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  • El primer y último beso

    El primer y último beso

    Luego de enterarme de la infidelidad de quién creí sería el amor de mi vida, escapé de esa ciudad y terminé trabajando en un servicentro poniendo bencina en los autos.

    Uno de esos días en los cuales el calor azotaba terriblemente, lo conocí, alto, moreno, de ojos oscuros. De inmediato llamó mi atención, sin embargo, el recuerdo de mi amor me atormentaba y me hacía sentir como si yo fuera la infiel por solo sentir atracción de un desconocido. Su voz me sacó de mis oscuros pensamientos.

    -hola ¿eres nueva? – dijo gentilmente, y sonriendo.

    -Sí – respondí lo más rápido posible. Su presencia hacia que mi cuerpo sintiera cosas que pensaba extinguidas.

    Enredarme en pormenores es perder el tiempo, ambos sentíamos lo mismo y no tardamos en comenzar a salir, el mundo parecía más colorido y alegre, su compañía me hizo olvidar el dolor, las penas y la decepción, nunca acepté este hecho realmente, hasta esta noche que escribo para no olvidarlo.

    La primera vez que nos besamos fue más bien un accidente premeditado y diseñado para causar estragos en mi interior, sus labios danzaban al ritmo que lo hacían los míos, sus brazos me sostenían firmes y seguros de que a dónde íbamos, seguramente nos perderíamos entre la pasión que sentíamos, pero no fue así, fue solo un beso.

    Respeto mi desequilibrio emocional y me apoyo en mi proceso de sanación, así cuando lo bese por segunda vez estaba lista para que sus manos expertas, hicieran arder el fuego que se había extinguido, sus manos tocando mis senos y mis caderas, sus labios pegados a los míos. Podía sentir como la temperatura de nuestros cuerpos subía, no dude en bajar y practicarle sexo oral, comencé lamiendo desde el tronco hasta llegar al glande y poner todo su miembro en mi boca, sus gemidos me excitaban y cada vez que penetraba mi boca sentía como su miembro crecía. Era inevitable, cuando por fin creí que tendríamos sexo, él me detuvo y dijo:

    -Ahora es tu turno, espero lo disfrutes.

    Su modestia era simple ironía, su lengua se pegó a mi clítoris y cada vez que sentía venir el orgasmo se detenía y metía suavemente sus dedos retrasando mi orgasmo. Cuando ya sentía explotar mi cabeza y mis caderas, me penetró, no podría describir la sensación de plenitud. Sus caderas firmes y fuertes, me embistieron duro. No tardamos mucho en acabar en uno de los mejores orgasmos que he tenido en mi vida.

    Bryan fue mi chico salvavidas y aunque éramos compatibles en muchos sentidos, y nos disfrutamos mutuamente, nunca olvidé mi amor del pasado y eso terminó por hacer fracasar la que posiblemente hubiera sido una candente relación.

  • La caminata

    La caminata

    Ahí se encontraba, de rodillas en el suelo, con su cuerpo desnudo y su collar nuevo, se veía hermosa, su desnudez, su piel iluminada, sus ojos me miraban, con la luz de quien mira a un ser amado, mía, completamente, como lo acordamos, como lo deseaba.

    Yo miraba desde mi silla a la distancia, la notaba ansiosa, estaba muy lejos de mí, y eso la ponía inquieta, levanté un dedo e hice el gesto.

    -¡Acércate!

    Observé con debida detención, como su cuerpo se movía lentamente mientras gateaba hacia mi puesto, era hermoso, ver el vaivén de sus caderas al moverse, sus pechos se balanceaban en perfecta sincronía con el movimiento de su cuerpo, el collar la hacía lucir única, era mi premio, mi posesión, y venia directo hacia mí, para recibir de mis sobras, tal cual a ella le gustaba, me incline hacia adelante y observe su espalda, era fascinante poder apreciar cada una de las contorsiones que se provocaban en su avanzar.

    -¡Detente!

    Me levanté de mi silla y pude observarla desde la posición que más me agradaba, desde lo alto con su cara levantada buscando mi mirada, esperando algún gesto o alguna señal, ¿Será que tu amo se apiadará esta vez?

    La rodeé varias veces, observé lo mío, revisé cada detalle con la mirada, me encantaba su cuerpo, me encantaba su entrega, me encantaba su alma, saber que era mía, era mi mayor placer, pero era obvio que no se lo podía reconocer, verte ahí yaciendo a mis pies, provocaba la mayor de mis excitaciones.

    -¡Pruébame!

    Su reacción fue instantánea, como la de un sabueso en busca de su carnada, acerco su cabeza a mi entrepiernas y con sus manos hábiles destrabo la cremallera, mi pene estaba erecto y brillaba por la excitación de la caminata, abrió lentamente su boca y con su lengua fue rodeando mi glande, fueron movimientos dulces y apasionados, y con un gesto suave termino por humedecerlo con el calor de su boca…Toda aquella delicadeza me tenía realmente excitado y no quería más rodeos, tome su cabeza con firmeza, y le introduje mi miembro hasta los más profundo de lo que su estrecha garganta pudo aguantar, la arcada fue la señal indicada, para detener mi intromisión, me retire de su boca por un instante y observe en el piso como su saliva caía, me decidí a seguir contemplando la posa que se formaba tras cada una de mis embestidas.

    -¡Levántate!

    Se quedó inmóvil por unos segundos, empezó su incorporación lenta y suavemente, sacando de a poco mi virilidad de su boca, sentí su respiración en mi abdomen mientras se levantaba, así como fue subiendo hasta quedar parada frente a mí, solo unos centímetros nos separaban, y tal lo habíamos acordado, mientras estuviera de pie frente a mi cuerpo, no tenía permitido mirarme a la cara, note su excitación y la vibración de su cuerpo, me deseaba, deseaba mi carne, lo sabía… me acerque aún más a ella y con mi pierna separe las suyas, mi mano lentamente se acercó a su intimidad, al tocarla una leve exclamación salió por su boca, rodeé con mis dedos la humedad de su vagina, ella sabía bien que debía permanecer inmóvil, y pude observar como trataba de contener su cuerpo a la reacción de mis dedos en su entrepierna, introduje muy suavemente mi dedo, mi propósito, obtener la mayor humedad de su interior, una vez cumplido, saqué mi dedo y levanté mi mano hasta llegar a su boca, e introduje sus jugos, para que probara de ella misma, lo hizo con gusto, limpió completamente mis dedos, como la perra obediente que era.

    -¡Date vuelta!

    Giro rápidamente, sin levantar la mirada, me acerqué a su cuello, respiré profundamente sobre él, y noté como su piel se erizaba ante mi gesto, observé sus pezones, vi la excitación en su rigidez. Mi pene que aún estaba al descubierto rozaba sus nalgas, la tomé por la cintura mientras aún estaba a su espalda, y la acerqué con fuerza, mientras acomodaba con mi otra mano mi miembro para que quedara entre sus nalgas, sentí la humedad que bajaba desde sus labios, todo se sentía ardiente y húmedo, pero aun así no me convencía si era merecedora de tanto premio, me alejé de ella y tomé rumbo a mi silla, me senté y cruce mis piernas, puse mis manos en las abrazaderas y la miré fijamente, se veía hermosa de espalda, la contraluz resaltaba su silueta, le dije en tono suave -date la vuelta- a lo que ella reaccionó de forma rápida y como aún se mantenía de pie su mirada al piso clavaba –mírame- le dije, al cabo de unos segundos lentamente levantó la mirada y fue en ese instante que nos quedamos mirando fijos… disfrutando de nuestras almas.

    -¡Cógeme!

  • Lo menos esperado

    Lo menos esperado

    ¿Tuve alguna ganancia en mi infidelidad? 

    Ninguna, solo perdí la oportunidad de tratarme como individuo de confianza.

    -¿El lugar se encuentra ocupado? -mencioné señalando el banco a su costado.

    -Ocupado para desconocidos -respondió sin verme.

    -Permítame presentarme entonces -dije- Víctor Santos, desde ya servidor y admirador suyo.

    Dirigió su mirada a mi persona sin responder a mi saludo, movió su cuerpo para permitirme el paso; tomé asiento y agradecí el gesto con una inclinación de cabeza.

    -Old Fashioned -respondí a la pregunta del bar tender- ¿aceptaría la dama la invitación a un trago?

    -Tengo uno -respondió sin verme.

    -Dos serían mejor si la conversación se extiende.

    -Para que se extienda primero tiene que haberla.

    -Ya la hay -dije con mi mejor sonrisa.

    Giró quedando frente a mi, su expresión mostraba desafío no así su mirada la cual lo hacía con extraño interés; tal vez sin entender quien osaba interrumpirla.

    -¿Que le hace pensar que me interesa conversar con usted? -preguntó con seguridad.

    -Bella dama, le suplicaría quite el “usted” a mi persona ya que quisiera hacer lo mismo con la suya; respondiendo a su pregunta no lo sé, pero puedo suponerlo considerando el lugar, el momento y que por fortuna no se percibe a nadie cerca que le acompañe.

    -Supone “usted” mal -dijo acentuando la palabra- tal vez solo quiera estar sola.

    -Puedo entenderlo, aunque le confieso que la soledad es mala consejera.

    -¿Es un consejo entonces? -preguntó de forma irónica.

    -Nadie es tan viejo para dar consejos, solo una sugerencia para tratar de iniciar una conversación.

    -¿Que debería hacer para que me deje sola?

    -Es claro que con solo pedírmelo no le molestaría mas, aunque esperaría también que me diera la oportunidad de compartir este trago; le prometería invitarla con otro después y dejarla sola si así lo quisiera.

    -¿Su confianza es tal que supone quiera continuar después de terminar con este?

    -Lo intentaría, que no le quepa duda; en realidad me encanta interactuar con las personas, principalmente con el género femenino.

    No respondió, volvió a girar mientras tomaba de su vaso para, después, iniciar con un mudo llanto.

    -Entre las pocas virtudes con las que cuento está la de saber escuchar -dije a baja voz- ¿le interesaría desahogar alguna pena?

    -No le conozco -respondió limpiando su rostro- no podría confiarle lo que me pasa.

    -Es importante, cierto; pero mucha gente confía sus penas a desconocidos solo por el hecho de serlo, puedo prometerle que sus secretos están a salvo.

    Sonrió, giró nuevamente para quedar frente a mi.

    -¿Cuál pensaría que es mi pena?

    -Cierto es que no se puede llegar a conocer la mente de una dama pero, conociendo sus problemas comunes, podría apostar por un par, económico o sentimental; si me apresura, consideraría la segunda opción, con lo cual se abre un abanico de posibilidades donde las mas viables serían el despecho o la infidelidad.

    -¡Caramba!, ¿acaso dije algo que me delatara? -dijo sorprendida.

    -Es claro que no, pero me ha confirmado que no me encuentro errado.

    -Es verdad -comentó mientras jugueteaba con su vaso- tememos el estigma de complicadas, pero todas sufrimos con los mismos problemas comunes.

    -¿Sufre por amor? -pregunté.

    -Sufro por desamor -respondió.

    -¿El culpable de ello lo sabe?

    -El culpable lo sabe, se arrepintió de lo que hizo, pero no le alcanzó para salvar la relación.

    -¿Infidelidad? -pregunté aun conociendo la respuesta.

    -Sí.

    Volvió a tomar de su trago, recargó su cuerpo sobre la barra y volvió a llorar; lo hacía con una angustia que traspasaba el alma con solo escucharla. Respiró hondo, limpió sus lágrimas mientras comenzó su desahogo.

    -¿Le han engañado alguna vez? -preguntó mientras su mirada se fijaba en la mía.

    -Sí, no he salido exento en ese rubro.

    -Entonces, ¿conoce lo difícil que es enterarse que su pareja haga con alguien mas lo que solo debía hacer con usted?

    -Así es.

    -¿Puede imaginarse entonces las consecuencias en un matrimonio con casi diez años de relación y dos hijos en este? -dijo esto último con amargura.

    -Siento no poder hablar de relación matrimonial, pero puedo imaginarlo; mas que difícil habrá sido.

    -Lo fue -asintió.

    -¿Tuvieron el tiempo para hablarlo?, encontrar una solución; quizás -pregunté.

    -Lo hablamos, al menos yo mas que él.

    -¿Puedo suponer que no hubo un arreglo entonces?

    -No lo hubo, ya no era posible; la falta fue muy grave.

