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  • La visita conyugal de Sofía Marian (Parte 1)

    La visita conyugal de Sofía Marian (Parte 1)

    Tenía varias semanas que Sofía Marian no me visitaba en el departamento como era costumbre en nuestra clandestina y tóxica relación. Por fin, después de varias semanas de no vernos por compromisos laborales y de salud, según ella. Quedamos en que pasaría a mi departamento un fin de semana próximo en el que ella descansaría, por lo que yo emocionado por verla y con las ganas que le traía a esa güera hermosa, me guarde para nuestro próximo encuentro y poder continuar dándole lecciones de como coger a aquella hermosa chica de piel blanca como la porcelana.

    Fui por ella en el lugar acordado, entre la multitud de la gran ciudad veo que viene caminando, muy arreglada y sensual, su cabellera rubia suelta hacen que la identifique inmediatamente entre el mar de gente, de la mano de ella viene su hijo, un pequeño de unos 4 años de edad, mi primera impresión no lo voy a negar, fue un poco de desilusión ya que mi idea de pasar con ella esa tarde haciéndole el amor no se veía viable, parecía que no se iba a poder concretar una tarde de placer y sexo a su lado, después de tantas semanas sin vernos traía el tanque lleno. Por otra parte me agradaba la idea de poder compartir con el niño ya que deseaba que me viera como el padre que se supone que no cumplía su función y eso me daba más puntos con ella.

    Al identificarnos a lo lejos los dos sonreímos, yo de gusto de volverla a tener entre mis brazos y ella pícaramente como tratando de no delatar su doble vida. Nos saludamos como siempre en la calle con aquel misterio de su parte, beso en mejilla de amigos, el hola como estas ya abordando inmediatamente el auto. En el transcurso del viaje al departamento, platicamos de lo que habíamos hecho en ese tiempo, reproches y reclamos de una y otra parte. Me comentó que esa tarde no había podido dejar al niño con su madre porque se habían peleado, como tratando de justificar que esa tarde no íbamos a poder tener una tarde sexual como siempre lo hacíamos cuando llegaba a mi departamento, le hice saber que no importaba que me agrada poder compartir con ambos.

    Por fin llegamos al departamento y yo me desvivía por estar al lado de ella, entre abrazos y besos a esa hermosa mujer. Mientras al niño también lo trataba de complacer para que no se sintiera a disgusto en nuestra zona de confort, ya que fuera de ese departamento era complicado demostrar mi sentir hacia ella por las distancias que guardaba fuera de esas cuatro paredes, su cuidado paranoico como si la siguieran en todo momento.

    Mientras dejábamos al niño viendo la TV nos dirigimos hacia el pasillo de las recámaras donde ella insistía en seguir discutiendo y culpándome a mi de que no nos viéramos más seguido, recriminando que quizás ya no me acordaba de ella porque andaba con alguna otra “amiguita”. La verdad es que aunque hubiera otra persona ocasional no podía sacarme de la cabeza aquella hermosa mujer, aun con su toxicidad, deseaba estar entre sus piernas. Y precisamente en ese momento que teníamos no podía estar desperdiciando entre tantos reclamos, así que la acorrale en el pasillo tratando de convencerla de que había que disfrutar ese día, poniéndose dura y complicada ella y mi amiguito juguetón.

    La besaba y recargaba mi cuerpo contra el suyo teniéndola contra la pared, acariciaba su cuerpo bajo sus prendas tratando de ablandar su carácter, poco a poco fue cediendo mientras había metido manos entre su pantalón y blusa, recorrido su cuerpo mientras la besaba ardientemente, ella aun poniendo poca resistencia y con sus reclamos ya débiles, fue cediendo ante mis caricias.

    Cuando mi mano recorrió su cintura por la parte de frente de su pubis pude comprobar que venía preparada para nuestro encuentro, llevaba puesta una tanga de encaje que le había obsequiado la última vez que la nos vimos, ella no era adepta a usar ese tipo de prendas, pero al parecer iba preparada para esa “visita conyugal”, ella quería continuar con las lecciones de sexo que le daba a mi tímida y misteriosa alumna.

    Mi mano dentro de su prenda íntima acariciaba su blanco y bien cuidado monte de venus, mis dedos acariciaban los bordes de su panocha, sentí la humedad que ya emanaba como consecuencia de mis besos y caricias, ella ya solo se limitaba a gemir en silencio por la presencia del niño en la sala. Se trataba de mover y cerrar las piernas como para evitar mi contacto más íntimo, mientras mis dedos trataban de abarcar lo mejor que pudieran de ese rico bollito, sus labios de color rojo carmín entre abiertos solo mostraban sus dos dientes superiores al momento de exhalar su cachonderia oculta, mientras yo continuaba con mis caricias y besos por donde pudiera.

    Yo no aguantaba las ganas de poseerla después de la abstinencia en que me tenía Sofía Marian, sin miramientos y con el deseo a flor de piel, desabroche los botones de su pantalón y al mismo tiempo yo abrí mi pantalón con velocidad de ninja para que ella no pusiera objeción alguna, en ese momento a ambos se nos olvidó todo, mientras nos besamos y acariciamos recorriendo con mi boca el nacimiento de sus senos que a ella le gustaba mostrar discretamente. Baje un poco su pantalón y junto con su tanga, al mismo tiempo que ponía mi falo de piel canela y enrojecido de lo excitado que estaba, entre su blanca piel y sus labios vaginales color rosa, como si fuera un termómetro mi pene se posiciono entre sus labios, ambos órganos estaban ardiendo, indicio de que ella también estaba deseosa de tener mi pinga dentro de su blanca y caliente conchita de mi conejita (aun le digo así).

    Hice intentos de meter mi verga en su bollito, un poco complicado por estar parados y casi vestidos, ella solo resoplaba y gemía levemente en mi oído al sentir la presencia de mi glande tratando de abrir los pliegues de su vagina. Diciendo solo algunas pocas palabras. Y mi verga como si fuera un ariete medieval intentando abrir las puertas bloqueadas por la poca cordura que le quedaba. Con voz melosa y casi en silencio me refutaba:

    Sofia: Ahhh… ahhhh… nooo aqui nooo… ya ves como eres… No te importa lo que digo…

    Sofia: Ahí está mi Kike… nos va a ver… ahhh.

    Sofía: Que malo eres “cosita”…

    Yo: Me pones así conejita, en verdad no puedo dejar de pensar en ti güera… No pidas que me detenga, no puedo ni quiero…Te extraño mucho.

    Sofía: Si, seguro has de estar viendo a tus “amigas”…

    Yo: No güerita, en serio que no, eres la única… tú eres mi dueña… y te quiero tener siempre así. (Mientras mis intentos por penetrar seguían y ya tenía la punta del glande abriendo sus labios vaginales, arrancándole más suspiros).

    Sofia: Ahhh ahhhh… aquí no, aquí no “cosita”, no se puede aquí, mejor vámonos a la recamara…

    Con la ropa medio colocada se dirigió a la recamara mientras yo guarde a mi cabezón todo jugoso por mis fluidos mezclados con los de la conchita de mi güera. Fui a ver que el niño siguiera entretenido con los juguetes y la TV y asegurar la puerta…

    Me dirigí hacia la recamara donde ella ya se había quitado la ropa quedando solo con el conjunto negro de tanga y bra negros que contrastaban con su blanca piel, metiéndose entre las sábanas. Me quite la ropa lo más rápido que pude, mientras sus ojos verdes seguían mis pasos, dio unas palmadas a su lado de la cama para que me colocara a un lado de ella, camine con la verga bien parada, para esa ocasión tan esperada había conseguido un lubricante que tenía un efecto como si hirviera mi verga, el cual no dudé ni un minuto en untarme un poco en todo el tronco de mi ya ardiente falo con la intención de que también lo sintiera en su interior.

    Entre en la cama para enfundarme dentro de las sábanas y para no enfriar los ánimos seguimos con nuestra sesión de besos y caricias, y me di a la tarea de quitarle el resto de sus prendas, de paso le unte un poco del lubricante en su panochita, ella era muy tímida y recatada en el aspecto sexual hasta que nos conocimos, recuerdo de la primera vez con ella, no tenía indicios de poder hacer algo por iniciativa propia, había sido como hacer el amor a una muñeca inflable sin movimientos propios, pero poco a poco y de acuerdo a lo experimentado conmigo ella iba dando muestras de lo poco o mucho que aprendía a mi lado. Al sentir el placer ofrecido por el lubricante me dice:

    Sofía: Que me pusiste “cosita”. Tú y tus inventos, ¿no te basta como me tienes ya?, sabes que no sé nada de eso.

    Yo: Disfruta vida mía, te va a encantar, lo compré pensando en ti.

    Sofía: Si seguro ya lo usaste con alguna “amiguita”…

    Casi ronroneando y con voz melosa me reclamaba ahí en la cama, de cómo la había convencido para estar nuevamente en la cama con ella desnuda y a punto de hacer el amor, cosa que no quise descubrir el secreto pero era obvio por los pequeños detalles que había notado, al usar esa pequeña prenda interior solo para visitarme y su humedad la delataban.

    Sabía que solo era cuestión de encender la flama de aquel material casi frío como el hielo, para convertirla en mi amante deseosa de verga.

    Ella frotaba mi falo delicadamente mientras yo acariciaba su panocha ya húmeda por sus fluidos y un poco de ayuda del lubricante. Me dediqué a besar sus tetas blancas y de buen tamaño, me encantaba saborear sus pechos blancos y al parecer a ella no le molestaba que yo mamara sus bubis, pasaba mi lengua alrededor de sus pezones color rosa. La acción estimulante del lubricante aunado con las caricias y besos hicieron que ya no guardáramos más nuestros deseos reprimidos por la presencia de Kike, me coloque arriba de ella, su posición más natural y casi la única que conocida por ella (hasta que nos conocimos), la típica posición del misionero.

    Me abrí camino entre sus piernas hasta que mi verga tuvo libre acceso a aquella vulva estrecha, con las ganas acumuladas de varias semanas sin vernos, controle mi ímpetu para ir entrando poco a poco por su coñito del placer, ella solo suspiraba y se quejaba levemente al sentir el invasor deseado entrar en su delicada gruta mientras la miraba directo a esos bellos ojos verdes como queriendo poder leer su mente de todo lo que no sabía de ella. La sensación ardiente del lubricante nos proporcionó un placer extra.

    En esa típica posición casi llegamos al placer máximo, pero antes de terminar la tuve que convencer para probar una nueva posición para ella, la puse en posición de perrito, primero con todo y sabanas, pero era incomodo mantener las sabanas sobre mi mientras la tomaba de las caderas, terminaron resbalando de mi torso para quedar totalmente libres y ella empinada dándome la espalda, con esa hermosa vista de ver su blanco cuerpo contrastando con mi piel morena, la vista agradable de ver ese culito empinado para mi y mi erecto falo de color obscuro entrar entre su cadera blanca como la leche, la tuve así por unos cuantos minutos bombeando en sus interior, mientras ella mordía la almohada que tenía en su cara y se agarraba fuertemente del colchón y las sabanas, oprimiendo fuertemente sus manos al sentir mis embates en su interior. Sus gemidos silenciados como siempre.

    Agotada y apenada por esa nueva posición, se dejó caer totalmente sobre la cama boca abajo con la almohada bajo su cadera para poder levantar un poco sus glúteos mientras yo continuaba con mis embates, ella tímidamente movía sus caderas al sentir mi verga en su interior, algo que ella no estaba acostumbrada a hacer, pero eso me indicaba que poco a poco ella iba abriendo su mente en nuestros encuentros sexuales.

    Con esa imagen de ella en posición sumisa podía ver su cabellera rubia agitándose al compás de su cabeza que volteaba de un lado a otro para poder morder diferentes puntos de la almohada o la sabana, y ver su delicado y blanco cuerpo con sus nalgas de piel tersa y blanca chocar contra mi pelvis, fue de lo más erótico que había soñado alguna vez vivir con ella.

    Mis ganas contenidas se vinieron en un torrente de leche, yo bufaba tomando sus blancas nalgas y ya rojas de tenerla sujetada de ella para no desacoplarse, mis bufidos se sincronizaban al momento de dar la embestida con mayor fuerza, hasta que exhale un gran gemido de placer, indicio de que mi venida láctea era inminente, ella solo movía sus caderas de lado a lado, queriendo exprimir mi verga, como pude en los últimos segundos, saque mi verga y mi leche salió disparada sobre sus blancas nalgas y espalda, aun reponiéndome de esa gran venida, me quede admirando su cuerpo mezclando mi blanco y espeso néctar sobre su piel.

