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  • Gaby me entregó su culo y el de Sofi ¡Ricas culeadas!

    Gaby me entregó su culo y el de Sofi ¡Ricas culeadas!

    Con Gaby y Sofi nos conocemos desde toda la vida, pues crecimos en el mismo vecindario.  Aunque ambas chicas eran chicas lindas y yo sabía que a ambas les gustaba, nunca fuimos novios y quizá se debía a que me conocían muy bien, pues era del saber de todos mis amigos que yo salía con diferentes chicas a la vez.

    Las cosas comenzaron con Gaby, quien era la más cercana, sino que era la más amiga, pero también vivía cerca de mi casa: unos cuatro minutos caminando. En ese mes de octubre siempre venía un carnaval a un parque cerca de mi casa y es como me la encontré con sus padres. Terminamos subiéndonos a los juegos mecánicos y en ese aparato que le llaman La rueda de la Fortuna, ahí nos dimos el primer beso y comenzó todo. Sus papás que sabían que yo vivía cerca y conocían a mi familia pues dejaron a Gaby y a una su vecina en el carnaval y nosotros nos iríamos caminando hacia la casa.

    Obviamente su vecina supo que nos interrumpía y se juntó con otros conocidos dejándonos a Gaby y a mí a que nos desapareciéramos por un rato del Carnaval. Nos internamos al otro lado del parque, donde no había mucha gente y muchos lugares de esa zona estaban medio oscuros y solitarios y comenzamos a comernos a besos. Pasaba mis manos por sus dos pequeñas tetas por sobre la ropa y de la misma manera hacía con tomarles sus dos pequeñas nalgas que se sentían solidas ceñidas espectacularmente en un pantalón vaquero. Le sentí su sexo caliente por sobre la ropa y Gaby solo gemía cuando me dedicaba a besarle el cuello con el cuidado de no dejarle marcas. No pasamos a más de eso en esa entrada de la noche, pero sabía que las bragas las llevaba mojadas al igual que yo llevaba mojado mi calzoncillo.

    Habíamos quedado picados y dos días más tarde ella me citó al otro parque cerca de la casa, el cual es más pequeño y no tiene canchas de ningún deporte y quizá es por eso por lo que se mantiene solitario. Eran como las cuatro de la tarde y Gaby llegó vistiendo uno de esos pantalones deportivos de algodón y una camiseta que iba acorde con su pantalón. Buscamos el lugar más solitario y volvíamos a comernos a besos. Esta vez esos pantalones me daban la oportunidad de meter mis manos y manosear sus pequeñas y redondas nalgas y pude sentir las diminutas bragas que llevaba. Supe que eran blancas pues en algo las descubría cuando le metía las manos para tomarlas. Con los minutos nos acostamos en el pasto y seguimos besándonos hasta que, de tanta excitación, me fui por sobre ella en esa posición del misionero, aunque seguíamos siempre con ropa y donde descubría cómo mi falo a pesar de estar aprisionado con mi pantalón lograba hacerle ese hueco entre sus piernas.

    Ya nos importaba lo que pasaba alrededor, estábamos tan excitados que creo hacíamos un vaivén así con ropa y donde podía sentir su hueco caliente y Gaby de tanto restregar su concha en mi paquete terminó corriéndose. Lo supe porque ya tenía experiencia de haber visto como las chicas gesticulaban sus corridas y Gaby se había corrido sin penetración alguna, mas solo con el estímulo de sentir mi paquete restregar su conchita. Quise meter mi mano y llegar a su sexo y penetrarlo con mis dedos, pero ella me puso un alto diciendo: ¡Aquí no Tony! Yo también quiero, pero lo haremos más tranquilos en otro lugar otro día. Quedamos en eso, en que buscaríamos un lugar y que llevara condones, pues Gaby estaba dispuesta a coger conmigo. Eso me calmó un poco el dolor en lo huevos que llevaba de regreso a casa, con la idea que en cualquier momento me la cogería. Ese dolor en los huevos, para que sepan, se los puedo describir a como cuando uno con ganas de mear, para en seco el meado… duele y también arde.

    Gaby siempre me había gustado, era una chica rubia de nacionalidad argentina que había llegado a este país desde niña. Le decían la Flaca Gaby, pues su padre siempre la llamaba así desde pequeña. Al principio en su adolescencia se le metió que iba a ser gimnasta, pero con lo años su altura la obligó a dejar ese deporte y fue que se metió al tenis. No era en si flaca, tenía un cuerpo esbelto de una altura de un metro sesenta y cinco. Un cuerpo bien desarrollado con unos muslos bien definidos, como dicen bien torneados. Era de piernas alargadas y me gustaba verla en pantalones cortos, especialmente los que Gaby usaba algunas veces, unos bastante cortos que te dejaban ver esa curva donde comenzaban su redondo trasero. No tenía un enorme culo, pero era llamativo; sus pechos eran pequeños quizá de una medida de copa B36, pero sí eran sólidos y bien parados típicos de este tipo de cuerpos. Con esa altura no creo que pasara de las 130 libras. Su rostro era bonito, alargado con una nariz diminuta y unas cuantas pecas en sus pómulos y de boca pequeña y labios delgados.

    Cuando le dije que aquel fin de semana estaría a solas en mi casa, ella no me lo prometió, pero me dijo que intentaría estar ahí a las tres de la tarde. Esta no era la época de los teléfonos celulares o de servicios de textos, la comunicación era más breve y limitada en ese sentido. Me eché a la espera viendo televisión en mi casa, viendo el reloj a cada rato, pensando que el teléfono sonaría para hacerme saber que ya venía. Llegaron las cuatro y las cinco y ya me iba a alistar para salir en mi moto, cuando sonó el teléfono. Era Gaby y me decía que llegaría en diez minutos. Ella vivía al otro lado de mi colonia.

    Exactamente, diez minutos después sonó el timbre y fui a abrir la puerta. Llegaba en unos pantalones jeans blancos bien tallados a su cuerpo, una blusa negra que en ciertas áreas de su abdomen me dejaban ver esa piel blanca. Se acababa de bañar, pues aun llevaba su cabello mojado y olía su piel a un aroma dulce. Estábamos solos y sabíamos que nos queríamos coger. Yo siempre lo tenía visualizado desde el día que me dijo que quería coger conmigo y quería sacarle el primer orgasmo de forma oral, pues sabía que Gaby no esperaría sentir mi lengua en su conchita, pues para nosotros de aquella época, el sexo oral o anal no era conceptualizado de la manera que hoy lo tenemos debido a la pornografía fácil en internet. En aquella época era difícil hasta adquirir una revista pornográfica. Uno descubría el sexo paso a paso y para Gaby creo que fue una sorpresa muy adictiva.

    Pasamos a mi cuarto, le eché llave y comenzamos a comernos a besos. Apresuradamente le quité esa blusa negra y ella me asistió a quitarle el brasier también de color negro. Primera vez que le veía sus pequeñas tetas, sólidas y con su pezón erecto de color café rojizo. Le mamé el cuello hasta concentrarme en sus pezones los cuales al principio le provocó cosquillas. Con los minutos lo superó, como también superó las cosquillas que le provoqué al chupar sus axilas bien afeitadas. Según me decía Gaby, aquella era su primera vez experimentando todo esto. Llegué a su ombligo el cual besaba y le hundía mi lengua. Me acerqué a su zona púbica, pues creo que los pantalones de las mujeres nos permiten llegar mas abajo o son mas cortos de esa zona. Desabotoné su pantalón, y le besaba todo al contorno de sus bragas en el área frontal. Hice una pausa para removerle el pantalón, luego me quité yo mismo mi camisa y pantalón y me quedé solo en calzoncillos. Ella me miró el paquete comprimido y me preguntó:

    – ¿Y todo eso se mete?

    – Si… ¿Por qué?

    – Es que se mira muy grande… ¿conseguiste condones?

    – Si.

    Creo que hablaba todo aquello por los nervios y fue cuando me acerqué a removerle su pequeño calzón estilo bikini de color blanco cuando sentí que tenía un obvio temblor en su cuerpo. Tenía unos cuantos vellos amarillentos alrededor de su conchita que se miraba ya lista para ser penetrada. Sus calzoncitos estaban empapados de esa miel vaginal y me gustaba su aroma. La conchita de Gaby es una pequeña rajadura de unos 10 o 12 centímetros, de labios delgados típico de lo que muchos llaman conchita de Barbie. Le dije que se acostara en la cama y yo me fui por sobre ella con mi rostro al nivel de su ombligo y me interrumpió cuando se lo volvía a besar: – Tony, ponte el condón.

    Para que estuviera más tranquila, me puse en frente de ella el profiláctico y ahora sí lo veía en su optima potencia, pues estaba totalmente erecto. Regresé a su abdomen y seguí besando esa zona hasta llegar cerca del monte Venus y Gaby me volvía a interrumpir: ¿Qué haces? – Creo que Gaby se sentía insegura mostrando su desnudez y que alguien le invadiera así a las primeras, era algo para ella inconcebible. Creo que ella esperaba que fuera directo con mi falo directo a su vulva. Le dije que quería saborear y disfrutar su cuerpo y que lo quería besar todo. Creo que mi voz la excitó con lo que le había dicho y ya no me volvió a interrumpir. Bajé por sus encajes, besaba sus entrepiernas y alrededor de su vulva y así poco a poco llegué a atraparle uno de sus labios hasta hundir mi lengua en su orificio. Podía ver como se le erizaba la piel, como gemía profusamente, sabía que estaba a punto de llegar al paraíso y de nuevo me interrumpió: Tony, ya no aguanto, vente para acá.

    Quizá no encontró las palabras o no sabía cómo decírmelo, pero entendía que estaba al borde de un orgasmo, y quería que le metiera de una vez por todas la verga. Tomé posición hincado frente a Gaby con sus piernas abiertas y le metí primeramente mi glande, mientras le sobaba lentamente su inflamado clítoris. Dio un leve quejido de dolor y le pregunté si le había dolido. Me dijo que si, pero que no le importaba, también le había gustado. Poco a poco se la fui hundiendo, hasta que me fui por sobre ella en posición del misionero y ella correspondía a mis embates y lo pude ver en sus ojos cuando me miró con ese sentido de confusión. Aceleró su vaivén y comenzó a retorcer sus rostro, a morderse los labios, hizo a un lado su rostro para morder la almohada y luego unía sus labios como arrojando un beso y comencé a ver ese rostro de la relajación cuando yo también sentí que se me fruncían los huevos con una tremenda corrida.

    Encontramos en el condón con un hilo de sangre, pero, aunque Gaby me decía que tenía una sensación de ardor, todo aquello había valido la pena. Era su primer orgasmo provocado por un hombre donde disfrutaba por primera vez del sexo oral y ser penetrada por una verga. Por esa curiosidad de la primera vez, Gaby inspeccionaba aquel líquido blanco en el condón y hasta lo olía: Tiene un olor raro, pero me gusta olerlo. Nos fuimos a bañar y nos quedamos desnudos en la cama hasta recuperarnos y repetirlo, pues Gaby al igual que yo queríamos volver a sentir esa explosión otra vez.

    Lo hicimos tres veces siempre en esa posición del misionero, aunque en la última que lo hacíamos vaginalmente le pedí que cambiáramos a la de perrito y nos volvíamos a ir juntos, yo siempre unos minutos después de Gaby. Esa tarde Gaby me pidió que quería mamarla, por primera vez también mamó y probaba el sabor del semen. No le encontró un mal sabor, pues posteriormente me corrí en su boca en varias ocasiones a través del tiempo. Lo que no me creía fue que, en esa misma ocasión, Gaby estaba dispuesta a experimentar el sexo anal. Yo se lo mencioné y lo platicamos en la cama y ya con esa confianza me dijo que quería experimentarlo. Le dije que podría dolerle, pero que muchas mujeres encontraban mucho placer haciéndolo. Ya había visto a ciertas mujeres que me pidieron hacerles la cola y ver como explotaban con grandes orgasmos. No sé, pero había quedado adicto ya a hacerles sexo anal a las mujeres, pues las primeras chicas que me cogí, todas ellas me habían dado el culo antes que su vagina… lo encontré normal. Y creo que estas chicas no me lo niegan, pues en todo ese preámbulo para llegar a la penetración, el comerme y chuparles el ojete a todas ellas, es parte de mi rutina. Me encanta ver a una chica dándome el culo para que se lo chupe y ver si se puede a través de un espejo o video, ver sus expresiones faciales de placer.

