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  • Una noche de celos con madre e hija

    Una noche de celos con madre e hija

    Y como era de esperarse en una relación incipiente y bastante alejada de lo normal, empezaron los celos… Luz no se sentía cómoda cuando su madre estaba cerca, según ella, yo dejaba de prestarle atención, y eso la enfurecía mucho. Realmente no era verdad, yo me cuidaba de ser lo suficientemente atento con ella, sabía que en una relación así, lo que uno entrega debe ser suficiente para las parejas porque de lo contrario puede ser mal interpretado…

    Una tarde, decidí desocuparme temprano y pasar por Luz a su trabajo, cuando iba en camino le escribí y le dije que iría por ella, le gustó la sorpresa y se emocionó, de hecho salió antes de la hora normal, de camino a casa pasamos por una pizza, cuando llegamos a su casa no había nadie, así que nos pusimos cómodos, nos duchamos y nos sentamos a ver tv en su habitación, pasaron un par de horas cuando llamaron a la puerta, Luz estaba medio dormida así que me levanté y fui a mirar quien era, al abrir, me encuentro con que era Martha, su madre, sonriente como siempre y con una energía muy linda.

    Le invité a una porción de pizza, me contó su día y la acompañé a su habitación, ella quería quitarse los zapatos pues estaba cansada, se sentó en el borde de la cama y se descalzó, me senté a su lado y le dije que si quería un masaje en los pies, a lo que sin pensarlo, dijo si, así que me dispuse a darle un masaje a aquella hermosa mujer mientras ella me hablaba de cosas sin mucha importancia.

    De repente entra Luz y nos queda viendo con algo de desconcierto y un poco de indignación, no entendimos el por qué, pero decidimos esperar que dijera algo, pero no, solo se quedó ahí parada, dio la vuelta y se fue, Martha preocupada me pidió que fuera tras ella y le preguntara qué había ocurrido, yo al principio no quería, pero me insistió tanto que accedí, así que ahí voy yo medio cagao, medio confundido…

    Yo: que paso mi amor, por qué pusiste esa cara?

    Luz: Alex, me dejaste aquí tirada en la cama para ir a hacerle masajes a ella!

    Yo: nooo amor, no fue así, tú te quedaste dormida y ella tocó la puerta, le abrí, le brindé pizza y yo me ofrecí a hacerle el masaje

    Luz: solo es que ella aparezca para que me dejes de prestar atención a mí, no me está gustando eso, cuando accedí a esta relación esperé siempre que me dieras mi lugar, ella solo quiere sexo, yo quiero todo…

    La verdad me dejaba desconcertado ese reclamo porque yo he sido el más atento de los tres, me la paso atento a sus cosas, no importa que quieran ahí estoy siempre, ni pido nada pues es como si me sintiera en deuda con ambas por permitirme vivir en tremenda fantasía. Así que le expliqué a Luz, y la calmé, le dije que se recostara en la cama para hacerle un masaje y así relajarla un poco.

    Luz tiene una piel muy suave, casi que no tenía que poner aceite pues mis manos deslizaban por su espalda sin resistencia, le quite la blusa para poder hacerlo mejor, pero no resistí las ganas de besarla, así que deslice mis labios por la mitad de su espalda mientras la sujetaba por la cintura, baje su short y deja al aire sus enormes nalgas blancas, no me aguante las ganas y las chupe, pase mi lengua como quiero descubrir su sabor, ella comenzó a contornearse e inclino sus caderas, el mismo peso de sus nalgas hacia que quedarán abierta y se asomara su ano, era mi debilidad, así que metí mi lengua y chupe sin parar…

    Para ese momento mi bóxer quería explotar y mi miembro empezaba a lubricar, pero tenía mis manos ocupadas apretando sus nalgotas y sobando sus piernas, sus gemidos no se hicieron esperar y eso me enloquecía aún más, así que la volteo y la primera no mirando hacia arriba y abro sus piernas, con delicadeza abrí su vagina y descubro si clítoris, ya estaba hinchadito de placer, sus labios abiertos y bastante lubricación saliendo de ella, no podía resistir a semejante manjar, así que a dos dedos la penetró mientras lamía su clítoris, aquello era una explosión de placer, ella se retorcía y con sus manos dirigía mi cabeza, sus piernas estaban levantadas y abiertas, yo se las sostenía para poder tener al alcance lo que me estaba comiendo…

    Me pidió que le metiera más dedos, quería estar rellena, así que poco a poco fui introduciendo mis dedos hasta lograr meter mi mano completa, ella gemía como toda una puta, yo mientras metía mano, chupaba y chupaba, sentía como contraía por dentro los músculos vaginales, como su ano se contraía y dilataba así que con los mismos jugos que salían de su cuca, lubrique su ano, aquello era un manantial, introduje mi mano en su concha y metí un dedo en su ano, ya esos gemidos pasaron a ser pequeños gritos placenteros que hacían que mi verga endureciera más, ver a mi novia en una doble penetración con mis manos era espectacular, ella comenzó a darse golpes en el clítoris y de repente se vino una explosión de jugos vaginales, le metí dos dedos más al culo y agite con más frecuencia mi mano en su totona, ella gritaba de placer mientras tenía su segundo squirt, sabía que disfrutaba de su ano pero no sabía que tanto y esa noche me quedo claro, cuando me pidió que metiera mi puño también, no sabía cómo iba caber pero para mí sorpresa, su culo se amoldó totalmente a mi mano y entro por completo…

    Y ahí estoy yo, con mis dos manos dentro de Luz y ella pidiéndome que la rompa duro, que lo disfruta mucho, se masturbo más y tuvo su tercer orgasmo, suspiro y automáticamente mis manos salieron de su ser, quedó tumbada en aquella cama, empapada de sus líquidos y con la cara roja de tanto placer.

    Yo me pare de la cama con las manos mojadas, y camine hacia el baño pero en el camino me detuvo Martha y comenzó a chuparme los dedos, me decía que había visto como había masturbado a su hija, pero que yo no había siquiera sacado mi verga del pantalón. En aquel momento, mi bóxer estaba pegajoso de tanto líquido preseminal que largue mientras le rompía todo a mi novia.

    Martha: papi me encantó como le diste tanto placer a Luz, pero y tú?… Déjame atenderte como te mereces, déjame lamer esos dedos para saber a qué sabe mi hija…

    Mmmm que delicia pero me gustaría saborear tu verga, déjame sacarla y chupártela toda.

    No puse nada resistencia, sabía que lo iba a disfrutar, así que con mis manos escurridas por tu boca, desabroché mi pantalón mientras ella se agachaba, y en un abrir y cerrar de ojos tenía a Martha pegada de mi miembro, succionando lo con muchas ganas, su mano derecha me masturbaba al ritmo que entraba y salía de su boca, y con la mano izquierda acariciaba mis huevos, ella sabía lo que hacía.

    Me pidió que fuéramos a la misma habitación donde estaba Luz, le dije que fuéramos discretos pero ella quería mostrarle a su hija como se atendía a un hombre…

    Me recosté a un lado de donde, aún desnuda, estaba Luz, ella dormía después de semejante actividad que acababa de tener, Martha de inmediato siguió chupándome los huevos y la verga, disfrutaba mucho de sentirla pero quería que metiera sus dedos en mi ano, sentir que me penetraba mientras me masturbaba… Así que me volteo y me puso en cuatro, lamio mi culo y empezó a jugar con mi verga mientras que con su boca dilataba mi ano, cuando menos imaginé tenía sus dedos penetrándome, aquello era el cielo, para suerte Luz despertó y le encantó la escena, así que fue por el dildo de mamá para enterrármelo

    Estaba siendo follado por mamá e hija, y me sentía genial, Luz me introdujo el dildo en el culo y Martha se acostó debajo mío para poder seguir chupándome la verga, después me giraron y con el dildo aún ensartado en mi culo, me levantaron las piernas Martha se quitó su pantalón y se sentó encima de mi verga y se la metió enterita

    Así que tenía a luz follándome por el culo, las piernas levantadas hacia atrás y a Martha encima dando de sentones en mi verga dura, no aguante mucho cuando sentí venirme, al decirles que me vendría, ambas se acercaron a mi miembro a esperar la descarga, pero Martha le dijo a Luz, no me robes este semen, que hace un momento lo despreciaste… Yo no aguante y me llegue en la cara de Martha mientras pensaba en lo que le había a dicho a Luz y la cara que había puesto está…

    Pero lo mejor fue que, con la cara llena de semen, le pidió a su hija que le lamiera todo lo que había quedado en sus mejillas y frente, Luz sonrió y le dijo: mamá tu eres una puta, que perra tengo de mamá, me encanta y me excita, saco su lengua y le quitó hasta el último rastro de semen a la mamá y después me besó, aquello fue la gloria…

    Continuará…

  • ¿Se puede amar aun siendo infiel?

    ¿Se puede amar aun siendo infiel?

    Aparcó y no pudo menos que extrañarse, uno de ambos autos de él normalmente no estaba pero, ¿los dos? Entró a su casa y todo estaba tal cual lo dejó por la mañana, respiró aliviada cuando por su mente pasó la escena de un robo, dejó su maleta y se dirigió a su recámara; ahí, el panorama era distinto…

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    Pensaba, lo hacía mientras el agua mojaba su cuerpo, ¿cómo era posible que le hiciera esto?, ¿es que acaso no lo amaba?; a su mente llegó su rostro, su eterna sonrisa; lo imaginó destrozado si llegara a saberlo y el remordimiento le hizo derramar lágrimas, lágrimas de rabia y vergüenza por hacer lo que hacía. Se sentó en el suelo mientras su llanto se confundió con el agua que caía.

    Tenía que hacer algo, pensó después de tranquilizarse; lo primero, terminar con esta enfermiza relación en la que había caído; después de eso, vería si contaba con el valor de confesarle su falta. Acudió por la tarde a verlo, no quería aplazarlo ya que, pensaba, sería la última vez que lo vería. La recibió en la puerta, la abrazó mientras buscaba su boca; última vez, pensó mientras lo dejaba hacer.

    En la sombra, una cámara inmortalizó el momento.

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    Los días pasaron y su vida regresó a su cause, se sintió aliviada de terminar con la aventura que la hizo conocer otra faceta en el sexo; placentero si, mucho, pero nada comparado a la seguridad y tranquilidad que le brindaba su matrimonio; se le veía alegre, lo era.

    Durante días se preguntó si debería confesárselo o continuar como estaba, “ojos que no ven, corazón que no siente”, pensó para justificarse; de saberlo, quizá no pudiera perdonarla; prefirió correr el riesgo y dejarlo pasar, al final, la aventura ya estaba terminada.

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    Estos últimos días ha estado extrañamente callado, su respuesta ha sido que tiene mucho trabajo; le conoce y sabe que hay algo más. Trata de indagar en los pocos momentos que se permiten estar juntos pero no logra averiguar algo, su sonrisa ya no lo acompaña y una profunda tristeza se refleja en su mirada; le preocupa como nunca porque le ama, aún con sus faltas que no han hecho mas que confirmarle su amor por él.

    Trata de confortarlo, se sabe capaz y lo intenta en la recámara; extraño pero en esta ocasión rehúye a las caricias que tanto le gustaban, está cansado, su parca respuesta.