    Ella solo volteo y sonrió satisfecha de aquel erótico y sexual encuentro que ambos deseábamos. En sus ojos verdes brillaban aun del placer que habíamos podido extraer, esos encuentros eran fabulosos después de tantos días de no vernos.

    Caí rendido sobre su frágil cuerpo como el león macho que toma posesión de su hembra, recargando mi cara sobre aquella melena rubia y besándonos tiernamente al sentir esa paz, que seguía después de aquella batalla sexual.

    Me reponía a un costado de ella, entre besos y reclamos de parte de ella, porque según ella quería hablar conmigo y venia enojada según ella, yo seguía acariciándola y refutando sus reclamos, yo quería seguir cogiéndola, y ella también lo deseaba, pero decía estar agotada. De mi parte no le creía del todo, sabía que esa conejita rubia necesitaba más de mi verga, así que no quite el dedo del renglón… pero en eso Kike la llamó, “¡mamaaa!”.

    Ella sonriendo en complicidad por la situación y dando entender que hasta ahí quedaría el encuentro, se levantó de la cama y tomó una bata mía, cubriendo su esbelto y blanco cuerpo para ir hacia la sala a atender el llamado de la bendición.

    Quedándome en la cama, reponiéndome un poco de aquella sesión de sexo. Pero no iba a terminar así esa tarde, así que me puse otra bata y fui tras ella a la sala.

    Continuará…

  • Era virgen…

    Era virgen…

    No me considero una mujer hermosa; tengo ya 63 años, pero para mi edad, me conservo bien; algo de abdomen, pero mis pechos y mis nalgas hacen olvidar lo demás a cualquier hombre.

    Nunca me casé; desde que descubrí mi sexualidad con un novio en mi juventud, me gustó estar probando diferentes parejas a lo largo de mi vida; quizá por eso, no represento la edad que tengo.

    Soy maestra a tiempo completo en varias escuelas e institutos en la Ciudad de México. Mis alumnos son la mayoría jóvenes que están en la universidad, 18 años o más, y requieren asesorías en materias de físico-matemáticas.

    Hoy ojeando mis notas, encontré el nombre de aquel alumno que me hizo volverme loca cuando pude hacerlo mío.

    Me serví una copa de vino, me desnudé, me recosté en el sillón y me dispuse a recordar mientras mis dedos acariciaban deliciosamente mi rajita.

    El muchacho era de lo más normal; alto, delgado, pero extremadamente tímido y retraído. Su madre se puso en contacto conmigo para ayudarle a pasar matemáticas.

    El muchacho venía a mi casa a tomar la clase; pero, siempre evitaba mirarme, como si tuviera miedo; eso me excitaba, poder comerme a ese joven de apenas 18 años.

    Mientras él hacía unas operaciones, le pregunté porque se cohibía tanto conmigo; él contestó que no se sentía a gusto con ninguna mujer, porque a él le gustaban los hombres. Yo me reí y le dije que eso no lo podría saber hasta que probara.

    Me abrí mi blusa y le enseñé mis pechos; le dije que los tocara, que sintiera lo que era una mujer. Él se hizo hacia atrás; no quería tocarme; el escape me enardeció más, me lo iba a coger, quería cogérmelo aunque él no quisiera.

    Al tratar de escapar, tropezó y cayó sentado en el sillón; me hinqué entre sus piernas, le desabroché el pantalón y saqué su verga, estaba flácida; la empecé a mamar, el me pedía que parara, que no quería; mientras mamaba, me masturbaba, mojando bien mi vagina. La verga del muchacho comenzó a responder estaba parada; él seguía pidiéndome que me detuviera.

    Ya que la vi lista, me senté sobre ella, enterrándola por completo; él sólo pudo gemir. Al sentirla hasta dentro, tuve mi primer orgasmo; podía yo sentir las contracciones de mi vagina apretando su falo; él se rindió, ya solo lo oiga gemir mientras me lo estaba cogiendo.

    No sé cuánto tiempo, ni cuantas venidas tuve; pero, mis jugos chorreaban como si me hubiera orinado sobre él.

    En un momento, cerró los ojos; me pidió que parara que no quería, ahí bufó; lo hice que se viniera dentro de mi. Su leche caliente hizo que me viniera una vez más.

    Cuando me quite, él no quería hablar. Vi su verga y la cabeza había salido completa del prepucio, unas gotas de sangre manaban de un lado, era virgen y yo sé lo había quitado; eso me prendió otra vez y comencé a chuparlo; el sabor de su leche, mis jugos y su sangre me hizo venirme otra vez. Me excitaba saber que lo había violado.

    El muchacho apenado tomó sus cosas y salió; siguió tomando clases.

    Al terminar de recordar, ya me había venido y mi vagina chorreaba cómo esa vez.

    Seguí viéndolo, pero nunca lo volvimos a repetir.

  • Vecina infiel, se muda con su amante

    Vecina infiel, se muda con su amante

    Luego de haber follado con mi vecina en épocas de pandemia, de haber gozado ese delicioso cuerpito y de esa boquita hambrienta de leche, dejamos de vernos por un tiempo hasta que en un “choque y fuga sexual”, me confeso un secreto el cual hizo distanciarnos, sin antes darme una buena mamada de despedida.

    Para alguno que leyó alguna vez mi relato con mi vecina en plena cuarentena el año pasado, sabrán que la pasamos muy bien los primeros meses de cuarentena total, para ponerle fin a ese tema les contaré el desenlace final, habiendo pasado más de un año.

    Según lo relatado después que pasaron unos meses, para julio del año pasado volvieron a levantarse las restricciones, y las personas volvieron a salir, a trabajar a tomar las rutinas, el marido de mi vecina regreso con fuerza, que prácticamente lo veía casi todos los días de semana x el edificio, y lo confirmo ya que dejaba su carro estacionado en las cocheras de visita, e igual manera ya con mi mujer en casa todos los días se nos complicó tener algún encuentro furtivo, así que hice borrón y cuenta nueva, nunca paso nada y así también ella.

    Para tiempos de las marchas, noviembre del año pasado, había cierto desconcierto social y nuevamente mi vecina se iba quedando sola, ya que no solía ver el carro de su marido fuera del edificio, por temas de clases virtuales mi mujer volvió a ir a casa de sus hermanos para ayudar a sus sobrinos con sus clases, cosa que también recibía un ingreso, ya que los tiempos estaban difícil, incluso yo desde casa los ingresos eran muy ajustados.

    Justo para las noches que solían haber protestas por la situación coyuntural del país, y las personas salían a hacer cacerolazos en las noches, una de ellas, subí a la azotea y a la encontré a ella, y a estando solas, cruzamos ciertas palabras, donde nuevamente sacamos a relatar lo que vivimos.

    – Hola!

    – Hola!… que tal situación la que estamos viviendo

    – Si, increíble con pandemia y todo… esperemos no llegue a mayores

    – Y cómo has estado?… todo bien con tu marido… para casi siempre ahora acá

    – Bueno y no tendría nada de malo, ¿por qué lo dices?

    – No por nada, solo decía

    Mientras en el fondo se oía lo cacerolazos de la noche.

    – La semana pasada, me encontré en la bodega con tu mujer y venimos conversando

    – Así… y de que hablaron, todo bien…

    – Tranquilo… no dije nada de nada, obvio, lo que tuvimos o sea… relax vecinito

    – Me imagino que no, además si tu marido supiera, nos mata a ambos – riendo ambos seguros y recordando lo que tuvimos.

    – Aparte de eso, no te conto nada tu mujer… que estoy con planes de mudanza

    – No nada

    – Entonces tampoco me vas a felicitar, ¿no te conto nada?

    – No que cosa?

    – Estoy embarazada

    – En serio! – quede sorprendido

    – Si, ya tengo 4 meses… así que tengo planes de mudarme el próximo verano

    Me quede viéndole, mientras miraba si se le notaba algo el embarazo y no aún no se le notaba

    – Que me miras?, ¿si aún sigo teniendo mi cuerpazo, cierto? – riendo ambos

    – Si nada no se te nota… felicitaciones! – dándole una sonrisa tierna.

    – Bueno tengo que regresar, me dio gusto saludarte vecino

    – Ok, cuídate aliméntate bien… y reposa que los primeros meses siempre son importantes

    – Si sobre todo alimentarme de buena leche – dándome un guiño mientras se iba a su escalaras para bajar

    – Ja – quede frio, pues me había mandándome una indirecta muy directa.

    – Cuando quieras! – le replique de lejos en tono de broma, pues fue lo único que atine a decirle.

    Ya en casa pensé, su marido ha venido con todo, hasta que la preño para que no se le escapase, bueno también se le notaba que buscaba plantarse ahí, y pues así pasaron los días. Hasta que una tarde de diciembre, semanas antes de navidad, escuche que discutieron, ya que nuestros departamentos eran continuos, escuchaba gritos y llantos, la cosa que escuche un portazo y vi desde mi ventana que su marido se iba en su carro, al parecer fue una discusión fuerte, para suerte esa noche mi mujer se había ido a acompañar a su cuñada a hacer unas compras por navidad y seguro regresaría tarde. Subiendo a la azotea y me arriesgué a silbar con el tono que ella reconocía y ver que le pasaba.

    Silbaba y silbaba… esperando que apareciese… pensando así unos minutos y escuche pasos suaves de su escalera apareciendo, con el rostro desencajado y los ojos hinchados por haber llorado. Salte sobre el muro y fui acercarme a ella.

    – ¿Que paso, todo bien? no te lastimo de manos tu marido?

    – No, no, solo una fuerte discusión, me saco en caras muchas cosas de mi pasado y yo de él que tengo que callarme

    – Tranquila, no debes ponerte así por tu bebe, tranquila – jale una silla de su lavandería y la hice sentarse – a la vez que me asome cautelosamente por mi bacón por si podía regresar su marido

    – No me siento feliz, o sea, si tengo todo lo que me podría dar… pero lo nuestro comenzó sabiendo que yo tenía años de relación con mi ex pareja, y se metió entre los palos, y sabía que él estaba separado de su mujer y todo… pero me saca en cara de que mi ex aún me llame y escriba, no le contesto, pero él piensa que si nos hablamos a escondidas…

    – Tranquila… respira un poco, mira no tienen por qué sacarse en cara esas cosas, te lo digo yo que en algún momento también la pegue de amante años atrás, pero si él sabía eso hay reglas básicas y códigos que se sobre entienden, me imagino que está asimilando eso y tú también… debes y deben calmarse por su bebe que van a tener.

    – Supongo que ya es cuestión de que el entienda, yo quiero tener paz y tranquilidad

    Mientras que la escuchaba la abrazaba con un brazo y con el otro le acariciaba su rostro y sus manos para calmarla, y lo que surgió como un consuelo se fue volviendo una provocación al pecado. Me iba sintiendo nervioso y sentía que ella respiraba más calmada hasta que en un momento de silencio solo atine a darle un beso largo en la mejilla, lo cual hizo ponerse cariñosa y devolviéndome un beso tierno en la boca, besándonos sin importar los riegos del virus que aún rondaba.

    Y así mientras nos envolvimos en los besos, sabíamos que no podíamos tener relaciones y lo único que podíamos hacer o que me podía hacer era sexo oral, incitándola a hacerlo en ese instante.

    – Recuerdas que me dijiste que debías alimentarte bien y…

    – Si, ¡me ofreciste leche y creo que me hace falta buena leche!

    Ya sabiendo como éramos, procedí a ponerme de píe, para bajarme el pantalón y sacar mi verga a media erección, mientras ella sentada en la silla empezó a masajearme los huevos y darle lamidas a mi glande hasta que uf… volvía a ser la misma mamalona de antes, teniendo un flash back esos momentos donde follamos deliciosamente a inicios dela cuarentena.

    – Extrañaba mucho tu deliciosa verga, uhmmm slup, slup, ahhh

    – ¡Sigue así, lo haces riquísimo!… wao, ufff sigue

    – ¡Dame leche, dame mucha leche!

    – ¡Sácamela toda, no he follado hace días, así que debe estar llena de leche!

    – Uhhhmm, rico… Slup slup…

    Pude notar que su pancita ya le había crecido, así que con los nervios y todo de que fuera regresar, me quede quieto, hasta que en un momento de excitación me deje venir a chorros mientras ella recibía mi leche y me la succionaba sin dejar escapar nada… que momento tan excitante y peligroso, lo goce tanto y más aún el ver su carita mientras me lengüeteaba toda la verga y me daba besos en los huevos y me los acariciaba con ternura.

