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  • Que sorpresita

    Que sorpresita

    Mi nombre es Analía. Tenía 22 años y estaba sola, había conocido a Iván. Era Cocinero en un restaurante y era más grande que yo. Me lleva 15 años. Es guapo y caballero. Nunca me había pasado nada igual, siempre los chicos me invitaban a salir y lo único que querían era pasar bien y después de unos tragos, unos besos y sexo. Yo no era tan fácil. Llegaba a los besos, tomaba poco y me costaba tener sexo fácilmente con desconocidos. Tenía mucha vergüenza.

    Conocí a Iván y me gustó mucho, era agradable,, tenía buen aliento, no fumaba, tomaba moderadamente y era respetuoso. Hasta hace unos días solo un par de besos y nada más.

    Yo me vestía bien, para salir a mis 22 era flaca buenos pechos, aún estoy orgullosa, estaba bien de caderas y de piernas un poco gruesas por el deporte infantil. Así que usaba pollerías y vestidos cortos camisas con transparencias, cola lees, medias de 3 cuartos o panty medias negras o grises. Zapatos de taco alto o botitas me hacía. Ver alta e interesante como a casi todas las chicas.

    Habíamos salido a comer una vez y a tomar algo a bares otra vez, ya estábamos saliendo se diría oficialmente yo estudiaba arquitectura y el trabajaba todos los días así que poco tiempo para vernos. El celular era carísimo así que poca charla. Eran citas largas cuando le daban descanso o vacaciones.

    Ese sábado habíamos quedado en ir a un Bar. Había varios de moda, pero en este se juntaba gente de diversas edades. Gente grande de 35 a 50 y de 18 a 35, así que música variada y diversos espacios era como un multiespacio con varias partes. Una sola música, había un sector donde estaban los más chicos que saltaban, hacían pogo saltando y bailando, no me gustaba. Luego otro sector de Gante más grande que bailaban normalmente otro de barra para los más tranquilos y el vip que estaba en unos balcones.

    Yo no concurría mucho ahí, eran muy quilomberos los chicos y se sarpaban metiéndote mano y era molesto, mis amigas iban a ese sector así que prefería ir a otros boliches más grandes y diversos.

    Esta vez me puse mi colaless de encaje blanco muy sexi, corpiño del juego era ancho el colaless se me metía todo en la cola y en la cosita se metía un poco se ladeaba porque es carnosa y cuando se humedece se corre y se ladea, me gustaba igual. Me excitaba un poco.

    Me puse una faldita tableada de colegiala medias con liga no liguero, blusita blanca y camperita corta de jean. Me planche el pelo negro y con el flequillo quedaba muy sexi. Tengo un lunar a la derecha que ya les contaré quien se tomó propiedad.

    Salió de su trabajo tarde ya era como la una de la mañana, lo esperaba abajo del edificio y me pasó a buscar en taxi. Fuimos derechito me dijo que estaba preciosa, me encanta lo sexi que estás. Si bien habíamos chapado largo en el porche del edificio y en la escalera lo poco que había pasado era eso.

    Me excito mucho como me miraba, me inquietó, nunca sentí esa excitación, me daba seguridad, creo que ya le hubiera matado a conchasos como diría luego, era muy divertido, reíamos montones.

    Bailaba bien, aparte era divertido y sexi su baile y su conversación. Bailamos mucho y yo empine el Dr. Lemon bien helado con soltura, estábamos en la zona de los grandes y sentía que me miraban mucho. Había dos o tres hombres que me parecieron interesantes y me gustó que me miren.

    Ya empine el segundo trago helado se me adormecía el brazo los hombros, pero era lo único que me gustaba, el margarita frozen también y en Brasil la cashasha frozen bien helada, ya les contaré.

    Nos pusimos en una barrita a descansar y aprovechamos para besarnos un poco. Yo estaba muy excitada. Iván estaba a full, creo que explotaba su pantalón, me encanta como bailas y te mueves estás riquísima me dijo, te gusta le dije, me encanta me contestó. Que te encanta le dije, cómo estás vestida y me metió la mano en la cola, me quedé sorprendida, pero ya estaba relajada así que abrí un poco las piernas y seguimos besándonos con su franela sobre mi colaless que ya estaba empapado y totalmente metido en mi cosita, no le costó nada humedecer sus dedos y meter uno o dos un poco, era hábil con las manos como buen cocinero creo. Jajaja.

    Sigamos bailando le dije y le corté el empalme que parecía terminar medio raro, aparte había algunas miradas raras que estaban muy atentos a nuestros movimientos. Vi que cerca de mi derecha estaba uno de los señores como a dos metros, debe haber estado mirando nuestro toqueteo. Así que me puse nerviosa y le dije a Iván. Seguimos bailando mirábamos los dos al señor que estaba ahí solo parado junto a nuestro lugar había mucha gente así que unos roces y alguna levantada de pollera es posible. Iván me dice está como loco ese señor contigo, que le pasa, seguro vio lo que hicimos, pobre. Y bueno que mire un poco pobre le dije y me gire levanté un poco la pollera que ya era corta. Llegaba justo a los elásticos de las medias. Voy buscar otra bebida me dijo Iván. Vienes o me esperas? Mucho tumulto le dije y me volví al lugar donde estaba el señor que luego sabríamos se llamaba Sergio.

    El señor Sergio me sonrió muy excitado y me saludó, fue muy amable y agradable, bailas bien me dijo estás preciosa, es tu esposo? Me dijo haciendo un ademán con la cabeza señalando la barra. Si le respondí sabiendo y tal vez se dio cuenta que no era verdad. Que suerte tiene. Bailas con migo? Tengo calor y estoy esperando mi trago para refrescarme le dije, tal vez después. Bueno espero.

    Llegó Iván y le conté lo que me dijo el señor, es agradable le dije, al tiempo que empinada como media botella me dijo, te gusta? Es guapo le dije se ve interesante, atractivo.

    Iván me besó se dirigió a mi oído y al tiempo que me metía la mano en mi cosita me preguntaba. Te gustaría conocer al señor ese y que te meta su cosita me dijo frotando mi clítoris yo cerré los ojos y me mordí el labio inferior muy excitada. No se le dije y nerviosa mire que Sergio miraba mi cola que se veía la mano de Iván metida. Me besaba y me metía dedos dos dedos, frotaba todo y me chupaba el cuello. Yo cerraba los ojos, pero recordaba que estaba el señor ahí a dos metros mirando todo.

    El alcohol pudo más y seguí relajada, me encanta me dijo Iván, que te encanta? Le pregunté, meterte mano y chapar así, estás empapadita, que rico me dijo y mordiendo mi oreja suavemente me dijo te gusta?. Si le dije. Que te gusta? Me dijo. Que me toques y besarte. Nos besamos unos dos minutos.

    Apareció Sergio de repente en un relax y nos dijo. Perdón, les puedo invitar al Vip? No sé dijo Iván no conocemos, yo nunca había subido en las pocas veces que fui a ese lugar. Cómo tú quieras me dijo Iván vamos a conocer. Cómo ya sabía Iván que había estado mirando todo me dejaron pasar a mi primero y para mi sorpresa Iván le dio paso a Sergio, quien disfrutaba de mirar mi cola mi colaless metido y corrido por el hábil cocinero me di cuenta eso sí cuando llegue arriba y mire sobre mi hombro, Iván no venía detrás, me dio mucha vergüenza la situación y le reclamé con furia. Hay que dejarle que disfrute mirando me dijiste, yo lo dejé, tarado le dije y me reí.

    No te gusta que el señor te vea me dijo y fuimos detrás de Sergio que nos llevó a un sector más privado aunque estaba lleno de gente no se escucha a tanto la música, era más oscurito. Vino con 2 bebidas de las mías y el con un ron o algo así o Fernet no sé. Se presentó. Soy Sergio nos dijo mucho gusto y empinamos los tragos yo estaba bastante mareada siempre tomo dos como máximo y ya era el cuarto, con el calor se pasaba como agua, pero a los minutos ya estaba en la cabeza y los brazos.

    Me debías un baile me dijo, puedo le dije a Iván, claro mi amor baile, baile me dijo. No sería como Iván, era guapo y de unos 10 años más que Iban creo. Me fue arrinconando y me dijo que estaba muy rica que le encantaba, te puedo dar un beso? No le dije no se puede en otra situación si pero con Iván acá no se puede, eres muy guapo, pero no puedo. Si Iván no tiene problema? No no gracias le dije y me alejé.

    Busque a Iván que estaba en una pared me acerque y lo besé, estaba muy excitada de verdad, vamos le dije, que pasó con, como se llama? Sergio le dije, no me quiso apretar y besar, pucha me dijo Iván besándome, no lo culpo y claro con lo buena que estás me dijo y me besó muy apasionadamente, quieres dejarlo que vea tu culito? me dijo al oído. Cómo quieras le dije y me plegó la pollera consecuentemente en tres vueltas de la cintura me la subió como 10 cm. Ahí ya puede verte. Me dijo. Saca la cola un poco para que vea mejor, nos besábamos nos mordíamos los labios y nos metimos las lenguas. Tenés metida la bombachita? Me dijo al oído. No sé fíjate vos le dije y me separé un poquito de su regazo. Bajo su mano y encontró mi inundación total. Estaba empapada súper excitada y solo sentir su mano ya tuve un orgasmo tremendo. Te gusta? Me dijo. Me encanta le dije. Que te gusta? Me dijo con mordiscos en la oreja. Que me toques, me encanta le dije besándolo y acabando otra vez.

    Te gusta coger? Me dijo mientras pasaba su mano por debajo llegando debajo de la bombacha que era un trapo empapado, hasta mi culo. Me encanta le dije. Al ritmo que me tocaba el culo, yo me movía. Ummm me dijo, te gusta que te hagan la colita? Me preguntó metiendo un dedo bien adentro. Me encanta le dije empujando y moviendo La cadera.

    Iván estaba contra la pared, yo había perdido la vergüenza y la noción de dónde estábamos trataba de facilitar que Iván meta todo, me aferra a su cuello y su hombro y le dejaba mi intimidad todo a su disposición. Sergio había estado a un metro detrás de nosotros tocándose y mirando el show.

    Iván retirando su dedo de mi culo y como agarrándome de mi chichita empapada tocándose y metiendo dos dedos adentro me dice, no te gustaría que Sergio te haga la cola mientras nos besamos y te frotó la chichita? Si le dije sin saber lo que estaba diciendo pero muerta de placer. Tenía la cola salida para atrás. Iván había sacado su mano y besándome con sus dos manos ahora me agarró de las nalgas, abriéndome la cola, yo me puse muy nerviosa. Saque la cola para atrás sin dejar de besar a Iván, cuando sentí que entraba en mi cola un trozo de carne dura y húmeda.

    Era Sergio, me metía su pito grande no me dolía, al contrario sentí el placer inmediatamente, había hecho una sola vez por ahí con un novio, me gustó. Esta vez lo estaba disfrutando de maravilla, Sergio empujaba con fuerza me hacía gemir, empujábamos a Iván que me tocaba con mucha habilidad el clítoris. Trataba de meter un dedo, pero se le complicaba entre mi apertura hacia atrás y la cosa grande de Sergio, entraba y salía toda. En un momento sentí toda adentro y acabé unas dos veces más. La dejó para descansar o para darme placer.