    También se lo había hecho a Gaby, que creo que esta bonita chica nunca se esperó que alguien le chupara el culo. Lo comenzamos haciendo así de lado, en posición de cucharita y nos tomamos el tiempo. Sé que le gustaba sentir mi verga entre sus nalgas porque en minutos su conchita emanaba jugos vaginales. De hecho, ocupaba sus propios jugos y mi líquido pre seminal para lubricar su ano. Se quejó del dolor cuando mi glande entró, pero luego mi verga se hizo camino hasta llegar a hacer un vaivén en esa posición. Posición que te da la oportunidad de masturbar la conchita de tu pareja. Así se lo hice a Gaby, pues otras chicas ya me habían guiado por aquel proceso. No tardó en correrse, que creo fue su quinta corrida de la tarde y la cual parecía aún más potente. Ella me lo decía años después, que ese estímulo en su culo, junto al estímulo que le daba con mis dedos en su clítoris, era para volver loca a cualquiera. De eso quedó adicta Gaby, de esas cogidas por el culo mientras le masturbaba su clítoris. Siempre se me ofrecía así.

    Al principio de este relato mencioné a su amiga Sofi. Como dije, con Gaby nunca fuimos novios, nunca nos tratamos como pareja de novios. Lo nuestro era una amistad de confianza y nos gustaba tener sexo. Con los meses de estar cogiendo una de esas veces Gaby me lo propuso en una plática exploratoria:

    – ¿Te gusta Sofi?

    – Si… es una chica bonita.

    – ¿Te la cogerías?

    – ¿A qué viene esa pregunta?

    – Solo contéstame… ¿Te gustaría cogértela?

    – ¿Es tu amiga… verdad? No te miento… me gustaría.

    – Yo ya hablé con ella y me dijo que, si tu querías, ella también.

    – Pero… ¿y su novio?

    – De eso no hablemos… Es una larga historia. Solo te digo que quiere ver si no le miento de lo grande de tu verga y que eres incansable para coger.

    – ¿No te molesta a ti que me coja a tu amiga?

    – Me dan celos, pero me da también morbo lo que ella me cuente cuando de la cojas.

    El día que quedamos con Sofi fue un domingo que volvía a quedarme solo. Era una mañana de mucha lluvia y llegaba con sus típicos pantalones jeans azules, una blusa celeste ajustada a su bonito cuerpo y es que debo decir que al igual que Gaby, Sofi era deportistas, pero a diferencia de Gaby que era esbelta y alargada, Sofi era más llenita, atlética, pero con más carnes y músculo. Obviamente más nalgas y más pecho. Con ella fue algo más mecánico, sabía a lo que íbamos, quizá hasta hoy me sienta como un gigolo, aunque no me hayan pagado, pero era como un encargo de parte de Gaby. Nos conocíamos y nos saludábamos de vez en cuando, pero nunca hubo esa confianza. Y estaba ahí ella conmigo por curiosidad y morbo.

    Recuerdo que nos fuimos a mi cuarto, abrimos las cortinas para coger viendo la lluvia. Sofi no habló mucho y creo que de lo poco que dijo fue algo en modo de acuerdo: ¡Por favor, esto que no lo sepa nadie! – Recuerdo me fui directo a sus tetas que eran de medida 36C y una areola más oscura que la de Gaby a pesar de que ambas eran de piel blanca y rubias. También Sofi era argentina, pero a diferencia de Gaby, ella ya había cogido con su novio, aunque luego después supe por medio de Gaby, que se la cogía, pero no le hacía un buen trabajo y que la mayoría de las veces quedaba frustrada buscando sus orgasmos en la soledad de su habitación o en algún baño. Como siempre, yo ya había desarrollado mi rutina, caricias en el cuello, besos en los pezones, amenazar su conchita besando sus encajes y entrepierna para luego dedicarle toda mi atención por los minutos necesarios a chupar esa conchita.

    Le quité su blusa, ella me asistió con su brasier de color blanco. Como dije, todo era más mecánico que ella misma se bajaba los pantalones, aunque al final, ella acostada en mi cama se los he halado. Llevaba un bikini de color celeste y este apenas le cubría su conchita y de hecho podía ver uno de sus labios. Era una panochita con labios más gruesos que los de Gaby, aunque no exagerados. La tenía mojada, los toqué con mis dedos. Ella vio cómo me desvestí y me quedó viendo el falo atrapado en el calzoncillo sorprendida que lo que le había contado Gaby, era verdad. Continué besando sus tetas, axilas, llegué a su ombligo para luego llegar a los minutos a su conchita. Se la chupé por unos diez minutos y explotó con unos gemidos escandalosos que llevaban esa misma fuerza de su vaivén. Sin condón se la sobé por toda esa rajadura y solo le metí el glande y al igual que la conchita de Gaby, se sentía apretada, aunque sabía que este ya no era virgen. Ella me interrumpió y me dijo: ¡Ponte el condón y métemela! – No me tuvo que rogar mucho y a los minutos le estaba dando unas embestidas que hacían crujir la madera de mi cama, y para más escándalo, la casa el piso también era de madera en una tarima, típico de las casas de la zona. Le di tanto y tan rápido que luego sentí que su vagina vibraba y se le blanquearon sus ojos y me apretó con sus uñas mi espalda. Se estaba corriendo una segunda vez y aquel espectáculo de sus gemidos, movimientos y esas expresiones faciales me enviaron al paraíso.

    Con Sofi lo habíamos hablado de antemano el sexo anal era algo de definitivamente quería hacer. Al igual que a Gaby la puse de lado en posición de cucharita y después de lo que consideré una buena lubricación pues hasta el culo le chupé, la primera expresión que dijo cuando mi glande entró: Fuck… that hurts! (Puta, eso me dolió). -No me moví mucho, solo esperé a que asimilara mi verga y le comencé a sobar el clítoris con mi mano y eso pareció relajarla para que entrara lo demás. No fue un vaivén continuo, pues no todas las chicas son iguales y esta prefería que se la mantuviera quieta y era ella quien se restregaba contra mi verga. Fue Sofi quien me pidió que se lo hiciera de perrito y parecía que en ese ángulo le gustaba que le diera unos embates semi lentos pero continuos. Sin estímulo a su clítoris de mis manos o de la suya, pues Sofi nunca se masturbó ante mí, de repente sentí como le vibraba su intestino conllevando un orgasmo que jamás Sofi había vivido. Pensé que tenía un ataque de epilepsia y eso me desconcentró hasta verla recuperar la compostura. Ella solo me dijo: – ¡Me vas a volver loca con esta cogida! – Me siguió dando el culo hasta que yo me corrí.

    De esa manera seguimos cogiendo por largos meses a pesar de que Sofi tenía novio y lo conocía. Al igual Gaby la vi con otros chicos, pero siempre nos poníamos de acuerdo para coger. En esa época vi como las caderas de Gaby literalmente se hicieron más anchas y su culo parecía tenía más volumen al igual que sus tetas. Sofía siempre la molestaba y le decía que se debían a las culeadas que yo le daba. Un día, aquella que me pidió que no le dijera nada a nadie fue la que abrió la boca y todos nuestros amigos se dieron cuenta que me cogía a las dos con conocimientos de ambas. En aquella época era un escándalo comunitario, pues a pesar de que éramos picaros, los niveles de morbosidad no eran elevados como los que vivimos hoy. El sexo oral o anal era todo un tabú y quizá todavía lo siga siendo. Fue Sofi la que se encargó de describir el tamaño de mi verga y cómo me las cogía a las dos. Hasta el momento no sé lo que quiso lograr haciéndolo público.

    Todavía sigo en comunicación con Gaby, pero ambos le perdimos el rastro a Sofía. En una de esas pláticas recientes donde revivimos las aventuras de la época con Gaby, ella me contaba, que para esa época que Sofi lo contó todo, su mamá la confrontó. Debo decir que su madre era una mujer hermosa y sí algún día se me hubiese insinuado capaz me la cogía… tenía un cuerpo y cola espectacular. Regresando con Gaby y cómo su madre la confrontó me decía:

    – ¿Es verdad lo que anda en boca de todo el mundo… que vos y Tony se andan acostando?

    – Si… si es verdad.

    Me dijo que no se lo podía negar, pues la tal Sofi ya se lo había admitido horas antes. Dice que no se lo reprochó y que solamente le dijo que se cuidara, que evitara salir embarazada y que, por seguridad a su salud, usáramos condones. Me dijo que le había sorprendido, esperaba de su madre una regañada. Luego después me contaba que en el calor de unos tragos su madre le volvía a decir: No te lo reprocho… Tony es un chico muy guapo: quizá yo hubiese hecho lo mismo. Desde entonces Gaby me molesta diciendo que su madre cogía con el barrigón de su padre, imaginando que me cogía a mí. No hemos calentado recordando todo esto, pero después de más de dos años recordando ese tiempo, no hemos podido encontrarnos, aunque viendo su foto a sus 53 años y cómo luce la Gaby de hoy, siempre comenzaré mamando su conchita, y sé que terminaré cogiéndole el culo hasta hacerla acabar.

    Gratos recuerdos y ricas experiencias que viví con ambas chicas. Nunca pensamos en hacer un trío… como dije, éramos picaros, pero no tan perversos y ahora que recuerdo esto junto a Gaby, comienzo a recordar cosas que nos hacen únicos como seres humanos y que otras llaman fetiches que con el tiempo desarrollamos. Recuerdo como a Gaby le gustaba oler mi semen y a Sofi le gustaba mamarme la verga cuando estaba sudada. A ambas se les hizo un fetiche el sexo anal, algo que hasta el día de hoy Gaby me admite. Lo que no sabía era que ambas se lo contaban a sus amigas, y esas amigas empujadas por la curiosidad o porque se calentaban por lo que ambas le contaban, terminaron cogiendo conmigo en mi cama. Eso no lo sabe Gaby, pues yo siempre mantengo mi palabra: nunca comparto con nadie lo que pasó por esos días en mi cama.

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  • Stripper del bar swinger le saca los senos a mi esposa

    Stripper del bar swinger le saca los senos a mi esposa

    Hola, junto con mi esposa, hemos visitado unos bares swinger, nos gusta mucho ir a un bar swinger en Bogotá. 

    Sucedió unas semanas antes de que entráramos en cuarentena, el año pasado febrero 2019, esa noche mi esposa se vistió para la ocasión con un pantalón blanco, se transparentaba un poco y si se detallaba mucho dejaba notar que no llevaba ropa interior, una blusa negra transparente con escote en los lados y una chaqueta larga negra muy abrigadora, salimos de nuestro apto y nos dirigimos al sitio, en el camino le dije que no se colocara el abrigo y que dejara descubiertos sus senos por los lados de la blusa.

    Escena súper sensual ya que al movimiento del carro se meneaban sus senos con unos pezones casi del mismo color de la piel, y haciendo su trabajo el cinturón de seguridad que los dejaba salir con más fuerza.

    Llegamos al parqueadero, ya con ese frio de la noche se colocó su abrigo e iniciamos el recorrido por la 14 hacia el bar, viendo como le lucían sus tacones negros, llegamos al bar nos registramos y nos ubicamos en la parte del fondo donde se puede tener una mejor panorámica del salón, llegaban varias parejas, todos en su cuento, sin nada de sexo ni desnudos todavía.

    Sobre las 11:50 pm inicia el show, llega la stripper y su compañero y empieza el baile, con sus movimientos muy sensuales, la chica bailaba en frente de cada pareja despojándose lentamente de sus atuendos, quedando en tanga, y el stripper hacía también su baile en frente de las mujeres, en ese momento veo al stripper que se nos acerca y sin más empezó a bailarle a mi esposa de frente, sujetándole las manos y acercándoselas a su pene para que lo sobara por encima de su tanga.

