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  • Mi primera vez teniendo sexo oral

    Mi primera vez teniendo sexo oral

    Soy un hombre casado. Me mudé a los Estados Unidos desde hace unos 10 años. Desde hace algún tiempo vengo teniendo ganas de encontrarme con gays pasivos y volver a gozar como en mi juventud. Casi no hay lugares donde hacer cruising aquí, pero tengo esperanzas de encontrar algo por allí y a ver que sucede.

    Les contaré que estaba navegando por internet buscando foros o chats de encuentros, y de repente, di con este foro. Estuve leyendo algunos relatos, y bueno, como no tengo nada que hacer durante 28 días que me quedan de vacaciones, me dije a mi mismo ¡Qué tal si cuento de algunas de mis experiencias en el pasado! Así que me animé y aquí va mi primer relato.

    Mi primera vez.

    Era un verano de finales de los 90’s. Acababa de cumplir la mayoría de edad hace unos meses. Había perdido mi virginidad por una chica que me doblaba la edad y desde entonces solo pensaba en sexo todo el tiempo. Me daba ganas de levantarme a cualquier culo con falda.

    En fin, andaba en los juegos de video esperando mi turno. La gente siempre se amontonaba alrededor del juego esperando con su ficha en mano. Tenía como 5 minutos en espera, cuando de repente, sentí un roce en la entrepierna. No le presté mucha atención y seguí con el resto del tumulto. No pasó ni un par de minutos, cuando volví a sentir este mismo roce. Inmediatamente activé todos mis sentidos para saber que es lo que pasaba allí. Miré de reojo a ambos lados para percatarme de que o quien me estaba intentando toquetear. Un par de minutos después el roce esta vez no fue roce. Sentí claramente unos dedos que trataban de dirigirse hacia mi pinga. ¿Qué es lo que estaba pasando aquí?

    Luego de unos segundos inmóvil tratando de pensar como reaccionar al suceso, volví a sentir los dedos, pero esta vez ya acariciando con vehemencia. La pinga inmediatamente se me paró y al estar entre ese tumulto de personas supuse que nadie más se podría dar cuenta, así me dije a mi mismo: «¡Bueno, vamos a ver qué pasa…!»

    Al no poner resistencia, la mano siguió su cometido y siguió toqueteando. Fue cuando vi a quien le pertenecía, y claramente era un gay en busca de acción. Tenía un gorro puesto y me clavó una mirada fija y vi que se mordía los labios con lujuria. Juro que no sabía que hacer. Aparte de que era un cliente habitual de los juegos de video, alguien se podía dar cuento y vaya que me podían hacer un papelón. Lo primero que atiné a hacer fue salir de los juegos y esperar a unos metros de la sala. Tenía muchísima curiosidad en ese momento así que pensé en quedarme unos minutos a ver que pasaba.

    No pasaron ni 5 minutos cuando vi que salió el toqueador. Lo reconocí por el gorro, así que me dispuse a caminar rumbo hacia la esquina. Casi de inmediato me dio el alcance y me saludó. -Hola, me dijo. Le respondí lo mismo medio tembloroso. Estaba nervioso hasta más no poder. Me temblaba la voz y sentía escalofríos por todo el cuerpo. -Me llamo Juan Te gustaría ir a tomar una bebida, me dijo. Entre dudas accedí. Esperaba no estar haciendo algo malo y que luego me arrepienta.

    Fuimos a un pequeño bar a unas cuadras de donde estábamos. Juan, parecía conocer bien el lugar y ordenó una cerveza, una coca cola y un par de vasos. -Desde que llegaste a los juegos te vi me dijo y me llamaste la atención, me dijo, -discúlpame si te estoy intimidando, agregó. -No te preocupes, respondí. -¿Haces esto muy a menudo? preguntó. «Pues la verdad, es la primera vez», le respondí. -Tienes una pinga grande, susurró. No pude aguantar la risa, y hasta me sentí mal porque parecía que me burlaba de él. Cuando llegaron las bebidas, brindamos, me ofreció un cigarro y enseguida me delató sus intenciones.

    -Me gustaría ver lo que tienes entre las piernas, dijo con voz impaciente. No sabía que decir y me metí unas buenas piteadas al cigarrillo. -Podemos ir al baño, me dijo en voz baja. -¿El baño?, le repliqué. -Si, este es un lugar tranquilo y el dueño me conoce, agregó. Accedí muy nervioso y luego de terminar las bebidas nos levantamos y nos dirigimos al baño. Era pequeño, clásico baño de bar, pero era donde iba a comenzar la diversión.

    Me temblaban hasta las cejas. No quería dar marcha atrás, pero estaba nervioso a más no poder. Después de cerrar la puerta con cerrojo, se acercó e intentó besarme. No accedí, ese detalle hizo que estuviese a punto de renunciar. Al parecer se dio cuenta y me dijo que lo disculpara. -No estés nervioso, asintió. -Voy a bajarte el pantalón, agregó. Mi corazón palpitaba a mil. La pinga se me había achicado y era lógico que sucediera eso. Los nervios me traicionaban y era algo que no podía manejar.

    -No te preocupes. Deja que yo me encargo y verás que todo estará bien. Solo, cierra los ojos y deja que yo haré que se pasen tus nervios, me dijo con total confianza. Inmediatamente cerré mis ojos y sentí como bajaba mi pantalón. Me quedé solo con el calzoncillo arriba. Comenzó a acariciarme por encima, luego siguió con unos besos por encima de mi ropa interior. Seguidamente, aplastó suavemente mi aún dormido miembro con su mano, mientras besaba mis piernas. Luego de repetir esos pasos unas 3 o 4 veces, mi cabeza se empezó a despejar, liberando el temor que sentía mi cuerpo. Lentamente, las piernas dejaron de temblarme y la pinga empezó a crecer. Luego él bajó poco a poco mi calzoncillo, mostrando mi miembro completo. Tengo una pinga peluda y sin afeitar. Nunca la he depilado y no pienso hacerlo ahora que ya pasé la base 3.

    Poco a poco fui abriendo los ojos. Quería ver el espectáculo. -Tienes unos huevotes, me dijo. Sonreí y vi como me acariciaba y besaba la pinga entera. Luego de unos minutos, empezó a pasar la lengua sobre mi glande. Bordeaba el grosor de «la cabeza» y lamía la pinga de arriba a abajo. Tenía el miembro completamente erecto. Juan, miraba de reojo mi rostro, me di cuenta de que quería ver la reacción de mi rostro.

    Cuando él vio que ya mi glande estaba por reventar, se metió la cabeza a la boca. Jugaba con su lengua mientras succionaba mi glande. La sensación que sentí en ese momento fue indescriptible. Juan sabía que lo estaba disfrutando, así que comenzó su movimiento de arriba hacia abajo. Era la primera vez que me practicaban sexo oral y vaya que esta primera vez, me lo estaba haciendo alguien de mi mismo sexo.

    Si estuvimos 10 minutos en el baño, creo que fue mucho tiempo. La experiencia, la sensación, y la juventud de mi cuerpo hicieron que estallara un tremendo estremecimiento en todo mi ser. Un torrente de leche salió expulsada de la pinga. Juan atinó a tragarse hasta la última gota. Pequeños espasmos quedaron en mis piernas mientras que él seguía lamiéndome la cabeza. Poco a poco, se me fue achicando la pinga una vez más. Juan me miró diciendo, -cuanta leche tenías guardada. Estabas bien aguantado. Volví a carcajearme hasta más no poder. ¿Qué te pareció? me preguntó. -Fue algo espectacular. Es la primera vez que hago algo así y te juro que estuvo espectacular. -Si vienes a los juegos los fines de semana, me encontrarás allí. Siempre busco muchachos como tú y trato de que pasen un momento que no olvidarán, replicó. -Es algo que no olvidaré, recalqué.

    Salimos del baño y nos sentamos unos momentos a la mesa en la que estábamos al llegar. Juan ordenó una cerveza y una gaseosa más. Bebimos unos vasos y luego se despidió. Me quedé fumando un último cigarro, hasta que terminé las bebidas solo hasta que solo me levanté y salí del bar.

    Fue la primera vez que estuve con Juan, pero hubo varias más. Esos relatos los estaré publicando poco a poco si es que a ustedes les gusta. Estaré esperando sus comentarios. No importa si son negativos, pero me gustaría que fuesen positivos y así me motiven a seguir con los relatos. Si fui muy extenso, pido disculpas, pero traté de no omitir ningún detalle. Ahora si me despido y ya los estaré leyendo pronto.

  • Inicio de un matrimonio abierto (Parte 3)

    Inicio de un matrimonio abierto (Parte 3)

    Después de hacer realidad otra de las fantasías en la que mi esposa fue compartida y pudo gozar por primera vez con dos y tener una d.p. Pasaron unos meses para retomar el trío mhm que me prometió.

    Mi esposa llega un lunes por la tarde-noche de trabajar y me dice te tengo una sorpresa para este fin de semana para realizar tu fantasía de estar con dos mujeres, prepárate, cómprate tu pastillita azul para que nos aguantes, le pregunté siempre con quién va a ser y me dijo, pues es una sorpresa ya verás te va a gustar, toda la semana estuve caliente y ella no me quiso hacer ningún juego erótico para que estuviera yo preparado para ese fin de semana, llegando el sábado me dice mi esposa tenemos que pasar por mi amiga a la 1 de la tarde, le pregunte ¿por qué tan temprano?

    Y me dijo porque tiene que regresar a su casa a las 8 de la noche, antes de que llegue su esposo de trabajar, nos bañamos y vestimos y me dijo perfúmate bien te va a gustar, me tomé la famosa patillita azul y fuimos por su amiga que nos estaba esperando en la estación del suburbano de Cuautitlán, sí que fue una sorpresa al llegar y ver a su amiga, vamos a llamarle Angie, le pregunté ¿cómo la convenciste? Me dice desde hace dos semanas le platiqué nuestras fantasías para salir del aburrimiento de pareja y cuando le dije que ahora te tocaba a ti realizar tu fantasía, me dijo que se le antojaba a ella coger contigo, pero no te dije nada porque no sabía si tú ibas a aceptar, después de haber cogido con el stripper me atreví a decirle que aceptaba compartirte para que pudieras coger con ella.

