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  • La curiosidad de Chat Noir (II)

    La curiosidad de Chat Noir (II)

    – De acuerdo jóvenes. Para fomentar la participación entre todos, en esta ocasión yo voy a formar los equipos para el trabajo de este parcial.

    Decía la señorita Bustier, la profesora de literatura, con un tono suave y simpático, pero sin dejar de denotar autoridad y convicción. Se mostraba divertida al notar que los grupitos de siempre miraban con decepción el hecho que ahora podían no quedar juntos con sus amigos para hacer el trabajo; sin embargo, sabía que todos sus alumnos se llevaban bien sin importar con quién les tocara hacer equipo.

    Adrien no prestaba mucha atención a la clase. Sus pensamientos revoloteaban en torno a Ladybug y en cómo poder preguntarle a Alya sobre ella sin sonar raro ni que se notara que estaba perdidamente enamorado de la protectora de Paris.

    Revisaba el Ladyblog de su amiga prácticamente a diario, buscando qué nuevas fotografías de la heroína habían sido publicadas para poder guardar y ver más tarde; sin embargo, la página no daba mucha información que pudiera ser de utilidad. Incluso esa entrevista que en alguna ocasión había conseguido Alya con la mismísima Ladybug en exclusiva, no revelaba nada que Adrien, como Chat Noir, no supiera ya de su lady.

    – Alix, tú vas a estar con Adrien y Alya. Son el equipo 3 y les va a tocar hablar de…

    El chico salió súbitamente de sus pensamientos al escuchar su nombre. Trató de recordar con cuáles de sus compañeros le tocaría trabajar. Paseó la vista por el salón; Alix hizo un ademán con el pulgar arriba y una sonrisa despreocupada al verse mutuamente y Alya le guiñó un ojo señalándolo con amabilidad y calidez.

    – ¡Perfecto! Así tendré una oportunidad de averiguar en persona – Dijo Adrien para sus adentros, correspondiendo al saludo de sus compañeras.

    Durante el descanso, hablaron como equipo y acordaron reunirse acabando clases para ir avanzando el proyecto en casa de Alya. Y aunque el muchacho tenía cabeza para entender qué debían hacer e incluso le resultaba sencillo (lo había repasado innumerables veces con Nathalie antes de poder asistir a la escuela), sus pensamientos eran casi en su totalidad posibles preguntas para Alya. ¿De qué forma sacarle información sobre Ladybug sin que sonara raro que estaba enamorado de una superheroína?

    La jornada de clases llegó a su final, todos recogieron sus cosas y partieron a casa. Adrien imploraba que su padre no fuera a molestarse por tener ese trabajo en equipo fuera de su horario tan estricto. Afortunadamente, Nathalie le dijo que estaba muy ocupado para atenderlo, pero que no habría problema alguno por trabajar una hora con sus compañeros en casa de su amiga. Así que, a toda prisa y notablemente emocionado, les dijo a sus amigos que subieran con él a su limosina para aprovechar el tiempo al máximo.

    – ¡Genial Adrien! Prefiero moverme yo sola por la ciudad, ya sabes; pero no le diría que no a un viaje como este – dijo Alix, maravillada por el automóvil de los Agreste, cruzando las piernas y mirando despreocupada por la ventana. – Jajaja. ¿Quién le diría que no a un viaje en limosina con Adrien, Alix? – respondió Alya divertida. Todos rieron ante el comentario.

    Llegaron en pocos minutos a la casa de Alya. Tomaron algo de beber y empezaron a trabajar de buen modo. La perspicacia de Alya, el impulso de Alix y los conocimientos en literatura de Adrien aceleraron mucho el proyecto; tanto que sintieron que en media hora avanzaron lo suficiente por ese día, así que decidieron continuar en otro momento mientras comían una botana y ponían videos en internet.

    – Ya me tengo que ir; voy a comer con mi papá. Fue divertido trabajar con ustedes – dijo Alix después de un rato, viendo la hora con un gesto de sorpresa y colocándose su casco para patinar. – ¡Nos vemos mañana en la escuela! – dijeron Alya y Adrien al unísono mientras su compañera salía de la habitación a toda prisa.

    Sabiendo que le quedaban solo unos minutos antes que le llamara su guardaespaldas para ponerse en camino hacia su casa para otra práctica de piano, Adrien decidió aprovechar el estar a solas con su amiga y buscar el modo de obtener más información sobre Ladybug.

    Algo nervioso, se animó a lanzarle la pregunta.

    – Oye Alya… eres la persona más informada sobre superhéroes que conozco, y… yo quisiera saber… – Alya se giró hacia él, levantó una ceja en gesto de interés, esbozó una sonrisa y cruzó una pierna sobre la otra, como si fuera reportera a punto de obtener la historia del año. Adrien tragó saliva al notar el cambio de actitud de su amiga.

    – ¿Si Adrien? – Alya se inclinó un poco hacia adelante, notablemente interesada en la pregunta que estaba formulando su amigo. De manera casi inconsciente, acomodó su cabello al lado de la oreja; gesto que no pasó desapercibido por el muchacho y que, de cierto modo, le recordó la forma en que Ladybug se comportaba de manera involuntaria; siendo seductora sin proponérselo.

    – Estem… si bueno yo… me preguntaba si… – el muchacho estaba poniéndose cada vez más nervioso, pero no entendía por qué. Alya se acercó un poco más hacia Adrien. Poco faltaba para que el chico cayera sobre su asiento con su amiga sobre él, debido al poco sentido de espacio personal que parecía tener la muchacha. Adrien estaba empezando a sentir calor.

    – Lo que pasa es que… Ladybug… yo… ella me… me gusta Ladybug. Estoy enamorado de ella- dijo casi de golpe, cerrando los ojos y poniéndose muy rojo de las mejillas. Alya se quedó de una pieza, con los ojos como platos y la boca abierta. Pasaron unos segundos en silencio, los más vergonzosos para Adrien en toda su vida… hasta que su compañera rompió la tensión del ambiente.

    – ¡No… puedo… creerlo! ¡Al fabuloso Adrien Agreste le gusta… la protectora de Paris, Ladybug! ¡Wow! ¡No me la creo que tú también! – la chica estaba en frenesí por la noticia.

    – Em… Alya, ¿a qué te refieres con que «yo también»? – preguntó el rubio, extrañado y sintiendo una punzada de celos. – «¿Acaso conoce a alguien más que quiera a Ladybug como él?» – dijo Adrien para sus adentros.

    – ¡Si! Que tú también sientes mariposas en el estómago por algún superhéroe. Bueno, diría que en mi caso es más que mariposas lo que siento, jaja. Creía que yo era la única loca que se sentía atraída por alguien en mallas apretadas y con superpoderes. – Alya acompañó su declaración abanicándose con la mano y reclinándose sobre su cama en pose de diva.

    – ¿En serio? ¿A ti… quién te gusta? – titubeó Adrien al preguntar, curioso y emocionado por la respuesta.

    – Amigo, ¿qué otro superhéroe va por la ciudad acompañando a Ladybug en un traje negro que le aprieta perfecto y lo hace ver tan sexy mientras pelea y hace acrobacias? – Alya relamió sutilmente su labio superior al terminar su oración.

    La confesión le cayó como balde de agua fría al muchacho. Su amiga lo encontraba atractivo en su forma de superhéroe. Era algo totalmente nuevo para él, acostumbrado a tener un nutrido grupo de fans por su carrera como modelo; fans que lo seguían únicamente por ser el rostro de la marca de su padre. Sin embargo, algo en su interior le decía que ningún fan de Adrien Agreste podía sentir algo auténticamente por él, más allá de admiración.

    En cambio, bajo su identidad como Chat Noir, y ahora sabiendo eso de su amiga Alya…

    «Hora de irnos», decía el mensaje de texto que acababa de recibir Adrien en su celular. Su guardaespaldas tenía perfectamente medidos los tiempos para llegar a casa. Con un suspiro de decepción y alivio, se levantó del asiento y tomó su mochila.

    – Gracias por escucharme, Alya. En verdad tenía que decirle esto a alguien. No pensé en nadie mejor que tú para contárselo – Cuando gustes amigo. Si para algo soy buena, además de manejar el mejor blog sobre Ladybug, es para guardar secretos – dijo la chica guiñándole un ojo antes de cerrar la puerta del apartamento y entrar a la limosina.

    Algo le picaba la curiosidad. La confesión y actitud de su compañera de clase le resultaba… muy intrigante. Quería saber más; sobre Ladybug… pero ahora también quería saber sobre Alya. Necesitaba hallar otro modo. Quizá podría persuadirla que investigara más sobre la heroína; además, ella misma le había dado una clave importante para sacarle información. Podía valerse de su “toque felino” para que su amiga no pudiera negarse a darle una mano.

    – Alya siente algo por Chat Noir. ¿Y si averiguara un poco más al respecto, pero en ese traje negro que ella decía? Quizá pueda preguntarle lo que quiero saber sobre mi lady siendo yo mismo – pensaba Adrien para sus adentros mientras el auto avanzaba en dirección de la mansión Agreste, analizando si en verdad su traje de superhéroe le aprieta de forma sexy las posaderas, o era nada más un punto de vista demasiado dramático de su amiga.

    Nota final:

    Como se habrán dado cuenta, en esta segunda parte, el contenido para adultos es prácticamente nulo. Solo quiero pedirles que, si les agrada esta historia, no desesperen; que algunos escritos deben pasar por capítulos «nexo» que preparen el escenario para el plato principal. Y descuiden, que se viene lo mejor. Lo prometo.

  • Silvia

    Silvia

    En aquel momento fue un shock, pero un par de años después, me alegro mucho de que aquel fin de semana de diciembre mi hija y yo pasásemos unos días realmente especiales. De todo lo que ocurrió, solo puedo decir que las dos salimos ganando.

    Hace un año que, fruto del aburrimiento, empecé a escribir algún que otro relato erótico con varios seudónimos, y confieso que me dio mucho morbo publicarlo, me excitaba muchísimo leer los comentarios de los lectores. Todo lo que escribía tenía cierto punto autobiográfico, pero al final, me he dado cuenta de que no podía engañarme a mí misma, la historia que realmente quería contar era la de aquel loco fin de semana en que mi vida cambió para siempre.

    Pongamos que me llamo Maribel y mi hija Silvia. Yo tenía cuarenta y ocho cuando esto ocurrió y ella veintinueve. Sí, la tuve muy joven. Mi marido estudiaba arquitectura y yo una filología y un jueves loco mis curvas fueron demasiado para aquel jovencito de clase alta que llevaba meses sin descargar, la marcha atrás es lo que tiene. Nos casamos enseguida, sus padres tardaron más de diez años en dirigirme la palabra.

    No he hecho nada desde entonces, dejé la universidad y me dediqué a cuidar de mi hija y de mi marido mientras este multiplicaba por diez la fortuna familiar. Si, ya sé, cualquier feminista se desmayaría solo de pensarlo. Pues… no sé, yo no soy creyente, es decir, no creo que vaya a obtener ningún premio en otra vida a base de sacrificio.

    Viernes.

    Nada hubiese sido igual si aquel fin de semana no hubiese hecho aquel frío atroz, con nevada incluida, que no invitaba a nada más que a quedarse en casa y no salir ni a tirar la basura. Mi marido, mi yerno y mi nieto se fueron a Canarias el viernes a mediodía para ver un partido de baloncesto. Había un largo puente del día de la constitución y no volverían hasta el martes. Tenían planeadas varias actividades, aparte del baloncesto. Silvia llegó a mi casa tras dejarlos en el aeropuerto a eso de las cinco.

    -Maribel. Pasa, ¿qué tal?

    -Silvia. Bueno, lo llevo lo mejor que puedo. Es la primera vez que me separo de mí pequeño.

    -M. Venga, si tiene ya ocho años.

    -S. Si ya lo sé, pero aun así. Tendremos que hacer algo para que estos días no se nos hagan eternos.

    -M. ¿Tú te has portado bien?

    -S. Llevo a sopa toda la semana.

    -M. Yo también, o sea que nos lo hemos ganado.

    -S. ¿Mami, pero tú crees que esto es sano?

    -Maribel. Pues claro que no lo es, ¿pero cuanto hace que no lo hacemos? Por lo menos dos años. Además, dime tu que otro capricho nos damos. Si nos pasamos el día sumando calorías.

    -S. Vale mamá, pero hoy cenamos algo ligerito.

    -M. Pues claro, ahí está la gracia, si no estuviésemos muertas de hambre no disfrutaríamos del banquete.

    -S. Está empezando a nevar, por cierto. Acércate a la ventana.

    -M. No me digas, no me había dado cuenta, vamos al salón grande, desde allí se ve mejor.

    -S. ¿Había nevado antes desde que os mudasteis aquí? Es el mejor día del año para vivir en un ático.

    -M. No, es la primera vez. Se ve precioso. Mira, los tejados empiezan a estar blancos. Menos mal que estás tú aquí, no me gusta nada este piso, tan grande, tan frío.

    -Silvia. ¿Frío?

    -Maribel. No de temperatura, me refiero a esa decoración que tanto le gusta a tu padre, todo en blanco y negro, y todo cuadrado, hasta los jarrones.

    Silvia sonreía, había escuchado cien veces la misma historia de lo difícil que era vivir con un arquitecto.

    -M. Bueno, en realidad me paso en la cocina la mayor parte del tiempo. Solo ver mis muebles de madera y los azulejos rústicos me relaja de tanto diseño y hasta he puesto un sofá al fondo.

    -S. Bueno, ¿qué? ¿Hacemos la lista de la compra para mañana?

    -M. Claro que sí cariño, pero nos va a entrar hambre.

    Sí, aunque muy ocasionalmente, a mi hija y a mí nos gustaba darnos un atracón y la ocasión no podía ser mejor. Siempre lo hacíamos solas, era nuestro secreto, uno de tantos. Nos llevábamos muy bien, éramos como dos gotas de agua, bueno, una gota con veinte años más que la otra. Ninguna estaba gorda, quizás un pelín rellenas, pero sí que somos dos mujeres de formas rotundas, buenas caderas y un culo jugoso y redondeado, como tan de moda están ahora. Mi hija tiene un poco más de pecho, yo he estado cien veces a punto de operarme, tengo un buen par, pero no se corresponde con el resto de mi cuerpo. Cuando me miro en el espejo y veo mis preciosas piernas y caderas, me digo que para ser la hembra que a mí me volvería loca faltan varias tallas de pecho.

    De cara Silvia y yo nos parecemos, muchísimo. Somos morenas, yo tengo una melena muy larga y ella mucho más corta. Somos guapas, perdón por la vanidad. Me siento muy orgullosa de que haya heredado mi belleza, sobre todo mis ojos, mi boca, mis largas piernas y, la guinda del pastel, mi contundente trasero.

    Recuerdo que cenamos pronto e hicimos la lista de la compra para el día siguiente.

    -S. Acabo de cenar y sigo muerta de hambre. Mañana voy a comer como una cerda.

    -M. (tras una carcajada). Me encanta cuando hablas así, con lo fina que tú eres. Te voy a contar un secreto, yo a veces me pongo un poco de licor y me lo bebo a sorbitos para matar el gusanillo.

    -S. Caray mamá, cualquiera diría que tenemos un problema con la comida.

    -M. Problema ninguno, pero llegar a los cincuenta con este cuerpazo conlleva un sacrificio. Por cierto, ben y te enseño mi último juguete.

    Recorrimos un largo pasillo y llegamos a una habitación donde tenía mi recién estrenada máquina de rayos uva.

    -S. ¡Guau! Qué maravilla.

    -M. Le he prometido a tu padre no usarla más que tres horas a la semana.

    -S. Si por favor, ten cuidado.

    Hacía más de diez años que no nos habíamos visto desnudas.

    -M. Silvia, voy a enseñarte como funciona. Me pongo el bikini y vuelvo en un segundo.

    -S. Mamá, si te da apuro yo espero en el salón.

    -M. ¿Apuro? ¿Pero qué apuro podría darme que me vieses desnuda?

    -S. ¿Entonces?

    -M. Es tu padre, que le encanta que lleve la marca del bikini. Le pone que esté bien morena pero el pecho y el coño blanquitos.

    -S. Caray con papá, ¿y a ti no te importa?

    -M. Silvia, tu padre es guapo y joven todavía, y encima rico. Cuantas mujeres crees que se le acercan cada semana dispuestas a ocupar mi sitio. Yo tengo que jugar mis cartas para mantenerlo a mi lado.

    -S. Mami, papa está contigo por amor no por tu cuerpo y nunca se separaría de ti.

    -M. Hija, vas para los treinta, espabila, las cosas no funcionan así. Lo del amor está bien, es muy bonito, pero el mundo lo mueven culos como el tuyo y el mío.

    Nuestra conversación era medio en broma medio en serio y Silvia se reía con mis ocurrencias. Éramos tan similares físicamente pero tan distintas en todo lo demás. Pasamos de los rayos uva y volvimos a la cocina para sentarnos en el sofá y tomar un licor, que al final fueron varios. Yo seguía empeñada en que el sexo movía el mundo y mi hija apostaba por el amor.

    -M. Silvia, tienes razón, el amor es muy importante pero la belleza y el morbo de un bonito cuerpo desnudo arrasa con todo. ¿Quieres que te cuente un secreto?

    -S. Haber… mamá, tú con tal de tener razón.

    -M. Es la primera vez que comento esto con alguien y me da mucha vergüenza. ¿Te puedes creer que hace un par de años acompañé a tu tía a la costurera esa en la que se hace algún vestido…? Hija, te vas a caer del sofá del susto. Solo te pido que no me juzgues, pero o yo soy una pervertida y solo me ocurre a mi o…

    -S. (con los ojos abiertos de par en par) Me estás asustando. Pero me puede la curiosidad.

    -M. Pues… que me excité muchísimo al ver a tu tía medio desnuda mientras aquella mujer la vestía y desvestía. La costurera es una chica jovencita, rubia, de Bulgaria me parece.

    -S. ¿Pero te excito la tía o la costurera?

    -M. Supongo que las dos, solo a tu tía se le ocurre ir a probar con un tanga que no pesaba ni veinte gramos y la chica llevaba unas mallas que le marcaban muchísimo la vulva. El vestido era muy ceñido y de raso, cada vez que se lo ponía hacía un ruido al rozar su piel que…

    -S. ¿Pero a ti te gustan las mujeres o fue solo aquel día?

    -M. Silvia, las mujeres nos gustan a todas y yo siempre he tenido curiosidad por saber lo que se siente con una. Lo que no es normal es que me pusiese así viendo a mi hermana.

    -S. (recuperando la sonrisa) Joder mamá, menudo cuadro. No me asusto, la mente humana es así de enrevesada, hasta lo encuentro curioso e interesante pero no todas somos lesbianas.

    -M. Yo no he dicho eso. Digo que al contrario que a los hombres, a nosotras no nos molesta ver a otra persona de nuestro sexo desnuda o incluso fantasear con acostarnos con ella. Y a la mayor parte incluso nos gusta incluso.

    Mi hija me miró con una sonrisa que leí al instante.

    -M. No, tranquila, se lo que estás pensando. Nunca me he acostado con otra mujer.

    -S. ¿Y cómo acabó lo de la tía?

    -M. ¡Te lo estás pasando en grande eh! No sé si contártelo.

    -S. Venga, no seas así. Perdona. Es que, bueno, eres mi madre, no es fácil hablar de estas cosas. Reconozco que me muero de curiosidad.

    -M. Vale, pues es bien simple, acabo con que llegué a casa y me hice la paja de mi vida.

    -S. ( incrédula) No sería para tanto…

    -M. Te lo juro. En mi vida he disfrutado tanto yo sola.

    -S. (riéndose burlona) ¿Sola? en tu cerebro tenías montado un trio.

    -M. (riéndome también) Es que encima tu tía, cuando la llevaba en mi coche de vuelta a casa llevaba una faldita que con esos muslos que tiene… Pero lo que quería explicarte con esto es que un buen culo o un cuerpo bonito es algo superior a cualquier ser humano . ¿Quieres que hagamos la prueba?

    -S. ¿Qué quieres decir?

    -M. ¿Nos apostamos un mágnum de chocolate? Hai uno escondido al fondo del congelador.

    El alcohol ayudó bastante. Juro que todo fue surgiendo sobre la marcha, nada fue premeditado. Dejé a Silvia en la cocina y entré en mi habitación. Me quité el chándal que llevaba puesto y me puse un camisoncito negro muy ceñido y muy transparente hecho del mismo tejido que los pantis. Me marcaba tanto el culo que, en realidad, nunca lo había usado para dormir, me lo ponía para mí y para mi marido. Dudé si ponerme algo debajo y cogí un tanga también negro que solo tenía un hilo por detrás y dejaba entrever mi coño casi totalmente depilado por delante. Entré triunfal en la cocina mientras Silvia me esperaba viendo nevar a través de la ventana del techo. Lanzó una exclamación y me silbo como hacen los albañiles.

    -S. ¡Madre mía! Lo reconozco estás impresionante. Tu ganas, pero de eso a excitarme…

    -M. Hija pon algo de tu parte.

    -S. Pero es que eres mi madre.

    -M. Dame cinco minutos y si no te hago efecto el mágnum es tuyo.

    -S. Vale… si yo me lo estoy pasando de miedo.

    Mi cocina es enorme, sobre todo a lo largo. Empecé a pasearme acercándome a mi hija y alejándome. Veía a Silvia relajada y divertida, si la hubiese notado tensa lo habría dejado. A la tercera vuelta me levanté el camisón hasta ponérmelo en la cintura y mostrar mi melocotón dorado por el sol del verano y el solárium, con la marca del minúsculo bikini con que tomaba el sol. Me fui acercando lentamente hacia ella para que poco a poco fuese vislumbrando mi coño depilado y blanco como la leche bajo el tanga negro, con solo un poco de pelo sobre los labios. Me di cuenta de que Silvia tenía la misma debilidad que yo, me miraba el coño, pero también bajaba la mirada cuando ya estaba frente a ella, y no lo hacía por vergüenza, lo hacía para comerse mis rodillas y mis muslos con sus ojos. Estuvimos un rato en silencio. Silvia sonreía y continuaba relajada.

    -Silvia. Que orgullosa estoy mamá. Estás increíble, creo que es la primera vez que te veo el culo y es como el mío.

    -Maribel. Me habías visto en topless y con bikinis muy atrevidos.

    -S. Ya, pero no es lo mismo. ¿Sabes? Me alegro de ver que, a poco que me cuide, teniendo tus genes, llegaré a tu edad estando buenísima.

    -M. Bueno que, ¿hago la tontería completa y acabo el striptease?

    -S. Ya puestos.

    No me atreví a quitarme el tanga, pero me saqué el camisón y se lo lancé. Obtuve un gran aplauso.

    -M. ¿Que? ¿Qué me dices?

    -S. Que estoy impresionada. Al principio me daba un poco de corte, pero reconozco que tengo la madre más atractiva del mundo.

    -M. ¿Pero te has excitado o no?

    -S. Pues claro que no. Eres mi madre y además a mí me gustan los hombres.

    -M. Si tan segura estás déjame que lo compruebe.

    -S. ¡Mama!!!

    -M. Hay un mágnum en juego.

    -S. Creo que hemos bebido demasiado, pero por un mágnum…

    Silvia llevaba una falda escocesa muy bonita, no era mini, pero si bastante corta y unos leotardos negros para el tremendo frío que había hecho todo el día. Se quitó los leotardos y vi que no llevaba nada debajo y que se depilaba al mismo estilo que yo, se giró hacia mí en el sofá y se subió la falda para que viese su coñito ligeramente abierto.

    -S. ¿Contenta?

    -M. Yo por un mágnum también estoy dispuesta a todo.

    -S. Pues adelante.

    -M. Déjame que eche un vistazo. Hija mía, pero si estás empapada, mira, si incluso los leotardos rezuman.

    -S. Ya mamá, si es que hace meses que Pedro no se me acerca, créeme. No te niego que la conversación contigo me excitase un poquito, y me gusta incluso, pero créeme que puedo ver un culo goloso como el tuyo sin que me haga efecto.

    -M. Lo siento cariño, porque no me lo has contado antes, ¿tenéis problemas?

    -S. No sé, es algo muy íntimo. Lo siento, con lo que nos estábamos divirtiendo…

    -M. Ten, el único mágnum que hay en la nevera.

    -S. No seas tonta, podemos compartirlo.

    Nos abrazamos y nos fuimos pasando el helado y bromeando sobre cuál de las dos lo chupaba con más ahínco. Yo no podía evitar la excitación de charlar, casi completamente desnuda, sentada en el sofá con mi hija. El olor mezclado en el ambiente de nuestros coños me mareaba, aunque Silvia llevaba su faldita, la postura, con una pierna flexionada sobre el sofá, favorecía que aquella delicia llegase a mi nariz y me producía angustia y bienestar a la vez.

    -S. ¿Mamá, tu como llevas lo de hacer mamadas?

    -M. (sorprendida) Caray, te he desinhibido con mi striptease. Bien, tu padre no se ha quejado nunca.

    -S. Es que yo creo que todos nuestros problemas vienen de ahí, Pedro solo quiere ese tipo de sexo y a mí me cuesta bastante.

    -M. Ya, los hombres son así, les gusta meterla, pero a la hora de la verdad buscan siempre la boca. ¿Cuál es el problema? ¿No te gusta el sabor del semen?

    -S. No, no es eso, bueno no es un sabor agradable, pero lo que más me cuesta es tragármelo. Pero qué más da, si últimamente ya no hacemos nada.

    -M. ¿Pero él te pide que te lo tragues?

    -S. No, pero eso es lo que esperan todos, ¿no?

    -M. ¡Qué va! ¿Creo que te equivocas, lo que… quieres que te dé mi opinión?

    -S. Me da vergüenza, pero no tengo nadie más con quien hablar.

    -M. No te preocupes, es tarde, vamos a lavarnos los dientes y a meternos en cama, hoy dormimos juntas, y te doy mi opinión.

    Nos fuimos a mi habitación y yo me puse un camisón, también transparente pero menos atrevido que el negro, Silvia protestó.

    -S. De eso nada, ponte el negro, te queda genial.

    -M. Que zalamera eres. ¿Y tú?

    -S. Déjame algo, no he traído pijama. O sino deja, me pongo yo el negro.

    -M. Si total te lo vas a quitar, es muy sexy, pero nada cómodo.

    -S. Es como ponerse unos pantis por todo el cuerpo. Me gusta.

    -M. Porque no me ayudas a cepillarme el pelo y así enseguida nos metemos en cama.

    Silvia me ayudó con la rutina de cada noche. Primero cepillármelo y luego atármelo.

    -S. ¿No te da pereza? Estás muy guapa pero, ¿no estarías más cómoda con media melena como la mía?

    -M. ¿No te imaginas porque lo llevo así?

    -S. Pues no.

    -M. A los hombres les encanta y por supuesto a tu padre también. Cada día se acuestan con una mujer distinta. A veces me lo dejo suelto con que me cubra los pechos por delante, a veces me hago unas trenzas o me lo recojo si veo que le apetece que se la coma para que pueda ver bien como lo hago. Ya sabes que me lo tiñó de rubio por lo menos un par de meses cada año para variar…

    -S. ¡Jo mamá! No dejas nada al azar.

    -M. Silvia, mantener el fuego encendido durante décadas cuesta lo suyo.

    -S. Ya, pero… y ellos, ¿qué hacen?

    -M. En mi caso tenerme como una reina.

    -S. Ya, pero yo ni eso.

    -M. ¿Por qué no dejáis que os ayudemos? Al menos podríais mudaros a un sitio un poco mejor.

    -S. Si ya sabes que Pedro nunca aceptaría.

    Silvia acabó con mi pelo y nos metimos en cama. No pude evitar fijarme en su cuerpo rodeado por el nylon de mi camisón. Me resultaba tan extraño verla como a una mujer, y no solo mi hija. Y aún peor, ella era yo misma, con mi cara, mis muslos, mis caderas y mi delicioso culo, incluso el mismo «corte de pelo» entre sus piernas. Solo el color de su piel, tan blanca, y aquellas dos tallas más de pecho, que yo tanto envidiaba, me recordaban que no estaba frente a un espejo.

    -M. Claro que aceptaría esa ayuda si tú supieses manejarlo, para eso la naturaleza te ha dado ese cuerpazo.

    -S. Pero si te estoy diciendo que ya casi ni me mira.

    -M. Mira, volviendo a lo de antes, lo que a los hombres les gusta de verdad, es que juegues con el semen, que lo dejes caer de vuelta sobre su polla, que lo lamas de nuevo, lo mezcles con tu saliva…

    -S. ¡Caray mamá!

    -M. Ya sé que nunca me has oído hablar así, pero somos mayorcitas las dos, si quieres haré un esfuerzo por decir pene y no polla.

    -S. Si no es eso, es que… no sé, da igual.

    -M. Hija, ¿tú de verdad quieres seguir adelante con tu matrimonio?

    -S. Sí, sí que quiero, por lo menos mientras mi peque no sea un poco mayor, por nada del mundo quiero que crezca con sus padres separados. Tendré que esforzarme, creo que en los últimos años me he ido volviendo casi asexual. Quiero decir, que de no hacerlo casi llegas a olvidarte que el sexo existe.

    Silvia acostó su cabeza en mi hombro y me abrazó, estaba casi llorando.

    -S. Qué bonita la nieve cayendo sobre la velux y como refleja la luz de la calle. Sigue porfa, tampoco será tan complicado hacer una mamada.

    -M. ¿Sabes lo más importante? que no tengas prisa, no te la metas en la boca desde el principio, juega con ella como si tu objetivo no fuese que se corriese. Quiero decir, que la mejor corrida, es aquella que tú no buscas, sino que aparece ella. No se la agarres fuerte todo el tiempo, cógela solo con las yemas de tus dedos por debajo del glande y masajeas un poco, de vez en cuando pasas tu lengua por el glande, pero siempre sin prisa. ¿Sabes lo que le hago siempre a tu padre cuando va a estar unos días fuera?

    -S. Joder mamá, deberías dar clases de esto.

    -M. Primero le hago una paja, más o menos normal o le pido que me folle y se corra dentro de mí, normalmente antes de cenar, y un par de horas más tarde, le hago mi especial para dejarlo vacío para un par de días y que no caiga en ninguna tentación. Se la meneo solo con las yemas del índice y el pulgar, no me importa lo que tarde, al final se corre de un modo totalmente distinto, la leche no sale a impulsos ni a borbotones, se corre como si estuviese meando semen, pero sale una cantidad formidable, a veces eyacula siete u ocho segundos sin parar, lo bueno es que se queda vacío, sin un gramo de energía. En ese momento te aseguro que le da igual si me trago el semen o no, lo único que hago es metérmela en la boca, ya flácida, chupársela un poco y tragarme un poco de leche como si fuese un manjar y me aseguro de que está bien muerta y no va a levantar cabeza en un par de días. Si el eyacula en tu boca y te lo tragas directamente ni siquiera se va a enterar, los hombres necesitan ver. Es mejor que te tragues la gotita que queda en la puntita después de correrse, y que el crea que te está dando la mejor golosina del mundo, a que te comas directamente toda la corrida.

    Inconscientemente empezamos a hablar más bajito y notaba como Silvia tragaba saliva de vez en cuando.

    -S. Ostras mama, menuda loba estas hecha. Me alegro por papá que a sus años sea capaz de repetir en sólo un par de horas.

    -M. Y si no es capaz se le ayuda…

    -S. No te entiendo.

    -M. Lo caliento yo, le hablo de otras mujeres, por ejemplo.

    -S. ¿¡Como!?

    -M. Nada excita más a un hombre que creerse que es único en el mundo.

    -S. Habla claro, no te entiendo, no decías que somos dos mujeres hechas y derechas.

    -M. Mira, tu padre, básicamente, sabe lo mucho que me excitan las mujeres, y se cree que salvo por él, no tengo interés alguno en otros hombres.

    -S. ¿Le has engañado alguna vez?

    -M. Por supuesto que no, pero bueno, por gustar me gusta ver otros hombres también. Si al final de lo que se trata es de que sea feliz, se lo pase bien y rechace a tanta golfa como tiene a su alrededor, sobre todo en el estudio.

    -S. ¿Y de que mujeres le hablas?

    -M. De muchas, su favorita es tu tía.

    -S. ¡Mamaaaa!

    -M. Le encanta, es normal, no te asustes, las cuñadas tienen mucho morbo para los hombres, no por eso va a enamorarse de ella. Ella es como yo, pero con diez kilos más. A los hombres les gusta la carne, para todos los días prefieren algo como nosotras, macizas o solo algo rellenitas, pero de vez en cuando un buen culo grande como el de mi hermana los pone a cien.

    -S. ¿Y no te corta que sea tu hermana? Bueno no, ahora recuerdo lo que me contaste antes, evidentemente no.

    -M. Es que precisamente por eso me excité tanto aquel día en la modista, después de tantos años formando parte de nuestras fantasías… Pero no, no me corta, la quiero mucho, si ella lo supiese creo que estaría orgullosa de servirme de ayuda en mi matrimonio.

    -S. Seguro, pero se caería de culo con el susto. Pero cuéntame algo más concreto. ¿Qué le cuentas de ella?

    -M. ¡Eh! ¿No está usted ya preguntando demasiado señorita?

    -S. Porfa mamá, no me hables como si fuese una niña que me cortas el rollo. Hemos quedado en que somos dos mujeres.

    Tenía razón y me disculpé. Se hizo el silencio por un par de minutos. Seguía nevando y la ventana del techo, encima de la cama, empezaba a cubrirse totalmente. Luego Silvia empezó a empujarme y pellizcarme para que entendiese que no estaba enfadada.

    -S. Bueno, ¿qué? ¿Vas a contármelo o no?

    -M. ¿Estas preparada para escucharlo?

    -S. Por supuesto, hoy no creo que puedas sorprenderme ya más.

    -M. Suelo hablarle de su cuerpo, sea verdad o no, le cuento que nos hemos ayudado a depilarnos el coño la una a la otra, le digo que acabamos las dos húmedas y un poco excitadas, o que le he puesto alguna crema en las nalgas o en los pechos. Lo más fuerte que le he contado fue hace poco, yo me moría de ganas de que me la metiese por detrás y a él no se le ponía lo bastante dura, así que le dije que tenía la fantasía de que hacíamos un trío con ella y él se corría sobre su chocho y lo llenaba todo de leche. Luego yo me comía toda la leche del coño de mi hermana y ella se corría muerta de placer. Se le puso la polla tan tiesa que me folló el culo como nunca.

    Esta vez el silencio fue más largo. Creí que me había pasado.

    -S. Maribel

    -M. Dime, ¿por qué me llamas por mi nombre? Me hace gracia.

    -S. Es que… necesito hacerme una paja.

    No pude evitar lanzar una carcajada y buscar su mejilla para darle un beso.

    -M. No te enfades cariño, me ha hecho gracia la manera como lo has dicho.

    -S. Será mejor que vaya al baño.

    -M. De eso nada, ¿te da vergüenza hacértela aquí?

    -S. ¿A ti no te importa?

    -M. Por supuesto que no. Es que sino no vas a poder dormir.

    Se separó un poco de mí y noté como se subía el nylon del camisón. Silvia es zurda y estaba a mi lado izquierdo. Noté como abría sus piernas. Con su mano derecha agarró mi izquierda y me la apretó fuerte. Esto me excitó más de lo que ya estaba, pero no me atrevía a tocarme yo también, más bien estaba paralizada escuchando el casi imperceptible sonido de su otra mano entrando entre los labios de su vagina como una cucharilla se hunde hasta el fondo en un tarro de mermelada. Creí que nuestra conversación se había acabado, por aquella noche al menos, pero me equivocaba. Silvia ralentizaba su masturbación y que dudaba si contarme algo.

    -M. ¿Te ocurre algo cariño? ¿No estarías más cómoda sin el camisón?

    -S. Si, tenías razón, no es demasiado cómodo para dormir.

    Le ayudé a quitarse el camisón y su mano izquierda pasó cerca de mí cara. El aroma de su coño llegó de sus dedos a mi nariz y eso fue demasiado para mí. Discretamente, al tumbarnos de nuevo, abrí un poco mis piernas y llevé mi mano a mi coño y empecé a juguetear con él.

    -S. ¿Puedo contarte algo que me ha disgustado durante años y que aún a veces se me viene a la cabeza mientras estoy con Pedro?

    -M. ¿Por supuesto, pero, algo malo?

    -S. No mamá, no te asustes, algo que simplemente me excitaba, pero a la vez luego me hacía sentir mal.

