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  • La rebelión de mi madre (VIII): La mano de mi madre

    La rebelión de mi madre (VIII): La mano de mi madre

    Anteriormente:

    Tras ir a vigilar que mi madre no se desmadre en un disco bar, y luego de varios tragos, termino llevándola a su casa, en donde me invita a quedarme a dormir, para no tener que volver a mi departamento.

    Allí al lavarme los dientes, la presión del agua de la canilla empapa el bóxer blanco, dejando transparentada la prenda dejando apreciar lo que había de fondo.

    Al ir a mi cuarto a descansar mi madre me llama a su cuarto porque una remera se le enganchó en un aro y quedó inmovilizada.

    Vestido solo con mi bóxer blanco húmedo voy hacia su cuarto y la hago sentar en la cama, con sus piernas abiertas me permite acercarme para trabajar mejor y desenganchar el aro de la prenda.

    La escena concluye logrando sacar la remera por sobre su cabeza, y dejando a la vista una escena incómoda.

    Mi madre sentada en la cama solo con su ropa interior violeta de encaje y sus piernas abiertas.

    Yo entre sus piernas parado, con mi bulto a escasos centímetros de su cara.

    La luz tenue del ambiente lo hace todo más confuso, mi madre mira mi bulto, levanta la mirada a mis ojos, vuelve a mi bóxer blanco.

    «te mojaste mucho parece» dice con la voz entrecortada.

    Sus maduras manos se acercan a la tela del bóxer para chequear cuánta humedad tiene.

    Sin sacar la vista de lo que tiene a 20 centímetros, desliza dos dedos cruzando la tela para chequear hasta donde está húmedo, a pesar de que a la vista se ve que está casi todo mojado.

    Llega hasta mi tronco que se transparenta, mis 20 centímetros están al máximo y haciendo tensión con el elástico.

    Dos dedos de mi madre se quedan encima de la escasa tela húmeda blanca que separa mi miembro de su tacto.

    Siente seguro el calor, la forma.

    Va hacia abajo recorriendo todo el tronco, ya no son sus yemas sino que inclina sus uñas como un felino que quiere arañar suavemente.

    Ese instante hace que la cabeza del glande venza al elástico del bóxer y salga a la superficie, haciendo su presentación a la vista y el olfato de mi madre.

    Esa cabeza la hipnotiza porque se queda paralizada.

    Su respiración se agita, su pecho sube y baja haciendo gala de sus enormes tetas que apenas pueden ser contenidas por el sostén.

    No me mira a los ojos, solo vuelve a subir sus dedos por el ascensor de mi tronco, hasta el límite del bóxer, hasta donde asoma el glande.

    Allí levanta la mirada, no dice nada, solo me mira a los ojos. Y en ese segundo eterno de mirada cruzada se atreve a romper la barrera de lo prohibido.

    Sus yemas tocan mi glande, lo que produce una explosión de líquido preseminal.

    Mi madre lo nota y usa ese líquido para lubricar toda la cabeza que está más roja y grande que nunca.

    Juega con la textura, con el calor, se embriaga con los olores.

    Su otra mano entra en escena, para hacer el trabajo sucio, baja el bóxer de un tirón y lo deja en el suelo.

    Su mano hábil, nunca soltó mi pene.

    Se quedó allí, ahora participan todos sus dedos, toda su palma, intenta cubrirla infructuosamente.

    Siente el calor, y le gusta porque hace presión.

    Comienza a masturbarme, lo hace con delicadeza, el líquido preseminal es abundante, no necesita aceites ni lubricantes.

    Está masturbándome mi madre, y sin culpa. Yo no la detengo.

    Sigue haciéndolo y se le escapan gemidos, está gozando de hacerme gozar.

    Su otra mano juega con mis bolas, me araña con sus uñas arregladas.

    «como creciste bebe» me dice mi madre extasiada.

    Ya está amaneciendo, la noche se va y se acerca un nuevo día.

    Mi madre no deja de subir y bajar mi miembro.

    En un momento se desabrocha con destreza su sostén y se liberan unas enormes tetas con las que me amamantó, con unos pezones grandes y oscuros.

    Los deja libres y se bambolean con mi masturbación.

    Ahora yo quedo hipnotizado mirando cada uno de sus pechos maduros.

    «devolvele la leche a mamá» dice mi madre.

    Esa frase hizo que mis ratones explotaran y chorros de semen caliente salieron eyectados.

    Cayó parte en la cara de mi madre, en los ojos, en la boca y otros chorros con menos fuerza cayeron en su cuello y pechos.

    Siguió masturbándome exprimiendo hasta la última gota, que caía en sus manos y dedos.

    Las gotas de la cara fueron cayendo hasta su boca, ella se los llevó ahí, mientras miraba lo que había en sus tetas.

    Veo su lengua salir de sus labios para recoger la leche que tenía en su rostro y dedos.

    Yo me quedo inmóvil apreciando ese espectáculo.

    Mi madre parece estar posesa, es otra mujer, que quería lograr hacer eyacular a un hombre joven.

    No se limpia totalmente, le queda algo en la barbilla colgando, en el cuello y en sus tetas.

    Se va hacia atrás y las contempla como un trofeo.

    Me mira a los ojos con lascivia. Parece que esto no queda acá.

    En ese instante se presenta el sol con sus primeros rayos. Rayo que entra por la ventana y le da en la cara a mi madre.

    Parece ser exorcizante, porque en ese momento entra en cordura de lo que había ocurrido y la lascivia se transforma en vergüenza y me pide que me retire, mientras se cubre los pechos con sus brazos.

    No podía dormirme, creo que fue mi culpa por no frenar antes de todo este desastre.

    Pasan las horas, no me duermo, ya es casi mediodía y mi madre no sale del cuarto.

    Decido dejarle espacio y me voy de la casa, vuelvo a mi departamento.

    Transcurre la semana y mi madre no me escribe, no me manda mensajes.

    Intento llamarla pero no me atiende.

    Reviso la aplicación de citas y ha eliminado su perfil. Tampoco pública nada en ninguna red social.

    No sé si ir directamente a la casa a verla, dudo tanto que pasa la semana y no hago nada.

    Llega un nuevo fin de semana, el sábado me llama por teléfono.

    Dice que tenemos que hablar de lo que pasó la semana anterior, que está avergonzada pero es necesario hablarlo.

    Me dice que para asegurarnos de que no pase nada raro, vamos a tener a una mediadora, Andrea.

    Andrea, es la amiga que me cogí hace unas semanas y mi madre ni sabe. Supuestamente guardamos el secreto para que no haya conflictos en la amistad entre Andrea y mi madre.

    Ahora resulta que la va a usar a su amiga, que es psicóloga para tratar el trauma de lo que pasó.

    Me dirijo hacia la casa de mi madre, arreglado formalmente.

    Al llegar entro el auto y ya está Andrea en la casa junto a mi madre.

    Nos sentamos mi madre y yo en el sofá y Andrea en otro sillón individual.

    Miro a los ojos a Andrea, parece no inmutarse por mi presencia, sabiendo lo que hicimos nosotros.

    «yo voy a hacer de cuenta que no sé nada, y no los conozco, así que quiero que me cuenten detalle por detalle lo que pasó la semana pasada» comienza Andrea.

    ¿Qué les va pareciendo hasta ahora? Todos los comentarios son bienvenidos para mejorar.

  • Sueño húmedo

    Sueño húmedo

    Dedicado a la amable lectora que contribuyó en el desarrollo de este relato.

    Martha dormía plácidamente, a pesar del calor de verano, usaba una playera de tirantes color blanco y lencería de encaje blanco, diminuto, que se perdía entre las magníficas nalgas redondas, blancas; dormía sin sábanas, con la ventana abierta, para recibir la fresca brisa de la noche.

    Se revolvía en su cama, inquieta, el calor no permitía que pudiera dormir plácidamente, además el roce de su cuerpo en la cama, encendía los deseos de su cuerpo de diosa, sentía sus pezones rozar contra el colchón, parecía como si algo dentro de él la tocara a propósito.

    Empezaba Martha a desesperarse, pasaban los minutos sin poder conciliar el sueño, se removía en su cama, estaba cansada, pero también excitada, pensaba –o me duermo pronto o tendré que comenzar a masturbarme– mientras elegía otra posición para ver si podía quedarse dormida.

    Finalmente se quedó dormida (o eso supuso) su mente viajó a la casa de enfrente donde vive su vecino fisgón, de repente se vio a si misma sosteniendo en sus manos el fierro candente de su vecino, su lengua recorriendo ese tronco de carne palpitante, mientras sus manos lo frotaban con fuerza, era una sincronía perfecta, mientras su lengua acariciaba la glande de ese enorme pene, sus manos frotaban el tronco y los huevos, de la misma manera cuando su boca chupaba sus huevos, sus manos frotaban el tronco y la cabeza, siempre cubría todos los flancos.

    La saliva de Martha cubría ya todo el trozo de carne palpitante, lucia brillosa, desde el ojo de la cabeza, pasando por todas y cada una de las venas, y las gotas más gruesas de saliva se depositaban en sus huevos.

    Al estar Jorge encima de Martha, este se colocó con su cara frente al vientre de Martha, con toda la intención de iniciar un 69, Martha se dejó, abriendo sus piernas para que la cara de Jorge pudiera realizar su trabajo, de inmediato sus manos se fueron a posar sobre las hermosas nalgas de Martha, tomando cada una con una mano, mientras su boca se fue directo a la hermosa rajita, ya mojada, con los labios vaginales excitados, oscurecidos por el deseo, la lengua de Jorge recorría el camino de la rajita de Martha, su lencería no estorbaba ya, era tan diminuta y estaba tan húmeda que prácticamente era parte de la piel de ella.

    Los embates de la lengua de Jorge sobre la vagina de Martha muy pronto surtieron efecto, sus labios entregados ya, palpitaban al ritmo del paso de su lengua, cada centímetro que recorría la lengua generaba una sensación diferente, en especial cuando su lengua recorría el clítoris, un escalofrío estremecía el cuerpo de Martha.

    Era una batalla de dos frentes, Martha en el suyo frotaba el tronco firme de Jorge, quería sacar de él toda la leche que estaba a punto de hervir en sus genitales; mientras Jorge recorría con su lengua hasta el último rincón de la vagina de Martha, sus labios, su clítoris, incursionaba dentro de su vulva y de vez en cuando lamia el ojo de su culito.

    Martha se incorporó e hizo que Jorge se acostara de espaldas a la cama, le dio dos jalones al miembro duro de él y se acomodó para sentarse encima de él, se quitó la empapada lencería, se despojó de la camiseta y se dispuso a montar al toro; se colocó la cabeza del miembro justo en la entrada de su vulva y se dispuso a bajar lentamente por él, su cabeza penetro lentamente su cavidad, ella sentía como poco a poco se abrían las paredes de su vagina, dando paso a ese pedazo de carne negra que contrastaba perfectamente con la piel blanca de Martha y el rosado de su vulva.

    Finalmente Martha llego al final del camino, topando con los huevos hirviendo de Jorge, que cada vez se veían mas y más llenos de esperma, al borde de la explosión, Martha coloco sus manos sobre el pecho de Jorge para apoyarse y comenzó el movimiento de vaivén sobre el tronco de carne, sus caderas subían y bajaban sobre el miembro tieso al mismo tiempo que hacían un movimiento circular, Martha sentía perfectamente como la cabeza de su oponente tocaba cada uno de los rincones interiores de su vagina, estaba al borde de la locura, solamente ocupada de sentir dentro de ella cada centímetro de la verga dura de él.

    Mientras tanto Jorge estiro los brazos para llegar a los senos de Martha, que ya habían sido liberados, se erguían orgullosos, sus pezones amenazantes apuntando hacia el enemigo, Jorge los cubrió con sus manos, haciendo que los pezones quedaran entre sus dedos, apretándolos para darle más placer a los botones cafés que coronaban sus senos blancos, Martha seguía con su movimiento de caderas, ya perdida en el placer que le generaba ser una mariposa ensartada por su captor, traspasada por una lanza de carne palpitante que no le permitía ir a ningún otro lado que no fuera más y más dentro de ella.

    Martha sentía que de un momento a otro tendría un orgasmo y no deseaba evitarlo, los movimientos de su cadera comenzaron a ser cada vez más rápidos y cada vez más fuertes, se escuchaba el choque de sus carnes cada vez que el cuerpo de Martha caía hasta el fondo del miembro venudo de Jorge, ya los únicos sonidos que se escuchaban eran los choques de la carne y los gemidos de ambos, Martha empezó a cambiar sus gemidos por gritos de placer, pidiendo más y más verga dentro de ella.

    Jorge aumentaba el ritmo de masaje de sus senos, al tiempo que movía su verga al compás de ella, empujando con firmeza al momento que ella bajaba por su camote hinchado, ya solo atinaba a gritar ¡dame más papi!, ¡dame toda tu verga!, mientras recibía hasta el fondo de su ser cada uno de los embates del miembro candente de él.

    Finalmente sintió un escalofrió que se generaba dentro de su vagina y que se propagaba por su cuerpo en todas direcciones, que pasaba por su espalda, su estómago, sus senos y su cabeza; su vagina comenzó a venir en chorros copiosos, los espasmos hicieron que perdiera el equilibrio y cayó de encima de Jorge sobre la cama.

    Después de sobreponerse al orgasmo, recobro el aliento y se reincorporo, se hinco al lado de él y le tomó el miembro entre sus manos, recordando que aún no explotaba y lo comenzó a frotar con frenesí, con ambas manos, lo jalaba en dirección de sus senos, su mirada buscaba la de él, como tratando de anticipar su explosión, después de frotar su miembro furiosamente, Martha vio en Jorge la mirada de quien está a punto de estallar, Martha sin dejar de frotar le decía ¡dámelo, dámelo todo!

    Finalmente Jorge cerro los puños, se contrajo y comenzó a expulsar semen por la cabeza de su glande, como Martha continuaba la masturbación el semen salió disparado en todas direcciones, mientras Martha disfrutaba el espectáculo, trataba de cachar con su boca gotas de semen, para llevárselas como premio por el gran trabajo realizado.

    Finalmente salió hasta la última gota de semen de su miembro, Martha lo soltó y se reincorporó, tomó sus ropas lo besó y le dijo: espero te haya gustado como a mi.

