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  • Los divorciados

    Los divorciados

    Desde que me divorcié mi vida es mucho más tranquila. Estoy más seguro de mí mismo y mi autoestima uuff ni se diga ¡por los cielos!

    Ahora tengo más tiempo para mí, ir al gimnasio, y sobre todo organizar la vida de mierda que mi ex esposa piensa que me dejó. Lo que ella no sabe es que me ha dejado libre de muchas cosas, pensamientos y hasta tabúes. He llegado a creer que me tenía así, solo para que nadie mas me mirara. Vida de mierda la de ella que es una gorda aburrida y nadie le hace caso.

    Por ejemplo llevo quedándome calvo desde que tenía 32 años y a ella nunca le gustó la idea de que yo me rapara la cabeza. Tatuajes ni hablar, para ella eso era cosa de delincuentes y el gimnasio, allí solo van solteros a ligarse las putas que van a exhibirse con sus pantalones apretados, siempre una excusa para que yo hiciera lo que ella quería. Me repetía una y otra vez que yo tenía mucha suerte de haberla encontrado porque de lo contrario no hubiera encontrado esposa.

    Aunque es dos años menor tiene la mentalidad de una abuelita de setenta y yo, por la mitad del tiempo que estuvimos juntos toleré hasta cierto punto por amor verdadero. Amor que fue muriendo poco a poco hasta terminar en un divorcio donde se quedó hasta con mi ropa cosa que le agradezco mucho porque la compraba a su gusto.

    Yo soy Andy un hombre cubano emprendedor y muy “luchador” como decimos allá. Así que logré sobrepasar todo aquello y luego de algunos arreglitos he quedado como aquella casita vieja que con unos retoques y una manito de pintura queda nueva.

    Ya después de tres años se van notando los cambios en mí. Mido 5”7 ni tan alto para Estados Unidos. Piel dorada por este intenso sol de Miami y la playa que me fascina literalmente. Ojos color miel claro y mandíbula sobre lo cuadrada, labios gruesos sin parecer exagerados y como ya les había hablado. Mi hermosa cabellera fue cediendo poco a poco al mal cuidado y el stress. Ahora ando rapado y con dos zafiros en mis orejas. Mi pecho ya va recuperando esa dureza que tuvo en aquella juventud de juergas y natación que tanto me gustaba. Y mis músculos volviendo a su forma original de papi sexy que volvía loca a más de una antes de conocer a la susodicha ex y madre de mis dos hijos. Por fin he logrado tener los tatuajes que tanto me han gustado. Varios de ellos en mis brazos, uno en la pierna, tobillo izquierdo, antebrazo derecho y mi ancha espalda. En fin luzco como realmente debía haber sido desde un principio si yo no hubiera aguantado tantos años de clausura social. No tengo abdomen duro, no me gusta, lo veo muy falso y además me gusta demasiado la comida. Voy al gym para hacer pesas, pecho y espalda que siempre me ha gustado. Mi ex esposa siempre tuvo una excusa para lograr que yo no hiciera ejercicios. No hay espacio me decía, mientras teníamos un inmenso guardacoches que nunca tuvo ninguno de nuestros dos carros dentro pero tampoco pude limpiar y hacer espacio para mis pesas por guardar infinidad de cajas con adornos que ella cambiaba cada estación o día festivo que se aproximaba.

    Mis llanticas y mi barriguita apenas se notan ahora debido a mi ancho pecho y prominente espalda que he logrado recuperar. Los días de la semana que toca pierna, puedo darme el lujo de reír y burlarme de mis amigos a los cuales la naturaleza y la bicicleta no los dotó como a mí de unas pantorrillas envidiables y un trasero bien firme. Soy velludo, bastante diría yo. Así que para definir mis músculos me rebajo con maquina eléctrica sin llegar a rasurarme con cuchilla.

    El gimnasio al que asisto está en una zona donde van varios hombres de mi edad, así que enseguida hice amigos y conocí al grupito con el que siempre me uno para mantenernos en forma. Marcus un Holandés de acento súper cómico, nos hace reír todo el tiempo con sus ocurrencias, ya se lo pueden imaginar hablando español a lo cubano, gracias a mi que siempre le estoy enseñando cosas del ardid popular como “mechar” en vez de hacer ejercicios o tronco de hembra para referirse a una mujer hermosa. Su estatura 6.3 y a sus 39 nunca se ha dejado caer, musculatura definida sobre lo delgado. Ojos verde claros y facciones finas propias de su raza, unos labios gruesos que aunque yo no era de que me atrajeran mucho los hombres cuando lo conocí , me daba deseos de mordérselos por lo sexy y deliciosos que se veían. Pezones rosados y su piel aunque blanca tiene un dorado suave. Par de huevos recogidos y una pinga bien gorda con prepucio cubierto. Su vello púbico sin afeitar es tan rubio como su cabellera y su arreglada barba.

    Rodrigo el brasileño, piel oscura y ojos café verdosos, cara como de gato, sonrisa amplia con labios llenos y personalidad más seria pero buena gente, se hace llamar Roludo que eso quiere decir bien dotado en portugués, de veras le hace honor a su sobrenombre , su pinga es enorme con su prepucio cubriéndola completamente. Por ultimo Erick un Guatemalteco con acento súper marcado como sus abdominales y su culito parado, oscuro de piel, pelo bien lacio y negro, cara redondeada y dientes muy blancos, ojos café y un peculiar lunar en su mejilla izquierda. Es lampiño y se rasura a propósito su zona púbica que deja ver una pinga delgada y bastante alargada aunque no llega al tamaño de la mía. Yo, en comparación con ellos no estoy tan mal; son ocho pulgadas y media, gorda y bonita diría yo, con prepucio bien abierto que cubre solo la mitad de la cabeza. Huevos recogidos pero bastante grandecitos. Debido a nuestra madurez y confianza todos nos cambiamos de ropa sin pudor y siempre vamos a las duchas juntos, nos prestamos el champú o sea ellos se prestan el champú a mí el jabón cuando se me acaba. Nos hemos visto desnudos infinidad de veces sin nada morboso todo entre amigos, la broma más común es halarnos la toalla uno al otro cuando vamos pasando y de vez en cuando se nos escapa una que otra nalgada, o una agarrada de huevos por ahí pero todo sin malicia o la vieja broma de tirar el jabón y mandar al otro a recogerlo.

    Nos gusta salir de vez en cuando a compartir juntos, bolos, billar, cervezas etc. Este específico día habíamos decidido que era noche de solteros, aunque Rodrigo y Marcus tienen cada uno su respectiva esposa, a Erick no le había ido muy bien con la suya como a mí. A la una y algo los de la madrugada los casados se zafaron dejándonos a nosotros rumbo a un club de bailarinas exóticas terminando la velada rayando las tres. Yo era el que más claro estaba así que agarré el timón y me llevé a Erick que vive cerca de mí. Íbamos conversando entre risas y comentando los cuerpos de las bailarinas, sus tetas, la forma sensual en que bailaban. Estábamos los dos bien intoxicados y sedientos de sexo. A él se le notaba un cierto morbo en la mirada y su forma de actuar.

    -Oye Andy desde cuando no das una buena culeada?

    -Uff papo hace como un mes que no la veo pasar.

    -Ah yo estoy igual. Y esto de ir a estos lugares no ayuda nada ¿eh?

    Para nada, ahora viene la paja antes de dormir y mañana será otro día, esto lo dije en confianza de hombres mientras sin ninguna intención maliciosa le decía que me estaba orinando. Todo pasaba justamente cuando llegábamos a una zona tranquila de almacenes cerrados y amplios estacionamientos desiertos y sin vigilancia ni cámaras de seguridad.

    Para aquí mismo, yo tampoco puedo esperar más y a ti te queda un largo tramo por recorrer contestó Erick, mejor meamos aquí mismo dale que detrás del carro nadie nos va a ver. Dicho esto abrió la puerta y ahí mismo se sacó su miembro medio erecto. Pasaron varios minutos en lo que yo me baje del auto y di la vuelta para posicionarme alejado solo unos pasos de él y sacar mi pinga que raramente no sé si por la bebida por las ganas de orinar, tomaba forma medio erecta también. Por fin comenzó él a orinar mientras aquello crecía considerablemente, a mí me pasó lo mismo y luego de terminar parecíamos dos soldados con el sable en la mano. Nos miramos, yo comencé a reír nervioso. Él sonrió un poco y comenzó a acariciarse aquello y a acercarse a mí. Parada se veía diferente, se me antojó bonita, aunque seguía siendo delgada, no había la mejor iluminación pero se podía ver claramente un prepucio abierto como el mío, dejando a la vista la mitad de su glande y su buen tamaño también como mi miembro.

    -¿Que nos hacemos una aquí mismo?

    Yo me comencé a poner nervioso, esas cosas no me pasaban desde que era un crio adolescente y todo era diferente con aquello del desarrollo hormonal.

    -Había como que muchos factores propicios esa noche para que las cosas se dieran, dos divorciados mayores de 30(Erick no llegaba a los 40 apenas 36) solos en medio de una noche tibia, alcoholizados y recién salidos de un club donde habían visto tetas, culos y todo en medio. Una sensación rara comenzó a recorrer mi cuerpo mientras mi pinga parecía cobrar vida propia y palpitaba en mi mano, la acaricié varias veces pajeándome descaradamente delante de él, mi amigo al ver aquello comenzó a hacer lo mismo con la única diferencia que se me iba acercando un poco.

    -¿Puedo? Preguntó Erick.

    Yo asentí con la cabeza, él agarró mi pinga y comenzó a masturbarla. Yo me estremecía de placer, luego de un mes sin tener nada de sexo cualquier cosa se sentía deliciosa. El alcohol ayudaba bastante. No hablamos ni una palabra, solo gemidos y susurros. Se acercó aún más a mí, pegó su cara contra la mía, yo no me resistí. Tomó mi mano como con miedo y la posicionó en su miembro. Era la primera vez que tenía una pinga en mi mano que no fuera la mía. Lo comencé a masturbar como me hubiera gustado que me hicieran a mí. Se pegó a mi cuello mientras buscaba mis atrapados testículos. Vamos dentro del carro me susurró al oído.

    Entramos callados y yo posicioné el carro en uno de los puestos lo más apartado posible de vistas indiscretas, se zafó el pantalón y se lo bajó por completo, la escena lucia divina, su miembro erecto le llegaba al ombligo, una gota de pre asomaba brillante en su cabeza. Me incitó a zafarme mi pantalón ayudándome con mi cinturón, rozó ligeramente sus labios con los míos, terminó en mi cuello respirando agitadamente como con miedo. Agarré su cabeza con mis dos manos firmemente por sus orejas y le besé yo. Nunca había besado a un hombre, pero siempre hay una primera vez.

    -Si lo vamos a hacer lo hacemos bien.

    -Coño Andy yo nunca pensé que te gustara esto.

    -Mira Erick yo tampoco pensé que me gustara ni a ti tampoco, así que cállate la boca que no sé tú, pero todo esto es nuevo para mí y estoy calentísimo.

    -No, si yo soy primerizo también esto se ha dado porque estamos borra…

    -Le callé su boca con la mía. Su aliento etílico sabia diferente a lo que yo estoy acostumbrado a sentir. La boca de las mujeres es más húmeda y ellas se hacen besar. En cambio Erick metía su lengua y jugaba con la mía mientras nos agarrábamos mutuamente la pinga. Lo acaricié como hubiese acariciado una mujer, se sentía delicioso el contacto físico, tibio en este caso con otro ser humano no importaba su sexo. Lo abracé varias veces, jugué con su pelo, lo besé en el cuello y en su oreja derecha, Erick se estremecía de placer y me abrazaba como podía debido al reducido y limitado espacio de mi carro. Bajé suavemente hasta su imberbe pecho, musculoso y aun oliendo a colonia. Lo besé varias veces ahí, entonces me agarró la cabeza y me la subió hasta su boca nuevamente, pasando su lengua por mis labios.

    Nos masturbamos un poco más mientras seguíamos besándonos. Me dijo que no aguantaba más y se vino en mi mano. Me ayudó entonces a terminar a mí. Quedamos embarrados pero esbozando una sonrisa de felicidad.