    Cuando se acercó Angie mi esposa se pasó al asiento trasero, Angie es delgada tiene 46 años pero unas nalgas bien paraditas pechos regulares y carácter muy alegre, cuando se subió al carro nos saludó muy efusiva a mi me dio un beso en la boca, de por si ya estaba excitado con esto más todavía, y luego al sentarse se le subió la mini que traía y se le alcanzó a ver el panty liguero y tanga riendo muy cachonda me dice es lo que te vas a comer en un ratito, nos reímos por la ocurrencia.

    He de confesar que cuando nos reunimos con sus amigas se me antojaba cogerme a alguna de ellas pero por la fidelidad que nos teníamos y más cuando es una persona cercana me abstuve de hacer algo a sus espaldas la vida te lo compensa y ahora se me hacía realidad sin poner en riesgo nuestro matrimonio.

    Esta vez nos enfilamos un motel en Cuautitlán, cuenta con tubo para pole dance y jacuzzi mi esposa sabe lo escogió por internet.

    En el camino me pregunta Angie, ¿Quieres tocar? Tienes permiso y dirigiéndose a mi esposa le dice ¿verdad que si amiga?, y mi esposa responde, claro para que vea como vienes de caliente y lo puta que eres, así que le acaricié sus pierna y su panocha depilada y comprobé lo húmeda que venía, ella por su parte puso su mano en mi verga encima del pantalón que ya reclamaba que la liberarán.

    Después de 20 minutos llegamos al motel y pedimos la junior suit, entramos al estacionamiento pagué la estancia y bajamos del auto, mi esposa subió adelante y yo esperé por Angie, la abracé y le fui agarrando sus nalguitas por fin serían mías por un rato y al mismo tiempo veía mi esposa subir con la minifalda arriba también viéndole sus nalguitas era una situación muy muy morbosa por un lado agárrale las nalgas a su amiga y por el otro lado ver a mi esposa sus nalgas envueltas en un biquini negro transparente muy sexy, entramos a la habitación y mi esposa me dijo siéntate aquí en el banquito junto al tubo te vamos a dar una bailada mi amiga y yo que te va a seguir excitando vas a ver, así lo hice y ellas se pusieron música cachonda y las luces de colores, como la habitación tiene cortinas que no dejan pasar la luz a la habitación, empezaron a bailar haciendo un striptease primero dejándome ver sus pechos y sus nalgas envueltas en esa ropa sexy, que se ve exquisita para un encuentros sexual, mientras mi esposa bailaba su amiga vino hacia mí para desvestirme, se bajó y saco mi verga para darme una mamada de campeonato no me vine nomás porque la detuve, pero…

    Que delicioso sabe mamar Angy, muy muy rico, una vez que la detuve se volteó me puso sus nalgas encima para darme un restregón de verga con sus nalgas riquísima que a cualquier hombre dejaría satisfecho, entonces mi esposa le dijo a su amiga vamos a la cama para participar y si, me tumbaron en la cama y mientras mi esposa me empezó a hacer una buena mamada, su amiga me puso en la cara su vagina, ay qué rico tener está sensación de que abajo te la están mamando y arriba tú estás lamiendo coño tan sabroso, y luego salían sus jugos deliciosos y fue tanta la excitación que tenía ella que se vino de mi cara por primera vez en la tarde, descansó tantito y le hizo una señal a mi esposa y las 2 se empinaron para ofrecerme un espectáculo increíble se lo metí primeros a Angy y después a mi esposa, estuve así alternando con una y otra durante un rato, mi esposa sacó de su bolso el consolador rotativo que utilizamos cuando cogemos y se empezó a masturbar mientras yo atendía a Angy poniéndola en posición de misionero hasta que se volvió a venir, esperó un poco pero antes me pidió que me acostara boca arriba para cabalgar sobre mi verga mientras yo le masajeaba sus pechos, aún se sienten duros.

    Así estuvo hasta volver a tener dos orgasmos seguidos, se acostó a un lado mío y me dio un beso y me dijo ahora si atiende a tu mujer, mi esposa se acercó aun con el consolador en su chocho y me dijo métemela por atrás como a ti te gusta, le puse lubricante y se la deje ir, es increíble la sensación que te da el consolador rotativo adelante y tu atrás, mi esposa es multiorgásmica y tuvo varios orgasmos antes de decirme que ella ya estaba llena acelere el ritmo y me vine.

    Caímos cansados los tres y nos dormimos como una hora. Al despertar me dijo Angy, te voy a dar algo que mi marido no quiere porque dice que eso es de putas de la calle, pero al ver cómo goza tu esposa, tengo curiosidad por ver que se siente y además para que no se te olvide esta aventura, quiero estrenar mi culito contigo, solo hazlo con cuidado, le di las gracias y le pedí a mi esposa me pasara el lubricante, puse a Angy de patitas al hombro y le puse suficiente lubricante en su hoyo al igual que a mi verga que de tan solo imaginarlo se puso tiesa de nuevo además de la ayuda que da la pastilla azul, para facilitar la entrada primero dilate su ano con un dedo, Angy facilitó las cosas al ponerse flojita, después de jugar un rato le puse la punta y poco a poco se la fui metiendo hubo momentos en que hacía gestos de dolor pero me insistía diciendo no pares, me duele pero me está gustando, cuando ya estaba toda adentro le pedí que ella marcara el ritmo hasta que dejó de doler y empezó a jadear de placer hasta que tuvo su último orgasmo de la tarde, acelere el ritmo hasta venirme nuevamente, nos separamos y nos fuimos a duchar los 3 para vestirnos e irla a dejar a su casa, salimos del motel como a las 7, en el camino comentamos la experiencia y nos dio las gracias.

    La dejamos y nos fuimos a casa, mi esposa me preguntó si me había gustado, le dije me encantó.

    Le di las gracias por la experiencia y ahora estamos ideando nuestra siguiente fantasía, ya les contaré.

  • Los vecinos del 104

    Los vecinos del 104

    Ya les he comentado que mi amigo Cornelio vive en un edificio, él ocupa el departamento 003 y el departamento de los vecinos, de quienes tratará esta historia, está en un nivel superior, pero enfrentados, de tal manera que desde allí pueden ver todo lo que ocurre en el departamento de Cornelio, si éste tiene sus cortinas abiertas.

    Los vecinos son una pareja con una edad cinco años mayor que Cornelio. La vecina, a quien llamaré Paty, es muy libidinosa y espía los movimientos de mi amigo; afortunadamente, parece que no es chismosa, pues al parecer no divulga las aventuras amorosas que tiene Cornelio, aunque esté al tanto de ellas. Cornelio, quien se confiesa exhibicionista, tiene relaciones sexuales frecuentemente, la mayoría de las veces con su amante Tere, o con Stella, su exesposa, y dos o tres veces al mes con la señora que hace el aseo de su departamento. Seguramente todo lo tiene registrado la señora Paty, quien es voyeur de primera fila desde su ventana. En otra ocasión les platicaré cómo fue con la mujer que le hace el aseo, por ahora me dedicaré relatar lo que me contó mi amigo sobre sus vecinos. El relato será en primera persona.

    El lunes pasado estaba limpiando mi carro en el estacionamiento y se acercó mi vecino Heriberto, quien es profesor en un bachillerato técnico. Después de los saludos de rigor, me abordó con su plática.

    –Te vi limpiando tu auto y me decidí venir a hablar contigo. ¿Tienes tiempo? –me preguntó.

    –Sí, no hay problema, ya voy a terminar, sólo me falta el vidrio trasero, déjame terminarlo y te invito a mi departamento a platicar mientras nos tomamos una cerveza –le contesté y me pasé a terminar la tarea.

    –¡Muy bien, al fin que yo ya terminé mis clases en línea del día de hoy! –expresó muy animado.

    Charlamos un poco sobre cómo le hacía para llevar el control de lo que hacían sus alumnos. Por mi parte, le conté que yo iba de dos a tres días a la semana, y hoy no tenía pendientes. Cuando acabé nos fuimos a mi departamento, saqué unas latas de cerveza del refrigerador ofreciéndole una y lo invité a sentarse para iniciar la charla.

    –Todavía quedan varias latas en la nevera, así que no hay problema. Te escucho con atención –le dije al sentarnos–. ¡Salud, por la amistad!

    –Sí, por la amistad, y por la vacuna que nos pusieron el mes pasado, ¡salud! –completó, tomamos un trago y continuó hablando–. No sé cómo lo vayas a tomar, pero todo lo que voy a decirte es en buen plan y a sugerencia de mi esposa, con quien estoy de acuerdo en cumplirle sus locuras –dijo llenándome de curiosidad.

    Vino a mi mente la figura rechoncha de mi vecina, quien tiene una cintura casi normal, pero unas tetotas y unas nalgotas que se me han antojado, pero siempre he guardado el recato cuando pasan, sin que mi mirada me delate.

    –Seguramente ya te has dado cuenta que mi mujer es muy caliente y se trata de ver algo cuando traes a alguna de tus amigas al departamento –¡ y bien que lo es!, recordé cuando sin descaro se masturbó mientras que Tere y yo le dábamos una función al no cerrar las cortinas–. La semana pasada, la sorprendí masturbándose mientras ella te veía coger y entendí por qué, después de estar viendo hacia la ventana, se metía muy caliente a la cama y me daba unas riquísimas mamadas para parármela, además de ponerme una cabalgada para dejarme seco –dijo sin remilgos en tanto que yo escuchaba con los ojos muy abiertos sin acertar a entender si lo decía como reclamo para que yo cerrara las cortinas en futuras acciones, o si era por presumirme de la fogosidad de su esposa.

    –Lo siento, seré más cuidadoso con las cortinas… –fue lo que se me ocurrió decir–. Espero que no te hayas molestado mucho, Heriberto.

    –¡No, no me entiendes! Te lo explicaré claramente –dijo, moviendo la lata vacía en señal de que requería otra cerveza.