    En seguida recobró el sentido en su cama, confundida, – fue un sueño – pensó, todavía confundida, pasó sus dedos por su rubia cabellera y algo extraño se pegó entre sus dedos, acercó su mano para poder ver de qué se trataba, era una gota espesa de líquido blanco aún caliente.

    ¿Sería un sueño?

  • Los celos (II): Vanesa

    Los celos (II): Vanesa

    Eran las siete de la tarde, el sol comenzaba a caer alargando las sombras de los edificios, las mesas de alrededor habían cambiado varias veces de ocupantes, parecía un poco más relajada pero siempre en guardia.

    – Jamás me dijiste lo que sucedió aquella noche.- Dije sin mirarla directamente, sabía que era volver a azuzar el fuego.

    – ¿Para qué?, tú tenías tu propia historia… como siempre.

    En eso tenía razón, yo mismo me preguntaba y respondía, no soportaba el hecho de haberla visto de aquella forma, despeinada, el rímel corrido, todo aquello no hacía más que encender mi mente, me levanté dispuesto a cualquier cosa, pero creo que en el fondo estaba cansado de luchar, me metí en la ducha para quitarme el olor a alcohol de la noche anterior, mi boca estaba espesa producto de la resaca, notaba como si mi cabeza fuera a estallar, abrí el botiquín buscando algo que pudiera quitar el martilleo constante de mis sienes.

    – Buenos días.- Lola estaba sentada en la cama con las piernas recogidas y su cabeza apoyada sobre sus rodillas.

    – Buenos días, espero que lo pasaras bien.- una frase cargada de sarcasmo.

    – ¿Y tú?, ¿lo pasaste bien?- Dijo mientras se levantaba de la cama, sin duda noto el tono de mi voz.

    – Veo que ni siquiera te quitaste la ropa.- La conversación se tensaba a cada palabra.

    – No, me tumbé sobre la cama y me quedé dormida.- pasó rozando mi cuerpo en dirección al lavabo. – Si no te sabe mal me quiero dar una ducha.

    – Supongo que no me vas a decir dónde estuviste, ¿no?- El volumen de mi voz aumentaba por segundos; La seguí con la mirada hasta la puerta del lavabo.

    – Déjalo, hoy no tengo ganas de discutir.- Su voz se mezclaba con el ruido de la ducha.

    -Ósea, mi mujer se va un día entero… ¿es que acaso no puedo preguntar? ¿Soy tu marido? ¡Joder!- Mi voz retumbó en el camarote, seguramente si pasaba alguien por el pasillo lo oiría todo, pero me daba igual, Lola permaneció en silencio hasta que salió.

    – Si, eres mi marido, pero estoy cansada de que controles mi vida, mírate, no te reconozco Carlos, estás haciendo que me vuelva loca, ¿cómo puedes seguir con esto?

    – ¿Con qué Lola? – Sentía como mis venas se iban hinchando.

    -¡Con tus malditos celos!, no te das cuenta del daño que me haces.- Lola era un mar de lágrimas, pero ni siquiera la veía, si aquella vez me hubiera contenido…

    Hubo unos segundos de silencio, nos mirábamos sin decir nada.

    – ¿Dónde has estado?- Mi voz sonó amenazante, Lola estaba de pie mirándome sin creer lo que veía, las lágrimas le inundaban sus ojos, se las limpiaba con una mano mientras que con la otra sujetaba la toalla anudada por encima de sus pechos.

    – ¿Qué te está pasando Carlos?

    – A mí nada, ¿y a ti?, pero ya lo veo, igual tengo que preguntarles a los dos de ayer, seguramente con un par de cervezas me den detalles, ¿cómo fue? ¿primero uno o ya directamente con los dos?- sentía como escupía las palabras intentando darle lo más fuerte posible, ni siquiera lo pensaba o tal vez dentro de mí había algo que me empujaba, venganza, ira… celos.

    -Creo que será mejor que en Roma tomé un avión a Barcelona, no puedo seguir así.- Lola tomó ropa limpia y volvió a encerrarse en el lavabo.

    – ¡Si huye! después dirás que también me imagino las cosas, supongo que has quedado con ellos ¿No? -Había perdido el control.

    Lola salió hecha una furia y sin previo aviso me cruzó la cara, me miró con los ojos enrojecidos y salió del camarote haciendo que la puerta temblara del golpe.

    ******************

    -¿Mi propia historia?, te pasas un día entero sin aparecer, eran las tres de la madrugada Lola y tú no estabas por ningún lado, ¿Qué querías que pensara? -Dije enderezándose en la silla.

    -Siempre pensando en ti… veo que no vas a cambiar nunca.

    Lola sacó su móvil de uno de sus mini bolsillos para perderse durante unos segundos en el, aproveché para poder mirarla sin ser descubierto, descubrí que unas mini argollas colgaban de su collar, no me gustaban pero tenía que admitir que le esterilizaban su cuello, no me creía que se hubiera cortado de aquella manera su hermoso pelo, el color granate de sus uñas hacía juego con su pinta labios, continuaba en silencio repasando su móvil aquello era la campana del primer asalto y sin duda ella iba ganando por muchos puntos, repasé su cuerpo deteniéndose en aquellos maravillosos pechos igual que el joven camarero, podía entender que se sintiera atraído por ella, echaba la vista atrás recordándola desnuda en la cama parecía mentira que aquella mujer se había entregado a mí sin condiciones.

    – Creo que por hoy ya hemos tenido bastante, me tengo que ir, he quedado.- Dijo levantando la vista del teléfono.

    -No podemos dejarlo así.-No podía dejar que se fuera de esa manera.

    – No sé Carlos, no sé si vale la pena todo esto, simplemente nos vamos a hacer más daño y la verdad… -Lola se me quedó mirando mientras negaba con la cabeza.

    – Por favor, podemos quedar otro día, solo te pido un día más.- Le había agarrado sus manos sin pensarlo, no me di cuenta en qué momento lo hice, las tenía frías como de costumbre, ese acto tan normal entre nosotros se volvió en algo extraño, algo que nuestros cuerpos tenían en la memoria pero no lo reconocía, era tocarla como si fuera la primera vez, Lola se quedó mirando nuestras manos; unas lágrimas asomaron en sus ojos por un segundo me vi vencedor.

    – Hablamos otro día, pero te llamo yo.- Volvió a vestirse de aquella coraza, su voz sonó autoritaria dejando claro que sería ella quien marcaría los tiempos.

    Al salir del bar sentí un escalofrío, mi cuerpo se negaba a dejarla ir, Lola se giró para darme dos fríos besos, sentía que la perdía definitivamente, ya estaba fuera de mi alcance, se me pasó por la cabeza preguntarle con quien había quedado, pero aquello hubiera sido peor y quizás el detonante de otra situación violenta, no podía permitir que una maldita frase hiciera que Lola se echará atrás y desapareciera definitivamente de mi vida.

    Se perdió entre los transeúntes, podía admirar sus caderas moviéndose con libertad, mientras, me quedaba abandonado en mitad de la calle, vacío, esa sería la palabra que definiera mi estado, me sentía un fantasma buscando mi camino, decidí volver a mi pequeño apartamento caminando, las Ramblas continuaba llena de turistas a cada cual más contento, veía sus caras llenas de alegría mientras un extraño frío invadía mi cuerpo, yo no era nadie… simplemente nadie.

    **************

    Mi vida cambió drásticamente con la separación, dicen que hay varias etapas hasta poder superarla: la fase de la negación y aislamiento, la fase de la ira, la depresión y aceptación, creo que hice un cóctel con todas ellas.

    En aquel camarote rompimos la cuerda que nos unía, fui yo el que soltó amarras sin pensar que la corriente sería demasiado fuerte.

    Volvimos juntos desde Roma, encontramos pasajes pero en dos aviones diferentes, yo salí a las doce mientras que Lola saldría dos horas más tarde, durante el vuelo mi cabeza no dejaba de darle vueltas a lo sucedido, ¿qué había pasado?, justo hacía dos días que habían disfrutado de un día maravilloso en Mónaco y al otro día no podíamos ni vernos.

    Llegué sobre las tres de la tarde a casa, al entrar me derrumbé, tres días, solo hacía tres días que había salido de aquella casa sujetando a Lola por la cintura, sintiendo sus caderas moverse en mi mano e incluso me vino a la mente haberle dado un azote cariñoso en ellas notándose firmes como piedras, sus treinta y cinco años no habían hecho mella en su cuerpo, a pesar que ella decía que sus pechos comenzaban a caer, aunque para mí cada día estaban mejor.

    Lola no llegó hasta las siete de la tarde, no quise preguntar por el retraso, pues yo calculé que debiera haber llegado una hora antes, esa tarde cada uno estuvo a lo suyo, yo la miraba de reojo mientras ella deshacía las maletas, el ambiente se podía cortar con un cuchillo, llegó la noche sin haber probado bocado, cuando iba a entrar en el dormitorio Lola salió con su almohada y sin decir nada entró en la habitación pequeña, está la teníamos por si venía alguien y se tenía que quedar a dormir, ni siquiera pregunté, me dije a mí mismo que tal vez fuera mejor dormir separados esa noche, me sentía indignado, no era posible que me tratara de aquella manera, había sido ella la que provocó todo aquello; ¿o es que acaso fui yo el que desapareció todo un día? no, no era yo el que había provocado aquella situación, pasé una noche dando vueltas en la cama, parece mentira que aunque uno tenga la cama completamente para él siempre guarde el espacio de su pareja, es como territorio prohibido que jamás ocupa aun sabiendo que puede invadirlo.

    A la mañana siguiente la encontré en la cocina, se podía notar que ella tampoco había pasado una buena noche, llevaba su pijama de verano, su melena caía sobre su hombro derecho, sujetaba una taza de café mientras su mirada se perdía dentro de esta, me quede mirándola desde la puerta.

    – He hablado con Andrés, mañana me incorporo a la universidad.- Dijo al descubrir mi presencia, en ningún momento perdió de vista su taza.

    – Las clases no comienzan hasta septiembre.

    – Daré clases de refuerzo, esta tarde comienzo.- Se levantó de la mesa sin mirarme.

    Lola cada vez estaba más tiempo fuera de casa, yo comencé a trabajar en mi pequeña empresa de instalaciones, nos dedicamos a montar los riegos automáticos para jardines, la empresa la creó mi padre que al jubilarse me la traspasó, no teníamos trabajadores simplemente los contrataba cuando entraba faena, así me evitaba las nóminas fijas, no es que ganara mucho dinero, pero no me podía quejar, mi mayor ingreso eran los mantenimientos, tenía clientes a los cuales los trataba como amigos.

    Una tarde de sábado Lola comenzó a arreglarse, llevábamos un mes como dos desconocidos ocupando un mismo espacio, dos caras de la misma moneda condenados a no poder mirarse de frente.

    Oía el secador de pelo en el cuarto de baño, he de reconocer que sentí… celos, si eran celos, no sabía dónde iba o peor aún con quién, al rato apareció en el comedor vestida con unos tejanos rotos que se pegaban a su cuerpo, un suéter ancho que le caía sobre su hombro y sus zapatos rojos de tacón, mis preferidos, intenté memorizar su cuerpo, parecía una diosa.

    – Volveré tarde. -Su voz sonó firme a la vez que cortante.

    – ¿Dónde vas? -Dije mirándola.

    – Ni lo sueñes, ya se acabaron las explicaciones, no pienso justificarme más, estoy harta… piensa lo que quieras… me da lo mismo.

    No dio opción lo siguiente que escuché fueron sus tacones antes de salir por la puerta de casa, se hizo el silencio, decidí bajar al taller, la casa se estaba empezado a caer sobre mi cabeza, tenía el taller justo debajo simplemente salía del portal y entraba en el taller, levanté la persiana hasta la mitad de la puerta, pasé toda la tarde repasando el material, por mucho que lo intenté no pude concentrarme, mi mente giraba dando vueltas alrededor de Lola, se acumulaban las preguntas, a las nueve subí a cenar, un poco de fiambre junto a tres cervezas, era como si mi estómago se hubiera cerrado no permitiendo que ingiriera ningún sólido, a las doce decidí irme a la cama, intentaría dormir tal vez fuera mejor dejar atrás otro maldito día.

    A la mañana oí ruidos en casa, supuse que Lola se había levantado con ganas de hacer faena, me quede quieto escuchando sus pasos sin atreverme a salir, tenía miedo de volver a enfrentarme a ella, dentro de mí una voz que me pedía paz, al cabo de unos minutos decidí afrontar otro día.

    Me quede parado, habían cajas en medio del pasillo, Lola iba de un lado para otro sin detenerse, llevaba sus mallas y una camiseta corta, podía ver aquel maravilloso ombligo que tantas veces me había perdido en él.

    – ¿Qué haces Lola? -Dije una vez que vi fotos y objetos en aquellas cajas.

    – Me voy Carlos.- Dijo deteniéndose.- Creo que será mejor que nos demos un tiempo.- Su voz estaba rota.

    -¿Qué quieres decir?- Sabía perfectamente lo que quería decir; me abandonaba.

    – Carlos… me voy, no puedo más… lo intenté con todas mis fuerzas.

    – Podemos hablarlo.- Dije sujetándola por la cintura, coloqué mi cuerpo delante de ella obligándola a mirarme a los ojos.

    – No… Creo que es mejor darnos tiempo y reflexionar, necesito mi espacio para pensar si de verdad sigo queriéndote, y aquí me es imposible… tanto tú como yo lo sabemos.- Su voz temblaba, mientras que sus ojos se hacían los huidizos.

    Lola besó dulcemente mis labios, intenté aferrarme pero ella se separó de mí si darme tiempo.

    – ¿Dónde iras?

    – Estaré en casa de Cristina, luego… no se ya veré.- Ese «ya veré» me heló la sangre, «ya veré «¿qué significaba?- Viene a buscarme en dos horas.

    – ¿Tan pronto?, yo podría haberte llevado.

    – Es mejor así.

    – ¿Me llamarás? – no me di cuenta que la estaba perdiendo, que ese día sería el último que la viera salir de casa.

    – Tengo que acabar de meter algunas cosas.- Dijo sin contestar mi pregunta.- Cristina llegará pronto y aún me queda por empaquetar.

    Creo que fueron las dos horas más cortas de mi vida, cada vez que metía una prenda en la maleta era como si se llevará un trozo de mi vida, unos pantalones negros de vestir que compramos juntos el año anterior, una camiseta comprada en Ibiza hacía dos años, la cual se ponía muchas noches para calentarme, era tan corta que sus pechos asomaban por debajo haciendo que me pusiera a mil, veía como Lola intentaba no llorar mientras metía sus cosas, le era tan difícil como a mí, eran diez años los que estaba guardando, diez años de una vida compartida.

