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  • Rosi

    Rosi

    Durante mis primeros años de universidad, mis experiencias sexuales eran escasas, como lo describí en mi escrito “Mi timidez”. Se limitaban a contados encuentros casuales con muy pocas amigas preferenciales o compañeras de estudios, con las que había manoseos nerviosos e intensas besaderas, que no me llevaban a un final feliz, principalmente a causa de mi timidez e inocencia. Estas sesiones, se llevaban a cabo generalmente, dentro de uno de los autos de mi familia. Por lo general, cuando había con quien… y generalmente después del atardecer, me dirigía con la candidata del día, a una oscura área detrás del estadio de la universidad, donde aparcaba y con algo de suerte lograba los manoseos que arriba describo.

    Debo aclarar, que esto sucedía en los años sesenta del siglo pasado, cuando las muchachas, no creo que fueran muy santurronas, pero sus esfuerzos pre-eróticos se limitaban a asegurarme, que no eran putas. Me explico. Durante un manoseo e intensa besadera de aquellas, cuando mis manos trataban de lograr un primer agarrón de teta, la expresión inmediata que saldría de ella sería −¡Rafa, no hagas eso! ¿Quién crees que soy? −exclamaría enérgicamente, tratando de exponer su no comprobada castidad, proveniente seguramente del colegio de monjas donde se habría educado, aunque estuviera legítimamente muriéndose de ganas de que la manoseara.

    Minutos después, mis ruegos, ayudados por respiraciones agitadas, la animarían a permitirle a mis aventureras manos, llegar a su destino, sus bellas tetas, coronadas por esos pezones que me imaginaba grandes y oscuros, mi fantasía desde muy joven. Llegar a ellas era un triunfo, el que demostraba que no era tan casta como quería aparentar. Te cuento que nunca había visto en realidad uno de esos deseados pezones, sólo unos pocos en las películas francesas para mayores de veintiuno, que se exhibían en algunos teatros bogotanos.

    En seguida, querido lector, mi siguiente meta sería bajo la guía, no de mi inexistente experiencia, sino de mi instinto de macho excitado, poder chupar esos pezones, los que ya te describí arriba, hace un minuto. Debería proceder a desabotonar la odiosa blusa y tratar de liberar del soportador, uno de sus pechos. Para mi desconsuelo, después de tremendo forcejeo, oiría de nuevo −¡Rafa, no hagas eso! ¿Quién crees que soy? −exclamaría ella.

    Después de otro forcejeo para sacar la segunda teta y embelesarme chupando por primera vez esos deseados pezones, después de oírla respirar con notable energía, como lo hace una vaca pariendo, se me presentaba el siguiente reto… mandarle una de mis manos allá abajo, como me habían aconsejado algunos de mis amigos, más expertos que yo.

    Su airada expresión entonces, sería −¡Rafa, eso si no! ¿Quien crees que soy? ¿Crees que soy una puta?

    Después de un agitado forcejeo más, lograba acercar mi mano a aquella prohibida meta, pero la fuerza que ella aplicaba para cerrar y apretar sus muslos y piernas, seguramente enseñanzas de las Monjas, daba por terminada nuestra sesión.

    −¡Nunca más lo hagas Rafa! ¿Quién crees que soy? ¿Crees que soy una puta?

    Sin embargo, más tarde cuando la llevaba a su lugar de residencia, al despedirnos nos dábamos un leve beso y decía −¿Rafa, nos veremos pronto? ¡Deseo verte de nuevo! −exclamaría ella… después de semejante forcejeo−.

    Esa noche, ya en mi cama, no me quedaba sino el recuerdo de aquellos primeros pezones que besé y chupé. Trataba de demorarme para gozar la experiencia, pero después de unos minutos, dejaba salir a borbotones el recuerdo de mi pasión… pero seguía sin sexo en persona, presencial, como se diría ahora, en época de Pandemia!!!

    Conocí a Rosalba en la panadería del vecindario, de la que era dueña. Fui allí un atardecer a petición de mi madre, a comprar una selección de panes y pasteles dulces. Era un sitio no grande, donde había dos o tres personas siendo atendidas, por lo tanto, me vi obligado a esperar unos diez minutos. Cuando estuvo libre, me atendió con gran amabilidad. Me limité a enumerar mi pedido; mientras se movía por el limitado espacio, la observé con detenimiento. Era una mujer que aparentaba rayar en los cincuenta años, o más, de contextura más grande de lo común; tenía un rostro de facciones suaves y bonitas, cabello negro, piel algo oscura, pero observé que, dentro de su gran tamaño, era muy proporcionada, con una muy estrecha cintura y un trasero y tetas, que hubieran sido envidiadas por muchas que tuvieran la mitad de sus años.

    Me apresuré a pagar y al terminar la transacción, ella afablemente entabló una breve conversación.

    −¿Vives en el vecindario? −preguntó.− Nunca te he visto aquí.

    −Sí. −respondí con brevedad.

    −Me llamo Rosalba, ¿y tú?

    −Yo soy Rafa. −respondí−. La conversación se desarrolló por varios minutos, pues no entró cliente alguno al negocio. Debo confesarte, querido lector, que, durante ese corto período de tiempo, la visión de aquella bella y madura mujer, me causó una alta impresión. Me reveló que había estado divorciada por muchos años, que había sido dueña de la panadería por más de diez; también me reveló que tenía una hija, ya casada, quien vivía en otra ciudad.

    Me preguntó algo sobre mí; me apresuré a revelarle que era estudiante de segundo año de universidad, que me gustaban los deportes y un par de trivialidades, que no te comparto aquí.

    Al volver a casa, recordé a Rosalba y pensé que en realidad me había atraído, pero me ocupé en mis cosas. La vida siguió, pero no por mucho tiempo, pues el día siguiente, a eso de las seis de la tarde, la imagen de Rosalba me perseguía intensamente. Me moría por ir a verla. No me demoré mucho en decidir ir a la panadería, aunque no era amante de los bizcochos.

    Al llegar observé que, aunque había varias personas en el local, a la distancia me saludó alegremente, lo que me alegró. Esperé pacientemente, deseando que no llegara más clientela. Quería conversar con ella y curiosamente sentía cierto deseo de estar a solas con esta enigmática mujer, quien me doblaba la edad… o más.

    −¿Cómo estás Rafa? −preguntó.− ¡Me alegra verte!

    Esto me llenó de satisfacción; me sentí relajado, pues su actitud correspondía a mis sentimientos. Aunque no habían pasado sino algo así como veinticuatro horas desde que la conocí, sentía una atracción inexplicable hacia ella.

    −¡Yo también estoy contento de verte Rosalba! −¿Te puedo llamar Rosi? −pregunté.

    Ella asintió sonriendo. Nos vimos obligados a interrumpir la conversación unas pocas veces por el flujo de clientes, pero reanudábamos cada vez alegremente nuestra plática, como si hubiéramos sido conocidos por años; sin embargo, a medida que pasaban los minutos, denoté sin dudarlo, una muy marcada coquetería en su actitud. Ya de noche, Rosalba entró a un cuarto adyacente y unos minutos después salió de allí, aprestándose a cerrar el negocio. Allí en el área de la clientela, departimos alegremente por largos minutos.

    Cuando llegó el momento de despedirnos, ella aproximó su rostro al mío, lo que me impulsó a darle un leve beso en una de sus mejillas. Ella lo recibió complaciente y una de sus manos acarició un costado de mi cara.

    Caminando las seis u ocho cuadras a mi casa, tuve sentimientos que no podía entender, pues las tetas y el culo de esta bella mujer, se estaban apoderando de mi mente. Me preguntaba si sus pezones serían grandes y oscuros, como los de mis fantasías y me preguntaba, si algún día podría besarlos y chuparlos, sin que ella me rechazara diciendo −¡Rafa, no hagas eso! ¿Quien crees que soy?

    Para mi desagrado, el fin de semana mi familia saldría de la ciudad y yo sería parte de ello, por lo que enfrenté el hecho de que no podría verla al día siguiente. Serían tres días, durante los cuales sólo podría pensar en ella y crear imágenes mórbidas y sexuales de Rosi. ¿Mórbidas y sexuales? Sí, pues era lo que ella proyectaba en mí, era lo que entraba en mi mente. Su imagen era como un tatuaje erótico en mi cerebro.

    Pero espera, querido lector. Quiero recordarte que, en este punto de mi vida, mi experiencia sexual… era casi nula, por lo tanto, estaba bastante desorientado, confuso, despistado y aturdido. Necesitaba ayuda.

    Acudí a mi amigo Raúl, guerrero de mil batallas; le confesé mi encrucijada y le pedí consejo.

    − ¡Háblale Rafa, dile cuanto la deseas, mírala a los ojos; repíteselo una y mil veces; háblale de su cuerpo; háblale de tus ganas; háblale de sexo! ¿Lo harás? −me preguntó con entusiasmo y decisión.

    Cuando, después del fin de semana fui a la panadería, lo hice bastante tarde, casi planeando llegar a tiempo de que Rosi cerrara el negocio. Mi corazón se me salía del pecho, por inexperiencia y por temor. Cuando la vi, traté de analizar su mirada y por su actitud, creí comprender que ella correspondía un poco a mi atracción, pues me saludó efusivamente de lejos. Sufrí esperando por una clienta quien se demoró eternos minutos. Por fin, cuando la clienta salió del local, vi a Rosi dirigirse hacia la puerta a cerrar el negocio.

    Comprendí que, al hacerlo, yo permanecería dentro del local, por esto, muy consciente de la situación, traté de preparar algo, siguiendo el acertado consejo de mi amigo Raúl, aunque te confieso querido lector, que mi cuerpo temblaba como una hoja al viento. La vi asegurar la puerta y allí quedamos ella y yo, en medio del pequeño espacio; aunque la luz era bastante tenue, nos mirábamos a los ojos. Ella, al no observar movimiento alguno de mi parte, pues me asimilaba a una estatua de piedra, decidió romper el hielo.

    Se aproximó a mi y colocando una de sus manos en mi nuca, me besó en la boca; fue un beso corto, el que terminó, creo que para observar mi reacción. Invoqué mentalmente a mi amigo Raúl, pero mi cerebro no generó orden alguna, por lo tanto, seguí como la estatua de piedra que te describí.

    Rosalba con decisión, tomando una de mis manos, me guio hacia aquel cuarto al fondo; ya allí, comenzó un lento pero seguro ataque, el que recibí temeroso, pero con gusto. Me abrazó y me estampó un cálido beso, el que correspondí con pasión y deseo. Nuestras lenguas se tranzaron en una ardiente lucha, sólo interrumpida cuando ella procedió a desvestirme, empezando por mi camisa. Dos minutos después, estaba completamente desnudo, exhibiendo una tremenda erección que se aumentó, cuando sentí el calor de una de sus manos sobre ella.

    El espacio no brindaba muchas opciones; al fondo, vi un par de hornos y una mesa metálica, la que conceptué, era para amasar pan; observé contra una de las paredes, un pequeño escritorio, en el que yo estaba recostado, además de un viejo y pequeño sofá de dos puestos. Las paredes del pequeño cuarto pedían pintura a gritos y la escasa luz de la pequeña lámpara me permitió ver a Rosalba despojándose rápidamente de sus ropas.

    Con sorpresa descubrí dos enormes y oscuros pezones como los de mis fantasías. Sin pensarlo, me abalancé sobre ellos. Los toqué con ansiedad, los pellizqué, los besé y los chupé con pasión. Eran mis primeros pezones, por los que había esperado varios años, tal vez muchos.

    Pensé en las amigas de la universidad, allá detrás del estadio, tratando de anunciar su no existente castidad. Por el contrario, Rosi decía −¡Sí Rafa, chúpame las tetas! Nuestras bocas se juntaron de nuevo y nuestras lenguas continuaron su original batalla. Sentí de nuevo una de sus manos sobre mi verga, lo que me dio más energía para continuar con mi tímida lujuria. Pensé en mi amigo Raúl. ¿Qué diría él en este momento?

    −¡Te deseo Rosi, quiero hacerte mía! −le dije sin titubeos−, por lo que me sentí muy orgulloso y le agradecí a Raúl.

    Al oír esto, ella totalmente desnuda, dio tres pasos hacia atrás sin soltar mis manos y sentándose en el borde del pequeño sofá, abrió las piernas y me miró a los ojos. ¿Quieres comerme? −preguntó con seriedad.

    A pesar de la muy escasa luz del recinto, vi mi primer coño. Dicho enfrentamiento me impactó, pues siempre una primera vez, trae intriga. Pensé en mis amigos y en sus descripciones de aventuras sexuales; además, recordé haber oído alguna historia relacionada con la pregunta de Rosi.

    Ella, haló mis manos hacia abajo, con la intención de acercar mi cara. Así lo entendí, por lo tanto, terminé de rodillas frente a su cuerpo. El duro piso no lastimó en absoluto mis rodillas, pues estaba hipnotizado por la proximidad de mi primer coño.

    −¡Cómeme Rafa, no me hagas esperar! −ordenó con decisión.

    Obedecí su orden, aunque te confieso, querido lector, que no sabía qué hacer. Me aproximé a ella y creo que mis cinco sentidos fueron los que me guiaron a continuar con mi misión.

    La Vista de aquel enorme coño a pocos centímetros de mi boca, mi Olfato detectando el fuerte y maravilloso olor de sus jugos vaginales, mis manos sobre sus caderas deleitando mi Tacto, el Oír sus apasionadas quejas y expresiones y por último el Sabor de aquel delicioso manjar, obligaron a mis labios y mi lengua a atacar casi con rabia, aquella parte de su cuerpo que ella me brindaba gustosa.

    −¡Ay qué rico, ay qué rico, ay qué rico! ¡Me gusta, ay qué rico! ¡Quiero más! ¡Quiero más Rafa! ¡Cómeme!

    Después de unos minutos, sentí su fuerte corrida. No sé cómo completé mi importante misión, pero mentalmente agradecí las historias de varios amigos, así como el consejo de Raúl y también a mis cinco sentidos.

    De inmediato oí −¡Cógeme Rafa, méteme la verga!

    Su orden me atemorizó, pues lo más cercano que había estado a hacer lo que se me ordenaba, habían sido sólo eróticos pajazos, en mi cama o en uno de los baños de casa, después de estar con alguna amiga, detrás del estadio de la universidad.

    Me incliné sobre Rosi y la besé con pasión en la boca por algunos minutos, tratando de adquirir el impulso mental requerido, para mi segunda misión del día. Pero sabía que era mucho para un inexperto como yo; dicho y hecho, tomé mi verga con decisión y la empujé una y dos veces. Estas fueron suficientes para sentir mi primera explosión dentro de una mujer. Me había venido y creo que no duré ni quince segundos.

    −¡Qué pasó Rafa! ¿Terminaste? −preguntó Rosi con sorpresa−. ¿Es tu primera vez? ¿Eres inexperto?

    −¡Nooo Rosi, cómo se te ocurre decir eso, lo he hecho muchas veces! −contesté de inmediato−. Mi única explicación es que te deseo inmensamente.

    Sin embargo, nunca le confesé que fue mi primera experiencia. No me avergüenzo querido lector, de habértelo revelado a ti, pero te cuento que, hasta el día de hoy, a través de tantos años, he gozado de multitud de coños, de todos los colores, sabores, tamaños, flojos, apretados, peludos, muy peludos, afeitados, nacionales, extranjeros, de muchas nacionalidades, jóvenes, muy jóvenes y viejos, muy viejos.

    Pero recuerdo a Rosi… con cariño, pues la seguí viendo por varios meses. Comparándola con las chicas de la universidad, ella no decía −¡Rafa, no lo hagas! ¿Quien crees que soy? ¿Crees que soy una puta?

    Por el contrario, Rosi decía −¡Rafa, hazlo! ¡Dame duro! ¡Hazme tu puta!

    Ella me enseñó muchas cosas. Fue la primera en exponerme a recibir sexo oral, pues vi desaparecer mi verga dentro de su boca, muchas veces. Me expuso a lo que he calificado como “el acto sublime”, mi muy querido sesenta y nueve. Además, me introdujo al sexo anal, el que me apasiona… y que no puede faltar.

    Por eso, sufro de un raro fenómeno, cuando camino por una calle y detecto algún olor a delicioso pan fresco… pienso en Rosi.

  • Renacer en el parking

    Renacer en el parking

    (…) 

    Esperaba nervioso dando vueltas de aquí para allá. Había ido tres veces al parking junto a la casa de Enma para comprobar si la moto estaba bien aparcada o yo que sé qué. No era tarde, solo que los segundos se me hacían eternidades. Iba a encenderme un cigarro, pero el simple tacto de la cajetilla me produjo arcadas. El tufo terrible de la reciente juerga me golpeó las narices, a pesar de estar recién duchado. El olor de la decadencia es difícil de quitar.

    Era imposible quitarme a Diane de la cabeza. Me cuestionaba sin cesar las decisiones tomadas y era imposible pensar en otra cosa, ni un solo segundo. ¿Me equivoqué al dejarla? ¿Propicié yo la ruptura? ¿No me porté bien con ella? ¡Maldita sea mi mente!

    Harto de dar vueltas al borde del ataque de nervios, me apoyé en la pared y no pude vencer la tentación de sacar el móvil para ver las redes de Diane. Ni una sola actualización desde que lo dejamos. Me puse a ver fotos antiguas y casi rompo a llorar viéndonos juntos. Volví al inicio, actualicé la página principal, una y otra vez, sin cambios, evidentemente. Era como si buscara una respuesta, como si pudiera decirme algo desde donde estuviera.

    Escuché una puerta cerrarse y conseguí dejar de hacer el tonto con el móvil. Era Enma saliendo de su portal, caminando contenta hacia mí. Llevaba un vestido de verano negro, gris y rojo. Con solo su alegre caminar, los flecos bailaban sugerentes y sus pechos trotaban bajo el escote, sujetados por finos tirantes. Las curvas de esta mujer eran increíbles.

    -¡Hola! ¿Qué tal? – saludó con entusiasmo.

    -Bueno, aquí vamos – no pude compartir su actitud.

    -Jack… ¿estás bien? – Enma se apiadó de mí poniendo cara de circunstancias y acariciándome el brazo.

    -No, bueno, sí… quizás. Me duele la cabeza, no sé si de la tormenta de pensamientos o de la resaca.

    -¿Resaca? ¡Que estamos a martes, Jack! – se reía mientras me regañaba.