    Por la mañana se levanta y sale al gimnasio y, como es su costumbre en este día, de compras; piensa en prepararle algo que considera le gustará y, tal vez, pueda ver de nuevo una sonrisa en su rostro.

    Regresa a casa, no estaba preparada para lo que le esperaba.

    Entrar a su recámara y ver que nada de él se encontraba ahí fue el primer golpe de realidad, el segundo, la nota sobre la cama…

    “Enterarme fue difícil de asimilar, enterarme por alguien que no fueras tú, rompió la relación; por favor no me busques, mi abogado se pondrá en contacto contigo.”

    La infidelidad la disfruté un día, pensó, ¿qué voy a hacer el resto de mi vida?

  • Nunca estuve solo (III): Final

    Nunca estuve solo (III): Final

    Año final de universidad. Pensábamos en qué pasaría de aquí en más. Alexandré continuaría sus estudios en el extranjero. Por mi parte había ya empezado a ingresar al mundo laborar y no me iba mal, así que planeaba quedarme en Chile y luego hacer un diplomado.

    Después de estos lindos y excitantes años, era hora de seguir con nuestros caminos, pero decidimos tener una última aventura para despedirnos bien.

    Arrendamos una cabaña por unos días en un lugar llamado El Tabo, en la costa. Fuimos bien equipados para todo. Ya había mayor poder adquisitivo así que había mejor lencería, mejores juguetes y mejores elementos de Bdsm.

    El primer día luego de relajarnos en la playa pensamos en hacerlo interesante. Jugar dados y quien perdiera debería pagar un castigo.

    Perdí. El castigo consistió en estar con lencería, atado, frente a la ventana y luego abrir las cortinas para que existiera la posibilidad de ser descubierto. Lo hicimos en horario de tarde para que fuera con luz de día.

    Alexandré me ató de pie. Me puse tacones para quedar más inmovilizado en esa posición. Todo listo entonces, atado, amordazado, solo con lencería y, además, ato mi pene a mi cintura con lo que no pude esconder mi erección. Para mayor emoción me insertó un vibrador anal, estaba de pie y lubrica do entró bien fácil. Obviamente él tenía el control de intensidad.

    Llegó el momento, abrió las cortinas y estaba así, frente a la ventana, escuche conversaciones y también risas, pero nadie me vio, al menos eso creo. De todas maneras fue algo bien intenso, casi acabe en más de alguna ocasión pero pude aguantar.

    Al día siguiente jugamos y volví a perder. Esta vez la penitencia no fue tan expuesta pero no por ello menos emocionante. Había de esas sillas que las puedes girar, entonces usamos eso para hacer una «ruleta». Me ato a la silla quedando con el culo hacia una dirección y la cara hacia la otra. Entonces él se sentó frente a mí. A un costado puso un dildo, un vibrador en el otro y finalmente un vaso en el último punto cardinal. La ruleta era simple. Si le daba culo a él me la metía una veces, si mi culo apuntaba a al vibrador o al dildo entonces me Insertaría donde apuntara. Si le daba cara tenía que mamársela y si con la cara apuntaba al vaso me iba a ordeñar y luego yo me bebería mi leche.

    Primera vuelta le di culo así que un poco de lubricante y adentro. Luego culo de nuevo pero esta vez me comió las nalgas y el ano antes de penetrar. En otra vuelta apunte al dildo así que me sodomizó con eso. Era un dildo con venas y grueso así que se sentía completo. En la última ronda nuevamente le di culo pero me dijo que había bonus así que giro una vez más y apunte con mi cara al vaso. Me ordeño, solo uso sus manos mientras me masajeaba el ano. Obviamente acabe. Luego me quito la mordaza y me bebí mi leche. Aun así estaba todavía caliente así que se la mamé.

    Al otro día jugamos y gané. Mi venganza iba a ser memorable. Le dije se pusiera su lencería y tacones. Lo hizo, luego le dije que se quedara de pie, le até las manos a la espalda y le puse el vibrador anal. Me pregunto en qué posición se ponía para seguir atándolo pero le dije que en ninguna, que se quedara de pie. Lo amordacé y le puse una chaqueta. Entonces le dije su penitencia. Debíamos salir a caminar una cuadra y volver, yo normal y el así. Pará ser justos era de madrugada así que probablemente no veríamos a nadie. Probablemente si. Salimos y cuando avanzamos aumente el nivel del vibrador. Casi grito fuerte pero la mordaza hizo eso solo fuera un gemido. Caminamos una cuadra y luego regresamos.

    Los siguientes días acordamos no apostaríamos ya que el nivel de los castigos iba en aumento, así que solo la pasamos bien. En ocasiones él dominador, en ocasiones yo. En otras hicimos 69 o bien masturbarnos mutuamente.

    Ya se iba a acabar el tiempo del arriendo de la cabaña y decidimos jugar a los dados una última vez. Perdí. Me sentí mal no por haber perdido, sino porque sabía estas serían nuestras últimas aventuras. Me dijo que la penitencia la cumpliría al otro día así que esa tarde y noche hicimos lo de siempre.

    En la mañana, temprano, me dijo que me pusiera sexy. Así lo hice, corset, ligas, portaligas y buen maquillaje. Hasta me había pintado las uñas de los pies.

    Comenzó a atarme, pensé todo normal pero sentí algo raro. Primero que me ato las bolas, y lo segundo fue que no me puso un vibrador a al sino que un dilatador. Luego me puso de lado (estaba en el piso) y me pego con cinta un vibrado en el pene. Me puse de estómago nuevamente, la atadura era un hogtie hasta atados los dedos de los pies.

    Espere que más iba a hacer, pero me dijo me quedara allí y que no trate de liberarme porque no lo iba a lograr e igualmente que no acabara hasta que el regresara. Luego me puso el ballgag, me vendó y antes de salir encendió el vibrador.

    No podía creer había hecho eso. Pensé iba a ser solo unos minutos pero Alexandré no regresaba. Ahora comento que dije sentí algo raro ya que con esa atadura en particular si yo movía las manos me tiraba las bolas y además logro unir con una atadura extra mis dedos gordos de los pies, que estaban atados juntos, al ballgag, por lo que si bajaba la cabeza tensaba los dedos.

    Pasaba el tiempo y no me conforme. Comencé a luchar para liberarme pero no pude, rodé un poco, intenté cambiar de posición pero esa trampa de atar las manos a las bolas y los dedos al ballgag me dejó sin posibilidades. En algún momento traté de expulsar el dilatador, ocupe toda la fuerza de mi culo pero sin ningún resultado.

    Luego de unas horas volvió. Me reviso. Me dijo se ducharía y luego vendría por mi. Así lo hizo. Primero me quito el vibrador del pene. Luego el dilatador del culo, me beso una nalga y dijo que ahora estaba listo.

    Me desató los dedos de los pies, luego los tobillos y rodillas. Me ayudó a ponerme de pie. Me quito el vibrado del pene y camine con él por la cabaña hacia la cocina.

    Allí entendí todo. Para finalizar cumpliríamos una fantasía que hace años me comentó.

    Me puse sobre la mesa y comenzó el proceso. Primero me quito las ligas, luego el ballgag y me desató las manos. Me senté en mis rodillas, como se sientan los orientales. Tomó un limón y me lo metió en la boca, luego me dio algunas vueltas con una cinta y ya había quedado más amordazado que con el ballgag. Después me puse de estómago, puse mis brazos juntos a mis tobillos y los ató. Finalmente me enterró una zanahoria en el culo.

    Escuche movimiento de servicios y lo sentí que hizo algunas otras cosas. Me quito la venda y había puesto un espejo, como cuando estábamos recién descubriéndonos, pero esta era la despedida así que sería una cena especial. El «plato principal» era yo. Me había adobado y puesto en diferentes partes de mi cuerpo, más que nada espalda y culo, trozos de sushi. Comenzó a comer, a contarme lo especial que habían sido estos años y de vez en cuando al yo hacer fuerza volvía a insertar la zanahoria. Cuando terminó de comer venía al postre. Me sacó la zanahoria, la dejó a un lado u me puso una cereza en el ano. Me sacó la cinta y el limón de la boca y sin más me metió su pene. Me atore porque no me lo esperaba así de sorpresa, pero luego hice mi trabajo tan bien que casi acabó. Me puso la zanahoria en la boca para yo que probara «lo rico que era mi culo» y procedió a comerse la cereza. Luego me puso el ballgag. Me dio vuelta y me metió su pene hasta el fondo, al tiempo que me masturbaba con una de sus manos.

    Lo hicimos rico. Fue especial. Para despedirnos ambos nos vestimos con la mejor lencería e hicimos un 69 lento y casi interminable.

    Después de esas vacaciones en la costa y luego de la graduación él se fue a México a continuar sus estudios y yo en Chile con mi trabajo. Jamás lo voy a olvidar y eso he compartido en esta ocasión.

  • Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (3)

    Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (3)

    Mari totalmente quieta, como si estuviera petrificada, miraba como su hijo recorría el camino al baño. En su mano llevaba la ropa de cambio, aunque no reparó en aquello, solo en que en nada estaría bajo la ducha.

    La puerta se cerró, escuchó el clic metálico de la cerradura, pero no del pestillo. La entrada seguía estando abierta y la posibilidad de ver a su hijo desnudo en la ducha también. Se pasó la mano por la frente, notándose acalorada, por un instante pensó si aquello podría ser fiebre. Su conciencia se rio de ella al instante, “¡¿fiebre…?! Sabes muy bien lo cachonda que estás”.

    Bajó los parpados con fuerza, todavía no podía darle sentido a lo que sentía por su hijo, un amor que había traspasado fronteras y que necesitaba ser demostrado de otra forma. Levantó la cabeza mirando a la pared, una pared que separaba un lavabo donde Sergio se miraba desnudo y con un pene erecto.

    Mari desearía tener visión de rayos X para poder ver tras el muro, porque no se atrevía a dar el paso y abrir la puerta. Por un lado quería que pasase, necesitaba estar con su hijo y que… algo más surgiera. Pero solamente imaginarse ese último paso le daba vértigo. Estaba delante de un precipicio y no sabía cómo lanzarse para no matarse.

    Aun así, su subconsciente era ya demasiado poderoso como para detenerla. Sin saber cuándo había sucedido, su mano diestra había desabrochado el botón del pantalón y con ansia, bajaba la cremallera. Se puso de pie pensando en cambiarse de ropa, aunque ese no era su verdadero cometido.

    Llevaba un tiempo dándose placer a sí misma, no le era para nada extraño sentir esa fogosidad entre sus piernas, pero aquello era una hoguera. Todo el viaje había contenido sentimientos, los cuales tenía ganas que se desparramaran por su cuerpo.

    Sin embargo, debía esperar el momento, la situación idónea, no podía abordar a su hijo mientras se daba una inocente ducha y proponerle la indecencia, debía ser otro momento, tenía tiempo. Lo que Mari no quería era que aquel fuego de su interior la hiciera perder los papeles, todo tenía que ser perfecto.

    Sus dedos se habían introducido por el pantalón y bajaron la prenda en un instante, aunque no solo eso, también hizo que la ropa interior se deslizara por sus piernas. Una mata leve de vello asomaba alrededor de su sexo, lo había descuidado esta semana con el objetivo de obtener un apurado perfecto, para algo había traído las maquinillas de afeitar.