    -La infidelidad mas que destruir físicamente lo hace anímicamente, puedo dar fe en eso; mas, mucho mas cuando se ama a quien nos engaña de esa manera -mencioné- puedo imaginar lo que tuvo que haber sentido.

    -Así es, lo amaba; aún lo amo. Nos conocimos en la escuela, al salir nos casamos porque ansiábamos estar juntos; pasamos días buenos y malos y después llegaron los chicos, todo marchaba bien, no era perfecto pero vivíamos felices. Él siempre fue atento y respetuoso, era mi esposo pero también mi amigo, cierto que con el tiempo la intimidad fue decayendo, pero no consideré que esto fuera el detonante… hasta que ocurrió.

    -¿El hecho fue confesado o descubierto? -pregunté.

    Inclinó su cabeza mientras sus lágrimas volvían a mojar su rostro.

    -¿Cuál de los dos aplica cuando se llega a casa para encontrar que la pareja tiene relaciones en su propia cama con otra persona?

    -Lo siento -dije tomando su mano- no debí tocar esa herida.

    -Ya no importa, ya no estamos juntos.

    -¿Decidieron separarse?

    -Él lo decidió -dijo con tristeza.

    -Si no encontraron una solución lo sano será dar vuelta a la página y continuar -dije tratando de confortarla- tómelo como una oportunidad para iniciar una nueva vida.

    -Lo sé -respondió- lo que no sé es como hacerlo sin volver a equivocarme.

    -No tendría porqué pensar en ello, no fue su culpa -dije.

    Giró para verme mientras terminaba su trago.

    -Gracias por la invitación -dijo con una sincera sonrisa- pero sobre todo por escuchar.

    Bajó del banco tomando su bolso y abrigo, enfiló sus pasos a la salida mencionando un último comentario.

    -Mi nombre es Karen Blanco -me dijo- y yo fui la infiel en la relación.

  • ¡Zas!

    ¡Zas!

    «¿Crees que iré demasiado provocativa?», preguntó Virginia a Ernesto que, sentado en una butaca, contemplaba a su esposa con delectación.»  Virginia, estás hermosa», exclamó Ernesto. El vestido que se había comprado Virginia era un modelito escaso de tela, con escote amplio, bajo y generoso, que permitía ver el nacimiento de las orondas tetas, y una falda muy corta bajo la que lucían los anchos muslos blancos de Virginia.

    El color, negro, hacía resaltar más la carne pálida de Virginia, la carne fofa de Virginia; porque…, sí, Virginia estaba gorda. Era lo que a Ernesto le gustó, por eso la eligió: ya se había cansado de acostarse con mujeres esqueléticas que no le hacían sentir nada cuando conoció a Virginia, con la que, después de un noviazgo corto, se casó. «Ah, Ernesto, qué bien lo pasaremos mañana en la fiesta», dijo Virginia mientras se sacaba la prendita por la cabeza quedándose completamente desnuda. Cinco minutos después, en el dormitorio, en la cama, Ernesto, de rodillas sobre el colchón follaba por detrás el chocho de Virginia, se follaba a Virginia, que, a gatas sobre las sábanas gritaba de placer: «A-a-ah, a-a-ah-ah, Er-nesto». Ernesto se miraba la polla, ocultándose y asomándose bajo el inmenso y tembloroso culo de Virginia: esto le excitaba sobremanera, y embestía con más ahínco. La corrida no tardaría en llegar entre rugidos y gemidos. Y llegó: «Ufff». Ernesto, satisfecho, sacó la polla chorreante de semen. Virginia cayó de bruces sobre el colchón y ahí quedó exhausta, desparramada.

    El día siguiente, durante la fiesta, que era la del cumpleaños de Iván, un amigo de la infancia de Ernesto y actualmente un exitoso empresario, Virginia era el centro de las miradas de los hombres, y el punto de mira de la envidia de las mujeres: cómo una mujer tan corpulenta podía haberse atrevido a llevar ese vestido. «Ernesto», dijo Iván en un aparte, «tu mujer tiene una hartá de follar». Ernesto, orgulloso, respondió: «No lo sabes tú bien, Iván, no lo sabes tú bien». Virginia reía, bailaba, bebía, rebosante de salud y felicidad. Entonces, ocurrió lo imprevisto.

    «Oh, qué pasa», «Qué ocurre», «Serán los fusibles», «Un corto, se ha debido producir un corto», «Se fue la luz», «Apagón», «Traed velas», «Poned la linterna de vuestros móviles», «Qué horror».

    Iván localizó a Virginia rápidamente, pues ya la andaba vigilando, tiró de su mano y la condujo al cuarto que usaba como trastero. Virginia se dejó hacer pensando que era Ernesto que acudía a su rescate. Iván cerró el cuartito con la llave por dentro. Iván abrazó fuerte a Virginia, rozó repetidamente su hinchado paquete contra el pubis de Virginia, que, aunque vestida, lo sentía, sentía la presión. «¿Ernesto, aquí, ahora?», soltó Virginia. Y, sin esperar respuesta, tirando de Iván hacia abajo con los fornidos brazos, arrastrando a Iván, se tumbó en el suelo, se subió la falda y se quitó las bragas. Como a oscuras nada veía, Iván todo se lo imaginó, sin equivocarse un ápice, y, sacándose la polla, penetró a Virginia vigorosamente. «Ah, Ernesto, tu polla, parece más grande, a-ah, Ernesto». Iván, que ciertamente presumía con sus amigos, y delante de su mujer, que se sonreía, de tener un gran pollón, siguió empujando con tesón mientras, a tientas, le agarraba fieramente las tetas a Virginia, lo cual a ella le producía más placer: «Sí, sí, Ernesto, así, más, aahh». Eyaculó Iván en el chocho de Virginia y se levantó. Giró sobre sus talones, abrió la puerta y se fue. En esto volvió la luz.

    Ernesto buscaba a Virginia con la mirada sin conseguir verla. ¿Dónde estaba Virginia, le habría ocurrido algo malo? Ernesto vio a Iván venir desde un corredor. Se dirigió a él: «Iván, ¿has visto a Virginia?»; «No», dijo el otro. Pero, como viera venir a Virginia por el corredor por donde había visto venir a Iván, sospechó. Primero habló con su esposa: «Virginia, ¿dónde estabas?»; «¿Me lo preguntas?», dijo la otra riendo y dando saltitos. Segundo, con Iván: «Te has follado a Virginia»; «¿Yo?, ¡quita, qué va!». Tercero: «¡Zas!».

    Acabada la fiesta, todos los presentes volvieron a sus casas menos Iván, amoratado un ojo, y su mujer, ebria, que eran los anfitriones. Después de aquella fiesta Iván no ha vuelto a ser el mismo: ha dejado a su escuchimizada mujer y sólo contrata a secretarias obesas.

    «¿Quieres el puesto?, demuestra lo que sabes hacer, tú ya me entiendes».

    Y la aspirante de turno se quita la camisa, se masajea las tetas para que Iván vea que las tiene gordas, carnosas, contonea el torso para que Iván observe los rebosantes pliegues de la cintura, se arrodilla, le baja los pantalones y le chupa la polla hasta que Iván se corre, dentro de la boca.

    Por otra parte, Virginia y Ernesto, quitándole hierro al asunto de la fiesta una vez sabido y aclarado, siguen follando como locos. «Ernesto, ay, ah, tu polla, ay, humm, me gusta más que la de Iván».

  • Aventuras y desventuras húmedas. Tercera Etapa (5)

    Aventuras y desventuras húmedas. Tercera Etapa (5)

    El teatro era magnífico, una obra que no pasó de largo para el asombro de los dos. Entraron pronto, eran cerca de las siete y el lugar estaba a la mitad del aforo. Con calma buscaron los baños, ambos hicieron sus necesidades para estar vacíos por si la llamada de la naturaleza aparecía en medio de la función.

    Mari se había quedado demasiado alterada con el beso del ascensor, viendo a su hijo tan guapo y luego… aquella frase. Era evidente lo que le ocurría y cuando se sentó en el inodoro lo corroboró, viendo que su ropa interior estaba relativamente húmeda.

    Con un poco de papel, limpió la zona, impidiendo que el goteo constante que tenía se convirtiera en una fuga realmente molesta, no quería que se le “rompieran las cañerías”. Su hijo tampoco andaba muy cómodo, el pene erecto le comenzaba a molestar y gracias a sacársela y vaciar su vejiga, pudo colocarla de mejor manera. Así al menos no se escaparía por debajo de su calzoncillo dejando un reguero de fluidos por su muslo.

    Se volvieron a juntar antes de entrar a la gran sala y esta vez, sin darse la mano, solamente uno al lado del otro, caminaron hasta sus butacas.

    —Una pena que no haya palomitas —bromeó Sergio una vez que encontraron sus asientos.

    —¡Calla, anda! Que si te escucha alguien van a pensar que somos unos paletos.

    —Oye, que seremos de los que mejor vestimos. —Mari miró hacia atrás comprobando que la gente vestía de manera formal, aunque tampoco de gala.

    —Me había imaginado otra cosa viniendo al teatro…

    —Ahora sí que vamos a parecer unos paletos. —rio Sergio mirando su camisa y chaqueta.

    Su madre le dio un leve golpe en el brazo a la par que le sonreía y posaba su cabeza en la butaca roja.

    —Yo creo que estás guapísimo.

    Las luces se comenzaron a apagar y los dos quedaron sumidos en una parcial oscuridad que de nuevo les proporcionaba la intimidad que les encantaba. Sergio la aprovechó y colocó su mano para sujetar la de su madre de nuevo, era su juego y les fascinaba. Siempre que tenían un momento de privacidad decidían soltar un poco de lo que tenían guardado.

    El dedo índice comenzó a acariciar la mano de su madre, recorriendo con la yema el dedo corazón, para llegar hasta el final donde una uña de color rosa la coronaba. Mari sintió un calambrazo que hizo que se tuviera que acomodar en la butaca. Pasó la mano libre por su nuca, los pelos se le habían puesto de punta y necesitaba calmarse, pero… tenía que acabar con aquello, la iba a matar.

    Un ruido sonó en el escenario y Mari con un rápido movimiento cogió la mano de su hijo, juntándolas de nuevo como hicieran tiempo atrás en su visita al cine. Sintió como Sergio se acercaba, como su cabeza estaba al ras de la suya. Estiró un poco el cuello, mientras su aliento recorría su piel y Mari cerraba los ojos sin poder retener nada.

    —Tú… —la voz sonó melosa, acaramelada. Un sonoro orgasmo explotando en su oído que culminó cuando Sergio añadió— sí que estás guapísima.

    La música comenzó y con ello la función, aunque ese momento Mari se lo perdió, ya que había girado la cabeza al escuchar aquello para que su hijo no viera como suspiraba de placer. Pasó una pierna por encima de otra, tapando su sexo del que emergía calor como de una chimenea. El roce de sus labios más íntimos la hizo sentir un escalofrío en su interior, uno que… sabía que solo una persona podría aplacar y… no era su marido.

    La duración de la función daba lo mismo. Las casi tres horas que pasaron dentro se les hicieron cortas y en ningún momento separaron sus manos, ni siquiera cuando estas empezaron a sudar.

    Cuando la luz se volvió a encender, volvieron a separarlas, también por la necesidad de usarlas para levantarse y maniobrar. Les había encantado, había sido un gran acierto venir y cada euro invertido en la entrada y en el hotel había merecido la pena. Ambos esperaron a que la sala se fuera desalojando, no tenían prisa, eran las diez de la noche y solo les quedaba cenar y… ¿Dormir?

    En las afueras del teatro no pararon de comentar la función, a Sergio le había gustado, pero Mari… estaba a otro nivel. No paró de elogiar los vestuarios, los diseños… en resumen, cada cosa que vio sobre el escenario le pareció magnifica.

    Al joven le había gustado, sin embargo, con su madre al lado, paseando con aquella vestimenta tan propicia para ella y con una cara sonriente mientas sus ojos irradiaban felicidad, eso era lo que realmente le gustaba.

    Entraron al hotel con dirección al restaurante que ya estaba lleno de huéspedes. No hizo falta separarse, esta vez no iban agarrados de la mano, aunque Raquel no estaba, la nueva recepcionista podría saber su parentesco familiar y eso era un riesgo que nunca correrían.

    Se sentaron en la misma mesa donde habían comido. El lugar se había vuelto más íntimo, más cálido. Unas cuantas luces tenues acompañaban a una melodía lenta que invitaba al cortejo, era el hotel ideal para los planes de ambos.

