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  • Descubriendo la infidelidad de mi esposa

    Descubriendo la infidelidad de mi esposa

    Primero que nada, les agradezco que se tomen el tiempo de leer este que es mi primer relato. Soy nuevo en esto y por lo mismo quizás mi redacción no sea la mejor, pero espero ir mejorando con el tiempo ya que tengo muchas cosas que contarles.

    Comenzaré por presentarnos, mi nombre es Manuel y soy un hombre de 28 años, piel morena, mido 1.78 y tengo una complexión media, ni gordo ni flaco. No me considero dotado, más bien siento que estoy en el promedio (16-17 cm).

    Mi esposa se llama Carla, tiene 28 años, piel blanca y suave, ojos azules, cabello negro, tetas algo pequeñas y unas nalgas muy acorde a su estatura (1.55).

    Me gusta decir que somos una pareja muy abierta sexualmente hablando, pero esto no siempre fue así, ya que tuvimos que pasar por algunas cosas que al principio fueron difíciles, pero terminaron por fortalecer nuestra relación.

    Somos de la ciudad de México y afortunadamente tenemos una casa propia debido a que mi esposa la recibió de herencia por parte de su abuela paterna. Y casi olvido mencionar que por razones de testamento mi cuñada vive con nosotros.

    Ella se llama Pamela, es de la misma complexión física que mi esposa solamente que tiene nalgas más grandes y su piel es de un tono canela y con ojos de un tono café claro, además es 6 años menor que nosotros.

    En fin, creo que comenzaré por decirles que tengo una gran debilidad por la ropa interior femenina una vez que ya está usada, me encanta inhalar el aroma de las prendas y más cuando están frescas, también tengo un fetiche por los pies femeninos que me inculcó mi esposa ya que a ella le gusta ser dominante la mayoría del tiempo.

    El sexo siempre ha sido maravilloso, pero llegó un tiempo en el que Carla comenzó a perder cierto interés, ya no me hacía caso en las noches a pesar de que se seguía vistiendo de manera provocativa. Muchas noches comencé a desvelarme en la cocina mientras ella estaba en la recamara «dormida». En varias de esas ocasiones me encontraba a mi cuñada que iba llegando de fiesta, en un muy mal estado, en muchas ocasiones termine llevándola así recámara que estaba junto a la nuestra y debo admitir que durante el tiempo que mi esposa no me había caso sentía la tentación de aprovechar el estado de mi cuñada para satisfacerme aunque siempre me arrepentía al último momento ya que pensaba en las consecuencias que eso podría traerme.

    En una de las últimas veces que tuve que subir a mi cuñada, al pasar frente a nuestra puerta escuché que Carla estaba gimiendo muy bajo, pero era inevitable que se alcanzara a escuchar a través de la puerta y de la pared que separaba las dos habitaciones. No quise entrar a ver qué ocurría, preferí llevar a mi cuñada a su recamara y alistarla para dormir.

    Me sorprendió el hecho de que a pesar de que mi esposa estaba intentando reprimir sus gemidos, se alcanzaba a escuchar perfectamente del otro lado, por lo que me quede pensando en que cuando teníamos nuestras sesiones de sexo, mi cuñada perfectamente podría escuchar todo. No me dio tiempo de nada porque Pamela confirmó lo que sospechaba.

    P- Todas las noches los escucho

    M- Discúlpame, de verdad no sabía que todo el ruido se escuchaba de este lado

    P- No te disculpes, es bastante entretenido escucharlos. Me ayuda a cansarme para dormir jaja

    Dicho esto comenzó a tocarse por debajo de la falda.

    M- No digas eso, estás tomada eso es lo que pasa

    P- No, me gusta escucharlos. Incluso llego a sentir envidia de mi hermana

    Se acercó a mi y me dio un tierno beso en los labios para después desplomarse en la cama y quedarse profundamente dormida.

    En ese momento volvió a mi ese impulso de aprovechar la situación, pensé que posiblemente no tendría otra oportunidad así y me decidí a seguir mi instinto. Suavemente le quité la blusa que llevaba puesta, para mi sorpresa no llevaba puesto brasier, me quedé unos instantes mirando esos pequeños pero firmes pechos. Eran hermosos y no pude resistir acercarme a olerlos y besarlos. Mi verga en ese momento estaba a punto de reventar de la excitación.

    Luego procedí a quitarle la falda dejando ver una tanga negra muy delgada que cubría su seco aparentemente recién depilado pues no encontré rastro de vello, comencé a tocarme por encima del pantalón y a reconsiderar lo que estaba haciendo pero me di cuenta que ya no había vuelta atrás, los gemidos de mi esposa se hicieron más fuertes, lo que me excitó más, saber que mi esposa estaba en la habitación de junto, mientras yo estaba excitándome con el cuerpo de su hermana.

    Rápidamente me olvide de las posibles consecuencias y me decidí a saciar mis deseos con mi cuñada. Le retire la tanga y noté que su sexo ya estaba bastante húmedo y la pequeña tela que tenía en mis manos estaba empapada de sus jugos. No resistí más y comencé a inhalar el aroma de su ropa interior. Era completamente embriagante, no encuentro la manera de describir tan delicioso aroma, sentía que el bulto en mi pantalón iba a reventar, el aroma de mi cuñada me excitaba mucho más que el de cualquier otra mujer con la que haya estado, incluyendo a mi esposa.

    Por un momento pensé en lamer la mancha de los fluidos que Pamela había dejado en su ropa interior pero no podía quedarme con las ganas de probarlo directamente de su sexo. Primero comencé a acomodarla bien en la cama y le retire las zapatillas que llevaba puestas, fue la primera ocasión que vi a detalle los pequeños pies de mi cuñada (talla 2.5 como los de mi esposa) y me encantaron desde el primer momento.

    Acerque mi cara para percibir su aroma y me asombro descubrir que también era delicioso, una mezcla muy ligera del sudor por la distancia que caminó pero también dulce como el de su entrepierna, me sentía en el cielo… No podía creer lo rico de su aroma, no aguante mas y me decidí a lamer la planta de su pie mientras me sacaba la verga del pantalón y comenzaba a masturbarme. Su sabor era igual de delicioso que su aroma, no podía creer que tuve ese manjar en mi casa y no me di cuenta antes.

    Baje su pie y acerque mi cara a su entrepierna, el olor de su sexo era delicioso y más su sabor cuando por fin me decidí a pasar mi lengua entre sus húmedos labios, escuché un ligero gemido salir de su boca pero no me preocupé ya que los gemidos de mi esposa en la otra habitación ocultaban cualquier ligero ruido que saliera de la se mi cuñada.

    A partir de ese momento me volví adicto al olor y sabor de mi cuñada, me obsesione con su figura y no iba a poder sacármela de la cabeza.

    Me levanté y tome la ropa interior que llevaba puesta, la acerque a mi nariz para olerla mientras la observaba desnuda acostada frente a mi y comencé a masturbarme más rápido hasta que sentí que ya no podía más. Baje su tanga y solté toda mi leche en ese pequeño pedazo de tela que quedó empapado.

    Levante ligeramente sus piernas y se la volví a colocar, la arrope y salí sigilosamente de su cuarto.

    Me percaté que no se escuchaba ningún ruido en mi habitación y decidí entrar, mi esposa estaba profundamente dormida y la moví un poco para asegurarme. Al ver que no reaccionó tome su celular para ver si había grabado algo de lo que hizo ya que el hecho de escucharla me había calentado. Para mi sorpresa al desbloquear su celular lo primero que vi fue una conversación caliente con uno de sus ex que tenía agregado en Facebook.

    Había registros de video llamadas y fotografías de los dos masturbándose y diciéndose cosas que querían hacerse mutuamente. Vi que él iba a estar en la ciudad en un par de meses y ya estaban poniéndose de acuerdo para verse.

    En ese momento sentí mucho coraje pero también mucha excitación, no pude evitar que mi verga volviera a levantarse después de todo lo que vi y lo que leí. Lo que si me quedaba claro es que eso no se iba a quedar así…

  • Por las siluetas

    Por las siluetas

    En un campamento, dos sexys amigas van a visitar la carpa de un compinche, que se rumorea «la tiene bien grande», a corroborar si es verdad el mito, sin importar que el novio de una de ellas se encuentre cerca.

    ____________

    —¡Qué ganas de garchar que tengo!, hace una semana que no mojo —dijo Ximena, la mejor amiga de mi novia, cuando ya estábamos los tres dentro de la carpa.

    —¡Ostias! Amiga, cómo aguantas tanto sin follar —le respondió Valentina, mi novia.

    —Bueno tampoco la pavada, una semana no es nada —comento.

    —¡Hombre!, no es poca cosa, yo estaría que vamos, arañando las paredes.

    Dios mío con estas pibitas. Valentina, la “gallega”, con esa forma cachonda de hablar que me deja al palo, aunque el gentilicio es por la costumbre generalizadora de estos lares, ya que ella en realidad ni siquiera es de Galicia. Ximena es de la provincia al igual que yo, y me trataba como si fuera una mina más del grupo, «ay, me pica una teta» decía y se rascaba como si nada delante de mí.

    Ella y Valentina hacían el dúo dinámico: mi novia, pelinegra de ojos claros con una cola que te pone loco, y la amiga, rubia de ojos verdes portando una delantera espectacular. Admito que me he clavado varias pajas fantaseando un trío: una sentada en mi cara y la otra saltándome con ganas encima de la… Bueno, mejor paro porque si no no puedo seguir relatando por unos cuantos minutos. Obviamente esto se quedaba en el plano de la fantasía, porque ni en pedo iba a pasar, aunque me dicen que soy algo chapado a la antigua, pero no sé en qué planeta una novia linda dejaría a su pareja encamarse con su amiga tetona… ¿cuánto hay que pagar para eso?

    Yo me llamo Danib, sí, con “b” al final, no sé qué se fumó mi mamá pero así me puso, y para darles un poco de contexto, les comento que fuimos los tres, junto con otros compinches, a acampar en una zona con arroyo, ideal para pasar un fin de semana distinto. Hace poco estuvimos en una fogata, conversando de cualquier huevada y tomando cervezas. Uno de los vagos allí empezó a delirar que las minitas no paraban de pedirle por whatsapp, Instagram y tiktok, para quedar con él. Alardeaba de tener un pene enorme de no sé cuántos centímetros. Para mí, la mayoría de los pibes que decían eso seguro mentían, porque, por lo general, son las personas a su alrededor las que hacen referencia a algo así, poniéndole sobrenombres como “gordo”, “víbora”, “mandioca”, “mandinga”; no es que uno mismo va por ahí autoproclamándose poseedor del mito.

    Volviendo a la carpa, a la que le había quedado la duda era a Ximena:

    —¿Vos decís que de verdad el chabón ese tiene la pija grande? —le pregunta a su amiga mirando con anhelo por la ventanita hacia la carpa de al lado.

    El “chabón” al que Ximena no se molestó en aprender su nombre, se llamaba Juan, Juan Cristo… Juan Cristo Rey, ya que estamos. Sí, así es, si mi vieja se había fumado algo con mi nombre, los padres de este aspiraron a lo loco en el paraíso. Igual le decíamos Cris nomás. Les mentí, tampoco me molesté en aprenderme su nombre.

    —Sii —confirma Valentina.

    —¿Eh? —me sorprendo yo de mi novia—, qué tenés que andar confirmando vos eso.

    —Ay perdón cariño, pero lo tengo que contar. —Se vuelve a su amiga—: ¿Sabéis la fila interminable que se monta en los baños de aquí?, pues resulta ser que la de chavales era tan larga que tapaba la entrada del baño de chicas. El tío este me hace señas y me deja un espacio para que pase.

    —¿Y? —pregunta ansiosa Ximena.

    —Y pues, resulta que me cruzo por el espacio que me había dejado, dándole la espalda, pero no calculo bien la distancia y le termino por rozar, con una nalga, por todo el paquete.

    —¡Boluda!, ¿posta?

    —No miente el chaval —asiente ella.

    —Noo… —respondo indignado, por las dos cosas.

    —Os juro, os juro, que no lo hice a propósito, os juro —trataba de explicar ella entre las risas de su amiga.

    —Noo —vuelvo a reprochar—, tenés que calcularle mejor.

    —¡Que te digo que no fue a propósito, tronco!, tú no tienes que andar por ahí “calculando” como yo, porque no tienes este peazo de trasero hermoso heredado de mi madre. No me juzguéis.

    Yo me quedo intentando sostener el reproche pero con una leve sonrisa, no podía enojarme con ella, su forma de hablar me hacía recordar al de Cristinini, reaccionando a memes de Willyrex.

