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  • El nuevo amor

    El nuevo amor

    Remedios, en pijama, pantalón y camisa, avanzó descalza por el saloncito iluminado brevemente por una lamparita de noche con tulipa color rosa. Vio a Manuel tumbado bocarriba sobre la cama. Dormía, oyó su respiración serena; estaba desnudo, vio la polla en reposo sobre uno de sus muslos. Remedios salivó: tenía hambre. Se acercó a los pies de la cama, se subió en esta, entre las piernas de Manuel, de rodillas. Se quitó la camisa dejando sus tetas grávidas al descubierto. Inclinó el torso hasta tocar con su boca la polla de Manuel que, al instante, se enderezó. Oyó a Manuel: «Remedios, ¿eres tú?». Su voz era ronca. «Soy yo, cariño», dijo Remedios en un susurro. Remedios acarició el velludo torso del hombre que tenía debajo. «Manuel, nos conocimos hace dos meses y una semana», dijo Remedios; «Sí», carraspeó Manuel; «¿Ahora, qué soy yo para ti?»; «Te recogí de la calle, ¿no te acuerdas?», musitó Manuel; «Sí, me acuerdo, sí, pero ¿qué soy para ti, Manuel?»; «Te bañé, te alimenté, te hice un lado en mi cama…, Remedios, fóllame». Remedios se contorsionó para deshacerse del pantalón del pijama y las bragas; luego, a horcajadas sobre Manuel se metió la polla, dura, hinchada, en el chocho. «Oh, Remedios», suspiró Manuel. Remedios, rebotando sobre el pubis de Manuel no podía creer lo que le estaba sucediendo, porque, sobreviniéndola un orgasmo tras otro, en ese momento, «Ah, Manuel», se sentía la mujer más dichosa del universo.

    Remedios y Manuel se conocieron hace dos meses y una semana; no, no le ha fallado la memoria a Remedios: se ve que está buena, la memoria. Manuel, paseante empedernido, atravesaba a menudo la popular Plaza de La Merced; fue allí, estando sentada en un banco, donde vio a Remedios. Se fijó en ella porque no cesaba de garrapatear libretas, de esas de tamaño A-4. Manuel no sabía si escribía, dibujaba o las dos cosas y se acercó. Remedios desprendía olor a sudor rancio; Manuel comprendió que vivía en la calle. No tendría más de treinta años Remedios; bajo la melena negra, larga y lisa, se asomaba una cara redonda, mofletuda y tostada por el sol; sus ojos eran pequeños. Tenía Remedios unos hombros robustos y redondos; las tetas se adivinaban anchas, grandes, bajo la sudadera; la cintura, recta, las caderas, anchas. Iba descalza: los pies eran de muñeca de juguete. «Hola, ¿cómo estás?», saludó Manuel.

    Cómo iba a estar Remedios: pobre, desahuciada, desquiciada; medio loca.

    «¿Qué quieres tú?», le soltó a Manuel de sopetón; «No, nada, siento curiosidad…, ¿qué tienes en la libreta?», se interesó Manuel; «Escribo un diario»; «¿Y esos dibujos?»; «También lo ilustro». No podía Manuel dejar de hacer esta pregunta: «¿Has comido algo hoy?»; «Un paquete de gusanitos»; «Ven, vente conmigo…».

    Dijo que la invitaba a comer en su casa. Remedios, rehusando, dijo: «Tú quieres acostarte conmigo». Costó trabajo convencerla a Manuel de que no eran esas sus intenciones, aunque sí las fueran posteriormente. De camino a su casa conoció su nombre, Remedios, descubrió que era más joven de lo que había pensado, supo de la triste historia familiar que la había llevado a vivir en la intemperie. Ya en casa de Manuel, Remedios se duchó, se puso un pijama limpio de Manuel y se sentó a comer. Después, a la hora de la siesta, Manuel le hizo sitio en la única cama que había en su casa y se quedaron dormidos. Durmieron mucho, tanto que se hizo de noche. Manuel se despertó. Notó la presencia de Remedios. Apartó las sábanas para destaparla; fue como desenvolver un regalo: su sorpresa se volvió ilusión al contemplar aquel cuerpo joven y vigoroso junto a él. Las tetas de Remedios desbordaban la abotonadura del pijama, entreviéndose los oscuros pezones. Manuel bajó un poco los pantalones de Remedios para ver su chocho: era grande, negro, más negro en la semioscuridad del dormitorio, apenas iluminado por una lamparita de noche. Manuel se empalmó. «No, no», pensó, «no pienso violarla, mañana se verá»; y volvió a dormirse.

    «Tengo hambre», se oyó la voz suave de Remedios. Manuel entornó los párpados: era de día. «Mucha hambre», pudo oír, esta vez con claridad, Manuel. Lo siguiente que oyó fueron los chasquidos del chupeteo, el de la saliva en la boca de Remedios, cada vez que metía la polla de Manuel en su boca y la sacaba; oyó los gemidos: «Hum, humm, hummm». «Remedios, Remedios», roncaba Manuel mientras la mamada avanzaba hacia su feliz final. El semen salió despedido dentro de la boca de Remedios, que, alzando la cabeza, luego mirando al techo, engulló relamiéndose.

    Pero regresemos al presente, o, mejor, vayamos al futuro. Ahora, Remedios y Manuel están casados. Manuel no deja de admirar a Remedios, Manuel adora el cuerpo de Remedios también. Sin embargo, Remedios en la actualidad ocupa el puesto de redactora en un periódico local de prestigio, lo que la hace más inaccesible. Remedios se codea con gente de la cultura y el ocio, de la política y la economía, constantemente interesada en que le concedan entrevistas. Manuel vuelve a pasear, la mayor parte de las veces sin rumbo, por las calles de la ciudad. Manuel ha visto en un semáforo a una mujer que hace malabares. La mujer viste andrajos, pero en la cara se le adivina su desclasamiento. Tiene un cutis fino, una mirada desafiante. Manuel se acerca y habla con ella. Para este nuevo amor necesita otra casa.

    Querida malabarista, no tengo otro sitio al que llevarte que no sea mi imaginación; así que aplícate. Quítate los andrajos. Descálzate las sandalias. Abrázate fuerte a mi y siente mi polla crecer. Los besos que te doy en los labios también te los doy en el coño, y meto dos dedos buscando tu clítoris. Y noto que te corres y escucho tu orgasmo. Entonces me chupas la polla para ponérmela dura, porque quieres que te folle bien, porque quieres darme placer al mismo tiempo que yo te lo doy. Y tus tetas tiemblan bajo mi torso, y tus gemidos alientan mi eyaculación.

  • Mi respuesta a su infidelidad

    Mi respuesta a su infidelidad

    ¿De dónde saqué la templanza?, no sé explicarlo a ciencia cierta; solo sé que en ese momento lo estaba disfrutando como nunca antes había hecho en cualquier otra situación, no por su traición, que me dolía donde no sabía que podía sentir dolor; sino por la venganza que tenía en mente…

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    Sabía que algo no estaba bien, pequeños detalles me convencieron de ello.

    El primero fue la confianza, por fuerte o desagradable que fuera siempre pedí decir las cosas para encontrar la solución, soy de la idea que las pequeñas cosas con el tiempo y la cantidad se convierten en losas que son muy difíciles de cargar; la pasó por alto al ocultármelo.

    Otra fue el remordimiento, siempre al hablar nos veíamos de frente ya que, decíamos, la mirada es la entrada al alma; algo más que dejó de hacer al preguntarle si estaba bien o si quería decirme algo.

    Una más fue el hecho de llegar a descuidar nuestro hogar, extraño ya que normalmente no se permitía más que el orden en nuestra casa.

    Pero la más fácil de ver y difícil de explicar fue la intimidad, constantemente me rehuía con cualquier pretexto para evadir nuestros encuentros; esto, fue la gota que derramó el vaso.

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    -¿En verdad quieres hacerlo? -dijo -no hay vuelta atrás si te decides.

    -No hay nada que pensar -respondí.

    -Atento a tu teléfono entonces.

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    Viernes por la tarde, preparaba el resumen mensual cuando sonó mi teléfono; era él, había llegado la hora.

    -Van a pasar por ti -mencionó sin más- espera al fondo del estacionamiento.

    -Ahí estaré -fue mi única respuesta.

    Salí sin informar, esperé y tomamos camino, en veinte minutos llegamos; mi corazón latía a un ritmo frenético. Pidieron las llaves de mi auto y mi teléfono, lo desbloqueé y lo entregué. Me hicieron pasar al departamento, dentro, dos mas custodiaban una puerta; la abrieron y entré, no creía lo que estaba viendo…

    En la cama, dos cuerpos desnudos hacían lo que podían por ocultarse, uno de ellos, mi esposa. Frente a ellos se encontraba él, sentado, con un arma apuntando a la pareja.

    -Sea breve -dijo entregándome un arma- aún tenemos que sacarlo sin levantar sospechas.

    Me acerqué a la cama apuntando, pude ver en sus miradas el miedo cada vez que se veían en la mira; con furia, asesté un golpe directo a su rostro con la cacha provocando un corte en la nariz.

    -Esto no lo hago por habértela cogido -dije tomando su cabello mientras apuntaba a su frente con el arma- lo hago por decir ser mi amigo y pagarme con esto.

    Decir que desahogué mi furia con él sería poco, solo paré al sentirme sujeto para quitármelo de las manos.

    -Llévenselo -les dijo señalándolo- que parezca un accidente.

    -¿Y ella? -preguntó uno de ellos antes de salir.

    -Yo me encargo -fue su respuesta.

    Después de cerrarse la puerta, y con una frialdad que no admitía duda de su profesión, me dio las instrucciones.

    -Su esposa ha recibido un par de llamadas y varios mensajes desde su teléfono y de su lugar de trabajo para el rastreo de su ubicación, le van a recoger y lo llevarán de vuelta, ahí le entregaran sus cosas; permanezca un rato, hágase ver y después vaya a su casa. Su esposa se queda con nosotros, no la reporte como desaparecida, en su auto encontrará boletos en viaje redondo y una reservación de hotel; úsela, pero no se deje ver ya que la misma es para dos personas. El lunes su esposa estará de vuelta en su casa.

    Di la vuelta con dirección a la salida, antes de cruzar la puerta escuché por primera vez la voz de mi mujer.

    -¡No me dejes aquí!, ¡perdóname por favor!

    -Salga -escuché decirme- no debe ver esto.

    Salí, al hacerlo escuché un grito ahogado, golpes y después… ¡un disparo!

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    Un disparo que resonaba en mi cabeza hizo levantarme de cama, asustado y con la respiración agitada.

    -¿De nuevo con pesadillas? -preguntó mi esposa- ¿aún no puedes recordar lo que sueñas?

    La miré a los ojos, ella miró los míos sosteniendo la mirada; esbocé una sonrisa mientras la tomaba del cuello para darle un beso.

    -Ahora lo recuerdo -respondí- te cuento mañana.

  • La abogada

    La abogada

    El despacho estaba funcionando bien, después de tres años de su puesta en marcha.  Habíamos crecido y aunque seguíamos teniendo una dimensión reducida, en comparación con otros despachos del sector, continuábamos creciendo. Nuestros servicios jurídicos estaban enfocados hacia empresas. Contábamos con grandes clientes, más propios de un gran bufete que de uno reducido como el nuestro.

    Como socio principal, tenía que supervisar la selección de las nuevas incorporaciones. Apostábamos por abogados con poca experiencia que se pudieran hacer a nuestra forma de trabajar y que combinasen una buena base técnica con buenas habilidades para traer nuevos clientes.

    Habíamos iniciado el proceso para incorporar a un nuevo profesional.

    Después de unas semanas de entrevistas con jóvenes abogados interesados en formar parte de nuestra firma, mi equipo me presentó a los más adecuados. Me presentaron cuatro. Tres chicos y una chica.

    Sobre el papel, los cuatro tenían la experiencia, formación y posterior especialización que nos interesaba. Cada uno de ellos podría formar parte de nuestra firma.

    Me llamó, especialmente, la atención, Marta, y no precisamente en positivo.

    La primera impresión al verla, fue descartarla, así sin más. Recuerdo que nada más entrar en la sala y verla sentada tras la mesa de cristal, pensé, dios mío que pérdida de tiempo, ¡me van a oír!

    Cuando me acerqué y ella se levantó para darme la mano, me esperaba una mano fría, flácida, como caída. Al contrario, me encontré con una mano cálida, con el apretón en su justa medida, ni muerto ni estrujador.

    Mientras me sentaba, comenzó a instalarse en mí una sensación de duda. No suelo equivocarme en mis primeras impresiones.