    Por suerte yo estaba entrenado por mi primo que siempre me decía: el carro de un hombre soltero siempre debe tener cosas necesarias como un rollo de papel higiénico, uno de papel toalla, condones, fosforera y destapa corchos yo por suerte tenía hasta toallitas húmedas para bebé a mano.

    Conducir no fue tan incómodo como yo pensaba aunque no nos dirigimos la palabra en todo el camino. Yo nunca me había sentido tan raro en mi vida, él solo me miraba de reojo sin saber qué hacer. Llegué a los apartamentos donde vivía y me estacioné, ambos nos bajamos.

    Me dijo: Esto nos lo llevamos a la tumba, creo que no nos conviene que se sepa, aunque debo admitir que besas muy sabroso, ¡eres un cabroncito! de veras hacía rato no me sentía tan bien con alguien y de que esto pasara con un extraño mejor que sea con uno de mis mejores amigos. Honestamente Andy no entiendo con las pintas esas tan chulas y esa sensualidad que tienes, tus caricias ¿por qué no eres más afortunado en el amor?; Era para que tuvieras dos o tres mujeres al mismo tiempo.

    Jejeje ¿me estas tirando los perros?, nah tú también estas muy guapo y besas muy bien. (Aquello me dio un poco de vergüenza decirlo pero continué) Y es verdad, si iba a ser con alguien pues mejor que sea con uno de tus mejores amigos así se guarda el secreto. Ahí comencé a reír diciéndole y bueno… Con eso de las mujeres: Dice ese cantante de tu país Ricardo Arjona que hombre no es el que tiene mujeres y vida de tormentas, sino el que tiene una y la mantiene contenta.

    -Huy si el Andy me salió poeta y todo… Jajaja

    -¿Qué, quieres otro besito?

    -No Erick, lo de ahorita te lo perdono porque estábamos calientes y con el morbo del club en la cabeza pero si lo hacemos ahora de nuevo ya calmados es porque nos gustó y ya eso ya es cosa de maricones.

    -Dale Andy, todavía estoy caliente man.

    Se acercó a mi y me tomó por la cintura, intentó rozar mis labios, su calor me resultó placentero y su aliento sabroso de nuevo pero me inundó la culpa, la duda, la vergüenza. Le di un leve empujón y me subí a mi auto. Erick quedo confundido mirándome por la ventanilla.

    -Coño papo no te pongas así, es más, ya a mí se me olvido lo que pasó hace un rato.

    -Así Erick, estábamos borrachos y yo tampoco me acuerdo de nada, creo que no nos conviene que piensen que somos un par de maricones después de divorciados.

    Soy ThWarlock y estas son mis historias.

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  • Primera vez con una mujer madura

    Primera vez con una mujer madura

    Desde siempre me han gustado las mujeres mayores que yo pero solo hasta los 21 años decidí establecer el contacto con ellas.

    Tenía una App de citas para conocer mujeres de mi edad, pero sin nada que perder, modifiqué los filtros de búsqueda a mujeres de 30 hasta 50 años. Sin mucha fe de recibir matches, le di like a las mujeres que me llamaron la atención, cerré la aplicación y esperé.

    Para no caer en las ansias había desactivado las notificaciones y a los dos días volví a entrar para mi sorpresa tenía 4 likes con mujeres mayores que yo. Estaba muy sorprendido así que decidí escribir al match más reciente, su nombre era Marcela.

    La conversación transcurrió sin ninguna novedad en principio, a que me dedicaba que hacía… hasta el momento de más nerviosismo: me preguntó porque buscaba mujeres mayores que yo, con pena me lancé y le dije que siempre me habían atraído las mujeres mayores que yo y que además era una fantasía. Pasaron unos minutos y llegó su respuesta la cual me sorprendió, me dijo que no ella jamás había estado con alguien menor que ella, pero que no le molestaba del todo la idea.

    Después me preguntó que cuales eran mis fantasías, que cosas me gustaría probar y se fue calentando mucho la conversación y me lanzó aquella bomba: ¿Me envías una foto? Pregunté qué de qué quería la foto y decidida me respondió que de mi verga.

    Estaba alucinando, no podía creer lo que pasaba, procedí a enviarle una foto de mi verga ya erecta a lo que respondió que le gustaba, que era gruesa y que quería probarla. Después le pedí una a ella sin esperar nada muy caliente a cambio, llega la notificación y sorpresa, una foto de sus grandes tetas con su cara incluida, fue increíble.

    Después de dos días de hablarnos seguido me contó que estaba separada, a lo que no di mucha credibilidad por su falta de tiempo para hablar y para vernos. Un jueves a eso de las 9 de la noche me dijo que si quería ir a visitarla, que estaba sola y que había dejado a su hija con la abuela. Vivía con mis padres en ese momento por lo que avisé que iba donde un amigo, me subí al carro y me fui.

    Para las lectoras y los lectores que sean de Bogotá, o de Colombia o que en su defecto al menos conozcan mi ciudad, yo vivía en ese momento por la 116 y ella en suba así que la distancia siempre fue larga en carro. Durante el camino pensaba que hacer y qué decir, pero pensé que si ya había llegado demasiado lejos no podía retroceder así que me propuse mostrarme muy caliente, confiado y sin miedo, así en realidad estaba muerto de pánico.

    Al llegar me esperaba afuera de su edificio, dejé el carro al frente y subimos hasta el tercer piso. Mientras subíamos decidí arriesgadamente en agarrar su culo a lo que volteo sonriendo y me dijo que tuviera cuidado con los vecinos que podrían vernos entramos en su casa y me senté en el sofá de su sala, me dijo que si quería algo de beber y me dio una cerveza, al traerla se sentó a mi lado y nos besamos. Fue increíble porque soltó mi tensión y ya no había marcha atrás.

    Después de un rato de besos muy húmedos y con mucha lengua ya tenía la verga parada y se me notaba bastante en el pantalón, ella al darse cuenta puso su mano encima y sin dejar de besarme soltó mis pantalones y comenzó a manosear mi pene encima de mis boxers, a lo que yo respondí en tocar sus tetas, agarrarlas y sentirlas. Justo después dejó de besarme, me miro a los ojos y bajó a mamar mi verga, sorprendido la miraba pues su boca abierta devoraba todo mi pene mientras con su mano tocaba mis huevos, bajaba y subía cada vez más rápido, saboreaba mi glande y me masturbaba, no me cambiaba por nadie.

    Después de una larga mamada me tomó de la mano y me llevó a su habitación donde me sentó en su cama y se desnudó frente a mí, me quito la ropa que me quedaba y me preguntó si había traído condones. Le expliqué que del afán de salir no los había traído así que abrió su mesa de noche y sacó unos condones y los dejó sobre la cama.

    En seguida me recordó que en nuestras charlas calientes me dijo que quería hacer un 69, así que me acomode debajo de ella y puso exactamente toda su vagina sobre mi boca y mi cara, procedí a lamerla introducir mis dedos y succionar su clítoris, ella reaccionaba soltando gemidos pero nunca dejó de mamar mi verga.

    Al rato me dijo que ya quería que la penetrará así que procedí a buscar los condones, ella me detuvo y me dijo que quería un rato sin condón, que después me lo ponía, acepte y volví a acomodarme luego ella se puso sobre mi, abrió sus piernas y sentí como mi verga entraba completa en ella, sentí el calor de su vagina a lo que ella solo respondió con un: uy jueputa!

    Después de un buen rato follando le dije que me quería poner el condón porque en cualquier momento podría venirme. Pero en ese momento algo raro pasó por su mente, su mirada cambió y empezó a moverse muchísimo más rápido que antes, le dije que parara por el condón y ella me preguntó con tono lascivo que si tenía miedo, me repetía retadora:

    -si? Mucho miedo?

    Esta actitud me llevó al límite y empecé a moverme con tal violencia que me vine y eyacule completamente adentro, no se salió ni una gota de mi semen.

    Ella se quedó acostada y nos besamos un rato más, mire mi celular y ya tenía un par de llamadas de mi casa pues aunque el tiempo pasó muy rápido, en realidad ya llevaba 3 horas en su casa y se suponía que no iba a demorarme. Me vestí y le prometí que no sería la única vez que follaríamos. Así termina mi primera experiencia con una mujer madura.

    Si les gustó mi relato no duden en valorarlo, estaré atento a sugerencias a mensajes y sugerencias en mi correo.

    Un saludo a todos.

  • El inicio de una borderline

    El inicio de una borderline

    Comenzaré con algo de contexto personal, soy una mujer casada, un hijo pequeño, trabajo y atiendo mi casa, físicamente soy blanca, cabello oscuro, mido 1.65 m, tengo buen trasero, los senos medianos y con algo de caída natural, piernas bien formadas, piel suave y con pecas, creo que suficientemente atractiva para ser una mujer normal que no es fitness, modelo o actriz.

    Si hay algo que realmente me diferencia es que sufro de TLP, soy de las personas que comúnmente llaman borderline, si desean saber más sobre eso pueden googlearlo, se preguntarán porque es esto importante, porque ese demonio me ha hecho hacer demasiadas cosas de las que me arrepiento.

    La gente me conoce como alguien explosiva, incluso violenta, es lo más obvio y la faceta que más ha sufrido mi esposo, pero hay algo no tan evidente que para mi es mucho más problemático, verán, el TLP es como un motor de la destrucción y su combustible es la ansiedad, esa ansiedad me hace ser violenta en ocasiones, pero cuando se mezcla con mi depresión me hace tomar muchas decisiones autodestructivas.

    Desde joven fui muy fogosa, me masturbo desde que tengo uso de razón y durante mi adolescencia fue una práctica compulsiva, no era muy atractiva en esa época y le tenía terror a un embarazo por lo que prefería mantener mi placer en mis propias manos, a los 19 comencé a beber alcohol y ahí todo se fue al diablo.

    Me ponía en situaciones muy peligrosas, me emborrachaba en cualquier casa de amigos y en más de una ocasión desperté semidesnuda y con fluidos ajenos encima de mi, por suerte no llegaron a penetrarme, al menos nunca sentí molestias o alguna otra señal de que algo así hubiese sucedido.

    Para mis 20s ya trabajaba y podía vestirme mejor, mi cuerpo se volvió más cercano al de una mujer completa y con eso comenzó el interés masculino más directo, me invitaban a salir y comencé a practicar el sexo oral, se volvió habitual, semanalmente en mi boca entraban en promedio 3 o 4 penes distintos, no me importaba si era riesgoso, simplemente me sentía insignificante y esa atención me ayudaba a calmar la ansiedad, había un muchacho al que se lo hacía muy seguido, estaba obsesionado con quitarme la virginidad, no lo había hecho porque por una razón u otra no se daba la oportunidad, no porque yo opusiera particular resistencia.

    Una noche me invitó a salir con unos amigos, bebíamos cervezas y yo como siempre tomaba como si no hubiese un mañana, y con eso comenzó el manoseo, no sabía bien de quién era, se sentía como muchas manos pero estaba en la barra, no podían ser tan osados en público, pero alguien lo estaba siendo, los roces constantes a mi trasero, piernas y pecho me activaron un poco la conciencia, comencé a poner más atención y pude notar que mi amigo intentaba llegar a mi entrepierna desde la derecha (tenía un jean ajustado) y del otro lado tenía una mano de uno de sus amigos en una teta, nunca usaba sujetador por lo que eso era algo a lo que estaba acostumbrada, pero está vez me hizo sentir un fuego incontrolable, quería más, no iba a darle una mamada a alguno y a mi casa, no, está noche tenía que ser usada, quería a un hombre saciándose con mi cuerpo, le susurré a mi amigo que me llevara a un hotel, y a la vez le apretaba el pene como columna del otro muchacho, como si le pidiese que no nos dejara ir solos.

