es un macho.

    Yo sin chistar y llena de excitación me pasó al asiento trasero, espero ansiosa en 4 la embestida de aquel cabrón que fue su día de suerte, el taxista sin pensarlo sin medirlo de una vez me embistió con fuerza yo suelto un gemido de placer que hasta a afuera del edificio debió haberse escuchado, me toma de las caderas y bombea con fuerza siento como las venas de su verga están más hinchadas, gimo con más placer, mis fluidos vaginales corren entre mis piernas quiero más fuerte, quiero más duro, me vuelvo a correr y sigo sintiendo más placer, quiero más, más, más…

    Yo: ah, ah ay papi dame más duro, quiero más duro, soy una puta que le gusta que le den verga, ah maldito, hijo de puta que verga tan rica tienes, dame más duro cabrón, párteme en dos.

    Taxista: desde que te montaste sabía que eres una puta, toma puta, toma por perra, toma, toma, la próxima vez te rompo el culo… Hija de puta voy a terminar asiii, aaaah puta que rico, de inmediato se baja posa si boca en mi concha y chupa de su leche, toma mi rostro con si mano y me la da en la boca. Eso para mí fue una sorpresa pero igual me encantó, me dio una cachetadita, comenzó a subirse el bóxer luego el pantalón y se pasó había delante. Mis piernas tiemblan un poco pero igual trato de arreglarme lo más que puedo, para disponerme a bajar del auto.

    Yo: muchas gracias señor por su servicio!

    Taxista: gracias a usted por tan delicioso pago, tenga está es mi tarjeta por si requiere nuevamente de mis servicios.

    Yo solo asenté con la cabeza y me baje del auto…

    La camioneta negra que estaba estacionada era la de mi jefe y estaba observando todo lo que estaba pasando desde dentro de su camioneta. Al bajarme del Uber me hizo cambio de luces desde su camioneta e hice como si no supiera que era conmigo y me dirigí al ascensor…

    Espero les guste mi primera parte del relato.

  • No es una noche cualquiera de sexo

    No es una noche cualquiera de sexo

    Contado en primera persona, agradezco a mi amiga Cristina que me invitara esas vacaciones y sé que una cosa que le habría gustado hacer es un trío conmigo y su novio Julián.

    Hola, chicos os esperaba.

    Al abrir la puerta de casa consigo que os sorprendáis del recibimiento que os hago, no dejo que ninguno de los dos diga nada, tan siquiera dejo que dejaseis las bolsas en el suelo, dos de mis dedos tapaban la boca de Julián mientras te miro con una sonrisa pícara, no tengo que decirte nada, sé que simplemente viéndome, simplemente con mirarme ya sabes muy bien mis intenciones.

    Julián me mira de arriba abajo como si nunca me hubiera visto, me ha visto desnuda en otras ocasiones pero así, de esa manera nunca y sé muy bien que se ha excitado, sonrió porque he conseguido lo que quería, lo que deseaba, pero mi deseo no era con Julián solamente, sobre todo era por ti y sabía que también te había excitado, sabías muy bien lo que iba a hacer, llevabas una semana bastante dura y me había propuesto que te relajaras y te olvidaras un poco de todo.

    Dejo que me miréis unos segundos más, dejo que os suba un poco más la temperatura, me quedo allí parada con los dedos en los labios de Julián para que no hablara, con mi carita aniñada, mi metro sesenta y ocho de altura, las curvas de mujer que ya conocéis los dos, vestida solo con ese batín blanco transparente que me regalaste el otro día, cuando cotilleábamos tu armario y debajo del batín nada más, solo mis pechos que en ocasiones se escoden tras mi melena que me cae cubriéndome los hombros, mis pezones duros y elevados como una pequeña montaña, elevando el batín y en mi sexo solo unas bragas negras de encaje con un lacito en el centro, unas bragas que me he puesto por ti, porque sé que te gustan, porque sé que las recuerdas, fueron las primeras bragas que me quitaste ya hace unos meses cuando empezamos nuestra aventura, las mismas que me hiciste mojar tanto cuando me olías el coño, te crees que no te he visto, pero si Cristina, ya he visto como me miras y te sonrió, sabes que me las he puesto por ti, pero ahora, ahora el turno es de Julián y quiero que tú mires, quiero que te excites tanto viéndome con tu chico que casi nos llegues a suplicar que te dejemos participar.