    Que no me la saqué por favor le dije, que me la dejé un ratito más le suplique. Te gusta? Me preguntó. Me e canta le dije. Que te encanta? Me dijo besándome metiendo su lengua a fondo. Coger me encanta. Que te cojan entre varios te gusta? Si me encanta.

    Sergio volvió a menearse yo seguí con los orgasmos, Iván estaba que explotaba. Y vos le dije? Acerco su boca al oído y me dijo me encanta verte coger, es lo más rico verte gozar y tener muchos orgasmos me decía, me mordía la oreja y yo tenía un orgasmo y otro y a cada mordisco y cada empujón de esos 20 cm de carne que entraban en mi cola explotaba sentí la leche se Sergio caliente que explota a en mi cola. Tuve otro orgasmo, la dejó ahí, sentía como palpitaba, en cada latido yo tenía un orgasmo, mi piel como gallina, agotada y creo que sin más alcohol, Sergio retiro su enorme cosa ya muerta y me puso una servilleta que se ve estaba preparado. Se metió el pito en el pantalón. Yo lo miraba de reojo mientras me secaba el chorro que salía de mi cola. Iván me tenía en sus brazos y gire un poco mi cuerpo y Sergio me dijo gracias y me dio un beso con lengua que me hizo tener otro orgasmo. Nos estamos viendo dijo, eres fantástica, gracias le dijo a Iván. Estás bien me preguntó dulcemente, metió su mano y me acomodó la bombacha, voy al baño le dije y me fui a limpiar.

    No entendía bien lo que pasó, antes que Iván y yo tengamos sexo había estado con otro señor desconocido, estaba satisfecha seguí teniendo orgasmos muestras hacia pis y me limpiaba la cola que seguís chorreando leche. Me peine con los dedos me baje la pollera y vi que estaba muy linda. Colorados mis cachetes, me acomode las medias y pensando que ahora le toca a Iván.

    Salí vamos me dijo, fuimos en silencio a casa y me despedí en la puerta, el siguió en el taxi. Su guarida. Cómo la llamaba. Tenía que trabajar temprano y esto ameritaba conversación. Fue el inicio de 23 años de relación llena de placeres. Ya les voy a contar.

    Gracias por leerme.

    Besos

    Analía

  • Sexo en el baño de la fiesta

    Sexo en el baño de la fiesta

    Les contaré una de mis primeras experiencias, y la primera vez que sentí la adrenalina y excitación de que nos encontraran.

    Faltaba una semana para Halloween y por ese entonces yo no solía salir a fiestas a menos que fueran reuniones con mis amigos, pero esta chica (que llamaré Fátima) con la que había estado hablando los últimos días insistía mucho en que fuera a la suya.

    Fátima era una chica dos años menor que yo, delgada, con unas piernas hermosas y unas tetas pequeñas. Cabello pelirrojo y una cara muy hermosa, y en ese tiempo alguien mucho más experimentada sexualmente hablando que yo.

    Luego de bastante insistencia por fin accedí, la fiesta sería en casa de uno de sus amigos y sería de disfraces. Por lo que pasé los próximos días eligiendo qué ponerme. Finalmente decidí disfrazarme de mago, una camisa blanca, pantalón de vestir, una capa y una varita que encontré por ahí.

    La noche de la fiesta llegué a la casa del amigo de Fátima, no soy de conocer gente nueva de una manera rápida, así que en cuanto pude me quedé con ella evitando mucho estar solo.

    Ya pasando unas horas, nos encontrábamos charlando en el sillón de la sala, mientras los demás bailaban y jugaban beer pong nosotros tomábamos tranquilamente. Ella poco a poco se comenzó a acercar más a mi, yo le seguí el juego y le pasé el brazo por encima del hombro.

    Honestamente no quería tener una relación seria, con ella, era una amiga que me caía muy bien pero por alguna razón no pensé que se pudiera fijar en mi, así que tampoco le hice mucho caso. Pero en ese instante, de la mano del alcohol y estar tan cerca de ella me di cuenta de que en verdad tenía ganas de cogérmela.

    Luego de un tiempo corto, ella me empezó a hacer preguntas, que sí tenía novia, que sí me sentía cómodo en la fiesta, hasta que directamente y sin reparos me dijo: tengo ganas de coger.

    En ese instante yo quedé un poco en shock, era obvio que eso era una invitación directa, pero yo no quería cagarla. Le dije:

    M: Estaría genial coger con disfraz.

    F: Sí, debe de ser muy excitante.

    Entonces me arme de valor y le dije:

    M: ¿Qué esperas para que vayamos?

    Ella se levantó y sin contestarme me llevo de la mano hasta las escaleras, mientras íbamos subiendo al segundo piso yo no podía asimilar lo que sucedía.

    No lo mencioné pero ella iba disfrazada de conejita, llevaba un conjunto de leggings de cuero y una blusa negra de encaje, además de sus respectivas orejas.

    Al llegar a una puerta ella la quiso abrir pero tenía seguro por dentro, y se escuchaban gritos desde adentro.

    F: Está ocupada, ¿quieres esperar?

    M: ¿Hay otra opción?

    Lo pensó un momento y me volvió a llevar de la mano hasta otra puerta, la abrió y nos pasamos, era un baño.

    M: No jodas, ¿y si nos descubren?

    F: No importa, todos en esta fiesta saben a lo que vienen, no sería la primera vez.

    A mi la verdad se me hacía muy raro que los de afuera supieran todo lo que pasaba adentro, jamás lo había hecho con tan poca privacidad.

    Pero todos esos pensamientos se fueron cuando de repente Fátima comenzó a besarme, me recargó contra una pared mientras me comía, lo hacía tan bien, me metía la lengua en la boca y hacía cosas maravillosas. Yo le puse las manos en la cadera y poco a poco las fui bajando, tome sus pompis y las apreté.

    Nos comenzamos a besar más apasionadamente, le besaba el cuello, por las orejas hasta que ella puso su mano por encima de mi pantalón y notó que la tenía muy dura.

    Sentir su pequeña mano tocando mi verga me excitó aún más, ella comenzó a desabrochar mi pantalón y me desfajó la camisa, luego se puso de rodillas y me volteó a ver a los ojos.

    F: ¿Me das permiso, papi?

    Sus ojos se veían súper tiernos, una carita de niña buena en un disfraz de putita a punto de hacerme una mamada, no me contuve y de la excitación sólo le pude decir gimiendo que sí.

    Ella comenzó a besar el tronco, yo al tomé del cabello y ella se metió toda mi verga en su boca, hacía movimiento de meter y sacar, no sé cuántas vergas se había comido hasta ese momento, pero su técnica era única, se la comía hasta la garganta, la sacaba toda ensalivada y bajaba a comerme los huevos, movía su lengua por mi glande y lamía de abajo hacia arriba, a los pocos minutos yo me sentía en el cielo, pero la detuve antes de venirme y le dije que le tocaba a ella.

    Se levantó y se bajó los leggings hasta los tobillos, se dio la vuelta pude apreciar esos cachetes hermosos, unas piernas delgadas pero deliciosas, que se abrieron para dejar ver una conchita rosadita.

    Me puse de rodillas y ella se apoyó con el lavabo, comencé a darle besos en las nalgas y le pasé la lengua por en medio, muy superficialmente. Después abrí bien y metí mi cara, con la lengua alcanzaba perfectamente a metérsela en su vagina, me agaché un poco más y comencé a chupar de mil maneras, le pasaba la lengua, le daba besos y succionaba sus chorritos que le salían, ella comenzó a gemir muy fuerte y lejos de preocuparme por qué nos descubrieran, me excitó mucho más y con la otra mano comencé a tocarle su anito.

    F: ¡Métemela papi, hazme gemir mucho, que nos escuchen afuera!

    Se quitó los leggings completamente y se subió de un brinco al lavabo, era un lavabo de azulejo muy resistente y abrió las piernas.

    Yo me puse frente a ella, agarre sus deliciosas piernas y me las subí al hombro, ella se puso en una posición más cómoda y se bajó el brasier, por encima de su blusa podía ver sus ricas tetitas que se transparentaban, luego acomodé mi verga y la fui metiendo poco a poco en su conchita mojada.

    Ella gimió al instante, y yo comencé a bombearla cada vez más rápido, nada sutiles se escuchaban mis huevos rebotando y ella gritaba muy fuerte mientras apretaba sus manos contra el lavabo, sentía sus piernas tensas y aumentaba cada vez más la velocidad, ella se agachó más y ya estaba prácticamente acostada en el lavabo cuando tocan la puerta.

    X: ¿está ocupado?

    Yo no supe que hacer, me detuve de inmediato y justo antes de responder que sí estaba ocupado Fátima dijo en voz alta:

    F: No te detengas, síguele.

    Sólo escuché una carcajada del otro lado de la puerta mientras decía que sí estaba ocupado.

    Seguimos en lo nuestro, cambiamos de posición y se puso de pie mirando al espejo, ahora sentía como sus deliciosas nalguitas que nunca pensé que siquiera llegaría a tocar, hacían ruido al rebotarme en las piernas, le jalé el cabello y le levanté la cara, a través del espejo pude ver su cara, ya no era la cara de una niña inocente, era la cara de una puta disfrutando una buena cogida, metí mis dedos en su boca y ella los chupó.

    A ese punto yo ya me iba a venir, entonces le dije que ya iba a terminar y me dijo:

    F: Échamelos en la boca papi.

    Rápidamente se la saqué y le dije que se pusiera de rodillas, ella se puso frente a mi verga y sacó la lengua, mientras yo terminaba de masturbarme para sacar mi semen. Cuando me vine, no pude apuntarle a su boca, le manché la cara, los ojos, un chorro que le llegó hasta el cabello.

    Esa imagen jamás saldrá de mi cabeza, nuevamente tenía esa mirada de ángel, su cabello rojo hermoso, sus ojos inocentes en ese rostro lleno de mi semen.

    Luego de eso salimos sin mucho reparo en que nos fueran a ver, el resto de la fiesta me sentí más libre y pude conocer más gente con la que aún frecuento, y casi al final conocí a la que sería mi novia por un tiempo y con la que tengo más historias que contar.

  • De crucero con mi suegro

    De crucero con mi suegro

    Mi esposo me habla por teléfono y me dice que su papá estaba en el hospital porque se había caído, me pide ir a acompañarlo al hospital. Cuando llego a hospital, me encuentro a mi esposo en la sala de espera y le pregunto por mi suegro, me dice que se había caído de las escaleras y se había fracturado la muñeca pero como ya tenía una fractura en la clavícula por un accidente anterior va a tener inmovilizada la mano.

    Me dice mi esposo que está preocupado por su papá ya que es una persona de 70 años y se ve cansado por los años que lleva trabajando, ninguno de sus hermanos e incluso los que viven con su papá lo cuidan, pero él no quiere irse a vivir con nosotros, me decía mi esposo que incluso ha pensado ya en el suicidio.