    -M. ¿Te sentías culpable?

    -S. Exacto. Verás, en la despedida de soltera de la gilipollas de Marta, nos envió a todas las amigas una invitación por email y debajo puso algo así como que se casaba muy enamorada, pero, por si acaso, ya había localizado un amante si su marido no daba la talla.

    A partir de aquí Silvia empezó a hablar, o mejor dicho, a susurrar muy despacio.

    -S. La muy tonta nos envió el mensaje a todas y le añadió un video. Yo abrí el video, duraba unos diez minutos, era una chica rubia, muy guapa, con aspecto nórdico, sueca quizás, eso es lo de menos. El caso es que aparecía cabalgando un purasangre negro precioso, totalmente desnuda. Me gustó, me recordó cuando yo iba al club de pequeña y montaba a caballo.

    -M. Pero era algo, digamos artístico, ¿o era vulgar?

    -S. Espera y verás, a los dos minutos o así, aparece la chica bajo el caballo, tú ya sabes cómo es la polla de un caballo, pues la de éste todavía era más grande y parecía dura como de piedra. La chica se metió la punta en la boca y empezó a hacerle una especie de mamada al caballo de rodillas debajo de él. Yo cerré el video, pero acabé abriéndolo de nuevo. Me moría de vergüenza, pero me daba mucho morbo también. Luego aparece la rubia de nuevo, pero sentada en una especie de artilugio para que el caballo la folle, la chica es preciosa, tiene una melena lisa larguísima que le llega casi hasta el suelo y, o es la mejor actriz del mundo, o realmente goza una barbaridad con la punta de la polla del caballo en su coño. ¿Te estas tocando?

    -M. ¡La madre que te parió! Sigue por favor, no pares.

    Yo ya no traté de disimular más y empecé a masturbarme sin contemplaciones, era la primera vez que yo era la que gozaba de las fantasías que alguien me contaba. Ahora comprendía lo bien que se lo pasaba mi marido conmigo.

    -S. ¿Pero entiendes que luego me sienta mal porque me excite un video así?

    -M. Sígueme contando por favor y tu continúa masturbándote o no conseguirás dormirte. Dame la mano.

    -S. Pues el caballo la folla sin parar, la embiste tan fuerte que si ella no estuviese suspendida en una especie de columpio la destrozaría. Luego mueven el caballo para que le quede la polla al alcance de su boca. La polla le llega desde la altura de su cintura hasta la boca y se las apaña para masturbar al caballo y conseguir que se esté quieto. Ella tumbada en el columpio bajo el vientre del animal y no para hasta que el purasangre le descarga, dios mamá, en mi vida había visto correrse a un caballo, pero mamá, le llena la boca, la cara, el pecho, luego apartan al caballo y se ve que la chica tiene leche hasta en el vientre y ella se la lleva hasta el coño para lubricarse y hacerse una paja. Luego repiten, a cámara lenta, el momento en que el caballo empieza a correrse y se ve que por lo menos le entra un cuarto litro de leche en la boca. Y la cara de placer de la chica…

    La voz de Silvia fue entrecortándose, siguió hablando mientras se corría, pero no pude entender lo que decía, me apretaba mi mano con la suya hasta hacerme daño, yo tenía mi orgasmo a punto, pero estaba más pendiente de que ella se corriese que de mí misma. Cada vez abría más sus piernas y acabó casi tirándome de la cama. Era la primera vez que veía correrse a otra mujer y tuve la sensación de que se lo había pasado muy bien. Yo sentía la tentación de besarla, me apetecía muchísimo pero no me atrevía, quise retrasar mi orgasmo y ver como reaccionaba ella al recuperarse y enfrentarse al hecho de que su madre estaba a punto de correrse a su lado. No fui capaz, vi que era ya inevitable y me froté con fuerza hasta que la electricidad del orgasmo recorrió todo mi cuerpo. Me corrí imaginándome que era mi hija la que bajo aquel caballo recibía toda aquella descarga de semen y yo la besaba y lamia de arriba a abajo hasta limpiarla toda. Ya éramos dos las que viviríamos traumatizadas por el dichoso video.

    Aquel orgasmo era algo distinto a todo lo que había sentido hasta ese día. Me di cuenta que a partir de ese momento había algo llamado placer, con mayúsculas, que era lo que acababa de experimentar y luego estaba el sexo, que estaba bien, pero era otra cosa. Estuvimos un rato en silencio. Yo no sabía que decir y pensé que lo mejor era dormirnos. Pero Silvia acabó abrazándome y susurrando en mi oído.

    -S. ¿Entiendes lo que quería decirte? Es terrible, algo que te atrae y a la vez te hace sentir mal.

    -M. Yo no le daría importancia cariño. Me ha encantado oírte. No hay nada de qué avergonzarte. A mí también me parece excitante. Supongo que te hace sentir mal porque fantaseas con que tú eres la chica del video. Yo también me he imaginado siendo follada por el caballo mientras me hablabas y ya está, es una fantasía y punto.

    Hubo otro largo silencio, quizás quince o veinte minutos. No conseguíamos dormirnos.

    -S. Mami

    -M. Dime.

    -S. Gracias.

    -M. ¿Por qué?

    -S. Por todo, por ser como eres. Me siento muy bien aquí contigo. Me lo he pasado muy bien esta noche.

    -M. Pues espera a mañana, verás cómo nos vamos a poner. Olvida la lista de la compra que hemos hecho, ¿sabes lo que me apetece?

    -S. Dime.

    -M. Camarones, un par de kilos de camarones, gallegos, y mucho cava, cava rosado.

    -G. Oh, Mami qué hambre, por favor no hables de comida.

    -M. Perdona. Yo sí que me lo paso bien contigo cariño.

    -G. Mamá, ¿te ha gustado correrte conmigo aquí a tu lado?

    -M. Me ha encantado, y te juro que no tengo ningún tipo de remordimiento. ¿Y tú?

    -G. Yo tampoco, con lo del caballo ya tengo suficiente trauma.

    Nos reímos y yo me alarme al ver que el reloj de mi mesita marcaba las tres.

    -M. ¿A qué hora vamos a levantarnos mañana?

    -G. Voy a darme la vuelta y me abrazas a ver si conseguimos dormirnos.

    La abracé y apoyé mis tetas sobre su espalda con solo la fina tela de mi camisón en medio, ella seguía desnuda.

    -S. Mami, antes, en la cocina, me porté muy mal contigo.

    -M. ¿Por qué lo dices?

    -S. Te mentí, te mentí y si no me disculpo no voy a dormir bien. Si que me excitó verte contoneándote cocina arriba y abajo. Lo siento, pero me faltó valor para reconocerlo, pero me pasaría horas viendo cómo te paseas. Me gustaría tener la mitad de personalidad que tú tienes.

    -M. No tienes por qué disculparte. Yo también me porté mal contigo. En el fondo quería que te quitases los leotardos y ver esas preciosas piernas que tienes… Mejor dicho, ves como no tengo tanta personalidad, quería verte algo más que las piernas, tú ya me entiendes. Y no me preguntes por qué por favor. Vamos a dormir.

    -G. Mamá, está mañana me parecería una locura, pero en este momento creo que me gustaría ayudarte.

    -M. ¿De qué hablas?

    -S. De tu trauma por no haber podido acostarte con una chica.

    -M. Yo tampoco lo llamaría trauma. Simplemente me hubiese gustado probar.

    Los derroteros que tomaba nuestra conversación me dieron vértigo. Tapé con mi mano la boca de Silvia sin darme cuenta de que la tenía recién sacada de mi vagina.

    -M. Te parece que durmamos y mañana, tranquilamente, y sin tanto alcohol ya hablaremos.

    -G. ¿Te incómodo? ¿No quieres aceptar mi ayuda? ¿No quieres decirme que no directamente y me das largas?

    -M. Te juro que no. Pero no son cosas que se puedan tomar a la ligera. No me hace sentir incómoda ni me da miedo, pero ya hablaremos.

    Mentía, pero que iba a hacer, no quería que mi hija se metiese en algo tan serio estando, sino borracha, si con alguna copa de más. Ella se durmió, pero yo tardé horas pensando en que momento mi hija había empezado a atraerme, temía tener que enfrentarme al ofrecimiento que me había hecho, pero también lo deseaba. Sus palabras ofreciéndome su ayuda para iniciarme en mi asignatura pendiente del lesbianismo sonaba en mi cerebro como música celestial.

    Sábado.

    Me despertó un pequeño mordisco en la oreja

    -S. Dormilona millonaria.

    -M. Uff, ¿qué hora es?

    -S. Las doce y media, me muero de hambre.

    -M. ¿Desayunamos en el centro comercial?

    -S. Vale, tu marido, tu yerno y tu nieto te mandan muchos besos.

    -M. ¿Has hablado con ellos?

    -S. Si hace un rato. Tienes que mirar por el balcón, ya verás que bonito.

    Me puse mi bata y me acerqué al salón, que era la única estancia con ventanas sin terraza, la ciudad se veía preciosa. Había caído una gran nevada y la calle estaba casi desierta a pesar de ser mediodía. Si no tuviésemos nuestros planes para una gran cena no hubiésemos salido, pero yo apenas tengo comida en casa, para evitar tentaciones. Llevamos el 4×4 de mi marido y en apenas dos kilómetros teníamos nuestro hipermercado favorito. Estaba casi vacío. Encontramos todo lo que necesitábamos, por suerte había camarones, Silvia se empeñó en comprar una docena de esos langostinos enormes, a mí no me gustan demasiado, son un poco secos, también compró mayonesa.

    -M. No por favor, mayonesa no. Sabes que es mi debilidad y además esa barata de bote es mi favorita.

    -S. Venga, la que no necesitemos la tiramos.

    Nos pasamos por la zona de platos preparados y compramos varias raciones de carne asada con unas patatas deliciosas y un salmón preparado para meter directamente al horno que traía un pequeño bol de salsa rosa para acompañarlo. También unos bombones, cava rosado y mucha fruta para disimular. Antes, mientras desayunábamos en la cafetería casi vacía del centro comercial mi hija hizo la primera referencia a lo que había ocurrido la noche pasada.

    -S. Mamá, me lo pasé muy bien anoche.

    -M. Yo también. Pero lo dices como sintiéndolo.

    -S. No, en absoluto. Sólo que no es normal que la mejor noche de mis últimos años la haya pasado contigo.

    -M. No levantes mucho la voz que alguien podría escucharnos.

    -S. No hay nadie cerca, no te preocupes.

    -M. Yo tampoco me había divertido tanto en mucho tiempo.

    -S. Gracias, lo dices para que no me sienta mal.

    -M. No ¿por qué iba a mentirte?

    -S. Pero tú te lo pasas en grande con papá.

    -M. ¿Te he dicho yo eso? Yo te he contado que tú padre se lo pasa en grande conmigo.

    -S. Pero tú te lo pasas bien también, ¿o no?

    -M. Me lo paso bien y punto, pero lo de ayer fue distinto, fue… raro, no sé, no encuentro las palabras.

    -S. Pero, ¿mejor o peor?

    -M. Mejor, mejor.

    -S. ¿No lo dices para adularme?

    -M. Que te digo que mejor, ¿tú sabes cómo me pusiste con lo del caballo?

    -S. ¿Quieres que te pase el video?

    -M. No, lo que me puso así fue que tú me lo contases. Tu voz a mi lado vale mil veces más que el mejor video del mundo.

    -G. ¿Mami, por qué nunca te lanzaste a cumplir tu fantasía lésbica?

    -M. Silvia, este no es el lugar.

    En cuanto bajamos al parking y entramos en el coche Silvia volvió a la carga.

    -S. Supongo que al casarte tan joven no tuviste tiempo para ese tipo de cosas. Si es que eras una niña cuando aparecí yo.

    -M. Tu fuiste una bendición. No seas tonta. Oportunidades tuve. Si incluso tu padre me ofreció más de una vez contratar a una chica para acostarse conmigo.

    -S. ¡Que! ¿te estás quedando conmigo?

    -M. Claro que no. Para él eso no sería una infidelidad. Silvia, tu padre es un gran hombre, ni siquiera pretendía quedarse a mirar, la última vez que me lo propuso tu aun vivías con nosotros y estaba dispuesto a irse un fin de semana contigo a casa de tus abuelos para dejarnos solas. Lo único que esperaba a cambio era que yo se lo contase todo en los días siguientes.

    -S. ¿Y?

    -M. Pues no me atreví. Aunque se hubiese gastado un dineral en una chica de alto standing no dejaba de ser una profesional y.… no sé, tenía miedo a no atreverme y hacer el ridículo. Es el coño de una chica que se habrá acostado con cientos de hombres y además yo soy muy exigente, no me gusta cualquiera.

    -S. Venga, seguro que papá hubiese elegido una belleza.

    -M. Ves, es que es eso, a mí no me van las modelos, me gusta otra cosa.

    -S. ¿Y cuál es tu tipo?

    -M. Pues para empezar me gustan maduras, a partir de treinta o así, y luego, depende, pero no todas son especialmente guapas. Me gustan con un buen pecho y un buen culo, lo opuesto a una modelo de veinte.

    -S. ¿Y cómo te gusta que vistan?

    -M. Nada especial, las mallas quizás y que lleven tanga y se note. Pero bueno, me estás haciendo el tercer grado.

    -S. ¿Y no prefieres una bonita minifalda antes que unas mallas?

    -M. Uf, no sé, por gustar me gustan ambas.

    -S. ¿Ya, pero si tuvieses que elegir entre minifalda o mallas que preferirías?

    -M. Si la chica tiene un buen culo, unas mallas de esas que marcan todo y que no sean muy oscuras son lo más, pero una bonita minifalda… Es que tu madre es así, lo quiere todo.

    Dejamos el centro comercial y Silvia insistió en que pasásemos por su casa. El termómetro del coche marcaba tres bajo cero en la calle, nos desviamos unos cinco kilómetros y Silvia subió a su casa para bajar con una bolsa, no quiso decirme lo que contenía. La sensación de frio, solo con abrir la puerta del coche era tremenda.

    -S. Vámonos para casa y ya no salimos en todo el fin de semana.

    -M. Te parece que pasemos de comer, son ya más de las tres, y cenamos a eso de las seis.

    -S. Me parece perfecto, pero picamos algo mientras preparas la cena.

    Metimos el 4×4 de mi marido en el garaje y llenamos el ascensor con todas las bolsas de la compra. El primer ascensor en bajar era uno de los pequeños y yo coloqué como pude mis pies en un par de huecos entre las bolsas. Me quedé con las piernas bastantes abiertas porque no quería pisar nada de lo que habíamos comprado. Llevaba pantis y una falda que me llegaba casi hasta la rodilla. En cuanto la puerta se cerró Silvia metió su mano entre mis piernas y la fue subiendo, acariciándome el interior de un muslo, hasta llegar a mi coño, lo presiono fuerte, como intentando agarrarlo, lo hizo mirándome a los ojos. Yo me quede paralizada, me gustó, en su mirada había algo que me impactaba tanto o más que su mano entre mis piernas.

    -S. Y no estoy bebida mama, no lo hago porque haya tomado un par de copas, lo hago porque me apetece.

    Se abrió la puerta del ascensor y Silvia se llevó la palma de su mano a la nariz, evidentemente se había impregnado de mi olor. Metimos la compra en casa y Silvia no dejaba de sonreír.

    -M. ¿Te hace gracia el haberme sorprendido?

    -S. Me gusta, tu para mí, desde ayer, eres una maestra y a toda alumna le gusta sorprender a su maestra.

    -M. ¿Te sentiste rechazada ayer cuando te di largas y te dije que ya hablaríamos cuando no estuviésemos bebidas?

    -S. No, claro que no. Solo quiero que sepas que no me hice una paja contigo delante porque estuviese un poco piripi, lo hice porque me apetecía, igual que lo del ascensor. Estaba tan a gusto, tan cómoda contigo, tan… en paz.

    -M. Bueno, será mejor que nos ocupemos de la compra.

    -S. ¿Qué te vas a poner?

    -M. ¿Por qué? ¿Quieres que te deje algo?

    -S. Ayer, por tonta, me quede con las ganas de verte mejor mientras te paseabas por la cocina.

    -M. No te preocupes, hoy te puedes hartar de verme. ¿Quieres que me ponga el camisón de ayer?

    -S. No, hoy quiero que te vistas de señorona.

    -M. (carcajada) ¿Y eso como es?

    -S. ¿Me dejas que elija yo la ropa en tu habitación?

    -M. Por supuesto.

    Me quedé sola en la cocina y mi cabeza echaba humo intentando organizar un poco todas las imágenes que iban y venían a la velocidad de la luz. A los diez minutos, Silvia me llamó desde mi habitación y al entrar vi lo que había ido a buscar a su casa. Se había cambiado y llevaba unas mallas blancas que casi parecían pantis de lo delgadas que eran. Era una micra de lycra que marcaba hasta el más mínimo pliegue de su piel, se dio la vuelta para que la viese bien por detrás, había cogido algo más de culo desde que en verano la había visto en bikini, el melocotón que las mallas cubrían tan tenuemente era de los que los hombres y muchas mujeres se dan la vuelta en la calle para admirar. Dolía dejar de mirarlo, pero llevaba un top también blanco y de licra, que le hacia un escote espectacular, no llevaba sujetador ni falta que le hacía.

    -M. No sé qué decir, madre mía, tendré que subir la calefacción para que no cojas frio. Lo que se está perdiendo tu marido.

    -S. Ya ves. Este modelito era para Pedro, pero ni siquiera lo había estrenado. Necesito un tanga, se me salen los pocos pelillos que tengo en el chochito por la licra. ¿Me dejas el tuyo?

    -M. Si coge el que quieras.

    -S. No, el que llevas puesto.

    -M. ¿Pero, imagínate como esta?

    -S. Quítatelo en el baño por favor y me lo pasas, te dejo la ropa que me gustaría que te pusieses, no quiero verte desnuda aún.

    -M. ¿Aún?

    -S. No me puedes negar un striptease como el de ayer. Me merezco una segunda oportunidad.

    Entré en el baño y me quité los pantis y vi que el tanga estaba empapado. Tengo el coño tan depilado y los labios mayores bastante separados por lo que normalmente siempre los mojo un poco, pero es que llevaba segregando jugo sin parar desde la noche anterior.

    Abrí la puerta y se lo entregué a mi hija, ella se lo puso sobre la cara inmediatamente y respiro profundamente. Me miraba a los ojos mientras lo hacía y cuando me di cuenta su boca venia hacia la mía para besarme. Fue el beso más excitante de mi vida, no sentía nada parecido desde que era una adolescente, pero aquello era otra cosa, estuvimos un rato besándonos en los labios y metiendo un poco de lengua, pero yo perdí el control y empecé a tirar de su lengua hasta metérmela toda en mi boca, estoy seguro que hasta le hice daño. No sé de dónde salía tanta saliva tan dulce y tan gelatinosa. No sé cuánto tiempo estuvimos así, en el umbral de la puerta del baño de mi habitación. Al final fue Silvia la que comenzó a hablar, como podía, mientras no dejábamos de morrearnos.

    -S. Mami, está decidido. Quiero follar contigo. Creo que me va a encantar… Quiero que cenemos, como si fuese una cita y después follar hasta el lunes sin parar. Solo te pido que si al final no soy capaz no te enfades por favor.

    -M. Silvia, no te preocupes, te quiero demasiado para hacerte esto. Me encanta besarte, no tenemos por qué pasar de aquí, si luego te apetece, nos masturbamos en cama como ayer, y sino ya está, yo me doy por satisfecha con lo bien que ya nos lo hemos pasado.

    -S. Bueno, ya veremos, pero me apetece cada vez más que follemos mama. No me importa si a partir de ahora dejamos de vernos como madre e hija. Ya te he disfrutado como madre muchos años, ahora me gustaría disfrutarte como mujer.

    Conseguimos dejar de besarnos y Silvia se fue con mi tanga, me puse la ropa que había elegido para mí. Ni siquiera me acuerdo muy bien de lo que me puse, estaba en shock. Me decía que tenía que parar aquello, pero al mismo tiempo me vestía rápidamente porque el separarme cinco minutos de ella ya me parecía demasiado. Lo que si recuerdo es que mi hija había encontrado en uno de mis cajones un ligero blanco de nylon y unas medias del mismo color. Me había dejado un sujetador también blanco, muy bonito, pero no bragas o tanga. La falda no tenía nada de especial, no era especialmente corta y tampoco recuerdo nada en particular de la blusa que me puse, solo era ligeramente transparente. Salvo el liguero era la ropa que una señora de mi edad o incluso algo mayor se hubiese puesto para salir cualquier día de casa. Decidí recogerme el pelo y atármelo en una especie de moño en mi nuca, si cambiaba de opinión me lo podía soltar muy fácilmente.

    Me encontré a Silvia en el salón mirando por la ventana. Estaba tan tranquila que me intimidaba. Veinticuatro horas antes parecía una mosquita muerta y de repente parecía otra. Yo hice lo que pude para relajarme y calmar los nervios, pero el corazón me golpeaba el pecho.

    -S. Caray mama, a mi es que esta casa me pone cachonda.

    -M. ¿Porque lo dices?

    -S. No sé, esta soledad, la nieve, el lujo. Las sabanas de tu cama, por ejemplo, ¿no te ponen cachonda? ¿Son de seda?

    -M. Creo que sí. ¿Preparamos la cena?

    -S. Si por favor, tu boca me ha encantado, pero no alimenta.

    -M. Zalamera.

    Nos encerramos en la cocina y yo me puse a cocer los camarones y preparar el resto de la cena, aunque la carne solo necesitaba calentarse y el salmón venía ya listo para ir al horno. Menos mal, porque mi cabeza volaba.

    -M. ¿Puedo ponerme delantal?

    -G. Te lo pongo yo. Dame otro beso por favor.

    Nos besamos un rato y cada vez nos iba costando menos, nos sorprendieron nuestros teléfonos que sonaron casi al unísono. Eran nuestros hombres que iban a entrar al baloncesto y se despidieron ya hasta el día siguiente que llamarían de nuevo. Nos tranquilizamos un poco y por fin pude avanzar un poco con la cena. Silvia se subió la encimera para ver la calle por unas pequeñas ventanas en la parte superior de la pared, ya había puesto la mesa. Llamó mi atención sobre lo mucho que había empeorado el día, volvía a nevar muchísimo, pero ahora acompañado de una tremenda ventisca. Miré hacia la ventana del techo, casi sobre mí, y vi que la cosa se estaba poniendo realmente fea.

    -S. Toda la nieve que hay en los tejados está volando con el viento. En la calle no hay nadie ya, sólo algún coche de policía de vez en cuando.

    -M. Te fijas que luz más rara entra por la ventana.

    -S. A mí me gusta, de todos modos, pronto será ya de noche.

    -M. ¿Como preparo los gambones estos?

    -S. No te compliques, así como están, al horno con sal y un poquito de aceite.

    -M. Pero son gordísimos, van a quedar muy secos.

    -S. Mejor, así les ponemos más mayonesa.

    -M. De acuerdo, ¿quieres un poco de cava o vino blanco?

    -S. Eso no se pregunta, cava por favor. ¿Quieres que lo sirva yo?

    -M. No ya te lo paso yo, tú estás muy bien ahí arriba haciendo de vigía.

    -S. ¿Como conseguiste que papa te dejase decorar así la cocina?

    -M. ¿No te gusta?

    -S. Me encanta, es cómo una cabaña, con la madera en la pared y parte del techo, los muebles así de madera real, la mesa enorme de pino. Me encanta, si le unes uno de los baños es ya más grande que mi piso.

    -M. Hija, ¿por qué no aceptas el trabajo que siempre te está ofreciendo tu padre? Yo ya no sé cómo pedírtelo.

    -S. Es igual mamá, si sabes que eso traería más problemas que soluciones. Además, no me apetece ser la hija del dueño.

    -M. Pues lo de la cocina no fue tan difícil, tu padre sabe que es mi refugio.

    -S. Mami, ¿tu conoces algún caso, así como el nuestro?

    -M. ¿Y eso a que viene?

    -S. No sé, tú has vivido mucho, no te enfades, no estoy diciendo que seas mayor.

    -M. No me enfado, pero la gente no va contando esas cosas. De momento solo nos hemos besado. Eso no creo que sea tan extraño. Quiero decir que en un momento de debilidad.

    -S. Y que bien besas mamá, nunca me había fijado en tu lengua, es deliciosa y enorme.

    -M. Quizás no te habías fijado por que la llevo dentro de la boca.

    -S. Vale, no me vaciles.

    -M. Gracias de todos modos por el cumplido.

    -S. El cava está buenísimo. Pero conoces algún caso o no.

    -M. No sé, recuerdas aquel matrimonio que trabajaban los dos para papá, hace unos… diez o doce años, ella era rubia, guapísima, se llamaba Eva y él… Andrés me parece.

    -S. ¿Él era aparejador y ella trabajaba en contabilidad?

    -M. Exacto, ¿los recuerdas?

    -S. Si, es cierto que ella era una tremenda hembra.

    -M. ¿Tremenda hembra? ¿Pero desde cuando hablas así?

    -S. Desde ayer. Pero sigue.

    -M. Pues decía que se divorciaron de un día para otro y se comentó que él la había sorprendido con el hijo en la cama, pero vete tú a saber. La verdad solo ellos la saben. A la gente le encanta lanzar ese tipo de bulos.

    -S. Caray, es que con una madre así, cualquiera cae en el incesto, pobre chaval, me solidarizo con él.

    -M. Silvia, no bromees con eso, el chaval era muy joven y una cosa es que ocurra entre adultos y otra cosa…

    -S. ¿Era menor el chico?

    -M. No, creo que no, pero a los veinte o veintiuno hay todavía muchas cosas por asentar en la personalidad de un chico, que, además, sabes que los hombres maduran mucho más tarde.

    -S. ¿Y madre e hija?

    -M. Ay, yo que sé, conozco a dos que ayer se lo pasaron muy bien…

    -S. Venga, porfa.

    -M. Ahora que lo dices, hace unos años, en la playa, estuve un rato observando a una madre y a su hija, recuerdo que me llamó mucho la atención la manera en que se ponían crema, y me pareció que se daban un piquito en los labios. La playa estaba casi vacía y probablemente a mí ni me veían. Estaban las dos en topless, solas y….

    -S. A lo mejor eran amigas.

    -M. No, luego las vi de cerca y se parecían demasiado. Quizás fue mi imaginación. En fin, a cenar, no tenías tanta hambre.

    -S. Mami, me he traído también una minifalda.

    -M. Pues cámbiate y así me sorprendes con la novedad.

    Silvia estaba desatada, me entraron dudas, mientras comenzamos nuestro banquete y ella no era capaz de dejar de hablar de sexo un par de minutos, yo me preguntaba si la pobre tenía tanta falta de disfrutar un poco de su cuerpo y de que alguien la tocase, la besase, la mirase con deseo que, simplemente, el azar hizo que me tocase a mi ser esa persona. Quiero decir que, si se hubiese quedado encerrada con un o una desconocida en el ascensor y éste tuviese un poco de sensibilidad para escucharla y darle un poco de cariño, acabarían follando.

    La minifalda que había traído era una pasada, le sentaba tan bien. Era ligeramente elástica y le hacía un culo increíble. El top que llevaba parecía encoger por momentos, cada vez veía sus pechos más marcados, sus pezones parecía que iban a agujerear la tela y una fuerza misteriosa parecía juntar con más y más fuerza aquellas dos tetas que marcaban un canalillo al que yo ya miraba sin disimulo. El viento fue arreciando cada vez más y poco a poco fuimos dando cuenta de los camarones. Silvia se iba poniendo más cachonda a cada sorbo de cava.

    -S. Mami, ¿cuántas botellas has puesto a enfriar?

    -M. Dos de cava y una de vino blanco, pero espero que sobren. Imagínate que llama tu padre y estamos las dos borrachas.

    -S. ¿Qué te parece si jugamos a las prendas? Una copa, una prenda.

    -M. Entonces tú debes ya dos.

    -S. Y tú una, pero no es justo, yo no tengo sujetador.

    -M. Y yo bragas…

    -S. Bueno, da igual, si al final lo que quiero es verte en pelotas y lo que no te quites tú te lo voy a quitar yo.

    -M. Hija, dale un poco de suspense.

    -S. Si en el fondo te encanta que hable así.

    -M. ¿Cuántas prendas tienes tu?

    -S. Sin contar las zapatillas, solo tres, falda, tu tanga y el top.

    -M. Yo llevo las medias y el ligero, la blusa y el sujetador y estos zapatos de tacon que elegiste para mi. Cinco.

    -S. No, los zapatos no cuentan, además me encanta como te quedan, cuatro.

    -M. Vale, pues cuatro. Elije una prenda, me la quito y empezamos de cero.

    -S. Pues… no sé, por un lado, me gustaría elegir el sujetador, porque esa blusa transparenta un poquito, pero si me pido la falda podré verte ese culazo morenito cuando sirvas la carne o saques el salmón del horno.

    -M. ¡Como me estás poniendo Silvia! No te conocía yo esta faceta.

    Definitivamente estábamos totalmente desinhibidas y empezábamos a comer, beber, reír y hablar desenfrenadamente.

    -S. Tengo una idea, elijo el sujetador.

    Me quite el sujetador con su ayuda, sin quitarme la blusa, y en cuanto había acabado Silvia agarró la botella de cava y empapo la camisa sobre mis pechos. Era azul claro y evidentemente grité por lo frío que estaba el cava. Silvia se sentó en silencio y ya no quitó sus ojos de mis pechos en un buen rato. Mis pezones se empalmaron bajo la tela que transparentaba completamente.

    Continuamos saciando nuestra hambre, tras los camarones nos comimos el salmón. Para entonces yo había perdido mi falda y mi hija su top. Después de todo lo que había ocurrido ya entre nosotras, sentí vergüenza al sacar la carne del horno. Silvia esperaba el momento impaciente.

    -M. ¿Qué te apetece más, comerte la carne o verme el culo?

    -S. ¿Como consigues tenerlo así de bronceado? Yo, por mucho que lo intente, nunca consigo que coja un poco de color.

    -M. Es que la piel de los glúteos no se broncea como el resto del cuerpo. Yo tengo tiempo y vivo en un ático. Lo que tienes que hacer es tomar a veces el sol solo en él sino las piernas y la espalda siempre estarán más bronceadas. Cuando me apetece, a eso de las tres, que Luísa termina y se va, tomo el sol un rato, salvo en pleno invierno, siempre da el sol en alguna zona.

    -S. Estoy segura de que cuando estás sola, te paseas desnuda por toda la casa…

    -M. ¡Eh! ¿No sé nos olvida algo? Los gambones que tanto te apetecían.

    -S. No, son para el final.

    -M. ¿Marisco otra vez después de la carne?

    -S. ¿Y por qué no?

    Tenía razón mi hija el viernes cuando dijo que comeríamos como cerdas. El banquete duró más de dos horas y todavía nos faltaban los gambones y el postre. Hicimos un alto y yo, que ya estaba con las tetas al aire, me puse a recoger un poco y meter platos en el lavavajillas mientras Silvia pelaba los gambones. Ella ya solo llevaba el minúsculo tanga con el que yo había ido al supermercado y que le había entregado empapado tras nuestro beso en mi habitación. Notaba su mirada clavada en mi espalda, mi culo y mis piernas. Pasó por mi lado para coger la mayonesa de la nevera y me besó y abrazó la espalda, me tocó uno de los pechos, apretándolo suavemente con su mano izquierda.

    -S. Acabo de ver tu silla y la has humedecido.

    Yo no dije nada, ya no podía más, el calentón que tenía superaba ya todo lo imaginable. Si al final no pasaba nada más entre nosotras, necesitaría un ejército de geishas para apagar el fuego que me quemaba y me hacía estremecer.

    En ese momento me di cuenta que Silvia se subía a la mesa, la vi por el rabillo del ojo y me quedé paralizada. Me di cuenta de que mi hija estaba decidida a que su madre se quitase ese capricho de señora rica y aburrida, que era lo que en ese momento me parecía todo aquello. Me temblaban las piernas, me pregunté por qué demonios había empezado yo todo aquel juego, si ahora, me moría de miedo y era mi hija la que parecía lanzada y podía hacerle más daño rechazándola que consumando el incesto.

    Oí su voz reclamando que me diese la vuelta. Estaba sentada sobre la mesa, ya sin tanga, completamente desnuda, con las piernas abiertas, un brazo extendido sujetaba el peso de su cuerpo y con la otra mano jugaba con uno de los gambones en la entrada de su coño, el silencio en mi cocina solo lo rompía el ruido del viento. Silvia se metió fácilmente el langostino pelado dentro de su vagina y lo sacó embadurnado en sus jugos, lo olió con deleite y se aseguró girándolo de que su coño lo había dejado suficientemente cremoso. Extendió su mano hacia mí nariz y yo respiré profundamente. Mi cerebro separó al momento el olor del crustáceo del aroma del tesoro de mi hija. Luego lo puso sobre mis labios, yo abrí la boca y empecé a masticarlo.

    Mi amante lo tenía todo previsto, se metió en la entrada del coño la boquilla del bote de mayonesa y se rellenó la vagina con la salsa.

    -S. Siéntate Mami, que vas a saborear el plato más especial de tu vida. Dame a mí el primero.

    -M. Tengo miedo de hacerte daño.

    -S. Que va… ponte cómoda y métemelo hasta que salga llenito de mayonesa. Ves que fácil, estoy tan caliente que me cabría una langosta. Perfecto, métemelo en la boca y prepárate uno para ti.

    -M. Cada vez que coma langostinos o gambas el resto de mi vida me acordaré de esto.

    Nos comimos todo el marisco, hubo que meter más mayonesa en el coñito de mi Silvia y…

    -S. Bueno, mama, ahora hay que lamer el plato y dejarlo limpio.

    No hizo falta que me lo repitiese, me temblaba todo el cuerpo, pero empecé a limpiar con mi lengua sus ingles y en unos segundos me lancé a por el chocho de mi hija. Lo lamí bien para quitar los restos de mayonesa, Silvia se estremeció de placer, metí mi lengua hacia adentro y sorbí la poca salsa que había sobrado. Enseguida el sabor a mayonesa desapareció y note que la salsa que empezaba a alimentarme era el resultado de la tremenda excitación que mi hija había soportado durante horas.

    -S. Comételo bien porfa Mami, no te guardes nada, no tengas miedo, méteme algún dedo, por favor. Me estás volviendo loca. Yo ya no voy a poder vivir sin tu lengua, dime que te gusta por favor.

    -M. Me encanta, es lo mejor que me ha pasado en mi vida. Túmbate hacia atrás y relájate.

    -S. Mami, para un momento y ven a darme un morreo.

    Las dos perdimos el control, nos faltaban manos y bocas para todo lo que queríamos hacer. Ella me quería en su boca, pero también en sus pechos y en su coño. Yo quería regalarle un orgasmo sin clítoris, metiéndole un par de dedos en su coñito y lamiéndole la entrada cada cierto tiempo, pero era imposible. Cada vez que me imagino el panorama de mi cocina aquella noche, con mi hija sentada en la mesa completamente desnuda con las piernas abiertas y yo, con solo mis zapatos de tacón rojos y mis medias y ligero y mi cabeza metida entre sus piernas, tengo que buscar un momento para ir al baño y correrme recordándolo.

    -S. Ya, mami, ya, quiero correrme ya, comete mi pollita, porfa, pásale la lengua, porfa. Que guarra eres, pero como me gustas, en cuanto me corra voy a ir a por ti y te voy a comer enterita.

    -M. Sabes lo que voy a hacerte más tarde, cuando estés más tranquila, voy a comerme tu culito, ¿me dejas que lo saboree un momento para que se me vaya haciendo la boca agua?

    -S. Si, guarra, pero rapidito. Oh Mami, quédate ahí un momento, me encanta, pero masajéame la pollita con el dedo gordo.

    Silvia se refería a su clítoris como su pollita, eso era echar todavía más leña en mi fuego, a mí me gustaba, me animaba con sus comentarios, bastante soeces algunos, pero es que las dos habíamos perdido el control.

    No me asusté porque sé lo que es correrse abusando del clítoris, pero Silvia tuvo uno de esos orgasmos en que ese cosquilleo sale como un rayo de entre tus piernas y alcanza a todo tu cuerpo y te deja paralizada, se quedó rígida sobre la mesa y luego se hizo un ovillo. No conseguía entender lo que decía, solo entendía que se sentía flotando.

