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  • Los celos (Parte I)

    Los celos (Parte I)

    El encuentro.

    Eran las cinco de la tarde, había estado deambulando por el paseo de Gracia, con el único objetivo de que llegara la hora acordada , hacia un mes que intentaba hablar con ella, sus respuestas siempre eran las mismas: «no estás preparado para escuchar » , «es demasiado pronto para que asimiles todo lo que te tengo que contar», por fin había llegado el día, quedamos en nuestro bar preferido; al final de las Ramblas cerca de la estatua de Colón se encontraba el Mar Mediterráneo, con vistas a la playa de la Barceloneta. Llegué antes de la hora cansado de caminar, una cerveza refrescaba mi garganta seca, rodeado de parejas achuchándose en las mesas, no hacía otra cosa que mirar mi teléfono, buscaba algún mensaje suyo anulando aquella cita.

    A pesar que hacia una tarde de verano, tenía un frio extraño, y un estremecimiento recorría todo mi cuerpo, de vez en cuando miraba hacia la puerta deseando verla aparecer e intentaba recordarla como vestía la última vez, pero mi mente mezclaba imágenes de los cinco años.

    – ¡Carlos!

    Había venido , su melena había sufrido un drástico corte de pelo, se podía ver que una parte de su cuero cabelludo aparecía rapado dejando una pequeña cresta en la parte central, no se parecía en nada a la Lola profesora de derecho en la universidad, un pequeño collar de cuero negro le rodeaba su maravilloso y largo cuello, vestía una mini falda junto a una camisa blanca, unos botines de tacón que la hacían más alta si cabía, sus metro setenta y cinco, podían darle tranquilamente para ser una modelo.

    -¡Lola! -Dije saliendo de mi letargo, una sonrisa cómplice asomo en sus labios, dos besos en la mejilla sirvieron de excusa para poder sentir su rostro nuevamente, su perfume, su perfume había cambiado, algo dentro de mi percibió que era una completa desconocida. Sé sentó en la silla cruzando sus piernas, mis ojos instintivamente recorrieron sus largas piernas, un botín se balanceó durante un segundo como si con ello comenzará a marcar el tiempo.

    -Bueno, aquí estoy.- Parecía que me estaba retando.- ¿Qué quieres Carlos ?.- Se notaba cierta tensión en su postura, por mucho que hubiera cambiado sus tics eran los mismos, una mano se acarició su oreja derecha signo de los nervios.

    Iba a hablar cuando apareció el camarero, Lola le sonrió, aquella sonrisa la conocía muy bien, una sonrisa de: sé que te gusta lo que ves pero no se toca, el joven intentó disimular mirando de soslayo a quien creía que era su pareja.

    -Una cerveza negra, americana si puede ser, gracias.

    Me sorprendió pues jamás la había visto tomar cerveza negra, decía que tenía demasiado cuerpo.

    -¿Cómo estás?- Había ensayado un montón de frases para decirle, pero en aquel momento la única que me vino a la mente fue esa.

    -Bien, ¿y tú?-Su mirada era fuerte, junto a su rasurada melena hacía que me hundiera en mi silla.

    -Voy tirando… más o menos.

    -¿Qué quieres Carlos?-Dijo descruzando sus piernas para apoyarse en la mesa con los codos, me tenía atrapado en el rincón del ring, no sabía cómo comenzar aquella conversación, cada palabra era como un gancho de izquierda directamente a mi mandíbula.

    -¿Por qué? ¿Cómo?- Intente devolver el golpe.

    -Parece mentira que me preguntes, cuando esas mismas preguntas te las deberías hacer a ti mismo.

    -No fui yo el que se fue.- Algo de mi luchaba por mantenerme de pie esperando la campana que diera el final del primer asalto.

    -No, tienes razón, pero sí que fuisteis el que me empujó a hacerlo.

    -Yo jamás… -El joven camarero dejó una cerveza negra acompañada de unos frutos secos encima de la mesa, hecho una mirada furtiva, esta vez intentando ver los pechos de Lola, eso era otro de sus atributos, pechos grandes acompañados de dos pezones negros rodeado de unas maravillosas aureolas, a su camisa blanca le faltaban tres botones por abotonar más a Dresde que olvidados, provocativa pero sin provocarlo, natural como la vida, desde la perspectiva del camarero podría ver parte de el sujetador o incluso con un poco de suerte algo más.

    -Yo jamás te empujé a eso.- Dije una vez que el camarero nos devolvió la privacidad.- Como puedes decir que te empujé a que me abandonaras, no, no te excuses en eso.

    Mi rabia contenida comenzaba a salir, había conseguido salir del rincón para llevar a mi contrincante de nuevo al centro del ring, se quedó mirándome durante unos segundos, ¡Dios! como amaba esa mirada, negó con la cabeza y de nuevo su sonrisa de desdén hizo que temblara el suelo que pisaba, conocía esa sonrisa y no presagiaba nada bueno.

    – Ves, no estás todavía preparado y no sé si alguna vez lo estarás, pero creo que hoy definitivamente tenemos que zanjar este asunto, después cada uno se irá por donde ha venido y continuará con su vida, ¿estás dispuesto a escuchar? – Aquello habían sido dos ganchos de izquierda seguidos a mi línea de flotación.

    -Sí, claro que estoy dispuesto a escuchar, siempre lo he hecho.- Intentaba zafarme de aquellos golpes.

    El comienzo.

    – Todo comenzó en la fiesta de cumpleaños de tu padre; espero que ellos estén bien, aquel día te comportaste como un crío de quince años.

    Me vino a la mente ese día, Lola llevaba un vestido blanco con sandalias de tacón, habíamos ido a la playa el día anterior y su piel estaba morena haciendo que resaltará con el color de su vestido, nada más entrar en casa de mis padres pude percibir los ojos de mis cuñados clavados en ella, ella jamás le daba importancia a esos detalles pero para mí era como si me la quisieran quitar y permanecía atento a todos sus movimientos.

    – ¿Qué se supone que pasó? – Dije tragando saliva, de sobras sabía lo que había sucedido.

    -Todo el día estabas encima de mí, podía verlo en tus ojos, tus contestaciones a Paco y Xavier, son tus cuñados ¡joder! -Lola había vuelto a apoyarse en el respaldo de la silla, sus piernas volvieron a cruzarse dándome la oportunidad de adivinar el color blanco de su fino tanga.

    -¿Te parece normal como te comportaste?- Dije imitando su postura.

    – ¿Yo?, ¿qué coño dices?, no pasó nada, a ver si por fin lo entiendes, si, me miraron, si, coqueteaban conmigo, pero por dios ¿Qué crees que iba hacer yo? , ¿Follármelos? ¿Eso es lo que crees?, creo que te dije mil veces que tú eras mi hombre, que jamás podía existir otro, mil y mil veces más te digo que nunca hubo otro y ni siquiera lo busqué.

    Necesitaba esa maldita campana, sentarme en mi rincón y que me pincharan los párpados inflamados de tantos golpes recibidos, no podía ver nada más que las imágenes de aquel día, todo comenzó ahí, estaba guardado en algún rincón de mi mente agazapado, sin dejarse ver, quizás fui yo mismo quien lo guardó bajo siete llaves para no culparme.

    -Si Carlos, ese día marcó nuestra caída al precipicio, ¿recuerdas cómo te comportaste delante de tu familia?, nos tuvimos que ir antes por qué la situación se volviera violenta, tus padres siempre se portaron muy bien conmigo y no se merecían el escándalo que por culpa de los celos de su hijo estábamos dando. Helena me llamó preguntándome qué diablos te pasaba, y no pude decirle que lo único que tenías eran celos, me callé y te excusé, tuve que mentirle ¡por Dios!, a tu propia hermana, mi amiga Carlos.- Lola giraba la botella sobre la mesa a la vez que hablaba fruto de la ansiedad que tenía.

    Las imágenes de ese día golpearon mi cuerpo como latigazos, me enfrenté a mis cuñados e incluso increpé a mis hermanas que no comprendían lo que me estaba pasando, le dije a Lola que nos fuéramos, durante el trayecto permanecimos callados, recuerdo que las lágrimas de Lola mojaron su precioso vestido blanco mientras que yo lo único que hacía era sujetar el volante con todas mis fuerzas, intentando no gritarle, controlando la ira, los quince minutos de trayecto se hicieron eternos, en ningún momento pensé en ella, solo quería llegar a casa lo antes posible, suponiendo que allí era mi refugio, allí pasaría página y volveríamos a hablar como dos amantes olvidando el mundo exterior, pero no fue así, Lola se encerró en el cuarto pasando el pestillo, no íbamos a hablar, esa noche sería imposible entablar una conversación que no incluyera insultos.

    -Sabes que fui yo la que hizo todo lo posible por arreglarlo.- Lola había terminado su cerveza, levantó la mano al joven camarero pidiendo otra, el joven al ver su gesto asintió con la cabeza, quise descubrir cierto brillo en sus ojos al ver que tenía la oportunidad de volver a repasar a Lola de cerca.

    -Sí, el crucero, el famoso crucero.

    Después de aquel día estuvimos quince días sin hablarnos, hicimos por no coincidir, Lola se marchaba antes de que yo me levantara y volvía justo para ducharse y acostarse, se podía notar en el ambiente que las cosas estaban empeorando, hasta que un domingo mientras tomaba un café escondido detrás del periódico sin leer, sentí como puso dos pasajes de un crucero encima de la mesa.

    – ¿Lo quieres arreglar o te vas a dar por vencido? -Dijo al ver como sacaba la cabeza de detrás del periódico.

    Ese momento hizo que un escalofrío recorriera mi cuerpo, Lola mirándome con sus ojos llenos de ternura, su ligero pijama de verano dejaba ver su cuerpo casi desnudo, le sonreí asintiendo con la cabeza, se agachó y nuestras bocas se fundieron, necesitaba beber de sus labios eran como un manantial en mitad del desierto, me levanté y la cogí en brazos y la lleve a la cama, es verdad lo que dicen que el mejor polvo es el de una reconciliación, la tumbé y durante unos segundos me quedé de pie mirando su cuerpo, redescubriendo, sus manos no tardaron en despojarse de su camiseta de las cuales salieron sus dos grandes pechos; ¡Dios!, que visión me estaba regalando.

    Comencé a besar sus piernas recorriendo con mi lengua toda su largura, una vez en la encrucijada sus piernas se abrieron como flor en primavera, podía oler su sexo, sentía su llamada esperando mis labios, deslicé dos dedos entre el costado encontrando la humedad de su sexo, sus manos acariciaban mi pelo, jugando a hacer remolinos, volví a besar cada centímetro de sus piernas mientras mis dedos jugaban con la humedad de sus labios vaginales, podía sentir la agitada respiración de Lola, tenía los ojos cerrados a la vez que sus manos jugaban con sus pezones, su fino pantalón descendió a través de sus piernas hasta sacárselo por sus pies, no pude aguantar la visión de su vagina, el fino vello intentaba ocultar su clítoris ya hinchado, decidí que era hora de beber de esa fuente, mi lengua comenzó a recorrer primero los labios mayores sin dejar de morder aquel botón, las piernas de Lola luchaban contra la lengua invasora, sus gemidos ya no eran disimulables, sentía aquella humedad llenando mi lengua, fui subiendo, su ombligo, sus dos pezones su boca, Lola probó sus propios fluidos.

    -Fóllame ya…por favor. -Susurró a mi oído.

    La humedad de su vagina hizo que entrará en ella sin ningún problema, fue puro amor, solo buscaba llenarla de mi, que recordara que yo era el único que podía amarla.

    Cruzó sus piernas sobre mi espalda haciendo que me fuera imposible salir de ella, no podía dejar de besarla sintiendo como nuestras respiraciones formaban un dúo, sus uñas arañaban mi espalda convirtiendo el dolor en un placer extremo, me vine llenándola por completo, la lágrimas recorrieron su rostro.

    -No lo vuelvas a hacer, jamás vuelvas a repetirlo, te amo, ¿entiendes? TE AMO.- Sus palabras salían entrecortadas.

    – Te lo prometo.- Fue lo único que pude decir, tenía un nudo en mi garganta que me estaba ahogando, no me la merecía, no me merecía a aquella mujer.

    Pasamos un mes maravilloso, solo hablábamos del crucero, de las excursiones que haríamos y de las que no, ella quería visitar Sicilia, siempre le gustó Italia, a mí la verdad es que no me importaba siempre y cuando estuviera con ella, compramos ropa para salir a cenar y bañadores nuevos a pesar de tener bañadores en abundancia; Es como un comienzo dijo Lola.

    El crucero era por el Mediterráneo, la primera escala fue en Mónaco, alquilamos un descapotable cosa que a Lola en un principio no le gustó, decía que le removía tanto el pelo que haría que le entrara dolor de cabeza, pero a los pocos kilómetros se olvidó y disfrutó el aire entrando limpiamente en su cara, estaba preciosa ¡Dios! , tengo la foto grabada, su melena al viento, el bronceado brillante de su piel y el tacto de su mano sobre mi pierna, reservamos en uno de los mejores restaurantes de Mónaco olvidando que quizás nos tuviéramos que apretar el cinturón una vez regresamos a Barcelona, pero todo valía si era para unirnos.

    Todo cambió al día siguiente, habíamos vuelto muy tarde de Mónaco, la verdad es que yo acabé reventado entre el exceso de bebida y que Lola se empeñó en recorrer todo Mónaco sin dejar hueco sin ver, a la mañana siguiente me desperté solo en el camarote, una nota en la mesita.

    Estoy en la piscina, estabas tan a gusto durmiendo que me sabía mal despertarte, si te levantas pronto desayunamos si no tranquilo.

    Te quiero.

    Al ver la nota miré el reloj, eran las doce y media, me duché y salí a buscarla, el barco caminaba hacia el siguiente puerto, Sicilia, normalmente llegábamos a la noche, las excursiones comenzaban a las ocho de la mañana, Lola llevaba un mes pensando en Sicilia quizás aquel crucero era por Sicilia, al llegar a la zona de piscinas comprobé que estaba a rebosar de gente, el calor hacía que todo el mundo acudiera a la zona de aguas, miré a mi alrededor buscándola, no la encontré por ningún sitio, maldecía no haber cogido el móvil, me dirigí a uno de los bares que había, no sé el porqué pero mi mente empezaba a dudar de Lola, intentaba vencer a esa voz que me decía cosas extrañas e intentaba mirarlo de distinta manera, la suerte me acompañó pues al llegar una pareja dejo un hueco en la barra cosa que aproveché para sentarme, después de volver a repasar la piscina y alrededores buscando a mi mujer sin suerte decidí intentar dejar mis pensamientos a un lado, un camarero moreno con acento cubano me sirvió una cerveza bien fría.

    Ya iban tres las cervezas que había tomado con el estómago vacío, la parte negativa de mi mente había vencido, se me pasaron un montón de ideas la cual peor que la anterior, eran las dos cuando pude ver a Lola andando entre dos chicos, fue como un golpe en el estómago, creo que incluso se nubló mi vista, sentía la botella en mi mano la cual apretaba y gracias a que no tengo la suficiente fuerza, sino hubiera estallado en mi mano, Lola me vio y por la cara que puso sé que adivinaba lo que estaba pasando por mi cabeza, se detuvo y algo les dijo a los chicos los cuales disimuladamente miraron en mi dirección , se despidió de ellos y continuó en mi dirección, su cara intentó mostrar tranquilidad, pero bien sabía que algo iba a pasar.

    – Por fin dormilón.- Dijo lanzándose a besarme en la boca.

    – ¿Quiénes son?- No pude reprimirme.

    -¿Quién?- Se notaba que estaba ganando tiempo mientras buscaba la respuesta.

    – Esos dos Lola.- Dije separándola de mí con brusquedad.

    – No empieces Carlos.

    – No empiezo nada Lola, simplemente me gustaría saber quiénes son los dos tipos que se pasean con mi mujer, creo que es lo normal, ¿no crees? -Sentía la presión de mi mano sobre el botellín de cerveza; ¡Dios! que ciego estaba.

    – Son Antonio y Pedro, ¿contento?, simplemente hemos coincidido en la zona de olas, nada más.

    – ¿Nada más?- No pude evitar el tono irónico.

    – Nada más, tú mismo, me voy a bañar puedes hacer dos cosas, seguir con tu cerveza SOLO o venir conmigo y divertirnos.- Su cara reflejaba enfado y hastío.

    – De momento me tomaré la cerveza.- No quise dar mi brazo a torcer. ¡Idiota!

    – Tu mismo.- Dijo dejándome en aquella maldita barra de bar, sus caderas se balanceaban como demostrando que era lo suficiente mujer como para no depender de mí.

    La perdí de vista pero en ese momento me dio igual, si el barco hubiera estado atracado habría salido corriendo sin mirar hacia atrás, recorrí el barco toda la tarde a la vez que repasaba la conversación con Lola, palabra por palabra, una parte de mi decía que había hecho lo correcto mientras la otra parte decía que era un imbécil; sobre las ocho decidí volver al camarote, me ducharía y esperaría a Lola.

    – ¡Por fin! -Dijo Lola al verme entrar en el camarote, vestía unos finos pantalones azul cielo, su camisa sin mangas dejaban ver el bronceado de sus brazos.

    – Hola.- Mis palabras eran heladas, todavía mi orgullo dominaba mi mente. ¿Es que acaso me esperas?- Sentí que había lanzado un golpe bajo.

    – No, la verdad es que no te esperaba, sabes… mejor si esta noche vamos por separado… ¿no crees?, total soy una guarra, pues no te preocupes quizás haga algo para que por lo menos puedas acertar. -Lola se levantó, recogió sus zapatos de tacón y un portazo selló nuestra despedida.

    Me maldije mil veces, estuve por salir en su busca pero algo me detuvo, sabía que una vez traspasaba la línea Lola necesitaba espacio para calmarse, aquella noche me duché sintiéndome culpable, decidí salir a cenar unas hamburguesas deseando cruzarme con ella, pero no hubo suerte y lo único que hice fue acompañar mis hamburguesas con demasiadas cervezas, a las doce llegué a mi camarote intentando que no se notará el exceso de alcohol, ya estaba durmiendo con lo cual ese día todo estaba dicho, a la mañana siguiente amaneceríamos en Sicilia, esperaba que nos volviera a unir.

    He decidido ir a Sicilia sola, creo que tienes muchas cosas en que pensar, nos vemos esta noche.

    Lola.

    Me quede de piedra, ni siquiera se había despedido de mi, repetí las palabras de la nota una y otra vez en mi cabeza, descubrí la ausencia de «te quiero», ¿qué significaba eso?, miré mi rostro reflejado en el espejo del camerino intentando no pensar, respiré hondo para relajarme pero lejos de eso mi cabeza decidió lo contrario, me vino a la mente los dos jóvenes que había visto con ella , tenía que encontrarlos, jamás pensé que podían haber bajado solos, no necesariamente tenían que acompañar a mi mujer, por otro lado me venía la idea de que si la veían sola quién iba a dejar de intentar estar con ella, no estaba su marido y tenían todo un día entero en una ciudad que no los conocía nadie, ¿quién podría negarse a ese juego?, salí de mi camarote recorriendo cada rincón del barco, deseaba encontrarlos e incluso si los veía me tomaría unas cervezas con ellos, sabía que si los veía todos mis demonios desaparecerían era mi último aliento, prácticamente el barco se había vaciado quedando algunas familias y sobre todo gente mayor a la cual no le interesaba visitar Sicilia, no sabía qué hacer, decidí bajar a puerto caminaría por las calles más turísticas y con un poco de suerte la encontraría, hablaría con ella, no podía ser tan malo seguramente se haría la dura pero al final cedería y todo quedaría atrás.

    A las diez estaba de vuelta, me había pasado todo el día como un loco buscándola, un simple bocadillo había sido todo lo que había comido, al final decidí volver al barco y esperarla en el bar de la piscina, otra vez la cerveza me dominó y mi mente volvió a jugarme una mala pasada, la veía acompañada de aquellos jóvenes, riéndose del pobre marido que se había quedado en el barco como un simple cornudo, era imposible que no hubieran intentado llevarse a Lola a algún rincón donde no los pudieran ver, ¿y Lola ?, ella se había hartado de él, ya se lo había dicho, era tonto si no lo había entendido» haré algo para que puedas acertar», sería una forma de vengarse de mí, unos cacahuetes acompañaban a las cervezas, mi estómago estaba vacío prácticamente no había comido nada en todo el día pero me era imposible poder tragar, quizás ni siquiera hubieran salido del barco, podían haber pasado el día allí mismo, pero no era posible lo había revisado por completo, a no ser… que estuvieran en un camarote, sería una manera de disfrutar con ella, nadie los podía ver y yo seguramente habría bajado, Lola sabía que no me quedaría encerrado en el barco, más sabiendo que ella no estaba, abrían pedido comida para poder continuar disfrutando de ella, era una oportunidad demasiado buena para los dos, podría con ellos de sobras, otra cerveza y otra, mientras imaginaba escenarios, un hotel de mala muerte, escondidos en algún jacuzzi, todo eran imágenes que me herían en lo más profundo de mi ser, a las tres de la mañana conseguí llegar a mi camarote, la cabeza me daba vueltas, necesitaba bajarme de aquel barco, una parte de mi seguía culpándome de lo sucedido estaba dispuesto a pedir perdón por ser un imbécil que no se merecía a su mujer, ella era mucho mejor que yo, todo lo sucedido había pasado por no poder ser un hombre, al abrir la puerta encontré el camarote vacío, no había rastro de Lola, lo revise mirando en el lavabo sin éxito, ¿dónde estaba?, eran las tres de la madrugada hacía mucho tiempo que todo el mundo había embarcado no era posible que se hubiera quedado en tierra, me hundí en aquel camarote «me ha abandonado». Lola se había ido, ni siquiera lo había intentado, podríamos haber hablado seguro que lo hubiéramos solucionado, pero quizás eso era lo que ella no quería, seguramente esos dos jóvenes le daban más que yo, tonto de mí, me había dejado convencer por una mujer, yo no le importaba, simplemente era un don nadie, sí, era eso, lo tenía todo planeado, humillarme, ese era el objetivo de ese maldito crucero.

    No recuerdo a qué hora me quedé dormido hecho un ovillo sobre la cama, abrí los ojos y noté a Lola durmiendo a mi lado, todavía llevaba la misma ropa, su rímel estaba corrido y había restos de su pintalabios en la almohada.

    No la desperté, quería contemplarla sin ser visto, necesitaba verla sin tener que discutir, pero la duda me invadió ¿dónde ha estado toda la noche?

  • El templo del morbo

    El templo del morbo

    Ana salió de su agotador turno de urgencias a las 8 de la tarde del viernes. Habían sido 12 horas especialmente agitadas, pero ahora disponía por delante de un día y medio en los que disfrutar. Volvería a entrar el domingo a las 8 de la mañana. A sus 26 años vivía su interinidad, en aquel hospital de una pequeña capital de provincia, como una oportunidad, tanto laboral como personal. Sin cargas familiares, su relación con Jorge, su novio, empezaba a hacérsele algo tediosa. Él era algo conservador y ella buscaba algo más de acción.

    Aprovechando que su novio no venía esa semana a verla decidió quedar con Hans, un maduro al que había conocido a través de una página de relatos eróticos y con el que de vez en cuando quedaba. Le resultaba un tipo excitante, con él el sexo era salvaje, duro, perverso, muy, muy morboso. Hacía unas semanas que no se veían y Ana tenía ganas de pasar un buen rato. Durante el turno de descanso en el hospital habían intercambiado varios mensajes y acordaron en verse sobre las 10 de la noche en una cervecería del centro.