    Yo no sabía qué hacer para que mi esposo no se encontrara triste por su papá, él es el menor de 4 hijos que tuvo mi suegro y a sus 29 años y yo a mis 30 años nos hemos independizado comprando una casa que se encontraba a 10 minutos de las de mi suegro, pero muchas veces por el tiempo no lo visitamos.

    Esa noche ya en nuestra casa y mi suegro en la suya platicamos un momento, le comente a mi esposo que no quería seguirlo viéndolo tan preocupado por mi suegro y que me gustaría hacer algo por él; mi esposo viendo mi cara de tristeza me dice que hay algunas cosas que yo probablemente le puedan ayudar para que su papá pueda recobrar el ánimo de seguir viviendo y me pregunta ¿si estaría de acuerdo en acostarme con su papa? Sorprendida le pregunte que por qué me pedía eso.

    Él me conto que una vez que había invitado a su papá a ver un partido de futbol en nuestra casa, esa noche había llovido mucho, su papá había aceptado quedarse a dormir en la casa, en el cuarto de visitas que está enfrente de nuestra habitación, esa noche hicimos el amor y por descuido yo deje la puerta abierta, en plena acción cuando yo estaba desnuda sobre la cama cabalgando sobre mi esposo por , él se alcanzó a dar cuenta en el espejo que su papá nos estaba viendo y no solo eso sino que se estaba masturbando y al día siguiente le pidió a mi esposo que lo ayudara a arreglar su celular porque creo que se le desconfiguró y mi esposo alcanzo a ver un video en la que me encontraba yo bañándome, en el video aparecía como estaba masturbándome en el baño y jugando con mis pechos.

    Yo me quedé sorprendida al escuchar lo que me decía ya que siempre he considerado a mi suegro como un caballero y nunca me he considerado una belleza, a mis 30 años soy una mujer de 1.60 de altura a comparación de mi suegro que mide 1.75, dedicada a mi trabajo, sin hijos pero que mi mayor atractivo es mi trasero ya que al ser de baja estatura luce muy antojable y no suelo vestir con faldas cortas pero si con pantalones muy pegados.

    Le pregunte a mi esposa con un tono de enfado, pero también de desconcierto por lo que me acababa de decir, cómo se le ocurría que yo me voy a acostar con mi suegro, él me decía que era por su bien y que a lo mejor pueda ayudarlo a subirle el ánimo y ya más calmada le dije que aún falta si mi suegro quiera acostarse con su nuera y en donde seria.

    Mi esposo muy calmado y también excitado me dice que el cumpleaños de mi suegro se acerca el cual es el 20 de diciembre y nosotros teníamos pensado salir a un crucero del 27 de diciembre al 03 de enero para pasar año nuevo y me dice que por qué no en su cumpleaños le damos de regalo un viaje en crucero solo él y su nuera, yo ya excitada acepte.

    Llego el día 19 de diciembre y mi esposo había invitado a mi suegro a dormir en nuestra casa para que al siguiente día le podamos celebrar su cumpleaños, Mi suegro acepto la idea ya que no tenía planes, esa noche mi esposo me hizo el amor dejando la puerta abierta de nuestra habitación y me dice que mi suegro nos está espiando y yo muy excitada gemía más fuerte cada vez que mi esposo me embestía e incluso llegue a gritar que me cogiera como una puta para que mi suegro escuchara, me descubrir toda para que mi suegro viera la mujer que tiene como nuera.

    Al siguiente día nos despertamos muy temprano para prepararle el desayuno a mi suegro, me dice mi esposo que solo me ponga un blusón transparente sin nada de ropa interior, el blusón que me puse era blanco, me llegaba casi al final de mi trasero y si me inclinaba se me podía ver todo lo de abajo, así baje a la cocina a prepararle el desayuno a mi suegro mientras mi esposo subía a la habitación de su papá para decirle que no bajara que nosotros le subíamos el desayuno y se dio cuenta que mi suegro estaba acostado en la cama desnudo y baja rápido para decírmelo y yo ya en la cocina tenía preparado el desayuno para subirlo y desayunar con mi suegro.

    Me adelanto con la charola mientras mi esposo se queda para acomodar los boletos del crucero en una caja de regalo al entrar a su habitación le doy los buenos días a mi suegro dejando la charola a un lado de su cama donde “intencionalmente” se me cae un cubierto y le doy un beso en la mejilla, mi suegro al verme con ese blusón semitransparente se le abrieron los ojos y no supo que decir ya que mis pechos sin el brassier los podía ver a simple vista y yo me di la vuelta para “alzar el cubierto que se había caído” dándole la espalda dejándolo que contemplara mi gran trasero.

    Mi esposo entra a la habitación y me encuentra inclinada alzando el cubierto y a su papa viéndome de manera descarada el trasero y sonríe y solo dice “Feliz cumpleaños papá” yo me incorporo y mi suegro solo nos agradece y mientras hablaba mi suegro con mi esposo yo de forma inocente le quito las sabanas a mi suegro y lo veo todo desnudo, mi suegro inmediatamente se cubre y mi esposo sonriendo le dice que no se apenara que él podía estar desnudo sin vergüenza alguna, yo animándolo le dije que no tuviera vergüenza por mí, que yo también estaba prácticamente desnuda y me alce el blusón mostrándole mi vagina con algo de bello y mi suegro sorprendido no sabía que decir y mi esposo le pregunta a su papá si quería que yo me fuera a poner algo más de ropa para que no se sintiera incómodo y mi suegro le dice que no que así estaba bien.

    Después le digo a mi suegro que como aún estaba un poco mal de su muñeca, si me dejara darle de comer en la boca y mi suegro me dejo, por lo que me puse a su lado y con la cuchara le dama de comer mientras mi esposo le decía que desenvolviera su regalo y le dio una pequeña caja de regalo el cual mi suegro abrió y vio dos boletos para un crucero por el caribe por siete días y mi suegro le dice a mi esposo que qué era eso y mi esposo le dice que le regala un viaje con su nuera en crucero para visitar el caribe y mi suegro le pregunta que porque él no va a ir y le dice que él tiene mucho trabajo y por eso no va a poder ir en eso mi suegro se niega a viajar.

    Mi esposo le dice que es una oportunidad para que él y yo nos conozcamos mejor, para divertirnos y relajarnos; mi suegro le dice que lo pensará, mi esposo le dice que mientras lo piense el plan de hoy es llevarlo de compras y así aprovecha para comprar algo de ropa para el crucero pero antes yo y mi esposo lo vamos a ayudar a bañar y mi suegro sorprendido dice que no que él se puede bañar, yo le digo a mi suegro que recuerde que aún está un poco adolorido de la mano y no puede hacer mucho esfuerzo, que me deje bañarlo, sonriendo le digo, además a lo mejor y en el baño lo logro convencer de ir al crucero con su nuera porque espero que esa verga erecta se haya puesto así por su nuera y no por otra, mi suegro apenado ya no dijo nada.

    Mi esposo ayuda a levantar a mi suegro mientras yo preparo la bañera y mi esposo lo mete al baño y se queda a un lado de la bañera mientras yo empiezo a enjabonar el cuerpo de mi suegro que a sus 70 años luce una figura fuerte por los años de trabajo pero con una cara de cansancio e inocencia y con un pene que quizá por la situación me éxito mucho pero que con el baño se le estaba poniendo flácido y en forma de broma le pregunto a mi suegro que apoco ya se le está bajando la calentura que espero que no pase eso en el crucero porque de ir conmigo todo esto va a ser de usted por esos siete días quitándome el blusón y quedando desnuda frente a mi suegro que se le volvió a poner erecto el pene, aun lado estaba mi esposo que solo estaba viéndonos, me arrodillo y empiezo a mamar su pene erecto haciéndole una de las mejores mamadas que eh hecho en mi vida, hasta que mi suegro se corrió en mi boca y parte de su liquido en mis pechos diciéndole a mi suegro que aún estaba potente le doy un beso en la boca poniéndole sus manos en mis nalgas y terminándolo de bañar.

    Más tarde en las compras le pedí a mi suegro que me ayudara a escoger mis trajes de baño para el crucero y el escogió los más sensuales, después se tuvo que ir porque mis cuñados lo querían llevar a comer y así pasaron los días hasta el día que zarpamos en el crucero.

    El gran día en que zarparíamos mi suegro y yo llego, mi esposo me pidió que cuidara mucho de mi suegro y ese día me vestí con una tanga y brasier negro y un pequeño short que mostrara mi gran trasero y un pequeño top, mi suegro venia vestido con un pantalón de pescador blanco y una camisa igual blanca.

    Nos despedimos de mi esposo encargándome mucho a su papá, entramos al barco y fuimos directamente a registrarnos para que nos puedan dar nuestro camarote. El camarote contaba con una cama matrimonial, baño y balcón donde se podía ver el mar, le pedí a mi suegro que nos bañáramos y saliéramos a caminar para conocer el crucero, me desvestí sin ninguna pena quitándome primero el top y pidiéndole ayuda a mi suegro para quitarme el brasier, él tembloroso me quito el brasier dejando mis pechos al descubierto, yo me quite de forma sensual mi short y mi tanga, quedándome desnuda sin ningún pudor a mi suegro y le pregunte si me acompañaba al baño mientras me dirigía al baño dejando la puerta abierta, mientras me bañaba mi suegro entro con su toalla dejándola caer dejándome ver su firme miembro, lo invito a entrar a la regadera, cuando entra lo abrazo y lo recibo con un beso en la boca mientras su pene toca mi vientre, lo empiezo a enjabonar inclinándome para poder mamar ese pene que procreo a mi esposo, él excitado toma el control poniendo una mano sobre mi cabello dirigiendo los movimientos de mi mamada, después de un rato se viene en mi boca y yo me tomo todo lamiendo todo el tronco de su rico pene y comiéndome sus dos exquisitos testículos, me incorporo a mi suegro y sonriendo le pregunto ¿le gusta lo que su nuera le hace? pero sin decir ninguna palabra me suelta una fuerte nalgada me agarra con su mano mi cabello dándome un profundo beso en la boca, terminamos de bañarnos y nos vestimos para poder pasear en el crucero.

    Los días en el crucero pasaron increíbles, mi suegro de manera desinhibida me cogía por todas partes en nuestro cuarto, le mamaba su pene, me chupaba mis pechos y con sus manos agarraba mis nalgas me besaba y me decía que era su nuera puta, yo me excitaba y me entregaba a él sabiendo que era el padre de su hijo.

    Cuando salíamos a comer o a espacios públicos la gente veía a mi suegro como un sugar daddy porque nos besábamos, a veces me agarraba las nalgas frente a las personas sobre todo a hombres de su misma edad y ellos le sonreían. Yo me vestía con ropa provocativa me ponía bikinis diminutos que mis pechos y nalgas sobresalían.