    Y es cierto lo que dicen, a veces las mujeres estando embarazadas suelen tener momentos de calentura y pues aproveche esa situación, luego rápidamente nos despedimos y nos dimos un abrazo tierno.

    – Ve a descansar, ya en algún momento hablaremos.

    – Ok, si gracias por escucharme.

    – No te preocupes, hablamos cuídate.

    Luego de estar en mi casa y meterme a bañar, pensaba que pobre la situación en la que vivía, y también por suerte esta vez no nos apoyaron, así que decidí que no volviese a repetirse más, sería un peligro.

    Así llego el fin de año y estando ya en mis temas cada vez se le notaba más la barriga, dando a luz a inicios del otoño de este año, y nunca nos cruzábamos o evitábamos, solo en ocasiones la veía desde mi ventana cuando salía o entraba con su bebe, Llego así mediados de agosto y toco la puerta viendo que era ella por el ojo de la puerta, pensando que me buscaría, entre un poco de nervios.

    – ¿Si? – pregunte con miedo

    – Eh hola, si buscaba a tu esposa, para devolverle “esto” que me presto

    – Ah no está, pero yo se lo doy no te preocupes.

    – Si más, bien le dices que ya me voy este fin de semana

    – Oh, bueno, que bien te vas a un lugar más bonito para que disfrute tu bebe

    – Si, bueno… si

    – Bueno, ya le entrego lo que me diste

    – Ok, gracias

    – Ok, suerte

    Me quede con la tentación de decirle, oye hay que subir por última vez, o te espero arriba, pero bueno lo mejor fue así, hasta que llego el día de su mudanza y ya al saber que en la noche no estaba, subí por un momento a la azotea, viendo de reojo el lugar donde habíamos follando tan deliciosamente, fue una gran aventura del 2020, siempre recordaré esos pequeñas montañitas, que con el tiempo se volvieron en unas muy buenas tetas debido a que estaba amantando y como no recordar tremenda boquita hambrienta; espero le esté yendo bien y sobre todo esté haciendo feliz al cachudo de su marido.

    Caras vemos, culos ardientes no sabemos.

    Para que sepan cómo inicio esta historia pecaminosa, pueden a mi historial del año pasado y leer mi relato titulado, “Follando con mi vecina en la azotea”.

  • La puta que me amó (Segunda parte)

    La puta que me amó (Segunda parte)

    Desde que salí de su apartamento supe que en días iba a regresar. Tenía en mi cerebro la imagen de tan bella chica y esa imagen de cómo ella había fruncido su boca viviendo un orgasmo se me repetía como disco de vinyl rayado que regresaba al mismo surco. Su aliento, el aroma de su piel eran tan embriagantes que como aquel que es preso del alcoholismo y para salir de la resaca debe volver al vicio, de esa misma manera debería regresar a Karina. Toda la noche pasé pensando en esas imagines eróticas que había vivido con ella y el siguiente día al llegar las once de la mañana le volví a llamar y quedamos en vernos a las cinco de la tarde.

    En esta segunda ocasión ella ya se encontraba en su apartamento y me hizo pasar a la sala con la advertencia de que se tomaría unos diez minutos pues estaba hablando por teléfono con sus padres quienes vivían en Phoenix Arizona. Me dejó en la sala por unos minutos y me quedé apreciando las fotos que un día anterior a penas les di un vistazo. Esta chica realmente era fotogénica y parecía que tenía un buen fotógrafo, pues una parte de la sala estaba con diferentes estampas en diferentes lugares del mundo. Cuando salió de la habitación, me encontró deleitándome de una foto donde tenía todo ese cabello negro a un lado del hombro derecho cubriéndole totalmente su pecho. Parecía que solo usaba un brasier, dejando ver su sensual abdomen y su pantalón jean estaba desabotonado y su cierre abajo, mostrando su pequeño bikini. Era una foto sensual, erótica y quizá la que más me gusto. Ella me lo preguntó:

    -¿Te gusta esa foto?

    -¡Me encanta! -le contesté.

    -Es una de las últimas que me tomé. Yo tengo copias y si lo deseas, te puedo regalar una para que espantes los ratones de tu casa.

    -¡Me gustaría una copia! ¡Te miras muy hermosa! -le dije.

    Nuevamente me hizo pasar a la misma habitación que estuve el día anterior. Igual… el cuarto se mantenía bien arreglado y todo parecía igual a excepción de unas velas aromáticas que lo alumbraban, pues Karina en esta ocasión tenía las cortinas cerradas y se miraba todo semi oscuro. Le hice la pregunta de nuevo, pues por teléfono ella no me dio respuesta:

    -¿Van a ser $400?00 o $2000.00?

    -$400.00 Tony. Como te lo dije antes… eso que tú quieres es solo para una persona especial y no tiene precio.

    Para los lectores que no leyeron la primera parte, anteriormente le había ofrecido a Karina $1000.00 por follarme su hermoso culo y chuparle su conchita y me dijo que no y le doblé el precio, por sí se animaba. Puse los $400.00 en el mismo tocador y ella al igual que la primera vez ni los contó y parecía no le daba importancia. Ese día estaba con pantalones jeans y una camiseta alusiva a los Lakers, el equipo de baloncesto de Los Ángeles. No usaba mucho maquillaje, unos aretes que le brillaban, la misma pulsera y el un diamante en su anular. No parecía que me llevaría con prisa y de hecho ella me ofreció un whiskey, el cual acepté. Ella me acompañó con una copa de vino tinto. Pasamos y me hizo sentar en esas sillas de estilo cantina y con esa mesa bastante elevada de unos 90 centímetros de diámetro. Ella volvió a ese tema de mi condición civil, pues no me había creído que no estaba casado. Le conté algo de la tragedia que había vivido meses antes, no porque quería su simpatía, mas bien porque era la verdad.

    En quince minutos de plática ella le daba su último sorbo a su copa de vino y yo a mi vaso de whiskey. Luego ella me propuso si me quería tomar un baño, el cual rechacé aludiendo que una hora antes me había bañado. Sin mucho más que decir, ella caminó directo al buró a la par de la cama, sacó un profiláctico y regresó a la mesa. Ella me desabrochó el pantalón, el cual era de esos pantalones formales de vestir, me bajó el cierre y encontró mi falo reaccionando a lo que venía. Sin mucho protocolo nuevamente, me puso el profiláctico sentado en la silla y ella comenzó con la felación. Entrada en ese acto estaba por el correr de un par de minutos y ella lo interrumpió diciendo:

    -¿Quieres otro whiskey?

    -Bueno, te lo acepto.

    -¡No me gusta el sabor de estos condones!

    Regresaba con mi vaso con el whiskey y ella traía otra copa de vino tinto. Me mamaba la verga por dos minutos y le daba un sorbo a la copa. Ella seguía completamente vestida, pues Karina sabe con seguridad, que ya sea vestida o desnuda, de cualquier manera, excita a cualquiera. Con su mano derecha me tomaba del tronco de la verga y me chupaba la punta con sus lindos labios. No podía ver la felación en esta posición, pero que rico se sentía a pesar de que esta chica me había puesto un profiláctico. Después de algunos minutos me invitó a pasar a la cama.

    Ella me desvistió primero y me pidió que me acostara. Se subió de pie por sobre la cama y comenzó a desvestirse sin mi asistencia. Su camiseta de los Lakers cayó en la alfombra, su brasier me lo lanzó a mi cara, el pantalón jean poco a poco salió de tal escultural cuerpo y llevaba un diminuto bikini de color negro con rayas doradas como los colores del equipo de baloncesto. ¡Que delicia era verla de esa manera! Poco a poco deslizó su pequeña prenda hasta recogerla con sus manos y me la lanzó también al rostro. ¡Qué mujer… qué conchita más preciosa! Su rutina parecía ser la misma… besar mis pectorales y tetillas, hacer sentir esas hermosas tetas de copa D por mi abdomen y entrepiernas. Llegar a la posición de felación, solo que en esta posición era divino ver a esta mujer mamando. En esta ocasión no me preguntó en que posición quería follármela. Ella simplemente se fue sobre mí a montarme no sin antes pedirme el brassier, el cual se puso pues sus tetas son descomunales para ese torso petit. Si, me montó y me dio una cogida divina, pero tenía que usar ese brassier para evitar ese rebote de tremendas tetas.

    Los dos whiskeys me ayudaron a perder en algo la sensación pues quizá de otra manera me hubiese hecho acabar prematuramente. Esta mujer es sensual, un rostro y un cuerpo de diosa. Con ese ritmo sabía que me haría acabar en cualquier momento. Para sacarme de esa presión, le pedí cambiar de posición y le pregunté:

    -¿Cuál es tu posición preferida?

    -Te va a dar risa… la de mamá y papá: La del misionero. Ayer me hiciste acabar de perrito… primera vez que me vengo así.

    -¿Cuál prefieres?

    -¡La de mamá y papá!

    -Me parece bien, pero quítate ese brassier, pues a mí me gustaría mamarte tus pechos.

    -¡Eso me encanta también! -Dijo.

    Comenzamos con un vaivén semi lento, pero de penetración profunda. Como dije en mi primera experiencia, esta chica se sentía apretada, muy apretada de su vagina y eso es exquisito sentirlo. Karina parecía disfrutar la penetración y a la vez sentir que le mamaba uno de sus pechos… escuchaba sus gemidos, su profusa respiración. Por un momento me elevé con mis brazos y poder apreciar tan lindo rostro y ella me sonrió y me dio un cumplido que nunca escuché de otra mujer: -Sabes Tony, eres un hombre muy guapo, pero lo que a mi me gusta más de ti, es tu nariz.

    Seguimos con la faena en posición del misionero y con el tiempo le dimos más ritmo y sentía que esta linda chica chocaba con más ímpetu su pelvis y yo le correspondía con otro choque igual. Yo en forma de averiguar su estado le propuse cambiar de posición, pero ella me lo dijo de una manera muy seductora: Sigue así… me vas hacer acabar en segundos. – Yo lo sabía, lo sentía y comencé a darle embestidas más fuertes, más profundas y le dejé libre las tetas. Ella se las tomó para que no rebotaran tanto y comenzó a decir algo así: -Si… así, dame así… no pares, no pares… dame así que me vengo. -Cerró sus ojos, frunció sus labios, parecía que se los mordía y dio unos jadeos profundos y su abdomen comenzó a temblar sin control. Yo le seguí dando por un par o tres minutos y me corrí quedando mi rostro por sobre el rostro de esta linda mujer y pude sentir el aroma de las feromonas mezcladas con el vino tinto de su aliento. Me abrazó y quedamos así por unos cinco minutos.

    Ella se encargó de limpiarme y me invitó a pasar al baño a darnos una ducha. Acepté y aproveché en seguirla manoseando mientras la enjabonaba. En el baño mientras nos caía el agua ella me lo preguntó:

    -¿Quieres cogerme otra vez?

    -¡Por supuesto! -le contesté.

    -Hoy no tengo mucho tiempo, he quedado con mi amiga a ir a un concierto, pero si quieres lo hacemos aquí.

    Le dije que estaba bien, que intentaría no quitarle mucho tiempo. Karina solo abrió la puerta corrediza de la tina de baño y de una gaveta sacó otro profiláctico. Lo diferente en esta ocasión fue que me comenzó a dar una felación a lo natural. Por supuesto que mi verga reaccionó y estaba dura y lista para otra batalla y Karina no desperdiciando el tiempo tan pronto esta estaba erecta, me puso rápidamente el condón. Ella se puso con manos contra la pared de la tina y con el culo expuesto para que me la follara. Busqué el agujero delantero y ella sintió mi penetración diciendo: ¡Ve con cuidado… que me duele! – Realmente se sentía más apretada y luego ella me decía que en ese ángulo sentía mucho más el grosor en la penetración de mi verga. Una vez asimilada la posición pareció que había valido la pena para Karina, pues cualquier hombre disfruta el sexo en cualquier posición en cualquier circunstancia.

    Le había taladrado su pequeña conchita por unos siete minutos constantes y también en esta ocasión le masajeaba su ojete con uno de mis dedos. Pensé que me lo iba a prohibir, pero no sé sí le gustó o simplemente quería satisfacer a su cliente. Le comencé a dar a una velocidad más fuerte y ella me lo había aprobado y pedido: Si… así… dame así… ¡qué rico! -Yo que había acabado solo minutos antes podía seguir por largo tiempo, pero cuando ella restregaba sus nalgas contra mi pelvis y comenzó a masajear mi huevos cuando gemía como loca, me hizo acabar a los minutos y ella me lo decía: ¡Nunca me había corrido en esa posición y tú me has hecho acabar por detrás en dos veces ya!