    Su mano con delicadeza descendió hasta la zona más íntima de su ser, sintiendo una liguera humedad al palparla. A la par escuchó de fondo el agua que su hijo dejaba correr, sabiendo que tenía tiempo se apretó su mojado sexo con fuerza. El clítoris fue presionado con dos dedos y el roce de los demás con los labios vaginales le hizo recostarse con fuerza en la cama y suspirar.

    “Dios… Espero que no lo haya escuchado” pensó después de emitir tal sonido de placer sin quitar la mano de su preciado sexo. El primer movimiento le hizo morderse el labio para contenerse. No entendía que estaba haciendo, su mente racional había escapado a otro lugar y solo quedaba la parte salvaje. Necesitaba vaciarse para tener algo más de sensatez, quería que aquello fuera un día especial, no la caza del gato y el ratón por el placer del sexo.

    El dedo corazón se acercó demasiado a una entrada que suplicaba por llenarse. Ella no dijo que no a sus ganas y recostada en la cama, escuchando el eco del agua, metió un dedo en su interior.

    Lo movió como bien sabia y le gustaba. Dentro de ella los innumerables nervios sentían cada movimiento, cada roce de aquel dedo travieso que se movía inquieto. Pero no era suficiente, otra más entró en la cavidad proporcionando una sensación de estar repleta solo a la mitad. “Necesito algo más grande…” pensó totalmente eufórica y llevada por la lujuria.

    Sacó de su interior ambos dedos, llenos de fluidos calientes que rebosaban en su mano. Siguió dando un masaje a su clítoris, cada vez a un ritmo mayor que sin saberlo, se asemejaba al que su hijo hacía en la ducha.

    Pensó en Sergio, en ningún otro hombre. En cómo podría aparecer y dejarse caer mientras ella tenía las piernas abiertas sobre la cama. Toda su magnitud, todo aquello que vio en el jacuzzi de su hermana, “menuda polla…” rugía su mente totalmente acelerada.

    Todo el sexo de su hijo la llenaba de una forma increíble, como si algo la atragantase en la garganta, pero siendo en lo profundo de su vagina. La mano cada vez más rápida se movía entre el sonido de los fluidos que chapoteaban en su mano.

    “¿Qué puta locura es esta?” pensó por un momento al ver su mano furiosa masajear su sexo con desenfreno. Respiró acelerada porque sabía lo que se avecinaba. Se dio el último placer, una imagen mental de su hijo con un rostro casi enojado por el esfuerzo golpeando una y otra vez su cadera contra ella. En su interior la tremenda herramienta la horadaba una y otra vez con excesiva fuerza incluso haciendo que la cama rechinase.

    Su cabeza gritó un sí constante al sentir como los placeres más primigenios de la humanidad inundaban su sexo, y ella aceleraba aún más el movimiento de sus dedos. Vio realmente a su hijo haciéndola eso… “Follándome”, y por un momento lo sintió tan real que con un hilo de voz soltó.

    —Hijo, —había sido demasiado alto… en el mismo instante bajó el volumen— fóllame.

    El orgasmo llegó y todo su cuerpo se contorsionó como una serpiente. Su espalda dejó de tocar la cama mientras su cabeza golpeaba en esta con fuerza. Sus piernas se abrían y cerraban frenéticas aprisionando y soltando su mano que ahora seguía de forma más pausada en su clítoris.

    El rostro estaba en llamas, sus pechos explotaban en subidas incontrolables tratando de llenar de aire unos pulmones que eran insaciables. Se pasó la lengua por sus secos labios queriendo humedecerlos, incluso la garganta se le había secado, siempre eran así los orgasmos, siempre que Sergio tenía algo que ver.

    Alzó la mano al aire y todavía tumbada en la cama, la admiró mientras su cuerpo se calmaba poco a poco, justo se había apagado el agua, pero aún tenía unos pocos minutos. Separó todos los dedos de la mano, dejando entre estos hilos viscosos de los líquidos que habían manado de su interior. Los observó contra la luz, parecían lianas de una gran selva que resplandecían con la bombilla, y pensó que ojalá Sergio le sacase muchos más… “Para eso hemos venido”.

    La puerta se escuchó al de dos minutos y cuando el joven volvió al pequeño cuarto, su madre le daba la espalda con la ropa puesta y otra nueva sujeta por la mano limpia.

    —Se queda uno como nuevo —dijo Sergio sin mirar a su madre. Le daba cierta vergüenza cada vez que pensaba en ella para masturbarse, quizá… la conciencia.

    —Me ducharé luego. Voy al baño, ahora salgo.

    Ninguno de los dos se miró y solo se sintieron realmente cómodos cuando la madre cerró la puerta del baño. Ella sí que puso el pestillo. Apoyándose contra la puerta de madera por un momento creyó que estaría más calmada. El cuerpo se le había puesto a vibrar como loco después del orgasmo y necesitaba un instante de pausa.

    En el grifo lavó su mano y después se quitó la ropa quedándose únicamente con la parte de arriba. Dándose una pequeña lavada en el bidé se quitó los rastros de su orgasmo de toda la zona, mientras en el cuarto, Sergio olía un olor que le era familiar, pero sin lograr descifrarlo. El olor al sexo de Mari se había quedado en cada esquina de la habitación.

    —Cariño, —dijo en voz alta Mari mientras se secaba los bajos con una toalla— ¿tienes un plan para antes de la función?

    —Sí, vamos a dar un paseo por la zona. He mirado por internet unos cuantos sitios que podemos visitar.

    —¿El teatro a qué hora era? —tener una conversación normal con su hijo la agradaba.

    —A las siete empieza, quizá tengamos que estar un poco antes, no sé. Es mi primera vez.

    —Y la mía. —ambos rieron bajito sin que el otro se diera cuenta.

    Mari se preparó solamente un poco, el reloj marcaba cerca de las dos de la tarde, tenían tiempo, pero mejor no pillarse los dedos. Se quedó con el mismo pantalón y después de limpiarse a conciencia su parte más personal, se cambió de ropa interior. Únicamente modificó su camiseta y el jersey que llevaba, quería estar cómoda, no hacía falta más ropa que aquella para andar por la ciudad.

    La mujer salió con calma, oliendo a su perfume mientras su hijo la esperaba con el pelo algo alborotado sentado en la cama. Se acercó al joven y sin decir nada le pasó la mano por la cabeza colocando algún que otro mechón revoltoso en su lugar.

    —Mamá… —quejándose como un niño pequeño— déjame el pelo.

    —Todavía eres un bebé.

    Se rio del joven, sí que parecía su precioso niño cuando se quejaba de esa forma, aunque minutos atrás, con su mano empujando el clítoris, no tenía la misma opinión.

    Bajaron a la recepción, saludando con una sonrisa a Raquel que seguía con la misma expresión de felicidad que hacía unas horas. Salieron a la calle y al momento el frío de la capital les golpeó de lleno, aunque el sol estaba en todo lo alto, el clima era helador, muy típico de esa época del año.

    Mari casi por instinto y al verse libre de la mirada de la recepcionista, que era la única que conocía su parentesco familiar, anudó su brazo al de Sergio, quedando ambos estrechamente pegados. Sergio sacó el móvil con la mano contraria para no separarse de su madre, sentir el abrazo de esta no le podía hacer más feliz.

    —Pues… comenzamos… —el hijo miraba el móvil algo perdido, no sabía que rumbo tomar. Al final el GPS de su itinerario le guio por el buen camino— Vale. A la izquierda, mamá.

    —¿Sabes a donde vamos o improvisas?

    —Con una cita podría improvisar, pero no con mi madre. —para Sergio aquello era más una cita y para Mari… también.

    —Cuéntame entonces, yo nunca he estado aquí.

    —Vale… a ver si lo recuerdo sin sacar las notas del móvil. Primero, parada en “la plaza de España”, o sea que en marcha. —seguro que tendría que tirar de lo que tenía apuntado en el móvil— Luego te iré descubriendo nuevos lugares.

    Comenzaron a andar mientras Mari negaba con la cabeza, parecía que su hijo se lo había preparado, pero… solo a medias. Un pensamiento muy lógico le voló por la mente en aquel momento, “espero que en otros temas no me deje a medias”. Se tuvo que morder el labio de forma recatada para desechar esa idea, por el momento tocaba pasear. Quería pasárselo bien con su hijo, de forma maternal, lo que llegase después… ya vendría.

    En cinco minutos estaban en su destino, prácticamente no habían girado y todo había sido línea recta, gracias a eso, Sergio no se perdió. A la mujer le gustó el lugar, una amplia plaza con monumentos a Cervantes con el que se sacaron varias instantáneas. Aquellas fotos le gustaron a ambos, y mientras las observaban sentían que era su coartada, “¡Mirad! Fotos normales de una madre y un hijo, nada fuera de la realidad”.

    El paseo continuó en el siguiente punto, Sergio ya le había comentado a su madre todo el itinerario después de memorizárselo a escondidas mientras esta pedía una foto a una pareja. La siguiente parada fue en el “Templo de Debod” donde el joven traía aprendidos los datos de como Egipto se lo donó a España. Parecía un intelectual… aunque solo recitaba la Wikipedia.

    Mari se lo estaba pasando fenomenal, en pocos momentos se separó del brazo de su hijo, solamente para tomarse alguna foto, pero después volvía rauda en busca de la extremidad de Sergio. No se sentía con su hijo, para nada… notaba lo mismo que en los primeros viajes con Dani, esa sensación de noviazgo y las mariposas en el estómago. Por mucho que creyera que pretendían hacer algo horrible, lo que notaba era un amor incomprensible hacia su hijo.

    Pararon a descansar en el siguiente punto, en un banco cercano al “palacio Real de Madrid”. Se sacaron otra foto con Felipe II y después con otro Felipe, esta vez con el cuarto, en la plaza de oriente. Sergio le indicó la siguiente parada a su madre, era la “plaza Mayor” de Madrid que estaba a unos pocos minutos y su madre aunque rebosante de felicidad le tuvo que advertir.

    —Cielo, recuerda que a las siete es la función, me lo estoy pasando mejor imposible, pero para no olvidarlo. No se nos vaya a pasar…

    —Cierto… son ya las cinco, se me ha pasado el tiempo volando. Esta es la última parada, la vemos, volvemos, nos preparamos y para el teatro. —miró el móvil para concretar la hora— Me parece que nos da tiempo de sobra.

    —¡Vamos, entonces!

    Hicieron lo mismo que las anteriores paradas, unas fotos, risas y comentarios curiosos que el joven preparó el día anterior y que a Mari le encantaban. Quizá en otro hombre le hubiera resultado algo tedioso o pedante, pero todo lo que decía su hijo la maravillaba.

    En el camino de vuelta, Sergio notó que el móvil le vibraba, se imaginaba quien era, puesto que mientras se sacaba las fotos, se las iba enviando. Aprovechó un momento en el que Mari entró en una pequeña tienda a comprar una botella de agua y cogió el teléfono.

    —¿Quieres darme envidia o qué pasa? —su hermana bromeaba al otro lado.

    —Un poco solo, tata.

    —Disfruta y pásalo bien con mamá que se lo merece. —no le faltaba razón.