    Se escucha gente hablando, nos callamos y observamos por la ventanita. Eran dos chicos, el susodicho Cristo Rey con un amigo, que se dirigían a la carpa de al lado, la cual sabíamos que era suya. Se quedaron charlando adentro. Habían encendido una lámpara, por lo que podíamos ver sus siluetas.

    Ximena estaba que se mordía los labios, con sus manos apretando con fuerza las sábanas. Ahora que sabía que el mito era verdad, se le antojaban más las ganas de sexo.

    —Que se vaya, por dioos —deseó ella entre susurros, refiriéndose al amigo del niño polla.

    Mi novia le miraba con cara de pícara. Luego de un rato de interminable espera, escuchando como unos chismosos lo que conversaban esos dos, el amigo se marcha. El Cristo Rey se queda allí, sin hacer mucho, aparentemente revisando su celular.

    —Valen, tengo unas ganas de ir a encararle —susurra Ximena.

    —Pues vete, anda, liaros de una vez —le responde de la misma manera.

    —No me animo a ir sola, qué le voy a decir, “vamos a ponerla”, se va a re agrandar y no voy a saber cómo pararlo, capaz y le meto un cachetazo.

    —Okey, vamos te acompaño y si el colega se flipa le metemos un guantazo entre las dos.

    —Genial.

    Ambas se levantan.

    —Hey esperá —digo yo sin levantar mucho la voz—, ¿por qué te tenés que ir vos?

    —Tranquilo cariño, es sólo para acompañar a mi amiga, los veo para asegurarme de que esté todo bien, y luego me vuelvo para hacerte cositas ricas —me guiña el ojo.

    —Dale, pero no te quedes mucho tiempo —llego a responderle, sintiendo un latigazo en mi entrepierna tras escuchar eso último que me dijo.

    Ambas salen de la carpa, estaban vestidas con sus pijamas: mi novia con su camisón de seda rosadito y la amiga con una de esa misma tela pero de dos piezas. Escucho que se saludan con el pibe en la entrada de su carpa, improvisan una charla ahí, y les invita a pasar con la excusa de que “hacía frío”. Debían de ser como las dos de la madrugada más o menos, por lo que podría pasar como una buena excusa, y más aún por cómo iban.

    Espiaba todo lo que pasaba mirando por la ventanita. Se les distinguía a través de la pared de la carpa por las siluetas reflejadas gracias a la lámpara aún encendida, no de cuerpo entero, ya que la parte inferior estaba recubierta por un material distinto que no permitía reflejo; por ello es que, cuando se sentaron, sólo les veía desde la cintura para arriba.

    Dentro, conversaban susurrando, no se entendía bien de qué. De repente el pibe dice:

    —¡Ah con que quieren…! —de manera socarrona pero enseguida se oye “shhh” de las chicas, seguido de más murmullos.

    Las voces bajitas siguieron por un buen rato, a veces acompañadas de risitas. Estaban de frente, sólo se veían dos contornos, el del chico y las chicas debían de estar una al lado de la otra, es decir, tapándose. En un momento, el pibe se mueve, pareciera ser que se estaba quitando el short. Una mano bajó en picada. Por el movimiento del brazo era evidente que estaba masturbando aquel supuesto gran miembro. Al rato, la silueta femenina se acuesta, quedando a la vista sólo la figura del varón. Cada tanto, aparecía momentáneamente una protuberancia desde la parte baja de la silueta masculina. De seguro esa era Ximena dándole una tremenda chupada al chico.

    A todo eso, había algo que no me cerraba: ¿dónde estaba Valentina?, ¿estaría alejada viendo o acaso se habría acostado a la par con su amiga? No tenía sentido, tan sincrónico así iban a hacer el movimiento para que no me diera cuenta (?).

    Se oían sonidos de succión y los jadeos del tipo. Una silueta reaparece, pero brevemente, era como si estuviera adoptando otra forma. Acto seguido, el chico se inclina quedando en diagonal. No se podía distinguir bien, repito, la sombra sólo abarcaba desde la mitad del tronco, no había manera de precisar arriba de quién se había puesto él. Era obvio que estaba pasando algo, los agitados sonidos del colchón inflable y los bajitos gemidos de mujer lo demostraban, pero la falta de certeza que dejaba el “punto ciego” de la carpa me estaba carcomiendo.

    Pasado un buen rato, ahora el que se acostaba era el varón. Al fin se pudo volver a ver una silueta femenina, se estaba quitando una prenda. No cabía duda que se trataba de Ximena, y más aún cuando se puso de lado, esas enormes tetas eran inconfundibles. La pregunta de rigor seguía siendo la misma: ¿dónde estaba Valentina? Para colmo, escuchar jadear a su amiga mientras era acariciada por las manos del pibe ese, me estaba excitando bastante. Habrán estado así, con un ritmo tranqui, unos cinco minutos aproximadamente. No aguanté más y me puse a hacer una paja viendo esos pechos bamboleándose. Apenas comienzo yo y ellos se detienen. Ella se queda sentada, como dándome la espalda.

    Estuvo la cosa estática unos segundos, hasta que oigo unos gemidos femeninos pero no podía precisar de quién. ¿Qué mierda estaba pasando?, ¿la mina esta no me estará metiendo los cuernos en mi puta cara? Me daba la impresión de que la amiga se quedó así sentada para hacerle de tapadera. Unos minutos después, el chico cambia de posición volviendo a quedar en diagonal, formando una especie de triángulo rectangular con la silueta de Ximena. Lo siguiente fueron los sonidos de besos, el ruido incómodo de ese colchón, y en un ratito los gemidos del boludo acabando.

    Tras unos instantes de silencio, se escuchan unos cuchicheos. Las dos chicas se ponen de pie, ahora sí se las podía ver diferenciadas, juntan su ropa y salen. Yo estaba todo transpirado, no me había levantado el pantalón, todavía estaba con el pito afuera semi flácido, con mi mano alrededor. Era cualquier cosa eso, ni me lo creía, iba a tener que cortar con Valentina y me parecía una lástima porque es tan linda pendeja.

    El sonido del cierre de la puerta de la carpa anuncia la entrada de las dos chicas. Ni se inmutan de mi estado, era como si ahí no hubiese pasado nada, inclusive se comentaban cosas entre ellas. Yo las miraba sin poder creerlo, estaban semidesnudas, tan campantes y yo agitado, con el corazón latiendo a mil. Ximena se sienta cerca mío, expulsa un largo suspiro y luego me mira de arriba abajo. Algo nuevo había en su mirada, pareciera ser que necesitaba verme con el pito afuera y completamente humillado, para asimilarme como un varón. Valentina se recostó a mi lado, no le importaba nada a ella.

    —Valen —le dice la rubia a su amiga, con una cara como de súplica—, todavía sigo teniendo ganas…

    —¡Ala! Pero tía, tienes fiebre uterina o qué.

    —Es que estuviste más tiempo vos que… —se interrumpe y me mira.

    —¡Shhh, calla! —Le responde entre dientes.

    No había dudas, giro lentamente la cabeza resignado, para mirar a esos ojos azules de frente. Ella también me observa con un semblante serio, que no tarda en devolverme una mirada con pena. Se dirige a su amiga y le dice, con su tonito cachondo, hasta cariñoso:

    —Bueno, bonita, te dejo sentarte en la polla de mi novio. Por hoy nada más eh… —Esa frase final me hizo revivir como si me hubiesen dado un choque eléctrico. El primero en reaccionar, con gran dureza, fue mi amiguito—. ¡Mira!, si ya está a punto y todo.

    ¡Qué hija de su buena madre!, ¿Por qué me hizo sufrir tanto? “Joder con la gallega, macho”. La amiga, ni corta ni perezosa, se acomodó, ni me preguntó, ella me usó como le dio la gana. Yo estaba en una posición un tanto desalineada, pero cuando se sentó encima me quedé plano en el colchón. Comenzó a darme sentadas sin tregua la loca. Uff… apretando los dientes y las manos en las sábanas, tenía que aguantar. No iba a desperdiciar el tiro, tuve que controlar la respiración «1… 2… 3… 4…» para resistir todo eso botando encima mío.

    Valentina me acariciaba el pecho. Al oído, con cálido aliento, me decía con su tono sensual:

    —Lo siento cariño, me picó la curiosidad, quería verlo en persona. Admito que lo chupé un poco —«1… 2…»—. Y confieso que me ha penetrado —«3… 4…»—, un poco, tal vez mucho —«1… 2… 3… 4…»—. Y bueno, como habrás notado desde aquí, se ha corrido en mi colita…

    No pude más, acabé.

    Fin

    Por Dany Campbell

  • Me gusta la fruta jugosa

    Me gusta la fruta jugosa

    Pues ya te lo he dicho antes, me gusta la fruta jugosa y tú con total ingenuidad me has preguntado:

    «Yo soy la fruta?»

    Si si, a ti te estoy escribiendo, pero eso ya lo sabes, por eso el título captó tu atención y decidiste entrar a leer más, a ver si conseguías una respuesta más clara que la vaga que habías recibido antes.

    Pero me ha encantado esa pregunta, porque si, si eres la fruta que deseo comer, el fruto prohibido que provoca deseo, el fruto de la rama más alta del árbol que parece inalcanzable, pero de pronto, con la madurez suficiente yace frente a mis pies cómo caída del mismo cielo.

    Sin embargo no era eso a lo que me refería en ese momento en que estabas recostada en mi cama, yo subía desde tus pies recorriendo tus piernas hasta llegar a la fruta de la cual estaba hablando y me disponía a comer ahora mismo.

    Acaricio tus muslos mientras hundo mi cara entre ellos, beso tu vulva de a poco se abre como una flor para dejarme acceder a cada rincón, a cada pliegue, a cada terminal nerviosa que hace que tus ojos se cierren para dar atención plena a las sensaciones que voy a darte. Dejas tu cuerpo caer sobre el colchón, sintiendo mi lengua recorrerte, rodear tu clítoris buscando desatar la humedad que tanto anhelo. Tus suspiros me indican que voy por buen camino, el calor de tu entrepierna que está funcionando y la forma en que tu cuerpo se contornea cada vez más en el crescendo de la excitación.

    Comienzo a sentir de pronto el sabor de la fruta jugosa, acelero el ritmo y me ayudo con mis dedos que uso para sentir tus leves contracciones cuando doy con el punto dulce. Extraigo más de tu néctar con impaciencia para probarlo, lamiendo mis dedos y volviéndolos a meter. Tus suspiros se transforman en gemidos más intensos, tu respiración pasa de relajación a excitación y me coges de la parte superior de la cabeza para empujarme más a fondo dentro de ti. Me ahogas en tu deliciosa piel y yo me excito junto a ti, beso, succiono e incluso doy unos pequeños mordiscos. Tú te retuerces cada vez más, tiras con fuerza de mi cabello para que no se me ocurra escapar, para que siga y no pare, para que suba la intensidad y te lleve al clímax. Eso es exactamente lo que el sabor de tus jugos me hace hacer, estimularte más y más, provocarte para extraer cada gota de ti y que me la regales para que pueda beberla toda sin desperdiciar una sola gota.

    Ahora tus gemidos son gritos, órdenes que me piden que no me detenga, que me indican exactamente cómo seguir mientras te aferras con fuerza a mí con una mano y arrugas las sábanas con la otra. Tu espalda se arquea de gusto, me presionas con tus muslos asfixiándome en tu sexo y yo no me detengo, sigo con más ímpetu, te llevo al límite rogando que me des mi premio ya mismo, deseando que ensucies todo mi rostro con tu orgasmo.

    Entonces te dejas ir en un grito que se apaga a mitad de camino, siento como corres por mis labios y mi garganta, finalmente la dulce fruta que tanto deseaba, sobre todo el deseo de darte placer a ti, escucharte, verte y probarte mientras arrancas las sábanas de mi cama, hasta quedar exhausta, desnuda, rendida ante mí.

    Entonces me acomodo sobre ti y te beso con sabor a ti.

  • Encuentro con mi amigo virtual

    Encuentro con mi amigo virtual

    Hola. Soy Gloria, y este es mi relato.

    Gracias a un amigo diplomático, conseguimos mi esposo y yo un permiso especial para viajar a Buenos Aires y solucionar una cuestión familiar.

    Como hacía tiempo venía interactuando en una página porno erótica con otros hombres, tuve la oportunidad de hacer muchos amigos. En la misma intercambiamos ideas, deseos, calentura, fotos, y por qué no, fantaseamos con encuentros sexuales.

    Con uno de esos amigos virtuales se puso muy interesante la cosa, había buena vibra, de ahí que decidimos contactarnos con él y aprovechar para arreglar un encuentro sexual, y con más razón porque estaríamos relativamente cerca de la ciudad donde vive.