    Se quedó rota, yo me senté en el sofá a un par de metros de la mesa después de taparla un poco con mi falda y mi blusa. Yo estaba tan cachonda que empecé a sobarme las tetas y llevarme los pezones a la boca, no me atrevía a meter mi mano entre mis piernas para no hacerle el feo a mi hija. Ella se dio la vuelta en la mesa para poder verme.

    -S. Me has destrozado. Dame un minuto y estoy contigo.

    -M. Tómate el tiempo que necesites.

    Como pudo bajó de la mesa y se me acercó. Yo estaba sentada y me empujó suavemente hacia un lado para que me tumbase. Me dio una palmada en el culo…

    -S. Madre mía mami, que culo tienes, eres como las colas de gamba, se puede comer todo.

    Empezó a besarme los muslos y las nalgas, pero no se anduvo con demasiados rodeos, con las manos separó mis glúteos y se fue directa a por el ojo de mi culo. Con todo lo que había vivido con mi marido y era la primera vez que me comían el culo. Me puse de rodillas en el sofá, con el culo en pompa. Silvia lo agradeció y poco a poco, abriendo mis piernas, fue llegando también al coño. Se tragó todo mi flujo, probablemente medio seco ya, que se había acumulado en la parte inferior de mi vagina. Tenía la habilidad de hablar y comerse mi sexo al mismo tiempo. Me clavaba las uñas en los muslos y las nalgas.

    -S. Mama, date la vuelta y siéntate que te la voy a comer bien por delante. Me voy a tranquilizar porque te voy a dejar los muslos ensangrentados. Pero tienes que ayudarme, veme diciendo lo que te apetece.

    -M. Déjate llevar, hazme lo que te gustaría que te hiciese a ti.

    -S. Pero tengo miedo de no hacerlo bien.

    -M. Silvia, lo estás haciendo de miedo y somos mujeres, tenemos toda la noche para repetir.

    Eso a mí me erotizaba muchísimo, por primera vez no estaba con un hombre, nuestra noche no se acababa con una eyaculación, cuántas veces las mujeres nos quedamos con las ganas de ocuparnos de nosotras mismas en cuanto ellos se corren, unas veces por pereza, otras ya fingimos el orgasmo directamente. Creo que, hasta que mi hija se acostó conmigo tuvo muchas de esas noches y yo alguna también.

    Aunque no lo hubiese hecho muy bien, sentir sus labios y su lengua trabajar sin descanso mi almeja, y sus manos mis muslos, era más que suficiente. El morbo de ver, lo que tantas veces me había imaginado, una mujer de rodillas en el suelo lamiéndome y levantando su vista de vez en cuando para mirarme, se multiplicaba por diez al tratarse de mi pequeña.

    -S. ¿Como vas, ¿qué tal?

    -M. Bien, bien.

    -S. ¿Como sabré cuando estás a punto?

    – M. No te preocupes de eso ahora. Lo estás haciendo de miedo. Me gusta que mires hacia arriba mientras me lo comes. Me encanta.

    -S. Quiero ver tus ojos y tu cara, especialmente cuando te corras. ¿Pero por qué no me miras a los ojos?

    -M. Es que me gusta pero que me da vergüenza.

    -S. Mírame por favor.

    -M. Estoy a punto de llegar. Pero no hagas nada. Sigue así.

    -S. Mami, me he tragado todo el jugo, cuando te corras me voy a quedar un rato aquí hasta que se llene todo el coñito de nuevo para tomármelo de postre.

    -M. La madre que te parió. Que puta eres, no hay mujer en el mundo que con solo una frase pueda llevarme al paraíso como tú.

    Nuestra conversación era lenta y atropellada a la vez, mi respiración era ya la del orgasmo que llegaba inevitable y a mi hija se le acumulaba el trabajo entre hablar, respirar y regalarme la corrida de mi vida. Su voz, hacía tanto o más que su lengua, esa última frase, anunciándome su impaciencia porque mi coño se mojase de nuevo, me rompió. Me di cuenta de que aquello solo era el primero de muchos momentos que nos regalaríamos mutuamente.

    Me corrí acariciando su pelo y con sus ojos curiosos en mi grabando en su memoria cada detalle de mi cara. Silvia no me dio ni un minuto para cerrar mis piernas, enseguida tuve que abrirlas.

    -S. Tranquila, no voy a tocártelo aún, solo quiero verlo. Es grande, unas mallas bien apretadas te quedarían de miedo, porque abulta muchísimo. Me gusta mucho verlo así, tan cerca, los labios de fuera son como una golosina, ¿nunca has llegado a depilártelos del todo?

    -M. Si, pero necesito ayuda. ¿Cuento contigo?

    -S. Solo a cambio de que esté siempre a mi disposición. ¿Mami, como vamos a hacer para ser amantes?

    -M. No te agobies ahora con eso. Déjame que coja aire. Vamos a disfrutar el fin de semana.

    -S. La entrada empieza a estar blanquecina.

    -M. Si aguantas un rato más tendrás premio. Déjame que la cierre unos minutos. Ven a darme un beso. ¿No te interesan mis tetas?

    -S. Me interesas de pies a cabeza, pero lo que más me gusta de ti es tu culo y tus caderas. Ahora entiendo a papá, ese bronceado con la marca del bikini es demasiado.

    Nos besamos un rato y jugamos cada una con las tetas de la otra hasta que note que mi coño era pura gelatina. Silvia dio buena cuenta de ella, se la comió todita. Nos prometimos darnos una hora de descanso.

    -S. ¿Cuántos orgasmos más crees que seremos capaces de tener hasta el lunes?

    -M. ¿Tú qué prefieres, cantidad o calidad?

    -S. Yo las dos cosas.

    -M. Ya, pero eso no puede ser.

    -S. Entonces cantidad sin duda. Me encanta esta sensación de estar satisfecha, vamos que tengo el coño que no puedo ni tocarlo.

    -M. Ay mi mujercita que vulgar empieza a hablar ¿Tomamos el postre?

    -S. Si venga, más vicio, sexo, nata y chocolate.

    -M. Tengo una idea, te va a encantar.

    El ático en que vivimos es enorme, ocupa toda la planta superior de un edificio diseñado por mi marido. Tiene varias terrazas, pero, aparte de la cocina, mi lugar favorito es el salón, que no tiene terraza, pero si un ventanal precioso que recuerda mucho a las galerías de muchas zonas del norte de España. Movimos una enorme butaca hasta acercarla al ventanal, y Silvia sirvió dos trozos enormes de tarta. Yo acerqué también un vino dulce delicioso de Málaga y nos acomodamos juntitas en la butaca, puse mis piernas sobre las de mi hija. Ella desnuda y yo todavía con mis medias blancas y mi ligero de licra. La vista era increíble, la luz de la calle iluminaba las nubes desde abajo y parecían estar apenas cien metros sobre nosotras, el viento había amainado bastante pero todavía nevaba. Teníamos todas las luces apagadas.

    -S. Ostras mamá, con el frío que hace fuera y el calorcito aquí dentro y los cristales no tienen nada de condensación. En mi casa estarían chorreando agua. En invierno me paso un rato secándolos cada día.

    -M. Solo faltaría, tu padre se pasó más de seis meses trabajando exclusivamente en este edificio, y luego supervisó él mismo la obra, que sabes que eso no lo hace nunca. Recuerdo que nunca llegaba a casa antes de las once.

    -S. ¿Y ahora qué tal? A mí me dice que trabaja muy pocas horas

    -M. Bueno, depende, lo que si hace es desconectar completamente el fin de semana, incluso los viernes llega a eso de las cinco, pero entre semana está llegando muy tarde.

    -S. ¿Y cómo consigues entretenerte?

    -M. Bueno… por la mañana le echo una mano a Luisa con la casa, me da conversación, se me pasa rápido, y luego, por la tarde, cuando se va, pues un poco de ejercicio, lectura, alguna visita y bueno, supongo que puedo confesarte que algo de sexo solitario también.

    -S. ¿Me dejas que te quite las medias para acariciarte las rodillas?

    -M. A cambio de que me sirvas vino.

    -S. ¡Qué bueno! Tanto el vino como los muslos. Caray, con lo que me excitaron ayer y hoy casi me olvido de ellos. Es que estás tan buena que no doy abasto mamá.

    -M. Es que estábamos las dos muy aceleradas. Mañana disfrutaremos todavía más que hoy.

    -S. Mañana o dentro de un rato.

    -M. ¿Te ves con fuerzas?

    -S. Por supuesto ¿y tú?

    -M. Claro que sí, yo estoy muy entrenada.

    -S. ¿Y qué te gusta hacerte cuando te quedas sola?

    -M. Pues una época me aficione bastante a internet y raro era el día que no me pasaba un par de horas viendo vídeos.

    -S. ¿Qué tipo de videos?

    -M. ¡Hija! Menuda pregunta.

    -S. ¡Ya! Me refiero a si eran de lesbianismo, o no sé… modelos, chicos, orgias…

    -M. Uf, de todo un poco. Si, la mayoría de chicas, lésbicos quiero decir, pero con el tiempo, fui siguiendo a chicas en concreto. La tarta está riquísima, ¿nos comemos la otra mitad o la dejamos para mañana?

    -S. Mira lo que tengo aquí.

    -M. ¡Los bombones que compramos esta mañana! Oh vaya, son con licor. No nos hemos dado cuenta.

    -S. Lo siento Mami, los cogí yo y ni me fijé. ¿Te traigo más tarta para ti?

    -M. No, da igual.

    Silvia se quedó en silencio un rato mientras saboreaba un bombón. La conozco tan bien que supe que dudaba si decir o preguntar algo.

    -M. ¿Estás bien? ¿Quieres que vaya a buscar una manta para taparnos?

    -S. ¿Crees que alguien podría vernos desde otro edificio?

    -M. No, estamos a oscuras y los cristales no dejan ver desde fuera. Lo digo por el frío.

    -S. No, estoy bien.

    -M. ¿Entonces, que te pasa? Te has quedado muy callada.

    -S. Me apetece algo, pero, es de esas cosas que me gustan mucho, pero me avergüenzan.

    -M. ¿Qué puede avergonzarte después de lo que ha ocurrido aquí hoy?

    -S. Una vez lo intenté con Pedro y me avergonzó, me dijo que era una guarrada. Pasé un rato horrible.

    -M. Pero, ¿qué es?

    Silvia se quedó callada, se metió un bombón en la boca y empezó a masticarlo, hizo como una bola con el chocolate y se acercó para pasarlo de su boca a la mía.

    -S. Ahora ya no tiene licor.

    Me supo a gloria, todavía sabía a licor, pero estaba calentito y venía con la saliva de mi amor.

    -M. Que rico, el mejor chocolate de mi vida. Dame otro.

    Nos comimos todos los bombones mezclados con largos morreos. Seguimos acomodadas en la butaca. Sólo estar desnudas viendo el espectáculo que la naturaleza nos ofrecía aquella noche nos mantenía muy excitadas.

    -M. Dime ya lo que te ocurrió con tu marido. ¿Qué es lo qué pasó?

    -S. ¡Mami! Pues esto.

    -M. ¿El qué?

    -S. Lo de pasarle chocolate un poco masticado a su boca.

    -M. ¡Pero Silvia!, ¿ese marido tuyo es imbécil?

    -S. Lo sé, ¿qué quieres que le haga?

    -M. Cuanto más se de tu vida matrimonial más me preocupa. Joder hija, es que yo no le dejaba tocarme en seis meses… Bueno, si tampoco lo hace por lo que me cuentas, no sería un gran castigo para él. Si no me mirase las piernas cada vez que nos vemos pensaría que es gay.

    -S. ¿Te mira las piernas el muy cabronazo?

    -M. ¡Eh, para el carro! Es lo más normal del mundo. ¿No dices que estoy muy buena? No le des importancia.

    -S. Si me mirase a mí también no se la daría. Es que yo haría como tu mamá que sabes cómo calentar a papá, pero con reacciones así, como con el chocolate, ni me lo planteo.

    -M. Te entiendo cariño.

    -S. Mira, hace tiempo que apenas me masturbo, pero cuando los astros se alinean y estoy sola, tengo un poco de tiempo y estoy relajada me gusta desnudarme poco a poco frente al espejo del armario de mi habitación. Cogí el vicio de besar el espejo para excitarme aún más, me gusta ver mi cara acercándose a darme un morreo y pasar la lengua sobre el espejo. Luego me hago una paja viéndome reflejada en él. De hecho, por eso llevo el coño tan bien depilado no por Pedro.

    Tuve que tragar saliva varias veces.

    -S. Lo que quiero decir es que me gustaría hacerlo con él, pero no me atrevo, es que, si me dice que soy una pervertida, o algo así, me muero de vergüenza.

    -M. A él no, pero a mi puedes hacérmelo.

    -S. Mamá, esto es serio.

    -M. Si ya lo sé, pero es que no sé qué decirte. ¿Pero ha sido siempre así?

    -S. Creo que sí, al tener el niño tan pronto, casi no tuvimos noviazgo. Luego, mientras estaba embarazada yo tenía ganas a todas horas pero él no quería hacerlo y, en vez de insistirle, empecé a masturbarme sola. Luego al dar a luz a mí se me fueron las ganas y poco a poco ya te digo que, al menos yo, me he vuelto casi asexual. Mamá, ayer contigo fue la primera vez en ocho años que realmente mi cuerpo me pedía una buena corrida, sino no hubiese podido dormir.

    -M. Y al menos, ¿masturbándote disfrutas?

    -S. Yo creía que sí, hasta que ayer me hiciste el striptease en la cocina.

    Como me gustaba oírla hablar así, ni siquiera intenté engañarme a mí misma y me lo creí.

    -M. Que egoísta soy. En el fondo me gustaría que siguieses viniendo a mí a buscar esos orgasmos.

    -S. ¿Tienes miedo que la semana que viene me lo piense dos veces y crea que esto es una aberración y no vuelva por aquí?

    -M. Que esto es una aberración lo pensaremos las dos en algún momento. En mi caso, lo mucho que me atraes pesará más que cualquier remordimiento.

    -S. En el mío también. Sabes de que me doy cuenta ahora. Quizás hace tiempo que siento algún tipo de atracción por ti. No digas nada, déjame que te cuente. Recuerdas el verano que estuvimos en el chalet todo el mes de agosto porque papá y Pedro tenían trabajo. Pues, ahora que lo pienso, me encantaba ponerme tu ropa y con una camiseta de tirantes rosa, que tenías, se me ponían los pezones como piedras cuando me la ponía sin lavar y aún tenía tu olor. Además, me encantaba ponerte crema, esperaba ese momento toda la mañana. Yo creía que era orgullo de ser tu hija y tú mi madre. Hasta recuerdo que me masturbaba todas las tardes en el baño aquel del piso de arriba por el que casi entraban las ramas de aquel limonero. Creo que fue de las ultimas veces que realmente disfruté mi cuerpo, el olor aquel de las hojas del árbol mezclado con el cloro de la piscina en mi piel y el calor me gustaban mucho, solía desnudarme y solo con estar allí un rato de pie me quedaba a punto para tocarme y correrme en cinco minutos.

    -M. Caramba hija, que piquito tienes. Sabes cómo decir las cosas.

    -S. Me apetece otra vez, pero aquí se está tan bien. Mami, tu no sientes como una voz en tu cerebro te dice: que putas sois, que putas sois….

    Nos reímos a carcajada limpia con la ayuda de los viticultores de Málaga.

    -M. ¿Y, siempre te corres a base de clítoris?

    -S. Es que, con el tiempo de que dispongo… Yo nunca lo he conseguido de otra manera. ¿Tu sí?

    -M. En lo del tiempo tienes razón. Pero, aun así, las mujeres tenemos mucha suerte.

    -S. ¿Suerte?

    -M. ¿Nunca te has corrido metiéndote algo por el culo?

    -S. Alguna vez me he metido un dedo o un lápiz y me gusta, pero luego continuo por delante.

    -M. Yo también, pero cuando llego al orgasmo solo por detrás me encanta. Ponte un poco de lado.

    Silvia se acurrucó de medio lado en el sofá, casi dándome la espalda, con las piernas juntas pero poniendo a mi disposición su abundante trasero, blanco como la leche.

    -M. ¡Qué maravilla! No tienes ni un granito, ni estrías, ni celulitis ni nada. Es como un lienzo en blanco.

    -S. Mójate bien el dedo con saliva porfa.

    -M. No te preocupes, lo más importante es masajearlo por fuera un buen rato, antes de nada. Pero si no hace falta saliva, lo tienes lleno de jugo de tu tesoro que se resbala.

    -S. Me encantó antes cuando le di unas lamidas al tuyo.

    -M. La primera vez que una lengua se pasa por ahí

    -S. ¡No! No me lo creo.

    -M. Créetelo.

    -S. Papa, nunca…

    -M. Tampoco se lo pedí. Venga, concéntrate, a ver si conseguimos un buen orgasmo.

    Corrí desnuda a por una manta y en menos de un minuto volvíamos a estar en la misma posición, pero tapadas, me acomodé a su espalda, donde podía besar su nuca y encondí varios consoladores de cristal detrás de mí.

    -S. Joder mamá, pocas pajas se habrán hecho con un panorama como este. Ahora se puede ver mucho más lejos.

    -M. Apenas nieva ahora. Que pasada, está todo blanco.

    Volví a la carga y me concentré en que mi hija aprendiese a disfrutar de su cuerpo. Al final fue ella la que me rogó que le metiese el dedo de una vez. Me excitó tanto, todo era nuevo para mí, experimentar con el cuerpo de otra mujer era algo con lo que había soñado toda mi vida. Hubiese sido más fácil hacerlo con una desconocida, pero no tan excitante como con Silvia.

    -S. Joder mamá, me encanta. No es como si me metiese yo mi dedo. Ahora comprendo porque llevas las uñas siempre cortitas.

    -M. Relájate y disfruta.

    -S. Mamá.

    -M. ¿Qué?

    -S. ¿Crees que llegaré a correrme así, solo con un dedo?

    -M. Tengo un juguete preparado aquí para cuando llegue el momento.

    -S. Ya estoy, lo quiero ya…

    -M. De eso nada, ya te diré yo cuando estás. Además, yo también tengo que disfrutar, me encanta jugar con mi dedo en tu ojete.

    -S. Joder mamá que zorra eres.

    Me excitaba tanto cuando mi Silvia, que había recibido una educación profundamente religiosa, siempre supervisada por sus abuelos paternos, olvidaba todos esos modales y me soltaba un «zorra» o un “puta». Era como una victoria sobre ellos que se habían dedicado casi veinte años a amargarme la vida.

    Respondí al insulto cambiando el dedo pulgar por el medio y clavándoselo hasta el fondo. Su ano estaba tan bien lubricado que comencé a masajear las paredes del recto con la yema del dedo, al hacerlo movía también su vagina, que hacía un ruido muy excitante al estar completamente rellena de jugo, era como chapotear en el agua. A Silvia se le puso esa voz que tanto me gusta. Hablando muy bajito y suspirando e hiperventilándose. En aquel momento creí que exageraba, pero ahora sé que no, es algo natural en ella.

    -S. Joder, lo haces tan bien que me das placer en el culo y el coño al mismo tiempo. Mami, ¿por qué no me das conversación como a papá?

    -M. De momento voy a meterte el juguete. Es de cristal y lleva un rato en mi chocho para que esté calentito.

    -S. Entonces métemelo antes en mi boca para saborearlo.

    Me encanta ese juego de consoladores de vidrio, son tan pesados y tan lisos que solo con tenerlos en la mano me excitan. Se lo introduje con cuidado, pero no hacía falta.

    -S. ¡Ostia mamá! Que gusto. Mételo todo sin miedo.

    -M. Lo tienes todo dentro ya.

    -S. ¡Joder que gusto! Lo que me he estado perdiendo. Háblame porfa como haces con papá.

    -M. ¿De qué te apetece?

    -S. De la tía. Cuéntame lo que sea, que ahora a mí también me excita.

    -M. ¿Y eso?

    -S. Yo que sé. Pues si me gustas tú no es tan raro que me guste ella. Pero no me engañes, cuéntame solo cosas que realmente han ocurrido o fantasías que tengas realmente. Yo no soy papá, no me engañes por favor.

    -M. Te juro que no.

    Cada vez que el consolador salía y regresaba a su culo estaba más claro que podría haber escogido uno algo más grueso, pero decidí continuar con aquel hasta que ella me pidiese cambiarlo.

    -M. Vale, voy a contarte como empezó todo. La primera vez que empecé a hablarle a tu padre de otras chicas fue ya con tu tía, pero fue fruto de la casualidad. Tú eras aún pequeña, pero vivíamos ya en el chalet. Tu tía nos visitaba muy de cuando en cuando, ya estaba de novia con tu tío. Tu padre solía llegar a casa a eso de las tres y luego trabajaba toda la tarde en su despacho. Como tú dormías la siesta entraba con su llave sin hacer ruido.

    -S. No me digas que os sorprendió juntas.

    -M. Que no, que ya te he dicho que nunca he probado con otra mujer, bueno, ahora ya puedo decir que tú eres la primera.

    -S. Perdón, sigue sigue. Pero dame un poco más fuerte.

    -M. Si quieres morirte de gusto tiene que ser despacio. Bueno, pues un día en verano al llegar a casa, tu padre entró en silencio, como siempre. Vio a tu tía en la entrada del salón, con un bikini naranja mío, que le encantaba. Había venido a visitarme porque se aburría y de paso darse un chapuzón. Por lo visto tu tía estaba con el culo en pompa, quitándose las zapatillas, y tu padre creyó que era yo.

    -S. Uf, ya sé.

    -M. Pues claro, tu padre la agarró del culo con las dos manos y no se sacó la polla de milagro. Oí un grito y cuando llegué al salón estaban los dos rojos como tomates.

    -S. Quiero algo más fuerte mami porfa.

    -M. ¿Un vidrio más gordo?

    -S. No, que me cuentes algo más fuerte. Pero ahora que lo dices…

    -M. Tengo varios aquí atrás. Te meto el siguiente en tamaño.

    -S. Está frío, pero éste es mi talla, como me gusta cuando entra. Ahora sigue.

    Besé un momento su nuca y su oreja derecha y noté que la recorrió un escalofrío.

    -M. Pues la cosa continuó toda la tarde porque al ver lo que se había excitado tu padre, yo me excite también y creo que tu tía estaba también, digamos…. orgullosa. Nos tumbamos al sol en la piscina y tu padre nos estuvo espiando.

    -S. ¿La tía ya tenía el culo que tiene ahora en aquella época?

    -M. No tanto, pero ya lucía un buen pandero.

    -S. Y, ¿cómo sabes que os estuvo espiando?

    -M. Primero porque era muy difícil resistirse a ver dos hembras, en lo mejor de la vida, tumbadas en topless en el jardín, y segundo, porque por la noche tuvo que confesarme que se había hecho dos pajas por la tarde y no era capaz de empalmarse en condiciones.

    -S. Joder con papá. ¿Y te quedaste con las ganas?

    -M. Yo llevaba toda la tarde aguantándome las ganas y recuerdo además que, por primera vez, me ponía a cien imaginarme a mi marido follando con otra.

    -S. ¿Con la tía?

    -M. Si, estuve toda la tarde en el jardín imaginándome a tu padre clavándosela a tu tía por detrás, follándola en plan salvaje, agarrándola por las dos nalgas y dándole por los dos agujeros. Me puse tan cachonda que, en cuanto tú tía se fue, me fui a por tu padre.

    -S. ¿Pero te quedaste con las ganas o no?

    -M. No, claro que no. Le conté a tu padre la fantasía que tenía de sentarme al lado de la cama y masturbarme mientras él destrozaba a su cuñada y se empalmó. Cumplió, no con nota, pero cumplió. ¿Como vas tú?

    -S. Es que estoy tan a gusto que me quedaría así una semana. Me estás dando mucho placer, con la conversación y con el consolador. Por primera vez no tengo ninguna ansiedad por correrme. Pero, realmente te hubiese gustado que se la hubiese tirado delante de ti.

    -M. Sí, sin duda, aquel día sí, hoy quizás no, pero aquel día lo recuerdo por lo caliente que estaba. Sería el verano o el saber que él nos estaba espiando, porque estaba segura que lo haría o el estar toda la tarde tumbada en la piscina con mi hermana, medio desnudas. Me hubiese, incluso, sentido orgullosa de que ella probase la polla de mi marido y viese lo bueno que me había salido.

    -S. Hay que tenerlo muy claro para no temer que se enamorase de ella y te dejase.

    -M. Hija, yo hablo de follar, no de que pasasen una noche romántica. Tu padre solo se hubiese enamorado todavía más de mi tras un regalo así. Además, que debo ser un poco ninfómana o puta o pervertida, no sé. Dime tú, sino que hacemos las dos aquí follando a todo trapo, madre e hija. Te imaginas la reacción de, no sé, alguna de tus amigas pijas si lo supiesen.

    -S. Bueno, no te creas, que alguna quizás haya probado también. Yo no creo que sea tan poco habitual mama, un completo no sé, pero algo como lo de ayer en cama…

    -M. Da igual, a lo hecho pecho, solo quiero que sepas que si fueses más joven esto nunca habría ocurrido. Ya te he dicho antes que solo me gustan las maduritas.

    -S. ¡Eh! Que todavía no soy madurita.

    -M. Por desgracia, porque en cinco o seis años más estarás mucho mejor.

    -S. Mami, quiero intentar correrme solo por el culo como tú.

    Silvia se giró y nos dimos un morreo eterno mientras ella sentaba su culo y lo removía en el sofá para que el vidrio no parase de masajearle el culo.

    -S. Déjame ver que más tienes ahí. Caray, yo quiero ese, él más grande.

    -M. ¿Seguro?, ese está hecho para el coño, es demasiado gordo.

    -S. Porfa Mami, lo intentamos….

    Cambiamos de postura, yo me senté a los pies del sofá y Silvia se sentó y abrió las piernas agarrándoselas con las manos por detrás de las rodillas.

    Con cuidado saqué el consolador que tenía puesto y me di cuenta de lo cachonda que estaba porque su culo no se cerró, continuó abierto esperando la porra de cristal que mi hija insistía en que le metiese dentro. Me asusté, por como chilló cuando llevaba ya unos centímetros metidos, pero no era de dolor, Silvia protestó y me pidió, por dios, que se lo clavase todo. Comenzó a hiperventilar aún más, a hablar atropelladamente.

    -S. Fuerte, fuerte, fuerte, dame fuerte. Fóllame bien mami. Fóllame bien que luego te compensaré. Dame fuerte. Mami, me voy a correr imaginándome a papá follando contigo y con la tía, follándoos a las dos, como dos putas.

    Yo hacía un esfuerzo por darle con el consolador lo mejor que podía, me daba cuenta de que estaba a punto de subir al paraíso, pero ya me dolía el brazo, me temía hacerle daño, pero por suerte veía su coño totalmente blanco, lleno de su líquido y un hilillo de este que caía hacia abajo y lubricaba algo el cristal. Fue al ponerme de rodillas y cambiar el modo en que agarraba el chisme, sujetándolo como si fuese a clavarlo en el suelo, cuando me tranquilicé y vi que ya casi estaba, mi hija iba a tener el orgasmo de su vida. Lancé un par de escupitajos sobre el vidrio y comencé un mete saca que solo paré cuando ella, llorando, y estremeciéndose por las contracciones del orgasmo, comenzó a gritar dios sabe qué. Me relajé y me alegré mucho de verla, por primera vez, disfrutar de verdad de su cuerpo. Conozco bien esa sensación de sentirte flotando por treinta o cuarenta segundos, aunque acabes mareada, sudada y con el culo medio destrozado, no hay nada comparable en el universo.

    En cuanto Silvia volvió del paraíso y recuperó cierto control sobre su cuerpo, no paraba de agradecerme todo aquello. Repetía una y otra vez, como un mantra, que ella no creía que tal cosa existiese. Se refería a aquel tipo de orgasmo que ella experimentaba por primera vez. Metió sus dedos entre su coño y los sacó como si acabase de meterlos en queso fundido. Me los ofreció y yo, que ardía en deseo, los rechacé y metí mis labios entre los labios de su coño. Era pura gelatina, me la hubiese podido tomar toda con una cucharilla.

    -S. Ayúdame a ducharme porfa Mami, estoy empapada. ¿Cómo voy a agradecerte esto mamá? No hay dinero en el mundo que pague esto. Pídeme lo que quieras, por favor. ¿Sabes qué?, al final, cuando me corría, no fui capaz de pensar en nada, solo pensaba en mi cuerpo y era como si flotase sobre nosotras viendo cómo me masturbabas.

    En vez de ducharla llené la bañera grande de mi habitación, una de esas redondas, con agua caliente y nos metimos en ella. Silvia solo tardó veinte minutos en volver a la carga. Se sentó sobre mí y jugó un rato a rozar sus pechos con los míos, llenos de gel, no resistí su ofrecimiento de acariciárselos y los estuve sobando mientras, a pesar de estar en la bañera, notaba como mi vagina seguía lubricando imparable.

    -S. ¿Sabes lo que estoy pensando?

    -M. Dime.

    -S. Mamá, nos falta práctica. Si, práctica. Como lesbianas digo. En realidad, salvo besarnos, no hemos follado realmente.

    -M. Caray, entonces, ¿que hemos hecho?

    -S. Pues básicamente masturbarnos la una a la otra.

    -M. Ayer estuve a punto de abalanzarme sobre ti en la cama.

    -S. Hoy si no lo haces tú lo haré yo.

    -M. Por cierto, señorita, tendremos que recoger un poco la casa, ¿tú sabes cómo hemos dejado la cocina?

    -S. Me da pereza, pero no quiero levantarme mañana y ponerme a recoger. Además, podemos hacerlo desnudas y eso me gusta.

    Cuando entramos en la cocina y vimos el panorama, solo nos consoló lo mucho que nos ponía hacer la tarea en pelotas, y la excitante charla.

    -S. Mami, esta mañana pensaba que si me dejaba llevar por mis instintos ya no te vería más como a mi madre.

    -M. ¿Y?

    -S. Pues no, para mí sigues siendo la de antes, te quiero y te respeto, quizás más que antes. ¿Y tú, habías fantaseado conmigo muchas veces o tenías todo esto planeado?

    -M. No, no lo tenía planeado, te lo juro. Pero hace tiempo que me temía que en el momento que pasásemos algún tiempo solas iba a hacer alguna tontería.

    -S. ¿Como qué?

    -M. Pues como lo de ayer, intentar calentarte enseñándote mi culo. Pero dame un tiempo, por favor, para aclararme yo misma. No estoy segura aún de que fuese premeditado o no.

    -S. Pero, ¿te habías masturbado pensando en mí o no?

    -M. Es que no lo sé. Sabes que soy una mujer, digamos caliente, me gusta el sexo casi a diario, y disfruto mucho de mi propio cuerpo. Y resulta que tú eres mi viva imagen, con dos décadas menos y dos tallas más de pecho.

    -S. Quieres decir que a veces, cuando te excitabas con tu propio cuerpo no podías, digamos…. evitar mezclarlo con el mío.

    -M. Exacto, gracias, yo no lo habría dicho mejor.

    -S. Bueno pues a partir de ahora, este cuerpo es tuyo y el tuyo mío. Te lo juro.

    Sellamos la promesa con un largo beso.

    -M. De todos modos, tienes que intentar reconducir lo de tu marido. Si seguís así no vais a durar mucho.

    -S. Eso no tiene arreglo mamá.

    -M. Si de verdad quieres seguir con él tienes que intentarlo.

    -S. Ya veremos. Después de gozar como he gozado contigo… Además, ¿no tendrás celos si sabes que me acuesto con él?

    -M. ¿Los tendrás tú de papá?

    -S. Supongo que no, pero prométeme que no le contarás nada de esto.

    -M. Por supuesto que no, no estoy loca.

    -S. ¿Y de otras mujeres?

    -M. ¿Quieres decir si tú te acostases con otra chica?

    -S. Sí, has despertado a la bestia que llevo dentro.

    -M. Hija, no hagas como yo, si tienes oportunidad no te quedes con las ganas.

    -S. Pero lo dices muy seria.

    -M. No lo digo sería, lo digo en serio. Solo me gustaría que me lo contases. ¿Pero tienes alguna candidata?

    -S. No, bueno no se… es que cuando salga de aquí el lunes creo que seré otra mujer. Ni yo misma sé cómo reaccionaré. Es que, por ejemplo, a la tía la he visto muchas veces ligera de ropa, incluso en bikini, y en ese momento no me produjo más allá que curiosidad, pero ahora que ha pasado todo esto, recuerdo esos momentos y me pongo muy cachonda.

    Decidimos dejar la charla, terminar de una vez con la cocina y nos metimos en cama. Esa noche no hubo dudas sobre qué camisones ponernos, dormimos desnudas. Yo estaba muy excitada y en cuanto nos acostamos comenzamos a besarnos y meternos mano, pero también tenía mucha curiosidad por la conversación que habíamos comenzado en la cocina.

    -S. Mamá, te debo una, déjame que te coma el chocho o que te folle el culo como tú a mí.

    -M. No seas tonta, no me debes nada. No te bajes aún, te quiero aquí a mi lado. Tócame con la mano si quieres.

    -S. Madre mía. Lo tienes empapado. Somos insaciables.

    -M. ¿Qué ibas a decir de tu tía?

    -S. Pues que tengo curiosidad por saber cómo reaccionaré cuando la vea de nuevo.

    -M. Ahora me vas a decir que te pone. Madre mía, ¡qué familia!

    -S. Jo mamá, antes me gustó cuando me contaste la anécdota del bikini, y te juro que me excité por ella y por ti, no por papá.

    -M. Vale, te creo, pero la has visto cientos de veces.

    -S. Ya, pero quiero saber cómo la miraré a partir de ahora. Uf mamá, como tienes este chochazo, tendré que tener cuidado o te vas a correr muy rápido.

    -M. Juega un poco con la entrada del culo.

    -S. ¿Así?

    -M. Perfecto, cuando quieras me metes un poco el dedo, y sigue hablando así bajito que me gusta mucho.

    -S. Pues…. que sí, que tienes razón, la he visto cientos de veces, pero, aunque en ese momento no le di importancia, ahora lo recuerdo y me excita.

    -M. Te refieres a verla en topless.

    -S. Sí, pero lo que más me excita es recordar un día, en su casa, ya se había separado del tío y creo que fuimos a llevarle algo que necesitaba y estaba sin coche. Vosotras os sentasteis juntas en un sofá y yo enfrente. Llevaba una falda por encima de la rodilla, pero al sentarse sin cuidado yo se lo veía todo.

    -M. ¿El coño?

    -S. El coño y los muslos. Bueno el coño no, llevaba bragas, probablemente tanga, pero yo solo le veía el triangulito.

    -M. Méteme el dedo ya y de vez en cuando subes al coño y me lo trabajas un poco.

    -S. ¿Así?

    -M. Joder si, así. Sigue contándome.

    -S. Pues ese día, no podía evitar la tentación de mirar, pero por curiosidad. Las bragas o tanga, lo que fuese, era color burdeos, de las baratas, y transparentaba, pero no le veía vello ninguno, ni debajo ni saliendo por los lados. No sé, me hacía gracia, pensaba, mira la tía que coqueta, con sus años y todavía se depila. Pero ahora, primero me da vergüenza pensar así, porque solo te lleva cuatro años y seguro que es una tremenda hembra, como tú, y segundo porque ahora sí que me pongo cachonda recordando aquello. Es que después de saborear tu coño me doy cuenta de que debajo de ese trocito de tela había una golosina que no supe apreciar y que ahora me comería de buena gana.

    -M. Me encanta oírte, me gusta… lo tiene como nosotras, le ayudo yo a hacérselo. Casi todo depilado menos los labios. Bueno, un par de veces nos lo hicimos completo por curiosidad.

    -S. Joder mamá. ¿Porque no lo has dicho antes?

    -M. Te dije que a veces le hablaba a tu padre de cosas así.

    -S. Ya, pero creía que eso te lo inventabas. Menudo calentón debes pillar cada vez. Como me gustaría veros a las dos con un depilado total, os parecéis tanto, tú la versión maciza y ella la versión rellena.

    Paramos y nos besamos con tranquilidad. Silvia continuó su masaje en mi ojete y vagina y yo no me resistí a hacer lo mismo con la suya.

    -S. ¿Y no te pones a cien?

    -M. Imagínate, siempre creí que sí alguna vez tenía algo con una mujer sería con ella y mira por donde… ha sido contigo.

    -S. Pero nunca te lanzaste.

    -M. Es que imagínate si ella se espanta.