    Mi esposa normal, le pasa las manos por encima del pene y luego por los muslos, hasta ahí todo normal, lo que me excitó mucho fue el momento en el que stripper pone sus manos en sus senos y corre la blusa hacia el centro dejando sus senos por fuera y se los sobaba muy deliciosamente, se los estuvo manoseando más o menos unos 20 segundos, ver esa escena, mi esposa con sus senos al aire enfrente de más parejas.

    Ya luego terminó el show y empieza el ambiente un poco más caliente, lo primero que hicimos fue pararnos a bailar y mi esposa con los senos afuera me bailaba de espalda dejándolos a la vista del público… ya lo que sucedió después lo contaré en el siguiente relato.

  • Cogí a la esposa de mi gerente

    Cogí a la esposa de mi gerente

    Cuando tendría unos 35 años trabajé un tiempo en una firma de consultoría de mediano tamaño y mucho prestigio. El gerente de la misma, a la vez el dueño, era un tirano de la peor calaña. Tendría ya unos 65 años y un genio realmente insoportable. Su prepotente proceder ocasionaba que la rotación de personal sea extremadamente alta. A pesar de saberlo, por comentarios de amigos que habían trabajado antes en la empresa, decidí asumir el reto, pues el pago era notablemente bueno y la experiencia de trabajar con él siempre era un trampolín hacia mejores puestos.

    Soporte poco más de un año su intolerable forma de ser. Y debo reconocer que se cumplió mi objetivo de dar un importante salto laboral. El dueño de la consultora era realmente un capo, un profesional brillante y muy bien contactado. Aprendí mucho y luego logré un contrato que mejoró aún más mis ingresos y mi perfil profesional.

    Ahora, a la distancia, recuerdo dos cosas de esta experiencia laboral. En primer lugar, lo importante que fue para mi desarrollo profesional siguiente y, en segundo lugar, el doble placer de haberme cogido a la esposa del dictador.

    A pesar de tener unos 65 años, la segunda esposa de mi entonces gerente tenía algo más de 40 años. Sin dudarlo y sin medias tintas, la típica mujer aspiracional que quería “un viejo con plata”, tal como se dice en Perú. No voy a decir que fui un seductor galán que sedujo a la seria y recatada dama casada. Simplemente fue el encuentro de dos deseos. En mi caso, con el doble placer de disfrutar un delicioso cuerpo muy trabajado en gym y, a la vez, a la esposa del prepotente que me jodía en el trabajo.

    La señora en cuestión iba un par de veces por semana a la oficina. Sin preámbulos se metía directamente a la oficina del gerente, quien ante ella era realmente un faldero sumiso. Sin dudarlo llegaba a pedirle dinero, pues casi siempre el tesorero de la empresa ingresaba a la oficina y salía casi despedido a zapatazos.

    Mi oficina estaba en la ruta de entrada y salida de la señora y más de una vez admiré su bien trabajado cuerpo, sabiendo que para ella era poco más que una mosca y menos que una cucaracha. Pero, la vida es extraña y toma rumbos que uno ni se imagina.

    Un par de días mi gerente estuvo algo delicado de salud. Trabajó desde su casa (una impresionante mansión en San Isidro, a pocas cuadras del golf). Teníamos que entregar un informe de consultoría unos días después y me hizo ir a su casa para revisar los avances. Fui dos veces. La primera vez nada fuera de lo común. La segunda vez al llegar vi a su mujer llegando del gimnasio, en leggings que resaltaban sus bien formadas piernas y culo. No pude evitar mirarla con deseo. Ella me miró y me saludo con la fría cortesía de las burguesas limeñas.

    Estuve un par de horas reunido con mi gerente y al salir de la casa, me encontré nuevamente a la señora, coordinando con el jardinero unos arreglos en el jardín del acceso. En short y un polo ligero y un sombrero blanco, parecía una postal de una dama de Miami o el caribe. Estaba realmente provocadora. No pude evitar mirarla cargado de deseo nuevamente.

    Al día siguiente mi gerente volvió a la oficina y tuvimos una reunión de coordinación. En medio de la misma su esposa se metió, sin avisar. Le pidió dinero, por lo que vi, bastante más de lo que yo ganaba al mes y se retiró. Me sonrió al salir y casi empiezo una erección que felizmente no llegó.

    Volví a mi oficina y seguí trabajando. Mi jefe fue a su casa a medio día y hacia las 6 pm, justo cuando salía, me llamó para que vaya con urgencia para unas correcciones finales al informe que trabajábamos. Fui y encontré a su esposa con unas amigas en la sala, reunidas, tomando unas copas con unos bocaditos que desconocía sobre la mesa.

    Estuve unas dos horas en la oficina en casa de mi gerente y al salir, me topé con su esposa, algo mareada. Una mujer realmente bella, ya madura, pero bella y con un cuerpo delicioso. No había ya nadie más y me habló con amabilidad. Me preguntó cómo me iba en la oficina, generalidades sobre el trabajo y finalmente me dijo que le gustaría conversar conmigo. Me dio una tarjeta y me dijo que la llame al día siguiente a las 10 am.

    Fui a casa, me olvidé del asunto. Al día siguiente la llame, pensaba era alguna consulta sobre su esposo (con quien trabajaba mucho), pero estaba equivocado. Fue directa al grano. Quería encontrarse conmigo. Me preguntó si podría el sábado por la mañana (era jueves ese día) le dije que sí. Me dio la dirección de un hotel, que no conocía ni de nombre, ubicado en una zona lujosa de Lima. Quedamos a las 10 am ese día. Cortó.

    No pude dejar de pensar en el asunto. Esa tarde al salir del trabajo fui a “reconocer” el hotel, muy discreto, obviamente para encuentros sexuales, no para el turismo receptivo. Ya no tuve más dudas.

    El sábado le dije a mi mujer que tendría reunión con mi gerente. Ya había trabajado algunos sábados antes así que todo normal con ella. Fui al hotel. Llegué minutos antes de las 10 am, dije al recepcionista que esperaba a una persona. Me senté en una sala de espera muy discreta. Hacia las 10.15 am ella llegó. Me saludo, pagó en recepción en efectivo y subimos hacia una habitación.

    Demás está decir que la señora era una perfecta puta. Yo era uno más de los varios o muchos con los que le ponía los cuernos a su marido. Nunca pregunté en la oficina por temor a que algún infidente le comentara a mi gerente, pero quizás más de uno había hecho lo mismo que yo hacía.

    En todo momento ella tuvo el control. Me empezó a besar apasionadamente y a los pocos minutos paso su mano por mi verga erecta. Me pidió que me desnude y la obedecí. Ella se desnudó y aprecie su cuerpo firme, perfectamente trabajado en el gym.

    Nos acostamos y seguíamos besándonos. Ella me soltó y bajo hacia mi verga. En el camino, lamio y beso mi pecho, mi vientre, hasta llegar a mi verga. La relamió muy buenos minutos, hasta que me vine en su boca. Ella me miró cómplice y se tomó todo mi semen, lamió mi verga hasta dejarla completamente limpia. Se acostó a mi lado y me dijo “ahora baja tú”.

    Y me tocó bajar besando sus senos, sus pezones pequeños, de mujer sin hijos. Su vientre perfecto, sin ningún rollo. Hasta llegar a su concha perfectamente depilada, con unos deliciosos y finos labios. Me sentí en el paraíso lamiendo su concha fina y perfumada. Sentirla gemir mientras mi lengua y mis labios la recorrían me puso nuevamente al palo.

    Casi con respeto le dije “señora, dese la vuelta”. Y se dio la vuelta. Separé sus nalgas y me dediqué un buen rato a lamerle un culo limpio y fino, de dama elegante y burguesa. Se puso loca con ello y comenzó a gemir y decir “soy una putita, soy una putita”. Tome valor y rápidamente, antes de darle tiempo para reaccionar, me monte sobre ella y le puse mi verga en la puerta de su culo.

    Ella me dijo “no, no, no lo hagas”. Pero estando encima de ella, yo tenía el control absoluto y procedí. Cuando sentí mi verga entrar en su culo, supe que su “no, no, no lo hagas” era protocolar. Entré sin problemas en un culo seguro conocido por muchos hombres.

    Me puse loco al poseerla, en un cuarto de hotel pagado por ella, al que llegó con la fina ropa que compraba con el dinero de su esposo, mi gerente. No resistí la tentación y comencé a casi insultarla “es usted una puta, una perra, una cachera, una zorra, una ramera”, ella gemía y decía “si, si, si, eso soy”.

    Tomé más valor y le dije “es una perra que le pone los cuernos a su marido don XX,YY”, ella respondió “si, se los pongo, se los pongo con su trabajador”. Llegó y llegué.

    Habían pasado ya casi una hora y media. Ella se vistió rápidamente y se fue. Antes de salir me dijo, espera unos 15 minutos y sales. La obedecí. Nos volvimos a encontrar varias veces más, siempre en ese hotel discreto para damas burguesas y putas. Siempre ella pagando la habitación.

  • La secretaria y yo

    La secretaria y yo

    Es tarde, me dice, pero te deseo, no sé cómo llegamos a esto, quiero más de ti, me susurra Verónica ya teníamos un par de horas en el hotel y ella tenía que llegar a su casa, había que preparar la cena y aún no sabía que iba a prepararle a su marido para la tarde-noche al fin ni tarde ni perezoso me lancé nuevamente sobre ella, ya habíamos como dicen los chavos “echado un rico y prolongado palo“ le había mamado su conchita ella me hizo lo propio se deleitó con mi miembro, saboreé sus ricos y grandes pezones, le penetre su vagina y estuve bombeando hasta que la hice acabar un rico olor invadía el cuarto del hotel sus orgasmos eran deliciosos normalmente cuándo terminamos juntos me recostaba a un lado de su panochita me gusta ese olor que emana desde sus adentros, pero en este caso yo no había terminado.

    Se recostó sobre su brazo izquierdo dándome la espalda estaba cansada, el solo hecho de verla de lado totalmente desnuda y con ese hermoso trasero a mi disposición no me vino a la mente más que darle por su culito, aún mantenía el condón puesto y una erección bastante dura me fui recargando en su espalda y acercando mi verga a sus nalgas las fui abriendo poco a poco con mis manos.

    En el instante que vi ese pequeño agujerito apunté mi miembro y empecé a empujar ella sintió la acción y reaccionó.

    -¿qué haces?

    -Quiero culearte le dije simplemente.

    -si está bien -me contesto- pero estaba descansando de lo de hace rato, tú no terminaste -me pregunto a lo que señale mi miembro- ya veo que no ummmh, está bien si me gusta por ahí, pero debo estar caliente.

    -Eso es fácil ponte en cuatro.

    Me coloqué atrás de ella puse mi verga acostada entre sus nalgas se veía bonito el cuadro parecía un pan abierto con su respectiva salchicha, solo faltaba la capsup.

    Empecé a acariciar su vagina suavemente sentía esa húmeda que se siente en una mujer que quiere ser penetrada, llegue a su clítoris y empezó a bufar (perdón por la palabra) no sé si iba a terminar otra vez, pero no, ahora no, con mi mano libre apunte la cabeza de mi verga a ese tan deseado hoyo era un poco incómodo porque yo no soltaba su vagina y acariciaba su botoncito dorado, hábilmente con una de sus manos dirigió mi verga a su culo.

    Verónica es una mujer de 36 años tiene un hijo, pero mantiene un cuerpazo precioso delgado sin llegar a ser flaca corre a diario antes de ir a trabajar y a veces por las tardes hace yoga dos o tres veces por semana junto con su hermana menor (de 30 años) y soltera por cierto.

    Así que esa maniobra de sostenerse con una mano y la otra guiando mi miembro no se le dificultó para nada, entonces ya con mi mano libre me aferré a su cadera y empecé a taladrar ese hoyito, ella volvió a poner sus dos manos sobre el colchón y yo las mías sobre su cadera es indescriptible la sensación cuando por fin mi verga le quitó el apodó de chiquito a su trasero.