    Ni bien lo hicimos, mi amigo se prendió a la idea y más que feliz aceptó el encuentro, obvio previa conversación con mi esposo, pues sería un encuentro solo entre mi amigo y yo. Porque que aunque a mi esposo le gusta ver cuándo me cogen, y ocasionalmente participar, esta vez no sería el caso.

    Una vez llegados, reservamos un cuarto en un hotel, cerca para que él pudiera pasar a buscarme al día siguiente a una hora pactada, mas o menos las 8 de la noche.

    Como a eso de las 7 me duché y empecé a prepararme, estaba un poco nerviosa, ya que no nos habíamos visto ni por video ni nada, solo fotos por chat y siempre cubriendo nuestros rostros, él lo único que sabía era que nos encontraríamos en el lobby de mi hotel y que yo tendría puesto un tapado rojo.

    En realidad estaba toda de rojo, mi lencería, mi vestidito y hasta mis zapatos.

    Llegada la hora me puse un rico perfume, me despedí de mi esposo, no sin antes prometerle que le mensajería cada tanto, para asegurarse que yo estaba bien.

    Bajé al lobby a esperarlo, mi corazón latía a mil, no vi a nadie al principio, eso me impacientó, después de unos minutos veo que entra un hombre, porte elegante y estatura promedio, nos miramos, me hizo un gesto como preguntando y yo asentí.

    Se acercó para saludarme y su perfume me invadió toda, era realmente exquisito, el saludo fue un poco tímido, me agarró de las manos y me dijo, vamos princesa? «ok» le respondí.

    Subimos a un taxi y todo el camino no dejo de acariciarme la mano, íbamos en silencio, creo que estaba tan nervioso como yo, llegamos rápido a su hotel, ya que decidió hospedarse cerca del nuestro, lo único que me dijo al bajar fue, «no sabes las ganas que tenía de conocerte y de estar contigo», yo solo sonreí halagada y ansiosa.

    Bajamos del taxi y fuimos a su cuarto, apenas entramos me ayudó a sacarme el tapado, me observó un rato y sin darme cuenta ya me tenía estampada contra la pared dándome un beso apasionado e intenso, yo apenas pude, empecé a corresponderle, prácticamente nos comimos a besos, descargamos todo el deseo contenido de meses de chats, no podíamos ni queríamos separamos, poco a poco nos fuimos calmando, de mi boca paso a mis lóbulos, mordisqueándolos, bajó a mi cuello dando besos húmedos y lamiéndome, sus manos se deslizaban por todo mi cuerpo, estrujaban mis nalgas, subían y apretaban mis pechos, yo me agarraba de su hombro para no perder el equilibrio, era tan arrollador y excitante, al estar tan pegados sentía su rica y dura erección, por supuesto yo ya estaba totalmente mojada.

    Se apartó un poco y me quito el vestidito, me quede con mi tanga roja y mí sostén, volvió a besarme con desesperación, y yo como pude lo ayude a quitarse la camisa y empecé a acariciar su verga por encima del pantalón, aquello estaba que explotaba en el bóxer. Pude bajar el cierre del pantalón y liberar a su palpitante verga, yo la acariciaba mientras nos seguíamos besando, y él lanzaba un gemido o gruñido de vez en cuando. Nos dirigimos a la cama, me senté en ella, él quedó parado frente a mí, con su verga enorme y completamente erecta a la altura de mi boca, sin dejar de mirarlo empecé a lamerla, despacio, empezando por la cabeza, pasando mí lengua alrededor, mordisqueándola suavecito, para después introducirla lentamente y chuparla, la metí hasta donde pude, era enorme, luego la recorrí con la lengua a lo largo hasta llegar a sus testículos, besándolos y chupándolos.

    No aguantando la tortura, me empuja en la cama, me quita el sostén y la tanga, y empieza a chuparme los senos, prácticamente los devoraba, bajó a mí vientre, acariciando mi clítoris y penetrándome la vagina con sus dedos, los sacó y se los chupo como si fuera un manjar.

    Yo gemía y jadeaba, estaba realmente excitada, de repente siento como su lengua se abre paso entre mis pliegues y desciende a mi vagina, lamiendo y chupando todo mis fluidos, era una exquisita tortura, introducía su lengua una y otra vez, sube un poco y su boca atrapa mí clítoris, chupándolo primero y luego lamiéndolo, yo estaba realmente a mil, fuera de mí.

    Los dos jadeábamos y ya apenas podíamos respirar, ahí le suplique que me penetrara, ya no daba más y creo que él tampoco, de una embestida me penetró, yo me retorcía como loca, era una sensación increíble, al principio fue a ritmo lento y tortuoso, luego fue aumentando las embestidas a tal punto que solo se escuchaba el sonido del golpe húmedo de nuestras partes íntimas, mí vagina empezó a palpitar y contraerse, preludio de un gran orgasmo. Sabíamos que aquello sería inevitable por la pasión y el ritmo que llevábamos. Mi cuerpo empezó a temblar dando rienda suelta a un orgasmo intenso y desesperado, él aumentó sus embestidas y sentí como su verga se hinchaba y se descargaba dentro mío, su leche tibia me inundó por dentro, mientras volvía a buscar mi boca en forma desesperada, besándome un buen rato.

    Nos quedamos abrazados y rendidos, jadeando tratando de recuperarnos.

    Y mientras me acariciaba la espalda, me dijo, «por fin sos mía mi putita paraguaya».

    Yo cumplí con mi promesa, le envié un mensaje a mi esposo «papi, estoy bien, me acaban de romper la concha, y esto aún no empieza, besos».

    Ese solo fue el preludio de lo que sería una larga noche apasionada.

    FIN

  • Mi peor enemigo

    Mi peor enemigo

    Dudó al momento de abrir la puerta que daba a la salida, giró para ver el que había sido su hogar durante los últimos meses; no había vuelta atrás, había tomado la decisión y no tenía opción de arrepentirse; ni quería hacerlo tampoco…

    ____________

    Sábado por la mañana, un frio que entume; la chimenea crispa con los últimos destellos que, a ese momento no calientan, solo rememoran un fulgor anterior que abrasaba el ambiente; algo similar a lo acontecido con los cuerpos que, echados sobre la alfombra de la sala, descansan despues del trajín de la noche anterior.

    -Hola –escuché al abrir los ojos.

    -¿Beth?, ¿qué haces aquí?

    -Me pediste que me quedara, no pude decirte “no”.

    Mire a mi alrededor, desorden; botellas vacías, nuestra ropa, el fuego por terminar y nuestros cuerpos desnudos bajo la única frazada que nos mantenía calientes.

    -Tengo que irme –dijo al ponerse de pie –espero que ahora si me dejes hacerlo.

    Recogió su ropa y tomó camino al baño, no atine a pensar que había pasado, lo sabía. Salió con prisa, se arrodilló a darme un beso para después seguir con rumbo a la salida; con medio cuerpo afuera giro para decirme: “no imaginé que fueras tú quien diera el siguiente paso, ¡te amo!”.

    -¿Qué fue lo que hice? –pensé -¿qué carajos fue lo que hice?

    ___________

    Elizabeth, Liz para todos excepto para mi que la llamaba Beth para diferenciarme del resto; mi reciente pareja sentimental hasta que alguien mas me moviera el piso, como comúnmente sucedía. Nos presentó un amigo de ambos, salí mas por compromiso que por verdadera intención de hacerlo; por insistencia de ella continuamos juntos solo como amigos pero sin derecho a mas, hasta el fatídico día en el que, sin proponérmelo y mas como formalidad, la invité a mi departamento a tomar algo; las cosas salieron de control y terminé haciendo lo que, ni remotamente, tenía pensado hacer; la llevé a la cama, o al piso, para ser mas detallista.

    Días después, almorzando con amigos, recibí una llamada de ella; fueron días que no hice por hablarle y, con seguridad, un reclamo vendría al responderle.

    -Hola Beth, ¿cómo estás?

    -Quiero hablar contigo, ¿puedes? –dijo sin contestar mi pregunta.

    -Ahora estoy con unos amigos y mas tarde vuelo a ver a mi madre, discúlpame pero no tengo tiempo.

    -Solo quería decirte que no te preocupes por lo que paso, no me obligaste a hacerlo; tal vez para ti no sea nada pero para mi fue lo mejor que me ha pasado, quiero que sepas que no voy a presionarte, cuando regreses podemos hablar para ver si seguimos o no.

    Su llamada en lugar de tranquilizarme logro el efecto contrario, me sentí mal; el malo del cuento en nuestra relación. Lo deje pasar, como tantas veces lo hacía.

    La decisión tomada por ambos fue el darnos tiempo para pensar las cosas, si después de un lapso no extrañábamos el uno del otro lo daríamos por terminado; ganar-ganar en el estilo de vida que acostumbraba, pensé.

    Casi por cumplir el tercer mes sin verla recibí, la que a futuro sería, la llamada mas importante de mi vida hasta ese entonces.

    -¿Beth? –pregunte incluso al ver su nombre en la pantalla.

    -¿Te puedo ver? –dijo, como siempre, sin responder mi pregunta –es importante.

    -Mira Beth, aún no estoy seguro de lo nuestro; quizá lo mejor…

    -Estoy embarazada –fue su respuesta sin dejarme terminar.

    Explicar mis emociones en ese momento abarcaría la publicación de varios tomos, no es que no quisiera responderle; no podía hacerlo, un nudo en mi garganta me impedía articular palabra; como me fue posible le pregunté: “¿estás segura?”.

    Al otro lado de la línea solo el llanto apagado de ella respondió mi pregunta. Me vi de pronto en su lugar ya que, de forma similar, era la historia de mi vida al crecer sin un padre que velara por nosotros. Nunca imaginaría un hijo mío bajo esas condiciones.

    -No estas sola Beth –dije buscando el tono mas tranquilizador posible –vamos a resolverlo juntos.

    __________

    Un caluroso día de abril formalizamos nuestra relación, decidimos vivir juntos hasta llegar el día de casarnos; renté un departamento en un edificio cercano a la casa de sus padres ya que el mío era utilizado por mi madre en sus constantes visitas, una de ellas, el día de hoy en el que me invitaba a comer para hablar de mi relación.

    -Hola madre –dije al entrar ofreciéndole su botella de vino preferida.

    -Hola mi vida –respondió al abrazarme dejando de lado lo que hacía en la cocina.

    Comimos mientras hablábamos de tanto y a la vez nada de nuestra vida, como evitando entrar en el espinoso tema por el que me había citado.

    -¿Cómo está Lizy? –dijo en un diminutivo nuevo para su futura nuera.

    -Bien –contesté con indiferencia.

    -Por esta respuesta es por lo que estas aqui hijo, no la amas, ¿verdad?

    -Sé a dónde vas, no te preocupes; ya lo había pensado –dije llenando de nuevo nuestras copas.

    -¿Por qué lo haces entonces?, ¿por lo que pasamos?

    -Ahí tienes tu respuesta –dije –un hijo mío tiene que crecer con su padre.

    -¿Y su padre tiene que sacrificarse?, hay más opciones que esa.

    -Lo tengo decidido, mejor cuéntame de nuevo de mi padre –le pedí para dar por terminado el tema.

    ____________

    Pasaron los meses mientras se acercaba el esperado día en el que vería, y tendría en mis manos, a mi hijo; varón, nos dijeron después del último ultrasonido.

    Por esas fechas, acompañé a mi madre a una de sus revisiones médicas con una doctora amiga suya, todo risas y recuerdos hasta la pregunta, solo como tema para hablar hasta la salida de mi madre, acerca de mi salud.

    -¿Te has realizado una revisión general últimamente? –preguntó.

    -No, con lo que he pasado no he tenido cabeza para hacerlo –respondí.

    -¿Cómo te has sentido?, ¿algo que veas o sientas diferente en ti?

    -Bueno, solo una cosa –mencioné haciendo memoria– es algo bochornoso.

    -Dime

    -Es una pequeña protuberancia bajo un testículo –dije apenado.

    -¿Has sido promiscuo?

    -Por algún tiempo si –respondí con sinceridad.

    No dijo mas, escribió una dirección en un papel y me la entregó.

    -Es importante que te revise un especialista –dijo muy seria– él es un amigo mío, le avisaré que vas.

    La plática se dio por terminada ya que mi madre salía muy contenta por sus resultados, no así yo por la cara seria que me obsequio la doctora al salir.

    ____________

    A la semana acudí con el medico recomendado, no mencioné la cita con alguien para evitar preocupaciones anticipadas, después de la revisión y del paso por el laboratorio regresé a casa; me sentía mal anímicamente pero trate de poner la mejor cara de que era capaz, la fortuna quiso que sus malestares por el embarazo fueran superiores a su atención hacia mi.

    _____________

    En unos días tuve los resultados a mano, acudí con el médico para validar lo que mis escasos conocimientos en el tema pudieron haberme dicho al verlos.