    Dejaron sus cosas y los dos se levantaron para comenzar con la cena. Sergio lo hizo de forma veloz, fue a por lo primero que pilló, un plato de pasta que no era muy recomendable para la cena, sin embargo, con este en la mano volvió rápido a la mesa.

    Mari también tenía prisa, la inquietaba no estar con su hijo. La llamada hacia su lado era tan potente que agarrando un plato de ensalada se encaminó con la vista fija en su mesa. Su hijo se sentó dejando la chaqueta en la silla y con la camisa que tan bien le quedaba a la vista. La mujer separó la silla de la mesa y se sentó en ella sin quitar los ojos de su hijo, estaba rompedor. Aunque ella, ahora solo con el jersey, no se quedaba atrás.

    Ambos habían vuelto de lo más rápido, no podían estar separados, sus mentes no lo concebían. Cada vez estaban más cerca y mientras pensaban qué decir, miradas y sonrisas nerviosas se intercambiaban.

    —¡Qué maravilla de espectáculo! Había oído que era bueno, pero no me esperaba tanto. —Sergio comenzó la conversación sin levantar la vista del plato.

    —Me ha encantado. —alzó el rostro para mirar a su hijo. Sergio no la correspondía— Me has hecho un favor tremendo trayéndome hasta aquí.

    —No exageres, mamá. —el joven separó los ojos de su plato y observó la perfecta belleza que tenía delante.

    —Es verdad, hijo. Necesitaba un día para mí, pasármelo bien, estar un poco fuera de casa. Aunque solamente haya sido hoy, tenía que desconectar un poco.

    —Estoy de acuerdo. —por un momento se sostuvieron la mirada y Sergio vio el momento para comentarla algo— Te veo muy bien últimamente… —no sonaba del todo bien y corrigió— me refiero psicológicamente. Con la mente no tan agotada, te das más tiempo para ti, te cuidas, piensas en ti, incluso sonríes de vez en cuando.

    —¿Solo de vez en cuando? —lanzó una sonrisa sarcástica.

    —Sí, una vez o dos al día, creo que ese es tu límite.

    Mari negó con la cabeza sin quitar la vista de su hijo. Sergio sonreía por su broma, aunque debajo de la mesa su pierna no se paraba de mover de lo inquieto que se sentía. La tripa le daba vueltas y los nervios estaban a flor de piel, sabía que la noche se acercaba.

    —Sergio, fuera de bromas. En serio lo digo… —pareció costarle sacarlo de su boca— muchas gracias. Has visto lo que necesitaba y lo has cumplido. Todavía recuerdo cuando me dijiste que tratarías de hacerme feliz, en aquel momento pensé que eran las típicas palabras que se dicen para que una esté bien, pero no era así. Durante todo este invierno me has ayudado a cambiar…

    —No creo que solo haya sido yo… —trató de parar la sinceridad de su madre.

    —Sí, cariño, fuiste tú en casi la totalidad. Cierto es que Laura también ha dado un cambio y está mucho más agradable. —pensó hablar de Dani… pero no le salía, no lo veía ADECUADO— Has cumplido lo que dijiste. Eso… te convierte en un… hombre.

    La última palabra le siguió una intensa mirada. Sergio se sintió cortocircuitado. Mientras agachaba la cabeza para alcanzar otros pocos macarrones, por su cuerpo corrían miles de sensaciones totalmente desorientadas. Aquella última palabra le había hecho imaginarse tantas cosas que no podía controlarse, su pierna bajo la intimidad de la mesa se movía frenética tratando de calmar el resto del cuerpo.

    Volvió los ojos hacia la mujer que lo miraba intensamente. Ya no era su madre, era Mari, una dama despampanante que cenaba con él en un hotel de la capital. Aquel azul tan profundo que poseía también su tía y su hermana, relampagueaba con las leves luces que los envolvían. Su cuerpo de por sí ya tembloroso, estaba al borde del colapso. Nunca se había sentido así, era algo desconocido.

    —Gracias, Mari. —llamarla mamá ya no casaba tanto— Aun así, creo que te pasas un poco. Apenas he hecho nada, hemos ido al cine y luego venido aquí, nada más. —dio un bocado a sus macarrones, mientras Mari hacia lo mismo con la ensalada— Quizá… debería haber hecho algo más.

    “¿Qué más?” quiso preguntar la mujer que buscaba la respuesta más obscena posible, se contestó a sí misma. La garganta se le había secado y trató de dar un sorbo del vino que había en la mesa, no servía para nada, seguía en las mismas.

    Sus ojos no se separaban mientras trataban de pasar la comida por sus tensas gargantas. Todos los músculos estaban agarrotados porque ese era el ambiente que respiraban, pese a lo cómodo y tranquilo del lugar, ellos estaban con los nervios que les brotaban de los poros.

    Lo poco que le miraba Sergio a los ojos, a Mari la volvía loca, sabía que aquella mirada ya no era de su hijo. Su pequeño al que había dado a luz hacía más de veinte años se había quedado en casa, este era otro ser, otro con el que le encantaba pasar tiempo de forma más privada.

    Su mirada era un pecado y bien sabia Mari que ella también le estaba mirando con los mismos ojos. Se mojó los labios buscando más humedad en su boca, la lengua le estaba pastosa y el vino parecía acrecentar la situación. Aunque necesitaba esa copa y quizá otra, pensando en lo que rondaba en su cabeza, necesitaba todo el valor del mundo.

    —Tengo que… —la mujer pensó mejor sus palabras— Debo compensar todo lo bueno que haces por mí. Has hecho mucho y yo no he hecho nada.

    Aunque Mari lo decía con otro sentido, no pudo darle más doble sentido que aquel. Sergio lo entendió de la misma forma y dejó la frase en el aire sin querer contestar nada, no podía.

    El joven dio un buen sorbo al vino, dejando únicamente un posó en el vaso. Había terminado su plato de macarrones y ya estaba lleno. En otro momento quizá hubiera podido comerse hasta un búfalo, pero ahora, tenía el estómago cerrado.

    Mari le vio dejar el tenedor encima del mantel blanco que se manchó con una leve pizca de tomate y miró a los ojos a su hijo, sabedora que el momento tan especial se acercaba. Los labios del joven se comenzaron a mover y antes de que dijera nada, Mari ya había soltado el tenedor.

    —¿Subimos?

    La mujer asintió en silencio, terminando lo poco que quedaba de su vino y recogiendo la chaqueta del asiento. Con calma ambos abandonaron el lugar en un sepulcral silencio, ninguno de los dos hablaba, ni tan siquiera se miraban, solo trataban de mantener taimados sus corazones.

    El ascensor parecía que no subía, los apenas treinta segundos que pasaron en su interior se hacían eternos. La tensión se podía ver, sentir, incluso oler, lo que aquellos dos guardaban en su cuerpo no era ni siquiera sano. El rostro de Sergio había tomado un tinte rojizo debido al calor que se cocía en su interior y Mari le iba a la par. Podría haber dicho que era debido al vino, pero estaba claro que el ardor que había en su entrepierna había inundado todo su ser.

    Por fin el elevador se detuvo en su piso, caminaron despacio por la alfombra que amortiguaba el sonido de los tacones que manaba en cada paso de Mari. La puerta al fin estaba ante sus ojos, un portal a otro mundo el cual ambos estaban dispuestos a atravesar.

    No pensaban en consecuencias lejanas, solo en el presente. Tras esa puerta, otro mundo podría hacer acto de presencia, uno de desenfreno, pasión, lujuria… era lo que querían. Las consecuencias que podrían involucrarse después, no importaban, preguntas como ¿y luego qué? No aparecían en sus mentes. En ambas cabezas solo había una imagen, para Mari, Sergio, y para Sergio, Mari.

    La tarjeta hizo su trabajo y el clic metálico abrió una puerta que más que a una habitación les llevaba a la casa de los deseos. Mari entró detrás de su hijo, cerrando la puerta tras de sí y sintiendo como la intimidad la relajaba de cierta forma, aunque no apagaba la llama que la quemaba.

    Enfrente de la cama ambos se detuvieron, para de seguido tomar rumbos distintos a cada lado de esta. Dándose la espalda, comenzaron a descalzarse. Sin querer mirarse, el uno a escasos metros notaba en su propia piel el nerviosismo que el otro portaba. En un movimiento mimético, las chaquetas de los dos fueron arrebatas de sus cuerpos, notando la mujer un leve confort al desprenderse de algo de calor.

    —Voy —dejó unos segundos para que Sergio la escuchara ¿cómo no lo iba a hacer?— a la ducha.

    —Bien.

    Una escueta palabra era mejor, dos podrían hacer trabar su lengua y demostrar todo lo raro que estaba. Mari no aguantó más, rebuscó en su maleta, cogiendo el camisón que compró exclusivamente para aquel fin de semana y con ropa interior nueva se levantó camino al baño.

    Caminó con calma, queriendo que su hijo la dijera algo, un detente y ven aquí. Sin embargo, no expresó nada, no era el momento. Dio varios pasos y llegó hasta la puerta del baño. Desde allí con unos ojos de cazadora furtiva ojeó a su pequeño quitándose la camisa de pie. Solo le dio tiempo a ver dos botones y observar como su torso juvenil salía a la luz. Su mano fue rápida y accionó la manilla que la adentraba en el baño para no perder la cordura. No era el momento…

    Suspiró profundamente delante del espejo y cerró la puerta para cierta intimidad o quizá por costumbre, aunque conscientemente no puso el pestillo, “no tiene sentido”. Mirándose en el espejo se fue desnudando, con lentitud, dándose una buena dosis de moral para encarar una noche que no sabía lo que le depararía.

    Sus turgentes pechos, su cuerpo delgado, su belleza natural y aquellos ojos que debían haber sido robados a los mismos dioses. El agua de la ducha ya corría caliente contra el plato antideslizante. No esperó mucho, quizá con ganas de que los últimos remanentes del agua tibia recorrieran su cuerpo enfriándolo, sin embargo ya era tarde.

    Sacó la cuchilla del neceser y se despidió de todo el vello que poblaba una zona donde no quería nada. Con mucha maña se deshizo de todo lo que allí nacía, dejando unos labios que se habían humedecido en exceso durante todo el día, como sus bragas, las cuales por lo que vio estaban para tirar. Al acabar, dejó la maquinilla de nuevo en su sitio, contemplando su zona más íntima como parecía volver a sus años de juventud, cuando aún el vello no había nacido.

    Dejando que el agua cayera por todo su cuerpo, alzó la cabeza para sentirlo en la cara, estaba demasiado a gusto, tanto que por poco no se percató que la manilla de la puerta se había accionado.

    Se giró de inmediato, por acto reflejo dio la espalda a la puerta y pensó en si la mampara la taparía lo suficiente. Por supuesto que no, era totalmente transparente y solo las gotas de agua y el vaho generado la taparían un poco. Sin embargo, ¿qué más daba? Al ver la figura de su hijo entrar por la puerta supo a ciencia cierta que no debía cubrirse.

    —¿Puedo, mamá? Tengo que limpiarme los dientes.

    Sergio había acumulado todo el valor que tenía para abrir la dichosa puerta, incluso permaneció un minuto delante de esta sin saber qué decir al entrar. Tenía un objetivo claro, estar enfrente del cuerpo desnudo de Mari. Escuchaba la ducha tras el trozo de madera de color blanco, mientras su mano temblorosa se acercaba a la manilla plateada.

    Tuvo que cerrar los ojos para poder pasar. Al escuchar la cerradura abrirse se le paró el corazón y de su boca sin pensarlo salió la pregunta perfecta. Esperó la respuesta, todavía sin escuchar ni una palpitación dentro de su pecho, solamente la respuesta de Mari podría ponerlo en marcha.

    —Claro, mi amor.

    Mari contestó y giró su cuello para mirar a su hijo. Estaban a algo más de dos metros de distancia y solo una fina mampara de cristal les separaba. El joven había entrado con todo su descaro, con su torso desnudo y abajo… ¡Únicamente el calzoncillo! Tapando aquella herramienta de la que habló meses atrás con Carmen.

    Se comenzó a enjabonar el cabello al tiempo que oía como su primogénito se pasaba el cepillo por los dientes. Ni siquiera dudo un momento en hacerlo y sabiendo que el espejo del lavabo la enfocaba, se dio la vuelta levemente dándole el perfil de su cuerpo. Sus manos se masajeaban el cabello mientras el champú caía por su cuerpo resbaladizo. Su piel sedosa brillaba con la mezcla de agua y la luz del interior del baño. Sergio no se lo perdió.