    Mi amigo fue a pagar la cuenta y el otro me guío hasta el carro, me sentó en el asiento trasero y comenzó a besarme como si quisiera comerme, lo hacía brusco y sin coordinación, era pura lujuria dominándolo, cuando mi amigo llegó casi lo golpea, se enfureció y lo bajó del carro, afuera hubo gritos y luego todo se calmó, yo estaba asustada y no quería salir, de repente entraron y mi amigo me pregunta si me atrevo a hacerlo con ambos, que no podían quedarse así y que si no lo hacíamos se iban a terminar matando, yo ya estaba en poco menos que un shock, entre excitada y asustada, no podía emitir sonido alguno simplemente no estaba en condiciones de decidir eso, pero supongo que ese silencio fue tomado como una respuesta afirmativa, porque mi amigo solo encendió el carro y salimos.

    Ambos hombres iban adelante, yo solo podía imaginar lo que iba a suceder, solo temblaba, quería tener sexo y sentirme usada, pero no por 2 hombres a la vez, pero no sé si debido a mi pobre autoestima o al miedo, decidí que daba igual, si ha de pasar que pase.

    Ya en la habitación entre directo al baño, quería estar consciente de lo que sucedía y también necesitaba refrescarme luego de toda la intensidad de la noche, cuando salí el amigo de mi amigo estaba desnudo esperándome cerca de la puerta del baño, mientras el otro estaba solo en bóxer sentado frente a la cama, tantos meses deseando mi virginidad y la perdió con un piedra, papel o tijeras, tenía los ojos llorosos y resignado, se sentó a esperar su turno.

    Su amigo me levanto sin mediar palabras y me tiró en la cama, abrí mis piernas y comenzó a lamer como un perro mi vagina, nadie lo había hecho nunca y se sentía bien, pero al poco tiempo se volvió cansino, era muy repetitivo y no mantenía el ritmo lo que me desconcentraba, al final decidí tomarlo por La cabeza y guiarlo hacia mis senos, los beso con una delicadeza impropia de alguien tan descoordinado, eso me volvió a activar, puse su cara entre mis pechos y me incorporé un poco, logré ver la cara de mi amigo, ya desnudo con una erección titánica viendo con ojos de estrella, creo que ese día descubrió su gusto por el voyeur, le pido a su amigo que se ponga boca arriba, mojé mucho su pene o bolas con saliva, y comencé a frotar mis labios vaginales por todo su pene, media solo unos 15 cm, pero era fuerte y me volvió loca sentir sus palpitaciones en mi clítoris a medida que lo recorría, me alcanzó un condón, se lo coloqué con algo de dificultad, solo lo había hecho con un plátano en una clase de secundaria, cuando ya estuvo todo cubierto volví a mojarlo, lo puse en mi entrada, frote la punta y comencé a jalarlo hacia mi como tratando me meter solo la punta, no por miedo al dolor, sino para alargar el gemido de ansias que él estaba emitiendo, casi sin darme cuenta ya estaba en mi.

    Por fin después de tantos años de masturbarme había un pene en mi vagina, y era glorioso, el dolor apenas se notó, sentía la suavidad de su roce unida a la firmeza con la que mis paredes vaginales lo apresaban, el comenzó a moverse y yo lo frenaba, no me iba a quitar mi momento con su inexperiencia, nunca había tenido sexo con un hombre pero si sabía cómo llegar al clímax y estaba decidida a lograrlo, a mi ritmo y mi control, pero la inocencia me golpeó con un grito seco y contenido, yo quería controlar mi orgasmo y no consideré el de él, no aguantó y llegó clavando sus dedos en mis nalgas y presionando como si quisiera sacar su pene por mi boca, fue una inesperada satisfacción pero para nada la que buscaba, aunque no habría tiempo para decepciones, un pene más grande y ansioso no podía esperar más y aún con el otro escondido en la guarida de mi sexo, el tronco de mi amigo taladraba mi garganta.

    Estaba esperando ser usada y resultó todo lo contrario, había perdido la virginidad llevando las riendas, pero eso estaba por cambiar, mi amigo no era un potrillo dócil e inexperto, era un bisonte velludo y poderoso esperando usar a su hembra, luego de hacerme tener arcadas en un movimiento sacó su pene y empujó a su amigo de la cama, me tomo del cuello, me puso boca arriba en la cama, abrió mis piernas y me penetró, me penetró con la pasión y rabia de algo que deseaba con furia, como si quisiera romperme, no podía evitar gritar, con el otro apenas hice sonidos pero este me hacía gritar de placer, era la escena qué tantas veces simule con mis dedos, estaba siendo usada por un hombre grande y fuerte, sus ojos de animal parecían haber perdido la cordura, solo bombeaba y resoplaba, era intenso, me lastimaba pero el ritmo me hacía perder la conciencia por momentos, prácticamente no note cuando me puso en cuatro y me cogía abriéndome el culo con los pulgares, voltee y parecía estar grabando la imagen, estaba absorto, perdí el control de mis piernas, estaba por caer y él se aferró para no dejar salir el pene, estaba acostado sobre mí y ya no bombeaba, solo lo dejo adentro presionando la profundidad, mientras yo casi me desmayaba entre espasmos y fluidos, era por mucho el mejor orgasmo que había sentido, lo sentí hasta en la punta del cabello, no imaginé que pudiese sentir algo así de intenso y tan largo, me perdí en la sensación, para volver con su voz diciéndome:

    -ahora voy a llegar yo.

    Comenzó a bombear como pistón de nuevo, sudaba sobre mi, me tomó una teta con fuerza y aumentó la velocidad, yo sentí que la cascada de placer de antes estaba al caer de nuevo, él se incorporó un poco sin dejar de penetrarme, me levantó el culo dejando frente a él mi espalda arqueada y la imagen de mi cara mordiendo las sábanas, hasta que de golpe lo sacó y sentí como todo el semen caliente caía en mi espalda, cabello y trasero, me sentía agotada sin haber hecho más que dejarme usar, el presionó la punta de su herramienta en mi ano, y luego lo deslizó entre mis nalgas como salchicha en hotdog, lo frotó varias veces como si estuviese exprimiendo hasta la última gota, y se dejó caer.

    Cuando volví en mi vi al otro apuntando si pene a mi cara y bum, su nueva explosión cayó en mi frente y ojos, apenas alcance a cerrarlos, me lo metió en la boca y me pidió que lo chupara hasta que no quedara nada, lo hice, y se dejó caer.

    Yo no podía dejar de querer más, pero mis machos estaban tirados exhaustos, así que mirando al techo, abrí las piernas, posé una en cada hombre y me masturbe antes de dormirme.

    Luego de eso lo hice algunas veces más con mi amigo el Bisonte, pero el demonio en mi siempre quiso más, este es solo el inicio de mi historia, mi vida de locura y peligros apenas comenzaba y aún a mis 37 años y con 15 de casada no parece que se vaya a calmar pronto.

  • Mi temperamento y mi salida del trabajo

    Mi temperamento y mi salida del trabajo

    Las noches tienen su encanto y después de saber tan guapo y candente a mi amo, mi motivación estaba a punto. Antes de salir me había quitado la blusa de tirantes negras, quedando la blusa gris con su trasparencia, fungir como telón descubriendo el bra con sus destellos adornando mis nenas que por el deseo atrapado parecían que sus proporciones aumentaran.

    Para el trayecto hacia el metro dudando que estuviera dispuesto el vagón en donde las travesuras aumentan en la noche, me cubrí mis encantos con una chalina gris. Aun así, hubo unas miradas lascivas que ocupadas por la curiosidad de percibir la espalda desnuda adelantaban su camino para ver si de frente algo podían ver. Sin mayor percance transcurrió mi camino. Ya al salir del metro en la estación final, tome un taxi que se detuvo al mirar como mi chalina se movía lo que ocasionó que me distrajera para acomodarla. La blusa se abrió lo suficiente para que las nenas y los brillos se vieran.

    El conductor tuvo un gesto amable y se bajó rápidamente para abrirme la puerta delantera y apoyar su mano deslizándola por la espalda como una caricia para subir; la blusa hizo lo suyo, al quitarme la chalina abriéndose provocativa para mostrar mis atributos.

    Avanzó por periférico chuleando mis nenas y posando su mano por en medio de mis piernas que se abrían al compás de las caricias recibidas, mi entrepierna sentía su mano y la apretaba para mientras mi panochita se humedecía ante la fricción que le provocaba el placer y más adelante donde pudo estacionarse con mayor seguridad más la noche con su oscuridad, dejó que sus manos se metieran por la abertura para tomar entre ellas mis nenas que con su respiración parecía que crecían; me acerco para besarlas primero y después estrujarlas para que el pezón resaltará y lo colocó en su boca tocándolo primero con su lengua y después metiéndolo en ella, succionado fuerte para lamerlo después, así lo hizo con la otra nena, que deseosa esperaba la misma atención sin dejar de acariciar por donde podía.

    Mis manos también exploraban con un poco de dificultad su entrepierna intentado sacar la verga y que, entre tanto jugueteó, ya estaba enfurecida, crecida, queriendo sentirme.

    Baje el cierre de mi pantalón bajándolo por debajo de mis nalgas para invitarlo a explorar mi panochita que hervía y el diestramente frotó en modo circular mi pubis, yo abrí más mis piernas mientras el avanzaba, la humedad de mi sexo facilito a sus dedos moverse en plenitud, mientras mis caderas se arqueaban y movían para dar a mi cuerpo el placer buscado. Apretaba con su dorso la entrada de mi panochita al centro al mismo tiempo que dedeaba los labios y los introducía, me dejé llevar por lo que sentía hasta que el golpeteo y la fricción generaron en mí el calor que anuncia un orgasmo “así así puta córrete goza, me tienes caliente, mi verga te espera” me dijo con una voz fuerte rasposa pero excitante. Así fue la oleada de calor que recorrió desde mi humedad hasta cubrir mi cuerpo para con un gemido largo sentir el placer en pleno.

    Sin esperar nada puso su mano en mi cabeza y la guio hasta su verga ya afuera, erguida, húmeda, y tuvo que ser necesario que adoptara una posición que ponía mis nalgas a disponibilidad de sus manos así mientras yo degustaba su falo metiéndolo todo en mi boca y pasando mi lengua por el, dando círculos, abriéndolo, lamiéndolo, estrujándolo, él no dejaba de estimular mi panochita, introduciendo sus dedos como repuesta a cada embestida mía, así continuo hasta que su palo cedió ante mis atenciones y con un gemido anunció la venida de sus jugos “ahhhggg que puta” y así su placer se deslizó por los lados de la dureza de su polla. Me senté bien y acomodé ropa, dejé que él también se acomodara, dejándose su verga afuera y ya complacido siguió el camino para dejarme cerca de mi destino final.

  • Más azúcar

    Más azúcar

    No es que yo sea un semental; de hecho, no lo soy: no tengo edad para eso. Ya en mi madurez, si de algo presumo, es de tener sólo una bala en mi revolver, eso sí, una certera bala: nunca falla. Pero aquel día, en fin…, tuve un buen día. Siempre me levanto más allá de las once de la mañana. Me ducho, desayuno, reviso las poesías que escribí de madrugada…, sí, soy poeta. A lo que iba; aquel día de otoño me sentía pletórico, dispuesto a darlo todo de mí. Quizá fue el exceso de azúcar que consumí: una tarta de manzana, un tocino de cielo, un tiramisú y las cinco cucharadas que añado al café. A eso de las doce, mediodía, me telefoneó Cristina, una mujer que había conocido durante una exposición de mi amigo Peláez, el pintor. Hablamos en esa ocasión de arte, y salieron a colación mis poesías. Se mostró muy interesada; también sé que le agradé, y ya sabía de antemano, por mi amigo Peláez, que era una alegre viuda. Así que, como, entre otras cosas, es decir, algunas frases que revelaban su carencia, y por tanto necesidad de polla, me dijo su dirección, bajé a la calle, tomé un autobús y me dirigí a su casa.

    Toqué al timbre de Cristina. Habíamos quedado para hablar: ella quería saber más acerca de escribir poesías y, yo debía aconsejarla. No sé qué consejos podría darle: en definitiva, la lírica se caracteriza por la libertad que otorga al creador. En fin, supuse que era una excusa, como cualquier otra, para estar a solas conmigo. Por descontado, a mí Cristina me gustaba mucho, por eso no dudé en aceptar su invitación. Cristina era una mujer madura, ya en la cincuentena, sin embargo conservaba una bonita figura, y, desde luego, sus perfectas tetas, su apretado culo eran toda una tentación.