    Atendí prontamente su solicitud implícita y me senté para seguir escuchándolo. Me contó sobre cómo conoció a su esposa y la manera en la que ésta lo apoyó desde que eran estudiantes. Se casaron, tuvieron buenos y malos momentos económicos, después vinieron los hijos, siempre bien atendidos por Paty y, subrepticiamente, porque Heriberto no lo aceptaba, ella obtenía ayuda de sus padres en los momentos más difíciles. Hasta que, en un recorte, él perdió su empleo, pero con la indemnización puso un pequeño negocio que su esposa sugirió e involucró a sus hijos dirigiéndolo ella con buen tino y que les hizo ganar dinero suficiente, incluso ahorraron una buena suma para comprar una casa. Pero todo se perdió cuando a ella la tuvieron qué operar de un tumor cerebral y su recuperación fue muy lenta, pero resultó efectiva. Sin embargo, los médicos les advirtieron a los familiares que deberían llevarle la corriente en todo lo que pudieran, para evitar una recaída debido a que no soportaría cambios bruscos en la presión arterial pues, seguramente, le provocarían algún infarto cerebral. Fue benéfico, pues cuando se acabaron los ahorros ella insistió en que Heriberto trabajara de profesor y se presentara a concurso por una plaza de tiempo completo que recientemente se había creado; hasta después mi vecino supo que su suegra había ordenado la creación de la plaza, “no sé cómo lo hizo”, insistió, en la escuela cercana al domicilio, “con retrato hablado” a sus antecedentes académicos y profesionales. También, Paty fue más segura de sí misma y tuvo mayor receptividad sexual, incluso ella le mostró al vecino varias películas pornográficas para que éste aprendiera mejor cómo hacerle el amor. Definitivamente él sabía que era importante corresponderle amorosamente a su esposa.

    –Así, cuando la vi masturbarse, le pregunté si así le gustaría, refiriéndome a la manera en la que tú estabas atendiendo a tu compañía ese día. Ella respondió “El vecino es muy puto, me gustaría que lo invitáramos a hacer un trío”, me dijo y me tiró a la cama dándome una de las mejores cogidas. No le dije más. Sin embargo, lo pensé un buen tiempo y decidí platicarlo contigo –concluyó, dejándome sorprendido con su petición y admirándolo por el amor que le profesa a su mujer.

    –No sé qué pensar –dije dubitativamente–… ¿Cuál es tu intención de platicármelo?

    –Quizá mi mujer no te resulte apetecible, lo entiendo, es mayor que tú. Además, a ella nunca le dije que hablaría de esto contigo. Pero sí me gustaría cumplirle ese gusto. ¿Qué dices?

    –Sí he hecho dos veces un trío HMH –le expliqué acordándome de las locuras de Stella, mi exesposa–, incluso una vez estuve con otros cuatro más, invitados por una mujer para cumplirle un capricho. Pero nunca he estado con un matrimonio…

    –Si mi mujer no te agrada, no hay problema, aquí no ha pasado nada, y no te preocupes pues estoy seguro que ella no te dirá algo al respecto –dijo dejando la lata vacía sobre la mesa.

    –Tu mujer no está mal para la edad que tiene y sí, me gustan sus tetas y sus nalgas. Pero no quisiera que me atrajeran consecuencias desagradables con tus hijos, o que los demás vecinos hablaran mal de Paty –expliqué sobre los posibles inconvenientes.

    –Sí, lo he pensado y he imaginado posibles escenarios donde evitaríamos alguna situación comprometedora –manifestó mi vecino y pasó a describírmelos.

    Acepté uno de ellos: un fin de semana en un hotel de cinco estrellas en Cuernavaca. Los gastos correrían por cuenta de ellos. Además, propuso aclarando enfáticamente “no te molestes por lo que te voy a pedir”, antes nos haríamos los tres una prueba clínica para saber si estamos en condiciones saludables sin problemas de enfermedades de transmisión sexual. Lo cual me pareció correcto.

    –Yo me limitaría a ver, pues creo que mi esposa no se refería exactamente a ‘un trío’, sino lo que ella quiere es coger contigo –expresó, aunque Heriberto no precisó que preferiría él.

    –Tú mira todo lo que gustes, y si ella quiere que también le des amor, se lo das como ella te lo pida –dije recordando lo que hacía conmigo mi exesposa–, sospecho que yo soy sólo un pretexto; las formas en que nos aman las mujeres no son entendibles para nosotros –concluí en tanto que Heriberto asentía y mostraba un rostro como el de un iluminado al revelársele una gran verdad.

    Pasó un poco de tiempo antes de tener todo listo. Fue entonces en que Heriberto le dijo a Paty que ya había conseguido mi anuencia para el trío y fijamos la fecha. Ellos se irían primero y yo los alcanzaría unas horas después. Sus hijos sabían que ellos irían a disfrutar solos un fin de semana a Cuernavaca.

    Cuando llegué, fui directamente a la habitación que me habían indicado por el Whatsapp. Ellos ya habían pedido que les llevaran al cuarto una cena opípara para los tres, la cual disfrutamos con exquisitos vinos y desnudos a petición de Paty.

    –¿Puedo tomar mi coñac aquí? –me preguntó Paty, acercando su copa a mis huevos.

    –Claro, como gustes, esta noche estamos para festejarte –le dije acariciando su rostro y le di un beso magreándole una de las tetas.

    Ella aceptó mis caricias y luego se acostó boca arriba, pidiéndome que me hincara abriendo las piernas para poder lamer bien los huevos. Soltó un pequeño chorro de su copa en la cúspide de mi glande, resbalando el coñac en el tronco hasta gotear desde mis testículos. Lentamente disfrutó la bebida lamiendo y chupándome el escroto hasta que la terminó. Después se enderezó para lamer la cabeza de mi verga, abrió la boca y poco a poco se la fue metiendo hasta que la sintió en la garganta. Como si fuese una gran suripanta, subía y bajaba la cabeza estrechando mi tronco con sus labios. “¿Dónde, si no en las películas porno, habrá aprendido esta puta a hacer tan ricas mamadas?”, me decía mientras disfrutaba el calor de su saliva y del aire que resoplaba su nariz. Lleno de placer, entreabrí los ojos y pude ver la cara asombrada de Heriberto contemplando a su mujer, y seguramente se preguntaba lo mismo que yo. Cuando estaba a punto de venirme, se separó y me pidió ponerme de pie.

    Nos tomó, a su marido y a mí, de los penes y nos llevó a la cama. Allí, acostada ella y nosotros de rodillas, uno a cada lado, se metió los dos a la boca, con mucho trabajo, pero su lengua venía de un glande a otro y especialmente recorría el meato de la uretra, causándome un placer tremendo, y seguramente al marido también por la cara que él ponía. Nunca supe si era presemen, orina, o qué, lo que empezó a escurrirme.

    Después nos pidió que cada uno le mamara una teta. Yo aproveché para meter una mano bajo la nalga y con la otra acaricié su ombligo (porque Heriberto me había ganado la pepa). “Sí, bebés, mamen a su mami así…”, decía mientras nos acariciaba el pelo y nosotros parecíamos unas crías hambrientas.

    Al rato se puso en cuatro y me ordenó: “Puto, mámame la panocha y el ano como lo se lo haces a tus amigas”. Y me esmeré en satisfacerla. Luego sacó un frasco de lubricante.

    –Quiero que se vengan juntos. ¿Por dónde quieres tú, mi amor? –le preguntó a su esposo.

    –Por donde quieras, mamita –respondió él y ella le dio el frasco, asignándole el lugar.

    Ella palmeo la cama a su lado, indicándome que me acostara. Cuando lo hice, se ensartó en mí, y dándome un beso dejó libre su culo para que su esposo le preparara el esfínter. Paty fue penetrada por las dos vías teniendo orgasmos a raudales, entre gemidos y gritos donde se salía su líquido como arroyo resbalando por mis huevos y embarrando y enredando el vello de nuestros pubis con el movimiento. Ya sabes cómo sentía yo en mi pene con los viajes del de Heriberto, lo vivimos tú y yo con Stella.

    Al terminar todos rendidos, apenas se repuso y le pidió a su esposo que le limpiara la panocha con la lengua. Heriberto compungido, se inclinó para cumplir la petición, en tanto que yo sonreí, pero me agradó la devoción con la que le chupó la raja, que pronto cambió a un ávido lengüeteo donde la lengua recorría la entrepierna, el pelambre y entraba en la vagina hasta donde le era posible. Ahora el gesto de Heriberto era de lujuria y competía en ello con el de Paty, quien seguramente seguía soltando atole en más orgasmos. Ella extendió sus brazos hacia mí pidiendo un beso y se lo di, ocupando mis manos en sus chiches.

    Al rato, después de descansar un poco, Paty se volteó boca abajo, extendió su mano y me acarició la verga.

    –Puto, a ti te toca limpiarme el culo y las nalgas –dijo mientras sacudía mi pene y flexionó un poco las piernas para subir sus nalgas.

    Le puse una almohada bajo la panza y empecé mi tarea. Ahora Heriberto sonreía. Yo le empecé a chupar un poco la raja y el periné, luego subí las lamidas hasta llegar al ano que aún no se cerraba. Lo lamí con gusto, incluso le metí la nariz y la tallé en su oquedad. Lamí sus nalgas, viajando por toda su área, las acaricié y apreté a mi gusto; ella sabía que me encantaban ya que algunas veces en las que la vi pasar en el edificio, si no había alguien más, las movía para mí con su caminar de puta provocándome una erección instantánea. Terminé la limpieza y no pude evitar darle una nalgada que la sorprendió, y el matrimonio soltó una carcajada espontánea.

    Dormimos y me despertó su boca en mi pene. Ella le acariciaba el pecho a su marido al ritmo en que me daba la mamada, tan rica que culminó en una venida abundante. Tragó un poco y sin soltarme el falo le dio un beso a Heriberto para compartirle la leche que había ordeñado. El marido la libó como si fuera miel por la dulzura del beso que le daban.

    Al rato me volvió a despertar el trepidante movimiento con el que Heriberto penetraba a su esposa, quien gritaba “Sí, papacito, dame mucha verga. Siempre me ha gustado la manera en la que me coges”. Se vinieron y vino la calma. En la mañana nos metimos los tres al yacusi y le dimos otra repasada. Ahora me pidió que le diera por el culo mientras ordeñaba con la boca a Heriberto. Pensé que me tocaría el beso a mí, pero fue Heriberto el agraciado en tanto que sus nalgas movían en círculos a mi verga.