    Después de unos minutos de intensos movimientos llegamos al clímax me recargue de su espalda descargando todo mi semen en el condón y aprovechando para recibir sus jugos vaginales en mi mano. La forma de apretar de esas nalgas son lo máximo ahora si caímos rendidos los dos. Media hora después me desperté y me dispuse a darme un baño no acostumbro a bañarme con agua caliente apenas tibia, Verónica entro sensualmente “Nos bañamos juntos“ pero corrió al sentir el agua casi fría estás loco fueron sus palabras.

    Cuando yo salí, ella entró al baño eh hizo lo propio, cuando ella salió casi terminaba de vestirme fue cuando Verónica dijo ya es tarde… pero que le vamos a hacer como les narre al principio me abalancé a ella le quite la toalla la recosté sobre la cama abrí sus piernas y olí ese rico olor del shampoo íntimo que siempre carga por casualidad cuando viene conmigo, le hice sexo oral hasta que termino no entendía lo que decía sus piernas apretaban mis orejas, quiso volverse a lavar, le dije no, así vístete me agrada ese olor. Pero mi marido lo puede notar me dijo, le dices que traes ganas y te vuelve a tocar cogida, ese no es el punto quiero dormir con tu olor y este recuerdo, pues entonces a ver que inventas pero no te lavas okey, okey fue su respuesta.

    Un día les cuento como conocí a Verónica y cómo empezamos a salir ella es la secretaria del trabajo y yo el chofer del jefe.

  • Una tarea pendiente

    Una tarea pendiente

    Era la fiesta de cumpleaños de unos amigos y entre todos los asistentes estaba ella (la vamos a llamar Ana). Ana era la amiga íntima de la anfitriona del cumpleaños y yo el amigo íntimo de su marido, el anfitrión. Ese día no pasó nada especial, Simplemente Ana me pregunto que como llevaba mi reciente separación, a lo que yo le conteste, que a días y a ratos. Ella me dijo que teníamos que quedar para un masaje mutuo y relajarnos, a lo que yo le conteste- ok, lo vamos hablando. La fiesta se terminó, cada uno se fue para su casa y ese día, ahí quedo todo.

    Ana tenía unos 38 años y yo rondaba los 42. Ella rubia con el pelo ondulado, de cuerpo atlético y con todo muy bien puesto y conservado, a pesar de haber dado a luz dos veces. Siempre vestía con vaqueros ajustados, deportivas y camisetas más o menos ajustadas, lo que dejaba adivinar un cuerpo bien esculpido, un culito apretado, piernas bien torneadas y unos pechos que, aunque no eran grandes, más bien medianos, se antojaban firmes y levantados. En más de una ocasión en coincidencias anteriores, me imagine follando con ella… pero todo se quedaba en eso, imaginaciones.

    Una semana después, me escribió por el móvil y me propuso un bañito con burbujas y un masaje mutuo en su casa el sábado tarde noche. Concretamos hora y el sábado a la hora convenida, allí estaba. No es que me apeteciera mucho. Ana estaba muy buena, pero aun así, no era una chica que me atrajera demasiado. Más bien fui por el morbo de lo que pudiera pasar y relajarme un poco. Y si surgía, echar un polvete que nunca viene mal.

    Ana estaba en casa con sus dos hijos, eran más o menos las 8 cuando llegué y directamente me llevó a la planta de arriba, a su habitación, me enseñó el baño, como funcionaban las burbujas y puso a llenar la bañera. Me dijo: Tengo que dar de cenar a los niños y acostarlos, tú relájate, date un baño, tomate el tiempo que quieras mientras yo hago lo mío y después subo yo, me baño y nos damos el masaje ok? Le dije que si a todo, como dejándome llevar, pero sin mucho entusiasmo… era sábado noche y no había mejor plan a la vista.

    Asimismo dejé que se llenara la bañera, me despeloté y me metí en ella. Al cabo de una hora más o menos, Ana subió, dio un par de toques en la puerta y entro al baño, se acercó a la bañera y me pregunto si estaba a gusto, mientras miraba mi cuerpo desnudo. Yo no hice por taparme nada, todo se veía ya que la espuma hacía rato que de había ido. Le conteste que si estaba a gusto y me dijo que si me parecía bien, la esperara en la habitación mientras ella se daba un baño rápido. Me levante, me seque y tape con una toalla que ella me dio y me fui a la habitación. Todo esto ocurrió sin un atisbo de pasión, de picaresca, de la lascivia… como si fueran dos hermanos lo que estaban en el baño, o un matrimonio ya aburrido por los años.

    Al cabo de media hora, Ana entro en la habitación, nada más que con la toalla puesta por encima del pecho. Yo ya tenía preparada la camilla y la pregunte quien se tumbaba primero para recibir el masaje. Me dijo que yo primero si quería y acepte. Sin quitarme la toalla de la cintura, me tumbe boca abajo y deje que la toalla callera por los lados de la camilla, tapándome el culo nada más.

    Ella empezó a masajearme los gemelos, después el resto de las piernas y cuando llego a mis nalgas, me quito la toalla dejándome totalmente desnudo. Me masajeo el culo y la parte interior de las piernas, casi rozando mis genitales y mi ano. A partir de ahí, empecé a ponerme un poco cachondo. Siempre me ha gustado mucho recibir y dar masaje, y si son con contenido erótico mejor. Termino con el masaje en la espalda, se encendió un cigarro, me ofreció uno, nos lo fumamos y ella se tumbó en la camilla igual que yo, con la toalla cubriéndola el culo.

    No hubo nada reseñable en el masaje que yo la di, pues fue en la misma dinámica. Salvo que al tener las piernas entreabiertas, dejo al aire todas sus bondades. Un culito muy bien puesto con un ano marrón clarito que se hacía muy apetecible, y una vaginita pequeñita, rosada, muy limpia, con unos labios menores deliciosos y muy apetecibles también. La dinámica se repitió y ambos tumbados en la cama, nos fumamos un cigarrito para rematar el relax del masaje.

    Los dos estábamos como cohibidos, como si nos hiciera falta algo ara arrancar, y casi en silencio. Me dijo que bajaba un momento a ver si los niños ya se habían dormido y que enseguida subía. Tardo unos diez minutos en volver. Yo me sentía raro, como inapetente. Me pregunto si estaba bien y le dije que me sentía raro. Ella me dijo que también pero que le apetecía estar así conmigo. A mí me entro la necesidad de aclarar intenciones y le dije que pasara lo que pasara, que para mí solo era una noche de placer, que no quería nada más. Ella me dijo que no pasaba nada, que ella solo quería pasarlo bien con un amigo (follamigo en este caso) y que después cada uno a lo suyo. A partir de ahí, parece que nos relajamos, y como siguiendo un protocolo, empezamos a besarnos…

    Yo empecé a acariciar su cuerpo, su espalda, cintura, sus pechos y su vagina mientras nos besábamos. Ella me acaricio el pecho y acto seguido me empezó a acariciar el pene, el cual se puso tieso enseguida. Siguió masturbándome durante unos minutos mientras yo la hacía lo mismo y nos morreábamos, ya con más ganas y excitación. En un momento dado, se separó de mí, y me dijo que me tumbara, que me la iba a chupar. No dije nada, pero si recuerdo que pensé, a ver como se lo curra. Empezó con un lametón desde los huevos hasta el glande que me hizo estremecer, no me lo esperaba. Y acto seguido, se metió me pene en la boca y me hizo una de las mejores mamadas de mi vida. Después de subió encima de mí, se metió mi pene en la vagina y me cabalgo como si el mundo se fuera a acabar esa noche. Fue alucinante pues una vez que nos calentamos los dos, descubrimos que en la cama, funcionábamos a la perfección el uno con el otro. Nos corrimos los dos a la vez en un orgasmo bestial. Ella se fue al baño a lavarse, después fui yo, y nos fumamos otro cigarro.

    Yo pensé que no había estado mal la noche y me sentí satisfecho. Pero cuál fue mi sorpresa cuando me dijo: has visto alguna vez una vagina con dos agujeros? Yo me quede extrañado y le dije que no. Ella cogió mi mano, se la llevo a su vagina y me dijo: mete los dedos… veras. Efectivamente, tenía como un tabique a dos centímetros de la entrada, que separaba el orificio de entrada a la vagina en dos. Uno más pequeño y otro más grande. Al ir a sacar los dedos, me dijo que no los sacara, que siguiera explorando por allí dentro que le estaba gustando. Empezó a gemir de placer y yo a empalmarme otra vez. He de decir que en muy pocas ocasiones, había echado dos polvos seguidos anteriormente. La tumbe del todo en la cama y me puse a hacer un 69 que a los dos nos supo riquísimo. Después me puse encima de ella, se la metí hasta el fondo y después de un rato, los dos nos volvimos a correr. Nos fumamos otro cigarrito charlamos un rato de cosas intrascendentes y nos echamos a dormir.

    Me desperté por la mañana a eso de las 11 y estaba solo en la cama. Ana se había levantado hacía rato para preparar a los niños para que se fueran con el padre. Baje a la sala de estar y Ana estaba allí recostada en el sofá viendo la tele y me pregunto si quería café, a lo que dije que sí. No recuerdo bien que conversación tuvimos, ero se recuerdo que derivó hacia el sexo y que la conclusión entre risas era que follar estaba bien jajaja.

    La cogí de la mano y la lleve a la habitación, nos desnudamos y nos pusimos a follar otra vez. Otro polvo espectacular. Cigarrito y charleta, en la cual le dije que no recordaba haber tenido tanto sexo seguido en tan breve espacio de tiempo. Y que no sabía si podría echar un cuarto polvo porque no sabía si se me levantaría. A lo que ella respondió: pues si quieres lo comprobamos. Y acto seguido, empezó a mamarme la polla, flácida y caída, pegajosa por la mezcla de sus flujos y mi semen, ya que no habíamos id ni a darnos un agua. Mi sorpresa fue que enseguida se me levanto y que nos pusimos a follar otra vez, corriéndonos como posesos de nuevo. Nunca me imaginé que podía dar tato de si, y menos con ella. Que aunque estaba muy buen, no me sentía especialmente atraído.

    Después de un rato, ya sí que nos despedimos y quedamos que había que repetirlo. Algo que no volvió a suceder. Pero a mí me quedo uno de los mejores recuerdos de sexo de mi vida… 4 polvos en menos de 12 horas con una amiga.

  • Me toca medio dormida

    Me toca medio dormida

    Esa noche como de costumbre me acosté a dormir primero que mi novio, no sé cuánto tiempo pasó, pero sentí cuando empezó a tocarme, debo admitir que apenas sentir su presencia me calenté, siempre que lo tenía cerca mi vagina se calentaba y sentía un cosquilleo.

    Comenzó olfateándome, parecía un animal, que delicia, yo estaba acostada boca abajo, pero poco a poco me fui acomodando solo para darle el paso libre a mi vagina, quería que me tocara con sus hermosos dedos, sin embargo él empezó por mis senos, mis pequeños senos, con su mano podía abarcar por completo uno de ellos y yo me excitaba cada vez más.

    Seguí en mi papel de niña durmiendo, quería saber hasta dónde llegaría, estaba desesperada quería sentirlo dentro de mí, él fue bajando su mano y yo escuchaba su respiración era como un búfalo y sus gemidos «hmmm» me encantaba, me sentía como una presa acorralada por su depredador, su mano bajaba cada vez más y yo sentía mi vagina cada vez más caliente y ansiosa por sentir sus dedos introduciéndose en ella, cuando por fin llegó no aguanté las ganas y se me escapó un pequeño gemido, aún no había siquiera palpado la entrada a mi vagina, pero en serio que estaba muy caliente. Él escuchó el gemido y me dijo al oído con esa voz de hombre atrevido…

    -Sé que te estás haciendo la dormida. Eres una niña muy sucia.