    Estábamos las dos tumbadas frente a frente, destapadas y desnudas sobre la cama. Una pierna flexionada y mi mano derecha y la suya izquierda trabajándonos mutuamente los coños. Si una movía sus dedos entre los labios de la otra, ésta respondía haciendo lo mismo, no nos masturbábamos como lo haríamos normalmente, nuestros coños estaban tan lubricados que simplemente los recorríamos de arriba abajo o de derecha a izquierda con las cinco yemas de nuestros dedos. Yo intentaba coger sus labios internos y tirar de ellos, pero se me escurrían como si estuviesen llenos de aceite. Cuando la conversación subía de tono acelerábamos las dos. De todos modos, todo transcurría muy despacio.

    -S. Quizás ella se excitaba también.

    -M. Claro que sí, con las piernas abiertas veinte minutos eso no se puede disimular.

    -S. ¿Entonces?

    -M. Es que no es fácil. Yo siempre tuve la fantasía de que ella se lanzase, pero con el paso de los años… Luego lo planee cien veces, no acostarnos, pero masturbarnos juntas o algo así. Estuve a punto de ponerle una peli porno para ver como reaccionaba, pero no fui capaz.

    -S. Me alegro de que no te quitases las ganas con ella, sino no estaríamos aquí ahora.

    -M. Eres una aduladora.

    -S. Joder mamá, me moriría de gusto viéndoos a las dos en acción. Es que soy tonta, con la de oportunidades que he tenido de verla ligera de ropa.

    -M. Pues te aseguro que tiene un cuerpo muy muy morboso.

    -S. ¿Qué es lo que te gusta más?

    -M. Uf, no te lo creerás, pero…. bueno es evidente que esos muslazos y el pandero son una pasada, he visto muchas veces a chavales quedarse atontados mirándola, pero a mí me encanta su barriga, no tiene demasiada, tu tía está gorda de culo pero no de barriga, pero la poca que tiene parece la de una niña de veinte, no la de una señora de cincuenta.

    -S. Mamá yo estoy a punto, en cuanto aceleres un poquito más me corro. ¿Y alguna vez estuviste cerca de lanzarte?

    -M. Hace poco, cuando ya se había separado, vino una tarde aquí, traía un vestido delgadito, de verano, rosa con un poquito de vuelo y muy largo casi hasta los tobillos. Yo fui un momento al baño y cuando volvía al salón ella estaba, de espaldas a mí, colocándose bien el tanga, tenía todo el vestido subido hasta la cintura y verla así, con el culo al aire a cierta distancia fue tremendo, en menos de un segundo toda la sangre de mi cuerpo salió disparada hacia mi coño.

    -S. ¿Era la primera vez que le veías el culo?

    -M. No pero aquel día fue distinto, me impresionó la diferencia de tamaño entre su cintura y su culo, y no sé, verla así, vestida pero medio desnuda a la vez, con el pelo suelto cayendo sobre su espalda y sobre todo, que no estaba a mi lado, como otras veces, estaba a cuatro o cinco metros, y veía por primera vez lo buena que está por detrás, ese culazo blanco pero tan bien hecho como el tuyo, sin apenas celulitis ni estrías ni nada y las piernas larguísimas que tiene. No era como en la playa, que el celoso de su marido no la dejaba ponerse un bañador un poco estilizado, era como un cuadro, su culo y los ventanales con la ciudad al fondo. Caray hija, es que hoy el ideal de belleza es una adolescente enclenque haciendo posturitas frente al móvil, pero, para disfrutar de verdad mi hermana seria la bomba.

    -S. Pero, ¿pasó algo?

    -M. No, pero estuvo a punto, me lancé hacia ella desde el otro extremo del salón, iba a agarrarme a sus nalgas y comérmela entera, pero me faltó valor, a medio camino me arrepentí, le lancé un piropo y ahí se quedó todo.

    Nos fundimos en un largo morreo que solo interrumpimos para rematarnos la una a la otra, yo caí primero y Silvia un minuto más tarde. Notar como la electricidad fluía desde las yemas de mis dedos hasta sus labios y su “pollita” y se extendía a través de todo su cuerpo hasta quitarle el aire a sus pulmones y dejarla rendida en mis brazos es algo que no querría que me faltase el resto de mi vida.

    Apagamos la luz, nos tapamos y abrazamos. Estuvimos un rato disfrutando de nuestros orgasmos y acariciándonos. Las dos teníamos la sensación de que llevábamos siglos siendo amantes, pero solo habían pasado veinticuatro horas.

    -S. Mami, mañana nos depilamos, pero total, ¿cómo se llama?, brasileño o neoyorquino, no sé. Tú me entiendes, y después, en la bañera me tiras una botella de aceite por encima y me follas a la vez por el coño y el culo con dos consoladores.

    -M. Te haría daño, uno de cristal y uno de látex todavía, pero dos de cristal.

    -S. Vale, ¿pero tienes de látex?

    -M. Yo tengo de todo.

    -S. Pues eso. Joder mamá, ¡qué familia! Me he corrido pensando en vosotras comiéndoos los coños en el salón.

    -M. ¿Te sientes culpable?

    -S. No, no, que va… pero, ¿qué crees que hará la tía mañana?

  • Cuando mamá no está en casa

    Cuando mamá no está en casa

    Eran las 7:30 am y un joven de 18 años daba vueltas y vueltas en su habitación. Estaba listo para irse a la escuela, mas no podía encontrar sus auriculares. Del otro lado de la puerta, una voz femenina se escuchó, ‘’Apresúrate cariño, o llegaras tarde’’. El chico seguía revolviendo las sabanas y miró bajo su cama, pero no había señal de sus audífonos, ‘’Mamá, no encuentro mis auriculares!’’ exclamó el joven algo frustrado. Su madre abrió la puerta y le contestó, ‘’Los dejaste en la mesa cuando desayunabas, Kevin. Ahora date prisa!’’. Kevin se puso de pie, y tomo su bolso y salió de la habitación, bajó las escaleras y tomó los auriculares que en efecto, estaban en la mesa; justo donde estuvo sentado desayunando.

    A continuación se dirigió a la puerta donde su madre lo esperaba como de costumbre para despedirse de él y desearle buen día. Le dio un beso en la mejilla y el chico avanzó a toda prisa por la calzada rumbo a la acera, caminó a buen paso en dirección a la parada de bus, pues la calle de su casa era demasiado estrecha para el bus escolar. Kevin era un joven de complexión delgada, cabello castaño claro corto, ojos marrones, cara infantil, apenas su estatura alcanzaba los 1,70 m y su cara había sufrido pocos cambios en la pubertad; no obstante tenía un ligero vello facial en sus mejillas y barbilla, su trasero redondo y juvenil era motivo de burlas por parte de muchos abusones, sin embargo algunas chicas lo consideraban atractivo por ello, pero pocas veces tenía suerte con alguna.

    Por el trayecto vio algunos vecinos regando las flores de los respectivos jardines o sacando alguna mascota a pasear, el chico se colocó los auriculares y los conecto al móvil y busco en la biblioteca una canción. Pronto hallo la que buscaba y continuó su marcha.

    Antes de terminar la canción, había doblado la esquina de la calle y enseguida se encaminó a la parada, que en ese instante estaba vacía. Miró su teléfono para chequear la hora, 7:52 am; y respiró aliviado, el bus llegaría en unos minutos. Se sentó a esperar la llegada del bus y siguió escuchando música tranquilamente, pasó por alto algunas buscando otra que le levantase el ánimo y la encontró. En tanto la escuchaba, el bus escolar llego a la parada y abrió la puerta, Kevin se levantó de la banca y subió. Encontró su lugar nada más al subir, pues un chico de su misma edad se lo había reservado, recorrió el pasillo y se desplomó en el asiento libre.

    ‘’Buenos días hombre, qué tal todo?’’ preguntó su compañero al mismo tiempo que se daban la mano.

    ‘’Todo bien, y tú Héctor?’’ respondió Kevin quitándose un auricular del oído para hablar con su amigo.

    ‘’Igual, podría decir. Perdí unas 3 partidas de Fortnite anoche, pero pudo ser peor.’’

    ‘’Nada mal viejo, me hubieses escrito y te habría apoyado’’ dijo Kevin con un ligero sarcasmo

    ‘’Te escribí por 2 horas hombre! Y no apareciste,’’ se quejó Héctor.

    ‘’Lo siento, es que estaba estudiando para el examen de matemática. No olvidaste que hay examen este jueves, o sí?’’ contestó Kevin un poco más serio.

    ‘’Mierda… lo olvide. Tendré que empezar a estudiar desde hoy, maldición!’’ dijo Héctor visiblemente fastidiado.

    Kevin cambio el tema de conversación, para no seguir desmoralizando a su amigo, y hablaron de música, juegos, chicas. Así pasaron unos 30 minutos en los cuales el bus recogió a un par de estudiantes y puso rumbo a la escuela. En unos pocos minutos ya el bus se detenía en la entrada y la puerta de salida se abrió nuevamente; uno a uno los jóvenes de la parte delantera bajaron, y ya cuando la mitad había salido, Kevin y Héctor ya estaban abajo también. Caminaron a la entrada donde los esperaba John, su otro compañero y se pusieron a charlar mientras esperaban la primera cátedra.

    La campana de las 9 de la mañana resonó en los pasillos, y el bullicio en el pasillo principal dio paso al silencio, ya que la mayoría de los alumnos ya estaban en sus aulas. Los tres amigos se dirigieron a su salón de clase para ver Literatura, cuando entraron la mayor parte de sus compañeros aun sacaban sus libros para empezar a tomar apuntes. Kevin y sus amigos se sentaron al fondo del lugar, para tener mayor libertad; pues las clases de Literatura por lo general eran un ticket seguro al aburrimiento y ese día no sería la excepción.

    Fue 1 hora de géneros literarios que aburrió a muerte a toda la clase. Gran parte de la clase se hallaba sumida en un profundo sopor, incluso Francisco, un chico a tres asientos del suyo, apoyó la cabeza en su mesa y se quedó profundamente dormido con la boca abierta. Al menos eso distrajo un poco a Kevin y a sus colegas, quienes se reían disimuladamente al mismo tiempo que le arrojaban pequeños papelitos tratando de atinarle a la boca, aunque sin mucho éxito, pero si consiguieron despertarlo sobresaltado después de varios intentos fallidos.

    Cuando terminó la clase, fue un alivio para todos salir de aquel calvario, aunque el profesor Rodríguez evidentemente sabía que nadie le había prestado atención, casi nunca lo hacían; y por ello les mando a redactar un ensayo sobre los géneros literarios que habían visto ese día. Kevin fue al baño para refrescar su rostro un poco después de semejante fastidio en Literatura, y alcanzó a sus compañeros en la cafetería.

    Saludó a un par de personas en el camino y guardó su bolso en su casillero. En eso un toque en su hombro mientras guardaba sus cosas lo sorprendió.

    ‘’Ok, el dinero del almuerzo, o tu cara en el retrete’’ dijo Marcus, el abusón de la escuela.

    ‘’Oye, dame un respiro. No tengo mucho dinero, de verdad’’ respondió Kevin algo suplicante.

    ‘’No me hagas repetirlo de nuevo, marica culón’’ contestó algo enfadado Marcus, esperando el dinero.

    ‘’Déjame algo para el bus, no podré irme en el de la escuela.’’

    Algo pensativo, Marcus arqueó una de sus cejas antes de responder.

    ‘’Bien. Tienes suerte hoy, estoy de buen humor. Ahora dame todo el dinero y te dejare algo para el bus.’’

    Kevin le entrego su dinero, unos 35 dólares; y Marcus contó el dinero. Le regresó 5 dólares y se marchó junto con sus otros amigos, que estaban observando unos metros más allá y se reían de él. Maldiciendo su mala suerte, Kevin cerró el casillero y se fue a la cafetería.

    Sus amigos le preguntaron por qué se había retrasado y este les contó lo sucedido con Marcus. Lo animaron un poco y compartieron su comida con él. Cuando terminaron si se movieron algo más de prisa, pues la siguiente clase era Matemática, los tres apuraron la comida y dejaron sus bandejas en la mesa para salir de prisa de la cafetería. En 2 minutos ya habían entrado al aula y allí estaba el profesor Pierce. Nadie hablaba y todos se apresuraban a buscar sus notas de clases previas.

    Las siguientes dos horas fueron totalmente diferentes a la clase de Literatura. Ninguno se distraía mientras el profesor Pierce explicaba a todos lo relacionado a las raíces matemáticas y sus operaciones relativas. También Héctor apuntaba todo lo que podía, pues ese era el contenido del examen y para su horror se percató que al abrir su cuaderno no tenía ningún apunte de ello. John, que era el mejor de los tres en la materia no se le veía tan preocupado pero Kevin tampoco le llevaba mucha ventaja a Héctor, pues a pesar de tener cada clase en sus apuntes, aun no conseguía dominar ni la raíz más simple. La clase finalizó con un recordatorio de parte del temible profesor de que el examen sería el jueves, aunque el mundo se fuese a terminar. Todos salieron muy serios y solo se oían conversaciones acerca de la clase.

    Kevin tenía motivos para estar preocupado, pues las matemáticas nunca habían sido su fuerte y era un tema de discusión con su madre debido a su baja calificación al final de cada curso escolar desde el séptimo grado. Habló un poco más con sus amigos antes de separarse, ellos irían a Gimnasia en tanto él pasaría al Laboratorio de Biología y se dieron ánimos mutuamente de que ese examen iría bien.

    Mientras Kevin limpiaba su mesa de disección al terminar la clase, tenía que irse rápido sino quería regresar a pie, al recordar que Marcus le había quitado casi todo su dinero. Sus amigos hacía rato se habían ido en el bus escolar y ya eran casi las 5 de la tarde cuando salió de la escuela, rumbo a la parada. Caminó rápidamente mientras volvía a ponerse sus auriculares y escuchaba algo más movido, no tardó mucho tiempo en llegar a la parada y tomar asiento. Estaban tres personas sentadas que al igual que él, esperaban el transporte a los suburbios.

    Esperó por un buen rato escuchando música distraídamente, y un par de personas más llegaron a la parada. Luego un mensaje de su mamá preguntando por él, solo dijo que estaba en la parada esperando ya que se había retrasado un poco en el laboratorio. Siguió en lo suyo hasta a las 6 menos 15 el bus llegó y los pasajeros subieron, Kevin hizo lo propio y se sentó relajadamente en la última fila; a pesar de los inconvenientes del día ya iba de regreso a casa, y en una pieza, para variar. Tras el largo recorrido el bus lo dejó en la misma parada en la que esperaba todas las mañanas el bus de la escuela, pagó y caminó de regreso a casa.

    Al llegar su madre lo esperaba con dos sándwiches de queso y le preguntó cómo le había ido en la escuela. Omitió el incidente con Marcus por obvias razones y resumió las clases del día. Su madre al oír de la clase de Matemática mostró especial interés, e insistió en saber si había comprendido la clase.

    ‘’Claro que sí, mama. Faltaba más…‘’ respondió Kevin a la pregunta de su madre.

    ‘’Siempre dices lo mismo cariño, y luego llegas con un reprobado’’ contestó su madre.

    ‘’Es el profesor, a casi todos les pasa lo mismo. Te lo he dicho muchas veces’’ protestó el muchacho.

    ‘’A casi todos, pero eso significa que si hay compañeros tuyos que aprueban’’ apuntó su madre acertadamente.

    ‘’Es que son unos cerebritos, no hacen más nada que estudiar día y noche’’ dijo Kevin, algo a la defensiva cuando salía a relucir el tema de Matemáticas.

    ‘’Pero tu amigo John no es un cerebrito que digamos, y aprobó el último examen’’ comentó su madre, cansada de las pobres excusas de su hijo. ‘’Eres inteligente Kevin, solo necesitas aplicarte’’ le animó su madre, como casi siempre lo hacía cuando hablaban del asunto.

    ‘’John solo tuvo suerte, ni siquiera sabía lo que hacía en el examen’’ dijo Kevin y acto seguido se levantó de la mesa pues ya había terminado su cena y fue a lavar su plato.

    Mariah no quiso seguir exasperando a su hijo, pues intuía que no tenía ánimos para discutir. Pero le recordó que debía estudiar para el examen, y a regañadientes Kevin cogió el cuaderno para revisar los apuntes. Subió a su habitación y revisó su teléfono, ningún Whatsapp no leído y volvió a conectar los auriculares al móvil mientras hojeaba su cuaderno, tratando de comprender lo que veía. Pero si algo es cierto, es que si no tienes ganas de estudiar, ni mirando el cuaderno fijamente por horas conseguirás grabar una sola palabra y era exactamente lo que le sucedía al chico. Finalmente se sintió somnoliento y arrojando el cuaderno al piso, se quitó los zapatos y la ropa, tomo su short y se acostó.

    Martes y miércoles transcurrieron sin mayores incidentes al menos para Kevin. Solo un chico de octavo año se había quedado ‘’casualmente atorado en un inodoro’’ aunque todos en la escuela sabían que Marcus y su grupo estaban relacionados con el infortunio. El miércoles en la noche, Kevin apagó su teléfono y a la desesperada intento estudiar para el examen, pero escasamente lograba memorizar el contenido. Se rindió tras tres horas leyendo y repasando las clases y se durmió con una sensación de terror en su estómago.

    El reloj de Kevin retumbó en su cabeza y se levantó de golpe. Se metió al cuarto de baño, se cepilló los dientes y tomó un baño rápido. Apenas podía contener los nervios y a duras penas tragaba los trozos de pancakes que estaba comiendo. Su madre le preguntó cómo se sentía y solo atinó a dar una rápida cabezada y terminar su desayuno, pero no lo consiguió. Así que mirando su teléfono para comprobar la hora, salió a las 7:35 de su casa después de despedirse de su madre como era habitual.

    El joven caminaba por la acera casi por inercia de sus movimientos, se sentía desconectado y no tenía ni la menor idea de lo que haría cuando el momento del examen llegase. Esperó sentado en la parada el bus escolar, pero no sentía ganas de subir una vez estuviese allí, pero se convenció de que si reprobaría el examen, al menos haría el intento. El bus llego a las ocho menos cinco y Kevin con parsimonia subió, de inmediato su amigo Héctor le agitó la mano y fue a sentarse con él. Su amigo lucía una expresión parca y se saludaron, evitando hablar del examen.

    El bus se detuvo frente a la entrada de la escuela y todos con un murmullo y mucho ruido bajaron del transporte. Llegaron al vestíbulo principal en busca de su amigo John, pero con la enorme cantidad de personas no podían moverse con facilidad, pero tras varios minutos su amigo los encontró a ellos. Llevaba un libro de Matemática bajo el brazo y tenía una expresión de mucha confianza, lo que no ayudó a Héctor y Kevin.

    John les aportó algo de conocimiento mientras esperaban el sonido de la campana para entrar a su más que probable sentencia. Algunos de sus compañeros se empezaron a acercar a la puerta del aula para no perder un segundo cuando apareciese el profesor Pierce, mientras hacían repasos de última hora. Solo estuvieron unos 5 minutos en esa tarea cuando la figura del profesor Pierce apareció entre la multitud y en ese instante la campana sonó. Como una estampida los pasillos quedaron vacíos de inmediato y el profesor, con un seco ‘’Buenos días, alumnos’’ se acercó a la puerta.

    Muchas miradas de pánico y nerviosismo se dejaron ver entre los alumnos, incluidos Kevin y Héctor; que entraron al aula y comenzaron a buscar un asiento. Alguno que otro luchaba por un puesto pegado a la pared, intentar la heroica y hacer trampa con el profesor Pierce era una proeza que pocos habían logrado, aun así muchos lo trataban de hacer. Otros solamente se resignaban a sentarse en cualquier lugar, pues no tenían esperanzas. Kevin, John y Héctor se colocaron al fondo, a la vez que guardaban sus teléfonos para evitar la tentación, pues no querían correr el riesgo de ser pillados por Pierce.

    Kevin respiraba profundamente, buscando calmarse un poco. El profesor Pierce con un ademán de su mano izquierda enmudeció a la clase y sacó un fajo de hojas de evaluación. Comenzó a pasar de asiento en asiento entregando una hoja con el examen, y al terminar repitió las habituales reglas de sus exámenes y las consecuencias de ser atrapados en ‘’actitudes sospechosas’’. Kevin ojeó el examen y al instante, lo poco que había logrado aprender se fue de su memoria, con mucho pánico trato de recuperar la concentración y empezó a resolver el primer ejercicio, pero de los nervios olvido como se hacía una división.

    Media hora más tarde, el chico resignado por saberse reprobado una vez más, se levantó y se dirigió al escritorio del profesor Pierce, que como un halcón observaba a todo el salón. Entregó su examen y salió del aula a toda prisa sin mirar atrás. Al instante Kevin se sintió mareado y un leve espasmo le indicó que debía correr a toda velocidad al baño, casi no llegó a tiempo. Vomitó en el primer retrete que vio, y luego empezó a sentirse mucho mejor, era algo que le ocurría a menudo después de salir de un examen de Matemática.

    Luego de lavarse la boca y echarse algo de agua en el rostro, abandonó el baño y se encaminó a la cafetería, donde probablemente le estarían esperando sus amigos. En efecto, cuando entró al lugar los vio sentados en una mesa junto a los ventanales, John estaba con buen ánimo, más Héctor tenía una expresión abatida en su cara redonda, que lo hacía ver muy divertido.

    ‘’Cómo les fue?’’ preguntó Kevin al sentarse en el asiento vacío frente a sus compañeros.

    ‘’Fatal, que esperabas, igual que tú…’’ respondió automáticamente Héctor sin cambiar su mirada pesimista.

    ‘’Si en verdad se hubiesen puesto en ello, tal vez no habrían salido tan mal. Yo pienso que aprobé con lo justo, espero’’ contestó John al tiempo que jugueteaba con sus dedos.

    ‘’Claro, para ti es fácil decirlo. A ti no te dan ataques de pánico cuando ves al retorcido de Pierce’’ le reprochó Kevin a su amigo.

    ‘’No arrojen la toalla tan rápido. Aún queda un buen trecho de curso y podrán recuperarse, los puedo ayudar si quieren’’ dijo John.

    ‘’Olvídalo hombre, Kevin y yo no estamos hechos para las Matemáticas’’ dijo Héctor.

    ‘’Esta bien, pero luego no digan que no les ofrecí mi ayuda’’ advirtió John.

    ‘’Descuida… No creo que pase de esta noche cuando mi madre se entere que reprobé otra vez’’ contestó Kevin con mucha certeza.

    ‘’Oigan, ya de verdad no quiero seguir hablando de esto, vayamos a por el almuerzo’’ zanjó Héctor, harto del tema.

    ‘’Tienes razón, me muero de hambre’’ dijo Kevin en apoyo a su amigo. John suspiró y los tres se pusieron de pie para buscar sus bandejas y pedir la comida.

    Después de unos minutos, estaban de regreso en la mesa. John estaba algo mosqueado entonces por como sus compañeros habían ignorado olímpicamente su consejo, pero poco podía hacer. Kevin recuperó el entusiasmo y las fuerzas mientras devoraba su comida y charlaba animadamente con Héctor sobre qué hacer el sábado, quedando de acuerdo en ir al parque y practicar skateboarding, John dejó su malhumor al escuchar la palabra skateboarding, pues era muy bueno y se apuntó para ir con ellos.

    Terminaron de almorzar y se fueron de regreso a clases. El resto del día fue más tranquilo y sin tanta presión y ya a las 4 de la tarde estaban a bordo del bus escolar de regreso a sus casas. El primero en bajarse de los tres fue John, Héctor y Kevin continuaron conversando relajadamente hasta que fue el turno de Héctor de bajarse. Se despidieron y ya con el bus medio vacío Kevin se relajó y escuchó algo de EDM mientras esperaba llegar a su parada.

    El chico se bajó del bus cuando arribó a su parada, y caminó de regreso a su casa. Al llegar a la puerta sacó su llave y entró; dejó su bolso en un sofá y se dirigió al refrigerador para tomar agua. Su madre estaba ocupada cortando unas rebanadas de pan y dejándolas a un lado, se acercó a su hijo y le dio un beso y un abrazo. Le pregunto cómo había estado la escuela y Kevin solo se limitó a responder un seco ‘’Bien’’. Mariah, un poco más específica indagó sobre como estuvo el examen de Matemática y Kevin no respondió de inmediato, pero su silencio era una respuesta completa para su mamá.

    ‘’Kevin, dime la verdad. Cómo te fue en el examen?’’ preguntó su madre muy seria.

    ‘’Si… eh… reprobé. Lo lamento, pero es que cuando estaba…’’ empezó a decir Kevin apresuradamente pero su madre lo interrumpió.

    ‘’Y ahora que fue esta vez, una nave espacial aterrizó fuera de la escuela? O tal vez no le pusiste el interés que debías?’’ cuestionó Mariah muy decepcionada.

    ‘’Lo siento ma, pero es que cuando mire la hoja, me entró el pánico y lo olvidé todo. De verdad’’ confesó humildemente el joven.

    Su madre lo miró directamente a los ojos y por la expresión que pasó por su cara, Kevin supo que en serio le había creído, más sin embargo…

    ‘’Te creo hijo, pero es que ya esto es demasiado. Pero encontré la solución’’ dijo su mamá

    ‘’Y cuál es?’’ pregunto Kevin

    ‘’Hable hoy con una compañera de trabajo de la universidad, Martha…” empezó a decir Mariah, que trabajaba como empleada en la Coordinación del Instituto Universitario de la ciudad. “Ella me dijo que tiene una sobrina estudiando en el Instituto, que es muy buena en Matemáticas. Me dijo que en caso de que necesitases un par de lecciones, ella podría hablar con su sobrina y te daría una tutoría,” dijo su madre.

    Al pobre Kevin se le cayó el alma a los pies. No le gustaban los profesores, mucho menos los empollones, pero las circunstancias no estaban a su favor. Aun así mostro su descontento.

    ‘’Mamá, de verdad no es necesario. Puedo estudiar por mi cuenta, solo necesito enfocarme más’’ dijo a la desesperada Kevin pero su mamá sacudió la cabeza.

    ‘’Lo siento Kevin, pero ya te he dado demasiadas oportunidades y no has mejorado tus notas en matemáticas desde que entraste a séptimo grado’’ justificó su madre.

    ‘’Dame otra oportunidad, solo una. Sé que puedo mejorar’’ rogó el chico.

    ‘’Ya tome esta decisión, llamaré a Martha después de cenar. Y empezarás a practicar desde este sábado, me entendiste?’’ sentencio su mamá, inflexible.

    ‘’Pero mamá… Este sábado precisamente iba a salir con los chicos a practicar’’ dijo Kevin, frustrado.

    ‘’Pues será mejor que hables con John y Héctor y les digas que no vas a ir, primero son tus estudios. Y no sigas insistiendo, no cambiaré de opinión Kevin’’ contestó Mariah dejando en claro que no iba a ceder. ‘’Y ve a lavar tus manos, ya te serviré la cena.’’

    Enfadado, Kevin de mala gana obedeció a su madre y subió a su habitación. Se cambió la ropa y se puso un short y camiseta, para luego ir al baño y lavar sus manos para bajar a cenar. Llego a la mesa y se sentó, contemplando con cierta rabia los sándwiches que su madre le había preparado, pero se quedó en silencio y mordió uno de los sándwiches. Comió lo más rápido que pudo, pues no quería quedarse mucho tiempo junto a su madre, terminó su último sándwich y se levantó para lavar su plato.

    Finalizó su tarea y guardó el plato y su vaso, dijo un rápido ‘’Buenas noches’’ y subió a su dormitorio. De reojo alcanzó a ver cuando abandonaba la cocina que su madre cogía su móvil para llamar a Martha, como había dicho. Cerró con cierta brusquedad la puerta. Sacó su teléfono del pantalón que había dejado en el suelo y envió un Whatsapp a Juan y Héctor, poniéndolos al tanto de su situación sin dar muchos detalles, apagó el móvil al terminar de escribir y se durmió.

    La alarma sonó a las siete menos diez y con dificultad estiró su mano a la mesita de noche junto a su cama para apagarla. Normalmente despertar un viernes para Kevin era algo positivo, pues significaba el último día de clases en la semana y relajarse sábado y domingo. Pero tras las recientes noticias, no tenía muchos ánimos de que el día terminase y apenas estaba comenzando.

    Agarró su toalla y se metió al baño. Se duchó y decidió relajarse un poco con su amigo en lo que comúnmente Kevin denominaba ‘’el baño feliz’’. Tras varios minutos masturbándose con velocidad soltó un par de chorros de semen que fueron a caer en el suelo de la ducha. Fue un alivio pues sintió que había liberado algo de tensión, ya que no lo hacía tan seguido como antaño, limpió el piso de la ducha y finalizó su baño.

    Regresó a su habitación, y se vistió de manera casual, al estilo del viernes. Guardó su teléfono en el bolsillo delantero derecho y bajó a desayunar, su madre le esperaba como de costumbre con todo listo, le dijo buenos días y se sentó a comer. Mariah intentó sacarle algo de conversación a su hijo pero fue inútil, al darse cuenta que aún seguía enojado. El joven terminó su desayuno y se levantó para lavar y guardar su plato en la alacena.

    Apenas se despidió de su madre, y conectó sus auriculares al teléfono como era habitual al salir hacia la parada a esperar el bus escolar. Eran las 7:30, lo que le sorprendió pues creyó ir algo más retrasado, llego tras una caminata de cinco minutos y se sentó a esperar. A las ocho menos cinco el bus se estacionó frente a él y lo abordó, como era costumbre buscó a Héctor con la mirada y lo encontró sentado a mitad del bus. Se saludaron y los siguientes minutos Kevin puso a su amigo al tanto de lo acontecido la noche anterior con su madre. Héctor se mantuvo en silencio, cuando terminó solo se limitó a decir lo que Kevin había intuido.

    ‘’Mala suerte, que se le puede hacer. No parece que tu mamá vaya a cambiar de parecer’’ dijo Héctor.

    ‘’Si lo sé, pero me fastidia. Maldito Pierce…’’ respondió Kevin, descargando la culpa de sus problemas en el profesor de Matemática, como si él fuese el que presentase los exámenes en lugar de él.

    ‘’Oye, a lo mejor y hasta resulta bien. Es una universitaria, quizás y hasta te la puedas follar’’ replicó Héctor guiñándole un ojo.

    ‘’Hombre, lo más probable es que sea una gordita con la cara llena de acné… Las universitarias zorras jamás abren un libro’’ comentó Kevin.

    ‘’Hombre, nunca se sabe. Además, recuerdas aquella chica que estudiaba con mi hermano Luis, Jade. Esa chica estaba como una actriz porno y tenía buenas notas’’ le recordó Héctor a su amigo.

    ‘’Creo que también olvidas que Jade era lesbiana, no hay caso. El punto es que quedarme un sábado con una chica que probablemente resulte ser una insufrible obesa no va a ser divertido’’ dijo Kevin, desahuciado.

    ‘’Lo olvidaba, pero no negaras que estaba buenísima’’ dijo embelesado Héctor, que seguía hablando de Jade.

    Después de eso continuaron hablando de otras cosas a medida que se acercaban a la escuela, como por ejemplo la práctica en el Laboratorio de Química, en donde encarecidamente Kevin le pidió a su amigo que si iban a trabajar juntos, que no rompiese otro vaso precipitado manchándolo de algún feo compuesto químico (la última vez que habían trabajado juntos, Héctor, que era algo torpe; rompió un vaso precipitado y derramo ácido en su pierna izquierda. Había corrido con suerte, para resumir ese nefasto episodio).

    Una vez el bus se estacionó frente a la entrada de la escuela, se bajaron lo más rápido que pudieron y entraron. Había un jaleo impresionante y gritos de euforia en el pasillo. Aparentemente por el alboroto que se había armado, solo podía significar una cosa: pelea. Los dos chicos se abrieron paso entre la multitud enardecida, de varias direcciones se podían escuchar gritos como ‘’Golpéalo!’’ o ‘’Vamos pulga!’’. La verdad no sabían que ocurría hasta que se toparon con John casi al frente de la acción.

    ‘’Rayos, donde estaban!? Recuerdan al chico que quedó atorado en el inodoro el miércoles? Pues miren!!’’ dijo John exaltado.

    Héctor y Kevin miraron al frente y en efecto, vieron al pequeño de octavo grado, haciéndole una llave a… Marcus! La muchedumbre estaba frenética viendo como Chris (así se llamaba el chico) le hacía una increíble llave de judo al bravucón de la escuela.

    ‘’Mierda! Y cómo empezó?’’ preguntó Kevin muy contento.

    ‘’Bueno, resulta que el chico estaba guardando sus cosas en el casillero, y Marcus se le acercó para quitarle el dinero del almuerzo. Pero el pequeño se negó y el muy bruto de Marcus trató de golpearlo, pero este se le encimó y lo lanzó al suelo… y pues ahí esta… sufriendo como un condenado’’ explicó alegremente John.

    Y era verdad, pues a pesar de en teoría ser más fuerte, Marcus no podía librarse de la efectiva sumisión del chico, que le vociferaba ‘’Quieres más, perra!?”

    Inclusive, algunos ya habían hecho un buen dinero apostando de manera sorprendente en contra del bravucón y eran los que más apoyaban al chico. Pero la diversión se terminó cuando el director llegó a rescatar a Marcus y se los llevó a los dos a su oficina. Casi de inmediato se disolvió la muchedumbre pero todos seguían comentando la pelea, y varios la subían a YouTube o Instagram.

    Los tres amigos se fueron a su salón y todavía seguían las burlas y mímicas de como Marcus intentaba en vano zafarse, pero al entrar la profesora de Física, todos se calmaron a medida que la clase se desarrollaba. La clase terminó dos horas después, a las 11 y todos muy alegres salieron del aula para continuar humillando a Marcus. Pero lo mejor fue como casi a la hora del almuerzo, Chris entraba en la cafetería y una explosión de júbilo lo dejo sin aliento, al tiempo que varios en medio de vítores y silbidos lo llevaban en hombros para que ordenase su comida y dejarlo en una mesa.

    En tanto, Kevin volvía a contar lo sucedido con su madre para actualizar a John, que apenas sabía que no iría con ellos al día siguiente al parque. Al igual que Héctor, John dijo que podría ser afortunado si se follaba a una universitaria, sin importa el aspecto; y que lo más importante era aprender para evitar reprobar con Pierce. El chico se resignó, pues creyó poder hallar una solución de emergencia con sus amigos; más no insistió con el asunto y se prepararon para ir al Laboratorio de Química.

    La práctica fue tranquila, sin ningún incidente. Héctor y Kevin limpiaron y guardaron sus utensilios (Juan trabajó con Camile, una chica muy guapa) y salieron a esperar que el conductor del bus los viniese a buscar. El transporte llego unos pocos minutos después mientras Kevin y Héctor seguían felicitando a John por su movida en el laboratorio. Pero ya adentro no pudieron seguir con aquello ya que la chica, con un tímido movimiento de su mano y una sonrisa nerviosa; llamó a John y entre silbidos el muchacho fue a sentarse con ella.

    Poco a poco el bus se fue vaciando a lo largo del recorrido y pronto Kevin divisó la parada de su calle. Se bajó y camino hasta su casa con tranquilidad, abrió la puerta y saludó a su madre para a continuación subir las escaleras rumbo a su cuarto. Ya adentro cerró con llave y arrojó el bolso a un lado, se cambió de ropa y se puso a escuchar música sin pensar en nada más.

    Mariah desde la cocina llamó a su hijo a comer, pero no obtuvo respuesta. “Aún debe seguir molesto,” pensó la mujer; y tomó el plato y subió las escaleras. Tocó suavemente la puerta y esperó unos segundos; hasta que Kevin abrió y la dejó entrar.

    ‘’Hola hijo, aun sigues molesto?’’ preguntó amablemente.

    ‘’Ya me da igual, ma…’’ respondió Kevin.

    ‘’Bueno, es que te llame para cenar y no bajaste’’ dijo Mariah.

    ‘’Ah… es que tenía los auriculares puestos. Lo siento’’ se disculpó Kevin.

    Kevin se acostó de nuevo en la cama, examinando su teléfono mientras su madre se sentó en un costado y dejó el plato en la mesita de noche, antes de volver a hablar.

    ‘’Kevin… si sabes que hago esto por tu bien, verdad?’’

    ‘’Si, ya se’’ contestó el muchacho con voz monótona.

    ‘’Lydia te caerá bien, créeme. Es una buena chica y muy inteligente, hable con ella antes de que llegaras, vendrá a las 10’’ dijo Mariah.