    Obviamente me hacía sentir bien y creo que esto es lo más gratificante del sexo. Y es que uno disfruta esta faena haciendo disfrutar a alguien más… y eso es lo más rico de todo esto. Nos vestimos y Karina se vestía lindísima para ir a ese supuesto concierto. No sabía si era la verdad o tenía otro encuentro sexual en algún otro lugar. Ella se vistió con un vestido marfil bien ajustado a su cuerpo que apenas le llegaba a su rodilla, un abrigo de pelos de un animal que realmente nunca supe de que era, pues no soy experto en ello. Vi cómo se maquilló y lo que más recuerdo era esa prenda íntima estilo bikini de color marfil, el mismo color de su vestido y hasta me pidió mi opinión. Sin lugar a duda le dije que se miraba bellísima y quedamos en que pronto le volvería a llamar.

    En aquella semana la visité en tres ocasiones, lo que significaba le había pagado $1200.00 por un poco de tres horas de sexo. El sexo puedo ser adictivo y este accionar igual. Sé que muchas personas se han metido en problemas económicos por haber perdido el control y quizá en mi caso, esa oportunidad de tener que follar a muchas chicas disponibles me ayudó a no sucumbir a la tentación, pues realmente esta linda chica era una tentación. Todo esto ocurría en un mes de noviembre y en diciembre todo esto tomaría un nuevo rumbo. Creo que, para antes de la navidad de ese año, quizá había visitado a Karina en unas diez ocasiones y si hacemos la matemáticas, le había pagado unos $4000.00 en solo servicio de sexo. Antes que ella me llamara, ya habían pasado dos semanas que no la veía y esto se daba días antes de la navidad. En esta ocasión me sorprendió su llamada, pues nunca me había llamado.

    -¡Hola Tony! ¿Cómo has estado?

    -¿Todo bien Karina? Me has sorprendido con tu llamada.

    -Ya han pasado más de diez días de no verte y solo quería saber que estabas bien.

    -Gracias por preguntar… y si… todo está bien.

    -¡Me alegro… pero no te me pierdas!

    -Cuando pueda te llamo y quizá te diría que llego hoy si aceptaras mi propuesta. Sigue pendiente sabes.

    -Ya no tenía en mente tu propuesta, pero como te dije antes… eso es especial para una persona especial también.

    -Entiendo… cuando pueda te llamo.

    Llegó enero y verdaderamente no me recordaba de Karina, pues por ese tiempo me estaba follando a diferentes chicas y chicas muy lindas. Karina era un buen palo, pero un palo que costaba $400.00 la hora y con estas chicas después de una cena de $60.00 o $80.00 me las cogía toda la noche. La tentación de Karina ya no tenía ese misterio, ni nada nuevo. Era concluyente de su parte que no me dejaría saborear su conchita o follarme su culo, así que no me apetecía llamarla para más de lo mismo. El último fin de semana de enero la compañía para la que laboraba presentaba reconocimientos a ejecutivos, vendedores y otros trabajadores y debido a que quería evitar a una chica que trabajaba para la compañía y que se me insinuaba abiertamente, decidí llamar a Karina y ver si ella me podía acompañar a este evento. Le dije que era un evento de tres horas y especificando que no habría sexo envuelto, ella me dio la cómoda suma de $600.00. Acepté, pues sabía que iba a impresionar a todo el mundo y hacerle saber a esta otra chica por qué no quería nada de ella. Y desde ese día las cosas cambiaron.

    Continuará.

    Tonyzena21@gmail

  • Por una noche eres mi muñeca

    Por una noche eres mi muñeca

    ─Mmmm… estoy cansada. 

    Esas malditas palabras que interrumpen mi aproximación cuando te abrazo por detrás y te beso el cuello buscando llegar a más. Por otra parte, había sido un fin de semana de buen sexo, variado, desde el más romántico al más guarro así que no tenía excusa para ponerme insistente. Sin embargo, ya me conoces bien, sabes que tú eres mi vicio y cuánto mejor es el polvo más quiero seguir, así que no me culpes si hago mi intento.

    ─¿Muy cansada?

    Te pregunto rascando tu cabello, dejando salir mi aliento detrás de tu oreja y acariciando tu cadera tirando un poco hacia mi pelvis para probar tu humor y forzar mi suerte. Como de costumbre, ya sé que las cartas están arrojadas de antemano así que esperaba que esto termine cómo todas las demás veces, nos acurrucamos juntos, te abrazo fuerte contra mi pecho y finalmente nos dejamos llevar por el sueño.

    ─Hmmm… ─un murmullo sale de ti.

    Me parece que sonó diferente a tu respuesta de costumbre o sólo son ideas mías para aferrarme a la más ínfima posibilidad de volver a hacer el amor. Suspiras nuevamente, no obstante, cuando estoy a punto de rendirme y dejar ir mis últimas esperanzas te giras hacia mi lado para recostarte boca arriba.

    ─Bueno, sácate las ganas, pero no me hagas trabajar. ─me dices aún con los ojos cerrados abriendo los brazos para darme acceso.

    Es un trato más que perfecto para mi así que no pregunto dos veces, me inclino sobre ti para susurrarte al oído.

    ─Voy a quitarte la ropa.

    En ese momento sueltas las palabras más inesperadas y haces estallar mi libido.

    ─Hazme lo que quieras.

    Entonces yaces allí a mi completa disposición cómo una muñeca lista para que juegue contigo.

    Me acomodo a tu lado, deslizo mis manos bajo tu blusa por sobre tu vientre con suavidad, como si estuvieras dormida del todo y no quisiera despertarte. De a poco descubro tu piel, acompaño el movimiento con sutiles besos ascendentes por tu abdomen hasta que revelo tus dulces pechos, más tersos que la seda que los cubría y que abandono ahora arrugada dejándote expuesta a medias. Busco con mis labios en la oscuridad hasta hallar tus pezones, los saboreo rodeándolos con la lengua y los coloco entre mis dientes para realizar leves mordiscos.

    Tú sigues inmóvil, sólo siento tu respiración y el calor de tu cuerpo, ambos en lento, pero progresivo aumento, tus brazos abiertos con los codos flexionados, tus manos próximas a tu cabeza y tu precioso rostro hacia un lado con los ojos cerrados, tus labios que de a poco se separan y dejan escapar una prolongada exhalación que te relaja camino a ese espacio entre la consciencia y el sueño, donde los sentidos son distintos y percibes mis caricias de forma única.

    Desciendo por tu torso, visitando cada centímetro, experimentando el aroma de cada parte de tu piel hasta que llego a tus bragas, a las cuales deslizo con el mismo movimiento, muy de a poco hasta quitártela por completo. Entonces vuelvo a subir por tus piernas, por tus tobillos, por tus rodillas, separándolas con suavidad para hacerme espacio. Beso la cara interior de tu muslo, ese lugar que tanto me gusta y a ti te despierta el libido con la anticipación de lo que está por venir. Siento pronto el calor de tu sexo, la humedad, el delicioso perfume que activa mi sentido animal y me aventuro allí.

    Pero… ¿Acaso te has dormido? Yaces inmóvil, sin emitir sonido alguno. Puedo sentir tu pulso acelerado en mi lengua ¿Es este uno de tus juegos? Sólo me queda seguir probando tu deliciosa miel y esperar que me des una señal…

  • Un marido, dos amantes y una amiguita complaciente

    Un marido, dos amantes y una amiguita complaciente

    Le propuse a mi esposo que tenía muchas ganas de convivir los fines de semana con mis dos amantes, él ama mirarme jugar y dedicarle orgasmos estridentes, una de las rutina es cocinar y que yo elija a quien comerme de postre, me estimula tomar vino sobre testículos tibios y jugar al submarinito, dejar que entre todo el miembro en mi boca repleta de líquido frío, provocando erecciones superlativas y calientes, donde el vino derrame sobre mis pechos saliva, semen y ese maridaje exquisito que me enloquece.

    Uno de mis amantes es fotógrafo de vida silvestre, él retrata bestias, y según su lente, mi cuerpo excitado es lo más bestial que vio en todas las planicies, con el jugamos a retratar cada penetración y como las lenguas de mi marido y el otro amante lamen mis curvas y mis hondonadas, ese sonido del flash me activa de una forma terrible, suelo pedirle que me coja la boca mientras toma fotos y con una mano acaricia pezones escupidos por mis hombres en medio del acto.

    El otro es músico y artista, una maquina sexual, no habla, solo coge duro y es competitivo, derrama leche sobre mi y todos los demás, cuando cogemos los cuatro es la gloria.

    Me gusta que alguno mire en intermitencia, que se hagan pajas rozándome mientras ven como acabo continuamente en manos de los otros dos, un día se me ocurrió llamar a una amiga muy mimosa con la que suelo leer cantar y tocarnos suavemente, la lengua de una mujer es un caramelo que se derrite en mi vulva mientras la mojo integra…

    La llamo y le comento que teníamos una cena especial y que quería verla entre las manos de mis hombres, ella ama ser cogida por mujeres, pero como la caliento mucho me dijo que me daría el gusto si yo la estaría mirando y finalizaría ese en cuatro penetrándome con mi negrito, un consolador muy real que no dejo de usar jamás.

    Llegó en medio de la cena, vestida de ropas cómodas y recién bañada, ella sabe que me excita el aroma del jabón que usa, los miro y les digo, hoy deseo que la atiendan como a una reina, mi marido se ríe cómplice de lo que él sabe que ocurrirá,

    Mientras comemos, yo le doy bocado a bocado, y entre cada uno la beso suavemente, me siento detrás de ella, y por debajo de la remera, acaricio sus pezones, le pido hablándole al oído que coma y suspire, ellos comen en silencio y nos miran…

    Meto mis manos en su pantalón suelto y la preparó para ser el postre de mis hombres, la desnudo, todos estamos vestidos, la siento en la mesa y lamo su vagina, nadie la toca, yo digo como, cuando y donde la cogerán, apoya las manos en la mesa y yo sentada la como profundamente, miro a mi amante fotógrafo y le pido que me desnude a besos, el complace mis deseos, es suave y muy dulce, quedó sin ropas y con él sobre la espalda lamiéndome integra, sabe cómo chuparme el culo como nadie, los demás miran y empiezan a tocarse, le pido al fotógrafo que la penetre y me corro de la escena, en la mesa comida, bebidas y comienzo a retirar todo, mientras beso a mis dos hombres , marido y el músico que ya quería coger y penetrar cada segundo a las dos.

    Ella termina acostada sobre la mesa y chupa cada pija que la toca, la penetran doble, la lamen, la cogen y yo miro, ella me mira caliente y sabe que luego seré yo la que termine el juego, los toco y acaricio, los beso, los miro a cada uno.

    Le pido a los tres que derramen leche sobre ella, y comienzan a acabarle en cada rincón del cuerpo, los voy corriendo y la empiezo a lamer, ella me besó, nos besamos por minutos y ella llena de leche se acuesta sobre mi, las dos somos el mejor cuadro para los tres hombres que están allí volviéndose a excitar.

    Las dos cogemos por largos minutos, nos ponemos arneses con pollas coloridas y nos penetramos como solemos hacerlo cada quince días en su casona de fin de semana, esta mujer es tan sexy, tiene la mejor lengua que conocí, hacemos un 69 y ellos comienzan a tocarnos sentimos que nos meten pollas en el culo y las dos chupamos cada conchita ya cogida por ellos ,es una geometría sexual extraordinaria, el fotógrafo retrata ese momento, la lengua de ella lame el tronco de mi marido y yo lamo el tronco del músico, sus huevos son tiernos, los de mi marido son de toro rudo y caliente, las manos de él me acarician la cola y coge la boca y mi culo, así seguimos, ella me dice al odio que la caliento y que le hago hacer estas cosas que le terminan gustando mucho, nos besamos amándonos las dos en medio de estos hombres erectos y mimosos, nos vuelven a llenar de leche y seguimos acariciándonos.

    Mi marido se corre toma agua fría y me tira besos, el prepara el café, el que sigue cogiéndonos es el músico, el fotógrafo se suma a mi marido, y las dos decidimos cansarlo, la miro y le digo vamos a cabalgarle duro, ella se sienta sobre su pija y yo le pongo la conchita en la boca, un triángulo perfecto, las dos seguimos mojando todo, él no se rinde, cambiamos y ya sentimos el cansancio de él, me corro le chupo el culo y ella se traga cada centímetro de su pija, los otros miran y sonríen porque saben que el compite.

