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  • ¿Inocente o culpable?

    ¿Inocente o culpable?

    Inocente o culpable, pensé; cualquiera, ya no importa. Por mi mente desfilaron cada una de las balas que disparé, recordé el rictus de miedo y dolor al ver como se le escapaba la vida; no pude menos que lamentarme…

    -¿Cuál es el veredicto? -preguntó el juez.

    -Al acusado se le encuentra…

    _____________

    Cerré la puerta al entrar a la recámara mientras, con una mirada que no dejaba duda de mi intención, me acerqué a mi mujer.

    -Ni lo pienses -dijo- no estoy de humor.

    -Hace días que no lo estás -respondí disgustado- ¿te pasa algo?

    -Nada, solo no tengo ganas.

    -Cariño -dije cambiando mi tono- no me hagas esto, quiero estar contigo el poco tiempo que estamos juntos.

    -Mañana -contestó apagando la lámpara mientras me daba la espalda- mañana.

    ______________

    -¿Martha? -pregunté- soy Raúl, comunicame con mi mujer por favor; no responde a su teléfono.

    -Raúl -respondió un tanto nerviosa- Liz fue al baño, algo debe haberle sentado mal, ahora que regrese le digo que te marque.

    -Gracias -agregué- su madre me llamó, está preocupada porque tampoco le toma la llamada.

    -¿Raúl? -preguntó pasados los minutos- perdona que no te contestara pero salimos y deje mi teléfono.

    -¿Salieron?, ¿ya estás mejor? -dije- me comentó Martha que te sentías mal.

    -Si, ya mejor -respondió titubeando- por eso salimos… a la farmacia.

    _______________

    -¿Cómo estás amor? -dije al entrar a casa con sus flores preferidas.

    -Aburrida, la pasé todo el día encerrada -dijo tomando el ramo y colocándolo en la mesa.

    -Vine por la mañana y no estabas -mencioné fijando la mirada en ella.

    -Bueno -respondió volteando el rostro- solo salí a comprar algunas cosas que hacían falta.

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    -¿Estás molesta? -pregunté.

    -No Raúl, es solo que me sorprendiste; no sabía que venías.

    -Reservé para cenar -dije- en el lugar que te gusta, hoy es nuestro día.

    -Estoy con mis amigos Raúl, no los puedo dejar.

    -Entenderán que quiero estar con mi esposa, además, se ve que Martha ya se iba e imagino que él también.

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    -¿Diga? -pregunté al contestar mi teléfono.

    -¿Oficial Díaz? -dijo la voz al otro lado de la línea- tiene un recado de la central.

    -¿De quién es?

    -La hipotecaria -respondió- trataron de comunicarse pero no atienden a su llamado y el pago no se ve reflejado.

    -Gracias, yo me encargo.

    Tercer intento y su número me enviaba directo a buzón de llamadas, comenzaba a preocuparme; ¿le pasaría algo?, ¿dónde podría estar?

    Encaminé mi rumbo a casa, intenté de nueva cuenta comunicarme pero fue en vano; en realidad me sentía muy preocupado. ¿Un accidente?, pensé; no, me dije, alguna otra cosa será.

    Llegué y estacioné tras un auto que no conocía y que se encontraba frente a la entrada de mi casa, mi formación en seguridad me indicó estar alerta; busqué alguna referencia que me indicará movimientos extraños, al no verlos, bajé del auto con la debida precaución; caminé a la puerta y, con sigilo, entré.

    -¡Carajo! -escuché decir- ¡ya no aguanto!

    -¡Para por favor! -gritó la voz de mi mujer desde mi recámara- ¡para!

    Subí las escaleras desenfundando mi arma.

    -¡Ya casi! -alcancé a escuchar- ¡te voy a llenar el culo!

    -¡me lastimas, para! -fue lo último que escuché antes de abrir la puerta de golpe.

    La escena no podría ser mas explícita; ella, recargada en la cabecera tratando inútilmente de cubrirse; él, de pie a un lado de la cama con parte de su ropa cubriendo su cuerpo.

    -¡Raúl! -exclamó mi esposa con miedo.

    -¡Espera! -continuó él con una mano en alto- mira, déjame explicarte…

    ¿Sorpresa?, claro; ¿coraje?, seguro si, mucho; ¿tristeza?, creo que mas decepción que tristeza…

    Trató de quitarme el arma, ¿por qué lo hizo?; posiblemente hubiera terminado de otra forma. En el forcejeo se produjo un disparo, me deshice de su abrazo lanzándolo al suelo.

    -¡Raúl!, -gritó ella viendo su pecho manchado con su sangre.

    Aprovechó el segundo de mi indecisión para tratar de salir, que fácil hubiera sido terminar con él pero no quise hacerlo; un disparo en el estómago lo detuvo, otro en el pecho lo tiró al suelo…

    -Envíen una ambulancia y una patrulla -dije llamado a la central- dos heridos de bala.

    Me senté a un lado de ella sosteniendo su cabeza, sus lágrimas resbalaban por sus mejillas mientras veía como se le iba la vida.

    -Perdóname Raúl -dijo fijando su mirada en mí- no debí hacerte esto.

    -No hables -dije- todo va a estar bien.

    -Perdóname -serían estas las últimas palabras que escucharía de ella.

    Me levanté poniéndome frente a él, dolor y rabia inundaban mi cuerpo, tomé mi arma y apunté; un disparo terminó con su vida.

  • A veces… sin buscar, se encuentra

    A veces… sin buscar, se encuentra

    Un día, como tantos otros, navegaba por esas páginas donde la gente se busca y donde, usualmente, se encuentran.

    De repente, me encontré chateando con alguien interesante, con la esperanza de chocarme con una historia que me haga sentir vivo, que me saque de la rutina de todos los días.

    Pasé mi foto -la mejor que tengo en mi computadora- sin demasiadas expectativas.

    Me llamó la atención por la forma que tenía de escribir acerca de ella misma, no sé cómo explicarlo, pero era espontánea y jovial. Sin embargo, decía tener veinte años más que yo.

    Me pregunté si sería un error, y me puse a charlar exclusivamente con ella.

    Lucrecia seguía charlando, y seguía levantando todas las barreras. Frente a la duda, la pregunta mágica «y por qué no?», hay alguna razón para no encontrarnos?

    Todo fue rapidísimo. Nos intercambiamos teléfonos, y seguimos por el whatsapp.

    La charla allí era más fluida. Siempre me gustó hablar con mujeres grandes: no tienen demasiadas dudas, ya saben lo que quieren, pero por sobre todas las cosas, tienen muy claro lo que no quieren. En esa primera charla, era tarde, y le dije “venite” y respondió con evasivas, que sin ser un “no, estás loco”, me dejó muy claro que aún no era el momento.

    Sin embargo, al otro día volvimos a coincidir en el mensajero, y noté en su forma de escribir cierto rodeo como quien quiere decir algo, pero quiere ser suave, llevándome sobre el tema… así que acorté el camino y pregunté “querés que vaya?”, dale, me dijo… Allí comenzó a funcionar mi cerebro a mil… ella se encontraba a sesenta kilómetros de mi ciudad, era media tarde, debía resolver tres o cuatro “problemas” para tener hasta la noche libre, pero nada fue obstáculo…

    El viaje fue largo, larguísimo… las preguntas más repetidas eran… y si no viene?, y si la foto tiene treinta años? Y si me roban?, pero ya era tarde para esas cuestiones… lo más probable es que nos encontremos, nos gustemos, y nos mimemos un poco, me tranquilizaba.

    Llamé por teléfono –tenía su celular- y estaba ocupado. Me metí en un café, y tampoco estaba allí. Volví a llamar, y ahora sí me contestó una voz amigable que me decía… “vos estás en la galería?, por qué no levantás la mirada hacia la calle?”. Allí la pude ver: una hermosa mujer saludándome, con una amplia sonrisa, y acusándome de ansioso, me estaba esperando y nos habíamos desencontrado unos minutos.

    Hacía calor e ingresamos a un bar… me pedí una gaseosa con limón, y comenzamos a charlar, a mostrarnos los gustos, a simpatizarnos… me gustaba mucho, no sólo físicamente (es bajita, delgada, bien proporcionada, lleva muy bien sus años, con hidalguía), sino que además, me gustaba la “onda” que se daba entre los dos, así que después de unos minutos de charla, la tomé de la mano y le dije muy claramente “mirá, si seguimos charlando, nos vamos a hacer amigos, y yo no quiero eso, vine a buscar otra cosa”. Se rio, y me reí, pero ambos sabíamos que estaba hablando en serio. Así que pagamos la cuenta, y se subió a mi automóvil.

    Ella intentó explicarme que tenía un compromiso en un par de horas, y yo le dije que no había ningún problema, que en alguna otra oportunidad podríamos encontrarnos… pero sin embargo mis manos no estaban muy de acuerdo con mis dichos, y le tomé la cara y le besé los labios, en un beso que fue muy bien correspondido.

    Me dijo que no buscaba sexo… que estaba buscando un compañero, y estacioné mi auto al borde de la ruta… y la besé con pasión, y me besó con pasión…

    Su mente, intuyo, era un infierno, entre entregarse y mantenerse en su negativa… pero cuando mi mano rozó su pecho, un gemido salió de sus labios.

    Estúpido de mí, recién allí comprendí que Lucrecia deseaba ser acariciada, tanto como yo lo deseaba, y sus negativas lógicas, eran porque no me conocía, porque hacía quince minutos que me había visto por primera vez, pero su cuerpo vibraba, y su piel ardía… hasta que me dijo que siguiera el camino, y me llevó a un bosque, y entre dos árboles enormes, estacionamos el auto.

    Nos reímos mucho de la situación, porque parecíamos dos adolescentes, en salida con auto robado a los padres, y en “villa cariño”, pero nos deseábamos, y comencé a acariciarla y a besarla, y comenzó a corresponderme… mis dedos frotaban su clítoris, y su cuerpo se retorcía de placer… las ropas desordenadas, mi mano acariciándola por completo, y mis dedos recibiendo la humedad de sus jugos, de sus mieles… mi boca recorría su boca, y mis dedos –primero uno, después dos- penetrándola dulcemente, sin prisas.

    Sus gemidos iban en aumento, y mis caricias no dejaban de ser lentas, acompasadas, cuando su cuerpo se tensó todo, y su cara se transfiguró, en un gesto que no dejaba dudas: un suave orgasmo –acompañado con un largo y dulce gemido- estaba recorriendo su cuerpo.

    Recién en ese momento, comenzó a acariciarme, y fue recién allí cuando comencé a quitarle sus ropas… el sol caía, y la oscuridad estaba de nuestro lado, cómplice, cuando nos pasamos al asiento de atrás del automóvil.

    Lucrecia se sentó arriba mío… tomó mi miembro con su mano –estaba durísimo y deseoso- y se lo apoyó en su abertura… dejándose caer dulcemente… apoyó sus manos en mis hombros, y comenzó a moverse rítmicamente, empezando otra vez a gemir, disfrutándome cada palmo de mi piel…

    Saboreaba sus pechos en mi boca… mientras mis manos tomaban sus nalgas y las atraía hasta mí… cuando me dijo algo al oído, al sentir que mis dedos se acercaban a su culito: “haceme lo que quieras”…

    Hasta ese momento, estaba gozando de su cuerpo… sintiendo sensaciones ricas y sabrosas, pero sobre todo, gozando del placer que estaba dándole… estalló en sensaciones dos o tres veces más… cada vez con más gemidos, cada vez con más gritos… cada vez, con sus dedos recorriendo mi espalda…

    La tomé de la cintura… apoyé su espalda en el asiento… y comencé a moverme con furia.

    Entraba y salía, sin detenerme… y cada movimiento mío era acompañado por gemidos y movimientos suyos… cada golpe de mi pelvis sobre su cuerpo, era acompañado por una sonrisa joven, una llamarada de mujer, que cuando hace el amor rejuvenece treinta años… y un nuevo orgasmo, con mis movimientos, cada vez más violentos, cada vez con más furia… hasta que apoyó sus manos en mis nalgas…

    Sentí un fuego que me recorría la espalda… una sensación agradable, como de morir un poquito… el mundo se detuvo en un segundo infinito… me retiré de su interior, y tomé mi miembro con la mano… mi esperma cayó sobre su piel… y rio con ganas, con muchas ganas, de que vuelva a ocurrir, de volver a encontrarnos…

  • Mi tía milf

    Mi tía milf

    Era sábado por la tarde, y yo me pasaba la adolescencia a mis veintidós años, mirando videos en mi celular mientras platicaba con mis amigos en el chat simultáneamente, mi costumbre a esa hora del día desde hacía un par de semanas, después de que me mudara a la casa de mi tío para trabajar con él en su negocio, teniendo como objetivo el costearme la universidad.

    Además de ese empleo, también trabajo como instructor personal en un gimnasio a tiempo alternado con mis compañeros, y evidentemente aquel día no era mi turno.

    En ese momento escuché a mi tía haciendo ruido en su recamara, sabía que saldría a alguna parte. Por el sonido, podía deducir que estaría buscando su ropa dentro de su armario, sus contoneos delataban su posición con toda claridad sobre el piso de madera aglomerada.

    Entonces aquel sutil danzar de sus pies seguramente descalzos, fue bruscamente cambiado por un sonoro eco de tacones altos que parecían andar desde su habitación, por las escaleras justo a un lado, hasta el sofá de la sala en el que estaba sentado de frente a aquellas escaleras.

    A alguna reunión con sus amigas irá. Pensaba, deduciendo lo obvio después de mirarla hacer lo mismo cada sábado a la misma hora. Bastante comprensible, es decir, divorciada, muy guapa y sin hijos, no tenía quien le reprochara nada. Con mi tío, es decir, su hermano, quien también era divorciado, llevaba una buena relación desde que murieran mis abuelos y heredaran la casa, pero se mantenían alejados de la vida privada uno del otro.

    Los días corrían a prisa y yo la pasaba bastante bien, entre mi trabajo en el gimnasio y con mi tío, me entretenía bastante bien. Excepto los días cuando debía descansar de ambos trabajos, esos días eran terriblemente aburridos, pues además eran también los días en que mi tía salía de casa y mi tío salía con su hija quien vivía con otros miembros de la familia, dejándome así, completamente solo.

    Una pequeña ayuda

    Uno de esos días libres, tumbado en el sofá de la sala, después de haber hablado hasta el cansancio con algunos amigos en el chat, miraba a mi tía bajando las escaleras con su toalla y bata blanca de baño en mano. Aun llevaba sus pantalones de mezclilla y su blusa rosa que vestía en la mañana, solo había remplazado sus zapatillas deportivas por un par de sandalias afelpadas.

    Es muy hermosa, tiene un cuerpo increíble, a sus cuarenta y tantos, diría que tiene mejor cuerpo que muchas de las chicas jóvenes que entreno en el gimnasio. Su cabellera morena, larga y lacia, acentúa su delgada cintura sobre su cola bien parada y firme, largas piernas, busto grande y redondo, además de un rostro angelical que le esconde muy bien su edad. Lástima de su actitud, la modestia no es lo suyo, materialista e interesada a más no poder. Seguramente el motivo de su divorcio.

    Apenas me daba la espalda para encaminarse al baño, mi mirada se clavó en su trasero cual aún en esos pantalones poco ajustados se meneaban como deliciosos duraznos jugosos, balanceándose hipnóticamente como seduciendo a quien los mirase para comérselos.

    Me ponía muy caliente, tenerla en la misma casa y solo ver el manjar sin poder probarlo era una tortura. Sí tan solo no fuese tan avariciosa e interesada, seguramente tendría una oportunidad con ella, pero al ser tan ególatra solo me permitía un par de saludos por día y en el mejor de los casos una muy corta charla ocasional.