    -El día que nos encontramos, cuando pasó lo de… Diane, también fue entre semana. No estás en posición de decirme nada – traté de reírme, sin mucho éxito, para que se notara que hablaba con ironía.

    – Ya, ya, jajaja. Es que me volvía loca por salir y no me aguantaba al fin de semana. ¿Con quién saliste?

    -Solo. Bueno, sí, solo, pero acabé haciéndome amigo de todo el bar.

    -¡Qué valor! Bueno, ¿qué? Te iba a decir de tomarnos algo pero, a lo mejor no te apetece después de lo que me cuentas.

    -No, por Dios. Alcohol hoy no. Vamos a darnos un paseo que me dé el aire un poco.

    Nos pasamos casi dos horas dando vueltas sin rumbo. Evité el tema Diane, pero la mente se me iba y mi rostro lo reflejaba. Todo el camino estuvo lleno de abrazos y gestos de cariño por parte de Enma. Al principio me costaba horrores responder a ellos, como si me hubieran arrancado el alma y un puñal me atravesara el pecho; pero, en cuanto decidí reconciliarme con la vida y devolverle el abrazo, sentí una ligera calidez reconfortante. Fue como soltar lastre, como cuando rompes a llorar y sale todo, pero esta vez no lloré, solo suspiré sintiendo gran alivio.

    Estábamos parados en medio de la acera, disfrutando ese abrazo necesario, en silencio, apretando nuestras caras contra el hombro contrario, acariciando nuestras espaldas con ternura. Enma estaba blandita, tenía un abrazo muy agradable, a pesar de que sentía su mano en mi espalda aún más inquieta que la mía. Echamos a andar y, con naturalidad, no deshicimos del todo el nudo de nuestros brazos, quedándonos agarrados por la cintura. Sin ser delgadita, Enma tenía una cintura fina; la transición hacia sus anchas caderas era una cuesta pronunciada que provocaba vértigo. La sensación que tuve al apoyar ahí mi mano me hizo olvidar todas mis penurias temporalmente. Los movimientos de su cadera al andar se sentían increíbles desde mi posición. La verdad es que me dio algo de vergüenza y retraje mi mano, colocándola en su espalda. El resultado fue aún peor, ya que su culo grande y respingón daba lugar a una curva tan vertiginosa, o más, en la zona donde quise esconderla.

    Mientras yo me volvía loco buscando un sitio para colocar mi mano que no evocara demasiada sensualidad, Enma caminaba tranquila con su mano, ya no tan inquieta, bien agarrada a mi cintura. Nuestro paseo ahora era más lento, me pareció hasta sentir calma. Como si todo hubiera cambiado, hablando de cosas banales, como si fuera una situación normal. Tan normal que me sentía culpable.

    Al no tener rumbo alguno, nos encaminé intencionadamente hasta el parking y, una vez estuvimos cerca, confesé mi deseo de volver a mi infierno:

    -Enma, creo que debería de marcharme. He cumplido el cupo diario de sentirme bien.

    -¡No me digas eso, Jack! Pensaba que íbamos a estar más rato – no pensé que le fuese a afectar tanto el anuncio de mi marcha.

    -Ya, imagino, pero es que no puedo más por hoy. Poco a poco.

    -Ahora la que se va a quedar triste soy yo. ¿Ni un poquito más? ¡Has dicho que te estabas sintiendo bien!

    -Súper bien. No te imaginas. Pero, de verdad, creo que debería irme ya.

    -¡Jo! ¿Y un último abrazo?

    -Eso sí, por supuesto.

    Una vez más nos fundimos en un cálido abrazo, sintiendo su cuerpo, sus pechos apretados contra mí, notando como sus manos volvían a estar inquietas en mi espalda, subiendo y bajando sin parar de manosearme. Nos separamos y sus manos se quedaron reposadas sobre mi cadera.

    -Tengo que ir…

    Enma me besó, sin dejarme si quiera terminar la frase. Puede parecer que lo hizo de forma furtiva, pillándome desprevenido, pero no. Se acercó de forma lenta, lo suficiente para darme opción a una negativa que preferí no usar.

    Lo que no fue tan lento fue su lengua en mi boca. Me dejé llevar por ella. Posé mis manos en sus caderas, redescubriendo esa magnífica sensación, ahora desde el frente, sin tapujos. El sentimiento de culpa revoloteaba mi consciencia pero las manos de Enma adentrándose bajo mi camiseta lo hicieron desaparecer. “¡A la mierda! Quiero seguir con esto” me dije y me ardió el cuerpo solo con sus caderas. Deslicé inseguro mis manos hacia arriba y abajo con muy poquito margen. Ella sacó sus manos de mi camiseta y me agarró de la cabeza para clavarme la lengua hasta la garganta. La inseguridad de mis manos desapareció y bordearon su cintura para bajar hasta su culo. “¡Dios! ¡Dios! ¿Qué maravilla era esa?” Me tembló el cuerpo con solo su tacto. Grande, respingón, blandito… Lo apreté, me regodeé con él. En ese momento (y aún ahora) estaba seguro de que no había mejor culo en el mundo.

    Los labios de Enma se separaron. Tenía cara de mala, sonrisa pícara. Apretó sus brazos, resaltando aún más su escote. “¿Pero esta mujer es real?” me pregunté sin soltar su culo. Volvió a besarme, esta vez con más fuerza, empujándome contra la pared. No tardó ni un segundo en meter la mano bajo mis calzoncillos, buscando con habilidad y sin dilación mi polla. Me di cuenta de que ya estaba terriblemente empalmado en el momento que su mano hizo contacto. Ella, al notarlo, se vino aún más arriba.

    Seguíamos en plena calle. La entrada al parking estaba a dos metros, pero nosotros estábamos en plena acera, con los coches pasando por nuestro lado, a expensas de cruzarnos con cualquier vecino. Pero le importaba una mierda, ella continuaba como si estuviéramos en su casa. Yo disfrutaba el momento, pero no podía parar de mirar de reojo por todas partes. Comenzó a pajearme, sacando casi por completo mi polla del pantalón. De nuevo sentí un impulsó que me hizo meter la mano por debajo de su vestido de verano y seguir disfrutando de su culo en un nivel superior; solté un gemido al notar su carne desnuda, solo tapada por un pequeño tanga, ella respondió con un mordisco en mi cuello.

    Se levantó el vestido por delante y restregó mi polla contra su tanga, en el lugar donde debería de estar el clítoris. Gemía muy despacito y en voz baja, con la boca bien abierta. Estaba a punto de bajarse las bragas cuando vi acercarse a una pareja por nuestra acera.

    -¡Cuidado, viene gente! – la alerté.

    Se bajó el vestido rápido y me abrazó, evitando (o tratando de evitar) que se me viera la polla por fuera. Yo creo que se dieron cuenta. Observamos como se alejaban y, cuando los perdimos de vista, Enma me cogió del brazo y me metió corriendo en el parking. Allí dentro continuamos dando rienda suelta a nuestra pasión, pensando que estábamos más escondidos aunque se escucharan coches entrar y salir todo el rato.

    Me adelanté a sus movimientos y, antes de que me agarrara la polla de nuevo, le devolví el mordisco en el cuello y le metí la mano en su tanga, comenzando a manosear su coño chorreante. Enma fue presa de un escalofrío y no pudo más que retorcerse. Cuando consiguió reaccionar, buscó rápido en su bolso y sacó un condón. Me hizo parar, poniéndose seria, y me llevó hasta una columna entre coches. Abrió ansiosa el envoltorio y me lo dio para que me lo pusiera. Traté de llevar a cabo mi tarea lo más rápido posible, pese a la distracción de verla bajarse las bragas. Solo sacó una pierna, no había tiempo para más, y se dejó el tanga enrollado en el muslo izquierdo. Viendo que el condón ya estaba puesto, se levantó el vestido y me hizo ponerme de cuclillas, contra la columna.

    Se sentó sobre mí, recayendo todo el peso de su glorioso culo sobre mis piernas. Mi polla entró como un guante en su coño, casi sin dirigirla; sorprendentemente bien para no haberlo hecho en cinco años con alguien que no fuera Diane. Era ella quien marcaba el ritmo y tenía toda la responsabilidad de movimiento; en mi posición no podía más que soportar el peso del galope y disfrutar del espectáculo con el tacto y la vista.

    Al principio fue lentito, subiendo muy, muy progresivamente. Ni siquiera trotaba, solo bailaba sobre mi polla, gustándose, arrancándose muy poco a poco. Nos mirábamos con lujuria, en silencio, notando como su baile cogía cada vez más amplitud.

    -¡Qué gorda es! – dijo en un arrebato, con el rostro retorcido, que dio pasó a la galopada.

    Los cachetes de su culo reposaban sobre mis brazos. Yo los guardaba como un tesoro que podía perder en cualquier momento. Comenzaron a ir y venir, saltando sobre mí. Los otrora blanditos, ahora estaban duros por el esfuerzo que requería la posición. No podía verlos, pero solo su tacto me parecía el mejor acompañante que había tenido nunca para una penetración.

    Con mi ayuda, Enma mantenía el ritmo sin decaer, con firmeza y tesón. Nunca antes había visto semejante serie de sentadillas. Me follaba de un modo y con una velocidad que no me permitiría aguantar mucho. Sus pechos saltaban al compás y los finos tirantes de su vestido no aguantaron mucho en su posición. Al caer una de ellas, el sujetador se dejó ver y de él asomó parcialmente una aureola de buen tamaño. Dejando mi mano derecha en su culo, para que no me lo quitara nadie, agarré la teta con la izquierda, tomando vestido, sujetador y carne. Era algo más grande que lo que podía abarcar mi mano abierta; para algunos sería la medida perfecta, pero yo no creo en perfecciones de ningún tipo… aunque su culo me lo hiciera cuestionar.

    Empujó mis hombros contra la pared, cabalgando con más fuerza. Acercó su cara hasta la mía apretando los dientes. Un gemido largo y creciente anunció el inminente orgasmo, cuando llegó, retumbó todo el parking con su placer y los sonidos de su boca se descontrolaron. En cuanto sus sentadillas flojearon, agarré con más fuerza su culo y le ayudé a seguir un poco más. Estaba a punto, estaba a punto, estaba…

    Una estampida corrió por mi polla y sentí como el semen se quedó aprisionado en el condón, saliendo a borbotones. Las piernas me temblaron y perdí la posición, cayendo al suelo con ella encima.

    Miramos a nuestro al rededor. No vimos a nadie, aunque estaba seguro de que alguien nos tendría que haber visto o escuchado. Estábamos empapados, jadeando. No solo había sido un polvazo, sino que habíamos hecho una exhibición de fuerza en las piernas. La vergüenza nos entró de golpe y tapamos con prisa nuestras partes pudendas. Busqué una papelera para tirar el condón, bajo la risa de Enma al verlo todo lleno de semen. Volvimos a parecer gente decente.

    -¿Qué tal? – me dijo haciéndome una carantoña en la barbilla

    -Muy bien, genial. ¿Y tú?

    -Como nueva – casi se le dan la vuelta los ojos al decirlo.

    -Ya sí debería irme, Enma.

    -Claro, claro. Hablamos cuando llegues a casa, ¿vale?

    -Por supuesto.

    Enma salió del parking radiante, despidiéndose con dulzura. Me puse el casco y arranqué la moto, rumbo a mi pocilga. Sentía una frescura mental que ya no recordaba y el aire dándome en la cara me supo a gloria. El bienestar duró todo el camino, la ducha al llegar a casa e incluso la cena. Mas en el momento en el que apagué la luz al irme a dormir, el recuerdo de Diane volvió a apuñalarme.

    (…)

  • Cogiéndome a una mamá del trabajo

    Cogiéndome a una mamá del trabajo

    Todo comenzó hace un año cuando Lola entro a trabajar en la misma empresa donde yo estoy laborando, desde que la vi me gustó al instante, un claro un deseo sexual nació hacia ella, cabello negro, ojos claros, labios carnosos, carita de ángel (pervertida), pechos grandes, culo normal. Me describo: soy moreno claro, ojos cafés, hago ejercicio por lo que tengo un plan de alimentación para aumentar masa muscular debo de confesar que voy progresando.

    Para no perder más tiempo en contarle como conseguí con mi objetivo en cogérmela al fin, solo mencionarles que puse un plazo de 6 meses por el tipo de trabajo que tengo en la empresa, solo unos tips que a mi me han funcionado para acostarme con las chicas que he querido son estas:

    Mostrar seguridad, cada que tengas oportunidad de conversar con esa chica no tartamudees, siempre mirándola a los ojos cada que le comentas algo, de vez en cuando una sonrisa pícara y seguirla escuchando.

    Si consigues su número de whatsapp felicidades, pero también ten cuidado en no sabotearlo. Whatsapp es sinónimo de solo utilizarlo para tener el día, fecha y hora para verte con ella, claro si ya la notas que cada que platicas con ella la conversación es más fluida, de vez en cuando envíale un mensaje con emoji de carita sonriente antes de que se levante ese simple truco estará pensando en ti durante el día, y si están en la misma empresa saludarla normal y tu seguir con tus actividades tampoco debes de dedicarle mucho tiempo sino eso le quita lo atractivo, las mujeres quieren, aman lo intrigante.

    Cuando salgas a tu cita dale toques ligeros, como cada cuando cruzan la calle, tómale de la mano, de los hombros, cintura diciéndole con tu cara picara ven no tengas cuidado que yo te protejo, o que simplemente ella tome uno de tus brazos claro como cualquier caballero decirle unos piropos como que bien se te ve ese vestido, luces increíbles me encanta como te vez así de radiante sonriendo y regálale un giño.

    En fin pasamos a lo importante y caliente de la historia hace 20 días del día de hoy que estoy escribiendo esto ese día salimos del trabajo, por la mañana que la vi uff ya mi verga había palpitado con solo imaginarme las cosas que le haría por la tarde, cabe mencionar que ese día también le eche raite a mis otros dos compañeros del trabajo, pasamos a dejarlos, normal charlando todos riéndonos, debo mencionar que soy muy bueno haciendo reír a la gente, al fin solos yo y ella en el trayecto le miraba de lado ella se daba cuenta se ponía sonriente y rojita, diciéndome porque me ves así, yo solo decía porque me encantas hoy es el día te tengo un regalo, ella llevaba unos pantalón de mezclilla, tenis, blusa blanca, una chaqueta de mezclilla, por la blusa blanca veía ese brazier que cubría ese par de nenas. Paramos en una gasolinera pase al baño porque en verdad ya me estaba orinando baje hacer mis necesidades me lave las manos, me acomode el cabello revise que todo estuviera bien y salí todo normal mi mente no paraba de dar vuelta estaba excitado de la situación, cabe mencionar que desde que la empecé a tratar nunca le había dando un beso, claro que oportunidades de besarla fueron varias veces pero yo me hacia el tonto, todo con el objetivo de traerme ganas de besarme o que la besara ya, me daba cuenta cuando me decía con su mirada que le tomara del rostro y me la comiera a besos.

    En fin abrí la puerta de la camioneta me subí, me acomode me puse de frente me acerque a ella le quite el seguro de su asiento la mire a los ojos la tome del rostro me acerque a ella lentamente cuando toque sus labios claro estaba que se moría en que la besara primero fueron besos lentos, conforme pasaron los minutos esos besos ya eran besotes con lengua, mordida incluida, mis manos tocaban su par de nenas, de vez en cuando le besaba el cuello pasando mi lengua, cuando me acerque a su oreja le dije que hoy tengo ganas de ti… A lo que ella respondió solo tenemos una hora ya que en casa me están esperando.

    Al escuchar eso inmediatamente arranque la camioneta me moví al motel de enfrente claro primero pase al Oxxo le compre un café líquido, condones claro y nos dirigimos al motel, pasamos a la cochera, bajamos de la camioneta y comenzamos a subir las escaleras a la habitación ella delante de mí, yo mirando ese manjar de culo, saboreándola, imaginándomela metiéndole mi lengua, ya mi verga estaba dura, al llegar al cuarto cerré la puerta la tome del brazo la puse de espalda a la puerta le abrí las piernas y comencé besándole el cuello mientras una de mis manos recorrían todo su cuerpo claro que cada que la besaba le arrimaba la verga se la frotaba, y le decía al oído que rica estas, ya quería tener así, hoy serás mía, ella solo gemía, se retorcía después de 5 minutos le di la vuelta tomando sus dos manos con la mía hacia arriba acomodándola sobre la puerta, le besaba los labios fue un rico beso francés, cuello, una de mis manos recorrían las piernas, nalgas, y su entre pierna, así como los pechos, le comencé a besar los pechos encima de su blusa bajaban mis besos a su abdomen, claro haciendo aún lado la blusa, hasta llegar a su ombligo haciendo pasar mi lengua fui más abajo le quite ese pantalón la deje en cachetero era de color roja, le abría las pierna y le besaba los muslos, cada vez me acercaba a su vagina, al llegar a ella pase mi lengua sobre esa rica vagina claro estaba ya húmeda, hice aún lado el cachetero al fin todo esa vagina rasurada, le pase mis labios lengua directo al clítoris esos flujos estaban a tope, estuve un rato jugando con mi lengua sube y baja al clítoris, y metiendo mi lengua hasta el fondo de esa rica vagina, Lola solo me tomaba de la cabeza y gemía sentía como sus manos tomaban mi cabeza con fuerza cada que me comía su panochita.

    Después de unos 10 minutos mamándole la panocha me senté a la orilla de la cama le dije nena quiero que me bailes, ve quitándote el resto de tu ropa quiero verte mientras me toco, lo pensó un poco, con algo de pena comenzó a moverse la cadera, chupándose los dedos, tocándose los pechos, metiéndose los dedos en esa rica vagina y volviéndose a chuparse los dedos, poco a poco se quitó el brazier me la aventó la tome con la boca en el aire y me frote con ella la verga yo ya me había quitado mi pantalón, solo tenía bajo mi bóxer tocándome la verga con ese brazier, le dije mira todo lo que te vas a comer putita, mira como me tienes perra….