    Las dos lo liquidamos, y nos vamos a bañar juntas, charlamos de esto y la convenzo de que una vez al mes deseo repetir esto, y que de vez en cuando la necesito para estar solas y gozarla a ella solita… Acepta y me dice tiernamente que quiere ser mi mujer y sumarse a mi y a mi marido…

  • Mi primera trans (Parte 2)

    Mi primera trans (Parte 2)

    Después de esa segunda venida me acerqué a su rostro y la besé, ella enseguida me sostuvo el rostro y me besó apasionadamente metiendo toda su lengua en mi boca y yo haciendo lo mismo jugando con nuestras lenguas, mientras nos besábamos ella movió su mano a mis pantalones y empezó a sobar mi verga la cual estaba como roca desde que se la empecé a mamar la primera vez, estaba ya tan excitado que mi liquido pre seminal ya había traspasado mis pantalones, estaba mojadisimo, ella notó eso y me dijo: ahora si vamos a la cama.

    Me llevo a su habitación, me desnudo completamente y me empujo para que me tendiera en la cama se puso encima de mí y empezó a besarme enérgicamente de nuevo, se puso montada encima de mí y tomo con sus manos nuestras polla y las masturbo al mismo tiempo como si fueran una pegándolas una con la otra haciendo que toda mi saliva que estaba en su polla y todo el líquido pre seminal que estaba en la mía pareciera como si les hubiéramos echado muchísimo lubricante mientras ella masturbaba nuestras pollas la de ella empezó a crecer nuevamente mostrando que a pesar de haberse venido dos veces la excitación que había en el momento ya la estaba poniendo a punto de nuevo, se acercó de nuevo para besarme y fue bajando hasta mi polla, chupando cada parte que se topaba en el camino, al llegar a su destino tomo mi verga y empezó lamiéndola lenta y gentil mente, mientras con su mano la masturbaba, jugaba poco a poco con ella se golpeaba con ella en la lengua mientras acariciaba mis huevos y seguía chupando, la escupía y masturbaba más y volvía chuparla dejándola completamente limpia, y de jugar gentilmente con ella de repente cambio como si devorarla fuera se misión.

    De un segundo a otro cambio de lamerla y chuparla tranquilamente a meterse la toda en la boca de un jalón entraba y salía, como si le estuviera follando la boca, des puede de varias metidas y sacadas se la metí hasta el fondo y se quedaba ahí varias segundo, para luego sacársela en medio de una arcada a lo cual escupía mi verga y volvía a meter y sacar violentamente mi verga de su boca, tengo que aceptar que eso me excito de una sobremanera, por lo cual si quería que le follara la boca, pues le iba a dar una dura follada de boca, en una de esas que saco mi verga de su boca, me levante y le dije que se acostara en la cama pero con la cabeza fuera de la cama dejándola al aire, yo me pare donde terminaba su cabeza para quedar en una posición donde mi verga entraría a su boca para hacer la penetración más profunda en su garganta.

    La tantee y le fui metiendo lentamente mi verga en su garganta hasta llegar al fondo en esa posición se veía como a través de su garganta como pasaba mi verga, la metí hasta el fondo hasta que ella ya no pudo soportarla más y la saque, su maquillaje se había corrido del esfuerzo y estaba llena de saliva espesa en el rostro por metérsela tan profundo en la garganta, le pregunte si quería que me detuviera a lo que ella dijo que no, pero que quería que le follara la garganta por lo cual la volví a meter pero esta vez en un mete y saca violento donde la metía hasta el fondo y la sacaba casi todo en una ida y venida rápida cada embestida era hasta el fondo pero rápidamente, mientras la embestía solo veía como su polla estaba completamente como roca y destilando liquido pre seminal de nuevo casi como si fuera una llave con gotera, era mucho líquido pre seminal se veía hermosa su polla.

    Le folle la boca durante casi 20 minutos, su maquillaje estaba ya hecho un desastre al igual que su rostro de tanta embestida y su polla parecía que le habían vertido una botella de lubricante encima de tanto liquido pre seminal que ya había sacado estaba completamente chorreando, yo estaba tan excitado de verla tan extasiada y destruida del placer que en una de esas metidas, trate de metérsela lo más profundo que pude y lo deje ahí porque iba a venirme solo estaba aguantando hasta el punto en el que ella se movió mostrando que ya no podía más tenerla adentro y en eso hice un movimiento que era lo único que faltaba para venirme, ella tratando de sacarme de encima y yo viniéndome en su garganta cuando sentí que salió todo entonces me separe, ella como pudo se voltio y tosió por todo el semen que se le fue justo cuando intentaba respirar porque se ahoga de tener mi polla en su garganta, de tanto toser saca mucho semen que cayó al piso donde había mucha saliva espesa tirada de tanta follada de garganta profunda.

    Cuando pudo reponerse me voltio a ver y me dijo: eres un puto brusco, me encanta, al mismo tiempo que sonreía con su maquillaje todo corrido y llena de saliva espesa en la cara y semen.

    Me termino de limpiar la polla del semen que había quedado y en eso le dije que quedo semen sin limpiar y ella me dijo si tienes la polla ya bien limpia y le mostré todo lo que había escupido en el suelo que ya se había combinado con toda esa saliva espesa de tanto follarle la garganta, me volvió a sonreír y se inclinó a lamer el piso limpiando toda la saliva espesa y el semen que había caído.

    Mientras ella limpiaba el piso con su lengua, le pregunte: ¿así te gusta que te traten verdad? Y ella me respondió: ¡sí!, como una puta perra, me encanta, aunque todos son unos putos delicaditos nadie lo hace. Mientras ella terminaba de limpiar el suelo, yo me recosté en la cama mientras la observaba, toda esa escena hizo que se me volviera a poner como roca el verla lamiendo el piso lleno de mi semen y su saliva espesa el ver a esa diosa con una enorme polla ser tratada como una puta me excito demasiado así que empecé a masturbarme mientras la veía, cuando termino de limpiar enseguida se montó encima de mi escupió su mano y lubrico su culo, tomo también el líquido pre seminal que tenía embarrado encima de ella, más el que estaba chorreando en ese momento y con eso lubrico mi verga, apunto bien mi verga en medio de su culo y de un sentón se lo comió todo entre un grito y un gemido se la comió toda y empezó a cabalgar como si su vida dependiera de ello.

    Cabalgaba de arriba abajo, en círculos, de adelante y hacia atrás en fin su culo se sentía delicioso, en que entraba y salía y como apretaba en cada penetrada, yo estaba a punto de venirme y ella se dio cuenta, así que empezó a cabalgar más rápido diciéndome: lléname el culo de semen, relléname como a una puta, mientras cabalgaba yo solo veía como su enorme polla rebotaba y salpica de líquido pre seminal por todos lados en eso ella grito y gimió fuertemente mientras me apretó con su culo. Su polla empezó a sacar chorros y chorros de caliente semen que se vertieron encima de mí, era una imagen tan excitante que me hizo venir, cuando ella termino de correrse se derrumbó encima de mí y así nos quedamos un momento, luego se recostó a lado mío y dijo: estoy muerta eso estuvo muy bueno.

    Después de eso ella me invito a bañarme, pero ya llevábamos mucho tiempo follando tanto que ya era de noche y muy tarde y yo no podía quedarme a lo que tuve que rechazar la oferta, ella se acercó me dio un beso y me dijo: hay que repetirlo otro día, tienes mi número. Después de eso me quité y me fui a mi casa con una de las mejores experiencias sexuales que he tenido. La llegue a ver en otra ocasión, pero esa ya es otra historia.

  • Mi vecino Diego (Parte 2)

    Mi vecino Diego (Parte 2)

    Y así fue. Después del toqueteo de aquella tarde que conté antes, empecé a buscar la oportunidad de encontrarme a solas con mi vecino. Salía a la puerta de casa para ver si me lo cruzaba. Por suerte él también se había quedado a mil y tenía muchas ganas de seguir con nuestros jueguitos.

    A los pocos días coincidimos una siesta. Nos acercamos y él me dijo de meternos en la casa de la esquina de nuestra cuadra que está abandonada hace años. Miramos para todos lados para asegurarnos de que nadie nos viera y nos colamos por el garaje para llegar hasta las piezas vacías. Las paredes estaban descascaradas y había bastante polvo por todos lados.

    Llegamos a una pieza que estaba bien iluminada por una ventana que daba a un patio interno por lo cual ofrecía seguridad de que nadie nos viera. “Acá está bien”, dijo él y se detuvo de frente a mí y me abrazó, yo lo dejé, el me buscó la boca para besarme, yo bajé un poco la cabeza para evitarlo pero el persistió, me puso los dedos en la pera y me levantó la cara, sentí sus labios sobre los míos, no respondí al beso pero él igual me daba sus chupones hasta que abrí mi boca y empecé a besarlo. Le toqué la cola. Él enseguida me tocó la mía. “Dejame meterte el dedito como el otro día”, me susurró en la oreja. “Yo primero”, le contesté, como si eso fuera lo que más quería. “Bueno”, aceptó.

    Se dio vuelta y se bajó apenitas los pantalones. Le puse el dedo en el agujerito y se lo metí, se lo empujaba bien adentro porque sabía que él después me iba a hacer lo mismo a mí. Enseguida empezó a pedir su turno. Yo me hice el que no quería dejar de tocarle el culo y no sacaba mi dedo pero el forcejeó un poco y se liberó. Eso también yo lo hacía a propósito. “Date vuelta y bajate un poco el pantalón”, me dijo. Lo hice. Me bajé el pantalón hasta los muslos, mi cola quedó completamente al descubierto. “Que hermosa cola que tenés”, me largó Diego.

    Yo creo que me puse todo rojo. Él me tanteó el culito. Y enseguida me metió todo su dedito, hasta el fondo. “Despacio”, le dije. “Vos también me tocaste con todo”, me respondió. Me quedé callado. Tenía todo su dedo clavado en mi cola, la pija se me paró como un palo, sentía la respiración fuerte de Diego en mi oreja, me metía entero su dedo del medio y con los otros dedos me apretaba las nalgas. “Basta, ya está. Me toca a mí ahora”, casi le grité. Tenía terror de eyacular mientras mi vecino me tocaba el culo. Me parecía que era como aceptar que me enloquecía darle mi cola a él.

    Pero él seguía con su mano en mi cola y su dedo adentro de mi culo. Y lo dejé. “Un ratito nomás”, le dije. “¡Sí!, un ratito. Me gusta mucho tocarte ahí”, me dijo Diego. Yo no daba más. “Dejame meterte un minutito mi pija”, me dijo de pronto. “¡¿Qué?!”, le dije, “¿qué me querés hacer?”. “Un minutito, algo bien cortito, por favor”. No sabía que responderle. Sentía que si me dejaba coger no había retorno. Me daba mucho miedo. Pero me moría de ganas. Era mi gran fantasía dejarme coger por Diego. Y no quería dejar pasar la oportunidad de cumplirla.

    Me zafé de su dedo y me volví hacia él. “Bueno, pero primero te lo hago yo a vos”, le dije. El aceptó sin titubeos. Creo que solo quería hacerme suyo. Se dio vuelta, se puso contra la pared y paró su cola. Puse mi glande bien en su culito y empecé a hacerle una apoyada. Yo hacía que empujaba con todo para entrar pero no se la metía. Apenas le abría el culito con la punta. Creo que él no se dio ni cuenta de que yo evitaba penetrarlo. Habrá pensado que no lo lograba por inexperto. Y eso no era problema suyo. Él la cola me la daba, y yo tenía que dársela a él. Mi pija era bastante más grande que la de Diego. La de mi vecino era finita.

    Después de un rato en que me dejó forcejear mi verga contra su culo me exigió su turno. Me salí de atrás suyo y tomé mi ubicación contra la pared, estaba tan excitado que no me daba verguenza. Él se acercó por detrás y sentí su pijita contra mis nalgas. “Abrite un poquito la cola”, me pidió. Obedecí. Con mis manos me abrí bien los cachetes y él puso la punta de su pija en mi agujerito y enseguida empezó a penetrarme. Ay, era re suave, se sentía muy bien. Su pija entró re fácil en mi culo. Se sentía todo muy húmedo. Era como si su glande rosadito me fuera besando todo el interior de mi culo. Cuando estuvo todo entero adentro mío Diego empezó a moverme, a sacar y meter su pija en mi culo.