    Estaba que me estallaba de placer, me encanta que me diga cosas sucias al oído es como mi segunda vagina, él se acercó a mi vagina con sus dedos rozaba mi clítoris y movía mis labios para encontrar aquel orificio que ya todos sabemos, una vez lo encontró me dijo…

    -Estás muy mojada, que delicia hmmm, eres una niña muy sucia.

    Seguía haciéndome la dormida, en serio este juego me gustaba, el introdujo su dedo corazón en mi húmeda vagina y sentí demasiado placer me empecé a estremecer y a excitar cada vez más, luego metió su dedo anular para hacerle compañía al otro, me decía cosas muy ricas.

    -Te gusta cierto?

    Movía sus dedos de una manera tan majestuosa que no aguante más y al cabo de 5 minutos me corrí, gemí con suavidad (escribir esto me pone muy cachonda) él supo que terminé y me dio un beso en la cabeza, de forma muy pervertida podía sentir como su hombría se elevaba y eso me hacía sentir más extasiada así que finalmente decidí dormir de verdad.

  • Fui su juguete sexual

    Fui su juguete sexual

    Adoro despertar así…

    Sentir que su brazo me busca y me cobija, sentir su calor corporal en mi espalda, en especial cuando el día es como hoy; frío y gris de esos que invitan a permanecer más tiempo en cama esos en los que no se antoja ir a trabajar, me encanta sentir como se pega a mí y que su calor cobije mi cuerpo, disfruto sentir su nariz oliendo mi cabello mientras se abre paso hasta besar mi nuca, sentir su mano traviesa abrirse paso entre las sábanas hasta llegar y tomar por asalto alguno de mis senos, su respiración uniforme en mi cuello, la suavidad y dulzura de sus primeros besos repartidos entre mi hombro, cuello y brazo.

    No sé qué hora es, pero los rayos del sol más fuertes me indicaban que él ya casi me soltará para luego salir de la cama solo cubierto por su ropa interior, por lo regular bóxer pegados a su figura, por lo regular mis ojos lo seguirán hasta que se pierda detrás de la puerta.

    Ya es tiempo comenzó con sus movimientos para salir de cama, sentí que se movió un poco para despegar su piel de la mía, lo detuve un poco sosteniendo con mi mano la suya sobre la redondez de mi seno izquierdo, no lo quería dejar ir aún mi niña mimada quería seguir sintiendo sus brazos en mi cuerpo.

    Ya era tarde y él siempre ha sido muy puntual así que imaginé su impaciencia por salir de cama y empezar con sus rutinas.

    Se movió en lo que supuse era para salir de la cama sin embargo hizo lo contrario, me abrazó más fuerte, se quedó quieto, sin acariciar ni besar nada solo apretando fuerte, parecía como pensativo como si estuviera viajando en su imaginación.

    Sentí curiosidad por saber qué era lo que su sádica mente estaba planeando.

    No estaba tan equivocada luego de unos pocos minutos susurro en mi oído:

    —¡Quiero que cargues un par de juguetes!

    La curiosidad creció de forma exponencial en mi cabeza, fue tanta que no resistí girar la cabeza para preguntar:

    —¿Cuáles?

    —El micrófono rosa y el vibrador morado -No pude evitar mojarme con su respuesta, esos son los dos juguetes que más usamos y con los que más nos divertimos.

    Luego se despegó de mí y me besó en la frente antes de salir de la habitación con rumbo a la ducha.

    Solo vi de reojo su sonrisa.

    La forma de despertar hoy fue estupenda y su abrazo me llenó de calidez para el resto del día, pero su propuesta me dejó llena de ganas y con la entrepierna llena de humedad.

    Me encanta eso de él, su mente pervertida y en ocasiones perversa, sádica y dulce al mismo tiempo.

    En cuanto salí de cama busqué en la caja de los juguetes para ponerlos a cargar.

    Casi podía imaginar el encuentro, había momentos que casi podía sentir con anticipación; sus besos y caricias, sus labios recorriendo mi cuerpo mientras sus manos también acarician partes sensibles de mi anatomía.

    Anhelando ese momento en que entra en mí y me quita el aliento, esa primera invasión que tanto disfruto mientras siento como va abriéndose paso poco a poco. Como me voy amoldando a su grosor y dureza.

    El día pasó lento en la oficina algunos pendientes inconclusos por fin tuvieron solución y eso me ponía feliz pero tarde se me hacía poder salir para ir a casa a esperar su llegada así que sí, hoy fue un largo día un poco más de lo habitual.

    Por la tarde me dediqué a mí, entré en el baño y me di un largo y relajante baño, depile las partes que tenía que depilar, unte cremas para suavizar la piel me puse un poco de perfume y elegí mi atuendo algo sexi, provocativo y sugerente.

    Debajo de la ropa lencería fina, iba elegir el virginal blanco que lo vuelve loco, pero ese color no me emociona en una noche donde pienso ser de todo menos inocente, así que elegí color verde oliva seco, todo a juego: ligueros, bragas, brasier completo transparente.

    Dejé mis hombros y cuello al descubierto con una blusa escotada y manga larga, cuide muy bien el escote quería que se viera el nacimiento de mis senos solo una anticipo de lo que la tela cubría para él, la falda era pegada desde mi cintura hasta las rodillas aunque luego se abría un poco no me dejaba dar pasos largos,

    Puse una fina cadena sobre mi tobillo por encima de los tacones de aguja que me hacen ver más alta y provocan que mi trasero se vea más voluminoso.

    Una gargantilla con una gema roja y unos pendientes son mis únicos accesorios.

    Cuando él llegó a casa lo esperaba de pie en el medio de la sala de estar me miró y pasó la lengua por sus labios tenía esa mirada que me pone nerviosa y al mismo tiempo hace que me sienta como una diosa griega.

    Me deseaba, su mirada no dejaba lugar a las dudas. Tomó mi mano y me acercó a él tan cerca que sentí su aroma mezclado con el aroma de su perfume, siempre me vuelve loca su olor de hombre.

    Él lo sabe y se aprovecha de ello, jalo de mi mano y fuimos hasta la ducha sin importarle que yo ya me había bañado, dentro del baño me desnudo poco a poco, quitando una prenda por vez y admirando mi figura cada que un pedazo de tela dejaba al descubierto una parte de mi piel. Cuando terminó hice lo mismo lo fui desnudado prenda por prenda deje para el final sus bóxer que para esta altura ya estaban bien marcados por una firme y gloriosa erección.

    Libere del bóxer la erección, su pene se movía arriba y abajo frente a mis ojos mi dedo índice se posó en la cabeza y ejerció presión hacia abajo luego lo solté y los movimientos ascendentes y descendentes continuaron hasta que con firmeza lo tome con toda mi mano y acaricie en círculos el glande con el pulgar de la otra mano. Estaba embelesada con mis manos en él disfrutando su calor y textura.

    Placer, fuego… el paraíso en medio de sensaciones de calor, morbo, lujuria.

    Luego de unos minutos me detuvo.

    —Espera mi niña que hay mucha noche por delante.

    Luego abrió la regadera y me hizo entrar bajo el chorro de agua tibia.

    Le susurre una frase que de casualidad hoy escuché pero que describe mi día sin él.

    Solo dije: me has tenido todo el día «con tu ausencia derramada entre mis muslos»

    Me beso, beso cada parte de mi anatomía bajo el chorro del agua.

    Luego como si fuera un bebé tomó el jabón y comenzó a frotarlo con suavidad por mi cuerpo me deje bañar, masajeo mi pelo suavemente mientras masajeaba mi cabeza.

    Luego fue mi turno de bañarlo.

    Me baño y lo bañe en medio de un erótico momento de intimidad, nos calentamos mutuamente sin llegar a más que las caricias con el jabón y nuestras manos sobre los cuerpos resbaloso y húmedos luego salimos del baño con rumbo a la habitación donde nos esperaban los juguetes listos para ser usados principalmente en mi anatomía.

    Vio los juguetes sobre el colchón y con un suave empujón me lanzó junto a ellos, yo estaba lista y él también.

    Entró lentamente en mí tal como lo deseaba empezamos un baile erótico una melodía que solo nosotros sabíamos bailar, miraba mis ojos mientras cada centímetro de él se iba enterrando en mi cálida y húmeda gruta.

    Mientras comenzaba sus movimientos una de sus manos tomó un juguete, abrió los ojos y una sonrisa pícara asomo en sus labios. Se tumbó encima de mí para decirme lo que estaba pensando.

    —Sabes quiero usar el columpio este sábado ¿tienes ganas?

    Ahora era yo quien sonreía mientras mi mente volaba con la idea de subirme al columpio y jugar en el, simplemente arriba de ese juguete se llega a unos ángulos que de otra forma no.

    Estábamos calientes y con ganas, todo el día nos habíamos cocinado lentamente en nuestros pensamientos libidinosos.

    Él sabía mi respuesta desde antes que mis labios se abrieran

    Seguía moviéndose lentamente dentro y fuera de mí sin dejar de mirarme, casi estoy segura que podía sentir mis ganas a flor de piel, apenas había comenzado a moverse y yo estaba a punto de correrme, dice que mi rostro cambia, que mi mirada cambia aunque yo creo que debe notar mi creciente humedad, mis manos aferrarse desesperadamente a lo que sea, la espalda que comienza a arquearse o tal vez solo sean mis ojos.

    Él calor estaba expandiéndose por mi cuerpo y la electricidad comenzaba a recorrer mi columna vertebral rumbo al cerebro, sentía la humedad brotar en mis labios.

    Mis caderas le pidieron más energía en sus movimientos para poder explotar.

    Pero él hizo lo contrario bajó el ritmo de sus movimientos hasta casi detenerse por completo antes de decir:

    —Tengo algo en mente.

    Seguía entrando y saliendo rítmicamente en mí aumentando la sensación acercándome de a poco al orgasmo estaba esperando que le preguntara lo que tenía en mente pero yo no le decía nada, podía ver su morbo crecer mientras esperaba el momento de explotar…

    Sus ojos preguntaban lo que su boca no se atrevía.

    Por fin le pregunte:

    —¿Qué es?

    —Voy a colgar el columpio muy bajito, lo suficiente para sentarme en una banca y penetrarte así, pero antes de follarte te voy a amarrar en el columpio, te daré placer con el par de juguetes que hoy cargaste hasta que mojes el piso solo entonces te follaré.

    Podía sentir cómo sus palabras tenían repercusiones en mi entrepierna cada vez más húmeda y caliente lista para el primer orgasmo.

    Luego solo me dijo: te usaré toda la semana para mi placer pero tú no podrás acabar hasta el sábado, serás mi juguete hasta entonces; ¿estás de acuerdo?

    En ese momento estaba cegada por el placer haría cualquier cosa que me pidiera así que acepte moviendo la cabeza de arriba para abajo.

    —¿Segura? Es toda la semana haciendo tareas para mí, son siete días donde usaré tu cuerpo, te calentare pero no obtendrás satisfacción; será frustrante.

    —Sí

    Esa idea activó un chip en mi cerebro solo quería complacerlo y ganarme una sesión de placer el sábado.

    —Bien, esto será rápido.

    Después de solo dos embestidas más sentí como su verga se puso más dura dentro de mí, adoro esa sensación. Luego sentí la descarga con esas convulsiones descontroladas que me indicaron que él se había corrido.

    Miró mis ojos y tomó un juguete lo prendió frente a mi rostro una luz rosa fosforescente cobró vida, comenzó a zumbar sentí las vibraciones en mi seno derecho luego en el izquierdo bajó por mi abdomen hasta llegar a mi entrepierna…

    Estaba tan cerca de correr me que suplique para que lo retirará.

    —Shhh mi niña. Aguanta un poco más.

    Cambio la velocidad de las vibraciones ahora no era un continuo movimiento ahora la luz parpadea de a poco y aumenta la intensidad para luego volver a bajar, él mueve el juguete de arriba a abajo a por mi vulva, masajea todo el contorno de mis labios mientras con su mano libre frota mi botón hinchado y sediento.