    Cristina abrió la puerta: «Hola, Carlos», me saludó, «entra, entra». Entré. La casa de Cristina era grande y elegante, se notaba que gozaba de un buen nivel de vida; no como yo: poeta bohemio. «Hola, Cristina», dije, y le planté un beso en los labios. «Ay, qué haces, atrevido», Cristina rio. Fuimos a un saloncito, sencillo, donde había un sofá chaise longue, una tele, y una estantería con libros. «Espérame aquí, me pondré cómoda», me pidió Cristina. Me había recibido vestida con un pantalón vaquero y una blusa, seguramente lo que usaría en su oficina, aunque calzaba chanclas playeras. Me senté en el sofá. Encendí un cigarrillo: entendí que ahí se fumaba a ver en un anaquel un cenicero con colillas.

    A los pocos minutos, Cristina volvió vestida con un estampado kimono playero semitransparente, que iba cerrado con un nudo a la altura de su ombligo. ¿Llevaba ropa interior? Las braguitas. Cristina se sentó a mi lado. Me preguntó por las décimas, mi especialidad. Yo hablé, hablé. Ella oyó, oyó. Hasta que, en fin, me harté de hablar y metí una mano por el escote de su kimono y le agarré una teta. «Carlos», dijo ella antes de sujetarme la cabeza por la nuca y abrazarse a mí. La besé. Mordí sus labios. Acaricié su lengua con mi lengua. Ella respiraba fuerte, excitada. Me empujó, me tumbó de espaldas en el sofá. Se sacó el kimono por los brazos. Me sacó la polla del pantalón por la portañuela. Apartó unos centímetros la telita de sus braguitas, y se metió mi polla en su coño. «Ah», suspiró. Cristina comenzó a botar sobre mí, montándome. Sus pezones tocaban mi cara en un continuo vaivén; a veces, conseguía atrapar uno entre mis labios y lo chupaba. «A-ah, Carlos, muerde, muérdeme las tetas», me ordenó Cristina. Yo la atraje hacia mi, abrazando su espalda, y metí mi cara en la canal, salivando, chupando. Me corrí dentro de su coño mientras ella gritaba de placer.

    Fóllame alegre viuda;

    háblame, sedúceme, rompe el hielo;

    llámame que yo acuda

    para ser tu consuelo.

    Métete mi polla, móntame a pelo.

    Cuando salí de casa de Cristina era casi la hora de almorzar. Paré frente un italiano y miré el atril donde se exponía su carta. Me llamó la atención una pizza que preparaban a base de tomate natural; además era económico, así que entré. Una camarera jovencísima, alta, morena, de piernas largas y fuertes como columnas, cintura fina, tetas grandes y firmes y mirada aterciopelada, me acomodó en una mesa para dos personas. Le dije que no se molestase en traerme la carta pues ya sabía lo que quería. «¿Y de beber?», me preguntó con su melodiosa voz, plena del espíritu de una tierra mitad selvática mitad montañosa. Pedí mi bebida: coca cola: más azúcar.

    Cuando terminé de devorar la pizza, pedí café, solo, con hielo…. y dos sobrecillos de azúcar. Más. Entre tanto venía el café, tomé una servilleta y comencé a escribir. Vino la camarera. Vio mi escritura cuando posaba el platillo en la mesa. «Escribes», dijo; «Sí», dije alzando el rostro; «Poesía», dijo; «Sí», repetí. Se fue. Pedí la cuenta. La camarera la trajo. Me miró. Miró a su jefe, que vigilaba. Se inclinó, y junto a mí oreja dijo: «Me pirran los poetas». «¡Rocío!», avisó en alta voz el jefe. Pero antes de irse me dijo: «Salgo en veinte minutos». La esperé. Fuimos a su habitación, en un piso que compartía con otros compatriotas suyos, pero que no estaban pues habían partido a la vendimia.

    Rocío se quitó el uniforme. Después, el sujetador. Luego, las bragas. Nos acostamos, desnudos. Nos besamos, nos acariciamos. «Carlos, tengo ganas de tu polla», me dijo. Y se sumergió bajo la sábana. Yo sentí la humedad de su boca primero en mi prepucio, luego en el glande. Mi polla se hinchó. Rocío terminó por metérsela en la boca entera, su lengua acariciaba mi tronco. Mi placer iba creciendo a cada vaivén de su cabeza. Iba a explotar. «Rocío, me voy a correr», avisé. Ella alzó sus ojos, dejó libre su boca y dijo: «Córrete». Después siguió mamando. «Oh, oh, Rocío, oh». Me sentía bien, confiado en que mi corrida la satisfaría: sería de campeonato. Retardé mi clímax todo lo posible, mirando mi polla entrando y saliendo de los dulces labios de Rocío, cómo algo tan rudo conquistaba un espacio tan bello. «Ya viene, Rocío», ronqué. Ella gimió. Un borbotón de semen inundó su boca. Pero mi éxtasis no terminó hasta que Rocío no terminó de lamer todo lo sobrante que había quedado pegado al tronco, al vello púbico, a los huevos. «Ooh, Rocío, qué me haces, oohh», susurré de placer. Ella levantó su cabeza y me miró con ojos tiernos: mi semen le manchaba la comisura de los labios, la barbilla. «¡Te ha gustado, eh!, hazme una poesía», pidió mientras se relamía como una niña tras sorber un helado.

    Hazme una gran mamada;

    saborea, paladea el grueso cipote;

    que suene tu chupada,

    mi mano en tu cogote.

    Así así, no te pares, date un lote.

    Regresé a mi casa. Entré. Dije: «Hola».

    María se puso a caminar delante de mí. Iba de un lado a otro del saloncito, con los brazos cruzados sobre sus tetas. Sus chanclas negras; el chancleteo, ese palmear de la planta de sus desnudos pies contra la goma, me excitaba. La falda de su vestido largo barría el suelo sin fregar. Yo la miraba, embobado, de pie, frente al televisor apagado: era de noche y había poco que ver. María. Tan juvenil, tan llena de vitalidad. Su cuerpo, voluptuosamente tierno, limpio, suave, como si nunca hubiese sufrido ese desgaste que a todos nos acontece con la edad; y eso que ella estaba en la treintena. Por eso la elegí a ella entre muchas, por eso.

    Y yo, casi doblándole la edad… «Carlos», me dijo, «vengo de trabajar y no estás». Soltó un bufido: «Uff». «Carlos», continuó, «¿lo has hecho con otras, antes de ahora, hoy?, dime la verdad»; «Te juro que no», mentí. Yo la deseaba, quería follarla. Me acerqué y la sujeté por la cintura con ambas manos. La besé. Ella suspiró. Entonces fue ella la que me besó, metiéndome la lengua en la boca, salvaje. Pasé la palma de la mano sobre su falda, palpando la tela: le acaricié el coño. Ella volvió a suspirar. La levanté del suelo con mis brazos, pasé mi brazo por debajo de sus rodillas y, en volandas, acunada, apoyada su cabeza en mi pecho, la transporté al dormitorio, a nuestra cama. Le di un sonoro beso en la frente, alcé la falda de su vestido hasta el ombligo, le saqué las bragas por los pies y la penetré totalmente empalmado. Ah, María, mi esposa.

  • ¡Préñame, papá, préñame!

    ¡Préñame, papá, préñame!

    Este relato como muchos de mis relatos se desarrolla en mi aldea natal, una aldea de menos de cien vecinos donde todos nos conocíamos. Los protagonistas son un padre muy necesitado y su hija, que estaba aún más necesitada que el padre. Él se llamaba Venancio Carlos León y ella Elvira María Antonia.

    León era un cuarentón alto, moreno, fuerte, bien parecido y dueño de una zapatería.

    Elvira tenía 26 años, se había quedado viuda casi dos años atrás y su padre le pasaba un sueldo mensual por ayudarlo en casa.

    Elvira volvía de la tienda de comprar huevos un domingo otoñal en el que sol y lluvia se iban turnando. La lluvia la cogió a medio camino entre la tienda y la casa de su padre. Llegó corriendo a casa con sus largos cabellos rubios mojados y la ropa pegada al cuerpo. Al no llevar sujetador en su vieja blusa de seda negra se le marcaban los gordos pezones de unas tetas grandes con forma de papaya. Puso la huevera y el aceite sobre la mesa, acercó el culo a la cocina de hierro, cocina que calentaba toda la casa, y le dijo a su padre:

    -Cuando escampe tengo que ir a mi casa a cambiarme de ropa.

    León, que estaba en la cocina sentado en una silla fumando un cigarrillo y tomando unos vinos, le miró para las tetas y le dijo:

    -Tienes unas tetas muy ricas, hija.

    Elvira se percató de que se le marcaban en la blusa los pezones y las tetas y se puso colorada.

    -Nunca me habías hablado así, papá.

    -Nunca antes había visto tus tetas, hija.

    Elvira bajó la cabeza.

    -Deja de mirarme para los pechos.

    -Tienen imán para mis ojos.

    Tapó las tetas cerrando la chaqueta de lana negra que llevaba desabotonada.

    -Deja de decir tonterías.

    -¿Te las había follado tu marido?

    -No debiste beber de mañana, papá. No eres tú el que habla, es el vino.

    Hizo cómo si no la hubiera escuchado y siguió a su bola.

    -El agua de la lluvia te debió meter las bragas por el corte del coño -se relamió-. Así mojado…

    -¡Deja de decir burradas!

    -Es que estás muy rica, hija.

    No mentía. Elvira era una ricura de mujer, rubia, de ojos marrones, ni gorda ni flaca, con piernas bien hechas, culo precioso y las tetas cómo ya he dicho.

    -Me voy a mi casa aunque sea lloviendo y ya no vuelvo para hacerte la tortilla.

    León se apresuró a pedirle disculpas a su hija.

    -Perdona, no te digo más burradas. Si quieres puedes secarte con una toalla y coger ropa de tu hermana Eva en el armario de su habitación.

    Eva, la otra hija de León y su mujer lo habían abandonado. Las malas lenguas decían que madrastra e hija se entendían en la cama. Elvira le preguntó:

    -¿No vas a espiarme mientras me desnudo?

    -Yo no espío a nadie.

    -Júralo.

    -Te lo juro.

    -Voy a mirar si me vale algo.

    Estaba Elvira desnuda secando la cabeza con una toalla cuando entró su padre en la habitación. Al verlo tapó tetas y coño con la toalla.

    -¡Me mentiste, papá!

    León caminando hacia ella, le dijo:

    -No te mentí, no te estoy espiando, te estoy mirando.

    -¡Vete!

    León cogió otra toalla en un cajón.

    -Estoy muy solo.

    Elvira estaba muy enfadada.

    -¡Cómprate un perro!

    Fue a su lado. Elvira arrimó la espalda a la pared de la habitación.

    -¡No me toques!

    -Solo quiero secarte la espalda.

    -No quiero que me toques, papá.

    -No te voy a tocar con las manos, trocito de cielo.

    -No soy ningún trocito de cielo.

    -Tienes razón, no eres un trocito, eres todo un cielo.

    Se puso entre su espalda y la pared, la agarró por la cintura y le arrimó cebolleta. A Elvira no le quedó otra que decirle:

    -Sécame por detrás, pero quítame las manos de encima.

    León le secó la espalda, las nalgas, las piernas… Cuando la besó en las nalgas se lo recriminó.

    -¡No hagas eso, papá!

    -Eres tan sensual…

    Le pasó la lengua por el ojete. A Elvira se le escapó un: «Uyyy». León le preguntó:

    -¿Te gusta?

    No le contestó a la pregunta.

    -Eres un marrano.

    Le metió y sacó la lengua en el ojete unas cuantas veces. Si León la pudiese ver, vería cómo cada vez que la punta de la lengua entraba en el ojete las pupilas de los ojos de Elvira se escondían bajo sus párpados y dejaban sus ojos en blanco. Pensando que no le iba a hacer caso y que iba a seguir follándole el culo con la lengua, le dijo:

    -No sigas, papá, no sigas.

