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  • Dos sissy en motel

    Dos sissy en motel

    Marcela y yo somos travestis de closet, nos encanta ser muy femeninas, coquetas y exageradas cuando estamos vestidas, adoramos levantar la faldita que tengamos puesta para mostrar o cambiar nuestras pantis y mientras yo adoro ser amarrada, sometida, castigada y educada como una niña de escuela ella disfruta mucho comportándose como una profesora, una directora o cualquier otra figura femenina adulta que pueda personificar para hacerme entender que debe obedecerla y estar a su servicio. Ese día nos encontramos comenzando la noche, habíamos quedado de vernos después de la comida para ir a un motel unas cuantas horas y poder volver a nuestras casas antes de medianoche, pues ambas debíamos trabajar al otro día.

    Nos encontramos llevando cada una un bolso a una cuadra del motel que íbamos a usar, rápidamente entramos y pedimos una habitación sencilla, solo la cama grande y un baño con ducha. Cuando ella cerró la puerta nos desnudamos rápidamente encontrando que las dos íbamos con sostén deportivo y pantis debajo de nuestra ropa de hombres, rápidamente sacamos todo sobre la cama y nos vestimos, yo me puse una faldita corta y una camisita de tiritas pegadas, las dos rosaditas, unas medias de liguero blancas y unos tacones altos, mientras Marcela se puso un vestido de falda que llegaba a sus rodillas, también se puso pantimedias y unos tacones negros. Nos maquillamos en la baño rápidamente y cuando volvimos a la habitación ya nos estábamos comportando como una niña y su profesora. Ella me indico que me sentara en la cama y me indico que la clase comenzaba, yo asentía obediente mientras ella me explicaba que las mariquitas debíamos saber cómo chupar una verga sin usar las manos, debíamos aprender meterla toda en la boquita y dejar que nos comieran todas por la boca. Me pregunto si me gustaba el sabor de los preservativos y por supuesto le conteste que Si, que me encantaba, aunque le dije que me gustaba más cuando podía tomarme todo el semen y saborearlo.

    Mientras hablaba sentada en la cama ella me coloco un par de pulseras y tobilleras gruesas, con argollas, entonces me dijo que me pusiera de pie, me dio vuelta y tomando mis manos las amarro juntas en mi espalda con una cuerda que paso por las argollas fácilmente, luego me indico que me sentara nuevamente y se colocó entre mis piernas poniendo su cadera justo frente a mi carita, yo miraba fijamente la parte de su sexo mientras involuntariamente comencé a pasar mi lengüita por mis labios saboreando, ella me miro y me dijo que mirara hacia arriba, cuando lo hice note que tenía un dildo con forma de pene en la mano y lo estaba metiendo en su boquita y volví a pasar mi lengüita por los labios, ella sonrió y sacando el juguete de su boquita lo metió en la mía y comenzó a comerme toda mientras me tomaba de la cabeza y me decía que era toda una perrita, luego me tomo y me pego toda contra su falda, yo obediente comencé a besar justo donde sentía su verga caliente, besaba y chupaba todo lo que podía mojando su faldita con mis babitas. Tras un ratico así ella levanto su falda y puso mi carita contra sus pantimedias, las cuales ya estaban mojaditas, yo saque mi lengüita y comencé a lamber de abajo hacia arriba mirando siempre hacia su cara, veía como ella disfrutaba cada lamida, cada beso que daba en su verga y sentía como se podía caliente, cada vez más dura, ella había vuelto a meter el dildo en su boquita y lo chupaba mientras me miraba muy excitada.

    Entonces me dijo que me iba a enseñar cómo poner un preservativo, un condón con mi boquita, saco un paquete de su morral y tomando uno lo saco del empaque, entonces me dijo que pusiera mi boquita como para dar un beso, cuando la obedecí, lo coloco en mis labrios y con uno de sus dedos lo introdujo un poquito en mi boquita mientras me explicaba que el truco era apretar los labios, poner el condón en el sentido correcto para que se desenrollarla bien y mover la lengua para saborear bien y excitar la verga para que estuviera bien dura mientras lo colocaba, entonces saco su dedo y tomando el dildo comenzó a enseñarme a colocarlo, apretó mis labios con sus dedos y lentamente fue metiendo todo el dildo por mi boquita mientras yo gemía y babeaba todo el juguete, cuando termino lo caso y mirando que estaba a más de la mitad me dijo que era una buena putica. Entonces tomo un labial rojo, volvió a pintar mis labios y me indico que me debía poner de rodillas en el piso. Yo la obedecí y después de estar arrodillada y con manitos todavía amarradas seguía mirando como ella saca un nuevo condón y lo ponía en mi boquita, sentí como lo metía con su dedo en mi boquita y saboreaba todo el lubricante muy excitado.

    Entonces paso lo que tanto deseaba, ella se levantó la falda y quitándose las pantimedias y las pantis puso su verga en mi carita, me la paso por los ojitos, por la frente y los labios, yo la miraba excitada y apretando el preservativo en mi labios ansiosa de tener tu verga en frente para mostrarle que había aprendido bien, así que cuando e momento llego ella no tuvo que mover mi cabecita, no apretar mis labios con su mano y yo ya había cubierto más de la mitad de su verga con el condón, lo chupaba fuerte con mi boquita apretada y mirando hacia arriba así la verga entraba hasta mi garganta. Seguí obediente hasta que sentí pegar sus bolitas contra mi mentón, estaban muy mojaditas, lo mismo toda mi carita, entonces ella la saco y mirando mi trabajo me felicito y me dijo que para mí premio debía ponerme en el borde de la cama levantando mi culito.

    Como pude me moví de rodilla y me puse al borde de la cama, mi rodillas tocaban el piso, mientras con mis manos en mi espalda me acosté en la cama levantando todo lo que podía mi colita, ella se aproximó y primero comenzó a pasar su verga por mi culito, mientras me preguntaba si recordaba nuestra última clase, yo excitada solo recordé que ella adoraba ver a una mariquita como yo rogando y suplicando que jugaran con su culito y comencé a pedirle, a rogarle que me comiera toda, que metiera su verga por mi culito, le comencé a rogar a pedir que metiera su verga en culito, mientras lo hacia ella me alentaba a rogar más, a humillarme como una putica caliente, como una perra, yo obedecía muy excitada, le pedía, le rogaba que me rompiera mi culito, entonces sentí como comenzó a meter primero sus dedos con lubricante, luego el juguete, el dildo con forma de pene por mi culito, yo gemía y seguía rogando por su verga dura y caliente, quería su lechita, la quería adentro, entonces ella saco el juguete de mi culito y después de quitarse sus pantimedias y sus pantis comenzó a meter su verguita, su colita por mi culito, yo tenía las pantis todavía puestas, solo había bajado la parte mi culito para meter el dildo y ahora cenia su verga en mi culito completa, me sentía comida, ella me monto así toda mientras me decía que era su sumisa, su perrita, que era una mariquita.

    Luego me tomo de la cadera y sacando su colita de mi culito me monto a la cama boca abajo y puso una almohada debajo de mi barriguita para levantar mi culito, volvió a meter su verguita en mmi culito mientras yo gemía y le daba las gracias muy excitada, entonces ella comenzó a montar más duro y yo toda caliente me moje en las pantis, ella lo noto y se puso más caliente, me comenzó a decir que era una puta, que era toda una perrita en celo y mientras me trataba así me comía más duro por mi culito hasta que sentí como se puso su verga muy dura, muy caliente y luego sentí como se venía, como se mojaba toda dentro de mi culito. Cuando ella termino se dejó caer encima de mí, se quedó un rato así, luego se paró y quitando el preservativo de su verguita me dijo que me pusiera de rodillas, yo la obedecí y ella me dio a tomar toda su lechita escurriendo el condón en mi boquita.

    Luego fue lo usual, nos duchamos y nos vestimos rápidamente para irnos, cada una por su camino, yo con el culito muy abierto y un rico sabor en mi boquita, ella con mil fantasías que pude leer la mañana siguiente en mi correo.

  • Y la leche llegó después del postre

    Y la leche llegó después del postre

    Escribo estas líneas mientras mi efebo sigue durmiendo, porque en cuanto se despierte voy a darle otra pasada antes de que se vaya para casa. Pero voy a contaros como mi joven y guapo amante de 19 años recién cumplidos está ahora mismo durmiendo en mi cama.

    Ayer me tocó trabajar, otra vez de camarero. La crisis es lo que tiene. Pero bueno, los pases de boda y demás son fáciles y me dejan un buen dinero a final de mes. Y con cuarenta y pico de años tampoco es que pueda hacerle ascos a nada. No es mucho y cansa, pero mientras no haya otra cosa, son perfectos. La boda de ayer fue un tanto rara, casi todos los consumidores de algún tipo de droga estaban allí. Lo cual dificultaba mucho ir al aseo, parecía una pista de esquí. Pero por lo demás todo parecía tranquilo y normal, entre las mesas que me tocó servir, estaba la de los jóvenes. Todas jovencitas adolescentes y un chico, que luego supe que tenía 19, alto un metro ochenta, flaco, con unos pantalones de pitillo a cuadros que marcaban un culo redondito y unos muslos torneados y redondos que podía abarcar con una de mis manos. Tenía las facciones duras, barbilla marcada y pómulos rectos, ojos verde oliva y un pelo muy corto por los lados y con un flequillo rebelde y liso. Mirada intensa. Se pasó casi toda la boda jugando al móvil. La mesa de los jóvenes es siempre fácil, mientras les lleves bebida a escondidas y eso hice. Todo el pase se desarrolló con normalidad.

    Había sido una boda de estas que se hacen a medio día. Hacia las 8 de la tarde ya no quedaba nadie en el salón y yo me dedicaba a recoger las últimas mesas. Me entraron ganas de mear y me fui para el aseo. Normalmente es difícil encontrar cola en el aseo de los hombres; pero claro, normalmente. Pero cuando la gente no va a mear, pues tarda más tiempo. Allí estaba yo esperando y delante de mí mi joven cliente.

    Supongo que para hacerse el chulito o porque estaba piripi o simplemente porque se aburría se giró y me dijo: —¡Ei! ¿Me traes una cerveza?

    —Bueno, si te esperas a que acabe, sin problema.

    Contestó un vale y me volvió a dar la espalda, lo cual agradecí bastante, su culo era precioso. De vez en cuando se giraba y me miraba, a veces me sonreía, tenía una boca grande y larga; una sonrisa perfecta de dientes blancos. Por fin salieron dos tambaleándose de un cubículo, ensanchando el pecho y diciendo tonterías. Y se pusieron a hablar con mi muchachito (serían familia). Así que para no perder tiempo lo adelanté y me metí en el cubículo.

    No cerré la puerta, no sé, los tíos para mear no solemos cerrarla. Estaba casi acabando cuando noté que se abría la puerta, cuando me giré para decir que estaba ocupado, mi joven amigo estaba cerrando la puerta con él dentro.

    —¡Ei tío! Te has colado —y dicho esto se puso a mi lado, se saco una enorme polla flácida de punta rosada y se puso a mear. No podía dejar de mirar aquella monstruosidad. Y el seguía mirándome y sonriendo. Y en eso dijo: —¿Me das ahora la cerveza?

    —Claro tío, quieres que me lave las manos o prefieres que huelan a otra cosa.

    No dijo nada, solo se sonrió más. Así que cogí mi dedo índice lo pasé por la punta de mi polla que hacía rato que ya no apuntaba hacia abajo y se lo puse en la boca. Abrió la boca con cara de placer, sacando la lengua y lo lamió con deleite. Me cogió la mano con las suyas y me chupó el dedo como si no fuera un dedo. Su polla ahora suelta, tampoco apuntaba ya hacía abajo, así que con la otra mano se la cogí y empecé a pajearlo. Era tersa, gorda y muy bonita. Él siguió chupando el dedo y gimiendo.

    Por fin le saqué el dedo de la boca, bajé la tapa y le indiqué que se sentara. Lo cual hizo solícitamente. Metí mi polla dentro de aquella boca preciosa y él empezó a chupar, lamer y saborearla por todos los lados. Me olió varias veces la entrepierna, y seguía chupando con ganas al tiempo que se pajeaba. De repente empezó a correrse, chorros de leche saltaron por todos los lados, llegando incluso hasta mi cara. Aquello me excitó mucho y me corrí, sin avisar ni nada en su preciosa boca. Cerró los ojos con cara de gusto y saboreó hasta la última gota de mi leche, enseñándome la lengua después. Lo besé con pasión. Él me limpió a lametones todo el semen que me había dejado en la cara.

    Salí contento y me fui a acabar mi trabajo con una sonrisa de oreja a oreja en la cara. Estaba en el almacén de las bebidas cuando apareció mi mamoncete, —tío, ¿Y mi cerveza? —dijo con un fingido enfado. No le respondí, lo cogí por la cintura y lo acerqué a mi cuerpo y empecé a besarlo con pasión, él respondió a mis besos y se abrazó a mí.

    —Quiero destrozarte el culo a pollazos —dije entre beso y beso. Él no respondió solo se dio la vuelta y giró la cabeza para seguir besándome, mientras ponía su culo en pompa y apretándolo contra mi polla, que volvía a crecer y decía solícito: “dale, va, métela”. Lo hubiese hecho, pero podía entrar cualquiera.

    Con mucho esfuerzo por mi parte tuve que parar y entre besos concretamos cómo lo haríamos. Él fue a despedirse de sus padres, familiares y amigos y cogió la moto en la que había venido y se fue. Yo que ya había acabado lo seguía con el coche. Seguir aquella moto fue terrible, me dolía la polla de lo dura que la tenía solo de ver aquel culo respingón en el asiento de la moto, tuve que hacer muchos esfuerzos para no correrme allí mismo, sin tocarme ni nada, solo de la excitación.

    Por fin llegamos a mi casa, dejamos su moto en mi plaza de garaje y subimos en el ascensor comiéndonos a besos, mientras apretaba su culo con pasión. Le dije que tenía que ducharme y él me dijo que no tardase, mientras empezaba a desvestirse.

    Cuando salí de la ducha estaba desnudo en la cama, medio tapado por la sábana. Ya tenía la polla dura que formaba una bonita tienda de campaña. Se chupaba un dedo con expectación de forma sensual, y la toalla con la que había salido de la ducha tapándome se me calló. Salté rápidamente a su lado y empecé a besarlo y a acariciarlo por todo su cuerpo, no tenía ni un pelo en todo su cuerpo, apenas unos pocos en sus pequeñas bolas. Se giró y nos pusimos en cucharilla, su culo solícito se restregaba contra mi polla y yo pasaba por toda su raja mi polla dura y chorreante de precum.

    Entre besos me dijo algo nervioso que era la primera vez. Cuando le pregunté para saber los detalles, me dijo que era la primera vez que estaba con otro tío, que era hetero. —Tío lo heteros no se comen las pollas como tú lo has hecho ni ponen el culo como tú lo estás haciendo —respondí yo socarronamente a su oído y mientras me chupaba un dedo musitaba entre gemidos: —soy tu puta, fóllame, fóllame.

    Tuve que dilatar bastante su agujerito con mi lengua y meter un dedo primero y luego dos. Lo tenía boca arriba con las piernas abiertas y lametazo a su culo, lametazo a sus huevos, como no paraba de pajearse se volvió a correr. Pero seguía empalmado, le limpié la polla a lametazos con lo que se excitó un montón. Así que me tumbé sobre él y poco a poco fui metiendo mi polla en su estrecho culo. Costó mucho y a pesar de estar tan excitado le hizo daño, porque se le saltaban las lágrimas.

    Una vez estuvo toda dentro paré y, poco a poco, empezó a pasar el dolor, mientras nos besábamos apasionadamente. Y su polla empezó a ponerse dura otra vez, se había bajado bastante con la penetración.

    —Tu polla dice que no eres hetero —le dije yo socarronamente.

    —Mi culo reventado con tu polla lo confirma —respondió él fundiéndose conmigo en un enorme y húmedo beso lleno de pasión. Y empecé a bombearle suavemente. Pronto cambió su cara de dolor por otra de placer, lo cierto es que sus muecas de dolor me habían excitado mucho, lo cual había hecho que se me pusiera más dura y más grande que nunca. Al poco rato, su culo solícito ya tragaba polla sin ningún problema y mientras seguíamos abrazados y besándonos él movía la cadera.

    Lo preñé como se merecía, llené su culo de blanca leche y lo disfruté mucho. Se me cayó hasta la baba de placer. Él se volvió a correr y nos llenó a los dos de leche caliente y deliciosa. Después de un rato y entre besos nos duchamos. Me volví a meter con su heterosexualidad y a modo de respuesta siempre me ofrecía su culo solícito. En la ducha entre el jabón y el agua caliente nos volvimos a calentar y allí mismo volví a preñar su culo.

    No sé cuántas veces lo hicimos; pero por fin nos quedamos dormidos. Ahora mi lindo efebo heterosexual duerme plácidamente en la cama, mientras yo estoy aquí esperando a que despierte para darle un sabroso desayuno de polla y leche.

    Comentad por favor que es muy gratificante.

  • Dándole rienda suelta a mi transformación como puta travesti

    Dándole rienda suelta a mi transformación como puta travesti

    En verdad, ahora el ser un crossdresser (travesti) dejó de ser un simple pasatiempo “kinky” para convertirse en un medio para conseguir verga, casi con desesperación; primer cambio: mi ropa – cada vez era más y más la ropa de una puta completa, desde microfaldas de 20 centímetros que apenas cubrían mi trasero hasta las botas de cuero que me llegaban hasta los muslos. Buscaba modelos e ideas en la web – quería lucir como la puta perfecta; empecé a gastar un dineral en ropa, comprándola online. Mi verdadero trabajo (sí, tenía uno) pasó a un segundo plano. A continuación empecé a buscar más clubes nocturnos – más lejos del centro, incluso menos sofisticados. Quería encontrar aquellos lugares que son clubes pero que, en realidad, la gente iba para encontrar una puta para coger. Encontré algunos fuera de la ciudad. Eran otra cosa: lugares oscuros, llenos de humo y con olor a alcohol, música poco bailable, gente con rostros en celo. Ya había pasado tanto tiempo en la calle que no tenía temor para nada, me sentía muy segura de mi misma, de mi apariencia, de mi sexualidad.

    Desde aquellas primera vez, donde perdí mi virginidad había cogido al menos una docena de veces (o quizá más), usualmente con tipos que conocía en bares y lugares similares; cada vez me volvía más experta como Claudia, es decir, pensar en coger como una mujer, no como un hombre; tomaba el rol de perra sumisa que obedece a su hombre, dejándome tomar a veces con algo de violencia. Me volví más selectiva – no quería al casado gordo y aburrido de su mujer, quería solo sementales, en forma, con clase. Confirmé lo que siempre se dice de los hombres de color: tienen una verga espectacular, gorda, cabezona, llena de venas hinchadas, así que casi siempre les deba en sí cuando me seducían. Empecé a tener sexo en los baños de los bares e incluso, una vez (que estaba con mucho trago en la cabeza), en un pasaje público en la parte trasera del bar. Otros me llevaban a sus departamentos donde daban rienda suelta a todos sus instintos; me dejaba coger por el culo hasta que me causara dolor; además empezaba a volverme igual de adicta a chupar vergas duras… se siente tan RICO tener un tremendo pedazo de carne metida hasta el fondo de tu garganta. Creo que a veces me gusta más mamar que ser cogida por detrás.

    Para los días de semana conseguí un par de “novios” regulares. Claro, uno no sabía de la existencia del otro (y supongo que ni les importaría). Eran mis “fuck-buddies”: jóvenes, hermosos, fornidos, buenos sementales. Cuando no tenía ganas de salir los fines de semana los podía tener a mis pies con una simple llamada de teléfono. Me complacen y engreían no importa como. Y cuando no tenía verga para mamar me convertía en zorra de internet, exponiéndome en sitios como cam4.com; me llenaba el trasero de dildos mientras modelaba lencería sexy – o a veces, semi-desnuda; me encantaba tener MILES de hombres arrechos de audiencia; era esa sensación única de estar súper expuesta al mundo entero. Me encantaba y me arrechaba increíblemente. Y cuando todo esto fallaba, simplemente me daba una juerga de alcohol en mi departamento, con porno en mi TV, vestida en lencería mientras me metia dildo, tras dildo, dos o tres a la vez, y cuando ya estaba totalmente abierta, por qué no meterse una lata de cerveza o una botella gruesa por el culo. Recuerdo que una noche estaba tan borracha y arrecha con todos mis dildos en el culo, que, a falta de semen humano, me vacié medio litro de yogur de vainilla en la cara, imaginándome que estaba en una sesión de bukake, con litros de esperma caliente en mi rostro.