    -Siento tener que ser yo quien se lo confirme, pero no hay duda del resultado; es positivo.

    -Quisiera otra opinión –dije aún con esperanza.

    -Y está en su derecho de hacerlo –respondió –puedo recomendarle una clínica especializada si así lo quiere.

    -Por favor, si.

    La respuesta de esta última resultó ser el mismo, positivo; salí del lugar con el ánimo por el suelo. ¿Qué sería ahora de mi?, ¿cómo debería afrontar esto?; mis respuestas auguraban un futuro muy diferente al que había pensado y planeado. Tomé asiento en el primer lugar que encontré y lloré.

    ___________

    Esta semana tenemos una cita para revisión en el embarazo de Beth, como siempre, junto a nosotros acuden sus padres; ocasión idónea para afrontar el tema que he venido posponiendo, no me será fácil decirlo pero debo hacerlo, pienso mientras estaciono el auto.

    -Mi amor, ven –dijo ofreciéndome su mano –van a realizar el ultrasonido.

    -Antes quisiera decirles algo –dije –es importante.

    -Les dejo –mencionó la doctora –regreso cuando estén listos.

    -Por favor quédese –le pedí– tengo unos estudios médicos que quisiera ayude a explicarles.

    -¿Qué te pasa? –preguntó mi futuro suegro.

    -No me asustes mi amor –dijo Beth.

    -Dejemos que la doctora nos explique –dije esto último extendiendo los documentos que llevaba.

    La doctora leyó con reserva lo que le ofrecí, por momentos levantaba la vista para de inmediato volver a poner su atención a lo que tenía en las manos. Después de segundos que parecieron años buscó mi mirada, me extendió los documentos y me dijo: “lo siento mucho”.

    -Por favor doctora, ¿qué pasa? –dijo Beth– amor, dime.

    -Permítanme explicarles –la interrumpió la doctora –estos documentos son el resultado de un análisis biomédico realizado al señor, el historial indica que hace algunos años presentó una fuerte infección y, como resultado de ello, un pequeño tumor se hizo presente a un costado de uno de sus testículos; por fortuna es benigno pero, a consecuencia de ella, sus conductos deferentes quedaron obstruidos; el último análisis muestra un conteo de espermatozoides igual a cero, prácticamente una vasectomía natural; el señor es estéril.

    -¿Y se puede tratar? –pregunto mi futura suegra aun sin entender.

    -¡Por Dios Estela!, ¡cállate! –pidió su esposo.

    -Los dejo solos –dijo la doctora sin esperar respuesta.

    Fijé la vista en Beth, la suya me rehuyó; pedí a sus padres nos dejaran solos y, a regañadientes, lo hicieron. Caminé hasta llegar a su costado, aclaré mi garganta y dije:

    “Luché por mucho tiempo, lo que no imaginas, para liberarme de gente que nos hizo mucho daño, a mi y a mi madre; ahora, cuando pensaba que solo tenía a mi lado a las personas correctas, recibo uno de los peores golpes. He tratado con toda clase de enemigos, los peores son los que se aprovechan de los sentimientos de una persona; tú eres uno de ellos.”

    Salí del lugar, no sabía lo que me depararía la vida; lo único que quería es que fuera mejor, al menos un poco…

  • Mi vecino Diego

    Mi vecino Diego

    Éramos muy jóvenes e inexpertos, pero a ambos nos atraía mucho ir descubriendo cosas del sexo. Cuando éramos adolescentes habíamos tenido algo, como manosearnos o tratar de bajarnos los pantalones uno al otro para mirarnos la cola. Por esas cositas ya sabíamos que los dos queríamos. Ahora teníamos más de dieciocho pero muy poca experiencia.

    Una tarde que ya estaba oscuro él estaba en bicicleta y yo le pedí que me lleve a dar una vuelta. Era invierno y no andaba nadie por las calles. Cuando iba atrás suyo empecé a tocarle la cola. Él se dejó un ratito pero después se enojó y paró la bici. «Ahora te tenés que dejar tocar vos», me dijo. «Bueno, pero poquito, no te toqué mucho», le respondí.

    Yo sabía que si lo tocaba, él me iba a pedir tocarme, por eso lo manoseé cuando íbamos en la bici. No podía pedirle que me toque directamente porque eso era aceptar que me gustaba y ser tratado de putito. Dejó la bici contra la pared de una casa y nos metimos unos metros al patio por la entrada lateral, muy oscura, que no tenía tapial ni tejido. Me hizo dar vuelta y como yo tenía puesto mi pantalón de gimnasia no le costó nada meter su mano y acariciarme las nalgas. Su mano me abría la zanjita hasta que su dedo buscó mi culito y me lo metió un poquito, yo me corrí y me hice el enojado. «Yo no te metí el dedo», le dije. «Dale, dejame un poquito», me pidió. «Bueno, pero después yo a vos». «Sí, dale». Y volví a darle la espalda y él metió su mano de nuevo adentro de mi pantalón y fue directo a mi culo con su dedito. No sé cómo me entraba tan fácil pero enseguida sentí que tenía todo el dedo de Diego metido en mi cola. Me daba una vergüenza enorme pero el placer y el morbo de la situación eran más grandes. Él empezó a mover su dedito en mi culo. Lo sacaba y volvía a meterlo. Me estaba cogiendo con el dedo y yo lo dejaba. De repente volví en mí y le dije que ya estaba, que me tocaba a mí ahora. Me daba mucha lástima hacer que parara, que dejara de toquetearme, pero tenía que disimular, ocultar lo mucho que me gustaba.

    Lo puse de espaldas a él y le toqué un poco el culito, pero apenas pasó un auto por la calle dejé de tocarlo y le dije que nos fuéramos. Fuimos a nuestras casas a un par de cuadras y nos despedimos. Ya adentro fui al baño y vi que tenía todo mojado mi calzoncillo de la calentura que me había dado dejarme tocar por Diego. Me daba vergüenza pero sabía que volvería a buscarlo, a provocarlo, para que él me siguiera avanzando.

  • Masajes holísticos, todo el placer

    Masajes holísticos, todo el placer

    Como ya sé hacer masajes tradicionales, relajantes, hice un curso on line de masajes holí­sticos. Se trata de un tipo de masajes que se puede combinar con música o con otras técnicas de relajación como la aromaterapia (con aceites esenciales).

    Entre los beneficios que se le atribuyen el principal es reducir el estrés y la ansiedad, lo que aumenta el nivel de energí­a, mejora la concentración y la toma de decisiones. Fueron dos meses intensos, con videos y teleconferencias, y luego vino el examen final, en Córdoba.

    El mismo consistí­a en un masaje que yo le debí­a hacer a una paciente (estaba hermosa pero no me animé a nada), y luego un masaje que recibí­ yo de unos de los instructores, Marcos. Joven, simpático, muy buena predisposición, me masajeaba el cuerpo con la técnica de las fricciones, suaves cí­rculos con los dedos de las manos, mientras me aplicaba aceites esenciales.

    Me fue masajeando de abajo hacia arriba, y me fue calentando, llegó a mi cola, anduvo hurgando por ahí­. Yo sigo a una sexóloga en Instagram, que dice que recibir sexo anal no lo vuelve a uno gay, tiene la mente amplia, y da permisos, pero no quise que avance, me siento cómodo con que me exciten por la cola, me toquen, me besen, pero sin llegar a una penetración qué se yo, cosas de uno igual me dejó caliente, y pensé cómo aplicar esos masajes en mi ciudad, con una mujer, combinando los relajantes con los holí­sticos.

    Así­ que lo anuncié por las redes, y a los pocos dí­as comencé a recibir clientes así­ pasaron cuatro mujeres, parecí­a que les gustaba mi técnica, pero yo no estaba del todo conforme con mi servicio hasta que un dí­a apareció Clara diosa total… por lo general me parecen fantasiosos los relatos donde la protagonista es una belleza, son más creí­bles esos donde la mina es común, normal, no anda despertando pasiones por la calle, pero en este caso, debo decir que Clara era casi casi una modelo un cuerpo muy apetecible, unas gomas hermosas, las piernas parecen torneadas, y su ropa interior presagiaba toda la belleza que se escondí­a debajo de la misma el escote del corpiño dejaba adivinar todo, y su tanga era mí­nima, apenas tapabas unos milí­metros de su cuerpo, en esa zona tan candente como son los genitales y la cola que dicho con lenguaje de la calle, era un culo increí­ble, incitante, que paraba cualquier pija.

    Así­ es que empecé con los masajes relajantes, me dijo que sentí­a las piernas como entumecidas, que querí­a que le haga los holí­sticos para ver qué tal eran, así­ que comencé a friccionar sus piernas, fui ascendiendo, abriendo lentamente sus piernas, acercándome con mis masajes a su vagina, rotando, prácticamente acariciando su entrepierna, notaba que su respiración se aceleraba, mi dedo húmedo por el aceite comenzó a rozar su cola, haciendo circulitos, metiéndolo luego por completo, y sintiendo como lo que primero parecí­a cierta resistencia de Clara se tornó en aceptación y disfrute, declarándose vencida, dejando que después de mis dedos vaya mi boca, que supo lamer ese hoyito de manera delicada, haciendo que su calentura crezca, hasta que comenzó a convulsionar, acabando varias veces, gimiendo como descosida, pidiendo luego que la penetre yo me saqué la ropa, ella procedió a chuparme la pija, y lo nuestro se convirtió en un recital pasional, de besos, lamidas, manos que recorrí­an todo el cuerpo del otro, intensas sensaciones, jadeos interminables. hasta que logré otro orgasmo de ella, mi acabada final dentro de su boca, su expresión de felicidad que me indicaba que estaba relajada, que sus piernas no estaban más entumecidas, y luego el dulce pedido solicitándome un turno para la semana próxima.

    Ahí­ entendí­ que habí­a sido bueno aprender ese tipo de masajes, y que se abrí­a para mí­ un amplio horizonte de trabajo y placer.

  • El jardín de la vecina

    El jardín de la vecina

    En un pequeño vecindario de San Francisco un joven de 19 años observaba el panorama mientras disfrutaba de un cigarrillo. Eran las cuatro menos veinte cuando Paulie terminó de fumar y arrojó el sobrante lejos, en eso un camión de transporte se detuvo en la casa frente a la suya, y comenzaron a descargar electrodomésticos y demás; habría nuevo vecino en el vecindario. El chico no les prestó mayor atención hasta que unos veinte minutos de haber llegado el camión de la mudanza, apareció un Corvette plateado y de él se bajó una mujer que de inmediato atrajo la mirada de Paulie.

    Era alta, pelirroja; de curvas muy pronunciadas. Llevaba puesta una chaqueta de cuero negro que resaltaba su gran busto, pantalón de igual hechura y muy ceñido a sus largas y trabajadas extremidades. Usaba unas gafas de aviador que la hacían ver muy sexy, su rostro era algo pecoso pero muy hermoso; lo más atrayente eran sus labios pintados de un rojo intenso. Paulie apenas daba crédito a lo que veía, mas sin embargo se relajó un poco y siguió contemplando el panorama.

    Al cabo de unos cuarenta y cinco minutos, las cosas de la mudanza ya estaban dentro de la casa y los operarios se retiraron, la mujer ingresó a la casa dejando a Paulie con ganas de seguir mirándola. Regresando a su casa, fue a su habitación, colocó algo de música mientras se desperezaba un poco, y recordaba el cuerpo de la nueva vecina. Luego recordó que debía revisar su buhardilla para regular el proceso de minado, pues era un minero de bitcoins.

    Pasó un par de horas en ello, y cuando todo estuvo en perfecto orden; se dirigió a la cocina para cenar. Disfrutando de su cena junto a su madre, le comentó acerca de la nueva vecina.

    ‘’Parece que alguien se mudó a la casa del frente, viste algo?’’ dijo lacónicamente Paulie.

    ‘’Oh hijo, no me di cuenta” respondió su madre, que se llamaba Selma.

    ‘’Solo es una mujer soltera, aparentemente…’’ añadió el chico sin darle importancia.

    ‘’Tal vez me pase mañana, para darle la bienvenida al vecindario” repuso Selma.

    Ambos terminaron de comer, limpiaron los utensilios y se pusieron a ver televisión juntos por un momento hasta que Paulie decidió regresar a su cuarto para chequear su computador. Se quedó dormido después de largo rato revisando su móvil y rememorando a la hermosa mujer que ahora vivía en la casa del frente.

    Al día siguiente, comentó a varios de sus amigos del vecindario los nuevos acontecimientos (incluido la nueva vecina) y todos se relamieron de gusto con la noticia. Al caer la tarde, Paulie regresó a su casa y encontró a su mamá decorando una tarta de manzana, el chico dedujo que era para llevarlo como obsequio a la nueva vecina, y subió a su habitación para monitorear su proceso de minado. Las operaciones habían marchado bien como de costumbre y acto seguido se recostó en su cama a descansar.