    La joven médica llegó a casa con intención de ir directamente a la ducha. Se movía por las distintas estancias sin prestar atención a que las ventanas estaban abiertas y con las cortinas descorridas. Se desnudó completamente en su dormitorio antes de salir hacia la cocina a beber. Tomó una botella del frigorífico y bebió a morro echando la cabeza hacia atrás. El agua golpeó en sus labios y se derramó por la comisura. Un pequeño hilo de agua descendió por su barbilla, su cuello y pasó por el pequeño valle que formaban sus tetas. Al contraste sus pezones se endurecieron.

    En ese momento fue consciente de la proximidad del edificio de enfrente y la posibilidad de ser vista por cualquiera de los vecinos. Incluso creyó ver un movimiento extraño tras una ventana. Imaginó a un vecino voyeur deleitándose con su desnudez. Alguna vez había visto como la miraba algún vecino con el que se cruzaba en el portal. Esto hizo que se excitase, sintió como su coño se empapaba de flujos calientes. A su edad, tenía la libido extremadamente alta, se sentía en su plenitud sexual y no estaba dispuesta a renunciar a su disfrute sexual. Con total descaro se acercó a la ventana. Sin ningún pudor lució su desnudez mirando hacia la calle, exponiendo sus preciosas tetas de tamaño pequeño donde los pezones se retorcían sobre sí mismos en claro síntoma de excitación. Con un buen calentón se fue a la ducha fantaseando que el vecino estaría pajeándose con la imagen de su cuerpo.

    Abrió el grifo de la ducha y se metió debajo. Dejó que la cascada de agua mojase todo su cuerpo. Echó la cabeza hacia atrás sintiendo como su melena empapada llegaba hasta la mitad de su espalda. El agua caía por su parte trasera hasta la zona baja y sus glúteos. Llevó sus manos hacia su culo y abriéndolo un poco sintió como el agua se introducía entre las nalgas produciéndole un agradable cosquilleo en su ano. Por delante, la cortina de agua corría por todo su cuerpo. Descendía por su cuello hasta llegar a sus pezones gordos de color marrón muy oscuro. Algunas gotitas utilizaban el apéndice de su aureola como trampolín saltando al vacío del plato de ducha. El resto del agua cubría el resto del cuerpo, delimitando perfectamente su bella anatomía.

    Ana sentía como se le mojaban los labios vaginales recién rasurados apenas dos días antes, sin llegar a penetrarla. Pero la excitación que le había provocado la imaginación del vecino mirón hacía que su clítoris palpitase fuera de su capuchón. Al roce con el agua no pudo evitar un gemido y una descarga eléctrica por su columna vertebral. Casi sin darse cuenta llevó sus dedos hasta su rajita y comenzó a acariciarse. En su cabeza imaginaba que ese anónimo vecino se masturbaba tras la ventana viéndola ducharse. Con una pierna levantada consiguió abrir su coño con dos dedos de la mano izquierda mientras con la derecha dirigía el chorro de la ducha directamente al botón de su placer.

    Un grito descontrolado le hizo cerrar las piernas con la alcachofa de la ducha entre ellas, sintiendo como el chorro no dejaba de golpear su clítoris y una marea de descargas eléctricas la llevaban al éxtasis. Con su cuerpo inclinado hacia delante y una mano apoyada en la pared evitó caer cuando sus piernas comenzaron a temblar producto de un intenso orgasmo

    La temperatura, todavía en aquella capital de provincia, permitía vestir ropa ligera. Ana optó por un pantalón pirata negro, un top blanco que realzaba su moreno conseguido en la playa durante el mes de agosto y unas sandalias de tiras. Su melena suelta enmarcaba una preciosa cara de niña buena poniendo de manifiesto que las apariencias siempre engañan. Un último vistazo a un espejo de cuerpo entero justo en la salida le hizo aumentar su autoestima. Se veía realmente sexy.

    Se dirigió andando al centro de la ciudad donde había quedado con Hans. El tipo era todo un personaje y con una imaginación tremendamente morbosa. El hecho de quedar a pasar un buen rato no era otra cosa que una excusa para follar como auténticos animales. El tío la ponía muy cachonda. Alto, atractivo, con buena forma física. Era todo lo contrario a su novio Jorge, mucho más conservador de mentalidad. Desde que se contactaron, Hans y ella, habían hablado mucho y quedado varias veces. El sexo entre ellos era realmente bueno y la chica sentía una extraña atracción por esta relación que ni siquiera se podría definir como de follamigos.

    Ana vio a Hans en la puerta del local donde empezarían la noche. Con camisa blanca y pantalón vaquero, que rellenaba a la perfección con dos piernas fuertes y unas nalgas duras, estaba realmente atractivo. Sobre las 10:30 la pareja estaba sentada en un restaurante cenando algo ligero y liquidando una botella de Rioja. La conversación se produjo de manera amena sobre distintos temas hasta que derivó en los planes de esa noche:

    -como tenía ganas de conocer a mis amigos hoy vamos a quedar con ellos

    -OK, perfecto. La verdad es que después del turno en urgencias lo último que quiero es meterme en casa. Prefiero salir a beber y pasármelo bien, jajaja

    -No te prometo nada. -Le dijo Hans levantado la copa para brindar.

    -Contigo nunca me aburro -Ofreció su copa Ana aceptando el brindis.

    La plaza del Carmen era un espacio rodeado por unos soportales bajos los cuales se encontraban distintos bares de copa. En el centro una estatua de la que tomaba el nombre el lugar. El bullicio a esa hora de la noche del viernes era abundante. Muchos grupos de distintas edades entraban y salían de los distintos garitos. Ellos, Ana y Hans, se dirigieron hacia una de las esquinas. Allí se encontraba El Templo del Morbo, el garito de Kiko, uno de los amigos de Hans. A la chica el nombre del bar le pareció raro hasta que al entrar se supo el por qué:

    Que adelantas sabiendo mi nombre

    Cada noche tengo uno distinto

    Y siguiendo la voz de mi instinto me lanzo a buscar

    Imagino, preciosa, que un hombre

    Algo más, un amante discreto

    La joven reconoció al instante la canción de Joaquín Sabina que sonaba y entendió a que se debía el nombre del bar:

    -Sí, Kiko es un ferviente admirador del genio Sabina. -Le contestó Hans a su acompañante cuando le preguntó por el gusto musical del garito.

    El local era un amplio espacio totalmente forrado de madera. Con un gran ventanal que daba a la plaza y un sofá sobre la otra. Sobre éste un cuadro de publicidad retro de Coca-Cola. La decoración era bastante noventera para el sofisticado gusto de la joven médica, pero entendió que aquella noche el que marcaba el recorrido era Hans.

    El local estaba lleno de gente que sobrepasaba la treintena y en algunos casos la cuarentena, en cualquier caso, le pareció un lugar atractivo para tener una noche animada. La pareja se dirigió a una de las esquinas de la barra donde según el hombre se movía lo mejor de aquel garito. Una vez allí, Hans comenzó con las presentaciones. Ana fue besando uno por uno a los tres amigos de su acompañante.

    El primero era Miguel, un tipo de aspecto algo conservador, pero de mirada lasciva. Era un funcionario, atrapado en un matrimonio rutinario que había salido esa noche con sus colegas de toda la vida. El segundo era Tony, en este caso las apariencias lo delataban. Era un hombre fuerte, no tan alto como Hans. Con el pelo muy corto, mirada profunda y cara angulosa. Ana no diría que era un tipo excesivamente guapo pero su atractivo era innegable. Su voz grave evidenciaba las horas de noche y excesos que había vivido. Y es que durante 20 años había regentado un bar de copas en la zona, ahora se dedicaba a alquilar locales de su propiedad. El último era Kiko, el dueño del bar. Llevaba 30 años detrás de la barra, había tenido distintos garitos a lo largo de los años. El tipo había definido su estética en función al avance de su alopecia de manera que ahora tenía la cabeza afeitada para homogeneizar su calvicie, en cambio llevaba una barba bastante poblada lo que le confería un aspecto hípster según pensó Ana.

    La chica quedó rodeada por los cuatro amigos. Tenía a Hans sentado en un banco alto justo a su espalda. A su izquierda, tras la barra, Kiko servía una ronda de chupitos de Jack Daniel´s. A la derecha, Tony cruzaba miradas con ella apoyado sobre la pared y Miguel permanecía frente a ella interesado en su profesión. Kiko repartió los chupitos sobre la barra de madera y propuso un brindis por la Seguridad Social y sus profesionales:

    -Gracias. -Agradeció Ana y chocó su pequeño vaso con el del resto del grupo. Después se lo bebió de un trago. Apretó su cara cuando sintió descender el líquido por su esófago calentando de manera excesiva su garganta.

    Kiko puso una ronda de gin tónics antes de abandonarles para seguir atendiendo a otros clientes. Miguel se mostró como un tipo con gracia a la hora de contar algunas anécdotas propias en los hospitales. Su manera de narrarlas hacía que todos se rieran a carcajadas. Lejos de ser un tipo aburrido como había pensado Ana nada más conocerlo se mostraba bastante divertido para acabar siendo el centro de atención.

    Los amigos comenzaron a contar distintas anécdotas que hicieron que Ana riera a carcajadas mientras las rondas se iban sucediendo. De vez en cuando, Kiko aparecía para ofrecer otro brindis de Jack Daniel´s. La chica no supo calcular el tiempo que llevaban en aquel garito cuando Hans la atrajo hacia él y comenzó a besarle el cuello. Ella echó su cabeza hacia atrás dando un pequeño gemido de placer. El hombre le mordió levemente el cuello y ella llevó su mano hacia la entrepierna de él.

    En el bar no quedaba ningún cliente, a excepción de ellos, y Kiko bajó la persiana metálica del ventanal y de la puerta. Ana fue consciente de que aquello prometía. Se había quedado encerrada en un garito con cuatro maduros y mucho alcohol. La mujer se giró de cara a su pareja y comenzaron a besarse apasionadamente. Sus lenguas se entrelazaban y sus labios se sellaban. Las manos de ella se aferraron a la nuca del hombre mientras las de él recorrían el cuerpo de la mujer. De repente otras manos comenzaron a acariciar el cuerpo de Ana. Ella contestó con un suspiro. Era Miguel el que se había acercado por su espalda. Pegó su cuerpo al de la chica y lentamente fue metiendo sus manos bajo el top. En ese momento la mente de Ana estaba en blanco por la excitación. Estaba siendo magreada por dos maduros ante la vista de otros dos. Se sentía el objeto del deseo de aquellos tipos cuarentones morbosos.

    Las manos de Miguel alcanzaron su objetivo haciendo que Ana suspirase de placer. Sintió como le pellizcaba los pezones endureciéndolos. Giró su cabeza en busca de la boca de Miguel. Este no lo dudó y la besó. La médica se colocó entre los dos hombres, Hans y su amigo, dejando la barra y a Kiko a su espalda y a Tony apoyado en la pared. Dirigió sus manos a las entrepiernas de los dos tipos que la rodeaban. Sin esfuerzo sacó las pollas de estos. Alternando besos con uno y otro comenzó a masajear los miembros erectos de ambos. Lentamente fue tirando de la piel hacia atrás consiguiendo descapullar las dos pollas:

    -Uuff vaya calentón que tengo. -Dijo Ana antes de arrodillarse.

    Con las dos pollas a la altura de su cara y sin dejar de agarrarlas, se introdujo primero la de Hans, gorda, dura, con las venas marcadas y un capullo muy rojo en forma de bola. Después se dirigió a la otra. La de Miguel, algo más estrecha, más estándar. Lo miró a los ojos, retiró la piel dejando el glande al descubierto antes de introducírsela lentamente en la boca:

    -Joder que boca tiene -Comentó Miguel.

    Ana comenzó a mamar la polla de uno de los amigos de Hans ante la atenta mirada de los otros dos, Tony y Kiko. Su coño ardía y se inundaba con gran cantidad de flujo caliente. Sentía su clítoris palpitar y la situación la llevaba a una excitación desconocida. Era la primera vez que se encontraba a punto de mantener sexo con cuatro tíos. Si lo había fantaseado alguna vez, pero nunca lo había hecho, ni siquiera comentado con nadie. Ella no dejaba de ser una niña pija de niña bien pero con una mente perversa para el sexo.

    Durante un rato estuvo alternando la mamada entre la polla de Miguel y Hans hasta que este se colocó ante ella:

    -Traga Ana, traga.

    La médica se centró en la polla de su amigo. Le agarró el tronco y comenzó a lamer desde sus huevos hasta el glande para después introducírsela entera en la boca. El hombre sentía como la lengua de Ana rodeaba su polla. Se la metía hasta la campanilla para sacarla y volver a meterla. El tipo le agarró la cabeza y comenzó a follarle la boca. La cabeza de la mujer iba y venía a lo largo del miembro de Hans. Mientras hacía esto utilizaba una mano para pajearlo y con la otra se acariciaba su encharcado coño. Le estaba dando una magnífica mamada a un maduro ante la mirada de otros tres. El morbo era demasiado.

    Sintió que Hans tensaba sus piernas en señal de que llegaba al orgasmo. Ella se agarró al culo de él que no le soltaba la cabeza:

    -Te vas a tragar mi leche, putita.

    La mujer no retiró en ningún momento la cabeza y siguió con la mamada, incluso cuando notó como el primer chorro de semen caliente golpeaba su campanilla. El hombre comenzó a gritar al sentir como se corría en la boca de la chica:

    -Joder, que guarra es. -Dijo Kiko viendo como Ana tragaba buena parte de la corrida de su amigo.

    El hombre sacó la polla de la boca de la mujer y terminó de eyacular contra la cara de ésta:

    -¿Te gusta como te la chupo, cabrón? preguntó lasciva ella.

    -Aahhggg, sí joder. Contestó derrotado él.

    Ana se puso de pie con restos de semen sobre su mejilla. Kiko le ofreció un chupito de whisky que la chica bebió de un tirón arrastrando el sabor a semen que le había dejado Hans.

    Miguel, con una tremenda erección y ya sin pantalones, la agarró por la cintura y la llevó hasta el sofá de la pared frente a la barra. De camino le comió la boca sin importarle que minutos antes su amigo se hubiera corrido. El hombre se sentó en el sofá con la polla mirando al techo:

    -Ven y termina lo que has provocado. -Le dijo el hombre en alusión a su erección.

    Ana se desnudó en medio del bar tirando la ropa sin cuidado. El top fue a parar a una esquina, el sujetador cayó sobre la barra. El tanga totalmente mojado quedó enrollado junto al pantalón pirata en el suelo. La visión del hombre que la esperaba era espectacular. Una chica joven de cuerpo definido por el crosfit, con tetas preciosas y pezón gordo y oscuro, con el pubis rasurado. No lo era menos para los tres amigos a su espalda. Una melena descansaba a mitad de la espalda como preámbulo de un culo redondo y duro, totalmente blanco con un precioso lunar sobre la nalga derecha y unas piernas torneadas.

    La médica se dirigió hacia el sofá. Se subió de pie sobre el asiento y comenzó a bajar sobre el falo erecto de Miguel. Con los dedos corazón y anular de su mano derecha, la mujer separó sus labios vaginales y se fue introduciendo la polla del hombre. Fue bajando lentamente haciendo que el tipo sintiese cada centímetro dentro de ella. Por fin se dejó caer de golpe sobre los muslos de Miguel quedando empalada por la polla de éste:

    -Ahhhh -gimió el hombre -sí joder que coño más rico tiene joder.

    -¿Te gusta mi rajita? ¿Te gusta follarte a una jovencita como yo? Ana en un estado de excitación morbosa desconocida se comportaba como la putita de aquellos maduros provocándoles.

    El hombre la miró y se abalanzó sobre sus tetas. Succionó los pezones tirando de ellos con los dientes y arrancando gritos de placer en la mujer. Ésta se apoyó en los hombres del tipo y comenzó una tremenda cabalgada entre gemidos y suspiros de ambos.

    -Así putita, así. Métela entera.

    -¿Quieres que sea una putita?

    Los efectos desinhibidores de la ingesta de alcohol hacían que Ana se mostrase sin ningún tipo de filtro. Estaba disfrutando de sus perversiones sexuales sin miedos. Se encontraba en medio de un bar encerrada con cuatro maduros y eso era algo que le excitaba hasta límites desconocidos. La mujer siguió botando sobre Miguel sin percatarse que Tony se había colocado a su lado ofreciéndole la polla. Este calzaba una buena pieza.

    El hombre llamó su atención y se miraron como llevaban haciéndolo toda la noche. Con deseo y lujuria. La atracción que ejercía este amigo de Hans sobre ella era magnética. Esa pinta de canalla le había disparado la libido desde que se presentaron. Ahora no dudó en meterse la polla del tipo hasta el fondo sin dejar de cabalgar a Miguel. Tras ella, Kiko y Hans observaban el trío que se montaban sus amigos con la joven médica. Tony estaba de pie en el asiento del sofá follándole la boca:

    -Toma pija, cómeme la polla niñata. -La definía Tony de manera insultante.

    La cara de niña buena, y la pinta de pija, era algo que a los tipos como Tony le daban mucho morbo. Y Ana tenía esa pinta de niña bien con alma de puta viciosa. La chica agarraba la polla de Tony y le masturbaba al tiempo que no dejaba de mamársela con hambre. Le miraba a los ojos haciendo que el tipo se excitara aún más.

    Cuando Miguel anunció que se correría de inmediato, ella comenzó a palmearse el coño provocándose espasmos de placer. Tony gritó para descargar varios chorros de semen en la boca de la chica. Miguel también gritó y se derramó en el coño. Ana gritó cuando el morbo de la mamada y la cabalgada le provocaron un tremendo orgasmo. El ruido de su entrepierna golpeando los muslos de Miguel era excitante. Mientras el movimiento de la polla de Tony hacía que la corrida de este se le saliera por la comisura de los labios. A su vez, la mezcla de semen y flujo que salía de su coño pringaba los muslos de Miguel.

    Los hombres salieron del interior de la mujer que quedó exhausta en el sofá. Tumbada boca arriba, desnuda, se acariciaba las tetas intentando recuperar el aliento. Sentía como latía su clítoris por el orgasmo y como sus pezones seguían endurecidos por el morbo de la situación. Se encontraba totalmente expuesta a cuatro maduros desconocidos, en el bar de uno de ellos a altas horas de la madrugada cuando uno de ellos, Miguel, anunció que se marchaba. Su mujer le esperaba.

    Ana se puso de pie y se acercó a la barra. Sin ningún pudor exhibió su desnudez ante los tres maduros que quedaban. Hans le dio un beso y le ofreció uno de los chupitos de Jack Daniel´s que Kiko había vuelto a servir. Se lo bebió de un trago. Tony encendió un porro de marihuana y tras darle una calada se lo ofreció a la chica que no dudó en cogerlo entre sus dedos y llevárselo a la boca. La médica se encontraba como en una nube.

    Kiko salió de la barra y se acercó por detrás a ella. Con los primeros acordes de Aves de Paso de Sabina, Ana comenzó a moverse lentamente con el porro en la mano y los ojos cerrados. El dueño del bar se pegó a ella y le acarició el cuerpo desnudo:

    A las peligrosas rubias de bote

    Que en el relicario de sus escotes

    Perfumaron mi juventud

    Al milagro de los besos robados

    Que en el diccionario de mis pecados

    Guardaron su pétalo azul

    A la impúdica niñera madura…

    El hombre buscó los labios de la chica y se mordieron las bocas. Ella comenzó a desnudarle mientras él le comía las tetas de manera lasciva. Poco a poco se fueron acercando al sofá:

    Al niño que fui espabiló

    A la flor de lis de las peluqueras

    Que me trajo el tren de la primavera

    Y el tren

    Del invierno me arrebató

    A las flores de un día

    Que no duraban

    Que no dolían

    Que te besaban

    Que se perdían

    Damas de noche

    Que en el asiento de atrás de un coche

    No preguntaban

    Si las querías

    Aves de paso…

    Ana se sentó en el filo del sofá y bajó de un tiró el pantalón de Kiko. Ante ella saltó como un resorte una polla de tamaño desproporcionado:

    -Joder, vaya pollón. Acertó a decir con los ojos muy abiertos.

    Desde la barra Hans y Tony rieron. La médica intentaba medir el calibre del miembro de Kiko abarcándolo con la mano. Le fue imposible. Le miró con media sonrisa:

    -¿Qué? ¿te vas a atrever con esta polla? -Preguntaba con orgullo machista el barman.

    -Por supuesto que puedo. -Contestó la mujer sin dudar.

    Agarró la polla con las dos manos, calculó que debía medir más de 20 centímetros. Tiró de la piel y liberó el glande. Escupió sobre él y comenzó a lamerlo con la lengua. Abrió la boca todo lo que pudo y apenas logró meterse el capullo. Sentía que le ocupaba toda la cavidad bucal. Mordió el tronco de lado hasta llegar a los huevos. Después comenzó a pajearle muy rápido:

    -Métemela, cabrón.-Decía Ana de manera provocativa mirándolo a los ojos.

    -Qué puta eres joder, con esa cara de niña pija que tienes

    La médica echó su cuerpo hacia atrás, en el sofá, y se apoyó sobre sus codos. Abrió las piernas ofreciendo a Kiko una espectacular visión de su coño rasurado y abierto. Caliente. Comenzó a acariciarse y lubricarse la entrada ante la invasión de aquel monstruoso ariete erecto. El barman se arrodilló y rozó el glande sobre la raja de Ana. Se lubricó la polla con los flujos que manaban del coño y comenzó a penetrar a su clienta lentamente. Ella echó la cabeza hacia atrás y suspiró sintiendo como sus labios vaginales deban de sí para dar cabida a la tremenda polla del amigo de Hans.

    Ana arqueó la espalda cuando Kiko le clavó toda la polla en el coño. Un grito desgarrador de la mujer fue el anuncio del primer puntazo:

    -Diooos, joder, que polla tienes cabrón. Me vas a romper.

    -¿Eso es lo que quieres, putita? ¿Quieres que te parta el coño a pollazos?

    -Sí, cabrón. Dame fuerte hijo de puta.

    Kiko comenzó a follarse a Ana sin compasión. A golpe de cadera impulsaba su polla hasta el fondo de la vagina. Su glande llegaba a la cerviz. La mujer nunca había sentido una polla tan profunda. Se retorcía entre gemidos y gritos. Kiko le levantó las piernas y las colocó en sus hombros. Comenzó una penetración más rápida. Él bufaba con la respiración entrecortada. Ella gritaba como una gata en celo sintiendo como aquel tipo le echaba el polvo más bestia de su vida. El hecho de hacerlo delante de dos tíos aumentaba el morbo.

    -Aaggg. Sí. Dioooss. Joder. Dame fuerte cabrón. Reviéntame el coño joder.

    -Joder, como me gusta follarme a una pija viciosa. Toma polla hija de puta.

    Ana llevó una mano hasta su coño y comenzó a hacerse una paja con los ojos en blanco mientras Kiko aceleraba el ritmo de la follada. Ella anunció que se iba a correr:

    -Me corro, me corro, cabrón.

    El dueño del bar comenzó a tensarse:

    -¿Quieres leche, zorra?

    -Sí cabrón. Relléname de leche, hijo de puta.

    Kiko gritó como un animal y le clavó la polla muy dentro mientras descargaba abundantes chorros de lefa en el interior de aquella joven desconocida. Ana sintió una descarga eléctrica que, desde su cerebro, descendió por su columna hasta su coño y alcanzó un tremendo orgasmo sintiendo la leche caliente de aquel maduro desconocido. La polla del tipo seguía percutiendo contra su vagina cuando inesperadamente sintió que tenía otro orgasmo:

    -Cabrón, no le des tan fuerte que la vas a dejar muy abierta. -Tony hacía comentarios sobre el tamaño de la polla de su amigo.

