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  • Nunca olvidaré esa mamada

    Nunca olvidaré esa mamada

    Eran las vacaciones de mi novia, después de un largo tiempo por fin nos veríamos, el plan era pasar 10 días en mi casa, el primer día salí muy temprano de mi casa en moto y conduje durante 12 horas hasta llegar donde me estaba esperando, nos dimos un abrazo y un cálido beso y salimos rumbo a mi casa.

    Durante el viaje se nos hizo muy tarde, así que decidimos parar en casa de mi hermana a pasar la noche (ella vivía a mitad de camino), sin embargo no teníamos planeado lo que estaba a punto de pasar.

    Cómo era costumbre mi hermana me recibió cálidamente y nos preparó una cama en la habitación de mi sobrina. Estábamos muy cansados y nos acostamos bastante temprano, mi sobrina ya estaba dormida, sin embargo yo no podía dormir por el calor que estaba haciendo, además el tener a mi pareja al lado me ponía más caliente, así que empecé a tocarla y besarla, ya me hacía mucha falta.

    Yo estaba muy caliente así que metí mis manos en su camisa, le comencé a acariciar los senos, sentía como ella se iba excitando y ya estaba muy duro, ella puso sus manos en mi verga y me dijo «que rico», seguido a eso fue bajando con sus besos hasta llegar a mi pene.

    Ella en ese momento se convirtió en la diosa de las mamadas, sentía como su lengua y labios rodeaban toda mi verga, poco a poco perdía la conciencia de tanto placer, la forma en la que succionaba mi pene es indescriptible, maravillosa, la sensación era extrema.

    Tire una sábana y almohada al suelo, le pedí que se acostara (no quería hacer ruido con la cama), yo me monte en ella y empezamos a tener sexo, un sexo deliciosa, yo estaba extremadamente sensible y me excitaba cada vez más la situación en que lo estábamos haciendo, el miedo a ser descubiertos era emocionante.

    Ella no podía gemir, me encantaba como retenía sus gestos, hacía que tuviese más ganas de hacerla gemir, seguimos un rato más teniendo sexo y luego nos acostamos. No pude dejar de pensar en esa mamada, fue y sigue siendo maravillosa, luego seguimos nuestro viaje rumbo a tener más días de sexo apasionado.

  • Una suegra madura y dispuesta

    Una suegra madura y dispuesta

    Soy Alex, tengo 37 años y este será el primero de varias relatos basados en experiencias vividas a lo largo o corto de mi vida, cabe resaltar que soy un hombre casado hace 10 años, mi relación es bastante particular, por llamarla de alguna forma, en todo caso hay un antes y un después de mi matrimonio, después les iré contando eso.

    Quiero que sepan que mis historias son totalmente reales, nada de lo aquí escrito es invento.

    Tuve una novia con la que duré 5 años y de quién estuve profundamente enamorado, éramos complemento el uno del otro, su nombre es Luz, con ella supe de muchos rincones del sexo, los exploramos casi todos, pero mi gran pasión la despertó su mamá, a quien veía con ojos de hijo, le tenía un cariño especial, pues su trato era maternal y muy respetuoso además de distante, hasta que un día recibí un mensaje de texto en mi teléfono, eran más o menos las 10 de la noche, estaba visitando a su hija en su propia casa, acabábamos de tener sexo y yo esperaba que luz saliera del baño pues había entrado a limpiarse la cara que tenía llena de mi semen y le goteaba en los senos.

    Miro el mensaje: «hola Alex, aún estás en casa?»… Cuando reviso quien lo envía, veo que es Martha, mi suegra, era súper extraño que me escribiera por lo que me apresuré a responder: «si señora, aún estoy en su casa, dígame si necesita algo y la ayudo, o paso algo?»

    Me respondió a los pocos minutos: «tranquilo mijo no ha pasado nada malo, solo escríbeme cuando ya estés solo»….

    Quede frío y sorprendido pues no sabía ni que pensar, no tenía ni idea de por qué me escribía a esa hora y menos a decirme que le escribiera al estar solo, sin embargo, tan pronto salí de visitar a su hija le escribí: «Hola suegris, ya salí de su casa y voy camino a la mía, cualquier cosa que necesite me avisa»… Le dejé ese mensaje para que recordara que estaba pendiente.

    De inmediato recibí respuesta de ella: «necesito que vengas por mí, estuve tomando y aunque no estoy borracha, no confío en el amigo que me invitó»… En un siguiente mensaje me mandó la dirección del lugar y me agradeció que no le dijera a Luz pues le apenaba.

    Para ser sincero me incómodo tener que ir a buscarla, pues ella fácilmente podría haber tomado un taxi, sin embargo, llegue al lugar y para mí sorpresa era tremenda fiesta, había una orquesta en vivo, cantidad de personas, licor en cantidades industriales, varios ambientes, por lo que me sentí cómodo en minutos, le escribí a Luz y le dije que ya iba a dormir, pues después de la faena había quedado súper cansado, por lo que sabía que no me llamaría ni escribiría el resto de la noche.

    Llamé a un mesero, le pedí un vaso con whisky y hielo, y lo esperé mientras buscaba mi trago, mientras tanto, buscaba a la señora Martha entre tanta gente…

    Es de anotar que Martha en ese momento era una mujer de unos 45 años, muy bien conservada, con unas nalgas gigantes y unas piernas enormes, de cintura estrecha y de senos pequeños, cabello negro lacio y largo hasta la cintura, una típica Barranquillera, totalmente natural y de piel trigueña, era muy hermosa, estaba divorciada poco antes de yo llegar a la vida de su hija, quizás 2 años antes de conocerla, pero no había vuelto a rehacer su vida, en cierto modo tenía una obsesión con su exmarido, que era un narco que siempre estaba huyendo de la policía y quién tenía hijos y mujeres por todas partes, era un vale mierda que tenía los días contados debido a su estilo de vida.

    La vi a lo lejos, estaba sentada cerca de una de las piscinas del lugar, al lado de una palmera, tenía un pantalón blanco pegado y una blusa de algodón roja, unos zapatos de plataforma que la hacían ver imponente, el cabello suelto y su hermosa sonrisa que la adornaba siempre, se veía contenta, no entendía por qué me había hecho ir hasta allá, yo me quedé viéndola un rato mientras acababa mi trago de whisky, hasta que me dirigí a ella, quien se levantó de su silla y me dio un abrazo que sentí muy cerca sus piernotas, de verdad que se le notaba la emoción por verme, hasta ese momento yo no entendía mucho, sin embargo, decidí disfrutar el momento y acompañarla. Me presento a sus amigos que estaban en la mesa, eran tres parejas y dos hombres más, uno de ellos era quien la había invitado.

    A lo largo de la noche, hablamos cosas generales y sin mucha importancia, me contó además su historia con el papá de Luz, y me contó las pretensiones del amigo de la fiesta, un tal Javier, que para ese momento estaba ebrio, pesado y atrevido, por lo que le propuse a Martha cambiarnos de mesa para seguir charlando, y así fue, nos sentamos en otro lugar y pedimos más whisky, yo estaba tan sorprendido de su conversación, de esa forma de ser que no conocía, de verdad que mujer tan interesante e inteligente, súper completa.

    Iban a ser las 4 de la mañana y ni cuenta nos dimos, por lo que decidimos irnos, su amigo se quedó dormido y aprovechamos para embarcarnos en mi carro y seguir charlando en el camino, para ese momento ya me había cambiado toda la imagen que tenía de esa mujer, la miraba con otros ojos, me parecía de lo más sexy que había visto, me estaba despertando mucho deseo e interés…

    Al llegar a casa nos quedamos afuera en el carro charlando, apague el motor pues no quería que despertara Luz y me viera ahí con su mamá, en medio de tantas confesiones, le conté que su hija era la mejor pareja sexual que había tenido en la vida, al principio la note incómoda pues no es fácil para una madre descubrir que su angelito es una puta con quién apenas es su novio, sin embargo, supe manejar la situación y le brinde la confianza para que ella también se abriera, por lo que me contó que tenía dos años sin probar a un hombre, que se había comprado un dildo y que ese era su compañía para esos días de deseo incontrolable, yo quedé atónito, no entendía como ese monumento estaba tan desperdiciado.

    Le pedí que me contara como le gustaría que fuera su siguiente pareja sexual, y me describió a un hombre musculoso de herramienta enorme, por lo que me desinfle un poco jajaja, no soy el más atlético aunque no soy gordo, y mi herramienta es bastante responsable pero no de las dimensiones del requerimiento de la doña. Sin embargo, quería que fantaseara ahí conmigo, que me contara sus más íntimos deseos, pero ella insistía en que le contará como eran mis encuentros con Luz… Decidí decirle que mejor nos viera en acción y así no se perdía ningún detalle, ella sonrió y estuvo de acuerdo, se bajó del carro, pero antes me dio un beso en la mejilla y me dijo: mañana te espero!

    Llegué a mi casa con la verga a punto de explotar, Martha no se salía de mi cabeza que hasta tuve que masturbarme, mi eyaculación fue abundante a pesar de haber tenido un par de descargas antes con Luz.

    Al día siguiente llegue después de mediodía, Luz no había llegado del trabajo, era sábado y salía a las 2 de la tarde, me senté en la sala a esperarla, Martha mientras tanto hacia algunas cosas en la cocina pero yo no sabía cómo abordar una nueva conversación, así que solo la observaba de reojo, hasta que ella me llamo para que la ayudara con unas ollas que no encontraba…

    Yo entre a buscarlas, me tocaba agacharme pues estaban debajo del lavaplatos, mientras ella acomodaba unos vasos y platos en la alacena, en un momento se me dio por voltear y pude ver sus grandes nalgas desde abajo, con el panty tragado por una parte, ella vestía un camisón azul cielo que al levantar los brazos quedaba supremamente corto, de inmediato mi verga se endureció de una forma que no podía ocultar, ella en su desespero de acomodar las cosas me pidió que dejara eso de las ollas así y le sostuviera pues ya estaba cansada de tener los brazos levantados con tanto peso, me le acerque por detrás, pero mi erección era tal, que con la punta le roce su enorme culo, ella lo sintió pero solo se sonrió y me miró de reojo, sabía que le había gustado… Me dijo: uy cuidado con ese puñal mijo, no sabía que te excitaba buscar ollas… Jajaja sentí algo de vergüenza y en ese momento llego Luz.