    Se arrepintió de habérselo dicho, ya que León se levantó, la besó en el cuello y le dijo:

    -Tienes un cuerpo maravilloso. ¿Quieres que te seque el coño?

    Ya no se arriesgó a decirle que no.

    -Diga lo que diga vas a hacer lo que te dé la gana.

    Se agachó delante de ella, apartó la toalla para un lado y le dio media docena de lamidas de abajo a arriba en el coño, un coño mojado y con vello rubio. Elvira mordió la toalla y después, abriendo un poquito las piernas, le dijo:

    -Eres un vicioso.

    Le dio unas cuantas lamidas más. Elvira volvió a morder la toalla y abrió más las piernas.

    -Y un abusón.

    Ahora fueron más de una docena las lamidas de coño. La toalla ya estaba sujeta solo por sus dientes.

    -Y tú la cosita más rica que he probado.

    La voz de Elvira ya era de mimosa.

    -Mentiroso.

    Le dio unas cuantas lamidas más y la toalla cayó sobre la cabeza de León, Elvira comenzó a gemir, León le dijo:

    -Me encanta oírte gemir.

    Elvira dijo en bajito:

    -Si sigues lamiendo mi coño me corro, papá.

    León siguió lamiendo el coño y Elvira exclamó:

    -¡Me corro, papá, me corro!

    Las piernas de Elvira comenzaron a temblar. De su coño salió un chorrito de jugos y después la boca de León se fue llenando de jugos agridulces y viscosos.

    Al acabar de correrse Elvira, el cabronazo se levantó y le mamó sus deliciosas tetas, después la cogió en brazos y la puso en la cama de su hija otra hija. Elvira, le dijo:

    -No, por favor.

    El por favor lo frenó en seco, le dijo:

    -No seré yo quien te fuerce, pero…

    -¿Pero qué?

    -Pero si me dejaras hacer una paja mirando para ti, así desnuda…

    Le extrañó que se pudiese correr así.

    -¡¿Te correrías sin tocarme?!

    -Sí.

    -¿Estoy tan buena como para que eso ocurra?

    -Estás más que buena, hija, pero si me excitaras me correría mejor. Te doy 500 pesetas si haces lo que yo te diga.

    -No soy una puta.

    -Es una propina no es un pago.

    Se dejó convencer por dos razones, una porque seguía con ganas, y dos porque necesitaba el dinero. Se sentó sobre la cama al estilo indio y le dijo:

    -Saca la polla e índica lo que quieres que haga.

    León sacó la polla, una polla de lo más normal y meneándola le dijo:

    -Tócate las tetas.

    Elvira empezó a ganarse la propina. León mirando cómo se magreaba las tetas, le dijo:

    -Haz tú también una paja a ver si nos corremos juntos.

    Elvira quiso quitar más tajada de la situación.

    -Para que haga eso la propina tiene que ser más grande, papá.

    -¿Cuánto más?

    -Mil pesetas más.

    La tonta le había pedido una miseria, pues León con el calentón que tenía le hubiese dado hasta la zapatería.

    -Vale.

    León vio cómo Elvira se echaba boca arriba sobre la cama, cómo flexionaba las rodillas, cómo se abría de piernas y cómo con la yema del dedo medio de la mano derecha comenzaba a acariciar el capuchón del clítoris por un lado y por el otro. Mirando para el coño abierto de su hija y meneando la polla, le dijo:

    -Jamás vi algo tan bello como tú, hija.

    Elvira ya no se cortaba.

    -Ni yo un padre tan cabrón cómo tú.

    Al rato León se acercó a su hija, frotó su polla en el coño y se corrió en la entrada. Elvira, que ya estaba cachonda, sintiendo la leche calentita en su coño se puso tan perra que echó una mano a una teta, se frotó a mil por hora y se corrió cómo una cerdita.

    León después de correrse y sintiendo cómo se apagaban los gemidos de Elvira, se echó en la cama, le levantó las nalgas con las dos manos y le lamió el coño lleno de leche y de jugos. Elvira no tardó en decir:

    -¡Me voy a correr otra vez!

    León dejó de lamer. Su lengua entró en el ojete, salió y se metió en el coño, salió del coño y se metió en el ojete… Elvira frotó el clítoris a mil por hora y se volvió a correr, diciendo:

    -¡Bebe, papá, bebe!

    Se estremeció y se corrió cómo se había corrido antes, soltando un chorrito de jugos que fue a parar en la cara de su padre. Después su coño echó fuera los jugos viscosos, jugos que bajaron por su lengua cómo un pequeño torrente y acabaron dentro de su boca.

    Elvira al acabar de correrse le preguntó:

    -¿De verdad que soy la cosita más rica que probaste, papá?

    -Sí, y la más deliciosa.

    -Me haces sentir muy especial.

    -Eso es porque lo eres.

    Después de ponerse un vestido marrón, unos calcetines y unos zapatos, puso su ropa a secar y luego hizo la tortilla de patatas. Comieron y bebieron… Cuando se iba para su casa le preguntó León:

    -¿Cuánto por un polvo, Elvira?

    -Mi coño no tiene precio, papá.

    -De tu coño ya bebí, hija.

    -Adiós, papá.

    -¡¿No vas a volver?!

    -No. Me buscaré un trabajo.

    -Me voy a sentir muy solo.

    -Cómprate un perro.

    Esa misma noche Elvira se masturbó y lo hizo pensando en su padre, pero se masturbó de modo diferente a como lo hacía siempre. Se puso de lado, humedeció un dedo con la lengua, metió la punta dentro de culo, acarició el clítoris, después metió dos dedos dentro del coño e imaginó que le vendaba los ojos, que lo ataba a la cama, le hacía cochinadas, lo montaba, se clavaba la polla en el culo y en el coño y lo follaba a su aire… Cuando se corrió lo hizo cómo era costumbre en ella, soltando un chorrito de jugos al que siguió una pequeña cascada de jugos.

    La hostia fue que esa fantasía la obsesionó, y tras varias deliciosas masturbaciones decidió follar a su padre hasta dejarlo seco tal y como lo había dejado en sus últimas pajas.

    Eran algo más de las doce de la mañana cuando llegó a la casa de su padre. Venía vestida con un jersey, una blusa, una falda y unos zapatos, todo de color negro y en la cabeza llevaba una pañoleta a juego. León estaba echando leña la cocina de hierro cuando oyó a sus espaldas la voz de su hija.

    -Hola, papá.

    Se giró y le dijo:

    -Has vuelto.

    -Por si necesitas que te haga algo.

    -Te eché de menos.

    -¿No te compraste el perro?

    León ya se lanzó al barro.

    -No necesito un perro, lo que necesito es echar un polvo.

    -Vete a putas

    -Pon tú un precio.

    -Yo no soy una puta.

    -Por eso te pagaría lo que qué quisieras. ¿Tiene un precio tu coño?

    Elvira no se anduvo con más rodeos. Venía a lo que venía, y si su padre le allanaba el camino, pues mejor, y si encima le pagaba, mejor que mejor.

    -No venía a por eso -mintió-, pero sí, mi coño tendría un precio, el precio sería de 5000 pesetas, pero si voy a ser puta por un día el polvo no me lo echarías tú, te lo echaría yo a ti. Yo sería la abusona esta vez. Yo mandaría y tú obedecerías. La primera orden que te daría es que no hablases, pero para nada, ni para llamarme puta ni para llamarme hija, si estás de acuerdo asiente con la cabeza.

    León asintió con la cabeza.

    -¿Tienes cordel?

    Le señaló un cajón con un dedo.

    -Veo que lo pillaste.

    Cogió el cordel y le dijo:

    -Tira para tu habitación.

    Al estar León al lado de la cama le dijo:

    -Desnúdate.

    Cuando lo vio desnudo fue a su lado, se quitó la pañoleta, le vendó los ojos y le dijo:

    -Échate sobre la cama.

    Se echó, lo ató de pies y manos a las patas de la cama y después se desnudó ella. Lo último que quitó fueron las bragas negras mojadas, subió a la cama y se las puso en la nariz.

    -Huele.

    León olió las bragas profundamente, después le puso la parte mojada en los labios.

    -Lame.

    Le pasó un pezón por el meato de la polla empalmada, el pezón se pringó de aguadilla, después se lo puso entre los labios.

    -Muerde, chupa y lame.

    León mordió suavemente, lamió y chupó, después cuando le dio toda la teta volvió a morder suavemente, a lamer y a chupar. Pasó el otro pezón por el meato. Creyó que se lo iba a llevar a los labios, pero lo que le puso en la boca fue el clítoris.

    -Lame y chupa.

    Lamió y chupó, después le puso en la boca el ojete.

    -Lame y folla.

    Le lamió y le folló el ojete con la lengua.

    -Sigue, sigue que me corro.

    León sintió cómo chapoteaban los dedos dentro del coño de su hija, sintió sus gemidos y después sintió cómo le caía una corrida en la cara.

    Elvira después de correrse y con la respiración acelerada le puso el coño en la boca. León lamió el coño hasta que le volvió a poner el ojete… Acabó lamiendo ojete y coño hasta que Elvira comenzó a correrse. Corriéndose le dijo lo mismo que le había dicho en su última paja:

    -Traga, papá, traga.

    León tragó todos sus jugos calentitos mientras su hija se convulsionaba con el placer que sentía.

    Elvira después de correrse le puso la punta de la lengua entre los labios. León quiso chupársela, pero la retiró. Se dio la vuelta e hizo un 69… Le puso el coño en la boca y le lamió y chupó el glande, glande que no paraba de echar aguadilla. León no le comió el coño, se lo folló con la lengua. Elvira se puso perra de nuevo y más que se iba a poner cuando le lamió y le chupó el clítoris.

    -Vas a hacer que me corra, papá.

    Se lo siguió lamiendo y chupando y Elvira se corrió de nuevo jadeando cómo una zorra.

    Todo iba saliendo mucho mejor que en su última paja, pero ahora tocaba la prueba de fuego, meter en el culo, ya que no era lo mismo meter un dedo que meter una polla. Volvió a darse la vuelta, puso el ojete sobre la polla e intentó meterla. Logró meter la punta, pero le debió dar no sé qué meter toda la cabeza, ya que le dijo:-Desvírgame el culo, papá.

    León empujó y la cabeza entró por el ojete. A Elvira sintió cómo le escocía el culo. Jamás se había sentido tan llena.

    No le gustó. No era cómo había imaginado, lo que sí le gustó era algo que imaginara y que estaba pasando, y pasaba que su padre le llenaba el culo de leche.

    Al acabar de correrse León, Elvira sacó la polla del culo y la metió en el coño. Al follarlo la polla comenzó a ponerse flácida. León le dijo:

    -Cierra las piernas con la polla dentro verás cómo se pone dura otra vez.

    -¡Te dije que no hablaras!

    Le había dicho que no hablara, pero cerró las piernas. Sintió que la polla le llenaba el coño. Lo besó por vez primera, la polla se le puso dura y ya no paró de comerle la boca hasta que se corrió. Temblando sobre él, le dijo:

    -Préñame, papá, préñame.

    León se corrió dentro del coño de su hija.

    Después lo soltó e hizo de comer. ¿Qué si quedó preñada? Tú decides, sí tú, la persona que está leyendo esto.

    Por cierto, gracias por leerme, ah, y no comentes que es pecado…

    Quique.

  • ¿Sexo con otro?, ¡claro que es infidelidad!

    ¿Sexo con otro?, ¡claro que es infidelidad!

    -¡Hola! –Le dije al tomarla de su abultada cintura -¿cómo están?

    -Él bien, yo con unos antojos terribles –me respondió recargando su cabeza en mi hombro.

    -¿Qué celebramos? –pregunté señalando la mesa.

    -Hace dos años te libraste de la peor decisión de tu vida.

    -¿Es necesario hacerlo? –dije fijando mi mirada en la suya.

    -Lo es.

    Dos años antes:

    Bajó la escalera, su entallado vestido le hacía verse espectacular; embelesado, contemplé cada curva de su estilizada figura; ella, aceptó mi mirada con un mohín de coquetería.