    Julián me acaricia y recorre mis curvas con sus ojos, te mira pidiéndote permiso aunque ya sabe que lo tiene, pero no es a ti a quien tiene que pedírselo, me mira y sabe también que lo tiene, alarga las manos hacia mí para cogerme de los hombros y echarme la melena hacia atrás, quiere ver mis pechos que le están llamando a gritos, pero es tarde, tarde porque me he puesto de cuclillas desabrochándole el pantalón y metiendo la mano por debajo de su bóxer, me encanta verle de esa manera, no indefenso pero si sorprendido, me encanta sorprender a los hombres de esa forma, dejarles fuera del juego sin que lleven la iniciativa, su polla está entre mis manos que sube y baja por ella, bajándole la piel y descubriendo su glande que enseguida oculto con la palma de mi mano, acariciándole de lado a lado, noto como su polla se va hinchando aún más, como las venas que lo recorren se abultan, me encanta verle mirar hacia abajo, mirándome a los ojos mientras le sonrió y antes de volver la mirada hacia ti, tú que has dejado las bolsas en el suelo y me miras mordiéndote los labios cuando meto la cabeza de su polla en mi boca, solo el glande nada más de momento.

    Sigo casi arrodillada frente a Julián, con mi cabeza acercándose y alejándose de él, comiéndome su polla y lamiéndola poco a poco con mi lengua de arriba abajo, mi mano derecha acompaña el increíble baile resbalando por ese tronco tan humedecido con mi saliva, a la vez que mi mano izquierda acaricia sus testículos, apretándolos suavemente para luego metérmelos primero uno y luego el otro en mi boca, Julián no para de gemir, no para de acompañar sus manos en mi cabeza acercándome y alejándome de su polla, la noto tan dura, tan venosa que casi puedo notar como palpita, alborota mi pelo entre gemido y gemido echando su cadera hacia delante para metérmela bien.

    Sé que te gusta mirarnos, sé que te excita tanto que te miro de reojo y veo que tu mano acaricia tus bragas por debajo de tu falda, metiendo los dedos en tu rajita con la tela de tus bragas de por medio, las veo tan mojadas, noto tu respiración tan acelerada, estás insultantemente guapa Cristina, realmente a quien deseo es a ti, quiero quitarte la ropa y follarte, quiero chupar esos pezones que ahora solo son un juguete en tus manos, no quiero hacerte sufrir pero si excitarte más, que las dos estemos tan excitadas y mojadas para que luego nuestros labios se unan, se froten con nuestros clítoris dándonos tanto placer que solo podamos gritar, pero ahora solo puedo encargarme de Julián, quiero que se corra en mi boca, que lance con furia su semen en mi cara y quiero que tú lo veas.

    Miro a Julián y le sonrió mientras lamo su polla como si fuera un helado que se me derrite entre mis manos, no quiero perderme ni un gesto del placer que está causando mi mamada, le miro cuando me la meto en mi boca haciéndola desaparecer casi por completo con sus testículos en mis manos golpeándome la barbilla, pequeños mordiscos con los labios en su glande, succiones cariñosas en esa parte de la polla tan rosada que ahora parece más hinchada que nunca, recorriéndosela con mi lengua circularmente, siento su respiración y por ese sabor de pequeñas gotas pre-seminal que salen de su polla que está a punto de tener un orgasmo, la meto dentro de mí y muevo mi cabeza con fuerza y con gran rapidez con mis manos en su cintura, la siento que va a estallar y me la saco para que baile rápidamente entre mis manos, te miro y te veo ya con tus dedos dentro de tu rajita, dándote el placer que yo quería, que sigo queriéndote dar, pero quiero que veas como Julián dispara velozmente su semen en mi cara, en mi boca abierta esperando que la fuente se abra, tragándome su semen, Julián grita de placer al correrse y noto mi boca y mi cara salpicada de su leche caliente y tú no paras de mirar, de morderte los labios al verme salpicada la cara del semen de tu chico.