    —Ahora en un rato nos vamos al teatro, ya te contaré.

    —Por cierto, no te conté. Esta semana estuve con tu “amiga”, vamos eso no es algo raro. —Sergio sabía a quién se refería cuando entrecomillaba. Esa palabra siempre la usaba para referirse a Alicia— Me preguntó así… dejándolo caer… qué tal estabas.

    —Vaya con Alicia, parece que le gusté un poquito.

    —No te vengas arriba. —le puso unos iconos riéndose— La dije que muy bien y con novia nueva. Solo por picarla un rato.

    —Laura… —mandó los mismos iconos de risa— no seas mala. Bueno te dejó que vuelve mamá, te quiero, tata.

    —Yo también, tato. Me vas contando, besos.

    Guardó el móvil viendo que su madre ya encaminaba la salida y le tendía otra botella de agua que había comprado. Esta vio el móvil y por un acto quizá de ciertos celos o curiosidad de madre, le hizo un gesto con la cabeza para ver quién era.

    —Nada… —pensó “¿para qué mentirla?”, pero por algún motivo no quería meter a Laura en la conversación. Hablar de la familia le hacía sentir mal y recordar… que Mari era su madre— Pablo mi amigo, que no sabía que estaba aquí.

    Mari se sintió satisfecha y volvió a meter el brazo cogiendo a su hijo. Pasearon de la misma forma en todo el trayecto, bien pegados mientras hablaban y hablaban sin parar, sobre todo de los lugares visitados.

    El Hotel ya estaba a la vista y el reloj marcaba las cinco y media de la tarde, en teoría tiempo más que suficiente para llegar al teatro. La puerta automática se abrió delante de ellos, para que justo en ese momento ambos se separaron como dos imanes con polos idénticos.

    En la recepción se encontraba Raquel, la única de aquel lugar que sabía que eran madre e hijo y a ellos, no les apetecía que les viera tan juntos… por si fuera a sospechar. Tal vez fuera una estupidez, sin embargo, sus cuerpos no se acercaron tanto mientras recorrían la recepción. Únicamente volvieron a ser libres cuando el ascensor se cerró.

    CONTINUARÁ

    ————-

    En mi perfil tenéis mi Twitter para que podáis seguirme y tener más información.

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Mi novia de 19 años

    Mi novia de 19 años

    Hace algún tiempo por medio de un trabajo que tenía, conocí a una chava de 19 años, bien buena! Ella ya tenía una vida con una persona.

    Comenzamos a mensajear y a hablarnos por teléfono, las cosas se iban dando pero yo le pedí que dejara a su pareja si íbamos a estar bien.

    Así lo hizo, salíamos, nos veíamos cerca de su casa, realmente estaba bien buena.

    A mis 34 años para mí era excitante estar con una de 19 años.

    Cuando íbamos al hotel me la cogía muchas veces en la cama y terminábamos en la regadera. A veces en la madrugada me metía a escondidas a su casa y en su cuarto la desnudaba, le mamaba la panocha, las tetas, me la agasajaba bien rico.

    A veces nos poníamos de acuerdo y salía en una pijama muy cortita, ajustada. Una blusita de tirantes.

    Tenía unas piernas bien buenas, unas nalgas de buen tamaño, me volvía loco con su cuerpo.

    Una vez le pedí que se pusiera la pijama y la blusa de tirantes, pero que se pusiera una tanguita y quedamos en vernos en la madrugada ahí en su casa. Yo ya iba con la intención de robarle la tanga después de cogérmela.

    Entrando a su cuarto la recosté en la cama, le quite la pijama, después la tanga y me la guarde en la bolsa de pantalón. Levante sus piernas y le mame desde la vagina hasta el culo.

    Después quite su blusa y brasier, mame sus tetas, la puse en 4 en la orilla de la cama, yo de pie y así me la cogí hasta que le avente mi semen en las espalda y nalgas. Recuerdo que le limpie el semen con su pijama. Y me decía:

    -te pasaste, ya la manchaste toda.

    -búscate otra cosa en el ropero

    Y me preguntaba que donde estaba su tanga, yo le decía que la había arrojado y no sabía donde había quedado. No podía prender la luz porque sus padres dormían en el cuarto de enseguida.

    Esas cogidas y agasajadas duraron cerca de seis meses, realmente lo disfrute, tal vez me inyectaba juventud, no lo sé, pero cuando me venía se la volvía a meter y en una ida al hotel me la cogía hasta 5 veces. Eso se estaba convirtiendo en una obsesión, por eso lo mejor fue alejarnos ya que realmente no me pertenecía.

    A pesar del tiempo conservo de recuerdo su tanguita, y a veces que me acuerdo de ella, la verga se me pone como en esos tiempos.

  • Vacaciones con papá (2)

    Vacaciones con papá (2)

    Como les conté en mi anterior relato, después de mi primera noche con papá, me desperté con su boca en mi coño, era maravilloso, no había terminado de abrir los ojos y ya estaba a punto de correrme otra vez.

    Y: Oooh si, sigue chupando, no aguanto más… Aaah

    P: Buenos días mi dulce niña, veo que has tenido un bonito despertar.

    Y: Uf si, no ha estado nada mal. ¿Papi, que vamos a hacer hoy?

    P: Yo había pensado en follar, ¿qué opinas?

    Y: Jajaja, no es mal plan, pero me gustaría hacer algo más. Además, tendremos que ducharnos y salir por lo menos, para que nos puedan limpiar la habitación.

    P: Por eso no te preocupes, que papá se encarga de todo. Anda ven aquí y cómeme la polla un rato.

    Sin más preocupaciones, me metí su verga en la boca y comencé a chupársela, mi padre gemía y me agarraba la cabeza para que no parara de chupársela, yo cada vez estaba más mojada y con más ganas de volver a meterme su polla en mi coño.

    En ese momento, mi padre me hizo ponerme de pie, se sentó en el borde de la cama y me puso de espaldas a él, me dijo que mirara dirección la televisión, yo no entendía nada, pero le hice caso, empezó a acariciarme por todo el cuerpo, deteniéndose donde más le gustaba, mis tetas, me las pellizco hasta que mis pezones quedaron bien duros y después me cogió una para que me la metiera en la boca, mientras me mamaba una teta, él me tocaba lo otra, siempre mirando la tele.

    Ya no aguantaba más me sentó encima de él, dándole la espalda y bien abierta de piernas, como si alguien me quisiera ver el coño desde la tele. En ese momento, levantó en el aire y poco a poco me fue bajando mientras me iba metiendo su tremenda erección.

    Y: Siii, que ganas de que me follaras.

    P: Tranquila mi niña, papá te va a follar todo lo que quieras. Vamos zorrita muévete más.

    En ese momento llamaron a la puerta y mi padre me tapó la boca, queriendo simular que no había nadie. A los pocos minutos y tras volver a llamar, la puerta se abrió, era la chica de la limpieza, que venía a hacernos la habitación. Mientras tanto mi padre seguía moviéndose dentro de mí y yo no sabía qué hacer si gemir de placer o gritar de vergüenza.

    L: Oh disculpen, pensé que no había nadie, me voy.

    P: ¡No! Quédate. Cierra la puerta y acércate. Tranquila no voy a hacerte nada.

    Y: ¡Papá! ¿Qué haces? Déjala que se vaya.

    P: No hija, vamos a jugar. ¿Te gustaría ganarte un dinero extra?

    L: Pues la verdad es que no me vendría nada mal. ¿Qué tengo que hacer?

    P: Comerle las tetas a mi hija, mientras me la follo y por supuesto tener la boca cerrada. Te daré 300€.

    L: Por ese precio, hasta le como el coño a la niña.

    Y ahí estaba yo, abierta de piernas, mientras mi padre me follaba bien duro y una completa desconocida, me comía las tetas. Era una sensación muy rara, pero a la vez muy placentera, tanto que no tardé mucho en correrme y a los pocos minutos, mi padre no aguantó más, llenándome el coño de su leche, mientras le decía a Laura, nuestra nueva amiga, que le daba 50€ más si me limpiaba el coño con la lengua, lo cual ella no dudo. Fue fantástico, tener a dos personas dándome tanto placer al mismo tiempo.

    Laura, era una mujer de unos 50 años, no era muy guapa, pero tenía algo especial, a parte de una excelente habilidad con la lengua. Nos contó que tenía varias personas a su cargo y que le era muy difícil pagar tanto gasto con su sueldo, por eso se ofreció a jugar con nosotros el resto de la semana a cambio de más dinero.

    P: Esta bien, le pagaré lo pactado, pero por favor, no quiero que nadie del hotel se entere de esto.

    L: No se preocupe, diré que son unos clientes especiales y que han pedido que sea yo la que les haga la habitación, todos los días, total, por aquí pasa gente muy especial con la limpieza, no sería nada raro que vosotros también lo pidierais. Además, que no tengo problema en comerle el coño a la niña, es maravillosa.

    Y: Lo mismo digo yo de ti Laura, no se te da nada mal jajaja.

    Mientras Laura nos hacía la habitación, papá y yo nos fuimos a la ducha. Cuando salí, ella se acercó a despedirse con un húmedo beso en los labios, mientras me pellizcaba mis sensibles pezones, poniéndolos duros otra vez.

    Una vez listos, nos fuimos a desayunar a una terraza de frente al mar. Yo no paraba de pensar, en porqué mi padre me decía lo de follar de frente a la tele, sabía que había algo más, pero no me atrevía a preguntar.

    P: ¿Qué te pasa mi niña? Te noto rara.

    Y: Nada papi, estaba pensando en una cosa. Antes cuando fallábamos, me decías que mirara a la tele y me colocabas siempre en esa dirección. La verdad no entiendo a qué viene eso.

    P: Jajaja, es una sorpresa mi amor, esta noche lo sabrás.

    Tras desayunar, nos fuimos a pasar el día por la ciudad. Aprovechamos para comprar regalos para todos y recordé que no había vuelto a hablar con mi mamá, desde que llamó para decir que había llegado bien.

    Entramos en muchas tiendas de ropa y cada vez que me iba a probar algo, mi papá intentaba entrar conmigo, pero por motivos de seguridad, debido a la pandemia, no pudimos hacer nada.

    Fuimos a comer a un bonito restaurante, mi padre le pidió al camarero, una mesa lo más apartada del resto, diciendo que tenía mucho miedo a contagiarse de Covid, este sin dudarlo, nos puso en una parte de la terraza, en la que solo había dos mesas más con gente y una distancia, de más de 2 metros, por lo que pudimos tener cierta intimidad.

    Y: Que rabia, quería que entraras conmigo a los probadores y de paso me tocaras un poco.

    P: Ya cariño, pero las normas hay que respetarlas.

    En ese momento noté que mi padre se movía y por debajo de la mesa, me cogió la mano para ponerla en su polla, que se la había sacado. Comencé a mover mi mano, la cara de mi padre era de pura excitación, mientras seguía con la paja.

    P: Nena, no voy a tardar en correrme.

    Y: Pues es una pena que vayamos a desperdiciar esta leche.

    Tiré la servilleta al suelo, simulando que se me había caído y me agaché de lado para recogerla. Como el mantel de la mesa era largo, las otras mesas no podían ver lo que hacíamos. Sin más apoyé la cabeza en la pierna de papá y me metí su verga a punto de reventar en la boca.