    Cuando Ana pensó que todo había terminado, Kiko dio un último puntazo muy fuerte provocándole un nuevo escalofrío que terminó en otro orgasmo. La chica quedó totalmente desmadejada sobre el sofá. Sus piernas le temblaban y no tenía fuerzas para moverse. La mezcla de semen y flujo vaginal salía descontrolada de su coño como de un volcán en erupción:

    Aves de paso

    Como pañuelos cura fracasos

    A Justine, a Marylin, a Jimena

    A la MataHari, a la Magdalena

    A Fátima y a Salomé

    A los ojos verdes como aceitunas

    Que robaban la luz de la luna de miel

    De un cuarto de hotel, dulce hotel

    A las flores de un día

    Kiko estaba tumbado en el suelo, con la polla aun palpitando después de haber escupido la leche caliente de sus huevos. Sabina seguía poniendo música a aquel ambiente canalla que Ana estaba viviendo dentro de aquel Templo del Morbo.

    La chica no supo calcular cuánto tiempo estuvo relajada sobre el sofá cuando se levantó para ir al baño. De nuevo se paseó desnuda ante la mirada de los tres maduros, a estas alturas también sin nada de ropas, camino de los servicios. A la vuelta se sentó en el banco alto donde se había sentado Hans al llegar. Tras la barra Kiko la miraba a los ojos. Ella le pidió un vaso de agua. Tenía la boca seca. Junto a ella, Tony aspiraba un par de rayas de coca para seguir la fiesta. Ella declinó la invitación y fue el barman quien aprovechó el regalo.

    A Ana le resultó curioso que su amigo Hans apenas hubiese intervenido en aquella orgía. Solamente al principio de la noche se la había chupado pero desde entonces se había dedicado a ejercer de voyeur. Aún así, la chica no le dijo nada. Suponía que le tendría preparada alguna sorpresa final.

    Una nueva ronda de gin tónics sirvió para que Ana recuperase fuerzas antes de que Tony, el tipo cuyo aspecto de canalla hacía que su libido se disparase aún más volviese a la carga. Se acercó a la médica por detrás y acarició sus nalgas. Ella las echó hacia atrás haciendo que saliesen un poco del banco alto en el que estaba sentada. El hombre acarició las nalgas redondas de Ana que, sin poder evitarlo, comenzó a sentir como su coño se volvía a lubricar con el flujo vaginal. Inclinándose sobre la barra permitió a Tony colocar su polla en la entrada de su vagina. Sin preliminares, el hombre se la clavó de golpe hasta el fondo del coño:

    -Aayy, cabrón – Se quejó la mujer.

    -¿No quieres que te la meta? Susurró con su voz grave Tony al oído de Ana.

    -Hasta el fondo, hijo de puta. -Contestó ella girando la cabeza.

    Ese fue la señal para que otro de los amigos de Hans se la follara aquella noche. Contra la barra del bar de Kiko, Tony se agarró a las caderas de Ana y comenzó a bombear sin descanso hasta que con un grito se corrió dentro de la mujer. Ella se agarraba la barra de madera mientras cada empujón de Tony hacía que se levantase, teniendo incluso que ponerse de puntillas para seguir pegada al suelo. Un nuevo grito de ambos y otro orgasmo les invadía. La médica tenía el cuerpo sobre la barra para evitar caerse ya que sus piernas no le sostenían. Sus pezones volvían a estar erectos por el roce contra la madera del mostrador. Sus tetas ardían y aparecían con arañazos. Por sus muslos resbalaba la última corrida, esta de Tony. Era el tercer tío que se le corría en el coño esta noche.

    Eran las cinco de la mañana cuando Ana, Hans y Kiko salían del Templo del Morbo. Tony les había abandonado media hora antes. Pese a que la chica llevaba despierta desde las 7 de la mañana, una hora antes de entrar en el turno de urgencias, la médica se sentía con ganas de más. Kiko les propuso tomar la última en su casa. Una buhardilla a dos calles de su bar. Con Ana agarrada a los culos de los dos maduros recorrieron la calle totalmente vacía hasta el edificio donde vivía el barman.

    En una estancia sencilla, un salón con cocina americana, Hans comenzó a preparar unas copas, mientras Kiko preparó unas rayas. Sus invitados volvieron a declinar su invitación y él solo se metió toda la dosis. Ana le miró a los ojos. Le pareció un tipo muy interesante, con muchas horas de noche y un ritmo de vida apasionante. Aquel aspecto de hípster cuarentón, y la tremenda polla que calzaba, le resultaba muy morboso a la chica.

    Hans repartió las copas. Dieron un par de tragos. Luego, Ana se giró hacia Kiko y juntaron sus bocas. Se besaron apasionadamente mientras se iban desnudando mutuamente. Hans, lo hacía pausadamente en un sofá junto a ellos. Viendo como su chica buscaba ansiosa la polla de su amigo. Kiko quedó tumbado con una tremenda erección. Arrodillada entre sus piernas sobre el asiento del sofá, estaba Ana también desnuda. Agarrando la polla y tirando de la piel hacia abajo comenzó a comerse el pollón del dueño de la casa. Con un incesante movimiento de cabeza arrancaba suspiros al hombre. De vez en cuando hacía rozar el capullo del tío lleno de babas por sus pezones. Fue entonces cuando Hans se colocó tras ella y la agarró por las caderas:

    -Mmmm, ya no te podías resistir más, ¿no? Preguntó Ana a Hans.

    -Este es mi momento

    El hombre colocó su polla en la entrada de la raja de la joven médica. De un golpe se la incrustó. En ese momento, la mujer se tragó la polla de Kiko entera con el empujón. Con la boca llena, gimió y se preparó para recibir una buena follada. El hombre bombeaba con fuerza agarrado a ella que seguía comiéndose la polla del otro. Antes de correrse Hans paró. Ana gateó por el cuerpo de Kiko hasta ofrecerle sus tetas. El tipo no dudó en morderlas y ella rozó su coño por la polla de él. Con habilidad consiguió encajársela. Se incorporó apoyándose en el pecho del tipo. Con un golpe de cadera el hombre se la calzó hasta el fondo. Ana gritó al sentirse otra vez ocupada por aquel impresionante trozo de carne.

    -Aaay, joder, cabrón me vas a dar de sí el coño

    Lentamente comenzó a cabalgar al hombre, marcando el ritmo. Disfrutando de cada centímetro de polla que inundaba su vagina en su totalidad con los ojos cerrados se agarró las tetas y comenzó a gemir de manera descontrolada. Fue entonces cuando Hans le dio la sorpresa. El hombre se acomodó tras de ella y la inclinó sobre el pecho de Kiko. Llevó los dedos a su ano y con un gel lubricante comenzó a dilatarlo:

    -¿Eso es lo que querías no cabrón? Te reservabas para darme por culo.

    -Siempre hay que saber esperar. Y esta es mi recompensa.

    Hans colocó su mano sobre uno de los hombros de la mujer que con sus manos se abría las nalgas para facilitar el acceso. El hombre colocó el glande en la entrada del ano y comenzó a ejercer fuerza. Sintió como poco a poco el anillo del esfínter daba de sí para permitir la enculada:

    -Aaahhh, joder me vais a abrir en dos.

    Era la primera vez que Ana iba a hacer una doble penetración. Kiko seguía quieto dejando que fuera ella quien se moviera a su ritmo. Hans logró penetrarla totalmente. Su polla se abrió paso en el recto de ella. Podía sentir el latir de la polla de su amigo separadas apenas por una fina membrana. Ana respiraba entrecortada cuando los dos amigos sincronizaron sus movimientos. Gritaba cada vez que la polla de Hans se le incrustaba en el culo. Se sentía usada por aquellos dos tipos maduros y eso le excitaba. Kiko le apretaba las tetas y Hans se agarraba a sus caderas. La médica sudaba y se sentía ocupada como nunca. Por fin los dos tipos sincronizaron sus movimientos de manera que cuando uno entraba el otro salía, esto provocaba estragos en la libido de la chica.

    Las pollas se cruzaban en un punto indeterminado del interior de la mujer pudiendo sentir como los dos glandes chocaban entre ellos y produciendo un placer indescriptible en los tres.

    Después de 15 minutos, Ana anunció que se iba a correr de gusto. La incomodidad inicial se había transformado en un extraño y placentero dolor que no quería que acabase. El primero en correrse fue Kiko que apretando las tetas de ella inundó el coño de leche por segunda vez esta noche. Con un grito animal, Ana fue la segunda en alcanzar un intenso orgasmo. Lo que aceleró el de Hans que terminó vertiendo una gran cantidad de leche en el culo de la médica. Los tres cayeron derrotados sobre el sofá

    Un insoportable calor despertó a Ana. Con un terrible dolor de cabeza y la lengua pastosa se encontraba descolocada. No lograba reconocer nada, no sabía donde se encontraba. Por la rendija de una persiana mal cerrada entraban los rayos de luz. Por un momento temió llegar tarde al trabajo. Miró a su alrededor y vio a Kiko desnudo a su lado. En el suelo estaba Hans también desnudo. Por supuesto ella también lo estaba. Un extraño olor a alcohol, semen y sexo cargaba el ambiente de aquella habitación.

    Por fin su mente empezó a colocarla en situación. Recordó flashes de la noche anterior. Demasiado whisky y demasiado sexo. Sentía que le dolía el coño y el culo. Recordó que Hans la había sodomizado y que el pollón del dueño de la casa se la había follado dos veces. Además de otras tantas los otros dos amigos de estos. Buscó un reloj por la casa. Encontró su móvil tirado por el suelo. Al desbloquearlo vio que eran las 6 de la tarde. Se sentía resacosa. La cabeza le daba vueltas y le retumbaba todo. Como pudo fue recogiendo su ropa y se fue vistiendo. Sin hacer ruido salió de la casa. No sabía dónde se encontraba, pero buscaría un taxi que le llevase a su casa. Necesitaba seguir durmiendo que en 14 horas debía incorporarse al turno de urgencias del hospital donde trabajaba. Ya se despediría de Hans por mensaje.

  • Inicio de un matrimonio abierto (1 y 2)

    Inicio de un matrimonio abierto (1 y 2)

    Después de más de 30 años de casados la monotonía en la relación se hizo presente, estuvimos a punto de una separación, afortunadamente al meternos a internet buscando alguna forma de salvar este bache, encontramos algunos consejos y uno de ellos fue cambiar roles y lugar fuera de la recámara matrimonial.

    Somos una pareja madura yo de 55 años y mi esposa de 49. No tenemos cuerpos de gym, pero nos conservamos yo de 1.60 de estatura y mi esposa de 1.50 lo que más destaca de ella son sus pechos copa c, tiene los estragos que dejan los embarazos como estrías y abdomen, yo de complexión media y con algo de panza, ahora les cuento:

    Platicando sobre las fantasías que nos provocara excitación, coincidimos en el cambio de roles, hacer tríos y un intercambio de parejas.

    En febrero, antes de las restricciones por la pandemia, le compré a mi esposa un conjunto de lencería negra plastificada emulando cuero, quedamos en ir un motel el siguiente viernes cambiando roles, ella se vestiría como una prostituta y yo la levantaría en una esquina.

    El viernes como a la 8 de la noche ella se bañó y perfumo y se puso la lencería que le había comprado, quedé de pasar por ella a las 10 en una esquina cercana al motel y tal si fuera prostituta, se paró en la esquina, cuando la vi acerco al carro y ella se arrima a la ventana abriendo su abrigo dejándome verla en la ropa de puta que se había puesto, le dije que cuanto cobraba sin límites pues quería cogérmela por todos lados, me dijo que 1000 y el hotel, se subió al carro y en cuanto se sentó le empecé a tocar sus piernas hasta llegar a su chochito rasurado y húmedo ella a su vez me agarró la verga encima del pantalón, me dijo chiquito sí que tienes ganas, llegamos al motel y pague la habitación subimos las escaleras ella delante de mi para dejarme ver sus piernas y nalgas cubiertas por las medias negras y su calzón brilloso, me puso mas cachondo.

    Al entrar puse a funcionar la lámpara de colores y ella puso en su celular una canción cachonda dando un ambiente de table dance, se paseo por el tubo y se quitó el abrigo, quedando en lencería de puta, mientras yo me senté en el banco cerca del tubo me bailo en forma sensual y cada vez más cachonda hasta acercarse a mi agachándose y sacando mi verga del pantalón para darme un arrimón de culo delicioso, poco después se volvió y tomo mi verga para darme una mamada súper que casi me hace venir, ya no aguanté y la cargué hacia la cama para ponerla en cuatro y hacer a un lado su calzón para meterle la verga, suspiró escandalosamente gritando métemela toda y muévete después de unos minutos se vino escandalosamente.

    Descansamos unos minutos y me pidió que le mamara las tetas y su chocho, así lo hice por un rato hasta que se volvió a venir. Me dijo ahora si dame por el culo como te gusta, le puse la verga en la entrada de su ano y se la fui metiendo poco a poco, disfrutando lo apretado de su hoyito hasta que entró toda, ella misma se empezó a mover cada vez con mas ritmo hasta que no venimos los dos al mismo tiempo. Descansamos un rato y platicamos de cuál sería nuestra siguiente aventura. Me dijo tengo ganas de un trío hmh en donde yo les baile en el tubo y los dos podamos hacerle un sándwich con doble penetración, en pago por cumplí su fantasía me dice que después haríamos un trío mhm.

    Quedamos que serían nuestras siguientes salidas.

    Parte 2:

    Una noche llegando del trabajo, después de cenar encendimos el televisor y había una serie en donde hacen escenas de un trio,

    Nos quedamos viendo y le recordé de la promesa que le hice de dejar que tuviera dos vergas para ella sola, así que le propuse ver en internet chavos stripper y que escogiera uno para darle gusto a su fantasía y después de varias horas de checar paginas escogió uno que se veía serio, con 40 años y tamaño de verga más grande que la mía yo la tengo de 15 cm, el de 20 contactamos con él a través de whatsapp, varios días estuvimos mensajeando del estado de salud de él y de nosotros, la fantasía que queríamos realizar nos pidió una foto de mi esposa y le enviamos una en donde ella está en lencería obviamente sin la cara para evitar situaciones molestas, al siguiente día nos escribió aceptando, solo quería los gastos del Uber para desplazarse y el hotel, quedamos de vernos en un bar muy cerca al hotel en la López Portillo por Tultitlán nos gustó porque es discreto y aceptan a más de dos personas en una habitación tiene tubo para pole dance. Quedamos de vernos a las 8 de la noche e intercambiar puntos de vista, lo que esperábamos de este encuentro.

    Le hablé al stripper para enviarle el Uber tal como habíamos quedado. Mi esposa antes de salir de casa se puso lencería cachonda que había comprado para la ocasión consistiendo en un juego de bra liguero y tanga de encaje combinado negro con rojo muy atractivo medias color negro y una blusa blanca transparente que dejaba ver parte de sus pechos y una minifalda de licra que por lo apretada marcaba su ropa interior, no quería defraudar al galán que le metería la verga en un primer trío y así fue, en el camino me venía diciendo que venía bastante excitada que nada más de pensarlo ya se había mojado le toque su tanga y estaba calientísima y muy húmeda, cuando llegamos al bar él ya se encontraba en una mesa, nos reconoció y nos hizo señas para llegar a la mesa con él, como es lógico no tiene un cuerpo de gimnasio ni lo pretendíamos pues nosotros también somos gente normal y mi esposa tiene los daños que dejan los embarazos y yo también tengo algo de pansa.

    Después de platicar durante un buen rato y decirle que la pretensión que teníamos era un trío y nada más, no pretendíamos una relación estable, puesto que era una fantasía y entonces le describimos que la fantasía que nosotros pretendíamos era que ella nos bailar a los dos en el tubo que nos excitara para que tuviéramos una buena relación sexual que le hiciéramos un buen sándwich que le metiéramos hasta donde ella quisiera la verga por todos sus agujeros y que lo disfrutará más que nada que ella lo disfrutara y que ella pondría los límites, así es que una vez que estuvimos de acuerdo no salimos del bar y nos enfilamos hacia el hotel, entramos al hotel pagué la habitación y entrando él fue el que bajó a mi esposa la agarró de la cintura y en las escaleras fue agarrándole sus nalgas ella estaba bastante excitada, ya adentro de la habitación ella se preparó con música cachonda nosotros arrimamos los silloncitos que están ahí cerca del tubo para verla cuando bailará ella se fue quitando el abrigo al ritmo de la música poco a poco se fue quitando la blusa estuvo danzando alrededor del tubo y se quitó la falda quedando en lencería provocando con sus movimientos que se nos para la verga, ella noto nuestra erección por lo que poco después nos deleitó agarrándonos la verga por encima del pantalón a los dos y bajo el cierre de cada uno de nosotros sacando la cabeza primero y después el tronco a cada uno, cuando se la sacó a él quedó excitada y admirando el tamaño me la mostró y dijo te excitará también a ti cuando se la mame y me la meta en mi chocho, ella sacó un condón de su bolsa de mano y se lo colocó con la boca suspirando muy excitada, así estuvo mamándose un buen rato mientras él le agarraba sus pechos y sus nalgas, poco después ella se volteó y se empinó ofreciéndole las nalgas y el haciendo a un lado la tanga le empezó a mamar el clítoris y de paso le daba un pasón a su ano que se fruncía con cada lengüetadas después él la sentó sobre su verga para que le diera un buen arrimón de nalgas que le excito mucho pues le hizo a un lado la tanga y le dejo ir toda la verga en su vagina previamente lubricada por sus jugos, ella hace unos movimientos rítmicos hasta que tuvo su primer orgasmo gritando como poseída y casi al mismo tiempo él se vino abundantemente, se quedaron quietos y el sacó su miembro con el condón lleno, ella le dio un beso para agradecerle, mientras él se fue al baño a limpiarse me preguntó, ¿Te gustó como me cogió?, Le respondí que me encantó verla gozar y su cara de puta que ponía, me dijo quiero sentirlos a los dos al mismo tiempo tu dame por el culo porque siento que él me va a lastimar, le dije que si.

    En cuanto regresó del baño mi esposa sacó otro condón pero antes me dijo me dejas mamárselo tantito sin condón quiero probar a que sabe, le dije que era su noche y se la empezó a mamar nuevamente, ya parada le puso nuevamente el condón y lo puso en el potro del amor sentada de frente a él para él le mamara sus pechos al mismo tiempo que lo cabalgaba ella volvió a tener otro orgasmo gritando muy fuerte que rica verga me está encajando se quedó quieta un momento y me dijo ahora méteme la tu por atrás, me puse atrás de ella con la facilidad que da el potro para esas posiciones me pasó el tubo de lubricante y le unte suficiente para facilitar la entrada y así fue cómo por primera vez sintió una doble penetración, empezamos a movernos despacio para no salirnos de ella hasta que el volvió a venirse y poco después ella, terminando yo gritando de placer, estoy seguro muchos oyeron en el hotel.

    Nos fuimos a duchar ella para limpiarse el culo de mi leche y nosotros los mocos derramados. Después de descansar un rato me pidió permiso para volverse lo a mamar sin condón le dije que si pero antes le dio un buen faje besándolo y acariciándolo por todos lados bajo nuevamente hasta que se lo volvió a meter todo a la boca así hasta hacerlo venir tragándose toda la leche que le sacó. Después de volver a limpiarse se vistió y nos agradeció no sin antes decirnos que si queríamos podíamos repetirlo que a él le encantó. Pedí el Uber para que lo llevara a su casa y nosotros nos quedamos otro rato recordando el momento, cosa que me volvió a excitar y ella me dijo perdóname pero estoy un poco rosada, pero te voy a masturbar y mamarte la hasta que te vengas y así lo hizo, después nos vestimos y salimos del hotel rumbo a casa.

    Al llegar me dijo ahora me toca a mi, tu fantasía con dos mujeres ya tengo quién y te va a encantar.

  • Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (4)

    Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (4)

    Una vez dentro de la habitación, primero se vistió el joven con algo de prisa, dejando a su madre el baño libre para que hiciera lo mismo. Por mucho que deseasen lo mismo… un paso más en su relación, parecía estúpido que no se permitieran verse con menos ropa. Era algo curioso, pero los dos sentían lo mismo, en el momento que traspasasen esa última barrera de contemplar más porciones de piel, todo comenzaría sin posibilidad de detenerse.

    Sergio se puso una camisa y una chaqueta junto a un pantalón vaquero. Durante la semana, en las pocas veces que había hablado con su madre, le había sugerido que ese sería el mejor atuendo para ir al teatro, por supuesto la hizo caso. Mirándose en el espejo, le dio la impresión de que su madre no se equivocó, se veía muy guapo.

    Mari se metió en el baño sin echar ni siquiera una mirada a su hijo, poniendo el pestillo tras de sí para que no la pudiese interrumpir. Delante del espejo cada vez se veía más guapa, mucho más que medio año atrás. Se observaba con calma, las ojeras estaban desapareciendo, su rostro parecía más vivo e incluso sus ojos brillaban. Se recogió el pelo con ambas manos después de peinárselo y enrolló la goma que tenía en la muñeca. La bonita coleta morena la apretó con fuerza, dejándose el rostro libre de pelos y mostrando una belleza que no quería volver a esconder.

    Un poco de color para los pómulos, un toque en las pestañas y con un pintalabios de color granate, dio vivacidad a unos labios que no lo necesitaban. Se vistió en un momento, el tiempo corría en su contra, se habían entretenido demasiado en el paseo y su chico… su hijo, esperaba fuera para marchar juntos.

    Se admiró una vez más en el espejo, dando un paso atrás, colocando su trasero junto a la mampara de la ducha para poder ver casi la totalidad de su cuerpo. Los nuevos botines que se había comprado le quedaban de maravilla, el leve tacón hacía marcar unas piernas que bajo las medias se veían firmes y perfectas.

    Se dio la vuelta con mucha coquetería, tenía curiosidad y alzando la falda plisada de color gris claro, que le llegaba a mitad de muslo, se observó el trasero. Sus dos piernas coronaban dos nalgas firmes. Los tacones las terminaban de elevar dejando el trasero mucho más respingón que de costumbre. Mari soltó la falda con una sonrisa de orgullo por verse tan… ¿Guapa? Sí, pero también sexy.

    Dio dos pasos hacia delante, haciendo que los tacones de los botines resonaran en las baldosas del baño. Sergio lo escuchó sentado en la cama, sabiendo que su madre estaría pronto lista para salir, si no es que lo estaba ya. Su tripa le estaba dando vueltas, tenía muchas ganas de verla, se sentía como si esperase a Marta en una de sus citas. Sin embargo, Mari no era su novia, era su madre.

    La mujer se miró con detalle frente al espejo que únicamente le mostraba la verdad. El jersey beige que hacía años que no se ponía, le quedaba fantástico. La pequeña prenda le quedaba ceñida como una segunda piel, dejando un leve escote que hacía volar la imaginación. Aunque tampoco había mucho que imaginar, ya que cuando Mari se colocó de lado frente al espejo el prominente bulto de sus senos era más que notorio.

    Se ajustó los pechos mirándose fijamente, estaba espectacular. Bajo la tela el sujetador azul que le regaló su hermana estaba haciendo perfectamente su trabajo, dejándole un cuerpo tentador como ningún otro.

    Se dejó de admirar un momento, pensando cuando había sido la última vez que se miró por tanto tiempo en un espejo, y… que se sintió tan bella. No lo recordaba, porque quizá ese tiempo era pasado, muy pasado… cogió la chaqueta de cuero negro que tenía en una percha y se la puso. No hacía falta volver a mirarse, era una diosa bajada del olimpo.