    Esos meses fueron realmente “extraños” pues mi transformación fue tan rápida y radical que por ratos me asustaba. Parecía que no pensaba ni me importaban las consecuencias – quizá era una especie de rebeldía contra muchas otras cosas que venían pasando en mi vida en ese momento. Quizá estaba en una fase autodestructiva. Quizá Claudia, la mujerzuela, siempre estuvo dentro de mi cuerpo y solo esperaba el momento ideal para liberarse y tomar control de mi cuerpo y mi mente. Quizá simplemente nací para ser una PUTA.

  • Tras bambalinas (Capítulo 11)

    Tras bambalinas (Capítulo 11)

    7 días después de la victoria de Serena en el Gran Festival todo el grupo se dirigió hacia el aeropuerto de Ciudad Slateport, debido a que ya era el tiempo de dejar Hoenn y volver a Kalos. Con la excepción de Jenny, quién hace algunos días ya se había despedido de todos debido a que la oficial tenía una importante misión que cumplir.

    De forma que después de unas 4 horas de vuelo el grupo finalmente había llegado al aeropuerto de Ciudad Lumiose en Kalos, sin embargo después de salir del lugar fue cuando llego el turno de Alexa para despedirse.

    —En verdad lo siento, pero es necesario que regrese a Ciudad Santalune para entregar mi reportaje —explicó la reportera con una sonrisa cómplice, ya que aunque ella estaba diciendo la verdad, sus planes en su ciudad natal iban más allá de solo pedir una licencia…

    —No te preocupes, Alexa. Te prometo que muy pronto iremos a Santalune y espero que ese asunto esté listo —comentó Anthony mientras se despedía de la castaña con la mano.

    —Ten por seguro que así será, Anthony, Voy a asegurarme de que todo esté listo para tu llegada. Hasta ese momento cuídense mucho —respondió la reportera despidiéndose del grupo con la mano y dirigiéndose a toda prisa hacia la Ruta 4.

    Después de ver partir a la mujer fue cuando Anthony y Serena acompañaron a Shauna hasta su casa, en donde también tuvieron que despidirse de la morena, y tras lo cual la feliz pareja se disponía a ir a la Terminal de Autobuses para ir a Pueblo Vaniville cuando…

    — ¡No puede ser! ¡Hermano, mira es Serena! —gritó una emocionada voz infantil proveniente de una niña rubia, que prácticamente estaba arrastrando a un chico rubio de lentes.

    — ¡Bonnie, Clemont! —gritó Serena soltando por un momento la mano de su novio para abrazar a los hermanos que la acompañaron en su viaje por Kalos, y no era para menos, porque los 3 chicos estaban felices por encontrarse de nuevo.

    Aunque el efusivo gesto de Serena sorprendió a los rubios y en especial a Clemont, quién se sonrojó al sentir los grandes atributos de su amiga tan cerca de él, todo indicaba que aquel sería un emotivo reencuentro hasta que la menor notó un pequeño detalle.

    —Oye Serena ¿Quién es él? —preguntó la pequeña niña, quien a pesar de la emoción no había ignorado la presencia de aquel desconocido y lo miraba con atención.

    —Lo siento chicos por no presentarlos primero —se disculpo la chica antes de acercarse al chico para tomar su mano —Él es mi novio Anthony. Amor, ellos son mis amigos Bonnie y Clemont —explico ella con alegría y sin darse cuenta del efecto que sus palabras tuvieron en los hermanos.

    —Es un verdadero placer para mí por fin conocerlos, Serena me ha hablado mucho de ustedes —respondió Anthony de forma educada mientras se acercaba para darles la mano, la cual los aún sorprendidos rubios aceptaron en automático.

    De esa manera los cuatro chicos comenzaron a pasear por la ciudad mientras se ponían al día acerca de lo ocurrido después de su viaje por Kalos, y aunque los hermanos seguían muy sorprendidos por aquella inesperada revelación supieron ocultarlo.

    Y aunque Anthony congenio muy bien con Clemont, había algo detrás de toda esa caballerosidad que no le gustaba a Bonnie y la hacía sospechar, por lo que cuando pasaron por el Centro Comercial y Serena anunció que pasaría al tocador ella se ofreció a acompañarla.

    —Serena ¿Qué pasó con Ash? —preguntó la linda loli directamente en cuando se quedaron a solas y viendo a la performer con seriedad, pero para su sorpresa ella le sonrió.

    —Sabía que me lo preguntarías, Bonnie. Así que te lo voy a explicar —contestó Serena mientras se inclinaba para quedar a la misma altura que la pequeña y mirarla fijamente a los ojos —Ash siempre será alguien muy importante para mí, es un valioso y preciado amigo y nunca voy a olvidar todo lo que vivimos juntos. Pero si te soy honesta mi corazón se cansó de esperarlo.

    — ¿A qué te refieres, Serena? —preguntó Bonnie un poco abrumada por la elocuencia y seguridad que ahora emitía la amiga a la que consideraba como a una hermana mayor.

    —Después de aquel beso en el aeropuerto yo imaginé que algo despertaría dentro de Ash… Si te soy honesta incluso una pequeña parte de mí fantaseaba con que él me detuviera o en que fuera conmigo, pero cómo tu viste eso no pasó…. Incluso cuando estaba en Hoenn yo aún esperaba alguna señal de él, una llamada, una carta, cualquier cosa, pero nunca llegó nada, Ash jamás se contactó conmigo otra vez.

    La pequeña escuchaba con atención a la chica y realmente no podía culparla, porque que ella tenía razón, ya que desde el fin de su viaje el chico de Kanto nunca volvió a contactarlos.

    — ¿Y cómo conociste a Anthony? —inquirió Bonnie con curiosidad, ya que aún no se explicaba como era que Serena se había enamorado de otro chico.

    —Fue después de uno de mis primeros Concursos, al principio no me estaba yendo muy bien, además de que yo me sentía muy sola y triste en aquella región que apenas conocía. Pero el se acercó a mí y se ofreció a acompañarme, me da un poco de pena admitir que en ese momento fui muy fría con él, pero después de un tiempo decidí aceptar su oferta.

    —Mientras tanto yo aún esperaba con ansias cualquier señal de Ash, pero esta nunca llegó. Sin embargo durante nuestro viaje por Hoenn Anthony fue muy atento y caballeroso conmigo y sin darme cuenta empecé a sentir lo mismo que sentía por Ash, Anthony fue entrando en mi corazón poco a poco y al final logró conquistarlo. Y hace unas pocas semanas, durante un festival al que asistimos, fue en donde él me confesó que estaba enamorado de mí y me pidió ser su novia. Entonces yo también entendí que estaba enamorada de él y acepté.

    —Bonnie se que todo esto es muy repentino para tí y sé que no confías en Anthony, pero el me hace muy feliz y por eso te pido que le des una oportunidad para demostrarlo. Tú y Clemont son como mis hermanos y me importa mucho su opinión. Por favor Bonnie —pidió la chica con dulzura y sin dejar de mirar a la niña, que trataba de procesar lo que acababa de escuchar.

    —Está bien Serena, lo haré. Pero si él llega a lastimarte no seremos amables con él. ¿Verdad Dedenne? —contestó la pequeña secundada por su hámster eléctrico de bolsillo.

    Una vez aclarado ese punto las chicas se sonrieron y salieron del tocador para encontrarse con Clemont riendo a carcajadas de un chiste de Anthony, aunque después de un rato fue cuando Serena les dijo que debían ir a Pueblo Vaniville para visitar a su madre, por lo que los rubios los acompañaron a la Terminal de Autobuses y les desearon un feliz viaje.

    — ¿Tus amigos sospechan algo, cariño? —preguntó el Anthony una vez que ambos estuvieron sentados dentro del vehículo.

    —Solo Bonnie, mi amor, pero logré convencerla. Y Clemont es demasiado despistado como para darse cuenta de algo —respondió la performer con una sonrisa mientras recargaba su cabeza en el hombro del chico.

    —Eso se nota por la cara que puso cuando lo abrazaste —contestó el chico de forma un poco seria, tratando sin éxito de esconder la pizca de celos que sentía, a lo que ella sonrió de forma dulce y lo beso en la mejilla.

    —Tranquilo, mi amor, para mí Clemont es aún más inofensivo que un bebé. Además de que tú sabes que yo soy toda tuya —le susurró ella al oido en un tono de voz que destilaba amor y sumisión al mismo tiempo

    —Yo lo se, mi amor —contestó Anthony con una sonrisa y aprovechando la posición en la que se encontraban para tocar disimuladamente el pecho de la chica, sacándole una tenue suspiro de placer y una linda sonrisa.

    Después de unas 2 horas la pareja finalmente arribó al pueblo natal de la performer, así que sólo fue cuestión de unos minutos encontrar la casa de su madre, de la cual salió un Rhyhorn para saludarla.

    En ese instante la puerta de la casa se abrió y de ella salió una preciosa mujer de tez ligeramente bronceada, cabello castaño oscuro y los mismos ojos azules que tenía su novia, pero lo que llamó más la atención de Anthony fue que los pechos de aquella mujer eran incluso más grandes que los de Alexa, junto con aquella delineada y curvilínea figura. Sin duda alguna la madre de Serena era muy hermosa llegando a parecer más su hermana mayor.

    — ¡Mamá! —gritó la chica de cabellos color miel lanzándose a los brazos de su madre, quien de inmediato la abrazo.

    —Estuviste fantástica en Hoenn, cielo. Un triunfo totalmente digno de mi hija —comentó la ex-corredora Rhyhorn con una expresión radiante antes de percatarse de la presencia del chico que acompañaba a su hija.

    — ¿Y puedo preguntar quién es este joven tan apuesto? ¿Acaso es tu novio? —comentó la mujer de forma pícara con la intención de molestar un poco a su hija, y sin sospechar que estaba a punto de llevarse una gran sorpresa.

    —De hecho lo es. Mamá quiero presentarte a mi novio Anthony, mi amor, te presento a Grace, mi mamá —contestó la chica con calma y una sonrisa que abrumo a la ex-corredora Rhyhorn por un momento.

    —Serena ¿Porque no me dijiste que tenías novio, jovencita? Pienso en que debería de castigarte —comentó la mujer en un tono severo en cuanto pudo recuperar el habla.

    —No es culpa de Serena, señora Grace. Yo fui quien le pidió que se lo dijéramos en persona —contestó el chico acercándose a Grace —Por cierto permítame disculparme, yo soy Anthony y quisiera que me permitiera seguir siendo el novio de su hija —contestó mientras hacía una reverencia y tomaba la mano de Grace para besarla.

    “Vaya, este chico es muy educado y también bastante guapo. Yo siempre creí que el primer novio de Serena sería Ash, pero parece que no. Y aunque nuestros gustos en ropa difieran al parecer ambas tenemos un excelente gusto para los hombres” pensó la mujer mientras evaluaba al nuevo novio de su hija, lo cual la hizo recordar un poco a su difunto esposo.

    —Bueno eso ya no importa, mientras mi hija sea feliz no hay problema —repuso ella con una tenue sonrisa antes de añadir —Imagino que deben de estar agotados así que pasen a descansar un poco, justo ahora estaba tomando el té —dijo Grace invitándolos a pasar y cerrando la puerta para dirigirse a la sala de estar, en donde se dió cuenta de un pequeño problema.

    —Se acabaron los macarons ¿Serena te importaría ayudarme un poco en la cocina? —preguntó la mujer un poco apenada, recibiendo un asentimiento de su hija, quien se levanto del sofá donde estaba sentada y se dirigió a la cocina junto con su madre.

    En ese momento fue cuando Anthony pudo ver el magnífico trasero de Grace y tomo una decisión: Atraparía a esa hermosa mujer y se convertiría en el Amo y Señor de aquella casa teniendo a ese hermoso par de madre e hija como sus leales y obedientes esclavas.

    El chico estaba sumido en sus pensamientos hasta que una nota en la televisión llamó su atención. En ella se hablaba de la detención de un joven de cabello rubio que enfrentaba serios cargos por el uso indebido de habilidades pokémon, hostigamiento, acoso sexual y pederastia, por lo que pasaría más de 50 años en prisión.

    “Lo siento, Max, pero esto tenía que pasar así” pensó Anthony con un poco de pena al reconocer al detenido, aunque tampoco pudo evitar sonreír al saber que estaba más cerca de cumplir su objetivo “Va uno y faltan 2” mientras recordaba la conversación que tuvo con Jenny y Malva hace 6 días.

    Al día siguiente después de aquella interrumpida celebración Anthony miraba el Holomisor que Malva le dejo, las chicas después de cambiarse y de desayunar le comentaron que saldrían de compras, a lo que el accedió con la única condición de que no volvieran muy tarde. Sin embargo una vez que ellas se fueron vio que Jenny se disponía a volver a su trabajo por lo que decidió detenerla.

    —Espera, Jenny. Necesito hablar contigo de algo —pidió de forma gentil aunque con la suficiente autoridad para que quedara claro que aquello era una orden.

    —Por supuesto, mi Amo. Estoy a tu completa disposición —respondió la mujer antes de tomar asiento frente a el.

    —Necesito que pongas tu total atención a la siguiente conversación ¿De acuerdo? —le pidió, recibiendo una cabezada de asentimiento de la oficial y sin dudar comenzó a marcar el número que estaba programado en el aparato.

    —No espere que me llamarías tan pronto, espera… ¿Ella es una Oficial Jenny? Si tienes problemas con la ley no cuentes con mi ayuda —contestó el pequeño holograma de Malva que apareció del Holomisor.

    —No te preocupes por Jenny, ella nos ayudará en nuestro objetivo. Y quiero que este al tanto de nuestros planes —repuso el chico con calma.

    —Entiendo, ¿Pero estas seguro de que ella no nos va a delatar? Imagino que comprenderás que por razones obvias no confió mucho en la Policía —inquirió la Alto Mando aún viendo a la oficial y a su socio con desconfianza.

    —Estoy completamente seguro de que ella no nos dañará de ningún modo ¿O si, Jenny?

    —Por supuesto que no, Amo. Yo sólo quiero que se haga justicia y también hacer realidad todos tus deseos —contestó la oficial sin la más mínima vacilación.

    — ¡Vaya, vaya! Cada vez me impresionas más, Anthony. Nunca se me ocurrió que una de tus “parejas” fuera una Oficial Jenny. Al parecer eres mucho más estratégico y selectivo con tus capturas de lo que yo crei, sin embargo no creo que esa sea la razón por la que me estas llamando, así que te sugiero que vayas al punto.

    —Se cómo asegurarnos de que sea yo quien vaya a la captura de Diantha —sentenció el chico con una seguridad absoluta.

    —Explícate, Anthony —pidió la Alto Mando sumamente interesada.

    —Veras dentro de la Agencia de Palermo no hay mucho personal masculino, ya que la gran mayoría se dedica a la vigilancia del edificio y a ser los chóferes y guardaespaldas de Palermo y de Aria, por lo que el grupo que se encarga de perseguir y cazar objetivos no es mayor a 30 personas —explicó Anthony de forma centrada mientras Malva asentía por cortesía, ya que ella ya poseía esa información.

    —Sin embargo a pesar de lo reducido que es el grupo de cazadores, estamos muy bien diferenciados en base a nuestras habilidades, ya que aproximadamente unos 20 de sus cazadores son novatos sin mucha experiencia. Sin embargo también existe una exigua minoría, que al igual que yo está bajo las órdenes directas de Palermo, y a ellos se les conoce con el nombre de los Royal Knights.

    — ¿Así que los Royal Knights? Imagino que ellos son el escuadrón de élite de Palermo que me habías mencionado ¿Supongo que tú también eres parte de ellos, no? —mencionó Malva después de analizar esa información.

    —No de forma oficial, me consta que ellos le han propuesto a Palermo a ascenderme a ese grado gracias por mi experiencia en las misiones y en los combates pokémon, sin embargo ella no considera que esté listo además de que dice que aún soy muy joven. Sin embargo he entrenado con ellos e incluso los he ayudado en algunas de sus misiones, por lo que para fines prácticos puedes considerarme como un Royal Knight o como el cazador más cercano a ser uno.

    —Entiendo, aún no eres un Royal Knight, pero los conoces a todos ¿No es así? —comento Malva con una sonrisa al unir los cabos sueltos.

    —Así es. Si quitamos a los Royal Knights de nuestro camino Palermo no tendrá otra opción más que enviar al siguiente miembro dentro de su jerarquía: Tendrá que enviarme a mí. Ya que ella no va a arriesgarse a confiarle algo tan importante como la captura de Diantha a unos novatos en formación.

    —Muy bien, Anthony. Entonces háblame más de esos “Royal Knights”, quiero saber a qué clase de oponentes me enfrentó —pidió la Alto Mando con sonrisa dulce.

    —Los “Royal Knights” son un grupo de tres personas, que aunque están especializados en trabajar en grupo no deben ser subestimados por individual —señalo el chico antes de continuar.

    —Su líder es Alphonse Sade, un hombre moreno de unos 25 años, el tiene el cabello y los ojos de color negro y estatura media. Puede que ya hayas escuchado algo acerca de él, ya que en el bajo mundo es conocido como “El atacante de la Rosa”, ya que siempre deja a sus víctimas cubiertas con pétalos de flor.

    —Su principal arma es el olor, por lo que sólo atacara cuando su víctima este indefensa y aunque sus presas favoritas son las Enfermeras Joy u Oficiales Jenny, no rechaza la oportunidad de ir tras otras chicas.

    —El segundo al mando es Grenuelue, un chico alto y delgado de 22 años con cabello castaño oscuro, ojos verdes y piel pálida. Su principal característica es que es un fetichista de la ropa interior que siempre buscará aumentar su colección, por lo que toma las prendas de cada una de sus víctimas, su especialidad es el ataque furtivo.

    Y finalmente esta Max Hagen. Él es el más joven del trío, es rubio de ojos castaños y complexión media. Fue un hábil coordinador proveniente de Hoenn, por lo que vencerlo es más difícil de lo que parece, aunque tiene la mala costumbre de que no puede evitar jugar a ser el “hermano mayor” de sus presas, razón por la que suele especializarse en entrenadoras novatas.

    —Entonces tenemos bastante trabajo que hacer —comentó Malva después de escuchar esa información con una sonrisa de triunfo.

    Una vez que terminó de ver la noticia el chico liberó a su Fennekin, el estaba totalmente dispuesto a hacer suya a aquella deliciosa mujer, quien justamente llegaba a la sala con una bandeja de té en sus manos. Así que se levantó rápidamente y se ofreció a poner la bandeja en la mesa en lugar de Grace, quién le agradeció el gesto con una sonrisa.

    Cuando él tomó la bandeja y la puso sobre la mesa fue el momento en que le dio una mirada a su pokémon, quién de inmediato entendió lo que su entrenador quería y dió un salto junto con un pequeño gruñido, de forma que cuando Grace volteó a ver al pequeño pokémon para saber que quería, sus ojos azules quedaron atrapados por el brillo morado de los ojos de los ojos de Fennekin, un deslumbrante brillo que rápidamente la sumió en un profundo trance.

    Mientras tanto Serena llegar de la cocina, con otra bandeja de comida en sus manos, cuando se encontró con la imagen de su madre inmóvil a la mitad de la sala con la mirada perdida. Pero antes de poder preguntar que sucedía Anthony se acercó a ella y le quitó la bandeja que sostenía en sus brazos y ponerla sobre la barra de la cocina.

    —Cariño ¿Que sucede? —preguntó la confundida performer en voz baja al sentir como el cuerpo de su novio se acercaba al suyo por detrás, y sin el menor recato, no sólo comenzó a rozar su entrepierna contra su trasero sino que comenzaba a besar su cuello.