    El con su mano, agarraba mis pezones que tanto le gustan y entre mi mamada y los pezones, se corrió en mi boca. Con mucho disimulo, nos levantamos y nos fuimos.

    Y: Papi, estoy cachonda, quiero correrme, vamos al hotel.

    P: Espera nena, he estado hablando con un amigo de mi empresa, que resulta que tiene una tienda de ropa muy exclusiva aquí. Vamos, que quiero comprarte algo.

    Tenía razón mi padre, era una tienda muy exclusiva, con ropa muy bonita. Nos estaban esperando y al entrar cerraron la puerta con llave y bajaron las cortinas de los escaparates. No se veía nada desde fuera. Allí estaba Roberto el amigo de mi padre y su mujer Susana. Noté que me miraban de una manera especial. Tras presentarme, Roberto le dijo a mi padre:

    R: Pues no está nada mal la niña.

    P: Jajaja, un respeto que está aquí tu mujer.

    S: Bueno, vamos al lío

    Yo no entendía nada. Me empezaron a enseñar un montón de vestidos, elegí los que más me gustaban y entré al probador. Detrás de mi vino Susana, que me ayudó a probarme la ropa. Cuando me quité uno noté como me empezó a acariciar el culo, pensé que eran cosas mías, hasta que me agarró por la cintura y fue moviéndose para quedar de frente a mí. Sin más comenzó a besarme, mientras me acariciaba el cuerpo hasta llegar a mi mojado coño. Sin más apartó mis bragas y me metió uno de sus dedos. Yo no sabía qué hacer, era la segunda vez en un día que una desconocida, me daba placer. Noté como sin yo quererlo, mis caderas comenzaron a moverse buscando el placer, en la mano de Susana.

    S: Tu papá nos ha dicho que eres muy puta, que te gusta frotarte tu chochito con una almohada. También nos ha dicho que haces unas mamadas estupendas. Por cierto, creo que quieres correrte, ¿no?

    Y: Uf si, por favor, sigue.

    S: Chicos, la zorrita quiere jugar.

    Nos fuimos fuera del probador, me tumbaron en una alfombra, me desnudaron entera y se desnudaron ellos. Susana se tumbó encima de mí, su mano volvió a mi coño y el suyo, se frotaba en mi muslo. Nos empezamos a besar, mientras Roberto y papá, se tocaban la polla, mientras nos miraban.

    S: Me encantaría frotar mi coño con el tuyo, pero eso es algo, que está reservado para tu mamá.

    Estaba tan caliente, que no me preocupé en pensar como esa mujer sabía la fantasía de mi madre, solo quería correrme. Continué frotándome con su mano y ella con mi muslo, en pocos minutos, las dos nos corrimos con un fuerte orgasmo. Susana, se levantó para dejarle sitio a mi padre, que venía con una erección tremenda. Se puso encima de mí y comenzó a besarme, mientras tanto, Susana, se puso detrás de mí a 4 patas, quedando mi cabeza en el suelo y la suya encima de mí, por detrás Roberto comenzó a fallársela. Mi padre estaba agarrado a mis tetas, cuando escuchó a Susana gemir, sin más se incorporó y me la metió de un golpe.

    Y: ¡Papaaa! Que ganas de tener tu polla dentro.

    P: Sí mi niña, ya echaba de menos follarme tu coñito. Oye Susana, no me gusta ver tu boca tan quieta, chúpale las tetas a mi hija, ya verás que delicia.

    S: Ummm encantada.

    Susana se agachó a comerme las tetas, debido a la postura, me quedaron las suyas en mi cara, no eran tan grandes como las mías, pero tenían unos pezones que me llamaron la atención, sin más comencé a chupárselas. Así estuvimos un rato, dándonos placer los cuatro, era genial. Nosotras nos corrimos las primeras y al poco tiempo se corrieron ellos, dejando nuestros coños inundados de su leche. Susana se tumbó sobre mí y comenzamos a lamernos, una a la otra, nuestros coños repletos de leche, en un rico 69.

    R: ¿Estás viendo a estas dos? Son insaciables.

    P: Si, ya veo. Esta va a ser peor que su madre.

    R: Jajaja, ya verás cuando se pongan las dos a darle, te van a dejar reventado.

    P: Fijo, vaya dos putas que tengo en casa.

    Después nos vestimos y nos despedimos de Susana y Roberto, tras pagarle los bonitos vestidos que papá me había comprado. Volvimos al hotel a descansar un rato, pues tanto sexo nos había dejado agotados.

    Y: Papi, te puedo preguntar algo.

    P: Claro que si cielo, dime.

    Y: ¿Cómo sabía Susana que mamá quería frotar su coño con el mío?

    P: Hija, mamá y yo, quedamos muchas veces con ellos para follar. Quedamos los 4, a veces viene otra pareja más y nos montamos una pequeña orgía y por supuesto, hablamos nuestras fantasías.

    Y: Vaya, jamás pensé que mis padres pudieran hacer orgías.

    P: Y más cosas que ya te contaremos, ya lo hablaremos, pero algún día podías venirte con nosotros, Roberto se quedó con ganas de follarte.

    Y: Vale, por mí no hay problema. ¿Qué vamos a hacer esta noche?

    P: Tengo reservado en un restaurante cerca del puerto, quiero que te pongas el vestido azul que te he comprado hoy, pero quiero que no te pongas ni bragas ni sujetador.

    Y: Pero papá, se me van a marcar las tetas, y es vestido es un poco corto.

    P: ¿Ahora te preocupa que se te marquen las tetas? Si te portas bien, tendrás tu recompensa.

    Y: Oye papá no hemos vuelto a llamar a mamá. Quiero saber cómo está.

    P: Tranquila, ya he hablado con ella, todo está bien. Me dijo que ya te llamaría para ver como estabas.

    Y: ¡Ah, genial! Pues ya hablaré con ella. Me voy a vestir.

    P: Recuerda, nada de bragas ni sujetador.

    Por la noche, de camino al restaurante, yo tenía la impresión de que todo el mundo me miraba, antes de salir del hotel, mi padre me había comido las tetas, le gustaba que se me marcaran los pezones en la ropa. Tenía la sensación de que la gente sabía que se me marcaban los pezones porque me follaba a mi padre.

    Cuando llegamos al restaurante, nos pusieron en una zona apartada, según mi padre, para evitar contagiarse de Covid, pero yo sabía que ese no era el motivo. La cena fue tranquila, hablamos de todo, peor no paso mucho más, hasta llegar el postre. Mientras esperamos a que nos trajeran nuestros platos, mi padre comenzó a tocarme el muslo, todo eran caricias, hasta que por fin llegó a mi coño. Siguió tocándome y yo notaba como brotaban mis fluidos.

    Y: Papá, te recuerdo que no llevo bragas.

    P: Lo sé, por eso ha sido tan fácil llegar a tu coño.

    Y: Ya, pero cuando me levante, la silla va a estar mojada y no quiero que el camarero piense que me he hecho pis o algo parecido.

    P: Tranquila nena, eso lo soluciono yo.

    Vi al camarero acercarse con nuestros platos, mi padre retiro la mano de mi coño y para mi sorpresa, comenzó a tocarme un pezón delante del camarero. El chico se quedó parado mirando la escena sin saber que decir ni hacer.

    C: Aquí tienen sus postres y disculpen por la espera.

    P: Menos mal, porque ya estaba yo buscando otro postre, cinco minutos más y me pillas comiéndome estas dos tetas tan maravillosas. ¿Te gustaría tocárselas?

    C: ¿Puedo?

    P: ¿Que dices nena? ¿Le dejas que te toque las tetas?

    Y: Si papi.

    El chico se acercó y con miedo y excitación, metió la mano en mi escote hasta llegar al pezón. Los dos comenzaron a tocarme las tetas, mientras notaba como mi excitación corría por mis piernas. Mi padre, dejo mi pezón, para volver a mi meterme un dedo en el coño. Noté las tremendas erecciones de mis chicos, por lo que les sugerí que se la sacaran, para comenzar a pajearlos. El primero en correrse en mi boca, fue el camarero, el cual nos tuvo que dejar porque lo reclamaban, la siguiente fui yo y por último mi papá, tras hacerle una rica mamada. Cuando terminamos, fuimos al baño a limpiarnos, tras pagar y darle una buena propina al camarero, nos fuimos, no sin antes decirle:

    P: Chaval, limpia bien la silla de mi niña, creo que la tiene un poco mojada.

    C: Claro señor, no se preocupe por eso. Espero verles pronto.

    P: Posiblemente volvamos otra noche, me gustaría la misma mesa y que nos atiendas tú.

    C: Claro señor, lo tendré todo listo.

    Mientras paseábamos por el puerto, le pregunté a mi padre.

    Y: Papá, como te atreves a hacer estas cosas. Nos podía haber visto.

    P: Nena, estabas tan cachonda, que no viste que no había nadie alrededor, estábamos solos. Además, hay que ser buena gente y ayudar a los demás y la paja que le has hecho al chico, le ha ayudado a seguir mejor con su trabajo, imagínate, que tiene que trabajar con la verga dura, después de tocarte, eso es de ser mala persona.

    Y: Jajaja no tienes vergüenza.

    Continuamos con la noche, fuimos a tomar unas copas y yo no paraba de pensar en la sorpresa que mi padre tenía para mí, me moría por saber lo que era. Cuando nos fuimos al hotel, no era muy tarde y estábamos cansados, por eso mi padre decidió tomar un taxi. Tras llegar a la parada, miró a todos los taxistas y se acercó a hablar con uno, la verdad no sé de qué hablaron, solo me acerqué cuando mi papá me llamó.

    P: Cariño, he pensado que como todavía no es muy tarde y hace una noche muy buena, vamos a dar un paseo por la ciudad en taxi.

    Y: ¿A estas horas?

    P: Sí, será divertido.

    Yo que ya conocía a mi padre, sabía que, si decía que sería divertido, me acabaría corriendo. El taxista, era un hombre de unos 57o 58 años, con cara de baboso que no paraba de mirarme. Cuando subimos al taxi, nos llevó por todo el paseo marítimo, todo estaba lleno de gente y poco a poco fue callejeando hasta llegar a zonas donde apenas se veía gente. Mi padre comenzó a acariciarme todo el cuerpo, me subió el vestido por la cintura dejando al aire mi caliente coño, mientras me acariciaba me decía al oído.

    P: Vamos niña, grita fuerte para que este señor vea lo cachonda que estás.

    Y: Aaah si papi, sigue tocándome.

    El taxista paró en un descampado. Salimos los tres, mi padre me quitó el vestido, dejándome desnuda delante de un desconocido, otra vez más. Me acomodé todo lo que pude entre unas piedras.

    P: Nena, que te he dicho yo de ser amable con la gente.

    Y: ¿Quieres que le coma la verga?

    P: Si mi amor, cómesela, para agradecerle lo bien que ha hecho su trabajo y mientras tanto yo te como el coño a ti.

    T: Vamos zorrita, cómeme el rabo.

    Así estuvimos un rato, yo gozando de las lamidas de mi padre, mientras el taxista gozaba con las mías. Estaba muy mojada y solo quería una verga dentro de mí.