    Salió con paso firme, viendo que su hijo la esperaba sentado en la cama con la televisión apagada. Este se levantó de golpe, mostrando a su madre lo bien que le sentaba aquellas ropas. Mari se lo imaginaba, por algo se lo sugirió, pero verle allí delante, vestido y preparado como todo un hombre… pensó eso mismo… “Un hombre”.

    —¡Vaya, mamá! ¡Estás espectacular!

    —Gracias, Sergio. —se paró delante de él y colocó algo mejor la camisa— Tú también estás… —se decidió a comenzar a romper la última frontera— perfecto.

    —¿Nos vamos? —ella asintió mientras le miraba a los ojos— Hoy nos lo vamos a pasar muy bien.

    —Sí. Seguro que sí.

    Ambos enfilaron la puerta con calma. Sergio dejó paso a su madre de forma caballeresca para ocultar una incipiente erección que comenzaba a amanecer de forma dura. La visión de la mujer había sido simplemente perfecta. Ni en sus mejores sueños se la hubiera imaginado con tal poderío, era un verdadero ángel. Quizá solo una forma superaría aquello, la desnudez.

    Entraron en el ascensor y Sergio ya no podía contenerse más, sabía que algo iba a pasar, si tenía alguna pequeña duda, la última mirada de su madre se la había arrebatado. Entró detrás de la mujer que quedó mirándose en el espejo del interior. El joven aprovechó el momento, retiró los brazos de su cuerpo y después de pulsar el botón de la planta baja, rodeó a su madre lentamente.

    Mari levantó ligeramente los brazos, sabía que destino tenía su hijo. Los dedos del joven se entrelazaron en el vientre de la mujer, agarrando una de sus manos y anudando sus dedos. Ella se echó un paso hacia atrás, chocando contra el cuerpo del muchacho y buscando una última prueba de que todo aquello era real. La encontró.

    Entre sus nalgas algo se posó, lo que podría ser una porra policial estaba ahora incrustada atravesándola el trasero. “Sí que es grande…” moría por dentro al pensar que por primera vez, aquel terrible coloso la estaba tocando mientras sentía el resto del cuerpo de su hijo.

    —Tenía muchas ganas de venir —soltó Mari rodeada por los brazos del joven y notando su pene.

    —Y yo. Te lo mereces todo, te dije que trataría de hacerte feliz. Espero conseguirlo.

    El ascensor comenzó a bajar, pocos pisos les separaban de recepción y un tiempo casi ridículo, eran unos pocos segundos, pero para ellos la bajada debía ser eterna.

    Sergio apretó aún más la unión de sus cuerpos, haciendo fuerza contra el delgado vientre de su madre que lo recibió con gusto. Mari miraba en el espejo como su hijo había agachado la cabeza y sí… le estaba observando el cuerpo con ojos de hombre.

    —Tú sola presencia…

    La mujer apretó la mano de su hijo sabiendo a qué parte de su cuerpo estaba mirando, juntó ambas manos, las subió ligeramente y apretó todavía más. Sus extremidades unidas debajo de sus senos hicieron que estos se contrajeran. El gran volumen fue reunido, pegándose la una con la otra y alzando ambas tetas más de lo normal. Por el pequeño escote surgió un canalillo mucho más grande que Sergio no se perdió, un regalo de su madre con total descaro.

    El muchacho fijó la vista en la zona mientras el ascensor avisaba que estaban en el primer piso. Los pechos de Mari eran simplemente la perfección, incluso mejor que los de Carmen “¡no me lo puedo creer!”. Quizá era por el simple hecho de estar realmente exaltado, pero en ese momento no había nada mejor que su madre.

    Su pene saltó con ganas y sin vergüenza, chocando en l trasero de su madre con fuerza sin que esta se sorprendiera al notarlo. Comenzó a agachar la cabeza, viendo el cuello desnudo de su madre que portaba una leve fragancia de colonia que le hacía perder la cordura.

    —Me hace muy feliz —acabó por decir Mari sintiendo como el cuerpo de su hijo se inclinaba sobre ella.

    No cesó en su movimiento, estaba tan cerca que el aliento caliente y acelerado del joven golpeó la piel de su madre haciendo que todo el vello se quedara de punta. Los labios se cerraron y dispusieron el gesto que más querían. Con calma, como si dispondría de tiempo infinito, Sergio bajó su boca hasta hacer contacto en la zona donde el trapecio y el cuello se unían, en el límite de la perdición.

    Con un único movimiento le dejó un beso lento y profundo, marcando el lugar con una leve humedad caliente surgida en el interior de su boca. En el silencio del ascensor el sonido del beso llegó a los oídos de Mari, que notó de inmediato un arrebato de pasión dentro de su sexo como nunca antes.

    Los fluidos se habían comenzado a mover y su vagina clamaba por un placer que necesitaba como el respirar. Se miró en el espejo, la imagen de su hijo besándola en el cuello mientras sus pechos se elevaban y este la agarraba como si no quisiera soltarla, creo lo inevitable. Justo en el momento que el ascensor se abría cerca de la recepción, Mari gimió.

    Se separaron al instante, con la puerta abierta tras de ellos, los brazos de Sergio soltaron a su madre que vio la cara enrojecérsele por la lujuria que debía soltar. Ni siquiera quería mirar a su hijo, si no a la joven y amable Raquel que estaba en recepción, aparentando una normalidad que ya no existía.

    Con una sonrisa saludaron a la recepcionista. Una madre y su hijo pasando un agradable viaje, nada más. Ella les devolvió el saludo y los dos, separados por un metro de distancia salieron por la puerta automática.

    —¿Te sabes el camino? —dijo Mari sin poder mirarle a los ojos. El día seguía siendo helador y quizá podría abrigarse más, sin embargo, el calor que había nacido en su interior la reconfortaba.

    —Sí, es aquí al lado.

    Sergio se acomodó con disimulo un paquete del todo erecto. Cargaba hacia un lado, concretamente al izquierdo y en su muslo notaba como por un lado quería salir del calzoncillo y como por otro… los primeros fluidos calientes habían comenzado a mancharle.

    Al tiempo que pensaba en que ojalá no se le traspasase la mancha de los líquidos que brotaban, sintió como una mano le entrelazaba los dedos. Volteó la cabeza para mirar a su madre, pero esta no lo hacía, solo miraba al frente.

    Sergio apretó su mano con la de Mari, ella repitió el movimiento y ambos dedos pulgares se acariciaron en un gesto de amor perfecto. La calle estaba fría, una concurrida ciudad llena de personas, donde ellos eran desconocidos. Nadie les veía, nadie sabía lo que tramaban, ni siquiera ellos mismos, pero respirando el helado clima, podían ser y hacer lo que quisiera.

    Dieron los primeros pasos unidos por las manos y esta vez, Mari sí que puso los ojos en su hijo, con la sorpresa de que Sergio estaba esperando esa mirada.

    —Esta noche, nos lo vamos a pasar muy bien.

    Aunque el último resquicio de mente racional de la mujer se quería referir a la actuación, su desenfreno pensaba más en otras situaciones. Sergio pareció entenderlo del mismo modo que la mujer, dejando a un lado el Rey León y esperando acontecimientos que sin duda tenían que sucederse.

    Se paró por un momento en medio de la calle, fijó la vista en unos ojos relampagueantes que le miraban como puñales. Mari tenía su mirada azul clavada en su hijo, queriendo decir algo más que su lengua no se atrevía a articular.

    Sergio descifró esa mirada, sabía para qué habían venido, estaba seguro de que ella quería tanto aquello como él. Lo había anhelado y en algún momento, en un preciso instante todo se desataría, surgiría de forma natural. Acarició de nuevo su mano, apretándola con fuerza para poder pasarle todos sus sentimientos. Entonces vio cómo su hijo, abría la boca.

    —Hoy trataré de hacerte feliz.

    CONTINUARÁ

    ———–

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    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • No esperes más

    No esperes más

    Saludos, lectores. A veces no basta con mirar, pero una invitación puede marcar la diferencia.

    Perry se hallaba sentado en la escalinata frente a su casa. Llevaba un par de horas allí y quienes le veían no se explicaban como un joven con padres trabajadores y responsables tenían a un vago inútil por hijo. No obstante, la verdadera razón de Perry para estar allí tenía nombre, Sheela.

    Ella era su vecina. Un delicioso postre de chocolate de 27 años, melena negra rizada abundante y generosas curvas de infarto. El joven se acomodó un mechón de cabello rubio con gracia casi femenina y resopló con un poco de impaciencia, su voluptuosa e impactante presencia era una dosis de adrenalina indispensable para sentirse bien en cualquier día y se estaba retrasando un poco más de lo habitual.

    Sin embargo, la larga espera valdría la pena pues a unas tres casas de distancia, un taxi se detuvo y de el bajó Sheela. Aunque estando lejos, Perry no pudo evitar suspirar y un leve cosquilleo invadió su bajo vientre. La exótica cabellera negra de su deslumbrante vecina se movía por la suave brisa y caminando lenta y distinguidamente, recorrió el corto trecho hasta la puerta.

    Fue entonces cuando el chico entró en acción. Caminó por la acera como lo haría cualquier persona en pleno atardecer y deseosa de disfrutar del aire fresco, pero al aproximarse a la casa de Sheela, dio un pequeño rodeo y furtivamente se coló entre la verja y unos matorrales para a continuación, agacharse por debajo del borde inferior de las ventanas y a gatear hasta la ventana de su habitación.

    Con la adrenalina a flor de piel y el corazón martillando con fuerza en su pecho, Perry echó un fugaz vistazo y allí estaba ella, desvistiéndose tranquilamente en la intimidad de su habitación y parte de la cortina que no cubría su ventana, el chico observó con avidez el lento y sensual movimiento de Sheela al quitarse el top por encima de su cabeza, dejando sus enormes tetas al descubierto. Eran grandes y con aureolas oscuras coronadas por un par de pezones perforados. La respiración del muchacho se aceleró y continuó espiando, oculto de las miradas de los demás vecinos gracias a los arbustos.

    Luego se deshizo de su pantalón. Perry se mordió los labios con lascivia al admirar las largas y torneadas piernas de esa diosa negra, cada una de ellas parecía dos de las suyas juntas. Perfectas, impecables y tersas. Sheela se sentó por un instante y pasó sus manos de arriba hacia abajo, lentamente, tal como siempre lo hacía. Solo faltaba deshacerse de sus bragas negras, diminutas y que se perdían entre sus carnosas y poderosas nalgas.

    Tomándose un tiempo más, sus manos acariciaron su abdomen plano hasta llegar a su generoso busto, amasando sus senos y a pesar de no poder oírla, intuyó que había dejado escapar un gemido de placer al hacerlo. El propio Perry notaba que sus pantalones le molestaban y echando una rápida y nerviosa mirada a su alrededor, bajó el cierre de la cremallera y liberó a su amigo de su encierro.

    Sheela se puso de pie y el chico supo que era el momento. Con parsimonia y delicadeza, la hermosa mujer bajó sus bragas despacio, y mientras contemplaba ese glorioso movimiento, emergió de entre sus piernas una flácida polla negra. En ese estado, Perry calculó que estaba alrededor de los 15 cm, más que la suya propia en su máxima extensión. Las bragas cayeron a sus pies y con un rápido movimiento, las lanzó al otro lado de la habitación.

    Aquel trozo de carne negra le había impresionado desde el primer momento. No pudo contenerse más y una de sus manos fue hasta su rabo palpitante y pudo sentir que estaba bien lubricado el glande por todo el líquido preseminal. Sheela, ignorando que él estaba espiándola con mirada traviesa, se sentó en su cama y empezó a masturbar lentamente, como siempre hacía después de un largo día.

    Su polla comenzó a adquirir mayor tamaño, tanto en extensión como en grosor. Fácilmente superaba los 22 cm y era tan gruesa como una lata de bebida energética. En tanto una de sus manos trabajaba el manubrio, la otra masajeaba y pellizcaba una de sus tetas, al mismo tiempo Perry se regodeaba con ese magnífico panorama, lamentando estar incómodo en su posición y apenas mirar con detalle.

    Ella siguió en lo suyo al igual que Perry, pero un par de cosas sucedieron. El chico se irguió un poco, envalentonado por su exitosa observación y asomó la cabeza un poco mas, sacando la lengua de lado mientras se pajeaba sin ningún recato o precaución, dominado como estaba por la lujuria y la adrenalina de la situación. Lo otro, Sheela comenzó a mirar hacía la ventana y pudo ver el rostro semioculto de su joven vecino, en una mueca de gozó mientras le observaba con ojos llenos de éxtasis.

    Por un instante no hizo nada. Perry tampoco fue consciente de que había sido pillado in fraganti y no cesó su frenético trabajo manual. Pero se sorprendió cuando ella se puso de pie, con su mástil negro bien duro y orgulloso y se acercó a la ventana y la abrió de par en par; hallándole con una mano en su rabo, agachado y paralizado por el terror y la vergüenza.

    Sheela le miraba con gesto de estupefacción e incredulidad. Perry solo veía el enorme nabo ante él, duro como roca y palpitante. Luego su mirada fue subiendo hasta encontrarse con sus ojos negros brillantes, que de inmediato se fijaron en su erección, la evidente señal de su placer indebido.

    Ambos seguían sin decir nada, incapaces de reaccionar. Un tercer sentimiento se apoderó de Perry casi de improviso, miedo. Su polla empezó a ponerse flácida y el pánico se echó sobre él como una furiosa ola, mirando nuevamente a Sheela a la cara, descubrió desconcertado que ella sonreía. Sonreía?

    “Vaya, vaya. Supongo que tú eres quien me ha estado espiando estos meses. Creo que la espera ha terminado para ti,” dijo ella y asiéndole de los brazos, le hizo levantarse y como si fuese una muñeca le introdujo a su habitación y cerró la ventana.

    Perry estaba sin habla. No sabía qué pasaría pero Sheela no perdió un segundo y comenzó a quitarle la ropa.

    “Ya me empezaba a preguntar hasta cuando te daría espectáculo.”

    “Es-espera…” titubeó Perry pero sin hacer mucha resistencia cuando ella le bajó sus calzoncillos sin miramientos.

    “Tendremos más tiempo para charlar…” aseguró ella y le tumbó sobre la mullida cama.

    Desde su punto de vida admiró la belleza de Sheela y la poderosa herramienta entre sus piernas, que no había perdido un ápice de su dureza. Aún tenía algo más que decir.

    “S-soy virgen…” confesó Perry y no evitó sonrojarse un poco.

    A Sheela se le iluminó el rostro con una gran sonrisa.

    “Pues eso si que es bueno saberlo,” apuntó ella y sin dudar fue a por un bote de lubricante que estaba en su mesita de noche.

    Untando una buena cantidad en su mano, empezó a aplicarlo en su culo. Perry suspiró y se puso un poco ansioso, finalmente entregaría su virginidad a su vecina, lo que había fantaseado durante tanto tiempo iba a suceder. Tal vez no era como hubiese querido acercarse a ella, pero de todos modos ya no importaba. Sheela insertó un dedo primero, ayudando a dilatar el cerrado orificio de amor y no paraba de morderse los labios al escuchar los gemidos de Perry, luego un segundo y un tercer dedo, los movía en círculos y entraban y salían con mayor facilidad, aunque teniendo en cuenta a su enorme tranca, probablemente no sería suficiente pero deseaba hacerle jadear como nunca lo había hecho hasta entonces.

    Frotando una razonable cantidad de lubricante en su rabo, se veía enorme, brillante e intimidante. Atrayendo su trasero al borde de la cama y separando sus piernas, Sheela se acercó despacio y su glande rozó la ansiada retaguardia de Perry, que contuvo la respiración y se mantuvo a la espera.

    “Ve… despacio… por favor…” pidió él.

    “Prometo no haceros daño, pero quizás no pueda contenerme. Te quiero follar como gata salvaje…” respondió Sheela.

    Acariciando su pecho y abdomen, Sheela comenzó a hacer presión y Perry ahogó un grito en tanto su glande empezaba a abrirse camino dentro de su culo. El chico abrió la boca sin articular sonido y luego de un par de intentos, podía sentir la punta de su polla adentro.

    “Buff… Dios… es muy grande!” gimió Perry con voz ahogada.

    “Solo relájate cariño. Pronto la vas a gozar…” le prometió Sheela sin moverse, ayudándole a aclimatarse.

    Ella movía apenas su polla, sacando un poco de su glande para volver a metérsela y repetir. Así lo hizo por un par de minutos y haciendo más presión, introdujo un poco más de su mástil negro, Perry cerró los ojos y apretó los dientes, sentía como si su vida se resumiera en ese instante; cada vez notaba su culo lleno de carne y Sheela puso los ojos en blanco, consciente de la estrechez y calidez de su hasta entonces virgen agujero.

    “Ya va la mitad… que apretado estas. Vamos a gozar cada segundo…” aseguró ella.

    Solo la mitad? Ya creía que estaba casi toda y no tenía certeza de poder soportar un poco más. Pero Sheela, a consciencia y pacientemente fue hundiendo cada vez más su rabo, deteniéndose o sacando un poco a la mínima señal de quejas de Perry. Llegando a la base de su miembro, el grosor amenazaba con evitar la completa posesión de su pervertido vecino, sin embargo metiendo y sacando parte de su polla, Sheela preparó al chico para lo que venía.

    “Necesito que estés bien relajado, o te va a doler…” volvió a recordarle.

    Sin darle tiempo a contestar, Sheela terminó de clavar su enorme tranca en su culo. Perry abrió los ojos de par en par al sentirse completamente invadido de polla negra, su esfínter estirándose al máximo y la pelvis de su vecina chocando contra su trasero. Ella permaneció inmóvil, ayudando a dilatar todo lo posible y provocando nuevas sensaciones en el muchacho que nada tenían que ver con el dolor inicial de su desfloramiento.

    “Joder… como nos vamos a divertir. Te dejare el culo como un túnel…” aseguró Sheela.

    Perry gimió y se movió un poco, intentado zafarse inútilmente pero su vecina, sujetando bien sus piernas en el aire, empezó a mover lentamente su pollon. Se la sacó casi toda para enterrársela con la misma parsimonia, hasta los cojones. Su propia pinga se sacudió apenas y adquirió tamaño y grosor, para satisfacción de Sheela, que siguió empujando y sacando su miembro con movimientos rítmicos y circulares a medida que aumentaba la velocidad de su estocada.

    “Oh joder, buff… ah…” jadeó Perry aferrándose a la sábana.

    “Si, eso es bebé. Esto es lo que querías, ser follado por una polla de verdad…” le dijo Sheela clavando su rabo hasta el fondo, sacándola a la mitad y con la misma fuerza se la dejaba ir bien adentro, estirando y conquistando todo su ser.

    El corazón del chico latía desbocado de deseo. Miraba a esa diosa negra ante él, desnuda y en todo su esplendor, mientras le abría el ojete con su enorme herramienta. Arqueado su cuello hacía atrás, Perry dejó escapar un largo y agudo gemido de puro éxtasis en tanto sentía sus entrañas arder, su esfínter vencido pero estrechándose alrededor de la polla de Sheela, como no queriéndola lejos y la voluptuosa mujer ya bombeaba su retaguardia con fuerza y embates cortos; sus grandes y cargados huevos chocaban ruidosamente contra sus nalgas en un ciclo sinfín en el que sus gemidos, los jadeos de ella y sus poderosas embestidas era lo único que existía en la habitación, perfumada con su lujuria.

    “Más duro… más duro… follame duro…!” Perry rogó a su hermosa vecina, que sonrió y metiéndosela completa, apoyó una de sus potentes piernas sobre la cama, le hizo encorvarse hacía arriba para levantar su culo, colocando una de sus piernas sobre su hombro y reanudó el coito.

    Ella subía y bajaba con intensidad. Sus testículos se estrellaban duramente contra su trasero, de su polla medio morcillona caían gotas de precum que terminaban en su abdomen. Perry se sobreexcitó al tenerla cerca de él, adoraba los gestos de placer que hacía mientras le daba con todo, su cabello se agitaba constantemente con su vaivén incesante y el chico gemía y pedía más de su polla.

    “Si… oh si joder… eres mío perra!” chilló con voz jadeante Sheela, que hacía movimientos de rotación para enviar mayores oleadas de placer a Perry, que no cabía en sí por la intrusión anal y el enorme éxtasis que le estaba brindando.

    Hundiéndosela hasta el estómago, Sheela le dio un largo y húmedo beso a Perry que le quitó el poco aliento que tenía. Ambos jadearon al unísono sin dejar de mirarse, ella le guiñó el ojo y sin sacársela, lo levantó de la cama y ella se dejó caer de espaldas con un ligero crujido que le hizo dejar escapar una risita.

    Encima de ella y aun enculado, Perry se puso a comerle las tetas como un poseso. Las chupaba, lamía y mordía sin ningún reparo, arrancándole gemidos de placer a Sheela, que acariciaba su cabello y le instaba a gozar de su cuerpo. El muchacho tiró de los aros en sus pezones, succionaba una teta como un bebé que anhelaba su leche y masajeaba la otra con su mano. Finalmente ella posó sus manos sobre sus nalgas y las estrujó con fuerza, asestando varias nalgadas que resonaron en el silencio y le dejaron sus glúteos al rojo y ardiendo.

    Sheela comenzó a moverse nuevamente a un ritmo frenético. Su polla entraba y salía sin parar, sus huevos subían y bajaban con impunidad, golpeando su retaguardia y los gemidos de Perry se transformaron en gritos de placer que con seguridad eran escuchados por los vecinos… y quien podía decir si sus padres no los habían escuchado. Pero ya nada importaba, lo que había fantaseado durante tanto tiempo era ya una realidad y se entregó por completo a los sensuales y carnosos labios de su vecina, en un beso salvaje y frenético en tanto ella seguía penetrándolo sin pausa.

    Aquello se prolongó por muchos minutos, sus cuerpos abrazados estaban cubiertos de sudor. Sheela comenzó a gruñir y a convulsionarse, su orgasmo se acercaba y Perry ansiaba cada gota de su leche, la cual había ordeñado con su culo y ahora era el momento de obtener el premio mayor.

    “Por favor… córrete en mi culo… dame toda tu leche!!” pidió Perry a su viril y hermosa amante.

    “Te voy a llenar con mi leche, te haré mi perra!” gimió Sheela.

    Abrazando su cintura, la mujer clavó su polla hasta el fondo, mientras sus testículos se tensaban e hinchaban, para descargar chorros y más chorros de lefa caliente y espesa. Al mismo tiempo, Perry no pudo seguir conteniéndose con grandes gemidos, descargó su propia corrida entre sus cuerpos en tanto su culo era llenado hasta el tope de semen. Cuando su orgasmo disminuyó, Perry cerró los ojos y suspiró apoyando la cara en una de los senos de Sheela, que puso su mano sobre su cabeza esbozando una sonrisa pícara.

    “Nada mal para un mirón pervertido…” comentó ella en voz baja y le propinó otra nalgada.

  • La curiosidad de Chat Noir (IV)

    La curiosidad de Chat Noir (IV)

    Alya y Chat Noir se encuentran solos en la alcoba de la muchacha, y una mirada de complicidad en los dos, da a entender que van a pasar una noche muy interesante.

    Capítulo IV

    Chat Noir quedó impresionado en el acto, sintiendo cómo su corazón palpitaba desenfrenado, incapaz de creer lo que estaba pasando. Pero conforme fue sintiendo el beso de Alya, disfrutando el tacto de sus labios, fue relajándose poco a poco, empezando a disfrutar el beso y siguiendo las intenciones de la muchacha.

    Fueron algunos minutos en que los dos, con los ojos cerrados, estuvieron deleitándose con los labios del otro. Lentamente y sin dejar de besarse, sus cuerpos se reclinaron hacia la cama, hasta quedar acostados del todo mientras sus labios permanecían enlazados en una danza que ambos disfrutaban, con sus mentes completamente en blanco, entregados a la sensación de esa muestra de afecto.