    ‘’A las 10!?’’ se escandalizó Kevin, dejando su móvil a un lado. ‘’No me va a dejar dormir nada.’’

    ‘’Bueno, yo se lo pedí. Para que se conozcan antes de estudiar, practicaran en la tarde’’ aclaró su madre.

    ‘’Bien… Pues parece que mi opinión no vale, pero que se puede hacer’’ dijo Kevin con un leve suspiro de resignación.

    ‘’Y te vas a comportar’’ dijo con un tono más severo Mariah.

    ‘’Si, ma. No tengo 10 años…’’ respondió secamente el chico.

    ‘’Pues a veces no pareciera. Tienes que ser más sociable hijo, tiendes a aislarte un poco’’ dijo su madre con preocupación.

    ‘’Yo no me aisló, si vas a empezar…’’ comenzó Kevin.

    ‘’De acuerdo, te creo. Es solo que solo te la pasas con Héctor y John, tienes que hacer más amigos’’ dijo Mariah.

    ‘’Lo hare, bien?’’ aceptó de mala gana.

    Su madre le dio un beso en la frente y levantándose, salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí. Kevin engulló su cena y llevó el plato abajo, lo lavó y regresó a su cuarto. Habló brevemente con sus amigos y estos le pidieron que les contase como terminaba la tutoría y sobre todo que tal se veía su tutora. Se durmió enseguida y no alcanzó a apagar la lámpara.

    Un rayo de sol se filtraba entre las cortinas de su ventana, e iluminó su rostro. Despertó con cierta desgana y miró su teléfono, eran las diez menos veinte. Se desperezó y fue al baño, se lavó la cara y decidió tomar una ducha rápidamente. De vuelta en su habitación, se puso una camisa blanca y short negro y bajó las escaleras. En la cocina estaba su madre con un plato de huevos y tocino.

    ‘’Buenos días, Lydia acaba de decirme que está en camino’’ dijo su madre.

    ‘’Ok, ya terminare de comer pronto’’ respondió Kevin.

    El chico se dispuso a desayunar, pero cuando iba por la mitad; el timbre sonó.

    ‘’Es Lydia. Termina rápido cariño’’ lo urgió su madre, que se levantaba para ir a recibir a la tutora.

    Kevin oyó la puerta abrirse, y un intercambio de voces en la entrada, luego el sonido de la puerta al cerrarse. Su madre venía delante y detrás de ella, una chica de unos 20 años, su nueva tutora. Y el chico, que estaba masticando su comida se quedó congelado.

    Y vaya que había razones para ello. Lydia era alta, cabello cortó rubio y liso, parecido a su corte de pelo; sus ojos eran color miel y usaba lentes de montura negra a la moda, su rostro era muy hermoso y su mirada era de completa seguridad pero con algo de picardía en su sonrisa, los labios eran finos y estaban pintados de rojo. Pero cuando Kevin pasó su mirada de la cara de Lydia al resto de su cuerpo, apenas lo podía creer: tetas grandes, cuerpo escultural y bien ejercitado más un trasero muy sexy y perfecto. Vestía una camisa negra y pantalón azul. En conjunto, toda ella era perfecta.

    Kevin pensó en que se estaba imaginando todo, pero de pronto se encontró levantándose torpemente de la mesa y estrechando la blanca y hermosa mano de la chica.

    ‘’Encantada de conocerte Kevin, me llamo Lydia y seré tu nueva tutora’’ dijo Lydia, con una cautivadora sonrisa.

    ‘’Igual… eh. Un placer’’ apenas pudo balbucear Kevin, que pensaba. ‘’Pero qué suerte! Cuando le cuente a los chicos!’’

    Apenas apartaba la vista de la tutora, en especial de su generosa delantera; mientras su madre le explicaba a ella sus reiteradas fallas en Matemáticas. Aunque la discreción era algo que a Kevin le habían enseñado hasta el cansancio, en ese momento estaba con ojos desorbitados contemplando a la sexy tutora que su madre había traído como si nunca hubiese visto a una mujer atractiva. Pero no como ella, era alguien infinitamente mejor de las que había visto en su vida.

    Lydia, por otra parte, estaba consciente de que el chico la miraba embobado; pero fingía no darse cuenta de ello. También ella lo había observado cuando se levantó para darle la mano, le había echado una rápida ojeada y el cuerpo del chico estaba muy bien; en especial sus nalgas. La chica puso una de sus manos en su entrepierna, pues algo le había incomodado en su pantalón o eso pensó Kevin al mirarla con curiosidad. Cuando su madre termino de explicarle a Lydia todo lo referente a su hijo en Matemáticas, no se percató de nada; Lydia la tranquilizó y tomándole la mano le expresó.

    ‘’Descuide, señora Flynn. Conmigo Kevin será el mejor de su clase; se lo garantizo’’ dijo sonriendo.

    ‘’Gracias de nuevo por ayudarme, tu tía Martha me dijo que eres muy buena’’ dijo Mariah agradecida.

    ‘’Solo me aplico, y hago lo que me gusta. No se preocupe’’ contestó Lydia.

    ‘’Bueno, es todo tuyo,” dijo Mariah en referencia a su hijo. ‘’Limpiare los cuartos y bajare en un rato si no te molesta.’’

    ‘’No hay problema, así puedo conocer a mi nuevo estudiante un poco más’’ replicó alegremente la joven.

    Mariah se paró y con paso tranquilo subió las escaleras, dejando solos a Kevin y Lydia. La chica se levantó de su silla para sentarse en una al lado del chico, que seguía hipnotizado por esa bella mujer. Lydia colocó encima de la mesa un pequeño bolso donde tenía sus libros y mirando al joven le preguntó.

    ‘’Así que Kevin, cuántos años tienes?’’

    ‘’18.’’

    ‘’Vaya, yo tengo 20. Ya casi terminas tu escuela, y dime, que no entiendes de matemáticas?” preguntó Lydia.

    ‘’Eh… se podría decir que no entiendo nada de nada’’ dijo algo avergonzado el chico.

    ‘’Tranquilo si, te ayudare con ello, pero aún no vamos a empezar’’ respondió con picardía Lydia.

    ‘’Ah no?’’ dijo desconcertado Kevin.

    ‘’No… estudiaremos después del almuerzo. Por ahora solo vamos a conocernos, ya sabes; así podemos romper el hielo, no crees?’’ dijo Lydia, mirando de soslayo a Kevin a través de sus lentes.

    ‘’Vale… bien…’’ dijo algo nervioso Kevin.

    ‘’No seas tímido Kevin, no muerdo… aunque ganas no me faltan…’’ dijo Lydia con mucho descaro, al tiempo que contoneaba su dedo índice y corazón sobre la mesa, en dirección a su mano.

    Hablaron durante unos veinte minutos, o más bien; Lydia llevó el tono de la conversación, en tanto el chico solo se sentía atraído más y más por esa chica. Le preguntó muchas cosas, su nivel de experiencia con chicas en su escuela (poco y nulo), amigos (muy pocos), y sus gustos. Al chaval le intimidaba la forma en la que Lydia lo miraba, sentía que sus ojos lo desnudaban pero no pensaba mucho en ello. Conforme la hora del almuerzo se fue acercando, la charla se fue haciendo más relajada y Lydia si le dijo algunas cosas, como su afición a las matemáticas o el disfrutar como los chicos la miraban.

    Kevin se convenció que su tutora era ninfomaníaca, pero casi todo lo que deseaba decir se lo reservaba en su mente. Su madre regresó de limpiar los cuartos y se dispuso a preparar una limonada, a la vez que preguntaba cómo se lo habían pasado. Lydia, con su tono habitual de cortesía respondió que Kevin era un chico listo y sociable, para agrado de Mariah. Luego calentó el almuerzo, que consistió en arroz, carne y champiñones.

    Después de la comida, Lydia no reparó en elogios para su anfitriona; llegó el momento de comenzar a estudiar. Mariah se retiró a tomar una merecida siesta y Kevin y Lydia se quedaron a solas una vez más. La chica sacó sus libros y comenzó a explicarle raíces cuadradas. El joven desde un principio pensó que ese bombón no debía saber lo más mínimo de matemáticas, pero se sorprendió al notar como le explicaba cada detalle a tener en cuenta. Kevin se dijo a si mismo que tal vez después de todo; si era una chica muy lista… además de sexy. El chico apenas prestaba atención a la lección y en varias ocasiones se quedó mirando embobado las tetas de su tutora, ‘’Es demasiado sexy, no puedo concentrarme…’’ pensaba. Lydia cada cierto tiempo interrumpía su explicación al notar que Kevin no paraba de mirar sus senos, pero no llegó a calmarlo en absoluto; pues en varias oportunidades ‘’inconscientemente’’ se tocaba un seno como si nada.

    Pasaron casi dos horas, más Kevin aprendió poco o nada de su tutora; solo una cosa: que le gustaba demasiado. Su madre bajó algo somnolienta a la cocina y los encontró enfocados en los problemas matemáticos, el chico hizo un esfuerzo monumental para prestar atención. Lydia le comentó a Mariah lo bien que lo estaba haciendo. El reloj de la cocina dio las 4:30 pm y la joven indicó el final de la lección. Las mujeres se retiraron para hablar en la sala, y Kevin puso atención por si acaso Lydia pudiese decir algo sobre su ‘’problema de concentración.’’

    ‘’… realizó un gran avance hoy. Es un chico muy listo’’ decía Lydia.

    ‘’De verdad te lo agradezco Lydia, Kevin siempre ha tenido muchos inconvenientes para las matemáticas’’ respondió su madre muy complacida. Kevin se dijo que Lydia, además de ninfómana; era toda una cínica, pues sabía que no habían estudiado en lo absoluto.

    ‘’La entiendo, pero créame, pronto será el primero de su clase, se lo garantizo’’ afirmó muy segura la joven tutora.

    ‘’Sería estupendo, sobre todo por el profesor que tiene ahora. Es muy estricto’’ comentó Mariah.

    ‘’Mamá… no es necesario mencionar al… profesor’’ dijo Kevin acercándose a ella y conteniéndose de llamarlo de una manera poco… educada.

    ‘’Hoy hiciste una gran mejora, Kevin. Justo se lo decía a tu madre’’ dijo Lydia mirando fijamente al joven.

    ‘’Bueno Lydia, y cuándo puedes volver para seguir con la tutoría?’’ preguntó Mariah abrazando con su brazo izquierdo a Kevin.

    ‘’Cuanto más se practica, es mejor. Usted sabe cómo funciona eso’’ respondió Lydia con una enigmática sonrisa sin quitar los ojos del chico.

    ‘’Qué tal mañana?’’ sugirió Mariah. ‘’A no ser claro, que tengas otros planes.’’

    ‘’Por mí no hay problema, que te parece Kevin? dijo Lydia.

    ‘’No, ningún problema’’ respondió el aludido.

    ‘’Perfecto, a qué hora puedes venir mañana entonces?’’ quiso saber Mariah.

    ‘’Probablemente no a la misma hora que hoy, que tal a la 1?’’ dijo Lydia.

    ‘’Suena bien, te acompaño a la puerta’’ dijo Mariah.

    ‘’Hasta mañana Kevin’’ se despidió Lydia con un beso en la mejilla que dejó al pobre chico algo aturdido.

    Kevin vio cómo se marchaba, y se relamió con la visión de ese magnífico culo y esas largas piernas. Sin perder un segundo se fue a su habitación y buscó su móvil para contarle con lujo de detalles a sus amigos como había sido su clase particular con Lydia, aunque clase no era el termino correcto para lo que habían hecho, abrió su grupo de chat con Héctor y John y comenzó a vaciar su mente, ‘’No me lo van a creer, pero esa tutora está de infarto, aparte de inteligente’’ escribió.

    Las respuestas de sus amigos no se hicieron esperar, pidiendo más detalles. Conforme iba resumiendo lo ocurrido, omitió algunas partes por vergüenza; sus amigos le dijeron que le había tocado la lotería, aún más cuando les dijo que volverían a practicar al otro día. Héctor fue directo al grano y le propuso no dejar pasar su oportunidad y hacerlo con una zorra universitaria. John fue algo más medido, los estudios también importan, dijo; pero coincidió con Héctor en no dejar pasar la oportunidad si se presentaba.

    Hablaron por horas, hasta que su madre lo llamó para cenar. El chico regresó a la cocina y su madre le tenía preparado un omelet. Mientras comían, su madre notó lo contento que estaba su hijo y tomando un sorbo de jugo, le preguntó.

    ‘’Y qué tal Lydia?’’

    ‘’Es muy buena… inteligente’’ respondió Kevin.

    ‘’Me alegro que te haya caído bien. Aprovecha su conocimiento hijo, así podrás mejorar tus notas en matemáticas’’ dijo su madre.

    ‘’Claro que si mamá, lo hare…’’ dijo Kevin, aunque intentaría aprovechar otra cosa, no el conocimiento exactamente.

    ‘’Bien hijo. A pesar de todo, siempre estaré orgullosa de ti’’ se sinceró su madre.

    ‘’Esta bien ma, ya no empieces’’ dijo Kevin con una ligera sonrisa y sonrojándose. Su madre sonrió también y terminaron de comer.

    Kevin lavó los platos y vasos, los guardó y le dio las buenas noches a su mamá y se metió en su cuarto. Ya a solas, se desnudó y se dedicó una buena paja recordando a Lydia. Y luego otra y otra, hasta quedarse dormido.

    Se despertó como a las 10:30, aun sentía los testículos algo sensibles después de las pajas de la noche anterior, pero se puso algo de ropa y salió al baño para tomar una ducha fría. De nuevo volvió a tener otro ‘’baño feliz’’ pero dedicado a su nueva musa, se terminó de limpiar y salió del baño. Se puso una camisa roja y un pantalón azul, y bajó a por su desayuno-almuerzo.

    ‘’Caray, ya pensaba que te habías quedado dormido’’ dijo su madre en cuando le vio entrar a la cocina.

    ‘’Casi… estoy hambriento’’ dijo el muchacho.

    ‘’Allí está tu comida’’ señaló su madre a un plato cubierto en la mesa.

    Kevin disfrutó el desayuno y luego de terminar salió un rato al jardín. Improvisó algunas torpes y tontas frases para impresionar a Lydia cuando llegase, aunque ninguna le convenció. ‘’Se tú mismo’’ se dijo. Sin embargo, ser él mismo el día anterior pudo haberlo hecho quedar como un tonto, pero a Lydia no pareció importarle mucho, pensó. Entró a la una menos diez y aguardó con nerviosismo la llegada de su tutora.

    Pasaron unos 20 minutos cuando oyó el timbre. Salió disparado como una exhalación en dirección a la puerta y la abrió. Ahí estaba Lydia, vestida con una camisa blanca escotada con mangas negras, los tres botones de su escote estaban abrochados, y un pantalón negro ajustado; también llevaba en su costado su bolso azul con su libros. Al verle le saludo con un beso en la mejilla, provocando un ligero sonrojo en el muchacho y pasaron a la sala.

    Su madre bajó a saludar a la tutora y le indicó que se iba a dar un baño. Lydia no se preocupó y se quedó junto Kevin. El chico estaba algo cohibido pero no quiso quedarse a la expectativa.

    ‘’Eh… y si empezamos la clase… podríamos ir a mi habitación… para mayor comodidad’’ titubeó un poco Kevin. Pero el intento no sería en vano.

    ‘’Buena idea… la comodidad es muy importante. Te sigo’’ dijo muy satisfecha Lydia.

    El chico la guió escaleras arriba a su habitación, una vez dentro se sentaron en su cama y Lydia sacó sus libros.

    ‘’Hoy estudiaremos algo de ecuaciones, y luego repasaremos lo visto ayer’’ informó la chica al tiempo que se ponía cómoda encima de la cama.

    Kevin solo asintió y se dedicó a contemplar fijamente las tetas de Lydia nuevamente. La chica de reojo descubrió en donde tenía la mirada mientras explicaba y lentamente, se desabrochó uno por uno los botones; mostrando un poco más sus senos al chico, que tragó saliva nervioso.

    Unos minutos más tarde, la mamá de Kevin abrió la puerta y los vio estudiando.

    ‘’Disculpen la interrupción, pero voy a tener que salir a hacer unas compras, espero que no te importe Lydia’’ dijo Mariah.

    ‘’No hay problema señora Flynn, estamos muy enfocados aquí’’ dijo Lydia alegremente.

    ‘’Si mamá’’ dijo Kevin.

    ‘’Te lo agradezco Lydia. Tal vez me tome un par de horas, no estoy segura…’’ dijo Mariah.

    ‘’Tómese su tiempo. Me encargare de todo aquí’’ respondió Lydia confiadamente y mirando de reojo a Kevin.

    ‘’Cuídense, te quiero Kevin’’ se despidió Mariah, cerrando la puerta.

    ‘’Igual ma…’’ alcanzó a decir.

    Tan pronto como se escuchó el débil sonido de la puerta principal cerrarse, Lydia se lanzó sobre el joven y con ambas manos sujetó sus muñecas firmemente. Quedaron separados a escasos centímetros y sus narices se rozaban, Kevin sentía la calmada respiración de Lydia en su rostro y no opuso resistencia. La muchacha con una mirada perversa le sonrió y le dijo.

    ‘’No te hagas el tonto, he notado como fijas tus ojos en mi todo este tiempo, ayer igual.’’

    Kevin permaneció en silencio, no sabía que podía decir; así que Lydia continuó. ‘’Estas completamente desconcentrado de nuestra práctica, verdad?’’

    El joven continuó sin palabras y Lydia se acercó un poco más, sus labios se rozaron, y con voz apenas audible comentó. ‘’O tal vez te estás perdiendo de algo más interesante.’’

    ‘’Lo siento, yo…’’ empezó a decir Kevin cuando Lydia lo calló con un beso. La chica le soltó una mano y la puso en la espalda del joven, atrayéndolo hacia ella apasionadamente. Poco a poco Lydia intensificó su acción, logrando que Kevin abriese aún más su boca y la chica introdujo su lengua. El chico apenas podía pensar, pero esa chica le estaba violando la boca con un beso, salvaje y agresivo. No podía oponer resistencia, no sabía cómo detenerla pero no la iba a detener en esos momentos, en algunos instantes se separaban y Lydia aprovechaba para escupir la lengua de Kevin y reanudar el beso con mayor agresividad, si es que era posible. Pasaron largo rato en ello y cuando se alejaron finalmente, Kevin sentía que le faltaba el aliento.

    Lydia se puso de pie y el chico la contempló tumbado desde su cama, estaba adicto a esa chica.

    ‘’Oh Kevin, mira esto. Ve como nuestro pequeño juego me puso’’ dijo Lydia mientras se acariciaba su entrepierna.

    El jovencito noto una ligera y extraña protuberancia en la entrepierna de la chica. Se inquietó preguntándose que sería aquello y pronto tendría la respuesta.

    ‘’Tus besos me han puesto dura. No puedo seguir enseñándote solo con un simple beso, debes asumir responsabilidad por esto’’ dijo sensualmente Lydia.

    ‘’Dura?’’ preguntó desconcertado Kevin.

    Por respuesta, Lydia bajó la cremallera de su pantalón, se lo quitó lentamente y también sus bragas rosadas. Una verga emergió de las profundidades de las bragas de Lydia, a la vez que decía ‘’Sorpresa’’.

    Kevin se levantó de la cama sobresaltado y atinó a decir, “Pero qué diablos es eso?’’ claramente asustado.

    ‘’Esto?’’ dijo Lydia sujetando su polla con su mano izquierda. ‘’Es una llave, buscaba su cerradura y creo que ya la encontré.’’

    ‘’OH POR DIOS! Tienes una p…’’ exclamó aterrado el muchacho tapándose la boca con ambas manos.

    ‘’Alguna vez te han follado por el culo?’’ interrumpió Lydia con voz suave.

    ‘’Qué? NO! Por supuesto que no! Yo…’’ respondió escandalizado el pobre Kevin.

    ‘’Siempre hay una primera vez para todo. Qué tal si tienes la tuya ahora?’’ volvió a interrumpir Lydia excitada con el terror del chico.

    ‘’Pero los chicos no hacen eso, yo no…’’ intentó responder Kevin pero Lydia nuevamente lo interrumpió.

    ‘’SILENCIO! Déjamelo todo a mí. Te enseñare.’’

    ‘’No, eso no es lo que yo…’’ empezó a decir Kevin pero una vez más Lydia lo enmudeció con un gesto de su mano.

    La chica se terminó de quitar el pantalón y las bragas, quedando su polla completamente libre. Luego se comenzó a quitar la camisa, dejando sus tetas al aire. Kevin contemplo la curvilínea figura de Lydia, sus pezones estaban duros y erectos; el joven no pudo evitar que su polla empezase a despertar bajo su pantalón, para su asombro. No sabía que le estaba ocurriendo pero no podía escapar.

    ‘’Ahora mira aquí,” dijo Lydia. ‘’Te daré un pequeño show. Estas son las tetas que te distraían de tu estudio’’ Kevin miró absorto y no podía decir nada, solo miraba la exquisita tutora con polla que tenía frente a él.

    ‘’Por tu personalidad introvertida, puedo asegurar que nunca has estado con una chica. Bueno, tal vez hoy sea tu día de suerte después de todo’’ dijo Lydia muy complacida de sí misma mientras seguía tocándose con sensualidad.

    Kevin intentó salir de la habitación pero la chica lo sujetó del pantalón y lo retuvo. La joven forcejeó unos segundos con el chico y consiguió desabotonar su pantalón, que bajó de un tirón junto con su slip; dejando a Kevin solo con la camisa. Lydia se relamió perversamente al ver las suaves y respingonas nalgas de su alumno, se quitó los lentes y empujó boca abajo a Kevin; que cayó con violencia en su cama.

    El joven no podía creer lo que pasaba, una loca con polla estaba ahí de pie en su habitación; con ganas de follarselo. Intento mantener la calma y desde su posición trató de razonar con Lydia.

    «Oye, no me van las pollas. Detén esto y volvamos de nuevo a la tutoría,» dijo Kevin a la desesperada.

    «Pero si estamos en la tutoría. Te daré una tutoría en sexo anal, te va a gustar,» respondió Lydia con una sonrisa, no muy agradable.

    En eso, la chica notó que el muchacho tenía la polla erecta, pues se notaba por la manera en la que estaba recostado, que hacía mucha presión contra la cama para ocultarla.

    «Mira, si hasta la tienes dura’’ dijo la chica con expresión triunfante. ‘’No intentes disimularlo. Estas excitado y lo sabes, y yo sé que lo sabes. Solo te hago un favor en ayudarte a descubrir la masculinidad… o como sea que lo veas.” Los temores de Kevin fueron en aumento pero solo se limitaba a permanecer inmóvil con su trasero expuesto.

    Lydia masajeó suavemente de arriba a abajo su polla, lubricándola con el líquido pre-seminal que se escurría por su glande, luego se montó en la cama apoyando sus rodillas en las piernas de Kevin para evitar otro intento de huida. Extendió sus manos y acarició con firmeza el culo del jovencito.

    «Mmm… tu trasero de chica se ve increíble… lindo e irresistible,» comentó Lydia.

    Kevin trató una vez mas de escapar pero fue inútil, Lydia era más grande y fuerte que él y solo pensaba en si moriría en caso de Lydia hundiese su rabo en su culo.

    «Por favor, no hagas esto. Yo… yo… yo… soy heterosexual… yo no…» suplicó Kevin a su perversa tutora.

    «Después de hoy quedarás adicto a las pollas. Te voy a corromper Kevin,» musitó Lydia mientras se escupía en una mano y continuaba lubricando su tranca. «Tu estrecho culo necesita una tutoría de mi polla. Te mostrare como se abre un culo.»

    La chica se encimó un poco más sobre Kevin, que ya estaba resignado. Iba a perder la virginidad… no precisamente como lo hubiese imaginado, Lydia se puso justo detrás de su trasero y sintió el roce del glande de su tutora contra sus nalgas.

    «Te prometo que intentare ser amable… pero no cuentes con ello,» repuso Lydia en tanto que con su mano izquierda separaba el glúteo izquierdo del joven, y con la derecha; guiaba su polla al orificio anhelado.

    Kevin sintió la punta haciendo presión para entrar, y trató resistir ese cuerpo ajeno. Lydia advirtió la intención al sentir cierta oposición a la penetración y soltando su miembro le asestó una firme nalgada al chico, dejándole marcada su mano.

    «No te resistas Kevin, o te dolerá más. Sabes, desde el primer momento que te vi esperaba la oportunidad para tomarte y hacerte mío,» confesó Lydia. En ese instante la cabeza de su cipote logró abrirse paso. «Arrgh!» fue el sonido que salió de la boca de Kevin al sentir como lenta e impecablemente la polla de Lydia entraba en su culo, ensanchando todo a su paso.

    «Ahora mi polla se va a dar un paseo dentro de ti. Te bombeare el culo hasta que lo sientas dolorido,» prometió Lydia y comenzó a penetrarlo despacio.

    La joven hizo que Kevin se pusiera en cuatro y reanudó la follada con más facilidad. Kevin cerró los ojos y apretó los dientes con fuerza, pero no aguanto mucho. «Aaahhh!» gritó mientras Lydia hundía su polla hasta la mitad, la sacaba casi toda y repetía la acción. Mantuvo ese ritmo tranquilo y constante hasta que dijo «Voy más profundo» y cambió su posición. Sacó su polla un instante para apoyar su peso en las nalgas de Kevin y reanudó las embestidas.

    La velocidad no varió en lo absoluto, pero ahora Kevin sentía la polla de Lydia perdiéndose en sus entrañas y apenas la sacaba.

    «Auxilio!!!» aulló Kevin mientras la polla de Lydia entraba y salía, una, dos, tres, cuatro veces; tantas estocadas que resultaba imposible llevar la cuenta.

    «Silencio!» ordenó Lydia y con su mano derecha tapó la boca de Kevin, enmudeciéndolo.

    Lydia comenzó una rítmica penetración profunda, taladrando su recto y causando pequeñas contracciones en el esfínter de Kevin; solo se oía el sordo e intenso choque entre los testículos de la tutora contra su entrada posterior. ‘’Diablos, estas muy… estrecho’’ dijo Lydia. El dolor era angustioso para Kevin pero no podía gritar debido a la fuerte mano que cubría su boca.

    «Mucho mejor,» jadeó Lydia con dificultad. La joven cambio el ángulo de penetración y apoyando sus jugosas tetas cerca de los omoplatos del chico, hundió su miembro de forma que la penetración fuese más placentera.

    «Mnnhgh» logro gruñir Kevin sin poder detenerla y unas gotas de líquido pre-seminal salieron de su polla dura y cayeron en la cama.

    Kevin trataba de zafarse pero Lydia lo obligó a acostarse una vez más, y le sujetó ambas muñecas con sus manos y reemprendió la follada, a un ritmo más lento pero tan profundo que el jovencito sentía sus entrañas llenas de carne dura así como un pavo de Navidad. Kevin se limitó a recibir toda la polla de su tutora en el culo, incapaz de oponerse a la intrusión. Lydia jadeaba placenteramente en los oídos del chico mientras movía sus caderas cubiertas de sudor encima del indefenso Kevin; el chico no podía moverse y sentía su trasero partirse en dos con cada embestida. ‘’Qué tal te gusta hasta ahora nuestra tutoría?’’ preguntó Lydia, quitando su mano de la boca de Kevin, que dejó de bufar y apretar los dientes. ‘’Duele!’’ fue la rápida respuesta del muchacho. La chica continuó la invasión anal y con algo de ironía en su voz y sonriendo le comentó. ‘’Se supone que duele…’’ dijo lacónicamente la chica mientras continuaba la follada, se afincó un poco sobre las muñecas de Kevin y desde una posición más elevada se dejaba caer y continuó las acometidas.

    El pobre Kevin sentía arder sus entrañas y ese objeto ajeno a su cuerpo penetrar y salir sin cesar. La angustia se podía ver en su rostro, pero Lydia no estaba para detenerse. ‘’Saca… sácala por favor’’ rogó Kevin muy agitado. Lydia de pronto se paró y saco su polla del culito del chico. ‘’Bien… ya la saque… y ahora…’’ comenzó a decir la muchacha y en eso volvió a introducirla sin ninguna contemplación y reanudo sus embestidas. ‘’Toda dentro de ti!’’ suspiró al tiempo que dejo de sujetar las muñecas del muchacho y posó las manos en el colchón, moviéndose a mayor velocidad; el constante roce y los embates hacían mella en él. ‘’Aarrrggh!’’ bramó el chico mientras el constante sonido de la pelvis de Lydia contra sus nalgas llenaba la habitación. Un hilillo de saliva se escapa por la comisura de la boca de Lydia, que se relamía constantemente fruto del intenso placer que sentía al desvirgar a Kevin, que no podía resistir, creía que su culo al terminar todo jamás se recuperaría de la enculada de la que era víctima.

    ‘’Estoy bien adentro de ti… se siente muy rico… y estrecho… por ahora’’ dijo Lydia sin detenerse un instante. La chica lucía incansable y Kevin apenas tenía energías para intentar gritar por ayuda. Se sentía algo mareado, por tanta polla y el dolor en el culo era intenso pero se estaba acostumbrando, Lydia volvió a montarse encima de Kevin y clavando profundamente su tranca, comenzó a mover sus caderas en círculos, provocando oleadas de gemidos en su joven amante. ‘’Puedo sentirlo, voy a dejarte bien abierto…’’ gemía excitada la chica sin pausar el movimiento circular.

    De nuevo volvió a posarse tras Kevin, y con duras arremetidas follaba duramente el culo del chico. ‘’Ahn… ahghh!’’ gritaba Kevin sin parar, pero Lydia mantenía la velocidad y por breves momentos Kevin creía que su glande terminaría en su estómago. ‘’Tu mami no está, grita todo lo que desees…’’

    Kevin estaba al borde de sus fuerzas, era demasiado para el… pero incluso de forma esporádica su esfínter se contraía, traicionándolo y apretando la polla de la chica, no sabía porque le ocurría eso, pero la sensación de ser penetrado le estaba empezando a gustar… no entendía, su mente estaba en blanco, el sordo choque de las embestidas de Lydia no aminoraba y sin embargo ahí seguía, chorreando liquido pre-seminal y gimiendo al ser follado. Pero su compañera si podía intuirlo, al notar el cambio en sus gemidos, más de goce que de sufrimiento.

    ‘’Pero si estas disfrutando… ni ofreces resistencia… eres una perra’’ dijo satisfecha Lydia con el resultado.

    Poniéndose en cuclillas sobre Kevin, Lydia sacó su rabo momentáneamente y separó sus nalgas, admirando el ano rosado (casi rojo a estas alturas) de Kevin, que se contraía involuntariamente pidiendo más polla y ella se la iba a dar. La chica hundió una vez más su polla dentro del culo de Kevin y otro gemido de gozo se escapó de su boca, Lydia subía y bajaba hundiendo su mástil de carne hasta el fondo y lo sacaba hasta la mitad, para volverse a perder en las profundidades de ese culo hasta entonces virgen. ‘’Eres un pervertido… te encanta una polla en el culo… tanto que ni hablas…’’ expreso Lydia con voz ahogada pero sin dejar de follar a Kevin.

    Kevin ya se terminó de rendir. No dejo de gemir y relajo aún más su cuerpo, no entendía la razón… pero no quería que se detuviese, le gustaba como la polla de Lydia iba y venía… sentía su culo arder, el dolor aún seguía allí, la sensación de que lo que estaba haciendo con ella no estaba para nada bien; pero no quería que aquello parase. Lydia no solo se limitaba a follarle el culo, le decía cosas sucias y mordía sus orejas y cuello, y no paraba de decirle que era su puta y que a partir de ese día le rogaría por más. La joven continuaba en la misma posición y Kevin ponía los ojos en blanco, tanto placer anal lo estaba llevando al clímax, su polla goteaba constantemente y solo atinaba a morderse levemente un dedo mientras sentía esa verga en su culo subir y bajar infatigablemente.

    Pronto Lydia comenzó a intensificar la penetración, su orgasmo se encontraba próximo. ‘’Prepárate putita, ya me vengo!’’ exclamó la chica aumentando el ritmo de sus arremetidas y sus tetas bamboleándose por lo frenético de sus embates y con un par de vehementes estocadas, hundió su polla hasta la base dentro del ano de Kevin. ‘’Toma toda mi leche…! Me corro!!’’ chilló Lydia al tiempo que su polla se convulsionaba dentro de él, y un torrente de semen fluyó hasta lo más profundo, uno, dos, tres, hasta seis trallazos de semen caliente sintió Kevin inundando su ser, llenándolo por completo y dejándolo extasiado. Lydia se recostó encima del muchacho, sus tetas aplastándose contra su espalda, ambos gemían agotados y sudaban considerablemente. Kevin aun gemía sutilmente mientras toda la polla de su tutora aún se encontraba hundida en su culo, y era tanto el semen depositado dentro de Kevin que se empezó a filtrar un poco e iba a parar a sus testículos y luego en la cama.

    Lydia suspiró, complacida con el resultado de su ‘’tutoría’’ con Kevin, y se mantenía dentro del chico. ‘’Ah… sí… así es como follo a todos… duro y profundo… así te follare de ahora en adelante Kevin…’’ murmuró Lydia sonriente a un Kevin totalmente desconectado de la realidad.

    ‘’Mientras tu culo se mantenga así de apretado… continuaré dándote lecciones especiales…’’ prometió la chica.

    Lydia se incorporó lentamente y con un ‘plop’, saco su polla del culo de Kevin. El semen depositado comenzó a salir y a caer sobre la cama, la tranca de Lydia también estaba cubierta de su leche, Kevin permaneció inmóvil mientras Lydia observaba su ano enrojecido y ensanchado. ‘’Con mi leche llenando tu interior, eres oficialmente mío, puta…’’ dijo Lydia. La muchacha limpió el semen de su polla con un short suyo y salió de la habitación. Kevin seguía tratando de recuperar las fuerzas pero apenas podía moverse, sin la polla de Lydia; solo sentía un terrible y enorme vacío en su interior y su ano abierto de par en par, su esfínter palpitaba pero ya más relajado después de la intensa culeada recibida.

    Lydia regresó a los pocos minutos, se había dado un baño y comenzó a ponerse su ropa y a guardar sus libros en el bolso azul. Kevin aún seguía debilitado boca abajo en su cama, tal como Lydia lo había dejado antes de ir al baño, la tutora se terminó de vestir y le dijo.

    ‘’Tendremos más diversión desde ahora. No olvides limpiar este desastre antes de que tu mamá regrese.’’

    La tutora recogió sus lentes del suelo y se los puso, siguió sonriendo de camino a la puerta y la abrió. Mirándolo por última vez, se ajustó un poco sus lentes y se despidió de Kevin. ‘’Hasta pronto, Kevin…’’ dijo Lydia, y salió de la habitación dejando al pobre chico solo.

    Kevin tardó una media hora en recuperarse. Por supuesto, lo siguiente fue intentar levantarse, cosa que le costó a horrores pero una vez que pudo dar un paso, empezó a tratar de arreglar su habitación; su madre no tardaría en llegar. Cambió la sabana de su cama y acomodó sus cosas, luego se metió al baño para darse una buena ducha.

    Limpió su ano (lo mejor que pudo, pues lo tenía muy sensible) y salió de la ducha, caminaba con mucha dificultad y percibía que no podría sentarse así que se acostó. Su cabeza era un torbellino de imágenes confusas (la polla de Lydia, su cuerpo, sus tetas) combinado con las nuevas sensaciones descubiertas por su entrada posterior. Llevaba un buen rato en ese estado cuando su madre llegó y abrió la puerta de su habitación.

    ‘’Todo bien Kevin? Lydia me informó que la práctica de hoy fue excelente’’ dijo su madre.

    ‘’Si… aunque estoy algo… cansado, ma…’’ pudo responder Kevin.

    ‘’Me alegro hijo, preparare unas galletas’’ dijo Mariah con dulzura y cerró la puerta.

    No obstante, Kevin ya empezaba a sentir en su interior que algo había cambiado, y Lydia tenía razón: lo había corrompido, pues no se podía sacar de su mente su magnífica polla y en como lo había desvirgado. Sin dudas ahora pasaría el resto de su vida adicto a una polla dura en su culo, pero solo anhelaba la de ella, su tutora.

    En eso sintió el móvil vibrar, eran sus amigos preguntando como había ido todo. No tenía ganas de charlar y apagó el aparato. Con mucha incomodidad se levantó y bajó las escaleras, de la cocina emanaba un dulce olor a galletas horneadas y con cuidado se sentó en una silla del comedor.