    La vibración de su teléfono le hizo despertarse y se incorporó. Había dormido una hora y bajó a la cocina para comer algo, localizando a su madre en la mesa comiendo. Se sentó y al cabo de unos minutos Selma habló.

    ‘’Fui hasta la casa de la vecina nueva. Es muy agradable, incluso me invitó a beber té’’

    ‘’Que bien, y cómo se llama?’’ preguntó fingiendo desinterés Paulie.

    ‘’Natasha… es una mujer joven, 29 años. Trabaja como vendedora de coches” respondió Selma.

    ‘’Vaya… pero si ya hasta sabes donde trabaja. Y que más…’’ repuso muy certeramente el joven.

    ‘’Ya sabes, a las mujeres nos gusta conversar de todo. No debería de sorprenderte eso cariño” respondió Selma a su hijo.

    ‘’De eso no hay dudas…’’ respondió Paulie antes de sorber un poco de jugo.

    Al día siguiente, Paulie se entretuvo con sus labores de minero pero al caer la tarde, su mirada fue atraída a la ventana de su habitación, que tenía vista a la casa de la nueva vecina. El joven tomó sus binoculares de su mesa y echó una ojeada a la casa, podía ver la sala de estar ya que la ventana no tenía cortinas, justo en ese momento la vecina se detuvo frente a su ventana con una copa de vino en la mano. Vestía una camisa blanca y un short de jean bien cortito, que le permitió observar con morbo las esculturales extremidades de Natasha, se veía muy relajada y satisfecha. Después de varios minutos la mujer se dio la vuelta con la copa vacía y Paulie admiró el potente y redondo culo de su nueva vecina, la espero que regresase pero no lo hizo; el joven dejó los binoculares en su cama y salió de su habitación.

    Mientras cenaba, la imagen de Natasha no abandonó su mente en ningún momento y en par de ocasiones se relamió de gusto… no precisamente por la cena que había hecho su madre. Esa noche sus fantasías nocturnas mayormente fueron sobre Natasha… en ciertas situaciones que obviamente nada tenían que ver con una conversación amena y cordial.

    Los días fueron pasando, y ya no estaba tan seguido espiando a Natasha a la menor oportunidad, pero las veces en que la observaba, era una erección garantizada. La pelirroja era muy sexy y ya solo con la manera de vestir excitaba sobremanera a Paulie, y a todos los hombres (y algunas mujeres) del vecindario. No obstante, la mujer apenas pasaba tiempo en casa por su trabajo y solo se quedaba los fines de semana haciendo actividades domésticas y hablando por videollamada. Y allí Paulie vio su oportunidad para acercarse a ella.

    Naturalmente, Paulie era lo que la mayoría definiría como ‘’lastre, un bueno para nada” pero se convenció de que si había una forma de conocerla, era siendo útil por una vez en su corta vida. Así fue como un sábado en la mañana, terminó de desayunar y se colocó una camiseta, shorts y unos zapatos viejos, y salió de su casa con la excusa de ir a dar una vuelta por ahí.

    Deambuló por varias calles como si nada y luego retornó hasta llegar a la casa contigua de Natasha y observó distraídamente, buscando una señal de ella. Al fin logró verla en el patio trasero de su casa cuando llevaba un recipiente en sus manos y armándose de valor caminó hacia el jardín trasero.

    Pasando por entre la pared de la casa y la valla de la casa contigua, Paulie se aproximó lentamente y con cierta timidez habló.

    ‘’Hola… buenos días…’’ dijo el muchacho sonrojándose levemente.

    La mujer se dio la vuelta algo sobresaltada, pues no había oído sus pasos hasta allí. Una vez lo vio su expresión se relajó un poco pero seguía algo desconcertada por su presencia.

    ‘’Buenos días. Nos conocemos?’’ preguntó Natasha. Su voz era melosa y hechizante, pues Paulie tardó unos segundos en responderle.

    ‘’No… pero conoce a mi madre, Selma. Vivimos en la casa del frente” dijo con algo de rapidez.

    ‘’Ah si… Selma. Me había dicho que tenía un hijo. Encantada de conocerte, me llamo Natasha” dijo con cortesía la mujer al tiempo que extendía la mano. ‘’Paulie’’ respondió el joven estrechando esa blanca y fina mano. Su piel era suave y un pequeño escalofrío le recorrió el cuerpo al tocarla.

    Ambos se quedaron mirando unos segundos, Natasha sonrió mientras Paulie estaba muy cohibido en presencia de esa mujer y evitando mirar sus tetas, que resaltaban gracias a una camisa rosada ajustada.

    ‘’Y que se te ofrece Paulie?’’ preguntó Natasha dejando la maceta que llevaba en su mano izquierda sobre una mesa cercana.

    ‘’Pues… la verdad, pasaba por la acera cuando la vi trabajando aquí… y me preguntaba si… pues, ya sabe, necesitaba ayuda…’’ dijo Paulie mientras sentía que enrojecía un poco más, pero Natasha posó sus manos en su cintura y con su voz melosa respondió.

    ‘’Que caballeroso de tu parte. La verdad si, no me vendría mal un poco de ayuda en el jardín; siento que no podré hacer todo sola” dijo sonriendo con algo de coquetería pero complacida por su ofrecimiento.

    Natasha guió al muchacho dentro para ir a por más macetas y algunas plantas que había comprado recientemente, y le explicaba lo que tenía que hacer. Al principio y debido a los nervios de estar junto a semejante belleza, Paulie estuvo a punto de estropear algunas plantas pero las pobres se salvaron por los pelos, de haberlos tenido. Dejando de mirar los senos de la mujer por un rato, consiguió enfocarse en su tarea de trasplantar y regar las plantas, diciéndose que después de todo y a pesar de la labor, valía la pena el esfuerzo.

    Pronto Natasha trajo una bandeja con jugo de naranja, y un refrigerio. Dejando las palas y tijeras de podar a un lado, se sentaron en dos sillas de jardín a disfrutar de la bebida y comida mientras conversaban un poco. Supieron sus edades, ocupaciones (Natasha mostró cierto interés en la minería), y algún interés particular de cada uno. Paulie parecía hipnotizado, tanto por la voz de su vecina como por su increíble físico; no dejaba de mirar sus tetas embobado y Natasha ya hacía rato que lo había pillado pero no le incomodó en lo absoluto, pues su mirada era de completo placer.

    Trabajaron una hora más hasta que Natasha le dijo a Paulie que era suficiente trabajo y agradeció su ayuda, el muchacho se sonrojó pero le dijo que era lo menos que podía hacer y que si necesitaba algo; pues la ayudaría en cualquier cosa, oferta que Natasha no dudó en aceptar con una sonrisa muy sensual.

    Paulie regresó a su casa muy contento, en especial por compartir esas horas con esa bomba sexy. Chequeó su computador para ver las operaciones realizadas y se dio un buen baño para a continuación quedarse dormido.

    Despertó algo tarde y cenó en su habitación monitoreando su software y atento a las operaciones de minería realizadas, el algoritmo había tenido problemas recientemente y no quería ver su progreso estropeado. Los días de la semana fueron pasando con rapidez y el viernes al caer la tarde mientras miraba algo en la tele escuchó que llamaba a la puerta y fue a ver, el chico se sobresaltó al ver por la mirilla a la vecina y respirando hondo abrió la puerta lo más relajado posible.

    ‘’Hola Paulie que tal?’’ saludó Natasha con su típica voz.

    ‘’H-hola…’’ respondió un poco nervioso Paulie.

    ‘’Justo venía a hablar contigo, que suerte que estas en casa” dijo la mujer poniendo su mano derecha en su cintura y mirando con intensidad al chico.

    ‘’Ah si?’’ dijo Paulie algo dubitativo.

    ‘’Si, veras; compré algunas plantas para el jardín y pues son algo grandes, es para ver si estas disponible mañana… podría requerir de tu ayuda cariño” explico Natasha al tiempo que le guiñaba un ojo.

    Aquello era más de lo que el joven podía aguantar y atolondrado aceptó la invitación de la vecina, que sonrió complacida por haber logrado su objetivo. Acordaron verse a las nueve de la mañana y cuando la vio marcharse, Paulie se relamió sus labios con deseo; cerró la puerta y se puso a dar saltos como loco por la sala y la cocina. Tras descargar su adrenalina se preparó su cena y la de su madre y se atrincheró en su habitación, en su mente aún seguía grabada la imagen de Natasha y tuvo una dura erección al instante. Se pajeó furiosamente pensando que follaba a la vecina por todos lados; empezando desde su boca, pasando por sus tetas y terminando con su coño y ese delicioso trasero.

    Se sacudió la sabana, y miró alrededor. Ya era de día y miro su teléfono; eran las 8:30, veloz como el rayo se levantó y fue al baño, y de allí se vistió y fue hasta la cocina donde encontró a su mamá terminando su desayuno. Comió con cierta premura ya que no quería llegar tarde y cuando su madre le pregunto por qué tanta prisa, sin faltar a la verdad le dijo que iba a ayudar a la vecina con su jardín. Paulie se despidió de su madre y respirando profundamente salió de la casa y cruzó la calle en dirección a la casa de Natasha, tocó la puerta y aguardó. La mujer abrió la puerta y Paulie tuvo que hacer algo de esfuerzo para no lanzarse sobre ella en el mismo umbral, llevaba puesta una camisa de tirantes negra que dejaba sus brazos, hombros y cuello al descubierto; los senos de Natasha lucían imponentes y por lo que notó, no llevaba sujetador pues se notaban sus pezones bajo la tela. Tenía un short de jean que apenas cubría ese fantástico trasero y dejaba sus largas piernas al descubierto y terminando con unos zapatos deportivos que remataban ese monumento de mujer.

    ‘’Hola Paulie, justo a tiempo. Pasa, no hay tiempo que perder” saludó la mujer con su habitual voz melosa y tomando de la mano al chico lo hizo pasar y cerró la puerta.

    Paulie seguía a su vecina y admiraba ese lindo y enorme culo frente a él, Natasha lo guio hasta el jardín trasero en donde ya habían varias plantas esperando ser trasplantadas, la hermosa mujer le explicó lo que harían y dándole una pala y guantes, se pusieron manos a la obra. Se pusieron de rodillas a cavar para comenzar a trasplantar las plantas, a pesar de que había sol el día estaba templado y con una leve brisa fresca, lo que hacía que fuese agradable el trabajar pero a Paulie no le interesaba ello, pues con solo tener a ese mujerón a su lado, lo demás era nada.

    A medida que trabajaban, conversaban a ratos sobre cualquier cosa y en varias ocasiones, Paulie se quedó atontado viendo las tetas de Natasha, una ligera capa de sudor relucía sobre su pecho haciéndolas ver aún más tentadoras. La mujer en par de ocasiones se dio cuenta pero desviando la mirada sonreía complacida, ese chico estaba justo donde lo quería; solo necesitaba el momento idóneo para dar un paso más.

    La mujer se puso en cuatro y conforme plantaba unos lirios mantenía al pobre chico hipnotizado, pues este contemplaba parcialmente sus jugosas tetas bajo la ligera camisa. Continuó en esa posición un buen rato hasta que con el dorso de su mano se secó el sudor de su frente y le hablo a Paulie con una sonrisa algo cansada.

    ‘’Buff… hace calor no crees?’’

    ‘’Si…’’ respondió Paulie sin quitar su vista de los senos de Natasha.

    ‘’Paulie, te importa si busco una planta que deje dentro de la casa?’’ preguntó Natasha con su voz melosa e hipnótica. ‘’Es algo grande y te necesitaré aquí para plantarla juntos.’’

    Sin dejar de mirar el escote de su vecina Paulie asintió. Natasha sonrió y se levantó, el chico siguió cavando con la pala y apartando la tierra con su mano izquierda, la mujer se alejó un poco del chico y se quitó la camisa, dejando sus tetas al aire; luego se desabotonó el short y se lo bajó, arrojándolo lejos con un pie. Por último se deshizo de sus bragas y su polla salió de su prisión. Estaba semi flácida y mientras contemplaba a Paulie se masturbó lentamente y su polla comenzó a crecer, llegando hasta los 20 cm, muy venosa. Caminó despacio hacia donde estaba Paulie con su tranca tiesa y moviendo sensualmente su cuerpo cubierto de sudor, a unos tres pasos del chico Natasha se detuvo y su sombra cayó sobre Paulie, que volteó su cara para ver a su vecina traer la planta y al hacerlo soltó la pala y tragó saliva algo nervioso.