    —Ah… Amor… De-detente… Mi mamá… puede oirnos —gimió la joven de cabellos color miel en voz baja tratando de que su madre no se diera cuenta de lo que sucedía, sin embargo Grace no parecía estar conciente de lo que sucedía a su alrededor, además que en ese momento las hábiles manos de su novio se colaron bajo su vestido y comenzaron a tocar su zona íntima.

    —No hables y disfrútalo, mi amor —le susurró Anthony al oído antes de lamer su mejilla mientras que las caricias que hacia sobre el coño de la chica se hacían más apasionadas.

    —Ssi… amor… Como tú… digas —repuso Serena notablemente excitada por aquella morbosa situación y gozando profundamente de las caricias del chico, hasta que estás cesaron tan repentinamente como comenzaron.

    —Mi hermosa Serena, yo sé que dentro de ti hay una chica mala y quiero conocerla, quiero me muestres lo sexy y dominante que puedes ser y que le des rienda suelta a tu imaginación. En estos momentos tu hermosa madre está totalmente hipnotizada y quiero que la uses como un juguete para tu diversión. ¡Quiero que la domines y le muestres el delicioso placer de la esclavitud! ¡Que la hagas obedecernos para siempre! ¿Has entendido, mi sexy esclava? —le dijo el chico al oído con una voz suave, pero firme a la vez, por lo que Serena de inmediato entendió que aquello era una orden de su adorado Amo y que ella debía de obedecerla.

    —Tus deseos son mis órdenes, mi amado Anthony. Desde ahora seré una dominante y sexy Ama con nuestros juguetes, con nuestras leales esclavas; Y también te demostraré mi eterna lealtad y sumisión hacia tí al dominar a mi sensual madre y hacerla una más de nuestras esclavas —respondió la performer con un tono de voz increíblemente sumiso y seductor, a la vez que el brillo de la lujuria se apoderaba de sus hermosos ojos azules.

    En esos momentos la tierna e inocente Serena había sido reemplazada por una cachonda, lujuriosa y obediente esclava, una a la que no le importaba nada más que cumplir las órdenes de su Amo.

    Anthony sonrió complacido y soltó a Serena, no sin antes darle una sonora nalgada, quién sensualmente se acerco a su progenitora hasta quedar enfrente de ella. La mujer estaba en una posición firme, con sus ojos azules carentes de todo brillo, y con su mente en blanco y lista para ser reprogramada.

    —¿Me escuchas Grace? —preguntó Serena con una inusitada frialdad, aunque en sus labios se dibujaba una sonrisa traviesa.

    —Sí, hija… Te escuchó —respondió la mujer de forma monótona.

    —Muy bien. Entonces quiero que me escuches con mucha atención y grabes cada una de mis palabras en lo más profundo de tu mente y de tu corazón ¿Has entendido? —indicó la hermosa joven adoptando a la perfección el rol de una sexy dominatrix mientras que Grace asentía sin dudar.

    —A partir de ahora eres totalmente mía, Grace. Y desde hoy y para siempre harás todo lo que yo te diga, sin dudar, sin rechistar, sin pensar. Tú ya no podrás ni querrás oponerte a ninguna de mis órdenes ¿Has entendido? —preguntó la chica tomando el mentón de su madre para ver sus ojos vacíos.

    —Lo he entendido… Hija —repuso Grace sin la más mínima vacilación, lo cual hizo sonreir a la chica, pero todo rastro de pureza o ternura había desaparecido del hermoso rostro de la corrompida performer.

    —Buena niña —la felicito Serena antes de añadir —En cuanto yo te lo indique vas a despertar, sin recordar que has sido hipnotizada, y aunque seguirás siendo tú misma aún vas a estar totalmente bajo mi poder. De ahora en adelante ya no tendrás voluntad alguna para incumplir mis mandatos; Y en el momento en el que llegues al orgasmo mi control sobre tí será total y absoluto, por lo que te convertirás en una sexy y obediente esclava que estará totalmente a mi servicio para siempre. Ahora dime ¿Si has entendido mis órdenes?

    —Sí. He entendido —repuso Grace de inmediato

    —¿Que es lo que harás a partir de ahora? —preguntó Serena con la intención de verificar que sus instrucciones hubieran sido grabadas en la indefensa mente de su madre.

    —Todo lo que tú me digas, hija —repuso Grace de forma monótona.

    — ¿Y hay algo que no harías por mí si yo te lo pidiera? —inquirió la chica mientras rodeaba el inerte cuerpo de su presa.

    —No… Debo hacer todo lo que me digas sin importar que… —respondió Grace sin percatarse de la forma en que su hija la miraba.

    — ¿Y que es lo que pasará en cuando llegues al orgasmo? —pregunto Serena con ansiedad.

    —Tu control sobre mi será total y absoluto… Y me convertire en una sexy y obediente esclava a tu servicio.

    —Muy bien, Grace. Abre tus ojos ¡Ahora! —ordenó Serena con firmeza y en ese instante la mujer despertó, como si nada hubiera ocurrido, por lo que se disponía a sentarse cuando la voz de su hija se lo impidió.

    —No recuerdo haberte dado permiso para sentarte… —replicó Serena con frialdad, lo cual como era obvio llamó la atención de la mujer.

    —¿Que dijiste, Serena? —preguntó la mujer muy sorprendida y un poco molesta, ella nunca le había enseñado a su hija a dirigirse hacia ella de esa forma y no iba a comenzar ahora…

    — ¡Cállate! No tienes permitido hablar hasta que yo te lo ordené —exclamó la chica con firmeza, y muy a su pesar Grace se vio obligada a obedecer.

    —Muy bien, veo que por fin comienzas a entender cuál es tu nuevo lugar en esta casa. Así que ahora quiero que comiences a bailar de forma sensual mientras te quitas la ropa —indicó Serena mientras se recostaba en el sillón y chasqueaba sus dedos.

    Por su parte una sorprendida Grace no podía creer ni asimilar lo que pasaba. No sólo su pequeña y tierna hija se comportaba como si fuera una persona totalmente diferente, sino que por su cuerpo la obedecía sin dudar. Pero ella ya no tuvo más tiempo para pensar en ello en cuando su cuerpo comenzó a moverse por si solo siguiendo la orden que Serena le dió.

    Sin poder hacer nada evitarlo Grace comenzó a mover sus caderas de un modo bastante sensual, mientras que sus manos levantaban lentamente su blusa azul marino dejando a la vista un sostén de color negro que cubría sus espléndidos pechos talla 105. Al mismo tiempo sus pies se deshacían de sus zapatillas y ella se volteaba para mostrarle su increíble trasero a su hija y su novio, mientras que sus manos iban bajando su pantalón verde, dejando ver primero las bragas negras que cubrían sus nalgas y luego sus deliciosas y ligeramente bronceadas piernas, hasta quitárselo por completo.

    Una vez en ropa interior la asustada mujer no tardó mucho tiempo en desabrochar su sostén y dejarlo caer para liberar esas magníficas tetas, con aquellas areolas de color café y sus pezones visiblemente erectos, después de eso se dió la vuelta nuevamente y se agacho ligeramente para quitarse sus bragas y darle a los chicos una vista privilegiada de su ano y de su concha.

    Una vez desnuda la mujer dejo de danzar, quedándose en una posición firme, sin embargo una expresión de terror invadía su rostro y sin poder evitarlo unas pequeñas lágrimas comenzaban a surcar sus mejillas.

    —Imagino ¿Que te preguntas que es lo que pasa, no es así mami? Entonces te permitiré hablar, pero tienes totalmente prohibido gritar o intentar escapar —indicó la performer con una sonrisa antes de chasquear los dedos una vez más.

    —Se-serena ¿Que sucede? ¿Porqué me estás haciendo esto? —preguntó la confundida y asustada mujer, intentando contener sus lágrimas, y darle algún sentido a lo que sucedía.

    —Tranquila, mami. Lo que estoy haciendo es por tu bien, ya que sólo estoy mostrándote cuál es tu destino —comentó Serena alegremente e ignorando por completo la expresión suplicante de su madre, antes de ponerse de pie y dirigirse hacia su novio.

    —Mi amor ¿Estas contento? ¿Lo estoy haciendo bien? —preguntó ella de forma tímida, revelando que su actitud sumisa hacia Anthony no había cambiado.

    —Lo estás haciendo increíble, mi Serena. De hecho estoy tan contento que te daré una pequeña recompensa —en cuanto el chico dijo eso se acercó a ella y la tomo por la cintura para comenzar fundir sus labios de manera bastante pasional, aunque en medio de aquel inesperado abrazo, las manos del chico bajaron hasta el trasero de la performer y comenzaron a manosearlo sin el menor pudor.

    Al sentir aquel contacto una complacida Serena sonrió dulcemente y no tardó en dirigir sus manos hacia el borde de su vestido, antes de comenzar a levantarlo, dejando a la vista que usaba una diminuta tanga azul de encaje junto con un excitante liguero, también azul, los cuales apenas cubrían sus hermosas y blancas nalgas.

    Pero aún más que la impresión de ver a su querida hija luciendo ese sensual conjunto de lencería, lo que en verdad dejo atónita a Grace fue cuando ella tomó las manos del chico y las dirigió hacia su trasero, guiándolo y ayudándole a manosearlo.

    —Continua tocándome así, mi amor —suplicó una excitada Serena mientras que Grace mantenía los ojos fijos en la pareja y la veía totalmente impresionada, ya que ella jamás había visto y ni siquiera imaginado que su linda e inocente hija pudiera actuar así.

    Ya que Serena en verdad parecía adorar a Anthony y disfrutaba plenamente de cada una de sus caricias, además de que en sus ojos y en sus acciones había una verdadera pasión. Su hija no sólo le ofrecía su cuerpo a su novio, como si de una mujerzuela se tratara, sino que también parecía gustarle que ella estuviera delante, mirándolos.

    — ¿Porque me haces esto, Serena? ¿No lo entiendo? Tú no eres así, hija. ¡¡¡Eres mi hija!!!

    —Ya lo sé, mamá. Pero Anthony es mi novio, el hombre del que estoy perdidamente enamorada y también es mi adorado Amo y Señor. Mi corazón, mi cuerpo y mi alma le pertenecen por completo y sus palabras son mis órdenes. Yo soy su humilde y fiel esclava y dentro de poco tú también lo serás —confesó la chica entre tenues gemidos de placer.

    Al escuchar aquellas palabras los ojos de Grace se abrieron totalmente por la sorpresa. A pesar de que sus oídos habían escuchado a la perfección cada palabra que dijo Serena, su cerebro no podía asimilarlo y sin pensarlo miró al chico con furia esperando encontrar respuesta a su pregunta.

    —Durante su viaje por Hoenn conocí a Serena, fue muy fácil acercarme a ella y de inmediato la hipnotice para convertirla no sólo en mi sexy y obediente esclava, también en la novia perfecta —explicó Anthony mientras que Serena estaba detrás de él, pegada a su espalda, restregando su pierna semidesnuda por su cuerpo y acariciando su torso con ambas manos e intentando guardar el equilibrio, el rostro de chica no demostraba más emoción que el inmenso deseo de agradarle a su novio.

    —Cuando ella me pidió permiso para venir aquí yo no pensaba hacer nada, pero al ver lo sexy que eres no pude contenerme. Yo controlo a Serena y ella te controla a ti, así que el resultado de nuestro pequeño juego es obvio ¿No lo crees, mi futura esclava?

    Por su parte Grace no contestó al momento, ella estaba atemorizada y al mismo tiempo furiosa. A pesar de haber sido hipnotizada ella seguía teniendo su orgullo y este había sido herido al ver cómo su adorada hija era humillada de aquella forma, ver a aquél chico le producía una mezcla de odio, rabia e impotencia que jamás había experimentado.

    —Quítate el vestido, mi Serena —ordenó Anthony y sin dudarlo un solo instante, la chica tomó el borde inferior del prenda con ambas manos y lo arrastró por encima de su cabeza. Al hacerlo, sus hermosos pechos, cubiertos por un excitante e insinuante sujetador azul, a juego con el resto de su lencería, bailaron durante unos segundos al ritmo de sus movimientos.

    —Desde que me conoció tu hija ha desarrollado un enorme gusto por usar los más excitantes y provocativos conjuntos de lencería, a tal punto que ya nunca usa ropa interior común —comentó él chico tranquilamente al ver la forma en Grace observaba a su hija vestida con aquella erótica indumentaria, una que la hacia ver como una diosa a sus ojos.

    —Mi amor ¿Que te parece si continúas divirtiéndote con tu mami? —le comentó de forma divertida a la chica, quién de inmediato se detuvo.

    —Si, mi amor. Lo que tú órdenes —contestó Serena de forma sumisa pero sensual, antes de dirigirse hacia Grace, abrazarla y darle un corto pero apasionado beso en los labios, uno que muy en el fondo dejó a la mujer con ganas de más.

    “Sus labios son tan ricos” pensó Grace con ensoñación antes de sacudir su cabeza con fuerza y comenzar a reprenderse “¿Pero que Giratinas me pasa? Ella es mi hija”

    Sin embargo Serena notaba perfectamente como el corazón de su madre latía cada vez con más intensidad debajo sus dedos, por lo que le sonrió de forma coqueta y comenzó a besar el cuello de su progenitora con extremo cuidado, e incluso aprovechando la ocasión para darle algunos mordiscos que hacían suspirar a su madre.

    “En verdad besa increíble” pensó la ex-corredora Rhyhorn con frustración y remordimiento cada vez que los labios de su hija hacían contacto con su piel, lo que la hacía estremecer, mientras trataba de contener sus gemidos.

    Pero todos sus esfuerzos fueron inútiles en cuanto los labios de Serena se posaron sobre sus sensibles y desnudos pechos y su traviesa lengua comenzó a lamerlos con dulzura, provocándole una inédita oleada de placer que la hizo gemir.

    Por su parte la performer era totalmente consciente de que tenía a su presa en sus manos, sin embargo también sabía que sería más divertido para su Amo si ella se aprovechaba del estado de excitación en que estaba su madre, así que con una sonrisa traviesa comenzó a dejar los pechos de Grace y a bajar por su abdomen, el cual acariciaba sin cesar, hasta llegar a su objetivo.

    La descubierta y depilada concha de Grace estaba a su disposición, por lo que Serena no dudo ni un momento en arrodillarse frente a ella y con mucho cuidado separar los grandes labios vaginales de su madre. Pero antes de continuar la chica observó con detalle el rosado y húmedo coño de su progenitora, tras lo cual no pudo resistirse a aprisionar su clítoris entre sus dientes y darle un par de lamidas rápidas, sintiendo como la mujer se estremecía de placer.

    — ¡Por favor sigue! —exclamó Grace respirando agitadamente y comenzando a rendirse ante aquel prohibido placer, provocando una sonrisa interior en la chica.

    —En primer lugar tú no me das órdenes, y si quieres referirte a mí deberás de llamarme Ama Serena —replicó la chica de forma traviesa y remarcando cada una de sus palabras con una nueva lamida antes de detenerse y comenzar a incorporarse.

    —Además esto era sólo una pequeña prueba de lo bien que puedo hacerte sentir, así que si quieres sentir más placer tendrás que ser más obediente ¿Lo has entendido, mami? —dijo ella mientras acariciaba los pechos y el abdomen de su madre.

    —¡Si, Ama Serena! ¡Lo entiendo! ¡Por favor, continúe! —gimió la mujer extasiada con el placer que su cuerpo tanto necesitaba sentir. El placer que no sentía desde que su esposo murió y que por más que lo intentó, no pudo encontrar en ninguna otra persona… Hasta ahora…

    Y complacida por la respuesta de su madre la performer decidió premiarla un poco, de forma que uso su mano derecha para acariciar suavemente el ardiente coño de Grace antes de meter dos de sus ágiles dedos dentro de su vagina y comenzar a moverlos con mucho cuidado.

    — ¡Muy bien, mami! Veo que ya entiendes cual es tu propósito, pero antes de darte más placer quiero ver lo puta que puedes llegar a ser —dijo Serena mientras sacaba sus dedos del sexo de su madre, empapados en fluidos para ponerlos delante de la boca de la mujer.

    —¡Chúpalos! —ordenó, viendo con satisfacción cuando su madre abrió la boca para chupar con lujuria y pasión los dos dedos que le ofrecía y sacarlos cuando consideró que estaban libres de fluidos.

    —Así me gusta, mami —dijo Serena antes de darle un nuevo y fugaz beso en los labios —¿Ves lo rico que se siente cuando haces lo que digo?

    —Sí Ama Serena, por favor deme más —suplicó la mujer fuera de si, ya que su hija se había encargado de usar su mano izquierda para acariciar las partes mas erógenas de su cuerpo mientras ella limpiaba sus dedos

    —Bien hecho, mi sucia Fennekin. Ahora arrodíllate ante mí y besa mis botas en señal de obediencia y sumisión absoluta —ordenó la performer sin andarse con rodeos, y aunque esperaba que la orgullosa de su madre pusiera algo de resistencia, se sorprendió gratamente en cuando vio como esta de inmediato se arrodilló en el suelo e inclinaba su cuerpo hasta posar sus labios sobre sus botas cafés, las cuales comenzó a cubrir de besos y a lamerlas cuando cuando ella se lo indicó.

    La joven, curiosa por saber hasta donde llegaba el deseo de Grace, le indicó que se tumbara en el suelo boca arriba. La mujer, que cada vez jadeaba con mayor intensidad, no dudó en tumbarse sobre el suelo de la sala.

    Y aunque una parte de Grace aún estaba consciente de que lo que estaba haciendo estaba muy mal, a ella ya no le importaba. Ya que el abrumador placer que sentía había nublado por completo su juicio, además de que ella presentía que algo maravilloso sucedería en cuanto llegara a su tan anhelado clímax.

    Serena aprovechando de la situación de su progenitora comenzó a acariciar el cuerpo de la mujer usando únicamente sus botas, oprimiendo ligeramente sus pechos, en especial sus pezones, y usando la punta de sus botas en el palpitante coño de la mujer para luego llevarlo a la boca de esta y que lo chupara…

    —Veo que lo estás pasando muy bien, mami —comentó Serena de forma traviesa y sensual —¿Quieres que te haga correrte?

    —¡Si, Ama Serena! ¡Por favor! ¡Quiero… Necesito correrme! —imploro la ex corredora Rhyhorn, como si su vídeo dependiera de ello.

    —Muy bien, me gusta que seas tan honesta. Pero lo haremos como yo diga y te correrás cuando yo te diga, ¿Entendido, mamita? —dijo la chica, encantada de tener a su madre tan indefensa, lo cual secretamente siempre había anhelado.

    —Sí, Ama Serena, está muy claro —gimió la excitada mujer, claramente ansiosa por finalmente poder sentir más placer y finalmente correrse.

    —Entonces ponte a cuatro patas y sígueme como la cachonda Vulpix que eres, mami —indicó la performer con una sonrisa de triunfo, al saber que su progenitora ya estaba totalmente a su merced, mientras que se dirigía hacia el sofá, moviendo seductoramente sus caderas mientras caminaba, antes de tomar asiento.

    Por su parte, Grace jamás se había sentido tan humillada como en ese momento. Sin embargo ella estaba tan deseosa de alcanzar el orgasmo que ya no le importaba lo que tuviera que hacer para conseguirlo, así que si lo que debía hacer era humillarse ante su hija y obedecer todas sus órdenes, eso sería justo lo que haría.

    Una vez que Serena tuvo a su madre a sus pies, ella decidió premiar su buena conducta al acariciar suavemente su cabeza —Lo has hecho muy bien, mami. Ahora lo siguiente que debes hacer es quitarme mi bota derecha —indico a la vez que extendía esa pierna, sabiendo perfectamente que sus pies estaban completamente sudados.

    Sin embargo Grace obedeció aquella indicación sin vacilar, por lo que en cuestión de segundos la hermosa mujer quedó de rodillas frente al pie de su hija, cubierto por una sudada media negra, y en espera de recibir más órdenes.

    —Ahora coloca tu coñito sobre mi pie y frótate contra él hasta que te corras —ordenó la chica viendo la cara de excitación de su madre, que a juzgar por su expresión haría lo que fuera para llegar al orgasmo —¿Es lo quieres, no?