    Fuimos a la alberca y todo el cariño y las caricias fueron entre ellos, parecía que andaban en Luna de miel…

    Ya en el cuarto, antes de vestirnos para ir a comer y regresar. Paty me abrazó desde atrás, besó mi espalda, con su mano me jalaba la verga y huevos.

    –Gracias por este fin de semana, puto –me decía empujándome hacia la cama donde me tiró y se montó dándome la espalda y ensartándose en mi pito.

    Yo veía sus nalgas resbalar y eso me mantenía con la verga bien parada. Ella miraba a su marido, sentado en el sillón y le mandaba besos.

    –Observa cómo lo uso, pues así te hago a ti, mi amor. Gracias por darme este regalo, nunca lo olvidaré –le decía Paty a Heriberto aumentando el ritmo de la cabalgata.

    Vi en el espejo la manera salvaje en que se movían las tetas. Seguramente también hechizó a Heriberto quien se acercó para colocar su cara entre ellas. Paty grito y sentí las contracciones de su vagina, después escurrió el líquido en mi escroto, Heriberto se retiró y ella cayó hacia el frente. Yo seguía con la verga tiesa y sentí un dolor agudo que me hizo sentarme para aminorarlo, pero, cómo es la naturaleza de nuestro cuerpo, de inmediato se me puso el pene flácido. Me incline para besarle la espalda al tiempo que metía mis manos entre sus tetas para acariciarla. Ella gemía lentamente.

    Comimos felices en el restaurante, platicando intrascendencias. Ellos se acariciaban continuamente y sus miradas eran de amor. Yo, casi no aparecía en el campo de su visión. Recordé que ella nunca me llamó por mi nombre, pues se dirigió a mí como “el puto”. Sí, estaba convencido, fui un pretexto para que ellos se amaran más. Me quedé pensando en Stella ¡Qué hermoso hubiera sido que ella fuera tan discreta como Paty! Seguramente yo le hubiese conseguido algún puto de vez en cuando…

  • Drink para tres (Primera parte)

    Drink para tres (Primera parte)

    Estela es una amiga con derechos, muchos derechos, cabe aclarar, que vive en otra ciudad, pero que visito cada seis o siete meses. Nos escapamos a algún hotel y nos damos cariño por 4 o 5 horas, ya saben una pizza con tequila y cervezas, porno, lubricante y mucha pasión.

    La vez pasada nos quedamos de ver en mi hotel, bajamos a comer unas alitas y platicamos de muchas cosas, empezamos en la mesa a rozarnos, algunos besitos.

    De repente empezamos a meter mano, subía mi mano por su falda hasta llegar a su pubis, apenas lo rozaba, ella apretaba mi pene sobre el pantalón. Le daba masaje, lo recorría con tranquilidad, como si nadie nos viera, aunque fuera todo lo contrario.

    Se paró al baño, cuando regresó me dejó su tanga en la mesa, negra de lycra. Disimuladamente la tome y pase por mi nariz y olía a sexo. Ya quería poseerla, tomé su mano y la besé, le besé los labios y pase mi mano por su espalda dentro de su blusa.

    Seguimos platicando, hacía mucho que no la veía y había mucho de qué hablar, sin embargo seguía metiendo mi mano, Libremente por entre sus piernas, su clítoris se empezaba a hinchar y a mojar. Lo hacía despacio porque sé que es de orgasmos clitorianos. Le encanta que lo toque y apriete.

    Lo hacía disimuladamente, o al menos eso creía. Frente a nosotros había un par de mujeres, un poco más grandes que nosotros, que nos veían disimuladamente. Yo supongo que veían, que estaba dándole calorcito a la nena.

    Después de un rato, se levantaron las señoras y se despidieron acaloradamente. Se veía que la más escandalosa de las 2, estaba hospedada en el hotel y se hacían recomendaciones de volverse a ver.

    Eran guapas las 2, con un estilo de ejecutivas, pero modernas. No vestían con el clásico traje sastre de oficina. La foránea llevaba una minifalda negra recta con una blusa de rayas verticales.

    Se despidieron, una tomó hacia la calle y la otra hacia el baño del lobby; nosotros seguimos en la plática y el toqueteo.

    Al poco rato, regresó del baño y se acercó a nuestra mesa.

    -Hola soy Andrea y me preguntaba si podría invitarles un trago para no quedarme sola en la mesa.

    -Claro –respondimos- será un placer invitarte un trago, -respondí mientras me ponía de pie.

    Llamó al mesero y pidió un vodka tonic.

    Se sentó en la mesa y le tomo la mano a Estela y le dijo:

    -Toma porque te puede dar frío.

    Estela abrió la mano y sonrió.

    -Nos cachaste respondió…

    -Claro, mi amiga y yo nos mojamos de ver la sensualidad de tu decisión. Se me antojó quitármela. Espero no les incomode.

    Uff, en ese momento me puse más duro que una roca.

    -Jaja para nada, respondió Estela, mientras me daba el premio.

    Era una tanguita de algodón rosa pastel no tan pequeña, pero muy sensual.

    Entendí la indirecta y la pase por mi nariz. También tenía un aroma a entrepierna, pero menos intenso.

    No pensé en algo más que decir salud y levantar la copa para brindar.

    Continuamos la plática en la mesa, Estela había quedado en medio y ambos le acariciamos la pierna, o la espalda de vez en vez.

    Andrea contaba su historia de trabajo y el porqué estaba sola.

    El novio volaría a esta ciudad, pero discutieron por teléfono y canceló.

    Iba a ser su luna de miel adelantada ya que se casarían en un par de meses.

    -Creo que le cancelaré la boda. No puede ser que me haya dejado varada aquí. Apenas conozco a alguien. Si no fuera por ustedes hubiera tomado un vodka de buró. -Dijo Andrea.

    .Ya se arreglará, mañana que se vean, será como siempre… -Dije yo.

    -No lo creo -respondió, Andrea mientras le daba un trago a su vodka.

    -Y a dónde vamos ahora -preguntó Estela.

    Se hizo un silencio incómodo, casi se escuchaba el zumbido de una mosca.

    Andrea respondió -vamos a mi cuarto, no aguanto los zapatos, como para salir a bailar.

    -OK -respondimos casi al unísono.

    Les pregunté qué iban a beber para ir al Oxxo que estaba como a 2 calles del hotel para comprar provisiones.

    Andrea dijo vodka tonic, Estela puso cara de inseguridad, pero asintió con la cabeza.

    Tomé mi chamarra y salí casi corriendo a comprar las bebidas. Llegué compré provisiones, vodka, tonic, gin, papas y un paquete grande de condones. Se me había ocurrido que los podría utilizar. Aunque Estela se cuidaba, obvio se necesitarían con la desconocida.

    Regresé, subí a la habitación y me las encontré en el balcón fumando un cigarrito. Pedí la hielera y salí por hielo al pasillo.

    Regresé y observé que estaban descalzas, Andrea tenía unos hermosos pies y unas piernas largas que se antojaba abrir, con la minifalda súper cortita se le veían mucho más largas.

    Estábamos parados en el mini-balcón muy juntitos. Ellas sabían que olía a peligro, se rozaban las manos, los brazos, Andrea le acomodaba el pelo a Estela.

    Yo le acariciaba las nalgas a Estela, no me decidía a tocar a Andrea, no sabía si traía jale con Estela o con los 2.

    Andrea le dijo, que bonita esta tu tanga, la sacó de mi chamarra y me la puso en la nariz, queriendo excitarme.

    Estela la tomó y la puso en el barandal como si la fuera a secar,

    Se acercó y me dio un beso muy caliente, mucha lengua, mordiditas. Le agarré la nalga y la repegué a mí.

    Se volteó y se decidió, le plantó un beso a Andrea, me tenía abrazado con el brazo izquierdo y a Andrea con el brazo derecho.

    Estábamos entrelazados los 3 y Andrea volteo y me dio un beso, no tan ardiente, más bien cómo inseguro.

    Tome la oportunidad y le regrese el beso, masajeando sus nalgas, casi rozando su culo.

    Rieron las 2 y Estela dijo, nunca había besado a una mujer, es realmente raro. Andrea le dijo mientras se acercaba, te va a gustar, la beso y le metió la lengua, en la boca.

    Aproveché para tomarle las nalgas nuevamente, ahora lo hice un poco más duro.

    La luna estaba llena y aunque estábamos en el piso 4, se escuchaba el tráfico y el pitido de los autos.

    Estela grito, “cállense que no ven que es mi primera vez… “

    Le pregunté, ¿de qué es tu primera vez? En un trío o con una mujer… me dio un beso y me respondió.

    -Adivina.

    Se giró y me besó con ojos de complicidad.

    Entramos a la habitación, subí el volumen del audio y empezamos a bailar música de los ochentas, hasta que llegamos a “Black velvet”, un clásico de table dance.

    Estela había empezado a quitarse la pena, traía algunos vodkas que ayudaron. Obvio a mi me había hecho striptease más de una vez. Le conocía todo su cuerpo, todos sus recovecos.

    Pero con la desconocida? No pensé que se deschongara tan rápido.

    Empezó a bailar con mucha sensualidad, arrimándose a los 2, por tiempos, como calentándonos, se empezó a desabrochar la blusa, enseñaba un bra de encaje, con unas lolas 34 C que bailaban al ritmo de la música.

    Nos sentamos para gozar el espectáculo.

    Andrea en una silla y yo en el sillón, daba pequeños traguitos a mi bebida.

    Estela se insinuaba con movimientos eróticos, arrimándose a los 2, mostraba sus piernas, levantando su falda, se veía su pubis con una franja en medio. A lo brush muy cortito.

    Metí la mano en mi bolsillo y saque la tanga rosa, las acerqué a mí nariz para recordar el olor a sexo de Andrea.

    Estela le estiró la mano a Andrea para que se parara a bailar, ella aceptó, sin soltar el vaso de vodka. Sorbió el último trago y le dio de boca a boca a Estela, con un beso largo, repegándose los senos, como si se los quisiera calcar.

    Se dio la vuelta y me estiró la mano para que le preparara otro trago.