    Natasha estaba de pie ante él, desnuda y solo con sus zapatos deportivos. Su deliciosa y curvilínea figura estaba cubierta por una ligera capa de sudor que hacia brillar su piel gracias a los rayos del sol. Sonreía triunfante al notar la expresión en el rostro de Paulie y apoyando sus manos en su cintura le dijo con voz suave y afable.

    ‘’Aquí la tengo, Paulie, ven aquí y plantémoslo juntos.’’

    ‘’Pl-plantarlo? Que quieres decir?’’ preguntó nervioso el muchacho mientras veía la polla de Natasha.

    ‘’No seas tímido, si no has dejado de mirarme desde que llegue al vecindario” dijo Natasha con voz parecida a un ronroneo.

    ‘’Erm… pero yo… la verdad es que, bueno… no pensaba que…’’ respondió atropelladamente Paulie pero Natasha le interrumpió.

    ‘’Ah entiendo, no te esperabas esto. Bien, pues si no quieres olvidare que esto paso” propuso Natasha con voz seria.

    Paulie volvió a admirar las curvas de su vecina. Jamás había visto una mujer tan hermosa; y con semejante herramienta entre sus piernas. Debatiéndose entre salir corriendo o quedarse con esa hermosa mujer preguntó con voz dudosa.

    ‘’Dolerá?’’

    ‘’Tranquilo, te tratare bien Paulie, pero nunca hagas a una mujer esperar…’’ contestó Natasha con voz sensual y masajeando su verga dura.

    El joven se acercó gateando hasta situarse de rodillas ante Natasha, la polla de la mujer lucía imponente frente al rostro de Paulie, que pudo distinguir el líquido preseminal brillando en la punta del glande. Con cierta timidez el joven agarró la polla de la vecina y le dio una lamida, ‘’Mmmm no seas cobarde…’’ dijo Natasha, y Paulie de nuevo suspiró y abrió la boca. Natasha posó su mano en la barbilla de su vecino y con la otra guio su rabo y sintió la calidez de la boca de Paulie alrededor de su miembro.

    Paulie chupaba con algo de torpeza, pues era su primera vez en ello y temía ahogarse con semejante polla, pero con el pasar de los minutos fue mejorando e incluso ya tragaba un poco más de la mitad de la polla de Natasha; dejándola bien cubierta con su saliva. La mujer contemplaba con placer al joven y disfrutaba de la mamada, su mano derecha masajeaba los cabellos de Paulie y empujaba ligeramente su cabeza para que tragase un poco más de su polla. Apoyando su otra mano en la cabeza de Paulie, hizo que el chico se tragase completamente su miembro; Natasha cerró los ojos y se mordió los labios, visiblemente excitada. Paulie tenía la boca llena pero no opuso mucha resistencia, después de unos segundos con la nariz pegada a la pelvis de su vecina ella liberó su boca, su polla salió cubierta de babas y saliva.

    ‘’Tu boca es increíble Paulie… como será estar dentro de ti” dijo con voz embelesada Natasha mirando al chico de rodillas.

    Paulie se levantó y Natasha lo abrazó y besó apasionadamente. Sus manos exploraban el cuerpo del otro mientras sus labios y lenguas jugueteaban sin parar, el chico manoseó el culazo de su vecina y logró deslizar un dedo entre esas carnosas nalgas y puntear su apretado esfínter. Nat dejó de besarlo y sonrió, para luego empezar a desnudar a Paulie y este se enfocaba en sus deliciosos senos, masajeándolos y chupándolos como si ella fuse una vaca lechera.

    Después de entretenerse con ese par de tetas, Paulie la volvió a besar, luego Natasha lo hizo que abriese la boca y succionó su lengua lentamente. La cachonda mujer se puso detrás de Paulie y su dura polla quedo presionada contra la espalda del chico, y con ambas manos pajeaba la de Paulie. Él gritó sin control al mismo tiempo que ella también lamía su cuello con mirada lujuriosa.

    No tardó mucho tiempo para lograr que el chico se retorciese y gimiese excitado, sabiendo que si continuaba se iba a correr, Natasha dejó de sacudir su polla y lo ayudó a ponerse en cuatro para luego separar sus nalgas. Mordiéndose los labios al admirar ese apretado ojete, Paulie respiraba nervioso a la espera de la polla de su vecina cuando en lugar de eso, sintió una cálida y agitada respiración en su retaguardia y después la punta de la lengua de Natasha lamió su esfínter. La mujer comenzó a lamer desesperada el culo de su joven vecino, hundiéndola y sacándola con destreza y rapidez, luego la volvía a meter y la retorcía en círculos, provocando que Paulie se mordiese los labios tratando de no gritar por el enorme placer que sentía.

    La lengua de Natasha iba cada vez más profundo, sin dejar de hacer movimientos circulares que enloquecían a Paulie, quien tenía los ojos en blanco; jamás había experimentado tanto placer como el que su vecina le estaba proporcionando. Sacando su lengua, escupió varias veces el culo del chico y lamió de abajo a arriba con deleite, Paulie dejó escapar otro gemido de placer al tiempo que con sus dedos índices, Natasha comenzaba a dilatar ese invicto esfínter. Una vez más, la mujer volvió a follarle el culo con la lengua, preparándolo para la verdadera acción.

    Paulie se lo estaba pasando de maravilla. Si, incluso a pesar del ligero cambio de roles, una tía buenísima le estaba lamiendo el culo como si no hubiese un mañana y se sentía mejor que nunca. A ella le encantaba hacerlo y disfrutaba oír los gemidos incesantes de su joven vecino mientras hacia lo suyo.

    La mujer se detuvo finalmente y escupiendo más saliva, introdujo un dedo. Natasha metía y sacaba lentamente su dedo, Paulie jadeó excitado con ese dedo invadiendo su ojete. Aumentó la velocidad y luego metió un segundo dedo. Al sentir ese segundo dedo, cerró los ojos y se dejó hacer, ya era su puta.

    Paulie oyó un pequeño ruido viscoso, Natasha había sacado sus dedos y los chupaba con goce, mirando como el esfínter de Paulie se contraía involuntariamente a la espera de más acción. Metiéndolos, esta vez añadió un tercer dedo, el chico gimió excitado mientras su culo respondía apretando y haciendo resistencia, lo que complacía a Natasha que los movía con mayor velocidad y con una ligera rotación. La mujer pajeaba su pene lentamente, manteniendo su erección a la espera de poder follar ese tierno culo a su disposición.

    ‘’Sabía que te gustaría, eres toda una putita” Natasha dijo feliz. La polla de Paulie estaba bien dura sin apenas tocársela y goteaba un poco de líquido preseminal.

    Paulie intentó recuperar el aliento aprovechando que Natasha había sacado sus dedos, el chico podía sentir como su orificio anal pulsaba incontroladamente, en espera de más. Ofreciendo sus dedos a Paulie, este los succionó con devoción ante la mirada de Natasha. Satisfecha, se apartó de él y masajeó sus nalgas con ambas manos, dándole un par de nalgadas. Recorrió lentamente su espalda con sus suaves manos al tiempo que sonreía triunfante.

    ‘’Ya estás listo para mi polla, pídeme que te la meta” Natasha dijo.

    ‘’Po-por favor, follame…’’ Paulie rogó con voz ahogada.

    ‘’No te oigo, perra. Repítelo!’’ ordenó.

    ‘’Por favor, follame el culo. Follame duro!’’ respondió a su sexy vecina.

    ‘’Si, te voy a dejar sin aliento, Paulie” dijo ella sonriendo y puso sus manos sobre sus nalgas.

    Haciéndolo levantar el culo un poco, apoyó su cabeza sobre sus manos para evitar tocar el césped. Deslizando su polla de abajo hacia arriba por entre sus nalgas, la mujer disfrutó del roce de su miembro entre esas nalgas. El chico suspiró de placer al sentir ese pedazo de carne contra su culo, listo para entrar, Natasha agarró la base de su polla con una mano e hizo presión contra el hambriento ojete de Paulie.

    ‘’Mmm… que estrecho. Pero eso cambiara muy pronto” Natasha dijo y empujó unos centímetros de su polla dentro de Paulie, que gimió por respuesta.

    Ella siguió empujando su polla, expandiendo todo a su paso mientras el chico se limitaba a recibir ese trozo de carne. Natasha sujetó a Paulie por la cintura y hundió el resto de su tranca en su culo, el chico gritó pero ella comenzó a moverse. Al principio, todo era como lo esperaba Paulie, lento y calmado, moldeando su culo. Gimiendo en voz baja, su mano izquierda jalaba su polla disfrutando la extraña sensación que recorría su culo lleno de carne en vara.

    Natasha y Paulie estaban sudando a medida que el sol aumentaba su calor sobre ellos y estos continuaban en su frenesí. Ella aumentó la velocidad y comenzó a follarlo con mayor intensidad, sus pelotas golpeaban con fuerza su retaguardia, el chico gritaba como una zorra y trató de alejarse de ella por un segundo pero su mente y cuerpo decían lo contrario, la polla de Natasha recorría cada rincón de su inexplorado culo, los músculos de su abdomen estaban tensos mientras ella seguía penetrándolo sin pausa.

    ‘’Si bebe, esto es lo que llamo plantar” dijo Natasha con una risita.

    Ella estuvo follandolo de perrito por unos 10 minutos. Paulie no dejó de sacudirse el manubrio mientras Natasha lo follaba, logrando fertilizar el césped con su propio semen. Natasha disminuyó un poco la intensidad de sus embates, clavando sus uñas en las nalgas del chico, volvió a moverse con vigor. ‘’AARRRGH!!’’ Paulie gritó y Natasha logró coger uno de los guantes de jardinería cerca de ellos y se lo metió en la boca.

    ‘’Sera mejor… que no seas quejica. O el señor Harrison nos descubrirá aquí…’’ Natasha dijo un poco cansada y siguió follando a Paulie sin parar.

    El chico pensó por un segundo que los testículos de Natasha terminarían dentro de su culo en cualquier instante, debido al intenso ritmo, pero esa diosa merecía la pena pues le estaba dando mucha polla. Natasha hizo otra pausa y se puso en pie, había dejado diez pequeñas marcas visibles de uñas en su culo y sonrió. Por primera vez Paulie sintió el vacío en sus entrañas, su ojete estaba palpitante y enrojecido; el dolor disminuía mientras sus pulsaciones se calmaban, dejándole una sensación de expectativa por lo que haría Natasha.

    La mujer escupió saliva en ese agujero bien abierto, inclinándose sobre su espalda; Natasha hundió su rabo en el culo de su joven vecino a medida que sus tetas se aplastaban contra su espalda cubierta de sudor. Sujetando sus muñecas y apoyando su peso sobre su espalda, la polla de Natasha entraba y salía sin parar del culo de Paulie, si bien ahora iba más profundo; las pelotas de la mujer chocaban sin cesar contra el muchacho, que si bien ya había tenido su orgasmo; no podía creer que su miembro respondía con rapidez y ya la tenía morcillona de nuevo.

    ‘’Dios, no puedo creer que bien se siente esto” pensó el chico.

    Natasha rio en su oído. ‘’Oh querido, te voy a follar bien duro…’’ susurró Natasha dejando escapar un suspiro de placer. Paulie, al no tener sus manos libres, no podía masturbarse; esa mujer lo estaba usando para su propio placer ignorando el suyo… o tal vez no. Su polla estaba llegando a rincones que jamás pensó que podría alcanzar, manteniendo la suya bien tiesa y goteando liquido preseminal, mientras más profundo la polla de Natasha llegaba, más líquido goteaba.

    La polla de Paulie estaba durísima, la necesidad de tocarse era imperiosa pero con las manos de Natasha sujetando sus muñecas y apoyadas sobre el césped, todo el placer que experimentaba provenía de su trasero. No solo eso, sentía que pronto iba a volver a eyacular nuevamente y aquello lo sorprendía y lo humillaba un poco al mismo tiempo pues Natasha seguía incansable y muy vigorosa. El chico sintió el mentón de Natasha apoyado sobre su hombro, la mujer tenía una sonrisa y con voz áspera le dijo.

    ‘’Aun no hemos terminado… es hora de que me cabalgues…’’

    Moviéndose con mayor velocidad, Natasha jadeó muy cachonda mientras cerraba los ojos, en tanto que Paulie sintió un pequeño cosquilleo proveniente de su polla y antes de que sus gemidos se transformasen en gritos, unos cuantos chorros de leche salieron expelidos de su rabo y cayeron sobre el césped… de nuevo. Pero esta vez era diferente, pues se había venido sin siquiera tocarse, como todo un amante del sexo anal, el receptivo. ‘’Parece que lo disfrutas mucho… te gusta una polla en el culo…’’ dijo la mujer después de meter toda su verga en el culo de Paulie.