    Mis piernas dejan de obedecer y se mueven por sí solas, se elevan buscando algo; liberación, placer. Mis manos vuelven a aferrarse a las sábanas y se cierran con fuerza sobre ellas ahora es inminente ya esta aquí, justo cuando estoy por explotar baja la intensidad y el orgasmo no explota como debería solo encuentro un pequeño porcentaje de lo que yo quiero. Él lo sabe en ese instante la luz fluorescente muere, y el único sonido es mi respiración agitada.

    Siempre he preferido venirme con el calor de su orgasmo pero hoy es distinto empiezo una semana donde seré su juguete casi su esclava sexual por mi propia voluntad.

    ¿Qué si estoy loca?

    Lo más probable es que así sea, pero lo disfruto, nuestra relación va más allá de él placer en la alcoba, la intimidad entre nosotros es mucho más que estar desnudos uno frente al otro.

    Luego de unos segundos abrí mis ojos y me encontré con los suyos expectantes debo tener una cara de frustración más que evidente, yo quería más, mucho más y lo sabe.

    —Ya te di mucho más de lo que te había prometido para hoy, además mañana no me correré tan rápido así que tu frustración irá en aumento.

    Soltamos las risas abrazados en medio de la cama.

    Ahora espero con ansia el sábado para poder cobrar mi recompensa.

  • Sexo duro con la chica que me gusta

    Sexo duro con la chica que me gusta

    Bueno todo comenzó hace 2 semanas cuando le pregunté a Alejandra (que es la chica que me gusta) si podríamos salir ella me dijo que sí. 

    Era un domingo perfecto la invité a comer un helado todo casual estuvimos hablando sobre muchas cosas y en medio de eso ella me preguntó como si nada si me masturbo y yo le dije la verdad, entonces ella me dijo “en quien piensas mientras haces eso”.

    Le confesé con seguridad que me masturbaba pensando en ella e imaginándome sus tetas, nalgas y vagina y que mi fantasía sexual era meter mi pene en su ano y posteriormente en su vagina para llenarla de semen.

    Pensé que nuestra cita habría de acabar ahí, pero ella me dijo que sentía lo mismo por mi, entonces me dijo que estaba dispuesta a tener sexo conmigo y yo feliz y nervioso acepté.

    Ella me llevó a un callejón muy oscuro y ahí empezó a chupar mi verga. Cabe resaltar que yo no traía condón porque no pensé tener sexo, después de como 6 minutos le eché mucho semen en su boca y ella bien feliz de eso me dejó metérsela en su vagina. Alejandra estaba tan feliz de que se la meta por ahí. Luego de 10 minutos más o menos también me corrí adentro de su vagina.

    Ella me regañó, pero yo le di un apasionado beso mientras metía mi dedo a su ano lentamente, le dije que se la quería meter por ahí, ella no quería, la convencí y entonces se la metí, ella soltaba unos gemidos muy fuertes, como su culo estaba muy apretado entonces ahí me corrí.

    Nos pusimos nuestra ropa y ella me dijo que quería ir a comer. La llevé a comer y así terminó nuestra primera cita. Al día siguiente me dijo que estaba embarazada y pues ahora debo hacerme cargo de ello.

    Aun así la amo demasiado y ahora solo pienso en tener mucho sexo con ella.

  • Cita a ciegas con Jasmine

    Cita a ciegas con Jasmine

    Viernes; 11 pm. En un baño de un club nocturno, un joven de 18 años de nombre Toby; estaba siendo enculado por una chica negra de 25 años llamada Jasmine. Se habían conocido esa misma noche en persona, y horas antes chatearon en un foro en línea. El chico gemía sin parar mientras Jasmine le follaba el culo con su enorme polla. Pero mejor retrocedamos unos días antes; para comprender como Toby terminó en ese lugar.

    Lunes, 10 am. Toby, un chico de lentes; rubio, delgado y simpático de 18 años del oeste de Londres, estaba tocando la puerta de una casa en Charing Cross Road, unos segundos más tarde; una chica rubia de su misma edad abría la puerta con una sonrisa de oreja a oreja. ‘’Pensé que no ibas a venir’’ dijo alegremente la chica. ‘’Pasa, mis padres estarán fuera todo el día y la casa será para nosotros’’ añadió, guiñándole un ojo. Toby sonrió tímidamente y entro. Siguió a su novia escaleras arriba, que vestía un pequeño vestido rosa hasta los muslos. Peggy lo llevaba de la mano muy emocionada y entraron en su habitación.

    ‘’No seas tímido, Toby’’ dijo Peggy mientras acorralaba contra la pared a su nervioso novio. La muchacha comenzó a masajear el enorme bulto en la entrepierna del chico, que seguía muy nervioso; pero la mirada de Peggy era de completa lujuria, pues había esperado ese momento por varios meses.

    ‘’Estas duro como roca, cariño. Me muero de ganas de chuparte tu enorme polla’’ dijo sensualmente Peggy acercándose a su novio.

    ‘’Eh… podríamos no se… esperar un rato más… Aún no he visto tu casa’’ dijo Toby con nerviosismo sin poder quitar la mano de su novia de su tieso bulto.

    ‘’Pronto la vas a conocer… lo haremos en cada rincón. Todas me van a envidiar, pues este monstruo de aquí” dijo masajeando la polla de Toby por encima del pantalón, “va a ser todo mío’’

    ‘’No deberíamos de… acelerar las cosas…‘’ tartamudeó Toby algo sudoroso.

    ‘’No te preocupes, te enseñare lo mío en un momento’’ coqueteó Peggy, sin dejar de acariciar el descomunal paquete de Toby con una mano, y soltando un tirante de su vestido a un lado con la otra.

    ‘’Detente… por favor…’’ rogó el chico a su lujuriosa novia.

    ‘’Mmm no temas, este gigante de aquí saldrá enseguida’’ dijo Peggy desabotonando el pantalón de Toby y bajando la cremallera. La chica se relamía al hacerlo pero cuando bajo el pantalón de Toby, palideció por completo…

    Un gran pepino salió despedido de la entrepierna de Toby, y casi golpeó a Peggy; que vio además un pequeño trozo de carne de unos 5 cm adornado por dos pequeños testículos, Toby tenía un micropene…

    ‘’Pero qué demonios!?” exclamó en shock Peggy con lo que estaba viendo.

    ‘’Yo-yo-yo… lo pu-puedo explicar… lo juro…’’ titubeó desesperado Toby.

    La chica gritó histérica; e intento golpear a Toby. El joven como pudo esquivó el golpe y con dificultad salió de la habitación, en la carrera se subió lo más que pudo sus pantalones y bajo a toda prisa las escaleras, con Peggy a su espalda gritándole enloquecida. Toby cruzó como un rayo la sala de estar y llegando a la puerta, se resbaló con la alfombra y Peggy logró alcanzarlo y asestarle una patada. La chica abrió la puerta de la casa y a puntapiés saco al pobre Toby.

    ‘’Lárgate, mentiroso depravado!’’ gritó Peggy al tiempo que cerraba la puerta violentamente. Toby quedó de rodillas, completamente avergonzado por lo sucedido cuando la puerta volvió a abrirse.

    ‘’Y llévate tu asqueroso pepino, idiota!’’ dijo la chica lanzándole el pepino directo a la cabeza.

    Toby, dolorido por el golpe, cogió el pepino y se lo guardó a un costado y se puso de pie, caminando lentamente hacia el metro; cabizbajo. Ya en el metro, esperó un tren que lo llevase a casa, y tratar de encontrar una solución. Pero lo peor para el infortunado Toby vendría al día siguiente en la escuela.

    Toby llegó temprano, como era habitual, y se sentó en un salón vacío esperando encontrarse con Peggy para explicarle todo, pero en eso escuchó un murmullo de voces y risas en el salón contiguo; y decidió asomarse para ver de quien se trataba.

    ‘’Chicos, chicos, adivinen. La polla de Toby no es el monstruo que todos creíamos…’’ escuchó Toby, y supo que era Peggy la que estaba hablando, ‘’…solo se mete un pepino bajo su pantalón’’

    Hubo un estallido de risas, y algunos se sobresaltaron por la revelación que les hacía Peggy pues no daban crédito a sus palabras. Varias voces hablaban al mismo tiempo. ‘’Y qué tan pequeña la tiene?’’ o ‘’No bromeas, en serio?’’

    Toby espió a través de un pequeño vidrio en la puerta y vio a Peggy frente a todos sus conocidos y compañeros de clase y cómo con sus dedos índice y pulgar les indicaba lo pequeño de su miembro

    ‘’…así de pequeña es. Necesitarían un microscopio para poder verla bien’’ escuchó decir Toby a Peggy. Otro estallido general de risas y burlas se oyó con mayor fuerza. Toby ya sabía que su vida estaba arruinada, pronto todos sabrían su secreto.

    En eso, alguien exclamó. ‘’Miren, Toby está ahí afuera!’’ y de pronto la puerta del salón se abrió y un coro de risas lo recibió. Una mano lo jaló y entró al salón, muy avergonzado para mirar a todos a la cara.

    ‘’Enfermo pervertido’’ escuchó decir a Jane.

    ‘’Eres patético’’ dijo Betsie.

    ‘’Apuesto a que te comes ese pepino al final del día, a que sí?’’ se burló Gareth.

    ‘’Así que ese era el secreto de tu ‘’legendario’’ paquete… ja!’’ dijo con sarcasmo Edward.

    ‘’Oye, puedo entender cómo te sientes… pero meterte eso ahí es un poco… no sé, extraño tal vez…’’ dijo James con algo de consternación en su mirada.

    Al salir del aula, todos en el pasillo empezaron a reírse y señalarlo. Ya la historia había corrido a través de mensajes de Whatsapp y ya toda la escuela lo sabía. Ese día fue fatal para Toby, pero los siguientes tres días la cosa se puso peor para él y deprimido, decidió no ir el viernes a la escuela.

    La verdad, no era la primera vez que Toby padecía por su micropene. Se había mudado de Cambridge a Londres por la misma circunstancia dos años antes, cuanto tenía 16. Entonces salía con una chica de nombre Anne y pues la misma situación se le presentó, terminando a causa de su increíblemente pequeño miembro. Anne empezó a hablar de ello con sus amigos y estos difundieron la información en su escuela, las burlas y rumores se pusieron muy feos para él y le pidió a sus padres cambiar de escuela, con la excusa de que prefería estudiar en la capital.

    Toby no quiso volver a vivir la misma experiencia en Londres, así se le ocurrió la idea de verse más ‘’dotado’’. Un día cogió ‘’prestado’’ un pepino del refrigerador y se lo colocó en su entrepierna, y a pesar de su cara infantil y cuerpo delgado, le gustó la atención que recibía cuando todos se fijaban en el enorme bulto entre sus piernas. Así fue como logró conseguir una nueva novia, Peggy. Toby pensó en decirle la verdad, pero las cosas sucedieron muy rápido que pasó lo que el joven no quería volver a repetir.

    Esa era la historia de Toby antes de conocer a Peggy y bueno… tras terminar con Peggy. Sin ánimos de ir a clase ese viernes el chico encendió su computador y ya una vez iniciado el sistema, accedió a la Internet. No sabía qué hacer, pues no se atrevía a abrir sus redes sociales por temor a encontrarse con más burlas, así que entró en un foro online y estuvo por largo rato mirando en los distintos links, sin fijarse en nada. En eso encontró una categoría, Sexualidad; e hizo click en ella. Miró cientos de preguntas de usuarios anónimos que discutían acerca de sexo, suspiró profundamente antes de presionar la opción de ‘’Pregunta’’.

    ‘’El tamaño importa?’’ escribió Toby.

    El muchacho estuvo varios minutos sin recibir comentarios, hasta que una lluvia de respuestas inundó su enlace. Distintas y variadas, algunas le levantaron el ánimo, pero otras… solo hicieron que se deprimiese aún más en su situación desesperada. De pronto, una ventana de chat privado se le apareció y alguien que se identificaba como ‘’SweetSeduction’’ le estaba escribiendo. Dudando un poco, eligió responderle.