    – Hola Carlos.- Cristina entró en casa con cara de circunstancia, sabiendo que era un momento difícil, nos conocíamos bien, Cristina era la mejor amiga de Lola, habían estudiado en la misma universidad, Cristina ejercía de abogada en una ONG, su carácter siempre fue liberal, siendo una activista de derechos humanos, pelirroja y una cara inundada de pecas acompañado de dos maravillosos pechos, incluso más grandes que los de Lola, siempre sonriente a pesar de las desgracias que veía todos los días.

    Les ayudé a cargar el viejo todoterreno de Cristina mientras Lola intentaba esquivar mis ojos; llegó el momento de la partida.

    – ¿Me llamarás?- Volví a preguntar luchando con el nudo de mi garganta.

    – Ya hablaremos Carlos. -Dijo a través de la ventanilla.

    Cuando perdí de vista el todo terreno me invadió el miedo, no sabía lo que era estar sin ella hasta ese momento.

    Volví a casa sintiéndome solo, los cajones del armario estaban vacíos, tres fotos que siempre estaban en el tocador habían desaparecido en alguna de aquellas cajas, me tumbé en la cama sintiendo las lágrimas correr por mis mejillas.

    La primera semana después que Lola abandonó la casa pasó entre pensamientos de culpa, comencé a trabajar cosa que me ayudó, hacía que mi mente se distrajera, aunque no dejaba de mirar el móvil cada dos por tres, deseaba encontrar una llamada perdida o un mensaje, cualquier cosa.

    Llego el mes sin noticias de Lola, dos o tres veces estuve por ser yo el que llamara, pero Lola había dicho que nos teníamos que dar tiempo así que me convencía a mí mismo de desistir en llamar, aunque esa situación me estaba matando, cada día bebía más, y lo peor era que prácticamente no comía, algún que otro bocadillo era mi menú diario.

    Un domingo llamó mi hermana Helena, estuve a punto de no cogerlo, me daba miedo enfrentarme al hecho de tener que explicar lo sucedido por Lola, pero decidí avanzar.

    – Hola hermano ¿Cómo estás?

    – Bien y vosotros.- El tono de mi voz no pasó desapercibido para ella.

    – Se lo vuestro Carlos y lo siento mucho.- Helena era muy amiga de Lola, a veces creía que las hermanas eran ellas, seguramente habrían hablado.

    – Bueno… si… no se Helena… -No sabía qué decir, hablar con alguien de nosotros no resultaba fácil, me venían un torrente de emociones que hacían que me ahogara.

    – Tienes que ser fuerte, no te hundas y tómalo como una oportunidad para pensar y recapacitar.- Incluso mi hermana me acusaba de ser yo el culpable.- Xavier se junta este sábado con sus amigos, me ha dicho que podrías ir con ellos para despejarte, ¿cómo lo ves?

    -No se Helena, no sé si…

    -Vamos, y así me lo vigilas.- Dijo con tono cariñoso. -Hazme el favor, le digo que pasen a buscarte ¿sí?

    -Helena… no sé. -No sabía cómo salir de aquella conversación.

    -Estate preparado sobre las diez.- No se dio por vencida.- Te quiero Carlos. -Dijo después de un incómodo silencio.

    -Yo también Helena.- Eso es lo que tiene la familia, me di cuenta que después de haberles hecho daño con mis comportamiento seguían a mi lado.

    A las diez sonó el timbre de casa, cogí una fina americana y salí por la puerta después de haberme asegurado que la batería de mi móvil estaba completa, Xavier y yo no es que fuéramos muy amigos pero lo suficiente para entendernos sin hablar, al salir de casa me estaba esperando de pie fumando un cigarro, yo hacía dos años que no fumaba pero no me molestaba el humo del tabaco.

    -Hola Carlos. -Dijo al verme.- Siento lo de… ya sabes.- Se le notaba que no sabía cómo afrontar la situación.

    -No te preocupes Xavier, gracias ¿dónde están tus amigos? -Dije comprobando que venía solo.

    -He quedado con ellos en un bar.- Dijo lanzando su colilla.- Vamos sube que si no estos están borrachos cuando lleguemos.

    Durante el trayecto permanecimos callados, Xavier no sabía qué decir, seguramente mi hermana le había obligado a recogerme como si fuera un niño pequeño, fuimos hasta el barrio gótico, cosa que hizo el aparcar una misión imposible, el gótico es un laberinto de calles estrechas que la mayoría son peatonales con lo cual nos desplazamos hasta prácticamente el paseo marítimo, allí no se lo pensó dos veces y lo aparcó en un parking al lado de la playa.

    -No sé qué decir Carlos…- Dijo Xavier una vez salimos a la calle.

    – Tranquilo, yo soy el que me tengo que disculpar, creo que me pasé de la raya.- Dije dándole una palmada en la espalda. -Bueno ¿y quiénes son tus amigos? -Intente romper el hielo.

    -Pedro y Manuel, los dos se… – Se quedó cortado.

    -¿Separados? -Acabé la frase.

    -Te juro que no es lo que parece, los conozco desde el colegio y ha dado la casualidad.- El pobre se había metido en un jardín y no sabía cómo salir.

    -Tranquilo.- Dije sonriendo falsamente.- no pasa nada, además no nos hemos separado, simplemente nos hemos dado un poco de espacio.- Eso era lo que me decía todo el tiempo «solo un poco de espacio».

    A medida que nos metemos en el Gótico me envolvían los recuerdos, Lola y yo solíamos pasear por ese barrio, ella siempre decía que la transportaba a la Edad Media, sus calles, fachadas y pórticos hacían que te sintieras viajar en el tiempo, muchas noches de verano solíamos acudir al Timbalet, un bar de copas que disponía de una terraza interior, sobre el suelo ponían alfombras con un mar de cojines, podías pasarte horas enteras oyendo Jazz, horas enteras… horas enteras… en aquel momento hubiera dado cualquier cosa por diez minutos con ella, me parecía una pesadilla caminar por aquellas calles sin ella, en cada rincón de la calle, amagada en la oscuridad, esperaba que apareciera de entre las sombras; me sonriera y volviéramos a casa cogidos de la mano, pero en vez de eso solo encontré un vacío que amenazaba con estrangularme.

    Algunas noches después de salir del Timbalet algo bebidos andábamos abrazados sintiéndonos como si fuéramos uno, Lola le excitaba aquellas calles llenas de recovecos, lugares escondidos donde nos dejábamos ir, alguna vez alguna pareja había tenido la misma idea descubriéndonos semidesnudos, en esas situaciones no se cortaba e incluso creo que la subía de tono, después nos íbamos riendo de la cara que habían puesto los tortolitos al descubrirnos, en aquel momento sentía como si alguien me estuviera apretando el corazón.

    Xavier guiaba la marcha sin decir nada, sentí un vuelco en el corazón al pasar por delante del Timbalet, inconscientemente miré hacia el interior, la estaba buscando, por un momento creí que podía estar allí, la barra del bar estaba completa, también podía estar en la terraza, pero era imposible Lola jamás iría a ese lugar sin mi, era nuestro templo, no era posible…

  • Follando en el autobús

    Follando en el autobús

    En ocasiones, viajar en autobús puede llegar a ser una auténtica aventura, un auténtico placer.

    Una vez más me pongo delante de una pantalla en blanco que espera ansiosa que la manche con mis recuerdos, con mis fantasías o quizás porque no, de las vuestras, de la tuya. Estas líneas aunque posteriores al relato que os voy a contar las escribo al principio del mismo porque me suelo meter tan dentro de las historias, que pierdo la noción del tiempo, del espacio y de la memoria, ya no sé, si el relato que os voy a contar fue real, una de mis fantasías o quizás una de las tuyas, pero de lo que si estoy segura, es que me hubiera gustado vivirla, aunque por otro lado… ¿La viví?, quien sabe, no sé.

    Más que un viaje en autocar fue una aventura, una aventura que yo conscientemente busqué desde hacía tiempo, desde hacía tiempo lo veía montarse en la misma estación, lo miraba con disimulo, me gustaba verle leer, le veía disfrutar del ocaso por la ventanilla según íbamos devorábamos kilómetros y más tarde verle dormir.

    Soy una mujer curiosa, me gusta fijarme en la gente por la calle e imaginar sus vidas y aquel hombre entrado en la treintena no iba a ser menos, ¿dónde viviría?, ¿en qué trabajaría?, ¿tendría mujer?, ¿hijos tal vez?, ¿Cuál sería su historia?, ¿por qué cogía siempre el viernes aquel autobús en Pamplona con dirección alguna parte?, ¿sería quizás un amante a quien iría ver?, o ¿realmente sería tan simple como lo mío?, que volvía a casa después de trabajar durante una semana en otra provincia, realmente estaba intrigada aunque supongo que a él, le podría pasar lo mismo conmigo, siempre la misma historia, siempre la misma sonrisa al pasar a mi lado cuando se subía, siempre las mismas personas, seis o siete viajeros más algunos que recogeríamos por el camino antes de salir de Navarra y sin embargo él, fue en el único que me fijé y casi llegar a ser una obsesión en mis sueños.

    Realmente no era un hombre que pasara desapercibido sobre todo para las mujeres, un hombre muy atractivo, siempre bien vestido y por su apariencia daba la sensación de ser muy culto con el que poder disfrutar de sus conversaciones, llevaba siempre bajo el brazo unos libros de matemáticas, de física, quizás solo es una fachada, pero no lo creía, era tal la obsesión que tenía con él, que me imaginaba desnuda delante de él, esperando que me hiciera el amor encima de una mesa llena de papeles, en una habitación llena de libros y pizarras llenas de fórmulas matemáticas. La verdad que tarde más de dos meses en atreverme a saludarle, a sonreírle, hasta el viernes pasado.

    No sé qué pasó por mi cabeza nada más sentarse a mi lado, fue como una pequeña descarga de electricidad, una ola de calor que me atravesó de punta a punta, una sonrisa seguida de unas buenas noches, mi piel se erizó y ya no pude pensar en otra cosa que no fuera en él, de esa sonrisa dirigida a mí, de esas manos soporte para el descanso del libro que estaba leyendo con sus dedos acariciando las páginas mientras las devoraba, pensaréis que estoy tonta, pero llegué a sentir envidia, a sentir celos de aquel libro al ser acariciado por sus manos, no podía parar de mirarle de reojo, de ver las facciones de su rostro, la barba de tres días junto con las gafas sin pasta de cristales redondos sobre la cuenca de los ojos, que le hacía aún más irresistible, pero tonta de mí, tan siquiera me atreví a decirle nada, no así mi cuerpo que gritaba y gritaba intentando hacerse oír, los roces involuntarios de nuestros brazos estaban elevando mis pezones cada vez más sensibles y que se empezaban a clavar en la camiseta blanca que llevaba, iluminada por los dos pequeños focos para leer en la oscuridad que teníamos encendidos encima de nosotros.

    Al cabo de la hora, empezaba a atisbar algo de cansancio en sus ojos que se cerraban entre línea y línea hasta que al final, cayó en un sueño profundo del que tuve que salvar al libro de no caer al vacío, furtivamente leí la contraportada, era una historia de amor entre una amazona y un explorador, que había sido retenido y más tarde expulsado de las tierras de las amazonas después de haberse enamorado de una de ellas, ahora le miraba con ternura, siempre le había imaginado con la cabeza llena de fórmulas, no me esperaba que leyese ese tipo de literatura de amor y fantasía.

    Dormía con su cara mirando hacia la mía y no pude reprimirme, sin permiso alguno le di un pequeño beso en la mejilla y un segundo después otro en los labios, me senté de lado con mi cara bien cerca de la de él con sus gafas medio caídas, me gustaba verlo dormir, me gustaba su olor que me envolvía hasta el corazón, que me atraía sin dejarme escapar, fue entonces cuando le veía cambiar la expresión de su rostro, como poco a poco la felicidad se asomaba a esa ventana tan expresiva como es nuestro rostro, donde enseguida podemos observar en una persona la felicidad, la alegría, el placer, pero también la tristeza, la melancolía, la pena o el dolor.

    La suya no era una expresión de llanto, sino de placer, me hubiera gustado saber qué estaba soñando, que era aquello que le estaba dando tanta felicidad, empecé a imaginarme un sueño en que él se vestía de explorador, soñaba despierta que era yo la que pasaba en esos momentos por su mente, vestida como la amazona de la que se había enamorado en el libro, cerraba los ojos y me veía con él, los abría de nuevo para seguir bebiendo de unos labios que no despertaban cuando lo besaba y entonces observé el bulto de su pantalón, algo había crecido en su interior, algo que enseguida empezó a excitar mi cuerpo y empecé a sentir la humedad en mis bragas, humedad que hasta entonces había pasado desapercibida, el interés por sus labios pasaron a un segundo plano, mis manos sin poder controlarlas se asomaron a sus muslos, donde empezaron a subir hasta llegar a su meta, acariciando casi sin tocar el pene que se había erguido en su interior, estaba muy nerviosa y tremendamente excitada, notaba en la palma de mi mano aquel miembro masculino con tanta dureza, con tanta fuerza que me imaginaba una vez más desnuda delante de él, pero en este caso con la suficiente certeza que disfrutaría con aquel pene en el interior de mi vagina, aquel hombre me tenía hipnotizada, soñaba y me imaginaba haciendo todo tipo de posturas sexuales que jamás pensé ni imaginar.

    Estaba tan embebida dando rienda suelta a mis propios sueños, que no noté como él despertaba, como al alzar mis ojos nuestras miradas se cruzaron y pude ver la vergüenza en él, quizás reflejos de la mía, mi mano que se apoyaba en su pene dejó de presionarlo y de acariciarlo, me quería morir en ese momento, en aquel momento no había palabra alguna que saliera de mi boca que se resecó en un segundo, pero como tampoco salió ninguna vocal de la suya, su expresión de vergüenza como de haber sido él, el causante de aquella situación hizo que me aliviara un poco y creí ver una pequeña sonrisa en sus labios, nuestros ojos se clavaron el uno en el otro, miradas de doble dirección que no se cansaban y ni una palabra entre los dos, el silencio del autobús roto con alguna tos o alguna respiración más fuerte que otra, aquella magia se iba a romper cuando observé la intención de hablarme, aquello me aterró más de lo que imaginaba y le silencié con dos dedos sobre sus labios, labios que después sin darle opción besé y esta vez sentí en los míos como me eran devueltos, como su lengua empapaba mis labios hasta conseguir que abriera mi boca para fundirnos en un beso apasionado.