    La tarde fue pasando y Martha y yo nos mirábamos de manera cómplice, sabía que debía proponerle a Luz tener sexo, pero ella iba a rechazarlo por estar su madre cerca, Martha entendió y dijo que iría echarse una siesta, por lo que aproveche para besar Luz, que era la misma mamá pero con 25 años menos, mientras la tocaba me imaginaba a su mamá, no podía sacarla de mi cabeza, Luz lo noto y me dijo: wow amor, esa erección no te la conocía, hoy está más dura e hinchada que nunca, que delicia, se la metió en la boca y comenzó a chuparla mirándome a los ojos, Yo tenía muchas ganas de mamar, así que la cargue y la recosté en el sofá de la sala, abrí sus piernas y me metí a hacer lo que más me enloquece, mamar y chupar, mientras tanto Luz se tocaba los senos, me apretaba la cabeza con sus muslos, la tomé de las piernas y se las puse más atrás para lograr descubrir su ano, que bien escondido que estaba por su gran culo…

    Soy un adicto al beso negro, así que me quedé besando su culo mientras ella acabo en mi cara, al soltar un gemido de éxtasis, se me dió por mirar a la habitación de Martha, y ahí estaba para viendo cómo su hija era consumida por el placer, eso me prendió más y decidí metérsela a luz en cuatro, para poder voltear a mirar a su madre que se tocaba mientras nos veía, me daba temor pero también mucho morbo, saque mi verga llena de los jugos vaginales de Luz y embestí su culo, por lo que dio un grito desesperado de placer, le susurré al oído, te van a escuchar, pero esa puta estaba entregada al placer y seguía gimiendo, yo volteaba a mirar a Martha, y ella desde la puerta se daba dedo y me hacía señas que acabará en su culo, hice caso y mi descarga fue casi un lavado, su culo chorreaba semen y el placer era único…

    Tenía la verga tan dura y era tal mi deseo que nunca se bajó, así que Luz se montó a cabalgarme pidiéndome que le chupara los senos y se los azotara con palmadas, se daba unos sentones que realmente mi verga entraba completa, sus ojos estaban volteados y su cuerpo se enroscaba en placer, y fue cuando llegó un gran squirt sobre mi, duro temblando y con espasmos un par de minutos encima de mi, Martha acababa de ver cómo su hija me daba y se daba placer… A luz poco o nada le importo que su madre despertara y la viera pidiendo verga.

    Nos acostamos a dormir el resto de la tarde hasta que el hambre nos hizo despertar e ir a la cocina, y encontrarnos con la sorpresa de ver a su hermosa madre en tanga y brasier tomando agua, sin embargo, no hizo el menor intento de taparse, por lo que luz le tiró una toalla que alcanzó del área de la lavadora, toma tápate mamá, ni te da pena que Alex te ve así??

    Ella de inmediato le respondió: no te da pena a ti coger como puta en mi sofá, no veo por qué me deba dar pena estar en ropa interior en mi propia casa…

    La cara de Luz fue de total asombro y vergüenza, yo no sabía que decir, hubo un silencio tenso, hasta que la misma Martha se sonrió y nos dijo: no se preocupen muchachos, ustedes son una pareja más que estable y entiendo que el deseo los coja en cualquier parte, además, mi casa es la de ustedes y pueden hacerlo cuando gusten, de hecho, me encantó verlos y soltó una carcajada, sabía que Luz estaba muerta de vergüenza, la abrazo y me pico el ojo a mi, en ese momento nos dijo, enséñenme a follar de esa forma, les juro que me antojaron demasiado.

    Luz, algo estupefacta le dijo a la mamá: pero mamá soy tu hija, como se te ocurre decir esas cosas, estás bien, te pasa algo?

    Martha respondió: me pasa que llevo dos años sin probar un macho y tú tienes a un toro de novio, yo te dejo follar en mi casa y no me molestó, pero déjenme coger con ustedes, al menos un poco, hazlo por mí hija, no confío en más nadie.

    Yo estaba estupefacto, mudo, frío, callado, sin reacción, no sabía en qué momento mi noviazgo se estaba convirtiendo una película porno, creo que ni en la más sucia de mis fantasías habría imaginado tal cosa.

    Luz y Martha me miraron y yo solo dije: yo no si pueda con ambas, pero me preocupa más que su relación se dañe, así que decidan ustedes, yo haré lo mejor posible!

    Martha: esto no se trata de una relación sentimental, solo quisiera volver a sentir a un habré y vivir así sea la mitad de lo que vive Luz, además, vivo en un estado de desconfianza total con cualquier hombre, y saber que entrego mi intimidad a ustedes me hace sentir tranquila, yo sé que no es algo que se decide de un momento a otro, por lo que les propongo que lo charlen y analicen, y me dicen su decisión después, no están obligados y yo sabré entender si deciden no hacerlo…

    Luz y yo nos miramos, no supimos que decir más que: ok, nosotros lo hablaremos y te decimos… Martha no quedo muy contenta y sentí que en ese momento si le dio vergüenza, se encogió de hombros, bajo su mirada y se fue a su habitación con la toalla, que Luz le había tirado, en la mano, mientras se alejaba veía su gran culo moverse mientras caminaba y le dije a mi novia que yo no tenía problema, pues la amaba y eso no cambiaría, además que era su mamá, iba a ser un secreto de los tres…

    Luz no estaba de tan de acuerdo e insistía en que era aberrante, y que le daba miedo y vergüenza, pero que sin embargo, también le generaba morbo saber que su madre quería comerse a su novio, entonces decidimos llamarla y darle un chance a Martha.

    Pasaron quizás un par de semanas en qué la relación entre los tres cambio full, hablábamos más, intercambiábamos opiniones, nos reíamos, coqueteábamos, incluso la relación conmigo se volvió más estrecha, la trataba casi como otra novia, obvio que sin besos ni caricias ni nada de eso, era como una amistad con bastante confianza pues hasta era capaz de cambiarse en frente mío, al fin y al cabo ya nos había visto coger… Cabe resaltar que ganas de darle no me faltaban, pero quería hacer todo bien y no volarme ningún paso y pecar por acelerado.

    Una tarde de domingo salimos a un centro comercial a hacer unas compras y a comer, recuerdo haberles sugerido ir en faldas, me encantaban sus piernas y la manera como sus nalgotas jugaban con la tela y parecía que fuera a levantarse, me excitaba mucho aquello, así que fueron complacientes, fue una tarde normal, risas, miradas, coqueteo, mensajes con doble sentido y deseo, mucho deseo, ya no podíamos esconder las ganas que cargábamos, pero ninguno de los 3 se atrevía a dar el primer paso, así que decidí comprar unas cervezas y llevarlas a casa, allá las destapamos, y seguimos conversando, el alcohol iba rompiendo el hielo y ya no les importaba como se sentaban, si lograba verles todo o si agarraba a Luz y la nalgueaba, en fin, la cosa empezó a calentarse luego de bailar con mi novia y sin más pena le pedí que desvistiera a Martha, se sonrojo pero fue hacia el sofá y le dijo:

    -Mamá levántate que te voy a desvestir, Martha de inmediato se levantó y dejo que Luz le soltará la falda y le sacará la blusa, quedando en un hermoso hilo blanco y sin brasier, sus pezones se notaban duritos, su piel adornada por un brillo único, mi verga no podía estar más dura, así que me levanté y le pedí a luz que se sentara y viera como le hacía el amor a su mamá…

    Tomé a Martha de la cintura, la traje hacia mi cuerpo y nos fundimos en un beso que mojo su vagina de inmediato, mis manos tenían tanto que agarrar que no las podía dejar quietas, luego me agache a mamarle esas nalgotas mientras ella soltaba suaves gemidos y mis manos masturban su húmedo clítoris, ella sobaba mi cabeza pidiéndome dejarla chupar…

    -Déjame chupártela, muero de ganas por mamarte la verga, Luz dile que me deje meter ese pedazo de carne en mi boca, gemía y suplicaba por mi verga, así que accedí y ella de inmediato arranco mi pantalón y metió mi glande en su boca húmeda, de un momento a otro se la trago entera y la sostuvo en su garganta hasta llorar, se ahogaba hasta las lágrimas, pero lo disfrutaba mucho… Mientras tanto, luz se masturbaba al ver a la zorra de su mamá mamarme la verga sin parar, y me preguntaba: te gusta amor, te gusta que tu suegra te la chupe??

    Yo la miraba con ojos de deseo y asentaba con la cabeza, no podía pronunciar palabra, de mi boca solo salían gemidos de placer y una agitación única.

    Martha: recuéstate en el sofá, te voy a dar una chupada que en tu vida te han dado, hija mira como volver loco a un hombre con la boca…

    Agarro mi verga desde la base, la mira de frente y pasaba la lengua por el frenillo, esa cosquillas era única, le pasaba la lengua y se la metía en la boca, volvía la sacaba y pasaba a mis huevos, los saboreaba y tragaba, jugaba con ellos en su boca mientras me miraba fijamente, era una chupadita experta…

    De un momento a otro Martha me masturbaba mientras chupaba mis huevos, y con la otra mano empezó a jugar con mi ano… En ese momento frene un poco, no sabía si resistirme a tremendo placer que nunca había sentido, así que ella con su voz tierna me dijo: tranquilo, solo lo vas a disfrutar, y vaya que lo disfrute, chupo mi culo y bordeaba el mismo con sus dedos mientras nunca paro de masturbarme, hasta que me metió un dedo, después dos, fue algo que me hizo eyacular de inmediato.

    Su cara se llenó de semen que ella misma recogió y se llevó a la boca, no había vivido una escena más erótica y placentera en mi vida, mi verga no se bajó nunca, era una sensación única y que no dudaba en repetir, así que se abalanzó sobre mi y puso su gran toto en mi cara y me pidió que se lo mamara de nuevo, ahí dure un rato hasta que sentí a Luz metiéndosela, y aunque no tocaba a su madre, me daba mucho morbo pensar que tendrían relaciones entre ellas…

    Y ahí estoy, con Luz ensartada en mi verga y con Martha montada en cara dándole un oral, prendido de su gran culo, no podía pedirle más a la vida, o si… Le pedí a Luz que subiera a la posición de su madre y a Martha que se metiera mi verga, hasta ese momento no la había penetrado a ella

    Se cambiaron de posición y yo no podía estar más dichoso, tenía a mi suegra, la más hermosa de todas dándose placer sobre mi y al amor de mi vida dándome sus jugos vaginales, esa tarde noche fue de solo sexo y exploración y así fue como empezó una relación poliamorosa…

  • Las dos amigas

    Las dos amigas

    Esta historia me pasó ya hace algunos años, cambiaré los nombres para no meterme en problemas. Ana era una amiga del MSN en ese tiempo, solo nos conocíamos por ese medio y por teléfono.

    Era casada, más o menos de mi edad, no estaba muy buena, pero pues como quiera la quería conocer.

    Ella trabajaba en una tienda departamental, a veces de ahí me hablaba por teléfono. Pero una vez duró una semana sin hablarme y yo decidí buscarla, así que le marqué yo. Me contestó otra chava y me dijo que Ana ya no trabajaba ahí, le pregunté quién era ella, me dijo “mi nombre es Mari y soy su ex jefa”.