    Intentando alejar pensamientos lujuriosos de mi mente, retomé mi actividad digital dejando de lado mis instintos más bajos, al menos hasta que mi tía tomara camino de regreso a su habitación.

    Aquel aroma de mujer llenaba la casa apenas abrir la puerta del baño y dejar escapar todo el vapor que atacaba cada rincón para impregnar su olor femenino. El olor de aquella mujer que desfilaba engreída frente a mí, con su cabello envuelto en toallas y su bata blanca, completamente desnuda bajo esta.

    Incapaz de apartar la mirada, le seguía de cerca cada detalle de sus movimientos, como si la vida me pasara en cámara lenta, desde su andar por la estancia principal hasta las escaleras. Paso por paso, uno a uno cada peldaño, hasta que, de pronto, un mal movimiento hizo que una de sus pantuflas se atorase en un escalón provocando una de las caídas más graciosas que jamás he presenciado.

    Gracioso sí, pero el golpe fue fuerte y aparatoso, por lo que me contuve la carcajada y me apresuré a socorrerla forzando mis labios a no esbozar una sonrisa.

    -¿Se encuentra bien? -Le Pregunté con tono preocupado, y quizá un poco exagerado.

    –Creo que me he lastimado la cintura. -Me respondía adolorida y enfadada consigo misma. Acto seguido metí mi mano por debajo de sus rodillas y la otra por su espalda para cargarla hasta su dormitorio.

    Una vez ahí, la recosté sobre su cama mientras ella me agradecía y se acomodaba su bata para no dejarme ver más piel que las de sus bellas pantorrillas, cuando se recostaba de espaldas a mí. Entonces mi boca cobraba vida propia y le pregunté si me permitía revisarla para determinar si había tenido alguna torcedura importante, y antes de que me respondiera, la tomé una vez más por la cintura para evitar que se recostara de frente a mí, reacomodándola para que se extendiera en su cama boca abajo. Comencé a tocarla, o más bien a tentarla como si fuese de cristal.

    En cierta forma sí le temía un poco a su reacción, por ello actué con mucha cautela y respeto. Deslizando su bata para despejarle la espalda, mientras presionaba sus músculos de la espalda y de la cintura intentando saber si tenía alguna molestia más allá del golpe, también hundía profundo en sus huesos para tentar una posible fractura.

    Ya más tranquilo al tener la certeza de que no se trataba de nada serio, estaba a punto de dejarla tranquila para que descansara, pero algo me detuvo. Y es que estaba ahí, en su recamara con mi tía semidesnuda debajo de mí, prácticamente a mi merced y yo desperdiciando la oportunidad. Así que seguí.

    No pretendía nada, solo quería prolongar el momento, por lo que continué tocando los músculos de su espalda, ahora sin miedo, más bien le estaba dando un masaje relajante, son la excusa de hacer que se olvidara del dolor. Sería, según yo, lo que le diría si llegaba a cuestionarme por mi atrevimiento. Pero mi tía no decía nada.

    Todo estaba en silencio y yo tenía a mi tía en mis manos, literalmente. Sabía que me había dejado

    camino libre para ir más allá de una simple revisión profesional, y yo, no queriendo desperdiciar la oportunidad, subí rápidamente las manos hasta su cuello para masajearle esta parte, deslizando deliberadamente su bata todavía más, a medida que recorrían su espalda firmemente, pero mucha delicadeza, bajando hasta su cintura, desnudando su espalda.

    Mientras me esforzaba por relajar cada musculo de su escultural cuerpo, no dejaba de observar los sutiles cambios en su actitud, como cuando estiraba sus manos y pies, finalmente sucumbiendo a mis caricias. Entonces dejé de lado mi profesionalismo un momento y le tomé la mano. La sujeté con cariño, pero con cierta firmeza y comencé a masajearla. Cada dedo, su palma, su muñeca y antebrazo hasta llegar de nuevo a su espalda, para hacer lo mismo con el otro brazo.

    Siguiendo con la misma tranquilidad, pericia y paciencia, continué el camino desde sus hombros, pasando por su espalda, hasta regresar a su cintura, desnudando su piel a medida que avanzaban mis manos tras de ella.

    Una y otra vez recorría su columna aventurándome cada vez más lejos, llegando a rosar sus firmes y suaves nalgas. Me tentaba a manosear de más, pero sabía que el tiempo apremiaría y me decidí por saltarme este lugar que ahora era la única parte de su cuerpo cubierta por su bata, para masajear sus pies.

    Apenas los toqué soltó un profundo suspiro, y con él, dejándome en claro que estaba haciendo las cosas bien. Con completa seguridad y especial atención al mejor trabajo de mi vida, continúe masajeando sus pies, sus plantas, sus tobillos, pantorrillas y lentamente subiendo hasta sus piernas.

    Extremando cautela, entrelazaba mis manos alrededor de sus firmes y bien torneadas piernas, forjadas con sudor y esfuerzo en uno de los gimnasios más prestigiosos de la ciudad, en donde seguramente no trabajaba yo por desgracia.

    Poco a poco, subía mis manos acercándome peligrosamente a su entre pierna, la cual sentía caliente como al pasar la mano sobre una gran taza de té hirviendo, lo cual me hacía titilar de ansiedad, cuando mis manos se estrechaban más y más en la suave cuneta que dibujaban sus piernas apenas un poco separadas.

    Aparentando hipócritamente mi lerdo profesionalismo, continuaba masajeando sus piernas cada vez más adentro, intentando ingenuamente llegar al paraíso terrenal. Sin embargo, cuando mis manos llegaban al límite de lo permitido, de inmediato mi tía me detenía cerrándome las piernas.

    Así marcaba frontera, finalmente lo que tanto temía había sucedido, la había embarrado y en grande, sin embargo, a esas alturas ya estaba tan caliente que no quise perderlo. Sin darme por vencido astutamente regresé mis manos a su espalda y de paso evitando que se levantara restregándola firmemente de vuelta al colchón de su cama.

    Sabía que la suerte se me acabaría tarde que temprano, así que me apresuré a sacarle jugo al momento agasajándome con el hermoso cuerpo contorneado de mi tía, dejando un poco de lado aquel precioso y respetuoso masaje inicial. Entonces me regresé a su cuello y tras masajearlo un poco me atreví.

    -¿Crees que podrías girarte? –Le pregunté apostando el todo o nada.

    -¿Cómo? –Me respondió astutamente.

    -Girar tu cabeza hasta el borde de la cama. –Le expliqué, dado que su cuello me quedaba muy lejos, casi en la cabecera.

    Dudó. Seguro que se lo pensó. Bien sabía que de aceptar me estaría dando banderazo verde. Sin embargo cuando le expliqué que así podría enderezar sus cervicales parece que me lo creyó, pues acepto sin decir palabra alguna.

    En parte no mentía, conozco un movimiento que ayuda a corregir la columna, la excusa no se mandaba a ciegas. De cualquier forma, mi tía se giraba cual manecilla de reloj, eso sí, cuidando en todo momento no mostrar nada, cubriéndose su trasero con la bata y su pechos con su mano, hasta rotarse ciento ochenta grados intercambiando sus pies y cabeza, la cual sacaba al borde de la cama, dejándola colgando libremente ante mis manos que se apresuraban a continuar con lo suyo.

    Asegurándome de cubrir mi cuartada, sujeté su cuello firmemente con ambas manos y le he dado unos fuertes jalones como queriendo desprender su cuello, extremando cuidado de hacerlo correctamente para no lastimarla. Enseguida regresé a su columna para continuar con el masaje y así prolongar aquel glorioso momento.

    De nuevo, poco a poco me inmiscuía bajo su bata, entremetiendo mis dedos cada vez más, intentando tocar aunque fuese un poco su par de dulces bombones a escasas pulgadas de mí.

    Haciéndome el tonto, por fin conseguía rozar sutilmente las fronteras de su espalda saboreando con las yemas de los dedos aquella nueva piel, suave y tibia cual esponjosos algodones de azúcar.

    Mi corazón bombeaba ferozmente, sentía que se me fugaba el aliento, estaba caliente como nunca, al tener literalmente aquel escultural cuerpo en mis manos, cuales temblaban incontrolablemente al deslizarlas con suavidad y cariño una y otra vez, atreviéndome a conquistar más y más piel nueva ya casi por completo de su exquisita colita.

    Mirando de tanto en tanto las reacciones de mi tía, esperaba que en cualquier momento saltara enfurecida maldiciendo mi descarado atrevimiento. Pero sorprendentemente ella no decía palabra, dejándome camino libre para tocar, ahora sí, todas sus nalgas con todo descaro cual se agarran un buen par de melones, tiernos y jugosos.

    Sin saber cómo, en un momento ya me encontraba manoseando las posaderas de mi tía, disfrutando su consistencia y dureza con tanta delicadeza como me era posible, disimulando con masajes circulares y presiones constantes, tratando al mismo tiempo de relajar aquellos sublimes y grandes músculos.

    Y ella disfrutaba, seguro que lo hacía, podía escucharlo en su respiración, soltando uno que otro sutil gemido que me corroboraba el placer que le hacía sentir mis manos sobre su exuberante cuerpo.

    Con la mirada partida

    Pero entonces mi suerte terminó, ese momento temido llagaba, y mi tía me cerraba el telón subiendo de nueva cuenta su bata, agradeciéndome las atenciones e insinuando con todas las señales que aquel espectáculo había terminado, para que me largara de una buena vez.

    Quizá no había llegado tan lejos como me hubiera gustado, pero con esa señora no había oportunidad para nada más, sin duda había corrido con mucha suerte, nunca me habría imaginado llegar tan lejos. Llegar hasta tocarle el trasero no era para menos.

    En fin, contento con lo conseguido, largaba de regreso con mi falo inflamado como nunca, levantándose bajo mis deportivos cual bate de madera, cuando al salir escuchaba a mi tía pedirme de favor cerrase la puerta. Teniendo claro que no había más oportunidad, acerté y obedecí.

    Al salir y asegurar la puerta tras de mí en el marco de la puerta, me alejé un par de pasos, bien servido y orgulloso de mi triunfo, pero entonces algo me hizo detener. No lo sé, me pareció escuchar a mi tía decirme algo, casi como un susurro, aunque no estaba seguro de que me hablase a mí.

    Por instinto o mejor dicho, por pura calentura, me detuve. Simplemente no quería que terminara, quería seguir aunque fuese imaginándome el cuerpo perfecto de la tía que tan excitado me había dejado. Enseguida me di media vuelta de regreso a paso lento, haciendo absoluto silencio hasta los confines de la cerradura que yo mismo había afianzado con seguro puesto, intentando escuchar si mi tía repetía lo dicho o solo corroborar mi locura.

    De pronto escuché un pequeño lamento. En un principio creí que se estaría quejando al levantarse de la cama, quizá aún adolorida por la caída, pero enseguida lo escuché de nuevo, más bien se semejaba más a un sutil gemido de placer.

    No quise suponer nada pero mi corazón me reventaba en el pecho como nunca, mientras luchaba por contener el aliento que se me escapaba como alma en pena y mis piernas que no dejaban de sacudirme. Cuando se escuchaba otro gemido, y allí, otro más, haciéndome explotar de ansiedad.

    Totalmente incrédulo escuchaba atentamente los sensuales y eróticos gemidos de mi tía al otro lado de la puerta a quien seguramente le habría dejado tan caliente el masaje, que ahora mismo se estaría tocando aquel delicioso cuerpo en el que pocos minutos antes le había pasado mis manos, sobre sus esculturales y perfectas curvas, habiéndole manoseado con descaro su tersa piel desnuda, de la cual aún sentía su textura haciéndome cosquillas en las palmas de mis manos.

    En ese momento, escuchando los excitantes sonidos de placer que expresaba sensualmente, me bajé mis pantalones haciendo brotar mi sonrojado y húmedo pene totalmente erecto y caliente, enfilado como bestia hambrienta. Entonces comencé a tocarme, tan flipado como aquella hermosa mujer con quien compartía la casa, y ese momento tan excitante a merced de nuestras más bajas pasiones aún a flor de piel.

    Era increíble, perfectamente podía escuchar los gemidos terriblemente excitantes de mí tía satisfaciéndose con sus propias manos, mientras yo me zanjaba fuertemente el miembro estrujándole como anguila caliente y pegajosa con furor, sabiendo que en cualquier momento nos haríamos correr fogosamente.

    Cuando en ese momento, aquellos sutiles sonidos, que empezarían como tenues quejidos ocasionales, eran ahora fuertes y pasionales clamores que se hacían resonar cada vez más fuerte haciendo eco en las paredes de su habitación. Con total descaro, desgarradores alaridos orgásmicos graves, emergían desde lo más íntimo de su habitación y de su cuerpo, anunciándome así que estaría a punto de hacerse terminar.

    Sin quererme quedar por detrás, y completamente preso de mi tremenda calentura, aumenté el ritmo de mis fuertes jaloneos como queriéndome arrancar el alma, escuchando el inconfundible sonido de los dedos de mi tía penetrando furiosamente en su lubricado sexo, produciendo el chapuceo de sus jugos escurriendo desde su vagina entre sus dedos, salpicando al estamparse contra su pubis al entrar y salir de su tibia cavidad.

    Así, bajo los acordes desgarradores de sus sollozos eróticos, que a su vez me hacían gozar como nunca, me arrancaban desde el interior de mi próstata un poderoso y férreo orgasmo que hacía eyacular mi pene como el húmedo coño de mi tía, quien debía de estar segregando aquellos fluidos que sonaban con toda claridad al escurrirse entre sus dedos, haciéndose correr lánguidamente en la comodidad de su cama, aliviada y desahogada por completo. Mientras yo, al tiempo, me apretujaba mi duro falo exprimiéndole hasta la última gota de semen que capturaba en mis pantaloncillos evitando que manchasen el piso de madera.

    Vestido de novia

    Había pasado ya dos meses desde aquel erótico encuentro con mi tía, quien sin embargo lo ignoraba como de un simple frívolo recuerdo mundano se tratase, en su glamurosa vida artificial. En tanto, yo intentaba sin éxito, sacármela de la cabeza; su cuerpo perfecto, su piel tersa, suave y tibia, aquel aroma de mujer, y ese momento confidencial de placeres mutuos.

    Pero su arrogancia, ese endemoniado narcisismo con el que se paseaba por toda la casa con aires de grandeza, inmerecida por el mundo. Era imposible, simplemente no se puede tratar con esa mujer así. Como el dulcero de la abuela que no debes tocar, pese a estar sobre la alacena a la vista de todos.

    Sin embargo, no me rendiría, ya no podía, me traía loco, al mirarla en las mañanas saliendo en aquellos vestidos entallados, sus elásticas mallas forrando sus esculturales piernas y levantando sus jugosas nalgas en forma de dulces duraznos sobre sus tacones altos.

    Pero mi suerte cambiaría. Sucedía que en tan solo un par de semanas sería ni más ni menos que su cumpleaños. Me lo habría confesado mi tío quien planeaba hacerle una fiesta, seguramente nada sencilla. No obstante aquella sería mi mejor y única oportunidad para intentar algo con ella.

    Sin nada que perder y todo por ganar, me conseguí el vestido de marca más lindo que me he podido costear, con un par de pendientes y un collar que le hiciese juego.

    Finalmente llegaba el día de, mi tía estaba insoportable como nunca. Como cualquier otro día, pero ese en especial, no la aguantaba ni su madre. Seguramente debía pensar que era la única en el mundo que cumplía años.

    Aprovechando el momento en el que mi tía se duchaba, me inmiscuí en su habitación, le dejé el vestido perfectamente envuelto para regalo y salí como no sabiendo nada. Creí que sería un lindo detalle hacerlo de esa forma. Regresé al patio que aquel día fungía como salón de fiestas, me acerqué a unos primos y me bebí un par de copas esperando a la protagonista de la noche.