    “Si todo eso será mío papacito hoy quiero que me hagas gritar de placer papi”. Eso me calentó aún más le dije “a ver putita ahora quítate ese cachetero lentamente y quiero que te la coloques con la boca y vengas gateando hacia mi como la perra que eres y la coloques en mi verga”, así lo hizo al verla gateando y ver ese rico culo como se le veía, ufff mi verga estaba al mil me golpeaba con ella el abdomen, llego a mi verga como le dije la tome del cabello con una mano me pare claro, y con la otra mano tome el cachetero y me empecé a masturbar enfrente de ella hincada enfrente mío mientras me masturbaba con su ropa interior ella se tocaba de los pechos y se metía los dedos en su rica panocha, con toda su cara de puta sedienta de verga, cada que me masturbaba en lapsos de segundos la golpeaba la mejilla, se la pasaba por toda la cara, ella abría la boca, quería comérsela, le dije “saca la lengua quiero sentirte y cogerte esa rica boquita”. Así lo hizo saco la lengua le coloque la cabeza, uff ella luego solita le dio un beso, le volvió a pasar la lengua por la cabeza de mi verga, luego lentamente se la metió a la boca hasta el fondo por unos segundos así hasta toser, uff que rico sentía en esa posición.

    Empecé a moverme a sacar y meter para cogerme esa boca de putita, la chupaba de todas maneras, claro le dije que lo hiciera como las putas sin manos esa sensación esa posición fue tan rico, luego le dije “ven ponte encima y muévete como la perra que eres”, así fue me acomode poca arriba sobre la cama ella se acercó encima de mi tomo los condones que había comprado abrió uno se la coloco en la boca y ella misma con esa rica boquita me la acomodo en la verga, toda una puta la Lola, me miro a los ojos y dijo “listo ahora esta verga esta lista para cogerme mi panocha”, tomo mi verga se la acomodo en la entrada de su vagina solo la cabeza la rozaba, pasando por sus labios, por su clítoris fueron unos cuantos minutos con ese juego, yo tocando sus pechos, claro mamándolas, no me iba a perder de no hacer eso, fue tanto la excitación que sentí como la leche de sus senos comenzaban a brotar, probé de su leche dulce por cierto, uff eso solo hizo que me calentará más y siguiera chupándolas, succionándolas, mordiéndolas levemente cada vez que las chupaba estaba gozando.

    Mientras hacía eso ella ya comenzaba a sentarse sobre mi verga lentamente, vi como mi verga penetraba esa rica vagina toda empezó a cabalgar, primero lento, luego aumento la intensidad, yo feliz, ella gemía, gemía, se mordía los labios, se acercaba a mi para besarme, yo le besaba los labios claro, el cuello la tomaba de la espalda y la apretaba hacia mi mientras ella subía y bajaba comiéndose toda mi verga, mis bolas chocaban con las paredes de su vagina, sentía ese calor intenso de su interior no pasaron ni 5 minutos cuando me dijo “me vengo me vengo ohhh si que rico se siente venirse con una verga como el tuyo”, ufff sentí como esos chorros salieron de su vagina cuando se estaba viniendo yo aproveche para seguir moviéndome y dándole duro eso solo hacía que su orgasmos fuera más intenso y temblara todo el cuerpo, yo excitado y feliz de sentirla así de perra en todo su esplendor.

    Luego la acomode ella sobre la cama yo encima de ella con las piernas juntas extendidas hacia arriba yo encima de ella tomando de las piernas y colocando mi verga en esa rica vagina, con forme la penetraba duro y ella con sus gemidos y palabras “si así dame más, soy toda tuya, soy tu puta, así cabrón así quiero que me cojas duro”, las piernas ya llegaban a pegar con su cabeza, verla en esa posición y sentir como toda mi verga entraba en su rica vagina solo me ponía a mil y pensar y decirme esta puta me la cogeré toda la puta noche, ya le hacia una buena cogida la perra.

    Pasaron unos 5 minutos en esa posición me dice “ven papi acomódate en ese sillón” en forma de curva ya sabrán lectores de que hablo, me coloque me senté se puso encima de mi y ella solita se acomodó mi verga y empezó a moverse como loca desenfrenada, sentía como sus flujos salían de su vagina sentía como mi verga se bañaban de flujos vaginales, yo la tomaba de la cintura y le ayudaba con sus movimientos era tan rico, ver esos pechos saltando y yo como niño feliz mamándolas, chupándolas, no me cansaba de tocarlas, morderlas, sentía tan rico besar probar esos pezones con leche incluida, después de algunos minutos moviéndose me dice “ya vente mi vida quiero tu lechita calientita off papacito, ya me voy a venir otra vez ohh si, ya viene, ya me vengo ahhh”, siento como de nuevo esos chorros salen de su rica panocha veo como su mirada se nubla, se retuerce por unos segundos cae rendida hacia mi temblando mientras yo la abrazo con mi verga todavía adentro de ella, le digo al oído “ahora me toca a mi bañarte de leche nena”, la tome de la mano le dije ponte en cuatro que te voy romper el culo puta, se puso a la orilla de la cama se colocó en 4 tenía todo ese rico culo enfrente de mi tan rico que se veía, aún notaba como sus chorros leve salían de su vagina.

    Con mis manos abrí sus nalgas claro dándole nalgadas, besando ese rico culo, pasando mi lengua dando vueltas, echándole un poco de saliva, y metiendo mi lengua lo más profundo posible ese rico culo, ella solo gemía, y veía como sus manos tocaban fuere las sábanas de la cama, después de unos minutos tome mi verga y la coloque en la entrada de su vagina metiendo la cabeza lentamente, luego toda de un solo golpe ella solo gimió, empecé a moverme lento, mientras le besaba la espalda, le pasaba mi lengua en el cuello, y claro dándole nalgadas hasta ponérselas rojas, luego una de mis manos tomo del cabello y empezó la embestida dura fui aumentando la velocidad, sentía como mis bolas chocaban con sus nalgas mantenía el ritmo ella solo decía “ya vente quiero tu lechita ya, quiero que me bañes de semen como la puta que soy”. Pasaron unos 3 minutos en esa posición y con ese ritmo duro y ella con sus palabras de puta, no hizo falta tanto para decirle ya me voy a venir perra, levántate abre la boca saca la lengua y enseguida que se acomodó mi semen salió a chorros la bañe de mi semen toda la cara de puta, y parte se la di de comer para que la chupara y la limpiara, parte de mi semen llegaron a sus tetas, ella como la puta que es las tomo con sus dedos y se las metió a la boca junto sus tetas y les paso su lengua mirándome a los ojos me dice que rica lechita y que cogida me acabo de llevar. Yo en mi mente perra si supieras todas las cosas que en adelante te haré ni te imaginas esto solo es el comienzo.

    Le dije “no te bañes, quiero que lleves mi lechita a casa y pienses en mi y te bañes hasta antes de dormirte perra”, ella solo sonrío y se vistió, salimos directo a casa a dejar a la reina después de su noche de sexo… Le estaré contando las próximas cogidas que le haré…

    Cualquier comentario será bien recibido, les dejo mi correo para cualquier información, asunto, o para contactarme el correo es [email protected].

  • El que persevera vence

    El que persevera vence

    Hola a todos, soy una mujer rubia, mido 1.75, peso como 65 kg, y me encanta hacer ejercicio. En las redes sociales me escriben por montón los hombres de diferentes edades, yo simplemente respondo cuando es oportuno hacerlo sin ánimos de crear falsas esperanzas.

    Un día me escribe un muchacho de unos 18 años (muy pequeño para mi gusto), no le di mucha importancia, solo le respondía: hola respuestas muy cortas porque me daba pereza entablar una conversación con alguien tan joven, me dijo que era virgen, siempre me mencionaba mis atributos físicos con un deseo muy grande: que ricas tetas tienes, eres hermosa, quiero cogerte, quiero meter mi pene en tu boca, etc.; en si cosas de adolescentes inmaduros.

    Un día me dice que su estatura es 1.83 m y que su pene era grande, yo lo ignore porque no era lo que buscaba, pero todos los días eran mensajes muy descriptivos sexualmente y se percibía ese deseo y ganas intensas de hacerme el amor, no le daba importancia hasta que de tanto insistir logro que sus mensajes hicieran algún tipo de efecto en mí. Comencé a imaginarme teniendo sexo con él, tanto así que me lograba mojar las pantis pensando en cómo sería un encuentro con ese chico; aparte de lo alto y todo lo lujurioso verbal que era, tenía buen parecido y era bastante seductor y precoz para su edad.

    Un día me propone vernos, yo le digo que no, pero insiste tanto que un día accedo, pero solo por curiosidad y por tener una nueva amistad. Nos encontramos en un centro comercial exactamente en una cartería, yo llegue primero pedí un jugo, y luego llego el, estaba bien arreglado y perfumado y yo andaba con un vestido algo descotado que me llegaba hasta las rodillas, un sweater y unas sandalias, nos dimos la mano y un beso en la mejilla y al pasar su boca lentamente cerca de mi oreja me dijo: estas buenísima quisiera cogerte ya; eso me puso entre nerviosa y excitada, yo me quede viéndolo y me reí.

    El me veía como perro hambriento, no paraba de ver mis senos. hablamos un rato sobre la vida de cada uno, estábamos en una zona de la cafetería algo apartada nadie nos podía ver y las mesas tenían manteles, eso hizo que él se atreviera a quitarse el zapato e ir tocando mis piernas con su pie, yo me asuste y le detuve el pie y le dije que no, pero el insistió y me dijo que nadie estaba viendo que no me preocupara; accedí y deje que metiera su pie en mi vagina y comenzó a frotarla lentamente por un ratico inmediatamente me moje, luego me dijo que le quitara la media y apartara un poco la pantis para tocar con sus dedos del pie mi vagina que lo ayudara a eso, cosa que hice ya en ese punto estaba cachonda.

    Cuando toco mi coño mojado me dijo: wao mira que sorpresa esta empapada, eso quiere decir que tu coño está desesperado por ser cogido por mi verga jejeje… Estaba apenada que un chico de esa edad lograra ponerme así. Él se acercó y me dijo al oído mu pene esta que revienta el pantalón y te coge aquí mismo y se ríe jejeje vamos a un hotel que queda por aquí y solucionamos esto. Nos terminamos de tomar las bebidas y me agarro de la mano y me dirigió hacia la calle, por el camino me iba diciendo que el hotel era cerca q llegaríamos caminando.

    Al llegar al hotel pide la habitación, entramos y me arrecuesta contra la pared me sube el vestido y me masturba mientras me besa sin dejarme reaccionar, me sube los brazos me saca un seno y lo chupa; luego para y se quita la camisa y me quita el vestido se agacha y me baja las pantis y me comienza a chupar mi vagina le indico con mi dedo que me chupe el clítoris y ahí comienzo a gemir duro más y más.

    Después de largo rato chupando mi vagina se levanta y me agacha y me mete la verga en su boca era de unos 23 cm larga y delgada, un poco torcida y empinada hacia arriba; le deje la verga llena de saliva hasta los testículos chupe muy rico, luego se terminó de quitar la ropa y me llevo hasta la cama donde me cogió insaciablemente, de lado, cabalgue sobre él, se montó arriba de mi mientras me chupaba y mordía mis pezones, yo gemía como loca y me parecía increíble que un chico de esa edad me pusiera así.

    Cuando ya iba a acabar se subió hasta mis senos y puso su pene en el medio y me dijo que lo pajeara hasta acabar porque quería llenar mi cara de leche, obedecí y acabo chorros de leche caliente en mi cara y se echó a reír diciendo que así me quería ver por hacerle tantos desprecios por la red social donde nos escribíamos; nos quedamos acostados por un buen rato mientras me besaba, le dije que me parecía extraño que fuese virgen y supiera tanto de sexo de cómo hacerle el amor a una mujer de esa forma y me respondió que todo lo ha aprendido viendo pornografía.

    Quede súper relajada, nos bañamos y vestimos, y nos retiramos del hotel, al despedirnos nos abrazamos y me dijo que gracias por aceptar y darle esa gran experiencia inolvidable que la había pasado muy bien.

  • 39.000 A.C.

    39.000 A.C.

    Hola a todos. Este relato forma parte de mi serie de one-shots de Literotica, The Anal Invaders, siendo este el capítulo 5, 39.000 B.C. en un tiempo que, seamos honestos, no existió. Recuerdan a Daryl Hannah, la actriz que, bueno, salió en una película con neandertales, muy buena por cierto? (sarcasmo nivel Dios) Lo tenía escrito con otro escenario cuando cambié de opinión y escribí este, un tributo a la Historia Antigua y la Evolución… si algo así hubiera existido (lo siento Darwin, nos engañaste).

    Lo escuchamos en todas partes. Escuelas, universidades, televisión, libros. Nuestro mundo y universo comenzaron con el «Big Bang» y esa mierda, pero, quién ha oído hablar de una explosión que haya creado algo? No tiene sentido, verdad? De todas formas, la teoría de la evolución y el Big Bang se enseñan como ciencia verdadera, pero a nadie le importa si es ciencia real o falsa, todos aceptamos un argumento cuando alguien dice esto, “Materia, espacio, tiempo… bla, bla, bla… paga tus impuestos hombre-mono… o chico-alienígena,» yo, por ejemplo, salí de los cojones de mi padre, y eso es 100% verdad.

    Pero no voy a discutir acerca de la evolución, o la religión (respeto las creencias de cada uno *risa demente*. Recuerdo que una vez le hice un comentario a un amigo, que es ateo, cuando estábamos viendo el fútbol. El lateral falló un pase a dos metros y él dijo, »Oh por Dios, menudo paquete!» me reí y le dije, »Oye, por qué metes a Dios en esto si dices que Dios no existe?» Aún sigo esperando su respuesta). No, no estamos aquí para ese debate; sin embargo, como dice el título; si la evolución hubiese sido real, cómo se imaginan el mundo hace cientos, miles, millones o mil millones de años atrás (trillones también cuenta)? Imaginando nuestros »ancestros» o dinosaurios (esos si eran reales), tal vez el mítico Eslabón Perdido? Bueno, es hora de un viaje rápido al pasado. Agárrate fuerte y abróchate el cinturón de seguridad.

    Ahora, con el milagro de la ciencia futurista, he usado una máquina para viajar en el tiempo. El año, 39.000 a.C., por qué ese año, te preguntaras? Algunos ateos creen que Dios no había nacido ese año, pero no puedo decirlo; ahora en serio, la máquina del tiempo nos hizo retroceder hasta ese año por una razón. Si buscamos en la web o leemos un libro sobre la evolución, dirá que en el 40.000 a.C., el homo sapiens-sapiens caminó sobre la Tierra por primera vez entre los neandertales…

    Un pequeño grupo de cinco neandertales estaba sentado a la orilla del río. Se estaban lavando las manos después haber pintado una cueva cercana, todos eran adultos, de unos 30 años. Uno de ellos, cabello castaño rojizo, cuerpo corpulento, alrededor de 1,70 de estatura, grandes ojos marrones, piel amarilla (por falta de vitamina E), frente prominente, nariz y cráneo grandes. También tenía un mentón reducido y una coleta trenzada.

    Su grupo lo llamaba «Orrgh», haciendo sonidos de animales. De repente, uno de los neandertales perdió el equilibrio y empujó a Orrgh al río, y comenzó la pelea… era típico entre ese grupo de neandertales, o todos los grupos. Orrgh agitó las manos, pero la respuesta que recibió fue un tortazo de uno de sus compañeros, y terminó por unirse a la pelea.

    Todo terminó en cuestión de minutos, todas las narices sangrando y haciendo divertidos ruidos de dolor, tratando de pedir disculpas a los demás y limpiando la sangre. Uno de ellos, estatura promedio, cabello negro y con el ojo morado más espectacular agitó las manos, reclamando atención, »De vuelta… cueva…» murmuró y sus amigos asintieron. La pandilla abandonó el río y caminó cuesta arriba, para llevar sus cosas a la cueva, algunos huesos y lanzas.

    Una vez que estuvieron listos, Orrgh estaba esperando fuera de la cueva con algunos huesos en sus manos cuando sintió que un objeto golpeó su espalda. Se dio la vuelta y vio una pequeña piedra, se arrodilló, la tomó con la mano libre y la olió. Una piedra normal, pero detectó otro olor, muy diferente de las piedras normales, pero Orrgh no estaba seguro de qué era y tampoco pudo ver nada en los matorrales cercanos.

    No pudo investigar más, porque salieron sus amigos; Orrgh dejó caer la piedra y los siguió. La pandilla de neandertales caminó durante dos horas cuesta abajo y encontraron un valle con algunos árboles, tuvieron cuidado de revisar el entorno en busca de trampas u otros compañeros, una pandilla con una gran cantidad de individuos no era lo mejor y evitaban cada grupo; la falta de comida era grande en aquellos tiempos y no era conveniente muchas bocas que alimentar.

    Orrgh gruñó furiosamente y se dejó caer en el suelo, cansado de caminar. El colega de cabello negro, Rrash; levantó la mano y el resto se detuvo, mientras Orrgh recuperaba el aliento y Oarrghkh, el más alto y feo de todos, miraba a su alrededor buscando cualquier amenaza potencial; los otros dos, Barkaaagh y Huuaargh; (el primero, moreno y el segundo con el pelo sucio, por falta de higiene personal que sus compañeros habían olvidado el color de su pelo) trabajaban unos huesos y piedras para sus herramientas.

    Cuando la pandilla recuperó algo de fuerza, tomaron sus armas y se fueron a cazar. Después de esperar mucho tiempo, pudieron cargarse un ciervo. Llevaron a la criatura a su lugar y la prepararon para el calor amarillo, una sustancia extraña y mágica creada por los antepasados. Rrash estaba callado, estaba pensando tan profundamente que su mirada tenía una apariencia tonta; sus compañeros estaban sobre el ciervo, arrancándole la piel.

    «Oarrghkh… crear calor amarillo!» gritó Rrash.

    «Yo? Mejor Orrgh» protestó Oarrghkh y pateó la cabeza del ciervo y tomó un par de piedras para crear el calor amarillo.

    Mientras Oarrghkh golpeaba las piedras entre ellas y trataba de hacer fricción, los demás removieron el pelaje del ciervo por completo y lo dejaron a un lado para lavarlo más tarde. Rrash trajo algunos troncos secos y los dejó frente a su compañero, quien estaba luchando por crear el calor amarillo y estaba frustrado. El grupo estaba expectante y enojado, Oarrghkh tiró las piedras y gruñó molesto por su fracaso.

    Rrash suspiró y tomó otro par de piedras y en menos de tres minutos el calor amarillo brillaba y bailaba alegremente en los troncos. Huuaargh cortó algunas partes del ciervo y cavando dos agujeros en el suelo, enterró un par de leños y envolviendo uno de los leños con la carne, lo puso sobre el calor amarillo. Los neandertales observaron la sustancia sobrenatural cuando quemaba la carne. Oarrghkh regresó y se sentó entre Rrash y Barkaaagh, su líder lo empujó y él retrocedió; Rrash agitó los brazos protestando por su mala leche y Oarrghkh solo se quejó pero no pasó nada.