    Con un ojo poco discreto el muchacho miraba a través del espejo como su madre se lavaba la cabeza. No se había lavado los dientes por tanto tiempo jamás, saldrían realmente limpios, pero la espera merecía la pena. Vio cómo la mujer cogía el gel y lo vertía con tranquilidad sobre sus manos. Al menos para el joven, cuando la vio pasarse las manos por cada parte de su piel, le pareció lo más erótico que presenció en toda su vida.

    Su virilidad había estado todo el día activada, pero ahora, con su madre a un metro de distancia, desnuda y recubierta de jabón, aquello explotó en una erección megalítica. El pene rugió en el interior, consiguiendo una erección como en las grandes noches. Echó un vistazo rápido a su calzoncillo que era de licra y marcaba un paquete que no era normal.

    Volvió la vista al espejo, su madre se había girado, estaba de cara a su espalda y el joven podía observar la silueta que hubiera puesto envidiosa a la misma Afrodita. Ya no había jabón en su cuerpo, solo una piel maravillosamente bella que brillaba bajo el agua. Lástima por una única cosa, que tanto madre como hijo se percataron.

    El agua caliente había convertido el baño en una sauna de vapor, el espejo se había empañado lo suficiente para que la imagen se emborronase y la mampara corría la misma suerte. Mari sabía que aun así, Sergio la seguía mirando, ella veía su espalda con su trasero marcado tras los calzoncillos, pero estaba claro que los ojos de su hijo querían ver más.

    Queriendo por primera vez ser gustada, pasó sus manos desde su cintura, subiendo lentamente hasta sus costillas y después debajo de sus senos. El volumen de sus pechos no la cabía en las manos, aun así las apretó, saliendo el exceso de carne entre los dedos, sin quitar la vista del joven.

    Sergio se mantenía quieto, sin ni siquiera limpiarse los dientes, Mari sabía que estaba mirando y pensó que quizá era el “momento”. Sin embargo, el joven pareció volver en sí y se enjuagó la boca para después decir.

    —Ya está, Mari, no quería molestar. Voy a la cama.

    Que sugerente para la mente de la dama, “voy a la cama”. Le hubiera gustado más escuchar un “te espero en cama” o “no tardes en venir a la cama” o… “Te voy a follar en la cama”. Suspiró en un volumen más que notable con este último pensamiento, algo que no pasó desapercibido para su hijo.

    —¿Qué? —le dijo al escuchar ese leve ruido ya en la puerta.

    —No, nada, ¿solo que podrías pasarme la toalla?

    El joven se dio la vuelta, cogió la toalla de color blanco que había en el retrete y elevó la cabeza. Su madre sacaba la testa mojada por la mampara mientras el dichoso cristal ocultaba lo demás.

    La delgada mano de Mari abrió todos sus dedos y cogió la mullida toalla que Sergio le daba, para después quedarse inmóvil por un breve segundo, mirando lo que se le ofrecía. Al quitar la toalla lo siguiente que vio la mujer era la entrepierna de su hijo. En un principio ella lo había hecho para picar al joven, para que se encendiera aún más, pero por buena o mala suerte, iba a acabar siendo al revés.

    Cuando retiró la toalla, detrás se alzaba el coloso. El pene de Sergio estaba metido como una morcilla de burgos envasada al vacío en aquel calzoncillo. Se veía inmenso, grande, gordo… desde donde nacía, su herramienta recorría el muslo hasta el límite de la prenda, donde Mari rezó por que algo se viera.

    Obviamente no iba a salir en tal preciso momento, como sus pezones tampoco se pegaron al cristal para que el joven los viera. Solo fue un instante, un segundo en el que fueron sabedores de lo que iba a pasar.

    —Sergio, no molestas. Ahora voy a la cama. No tardo.

    El joven se dio la vuelta, saliendo por la puerta con una erección que incluso empezaba a ser dolorosa. Mari en cambio, se quedó secándose dentro de la ducha, sobre todo el exceso de líquidos que manaban de su entrepierna. Había salido de su escondrijo y ya notaba como en sus muslos alguna gota traviesa quería comenzar el viaje.

    CONTINUARÁ

    —————–

    En mi perfil tenéis mi Twitter para que podáis seguirme y tener más información.

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • En mi ruta de Mountain Bike

    En mi ruta de Mountain Bike

    Me gusta practicar deporte y especialmente Mountain Bike. Actividad que desarrollo durante los últimos doce años. 

    Empecé por casualidad, recuerdo que en el momento que comencé necesitaba una actividad para despejar mi mente. Estaba sometido a gran presión por mi trabajo. Después de años de experiencia y de dirigir delegaciones y departamentos, decidí dar el salto y cree mi propia empresa (estaba hasta los cojones de trabajar para los demás…), comenzando yo solo y a los seis meses incorporé un equipo. Equipo de mujeres en su mayoría (Es una actividad de alta cualificación y que generalmente atrae a más mujeres que a hombres desde la universidad y en el desempeño posterior). Nos cambiamos de oficina, estábamos creciendo. Aquí comenzó a hacerse todo más complejo: la búsqueda de nueva oficina más grande, búsqueda de proveedores, materiales de oficina, incorporación de alguna persona más, etc. Asimismo, la relaciones internas con el equipo se hicieron más complejas al ser mayor éste.

    Total, que llevaba al menos un año con un nivel de presión y estrés muy alto.

    Como no conocía el mundo de las Mountain Bike, un día me fui al Decathlon en un gran centro comercial y después de mirar un poco me compré una de las mejores que tenían (para los que conozcan ese mundo, sabrán que allí tampoco hay maravillas…). Recuerdo que un hombre que estaba también viendo bicis al ver mi rapidez y decisión al comprar una de las mejores, me comentó que, se ve que no tienes problemas de dinero (me llamó la atención y se me quedó grabado a la vez que pensaba, pero si a este señor no lo conozco de nada…).

    Desde entonces hasta hoy, soy asiduo y suelo realizar, al menos, tres salidas cada semana.

    He de reconocer que me encanta y además de mantenerme en forma, me despeja y airea la mente. De hecho, dadas las obligaciones familiares y laborales, diría que en esos momentos es cuando soy realmente yo. Fundido con el entorno mientras pedaleo y conectando con la parte más olvidada de mí mismo.

    Una de mis rutas preferidas y que me conozco al dedillo es una famosa ruta de mi ciudad que está en la montaña y muy cerca la misma. Atravieso la ciudad y me pongo allí rápidamente.

    No suelo ser de los que salen en grupo. Me gusta ir a mi aire y sin depender de los demás. Como dice un colega de profesión soy un “lobo solitario”.

    Es una ruta en la que se comparte camino con runners y otros ciclistas.

    Durante el recorrido, que suele ser a velocidad alta, puedo apreciar a las personas con las que me cruzo e incluso imaginarme un poco quiénes y cómo son. Solo hay que ser un poco observador durante el breve instante del cruzamiento o avistamiento. Igualmente, algunos que somos habituales ya nos conocemos de “vista”.

    Especialmente, me llaman la atención las mujeres y las chicas más jóvenes. Algunas con atuendos deportivos realmente sugerentes y otras más casual.

    Es habitual que suelan llevar prendas ajustadas, tanto si son runners como si van en bici. Maillots muy ajustados y culottes, también, totalmente ajustados.

    Es un espectáculo visual. Incluso diría que, alguna puede ir a buscar algo más que realizar una actividad deportiva. Recuerdo que vi, hace un mes, a una chica de unos 19 años, aproximadamente, con un culotte claro tan ajustado que se le marcaban totalmente los labios externos de su vagina. Recuerdo que cuando la vi, pensé, coño si esa chica no lleva bragas, y tuve que hacer un esfuerzo para no darme un trastazo con la bici.

    Precisamente esta semana, todavía apurando los últimos días de vacaciones, realizando una de mis salidas en esta ruta, que suelen ser por la mañana, temprano, y cuando el sol (si lo hay) es suave, me cruce con una runner, o en este caso diría que era más una paseante, porque no corría, iba caminando.

    Era una chica de unos 22 años, piel clara, cabello ligeramente ondulado (por debajo de los hombros), ojos claros, esbelta, 1,70 de estatura, aproximadamente.

    Sobre todo, me llamó la atención que vestía con una falda de tubo, un palmo por debajo de la rodilla y con apertura lateral. Con camiseta blanca ceñida, pero no excesivamente. Era un atuendo muy de ciudad para estar caminando por esta ruta.

    Como es habitual, yo con mi casco, gafas (en este caso transparentes porque estaba nublado), maillot (un poco llamativo…) y culotte, y por supuesto la bici.

    Cuando la vi, primero a unos veinte metros de distancia, me llamó la atención, tanto por su silueta como por su vestimenta. La miré a los ojos y sostuve la mirada cuando estuvimos uno a la altura del otro. Para mi sorpresa, ella también me miró fijamente a los ojos (con una mirada que transmitía curiosidad) y mientras andaba y yo pedaleaba sostuvimos nuestras miradas unos dos o tres segundos, hasta que pasé de largo y la dejé atrás.

    Pensé, que chica tan guapa, si podría ser mi hija… Era realmente guapa y tenía una mirada cándida como angelical. Por eso me sorprendió su arrojo al mantener la mirada fija en mí. Esto no suele ser habitual. Las miradas (en este tipo de situaciones), si se dan, a menudo suelen ser fugaces, evitando el compromiso que pueden llegar a implicar si se mantienen.

    Llegué a mi casa, me duché, desayuné (suelo salir sin comer nada y en mitad de la ruta como una fruta y una barrita energética) y abrí el ordenador para responder algunos mails y estar al tanto de novedades/incidencias del trabajo. En este caso no tuve que hacer ninguna llamada telefónica. Aunque estaba apurando los últimos días de vacaciones, siempre tengo que estar conectado por lo que pueda pasar.

    El resto del día lo pasé haciendo las cosas habituales en estos días de ciudad y habiendo dejado atrás los días de playa y sol: comer con la familia, ver alguna serie de Netflix o HBO (es decir permitiéndome el gusto de holgazanear…) que son las aplicaciones que suelo utilizar, hacer la compra de la semana (es el día de la semana que suelo realizarla), leer y releer algún libro, etc.

    A la vez que hacía estas cosas no dejaba de pensar en la chica de la falda de tubo con la que me había cruzado por la mañana. Pensaba si me la volvería a encontrar a la mañana siguiente en mi ruta mañanera. Pensaba, Nando no sé porque piensas en esa chica si no la volverás a ver y además podrías ser su padre… Estás hecho un viejo verde… He de reconocer que estaba inquieto y excitado.

    Al día siguiente, me levanto temprano, preparo la bici, la limpio, la engraso y me preparo para salir.

    Aunque temprano, es una mañana soleada (abro en la aplicación del tiempo del móvil y observo que será un día caluroso y con sol toda la mañana) por lo que decido utilizar las gafas oscuras.

    Salgo y atravieso la ciudad. A estas horas suele haber poco tráfico y más en estos días. Al rato llego a la ruta en la montaña. Como es habitual poca gente ya que es temprano.

    Pienso, si la veo como la voy a reconocer… Para mi sorpresa, en mitad de la ruta y yendo a una velocidad rápida veo una silueta de espaldas que era idéntica a la del día anterior, falda de tubo (gris) y camiseta blanca. Lástima, no la puedo ver de frente.

    Paso por su lado y aprovecho para realizar una breve mirada hacia mi derecha. Aunque ya lo sabía por la ropa, pienso, si es ella. Pero ella no puede verme. Quizás sí. Me ha visto pero una vez que estoy por delante de ella y por mi espalda (también yo llevo el mismo maillot y culotte que el día anterior).

    Continúo unos diez kilómetros, pensando en ella, avanzando en la ruta, con buena temperatura, bastante polvo por el calor (a pesar de ser temprano) y la tierra al levantarse a mi paso.

    Decido pararme y aprovechar para beber agua de una fuente, hasta que me sacio totalmente como si hubiera realizado una travesía en el desierto. Me siento y saco mi pieza de fruta mirando el paisaje y saboreando el momento y a continuación me como la barrita energética. Ya vuelvo a estar como nuevo y reanudo, volviendo a la ruta sobre el camino andado.