    Impulsado por la emoción, Chat Noir abrazó a la joven y comenzó a mover sus manos, acariciando sus costados y espalda. Alya se percató al instante y le correspondió del mismo modo, envolviendo al chico gato con sus brazos y atrayéndolo hacia sí con fuerza; ambos en silencio, sin despegarse del beso.

    Sus corazones latían intensamente; la respiración de ambos iba acelerando poco a poco, mientras los dos sentían cómo subía la temperatura de la habitación. Iban perdiendo la pena, atreviéndose a tocar piernas, muslos y gluteos del otro sin apenas pudor ni reparo.

    Fue entonces que Alya, con desesperación, buscó la forma de despojar a Chat Noir de su traje de superhéroe. Recorría con frenesí el cuerpo del muchacho, esperando hallar un botón, cremallera o cualquier pliegue de tela que le permitiera revelar la piel desnuda de su amante. El muchacho estaba perdido en la sensación de placer y no se había percatado de lo que hacía Alya. Para él, todo el mundo en ese momento se reducía a lo bien que se sentía estar con su compañera de clase, a solas en su alcoba.

    Alya, sudorosa y con los labios brillando por el besuqueo, se separó un instante de Chat Noir sin dejar de acariciarlo. – Aah… ¿dónde está la cremallera de este traje, gatito? Aah… me está empezando a estorbar para lo que quiero hacer -. Chat Noir, con la frente aperlada de sudor y jadeando levemente, miró a su compañera a los ojos mientras sus manos acariciaban sus costados. – No hay cremallera, mademoiselle. Pero puedo… hacer esto -. Acto seguido, el chico cerró sus ojos y, en medio de un destello verde que lo recorrió del cuello a los pies, quedó desnudo en el acto (a excepción de su antifaz y sus orejas de gato), ante la mirada sorprendida y notablemente excitada de Alya.

    Frente a la muchacha, se reveló una viril anatomía adolescente. De complexión liviana; atlético, mas no musculoso ni marcado; sin un solo vello en pecho; no se le notaba apenas grasa en el abdomen; espalda ancha y, la cereza del pastel, su miembro de unos buenos 18 centímetros de envergadura; de grosor envidiable; rodeado de una pequeña mata de vello rubio delicadamente recortado, completamente erecto, palpitando y apuntando directo hacia ella.

    Chat Noir, ruborizado, se llevó una mano al cabello y sonrió ligeramente apenado. – Y entonces… ¿qué opina, mademoiselle? – dijo entornando sus ojos felinos hacia la joven, esperando no haberla decepcionado. – ¡¿Que qué opino?! Que estás como quieres, papacito – dijo Alya, notablemente sonrojada y con el corazón latiéndole a mil.

    En un acto desenfrenado, se quitó su blusa para dormir, revelando un par de preciosos pechos morenos de buen tamaño, cuyos pezones erectos se le insinuaban a Chat Noir. Alya procedió a hacer lo mismo con su short.

    El joven se sorprendió al darse cuenta que la muchacha dormía sin sostén; y fue lo único que alcanzó a pensar, justo antes que Alya se abalanzara sobre él, montándolo cual vaquera sensual. Se lanzó nuevamente sobre los labios del muchacho y sujetó su cabeza con sus manos para besarlo desenfrenadamente, mientras ella se dejaba llevar por el deseo, moviendo sus caderas adelante y atrás, frotando su intimidad, aún cubierta por sus bragas, contra el miembro duro y palpitante de su amante.

    – Mmm… Gatito, estás muy bien equipado. Ahh, me encanta – susurraba Alya, jadeándole al oído. Chat Noir, excitándose cada vez más, tomó a la chica de la cintura para seguir sus movimientos, mientras sentía cómo la intimidad de la joven iba empapándose cada vez más, humedeciendo su miembro en cada roce.

    – Ahh, mademoiselle, eres tan… ahh, tan hermosa, ahh… – jadeaba el chico, viendo a su compañera mientras ella hacía muecas de placer, boqueando y apretando los ojos. Al cabalgarlo, sus pechos se balanceaban hipnóticamente, ambos colgando y meciéndose adelante y atrás. Chat Noir, cautivado por completo por sus exquisitos senos, estiró su rostro hacia el cuerpo de la joven para alcanzar esos tentadores melones con la lengua. En cuanto hizo contacto con el pezón del pecho izquierdo, una corriente eléctrica recorrió a Alya de la cabeza a los pies, surgiendo un gemido desde el fondo de la garganta, el cual tuvo que ahogar con sus manos para no ser escuchada por personas curiosas en casa.

    La muchacha, sin dejar de moverse, se lanzó sobre los labios de su amante para besarlo entre gemidos. – Mmm… no seas tan formal, mon petite. Ah, dime cosas sucias, mmm… Dime qué te gusta de mí… Ahh, dime… cómo se siente esto – sentenció Alya a la vez que dirigía una de sus manos al miembro de Chat Noir y lo sujetaba. El joven sintió un escalofrío muy estimulante al tacto de la chica; pero no terminó ahí.

    Con la otra mano, Alya apartó la empapada tela de sus bragas que se interponía en el camino, sin quitárselas, y colocó la punta del pene de Chat Noir entre los pliegues de su intimidad, brillando a causa de tanta humedad. El chico estaba de una pieza, con sus verdes ojos abiertos por completo, el corazón totalmente acelerado, admirando a la morena en todo su excitante esplendor, sintiendo cómo su palpitante y grueso miembro era empapado por los fluidos de la muchacha.

    – “No puedo creerlo, Alya está a punto de…” – alcanzó a pasar la oración por su mente, justo cuando la joven decidió sentarse sobre él, devorando hasta el último centímetro del pene de Chat Noir, resbalando con facilidad a través de su humectada y cálida intimidad. Ambos cerraron los ojos y gimieron quedamente ante la sensación que les daba la penetración. Fue entonces que Alya comenzó a mover sus caderas para disfrute propio, ante los gestos de placer de Chat Noir.

    El muchacho estaba perdido en un éxtasis de placer. Sentía en cada centímetro de su miembro la estimulación del sexo de Alya y cómo lo empapaba con sus fluidos en cada vaivén de caderas. Dirigió sus manos a la cintura de la joven para sujetarla, mientras que ella plantaba las suyas sobre el torso desnudo de Chat Noir, cerrando los ojos con fuerza y gimiendo en voz baja.

    – Ahh… mademoiselle, ahh… eres tan… ahh… ardiente – le susurraba el muchacho a su amante, viéndola a los ojos mientras sus pechos se balanceaban adelante y atrás con cada nueva embestida. Alya estaba concentrada únicamente en las sensaciones que provenían de su intimidad, con los ojos cerrados a la vez que apretaba los músculos de la pelvis, como queriendo exprimir el miembro de su amante. Esto no pasó desapercibido para el muchacho, que cerró los ojos ante la sensación y arqueó un poco la espalda, haciendo un poco más profunda la penetración. Ambos gimieron a la par y se rodearon mutuamente en un abrazo, mientras Chat Noir, espoleado por la excitación, comenzó a mover sus caderas para controlar la penetración; acción que Alya le agradeció, besándolo con deseo en los labios.

    – Mmm… eres un gatito muy malo, mon petite, mmm… – jadeaba en voz baja la muchacha al oído de Chat Noir, a la vez que aprovechaba para lamer su oreja y darle ligeros mordiscos, completamente entregada al placer que le daba el miembro del muchacho en su intimidad. Sentía cómo la llenaba en su totalidad; cómo los pliegues de su sexo se abrían sin oponer resistencia ante el ariete de Chat Noir; cómo emanaba fluidos sin cesar y cómo con cada sentón, una nueva corriente eléctrica le recorría el cuerpo por todos lados, partiendo de su sexo y alcanzando hasta la punta de sus dedos.

    – “Uff, no puedo creerlo. Me estoy tirando a Chat Noir en mi propia cama. Ahh, no entiendo por qué Ladybug desperdicia tremendo paquete que se carga este gatito malo. Mmm” – pensaba Alya para sus adentros mientras besaba de lengua al muchacho, siendo correspondida por éste con la misma pasión y deseo. – “Ahh, si yo fuera Ladybug, así acabaríamos cada día luego de combatir el mal, ahh, follando donde fuera, mmm… sólo para sentir esto todos los días, ahh, ¡ahh!” – seguía diciendo la muchacha para sí misma, a la vez que abrazaba a su felino amante.

    Chat Noir, habiendo perdido la pena y los escrúpulos, sujetó a la joven de sus posaderas ante la mirada asombrada y llena de morbo de ella y la giró sobre la cama, dejándola postrada boca arriba y con las piernas abiertas por completo, estando Alya sudorosa, colorada de las mejillas y con la respiración agitada. El muchacho entonces se colocó encima de ella, apuntando su reluciente, empapado y palpitante miembro hacia la intimidad de la chica, que no quitaba sus ojos del mismo, viéndolo con deseo y apetito. – Hazlo gatito. Dame más de tu rico amiguito. Ahh, estoy deseosa de él – dijo Alya, completamente fuera de sí, llevando una mano hasta su sexo y la otra a uno de sus pechos, tocándose con frenesí, jugando un poco rudo con su clítoris y su pezón. Chat Noir no podía resistirse ante semejante estampa que le regalaba la muchacha; entonces, dejándose llevar por sus instintos más básicos, se abalanzó sobre ella para besarla a la vez que introducía su pene de un golpe hasta el fondo de la intimidad de Alya. Ambos ahogaron un fuerte y profundo gemido mientras enlazaban sus lenguas, a la vez que chocaban sus sexos, empapando las sábanas y meciendo la cama.

    Fueron breves minutos que mantuvieron esa postura, sumidos ambos en las sensaciones que les daba la penetración, perdidos entre los besos, jadeos y caricias. Hasta que llegó el punto en que Chat Noir sintió que no había vuelta atrás; estaba por alcanzar el orgasmo. – Ahh, mademoiselle, yo… ahh, creo que estoy a punto de… ahh… – el chico cerró los ojos, tratando de retardar lo inevitable. – Uff, ahh, resiste gatito, ahh, quiero que te corras sobre mí, ahh, solo un poco más, ahh, un poco… ahh, ¡ahh! ¡AHH! – gimió Alya en crescendo, hasta que, cerrando los ojos, aprisionó al muchacho con brazos y piernas mientras todo su cuerpo se contraía a la vez que, de su sexo, emanaban varios chorros de fluidos vaginales que fueron a impactar directamente en el vientre y entrepierna del joven. Chat Noir, en un último segundo de lucidez, alcanzó a sacar su miembro del coño de Alya, y a la par de su amante, no pudo resistirlo más y se corrió en abundantes chorros de semen que salpicaron a la muchacha en su vientre, pechos e incluso el rostro. La sensación del orgasmo los mantuvo en esa postura, hasta que finalmente los dos se derrumbaron sobre la cama, jadeando mientras trataban de recuperar la respiración.

    – Uff, quien diría que… ahh, hoy acabaría probando lo que tienes tan guardado bajo esos apretados y sexys pantalones, Chat Noir – murmuró Alya, con una mirada de incredulidad, pero una sonrisa de satisfacción, mientras se recogía el cabello del rostro. Se percató en ese momento dónde fue a parar toda la corrida de su amante, y juguetona, lo comenzó a recoger con sus dedos de entre sus pechos. – Ahh, Alya, quien… ahh, yo… wow, yo tampoco pude imaginar que, ahh, esta noche al llegar a tu casa… ahh, acabaríamos así – susurró el muchacho, resbalando sudor de su frente, teniendo la misma sonrisa de gozo y alegría que su compañera mientras su erección disminuía. La joven continuaba limpiándose con la mano el semen que le había salpicado, llevándose los dedos embarrados a la boca para lamerlo, dirigiendo una mirada provocativa a Chat Noir en el proceso.

    – Hace un momento lo pensé únicamente, pero creo que no puedo mentirte Chat Noir – mencionó Alya, relamiendo la corrida que quedaba en sus dedos. El chico cuidadosamente se quitó de encima de la muchacha y se recostó a su lado, quitándose el cabello que caía sobre su frente y normalizando su respiración, dirigiéndole una mirada curiosa a la joven. – Sé que no soy Ladybug, y nunca podría serlo. Así como sé lo que sientes por ella, y eso… ¿cómo decírtelo? Chat Noir, me encantó lo que hicimos esta noche. He fantaseado mucho tiempo con poder follar contigo. Pero no quiero que esto signifique que quiero interponerme entre Ladybug y tú. Digo… – Alya tenía muchas cosas en mente y no sabía cuál de todas era la más importante a discutir. – Diablos. Vaya que esta es una pésima conversación post-sexo, ¿verdad? – Se llevó las manos al rostro, aún pegajosas, para cubrir su bochorno por no saber expresarse apropiadamente.

    – Alya, mademoiselle, no tienes de qué apenarte. Yo tuve la curiosidad en primer lugar. Yo quise venir aquí esta noche y… creo que, en el fondo, ambos queríamos saber qué podía pasar. Y, ¿te soy sincero? También me encantó lo que acaba de pasar – le respondió Chat Noir con una actitud tranquila, rematando con un toque satisfactorio la última oración y esbozando una sonrisa de complicidad. La muchacha lo miró a los ojos y le sonrió del mismo modo. Extendió su mano y le ofreció a Chat Noir su meñique en señal de promesa. – ¿Amigos… con derechos? – dijo Alya. El joven encontró simpática la aclaración. Él veía a su compañera de ese modo; como una amiga. Pero no quitaba el hecho que lograra despertar sus instintos básicos con su mera presencia y actitud.

    – Amigos con derechos, mademoiselle. En las buenas y en las malas – Chat Noir correspondió a la promesa de meñique, ambos sonriendo de forma simpática y agradable. – Creo que eso me gusta más de lo que te imaginas, gatito – dijo Alya, girando y colocándose encima del muchacho. – Y de mi cuenta corre, como promesa, que Ladybug te dé una oportunidad en todo sentido – se inclinó sobre el joven y sujetó su rostro para besarlo sensualmente en los labios. – Esto que acabo de probar hoy es demasiado bueno como para quedármelo para mí sola. ¿Quién dice? Tal vez hasta logremos animarla a que hagamos algo… entre los tres – susurró la muchacha en el oído de su amante, antes de entregarse los dos nuevamente a un episodio de besos que fueron subiendo de tono conforme pasaban los minutos.

    Ya era justo que estos dos se dieran un gusto a solas. ¿No creen?

    Espero que este capítulo centrado totalmente en el desahogo sexual de los personajes sea de su agrado. Mi intención es continuar con esta historia e ir introduciendo más personajes, situaciones diferentes y si, muchos encuentros sexuales. Así que los animo que me compartan en los comentarios sus opiniones, sugerencias, y qué quisieran ver en futuros episodios.

    ¡Saludos!

  • Sacrificando mi culo por la mujer más hermosa

    Sacrificando mi culo por la mujer más hermosa

    Relato anterior: «Mi novia llegó con la colita llena de semen», dejo el enlace al final del relato.

    Faltaba alrededor de mes y medio para terminar el semestre, el último de Arturo y tendría que regresar a Sonora a administrar los negocios de su familia, me encontraba triste sabiendo que pronto se iría lejos, en ese semestre los directivos de su carrera, los cuales tenían convenios con diferentes empresas de Monterrey, habían programado un mes de prácticas para foguear a los nuevos egresados, lo cual a su vez, beneficiaba a las empresas al tener mano de obra calificada y además gratis, así que sería un mes sin ver a Arturo, que partiría a Monterrey y posteriormente regresaría una semana, ya sin clases, para los preparativos de su graduación, esa última semana tenía planeado que me iba a coger todos los días y en todas las formas posibles, como despedida, sin importar como me dejara la colita, me había preparado mentalmente.

    El último lunes a la semana que partiría a Monterrey, después de una de esas memorables cogidas que me daba después de los entrenamientos, me dice que quería hacer una fantasía especial antes de irse a Monterrey, pensé que nuevamente insistiría en cogernos a Adriana y a mí al mismo tiempo y ya estaba preparado para la negativa, pero dijo algo que me sorprendió y mucho:

    – ¿Te gustaría cogerte a Valeria?

    Valeria era una de sus hembras, una modelo que contrataban para amenizar eventos deportivos, una mujer exhuberante, con un cuerpo perfecto, el sueño imposible de casi cualquier hombre, alta, pelo negro, largo y ligeramente ondulado, de tez muy blanca, piel lisa y suave, grandes y hermosos ojos de color castaño oscuro, unas tetas grandes, redondas y firmes, un culo hermoso, redondito y respingón, con unas nalgas firmes y una cinturita de avispa que le marcaba todavía más el culo, hermosa cara y unos labios gruesos y carnosos, seguramente la mejor de sus hembras, mentiría si dijera que no tuve algunas fantasías con ella, pero definitivamente una mujer fuera de mi alcance y de la gran mayoría de hombres, pero no de Arturo, a quien conoció en un viaje por avión en uno de sus frecuentes viajes a Sonora a visitar a su familia y a Valeria la habían contratado en ese estado para un evento.

    El sólo imaginarme de tener el privilegio de poder cogerme esa hembra, me excitó sobremanera, era casi como tener sexo con una Diosa, algo fuera del alcance de cualquier mortal, pero Arturo no era así, no acostumbraba compartir a sus hembras, lo que se me hizo muy extraño, por lo que quise indagar un poco más:

    – Claro que sí cabrón, es la hembra más hermosa de todas las que te conozco, uffff, no sabes las pajas que me hecho en su honor, es preciosa, con ese cuerpo y ese culito divino, pero es raro que lo preguntes.

    – ¿No te gustaría participar en un trío, tú y yo con Valeria?

    – Ufff, claro que sí, no cualquiera puede cogerse a una mujer como Valeria, que me perdone Adriana, pero si tuviera la oportunidad no la desaprovecharía, pero estoy confundido, tú no eres así de compartido y menos con la mejor de tus hembras, así que escupe, ¿Qué estás tramando?

    – Ja, ja, me cachaste, pero no es nada que no te gustaría, ya que no quieres que me coja a Adriana y a ti al mismo tiempo, quiero cogerme a Valeria y a ti juntos, mis dos mejores culitos, pero sería de una forma muy especial, ¿No te excita?

    -Ya decía yo que había algo más de fondo, solo quieres cogerme y humillarme con esa hembra, la verdad no es algo que me agrade mucho, yo pensé que la cogería, así que definitivamente nooo- recalqué.

    – Anda, Ariel, te la cogerás, será muy rico, Valeria tiene una fantasía y quiero complacerla y si además es contigo sería increíble, anda, sabes que pronto partiré, te lo pido como regalo de despedida, no te arrepentirás- dijo mirándome con esa mirada tierna e insistente, esperando mi aprobación.

    – Y de que se trata esa fantasía- contesté, realmente me gustaría complacer a mi macho y cumplirle su mayor fantasía, ya le había cumplido varias, probablemente sería la última fantasía antes de su partida, pero no si era algo que fuera humillante para mí, tenía mi orgullo.

    – Resulta que Valeria quiere ver cómo me cojo a un hombre, pero tendrías que fingir que es tu primera vez.

    – No entiendo, y además sabes bien que no sería mi primera vez, ni la segunda, ja ja, ya me tienes muy usadito.

    – Ja ja, es cierto, pero eres muy bueno para actuar, no sabes cómo me excitas en nuestras fantasías de violación, como te resistes, tus quejidos y grititos, te sale perfecto, cualquiera pensaría que realmente te estoy violando.

    – Mmm, no sé Arturo, sabes que lo hago para complacerte, pero una tercera persona en nuestros juegos, no sé, ¿será discreta?, nadie podría saberlo, ni mis amigos, conocidos y mucho menos mi novia, se me hace arriesgado.

    Era extraño que una mujer tan bella y femenina tuviera esa fantasía, así que continué preguntando.

    – ¿Y cómo es que te pidió hacer esa fantasía?, es extraño que un monumento de mujer como Valeria tenga ese tipo de fantasías, ¿no crees?

    – Ja, ja, fue fácil, simplemente me la estaba cogiendo por el culo y no le cabe entera, la empecé a humillar diciéndole que no era lo suficientemente puta, que cualquiera de sus ex-novios me la comería entera y serían mejores putas que ella, y le excitó tanto que quiere ver como desvirgo a un hombre y lo convierto en mi puta.

    Era increíble como manipulaba Arturo a los demás, realmente la fantasía era de Arturo y había manipulado a Valeria para que se convirtiera en su fantasía.

    – Cabrón, ya lo decía yo, esa hermosa hembra no podía pensar en algo tan morboso, tú eres el culpable de esa fantasía, pervertido.

    -Vamos, acepta, va a ser muy excitante, te prometo que va a estar increíble, te dejaré que la cojas antes de empezar con la fantasía, te va a encantar- Me dijo con esa mirada risueña e insistente.

    Aunque me excitaba, no estaba muy seguro, tenía que pensarlo muy bien, así que no le confirmé de inmediato.

    – No sé Arturo, déjame pensar y te confirmo otro día.

    – Bien, pero tiene que ser esta semana, el domingo salgo a Monterrey, lo sabes. La cita sería el sábado, sal temprano con Adriana y la dejas en casa antes de las 11 y no te la cojas, para que estés listo para Valeria.- afirmó Arturo con total seguridad que aceptaría su propuesta.

    Ese día en la noche después de ver a Adriana, me imaginé el encuentro y estaba tan cachondo que me masturbé en 3 o 4 ocasiones, hasta que quedé dormido, imaginando que disfrutaba el sensual cuerpo de Valeria mientras era penetrado por Arturo.

    Lo pensé mucho y al final decidí aceptar la propuesta, había insistido tanto en cogerme a mí y Adriana juntos, que quería satisfacer su fantasía, aunque no fuera precisamente con Adriana, además la oportunidad de cogerse a una mujer de película se da una vez en la vida y había que aprovecharla, aunque el costo de cogerla fuera mi culo.

    Los mensajes de Arturo, fueron tantos y tan insistentes en los siguientes días, hasta que el jueves por fin acepté, Valeria era bella y hermosa, y bien valía cualquier sacrificio por acostarse con ella, y más si ese sacrificio era muy gratificante, una estaca clavada en mi cuerpo, ja, ja.

    Arturo pasaría por mí a las 11 ya con Valeria e iríamos a su departamento, el plan era tomar algunos tragos y al calor de las bebidas, Valeria nos seduciría y haríamos un trío, posteriormente sería atado y forzado por ambos, y así «perder» mi virginidad y convertirme en una nena.

    Llegó el sábado y Arturo pasó puntual, me presentó a Valeria, y empezamos a charlar de cosas intrascendentes.

    Llegamos rápidamente al departamento de Arturo. Valeria se veía sensacional, muy sensual, llevaba una vestido muy corto, de color rojo, con un gran escote en las tetas y espalda y zapatillas del mismo color, Arturo fue por una botella de whisky, vasos, hielo y agua mineral, y empezamos a beber, unos minutos después se levantó a poner un poco de música y sacó a Valeria a bailar, bailaron un par de piezas, ambos se movían en forma muy cachonda y sensual, más que un baile parecía una danza de apareamiento, lo que me empezó a excitar, llegó mi turno, Arturo dijo que iría a preparar botanas a la cocina y me dejó con Valeria, quién me sacó a bailar, era un sueño, bailando con la mujer más bella y sensual, un sueño del que no quería despertar, suspiré para ver si realmente no estaba soñando y sentí el aroma de su cuerpo, una fragancia sensual y excitante, empezó una suave música y empezamos a bailar más pegaditos, una de mis manos en su espalda, estaba nervioso, mi corazón palpitaba, mis manos sudaban, me atreví a bajar tímidamente mi mano a su cadera, mi mano temblaba, en el baile no faltaron los «roces» accidentales de sus nalgas y sus tetas con mi cuerpo, aunque en realidad estaba seguro que no eran nada accidentales, Valeria lo hacía a propósito y me estaba calentando mucho, en momentos la palma o el dorso de su mano «rozaba» accidentalmente mi verga, la cual se me estaba poniendo durísima, los roces se hicieron tan atrevidos que no aguanté y en una vuelta me le repegué completamente a su cuerpo, apretándola y apoyando mi verga en medio de sus nalgas y le susurré al oído:

    – Perdóname, pero tengo que decirte que estás buenísima, eres la mujer más hermosa y sensual con la que bailado en mi vida y estoy muy caliente y cachondo- aspiré el aroma de su pelo y me atreví a darle un suave beso en el cuello, su piel era tan suave que me hizo vibrar y creo que también ella se estremeció.