    Le saqué plática y me pasó su MSN, la agregué y platicamos un buen rato. Duramos días platicando y quedamos en ir a coger. También era casada, estaba muy guapa, güerita, chaparrita, sabrosa. Nos quedamos de ver a medio día en el centro de Monterrey, a la hora que ella salía a comer.

    Estuve como media hora esperando y no llegaba. Decidí mejor retirarme y cuando iba a media cuadra vi que se detuvo un taxi.

    De ahí bajó ella, me regresé y estaba bien rica. Traía unas mayas azul marino y un sweater como de franjas de colores. Nos saludamos y nos fuimos platicando hacia el hotel, entramos y comenzamos a fajar en la cama, se levantó y se quitó la ropa, lo mismo hice yo. Mame sus tetitas, su vagina, ella me la mamo bien rico, después me puse el condón Y se montó, se movía bien rico! Mientras lo hacía yo acariciaba sus tetas. Después se bajó y se puso en 4 y me decía: “ven, ven!”.

    Me puse detrás de ella y así me la cogí, hasta le mordí la espalda. La puse piernas al hombro y cuando estaba por venirme me acerqué a su boca y le aventé el semen en la boca. Corrió al baño y los escupió en el lavabo.

    Nos relajamos un rato, la verga se me puso de nuevo dura y ella así sin condón se subió y se movió sola por unos segundos, me preguntó si traía más condones, le dije que sí. Me puse el globo y se montó otra vez, se movía bien rico, se pegó a mi pecho mientras se mataba sola, empezó a gemir hasta que terminó.

    “Ahora me toca a mí” le dije! Puse de nuevo sus piernas a mis hombros hasta que terminé, me quité el condón y se los aventé en el vientre.

    Una semana después su amiga Ana me marcó y me dijo que ya sabía que me había visto con su amiga, yo le dije que ella ya no me había hablado y que además para que se enojaba si al igual que su amiga era casada. Me dijo que quería verme. Nos vimos en el centro, me la llevé al hotel y me la mamó, no quise cogérmela.

  • La puta que me amó

    La puta que me amó

    Todo comenzó una semana de Acción de Gracias, una fiesta típica de este país. Era la primera fiesta familiar en la cual me encontraba a solas, pues mi hijo se había ido con mi hermana a Italia a conocer a la familia de nuestro padre y Kashira a quien vemos como nuestra hermana, también los acompañaba. El luto que había vivido meses atrás se terminó con una follada que nos dimos con Grace, una rubia mexicana con la que siempre nos habíamos gustado y, por cuestiones del destino ella por esos meses se había divorciado y propició ese momento.

    Llegaba a mi casa y mi rutina era la de escuchar algo de música y tomarme un par de whiskeys y dormitar temprano y despertar también temprano y comenzar un nuevo día. Mi amigo José era el que se encargaba de ponerle sazón a mis días, pues era el que me incitaba a salir, ir a los clubs de baile, lugares donde abundaban las chicas en busca también de aventuras y muchas veces me le uní y por él tuve algunas buenas experiencias. También él fue quien se encargó de hacerme llegar una revista de las chicas fáciles de la zona y es como conocí a la hermosa Karina.

    Aquella revista era del mismo papel de los típicos periódicos de entonces y solamente la primera página y la última eran a colores. Ojeé entre las páginas y encontré esta fotografía que solo mostraba un escultural cuerpo, pero que ocultaba el rostro de la chica. Se decía llamar Karina y que tenía la edad de 22 años. También daba información de sus medidas, pero en el momento yo no le puse atención pues de solo ver aquella imagen en blanco y negro, era suficiente para saber que tenía un cuerpo sensual de los que a mí me llaman la atención. Tuve esa revista por semanas y siempre buscaba ese mismo anuncio porque me atraía mágicamente su cuerpo el cual no aparecía totalmente desnudo, vestía un bikini, que te dejaba imaginar libremente lo demás.

    Aquella semana me la había tomado libre completamente. Fui a dejar a mis hermanas e hijo al aeropuerto y luego cuando siento ese olor de la soledad, las sombras de una potencial depresión me recordé de mi amigo José, pues él a pesar de ser casado y tener una familia, se daba la libertad de explorar y tener experiencias con mucho riesgo a perderlo todo. Y eso me empujó a tomar el paso de llamar a aquella chica esa semana. Lo había intentado antes, pero ella no contestó y aunque le había dejado mensajes, ella nunca había regresado las llamadas. Pensé: -Lo más probable no conteste y solo escucharé su nota grabada que ya me había aprendido de memoria. Recuerdo, me gustaba su acento en un inglés fluido y claro que tal parecía el de una locutora de la radio. Llamé sin esperar contestación, pero para mi sorpresa contestó:

    -Aló… soy Karina… ¿En qué te puedo ayudar?

    -Hola… mi nombre es Tony y te hablaba porque encontré tu anuncio.

    -Ah… muy bien, mi tarifa es esa. ¿Cuándo desea venir?

    -¿Estarás disponible en una hora?

    -En este momento me encuentro en la estética, pero si se quiere arriesgar, yo creo que estaré disponible en hora y media. ¿Qué le parece a las 6:00 p.m.?

    -¡Está bien! Yo llego a esa hora.

    Su tarifa era de $400.00 dólares por hora, un precio bastante elevado en los años finales de la década de los noventa. Por ese tiempo sabía cómo encontrarle remedio y desahogar toda esa presión que acumulaba, pero también tenía la libertad económica de darme estos gustos sin compromiso alguno. Ella me dio su domicilio y era una área de gente que podía pagar esos lugares, zonas exclusivas donde nunca se va encontrar basura en las calles y jardines minuciosamente cuidados. Llegué y toqué el timbre del apartamento que ella me dio y no hubo respuesta. Le llamo de nuevo y ella contesta pidiendo disculpas y me dijo que llegaría en tres minutos. Yo esperaba a la entrada de los apartamentos y con los minutos veo llegar este vehículo Mercedes Benz y veo a una chica cuyo rostro era lindísimo y solo pensé: -Solo espero sea la tal Karina. -Ella con los minutos me llamó diciendo: Toca el timbre otra vez, para hacerte pasar.

    Hay un intercomunicador y se vuelve a disculpar y escucho que de una forma de vibración eléctrica la puerta se abre. Paso por los pasillos del apartamento y veo cámaras por doquier, algo que en esos años no era muy común. Llego al número de apartamento que me dio y se abre la puerta y esta chica muy hermosa me recibió con un abrazo y un beso. Me ofreció algo de tomar, lo cual lo rechacé cordialmente y luego ella me encaminó hacia una habitación donde entraba mucha luz. Aquella habitación era de techos elevados y delicadamente decorada. Karina estaba completamente vestida de un atuendo color turquesa y llevaba un chaleco de cuero de color gris oscuro y calzaba botas de buen tamaño de tacón pues por la zona se presagiaba el invierno. Ella me dijo: -Ponte cómodo.

    Por aquellos días no tenía mucha experiencia tratando con prostitutas, hasta ese punto de mi vida en los primeros años de mi tercera década de vida, esta era la segunda chica de paga con la que me involucraba. Tenía un rostro difícil de descifrar entre lo virginal y pretensioso, entre lo angelical mezclada con una sonrisa coqueta. A través del tiempo la actriz que siempre me recordaba a Karina era Eva Méndez cuando también era joven. Mismo estilo de cejas, aunque Karina las llevaba más espesas y también el cuerpo de Karina me resultaba mucho más sensual que el de la actriz. Quizá medía 1,65 más o menos, con una cintura bien pronunciada donde se dibujaban unas curvas peligrosas y verdaderamente muy adictivas. Sus pechos sin haberlos visto desnudos y aunque estaban cubiertos en parte por su chaleco fácilmente los calculé de copa D. Realmente esta chica era verdaderamente atractiva. Ella me repetía:

    -Ponte cómodo.

    -¿Quieres el dinero acordado primero?

    -Bueno… póngalo en el tocador.

    Había un tocador con un enorme espejo frente de la cama, al igual había otro espejo largo a lo vertical el cual creo que esta chica ocupa para verse ella misma cuando se viste, pero también tenía la doble función, de reflejar lo que pasaba en ese lateral de la cama. La misma habitación tenía dos niveles y para ir a una esquina donde había una mesa y dos sillas de cantina, de esas altas que aun con mis 1:88 de altura me quedaban colgando los pies, se tenían que bajar dos gradas y desde ahí se podía apreciar el movimiento de la calle. La cama estaba inmaculadamente arreglada, floreros en los dos buros, unos cuantos libros en una librera, y tenía un closet donde Karina podía caminar buscando sus prendas de vestir. Justifiqué el precio de una hora de la cita, pues vivir en un lugar como este, se requiere de pagar un buen billete. Puse los billetes en el tocador y luego esta mujer me pedía asistencia en removerle su chaleco.

    La blusa o camiseta de color turquesa me permitía ver un sensual ombligo, una piel clara en un abdomen plano. En ese tiempo su cabello oscuro y espeso le cubría toda la espalda y este emanaba un aroma embriagante, como que con su movimiento iba soltando feromonas. Sus brazos eran delgados y de músculos bien tonificados y en su muñeca izquierda llevaba un brazalete de oro y también se le podía ver un diamante en su anular. Ella quizá habrá notado mi nerviosismo y comenzó una breve plática alrededor de ello:

    -¿Eres casado?

    -No. -le he respondido.

    -¡Mentiroso! Tienes un aire de culpabilidad en tu rostro. Te percibo inseguro.

    -La verdad, que nunca he tenido una cita con una chica como tú. -le dije.

    -¿Cómo yo? ¿querrás decir una puta?

    -¡Nunca me ha gustado usar esa palabra! Nunca le he pagado a nadie antes.

    -Pues de la manera que te miras y como luces, no dudo que tengas mucha suerte con las mujeres a tu alrededor… pero ahora, en estos momentos estás conmigo. Ponte cómodo, yo voy a la regadera a darme una ligera ducha en el cuerpo.

    Ella entró al baño, el cual estaba amplio y bien diseñado. Me pidió que le ayudara a desvestirla, lo cual intuí lo hacía para crear esa confianza, como también hacerme preso de la excitación. Le removí su ceñida blusa color turquesa y me quedaron unos pechos que se querían salir de un brasier que hacían que pareciesen iban a golpearme al desabrochar su sostén. Se le miraban sólidos y de una agradable proporción. Le bajé su falda que le cubrían las rodillas y Karina me daba el placer de removerla dejándola con solo un bikini de color negro y que cuyos encajes parecían estar solo amarrados de una cinta de oro. Su cintura era de esas que se desarrollan moviéndose al compás del baile del vientre y esas curvas de sus caderas dejaban hipnotizado a cualquiera. Ella sabe el poder de su belleza y me limitó a solo eso. La dejé en solo su bikini y me fui con esa imagen cuando me pedía que la esperara en la cama.