    El final de nuestro viaje llego y mi suegro se sentía feliz por este viaje y me decía que no quería que terminara, yo le decía que no se preocupara que cuando él quisiera cogerme solamente me llamara y yo iba a su casa o él podía ir a nuestra casa que su hijo lo quiere mucho y yo también y para mí solo mi esposo y mi suegro son mis hombres y yo su puta.

    Cuando llegamos mi esposo nos recibió y me suegro le agradeció a mi esposo el viaje y él lo abrazo, cuando termino de abrazarlo yo bese a mi suegro en la boca frente a mi esposo.

    Continuará…

  • Mi secreto con Rosita (Parte 2)

    Mi secreto con Rosita (Parte 2)

    Y bueno, al otro día regresé a cuidarla y había demasiada tensión sexual en el ambiente, en cuanto sus padres salieron a trabajar me aseguré de que no iban a volver y fui con Rosita, me pare a un costado de ella haciendo que mi pene quedara muy cerca de su cara.

    Y ella perdió su mirada en el bulto que estaba creciendo dentro de mis pantalones. Tomé una de sus manos y la puse sobre mi pene mientras buscaba su boca para besarla apasionadamente, sentí un rico apretón de su suave mano y se dispuso a desabrochar mi pantalón para poder tocarlo.

    Mi pene salió de golpe frente a su cara y con su mano lo tomó firmemente para acercar su boca y comenzar a recorrer con sus labios desde el glande hasta la base y de regreso dándole un lento beso en la punta, beso que le permitió introducir la cabeza dentro de su boca.

    Puse mi mano detrás de su cabeza y la hice introducirse todo mi pene dentro de su boca, pude sentir el calor de su garganta mientras cerraba fuerte sus ojos y la dejé así un momento para luego dejarla liberarse de mi pene y poder respirar mientras le pasaba mi pene a lo largo de sus labios y daba pequeños golpes con él sobre su cara.

    Ambos estábamos disfrutando al máximo de la situación y comencé a tocar su vagina sobre su pantalón para posteriormente abrirme paso a su interior y meter mis dedos dentro de ella, esto excitaba más a Rosita y me la mamaba con más fuerza, era increíblemente adictivo ver como hacía desaparecer con tantas ganas mi pene dentro de su garganta mientras me veía a los ojos.

    Me excite tanto que le avise que me iba a correr, así que Rosita recibió toda mi leche en su boca y yo no dejaba de dedearla, entonces me arrodille y con cuidado bajé su pantalón con todo y calzoncitos hasta sus tobillos y fui besando sus muslos desde las rodillas hasta llegar a su mojada vulva y comencé a mamarle el clítoris, Rosita estaba gozando súper rico, pasaba mi lengua suavemente sobre su vagina hasta su clítoris y de regreso, metía mi lengua y hacia círculos dentro de ella hasta que me agarró de la nuca y me acercó con fuerza hundiéndome en su sexo mientras estallaba en un rico clímax de placer.

    Me quedé haciéndole caricias lentas con mi lengua hasta que poco a poco fue liberando su agarre de mi nuca, le subí el pantalón de nuevo y nos besamos mientras agradecimos el placer mutuo.

    Próximamente la tercera parte.

    Búscame en Skype como: XD17Gabo para hablar y comentar.

  • Familia y pasión (1): Cambios en la rutina familiar

    Familia y pasión (1): Cambios en la rutina familiar

    Hola, soy el autor de esta historia tan extraña que cambió muchas cosas en mi vida. Fue todo muy extraño ya que mi vida sexual es muy normal, o lo era.

    Antes, voy a presentar a los y las protagonistas más constantes de esta historia:

    Primero tenemos a mi madre: Amanda, ella es una mujer morena muy bonita. No es voluptuosa en extremo, pero si tiene un buen cuerpo. Ella hace ejercicio frecuentemente en la mañana y una que otras veces se une a clubes o grupos de ejercicio matutino. Ella es muy entregada al hogar y no es ni tan conservadora, ni tan liberal. En cuanto a la sexualidad, era muy entregada a mi padre, pero eso lo explicaremos en esta historia. Tiene 45 años.

    Después, tenemos a mi padre, Víctor. Un hombre muy caballeroso, divertido y serio cuando se lo propone esto varía de acuerdo a la situación. Es muy entregado al hogar y cae bien a muchos y sobre todo a muchas. Tiene 50 años.

    Es de altura media y es muy fuerte, pues hace ejercicio y trabaja de conductor.

    También tenemos a mi hermana, Andrea. Tiene 20 años y es muy atractiva. Sacó los dotes combinados de mis padres. Aunque no es de pechos grandes, lo compensan sus caderas y su trasero bien formado. Es divertida y sarcástica, pero después de un trabajo de confianza. En general es sería y no se entrega a las personas muy fácilmente.

    Y por supuesto yo, Steven. Tengo 24 años, heredé casi todo de mi padre y soy Moreno por mi madre. Soy muy divertido y me gusta socializar mucho. Me considero buen amigo, aunque también soy de tener humor negro y como todo hombre tengo mi lado pervertido.

    Bueno, conforme vaya contando la historia, voy introduciendo a los personajes más importantes en mi historia.

    Nosotros vivimos en una ciudadela en una ciudad de Colombia; solo vivimos cuatro.

    Mi padre trabaja casi todo el día, así que siempre llega un poco tarde.

    Mi madre trabaja en una fábrica de ropa, sus turnos son algo cortos, así que no es de llegar tan tarde y en mi caso trabajo como digitador en una empresa súper tranquila que tiene que ver con documentos legales. Mi hermana es la única que no está trabajando, ya que con los 3 trabajando es suficiente, ella se dedica a la universidad.

    Todo empezó un día junio bastante normal. Mi padre estaba trabajando y mi madre no había ido a trabajar gracias a su jefe que le dio un día de descanso, coincidiendo con un viernes. Ella siempre que puede hace ejercicio como antes mencioné y ese día era perfecto para eso.

    Al vivir en un conjunto residencial, si sales los vecinos una que otra vez se enteran y al frente había un vecino que recién se había separado de su esposa y vivía con sus dos hijitos pequeños.

    Mi madre había salido a las 6 am y recién estaba llegando después de 3 horas de entrenamiento.

    -Hola vecina- saludó el vecino a mi madre mientras salía del apartamento y ella entraba.

    -Hola vecino, ¿cómo está?- mi madre sabía su situación y le generaba cierta lástima, más sabiendo que muchos miraban su hogar: un esposo ideal, hijos responsables y felicidad. Todo lo contrario al vecino de al frente.

    (Cabe aclarar que al ser un edificio de seis pisos, 4 apartamentos cabían en uno solo, así que teníamos a 3 vecinos viviendo al frente y a nuestro lado)

    -Bien si señora… llevando la situación con calma… – a veces hacía pausas que parecían resignaciones leves, pero su actitud seguía siendo amable – lo importante es no decaer… Por los niños y por uno mismo.

    -Estás en lo cierto, siempre con actitud positiva y si necesita hablar pues aquí estamos los que lo conocemos vecino- mi madre siempre ha sido amable, aunque también le gustan las distancias.

    -Gracias vecina, que tenga feliz día y que descanse del ejercicio -el vecino miraba el abdomen tonificado de mi madre y a medida de que la conversación fluía, más empezaba a detallar que mi madre tenía leggings y que tonificaba su cuerpo muy sensual mente.

    – Haha si vecino, aprovecho a hacer ejercicio cada que puedo, aunque más hoy que no trabajé, pero me gusta ejercitar el cuerpo, por salud, más que todo trotando y haciendo flexiones en la zona de ejercicios del parque… – mientras hablaba giraba un poco su cuerpo remarcando lo dicho sobre el ejercicio.

    El vecino en algún punto se quedó mirando el cuerpo de mi madre y se dio cuenta de esto, así que cortó un poco la conversación.

    -Que bueno vecina, la felicito y pues que bueno que piense en su salud… Bueno me despido porque debo traer lo del desayuno y será un día largo-

    Mi mamá lo miró un poco confusa, pero no reparó en nada, solo se despidió y cada uno tomó su camino.

    Cuando mi mamá cerró la puerta quedó sola, así que prendió el equipo de sonido, puso su música y se dispuso a alistar todo para ir a bañarse.

    En cuanto ella tiene la ducha para sí misma, dura un tiempo considerable y más después de hacer ejercicio, precisamente por esto cuando golpearon a la puerta ella seguía bañándose, así que al oír los golpes tuvo que cerrar la ducha y salir en toalla.

    A ella no le hizo nada de gracia, pero al ver en la mirilla tuvo que cambiar la cara, pues era el vecino de nuevo.

    -Hola vecin… – el saludo del vecino se interrumpió cuando notó que mi madre estaba en toalla, además de que la toalla no era muy grande y marcaba muy bien su cuerpo, pechos y su trasero. Eso sin mencionar que era corta.

    -Hola vecino – saludó mi mamá sin darle importancia a la reacción del hombre- que lo trae de nuevo por aquí?- mi mamá disimulaba un poco el disgusto de que le interrumpiera el relax, pero no dejaba de ser amable.

    -Vecina es que… Le traje este postre… Que pena interrumpir -mi mamá iba a recibir el postre, pero al soltar la toalla esta se desató y casi se cayó del cuerpo de ella, solo que mi madre alcanzó a apretar los brazos y dejar al descubierto solo la parte superior de sus pechos, sin llegar a mostrar los peones.

    -Uy vecina, que pena- él volvió a coger el postre y se sonrojó bastante. – No era mi intención…

    -No se preocupe vecino, fue mi error, siga tranquilo y puede dejar el postre sobre la mesa – mi mamá hablaba mientras sostenía la toalla.

    El hombre entró al apartamento súper apenado y dejó el postre en la mesa de nuestro comedor y cuando se giró, alcanzó a ver un pezón de mi madre cuando se acomodó bien la toalla.

    Hubo unos segundos de silencio que parecían estirarse en ambas mentes.

    -Muchas gracias por el postre veci, no lo esperaba y pues no era necesario tampoco- mi madre siempre ha podido manejar situaciones de presión alivianándolas muy profesionalmente.

    -Fue por la preocupación sobre mi situación vecina, muy pocos se preocupan por uno y más de una manera desinteresada, muchas gracias – iba a estirar su mano como gesto de amabilidad, pero se resignó a último momento recordando la toalla- … y puede llamarme Esteban.

    -Bueno Esteban, puedes llamarme Diana -dijo mi madre sonriendo.

    Esteban salió del apartamento y cerró la puerta tras su salida y mi madre se metió al baño casi de inmediato a continuar su relax. Sin embargo, la situación le había causado una extraña sensación en el estómago que no sentía con alguien que no fuera su marido y de la nada se encontró a sí misma tocándose los labios de la vagina. Sus dedos jugaban con sus labios y ella sólo se miraba, su excitación por un momento le hizo olvidar que la ducha estaba abierta y empezó a masturbarse con los ojos cerrados. Imaginaba lo que hubiera pasado si la toalla se hubiera caído y lo que hubiera hecho Esteban con tal mujer desnuda frente a él. Sus dedos se movían sobre la concha con intensidad y por un segundo se miró la mano. Estaba mojada y no era agua de la regadera. Decidió entonces meterse dos dedos y masturbarse en totalidad. Sus pensamientos querían que Esteban la pudiera mirar y no aguantaba la sensación de perversión que alimentaba la excitación.