    No sabía lo que hacía, ninguno de los dos lo sabíamos, no lo esperaba, pero lo soñaba y ahora aquel sueño se hacía realidad, sus manos enseguida se apoderaron de mis pechos, apretándolos como si me los fuera a quitar, me dolía, pero me excitaba, los labios enganchados bebiendo de nosotros con un baile inacabable con nuestras lenguas como protagonistas, sus manos empezaron a recorrer mi cuerpo paralizándome por completo, no podía moverme, me estaba entregando a él sin remisión, sentía como la humedad entre mis piernas aumentaba y como mis bragas lo iban absorbiendo todo, entonces noté su mano en mi vientre bajando hacia abajo y apretándome con los dedos mi sexo antes de meterse por debajo de la falda que llevaba aquel día, ¿una falda yo?, yo que rara vez iba en falda y aquella noche la llevaba y no una cualquiera, sino una muy corta que dejaba mis muslos prácticamente al sentarme totalmente al descubierto, mi mente volaba y pensaba el porqué de la falda, quizás inconscientemente ya había planeado aquella situación, no lo sé, pero su mano me despertó del sueño cuando me acarició separándome un poco las bragas para que sus dedos pasearan muy suavemente por mi vulva totalmente depilada, escondiéndose entre mis labios húmedos y adentrándose en la abertura de mi vagina donde disfrutaron del calor de mi interior.

    Prácticamente me había quitado el sujetador y mis pezones erguidos sentían el frío cuando su boca se apartaba de ellos dejándolos envueltos en su saliva, mi sexo continuamente penetrado por dos dedos inquietos que también hacían las delicias a mi clítoris, haciéndome gemir en silencio y deseando algo más, ¿pero qué más?, estábamos en un autobús rodeados de gente, tan siquiera éramos los últimos viajeros pues detrás de nosotros iban sentados una pareja más o menos de mi edad. No podía más, necesitaba entrar en acción, quería tener entre mis manos aquella polla que lo había empezado todo con su gran volumen y mientras que era penetrada por sus dedos, yo le desabrochaba torpemente su pantalón sacándole ese miembro que me había apasionado desde que observe crecer dentro de su ropa, pero que ahora era mío y devoraba de arriba abajo dejando un rastro de saliva por todo su contorno, ya los gemidos no eran solo míos, gemidos silenciosos para que nadie se despertara.

    Su polla tenía un sabor delicioso, me encanta devorarlas hasta que no pueden más, hasta que tienen que explotar y yo les ofrezco mi boca para que la llenen como una copa de vino, el sabor de su semen, la sensación de poder, de tenerle y de sentir las explosiones dentro de mi boca, de ese néctar caliente que sale disparado a mi interior, quería que me llenara y me alimentara de él, mis manos sobre sus testículos metiéndolos en mi boca despacio y con suavidad, su polla con un vaivén delicioso entre mis manos y mi boca, la succión de su glasé por mis labios y cuando sabía que iba a acabar mis manos se dirigieron a su pecho por debajo de su camisa arañándole el pecho, mi boca subía y bajaba sin más ayuda que mis labios sobre su pene calentándolo más y más, excitándole tanto que empezó a eyacular dentro de mí teniendo que tragarme de un tirón las primeras descargas de su polla.

    Se revolvía en el asiento, le oía gemir y me encantaba mirar hacia arriba para verle el rostro siempre que podía, ya que sus manos desde hacía tiempo estaban sobre mi cabeza apretándome contra su polla, los gemidos iban en aumento y salvo la pareja que teníamos detrás, nadie se había percatado de lo que hacíamos unos asientos más atrás, nadie se enteró incluso cuando su polla empezó a liberar la tremenda presión que tenía en los testículos disparando generosamente dentro de mi boca dos chorros de semen que saboreaba y tragaba según me llenaba, un pequeño grito, precedido de un gemido si se pudo oír en todo el autobús, pero la suerte es que prácticamente todo el mundo iba dormido.

    Durante unos minutos yo seguí lamiendo aquella polla que por su dureza y grosor harías las delicias de cualquier mujer, no quería que se echara a perder, que se quedara en el olvido cuando perdiera su tamaño como así fue, mis movimientos, mis lamidas como si fuera un helado que se derrite con pequeños mordiscos y movimientos suaves llevando su piel hasta el final para luego liberarla y que aparte de su disposición y muy posiblemente de su excitación, conseguí su fruto, solo unos segundos que quedo muerta, solo eso porque enseguida reaccionó a mis atenciones y una vez más estaba preparada para darme ahora si el placer que deseaba y soñaba, así que me levanté para besarle, para que saboreara sus fluidos en mi boca, incluso limpiándome con su lengua la comisura de mis labios.

    Con mi mano eché un poco el respaldo hacia atrás tumbándole un poco, me levanté la falda y según me sentaba encima de él a horcajadas, con mis rodillas apoyadas en parte del asiento, me aparté un poco las bragas dejando mi sexo realmente mojado en posición para que penetrara y entrara dentro de mí, ni una palabra todavía de ninguno de los dos, solo miradas de complicidad, de placer y lujuria, solamente miradas a nuestros labios que se mordían de vez en cuando, sus ojos se distraían en mis pechos al haberme subido tanto mi camiseta como el sujetador, miraba mis tetas y las hacía desaparecer entre sus manos apretándomelas, pero dejaba mis pezones salir para ser devorados por su boca, parecía un juego para él, primero una y luego la otra, sus manos bajaron a mis nalgas apretando cada glúteo con ellas, mi mano ya había buscado su polla y la pasaba por la abertura de mi vagina de arriba abajo, metiéndola despacio, deslizándose en mi interior con mucha suavidad, llenándome hasta que no podía entrar más, no quería gemir, no podía expresar lo que estaba sintiendo al ser penetrada una y otra vez, mis movimientos lentos y suaves iban metiendo y sacando su polla de mi interior con tanta suavidad, con tanto placer para los dos que nos fundimos en un abrazo y un beso que parecía eterno.

    Ese movimiento vertical de mi cuerpo paró para hacerlo horizontal, su polla casi no salía de mi interior, pero el roce de la raíz de su polla contra mi clítoris me estaba matando de placer, la tenía tan dentro de mí, la sentía tan bien que no quería que se marchara nunca, mis músculos la apretaban una y otra vez haciendo como si mi vagina la besara, era una sensación tan placentera que ninguno de los dos quería que acabara, yo me contenía a duras penas tapándome la boca con una de mis manos y él enterrando su cabeza en mis pechos, movimientos lentos de mi cadera de lado a lado, con sus manos apretando mis nalgas hacia él, intentando penetrar más en mí y entonces mi cuerpo subía y bajaba un poco para liberarla un segundo, para una vez más secuestrarla dentro de mí y volver a besarla, volver a presionarla con mi vagina, sintiendo sus palpitaciones, sintiendo como me hacía explotar de placer al tenerla tan dentro, con mi clítoris continuamente excitado por aquellos pequeños roces.

    No podía más estaba tan al borde de un orgasmo que me preocupaba si sería capaz de mantenerlo dentro de mí, sin que ningún gemido, ni grito saliera al exterior y alertara a todo el mundo que dormía o eso creíamos los dos, los que seguro no dormían era la pareja de atrás de nosotros que me miraban con excitación, los dos se besaban y acariciaban también, pero sin llegar al extremo con el que yo misma me sorprendía con mi comportamiento, era incapaz de tener los ojos abiertos cuando sentía ese placer al intentar penetrarme aún más, sus manos ahora en mis caderas levantando su pelvis una y otra vez para penetrar en mí, estaba al borde del orgasmo cuando con sus fuertes manos me aparto de él, no sabía que pensar, el silencio seguía instaurado en nosotros como una dictadura, pero entonces supe lo que quería, como si fuera una muñeca moldeaba mi cuerpo, lo llevaba donde él quería y lo que quería era ponerme a cuatro patas sobre el asiento, una rodilla en el asiento y otra estirada en el suelo con mis manos apoyadas en el respaldo que también habíamos echado hacia atrás, mi rostro pegado al cristal respirando y creando figuras de vaho.

    Su lengua empezó a pasar por mis labios mojados, acariciando mi clítoris con sus dedos haciéndolo circular sobre él a la vez que con la otra me iba quitando las bragas hasta que las dejo reposar en el asiento junto a mi rodilla, fue cuando noté una vez más su polla entrar sin previo aviso y con bastante fuerza hasta el fondo de mi coño, entrando y saliendo primero de una forma pausada, pero luego más y más rápido, sus embebidas me empujaban contra el cristal que llenaba de vaho una y otra vez, veía las luces de los coches pasar, las luces del interior de las casas por donde pasábamos con la oscuridad de fondo mientras que un placer tan grande hacía que un orgasmo se acercara a mí, que explotaba como una bomba de calor en mi vientre y se expandía por todo mi cuerpo, mis manos apretando mi boca para ahogar los gritos que sin remedio salían de mí, sin poder evitar que llenaran el autobús, miraba de reojo a nuestros espectadores y me sonreían al ver como el placer me había llenado y yo intentaba ahogarlo, mi amante seguía moviendo sus caderas con sus manos sobre las mías siguiendo ese movimiento frenético y cuando un grito de placer que tuvo que despertar a más de uno salió de su boca, sentía como me llenaba con sus fluidos uniéndose a los míos.

    Su polla navegaba ahora en un mar embravecido y caliente en el interior de mi vagina, olas seguían atravesando mi cuerpo y los gemidos de ambos se escapaban ya a nuestro control, sentía como en cada empujón ya más lento, pero mucho más profundo, salían por mi vagina los fluidos de los dos, resbalando por el interior de mis muslos, empujones y penetraciones que fueron apagándose al igual que nuestros gemidos.

    Silencio, solo el silencio roto por el ruido del autobús al circular por la autopista, ni una palabra, ni una mirada cuando nos vestíamos y arreglábamos, cuando me ponía las bragas que enseguida empezaron absorber los fluidos que salían de mi vagina, media hora de un silencio incómodo hasta que llegó mi parada, hasta que me levanté y cogí la pequeña bolsa de viaje que llevaba, dos pasos por el pasillo con algunas miradas incómodas, otras de envidia, otras de alegría por mí como la de nuestros dos espectadores de lujo que me sonreían e incluso llegué a detectar un beso en la distancia y allí en medio del pasillo me paré unos segundos, unos segundos para pensar, para decidir deshacer mis pasos y volverme hacia él, dándole un papel escrito con un nombre y un teléfono, pero sin que supiera el sonido de mi voz, le miré con ternura, le besé tiernamente en los labios y me fui.

    Antes de salir por la puerta del autobús volví a mirar hacia donde él se sentaba y una vez más nuestras miradas se cruzaron, una vez más me hizo el amor con su mirada y entonces le escuché decir…

    “Mario, me llamo Mario”.

  • El cumpleaños de Ariel

    El cumpleaños de Ariel

    El año 2000 llegó con su tecnología avanzando y con los miedos del W2K. Época del bíper, aquel aparatico miniatura en tu cintura que vibraba cada vez que alguien quería localizarte y que luego tenías que buscar el teléfono más cercano y llamar a esa persona. Los teléfonos celulares ya se hacían más comunes, pero no todos podíamos tener uno de esos.

    Algo vibró en mi cintura, mi faena de terminar aquello que estaba haciendo era mucho más importante, este producto no sirve, ¿Qué mierda es esto? Me dirigí al cliente con el que estaba trabajando, mi frente coronada de sudor, 3:15 pm de un domingo bien caluroso.

    -Disculpa Luis, pero no puedo trabajar con esto, este producto esta vencido.

    Me miró con cara de asombro y no dijo nada. -Eso es lo que tengo. Contestó por fin sin la menor importancia. El calor era muy intenso y yo comenzaba a perder la paciencia.

    -¿Y usted que quiere que haga yo?

    -Tú eres el que sabe, yo acabo de comprar el bote y el producto me lo regalaron, además el que sabe reparar eres tú ¿no?

    No quise acalorarme porque de verdad no valía la pena arruinar más el domingo que ya me estaba sabiendo a mierda. Mira, le dije muy calmado, si no buscas otro producto no puedo hacer mucho, este trabajo no era lo que yo esperaba por el precio acordado y por favor entiende que he venido hasta acá hoy domingo solo porque Eduardo me lo ha pedido.

    ¿Me prestas un teléfono? pregunté para liberar la tensión. Ya regreso, dijo con cara de pocos amigos.

    Me alcanzó un teléfono inalámbrico último modelo en tecnología mientras portaba en su otra mano un también modernísimo teléfono celular.

    – ¿Qué pasa? Le dije a Yovany por el auricular.

    – ¿Me voy o te espero?

    – Haz lo que te dé la gana mira que el horno no está para galletitas, susurré de mala gana.

    – Ya cálmate ¿qué te pasa?

    – Luego te explico, le dije con tono más amistoso.

    – Dale, te espero, dice esta gente que ya encendieron la parrilla.

    La conversación de Luis por el celular se tornó de acalorada a suave de pronto, al tiempo que bajaba el tono y el volumen de sus palabras que fueron disminuyendo mientras escuchaba y se ponía rojo como un tomate.

    Se le oyó decir aló, aló y me miro apenado.

    -Lo siento mucho no debí haberte tratado así.

    -No es nada, ¿puedo pasar a tu baño?

    Si pasa por aquí y me indicó el camino.

    Esto es tuyo me dijo mientras me daba unos billetes ya te puedes ir, yo me arreglo mañana con Eduardo. Y perdoname de nuevo.

    Tomé mi auto y conduje el corto tramo hasta el apartamento que compartía con Yovany (Mi amigo y amante de todas mis historias Balseros)

    Puse la llave en la cerradura y me volví a secar el sudor. El aire acondicionado me dio de golpe en la cara. Se me erizaron hasta los pelos del culo. ¡Yovany! él salió de su cuarto y me miró.

    -Acuérdate que la corriente la pagamos los dos.

    Su mirada retorcida y desafiante se clavó en la mía.