    Hoy no me explico cómo fue todo tan fluido, tan lindo y delicioso. Habrá sido que estábamos los dos tan calientes, que no saber casi nada ayudaba, que la pijita de Diego estaba terriblemente dura y babosa, no sé. La cosa es que me estaban desvirgando pero no me dolía nada. Y yo re sentía la pija sedosa de Diego adentro mío aunque fuera finita. Yendo y viniendo. Recorriéndome todo el culito. Cuando me di cuenta que me estaba dejando pegar una terrible cogida, tuve que hacer un enorme esfuerzo para salir de la fascinación en que estaba y pedirle que pare, que su turno ya estaba. Pero, como yo hacía diez segundos, Diego también estaba totalmente abstraído, sumergido en la culeada que me estaba dando, disfrutando bien de mi culito. “Pará Diego”, le repetí. Pero él quería seguirme cogiendo. Y yo también quería que me siga dando. “La próxima vez me vas a tener que dejar a mí mucho rato”, le dije para salvar mínimamente las apariencias. “Sí, sí”, me prometió él, pero era como diciendo “ahora no jodas y dejame que te siga culeando”.

    Y no jodí más, me dejé coger y coger por mi vecinito. Cada empujón suyo me hacía comer entera su pija y hacía chocar la mía contra la pared contra la que me tenía. No le hinché más con excusas. Me dejé cular bien enterito por mi vecino. “Ay se me escapa”, gritó el de repente, y empezó a eyacular adentro mío. Cuando sentí su leche bien adentro de mi cola me aflojé y mi pija entró a tirar sola, sin que la toque para nada, chorros de semen que se quedaban en la pared.

    Estuvimos todavía un ratito quietos, bien unidos, hasta que terminamos de acabar hasta la última gotita de semen y recién entonces salió él de adentro mío. Vio toda mi acabada en la pared y me cargó un poquito. “Se ve que te gustó mucho”, me dijo. Creo que me puse colorado pero no dije nada. Me subí los pantaloncitos aunque sentía mojado por todos lados.

    Él salió primero y yo atrás, por suerte las calles seguían vacías, seguía la siesta. Antes de separarnos e ir cada uno para su casa, Diego dijo que teníamos que repetirlo, sí, le dije, pero ya ida la excitación la vergüenza me subía y solo quería irme a casa a cambiarme de calzoncillo, no solo adelante lo tenía mojado, ahora lo sentía muy húmedo en mi culito.

  • El jardín de la vecina (II)

    El jardín de la vecina (II)

    Saludos lectores. Luego de las dificultades que bueno, en realidad era dejadez; llega esta secuela. Por fin sabremos que sucede entre Paulie y Natasha después de ser pillados por el vecino y sus actividades posteriores…

    Paulie y Natasha cogieron sus ropas y regresaron a la casa. Dentro, ambos se miraron con complicidad y un atisbo de inquietud.

    “Espero que ese viejo crea que se imaginó todo, o le dirá a mi madre,” especuló Paulie.

    “No te preocupes. Si eso llegase a ocurrir, hablaré con tu madre y diré que ha sido una confusión,” dijo Natasha.

    En el fondo Paulie sabía que las posibilidades de que el señor Harrison hablase a su madre eran mínimas, pero no podía estar completamente seguro de ello.

    Como temía, el vecino llamó sin perder un segundo a su madre, y al llegar a casa se llevó una reprimenda de leyenda. Tal fue el alboroto que el chico no tuvo necesidad de llamar a Natasha para salir del marrón, la mujer amablemente explicó a Selma que todo había sido fruto de una confusión y que el señor Harrison imaginó algo que nunca podría ser cierto. La seguridad con la que Natasha hablaba convenció a Selma y se disculpó con ella de inmediato, al igual que con Paulie, que pudo respirar con tranquilidad.

    A pesar de lo delicado y contradictorio de ambas versiones, Selma no guardó ninguna sospecha con su vecina, que se relajó en casa con una buena copa de vino y Paulie se encerró en su habitación para evitar volver a hablar del asunto con su madre y despejar su mente después de los acontecimientos que aún le tenían entre confundido e intrigado.

    Todavía no podía asimilar lo que había ocurrido en el jardín. Solo sabía que era de lejos lo mejor que le había pasado, incluso siendo también lo más demencial. Jamás se le habría pasado por la cabeza que Natasha fuese una mujer con algo extra entre las piernas y no solo eso, lo que más anhelaba en esos momentos era repetir y cumplir la promesa que poco antes le había hecho.

    Sin embargo, no era la ocasión ideal pues no quería que su madre tuviese algo más que incrementase sus recelos y solo permaneció inmóvil en su cama, contemplando el techo de la habitación, el cual observaba con minuciosidad; la cual nunca había tenido como en aquel momento en el que deseaba poner sus pensamientos y sentimientos en orden.

    Sentada en el sofá, Natasha suspiraba tranquilamente después de una mañana intensa. Naturalmente se sentía muy atraída a Paulie y no era menos cierto que juntos podrían divertirse mucho, si bien pudo sentir que el chico fue muy sincero con esas palabras y, ansiaba un encuentro más apasionado y sin tener que preocuparse por vecinos entrometidos.

    El día transcurrió sin más sobresaltos y Paulie se quedó dormido. Cuando su madre fue a pedirle que le acompañase a comprar algunas cosas, procuró no despertarle y con mucho cuidado cerró la puerta. El chico despertó muy somnoliento y lentamente se incorporó y fue a la cocina a por agua y algo de comer. Seguía sin dejar de pensar en su hermosa vecina y el recuerdo de lo sucedido estaba muy nítido en su mente, que no podía pensar en nada más por mucho que intentase.

    Deseaba estar junto a ella, sin embargo le preocupaba solo una cosa: la reacción de su madre y no quería dar a entender que lo dicho por el señor Harrison fuese cierto. O si quería? No todos los días se mudaba una mujer tan hermosa como Natasha y lo primero no sería creer que escondía un secreto de unos 20 cm bajo sus bragas. Aquella idea le hizo esbozar una leve sonrisa pero exactamente, por increíble que fuese, era lo que le había sucedido.

    Ni siquiera la televisión fue de ayuda en esos momentos. Solo tenía una cosa en mente y se hallaba al frente de la calle. Al mismo tiempo que Paulie miraba la pantalla sin prestar atención, Natasha miraba en dirección a su casa con una expresión tierna y ansiosa en su cara.

    “Natasha…”

    “Paulie…” suspiraron ambos al unísono sin que el otro lo supiese.

    El resto de la tarde transcurrió con una lentitud desesperante para ambos, sin embargo Paulie tuvo algo más que hacer que escapar y perderse en sus pensamientos cuando llegó su madre a casa. Al menos ayudar a su madre a organizar las compras en sus respectivos lugares le vino como anillo al dedo para poder alejar a Natasha por un instante de su cabeza.

    No por mucho tiempo, claro está. Antes de que madre e hijo se sentasen a cenar, el timbre de la puerta principal resonó con nitidez y Selma; algo desconcertada por esa visita, miró a su hijo.

    “Esperabas a alguien?” preguntó.

    “No, claro que no,” contestó Paulie.

    Levantándose de su silla, fue hasta el recibidor para ver quien estaba tocando el timbre y luego Paulie escuchó voces.

    “Lamento venir a esta hora sin avisar, está Paulie? Estoy en un aprieto y su ayuda sería muy útil,” logró escuchar el joven decir a Natasha luego de acercarse sigilosamente al recibidor.

    “Si, está comiendo. Ya le digo que estas aquí,” respondió Selma y se dio vuelta.

    Selma encontró a su hijo cerca y Paulie fue hasta la puerta y se detuvo frente a Natasha. La vecina vestía pantalones y camisa, prendas normales pero que igualmente la hacían ver muy atractiva. El muchacho carraspeó un poco y su madre regresó a la mesa, dejándolos solos.

    “Todo bien?” pudo decir Natasha con una leve sonrisa.

    “Si, estoy bien…” respondió el chico y se miraron por varios segundos sin decir nada. Parecían dos chiquillos cohibidos y no sabían que decir o hacer.

    “Me preguntaba si…” comenzó a decir Natasha pero se contuvo, no quería dar un paso en falso.

    “Si?” inquirió Paulie con expectación.

    Nuevamente sus miradas se cruzaron y por un instante la mujer vaciló. Pero no por mucho tiempo pues ya sabía lo que quería, solo debía ir a por ello de una vez sin rodeos ni dudas.

    “Quédate conmigo esta noche.”

    Aquellas palabras causaron un efecto inmediato tanto en Natasha como en Paulie. La mujer se sonrojó un poco luego de pronunciarlas y el chico no reaccionó ipso facto pero una sonrisa iluminó su mirada y respiraba entrecortadamente.

    “Que?” dijo Paulie perplejo, estaba demasiado emocionado para dar el sí de inmediato y no podía creer que aquello no era producto de su loca imaginación.

    “Lo siento, no debí… no importa…”

    “Claro que si, es decir, si quiero estar contigo… pero mi madre…” repuso Paulie con cierto pesar, el gran obstáculo.

    Natasha sonrió radiante al oír parte de su respuesta, pero necesitaban una muy buena excusa.

    “Decidle que vuelva, tengo una idea,” indicó Natasha y Paulie fue a buscar a su madre.

    Regresando con su madre, Natasha usó su típica voz melosa y encantadora para pedir permiso a Selma e invitar a Paulie al cumpleaños de una sobrina, después de que arreglase un pequeño fallo en el ordenador. Aunque tuvo algo de dudas y reservas (pues ignoraba que tan “cercanos» ya eran su hijo y la vecina), la mujer le aseguró que Paulie estaría muy bien y que no se preocupase en absoluto. Prometiendo a su madre que “se comportaría debidamente”, Selma no tuvo inconveniente alguno con esa invitación que le hizo Natasha, además podría relacionarse con otras personas de su edad, además de los vagos del vecindario.

    Media hora más tarde, Paulie lucía bien apuesto y listo para “el cumpleaños”. Vestía camisa de manga larga blanca y chaqueta negra más pantalón negro y zapatos. Su madre le dedicó varios cumplidos y guiños, y respirando hondo; salió de su casa y se encaminó hasta la casa de Natasha.

    Al verla se quedó sin palabras y completamente deslumbrado. Natasha estaba ante él con un diminuto vestido rojo brillante que apenas le llegaba a la mitad de los muslos. Su escote abierto dejaba al descubierto gran parte de sus senos y los tacones a juego la hacían ver sublime, su cabello pelirrojo estaba recogido y Paulie no podía creer que semejante belleza estuviese dispuesta a salir con alguien tan insignificante como él.

    “Madre mía… estas… estas increíble…” pudo decir el chico al recuperar la capacidad de hablar.

    “Gracias. También luces muy apuesto, Paulie,” comentó ella y ambos sonrieron.

    Llevándola del brazo se subieron al Corvette y con un acelerón se pusieron en marcha. Natasha disfrutaba la adrenalina de la velocidad y Paulie pudo darse cuenta de que a pesar de todo, ella era casi igual a él en algunos aspectos. Despreocupada, misteriosa y siempre positiva. En par de ocasiones apartó la mirada del camino por fracciones de segundo para ver a Paulie, que no dejaba de sonreír y sentirse el chico con más suerte del mundo.

    “Y en donde será la fiesta?” preguntó Paulie a su vecina.

    “Ya lo sabrás…” respondió Natasha.

    Aparcando el coche, entraron en un famoso club gay de la ciudad. Natasha conocía al segurata y no perdieron el tiempo en la fila de la entrada. Paulie nunca antes había estado en un club gay, pero San Francisco era famoso por ello. El ambiente era increíble, música a todo dar y luces de colores, tanto que si las mirabas fijamente podías cegarte fácilmente, y aquello daba origen a numerosas leyendas urbanas en la ciudad, las cuales siempre empezaban y terminaban en el mismo lugar.

    Natasha guio a Paulie en medio de todos los que bailaban y logrando hacerse un hueco, comenzaron a bailar sin control. La mayoría saltaba y se movía libremente en la zona, pero la mujer cogió las manos de su joven pareja y juntos empezaron a moverse sin seguir el ritmo de la música. A nadie le importaba, todos iban a lo suyo y ellos no eran la excepción.

    Pronto la música cambió y se hizo más sencillo bailar juntos, pues muchos fueron a por bebidas o simplemente a ligar, Natasha y Paulie bailaban pegados el uno del otro, mirándose fijamente sin decir nada… solo era eso. No parecía que estuviesen en el club, rodeados por cientos de desconocidos bajo las luces del lugar, con una mirada cargada de morbo ella se acercó despacio y fundieron sus labios en un beso largo y apasionado.