    Ya, ya ha terminado, pero no acabado, sigo de cuclillas relamiendo mis labios mientras te miro, mientras le miro, me levanto y os doy la espalda sin deciros nada, ando desnuda, de puntilla por el pasillo sabiendo que los dos venís detrás de mí, dejo caer al suelo el batín transparente y me voy perdiendo por la oscuridad hasta llegar a la habitación, estoy contenta, estoy feliz, la tarde no ha hecho más que empezar, ha empezado como yo quería, ha empezado excitados tanto que me seguís sin decir palabra alguna, todavía tengo el sabor delicioso del néctar lechoso y viscoso de Julián en mi boca y algunas pequeñas gotas en el pelo, huelo a semen, a sexo, tengo los sentidos tan desarrollados en estos momentos que te puedo llegar a oler a ti, a tu coño que como el mío está tremendamente lubricado, no sé cómo acabara la noche, pero espero y deseo que con los tres en la cama desnudos y sudorosos sin fuerzas para seguir, envueltos en nuestros fluidos.

    El silencio sigue instaurado en la habitación salvo algunos pequeños jadeos, que cesan y con ese silencio se rompe la calma con algunas pequeñas risas cómplices y algún comentario algo subido de tono, algo guarro que me dices al oído, te sonrió y te dejo que me ayudes a desnudar a Julián a la vez que besamos su cuerpo, nos miramos y le sentamos en la cama ya desnudo, es juguete entre nuestras manos, un juguete con el que queremos disfrutar, pero ahora es tu turno y tras la atenta mirada de tu chico que con su mano derecha sube y baja su polla, te empiezo a desnudar, a quitarte la poca ropa que te has dejado, quitándote la blusa y el sujetador por completo, besándote los pechos y humedeciendo tus pezones con mi lengua, los recorro enteros subiendo por ellos desde la base de tu pecho hasta coronarlos en ese pico en que se han convertido, no dejo de pensar que eres adorable, en que te deseo e incluso se me pasa por la cabeza olvidarme de Julián mientras siento tus manos acariciar mi cuerpo, en entregarme solo a ti, pero también quiero agradecerle a él lo bien que se ha portado conmigo, que os habéis comportado los dos invitándome a vuestra casa.

    Siento tus labios sobre mis tetas, me haces dar un pequeño gemido cuando me muerdes con tus labios mis pezones, te tengo que apartar, no soy tan fuerte como tú Cristina, así que una vez más me pongo de cuclillas y empiezo a besarte el vientre, lamiéndote con la punta de mi lengua muy despacio y lentamente te voy quitando el botón de tu falda bajándote la cremallera, haciendo que caía al suelo y cubra tus tobillos, estamos igual, ya solo tienes las bragas tan húmedas como las mías, la mancha que tienes en ellas te delata antes de que meta mi cara entre ellas, antes de que meta mi nariz entre tus muslos e inspire hondo el olor dulce de tu coño, separo un poco la tela por un lateral y busco tu clítoris para lamerlo, para que me regales los primeros gemidos, estás tan mojada que mis dedos entran y salen de tu coño impregnados de tu flujo.

    Me levanto y voy donde está Julián que hago que se tumbe en la cama, sentado con los pies en el suelo, te tiendo la mano para que me la cojas y me acompañes, sé que no entiendes de momento nada, pero no hace falta decirte nada, enseguida adivinas mis intenciones, hago que te sientes ahorcajadas encima de Julián, yo te ayudo a sentarte bien, te aparto la braga hacia un lado y con la polla de tu chico en mi mano, la voy colocando debajo de tu rajita para que se vaya metiendo en tu coño suavemente, tengo mi mano entre los dos cuando ya la tienes dentro y empezáis a gemir, la aparto para que te la pueda meter hasta el fondo y sacarte un pequeño grito al entrar hasta el fondo, miro de pie como le cabalgas, como tus caderas se mueven hacia delante y hacia atrás con las manos de tu chico sobre ellas, pero ahora falto yo, ahora quiero recibir el placer de la lengua de tu chico en mi coño, que me haga correr como yo lo he hecho con él, quiero ver mientras te folla como me miras, como te excitas más viendo como me come el coño y como grito de placer.

    La tarde ha caído y la noche comienza con la unión de los gemidos de las dos, tu ensartada en una polla enorme y dura que no para de entrar y salir en tu coño, de hacer que lo tengas tan dilatado que te llegue hasta el útero y yo por mi parte, estoy como una loca revolviendo mi pelo con las manos cuando no están apretando y acariciando mis tetas, sentada encima de la boca de Julián que no para de meter su lengua dentro de mi coño, succionando mi clítoris y metiéndome sus dedos, tengo que decir que eso me vuelve loca, no sé cómo lo hace, pero cada vez que me coge de los muslos con las dos manos, su lengua empieza a lamerme de arriba abajo, metiendo mis labios en su boca, secándome y a la vez mojándome con su saliva hasta llegar a mi clítoris, haciéndome gemir, que pequeños gritos de placer salgan de mi boca mientras muevo mis caderas de lado a lado.