    Después de un tiempo, finalmente aparecía mi tía, envuelta ni más ni menos que en aquel vestido que le había comprado, saludando como a todo mundo como si fuese la reina de Inglaterra. Sin duda debías quererle mucho para seguirle el juego, o excitarte mucho como era mi caso.

    No obstante había funcionado mi estrategia, aquel vestido le había gustado tanto que se lo había calzado de inmediato. Tampoco me sorprendía, seguramente al ver que era de una buena marca, había encontrado una cosa más que presumir para enaltecer aún más su ego.

    No me quejaba, había tenido un acercamiento más, y con lo difícil que era, me sentía satisfecho. Aún más, cuando mi tía se me acercaba y tras abrasarle me susurraba al oído que le había encantado su regalo, casi olvidando agradecerme al último.

    En fin, un abrazo, aunque fuese de cumpleaños era un buen avance. De menos había podido sentir sus cálidos y suaves senos restregándose en mi pecho.

    Pero todo aquel sueño me duraría poco, pues tras su fiesta de cumpleaños, su actitud para con migo decaía de nueva cuenta. Día tras día se alejaba más y más, al grado de apenas saludarme como si fuese un cualquier conocido.

    No obstante, ahora sabía que aquella mujer no era imposible, más bien costosa.

    Con aquella premisa en mente comencé a ahorrar en la que pensaba sería la mejor inversión de mi vida. Follarme a mi tía. Lo primero que le compré fue un conjunto deportivo que sabía que le gustaría y otro elegante vestido ejecutivo para sus días de trabajo.

    No solo quería comprar cosas caras sin sentido, sino que además nos gustaran, es decir, que me gustaría verlo en el cuerpo de ella, y a ella ponérselo. Por ello, mi última compra del día fue un capricho plenamente mío. Y es que al pasar por la sección de lencería quise darme ese lujo, añadiendo un conjunto sexy y una bata de seda.

    En fin, al llegar mi paquete con sus regalos se los fui dejando uno a uno en su recamara. El cambio en su actitud era inmediato, toda una chantajista, seductora, interesada y caprichosa de los mil demonios la señora. Por eso le dejé primero el vestido y en cuanto bajó un poco su actitud le puse el traje deportivo, para finalizar con el conjunto de lencería y la bata de seda un par de semanas después.

    La estrategia había funcionado, el interés de mi tía por los regalos costosos me daba tiempo suficiente para acercarme a ella y coger confianza por cogerme algo de ella aunque fuese.

    Al paso de unas semanas habíamos forjado una relación un tanto más estrecha, y se dejaba toquetear un poco de tanto en tato.

    Ya le había visto vestir el traje sastre de oficina, y el conjunto deportivo ajustado que le había comprado y que le resaltaría sus bien puestos atributos firmes, tan firmes como me dejaba la polla al verla pasar. Solo faltaba el conjunto íntimo y aquella bata que tantas ansias tenía de verle puesta.

    Sin embargo, al paso del tiempo y no ver señales de esas prendas, deduje que había sido demasiado y abandoné toda esperanza. Hasta que un día algo sucedió.

    Era un viernes por la noche, ese día llegaba tarde a casa, pues al salir del gimnasio me había quedado con unos amigos y no me aparecí hasta pasadas las dos de la madrugada. Creí que mis tíos estarían dormidos, pero al llegar me encontré a mi tío haciendo números en su computadora, muy preocupado porque su contabilidad nomás no le cuadraba, así que me le acerque a ayudarle.

    En esas estábamos cuando escuché a mi tía bajando las escaleras. Sin resistirme, de inmediato volteé a verla disimuladamente, solo para darme cuenta que vestía ni más ni menos que aquella bata que le había regalado, presumiblemente sin nada debajo.

    Con solo la luz del comedor encendida no podía ver claramente si tendría algo debajo de aquella prenda, pero podía ver cómo marcaba su par de pezones de lo más excitantes con todas las ganas de pellizcarlos y llevártelos a la boca para acabártelos.

    Mi imaginación a todo lo que daba, me estaba levantando todo el deseo de mi pene irguiéndose en mi entre pierna. Además y para colmo, vestía unos deportivos poco holgados que no ayudaban mucho para disimular la tremenda erección que me cargaba.

    Y es que no era de esas erecciones cualquiera, era de esas como pocas, a todo, de esas que hasta duelen, cuando sientes que si no te la jalas te estallara el pene. Me moría de ganas aunque fuese de rozarme el glande para apaciguar el furor de mi tranca que me pedía a espasmos comerse el tremendo y jugoso trasero de mi tía que se posaba a escasos pasos de mí, recargada en una silla levantando el culo al cielo como esperándome para llegarle por detrás y enfundármela como cuchillo en pastel.

    Fingía prestarle ayuda a mi tío, pero lo cierto es que no podía quitarle la vista a mi tía, su perfecta silueta se esbozaba en aquella tersa vestimenta delineando su tornada silueta, sin difuminarse en ningún momento por algún corte de otra prenda debajo. Es que no había más, era así. Mi tía estaría completamente desnuda tras esa delgada bata.

    Con esa imagen en mente mi pene se hinchaba al máximo bajo mis calzoncillos casi reventando mis deportivos. Entonces me pasé detrás de mi tío con el pretexto de mirar mejor la pantalla, y ahí, con un sutil y veloz movimiento me gire rozando de paso mi falo enfilado en las deliciosas nalgas de mi tía.

    Fue rápido y fugaz, pero pude arrimarle mi férrea tranca en todo el trasero. Habría sido la mejor sensación de mi vida, y lo mejor es que ella no dijo nada.

    Mirando con falsa atención la pantalla del ordenador de mi tío, poco a poco me acercaba a mi tía por detrás con toda intención de estacarla con mi falo. Lentamente me acomodaba en posición con todo el pene estirado e inflamado, rozándole con sutileza y extrema excitación sus suaves duraznos redondos frente a mí.

    Ahí pude sentir la calidez de su trasero rozándose con mi pene, deslizándose desde sus duras piernas, por su parada colita casi hasta su ardiente hendidura.

    Pero el gusto me duró poco, y enseguida se ha dado media vuelta de regreso a su alcoba.

    Diva

    Desde aquel día no había otra cosa en que pudiese pensar que en follármela. Se había vuelto una obsesión y una adicción. Los siguientes días mi tía había cambiado un poco conmigo, más allá de su infame actitud, parecía que había encontrado un nicho de humanidad bajo todas esas capas de egocentrismo y vanidad, donde podía acorrucarme como tierno ratoncillo para recibir una coqueta mirada, y en los mejores días aceptar una que otra sonrisa seductora. Pero entonces sucedió.

    Decidido a conquistarla le compré un par de zapatos de moda, de una buena marca, cuales bien sabía que le encantarían, se los envolví en una caja y se los puse sobre su cama.

    Esa tarde estaba haciendo chequeo de inventarios en el comedor con mi tío. Mi tía aún estaba en la ducha, de la cual saldría justo cuando yo terminaba mis deberes con su esposo. Enseguida me apresuré y subí a mi recamará, con toda intención de espiarla para ver su reacción, y quizá conseguir algo.

    Al salir del baño, sus pasos se escuchaban ascendiendo la escalera. Yo espiaba desde mi habitación. Enseguida le escuché pasar a su alcoba, y entonces salí velozmente silenciando mis pasos con mis calcetas deportivas hasta su puerta donde me asomé lentamente.

    Con un buen golpe de suerte, ella habría dejado su puerta entrecerrada, dejándome el suficiente espacio para permitirme mirar dentro. Al ver lo que a todas las mujeres les vuelve locas, de inmediato tomó el par de tacones para medírselos.

    Para mi excelso y entrenado ojo, aquel par le había encantado, y mejor aún le habían calzado a la perfección. Se veía hermosa sobre los elegantes los zapatos de tacón alto caminando en su habitación sin poder dejar de mirarse sus torneadas pantorrillas que le lucían asombrosas, aún con su bata de baño puesta.

    Después de modelarse los zapatos por algún tiempo, completamente fascinada por su nuevo regalo, finalmente se acercó a su guarda ropa, del cual sacó ni más ni menos que aquel conjunto de lencería que le había regalado semanas atrás.

    Sujetó el conjunto con delicadeza; era de dos piezas, de encajes y trasparencias, en negro. Lo miró atentamente intentando encontrarle forma entre los delgados hijos de la sensual prenda. Su mirada se perdí en su regalo y su sonrisa se había apagado, ahora lo miraba con seriedad, quizá imaginando que con ello estaría insinuando algo más.

    Sin hacer alguna reacción evidente, parecía estar peculiarmente encantada con el sujetador. Lo analizaba detalladamente mientras se la ponía sobre su pecho sin quitarse su bata, seguramente imaginando como se le vería. Y entonces lo hizo. Ahí, frente al espejo de su tocador, se llevó las manos al nudo de su bata y comenzó a deshacerlo.

    Así, la miraba frente a su espejo abriendo su bata y deslizándola por su desnudo cuerpo hasta dejarla caer al suelo y de nuevo la vista desnuda de su espalda se me presentaba para el deleite de mis pupilas, ahora pudiendo apreciar, además, sus bellas, lindas y tersas nalgas blancas.

    Y en el reflejo su perfecta silueta femenina, su brillante piel, sus curvas naturales, cintura esbelta y, sobre todo, ese par de pechos grandes en forma de gota, firmes y suculentos, con sus pezones color nuez tostada un poco erectos por el frío, debelándose por fin ante mis ojos. Sin dejar de lado su bella vagina depilada con una elegante rayita de vello púbico coronando su monte de venus.

    Con toda atención observaba sus movimientos, su espectacular figura completamente desnuda, envolviéndose con la erótica prenda de encajes y listones de un profundo satín negro, que resaltaba en su piel clara.

    La escena era tan asombrosa y tan excitante que no pude evitar estrujarme mi pene endurecido bajo mis pantalones. Fascinado, comencé a estimularme placenteramente, gozando con la vista de mi hermosa tía vestida en la lencería más sensual que jamás había visto.

    Caminando sobre sus tacones altos y el traje de encajes que le había regalado. La espiaba desde su puerta masajeándome mi pene tieso como marro, ardiente y enfilado como estaca, queriéndome follar a mi tía ahí mismo. Viéndola desfilar cual diva ella, su cabellera larga ondeando a su pasar de un lado a otro en su habitación, con la vista fija en su propio reflejo, enamorada de sí misma.

    La quería ya mismo, y la deseaba tanto. Estaba decidido, entraría y me la follaría. Estaba tan caliente que ya nada más me importaba, forcejearía un poco de ser necesario. Pero entonces la miré caminando hacia la puerta, directo a mí. Me conmocioné, mi corazón me aporreaba como martillo al tenerla frente a mis ojos atónitos y entonces cerró la puerta.

    La muy cabrona me cerró la puerta en la cara. Estaba colérico, realmente frustrado como perro en brama. Me había dejado literalmente con la caña en la mano. Pero, por otro lado, ahora sabía que le gustaba, es decir, estaba claro que en todo momento supo que yo estaba ahí, mirándola, y me dejó hacerlo. Ahora sabía que estaba jugando conmigo.

    Cabreado, decepcionado y bien caliente. Regresé a mi recama a jalármela con el recuerdo de su figura bordado en mi mente.

    Carne al vapor

    Desde aquel día me había dejado como león hambriento, nada me zaceaba, ninguna mujer me atraía, no me podía ni masturbar sin pensar en ella. Era como una maldición. Estaba obsesionado con esa mujer. Hasta aquel día.

    Fue en una linda tarde, el cielo estaba despejado, el sol entraba por las ventanas iluminado toda la sala donde miraba mi móvil recostado en el sillón. Ella se preparaba sus maletas para salir de viaje. Sucede que había pedido un par de días de descanso en su trabajo, y los aprovecharía para irse de turista con sus amigas.

    Se escuchaba su andar presuroso mientras alistaba sus cosas para salir el día siguiente. De tanto en tanto pasaba por la sala, frente a mí. Ni me volteaba a ver, como si no existiese.

    Me ponía como semental en corral al verla pasar con glamures de diva y esas malditas ganas que tenía de montarla. Estaba tan ofuscado que quise bajarme un poco la calentura mirando un poco de porno en mi móvil, solo para distraerme.

    En esas estaba cuando pasaba frente a mí; engreída como siempre, como si el mundo fuese para ella. Entonces me sujeté el palo y lo levante firmemente bajo mis bermudas enfilado en su cara. Creí que me ignoraría y pasaría de largo, pero me miró.

    Me vio con mi pene erecto en las manos con todo descaro. Me sobresalté, pero estaba tan caliente que no me importó. Seguí jalándomela como si estuviese solo, pues sabía que mi tío estaría en el taller.

    Con la tranca bien parada a punto de estallarme, seguía mirando videos en mi móvil como degenerado. Cuando mi tía pasaba de regreso en dirección al baño, cuál era mi sorpresa que ahora vestía ni más ni menos que la bata trasparente que le había regalado y su toalla en mano. Ahí le miré fijamente esperando que me volteara a ver de nuevo mi enrome miembro tieso.

    Lo hizo. Me miró. Sus ojos se cruzaron con los míos por un instante, pero de inmediato se desviaban a mi cintura baja donde estrangulaba mi pene como quien quisiese exprimir un gran pepino. Me encantó. Aquello me había llevado al clímax, poniéndome fogoso como nunca antes.

    Ya para ese momento lo único que quería, era hacerme venir frente a ella, así que me saqué el pito de mis pantaloncillos cortos y me seguí masturbando con sumo placer, mirándola entrar al baño y acomodando su toalla sobre el mingitorio sin cerrar la puerta.

    No podía creerlo, pero parecía que no cerraría la puerta del baño. Mi corazón bombeaba como bongo gigante en mi pecho, mi garganta se me cerraba y mis músculos se tensaban al ver a mi tía despojarse de su camisón lentamente, dejándolo deslizarse en su esbelto y contorneado cuerpo de diosa frente a mí.

    Ahí me miró de nuevo. Y yo no podía reaccionar, estaba paralizado estimulándome con la vista fija en mi tía completamente desnuda frente a mí. La muy cabrona me estaba provocando y yo no podía más. Quería venirme en su cara, pero quería que me viera eyaculando, y ella no volteaba más.

    Entonces cuando creía que no podía esperar más, ella se agachaba para recoger su ropa parándome la cola en los ojos, dejándome ver explícitamente su rosada vagina segregando un poco de sus fluidos que la hacían brillar como perla preciosa.

    Y allí no pude soportarlo más. Simplemente me volví loco. Era demasiado. Así que me levanté con la palanca hinchada sobresaliendo por encima de mis pantaloncillos hasta donde ella. Entré al baño y la sujeté por la cintura tomándola por sorpresa a sus espaldas.

    Ella se conmocionó, no creyó que fuera capaz. No lo esperaba. Soltó un genuino grito de espanto e intentó alejarme. Pero ya no era yo, me había sobre pasado. Le abrasé con fuerza y cierta rudeza al tiempo que le restregaba mi roja, ardiente y dura tranca en sus esponjosos y dulces bombones bajo su espalda.

    Al ver mis intenciones, se asustó e intentó gritar suplicándome que parara, pero de inmediato le cubrí la boca mientras le besaba el cuello sin dirigirle la palabra. Ella forcejaba con todas sus fuerzas intentando liberarse de mis brazos, pero lo único que conseguía con ello, era embarrarse mi pene en sus nalgas, estimulándome más y más.

    Entonces, en uno de esos toscos ajetreos finalmente conseguía estacarle mi espigado miembro tosco y bruto en su delicada y húmeda vagina, tan solo un poco, pero lo suficiente para sentir su calidez y tersa textura mojada.