    Dediqué unos minutos a explicarle nuestro origen, quiénes éramos y lo que hacíamos. Discurso que me sabía de memoria y que podría recitar bajo el agua, a punto de ahogarme. Mientras le explicaba, la observaba de arriba abajo, aprovechando que la mesa era de cristal.

    Marta no era especialmente guapa. Sí atractiva, a su manera. Era delgada, con la piel clara y estatura media, melena rubia a la altura de los hombros y alborotada, con unos grandes ojos azules. Vestía muy alejada de nuestro estilo, con ropa holgada tipo ONG y con sandalias. Su experiencia de dos años en prácticas la había realizado en una conocida ONG.

    Mientras le explicaba, atendía con sus ojos azules como platos. Ojos de los que me costaba desviar la atención. Era como adentrarse en el mar y sentir como te va engullendo hacia sus profundidades.

    Después de soltarle mi discurso, le pregunté por qué quería formar parte de nuestro equipo, como preámbulo de las siguientes preguntas.

    Comenzó a hablar y me sorprendió. Su voz era alegre, dinámica, resuelta. Transmitía optimismo y calidez. Conforme hablaba me sentía como obnubilado y con más calor del habitual, como si en la sala hubiesen subido la temperatura. Llegó un momento que ya no prestaba atención a lo que decía, sólo escuchaba la melodía de su voz. Así fuimos pasando entre preguntas y respuestas. En un momento dado de la entrevista, miré sus piernas a través de la mesa de cristal. Sus piernas eran delgadas, incluso diría que huesudas, pero bonitas. Sentí como mi miembro comenzaba a moverse dentro de mi pantalón. ¡Estaba empezando a empalmarme! Me sonrojé levemente y levanté la mirada de sus piernas volviendo nuevamente a sus grandes ojos azules. Noté una leve sonrisa mientras Marta hablaba y como su mirada me había acompañado mientras subía de sus piernas a sus ojos. ¡Me había visto mirándoles las piernas!. ¡No podía ser, como es posible que a mi edad y con mi experiencia me hubiera dejado llevar!

    El resto de la entrevista transcurrió con los papeles invertidos, atropelladamente y con ganas de finalizar, por mi parte, y con seguridad y autosuficiencia, por su parte.

    Marta, en breve te diremos alguna cosa.

    El resto de día transcurrió de forma frenética, de reunión en reunión, con llamadas y mails. Procuraba no pensar mucho en la entrevista con Marta, pero no podía dejar de hacerlo en esos breves instantes que pasaba de una cosa a otra. ¿Qué me había pasado? ¿Seré gilipollas? ¿Cómo es posible que una niñata me haya cogido mirándole las piernas? ¿Y qué hacía mirándolas? Estos eran mis pensamientos repetitivos en esos breves instantes.

    Tenía que tener la mente fría y ver las cosas con distancia, pero a la vez tenía que tomar una decisión a lo largo del día para trasladarla al día siguiente al equipo.

    Por la noche y antes de acostarme, estuve sopesando los cuatro candidatos que había entrevistado, pero no dejaba de flotar en mi cabeza el nombre de Marta continuamente.

    Acabé inclinándome por Marta, tenía la experiencia, formación y la capacidad para traer nuevos clientes. Lo que más destacaba en su candidatura era su personalidad y su potencial. Vestí mi decisión de objetividad pero en el fondo supe que no era mi cabeza quién decidía.

    Una vez trasladada la decisión al equipo, se lo comunicaron a Marta. Se puso muy contenta, casi eufórica, según me trasladaron. Cómo nos urgía, se incorporó a la semana siguiente.

    En su primer día, conoció a las diferentes personas que integraban la compañía y por último se reunió conmigo para darle la Bienvenida. Nos reunimos en mi despacho, en la mesa pequeña y redonda para quitarle formalidad. Fue una reunión breve y en la que me mostré distante y frio-me sentía avergonzado por mi comportamiento en la entrevista que mantuvimos- pero cordial. Aproveché para comentarle que tendría que cuidar un poco más su forma de vestir, que no éramos una ONG. Asentía y parece que tomaba nota de lo que le decía.

    Dado que yo era el primero y el último en salir de la oficina, al día siguiente y muy temprano, coincidimos los dos solos en el ascensor, subiendo hacia la oficina. Estaban cerrándose las puertas y una mano las interrumpió, volviéndose a abrir. Apareció Marta con un ceñido traje azul marino de rayas diplomáticas y camisa blanca.

    Me quedé con los ojos abiertos y sin pestañear. Su imagen era impresionante. Si me pareció muy delgada y desgarbada bajo sus prendas tipo ONG, ahora era todo lo contrario. Su pantalón estrecho marcaba unas bonitas caderas y piernas esbeltas. Su chaqueta definía una cintura estrecha y apuntaba unos bonitos pechos, en su justa medida, ni grandes ni pequeños. Su cabello rubio ya no estaba alborotado, lo llevaba recogido y alisado con una cola. Estaba preciosa. Al verla y justo por un instante, sentí como mi miembro se acababa de despertar del madrugón.

    Nos dimos los buenos días y subimos en silencio. Abrí la puerta y nos fuimos cada uno a nuestro lugar de trabajo.

    Pasaron las semanas y no supimos el uno del otro, aunque compartíamos las mismas instalaciones.

    Un viernes y ya tarde, hacia las nueve de la noche y después de otro día de intenso trabajo, estaba recogiendo mi mesa para finalizar el día y como suelo hacer antes de irme, me acerqué al baño para asearme.

    En el camino hacia el baño, pasé por la sala en la que los abogados más jóvenes comparten espacio. La puerta de cristal de la sala estaba entreabierta y se podía escuchar una conversación en voz baja. Me detuve justo en la entrada de la sala y sin que se me pudiera ver. La voz que escuchaba era de Marta.

    En el reflejo de la puerta de cristal, podía ver la imagen de Marta, sentada en su espacio en la larga mesa común, hablando por teléfono. Su voz era cálida y susurrante, parecía no querer enterar a nadie de su conversación.

    De pronto me entró un morbo tremendo. Estábamos los dos solos en el despacho, ella no sabía que yo estaba allí y el tono de la voz que estaba escuchando era totalmente desconocido para mí.

    ¿Con quién estaría hablando? ¿Sería su pareja? ¿Un amigo o amiga? Ni idea, pero tenía que ser alguien muy cercano por el tono de la conversación.

    Era un tono muy morboso y caliente.

    ¿Qué me harías?… Huummm, ¿siii?, decía Marta mientras veía por el reflejo de la puerta que tenía metida su mano dentro del pantalón.

    Menudo pedazo de puta, pensé, vaya con Martita… ¿Quién lo hubiera dicho? Allí, en la oficina.

    Resguardado de ser visto, me entró un calentón tremendo. Metí mi mano dentro de mi pantalón y acaricié mi polla, hasta que se puso totalmente tiesa.

    Yo me metería tu polla en mi boca, comenzando por tu capullo, acariciándolo con la lengua, con suaves lamidas en tu glande, saboreándolo, lamiendo luego el tronco de tu polla, suavemente, notando el sabor y el olor de tu piel. Luego iría a tus huevos, esos deliciosos huevos llenos de leche y me los metería en la boca. Hummm cómo me gustaaan. Decía Marta, mientras su mano subía y bajaba dentro de su pantalón.

    Esto ya era demasiado, la conversación me estaba poniendo muy caliente. Caliente, incluso, se quedaría corto. Estaba ardiendo de deseo y aunque resguardado de su vista, en ese punto tampoco me hubiera importado que me hubiera visto. De perdidos al rio.

    Me abrí la bragueta del pantalón y saque mi polla. Estaba totalmente erecta, con las venas sobresaliendo y como nunca las había visto antes. Parecía que iban a estallar. Me acaricié los huevos, sacándolos por la bragueta, luego me agarré la polla con fuerza, notando como las venas todavía sobresalían más. Comencé a realizar un movimiento suave de mi mano, con fuerza, de arriba hacia abajo.

    Sí, cabrón, fóllame, fóllame, más duro, méteme toda esa polla dentro de mí, fóllame como a una puta. Decía Marta, recostándose sobre su asiento, elevando sus piernas, apoyando las rodillas en el canto de la mesa. Su movimiento con la mano era más frenético y se había desabrochado el botón del pantalón, dejando entrever el encaje de unas braguitas blancas-a juego con su camisa- sobre el que se hundía su mano.

    Mi mano seguía agarrando con fuerza mi polla pero el movimiento ya no era suave, era rápido, frenético, al compás de su mano y su conversación.

    Me sentía muy excitado, más excitado de lo que he estado nunca. El morbo de la situación era tremendo. Ver y escuchar a una Marta desconocida, como una leona en celo, era lo máximo.

    Si métemela por el culo, quiero sentir como va entrando y penetrándome, como mi culo se va abriendo, siii, ahhh, más, métemela más, más adentrooo. Seguía diciendo Marta, mientras el ritmo del movimiento de su mano era mayor y su pantalón se había abierto totalmente hasta la altura de las inglés. Ahora sus bragas se veían totalmente y con la mano bajo ellas en un frenético movimiento de arriba hacia abajo y de dentro hacia fuera.

    En ese momento, yo estaba a punto de correrme. El morbo y la excitación que me producía la situación despertaba mis más bajos instintos: su voz, su lenguaje sucio y su imagen desinhibida reflejada en la puerta. Ya no aguantaba mucho más. Había cerrado los ojos y estaba dejándome llevar.

    De pronto oigo, aaaggh y como si me hubieran presionado un botón, yo también me corro. Mi semen sale como un torrente y sin control, salpicando una pequeña parte en el cristal de la puerta y el resto por el suelo.

    Una vez que tomo consciencia de la realidad, de lo peligroso de la situación y del riesgo que estoy corriendo, me acerco rápidamente al baño sin hacer ruido, cojo unos cuantos papeles secamanos del dispensador y limpio rápidamente el suelo. Veo en el reflejo de la puerta que Marta está sentada, bien arreglada y tecleando en el ordenador.

    Me queda limpiar el cristal de la puerta, que es más complicado. Me agacho todo lo que puedo- casi estoy tumbado- y viendo en el reflejo de la puerta que Marta está mirando la pantalla del ordenador, tecleando, levanto la mano para limpiar la mancha de semen en el cristal, con mucha suavidad, sin hacer ruido. Lo he conseguido. Retiro la mano y miro a Marta por el reflejo. Ahora no está mirando la pantalla, ha desviado la vista y diría que mira hacia aquí, pero no estoy seguro. Tampoco me voy a quedar para averiguarlo, me voy hacia mi despacho y espero un rato más. Un rato, en el que no paro de pensar lo estúpido que he sido, tranquilizándome, a continuación, al pensar que no me ha visto y que no ha pasado nada. Así en bucle hasta que a los quince minutos oigo un “Buenas Noches” lejano, a lo que yo también respondo “Buenas Noches”. Era Marta. Espero diez minutos más, por si acaso, y ahora sí me voy. Paso por la sala, la luz está apagada, no hay nadie. Soy el último en salir.

    Espero que no me haya visto, seguro que no, son imaginaciones mías, pienso, mientras bajo en el ascensor.

    La semana siguiente seguimos con nuestro día a día habitual. No dejaba de pensar en lo que había visto y escuchado el viernes por la noche. Era una faceta desconocida de Marta y sinceramente, me había encantado. La nueva Marta me calentaba y excitaba como nunca nadie lo había hecho. No dejaba de pensar en ella.

    Esa misma semana, decidí dar un paso más. Tenía un nuevo cliente, una gran empresa con la que teníamos que hacer un excelente trabajo por su potencial, tanto en sí misma por su envergadura y el trabajo que nos podría aportar, como en el sector para introducirnos.

    Después de la reunión con el cliente teníamos que buscar y recopilar un conjunto amplio de información, alguna de la cual se me antojaba compleja. En este caso concreto, pedí a mi equipo que me asignarán a Marta porque había demostrado unas excelentes habilidades para localizar información tanto por medios on line como off line, a pesar del corto tiempo que contaba entre nosotros. Como era un hecho incuestionable, a nadie le extraño mi demanda.

    Me la asignaron pero no tuve ocasión de reunirme con ella hasta final de la semana. Marta ya me había anticipado por mail que le hacía mucha ilusión trabajar conmigo porque aprendería mucho y que estaba a MI DISPOSICION para reunirnos y saber lo que tenía que hacer.

    Tenía una alta carga de trabajo y no me era fácil encontrar un hueco para reunirnos. Si me hubiera esforzado podría haberlo hecho, pero esperé hasta el final de la semana. Esperé hasta el viernes y hacia última hora, donde podríamos trabajar sin ser interrumpidos. Ya se sabe que los viernes la gente tiende a salir escopeteada.