    ‘’Ocurre algo hijo?’’ preguntó su madre al verlo sentarse con precaución.

    ‘’Nada… oye mamá… podrías preguntar a Lydia cuando va a ser la próxima practica? Es que no me lo dijo al irse…’’ preguntó Kevin.

    ‘’Claro hijo’’ respondió su madre y buscó su móvil.

    Mariah escribió a la tutora, mientras Kevin jugueteaba con sus dedos sobre la mesa.

    ‘’Dice que cuando quieras practicar, que le escribas. Aquí tienes su número’’ dijo Mariah extendiéndole el móvil a su hijo.

    Kevin miró el mensaje, y le envió su número a la chica. Haciendo un esfuerzo, se movió lo más rápido que pudo de regreso a su cuarto y encendió el móvil de nuevo. Unos minutos después, llegó un Whatsapp desconocido y lo abrió.

    ‘’Te gustó nuestra practica de hoy?’’

    ‘’Creo… que si…’’ respondió Kevin

    ‘’Cuando digas estaré lista para nuestra nueva lección’’ respondió Lydia

    Kevin se relamió, definitivamente empezaría a disfrutar de las matemáticas con su tutora…

    El chico estaba rendido en su cama, fantaseando con Lydia y su polla cuando su móvil vibró a su lado. Era un WhatsApp de Héctor. ‘’Kevin, hiciste el ensayo de Literatura?’’

    ‘’Demonios…’’ dijo en voz baja y enfadada Kevin, encendiendo la lámpara.

  • La sumisa de Marcela

    La sumisa de Marcela

    Al caer la noche saque mi ropa femenina y la esparcí sobre mi cama, primero me puse unas pantis tipo cachetero de algodón que se me marcan rico en la colita y me hacen ver toda femenina, y después de escoger unas tangas y unos sostenes fui a bañarme para sentirme fresca, al llegar al baño abrí la ducha y me metí con todo y cacheteros a bañarme, después de lavarme bien y lavar las pantis salí de la ducha y me baje lentamente los cacheteros, los cuales estaban todos pegaditos por estar mojados y se sentían todos pegaditos en mi colita.

    Me sequé bien y me puse las tangas que había traído y los sostenes, ambos rosados y de encaje, después busque un vestidito rosado apretadito de minifalda y me lo coloque con unos leggings semitransparentes y fui a prender mi ordenador para ver algunos videos de travestis y algunas páginas de ropa femenina, especialmente de ropa interior delicadita, como de princesitas pero erótica, como ya me sentía toda caliente ingrese el chat y busque a una de mis amiguitas travestis.

    Cuando llegue no había ninguna conectada, así que me puse a ver un video mientras me acariciaba mi culito suavemente y me movía como una mujercita toda excitada en la silla, entonces apareció en el chat una de mis mejores amigas, Mónica quien me saludo y me pregunto qué hacía, cuando le conté que estaba toda vestidita y con mi nalguita toda ganosita me contesto que podía pasar por mi casa más tarde; si podía esperarla, yo le conteste que encantada, que tenía muchas ganas de estar con otra mujercita como yo, entonces ella me pregunto cómo estaba travestida? y cuando le respondí me dijo que si podía encender la cámara web y así podíamos hablar y ella me podría mirar así yo no pudiera, pues no tenía cámara en el trabajo, pero su oficina era completamente privada.

    Encendí la video llamada y ella me miro y me pidió que le modelara la ropa que tenía puesta, me dijo que le gustaba, pero que desde hace rato quería tenerme como una pasiva y me pidió que si podía cambiarme para complacerla, yo le dije que si de la forma más mimada y femenina que podía, entonces tras una pausa ella me dijo que si quería la tenía que obedecer, que podíamos comenzar a calentarnos así jugando en el ordenador y compartiendo cositas pues ella estaba solo esperando la hora de salida. Yo le dije que me encantaría que me sometiera toda, que me encantaría que me tratara como a una hembrita, entonces comencé a tocarme todita, ella me regaño y me dijo que era muy pronto, que debía cambiarme pues no me quería comer con esa ropa, yo me puse toda femenina y coqueta y le pregunte que quería que me pusiera.

    Ella me dijo entonces que le mostrara que mas femenina tenia y que así podía cambiarme mientras ella me miraba, yo traje la maleta en donde guardo mis pantis y mis vestiditos y se los mostré, entonces ella eligió unas pantis de encaje negras, con unas pantimedias negras veladas con diseño a rayas, también eligió unos sostenes negros y un vestidito de sirvienta erótica que debía ponerme, unos tacones altos, yo comencé a desnudarme mientras ella me miraba, entonces me dijo que debía comportarme bien coqueta y femenina, pues ella quería dominar a una putica, así que debía comportarme como una, yo le decía lo mas coquetamente que sí, que sería su putica, que quería ser su putica y que podía hacer todo lo que quisiera con mi culito y mi boquita, entonces me conto que era una fantasía que tenía desde hace algún tiempo y que tenía en su auto justo la ropa que quería ponerse y algunas otras cositas que había fantaseado con usar, yo le rogué que las trajera y las usara conmigo como quisiera, que obedecería cada una de sus órdenes.

    Entonces me comencé a poner la ropita que ella había elegido mientras me miraba y me daba órdenes para que le modelara bien cada una de las prendas en la cámara, cuando iba a comenzar a ponerme el disfraz de sirvienta ella me dijo que ya podía salir, que llegaría a mi sitio en 30 minutos, que debía acabarme de vestir y maquillarme bien como una putica y que debía esperarla al pie de la puerta pues llegaría completamente vestidita a comerme, que ya tenía muchas ganas de jugar conmigo. Yo me termine de vestir y me puse lubricante en mi culito para estar preparada, 20 minutos después sonó el citófono avisándome que ella había llegado, entonces yo me fui hacia la puerta y me puse de rodillas así vestidita de sirvienta y con el culito todo mojadito

    Ella toco la puerta y le abrí dejándola pasar, venía con un abrigo negro hasta los pies, cuando cerré la puerta me miro y se puso frente a mi sacando de uno de sus bolsillos una correa de perrita con un collar rojo, me lo mostro y me dijo que me lo colocara pues las perritas como yo no podían estar sin collar, yo me lo coloque y ella me halo hacia la sala en cuatro patas, yo me fui gateando como una perrita y ya en la sala me dijo que le ayudara con el abrigo y la maleta que había traído, entonces me pude poner de pie. Al quitarse su abrigo mi amiga revelo un lindo vestido negro pegado de seda, que llegaba hasta la mitad de sus rodillas, y unas medias veladas de liguero negras con un hermoso diseño, como ambas ya estábamos muy excitada por nuestra conversación me ordeno que le sirviera una copa de vino mientras se sentaba en un sofá con las piernas cruzadas, yo fui caminando lo mas femeninamente que pude y levantando mi nalguita y minifaldita para que mirara mis pantis.

    Cuando le entregue la copa de vino tomo nuevamente la correa y me dijo que abriera su maleta, al hacerlo encontré toda una variedad de juguetes eróticos y prendas de vestir femeninas, además de otras cositas como cremas y lubricantes, ella me dijo que le entregara unas unos brazaletes y tobilleras eróticas de metal y comenzó a ponérmelas primero en las piernas y luego me arrodillo entre sus piernas para ponérmelas en las manos, uniendo ambas con un candado. Tomo mis manos así amarradas y las puso entre sus piernas y yo siguiendo siempre su juego y comportándome de forma coqueta y femenina las comencé a subir buscando sus pantis y excitándome de saber de que dentro de ellos encontraría un rico pene, un caliente y grueso pene, y eso fue lo que comencé a notar con mis deditos, lo que comencé a acariciar y desear besar, entonces comencé a subir su faldita y cuando lo logre ella agacho mi cabeza para poner mi boquita sobre sus pantis y comenzó a moverla sobre todo su pene y sus bolitas entonces yo saque mi lengüita y comencé a lamer esos ricos pantis de seda negros, los lambí y bese mientras acariciaba sus bolitas con mis manitos y le pedía que me comiera toda, le decía que estaba muy caliente y ganosa de que me comiera todita.

    Ella bajo sus pantis un poquito sacando su rico pene e inmediatamente lo metí en mi boquita golosa y comencé a mamarlo saboreándolo cada vez que entraba y salía de mi boquita, lamiéndolo mientras lo sostenía y masturbaba con mis manitos, entonces ella me tomo de la cadena y me separo de su pene poniéndome sobre una de sus rodillas bocabajo y acercando su maleta para sacar unas bolitas chinas de látex de color rojo y un lubricante., bajo mis pantis y notando que me había puesto además unas tanguitas las corrió para comenzar a echarme lubricante en mi culito con sus deditos, uno de los cuales comenzó a meter por todo mi culito lleno de lubricante mientras yo gemía y me movía sensualmente como una putica, entonces tomo las bolitas chinas, las cuales eran 4 de diferentes tamaños y unidas por una cuerda y comenzó a meterlas por mi culito lentamente mientras yo gemía, cuando termino de hacerlo subió mis pantis y me bajo para que continuara mamando su rico pene.

    Mientras lo hacia ella saco un vibrador liso y brillante de la maleta y una fusta gruesa, también saco una cuerda, un vibrador en forma de pene de látex de tamaño mediano y un tapón anal rojo de tamaño mediano, me levanto y me ordeno que le mostrara mi culito, entonces yo me puse de espaldas y me agache levantando mi culito ante su vista, ella acomodo una de sus piernas entre las mías y comenzó a acariciar mi nalguita, después me bajo las pantis y tomo la argolla de las bolitas chinas y comenzó a sacarlas lentamente mientras yo gemía, cuando termino tomo el vibrador liso y lo apoyo en su rodilla, justo entre mis piernas. Yo la mire moviendo mi colita y ella me ordeno que lo metiera por mi culito así para poder prenderlo, yo corrí la tirita de mis tanguitas y comencé a bajar mis nalguitas hasta que sentí en la entrada de mi culito la punta del vibrador toda lisa y rica, entonces seguí bajando introduciéndolo por mi culito mientras me movía sensualmente como una hembrita, cuando tuve más de la mitad adentro de mi culito ella lo prendió y me ordeno que me comiera toda mientras ella miraba. Yo comencé a moverme sensualmente entre sus piernas agachadita y comiéndome el culito con el vibrador me movía sensualmente mientras subía y bajaba para sentir como entraba y salía casi todo de mi culito, lo cual me hacía gemir como una putica y rogarle que me comiera toda, que me llenara el culito de semen como a una putica, le decía que me tenía caliente como una perrita, como una hembra, entonces ella tomo el tapón anal y lo cambio rápidamente por el vibrador logrando que me entrara fácilmente en el culito, y sacando su mano para que siguiera acariciándome sobre su pierna como una puta, entonces tomo mi correa y me halo para que me acostara en el sillón mientras mi boquita se acercaba otra vez a su rico pene para chuparlo.

    Como me había acostado bocabajo sobre el sofá ella pudo tomar fácilmente mis piernas las cuales ato juntas con la cuerda, que ato a mi collar de perrita para que las mantuviera levantadas so pena de ahorcarme, tomo después la fusta y comenzó a castigarme en las nalguitas mientras yo se lo chupaba y ella me decía que era toda una putica y me nalgueaba con la fusta en las nalguitas golpeando especialmente el tapón anal el cual sentía llenando todo mi culito, entonces tomo un preservativo y me ordeno que se lo pusiera, yo me excite toda y comencé a colocárselo con mi boquita como toda una putica, lo cual le encanto y me agradeció dejando la fusta para nalguearme con sus manos un poco más duro mientras me decía que era toda una perra caliente. Cuando se lo termine de poner y después de besar su rico pene ella desato la cuerda de mi cuello y me ordeno que me pusiera en cuatro, yo lo hice moviéndome sensualmente y rogándole que me comiera toda como una puta, y moviendo mi nalguita sensualmente, entonces ella tomo el tapón y lo saco lentamente metiendo después de un solo Empuje todo su pene caliente y duro en mi culito, lo cual me hizo gemir como una puta y comenzó a comerme toda así duro mientras me nalgueaba y se comía mi culito como el de una hembra.

    Después de comerme en cuatro durante un rato me acostó sobre el sofá y continuo comiéndome esta vez con las manos así arriba y las piernas cerradas, me culeó todita mientras yo gemía y lo disfrutaba como una hembra, mientras yo me movía excitada como una puta, sintiendo como ella me comía toda por el culito hasta que su rico pene se puso todo duro y caliente y comenzó venirse dentro de mi culito, sentí como si mi culito fuera a estallar entonces ella lo saco y sacándose el condón termino de derramarse encima de mi culito mientras metía el condón dentro de mi boquita para que Saboreara su rico y caliente semen, el mismo que sentía bajar por mi nalguita hacia mis piernas.

    Entonces comencé a moverme sensualmente mientras ella tomaba el vibrador con forma de pene y lo metía por mi culito, prendiéndolo para comerme lentamente hasta hacerme derramar toda en las tanguitas que todavía tenía puestas mientras gemía como una putica Después de terminar ella de libero y me dijo que debía irse pero que esperaba que nos volviéramos a ver pues aún tenía muchas cositas que podíamos hacer junticas, me dijo que me regalaba las cositas que habíamos usado, cerro su maleta, le ayude a colocar su abrigo y salió presurosa de mi casa dejándome satisfecha como hembrita y como travesti.

  • Mi hijo me hace su esclava (II)

    Mi hijo me hace su esclava (II)

    A la mañana siguiente me desperté con la cabeza hecha un torbellino. Mi propio hijo me había follado, pero lo peor no era eso, lo peor era que había sido la mejor follada que me habían metido nunca y quería más. Empecé a llorar, aquello no estaba bien, además yo había contribuido obedeciendo las órdenes de Manuel, dándole pie para que usara el cuerpo de su madre.

    Mientras pensaba todo esto, mi cabeza repasaba el día anterior. La visión de la polla de mi hijo en mi mente hacía que mi coño se humedeciera, cerré los ojos intentando sentir su polla dentro de mi coño mientras me abofeteaba. Sin darme cuenta mi mano se dirigió a mi húmedo coño. Salí de la cama rápidamente, ¿qué había hecho mi hijo conmigo? Esto estaba muy mal, era mi hijo, no podía seguir comportándome así con él. Me dirigí al salón e instintivamente miré hacia la mesa buscando mi «uniforme» para ese día. La mesa estaba vacía. Suspiré aliviada. Quizás mi hijo había entrado en razón y había decidido que ya era suficiente, o tal vez se sentía mal por lo que había hecho con su madre. Estaba mal pero, joder, a la vez estaba tan bien. Cerré los ojos centrándome en el cuerpo de mi hijo, con esa suntuosa pija y ese abdomen duro. Me dije a mi misma que estábamos en Santiago, nadie nos conocía, nadie pensaría que somos algo más que un hombre y su mujer.

    Al fin y al cabo, esto era lo que yo buscaba ¿no? Una nueva vida lejos del cabrón y aburrido de mi marido. Y si Manuel quería enseñarme a disfrutar de mi sexualidad como nadie lo había hecho ¿por qué iba a reprimirme? Lo único que me preocupaba era la violencia de mi hijo hacia mi, es cierto que lo disfrutaba, pero temía que pudiera hacerme daño de verdad. Además, hoy no me había dejado instrucciones, tal vez se hubiera cansado de mi. Basta de pensar, las putas no piensan, sólo obedecen. Me desnudé completamente, si no había «uniforme» encima de la mesa, trabajaría desnuda.

    Cuando se escuchó el sonido de la puerta, ya estaba de pie en el pasillo, con los brazos cruzados tras mi espalda y mostrando orgullosa mis tetas.

    Manuel entró y sonrió al verme. Se acercó a mí y empezó a besarme. Nuestras bocas se fundieron, nuestras lenguas empezaron a danzar en un delicioso beso, no era un beso de un amo a su puta, era un beso de amantes, un beso de un hombre a su mujer. Cuando el beso terminó, cogió mi mano y me llevó al sofá sentándose al lado mío.

    -Maribel, tenemos que hablar-. Dios mío, mi hijo ya no era capaz de referirse a mi como «mamá».- He estado pensando en estos días- dijo mientras se levantaba y empezaba a deambular por la sala.- Siento mucho como empezó todo esto, aquel día estaba frustrado por la vida que llevo, con el trabajo, los estudios y la falta de dinero. Pensé que me dejarías y a la mañana siguiente te deseaba tanto que decidí dejar a tu elección seguir y por eso te dejé esa ropa. Pero hoy he estado pensando que tal vez esto ha continuado por mi miedo a que te echara de mi casa.

    Volvió a sentarse a mi lado y me cogió las manos.

    – Jamás te echaría de mi lado Maribel. Te quiero.- Dijo mirándome a los ojos.

    Mi corazón se aceleró al escucharle.

    – Yo también te quiero Manuel-. Respondí volviendo a comer su boca.

    De repente, su mano agarró mi pelo con fuerza y me separó de su deliciosa boca. Solté un gemido de sorpresa.

    – Te quiero pero ahora ya sabes como me gusta el sexo, así que este es el trato. Aquí, debido a que prácticamente no tengo tiempo libre, nadie conoce nada de mi vida y mucho menos te conocen a ti. Cuando salgamos en plan novios, seremos sólo un hombre y su mujer. Una mujer deliciosa a la que trataré con amor- Apretó más mi pelo.- Pero cuando oigas la palabra «puta», obedecerás todo lo que te diga y usaré tu cuerpo como la zorra que eres.

    Se quedó mirándome esperando mi confirmación. Tras aquellas palabras, notaba mis fluidos resbalando por mis muslos. Estaba hecho, no podía resistir aquella oferta.

    – Soy tu puta, amo.- Le dije apretando su pija por encima de su pantalón.

    Manuel se puso de pie y sacó de un cajón el consolador negro.

    – Muy bien, puta.- Mi coño se estremeció sólo con escuchar la palabra mágica.- Empieza a chupar esta pija mientras pido una pizza para comer.

    Me lanzó el consolador mientras sacaba su teléfono móvil. Tan pronto agarré aquel aparato, separé mis piernas y empecé a lamerlo y a mamarlo sin apartar la mirada de los ojos de mi amo.

    Cuando terminó el pedido, se aproximó a mi desabrochando sus vaqueros y sacando su estupenda pija.

    – De rodillas, zorra.

    Obedecí, agarré la polla y empecé a mamársela con frenesí.

    – Vaya, parece que la puta estaba deseando su ración de rabo ¿no?- Me dijo mientras sacaba su polla de mi boca y empezaba a golpearme con ella en la cara.- Pon tus manos en tu espalda, puta.

    Me incrustó su polla en la garganta y empezó a follarse violentamente mi boquita. Yo aguantaba como podía, notando como la saliva salía de boca e iba escurriéndose por mi cara hasta caer en mis tetas. Manuel, me agarró de la cabeza y empezó a meter su polla hasta el fondo y me sujetó mientras su miembro se alojaba en mi garganta mientras las lágrimas resbalaban por mis mejillas. Cuando no pude aguantar más empujé sus piernas con mis manos para liberarme. Apenas había aspirado una bocanada de aire, el guantazo me alcanzó de lleno en la mejilla izquierda y mi hijo volvió a follarme la boca. Joder, menudo placer estar allí humillada de rodillas, con la mejilla ardiendo, mi boca siendo violada por una suculenta polla, las tetas llenas de saliva y fluidos de la polla de mi hijo, y mi mano tocando mi húmedo coño. Tras varios minutos, Manuel se separó un poco mientras se masturbaba.

    – Ofréceme tus tetas, puta. Quiero correrme sobre esas maravillas.

    – Vamos cabrón. Lléname de leche. Dale a tu puta su premio.- Le contesté obedeciéndole.

    Soltando un bufido, mi hijo empezó a la lanzar trallazos de semen contra mis tetas, los disfruté cada uno de ellos, era maravilloso notar esa leche caliente chocando contra mi cuerpo. Cuando terminó recogí un poco de lefa con un dedo y empecé a chupármelo.

    – No te toques más, zorra. Ponte bien abierta en el sofá y fóllate con tu nuevo juguete. Quiero observarte bien.

    Hice lo que me dijo y empecé a follarme aquella polla negra. Mi hijo me miraba extasiado mientras meneaba su maravillosa polla. Joder, tenía las tetas llenas de semen y ya estaba listo de nuevo.

    Sonó el timbre. La pizza había llegado.

    – No pares de follarte- Dijo mi hijo mientras fue a recoger el pedido.

    Cuando volvió a entrar al salón me quedé paralizada. Detrás de él entró el repartidor que se quedó boquiabierto al verme.

    – ¿Por qué paras, puta?- Reanudé la follada- ¿Te gusta mi mujer?

    – Joder, colega, está buenísima.

    Era un chico joven, bastante guapo y no apartaba sus ojos de mi.

    – ¿Qué te parece si invitas a la pizza? A cambio mi zorra se masturbará para ti y puedes correrte es sus tetas. No puedes tocarla, eso si.

    Era increíble, mi hijo estaba vendiendo a su propia madre por una pizza. Pero no, yo no era su madre, era su puta. Y era una puta complaciente.

    – Trato hecho amigo-. Dijo el chico mientras se desabrochaba el pantalón y sacaba su pija.

    Tenía una buena pija, aunque aún no estaba del todo dura. Debía de ser por los nervios porque el espectáculo no podía ser mejor. Una mujer con un cuerpazo estaba desnuda frente a él, follándose el coño encharcado con un consolador totalmente abierta de piernas para él, y mis magnificas tetas llenas de semen y saliva. Decidí ayudarlo un poco.

    – ¿Qué pasa guapo? ¿no te gusta lo que ves?- Le dije mientras lo miraba poniendo mi mejor cara de zorra.- Vamos, quiero ver esa deliciosa pija bien dura.

    Mis palabras surtieron efecto y el chico empezó a masajear una pija ya bien erecta.

    – Vamos cabrón, machácatela bien, quiero tu leche sobre mis tetas.- Le dije jadeando.

    – Eso está hecho guarra, pero aparta esa pija de goma y mastúrbate con tus dedos.

    Miré a mi hijo buscando su aprobación y él asintió. Aparté el consolador y empecé a taladrar mi coño con mis dedos. Estaba deseando correrme, pero quería notar el semen de aquel chico mientras lo hacía.

    – Venga, hijo de puta, lléname de leche, no puedo aguantar más viendo ese pedazo de pija-. Grité jadeando escandalosamente.

    El chico empezó a acercarse y gimiendo empezó a llenar mis tetas con una nueva ración de leche. Al contacto de su semen caliente en mis pechos, empecé a gritar presa del orgasmo, mi mano estaba chorreando mientras miraba como mis tetas recibían los impactos del joven.

    El chico se subió los pantalones y mi hijo lo acompañó a la puerta mientras yo cerré los ojos mientras seguía tocando mi coño, disfrutando los efectos del orgasmo mientras piernas temblaban de placer. Cuando abrí los ojos Manuel estaba enfrente de mi masturbándose y sin previo aviso empezó a correrse sobre mi cara. Joder menuda delicia notar la corrida de mi hijo en la cara mientras me duraban los efectos de mi propia corrida.

    Manuel empezó a echar unos billetes en la mesa.

    – Te has portado muy bien puta, come un poco, dúchate y ve a comprarte un vestido bonito. Hoy es mi día libre y vamos a tener nuestra primera cita. Yo voy adormir un rato.

    Y dicho esto se fue a su habitación mientras yo iba hacía la ducha esperando aquella cita como no había esperado nunca ninguna.

    Continuará…

    Espero les haya gustado, espero sus comentarios a [email protected], que tengan buen fin de semana, besos.

  • Mi novia llegó con la colita llena de semen

    Mi novia llegó con la colita llena de semen

    Continuación del relato “Dominado por Arturo”, dejo el enlace al final del relato.

    Era sábado y tenía cita con mi novia para ir al cine, era el estreno de una de las últimas películas de Harry Potter, sí ya sé, algo infantil, pero me gustaban esas películas, no me critiquen, había seguido la saga y no podía perdérmela, compré mis boletos con anticipación, ya que de lo contrario difícilmente encontraría boletos, saliendo del cine iríamos a cenar.

    Estaba en mi cuarto viendo televisión, cuando recibí un mensaje de Arturo.

    -Hola Ariel, estoy en el centro comercial, vine a hacer una compra y me encontré a Adriana y una amiga de ella, ya iban de salida y me ofrecí darles un aventón, pero antes les invité un helado, estamos en una heladería, Adriana viste unos jeans blancos que se le ven fabulosos, le marcan su colita fenomenal y me ha puesto cachondo, muy cachondo, se me puso muy dura al verla y quiero tu consentimiento para desfogarme con ella.

    Sabía a qué se refería, si bien Adriana, era delgada, estaba bien formada y cuando se ponía jeans ajustados le quedaban de infarto, ya me había acostumbrado cuando salía con ella como se le quedaban viendo el culo, me gustaba presumirla y al mismo tiempo me disgustaban algunas miradas muy lujuriosas.

    -No seas cabrón, Arturo, hoy no, tengo cita con ella para ir en la noche al cine y después a cenar. Ya es tarde, no hay tiempo.

    -Sí, lo sé, le pregunté por ti y eso me dijo, anda, solo una cogida rápida, te prometo que no llegará tarde a tu cita.

    Sabía cómo era de insistente Arturo y me puse cachondo también, era una situación extraña, pero excitante saber que mi querida novia sería cogida nuevamente y me adornaría la frente, no tenía la menor duda de que Arturo lograría su cometido, sería cornudo y con mi consentimiento.

    -Está bien, Arturo, pero no me vayas a fregar mi cita, me la entregas puntual por favor -le respondí.

    -Gracias Ariel, te prometo que no llegará tarde, en unos minutos le doy aventón a la amiga de Adriana y después a Adriana con una escala técnica en mi departamento para servicio completo, incluyendo lubricación, alineación, balanceo y medición de aceite, ja ja.

    La conversación me excitó sobremanera, la verga se me paró y se me puso durísima, tanto que casi dolía, realmente sentía un poco de celos, pero mucho morbo también y vino a mi mente la imagen de Adriana gimiendo como puta mientras Arturo la embestía profundamente con su enorme verga.

    Estaba tan cachondo que me metí a bañar con agua fría para bajar mi calentura y me empecé a arreglar para salir con Adriana, a fin de distraerme un poco y no pajearme, aunque dudaba que efectivamente fuera a cumplir Arturo me entregara puntual a mi novia, a todos nos pasa que cuando tenemos sexo el tiempo pasa sin sentirlo.

    Un par de horas después recibí otro mensaje de Arturo que decía:

    -Hola Ariel, ya llevo a Adriana a casa, fue espectacular, Gracias, ya no le di tiempo a bañarse para que no se les haga tarde para el cine, va con la colita llena de semen.

    Ufff, al leer el mensaje nuevamente se me puso dura, me imaginé el hermoso culo de Adriana abiertito y chorreando leche, ya estaba listo para salir y me apresuré a tomar un taxi para la casa de Adriana.

    En pocos minutos llegué a su casa y toqué, Adriana sale a recibirme y le doy un beso en la boca, cachondo, mordiendo sus labios y succionándolos, al tiempo que la abrazaba y me repegaba a su frágil cuerpo, rozando su piel con la mía, tanto que me pidió bajar mi calentura y ser más discreto ya que estaban sus padres, apartándome un poco a fin de no ser vistos por alguno de sus padres.

    Me dijo que acababa de llegar de hacer compras y que se iba a dar un baño y cambiarse para salir, le pedí que no lo hiciera.

    -Anda Adriana, se nos hace tarde, es semana de estreno y va a haber muchísima gente, y ya sabes que odio entrar a la sala cuando la película ya inició, apenas tenemos tiempo, seguramente habrá también mucha gente también para la compra de palomitas, golosinas y refresco -le dije.

    -Además, me encanta como te queda la ropa que traes puesta, te ves hermosa, muy sexy, anda no te cambies, voy a ser la envidia de todos, con la chica más linda de todas, compláceme por favor-le rogué con mi tierna mirada.

    -Está bien Ariel, tú ganas, vamos ya -aceptó, aunque no muy convencida.

    Salimos y rápidamente tomamos un taxi, en el camino fingí revisar mi cartera y no encontrar los boletos.

    -No puede ser Adriana, no encuentro los boletos, seguramente los dejé en el pantalón que me quité ayer. Vamos a tener que ir a mi departamento a buscarlos.

    -Ay Ariel, amor, que distraído andas, ten más cuidado, pero hay tiempo suficiente, todavía llegamos, vamos, no hay problema.

    Le pedí al chofer del taxi cambiara el destino y en unos minutos llegamos a mi departamento.

    Tan pronto entramos a mi recámara me abalancé sobre su cuerpo, estaba muy cachondo, acerqué mis labios y le di un beso profundo, jugoso, saboreando sus labios, mi lengua entró en su boca, explorando su cálido interior, recorriendo su lengua y paladar, hambriento, comiéndome su boca con pasión, sentí que mi novia se estremeció y la apreté más fuerte hacia mi cuerpo, abrazándola con ardor, mi verga ya estaba durísima y se la restregaba sobre su entrepierna.

    -Ummm, Ariel, andas muy cachondo, pero apúrate se nos hace tarde para el cine-exclamó.

    -Si Adriana, estoy muy cachondo, me encanta lo rica que te ves, se me ha puesto tan dura, toca, siéntela, así me tienes desde que te vi con esa ropa que traes puesta, me excita tanto, tanto que necesito desfogarme-le exclamé al tiempo que tomaba su mano y la llevaba a mi verga.

    -Ufff, si Ariel, que dura la tienes, papi, pero otro día, se nos hace tarde.

    -No me importa la película, otro día la vemos, amor, lo que quiero ahora es hacerte mía, hacerte gozar nena rica, vamos, estoy tan cachondo que no puedo más, te necesito, eres la culpable de que este así, por ser tan bella y tener ese culito tan rico y delicioso.

    -Ay Ariel, Ok, está bien, pero déjame bañarme, fui toda la tarde de compras y me siento sucia, sudada, por favor.

    Sentí que la cabrona quería borrar la evidencia de la cogida de Arturo y no se lo permití.

    -No Adriana, te quiero así, con tu sabor a hembra rica, me excita tanto tu olor, quiero cogerte así, con tu esencia natural, me vuelves loco con tu aroma, siento que hoy hueles más a hembra que de costumbre, me excita mucho tu olor, quiero disfrutarte así, te bañarás, pero después de cogerte y hacerte mía-le dije al tiempo que empezaba a desnudarla.

    -En serio Ariel, déjame bañarme.

    -No Adriana, ya te dije que no, te quiero coger así, no insistas, me excitas tanto así, le exclamé al tiempo que la apretaba entre mis brazos y succionaba el lóbulo de su oreja, resoplando en su oído, para que sintiera mi calentura, me encantaba recorrer toda su piel y aspirar su suave aroma, su piel se erizaba, junto con la mía.

    -Rápidamente la desnudé, a excepción de sus braguitas y la recosté en la cama.

    -Recorrí toda su piel con mi lengua, milímetro a milímetro, saboreando su sabor a hembra, efectivamente había un ligero sabor salado, a sudor, pero eso me excitó más todavía, llegué a sus braguitas, y se las quité lentamente, al tiempo que besaba su entrepierna.

    Al quitárselas las sentí muy húmedas, las llevé a mi nariz y aspiré profundo, que rico olía, olía a hembra, a sexo, a hembra recién cogida, un olor embriagante y excitante, la humedad en la parte de su culo tenía una consistencia más viscosa, pensé que seguramente eran restos del semen de Arturo, lo que me prendió muchísimo y no pude evitar dar un pequeño lengüetazo en esa zona de las braguitas para intentar descubrir el sabor de la leche de Arturo.

    Regresé a su entrepierna, besando y lamiendo la parte interior de sus muslos, dio un ligero gemido y arqueó la espalda, me quedé contemplando su rico coño, jugoso, inflamado, dilatado, con una tonalidad más rosadita de lo normal, brillaba, acerqué mi nariz y aspiré su rico coño, que rico huele un coñito recién cogido

    -Mmm, Adriana, que rico coño, me encanta, quiero comerlo, disfrutarlo, saborearlo, lo necesito, tierno y dulce, te haré gemir y hacerte venir más rico que nunca.

    -Ayyy, Ariel, no espera, por favor -Protestó débilmente Adriana,

    Apoyé mis dedos en los húmedos pliegues de sus labios vaginales, abriéndolos ligeramente, el interior también estaba más rosado, casi rojo, extremadamente húmedo, jugoso, enterré mi lengua en su interior, entrando como cuchillo filoso, profundo, hundiéndose, se retorció al instante, respingando y gimiendo de placer.

    Me encantaba chupar, saborear su sexo, mordisquear y hacerla gemir, se notaba abierto, dilatado, que allí había entrado un trozo de carne grueso, imaginé la verga de Arturo abriendo los pliegues de esa conchita, y como loco me prendí de su coño hundiendo mi cabeza y succionando sus fluidos, se sentía sensible, inflamada, caliente.

    -Eres una putita Adriana, tu dulce coñito está más húmedo que de costumbre, mmmm, que dilatado, chorreas como puta, te encanta, se nota que tienes ganas de verga, tu coñito pide verga, mami.

    Adriana se quedó callada, solo gimió un poco, mordiendo sus labios, tal vez pensando en que podría descubrir que estaba recién cogida, la miré a la cara, se ruborizó un poco, sonreí con su turbación, disfrutando que se pusiera tan nerviosa.

    Seguí explorando el interior del coño de Adriana y sentí el sabor inconfundible del látex, indudablemente Arturo se la había cogido usando condón, no encontré rastro alguno de semen, pero igualmente me puso cachondo el sabor del látex y hundí mi lengua hasta lo más profundo, haciéndola gemir nuevamente y arqueando su espalda, succionaba los labios de su coño, estirándolos, sus jugos empezaron a escurrir por su entrepierna y los lamí.

    Fui directo a su clítoris y me aferré a él al tiempo que inserté dos de mis dedos muy profundo en su coño, nuevamente se retorció, sentí que vibraba, temblaba, sus jugos escurrían por mis dedos y empecé a succionar y mordisquear su clítoris, los gemidos se hicieron más intensos y se retorció en la cama, con sus puños arañaba las sábanas y se aferraba a ella, y pronto empezó a convulsionar, sus jugos escurrían por mis dedos, empapándome toda la mano, estaba llegando al clímax, no solté su clítoris succionándolo más fuerte, las paredes internas de su coño apretaban mis dedos, se contraían y relajaban, provocado por los espasmos de todo su cuerpo.

    Poco a poco los espasmos fuero disminuyendo y su cuerpo se fue relajando, desfallecida, agotada, su respiración seguía agitada.

    -Ay Ariel, por Dios, ha sido el orgasmo más intenso de mi vida. Me vuelves loca.

    -Tranquila nena, que no he terminado-le dije y la hice voltear boca abajo.

    -No Ariel, no, no me vayas a hacer el culo, hoy no, no estoy preparadaaa -protestó Adriana

    No me importaron sus ruegos empecé a masajear sus lindas nalgas y abrirlas para explorar su rico agujero.

    -También tenía un tono más rosado que de costumbre, casi rojizo, se notaba que estaba recién usado y un poco inflamado, froté ligeramente la entrada con la yema de mi dedo, estaba sumamente sensible y Adriana dio un respingo al instante, lanzando un gemido agudo, seguí frotando, suave, sintiendo el contorno de su agujero, acariciando sus arrugas inflamadas, un suave masaje, aliviando el escozor de ese agujero maltratado, sentí una ligera humedad, un tanto viscosa, la froté contra otro de mis dedos y resbalaban al contacto, así que deduje que eran restos de lubricante, esparcí esa humedad por todo el agujero y empujé suavemente la punta de mi dedo, lento, para no lastimar a Adriana, su agujero se fue abriendo poco a poco atrapando la falange, estaba tan caliente que ardía, lo moví explorando sus paredes internas se sentían muy lubricadas, sensibles, el cuerpo de Adriana se tensó un poco, estirándose, apretando involuntariamente mi dedo.

    -Que rico culito, Adriana, que ardiente, siento que quema, ufff, cabrona, succiona mi dedo, quiere comerlo, tu culito pide guerra, quiere ser empalado, ¿sientes como palpita?, ¿Te gusta mi dedo en tu colita?

    -Siente como se contrae, que rico aprieta mi dedo, calientito, suavecito, tu colita se abrió sola al sentir mi dedo, sin empujarlo, y decías que por el culo no te gustaba, ¿te acuerdas putita?