    Seguimos bailando y me contestó, al tiempo que me miraba fijamente:

    -Gracias, que lindo eres, también estoy muy caliente y cachonda, Arturo y tú me tienen bien cachonda, son tan fogosos y guapos.

    Su mano fue a mi verga y la apretó ligeramente, una corriente eléctrica recorrió todo el cuerpo y se me puso más dura todavía, en eso estaba llegando Arturo y saca a bailar a Valeria, por lo que a mi pesar, tuve que irme a sentar al sofá, con la verga tan dura que me molestaba, siguieron bailando muy pegados y Arturo bajó sus manos de la cintura a la bellas nalgas de Valeria y empezó a acariciarlas y apretarlas, esa visión me perturbó más todavía y me imaginé tocado esas nalgas perfectas, algo cuchichearon entre ellos y se fueron a sentar en el mueble, junto a mí, Valeria en medio de ambos.

    Sentí la mano de Valeria en mi pierna y la deslizó hasta tocar mi verga sobre la ropa, una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo al contacto, Arturo se estaba quitando los pantalones, así que imitándolo, levanté mi cadera y me quité los míos, mi mano fue lentamente avanzando rumbo a la entrepierna de Valeria y me aventuré a tocarle su coño, todavía cubierto por una tanga minúscula, la tanga estaba completamente húmeda, Arturo sacó las tetas entre el pronunciado escote y se aferró a ellas, besándolas y chupándolas, me atreví a meter mi mano bajo su tanga, sus labios estaban empapados, suaves y ardientes, no podía creer que estuviera tocando el coñito de una Diosa, un coñito muy húmedo, chorreante y me atreví a empujar mis dedos, sus pliegues se fueron abriendo y mis dedos se fueron deslizando suavemente en su interior, un gemidito salió de su boca, mis dedos quedaron empapados de sus flujos.

    Le quité la tanga y su vestido, mientras. Me terminaba de desnudar, Arturo se encargaba de su sostén, también se terminaba de desnudar, pronto quedamos los tres desnudos.

    Nos hizo levantar y se arrodilló a mamar nuestras vergas en forma alternada, la sensación de sus labios ardientes en mi verga era increíble, me dolía la verga de lo parada que estaba, recorría la redondeada cabeza con su lengua y después se la metía en la boca y succionaba suavemente, gemidos de placer salieron de mi boca. tuve que controlarme para no correrme como un adolescente, se sentía riquísimo, era una mamadora excelente la mejor de todas, era notoria su experiencia, me jaló de la verga y me puse junto a Arturo, con ambas vergas al palo, casi rozándose, si bien mi verga no era pequeña, unos 17 cm, comparada con la de Arturo parecía de un adolescente, más larga, gruesa y pesada, me daba un poco de pena ante aquella escultural mujer, pero parecía no importarle, las frotó una contra otra, y mi cuerpo se estremeció al contacto, abrió su boquita y chupó ambas vergas, juntas, rozándose, la sensación del roce de esa enorme verga contra la mía, unido a los ardientes labios de Valeria, era demasiado y pensé que me correría ahí mismo, en su boquita, estaba a punto de explotar, pero afortunadamente, ya que no quería acabar tan rápido se levantó y nos llevó a la recámara.

    – Vengan amores, acá estaremos más cómodos.

    Así fuimos los 3 juntos a la recámara, Arturo con una mano en el hombro de Valeria y mi mano acariciando sus bellas nalgas.

    Llegamos a la recámara y Arturo se acostó boca arriba y tomando la cabeza de Valeria la fue acercando a su imponente mástil.

    -Ven, abre la boquita nena, lo escuché decir,

    Valeria se inclinó más aún y quedó en 4 patas, agachada, con el culo empinado, majestuoso, tentador, no pude contenerme, me acerqué y me arrodillé sobre la cama, acerqué mis manos con un poco de nervios, y empecé a acariciar la piel suave y sedosa de su trasero, abrí sus nalgas y su delicado hoyito quedo expuesto, chiquito, rosadito, fruncido, palpitante, acerqué mi cara y aspiré el aroma de su culo, extasiándome con ese profundo aroma de hembra, tan femenino, tan íntimo, al aspirar mi piel se erizó, saqué mi lengua y con timidez alcancé su rico agujero, lamiendo la entrada solo con la puntita de la lengua, se estremeció y su esfínter se frunció un poco, involuntariamente, Valeria se estiró, abrió más las piernas y empinó más la colita, indudablemente una invitación a continuar, así que no me hice del rogar, y recorrí toda su rajita con mi lengua, desde su clítoris hasta su culito, saboreando, succionando suavemente cada centímetro de su piel, disfrutando su sabor embriagante, la escuche gemir y me prendió más, enterré mi cara entre sus piernas y chupé profundo, con glotonería, succionando sus flujos, mi nariz quedaba justo en su orificio trasero, y aspire, empujando un poco mi nariz en su rico hoyito, casi penetrándola con mi nariz, con una mano mantuve abiertas sus nalgas y busqué su fruncido agujerito y empecé a lamerlo rápidamente, empujando la punta de mi lengua dentro de su caliente agujero, al tiempo que enterraba un par de dedos en su ardiente coño, no aguantó más y empezó a convulsionar, todo su cuerpo vibraba en señal inequívoca que se estaba corriendo, sus jugos escurrían por mis dedos, dejó de chupar la verga de Arturo para lanzar fuertes gemidos gritando en forma incontrolable:

    -Ay, si, aggg, que rico, ahhh siii.

    Arturo, se aferró a sus pechos y los succionaba, apretándola a él, sintiendo como se retorcía de placer, hasta que recuperó el aliento y le dio un beso cachondo, al tiempo que le decía:

    – Ay Arturo, por Dios, tu amigo ya me hizo correr, no lo puedo creer, que ricos son ambos.

    Me sentí orgulloso del comentario y seguí chupando sus nalgas, mordiéndolas suavemente, pero Arturo levantó a Valeria y la acomodó entre sus piernas, listo para empalarla,

    – ¿Lista nena para recibirme?

    -Si, Fóllame- ayyy, estoy ardiendo, te quiero dentro.

    Acomodó la punta y vi como intentaba abrirse paso, lentamente, abriendo la entrada de su vagina, Valeria se quejaba un poco al momento de entrar la punta y traspasar la entrada.

    -Ay Arturo, que bárbaro, que gruesa, siempre me duele un poco, nunca me voy a acostumbrar al grosor de tu verga- expresó Valeria,

    -Shhh, calla!, sólo relájate- expresó Arturo al tiempo que la tomaba de la cintura y le enterraba la verga hasta el fondo, haciéndola gritar, aunque más que de dolor, era un grito de placer.

    -Ay, Arturo, que bárbaro, que verga tienes, me llenas por completo, agh, que rico,

    Arturo empezó a moverse en un lento vaivén, tomando a Valeria de la cintura, el cuerpo de Valeria se bamboleaba, sus nalgas se abrían y cerraban, dejando por instantes expuesto el tierno agujero del culo, palpitante, tembloroso, insinuante, no pude contenerme y busqué el lubricante que usaba Arturo y me puse un chorro en mi verga, lubricándola bien y me puse en cuclillas detrás del cuerpo de Valeria, busqué su ardiente agujero y apoyé la cabeza de mi verga, Arturo entendió lo que pretendía y dejó de moverse, sujetando a Valeria de la cintura para facilitar la penetración, empecé a empujar lentamente y sentí como sus pliegues se iban abriendo hasta que entró la cabeza de mi verga en su ardiente interior, era un placer exquisito, su culo era muy estrechito y apretaba mi verga, sus paredes internas se contraían y relajaban ajustándose al grosor de mi verga, se quejó un poco:

    -Ay, despacio, me dueleee, ayyy, despacitooo.

    -¿Te duele nena?, anda, relájate, quédate quieta, así, tranquilita, vas a ver cómo vas a gozar con mi verga, aguanta, te vas a ir acostumbrando poco a poco- dije al tiempo que le daba una ligera nalgada y le masajeaba las nalgas para que se relajara.

    :Anda Ariel, cógete ese culito, cógelo bien, es riquísimo- Me animaba Arturo al tiempo que reiniciaba el vaivén de su verga, embistiendo el coño de Valeria, al hacerlo, sentí que su verga rozaba la punta de mi verga a través del delgado pliegue que separa el coño de su culo y me estremecí, fue una sensación increíble, nunca antes sentida, y empecé a empujar lentamente pero sin detenerme hasta que mis testículos golpearon las nalgas de Valeria, quien lanzó un fuerte gemido, me quedé unos instantes quieto esperando que su culito fuera adaptándose

    -Ay cabrones, me duelee, pero que rico, así, meténmela más, ufff, cójanme soy su putaaa, agh

    -Si nena, tranquila, ahora empieza lo bueno, te vas a morir de placer-dije al tiempo que empecé con mis embestidas, y Arturo arreciaba las suyas, empezamos a sincronizarnos, las sensaciones eran únicas, estaba follando el culo más hermoso y sentía como su culito apretaba mi verga y al mismo tiempo alcanzaba a sentir el roce de la verga de Arturo, follando el otro agujero, verga con verga separados por un delgado pliegue.

    Empezamos los 3 a aullar de placer, en una sinfonía de gritos y gemidos intensa, la tomé de la nuca y empecé a besarla del cuello, succionaba su nuca, mordisqueaba sus orejas, mientras Arturo se aferraba a sus tetas, mordiéndolas, succionándolas con rudeza, haciéndola gritar de placer, los 3 sudábamos en forma intensa, nuevamente Valeria empezó a convulsionar y las embestidas de ambos se volvieron más intensas, las sensaciones de su culo, sus espasmos apretando mi verga, ahorcándola y el roce de la verga de Arturo a través de cuerpo de Valeria, era demasiado y provocaron que también empezara a convulsionar, sentí que mi verga se hinchaba y empezaba a bombear esperma ardiente profundamente dentro de los intestinos de Valeria, escuchaba que Arturo también aullaba y se estaba corriendo dentro del coño de Valeria, inundándolo de leche calientita, un orgasmo triple, intenso, inimaginable, el cuerpo de Valeria chorreando semen por sus dos agujeros, me derrumbé sobre su espalda sudorosa, al tiempo que Valeria se derrumbaba sobre el pecho de Arturo, escuchando su respiración agitada y el palpitar de su corazón, poco a poco mi respiración se normalizó y me derrumbé a un lado a fin de no aplastar con mi cuerpo a Valeria y Arturo, y quedamos exhaustos descansando para recobrar energías, y platicando de lo fabuloso que había sido la cogida.

    Me levanté a asearme y me siguieron Valeria y Arturo, nos metimos los 3 bajo la regadera, la leche de ambos escurría por las piernas de Valeria, y en la estrechez del baño eran inevitables los roces, tanto de Valeria como de Arturo, y nos fundimos en un triple abrazo, al tiempo que el agua tibia recorría nuestros cuerpos, después empezamos a asearnos, le ayudamos a Valeria a lavarse la colita y el coñito, y ella nos enjuagaba nuestras vergas, las suaves caricias de sus manos provocaron que involuntariamente mi verga volviera a ponerse dura y observé que a Arturo le pasaba lo mismo, su enorme trozo de carne estaba nuevamente firme y al notarlo Valeria exclamó.

    -Ja, ja, parece que ya están listos para el segundo round, por eso me gustan los jóvenes como ustedes, siempre calientes y aguantan más de un palo, ja ja.

    Rápidamente nos secamos y regresamos listos para la siguiente sesión, con nuestras vergas al máximo, totalmente repuestas, en esta ocasión, Valeria se acostó boca arriba y me pidió que le chupara el coño, para lo cual me arrodillé y busqué su sexo, quedando en 4 patas, Valeria me tomó de la cabeza y la hundió en su coño, al tiempo que la escuché decir, dirigiéndose a Arturo.

    – Ahora papi, lo que me prometiste.

    Valeria levantó una pierna sobre mi espalda, hundiendo más mi cabeza en su coño, y sentí que Arturo me tomaba de las manos con firmeza y las llevaba a mi espalda, al tiempo que algo frío se posaba sobre mis muñecas y se escuchó un clic conocido, me estaba poniendo el par de esposas que ya usábamos en nuestros juegos.

    Acababa de empezar la fantasía de Valeria, lo que pasó después se los cuento en el siguiente relato.

    Me encantaría saber sus comentarios, si les gusta o no lo que escribo, mi correo es [email protected]

    Relato anterior:

    «Mi novia llegó con la colita llena de semen»

  • Como entre amigos, uno está mientras el novio está ausente

    Como entre amigos, uno está mientras el novio está ausente

    Hola, aquí estoy, no crean que los olvido, solo que recuerdos y vivencias llegan a mi memoria y no había tenido tiempo para plasmarlos de tal forma que se nos antoje al momento de leerlas, cierto!

    Segundo semestre de contabilidad yo tenía escasos 18 añitos en ese entonces, la jirafa de la carrera ya saben por mi estatura 1.75 m, delgadita, carita tierna, tetas duritas y en su lugar sin necesidad de push up ni bras y unas nalguitas paraditas y como soy caderona pues ya era yo un manjar de mujer, me hacía ver como frágil y sumisa ja, para ese entonces ya Carlitos me había cambiado con Gerry diciendo que yo era muy fiel y que jamás le haría caso a alguien más, les escribí un relato de eso; ellos no se en que quedaron, si hubo una apuesta o ya no se dijeron nada, yo había decidido no hacer nada más con Gerry, que como aventura y calentura fue muy rico, pero no estaba dispuesta a seguir con su farsa.

    Llevaba unos días sin ver a Carlos, necesitaba ser manoseada y tener ya unas buenas sesiones de sexo rudo y salvaje sin compasión como me gustaba en ese entonces, que me sujetara con fuerza y me arrancara la tanga y me metiera la lengua en todos mis orificios, por una u otra cosa no habíamos tenido tiempo para vernos siendo alumnos de la misma Universidad y casi los mismos horarios. Me llamó y dijo que no iba a trabajar el viernes, decidí ir al cine y planear una tarde-noche llena de sexo y placer, así que empezaríamos con el cine.

    Mi ritual sexual consta de un rico baño y depilación completita y minuciosa, es lo bueno de no ser velludita, me quito solo el exceso de agua y me pongo cremita humectante en todo mi cuerpo, me hago una cola de caballo y solo ocupo mi rímel y labial, busque mi ropa mas accesible en ese momento para ser manoseada a placer y encontré una minifalda de mezclilla para sentirme cómoda con lo que me pondría debajo, una tanga rosa pequeñita de encaje que apenas me cubría mi pubis recién depilado, me puse un Tank Top negro para facilitar al máximo las cosas, ya que nos gustaba meternos mano en el cine y yo necesitaba ya ese sentir en mi piel.

    Sonó mi celular. ¡No podía venir! porque le había surgido algo, pero había llamado a un amigo suyo para que me acompañara. Si, Gerry. Quedo de pasar por mi y mis planes cambiaron a pasos agigantados, yo sabía que era un tipo genial, me cae bien y ya lo había comprobado que era buen amante en la cama, que podría satisfacerme pero yo quería que Carlos me hiciera lo que quisiera conmigo esa tarde. ¡Rayos!

    Sonó el timbre y bajé. Antes de abrir solo alcance a suspirar y pensar en pasarla bien, que mal podría pasar, yo sabía con quién iría y si las cosas se daban bueno pues ya tenía el disfraz de asesina sexual puesto, además tenía unas ganas enormes de montarme en alguien y eso mi entrepierna ya lo sabía. Saludé a Gerry con un fuerte abrazo y un beso de eso pegaditos a la boca, solo reímos y me abrió la puerta del coche, subí lentamente dejando ver mis piernas y claro que no había duda que esta chica ese día andaba sin bra, y nos fuimos dando un paseo largo hasta el cine en Mundo E, ya que hacía un buen día sin tanto tráfico.

    Llegamos a la Plaza, y nos dirigimos a la sala del cine, primero caminamos separados y de ahí vi una blusa diciéndole “hey mira esa blusa, esta súper coqueta! la amo desde ya, era una blusita rosita transparente solo para llevar debajo un bra súper coqueto, o no llevar nada y solo encima un saquito o traje sastre”. Para ese momento yo ya me le había colgado del brazo y cuando le dije lo de la blusa se lo dije pegadita a él dejándole sentir mis pechos ya que lo medio abrace, desde ahí ya no nos soltamos, me agradaba su compañía y como era más alto que yo pues con facilidad el me pasaba el brazo por el hombro y yo le metí mi mano en la bolsa trasera de sus jeans.

    Antes de llegar al cine, caminamos por la Plaza que era muy grande y yo me acercaba o detenía donde había ropita buena y súper sexy a lo que él solo asentía con la cabeza o me decía que se me vería súper bien, me detuve fuera de Victoria’s Secret donde tenía en el aparador una ropita súper sexy transparente y le dije, “hey, ese es mi estilo” a lo que él solo suspiro ja. Me adelante a comprar unas palomitas y refrescos mientras a él lo deje formado en la taquilla. Me ayudó con la charola de las palomitas y yo lo abrace por atrás dejándole sentir mi pecho en su espalda y le empujaba mi cadera a sus nalgas a lo que él solo empezamos a reír, “¿ya ves que se siente? – Se sentiría mejor si yo estuviera detrás – le dije ok ok ok a ver si dices lo mismo- le baje la charola a la altura de su cintura, me fije que nadie estuviera de mirón así me le pegue a su espalda, lo empuje con mi cadera y con mis mano debajo de la charola lo abrace y le empecé a sobar por encima del pantalón a lo que él solo alcanzo a reír y decir “no es justo”.

    Por fin entramos y vi que había comprado los lugares más apartados del bullicio, no era una película muy buena ya que no había mucha gente. Nos sentamos y nos dispusimos a disfrutar de la peli. Plan con maña no me acomode la falda al sentarme por lo tanto se me había subido de más y me jale un poquito hacia abajo el TankTop hacia abajo quedando al límite de mis pezones y verme más chichona para él. Yo no podía dejar de pensar en la maravillosa oportunidad que brindaba aquella sala casi vacía y que se había perdido por el «algo» de mi novio. Me giré hacia mi Gerry y saqué un tema de conversación absurdo como preguntarle por su novia Vianey mientras empezaba a mirarle con otros ojos.

    Es cierto que antes del supuesto intercambio entre amigos me había atraído un poquito. Era y es un chico delgado pero con músculos bien marcaditos, de buen ver, más alto que yo, una mirada fuerte y ancha y unos ojos grandes de color miel.

    Pensándolo bien, si estaba guapo y me ponía medio loquita.

    La peli empezó, intenté ponerle atención, me enfrasqué hasta olvidarme de lo que pasaba a mí alrededor y como a mitad de la peli un contacto me devolvió a la realidad y mis pensamientos se interrumpieron. La mano de Gerry estaba posada en mi pierna e iba subiendo lentamente con malicia hacia mi falda que era casi un cinturón. Es que lo estaba deseando desde que planeé la salida con Carlos, así que me hice la tonta y abrí un poco más las piernas. Intenté concentrarme de nuevo en la peli pero esa manita ya estaba rozando mi tanga y me di cuenta de que estaba empapada.

    Gire para ver si estábamos a la vista de alguien más, me recargue del otro lado y doble mi pierna subiéndola a mi butaca y claro le di completo acceso a mi sexo ya húmedo, empezó a juguetear con las costuras del mi tanguita y como por casualidad me iba rozando la entrepierna. Yo estaba excitada y feliz de que esa maravillosa sala semivacía no se fuera a desaprovechar, sentí poquito remordimiento por mi novio, pero desapareció con mi recibimiento de las caricias que se hacían más intensas.

    Me acerco hacia él y se acercó a mi cuello, me besó tiernamente, me mordisqueó ligeramente, me lamió subiendo hasta mi oreja y bajando después.

    Yo estaba excitadísima y ya estaba escurriendo desde mi rajita, el poco a poco iba introduciendo sus dedos en mi panochita y fue buscando mi clítoris. Lo encontró con mucha facilidad ya que estaba muy abultado y empezó a acariciarlo. Despacio, deliberadamente despacio, haciéndome suspirar. Se apartó de mi cuello y siguió viendo la peli como si no estuviera pasando nada pero su mano iba aumentando de velocidad. Me recosté contra él y metí mi cabeza detrás de su hombro para que no se oyeran los gemidos que empezaban a escapar de mi garganta.

    Noté como iba llegando al orgasmo así que le susurré que no parara, y él, diligente, no sólo no paró, sino que aumentó el ritmo hasta que ya no pude aguantar más y, mordiéndole el hombro para no gritar, tuve un orgasmo largo y prolongado.

    La peli que obvio vi en capítulos jaja se acabó y salimos del cine. Fui al baño a limpiarme y al ver mi tanga totalmente empapada mejor me la quité y así, libremente, volví al lado de Gerry.

    Reímos y caminamos un poco por la plaza, pasamos frente a un Top&Bottoms, entre me compre una microtanga qué me puse subiendo al coche, la otra la saque, se la enseñe, se la pase para que la oliera y le dije “será tu trofeo pero necesitamos que tu acabes con lo que empezaste”. Había un problema, no teníamos mucho tiempo y estábamos lejos, además me dijo que se quedaría conmigo hasta que llegara mi novio así que nos dirigimos a un parquecito cerca de mi casa bastante resguardado de miradas indiscretas para estar un rato solos.

    Ya en el parque antes de bajarme me quité la tanga para tenerla seca, el parque estaba totalmente vacío así que lo teníamos todo para nosotros. Nos acercamos a una banca que estaba bastante apartada y al ir a sentarme me cogió por la cintura y me sentó abierta de piernas encima de él.

    Sentí inmediatamente la dureza que había debajo de sus pantalones y vaya que estaba dura y la noté muy grande. Comenzamos a hablar como si no hubiera pasado nada.

    Sonó mi celular, era Carlos que ya iba para casa a bañarse y que le contara como la había pasado con Gerry mientras estaba en el metro, que si no se aburría.

    Mientras hablaba con él, Gerry con una mano bajo mi Top dejándome las tetas completamente al aire. Los sujeto con ambas manos y primero uno y luego el otro me los fue lamiendo y mordiéndome los pezones de una forma tan rica que apenas podía yo contener los gemidos mientras hablaba con Carlos. Eso pareció excitar a Gerry o quizá se lo tomó como un reto porque metió una mano por debajo de mi falda y buscó mi panochita que ya estaba empapada otra vez. Introdujo dos dedos y comenzó a moverlos en círculos haciendo que yo me mordiera los labios para que no se me notara. Yo seguía hablando con mi novio de cosas de las que hasta decía sin sentido por lo que me estaba haciendo Gerry cada vez más rápido y rico. Estaba deseando colgar y parece que mis ruegos fueron escuchados porque mi novio ya había llegado a casa y me tenía que colgar.