    —Sí, Ama Serena, es lo que quiero —dijo la mujer visiblemente excitada y separando sus piernas para dejar el pie de su hija entre ellas.

    —Muy bien mami —dijo la muchacha agarrando de la barbilla a Grace y levantando su cabeza, mientras notaba como el sexo de la mujer a la que tenía completamente dominada se movía de arriba a abajo con rapidez sobre su pie, buscando el tan ansiado orgasmo.

    Por su parte Serena no le permitía que bajara la cabeza, ya que ella quería ver en todo momento el rostro de su madre y apreciar el momento en que ella sucumbiera al placer y se convirtiera en una esclava, lo cual la excitaba bastante.

    Tal y como Serena lo imagino, Grace no tardó mucho en correrse, soltando una gran cantidad de fluidos sobre su pie al tiempo, la cuál se agarraba de su pierna con fuerza y cerraba los ojos mientras formaba una expresión de absoluto placer en su rostro.

    En ese momento la realidad de Grace cambio por completo, y fue entonces que ella comprendió que Serena, su adorada Ama tenía razón: A partir de ahora ella seria una sexy y sumisa esclava al servicio de su amada hija y de su apuesto novio, y desde ese momento el único propósito de su vida sería el de servir y obedecer a sus Amos en todo. En realidad era algo que ella misma deseaba, pero había sido demasiado terca para aceptarlo.

    —Ahora limpia mi pie de tus fluidos, mi sexy esclava —indicó la performer después de ver como el cuerpo de su madre se convulsionaba al alcanzar el orgasmo, lo cual hizo que ella también se mojará.

    —Como usted lo ordené, Ama Serena. Desde ahora seré su más fiel esclava —contestó la mujer de forma increíblemente sumisa, y para beneplácito de Serena en cuanto Grace oyó su orden comenzó a incorporarse para ponerse de rodillas y sin la más mínima vacilación comenzó a lamer su pie con mucha lujuria y devoción, usando su lengua para retirar y tragarse hasta la última gota de sus fluidos.

    —Eres increíble, mami. Sabía que serías una excelente adición para el harem de mi amado Anthony —replicó la performer con genuina alegría al saber que su madre ahora era un esclava al igual que ella, por lo que no pudo evitar levantar su mentón para besarla con pasión.

    —Muchas gracias por este maravilloso regalo, Ama Serena. Te prometo que haré todo lo posible para ser la mejor esclava posible para ti y para nuestro Amo —comentó Grace, con un adorable sonrojo, antes de ser ella la que besara a su hija.

    Mientras tanto un excitado Anthony, quien ya se había quitado la ropa, estaba sentado en una silla disfrutando cada detalle de ese bello espectáculo. Aunque ya era tiempo de dejar de ser un mero espectador y pasar a ser el actor principal al disfrutar de su premio.

    —Eso fue maravilloso, preciosas. Pero creo que ya es tiempo de que ambas le den placer a su Amo con sus eróticos cuerpos ¿No les parece, mis esclavas? —al oír aquellas palabras tanto madre como hija dejaron de besarse, pero en lugar de estar molestas por la interrupción le sonrieron al chico con lujuria.

    —Tienes razón, amor… Es hora de que tu también pruebes a mi deliciosa mami —contestó Serena de forma dulce mientras se ponía de pie para despojarse de sus escasas prendas íntimas y quedar completamente desnuda.

    —Estoy ansiosa por comenzar a servirlo, Amo. Soy suya en cuerpo y alma —completó Grace mientras se apoyaba en las manos de su hija para ponerse de pie.

    —Me alegra mucho saber eso. Entonces llévanos a tu habitación, Grace —ordenó Anthony con una sonrisa de triunfo al saber que era el dueño de la situación.

    —Sí, Amo. Como usted ordené —respondieron las 2 mujeres al mismo tiempo, con idéntica alegría, mientras se dirigían hacia a la alcoba principal de la casa y totalmente listas para lo que el chico deseará hacer con ellas.

    Sin embargo una vez que entraron en la habitación Anthony tomó a Grace de la mano y la atrajo hacia él para comenzar a besarla con pasión, una pasión que la hermosa mujer correspondió gustosa mientras acariciaba su fuerte pecho con una mano y su miembro con la otra.

    — ¡Su verga es maravillosa Amo! Ahora entiendo porque mi hija lo ama tanto —exclamó la mujer con auténtica admiración al ver como aquel miembro se ponía cada vez más erecto gracias a sus caricias, ya que aún sin estar hipnotizada aquella verga era una de las más grandes y apetecibles que Grace había visto en toda su vida, por lo que no podia evitar desearla.

    —Mi Amo ¿Le gustaría que le pudiera enseñarle a Serena unos cuantos trucos para poder complacerlo mejor? —preguntó la ardiente mujer en cuando se separaron para recuperar el aliento, deseosa tanto de sentir más placer, como de agradar al hombre que ahora era el motivo de su existencia.

    —A mi me parece una maravillosa idea ¿Tu que opinas, mi hermosa Serena? —preguntó Anthony, intuyendo correctamente que una mujer tan candente como Grace debía poseer una experiencia considerable en el ámbito sexual y de la cual su adorable novia podía beneficiarse.

    —Estaré encantada ¡Vamos mamá! ¡Enséñame como puedo complacer mejor a Anthony! —suplicó la chica muy emocionada, no sólo por la perspectiva de recibir consejos sexuales de parte su ardiente madre, sino porque podría dar y obtener más placer de sus encuentros carnales con el chico al que amaba.

    —Muy bien. Entonces acércate más, Serena, y observa muy bien lo que hago —indicó Grace con autoridad, recuperando un poco de su actitud habitual, lo cual hizo sonreír un poco a la performer antes obedecer a su madre.

    Tras asegurarse de que tenia la completa atención de Serena fue cuando Grace se arrodilló en el suelo frente a Anthony, quien se había sentado sobre la cama, antes de envolver la verga del chico entre sus hermosas tetas y comenzar a moverlo lentamente de arriba hacia abajo mientras lamía la punta.

    —A los hombres no sólo les encanta que una mujer tenga unos buenos pechos, sino que también sepa como usarlos ¿Verdad, Amo? —comentó la ex-corredora Rhyhorn tomando un breve descanso tanto para explicarle a su hija como para deleitarse con la mirada del chico quién asentía mientras gemía sin parar.

    —Mover la verga de forma rápida no sólo hace que sea más difícil mantenerla en su lugar, sino que también hace que esto resulte menos divertido —explicó Grace mientras exhalaba algunas bocanadas de su cálido aliento sobre la punta de la verga del chico antes de comenzar a chuparla poco a poco.

    —Y cuando hagas esto no trates de meter más que la punta en tu boca, de lo contrario vas a ahogarte —dijo ella, tomándose un breve momento para apreciar aquel sabor, y tras esa aclaración ella reanudó su placentera labor.

    La habilidad de Grace era tanta que una excitada y muy impresionada Serena comenzó a tocarse, aunque centrando toda su atención en la escena que veía para no perderse ni el mas mínimo detalle, mientras que Anthony gemía de placer, concentrándose en disfrutar al máximo cada segundo de ese celestial tratamiento.

    “Sin duda Serena tiene que aprender a hacer esto” pensó el excitado chico ante la hermosa perspectiva de que fuera su adorada novia la responsable de hacerlo sentir así, cuando su liquido pre-seminal del joven comenzó a salir.

    Aunque al percatarse de ello Grace se lo tomó con gusto, antes de escupirlo en su mano, y comenzar a frotarlo sobre sus pechos para que sirviera a modo de lubricante. Por lo que ella continuo con su tarea a mayor velocidad que antes.

    De esa forma no solo la verga del chico podía deslizarse más fácil por los grandes pechos de Grace, sino que la excitada mujer podía lamer cada vez más del miembro de su Amo, lo cual producía unos eróticos ruidos.

    —Ahh… ¡Voy a correrme, Grace! —exclamó el chico algunos minutos después, y sin poder contenerse por más tiempo. Sin embargo al escuchar eso la mujer no se detuvo, sino que le dedicó una mirada que sólo podía significar que ella deseaba que lo hiciera, por lo que no tardó en cumplir el deseo de su más reciente adquisición y cubrió el rostro de Grace con su semen.

    —Tanto el olor como la consistencia son perfectas, mi Amo —declaró Grace con una sonrisa de satisfacción al tomar un poco de escencia del chico entre sus dedos, aunque no fue capaz de probarlo ya que Serena fue incapaz de seguir conteniéndose y comenzó a limpiar la cara de su madre usando su lengua.

    —Hija, déjame algo —suplicó Grace antes de besarla en los labios, de forma en que ambas pudieran probar su semen, lo cual era una imagen realmente excitante para Anthony, quien masejaba levemente su verga para prepararla para el siguiente asalto.

    — ¡Oh, Amo! ¡Por favor folleme! ¡Necesito tener su maravilloso semen en mi interior! —imploró Grace de la forma más sensual posible, una vez que ambas hubieron quedado limpias, mientras se incorporaba y usaba sus manos para abrir su vagina, mostrando lo húmeda que estaba.

    —Adelante, mi esclava. Muéstrame lo mejor que puedas hacer —comentó Anthony una vez que recupero su erección y sin pensarlo ni un momento más Grace se coloco encima de él y comenzó a meter su pene dentro de su húmedo coño.

    A la ardiente mujer sólo le tomo unos instantes acostumbrarse al tamaño y grosor de aquel miembro, deleitandose con la maravillosa sensación de nuevamente tener a un hombre dentro de ella, y empezó a mover sus caderas como una profesional y demostrando el porque fue la mejor corredora de Rhyhorns.

    — ¡Su polla es magnífica, mi Amo! ¡Tan grande! ¡Tan dura! —exclamó la mujer mientras incrementaba la velocidad de sus movimientos, sin embargo sus gemidos fueron silenciados por los labios de Serena, quien se había acercado a ella por detrás mientras acariciaba sus pechos.

    — ¡No saben lo mucho que deseaba tener una buena polla dentro de mi! —gimió la mujer moviéndose con frenesí una vez que sus labios fueron libres, aunque un hilo de saliva aún unía su boca con la de Serena —Y no hay nada mejor que una polla joven y llena de energía ¡Te tengo tanta envidia, hija mía! ¡Por favor hágame suya, Amo! ¡Deme más duro, más fuerte!

    —Lo sé mamá ¡Anthony es el mejor! Y estoy tan feliz de que ahora tú compartas este placer conmigo —respondió la chica con dulzura antes de unir nuevamente sus labios con los de su madre y empezar a enlazar sus lenguas en un lujurioso beso estilo Kalos, mientras que las manos de Anthony comenzaron a acariciar el perfecto trasero de Grace, pellizcandolo y manoseandolo con todo el descaro del mundo, lo cual excitaba aún más a la mujer.

    — ¡Voy a correrme, Amo! ¡Por favor, corrarse conmigo y lleneme con su semen! ¡Lo quiero! ¡Lo necesito! —exclamó Grace antes de alcanzar un demoledor orgasmo, el más intenso de su vida, mientras que su deseo se hacía realidad y su vagina era inundada por una abundante y espesa carga de semen.

    — ¡Eres asombroso, Amo! ¡Nunca nadie me había follado tan rico! —ronroneo la ex-corredora Rhyhorn forma sensual, como si estuviera lista para un segundo round, cuando una suave voz la detuvo.

    — ¡Eso no es justo, mamá! ¡Ahora es mi turno de ser follada por Anthony! —intervino la performer, quien ya no podía esperar más para entregarle su cuerpo al chico, aunque ella ignoraba que su amado Amo tenía otros planes.

    —Grace recuéstate sobre la cama, Serena ponte a cuatro patas encima de tu madre —indicó el chico con la intención de terminar lo que Malva interrumpió en Ciudad Slateport: Hacer suyo el delicioso culito de Serena.

    — ¡Si, Amo! ¡Escuchamos y obedecemos! —fue la eufórica respuesta de madre e hija mientras tomaban las posiciones que se les pidieron, por lo que el se acercó a la más joven y comenzó a manosear tanto su coño como sus tersas nalgas, comprobando lo mojada que ya estaba su movía.

    En cuanto Serena sintió que la verga que tanto amaba se acercaba a empapada zona íntima ella gimió de placer, lista para ser penetrada, aunque lo que el chico estaba haciendo era recoger sus fluidos alrededor de su miembro para usarlos como lubricante. De forma que en cuanto Anthony lo creyó suficiente comenzó a abrir las carnosas nalgas de la chica.

    Fue en ese momento cuando la chica comprendió lo que Anthony pretendía hacer, pero ese breve instante no basto para prepararla, ya de inmediato la gruesa verga del chico comenzó a invadir su pequeño orificio anal y haciéndola soltar agudos gemidos que eran tanto de dolor como de placer.

    Al ver la situación Grace, quien hasta ese momento habia sido sólo una espectadora, decidió intervenir al silenciar los labios de su hija con dulces, cálidos y lujuriosos besos mientras recorría sus pechos con sus manos, mientras que sus ardientes coños finalmente estaban haciendo contacto.

    Al separarse para tomar aire, un delgado hilo de saliva aún unía las bocas de madre e hija, mientras que el miembro de Anthony ya se había adentrado por completo en el estrecho interior de Serena. Quien gracias al dulce tratamiento de su madre y al cuidado del chico al penetrala estaba sintiendo niveles de placer que nunca imagino, ya no había dolor, solo placer, mucho placer.

    —Buen trabajo, Grace —dijo el chico con una sonrisa, claramente agradecido con ella por evitarle dolor a Serena, antes de dirigirse hacia la ardiente chica —¿Estas lista para más, mi amor?

    — ¡Por supuesto, Amo Anthony! ¡Por favor siga follando mi culo! ¡Deme más duro! —exclamó la excitada chica, a lo que él no pudo evitar sonreír antes de tomar su cintura y comenzar a embestirla, dando lo mejor de sí para satisfacerla, por lo que no era extraño que en cuestión de instantes los lujuriosos gemidos de la joven de cabellos color miel comenzarán a inundar la habitación.

    Aunque no por mucho tiempo ya que Grace, deseosa de aún más placer, comenzó a besarla con pasión mientras frotaba su cuerpo contra el de su hija, de forma que sus ardientes coños estaban constantemente en contacto y sus manos atacaban los sensibles pechos de la otra.

    De esa forma los tres amantes se entregaron totalmente a la pasión durante varios minutos, minutos en los que las veloces embestidas de Anthony junto con los constantes besos y carícias entre madre e hija incrementaban el placer que los amantes sentían, hasta que el pelinegro finalmente se corrió dentro del culo de Serena, al mismo tiempo que sus esclavas tambien llegaban al orgasmo.

    Una vez que el eco del gemido simultáneo que los tres soltaron al llegar al orgasmo dejo de resonar en la habitación fue cuando con mucho cuidado Anthony saco su verga del estrecho agujero de Serena, todo para no causarle más dolor a su novia, aunque ese movimiento hizo que una parte de su corrida saliera al exterior adornando el delicioso culo de Serena con su semen y el cual caía hasta llegar a la concha de Grace.

    — ¡Eso fue maravilloso, mi amor! ¡Me encanto que tomarás mi culo! —gimió la emocionada chica de cabellos color miel mientras acariciaba sus deliciosas nalgas, aunque por el tono débil de su voz saltaba a la vista que ella estaba agotada.

    — ¡Serena tiene razón, Amo! ¡Convertirme en su esclava es lo mejor que he pasado en la vida! —exclamó una emocionada Grace, quién por primera vez desde la muerte de su esposo se sentia completamente satisfecha de un encuentro sexual, aunque estaba igual de agotada que su hija.

    —Muchas gracias por eso, mis dulces esclavas —agradeció Anthony mientras se recostaba en el centro de la cama —Pero ahora es tiempo de descansar, les aseguro que mañana vamos a divertirnos mucho más.

    Al escuchar esas palabras los rostros de ambas mujeres se iluminaron y sin perder tiempo se acurrucaron al lado del hombre que ahora era el centro de su existencia, así que después de unos lujuriosos besos de buenas noches el cansancio finalmente los venció y cayeron en los acogedores brazos de Cresselia con una sonrisa de absoluta felicidad.

    Al día siguiente Grace fue la primera en despertar, por lo que después unos minutos en donde observó con cariño y deseo el cuerpo desnudo de sus dos Amos, quienes aún dormían profundamente; ella se levanto para hacerles el desayuno.

    Sin embargo la ardiente mujer no vio ninguna necesidad de vestirse, por lo que únicamente se puso unas medias negras para no sentir frío en los pies y hacer que sus piernas se vieran aún más deseables, y se dirigió hacia la cocina. Aunque al llegar a su destino se encontró con la bandeja de macarons que nunca comieron la noche anterior y se le ocurrió una idea.

    —Amo Anthony, Ama Serena, es hora de despertar. El desayuno está listo —habló de forma cantarina y sensual mientras movía sus hombros con suavidad.

    —Buenos días, Grace. Aún es… —trató de decir el adormilado chico hasta que abrió los ojos y vio una sensual imagen que lo hizo despertar por completo: Ya que Grace únicamente estaba usando un delantal azul claro y unas medias negras mientras sostenia una bandeja de ricos macarons en sus manos, pero al notar que tenía toda la atención de los chicos sonrió satisfecha y tomó uno de los bocadillos para ponerlo entre sus pechos.

    —Tendrán que comerse primero este y luego iré poniendo los demás, mis amados Amos —comentó ella con una gran sonrisa, que Anthony le correspondió, antes de hacer lo que la mujer le pidió. Estando muy seguro de que iba a disfrutar mucho de la estadía en la casa de su futura suegra.

    Mientras tanto en una ubicación desconocida en Kalos, había un hombre moreno de cabello negro que se encontraba encadenado sobre una cama de rosas rojas con afiladas espinas, dentro de lo que parecía ser una especie de almacén o búnker secreto.

    — ¿Que irónica es la vida, verdad Alphonse? El Atacante de la Rosa y el orgulloso líder de los Royal Knights terminara su vida mientras es lastimado por las rosas —comentó una voz femenina en tono burlón.

    —Si cooperas conmigo y me das la información que te pido, te prometo que acabaré con todo rápidamente y sin dolor. Pero si te niegas entonces vas a obligarme a sacarte la verdad de una manera tan dolorosa que en el momento en que te mate te sentirás tan feliz —dijo una mujer de largo cabello rosa junto a un fiero y poderoso Mega Houndoom, el cuál estaba sobre unos debilitados Hypno y Audino, y que en su hocico tenía a un Roselia gravemente lastimado.

    Continuará…

  • Vacaciones con papá (3)

    Vacaciones con papá (3)

    Estaba dormida, pero entre sueños comenzaba a sentir placer. Mis sentidos empezaban a despertarse y por segunda vez amanecía con una lengua acariciando mi coño, pensé en papá, pero esta vez era diferente, más cálida y más dulce. Cuando quise abrir los ojos, no podía, entonces me di cuenta de que llevaba un pañuelo que me impedía ver.

    Y: ¡Ummm papi!

    P: Buenos días preciosa.

    Y: ¿Qué pasa? ¿Por qué me has tapado los ojos? ¿Quién me está chupando?

    P: Es tu sorpresa mi amor.

    Y: Quiero verla, quiero saber quién es.

    P: No hasta que te corras, relájate y disfruta.

    La verdad es que no tardé mucho en correrme, la incertidumbre de saber quién era hizo que se acelerara mi orgasmo. Fui notando como esa boca con la que me acababa de correr, fue subiendo por todo mi cuerpo hasta llegar a la mía, donde nos fundimos en un apasionado beso, mientras me quitaban el pañuelo, entonces vi mi sorpresa, ¡era mamá!

    Y: ¡Mamá! ¿Qué haces aquí? ¿Y la abuela? ¿Qué ha pasado?

    M: Tranquila mi amor, que todo está bien. A la abuela la están cuidando y ya no era necesario que me quedara, por lo que decidí volver a pasármelo bien con vosotros. Tu padre me ha dicho que os lo habéis pasado genial. Tendría que haber llegado ayer por la noche, pero el tren se retrasó y he llegado por la mañana.

    Y: ¿Mamá, estás enfadada por lo que te ha contado papa?

    M: Claro que no cariño, es más, somos nosotros los que tenemos que contarte muchas cosas a ti.