    Nuevamente se quedó callada y su cara se puso roja como tomate, lanzó un suspiro, tal vez pensó que descubriría que su ojete estaba recién usado, fingí no darme cuenta.

    Abrí sus nalgas con mis manos y aspiré el aroma de su culo, sentí un ligero olor que reconocí al instante, era el lubricante que usaba Arturo con sus hembras, el que tenía estimulante y relajador muscular y que también había usado en múltiples ocasiones conmigo, entendí perfectamente porque tenía la colita tan sensible mi novia, y porqué entró tan fácil la punta de mi dedo, al menor contacto, acerqué mi lengua y probé su rico culo, indudablemente era el sabor del lubricante, pero había algo más, que no alcanzaba a distinguir, abrí más sus nalgas y empujé la punta de mi lengua, un poco más profundo, Adriana dio otro gemido y su cuerpo vibró y por fin percibí ese sabor saladito, ligeramente dulzón y ácido a la vez, el sabor inconfundible del semen de Arturo, así que pude comprobar que efectivamente Arturo se había cogido por el culo a Adriana y había depositado su rico y preciado néctar dentro de ella, no mintió cuando dijo que venía con la colita llena de leche, seguí explorando su culo y saboreando ese manjar, que llegaba a mi en un envase jamás pensado, a través del culo de mi novia, imaginé como la verga de Arturo explotaba dentro del culo de mi novia y lo llenaba de leche y me puse más cachondo todavía, por largo rato seguí comiéndole la colita, goloso, succionando todo su agujero con mi boca, saboreando la leche de Arturo, sin dejar escapar nada, mi novia se retorcía de placer, tanto que intentó apartar mi cara con una de sus manos pero no se lo permití, al contrario, más hundía mi lengua y succionaba su culo, Adriana vibraba, se estremecía, temblaba, su orificio palpitaba, se contraía involuntariamente al sentir mi lengua explorando su interior, empecé a sentir mi lengua caliente y con un ligero cosquilleo, seguramente el estimulante estaba haciendo efecto.

    -¿Me encanta tu culito de puta, que rico, siente como se abre con mi lengua, te gusta amor?, siente como te recorre por dentro, tu culito quiere verga, esta abiertito, dilatado, necesita más que una lengua para saciar su hambre.

    Mi verga estaba tan dura, como piedra, necesitaba sentirme dentro de Adriana y descargar, le di un par de nalgadas para excitarla y la puse en cuatro patas, empujando su espalda hacia abajo, buscando el ángulo correcto para recibirme, abrí sus nalgas, mi verga recorrió su rajita, desde su clítoris hasta el inicio de la espalda, siguiendo el surco que separa ambas nalgas, busqué su rico agujero, lo encontré, punteé despacio, no para penetrarla, solamente quería que sintiera el calor y dureza de la punta de mi verga.

    -Te gusta putita, estoy seguro que tu culito tiene hambre, lo vamos a satisfacer con un rico trozo de carne, siéntelo, vamos abre el culito, disfruta.

    -No Ariel, nooo, hoy no, por el culooo, nooo, metémela por la cuquita -imploró Adriana.

    Su culito estaba inflamado, rozado, estoy seguro que pensó que le rompería el culo y la lastimaría, pero sabía en carne propia el escozor que puede provocar la verga de Arturo, necesitaba su culo, quería sentirme dentro, su culo estaba más sensible que nunca, más caliente, recién cogida y quería percibir el semen depositado dentro y llenarla del mío, mezclando mi semen con el de Arturo, pero no quería lastimarla, así que poco a poco fui empujando, con mucha paciencia, esperando que su culito fuera abriendo solo, milímetro a milímetro, debía ser muy cauteloso, no quería que Adriana sufriera, solo darle placer, poco a poco a su culito se fue abriendo, envolviéndome la verga con su calor interno, se sentía delicioso, no pude evitar dar un gemido, el calor de su interior me estremeció, pero tenía que contenerme, controlarme para no embestirla, y lastimarla, empujando lento, muy lento, sintiendo como los espasmos de su culo succionaban suavemente mi verga, sus paredes internas se contraían y se relajaban, ajustándose al grosor de mi verga, pensé que iba a explotar, era tan ardiente, quemaba mi verga, intenté concentrarme y aguantar lo máximo posible, la colita pronto se ajustó al tamaño de mi verga y seguí avanzando, suavemente hasta que sentí mis huevos rozar contra sus nalgas, empalándola profundo y suave.

    Al sentir el roce de mis huevos en sus nalgas dio un respiro hondo y exhaló aliviada, al saber que ya había entrado toda, sin causarle dolor, o muy ligero, a pesar de que su colita estaba muy rosadita después de la cogida que le había dado Arturo.

    Se sentía riquísimo, empecé a gemir disfrutando de las contracciones internas de su colita, que se contraía y aflojaba, masajeando mi verga, las paredes internas palpitaban, al compás de los latidos de su corazón, como si culo y corazón estuvieran unidos, no podía creer la sensación del interior de su culo, muy lubricado, viscoso, pero una sensación diferente al lubricante de siempre, más viscoso, en mi mente deduje que era por la mezcla de lubricante y semen depositado dentro de mi novia, cerré mis ojos disfrutando las sensaciones y empecé a moverme, lento, muy lento, meciendo mis caderas hacía atrás y adelante, despacio, con cada movimiento los músculos internos de Adriana cedían cada vez más, su cuerpo vibraba, sus piernas temblaban, embistiendo lento, suave, pero profundo, alcancé a sentir un líquido gelatinoso que salía de su culo cada vez que mi verga retrocedía para nuevamente encularla y empezaba a escurrir por su perineo, saqué mi verga de su culo y un hilito espeso y viscoso acompañó la salida, pude ver que escurría por su colita un líquido blanco, espeso, y blanquecino, no hacía falta ser un experto para saber de qué se trataba, le estaba sacando con mi cogida el semen depositado en lo más profundo de su culo, me dio mucho morbo, no podía desperdiciarlo, así que con la punta de mi verga lo recogí, quedando depositado en la punta y empalé profundo a Adriana, regresando el semen de Arturo a su interior, dio un fuerte alarido, agudo, tal vez le dolió un poco, pero también fue un alarido de placer, ya que arqueó nuevamente la espalda para permitir que entrara más profundo, sus piernas le temblaban y no pudo mantenerse en 4, se echó hacia adelante, recostándose en la cama, seguí su movimiento con mi verga dentro de ella metida hasta lo más profundo, quedando sobre ella, su cuello y nuca quedaron al alcancé de mi boca y empecé a besar y aspirar su piel, alcancé a sentir un aroma muy ligero impregnado en su piel, que también reconocí, indudablemente era el aroma de la colonia de Arturo, el aroma me embriagó y seguí embistiendo, más rápido y profundo, mordisqueando el lóbulo de la oreja y resoplando en su oído, se retorcía y gemía, aullaba como zorra, como la puta que era, me excitaba oírla y tampoco pude contener mis gemidos, más que gemidos eran gruñidos, bufaba, estaba loco de placer.

    Mi verga entraba y salía cada vez más rápido chocando mi pelvis contra las nalgas de Adriana hasta que ya no pude aguantar más y estallé en un orgasmo intenso, mi cuerpo convulsionaba, mi verga empezó a escupir chorros de semen ardiente, inundando las entrañas de mi novia, que nuevamente dio un alarido de puta, al sentir mis chorros de leche, llenándola y sintiendo como mi verga se contraía y expandía al ritmo de los chorros de leche que descargaba dentro de su culo, empezó a convulsionar y retorcerse nuevamente explotando en una corrida intensa y fabulosa, sus jugos escurrían mojando la cama, junto con la leche que salía de su culo, una mezcla de las leches de Arturo y mía.

    Me desplomé sobre el cuerpo de mi novia hasta que salió la última gota, nuestros cuerpos sudaban, me costaba respirar, hasta que poco a poco mi verga dentro del culo de Adriana fue vibrando a un ritmo cada vez más lento y disminuyendo de tamaño, hasta que salió del culo de mi novia y me desplomé en la cama junto a ella.

    Adriana me dio un beso cachondo y posteriormente acomodó su cabeza en uno de mis brazos y se fue quedando dormida, agotada y exhausta, la dejé dormir, pobre, debería estar muy cansada después de dar placer a dos hombres en tan corto tiempo.

    Me quedé contemplando su hermosa carita, acariciaba su pelo, se veía tan inocente, angelical, nadie pensaría jamás que esa bella criatura fuera tan puta, mi dulce y recatada novia, la feminista, la que odiaba que los hombres usaran a las mujeres, la que no soportaba a las mujeres que andaban con varios hombres, acababa de ser cogida por dos hombres en el mismo día, con muy poco tiempo de diferencia, que la habían usado y preñado su hermoso culo.

    Así que mi novia durmió feliz y tranquila, pensando en que no me di cuenta que me había puesto los cuernos con Arturo y que llegó con la colita llena de semen y yo feliz de tener una novia tan puta, después de un par de horas la desperté y nos metimos a bañar ya que tenía que regresarla a su casa.

    Jamás conté esta experiencia hasta ahora, ya que si bien fue muy excitante, no se lo quise contar a Arturo, ya que seguramente lo hubiera excitado y probablemente se cogería con más frecuencia a Adriana, algo que aceptaba, pero no me agradaba del todo, Adriana tampoco supo nunca que sabía de sus encuentros con Arturo, los cuales se repitieron en dos ocasiones más, la primera fue una tarde después de clases, le dije a mi novia que no podría pasar por ella, ya que estaba haciendo un trabajo en equipo en la casa de un amigo que vivía lejos de la escuela y ya no podría llegar a tiempo y “casualmente” llegó Arturo cuando mi novia iba saliendo de la escuela para tomar un taxi, y se “ofreció” a darle un aventón, posteriormente llegué en la noche a su casa, pero ya no hubo forma de sacarla, quería cogerla, pero no pude, en la última tuve mejor suerte, fue un sábado que teníamos una de las famosas fiestas en la alberca del amigo de Arturo, en la cual no pude asistir por encontrarme “enfermo” de diarrea, en esa ocasión insistí en que fuera con Arturo y una de sus amigas para que no se perdiera la fiesta, no supe si sólo se cogió a Adriana o incluso a las dos juntas, ya que no me gustaba preguntarle cómo se cogía a mi novia, para mi era humillante, solo la vi en la tarde que fui a su casa y la invité a salir, diciéndole que ya me encontraba mejor y noté que estaba bañadita y olía al shampoo de Arturo, me la llevé a coger a mi departamento y la cogí duro e intenso, ya que me excitó mucho sentir el aroma del shampoo de Arturo en su pelo.

    Respecto a Arturo continuaron los encuentros algunos meses más, en los cuales me pidió realizar un sinnúmero de fantasías, pero había una que siempre me negué y nunca se cumplió que fue cogernos a Adriana y a mí al mismo tiempo, a pesar de que era muy insistente.

    Arturo era mayor que yo y cursaba ya su último semestre y se regresaría a Hermosillo a administrar los negocios de su familia, estaba un poco triste al saber que pronto marcharía. Alrededor de un mes y medio antes que terminara el semestre, me pidió realizar una fantasía muy especial, que todavía no sé cómo logró convencerme, pero fue tanta su insistencia que acepté para complacerlo, ya que sería uno de mis últimos encuentros con él, sin imaginar que realmente ese sería el último encuentro sexual con Arturo en mi época de estudiante, pero eso se los cuento en el siguiente relato.

    Si les gustó, háganmelo saber, mi correo es [email protected].

    Relato anterior:

    «Dominado por Arturo»

  • La mamá de mi cuate

    La mamá de mi cuate

    Hace algunos años, cuando estaba cerca de cumplir los 18,  un buen amigo mío, invitó al grupo de amigos a un vecino suyo, al que aceptamos sin problema, vivía con su mamá, una hermana menor y otro hermano mayor, nos empezó a invitar con frecuencia a su casa, su papá vivía en USA y tenía videojuegos de moda así como algunas novedades electrónicas de la época.

    El día de su cumpleaños 18 le organizaron una fiesta en una casa de descanso con alberca, hicieron carne asada, había cervezas y otros licores, en ese entonces yo sólo bebía cerveza.

    La fiesta inició temprano y por la tarde ya no había hielo, entonces la mamá del festejado me dijo si la podía acompañar por unos hielos porque empezaba a oscurecer y no veía bien de noche, me preguntó si sabía manejar, le contesté que sí y me dio las llaves, nos subimos al auto, me dirigí a la gasolinera, (No había Oxxos en aquellos años).

    En el camino hablamos cosas sin importancia, tanto que no las recuerdo, al comprar el hielo, pagó también unas cervezas y me preguntó si quería, acepté y de regreso bebimos una, antes de llegar me pidió que me detuviera, de pronto empezó a llorar, yo me quedé sin saber qué hacer ni qué decir, se disculpó conmigo y me comentó que su esposo era un hijo de la chingada, destapó otra cerveza y encendió un cigarro, me empezó a preguntar si ella se veía linda o si me parecía fea o gorda, la verdad es que estaba muy guapa y buenísima, no se lo dije así, sólo atinaba a decir que no era fea, tenía una blusa de tirantes sin manga y una falda de manta abajo de la rodilla, de piel bronceada y cabello rizado castaño.

    Empezó a llorar de otra vez, se disculpó nuevamente y me pidió que la abrazara, yo para ese momento ya tenía una erección que inició desde que me preguntó sí la veía fea o no, tenía un par de tetas riquísimas, que sentí cuando me abrazo, inesperadamente empezó a besar mi cuello hasta llegar a mi boca.

    Para ese momento yo estaba que no lo creía, excitado al máximo, pegó su cuerpo al mío aún más, subió su falda me tomó una mano y la puso sobre su muslo, con la otra mano tomó mi paquete y lo empezó a frotar, seguramente vio mi excitación se separó un momento y me dijo que estuviera tranquilo que respirara hondo, yo pensé que todo terminó ahí porque bajó del auto, pero no, me pidió que me pasara para atrás, así lo hice al igual que ella.

    Una vez atrás me preguntó que si era mi primera vez, le contesté que no, pero con una mujer mayor sí, ella con una sonrisa que aún recuerdo me dijo que sería mi maestra, me preguntó si había hecho un cunnilingus jajaja fue la primera vez que escuché el término (ella se encargó de que me quedara muy claro y nunca lo olvidara), seguramente mi cara de what le causó gracia y me dijo que después me enseñaría, inmediatamente tomó mis manos y las puso sobre sus tetas preguntando si me gustaban, yo me estremecí, y contesté con un débil sí, las movió en círculos y se dirigió a mi falo erecto, bajó mi short y empezó a lamer y chupar, yo seguía con mis manos torpes en sus tetas y pezones, después de un instante no pude más y eyaculé sacando mi pene de su boca, pero salpicando sus manos que uso como recipiente, me dijo que no había problema que me tranquilizara, después de limpiarse con kleenex y hielo tomó de nuevo mi pene flácido en ese momento y empezó a subir y bajar a lamer.

    No tardé mucho en tener otra erección, acomodó los asientos, me acomodó a mí y se subió a mi verga, sentí su interior húmedo y caliente, era una sensación deliciosa, subía y bajaba a diferentes ritmos, en momentos paraba, ponía mis manos en sus nalgas y me decía que las apretara, que besara sus tetas, me besaba también la boca moviendo la lengua de una forma increíble, finalmente sentí como me mojó yo pensé que se había orinado y me la quería quitar de encima, pero empezó a moverse más rápido y con más fuerza me jaló hacia sus tetas y siguió un poco más hasta que me vine de nuevo, se quedó abrazada a mi por un instante y me dijo que tenía muchas cosas que enseñarme, después supe que no sé había orinado y muchas cosas más, ese fin de semana fue increíble e inolvidable!!!

    Su hijo y yo no pasamos de ser cuates, nunca llegamos a ser amigos, así que no hay culpa!!!

  • El extraño y placentero regalo

    El extraño y placentero regalo

    Corría el mes de septiembre, me preparaba para festejar mi cumpleaños, para ese entonces me proponía prepararme, por lo que fui de shopping a comprar ropa nueva.

    Llevaba puesto mi mejor y cómodo vestido suelto, el cual debido a la temperatura era la mejor opción para ese momento.

    Estando en el shopping no paraba de probarme vestidos y ropa interior para mi gran evento de año, cuando de repente por la puerta del local paso una figura masculina la cual me llamo la atención ya que ese mismo hombre me lo cruce varias veces dentro del mismo shopping, cruzamos miradas y sonrisas y esto empezó a generar un cosquilleo dentro de mi triángulo amoroso, pasado un rato nos volvimos a encontrar dentro de un local, y no sé por qué lo salude, eso genero una rápida respuesta de el a lo cual me correspondió el saludo y me dijo si quería tomar algo con él, le respondo que si tímidamente que no había ningún problema.

    Nos fuimos a un café y empezamos a entablar una conversación la cual se basó en preguntar sobre ambos a fin de poder conocernos un poco más, en eso empezamos a llevar la charla para el lado del sexo lo cual me empezó a generar mucho calor dentro mío, en un momento de la charla me pregunto que me gusta que me haga un hombre, a lo cual yo algo nerviosa respondí «Eso lo tendrás que averiguar», en ese instante y sin titubear llamo a la mesera y le pidió la cuenta sin decirme una sola palabra, me tomo sorpresivamente de la mano y me dijo, acompáñame.

    Me llevo a unas de la salidas de emergencia del centro comercial, la cual estaba vacía, y empezó a besarme de una manera frenética, la cual, correspondí de la misma forma, ese beso hizo que todo mi ser estuviera en llamas y al unísono toda en mi interior estuviera mojada, subiendo mi temperatura a niveles explosivos, en esos momentos nuestras lenguas se entrelazaban y sus manos empezaron a recorrer mi cuerpo, mi vestido comenzó a elevarse entre sus manos los cuales encontraron mi cola.

    Mi más maravillosa tanga hilo no fueron obstáculo para sus manos, el me acariciaba y en un acto reflejo mis manos ya estabas sobre su bragueta acariciando por fuera una pija la cual se encontraba dura y pedía que la saquen de la jaula. Empecé una masturbación suave y poderosa con mis manos ya mojada en mi saliva, no espere mucho tiempo para poder bajar y meterme esa hermosa pija en la boca la cual empecé a degustar con tremenda excitación, mi concha estaba empapada una de mis manos acariciaba mi clítoris, la otra estaba sobre esa pija que no paraba de entrar y salir de mi boca, la chupaba le pasaba la lengua como si fuera un helado succionaba y miraba al rostro de mi amante el cual reflejaba un grado de excitación muy grande, pero por dentro no quería que el acabara sin antes poder sentir en pija dentro mío, me acerque a él y le dije al oído, «metemela toda», el me coloco sobre la escalera con las piernas abiertas me saco la tanga, su cara estaba metida dentro de mi entrepierna, mis jugos inundaron su cara ni bien su lengua rozo mi clítoris.

    Ese atrevido y maravilloso sexo oral que me estaba haciendo me provocaba acceder a varios orgasmos de mucha intensidad los cuales a saber que estábamos en un lugar público lo hacía más perverso, una vez que mis piernas no paraban de temblar, mi amante se levantó me apoyo de frente a la pared y comenzó a introducir su pija dentro mío, la verdad que al estar tan mojada entro sin pedir permiso, el ritmo fue estremecedor, rápido, despacio, golpeteo hasta que un fuerte e intenso orgasmos ingreso dentro mío.

    La respiración de mi amante se aceleró, en ese momento dije bueno esto ya se terminó habría obtenido mi regalo de cumpleaños, pero estaba equivocada. La cosa recién empezaba me dijo, y comenzó a devolver mi vestido en su lugar, mi tanga en su bolsillo y me tomo del brazo… Nos vamos sin decir nada, lo seguí, nos dirigíamos al estacionamiento y de ahí nos fuimos a su casa, en el viaje me recosté sobre sus piernas le baje el cierre de su tan ajustado jean y chupándosela lo prepare hasta que llegamos a su casa, entramos y en un segundo ya estaba completamente desnuda tirada en la cama y mi amante haciéndome un sexo oral impresionante lo cual me hizo tener orgasmos increíbles.

    Una vez que me recompuse lo tire en la cama, me subí y empecé a cabalgarlo hasta que me llene de semen por dentro, era un vaivén hermoso hasta que de pronto sentí su temblar dentro mío, me recosté al lado de él y nos miramos como no sabiendo que hacíamos en ese momento juntos, nos reímos y nos besamos… paso un rato y sin decir palabra alguna me empecé a vestir y me fui de su casa mirándolo a los ojos sin decir ninguna palabra le agradecí este extraño y placentero regalo.

  • Mi nuevo departamento

    Mi nuevo departamento

    Para ocupar mi nuevo puesto, debo mudarme a otra ciudad. Dicho traslado incluye el reacomodamiento en un nuevo domicilio. Pasaré de dormir en una casa de 15 metros cuadrados, a dormir en el piso 20 de un departamento con vista a media ciudad. Mi sueldo aumentará a más del doble de lo que era. Mudarse de ciudad no es fácil para nadie, de ahí el porqué de tantos halagos por parte de la empresa. Lo que ellos no saben es que me están haciendo un favor, ya que este es el cambio de ambiente que mi vida necesita en este momento.

    Enrique es mi nombre y con 42 años de edad acabo de ser promocionado a Gerente de Recursos Humanos.

    Al poco tiempo que comienzo a trabajar, la nostalgia hacia mi ex esposa se hace más intensa. Pues su ausencia no solo se nota en la cama al despertarme todos los días, sino también al llegar del trabajo y encontrarme con un departamento enorme, oscuro y sin nadie que me acompañe a cenar. Vivir solo exige un esfuerzo extra. Las labores domésticas como limpiar y cocinar ahora también están en mis manos. Trabajar de gerente lleva más horas de las que estaba acostumbrado, y sumar a eso que al llegar a casa debo prepararme mis comidas pues hace que mis momentos de descanso sean casi nulos. Eso es lo que me motiva a buscar una empleada doméstica que me ayude con los quehaceres.

    Para ese entonces ya ha pasado casi un mes desde que me mudé. Mi rutina incluye una jornada de ejercicios en el gimnasio, el cual se encuentra en la planta baja del edificio. Una de las típicas costumbres que acontece un divorcio es mejorar el aspecto físico. Mi cuerpo ya estaba aceptable antes de separarme, y ahora con el ejercicio está mucho mejor.

    Al subir en el ascensor de regreso a mi piso, una vecina anciana que vive dos departamentos debajo del mío, me cuenta que se enteró que yo estaba buscando una empleada doméstica. Dijo que conoce a una mujer que ya ha trabajado limpiando y cocinando en su departamento, y según ella es muy confiable y responsable. Le doy mi tarjeta con mi número para que se lo pase a esa mujer.

    Al día siguiente, estoy sentado en mi oficina redactando junto a mis asistentes el nuevo formato de liquidación de sueldos. Mientras tengo la mirada fija en la computadora, mi celular empieza a sonar. Es un llamado de un número desconocido. La voz de una mujer joven se oye del otro lado del teléfono. Me dice que mi vecina le pasó este número para comunicarse conmigo. Tal parece que en este momento está desempleada y está dispuesta a escuchar mi oferta de trabajo.

    En la mañana del sábado siguiente, me pongo a reacomodar algunas cosas del departamento para que cuando Julia llegue no note mi desorden. Julia, así es como me dijo que se llamaba. El timbre sonó y yo abrí la puerta. En cuanto la veo, noto que no me equivoqué al sospechar de lo joven que era. Pero en lo que sí me equivoqué, fue en no haberle comentado mucho antes a mi vecina que necesitaba una empleada, para que así me recomiende a esta mujer.

    La hago pasar y le pido que se siente en el sofá de la sala. Ella gira la cabeza haciendo un paneo breve del enorme departamento antes de sentarse. Yo me coloco en el otro extremo del sofá y le pido que me cuente algunos detalles de su vida. Ella con mucha cordialidad, empieza diciéndome que tiene 28 años y que vive sola con su única hija de 9. Actualmente está desempleada y vive de la cuota que recibe de su ex pareja y de alguna ayuda que le dan sus padres. Está terminando un curso de repostería y espera dedicarse a eso a partir del próximo año. Yo hago lo posible por mantener mi concentración en escucharla y no tanto en mirarla. Pero ella trae puesto un jean azul acampanado y una blusa rosada con tirantes que me lo hacen muy difícil. Sin mencionar el lacio de su cabello y la claridad de sus ojos.

    Hacemos un pequeño recorrido por el departamento para enseñarle las áreas a asear, como así también dónde están y cómo funcionan los electrodomésticos de la cocina. En un momento ella se coloca delante de mí y se agacha a observar el interior del horno. Pareciera ser que le hicieron el pantalón a la medida de sus partes, ya que la redondez de sus nalgas se marca a la perfección.

    Respondo un par de dudas más que ella tiene y después si más, me dice que está preparada para aceptar el trabajo. Ella tiene el cien por ciento de mi admiración, pero no el cien por ciento de mi confianza, así que antes de cerrar el trato decido mostrarle una cosa más.

    Le pido que me acompañe a mi habitación un momento. Estando allí, abro el armario que está junto a mi cama y le enseño el equipo de vigilancia que resguarda el departamento cuando yo no estoy. Hay cámaras de seguridad en cada habitación del departamento. Todas las grabaciones se guardan en una nube en línea. El sistema continúa funcionando aun cuando haya apagones de energía. Y además de eso, puedo conectarme en vivo con cada una de esas cámaras desde mi celular. Todo esto es una forma de decirle que me daré cuenta si hace algo indebido mientras no estoy.

    Ella lo entiende a la perfección y me da su palabra de que solamente vendrá aquí a trabajar. Explicado eso no hay más nada que decir. Ella acepta los términos del empleo y yo le doy una copia de las llaves del departamento.

    Comienza a trabajar al lunes de la semana siguiente.

    Llega al departamento a las cuatro de la tarde de forma puntual y vestida con la misma voluptuosidad que la vez pasada. Yo estoy en mi trabajo pero la observo en vivo desde mi celular. Lo hago cada veinte minutos constatando que todo marche bien.

    Ella trapea los pisos, lava las vajillas, limpia los espejos del baño y tiende la cama de mi habitación. En ningún momento alza la cabeza para mirar las cámaras. Se comporta con el mismo decoro del que la vecina anciana me habló.

    Cuando finaliza mi jornada en la empresa y vuelvo a mi departamento, la comida está en una bandeja en la mesa y tapada para que no se enfríe. Incluso los cubiertos ya están colocados y listos para uno siente a comer. Julia ya se ha ido hace como una hora. Se fue con la misma puntualidad con la que llegó. Lo único que quedó de ella fue el dulzor de su perfume en el aire a mi alrededor.

    Es evidente que me siento atraído hacia ella y no solo por su aspecto físico, sino también por la forma en que contribuye a que mi nueva vida sea más llevadera. Aquella engorrosa nostalgia hacia mi ex esposa comienza a desaparecer.

    Durante las siguientes semanas, ella continúa viniendo todos los días y realizando sus tareas de manera impecable. Mi desconfianza va desapareciendo así que ya no la vigilo tan seguido, y las pocas veces que lo hago, no es para controlarla sino para contemplarla. Siempre se va antes de que yo llegue, así que no tenemos muchas ocasiones para estar a solas y conversar. Si quiero lograr que este vínculo empiece a avanzar hacia algo más, me parece que yo debo dar el primer paso. Para eso, primero tengo que encontrar la forma de llegar más temprano de trabajar.

    Siguiendo el ejemplo de mis holgazanes superiores, cambio mis horarios de trabajo. Todas las labores interpersonales que realizaba en la oficina las pasé para las primeras horas, y las actividades fáciles de escritorio quedaron para el final de la jornada. De ese modo puedo retirarme antes y terminar esas tareas desde casa.

    Es un miércoles a la noche donde termino llegando casi dos horas antes que lo de siempre. Julia se encuentra amasando unos espaguetis en la cocina. Por supuesto que se sorprende al verme entrar por la puerta tan temprano, pero no se dedica a preguntar ni cuestionar nada. El dueño del departamento soy yo después de todo.

    Nos saludamos y voy a mi habitación a cambiarme. Me desanudo la corbata y me quito la camisa dejando ambas sobre la cama. Empiezo a desabrocharme el pantalón para luego bajármelo y quedarme en bóxer. Me acerco hasta el ropero y me pongo a buscar los shorts que casi siempre uso después de llegar a casa. Es lo que me hace sentir cómodo.

    *Toc* *Toc* *Toc*

    –Disculpe señor ¿Desea que le prepare un café o una bebida ahora que está aquí?

    Sin abrirla, Julia me habla del otro lado de la puerta ofreciéndose a prepararme algo. Yo aún semidesnudo, me acerco un poco para decirle que no hace falta, que yo mismo me lo prepararé al salir. Ella lo acepta y regresa de nuevo a la cocina.

    Ahora que lo pienso, ante la presencia de ella lo mejor sería usar una vestimenta más atrayente que la de entrecasa. Así que tomo del armario unos jeans azules, una camiseta blanca y una camisa a cuadros desabotonada. Voy hacia la cocina a prepararme mi trago. Julia empieza a pasar la masa sobre la máquina para pastas. Cuando me ve venir ojea mi vestimenta un par de segundos y luego sigue en lo suyo. Yo miro hacia otro lado fingiendo que no me doy cuenta.

    Abro la heladera, tomo una cubitera del freezer y luego saco una botella de ron Bacardí blanco de la gaveta de arriba. La cocina tiene una mesada de mármol pegada a la pared y una isla de mármol donde se encuentran las hornallas. En medio de ambos un pasillo para transitar. Julia y yo estamos espalda con espalda. Ella en la isla preparando los espaguetis y yo en la mesada preparando mi trago. Delante de mí está la tostadora plateada, cuyo reflejo me permite ver sus partes traseras sin la necesidad de voltearme. Su ajustado pantalón blanco junto con el fondo negro contrasta la redondez de sus curvas a la perfección. Me tomo mi trago sin quitarle los ojos a ese espectáculo. Hipnotizado como si fuera el primer trasero que veo en mi vida.

    –¿Le gusta? –Me pregunta ella.

    –Qué cosa.

    –La comida que estoy preparando.

    –Oh sí. Sí me gusta. Bueno… en realidad esa respuesta se la tendré que dar después de comer.

    Tomo un sorbo para calmar mis nervios.

    –Honestamente la pasta casera no es mi especialidad –dice ella girando a verme.

    –Y cuál es tu especialidad.

    –Supongo que lo relacionado a la repostería. Cosas dulces con crema, confites, bombones, fresas, chispas y eso.

    –Si gustas puedes echarle un par de bombones a esos espaguetis, no me molesta.

    Una carcajada espontánea surge de ella y se larga a reír. Yo le respondo con una sonrisa de satisfacción. Fue un chiste malo, pero al menos sirve de puntapié inicial para que entremos en confianza y empecemos a hablar de una forma más liberada.

    Me quedo charlando con ella el resto del tiempo que termina de cocinar. Cada vez que le comento un detalle de mi vida, le surge otra pregunta para hacerme. Las cosas principales de las que le hablo son de mi reciente divorcio, aunque cada vez que me pregunta la causa cambio de tema. También le hablo del ascenso que tuve en la empresa y el hecho de que a pesar de haber estado casado nunca tuve hijos. A modo de contra-pregunta, le pido que me comente qué se siente tener hijos, y cómo es la vida de padres. Julia me da detalles de lo que fue el fugaz periodo que vivió junto al padre de su hija, y cómo pasó estos últimos tiempos donde no le permitió a ningún hombre tomar ese lugar aún. Así, y sin darse cuenta, Julia me terminó dando el único detalle que estuve buscando en este tiempo de charla. Me dijo que estaba soltera.

    El tiempo pasa volando y cuando nos damos cuenta los espaguetis ya están listos. Julia se va a poner a preparar los utensilios en la mesa, pero le digo que yo mismo los colocaré más tarde cuando me siente a comer. Aún es temprano.

    Pero para ella es tarde. Su hora de irse ha llegado. Toma su bolso y su abrigo y se marcha, pero no sin antes agradecerme por la charla y la cortesía.

    –Me gustaría quedarme a seguir charlando pero debo regresar con mi hija –me dice mientras la acompaño a la puerta.

    No creo que lo esté diciendo solo por amabilidad, creo que realmente disfrutó de mi compañía. Se va pero esta vez me deja algo más que su comida o su perfume. Y es una enorme sonrisa de satisfacción en mi rostro que me dura el resto de la noche.

    Lo que pasa el resto de la semana es muy parecido a lo de esa noche. Yo continúo viniendo temprano con el pretexto de que mi horario se ha reducido. No solo nos ponemos a charlar sino que a veces hasta le ayudo a cocinar. A pesar de que soy un hombre de 42 años y ella una hermosa joven de 28, esa diferencia de edad no influye en nada a la hora de comunicarnos.

    Varios días después, empiezo a sentir un interés especial de ella hacia mí. Es en ese momento que decido hacer una jugada muy arriesgada. En lugar de invitarla a salir, opto por hacer todo lo opuesto. Dejo de venir temprano y empiezo a llegar después de que ella se va. No le digo a Julia que voy a empezar a llegar más tarde así que queda sorprendida e intrigada durante esos días. Yo la observo con mi celular desde mi trabajo. Ella no deja de mirar hacia la puerta cada cinco minutos esperando por mi llegada. No es mi intensión hacerla sufrir, solo quiero ver si su interés hacia mí aumenta durante mi ausencia. Y tal parece que la estrategia funciona.

    Nos volvemos a ver el siguiente sábado a la mañana cuando viene al departamento a retirar su pago. Me excuso diciendo que tuve mucho trabajo esta semana y por eso no pude llegar temprano. Ella lo entiende a la perfección y no solo eso, sino que para mi sorpresa, me confiesa que se sintió un poco sola trabajando en el departamento sin mi compañía, y que estuvo esperando con ansias este día para volverme a ver. Al escuchar eso, pienso que si ella no tiene temor en expresar su apego hacia mí, yo tampoco lo debo tenerlo. Decido dar el gran salto de una vez. Le propongo recuperar el tiempo perdido y salir a cenar esa misma noche.

    El pudor que expresa su rostro es bastante evidente. Como el de una quinceañera que acababa de recibir una carta con corazones del chico que le gusta. Se siente bastante halagada por la propuesta y me confiesa que se muere de ganas de aceptarla, pero que esta noche no va a poder ser, ya que le prometió a su hija que irán a casa de sus abuelos todo este fin de semana. Le digo que no hay problema y que lo podemos dejar para otra ocasión. Qué otra cosa le puedo decir. Ella vuelve a agradecerme por la propuesta y después se marcha. Quizá no podamos salir esta noche pero al menos ya queda demostrado el interés que sentimos el uno al otro. Tal vez cuando nos volvamos a ver el lunes, ocurra algo más que solo una charla. Cuando llegue temprano y estemos los dos solos en el departamento, quizá hagamos algo más que solo hablar.

    Por desgracia nada de eso ocurre. Ese lunes siguiente yo vuelvo a llegar tarde. Un par de horas después que ella se va. Pero esta vez no es a propósito. Por un exceso de trabajo y una crisis en nuestra área, todo mi equipo de Recursos Humanos tiene que quedarse a hacer horas extras. No solo llego tarde ese lunes sino que también todo el resto de la semana. Lo que antes había sido una excusa ahora se vuelve realidad.

    Justo cuando pienso que voy a tener que esperar hasta el próximo sábado para volverla a ver, ese viernes se abre una ventana de oportunidad. En la oficina solo nos quedan algunas actividades que no son muy urgentes y decido pasarlas todas para el próximo lunes. Después de una semana de tortura, nadie de mi área se opone ante esa decisión. Todos quedamos de acuerdo en salir más temprano.

    Cuando llego al departamento y empiezo a subir en el ascensor, observo mi reloj y son las 19:45. El auto de Julia está estacionado enfrente, significa que aún no se va. Cuando finalmente abro la puerta y entro, ella desde la cocina me oye ingresar y gira la vista hacia mí. Su rostro se ilumina con una sonrisa felicidad. Más bien yo diría que es una sonrisa de satisfacción, estoy seguro. Lo sé porque es exactamente la misma sonrisa que yo tengo.

    Está más hermosa que nunca. Su blusa amarilla por demás escotada mostraba a detalle la redondez y dureza de sus abundantes pechos. La brillantez de sus ojos solo se compara con la brillantez de su cabello lacio.