    -Por Dios Karina, le vas a provocar un infarto a más de uno –dije tomando su mano para completar los últimos escalones.

    -Solo por ver cariño, sabes que soy solo tuya.

    -¿A qué hora voy por ti?

    -Pame me recoge y me trae, ya sabes que vive cerca; así no te despierto.

    -Ok, de cualquier forma llámame si necesitas que vaya.

    -Yo lo hago, pero no creo que sea necesario –dijo esto último enviándome un beso al escuchar la llegada del auto de su amiga.

    La vi partir como en anteriores ocasiones, de esta fiesta dependía si el cliente accedía a la firma del contrato para la publicidad de sus productos.

    Preparé algo para picar mientras veía las noticias, pasado un tiempo me aburrí y opté por descansar; mi día fue pesado y no tenía pensado desvelarme; antes de llegar a mi recamara sonó mi teléfono.

    -¡Hola perdido!, ¿por qué no me has hablado? –dijo la voz al otro lado de la línea.

    -Para que me extrañes más –respondí –así dejas al idiota de tu novio y te vienes conmigo, ahora tengo casa sola.

    Escuché su risa y en verdad me alegró hacerlo, con Olivia tenía una amistad de años, incluso antes de conocer a Karina; estudiamos juntos y siempre la consideré como mi hermana, todo el mundo la adoraba incluida mi familia.

    -Pensé que acompañabas a tu “cosita” en su fiesta –dijo esto último haciendo énfasis para recordarme que no era de su agrado.

    -¿Cómo sabes de la fiesta? –pregunté.

    -Mi chico trabaja con su cliente, nos invitó.

    -Va a estar ocupada con el proyecto, ¡me aburriría como ostra!

    -Pues ven y te sientas con nosotros, al menos te diviertes un rato.

    -Gracias pero no, no me late ver como un chupasangre se come a mi mejor amiga.

    -¡Guarro!, yo te la vigilo entonces; te dejo porque llegaron por mí. Bye.

    Entré a mi recamara y dormí.

    Al día siguiente desperté temprano, Karina estaba a mi lado; al parecer se dio un baño antes de acostarse porque se le sentía fresca, la tape y salí por el desayuno como hacía en fines de semana. En el camino sonó mi teléfono, era Olivia; casi con seguridad quería que saliéramos como en ocasiones hacíamos, dejé pasar la llamada; insistente, volvió a marcar y esta vez contesté, podría ser una emergencia.

    -¡Hola perdida!, ¿madrugaste? –dije en tono burlón.

    -Necesito verte Jorge, pero no en tu casa.

    Un escalofrío recorrió mi espalda, nunca desde que recordaba utilizaba mi nombre y, tema aparte, se le escuchaba ansiosa; casi desesperada.

    -Voy llegando al restaurante que está detrás de la casa de tus padres, podemos vernos allí –dije preocupado.

    -En diez minutos estoy contigo –y terminó la llamada.

    Llegué antes que ella, habitualmente tomaba algo antes de hacer mi pedido; no fue así en esta ocasión. Minutos después llegó y se sentó a mi lado.

    -¿Quieres algo de tomar?, te ves pálida –dije.

    -No sé cómo decírtelo, pensé incluso en no hacerlo; pero eres mi amigo y te quiero de siempre.

    -No entiendo Oli, ¿qué tienes por…?

    -Ve esto –dijo entregándome su teléfono sin dejar terminar mi pregunta mientras tomaba de su cabello con nerviosismo.

    Un balde con agua fría hubiera sido más sutil que las fotos que me mostraba, en ellas, podía verse a mi esposa besándose con otro. Volteé mi cara para verla como pensando que era una broma, como las que solíamos hacernos en la escuela.

    -Termina de verlas –dijo muy seria –las últimas las tomó mi chico porque continuaron en el baño de hombres y yo no pude entrar.

    No daba crédito a lo que veía; mi esposa, la mujer que puse en un pedestal, cogiendo con alguien que no era yo. Una rabia surgida de no sé dónde invadió mi cuerpo, quería matar al maldito y, de paso, también a ella por hacerme esto.

    -¿Por qué no me hablaste?, ¿por qué dejaste que pasara?

    -No te marqué porque te conozco, sé cómo eres y solo hubieras quedado humillado o haciendo alguna barbaridad; tampoco no hubieras llegado a tiempo.

    -No hice algo porque no me corresponde, en varias ocasiones te dije que ella no era de fiar, pero no hiciste caso; además, es casi seguro que esta no haya sido la primera vez que te hace esto.

    -Cualquier otra cosa que necesites, la que sea, háblame; esto lo tienes que hacer tu.

    Tomó su teléfono, me envió las fotos y, dándome un beso, se alejó por donde había llegado.

    Pasó un tiempo que no supe cuánto pensando en lo que tenía enfrente; en ocasiones alguien nos dice o nos enteramos casualmente de alguna infidelidad, amigos, familiares o solo conocidos; nunca pensé que esto me pasara a mí. El sonido de mi teléfono me regresó de mi letargo.

    -¿Tardas cariño?, me levanté con hambre –dijo mi esposa.

    Escuchar su voz hizo incrementar mi rabia, quería tenerla junto a mí para ahorcarla con mis propias manos; recordé lo impulsivo que soy y, con determinación salida de no sé dónde, trate de calmarme; hacer algo sin pensarlo podría resultar contraproducente, podría arrepentirme después.

    -Voy camino a casa de mis padres –le respondí.

    -¿Por qué no me dijiste?, hubiera ido contigo; me cambio y te veo allá.

    -No Karina, no quiero que vayas; de hecho no sé en qué tiempo regrese o si lo voy a hacer.

    -¿Qué pasa?, ¿ocurrió algo?; dime, no me asustes.

    -¿Qué ocurrió?, tú lo sabes mejor que yo; ¿qué va a pasar?, bueno… aún estoy pensando en eso.

    -No entiendo –dijo con voz sorprendida.

    Colgué y envié las fotos como respuesta.

    Mi teléfono no dejó de sonar durante el trayecto, sentí una tristeza profunda cada vez que lo hacía; un nudo en mi garganta no me dejaba respirar, eso o las lágrimas que no quise dejar salir. Marqué a la primera persona que sabía nunca me iba a fallar.

    -¿Oli? –Pregunté con tristeza –necesito de tu ayuda.

    Transcurrió el fin de semana, atareado tanto por la cantidad de llamadas sin contestar como por las interrogantes de mis padres con respecto a nuestra relación; el único respiro fue encontrarme con Olivia ya casi por terminar el día.

    -Toma –me dijo entregándome un sobre.

    -Gracias –dije al tomarlo –no sé cómo pagarte.

    -Es lo que hago, nada me cuesta.

    -No esto –mencione mostrando el sobre –por tu amistad.

    El lunes por la mañana tuve que ir a casa, necesitaba ropa y un par de cosas más que me eran indispensables. Llegué pero no entré, quería retardar el encuentro pensando que por algún evento fortuito resultara que no era ella, que esto no me estaba pasando a mí; ¡qué iluso!

    Después de un tiempo me decidí y entré, salió de la recamara apenas escuchó el ruido de la puerta.

    -Jorge, yo…

    No terminó el comentario, cubrió su rostro con sus manos y comenzó a llorar.

    -No tengo mucho tiempo, tengo que trabajar; solo vine por algunas cosas que necesito –dije tomando dirección a la recámara.

    -Fue un desliz Jorge, y solo fue esta vez –dijo tomando mi mano –puedo enmendarlo, voy a enmendártelo; ya lo pensé, dejaré mi trabajo, no saldré de casa más que contigo; cortaré con mis amigas…

    -No Karina, nada de eso me sirve, ya no tienes mi confianza –dije soltando mi mano.

    -¿Cómo dices?

    -Que ya no la tienes, y no solo ahora o a futuro, sino también a pasado. Hice la tarea por recordar cada salida con tus amigas o compañeros de trabajo y es casi seguro que esta no haya sido la primera vez que me haces esto.

    -No pensarás que…

    -Si Karina, si lo pienso.

    -Jorge, fue solo sexo, ¡yo a ti te amo!

    Golpeé la puerta con una furia inconcebible, ¿era posible que esa fuera su explicación?, ¿solo sexo?

    -¡Hija de puta! –Dije acercándome a ella -¿eso no es suficiente?

    Dejó de llorar y el miedo llegó a su rostro, levantó sus manos esperando por el golpe que no llegó.

    -¡Toma tus cosas y lárgate de mi casa!, hazlo antes de que pierda la paciencia contigo.

    -Pero… ¿qué voy a hacer?, ¿a dónde quieres que vaya?

    -Ese ya no es mi problema –respondí.

    -¡Me dijeron muchas veces que no valías nada!, ¡que era un idiota casándome contigo!; y yo defendiéndote como estúpido, ¡qué razón tenían!

    -¿Qué hago para arreglar esto?, dime que hacer…

    -Firma esto –dije poniendo el sobre en la mesa –es el acta de divorcio, no quiero volver a saber de ti.

    -¡Jorge!, ¡perdóname! –dijo rompiendo en llanto.

    -Te perdonaría si me importaras –dije con tristeza –pero me hiciste tanto daño que no creo poder hacerlo. Haz con tu vida lo que quieras, ya no me interesa.

    Tomé lo indispensable lo cual coloqué en una maleta, bajé y casi al salir le dije:

    -El acta está sustentada con evidencia, fírmala y déjala sobre la mesa; regreso en un par de días, ya no debes seguir aquí.

    El salir de allí me despejó de lo enfrentado, no era tema que ya no quisiera a esa mujer que de golpe arruinó mi vida, pero me quitó un peso de encima el cerrar este capítulo por demás traumático; me sentí liberado.

    -¿Terminó? –me dijo tomando mi brazo al entrar al auto.

    -Si –respondí –terminó.

    Me abrazó sin decir más, siempre había sido mi soporte y, por cómo veía, lo seguiría siendo; le devolví el abrazo mientras, con cariño, la besé en la frente.

    -Gracias por todo mi Oli.

  • Sexo en el Festival

    Sexo en el Festival

    La conocí a través de las redes sociales, hermosa mujer joven, casada, de ojos oscuros, piel apiñonada, con una mente perversa, apasionada de la historia, con un toque de mujer intelectual que le dan los lentes, ufff una mujer muy excitante, con una sonrisa hermosa y amplia que muestra sus blancos dientes.

    Platicamos varias veces, de temas variados e interesantes, quedamos de vernos en un festival cultural de mucha tradición.

    Finalmente se presentó el día esperado, imaginaba su cuerpo desnudo, excitante.

    Cuando la vi sonreía como siempre lo hacía, vestía un jeans que se ajustaba perfecto a sus curvas, una blusa negra escotada sin mangas, lo que me dejaba ver parte de sus ricos senos.

    Fuimos a varios de los eventos, comimos, bebimos algunos tragos, charlamos de diversos temas, me hablaba de la historia de algunos lugares que me mostró, en un momento que escuchábamos música y bebíamos una cerveza, nos quedamos callados un instante, mirándonos fijamente, me perdí en sus hermosos ojos, la tomé del cuello, me acerqué a besarla, fue un beso suave, tierno, pero a la vez muy apasionado y excitante, sentía su lengua frotándose con la mía, con la otra mano, tomé su cintura y la atraje hacia mí, pude sentir sus ricas y firmes curvas en mi cuerpo, me abrazó, nos pegamos aún más, sus manos apretaban mi espalda, fue un beso muy intenso y extenso.

    Después de varios besos, de caricias más intensas al amparo de las sombras y de la muchedumbre, nos dirigimos a un hotel en el centro de la ciudad, durante el trayecto nos besamos en cada callejón, nuestras manos recorrían el cuerpo del otro, acariciaba sus nalgas, sus senos que ya tenían los pezones endurecidos por la excitación, frotábamos nuestros sexos, con mi pene erecto sentía la calidez de su vagina, sentía el calor de su cuerpo. En el rincón de un callejón más oscuro metí una mano bajo su jeans, alcancé su vagina que ya estaba húmeda, una humedad que sentí deliciosa entre mis dedos, ella correspondió acariciando mi pene erecto.