    P: Nena, ¿quieres saber a qué venía lo de follar mirando la tele?

    Y: Sí claro.

    P: Resulta que mamá y yo teníamos un plan. Queríamos grabarte, por eso escondimos una microcámara detrás de la tele. El día que llegamos, no fue casualidad que entrarás con mamá en aquella tienda mientras yo subía las maletas. Lo teníamos pensado, para poder colocarla, sin que te dieras cuenta.

    Y: ¿Por eso esta vez solo cogiste una habitación, en vez de dos? ¿Y por qué queríais grabarme?

    M: Efectivamente, por eso cogimos una habitación. Nuestra idea era acostarnos y nada más apagar la luz, que tú todavía estarías despierta, ponernos a follar y poder ver lo que hacías. Al principio la cámara estaba en el otro lado de la habitación, de frente a tu cama. Como pasó lo de la abuela, papá la desconectó y la guardó, pero después de vuestra primera noche juntos, le dije que la volviera a poner, que me daba mucho morbo veros follar.

    P: Por eso al día siguiente follamos mirando la tele, que era donde la había vuelto a colocar.

    Y: ¿Y te gustó lo que viste mama?

    M: Mucho, hija, la primera vez que lo vi, estaba en el hospital, me tuve que ir corriendo al baño a masturbarme porque no aguantaba y cuando llegué a casa, me pasé toda la noche viendo el video y masturbándome, fue realmente delicioso.

    P: Chicas, he encendido la cámara, ¿que os parece si grabamos un bonito recuerdo de nuestras vacaciones en familia?

    Sin poder aguantarnos las ganas, comenzamos a besarnos los tres, mientras con nuestras caricias íbamos despojándonos de la poca ropa que nos quedaba. Cuando mi padre liberó su tremenda erección, mi madre y yo nos lanzamos a comérsela como dos locas. Nuestras lenguas se entrelazaban alrededor de la polla de mi padre, mientras tanto él, metía sus dedos, en nuestros ya húmedos coños. Mi madre no aguantaba más, se montó sobre mi padre y de un solo golpe, se metió toda su polla, mientras gritaba de placer.

    En ese momento llamaron a la puerta, a mis padres no pareció importarles, ya que seguían a lo suyo, yo fui a abrir, sin darme cuenta de que estaba desnuda. Por suerte para mí, la persona que estaba al otro lado, era Laura, nuestra chica de la limpieza, que nada más verme se lanzó a mí y comenzó a besarme.

    Los cuatro estábamos en cama, mamá montaba a papá y Laura estaba encima de mí, masturbándome y comiéndome las tetas. Mi cabeza no conseguía asimilar toda la situación, en cuestión de dos días, pasé de ser una chica normal, con una vida sexual de lo más común, a ser la puta de mis padres, a la que todo el mundo se follaba y lo más extraño, es que parecía que lo hubiera hecho toda mi vida, me sentía bien, me gustaba y por eso no quería parar de hacerlo.

    M: Nena, creo que es hora de que nos cambiemos y vea como te follas a tu padre. Mientras tanto, yo puedo ir conociendo a Laura.

    Y: Claro mami, como tú quieras.

    P: Ven aquí nena, me muero por follar ese coño tan apretadito tuyo.

    L: Encantada señora, no sé si quiere que le de dos besos o que le coma un rato el coño.

    M: Jajaja, me gusta esta mujer, prefiero que me lo comas y si lo haces bien te daré los besos que quieras.

    No sé que me daba mas morbo, si papá follándome o ver a mamá haciendo un 69 con Laura. De repente, mi padre nos movió y sin salir de mí, me tumbó en la cama y comenzó a follarme más fuerte. Sabía que pronto se correría y mi orgasmo, estaba cerca.

    Mi excitación iba en aumento, tras escuchar a mamá y a Laura correrse y cuando las dos se acercaron a mi y se metieron mis pezones en la boca, fue ya demasiado. Las dos me los mordían y mes chupaban, como si fueran uno de esos juguetes que tienen los bebés, cuando le salen los dientes. El dolor se mezclaba con el placer, mi orgasmo estaba cada vez más cerca, hasta que noté los chorros calientes de semen de mi padre en el interior de mi coño, en ese momento, ya no pude más y me corrí, como nunca antes lo había hecho.

    Papá y yo no podíamos más, y quedamos tumbados uno al lado del otro mientras mamá le limpiaba los restos de semen a papá y Laura me los limpiaba a mí. A partir de ahí no recuerdo más, a mis ojos les costaba mantenerse abiertos y mi cuerpo pedía urgentemente una tregua.

    El olor a mar y el aire fresco, empezaron a inundar mis sentidos, estaba tranquila, algo dolorida, pero satisfecha. En seguida, comencé a notar caricias y besos por todo mi cuerpo, era agradable y mis ojos comenzaron a abrirse lentamente.

    M: Buenos días dormilona, ¿cómo estás cielo?

    Y: ¿Qué hora es? Bien, un poco dolorida, pero bien.

    P: Es casi la 1 de la tarde. Es normal, después de una sesión de sexo duro.

    M: Te dejamos dormir, estabas agotada. Ahora levántate, date una ducha, que ahora te doy una de mis pastillas milagrosas para que te deje de doler todo.

    Y: Está bien, ¿dónde vamos a ir?

    P: A comer y luego a la playa. Te hemos comprado unas cosas.

    Y: Oooh vaya, que bikini tan bonito y tan pequeño. ¿Y esta caja que es?

    M: Es una bala vibradora. Tienes que metértela en el coño y nosotros la manejamos con este mando, ya verás que divertido.

    Tras ducharme mi padre me estaba esperando sentado una silla, me obligó a ponerme sobre sus rodillas, boca abajo, quedando mi coño expuesto a mi madre, que me miraba con cara de traviesa, mientras sostenía la bala vibradora, poco a poco, me la fue metiendo, hasta que quedó dentro de mí. Era una sensación rara, estaba frío, y sentía que en algún momento se podría caer, pero a los pocos minutos, ya no me acordaba de que la llevaba dentro.

    Una vez listos, salimos a comer, todo fue normal, hasta que llegamos al mismo restaurante, donde el día anterior habíamos estado papá y yo. En mi mente comenzaron a reproducirse, como si de una película porno se tratara, todas las escenas vividas con aquel camarero. De repente, una voz me sacó de mis pensamientos, era él, el mismo camarero, que se había corrido en mi boca el día anterior, no sabía si mirarlo a la cara o salir corriendo de la vergüenza.

    C: Buenos días señores, me alegro mucho de volverlos a ver.

    P: Buenos días, te dije que volveríamos. ¿Cariño no saludas?

    Y: Buenos días.

    C: Les tengo reservada la misma mesa del otro día, pero hoy está lista para los tres. Pasen por aquí.

    Mientras caminábamos a la mesa, mis padres me miraban con una sonrisa en la cara, yo no sabía donde mirar, porque mirara donde mirara solo veía gente. ¿Dónde estaba el ambiente íntimo del día anterior? Ahora solo había gente y más gente, y tenía la sensación de que todos me miraban, como si supiera lo que había hecho en mi anterior visita.

    Una vez sentados, exactamente en la misma silla de la otra vez, mis padres no dejaban de lanzarse miradas de complicidad, no sabía que tramaban hasta que lo entendí. Una suave vibración comenzaba a hacerse notar en mi interior, era agradable, pero poco a poco mi cuerpo se iba despertando.

    Mientras mirábamos la carta pensando que comer, la vibración iba aumentando y mi cuerpo lo hacía con ella. En ese momento llegó nuestro amigo el camarero a tomar nota y la vibración, seguía en aumento, empezaba a ser demasiado y me lamenté de no haber investigado un poco como funcionaba aquel juguete. Miré de reojo a mi madre y enseguida supe que era ella la que tenía el mando, estaba empezando a notar como mi orgasmo se formaba dentro de mí y solo pensaba, en la cantidad de gente que había y de como el camarero me miraba, hasta que por fin se fue.

    Y: Por favor mami, no aguanto más, esto está lleno de gente.

    M: ¿No te gusta cielo?

    Y: Sí mucho, pero no quiero que toda esta gente se entere de que me voy a correr en breve.

    P: Pues ya sabes, hazlo en silencio, mi amor.

    Sí claro, como si fuera tan fácil y mientras luchaba por no ponerme a gemir delante de todo el restaurante, la vibración, volvió a aumentar. Estaba desesperada, quería correrme y no sabía como hacerlo y en mi cabeza solo había una pregunta ¿Cuántas velocidades tenía esta cosa? En ese momento apareció el camarero con las bebidas, genial, me iba a correr delante de él. Me agarré a la silla tan fuente, que mis nudillos quedaron blancos, no aguantaba más y en ese momento… dejó de vibrar.

    C: ¿Estas bien? No tienes muy buena cara.

    M: Debe de ser el calor, es muy sofocante.

    P: Ahora cuando comas seguro que te sentirás mejor.

    Y: Sí debe de ser eso.

    Cuando volvimos a estar solos, miré que nadie más se hubiera dado cuenta de lo que pasaba y afortunadamente, parecía que no, salvo un señor que me miraba, no sabía si por mi mala cara o realmente sabía lo que pasaba.

    M: Cariño, te noto un poco frustrada. ¿Qué pasa?

    Y: Mamá no aguanto más, por favor, déjame ir al baño y solucionarlo.

    P: No hasta que comamos.

    Creo que ha sido la comida más larga de mi vida. Mi madre no paraba de jugar con el mando, encendiendo y apagando la vibración, mientras mi cuerpo, se moría por tener un orgasmo. Cuando por fin terminamos de comer, no volví a notar más la vibración, era como si volviéramos a ser una familia normal, hablando de cosas normales, en vez de ser la familia de depravados que éramos. Yo necesitaba urgentemente correrme, pero nada, mis padres pasaban de mí.

    Y: Mamá necesito ir al baño.

    M: Claro cariño, vete no hay problema.

    No sé si estaba feliz o enfadada me dejaba ir al baño sin más. Me levanté con intención de quitarme el juguete que llevaba dentro y solucionar yo sola, toda esa frustración que me había causado. Cuando llegué al baño para mi desgracia estaba ocupado, era una pesadilla que no iba a terminar nunca. En ese momento se acerca el camarero, veo que viene directo a mi y sin más me coge del brazo y me mete en el cuarto que utilizan como almacén.

    No me da opción a decirle nada, simplemente, se saca la polla y me la mete en la boca. A mi ya me daba igual, quería correrme y haría lo que fuera por hacerlo. Comencé a chupársela como si la vida me fuera en ello y ahí estaba otra vez, la vibración de la bala.

    Estaba enfadada con mis padres, habían pasado de mí, me concentré en seguir chupándosela al camarero, ya que sabía que pronto se cortaría la vibración. Mientras aumentaba la intensidad con la que se la chupaba, aumentaba la vibración. Notaba que el camarero pronto se iba a correr y si las cosas seguían así yo también. No pasaron más de 2 minutos, cuando noté el semen en mi boca, entonces por fin conseguí mi tan ansiado orgasmo, fue tan fuerte que pensé que me partiría en dos y la vibración no paraba, hasta que vi al camarero sacarse el mando del bolsillo donde había tenido la mano todo el rato. ¡Era él, el que había estado jugando conmigo!

    C: Toma, esto es tuyo.

    Y: Así que eras tú.

    C: Sí. Esta mañana vinieron por aquí y me explicaron como usarlo. Después de llevaros las bebidas, tu madre me lo dio sin que te dieras cuentas. Espero que no lo hayas pasado muy mal.

    Y: No ha sido fácil, pero reconozco que al final me ha gustado.

    Tras ir al baño y quitarme la bala, mi humor había cambiado, volvía a estar contenta y esperaba disfrutar del resto del día.

    Cuando llegué a la mesa, vi que había alguien más sentado con ellos, era el señor que me había estado mirando antes. Mis padres me miraron con una mirada de complicidad.

    M: Cariño, ¿estas mejor?

    Y: Sí mamá.

    P: Hija, te presento a Juan, se ha ofrecido a llevarnos a una cala muy bonita, que hay a las afueras. Dice que no va casi nadie y le hemos ofrecido que se venga.

    Y: Hola Juan, encantada.

    J: Hola, vaya eres muy guapa, seguro que tienes muchos chicos detrás de ti.

    Y: Vaya gracias. Bueno, alguno hay.

    Y en ese momento supe, que esta sería la nueva víctima de mis padres.

    Continuará…

  • Mi enorme primera vez

    Mi enorme primera vez

    Relato en base a una experiencia real e inusual que toda chica quiere tener, al menos una vez en su vida. Por favor, tengan paciencia ya que me gusta ambientar y contextualizar bien mis relatos previo a las escenas sexuales, considero que cualquier historia debe tener un origen y una base donde sostenerse.

    Usualmente los hombres le toman mucha importancia al tamaño de su miembro, es la primera pregunta que surge cuando una conversación se consensúa a ese nivel «a veces sin eso, cuando mandan una nude sin avisar.» Incluso hay quienes creen que son “agraciados” y realmente… no. La naturaleza es perfecta en muchos sentidos, pero a veces también injusta, reparte los atributos en un sistema de lotería, yo por ejemplo agradezco la mayoría de mi cuerpo, excepto las casi imperceptibles tits (tetas) que me tocó.

    Aún sigo esperando que sigan creciendo, pero… ya estoy perdiendo las esperanzas… y mientras que a otras chicas les da enormes pechos que deben comprar brasiers a medida o si usan una camisa la pueden rellenar con facilidad, a las chicas como nosotras nos da apenas una diferencia mínima entre pecho femenino y masculino.

    Volviendo a los hombres; algunos nacen con las nalgas planas en forma de triángulo invertido, y otros nacen con más pompis que un teletubi. Con cintura en “V” y algo más… hay algunos, muy pocos que, nacen con algo que muchos «y muchas» desean en general. Y sí, me refiero a eso que están pensando exactamente, a su… altura, así es. ¿Creíste que iba a hablar de su pito?» sí pero más adelante. En fin, un hombre alto generalmente destaca por donde vaya, la ropa les suele quedar genial y es una exquisitez abrazarlos y que te lleven mínimo, media cabeza.

    Pero eso, en mi caso, es poco común, ya que mido casi 1.75 «que es el promedio de altura del hombre latino». Así que si no tiene al menos 1.80 no va a ser nada del otro mundo. Y «ahora sí» están los hombres agraciados «llámese dotados» que nacen con una extremidad de su cuerpo más larga (o gruesa) que los demás.

    Envidiados por otros hombres y adorados por muchas mujeres… para mí y para la mayoría de chicas con cierta experiencia sexual nunca nos importa “demasiado” el tamaño, siempre y cuando sobrepasen lo “estándar” (14 cm) está más que bien en realidad.

    Luego de dos años de mi primera vez, al terminar esa hermosa relación, conocí a un chico, no muy alto, no muy “bonito” «a mi gusto personal, claro» ni muy carismático siquiera. Pero les puedo decir con total certeza que JAMÁS, me imaginé que fuera posible comparar mi propio antebrazo con… eso. Así que pónganse cómodos y espero que disfruten, tanto como yo al escribir esto.

    Retomando que pasó un tiempo después de que mi primera relación y experiencias sexuales culminasen, empecé a prestarle atención a los chicos que ignoraba en la facultad. La verdad nunca voy a entender qué me veían, era «creo que lo sigo siendo»… la representación de una nerd al más puro estereotipo americano, solo que, sin los brackets, estos me los puse después. Pero por lo demás, era todo, media “darks” con lentes que podía reflejar señales satelitales, etc. Tímida y bastante asquerosa «entiéndase como poco sociable», pero supongo que algo les atraía de mí.

    Quiero también aclarar que las mujeres «y perdón si generalizo», siempre tenemos oportunidades distintas, sobre todo cuando estamos en relación con alguien, es como que somos el “plato prohibido”, así que es notable que cuando terminamos una relación, activemos las redes sociales. Lo que muchos confunden, es que lo hacemos inmediatamente para tener sexo «y quizás en varios casos es así», pero no en todos; la mayoría solo es para socializar y pasar el rato. Bueno, en el mío… fue para ambas, quería charlar sí, pero también… experimentar nuevos horizontes.

    No con cualquiera ni con quien sea, pero era muy nueva en el mundo sexual y mi anterior chico me había mostrado solo la punta del… iceberg. Así que obviamente mi cuerpito a penas desarrollado me exigía sentir mucho más. A mí siempre me gustó bastante el hombre inteligente, serio (pero gracioso) y muy varonil.

    Comenzamos a hablar luego de que me dijo algunas cosas sobre una historia que había subido a Instagram, y por chat teníamos una química hermosa «muy genial la verdad» me hacía reír mucho y por fotos me atraía, obviamente lo stalkee de arriba a abajo. No voy a especificar rasgos para no definirme en un estereotipo, pero tenía muchas cosas que me gustaban.

    Cuestión que decidimos vernos después de unos quince días de puro chateo, llamadas (no video llamadas) y claramente, nada de nudes. Lo que me gustó bastante porque es habitual que los hombres, luego de un tiempo comiencen a demostrar esta tendencia por enseñar su cuerpo, aún si este no tiene nada para destacar.

    Nos encontramos en el centro de mi ciudad, fuimos a un lugarcito y pedimos un milkshake «de mis preferidos». Yo estaba vestida con botitas negras, medias de red finas con un short de jean que estaba a la altura de mis muslos, con una blusa oscura y una campera de bengalina entallada que dejaba al descubierto mi extra delgada cintura con un piercing en el ombligo. Con el cabello suelto y lacio color rubio, que me llegaba hasta poco más de los hombros.

    Y él estaba vestido con una camisa y un suéter entallado, con un jean azul oscuro y zapatillas urbanas casuales. Peinado lo que era la moda en ese momento entre hombres. Con una ligera barba muy bien cuidada, parecía que se la había dibujado con algún lápiz que escupiera pelos. Tenía dos anillos en las manos y un reloj oscuro, «su outfit parecía como de hombre de 30» a pesar de que tenía 21 años, sin embargo, me encantaba como le quedaba.

    Obvio, no se lo dije ni lo demostré, pero sí me agrado que parecía muy pulcro y ordenado «algo que adoro en los hombres, por cierto». Nos sentamos a charlar de «ya saben, varias cosas equis», pero noté que estaba algo incómodo, como si estuviera “nervioso” así que le pregunté si pasaba algo, y me dijo que estaba sorprendido de que yo era más hermosa que en las fotos y eso es algo extraño, generalmente es, al contrario.

    Juro que cuando me dijo eso con mirada insegura «siendo que aparentaba ser un hombre seguro» me dio tanta ternura que tenía ganas de comérmelo. Además, cuando llevamos tiempo charlando a una distancia normal, podía sentir su perfume, era un aroma agridulce, pero con un toque amargo y leve. Cada vez que respiraba lo podía sentir y puedo asegurar que me tenía extasiada.

    No obstante, nada ocurrió aquella vez, solo lo miré con mesura y le dije que no se preocupe, que simplemente yo era alguien más… «obvio que soy una diosa griega en persona, una eminencia una reina, pero bueno, hay que ser modesta», pensé.

    Terminó la tarde, me acompañó casi hasta la puerta de mi casa y me ofreció la mano antes de irse (LA MANO) como si fuera una amiga o algo parecido «otro detalle que se me hizo muy tierno y educado». Así que me acerqué de repente y le di un tierno beso tibio en su mejilla izquierda, dejándole a penas marcado el labial oscuro que llevaba.

    Tartamudeó un poco sorprendido y sonrió ruborizado. Menos mal que se fue, porque yo me puse como un tomate. Me había gustado a pesar de que mis expectativas no eran muy altas que digamos «nunca lo son» de hecho. Luego de ese día, pasaron varios hasta que volvimos a hablar, «obviamente me habló él» porque yo toda chica empoderada (en realidad tímida porque sí quería hablarle), me hacía la difícil. En resumen, salimos en otras ocasiones, hasta que, en una de ellas, la última por así decirlo… se largó a llover muy fuerte y estábamos cerca de su casa.