    Ella gritó completamente aterrada empujándome con su cuerpo tan fuerte como podía, momento que aproveché para enfilar mi pene bajo sus redondas nalgas para introducírselo lentamente en su mojada vagina, con firmeza, sin detenerme, sin importarme sus suplicas que gritaba con todo furor ahogando sus desgarradores gritos bajo mi mano que le cubría completamente su boca.

    Mientras mi hirviente pene duro como el acero entraba en su estrecha y caliente cavidad completamente mojada hasta lo más íntimo de su cuerpo, le sujetaba fuertemente ambas manos por su espalda, penetrándola duro en tan incómoda posición para ella.

    Embestida tras embestida, finalmente me cogía a mi tía tratándola como la cualquiera que era, como la mujer que se vende a cambio de falsos lujos y pretenciosos regalos. Ahora me cobraba sus servicios, y lo hacía con creses; penetrándola violentamente en su preciosa cola que la muy zorra me paraba para que le pudiese meter y sacar toda la tranca a lo largo de toda su extensión, haciéndola gozar como nunca antes, aunque aún fingiese hipócritamente resistiéndose y gritando a todo pulmón bajo mi mano.

    Pero aquellos clamores ya no eran de terror. No. Aquellos impetuosos gemidos eran ahora de placer. Lo sabía y lo sentía. Ahora ella había relajado su pequeño y delicado cuerpo, y aquellos grotescos forcejeos desesperados por alejarme, se habían convertido en bruscos arrebatos que se violentaban al ritmo de mis embestidas, estrellando sus suaves y blancos glúteos en mis duros muslos aplaudiendo en todo el baño.

    Así, seguro de que ella finalmente había cedido, le solté las manos, y liberando su boca, la tomé con fuerza por la cintura para evitar que escapara, estrechándola para seguírmela cogiendo con tanto goce por fin agraciado.

    En cuanto le quité mi mano de sus labios, de inmediato comenzó a suplicarme que me detuviera, fingiendo preocupación por que mi tío nos sorprendiese. –Para, para. Por favor. –Me imploraba, quejándose del culposo placer, entre palabras.

    Pero yo, ignorando sus suplicas, continué penetrándola acelerando mis movimientos y empujándola cada vez más fuerte y más rápido, escuchando como se agitaba más, gozando con mi pene estimulándola hasta lo más profundo de su ser, a punto de hacerla venirse.

    Entonces aumenté el ritmo, rematándola con más rudeza; descargando toda mi ira y frustración acumulada por todo ese tiempo, desahogando el enrome y profundo deseo insano de tenerla, por fin, al estármela cogiendo como si quisiese reventarla. Cobrándome todo el esfuerzo, el dinero y el tiempo invertido. Golpeándole duro su tierno trasero, haciendo justicia por todas esas veces que me había ignorado, todas esas malditas miradas desviadas, saludos fríos y puertas cerradas en la cara.

    Castigándola con un profundo y agresivo orgasmo que le arrancaba a punta de violentas arremetidas, que le hacían gritar de dañino placer. Restregándome su cola en toda mi entrepierna con rudeza, mientras ella intentaba contener su sufrimiento aguantando con grandes esfuerzos, endureciendo la quijada.

    Entonces bajé mi mano hasta su vagina, donde mi pene embestía como bestia desenfrenada. Ahí comencé a estimularle su clítoris lubricado con sus propios fluidos que salían por todos lados, llevándola al éxtasis insoportable.

    Sus clamores se hacían más intensos, y yo no me detuve hasta que finalmente la hice correrse a chorros en un orgasmo tan profundo y desgarrador que por un instante quiso detenerme y abortar todo. –No, no, no. Espera, para, espera. –Me imploraba intentado escabullirse y sacarme de su interior, suplicándome con desesperación que me detuviese un momento. Pero no lo hice.

    En cambio, la sujeté fuertemente por la nuca, aprisionándola con agresividad para evitar que huyera, al tiempo que continuaba estimulando su clítoris bruscamente y sin piedad, acelerando mi penetración tan rápido como podía, salpicando sus fluidos en nuestros muslos con mis testículos estampándose en su coño chorreante, escuchando sus ruegos aclamándome piedad, mientras repetía efusivamente, –Diablos, diablos. Mierda, mierda, mierda. –Maldiciendo su propio pacer culposo, con palabras entrecortadas por sus quejidos orgásmicos agudos raspando su garganta, hasta enmudecerla por un momento, justo antes de romper el tenso silencio con un desgarrador grito de sufrimiento y placer, estallando desde lo más profundo, por fin, eyaculando en todo mi pene con sus fluidos que escurrían hasta el piso de loseta azulado del baño, consumando al fin aquel tortuoso orgasmo, a manera de castigo por todo lo que me debía.

    Finalmente, con mi tía aun estremeciéndose aferrada al depósito del mingitorio, me estrangulé el pene haciéndome venir en sus nalgas, dejándole mi tibio semen entre sus blanquecinos glúteos. Cuando ella giraba reincorporándose. Entonces me miró con una sonrisa traviesa en toda la cara, me tomó por mi rojo pene aún al cien, lo apretó un poco más para terminar de vaciarlo y entró a la bañera relamiéndose los dedos manchados con nuestras eyaculaciones. Dándome la espalda una vez más. -No le digas a tu tío. Me dijo antes de abrir el agua de la ducha.

    Si te ha gustado el relato te invito a leer más historias así, visitando mi perfil Erothic.

    Te agradezco por haber llegado hasta aquí.

    Me encantaría conocer tus sensaciones en los comentarios y saber qué te habría gustado hacerle a una tía sexy y sensual como yo. O bien, si alguna vez has estado en una posición de erotismo irresistible seduciendo a algún sobrino.

    Mi nombre es Tania y te deseo que tengas Felices Fantasías.

  • Quería coger y me hicieron de todo

    Quería coger y me hicieron de todo

    Este es un relato real que sucedió a finales del 2020, resulta que ya hace algunos años yo sentía curiosidad por tener relaciones con otro hombre, quería ser penetrado pero me daba un poco de miedo además de no saber dónde encontrar algún valiente que lo hiciera, cabe resaltar que soy hombre y que solo me metía cosas pero nunca tuve algo más con otro hombre.

    Me puse a investigar y encontré una página donde había gente de todo tipo y buscando cualquier cosa así que con un poco de conocimiento y bastante miedo me atreví a publicar mi anuncio, no sabía si aguantaría que me cogieran en mi primera cita así que en el anuncio sólo buscaba hacer sexo oral a un hombre.

    Hubo bastantes propuestas, muchos eras mentira y me costó encontrar algo seguro hasta que di con un chavo que parecía decidido, le seguí la corriente y me deje llevar, duramos platicando una semana tal vez un poco más hasta que un día llegamos a un acuerdo donde yo iría a su casa un viernes por la noche y ahí se la chuparía.

    Pues el día llego y yo tenía los nervios de punta no sabía si desaparecerme y hacer como si nunca pasó nada pero en el fondo yo quería saber que pasaría y la verdad tenía ganas de sentir una verga en mi boca así que sin pensarlo me prepare me depilé completamente y me aliste, llego la hora de irme y por poco me arrepiento pero al final decidí arrancar el carro e irme.

    Por el camino iba temblando era como 30 minutos de ida y tuve el suficiente tiempo para darme la vuelta pero seguí y no me detuve, llegue a su casa y me pasó, lo vi era llenito tez blanca y un poco bajito pero muy decidido él sabía que quería y ya me había insinuado que me quería chupar mi colita.

    Platicamos muy poco la verdad yo quería terminar con todo esto así que le dije que iba a empezar y él se acostó y se bajó el pantalón Dios santo primera vez que veía una verga era bastante gorda y media tal vez 13 cm la toque y se sentía aguadita, rápido me la lleve a la boca y ahí comenzó todo, se la mame hasta que pude me la metí hasta donde me topaba y él comenzó a tocar mi trasero, me bajo el pantalón y me pasaba su mano una y otra vez hasta que me jalo hacia él y me metió la lengua por Diooos que delicia como se movía algo por mi culito.

    Estuvo muchísimo rato haciendo eso, el tiempo voló hasta que me atreví y le dije que me la metiera, el me cuido y comenzó por meterme los dedos con una crema que saco, luego de un rato con los dedos de él dentro de mi le dije que ya así que me dio un condón y me dijo que se lo pusiera, rápidamente se lo puse y me acosté boca abajo, la magia vino sola, yo sentí como me penetro y sin hacer absolutamente nada tenía un hombre arriba de mi, una verga entrando y saliendo de mi cuerpo y yo solo lo gozaba.

    El me dio hasta qué quiso y no terminaba, yo me rendí porque me comenzó a rozar y le pedí que parara.

    El muy amable y caballeroso me la saco, me dejo limpiarme y me acompaño a la puerta, desde ese día no lo volví a ver pero sé donde vive solo que me da pena visitarlo a demás no sé si le agrade verme de nuevo, ustedes qué opinan yo si quiero otra vez.

    Gracias por leer.

  • Aventuras y desventuras húmedas. Tercera Etapa (6)

    Aventuras y desventuras húmedas. Tercera Etapa (6)

    Mari se miró por última vez en el espejo del baño. Su pelo estaba recogido en una pequeña goma con una coleta de la cual alguna gota rebelde todavía se deslizaba. El camisón nuevo se había pegado a su piel como una capa de seda y le dejaba al aire tanto los brazos como los hombros y… un ligero escote que le parecía perfecto.

    No llevaba sujetador, no le encontraba el sentido, nunca dormía con él y ponérselo ahora era una estupidez. Lo que si se decidió a llevar fue una pequeña braga de seda de color rosado totalmente nueva, estrenada para esta ocasión como el camisón.

    Estaba perfecta y maravillosa, sentía que manaba luz propia, Sergio no podría resistirse a nada, estaba más que claro… aunque tampoco se le pasaría por la cabeza negarse a tal manjar. Salió por la puerta con una sonrisa al contemplar lo verdaderamente bella que era y vio cómo su hijo, estaba tumbado ya en su lado de la cama dándola la espalda.

    “Querrá esconder esa cosa…” pensó mientras caminaba hacia su lado de la cama. “No lo llames cosa, llámalo por su nombre” le dijo una voz en su interior. “¿Cuál es?” rápidamente su mente gritó en un aullido “POLLA”.

    Sentada sobre el mullido edredón, al escuchar tal afirmación, no dudo, ni siquiera recapacitó sobre que su hijo estaba a metro y medio. Bajó una mano deslizándola por su camisón y apretó con fuerza lo que había entre sus piernas. Su braga nueva se mojó de nuevo, como lo había hecho la anterior, “otra que va a lavar…”.

    —¿Apagamos la tele? —le sugirió sin que se mirasen.

    —Bien.

    —¿Podrías también cerrar las cortinas?

    El joven se levantó, siempre dando la espalda a su madre para que no viera la completa erección que poseía. Corrió las cortinas hasta que no pudiera penetrar ni un resquicio de luz. Entendía lo que su madre buscaba, la completa intimidad, ni una luz, ni un ruido, solo ellos… incluso… ni ellos, solo sus sombras, así… sería más fácil.

    Volvió a la cama, gozó del dulce tacto de las sabanas sobre su piel casi desnuda y al final, escuchó el pequeño sonido plástico del interruptor que anunciaba lo inevitable, la luz se había ido. Mari apagó la lámpara de su lado de la cama, quedando totalmente a oscuras y únicamente con el sonido de sus agitadas respiraciones.

    Cada uno se tumbó en su lado, dando la espalda a su compañero de hotel, esperando que alguno diera el primer paso. Sin embargo, el tiempo comenzó a pasar. Los dos se mantuvieron quietos en los lados de la cama, sin moverse, sin casi respirar. El primer paso, el que rompería todo, les era imposible de dar.

    Sergio por mucho que lo hubiera dado con su tía, ahora se sentía atenazado sabiendo que la que estaba a algo más de un metro de él, era su madre. La mujer que le había traído al mundo y a la que ahora casi podría decir que amaba.

    Con Mari el sentimiento era similar, anhelaba el abrazo de su hijo, sentir su calor, su piel su… todo. Sin embargo no se podía dar la vuelta, con respirar de una manera más o menos normal le era suficiente.

    Eran ya cerca de las doce que ambos seguían totalmente congelados, solo unas partes de su cuerpo están ardiendo como en una hoguera. A Sergio todavía no le había bajado la erección monstruosa que se le puso al ver a su madre en la ducha y por parte de Mari, sus bragas comenzaban a mojarse demasiado.

    No había vuelta atrás, Sergio apretó los puños concienciándose de lo que iba a hacer, tenía la certeza de que saldría bien, por lo que ¿por qué perder el tiempo? No lo entendía. Quizá la duda, el pequeño porcentaje de error le ahuyentaba, al final, fallar en un cortejo era asumible, pero no cuando se trataba de su madre.

    De pronto una sirena le alertó, quizá los bomberos, la ambulancia o la policía que venía a detenerle por tanto pensamiento incestuoso. No sabía quiénes podían ser, pero le daba lo mismo, a los pocos segundos, en la oscura noche madrileña, aquella sirena siguió su camino, ajena a que en aquella habitación, Sergio se movió.

    Se dio la vuelta, al menos era un paso. En la casi perpetua oscuridad, veía la mitad de la espalda desnuda de su madre, con la coleta bien hecha y una mancha de humedad en la almohada. Movió ligeramente su cuerpo, como si no quisiera despertarla, aunque en verdad sabía que estaba despierta, lo podía sentir.

    Mari notó que la cama se movía, su agudizado oído debido a la falta de vista le hizo escuchar como su hijo a su espalda se acercaba. Un escalofrío le recorrió el cuerpo, era el momento y las primeras dudas de todo el viaje se posaron en su mente “¿qué estoy haciendo?”.

    Debatió con su cabeza tantas cosas que apenas se percató de que a los minutos, Sergio se había vuelto a mover. Lo hacía despacio, como un iceberg, lento pero con un objetivo concreto. De nuevo escuchó como la cama se movía y cerró los ojos para tomar la última elección, “¿sí o no?”.

    Para el joven el paso del tiempo era contradictorio, parecía que no transcurriera en ningún momento y que estuvieran encerrados en otra dimensión paralela. Sin embargo, a la vez que su pensamiento discurría por ese camino, sabía que los minutos corrían veloces en su contra y que si no hacía nada quizá nunca más podría.

    Otro movimiento con su cuerpo. Por fin había atravesado la mitad de la cama y podía notar como el edredón se movía en cada respiración de su madre. Los ojos se les habían acostumbrado a la oscuridad y las pocas luces indispensables como la de emergencia en la puerta o el piloto rojo de la televisión les daban algo de claridad.

    La sombra que era su compañera de cuarto estaba ahí, a nada, tan cerca y a la vez tan lejos. Por una vez, el joven aplacó todos los pensamientos que fluían por su mente, detuvo aquella autopista de ideas y simplemente la dejó en blanco. Por su cabeza no pasaba nada, solo veía con unos ojos bien abiertos como su mano derecha se había alejado de su cuerpo.

    Estaba a medio camino, apenas la había alejado levemente de su costado que ya estaba a centímetros de su madre, la cual seguía mirando a la pared con los ojos bien abiertos. Mari notaba algo, una cosa que se estaba acercando, como si poseyera un nuevo sentido que le avisara de una presencia.

    Todavía su cabeza estaba dándole vueltas a la pregunta que se había hecho, ¿qué elección tomaría? Sí o no. Aunque pronto lo decidiría con mucha claridad, porque pese a que la mayoría de los argumentos de su mente racional eran contrarios, tenía muy claro lo que diría al final. Cuando notó la mano de su hijo posarse en su cintura… su interior gritó “SÍÍÍÍ”.