    En este caso se daba la circunstancia que el lunes de la siguiente semana era fiesta, por lo que todos saldrían antes, incluso los más trabajadores. También es verdad que nuestros horarios no eran normales y no se caracterizaban por tener una hora de salida.

    Esperé hasta las ocho de la tarde. Antes me había dado alguna vuelta por la oficina y vi que no iba quedando nadie.

    Cuándo me aseguré de que no quedaba nadie y que seguía habiendo luz en la sala de los abogados jóvenes, me acerque y miré discretamente. Solo estaba Marta.

    Me acerqué a mi despacho y la llame por teléfono. Le pedí disculpas por las horas y por si estaba a punto de irse. Seguramente la estarían esperando.

    Al contrario, me respondió, estaré encantada de ponerme en marcha con este nuevo cliente. ME MOTIVA MUCHO aprender contigo, me dijo.

    No la había visto en todo el día. Entró en mi despacho. Seguía con sus vestidos tipo traje ejecutivo, ceñidos, y su pelo recogido con coleta. En esta ocasión su chaqueta era negra y su falda, ligeramente por encima de la rodilla, también negra. Combinaba con una camisa roja y unos zapatos de medio tacón ancho.

    Le pedí que se sentará en la mesa redonda de trabajo donde estaba la carpeta con la información del cliente. Me acerqué desde mi escritorio hasta la mesa. Cogí una silla y la acerqué hacia donde estaba sentada, a unos dos palmos de distancia y como vi que ella no se había puesto junto a la mesa, sino a una pequeña distancia, yo también me puse igual que ella.

    Comencé a presentarle el caso y la tipología de nuestro cliente, apoyándome en la información que tenía en la carpeta. Ella no decía nada, escuchaba muy atentamente.

    Mientras le hablaba, aprovechaba para mirarle sus piernas con la falda a media altura. Llevaba unas medias ligeramente oscuras que resaltaban sus preciosas y esbeltas piernas.

    Como no veía muy bien los informes que le estaba explicando, agarró su silla y se acercó más a mí, prácticamente tocando mi silla.

    Ahora además de apreciar sus preciosas piernas, podía sentir el halo de calor que exhalaba su cuerpo, desde su cara a sus piernas. Con la cercanía, su halo y el mío estaban fundidos, como uno solo. Su olor corporal, pese a las horas y final del día, era limpio, aniñado, sin perfume, con una suave fragancia a jabón.

    Acercó su mano y su dedo hacia el documento para señalar una parte que no entendía. Al hacer esto, paso su antebrazo sobre el mío, dejándolo suavemente encima mientras señalaba el documento. Su piel era cálida y suave. Su mano delicada, con la piel clara y lisa. Eran manos cuidadas y con uñas grandes, que no largas, y sin pintar. Sentí como una descarga de electricidad cuando noté su antebrazo sobre el mío, se me puso la piel de gallina y el bello de mí brazo y resto del cuerpo se erizó.

    Se dio cuenta de mi reacción y me miró a los ojos. Sus grandes ojos azules me miraron fijamente, sin vergüenza, sin pudor. Le devolví la mirada del mismo modo, sin pudor alguno, con franqueza, como se miran los amantes. Mi reacción inmediata, como teledirigido por fuerzas ajenas, fue acercarme a su boca y besarla. Mi acercamiento fue suave, con mucha ternura y cariño. Su boca se abrió y recogió mi lengua, también de forma suave y tierna. Sus labios jugaban con los míos. Nuestras lenguas estaban encantadas de conocerse y querían ser una sola. La ternura y el cariño dio paso a la pasión. Nuestras lenguas seguían un movimiento más frenético, devorador. Nos mordíamos suavemente los labios, como queriéndonos comer.

    Sentía como el calor de su cuerpo había aumentado, toda ella estaba más caliente.

    Mientras seguíamos besándonos, bajé mi mano hasta su pierna. Introduje mi mano tocando su coño, sobre sus bragas. Se estremecía mientras la tocaba. Su lengua se volvió más frenética, con la mano me cogía de la nuca, evitando que pudiera escaparme.

    Su coño estaba deliciosamente caliente. El algodón de sus braguitas, húmedo.

    Ladee uno de los lados de sus braguitas, dejando paso a mis dedos. Mis dedos índice y anular, se empaparon de inmediato al abrir sus labios menores e introducirse en su vagina. Con mis dedos dentro inicie un suave movimiento que acariciaba su pared superior, mientras mi pulgar acariciaba su clítoris, totalmente excitado.

    Dirigió su mano hacia mi polla, la acarició por encima del pantalón, con frenesí, palpando, los huevos. Me abrió la cremallera e introdujo su mano, sacándola fuera. Dejó besarme y la miró. Es como a mí me gustan, ni pequeña ni muy grande pero bien ancha, me dijo.

    Agachó la cabeza y beso el capullo, mientras miraba hacia arriba, hacia mis ojos, con mirada lasciva. Me la voy a comer, me dijo.

    Se introdujo mi polla en su boca, recorriéndola a lo largo con la lengua, con cálidos y húmedos lametazos. Bajando hacia mis huevos y chupándolos con fruición, lascivamente. Comenzó a chupar, nuevamente, mi polla metiéndosela todo lo que pudo dentro, iniciando un delicioso movimiento de arriba abajo, dejándola impregnada de su saliva.

    Estábamos los dos muy excitados, ella chupándome la polla y yo introduciendo mis dedos en su vagina y masajeando su clítoris.

    La retiré de mi polla y la subí a la mesa, que se balanceó ligeramente por el peso. La tumbé, retirándole la chaqueta y la camisa, bajándole la falda, quedándose en sujetador y bragas. Le retire el sujetador y baje sus bragas, dejándola totalmente desnuda. Contemple su cuerpo durante un instante fugaz, era hermoso, con unas tetas en su justa medida y unos pezones oscuros y totalmente excitados. Su coño estaba depilado y su vulva era adictiva e hipnotizante. Sus labios mayores ocultaban a los menore y dejaban ver solo una línea vertical.

    Quería poseerla, devorarla, comérmela dulcemente como si fuese un manjar.

    Con mis manos toqué sus pechos, tiernos y firmes, masajeándolos suavemente, notando como sus pezones se excitaban, sobresaliendo y endureciéndose.

    Acerqué mi boca y lamí un pecho y luego otro, para después recorrer con la punta de mi lengua sus pezones y ver como éstos respondían con dureza ante la calidez de la punta de mi lengua. Recorrí el centro de su pecho, bajando por su abdomen y llegando a su ombligo, hundiendo mi lengua en él. Seguí mi recorrido hasta llegar a su monte de venus y después al inicio de su vulva. Abrí esos hermosos labios para introducirla dentro, lamiendo sus labios menores, de arriba hacia abajo, notando su piel blanda, flexible, húmeda y cálida. Localicé rápidamente su clítoris, que sobresalía, y jugué con él, rodeándolo y presionándolo con la punta de la lengua, para introducirme en su vagina y notar todo el calor que desprendía y lo mojada que estaba. No paraba de arquearse y jadear, cogiéndome la cabeza con las dos manos y acerándola a su coño, buscando que mi lengua pudiera introducirse más adentro.

    Salí de su vagina y con la lengua me acerque recorriendo su piel hasta su culo. Lamí el contorno de su ano e introduje poco a poco mi lengua en su interior. Al principio no entraba pero conforme lo intentaba, se iba dilatando hasta que puede introducirla entera. Le encantaba mi lengua dentro de su culo, arqueándose todavía más y apretándome más mi cabeza con sus manos hacia adentro.

    Ya no aguantaba más y ella tampoco. Fóllame como a una puta, me decía. Excitándome todavía más y sacando mi lado más salvaje.

    Le di la vuelta sobre la mesa, colocándola boca abajo y bajándola para que pudiera sostenerse con sus piernas sobre el suelo, mostrándome su culo, con las piernas abiertas. La visión era espectacular. Su culo abierto y ella tumbada sobre la mesa. Me acerqué al escritorio para coger un condón y ponérmelo. Ella que me vio me dijo que no, que prefería sentir toda mi polla sin condón, que no me preocupase, estaba tomando anticonceptivos.

    Volví a la espectacular visión de su culo y piernas abiertas, esperándome. Me froté la polla con la mano para ponerla más dura, mientras le acariciaba el coño e introducía mis dedos en él. Estaba totalmente encharcado. Una vez estuvo a punto, se la introduje de golpe, con fuerza, todo lo adentro que pude, hasta notar que la punta de mi polla chocaba contra el fondo de su vagina que estaba totalmente dilatada, entrando con facilidad. Se estremeció y tembló y mientras se agarraba con las manos en la mesa, me decía, más, más adentro, quiero que me rompas el coño.

    Seguía con movimientos de entrada, todo lo más fuerte que podía, y salida. Nuestras pelvis chocaban salvajemente. Mis huevos danzaban en el aire. Se estremecía y jadeaba desenfrenadamente. Más, más, rómpeme, me decía.

    Seguimos esta salvaje entrada y salida, hasta que ya no pude más. Me voy a correr, le dije. Córrete, quiero toda tu leche dentro, yo también estoy a punto de correrme.

    Nos corrimos a la vez, aaagggh.

    Se quedó totalmente relajada, con las manos y su pecho sobre la mesa y las piernas totalmente abiertas, mientras mi semen bajaba hacia su culo. Lo recogí con mis dedos y se lo introduje en la boca. Los chupó con lascivia. Introduje mis dedos en su vagina y los impregné de su orgasmo y mi semen, llevándomelos a mi boca y saboreándolos. El sabor de su sexo y el mío. Era una mezcla de sabor agrio y dulce. Un sabor adictivo.

    Me acerqué a ella, tal como estaba tumbada sobre la mesa, la bese en el cuello, en la boca y nos quedamos uno al lado del otro.

    Comenzamos a vestirnos y arreglarnos para salir de la oficina. La semana pasada te vi pajeándote mientras me mirabas y escuchabas, Me dijo.

    Pensaba que no te habías dado cuenta.

    Claro que me di cuenta, desde el principio. Estaba hablando con un amigo pero colgué enseguida. Lo que viste y oíste, lo hice para ti. Sabía que te gustaba desde que tuvimos la primera entrevista, pero desde entonces no me volviste a mirar y esa era mi venganza. Quería que volvieses a pensar en mí como cuando me miraste las piernas, que también lo vi.

    No reímos a carcajada suelta. La besé en la boca con un cariño y ternura enormes. Nos acabamos de arreglar y salimos de la oficina.

    Han pasado varios años y actualmente Marta sigue formando parte del equipo del despacho. Es una profesional reputada en el sector y en su especialidad, y aunque cada uno tenemos nuestras vidas paralelas, somos amantes y disfrutamos del sexo con toda su intensidad.

  • Sexo en cabinas

    Sexo en cabinas

    Hola, soy travesti de clóset pasiva, morena clara, 1.62, delgada y muy fantasiosa en la cama, me encanta ser cogida.

    Los viernes salgo temprano de mi trabajo, estaba demasiado aburrida ya solo estaba esperando la hora de salir (alrededor de las 3:30 de la tarde).

    En esta ocasión antes de salir me fui a bañar a las regaderas y ahí aproveché para rasurarme mi parte sexual, en ese momento estaba yo solo en las regaderas.

    Aproveche y saque un calzón tipo bikini satinado de atrás y con encaje al frente color rosa, un brasiere rosa, medias blancas y un chalequito de encaje blanco. Después me puse un pantalón y una sudadera de cierre en frente.

    Creo que un señor de limpieza me vio, pero no dijo nada y no hizo nada, espero que más adelante no haga chisme.

    En mi mente existía la idea de buscar a alguien para que me cogiera, así que tome mi automóvil para salir de mi trabajo alrededor de las 3:45 pm y así maneje a través de la avenida central hasta llegara a Francisco de paso y Troncoso, después fray Servando y por último a Salto del agua. Llegando ahí deje mi automóvil en un estacionamiento público subterráneo.

    Estando ahí me baje del auto y pase a la parte trasera del coche; lo había estacionado de reversa en el cajón y la parte trasera daba a una pared, habiendo del lado derecho una camioneta y del lado izquierdo un Tsuru (muy viejo por cierto).

    Observando que nadie me viera y cubierta por la cajuela abierta de mi carro, procedí a quitarme la sudadera y mi pantalón tranquilamente para quedar en ropa íntima (brasiere rosa, calzón tipo bikini con encaje al frente rosa, medias blancas y chalequito blanco de encaje muy transparente).

    Como toda una chica me acomode bien mi calzón y mis medias, saque un pans blanco de chica no muy ajustado, y un rompevientos negro. Me los puse y alborote mi cabello un poco aprovechando que lo tenía más o menos largo, me coloque mi tapaboca y me puse unos lentes, también saque unos tenis de chica.