    ‘’Estuve leyendo tu pregunta y los comentarios, supongo que tienes problemas con ello’’ escribió SweetSeduction.

    ‘’Si, algo así’’ respondió Toby.

    ‘’Es tu nombre real Toby?’’ preguntó SweetSeduction.

    ‘’Si’’

    ‘’Mi nombre es Jasmine, un placer’’ respondió SweetSeduction.

    ‘’Igual’’ respondió el chico.

    ‘’Me gusta tu foto de perfil, te ves muy lindo’’ escribió Jasmine.

    ‘’Gracias…’’ respondió Toby, muy cohibido con ese comentario.

    ‘’Cuántos años tienes?’’ preguntó ella.

    ‘’18 y tú?’’ dijo Toby.

    ‘’25. Te gustaría ser amigos?’’ escribió Jasmine.

    ‘’Si, pero…’’ escribió dubitativo Toby pero otro mensaje de Jasmine llegó.

    ‘’Bien, no te preocupes. No creo que valgas por el tamaño de tu pene. Me gustan las personas por como son, y tú eres muy lindo’’ escribió la chica.

    ‘’Gracias’’ atinó a escribir el joven, muy sonrojado y agradeciendo no tener ese conversación en persona.

    ‘’Cuéntame algo de ti, qué te trajo al foro a hacer esa pregunta?’’ quiso saber ella.

    Toby no dudo, y se desahogó con la desconocida. Le contó toda su historia con Peggy, y como se había dado cuenta de su pequeño problema y como ahora todos en la escuela se burlaban de él. Jasmine le dio moral y palabras de comprensión, no dudo en denigrar a Peggy y su ‘’actitud de zorra’’ y que él no tenía la culpa de lo sucedido. Toby agradeció las palabras de aliento y conversaron por largo rato.

    ‘’Si te soy sincera, a mí no me importa el tamaño del pene de un hombre, sino el de su trasero’’ escribió al cabo de un rato Jasmine.

    ‘’Cómo?’’ escribió Toby un tanto sorprendido.

    ‘’Jaja, solo bromeaba, o tal vez no?’’ respondió ella.

    ‘’Oh jaja’’ respondió Toby menos incómodo.

    ‘’Siento que después de tanto chatear contigo, como si en verdad te conociera de toda la vida. Te prometo que si nos llegamos a conocer en persona, te ayudaré a encontrar a una buena chica para ti’’ aseguró Jasmine.

    ‘’Oye yo también pienso lo mismo. De verdad apreciaría la ayuda’’ respondió contento el chico.

    ‘’Y si no te consigo a una buena novia, estoy dispuesta a ser tu novia’’ escribió Jasmine.

    ‘’Qué? No bromeas?’’ respondió Toby medio atontado.

    ‘’Claro que no! A menos que no te gusten las chicas mayores’’ aseveró ella.

    ‘’No-no. No es problema para mí’’ respondió Toby apresuradamente.

    ‘’De verdad!? En ese caso, me veo tentada a no buscarte a otra chica y ser tu novia. Te tendré solo para mí’’ afirmó Jasmine.

    La conversación siguió discurriendo en ese tono y pronto supieron que vivían en Londres, así que Jasmine sugirió conocerse en persona en su club favorito, esa misma noche. Toby sin pensarlo aceptó y quedaron de verse a las 10. Se despidieron al rato y Toby comenzó a saltar de emoción y a buscar en su closet las mejores ropas para salir esa noche. Pidió permiso a sus padres (mintió acerca de ir a conocer a una chica de internet) diciendo que iría con sus amigos de la escuela.

    Pasó toda la tarde mirando su reloj cada pocos minutos, esperando a las 7 de la tarde para meterse a la ducha y prepararse. Llegó el momento y no perdió un segundo, se duchó y salió de regreso a su cuarto. Se puso una camisa de mangas largas color crema y un pantalón azul oscuro, remató con unos zapatos deportivos negros y se vio en el espejo de su cuarto; se veía bien y casual para la ocasión.

    Salió de su casa a las nueve menos veinte, y rápidamente tomo un bus hacia el lugar acordado con Jasmine. Toby se sentía muy nervioso, era la primera vez que iba a salir con una chica mayor que él y la idea le causaba mucha emoción, y algunas inseguridades propias de un adolescente pero se infundió aliento durante el camino de que todo iría bien. Llegó al sitio a tiempo, y entró al club no sin dificultades, dentro; la atmosfera era increíble. Música a todo dar, luces de colores y reflectores enceguecían y distorsionaban el panorama, haciendo apenas reconocible a la gente que bailaban en el centro del lugar.

    Toby encontró una mesa para dos vacía y ocupó una las sillas, revisó su móvil y eran las diez menos diez. Pensó que no era el mejor lugar para una primera cita (y a ciegas), pero en la premura no quiso rechazar la propuesta de Jasmine. Toby jamás había estado en un club y la verdad se sentía algo incómodo, el ruido y la sensación de no pertenecer a aquel ambiente lo acosaba.

    Otra duda pasó por su mente. Y si todo era una broma y se quedaba plantado allí? Pero de inmediato ahuyentó esa posibilidad latente, la siguiente fue que Jasmine había aceptado ser su novia después de ver su foto en el chat, y haber hablado por unas horas. Porque? Apenas y se habían conocido más no lo suficiente, y lo otro fue que tal vez, Jasmine fuese una chica fea y desesperada por conseguir un novio. Aquello cobró fuerza en su cabeza, aunque también se dijo que no estaba en posición de ser muy exigente, pero y si fuese verdad; no soportaría salir con una chica que no pudiese atreverse a mirar a la cara por su apariencia.

    ‘’Tal vez me apresure en aceptar esta cita’’ se dijo Toby mientras seguía esperando.

    Inmerso como estaba en sus pensamientos y temores, una chica alta se acercó hacia su mesa y le saludó. ‘’Hola cariño, te he reconocido al instante. No muchos van a un club así como te vistes’’ dijo con una sonrisa.

    Toby alzó su mirada, y prácticamente sintió que dejó de respirar. Una chica negra con cabello algo revuelto, senos generosos y sensuales curvas estaba de pie frente a él. Vestía una blusa blanca ajustada que tapaba parte de sus brazos y dejaba sus hombros al descubierto, a excepción de un par de tirantes blancos del sujetador, la prenda acentuaba el curvilíneo contorno de su dueña, una pequeña minifalda negra con cinturón rojo. Las piernas eran largas y sensuales. El joven miró de arriba abajo sin poder creerlo. ‘’Es esta sexy chica Jasmine?” pensó. ‘’Pero que tetas… y esas piernas largas… pero que suerte la mía’’

    Se saludaron y se sentaron en la mesa, Jasmine ordeno una botella de vodka y empezaron a conversar animadamente. Toby seguía sin creérselo, pero ahí estaba ella; tan increíble y hermosa. Pronto descubrió que la sonrisa de ella lo cautivaba al extremo, era muy divertida además. Comenzaron a beber, y Toby no se controló a la hora de los tragos, bebía como si de agua se tratase. Jasmine continuaba llenando su vaso a cada rato y el joven iba a ello, vaciando su vaso casi de inmediato. El chico se preguntaba como una chica como Jasmine, tan hermosa; había preferido estar con él, cuando podía tener al hombre que quisiese, pero pronto esa duda se desvaneció de su mente con tanta bebida; ya era difícil pensar.

    En eso, la música cambio; y un rugido de emoción se oyó en todo el club.

    ‘’Ven, vamos a bailar; ya comienza lo bueno!’’ exclamó Jasmine agarrando a Toby del brazo.

    ‘’Es-espera’’ tartamudeó Toby, pero ya se encontraban en medio de la zona de baile.

    Jasmine comenzó a moverse muy eróticamente al ritmo de la música, Toby, con los tragos que tenía encima se sentía muy confuso y sin saber qué hacer. Pronto lo recordó.

    ‘’Erh… no-no no se bailar’’ balbuceó el chico algo apenado, teniendo que repetirlo un par de veces por el ruido.

    ‘’No hay problema, te enseñare!’’ dijo Jasmine con una sonrisa al comprender lo que decía. ‘’Acércate a mí’’

    Toby se acercó a Jasmine lo más que pudo, la chica lo tomó de las caderas y las nalgas del chico se pegaron a su entrepierna. El joven quedó algo sorprendido mientras Jasmine lo acariciaba con morbo recorriendo su área intima por encima de su pantalón.

    ‘’Creo que nos vemos extraño… la gente nos va a mirar’’ repuso Toby.

    ‘’Y? Déjalos que miren’’ dijo Jasmine a su oído y al mismo tiempo se frotaba contra las nalgas del chico.

    Toby en ese instante sintió un bulto que presionaba contra él, pero pensó que todos esos tragos le hacían imaginar cosas. Jasmine le pidió que levantase los brazos y empezaron a moverse o más bien, Jasmine llevaba el ritmo de todo. Literalmente, pareció a Toby que ella se le había pegado con pegamento, pues adonde se movía, ella estaba detrás de él sin despegarse un centímetro de sus nalgas y manoseando su cintura. El chico sabía que no era bueno en eso de bailar y pensó que se veían ridículos, pero nadie les prestaba atención. De nuevo volvió a sentir aquella extraña punzada en sus nalgas pero no se mortificó por ello, solo quería seguir bailando con Jasmine; que en varias ocasiones se abrazó al joven, que sintió como los senos de su compañera se aplastaban contra su espalda.

    Las canciones iban pasando y Toby no supo con exactitud cuánto tiempo estuvo bailando con Jasmine de esa forma. Eventualmente, la misma pregunta que mucho rato atrás; sobre porque Jasmine quería estar con él, regresó a su mente. Pronto empezó a sentirse algo mareado y dejó de pensar con claridad, los efectos del alcohol lo afectaban con más fuerza cada momento que pasaba hasta que ya no pudo seguir bailando.

    ‘’Cr-creo que… necesito ir al baño!’’ exclamó Toby a su novia, terriblemente pálido y sin fuerzas.

    ‘’Tranquilo, te llevo hasta allá’’ respondió Jasmine y se puso el brazo derecho de Toby sobre sus hombros, pasando ella su brazo izquierdo alrededor del torso del chico, borracho; y lo guio lejos de la pista de baile en dirección a los baños.

    En el trayecto, Toby perdió el conocimiento. La chica sonrió con algo de malicia y continúo llevando a su novio al baño de mujeres. Entraron y Jasmine cerró la puerta.

    ‘’Creo que bebí demasiado… la cabeza me duele. Siento algo en mi boca… duro y grande’’ pensó Toby con la vista algo nublada. ‘’No creo que este soñando, dónde estoy?’’ caviló unos segundos antes de que su vista aclarase un poco más y pudiese ver con claridad. Estaba de rodillas dentro de un baño, con una polla larga, gruesa y negra en la boca; el chico abrió bien los ojos horrorizado y sacó aquel miembro de su boca.

    ‘’Jasmine? Pero que… tienes un pene? Qué está sucediendo?’’ dijo Toby en shock.

    ‘’No te detengas ahora, apenas llegamos a la mejor parte’’ respondió Jasmine con una radiante sonrisa. La mujer puso una mano en la cabeza del chico y con la otra le acercó su enorme y masivo miembro a sus labios. Toby los apretó, negándose a recibir de nuevo esa magnífica polla dentro de su boca, pero Jasmine seguía insistiendo y frotaba su glande por los labios del chico. ‘’Abre esa linda boca para mí, no te resistas’’ dijo la chica tras varios segundos intentando pero sin éxito, y ya algo irritada retiró su mano sobre la cabeza de Toby y le apretó la nariz.

    ‘’Dije, abre la boca, perra…’’ dijo frustrada Jasmine, que empujaba su glande entre los labios de Toby; que trataba de resistirse pero eventualmente la falta de aire hizo efecto y abrió la boca. Jasmine deslizó su tranca entre los labios abiertos de Toby e inexorablemente esa monstruosa polla negra se introdujo de nuevo en la boca del chico. El joven trató de farfullar pero era inútil. ‘’Ya casi llegamos’’ dijo Jasmine cuando más de la mitad de su polla había sido engullida. Eventualmente, Toby alojó toda esa polla en su boca, el glande de la chica le llegaba hasta la garganta y apenas podía respirar; su nariz estaba pegada a la pelvis de Jasmine; que apoyaba sus dos manos en su cabeza y muy satisfecha por haberlo conseguido.