    Realmente Cristina tienes suerte de tenerlo, porque nos está dejando a las dos, con su polla y su lengua realmente saciadas por el momento, siento como mi coño se va llenando, mis gemidos y gritos más altos al igual que los tuyos, al mirarnos podemos ver la expresión de placer que estamos teniendo las dos, con el ceño fruncido, con la boca y ojos entreabiertos, las manos en nuestros pechos apretándolos fuerza, pellizcando nuestros pezones, las dos nos miramos y sonreímos, miramos por debajo de nosotras y nos volvemos a reír, es nuestro amante que trabaja para las dos, para darnos placer, un juguete sexual perfecto que tendrá seguro su recompensa tras follarnos a las dos.

    Siento al igual que tú que un orgasmo nos ronda, nos acercamos para besarnos, entrelazando nuestras lenguas saboreando nuestro placer, seguimos las dos cabalgando sobre tu chico, pero los gritos de placer empiezan a sonar altos en la habitación, siento como Julián te empuja y te penetra con fuerza y con rapidez, no paras de gritarme en mi boca, a lo que te respondo de igual manera cuando mi cuerpo se paraliza sintiendo su lengua meterse tan dentro de mí, justo cuando un tsunami arrasa mi coño, siento un orgasmo realmente delicioso, así como el tuyo, las dos no paramos de abrazarnos y besarnos, las dos sintiendo el aliento de la otra en los labios cuando no paramos de gritar, y sé que Julián te acaba de llenar con su leche, porque su boca ha parado de lamerme, gime de placer en mi coño cuando te va llenando por dentro, así es como me gusta terminar, los tres sudorosos, los tres llenos de pasión.

    No hay descanso para nosotras, las dos arrodilladas en la cama continuamos besándonos, tocándonos casi sin rozarnos, siento como mi coño está tan mojado que pequeñas gotas salen de él, siento tus dedos sobre mis labios buscando mi clítoris tremendamente excitado, duro y grande, tan sensible que me hace gemir nada más tocarlo, yo te correspondo metiendo mis dedos en tu rajita, estás tan mojada también, el semen de Julián resbala por tus muslos y saco mis dedos envueltos en vuestros líquidos enseñándotelos y llevándomelos a mi boca para luego besarte, Julián nos observa nuevamente con su mano en la polla, sentado en un sillón recuperándose para volvernos a follar.

    Las dos nos acariciamos tiernamente pasando nuestras manos por nuestras cucas, pasando lentamente el dorso de nuestra mano, con nuestras uñas por nuestro cuerpo, pasamos de estar de rodillas a sentarnos entrelazando nuestras piernas, tu mano en mi coño y la mía en el tuyo acariciando nuestros clítoris, pasando por nuestros labios realmente mojados y metiéndose en nuestros coños, no hay nada que decir pero si mucho que mirar, porque no paramos de mirarnos de decírnoslo todo con la mirada, de decirnos que nos deseamos, nos acercamos más la una a la otra, nuestros pezones se funden los unos con los otros, nuestros labios húmedos se entrelazan y empezamos a mover nuestras caderas, uniendo nuestros clítoris, mojándonos la una a la otra, nuestros coños unidos, casi fundidos nos hacen gemir, tanto que han despertado de golpe la polla de tu chico que se eleva como un titán.

    Te deseo Cristina, sin decirlo lo digo, sin oírme lo sabes, echamos hacia atrás nuestros brazos apoyándonos en la cama para empujar más nuestras pelvis hacia delante, te siento casi dentro de mí, siento como nuevamente me arde el vientre, siento como tu coño me moja cada vez más, tu chico nos sigue mirando, desesperado por no poder participar y sin embargo contento de vernos, de que le regalemos aquella escena, las dos gritando de placer, las dos teniendo un nuevo orgasmo, un orgasmo tan placentero como duradero, me encanta follar contigo, sacas de mí toda la pasión, toda mi lujuria.