    Ya lista cerré la cajuela guarde las llaves del coche en un bolsa grande que tiene mi rompevientos junto con una tanga de encaje rosa, una bolsita con 7 condones y un frasquito de lubricante para ponerme atrás.

    Procedí a salir del estacionamiento caminando, pase por enfrente de los chavos que lavan los coches en el lugar y me percate que se me quedaron viendo y uno de ellos el cual estaba parado a la salida, me observo de arriba para abajo, pasando frente a el giro su cabeza para verme por atrás (Con el pans blanco de mujer que me puse se me transparentaba mi calzón) y me dijo en voz baja pero suficiente para que yo lo escuchara diciéndome (que rico calzoncito amiga!!!), No dije nada y seguí mi camino sin voltear pero me gustó que dijera eso.

    Saliendo del estacionamiento camine por la banqueta (vaya que había gente), continúe caminando por eje central hacia el norte y me di cuenta que varios hombres, cuando pasaba frente a ellos no podían evitar voltear a ver cómo se me transparentaba mi calzón con el pans que traía.

    Después de recorrer unos metros llegue a las cabinas funny que están a lado del lado izquierdo en plaza meabe.

    Subí y al entrar solo estaba el que atendía el lugar, compre mi boleto y procedí a pasar a las cabinas, en cuanto ingresé había varios hombres caminando y eligiendo alguna cabina, cuando me vieron y como perritos empezaron a vislumbrar donde me metía, sus miradas eran de lujuria, me sentí acosada, deseada y con muchas ganas de ser cogida por todos.

    Seleccione una cabina donde tenía una video de una chica transexual siendo cogida por un hombre bien vergudo, la cabina tenía dos glory hole en una pared y la otra pared un solo glory hole.

    Cerré la puerta, pues rápidamente dos hombres se metieron donde había dos hoyos en la pared y otro en donde te había uno, ya adentro procedí a bajarme mi pans lentamente mostrándoles poco a poco mi calzón, después me quite mi rompevientos, al final quedé en ropa íntima, los chicos sacaron sus brazos para tocarme a través de los hoyos, me acerque a dónde estaba uno y empezó sobarme por el frente y por tras sobre mi calzón, empecé a moverme sensual disfrutando como me tocaban, al cabo de un minuto me acerque a lado donde había dos chicos y pude sentir las dos manos manoseándome toda sobre mi calzón igual empecé a moverme sensual; los chicos sacaron sus brazos y procedieron a sacar sus penes por los hoyos, me emocioné al estar asediada por tres penes listos para penetrarme ya que estaba bien parados.

    1- saque los condones que tenía en mi rompevientos, me acerque a uno y procedí a ponerle un condón sabor chocolate con la boca a un rico pene y empecé a chuparlo, después saque otro condón pero de sabor plátano y se lo coloque al segundo pene con la boca y también lo chupe y por último saque un condón sabor fresa y se lo puse a último pene y termine chupándolo.

    2- procedí a hacerme un lado mi calzón por la parte de atrás y les mostré como me ponía lubricante atrás.

    3- me acerque a dónde había dos glory hole y a uno le pedí mantuviera mi calzón haciéndolo a un lado mientras acercaba mis nalgas y me ensartándome muy rico en el pene de a lado, el chico empezó hacer los movimientos de sacarme lo y metérmelo muy rico, mientras el chico de a lado tocaba mis nalgas y alcanzaba mi pene para jalármelo, me empine y en frente salía el otro pene y me puse a chuparlo mientras me cogían por atrás.

    Después de un rato deje el pene que me cogía y me ensarte ahora en el otro y ahora el chico que me cogió primero, sostenía mi calzón haciéndolo a un lado para que me penetrara otro rico pene, me volví a empinar y seguí chupando el de enfrente.

    Ahora seguía el turno del chico de enfrente, aquí yo mantuve con mi mano mi calzón haciéndolo a un lado y me empine y procedí a ensartarme en ese rico palo, mientras alternaba los otros dos penes chupándolos.

    Así estuve con los tres chicos repitiendo la rutina, no quería parar de estarme ensartando en los tres penes, hasta que uno por uno empezaron a venirse en el condón, el único que quedó fue del lado que había un solo glory hole, y vaya que duró por más que ensartaba y me movía con su pene dentro de mí no se venía, obvio estaba disfrutando mucho que rico como me cogía, hasta que ya no pudo y se empezó a venir, después de eso se fue y me di cuenta que ya no había nadie.

    Procedí a vestirme y salí de la cabina, mirando el lugar me cuenta que casi no había nadie. Tome mis cosas y me retire.

    Espero les guste otra experiencia más, más adelante contaré más de mis experiencias y las que espero pronto cumplir.

    Esta historia fue en la ciudad de México en la cabina Funny que queda por eje central a lado de plaza meabe.

    Me despido por el momento.

  • Secuestradas en el campamento militar (2)

    Secuestradas en el campamento militar (2)

    El fiscal no había regresado a ver las imágenes por lo que los policías pudieron hablar con libertad.

    -No hay manera de identificar la zona. Aunque los ángulos de las tomas parezcan aleatorios, el cabrón de Morales hace colocar siempre la cámara de manera que no se vea absolutamente nada del horizonte. Solo podemos ver la vegetación y es la normal de todo el país y de otros varios más de nuestro entorno.

    -Nunca me imaginé que se les pudieran hacer cosas así a dos mujeres indefensas. Es un verdadero hijo de puta.

    -Cambiando de conversación: ¿Qué os parecen las chicas? No están nada mal ¿eh?

    -Joder calla. Esto parece una película de porno duro.

    -Y que lo digas, a mi se me ha levantado el rabo. Creo que voy a ver el DVD otra vez y me voy a hacer una paja a la salud de Perra y Cerda. Por cierto, ¿Cómo se llaman?

    -Ahora Perra y Cerda. Tienes razón, veámoslo otra vez y disfrutemos de esas dos zorras tan jodidamente buenas y bien usadas.

    ————

    Contra lo que esperaban, la semana siguiente no llegó el nuevo DVD, tardó dos semanas durante las cuales no hubo un solo avance policial.

    -Muy buenas, Sr. Valverde. De nuevo con usted para mostrarle las aventuras de sus queridas mujeres. Han pasado dos semanas antes de enviarle la nueva grabación y seguro que estará ansioso por presencia le emotiva ceremonia en la que los cuerpos de sus familiares pasan oficialmente a propiedad de mi campamento. He dejado pasar estas dos semanas incumpliendo mi promesa de puntual entrega semanal ya que ha sido preciso dejar de utilizar a Perra y Cerda durante ese tiempo para permitir la cicatrización de sus perforaciones y prevenir alguna infección o deformación que estropease unos cuerpos tan hermosamente adornados.

    -La actividad de sus mujeres durante esas dos semanas no merece más que un breve resumen ya que se reduce a realizar tareas de limpieza, lavado, cocina, acarreo de agua, en fin ya sabe, cosas de campamento. Como las manos si las podían utilizar sin peligro, han trabajado también de putas pajeando a mis hombres. Le mostraré esencialmente esa tarea y los castigos recibidos por diversas faltas derivadas de su torpeza laboral o el escaso entusiasmo en su trabajo de putas.

    -Veamos, antes retomemos la ceremonia de marcado de las esclavas. Ahí están, subiendo a la grada y rodeadas de todos mis hombres salvo los de guardia. Primero son paseadas por todo el perímetro por sus padrinos de ceremonia, Nelly y el herrero, tirando de la cadena del collar para que todos los asistentes puedan contemplar las hermosas y recias joyas con las que han sido adornadas. ¿Despiertan entusiasmo verdad? Escuche, escuche los aplausos y silbidos de admiración. Y esas desagradecidas poniendo cara de oveja. Eso es, así, forzadas a agacharse al borde de la tarima con las piernas abiertas para que se observe a placer la decoración de la vulva y el tatuaje del pubis. Desde luego están espléndidas. Lástima que la torpeza con la que caminan llevando las sandalias metálicas les hagan parecer ocas. Como no aprendan pronto a caminar como rameras su salud se va a resentir aún más.

    -Bien, una vez que han sido expuestas vamos a empezar por Perra, privilegio de la edad. Se la pone con el vientre apoyado en ese grueso tronco, se sujetan la cadena del cuello y los grilletes de las muñecas bien tensos a esos cáncamos atornillados en el suelo y lo mismo con otras cadenas trabadas a las sandalias metálicas. Mire qué buen plano de la cámara tomando el culo y la vulva de su puta esposa. ¡Qué linda se ve!, tan peladita y con esos siete generosos aros que le proporcionarán con su peso -y lo que se añada a ellos- unos labios bien largos y acogedores y un clítoris gordo y jugoso. Bien, así, mordaza de bola. Mi gente está en todo.

    -¡Atento fiscal! No se lo pierda, bueno puede repetir la secuencia cuantas veces quiera. Mire qué precisión la del herrero. Toma el hierro incandescente del hornillo. Lo coloca centrado en la riñonada de Perra, aprieta un ratito, humo, olor a carne quemada y lista.

    -Mire estos dos planos conjuntos, uno reflejando la cara de espanto de Cerda y otro con los mocos y las lágrimas de la cara de su esposa. Y este otro, no es muy imaginativo, pero es el anagrama del campamento lo que tiene ahora su esposa para siempre en el final de la espalda.

    -Ya está otra vez Cerda dando motivos para calentarle las nalgas. Cómo se retuerce la muy marrana. Hace honor a su nombre, se comporta como un cerdo yendo al matadero. Y eso que con tanta agitación, las perforaciones tienen que hacerle daño. Como estropee algún agujero la ahorco y punto pelota.

    -Bueno, no ha sido tan sencillo como con la madre pero ya tiene su bonita marca. Por ahora ahí se quedan. Nelly les está aplicando cauterizante en los piercings y se quedarán sin uso dos semanas. Bueno, bueno, a medio uso, en un campamento hay mucho que hacer.

    ————

    -Y aquí tiene, mi buen fiscal, un breve extracto de las dos semanas de explotación reducida de sus –ya nuestras-bestias. Ahí las ve uncidas al carro del agua para dar descanso al asno. Ya caminan algo mejor con sus sandalias, por lo que ha habido que trabarles los tobillos con una barra para que no escapen. Y las puede ver cocinando, muy mal, lavando, fatal. ¡Ah! Aquí están pajeando a mis hombres. Eso no se les da mal. Tienen unas manos muy aptas para la labor. Lástima que Cerda se negase a beberse el esperma para tener una sobreingesta de proteínas para el engorde. Eso le ha costado una serie de castigos de agua. Ahí la puede ver con el vientre completamente hinchado y repleto de líquido. Su esposa se negó a limpiarme el culo con la lengua después de cagar y eso le ha valido los verdugones que tiene en la espalda. Esa es la escena de los azotes con la fusta.

    -Mire, las viejas indias ya han empezado a trabajar en el modelado de sus cuerpos. Puede ver a Perra con las base de su pechos vendados fuertemente tras recibir un apestoso ungüento que ellas sacan de ciertas plantas. Por cierto, las vieron afeitándose el chumino la una a la otra y nos informaron que tenían otro ungüento para depilar permanentemente, así que he pedido que se lo apliquen por todo el cuerpo salvo las cejas. Ya ha surtido efecto en tres aplicaciones y como verá es eficacísimo. Mire qué calvas tan brillantes y que pubis tan suave tienen. Ahora están trabajando la vulva de su esposa. Con otro potingue y unas varas combadas muy elásticas, se estira desde el vértice a la base de la vulva en ambos sentidos. Consideran que antes de un mes tendrá una vulva tan alargada como yo quiero. Los pezones han conseguido una buena longitud gracias a los resortes metálicos, pero además le aplican el mismo mejunje que a la vulva para facilitar su extensión.

    -Ahí puede contemplar el trabajo con Cerda que, por cierto ya ha engordado seis kilos. En esta escena le están aplicando un maloliente engrudo para hacerle los labios exteriores más gruesos. En combinación con la bomba de succión se logrará un abultado vistosísimo y permanente. También le han colocado ese corsé de varillas de no sé qué puta planta que servirá, según ellas, para que no engorde por el talle y la abundancia se derive a las tetas y las caderas. También le están tratando los pezones para engrosarlos de manera que puedan colocársele los remaches como a su madre.

    -Por supuesto los tratamientos se les aplican cuando no están de servicio como rameras, ya que las pócimas de las viejas son un tanto apestosas y pringosas y ahuyentarían a mis hombres. Y por cierto, las dos bestias duermen con sus agujeros traseros bien atendidos con gordos tapones para evitar que pierdan la elasticidad que consiguieron el día de su llegada. Su hija duerme con la vulva sometida a succión de baja presión y su esposa soporta las varillas de extensión del coño.