    Huuaargh sacó el primer trozo de carne del calor amarillo y le puso otro encima. Se lo dio a Rrash y lo olió antes de clavar sus dientes en él. En treinta minutos, todos estaban comiendo su trozo de carne muy sonrientes, ninguno tenía lo que llamamos modales de hoy en día, por lo que todo estaba permitido durante la comida. Rrash mordió una sección quemada de su comida y la escupió, Orrgh se rio y tiró la comida al suelo, y aquello fue una reacción en cadena. Sin ninguna preocupación, Orrgh simplemente lo levantó del suelo y abriendo bien la boca, arrancó una gran porción, que tenía algo de polvo.

    Al parecer, le gustó el sabor y aulló y gritó emocionado, haciendo algunas señales a los demás para que pusieran su comida en el suelo y luego se la comieran. Uno a uno hicieron lo que Orrgh sugirió y Rrash saltó feliz, tenía muy buen sabor; asintiendo con la cabeza como loco y arrojándole algo de carne a Orrgh. Eso significaba que su sugerencia era genial y tenía su aprobación, Orrgh sonrió e hizo lo que Rrash le hizo.

    »Alerta…! Oler peligro…» dijo Huuaargh seriamente y todos dejaron de comer.

    Se pusieron de pie y cogieron sus lanzas. Había alguien o algo cerca de ellos, Orrgh olisqueó ruidosamente a su alrededor, tratando de identificar qué cosa había ahí fuera; pero la oscuridad no les ayudó a localizar qué perturbaba su cena. Quedándose unos minutos con sus armas y en guardia, se rindieron cuando no pudieron ver nada; Oarrghkh golpeó a Huuaargh en la cabeza con su lanza por la falsa alarma y gritó, pero no reaccionó violentamente.

    La pandilla terminó su comida y se acostó alrededor del calor amarillo. Pero Orrgh permaneció en silencio, preguntándose por los recientes incidentes del día; y la causa de ellos. No importa lo mucho que pensara, no pudo encontrar una explicación clara de ninguno de ellos, la piedra y el susurro del pequeño bosque cercano a su campamento. Cansado, Orrgh se durmió como lo hicieron sus amigos antes que él y soñó con un ciervo escurridizo y el calor amarillo.

    Todos despertaron con algo de frío, pues el calor amarillo había desaparecido en las últimas horas de la noche; el grupo se puso de pie y estiró los músculos. Lo primero que debe hacer en un día normal un neandertal; encontrar algo para comer. Entonces Rrash cogió su lanza y algunas piedras envueltas en un pequeño trozo de piel que le cortó al ciervo, los demás llevaban sus lanzas y huesos largos y afilados. Dejando los resto de los ciervos en su campamento, Orrgh y sus amigos caminaron en silencio y observando el entorno; con las lanzas listas para atacar.

    A veces, cazar y recolectar era difícil, y esa mañana era uno de esos días. La clave principal era tener mucha paciencia y buena destreza para matar a un animal y evitar heridas mortales. Los neandertales siguieron caminando sin suerte y Oarrghkh comenzó a impacientarse, gritó enojado y Rrash lo pateó, y se calmó. De repente, Barkaaagh se paralizó y Huuaargh se estrelló con él y se cayó; Orrgh agitó su mano y Rrash gritó salvajemente y corrió cerca de ellos.

    Frente a ellos, un enorme oso negro rugió. Barkaaagh dejó caer su lanza pero Rrash no vaciló y gritó, el oso se puso de pie y rugió de nuevo y Rrash arrojó su lanza, golpeando al oso justo en el medio de su vientre. Orrgh hizo lo mismo y la lanza impactó en la parte superior, cerca de la garganta. El animal tropezó y soltó un lamento antes de que una tercera lanza lanzada por Huuaargh lo golpeara y la bestia cayera herida de muerte.

    Acercándose, enterraron sus huesos afilados en el oso para extinguir su vida. Una vez que el oso estaba muerto, rugieron y saltaron alrededor del animal eufóricos, celebrando su victoria y pateando al oso. Sin embargo, el gran problema apareció muy pronto. A pesar de su victoria, era casi imposible llevar al oso a su campamento; empujando tan fuerte como podían, era difícil moverlo. Pasando muchas horas en esa tarea, pudieron regresar, pero agotados y con mucha hambre.

    Haciendo un gran esfuerzo, Orrgh y Barkaaagh cortaron una buena parte del animal y lo limpiaron de la mejor manera posible. Entonces Barkaaagh sacudió a Huuaargh por el hombro y él se levantó y cocinó la carne fresca y exquisita. Los problemas se desvanecieron cuando probaron la dulce carne de ese oso silvestre, todos comieron su comida con una gran sonrisa en sus rostros sucios; Rrash encontró más troncos y el calor amarillo era mayor que la noche anterior y los consoló.

    Orrgh se puso sus pieles y se sentó cerca del calor amarillo, mientras que sus amigos estaban durmiendo y roncando sonoramente. La noche era fría pero no como en la estación fría, como él la llamaba mentalmente; pensó que después de todos los problemas del día, todo estaba bien y ahora se relajaba con el estómago lleno de deliciosa carne.

    Observó las llamas que bailaban alegremente y manteniéndolo caliente y reconfortado, no había viento y la noche estaba tranquila. Orrgh se estaba quedando dormido cuando de repente escuchó un susurro en un matorral cercano y se puso de pie. Tenía uno de los huesos afilados cerca de él y los ojos muy abiertos, tratando de reconocer el entorno; también respiró profundamente para identificar cualquier olor.

    El neanderthal no despertó sus amigos y enfrentó a lo desconocido solo, se dio la vuelta en el mismo lugar en el que se puso de pie para observar todos los ángulos y direcciones. Después de comprobarlo durante unos minutos, Orrgh percibió un olor diferente en el aire: dulce y delicado, era un olor que Orrgh no había percibido antes y sintió curiosidad por saber qué era. Pero vio a sus compañeros dormidos y fue consciente de que adentrarse en lo desconocido, solo y de noche; no era lo mejor que podía hacer, así que tiró su hueso afilado y volvió a sentarse.

    Antes de quedarse dormido, Orrgh pensó seriamente en cuál sería el misterio de ese olor, pero en toda su experiencia con la naturaleza; nunca había olfateado algo así. En sus sueños, vio muchas criaturas e imaginó también un gran número, con solo el olor que había descubierto esa noche y descansó su cuerpo. Al mismo tiempo, se volvió a escuchar el mismo ruido, pero ninguno de los neandertales lo escuchó; una silueta oscura cubierta detrás de unas ramas los estaba mirando.

    El canto de los pájaros los despertó y Orrgh estaba nervioso al principio, pero luego prepararon el calor amarillo para comer. El grupo comió en silencio y Rrash lo rompió cuando se atragantó unos segundos porque a veces estaba desesperado al comer, el río estaba cerca y se movieron para limpiar el pelaje del ciervo, previamente curtido. Orrgh saltó al río y se quedó allí con el agua en los tobillos, hacía mucho frío y tenía miedo de un baño.

    Pero la piel se limpió rápidamente y regresaron a su campamento. Todo estaba bien cuando Huuaargh vio que su lanza y huesos afilados habían desaparecido. Los neandertales gritaron y vocearon enojados tratando de averiguar qué había sucedido, por supuesto que Huuaargh señaló con el dedo a Oarrghkh y lo golpeó. Los otros se unieron a ellos y la pelea terminó rápidamente, Oarrghkh escupió un diente y tenía algo de sangre en el mentón.

    La tensión se pudo sentir entre ellos cuando comieron la segunda comida del día. El pobre Oarrghkh intentó varias veces volver a colocar su diente en su lugar, pero sus intentos fueron en vano. Orrgh estaba con la mirada fija en el suelo, tratando de ignorar a sus amigos; Rrash y Huuaargh estaban trabajando en otra lanza, mientras Barkaaagh observaba el lugar. La temperatura era agradable justo al final de la tarde, Orrgh decidió conseguir más troncos para alimentar el calor amarillo de la noche; así que se puso de pie y dejó la pandilla.

    Sin armas, se alejó de sus compañeros y siguió a algunas pequeñas criaturas hacia el bosque. Pero no se sentía seguro durante su excursión, cada tres minutos se detenía y miraba a su alrededor; de alguna manera, el neandertal tuvo la extraña sensación de que no estaba solo en ese bosque. Se preguntó si habría otros grupos alrededor pero ningún rastro de objetos en sus últimas excursiones, así que probablemente era la gran fauna la razón de su histeria. Exploró el bosque, oliendo algunas de sus flores y observando a todos los pájaros que volaban sobre él o descansaban en los arboles; Orrgh estaba tan lejos que no podía escuchar los ruidos de sus amigos, solo el sonido de los animales o un murmullo ocasional de su boca, para agregar algo al silencio sepulcral.

    Los colores y las formas eran exóticos, el suelo era suave y bueno para sus pies descalzos y disfrutaba enterrando los pies en el polvo. Pero entonces, una vez más Orrgh escuchó un sonido extraño en el silencio del bosque, un ruido que no fue causado por él y agudizó los sentidos; pero no pudo ver nada. Cuando decidió dar la vuelta y regresar con sus amigos, cubriéndose detrás de un tupido grupo de matorrales, una extraña silueta; Orrgh se detuvo y se acercó a los arbustos, tratando de ver qué había detrás de las ramas.

    Lo que pudo ver detrás de las ramas compactas fue algo blanco y un poco más alto que él. Fuera lo que fuese, estaba inmóvil; hasta que escuchó un pequeño crujido desde el otro lado, la criatura desconocida estaba tratando de hacer un agujero en la maleza, Orrgh solo miró y luego pudo ver una mano blanca pequeña y limpia en el otro lado. Trató de romper algunas ramas para ver mejor y finalmente pudo detallar perfectamente a la criatura desconocida.

    Una mujer, solo una mujer. Sin embargo, notó que la mujer era muy diferente a las que veía. Su rostro no era el mismo, su nariz era más pequeña y estilizada, su mentón era afilado y la frente más pequeña y carente de la típica prominencia. Su cabeza era un poco más pequeña y el cabello, rubio y rizado; Orrgh miró sus ojos y le invadió la curiosidad, de un color verde oscuro que te hipnotizaría si los mirabas durante mucho tiempo.

    De hecho, Orrgh no conocía a esa mujer; sus rasgos físicos eran algo que nunca vio en ninguna compañera neandertal. En ese momento, se miraron a los ojos por un segundo y luego la mujer desapareció. Orrgh murmuró confuso y esperó unos segundos para volver a verla pero ella se había desvanecido, frustrado; regresó con sus amigos pero no podía dejar de pensar en tal descubrimiento y estaba realmente intrigado.

    Pero su incipiente curiosidad fue perturbada por su pandilla, estaban preocupados por él porque estaba explorando y no sabían dónde estaba. Orrgh se ganó dos ostias de Rrash pero veinte minutos después todos volvieron a ser mejores amigos y alrededor del calor amarillo, comieron carne y frutas juntos, murmurando, gruñendo y jugando con la comida. A pesar de que Orrgh estaba compartiendo con ellos, sus pensamientos estaban muy lejos, los destellos de su descubrimiento estaban vívidamente grabados en su memoria; venían una y otra vez y era difícil concentrarse en otra cosa.

    Uno a uno se fueron quedando dormidos y Orrgh fue el único que quedó despierto. Después de todo, era difícil dormir con tanto misterio alrededor; trató de dormir pero no pasó nada, tomó un hueso y una piedra para trabajar, al menos mantener la mente y las manos ocupadas ayudarían. Por supuesto, Orrgh dejó caer sus herramientas en cuestión de minutos y se puso de pie, preguntándose si la misteriosa criatura podría estar más cerca.

    Explorar durante la noche no era una gran idea, así que decidió esperar al día siguiente para moverse y tal vez encontrar a la extraña mujer. Con los primeros rayos de sol, Orrgh se despertó y se aseguró de que sus amigos estuvieran durmiendo, luego cogió una lanza y caminó hacia el bosque. Había tantos pájaros volando y pequeñas criaturas, pero ningún rastro de la misteriosa mujer; Orrgh no miró hacia atrás y fue más lejos.

    Orrgh escuchó un sonido curioso, dulce y melodioso pero no pudo reconocer su naturaleza, pero el sonido más similar provenía de los pájaros. Pero esto era diferente, y su volumen aumentaba a medida que avanzaba; sabía que el tono melodioso estaba más cerca que antes, cuando dejó atrás un montón de árboles que estaban juntos descubrió el origen de la melodía.

    La misteriosa mujer estaba sentada a unos metros de él, sus labios estaban muy juntos y estaba haciendo esa extraña melodía. Orrgh quedó paralizado, dejó caer su lanza en el suelo y se quedó «sin habla» con su belleza; piernas largas, vestida con una fina piel de lobo gris, una prenda de una sola pieza, tenía alrededor de 25-30 años. Debajo de su cuello, divisó dos tetas finas y redondas, carnosas y sabrosas. Llevaba una flor blanca en su cabello rubio rizado.

    Viendo a Orrgh dejó de silbar, la mujer abrió la boca sorprendida, la curiosidad se reflejaba en su hermoso y delicado rostro. Por otro lado, el neandertal comprendió rápidamente que ella era muy diferente a las hembras de su especie; diferente sí, pero dueña de una exótica belleza. Orrgh dio dos pasos hacia adelante pero la mujer se movió más rápido y agarró una lanza que estaba detrás de ella, vio que le era muy familiar; la lanza robada a Huuaargh.

    Sin moverse, Orrgh la vio y murmuró un poco, ella se paró y lo apuntó con la lanza, Orrgh notó que era más alta que él. Pero había algo en esos hermosos ojos verdes, un extraña brillo de curiosidad y miedo, antes de que pudiera intentar algo, la mujer se escapó realmente rápido. Él tomó su lanza y volvió de nuevo a sus amigos, Orrgh sintió una sensación de ardor en medio del pecho, realmente le había agradado la misteriosa mujer y tenía la necesidad de acercarse a ella, pero no estaba seguro de volver a verla otra vez.

    Su pandilla lo recibió cabreada por su ausencia, pero ignoró sus quejidos y golpes. Con algunas otras frutas y los restos del oso, prepararon el calor amarillo para cocinar los últimos trozos de carne. Orrgh comió pero no pudo concentrarse en lo que estaba haciendo y dejó caer el resto de su comida, Oarrghkh se la comió; Rrash trató de evitarlo, pero cuando notó que Orrgh no se quejaba, dejó que Oarrghkh devorase la carne.

    Con energías recuperadas, la pandilla cazó un zorro y decidió cambiar su lugar de campamento a una cueva cercana. Orrgh no estuvo de acuerdo pero no pudo hacer nada, rifirrafe incluido; y los siguió hasta la cueva. La noche les llegó y el calor amarillo los mantuvo calientes, con sus pieles de animales se sentían más cómodos que en el bosque; Orrgh pensaba que sí, pero también estaba considerando que no vería a la mujer desconocida desde la nueva ubicación en la que estaba.

    No pudo dormir esa noche, sus sueños estaban invadidos por la misteriosa criatura femenina. En el primer sueño la imaginó cazando una presa, en el segundo sueño la vio oliendo flores del bosque y en el último sueño se acercó y olió su cabello. Se despertó e intentó recordar su olor, pero no fue capaz de descifrarlo.

    Orrgh no estaba enterado de los cambios recientes; sobre nuevos vecinos del este y del sur, que eran muy diferentes a su gente. El grupo se comió parte del zorro y preparó sus lanzas y huesos para cazar otra presa para sobrevivir el resto del día. Los neandertales rodearon a otro ciervo y empujaron al animal a su cueva y mataron a la presa, los cavernícolas celebraron su éxito y destriparon al ciervo para comer por la noche.

    Sin embargo, hubo un pequeño problema. Sin troncos, Rrash ordenó a Orrgh para que pudiera encontrar troncos para el calor amarillo y, pensando que era una buena oportunidad para buscar a la misteriosa criatura femenina, se levantó y salió de la cueva para coger algunos troncos. Algo que Orrgh notó muy rápido fue que había olvidado su lanza en la cueva, pero ya era tarde para regresar. Corrió hacia el bosque aprovechando las últimas luces del día.

    Sus ojos estaban en alerta ante cualquier movimiento extraño, pero no ocurrió nada. Solo las melodías de los pájaros rompían el silencio en el bosque, el neandertal caminó con buen paso y encontró lo que buscaba: un montón de troncos amontonados debajo de un árbol, Orrgh se arrodilló y cargó con tantos troncos como pudo y se puso de pie, listo para volver a la cueva.

    «Grrrr…»

    El neandertal se volvió lentamente y su corazón latía más rápido, dos lobos estaban detrás de él; a 10 metros de distancia. Orrgh dejó caer los troncos menos uno y lo sujetó con fuerza con ambas manos; rugiendo de rabia y los lobos corrieron hacia él. Cuando la bestia saltó sobre él, Orrgh lo golpeó tan fuerte como pudo, uno de los lobos aulló de dolor; el otro gruñó y se dispuso a saltar sobre él de nuevo. La bestia no saltó y atacó sus piernas pero el neandertal repelió al lobo.

    Con uno de los lobos caído y el otro aturdido, Orrgh pensó que la amenaza había terminado; pero el lobo contraatacó. Si no fuera por el tronco, el animal le habría mordido la cara, pero lo único que sintió Orrgh fue el aliento caliente del lobo. Luchando con la criatura, el neandertal empujó con más fuerza y se cayó, cuando se puso de pie y trató de saltar sobre la bestia, escuchó un zumbido rápido que rompió el silencio.

    El lobo tenía una lanza enterrada en su costado. A unos metros de distancia, su salvadora estaba con el brazo congelado luego de arrojar la lanza, era ella; la extraña hembra. Él estaba impresionado, su destreza con la lanza era grandiosa, Orrgh extendió los brazos frente a él y apartó al lobo. Se puso de pie y la mujer lo vio un poco nerviosa pero bajó el brazo; Orrgh murmuró y dio un paso adelante.

    «Esta… bien…» murmuró y dio otro paso. La hembra no se movió pero respiraba más rápido, ya que podía ver su pecho subiendo y bajando rápidamente.