    ‘’Que bien… toda mi polla hasta las pelotas… buena perra’’ murmuró Jasmine.

    Así estuvo por unos segundos hasta que Jasmine se la sacó a la mitad y volvía a hundirla hasta su campanilla. Toby no entendía nada, como una chica tan hermosa como Jasmine podía tener… un rabo, y de semejante tamaño; la mujer lo tomaba de sus cabellos y lo obligaba a chupar sin cesar. Era tan fuerte que apenas se oponía a ser usado como juguete sexual, solo tragaba y tragaba polla, Toby por momentos creyó que eso no le podía estar ocurriendo, pero se resignó ante la cruda realidad: le estaba dando una mamada a una chica negra.

    Llego a un punto en que de tanto ir y venir de la tranca de Jasmine en su boca, que el joven dejó de resistirse; no obstante se dio cuenta que empezaba a disfrutar un poco de la situación, pero tal vez era por todo el vodka que había ingerido previamente. De pronto sintió que Jasmine aumentó la velocidad y adivinó que estaba a punto de llenarle la boca de semen; el chico solo se dejó hacer y esperó lo inevitable. Jasmine lo agarró de los cabellos con mayor rudeza y con un empujón brusco, le hundió su polla de una al tiempo que eyaculaba incontrolablemente. ‘’Me corro!!!’’ exclamó la chica.

    La cantidad de leche fue abundante, y Toby tragó gran parte en tanto por la comisura de sus labios escurría algo del espeso néctar que había fluido de la polla de su novia. Después de eso, el chico se volvió a sentir muy débil y todo se nubló.

    Al poco tiempo, Toby comenzó a sentir una ligera punzada en su trasero, algo trataba de penetrarlo; crecía más y más en su interior. ‘’Argh!’’ gimió medio consciente el chico. Luego recobró la noción de la realidad y se dio cuenta que estaba encima del retrete a cuatro patas, sin pantalón ni ropa íntima y Jasmine se encontraba detrás de él; sujetando con firmeza sus nalgas e introduciendo ese enorme mástil negro en su culo. Toby trató de escapar pero estaba fuertemente sujeto y con un empujón, Jasmine enterró más de la mitad de su cipote en su culo.

    El joven no podía creer lo que le estaba ocurriendo, tenía que detenerla o le destrozaría el ano. Jasmine lentamente metía y sacaba su polla, ayudando a dilatar el orificio y facilitar la penetración.

    ‘’No…’’ gimió Toby con la angustia del desvirgue.

    ‘’Hmm…’’ fue la respuesta de Jasmine mientras continuaba su lento penetrar.

    ‘’Por favor…’’ suplicó el chico con la agonía reflejada en su mirada.

    ‘’Por favor qué?’’ respondió Jasmine hundiendo un poco más su polla.

    ‘’Por favor detente…’’ rogó Toby en cuanto sintió su interior aún más lleno de polla.

    ‘’Detener qué?’’ dijo la chica terminando de pegar su pelvis a las nalgas de Toby.

    Toby aulló quedamente al sentirse lleno de carne negra, la sentía hasta los intestinos y la agonía era indescriptible. Jasmine sacó un poco su polla para hundirla con una salvaje estocada hasta el fondo; Toby gruñó presa del dolor y su novia comenzó a follarlo a saco. Sujetado firmemente y debilitado por el alcohol, Jasmine embestía con violencia y profundidad a su joven cita, que gemía sin descanso y apenas resistía la totalidad del miembro de su novia.

    Toby percibía su esfínter palpitando salvajemente mientras Jasmine hundía su pollón al fondo de sus intestinos, y ya adentro al completo; la movía en círculos rítmicamente logrando rendir al chico a ese asalto anal.

    ‘’Rayos… estas jodidamente apretado. No recuerdo la última vez que folle un culo así de apretado’’ dijo Jasmine muy excitada, en tanto continuaba el desvirgue. La chica dejó de moverse en círculos para darle embestidas bien fuertes y profundas; a pesar de la brutal enculada y del incesante dolor y ardor en su retaguardia, Toby no parecía querer detenerla. Con ambas manos apoyadas en la porcelana del WC, solo se dedicaba a gemir como zorra en celo y notaba que ya después del desagradable embate inicial, ahora se sentía diferente. El dolor no disminuía y la insensibilidad de Jasmine con su culo tampoco, pero en el fondo pensaba de otra manera.

    ‘’Oh si, que bien’’ gemía Jasmine con los ojos cerrados y algunas gotas de sudor en su frente y mejillas.

    En el fondo de su ser, Toby no deseaba que terminase. Lo estaba disfrutando ahora y solo quería seguir siendo enculado por esa morenaza y su poderosa polla. Ser follado sin importar nada más, incluso ya no le interesaba si Jasmine tenía polla o era producto del alcohol, ya no importaba; si podía ser su novio no le interesaba ser el pasivo, ya que con su micropene jamás follaría a una chica como lo estaba follando Jasmine, así que tal vez esto estaba destinado a sucederle y eso fue lo que lo hizo rendirse al agresivo asalto de su nueva novia.

    La mujer aceleró sus embestidas durante varios minutos, y Toby parecía un muñeco ante la arremetida. Pronto, la chica sujetó con mayor fuerza las nalgas del joven y con unas cuantas estocadas demoledoras, enterró su polla en el culo de Toby. ‘’Oh joder!!’’ exclamó Jasmine al verter chorros y chorros de leche dentro de su novio. Toby se limitó a cerrar sus ojos y gritar extasiado al ser llenado de leche caliente.

    Tras unos segundos unidos cual perros en celo, Jasmine sacó su polla del culo de Toby. El chico sintió un enorme vacío en su ser, además de la gran cantidad de leche en su interior; por suerte no era capaz de ver cómo había quedado su ano, dilatado por semejante monstruo de carne. Jasmine sonrió al ver ese otrora estrecho culo, ahora totalmente abierto y chorreando algo de semen fresco.

    ‘’Uff… esto ha sido jodidamente genial’’ repuso la chica muy satisfecha y algo exhausta.

    Toby aún seguía recobrando el aliento, y gemía débilmente. No podía ponerse de pie, y menos después de lo acontecido; se mantenía en cuclillas sobre el WC por pura inercia tras la intensa culeada.

    ‘’Sabes Toby, naciste para esto. Serás mío… tal vez no tengas lo que se necesita en la delantera, pero tu trasero es magnífico… soy tu complemento perfecto, no crees?’’ dijo Jasmine.

    Jasmine levantó a Toby y se sentó encima, luego puso al chico sobre ella de forma que quedase empalado sobre su polla; aun dura. Toby gimió por lo bajo mientras su amante le susurraba al oído. ‘’Toby, mañana vendrás a mi casa y vamos a follar como locos’’. El joven cerró los ojos como queriendo contenerse y luego respondió entrecortadamente. ‘’Si… Jasmine, yo-yo… me vengo!’’ y al tiempo que lo decía, de su pequeño miembro salía un pequeño trallazo de semen, para placer de Jasmine.

    Así fue como conoció Toby a su nueva novia. Y vaya novia que ahora se gastaba el chico…

  • Mi amigo tanguero virtual

    Mi amigo tanguero virtual

    Hola, soy Gloria. 

    Me describo como una mujer madura sensual y apasionada, que sabe lo que quiere. Me gusta escribir y leer relatos eróticos. Desde que entre a esta página, conocí a muchos hombres, muchos de ellos muy interesantes.

    Y este relato se trata de uno de ellos, un hombre exquisito, amante del tango, y mujeres apasionadas como el baile mismo.

    Este amigo al que llamaremos E. Se puso en contacto conmigo:

    «Hola!! Cómo estás?» Fueron sus primeras palabras. Y así empezó nuestra amistad.

    «me encanta tu actitud sexual» me dijo.

    «Hola papi. Por qué me lo decís?» le pregunté

    «Porque leí tus relatos, los que publicaste en P!»

    «Ah, sí, Gracias,» conteste.

    «Quede excitado, confieso, con tus relatos» me expresó.

    «Vivo en Buenos Aires, y me imagine que el protagonista era yo, me excitaste tanto que aun la tengo dura», continuó, «quisiera estuvieras aquí y concretar un encuentro, para tomar un café en pleno centro histórico y tomemos juntos unas clases de tango, y que escribas un relato, con temas eróticos mezcla realidad y ficción, sería hermoso. El tango es el baile más sexual que existe».

    «Me encanta la idea» le contesté, «y como te imaginas el encuentro?

    «Me imagino verte con medias de red, tacos de punta y vestido al cuerpo, corto, con tajos hasta la cintura, la función principal del baile es dejar completamente extasiada a la mujer, lo otro ya viene solo. Te veo como una tanguera con todas las letras, la ropa te la pondrías sin corpiño, tanga hilo, medias se red y el vestido con espalda abierta»

    «Ya me veo vestida así, me excita mucho» le contesté.

    «El baile es muy sensual y se baila muy pegado al cuerpo, con lo cual en algún que otro giro podrás sentir mí pija dura apoyada a tu cuerpo».

    «ok» conteste excitada.

    «Se transpira mucho y puede que se transparente la tela sobre tus hermosos pezones», siguió, «es una energía muy intensa, me encargaré que sea una noche mágica para vos».

    Mientras me escribía eso, pensé en mis enormes tetas y si cabrían en el vestido, le comenté mi preocupación y me dijo,

    «corazón, no te preocupes, sos bella y sensual, todo te queda lindo»

    «Yo voy a estar cuando te pruebes el vestido, si no te queda, te lo quito y te probás otro. Tengo un lugar privado exclusivo para mi, solo que entre prueba y prueba, no voy a poder contenerme de besarte y acariciarte bebé. Estaré tan excitado que seguro te incline contra algún sofá y te penetre con desesperación, mientras te toco por delante el clítoris, toda esa conchita depilada y sabrosa que tienes»

    A esa altura ya estaba realmente inundada, muy cachonda.

    «Me encantaría chuparte esa conchita hermosa y saborear todos tus dulces fluidos, lamerte tan fuerte que acabes en mi boca, y quedes con las piernas temblando del orgasmo, después te doy vuelta, te pongo de 4, te penetro primero la vagina y después te hago la cola bebé, como nunca te la hicieron, te voy a dar chirlos tan fuerte que tus cachetes van a quedar rojos»

    Yo estaba que explotaba realmente y el seguía sin parar su relato.

    «Te voy a agarrar de los pelos acercarme a tu oído y decirte cochinadas, para que te excites más y cuando ya no des más, correrme fuerte en tu orto y llenarte de mi leche»

    Pensé en ese momento, «si entre prueba y prueba me iba a coger así, ni pensar lo que me haría en el hotel después de las clases de baile!!»

    Todavía no me recuperaba del relato, toda excitada aún, cuando él me dijo.

    «Solo te pido un favor bebé»,

    «Lo que pidas» le dije.

    «Lo único que quiero de ti después de una semana de bailar y coger contigo, es que me dejes tu tanga impregnada de tí: tu sudor y ricos fluidos, y así poder recordarte al olerla»

    «Claro bebé» le contesté «sin problemas, todas las tangas quería quieras».

    La propuesta está hecha, las ganas también, se concretará? no se quizás, ojalá.

    Me imagino toda la situación:

    Pasajes aéreos en espera, hoteles de lujo, jornadas de paseos, muchos mimos y consentimientos, sensuales clases de baile con atuendo tanguero, y largas e intensas noches de sexo apasionado.

    Toda una estadía mágica.

    Sueño o realidad?

    El tiempo lo dirá.

    Hasta pronto amigo tanguero E.

    PD: Gloria mi hermosa tanguera, creo que una semana no será suficiente. Que decís mi bebé?

    Fin