    Tiré mi celular encima de la banca y paré a Gerry. Me eché un poquito hacia atrás y le fui desabrochando el pantalón. Liberé su animal de la presión de los bóxer y me maravillé nuevamente ante su tamaño. La agarré con delicadeza pero con firmeza e inicié un movimiento de sube-baja que parecía encantarle. Me estaba volviendo loca de deseo. Deseaba mamársela y ni corta ni perezosa me agaché entre sus piernas y allí, en mitad del parque me dediqué a darle la mejor mamada que había hecho en mi vida. Le fui lamiendo el tronco con deliberada tranquilidad mientras que con una mano le acariciaba los huevos. Me metí uno en la boca y luego el otro. Se la lamí desde la base hasta la punta y me la metí todo lo que pude en la boca. La saqué y le di ligeros lengüetazos en la punta.

    Comenzó a gemir lo que me puso más cachonda, me levantó y me montó encima suya. Cogí su animal venudo que ya estaba al mil y lo coloque en mi concha mojada que ya lo pedía a gritos, me senté sobre él y entró sin problema alguno, mi cola estaba encantada de recibirla. Me dejé caer por completo sobre él y sentí como entro cada centímetro de su verga enorme y bien parada dentro de mi por completo. Me agarra las tetas con ambas manos y se lleva una a la boca mientras yo comienzo a cabalgar. Gemía incontroladamente pero tenía que ahogar esos gemidos a besos para que no me escucharan a lo lejos, yo estaba disfrutando como nunca encima de su animal, era deliciosamente encantador estar subiendo y bajando cada centímetro de esa gran verga. Deseaba que se viniera dentro de mí para compensarle el enorme placer que me había dado en el cine. Le susurré que me encantaba su verga, que quería que fuera siempre mía, lo bese mientras seguí montándolo más rápido, sabía que ya estaba a punto de terminar, solo sentí como ese shock eléctrico por toda la piel, ya venía mi súper orgasmo y esperaba que él ya se viniera y que mejor dentro de mí. Él estaba extremadamente excitado y no era para menos teniendo este bombón encima de él. Me sujeto de la cintura y empezó a llevar él la iniciativa, manteniéndome en el aire para poder embestirme. Yo no aguantaba más, así que lo abrace, nos fundimos en un beso y el orgasmo nos llegó a los dos a la vez. Sentí esos chorros llenando mi interior, como me llenaba de su lechita.

    Sonó el celular. Carlos de nuevo. Que ya estaba listo y que donde quedábamos. Le dije que en mi casa y colgué.

    Una vez que perdió la erección me bajé de él dejando que todo lo que me había dejado adentro escurriera. Recuperé la compostura, respire, le di un gran beso mientras me acomodaba el Top y ponía mis tetas en su lugar, me paso unas toallitas que traía en el coche y me limpie toda y me puse mi tanguita seca, y fuimos directo a mi casa. Nos sentamos fuera de mi casa y él se fumó un cigarro y en ese momento llegó Carlos. Lo dejé con Gerry y entré a mi casa a medio bañarme ya que de la cintura para abajo estaba llena de Gerry jaja me puse la misma tanga nueva que me había comprado. Bajé y me despedí de Gerry con un fuerte abrazo y un besito bien coqueto, le agradecí el tiempo y la película, le mande saludos a su novia Vianey jaja, y me subí al coche de Carlos.

    Me dijo que quería disfrutar de lo que se había perdido por no ir al cine conmigo así que mientras conducía hacia algún lugar donde no nos molestaran, yo seguía pensando en lo que acababa de pasar con su mejor amigo y hermano de leche, empezaba a excitarme de nuevo.

    Me acerque hacia él, le desabroché los pantalones y me acomodé para no molestarle mientras conducía.

    Comparada con la de Gerry era más pequeña pero más gruesa, no me podía quejar. Me incliné del todo para poder chupársela y me la metí en la boca. Noté como se iba endureciendo mientras jugueteaba con mi lengua y muy rápido la tuvo bien firme. Puso una mano en mi nuca para indicarme que siguiera lentamente. Me ayudé de una mano para poder lamérsela como si fuera un helado. Jugué un rato en la punta, succionándola y chupándola como si fuera un auténtico manjar. Tan entregada estaba que no me di cuenta de que habíamos llegado a su casa.

    Me sujetó de mi carita indicando me levantara y nos fuimos al asiento de atrás para colocarme en 4, mi falda ya era un cinturón para ese entonces él hizo de lado mi tanga diminuta dejando mis agujeros al aire, su lengua apuntó directamente a mi panocha hinchada de placer y nuevamente empapada de placer apenas al primer lengüetazo, me daba lamidas más largas pasando algunas veces por mi cola, mi anito sentía mil cosas deliciosas, me retorcía de placer, me dijo que mi panochita se sentía y sabía rara, solo alcance a decir que siguiera antes de que se diera cuenta que otro macho ya había estado en su lugar y me había rellenado cual pavo, yo estaba muy cachonda y lista para lo que me hiciera, así que le exigí que me cogiera ya que no aguantaba más.

    Hizo el asiento hacia adelante y bajo el respaldo, me sentó sobre él dándole la espalda, se agarró de mis hombros y comenzó a moverse muy despacio, haciéndome sufrir mientras bajaba sobre su pitote grueso poco a poco, yo quería más. Quería que me lo hiciera con fuerza, que me desgarrara. Le grité que me cogiera de una puta vez, que me lo hiciera con fuerza, y lo hizo.

    Me tomo por la cintura y me subía y dejaba caer sobre su verga dura y gruesa, yo ya gritaba de placer y de dolor pero seguía en lo mío hasta que sentí como ese dolorcito me recorría cada parte de mi cuerpo y mi interior se convulsionaba sobre él, fue un orgasmo brutal. Me temblaba todo el cuerpo.

    Él estaba a punto de venirse y me la sacó, me dio la vuelta y me coloco su verga entre las tetas, mientras me cogía las tetas le daba lengüetazos en la puntita de su pitote a punto de explotar hasta a que se vino salpicándome la cara, las tetas. Abrí la boca para tragar todo lo posible y los restos que quedaron los embarre por mi cara por mis tetas mientras las estrujaba para él. Nos dimos un beso muy tierno, rico, largo lleno de amor mientras me susurraba al oído lo mucho que le encantaba coger conmigo y estar dentro de mi cada que se podía. Nos quedamos abrazados ahí en su garaje, tomamos un poco de agua pero ya era momento de ir a casa.

    Así toda pegajosa de la cara de las tetas y mi sexo de los jugos de los 2 solo me acomode la ropa, mi tanga nuevamente se la quedo de trofeo, 0 y van 2 el mismo día. Me llevó a casa despidiéndome con un gran beso, se disculpó por no poderme llevar al cine pero que era bueno tener tan buenos amigos y confiables como Gerry, sí seguro.

    Y así fue como comencé una corta relación con el amigo de mi novio mientras que seguía con él.

  • Hijo de sangre pura, con esposo estéril

    Hijo de sangre pura, con esposo estéril

    Anteriormente les había confesado mis prácticas sexuales y pues bien cada quien tiene una opinión al respecto; sobre todo si mencionas el amor. En fin, la pandemia tomó su curso y en mi país el gobierno no dejó de lado tanto a profesionales como a las personas más necesitadas, así que muchos debimos despojarnos de comodidades e incluso de nuestra privacidad e intimidad para sobrellevar una época que nos afectaba no como individuos y si como especie; la imposibilidad de estar rodeado de los tuyos o de otras personas, el confinamiento y sus consecuencias.

    Ante esto, mi esposo vio como mejor solución mudarnos con sus padres, así entre todos podríamos superar la precariedad económica y el alojamiento, ya que a pesar de tener que estar confinados debimos seguir pagando impuestos, renta y sin apoyo del gobierno. Con todo mi descontento acepté y nos fuimos a casa de sus padres; la verdad nos facilitaron muchas cosas, compartimos gastos y nos concedieron un buen lugar de la casa para estar y eso aplacó mi molestia al punto de sobre llevarlo.

    Pasados dos meses de pandemia mi esposo retomó al empleo y yo de igual forma, pero virtual; pero nuestros sueldos fueron recortados así que no podíamos irnos y debíamos seguir en casa de sus padres. Mis suegros son una pareja relativamente joven él de 62 años y ella de 51; y se cuidan mucho, tienen de todo tipo de equipos para ejercitarse, él es pensionado de una universidad, enseñó leyes toda su vida, mi suegra aun trabaja por gusto administrando su jardín botánico, que para mi fue una vía de escape al estrés; pues plantar frutos y comida es una hermosa labor, además de plantar flores.

    Al tercer mes en una noche en familia, mi suegra me preguntó si ya no era hora de encargar un bebé; la verdad me desconcertó totalmente por la situación en la que estábamos pensar en un bebé no era algo en lo que pensaba, además de mis infidelidades con tantos hombres; de los que mi marido ni sabía; ¿yo madre? no. Eso le dije, que no era el momento y evadí la conversación mientras me mojaba pensando en mis amantes; por la noche mi esposo tocó el tema, pero me hice la dormida.

    Ese mes fue horrible, era el único tema de conversación de mi suegra, de su hijo y de su padre. Eso me hizo pensar: un bebé no es la solución a ningún problema de pareja, pero y si sus padres ¿jamás tendrán la oportunidad de ver un nieto de su hijo menor? ¿mi egoísmo es tal?; si, egoísmo, un bebé implica tiempo completo por toda una vida; cambiar hábitos, rutinas -amoríos clandestinos-; a final de mes me ganó el pensamiento de que estábamos en una pandemia y mis suegros estaban en riesgo así que acepté; le propuse a mi esposo tener un bebé.

    En el cuarto mes, me la pasé teniendo sexo con mi esposo buscando a ese bebé; pero a mitad de mes me di cuenta que algo no iba bien; por más que lo hacía sin condón, yo no quedaba. Me hice todo tipo de exámenes y mi resultado decía que yo era fértil; obvio pasada de edad, les recuerdo que tengo 33 ahora. Le solicité a mi esposo practicarse un examen y luego de dar mil vueltas se lo practicó. Tengan presente que todo estaba repleto por el virus; así que los resultados no eran inmediatos y menos las citas con los especialistas; muchas eran virtuales y uno solo llevaba muestras.

    El doctor lo llamó y mi esposo se derrumbó con la noticia; si, él es infértil. Para mi no fue una decepción, era un mensaje claro; no tendríamos un hijo y ya; así no mas. Lo apoyé pues para él fue fuerte; pero a tal punto que sus padres se enteraron. Para mi sorpresa el único que lo tomó muy mal fue su padre; lo tomó como si su hijo fuera menos hombre ahora; la verdad me molestó mucho, su madre era la cara opuesta; fue muy comprensiva y la verdad me ayudó mucho en subir su autoestima y que no lo tomara tan mal. Una tarde ayudando a mi suegra a recoger algunas flores, me comentó “y si adoptan”, la verdad eso me hizo temblar; ahora se lo iba a proponer a su hijo, hasta que esté me lo iba a pedir.

    Así fue; fueron meses mostrándome como parejas adoptaban, video de adopciones, testimonios, todo un lavado mental para su hijo, yo no acepté. Una tarde lo platiqué con una amiga y me dijo “prueben la inseminación artificial” y lo pensé dos noches, hasta que no pude: a media noche levanté a mi esposo y le comenté, él me pidió pensarlo pues el ego, de que fuera semen de otro no lo dejaba de atropellar -si mi esposo supiera que en otras ocasiones 3 hombres me follaron toda y lo único que me protegió fue una T y una inyección y el sufriendo por unas gotas de semen. En fin, mi esposo acepto luego de 5 días pensado e investigando. Una noche como si se tratará de la noticia del año se los dijo a los padres durante la cena; su papá se levantó de la mesa y le dijo “no acepto un nieto bastardo» y se retiró de la mesa. Su madre se indignó con su esposo y le reclamó. Yo en medio de todo eso preferí tomar a mi esposo de la mano y llevarlo al cuarto. Me quede con él hasta que los gritos terminaron. Era decisión nuestra, ellos solo podían ver, opinar o apoyar pero no tomar decisiones por nosotros.

    Iniciamos el papeleo en la clínica; todo virtual, una mañana mi esposo trabajaba y yo terminaba de hablar con el médico, su padre me invitó un café y lo bebimos, él quería hablarme del asunto; yo pensé que se quería disculpar y no sabía cómo iniciar, así que cometí el error de adelantarme y el me refutó; no estoy de acuerdo, quiero que no sigas con esto, si voy a tener un nieto tiene que llevar mi sangre, a lo que molesta le dije ¿y qué hago yo? tu hijo no puede dártelo. Él tomó aire y me dijo entonces yo, mis hijos (hablando de los hermanos de mi esposo) te daremos la muestra de semen. Me quede en blanco; ¿cómo demonios él podía proponerme algo así?; era humillante, me molesté y me retiré al cuarto.

    No almorcé con ellos ese medio día, estaba molesta porqué mi suegro me veía como una incubadora de su material genético; el alpha del hogar y sus sementales hijos. Cuando estoy molesta suelo masturbarme para liberar mi tensión o el estrés, así que me desnudé y me fui a mi tina y me masturbé rico además me coloqué el plug anal que me regalo uno de mis amantes y la verdad la pasaba delicioso; en eso siento que tocan a la puerta. Mi suegro; me coloqué mi bata y salí (si, con mi plug en mi ano), le abrí de mala gana y con mi cara de molesta, además de decirme lo que me dijo, ahora interrumpía algo que necesitaba. Al verme se le fueron los ojos y me solicitó una disculpa, yo le dije que no era el momento; pero que iba hacer de cuenta que no me había dicho nada.

    Regresé a mi bañera y terminé lo que inicié. Mi esposo llego entrada la noche y se fue a dormir, mi suegra hizo lo mismo; yo no tenía sueño así que no le vi problema en ver la TV un rato más, además hacía meses no miraba algo diferente a la pandemia. No me di cuenta y se hicieron las 12 de la noche; mi suegro bajó a tomar agua y se sentó conmigo en el sofá. Me volvió a pedir disculpas; yo le dije que lo dejara así, que no había problema que no le diría a su hijo; el no entendía el porqué me molesté y entonces me di a la molesta labor de instruirlo; La inseminación artificial tenía como principal ley que no se supiera quien es el donante, si él me dona su semen, yo sabría que es hijo de su papá; si me lo donan sus hijos, yo sabía que era de alguno de sus hijos, el muy atento entendió y me preguntó si esos donantes serían responsables de manutención; yo le volví a responder con mucho sarcasmo; NO, por eso el donante es desconocido y eso es un acuerdo; el continuó, pero yo estaría dispuesto a reconocerlo y a heredarle lo que le corresponde; incluso si es hijo mío.

    Me quedé de nuevo en blanco; él era consciente de todo eso por ser abogado; obvio que lo sabía, me sentí como una tonta. Me intenté molestar mas no había motivos, era muy tarde como para eso; le pregunté: ¿entonces tu no estás jugando?, hablas en serio. El con una madurez y una frialdad me dijo: totalmente; años de experiencia en estos casos. Yo no entraba en razón, y cuando me di cuenta era tarde; yo estaba en bata de dormir, súper ligera de ropa y de la forma en que estaba sentada se me notaba media nalga y mi hilo dental; esté señor mientras yo intentaba enseñarle algo que ya sabía muy bien, estaba mirando un tremendo show cada vez que me movía, mis tetas bailaban con cada movimiento de mis manos.

    Cuando uno ha sido infiel, algo te dice que estás a punto de ser presa de la lujuria con un hombre que no es tu marido; una humedad me invadió y mi clítoris me reclamó atención. Me dijo: tienes está noche para pensarlo, no le digas a mi hijo; tu solo piénsalo, la promiscuidad me delató y me acerque a él; ¿y cómo se supone que tu o tus hijos me van a donar el semen? eso es en una clínica y todas están abarrotadas por la situación mundial; a esté lobo viejo le brillaron los ojos; me agarro de la cintura llevándome hasta tenerme muy cerca y colocando su mano en mi nalga me dijo: “nada de clínicas una donación natural, a lo natural” y me beso muy rico.

    Su mano se deslizo por mi raja y su dedo se fue a mi ano, sintiendo la humedad que brotaba de mi vagina y con rapidez me toco la vagina desde atrás, se me salió un gemido e intente despegarme de él; pero volvió a hacerme presa fácil, me beso aún más rico y sentí con su apretón como su verga estaba muy dura; se la agarré con fuerza y metí mi mano bajo su bóxer, pero en eso las pisadas de su mujer nos hizo separarnos; el siguió bebiendo agua de su vaso, como si nada; yo me cubrí con mi sábana, mi suegra nos vio y me pregunto si no podía dormir. Me dio miedo; mi vagina había liberado sus aromas por mi humedad y él tenía una mancha húmeda de pre seminal en su bóxer; Le respondí que no podía y por eso miraba la TV; el sin que le preguntaran le dijo “yo tenía una excusa que darle”. Y nos dejó a las dos; ella me besó la frente y se fue tras de él.

    Me fui a dormir y por la madrugada violé a mi esposo, le pedí que me usara toda; mi ano lo hizo eyacular más rápido de lo que habituaba; así que me masturbé apenas él se fue a bañar; le preparé el desayuno y lo despedí a su trabajo; su mamá ya estaba en sus labores así que me fui a mi cuarto, pero o sorpresa; mi suegro totalmente desnudo me esperaba en la cama.

    Tenía en su mano su enorme y gorda verga, y olía mi tanga. La dejé en mi cama para luego lavarla. Entré y cerré la puerta me quite la ropa y lo acompañé comiéndomelo a besos y luego el tirando de mis cabellos me llevó a su verga; le hice sexo oral, colocando su pene en mi lengua y masturbándolo con mis labios al entrar y salir de mi boca; él no sabía lo que le esperaba así que empujé y me la llevé a mi garganta, trató de gemir y se tapó la boca; me di vuelta y coloqué mi vagina en su boca; armando un 69 perfecto; me lamió, usó sus dedos para penetrar mi vagina y ano; el placer me hacía temblar y gemir.

    No pasaron ni 10 minutos cuando mi suegro eyaculaba un gran torrente de semen directo a mi garganta gimiendo y retorciéndose por el espasmo; yo no lo soltaba y seguía propinándole gargantas profundas. Me incorporé y untándome su semen en mi vagina lo monté; su verga recobró el tamaño y su dureza al entrar en mi; lo cabalgué con fuerza subiendo mis caderas y dejando caer hasta sentir su testículos golpear mi ano; el no dejaba de bramar así que me lo comí a besos ricos para acallar sus gemidos; siendo un hombre de experiencia introdujo su dedo en mi ano, y violentó mi ano, haciendo que mis ojos se colocarán en blanco y perdiera el control; a lo que él respondió con sus embestidas desde abajo con un vigor impresionante; sonoro y vigoroso; no podría hacer más que restregar mi cuerpo contra el suyo y me hizo llegar a un orgasmo muy húmedo y potente; superior al que me di en la madrugada.

    Acto seguido sentí su espasmo y sentí un chorro caliente de semen en mi vagina; su verga intentó bajar su tamaño; así que rápidamente bajé a su pene y lo volví a trabajar hasta ponerlo nuevamente duro, cuando logré mi objetivo y el hacia el esfuerzo por respirar; me di la vuelta y abriendo mis nalgas le ofrecí mi ano, el me montó y agarrando mi cintura con fuerza me penetró muy fuerte en 4; me tapé la boca y mis ojos se quedaron en blanco, él señor no soportó mucho pues respiraba con problemas y sudaba mucho; haciendo un esfuerzo sentí mi intestino llenarse de su leche. Caí en la cama satisfecha, con un rostro de felicidad; él me miraba atónito y se limpiaba el sudor: puta deliciosa; susurraba sin creer lo que había invocado la noche anterior; yo estaba aún sin signos de fatiga o pérdida del físico.

    Él se esforzaba por recuperar el aliento; me le acerqué caminando en 4 y lo abracé; nos dimos un beso delicioso, hacía meses no tenía una faena sexual satisfactoria y esté señor con su edad; aunque fuera un poco; me dejó muy satisfecha; miré por la ventana buscando a mi suegra, logré verla con sus empleadas haciendo conteo de rosas; eso demoraba, así que lo invité a darse un baño conmigo; me bañé con él en mi tina, el no dejaba de besarme y tocarme toda; pero no lograba ponerse totalmente duro; me dijo sentir un poco de pena al ver que no lograba ponerlo erecto al masturbarlo y decidí preguntarle cual era su plan o si ya lo había logrado.

    Él me dijo con tono morboso y cariñoso, que si; que estaba en la gloria, le dije que muy posiblemente no estaba en mi ciclo de ovulación por lo que no debía cantar victoria. En esos días planteamos el plan; el hizo el papel de reconciliarse con su hijo, en principio la idea era que yo comenzara el papeleo que y él conseguiría un documento para que mi esposo firmara el procedimiento y acuerdos legales; pero yo debía calcular mi ciclo de ovulación para tener sexo son su papá; ese era el plan inicial; pero luego cambió.

    Una tarde mi esposo llevó a su mamá a la ciudad y yo me quedé con mi querido suegro; cuando perdimos de vista el carro nos fuimos como novios a su cuarto, nos desnudamos y tuvimos una rica tanda sexual, muy rica pero con eyaculación fuera; para no dañar los cálculos y quedar preñada antes de iniciar el “procedimiento”; recostada con mi vigoroso suegro, le pregunté porqué la primera vez que me lo propuso mencionó a sus hijos, él me dijo que solo era en caso de que él ya no pudiera; pero él también se practicó un examen y yo siendo testigo vi que era fértil aun, cómo ya no teníamos tabúes entre él y yo me preguntó ¿qué quieres cogerte a mis hijos?; yo con tono juguetón le repuse ¿feos no son?, el me abrazó y me beso; y me dijo, ¿tu serías capaz de eso? y sin dejarme responder, me agarro tiernamente el rostro y mirándome a los ojos dijo: Si, eres una diabla, que te dejaste follar de mi; no dudo que te cojas a mis hijos y me beso.

    Para mi sorpresa otra noche a escondidas nos encerramos en un cuarto desocupado y mientras me follaba con mi plug en mi ano, me dijo “te gusta como te follan mi hijo el culo? y metió su dedo en mi boca y me dijo: mámaselo a él también; eres nuestra perra”. Para los que no me conocen y no saben mucho de mi; así iniciaron mis infidelidades; mi primera infidelidad dentro del matrimonio fue con 6 tipos; luego de eso 3 tipos que me visitaban cada vez que mi marido salía o yo me quedaba sola; que mi suegro ahora me hiciera eso me puso a mil, tenía meses sin tener sexo grupal y él colocaba eso en mi menú y mi cuerpo reacciono con un orgasmo con squirt el no pudo más y eyaculó; loco de placer por como reaccione.

    Me senté jadeando, él se colocó de pie y me comenzó a comer la boca y me decía entre beso y beso: mirándome a los ojos “te vamos a preñar entre todos, vas a ser nuestra; no será difícil convencer a mis hijos con lo rica que estas, así no sabremos de quien es el niño; e igual yo lo voy a proteger porqué es sangre pura”. Eso fue una dominación psicológica que no me dejó dormir durante toda la noche; mi esposo fue el pagano, tenía que madrugar; pero le pedí más sexo y él como buen marido me atendió, muy fuerte, vigoroso y amoroso; mis gemidos eran fuertes, yo miré a la puerta; pues la sentí abrir y vi a mi suegro mirarnos follar y aprobarlo sonriendo; me mandó besitos y nos dejó a solas.