    Orrgh no quería asustarla, por eso murmuró eso. Y parecía que entendía lo que quería decir, porque ella no se movía y su respiración estaba más relajada. Se movió lentamente pero seguro de que ella no huiría, la extraña mujer estaba en el mismo lugar; Orrgh vio su rostro detalladamente, tenía dos lunares; uno en el lado derecho de su frente y el otro en la mejilla izquierda.

    Paso a paso, el neandertal se fue acercando a la mujer, y ella se quedó allí, el corazón de Orrgh latía tan rápido dentro de él que sintió dolor en el pecho. Estaban tan cerca que Orrgh podía oler la fragancia de su cabello, se quedó sin habla; su belleza estaba más allá de todo lo que había visto antes. La mujer lo miró discretamente de la cabeza a los pies, no era un espécimen guapo pero podría ser una buena forma de divertirse, pensó.

    El hombre de las cavernas extendió su mano, tratando de alcanzar su cuerpo, pero la mujer se apartó. Orrgh se sintió triste pero mantuvo su mano extendida hacia ella, ella vio su mano sucia por un segundo y extendió su mano muy lentamente hacia él. El neandertal sonrió y se acercó un poco más para tocarla, ella también sonrió y lo miró a la cara con sus bonitos ojos verdes; luego a su mano. Finalmente, sus dedos hicieron contacto; un contacto ligero y breve, pero Orrgh sintió un impacto similar al que producían las anguilas y retiró un poco la mano; la mujer reaccionó y bajó la mano asustada por la acción de Orrgh.

    Murmuró algunos ruidos incoherentes y erráticos, tratando de calmarla. Ella no se movió pero estaba un poco nerviosa después de lo sucedido, cuando se recuperó de la extraña experiencia, se puso un dedo en los labios y lo miró con seriedad; exigiendo silencio. Orrgh inclinó su cabeza, tratando de entender, pero no hizo ningún otro ruido; ella sonrió tímidamente y se acercó a él.

    Una vez que estuvieron a centímetros de distancia, se miraron con curiosidad. Una de las manos de la mujer tocó el enredado cabello castaño del neandertal, áspero al tacto; Orrgh hizo lo mismo y cogiendo un poco del suyo, se lo acercó a la nariz y lo olió con fuerza. El dulce aroma lo cautivó, nunca había olido algo así antes y ella se rió tímidamente debido a su extraño interés en ella.

    Ella retrocedió y él dejó caer su mechón de cabello rubio rizado. Ella le sonrió y puso una mano sobre su pecho.

    «Arbahh…» susurró sin dejar de tocarse el pecho.

    Orrgh abrió la boca pero permaneció en silencio, comprendiendo lo que quería decir. Su gesto fue claro para él después de unos segundos.

    «Orrgh… Orrgh…» murmuró haciendo el mismo gesto de Arbahh y sonrió estúpidamente, feliz por aprender algo nuevo.

    Una vez más, se acercó a ella y ambos extendieron la mano. Sus manos se entrelazaron con fuerza y se miraron a los ojos, Arbahh sonrió y asintió con la cabeza, Orrgh hizo lo mismo pero estaba encantado, sin embargo, su rostro tenía una expresión tonta y una fina línea de saliva se escapaba de su boca.

    Se quedaron así durante mucho tiempo, cuando escucharon un sonido extraño. Ella soltó su mano y después de agitarla rápidamente, se escapó a lo profundo del bosque. Orrgh miró en la dirección en la que desapareció, con tristeza; preguntándose por qué o quién rompió su encuentro, entonces vio el cielo y levantó los troncos del suelo y regresó a la cueva con sus amigos.

    A pesar de la demora, ninguno de sus amigos se preguntó qué estaba haciendo o qué lo detuvo, Orrgh creó el calor amarillo y se sentó lejos de él, pensando y suspirando por su hermosa salvadora. Se comió su parte del ciervo pero no hubo ninguna emoción para él, lo único que lo haría feliz era encontrar a Arbahh de nuevo y… acercarse. Ella hizo que el trozo de carne flácido entre sus piernas estuviera más vivo y duro esa tarde, algo que nunca antes había sentido.

    Todos menos Orrgh durmieron bien esa noche. Permaneció despierto durante horas, mirando el calor amarillento y su propio trozo de carne duro al pensar en Arbahh, la próxima vez tendría que encontrarse con ella más cerca; Orrgh sintió la conexión entre ellos y no tenía dudas sobre qué hacer.

    Otra mañana fría despertó a los neandertales, Huuaargh estaba enojado y flexionó las piernas y los brazos para calentarse. Rrash jugueteó con las cenizas de los troncos y Oarrghkh golpeó el hombro de Orrgh cuando notó que su amigo estaba distraído; se quejó, pero luego se paró fuera de la cueva y admiró la vista.

    Decidió ir al bosque para encontrar a su hermosa hembra. Su pandilla trató de detenerlo pero él los ignoró y dejó su lanza dentro de la cueva, no había riesgo o eso era lo que pensaba; se olvidaba de los animales. Sin embargo, después de mucho tiempo explorando, no había señales de Arbahh y Orrgh estaba triste, pensando que se había ido.

    La desesperación se apoderó de Orrgh, porque no sabía qué hacer. Se sentó en una gran roca y enterró el rostro entre las manos, enojado consigo mismo y creyendo que no volvería a ver a Arbahh. El sol estaba más alto y la humedad aumentaba, por lo que el calor era un poco sofocante; el neandertal recordó el río y se puso de pie.

    Orrgh se quitó las pieles y saltó al río; el agua estaba fría y fresca, sintiendo alivio. Se quedó en medio del río, entrando y saliendo para tomar aire. Se frotó las manos por todo el cuerpo, limpiándose.

    Cuando tuvo suficiente, salió del río. Desde unos arbustos a la izquierda, Arbahh salió y lo sorprendió, Orrgh no pudo cubrir a su amigo y comenzó a endurecerse. El neandertal se acercó y tomó su mano y la puso en su pene, Arbahh se rio y ella vio esa polla creciendo, de unos 15 cm, venosa y dura.

    El neandertal estaba listo para la acción y trató de hacerla arrodillarse frente a él. Pero Arbahh no se movió, Orrgh intentó usar la fuerza bruta, a pesar de que parecía frágil era fuerte y ella le cogió sus brazos y le dio la vuelta; él no podía creer lo que ella hizo y Arbahh luchó y lo hizo tumbarse en el suelo. Algo de polvo terminó en su boca y rostro, mientras que la mujer de sus sueños estaba encima, quitándose su piel de lobo muy rápido. Parecía desesperada y Orrgh sintió un enorme bulto entre sus nalgas, era duro y cálido.

    Ella le dio la vuelta de nuevo y vio su cuerpo desnudo caliente y palideció. Arbahh tenía un enorme pedazo de carne entre sus piernas igual que el suyo, él trató de ponerse de pie, pero ella se sentó sobre su abdomen y le golpeó en el pecho con su mano. Entrando en pánico, Orrgh trató de empujarla pero una mano de Arbahh en su cuello, ahogándolo, le hizo golpear el suelo con el puño pidiendo piedad y ella sonrió.

    Arbahh era un espécimen moderno de Homo Sapiens-Sapiens. Orrgh ignoraba las historias de su gente, sobre nuevas criaturas diferentes de ellos; especialmente las hembras. Pero él no sabía sobre esto, su grupo estaba tan aislado de los demás que nunca se enteraron, Arbahh lo obligó a arrodillarse y le empujó 21 cm de polla dentro de su boca.

    Mantuvo sus labios juntos solo por un segundo, cuando ella superó su resistencia y empujó su pene. Arbahh lo agarró por el pelo y le comenzó a follar la boca, Orrgh se sorprendió; no podía creer que una mujer así pudiera tener una carne como él ahí abajo. Atragantándose con esa polla, sus ojos estaban llenos de lágrimas después de cinco minutos «chupando» esa polla frente a él, Arbahh tenía el control y usaba su boca como un culo.

    Cada cinco segundos se atragantaba y se ahogaba con esa polla, dando arcadas, la polla de la mujer estaba cubierta de mucha saliva y Arbahh tenía una gran sonrisa en su rostro mientras lo miraba. Orrgh tuvo que tocar su polla porque el dolor en ella era grande, encontró alivio y placer al hacerlo y ella le folló la boca con más fuerza.

    Una vez más tumbo a Orrgh en el suelo, separó sus piernas y a continuación, se tumbó sobre él, quedando su polla apoyada contra sus nalgas. Su polla ensalivada estaba lista para el siguiente nivel, había pasado mucho tiempo desde su último hombre y Arbahh estaba preparada para hacer gritar a Orrgh. Orrgh se alarmó cuando sintió que su glande rozaba su esfínter, tratando de penetrarlo, pero no conocía las verdaderas intenciones. Solo cuando su glande entró, gruñó de dolor y trató de resistirse.

    Gruñendo y rugiendo como un animal enloquecido, Orrgh hizo un gran esfuerzo para mantener la polla fuera de su culo, pero Arbahh empujó más fuerte y sintió un dolor insoportable mientras su polla penetraba lentamente pero sin pausa. Sintió esa carne monstruosa ensanchando todo a su paso, el ardor era insoportable y agitó su cuerpo desesperado, Arbahh puso sus manos en su cintura y lo mantuvo firmemente sujeto. Gritó pidiendo ayuda pero lo que obtuvo fue más de su polla dentro de él, sacudió la cabeza tratando de ignorar el dolor desgarrador en su leal retaguardia.

    «Si, por fin…!!» exclamó Arbahh y le dio una rápida nalgada, luego volvió a poner la mano en su cintura, en un intento de calmarlo.

    Al menos, Orrgh lo entendió y Arbahh, después de moldear su polla dentro de su culo; comenzó a empujar dentro y fuera de él. Ella sonrió mientras movía sus caderas hacia adelante y hacia atrás, el neandertal sintió sus tetas rebotar contra su espalda, se sentía muy bien pero el dolor en el trasero era demoledor. Gruñó angustiado y confundido, cómo había terminado sometido por una mujer? No tenía respuesta para eso.

    Pero había otras cosas importantes en las que pensar, como cuándo se detendría. Orrgh estaba pálido y su visión nublada, sintió una extraña sensación dentro de su vientre relacionada con lo que Arbahh le estaba haciendo. Siguió gruñendo y gritando mientras ella lo follaba más y más fuerte, Arbahh dejó de agarrar su cintura y sus manos acariciaron su espalda y clavaba las uñas.

    «AARRGHH!!!» gritó Orrgh aterrorizado.

    Poniendo su peso hacia adelante, Arbahh empujó su pene con menos resistencia de Orrgh y su cuerpo desnudo y sudoroso brillaba bajo la luz del sol. Orrgh estaba un poco tenso, pero el dolor disminuyó después de un tiempo, estaba ahí pero podía resistir esa carne gruesa dentro de su cuerpo. Con sus piernas, Arbahh separó las piernas de Orrgh un poco más y ella se inclinó sobre él, envolviendo sus manos alrededor de su cuello y besándolo mientras le daba embestidas cortas y fuertes.

    El neandertal y la hembra gimieron en sincronía, el tiempo pasó, y la polla de Orrgh estaba dura como una piedra por primera vez. Él fue menos agresivo y dejó de luchar, Orrgh sintió esas grandes tetas presionadas contra su espalda y comenzó a relajarse más y más, rindiéndose a ese deseo prohibido. Arbahh sonrió y movió las caderas más rápido, el neandertal cerró los ojos y aulló con voz ronca; la mujer no se contuvo y le dio todo lo que tenía.

    No les importaba si alguien o algo los estaría mirando detrás de un árbol o un matorral, el amor físico era alto en ese momento y todo lo que querían era llegar a ese sublime punto de placer. Sus voces se volvieron más suaves y cargadas de lujuria, Orrgh perdió la noción del tiempo y el espacio y lo único que era real para él era Arbahh y nada más.

    Ella le clavó la polla por completo en el culo, abrazándolo con más fuerza. Luego siguió empujando su miembro más fuerte y masajeando su trasero, mientras besaba apasionadamente su cuello; Orrgh enterró sus dedos en el suelo polvoriento, se sentía realmente agradable, suave y jugosa sobre él aparte de provocarles sensaciones desconocidas por su culo. Arbahh gimió feliz y aceleró el paso, Orrgh aulló como un lobo y sacó la lengua, tratando de tomar aire fresco para respirar. Bombeando su trasero como si no hubiera probabilidad de encontrarse de nuevo, las bolas de Arbahh golpeaban muy fuerte las nalgas de Orrgh.

    La mujer moderna, sintiendo un cosquilleo en los testículos, lo folló con más fuerza. Orrgh gimió y sintió una extraña pulsación dentro de su trasero, creciendo tan rápido y extendiéndose a sus bolas y luego a su pene erecto, sintiendo la necesidad de liberar un poco de orina. Luchó contra ese sentimiento pero no pudo resistir por tanto tiempo, y aulló salvajemente y dejó que el agua amarilla saliera, unos pocos disparos; pero en lugar de eso, unos chorros calientes de color blanco salieron expelidos con gran fuerza de su polla y exclamó a gran voz.

    Arbahh gimió y empujó su polla dentro de su culo y Orrgh sintió un líquido cálido y espeso bombeado directamente en sus entrañas. Ella lo abrazó y le acarició el hombro y la espalda, el neandertal sintió que el agua amarilla que había salido a chorros era más espesa de lo normal, cuando notó un líquido blanco espeso cubriendo su vientre y pelvis.

    Se quedaron así por un momento, luego Arbahh se levantó. Se sintió débil pero extrañamente satisfecho después de lo que hicieron, Arbahh le sonrió y besó sus labios por última vez y se puso sus pieles de lobo y se alejó. Orrgh se quedó allí mucho tiempo, una de las cosas que se le quedaron grabadas en la memoria fue ese hermoso rostro y esos fascinantes ojos verde oscuro, estaba seguro de que no la olvidaría tan fácilmente.

    Y eso fue cierto en algunos aspectos. Primero, de su culo se escurría el mismo líquido blanco espeso que su polla había soltado, el mismo líquido que tenía en su vientre. En segundo lugar, su belleza estaba más allá de la imaginación y la realidad, con dificultades se vistió de nuevo y caminó de regreso al bosque lenta y cuidadosamente. Su culo aun le ardía y dolía, además de sentir una constante sensación palpitante, pero estaba complacido después del extraño encuentro íntimo.

    Sus amigos lo encontraron minutos después, todos preocupados y saltando, haciendo gestos y ruidos preocupación pues habían escuchado gritos. Orrgh no les respondió y, señalando con la mano la cueva, regresaron juntos.

    Salieron de esa cueva seis días después y encontraron otra a varios kilómetros de distancia. Cuando estaban encontrando algunas presas o frutos, Orrgh estaba sentado fuera de la cueva, se sentía mucho mejor en ese momento. De repente, desde un grupo de árboles, escuchó un ruido extraño y se puso de pie con cuidado con su lanza preparada. Una silueta alta y esbelta salió de entre los árboles y Orrgh sonrió… Arbahh los estaba siguiendo, su amada mujer tenía una gran sonrisa en su rostro…

  • La curiosidad de Chat Noir (III)

    La curiosidad de Chat Noir (III)

    Adrien siente una inquietud inusual por la reciente conversación con su amiga Alya. Empieza entonces a urdir un plan para responder esas dudas de propia mano; usando sus encantos felinos como Chat Noir sobre la apetitosa muchacha.

    Capítulo 3:

    Al día siguiente, Adrien y sus compañeros salían de clases sin mayor novedad y partían a casa. Como todos los días, la imagen de cierta chica no salía de sus pensamientos. Sin embargo y por primera vez, había otra chica en su mente que no era Ladybug; se trataba de su amiga Alya.

    Al chico no le había pasado por la cabeza con anterioridad el mirar a ninguna de sus compañeras de ese modo. Sólo tenía ojos para Ladybug. Eran para ella todos sus pensamientos, suspiros, sueños y momentos de autosatisfacción. Sin embargo, desde la clase de deportes, la imagen de la joven aparecía de forma recurrente en su imaginación.

    Pensaba en la forma que se acercó a él cuando le hizo la pregunta sobre Ladybug, la manera en que se acomodó en su cama, muy sensual pero no intencional… y más que nada, lo que le dijo sobre Chat Noir. Eso en particular le despertaba cierto nerviosismo y curiosidad. Pero ya fuera por las hormonas de su cuerpo adolescente o por algún motivo que no alcanzaba a comprender, ese nerviosismo se traducía en erecciones espontáneas cuando posaba sus ojos en Alya.

    Estando en el patio de la escuela haciendo ejercicio, aunque buscaba enfocarse en cualquier otra cosa, sus ojos acababan dirigiéndose hacia Alya; hipnotizado por la firmeza de sus muslos, la curva tan exquisita que se formaba al dar vuelta el short en su trasero, sus caderas y su ombligo que se revelaba ocasionalmente al brincar y el movimiento de sus pechos al ejercitarse.

    En más de una ocasión recibió un balonazo por lo distraído que estaba. Afortunadamente, la clase de deportes terminó y con ello, la jornada académica. Adrien al igual que sus compañeros se dirigió a los vestidores para cambiarse de ropa y tomar sus cosas para volver a casa.

    Ya de regreso en la limosina, quemaba sus neuronas pensando cómo podía ejecutar su plan. Era evidente que debía ir a casa de Alya ataviado como Chat Noir, pero… ¿cuándo sería el momento propicio? ¿Podría simplemente aparecerse en su ventana y pedirle que lo dejara entrar? ¿Y si todo lo que Alya le dijo era solo para impresionarlo? ¿Si iba y nada más hacía el ridículo?

    Cuando menos se dio cuenta, ya estaba bajando del auto y caminando hacia su habitación. Espantó sus pensamientos como si fueran moscas sobre su cabeza y decidió seguir una corazonada. En cuanto fuera servida la cena y su padre lo dejara comiendo solo como de costumbre, le diría a Nathalie, la asistente de su padre, que cenaría en su habitación mientras repasaba sus lecciones de chino. Entonces, cerraría la puerta, se convertiría en Chat Noir y saldría por la ventana.

    Sonrió para sus adentros, con emoción notable palpitando en su pecho.

    Llegada la hora, se sirvió la cena y se sentó a la mesa sin más compañía que Nathalie. En cualquier otra situación, ese escenario le hubiera generado un vacío de tristeza en el estómago; pero esa noche había planes distintos para el muchacho rubio. Se excusó con Nathalie diciendo que subiría a su cuarto justo como lo había planeado; ella no puso impedimento y entonces el plan de Adrien comenzó.