    Me senté a la orilla de la cama y solamente me quité los zapatos y ella me encontraba de esa manera cuando salía cubierta por una bata que prácticamente la cubría toda. Ella con su mirada coqueta me dijo: -Desnúdate o ¿requieres de mi asistencia? -Ella se me acercó y me asistió a removerme mi camisa Polo, me bajó los pantalones y me removió los calzoncillos. Mi verga estaba ya erecta y goteaba, ya mi glande se miraba brilloso de la excitación. Vi cómo miraba mi verga, pero no hizo ningún comentario. Del buró a un lado de la cama, sacó un profiláctico y sin mucho protocolo me lo puso, me pidió que me acostara en la cama y así lo hice. Ella comenzó besándome el cuello, lo hacía de una forma delicada, bajó a mis pectorales donde se dedicó por unos minutos a chuparlos y halar mis tetillas. Ella seguía con su bata de baño y se había amarrado el cabello con una liga que parecía un prendedor brillante color rojo. Llegó con sus besos a mi abdomen y fue ahí que abrió su bata y pude sentir el tibio calor de su cuerpo y cómo rozaba esos erectos pezones en mi zona púbica y posteriormente en mi verga y testículos.

    Me besó los encajes o ingle, les dio una breve mamada a mis huevos y, de esa manera llegó a mi falo y la podía ver intentando tragar lo que más podía de mi falo. Ver esa carita tan bonita, sintiendo sus pezones rozar en mis entrepiernas, y desde ahí ver esas caderas elevándose mientras me hacía una rica felación a cualquiera hace tocar el cielo en minutos. Yo tuve que tomar otra posición para darme la oportunidad de verla seguir mamando, pues sí la dejaba continuar, sabía que me haría acabar en cualquier momento. Me la mamó acostado, sentado en la orilla de la cama y luego ella sentada a la orilla de la cama mientras yo estaba de pie. No resistí más y me hizo acabar con gran potencia que llené el profiláctico con una potente corrida.

    Por un momento me lamenté y a la vez me sentía apenado, pues la quería seguir cogiendo, pero el tiempo ya había pasado, aunque la mayoría del tiempo había sido en esas pláticas y que realmente me frustraba, pues hubiese querido dejarle ir algunos embates a esta linda mujer. Ni tan siquiera había visto su conchita y eso me frustraba, me había hecho acabar en diez minutos. Ella me lo hacía saber de esta manera mientras me limpiaba con toallas húmedas el falo: -Estabas cargado… ¡has rebalsado el condón!

    Según mis cálculos me faltaban unos diez minutos y la verdad le hubiese pagado extra por probar esa conchita que todavía no había descubierto, pues Karina seguía con su bata de baño. Estaba a punto de ofrecerle más dinero por cogerme su conchita, pero fue ella quien me dijo: ¿Tienes para una segunda corrida? – No dudé en decirle que sí, aunque no sabía si mi verga iba a responder, esa corrida fue fuerte y mi esperma era abundante. Ella quizá por instinto o experiencia me puso otro condón y me la comenzó a mamar de nuevo y mi verga había tomado volumen otra vez. Me sentí todo un macho por tal reacción y sabía que podía cogerme a esta chica hasta hacerla acabar. Intenté chuparle su conchita, la cual es diminuta y parecía que, en aquella piel de alrededor de sus labios, nunca había crecido vello púbico alguno. Parecía tan tersa como la piel de un recién nacido.

    Al igual que ella, comencé por besarle el cuello, pues no me permitió besarle los labios o su boca. Al igual he recorrido sus pechos y los he mamado y me dejaba admirado que fueran naturales y que se sintieran tan sólidos. Sus pezones eran oscuros y los mamé y mamé pues a esta linda mujer le gustaba aquella acción. Bajé al igual que ella a su abdomen y encajes, pero hasta ahí me dejó llegar. Cuando le dije que quería probar su conchita, la cual se miraba mojada y bien lubricada ella me lo dijo de esta manera: ¡No… eso es solo para una persona muy especial! -luego ella misma agregó. – ¿Cómo quieres que me ponga? ¡Ya se está haciendo tarde!

    Su sugerencia como que me frustró, pero también hizo que me llenara de capricho y ego y me propuse que a esta puta le iba sacar por lo menos un orgasmo. – De perrito. -le había contestado. Creo que, en una primera follada, de solo ver ese culo y ver su rostro reflejado en ese espejo paralelo a la cama a cualquiera manda al paraíso esta linda chica. Ella se puso a la orilla de la cama y proseguí a meterle lentamente mi falo. Pensé mientras miraba como mi verga se había hundido en su vagina: -Esta chica se siente tan apretada que de seguro apenas comienza y no está tan usada. – La verdad que Karina tenía una conchita pequeña y se podía sentir esa presión de sus paredes y cómo la contraía y al igual contraía su ojete del que no sabía si podía tocar. ¡Qué culo más perfecto, qué ojete más apetecible! No tenía ningún vello en él y se miraba cómo lo contraía del deseo. Mientras embestía su conchita se me ocurría ofrecerle más dinero por ese rico y perfecto culo… realmente se me antojaba.

    Como una puta intentando acabar su faena me alentaba a que le diera fuerte. Ella gemía, su respiración era profusa y movía aquella cintura y sus nalgas con una sensualidad que pocas veces he visto en chica alguna. Obviamente pensé lo obvio, estaba fingiendo placer y llevarme por ello al paraíso, pero realmente yo ya había escupido la presión de un par de semanas y le daba a diferentes velocidades donde solo se escuchaba el chaqueteo del golpe de mi pelvis en sus nalgas y ese chasquido de mi verga entrando y saliendo de una bien lubricada conchita. Le taladré su conchita alrededor de unos quince minutos consecutivos… sus nalgas brotaban sudor lo mismo que mi abdomen y pectorales, fue un bombeo constante hasta que escuché de su voz, que me dirigió a ver su rostro por ese espejo lateral de la cama y pude ver su rostro de placer y ella comenzó a chocar con más violencia su conchita contra mi pelvis y explotó con jadeos incontrolables: ¡Oh no… Oh Dios… me estás haciendo correr! – esto lo repetía una y otra vez en un minuto y luego se fue de bruces contra de la cama y yo seguí dándole hasta lograr en minutos mi segunda eyaculación.

    Karina se encargó de limpiarme y hasta me ofreció el baño para que tomara una ducha. Me fui a bañar apresuradamente y cuando salí ella ya estaba vestida con un pantalón color negro bien pegado a su piel, con un suéter grueso de lana de color rojo y me ayudó a ponerme mis calcetines. En ese proceso se lo propuse:

    -Tengo una propuesta que espero no te moleste.

    -Dime.

    -Te ofrezco mil dólares por follarme tu culito y comerme tu conchita.

    -No… eso no lo hago. Como te dije… mis besos y sexo oral son solo para una persona especial… ¡Sexo anal… eso no… nunca lo había pensado!

    -¡Esta bien! No me des una respuesta hoy. En un par de días te llamaré y te doblo la oferta si estas dispuesta.

    -¡Esta bien! Llámame y veremos si ha cambiado mi decisión.

    Karina me dio un trago de vino tinto que tenía en una copa, me dio un beso en la mejía y me acompañó hasta la salida del edificio. Se miraba tan linda, era esa mezcla de ángel y diablo y sabía que tenía que regresar. Tenía un aroma en su piel que me había embriagado y tenía que buscarla de nuevo y tres días más tarde la estaba llamando.

    Continúa.

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  • Le dije a mi profesor para coger con él y que me ayudara

    Le dije a mi profesor para coger con él y que me ayudara

    Hola, a todos me llamo Paola, tengo 22 años, soy venezolana, me gusta vivir intensamente los días y tener experiencias de todo tipo, o sea disfrutar la vida.

    Físicamente soy delgada de cabello negro, de piel blanca que soy bonita tengo buen físico, no soy perfecta, pero no soy fea. He tenido varios novios y otras parejas o solo disfrutar el momento. Les voy a contar lo que viví cuando tenía 18 años, hace 4 años cuando empecé a estudiar en la universidad, espero les guste y me den su opinión para seguir o no contándoles mas de mi vida.

    Cuando tenía 18 estaba estudiando en la universidad, vivía en un apartamento con varias chicas compañeras de universidad.

    Mi mamá me enviaba dinero para pagar mis gastos de la universidad y la situación estaba difícil en ese tiempo (hace 4 años).

    En la universidad yo no iba muy bien, y bueno algunas chicas que vivían conmigo me decían que tuviera sexo con el profesor que ellas habían aprobado así la materia.

    Ellas me ayudaron me dijeron que me iban a dejar el departamento desocupado una tarde para yo traer al profesor.

    A los siguientes días fui a hablar con el profesor. Él tenía 55 años, era delgado y buen físico y el cabello gris, esa mañana hable con él y le dije que para que me ayudara a aprobar la materia y que si podía ir al apartamento que yo iba a estar sola en la tarde y que podíamos pasarla bien juntos. Me quedo mirando y me dijo “está bien, pero nadie debe de enterarse;”. Yo le dije que no se preocupara, le anoté la dirección en una hoja, le dije que si podía ir a las 2 de la tarde, me dijo que si y le dije que lo iba estar esperando.

    Esa tarde lo estaba esperando y llego puntual a las 2 de la tarde, él entró, le dije que se sentara, yo tenía puesta una camiseta larga nada más, no tenía ropa íntima ni nada, Él se sentó en el sofá y yo me pare frente a él y me quité la camiseta y quedé desnuda totalmente, él estaba sorprendido y me dijo “que hermosa bebesota”, me fui a donde él estaba y me senté frente a él subiéndome encima de él, mis senos quedaron cerca de la cara de él, le dije “bueno profe soy toda tuya, dígame que vamos hacer…”, él me agarró los senos, me dijo “bebé voy a cogerte bastante estas riquísima”.

    Empezó a chuparme los senos, los pezones, mis pezones ya estaban duritos, y el chupándome los senos… me dijo que fuéramos a la habitación. Mientras caminábamos me iba tocando las nalgas, él estaba muy emocionado, llegamos a la habitación él me dijo “acuéstate y abre las piernas bebecita”.

    Yo me acosté y abrí las piernas, sus ojos no dejaban de mirar mi vagina y dijo “wow que linda” y se acercó y empezó a chuparme mi vagina, estaba como loco, pasando su lengua en mi vagina me dijo que estaba deliciosa que sabía rico, le dije que me había duchado hace ratico. Él siguió dándome sus mamadas en mi vagina y me la besaba y mamaba, y después me dijo “voltéate bebé para verte el culito”, y me volteé me puse en posición de perrito y abrí bastante el culo y él dijo “wow que rico, te voy a chupar ese anito bien rico”, y empezó a chupármelo bastante, su lengua rozaba mi ano y todo mi culito, lo disfrutaba mucho y él estaba muy emocionado saboreándome mi culito.