    ————-

    -Pero volvamos a la actualidad. Bueno, la actualidad para mi, no para usted. Mire el estrado-vivienda de sus familiares. Como puede constatar hemos introducido algunas innovaciones para comodidad de las bestias. Verá que sobre el estrado hay una especie de extensa mesa de madera de cortas patas. Esa es su cama, donde dormirán de día y follarán a la vista de todos cuando trabajen como putas. Atienda a que he tenido la consideración de instalar un sombrajo para que no sufran insolación en sus desnudas cabezas y además un mosquitero.

    -En esta esquina está el cubo, a media altura del estrado, donde deben hacer sus necesidades a la vista del personal y vaciar de sus tripas los enemas. Tal y como está situado, la vista de sus agujeros evacuando será inmejorable y en primer plano. Los postes, el travesaño y el suelo han sido dotados de diversos elementos de sujeción, cadenas, poleas y cuerdas para los que quieran experimentar sus perversas fantasías con ellas. La tina que está viendo es su lavabo y al mismo tiempo su depósito de bebida aunque por supuesto todas las noches serán lavadas con mangueras por fuera y por dentro, como siempre. También verá que hay colgados en diversos sitios algunos elementos de castigo o diversión. El tronco sobre el que fueron marcadas con el hierro candente sirve para facilitar diversas posturas que a mis hombres, muy imaginativos, agradan sobremanera.

    -No se pierda el detalle del cartel que exhibe el único artículo del reglamento de uso de las dos bestias:

    «HASTA EL ANUNCIO DE SU FECUNDACIÓN, Y SIN PERJUICIO DE SU USO Y ABUSO PREVIO POR OTROS AGUJEROS, TODO EL ESPERMA DEBERÁ SER EXCRETADO EN EL INTERIOR DE LAS VAGINAS DE LAS BESTIAS»

    -Hoy empiezan a follar. Ahí vienen, de su paseo de entrenamiento con las sandalias metálicas. Ya dominan el desmesurado tacón que les fuerza a andar casi de puntillas y su caminar ha adquirido el porte de fulanas que se pretendía. Cerda lo debe estar pasando mal, ya que lleva los intestinos repletos de los eslabones de una gruesa cadena desde anoche como castigo al poner reparos en obsequiarme con un número lésbico entre ellas. Perra estaba dispuesta pero Cerda no. Están espléndidas ¿no le parece? Aprecie cómo destellan al sol sus joyas. Verá que junto con la correa del collar, la fusta y el bolso de bandolera, han sido provistas de otras posesiones. ¡Se podrán quejar! Les he dotado, para cuando salgan al sol, de unos monísimos gorritos para proteger esas calvas. Los dos gorros tienen la forma y las orejitas de los animales cuyo nombre tienen el honor de usar las dos bestias. Además, desde ellos, mediante una correíta, desciende hasta su nariz el correspondiente hocico de goma que se engancha en la argolla del tabique nasal. Encantador ¿Verdad? Mírelas, mírelas, qué hermosa estampa. Debe estar orgulloso de ellas. Debiera darme las gracias por la imaginación que derrocho para embellecerlas.

    -Y ahora al pasar ellas mírelas por detrás. Cada una lleva insertado en su ano un tapón del que sale el rabito de su especie: La colita peluda y alzada de la Perra y el sonrosado rabito retorcido de la Cerda.

    -Ya están en su estrado y se desprenden del gorro y los hocicos. Y por ahí veo que vienen tres de mis hombres que salen de su turno de guardia. Seguro que necesitan echar un polvo. Efectivamente, suben al estrado para servirse de las putas. Vea que dos de ellos eligen a Cerda y el otro a Perra. Sospecho que Perra va a tener un trabajo bárbaro, porque el que la he elegido es el negro Ramón, un tipo dotado de una verga increíble, aunque ella ya la probó el día en que fueron recibidas en el campamento. Lo peor de Ramón es que tiene unas aficiones un tanto perversas. Veamos de qué retorcida manera la va a joder.

    -Mal comienzo para Perra, la está atando las tetas con una cuerda. Ahora pasa la cuerda por la polea del travesaño y ata el extremo a uno de los mástiles cuando las ubres de la bestia ya no dan más de si. ¡Pero qué veo! Ahora le ata otra cuerda a la argolla de la sandalia derecha y también la eleva la pierna de manera que solamente queda apoyada en una. ¡Puuuf! Con el altísimo tacón de esa sola sandalia de apoyo, como se desequilibre se va a quedar sin pechos.

    -No se fije tanto en su esposa y observe como le sacan a Cerda los eslabones de la cadena. Es larguísima, gruesa y pesada ¿verdad? Todo ese peso dentro de sus intestinos ha debido ser una pesadilla mientras caminaba. Y todo ya ve, simplemente por no querer follar con su madre, cosa que de todas maneras hubo de hacer. Qué hay más hermoso que el amor filial.

    -Nuevamente la cámara se fija en Perra. Ramón ya se dispone a penetrarla. Embute su gran estaca en el culo y ¿Qué hace con las manos? ¡Olé!. Le mete cuatro dedos de cada una en la vagina y la sujeta por ella mientras la bombea con su habitual energía, violencia y riguroso recorrido completo desde el bálano a los testículos.

    -Este Ramón es una joya. No hay duda de que es uno de mis mejores hombres. Con semejante tratamiento coopera con mis intenciones de estirado de la entrada vaginal y de elongación de las espléndidas ubres de su esposa.

    -Y al loro con la niña: Le han trabado las argollas de las sandalias metálicas a las del collar, le han puesto una barra separadora de rodilla a rodilla y ahí está. Despatarrada sobre la cama con sus agujeros bien a mano y totalmente indefensos. ¿Qué se dispondrán a hacer estos bárbaros? ¿Y ahora? ¡Ah! Le están enganchando con una cadenita la argolla de la nariz a la del clítoris dejándola bien tensada. Cuando la empiecen a trajinar se verá obligada a levantar las nalgas con sus manos para acercar la nariz a las ingles y distender la cadena. Si no con los movimientos del bombeo se va a quedar perjudicado el clítoris o las napias.

    -Ramón le ha enfundado su verga a Perra por el coño. Eso quiere decir que ya va a vaciarse. Si… arrecia el metesaca… más aprisa… más violento… más profundo… pobre Perra… que ojos de angustia… como suda… yaaa. Ya se ha corrido el negro. Seguro que la ha inundado.

    -¿Y ahora que hará? Le suelta las tetas que están ya amoratadas. Eso duele mucho cuando la sangre comienza a regar nuevamente los tejidos. Con la misma cuerda de las tetas le ata la argolla de la sandalia donde se apoyaba y… uuup… la cuelga boca abajo. Muy bien. Eso retendrá el semen en el coño de su esposa bañando bien los ovarios y facilitando la probabilidad de preñarla. Buen chico.

    -¿Y Cerda? No nos olvidemos de ella. Mire en este plano que facilita su tan atractiva postura qué abultados y mantecosos tiene ya los labios vaginales. Un espectáculo delicioso, ¿Verdad? Pero aún falta algunas semanas de tratamiento para que estén a mi gusto. ¡Pero qué hacen éstos con el bate de béisbol que robamos a los de la DEA! ¡Ah ya!, se lo meten en el coño a la niñata. Escuche como gruñe la Cerda. Me harta. Su puta madre es más discreta aunque también me irritan sus lamentos.

    -Vaya, los chicos están sondeando con el bate hasta qué profundidad se puede sumergir algo en el coño de la lechona. ¡Ajá!, el negro Ramón que ha terminado con Perra se acerca a curiosear. Seguro que interviene. ¿No le digo? Ya está estrujando las tetas. Seguro que empieza a azotarlas con sus enormes manos. ¡Ahí lo tiene! Lo conozco como si lo hubiera parido y criado yo. Resulta interesante ver esas tetas, que ya van engordando, balancearse de un lado a otro por los azotes de Ramón. ¡Joder, qué bestia! ¿Será posible que las tetas de su hija se puedan alargar tanto cuando la estira de los pezones de forma tan brutal? A lo mejor me equivoqué y debí engordar las tetas de su esposa y alargar las de la niña. Bueno, a lo hecho, pecho.

    -Bueno, me aburre describir lo que puede entender por si mismo. Tengo trabajo, así que vea hasta el final de este DVD que es muy interesante.

    ——————-

    El fiscal Valverde no había contemplado esa entrega. Era superior a sus fuerzas. Por eso, alguno de los policías que teóricamente buscaban elementos para localizar el lugar del secuestro no dudaron en sacar sus pollas y pajearse contemplando cómo Cerda era follada con el puño tras comparar el brazo del agresor con las medidas obtenidas del bate de beisbol. El negro Ramón se subió a la cama-mesa del alojamiento de las bestias y metió su rabo, otra vez enhiesto, en la boca de Cerda haciendo oídos sordos a las legítimas reclamaciones del otro hombre que había seleccionado a Cerda para desahogar sus testículos.

    Ante tal situación, el hombre desplazado por el negro Ramón descolgó a Perra, que disfrutaba colgada boca abajo del baño de esperma en sus ovarios y subiéndola a la cama junto a su hija le penetró por la vagina sin contemplaciones para aportar más semen a la noble causa del preñado.

    Tras buen rato de ser follada con el puño, la vagina de Cerda recibió la verga del que había preparado tan fieramente el coño con su puño y con ella una buena dosis de esperma. Dosis que se vio incrementada por una segunda eyaculación del negro Ramón. Para entonces la cámara ya había mostrado algunos planos de otros hombres esperando turno para usar a las dos hembras.

    Antes de que los que hacían cola pudieran follar, la cámara mostró cómo aparecía Nelly en escena y agregaba un segundo cartel al reglamento de uso de las bestias. Decía: «POR RAZONES DE HIGIENE, ANTES DE UTILIZAR A UNA DE LAS BESTIAS POR EL ANO DEBE SERLE IMPUESTO UN ENEMA. SIN EMBARGO, LA HIGIENE NO DARÁ DERECHO AL USUARIO A EXIGIR QUE LA BESTIA SEA VACIADA DEL SEMEN CONTENIDO EN SU VAGINA PARA NO OBSTACULIZAR EL PROCESO DE FECUNDACIÓN»

    Pasaron por el estrado la mitad de los hombres del campamento, la mayoría ejerciendo su derecho a puta individualmente, pero varios lo hicieron en parejas para ahorrar la espera, ya que habida cuenta de la regla del enema y el consecuente vaciado de las tripas de la hembra, la espera se hacía larga.

    Desde luego, la idea de Morales de hacer que las bestias hicieran sus deposiciones en el cubo que colgaba del estrado atraía el interés de los hombres al tiempo que iba consiguiendo que las dos mujeres fueran perdiendo su pudor a marchas forzadas.

    Gran parte de la grabación mostraba la actividad de esa mañana sobre el estrado y al final, la regla que impedía vaciar el aparato genital de las esclavas fue violada por la naturaleza. Impresionaba ver como las penetraciones de los últimos hombres hacían rebosar por los lados de la vagina la ingente cantidad del pringoso fluido allí dentro acumulado.

    —————

    Volvió a aparecer Morales justo cuando el fiscal, armado de valor, entró en la sala de proyección para ver las escenas.

    -Una breve introducción, señor fiscal para explicarle que las secuencias que verá a continuación no constituyen un castigo porque sus seres queridos se hayan comportado indebida o delictivamente. No, no. Han tenido un buen comportamiento en su estreno como putas trabajadoras de mi recién instituido Servicio Social Gratuito de Atención Sexual. Lo que ocurre es que deben seguir siendo adiestradas y endurecidas y, para ello, nada mejor que aprovechar la hora de siesta de mi gente para someterlas a ejercicios que mejoren su productividad, expulsen de su cerebro cualquier concepto de voluntad o libertad e imbuyan en él fidelidad a la colectividad de este campamento que su propietaria.

    -El ejercicio que va a presenciar es estático y uno de mis preferidos, pero también los hay dinámicos y mis hombres no dejan de imaginar muchos más, pero es tal la cantidad que ya habrá tiempo de mostrárselos. Vea:

    La escena, como era habitual, mostraba el estrado con sus dos pilares de madera y la viga tendida de uno a otro en la parte superior. Bajo la viga las dos mujeres enfrentadas. La cámara muestra el plano general. Perra montada sobre un listón de madera de sección triangular con un vértice hacia arriba incrustado entre los labios de su vagina en proceso de alargamiento. Los tobillos colgando del listón por detrás de ella mediante una cuerda atada a sus sandalias metálicas, lo que le impulsa hacia delante haciéndole difícil alternar entre coño y ano el peso sobre el listón para no concentrar todo el dolor en el mismo órgano.