    Se le pasó por la mente la pregunta más rara del día – «¿cuando fue la última vez que Esteban tuvo sexo?»- Ciertamente quería saberlo, pero no sólo hacerle la pregunta, quería que Esteban la tomara y que recorriera su cuerpo sin la toalla.

    Los dedos entraban y salían de la concha y ella se apoyaba en la pared. El agua caía y recorría cada parte de su cuerpo y ella movía su pelvis hacia adelante y hacia atrás.

    Se imaginó un giro diferente a la situación de la toalla y al imaginar que Esteban se desnudaba y sacaba su pene, llegó a un intenso orgasmo. Un grito ahogado, la presión de sus dedos en la concha y su cuerpo tensionado la agotaron en un instante. Hacía tiempo que no se masturbaba y ese día, fue de lo más extraño.

    Después de reponerse, terminar de bañarse y salir del baño, mientras se miraba al espejo acomodando su cabello y secándolo, se preguntó a sí misma «¿realmente podría estar con un hombre que no sea mi marido?». No respondió, solo dejó la pregunta en su aire mental y procedió a terminar de arreglarse.

  • Sexo en la comisaria

    Sexo en la comisaria

    Durante unas vacaciones que tomamos con una pareja, tuve un incidente con el auto, donde intervino la policía. 

    Nuestro destino eran las sierras, habíamos recorrido ya varios kilómetros, la tarde caía y necesitábamos hacer un descanso.

    Elegimos una estación de servicio para hacerlo y recargar energías.

    Tomamos un café, recargamos agua y caminamos por el sendero que rodeaba el lugar.

    Al volver a nuestro auto observamos que un móvil policial nos bloqueaba la salida.

    El oficial que lo conducía tomaba un café en el freeshop junto a su compañero.

    Mi pareja, como todo hombre, quiso ir a increparlo. Tenía razón, pero no era la manera de arreglar las cosas.

    Asique le dije que yo iba a arreglar todo y caminé muy seria hacia esos policías que estaban infringiendo la ley y bloqueando nuestro estacionamiento.

    Al llegar a la mesa vi que ambos oficiales eran hermosos, cordobeses y por un segundo recordé un viejo amor que había conocido en mi época de estudiante, pero no creí que fuera posible volver a verlo. Me acerco a ellos y les explico la situación.

    Me escuchaban muy atentos y sonreían muy pícaros.

    -Ustedes están mal estacionados.- dijo uno de ellos.-tendría que hacerles una infracción.-continuo.

    -En serio??? dije sorprendida.- Por favor no nos hagas la multa, aun no llegamos a nuestro destino! suplique.

    _ Tendrá que darme sus datos para averiguación de antecedentes, me increpó el otro oficial.

    Les entregué nuestras identificaciones y al leer mi nombre una sonrisa se escapó de sus labios

    -¿De verdad no te acordás de mí? me dijo.

    Estaba tan nerviosa, que no recordé quién era ese apuesto oficial de policía.

    -Oficial Joaquin Gutierrez, nos comimos la boca cuando viniste un verano con tus amigas. Se presentó.

    Siii… ahora lo recordaba!!

    En uno de los veranos que vacacionamos con mis amigas, una noche salimos a un bar y conocimos unos muchachos que estaban estudiando la carrera de policía. Esa noche era su noche libre y la pasaron junto a nosotras.

    Cuando nos conocimos, con Joaquín, nos gustamos a primera vista. Se acercó a hablar esa noche, con una amplia sonrisa que mostraba sus perlas blancas. Me invitó un trago, acepte una cerveza. Hablábamos muy de cerca, la música era alta y no nos escuchábamos bien, esa proximidad de los rostros, me excito y rodeando su cintura con mis brazos, lo besé.

    Para mi esa noche era solo eso, unos ricos besos con un futuro oficial de policía que era hermoso y besaba súper rico… Besaba con sabor a aventuras y sexo.

    Esa noche, entre tragos y besos me entregué a la pasión. Estábamos entre amigos, en un bar, repleto de juventud, de hormonas en exceso. El ambiente, la música, las ganas de sexo, y ese cordobés hermoso hicieron que pierda la cabeza por unas horas.

    Nos retiramos del bar en un grupo de ocho personas, tres amigas mías, tres amigos de Joaquín, él y yo.

    Fuimos hasta la costanera del río. Amanecía y el momento era mágico.

    Nos ubicamos cerca del agua, sobre unas rocas pequeñas, en el radio de su auto sonaba “lluvia de noviembre” de gun’s roses. Nos recostamos sobre una manta un poco alejados del resto y comenzamos a besarnos.

    Nuestros besos sumaron caricias, queríamos conocer nuestros cuerpos desnudos, estábamos explotados de calentura, pero por su futura profesión debía cuidarse de ser visto en público haciendo cosas privadas.

    Al amanecer me acompañó hasta mi hotel, me besó nuevamente y se retiró. Sin nada más que unos cuantos lindos besos, sin tener piedad de mí, de mi excitación, de mi fiebre corporal.

    Después de esa noche de tanta temperatura corporal necesitaba darme una ducha de agua fría para relajarme y dormir.

    Soñé con él y su lengua recorriendo mi cuerpo, sentía como tocaba mis pechos, recorría con su lengua y sus labios toda mi vagina…

    Al despertar mi ropa interior estaba húmeda y yo aún sentía la excitación en mi cuerpo.

    Esas vacaciones con mis amigas fueron sexualmente muy intensas, aunque no volví a ver a Joaquín. Hasta esa tarde cuando bloqueó la salida de mi auto.

    – Te vi bajar del auto y te reconocí -me dijo, -y se me ocurrió estacionar y comprobar tu identidad- siguió a modo de confesión.

    Yo estaba tan nerviosa por la situación que mis piernas temblaban, pero al escuchar su plan de reconocimiento empezó a instalarse en mi cabeza la loca fantasía de tener sexo con aquel muchacho que se había cruzado en mi camino nuevamente.

    Mi pareja, al observar toda la situación, se acerca hasta nosotros y escucha:

    -Oficial Gutierrez, me van a tener que acompañar.

    Aunque yo sabía que no estábamos en problemas, no entendía bien para que teníamos que ir hasta la comisaría del lugar.

    Discusión de por medio entre los hombres, llegamos al destacamento, firmamos unos papeles que justificaban nuestro paso por la sede, y me excite.

    Estaba junto a dos hombres hermosos, uno de ellos vestido de policía, era un buen policía, y el otro era mi pareja al que le gustaba mucho hacer tríos sexuales.

    Ante esa situación, mire a mi oficial, comencé a sonreír y como aquella noche en el bar rodee su cintura con mis manos y lo bese. Mi pareja sorprendida preguntó si nos conocíamos, entre besos y caricias le contamos nuestra fugaz historia.

    Toda esta historia me erotizaba mucho.

    Tome a ambos de sus manos y nos dirigimos hasta una oficina en la parte trasera del edificio.

    Le pedí a Joaquín que me esposara mientras mi chico mordía mi boca y desabrochaba mi camisa.

    Ellos me querían desnuda, yo los quería vestidos.

    Le pedí a mi chico que me cogiera el culo, mientras el oficial de policía le ofrecía su pene a mi boca.

    Mi pequeño cuerpo ardía entre esos dos hombres.

    Joaquín mordió mis hombros, mis pezones, mi vientre, saboreando mi cuerpo.

    Mi pareja me practico el mejor sexo oral, haciendo que mis piernas temblaran por segunda vez en el día. Yo era un volcán en erupción, dilatada, humedecida y extasiada, nuestros cuerpos hervían de pasión.

    Siempre había tenido la fantasía de ser esposada por un atractivo oficial de policía, y que con su uniforme azul, y su actitud de malo me hiciera el amor.

    Joaquín cumplió mi fantasía y mi pareja me practicó el mejor sexo oral de la historia.

    Yo siempre estoy en busca de nuevas fantasías para cumplir.

  • Placer virtual

    Placer virtual

    Hola, tengo 19 años, últimamente no estoy viendo a mi novio, así que comencé a chatear con varios chicos por Instagram, pero hay un chico en especial con el cual estuvimos intercambiando mensajes por días.

    Un día, yo estaba muy ebria, así que decidí conversar con él, debo confesar que soy muy hot, a veces me da calenturas, ya bueno así que le comencé a enviar mensajes subidos de tono, él no sabía que yo tenía novio, y yo tenía unas ganas de tener sexo, le dije al chico que si podíamos hacer una videollamada para conocerlo y platicar, él aceptó, yo estaba con un vestido pegado que resaltaba mi figura, él estaba acostado, yo soy nerviosa, pero en ese momento se fue, él me dijo que bella que estas, yo me paré y me di una vuelta para que vea mi cuerpo, le pregunté si le gustó, me dijo que sí.

    Luego le confesé que estaba caliente, y quería un poco de placer, así que sin preguntarle me quité el vestido, me comencé a tocar, traje mi vibrador y el veía como estaba excitada, él estaba callado.

    Se comenzó a desnudar también, y vi su pene súper duro, le dije «no me quieres meter ese pene papi”?

    Él: Si mi amor, quiero meterte toda.

    Así que nos comenzamos a masturbar, mientras nos decíamos cosas sucias, hasta que tuve un orgasmo.

    En ese momento yo corté la videollamada por error. La cosa es que él se molestó porque él no logró venirse.

    Hay segunda parte, si quieren que lo cuente, díganlo en los comentarios, gracias por su tiempo.

  • Silvia (Segunda parte)

    Silvia (Segunda parte)

    Domingo, muy temprano.

    -M. ¿Has dormido bien?

    -S. Muy bien, ¿y tú?

    -M. He estado un par de horas despierta…

    -S. Dándole vueltas a lo de ayer, ¿no?

    -M. Bueno… un poco, me da miedo que se desvanezca esta especie de encantamiento en el que vivimos desde el viernes.

    -S. ¿Encantamiento? Que peliculera eres.

    -M. Llámalo cómo quieras. Me refiero a que todo ha sido demasiado fácil, tan… no sé, hemos…, como decís los jóvenes, conectado tan fácilmente.

    -S. Mamá, es tan sencillo como que, cuando dos quieren hacer algo, lo hacen y punto. ¿Sabes?, tenías razón ayer cuando decías que la edad es muy importante, pero yo estoy al borde de los treinta y sé muy bien lo que hago, ya sé que lo que hemos hecho es algo inimaginable para mucha gente, pero solo nos incumbe a nosotras.

    -M. ¿Seguro que no lo hiciste por hacerme un favor?

    -S. Lo que yo quiero es hacerte muchos favores como el de ayer.

    -M. Silvia, lo digo en serio, no te lo tomes a broma. Necesito saber qué piensas, que sientes…

    -S. Mami, siento que estoy viva, que me das mucho morbo, que es una palabra que ni siquiera sé muy bien lo que significa, pero tu seguro que me entiendes. ¿Cuál es el problema?