    Permaneció un momento sin moverse y luego se la sacó, el otrora cerrado y virgen culo ahora estaba bien abierto y enrojecido, palpitando y hambriento de polla. Natasha se acostó en el césped e hizo que Paulie se sentase sobre su cipote. ‘’Ahora cabálgame y haz que me corra” ordenó Natasha. El chico comenzó a moverse sobre esa polla, subía y bajaba lentamente; Paulie apoyó sus manos sobre los muslos de Natasha mientras la cabalgaba, su polla flácida apenas se movía y la mirada de su vecina era de puro morbo.

    Tomando algo más de iniciativa, comenzó a moverse en círculos haciendo que Natasha gimiese excitada. Posó sus manos sobre las tetas de la vecina y pellizcó sus pezones. ‘’Eso es, mmm… que bien te mueves, Paulie!!’’ jadeó Natasha. Complacido por las palabras de Natasha, Paulie siguió moviéndose igual, ambos gemían sin parar y cuando Natasha sintió su orgasmo venir, ella puso sus manos alrededor de su cintura y comenzó a embestirlo sin pausa.

    ‘’Me vengooo!!’’ Natasha gritó.

    Mientras empotraba a Paulie, su leche comenzó a llenar las entrañas del chico. No dejo de mover sus caderas hasta que la última gota de lefa saliese de su polla y una vez disminuida la euforia del orgasmo se detuvo. Sudada y sonrojada por el gran esfuerzo efectuado en los últimos segundos, Natasha cerró los ojos extenuada y complacida; Paulie permaneció con la polla de Natasha dentro de su ojete y se recostó sobre su abdomen. Ella lo abrazó mientras el chico trataba de recuperar el aliento y sus fuerzas.

    ‘’Joder… esto ha sido increíble. Tu culo… es una delicia” Natasha dijo con una sonrisa y acarició la espalda de Paulie.

    ‘’Eres fantástica…’’ Paulie susurró con voz cansada y Natasha lo miró con ternura. Colocando sus brazos alrededor de su cuello, besó a su vecino apasionadamente, Paulie enterró su mano en su cabello en tanto sus lenguas jugueteaban. Se separaron unos minutos después, sin aliento; Paulie volvió a descansar su cara sobre el pecho de Natasha.

    ‘’Oye… no tienes nada que hacer esta noche?’’ preguntó ella con una sonrisa.

    ‘’Esta noche?’’ Paulie dijo sin poder creerlo.

    ‘’Bueno… yo… puedo entender si no quieres…’’ Natasha respondió.

    ‘’Joder, no tengo nada que hacer” dijo el chico medio en broma, medio en serio.

    Ella lo miro muy feliz… Paulie admiró esos ojos grises y supo que a ella le molaba estar con él.

    ‘’Oh por Dios!!’’ una voz de hombre se escuchó cerca de ellos.

    Natasha y Paulie miraron alrededor y observaron a un hombre mayor con una mano sobre la verja y con la otra se tapaba la boca, era el señor Harrison, el vecino de Natasha.

  • Livia, inca peruana

    Livia, inca peruana

    Yo he sentido toda mi vida una atracción sexual muy intensa por las mujeres indias (no las de La India) sino por las nuestras, las de América Latina y Norte América. Desde muy chico las espiaba en la finca donde crecí en Pasto Colombia, hasta que tuve edad y confianza suficiente para montarlas -y que me montaran- y descargar en ellas toda la pasión erótica que aún me despiertan sus rasgos nativos, sus boquitas, sus tetas de pezones tan oscuros y sus panochitas casi siempre lampiñas, muy estrechitas y con ese sabor montaraz de sus ancestros.

    Antes de irme a la universidad y con 18 años en la bolsa, me di a la tarea de explorar mi sexualidad con la servidumbre de la casa paternal, donde todas me llamaban «patroncito» y venían de los andes de Perú y Ecuador, y cuando se iba una mucama, la reemplazaba una prima o pariente, por el buen trato y sueldo que se le daban mis padres, y las travesuras que hacían conmigo.

    La cocinera que era la única colombiana y que no era indígena de la servidumbre se llamaba Lucía, una paisa entrando en los 50`s con grandes tetas y un culo generoso, que ya después que cumplí los 18 años se dejaba coger sin muchos rodeos, y le daba lo mismo echar un polvo rápido detrás de la puerta de una pieza o una buena mamada de verga en el granero donde guardábamos el pienso de los animales de la finca.

    Lucía era una mamadora de pinga excelente, (aunque ponía algunas condiciones), la pinga debería estar lavada con jabón, y que no se viniera en la boca de ella sin avisarle, y no es que le hiciera ascos al semen, sino que yo a los 18 años y mi hermano a los 23, eyaculábamos cantidades industriales de leche, y a veces se le salía por las comisuras de la boca.

    Cuando uno le pedía una mamada, nos hacía esperar en el granero, al rato entraba con una fuente para llevársela luego a la cocina, se desabrochaba el uniforme y dejaba caer esas tetas inmensas que se dejaba mamar con gusto, nos besábamos un rato, y se arrodillaba para ponerse a mamar el clavo caliente que yo (o mi hermano) tenía parado entre las piernas; con mucho gusto después de oler la verga, comenzaba a pasar su lengua húmeda y tibia por la cabeza de la pinga, y sin más protocolos comenzaba a mamar de arriba a abajo; me encantaban los ruidos guturales que hacía con su lengua y sus labios cuando mamaba, y si tardábamos en eyacular comenzaba a chuparse solo la cabeza de la polla con movimientos rápidos y muy sensuales hasta que le avisaba que me estaba viniendo, entonces tomaba profundos alientos y hacía signos con las manos y ojos para que acabara.

    Entonces se venían desde las bolas las eyaculaciones más satisfactorias que jamás hubiera experimentado, sentía cinco o seis emisiones de semen que Lucía se iba tragando a medida que las recibía generosamente en su boca, y a veces abría mucho los ojos como si estuviera sorprendida de la cantidad de leche… ¿Pero quién no acaba a mares a los 18 años?

    Después de la mamada, se levantaba, se enjuagaba la boca, se sentaba encima de mi, y me decía que le mamara las tetas, a lo que yo accedía de mil amores.

    Mi hermano y yo no teníamos problemas en coger ambos con Lucía, y echarle la leche adentro de su coño paisa y ella se daba por bien servida al tirarse a dos jóvenes sanos, muy limpios, que la trataban y cogían bien y que siempre compartían las mesadas con ella.

    Una vez que mis padres se fueron de fin de semana a la ciudad, descubrí a una de las mucamas indias que se llamaba Livia, viendo a escondidas a mi hermano que estaba follando ruidosamente con Lucía en la pieza de mis padres; la sorprendí por la espalda, y ella medio muerta de miedo al verse descubierta, y medio en broma yo, que estaba cachondo escuchando a mi hermano y Lucía cogiendo, comencé a toquetearle las tetas, y a tratar de meterle el dedo en el chochito, pero Livia (ya veinteañera) se resistía diciéndome que iba a gritar si no la soltaba, pero el ambiente cargado de lujuria ayudaba a mis deseos, y le puse su manita encima de mi verga erecta y caliente, y sin muchos argumentos comenzó a apretarme y pasarme la mano encima del bulto en mi ingle.

    Ella era muy bajita, -le calculo 1,50 m- y rellenita, una crineja en su pelo negrísimo y lacio, piernas cortas y torneadas de trabajar el campo, sus manos eran pequeñas, pero muy fuertes y me hizo un poco de daño cuando me apretaba la pinga que aún estaba dentro del calzoncillo y mi jean; entre jugueteo y jugueteo, la cargué en brazos y la llevé a mi recámara que estaba en el segundo piso de la finca, ya en la pieza seguía diciendo que no iba a hacer nada y que yo era un «patroncito muy malo», pero seguía palpando mi trozo de carne dura sobre los pantalones, y daba besitos de «pico» pero a medida que la fui besando en el cuello, las negaciones eran menos firmes, y ya los besos eran profundos y de lengua, hasta que le dije que ya estaba bien de pendejadas, y comencé a desabotonar el uniforme, que encerraba un cuerpo gordito, muy morena, con unas tetas perfectas de buen tamaño y pezones redonditos casi negros, y cuando la desvestí, se bajó las panties donde pude ver que en su coñito no tenía ni un vello púbico, cosa que me gustó mucho, porque la panocha de Lucía era muy peluda.

    Livia estaba de pie en la cama, y pudimos estar a la misma altura, me besaba y me mordisqueaba el cuello mientras me desvestía, y se le veía en los ojos mucha curiosidad, pero lo que más me excitaba era que mientras me quitaba la ropa, me estaba murmurando al oído vulgaridades en su lenguaje quechua, que sonaban muy eróticas y subidas de tono, y cuando me incorporé frente a ella con la verga tiesa, Livia abrió mucho los ojos, viendo mi pinga erecta y a mis ojos, diciendo palabras de asombro en su idioma, diciéndome que nunca había cogido con un blanco y que jamás había visto un «guineo» tan grande.

    Estaba muy curiosa, me pidió que me acostara en la cama, y comenzó a ver de cerca mi verga tiesa, que ya asomaba lubricante en el ojete, se acercaba mucho, me olía la pinga, y ponía cara de asombro al ver las venas palpitando en mi herramienta, le pregunté que si quería mamarme la verga, y me dijo que no le cabría en su boca, así que no insistí mucho porque me encantaban sus tetas, las cuales comencé a mamárselas, lengüeteárselas y a darle profundos besos de legua, y me encantó que le supiera la boca a menta,

    Ya habrían pasado unos 10 minutos desde que comenzamos a juguetear en la cama y yo quería meterle la verga a Livia, pero ella estaba indecisa porque tenía la pinga muy grande y temía que pudiera hacerle daño en su «conchita», y que ella no iba a coger sin condón, porque no quería salir embarazada, me fui casi que corriendo al cuarto de mi hermano, y busqué desesperadamente en su gaveta sus condones, mientras sentía que la verga me iba a explotar si no se la metía a la gordilinda de Livia, saqué una caja de tres, y volví a la habitación, donde ya Livia se estaba poniendo las pantys de vuelta, y me dijo que no iba a coger porque mis padres iban a volver, y la iban a echar por ser una «india puta» y tuve que asegurarle que los viejos no regresarían sino hasta la mañana siguiente, pero la indiecita estaba «dura» diciéndome que yo solo quería «cachar» y después no iba respetarla más, y parecía que no iba a ceder hasta que le pregunté que si quería plata o que yo le hiciera algo, y me dijo que no quería plata sino que le «comiera la conchita» como en las películas porno que a veces veía con mi hermano cuando no había moros en la costa.

    Yo que quería meterle la pinga a Livia le dije que si, y después de unos divinos besos y una mamada de sus tetas bellas, comenzó a empujar mi cabeza con sus manitas hacia su entrepierna, al tiempo que me murmuraba groserías en quechua y me repetía que era «muy malo»; déjenme decirle, que al principio me dio un poco de corte, pero cuando tuve frente a mi cara esa panochita oscura, caliente y babosa, perdí todos mis prejuicios de casta y comencé a lamer esa rajita que al comenzar a explorarla con mi lengua, mostró un interior rosado y un sabor salobre y montarás, como el olor de la selva después que ha llovido, chupaba los labios calientes de su vulva inca, y me pidió que se la chupara, que le «chupara el grano» pero al no saber que era el grano, puso unos de sus dedos muy pequeños en su clítoris, que comencé a chupar y lamer como si no hubiera nada más en el mundo, y que Livia comienza a hacer arcadas en mi cama y a poner los ojos en blanco, hundiendo más mi cabeza entre sus piernecitas y a decir más palabrotas entre quechua y español, hasta que arquea el vientre hacia arriba y se deja caer en mi cama, diciéndome que ella nunca había «acabado», lo que me hizo sentir como un Titán!

    Al darse cuenta que yo también quería coger, (me acuerdo como si fuera ayer) me dijo «Ay patroncito, se le va a reventar el nabo, deje a su indiecita que le dé una mamadita», y sin decir más, que me agarra la verga con sus manos pequeñas y comienza a mamarme la pinga, que parece que va a reventar, y como a los dos minutos no pude contenerme y eyaculé un sifón de semen que fue a dar directamente dentro de su boca, y al sentir la leche, lo sacó de su boca, para recibir el segundo chorro en la cara, que escupe la leche, y que sale un tercer chorrazo de leche que le cae a las tetas, y el contraste de mi semen blanquísimo sobre su cara y sus tetas tan morenas es fantástico, ella ve mi corte, y se ríe, y comienza a «bombear» mi verga para sacarme el resto de mi leche pajeándome con sus manitas, dejando que salga toda la leche cayendo sobre ella y sobre mi abdomen.

    Que se va al baño a asearse, y trae un par de toallas húmedas para limpiar el estropicio, y que seguimos oyendo a mi hermano y Lucía follando abajo.