    Por su parte, Cerda se encuentra colgada del recto con el mismo gancho metálico de punta roma que tuvo el placer de disfrutar el día de la llegada al campamento. Se apoya en las punteras de la sandalia.

    Las dos tienen las muñecas trabadas por sus esposas al collar de manera que no pueden eludir la posición.

    Pero la cámara se recrea en vistas detalladas de otros diabólicos dispositivos:

    De los anillados pezones de ambas estira una cadena que une a las dos y levanta los pechos brutalmente ya que discurre por una polea en lo alto de la viga.

    Las dos muestran la argolla de su nariz trabada por un mosquetón unido a otra cadena que también procede de la viga y les obliga a tener la cabeza erguida.

    Lo más perverso de las trabas de pezones y nariz es que las cadenas enlazan con un muelle intermedio. Las bestias no se rasgarán los órganos porque habrá elasticidad, pero cada movimiento será un calvario al tener que vencer la resistencia del muelle.

    Ninguna de las dos se libra de tortura en la lengua. Cerda la tiene aprisionada al exterior entre dos palos atados fuertemente por los extremos y apoyados en la comisura de los labios. De la bola de la lengua de Perra cuelga una notable plomada de la que no podría librarse aunque ese músculo fuera tan fuerte como las malas «lenguas» -y valga la redundancia- dicen que son los de las mujeres.

    Y por qué se iban a librar los genitales. De cada uno de los seis anillos de los labios mayores de cada una colgaban otras tantas plomadas que los distendían despiadadamente. Había una diferencia entre la vieja y la nena: el tratamiento del clítoris.

    El clítoris de Perra sufría la tensión de dos gomas elásticas que, atornilladas a los lados de la sección del listón triangular que martirizaba la vagina en fase de extensión, enlazaban el otro extremo con la notable argolla que lo traspasaba por el remache metálico. Si estaba impedida de descansar su peso sobre el culo por causa de la trabazón de las sandalias, también estaba limitada para alternar el peso lateralmente. Estaba absolutamente sometida a la inmovilización a menos que se arriesgase a sufrir un tipo de dolor para eludir otro.

    El clítoris de Cerda sufría un tratamiento aún más amenazador.: Habida cuenta de que su coño estaba libre se le había insertado una gran bola de plomo en la vagina que estaba enganchada a la argolla de su clítoris con una cadena. Si la bola se le escapaba y caía el clítoris sería probablemente desgarrado.

    —————

    -Hola fiscal. No se preocupe. Sus chicas soportan bien estos entrenamientos y salvo las típicas molestias que estas actividades producen, sus estupendos cuerpos no han sufrido ninguna alteración no programada por mí.

    -Y hablando de alteraciones. Le voy a mostrar cómo, aprovechando el lucrativo secuestro de un famoso cirujano, he procedido a realizar unos pequeños cambios en sus chicas. Por consejo estético de las viejas indias se les han amputado los labios vaginales interiores ya que hubieran quedado un poco colgantes y salientes, afeando así el resultado de lo que yo quiero ver en sus pulidos y seductores pubis. Estuve tentado de ordenar al cirujano de que les hiciera también la ablación del clítoris ya que me importa un rábano si obtienen placer o no cuando follan. Pero eso hubiera significado al eliminación de una de las joyas que adornan el entorno de sus ingles, así que prescindí de ello.

    -Ya de paso, y por los molestos que son sus aullidos ordené el corte de las cuerdas bucales para enmudecerlas. Y puestos a ello, por qué no, también se les ha seccionado el frenillo de la lengua para que sus mamadas de polla sean más eficaces.

    -Nos vemos… Bueno… me verá y disfrutará de las andanzas de sus zorras parientas en la próxima entrega.

    CONTINUARÁ.

    Comentarios a [email protected], que tengan buen día…

  • Masturbación maravillosa

    Masturbación maravillosa

    Aquí estaba yo, en mi casa, sin absolutamente nada que hacer, mis clases en línea comenzaban dentro de un mes, ya había limpiado y lavado todo lo que me encontrara, había terminado de leer algunos libros, ver algunas series pendientes, de verdad que no tenía absolutamente nada!

    Tomé mi celular para ver un poco de redes sociales, abrí Facebook y no vi nada interesante, Instagram estaba igual de aburrido, mi última salvación era Twitter, así que con miedo entre y lo primero que vi fue el video de dos chicas besándose, baje un poco más y vi la foto de una chica mostrando sus pechos haciendo una confesión que quería tener relaciones con una chica y que si había alguna interesada la contactaran enviándole mensaje, entre al perfil de esta chica, no tenía muchas fotos sin embargo las pocas mostraban que tenía un buen cuerpo, así que sin dudarlo, comencé a bajar mi mano hacia la húmeda parte de mi cuerpo, mis dedos fueron directamente hacia mi clítoris, moviéndolo de un lado a otro primero de manera lenta y después rápido.

    Tuve que quitar mis dedos para quitarme toda la ropa y buscar videos porno de lesbianas, soy muy especial en ello, así que me tarde bastante tratando de encontrar el adecuado, pero para que no se me bajara lo caliente seguí tocándome con una mano mientras que con otra batallaba con mi celular, una vez que lo encontré volví a lo mío, me hundí en los gemidos de aquellas chicas que hacían tijera y se besaban, me imaginaba esa misma escena con la chica que encontré en Twitter, se me antojaban esos pechos redondos, con ese pezón parado tan bonito, no se llegaba a notar pero la mujer parecía ser una madura, aun así ese cuerpo estaba tan espectacular, llego una parte donde las chicas del video tenían sexo con arnés, así que la misma imagen apareció en mi cabeza, donde yo era a la que le metían el arnés y mi hermosa mujer desconocida me hacía gozar moviendo sus caderas de una manera tan deliciosa, podía sentir sus manos agarrando mi cabello y jalándolo mientras me decía al oído que era su puta favorita.

    Sin pensarlo más, agarre uno de mis cepillos y me lo metí, trate de tomar el ritmo de las embestidas de la chica del video, mis gritos eran iguales o más fuertes que la otra chica, mis pezones me dolían de lo fuerte que los pellizcaba, pero era un placer tan indescriptible que no me importaba, me voltee quedando sentada en la cama y como pude comencé a saltar encima de mi cepillo, todo mi cuerpo sudaba de placer, mis entrañas apretaban cada vez más el cepillo, podría sentir las manos de mi desconocida en todo mi cuerpo, incluso llegando a mi cuello para ahorcarme, ahí llego mi punto máximo, todo en mí se quedó pasmado por un segundo, hasta que mi cuerpo expulso todo mi orgasmo, haciendo que me dejara caer boca abajo de la cama rendida y sin dejar de temblar, el video termino y un silencio profundo inundo mi habitación, había aguantado la respiración por un momento hasta que empecé a jadear y a reírme por la experiencia vivida, sin duda ver a esa hermosa mujer con su hermoso cuerpo me hizo tener un deseo increíble por tenerla en mi cama, no solo a ella, podría tener al cualquier mujer en mi cama, quiero disfrutar de cualquier mujer en mi cama.

    Si te gusto mi relato, por favor vota y coméntalo.

    Si tienes alguna duda o sugerencia para más relatos, envíame un correo.

    [email protected].

  • Algo de mi

    Algo de mi

    Hola, me presento con ustedes. Mi nombre es Tania, tengo 29 años y soy de la ciudad de México.

    Soy de estatura baja (1.55), mis pechos y nalgas son algo chicas, tengo piel clara, cabello castaño y ojos azules.

    Me encanta el sexo en todas sus formas y ya tengo bastante experiencia. La mayoría con un par de novios que he tenido y con mi pareja actual.

    No sé por dónde comenzar, así que mis relatos no llevarán una secuencia y espero que les guste porque tengo mucho que contar.

    Creo que algo en lo que soy buena es en dar una buena mamada, ya perdí la cuenta de cuantas he hecho en mi vida, pero sí sé que han sido demasiadas.

    Uno de los hombres que más disfrutaba con mi boca se llama Manuel. Cuando salía con él los dos teníamos 20 años, yo ya tenía experiencia, pero con el comencé a abrirme aún más en temas de sexo.

    Él tiene un fetiche con los pies femeninos por lo que se centraba mucho en esa parte de mi cuerpo, ya había tenido parejas con ese gusto, pero Manuel era diferente. Él los disfrutaba a otro nivel y me enseñó a disfrutar al mismo tiempo.

    Desde que comencé a salir con él los dos dejamos claros lo que queríamos y lo que nos gustaba y creo que por eso duramos más de un año ya que sexualmente éramos bastante compatibles y no teníamos problemas en cumplir los deseos del otro… Para que se den una idea, con él experimenté desde fetichismo hasta mi primer gang bang.

    Disfruté mucho estando con él y quiero compartirles todas mis experiencias, no solo con él si no con las parejas, amantes, amigos, amigas y hasta con mi hermana.

    Les pido que me ayuden en los comentarios para ver qué es lo que más les interesa saber y así saber por dónde comenzar.

    Besos.

  • Gran masaje en las playas de Cartagena

    Gran masaje en las playas de Cartagena

    Soy Andrea, médica general de Colombia, les voy a contar lo que pasó en mis últimas vacaciones cuando visitaba Cartagena.

    Estaba en la playa disfrutando de un sol de la tarde ya me había bañado, se me acerca una chica negra ofreciéndome una muestra de unos masajes, ella era de unos 37 años, buenos senos, caderona, con algo de panza, vestía con un short azul y una camiseta de la selección Colombia roja, olía a sudor y sal.

    Accedí, me dijo que me iba dar un masaje especial, me llevó a una carpa que estaba detrás de una cabaña que se venía el mar, pero estaba todo solo, entonces me acosté boca abajo empezó a masajear la espalda, las caderas, los glúteos.

    -Doctora tiene un cuerpo muy lindo.

    -Gracias señorita, muy bueno el masaje.

    Me pidió boca arriba, me pidió quitarme la blusa, se me hizo raro pero accedí, me masajeó el cuello, los senos, mi abdomen, sus toqueteos ya estaba empezando a hacer efecto en mí, ella me pidió que me sentara, sentó en la parte de atrás, me masajeó el cuello, los senos, me dijo que así era el masaje que me dejara llevar fue bajando su mano, hasta mi entrepierna, no tuvo que pedir que la abriera, instintivamente las abrí.

    Ella notó lo que pasaba, me corrió el bikini, empezó a masajearme mi panocha, yo estaba ya jadeando, metió un dedo, gemí un poco, le dije wow negra esos masajes así de sabrosos los das?, ella ya estaba excitada besándome el cuello metiéndome dedos, me decía entre jadeos: “no se doctora, mona. Yo no soy de estar tocando chuchas ni estar arepiando, pero con Ud. no sé qué me paso” volteé, empecé a besarle la boca, ella se dejó.

    Le dije negra, arepiemos, desnúdate, yo terminé de sacarme el bikini.

    Ella se desnudó toda, no tenía un gran cuerpo pero, estaba yo súper excitada que eso no importo empezó a besarme el cuerpo chupo mis senos y yo los de ella, luego bajo a mi panocha, y me dijo “wow tu chucha esta rica, bueno vamos a chuchar”, se puso en posición y empezó a frotar su coño con el mío me dijo wow uff mmm esto es una arepa de la buena. Mientras rozábamos nuestros coños y l e metía dedos en el culo, bueno terminamos en un intenso orgasmo ambas abrazadas

    Le dije que estaba acá por 3 días, si me podía dar su número y yo le di el mío por si quería arepiar otra vez, así fue nos vimos otra vez, pero esta vez nos metimos a un baño. Todavía nos mandamos mensajitos, foticos, videítos y hacemos videollamadaas hot. Creo que gané una follaamiga.

    Me gustaría saber que les pareció mi experiencia playera.

  • Mi gran aventura con mi mejor amiga (Parte 1)

    Mi gran aventura con mi mejor amiga (Parte 1)

    Hola a todos, quiero compartir con ustedes mi primer relato en toda mi vida,  jamás pensé en contar mi experiencia para los demás, han pasado muchos años hasta que me decidí escribir esta larga historia y por fin me anime a compartirla con ustedes de cómo fue mi vida y experiencia sexual un poco diferente a la de los demás, con mi mejor amiga, mi amada, la segunda mujer más importante en mi vida en muchos sentidos. Espero les guste, es bastante larga, los hechos se desenvuelven lentamente, paso a paso como empezó a ocurrir todo de nuestra primera vez, espero pues arrancamos.