    -M. ¡Caray Silvia! No te enfades. Ojalá tuviese yo las cosas tan claras.

    -S. No me enfado mamá, haces bien en compartir tus dudas conmigo y yo te aclaro todo lo que quieras.

    -M. Es que no sé si tengo derecho a preguntarte según qué cosas, además así, recién despertada.

    -S. Claro que lo tienes, tu pregunta lo que quieras.

    -M. Es que no entiendo… olvidémonos de que soy tu madre, ¿vale?, no entiendo como una chica como tú, joven y casada, heterosexual, de repente se acuesta con una señora mayor…

    -S. ¿Señora mayor? Pero mamá, ¿tú te has mirado al espejo últimamente? Si eres el vicio hecho hembra.

    -M. No seas hortera…

    -S. (Un poco alterada pero no enfadada) ¿A ver si lo que quieres realmente es que te regale los oídos? Mamá, estás de miedo, el que de verdad debería temer perderte es papa a ti y no al revés, no sé, serán tus genes porque ni haces deporte ni te pasas el día poniéndote cremas ni te has operado, pero, desde siempre he visto con que ojos te miran los hombres por la calle y hasta a veces te tenía envidia. Jo, mamá, es que, con una madre como tú, que yo caiga en el incesto está más que justificado y déjame decirte, aunque me da mucha vergüenza, que lo de heterosexual tampoco era así del todo.

    (Larga pausa)

    -M. Perdona. No te enfades, pero explícame eso.

    -S. Pues que aparte de ser tan guapa, no sé, tu cuerpo tiene unas formas que no dejan indiferente ni a tu hija, fíjate tú, creo que son esas caderas que tienes y esa forma de andar tan particular, con las piernas un poco abiertas. ¿Sabes lo que me dijo una vez el atrevido de Raúl?

    -M. Yo te preguntaba por lo de que no eres heterosexual del todo, pero ya puestas continúa.

    -S. Pues ya sabes que tú le gustabas mucho, la de pajas que se haría pensando en ti. Pues yo tendría veinte años más o menos, así que él no era más que un chaval, y se pasaba el día intentando ligar conmigo, el muy atrevido, y un día me suelta que por tu manera de andar parecía que te habías pasado toda la noche follando sin parar hasta no poder ni caminar bien.

    (Nos reímos a carcajadas)

    -M. Pobrecito, si es muy buen chaval.

    -S. Pues se llevó un guantazo, por imbécil y por tener razón. Porque en el fondo tenía razón.

    -M. (protestando) Yo no camino como si hubiese estado follando toda la noche. Además, por follar no se anda mal.

    -S. Si ya lo sé mamá, pero en el fondo tenía razón, es algo sutil que sugiere tu forma de moverte, te hace muy especial y nunca vas a poder evitarlo, ese día me enfadé al saber que no era yo la única que lo había notado.

    -M. Bueno, pues ya está, acepto que camino de una forma muy sugerente, pero aclárame lo de antes.

    -S. Pero date la vuelta que me da vergüenza y así te acaricio el culo.

    -M. ¿A estas alturas te da vergüenza?

    -S. Tú flexiona la pierna. ¡Jo mama, es que ayer ya quería hablarte de esto, pero no es fácil! Bueno, ¡ayer! Me hubiese gustado poder hablar de esto con alguien hace mucho pero ya verás que no hubiese sido fácil.

    Apenas serían las ocho y casi no se veía nada en mi habitación con la luz apagada. La calefacción mantenía la temperatura a unos dieciocho grados, pero por el ruido del viento se intuía que fuera el día invitaba a quedarse en cama. Entre las sábanas Silvia se pegaba a mi espalda, su boca jugaba con mi cuello y mi oreja, y su mano izquierda, suavemente recorría despacito todo el contorno de mis glúteos.

    -M. Caray, vas tan despacito que pareciera que lo tengo enorme.

    -S. ¡Es que lo tienes enorme! Lleva su tiempo rodearlo. Es una suerte, porque si no, no me hubieses seducido.

    -M. Vale, gracias, no sé si alegrarme o deprimirme.

    -S. Habla bajito por favor. Me gusta y me da menos vergüenza.

    -M. (casi susurrando) Perdona. Pero, ¿no habíamos quedado en que no había nada de qué avergonzarse?

    -S. No por lo nuestro mamá, es por lo que has dicho de ser hetero y también por lo del tamaño del culo, ¡vaya coincidencia!

    -M. Entonces no eres, digamos… quiero decir, no…, ¿no soy la primera?

    -S. Si que lo eres, pero… (larga pausa) ¿te acuerdas de Rosaura?

    -M. Claro que me acuerdo, ¿cómo no me voy a acordar? Si, la muy… fuisteis amigas un montón de tiempo y de repente te mandó a paseo, a mi incluso dejó de saludarme.

    -S. Me gusta que me defiendas mamá, pero en realidad no fue del todo así, en el fondo, ella podría haberme hecho mucho daño y, al final, que dejase de hablarnos fue lo mínimo que podría haber hecho.

    -M. No estoy entendiendo nada y además Rosaura tiene un buen culo, pero no grande.

    -S. Ves cómo después de este fin de semana vamos a querernos más y ser mejores amigas que antes, el viernes no me habría atrevido a contarte esto.

    -M. Silvia, me estás asustando, ¿qué ocurrió?

    -S. Rosaura no lo tiene grande pero su madre sí. Me pilló en el baño con las bragas de su madre, oliéndolas, y… bueno, pasándoles la lengua por la zona del coño.

    -M. La virgen… caray, ¿y cuando fue eso?

    -S. Uff, pues… empecé a ir mucho por su casa cuando yo estaba en segundo de carrera y ella en primero, ya sabes, para echarle una mano, y eso ocurrió un año después o así, muy poco antes de lo de Pedro.

    -M. Silvia, ¿por qué no me contaste nada? Supongo que lo pasarías fatal, temiéndote que Rosaura lo fuese contando por ahí…

    -S. Bueno, sí, lo pasé mal, pero no me arrepiento, que me quiten lo bailao. Rosaura no es mala chica mami, hace un par de años charlamos diez minutos en el súper y, en el fondo, creo que estaba celosa.

    -M. ¿Quieres decir que había algo entre ellas?

    -S. (dudando) Es que no sé… Cuando yo empecé a ir por su casa llevaban ya mucho tiempo viviendo solas. Tenían una relación muy estrecha, se adoraban…

    -M. Si, el padre se fue de casa cuando Rosaura era muy pequeña, pobrecita.

    -S. Pues eso, que la madre en casa vestía de una manera que, claro hizo que yo no pudiese evitar fijarme en ella, pero bueno, estaba en su casa, tenía todo el derecho.

    -M. ¿De qué manera?

    -S. ¿Quieres que pase al coñito o sigo acariciándote solo el culo?

    -M. Sigue así, después del susto estoy en la gloria.

    -S. Oh, lo tienes tan suave. Mami, me da muchísima vergüenza contarte esto, pero al mismo tiempo me apetece, me ocurre como con lo del caballo.

    -M. No tengas miedo, te entiendo y si quieres lo dejamos, aunque me voy a quedar con la curiosidad o quizás me voy a imaginar algo mucho peor de lo que realmente sucedió.

    -S. Quizás sí, pero lo que no te imaginarias nunca es lo enganchada que llegué a estar de esa mujer.

    -M. (riéndome para quitarle importancia, pero yo estaba excitada y preocupada a la vez) ¡Ay, que celos! Venga no te enrolles y ve al grano.

    -S. Es que Milagros, si la ves por la calle, va siempre, no sé…

    -M. Si, discretita, creo que nunca la he visto en minifalda, ni siquiera un vestido un poco abierto ni nada.

    -S. Exacto, siempre con sus faldas por debajo de la rodilla, el pelo recogido, nada de maquillaje, la perfecta ama de casa, la madre perfecta, incapaz de llamar la atención lo más mínimo.

    -M. Bueno, tanto como eso… ese culazo que tiene y ese pecho no pasan desapercibidos…

    -S. Ya, pero ella en la calle no hace ostentación de ellos, más bien lo contrario, pero en casa, era al revés, es que cada vez que iba por allí, sabía que me esperaba una exhibición mamá.

    -M. ¿Que se ponía?

    -S. Pues al principio simplemente estaba guapa, quiero decir que por ejemplo un día se puso unos shorts cortísimos, y claro, no pude evitar fijarme en sus piernas, ¡tiene unos muslazos mamá!, no está gorda, pero muslos y culo van a juego con las tetas que tiene. Dios, lo estoy recordando para ti y me estoy poniendo cachondísima.

    -M. Y yo, déjame por favor que me dé la vuelta, hazme una paja por favor o dos o tres, hasta que me duela.

    -S. Venga, pero no me mires. Ostras mamá, ¿te has puesto aceite en el coño?

    -M. Tu sigue hablando y verás como necesitamos cambiar las sabanas.

    Quiero mucho a mi familia, pero, por mí, el mundo podría haberse parado en ese momento. Acurrucadas en cama, y con Silvia besándome el cuello, sus pechos sobre mí y su mano izquierda amasando mi almeja como solo una mujer sabe hacerlo, ¿qué más podía pedir? Pues en el fondo lo que más me excitaba era su vocecilla en mi oreja susurrando entre profundas respiraciones.

    -S. Estás tan caliente que no se si voy a poder tocarte sin que te corras al instante. Pero bueno, seguiré contándote. El caso es que empecé a ir por su casa dos o tres noches por semana, te acordarás que llegaba tarde a casa, a Rosaura le venía muy bien mi ayuda al estar yo en segundo y ella en primero. Un día me quedé de piedra al ver que ellas cenaban en pantys.

    -M. ¿En pantys? ¿No serían mallas?

    -S. Mamá, se distinguir unos pantys de unas mallas.

    -M. Perdón, sigue sigue.

    -S. Pues supongo que me puse toda roja, pero para ellas era habitual, Milagros solía llevar unos blancos, que le transparentaban todo el culo, porque encima le quedaban bastante justos.

    -M. ¿Y debajo?

    -S. Mamá, nada, nada de nada. Por delante el coño solo se le intuía porque el tejido era más tupido, se notaba que lo llevaba depilado por todo menos en los labios, como nosotras o incluso más y en el centro los pelillos se le salían un poco por el nylon.

    -M. Joder, menudo panorama. ¿Y el torso?

    -S. Pues normalmente una camiseta o una blusa, pero a veces había premio y no llevaba sujetador y claro, yo no era capaz de mirarla a los ojos cuando me hablaba. El caso es que poco a poco me fui acostumbrando y un día Mila me dijo que si quería me quitase yo la falda que estaría más cómoda, y tenía razón, solíamos pasarnos la noche las tres luciendo piernas y culo por toda la casa.

    -M. Qué suerte, me muero de envidia.

    -S. ¿No estás celosa?

    -M. ¡Qué va! Lo que estoy es a punto de correrme. Me siento flotar. Dame un beso.