    Las dos gritábamos sin hacer mucho caso a Julián que no puede más y se levanta del sillón, sin haberlo visto me coge con fuerza de las manos y me arrastra hacia atrás separándome de ti, me da la vuelta bruscamente, llevándome hasta el filo de la cama tal y como yo le había sentado antes, me encanta la brusquedad con la que me está tratando, me siento tan deseada por él, que me excita aún más si cabe cuando todavía siento en mí los últimos coletazos del orgasmo que me has provocado, mi culo al filo de la cama y el de pie frente a mí me abre las piernas tanto que casi me parte en dos, le miro fijamente y siento como su polla de un solo golpe atraviesa el coño, la noto casi en mi vientre, tan dura, tan grande y suave que paso de mis gemidos al final de nuestro orgasmo a los gritos incontrolados cada vez que me llena con su polla, sus manos en mis tobillos abriéndome bien de piernas y su cadera acercándose y alejándose de mí, sin parar de meterme la polla bien al fondo impidiendo que el placer que siento me deje gritar, tan solo abro mi boca sin emitir sonido alguno, mis manos aprietan con fuerza las sabanas y mis ojos se quedan en blanco.

    Ahora eres tú la que mira, ahora tú eres la que acaricia mi pelo y mis mejillas, mirando como la polla de Julián desaparece con velocidad dentro de mi coño, velocidad que va relajándose cuando me junta las piernas y me las abraza con un brazo, ahora sus penetraciones son más pausadas, más lentas, pero con más vigor, empujando bien su polla hasta tocar mi útero, deja su polla bien metida en mi coño sin sacarla para luego volver a empezar, ya si, ya puedo gemir, incluso dar pequeños gritos cuando la tengo tan dentro de mí, gemidos y gritos que aumentan a la vez que los minutos se consumen, siento como mi cuerpo todavía recuerda el orgasmo que me provocaste, siento como si fuera una continuación de él y nada que me haga callar, nada salvo tú, que te has sentado en mi boca y empiezo a lamer tu coño.

    Yo soy ahora vuestro juguete sexual, Julián hace con mi coño lo que quiere, penetrándome lentamente, pero con tanta fuerza en sus empujones que me tiene que sujetar con fuerza las piernas para que no vaya desplazando hacia arriba, mis manos sujetan tus muslos con fuerza, acariciándolos a la vez que mi lengua penetra en tu coño haciéndote gemir, succiono un clítoris tan duro y maravilloso que me encanta oírte gemir, me encanta sentirte moverte encima de mí, notar como te excitas y te aprietas los pechos, el sabor de tu coño es una mezcla entre tu flujo y el semen de Julián, bebo de ti, me lleno la boca de ti, de él, os tengo a los dos dentro de mí, en mi boca, no puedo parar de sonreír, de gemir, de gritar, la habitación se ha envuelto de sonidos deliciosos, los gemidos de los tres, pequeños gritos que salen de mí con el coro de los golpes secos de la pelvis de Julián contra la mía con ese sonido dulce de su polla al entrar en mi coño tan mojado.

    Me estoy volviendo loca con el vaivén de su polla, siento que estás fuera de sí cuando mis dedos penetran en tu rajita, entrando y saliendo a la vez que secuestro tu clítoris dentro de mi boca, los gemidos de Julián más graves y más altos así como sus penetraciones, que ahora son tan rápidas que parece que corra un esprín, nuestros pechos bailan en nuestros cuerpos, los tuyos de arriba abajo y los míos como si fueran dos trozos de gelatina de lado a lado, te oigo gritar, noto como mi boca se va llenando de tu flujo que cae sobre mí, mi coño se llena con un nuevo orgasmo que atraviesa mi cuerpo de punta a punta, mis manos aprietan con fuerza tus muslos llegándote a clavar mis uñas y siento como Julián se corre dentro de mi coño, como me llena y como envuelvo su polla de mis líquidos que salen casi a borbotones mientras que no puedo para de gritar.

    Los tres hemos caído rendidos, tú al lado mío y tu chico sobre mí todavía con su polla metida en mi coño, el olor a sexo empieza a ser evidente, la lujuria que hay en nuestros ojos todavía no se ha apagado, las dos queremos más, deseamos más, miramos a Julián mordiéndonos los labios lascivamente para que nos dé más, para que nos folle por igual, las dos tumbadas boca abajo con las piernas separadas y nuestros coños empapados esperan unas manos, unos dedos que se van metiendo dentro de nosotras, primero un dedo y luego dos, nos miramos, gemimos y sonreímos a la vez que nos besamos, sus dedos nos penetran a las dos a la vez, una mano en mi coño y la otra en el tuyo, le miramos dándole nuestra aprobación, diciéndole con los gestos de nuestro rostro lo bien que lo está haciendo y vemos que ya tiene su polla otra vez como una barra de acero, realmente esta vez casi ni se ha deshinchado, solo necesitaba algo de excitación y nosotras se lo hemos proporcionado enseguida.