    T: Si me dejas follármela, soy tu taxista el resto de tus vacaciones sin cobrarte nada.

    P: ¿Estás de acuerdo nena?

    Y: Sí papi, quiero una polla ya no aguanto.

    P: Toda tuya entonces.

    El taxista me la metió de un golpe, no la tenía muy grande, pero sabía moverse, mientras tanto, le hacía una rica mamada a mi padre. El taxista no tardó en correrse.

    T: Oh dios, que rica eres niña, te he llenado de leche.

    P: ¿Te ha gustado amigo?

    T: Ufff que coño tan apretado tiene, me encanta.

    Y: Papi, quiero más polla.

    P: Ven aquí mi niña que papi te la da.

    Me senté de espadas a mi padre, quedando expuesta al taxista, mi padre me follaba fuerte, yo no paraba de gritar y el taxista comenzó a comerme las tetas. Cuando mi padre estaba a punto de correrse, noté una lengua en mi coño, el taxista nos estaba lamiendo a los dos, la polla de mi padre follándose mi coño cuando mi padre se corrió, nos chupó toda su corrida a los dos.

    P: Pfff ha estado bien, no sabía que le gustaban los rabos.

    T: Prefiero los coños, pero una buena verga no está nada mal.

    Y: Ha sido alucinante, nunca me había corrido de esta manera.

    T: Niña, tanto chuparos, se me ha vuelto a poner dura, ¿puedo tocarte las tetas para hacerme una paja?

    Y: Mejor, pon tu verga entre mis tetas mientras te la chupo.

    Tras chupársela a nuestro amigo el taxista nos llevó de vuelta al hotel. Yo estaba agotada. Nos metimos en la cama y como la noche anterior, mi padre comenzó con su masaje en los pezones.

    Y: Um papá, que ha sido de mi sorpresa.

    P: Lo siento nena, vas a tener que esperar a mañana.

    Y: Ha sido un día increíble. Tú crees que mamá se enfadará por lo que estamos haciendo.

    P: Espero que no. No se tú, pero a mí me encantaría que siguiéramos follando cuando lleguemos a casa.

    Y: Y a mi papi, me encanta tu verga. Papi, no aguanto, frótame más fuerte los pezones.

    P: Claro que si mi niña. Córrete para papá.

    Y: Aaah que rico lo que me haces. Buenas noches papi.

    P: Buenas noches mi niña.

    Continuará…

  • Cuando nos entregamos en cuerpo y alma mi hija y yo

    Cuando nos entregamos en cuerpo y alma mi hija y yo

    Hola, amigos, soy nuevo por aquí y no soy muy bueno contando relatos, pero quiero y deseo contarles lo que me ha estado ocurriendo últimamente.

    Mi nombre es David y tengo 37 años y soy de cuerpo normal y con rasgos masculinos muy marcados como son barba pronunciada y músculos marcados, soy padre soltero desde muy joven y tengo a mi cuidado una joven de 18 años de nombre Rocío, como verán fui papá desde muy joven ya que desde adolescente fui muy activo sexual, lo que les voy a contar es real y verídico.

    Hace tiempo que mi esposa falleció desde que mi hija era pequeña y siempre me la pasaba tomando y llorando, mi pequeña niña me veía siempre triste y trataba de animarme, pero solo lográbamos llorar juntos.

    Poco a poco pasaron los años y sin darme cuenta desde que mi hija llego a la pubertad se convirtió en una señorita, muy desarrollada hermosa y comencé a notar algo extraño en mi… Yo me encargaba de ella, de vestirla, de alimentarla de darle educación hasta que llegaron sus 18 años y yo comenzaba a notar un cierto comportamiento algo extraño en mí, puesto que mi pasatiempo es el gimnasio ella a veces iba conmigo y me daban muchos celos porque muchos hombres la veían con deseo, ella para ese entonces ya era una mujer hermosa con cabello negro largo y ondulado, pestañas muy largas y ojos obscuros, cuerpo realmente delgado y con pechos y nalgas pequeñas pero muy duras y puestas en su lugar. Rocío solía ir conmigo al gym en leggings negros, morados o rojos y puedo decir ahora actualmente que se veía encantadora.

    Yo comencé a partir de esos momentos a obsesionarme con mi hija, incluso en el trabajo no dejaba de pensar en ella y me enfermaba pensar si tenía novio que tocara su cuerpo, no sé si conscientemente o inconscientemente comencé a comprarle ropa más provocativa entre ello tangas delgadas, bragas de seda, mini faldas y le compre faldas escolares más cortas y tableadas sustituyendo las aburridas faldas lisas y largas que usaba durante clases.

    La verdad creo que mi hermosa hija comenzó a darse cuenta poco a poco de mi rara actitud sin en cambio no me decía nada creo que le agradaba. Un día fui por ella al gym a una clase de danza y cuando llegué por ella no pude evitar mi descontrol y mi mirada, mi hija traía puesta una blusa muy chica y leggings negros súper ajustados, dios mío… ese momento fue único en mi vida… Su vagina se veía tan rica y marcada en esos leggings. A partir de ese momento fue cuando descubrí que ya tenía un problema, deseaba y amaba a mi propia hija, estaba loco por ella y ya no había noche que no me masturbara pensando en ella, así mismo había días en los que le dejaba sus bragas manchadas de semen y las volvía a guardar en su cajón.

    Poco tiempo pasó para comenzar a buscar sus pantys y tangas usadas en su cesto de ropa sucia mientras ella no estaba, las tomaba y olía al mismo tiempo que con otra panty me masturbaba… Enloquecía de ver y oler esas manchas blancas y pronunciadas en sus ropas, me venía sobre ellas especialmente en la parte de sus jugos, inclusive me llegue a preguntar si ya tenía relaciones sexuales o si se masturbaba puesto que su manchado era bastante marcado.

    Un día me marco mi hija y me comentó que llegaría tarde a casa, cosa que yo aproveche para llegar a casa y masturbarme con su ropa mientras dejaba volar mi imaginación y así fue saque todas sus bragas, faldas, tangas y pantalones de yoga sucios de mi hija y me tumbe sobre su cama con toda sus ropas encima de mi cuerpo desnudo y comencé a desearla en secreto, una y otra tanga pasaba por mi nariz y una y otra panty de satín delgada tipo bikini pasaba por mi pene hasta que decidí venirme en su falda escolar tableada azul. allí estaba yo deseoso y excitado con los ojos cerrados y al momento de mi orgasmo abrí los ojos y allí estaba mi nena, viéndome lo que hacía con su ropa, allí parada en la puerta abierta de su habitación con los ojos exhumados y completamente sorprendida… había llegado temprano pues sus planes se cancelaron. El pánico el miedo y la culpa me invadió y no evite llorar de vergüenza y culpa, ante todo, le decía a mi hija entre llanto que me perdonará y que se lo tenía que decir pero que extrañaba y deseaba a su madre, Rocío tomo una actitud sorprendente y me abrazo, me dijo que me amaba y que no le gustaba verme triste, que no pasaba nada y que era normal por la ausencia de mi esposa y su madre, no paso a mayores y nos abrazamos hasta quedarnos dormidos.

    Al día siguiente me prometí a mí mismo que jamás volvería a ver a mi hija con pasión y deseo sin en cambio ahora mi hija comenzó a tomar un comportamiento completamente diferente y que me dificulto mi decisión por completo, comenzó por utilizar más minifaldas, más tangas que cacheteros y compro medias negras y blancas que llegan al muslo y las combinaba con sus faldas tanto escolares como de mezclilla. Un día en el comedor ella me ayudaba a preparar la comida mientras tenía las piernas abiertas y fingiendo no darse cuenta, por supuesto mis ojos jamás se escaparon de su entrepierna, viendo percatarme bien su tanga azul, tan delgado que pude apreciar su vello púbico, se veía muy deliciosa combinando esa tanga y falda tableada tipo escolar con calcetas escolares blancas y mi pene ya a diario en frente de ella estaba erecto incluyendo ese día.

    En una ocasión desde su escuela me mando una foto con su uniforme de bastonera preguntándome como se le veía, la verdad es que estoy perdidamente enamorado de ella que con lo que use se ve divina ante mis ojos, le dije que se veía como una diosa y que teníamos que festejar con cerveza en casa por haber ganado el concurso de bastoneras. Al llegar el día compre cerveza y tomamos juntos mientras convivíamos juntos, ella se emborracho y comenzó a ser muy provocativa conmigo ahora no solo me mostraba su hermoso encaje de su tanga morada bajo su falda escolar y calcetas blancas que yo mismo le compre, con blusa delgada blanca escolar y sin zapatos, ahora hacía que por accidente pasaba a rozar mi verga totalmente erecta para tomar su cerveza y en otras ocasiones me miraba a los ojos muy lascivamente, yo por mi parte no me quede atrás y comencé a acariciarle las piernas por encima de sus calcetas lisas ya llevábamos días así provocándonos… ya una vez bastante tomada mi hija Rocío dijo las palabras mágicas “papá sigo notando las manchas de semen en mis calzoncitos que están en mi cajón de verdad me deseas tanto papá? digo… si quieres puedo prestarte mis calzoncitos húmedos cuando me los quito… yo ante tal situación no sabía que responder y se me puso el pene erecto y le dije que si la seguía deseando y mucho, entonces ella se levantó la falda mostrándome su pantaleta ya mojada aun y ella me pregunto…

    «Papi quieres hacerme el amor, te gustaría cogerte a tu hija?» yo solo reaccione por instinto la tome con violencia le arrebate la blusa y el bra, abriéndola de piernas mientras nos besábamos desenfrenados y cuando ella intento quitarse su deliciosa tanga de encaje yo lo impedí y le dije que no, lo que hice es ponerla en 4 y haciendo de lado su calzoncito metí mi mástil completo y erecto mientras ella gritaba de deseo y entre su excitación y deseo no dejaba de decir «cógeme papito, coge bien a tu hija» yo desenfrenado no paraba de decirle «Te amo mi niña, mi nena, siempre te he deseado mucho amor y cuando no estas no dejo de oler y masturbarme con tu rica ropa interior» allí estaba yo tomándola de la cadera por encima de su falda y mi pene rozando su prenda íntima al tiempo que entraba en su interior, en nuestro éxtasis sexual ella me dijo que usaba las faldas y la ropa íntima que yo le compraba solo para mí para provocarme, me confeso que ella se masturbaba imaginando que yo la hacía mía desde la secundaria, desde que una vez me vio despertando completamente desnudo y con el pene erecto, nunca dejaba de decir que tanto le excitaba mi verga por su tamaño y grosor, ella me monto y note que mi pequeña ya no era virgen pues sabía moverse bien, también me confesó que siempre buscaba novios mayores y que ya no andaba con nadie en serio porque desde que me vio masturbándome se calentó y constantemente se masturbaba pensando en que la haría mía, ella se propuso seducirme así mismo hacerme el amor, y como fuera sería mi mujer.

    Seguimos haciendo el amor, de misionero y no pude dejar de hacerlo me baje hasta su vagina y me bebí todos sus jugos, era un cáliz era deliciosa era una bebida deliciosa el cómo se corría, por fin llegó el momento en que yo llegaría mientras que ella ya iba por su cuarto orgasmo, así arriba de mí, montándome se vino violentamente sobre mí y descubrí algo que me trae muerto de mi niña que ella chorrea y eyacula de una forma deliciosa y exquisita dejando su tanga y su falda escolar completamente mojadas, es el placer más grande que alguna vez tuve en mi vida, yo eyacule violentamente a chorros dentro de ella.