    Sergio había dado un paso gigante, todavía estaba tocando la tela del camisón, pero la piel de su madre ya estaba bajo la palma de su mano. Mari no se movió, ni siquiera hizo un leve gesto de sorpresa. Tenía todos los músculos en tensión, esperando que aquello sucediera y cuando ocurrió se sintió relajada.

    La situación vista desde fuera podría ser normal. Podría ser que el joven, sin querer hubiera ido reptando hasta el lugar donde estaba su madre, solamente para buscar compañía en una cama ajena. Sin embargo, la realidad era muy diferente, ambos corazones latían a ritmo de Rock and Roll, en una sinfonía dura y acelerada, pendientes de cuál sería la siguiente nota.

    Mari sintió que era su turno, su hijo suficiente había hecho con acercarse hasta donde ella y tocarla, era su momento de actuar. Se acomodó un poco en la cama, retrocediendo con su cuerpo hasta el punto que sintió en su nuca el aliento caliente de su hijo. Respiraba con fuerza y rapidez, estaba agitado, aunque la palabra que buscaba Mari y que le definía mejor era otra, “no está agitado, está cachondo”.

    Por primera vez la espalda de la madre se juntó al pecho de su hijo. El calor ya les envolvía, juntos en aquella cama parecía que hubieran descendido al mismo infierno. Sin embargo todavía les quedaba mucho por bajar.

    Sergio no quería detener aquello, impulsado por el valor que reunió para acercarse a su madre, movió con lentitud su cadera, esperando no romper nada con lo que tenía abajo. Las nalgas de Mari lo sintieron dos segundos después, primero un leve contacto como si un dedo le tocara el culo. Al siguiente instante supo que en realidad lo que palpaba su posadera derecha no era un dedo, sino… la polla de su hijo.

    Un pene que ya comenzaba a conocer bien, cruzaba su nalga de lado a lado, dejándola sentir como su longitud y anchura la tocaban. Aspiró con fuerza según aquella herramienta la tocó, incluso tuvo que morderse el labio para que un gemido no escapara. Estaba un poco perdida, no sabía qué hacer ahora, aunque ¿por qué pensarlo tanto? Lo mejor sería dejarse llevar.

    Mientras Mari debatía que debía o no debía hacer, Sergio parecía estar más dispuesto a todo. Vio que la mujer no ponía pegas al pequeño roce de su pene erecto en el trasero, por lo que a riesgo de que le diera un mal por soltar la cintura de su madre, sacó la mano de allí. Pero con una intención muy clara, en el silencio de la habitación y con las insignificantes luces que les daban la poca visibilidad, metió su mano dentro del calzoncillo. Maniobró colocando de forma más adecuada su sable queriendo que una cosa más concreta sucediera.

    La mano volvió a su lugar, la cual la mujer la recibió de mil amores, sin embargo algo le gustó mucho más. Lo que la encantó fue sentir como el pene de Sergio, bien colocado, ahora se acoplaba a la ranura entra ambas nalgas. Esta vez no pudo contenerse, Mari gimió lo más bajito que pudo, sin embargo con todo aquel silencio aquello se sintió como un grito.

    La fiesta había comenzado, sentir atravesar su culo aquella tremenda escopeta no la podía hacer cambiar de opinión, se decidiría a disfrutar. Rápidamente movió su mano en busca de la de su hijo, la cogió en su cintura y se la llevó a su vientre enlazando los dedos y apretándola.

    Ambos se pegaron más, sintiendo no solo el miembro viril de su hijo, sino la totalidad de su cuerpo. El aire que respiraba el joven le golpeaba en su pelo y un escalofrío incontrolable la recorría cada poro de su piel. Estaba poseída, la barrera había sido quebrada, el muro que sostenía la cordura había sido derribado de un golpe del poderoso miembro de Sergio, y ahora, Mari quería avanzar. La mujer estaba atorada, no recordaba haber estado tan “…cachonda…” en su vida.

    El camisón se le había levantado, bien lo sabían ambos, ya que la prenda íntima de Sergio, donde guardaba su aparato, tocó la piel de la mujer. El joven seguía en esa posición esperando saber cuál era el siguiente movimiento. Se debatían varias cosas en su mente y lo que acabó venciendo fue mover su cadera dando pequeños golpes en el trasero de Mari, sin embargo no le dio tiempo a ponerlo en marcha.

    La ropa interior de la mujer estaba al aire y una pequeñísima parte de su vientre también. Mari volvió a apretar con fuerza los dedos sobre la mano de Sergio, el cual no reaccionó, no hacía falta, ella llevaría el mando.

    Introdujo con calma la mano por dentro de su camisón, el roce de la piel de su vientre con los suaves dedos de su hijo le hizo que se le pusiera la piel de gallina. Con aquel leve movimiento el camisón subió un poco más, llegando a vérsele el ombligo si estuvieran rodeados de una claridad normal.

    Sergio intuía que aquella mano traviesa le llevaría por un viaje magnífico hacia los perfectos pechos de su madre. Sin embargo, muy cerca de ellos, cuando creía que los podía tocar si estiraba las falanges, Mari se detuvo.

    Sus planes no eran los que su hijo imaginaba. La mujer solo quería elevar su camisón para que no la molestase, se lo hubiera quitado, pero cuantos menos movimientos mejor. Su objetivo se encontraba más abajo de lo que el muchacho se creía y hacia allí comenzó a mover ambas manos.

    Al notar su brazo descender hacia lo inevitable no se lo podía creer, el joven estaba perdiendo el sentido de la realidad, apenas veía, solo podía notar el supremo calor que ambos emanaban.

    Mari llegó a su destino, deteniéndose justo en la goma que guardaba su preciado tesoro rasurado. La nueva ropa interior que se compró para la ocasión y que en tan poco tiempo había empapado, estaba a milímetros de los diez dedos. No se lo pensó, era la última barrera, la última frontera de lo socialmente aceptado. Hasta ahora, podría calificarse la situación de rara… muy rara, pero si se movía, todo aquello quedaría en una anécdota y lo más importante sucedería a continuación. Así lo hizo.

    Ambas manos se introdujeron por la goma de la braga. A Sergio el corazón se le detuvo, el calor que salía de aquel lugar era indescriptible y apenas podía pensar en otra cosa que no fuera lo evidente, su madre le estaba llevando su mano a la vagina.

    Los primeros dedos hicieron el tan ansiado contacto, Mari con los ojos cerrados sintió dos dedos recorriendo sus labios vaginales, luego tres… después toda la palma encima de su divino sexo. El viscoso fluido que salía desde hacía varias horas llenó la mano de Sergio, el cual hizo sentir a su madre todo el placer que guardaba presionando el pene contra ambas nalgas.

    Lo inmoral empezó, todo fue roto en un instante y cualquier pensamiento negativo hacia lo que cometían se desechó a un lado. No era momento de pensar, de decidir la repercusión de sus actos, simplemente era… EL MOMENTO.

    CONTINUARÁ

    ———————–

    En mi perfil tenéis mi Twitter para que podáis seguirme y tener más información.

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Diez hombres en un día para esta travesti de closet

    Diez hombres en un día para esta travesti de closet

    Hola mi amor. Soy yo de nuevo. ¿Sabes? estoy de nuevo travestida para ti. No he podido quitarme de la mente la imagen de la foto de tu verga que me has mandado. Debo confesarte, otros chicos lindos también me mandaron la foto de su miembro a mi correo y ¿qué crees? La tuya es la más grande.

    Pero para ser justa, quise responderte por este medio, a ti y a todos, por calentarme, lograr que me excite y que viéndome al espejo con sandalias de tacón y vestido sexy; el que pegado a mi cuerpo delgado logra que se noten mis nalguitas redondas y bien formadas, mis muslos y pantorrillas torneados y mi busto, pequeño, pero duro; solo desee ser tuya y que me hagas mujer como un enajenado, mientras gimo y grito para ti agradeciéndote la delicadeza de fijarte en mí.

    Entre tantas fotos recibidas tuve que seleccionar solo diez. Y mi selección fue considerando el tamaño de su miembro, desde el tuyo que fue el más largo y grueso, hasta uno más pequeño, pero grueso, descapotado y brillante.

    Cité a los diez a mi fantasía: dos grupos de cuatro y uno de dos. Para hacer realidad mi perversión mental, busqué el momento perfecto, cuando nadie en mi familia está en casa y puedo convertirme en la mujer que quiero ser. Me desvestí para ti y luciendo unas lindas alpargatas solo de cintas y suela, me coloqué un sostén de encaje, un vestido corto con una cremallera al frente que va desde el cuello hasta media pierna, me maquillé dejando ver mis ojos color miel hermosos y mis labios rosa brillante que, junto a mi tez blanca y la peluca dorada, me convierten en un manjar virgen para tu deseo sexual experto.

    Comencé a masturbarme sobre la cama con sábanas suaves como la seda, y en mi imaginación vienes tú en el primer grupo. Bajas mi cremallera y abres mi vestido, levantas mis piernas y colocas mis tobillos en tus hombros. Ignoras mi micropene al jalar mi cintura y penetrarme por el culo, desflorándome rico y bombeándome con las ganas que solo un macho caliente puede ante una hembra travesti en celo como yo.

    Aunque doy alaridos de placer, no es suficiente tu verga para complacerme, ¡necesito más pene dentro de mi! Y es así como aparece alguien más. Mientras tú me das por el ano, mi cabeza cuelga en la orilla de la cama, justo para que él introduzca su grande y gordo miembro en mi boca. Es salado, rico y delicioso. Abro bien mis labios y siento como sus testículos chocan en mi nariz y su glande se abre paso a mi garganta, entrando y saliendo. Número Tres y Número Cuatro aparecen en mi fantasía y los masturbo: uno con la mano izquierda y otro con la derecha. ¡Cuatro hombres me hacen suya a la vez! Rítmicamente me complacen cada vez mas duro y rápido. ¡Sí!, ¡Sí!, ¡Sí!, que rico ser mujer y abandonarme al deseo… tú deseo.

    Siento la potencia de tu chorro de semen en mi recto, la de él en mi garganta y a la vez en mi pecho la de las dos vergas que masturbo. ¡Es toda una vianda de placer sexual!

    Mientras las primeros cuatro quedan exhaustos ¡Quiero más, aún estoy deseosa! Me pongo en cuatro patas y Número cinco llega, me jala y me la mete en el ano de un tirón… ¡qué delicia! Número 6 se arrodilla en la cama frente a mi y no puedo dejar la oportunidad para mamarle la verga. Estoy loca de pasión. Número Siete y Número Ocho se colocan a mi lado y agito con cada mano su largo miembro, descapotando fuerte su duro y largo instrumento. Luego de media hora de incansable castigo a mi agujero, boca, garganta y manos, escucho sus gritos que anuncian su éxtasis y siento de nuevo en mi lengua, próstata y ahora en la espalda, como se derrama en abundancia su líquido seminal por mí.

    Estoy cansada. Ocho vergas me han hecho suya. Pero verme vestida de nena me llena de nuevo de ganas. Aparece Nueve, es fuerte, de pecho duro y moreno. Se acuesta en la cama boca arriba con el miembro erecto. Le doy la espalda viendo a sus pies y me siento sobre él, introduciéndolo poco a poco dentro de mi y mordiéndome los labios. Después de un largo recorrido al fin siento sus bolas en mis nalgas: ¡La tengo toda adentro! Y sintiendo un gran placer comienzo a subir y bajar, cabalgándolo como toda una yegua. El gime y me da nalgadas, yo grito y no dejo de moverme en círculos, hacia arriba y abajo para sentir mas su miembro dentro de mí. Finalmente, Número Diez aparece, se para sobre la cama mientras estoy jineteando a mi semental. Desnudo se acerca a mí. Siento el vapor de su polla caliente y me la meto hasta adentro de la boca. Lo abrazo empujándolo más adentro mío, sobando sus nalgas deliciosas.

    Justo cuando ellos dos por fin acaban en mí fantasía, simultáneamente mi micropene en la realidad se excita y lanza su chorro. Lo agito frenéticamente, estoy como una loca de placer y mi cuerpo se agita como un látigo incontrolable, mientras mis dedos todavía quieren meterse más en mi culo. Ya no puedo: has sido fantástico. Mi pecho está empapado de sudor y semen. Lo recojo con mi mano y llevo mi esperma a la cara, lo unto y saboreo.

    Qué rico masturbarme vestido de mujer. Que delicia pensar que eres tú quien me desvirga y hace mujer. Quiero ser tuya, tu esclava, tu novia y tu amante. Es delicioso pensar que diez hombres me dan duro por el culo y los diez eres tú. Mándame más fotos para masturbarme más ¿Sí? Por favor no olvides que quiero halagarte, haciéndome la paja como una nena, solo y exclusivamente para ti.

    [email protected].

  • Sacrificando mi culo por la mujer más hermosa (2)

    Sacrificando mi culo por la mujer más hermosa (2)

    Tenía la cabeza hundida en el coño de Valeria cuando sentí que Arturo jalaba mis brazos a mi espalda, algo frío se posó en mis muñecas y escuché un clic que me resultó familiar, reconocí que era el juego de esposas que Arturo había comprado y que usábamos en nuestros juegos, no eran del tipo policial, sino que estaban afelpadas y eran ligeras, con una cadena delgada que las unía, suficiente para inmovilizar a cualquier persona, pero sin ser demasiado incómodas.

    La fantasía de Valeria y Arturo había iniciado, tan pronto sentí las esposas en mis muñecas, empecé con mi papel, tratando de zafarme y haciendo esfuerzos por incorporarme, fingí sorpresa:

    Suéltame, Arturo, ¿qué te pasa?, ¿Acaso es una broma?, Me lastimas, basta de juegos.

    Arturo empujó mi espalda y caí de bruces boca abajo en la cama al no poder utilizar mis manos, se subió sobre mis piernas y Valeria sobre mi espalda para inmovilizarme, en cuclillas, sus rodillas quedaban en mi espalda y su culo sobre mi cabeza, apretándola contra el colchón.

    No, no es broma, lo siento Ariel, la nena quiere ver cómo me cojo a un nene como tú y lo convierto en nena, pero no te preocupes, te prometo que te gustará y gozarás como nunca, te dolerá un poco, pero después será puro placer, te volverás loca de placer- Exclamó Arturo.

    No, por favor, no me hagas esto, no soy puto, suéltame, por nuestra amistad -Gritaba, fingiendo desesperación, pataleando y retorciéndome, escuchaba las risas de Valeria y pronto Arturo se contagió de esas risas.

    Si nena, quiero ver como Arturo te hace hembra, tranquila, gozarás mucho, duele, no te voy a mentir, pero te va a gustar mucho, relájate, es lo mejor, vamos papi, quiero ver cómo te lo coges, cógelo como me coges a mí, anda, esta nena quiere ver, quiere ver cómo le rompes la colita.

    Forcejeé todo lo que pude, retorciéndome en la cama, pataleando y mientras más lo hacía más se excitaba Valeria.

    Malditos, depravados, suéltenme, si me violan, juro que los acuso y los meto a la cárcel- Exclamé.

    Las risas de Valeria cesaron, tal vez fui demasiado lejos al lanzar esa amenaza y dudó en continuar, pensé que la había regado y no debí amenazarlos así, pero Arturo arregló rápidamente la situación.

    No nena, no nos vas a acusar, porque te va a gustar tanto que vas a querer más verga, serás una nena deseosa de verga, así dicen todas, pero cuando prueban mi verga, repiten, ja ja.

    Si, es cierto, la tiene muy grande, duele, pero que rico coge, te va a gustar, te vas a sentir plena, anda nena, no te resistas, si no te va a doler más- afirmó Valeria, nuevamente excitada.

    Pásame el lubricante amor, yo quiero ponérselo, agregó.

    Seguí en mi papel, entendí la lección y ya no mencioné lo de la denuncia, sin embargo, continué resistiendo e insultándolos.