    Me moría de ganas de saber más de aquel episodio de la vida de mi hija, pero mientras me besaba acerqué mi mano a mi coño y Silvia bajó la suya hasta mi ojete para clavarme un dedo que entró con toda facilidad de lo relajada y húmeda que yo estaba. Empecé a chillar como una posesa, no sé muy bien por qué, quizás para mostrarle a Silvia el mucho placer que obtenía con ella, pero eran unos gritos sinceros y honestos, toda esa explosión que salía disparada de mi coño hacia los rincones de mi cuerpo resonaba en mi garganta mientras mis caderas subían y bajaban sísmicamente hasta rendirme y empezar a pensar ya en el siguiente orgasmo.

    -S. ¿Te ha gustado? ¡A mí no me finjas los orgasmos eh!

    -M. Hija, que no tengo fuerzas ni para reírme. Me ha encantado. Veo que te lo pasabas muy bien con ellas. Estoy alucinando con la modosita de Milagros. Pero ahora te toca a ti. ¿Como está ese coñito delicioso? Uff, como el mío o peor. ¿Quieres algo especial?

    -S. No, masajéamelo, despacio, sin prisa.

    -M. ¿Te hacías muchas pajas pensando en ellas?

    -S. ¿Tú que crees? Es que lo que no puedo explicarte es el ambiente que había allí mamá, no sé, me gustaba mucho Milagros, pero me daba mucho morbo la casa en sí, ellas dos viviendo solas allí, medio desnudas, con la calefacción siempre a tope. Acabé haciéndome una paja en su baño casi todos los días que iba por allí, estaba tan excitada que me daba igual lo que pensasen de mi por meterme diez minutos en el baño todos los días, cogía las bragas de Milagros del cesto de la ropa sucia y me corría aspirando su olor lo más profundo que podía.

    -M. ¿Y nunca cogías las de Rosaura?

    -S. Alguna vez, pero prefería las de su madre. ¿Sabes qué? Rosaura es muy guapa también, pero tendría dieciocho o diecinueve años y un cuerpo perfecto, sin una arruga ni un solo defecto, era como un cuadro, no me hacía efecto, en cambio su madre, estando buenísima tenía ya unos cuarenta, sus buenos kilitos, su culo exagerado, aunque precioso, sus tetas caídas, ¿entiendes? Además mami, es que era tan buena conmigo, tan amable y cariñosa, pero una amabilidad realmente sincera sin nada de nada de falsedad, era como un ángel y un demonio al mismo tiempo porque ese carácter en un cuerpo como el suyo lo hacía todavía más apetitoso, solo pensar en su cara y sus labios ya me ponía más que la polla del chico más guapo de la universidad, y eso que a mí una buena polla me encanta, supongo que hay confianza y te lo puedo decir.

    -M. Claro que puedes, ¿voy bien así?

    -S. De maravilla. Pues… que ya ves que de heterosexual nada. Como dicen los hombres me mataba a pajas. Me metía en mi cama todas las noches y siempre caía una o dos.

    -M. Caray, nunca me lo habría imaginado. No quiero cortarte cariño, pero cuando te corras me cuentas como acabó aquello, ¿de acuerdo?

    -S. Joder mamá, es que aún no te he contado lo mejor. Recuerdas que ayer te pregunté si conocías algún caso así, como nosotras.

    -M. Claro que lo recuerdo.

    -S. Es que tenía ya ganas de comentártelo, pero luego me arrepentí.

    -M. ¿Pero tú crees que ellas…?

    -S. No lo sé, pero… quizás, yo te lo cuento y tu misma sacas tus conclusiones. Ahora viene lo que más me avergüenza, pero me empiezas a poner tan cachonda que o te lo cuento ahora o nunca. Acercarme tu pezón y te lo chupo mientras te cuento o te lo acaricio.

    -M. No tengas miedo.

    -S. Pues, sabes que ellas viven en el segundo piso de la casa encima de sus tíos, pues por aquel tiempo su tío ya estaba prejubilado de la Caja de Ahorros y se pasaban casi todo el año fuera, en el pueblo.

    -M. ¿No vive nadie más en el edificio?

    -S. No, son sólo dos pisos, muy grandes y, bueno, unos pequeños trasteros abuhardillados encima del segundo. Entonces, como cada noche tenían que bajar a cerrar el portal cuando yo me iba un día Milagros me dio una llave para que cerrase yo y me la quedase, y bueno, creo que ya la primera noche que bajé yo sola tuve la tentación de fingir que me iba, pero subir a los trasteros para observarlas desde la ventana de uno de ellos. Sabía que no los cerraban con llave porque un día subí con Rosaura a ayudarle a bajar una bombona de butano.

    La mejor actriz del mundo no me habría hecho sentir el morbo y la tensión que Silvia me producía con su voz lenta y entrecortada por los jadeos y las tremendas chupadas y mordiscos que me daba en los pezones mientras yo, con mi torso medio incorporado, recorría su coño con las yemas de mis dedos. Acabó agarrando uno de mis pechos con sus dos manos y llevándose el pezón a la boca entre frase y frase.

    -S. Es que, de lo que ocurrió a partir de ahí mamá, podría contarte mil cosas, a cada cual más extraña. Bueno, yo, las primeras veces que en vez de irme golpeaba un poco el portal y subía con cuidado a los trasteros, creía que se me salía el corazón del pecho, pero, tras dos o tres días ya me fui tranquilizando al ver que era muy improbable que me pillaran.

    -M. ¿Y veías bien desde el trastero?

    -M. Si, muy bien porque hay como un pequeño patio interior y me acomodada en una silla vieja junto a una pequeña ventana del trastero y al estar un piso por encima podía ver perfectamente a través de las ventanas interiores de la cocina, el salón y la habitación de Rosaura, lo que no podía ver era la de Milagros y bueno, el baño que quedaba debajo. Además, nunca corrían las cortinas.

    -M. ¿Y te masturbabas?

    -S. Jo mamá, ¿que si me masturbaba?, los primeros días no vi nada especial, pero solo la excitación de estar allí escondida, espiándolas, sin ser vista… Uff, tenía unas corridas de miedo, pero pronto descubrí que el día bueno era el viernes.

    -M. ¿Se iban más tarde a dormir?

    -S. Claro y además al irme yo, como aún iban a tardar un rato en irse a la cama, se cambiaban y se ponían unos pantys negros rotos.

    -M. ¿Como unos pantys rotos?

    -M. Si, Milagros normalmente ya te dije que llevaba unos blancos pero de repente el primer viernes que las espié la vi aparecer con unos pantys negros llenos de carreras, yo le he dado muchas vueltas estos años y no le he encontrado una explicación pero en aquel momento me daba igual, me la comía con los ojos y le daba a mi coño sin compasión, me la imaginaba tan modosita por la calle, tan vestida de madre de familia y al mismo tiempo la tenía frente a mí, en el salón, y parecía una loba, con el pelo suelto, una camiseta, sin sujetador, con las tetas moviéndose juguetonas al andar o hacer algún movimiento y los pantis medio destrozados. Recuerdo que me corrí la primera vez viéndola mientras ella, en la cocina, metía los platos en el lavavajillas, con el culo en pompa, lo tiene enorme mamá pero en esa posición era como un círculo perfecto, me imaginaba llenándoselo de aceite y magreándoselo hasta matarla de placer, me volví una bruta porque siempre que estaba a punto de correrme se me venían a la cabeza cosas como mearme sobre ella o ponerla de rodillas y pasearla conmigo con una correa como si fuese una perra. La verdad es que, ya te digo que se me fue la cabeza completamente.

    -M. Pero que hacían, ¿se cambiaban y punto?

    -S. Pues sí, hasta unas semanas más tarde no hicieron nada especial, lo de los pantys se repitió varias noches, pero no, nada especial, podía verlas sentadas en el sofá viendo un rato la tele, pero nada más, a veces se entrecruzaban sus piernas para estar más cómodas y claro, a mí me encantaba observarlas en el sofá con los muslos de Rosaura atrapados entre los de su madre, a veces se los acariciaban mutuamente pero nada que me pareciese extraño. Yo me lo pasaba muy bien, de todos modos, me hice adicta a aquella ventana, llegué a enchufar un calefactor que había por allí para estar calentita y llevaba conmigo papel por si el cristal se empañaba. Sus ventanas estaban siempre secas porque tenían un deshumidificador en el salón y otro en un pasillo entre las habitaciones, ¡si es que no me faltaba de nada! Dame un poco más despacio porfa que si me corro ya no voy a ser capaz de contarte el final.

    -M. ¡Entonces paro! Ahora no me vas a dejar a medias.

    -S. Que no tonta… Tu sigue así, si solo me tocas la entrada no me corro.

    -M. ¿Y qué fue lo que decías que ocurrió unas semanas después?

    -S. Te juro que lo que te cuento ocurrió tal que así, pero yo misma en los días siguientes me preguntaba si lo había soñado.

    -M. ¿Las viste enrollarse?

    -S. Dímelo tú, a lo mejor tienes una explicación que yo no supe ver. Un viernes subí como siempre y tardé un rato en poner el calefactor y quitarme los pantys y el tanga para tocarme cómodamente. Para cuando estaba lista y me asomé a mi ventana las vi en la habitación de Rosaura. Milagros estaba completamente desnuda, el corazón se me puso a cien, era la primera vez que la veía así, la vi dos o tres segundos y salió hacia el pasillo, me maldecí por haberme entretenido, pero volvió en un minuto con un bote de esos grandes de crema hidratante y Rosaura apareció desde el lado de la habitación que yo no veía.

    -M. Y Rosaura, ¿cómo iba?

    -S. Rosaura llevaba unas mallas negras, pero sin nada arriba, con las tetas al aire… Entonces Milagros se puso detrás de ella y empezó a darle crema en las tetas, despacísimo, podía habérsela puesto frente a ella, pero no, se pegó a su espalda y como abrazándola por detrás se las magreo más de diez minutos.

    -M. Joder, que suerte Silvia, pocas personas habrán visto algo así, lo de madre hija debe ser el tabú más tabú que existe.

    -S. Que nos lo digan a nosotras.

    -M. Pero ¿se las veía disfrutando?

    -S. (dudando sobre las palabras que mejor pudiesen transmitirme su experiencia) Creo que sí mami, Rosaura movía un poco las caderas, ¿sabes cómo te digo?, como bailando suavemente, casi inconscientemente mientras su madre sobaba y sobaba sus tetas, estaban casi de espaldas a mí y no podía ver sus caras, pero Milagros tenía sus tetones pegados a la espalda de Rosaura. Por lo demás su madre no hizo más que sobarle las tetas, le puso crema, yo qué sé… cinco o seis veces, no le tocó nada más que yo viese, yo de todos modos estaba pendiente de Milagros, la veía por detrás con ese culo que tanto me gustaba y, sobre todo, estar completamente desnuda era algo mucho mejor que todas las pajas en las que yo me la había imaginado. En ese momento lo del tabú que dices tú no era lo que más me excitaba, lo que me ponía a cien era la desnudez de Milagros.

    -M. Tenía que estar muy buena a los cuarenta, aún lo está ahora con cincuenta.