    Me acerco a ella casi sin parpadear y nos saludamos con algún que otro tortoleo. Ella está terminando de cocinar un par de pizzas caseras con cebolla y morrón. Yo me quito el saco y me quedo en la cocina a ayudarla. Todo mientras charlamos de lo ausente que volví a estar esta semana. Por desgracia la conversación no dura mucho, ya que como se sabía, su hora de irse no tardó en llegar.

    Las dos pizzas quedan terminadas y guardadas dentro del horno para que no se enfríen.

    –Me gustaría quedarme a comer esas pizzas contigo Enrique, pero debo irme a casa a quitarme este olor a cebolla –bromea ella mientras se pone su abrigo preparándose para marcharse.

    –Lo sé –respondo– Además tu hija debe estar esperándote.

    –En realidad… a mi hija le toca estar con su padre todo este fin de semana. Así que voy a estar sola en casa cuando llegue.

    Ese comentario hace que se me alce una ceja. ¿Lo dijo para insinuarme algo? Tal vez sí, tal vez no. Sea como sea, creo que estoy ante la oportunidad que he estado esperando.

    –Esas dos pizzas se ven deliciosas pero no creo que pueda comérmelas yo solo –le digo– Si gustas puedes quedarte y hacerme compañía.

    –¿Qué? ¿De verdad? –Pregunta ella.

    –Así es. Creo que es la mejor oportunidad de tener la cena que no pudimos la vez pasada.

    –Tal vez tengas razón. O sea que si me quedo va a ser como una especie de cita. No sé si estoy bien vestida para eso.

    –Yo creo que te ves radiante así como estás.

    Inclina la cabeza y lanza una carcajada en señal de sonrojo.

    –Vaya. Tú sí que no tienes miedo de ser osado –comenta ella con una mirada provocativa– Okey… Creo que aceptaré tu invitación. Me quedaré a cenar contigo.

    –Perfecto, gracias.

    –Aunque… solo lo haré con una condición.

    –¿Cuál condición? –Le pregunto.

    –Que te quites la camisa.

    –¿Disculpa?

    –Debes cambiarte esa camisa blanca antes de sentarte a comer –explica ella– No vaya a ser que la manches como las otras.

    –Yo nunca mancho mis camisas comiendo.

    –¿Olvidas que soy yo quien lava tu ropa? –Ironiza seguido de una sonrisa.

    Tengo que darle la razón. Es curioso que ella tenga olor a cebolla y el que deba cambiarse de ropa sea yo.

    Abro el ropero de mi habitación y me coloco unos jeans oscuros y una camisa celeste. Paso al baño que queda frente a mi habitación (del otro lado del pasillo) y estando frente al espejo, aprovecho para peinarme. Me desabotono un poco la camisa para observarme el torso. Mi pecho y mis abdominales dan prueba del ejercicio que llevo haciendo hace tiempo. Yo solo buscaba mantener un estado saludable, pero al parecer obtuve más que eso. Me vuelvo a abotonar la camisa y regreso a la sala.

    Por el ventanal del balcón se observan algunos relámpagos de una tormenta que se acerca. Aún es algo temprano para cenar, así que solo nos sentamos en el sofá de la sala mientras yo sirvo un par de copas de vino.

    Empezamos a tener una charla más intensa que las veces anteriores.

    Me comienza por contar los detalles de su separación. Dice que la tormenta llegó hace como un año, cuando ella descubrió que su novio estaba teniendo una aventura. Pero no fue la infidelidad lo que más la impactó, sino que su pareja la estaba engañando nada menos que con otro hombre. Su novio ocultaba un lado homosexual.

    Escucharlo era chocante, pero no imagino lo que para ella habrá sido vivirlo.

    –Si me hubiera engañado con una mujer, al menos podría competir –ironizaba ella– Pero no sirve de nada volverse más bella si a tu hombre le gustan otros hombres.

    Eso marcó el fin de la relación. Como cualquier separación, acordaron la cuota alimentaria y los días de custodia de su hija. Su ex pareja se marchó a vivir a un departamento, sigue viéndose con otros hombres pero aún no sale del closet. La única razón por la que mantiene su cuota al día es porque Julia le guarda el secreto. Y yo que antes me preguntaba cómo es que alguien puede abandonar a una mujer tan especial como Julia. La única respuesta posible era que ese hombre fuera gay. Y así fue de hecho.

    Para estas alturas de la noche ya estamos en la mesa comiendo. Las pizzas que cocinó quedaron por demás deleitosas. Destapamos la segunda botella de vino y nos volvemos a sentar en el sofá con nuestros estómagos por demás satisfechos. Por el ventanal se pueden ver las primeras gotas de lluvia de un cielo que parece que se va a desmoronar.

    –Supongo que ahora es tu turno –Julia me sorprende con ese comentario.

    –Mi turno de qué.

    –Quiero escuchar el motivo de tu divorcio. No creo que sea peor que el mío… ¿O sí lo es?

    –Bueno… digamos que fue por un motivo diferente, pero tuvo la misma consecuencia.

    Se toma un sorbo de su copa y dispone su atención en escuchar mi historia. Yo ya le he contado que mi proceso de separación está en un 90 por ciento, y que quedan un par de audiencias más antes que todo termine.

    A diferencia de ella, en mi caso no hubo infidelidades ni secretos ocultos. No fue culpa de ninguno de los dos. Solo sé que cuando pasó lo que pasó, la confianza ya no fue la misma y decidimos dar por terminado un matrimonio de 8 años. Para cuando empezamos a tramitar los papeles ella ya vivía en otro departamento. El proceso se simplificó ya que no teníamos hijos de por medio. Y a pesar de que mudarme aquí fue un gran salto laboral y económico, nunca pude disfrutarlo del todo por tener que estar lidiando con una separación.

    Julia me vuelve a insistir con que le cuente el motivo exacto de mi rompimiento. Yo solo argumento que es algo que me avergüenza detallar en voz alta, pero que no descarto decírselo en otro momento.

    –¿Al menos puedes decirme si aún la extrañas?

    –Los primeros días después de mudarme lo hacía –le digo– Pero un día sin darme cuenta, lo empecé a superar.

    –¿Qué te ayudó a superarlo?

    –Digamos que en esta nueva ciudad tengo algo especial, que hace que mi nueva vida sea más llevadera.

    –Lo sé –sonríe– Tu nuevo y lujoso departamento.

    –No. No me refería al departamento.

    Queda mirándome a los ojos en completo silencio, al mismo tiempo que sus ojos se van iluminando. Luego… llega lo inesperado.

    Un súbito trueno cae sobre el edificio provocando que las luces se apaguen. La oscuridad y el silencio se hacen presentes de un segundo al otro. Julia y yo quedamos solos en el departamento rodeados de oscuridad. Afuera una tormenta tan inmensa que parece que será difícil que se pueda ir a su casa.

    Es la primera vez desde que me mudé que la electricidad del edificio se va a causa de una tormenta. El apagón abarca varias manzanas de los alrededores. Por la ventana se observa lo bastante oscuras que quedaron las calles. Los destellos de luces provenientes de los rayos ahora se denotan aún más con la llegada de la oscuridad.

    Después que nos reponemos de la sorpresa, Julia y yo encendemos unas cuantas velas para iluminar la sala.

    –Ya es algo tarde –dice ella con algo de pena en su tono– Me he quedado más tiempo del que planeé. Creo que llegó el momento de ir a descansar.

    Me toma por sorpresa. No quiero que se vaya en este momento. Es cuando más estoy disfrutando su presencia.

    –Hay mucha oscuridad en las calles, además has bebido demasiado. No sé si sea bueno que conduzcas así –buenos argumentos se me vienen a la mente.

    –¿Acaso me estás proponiendo quedarme a dormir? –Pregunta ella aplanando sus párpados.

    –No a menos que tú quieras.

    Por favor que diga que sí quiere.

    –Eres cálidamente gentil, no cabe duda. Pero no quiero abusar de tu hospitalidad. Además… no sería correcto.

    –Correcto o no da igual. Si estás cansada puedes quedarte a dormir en mi sofá por un rato e irte cuando la electricidad regrese. Después de todo tienes tu copia de la llave.

    –¿Siempre le encuentras una solución a todo? –Pregunta con una sonrisa de sonrojo– Pero la cosa es que… –su sonrisa empieza a desaparecer– Si yo acepté que no me contaras el motivo de tu divorcio, tú también deberías aceptar mi decisión de irme. Sería lo justo.

    Las dos botellas que bebimos no afectaron su capacidad de análisis. Si realmente piensa así no la voy a cuestionar. Me dice que se quedaría solo un rato hasta que la tormenta se aliviane, luego de eso se irá en su auto sin importar si la electricidad ya regresó o no. No se me ocurre ninguna otra cosa para hacerla cambiar de opinión.

    Los minutos siguientes los dedicamos a juntar los utensilios sucios de la mesa y llevarlos a la cocina. Incluyendo las copas con las que estuvimos bebiendo. La tormenta parece estar lejos de alivianarse. Me dice que no era necesario que me quede con ella hasta que se vaya, que puedo irme a dormir si lo deseo. Creo que es porque se me nota demasiado lo cansado.

    Pero antes de dormir necesito ducharme. Los pasillos están en oscuridad total, así que tomo una vela de la sala para iluminar el camino a mi habitación. Allí me quito los zapatos y saco una toalla del armario. Paso al baño que está del otro lado del pasillo y cierro la puerta. O más bien… la iba a cerrar. Pero en ese último segundo decido dejarla un poco entreabierta. No sé si lo hago por rebeldía o por morbo, solo sé que con la presencia de Julia me dan ganas de dejarla así.

    Coloco la vela en un pequeño anaquel que está junto a la ducha. Empiezo por desabotonarme la camisa, sacármela y dejarla en el cesto. Prosigo a desabrocharme el cinturón y bájame el cierre del pantalón. Me lo estiro hacia abajo quedándome en bóxer, y termino de desnudarme cuando me lo quito y dejo ambas prendas en el cesto. Desnudo de pies a cabeza entro a la ducha y cierro la corredera de cristal. Mi miembro no está erecto pero sí un poco más engordado de lo normal. No veo a nadie ni escucho ningún ruido en el pasillo.

    Abro el agua tibia y empiezo a enjuagarme el pelo. Me masajeo con mis manos esparciendo el agua por todo mi cuerpo. Tomo el jabón y lo recorro por mi pecho y mis abdominales haciendo espuma. Lo paso por mis hombros y luego sobre mis duras nalgas. Cuando me estoy enjabonando el miembro me detengo un poco en mis testículos, después empiezo a masajearme el largo. Vuelvo a enjuagarme todo el cuerpo mientras esparzo la espuma que queda en los músculos de mis brazos.

    Cuando me queda poco para terminar, un sonido extraño aparece desde la puerta del baño. El vidrio opaco de la ducha sumado a la oscuridad de la casa no me permite ver lo que es. Abro la corredera de cristal para mirar hacia la puerta, no veo a nadie ni nada que pudo provocar ese ruido. Vuelvo a cerrar la corredera y termino de bañarme enjuagándome todo los restos de jabón. Me seco con la toalla que traje y me la envuelvo en la cintura.

    Tomo la vela y camino hacia mi habitación para vestirme. Pero antes de entrar, veo a Julia viniendo hacia mí desde la sala también con una vela. Parece que tiene algo para decime. Yo con el cabello mojado, envuelto con la toalla y con el torso descubierto, me quedo donde estoy.

    –¿Ocurre algo? –Le pregunto.

    –Cambié de opinión –dice quedándose frente a mí a un paso de distancia.

    –Sobre qué.

    –Voy a quedarme a dormir en tu sofá.

    –E… ¿En serio?

    –Sí –responde con seguridad– Pero solo con dos condiciones.

    ¿Más condiciones? Espero que esta vez no tenga que ver con mi ropa.

    –¿Cuáles condiciones? –Pregunto.

    –Que me prestes tu baño para ducharme yo también. Quiero quitarme este olor a cebolla antes de dormir.

    –No hay problema, puedes usar mi ducha con gusto. Aunque no sé qué te vas a poner después. O acaso trajiste ropa para cambiarte.

    –No. No la traje. Esa es la segunda condición de hecho. Quisiera que me prestaras.

    Sí tiene que ver con mi ropa después de todo. Le digo que entre al baño a ducharse mientras yo le busco algo que le quede. Entra con su vela y a diferencia de mí, ella sí cierra la puerta.

    Saco del armario una camiseta y un short deportivo. No es una prenda muy refinada pero al menos le va a servir para dormir cómoda. Aún no puedo creer que haya cambiado de decisión tan rápido. No tengo idea si me estuvo espiando desde la puerta o no. No hay forma de saberlo. No tengo ojos en todas partes. Un momento… ¿Ojos en todas partes? ¡Eso es!

    Abro el armario que está junto a la cama y me encuentro con el equipo de vigilancia que resguarda el departamento. Las cámaras siguen funcionando aún con apagones de energía y hasta tienen visión nocturna. Me pongo a revisar los últimos diez minutos de filmación del pasillo. Cuando llego a la hora y minuto indicados, finalmente me puedo sacar la duda. Veo a Julia acercarse muy despacio a la puerta del baño casi en puntitas de pie. Asoma su cabeza y se queda espiando por casi un minuto. Se lleva una mano a su entrepierna para acariciarse la vagina por encima de la ropa. Y cuando se da la vuelta para marcharse, su zapato resbala en el piso y ella se apoya en la pared para no caerse. De allí vino el sonido.

    La mujer por la que me muero de deseo se estuvo manoseando en la oscuridad mientras me veía desnudo. Me pongo a pensar en alguna razón para no hacer lo que mi cuerpo me está pidiendo, y no se me ocurre ninguna.

    Abro uno de los cajones de mi mesa de luz y saco un preservativo. Tomo mi vela y me empiezo a dirigir al baño, aún envuelto con la toalla en mi cintura. Abro la puerta con bastante normalidad sin pretender ser sigiloso. El ruido del agua y del jabón cayendo tapa mi entrada. Gracias a que ella puso su vela en el anaquel junto a la ducha, puedo ver la silueta de su cuerpo a través del cristal opaco. Está de espaldas a la puerta y aún no nota mi presencia. Pero solo basta con que se voltee para que perciba a la distancia la luz de mi vela.

    Queda algo estática por unos segundos. Yo no digo nada. Dejo que el silencio hable. Cubriéndose los senos, corre muy despacio la puerta de cristal para observarme. Pero gracias a eso yo también la puedo observar. Toda su piel está empapada y con algunos restos de jabón. La voluptuosidad de sus curvas desnudas transmite un erotismo magistral. Una espuma oportuna me tapa la vista de su entrepierna. Y aunque se está cubriendo los senos con el antebrazo, me da un panorama soñado de los atributos que más admiro de ella. Cuando pensaba que me presencia la iba a alterar o indignar, Julia solo intercambia miradas conmigo y se relaja compartiendo la misma serenidad que yo tenía. Baja su antebrazo permitiéndome ver el rosado de sus pezones, para luego voltearse y seguir duchándose como si nada, con el cristal abierto y sus nalgas desnudas apuntando hacia mí.

    Dejo el preservativo y la vela sobre el lavamanos. Desenvuelvo la toalla que tengo en la cintura y la dejo caer al suelo. Mi erección está por demás endurecida y apuntando hacia el frente. Camino hacia ella mientras Julia continua en lo suyo, enjuagándose la espuma que tenía en su cuerpo. Me coloco detrás de ella y cierro la corredera de cristal quedándonos los dos dentro de esa ducha.

    La apoyo por detrás y le tomo los pechos con ambas manos. Mi miembro queda pegado a sus nalgas. Ella une sus manos a las mías manoseándose los senos como yo lo hago. El agua de la regadera cae sobre el cuerpo de los dos. Julia mece su cadera sintiendo el roce de mi verga. Luego se voltea y acerca su rostro al mío. Nuestras bocas se unen bajo el agua. Nos besamos y abrazamos sintiendo la piel desnuda del otro. El rozar de su lengua y el agua de la ducha se mezclaban en mi boca de una forma inimaginablemente deleitosa.

    Mis manos empiezan a bajar hacia sus nalgas mientras las de ella recorren mi espalda. Junto un par de dedos de mi mano y los rozo en la parte más profunda de sus posaderas.

    –¡Ah! –Despega su boca de la mía para lanzar ese gemido.

    Puedo observar esos perfectamente redondos pechos con pezones rozados que ahora estaban a mi disposición. Toda mi mano derecha se da el gusto de oprimir uno de ellos. Al mismo tiempo que Julia abre sus dedos lo más que podía acariciando mis pectorales, bajando por mis abdominales y llegando a la parte más venosa de mi cuerpo. Me lo agarra con fuerza al instante.

    –¡Oh! La puta madre –ahora soy yo el que gime.

    –Que robusta la tienes –susurra.

    Se pone de rodillas frente a mí y se corre el cabello hacia atrás. Abre su boca y se lo mete dentro con la misma pasión con la que me besó. Con una mano le tomo la cabeza y con la otra me sujeto de la llave de la ducha, suspirando a cada segundo como si fuera un virgen al que le hacen su primer oral. Sus labios y su lengua son una mezcla perfecta de suavidad. Ella me escucha gemir y eso la lleva a chupármelo más fuerte. Siento mi glande chocando contra el fondo de su boca. No sé cómo hace para no provocarse arcadas. El trabajo de su boca va acompañado de una buena masturbada. Siento una ola de placer y ella se da cuenta.

    –Te lo ganaste –me dice levantando la cabeza mientras me masturbaba.

    Lleva sus labios hacia mis testículos y me los va chupando con mucho cuidado. De nuevo su lengua hace lo que mejor sabe hacer. Las piernas me empiezan a temblar. Siento que si sigue de esa forma me voy a venir muy pronto. Así que hago que se ponga de pie y la apoyo contra el cristal.

    Ella mece sus nalgas hacia un lado y otro, como pidiéndome que le diera lo que ambos sabíamos que le voy a dar. Me jalo mi verga por unos segundos comprobando que esté bien dura. Me inclino un poco y con la punta de mi glande empiezo a buscar la entrada de su entrepierna. Ella usa sus dedos para ayudarme a colocarlo. Ambos suspiramos al momento que comienza a entrar. Su interior está más estrecho de lo que esperaba. Comienzo a bombearla muy despacio, disfrutando cada centímetro que mi miembro avanza. Suspiros suaves salen de la boca de Julia y de la mía. Empiezo a moverme, empiezo a follarla. Le voy acomodando el pelo al mismo tiempo que la penetro. Ella apoya sus manos y su cabeza contra el cristal de la ducha. Es la primera vez que follo con alguien después de que me separé.

    Julia empieza a empujar sus nalgas hacia atrás pidiendo que se lo haga con más velocidad. Yo le hago una cola de caballo a su pelo, la sujeto de ahí y empiezo a bombearla más rápido. El golpeteo de su piel con la mía resuena dentro del baño. Sé que debo tener cuidado de que no nos oigan los vecinos de abajo pero no me puedo contener. Los gemidos que ella empieza a lanzar me enloquecen la mente. Me llevan a darle más y más. Cada tanto el miembro se sale, pero ella misma se encarga de agarrarlo con su mano y meterlo de nuevo.

    Sus pechos se aplastan contra el cristal. Hondeo todo mi cuerpo apretándolo contra el de ella. Le pregunto si de esa manera le gusta o si quiere que se la meta más fuerte. Me dice que así está bien, pero yo aún así la penetro con más intensidad. No se queja para nada sino que lo disfruta y lo expresa a través de unos pasionales suspiros. Así durante varios minutos, con su cabeza apuntando hacia arriba, ya que así la tengo agarrada de su cabello. Ni siquiera yo sé de dónde me salen tantas energías. Follamos de una manera tan fuerte que la corredera del baño se comienza a desacoplar.

    –Si seguimos así vamos a romper el cristal –dice ella separándose de mi miembro y llevando su dedo índice a la boca.

    En eso tiene razón. Cierro la llave de la ducha, salimos de ahí y nos acostamos sobre la alfombra del baño. O más bien la recuesto ahí mientras me echo sobre ella para volver a besarnos apasionadamente.

    –Quédate aquí –le susurro mientras me pongo de pie yendo a buscar el preservativo que dejé sobre el lavamanos.

    Julia permanece acostada boca arriba observando lo que hago. Me ubico en medio de sus piernas con sus muslos a cada lado de mí. Abro el sobre plateado, coloco la punta del látex sobre mi glande y lo voy estirando sobre mi miembro mientras me lo voy jalando. Luego froto con cuidado los labios vaginales de ella para que su calentura no disminuya.

    –No sé el motivo por el que te dejó tu esposa… pero no fue por el sexo. De eso estoy segura.

    Esta vez no tengo cuidado y se la meto con bastante fuerza hasta el fondo.

    –¡Oh! ¡Dios mío! –esboza apretándose los pechos.

    Apoyando mis manos a cada lado de ella, empiezo a hondear mi cuerpo adentrándome lo más que sus paredes interiores me permiten. Julia me rodea con sus piernas para que no me despegue. Cada embestida que le doy hace rebotar sus pechos hacia adelante y hacia atrás. Me inclino un poco más y acerco mi rostro al suyo. Nos damos un beso algo brusco. Despegamos nuestros labios pero no nuestras frentes. Miramos los ojos del otro sin decir ninguna palabra. Siento el aliento de sus gemidos sobre mi rostro, también el rozar de sus uñas sobre mi espalda. Ella acompaña con su cuerpo el movimiento que yo hago. Solo detiene los suspiros de su boca para decirme: “sigue así” “continúa así”.

    Tras pasar algunos minutos, no sé si es el agua de la ducha o traspiración lo que empiezo a sentir sobre su piel. El contacto con su abdomen empieza a volverse más húmedo. Mi corazón se siente imparable. Mis tibios labios y mi lengua bajan hacia su cuello donde al parecer tiene bastante sensibilidad. Ella recorre con sus dedos mi espalda hasta llegar a mis nalgas. Me las manosea y me las agarra con fuerza para empujar mi cuerpo más al de ella. Esta vez mi miembro no se sale. Estamos demasiado adheridos para que eso ocurra. La punta de sus dedos acaricia intencionalmente mi ano. No sé por qué pero no me importa que lo haga.

    Tengo puesto el preservativo pero aun así puedo sentir el calor de sus paredes internas. Eso le da a mi verga una sensibilidad incontenible. Yo hago todo lo posible por aguantar un poco más, pero ya casi no puedo. Un abundante semen en mi interior se desespera por salir.

    –No te contengas –Julia se dio cuenta de lo que pasaba– Si te vas a venir hazlo. Pero que sea fuera del preservativo. Así podré conocer el sabor de lo que tienes ahí.

    Levanto sus piernas para apoyarlas sobre mis hombros. Las últimas fuerzas que me quedaban las destino a follarla con una potencia incontenible. Justo la clase de follada que este tipo de hembra desea. La que merece.

    –Si me lo pides llegará más rápido –le comento entre suspiros.

    –Dame tu semen –me habla entre gemidos– Quiero probar tu semen.

    Los fuertes golpeteos piel con piel regresan.

    –Pídemelo.

    –Dame todo tu semen por favor ¡Dámelo ya!

    La calentura en mi miembro estalla por dentro.

    –¡Quiero probarla! –Grita Julia– ¡Enrique dame toda tu leche ahora mismo! ¡Quiero tu lechitaaa!

    Saco mi miembro de su interior. Me arranco el preservativo. Apunto mi verga hacia ella y un inmenso torrente de semen sale disparado hacia su abdomen. Las piernas me tiemblan y las energías se me van de un segundo al otro. Fluido por fluido, gota por gota, todo mi tibio esperma termina bañando su piel. Tal como ella lo pidió, tal como me moría de ganas de dárselo.

    Cargándolo en sus dedos y llevándoselo a su lengua, termina probando varias gotas de mi “lechita”, como ella la llamó. Yo por otra parte, me desvanezco sobre el suelo y me acuesto a su lado mirando hacia el techo. Nos llevará tiempo a los dos recuperar las fuerzas.

    –Cuánto llevas esperando esto –Preguntó Julia con una picaresca sonrisa.

    –Más o menos desde que te conocí –le respondo con sinceridad– ¿Y tú? ¿También lo esperabas?

    –Eres ardientemente guapo Enrique –comenta– Por supuesto que también lo esperaba.

    –¿Ah sí? ¿Y desde cuándo?

    –Desde que me miraste las nalgas aquella noche en la cocina. Cuando usaste el reflejo de la tostadora.

    –¿Qué? No me digas que te diste cuenta.

    –En realidad no. Solo era una sospecha, gracias por confirmármelo.

    Su astucia no deja de sorprenderme. Nos abrazamos en el suelo y nos unimos en un deleitoso beso. Momentos después, regresamos a la ducha para darnos la limpieza definitiva.

    Esa misma desnudez con la que nos duchamos es la misma con la que salimos del baño. La misma con la que nos acostamos en mi habitación. La misma con la que volvemos a hacer el amor sobre mi cama. La misma con la que nos despertamos al día siguiente abrazados bajo las sábanas, con un radiante sol que daba por terminada una noche de tormenta.

    Permanecemos recostados con nuestros rostros muy cerca del otro. Yo le acaricio el cabello sin quitar de vista sus hermosos ojos.

    –En mi próximo pago no olvides pagarme por estas horas extras –bromea ella.

    –Vaya, eso no lo tuve en cuenta –respondo con el mismo tono sarcástico– ¿Y cuánto me va a costar este servicio adicional?

    –Pues… –vacila– me gustaría que me contaras de una vez el motivo de tu divorcio. La curiosidad me mata cada vez más.

    Ya no tengo miedo de contárselo, pero decido posponerlo para más tarde. No quiero arruinar este placentero momento, así que finjo que no se lo quiero decir.

    –Lo siento mi querida Julia… pero eso no se puede. Tendrás que pensar en otro tipo de pago.

    Guarda silencio un momento. Mete su mano por debajo de las sábanas y me agarra el miembro con mucho vigor.

    –Entonces me conformo con esto –dice mirándome a los ojos.

    –Sabía elegirías eso –le respondo– Es todo tuyo.

    Levanto las sábanas que nos cubren. Ella estira el tejido de mi verga hacia abajo dejando el glande al descubierto y se lo lleva a la boca.

    F I N

  • Desde el taxista hasta el amigo de mi jefe (Parte 2)

    Desde el taxista hasta el amigo de mi jefe (Parte 2)

    Entro en el ascensor y mi jefe como ráfaga entra también, yo estaba muy asustada porque no sabía cómo iba a tomar el hecho de que a su puta o sea yo, se la habían cogido como perra y que además lo había disfrutado full.

    Jefe: señorita buenos días! Supongo que para usted son mejores.

    Yo: buenos días doctor!

    Respondo bajando la cabeza y sin hacer contacto visual.

    Jefe: ese era su novio señorita?

    No sabía si responderle con la verdad o lanzarle unas mentirita blanca, estaba muy nerviosa pero decidí responderle con la verdad.

    Yo: no, no doctor, solo era el Uber que me prestó el servicio.

    Jefe: y vaya servicio, ahora al final el final de la transportación termina con cogida al cliente.

    En eso me aprieta las nalgas, luego sube mi vestido hasta la cintura, me da una nalgada, detiene el ascensor y yo no sabía qué hacer, seguía nerviosa. Me revisa el culo, y observa que aún sigue apretado.

    Jefe: al menos no le dio culo, le gustó ser cogida por ese chico? Es usted una puta, y sabe que me encantan las putas y hoy de mi no se salva.

    Me agarra la mano y me la coloca por encima de su verga que está muy dura, yo pensé que era posible que se excitara viendo como me daban una rica cogida, pero su expresión era seria, yo comencé a masajeárselo por encima de la ropa y se ponía más duro, en esa miro había arriba y dejo soltar ese gemido de hombre que a toda mujer excita.

    Yo: doctor, está molesto conmigo? Es que solo no tenía suelto para pagarle y el chico del Uber me dijo que así le podía pagar, no se moleste conmigo sí, yo, yo igual sigo con las mismas ganas de sus cogidas antes de comenzar a trabajar, si sabe que me encanta como usted me coge verdad?

    Jefe: bajes el vestido y ponga a andar el ascensor hay mucho que hacer antes de que llegue mi amigo

    Yo: ok doctor…

    Llegamos al consultorio, él se dispone a abrir la puerta, yo enciendo las luces y entramos a su oficina. Él se sienta en su escritorio y me dice…

    Jefe: señorita sáquese el vestido.

    Yo: pero doctor.

    Jefe: va a desobedecer a su jefe? Cómo usted es una puta consumada hoy trabajará como la puta que es.

    Afortunadamente los sábados nunca llegaban pacientes pero si uno que otro distribuidor o algún amigo de mi jefe. A mí solo me quedó despojarme del vestido y solo quede con el hilo y los tacos altos porque para variar ese día no usé brasiere. Mi jefe me mira de pies a cabeza.

    Jefe: le diré lo mismo que le dije el día que la contraté «es una lástima que no pueda trabajar así todo el tiempo, cómo se nota que sigue fuerte si rutina en el gym, le gusta verse así de rica para quién? Para mi o para otros?

    Yo: doctor realmente me tiene nerviosa, si quiere despedirme por lo que sucedió hágalo de una vez y terminamos con esto, no sé qué tiene en mente y eso me tiene muy nerviosa.

    Jefe: no respondió a mi pregunta señorita. Para mi o para otros?

    Yo: doctor la verdad es que me excita que me miren con morbo, y yo aprovecho para provocar, recuerda que yo lo provoqué el día de mi entrevista?: doctor yo soy muy puta siempre quiero que me cojan como la puta sucia que soy, aquí b dónde estoy tengo la concha súper mojada y solo deseo que me ponga contra el escritorio y me dé duro muy duro por el culo.

    Esa era la realidad soy adicta al sexo, y solo quería más y más verga, mis pezones otra vez estaban como piedras apuntando hacia el frente, mi concha súper mojada y otra vez estaban las palpitaciones en ella, se notaba por encima del pantalón que mi jefe estaba lleno de excitación, su verga dura queriendo salir de ese pantalón que lo tenía prisionero. Por fin él se acerca y me pone contra el escritorio y deja salir si verga que está como piedra, está a mis espaldas y me roza con su verga dura pero no me penetran aún, posa sus manos sobre mis tetas, las aprieta y masajea al mismo tiempo, luego pone sus manos en mis caderas y me presiona con fuerza hacia su verga que sigue dura.

    Me despoja del diminuto hilo quedando solo con mis tacos súper altos y sin dar más largas comienza a penetrarme con su verga súper dura, me duele un poco ya que no lubricó con nada, sigue entrando y yo voy lanzando gemidos cuál película porno se tratara, por fin entra todo y comienza a bombear con fuerza, siento cada vena de su verga dura, mete sus dedos en mi boca yo los chupo con placer sigo quejándome por tan rica cogida pidiendo que me dé más y más duro, mi culo está aún apretado pero está cediendo ante aquella verga no tan larga pero si muy gruesa y gorda .

    En eso entra a la oficina el amigo de mi jefe, al que llamaremos Gus.

    Gus: ups! Amigo mío discúlpame por interrumpir. Más tarde regreso.

    Jefe: tranquilo, si quieres ver cómo me cojo a esta puta no me molesta.

    Mi jefe me voltea pero sin sacarlo, para que su amigo vea mi cara de puta sedienta de verga, yo me pongo mucho más caliente y miro a Gus directo a los ojos, con mi cara de puta, casi que pidiendo con la mirada que me coja también.

    Gus: de dónde sacaste a esta puta? Está bien rica! Debe dar muy buenas mamadas.

    El amigo de mi jefe, era un hombre muy atractivo, se miraba que al igual que yo iba mucho al gym, mide como 1.90 metros piel muy blanca, ojos color miel cuerpo de Dios del Olimpo, wow mi concha suelta un chorro de mocos y me excito al escuchar su acento, no era de ese país, parecía Chileno, me derriten los chilenos.

    Jefe: es mi secretaria y mama delicioso, todos los días me da una mamada antes de comenzar a trabajar, pero hoy la pillé culeando con otro la muy puta. Si quieres participar de la cogida que voy a darle no me opongo.

    De una vez Gus se sacó la verga y comenzó a tocarse, la verga de Gus al parecer también levantaba pesas, era enorme, rosada, recta, wow no le veía ningún defecto a ese hombre, me encantó. Él se acercó y antes de que me lo pidiera yo estaba tocando la verga, no podía cubrirla toda con mi mano era más gruesa de lo normal, ese hombre era un fenómeno, un delicioso fenómeno.

    Mi jefe me lleva hasta el sillón marrón que está en su oficina donde muchas, muchas veces casi a diario lo usábamos como cama para culear rico. Me pone en 4 y sin sacarlo continúa bombeando, yo meneo mi culo en círculos y Gus se posa frente a mi me toma del cabello y me lo mete en la boca. Hago arcadas porque lo mete hasta el tope de mi garganta pero aún no entra todo tengo que abrir mi boca al máximo pero igual no entra todo, los chorros de mi saliva corren por mi cuello, estoy en el máximo éxtasis.

    Gus: oye Ernesto, le has dado a esta puta una doble penetración, es tan perra que estoy seguro de que aguanta. Oye putita quieres que te meta el pico por tu zorra?

    Yo: si papi, dame pico por dónde quieras, claro si mi jefe y amo quiere.

    Jefe: vamos a partirte en dos, puta.

    Nos ponemos de pie, y mi jefe no quiere dejar mi culo sigue bombeando como loco como si nunca me hubiera cogido por ahí, Gus se pone frente a mi, flexiona un poco sus rodillas, acomoda su gran vergota deliciosa y la mete poco a poco como si no quisiera lastimarme, yo solo pienso- métela ya cabrón- cuando entra toda comienza a bombear de una vez tengo mi primer orgasmo, su verga está llena de mis fluidos y él se llena los dedos y los pone en mi boca. Luego vuelve a hacer lo mismo pero ahora es el quien prueba, lo hace sin dejar de mirarme a los ojos, esos ojos color miel que me están volviendo loca.

    Siguen ambos bombeando con fuerza cuál si fuera una muñeca inflable que quisieran reventar a fuerza de verga, yo extasiada gimo más y más fuerte. Mi jefe por fin acaba. Y Gus queda dándome duro más duro. Mis piernas casi desmayan. Me separa de él y me dice…

    Gus: ven putita quiero ver cómo te mueves.

    Yo con una sonrisa de puta caliente, me subo encima y comienzo a rebotar gritaba más y más y mi jefe me decía:

    Jefe: eres una puta sucia pero recuerda que eres mía perra

    Gus: cálmate poh, si te molesta la dejo de coger.

    Yo: Aah Aah no, quiero más verga quiero más Aah,

    Jefe: cógela cógela, es una puta y a las putas hay que darles verga hasta morir. Por eso me tiene loco la condenada. Está muy rica mira esas tetas firmes como rebotan, ese trasero duro, esa cinturita, maldita condenada me tiene loco.

    Yo muevo mis caderas en forma circular una y otra vez, mientras aprieto y suelto repetidas veces la verga de Gus con mi concha.

    Gus: concha su madre, que haces? Chupas mi pico con tu zorra…

    Yo: si papi acaso no te gusta? Si quieres dejo de hacerlo.

    Gus: continúa, por eso tienes loco a este cabro -dice bajito.

    Yo inclino mi cuerpo hacia delante presionando mis tetas en su pecho y comienzo a moverme rápido, arriba abajo rápido cada vez más rápido estoy a punto de llegar voy a llegar, al parecer el también.

    Gus: dónde quieres mis mocos?

    Yo: pregúntale a mi jefe.

    Mi jefe estaba en su escritorio con su miembro en la mano también como roca masturbándose

    Jefe: tráela hasta acá, arrodíllala ahí.

    Yo arrodillada en tacones, con mi cuerpo lleno de sudor, mi cabello largo color castaño húmedo pero con ganas de recibir mucha leche.

    Los dos se masturbaban pero Gus me daba cachetaditas con su pico como dice él. Mi jefe me lo metía en la boca entre puñeta y puñeta hasta que mi jefe fue el primero en darme leche en la boca, tragando la leche de mi jefecito. Luego Gus, pero la leche de Gus era más caliente abundante espesa, esa colmó mi boca, dejando chorrear por mi cuello. El con sus dedos la empujaba otra vez hasta mi boca sin dejar de mirarme a los ojos.

    Así quedé ese día y solo era el medio día, cogida por 3 hombres, después de eso le he propuesto a mi jefe un gang bang y hasta ahora no me ha dado respuesta.

    Y con respecto a Gus, seguimos cogiendo a escondidas de mi jefe, ahora asistimos al mismo gym y hemos tenido encuentros deliciosos en el baño de gym en el departamento que paga mi jefe en el baño de los karaokes donde asistimos.