    En aquel entonces no habían Uber, sí taxis, que fue este último que nos tomamos y pudimos ir donde vivía. Un departamento chico, pero muy bien ordenado, casi pensé que tenía todo preparado «hasta la lluvia». Era la típica situación de película donde la lluvia amerita otras cosas, pero en realidad, me sentía bastante insegura, a pesar de que ya “lo conocía”. Si algo me enseñó la vida es que nunca terminas de conocer a las personas.

    Sin embargo, a veces hay que dar un salto de fe, nadie es completamente bueno ni completamente malo y eso también me incluye.

    — ¿Puedo irme a bañar? —pregunté con una sonrisa incomoda.

    — Sí, por supuesto —con un gesto de obviedad.

    Me alcanzó una toalla y me dijo que no tenía ropa de mujer para ofrecerme, pero que podía prestarme algo de la suya, si eso no me molestaba, claro.

    Le dije que sí, que desnuda no me iba a quedar… me bañé y dejé mi ropa en donde él tenía la suya. Sinceramente, aún me sentía algo incómoda, no era habitual ir a una casa de un desconocido, siempre fui muy cobarde con esas cuestiones. Pero se portaba muy bien, me di un caliente baño relajante y me vestí «con su ropa limpia que por cierto tenía su aroma entre mezclado con su perfume».

    Antes de salir, aproveché a mirar a ver si no tomaba “pastillas raras” ya saben alguna para la esquizofrenia o esas cosas de películas de psicópatas y por suerte, no había nada, solo cosas básicas. Pero sí noté que había una caja de preservativos «condones» de una marca que nunca había visto «recuerden que tenía poca y nula experiencia en lo sexual» que decía “Magnum” y lo primero que se me vino a la mente fue «ok, esto es para gente que necesita algo más grande lo habitual» pensé, observando con sospecha.

    Iba a leer la parte de atrás de la caja, pero ya había pasado mucho tiempo en el baño y eso no quedaba bien. Cuando salí, el esperaba con una taza de café con crema «mis hormonas gritaron aww». Pero yo toda diosa inalcanzable le dije —ay, gracias jeje— por lo que él sonrió apenas, y me dijo que también debía ir a bañarse. Que yo me pusiera cómoda, que podía mirar la tv y la contraseña del wifi.

    Pasó un rato y le avisé a mi mamá que me había ido con una amiga, «imaginen decirle a su mamá que se van con un hombre extraño ella siendo tan conservadora». Me vendría a buscar policía y todo incluido… así que una pequeña mentira no está mal. También le advertí a mi amiga para que ella estuviera al tanto. Este chico finalmente salió de bañarse, imaginaba que saldría con una toalla apenas tapándolo y la típica escena donde terminamos revolcándonos apasionadamente, pero no… «para mi decepción» salió vestido y seco, sin ninguna parte al descubierto.

    Se sentó a mi lado, pero no demasiado cerca y nos pusimos a charlar, me dijo que yo podía dormir en su cama, que él dormiría en el sofá. Que ya había cambiado las sabanas mientras yo me bañaba, para que no me sintiera incomoda y que me daría la llave del cuarto para que, si quería, asegurase la puerta y sentirme tranquila.

    Con esto último este chico se ganó el cielo para mí. Que un hombre sea tan detallista, tan atento, tan lindo, es algo que nos brinda una seguridad y consensualidad increíble. Menciono todos estos detalles porque me parecen muy importantes a la hora de llevar una mujer a su casa, este tipo de cosas nos hacen sentir tranquilas, y que estamos protegidas. Sobre todo, yo siendo tan joven y desconociendo, eso aumenta considerablemente la inseguridad.

    En un momento determinado realicé un gesto como si tuviera frío y él me dijo:

    — Ah perdón, ahora te traigo un abrigo —levantándose por un segundo.

    — Espera… —le contesté agarrándole la mano y mirándolo desde abajo frunciendo levemente el ceño con una ligera mueca— abrázame.

    Se agachó acercando esa carita con barbita y sin pensarlo un segundo más, nos empezamos a besar, tenía los labios gruesos y sus pelos me hacían cosquillas. Su aliento rebozaba de menta que matizaban con su perfume y en general su cabello algo húmedo del reciente baño.

    Se sentó completamente y yo me puse sobre él, nos estuvimos besando un tiempo indefinido pero lo suficiente «supongo.» Todo el frío que sentía se me fue casi en 5 minutos, me tocaba el cabello que en ese tiempo me llegaba hasta por debajo de los hombros, y lo estiraba, entretanto me besaba por debajo de mi cuello y volvía a subir a mi boca mordiendo levemente mis labios, bañando su lengua con la mía.

    Por un segundo me alejé, lo observé todo coloradito y ruborizado, con amplios deseos de seguir comiéndomelo, pero sin antes preguntarle.

    — ¿Qué era esa cajita de magnum que vi en tu baño? —y con una ligera mueca seguí dándole besos levemente y separándome un poquito a modo de jugueteo.

    — Son de la medida que yo tengo que usar —contesto sonriendo, pero algo tajante.

    — Parecen muy grandes… —susurré y miré hacia su entrepierna.

    — Bueno… no me quejo —dijo en tono irónico.

    — ¿Puedo ver? — lo miré con picardía mordiéndome un labio, mientras acariciaba su pecho y metía una mano por debajo de su remera.

    — ¿Y yo que gano? —movió levemente sus manos sobre mis pechos.

    Cuando sentí esas tibias manos suaves haciendo presión sobre ellos «no tenía brasier recuerden la ropa mojada y que me prestó una remera suya», sentí una leve electricidad y un calor creciente desde mi abdomen que subió con brusquedad y culminó en mi cuello.

    — Me encantan, chiquitas pero firmes ¿me dejas ver a mi primero? — acercando su cara despacio y mirándome.

    No dije nada, solo lo agarré de la cabeza y lo empujé hacia mí. Su remera me quedaba bastante holgada, simplemente la levantó y mis pechitos se descubrieron con sus tibios labios acariciándolos.

    Cerré mis ojos inclinando mi cabeza hacia atrás y solo disfrutaba como él se alimentaba de una combinación entre cosquillas e hilarante deseo que crecía cuanto más las besaba, cuanto más las mordía y cuanto más las devoraba.

    — Me haces cosquillas —susurré jadeando— tu barba me hace cosquillas…

    — Ups, será mejor que te acostumbres —y al instante me mordió levemente un pezón

    — D-despacio… por favor —supliqué y suspirando fuertemente mientras apretaba mi mano en su cabeza ejerciendo fuerza con mis piernas encima suyo.

    Continuó devorando mis pequeños pezones «invertidos por cierto» y pasando sus grandes manos por mi delgada cintura, mis caderas se movían cada vez más encima de él y lo presionaba con mi cola para sentir su bulto. «Lo que me empezó a extrañar un poco en ese momento, porque en verdad lo sentía bastante».

    Lo único que podía pensar era que si sabía morder y comerme así los pechos, como me trataría más abajo… una sensación de hambre entusiasmada y calurosa había empezado a crecer. Pero también una gran barrera de vergüenza y “dignidad” que eran lo único que se oponían.

    Yo “nunca” bajaba antes… pero también tenía que probar cosas nuevas, así que, por esta vez, omití eso.

    — ¿Ahora puedo ver yo? —pregunté mordiéndome los labios y mirándolo con una pícara sonrisa.

    — Lo que quieras —respondió alzando la cabeza un segundo, devolviéndome la misma sonrisa y dándome un besito despacio en uno de mis pezones.

    Reí apenas y me acomodé, en ese instante me di cuenta que una notable y tibia humedad nacía de entre mis piernas. Por alguna extraña razón mi boca producía más saliva de la habitual, como si en verdad mi cerebro me preparase para comer.

    El ambiente estaba semi iluminado, solo había una luz que era de la cocina y la del televisor, nada más. Veíamos lo suficiente pero no más de lo necesario. Y lo mejor de todo es que se podían escuchar las gotas de lluvia chocar contra la ventana, de vez en cuando un destello seguidamente de algún rayo iluminaba por un segundo a modo de flash un tercio del oscuro living.

    Mi cuerpo desbordaba de fervor, mi boca rebalsaba de saliva caliente y ya no era momento para hacerse la difícil o la “inalcanzable”. Ya estaba en el juego y a mí me encanta jugar… Lo ayudé a quitarse su remera «camiseta», lentamente bajé dándole besos en su pecho con apenas pelitos y unos abdominales ligeramente marcados. Pero enseguida noté esa característica que tanto me gusta de los hombres, esa “V” que se les marca que pareciera una gran flecha hacia una de las partes más deliciosas de su cuerpo.

    Claramente si iba a jugar y era mi turno de hacerlo… tenía que aprovechar todo, así que sin dudarlo mi lengua dibujó ambas líneas que bajaban en dirección de su pelvis; su piel era suave pero no demasiado, y tenía un aroma que me agradaba mucho. De vez en cuando inclinaba mis ojos hacia arriba y podía ver la silueta de su cabeza en señal de que me observaba con placer.

    Llevaba un pantalón algo grueso, como para hacer gimnasia, debajo un bóxer color gris, bajé lo primero y fue ahí cuando lo noté… tenía un bulto fuera de lo común una silueta en curva que tranquilamente pasaba la mitad de su pierna. Ya no era solo mi imaginación, era una certeza «aún no la tenía erecta» más bien estaba “semi dura” (si hay un término técnico para eso no lo sé ni me importa ni me importaba en ese momento).

    — ¿Esto es real? —pregunté alejándome un poco para tratar de ver con más claridad.

    — Cada centímetro —contestó con mucha seguridad.

    — Pero… ¿está… durita? —pregunté con ironía, palpándola con una mano.

    — Solo hay una manera de saberlo —contestó—y lentamente se bajó por completo el bóxer.

    Cuando esa última barrera de misterio que separaba su miembro curvo, emergió quedando frente a mí, solo a unos centímetros de distancia. Dando pequeños saltos, como si tratase de despertar por completo. Sinceramente era hipnótico ver algo así tan cerca, sentía hasta su aroma, con el glande descubierto a medias.

    — Wao… —dije mirándolo y riendo sorprendida.

    Él rio solamente, no dijo una palabra, no había nada que decir.

    «Santa naturaleza, este tipo es mitad caballo». Pensé.

    Tragué saliva, respiré profundo y con una mano se la agarré, tenía dos grandes venas que lo recubrían, estaba casi totalmente depilado y traía puesto aquel perfume que tanto me encantaba. Mi boca estaba desbordando de saliva extra, mi lengua relamía mis labios si es que no los estaba mordiendo. Tenía muchas ganas de comérmela, pero estaba fascinada y horrorizada al mismo tiempo, sí lo había visto en videos, pero incluso en ellos no era habitual ver tan grandes.

    Generalmente los “hombres de chocolate” tenían algo como eso, y no todos de hecho. Así que era merito doble supongo… Sin más dilación, se la sostuve con una mano desde la base y comencé a masturbarla, mientras mis ojos se perdían admirando «aún asombrada» de su tamaño. Mis manos «que no son pequeñas», en un principio cubrían más de la mitad, pero cuanto más iba aumentando de tamaño, pasaron a cubrir un tercio, hasta que finalmente cuando ya estaba totalmente erecta, dos de mis manos podían entrar y sobraría para casi una tercera.

    El sonido jugoso de su piel bajando y subiendo descubriendo su glande rosado y bien formado se escuchaba con el resonar de mis manos pegajosas presionándoselo. Los latidos directo de su corazón se sentían en cada una de las notables venas que lo cubrían. A veces, para salir un poco del hipnotismo, levantaba la cabeza y lo miraba, tratando de buscar sus ojos entre la oscuridad.

    Es ahí que se me ocurrió algo que siempre quise hacer, medírselo con mi antebrazo, y efectivamente… era de ese tamaño, tranquilamente unos 22 a 24 cm.

    Noté que el rio, yo lo miré como si estuviera asustada y le dije:

    — ¿Cuánto mide esta cosa? —balanceándola de un lado a otro siguiéndola con los ojos como si fuera un partido de ping pong.

    — Lo que mide una botella de vino o más bien, tu antebrazo jaja… —parecía divertirle y su expresión denotaba que no era la primera vez que se lo decían.

    — Esta cosa no me va a entrar… —dije inspeccionando el grosor y mirándola desde abajo, comparándola con mi cara.

    Sus huevos daban en mi pera y su enorme cosa llegaba hasta el final de mi frente.

    — Me dijeron eso antes, pero con paciencia y saliva…

    — Bueno cállate, no me gusta que me interrumpan cuando voy a comer —le dije en susurro, colocándome bien de rodillas, pero bastante separadas.

    Por si fuera poco, la forma de su pene era armoniosa, doblado ligeramente hacia arriba, rosado y hasta sus “huevitos” no eran ni muy largos ni muy grandes ni muy pequeños, realmente y sin exagerar, «tenía una hermosa verga.» Independientemente de su tamaño, literalmente calzaba con mi gusto personal sobre ello.

    Ya no aguanté más, mi lengua salió de mi boca y comenzó a lamer la punta, su gusto estaba bien, ligeramente salado debido a que salía un poquito de juguito «el cual me tragaba, por cierto.» y seguidamente comencé a darle besitos, como si fuera su cara o su boca. Tomaba unas pausas mínimas de 1 segundo para alejarme, mirársela y volver a darle besos acompañándolos con mi lengua.

    A todo esto, mis manos «literal, ambas» apretándola, bajando y subiendo su pielcita, hasta parecía que tenía años de experiencia haciéndolo. Parecía instintivo en verdad, de vez en cuando levantaba la vista para ver, siempre estaba ahí mirándome y me sostenía el cabello para que no tapase lo que a mí me encantaba que viese.

    Entre los sonidos de mi boca succionándosela, se comenzaban a escuchar sus gemidos, no era música para mis oídos, era arte en su máxima temperatura «no saben lo delicioso que es que un hombre disfrute por nuestra culpa.» El placer es doble, porque estamos comiendo saciando nuestra hambre y a la vez es como si pusieran tu tema de música preferido.

    Finalmente, después de saborear a penas una cuarta parte de todo lo que traía entre sus piernas. Siempre tuve cierta facilidad para la garganta profunda, así que quería intentarlo.

    Así lentamente iba comiendo cada vez más, saqué una de mis manos y fui deslizando mi cabeza hacia la dirección de su miembro, podía sentir como su glande caliente comenzaba a llegar hasta mi campanilla. Cuanto más bajaba, él hacia un gemido ligeramente más sonoro, eso me intensificaba por 10 las ganas de que entrase completa, así que respiré lo más profundo que pude.

    Ya con mi garganta humedecida «y otras partes también» abrí mi boca sosteniéndosela desde la base y con la única finalidad de que mi nariz tocase su pelvis comencé a bajar con toda la fuerza que podía hacer mi cuello.

    Su miembro comenzó a ingresar poco a poco en mi boca, cada intento entraba más, era gruesa pero no lo suficiente y «por suerte, tengo la boca algo grande», pero el problema era que, al pasar la campanilla, las arcadas comenzaban a hacerse presentes. Al meter algo tieso y venoso por más mojado, caliente y húmedo este, la garganta duele.

    Aun así, es la cúspide de mi morbo sobre el sexo oral «que yo tengo al menos» no significa que no sea difícil ni doloroso. Pero cuanto más me costaba, más lo intentaba. Su miembro cada vez ingresaba más profundo, y… lo que más me impulsaba eran sus quejidos, como hasta sus dedos me presionaban en la cabeza u hombros, cada vez que mi nariz estaba más cerca de su pelvis.

    Mi estómago me presionaba tratando de forzar las arcadas, mi cuerpo entero rechazaba la idea de que algo del tamaño de mi antebrazo me lo siguiera metiendo por la boca.

    Tomaba ciertas pausas para respirar y toser para volver a intentarlo, mis ojos se tornaban casi blancos por cada intento casi exitoso, además de lagrimear constantemente. También mi nariz estaba ligeramente tapada y mi boca producía cantidades de saliva inmensas que se mezclaban con todo el «juguito salado» que salía de delicioso glande.

    En un momento se levantó.

    Ya de pie, me agarró del cabello con una mano sosteniéndolo por completo y «estirándolo un poco» con cierta brusquedad, me alejo y sacándome las manos como si tratase de decir que no las usara. Yo lo observé por un segundo, sonreí, mi lengua se escapó de la boca, respirando profundamente como si lo invitase a que él intentase de que todo eso que tenía ahí, se desapareciera en mi cuello, en ese momento se transformó en mi dueño.

    — ¿Lista? —preguntó rozándomela punta en los labios.

    — Ajá —contesté apenas y viéndolo con insaciable lujuria.

    Comenzó a empujar levemente y para ayudar, me sostuve de sus piernas con ambas manos, agarrándolo casi de sus glúteos «por cierto bastante bien formados». Pero en vez de hacer fuerza para que no entrase tan de golpe, me arriesgué a que me traspasara la cabeza y lo ayudé para finalmente, saciar mi oral morbosidad.

    Fuertes arcadas nacieron desde mi abdomen acompañadas de un fructífero sonido extasiante, como su glande traspasaba mi campanilla y cada centímetro de su firme pene desaparecían en mi boca, para bajar por mi garganta.

    Con mucho esfuerzo mientras mis ojos se trataban de esconder por encima de mis parpados y las arcadas junto a la tos fueran cada vez más difíciles de mitigar. Al dolor punzante de que una gran masa de carne recubierta de venas latentes se introducía por mi garganta. Mis manos lo presionaron con toda la fuerza posible, aprovechando que todavía quedaba aire en mis pulmones, y por unos segundos «que parecían eternos» mi nariz tocó los pocos bellos púbicos que estaban en su pelvis, junto a mi mentón que chocaron levemente con sus testículos.

    Pude notar su mano tocándome el cuello y apretándolo un poco para sentir su propio miembro dentro de él.

    Lamentablemente no duró mucho el acierto… porque una gran arcada «avisándome de un posible vómito» se hizo presente, y mi abdomen pateaba mi estómago para tratar de expulsar algo ajeno a mi cuerpo.

    Con las manos golpee sus piernas para hacerle entender que ya era suficiente y él, entre gemidos y pequeños movimientos aún en mi garganta, empezó a sacarla. A todo esto, yo no veía prácticamente nada, ya que estaba con mis ojos no solo cerrados, sino hacia atrás luchando incansablemente con mis propios reflejos naturales.

    Al abrirlos entre lágrimas, llegué a notar como me alejaba de su pelvis y una gran “masa” de saliva acompañaba a su enorme pene que se retiraba por completo de mi boca. Pudiendo al fin respirar y toser. No pude evitar escupir y dar fuertes bocanadas de aire, como si hubiera corrido una maratón de 24 km.

    — ¿Estás bien? —preguntó agachándose y acariciándome la cara.

    — S-si… —contesté algo agitada y pasándome la mano por la boca para correr un poco de la enorme cantidad de saliva que la recubría.

    — Perdón, me pase… yo no… —agregó parándose de nuevo, pero sin intenciones de volverlo a hacer.

    — Es… es muy… es muy larga, me costó… me costó mucho y dolió… —dije recuperando el aliento y tragando saliva.

    — Si, pero… perdón ósea, se me pasó la mano…

    — Yo creo que te pasaste de verga más bien jajaja —reí a carcajadas dándole besitos en la punta.

    El rio también, se agachó por un momento y me dio un tierno beso en la boca, no parecía tener intenciones de volver a intentarlo y ciertamente… yo tampoco. Si bien fue algo muy placentero a nivel de morbo, no tenía la suficiente práctica para soportar demasiado y sería más contraproducente que otra cosa.

    Continué comiéndola un poquito, mientras él me decía cosas como:

    — ¿Te gusta que sea grande?

    — Ajá —contestaba jadeando y con la boca llena.

    — ¿Te gusta así de dura?

    — Mmm… ajá… —volvía a contestar mientras deslizaba la lengua o le daba besos desde sus huevos hasta el glande.

    Me gustaba lamer la punta, porque cada tanto salía “juguito salado”, «llámese al fluido preeyaculatorio».

    Y así continuamos un poco más, él preguntándome cosas que alimentaban su morbo y yo contestando o asintiendo con la cabeza mientras casi la mitad de su pene estaba en mi boca. A veces le preguntaba algo a él y seguidamente al instante, se la succionaba muy fuerte para que conteste con dificultad o en vez de eso, gimiera de repente «es muy divertido hacerlo».