    Cerró la puerta de su cuarto y puso música ambiental a volumen moderado. Una lista de reproducción con varios conciertos para piano de Bach les haría pensar que estaba estudiando plácidamente mientras iba y volvía de su pequeña aventura. Exclamó su frase de transformación y Plagg, su kwami, lo convirtió en Chat Noir, el superhéroe felino protector de Paris. Abrió el ventanal de la habitación y se lanzó a los tejados de la ciudad ayudado de su bastón mágico.

    Tardó pocos minutos atravesando la ciudad por los tejados hasta llegar a la casa de Alya. Se situó en el edificio de enfrente, agazapado con elegancia felina, observando hacia la ventana que correspondía a la ventana de la muchacha, con las luces encendidas y las cortinas corridas. «Si tan solo fuera así de sencillo encontrar los aposentos de mi lady para visitarla y decirle lo que le hace sentir a mi gatuno corazón…» dijo Chat Noir para sus adentros.

    Respirando hondo, activó su bastón para columpiarse hasta la ventana que deseaba, aterrizando con elegancia en el balcón correspondiente. Cerró los ojos un instante y esbozó una sonrisa mientras tocaba el vidrio suavemente con los nudillos; habló con calma, pero con el suficiente volumen para que la chica en la habitación le escuchara.

    -Excusez-moi, mademoiselle. ¿La periodista especializada en superhéroes tiene unos minutos para platicar con el mejor gato de Paris?

    Chat Noir adoptó una postura relajada, recargándose casualmente en el barandal del balcón mientras jugaba con su cinturón-cola como si fuera un lazo. Justo en ese momento, la cortina se abrió y asomó el rostro de Alya. Cuando se topó con la mirada de su visitante, abrió los ojos como platos e hizo una mueca de sorpresa y emoción, aparte de ruborizarse un poco.

    Se escuchó un desesperado intento por abrir la ventana, hasta que la muchacha salió al balcón a recibir al visitante. Chat Noir advirtió lo coqueta y sexy que resultaba su pijama. Alya vestía unos shorts mucho más cortos que los de deportes, resaltando increíblemente sus torneadas piernas; además de una ombliguera de tirantes con motivos de la heroína norteamericana Majestia. Un cosquilleo en su estómago y entrepierna comenzaron a inquietarle. Sintió cómo se le iba subiendo el color a las mejillas, así que decidió iniciar conversación.

    – Buenas noches mademoiselle – dijo el muchacho, haciendo una elegante reverencia y extendiendo su mano para alcanzar la de Alya y darle un beso. La joven se ruborizó nuevamente.

    – Chat Noir… ¡Chat Noir está en mi balcón! ¡Esto es fantástico! Tengo tantas cosas que quiero decirte… digo, preguntarte… ¿¡Pero qué clase de anfitriona soy?! ¿No quieres pasar? Así podremos platicar más a gusto – decía Alya completamente emocionada, siendo muy expresiva con su lenguaje corporal.

    – Con gusto, mademoiselle – respondió el chico gato haciendo otra reverencia, apuntando hacia la puerta de la terraza.

    Disimulando su alegría y nerviosismo, Alya entró a su cuarto seguida de Chat Noir. Cerró la puerta y la muchacha le dijo que tomara asiento donde quisiera; él se acercó a una silla frente al escritorio y la muchacha se acomodó en su cama, no sin antes alcanzar una libreta roja con motas en negro, esbozando una sonrisa de victoria. Se notaba que estaba más que preparada para una ocasión como esa.

    – Muy bien. Chat Noir, en mi habitación, en exclusiva… – Alya no podía ocultar su emoción por lo que estaba pasando. – Son tantas cosas las que quiero saber de ti… – dijo inclinándose un poco al frente y dirigiéndole una mirada de fascinación. – Pero antes de pasar a esos temas, quiero que me cuentes cómo es un día siendo Chat Noir, combatiendo el mal junto a Ladybug –

    El chico se sintió muy a gusto al poder hablar de su parte favorita del día: el tiempo que pasaba al lado de su adorada Ladybug. Estuvo alrededor de media hora narrando con lujo de detalle cómo es enfrentarse los villanos creados por Hawk Moth; la acción y el peligro, entre muchas cosas. Alya prestaba toda su atención mientras hacía anotaciones en su libreta.

    Cuando consideraron que ya habían compartido suficiente información sobre las hazañas de la pareja de héroes de París, los dos se quedaron unos instantes en silencio. Se sentía un aire de nerviosismo en el ambiente. Adrien bajo el antifaz quería decir algo, hacer algo más… pero sentía pena. A pesar que su identidad como superhéroe lo desinhibía de un modo sin igual, sentía temor por hacer algo equivocado. Pero la curiosidad era mucha; tenía que actuar. Fue entonces que se levantó de la silla y lentamente se acercó a la chica en la cama, jugando con su cola-cinturón y dirigiéndole a Alya una mirada segura y con cierta insinuación. A la muchacha se le subieron los colores al rostro y abrió levemente la boca.

    – Mademoiselle, tengo… curiosidad – decía Chat Noir sin dejar de acercarse. Alya estaba paralizada sobre su cama, con el rostro como tomate y sin creer lo que pasaba frente a sus ojos. – Un buen amigo mío me recomendó que viniera a hacerte una visita – el chico sonrió ligeramente; alcanzó la orilla de la cama y se sentó. – Me dijo que sabría el verdadero motivo de la visita hasta que tú y yo… – se acercó un poco más a Alya, que no oponía resistencia – pudiéramos estar solos. – Comenzó a gatear sobre la cama hasta quedar cara a cara con la muchacha.

    Alya mantenía su rostro de sorpresa, sin embargo, relajó notablemente su cuerpo, como si empezara a entender la situación que estaba desarrollándose en la habitación.

    Con una mirada de seguridad y una sonrisa coqueta en los labios, la muchacha se levantó de la cama y se dirigió a la puerta del cuarto, bajo la mirada sorprendida de Chat Noir. – «¡Demonios! Me precipité demasiado y he arruinado todo» – dijo el chico para sus adentros mientras Alya sujetaba el picaporte. Chat Noir agachó la cabeza, decepcionado de sí mismo… cuando escuchó que Alya le colocaba el seguro a la puerta. Levantó la mirada y vio que se dirigía de vuelta a la cama, andando con lentitud, seguridad y con la misma mirada seductora que le dirigió al levantarse para cerrar.

    – Muy bien, ahora además de estar solos, nadie podrá interrumpirnos – dijo Alya, sentándose en la cama y adoptando una postura relajada y coqueta, haciendo un ademán con su mano, llamando a Chat Noir para que se sentara a su lado. El chico, espoleado con dicho gesto, se acercó tomándose su tiempo, sin quitar la vista de los ojos de la muchacha, gateando hasta alcanzarla.

    – Entonces… ¿quieres que te muestre el motivo por el que quería que vinieras, gatito? – dijo Alya, su voz impregnada de seducción mientras jugueteaba con el cascabel colgando del cuello de Chat Noir. Al muchacho se le salía el corazón del pecho por la emoción. Pasaban tantas cosas por su mente, que no encontraba las palabras para contestarle a la chica. Finalmente, tragó saliva y se dejó llevar por el valor que le infundía su antifaz.

    – Me gustaría que me lo mostrara, mademoiselle – respondió Chat Noir, inclinándose un poco hacia ella, extendiendo una mano y posándola sobre la cama, muy cerca de la torneada y apetitosa pierna de la muchacha. Alya, notando este gesto, tomo la mano del chico y la condujo hasta su costado, impulsándolo a que la dejara ahí. Chat Noir sintió un vuelvo en el corazón al percibir la suavidad y el calor de su cuerpo.

    – Velo por ti mismo, gatito – dijo Alya casi en un susurro, antes de cerrar los ojos y dirigirse hasta los labios de muchacho para besarlo.

    Listo el clip-hanger para el próximo capítulo. Quise dejar hasta aquí el episodio, para que esperen con ansias en próximo. Sólo les aviso que la cosa se va a descontrolar entre ellos dos.

    Les invito a que me compartan lo que opinan hasta el momento de la historia. Sugerencias, observaciones, críticas, etc.

  • Mi mujer me enseñó

    Mi mujer me enseñó

    Soy Jorge de 34 años y les contaré quien me ayudó a disfrutar de mi lado femenino.

    Nunca he tenido inclinación por hombres, siempre me han gustado las féminas, en especial Carolina ahora mi esposa, desde siempre he disfrutado con y de ella, una mujer bella, de estatura alta, rubia y deslumbrante cuerpo y de estilo sexi que aquellas que no pasa desapercibida.

    Yo un poco más alto y con una figura delgada, con largas piernas contorneadas, una cola bien insinuante que en los jeans desde la adolescencia me destacaban.

    De las cosas que me encantan de Carolina es que siempre aprovechaba sus encantos, bajo esa linda ropa siempre había algo encantador, su ropa íntima siempre adornaba su cuerpo, lo cual me incentivó a regalarle muchas prendas y donde fui descubriendo esa insospechada inclinación hacia ellas.

    En la intimidad cada día somos una excelente pareja, ella goza mis atributos, mi cuerpo, mi pene de respetable porte y de mi cola que siempre me la ha celebrado.

    Una de esas noches de sexo, ella usaba unas portaligas con medias color piel y un conjunto de sostén y braguitas transparentes que mucho me excitaban, a medida que avanzábamos siempre terminaba oliendo y besando sus bragas, esa noche me dijo, Jorge, te gustaría colocártelas seguro se te verán muy bien, sin una gota duda comencé a colocármelas y a medida que subían por piernas mi erección se hacía cada vez más evidente, la sensación de suavidad activó en mi algo exquisitamente desconocido, ella me dijo que me bautizaría como Cami, que con la braga mi cola era la de una dama, eso me excitó aún más, comenzó a acariciármela, sentía sus manos como tocaban mis nalgas y poco a poco sin querer comencé a inclinar mi cuerpo y levantar mi cola, como pidiendo que avanzará hacia ese intimo lugar llamado ano, así fue como inició un masaje con un dedo, yo indescriptiblemente lo quería todo adentro, luego de buen rato sin darme cuenta estaba con mi cola muy levantada y ella metía su dedo y lengua en forma alternada, mi pene estaba erecto como un palo, a punto de llegar al clímax, así fue que un momento comencé a eyacular y junto con esto en forma innata, mi ano generaba movimiento tratando de disfrutar en simultanea los masajes que Carolina me entregaba, luego de esa lujuria, Carolina se sonrió y nos besamos intensamente, me dijo, bienvenida Cami, creo que seremos grandes amigas.

  • Otra vez en el Venus

    Otra vez en el Venus

    Bueno pues está ocasión el cine Venus estaba semivacío pensé que por ser viernes por la tarde estaría más lleno, pero no, me sentí un poco decepcionado soy travesti de closet y me gusta ir al Venus porque van muchos ancianos activos que me fajan y dedean riquísimo.

    Pero regresando al relato de hoy viernes estaba dando vueltas en los pasillos y ningún madurito me pelaba solo había pasivos como yo me fui al corredor de hasta arriba detrás de las butacas y de repente un maduro se paró junto a mi, se empezó a sobar su cosota y pensé «aquí está mi maduro» me empezó a sobar mis nalgas y a presionar mi colita yo sentía delicioso y le empecé a sobar su pene y sin decir agua va que se la saca y yo encantada lo empecé a masturbar y mi macho me empezó a desear, hummm pensé que me iba a pedir que se la mamara, pero que me toma por la cintura y me empezó a restregar su verga en mis nalgas desnudas, y me susurro al oído ¿Vas a dejar que te la meta?

    Nunca me habían penetrado y la verdad tenía muchas ganas de sentirme mujer y sentir como un macho me penetraba así que le respondí pero con condón y acepto!

    Rápido que sacó un condón y se lo puse el me volteo me lubrico con saliva y empezó a metérmela yo sentía miedo y excitación pero no lo detuve el me tomo de la cintura y empezó a empujar cada vez más fuerte me dolía pero me gustaba, soltaba unos gemidos de dolor y placer y el con su mano me abría mis nalgas para metérmela más!!!

    Yo me sentía hembra tomada a la fuerza, los demás pasaban frente a nosotros y nos miraban con lascivia a mí no me importaba seguí gimiendo y hasta me quejaba, empecé a oír la respiración de mi macho más acelerada y supe que estaba por eyacular me tomo fuerte de la cintura y empujó fuerte y soltó un gemido, fue cuando supe que se había dejado venir fue riquísimo, con cuidado saco su pene se quitó el condón se empezó a limpiar y me dijo gracias, yo me subí mi pantalón y le di las gracias y me retire a suspirar en un lugar solo.

    Espero les haya gustado mi relato me excitan mucho los madurísimos activos de 60 años o más espero encontrar muchos en el cine Venus.

  • Aventuras y desventuras húmedas: Tercera etapa (1)

    Aventuras y desventuras húmedas: Tercera etapa (1)

    Dani introdujo la maleta de Mari en el viejo coche de su hijo. Cabía de maravilla, solamente irían a pasar una noche fuera. Llevaban lo imprescindible, aunque la mujer había metido algún que otro modelito para no ir con lo justo.

    La noche del viernes al sábado para nada la durmió bien, aunque mejor quedaría decir que llevaba intranquila desde que habló con su hijo el fin de semana. Había estado pensando en este día cada minuto. Todo el rato dándole vueltas y esperando con ansias que por fin llegase. No tenía muy claro que quería, o directamente que podría pasar, pero la idea de estar a solas con Sergio… fuera de casa… la volvía loca.

    Durante aquellos días que transcurrieron, tanto Mari, como Sergio, apenas cruzaron unas cuantas palabras. La tensión entre ellos era ciertamente densa e incluso la pequeña de la familia llegó a preguntar ese mismo jueves a su madre si la pasaba algo. Obviamente la mujer tuvo que echar balones fuera y comentarle algo muy de mujer, estaba en aquellos días del mes y no se encontraba con ánimos. Mentira.

    Entre madre e hijo solo hablaron para lo indispensable. El domingo Sergio le había explicado con gran nerviosismo su plan, que básicamente consistía en ir el sábado, ver el musical, dormir en el hotel y volver para el domingo. Se había encargado de todo, contándole a su madre que había adquirido las entradas y reservado el hotel en casa de su amigo Pablo.

    Una pequeña mentira piadosa, porque cuando realmente las adquirió fue después de varios coitos con su amada Carmen. Incluso le prestó un poco de dinero para que no le doliera tanto la cartera. De esa manera la tía sintió que se limpiaba un poco la conciencia después de tener unas cuantas relaciones sexuales con el hijo de su hermana.

    Estaban preparados para marchar, eran todavía las diez de la mañana y al joven le vino a la memoria el momento que embarcaba con su tía hacia el pueblo. No había pasado mucho tiempo, apenas medio año, pero aquella aventura quedaba tan lejana, como un recuerdo de otra vida.

    Dani y Laura se mantuvieron en la acera mientras Sergio se metía en el lado del conductor. Mari se despidió de su marido con un abrazo, uno más fuerte de lo habitual, como si quisiera disculparse por algo que todavía no había sucedido, salvo en su mente. Después pasó donde su hija, a la cual comió literalmente a besos mientras esta se quejaba con cierta pereza.

    —¡Venga, mamá! —logró decir Laura mientras su madre la acosaba— Que no te vas a otro país, solo vais a Madrid y un día. Mañana ya te veo.

    —Pero siempre me da pena despedirme de vosotros.

    —Tienes que aprender de Sergio, cariño —dijo Dani con una media sonrisa irónica—. Mira que rápido pasa de nosotros.

    El joven bajó la ventanilla, dejando que un poco de aire frío entrase en el coche. El día se había levantado totalmente despejado, pero a mediados de febrero aquel tiempo era el habitual.

    —Os quiero mucho, os voy a echar de menos —soltó el joven con la sonrisa más bromista y amplia en su rostro.

    —Es que eres bobo, tato —Laura se rio y se acercó a su padre mientras Mari daba la vuelta al coche.

    La puerta del copiloto se abrió y Sergio se sintió nervioso al instante. Su madre entraba en el mismo habitáculo que él, estaban tan cerca en un espacio tan pequeño. Todos aquellos días había tratado de estar más o menos sereno, pero le era imposible, cada vez que estaban en el mismo lugar, su vientre colapsaba queriendo expresar demasiadas cosas.

    Los dos se miraron en silencio, mientras la puerta de metal golpeaba para cerrarse con cierto ruido que vislumbraba antigüedad. Sus ojos conectaron, como no lo habían hecho en toda la semana, la gran espera por estar juntos por fin era realidad. Ambos querían ese momento, deseaban estar en esa situación y cuando el joven pisase el acelerador todas las ganas se volverían ciertas.

    Dos golpes en el cristal les sacaron de sus pensamientos y de la mirada tan penetrante que se lanzaban. Al otro lado del cristal Dani y Laura se despedían con efusividad batiendo las manos de un lado a otro. La pareja dentro del coche sonrió con ganas e hicieron lo mismo despidiéndose de su hogar, al menos por una noche.

    Sergio introdujo la llave en la ranura, giró para que hiciera contacto y en un instante el coche comenzó a rugir de mala manera, pero arrancó, su vehículo nunca le fallaba. Se dispuso a lanzarse a la carretera, iban a salir del hogar, de esas cuatro paredes que no les dejaban ser como realmente querían ser, o al menos… demostrar lo que sentían.

    Con calma el joven fue girando el cuello, viendo en primera instancia el pantalón vaquero ajustado que llevaba su madre, últimamente iba un poco más a la moda, incluso se le veían los tobillos. Sin ningún tipo de vergüenza siguió elevando la visión, recorriendo los centímetros del cuerpo de su progenitora sin que nadie se lo impidiese.

    Se había vestido con una chamarra gorda para combatir el frío durante el viaje, algo que el joven maldijo por no poder disfrutar de toda la carne posible durante el trayecto. Sin embargo cuando se detuvo una milésima de segundo en la silueta que formaban los pechos, los vio amplios y grandes. Podía ser que la camiseta pegada que llevaba su madre le jugara una mala pasada, pero si no se equivocaba, Mari se había puesto un sujetador que elevaba lo que la genética le había regalado.