    Tome los 2 vasos y fui a la mesita a preparar las bebidas, con un ojo al gato y otro al garabato.

    Ellas seguían disfrutando, bailaban y reían, no estoy seguro, pero parecía que Estela estaba más interesada en besar a Andrea que viceversa, no porque no le interesara, pero Estela parecía niña probando juguete nuevo.

    Les devolví los vasos y me agradecieron con un largo beso, primero Andrea luego Estela.

    Bailábamos los 3, besos, tragos, un poco de sudor, risas.

    Andrea siguió desabrochando la blusa de Estela hasta que la quitó por completo. Estela estaba realmente ardiente, besó a Andrea y me jalo para hacerle literalmente un sándwich, le arrimaba el miembro mientras le besaba el cuello. Recorría mi lengua por su oreja, empecé a desabrocharle la blusa desde mi posición, Andrea puso su mano en mi bragueta y la empezó a bajar mientras besaba a Estela.

    Tenía unas tetas increíbles, duras y redondas, Por fin le saqué la blusa y sucedió lo que esperaba, Estela las empezó a besar, solo lo que se asoma por el bra.

    Lamiéndolas con tranquilidad, Andrea con la mano derecha empezó a amasar las bubies de Estela. Mientras que la izquierda seguía en mi pantalón. Le desabroché el bra y ni siquiera tuvo tiempo de deslizarlo al piso.

    Estela se abalanzó a sus pezones, parecía un becerro aferrado a la mama, se escuchaba el chacualeo de la saliva con el pezón, lengua y dientes. Andrea empezó a gemir despacito mientras trabajaba mi pene. Era lo más cachondo que había experimentado nunca.

    Le levanté la falda por delante y empecé a dedear su clítoris. Tenía el pubis completamente depilado. Con la mano izquierda le apretaba el clítoris con la derecha el pezón. A momentos me encontraba la lengua de Estela… Lamiendo, ensalivaba mis dedos y los pezones.

    Los gemidos empezaron a ser más intensos.

    Le desabroche el botón de la falda que estaba por detrás y se deslizó hacia el piso. Me saqué la pija se la arrimé por atrás, podría acercarme a su culito ya que se había librado de la tanga rosa, le di vueltas despacio, completaba el remolino despacio, Como dando masaje, Andre se movía al ritmo de la música, rozándose con mi pija en ese remolino, que empezaba a abrir, poco a poco

    Ellas seguían tocando sus bubies, restregándoselas como oso al árbol cuando tiene comezón.

    Estela se quitó la falda y tiró el bra, Era el mejor espectáculo que podría ver. 2 hermosas mujeres desnudas delante de mi. Besándose, tocándose, como si no hubiera mañana.

    El aire entraba por el bacón refrescando el sudor que corría nuestros cuerpos.

    Y sucedió lo que no hubiera imaginado, ni en mi más sueño cachondo en la vida.

    Andrea se hincó, tomó mi pija con la derecha y el clítoris de estela con la izquierda. Lamía un lado y el otro indistintamente un poco el clítoris y un poco mi reata. Metía 2 dedos en Estela, que apenas se mantenía de pie, mientras me besaba.

    Era lo más caliente que había visto en mi vida.

    La metía completa en su boca… y succionaba con delicadeza. Sabía lo que hacía y eso me encantaba.

    Yo apretaba los pezones de Estela mientras le lamían el clítoris… No puedo explicar que hacía Andrea en esa vagina mojada… pero la cara de Estela era de antología.

    Repito, Andrea sabía lo hacía.

    Estela explotó, tuvo un orgasmo clitoriano insólito, las piernas apenas le respondían… mojaba la cara de Andrea mientras se contorsionaba como poseída por un demonio.

    Se vino como hace años no lo veía. La lengua y los dedos de Andrea la habían vencido. Término en un grito seco.

    Término jadeando y maldiciendo. “Qué puta madre me hiciste” hacía años que no sentía esto… Creo que desde que el wero gringo me desvirgo en Acapulco.

    Jaja… Todos reímos por la información.

    Andrea se levantó y pidió su trago. Se lo acerqué y me tumbé en el sillón todavía empalmado, junto a Estela.

    Andrea se sentó en mis piernas y las estiro sobre sobre celeste, un gran espectáculo, Los 3 empelotados, pegajosos del sudor y acariciando lo que hubiera más cerca, yo las bubis y espalda de Andrea, Estela las piernas y Andrea mi espalda.

    Andrea empezó a hablar, ahora que comentaste de tu primera vez, recordé la mía.

    El jardinero me vio cambiarme por la ventana.

    Yo sabía que me veía.

    Era medió día de un sábado y dejé un poco abierta la cortina después de salir de la ducha.

    Ya sabes calentura de adolescente.

    Me empine en la ventana para ponerme el chon.

    José estaba afuera, tenía 24 o 25 años. Moreno, con bigote, no muy tupido, pero grueso de ojos grandes negros, súper mamey del trabajo. Tenía unos brazos que se antojaban para abrazar. Era el jardinero que iba cada sábado.

    Siempre observaba esa ventana para ver que le caía.

    Como perro de carnicería.

    Y pues ese día le salió el sol.

    Me volteé y lo vi, la rendija en la cortina era más grande de lo que creí. Mis tetas le sonrieron en la mañana. Mi pubis marcado en el chon de algodón le saludaban alegremente. Me congelé en la ventana, Me tapé las bubis con las manos, pero me quedé parada ahí.

    Se bajó el cierre y sacó su polla, grande, venosa.

    Bueno no recuerdo qué tan grande pero a mi se me hizo enorme – reímos todos-

    Me di la vuelta y cerré la cortina indignada, con ese tipo, fisgón.

    Bajé por la puerta de atrás y le llamé, pensaba reclamarle por estar de chismoso en la ventana. Empecé a gritarle y él me empujó, hacía un pequeño cuartito de cachivaches que estaba bajo las escaleras.

    Me abrazó y me beso y sin saber porqué le regresé el beso.

    Metió su mano bajo la falda, en mi rajita. Cerrada, apretada, peluda porque siempre he sido peluda. Ahora no, porque neoskin hace maravillas. Reímos.

    Metió su dedo. Calloso… Mugroso, me imagino y grité, puso su mano en mi boca.

    Se sentían sus manos callosas en mi cara delicada.

    Siguió apretando mi clítoris, entraba y salía, tuve mi primer orgasmo, ahí con su dedo. De verdad no me había masturbado antes. Así que fue mi primer orgasmo.

    Pero luego bajo… no sabía lo que hacía. Creo que me daba hasta un poco de asco. Se metió bajo la falda, me bajo el chon de un tirón hasta las rodillas.

    Quise detenerlo, pero cuando rozó mi clítoris, adolorido, con su lengua caliente, brinqué. Pero no pude alejarme.

    Chupo, mordió succionó. Lamió… Se lo comió como niño a paleta… Me iba a venir de nuevo pero paró…

    Se levantó… Y sacó su pija… Grande venuda… la vi, no podía creer que eso cupiera en alguien…

    Me cargó con esos brazotes y la metió de un solo golpe. Aunque ya estaba bastante lubricada, lloré… de verdad… se me salió una lagrima… pero la lagrima más placentera que hubiera sentido…

    Arriba y abajo, me traía como trapo… era muy fuerte, porque se recargo con una mano en la pared y con una mano me cargó.

    Me vine otra vez… Quise gritar pero ni aire salió… Lo mordí en el cuello, creo.

    Me partió en dos, riquísimo… Sentía sus pelos tiesos en mis piernas…

    Se detuvo y me dijo que no quería problemas…

    Que no quería embarazar a la hija de patrón.

    Así que me puso en el suelo me hincó y metió su linga en mi boca.

    No creí que entrara… Era tan grande y dura… Morada babeando…

    Me dio mucho asco, pero ya ni fuerza tenía de pelear…

    La metió… No sé si completa o no, porque cerré los ojos… Me atraganto… Casi vomito…

    Empujaba y sacaba, al ritmo de su cadera… De repente la sacó y la acaricio en mi cara, con pequeñas cachetadas.

    Alcance a cerrar los ojos… se vino en mi cara.

    Lo sentí caliente… semen en mi cara… Olía a sudor a mugre…

    Me dijo “abre la boca”… No sé cómo lo hizo, pero me aventó otro chorro de leche dentro.

    Desde ese día me encantó…

    Sabia rico… le sequé la verga. Hasta dejarla como perilla brillante.

    Se hizo para atrás y me sentó, recargada en la pared…

    Estaba rendida… No podía ni pararme. Me quedé recargada ahí… se agacho me dio un beso y me dijo… “bienvenida a la putería”.

    Y así fue… me estrenó tan rico que ahora no puedo vivir sin eso.

    Y si que la habían iniciado en la putería.

    Continuará.

  • A poco que me folles el culo ya me corro

    A poco que me folles el culo ya me corro

    Mi sobrina Elvira y yo después de haber follado hablábamos sentados a la mesa de la cocina de mi casa de pueblo… Entre parrafada y parrafada comíamos lonchas de jamón, tacos de queso y bebíamos vino tinto. Ella llevaba puesta mi camisa blanca y yo estaba en pelotas. Me decía:

    -… El día que mi compañera de habitación dejó los estudios ocupó su lugar una universitaria lesbiana. Fue cuestión de horas en que la tentación llamase a mi puerta.

    -¿Cómo es tu amiga?

    -Quieres situarte.

    -Pues sí.

    -Es alta, pelirroja, de ojos azules, lleva el cabello corto, tiene las tetas grandes, areolas oscuras, pezones gorditos, coño peludo, un culazo, se moja una barbaridad y al correrse echa una cascada de jugos.

    -Por lo que se ve está de rechupete.

    -Está mejor que yo.

    No creo que estuviera mejor que mi sobrina, pues era una morenaza con todo muy, muy, pero que muy bien puesto, por eso le dije:

    -Mejor que tú no está nadie, Elvira.

    -Sabes que eso es mentira.

    -Porque tú lo digas.