    -¡Ay chico! no tengo deseos de discutir contigo, dime si te vas a ir conmigo, pero no me traigas tus líos mira que estaba teniendo un domingo divino hasta ahora.

    Se perdió de mi vista hasta la cocina y abrió el refrigerador, oí que destapaba dos botellas, lo vi regresar mientras me extendía una cerveza cubierta de un finísimo hielo. Tomé la cerveza de su mano y la devoré hasta la mitad. Me agarró por la cintura y me miró a los ojos mientras me echaba su aliento etílico en el rostro, tenía los ojos medio rojos y yo sabía que se había tomado por lo menos más de cuatro cervezas.

    -Yo conozco esa mirada.

    -Me he tomado solo cuatro, esta es la quinta, si te sigo esperando me emborracho.

    Sonrió y por fin me hizo sonreír a mí.

    Me voy a bañar le dije, yo me estoy meando dijo él y salió detrás de mí, yo me fui quitando la ropa por el camino hasta llegar en calzoncillos al baño. Me los haló por detrás y me los quitó, me acarició las nalgas, no sentí más nada y al voltearme lo vi con mi calzoncillo en la cara medio mordido y oliendo sin parar.

    -De verdad que cuando tomas te pones puta, pero reputa y me sonreí.

    -Ya te he dicho que no me gusta que me llames puta; y sí, me gustas como quiera me excita este olor a macho, mira y me mostro el bulto que parecía explotar dentro de los ceñidos jeans. Se abalanzó a mi pinga y me la olió varias veces, le paso la lengua, olió mis testículos les hizo lo mismo. Sonó el teléfono.

    Aproveché la distracción para meterme en la ducha, me enjaboné rápido para poder quitarme todo el sudor del cuerpo. Oí como orinaba mientras oía su voz que decía: Ya me disculpé con Ariel, dice que la gente sigue llegando que esto es una reunión de cubanos y nadie llega temprano. Hay que pasar a comprar Bacardí para nosotros. Saqué la cabeza fuera de la cortina así medio enjabonado y lo miré, sacudía su pinga que estaba aún dura, me miró y me dijo: Mira cómo me pones. Enfócate le dije casi a carcajadas ¿cómo que Bacardí para nosotros?, ¿tú no vas a tomar cerveza?

    -Hoy tomo lo que toma mi novio.

    – ¡Ni se te ocurra congraciarte delante de tus amigos que te conozco bien! Déjate de gracias que cuando tomas te pones muy alegre. Y ya te he dicho que yo no soy tu novio ¡que pesa’o te pones!

    Llegamos a una lujosa casa en el área de Coconut Grove. La música se podía escuchar desde lejos y yo me sentía de mejor humor.

    -¿Esta es la casa de Jack?

    -No esta es la de su papá, Javier es que no te enteras.

    -Es que hoy no ha sido el mejor de mis días, perdóname ¿sí?

    Mientras entrabamos al recinto pasamos por un patio interior antes de llegar a la puerta, caía la tarde, Yovany me agarró por la cintura e intentó besarme. Lo empujé a lo que le susurraba, nos van a ver compórtate. Es que me tienes caliente, desde que te olí los güevos hoy no se me quita el morbo de la cabeza.

    Al llegar al área de la piscina por fin avistamos a Ariel en una esquina del amplio patio; El chico era un vecino del barrio que había venido con nosotros también en la embarcación, a lo lejos desde dentro de la casa caminaba Jack su primo que con los años en los Estados Unidos se había puesto como el vino, añejo pero sabroso.

    Que linda casa dije yo al saludarlo.

    Gracias es de mi papá que está de viaje ahora mismo y me la prestó para celebrarle el cumpleaños a Arielito y mientras lo decía le revolcaba al pelo a su primo. Ya cumple 25 mañana

    ¿Y tú? Pregunté yo atrevidamente, te fuiste hace unos añitos, como con 29.

    -Cumplo 36 ahora en agosto, si me fui con 29.

    Ariel y Yovany se alejaban para dejar la botella de Bacardí gigantesca que habíamos traído y algunas cosas para mezclar. Allá los esperaba el resto de la pandilla en la reunión estábamos todos los que habíamos hecho la peligrosa travesía solo faltábamos nosotros.

    -No era necesario traer nada Javier, yo soy el mismo muchachito, mitad gringo mitad cubano que jugaba pelota contigo y con Jaime, por cierto hace tiempo que no sé nada de tu primo.

    -Si, muchachito porque estas igualito. Jaime bien, pescando como lo dejé yo.

    Nah ya estoy madurito dijo él sonrojándose, sus ojos azules se veían más lindos de los que recordaba al contraste de su camisa de lino también del mismo color que combinaba muy bien con su pantalón celeste oscuro.

    Mi memoria volvió a repasar los días de juegos de pelota junto con su inseparable Ariel, huérfano de madre desde que tenía 9 años y del cual siempre estaba pendiente. Jack siempre tuvo su melena rubia y su culito empinado, le encantaba mucho el beisbol que le había proporcionado el cuerpo que todavía a sus 36 mantenía muy bien, aunque sus facciones de hombre adulto eran obvias. Llevaba barba rala que le daba un toque de machote sexy de película. Sus brazos seguían tan fuertes y peludos como antes y aunque la camisa era ancha se seguían distinguiendo sus pectorales bien marcados y los bíceps que siempre tuvo. Todos estos pensamientos los interrumpió Ariel que nos llamaba desde el otro extremo de la piscina donde estaba la mesa de las bebidas.

    Mientras caminábamos hacia el otro extremo le oí decir a mis espaldas, hacen buena parejita tú y aquél. Quedé mudo e hice un rictus de asombro mientras me volteaba hacia él, sonreí nervioso y le dije desafiante, ¿qué te pasa? ¿De dónde sacaste eso?

    -Jajaja los vi desde mi cuarto en el patio interior, Yovany te quiso besar.

    -Ese payaso siempre está jugando pesado, era una broma ¡estás loco Jack! tú me conoces.

    Salí caminando rápido, Jack adelantó el paso y me agarró por el brazo mientras me llevaba hacia la esquina de lo que parecía un apartamento de piscina sin que nadie lo notara.

    -¡Hey!, no pasa nada no te pongas así que yo se guardar secretos.

    -No hay secretos Jack, no somos gay, fue una broma ¡coño!

    -Ok, ok, te creo ya, vamos a darnos un trago, ven que tengo un tequila muy bueno y quiero que lo pruebes.

    La noche caía y la parrilla olía divino, la gente comía, bebía y bailaba. Julio, Vicente, Pedrito y Ariel no se separaban de Yovany que como siempre era el centro de atención. Yo solo bebía en una esquina alejado de la gente que ni lo notaba. Mi día se me arregló, pero solo por un rato porque Yovany lo volvió a echar a perder.

    – ¿Quieres más tequila?

    – No, Jack no debo mezclar.

    – ¿Sigues bravo conmigo?

    – Nah no eres tú, el día me ha ido fatal desde que me levanté.

    Me pasó un brazo por encima del hombro y me dijo: Anda no me hagas el desaire llevaba mucho tiempo sin verte, y todavía no tengo como pagarte que me hayas entregado a Ariel sano y salvo.

    -Mira mi tequila es sagrado y solo lo comparto con gente que aprecio, este es reserva extra añejo, disculpa si te ofendí y cambia esa cara que este es el cumpleaños de mi primo, ven vamos conmigo.

    Subimos a su cuarto, la casa bien amueblada y lujosa dejaba mucho que decir para un casi recién llegado como yo.

    -Este es el cuarto que me tiene mi papá, pero yo no vivo aquí, igual aquí nadie entra solo yo. Tengo la llave original, y la señora que limpia una copia, aquí puedo traer a quien yo quiera sea mujer, hombre o lo que sea. Ha sido también mi refugio después del divorcio.

    Yo callaba solo miraba, la puerta tenía llavín que solo abre desde afuera, el espacio era como un reducido apartamento con todas sus comodidades. Abrió un gabinete también con cerradura y sacó una caja de esas que lucen bien caras. Extrajo dos vasos del mismo gabinete y destapó la botella.

    -Este tequila se toma así solo sin hielo y sin mezclarlo.

    Me dirigí a la ventana y pude notar que en verdad se veía justamente el lugar donde Yovany me quiso besar, sonreí pensando en la situación.

    Toma, dijo Jack y extendió mi vaso, los chocamos para brindar.

    – ¿Después del divorcio? ¿mujer, hombre o lo que sea?

    Ya la mezcla de Bacardí y Tequila hacían efecto en mi cuerpo y mi mente a lo que le dije sin muchos rodeos: Tu sí que sabes guardar secretos ¿no?

    Se acercó y pegó su cuerpo contra el mío, musculoso, varonil, caliente. Tenía aroma tenue de colonia cara, discreta. Me pegó su barba a mi cachete que rozó a propósito para llegar a mi oído y decirme: No me provoques que te beso yo. Acerqué mi boca a la suya y dejé mis labios estáticos sin moverlos; Se separó sonriendo y sirvió más tequila, lo miré fijamente, bebimos.

    Por fin lo tomé por la camisa y lo besé intensamente a lo que él respondió de igual forma, jugué un rato con sus labios, metió su lengua con delicia. El sabor a tequila le daba al asunto y toque nuevo refinado. Puse mi mano en su entrepierna, movió las suyas de mis hombros y acarició mis nalgas.

    -Son más redondas de lo que recuerdo.

    -Yo nunca te vi meando, no sabía que la tenías tan gorda.

    Comenzó a reír mientras me decía: Siempre has sido ocurrente por eso me caes tan bien; vámonos que la gente debe estar preguntándose donde estamos. Le señalé mi carpa de circo, la agarró, jugueteó con ella par de veces y me dijo: Si confías en mí, esta noche te la voy a mamar.

    Se acercó a un librero empotrado en la pared y me dijo: Sale tu por la puerta que yo salgo por aquí, nos vemos en la piscina, si te preguntan, fuiste al baño. Escogió un libro y el librero se abrió a la mitad dejando ver una salida secreta en la cual él se perdió mientras se cerraba a sus espaldas.

    Nadie debe haber notado nuestra ausencia porque la gente bailaba y disfrutaba, yo me acerqué al Gazebo del amplio patio y ahí estaba mi grupo que andaba riendo como con 6 chicas mientras bailaban y ya se veía a Tamal comiéndole los labios a una de ellas. Yovany seguía de centro de atención mientras la mulata que estaba a su lado le acariciaba el pecho y una rubia despampanante se le acercaba a jugar con su pelo. Sentí una sensación rara en el estómago que me recorrió todo el cuerpo, algo entre quiero ser yo el que está tocando ese pecho y quiero que sea a mí a quien acaricie esa mulata.

    La chica que andaba aislada se dirigió a mi mientras decía con acento argentino: ¿Pero todos los cubanos tienen estos cuerpos? Y pasó sus manos descaradamente por mis brazos y mi pecho. Yovany que andaba en su gloria de bromista y borrachera no tardó en decir: No todos, mientras se acercaba a Vicente y lo atraía al centro del círculo que teníamos.

    -Ejemplo A, flaco hasta sin nalgas. No tiene carne ni para una croqueta.

    El flaco siguiendo su broma se agarró el paquete y dijo: Si, pero aquí hay chorizo como para diez empanadas. Las risas no se hicieron esperar mientras se levantaba la camiseta para que las chicas, bueno para que todos viéramos sus músculos abdominales.

    Levanté la cabeza y me di cuenta de que Jack esperaba impaciente en la caseta de la piscina, traté de salirme del gazebo, pero Jack puso su mano a la altura del pecho abierta hacia adelante como señal de que parara lo que estaba haciendo. La rubia que estaba junto a Yovany lo comenzó a besar mientras acercaba a la mulata para que se uniera con ellos, lo abrazaron y salieron rumbo a Jack que le dio algo en la mano a la rubia.

    El masculino rubio avanzó hacia mi mientras me señalaba con la cabeza que yo hiciera lo mismo. Andaba con la camisa abierta hasta la mitad y venia todo despeinado y medio sudado. La luz de las lámparas le dio a medias y pude ver un pecho exquisitamente formado y unos vellos medio rubios que se veía habían sido rebajados pero no afeitados.

    Miramos hacia el gazebo para notar que ya se habían formado más o menos algunas parejitas y todos andaban entretenidos y con las hormonas revueltas. Se podía sentir el olor a sexo desde el otro extremo de la piscina.

    Terminamos volviendo a su habitación que esta vez tenía dos vasos limpios, la misma botella de tequila y dos batas blancas de baño encima de la cama. Me arrinconó contra el armario de las bebidas mientras entre besos decía, ya nos deshicimos de aquel, te debo tu mamada. A mí me extrañó mucho que me recordara lo que él mismo había prometido. Me zafó el pantalón de un tirón y se la metió en la boca sin dejarme pensar mucho. Me tumbó en su cama con los pantalones a las rodillas y mis pies aún en el piso. Me miraba a la cara para que yo viera lo que me hacía mientras jugaba con mi glande. La experiencia era un poco rara, yo estaba más mareado de lo normal pero no me sentía mal y sabía bien todo lo que pasaba a mi alrededor. Me quitó los zapatos y me acarició los pies, se deshizo también de mis jeans y se desnudó por completo. Yo le imité sacándome mi camiseta que era la única prenda cubriendo mi cuerpo. Me indicó que me acomodara en la cama mientras se subía encima de mi a gatas. Puso su cara enfrente de la mía y me dijo: Las batas son por si quieres que nos bañemos, a ti no te hace falta, tu no apestas cuando sudas; yo en cambio, ufff e hizo una mueca. Me acerqué a su pecho y aspiré con fuerza para que notara mi intención, el ambiente olía a su nuestro aliento etílico y su colonia suave mezclados con un sudor agradable y perfume de mujer.

    -Te estabas besando con una de las chicas ¿no?

    – jejeee es que me daba morbo antes de esconderme para hacer esto contigo. Mira cómo me pongo. Y restregó toda su gorda pinga entre mis muslos. Le toqué aquel monstruo que, aunque no era largo si era grueso, venosa y limpia de piel. Hueles bien, no te preocupes, una cosa, ¿qué le diste a la rubia en la mano?

    Se bajó de la cama a servir más tequila, sus empinadas nalgas se veían hermosas y musculosas me acomodé medio sentado entre los abundantes cojines mientras lentamente me pajeaba.