    Julián me coge por la cintura levantándome y poniéndome a cuatro patas, luego te levanta a ti, las dos mostrándole nuestro culo, las dos mostrándole nuestras vaginas mojadas, abiertas para él, los labios separados dejando ver lo rosadas y brillantes que se ven al estar tan lubricadas, llamándole con cantos de sirena para que nos penetre, para que nos folle, primero tú y luego yo, sentimos como hunde su cabeza en nuestro culo, como su lengua saborea el flujo que sale de nosotras, las dos estamos tan calientes que solamente tocarnos ya nos estremece, las dos sin parar de besarnos sentimos como va metiendo y sacando su polla de nosotras, primero yo y luego tú, su polla navega dentro de las dos sin oposición alguna, partiéndonos en dos cada vez que aprieta con su pelvis y hace chocar sus testículos contra nosotras, nuevamente los gemidos, nuevamente los gritos de placer cuando Julián nos folla a las dos por igual.

    Estoy encantada con la polla de tu chico y no es que la de Nacho esté mal, no es que el aguante sea mayor o menor, pero me centro en lo que tengo dentro de mí, en lo que me va rozando por dentro, carne contra carne en un mar de fluidos, tan encantada que caigo hacia delante arrastrándote a ti conmigo, apretando con una mano las sabanas y con la otra la tuya cuando mi coño empieza arder nuevamente, tengo que morder la almohada para no gritar, para no comportarme como una puta de películas porno, con gritos sobreactuados y sin embargo eso es lo que me pide el cuerpo cuando Julián me hace temblar y obliga a mi cuerpo a tener espasmos incontrolados.

    Ya ha terminado conmigo y ahora se centra en ti, dándote la vuelta y separándote las piernas subiéndoselas a sus hombros, así de rodillas veo como te folla, como aprietas las manos en las sabanas y como esos mismos gritos que yo evitaba los evitas tú con gemidos sin parar de mover tu cabeza de un lado a otro, te acabas de correr y tu chico sigue follándote lo que hace que tu orgasmo se acreciente, se dispare en el tiempo hasta que te la saca, las dos sabemos lo que quiere, las dos sudorosas y temblorosas todavía nos abalanzamos contra su polla como dos leonas, cogiéndole los testículos y metiéndolos en nuestra boca, lamiendo cada una un lateral de su polla y metiéndonos primero su glande hasta hacerlo desaparecer dentro de nuestra boca, primero tú y luego yo, Julián empieza a gemir, empieza a dar pequeños gritos y nos ponemos con nuestra cara delante de su polla para que se corra, para que su leche nos pinte enteras.

    Con varias descargas lanzadas con fuerza empieza a dibujar con su leche nuestra cara, nuestros pechos se llenan de ese fluido que ha salido disparado de su polla impactando sobre nosotras y como dos guarrillas lamemos, reímos y sonreímos, lo cogemos con los dedos llevándolo a nuestra boca, lo esparcimos por nuestras tetas como si fuera una crema.

    Son las dos de la mañana y la lujuria nos ha convertido en dos putas que queremos aún más, más de nosotras provocándonos nuevos orgasmos mientras lamemos nuestros clítoris o fundimos nuestros coños, más de Julián que vuelve a follarnos llenándonos de su leche, son las siete de la mañana y los tres caemos rendidos después de una noche de locura que empezó por la tarde sin que vosotros lo supierais, la habitación huele a sexo, a flujo y semen, mi cuerpo rebozado en los fluidos de los tres, sin poder moverme de la cama abrazada a Julián por un lado mientras que tú le abrazas por el otro, los tres rendidos caemos por fin dormidos.

    Son las dos de la tarde y el sol nos cae en los ojos despertándonos, los tres dormidos encima de una cama con las sabanas mojadas, no sé tu Cristina, pero a mí me duelen las piernas de tenerlas abiertas, de sentir los empujones de Julián y sin embargo quiero más… Quizás después de ducharnos, de comer algo, quizás hoy que es sábado tampoco salgamos…