    -Sí, lo digo, pero volvamos a mi aventura con Silvia. Estaba yo en bata de casa sentada a una mesa que tenemos en un rincón de la habitación estudiando derecho romano bajo la luz de un flexo cuando Silvia se echó sobre su cama. Puso música en su iPhone y se encasquetó los auriculares. Al rato mirándola de reojo vi cómo se tocaba las tetas por encima de la camiseta blanca. Poco después vi cómo se quitaba la camiseta y cómo aparecían sus tetas, con areolas oscuras y pezones gorditos. Vi cómo las magreaba y cómo jugaba con sus pezones. Luego vi cómo se quitaba las bragas, cómo aparecía su coño rodeado por una mata de vello pelirrojo, como pasaba un dedo por la vulva y con él pringado de jugos cómo lo pasaba por los pezones y como después metía dos dedos dentro del coño. Me estaba mojando, pero hacía cómo si no estuviera viendo nada. Silvia mirándome sacó los dedos mojados del coño, los chupó y después me preguntó:

    -«¿Me ayudas, Elvira?»

    Hice cómo si estuviese viendo a Silvia desnuda por primera vez.

    -Tápate y no digas tonterías.

    -«Si me ayudas después te ayudo yo a ti.»

    Me hice la ofendida y le dije:

    -Mañana pediré que me cambien de habitación.

    -«No hará falta que lo pidas, me iré yo, pero ahora estoy tan cachonda que necesito acabar.»

    Si yo estaba cachonda cómo estaría ella, por eso le dije:

    -Te entiendo, acaba.

    Silvia cogió un consolador en su mesita de noche, lo encendió, lo puso sobre el clítoris y en cuestión de segundos se corrió convulsionándose y gimiendo en bajito.

    Al acabar de correrse quedó desnuda sobre la cama con la cabeza echada hacia un lado, los brazos y las piernas abiertas y con el iPhone, los auriculares y el consolador tirados a su lado.

    Media hora después apagué el flexo y me metí en cama. A un par de metros de mí dormía Silvia desnuda sobre la cama. Al principio no la veía en la oscuridad, luego, a medida que mis ojos se fueron habituando a la oscuridad, la vi. Seguía con los brazos y las piernas abiertas y la cabeza echada hacia un lado. Pensé en su coño lleno de jugos y me relamí. No sabía lo que me pasaba. Jamás había deseado a una mujer, pero Silvia había hecho que se me encharcara el coño. Me dije a mi misma.

    -No debía, pero si no me corro me da algo.

    Metí la mano derecha dentro de las bragas y me encontré con el coño echando. Metí dos dedos dentro, cerré los ojos y me di placer, al ratito saqué los dedos, los chupé e imaginé que eran los jugos del coño de Silvia. Volví a meterlos y me volví a dar dedos buscando correrme. Sentí cómo alguien me destapaba y cómo luego se metía en mi cama, después oí a voz de Silvia.

    -«Déjate ir.»

    Me dejé ir. Sentí cómo me bajaba las bragas y elevé el culo para facilitarle la labor, después sentí cómo Silvia me abría las piernas con las dos manos y cómo su lengua ocupaba el lugar que antes ocupaban mis dedos. La lengua entró y salió de mi vagina para después lamer de abajo a arriba cada vez más aprisa hasta darme un orgasmo brutal.

    Silvia siguió lamiendo hasta que acabé de correrme, luego se echó a mi lado, me dio un pico y me preguntó:

    -«¿Quieres probar a mi novio?»

    -Supongo que hablas del succionador de clítoris.

    -«De ese mismo.»

    -Si te empeñas…

    -«¿Quieres un orgasmo rápido o uno con algo de excitación previa?»

    -Sorpréndeme.

    Silvia pasó el consolador por mis areolas y por mis pezones al tiempo que me besaba con lengua, luego dejó de besarme y me pasó el consolador por los labios vaginales. Yo ya no paraba de gemir, y más que gemí cuando me lo puso en el ojete… Luego me lo puso en el clítoris e hizo movimientos laterales. Cinco o seis segundos después me corrí cómo una golfa. Al acabar de correrme me dio un ataque de honestidad y le dije:

    -Ya está bien. No sé cómo pude dejarme ir. No soy lesbiana.

    -«Cómo quieras, si algún día cambias de opinión avisa.»

    Le pregunté a mi sobrina:

    -¿Cambiaste de opinión?

    -Hombre, al dormir en la misma habitación… Además tenía un coño riquísimo. ¿Y tú quién te has tirado en mi ausencia?

    -A tu tía, y bien pocas veces.

    Con una sonrisa en los labios me preguntó:

    -¿Ya estás para otro polvo?

    -Estoy para los que quieras.

    -No podrías, sería capaz de llevar todo un día y toda una noche corriéndome en tu polla y en tu boca.

    -Menos lobos, Caperucita.

    Se levantó de la mesa, vino a mi lado, se puso detrás de mí, tiró hacia atrás por la silla y después, dándome la espalda, frotó la polla morcillona en el coño y luego la metió dentro, acto seguido puso sus manos en mis muslos y me folló bajando y subiendo el culo. Al principio la metía y la sacaba sin quitarla mucho para que no se saliera, pero al ponerse dura, la sacaba hasta la corona y la volvía a meter hasta el fondo. Le quité la camiseta. Le cogí las tetas y se las amasé mientras me follaba. Al rato paró de follarme, se echó hacia atrás y buscó mi boca. Mientras nos besábamos con dos dedos de una mano acaricié su clítoris y con la otra le acaricié sus tetas. Poco después volvió a la posición inicial y me folló cada vez más rápido hasta que se corrió chillando como una coneja. A correrse sentí cómo temblaba y cómo bañaba mi polla con sus jugos. Al acabar de correrse se volvió a echar hacia atrás y nos volvimos a besar, luego se dio la vuelta, volvió a meter a polla dentro del coño y me volvió a follar. Esta vez mientras nos besábamos su culo iba de delante hacia atrás y de atrás hacia delante. Le puse la yema del dedo medio en el ojete, lo que hizo que sintiera cómo sus nalgas apretaban el dedo cada vez que la polla entraba hasta el fondo de su coño. Elvira era una guarrilla y follaba de maravilla. Estando a punto de correrse esperó a que me comenzara a correr yo, la sacó, me puso el coño en la boca y me la llenó con los jugos de su corrida. Al acabar quitó la polla del coño, echó dos vasos de vino, nos los bebimos y después me dijo:

    -Hoy te dejo.

    Pensé que me dejaba.

    -¡¿Me dejas?!

    -Si, hoy te dejo que me folles el culo.

    De la tristeza de pensar que era la última vez que follaba a mi sobria pasé a llevarme una alegría. Follarle el culo era una frontera que nunca me había dejado traspasar. Tenía que darle un orgasmo anal para que no se arrepintiera. No hice preguntas, le dije:

    -Apóyate con las manos en la mesa y cierra las piernas.

    Se apoyó, paseé la lengua por sus nalgas, después se las abrí con las dos manos y con la punta de la lengua lamí su periné un ratito, luego giré mi lengua alrededor del ojete otro ratito y acabé metiendo y sacando la lengua de él un rato largo. Le pregunté:

    -¿Te va?

    -Mucho.

    Chupando un dedo para penetrarle el culo con él vi en la encimera una tarrina de Tulipán, abrí la tarrina y clavé un dedo en la margarina. El dedo pringado de margarina entró en su culo como un supositorio, después se lo folle apretando hacia abajo… Ya no tuve que preguntarle si le gustaba, sus gemidos me dijeron que le encantaba, luego besando su espada giré el dedo alrededor. Cuanto más aprisa giraba más alto gemía. Elvira echó una mano al coño, acarició su clítoris y en menos de un minuto se corrió, Al correrse cayó al piso de la cocina un reguero de jugos. Terminó de correrse, se dio la vuelta y me dijo:

    -Vuelve a sentarte en la silla, tío.

    Me senté. Estaba empalmado a más no poder. Elvira metió tres dedos dentro de la margarina y me untó la polla con ella, luego dándome la espalda metió el glande dentro de su culo, después lo fue metiendo y sacando poco a poco hasta que la polla llegó al fondo del culo. Yo tenía la tarrina a tiro, metí dos dedos dentro, cogí una poca, frote las manos y después le magreé las tetas. La sensación era maravillosa y para mi sobrina también lo debía ser, ya que pasados un par de minutos echó las manos a la mesa y se levantó. Yo la seguí para que mi polla no saliese de su culo. Al estar en posición se abrió de piernas y me dijo:

    -A poco que me folles el culo ya me corro.

    Le iba a dar el orgasmo anal que buscaba, mas se lo quise dar a mi manera, follándole el culo suavecito y engrasando la polla con margarina de vez en cuando, pero no pude. Con media docena de clavadas me dijo.

    -¡Mi madre que corrida voy a echar!

    Dicho y hecho. Otra vez salió de su coño un reguero de jugos que cayó en el piso de la cocina, pero este parecía interminable. Sus piernas temblaron tanto con el placer que sentía que pensé que le iba a dar algo. Al acabar de correrse le di la vuelta, la cogí por las axilas, la subí a la mesa, hice que se echase hacia atrás, le clavé la polla en el coño y la follé cómo si no hubiera mañana hasta que le llené el coño de leche. Con el coño lleno de leche, me dijo:

    -Házmelo.

    Sabía lo que quería, quería que le comiera el coño con mi leche saliendo de su vagina. Le encantaba que lo hiciera. A mi sobrina le encantaba lo sucio. Lo que yo no esperaba fue que estuviera tan cachonda cómo para correrse solo con clavarle la lengua en el coño. Imagina todo lo que tuve que tragar, sí, me tragué su corrida y la mía.

    Quique.

  • La masajista arequipeña

    La masajista arequipeña

    Hace algunos años estuve de trabajo por Arequipa. Voy usualmente tres o cuatro veces al año, pero siempre en viajes de ida y vuelta. Ese viaje fue distinto. Estuve casi una semana completa pues tuve reuniones en la misma ciudad y visitas al Valle de Majes. Luego de terminar mis reuniones de lunes, como casi siempre que estoy fuera de Lima, decidí hacerme un masaje. Busqué en internet y encontré un anuncio. Reservé y fui.