    La llave del apartamento de la piscina. Aquí no se hacen drogas en esta casa, si eso es lo que pensaste. Tu amigo va a estar bien, déjalo que disfrute, mírate, pareces estrella porno ahí sentado. Sus ojos azules brillaron, y una sonrisa blanca se esbozó en sus labios. Mi rostro enrojeció ante tal halago. Me llamó al borde de la cama nuevamente esta vez para ponerme la pinga en la cara. ¿Tú mamas verdad? Asentí con la cabeza y la llevé a mi boca lamiendo aquella cabeza rosada y circuncidada. No creo haber visto una así en mi vida, solo en películas, y se me antojó deliciosa. En verdad era gorda, pero yo sabía que con mi poca experiencia igual le podía dar placer a Jack. Luego de jugar un rato con ella comencé a acariciarle sus duras nalgas mientras él las abría sin ningún pudor. Méteme el dedo que eso me gusta dijo con voz masculina y sensual. Accedí a su petición hasta que bruscamente se movió para que el dedo se saliera. Me volteó y comenzó a mamarme el culo. Era muy bueno haciéndolo porque su lengua me hizo retorcerme varias veces mientras yo me vi después de un rato mordiendo la almohada más cercana. Se posicionó encima de mí y me comenzó a chupar el cuello raspándolo deliciosamente con su barba. Así te quería tener después de haberte visto la escenita del patio. Decía esto mientras su pinga chocaba con mi hueco tratándolo de abrir. Su cabeza mojada se sentía deliciosa, me viró delicadamente y subió mis piernas dejando mi culo a la altura de su boca, comiéndoselo sin parar. Luego se puso a gachas encima de mi cara y me dijo: Vamos ábreme ese hueco. Comencé a chupar todo aquello que me ofrecía hasta que sentí que casi no podía respirar y que el movía sus caderas en círculo como si yo le hiciera el amor con mi boca. Se acostó encima de mí y jadeando dijo: Yo soy hombre, pero me gusta esto ¿Qué le voy a hacer? Se volteó a la mesita más cercana y saco un condón. El comentario me puso tan duro que comencé a botar pre seminal. Lo limpió con la punta de su lengua de una forma tan sensual y descarada que mis venas parecían explotar. Machito y morboso volvió a decir. Se puso el condón en sus labios y lo bajó con la boca hasta mi base. Siéntate como antes, me ordenó, allí en las almohadas. Me moví mientras él se metía mi pinga completa con todo y condón hasta su garganta haciendo arqueadas y llenándola de la saliva espesa característica de la acción, jugó con mis tetillas y mi pecho mientras tenía su boca ocupada. Se puso en cuatro puntos como indicando que ya era hora. Lo comencé a penetrar suave a lo que él indicó con movimientos, métela de una vez ¿qué te pasa? ¿tienes miedo? Oí por fin que decía. Cumplí con su deseo, ¡vaya! grité yo. Que rico, hacía tiempo que no hacía esto, me decía sin parar de moverse, apretaba su esfínter y me hacía sentir una sensación muy deliciosa que a veces tenía que aguantar para no venirme. Se sentó encima de mí, se la metió de un tirón y se apoyó hasta que mis bolas me dolían de tanta presión encima de ellas, me dio un beso largo, delicioso, intoxicante, con su lengua jugueteó con mi cara y mi cuello, se abrazó fuertemente a mi pecho, sus músculos rodearon mis hombros, sentí que los dos cuerpos eran casi uno de lo pegados que estábamos, aquella deliciosa sensación de sus vellos puntiagudos rozando mi piel, y su pinga ahí gorda y deliciosa entre mi ombligo y mi pecho. Comenzó a subir y bajar mientras se movía en forma de círculos, tiene que haberse dado cuenta de que yo no podía aguantar más porque paró de repente, se desensartó y busco mi pinga para quitarme el condón y absorberla de un solo trago como la primera vez. Masajeó par de veces mis testículos y mi leche aguada corrió como un manantial, se tomó hasta la última gota que provenía de mi hinchada pinga. Pasó su cara por mi abdomen y mi ombligo. Lamió por un rato hasta que yo me retorcí por la sensación y se apartó para acostarse a mi lado.

    – ¿No te vas a venir?

    Me miró y me dijo: ¿Ya, que más quieres? Me dio un beso y su cara olía a semen, respiré nuevamente y los olores eran tantos que se me confundieron en el cerebro e imaginé que el cuarto de un prostíbulo podría bien oler así.

    -Me vine dos veces sin tocarme, la primera cuando te abracé duro después de sentarme encima de ti. Después se me salió de nuevo cuando me tragaba tu leche. Eso no se vale le dije con cara de pícaro, nunca me dijiste. A mí se me sale sola y echó una carcajada, es la experiencia. Y comenzamos a reír. Me toqué y en efecto toda mi barriga, mi pecho todo estaba pegajoso, estiré mi pierna y mi pie cayó sobre algo mojado. Hice una mueca y él sonrió diciendo, pusiste el pie donde me vine, soltamos otra carcajada.

    Luego de ducharnos me abrazó y me dio las gracias, sirvió más tequila y yo hice una mueca. jajaja que cobarde me has salido. Eso sí, eres mejor amante que tu pri… ma. Letty.

    Yo con mi borrachera tomé aquel comentario sin la mayor importancia, aunque no le veía el sentido a tan rara comparación si mi prima Letty vivía muy lejos de mi casa.

    Nos regresamos a la piscina, nuevamente por rumbos separados. Me fui a la parrilla a servirme algo de comer. Mi estómago rugía como un león y no había señales del grupo de amigos. Las luces bajas en la caseta de la piscina y las cortinas cerradas.

    Eran ya cerca de las doce y ya habían apagado la música por los vecinos solo quedaban Ariel y Julio conversando. Yovany apareció por fin riendo junto con Vicente camisa abierta todo despeinado. Me miró y me dijo: Nos vamos o ¿qué? Nos despedimos de todos y echamos a andar. Al llegar al patio interior agarré a Yovany por la cintura justo en el mismo lugar donde él me quiso besar. Lo atraje hacia mí de espaldas a la residencia mientras me susurraba: ¿no que nos pueden ver? Lo besé bien fuerte toscamente por unos segundos; la luz del cuarto de Jack pestañeó dos veces entonces lo solté.

    – ¿Que fue eso Javier? A ti no hay quien te entienda, camina anda que todavía hay que ver quien maneja con esta borrachera. Y esa no es tu colonia ¿con quién te estabas revolcando?

    -Mira quien pregunta si tu hueles a puro sexo.

    Sigue mis historias aquí.

    Siempre tuyo

    ThWarlock

  • Mía

    Mía

    Y mientras aún procesabas todo lo que estabas viviendo, el calor de tu cuerpo dejaba entre ver que la excitación era parte de tu atuendo, te notaba distinta, despreocupada, inspirada y por momentos sin miedos, sólo eras tú… Sí… tú, disfrutando de lo nuevo, la que ante mis ojos se desnudaba, esa mujer que empezaba a descubrirse y que llenaba su cabeza de pensamiento obscenos, que esperaba atenta mis pasos para soltar el freno, que bailaba al ritmo de aquella danza, la misma que decidí que nos envolviera para aquel momento; me dejaste tomar el control de nuestros cuerpos, te di una pequeña muestra de lo que trataba mi atrevimiento, te mostré el olor del cuero que desde ese momento envolvería tu cuerpo, un olor muy distinto al que acostumbraban tus recuerdos; me deleite viendo como ibas saciando poco a poco tus deseos, esos que nacieron en la oscuridad de tus pensamientos, sé que mucho de lo que viviste aquella noche, en algún momento fueron parte de las fantasías de una mente sin recuerdos, pero que gritaban en silencio, en lo más profundo de tus anhelos.

    Sé que no querías que me detuviera, sentí tu gozo cuando por primera vez tus pezones fueron víctimas de mi demencia, con aquellas pinzas que te entregaron dolor y placer, mi lengua solo era anestesia, una muy dulce pero tibia al final de cuentas, que recorría tus senos mientras de a poco perdías la inocencia; también recordé el sabor que probé desde tu entrepierna, era intenso y no daba tregua, desbordabas en humedad y mi instinto animal me obligaba a beberla, decidí tomar la pinza que castigaba una de tus tetas, para atrapar con destreza tu clítoris inflamado producto de como mis dedos lo apretaban sin clemencia, esbozaste un gemido cuando la pinza logro acomodarse en su alberca, te extasiaste al sentir como envolvía tu carne sin ninguna gentileza, el brillo y la inflamación de tu piel al descubierto, no eran más, que una invitación a seguir lamiendo.

    Te pedí que te voltearas y te pusieras sobre tus brazos y piernas, observe por unos segundos y vi como en tu vagina aún se sostenía la pezonera, que seguía haciendo su trabajo sin perder la firmeza, te pedí que abrieras lo más posibles tus piernas, quería observarte por completo y tal fue tu obediencia, que me mostraste incluso más de lo que mi cabeza esperaba como recompensa, fue en ese momento que tomé el látigo de tiras, y empecé a recorrer tu culo y tus piernas, lo deslice suavemente para que lo sintieras, empecé de a poco a castigar tu piel, tu alma y tu inocencia, con golpes que te calentaban más que cualquiera caricias que albergaras en tu cabeza, tus exclamaciones dejaban claro que el dolor se hacia tu amigo, apreciabas el ardor de tu piel con tus labios mordidos, querías más, lo expresaba en tu forma, en tu piel erizada y en tus gemidos, castigue con fuerza diferentes lugares de tu carne, y tal fue tu regocijo, que en ese momento mis ojos presenciaron como la cama se humedecía de tus líquidos, aquellos que de tu interior emanaban, estabas ardiendo, estabas en llamas, jamás te había visto a ese nivel excitada, el hilo transparente que unía a tu cuerpo a la cama, era constante y en ningún punto se cortaba.

    Realmente me di cuenta cuanto me deseabas, a mí, a mí locura, a mis juegos y a mí alma, luego de extasiarme durante algunos segundos disfrutando de tu calentura, seguí castigando tu cuerpo sin ningún tipo de censura, azote tus nalgas, tus piernas y tu espalda, con golpes que se matizaban entre lo suave y lo rudo, el roce del cuero sobre tu piel inflamada, no era más que otro aliciente que te inspiraba a seguir mostrando que habías entendido, de que trataba mi juego y qué harías tu parte para hacerme sentir complacido, eras dueña de una templanza admirable y una sangre caliente digna del animal salvaje que despertaste conmigo, estoy seguro que Afrodita debió celebrarte con júbilo aquella noche en el olimpo, también sabía que era imposible que volvieras a ser la misma que atravesó conmigo esa puerta antes de desvestirnos.

    Decidí continuar con el castigo, tu vagina y tu ano fueron mis próximos objetivos, les di golpes firmes para que supieran quien era su amo, a pesar de eso, te mantuviste firme y el brillo de tu vagina mojada me invitaban a seguir desencadenando mis locuras más acaloradas; te volteé y sobre la cama te tire, tus mejillas estaban rojas de tanto placer, me decían que el nivel de excitación subía cada vez, no aguante mucho tiempo antes de que mi pene estuviera cerca de tu piel, todo lo vivido por esa noche me tenía exaltado de placer, y fue así como te saqué el antifaz, para mirarnos fijos mientras de a poco penetraba en tu humedad, fueron pocos movimientos antes de que lograrás acabar, con un gemido estruendoso que me hizo notar, que aquella noche la recordarás como algo especial, porque te hice tan mía, como ni tú te lo podías imaginar.

  • Anécdotas sexuales

    Anécdotas sexuales

    Contaré, por este medio, varias de mis experiencias en mis 32 años de vida. Ahorita y desde hace 2 años, estoy casado y con un hermoso hijo y una hermosa mujer que empezó siendo mi secretaria. Pero antes de ella lleve una vida algo ajetreada, en cuanto sexualidad se refiere.

    Ya conté dos experiencias anteriores que marcaron mi vida. Y ahora quiero hacer esto un «popurrí» de diferentes experiencias que no son tan largas como para hacer un solo relato.

    A los 22 años entre a la universidad, por diversos problemas familiares/extra familiares batalle para terminar mi preparatoria y aunque ya había estado un año en otra carrera, por problemas económicos ya no pude continuar en esa universidad. Al entrar a mi nueva facultad yo regresé a vivir con mi madre (ella y mi padre estaban separados y mi madre había regresado a vivir con mi abuela) la casa de mi abuela era enorme y yo tenía mi propio cuarto.

    En esa casa vivía una hermana de mi mamá, mi mamá, mi abuela y dos primas de otra tía. Con la menor que llamaremos Carmen, siempre mi trato fue como de una hermana mayor, ella me llevaba 3 años y siempre fuimos muy unidos. Pero con su hermana mayor a la que llamaremos Ale, era diferente, ella me lleva 5 años y aunque nos tolerábamos, el trato siempre fue diferente y hasta seco. Ella siempre cambiaba de novio rápidamente y salía y llegaba hasta altas horas de la madrugada a casa, siempre ebria y a veces marihuana.

    Yo por lo general los fines de semana la esperaba despierto, por orden de mi madre, para dejarla entrar (siempre y cuando yo no tuviera planes)en una ocasión yo llegue a las 2 am, venia de un concierto y llegué cansado, mi madre me espero y tuve que relevarla para esperar a Ale. Yo ya quería dormir, venia algo tomado y cansado y me nefasteo el hecho de tener que esperar a mi prima. Traje mi laptop y me la pase viendo porno, me calenté mucho y cuando me disponía a pajearme, escuché a mi prima llegar, eso me fastidió aún mas y le abrí, ella se caía de borracha, la levante y por error tome una de sus tetas, ella no dijo nada (en realidad ni se dio cuenta) y no quite mi mano.

    La lleve a su cuarto, ella tenía un cuarto solo para ella en una esquina de la casa, como les digo la casa de mi abuela fue hecha como una vecindad. La acosté, ella llevaba una falda y por morbo le levante un poco y pude ver una hermosa tanga rosa y noté que estaba totalmente depilada. Yo entre en razón y cuando me disponía a salir escuché «métemela Arturo (su novio en ese entonces)» me prendí y regrese y comencé a acariciar sus pechos, en eso ella despertó o volvió en si y me vio y me dijo que haces, yo asustado le dije acabas de llegar te estoy acomodando, todo esto mientras tenía mi mano en su pecho, ella me dijo que lindo primito y me abrazo, pero yo tenía mi pene súper duro y ella lo sintió, así duro unos segundos y me di cuenta que se había vuelto a dormir. Baje mi pantalón y baje su tanga, comencé a pasar mi pene por su vagina, sin introducirlo, dure alrededor de 5 minutos hasta que me vine en su estómago. Al día siguiente ella no noto nada extraño y yo me quedé con esa experiencia.