    Yo le decía “que rico profe sigue me gusta mucho” y el seguía con más fuerza, me pasaba la lengua por la vagina y el ano estaba chupándome la vagina y el ano, me dijo que me abriera más las piernas y me daba nalgadas, y luego con su mano me daba palmadas en mi vagina y mi ano y empezó a meter los dedos en mi vagina y me chupaba el ano, después empezó a meter un dedo en mi ano y hacia movimiento de sacarlo y meterlo, y decía que mi ano estaba muy lindo muy suavecito, con sus manos me abrió más las nalgas para que mi ano se abriera más y empezó a meter la lengua en mi ano, a mí me gustaba mucho y todo el tiempo yo gemía y le decía que rico.

    Él se levantó se paró y de su camisa sacó los condones y los colocó en la cama, eran 4 condones y empezó a quitarse la ropa. Yo empecé a moverme para ayudarlo a quitarse la ropa, me levanté y empecé a ayudarlo a quitarle el pantalón, los zapatos, le bajé el pantalón y lo primero que vi fue que su bóxer tenía el pene muy duro y parado, le dije “profe usted está bien excitado” y me dijo “por supuesto usted está riquísima”, y me dijo que le quitara el bóxer y se lo baje y salió el pene, estaba muy duro, muy parado, me dijo que lo agarrara, y lo agarré, estaba durísimo y muy caliente, empecé a frotárselo, y a él le gustaba mucho, entonces le dije que se acostara, él se acostó y yo seguí agarrándole el pene y frotándoselo con una mano y luego empecé a pasarle la lengua en la puntica, y luego lo metí en mi boca a mamarle el pene.

    Él gemía mucho, le gustaba mucho, después de un rato me dijo que hiciéramos el 69, estuvimos bastante haciendo el 69. Luego agarró un condón y me dijo que le ayudara a colocárselo, y se lo puse y me dijo que me acostara, y me abrió las piernas y empezó a meter el pene suave por mi vagina hasta que lo metió todo y me dijo “que rico! hoy voy a cogerte bastante”. Y empezó a cogerme suave y despacio y su cara estaba en mis senos chupándomelos, y tocándolos.

    Luego me empezó a decir que era una alumna traviesa y que me iba a castigar, yo le dije que sí, que yo era una alumna mala y que tenía que castigarme mucho, él me dijo “si la voy a coger mucho”. Hicimos varias posiciones, yo estaba disfrutando como él me cogía rico, y me hizo acabar varias veces, él también acabo varias veces y cambiaba de condón.

    Esa tarde cogimos bastante él me mamaba la vagina y seguía cogiéndome, duro y fuerte en perrito, lo hacía más duro y fuerte y es mi posición preferida, y así seguimos hasta que él usó los 4 condones que trajo, y así terminamos sudando, él estaba muy sudado y yo también, y muy cansados. Él dijo que quería chuparme otro rato y se puso a chuparme la vagina otro rato hasta que dijo que ya tenía que irse.

    Yo lo abracé y lo besé en la boca. Y terminamos y me dijo que le había gustado mucho, que él quería otro día volverme a coger, yo le dije que yo pensaba que era una sola vez y me dijo que sí que siempre él ha hecho así con las alumnas, las coge una sola vez, pero que conmigo era diferente porque yo le gustaba mucho y que tenía que darle el culito, hacer anal con él, pero eso va hacer otro día. Yo no le dije nada y él me dijo que iba a decirle algunas mentiras a su esposa para poder verme un fin de semana juntos para cogerme bien rico 2 días seguidos.

    Él se vistió y ya cuando él se iba a ir me dijo que quería darme una última chupada a mi vagina y abrí mis piernas y me volvió a chupar la vagina y el ano y me dijo que la pasó muy rico y lo acompañé a la puerta y se fue.

    Él se fue y me quedé pensando en todo lo que me dijo tenía que hacer, lo que me dijo no tenía otra opción además no fue tan malo, la pasé muy bien, y muy rico como lo hicimos…

    Gracias por leer mi historia, quiero saber su opinión para seguir contando lo que me pasó después con el profesor y más historias, porque tengo más historias desde que a tener relaciones por eso que no soy nada tímida, al contrario he sido muy extrovertida y el sexo me gusta siempre que sea con alguien que me agrade… y voten por mi relato si les gustó, eso me anima a seguir contado.

    paopaofer3@gmail Díganme que les pareció para leerlos al instante.

  • Voyerismo en Santa Fe de Antioquia

    Voyerismo en Santa Fe de Antioquia

    Esta historia me sucedió hace un par de meses, ya que días atrás fantaseaba con mi esposa de que pudiéramos salir a la calle en el carro ella usando minifalda sin tangas con la intención de poder mostrar su vagina a los hombres que se acercaran a la ventana. Todo transcurrió mientras íbamos para una finca de clima caliente en Santa Fe de Antioquia, esa mañana salimos temprano y nos dirigíamos para el sitio en mención.

    La primera situación de morbo y exhibicionismo fue llegar a la bomba de gasolina a tanquear ya que le dije a mi esposa que abriera las piernas un poco cosa tal que al acercarse el señor a mi ventana el pudiera observar con claridad esta belleza de vagina depiladita, así sucedió casi se le salen los ojos cuando miraba con esas ganas y yo como tenia gafas oscuras lo miraba disimulando un poco para que no se diera cuenta, el tipo procedió a tanquear y enseguida ofreció limpiar el parabrisas yo le dije que sí y el señor encantado limpiando y observando cada vez más de cerca la vagina de mi esposa, ya de ahí nos dirigimos hacia la finca y en el camino nos detuvimos y le preguntamos a tipos en el camino hacia donde quedaba dicha finca y que sorpresa que se llevaban cuando se acercaban con esa amabilidad a decirnos la ruta y veían a mi esposa sin tangas y mojada por los laditos ya que en determinado momento le tocaba con mis dedos y eso la hacía humedecer más y más.

    Yo ya tenía una tremenda erección y unas ganas de hacerle el amor ahí en la carretera, estábamos que nos comíamos con el morbo que sentíamos de que la estuvieran viendo, al fin llegamos a la finca y estaban unos amigos con sus novias y otros con las esposas y habían dos que no conocíamos uno era Juan y otro Sebastián, cuál de los dos se quedó boquiabierto al ver bajar a mi esposa del carro con esa minifalda blanca y bien cortica, pero desde donde estaban ellos no podían apreciar que estaba sin tangas, la sorpresa para ellos sería mayor más adelante, seguidamente entramos y saludamos a la gente y podía apreciar que Juan no le quitaba la mirada a las piernas de mi esposa, y le dije a ella ahora nos vamos a ir a jugar cartas a la mesa con otras parejas y vas a tratar de abrir las piernas para que juan pueda observar que no llevas nada debajo de la mesa y así fue la sorpresa de este tipo ya que le quedaba de frente por lo que estaba en una hamaca y ésta quedaba de frente a la mesa, mientras jugábamos intencionalmente abría las piernas cosa tal que este tipo estaba con los ojos salidos y no disimulaba y mi esposa y yo cada vez más mojados.

    Esa tarde casi noche nos fuimos para una cabaña de la finca e hicimos el amor increíble ya que venía cargado de tanto morbo en el viaje, rato después nos bañamos y salimos un rato a compartir y tomar unos tragos con nuestros amigos y con los otros dos muchachos Juan y Sebastián, yo le dije a mi esposa mira que Juan no te quita la mirada de encima, te gustaría que te morboseara mas a lo que ella encantada dijo sí, me tiene súper mojada, el plan siguiente era que íbamos a dejar el celular de ella cargando ahí en la mesa pero que Juan se diera cuenta que era de ella, así lo hicimos, ya después de varios tragos decidimos irnos supuestamente a dormir pero vendría la sorpresa mayor, yo salí de la cabaña y me devolví a preguntar si alguien había visto el celular de mi esposa, que si lo llegaban a encontrar que por favor nos lo llevaran a la cabaña y Juan como que entendió el mensaje a pesar de estar un poco entonado con los tragos.

    Ya habían pasado como una hora y ya estábamos en la cabaña mi esposa y yo imaginándonos que si fuera juan quien viniera a entregarle el celular ya que el chico de unos 28 años con un cuerpo agradable y una cara simpática le había gustado a mi esposa, me asomaba por la ventana cada rato para ver si íbamos a cumplir nuestro plan y nada, cuando por fin veo a la distancia que venía Juan solo y mi esposa ya estaba lista para recibirlo en una blusa transparente y sin tangas, la blusa si era cortica y dejaba al aire libre su hermosa vagina depilada, yo mientras tanto me hice el dormido pero con los ojos entreabiertos para poder ver la reacción de Juan cuando mi esposa le abriera casi desnuda, cuál sería la sorpresa al tocar la puerta y mi esposa le va abriendo, el solo alcanzó a decir hola es que…

    Mi esposa le dijo no te preocupes ya encontraste mi celular te debo una, y yo con una erección tremenda solo miraba al pobre juan como dirigía sus ojos a sus senos y a su vagina, enseguida cerró la puerta y nos dispusimos a hacer el amor con unas ganas impresionantes extasiados por la adrenalina del momento y el morbo.

    Al día siguiente nos devolvimos a Medellín sin antes ver que en la despedida de Juan mi esposa le dio un beso casi en la boca y obtuvimos su número telefónico, lo que sucedió en el próximo encuentro con Juan fue una locura, les estaré contando en otro relato.

    Si desean nos pueden escribir al correo [email protected] y compartimos más relatos.

  • Follaba conmigo pensando que follaba con su marido

    Follaba conmigo pensando que follaba con su marido

    Cuando entró por la puerta de la tienda pensé que iba a hacer una buena venta, ya que casi seguro venía a comprar una cama reforzada, pero la muchacha venía por otra cosa. Al llegar al mostrador me preguntó:

    -¿Es usted el dueño?

    -No, no soy el dueño, soy el transportista, el que lleva los muebles a su destino después de que los vendemos. ¿En qué puedo ayudarla?

    La muchacha luciendo su mejor sonrisa me respondió:

    -Leí el letrero de la puerta y dice que necesitan una vendedora.

    -Un momento.

    Saqué el móvil del bolsillo e hice una llamada.

    -Jefa, tengo aquí a una chica que viene a por el puesto de trabajo.

    -«¿Cómo es, Enrique?»

    -De mi estatura, morena de piel, de ojos oscuros, con el cabello negro y corto, guapa y voluminosa?

    -«¿Gorda?»

    -Sí.

    -«Pregúntale cómo se llama y si tiene experiencia en ventas.»

    Mire para la muchacha y le dije:

    -Dice si…

    La muchacha que había oído a mi jefa, me dijo:

    -No tengo experiencia en ventas, este sería mi primer trabajo, mi nombre es Gabriela y soy venezolana.

    -Dice que este es su primer trabajo, jefa, que se llama Gabriela y…

    -«La oí. ¿A ti que te parece, Enrique?»

    -Que tengo que llevar unos muebles y podía quedar en mi sitio si quiere empezar ahora.