    El local, en pleno centro de la ciudad, a media cuadra de la Calle Mercaderes, era muy pequeño. Una oficina que había sido habilitada con tabiques para 3 muy pequeñas salas de masaje. Con las justas entraba la camilla y la masajista dando vuelta alrededor de uno. Liz, la masajista que me tocó, era pequeña, de senos medios, pero unas grandes nalgas. No era bonita, pero pasaba piola.

    Rápidamente entramos en confianza y me contó que era enfermera. Que trabajaba de masajista mientras encontraba un trabajo en su profesión. Tenía el traje translucido de las masajistas, lo que me permitía ver su bikini negro debajo de su pantalón. Claramente era una provocación pues el contraste entre el negro y el turquesa translúcido era muy notorio. Además, su bikini se lucía muy sensualmente sobre sus contorneadas, firmes y grandes nalgas.

    Sin decirle nada, comencé a acariciar sus piernas. No se opuso ni me cuestionó. Luego avancé hacia sus nalgas. Tampoco dijo nada. Cuando intenté explorar debajo de su pantalón, me dijo que eso no era posible. Y bueno, acepté la regla y me contenté con manosearla por encima de su ropa. Terminó el masaje. Pagué, me fui.

    Al día siguiente, el martes, volví. Al reservar, pedí sea ella la que me atienda. Estaba libre y así fue. Seguí manoseándola mientras me masajeaba y la invité a cenar. Lo pensó un buen rato y no me aceptó.

    El miércoles volví nuevamente. Le lleve unos chocolates de La Ibérica y tras mi nueva propuesta de cena, aceptó. Me dijo que salía a las 8 pm y me pidió la esperara en Mercaderes, en la puerta de Estilos. No me quiso dar su número de celular y lo acepté. Terminó mi masaje – manoseo. Salí, me tomé un café en Mercaderes y poco antes de las 8 pm me pare en la puerta de Estilos. Llegó poco después de las 8 pm, me sorprendió su puntualidad. Le pregunté qué quería comer y como no se decidía, elegí yo.

    La llevé al Chicha. Un elegante restaurante a pocas cuadras, se sorprendió del estilo, de la decoración, de los precios. Me comentó “nunca he estado en un sitio así”. Pedimos dos chilcanos de pisco y tras ellos y la cena, estaba ya muy alegre. Le dije para ir al Retro Bar a tomar unos tragos más y aceptó. Nos instalamos en el segundo nivel y seguimos bebiendo. Al poco rato ya estábamos besándonos. Y yo manoseándola.

    Sin decirle nada, desabroché el botón de su jean y bajé el cierre. Ella sólo me besaba. No dijo nada mientras lo hacía. Entendí que tenía, esa noche, carta libre para mis manos. Era miércoles y el bar estaba casi vacío. En el segundo nivel, sólo nosotros en un extremo muy discreto. Ya con su pantalón suelto metí mi mano por detrás y comencé a acariciar sus nalgas y ella solo me besaba con mucha fuerza. Casi mordiendo mis labios.

    Al rozar su ano con mis dedos, sentí su estremecimiento y me dio valor para jugar. Saqué mi mano, unté mis dedos con saliva y volví a jugar con su ano ya palpitante. No le introduje el dedo, pues luego tendría que sacar la tarjeta para pagar y no quería rastros marrones sobre la misma ni sobre mi ropa. Pero lo froté el ano un buen rato, más de una vez saqué mi mano y volví a untar mis dedos de saliva, sentí como su culito palpitaba y palpitaba mientras ella gemía y me besaba con fiereza.

    Tras un buen rato así, saqué la mano, hice algo de equilibrismo y se la introduje por delante del pantalón. Puse de lado su bikini, sin sacarle el pantalón y sentí su vagina ya muy húmeda. Incluso el bikini ya lo estaba, sin más, le introduje dos dedos. Ella se levantó un poco del asiento, acomodé mi mano debajo de ella y pude masturbarla a placer mientras ella me besaba.

    En todo momento, ella sólo gemía y se dejaba hacer, pasé de dos dedos a tres y sentía como sus fluidos me mojaban los dedos y la mano entera. Sentí como se aceleraba y finalmente tuvo un delicioso orgasmo en el que me mordió salvajemente los labios. Luego de llegar se despabiló. Se arregló y me pidió nos fuéramos. Lo acepté. Ya sabía tácitamente que, al día siguiente, en la sala de masajes, iba a ser mi turno.

  • Poniéndole los cuernos al novio de mi tía Rosario

    Poniéndole los cuernos al novio de mi tía Rosario

    Hola amigos lectores, dándole secuencia a mi relato anterior les cuento que el fin de semana que pasamos solos mi tía Rosario y yo en casa de mis abuelos estuvimos casi todo el día domingo en la cama, cogiendo, comiendo y cogiendo. Hasta que llegó la tarde y ella se tuvo que ir a dónde rentaba para ir al día siguiente a la universidad. A sus 19 años ella y 18 años míos, no nos cansábamos de hacer el amor y pues literalmente nos estábamos enamorando.

    Mi tía en la universidad que estudiaba tenía un novio, Víctor mi actual tío. Él fue su único novio. Resulta que ese fin de semana en que rasuré su vello púbico mi futuro tío se enojó y hasta insultó a mi tía preguntándole que si era una puta o que si andaba enseñándole a alguien más su cuerpo, ella negó todas sus preguntas aunque si la hizo sentir mal. El siguiente viernes que regresó en la noche me contó todo esto. Su novio Víctor era y sigue siendo muy cerrado, actualmente no me cae ni bien, ni mal.

    Me dio mucho coraje y celos al enterarme que donde ella rentaba también vivía Víctor, y obvio dormían juntos, yo solo me la cogía los fines de semana, pero él a diario. Cómo siempre estábamos muy calientes, esa noche cogimos como casi siempre, pero ella estaba más caliente de lo normal, me chupaba la verga muy fuerte y cuando me montaba sus movimientos eran violentos, me incrustada las uñas en la espalda y me mordía el pecho y el cuello, y así de violento como lo hacía fueron igual nuestros orgasmos. Apenas y pasaron unos minutos y ya estaba otra vez besándome y jalándome la verga, poniéndose de perrita y yo detrás de ella dándole duro, no sé por qué pero sentía muchos celos y ese sentir hacía que le diera yo más fuerte. Ella se vino y yo seguía cogiéndomela, si hubiera podido, le hubiera metido la verga con todo y huevos, me vine con una sensación de satisfacción, celos, enojo y amor.

    La siguiente noche terminamos de cenar con mis abuelos, y después nos metimos al cuarto para prepararnos a dormir. Me metí a bañar y ella entró tras de mí, nos besamos, acaricié y enjaboné todo su cuerpo, chupé sus pezones mientras masajeaba sus nalgas, me arrodillé frente a su panocha y como pude metí mi lengua entre sus piernas, lamí su vagina y saboreaba sus fluidos.

    Salimos del baño y mientras nos besábamos nos fuimos a mi cama, así todos mojados, me recostó y empezó una mamada como la de la noche anterior, causándome dolor pero yo feliz, ese dolor me excitaba más. Le pedí que pusiera su concha en mi cara y así hicimos un 69 delicioso, lo disfrutamos mucho pero no nos venimos. Se recostó a un lado y abrió sus piernas, me puse el condón y fui entrando en esa panocha que me encantaba, algo había diferente en ella, me rodeó con sus piernas y me abrazó y así en esa posición hicimos el amor por un buen rato mientras nos decíamos lo mucho que nos queríamos. Ella se vino primero yo la seguí bombeando y ella sin dejar de abrazarme recibió mi descarga de semen. No dejaba de abrazarme.

    El otro día antes de irse al municipio donde rentaba, mi tía estuvo muy atenta con mis abuelos y conmigo. Algo le pasaba pero no nos dijo anda. Se fue y la siguiente semana no regresó el viernes ni sábado, hasta el día domingo llegó con Víctor y sus papás, mi tía estaba embarazada, fueron a pedir perdón a mis abuelos y a recoger las cosas de mi tía, se iba a vivir con ellos. Así, me quedé solo con mis abuelos, la extrañaba mucho, y extrañaba más sus cogidas.

    Ellos se casaron, y vivieron algunos años en la casa de los papás de Víctor, pero años después se regresaron a vivir a la casa con mis abuelos ya que ella se ofreció a cuidarlos por ser ya mayores. Cuando ellos llegaron yo ya tenía posibilidad de irme a vivir solo, y así lo hice. Han pasado 23 años desde que pasó esto, ellos tuvieron cuatro hijos y en la actualidad mis sobrinos ya son padres también, salieron igual de precoces que nosotros. A escondidas, mi tía y yo, hemos compartido fantasías y muchas sesiones de sexo, ya que Víctor como les decía es muy cerrado y conmigo disfruta lo que con él no hace. Más que tía y sobrino somos dos amantes y cómplices de aventuras calientes, ella ha sido muy importante en mi vida, y muchas de las cosas que he hecho en mi vida, las he logrado gracias a ella, principalmente la confianza y seguridad que me dio desde pequeños y después de mi primera vez con ella, me ha servido de mucho para lograr lo que he logrado y para estar con las mujeres que he tenido en mi vida.

    Hay mucho que contar todavía. Ustedes conocen al amor de su vida? Yo puedo decirles que sí, el amor de mi vida está a mi lado, es mi esposa, mi alma gemela, mi media naranja. Mi compañera de aventuras, mi diosa del sexo, mi dueña, mi todo. Les cuento de ella en el siguiente relato. Gracias por leerme y quien guste puede escribir, yo contesto, es lo menos que puedo hacer por quienes se toman la molestia de leer mis relatos.

  • Mi primera vez por el chiquito

    Mi primera vez por el chiquito

    Empezaré esta historia que es real, me pasó hace algunos meses.

    Tengo una relación de casi 3 años y siempre hemos practicado el sexo en todas las posiciones y en todos los lugares, pero no olvidaré la primera vez que mi novio me lo metió por el ano, tuve una expectativa de que me dolería mucho, pero finalmente llegó el día.