    A la media hora de ruta, y saliendo de una curva diviso a unos veinte metros a la chica con falda de tubo. Ya de frente. Mi corazón se acelera y siento como la sangre palpita en mi sien bajo el casco. En ese momento pienso muy aceleradamente, sobre lo que voy a hacer, ¿paso de largo, la miro y no le digo nada o me paro y le digo algo? No sé qué hacer.

    Cuando estoy muy cerca de ella, a unos diez metros. Decido que la miraré y seguiré mi camino, total si puedo ser su padre…

    Cuando llego a unos dos metros de ella, de repente me da un impulso alocado y freno la rueda trasera, con un frenazo seco y que hace que ésta se arrastre inmóvil por el camino, con un ruido intenso y levantando gran cantidad de polvo. El frenazo me detiene a su altura, a su lado.

    Veo sus ojos abiertos de par en par con una mirada de sorpresa y cara de susto.

    A la vez, inmóvil como estoy y fruto del nerviosismo de la situación, que yo mismo he provocado. Me caigo hacia un lado como un peso muerto (como en cámara lenta). Llevo las zapatillas ajustadas a las calas de los pedales e intento quitármelas para poner pie en tierra, no puedo. Tengo una caída suave pero aparatosa. Quedo totalmente tumbado y con los pies ajustados en sus calas.

    Pienso, la he cagado. Se va a pensar que estoy loco o que soy un viejo verde violador…

    Tal como estaba aprovecho para sacar los pies de las calas e intento reincorporarme como puedo, lleno de polvo y con una rozadura en la rodilla derecha, con la que he amortiguado mi caída.

    Mientras intento reincorporarme, ella se dirige hacia mí, agachándose e intentando ayudarme a levantarme. Me coge de un brazo y me ayuda, hasta que estoy de pie.

    Ella: ¿Se encuentra bien?

    Yo: Sí estoy bien, no te preocupes, ha sido una caída tonta, sin importancia. No sabía qué decir.

    Ella: Silencio y mirándome a los ojos y con cara de sorpresa y curiosidad.

    Yo: Te pido disculpas, no sé qué me ha pasado, he dado sin darme cuenta al freno y veo que te he asustado, para colmo me he caigo como si fuese un novato con la bici…

    Ella: No se preocupe, lo importante es que esté bien (con cara de niña buena y una sonrisilla). Ha sido una buena ostia…, dice.

    Yo: No, ha sido poca cosa. En alguna ocasión la he tenido bastante más fuerte. Si yo te contará alguna de las caídas que he tenido…

    El sitio dónde habíamos coincidido y se había producido mi “fatal” frenazo y caída, era una breve recta en el camino, entre dos curvas, y al lado nuestro (mi izquierda y su derecha) había como una explanada o recodo, recubierta de árboles. El sitio perfecto dónde poder hacer una meada u otra urgencia, ante un apretón puntual. Allí, también había un tronco grande y grueso, como caído de los árboles de los alrededores y que estaba sin ramas, seco y bastante pelado (supongo que por el paso de los años).

    Ella: Si quiere vamos allí y se sienta, mientras se recupera (indicando hacia el tronco horizontal en el suelo).

    Yo: Si, es buena idea, gracias. Por cierto me llamo Fernando, Nando para los amigos.

    Ella: Yo soy Martina. Tina, para los amigos (con cierta sonrisilla).

    Yo: Tina, ¡pero llámame de tú!, que tampoco soy tan mayor… (yo pensando, si podría ser mi hija…).

    Tina: ¿Le, bueno…te duele mucho?

    Y mientras decía esto, me miró fugazmente, de pasada, mi paquete. Con el culotte y su esponja protectora interior, el tamaño del paquete se hace considerablemente grande y más si lo que esconde también lo es.

    Yo: La rodilla y la cadera, algo, pero se va pasando y más aquí sentado contigo.

    Ahora que, a su lado, podía verla con todo detalle: su piel es clara, como si no hubiera tomado el sol durante el verano, sus ojos grises, su nariz alargada y recta, su labio superior fino (como a mí me gustan. Me vuelven locos los labios finos. Generalmente-por mi experiencia- suelen indicar que la persona es introvertida/reservada, con carácter y determinación. Incluso con un punto de mala leche) y el inferior normal. Sus tetas, bajo su camiseta blanca, son más bien pequeñas con los pezones sobresaliendo bajo el algodón y de modo desafiante (como buscándome). Sus piernas, también de piel clara, se aprecian por la apertura lateral de su falda y que sube un palmo por encima de la rodilla, son esbeltas y bien definidas, como si practicase mucho deporte (será por gimnasio, seguramente, sino serían más morenas).

    Yo: Y cuéntame Tina ¿qué haces sola caminando por esta ruta? Ayer, te vi y también ibas sola.

    Tina: Si, yo también te vi (con media sonrisa y desviando la mirada para, pasando por mi paquete, dirigirse hacia el suelo). Hemos venido una semana de vacaciones, con mis padres. Estamos alojados en el hotel X. Está muy cerca de aquí, como escondido en la montaña.

    Yo: Si, lo conozco, en estado en alguna convención de empresa. Es un hotel de lujo. Estaréis de fábula en él.

    Tina: Si es muy bonito y tiene de todo, pero está un poco alejado de la ciudad y como he venido con mis padres. Aquí no conozco a nadie. Por eso, aprovecho por las mañanas para pasear por aquí. En la recepción del hotel me han comentado que este camino suele ser muy frecuentado por deportistas y que está muy bien para caminar y ver, desde aquí, toda la ciudad. Pues te has pegado una buena leche… ¿Te duele aquí?

    Diciéndome esto alarga su mano como si fuese un pajarillo volando y la sitúa en mi rodilla derecha que está ligeramente rozada por la caída, para indicarme el lugar.

    Yo: Algo, pero no mucho y menos ahora.

    En este momento, mi polla crece dentro de mi culotte, haciendo que mi paquete sobresalga más que antes. Ella, mantiene su mano en la rodilla y desplaza, otra vez, la mirada desde mi rodilla, hacia mis ojos. En el camino, su mirada se para un segundo en mi paquete, segundo en el que sus ojos se abren más.

    Me dejo llevar por un calentón repentino y alargo mi mano derecha hacia su pierna, sin decir nada y mirándola a los ojos. Observando su reacción. Siempre estoy a tiempo de retirarla (pienso). Ella no dice nada, me mira a los ojos muy intensamente. Veo que las aletas de su nariz se abren más, como si quisiera tomar más aire.

    Desplazo la falda, por la parte de su apertura derecha, y la subo por encima de su pierna, dejándola al descubierto un palmo por debajo de las inglés. Qué belleza de pierna, esbelta, torneada, suave. Desplazo mi mano por su pierna hasta llegar a sus braguitas blancas. Toco, por encima de las mismas, su vagina suavemente con los cuatro dedos de la mano, con suaves movimientos hacia arriba y abajo, tanto verticales como giratorios. Está depilada, por la suavidad del desplazamiento. Introduzco mis dedos índice y anular dentro de su coño. Conforme los introduzco se va empapando y cierra los ojos. Sigo con mis movimientos. Sus piernas se abren y se cierran. Abre los ojos y mira hacia el camino (la ruta de arena). Está nerviosa.

    Tina: Nando, vamos hacia allí (señalando a los árboles del fondo) que aquí nos puede ver alguien.

    No digo nada, simplemente me levanto junto a ella, cojo mi bici y la sigo.

    Llegamos a los árboles, totalmente alejados del camino y de las vista de ciclistas y runners.

    Nos introducimos un poco más hacia dentro, dónde no nos da la luz directa del sol, ya que estamos resguardados por los árboles. Dejo caer mi bici (o casi la tiro…).

    Cojo a Tina por la cintura, la acerco hacia mí, noto la presión de mi polla sobre su monte de venus. Le doy un beso profundo. Ella me besa, a su vez, profundamente. Nuestras lenguas se frotan y entrelazan con fuerza. Toco con la punta de mi lengua las encías internas de sus dientes y la desplazo para abarcarlas, para volver a chupar su deliciosa lengua. Ella succiona la mía y yo la suya. A la vez con mis manos agarro fuerte su culo, lo aprieto y masajeo. Ella, dirige su mano hacia mi polla, por encima del culotte, la palpa y luego la introduce dentro, tocándola suavemente, primero y con presión, después. Coge mi polla con su mano, cerrándola aunque le queda ligeramente abierta, y comienza a realizar un movimiento de arriba abajo, con ritmo lento. Yo a su vez desplazo mi mano derecha, mientras mi izquierda continúa en su culo, hacia su teta derecha. Se la toco y masajeo en movimientos circulares. Como intuía, no es grande, pero está muy bien, su pezón es duro como una piedra y está erecto. Realizo movimientos circulares en su pezón con mis dedos a pulgar e índice. Su pezón, está todavía más duro. Tiene los ojos cerrados y se arquea ligeramente hacia atrás, mientras sigue pajeándome suavemente.

    Tina: Nando, me estás poniendo como una moto. Me encanta tu polla. Quiero que me folles, ¡ya!

    Vaya, con Tina, si que es lanzada (pienso).

    Yo: Tina, te voy a follar como nunca te han follado.

    Diciéndole esto, le subo la camiseta por encima de sus brazos y retiro su falta por los pies. Está en braguitas y se las bajo también por los pies. Totalmente depilada, con la piel clara y esos ojos grises y sus pezones apuntándome agresivamente, parecía una diosa griega, de mármol.

    Ella me retira el maillot, abriendo la cremallera y sacándomelo por los brazos. Me baja los tirantes de los hombros y baja el culotte por los pies, hasta que también estoy desnudo (cuando voy en bici nunca llevo calzoncillos).

    Me mira fijamente mi polla y se pasa la lengua por los labios. Relamiéndose.

    Tina: Nando, para tu edad estás muy bien. Vaya pollón que tienes.

    Mi polla está totalmente erecta, en dirección a mi ombligo.

    Tina: Antes de follar quiero conocerla más.

    Me vuelve a coger la polla con su mano derecha. Acaricia con el pulgar y el índice mi glande con suaves movimientos y como dando cuerda a un reloj. Me realiza suaves masajes con su pulgar sobre la punta de mi capullo. Se agacha y se la introduce entera en la boca, hasta la campanilla. Agarro con mis dos manos su cabeza. Ella succiona mi polla con su boca. Deja caer su saliva y la devora. Sus movimientos empiezan a ser fuertes y de subida y bajada, mientras la acompaño con mis manos.

    Yo: ¡Para Tina, que como sigas voy a llegar!

    Levanta su mirada de mi polla y me mira a los ojos.

    Tina: Pueghh, vamos a follar que la quiero toda dentro (con voz glotona y atragantada).

    Vaya con Tina, no tiene pelos en la lengua (y nunca mejor dicho).

    La tumbo en el suelo poniendo su falda debajo (para que no le pinchasen los restos de sotobosque). Cojo un preservativo de mi pequeña caja de herramientas de bici-una cámara de repuesto, una bomba de aire, un tronchacadenas y un preservativo- (hay que ser precavido…). Me lo pongo con rapidez, y sin decir más, le meto la polla en su coño con un movimiento profundo, seco y fuerte. Sus ojos abiertos como platos y con las piernas totalmente abiertas en V (al máximo), realiza un fuerte suspiro. Aaagghhh.

    Tina: ¡Métemela toda! Paaapiii (con voz desenfrenada y alargada).

    Lo de Papi me pone aún más y comienzo con unos movimientos frenéticos y con toda la fuerza que puedo. El interior de su coño, húmedo y humeante. Realizo unas cuantas envestidas con furia e ímpetu. Ella me acompaña empujando hacia arriba y gimiendo: Ahh, así, así, más, más… Se arquea totalmente como poseída, por encima del suelo y se corre con pequeños espasmos continuados de su cuerpo. Ah, Aaggh. Su corrida y espasmos me estimulan y sigo penetrándola con fuertes embestidas, sin querer que frene sus espasmos.

    Tina: Sí, sí, sí, así, así, así. Aah

    Yo: ¿te gusta?

    Tina: Sí, me encanta. Dame más.

    Yo que estoy al máximo, realizó un último empujón y me meto un pollazo tremendo con el que me corro también.

    Tina: Aaag. Si, si, si… Ah

    Tiene otra corrida brutal, ésta a la vez que yo.

    Nos quedamos uno encima del otro, tranquilos, relajados. Acerco mi cabeza a su teta derecha. Oigo el palpitar de su corazón. Pom, pom… pom, pom… pom, pom…

    Ella está callada y con ligeros suspiros. Más ligera.