    Durante esa época en mis primeros semestres en la facultad, me hice muy amigo de una chica que participaba en obras de teatro la llamaremos Fany y en una de sus obras fue sobre un travesti y su camino de vida. Bastante llegadora y controversial. El actor principal era una chica que llamaban Miranda que si no me hubieran dicho que tenía pene y era hombre, no lo creería, en realidad era bastante guapo y se arreglaba increíblemente. Un día salimos Fany y yo a un antro y se puso aburrido, Miranda le habló y terminamos yendo a una fiesta drag. Nos divertimos y ya entrada la noche fuimos al departamento de Miranda y bebimos un poco más, con algo de instigación de Miranda Fany y yo terminamos besándonos.

    Comencé a masajear su vagina por encima de su pantalón cuando de repente sentí las manos de Miranda recorrer mis piernas, saco mi pene, se levantó y llevo a Fany hacia mi miembro y la puso a darme un oral, cual maestro de ceremonia, Miranda dirigía a Fany, le decía como y donde chupar, donde lamer y la rapidez o la calma con lo que hiciera su trabajo. Tome a Fany de su cabello y Miranda al oído me preguntó ¿ya te vas a venir papi? Yo solo asentí con la mirada y descargue un chorro en la garganta de Fany. Miranda levantó a Fany y comenzó a besarla, yo podía ver como se pasaban mi semen de boca a boca.

    En seguida Miranda acostó a Fany en el sillón y saco un condón que expertamente me puso en mi miembro y jalándome de él lo introdujo en la vagina de Fany. Yo comencé a empujar y a disfrutar, de repente sentí una lengua en mi ano, Miranda me estaba pasando su lengua de mi ano hasta los huevos, no mentiré, se sentía delicioso y de repente introdujo un dedo en mi ano y yo di un pequeño salto, Miranda me dijo «tranquilo papi, disfruta» Fany me apretaba con su vagina y Miranda me masajeaba la próstata, después de unos minutos no pude mas y tuve uno de los mejores orgasmos de mi vida. Saque mi pene y Miranda se fue sobre él, con delicadeza me retiró el condón y comenzó a masturbarme, Fany se puso de rodillas y comenzó nuevamente a meterlo en su boca.

    En eso Fany se acerca a mi oído y suavemente me preguntó «¿te atreves?» Mientras con su mirada veía a Miranda. Yo me deje llevar por la calentura y Miranda soltó un sonido de alegría, saco otro condón y lo penetre. Era diferente pero ahora tenía a Fany besándome y besándome el culo. No pasaron ni dos minutos cuando escuche a Miranda decir en una voz excitante «me vengo, me vengo», Fany al escuchar eso se puso enfrente de Miranda y trago su Semen, yo al ver eso me prendí y saque mi miembro y le llene la cara de semen a Miranda y a Fany. Después de eso Fany me contó que desde que Miranda me había visto en una foto con Fany había querido que se la metiera. Nunca jamás tuve otra experiencia así, pero para haber sido solo esa vez, fue increíble.

    Aquí dos pequeñas anécdotas de mi vida sexual. En un futuro contaré más.

  • Haciendo de mi madre mi mujer, mi amante y mi puta

    Haciendo de mi madre mi mujer, mi amante y mi puta

    Antes de empezar a contar lo sucedido con mi madre, te preguntare ¿que harías si vieras a tu madre a punto de irse a la cama con algún desconocido?

    Mi nombre es José, soy de México y vivo solo con mi madre de nombre Mónica esto ya que mis padres se divorciaron apenas tenía cinco años.

    Con mi madre la convivencia siempre ha sido normal, como la de cualquier madre con su hijo, nos teníamos cierta confianza, pero con algunas secretos por parte de los dos y de alguna manera este relato lo confirma.

    Por mi parte nunca pensé mal de mi madre como puedo ser en la mayoría de los hijos, para mí siempre fue una mujer sin defectos o que me pudiera dar un mal ejemplo, por el contrario trataba de siempre ser correcto para ser su orgullo, más esto cambió hace unas semanas.

    El día 25 de septiembre, sábado se casó una amiga de mi madre y esta nos invitó a la fiesta que darían por dicho motivo.

    Asistimos, mi madre llevaba un vestido negro un par de centímetros arriba de las rodillas y con un ligero escote. Se veía muy hermosa realmente.

    En cuanto llegamos a la recepción nos sentamos con otras de sus amigas, alguna con su esposo y una más también con su hijo y pareja.

    Al principio iba todo en marcha, comimos y ellos platicaban cosas de la oficina mientras también tomaban algunos tragos.

    Al empezar a atardecer empezó la música para amenizar la tarde-noche. A esto, las amigas de mi madre salieron a bailar con sus esposo, lastimosamente yo no pude invitar a bailar a mi mamá ya que a pena de toda Latinoamérica, yo no sé bailar y por más que practico, nada más doy pena, así que nos quedamos sentados los tres, sin embargo no tardó quien llegará a sacar a mi madre.

    Ella me volteo a ver en cuanto esté señor le pregunto si le concedía bailar con él.

    – Si tú quieres, má – fue mi respuesta.

    Ella no tardó nada en ponerse de pie e ir con él.

    Me alegro mucho ver cómo mi madre se divertía bailando y mientras eso sucedía yo platicaba con el hijo de la amiga de mi madre.

    De esta manera transcurrió gran parte de la fiesta, en ocasiones alguna de las tres parejas regresaba a sentarse con nosotros para descansar, cuando mi madre y aquel tipo se sentaban mi mamá aprovechaba para refrescarse con un trago de tequila con refresco como hacia sus amigas, yo no lo tome mucho en cuenta, pues lo más que deseaba es que ella disfrutara de la fiesta para su desestres provocado por el trabajo y si para ello ella consideraba oportuno un trago para mí estaba bien.

    Sin embargo pronto me arrepentiría de fiarme. Pues en una de las ocasiones que se acercó a nuestra mesa me dijo.

    – cariño, iré afuera a caminar, estoy un poco acalorada.

    – Si má – conteste mientras me ponía de pie.

    – No te molestes cariño sigue platicando con Jesús, ahorita me acompaña Ernesto que ni hemos podido platicar con lo fuerte que está la música.

    – Si má, está bien, cualquier cosa que necesites vienes.

    – Si cariño, no tardamos.

    Después de que mi madre salió me quedé platicando con Jesús, el hijo de la amiga de mi madre.

    No sé realmente cuánto tiempo paso, desde que salieron, quizá media hora o más, pero sentí que había sido bastante y por eso, al chico le dije que necesitaba ir a los sanitarios.

    – Te acompaño – me contestó.

    Me sentí incómodo pues no quería decirle que realmente quería ir a ver a mi madre, pero pensando en que me vería como un hijo celoso si iba solo a buscar a mi mamá, así que salí del salón con él.

    Mientras caminábamos hacia los sanitarios yo miraba hacia todos lados buscándola pero sin éxito. (Los sanitarios estaban fuera del salón de fiestas pero dentro del terreno del mismo, en un cuarto donde había un mingitorio grande para por lo menos 5 hombres y apartados para wc).

    Ambos entramos, afortunadamente él entro a un apartado de Wc lo que yo aproveche para salir y buscar a mi madre.

    La busque alrededor del salón pero nada, no estaba. Me empecé a preocupar y lo único que se me vino a la mente fue que quizá había entrado a los sanitarios para mujeres o había ido al estacionamiento a buscar algo en el auto.

    A los sanitarios no podía ir a buscarla pues solo podían entrar mujeres, así que se me ocurrió ir al estacionamiento. (Este estaba en otro apartado en el cual se accedía por una puerta de quizá 1.30 metros de ancho),

    Por el aspecto solitario y obscuro del lugar me maldecí no haber acompañado a mi madre desde un principio o por lo menos no haber tomado mi teléfono cuando baje del auto.

    Sin embargo nada me había preparado para lo que vería apenas unos cuantos pasos dentro del estacionamiento.

    Era mi madre recargada en una de las paredes mientras aquel tipo le besaba la boca y le acariciaba las nalgas. Al primer instante me dio mucho coraje, sin embargo mí excitación actuó tan pronto miraba todo aquello como lo que en parte era, una escena erótica, no podía moverme, mis pensamientos acaparaba toda mi atención.

    Era prudente importunar mi madre llevaría 13 años sin pareja y tal cual era mi objetivo inicial, ella necesitaba distraerse, también era consciente de sus necesidades sexuales, sin embargo no olvide que mi mamá apenas conocía a aquel señor.

    Me molestó y quizá hasta me dio celos pensar que un desconocido tocara con descaro las nalgas de mi madre y que ella lo permitiese.

    Pero las cosas no terminaban ahí, pues el hombre empezaba a recorrer los tirantes del vestido de mi madre, no me cabía en la cabeza que él apenas siendo nada en nuestras vidas, viera el cuerpo desnudo de mi madre, que pudiera conocer sus redondas tetas y aún menos que pudiese tocar aquella zona del cuerpo de mi madre que mi madre ocultaba con recelo.

    Pero lo que realmente me ponía a temblar de irá es que él pudiera meterle la verga a mi madre, eso no lo podía digerir, pues mi madre era pura ante mis ojos, o por lo menos hasta ese momento.

    Él le tomo el brazo derecho y le hizo girar media vuelta, apenas la espalda de ella quedó ante aquel tipo, él tomo el vestido y lo subió hasta la cintura de mi madre quedando las nalgas de mi madre ante nuestras vistas, eran perfectamente redondas, antojables a cualquier apetito masculino y yo, su hijo no era la excepción, por ello que tomara una decisión.

    Regrese hacia la entrada y la hice sonar fuerte como si recién llegará, de esta manera ellos cesarían sus acciones temiendo ser descubiertos.

    – ¡Má! – grite para hacerme notar aún más.

    Aún alcance a ver cuándo ambos se acomodaban las ropas.

    – ¿Que hacen aquí? má – pregunté cómo si no me hubiera dando cuenta de nada.

    – Vine a relajarme y platicar un poco con Ernesto, que haya con la música ni se escucha lo que uno dice y ya me estaba empezando a doler la garganta de tanto grita.

    La voz de mi madre se notaba más ebria de lo que era cuando salió del salón así que imaginé que su inapropiada decisión de mantener relaciones sexuales ahí, era estimulada en parte por su estado etílico.

    – Ya nos vamos – dije a Ernesto.

    – Pero si la fiesta aún continúa.

    – Aún no me quiero ir – me dijo mi madre con palabras entrecortadas.

    – Ya estás muy mareada má.

    Mire con pena a Ernesto y dije.

    – Además sucede que… Algo me hizo daño y me está doliendo el estómago, el sanitario de aquí está muy saturado y mejor voy a un Oxxo a comprar una pastilla y de paso entro al sanitario, pero igual y regresamos solo voy al sanitario.

    – Entonces déjala en lo que regresas.

    – Estaría bien, solo que ya está muy mareada y puede volver el estómago por eso mejor la llevo conmigo me mataría si la dejo aquí y hace un espectáculo.

    Entre los dos sujetamos a mi mamá para ayudarle a entrar al auto y así nos marchamos de ahí.

    Maneje por algunos minutos hasta que vi un camino de terracería entre dos milpas en ese momento me entró una idea, voltee a ver a mi mamá la cual estaba casi dormida así que decidí entrar a pesar de que estaba temblando de los nervios, pero solo tenía en la mente que mi madre quería que alguien se la cogiera y no importaba quien, por ello no le importo que fuera un hombre quien apenas había conocido hace 5 o 6 horas, había tenido opciones y estás eran haberme retirado sabiendo que un extraño le metiera la verga a mi mamá, otra era quedarme a ver cómo lo hacían y la que yo había elegido, disfruta de su cuerpo y ser yo quien metiera mi verga a ese lugar que de cierta manera era sagrado y prohibido para mí, además de que sería en un lugar cualquiera tal y como ella lo había permitido con aquel tipo.

    Al llegar a dónde creí nadie nos vería, me detuve y baje hacia donde mi mamá, le ayude a bajar y la lleve al frente poniéndola espaldas a mí, subí su vestido hasta la cintura dejando sus redondas nalgas a mi disposición, pensé que me diría algo pero solo puso las manos sobre el cofre.

    Tome su tanga y lo baje hasta la mitad de sus piernas y subí las manos lentamente acariciando sus piernas hasta pasarlas al frente sintiendo sus vellos púbicos.

    Me desabroche el pantalón y lo baje al igual que mis boxers dejando libre mi verga que ya estaba más duro que en cualquier momento que pudiese recordar.

    Con ambas manos empuje suavemente su torso haciendo que parara las nalgas y estás las separé para acomodar mi verga entre los labios vaginales, solo basto empezar a empujar para irme introduciendo dentro de ella arrancándole un suspiro.

    No lo podía creer que mi verga se estuviera adentrando al sitió más íntimo de mi amada madre, pero prefería ser yo quien profanara la conchita de mi madre, de cualquier manera su intimidad quedaba con alguien de confianza como ella muchas veces me había dicho, «debemos tenernos confianza, solo somos tu y yo».

    Cuando pude darme cuenta, ya tenía toda mi verga alojada en la vagina de mi mamá, sus nalgas estaban ante mí y estás habían chocado con mis muslos y parte de mi abdomen, era como si nuestros cuerpos se hubiera fusionado.

    – Que rica estas mamita – dije en un mormullo.

    Espere una vez más que ella dijera o actuará de alguna manera pero no lo hizo, no sabía que tan consiente era de lo que estaba sucediendo, me era confuso ya que ella reaccionaba a los estímulos por si sola, como el haber puesto las manos sobre el cofre del auto o tomar su nalga derecha para separarla de la izquierda mientras yo la penetraba a mi gusto, no sabía si era consciente de que era yo quien hablaba y la empotraba a su antojo.

    Después no recibir negativa alguna decidí empezar a cogérmela, deslice los tirantes de su vestido y libere sus tetas que parecían los de una chica de veinte años y una vez libres comencé a bombearla con un mete y saca que me hacía excitar aún más por el vaivén de sus tetas y el sonoro golpeteo con sus nalgas.