    Están locos, malditos degenerados, pervertidos, suéltenme, no me hagan daño, se los suplico, no me gusta, si querían asustarme ya lo lograron, suéltenme,

    No te haremos daño, nena, pero tienes que cooperar, si no te voy a lastimar- respondió Arturo.

    Sentí que Arturo abría mis nalgas y mi parte más íntima quedó expuesta, realmente me sentí un poco avergonzado y humillado al sentirme tan expuesto ante ese monumento de mujer, a Valeria en cambio parece que le encantó verme así y exclamó.

    Dios mío, que bonita cola, ningún pelito, creo que tienes mejor cola que yo, ja, ja, vas a disfrutar mucho, ya tienes colita de nena, mmm, bonito agujerito, ja ja, rosadito y arrugadito, cerradito, vas a disfrutar mucho cuando Arturo te lo abra.

    Sentí un chorrito de lubricante caer entre mis nalgas abiertas seguido de los dedos de Valeria frotando con la yema de sus dedos la entrada de mi agujero, una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo, me estiré y mi cuerpo se tensó, apretando mi hoyito, era muy excitante sentir sus suaves dedos recorriendo los pliegues de la entrada, a Arturo le gustaba jugar con él, pero esta caricia era diferente a la de Arturo, mucho más suave, al contraer mi esfínter, Valeria lo interpretó como resistencia y me dio una sonora nalgada.

    Tranquila nena, afloja, no te resistas, te tengo que lubricar bien para que goces y no te duela mucho, este lubricante es sensacional, relaja rico la colita y luego la deja calientita y sensible-. Ya lo sé, pensé en mi mente.

    Otra nalgada y di un grito, exagerando el dolor en mi nalga, aunque la verdad, era excitante.

    Ya suéltenme, anden, sean buenos, no les diré a nadie que quisieron violarme, por favor.

    En respuesta sentí el dedo de Valeria empujando para abrirse paso en mi interior.

    Aghhh, me tensé y apreté lo más que pude mi culo, ahorcando fuertemente la punta de su dedo, nuevamente pataleé y grité, la realidad es que me había encantado.

    Ayyy, me lastimas, suéltenme, no me hagan daño, par de pervertidos, no soy putooo.

    Como respuesta una nueva nalgada y Arturo abrió todavía más mis nalgas y las apretaba morbosamente, otro chorrito de lubricante y el dedo de Valeria se introdujo hasta el fondo.

    Ayyy, lancé otro grito fingiendo dolor, pero era placer puro, el dedo de Valeria en mi interior se sentía delicioso, apretaba la colita para sentir más rico, estrangulando su dedo y al parecer a ella también le encantaba.

    Ufff, que apretadito, pobre, Arturo te lo va a dejar bien abierto, pero no te preocupes, ya se va a volver a cerrar, así me deja a mí.

    Así Valeria, lubrica bien a la nena, dilata bien, es una nena muy putita, pero todavía no lo sabe, ja ja.

    Valeria aplicó más lubricante e insertó dos dedos, nuevamente me quejé y arqueé la espalda, apretando más la colita y las nalgas.

    Lo siento nena, sé que duele un poco, pero te tengo que dilatar bien, si no te va a doler mucho cuando te desvirgue Arturo, anda, afloja la colita, ¿ya la sientes más flojita?, ¿más calientita?, ¿verdad que te está empezando a gustar?

    Estaba disfrutando mucho y me relajé, los dedos de Valeria se movían a voluntad dentro de mis entrañas y me encantaba, apreté mis labios para no gemir de placer.

    Creo que ya está lista la nena, amor- dijo Valeria y sacó sus dedos, me hubiera gustado que los dejara dentro un poco más, pero me hubiera delatado si se lo pedía, al sacar sus dedos sentí un vacío en mi interior, necesitaba sentir algo que llenara ese vacío, había usado mucho lubricante y sentía la cola extremadamente sensible y calientita, el lubricante escurría por el surco entre mis nalgas hasta mis huevos y los sentía más calientes y sensibles.

    Arturo jaló mi cintura levantándome y Valeria acomodó un par de almohadas bajo mi cuerpo, me estaban preparando para el “desvirgue”, regresé a mi papel, retorciéndome y gritando en forma desesperada.

    Por piedad, no, no me hagan esto, ya les dije que no soy puto, suéltenme, por favor.

    La pobre de Valeria ante mis gritos desesperados trató de calmarme y se acercó a mi oído, al tiempo que mordisqueaba el lóbulo de mi oreja, para tranquilizarme.

    Tranquila, no temas, todas pasamos por esto, el momento en que un macho nos hace hembras, será un momento inolvidable, lo recordarás por siempre, el momento que entregamos nuestra virginidad a nuestro macho, un momento especial también para él, relájate, disfruta, él se llevará tu virginidad, un regalo muy preciado y a cambio te recompensará con su tibio néctar bañando tus entrañas.

    No, por favor, nooo, no me hagan esto- imploré, metido en mi papel, incluso un par de lágrimas escurrieron por mis mejillas.

    Arturo apretaba mis nalgas, recorría con su verga el surco entre ellas, pero no la metía, esperaba a que Valeria se diera vuelta para presenciar la acción, Valeria dio vuelta, y se subió nuevamente sobre mi espalda, neutralizando cualquier intento de escape, ignorando que no era necesario, abrió mis nalgas y el enorme hongo de carne siguió recorriendo el canal, un roce que me enviaba al cielo, sentía la cabeza del miembro lisita, suavecita y ardiente, mi piel se erizó, lo que notaron al instante.

    Ja ja, creo que a la nena le está gustando, siente como se eriza su piel- dijo Valeria.

    Ves amor, te digo que nadie se resiste a mi verga, ja ja- replicó Arturo.

    Posicionó la cabeza de su miembro, apoyándola justo en la entrada, sin empujar, solo para que sintiera el diámetro.

    Ja ja, verdad que sientes riquísimo, nena, afloja, a mí me encanta sentirla así besando mi culito, me ayuda a relajarme, Arturo es un experto.

    Lista nena, seré suave, el momento ha llegado, serás mi hembra, disfruta tu desvirgamiento – añadió Arturo.

    Empezó a empujar, solamente la punta, le estaba dando un espectáculo a Valeria y me tenía loco por que me penetrara, ya no podía más, casi grito pidiendo su verga en mi interior, pero me contuve.

    Arturo empezó a culear muy suavecito, empujaba un poco y lo retiraba, Valeria estaba excitadísima.

    Así, ya métesela, hazla tu hembra- Gritaba

    Empujó otro poco y mi esfínter se abrió entrando la cabeza y cerrándose sobre el tronco, abotonándome como una perra.

    Ayyy, sácalaa, me dueleee, me revientas- Grité, exagerando y retorciéndome.

    Tranquila, relájate, ya eres hembra, goza tu desvirgue, pronto sentirás placer, placer de hembra, aguanta, el dolor pasará y gozarás-añadió Valeria.

    Sentí un par de nalgadas muy fuertes de Valeria, al tiempo que decía.

    Las nalgadas son para que relajes la colita, si no Arturo te va a desgarrar, afloja, no te resistas, es lo mejor, o te romperá por dentro.

    Arturo espero unos minutos con la cabeza de su verga dentro de mi culo, mientras yo seguía gritando y maldiciendo, la volvió a sacar.

    Necesita más lubricante está muy apretadita la nena, se me dificulta avanzar- mintió Arturo y Valeria se apresuró a echar más lubricante, como me tenían con las nalgas abiertas y me la acababa de sacar, mi ojete quedó entreabierto y el lubricante resbaló al interior de mi culo, antes de que se cerrara.

    Lo cierto era que Arturo estaba prolongando «mi desvirgamiento» para deleite de Valeria.

    Volvió a meter la cabeza de su verga, seguido de un par de azotes en mi culo y la volvió a sacar, se sentía increíble como abría mi orificio cada vez que la metía, solo la cabeza, “dilatando” mi agujero, apretaba mis puños, mordía mis labios y me retorcía, puro placer.

    Sentía la entrada de mi culo muy sensible, abierta, cada que entraba la cabeza, mi culo se contraía, apretándola hambriento.

    Creo que ya estás lista nena, dilatas muy bien, relájate, te la voy a ir metiendo despacito- dijo Arturo, sujetando mi cintura y pensé que debía seguir con mi papel, se me había olvidado por un momento que me estaban “violando”.

    Ayyy, me lastimas, para, para, siento que me partes en dos.

    Arturo empezó a empujar suavemente, entrando milímetro a milímetro, me retorcía y quejaba conforme avanzaba dentro de mí.

    Ay, te suplico que pares, para cabrón, ahhh, me destrozas, me estás matando, ayyy, sácala, ten piedad, me revientas- gritaba y sollozaba.

    Tranquila nena, aguanta, duele, pronto sentirás placer, verás que rico es sentir un macho que te llene por dentro y te haga gozar, que te haga sentir hembra, femenina, falta poco- me animaba Valeria.

    Me siguió ensartando lentamente hasta que sus huevos tocaron mis nalgas, di un respingo y se me escapó un grito de placer, que interpretaron como de dolor.

    Ay cabrona, te ha entrado toda, no lo puedo creer, a mí no me entra toda, has salido más puta que yo- expresó Valeria asombrada.

    Ya viste mami, si esta nena puede, tú también puedes, solo te falta ser más puta, mira cómo se la traga completa- contestó Arturo.

    Ay me duele, malditos, me han roto el culo, par de pervertidos, siento que me parten en dos, me arde demasiado, que dolor, siento que me va a salir por el ombligo – grité, no sé por qué, pero les causó mucha risa a ambos, al verlos reír, casi me contagian y tuve que hundir mi cabeza en la cama para evitar reír y se caiga el teatro, Valeria pensó que era de dolor.

    Empezaron las embestidas, lentas y profundas, la sacaba casi completa para que Valeria mirara cómo me iba entrando y desaparecía totalmente dentro de mi culo, en cada embestida me causaba un gemido, muy fuerte, agudo, el cual fue notorio que era de placer.

    Ves amor, ya le está gustando a la nena, oye como gime- exclamó Arturo.

    Ufff, si, disfruta tu primera cogida, ¿verdad que Arturo es maravilloso? ¿sientes como te hace hembra?, disfruta, te aseguro que difícilmente encontrarás un macho como él, has sido privilegiada que un macho así te desvirgue.

    Aghhh – eran mi respuesta, gemidos fuertes y sin cesar.

    Mi verga estaba al tope, paradísima y Valeria buscó con su mano mi verga, al encontrarla la apretó con fuerza.

    Amor, tiene la verga durísima, le está encantando la cogida, es más puta de lo que pensé. – exclamó Valeria.

    Al oír esto le pidió a Valeria bajarse de mi espalda y me dieron vuelta, quedando boca arriba, Arturo abrió mis piernas y me volvió a ensartar.

    ¿Y qué esperas?, disfruta tú también de la puta, ensártate, jaja.

    Arturo dejó de embestir, al tiempo que Valeria se acuclillaba entre mis piernas, como tenía las manos esposadas, Arturo me agarró la verga y me ayudó a posicionarla en la entrada de su coño, al sentirla empujó hacia atrás ensartándose mi verga hasta el fondo de su chorreante vagina.

    Creía que moriría de placer, me estaba cogiendo a Valeria mientras Arturo me enterraba su mástil.

    Tomó de la cintura a Valeria y empezó a embestir, era como si se estuviera cogiendo a Valeria, pero en cada embestida era mi culo quien recibía esa enorme verga y a su vez mi verga era la que se introducía dentro del coño ardiente de Valeria, era como si embistiera a Valeria a través de mi culo y me traspasara.

    Era un sueño, me estaba cogiendo el mejor macho, mientras me cogía a la mejor hembra que jamás hubiera soñado, las sensaciones eran increíbles, cada vez que Arturo me embestía, mi verga perforaba el ardiente coño de Valeria, que a su vez empujaba su coño contra mi verga debido a los jalones de caderas que le daba Arturo, ya no pude aguantar más y sentí que empezaba a convulsionar y Valeria convulsionaba conmigo, al mismo ritmo, nuestros cuerpos se retorcían, estábamos llegando al clímax juntos, entre jadeos y aullidos, aullidos de puta, mi verga se expandió dentro de su coño y empezó a lanzar chorros de leche profundamente en las entrañas de Valeria, los espasmos recorriendo su cuerpo provocaban que las paredes internas de su vagina apretaran mi verga, masajeándola y extrayéndole hasta la última gota de leche de mis huevos, sentía que mis huevos dolían, se desplomó sobre mí y me dio un jugoso y profundo beso en mi boca, mordiendo mis labios, al tiempo que nos daba las Gracias.

    Gracias amores, fue maravilloso, ha sido lo más intenso que he vivido en mi vida.

    Pensé que allí acabaría todo, pero estaba equivocado, Arturo no se había corrido todavía, cuando sintió que nos estábamos corriendo, sacó su verga de mi interior para no acabar, no quería correrse aún, nos había hecho gozar, pero todavía faltaba más, pensé que su fantasía se había cumplido, pero no era así.

    Permitió que Valeria y yo recobráramos el aliento y posteriormente me volteó nuevamente boca abajo exclamando:

    Lo prometido amor, venga para acá ese culito-

    Le pidió a Valeria subirse a lo largo de mi espalda, todo su cuerpo sobre el mío, su coño entre mis nalgas.

    Lo prometido amor, venga para acá ese culito- exclamó.

    Ay Arturo, eres insaciable, pero has cumplido, no puedo negarme.

    Acomodó a Valeria sobre mi espalda con las piernas muy abiertas, y abrió más las mías, quedamos Valeria y yo con los culos expuestos a merced de ese macho tan guapo y a la vez tan depravado. Hasta ese instante entendí exactamente lo que había querido decir con que quería coger dos culitos al mismo tiempo y era literalmente eso, dos culitos a su disposición, uno sobre el otro, cogerse ambos en forma alternada.

    Me abrió las nalgas y me ensartó profundo haciéndome lanzar un fuerte gemido, respingar y arquear mi espalda aún con Valeria sobre mi cuerpo, abrió las nalgas de Valeria, le puso un chorrito de lubricante y empezó a jugar con su esfínter, dilatándolo, Valeria se retorcía y frotaba su coño chorreante contra mis nalgas, una caricia excitante, esa caricia y el continuo golpeteo de la verga de Arturo contra mi próstata ocasionó que nuevamente se me pusiera dura, que rico sentía, era como si ambos me penetraran, Arturo con su verga enorme y Valeria con su clítoris, estaba durísimo, como si de un micropene se tratara, frotándose entre mis nalgas, lubricadas con los flujos que escurrían de su coño ardiente, sus tetas se bamboleaban sobre mi espalda al compás de los embistes de Arturo en mi culo, una vez que sintió el culo de Valeria lo suficientemente dilatado, sacó la verga de mi culo, abrió las nalgas de Valeria al máximo y la fue ensartando lentamente, escuché sobre mi nuca el grito de dolor de Valeria.

    Ayyy, cabrón, que verga, me rompes, sácala, no puedo, ay, no puedo, es demasiado gruesa.

    Valeria gritaba de dolor y tensaba su cuerpo, temblaba, me transmitía las sensaciones que sentía y casi podía sentir su angustia y dolor.

    Claro que puedes mami, si la nena pudo, tú puedes, tú puedes ser tan puta como ella, anda relájate, afloja la colita.

    Siguió penetrándola hasta que ella ya no podía más:

    No, lo siento Arturo, no puedo, ayyy, sácala, hijo de puta, ay cabrón sácala, ya no entra.

    Falta poquito nena, casi entra toda, aguanta, siguió empujando, haciendo caso omiso a las quejas, un último embiste profundo y oí el grito desgarrador de Valeria sobre mi nuca, apretaba los puños en la cama, arañando las sábanas y su cuerpo se tensaba sobre el mío.