    Acabó el muchacho de alzar los ojos donde el rostro de la mujer se hallaba. No la encontró despistada o mirando al infinito, sino que los ojos azules como el mar le estaban mirando. Seguramente había visto todo el escrutinio de su cuerpo, cada mirada buscando su piel la había notado como el fuego. Si el joven se hubiera fijado, podría haberse dado cuenta de que su pecho subía y bajaba por lo acelerada que estaba.

    Ambos volvieron a cruzar miradas, unas miradas tiernas, de amor maternal, no obstante algo más escondían, una pasión de la que al parecer los dos eran conscientes. Aun así les faltaba algo, el pequeño empujón que rompiera el muro, el último martillazo que tirase abajo la pared y les dejara dar rienda suelta… a todo.

    Sergio movió los labios, estaban secos. Los tuvo que mojar con su lengua y después tragar saliva para que su tono de voz no se entrecortase a la mitad. Primero salió el aire caliente antes de pronunciar ninguna palabra, Mari lo sintió, estaban tan cerca que podía notar incluso su alma.

    —¿Tienes ganas de ir?

    La mujer por supuesto que tenía, rebosaba de ganas por marcharse y llegar a un destino que le fuera ajeno. Sentir que estaba en otro mundo, que aquella no era su verdadera realidad y… sumergirse en ese cosmos diferente junto a su hijo.

    Debía contenerse, al menos no mostrar su cara más ansiosa, más desesperada por sentir el secretismo que podría esconder la capital del país. En una ciudad tan poblada, sabía que ella sería otra persona y estaría en completo anonimato junto a su… junto a Sergio.

    —Vámonos.

    Fue un susurro, casi un suspiro que salió entre sus dientes dando una orden que podría asemejarse a un silbido. Sergio lo entendió, supo que quería decir con aquella única palabra. Estaba tan nervioso como deseoso de pasar aquel día con su madre.

    ****

    —¿Te acuerdas de lo que te comenté sobre empezar a trabajar?

    Llevaban una hora en silencio de las tres que debería durar el trayecto. Mari aunque aguantaba con mucho estoicismo lo tensionada que estaba, supo que si no hablaban de algo, se volvería loca. Sergio al menos tenía la conducción para entretenerse, pero ella había consumido toda su imaginación, que además solo tenía un único protagonista.

    El joven sin mirar a su madre, le asintió con ganas para que le viera y conociera su respuesta. Tenía la garganta echa un amasijo de nudos de marinero, apenas podía articular palabra y a cada poco daba sorbos a la segunda botella de agua, la primera la consumió a los diez minutos.

    —Volví a hablar con Mariví, la mujer que te comenté que tenía la tienda de ropa. Fue el mismo sábado que te fuiste a casa de tu amigo, pues me la encontré. —Mari por primera vez sentía que hablar la relajaba— Coincidí con ella en la pescadería, estábamos en la cola esperando y empezando a hablar así de todo, pues me interesé a ver qué tal le iba la tienda. —Sergio la prestaba atención aunque prefería mirar a la carretera— Y la mujer seguía muy agobiada, al final está sola y su hijo por lo que me dijo la ayuda en lo que puede, pero tampoco tiene mucho tiempo. Por lo que mira, le pregunté si la oferta de trabajo continuaba en pie, me dijo que por supuesto y le contesté que encantadísima de trabajar. Quedamos en que haría todo el papeleo y que después de una semana me llamaba, supongo que ya para empezar. En resumen —prefería no resumir nada y no parar de hablar— que igual la semana que viene comienzo a trabajar. ¿Cómo lo ves, cariño?

    —Me parece fabuloso, mamá. ¿Queda muy lejos o está cerca?

    —Un poco fuera del barrio. Llego andando en algo más de cinco minutos. ¡Una maravilla!

    —¿Con muchas ganas? —las preguntas se sucedían por la tensión que ambos tenían de quedarse en silencio.

    —Sí. Aunque… estoy un poco nerviosa, creo que es inevitable. —lo estaba, pero con esa excusa, daría una razón a estar así junto a su hijo— Será por empezar algo nuevo y además que nunca he trabajado de ello.

    —Al final será lo mismo que haces en casa, doblar ropa.

    Mari sabiendo que era una broma, le lanzó una mirada de enfado que el joven no vio al estar centrado en la carretera. Como tampoco vio la mano que se alzaba y le golpeaba en la nuca con cierta fuerza. El chico se quejó mientras sonreía tontamente. La colleja la tenía más que merecida.

    —Lo siento —estiró la letra “e” como un niño pequeño.

    La mujer negó con la cabeza, su hijo era muy bueno aunque a veces se pasaba de bromista. Aun así, aquel leve toque en la nuca había sido el primer roce que tuvieron en el viaje y Mari comenzó a imaginarse que podría haber otros más adelante.

    Desde que le llamó el sábado anterior, se había estado negando a imaginarse situaciones más íntimas con su hijo, pero ahora, fuera del hogar, era como estar en la casa de Carmen. En un hotel a kilómetros de su marido y de su hija, sería todo diferente. Sabía que allí todo iba a cambiar, al menos por un día, tendría una… cita con su hijo, no había cosa que más deseara.

    —El miércoles me salió la última nota —comentó Sergio sacando a su madre de una mente que empezaba a imaginar perversiones—. Todo aprobado, no me lo puedo creer estoy como en una nube.

    —¡Enhorabuena, cariño! ¿Ahora que te queda?

    —Cinco asignaturas y se acabó. ¡Por fin! Tengo ganas de trabajar y dejar de estudiar, ya solo unos cuatro o cinco meses me separan de ello.

    —Me alegro mucho, cielo. Te lo mereces, has estudiado muchísimo —Mari se dio cuenta de que con ello cerraba el tema y volvía el silencio. Su cerebro carburó para buscar otro motivo de conversación— Por cierto, ¿te ha costado mucho el hotel?

    —Esas cosas no se preguntan, mamá. Es una invitación, o mejor dicho un regalo. —por primera vez, viró su cuello para mirar a su progenitora con una sonrisa y añadió— Sí, fue caro.

    —¿Me dejarás invitarte al menos a cenar o a comer? —por un instante a Mari se le pasó un flash por la cabeza. Le había dado totalmente la vuelta a esa frase y los dos estaban en una cama… comiéndose el uno al otro.

    —Si no me equivoco, la comida, la cena y el desayuno están incluidos. Podrías pagar las entradas, pero… ya están cogidas. Lo único que te queda es disfrutar, mamá, todo es poco para ti. Te lo mereces.

    Mari miró por la ventanilla, mientras se llevaba la mano a la boca. Una risa nerviosa quería escapar de entre sus labios, pero la supo contener con mucha fuerza. Cada vez que su hijo le regalaba los oídos con una de sus bonitas frases se ponía roja como una colegiala, esta era una de esas ocasiones.

    —Lo único que solo había habitaciones con una cama, me refiero a que no había separadas, no sé si eso te importará. Por las fotos que vi eran todas las habitaciones así. Pero bueno, las camas son enormes.

    Mari había visto las fotos de la habitación, era una cama bastante grande, más que la que compartía con su marido, pero donde seguramente en una noche movida… por el sueño… se podrían encontrar. Lo que la mujer no sabía, era que junto a Carmen el joven había estado mirando hoteles y había decidido aquel a propósito. Parecía un lugar hecho para ir en pareja, aunque había habitaciones adyacentes para familias, la gran mayoría eran habitaciones con una única cama.

    Lo escogió sin dudar, sobre todo cuando su tía le comentó que le prestaría cierta parte del dinero, total a ella le sobraba o eso le dijo. Miró la foto de la cama por un largo rato mientras ambos seguían en la habitación de los abuelos. Si Carmen le hubiera estado mirando en ese momento hubiera visto el leve temblor en su espalda, puesto que se había imaginado yaciendo allí con su madre.

    —No importa. —Mari lo prefería así— ¿Qué más da? Total es una única noche, además, no será que no hemos dormido veces juntos…

    Ambos sonrieron con timidez, porque pensaban lo mismo. A Sergio la viva imagen de aquel maravilloso sueño que tuvo días atrás le vino a la mente, pero esta vez, en vez de la cocina de su casa, era en la cama de aquel hotel. Un leve picor le atravesó la entrepierna, dando pie a que su pene comenzara a engordar a mitad del viaje.

    Mari no estaba muy lejos de todo aquello. Cada vez que le venía ese calor nacido en sus intestinos, varias imágenes acudían a su mente y la primera, siempre era el bulto que vio en el jacuzzi de Carmen. Todo aquel poder embutido en una pequeña tela que con el paso del tiempo, llegó a odiar. Pero también le pasaba por su atorada mente, cuando le pilló en plena masturbación. Su imaginación con el paso del tiempo hizo que deformara un poco la realidad, dándole mayor longitud al terrible coloso que su hijo sostenía e incluso terminando mientras ella miraba escondida. Obviaba la gratificante masturbación que se provocó mientras su marido dormía a su lado, porque aquello fue un desliz… su conciencia se reía al oírlo.

    La mujer apretó las piernas y con la mano derecha de forma discreta se oprimió la sien para mantenerse cuerda. Sentía una punzada en el cráneo, una que ya iba conociendo sobre todo esta última semana, en la que se dio cuenta cuál era el detonante.

    Su mente todavía era reacia a dar rienda suelta a las perversiones que se imaginaba en su cabeza. De momento el muro de moralidad impuesto por toda persona seguía en pie, aunque en el caso de Mari estaba a punto de desmoronarse. Cada vez que se imaginaba ciertas situaciones con su hijo, era un martillazo a aquella última barrera que le hacía retumbar el cerebro. Solamente la vez de la masturbación había conseguido superarla, pero aquello era imaginación… ahora lo que su mente tramaba eran planes reales.

    El silencio les volvió a envolver. Dentro del coche la tensión se podía palpar, ni la música de la radio relajaba el ambiente entre dos amantes que no sabían que lo eran. Sus sentimientos eran demasiado poderosos para mantenerlos dentro del cuerpo, tenían que expresarlos, si seguían así se morirían de las ganas.

    Sergio carraspeó, advirtiendo a su madre de que iba a hablar y así ambos pensarían en otra cosa que no fueran en el compañero de viaje que tenían al lado.

    —Creo que ya estamos a la mitad del camino.

    —Eso está bien.

    La voz de Mari apenas era más elevada que la canción que sonaba en la radio. Aquellos golpes en su cabeza cada vez eran más fuertes y a cada metro que recorría el coche sabía que estaba cercano a romper ese dichoso muro.

    Ambos por instinto giraron sus cuellos. Un sexto sentido les llamó a hacerlo, tenían muchas ganas de mirarse a los ojos. Mari quería ver la expresión de amor y deseo que su hijo le había lanzado y Sergio, aquellos ojos azules centelleantes que tanta pasión describían.

    En un momento, apenas una porción de segundo, los dos vieron las intenciones del otro, sabedores de a que se dirigían. La boca del lobo era su destino, un lugar donde perder la cabeza mientras ardían entre las sabanas. ¿Sería posible?

    —Tengo… muchas ganas de llegar. —Mari lo pudo escuchar porque leyó el movimiento de los labios, apenas había sido un susurro nacido en el alma de su hijo.

    —Y yo.

    Solo dos palabras que se desprendieron de sus labios dejando un sabor a placer que jamás se había imaginado. Sacó una lengua veloz para humedecérselos y quizá para mantener ese gozo que tan inesperadamente había aparecido en el interior de su cuerpo.

    Quitó de nuevo la vista de su hijo mientras este hacia lo mismo, les iba a costar dar el último paso, pero estaban seguros de que sucedería, era ese día o nunca. Mari cerró los ojos, suspirando hacia la ventanilla y haciendo que un pequeño vaho se mostrara. Colocó su dolorida cabeza contra el frío cristal, se debía relajar un poco, su sexo se había animado y no era lugar para ello.

    —Voy a tratar de dormir un poco, cariño.

    La respuesta afirmativa de su hijo apenas la escuchó, porque con los ojos cerrados, ya escuchaba como el muro de su mente caía de forma pesada creando un estruendo en su cuerpo. Sus piernas se apretaron la una contra la otra con disimulo, rozando sus labios vaginales para provocarse cierto placer y a la vez, contener el volcán que rugía por explotar.

    Su cerebro había abierto la puerta de su imaginación, dejando que su erotismo, sus ganas e incluso su salvajismo dieran rienda suelta. Trató de dejarlo para más tarde, pero con los ojos cerrados mientras el coche traqueteaba en la carretera, su mente carburó como si poseyera varios motores.

    Volvía el recuerdo de su hijo, aquella pillada infraganti mientras veía porno en su ordenador. Igual que la otra vez su mente imaginaba y volaba por lugares prohibidos esta vez sin ninguna restricción. Entraba en la habitación, no se escondía cobardemente a observar como su hijo manejaba solo la tremenda herramienta.

    Sus pasos eran decididos e incluso en su proyección mental, la joven Mari era la que entraba en el cuarto de Sergio. Aquella muchacha de cabello moreno y con el mar apresado en sus ojos que producía miles de sensaciones.

    Apagaba la pantalla de la computadora ante la sorpresa de su hijo que no podía dejar de movérsela viendo a una Mari de apenas dieciocho años desnuda frente a él. La veía como todos aquellos chicos del pueblo, una mujer de bandera cercana a la diosa de la belleza. Pero no estaba para que su hijo la contemplara, sino que esta vez, la divinidad se arrodillaba ante un mortal para… hacerle una gran mamada.

    CONTINUARÁ

    ————-

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    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Balseros (X): Juan el potrillo cerrero

    Balseros (X): Juan el potrillo cerrero

    El hecho de saberme bisexual era algo que mi cerebro toleraba bastante bien. Me sentía bastante a gusto. Así que poco a poco comencé a sentirme más cómodo con mi nueva identidad. Al fin y al cabo no todos los días te ocurre que tu amigo y compañero de apartamento te seduce para que tengas sexo con él.

    Era Lunes y estaba solo además todos sabemos que la masturbación es parte de la rutina casi diaria de un hombre soltero y en su máxima expresión de la sexualidad. Una película gay no me vendría mal, pensé y salí caminando sin pensarlo al lugar de rentar videos más cercanos.

    Llegué minutos más tarde, jadeando y sudando pues el calor era insoportable. Ahí estaba Juan, un cubano que había llegado hacía poco, también en lancha y tenía 31 años. Al que pedí con toda confianza, un poco de agua para calmar mi sed. Era más pequeño que yo de estatura y tenía musculatura natural, propia de trabajar toda su vida en el campo, era como se dice allá en Cuba un guajiro macho. Sus manos eran bien pequeñas y callosas y siempre andaba con una sonrisa en esos labios carnosos que invitaban a un buen beso…o algo más, tenía un pelo negro como azabache, que siempre andaba revuelto, como niño malcriado que no le gusta peinarse. Escogí minuciosamente que iba a llevar y no pude ocultar el nerviosismo a la revelar mi selección; Nuestras miradas se cruzaron mientras él decía: ¿Tu estas seguro que esta es la película que vas a llevar? a lo que yo sin hablar, asentí con la cabeza. Se fue adentro mientras yo pensaba la excusa adecuada para tapar mi deseo de ver una película gay esa noche; Entonces lo miré por primera vez con interés y pude apreciar que debajo de sus jeans se escondían unas abultadas nalgas, más su cintura era estrecha y su espalda ancha y musculosa.

    Cuando lo vi salir, tomé aliento para hablar al mismo tiempo que mis ojos iban directo a donde se suponía que tuviera un buen abultado paquete, pero allí no encontré nada, entonces sentí su voz que sin mirarme a la cara me decía. No te preocupes que yo voy a ser bien discreto, y agregó mirando a mis ojos: Recuerda que yo trabajo lunes, miércoles, y viernes. Yo pensé que lo hacía para demostrarme confianza; hasta que me dijo mientras me entregaba la película: yo cierro aquí a las 11, aquí estoy para lo que te haga falta y me guiñó un ojo. Primero no entendí, porque si el negocio cierra a las 11 ¡que carajo iba yo a hacer después de esa hora ahí! Pero yo, por si acaso no hablé ni una palabra. Su comentario lo que hizo fue ponerme más nervioso de lo que ya estaba; alejándome con un ademan de despedida y dándole las gracias.

    Mientras caminaba las escasas cuadras que me separaban de mi apartamento comencé a descifrar lo que me hubiese querido decir Juan con aquello de «Lo que te haga falta» ¿Pensaría que me hacía falta compañía? bueno, si era eso, parece que él, estaba dispuesto a cooperar. A lo mejor a quien le hacía falta algo o alguien era a él ¡Qué barbaridad! me dije, uno nunca sabes quién es quién y después me alegré pensando mmm parece que le gusté. Entonces me decidí a comentarle el asunto a Yovany, porque al final los amigos como nosotros no están solo para sacarse la leche cada vez que se te antoje; Necesitaba saber cuál era su reacción al respecto y me mataba la curiosidad. En fin, que aquí no había nada en concreto. Solo suposiciones y comentarios.

    Aquella noche esperé a Yovany, tomando una siesta en el sofá. Me despertó como de costumbre haciéndome cosquillas en los pies, cosa que él sabe que yo no tolero, después del mal momento, entonces le conté que había ido a rentar la susodicha película en el lugar antes mencionado. A lo que solo atinó a decir: ¿Y tú te atreviste a ir a rentar una película gay allí? ¿Qué te dijo Juan? preguntó rápido. Entonces le conté lo que me había sucedido, lo noté medio nervioso, me di cuenta que cambió la conversación y se fue a dormir alegando un fuerte dolor de cabeza.

    Luego de la breve conversación que habíamos tenido esa noche, no habíamos tocado más el tema; A lo que yo me dispuse a regresar a entregar la película y de paso averiguar si entre esos dos había pasado algo.

    Su nerviosismo y sus pocas palabras aquella noche, no eran normales. Esperé a uno de los días en que Juan trabajaba, y aunque la película estaba un poco tarde y yo sabía de los recargos; Mi curiosidad era más fuerte; Busqué la película por todo el apartamento y no la encontré, entonces decidí partir, pensando en una disculpa y llevando suficiente dinero para pagar la película perdida. Mientras caminaba hacia el lugar, me juré indignado, no rentar más nunca una película gay.