    Estamos así un rato callados y disfrutando del instante. Oyendo los pájaros y el ruido de fondo de alguna bici que pasa a toda pastilla.

    Tina: Nando, ¡cómo follas!…y ¡has aguantado eh! (con un tono de picardía).

    Yo: Pues tu no quedas corta, pensaba que tenías menos experiencia. Tienes pinta de angelito, pero ¡eres una tigresa…

    Tina: Jajaja. (con una risa abierta, franca y libre).

    Comenzamos a vestirnos y a quitarnos los restos de ramitas del suelo y arena.

    Salimos del interior de los árboles, acercándonos a la explanada.

    Yo: Tina, ¿Mañana nos volvemos a ver por aquí? Me encantaría…

    Tina: A mi también, pero no lo sé. Nos quedan dos días en la ciudad y no sé que planes tienen mis padres. Si puedo estaré por aquí hacia la misma hora.

    Yo: Por cierto Tina, ayer cuando te vi me llamaste la atención, además de preciosa estás muy buena y me miraste al igual que yo, pero no me hacía muchas esperanzas, porque, sinceramente, pensaba, y sigo pensando que podrías ser mi hija. ¿Por qué te has fijado en mí?

    Tina: Nando, a mí me gustan maduros… Los chicos de mi edad son gilipollas y sólo piensan en ellos. Por eso antes te he llamado Papi y además estás muy bueno, por eso me he fijado en ti.

    Al día siguiente nos volvimos a ver y también su último día de vacaciones en la ciudad y lo celebramos de forma apoteósica en nuestra ruta. Me hubiera gustado estar más con ella, pero tanto por mí como por ella, no fue posible.

  • La puta que me amó (Último capítulo)

    La puta que me amó (Último capítulo)

    En el primer capítulo de este relato os he contado en qué circunstancias y cómo conocí a la bella Karina. En el segundo les relato que tan bella es esta chica y como yo me convierto en un usual cliente para ella. En el tercer capítulo nuestra relación cambia y nos volvemos en una especie de amigos con beneficios y donde Karina me acerca más a su intimidad sexual y humana pues, aunque el origen de haberla conocido se reduce a eso y desde un principio tuvimos sexo, su intimidad en el sexo fue un proceso para realmente descubrirla. En este último capítulo os contaré cómo nuestra relación llega a su final y cómo nace el título de este relato.

    Por esos días que Karina me pidió fuéramos amigos y que no volviera a pagarle por sexo, tuvimos muchos encuentros sexuales donde muchas noches me quedé a dormir en su apartamento. Como con cualquier amiga, salíamos de vez en cuando a comer o tomar unos tragos en algún bar de los alrededores. El sexo con ella siempre fue intenso pues no puedo recordar una ocasión donde tuvimos sexo breve o como le llaman algunos por ahí: un “rapidín” o como se dice en el idioma inglés: “a quickie”. El sexo con Karina no podía ser así, pues cualquiera quisiera tener el tiempo para acariciar la piel de esta hermosa mujer y es por eso de que esas primeras horas que pagué $400.00 por cada una de ellas me parecían tan cortas. Siempre quería más, especialmente que un principio me negaba sus besos y no tenía el privilegio de hacerle sexo oral.

    En esa faceta de amigos con beneficios noté un enorme acercamiento de Karina y las llamadas telefónicas eran una constante después de las seis de la tarde. Le dedicaba un par de horas regularmente entre semana donde la visitaba uno o dos días y verdaderamente no iba mas seguido, pues siempre pensé que debería darle tiempo para que atendiera a sus clientes y que también yo tenía otras conquistas que hacer o complacer algunas otras chicas en mi orbita. Comenzaron a aparecer los regalos los cuales al principio fueron cosas simples como una camisa o corbata, pero un día me regaló un brazalete de oro, el cual dudé en aceptarlo, pero no lo rechacé por no arruinar el momento. Al igual yo comencé a corresponderle con regalos, algunos más caros que lo que pagaba por una hora de sexo. En cierta ocasión le regalé más de $500.00 en solo ropa interior y una vez que la acompañé a una tienda departamental le compré un vestido que me costó alrededor de $800.00. Pensé que de alguna manera todo se compensaba entre sí, pues tenía el privilegio de follármela el tiempo que yo quisiera cuando llegaba a su apartamento.

    Lo que de alguna manera me incomodaba, era ese acercamiento a su círculo de amigos y familiares. Cuando se graduó de la universidad, conocí a sus padres y hermanas y fui presentado como un buen amigo. La verdad que Karina me sorprendía, pues eso de la universidad y que sus padres eran gente culta resultó ser cierto. En ese evento de su graduación que se llevó acabo en un restaurante que ofrecen salas privadas, ahí conocí a sus primos y tíos y, quienes todos ostentaban títulos universitarios. Podría decir que Karina venía de buena familia y me surgía aquel pensamiento del: ¿Por qué?

    Ella parecía que quería también ser parte de mi círculo social y aunque nunca me lo reprochó por no concederle ese espacio, siempre me preguntaba por mis hermanas y mi hijo. Tuvo que haber visto mi tarjeta de identificación para conocer que esa semana estaría de cumpleaños y me lo preguntó:

    -¿Qué vas a hacer este jueves que vas estar de cumpleaños?

    -Lo más probable que mis hermanas me prepararán alguna cena o me invitarán a algún restaurante para celebrar. No importa que día de la semana sea, ese día siempre se celebran los cumpleaños en nuestra familia.

    -Ah… pensé que podríamos pasarla juntos.

    -No… creo que ese día no podría llegar.

    -¿Qué te parece el siguiente día? Te tengo una sorpresa.

    -El siguiente día me parece bien y gracias de antemano por la sorpresa.

    -Por lo que te voy a dar no me tienes que agradecer… por eso no debes dar gracias.

    En su momento no lo entendí y esa tarde después de salir de mi oficina nos encontramos con Karina en un restaurante. Estábamos a mediados de la primavera y esta linda mujer llevaba una minifalda color celeste, una blusa del mismo color con un chaleco negro de esos de tela de mezclilla. Se miraba juvenil usando sus lentes oscuros y sus sandalias de cuero que por más está en decir que esta hermosa mujer era el foco de atención como siempre había sido. Estaba feliz, se miraba feliz pues esa misma semana había recibido la carta donde era admitida a la escuela de medicina de esa prestigiosa universidad de donde meses antes se había graduado en biología. Departimos en el restaurante por alrededor de hora y media y donde me extendió una pequeña caja de regalo, de donde saqué un bonito reloj con mi nombre engravado en el brazalete. Le dije.

    -Por esto dices que no debo dar gracias… ¡Pues gracias, Karina! No tuviste que haberte molestado.

    -¡Molestia! No mi querido amigo, pero esa no es la sorpresa, la sorpresa la encontraras más tarde en mi cama. -Me decía con una sonrisa coqueta.

    Pensé que se trataba de alguna ropa interior que me iba a modelar como preámbulo al sexo y eso me comenzó a encender pues es difícil no hacerlo cuando tienes un monumento de mujer como lo es la bella Karina. Terminamos de comer y nos fuimos ansiosos a su apartamento. Tenía una botella de champagne bien decorada en su comedor, donde se miraba un pequeño letrero deseándome un feliz cumpleaños. Destapó la botella e hicimos tiempo para hacer la digestión. Me habló de su aceptación a la escuela de medicina y por un momento pensé que esa era la sorpresa, pero poco a poco se me fue acercando y comenzó con su juego seductor donde ahora comenzaban con sus apasionados besos, los cuales se prolongaban por minutos enredados con nuestras lenguas.

    En esta ocasión ella me llevó a esa habitación donde habíamos tenido sexo por primera vez y ahí estaba el mismo tocador donde le dejaba los $400.00 por una hora de sexo. Comenzó desvistiéndome mientras con sus pequeñas manos masajeaba mis espaldas y glúteos. Esta chica siempre me excitó tanto que desde antes del preámbulo mi verga comenzaba a gotear y fácilmente mojaba mi ropa interior. Ella lo notó cuando me bajó el bóxer, ya estaba húmedo. Solo vestía esa blusa celeste con su minifalda y ella no se desvistió y comenzó con un directo sexo oral. Yo estaba de pie y ella sentada a la orilla de la cama e hizo su precioso cabello largo de un lado y podía ver cómo me hacía una rica felación. Siempre me gustaron esas cejas espesas y bien recortadas, sus pestañas onduladas con ese delineador que resaltaban sus dos lindos ojos oscuros. Sus labios regularmente con un brillo incolore, este día tenían una tonalidad más rojizos y seductores. Debía de ser un pintalabios especial, pues nunca me dejó alguna mancha.

    Karina para este tiempo me conocía tan bien mi conducta sexual, que presintiendo que sí continuaba con la felación me haría tocar el cielo, interrumpió la acción y me pidió que la desvistiera. Pensé que de eso se trataba la sorpresa, de alguna prenda íntima que estaría estrenando para mí. Le quité su blusa celeste para descubrir un brasier del mismo color el cual también removí y donde primeramente comencé a mamarle las tetas a esta linda mujer. Tenía una areola oscura y pezones puntiagudos que siempre me incitaron a chuparlos. Eso le encantaba a Karina, que le chupara a morir esos pezones. Luego desabotoné su minifalda, bajé un pequeño cierre y llevaba también un tanga celeste, cuyo hilo trasero desaparecía entre los preciosos glúteos de esta hermosa mujer.

    Después de mamar a morir sus dos hermosas tetas, bajé poco a poco a su abdomen, le besaba sus encajes y sus entrepiernas dejado por último ese manjar delicioso de esta linda mujer: esa pequeña conchita que, hasta el día de hoy, siento llegar su rico aroma. Quizá iba por mi quinto minuto mamando delicadamente esa conchita y quizá Karina sintiendo que se acercaba su orgasmo interrumpió la faena diciéndome: -Quiero que me des de perrito… Tony, esa es tu sorpresa.

    Por un momento no entendía lo que ella llamaba sorpresa, pues follármela de perrito lo había hecho en muchas ocasiones. No dije nada y comencé a asomarle mi falo en esa posición a la entrada de su vagina y la penetré delicadamente, pues como me decía esta mujer anteriormente, en esa posición la penetración de mi falo se la hacía incomoda al principio. Ella dejó que la penetrara y dejó que le diera ese vaivén semi lento, pero luego ella me volvía a decir:

    -Tony, esa no es la sorpresa… piensa: ¿Qué me has pedido siempre?

    -Cogerme tu culo. -le había respondido.

    -Pues bien, hoy te lo quiero dar.

    No dije nada después de eso y a esta mujer nunca le había insertado ni el primer falange de alguno de mis dedos y solo me había limitado en sobarle el ojete sin hacerle mucha presión. El ojete de Karina se miraba apretado, si su vagina siempre me pareció que le aplicaba mucha presión a mi falo, ahora imaginaba cómo este hermoso culo se sentiría al penetrarlo. Tenía un culo precioso y en varias ocasiones me lo había comido y chupado ese ojete y esta noche que se me presentaba como una real sorpresa, comencé con besos en sus nalgas hasta que poco a poco llegaba a besar su culo. Sé que a Karina le gustaba este accionar, ya antes le había provocado algunos orgasmos con solo chupar su ojete. Solo gimió cuando volvía a sentir mi lengua en su culo. Creo que sentir y verme comiéndome su culo por ese espejo lateral de su cama, elevaba en demasía su excitación que en segundos su conchita dejaba caer esos hilos espesos de sus jugos vaginales.

    Quería que fuese una experiencia rica e inolvidable para ambos, así que me tomé el tiempo preparando la invasión a su rico trasero. Con mi pulgar apretaba ese ojete que se sentía bien apretado y poco a poco se lo había abierto hasta la mitad de la primera falange. Se lo mantenía y se lo rotaba y por un momento dudé que mi verga se introdujera en tan reducido canal sin causarle daño. Pensé por un momento no hacérselo y créanme que me dolía hasta los huevos en pensar en ello, pero fue la misma Karina quien me incitó a proseguir cuando me dijo: -Tony, quiero ser tuya completamente, quiero sentir tu verga en mi trasero.