    Para empezar, mi nombre es Sebastián y actualmente tengo 29 años, mido 1.75 m, de cabello crespo color negro, de contextura delgada, para ese entonces yo tenía 21 años. Mi mejor amiga se llama Jessie, actualmente tiene 30 años, mide 1.74 m (de mi misma estatura prácticamente aunque se ve más alta de lo que aparenta) de cabello negro largo ondulado y es de contextura delgada también, lindas piernas y a pesar de ser delgada tiene un buen booty.

    Todo empezó en el 2.012, ella y yo nos conocimos en el año 2.009 en el primer semestre de la universidad, desde el primer día nos hicimos muy buenos amigos, nos llevamos siempre muy bien, nos caímos súper bien y hasta el sol de hoy seguimos siendo muy buenos amigos. Con el pasar de los años como toda pareja, relación, amigos, etc. siempre se hace un lazo fuerte de amistad, no somos la excepción de eso, y como todo ser humano siempre nos gusta lo curioso, y más que gustarnos, experimentarlo.

    Un día casual hablábamos por WhatsApp y llegamos a una conversación en donde nos preguntábamos si alguna vez habíamos besado a una persona que tuviese aparatos (Brakets), a lo que yo le respondo que no porque nunca se me presento una oportunidad con una chica con aparatos, a lo que yo le hago la misma pregunta a ella, y ella me responde que no, siempre le dio curiosidad y quería saber que se siente besar a alguien con aparatos. Casualidad de la vida yo en ese momento tenía mis brakets, dure 6 años con ellos y ese mismo año que charlaba con ella me los iban a retirar. Algo peculiar que siempre ha tenido ella desde que la conocí, es que es bastante extrovertida, le gusta hacerme maldades en todos los sentidos y molestarme ya que yo soy todo lo contrario, sobre todo muy penoso y ella le encanta molestarme por ello y le saca provecho al máximo, pero a pesar de todo la adoro, es una de sus formas de demostrar su cariño hacia mí, era una especie de amor/odio.

    En fin, la conversación se había puesto interesante ya que ambos nunca tuvimos la oportunidad de besar a alguien con brakets, a lo que ella me menciona con mucha malicia que me lo daría a mí y lo probaría conmigo, a lo que me sorprendió verdaderamente eso, porque fue inesperado, moría de pena y vergüenza, no le respondí incluso para negarle o afirmarle lo que menciono, a lo que mi reacción fue reírme, simplemente le puse «jajaja» que no dice absolutamente nada, al cabo de un rato la conversación termino y empezamos hablar de otras cosas.

    Semanas después, un día especial nos tocó ir a la Univ. a recuperar unas clases de física, la materia era tarde, de 5 pm a 7:30 pm, por mala suerte el profesor nunca llego y lo tuvimos que esperar más de 1 hora por si llegaba de casualidad, pero a fin de cuentas nunca llego, ya eran las 6:30 pm y se hacía de noche, ya no había casi nadie en la Univ., estaban a punto de cerrarla, por lo que estábamos pendiente de no quedarnos encerrados, aunque aún teníamos tiempo. Mientras esperábamos ella le salieron los cachitos de maldad pura y empezó a «molestarme» por qué sabía que soy muy penoso, pero poco a poco el ambiente se empezó a sentir un poco «caliente» ya ambos sabíamos las intenciones y que queríamos probar, nos fuimos a un salón pero aun habían una que otras personas y no conseguimos un buen y agradable momento para besarnos y disfrutarlo al máximo, a lo que ella se le ocurre una idea, me dice «¿Qué tal si nos vamos de una vez y nos vamos al parque que está cerca de tu casa y lo hacemos ahí que siempre esta solo?» me pareció una excelente idea por lo que nos fuimos de inmediato.

    Llegamos al parque de mi casa como a las 7:30 pm, todo solo y muy tranquilo, no lo negare, estaba muy muy nervioso, pero a su vez estaba muy emocionado, ya hacían varios años que no me besaba con alguien y el pensar que lo iba hacer con mi mejor amiga, era una sensación extraña, indescriptible, pero buena. Entramos en ambiente, nos sentamos en un banquito que estaban ahí y empezamos hablar de cualquier tema, en voz baja y muy cercas, mi corazón cada vez más se aceleraba y ya nos estábamos agarrando las manos, a lo que ella se levanta, se pone de frente mío, y me agarra con sus 2 manos bien heladas la cara, y lentamente se acerca a mí con un beso muy sutil y delicado que me paralizo por completo.

    Se aleja y lo hace nuevamente, a lo que empecé seguirle su ritmo, unos besos muy suaves saboreando nuestros labios. En cuestión de unos minutos me levanto del banco y quedamos de pie ambos, a lo que yo le sujeto la parte trasera de su cabeza con una mano y la otra alrededor de su cintura, en ese momento pasamos ya a besarnos apasionadamente, jugamos mucho con nuestras lenguas, podía sentir como lograba sentir la sensación de mis brakets, sé que lo disfrutaba de la misma manera en que lo estaba haciendo yo. Ella estaba pegada a mí, muy cerca, al caer en cuenta, me fije que el momento fue tan excitante que cargaba una erección demasiado fuerte, estando en bluejeen se notaba exageradamente, a lo que me retire un poco hacia atrás y cortamos el beso

    No nos dijimos nada, solo reímos en forma de gesto, pero hubo un gran silencio por un momento, a lo que ella decide romper el hielo y me dice «No te preocupes, se porque te alejaste pero apenas podía sentirlo, me gusto», eso aún me dio mucha vergüenza y solo le pedí disculpas, ella se ríe y me dice que porque me disculpo si es muy normal, para darme más ánimos me dijo que eso quiere decir que se hizo un buen trabajo cuando pasa eso, porque se disfrutó el beso a buena medida. Agarramos nuestras cosas y la acompañe a la parada para irse a su casa.

    Cuando nos despedimos, ella se despidió con un beso en la boca, y me dice «Nos vemos mañana best» fue muy sorprendente para mí, me sentí también, una cosa es leerlo y otra cosa vivirlo, fue una experiencia inolvidable. Ese día no hablamos más de lo ocurrido, no comentamos acerca del beso ni de nada, simplemente paso y listo.

    A raíz de todo ese beso, fue donde empiezan nuestras más grandes aventuras e inventos a lo largo de todos estos años.

    En las siguientes partes les seguiré contando nuestras aventuras y experimentos después de nuestra primera vez, espero que disfruten de esta larga historia.

  • La puta que me amó (Tercera parte)

    La puta que me amó (Tercera parte)

    Para ese evento a finales de enero, había quedado con Karina en que yo pasaría por ella y me encargaría en llevarla de regreso una vez terminada la noche o las tres horas por las que la había contratado. Realmente no me decepcionó, estaba puntual a la hora y cuando la vi con su vestido de color canario cuya tela parecía parte de su piel, pues estaba talladamente ajustada a sus pronunciadas curvas, sabía que iba a ser la envidia de todos los hombres del lugar. Y es que la verdad no era un vestido vulgarmente provocativo, de alguna manera me parecía recatado con algo de sutileza a lo sensual. Mostraba parte de su bonita espalda cuando su cabellera negra se le movía, su escote era conservador y la falda bajaba por su rodilla y con esos zapatos blancos de un tacón de unos 6 o 7 centímetros, le daban una evidente presencia a la belleza de esta linda mujer.

    A mi petición le pedí que no usara su anillo de diamante, pues daba esa percepción que estaba comprometida y en su remplazo llevaba su anillo de graduación del bachillerato. Su rostro estaba radiante y a pesar de sus 22 años se miraba mucho más madura de la forma que vestía que daba la impresión de que se acercaba a sus treinta. Obviamente estaba impresionado y no me dolió para nada pagarle los $600.00 por tres horas, aunque el acuerdo era que no habría sexo.

    Con toda seguridad fue la que se robó las miradas y mis compañeros de trabajo, mis colegas me felicitaron, e incluso algunas chicas se me acercaron por la que daba esa apariencia de ser mi nueva novia pues la bella Karina se encargaba de proyectar esa ilusión. Incluso esa chica que se me insinuaba abiertamente de una manera discreta se me acercó diciéndome: -¡Ahora entiendo… te lo tenías callado! – Departimos en un buen ambiente con un buen grupo y esta chica se manejaba de una manera muy genuina y libre con toda esa gente. Se presentó como lo había hecho conmigo meses antes; como una estudiante de biología en su último año de una prestigiosa universidad del sur de California. La verdad que yo no se lo creí en su momento, pero resultó ser verdad. Bailamos, nos tomamos algunas copas y en su momento nos despedimos de los del grupo, pues el evento llegaba a su final. Realmente esta chica me la hizo pasar bien y creo que ella se divirtió mucho.

    Del lugar donde se dio el evento al apartamento de su casa solo me tomó quince minutos. Me estacioné y la acompañé hasta llegar a su puerta. Me quedó mirando con esa sensual y hermosa sonrisa y después de darnos un beso de despedida en las mejillas ella me decía lo siguiente:

    -¡Pensé que ibas a pasar!

    -¡La verdad que me gustaría! Pero… $600.00 eran mi presupuesto. -le dije.

    -Pasa… solo ayúdame a acomodarme y luego si gustas te puedes ir.

    Divisé en su mirada cierto erotismo, un coqueteo sublime. Pasé y me ofreció un whiskey el cual acepté. Ella se fue llevando entre sus manos una copa de vino a una habitación a la cual nunca había entrado jamás. En un par de minutos me llama y me dice cuando me acerco: -Ayúdame a remover mi vestido. – Karina levanta sus brazos y yo solo desamarro un par de listones que sostienen el vestido. No lleva brassier, este vestido no lo requiere. Veo sus voluptuosos pechos con sus pezones oscuros, los mismos que en varias ocasiones he pagado para acariciarlos como se me ha venido en gana. Solo lleva un diminuto bikini, el cual apenas le cubre su pequeña conchita. Ella me pide que se lo baje, que desea cambiarse a una prenda interior más cómoda. Busca en su tocador y se pone un cachetero color rosa y se mete en un pantalón deportivo del mismo color y solo se pone una camisa deportiva sin sostén alguno. Para todo esto ya se ha quitado los zapatos y solo lleva unas sandalias de cuero. Ella me mira coquetamente y me pregunta, pues creo que me ha visto anonadado a pesar de que hemos follado ya en varias ocasiones.

    -¿Qué te pasa… te miro pensativo? ¿Tenías diferentes planes para esta noche?

    -La verdad que ninguno, pero es primera vez que entro a esta habitación y a pesar de que he venido en varias ocasiones, nunca pensé que esta puerta era otra habitación.

    -¿Te gusta?

    -Esta tan cómoda y decorada como la otra.

    -¿Te quieres quedar a dormir conmigo?

    -¡Pero… Karina! La verdad que no tengo presupuesto para una hora de tus servicios… menos para toda una noche.

    Ella se me acercó y todavía maquillada con esos tintes de la noche de fiesta, aunque ya vestía ligera, me quedó mirando con unos ojos de lujuria y por primera vez me dio un beso en la boca. Verdaderamente me sentía sorprendido pues desde el primer encuentro intenté besar sus labios y sentir su lengua, pero siempre me lo había negado diciendo que sus besos eran para alguien especial, al igual me decía lo mismo haciendo referencia al recibir sexo oral o anal. Pensé que solo sería solo ese beso, pero mirar ese lindo rostro ante mí, no pensé más que besarla de nuevo e introducirle mi lengua y saborear la suya. Para mi sorpresa no me rechazó y pensé que todos esos meses atrás, todo ese dinero que pagué por tener su sexo, finalmente me estaba dando o elevando a ser uno de sus clientes especiales. Quizá a eso se refería Karina al decirme que todas aquellas cosas mencionadas eran exclusivas para clientes especiales.

    Estuvimos besándonos apasionadamente sentados en un sofá que tiene en esta habitación. Le besaba los lóbulos y el cuello con la advertencia de Karina que tuviera cuidado con dejarle alguna marca en su piel. Me di gusto besándola, de saborear delicadamente sus labios y su juguetona lengua, pero me tenía intrigado este repentino cambio conmigo, pues en el último mes no me había parado por su apartamento buscando su sexo de paga. Se lo tenía que preguntar:

    -¿Ahora ya soy un cliente especial?

    -No… simplemente eres una persona especial.

    -¡No entiendo! Por meses he querido besarte y siempre me lo habías negado. ¿Qué me hace una persona especial?

    -Me gusta tu manera de ser… eres un hombre muy inteligente y respetuoso. Hoy pude observar que tienes muchas admiradoras, más sin embargo y también yo no entiendo: ¡Has pagado por mi compañía!

    -Eres una chica muy hermosa y créeme que, si pudiera pagar cada hora de tu tiempo, realmente lo haría.