    La gente pasaba cerca, nos perdíamos entre las sombras y el bullicio, comencé a besar su cuello, después sus tetas, ella estaba nerviosa y excitada, le dije que nadie nos miraba, al percatarse de que así era, siguió con el emocionante juego, retomé a besar y morder suavemente sus pezones, abrí más la blusa para recorrer el camino hacia su ombligo y aún más abajo, era muy excitante estar haciéndolo frente a una multitud sin que nadie nos viera, en un momento nos sobresaltamos al escuchar voces muy cerca, cuando el grupo de personas pasó de largo sin voltear siquiera seguimos con más confianza y excitación, bajé mi lengua hasta su mojada vagina, jugué con sus labios, besando, mordiendo jalando, metía y sacaba mi lengua, después me entretuve con su clítoris lo jalaba, lo chupaba y le daba lengua hasta que sentí como aflojaba sus piernas y un torrente tibio inundó mi cara, escurriendo por mi barba, después de un instante ella se incorporó me besó con intensidad, también fue bajando, sacó mi erecto falo del pantalón, se puso de rodillas, su mano subía y bajaba en mi erección, lo empezó a besar, a lamer finalmente lo metió a su boca para succionarlo, lo recorría de arriba a abajo de una manera deliciosa, con su lengua, con sus labios, hasta que exploté dentro de ella.

    Una vez repuestos nos acomodamos la ropa, para llegar al hotel, ya en la habitación nos arrancamos la ropa, la excitación era tal que nos seguimos besando, tocando, su cuerpo desnudo era magnífico, nos dirigimos a la cama, nos besamos apasionadamente acariciado nuestros cuerpos, ella se sentó sobre mí, movía rítmicamente su cadera mientras yo acariciaba y besaba todo su cuerpo, pasaba de sus nalgas, a sus tetas a sus piernas, besaba también sus duros pezones, en un movimiento rápido se metió mi erección, devorando mi pene con su vagina mojada, se movía de una manera muy rica, yo acariciaba y besaba sus ricas tetas, eran una delicia, subía y bajaba sobre mi falo, su vagina estaba caliente y mojada, entre excitantes gemidos dejo fluir nuevamente los calientes jugos de su vagina sobre mi pene y piernas, se dejó caer sobre mi por un momento para besarme y decirme al oído «la quiero en mi culo» le dije que se sentará encima de mi verga, con cuidado fue bajando hasta que la tuvo toda adentro, subía y bajaba mientras yo frotaba su clítoris con mis manos, besaba su cuello, sus tetas, mordía sus pezones y ella gemía de placer, nos empezamos a mover a un ritmo cada vez más rápido, sus senos se balanceaban de una manera divina, el movimiento cada vez más rápido y fuerte hasta que dejó salir otro chorro de jugos de su vagina al sentir y ver eso no pude contenerme y vacié mi leche dentro de su culo, ella se dejó caer nuevamente sobre mi pecho.

    Ahora no sólo nos vemos en festivales Quijotescos!!!

  • Me cojo a mi amigo de la facultad

    Me cojo a mi amigo de la facultad

    Me llamo W y tengo 20 años. Estoy en una universidad donde estudio ciencias naturales en la ciudad. Aquí conocí a M. Él es alto, no es muy musculoso pero está un poco marcado en el abdomen y en la entrepierna. Desde que lo vi me gustó, pero decidí empezar todo con una amistad y compañerismo.

    Era viernes a la tarde y me anime a ir a un gimnasio que está a unas pocas cuadras de la universidad que es la misma a la que asiste M, por lo que fui con él. Estuvimos una hora hasta que ya comenzó a caer la noche, así que ambos nos dirigimos hacia las duchas.

    Entramos vi había varios hombres musculados sudando, algunos dejando ver su cuerpo desnudo, pero intente no verlos para no excitarme y generar un clima incómodo. Estaba sacando mis cosas para bañarme cuando de reojo veo que M se baja el pantalón y el bóxer de un tirón, haciendo que salte un pene algo corto pero muy grueso. Agarro sus cosas y se dirigió a la ducha. «Esto es un palo» pensé. Yo me desnude también dejando ver un cuerpo algo marcado también pero nada comparado al de él. Y mi pene dormido mide 13 cm, tal vez un poco más grande que el de M. Me fui a las duchas y para mi sorpresa eran todas descubiertas, así que íbamos a tener que vernos desnudos. Todo transcurrió normal pero no faltaron las miradas hacia nuestros cuerpos, un espectáculo. Me di cuenta que nuestros miembros quedaron algo gomosos por lo que ya pensaba en la paja que me iba a hacer cuando llegue a casa.

    Cerré mi ducha y me tape con la toalla para dirigirme hacia los lockers. Mientras me cambiaba sentí una mano en mi hombro, me di vuelta y era M también con una toalla en la cintura y riéndose.

    -Eu, querés venir a comer a casa?

    -Si dale, de una.

    Estaba gritando por dentro.

    Fuimos a su casa en colectivo y en el camino compramos unas pizzas. Yo ya me imaginaba todo lo que iba a suceder porque, si bien teníamos una linda amistad, teníamos cierta onda y después de ver nuestros cuerpos no veía otra forma de acabar la noche.

    Entramos a su departamento y dejamos todas las cosas en el piso.

    -Podes preparar la comida y la bebida mientras yo me pongo algo de entrecasa?

    -Sisi no te preocupes yo hago todo

    Puse las dos pizzas sobre una mesita y me senté en el sofá esperándolo. Al poco tiempo se sentó en la otra punta del sofá con una musculosa negra y un short muy corto que le quedaba algo holgado y le marcaba un paquete apetecible.

    Cenamos, nos reímos y comenzamos a tomar un poco. Pusimos una película gay de fondo y nos miramos a los ojos. Levanto su pierna derecha sobre el sofá mostrando su pija salir por el costado de su muslo. Ya estaba excitado por lo que era más grande y sin dudarlo la empecé a masajear mientras él me agarraba de la nuca y me besaba fogosamente. Me subí arriba de él y le saque la musculosa, le tocaba sus pezones y su pecho con algo de pelo y el solo gemía mientras me tocaba el culo. El me saco mi remera y mi pantalón dejándome en bóxer que ya estaba algo mojado con líquido pre seminal. El me chupaba mi verga sobre el bóxer mientras metía su mano entre mis glúteos. Estuvimos un tiempo donde nos besamos todo el cuerpo mientras iba llenando de saliva mi agujero, se sentía muy rico. Después de un tiempo de besos hicimos un 69 y nos chupamos la pija hasta casi acabar, pero paramos un rato para movernos a su cama.

    Ambos resultamos ser versátiles así que nos deparaba una larga noche. Primero fue mi turno de ser pasivo, me puse en 4 y abrí mi culito para que me llene de lubricante y después me meta sus ya 17 cm pero estoy seguro que me ganaba en espesor. Esa verga era muy gruesa, de las que me encanta tener en la boca pero nunca las tuve en mi culo por lo que estaba algo asustado. Por suerte fue despacio y me penetró unos largos minutos en distintas posiciones hasta que me acostó boca arriba, se sacó su pija de mi culo, se sacó su preservativo y me lleno de leche. Por más que no lo haya cogido yo ya estaba por explotar así que me senté y puse su boca en mi pene para que se tome todo mi semen que salía en un profundo orgasmo.

    Los dos nos tumbamos boca arriba. Nos miramos, nos besamos, tomamos aire y empezamos de nuevo. Esta vez yo lo penetraba y así estuvimos otros largos minutos. Cuando estaba por acabar nos sentamos en el borde de la cama y nos empezamos a masturbar con la mano del otro. Lo veía a él sudado y gimiendo, agitando mi pene con fuerza y acabe con largos chorros de semen al mismo tiempo que él. Nos besamos nuevamente y nos fuimos a bañar. Pasamos el resto de la noche viendo una serie y luego dormimos juntos. A la mañana me tenía que ir temprano pero no sin antes arreglar para repetir lo vivido.

  • Un día de quinta muy especial

    Un día de quinta muy especial

    En mi primer relato conté algunos hechos de mi vida sexual que me marcaron. Como eran varias cosas no entré en demasiados detalles de algunos de esos hechos.

    En este relato, voy a contarles como fue una de las fiestas sadomasoquistas a las que asistí, la más extrema a mi entender. Les aviso que es un relato largo.

    Dado que con mi novio de ese entonces solíamos asistir a fiestas privadas de este tipo organizadas en boliches, nos solían llegar distinto tipo de invitaciones para otros eventos de similar naturaleza.

    Uno de los grupos que organizaba los eventos, una vez al año realizaba fiestas temáticas en una quinta que duraban 2 días.

    Alejada de la ciudad y de gran tamaño, la quinta permitía mantener la privacidad y organizar diferentes tipos de juegos, dándote la opción de elegir de cuales participar de acuerdo a tus preferencias sexuales específicas.

    Esta en particular tenía como temática la religión, por lo cual el evento se llenó de gente jugando roles de curas torturadores de la inquisición, monjas abusadoras, etc., aunque había de todo francamente y era un espacio que daba también para compartir experiencias y contarnos sobre ciertos detalles de ciertas prácticas y fetiches.

    En nuestro caso, asistimos él vestido como el Papa (sumo pontífice) aunque debajo de la capa solo tenía una lencería de hombre de vinilo con bolsa (como un arnés de vinilo enganchado a la tanga con bolsa para sus genitales) y yo como una monja un tanto particular. Llevaba una Toca negra, una capa corta negra y debajo solo un top negro de una tela muy transparente y ajustado con el que se podían ver mis pezones muy claramente, una minifalda muuuy corta, negra también de vinilo, medias bucaneros negras y zapatos negros de plataforma con tachas (hubiera usado con taco aguja pero se me hubiera complicado mucho caminar en el césped de la quinta).

    Llegamos a la quinta alrededor de las 6 pm, quisimos llegar temprano para poder ver mejor la gente que iba llegando, hacer sociales, explorar los lugares de la quinta, etc.

    Siempre yo como su esclava lo seguía un paso atrás y atada a su correa. Tomaba lo que él me daba. No me dejó tomar alcohol, me dijo que debía estar bien hidratada y sobria porque la noche y el día iban a ser largos y así fue.

    Ni bien anocheció, mientras estábamos conversando con otras parejas, uno de los chicos se permitió elogiar mis tetas, más específicamente mis pezones, mi reacción fue sonreír, al fin y al cabo me había vestido así para que me los miren. Mi novio sin intercambiar palabras, solo se levantó la capa, sacó su pene, tomó mi cabeza y me la llevó hacia abajo para que comenzara a chupársela.

    Aunque sé que a algunas personas les cuesta creerlo, semejante humillación y exposición me calentó increíblemente. Ahí frente a las otras parejas comencé a lamerla suavemente, todavía no estaba dura, así que fui despacio sacando afuera su hermoso glande, lo metí en mi boca y con mucha saliva comencé a jugar con mi lengua. Ni 5 segundos pasaron que su pija comenzó a hincharse, pronto mi boca quedó completamente llena por lo que comencé a pajearlo. Podía sentirla latir, veía sus venas hincharse mas y mas y mi sed de semen comenzaba a demandar ser saciada.

    Aunque continuaban hablando como si nada, podía sentir las miradas y mas me excitaba. Refregué su pija en mi cara como yo sabía que él disfrutaba mas, pasaba con fuerza su babosa pija apretándola contra mi nariz y labios, me golpeaba con su tremendo pene mis mejillas mientras lo masturbaba.

    Al que me había elogiado le dijo “vení si queres, podes chuparle los pezones si te gustan, te la presto sin problemas”, mi novio se paró, yo me arrodillé y continué pajeando y chupando ese tremendo garrote que tenía de pija y el otro flaco vino, me levantó el top y comenzó a tasajearme las tetas y mientras me chupaba gloriosamente mis pezones y mi novio le sostenía la cabeza.

    Mis sentidos se agudizaban, esa lengua en mis tetas me estaba volviendo loca, quería que me garche y podía sentir a la vez cada milímetro de la pija de mi novio en mi boca.