    Ya entró toda, ¿viste que si podías?

    Ay Arturo, ufff, eres un cabrón e hijo de puta, creo que me has atravesado hasta los intestinos, agh, que ardor, pero que morbo, cabrón.

    Empezó a cogerla, embistiéndola lento y profundo, sus gritos eran desgarradores, pero definitivamente una combinación de placer y dolor, se retorcía y convulsionaba sobre mi cuerpo, su cuerpo entero empezó a vibrar y temblar y lanzando fuertes gemidos se corrió sobre mis nalgas.

    Me corroo, me corroo, ah, me corroo, ay Arturo, que cabrón, que macho, ahhh

    Cayó desfallecida sobre mi cuerpo, sus flujos escurrían por mis nalgas, todavía con la verga de Arturo en su interior.

    Ufff, ha sido el orgasmo más intenso de mi vida, Ay, nena, uf, no puedo creer que se la hayas aguantado toda, pero ya te igualé, ya soy igual de puta- Susurró Valeria a mi oído.

    Arturo no se había corrido y así lo anunció.

    Nenas quien quiere recibir mi leche, estoy a punto-

    Dásela a la nena, quiero ver como la preñas, y mi culo ya no aguanta, ufff, me has reventado, sácala- Exclamó Valeria

    Sacó la verga del culo de Valeria y la dirigió al mío, Valeria se bajó de mi cuerpo y se puso a presenciar el espectáculo, a un lado de nosotros, mientras se empezaba a masturbar.

    Arturo acomodó su verga en la entrada de mi culo y me penetró de una sola estocada hasta el fondo haciéndome retorcerme y gemir.

    Me empezó a embestir con fuerza, taladrando mi culo sin piedad, sus huevos chocaban contra los míos. mi cuerpo se bamboleaba y ambos gritábamos en forma sincronizada, era tanto placer que me quedaba sin aliento, me costaba respirar, exhalando y gimiendo sin parar.

    Así cógelo, córrete dentro de la nena, préñala- Gritaba Valeria con una mirada perversa.

    El fuerte golpeteo de su verga contra mi próstata era incesante y delicioso, ya no pude soportar más y me corrí nuevamente, no lo podía correr, me acababa de correr hace pocos minutos, mi verga empezó a escupir chorros de semen ardiente, Valeria se acercó a tomar mi semen en sus manos y me lo untó en mis nalgas y espalda.

    Ufff, amor, estás acabando como nena, tu primer orgasmo como hembra, con sólo la verga de un macho en tu interior, que suerte que te haya desvirgado, yo hubiera deseado un macho así.

    Ya viene, ya viene- Ayyy – exhaló Arturo y pensé que me la enterraría hasta las entrañas y se descargaría dentro de mis intestinos, pero a pesar de lo caliente quiso darle un último espectáculo a Valeria y la sacó hasta sólo dejar la cabeza de su verga dentro de mi culo, y ahí sentí que se ensanchó y empezó a lanzar su esencia dentro de mi cuerpo, chorros y chorros de leche ardiente, a pesar de que era su segunda corrida de la noche fue tan abundante como la anterior, sentía sus chorros de semen bañando mis entrañas, la entrada del culo es más sensible y sentía más intenso que en otras ocasiones, su semen más caliente, más ardiente, no pude evitar retorcerme y gemir al sentir como se estrellaban sus chorros de leche contra mis paredes internas, mi culo se contraía involuntariamente apretando más la verga de Arturo, extrayéndole hasta la última gota de sus pesados huevos.

    Caímos exhaustos, con su verga en mi interior y en ese instante escuchamos que Valeria estaba gimiendo también, se estaba corriendo nuevamente masturbándose y viendo cómo me preñaban.

    Arturo sacó su verga de mi culo y un chorro de leche empezó a escurrir al sacarla, el cual me llegó hasta los huevos, con la punta de su verga, tomó el semen que escurría y me volvió a empalar, y así quedamos rendidos, exhaustos, sudorosos, su cuerpo sobre el mío, poco a poco sentí que su verga perdía dureza, palpitando con menor intensidad, hasta que la sacó y se desplomó a un lado mío.

    Estaba exhausto y fingí quedarme dormido, escuché que hablaban entre ellos de lo maravilloso que había sido todo, Arturo abrió las esposas y tomó mis manos para acomodarlas a los lados de mi cuerpo, cuidando no despertarme.

    Poco después Valeria se levantó y escuché que empezó a vestirse, Arturo se levantó y se ofreció a llevarla a su departamento, pero Valeria no aceptó.

    No, mejor quédate con Ariel, pobre, creo que te necesitará más, si despierta puede sentirse mal, humillado o con algún sentimiento de culpa, mejor quédate cuidándolo y habla con él, sólo fue sexo, que recuerde como lo hicimos gozar, cómo le abrimos una nueva dimensión de placer, y que no piense que se va a volver puto, sólo le mostramos como puede gozar con otra parte de su cuerpo, yo pediré un taxi abajo.

    OK, como quieras Valeria, espero que hayas disfrutado tu fantasía y que haya cumplido tus expectativas.

    Ja, ja, no te imaginas cuanto amor, fue la noche más intensa de mi vida, me corrí como cinco veces, ja, ja, muy superior a lo que hubiera imaginado, eres un macho increíble, Gracias.

    Tenía los ojos entrecerrados, fingiendo dormir y vi que se despidieron con un cachondo beso, Arturo desnudo, y al retirarse Valeria le dio un apretón a la verga de Arturo, ahora flácida, pero aun así de un tamaño considerable.

    Extrañaré tu verga, Arturo, eres el mejor amante que pudiera haber soñado, hoy me voy con la colita maltrecha, me duele hasta para respirar, pero muy satisfecha, fue absolutamente increíble- dijo al momento de marcharse.

    Después que se retiró Valeria, regresó Arturo a la cama, muy feliz, con una cara radiante, y me dio un cachondo beso en la boca, abrí mis ojos, para que notara que estaba despierto.

    Gracias Ariel, estuvo fabuloso, Gracias por cumplir mi mayor fantasía, eres única amor, te extrañaré tanto cuando tenga que partir.

    Si Arturo, lo sé, no te imaginas cuanto me duele que te vayas a ir, te voy a extrañar tanto- me sinceré.

    Esa noche me quedé en su departamento, y a manera de despedida me cogió otras tres veces, una antes de dormir, después de bañarnos, ya que seguía caliente recordando lo vivido, otra en la madrugada, en la cual me abrazó y se repegó a mí y me fue ensartando lentamente medio dormido, me cogió muy lento, suave, mi cuerpo en sus brazos, abrazándome, hasta que se corrió, llenándome nuevamente y así nos fuimos quedando nuevamente dormidos con su verga dentro de mí, fundidos en un solo ser, unidos a través de su trozo de carne, el cual fue perdiendo dureza, pero sin abandonar mi cuerpo y la última después de despertar, la clásica mañanera, donde estaba indeciso de darle la colita, ya que la sentía muy rozada y me ardía después de tanto uso, pero quise complacer a mi macho y solamente le pedí que no fuera demasiado intenso y así lo hizo, en lo que cabe Arturo era gentil y se preocupaba por no hacerme daño, aunque con esa verga era difícil, me cogió por un largo rato, con mucha pasión, cuidando no lastimarme, haciéndome gozar, a pesar de lo maltratada que estaba mi colita.

    En la noche partió a Monterrey y regresó 4 semanas después, apenas una semana antes de su graduación, semana que no tendría clases, después de ese mes fuera había planeado a modo de despedida que me cogiera todos los días, sin importar como me dejara la colita, pero al regresar me llevé la sorpresa de que su familia había ido para la graduación, sus padres, su hermana, tíos y primos, a los cuales se encargó de pasearlos por la ciudad en los siguientes días y dos de sus primos se quedaron en su departamento para no pagar hotel.

    Fui invitado a su graduación junto con Adriana, y conocí a toda su familia. Todos muy agradables y bien parecidos, al otro día después de la fiesta de graduación recibí un mensaje de Arturo pidiendo que fuera a su departamento, rápidamente me aseé y me vestí, albergaba la esperanza de un último encuentro, en menos de una hora ya estaba en su departamento tocando y al abrir estaba con sus primos, ya había empacado todo e iba a entregar el departamento. Me pidió quedarme con su cama, su escritorio, silla ejecutiva y la pequeña sala que tenía, me daba pena aceptarlo y le pregunté porque no contrataba una mudanza.

    No Ariel, me sale carísimo la mudanza hasta Sonora, y además son muebles que no necesito allá.

    ¿Y porque no se los vendes al dueño del departamento? – pregunté.

    Si, ya se los ofrecí, pero me quiere dar una miseria por todo, valen mucho más, prefiero regalártelos a ti, que mal venderlos, no serán los más caros, pero son de muy buena calidad.

    La verdad me da pena- le dije, – que pensarán tus primos.

    Ja ja, no te preocupes, saben que no me hacen falta y les voy a decir que me los compraste, anda acéptalos, de esta forma te acordarás de mí.

    Tenía razón, el tener sus muebles y sobre todo su cama, seguramente me harían recordar todas las noches de pasión que vivimos, así que acepté.

    Rápidamente fuimos por el rumbo de la central de abastos y contratamos un camión y un par de ayudantes para hacer la mudanza, pero había una sorpresa más:

    Ariel, quiero regalarte mi pantalla de TV también, todos mis familiares llegaron en vehículos cerrados y no puedo llevármela

    Era una pantalla de TV muy grande para esa época, de 50 pulgadas creo, sé que ahora hay mucho más grandes, pero en esa época era lo máximo.

    No puedo aceptarlo, debe ser muy cara, creo que deberías enviarla por mensajería.

    No, quiero dártela y no acepto negativas, en Sonora no me hace falta.

    Así que acepté, sabía de antemano que no importara cuanto me negara, acabaría cediendo a la insistencia de Arturo.

    Entre todos me ayudaron a llevar las cosas, saqué mi vieja cama y la puse en la sala, teníamos solo un viejo sofá, así que el juego de sala quedó perfecto, la cama King Size, apenas cupo en mi cuarto, pero no me importó, estaba feliz de tenerla, saqué mi vieja tele del cuarto y se convirtió en la TV de la sala, para poder poner la pantalla, ya no cupieron en mi cuarto el escritorio y la silla ejecutiva, así que tuvieron que quedarse en la sala.

    Una vez que terminamos de acomodar los muebles empezó la despedida.

    Me dio un fuerte abrazo y yo lo abracé con la misma fuerza, sintiendo por última vez el calor de su cuerpo, disimuladamente me dio un beso en el cuello y susurró en mi oído.

    Adiós Ariel, nunca te olvidaré.

    Y así lo vi alejarse en su coche, junto con sus primos, me quedé estático, congelado, sentí un nudo en la garganta, y una opresión en mi pecho, viendo como el coche se alejaba y desaparecía de mi vista. Me daban ganas de correr tras él, gritarle que no se fuera, pero sabía que no era posible, todo había terminado y sólo me quedarían los recuerdos de esa relación grabados en mi mente y en mi corazón por siempre, sus besos y caricias, su pasión al hacerme suyo y sentirme como una verdadera hembra en sus brazos, sus fantasías y sus perversiones también, mis ojos se nublaron y una lágrima rodo por mi mejilla.

    Y esa última cogida de despedida tuvo que esperar mucho tiempo, la vida nos alejó en rumbos muy distintos, volví a ver a Arturo años después, justamente para su boda, yo estaba casado con un hijo y mi esposa embarazada del segundo y dos días antes de su boda por fin pudimos tener ese último encuentro tan esperado, dónde volvimos a vivir esa pasión, entregándonos en cuerpo y alma por última vez, posiblemente lo cuente más adelante.

    Dejo mi correo por cualquier comentario: [email protected].

  • Descubrimiento de selfbondage

    Descubrimiento de selfbondage

    Nueva etapa en mi vida. Ya había acabado la Universidad y mi pareja se había ido a estudiar al extranjero. Siguió su camino. Igual yo.

    No me iba mal en lo laboral, estaba bien en la consultora, pero al llegar a mi casa me faltaba algo. Ya no era suficiente con masturbarme, no me satisfacía. Tampoco pude conocer gente con intereses en común. Estuve perdido un tiempo hasta que encontré una página web sobre algo en ese entonces novedoso para mi, pero que de inmediato llamo mi atención. Era sobre selfbondage, con instrucciones de seguridad, guías y hasta algunas ilustraciones.

    Al principio solo la veía por calentura y morbo, pero un día me animé. Compré cuerdas, anillos y claro, un cuchillo, todo tal cual la guía básica.

    Me maquille, me puse ligas y corset, entonces ahí estaba, una gran erección. De Inmediato supe esto iba para bueno.

    Seguí las instrucciones de la ilustración, ate primeramente mis tobillos, luego mis rodillas. Había hecho previamente un nudo que era similar a tener esposas. Me metí en vibrador anal. Me arrodillé. Después me amordace y me vendé. Pasé una cuerda por mis hombros y puse mis manos en la espalda. Me tire de estómago al suelo, tire mis pies hacia atrás un poco lo que tenso la cuerda de las manos y allí quedé, atrapado en un hogtie bien bueno para ser primera vez. Había puesto música y el cuchillo lo dejé en otro lugar, para arrastrarme hasta poder liberarme.

    Los primeros minutos simplemente me quedé allí, sobando mi pene ente el suelo y mi estómago. Tensado las cuerdas por luchar un poco, sintiendo y escuchando el vibrador.

    Cuando empecé a babear decidí era tiempo de arrastrarme para buscar mi libertad. Cada movimiento se sintió muy rico, el vibrador en el culto, el aplastar mi pene, como mis manos estaban atrás acaricie mis nalgas y las apreté en varias ocasiones. De nuevo estaba esa sensación de indefensión.

    No alcance a llegar al cuchillo cuando me detuve porque iba a acabar. No lo pude contener y fue un orgasmo como no tenía hace tiempo. Finalmente logré llegar al cuchillo, corte las cuerdas, me saqué la venda pero no me quite ni la mordaza ni el vibrador. Empecé a jugar con el en mi ano y a seguir tocándome. Había encontrado al compañero que buscaba, era yo mismo.

    Ya que todo había salido tan bien, me anime a hacer otro reto en días posteriores.

  • Inicio de un matrimonio abierto (5)

    Inicio de un matrimonio abierto (5)

    Después de nuestro primer encuentro con la pareja de Alicia y Gerardo, tuvimos contacto telefónico con ellos, nos dijeron que aún lo estaban asimilando, nuestras esposas se llamaban y platicaban por teléfono al respecto, nosotros también, por nuestra cuenta estábamos claros de lo que habíamos pasado y recordarlo y platicarlo nos excitaba cuando cogíamos, a mí me volaba la cabeza imaginar a mi esposa mamándole la verga y metiéndosela en el culo, a ella le daba morbo imaginarme haciendo un 69 y a Alicia cabalgando montada en mi verga.

    Pasó un mes en el que no tuvimos acercamiento físico solo llamadas, mensajes de whatsapp y algunas videollamadas, en la última de ellas nos mostramos los cuatro y los vimos más receptivos, entonces surgió la cita para el siguiente encuentro, quedamos de vernos en otro fin de semana largo que había un día festivo, en el mes de mayo, quedamos de vernos en el bar de un hotel que se encuentra sobre el periférico a la altura de Tlalnepantla, tienen un bar con un día, Miércoles para solteros y jueves, viernes y sábados para parejas, sin que esto sea una regla, música en vivo y cuenta con acceso directo a la recepción desde el bar para facilitar a las parejas entrar a las habitaciones.