    Por un momento él miró hacia la ventana cuando un fuerte trueno se escuchó, inmediatamente me asusté y me detuve. Poniéndome de pie y abrazándolo. Él me devolvió el abrazo como si fuera el último, sentí en ese momento una seguridad indescriptible.

    Quiero agregar que al darme cuenta que esa semejante cosa pudo entrar con mucha dificultad en mi boca «con algo de práctica en garganta profunda» era obvio que me terminaría lastimando si lo dejaba que penetrase abajo. Pero gracias a ese acto tan tierno que hizo casi por reflejo, ignorando por completo todo el placer que le hacía sentir con mi boca, indudablemente, se lo había ganado…

    — Gracias —le dije dándole un fuerte beso en la boca mientras estaba aún entre sus tibios brazos.

    — Si querés paramos acá, la tormenta empeoró —preguntó corriéndome el cabello de la cara con mucha delicadeza, buscando mis ojos.

    No sé si fingió siempre esa educación y preocupación que parecían un ligero desinterés por estar conmigo, pero todo se veía refutado y contrariado al momento de sus actos. Cuestión que eso me encantó muchísimo, me sentí muy cuidada. Toda esa seguridad y el sonido de la tormenta fuera, de las gotas estrellándose contra la ventana, me sumergieron en un océano de lujuria donde solo él y yo íbamos a estar.

    — Vamos… —le dije con total seguridad y lo agarré de su miembro que prácticamente era lo mismo que llevarlo de la mano.

    — ¿Dónde? —preguntó riendo y con algo de incertidumbre.

    Lo llevé hacia aquella ventana, mi mente ya había dibujado toda la escena y era momento de hacerla real. Al acercarnos lo suficiente «un par de metros de donde estábamos» me apoyé sobre ella, junté las piernas y con la cola lo empujé justo a la altura de su pelvis, mientras su cosa descansaba sobre mis suaves nalgas, que solo estaban cubiertas por un holgado short prestado.

    Nunca fui de tener nalgas notables, sobre todo en ese tiempo, pero eso no fue problema para que mi silueta se combinase perfectamente con la pose que quería que él aprovechase. Sin embargo, entre los deseos por ser penetrada y embestida sin parar que mis pensamientos e imaginación recreaban. Estaba la realidad, y en ella, una inseguridad que se transformaba en un ligero miedo.

    Él entendió todo sin decirle una palabra, bajándome el short, tocándome y apretándomelas ni muy fuerte ni muy despacio, pensé que iría directamente a lo que tanto temía y deseaba a la vez. Pero no… se agachó y metió su cara entre ellas, casi al momento mis piernas se separaron para que su lengua empezara a jugar.

    Sinceramente me había tomado por sorpresa, pero para nada estaba en desacuerdo, su boca cosquilleante enseguida se transformó en una mini cascada constante de placer, mientras movía su lengua sutilmente rápido justo en mi cosita «si me gusta decirle así.» Y como acompañaba con una de sus manos acariciándome de arriba hacia abajo, aunque no encontraba exactamente mi clítoris «no es algo raro de hecho, siempre leí que nunca lo encuentran.» Sí pasaba muy cerca, y tampoco es que me molestase realmente, porque lo “arreglaba” por cada vez que me introducía los dedos y provocaba que mis uñas rascasen el marco de la ventana donde me trataba de sostener.

    Los gemidos comenzaron a salir de mi boca, mis piernas se entumecían junto a mis glúteos, casi que hasta los dedos de mis pies no se quedaban fuera y también expresaban lo bien que me estaba comiendo. Con otra de sus manos y uno de sus dedos acariciaba mi pequeño asterisco «me refiero a lo que está encima de mi cosita ustedes entienden.» Y como despacio presionaba lentamente, simulando que trataba de meterlo, pero al mismo tiempo no.

    Debo admitir una cosa, mi primer novio lo hacía mejor, pero este chico no se quedaba para nada atrás y no tenía nada que envidiarle, ciertamente los pelos de su barba me llegaban a molestar ligeramente, y a veces era algo brusco cuando quería que fuera más suave.

    Llegué a pensar que seguiría ahí hasta hacerme acabar «iba a tener que esforzarse bastante si quería eso.» Pero no, de un momento a otro se levantó, me dio una nalgada fuerte a lo que yo me quejé de repente, enseguida volteé para verlo mordiéndome los labios y con una mirada expresando satisfacción total.

    Ni siquiera hizo falta que pregunte nada, solo comenzó a pasar su miembro por mi cosita que estaba por demás mojada y dilatada. Abrí mis piernas y me incliné lo más que pude casi pegándome a la ventana, podía sentir la punta caliente como acariciaba mis labios de arriba abajo y él empujaba muy poquito como si en cada vez entrase un milímetro.

    — P-por favor… no seas brusco ¿sí? —le supliqué viéndolo de costado.

    — Shh —contestó poniendo su mano en mi delgado cuello y masajeándolo ligeramente.

    — Nene, en serio… cuidado —me corrí un poco hacia delante, hablándole con seriedad.

    Él se inclinó pegándose a mi «pensé que me la querría meter de pronto» pero solo me dio unos besos en la espalda y me susurró “no te preocupes, relájate”. Respiré profundo y volví a la posición que estaba. Cerré los ojos y solo pensé en que todo saldría bien, aunque estaba super excitada también continuaba asustada «a ver no todos los días te meten un miembro del tamaño de un vino.» Era normal mi temor, sobre todo siendo bastante “cerrada” por así decirlo…

    Comencé a sentir otra vez como me acariciaba los labios con la punta y a la vez masajeaba mi cuello lentamente… de pronto vi un destello que iluminó todo el momento, casi al unísono del fuerte sonido, sentí como mis labios internos se expandieron de repente y entró. Mis ojos se abrieron tanto o más que ahí abajo, pero al mismo tiempo los cerré fuertemente inhalando como si me faltase el aire.

    — ¡Espera espera! —dije adolorida con una mano hacia atrás empujándolo para que retrocediera— un segund…. —retorcí las piernas del dolor.

    — Perdona ¿fui muy brusco? —preguntó preocupado y se acercó por detrás.

    — ¡No te acerques! —viéndolo de reojo y ademán con la mano de que ahí era el límite.

    — Dame… dame un segundo ¿sí? —dije mirando hacia abajo aún sostenida de la ventana, cerrando las piernas con fuerza.

    Lo que había sentido era algo similar a la primera vez, pero más intenso y sin exagerar tuve que parar un minuto porque ese dolor no era para nada placentero. Casi al instante me toqué ahí abajo y con la luz de la ventana miré si había sangre «afortunadamente no» pero de todas maneras estaba bastante adolorida. Tal parece que el “oportuno” rayo que cayó justo al mismo tiempo que él me la estaba metiendo, lo impulsaron a que lo hiciera de repente y eso… «créanme que duele mucho.» Sobre todo, cuando no estás acostumbrada y físicamente no sos demasiado grande.

    Respiré un segundo y otra vez me posicioné, sin antes decirle.

    — Por favor se cuidadoso, no estoy acostumbrada, solo tuve un novio ¿sí? Yo sé que tenés un antebrazo ahí colgando, pero no te pases por fa…

    — Si, perdón… si querés lo dejamos acá…

    — Cállate y mételo, pero DES-PA-CIO —le ordené inclinándome y sacando cola hacia afuera.

    — Okey… —dijo riéndose y se acercó de nuevo— dame un minuto porque se bajó.

    Yo me di la vuelta, lo vi y al momento bajé la mirada para ver que su cosa estaba “semi erecta” como hace rato, sin dudar me agaché agarrándosela con una mano y comencé a succionarle la punta jadeando y murmurando «como cuando te comes algo muy rico teniendo mucha hambre».

    No tardó en ponerse dura de nuevo, volví a mi posición, con una mano atrás para sostenerlo «por si acaso» y él volvió a rozarme ahí. Esta vez yo moví la cola apenas de un lado a otro para que entrase bien, al hacerlo sentí un poco de ardor y dolor, pero no fue nada en comparación a la anterior. Sí inhalé y exhalé fuertemente cuando miles de terminales nerviosas se volvieron locas ahí abajo sintiendo esa cosa caliente ingresar de a poco.

    Literalmente “solo la puntita” estaba dentro, pero no tardo demasiado en ingresar poco a poco, siempre con mi mano detrás indicándole cuando debía parar «a ver, si me entraban 15 cm que no es poco, aun faltarían como 10 más». No era tiempo de desesperarse o podría pasar un mal rato… de nuevo.

    Cuando por fin estaba donde quería estar, me abrí bien y mi mano volvió a estar sobre el marco de la ventana, la suya volvió a mi cuello y comenzó a moverse dentro y fuera de mí. Su enorme cosota estaba entrando y saliendo cada vez con más intensidad, nunca fui de gemir mucho, pero, aunque no quisiera, me sería imposible evitar lo que mi cuerpo estaba sintiendo.

    El intenso calor de mi boca gimiendo empañaba el vidrio de aquella ventana que reflejaba lo mucho que este hombre me hacía suya a cada empujón. Su mano estrechando mi cuello y yo de vez en cuando como si fuera un acto de instinto, la buscaba con mi boca para que sus dedos se metieran en ella.

    Cuando menos me lo espere, él bruscamente me dio la vuelta, yo lo miré totalmente entregada y sumisa, como si le dijera «sí a todo lo que me hagas» me levantó en el aire, sentándome encima del marco, y viendo hacia abajo para volver a metérmela.

    Al momento que lo hizo sentí como me habría en dos «ya que la metió más profundo» mis uñas prácticamente se clavaron en su espalda y mis dientes parecían crujir entre gemidos. Él me veía directamente y sonreía con mesura, disfrutando como gesticulaba combinando dolor y placer que explotaban entre mis piernas y las suyas.

    En un momento inoportuno la metió un poco más «casi diría que llegó a los 20 cm» frunciendo el ceño y cerrando los ojos muy fuertemente expresando dolor, abriendo la boca, a modo de reflejo mi cuerpo se entumeció y traté de sacarlo de nuevo, dándole una cachetada y golpeándolo para que se alejase.

    — ¡Nene! Te dije que despacio… —él no se apartó ni yo salí de donde estaba, pero si se detuvo y la sacó por completo, apoyándola sobre mi abdomen.

    — ¡Perdón! No puedo controlarlo… me aprietas mucho y quiero meterla entera —dándome besos y riendo.

    — Ay dios… la tenés muy grande, me encanta, pero…

    Fue un momento clave, reconsideré que ya era la segunda vez que había sentido ese punzante y ardiente dolor, no quería sentirlo una tercera vez. Aunque me encantaba, el riesgo era muy alto «o al menos eso pensaba.» Pero no podía verlo ahí con esa cosota latente y tan tiesa esperando nuevamente a que me “recuperase”.

    — A ver… —lo corrí, poniendo una mano en su pecho para que se alejara y me dejase espacio así me paraba bien.

    — ¿Qué pasa? ¿querés parar? Yo quiero lo mej…

    — Sh, cállate —me arrodillé y mientras se la masturbaba con ambas manos— la tenés muy grande y me duele mucho, pero eso no significa que me vas a dejar sin leche.

    — No… pero no hace fal… —trató de sacarme y comencé a chupársela con brusquedad hasta que me agarró de la cabeza en señal de que le encantaba.

    — No me interrumpas cuando —masturbándosela muy fuerte—, estoy comiendo ¿okey?

    — O-okey… —contestó jadeando.

    Continué con ese ritmo lo más que pude, tocándosela, succionando, dándole besos, diciéndole cuanto me gustaba su miembro duro y tieso. Mientras el solo disfrutaba y gemía, en algunas oportunidades le daba una mini garganta profunda moviendo la cabeza hacia los costados «de forma voraz» para que la punta rozara donde empezaba mi garganta, podía notar como entumecía el abdomen cada vez que lo hacía.

    Apoyé mis manos otra vez en sus muslos para que él se moviese «y también descansar un poco, mi cuello no daba más y tenía casi dormidas las manos». El de pronto se puso como loco a embestirme la boca, tanto así que era más fuerte el sonido jugoso que hacíamos, que las propias gotas de la tormenta. Entre gemidos noté que comenzó a hacerlo más fuerte y a entumecerse peor, supuse que no faltaba mucho para que acabase.

    De un momento a otro se separó de mí, yo lo miré con algo de incertidumbre y un fuerte chorro caliente se estrelló en mi cara, tomándome por sorpresa, tanto fue así que me asusté. Había comenzado a acabar y no me dijo absolutamente nada «no sé si es habitual avisar, pero al menos con mi ex siempre lo hacíamos o en los videos porno, avisan, no sé…» la cuestión es que lo vi medio temblar mientras acababa y por acto de reflejo abrí la boca y algunos chorros lograron entrar.

    La probé «era el segundo hombre en mi vida que me estaba echando su leche» y ciertamente el sabor estaba amargo, pero no tanto, me dio como hambre «otra vez» en esos segundos así que cuando terminó de masturbarse. Mirándole la carita de satisfacción, comencé a chupársela de nuevo, de repente comenzó como a tener contracciones, e inhaló fuertemente «como cuando él me la metía de pronto» y eso fue peor, porque se la succioné tan fuerte como mi boca era capaz, para hacerlo sufrir, cuando comenzó a “dormirse” dentro, sabía que ya era suficiente, así que lo miré aún de rodillas y los restos de leche que tenía en la cara me los comí, sin sacarle los ojos de encima.

    Él parpadeaba despacio como si estuviera hiper relajado, y sabía que eso le encantaba, además «supongo que se lo había ganado».

    — ¿Está rica? —preguntó susurrando con mesura.

    — Mmm, no tanto… pero te lo ganaste —contesté dándole besitos en al punta.

    — Si querés sigo yo… —dijo mientras me levantaba.

    — No, no hace falta, estarías mucho rato ahí y me duele la verdad.

    — Ufa, perdón, admito que me emocioné y…

    — Sh, no digas nada… eu ¿querés probar que sabor tiene? —sin esperar que contesté, le comí la boca con restos de su propia leche aun en mi lengua.

    Inclinó la cabeza un poquito hacia atrás, pero lo agarré con ambas manos para que no se escape «supongo que esto nadie se lo había hecho» no hay que ser experta en sexo para notar eso de alguien. Muy despacio separé mi boca de sus labios mientras un pequeño hilito de nuestra saliva mezclada con su propio semen aún nos unía.

    — ¿Está rica? —pregunté riéndome mientras él hacia cara de desagrado.

    — No mucho… —contestó mientras se pasaba la lengua algo incómodo.

    — Bueno… ¿ves? No es algo delicioso exactamente… si lo hice es porque te lo ganaste.

    — No siento que me lo haya ganado, no te hice terminar y ciertamente no fui muy cuidadoso.

    — Jaja, tonto… no me refería a eso, me cuidaste en todo momento, fuiste educado, amable, nunca me insinuaste que tenías esto entre las piernas, mientras que otros hombres buscan cualquier motivo para hablar de ello o mostrarlo —llevé mi mano a su cosa dormida y se la masajeé ligeramente— y si me hubieras hecho acabar, me la tomaba toda.

    — Wao… ¿en serio? pero… se puede repetir… ¿no?

    — Nop, siento que tendría que acostumbrarme mucho y si estoy demasiado con un hombre podría sentir cosas que no quiero —señalándole al corazón.

    Terminé la conversación dándole un tierno beso, nos fuimos a bañar juntos, dormimos un rato abrazados y al otro día me llevó hasta cerca de mi casa para que mi mami no nos viera y antes de irme, me preguntó si realmente no nos veríamos más, a lo que le dije que no. Pero que en el futuro me encantaría encontrar un hombre como él con o sin esa cosa entre las piernas, se mostró algo desilusionado, pero lo aceptó sin quejarse, nunca más volví a verlo ni a saber de él, hasta abandonó la carrera según me enteré al tiempo.

    Fin.

    Comentario adicional: como sabrán, esto fue un relato real «obvio no tengo forma de probarlo» pero si fuera algo ficticio, las cosas las hubiera contado de distinta manera. Con esto también quiero dejar en claro que, no porque un hombre sea muy dotado significa que nos va a hacer gozar como nunca. De hecho, es baja la cantidad de mujeres que preferimos enormes tamaños, la pornografía y el desmedido fácil acceso a ello, adoctrinó de forma pasiva que el hombre debe tener un enorme miembro para provocarnos hermosos orgasmos.

    Pero la realidad no es así, en lo personal, sí me encanta un hombre dotado, pero SOLO para mi morbosidad en el sexo oral, y hasta por ahí nada más. De resto, prefiero mil veces un hombre “normal” que estarme con miedo a que me metan una cosa del tamaño de un mata fuegos y terminar desgarrada.

    Luego de este chico, estuve de novia con uno también dotado (no tanto como él) pero si estaba por encima de los 20 cm. Les aseguro que tardamos meses en que yo pudiera realmente disfrutar del sexo y, sin embargo, sigo prefiriendo estar con hombres con pitos de humanos y no de un caballo.

  • Mi cuñada Rosa

    Mi cuñada Rosa

    Me llamo Antonio y tengo 30 años y la historia que les voy contar me sucedió este año 2021.

    Era viernes y salí de trabajar al mediodía, cuando llegué a casa mi esposa Julia me dijo que había llamado su hermana Rosa y Rosa y si podía ir a ayudarla ese fin de semana, mi esposa me comentó que tendría que ir sólo pues ella ese fin de semana tenía turno y no me podía acompañar. Preparé las cosas y después de comer marché para el pueblo. Después de dos horas de viaje llegué y antes de irme a la casa que tenemos en el pueblo pare en casa de mis cuñados.

    Llamé a la puerta y me abrió mi cuñada Rosa, una mujer de 69 años algo metida en carnés pero con un buen culo y unas tetas grandes. Le pregunté a que hora tenía que estar al día siguiente para ayudarles y me contesto que era el domingo cuando necesitaba que la ayudara pues Ramón, mi cuñado, había tenido que ir por motivos del negoció a una reunión y por eso necesitaba ella mi ayuda, estuvimos charlando y se pasó la tarde cuando me iba marchar me dijo que me quedará a dormir allí porque cuando Ramón no estaba siempre pasaba miedo.

    Acepté la invitación cenamos y después me fui a duchar. Cuando me estaba secando me pareció ver que alguien pasaba por delante de la ventana del cuarto de baño pero como no vi a nadie pues no le di importancia, salí del cuarto de baño y me continúe secando en la habitación cuando de repente se abrió la puerta y apareció Rosa, yo estaba desnudo ella se puso colorada y me pidió perdón por entrar sin llamar, le dije que no había problema me tape y le pregunté que quería me dijo si podía ir a mirar si estaba cerrada la puerta del bajo que no sabía si la había cerrado.

    Con naturalidad me puse un slip, ella seguía allí y me miraba, baje y cerré la puerta del bajo que la había dejado abierta y la puerta que daba acceso a la vivienda. Subí para irme a dormir y fui a la habitación de mi cuñada a decirle que ya estaba todo cerrado, cuando estaba llegando al lado de su habitación la puerta estaba abierta entonces me acerqué para decírselo y ahí estaba Rosa desnuda me quedé parado sin hacer ruido disfrutando de lo que estaba viendo.

    Una mujer con unas grandes tetas más grandes de lo que parecí vestida y para los años que tiene las tenía bien puestas su coño bien peludo, como me gustan a mí, en eso Rosa se dio cuenta de que estaba en la puerta y se puso nerviosa y me preguntó si llevaba mucho tiempo ahí, le respondí que el suficiente para disfrutar de lo que acababa de ver entonces ella me dijo si estaba loco con ese comentario a lo que le respondí que no pero que lo que acababa de ver me había gustado entonces me acerqué y ella me dijo que hacía yo le dije que no haría nada que no quisiera ella le pregunté si lo que había visto antes en la habitación no le había gustado porque me había fijado en que no le quitaba la vista de encima.

    Me acerqué más y empecé a soltarle los botones del camisón me pidió que parará yo continúe y se lo quite, la deje desnuda y pude ver esos hermosos pecho con unos pezones grandes le pasé un dedo por uno de ellos y se puso duró entonces le di un beso en los labios pero ella seguía quieta empecé a chupar sus pezones que estaban duros y empecé a manosear su clítoris.