    Yo fui a la casa de mi novio y me puse una mallas sexys, y una tanga que dejaba poco a la imaginación, con una minifalda que dejaba ver los tirantes de mis mallas, unos tacos de plataforma que me realizaban la figura y una blusa que pronunciaban un escote muy grande, al entrar mi novio al cuarto, me comió con la mirada, me beso apasionadamente y empezó a besarme metiendo su lengua en mi boca, el ambiente se puso más y más caliente, tanto que le baile sensualmente hasta dejar que su bulto se vea más grande, empecé a tocarlo y cuando estaba parado desabroché su pantalón y baje el bóxer y lo tenía ahí su duro miembro, palpitante y bien caliente.

    Empecé a masturbarlo, mientras estaba arrodillada la mía su miembro con deseo y morbosidad, el me cogió de la cabeza para seguir mamándole la verga, una vez lubricado ese pedazo de carne me volteo y me puso de perrito sobre la cama y empezó a penetrarme fuertemente, mientras sujetaba y manoseaba mis tetas, en ese momento de excitación le dije papi métemela por atrás, cogió el lubricante y me metió sus 2 dedos y fue muy excitante, me penetraba y a la ves tenía sus dedos manoseándome el orto, me gustó tanto, mientras seguía con sus dedos me puso más lubricante y sacando su pene de mi vagina llegó hasta mi orto y me penetro, el dolor que sentía se convirtió en placer y el empezaba a decirme, quien es mi perra y yo loca de placer y excitada le decía “yo soy tu perra papi dame duro”, y lo seguía metiendo y sacando, me gustaba más hasta que dijo que se iba a venir, en ese momento me saca su pene y me lo pone en la boca para darle toda su leche a su perra.

    Aun después de eso empecé a chuparle la verga y se vuelve a componer para subirme sobre él y montarlo, me movía como una loca y llene su miembro de mis fluidos, terminamos en la cama, para continuar con la segunda ronda.

  • Concierto caliente

    Concierto caliente

    Era un viernes de otoño y mis amigos hacían un concierto acústico en el lugar más elegante de la ciudad. Me puse mi vestido más sexy y mis taconazos y fui para el concierto. Cuando llegué me senté en la primera mesa más cerca de donde tocaban, ya que me encantaba sacar fotos y vídeos que luego me pedían. No se esperaban para nada mi presencia en el concierto pero les emocionó mucho que estuviera allí y me dieron un cálido abrazo causándome un ligero cosquilleo.

    Empezó el concierto, y uno de mis amigos empezó a cantarme a mí, hacerme bromas y ponerme caras simplemente para ver aparecer la sonrisa en mi cara. Yo no sabía lo que él planeaba para después del concierto, aunque por dentro mi cuerpo iba subiendo de temperatura poco a poco mientras mi cabeza no dejaba de imaginarse cosas que le gustaría hacer a su amigo.

    Durante el primer descanso mi amigo me pidió que saliera un momento afuera con él y sin pensarlo acepté ir con él. Cuando nadie nos veía, se acercó lentamente hasta que sus labios se juntaron con los míos fundiéndonos en un apasionado beso. Notábamos como esa tensión sexual que existía entre nosotros desde hacía tiempo iba aumentando segundo a segundo. No tardamos en separarnos para que volviera a cantar después de susurrarme al oído que eso solo era un avance de lo que me esperaba.

    Terminado el concierto, y tras recoger y despedirse de la gente, nos volvimos a escaquear pero esta vez fuimos a los asientos de atrás de su coche. Empezamos donde lo habíamos dejado, en un intenso beso, mientras las manos empezaban a perderse por nuestra piel. Fuimos deshaciéndonos de toda la ropa sin dejar de comernos. Sus labios no tardaron en bajar de mis labios a mi cuello y a mis pechos mientras mis ojos empezaban a ponerse en blanco y mis manos acariciaban su pelo. Mi temperatura aumentaba por momentos sintiendo como su lengua seguía bajando llegando a mi vagina ardiente y húmeda. Sus dedos recorrían la entrada lentamente haciendo estremecer todo mi cuerpo hasta soltar un ligero gemido cuando su lengua se unió al juego. Sendos gemidos fueron saliendo de mis labios mientras mi vagina se humedecía aún más.

    Pasados unos minutos no pude evitar quitármelo de encima tomando el control del juego. Ahora me tocaba a mí. No tardé más que unos segundos en hacer que mis labios recorrieran su cuerpo llegando a su pene. Lo acaricié ligeramente con la yema de mis dedos sumando mi lengua y mis labios para hacerle disfrutar. Apenas unos minutos más tarde ya no podíamos más y me dejó caer sobre los asientos de su coche para ponerse encima de mí y empezar a penetrarme lentamente subiendo la intensidad poco a poco. Nuestros gemidos se fundían en uno solo estremeciéndonos con el roce de nuestros cuerpos. Pronto decidí tomar el mando y me senté sobre él cabalgando mientras sus manos recorrían mis nalgas. Tras un tiempo, no pudimos aguantarnos y llegamos al éxtasis acabando con su corrida sobre mi pecho.

  • Aprovechando la situación (Conociendo a Andrea)

    Aprovechando la situación (Conociendo a Andrea)

    Somos un matrimonio casi adentrado en los 30’s. 

    Martha físicamente es poseedora de unos pechos entre medianos y grandes, unas piernas torneadas, un culo riquísimo.

    Yo. Martín. Acostumbro salir a correr y hacer algo de ejercicio; así que podrán darse una idea de mi físico.

    Mi esposa es maestra en una preparatoria, yo soy contador en una empresa, por lo que económicamente no nos va tan mal.

    Por el trabajo y por algunas fiestas, casi no estábamos en casa, por lo que por lo regular había quien hiciera el aseo.

    Nosotros practicamos algo del swinger. Eso sí. Con discreción y respeto. Optamos por no tener hijos por el momento, para vivir un poco la vida loca en pareja.

    La señora que nos limpiaba la casa tuvo que regresar con su familia, cosa por la cual no dejó.

    Por medio del trabajo, alguien me recomendó a una chica de fiar y que hacia su trabajo bien hecho.

    Hice la cita con esta persona por teléfono, acordando que la que daría el visto bueno seriamos mi mujer y yo.

    Era un sábado a mediodía, cuando la chica en cuestión apareció muy puntual.

    Como yo la recibí; pues, Martha se encontraba en el sanitario. Quedando un poco sorprendido, por lo bonita que es.

    Su nombre es Andrea tenía 20 años. Delgada, piel morena. Ese día iba de falda blanca que le llegaba un poco más arriba de las rodillas, una blusa con escote, dejando entre ver unos senos medianos, redondos y bien paraditos, cabello largo y eso si. Una cara de más joven.

    Tuvimos la entrevista, nos hizo saber que es oriunda de la costa de Veracruz.

    Pactamos, días, horarios de trabajo y la paga, cosa que nos hizo saber que era de su agrado.

    Martha es bisexual y era de esperarse que al igual que a mi nos gustó mucho su físico.

    Pasaron los días y Andrea, aparte de que la hacíamos sentirse cómoda, es muy eficiente.

    Pasaron dos meses, sin ningún problema, hasta que un día no había ido a trabajar, porque me sentí mal de salud.

    Sabía que Andrea había llegado a sus labores y quise no importunar la.

    Al bajar de mi habitación a la sala, vi que Andrea se encontraba sentada frente al televisor, estando este sin volumen y lo que vi me sorprendió. Estaba viendo una película xxx, ella estaba con las piernas bien abiertas, con los ojos cerrados; obviamente, desnuda de la cintura hacia abajo.

    No puede evitar exclamar. Andrea por dios que haces! Ella con rapidez se levantó, colocando su short blanco en su sitio, toda apenada y como pudo se justificó, diciendo un montón de cosas y que por favor no la echara.

    Esa imagen me dejo cachondo, por lo que además de desahogarme con mi mujer, no volví a ver a la chica con los mismos ojos. Además que ese short era cachetero.

    Era de esperarse que ella se ponía nerviosa al verme llegar a casa.

    Ahí no termino la cosa; pues un viernes por la tarde, al llegar del trabajo, note que no había nadie en la sala, pero si en mi habitación.

    Al entrar me lleve una sorpresa mas.

    Martha estaba acostada, boca arriba y la chica encima de ella, haciendo un 69 lleno de calor.

    No dije, ni hice nada, solo me quede ahí mirando como ambas mujeres se devoran las vulvas entre si.

    Al percatarse de mi presencia, Andrea de un salto quedo de rodillas junto a mi mujer, a lo cual me dice mi esposa.

    -Amor. Solo quise ayudar a Andrea a bajarse la temperatura, pobre niña, me confesó que ya la habías visto.

    -Ven. Ayúdame con esto, que está que arde la cosa.

    Andrea dijo.

    -Señor. Por favor discúlpeme, no es que sea una enferma; sino más bien estoy con la señora porque me convenció, ahorita me voy.

    La convencí que no pasaría nada malo. Así que luego de esto mi mujer, me estaba dando unas ricas mamadas, en lo que devoraba boca y senos de Andrea, le metía un dedo en la vagina, para luego sobar su clítoris.

    – Estás muy caliente, deja que Martha y yo te ayudemos.

    Puse a la chica en cuatro, clavándola despacio, para luego subir el ritmo.

    Martha la besaba con pasión, bajando a sus pechos.

    La chica gemía de lo lindo. Mi esposa, se puso a lamer vagina y verga al ritmo de mis penetradas. Después cambiamos de posición, siendo Andrea la que mamaba mi falo, estando yo boca arriba, recibiendo la vulva de mi mujer.

    Viniendo otro cambio, le perforaba ano y vagina a mi esposa, mientras ella atendía el clítoris de la chica.

    Andrea quiso probar el sexo anal; pues le daba curiosidad por lo que veía en las películas.

    Poco a poco el dolor cambio por excitación, al grado que ella casi se vacío en la boca de Martha. Así, teniéndola en cuatro, Andrea sudaba y gemía de tanto placer.

    Sin contemplaciones, descargue mi leche en la chica, en lo que ella le sacaba los jugos a mi esposa. Esa noche fue de puro goce entre los tres.

    Luego de eso Andrea se quedó a vivir con nosotros, en un cuarto que le acondicionamos. Ella tenía visitas de mi mujer, mías, o de ambos en las noches.

    Y así comenzamos a tenerle más cariño y confianza a Andrea y ella a nosotros.