    Ahí me recibió Juan con una sonrisa en esos deliciosos labios que parecían dulces como la miel. Se chupó dos dedos, como el que se limpia cuando está comiendo algo pegajoso y me dijo: ¡Vaya, si apareció el hombre! Entre el morbo de chuparse los dedos y la sorpresa del caluroso recibimiento; Me quedé petrificado mientras me seguía hablando. Te debo una disculpa por lo de la otra noche; Tu amigo me aclaró todo cuando vino a devolver la película, yo no quiero que tu pienses que soy un atrevido… vaya, tú sabes. Me hubieras dicho que la película era para él igual yo no juzgo a nadie, nunca lo he juzgado a él con sus preferencias, por qué te juzgaría a ti.

    Resumiendo el enredo, él mismo sin yo preguntarle me dijo que Yovany había devuelto la película y además me dejó saber que bistec me había salvado diciéndole que la película era para él. Enrojeció al parecer por haber pensado mal de mí y solo atinó a brindarme dulce del coco que tenía encima del mostrador. No te preocupes que yo no soy rencoroso dije yo mientras pensaba (oh yo también estoy disponible para lo que te haga falta después de las 11 de la noche). Le sonreí y tome el dulce de coco y partí un pedazo para comerlo mientras le pedía que me trajera el último estreno que le había llegado.

    -¿Qué se siente en convivir con un tipo como tu amigo, siendo hombre?

    El dulce de coco se me trabó de tal forma que ni me bajaba, ni me subía. Este sí que es insistente pensé, y logré tragar del todo.

    -Yo soy de mente abierta y mientras él me respete, vamos a ser amigos igual que contigo.

    -Aquella noche yo asumí que si habías rentado una película de ese tipo era que, aunque no pareces gay has sentido curiosidad, yo también las he visto por esa razón de hecho son bien buenas ¡A mí me gustan las mujeres! pero no se puede decir nunca «De esta agua no beberé».

    Le miré a la cara con ternura, abrí los brazos y le dije: Guajiro, yo no estoy en na’ y me acerque a él, para ofrecerle un abrazo. Mientras me abrazaba, me apretó con fuerza y sentí aquel olor inconfundible a macho que provenía de su cuerpo, como una colonia suave acompañado de cierto olor etílico, muy agradable para mí. ¿Te diste algún trago? pregunté con discreción, a lo que él respondía fue solo uno y hace rato. Ahí recordé las palabras de mi amigo cuando me decía el alcohol es el mejor amigo del hombre. Y aproveché para preguntarle: ¿Tú has sentido curiosidad hacia otro hombre alguna vez? Se hizo un suspenso inesperado en la conversación y acto seguido, miró el reloj y me dijo: Espérate que ya debo cerrar las puertas.

    Yo me voy, le dije nervioso y arranqué hacia la entrada, no sin antes darle una palmadita de despedida en su fornido hombro. ¡Que metida de pata! pensé, pero mis sospechas aumentaban cada minuto más. El único que me podía aclarar esto era Yovany. ¡Y ese iba a confesar ya!

    No tuve que poner la llave en la cerradura cuando llegue a mis aposentos. La puerta estaba entreabierta. Busqué alguna señal que me indicara un robo y gracias a Dios, lo único que encontré fue a Yovany rendido en el sofá, con media cerveza en la mano. Lo sacudí varias veces hasta que reaccionó del todo.

    -¿No pudiste ser más delicado? preguntó, mientras bostezaba.

    -¡Y que querías! ¿que te besara como a la bella durmiente?¿Ya estas despierto?

    -Si, ¿qué quieres?

    -Vengo del video donde trabaja Juan.

    – Ah, yo le entregué la película hace dos días y se me había olvidado decírtelo.

    -Bueno, gracias por sacarme del aprieto, él me contó todo, me dijo también algo que me dejó preocupado, le dije haciéndome el desentendido; Dijo que había sentido curiosidad por ver películas de esas y me dijo también algo que no entiendo o si pero acláramelo tu. Me dijo que nunca se puede decir «De esta agua no beberé» Como si él hubiera probado, o quisiera probar.

    Ya él probó conmigo, dijo al fin en tono confidente. No fue nada serio, solo nos masturbamos par de veces; Ese es el que me faltaba por decirte cuando tocamos el tema aquel de con quién yo había estado; no te lo dije porque tenía miedo de que se quisieran enredar. Yo sé que tú le atraes porque me hizo un comentario, yo nunca le he dicho nada de ti ni de lo que hacemos. Es que pensé que si yo te decía algo, a lo mejor tú querrías probar con él. Sentí que debía protegerte porque tú estabas muy confundido en aquella época y él todavía lo está, aquello iba a terminar en desastre y yo perdiéndote.

    Yo no quise continuar viéndolo porque te tengo aquí conmigo y el sigue siendo un guajiro bruto, un animalito salvaje y está muy confundido, más que tú al principio. Ese no deja que le toquen el culo, no singa, apenas besa, no mama, solo paja. Es que es muy trágico dijo en tono molesto. Es muy buen muchacho y como amigo es excelente, pero te digo Javier no te metas ahí que vas a salir frustrado.

    Bueno, no te puedo negar que tiene tremendas nalgas, agregué yo, pero de ahí a que me guste, ya eso es otra cosa. Dije esa mentira piadosa para que él no sospechara. Mis reales intenciones, eran las de domar al potro cerrero. Lo que más me atraía de Juan era precisamente, su masculinidad, su brutalidad y su aspecto tosco y varonil. Ah y sus carnosos labios, que me hacían la boca agua nada más que de pensar en ellos. Bruto para nosotros no es una persona falta de estudios o conocimientos, sino una persona, cerrada, tozuda o terca. De hecho, yo sabía por referencias que Juan tenía estudios universitarios.

    Esperé la oportunidad perfecta en que mi amigo salió una de esas noches al cine con su nueva novia. Me monté esta vez en mi carro y pasé por una licorería a comprar una botella de medicina (Mi favorito Bacardí). No tenía plan, pero ya se me ocurriría algo por el camino. Me dirigí a donde sabía que podía encontrar a mi potrillo y abrí la puerta del establecimiento. Ahí estaba cerrero y salvaje, como siempre con su pelo revuelto y sus labios sensuales. ¡Guajiro! grité, y salto como sorprendido detrás del mostrador. ¿Que hubo Javi? saludo él. ¿A qué te dedicas? pregunté. ¡Estoy tan encabrona’o que ni te oí entrar!

    -¿Qué pasa? pregunté.

    Es que estoy sacando unas cuentas y no me dan

    -A ver, sal de ahí que te voy a dar una mano con eso, mira como estas sudando. Ve y refréscate que te va a dar una cosa.

    El desastre que encontré era tal, que no sabía cómo comenzar. Apliqué los conocimientos de matemáticas donde soy bastante bueno, pero el problema estaba casi al principio. Había increíblemente que dar una verdadera búsqueda 25 páginas atrás. Ya no me hace falta plan, pensé. Mira guajiro, el otro día me dijiste que, si me hacía falta algo, estabas disponible después de las 11. Enrojeció de la vergüenza mientras yo continuaba diciendo. Esto es un trabajo de sentarse, con una buena calculadora y echar atrás 25 páginas. Y a quien le hace falta algo hoy es a ti. Yo no tengo que trabajar mañana y si tú me lo permites, te arreglo este rollo que tienes.

    ¿De verdad? pregunto con alegría. ¿Coño, somos o no somos? pregunté yo.

    Bueno, ahora cierro y nos vamos a mi casa el dueño anda de viaje y no se va a dar cuenta sugirió él.

    Lo seguí en mi carro, mientras pensaba que la situación no podía ser más perfecta; me hice la señal de la cruz y le di gracias a Dios por su intersección divina. Entre el licor y el favor que de por sí ya me debía, el potrillo era casi mío. El favor, claro que se lo iba a cobrar y para darle un incentivo aceleré mi carro y le mostré la botella de Bacardí por la ventanilla. Todo era cuestión de tiempo, me dije: «El alcohol es el mejor amigo del hombre cuando lo quieres llevar a la cama».

    Llegamos a un reducido cuarto que rentaba en el patio de una casa. Saqué mi medicina del carro y entré. Aquello lucia en verdad como él Limpio y oloroso pero todo regado. Había ropa por todo el lugar y la cocina tenía infinidad de cosas amontonadas. Era de esperar de un hombre solo. Rápidamente ofreció mil disculpas, mientras yo autoritariamente lo, mandaba a despejar la mesa; fregó rápido la loza para poder ofrecerme un vaso y así poder compartir mi sorpresa. ¡Un brindis por una nueva a mistad! dijimos casi al unísono y su rostro se iluminó de regocijo. Casualmente tenía la botella en el carro y no tenía con quien compartirla le dije en tono de disculpa. ¡Y puedes ir con confianza a refrescarte a la ducha, que esto pica y se extiende! Se dio dos tragos más y se fue a desvestir, ya con más confianza, justamente a los pocos pasos de mí, que el reducido espacio le permitía. Lo hizo solo hasta el clásico calzoncillo blanco y para suerte mía, totalmente de espaldas. Sus nalgas eran en si hermosas y empinadas bien hacia atrás producto obviamente de montar a caballo, haciendo una preciosa curva que marcaba donde termina la espalda. Tenía también unos muslos musculosos, fuertes y unas pantorrillas envidiables. Sin voltearse se metió en la ducha mientras mi erección comenzaba debajo de mi elastizado pantalón deportivo. Estuvo el suficiente tiempo para que yo acabara con mi búsqueda y comenzara los cálculos finales; Ahí aproveché y me quité la camiseta con toda intención.

    Cuando apareció en toalla, quedé mudo y atónito, viendo aquel hermoso pecho totalmente imberbe y un abdomen duro, pero no de gimnasio. Sus pectorales, además, como yo bien había notado, tenían la rudeza propia de trabajo en el campo y no de hierro de gimnasio, Cosa que los hacían diferentes, con una exquisita terminación y mucho más atractivos para mí, que los de un deportista. Sus brazos, también imberbes, lucían hermosas venas y definiciones obtenidas por los años de intenso trabajo con caballos, vacas y demás. ¿Te importa si me quedo así? pregunto él; A lo que yo respondí en doble sentido: No, si por el contrario soy yo el que está al encuerarse. Prendió el ventilador de techo y corrió a la mesa, posicionándose justamente detrás de mí para organizar los papeles que se volaban. Rozó insistentemente, su abdomen contra mi espalda y aumento mi erección que era obvia e inocultable. ¿Te puedo pedir un favor? pregunté. Lo que sea, me contestó presto. ¿me harías un poco de café? en seguida, contestó él y se fue de atrás mío. Sinceramente, no tenía muchos deseos de tomarlo, pero era la única forma de que me dejara concentrarme, y si seguía detrás de mi podía mandar los papeles al carajo e irle arriba como una fiera; Yo, aunque me moría de deseos, soy de las personas que cuando comienza algo, me gusta terminarlo.

    ¡Ya! dije victorioso y me paré como un resorte de la silla para estirar el esqueleto. Saboreamos el néctar divino de los dioses, mientras él no sabía qué hacer para agradecerme tanta gentileza. No es nada le dije y lo abracé fuertemente. Tu amistad y tu café son suficientes. El abrazo se extendió de ambas partes más de lo normal mientras mi pinga, dura como un poste chocaba con su abdomen. Recorrí su espalda fresca, y dirigí mis manos directo a su cintura. Lo miré sin pudor a la cara y le dije: ¡Guajiro te tengo unos deseos! Y besé sus labios. Sabían deliciosos con un exótico toque entre café y licor. Los chupé incesablemente, como tanto había yo deseado, hasta que sentí sus callosas manos dentro de mi pantalón, jugueteando avariciosamente con mis nalgas. Saqué de un tirón, la toalla y por fin pude comprobar la última cosa que siempre sospeché. Su pinga en total erección era la más pequeña que había visto en mi vida apenas 5 pulgadas. No por eso dejaba de estar bien dura, caliente y mojadita. La absorbí con facilidad y jugueteé con ella a mi antojo, mientras él no ponía el más mínimo reparo. Me resultó, siendo así de pequeña, cómoda, conveniente y fácil de manipular. Contando con la poca experiencia que tenía, no podía entender, como la gente critica o juzga tanto el tamaño, cuando en realidad con esa yo podía hacer lo que se me antojara. Me la volví a meter completa en la boca y lamí incansablemente sus reducidos testículos que contrastaban perfectamente, en tamaño con lo mencionado anteriormente. Aquello me excitó de tal manera que se me antojó aquella deliciosa cosita en mi culo; ¡Y ese macho sudando encima de mí! Solo de pensarlo, por poco me vengo. Lo tomé por los brazos y lo empujé contra la cama mientras me desnudaba y ponía mi pinga en sus labios. Hizo una mueca de asco y abrió los ojos como diciéndome no quiero. Entonces, lo subí encima de mí, sentir su peso era delicioso, y aunque él no tomaba mucha iniciativa, logré, por lo menos que me acariciara, me abrazara y besara. Aproveché la posición para tratar de tocar sus nalgas, que también incitaban a pasar la lengua por allí. Ideas de las que desistí por miedo a arruinar el, momento con mi potrito medio domado. ¿Quieres cogerme el culo? le pregunté, mientras nos dábamos otro trago y su cara hizo un gracioso rictus de asombro. Mámame el culo, le ordené y subí mis piernas hasta donde pude; luego de trastearme un poco con su lengua, trató de meter el dedo. Suave le dije, entonces comprendí que, de verdad, estaba lidiando con un primerizo en todo el sentido de la palabra. Me senté en la cama, serví dos tragos y le pregunté ¿has tenido relaciones con alguien? ¿te has hecho pruebas?

    -No he estado con nadie, me hice la prueba cuando llegué estoy negativo.

    Bueno, entonces vamos a pelo como los caballos del campo ¿Tienes algo con que lubricar? pregunté con pesar. En realidad, no hacía falta mucha lubricación, para meterse tan reducido instrumento, pero por si acaso, pedí ayuda. Por fin apareció algo, y mientras yo dilataba mi hueco ante su asombrada cara, lo puse a masturbarme, cosa que si hacía con agrado y eficiencia. El saberme pajeado por semejante ejemplar, no tardó en excitarme y quitar bruscamente su mano de mi falo; hubiese explotado si no lo hubiera hecho. Por último, me le senté encima y devoré con mi inexperto culo sus 5 reducidas pulgadas; Pude ver como se revolvía de goce en el lecho mientras yo me daba placer moviéndome en círculos y cabalgándolo como corcel en pleno potrero, para mi sorpresa sin molestias ni dolor alguno; Me di verdadero gusto con su pecho, sus tetillas y su abdomen. Puso su mano nuevamente en mi pinga, intentando pajearme, no lo hagas, le supliqué y entonces me agarró con fuerza por la cintura, mientras me clavaba, dura y salvajemente y me daba nalgadas; Yo, gemía sin parar, sintiendo como había domado por completo, aquel salvaje animal y disfrutaba de él como era mi verdadero deseo. No tardó mucho en llenar todo mi culo de leche, que sentí en potentes y calientes chorros dentro de mí, al mismo tiempo que inteligentemente se apoderada de mi pinga y dejaba caer toda mi leche sobre su abdomen.

    A la ducha, le dije mientras bajábamos otro tanto de mi botella. Con el agua corriendo y el morbo todavía en mi cerebro, lo acaricié una y otra vez y besé cada ápice de su delicioso y masculino cuerpo.

    -Quiero más, es la segunda vez que me cogen el culo y me gusta como tú lo haces.

    Su pinga volvió a quedar como antes, erecta y deliciosa. ¿No te pones bravo si te toco allá atrás? pregunté con miedo; Vas a ser el primero así que hazlo antes de que me arrepienta, me dijo y no me metas el dedo, me advirtió. Con el solo hecho de poder acariciar sus nalgas era suficiente; Pero ya que él había mencionado lo demás, le di una buena mamada de culo, mientras lo pajeaba intensamente, como para que no se olvidara de su primera vez. Terminé nuevamente ensartado, esta vez con más facilidad; Y mientras metía y sacaba su pinga, pude notar que, debido a su tamaño, se salía con facilidad y frecuencia pero no me importaba, estábamos saciando los deseos que nos teníamos hace tiempo. ¿Quieres más? preguntaba, mientras me decía, ¿soy tu papi verdad? ¿Te gusta mi pinga? Resultaste más puta de lo que yo pensaba, dijo por fin sin pudor. Era al parecer, el alcohol quien hablaba. Que culo más rico, le oí decir, ¡me vengooo! gritó. Aproveché nuevamente para descargar mis testículos y apreté bien mi esfínter para que su pinga quedara trabada ahí, mientras yo me volvía a venir, con la misma intensidad que la primera vez. Luego de la deliciosa ducha, nos fuimos a su cama, mientras me pedía por favor que no le contase a nadie lo sucedido y que era la primera vez que le cogía el culo a un hombre. Me contó también, entre otras cosas, que nunca en su vida le habían mamado el culo y que le había gustado muchísimo. Te deseaba hace tiempo, desde que quise experimentar quería que fuera contigo, pero pensaba que no te gustaba nada de esto, me dijo casi susurrando. Te miraba el culo dentro de esos pantalones apretados ¡y me daba un morbo!; Le dije a Yovany pero al parecer te quiere para él solo.

    -Yo también quería besarte esos labios, pero estoy casi igual que tú, hace poco empecé, de veras es mi segunda vez que me dejo penetrar así. Mi primero fue Yovany hace poco y si te creo, no somos nada pero creo que es celoso conmigo.

    -Pues lo haces muy bien, me sacaste mi leche hoy muy rico.

    Me dio mil gracias por el favor tan grande que le había hecho. No sé si se refería a acabarlo de incluir en el círculo de bisexuales, al que ya yo pertenecía o a ayudarle con sus complicados números. Yo ni pregunté, solo le dije que iba a ser un secreto entre nosotros. E insinué que nos podíamos volver a ver cuándo él quisiera. Hicimos un brindis por los secretos y le pedí sus labios por última vez y los disfruté por largo rato.

    Al llegar a mi lugar, lo encontré vacío. Me alegré, porque así no tenía que dar muchas explicaciones y corrí a mi cuarto a ver tv. Media hora después, llegó «Bistec» comentando la película y la salida con su chica. Se recostó a mi lado y preguntó y tú ¿qué has hecho todo este tiempo? Aquí aburrido solamente viendo la tele, contesté. Hizo un ademan de conformidad y se fue a su cuarto.

    -Si te sientes solo, vente conmigo tú sabes que me gusta que duermas en mi cama. Y tú roncas también, así que no me vuelvas a dar esa excusa.

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    Siempre tuyo ThWarlock.