    Creo que Karina estaba tan excitada con todo ese preámbulo, y cuando le acerqué mi falo, ella misma se abrió las nalgas y me dejaba ver libremente ese culo para ser penetrado. Me tomó del falo y se lo paseaba por alrededor de su culo y solo decía: ¡Qué rico… qué rico se siente! -Comencé a empujarlo y el ojete de Karina se negaba a ser penetrado, pero de tanto insistir, pude sentir cómo ese anillo precioso me lo atrapó y se lo dejé así sin moverlo por varios segundos. Ella me dijo:

    -Con cuidado Tony, que sí me duele.

    -¿Quieres que te la saque?

    -No… Te parecerá absurdo: Me duele, pero que rico se siente a la vez.

    Se la fui metiendo centímetro a centímetro y ya cuando llegaba para que chocaran sus nalgas contra mi pelvis, ella comenzó a gemir profusamente y sus brazos se doblaron y sentía como su intestino se contraía con un temblor que nunca había sentido en mujer alguna hasta ese momento. Se estaba corriendo y es la primera vez que veo que Karina se masturba su conchita, pues creo le era incomprensible entender cómo y dónde sentía el orgasmo. Cuando comencé con mis embestidas ella solo gemía más y miraba como sus labios se fruncían, cerraba los ojos y supe que su orgasmo era fuerte y eso me dio la libertad de acelerar mi embestida y con todo aquello, sintiendo la vibración de su culo, como gemía y como se miraba su rostro de placer en ese espejo no pude más y me corrí en su culo.

    Por esos días mi verga no se ponía flácida tan pronto me corría, esta se mantenía dura y luego descubrí que no tiene que ver la edad, sino el nivel de excitación que tienes en el momento, pues ya a mi edad de 54 años, hay veces que mi verga no se pone flácida después de acabar y darme un baño. Recuerdo una experiencia que tuve hace poco con una chica joven, quien pensó tomaba viagra porque mi verga se mantenía erecta después de dejarle ir un polvo. Ese día con Karina mantuve mi verga parada por varios minutos porque sentía tan rico el calor de su culo y como vibraba interiormente. Ella me lo preguntó:

    -¿Ya acabaste verdad?

    -Si… no lo has sentido -le he contestado.

    -Si, si lo sentí, pero todavía la tienes dura.

    Karina lo había disfrutado y no logré ver ningún sangrado a pesar de que se sentía bien apretado su culo. Nos fuimos a bañar y donde después de una breve felación continuamos con una faena sexual que llegamos a horas de la madrugada. Karina era adictiva, era insaciable el querer estármela follando y creo que eso le encantaba a esta chica, pues mi misión para con ella, al igual que con cualquier mujer que pase por mi cama, es hacerla sentir mujer y sacarle los más intensos orgasmos posibles. Aquella noche repasando esta experiencia me decía:

    -¡Pensé que no podría, pero siempre tenía esa espinita por hacerlo contigo! Nunca pensé que podría con tu enorme falo.

    -Lo importante es que lo disfrutaste y no haya sido una mala experiencia.

    -¡Que va! No te niego que no me dolía en un principio, pero sorprendentemente ese dolor se convirtió en placer. ¡Qué rica y rara fue esa corrida!

    Aquella noche después de cada corrida en ese receso platicábamos mucho. Al final, ya en la despedida pues esta noche no podría quedarme en su apartamento, Karina inició esa plática que creo ya tenía planeada y la que nos alejaría. Ella comenzó preguntándome:

    -¿Te hubiese gustado conocerme en diferentes circunstancias?

    -¿Por qué lo preguntas?

    -No sé… a mi me hubiese gustado conocerte de otra manera. Quizá… y tuviese la ilusión de que me hubieses visto como una mujer cualquiera y con eso quiero decir “normal”, y no con el estigma que tú tienes de mí.

    -Pensé que éramos amigos y lo pasado es pasado.

    -Si… es fácil para ti, pero no para mí. Sabes… me arrepiento de haber puesto ese anuncio en esa revista, pero a la vez sé que fue por medio de eso que te conocí.

    -Siempre me lo he preguntado y no logro entender. Tú no tienes necesidad para ser…

    -¡Una puta!

    -No iba a decir eso… sabes que no me gusta usar esas palabras.

    -Pero en el fondo de ti, sabes que lo soy o lo fui. Nunca podrás borrarlo de tu mente.

    -Karina, ¿a qué viene esta plática?

    -¿Realmente no lo entiendes Tony? Te lo voy a decir, pero quiero que me mires a mis ojos: ¡Estoy profundamente enamorada de ti!

    -¡Pensé que esto era de solo tener un buen sexo! – le respondí muy sorprendido.

    -No lo niego, al principio pensé lo mismo, pero poco a poco no solo te metías entre mi piel, poco a poco llegaste a mi corazón. (Se le derramaron unas lágrimas).

    -Karina… lo siento. Nunca pensé…

    -Lo sé Tony… que me puedo esperar cuando te di mi sexo a cambio de dinero. Es mi culpa y ahora debo pagar las consecuencias.

    -Pudiéramos ser amigos y olvidarnos del sexo y quizá…

    -Sabes Tony, este día será nuestro último encuentro. Yo ya no puedo ser tu amiga… no quiero ser tu amiga. Sé que siempre me recordaras como esa mujer llamada Karina y sé que muy adentro de ti me llamaras con ese despectivo: La puta Karina. Pero quiero que recuerdes mis palabras, que siempre rezaré por ti para que te vaya bien en la vida, siempre te recordaré como ese inalcanzable sueño y el más bonito recuerdo. Recuerda esto… Yo fui una puta, pero he sido la mujer que más te amó. – Y se le rodaron un manantial de lágrimas.

    Aquella noche tan especial terminó así de abrupta. No quise consolarla pues Karina no buscaba simpatía o que yo le sintiera lástima. Supe que esa noche dejaría de verla, pues si me volvía a comunicar con ella o intentar hacerlo, reviviría sus esperanzas y en ese tiempo no estaba listo para una relación seria y Karina tenía razón; siempre pasaría en mi mente ese estigma. Antes de despedirme y ya al filo de la puerta me pidió un último beso, el cual se prolongó por minutos. Caminé hasta el portón de puertas eléctricas y escuché cómo se cerró con ese ruido metálico y supe que ya no volvería a entrar por ella. Divisé a Karina mirarme por la ventana en ese cuarto donde follamos a morir con su sexo de paga y esa silueta a través de esas cortinas es la última imagen que tengo de ella.

    No supe de ella por tres años consecutivos y un día ya viviendo en el este del país pues había aceptado una promoción en la compañía donde trabajaba, mi secretaria me lleva el correo y para mi sorpresa veo un sobre color marfil y su remitente era Karina. Abrí el sobre y era una pequeña nota y una invitación a su graduación, se graduaba de médico. No asistí, realmente tuve miedo caer de nuevo en su miel adictiva, pues honestamente me costó hacerme la idea de no volverla a ver jamás y solo le envié un ramo de flores junto a un recuerdo alusivo a su graduación.

    Nunca me llamó ni yo intenté comunicarme con ella. Han pasado unos 23 años desde esa despedida y la cual de vez en cuando recuerdo en mi soledad. Siempre llegan esos días nostálgicos y en mi caso he vivido experiencias con tantas mujeres, pero ciertamente siempre me aparece ese recuerdo de sus palabras: <Fui tu puta y la mujer que más te amó>.

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  • Cogiendo con mi novia después que se va su madre

    Cogiendo con mi novia después que se va su madre

    Hola, estés es uno de mis primeros relatos, mi nombre por razones obvias no lo diré, pero me describiré y describiré a mi novia de la mejor manera posible, ella es una mujer bajita de 18 años, con una cara angelical unos ojos verdes grandes, su cabello es rubio corto a la altura de sus hombros, es muy blanca eso hace que cuando le azote su culo como perra, le quede rojo. Por mi parte soy un hombre de 1.70, tengo 18 años con contextura ancha, atlética, una cara con rasgos finos y cabello largo.

    Todo transcurre en la mañana mis padres y los de ella salen a trabajar así que quedamos solos en nuestras casas, así que con la excusa de salir a caminar en la mañana voy a su casa, ella vive en un apartamento a mas o menos unos 10 minutos de donde yo vivo.

    Mientras voy a su casa no paro de imaginar las fotos que me mando el día anterior, somos muy calientes y ella me envía fotos de su culito blanco con unas bragas que me ponen a mi pene muy duro.

    Ya casi por llegar paso por recepción y subo a su torre, ella me abre la puerta su carita es de recién levantada, sin embargo se ve hermosa, trae una camisa negra grande que tapa hasta abajo de sus piernas, blancas y deliciosas, abajo de la camisa trae unas bragas gris que por su delicioso culo se convierte en una tanga quedando casi que toda dentro de su culo.

    Vamos camino a su cuarto para no despertar a sus hermanos menores que están durmiendo, de solo ver el movimiento de la camisa, imagino como se ha de ver su delicioso culo cuando tenga mi cara a escasos centímetros de él, con mi lengua rodeando su vagina y lamiéndola, dentro de mí fantasía se me ha olvidado y ya estamos en su cama. Sin titubear ni decir una palabra ella me besa y yo la Correspondo…

    Ansioso de su culo blanco mi mano baja lentamente por su cadera y la pego tomándola fuerte a mi cuerpo ella de inmediato siente mi pene tan duro que resalta sobre mis jeans, bajo aún más mi mano rodeando ese culo tan rico que me había dejado muy caliente la noche anterior, la nalgueo y siento un pequeño gemido ser emanado de la boca de mi novia, eso me pone aún más caliente y la tiro sobre la cama me pongo sobre ella, apoyándome con un brazo y besándola, empiezo a bajar por su cuello y delicadamente lamo su oreja, le digo entre susurro y gemidos que será mía, mi perrita una puta la haré sentir.

    Agarro sus tetas que son perfectas con su cuerpo, un poco grande y simétricas la una con la otra, con mi lengua después de levantar su camisa rodeo la aurora de su pezón, eso pone a mi perrita aún más húmeda y dándole círculos mientras que con mi mano aprieto duro sus senos, los lamo una y otra vez de arriba hacia bajo, siento su pezón duro, debido a lo caliente que estaba, le pego a uno de sus senos una palmada el ver como rebota y se mueve, me hace pegarle en sus deliciosas tetas, dejando a un lado sus tetas bajo besando su abdomen plano, debido a que era una flaca muy rica, al llegar a su cadera y bajar por su pelvis me encuentro con su vagina humedecida, llena de jugos vaginales se ve que mi perra lo estaba disfrutando.

    Besaba su vagina por encima de sus bragas, las besaba y frotaba mis labios, ella no aguanto un segundo más y corrió sus pantys dejando al descubierto su humedecida vagina, empecé a mamar su vagina no paraba con mi lengua de lamer su clítoris, y con mis dedos masturbarla, ella no aguantaba los gemidos pero no quería hacer ruido o seríamos descubiertos, para ser sincero eso ponía a mi pene aún más duro, sentía como estaba mojando mi bóxer de líquido pre seminal, no aguantaba mis ganas de coger de su cadera ponerla sobre mi y utilizarla como a un juguete sexual, sin embargo sabía que su vagina estaba a punto de llegar al orgasmo 10 minutos después de masajear su deliciosa vagina sentí como sus paredes vaginales se comprimían y se mojaba aún más, seguido escucho un gemido de mi sumisa, había acabado, su primer orgasmo.

    Eso me excito y con mi verga ya lubricada me desnude, mi pene de unos 20 cm salía de mi bóxer y tanto era mi deseo que saque mi verga por uno de los costados de mi ropa interior podía sentir al tacto que palpitaba, estaba muy dura y eso me ponía caliente, las venas en el troco de mi pene sobresalían mucho, saber que le daría muy duro a mi sumisa mientras ella me miraba a los ojos y me decía que era mía y yo era su daddy me ponía aún más caliente

    Puse a mi novia en 4 veía su culo y cuerpo blanco al igual que su vagina rosada casi que goteaba de lo húmeda que estaba y tomándola de sus caderas la penetre sin compasión toda mi verga estaba adentro de ella.

    Soltó un fuerte gemido esta vez fue incontrolable ella al sentir todo mi pene sabía que le dolía un poco pero estábamos muy húmedos los dos y eso a decir verdad me excitaba, abrí su culo para que entrará toda mi verga, sentía como entre pujidos soportaba mi gran pene dentro de ella.

    Comencé a cogerla muy rápido y duro, como si fuera una maldita zorra ella por encima de su hombro aproximaba su carita para que dejaba ver por sus gestos que disfrutaba de lo rico que me la cogía, sus rasgos sus expresiones me ponían muy caliente la nalgueaba sin parar su culo estaba rojo, tanto que parecía que sangraría dentro de poco.