    -Entonces… ¿te vas a quedar a dormir conmigo? ¿No te espera alguien en tu cama? -me preguntó con su sonrisa coqueta.

    Aquella habitación era tan amplia como la otra, pero en esta, en vez de tener una cantina en una esquina, tenía una pequeña biblioteca. En las paredes había fotografías que luego después descubría posaba con sus padres y otra linda chica menor que Karina quien era su hermana. Me contaba que su padre era un médico especializado en cirugía plástica y que su madre laboraba como enfermera en la misma clínica. En un pequeño escritorio encontré lo que parecía su trabajo de la universidad y su identificación. En realidad, dudé que realmente esa historia fuese verdad, como también que su padre fuese médico. No le quise hacer sentir que tenía mis dudas y me concentré a guiar la noche por los senderos del erotismo y encarrilarlo por lo que siempre llegué hasta las paredes de aquel apartamento. Creo que Karina buscaba lo mismo aquella noche pues sentía que buscaba tener ese contacto de su piel y la mía todo el tiempo.

    Nos besábamos apasionadamente en ese sofá donde Karina se recostaba por sobre mis piernas acomodando su cabeza donde uno descansa los brazos. Con la mano derecha que me quedaba libre recorría su cuerpo y sentía como su piel se erizaba cuando le besaba de nuevo el cuello. Recorría una y otra vez su espalda, paseaba mi mano por su suculento trasero sintiendo la tela de su prenda interior estilo cachetero, de vez en cuando metía la mano entre ellos y sentía la piel de sus solidos glúteos, los cuales siempre me admiraron de cómo se sentían de duros. Me gustaba esta chica Karina, me gustaba ver esos ojos oscuros cuando me veían también divisando la lujuria de mi rostro, me gustaba como olía su piel, y en esta ocasión descubría que me gustaban sus besos que bien pasamos unos veinte minutos besándonos.

    Ambos estábamos sobreexcitados y realmente quería levantarla y llevarla directamente a la cama, pero Karina visualizaba aquella noche de otra manera. Ella se puso de pie y me tomo de la mano conduciéndome hasta el baño el cual es más amplio que el del otro cuarto. Este tiene una tina bastante amplia la cual se empezó a llenar mientras esta chica y yo nos seguíamos besando. Ella me comenzó a quitar la corbata y a desabrochar los botones de mi camisa hasta despojarme de la camiseta. Como siempre lo había hecho, Karina me comenzó a besar los pectorales mientras me desabotonaba los pantalones. Estos cayeron y Karina me acariciaba el falo con sus pequeñas manos y mi calzoncillo estaba todo mojado. Ella se llenó de mis secreciones y me pajeaba la verga con su mano mientras nos volvíamos a besar. Yo solo miraba su trasero a través de un espejo y comencé con quitarle su camisa deportiva y me quedaron esas dos impresionantes tetas las cuales comencé a mamar y chupar. Esta chica solo gemía profusamente y me gustaba esa mirada, esa mirada que hasta el día de hoy la recuerdo vívidamente. Le baje su pantalón deportivo y a través de ese espejo veo como se le mira de rico ese trasero con solo ese calzón cachetero color rosa. Me agacho para bajarlo y esta tan lleno de miel, pues Karina debe estar súper excitada. Nunca he probado sus jugos vaginales, nunca me ha permitido que le mame su conchita, así que cuando se los quito lamo frente a ella su calzón en esa zona donde sus jugos son tan espesos y siento su sabor saladito, el cual es tan adictivo como la droga más fuerte. Ella solo me dijo:

    -¿Qué haces?

    -¡Saborear tu vagina, pues me temo que es de la única manera que la voy a disfrutar!

    Ella solo me sonrió y nos metimos a la tina donde Karina echo jabón de burbujas y nos comenzamos a bañar mientras la tina seguía llenándose. Ella me restregó los huevos, el canal de mis nalgas y yo hacía lo mismo de mi parte y luego comenzó a darme un oral sin condón alguno. Ya me lo había mamado varias veces al natural, pero para completar la faena de la penetración en su conchita, ella siempre me puso un condón. En esta ocasión ella me dijo susurrando al oído mientras en el proceso me mordía el lóbulo: -Quiero que me cojas como la última vez… dándome por atrás. – Creo que era la posición preferida de esta linda mujer pues luego me confesaba que en esa posición de perrito o ella parada sosteniéndose contra la pared, el ángulo de la penetración, aunque dolorosa al principio, lo compensaba con la potencia de los orgasmos que conllevaba. En esta ocasión mientras nos acomodábamos para el acto, me sorprendió que Karina no buscara un profiláctico para ponérmelo, ella asumía la posición y no sabía sí lo olvidaba o simplemente quería sentir mi verga al natural también.

    Buscando la mejor posición alrededor de la tina, yo me había quedado sentado a la orilla pues era de lozas anchas y de superficie fina cuando miré a Karina que me deja sus dos ricas nalgas frente a mi rostro. No me pude resistir y las comencé a besar. Ella no se resistió y simplemente se quedó callada. Poco a poco me he acercado a la abertura de sus nalgas y he explorado todo aquel canal con mi lengua hasta con paciencia y delicadeza encontrar su ojete. Karina se vuelve loca sintiendo mi lengua en su culo y hasta veo que se agacha para que yo tenga mejor acceso a comérmelo. En ese ángulo me comía su culo y su conchita a la vez. Primera vez que le metía mi lengua en su vagina y lengüeteaba su clítoris.

    Karina había abierto más las piernas y no sé si de debilidad o por darme más acceso a sus partes íntimas. Vi verga estaba intensamente erecta y sentía como todo ese líquido pre seminal me caía en un hilo incoloro sobre mi tobillo. Estábamos más que excitados pues en esta faena de comerle el culo y su conchita quizá habían pasado unos doce minutos cuando me lo pidió: -Tony, méteme la verga… me estoy corriendo. – Tenía los dos agujeros a mi disposición, pero por lo que hasta el momento habíamos vivido, me fui por el agujero de la lógica y le inserté todo mi falo a su conchita. Su piel estaba toda erizada y me pedía que se la pompeara, pues su orgasmo parecía que nunca iba a terminar. Excitado no solo por tener ese precioso culo frente a mí, esa carita tan linda de esta mujer, pero también por sus gemido y jadeos de altos decibeles que, cinco minutos después de su corrida, en una embestida que nunca paré hasta tocar el cielo, me he corrido y le he rebalsado su conchita de mi esperma.

    Estábamos cansados, pero también relajados de tan rico y potente orgasmo. Mi esperma, sus jugos vaginales se confundieron con el jabón y las burbujas y nos quedamos sentados en la tina, Karina entre mis piernas. Mientras hacíamos plática del momento que vivíamos, yo masajeaba sus dos hermosas tetas y había veces que le apretaba los pezones a esta linda mujer.

    -¿Te fuiste rico? -me preguntaba.

    -¡Me hiciste acabar delicioso! -le dije.

    -¡Nadie me había hecho acabar así!

    -¿Cómo? -le pregunté.

    -Tú sabes cómo… ¡chupándome el trasero!

    -¿Te gustó?

    -¡Qué! ¡Me hiciste ver el cielo!

    -Karina… no usamos protección.

    -Es que quiero salir embarazada de ti. -me dijo riendo. Y agregó. – No te preocupes Tony, yo me cuido, estoy en control… los condones son protección para otras cosas. -dijo.

    En aquella plática ella descubría de mí que tenía 31 años, que tenía un hijo y supo el nombre de mi hijo. De mi parte hubiese querido preguntarle el por qué… el porqué de esta vida de sexoservidora por no llamarla puta. Era una chica bellísima, con una educación que se notaba en su vocabulario, en la manera que se manejaba e incluso de la manera que vestía. En ese momento no podría preguntárselo y no sabía si algún día se lo preguntaría.

    Continuamos la faena yéndonos para la cama. En esa ocasión seguía embriagado con el sabor y el aroma de su conchita. Después de acariciar sus pechos he bajado por el monte Venus, besando sus encajes, mordiendo sus pequeños labios y eventualmente sacudir con mi lengua su dulce clítoris. Era pequeño y escondido en su pequeña vulva y mientras con mis dedos le apretaba sus pezones, mi lengua recorría de arriba abajo y luego a la inversa de ese canal delicioso de su conchita. Le gustaba que intentara penetrar mi lengua en la parte baja de su vagina. Siempre le sacudía su clítoris con mi lengua y luego me iba a saborear sus jugos cuando se deslizaban por esa parte baja donde también intentaba penetrarla. De esa manera se volvía a correr intensamente. Le tenía que soltar las tetas, pues no podía resistir el toque de mi piel alrededor de sus tetas. Es como supe que esta chica se corría, pues siempre me alejaba mis manos o mi boca de sus tetas cuando tenía un orgasmo y cuando no lo lograba porque de alguna manera me ganaba el deseo de seguirlas mamando, ella me decía que era una cosquilla insoportable.

    Esa noche descubría que a Karina le gustaba ser besada apasionadamente mientras vivía un orgasmo. Desde entonces siempre me los ofrecía. En esta ocasión después de provocarle un orgasmo oral, me fui por sobre ella en la posición del misionero y comencé con un vaivén lento pero profundo. Sentía la vibración de su vagina, de que tan apretada se sentía, me encantaba sentir ese choque del hueso de su pelvis y como sonaba al impacto y, es que toda ella me gustaba. En ese accionar ella solo me miraba y no decía nada, pero sentía que esa mirada me absorbía y le pregunté mientras seguíamos follando:

    -¿En qué piensas?

    -En que eres un hombre muy guapo y me lo estoy cogiendo. -me dijo.

    -Imaginé que pensabas en alguien más.

    -No puedo alejarme de sentir como se sienten tus bolas pegando en mi trasero cuando me penetras. ¿Cómo podría pensar en alguien más?

    -No sé… solo imaginaba.

    -¿Tony, te quieres correr entre mis pechos? Me gustaría sentir tu pene entre mis pechos.

    No sé si lo decía para excitarme pues los pechos de esta mujer se prestaban para hacerle la rusa. Nunca se lo imaginé hacer, quizá porque todo mi pensamiento estaba con la idea de follarme su culo, que hasta le había ofrecido $2000.00 y ella los había rechazado. Me fui por sobre ella a que mi falo quedara al nivel de sus tetas, se acomodó, le dio un beso a mi glande y seguí con un vaivén ahora entre sus tetas y Karina se sostenía ambas pechos con sus manos. Miraba su lindo rostro y de vez en cuando miraba aparecer mi glande. Sus tetas se habían lubricado con mi liquido pre seminal al igual que sus jugos vaginales, que hacían ese chasquido de fricción en su piel. Karina me comenzó a decir con una voz muy seductiva: -Córrete, córrete… quiero sentir lo caliente de tu corrida en mi rostro. – Le di unas embestidas a esas tetas que en minutos le estaba disparando mi segunda eyaculación y si, le llené hasta su oscuro cabello y una buena cantidad le obstaculizaron la vista de un ojo. Olía a sexo y Karina me la comenzó a mamar hasta que me sacó la última gota.

    Aquella noche que empezamos una faena sexual a eso de las once, la terminamos como a las tres de la mañana. Cogimos en diferentes posiciones, yo quizá me corrí unas siete veces y no sé cuántos orgasmos tuvo esta mujer. Nos levantamos a eso de las diez de la mañana, me he vestido y Karina me ha ofrecido algo de tomar. Hemos desayunado con cereal y leche y en ese transcurso de media hora, ella me dijo lo siguiente:

    -¿La pasaste bien anoche… has dormido bien?

    -¡Me encantó y me siento muy relajado!

    -¡Qué bien! Sabes Tony… quiero decirte algo: Desde hoy, no quiero verte como a un cliente… quiero verte como a un amigo. ¿Crees que podríamos ser amigos?

    -Desde que te conocí, te he visto como una amiga.

    -Tú sabes lo que yo quiero decir. Sabes, desde hace tres años que vivo aquí, nadie ha entrado a ese cuarto donde dormimos anoche.

    -¿Y qué pasa si me gana el deseo y necesito de tu compañía para saciarme?

    -Solo llámame, pero nunca me vuelvas a preguntar… ¿Cuánto?

    Nos hemos despedido con un beso en la boca, pero me iba atónito por la reciente plática. Y así como aquella noche hubo algunas otras donde algunas veces yo le llamé o ella me llamaba y teníamos esos maratones sexuales de un erotismo tan embriagante que te llamaba a continuar como un vicio. También teníamos encuentros casuales, donde salimos a tomar un café, algún trago en algún bar y todo parecía como Karina lo había dicho: éramos amigos. La verdad que nos la pasábamos muy bien, pero todo esto cambió para el día después de mi cumpleaños.

    Continúa…

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