    Al rato sentí las contracciones que anunciaban la eyaculación, toqué mi concha empapada y palpitante y al momento que sentí los chorros calientes de semen explotar dentro de mi boca tuve el primer orgasmo. Saboree y tragué cada gota de semen, tras lo cual no fui a lavarme, quería seguir sintiendo ese olor a leche en mi cara.

    Una hora mas tarde vino el momento de las subastas. Yo fui una de las personas subastadas.

    Subí a un mini escenario que estaba montado para esto y mi novio comenzó a exponerme y contar mis preferencias, que cosas hacia y me dejaba hacer, me levantó el top para que todos pudieran apreciar mis blancas y firmes tetas, me hizo inclinar dando la espalda a la gente y abriendo mi culo lo lamió para llenarlo de saliva e introdujo varios dedos para mostrar mi dilatado ano.

    Explicó que no me gustaba que me escupan ni que me dejen marcas en la piel con ningún elemento y comenzaron a ofertar. La subasta no era con dinero real sino con una moneda falsa que se obtenía en diferentes juegos. Mientras yo seguía agachada mostrando mi culo abierto, escuchaba las ofertas subir y subir. En un momento 3 hombres unieron todos sus créditos y ganaron la subasta. Mi novio me entregó tal como estaba pactado y ellos me llevaron a una carpa que había armada en el parque.

    Los 3 eran jóvenes, uno con excelente cuerpo, los otros dos mas panzones. No me dieron tiempo a que me quite la ropa, ni bien entramos a la carpa los 3 se abalanzaron sobre mi, sentía sus manos por todos lados, uno fue directo a mi culo y con sus dedos ensalivados me penetraba con fuerza. Solo metía 2 dedos, creo que no notó que hubiera podido meter la mano entera si lubricaba y lo hacía bien.

    Me quitaron toda la ropa y ellos también desnudos me hacían explotar mis sentidos, podía sentir sus pijas rebotando y refregándose en mi piel, llenándomelo de sus fluidos, el olor a sexo impregnaba la carpa, el sonido de sus dedos entrando y saliendo de mi concha empapada, sus lenguas recorriendo mi cuello, mi espalda, mis tetas, llenando mi boca, todos a la vez.

    El mas musculoso, muy compenetrado en el personaje me dijo “como miembro de la curia, estamos verificando cuan entregada al pecado está usted y de ser considerada culpable va a ser condenada a triple empalamiento”. Debo confesar que me causó cierta gracia pero estaba tan caliente y el hecho de pensar que me iban a penetrar los 3 a la vez solo me hizo gemir en vez de reír.

    Me hicieron agachar y con las 3 pijas delante mío debía pajearlos y chupárselas. Ellos no tenían problema con tener contacto entre ellos, por lo que pude ponerlas las 3 en mi cara al mismo tiempo. Que placer! Sentir sus olores, sus 3 pijas duras cubriendo por completo mi cara que ya estaba pegajosa de sus fluidos mezclados con mi saliva. Comencé a rogarles que me cojan, que me hagan el culo, les dije que necesitaba tomarles la leche. Uno de ellos no pudo mas y se terminó de masturbar en mi cara, ante lo cual yo trataba y lograba en algunos casos atrapar sus chorros de leche con mi boca, el resto salpicaba mi cara y tetas.

    Los otros dos pronto se acomodaron uno detrás mío y el otro fue debajo. Primero me acomodé y me metí la pija de quien estaba debajo en mi concha. Está muy caliente, sentí cada milímetro de esa pija penetrar dentro mío, la sentía caliente.

    Inmediatamente, quien estaba detrás (el musculoso) me chupó el culo y me penetró de una, hasta el fondo. Quien no lo haya probado les digo, la doble penetración es gloriosa. Sentir las 2 pijas dentro mío taladrándome sin parar me hizo tener un orgasmo al toque, al tiempo que quien había acabado y se estaba masturbando se acomodó frente a mi y me metió su pija en mi boca y también me cogía. No esperaba a que yo se la chupe, tomaba mi cabeza y bombeaba con su pija en mi boca.

    Los 3 taladrando así de fuerte a la vez me hicieron acabar de nuevo, me temblaban las piernas, se fueron intercalando posiciones, quien estaba debajo, sin importar que tenía rastros de semen en mis tetas, las chupaba con fuerza.

    El musculoso se recostó, me tomo de la cintura y me hizo sentarme sobre él. Mi ano, completamente abierto, recibió por completo su pija parada como un mástil. El me subía y bajaba como a una muñeca, yo sentía lo profundo que entraba en mi culo.

    De los otros 2 uno siguió con mi boca y el otro se pajeaba en mis tetas.

    Yo quería otra vez otro en mi concha, el que se estaba pajeando me recostó hacia atrás y levantando mis piernas me empezó a coger por la concha.

    El que estaba en mi boca no dejaba de hacer que se la chupe. Con ansias de leche lo masturbe en mis labios entre abiertos, lo pajeaba con fuerza con mis manos y con mi lengua afuera y recibí su semen al tiempo que tenía un nuevo orgasmo sintiendo mi culo y mi concha arder de tanta cogida.

    Se ve que mis contracciones al acabar y mis gemidos/gritos de placer aceleraron a los otros dos y quien estaba cogiéndome por la concha la sacó y lanzo sus chorros de semen en mis tetas al tiempo que sentía mi culo llenarse con la leche caliente de quien estaba debajo.

    Me sentía exhausta y la noche recién empezaba.

    Me ayudaron a limpiarme un poco, me coloque mi ropa y me fui a pegar una ducha tras lo cual volví con mi novio.

    Luego de un rato de dar vueltas y conversar con diferentes parejas y ver diferente tipos de juegos sexuales, mi novio me llevó hacia una cruz que estaba puesta para ser usada con ataduras en forma de X.

    Tenía unos tacos donde apoyaba mis pies, por lo cual una vez ató mis manos y mis pies yo quedé totalmente extendida pero no colgando, por lo cual no me causaba dolor alguno.

    Mas gente se fue acercando. Mi novio comenzó a decir que lo que había hecho en esa carpa con 3 hombres merecía un castigo ejemplar.

    Me levantó el top, dejando mis tetas al descubierto y levantó la minifalda y desabrochó y quitó mi tanga.

    Empezó con mis pezones, les daba cortos y firmes cachetadas y los pellizcaba. Muy pronto se pusieron muy parados e híper sensibles. Sentía un suave ardor con cada golpecito, y cuando empezaba a ser mas intenso, me recompensaba con un mojado beso seguido de pasar su lengua lo que me causaba intenso placer.

    Tomó una fusta con flecos con la cual azotaba mis piernas y pechos muy suavemente al inicio, luego la comenzó a usar en mi vagina.

    Fue incrementando la intensidad hasta que no pude contener mis gemidos ante cada contacto con mi irritada conchita.

    Luego de mostrar el proceso invitó a los que se habían acercado a participar e imitarlo. De a dos iban pasando, a veces hombres a veces mujeres iban azotando y acariciando y besando y lamiendo cada parte de mi cuerpo expuesto.

    Algunos introducían sus dedos en mi concha que aparte de irritada se mostraba totalmente mojada.

    Veía sus caras de perversos y mi excitación se incrementaba. Me retorcía de placer pero me negaban el orgasmo lo cual me hacía ansiar que me masturben cada vez mas al punto que mi clítoris dolía y a la vez sentía mas intensamente cada lengua que pasaba por él.

    Cuando yo ya no podía mas luego de un interminable fila de hombres y mujeres abusando de mi, mi novio incrustó su cara en mi concha y me dio la mejor chupada de mi vida. Su lengua penetraba en mi y sus labios rozaban mi clítoris. Sentir su respiración agitada y tomar mis jugos que brotaban en cantidad mientras masajeaba mis sensibles tetas me hizo tener un tremendo y largo orgasmo. Todo mi cuerpo temblaba y me retorcía atado a la cruz ante la atenta mirada de los demás.

    Suavemente me desató, me acomodó la ropa, me besó dulcemente y le pedí de descansar un poco. Estaba totalmente agotada, mis piernas temblaban al caminar.

    Mas tarde, a eso de las 4 am nos fuimos al lugar donde había unos bancos anatómicos para diferentes posiciones sexuales.

    Nos besamos y rápidamente nos pusimos calientes. El me recostó en el banco de frente y con mis piernas abiertas. Poco a poco me fue quitando la ropa hasta que quedé totalmente desnuda. Mientras lo hacía, él también se quitaba la capa y quedaba solo con el arnés y su tanga bolsa. Como me calentaba verlo así.

    Sus manos recorrían cada centímetro de mi muy blanca piel, chupaba mis tetas con intensidad succionando mis pezones y apretando mis tetas casi con desesperación. Aprovechando la posición, se dedicó un buen rato a lamer mi concha, por momentos su cara desaparecía por completo, hundido profundamente entre mis piernas y tomando todos mis fluidos.

    Cada vez que succionaba mi clítoris me sentía estremecer de placer.

    Poco a poco me fue metiendo sus dedos en mi dilatado culo. Con la saliva y mis fluidos se le hizo muy sencillo y yo disfrutaba aún mas del sexo oral que me proporcionaba. Cuando aceleró el mete y saca de sus dedos en mi ano, introduciendo 4 al mismo tiempo casi hasta sus nudillos con tremenda fuerza y rapidez no pude mas y acabé apretando su cabeza contra mi concha.

    Sin hacer una pausa y en la misma posición me penetró con su enorme, dura y venosa pija.

    Esos sillones permiten un encastre perfecto, su pija entraba y salía por completo en cada embestida y la sentía tocar mis entrañas.

    Nuevamente se acercaba mas gente a vernos coger. Yo estaba totalmente entregada, estirada, con mis blancas y firmes tetas subiendo y bajando al ritmo de la cogida brutal de mi novio. Rápidamente alcancé otro orgasmo. Me sentía muy bien cogida.

    Me dio vuelta y me acomodó de forma que mi culo quedaba en perfecta orientación y altura para ser penetrado de parado. Me ató las manos estiradas hacia adelante y me empaló con su pija. Que placerrrr, sus empujes eran tremendamente fuertes, su pija dura y grande me taladraba sin parar el orto, sentía mi ano abrirse y abrirse y yo refregaba mi concha contra el sillón. Viendo como las mujeres se tocaban y los hombres, principalmente los hombres, se pajeaban mirando, sentí deseos de soltarme y que tengamos una tremenda orgía. Cuando él explotó dentro mío y sentí su leche caliente llenarme el culo, nuevamente tuve un orgasmo.

    Me besó dulcemente y me dijo al oído “ya me sacié, quiero ver cuán puta sos y cuantos hombres te cogen el culo con mi leche adentro”.

    Yo estaba totalmente agotada pero mi cuerpo hervía de calentura con lo que me acaba de decir.

    Uno a uno fue invitando a hombres a cogerme, la condición era que sin besos, sin caricias y solo penetración anal.

    Así fueron entrando en mi todos esos hombres, degenerados todos, rudos, me usaban como una muñeca, abrían mis nalgas y me ensartaban sus pijas, jadeaban y gruñían, no había suavidad alguna, empujaban con toda la fuerza que podían.

    Sentía sus acabadas, algunos dentro de mi culo que chorreaba semen en cantidades producto que estaba totalmente abierto, otros sobre mi espalda. Algunos tardaban mas, otros menos, pode sentir algunos cuyas pijas eran tremendamente gordas, no veía sus caras.

    Fueron 10 en total, los conté, 10 hombres me garcharon por el orto uno tras otro durante 2 horas. Eran las 6 am y el sol ya asomaba cuando terminaron.

    Mi novio me llevo a una de las duchas y me ayudó a limpiarme. Mi espalda estaba empapada en semen y mi culo no dejaba de largar leche. Mis piernas flaqueaban y yo me sentía totalmente ultrajada, cogida, humillada, abusada… satisfecha.

    Luego de bañarme cambiar mi ropa (ambos habíamos llevado un bolso con otra ropa), me tomé un café y comí cosas dulces porque estaba a punto de desmayarme del agotamiento.

    Nos quedamos hasta poco mas del mediodía y nos volvimos luego de un muy especial día de quinta.