    Terminamos y quedamos dormidos hasta al otro día mi niña me despertó con el desayuno y semi desnuda sólo traía puesto un calzoncito rosa de seda que le había comprado y sus medias negras a medio muslo, me olvide del desayuno y la tome, desayune su concha y lo volvimos a hacer, a ella le encanta el sabor de mi semen, actualmente llevo una dieta rígida para mejorar el sabor y así mismo tomo pastillas para eyacular abundantemente ya que a mi nena le gusta mucho y la consiento en todo, ahora hacemos el amor casi diario, nos amamos, y queremos formar familia en un tiempo. Si alguien está interesado en interactuar deje su correo electrónico para compartir aventuras y referencias.

  • Víspera de Año Nuevo en Australia

    Víspera de Año Nuevo en Australia

    Dos amigas desde la secundaria se encuentran en su treintena, una acaba de cumplir 34 y la otra tiene 33. Ninguna tiene hijos y ambas se ven muy bien. Una se disfrazó de la Mujer Maravilla para el Halloween pasado y la otra no deja de pensar en lo bien que se veía su amiga con ese traje.

    Una de ellas vive en Melbourne, Australia y la otra vive en París, Francia. Ellas intentan verse en la temporada de verano. En Australia esta estación llega en diciembre y termina en febrero, así que para Lourdes son los meses perfectos para huir del invierno europeo.

    Lourdes tiene el cabello negro y sus facciones son similares a las de Gal Gadot, justo por eso decidió disfrazarse de Mujer Maravilla. Mientras que Angie siempre recibe halagos por parecerse a Anne Hathaway y hasta le han preguntado si trabaja como doble de la bella actriz.

    Lourdes escuchaba con obsesión a The Smith y Angie a The Cure, a una le encantaba Michael y la otra era fan de Prince, su amor por los sonidos de los años 80 las unió en el colegio y jamás las separó. En la vida adulta comparten su interés por los viajes, la buena mesa, el vino y los hombres guapos.

    Angie siempre ha visto a Lourdes como una diosa, una mujer con mucho sex appeal y carisma, mientras que Lourdes ve a Angie como la amiga nerd, con una inteligencia sagaz y un sentido del humor negro. Ambas han tenido novios extraordinarios, pero en este momento están solteras.

    En la víspera de Año Nuevo Lourdes le pidió tímidamente un beso a Angie, ambas estaban ebrias y riendo. Angie se acercó al rostro de Lourdes, esperando un pequeño pico, incluso un breve y suave beso si se sentían más atrevidas durante el besito.

    En lugar de eso, la boca de Lourdes se encontró con la de ella y la hizo caer en otra dimensión. Sus labios eran dulces, flexibles, trabajando contra los de ella. Cuando introdujo su lengua, Angie la absorbió en su boca, disfrutando cada pequeño movimiento. Las manos de Angie se deslizaron para acariciar las tetas de Lourdes, algo que había imaginado desde que la vio vestida de Mujer Maravilla en las fotos que publicó en Instagram.

    Angie podría escribir una sinfonía entera sobre las tetas de su mejor amiga. Su piel sensible, su olor a vainilla y sus pezones, pequeños y de color rosa.

    —Oye —dijo Lourdes.

    Al escucharla, Angie levantó la cabeza, desorientada, mirando su cara en forma de corazón. Lourdes lanzó una mirada burlona y le preguntó:

    —¿Dónde está tu vibrador?

    Angie respondió:

    —Está en mi cajón de la ropa interior.

    Lourdes va por él y dice:

    —Mientras me esperas, quítate la ropa interior.

    Angie se muerde el labio y sonríe. Lourdes se pavonea hacia ella, con los pechos moviéndose lo suficiente como para hacerla mojar más. La besa suavemente en la boca y acaricia el espacio entre sus tetas desnudas, baja hasta ponerse de rodillas y muerde suavemente un lado del bikini de Angie mientras lo baja lentamente hasta el suelo.

    —Date la vuelta —ordena Lourdes…

    Y Angie no tiene más remedio que obedecer.

    —No te toques hasta que vuelva —Lourdes dice.

    Unos suaves sonidos atraviesan la lujuria de Angie: un cajón que se abre y se cierra, el arrastre de unos pies con los dedos pintados de color rojo y, finalmente, el zumbido del vibrador. Ahora, por primera vez en toda su vida sexual, siente que se ensancha con anticipación mientras su clítoris se pone rígido, anhelando un dulce alivio.

    —Inclínate — ordena Lourdes… antes de volver a besarla.

    Angie siente que va a correrse en cualquier momento, gracias a la mano fuerte de Lourdes en la parte baja de la espalda, que la guía a una posición particular. Angie solo apoya las manos en el edredón mientras el vibrador zumba.

    —Abre las piernas, Angie —murmura Lourdes.

    Y Angie lo hace, con los pies firmemente plantados en el suelo, con el olor de su deseo y el de Lourdes mezclándose en el aire fresco que entraba por la ventana de la habitación.

    —Ohhh, justo ahí, justo ahí —dice Angie mordiéndose el labio.

    —¿Puedo aumentar la potencia del vibrador? —pregunta Lourdes.

    Angie asiente frenéticamente, abriendo aún más las piernas e inclinándose hacia delante, deseando lo que sabe que será un final muy intenso para esta sorprendente sesión de sexo.

    Pronto froto su clítoris contra la cabeza del vibrador. No puede evitarlo: la acción le da placer de la forma más exquisita y, al mismo tiempo, la hace desear una sensación más fuerte, más rápida, simplemente quiere más. El zumbido la rodea y la sensación la recorre de pies a cabeza, pero sobre todo siente el máximo placer en su interior, las paredes de su vagina se contraen de una manera rítmica y deliciosa.

    Empieza a oír gemidos fuertes y profundos intercalados con gemidos agudos y suplicantes; al principio cree que vienen de Lourdes, detrás de ella, pero luego oye murmullos tranquilizadores: así es Angie, sí, recibe lo que necesitas y se da cuenta de que los ruidos resonantes, orgullosos y exigentes, vienen de ella misma.

    Y entonces todo estalla en estrellas a su alrededor mientras Lourdes maniobra la cabeza del vibrador en el punto exacto. Angie mueve sus caderas con una concentración singular y el objetivo de Lourdes es aguantar el vibrador en esa posición tanto tiempo como Angie se lo permita.

    Los gemidos de Angie son salvajes, sus sentidos se despiertan y cada célula hormiguea mientras grita su llegada al clímax, el zumbido se amplifica en sus oídos hasta que solloza de placer y se calma en un suave ronroneo.

    Así recibieron el año nuevo y minutos después decidieron escuchar a todo volumen la canción que dice “las amigas que se besan son la mejor compañía”.

  • Primer acercamiento a mi cuñada

    Primer acercamiento a mi cuñada

    Han pasado casi dos meses desde el primer roce intenso con su piel.

    En esa ocasión Cecilia de forma un tanto inocente se acercó a mí platicando de cosas de los niños en tanto yo sacaba unos trastes de la alacena y noté que se frotaba los brazos fuertemente.

    -¿Tienes frío? Pregunté

    -Sí, contestó Ceci

    Sin pensarlo mucho dejé lo que hacía en la cocina, me viré y froté sus brazos

    -Tus manos están calentitas, cuñadito, comentó en tanto se acercaba más a mí

    Ya sintiendo que la agradaban mis manos sobre su piel, aproveché la cercanía y la pegué más a mi pecho y con ambos brazos la rodeé para procurarle calor.

    -Mm así se siente mejor, cuñadito, refirió

    Estuvimos así abrazados casi 2 minutos cuando de repente la puerta de la habitación donde su hija y mi hijo veían televisión se abrió súbitamente. No hacíamos nada malo, pero en el acto se separó de mí y disimuló tomando un paquete de cereal y buscando dos pequeños platos para servirles un poco.

    Sin decir más nada, continué con mis quehaceres.

    Esa mañana, Carmen, mi esposa; me informó que por la tarde irían mi sobrina y mi cuñada a ver películas con nosotros pero que ella tendría que salir a ver un pendiente.

    Por supuesto yo no podía desaprovechar la oportunidad de tener a mi cuñada sola, en mi casa, por lo menos para disfrutar con mayor tranquilidad verla caminar, sonreír y conversar conmigo; sin la mirada escrutadora de mi esposa; y le dije que estaba bien, que con gusto las atendería en su ausencia.

    Tras el abrazo más cálido y prolongado que le había dado a mi cuñada en años de conocerla desde que inicié mi noviazgo con su hermana, debo reconocer que me sentía como adolescente después de su primer beso; enamorado, ansioso, feliz y por supuesto, muy excitado.

    Sirvió el cereal y regresó a la habitación con los niños.

    Al terminar lo que hacía ingresé igual a la habitación. Ahí estaba, tendida sobre mi cama bien arropada por el frío, a su costado mi sobrina y mi hijo, disfrutando una película infantil.

    Tomé mi lugar al otro extremo de la cama, el único espacio que quedaba y extendí sin mayor intención la mano izquierda. Al hacerlo, mi mano quedó sobre su cabeza y decidí probar un poco mi suerte y empezar a acariciar su cabello.

    ¡Cuál sería mi sorpresa al ver que sin mirarme ni decir nada, se movió para quedar más cerca de mi mano!

    Aproveché la oportunidad y bajé mi mano a su rostro, acariciando también sus mejillas y orejas.

    Volteó en algún momento, me sonrió y así con mis caricias, cerró los ojos y se quedó profundamente dormida.

    Una hora después, terminó la película, mi esposa aún no regresaba a casa y ya era hora de adormecer a los niños.

    Los cambié de ropa, vi que se lavaran bien los dientes, los acosté en su cama en el cuarto de mi hijo, les di las buenas noches y me retiré.

    En mi cama, seguía durmiendo tranquilamente mi cuñada.

    Me acerqué sigilosamente a su rostro y le di un dulce beso en la mejilla.

    Al tiempo susurré “dulces sueños”

    Su respuesta, una hermosa sonrisa de esos labios que moría por besar.

    Salí de la habitación pensando qué hacer, si trataba de despertarla y provocar un nuevo acercamiento o qué podría funcionar, cuando de repente escuché que se abría el portón eléctrico. Mi esposa había regresado y era tiempo de retomar mi papel de buen esposo, padre y cuñado.

    Al entrar mi esposa, su plática y alto volumen de voz despertó a mi cuñada. Salió de la habitación con una sábana cubriendo todo su cuerpo y se sentó a platicar con nosotros. Tomó un café y se dirigió al cuarto de los niños a continuar su sueño.

    Entré al cuarto con mi esposa pensando en Ceci y eso me mantenía con una erección.

    Mi esposa lo notó y aunque venía de estar con un corneador por más de dos horas, me bajó el short y empezó a hacerme un delicioso oral hasta que en cuestión de minutos exploté en su boca.

    Sí, soy cornudo consentido desde hace 7 años y mi esposa coge libremente con sus amigos desde entonces.