    Como de costumbre trabajé por virtual y luego ayudé a mi suegra con lo de la casa y si jardín; ella me preguntó si me habían dado respuesta de la clínica y le dije que el tramité ya estaba en evaluación pero con la carencia de especialistas era difícil, le recordé que yo estaba solicitando una inseminación artificial mientras una pandemia azotaba. Ella se tranquilizó, a lo que me dijo; te vez muy bonita, mi hijo te está haciendo feliz; anoche los escuché y se sonrojó y soltó una risa. Yo vi ese día a mi suegro hacer muchas llamadas; en el almuerzo lavamos juntos la loza y él me dijo “mañana tendremos visita”. En esos meses el desplazamiento se había normalizado y los empleos hacían un esfuerzo colosal en reactivarse.

    El plan siguió su curso, al día siguiente mis cuñados arribaron a casa:

    Bajo la excusa de empleo momentáneo ellos se quedaron con nosotros; eran más ingresos y menos gastos para nosotros que aun compartíamos gastos con sus padres. Nadie puso objeción al asunto. Cuando llegaron yo me imaginé que su papá ya les había comentado algo y permanecía húmeda y coqueta, así que apenas pude salí de la duda; su papá me lo negó; no aún no saben. Así que me lo tomé con más naturalidad; pasaron dos noches y por la mañana todos los hijos salieron a trabajar y volví a quedarme con mi suegro y suegra; yo tenía mucho morbo así que luego de follar en el baño con mi suegro le pregunté, cuando sería nuestra orgía. El me entrego los documentos para que mi esposo los firmara, acto seguido me recomendó calcular mi periodo de ovulación y esté llegaría el viernes de esa semana; así que con tono seguro me dijo ya tienes tu respuesta; el fin de semana. Yo noté que su papá era distante con mi esposo y prefería mas a sus otros dos hijos; ellos eran más masculinos, atractivos, se notaba que estaban muy dotados además; son de esos hombres que ven siempre con morbo a una mujer atractiva; y yo parezco modelo porno.

    Como siempre en mi experiencia como infiel el demonio hace sus jugadas y todo se da a pedir de boca; el viernes mi suegra debía llevar un pedido enorme y mi esposo estaba libre así que se ofreció; sus hermanos intentaron ofrecerse pero su padre les dijo que con mi esposo era mas que suficiente. Así fue, mi esposo salió temprano con mi suegra y varios empleados; yo estaba a solas con 3 machos que me iban a preñar; ese era el objetivo.

    Mi suegro me llevó al cuarto y me dijo “ahora te vas a poner lo más puta que puedas; yo voy a preparar un asado y quiero que estés muy coqueta y cariñosa”; a lo que le respondí ¿y cómo sabes que ellos van aceptar si no les has dicho nada”, él me dijo; yo los crie como machos; no saben contenerse ante unas tetas y un buen culo; más aun con una carita hermosa y de perra como la tuya.” el terminó de decirme eso y un hilo de mi fluido vagina se abrió camino por mi raja y resbaló por mi pierna acompañado de un gemido; me beso muy rico y yo obedecí.

    Los vi en la piscina así que me coloqué un bikini que compré antes de pandemia; pero nunca usé, pues mi marido decía: “te equivocaste, eso lo compraste en un sex-shop; no en una almacén normal”, nunca me dejó usarlo en la playa; la parte de arriba son dos triángulos para tapar mis pezones unidos por tiras elásticas; la parte inferior; son tres hilos unidos a un triángulo que tapa mi parte baja de la vagina; el hilo que va en mi parte de atrás se pierde en mis nalgas. Arreglé mi cabello recogido, así mostraba mas piel; me coloqué unos aretes grandes circulares y una cadena que acentuaba mi escote; tacones altos. Recordé mis aventuras en mi anterior hogar y me excité de poder vivirlo de nuevo; me coloqué mi plug anal. Me asomé por la ventana de nuevo y vi que sus hijos se bañaban sin camisas y su papá preparaba el asado y no vi trabajadores de mi suegra; estaba todo el campo despejado.

    Al salir del cuarto, me temblaban las piernas, tenía un montón de mariposas en el estómago; lucía como una zorra. Mientras bajaba las escaleras mi suegro entraba a la casa y me vio, quedo atónito; cerró la puerta y me recibió me beso rico y me acarició toda; me dio vuelta y no dejaba de repetir: “que puta mas rica mi dios!“ cuando le di la espalda me dijo, epa!; y me hizo inclinarme, así notó mi plug: me sonó una nalgada rica y dijo en voz alta “ja, muy bien”. Me entregó la ensalada y lo acompañé camino al asado el llevaba la cerveza. Al notar mi presencia los dos tipos reaccionaron justo como su papá me dijo y justo como yo lo noté al verlos llegar a casa; los dos me alagaban pero con mucho morbo, sin decoró o respeto; intentaban tocarme o abrazarme con la única finalidad de tocar mi cuerpo; obvio, yo acepté todo eso y los empujaba a un poco mas, abrazándolos y exhibiendo mi cuerpo, frotando mi cuerpo a el de ellos que lucían tan varoniles; me mojaba mucho y mis ojos se iban recorriéndolo todo.

    Mi suegro nos miraba riendo, no dejaban de decir; “que hermosa estas”, “que esposa tan linda tiene mi hermano”; mientras me apretaban por la cintura y se turnaban; mi suegro los sacó del trance dándoles a beber cervezas; yo recibí la mía y me senté rodeada de ellos bajo la sombra de una sombrilla, ninguno se alejó mas de un metro de mí. Diría que les sentía la respiración a todos; corté todo eso solicitando algo de música y así uno cumpliendo mi demanda corrió a colocar música sin dejar de mirar a donde yo estaba, pude respirar un poco. Mi suegro callado dejo hablar a su hijo mayor que me decía “yo te recuerdo de la boda, pero nunca pensé lo hermosa que eras”; mi suegro dijo; ja, eso lo supo tu hermano en la luna de miel, a lo que todos nos reímos; yo afirme con mi mirada. En eso llego su otro hijo y preguntó si el volumen de la música estaba bien, y si quería bailar; lo que sonaba era un reggaetón vulgar; así que acepté. Ahí todo quedo claro; al levantarme su hijo mayor se dio cuenta de la joya que brillo debajo de mi nalga y noté como miró por debajo para afirmar que si, yo tenía un plug.

    Mi suegro estaba frente mío al caminar y noté en sus gafas como su hijo mayor le hacía señas; me alejé un poco de esos dos y vi como su hijo le decía algo al oído a su padre; y luego me miraban los dos. Bailé como una cualquiera con su hijo, me deje pandear, me restregaba toda; era un acto sexual con ropa, su hijo mayor no perdió oportunidad y me reclamó; Bailé rico alternando entre los dos y en un momento; los dos, uno de frente y otro en mi espalda me apretujaron y nos dejamos llevar, sentía su respiración y ellos la mía, sentían el calor y mi piel de gallina, monté mi pierna en la cintura de mi cuñado que estaba al frente y sentí su erección junto a la de su hermano.

    Me rosaban rico, y comencé a jadear y ellos me preguntaban si me gustaba, lo que yo respondía con un si, acompañado de un “que rico”; para cuando terminó la canción yo había dado un show de lo mas vulgar, que mi suegro aplaudía, en una situación normal; mi suegra nos estaría echando agua como a los perros que se le pegan a la perra que está en calor, es la mejor descripción de lo que mi suegro miraba; pero el aplaudía y de repente; su hijo mayor me besaba; rico, con lengua, húmedo; su hermano, nos miraba desde mi espalda y yo, me giraba buscando su boca; la que me esperaba paciente para comerme y así estuvimos; turnando sus bocas con deseo y lujuria mientras abajo, nuestros miembros se deseaban con ropa; el pantalón del hijo mayor quedo mojado por la humedad de mi vagina. Mi suegro nos llamó, yo caminé de la mano de los dos y el recibiéndome me abrazó, y me besó; sus hijos se quedaron atónitos.

    El segundo hijo preguntó con mucho morbo ¿qué pasa aquí? Yo me senté en las piernas de su padre y él les comentó; verán es muy larga la historia, iré al grano; hoy, está mujer será nuestra; sin reparo alguno y ella así lo desea y nosotros la vamos a complacer. Todos escuchan en silencio; ahora no es por sevicia, no; hay un objetivo mayor, ella quiere un hijo para su hermano; pero él es impotente y no puede dárselo; y yo necesito un nieto de mi sangré, así que todos en esta tarde vamos a trabajar en que ella tenga un hijo de nuestra sangre. ¿Está todo claro?

    En mi interior mientras lo escuchaba pensaba, ¿y qué pasa si alguno dice no?; que pasará si mi esposo llega con mi suegra y me descubren vestida así o peor; en la cama con los 3. Mis dudas quedaron parcialmente solventadas al ver como ellos -sus hijos- lo celebraban chocando sus manos y riendo, uno repartió las cervezas y propuso un brindis “por la follada que le vamos a meter a esta puta!!!”; todos la celebramos con nuestras botellas y me besé con los 3 para afirmar mi complacencia con ese pregón.

    El hijo mayor, me dijo: “lo presentía, con razón traes puesto ese plug, perra”; el segundo hijo reparó: “¿cuál?”; yo reí y me acomodé en las piernas de su papá y les enseñe la joya en mi ano, su papá abrió mis nalgas y todos me morbosearon; tome la palabra y le manifesté mi miedo, a su padre: Me da miedo que nos interrumpan, él me intentó tranquilizar tocando mis senos; dijo: “yo arreglé para que tu suegra y tu esposo se demoren mucho, así que no te preocupes”; yo les manifesté que quería iniciar ya; porque no quería que algo pasara y nos interrumpieran. Entonces, mi suegro me entrego a sus hijos, los que me comenzaron a tocar toda y besar; mientras mi suegro colocó en espera las brasas para el asado y cubrió el resto de comida; tomó 4 cervezas y nos dio una a cada uno, cuando él se acercó a nosotros yo estaba masturbando a sus hijos. El me beso y me tomó de la mano.

    Todos caminamos a la casa, entré con su padre y al llegar a la escalera me dijeron, “camina en 4; queremos ver ese culo y tu plug”, yo obedecí. Me silbaban; y aullaban al verme subir; su padre iba delante de todos y nos indicó que ingresaremos en mi habitación. Yo obedecí y caminando en 4 llegué hasta mi lecho nupcial provisional; sus hijos entraron detrás de mi y cerraron las puertas; todos se desnudaron, me rodearon, me tocaron y besaron y me quite todo lo que medio cubría mi cuerpo; solo me dejé mi joya en mi ano; les pedí que se acostaran en la cama y uno a no les mamé sus vergas. Mientras yo les practicaba felaciones; me besaba con cada uno; ellos jadeaban y le preguntaban a su padre si, ya me venía cogiendo; él les contaba que llevaba mas de dos meses follándome en esa casa, que yo tenía un rendimiento fenomenal.

    Uno a uno me los cabalgué; mientras me follaba a uno, los otros dos me daba a mamar sus vergas; y así se iban turnando, asegurándose de eyacularme dentro; la primera tanda de todos se cumplió pasada una media hora desde que me encerré en ese cuarto con ellos; si bien ellos ya tenían un orgasmo con eyaculación; yo me había corrido mas de una vez con cada uno de ellos. Celebramos esa primera faena, todos hablaban de mi rica vagina, de mi boquita, de mis tetas; que no dejaban de mamarme, parecían bebes, mi suegro como de costumbre estaba bañado en sudor y respirando con mucha excitación; sus hijos no dudaron en celebrar que su papá me había puesto a gemir como una perra y a pedir mas. Sus hijos a diferencia de su padre e igual a mi, no teníamos desgaste físico; así que tomamos la iniciativa; y me coloqué en 4; sus hijos me turnaron dándole a su padre un show porno, donde yo, su nuera gemía como perra de placer con sus vigorosos hijos; mi plug intensificaba mis orgasmos y no lo había sacado hace un buen tiempo; así que antes de darle el turno a su papá que se reponía; me lo saqué.

    Tuve un orgasmo en frente de ellos al retirarlo. Mi suegro y mis cuñados anotaban su segunda tanda alternándome en 4 y misionero; de haber alguien en casa abría corrido a ese cuarto a salvarme pues mis gritos de placer se convertían en alaridos; sus hijos eran muy bruscos y potentes, me penetraban muy profundo y sus vergas eran gordas; muy parecidas a la de su padre; mas muy diferentes a la de mi esposo. En medio de toda esa atención por follarme y saciarme; lo dejé pasar por alto, y me olvidé de esa diferencia. La tercera eyaculación de todos se había cumplido; su padre advirtió no poder seguirnos el ritmo; así que se cubrió con una toalla y salió a buscar botellas de agua; sin pudor, sus hijos me tomaron para ellos solos; y yo les pedí una doble penetración; su hijo mayor tomo mi ano y su hermano mi vagina; practicamos 3 posiciones, pero nos quedamos de lado; así encontramos mejor acomodo y podíamos mantener el ritmo vigoroso que me imponían mis amados cuñados; mi suegro entró lo mas rápido que pudo; pues mis gritos de placer y los de sus hijos indicaban algo, que él se estaba perdiendo; como me llevaban al cielo.

    Como mujer puedo decirles que el vigor de un hombre me excita, el tacto, el ritmo y algo siempre se me hace increíble, morboso e incluso, depravado: el sonido húmedo de una penetración vigorosa y sonora; eso me pone como loca; el ruido que hacia mi vagina y ano, por las envestidas violentas, ricas, constantes de mis cuñados; era inaudito, la escena que vio mi suegro, era de porno; yo en medio de sus hijos gritando de placer, rogando mas; y ellos sudados, como locos dándome tan duro como podían; la cama se quería romper. Yo no estaba en mi cuerpo, tal vez estaba en Júpiter o en el limbo; llegué a un orgasmo con squirt, mis amantes de turno, hicieron caso omiso y siguieron; era una competencia por un empate seguro; los 3 tuvimos un orgasmo muy fuerte; si mediar palabra el hijo mayor de mi suegro; saco su pene de mi ano; y sin prevenir mi siguiente orgasmo; se hizo espacio en mi vagina.

    El dolor no existió solo la sensación de tener a dos hombres dentro de mi vagina eyaculando; sus gemidos y espasmos me hicieron correrme una vez mas. Una vez se salieron de mi; me quede abierta de piernas tratando de reponer mi aliento; cuando sentí a su padre reclamar espacio en la cama; colocándome en misionero y descargar su semen en mi vagina, húmeda y dilatada; mis cuñados y yo; no nos dimos cuenta que mi suegro se masturbó mirando el show que le dimos y ahora aportaba su cuota de semen; para un empaté masculino de 4 eyaculaciones. Necesitaba un poco de reposo así que me acomodé en brazos de su papá y bebimos el agua que él nos trajo tan amablemente.

    Ya con la testosterona baja; pude notar que si, sus penes todos se parecían, les hice el comentario y su papá me dijo: claro son mi sangre, y él continuó; es mi herencia; no me digas que tu esposo no la tiene igual; a lo que le dije, que no; que mi esposo no estaba tan dotado como ellos 3. En eso el hijo mayor tomo la palabra; diciendo: te lo dije papá, yo me involucré y besándolo le pregunté ¿qué pasaba? El segundo hijo me dijo: de niño le decíamos a papá que él no era como nosotros; no tiene nuestros mismos lunares y me mostraron que todos tenían cerca del testículo derecho un lunar grande; menos que una verruga y aprovechando de la deliciosa situación de desnudez de los 4; me mostraron, si, su papá la tenía, el hijo mayor la tenía en el mismo lugar y el segundo la tenía, pero cerca del testículo izquierdo. A manera de consulta me dijeron; analiza a tu esposo y nos cuentas. Una vez recuperado el aliento, sentimos fatiga; pues era un poco más del mediodía. En medio de besuqueos y caricias a mi cuerpo y a los suyos me coloqué un pequeño bóxer y una camisa de tirantes, sin sostén. Bajamos y terminamos el asado, fue un almuerzo delicioso, con mucha verdura y mucho amor; yo me turnaba para sentarme en las piernas de cada uno a besarme con ellos y beber nuestras cervezas.

    Yo aún tenía miedo que mi esposo llegará de repente así que lo llamé estando en brazos de su hermano mayor; mi esposo me decía por teléfono que fue difícil sacar la materia prima; pero que lo habían logrado y que no sabía si podrían regresar ese mismo día. El quedó en llamarme; pero eso me tranquilizó más.

    Pasé la tarde follando dentro de la casa con sus hermanos y su padre, hasta que nuestros cuerpos ya no podían más; a eso de las 7 de la noche, me despertó el celular -yo dormía desnuda con padre e hijos en la cama matrimonial del señor- mi esposo regresaría por la tarde del día siguiente; lo que me alivió mucho, pues estaba muy cansada como para atenderlo a él al regresar a casa, mi ano me ardía; mi vagina estaba repleta de semen; mi boca sabía a semen; así que me acomodé y seguí durmiendo en brazos de mi suegro.

    En la madrugada mis cuñados me despertaron y me llevaron; mientras caminaba desnuda con ellos iba dormida, no sabía a donde íbamos; luego noté que estábamos en mi baño y encendían las luces. Estos dos me follaron toda; la idea de hacerlo en el baño era para que mis gritos no los escuchara mi suegro; si, a solas con ellos, donde hay una mujer y varios machos la fidelidad no existe. La pasé delicioso; regresamos como niños en una travesura al cuarto y dormimos en la misma cama.

    Para cuando mi marido y mi suegra regresaron a casa yo había sido mujer de esos 3 machos; no había un solo lugar en el que no había cogido con ellos; incluso en la mañana me pase desnuda tomando el sol con ellos e incluso tuve intimidad con cada uno, es decir; entraba uno y me atendía; luego el otro y luego el otro; ninguno supo que hice con cada uno.

    El domingo fue tranquilo, nada de sexo grupal; el lunes mi esposo debía llevarme a mi intervención para mi “inseminación artificial” pero su turno no se lo permitió; como estaba todo planeado, así que su padre se ofreció a llevarme. Así fue; salí con su padre y llegamos a un hotel donde nos esperaban sus hijos; me inseminaron entre todos a la antigua y de manera natural. Regresé a casa y guardé reposo.

    Al terminar el mes me practiqué una prueba de embarazo vía orina y dio positivo; luego para evitar dudas me la hice en sangre. La celebración fue conmovedora; en familia.

    Antes de terminar les quiero comentar algo:

    1- Es un niño, está sano; ya hoy en día tiene un año y 8 meses.

    2- El niño tiene el lunar cerca del testículo derecho.

    3- Mi esposo no tiene ningún lunar cerca del testículo, ni derecho o izquierdo; mi suegro me pidió una muestra de cabello y el ADN indicó que no es su padre biológico.

    4- Mi suegro le dio a mi hijo una buena herencia.

    5- Me sigo acostando con los 3, durante el embarazo lo hice y post parto igual.

    6- Tengo una relación amorosa con su hijo mayor y su hijo menor.

    Sean felices y gracias por leerme.

  • Primera vez con mi mamá (Parte 2)

    Primera vez con mi mamá (Parte 2)

    Hola que tal, antes que nada agradecer a todos los lectores por tomarse el tiempo de leer mi relato, les mando un saludo.

    Bueno como les comenté en la primera parte del relato que ahora en esta ocasión iba a contar a detalle de cómo se dio el encuentro sexual entre mi mamá y yo.

    En aquella ocasión nos comenzamos a besar suavemente, yo estaba nervioso porque estaba besando a mi mamá no sabía cómo iba a reaccionar.

    Entre el tiempo de estarnos besándonos comenzaron las caricias, yo la tomaba de su cintura y la pegaba hacia mí, con forme fue pasando el tiempo nos fuimos a la cama nos desnudamos completamente, al estarnos besándonos en la cama mi mamá me pidió una petición.

    Mamá: hijo dame sexo oral que hace bastante tiempo que no lo he sentido.

    Yo un poco nervioso y sin decir nada fui bajando poco a poco.

    Con forme iba bajando mi mamá estaba gimiendo del placer que sentía.

    Con forme una recorriendo su hermoso y maduro cuerpo pude disfrutar de esas hermosas tetas tan bonitas y grandes que tiene, poco a poco fui bajando hasta llegar a su vagina depilada y sobre todo tan bonito olor tiene, una vagina muy bien cuidada.

    Mamá: así sigue hijo, me gusta sentir tus labios, me tienes tan mojada que quiero disfrutar de un buen sexo oral.

    Comencé a mamar la vagina y ya la tenía súper mojada de sus flujos vaginales, era una delicia probar una vagina de una mujer madura, tan rica y bonita.

    Yo: mamá te gusta cómo te lo estoy haciendo?

    Mamá: si hijo me encanta como lo haces.

    Después de estar unos minutos mamando su vagina escuche en gemido agudo y un suspiro profundo y en ese momento sentí como se venía mi mamá en mi boca, sentía como me mojaba mi barba.

    Mamá: hijo, dame tu verga en mi vagina ya la quiero.

    Yo: claro que si mamá te la daré toda.

    En ese momento me levante abrí un condón y me lo puse, me subí arriba de ella la abrí de piernas y comencé a meter mi verga en su vagina poco a poco ya que me decía que le dolía porque tenía un buen tiempo sin tener relaciones, yo sentía muy rico como la penetraba y poco a poco empezamos a tener sexo vaginal.

    Empecé arriba de ella y poco a poco fuimos cambiando de posición, se puso de lado y luego se montó en mi haciendo un movimiento de caderas suave y así poco a poco lo fuimos haciendo.

    Al mirarle el enorme culo que tiene le pedí ponerse en 4.

    Yo: mamá te puedo poner en 4?

    Mamá: Claro que si hijo.

    Cuando la puse en 4 me quede sorprendido al mirar ese hermoso culo y unos labios vaginales que se miraban hermosos, eso me excito demasiado que mi verga seguía súper dura y así la monte otro rato, después de probar ese hermoso culo me vine súper rico adentro de ella obviamente yo traía condón, al terminar de tener relaciones nos quedamos acostados en la cama.

    Yo: mamá no sé qué decir.

    Mamá: no digas nada hijo, solamente hay que disfrutarlo, ambos teníamos ganas y no cabe duda que ambos sentíamos atracción por cada uno.

    Yo: si tienes razón mamá.

    Mamá: entonces solo disfrutemos del momento y si se vuelve a dar los hacemos y si sientes que no te gustó pues solo no tocamos el tema y nos olvidamos de todo.

    Así quedó nuestra platica y nos acostamos a dormir ya que era algo tarde, a la mañana siguiente me levante temprano para irme a mi casa sin que ella se diera cuenta, paso una semana que no habíamos tocado el tema y los mensajes que nos mandábamos eran muy cortantes solo dando los buenos días o las buenas noches.

    Al cabo de una semana mi mamá me llamó para ir al cine, yo acepte ir y durante la ida y la entrada al cine no tocamos el tema, hasta saliendo de la función me percate que varios hombre y chavos se le quedaban mirando a mi mamá y eso me excito demasiado, llegando a la casa de mi mamá le dije que si ella se había percatado de que los hombres la miraban con deseo o que si era mi imaginación, a lo que ella respondió.

    Mamá: claro que me doy cuenta hijo, pero tú sabes que no con cualquiera me meto, yo soy muy especial en los hombres.

    Yo: lo se mamá y sé que eres algo especial, pero déjame decirte que me excito mucho el mirar que los hombres te miraran con ojos de deseo.

    En ese momento me acerque a ella y la bese con unas ganas, en ese momento nos volvimos a meter a la cama y tuvimos sexo toda la noche.

    Desde ese momento he tenido sexo con mi mamá muy rico y ambos lo disfrutamos, solo que lo hacemos discretamente por lo mal visto que es el Incesto.

    Pero a la fecha mi mamá tiene 51 años y es una mujer madura muy hermosa y con un cuerpo espectacular que a muchos los deja con la boca abierta.

    Espero les haya gustado mi relato.