    Mientras esto sucedía no pude evitar seguir diciéndole mi sentir con todo aquello que nos estaba pasando.

    – Que rico se sienten tus nalgas mami.

    – Tienes unas nalgas bien ricas mamita.

    En un momento le pregunté – ¿Te gusta cómo te estoy cogiendo?

    A lo que para mí sorpresa y susto ella contestó.

    – Si, cógeme. Sígueme cogiendo rico.

    No se por cuánto tiempo se la estuve metiendo hasta que sin poder evitarlo eyacule dentro de su vagina, imagine que mi semen le entró lo más profundo del útero, imaginé que nada podía llegar más dentro de ella.

    Después de haber eyaculado me quedé ahí, pegado a ella.

    – Tu vagina es una rica funda para mi verga mamita. Quiero metértela cada que se me pare – dije mientras mi verga aún seguía dura.

    Poco a poco disminuyó la erección hasta que no quedó más remedio que separarme de ella aún que no faltaban ganas de estar así por toda la noche.

    Le subí la tanga y la acomode, le di media vuelta a mi madre y apenas le va a abrir los ojos cuando la hice hincar no fue fácil meter mi verga en su boca pero lo hice.

    Era una sensación muy placentera ver a mi mamá con una verga en su linda boca y en verdad que era buena mamadora, se me hacía raro verla como tal, nunca me la imaginé así era como un tipo de humillación pero a ambos nos gustaba a jugar por la forma en la que lo hacía y como ya he mencionado, era preferible verla con mi verga a verla con la de un desconocido.

    No pude contenerme y le eyacule, ella trago y se quedó inerte, los nervios me hicieron decidir marcharnos de ahí.

    Nuevamente le ayude a subir al auto y sin mediar palabra llegamos a casa, ella casi estoy seguro que estaba inconsciente durante el camino.

    Al llegar a casa, le dije.

    – ya llegamos – mientras la movía del brazo tratando de despertarla.

    Reacciono un poco diciéndome.

    – Ayúdame a llega a mi habitación por favor cariño.

    – Si má – le contesté con la voz temblorosa aún por los nervios. Entramos a la casa y subimos hacia su habitación.

    Al dejarla para que ella se metiera a la cama me percaté de que estaba como dormida.

    Así que la deje acostada sobre las cobijas, las aparte para meterla entre ellas y dejarla dormir, aún que se me antojaba cogérmela nuevamente.

    Antes de salir de su habitación revise su celular, era seguro que ella se daría cuenta de que había tenido relaciones con alguien y si hubiera intercambiado números telefónicos con aquel tipo, podía hacer conjeturas cayendo en cuenta de que había sido conmigo.

    No podía dormir, me seguía preguntando ¿Que tan consiente era mi mamá de lo que había ocurrido?

    Las repercusiones de mis actos, por cualquier cosa, me pensaba justificar con lo que ella había hecho y aceptado hacer con aquel tipo.

    Una cosa era segura, quería volver a metérsela a mi madre y ser solo yo quien la cogiera.

  • El tatuaje de Gloria

    El tatuaje de Gloria

    Hola, soy Gloria, la esposa de Jaime.

    Él es un esposo muy apasionado, le encanta el sexo y experimentar cosas nuevas, sé que me ama y me desea, es muy protector y cariñoso conmigo, aunque me cuesta abrirme a nuevas experiencias, es muy paciente conmigo, por eso lo amo y disfruto mucho nuestra relación.

    Con él estamos casados casi 25 años, tuvimos nuestros vaivenes en nuestra relación, pero este es el mejor momento en cuanto al sexo, más intenso, maduro y con muchas fantasías.

    Sobre eso quería escribir, el me confesó que su mayor fantasía es ver qué otro hombre me coja, tengo muchos tabúes con respecto a eso, nunca le fui infiel, bueno físicamente hablando, pero no le voy a negar, sí tengo fantasías sexuales con otros hombres, la mayoría imaginarios.

    Me estoy abriendo de apoco, hasta ya me hice un tatuaje con su complicidad, la verdad me hace sentir más sexy, él dice que soy una mujer muy rica y que cualquier hombre querría cogerme.

    Soy alta, piel blanca, cabello negro corto moderno, buen pecho y ahora que estoy bajando de peso, cada vez estoy mejor, soy una milf con los años bien llevados, mi cola no es grande pero está bien formada y con mi tatuaje en la parte baja de mi espalda se ve muy apetecible.

    Nunca me considere una belleza, pero si atractiva y simpática, y sé que todavía me miran con deseo y eso me gusta.

    Empecé a ponerle rostros reales a mis fantasías, como al hombre que vino a tatuarme en casa, lo vi alto, moreno, buen físico y simpático. Como mi hijo estaba en su cuarto, nos encerramos en la mío, y mi esposo se quedó a vigilar en la sala, para que mi hijo no se entere de lo que estaba haciendo su madre.

    Charla va charla viene el tatuador me dijo que me colocara boca abajo, me alzó bastante la remera y para mi gusto me bajo mucho la calza, dijo que era para centrar bien el tatuaje, también alabó bastante mi piel acariciándome de forma rara, diciendo que era muy suave y tersa. Estaba nerviosa y no le di mucha importancia, me pego el tatuaje dibujado con un líquido frio me estremecí un poco y aprovecho para acariciarme y supuestamente calmarme en la parte mas baja de la espalda casi mis nalgas. Empezó a preparar sus instrumentos, charlando siempre y diciéndome que no debí esperar tanto tiempo en hacerme uno, que ese trasero se merecía un adorno desde hace mucho tiempo, yo solo reí de su ocurrencia. Se puso los guantes de látex y empezó a hacerme el tatuaje, no dolía pero se sentía como pinchazos y raspadas, él no desperdiciaba oportunidad de apoyar su mano en mi trasero y cada vez bajaba más animado por mi silencio. Llego un momento que se paró y bajo aún más mi calza diciéndome que iba a corroborar si el dibujo estaba centrado, empezó a masajear las nalgas y no voy a negar ya me estaba excitando bastante, mis partes íntimas ya estaban húmedas.

    En una de esas un dedo se deslizó hacia mi vagina y rozó mi clítoris, lance un gemido y él sonrió, me dijo que me veía muy tensa y quería hacer algo para relajarme, como no dije nada, supongo que tomo como un permiso, siguió masajeando mi clítoris y yo estaba a mil, realmente excitada, de pronto introdujo su dedo en mi vagina ya inundada, comenzó a penetrarme suavemente al principio y después metió otro dedo y empezó a hacer movimientos mas fuertes y duros, yo mordía la almohada que tenía debajo para no gritar y llamar la atención. El tatuador me decía cosas, como que era una flor de hembra y que si no fuera porque mi cornudo marido estaba en la sala ya me hubiera follado en forma salvaje, no paraba de masturbarme con sus dedos hasta que llegue a un orgasmo intenso, sacó sus dedos de mi vagina y lamió mis jugos como si fuera un manjar, «sos riquísima» me dijo, estaba toda colorada, «mirá como estoy» me dijo y vi su pantalón súper abultado, alíviame un poco me dijo, sacó su pene y era enorme, gordito en la punta como me gusta, grueso y largo, todo un poema, sin importarme nada lo metí en mi boca y empecé a chuparlo, le lamía la punta, metía mi lengua en su orificio y eso le puso como loco, gruñía y gemía, «chupame puta» me dijo, «me volves loco», yo apure mis caricias para hacerle terminar rápido, tenía miedo que entre mi esposo y después pensé que él hubiera disfrutado mucho el espectáculo, terminó en mi boca y trague hasta lo último su leche, «me chupaste hasta el cerebro» me dijo riendo. Después me colocó bien la calza y continuó su trabajo como si nada, poco después entro mi esposo y le encantó como quedó el tatuaje.

    Nos despedimos y me guiñó un ojo.

    Ahora mi esposo quiere que me haga otro tatuaje, creo que no me voy a negar.

    Fin

  • Café

    Café

    Semanas después supe su nombre: Ángela. Ángela venía muchas mañanas a desayunar a mi bar desde hacía poco tiempo, quizá tres semanas. Yo suponía que habría encontrado empleo por la zona recientemente, porque nunca la había visto antes y, por descontado, no era la típica cliente del vecindario: a estas las reconocía inmediatamente. Ángela era una mujer que aparentaba tener un poco más de la treintena; era guapa, de facciones suaves y finas; tenía una negra melena larga y rizada, calzaba tacones y vestía jeans ajustados, camisa blanca y americana. Ángela llegaba, se sentaba frente a la barra y pedía la consumición: «Un café con leche doble y un cruasán».

    Mi empleado la servía puntualmente, mientras yo, a apenas tres metros, junto a la caja, la observaba. Ver sus labios salidos sorbiendo despacio el café caliente, me excitaba. Un día, no pudiendo más, me ausenté de la caja, fui a la oficina y me hice una paja. Ah, qué paja, imaginando mi polla entrando y saliendo de esos bonitos labios. Otro día, se me ocurrió una idea, un fetichismo: ¿por qué no agregarle mi semen al café que se tomaba Ángela? Sería, ¡la ostia!, ¡me haría mejores pajas! Y otro día, lo llevé a cabo. Me pajeé a primera hora, cómo no, pensando en Ángela, y guardé el semen en un vasito de chupito que oculté en una de las neveras. Luego, le dije a Vicente, mi empleado, que le quería ayudar en su ardua tarea de hacer cafés y cuando vi a Ángela detrás de la barra, le dije a Vicente: «Yo hago el de la señorita». Puse el café, puse la leche y, disimuladamente, abrí la nevera y añadí el contenido del chupito. Ángela se lo bebió. Lo repetí varias veces. Ella, se ve, no notaría severos cambios en el sabor; como mucho, una vez me dijo Vicente que había mencionado el preciado amargor del café.

    Por lo demás, mi vida era bastante monótona. El bar, la casa, mi mujer, mi hija… Mi mujer, aunque yo llegaba a casa alrededor de la medianoche, siempre me esperaba despierta. Mi mujer, Adela, era una hembra carnosa que tenía unas tetas estupendas, redondas, gruesas, con morenas areolas y pezones; tenía algo de tripita y un culo orondo. Tenía cuarenta y ocho años, los mismos que yo, sin embargo conservaba un rostro juvenil. «Alejandro», este soy yo, «mañana te llevaré al bar un puchero que acabo de cocinar, debes alimentarte mejor, te estás quedando en los huesos con tanto trabajo, y más ahora, que me ha dicho la Paquita que hasta te has puesto tú a dar los cafés»; «Adela, hay que ayudar», apostillé. Por las noches, una sí y otra no, mi mujer y yo follábamos, sin armar demasiado escándalo para no despertar a la nena, cuchicheando nuestros espasmos, en la postura del misionero.

    Pero aquella noche fue distinta. Eran las once y media. El bar estaba cerrado. Vicente se había ido ya y había dejado la persiana a medio levantar. Yo estaba dentro del bar cuadrando la caja. Entonces, oí un ruido. Alcé la cabeza. Vi que alguien intentaba pasar por debajo de la persiana; al principio, me alarmé; sin embargo, en el momento en que reconocí aquel tacón que ya se introducía en el interior del local precediendo a la pierna enfundada en unos jeans, me tranquilicé; mas no del todo: ¿qué quería aquella mujer a esas horas? Agachada, Ángela metió la cabeza y dijo: «Hola». «Hola», dije; «Uff, qué nochecita», exclamó Ángela; «¿Qué ocurre?», pregunté; «No, nada, nada», dijo Ángela. Por como arrastraba las consonantes, supe que estaba bebida. «Oye, jefe, ¿me pones un whisky?»; «Hemos cerrado»; «Vamos, jefe, no te hagas el duro, que sé que no me quitas ojo», dijo Ángela, arrojando la chaqueta sobre una mesa.

    Ángela llevaba puesto un body palabra de honor que resaltaba la belleza de sus tetas. «Uno sólo», dije; «Trato hecho», dijo Ángela mientras se acercaba más a la barra. Le serví la bebida. Ella encendió un cigarrillo. «Está prohibido fumar», dije; «Venga ya, jefe», soltó ella riendo. Pasaban los minutos y los dos permanecíamos en silencio: únicamente se oía el teclear de mi calculadora y el entrechocar de sus hielos. «Jefe», habló Ángela, «hoy, esta noche, mi novio ha cortado conmigo», se detuvo. Luego continuó: «Dice que necesita aires nuevos, figúrate jefe, ¡aires nuevos!, una botella de oxígeno le daba…, si yo sé que se está follando a la putilla de su coordinadora, ¿a quién quiere engañar?, aire dice, aire, y… ¿qué tendrá esa que no tenga yo?, todas tenemos lo mismo…, culo, tetas… y coño, que es lo importante, bueno, y boca, ya sabes jefe, para hacer mamadas», Ángela notó que sus últimas palabras me habían puesto incómodo. Siguió: «Jefe, ¿te gustan las mamadas?»; «Mi mujer no me las hace»; «Acabáramos», dijo Ángela, y, ni corta ni perezosa, se encaramó a la barra y, de un salto, cayó junto a mí. «Tú sigue, tú sigue cuadrando la caja, que yo me ocupo de todo, esta se la dedico al cabrón de mi novio». Yo estaba sentado en un taburete frente al mueble donde está el ordenador, y Ángela se coló en el hueco, se hizo sitio, se arrodilló y me quitó el cinturón, me desabotonó el pantalón y me abrió la portañuela. ¿Era real? Fue real.

    Se metió mi polla entre sus labios húmedos, acariciándomela, lamió despacio prepucio y frenillo, comió más, hasta que se la introdujo entera en su boca y la saboreó como un manjar. «Oh, oh, oh», gemía yo; «Sigue, jefe, sigue haciendo caja», dijo ella abandonando su tarea durante unos segundos, luego cogió aire y continuó. Qué maravilloso placer sentí, jamás lo podré olvidar. Sentí que ya estaba a punto de correrme y creí conveniente avisar: «¡Me corro, me corro!», Ángela, entonces, escupió la polla de su boca, la empuñó con una mano y me terminó pajeándome: mi semen cayó desordenadamente sobre su cara; ella suspiraba: «Ah, humm, ah, hummm». Miré hacia abajo y vi la babaza del semen en sus mofletes, en su nariz, en su barbilla; las gotas que resbalaban hacia la comisura de sus labios y la punta de su lengua capturándolas: «Humm, sabe a… café».