    Era tanto mi deseo que al agarrarla de los hombros para empujarla a mi falo, le dejaba marcas en su cuerpo, para que recordada quien era su amo su señor y al único que le debería mamar la verga, también la agarre de sus muñecas dejando su cara contra una de sus almohadas la cogía de sus dos manos y la penetraba con rabia y deseo, sin parar.

    Con mi otra mano en ocasiones abría su culo para apreciar su vagina ser penetraba por mi.

    Mis deseos solo aumentaban no podía dejar de verla como a mi perra, aunque la amaba demasiado ella me ponía tan caliente que me desconocía, la agarre de su cabello corto y lo enrede entre mis dedos.

    Visualizaba como rebotaba su culo sentía mi verga tan húmeda tan mojada por su vagina que la mire a los ojos y me vine, me corrí en su vagina llenándola toda de mi semen.

    Inmediatamente ella sintió y se excito más, a lo cual sabía que eso le prendía, y mi verga aún no quedaba satisfecha, así que sin sacar mi pene seguí penetrándola, una y otra vez, sentía como mi semen dejaba más húmeda su vagina, y mi penetración era más deliciosa.

    La puse sobre mipara obligarla a cabalgar mi verga, ella se movía pero mi deseo era tal que yo movía mi cadera hacia arriba para que al bajar se metiera cada centímetro de mi polla.

    La ahorcaba mientras me la cogía quería que sintiera lo que era el verdadero sexo, entre gemidos la agarre por su culo y la volví a llenar de semen esta vez mi corrida fue más abundante, dejándola llena de mi leche, obligando a su vagina a mojar mi pene con una mezcla de mi semen y sus jugos vaginales.

    Quedaron sus sábanas mojadas mis piernas y mis testículos también estaban empapados, seguidos de esas dos corridas nos besamos y nos metimos a ducha.

    Espero les haya gustado mi relato si quieren saber más, o aclarar algunos detalles pueden dejarme un comentario.

  • Cabalgándome

    Cabalgándome

    Un diálogo inquietante y un final inesperado.

    —Si no te ponés algo, no puedo…

    —¿Qué? ¿Te perturba la bombachita?

    —Me perturbás vos, que andás en pelotas por la casa. Y yo quería hacerte una propuesta.

    —A ver papi qué propuesta me vas a hacer hoy…

    —Quiero ir al hipódromo.

    —Ah! ¿También burrero? ¿Desde cuándo?

    —Desde chico. Siempre anduve de a caballo. Trabajaba en la casa de mis viejos en los arreos, pero me la pasaba jugando. Vos no tenés ni idea lo que es andar solo en el medio del campo. La relación que uno genera con el animal, con el horizonte. Una vez llegó al campo un pura sangre. Estaba lastimado y lo iban a matar, y la única chance que tenía de sobrevivir es que se quedara en un campo. Lo único que hacía el hijo de puta era comer y cogerse a todas las yeguas del vecindario, hasta que se recuperó. Lo pusimos a entrenar y lo probamos en una cuadrera… me estás escuchando.

    —No. Yo también me distraje.

    —¿Con qué? ¿Por qué me mirás así?

    —Dejá. Vicisitudes de virginiana.

    —No, ahora contá… ¿Qué tendrá que ver el signo del horóscopo? ¡Y dejá de mirarme así, por favor!

    —Ay, papi… te voy a explicar, porque hay que explicarle todo, usted es medio lenteja y hay que enseñarle. No sé qué mierda me estabas contando, pero no puedo verte así, con la barbita esa despareja, y sí, los astros condicionan las estructuras psíquicas de las personas, y yo soy muy virgo…

    —¿Eh?

    —Si, nene, te cortaste mal la barba… y no puedo prestarte atención… odio los tipos con la barba así cortada… si andás con barba tipo candado, tenés que cortarla pareja, y ya ves lo que provoca… no te escucho, pasás de papi a nene sin estaciones intermedias.

    —Pero… ¡Ah! ¡Es al pedo! Yo quiero ir al hipódromo, te estoy contando mi historia, después me decís que yo no te cuento nada de mi pasado, y justo que arranco, y te explico como si fueras mi terapeuta de dónde me viene el espíritu turfístico, me salís con eso… ¿Y ahora? ¿A dónde vas? Vení acá, vení acá, te estoy hablando… ¡Loca!

    —¿A quién le decís loca?

    —No, pará… ¿De dónde sacaste eso? ¿Qué hacés?

    —Era de papá. Siempre quise hacer esto, y no te puedo prestar atención si tenés la barba así. Quedate sentado, no te muevas, o tengo que hacer algo peor.

    —Pero… está, está bien, yo me quedo quieto, pero vos no sabés usar una navaja… y no podés así en seco… siempre lo mismo… en seco no se puede

    —Te pido por favor que no me obligues a que te ate en la silla…

    —Yo no me muevo, te dije… no hace falta que uses tu remera para atarme… pará, por favor, no jodas, no… la camisa no… se arruga toda, pará…

    —Usted señor quédese quietito, y así atadito en la silla está mejor. ¿Ve? Así me gusta. Que sea obediente. No puedo decir que sea un nene, porque los nenes no tienen la barba tan dura… le voy a dejar todo suavecito, porque a mí no me gustan los señores grandes…

    —¿Me vas a dejar así atado? ¿A dónde vas?

    —¡Qué ansioso! ¿No ve que soy una nena buena y obediente? Le voy a poner algo de espumita en la cara, para no afeitarlo en seco

    —¿Hace falta que te subas arriba mío?

    —¿No querías cabalgar? Bueno… quedate quietito que yo te voy a mostrar lo que hace una yegua… ¿Así que te gustan los caballitos? Pobrecito, seguro que el papá no lo llevaba a la calesita y le quedó el trauma… a ver si corta… siiii… esto me gusta… queda suavecito… así va a quedar parejito, de los dos lados iguales… levantá el cuellito, mi vida, no sea cosa que … ups…

    —¡Me cortaste! ¡Me querés degollar! ¡Soltame! ¡Puta!

    —Cálmate, bebé, tranquilo… que mamá te va a curar… sana, sana, colita de rana… ¿o colita de nena? ¡Colita de yegua!… a ver… mmmm… ¡qué rico! ¡Me encanta el sabor de tu sangre! ¡Soy Drácula!

    —Estás más loca que una cabra, soltame, querés…

    —Si. Seguro. Te tengo como quiero, y vos querés que te suelte… a ver, ¿Cómo era eso del jinete? Estás asustado, pero responde… así, quedate quietito, mirá que calladito te quedaste ¿Te gusta que te monte? Callate, mejor. No digas nada… Dejame a mí, que yo me ocupo… ah! Cómo me gusta tenerte así… está tremenda… te estoy sintiendo… besame las tetas… llévame a tu campito, así me tenés comiendo y garchando todo el tiempo… quedate quieto… ¡el arriero va! ¡Ya no pedís que te suelte, putito! Ahhh qué rico está esto… te dije que no te muevas… ahhh! No… si, sí, ahhh! ¡Qué bien que se porta el bebé! Se ve que es un buen jinete… y también un buen potrillo… ya no te sangra más… ya está, listo… ¿Qué me decías del hipódromo?

  • Con mi secretaria Laura

    Con mi secretaria Laura

    Hace 4 años emprendí un negocio propio, después de mucho sacrificio y trabajo duro, pude hacerme de mi negocio propio. Al principio manejaba todo yo solo, conforme pasaron los meses el trabajo aumentó y ya no me daba abasto. Decidí con consejo de unos amigos contratar una secretaria y otros empleados para aligerar un poco la carga.

    Comencé a entrevistar a varias prospectos y decidí por una vieja amiga de mi madre que había sido secretaria toda su vida. Estuvo solo un mes ya que por problemas de salud tuvo que retirarse. Así que seguí entrevistando, hasta que un día llegó una joven de 19 años. Yo en ese tiempo tenía 29 años, soy alto, algo robusto, pero no gordo y con barba abultada. Laura (como la llamaremos) es algo chaparrita, alrededor de 1.65 increíblemente guapa y con un gran culo redondo y firme, increíbles piernas y un par de tetas espectaculares.

    Ella llegó a la entrevista con una falda de tubo muy sexy, tacones negros y una blusa escotada. La chica no tenía experiencia, pero al ver ese escultural cuerpo la verdad no la pensé y le di el empleo. Ella me explicó que nunca había tenido necesidad de un empleo ya que su familia siempre había estado bien en lo económico. Pero su padre había perdido su empleo y no lograba conseguir nuevo y el sueldo de su madre no alcanzaba para pagar su escuela y además proveer para la familia. Ella sonrió y se rio cuando le dije que el empleo era suyo. Las primeras semanas fueron de enseñarla, pero es lista y todo lo aprendía con rapidez. Yo la verdad me deleitaba al verla llegar y ver ese hermoso culo pasearse por la oficina, ver esos escotes y escuchar su voz que siempre se me hizo sexy.

    Paso un año y ese día un amigo de la infancia cumplía años y por trabajo se iba a festejar a la hora de comida en un restaurante. Acudí y fueron solo un par de horas pero hubo alcohol, regrese a la oficina ya un poco feliz, me metí a la oficina y estaba ordenando unos papeles cuando Laura tocó la puerta, le dije que pasara y entro.

    Ella en ese momento llevaba un pantalón de vestir y una blusa blanca que se transparentaba un poco dejando ver la silueta de sus pechos perfectos. Le dije ¿qué pasa?, ella apenada me dijo que si le podía hacer un favor, que si le podía adelantar su próximo pago, ya que había tenido varios gastos imprevistos y necesitaba pagar su mensualidad en la universidad. Yo la pensé y dije «claro, no hay problema» pero debido a los efectos del alcohol solté un «¿con qué vas a pagar?». Yo tarde unos segundos en darme cuenta de lo que había dicho y de que lo había dicho en voz alta y levante la mirada y la vi sonrojada y me dijo «¿con qué? ¿Con qué se paga, sin pagar?» Mientras mordía su labio y ponía su mano en su cintura.

    Ella tomo la iniciativa y me dijo si me prestas el dinero, nos la podemos pasar muy bien. Me levante y me puse enfrente de ella, la tomé de la cintura y junte nuestros cuerpos y sin contenerme la besé. Ella me contestó el beso y mordía mis labios. Yo empecé a apretar esas nalgas que me volvían loco y la levante y ella puso sus piernas alrededor de mi cuerpo mientras nos besábamos. La baje y fui y cerré la puerta y volví y ella se puso de rodillas y saco mi pene del pantalón y comenzó a darme un oral de infarto. Ella estaba poseída y trataba de meter todo mi pene en su boca (no es grande, me mide 17 cm, pero es bastante grueso) y con su lengua masajeaba mi glande de una manera experta. Yo estaba cerca de acabar y ella se dio cuenta y se detuvo, se levantó y al oído me dijo «no papi, tu leche va adentro de mí, no en mi boca». Tomó mi mano y nos dirigimos al escritorio, ella aparto las cosas y se recostó y me dijo «métela, pero hazlo despacio».

    Después de semejantes palabras, no me pude contener y no busqué condón, ni fui despacio. Me deje ir e introduje mi miembro en su estrecha vagina y comencé como una bestia a bombear, ella gemía y con su boca cubría su boca para que no se escucharan. La verdad no podía aguantar más, después de un oral increíble y esas palabras yo ya quiera depositar mi semen dentro de ella… pero recapacite y le dije «ya me vengo» trate de salirme, pero ella con sus piernas me empujo más y no aguante y me descargue como nunca en su interior.

    Ella me abrazo y me comenzó a besar. Fue un orgasmo increíble, mi vista se nublo y ella seguía dándome unos tiernos besos en el cuello. Nos vestimos, los dos en silencio. Ella me pidió el dinero y salió de la oficina. Pasaron unos días donde fue un poco incómodo, solo nos dirigíamos la palabra para cosas del trabajo. Hasta que un día entró y me dijo que si ya había quedado pagada la deuda. Yo entendí perfectamente a donde iba y lo volvimos a hacer, nuestra relación fue creciendo día a día después de eso.

    Un día llegó con la sorpresa de que estaba embarazada y pues nos terminamos casando. Ahora tengo un hermoso niño de 1 año y ella es mi esposa. Ya después les contare más aventuras con ella.