    Entramos y ellos ya nos esperaban, Alicia se veía muy sexy pues llevaba un mini vestido de licra sin brasier y con tanga pues no se notaba en el vestido también se puso pantimedia abierta de la entrepierna, entendí que se habían puesto de acuerdo pues mi esposa también llevaba prenda parecidas solo de diferente color mi esposa de negro y Alicia de rojo, pedimos algunas bebidas yo un vodka tonik, el un ron con coca y ellas unas margaritas, el conjunto musical ya estaba tocando algunas canciones, cumbia, salsa y romántica, el bar a propósito lo mantienen a media luz lo que era bastante conveniente para nosotros, nos paramos a bailar cada quién con su esposa, cuando tocaron romántica cambiamos de esposas morreamos con ellas, les agarramos sus nalgas y sus bubis durante el baile, lo que nos éxito a ambos y ellas no se quedaron atrás también nos agarraron el pene además de sentirlo durante el baile, volvimos a la mesa y nos sentamos intercalados para facilitar las caricias por debajo de la mesa, mi esposa dio un beso de lengua Gerardo y posó su mano en la bragueta tocando su pene, bajó el cierre y metió su mano para tocarlo se veía a Gerardo feliz del tocamiento, yo puse la mano en la pierna de Alicia, subiendo la hasta tocar su tanga, ella me ofreció sus labios lo que aproveché para besarla y poner la otra mano en su nuca, inmediatamente se prendió y me agarró la verga por encima del pantalón, me dijo al oído estoy muy caliente, dile a Gerardo que subamos a la habitación, le pregunté a mi esposa ¿cómo estás? y me dijo estoy que Ardo, me dirigí a Gerardo y le dije ¿Pedimos la habitación?, y me respondió si, solo déjame pagar las bebidas.

    Después de que el mesero nos pasó la cuenta Gerardo dijo yo pago el consumo y tú paga la habitación, pasamos a la recepción del hotel atendía una chica que sonriendo preguntó si los 4 en una habitación y le dijimos que si, nos comentó que el costo es de 600 pesos más 150 por persona extra que serían 900 pesos, le pagué y nos dio la llave quinto piso habitación 14, enfilamos hacia el elevador Gerardo con mi esposa adelante agarrándole las nalgas y ella parándolas más, yo con Alicia también sobando sus nalgas, en el elevador ya estaba otra pareja que venía adelante de nosotros, también le agarraba las nalgas y ella le sobaba la verga, solo sonrieron pero no se inmutaron, siguieron sobándose igual que nosotros, llegamos a la habitación y cerrando la puerta mi esposa y Gerardo se sentaron a la orilla de la cama a seguir fajando, nosotros nos pasamos a un sillón llamado fajodromo, nos llenamos de caricias y besos apasionados, vi a mi esposa que ya le había bajado el pantalón y el bóxer a Gerardo y lo masturbaba mientras seguía besándolo, yo le saque el vestido a Alicia y confirmé que no tenía brasier dejándome disfrutar de chupar y masajear sus pechos arrancándole gemidos de placer, creo que es su punto débil, Gerardo ya estaba desnudo y también le quitó el vestido a mi esposa que paró sus nalgas y se puso delante de él para que se las agarrara, sé que es el punto débil de mi esposa, las dos quedaron en pantimedias abiertas de la entrepierna y la tanga, hice que Alicia se sentará del otro lado de la cama para sacarle la tanga y mamarle su vagina, que para ese momento ya escurrían sus jugos, que sabor tan delicioso, mi esposa ya había cambiado de posición y de rodillas también le daba unas ricas mamadas a la verga de Gerardo que la tenía agarrada de la cabeza para meter y sacar, yo recosté de lado a Alicia y nos acomodamos en perfecto 69, Alicia sabe mamar muy rico, por su parte Gerardo sentó a mi esposa y saco su tanga para mamarle su vagina, la que se vino primero fue mi esposa y después Alicia, después yo eyaculando en la boca de Alicia que no perdonó ni una gota, mi esposa volvió a mamar la verga de Gerardo hasta que lo hizo venir en su boca también, fue tanta leche que salió por la comisura de sus labios, tomamos un descanso para recuperar fuerzas.

    Las mujeres no quisieron limpiarse pues dijeron que querían tener el sabor del semen en sus bocas un rato más,

    Gerardo me preguntó que te ha parecido, le dije Alicia mama muy rico y se mueve muy bien, Gerardo a su vez me dijo tu esposa también sabe mamar muy rico, pero más me gustó de ella que la vez pasada que se lo metí por el ano ¿Crees que se pueda otra vez?, le contesté no depende de mí, si ella quiere adelante.

    Volvimos a acariciarnos para volver a excitarnos, puse a Alicia de perrito que sé que le gusta y la penetré de un solo golpe, con lo lubricada que estaba no hubo problema, mi esposa se puso boca arriba para recibir a Gerardo que también se la dejo ir sin miramientos, así estuvimos cada quien hasta que volvieron a venirse, Gerardo y yo nos reservamos para más tarde, ellas se fueron a limpiar al baño mientras nosotros nos limpiamos en el lavamanos.

    Platicamos un rato y mi esposa dijo se me antoja una doble penetración, me podrán hacer favor señores, Alicia replicó yo nunca he realizado un anal y también me gustaría una doble penetración pues he leído que se siente mucho placer.

    Mi esposa dijo pues manos a la obra, primero que sea Alicia para que estrene su culito, yo le dije a Gerardo, en el potro es más cómodo, yo me pongo abajo y Alicia de frente a mi para que pare la nalga y que tú la estrenes, solo ten cuidado para no lastimarla, mi esposa nos dijo, en mi bolso traigo lubricante anal, y con cara de pícara comentó uno nunca sabe si se va a ofrecer, reímos y nos acomodamos, Alicia se montó en mi clavando mi verga en su vagina, se quedó quieta para que Gerardo se acomodara mi esposa les puso el lubricante a ambos, eso los éxito, Gerardo apunto la cabeza de su verga hacia el ano y poco a poco se la fue introduciendo no sin parar algunas veces por el dolor que sentía Alicia, cuando ya la tuvo adentro Alicia fue tomando su ritmo hasta que su esfínter se adaptó a su nuevo inquilino, entonces fue que empezó a gozar la doble penetración, yo por mi parte también me excitaba sentir a través de la membrana que separa el ano y la vagina el miembro de Gerardo, Alicia se vino varias veces consecutivas pues lo describió como algo que nunca había sentido y le gustó.

    Gerardo y yo tuvimos que hacer un esfuerzo para no eyacular, ya que nos faltaba mi esposa,

    Alicia se bajó del potro y nosotros nos fuimos a lavar para poder coger con mi esposa.

    Le dije a mi esposa prepárate chiquita, vas a tener dos vergas clavadas como a ti te gusta, y me contestó, que ricooo.

    Gerardo me pidió volver a ser el que lo metiera por el culo, le dije que si, así que volvimos a colocarnos igual que con Alicia, antes mi esposa nos dio unas chupadas a los dos tratando de meterse las dos vergas en la boca, nos dejó y lubrico sus dos hoyos y se acomodó para recibir la doble penetración, a mi en lo particular me excita mucho ver cómo se la culean, igual que con Alicia mi esposa se acomodó en mi verga y se agachó para adelante dejando su ano al alcance de Gerardo, el se acercó y le fue más fácil meterlo pues a su esposa ya está más acostumbrada, una vez que los tuvo adentro se empezó a mover y a jadear por el placer que sentía, le vinieron varios orgasmos continuos, y nosotros ya no pudimos aguantar más y también eyaculamos, mi esposa dejo de moverse y se levantó para asearse en el camino al baño dejó un rastro de leche que le salía de vagina y ano.

    Alicia comentó, la próxima vez me toca al último para sentir su leche dentro debe ser excitante,

    Mi esposa que regresaba del sanitario alcanzo a oírla y le dijo, excitante como no te imaginas.

    Nos recostamos los cuatro en la cama y nos estuvimos acariciando, y platicando que nos había parecido, Gerardo dijo que la primera vez que salimos después de salir del hotel sintió una mezcla entre celos y excitación, de pensarlo se le paraba y a Alicia le pasaba lo mismo, por eso dejaron pasar unos días antes de este encuentro, les dijimos que era normal ya que a nosotros nos pasó igual, pero que esto nos ha hecho disfrutar más nuestra sexualidad, tenemos una comunicación abierta y lo mejor es que no tenemos celos, que lo único que si pactamos fue no involucrar sentimiento, solo sexo y nada más.

    Quedamos en llamarnos, ellos nunca han hecho un trío y quieren probar, les dijimos que somos materia dispuesta.

    Nos vestimos y salimos del motel rumbo a casa, cada pareja en su auto.

  • Juego de las llaves (4)

    Juego de las llaves (4)

    Después de unos días de vacaciones, regresamos a la ciudad, donde nos reportamos en el grupo de whatsapp con nuestros amigos, donde Sandra comentó que ya urgía un juego, de ya teníamos varias semanas sin jugar, comentó que quien podía asistir para ponernos de acuerdo a qué hora y donde. Todos aceptamos ir, ella dijo que entonces el sábado nos veíamos en la misma cada que había rentado la vez pasada, ya que no necesitábamos salir de ahí.

    Llegó el fin de semana y yo me estaba cambiando para ir, cuando veo a mi esposa que no se ha cambiado y la veo muy sin ganas de ir.

    Y: alístate que se está haciendo tarde

    E: la verdad no me siento bien para ir

    Y: que tienes, entonces si tú no vas yo tampoco voy

    E: ve tú, no te preocupes estoy bien; sólo me siento un poco mareada y con sueño, pero tú ve, aquí te espero mañana.

    No dijo más, me dio un beso y se fue al cuarto acostar.

    Llegue a la casa donde estaban todos, en cuanto llegue el primero en preguntar por mi mujer fue Juan

    J: hola, vienes solo? Y tú esposa

    Y: si vengo solo, mi esposa se sentía mareada y con sueño, no tenía ganas de venir.

    S: pues ni modo ella se lo pierde, ahora pasen qué les tengo a una invitada, ella es Mariela.

    Ahí estaba Mariela una mujer morena clara, bajita de estatura, delgada, con unas nalgas grandes y unas piernotas que se antojaban mucho, tenía el pelo castaño oscuro, unas tetas chicas pero agradables para chuparlas, estaba muy rica Mariela.

    Sandra dijo que no perdiéramos tiempo y que sacáramos hoy nosotros las llaves y las pusiéramos en el bote, que ahora ellas iban elegir.

    Cuñada alma con Luis

    Mariana con Juan

    Sandra conmigo

    Mariela con Pedro

    Cuñada rosa con Roberto

    Platicamos un rato y después dijo Sandra que nos fuéramos a los cuartos que en la mañana nos veríamos en la sala para ver los videos.

    Nos dirigimos al cuarto, Sandra llevaba un pantalón muy pegado que le hacía remarcar sus tremendas piernas y su gran culo parado, llevaba una blusa de tirantes que elevaban sus tetas, me dijo que me acostara mientras ella se metía al baño así que le hice caso, después de unos minutos ella salió del baño vestida con un atuendo negro y un antifaz, también traía una vara, camino a la cama y me empezó a pegar levemente con la vara, obedece todo lo que te diga, dijo Sandra. Ahora comienza a desvestirte, le hice caso y mientras me desvestía me pego dos veces con la vara, sentía dolor pero a la vez me excitaba, me acosté y ella procedió amarrarme las manos y los pies después colocó una venda en mis ojos y no lograba ver nada, comenzó a besar mi cuerpo y una que otra vez me golpeaba, llegó a mi pene y comenzó a meterlo a su boca y a jugar con él, me levanto las piernas y me dio un beso negro de varios minutos para posteriormente seguir mamando mi pene, luego cambio de posición e hicimos el 69, pude sentir que su vagina estaba un poco velluda, estuvimos un buen tiempo así hasta que los dos tuvimos un orgasmo.

    Ella siguió besándome, hasta que mi pene volvió a cobrar fuerzas, entonces fue que me desató, quería que la penetrara, se puso en 4 y me dijo que le diera de perrito y me dio la vara, golpéame con ella, si te digo más fuerte tu haz caso y así fue comencé a penetrarla lento, después más rápido y ella quería que la golpeara, comencé a darle con la vara en las nalgas ella quería más fuerte y cada vez más fuerte, la vara se le estaba marcando en sus nalgas comenzaban a ponerse rojas ella decía que le diera hasta que en un grito profundo comenzó a decir me vengo me vengooo sigue asii, ahhh, yo deje de moverme ella solo gemía, como no había acabado yo, le dije que se pusiera boca arriba y que me hiciera una rusa, así que coloque mi pene en sus grandes tetas y comencé a tirarle piquetes, logré venirme y gran parte de mi leche cayó en su cara y tetas, por lo que ella comenzó a tomarla con sus manos y meterla en la boca.

    Sandra volvió a taparme los ojos, me amarró las manos y me coloco en 4 me dijo quédate ahí, haré que tengas un orgasmo sensacional, empecé escuchar que algo vibraba, y ella al acercarse tomó mis nalgas las abrió y con un dedo comenzó a estimular mi ano, qué haces le dije, tu tranquilo disfruta el momento, introdujo su dedo, me dolía pero a ella no le importo, después metió dos dedos, ya después de un rato dijo ya estás más que listo, y comencé a sentir por la entrada de mi ano algo puntiagudo y qué vibraba, lo fue introduciendo lento, yo griteee, ella lo dejo dentro sin moverlo cuando vio que ya no gritaba comenzó a meterlo y a sacarlo, mi pené estaba duro ella noto eso y comenzó a masturbarme, estuvo buen rato haciéndome penetración con el vibrador y masturbándome, le dije que ya me vendría, ella me masturbo con gran rapidez y el vibrador lo metía y lo sacaba más rápido, hasta que explote en un orgasmo, yo gritaba y hasta salían gemidos de mi boca.

    S: vez te dije que lo ibas a disfrutar, yo sé que te encanto ese orgasmo.

    Después de eso seguimos culeando toda la noche.

    Nos despertamos y nos dirigimos a la sala donde ya nos esperaban varios jugadores listos para ver los videos. Yo sólo quería ver a la nueva jugadora ya que me llamaba mucho la atención sus hermosas piernas y su gran culo.

    Ella desde que llegó al cuarto no perdió el tiempo y comenzó a tocarle el pene por encima de su pantalón, Pedro le dijo que se pusiera de rodillas y sacó su pene para golpear con él la cabeza de Mariela, ella estaba desesperada por que se lo le metiera a la boca, así que Pedro no perdió tiempo y metió todo su pené a la boca de Mariela, parecía como si ella fuera una experta mamando pene, por qué Pedro estaba disfrutando mucho, Pedro agarraba la cabeza de Mariela y la empujaba hasta el fondo para que Mariela mamara todo, después de un rato él dijo que terminaría, por lo que Mariela mamo más rápido hasta que hizo que Pedro terminara y ella se tragara toda la leche, acto seguido Mariela se puso de perrito y Pedro sin pensarla, le metió su pene en su vagina, Mariela soltó un gemido y este siguió con el mete y saca, le daba de nalgadas y con una mano tocaba sus pequeñas tetas, gritaba como una zorra queriendo que le dieran más duro, Pedro termino y le dejo inundada su vagina de leche, pero no acabo ahí ella quería ser follada por el culo así que le dijo a Pedro que le mamara el culo y qué la penetrara por ahí que quería sentir su leche caliente dentro de su hermoso culo, obviamente Pedro no perdió el tiempo y se dio el gusto de darle hasta para llevar a Mariela…

    Ya después de ver todos los videos y platicar m, me fui a mi casa a ver cómo estaba mi esposa, ella seguía con náuseas y mareos, así que en la semana programamos una cita con el doctor.

    Lo demás se lo cuento en otro relato…