    Gabriela me dijo:

    -Puedo.

    La jefa la oyó.

    -«Que quede a pruebas.»

    Le explique a groso modo cómo iba la cosa y fui a hacer mi trabajo.

    Un mes más tarde Gabriela había aumentado las ventas un trescientos por ciento y ya estaba fija.

    Gabriela era una veinteañera, casada, gruesa, medía cerca del metro setenta, tenía cara de niña. Tenía una caída de ojos que enamoraba al verla y una manera de hablar que cautivaba al tratarla.

    El primero en quedar prendado de ella fui yo, que en aquellos tiempos era un cuarentón y estaba separado.

    Un sábado por la noche que estábamos haciendo inventario en el almacén, le entré:

    -¿Qué tal tu vida sexual, Gabriela?

    -¿Por qué lo preguntas, Enrique?

    -Porque la mía es inexistente.

    -¿De verdad?

    -Sí, me hago más pajas que un mono.

    -Vaya, es una pena, aún estás de muy bien ver.

    -¿Alguna vez has pensado en hacerlo con otro hombre?

    Me respondió con otra pregunta.

    -¿Le metiste tú los cuernos a tu mujer?

    -Por eso estamos separados. ¿Y tú?

    -Eso no se le pregunta a una mujer.

    -Ya, aunque fueras infiel no me lo ibas a decir.

    Gabriela cambió de tema.

    -También hay que pedir más fundas de almohadas.

    Hice una anotación en la libreta y después le acaricié el culo. Gabriela me dijo:

    -Estate quieto.

    Al no tomárselo a la tremenda me envalentoné y le pregunté:

    -¿Te da tu marido toda la caña que necesitas?

    -Esas son cosas íntimas.

    -Eso quiere decir que no. ¿Echamos un polvo?

    Gabriela empezó a abrirse de piernas en el momento que me dijo:

    -No digas tonterías, paso hambre, pero no tanta como para ser infiel a mi marido.

    -Quitémonos el hambre.

    Volvió a cambiar de tema.

    -Vamos a mirar cómo andamos de alfombras.

    -¿Por qué no miramos por nosotros?

    -¿Qué quieres decir con eso?

    -Que yo hace tiempo que te deseo, y…

    No me dejó acabar la frase.

    -Si estoy gorda cómo una vaca, que carajo vas a desearme, lo que quieres es hacer otra muesca en tu pistola.

    -Mi pistola ya disparó varias veces mientras te follaba con mi imaginación.

    Estaba a su espalda. Le levanté el vestido, le metí la mano dentro de las bragas, con la yema del dedo medio de la mano derecha le acaricié el ojete y con la otra mano le magreé teta izquierda. Gabriela no se mosqueó, al contrario, me dijo:

    -Estás jugando con fuego y vas a salir quemado.

    -¿Quemado? Mi segundo nombre es bombero.

    Gabriela debía pasar más hambre que yo, pues hizo falta bien poco para que se desatase.

    -Tú te lo has buscado.

    Me empotró contra un armario, me agarró las manos y la libreta cayó al piso. Su lengua se metió en mi boca y me besó con lujuria, después me soltó las manos, me bajó la cremallera del mono y se encontró con la polla empalmada, ya que no llevaba calzoncillos puestos. Me cogió la polla y la meneó mientras me besaba en la boca y en el cuello, después me besó las tetillas, y por último y en cuclillas me mamó la polla con ganas atrasadas. Cuando se volvió a poner en pie, la puse a ella contra el armario, le bajé la cremallera de su vestido blanco y después se lo quité, le quité el sujetador negro y unas tetas grandes con areolas negras y gordos pezones quedaron al descubierto. Las cogí con las dos manos y le lamí y chupé tetas y pezones. Después le bajé las bragas y vi su coño, un coño gordo y peludo.

    Bajé besando su barriga, sí tenía barriga, besé sus michelines, sí, tenía michelines, besé sus estrías, sí tenía estrías, tenía cartucheras, tenía celulitis en sus gordas piernas y tenía…, y tenía un polvo grande cómo un mundo. Mi lengua se perdió en medio de sus labios mojados. Subiendo y bajando entre ellos hice que soltase sus primeros gemidos. Luego le abrí el coño con dos dedos y lamí de abajo a arriba, arriba estaba el gordo glande de su clítoris, glande que chupaba al llegar a él. Gabriela lubricaba muchísimo, era cómo si se estuviera corriendo continuamente. Me encantaba sentir mi lengua pringada de jugos. Cuantos más tragaba más me daba… No paré de comerle el coño hasta que aquel monumento de mujer me dijo:

    -Voy a acabar.

    Le enterré la lengua en la vagina. En segundos se corrió y lo hizo riendo, temblando, moviendo su pelvis de abajo a arriba y de arriba a abajo y tirándome de los pelos.

    En una esquina había un colchón que habíamos retirado por haber venido defectuoso. Sonriendo me llevó hasta él con cariñosos empujones. En un plis plas me tenía desnudo y empalmado sobre el colchón. Dándome la espalda se sentó sobre mi polla. Tenía el coño estrecho y mi polla entrando y saliendo de él no tardo ni un minuto en querer derramar chorros de leche. Se lo hice saber para no dejarla preñada.

    -Me voy a correr, Gabriela.

    Sacó la polla, la metió en la boca y mamó, poco tiempo, ya que en nada le llené la boca de leche, leche que se tragó.

    Al acabar de correrme siguió mamando para que la polla no perdiese cuerpo, después me montó. Con la polla metida hasta el fondo de su coño me dio las tetas a mamar, más tarde me folló, despacio al principio y a toda mecha al final. La veía con los ojos cerrados. Veía sus tetazas volar de atrás hacia delante y delante hacia atrás. Oía sus gemidos y me excitaba más y más. Gabriela se volvió a correr y al hacerlo dijo:

    -¡Acabo, Vicente!

    Se corrió cómo con la fuerza de un ciclón, yo no, no me gustó que estuviese follando conmigo y pensando en su marido.

    Al acabar nos vestimos y seguimos haciendo inventario, al rato me dijo:

    -Perdona por acordarme de Vicente cuando me corrí, pero es que yo soy leal a mi marido, aunque me cueste trabajo ser fiel.

    Después de oír sus palabras me di cuenta de que en mi puta vida entendería a las mujeres.

    Quique.

  • Buenas noches, Rebeca

    Buenas noches, Rebeca

    «Sin duda, este hombre me mira las tetas», pensó Rebeca mientras estaba sentada en el autobús, en uno de esos asientos individuales en el que enfrente hay otro igual. «Me mira, disimula, mira a otro sitio de vez en cuando, pero lo hace, me mira las tetas…, quizá llevo la blusa demasiado abierta», inclinó la cabeza un poco, «no, bueno, algo, hace calor…, cierto es que mis tetas son bonitas, bellas, ni demasiado grandes ni demasiado pequeñas, redonditas, en fin, que me las mire, tampoco hace nada malo, la vista es libre», siguió diciéndose.

    Rebeca se apeó del autobús en la parada más cercana a su casa. Rebeca, sus labores, había disfrutado en su juventud de varios novios hasta que se casó con Alberto, que la quería y mimaba. «Aunque, últimamente, Alberto no me hace mucho caso», pensó, «quizá ya no le excito como antes…, pero mira…, mira ése… ¡cómo me miraba las tetas!».

    Rebeca, a sus cuarenta y pocos, regordeta pero con un cutis, fino, suave, que más quisieran algunas; con un culo bien puesto y unas tetas que, lo voy a repetir, eran una atracción para los hombres, hacía años, lustros, décadas que no probaba una polla que no fuese la de Alberto.

    Rebeca llegó a su casa. A todo esto, debo explicar que Rebeca venía de visitar a su hermana: se celebraba el cumpleaños de un sobrino y prepararon una abundante merienda entre las dos, que después se zamparon todos los niños, y algunos adultos, que habían acudido a la fiesta. Cuando Rebeca regresó era de noche. «Hola, Alberto», saludó a su marido, que estaba sentado en el sofá; «Hola, Rebeca»; «¿Has cenado?»; «Algo», soltó secamente Alberto. Rebeca se sentó a su lado y le dio un beso en la cara. «¿Quieres que te la chupe?», preguntó Rebeca; «No, quita, estoy viendo el fútbol», contestó Alberto; «Yo, creo que me voy a acostar, estoy cansada, buenas noches, Alberto»; «Buenas noches».

    «Tía, no podía gritar, tenía la boca llena de polla», le contaba Rebeca a su amiga Elena en el bar donde desayunaban el día siguiente. «Pero Rebeca…»; `Rebeca, Rebeca», repetía ella burlonamente, «imagínate, tía, me despierta un ruido, no es Alberto, puesto que él se marcha temprano a trabajar, y ya eran las diez, me siento en la cama a escuchar y, en un visto y no visto, entran dos tíos a mi habitación, a cual más alto y más fuerte, me sacuden, me quitan el camisón y las bragas, me cruzan en la cama, me ponen a cuatro patas y, uno en un lado se pone a follarme el chocho por detrás mientras que el otro en el otro lado me mete la polla en la boca, ay, Elena»; `¿No te resististe?»; `Te lo estoy explicando, tía, fue todo muy rápido»; «Ay, hija, qué mal rato debiste pasar»; `Al principio sí, todo tan brusco, después empezó a venirme un orgasmo, me vino, y, como ellos seguían dale que dale, ¡chica, eran incansables!, después, tuve otro…, luego se corrieron sobre mí, el de atrás en mi espalda, el de delante en mi cara, y desaparecieron»; «Ay, hija, tal y como lo cuentas casi que me gustaría que me hubiese pasado a mí».

    Rebeca no contó nada de lo que ocurrió esa mañana a su marido, solamente el robo, que era evidente pues echaron en falta dinero y joyas; e igualmente, a la policía omitió contar todo lo sucedido en su dormitorio. Desde entonces, Rebeca ha cambiado.

    Rebeca está ahora aquí, en el sofá, conmigo. De hecho, está tan aquí que está mirando y remirando mi escrito. Mira mi escrito y me mira a mí, alternativamente, asombrada, primero porque no puede creer que un pobre camarero como yo haya escrito tanto; segundo, porque ella nunca ha sido violada. «¿Esa Rebeca soy yo, y quién es ese Alberto?», dice Rebeca; «Rebeca, es mentira, es ficción», digo; «Pues bien que describes eso que me pasó en el autobús… y lo del cumpleaños… y a mí, ¿no pensarás publicarlo, no?»; «No, Rebeca»; «Ah, vaya que me reconozcan…, ay, Ignacio, tú sabes que soy tuya, nada más, ¿quieres que te la chupe?»; «Sí».