    Luego de varios minutos en los que estuvieron besándose y acariciándose mutuamente, continuaron bailando hasta que cogiendo la mano de Paulie, Natasha lo guio hasta la barra a por bebidas. Volvieron a bailar con sus cuerpos abrazados y media hora después, la mujer decidió que era tiempo de ir a un lugar más tranquilo.

    A todo gas, el Corvette plateado recorría las calles y a Natasha no parecía importarle mucho si una patrulla aparecía a sus espaldas. Alejándose de los suburbios, ella condujo por alrededor de veinte minutos y Paulie no tenía idea a donde irían o lo que Natasha pensaba. Ella guardaba silencio y miraba de reojo al chico con deseo.

    Finalmente se detuvo frente a un pequeño motel para parejas. Mirándose por unos segundos, Paulie se sentía algo ansioso pero aquello era lo que más deseaba, Natasha puso su mano sobre su muslo y movió un poco la cabeza; se notaba nerviosa aunque trataba de mantenerse calmada y enfocada. Las palabras no eran necesarias, con solo mirarse podían saber lo que el otro pensaba y sabían que lo de esa mañana no había sido un simple encuentro casual, algo más había cambiado en ellos.

    Posando su suave mano en su mejilla, Natasha volvió a besar al chico, que rodeó el cuello de ella con sus brazos y continuaron así hasta que se separaron, bajaron del coche y entraron al motel. Consiguiendo una habitación, no perdieron tiempo y en menos de dos minutos ya estaban a solas, morreándose fuera de control y deshaciéndose de la ropa, que quedaba dispersa por toda la habitación.

    Al borde de la cama, Natasha empujó a Paulie sobre la cama y ella se subió encima. Comenzó a besar, lamer y chupar su cuello y pecho, el chico suspiró de placer y enterró una mano en su cabello, instando a Natasha a seguir. Su rabo empezaba a despertar y la ropa interior ya le incomodaba pero su sensual vecina continuó descendiendo por su abdomen hasta acercarse a su paquete.

    Con parsimonia y picardía, la mujer le quitó el calzoncillo con su boca, dejando su polla salir. Natasha masajeó sus huevos y su cipote duro y caliente, Paulie volvió a suspirar de satisfacción y anhelaba sentir los labios y la humedad de su boca alrededor de su rabo. Pasando la lengua por toda la extensión hasta llegar al glande, el chico gimió y observó como Natasha abrió la boca todo lo que pudo y sin ninguna dificultad engulló lentamente toda su polla, hasta la base.

    “Oh joder, que bien se siente,” murmuró Paulie con la mirada perdida y dejando caer la cabeza nuevamente en la almohada.

    Los segundos transcurrieron despacio y Natasha aún seguía con la nariz aplastada contra la pelvis de Paulie, teniendo arcadas y cubriendo con su saliva cálida cada centímetro de la polla de su joven vecino. Cuando ya no pudo más, se la sacó poco a poco de su boca, succionando y lamiendo el tronco al hacerlo, provocando más gemidos de puro éxtasis en Paulie. Natasha sonrió y besando el glande, volvió a repetir el gesto. El chico tensó todo su cuerpo y sus manos se aferraron a las sábanas como si su vida dependiese de ello.

    Tosiendo y tratando de coger aliento, la mujer se la volvió a sacar, la polla de Paulie brillaba cubierta de babas mezclada con su líquido preseminal. Haciendo esa garganta profunda una vez más, el joven hizo un esfuerzo soberbio para no correrse como loco en ese momento. La lengua hábil de Natasha recorrió el glande haciendo movimientos circulares para lamer el frenillo del chico con frenesí.

    Paulie jadeaba escandalosamente y sus nudillos estaban terriblemente blanco debido a la fuerza que empleaba para agarrar la sábana de la cama. Natasha subía y bajaba con rapidez, chupando como poseída el miembro de Paulie, que ya ponía los ojos en blanco debido al enorme placer que sentía. Pronto se enfocó en succionar su glande y pajearle al mismo tiempo por un par de minutos hasta que consideró que estaba perfectamente lubricada.

    Incorporándose y acercándose a su tierno amante, volvieron a besarse y Natasha se acomodó sobre Paulie, con ambas piernas a los costados. El chico sentía los huevos de ella en su abdomen y su rabo parcialmente erecto, con una mano Natasha guió la polla de Paulie entre sus nalgas; el joven jadeó al sentir el apretado esfínter de Natasha contra su glande.

    “Esta noche va a ser especial para los dos…” Natasha musitó con una mirada cargada de amor y lujuria.

    “Estás segura?” murmuró Paulie a punto de mojar por primera vez.

    “Claro que sí, solo disfruta…” dijo Natasha.

    Ambos corazones latían rápido y apoyando las manos en la cintura de Natasha, Paulie punteó el cerrado orificio en varias ocasiones. Al tercer intento parte de su glande logró vencer la resistencia y los dos amantes gimieron de éxtasis, lentamente su rabo se fue adentrando más y más hasta sentir como Natasha tembló un poco al tragarse cada centímetro de su miembro.

    Ella permaneció inmóvil, acostumbrando su ojete y con sus manos acarició el pecho y abdomen de Paulie, sus huevos descansaban sobre la pelvis del chico y su rabo estaba igual de duro que el de Paulie y con líquido preseminal brillando en la punta del glande.

    “Te gusta?” dijo Natasha sonriendo.

    “Oh Dios… estas tan apretada… no sé si pueda aguantar por mucho…” dijo el chico con voz entrecortada.

    “Déjame todo a mi, mi querido Paulie. Esta noche será especial e inolvidable.”

    Asintiendo y exhalando, el joven mantuvo las manos en la cintura de la mujer, que comenzó a moverse despacio. Natasha se detuvo cuando solo el glande estaba dentro de su culo y nuevamente se sentó, Paulie dejó escapar otro pequeño gemido de gozo y ella sonrió complacida. Poco a poco fue moviéndose con más ganas, al mismo tiempo pellizcaba las tetillas del chico, que se mordía el labio inferior y su cara se contorsionaba en una mueca, tratando de no correrse demasiado pronto y gozar de lo que había soñado muchas veces.

    El rabo de Natasha se balanceaba de arriba hacia abajo, completamente duro. El chico tuvo iniciativa y apoyando una mano en el culo de Natasha, le asestaba rápidas nalgadas y al mismo tiempo la pajeaba a ritmo constante. Sus gemidos se mezclaban al unísono y ella comenzó a moverse con mayor frenesí, añadiendo un alucinante movimiento circular que volvió loco a Paulie.

    El chaval empezó a gemir y gritar con mayor intensidad y Natasha supo que por los espasmos que invadían su cuerpo, el orgasmo estaba cercano. Su polla palpitaba con mayor frecuencia y sus testículos se tensaban con la intensidad de la cabalgada, con un largo gemido el chico comenzó a correrse como un poseso dentro de Natasha, llenándola con abundante leche caliente y ella no dejó de moverse hasta que él se relajó un poco y el orgasmo disminuyó.

    Sin salirse, la mujer se echó encima y acariciando el cabello sudoroso del joven, le besó apasionadamente. Poco menos de diez minutos pero eso no importaba si se trataba de él, su chico especial. Cuando su erección perdió intensidad, su rabo escapó del culo de Natasha con un ligero pop, y algo de lefa también salió lentamente.

    Con una risita cómplice, ella se acomodó y dándole la espalda; pasó una pierna a cada lado de Paulie, ofreciéndole su perfecto culo. Ella volvió a chuparle el miembro, en agradecimiento y para limpiar los restos de semen, Natasha daba fuertes succiones al glande sensible del chico, que ahogaba sus gemidos lamiendo el ojete palpitante de su chica, probando por primera vez su propio esperma. Luego chupó sus huevos cargados y por último su polla, caliente y tan dura como al principio. La acción era inminente y es que el chico deseaba volver a sentir a Natasha bien dentro de él.

    Después de pasar varios minutos ahogándose con su polla y lubricándola con su saliva, Natasha se incorporó y apoyó los pies de Paulie sobre sus hombros, era como una fiera salvaje abalanzándose sobre su presa. Aplastándolo contra el colchón, las rodillas de Paulie estaban a ambos lados de su cabeza y ella encima, mirándole directamente a los ojos con esa chispa pícara y lujuriosa.

    “Ahora es tu turno de disfrutar… te haré gozar cada segundo…” susurró ella con deseo.

    Paulie sabía que no era solo hablar, y su mirada llena de ansiedad fue una invitación en toda regla. Natasha empezó a hacer presión en su retaguardia y poco a poco su rabo fue venciendo a tenue resistencia de su esfínter, el chico jadeó levemente pero Natasha sonrió y siguió empujando e introduciendo su polla más adentro. El líquido preseminal goteaba de su glande y caía en su bajo vientre, por reflejo el joven aflojó aún más su resistencia y encajó el resto de su rabo.

    Al sentir el contacto de su pelvis contra las nalgas de Paulie, ella suspiró triunfante y se mantuvo inmóvil por unos segundos para a continuación moverse despacio. Pasando sus brazos alrededor de su cuello, la mujer apenas la sacaba y comenzó a mover su cuerpo al ritmo de la profunda penetración.

    Los amantes jadeaban sin cesar, el placer estaba aumentando y se reflejaba en sus rostros; Paulie sentía ese enorme nabo alojándose bien dentro de su ser y Natasha no cesaba de embestir corto y profundo, sus ojos clavados en los suyos y sus frentes la una contra la otra, ella se movía en perfecta sincronía y los chillidos de placer del chico fueron en aumento, al igual que el goteo ininterrumpido de presemen en su vientre y pecho.

    “Es esto lo que te pone, eh? Te mola que te folle…” murmuró Natasha jadeante y por toda respuesta, gemidos de placer erráticos de parte de Paulie, que cerró los ojos y se entregó por completo al goce de su amada vecina.

    Enterrando su rabo hasta los huevos, se tomó una pequeña pausa y así como estaban se morrearon brevemente y saliendo de su retaguardia, Natasha admiró cuan dilatado y palpitante estaba el ojete de Paulie. Ayudándole a ponerse de costado, se acostó detrás y levantó su pierna derecha en el aire y puntuando, la polla de Natasha regresó a su verdadero hogar dentro del culo de su chaval. Esta vez sus embates fueron mas frenéticos y fuertes, sus huevos chocaban sordamente contra su retaguardia y en poco tiempo ya el joven estaba empalmado y pajeándose como loco, incrementando las sensaciones placenteras en su interior, que nublaban su juicio.

    Natasha estaba incansable y no tenía problemas en mantener el paso, así estuvieron por unos 10 minutos en los cuales Paulie volvió a sentir el embriagante cosquilleo en sus testículos y supo que ya se iba a correr. Haciéndole saber, Natasha imprimió un ritmo rápido y profundo que le hizo ver estrellas a Paulie y en pocos segundos ya estaba corriéndose nuevamente en medio de gritos de placer y espasmos incontrolables.

    Sin aliento, paró un par de minutos para besar y morder el cuello y oreja del chico, que sentía un escalofrío al notar la respiración ruidosa y jadeante de su amante en la nuca. Dándose vuelta, Paulie pasó una de sus piernas por debajo del cuerpo de Natasha y la otra por encima, quedando frente a frente una vez más. Rozando sus narices ella separó un poco sus muslos para que su miembro hallase menor oposición.

    Metiéndosela de golpe, reanudó la follada y esta vez era Paulie quien hacía todo. Se movía con rapidez clavándose la deliciosa tranca de Natasha, las caderas del chico parecían que se iban a zafar del resto de su cuerpo y luego de varios minutos en ese menester, la mujer daba pequeñas estocadas, hundiéndola cada vez más profundo en su culo.

    A cuatro patas y con las dos almohadas bajo su cuerpo, Natasha le penetró con elegante vaivén y ritmo acompasado, ayudando a que los dos disfrutasen. Lo que más enloquecía al chico era sentir como esa polla entraba, y con la misma inercia de ese empuje, volvía a salir. Era un vicio, un vicio embriagante que no estaba seguro de querer dejar, por otra parte y en la tenue luz de la habitación, el cuerpo voluptuoso y firme de Natasha se veía sublime, como en un sueño muy picante.

    A todas estas, ya llevaban follando por más de media hora y Natasha continuaba embistiendo su retaguardia y asestando nalgadas, o apretándolas de tal manera que su mano quedaba marcada al rojo vivo en su piel, una señal externa de que era de su propiedad. El metesaca comenzó a ser más intenso y fuerte y Paulie podía intuir que su amada estaba acercándose a su propio orgasmo.