    Livia se limpió la cara, las manos y las tetas y me limpia el abdomen, saca unas hierbas de su uniforme y se pone a masticar menta; yo apenado le pido disculpas por la leche en la boca y que me dice que no me preocupe, y que ella quiere hacer como hace Lucía cuando le mama la pinga a mi o a mi hermano, que se traga toda la leche, y le pregunto qué cómo sabía, y me respondió que las otras sirvientas siempre espiaban lo que hacíamos con la cocinera, y que querían hacerlo también, sólo que mi hermano ni yo no nos fijábamos en las «indias».

    Me dijo que su nombre era Livia y su apellido muy indígena del Perú, tenía 26 años y se sentía muy cómoda trabajando para mi familia, donde le pagaban y trataban bien y sin retrasos, y el uniforme de trabajo el techo y la comida corrían por la casa, y no como en otros sitios que se los descontaban del salario.

    Como a los diez minutos me sentí en forma para follar, y comencé a besar y mamarle las tetas a la indiecita, que me inició en las artes del 69, y me mamaba la verga, mientras me dejaba lamer y chuparle su panocha de hembra andina que me sabe a mazapán o a carne de caza, que empieza a «corcovear» sobre mi otra vez y que me aprieta durísimo la verga erecta cuando está acabando, hasta que se voltea y me dice que quiere que le «entierre la verga bien duro», y yo sin hacerme de rogar, comienzo a ponerme torpemente el condón, y que me lo quita de las manos, se lo mete en la boca, y que me lo coloca con la lengua.

    Quiero que se ponga arriba (como en las porno) pero me dice que quiere sentirme «arriba» y que se acuesta en la cama, y me abre las piernas dejando expuesta su concha, que está lista para recibir mi trozo de carne palpitante y dura, y que comienzo a meter la verga pensando que su panochita no va poder con el ariete, y que voy poco a poco, sintiendo la calidez de su coñito moreno y apretado, y que me pregunta ¿que qué pasa? ¿qué por qué no le meto toda la pinga adentro? Y que me jala hacia adentro de su chocho, y que siento la verga que se va deslizando total y divinamente adentro de su estrecha conchita india, y que me dice que se la meta «bien duro» y que la coja como me cojo a Lucía, que ella es mi «india puta» y que comienzo a darle como me pide, y bombeo mi polla adentro una y otra vez, que me cuesta besarla o mamarle las tetas entre culeada y culeada, y que me dice que me deje de «cojudeces» y le siga dando verga a su concha y que le diga «puta» que es «mi india puta» y que siento que se viene nuevamente, y que me estrecha como puede y entre vulgaridades quechua, me dice que le encanta como su «patroncito» coge duro a Livia, y que le siga metiendo la verga más duro!!!

    Y así se vino una vez más, hasta que siento que soy yo quien se va venir y se lo digo y me pide que ponga sus piernas sobre los hombros, y que me las pongo donde me pide, y su panocha queda totalmente expuesta y en una posición y ángulo fenomenal para recibir la verga que está más tiesa que nunca, y que se la meto durísimo y ya no me importa que me oiga mi hermano o Lucía o quien sea, y que Livia se pone a mover el culo divino arriba a abajo y que le sigo metiendo la pinga por su rajita, y me dice «ay patroncito deme su lechita» «deme toda su lechita patroncito» «esta india puta quiere leche», hasta que siento el semen bajando por mi verga, y pienso que si no fuera por el condón, le estaría dando toda la leche al coñito divino de Livia, que sigue balbuceando en su lengua hasta que pone los ojos en blanco y me atrae hacia ella, para decirme que se siente rica mi leche en su concha, y me quedé yaciendo sobre ella, que me dijo que me quería sentir encima.

    Después de recuperar el aliento, me acosté a su lado, estaba sudada y respiraba con agitación, pero el olor de su cuerpo era diferente al de cualquier mujer con la que hubiera follado antes, era un olor diferente, primal, silvestre, no olía a sexo ni a sudor, era indescriptible, y divino a la vez, era algo así como el de las yeguas en celo…

    La observé de cerca en mi cama, y se veía la diferencia entre nosotros, yo apenas de 18 años parecía un niñato blanco torpe, y ella pequeña, rellenita y muy morena, toda una mujer a los 26 años en la plenitud de su juventud, sentí que quien estaba follando a quien fue ella a mi.

    Entonces, que me pongo a ver de cerca y a acariciar y besar sus pezones oscurísimos, y que mi hermano Esteban y Lucía entran a la pieza medio desnudos entre risas, diciéndome que estaban escuchando todo desde el cuarto de los viejos…

    Livia se queda de lo más tranquila con la intromisión, y qué Lucía le pregunta qué «cómo me porté» y que la indiecita contesta que muy bien, pero que me hacen falta una diez cogidas más para ponerme «a tono» y Lucía y mi hermano se ríen, y vuelve a preguntar que si me le vine «adentro» y ella muestra el condón medio lleno de leche, y que le dice a Livia que la semana que viene vayan a Pasto para comprarle las pastillas anticonceptivas que ella usa, para que le pueda echar la leche adentro, que sentir la leche en la panocha es divino…

    Mi hermano buscó una botella de ron de Caldas y nos tomamos la mitad en mi cuarto, hasta que nos volvimos a poner a tono, y Lucía le preguntó a Livia que si quería coger con mi hermano, y mi hermano dijo que no, porque me vio medio molesto con la proposición, ¿Y podemos verlos cachando? Y Livia accedió, así es que nos pusimos a coger delante de mi hermano y Lucía, quien se tocaba su panocha con los dedos, y eventualmente le agarraba las tetas a Livia mientras me mamaba la verga o estaba cogiendo arriba de mi, y mi hermano veía divertido hasta que él comenzó a coger a la cocinera a cuatro patas en una estera de cáñamo que yo tenía debajo de mi cama

    Entonces fuimos la indiecita y yo que veíamos fascinados a mi hermano encajándole la verga desde atrás a Lucía, que nos tiraba besos y gesticulaba morbosamente con la lengua, mientras sonaba eróticamente el impacto de la ingle de mi hermano en la panocha de Lucia, quien se vino ruidosamente cuando Esteban le echó la leche adentro por tercera o cuarta vez esa tarde…

    Espero comentarios.

  • Consultorio caliente (1)

    Consultorio caliente (1)

    Hace unos días llegó al consultorio de la oficina una enfermera nueva, era una mujer madura de fuerte personalidad, un espectacular cuerpo de tentación que me dejó fantaseando desde que la vi, tenía un aspecto tierno y rebelde, ojos grandes y soñadores que contrastaban con sus piercings y tatuajes, tenía unos senos grandes, nalgas redondas, piernas torneadas irresistibles.

    Durante la mañana no logré quitarla de mis pensamientos, la imaginaba con medias, un liguero y corsé blancos debajo de su bata, finalmente me decidí a bajar con el pretexto de un dolor de cabeza, cuando me revisó y sentí sus manos calientes en mis brazos no pude evitar excitarme, tenía un pantalón ajustado debajo de su bata y podía ver las curvas de su cuerpo, a pesar de lo holgado de su bata, también se podía apreciar un poco del contorno de sus senos.

    Al terminar la revisión me dijo que todo estaba normal y me recetó un par de aspirinas, cuando me despedí lo quise hacer con un beso en la mejilla, pero ella se hizo hacia atrás y mantuvo su mano firme.

    Regresé a mi lugar un poco apenado y más excitado, teniendo ahora en mi mente su voz, su rostro de labios sensuales y gruesos, ojos expresivos así como su cuerpo, fantaseando las cosas más locas y calientes con ella.

    Al día siguiente llegué más temprano de lo acostumbrado para dejarle un detalle en su consultorio, pero ella ya estaba ahí, le dejé un chocolate y ofrecí una disculpa por mi comportamiento del día anterior, como aún no se ponía la bata tuve la oportunidad de admirar mejor las curvas de su cuerpo y las dimensiones de sus senos, también pude ver otros tatuajes que tenía, ella se percató de mi mirada y mantuvo la suya firme, finalmente sonrió mostrando unos dientes blancos y grandes detrás de esos carnosos labios, aproveché para invitarla a comer al día siguiente, pero se negó, así que al otro día, estaba yo nuevamente en el consultorio más temprano aún, pero ella ya había llegado, situación que sirvió para bromear un poco, le dejé otro chocolate, para ese día ya roto el hielo no opuso resistencia cuando me despedí de beso, le dije que llegaría más temprano para aprovechar el tiempo.

    Así estuve haciéndolo durante algunos días más, después del beso, permitió un abrazo al saludarnos y pude sentir la firmeza de sus ricas tetas, así como el contorno de sus piernas, ella se separó muy rápido, pero sin molestia, entre pláticas y bromas le sugerí practicar primeros auxilios porque yo había tomado algunos cursos y con toda la doble intención le dije que podíamos hacer unas prácticas de RCP, para mi sorpresa me dijo que si, así que al otro día estaba listo en el consultorio a muy temprana hora con ropa cómoda como me lo había pedido, ella estaba también lista llevaba unos leggings y una sudadera, yo llevaba unos pants y una camiseta.

    Desde que entramos al consultorio y ella cerró la puerta tras de sí, estaba yo excitado lo cual se notaba por el pants, ella miró y me dijo riendo que me calmara, obvio no me calmé y empezamos las prácticas de RCP, ella me preguntó qué era lo que sabía y después me dijo que iniciáramos con ella como paciente, al momento de que se quitó la sudadera para ponerse en posición del paciente, se quedó con un top en la parte de arriba, tenía un figura espectacular, sus tetas grandes y redondas al igual que sus nalgas y sus bien torneadas piernas.

    La excitación debajo de mi pants crecía, por la apariencia de sus pezones ella también estaba excitada, se acostó boca abajo y me puse a su lado para iniciar las maniobras del RCP, cuando acomodé sus brazos en uno de los movimientos rocé con mi miembro erecto su cuerpo y sentí como se pegaba ella también, al iniciar el masaje cardíaco no podía dejar de ver como se movían sus tetas al compás de mis movimientos, la piel desnuda de su vientre estaba caliente ya la temperatura seguía subiendo, cuando hice las ventilaciones sentí su aliento caliente, de ventilación de RCP se convirtió en un beso, sus carnosos labios y su lengua eran una maravilla.

    De pronto me detuvo, se incorporó, me dijo que era mi turno, así que me puse boca arriba con una erección tremenda en mi pants, lo que le causó risa, tomando el control de la situación ella prosiguió con la maniobra e inició las compresiones toráxicas yo no quitaba los ojos de sus maravillosas tetas y de sus tatuajes que se movían rítmicamente, al iniciar las ventilaciones me quedé quieto, pero al sentir su lengua dentro de mi boca no pude resistir más y la abracé, se puso encima de mi sentía sus nalgas en mi verga frotándose con fuerza, de pronto separó sus labios de mi boca, me quitó la camiseta y empezó a besar mi cuello, mi pecho hasta llegar a mi cintura, sobó mi erección primero encima del pants, después metió su mano y lo dejó libre para mi agrado lo empezó a lamer y besar.

    Después a mamar de una manera increíble con esos labios y lengua que de verdad hacían magia, se separó se despojó del top dejando ver todos sus tatuajes y libres esas hermosas tetas coronadas de unos pezones grandes e hinchados, para sobar con ellas mi falo erecto, subiendo por todo mi cuerpo hasta acercarlas a mi boca, las empecé a lamer, a besar incluso a morder suavemente sus pezones, la abracé de la cintura y metí mis manos debajo de su leggings para sentir sus nalgas y apretarlas con mis manos, le quité los leggings y recorrí con mi lengua su cuerpo deteniéndome en su vagina mojada y caliente al introducir la lengua y jugar con su clítoris duro y flexible, me detuve a jugar con él hasta que escurrió sobre mi cara.

    En eso giramos y la puse de nuevo encima de mí, se montó en mi verga para subir y bajar mientras yo besaba sus tetas redondas y firmes, así estuvo hasta mojarse otra vez, le pedí que recargara sus manos sobre el escritorio y abriera sus piernas para darle por atrás, pero no quiso, sin embargo, en esa misma posición volví a introducir mi verga a su caliente y escurrida vagina, era una vista excitante sus nalgas frente a mi mientras la penetraba, sus tetas se movían acompasadas a nuestro ritmo cada vez más intenso, más rápido, hasta que los dos al mismo tiempo dejamos escapar los fluidos producto de nuestro placer.

    Nos quedamos recostados en el sillón unos minutos, nos vestimos abrió ventanas y echó un aerosol para eliminar el aroma a rico sexo que tuvimos esa mañana, al despedirme me dijo al oído, que me esperaba otro día, para darle por el culo.