    Me reclino en el sofá. Rebeca, que está a mi lado, mete su cabeza en mi regazo, abre la portañuela de mi pantalón y me saca la polla, que ya se está endureciendo; Rebeca, lame el tronco con los ojos cerrados, yo meto la mano bajo la camisa de su pijama para masajearle las tetas mientras me la chupa; Rebeca se mete mi polla en su boca y comienza su vaivén de cabeza; oigo su respiración, fuerte, respira por la nariz, de vez en cuando gime porque le gusta, le gusta mi polla, el sabor de mi polla, el sabor de siempre; conforme yo ronco más de placer, Rebeca más se esmera; «Ooh, ooh»; «Hummm», responde Rebeca. El semen a punto de brotar del glande, mi orgasmo; y Rebeca lo sabe, lo siente, y rodea con sus labios más fuertemente mi polla, y cabecea más rápido, y ooohh, me corro en su boca.

    «Escríbelo, Ignacio, escríbelo, escribe esto que hacemos», me dice Rebeca alzando su rostro, con restos de mi semen en sus labios, «la gente debe saberlo, esto es amor, lo mejor, más bueno y más grande que existe”.

    «Buenas noches, Ignacio».

    «Buenas noches, Rebeca».

  • Mis inicios como ninfomaníaca

    Mis inicios como ninfomaníaca

    Me casé joven de 20 años, el sexo con mi marido era regular, él duraba poco y no tenía una verga muy grande, la verdad que eran solo 15 centímetros y algo delgada y pocas veces me llevó al orgasmo. Después vinieron los hijos, dos varones y al pasar de algunos años supe que mi marido salía con otras mujeres y no tardó en dejarme, con mis dedos buscaba el sexo que me faltaba, a veces usaba algo como estimulador, un cepillo de pelo con mango grueso u otra cosa que mi imaginación me pedía.

    Soy de un metro setenta de estatura y en esa época de mi vida tenía un poco de sobrepeso, pero con buenas nalgas y tetas que mis amigas envidian y algunos hombres miraban por mi escote en el bus. Mi ex me dejo una buena mantención lo mismo que mis padres, por lo que no necesitaba trabajar, aun así lo hice y retomé mis estudios de alta cocina logrando un trabajo de medio tiempo. Buscaba pareja, pero no encontraba nada. Un día me miré desnuda en el espejo y vi lo que los embarazos y el tiempo habían hecho en mí, así que busqué un buen gimnasio. Después de algunos meses había logrado bajar algo de peso y tener más tonicidad, pero lo mejor era que me sentía muy bien y con ganas de gozar, que aplacaba con algunos vibradores.

    Mis padres habían dejado una casa en el sur, cerca de una ciudad, con mis ahorros la arreglé y puse en venta. A provechando unos días de vacaciones viaje a recoger una pocas pertenecías que allí habían quedado, al llegar vi que cerca de la casa había un complejo deportivo nuevo con un gran estadio, me acerque y vi que estaban entrenado rugby un grupo de jóvenes, al pasar por el acceso había un letrero pidiendo una cocinera por unos días, así que, sin pensarlo, fui a ofrecer mis servicios.

    No era cocinar para muchos ni menos hacer los platos exquisitos que hacía en mi trabajo de medio tiempo y tenía a un señor muy mayor de ayudante por lo que el trabajo era solo de unas horas al día.

    Los entrenadores y otros ayudantes eran muy mayores y después del entrenamiento se iban a tomar a un bar cercano, los jugadores como buenos rugbistas eran altos y fornidos y estaban en primer año o segundo en una universidad, algunos me miraban con lujuria, pero yo no les ponía atención ya que eran muy jóvenes.

    El último día estaba en la cocina entregando todo limpio y ordenado cuando el más grande de ellos se me acercó y me tomó de las caderas, sentí como un calor que me subía por las piernas y se concentraba entre ellas.

    -Te tengo una propuesta –me dijo-, algunos de mis amigos son vírgenes y si tú quieres ganar algo de dinero extra teniendo sexo con ellos dímelo sino aquí no ha pasado nada…

    Yo al comienzo no sabía que decir, después pensé en mandarlos a la mierda, pero sorpresa, de mi boca salieron las siguientes palabras…

    -Bueno, me gustaría, pero no solo con tus amigos vírgenes sino con todos Uds!!!

    No sabía lo que decía, era como si otra persona hubiera tomado el control de mí, sentía que mi cara se ponía roja, también mi cuello y mis piernas tiritaban por la excitación y el nerviosismo, del comedor vinieron a la cocina todos ellos, reían y se miraban entre ellos con una lasciva complicidad.

    Me llevaron a un camarín, juntaron dos bancos largos y pusieron unas toallas sobre ellos haciendo una improvisada cama.

    Todos hablaban al mismo tiempo, algunos intentaban sacarme la ropa, otros con poca suavidad me toqueteaban, pensé en salir corriendo, estaba algo arrepentida, pero el calor que se me había subido a la cara y el resto del cuerpo iba en aumento. Sin perder la compostura les grite:

    -O se ordenan o me voy… A ver, quién va a ser el primero en tener sexo conmigo?

    Les dije con fuerza y autoridad lo que me sirvió para poner orden.

    -Tu nos dices… -dijo uno.

    No los había contado, pero eran más diez y después se sumaron otros más, mi excitación estaba subiendo, sentía como mi vagina se iba humedeciendo hasta mojar mi ropa, mi clítoris se ponía duro y los labios vaginales se abrían esperando lo que venía.

    -¿Ok, pero se me ordenan y me tratan bien, quienes son los vírgenes? -les pregunte.

    -Estos tres -indicando a los más jóvenes, dijo uno.

    -Empezaré con ellos, así que sáquense la ropa.

    No termine decir esas palabras cuando ya todos habían empezado a desnudarse rápidamente, los que ya estaban desnudos me empezaron a quitar la ropa.

    -Con suavidad, no se apuren -les dije.

    Se notaba la ansiedad en sus caras y la excitación, me miraban con deseo cuando me sacaba las ultimas prendas, quedando solo con ropa interior, ellos estaban desnudos y mi excitación seguía subiendo, varios ya tenían sus penes erectos, duros y brillantes, nunca había visto a tantos hombres desnudos, los mire a cada uno, conté 15, todos jóvenes con una buena musculatura y con sus penes con unas buenas proporciones, algunos erectos hacia arriba, otros hacia abajo encorvados y otros con penes derechos, habían cuatro de ellos que tenían medidas descomunales, la excitación me aceleraba el corazón, mi cara, mi cuello y el interior de mis piernas se sentían con un calor extremo y mi vagina ya no podía estar más mojada.

    -Pepe, Felipe y Miguel, uds. primero, a debutar se ha dicho -dijo uno.

    Los tres se acercaron y tome sus penes con mis manos, dos lo tenían grande y otro aun algo flácido, los acaricies un buen tiempo, hasta que me decidí y los lleve a mi boca uno por uno, a medida que succionaba vi cómo se ponían más duros. Los otros me acariciaban y empezaban a sacar mi sostén y tiraban de mis bragas bajándola con algo de brusquedad. Seguí mamando esos penes ya muy duros, uno no aguanto y su semen me llego profundo en mi garganta, tragándomelo todo, un extraño gusto algo dulce y salado quedo en mi boca.

    -Esta perra me dejo seco! -gritó.

    -Hey! cuidado con tus palabras sino no hay nada más para ti! y eso va para todos -les dije.

    Me recosté sobre las toallas y los dos primeros se peleaban por empezar a penetrarme, uno se puso sobre mí y me encendió aún más, su pene era de buenas proporciones y empezó a entrar con brusquedad al principio, pero estaba tan mojada con mis líquidos que su pene entraba y salía sin problemas, al mismo tiempo que varios otros ponían sus penes cerca de mi boca para que se los mamara, otros succionaban mis pezones ya duros y muchas manos acariciaban todo mi cuerpo.

    Después de unas embestidas, termino dentro de mí, ya estaba muy excitada, como nunca en mi vida, el siguiente se puso encima mío y también termino rápido, todos estaban muy excitados, empujándose y peleándose por penetrarme. Yo continuaba mamado la verga más cercana a mi boca.

    -Se me ordenan! -les grite- hay para todos y los voy a satisfacer a todos!

    El tercero que me penetro me dejo casi en el éxtasis su chorro de semen caliente lo sentí en lo profundo de mi vagina.

    -El siguiente! –grité.

    Mi excitación seguía subiendo, el próximo que me penetro tenía un pene muy curvado hacia arriba y muy grueso, era lo que necesitaba para un gran orgasmo, el que vino con su chorro de semen y fue muy explosivo con estertores y contracciones en mi cuerpo con oleadas de calor y los espasmos de mi vagina hacían que expulsara el semen, solté los penes que tenía en mi mano y abrace al joven con fuerza.

    -Así se hace! -le grité- denme más! quiero más háganme gozar muchachos! -les gritaba.

    Dos más terminaron dentro de mí y empecé a excitarme de nuevo camino a otro orgasmo, seguía mamando los penes que esperaban, mi segundo orgasmo vino con el séptimo joven, no la tenía muy grande pero el chorro caliente y constante de su semen me llevo a las nubes, volví a estremecerme de nuevo con otro orgasmo de fuertes espasmos y contracciones en mi vagina y todo mi cuerpo. Me sentía en el cielo.

    Uno de los jóvenes más corpulento me dijo:

    -Ponte en cuatro que quiero hacerlo a lo perrito.

    Me di vuelta, me incline sobre las toallas, el semen me salía a borbotones gruesos de mi vagina y corría por mis piernas hasta mis rodillas, el comenzó a penetrarme, su verga durísima era una de las más grande, me hacía doler ya que con esta posición entraba hasta lo más profundo de mi vagina, pero la excitación era más que el dolor y el joven termino rápido, su orgasmo fue muy largo llenándome de nuevo toda por dentro.

    El siguiente me dijo: -Quiero tu culo.

    -Bueno -le dije- pero hazlo con algún lubricante.

    Mientras lo iba a buscar seguía mamando algunos penes, algunos terminaban en mi boca, trataba de expulsar el semen, pero siempre terminaba tragándolo, otros eyaculaban en mis pechos. A esa altura ya estaban más en confianza y ordenados, sabían que estaba dispuesta a darles lo que querían.

    El que fue a buscar lubricante llego rápido.

    -Ya está lubricado.

    -No es solo para tu verga -le dije- es para mí culo.

    Me pusieron el lubricante entre varios metiendo sus dedos en mi ano, yo nunca tuve relaciones anales con mi esposo, pero ya a esa altura no pensaba nada, no guiaba mis acciones ni mis palabras, era tal la excitación que después de cada orgasmo quería más y más.

    Me puse en cuatro de nuevo y empezó a penetrarme por mi ano en forma lenta y suave, sentía como a cada embiste mi ano se expandía, su glande lo sentía grueso, el lubricante facilito que entrara por completo, al comienzo era algo doloroso, pero después de varias metidas sentía como entraba y salía con una sensación de placer y excitación que iban en aumento, su chorro caliente me llego muy adentro, rápidamente se puso otro que la tenía más grande aun, con esa verga y sus movimientos hicieron que acabase otra vez.