    Empecé a notar que se estaba relajando sin dejar de masajeando su clítoris le volví a dar un beso pero esta vez le metí mi lengua y entonces note que ella ya no ponía resistencia y además ya notaba que empezaba a gozar la recosté sobre la cama y me subí encima de ella, le daba un morreo al cual ella ya respondía a continuación le chupaba los pezones a lo cual ella ya empezaba a mostrar su gusto seguí bajando y ahí estaba su coño peludo con un clítoris grande, empecé a comérselo y me apartó la cabeza y me dijo que estaba haciendo a lo que le conteste que comérselo sí Ramón no se lo había hecho nunca a lo que me contestó que no, púes prepárate que vas a disfrutar continúe comiéndole su hermoso coño empezaba a correr se , empezó a llenarme la boca con sus jugos y gritaba como una posesa.

    Entonces le comenté que ahora le tocaba a ella hacerme gozar a mí. Empezó a besarme y a masturbarme a lo que le dije que eso me gustaba pero que me hiciera una mamada a lo que me contesto que no sabía lo que era, le volví a preguntar si nunca se había metido una polla en la boca a lo que me contestó que no que eso era una guarrada me reí y le dije pues Rosa hoy la vas a probar la acerqué hacia mi polla y se la metí en la boca no se la metí toda porque podía atragantado al ser la primera vez le fui explicando cómo debía hacer y empezó a chupármela y según iba pasando el tiempo lo iba haciendo mejor pasado un rato le dije que íbamos hacer un 69 pues seguro que no lo había hecho nunca que gozada así que se iba poniendo más cachonda por la comida del coño mejor la chupaba, cuando estaba para correrme se lo iba decir pero pensé nunca lo probó así que le llené la boca de mi leche pensando que no le iba a gustar continuó chupando hasta que me quito toda la leche.

    Descansamos un poco y le comenté que quería follarla y me dijo que ella también quería sin decirle nada volvió a chuparme la pollo y cuando estaba otra vez tiesa me empezó a follar eso si que sabía hacerlo bien pasamos toda la noche follando y al día siguiente también. Desde ese fin de semana cada vez que podemos follamos.

  • Primer acercamiento a mi cuñada (3)

    Primer acercamiento a mi cuñada (3)

    Según yo no podía enloquecer más.

    Habrían pasado como mes y medio desde aquel roce, faltaba poco para el que quiero narrarles en una entrega posterior a esta.

    No recuerdo cuántas veces me masturbé recordando sus movimientos y gemidos sobre su novio; Cecilia me tenía enloquecido, al grado de cometer una estupidez que bien pudo terminar mal, pero para mí buena fortuna, no fue así.

    Mi hijo y su hija son muy cercanos de edad. Nuestro hijo concebido en el pleno del matrimonio le lleva poco menos de un año a la suya. La suya fue concebida al calor del engaño, al poco tiempo de nacido mi hijo, y su anterior pareja le hizo creer que quería tener un hijo o hija con ella y luego se casarían. Nunca ocurrió esto último y la dejó al poco tiempo, desamparada.

    Cuando eso ocurrió, sin pensarlo por un momento, decidimos hacernos cargos de todos los gastos de la niña, pues la situación económica en casa es buena y daba para eso y más.

    Tal vez por eso Cecilia me agarró un especial cariño, pues prácticamente era el padre de su hija, en todo sentido.

    Dada la cercanía de edades, conviven mucho y unas de esas convivencias más recurrentes son las pijamadas.

    Sin embargo, su hija aún es insegura para dormir lejos de su mamá, así que cada ocasión en que la niña se queda en casa, también se queda su madre.

    Esa tarde, mi esposa me avisó que iría primero la niña a ver películas con mi hijo y más tarde, al salir de una fiesta que tenía con su nuevo novio, Cecilia iría para que, si en algún momento despertaba su hija, la viera ahí y no se inquietara.

    Justo esa semana, yo había cambiado de celular. Tenía antes uno muy pequeño que me costaba trabajo manejar y decidí cambiarlo por otro con una pantalla bastante más grande.

    Sin embargo, el otro era de gran calidad y con una cámara que parecía una profesional.

    Precisamente al avisarme de la pijamada, me encontraba formateando el celular viejo para intentar venderlo, al tiempo, recibí un mensaje de mi cuñada avisándome que estuviera pendiente por si llegaba “un poco mal” pues en la fiesta habría alcohol y pensaba tomarse unas copas.

    Ahí me vino a la mente y una perfecta buena-mala idea: espiarla.

    Todo dependía de los tiempos. Por un lado, que mi esposa se durmiera temprano y por otro que Cecilia me avisara con tiempo suficiente para colocar el celular en una rendija del baño que me permitiera verla al cambiarse de ropa de salir por ropa de casa, pero que no fuera demasiado tiempo como para que o sea agotara la batería o se llenara la memoria por la resolución de la grabación.

    Todo salió perfecto. Mi esposa se durmió alrededor de la 1 de la mañana y cerca de las 2 me llegó un mensaje de mi cuñada.

    -Cuñis, estoy a una cuadra de tu casa, ábreme, decía Ceci en su mensaje.

    Corrí hacia el baño, coloqué el celular y lo camuflé lo mejor que pude. A decir verdad, sí se veía el teléfono, pero pensando en que llegaría un poco ebria quizá no lo notaría.

    Salí del baño hecho un manojo de nervios. Nunca había hecho algo parecido pero el morbo de verla desnuda me dominaba.

    Escuché el auto pararse frente a mi casa, salí tratando de respirar hondo para calmar mis nervios y abrí la puerta.

    ¡Qué encanto de mujer!

    ¡No había tomado una copa… UPS! Se veía preciosa, olía delicioso aún y vestía un pantalón y blusa que le lucían excelsos.

    Pensé en correr al baño y retirar el teléfono, pero ya todo estaba saliendo bien y preferí tomar el riesgo.

    Me saludó con un dulce beso en la mejilla. Entró a la casa y se quitó al entrar los tacones. Masajeó un poco sus pies y se dirigió al baño a un costado de la habitación.

    -Buenas noches, cuñis, le dije; e ingresé a mi cuarto

    -Descansa, cuñadito, gracias por estar pendiente de mí, escuché que dijera, a lo lejos.

    Evidentemente no fui a acostarme, me tiré al piso para ver por el filo inferior de la puerta, el movimiento de luces y el ruido de la puerta, para tratar de inferir qué sucedía. Habrán pasado unos 12 minutos cuando abrió la puerta y apagó la luz, vi sus hermosos pies descalzos caminar hacia la habitación de los niños y cerrar la puerta. Esperé paciente 30 minutos exactos, dando tiempo de que se durmiera.

    Con el corazón latiendo a mil por hora me dirigí al baño.

    ¡Ahí estaba aún el celular!

    Lo tomé temblando y seguía grabando.

    ¡Lo logré! Pensé.

    Caminando sigiloso me dirigí al estudio, cerré con cuidado la puerta y bajé las cortinas, conecté el celular a la computadora y ahí estaba. Un video de aproximadamente unos 50 minutos que son los habían pasado desde que inicié la grabación hasta que la detuve unos minutos atrás.

    Conecté una pantalla de 32 pulgadas que tengo a un costado de la computadora. ¡Tenía que observar a lo grande el producto de mi morbo!

    En el video se veía como ingresaba al baño, primero a lavarse la cara, luego salía y regresaba con una minúscula batita azul y un calzón de encaje, como los que casi siempre usa, color beige. Al cerrar la puerta primero se quitó la blusa, abajo traía una especie de camiseta que quitó enseguida y dejó al descubierto un brassiere de esos gruesos que se necesitan para dejar bien sujetos un buen par de tetas. Increíble pero ahí vino mi primer orgasmo, sentado y sin tocarme, solo mirando, me vine a chorros al ver esas preciosas tetas liberarse al quitarse el brassiere. Sus pezones más rozados que cafés, pezón casi invertido de areolas medianas. Sus pechos tan blancos como el resto de su piel y con un movimiento impresionante y la firmeza que envidian mujeres aún más jóvenes y que no han tenido hijos. Acto seguido se bajó el cierre lateral del pantalón azul que lucía. Al bajárselo dejó ver esas tremendas nalgas blancas medianamente firmes y mejor aún fue cuando se retiró el calzón blanco también de encaje que traía. Su vulva con apenas unos vellos color rubio cenizo como su cabello y en un movimiento alcancé a ver perfecto esos deliciosos labios vaginales que coronan su vagina.

    Se sentó así, totalmente desnuda a orinar, estaba embobado viendo el balance de sus tetas y el movimiento de su piel a cada paso.

    Al terminar, se limpió bien y me regaló un cuadro estupendo al empinarse por completo frente a la cámara para recoger el brassiere que se le había caído.

    Con mucha calma se lavó los dientes y desmaquilló así, desnuda. Y casi como si supiera que la grababa, se vistió con movimientos sexys, poniendo primero el calzón limpio que llevaba y con una caída muy sensual, su bata.

    Salió del baño e ingresó al cuarto.

    Como comenté, había dejado pasar 30 minutos antes de ir a recuperar el celular y habían pasado quizá otros 30 en lo que veía una y otra vez su cuerpo desnudo.

    No me resistí.

    Tengo que ver ese cuerpo en persona, pensé

    Entré muy despacio al cuarto y ahí yacía Cecilia, acostada boca arriba sin sábanas pues había algo de calor, con las piernas parcialmente abiertas y la bata se había retraído casi a la altura de sus pechos. Podía ver perfecto bajo su calzón pues era un poco transparente y se apreciaban sus pocos vellos púbicos y se marcaban los labios vaginales. Sus piernas blancas lucían extraordinarias en la cama.

    Nunca la había visto así.

    Sus pies… son hermosos.

    Tengo qué tocarlos, pensé

    Y lo hice, con mucha cautela, me froté las manos para que se sintieran un poco tibias y no la despertara.

    Acaricié un poco sus pies y estaba tan agotada que no lo notó. Su respiración seguía igual. Todo estaba bien.

    Pensé en masturbarme ahí, pero si algo respeto en la vida es a los niños y no me sentí cómodo de hacerlo con ellos durmiendo cerca de esa cama.

    Me retiré de nuevo al estudio. Vi una y otra vez el video y eyaculé lo menos 6 veces.

    Recorté el video para que quedara solo de los minutos que me interesaban conservar.

    Lo comprimí y cifré para que nunca nadie tenga acceso.

    Aún no lo sabe, nunca le he confesado lo que hice. Pero sigo viendo una y otra vez ese video. Lo veo de hecho ahora que concluyo esta narración.

  • Mi vecino masajista

    Mi vecino masajista

    Bueno para empezar soy una chica que vive sola, divertida, alegre, coqueta, me encanta vestirme sexy princess y últimamente el trabajo está siendo duro, termino muy estresada y sin querer saber de la vida, trabajar tanto me tiene agotada, empiezo a sentir mi cuerpo muy tenso, necesito un desestres de cualquier tipo.

    Afortunadamente un vecino es masajista, un hombre de 40 años ex militar, alto, fornido, con grandes manos e increíble porte y por supuesto! Me encanta, siempre nos topamos en el estacionamiento y cuando nuestras miradas se cruzan existe un ambiente de deseó, me mira y puedo sentir cómo se imagina teniendo me en sus brazos, eso me pone, pero soy una chica a la que le gusta que la busquen primero, no puedo dar el primer paso, deja de ser sexy, me gusta que me deseen tanto que tengan que venir a tomarme, me hace sentir poderosa y con toda esa energía sexual llena de deseó, me tomé en donde estemos.

    No es algo tan difícil, o si?

    Pero bueno, mi vecino masajista, un hombre guapo y culto, no necesita más para que lo desee, un experimentado militar, entro a su recepción y se nota la disciplina en la decoración, un lugar limpio, serio, sencillo pero con clase, apenas y cabe por la puerta, yo solo mido 1.50 m. Soy pequeña. Llevo puesto un shorts negro, un top negro sin tirantes, tennis y un kimono abierto, justo para un rico masaje, obviamente llevaba unos lindos accesorios, sexy y princess.

    Si él quisiera podría bajar mi top y dejar al descubierto mi pecho.

    Pero aquí estoy esperando en recepción, aún no me toca, al despedir a su «paciente» me ve y desvía la mirada, está nervioso ufff, muerdo mis labios.

    La verdad es que está sorprendido de que no haya cancelado la cita, es que no les conté cuando fui a pedir información me habló del masaje tántrico y pues digamos que si quiero seducirlo, pero no tan directo y bueno aquí estoy desnudándome en la habitación, me preguntó si quería que se saliera, le dije que está bien… Si salía. Vamos a ver hasta dónde podemos llegar.

    Es muy amable o está nervioso, soy menor que él, una mujer joven, él podría enseñarme algunas cosas, se mueve con una seguridad, este hombre sabe cómo tocar, podría respirar en mi oído y me excitaría tanto, no puedo quitar esa imagen de mi cabeza, los dos desnudos sudando, me penetra por atrás y gime de placer en mi oído, hasta puedo escuchar el empujón.

    Pero que creen estoy acostada boca abajo, desnuda, con calcetines, porque hace frío, mmm ahora que lo pienso, se levantaran mis pezones.

    Este hombre es un caballero, me desea, lo veo y lo siento pero me toca sin caer en la línea, un profesional. Me encantaría hacer que rompa el profesionalismo y se suba a esta mesa solo con ropa interior a seguir con su masaje, cerca de mi oído y me daría una vuelta para que masajee mis pechos, son muy bonitos y divertidos, listos para jugar.

    Me vuelve loca, seguimos platicando con mucha confianza pero sin dar el paso, lo está dando todo para quitarme todo ese estrés, ya está sudando y aún nada. Se ve tan atractivo trabajando con tanto esfuerzo, cada vez que baja sus manos por mis pompis, siento punzadas de éxtasis, es tan simpático, podría ser su amiga pero esto que siento no me permitirá verlo normal, quizá me pondría un poco tóxica y prefiero evitarlo.

    Ya pasó 1 hora 20.

    Es tiempo de irme, me encanta este hombre.

    ¿Qué debería hacer?

  • Me invita para ponerme el cuerno

    Me invita para ponerme el cuerno

    Esta historia es de cómo me pusieron los cuernos por la que una vez fue mi novia.

    Me puedo describir como un hombre de complexión normal ni gordo ni delgado de 1.70, y mi ex ella es delgada 160, cabello negro largo, labios gruesos, senos pequeños, con una cintura delgada, buenas caderas y buenas nalgas, lo mejor era que cuando teníamos sexo ella era de las chicas que al venirse se volvía una regadera tirando chorros. (squirt)

    Ella siempre fue mucho de salir con su grupo de amigos, como la verdad nunca me cayeron muy bien no solía salir con ellos, me quedaba en casa a jugar videojuegos o me iba al trabajo porque yo trabajaba de noche, ella normalmente llegaba hasta muy tarde en la noche o a veces hasta al otro día y apenas llegaba y lo primero que hacía era meterse a dar una ducha y se dormía durante todo el día, yo lo veía normal pues también de vez en cuando salía con mis amigos y pues la mala noche, el alcohol y la cruda que te queda es lo único que te da ganas de hacer.

    Una de esas veces en las que ella iba a salir con sus amigos me dijo si quería ir, que se iban a juntar y sus amigos hombres iban a llevar su consola para jugar y como ella sabía que me gustaban los juegos pues por eso me dijo, la oferta me sonó atractiva así que termine yendo,

    Llegamos a casa de uno de sus amigos y eran todo hombre y había una mujer más, parecían estar esperándonos, cuando llegue pues saludamos a todos y los muchachos conectaron la consola de videojuegos y me llamaron a jugar en la sala, mi novia estaba platicando con la otra chava y un par de tipos que no recuerdo su nombre ahora, el juego que jugábamos era uno de peleas de varios ese de Nintendo donde es un todos contra todos (smash), pues empezamos a jugar y empezamos a beber cerveza y así transcurría la noche, hubo un momento en que me di cuenta que no veía a mi novia y pregunte por ella y me levante para ir a buscarla en ese momento le gritaron su nombre y dijeron que yo la estaba buscando se me hizo extraño pero al menos así no iba a tener que caminar por la casa buscándola, no tardo nada y apareció ella se veía un poco roja.

    Yo lo atribuí al alcohol que ya llevábamos tiempo bebiendo, le pregunte que hacía y me dijo que estaba con su amiga viendo maquillajes y platicando mientras nosotros jugábamos porque no les llamaba mucho la atención jugar, y le dije que estaba bien y ella se regresó a lo que era el cuarto que estaba más al fondo del casa donde me dijo que estaba con su amiga, y yo me regrese a seguir jugando, cuando regrese era como si todos se hubieran detenido y esperaban por mí para seguir y me dijeron ahora vamos a jugar que el pierda tiene que ceder control y empezamos a jugar, en una de esas estoy seguro que escuche la voz de mi novia o más bien un sonido que sonaba como mi novia quejándose a lo que los muchachos le subieron el volumen a la tv en ese momento y seguimos.

    Yo continuaba ganando, pero luego volví a escuchar ese sonido hice como que no me di cuenta pero trate de centrarme en ese sonido para ver de dónde venía y que era, y por lo que podía percibir, venia del cuarto en el que mi novia estaba con su amiga, por lo cual les dije a los muchachos que iba al baño y en ese momento le volvieron a gritar por su nombre a mi novia, a lo cual salió intempestivamente del cuarto del fondo, pero se encontraba usando una bata esas de baño gruesas, y le pregunte porque tenía puesto eso a lo que me respondió que se estaban pintando las uñas y probándose ropa con su amiga por lo cual tenía puesto eso para no tener que cambiarse a cada rato, lo deje así y fui al baño, el baño se encontraba cerca de la habitación del fondo y en lo que entre estoy seguro que escuche la voz de un hombre, lo cual ya me cayó el veinte de lo que podría estar pasando pero me hice al que no entendía nada.

    Entre al baño, salí y regrese a la sala cuando regrese los muchachos le volvieron a subir el volumen estaba vez mucho más alto a la tv era casi molesto el ruido, pero pues si lo que pensaba era verdad entendía porque lo hacían, espere una cantidad de tiempo razonable y me levante rápidamente, ellos gritaron el nombre de mi novia pero casi no se escuchó por lo alto que tenían puesto la tv y me fui directo al cuarto del fondo, pensé que me seguirían para detenerme pero vi que nadie me siguió sino que apagaron la tv y vi que recogían sus cosas, en el momento que pagaron la tv es cuando escuche claramente los ruidos que apenas percibía por el sonido de la tv antes, eran los gemidos de mi novia vuelta loca, como ya nadie me detuvo, abrí la puerta lentamente y veo a mi novia empalada por dos tipos, dándole anal y vaginal al mismo tiempo ella estaba de espaldas a la puerta pero uno de los tipos me vio entrar y solo se me quedo viendo pero nadie se detuvo, en eso el tipo que ya me había visto le dice a mi novia que no gima tan fuerte porque la iba yo a escuchar, y mi novia respondió: es culpa de ustedes por follarme tan rico en todas las fiestas hasta que me tengo que ir a casa.

    En ese momento todo tuvo sentido de todas las veces que la veía llegar a casa después de sus fiestas por eso lo primero que hacía era bañarse para quitarse los restos de leche de los hombres que se la follaban y por eso dormía todo el día, porque se la pasaba cogiendo con ellos toda la noche, en eso yo grite su nombre para que se diera cuenta que estoy ahí, a lo que ya volteo a ver hacia atrás y dijo: ya nos descubrió mi novio. Y nadie se detenía seguían follándose a mi novia ahora en mis narices, en ese momento ella dijo: amor no es lo que parece, solo estamos follando, pero no los amo es solo que sus vergas están muy ricas.

    No sé si fue porque llevaban ya mucho rato follando o la excitación que le dio el sentirse descubierta en su infidelidad que en ese momento ella se vino de una manera salvaje como nunca había visto que casi parecía convulsionar y eso mismo hizo venir a los dos tipos que la tenían empalada que vi como el semen le escurría donde se habían venido también, ya no pude seguir viendo, solo sentía un hueco en el pecho, así que me fui de ahí, lo bueno es que la casa donde vivíamos era mía así que ese fue el final de nuestra “relación” o más bien de mi estupidez.