    Me levanté para lavarme el semen que había chorreado, y también mi esposa para lavarse los dientes.

    Regresamos a la cama y nos dormimos profundamente.

  • Vámonos de vacaciones

    Vámonos de vacaciones

    Después de tener unos juegos de las llaves, mi esposa y yo decidimos irnos de vacaciones a la playa toda una semana, necesitábamos un descanso y ocupábamos ir a recargar pilas. Decidimos irnos en el automóvil salimos de la casa un lunes, nos pusimos ropa cómoda y ya en carretera, mi esposa llevaba un vestido muy corto por lo que manejando comencé a masturbarla y pude disfrutar mucho meterle los dedos y escuchar sus gemidos y ver como mojaba el asiento del carro cada vez que tenía un orgasmo, ella no se quedó atrás, yo me baje el short y comenzó a darme una buena mamada, pero ella no dejo que yo mojara el asiento y se tragó todo el semen que me salió me dejo buen exprimido el pene, después de 6 horas de viaje llegamos al hotel donde nos registramos y nos asignaron nuestra habitación, llegamos al cuarto desempacamos y nos dirigimos al restaurante a cenar y nos tomamos unos tragos para irnos a dormir ya que estábamos cansados por el viaje.

    A la mañana siguiente desayunamos y pasamos bebiendo en la alberca todo el día, hasta que llegó la noche y nos fuimos a bañar para ir al bar del hotel, estando en el bar comenzamos a bailar y beber, ya estando algo tomado empecé a notar que el que servía las bebidas cada vez que le daba la bebida a mi esposa le agarraba la mano y le daba pequeñas caricias en sus brazos, no le puse importancia por qué pensé que estaba viendo cosas que no eran por lo borracho que me estaba poniendo, lo que si era que mis bebidas si estaban algo cargadas.

    Ya como a las 3 am me dijo mi esposa que si íbamos al cuarto que ya me notaba algo tomado y que nos fuéramos a descansar, ella estaba un poco tomada pero no más que yo. Para esto entre mi borrachera yo recuerdo que mi esposa llevaba puesto un short cachetero, blusa blanca, calzón negro y brasier negro. Llegamos al cuarto y yo estaba mareado, ella me dijo ya hay que dormirnos. Después de un rato entre mi borrachera vi que mi esposa se estaba bañando, pero la verdad estaba algo noqueado y era como si nomas recordara por partes.

    Ya en la mañana cuando estábamos acostados le pregunté:

    Y: amor por qué te metiste a bañar

    Ella algo nerviosa y dudando dijo:

    E: acuérdate que hicimos el delicioso y me dejaste llena de leche por todos lados

    Y: de verdad? No recuerdo nada

    E: si, la verdad la pase muy bien

    Yo no recordaba eso, así que comencé a sospechar que me mentía.

    El día paso, salimos un rato a nadar a la playa, después a la alberca, cenamos y nos dirigimos al bar otra vez, ya que teníamos todo incluido y podíamos comer y beber gratis todos los días.

    Esta vez mi esposa llevaba un vestido floreado que le quedaba muy corto, apenas le cubría sus nalgas, llevaba puesta una tanga de hilo con manchas negras, unos huaraches de piso y nos fuimos al bar, nos atendió el mismo joven de ayer Martin se llamaba, pedimos dos tragos y noté que el mío estaba demasiado cargado, por qué después que le di un trago a mi bebida, probé el de mi esposa y estaba muy ligero. Dije tal vez por ser mujer se lo da algo leve, pero volví a ver como le acariciaba sus brazos y tocaba sus manos, también veía como mi esposa bailaba y se daba vueltas y dejaba al descubierto medía nalga y el mesero todo veía y se saboreaba, así pasamos toda la noche, ya casi al último me hice un poco el borracho y mi esposa comentó que nos fuéramos acostar, llegamos y nos acostamos, me hice el dormido y después de unos 20 minutos mi esposa se levantó y vi como se estaba poniendo un conjunto de lencería rojo y después se puso el vestido que traía.

    Salió de la habitación, y me puse a seguirla, se fue rumbo al bar, donde ya estaba todo apagado por qué el bar lo cerraban a las 3 am, pero mi esposa siguió y se metió en una puerta que estaba al fondo, dejo la puerta entre abierta, llegue y me asome y ahí era la bodega de las bebidas, había una mesa y varias sillas, ahí se encontraba Martin.

    M: pensé que no ibas a venir preciosa

    E: no iba quedarte mal, pero mi esposo no se dormía, pero ya estoy aquí

    M: a ver baila como hace rato quiero ver cómo mueves ese culo y como se te levanta el vestido

    Mi esposa empezó a bailarle y se le notaban sus nalgas y su calzón rojo, Martín comenzó a tocarle las piernas y las caderas, le levantó el vestido y comenzó a besarle su panza, le comenzó a bajar su calzón y le besó las piernas, después la tomó de la cintura, la cargo y la acostó en la mesa para empezarle hacer sexo oral, mi esposa le agarraba la cabeza y la empujaba más a su vagina, ella gemía y se retorcía de placer, Martín metió dos dedos a la boca de mi esposa y ella comenzó a mamarlos, solamente dejaba de mamar cuando gritaba de placer. Yo quería entrar a interrumpir pero quería ver hasta donde era mi esposa capaz de llegar y a la vez verla me estaba excitando, después de comerse la vagina de mi mujer y de haberla hecho tener varios orgasmos, se comenzó a desvestir hasta quedar desnudo y posteriormente sentarse y que mi esposa ya toda húmeda se sentara en su pene, al momento que lo comenzó a introducir, pude ver la cara de felicidad de mi mujer, comenzó a quitarle el vestido y su brasier, le mamo las tetas a más no poder y mientras ellas brincaba, gritaba y disfrutaba, Martín volvió a meter los dedos a la boca de mi esposa y después de un rato, bajo su mano y le dijo a mi esposa que se moviera lentamente y ya con sus dedos lubricados comenzó a metérselos por el culo, mi esposa pegó un grito algo fuerte pero eso sonó a placer, echo su cabeza para atrás y siguió moviéndose hacia arriba y abajo, el no sacaba los dedos de su culo y con otra mano le pegaba de nalgadas, él le dijo que ya iba a venirse que se quitara para venirse fuera de ella, a lo que ella le dijo que no, lo abrazo del cuello y siguió moviéndose hasta que el termino y a lo que escuché y vi ella también termino. Estaban todos sudados y ya había pasado algo más de una hora y media.

    E: ya me tengo que ir para que no sospeche nada mi esposo

    M: prométeme que mañana vas a venir, quiero darte por el culo

    E: te lo prometo, pero cierra el bar más temprano para tener más tiempo.

    M: muy bien lo cerraré a las 2 de la mañana

    Salí corriendo al cuarto para que mi esposa no me viera, cuando llegó ella al cuarto yo ya estaba en la cama haciéndome el dormido, ella iba al baño.

    Y: mi amor donde vas

    E: me dieron ganas de hacer del baño, ahorita voy

    Llegó a la cama y la muy zorra, me dijo que estaba caliente que si podíamos hacer el amor, sin más que decir se montó encima de mi, su vagina estaba demasiado húmeda y aún venía muy caliente por qué gritaba y gemía demasiado, después de un rato de estar montada y haber terminado se bajó y dijo que nos durmiéramos que ya era algo tarde, la muy perra tenía la leche de los dos en la vagina y ni siquiera se bañó.

    Dormimos y al levantarnos le dije que íbamos hacer ese día, y me dijo que pues ir a un tour y después al bar, yo le comenté varias veces que si íbamos a un bar externo al del hotel y ella dijo que para qué gastábamos tomando si en el bar del hotel eran gratis. Y así pasó la noche hasta que llegó la hora de la madrugada, Martín le hizo caso y cerró a las 2 de la mañana. Y volví hacer lo mismo de la noche anterior, la seguí hasta el misma bodega de ayer, sorpresa mía fue que ahí estaba Martin y el que estaciona los carros se llamaba Carlos porque así se lo presentó Martin.

    Mi esposa al principio estaba algo cohibida, pero la comenzaron a besar y a tocar y ella fue accediendo, Carlos la acostó en la mesa y comenzó a hacerle sexo oral, mientras que Martin se sacó su pene y lo introdujo a la boca de mi mujer para que comenzara a mamársela, no la dejaban respirar entre la mamada que estaba pegando, el sexo oral que le estaban dando y sus gemidos se notaba como se le acababa el aire, Martín terminó en la cara de mi mujer la baño toda de leche, cuando recién termino mi esposa le reclamo, pero él no le hizo caso sólo sonrió, yo estaba afuera con una enorme erección que viendo todo eso comencé a masturbarme, estando acostada Carlos la puso a la orilla de la mesa, subió sus piernas al hombro y comenzó a bombearla con mucha fuerza, se podía escuchar hasta afuera como chocaban sus huevos con nalgas y mi esposa gritaba, Martín mamaba las tetas de mi esposa mientras se le volvía a parar, Después que termino Carlos, así mismo la agarro Martin y siguió dándole duro, mi esposa gritaba que ya pararan que ya de tener varios orgasmos sentía que sus piernas no le respondían, Carlos comenzó a besarle las piernas de mi mujer y le chupaba los dedos de sus pies, yo me retorcía queriendo entrar a parar esa carnicería.

    Después que termino Martin.

    M: bájate de la mesa

    E: no me responden las piernas

    M: solo quiero que te bajes y porque te queremos dar por el culo, te acomodaré de tal manera que quedes acostada en la mesa

    Cuando se bajó de la mesa le salía leche y le escurría por sus piernas y caía gran cantidad al suelo, le comenzó a manar el culo Martin para después darle duro, mientras le daba por el culo le daba tremendos jalones de pelo y unas nalgadas muy fuertes que soñaba hasta a fuera, los gemidos de mi esposa eran de gran placer por que los disfrutaba mientras le daba por el culo ella se metía los dedos a su vagina, cuando acabo Martin, en cuanto se despegó de mi esposa brinco Carlos y le comenzó a dar, mi esposa dijo:

    E: despacio que está más grande la tuya y me duele, des des despacioo, ayyy ay me duelee

    C: vamos perra aguantalaaa

    E: yaa yaa paraaa que me duele me dueleee.

    C: ya casi termino perra

    Después que termino Carlos, del ano de mi esposa brotaba leche parecía un volcán, pero ella seguía acostada en la mesa y sus piernas se veía como temblaban.

    M: vamos ya vístete que nos tenemos que ir

    C: yo ya me voy que tengo que está en mi puesto de trabajo

    Antes de irse Carlos le dio unas nalgas.

    C: que rica estás, me llevaré estos calzones de recuerdo

    Martin la comenzó a besar y a tocar.

    M: quisiera seguir pero es momento de marcharme

    Antes de que salieran me escondí y vi como se retiraban, mi esposa se quedó vistiéndose, a lo que yo me fui al cuarto, cuando ella llegó al cuarto no dijo nada y se metió a bañar, no dijo nada y se durmió. Los días siguientes ya no hizo nada por qué comenzó a estar en sus días y comenzó a sangrar, según ella yo no me di cuenta de nada, lo único que sirvió que anduviera en sus días fue que ya no se fue de zorra y me dejo darle por el culo las noches anteriores. Después de esas vacaciones volvimos a la ciudad.