    En un momento me levante y de mi ano y vagina continuaba saliendo semen. Me había propuesto dejarlos a todos satisfechos y aún quedaban varios con sus penes duros, los que habían terminado descansaban sentados en otros bancos conversando y riendo relajados.

    Puse a uno acostado sobre las toallas, la tenía grande y su glande era muy grueso, me subí sobre él y empecé a cabalgar sobre su verga, con los movimientos circulares de mis caderas acabo pronto. Llamé a otro y también los puse acostado y me subí a su verga, esta también era descomunal y gruesa, con lo que mi excitación volvió aumentar de nuevo.

    Otro de los jóvenes me tomo de las caderas y puso su pene entre mis nalgas buscando penetrar mi ano que no opuso resistencia, ahora tenía un pene en mi vagina y otro en mi ano y los dos eran grandes, entre los dos empezaron a penetrarme rápidamente, junto con el movimiento de mis caderas que buscaba mantener ambos penes dentro y la excitación de ellos nos llevó a los tres al orgasmo simultaneo, para mí fue grandioso, sentía que las convulsiones y espasmos en mi vagina se expandían a mi ano y de ahí a todo cuerpo, este orgasmo fue estremecedor desde mi pelo hasta los dedos de mis pies, sintiendo que todo en mi cuerpo era placer, yo gritaba: “quiero más, quiero más”, poseída como loca. Los otros jóvenes que observaban la escena de penetración doble se entusiasmaron nuevamente volviendo a sus embestidas, continúe con las dobles penetraciones cambiando unos arriba y otros abajo y con mis mamadas trataba de mantener sus penes erectos para que continuaran metiéndolos, yo seguía con mis orgasmos, algunos más intensos que otros.

    Ya habían pasado algunas horas y ya estaba agotadísima, pero algo en mi pedía más y más, después de otros orgasmos míos y de ellos no vi más penes erectos, los quince ya estaban sin fuerzas, felices y relajados como yo.

    -Eres lo máximo -me decían- queremos volverte a ver -decían otros.

    Les explique qué venía de lejos y debía regresar, estaban tristes por la partida, pero todos quedaron más que satisfechos y me pagaron una buena suma de dinero que juntaron entre ellos.

    En el viaje de regreso a en mi ciudad pensé mucho en lo que había hecho, nunca me había sentido más amada y deseada, también muy liberada de tantas cadenas, aprendí que se puede ser multi orgásmica y que eso se puede controlar si realmente se quiere.

    Volví a mi trabajo y al gimnasio. Con la decisión de sentirme más libre, aunque no creo que por eso mis historias deba contarlas a alguien, la gente comenta demasiado y la discreción en este tema debe ser total. Con el tiempo decidí buscar centros swinger u otros donde hay orgias con muchos hombres que disfrutar o también mujeres por qué no, pero he mantenido un perfil bajo y mis pasiones en secreto que he podido liberar cuando yo he querido. Eso se los contaré en otra historia.

  • Sería una noche tranquila

    Sería una noche tranquila

    El fin de semana pasado, recibí la visita de un primo mío, hijo del hermano de mi papá, vino del interior por tema laboral y le ofrecí quedarse en casa para ahorrar lo del hotel ya que no quería quedarse en casa de mis padres porque tenía en sus planes salir de fiesta y conocer lugares por el centro de Asunción, obviamente conmigo como guía turística.

    En fin, llegó y lo recibí en mi departamento, hacía meses que no lo veía, hablamos mucho antes de que entrará a asearse para salir ese sábado, yo debía salir un rato, así que le dije que se ponga cómodo y me espere, en realidad fui al departamento de Don Roque, ya saben para qué.

    No tardé mucho, seguro como 1 hora, cada tanto nos hacemos compañía y nos enredamos en puro sexo casual, tiene sus días así como tengo días con mi jefe que son los domingos y miércoles.

    Volví al departamento y José, así se llama mi primo, estaba ya bien vestido y viendo TV, le dije que no tardaría, me duché, me puse un vestido ajustado tipo minifalda, me maquillé y salí, bueno, nos bajamos hasta mi coche y partimos rumbo a un local ubicado en Villa Morra.

    Llegamos cerca de las 23:30, estacioné, nos bajamos y conseguimos una mesa directo a la calle principal, muy bueno el ambiente, estuvimos charlando por largo tiempo sobre nuestras vidas, el trabajo y como a las 2:00 prácticamente ya estábamos muy mareados, tomé jugo hasta cerca de las 3 para ver si se pasaba el efecto del alcohol, pero casi nada, le dije a José que ya debíamos regresar al departamento porque ya era muy tarde y yo estaba apenas despierta.

    En fin, estaba muy mareada para conducir y él estaba igual, así que le dije que nos quedaríamos en un hotel de la cercanía y que al amanecer nos iríamos a casa de vuelta, eso hicimos, pagamos el hotel, ya que nos quedaríamos sin correr peligro, compramos algunas cervezas para continuar en el cuarto, habitación con dos camas, obviamente no iba a dormir con él.

    Entramos, fui al sanitario a desmaquillarme, siempre en mi vehículo tengo ropa de muda, por experiencia a veces es necesario, en varias ocasiones no llegué a casa y recurro a mi maletero, pero no tengo ropa decente, así que iba a tener que ponerme el short corto y una remera floja.

    Él seguía como estaba, nos sentamos recostados por la cabecera de la cama viendo la TV, charlando y tomando nuestras cervezas, lo miré y le pregunté si tenía algún pantaloncito bajo el jeans o algo así para que se ponga cómodo, me contestó que solo traía el bóxer, «entonces sácate el jeans y quédate en bóxer para más comodidad, total somos primos y estamos en confianza» le dije, bueno, dudó un rato, tenía vergüenza de mi, pero ya cuando estábamos acabando la cerveza, yo me recosté sobre la almohada con la intención de dormir, lentamente fue sacándose el pantalón y la remera, quedó en bóxer, yo no lo miraba, continuaba observando la película, volvió a recostarse por la cabecera de la cama y terminamos la última cerveza juntos.

    Se levantó al sanitario y recién ahí lo observé, seguro por los tragos encima sonreí cuando salió de vuelta y me preguntó «de qué te ríes?», le contesté «estás bien equipado al parecer primo» nos reímos juntos sin sentido y se puso para dormir en la otra cama.

    Bueno, me dormí como 30 minutos y me dieron ganas de ir al baño, pero como estoy acostumbrada a dormir sin ropa en casa, me había desvestido sin darme cuenta mientras dormía, suelo tener esa costumbre, continuando, al destaparme noté que estaba desnuda, miré hacia José, estaba de costado hacía el otro lado, entonces me levanté sin hacer ruido pensando que él no despertaría, al salir del sanitario me topo de frente con él, me cubrí los senos y él se tapó los ojos y reímos, «creí que estabas dormido» le dije, «debo orinar» me contestó, luego volví a acostarme, él nuevamente se posicionaba para acostarse y me dijo «prima, tenés buen físico había sido», solo reí, «suelo dormir desnuda en casa, perdón» le dije, «entonces me sacaré el bóxer para dormir más cómodo» contestó y nos reímos nuevamente por la situación, creí que dormiríamos enseguida, pero yo estaba súper mojada, me excité y como él también estaba mirando el techo sin dormir, le dije «y si encendemos la TV y tomamos otro par de cervezas?», «yo no tengo dramas» contestó, «estoy desnuda, así que vos vas a traer las cervezas de la heladera, me voy a tapar la cara para no verte» le dije, nos reímos de vuelta, bueno, trajo las cervezas, le dije que podía recostarse de vuelta a mi lado, pero debía taparse con mi edredón para no vernos desnudos, me puse la remera y me recosté de vuelta por la cabecera de la cama.

    Tomando y tomando, no pude evitar darme cuenta que se sentía incómodo «ponte más cómodo, extendé tus piernas» le dije y como bromeando empuje con mi pie sus piernas para que los extienda, estaba con una erección, lo noté por el bulto del edredón, «te calentaste por tu prima?» le dije en medio de carcajadas, se puso colorado, no lo niego, sé que está mal, pero me calentaba verlo excitado por mi, hablando y hablando, bromeaba y mandaba mi mano hacía su pene, el empezó a hacer lo mismo, me recosté por su pecho mientras hablábamos y en un momento dado, fui tocándole el bello de sus pechos y cuando más hablábamos, bajaba mis manos buscando su pija, él no dijo nada, llegué a tomar su miembro y nos miramos fijamente, rostro a rostro y le pregunté «te gusta?», «si prima, me gusta» contestó, mientras seguíamos conversando le hacía pajas y él suspiraba cada tanto, me saqué la remera y tomé su mano y lo puse sobre mis pechos, giró de costado hacía mi y nos quedamos mirando mientras nos tocábamos, me destapó y recorrió mi cuerpo con sus manos, mientras me besaba el cuello, luego la boca y olvidamos nuestro parentesco, bajé hasta su pene y empecé a chupárselo, nos quedamos en un 69 largo rato, eran ya cerca de las 7 de la mañana, nos chupamos todo, volví a recostarme a su lado y se subió sobre mi, abriéndome las piernas, no pensé en la protección, siempre estoy con anticonceptivos, en realidad, ambos teníamos bien claro la situación, él sobre mi con las piernas abiertas alrededor de su cintura, fue penetrándome y mis gemidos se intensificaron, sentí un placer increíble de disfrutar de lo prohibido y ser suya, me bombeaba tan rico, se salió y se recostó en la cama y subí sobre él acomodando nuevamente su pene dentro de mi vagina y con movimientos circulares gimiendo y disfrutando llegué al orgasmo, de esos intensos, busqué sus labios gimiendo de placer «te gusta tu prima?» le pregunté jadeando mientras nos besábamos, «rica, sabés coger muy bien» contestó, me puse de cuatro y continuó cogiéndome hasta que sus movimientos se hicieron más rápidos y eyaculó deliciosamente, sentí todas sus contracciones mientras me llenaba la vagina de semen.

    Nos recostamos y pensando nos pusimos de acuerdo que nadie debe saber lo que pasó entre nosotros y que sería la primera y última vez, lo de última vez no se cumplió, al llegar a casa después de almorzar, volvimos a tener sexo, ya sobrio ambos, mi jefe me llamó varias veces y no contesté, dormimos juntos en mi cama ese domingo y aunque esté mal, le entregué hasta mi ano, tragué su semen, nos besamos como novios, tuvimos sexo como 6 veces, ahora somos más que primo hermanos, dijo que vendría a casa nomás ya cuando vuelva a Asunción, obviamente no me negaré, es nuestro secreto y sobre todo me gustó mucho la forma en que estuvimos, sexo rico y placentero, semen familiar en mi vagina.