    Él también lo estaba, su polla se había recobrado una vez más y aunque presionada entre su pelvis y la almohada, sentía el calor de su sexo y la humedad de su propio líquido preseminal. Natasha hundió sus manos en sus nalgas, y lo embistió con vigor, ambos aullaban de éxtasis y en un instante glorioso en el cual los dos cerraron los ojos y gritaron con tal intensidad que todos en lugar les oyeron, se corrieron en medio de gemidos y frases vulgares.

    Chorro tras chorro, los huevos de Natasha continuaron hinchándose y descargando su dulce néctar dentro de Paulie, que ya había estallado en la almohada y jadeaba complacido por la experiencia. Cuando soltó el último trallazo de lefa, Natasha se desplomó encima de Paulie, exhausta pero aliviada. Sus senos se aplastaron contra la espalda sudorosa del chico y rodeando su torso con ambos brazos, sus cuerpos se fundieron en uno y ella besó tiernamente su mejilla.

    Estuvieron abrazados de esa manera por espacio de 10 minutos, mientras recuperaban energías y el sentido de la realidad. Aquella habitación tenía el inconfundible aroma de sexo y sudor mezclados, finalmente el miembro de Natasha salió del culo de Paulie al perder rigidez y ella se acostó boca arriba, atrayendo a Paulie a su lado. Aún la respiración de ambos era irregular y ella solo acariciaba el cabello mojado de su querido e insaciable vecino.

    “Fue maravilloso…” murmuró Paulie al cabo de un rato.

    “También lo disfrute… te amo Paulie…” dijo Natasha, y al contrario de su anterior encuentro, ya lo tenía claro.

    “Yo también te amo,” admitió el chico, abrazándose con más ganas a ella mientras se quedaban profundamente dormidos…

  • En gangbang por error (historia contada por Susy)

    En gangbang por error (historia contada por Susy)

    Me llamo Susy, tengo 22 años y estoy en 4º año de leyes, mido 1,68, muy blanca y de pelo muy negro. Tengo muy buena figura, anchas caderas, nalgas muy firmes al igual que mis tetas. Mis padres tienen buena situación económica, pero me gustan mis estudios y trabajo desde hace dos años como asistente legal en una empresa, un par de días a la semana, lo que me sirve para ser independiente.

    He tenido varias parejas desde que salí del colegio, con mi último novio estamos juntos desde hace un año y el sexo ha ido a menos, no la tiene muy grande y está listo en el mismo tiempo que un huevo cocido, o sea como 5 minutos y acaba. Lo que me ha obligado a usar mis juguetones dedos de vez en cuando y a hace poco me compré un juguetito vibrador en un sex-shop, con lo que llego al cielo después que él se va.

    Mi novio a veces se va a ver sus padres al sur en vacaciones o en algún fin de semana largo, lo que me obliga a recurrir a un “amigo con derechos”, que, a pesar mío, tiene los mismos defectos sexuales que mi novio.

    El fin de semana que pasó me dejo sola, se fue a ver a su equipo de futbol favorito, yo me había preparado para un domingo de sexo y nada, así que fui a ver a mi ”amigo con derechos” pero lamentablemente estaba ocupado con una nueva “amiga”… Otro fracaso! Yo me había puesto mi mejor pinta sexy, una falda plisada y una blusa con un buen escote y ahora nada, y para peor mi jefe me había invitado a su casa para un asado, no quería ir ya que había viejos que tomaban mucho y a los que después les gustaba tirar mano, hubiera preferido estar en cama con mi novio o algún “amigo” y ahora lo único que tenía era esa fiesta aburrida con viejos verdes y viejas envidiosas.

    No quería ir a esa fiesta, por lo que volví a mi departamento derrotada, voy llegando a la esquina de mi edificio cuando desde un auto que parecía una limusina me llama el chofer, un gordito con cara de simpático:

    -hey señorita!… mi jefe la espera y me dijo que la pasara a buscar, la está esperando ansioso él y sus amigos.

    -Puff…! –que le voy a hacer, estaba pillada.

    Tenía el transporte en la puerta y me lo había enviado mi jefe, así que subí al auto grande, me hubiera gustado cambiarme de ropa por algo más formal pero no quise demorar al chofer. Dentro del vehículo me impresionó su comodidad y lujo, había un pequeño bar y dos asientos enfrentados uno a otro. El chofer por un parlante me dice:

    -Señorita sírvase lo que quiera.

    Yo sabía que a mi jefe le estaba yendo bien en los negocios de su empresa, pero no tanto como para tener un auto como este. Partimos muy rápido y tomamos la avenida principal con destino a las afueras de la ciudad. Esto me extraño un poco ya que no sabía que tuviera una casa en el campo, conocía su casa en el barrio alto, pero no su casa en las afueras.

    Llegamos a una casa muy bonita y moderna, no era muy grande, pero sí de elegante y sofisticada, ingresamos por un amplio portón, adentro había varios autos deportivos.

    Ahí empecé a darme cuenta que no estaba en la casa de mi jefe, y no sabía cómo salirme del enredo, al parecer me habían confundido con otra persona, el chofer me dijo:

    -Mi jefe la esperan adentro, ya están todos.

    Entre a la casa por un pasadizo lateral y de inmediato ingrese a una habitación con una cama redonda en el centro y muchos sillones, habían 5 hombre muy elegantes de treinta o más años, a esa altura ya me había dado cuenta que no estaba en la casa de mi jefe, un señor muy distinguido y alto, de unos cuarenta años tal vez, gentilmente me dice:

    -Qué bueno que la encontraron! su agencia me llamo por teléfono y me dijeron que estaba perdida.

    Yo no sabía que decir, estaba muda, evidentemente había una confusión.

    -Siéntese aquí. –Y me lleva a sentarme en la cama redonda- Envié a su agencia los exámenes médicos que nos pidieron, así que mis amigos están todos sanos.

    Yo tartamudeaba un poco -yo… yo… yo

    En ese momento se acercan todos los hombres, me rodean y se empiezan a desnudar.

    Me empecé sonrojar, mi respiración sobre cortada me impedía decir algo, en menos de algunos segundos ya había dos que estaban desnudos, estos se acercan más y ponen sus penes erectos cerca de mi cara los veo muy cerca son muy grandes y gruesos, yo me siento mareada y me recuesto. Siento sus manos en mis piernas, los otros ya estaban desnudos y me rodean aún más. Siento sus manos desabrochando mi blusa, me levantan muy suavemente y me sacan mi blusa y uno desabrocha mi sostén sin ninguna dificultad, mientras que otros me quitan la falda con lentitud y delicadeza.

    Tengo sus penes muy cerca de mi cara, ya la excitación hace que me ponga más roja y acalorada, empiezo a sentir como fluyen líquidos fuera de mi vagina.

    Dos me deslizan mi tanga diminuta y me recuestan, esos dos abren mis piernas explorándome toda con sus manos, son suaves y considerados y me dejo llevar por el deseo y la excitación, mis pezones se ponen duros y mi clítoris esta que revienta, al fin, uno de los de abajo descubre mi clítoris y empieza a lamerlo. Otros dos acercan sus penes a mi cara y los llevo a mi boca. No me puedo controlar, es tanta la calentura que hago mi mejor trabajo con mis labios lengua y boca, los otros dos que están más abajo acarician mis nalgas y me penetran con sus dedos en la vagina y mi ano, acariciando mi interior.

    Uno pone su pene largo y cabezón a la entrada de mi vagina que ya está más que húmeda y me empieza a penetrar con suavidad, yo jadeo al máximo y cuando está adentro empiezo a sentir que se pone más duro y crece aún más adentro de mí, llegando hasta el fondo.

    La excitación esta alta, un calor extraño invade mi cuerpo, después de algunos minutos saca su “garrote” y otro de los hombres se pone a penetrarme con su verga, esta es curva hacia arriba, lo que hace que se me levante el bajo vientre con cada metida, yo a esa altura estaba aguantando el orgasmo, no quería terminar sin gozarlos a todos, pero me fue imposible, este pene curvado expulsa con fuerza su semen dentro de mí y siento el chorro caliente al fondo lo que me hace explotar en un orgasmo brutal con mi cuerpo bailando al son de convulsiones de éxtasis. Yo grito de placer durante varios segundos eternos. Pensé que no podría seguir con los otros, pero sigo viendo sus vergas erectas, lo que me da más calentura y unas ganas locas de otro orgasmo. El hombre saca su pene un poco más blando y satisfecho, yo continúo mamando las otras vergas con sus cabezas duras y sus jugos van depositándose en mi boca.

    Otro se sube encima de mí y continúa el trabajo del anterior, unos minutos más de mete y saca y ya estoy excitadísima, moviendo mis caderas y repartiendo mamadas a todos. El segundo hombre termina dentro de mí y rápidamente otro toma su lugar, este es el señor gentil que me recibió. Su pene es largo y muy grueso, siento que mi vagina se expande más y también se moja más, ya siento las nalgas totalmente mojadas y el interior de mis piernas corren líquidos también, de nuevo siento ese calor que me sube por todo el cuerpo y mi interior, nuevamente llego al orgasmo y esto lleva al este señor a llenarme de semen por varios segundos, haciendo que mi vagina se llene y empiece a rebalsar sus líquidos afuera.

    Pido un descanso y el señor elegante va a contestar su teléfono, después de unos minutos uno de los hombres me dice:

    -Ven, ahora haremos un doble.

    Él se acuesta sobre la cama y yo me pongo sobre su verga dura empiezo a mover mis caderas y logra de nuevo entrar en excitación, el deseo hacia ellos hace que quiera más y más. Es la primera vez desde hace un buen tiempo que no lograba un orgasmo con un hombre y ahora voy para el tercero, ya estaba a punto cuando siento que otro se pone detrás mío y me empieza a poner un lubricante en mi ano, recién ahí me doy cuenta que es lo que quieren.

    Luego de un rato de tratar de poner su pene a la entrada de mi ano, empieza a penetrarlo suavemente siento esa cabeza dura entrando cada vez más, un dolor me ataca, pero cuando ya siento la cabeza de su pene adentro va pasando, sigue metiéndolo hasta que lo tengo por completo adentro, los dos se mueven al unísono haciéndome gozar como loca, yo desvarió con la excitación, ahora mis quejidos se vuelven alaridos de placer y mi líquidos van saliendo de mi vagina haciéndome chapotear en la caderas del que tengo abajo, vuelvo al calor que se me sube al cuerpo y terminamos los tres en orgasmos simultáneos.

    Cambio de nuevo de nuevo en el equipo, el señor gentil se pone detrás mío, me asusto ya que su pene es el más grande y grueso, pero ya a esa altura mi vagina y ano estaban tan abiertos que soportaba cualquier cosa, un poco de menos dolor ahora, me penetra y siento que su pene me llega muy arriba, el que tengo abajo también es grande, siento que los dos chocan en mi interior, ellos dos terminan y yo algunos segundos después con otro descomunal orgasmo que hacen saltar mis caderas y mis piernas como poseída por algún demonio mi gritos de placer ya son alaridos.

    A esa altura yo no daba más, me hubiera gustado seguir, pero me era imposible, la cama estaba mojada por mis líquidos y por sus chorros de semen, al igual que el piso lo que hace que casi me resbale.

    Los hombres se van vistiendo, de a uno se despiden muy caballerosamente y se van. Yo le pido al señor gentil que me lleva a su auto y que su chofer me deje en mi casa, el me lleva en sus brazos ya que casi no puedo caminar.

    Cuando me deja en el asiento del auto me dice:

    -Quiero hacerte una pregunta

    –si -digo yo

    -¿Quién eres?, la agencia de escorts llamó y me dijeron que la chica que habíamos pedido no pudo venir y que me devolverían el dinero.

    -La historia es un poco larga –le dije- aquí hubo una confusión, pero ha sido la confusión que más he disfrutado, espero que ud. también.

    -Por supuesto! toma mi tarjeta y llámame si quieres gozar con mis amigos, tengo otros del club de Squash, otros del club de empresarios y muchos otros amigos que estarían contentos contigo. Llama cuando quieras.

    El chofer gordito me llevo a mi departamento, llegué apenas al edificio y me derrumbé en mi cama tan exhausta y satisfecha que dormí hasta el otro día, no fui a la universidad ni al trabajo. Mi novio llamo recién en la tarde, rompí con él, ahora no tengo a nadie, pero cuando siento ese calor que me sube ya sé a quién llamar.