    -S. ¿Sabes que me ponía cachonda y me sorprendí a mí misma?, su espalda, me encantó, tenía como unos pliegues en la espalda que me di cuenta que los producían el par de tetas que tiene…

    -M. Si, eso lo tenéis todas las que habéis tenido la suerte de tener un buen par.

    -S. Ya, pero seguro que los míos no son así, tan marcados. Jo, mamá tú estás de miedo, no te pongas celosa, aquello era una obsesión…

    -M. No seas tonta, continúa.

    -S. Me corrí cuando creía que el espectáculo se acababa, fue el mejor orgasmo que había tenido hasta ese momento. Mejor que con ningún chico, pero aún me gustó mucho más cuando Rosaura agarró la crema y se puso manos a la obra de hidratar las tetas de su madre, joder mamá… claro, la verdad es que Rosaura no le hizo nada a su madre que esta no le hiciese a ella, pero claro, el cuerpo de Milagros es otra cosa, para rodearla sí que necesitaba pegarse de verdad a su espalda y, aunque empezó dándole crema en las dos tetas a la vez, luego, si quería embadurnárselas bien, tenía que ponerse a su lado y agarrarlas de una en una con las dos manos.

    -M. Caray Silvia, porque tengo mi juguete tan sensible que, si no, me hacía otra, pero es que no puede ni tocármelo.

    -S. Jo, lo mismo me pasaba a mí ese día, acababa de correrme, pero de todos modos me quedé embobada mirándolas, no quería perderme detalle, además, Rosaura, que llevaba la iniciativa, algo que también me sorprendió, obligó a su madre a girarse y entonces pude verla mucho mejor. Milagros medio se resistía, pero ella la obligaba a girarse de nuevo. ¿Sabes para qué?… Para verse en el espejo de un armario grande.

    -M. ¡Ostras!

    -S. Uff Mami, Rosaura la obligaba a mirar al espejo para verse, a Mila no le hacía mucha gracia, tenía como vergüenza, pero Rosaura si disfrutaba claramente de ver la escena en el espejo y se las magreaba con bastante más… digamos: sensualidad.

    -M. ¿Y qué tal Milagros por delante?

    -S. Muy bien Mami, eclipsaba totalmente a su hija, que melones, un poco caídos, pero con ese tamaño… tenía un poco de barriga, pero bonita, y el chocho, que se lo pude ver por momentos, tal como lo intuía yo bajo los pantys, bastante depilado, y me di cuenta de que tenía que ser Rosaura quien le ayudaba a hacérselo.

    -M. Eso desde luego, no me la imagino yendo a la peluquería a hacérselo.

    -S. Bueno, por lo que ocurrió a continuación ya te digo yo que tiene ayuda en casa.

    Silvia ya no podía más y convenimos en que seguiría contándome en cuanto se corriese. Yo la destapé hasta la cintura y de rodillas me coloqué sobre ella para comerme su almeja, mi coño quedó sobre su cara y a ella le faltó tiempo para colocarse dos almohadas bajo su cabeza y rebañar con su lengua todo mi jugo, que era mucho, y darme unos lengüetazos que me acalambraban todo el cuerpo. ¡Que cachondas nos ponía la conversación! Ni con nuestras bocas ocupadas dejábamos de hablarnos y sonábamos como si tuviésemos un chicle en la boca.

    -M. Joder Silvia lo que has dicho antes de la correa tenemos que hacerlo nosotras.

    -S. ¿El que?

    -M. Lo de pasear a Milagros con una correa y un collar como una perra.

    -S. ¿Te gustaría?

    -M. Mucho. Pero yo de perra, a cuatro patas, completamente desnuda, que me paseases por toda la casa.

    -S. Joder mamá, pues es cuestión de que compres el collar y la correa. Estoy a punto, me vuelve loca tu boca, pero meterme dos dedos porfa, bien hasta el fondo.

    -M. ¿Te lo imaginas?

    -S. Claro que sí y me pone cachondísima. ¿Sabes por qué se me ocurrió ese día? (con la voz ya muy entrecortada) En realidad no fue mérito mío, es que unos días antes se nos calló un vaso de café al suelo en el salón y Milagros se puso a limpiarlo, a cuatro patas, y lo mejor es que llevaba una camiseta sin sujetador y los pechos casi rozaban la alfombra… Tendrías que verla con todo colgando.

    -M. Ese placer yo no voy a poder dártelo porque no tengo ese pecho pero a mi puedes pasearme de verdad y no solo en tu imaginación y ¿sabes qué? cuando te canses de pasearme por toda la casa puedes follarme como a una perra, voy a pedir uno de esos arneses con polla para que te lo pongas y me des como a una perra, por el coño o por el culo, por donde más te apetezca, te subes a mi pandero y me follas hasta que me muera de gusto…

    -S. Joder mamá, te quiero con locura.

    Silvia gritó mamá de manera tan desgarradora que me asustó, tras tanto rato susurrando me cogió por sorpresa, su orgasmo fue de los que te dejan temblando, sobre todo las piernas y no dejaba de repetir: cada vez mejor mamá, cada vez mejor. Desde que saqué el tema del collar y la correa se desentendió de mi coño y solo apretaba mis muslos, pero yo cambié con gusto mi corrida por presenciar y participar en la suya. Su vagina parecía de plastilina rodeando mis dedos los últimos segundos antes de reventar de placer, sin querer acabe con toda mi mano, salvo el pulgar dentro de ella. Nos acurrucamos de nuevo entre las sábanas y nos comimos mutuamente la lengua.

    -S. Jo mamá, te he dejado a medias.

    -M. No pasa nada, ahora me sigues contando

    -S. No, me refiero a que me centré en correrme yo y…

    -M. Da igual, lo tengo tan sensible… desde ayer es que no paramos. ¿Y cómo acabó la famosa noche?

    -S. (mientras todavía intentaba recuperar el aliento) Pues disfruté mucho del magreo de Rosaura a su madre, duró unos diez minutos. Desde luego tienen las tetas mejor hidratadas del mundo. Lo de mirarse al espejo tenía muchísimo morbo. También me gustaba muchísimo ver a Mila con el pelo suelto y sin nada de ropa, lo llevaba moldeado y de color castaño y jugaba a veces a taparse las tetas con él.

    -M. Pero no había nada más, aparte del magreo, una caricia, un beso…

    -S. Al acabar se dieron un piquito en los labios, pero nada fuera de lo normal, lo hacían muchas veces delante de mí, quizás un poco más largo, pero… nada, ya te digo, nada especial. Entonces Milagros salió de la habitación y la perdí un rato de vista, vi que se encendía la luz del baño, supongo que iría a mear. Del baño no veía nada porque el cristal no era transparente y además estaba debajo. Volví a quedarme de piedra porque Rosaura se sentó en cama, se quitó las mallas y se puso a hacerse una paja.

    -M. Joder con Rosaura… entonces sí que se puso cachonda con su madre.

    -S. No estoy segura.

    -M. ¡Qué no estás segura!

    -S. Pues no, escucha. Entonces vi que se apagaba el baño y se encendía la cocina.

    -M. Pero no vas a contarme que tal Rosaura.

    -S. Pues muy bien, yo no podía verla bien, solo desde el vientre hacia abajo, tenía el coño completamente depilado, me dio envidia porque yo no me atrevía a pedirte ayuda para hacérmelo y yo al depilármelo me hacía cada destrozo… Pero te juro que no le presté demasiada atención, se puso a masturbarse pues… normal, con las yemas de los dedos, sin prisa. A mí lo que me tenía en vilo es que pudiese entrar su madre y pillarla porque la puerta estaba abierta. Que equivocada estaba.

    -M. ¿Por qué?

    -S. Bueno, porque no hubiese pasado nada. Espera y lo entenderás. Yo ya te dije que me cambié a la otra ventana que hay en el trastero de al lado para ver bien la cocina. Me interesaba más la madre que la hija. Mila estuvo un rato en la cocina, le vi el culo en pompa vaciando el lavavajillas, pero esta vez sin pantys, pude verle un momento el coño por detrás, ¡que pasada! Entonces sacó una botella vacía de champán de debajo del fregadero y yo pensé que iba a usarla para meter aceite usado, porque tenía allí la freidora, como hacemos nosotras en casa para no echarlo por el desagüe. Pero no, se puso a lavarla y me fijé que sonreía al enjabonar el cuello de la botella con su mano y ya me di cuenta de que no era para el aceite. Salió de la cocina y apagó la luz y me volví a la otra ventana pensando que se iría a su habitación, que yo no podía ver y que tendría que conformarme con Rosaura…

    -M. ¿Conformarte?

    -S. A ti te gusta Rosaura. Pero no decías que te gustaban maduras.

    -M. No seas tonta. Tu sigue.

    -S. Pues Milagros se quedó en el salón, se sentó en el sofá que está perpendicular a la ventana, puso algo en la tele y sin dificultad ninguna se clavó media botella de champán en el coño. ¿Te estás tocando? ¿Te ayudo?

    -M. No sigue, solo me lo acaricio.

    -S. Yo creo que fue ahí donde empecé a meterme los dedos de nuevo, hace tanto tiempo… Las tenía a las dos a la vista, una en el salón y Rosaura en su habitación, que seguía a lo suyo, además se fue dejando escurrir de la almohada y podía verla casi entera. Tenía una revista y la iba ojeando y dándole despacito, yo también solía masturbarme así por eso le prestaba más atención a su madre, que estaba guapísima con su botella en el coño. De vez en cuando se la quitaba y con el cuello de la botella se frotaba el chocho por fuera, la agarraba con las dos manos y de vez en cuando la chupaba, en una de esas chupadas me corrí de nuevo, se la sacaba del coño y yo, aunque no podía verlo a esa distancia veía que ella buscaba con la lengua esos hilos de jugo que se forman cuando estás bien lubricada. Joder yo no dejaba de pensar en ella vestida de señora normal y corriente por la calle o en el súper y tenerla allí metiéndose una botella en el coño, con las piernas abiertas.

    -M. ¿Y que veía en la tele?

    -S. Ni idea. No podía verla. Milagros estuvo así unos quince minutos, yo me moría de ganas de que una de las dos se corriese y sorprendiese a la otra, pero la sorprendida fui yo.

    -M. ¿Por qué?

    -S. Porque cuando Mila estaba a punto la oí llamar a Rosaura, le dijo: échame una mano cariño. Rosaura se acercó al salón y sin inmutarse de ver así a su madre agarró la botella con las dos manos y se puso a la tarea.

    -M. ¡Ostias!

    -S. ¡Mamá!

    -M. Perdón. O sea que no era la primera vez.

    -S. Evidentemente no. Rosaura se acomodó en el suelo frente al sofá y se puso a hacer lo que su madre con una botella tan grande no podía hacer. La folló sin compasión hasta que se corrió, metida entre sus piernas, yo creo que hasta le salpicaron jugos de su madre a la cara, al final Milagros tenía las piernas totalmente abiertas, se las agarraba ella misma por detrás de las rodillas y casi se cae del sofá, un rato antes de correrse estuvo… no discutiendo, pero quizás, negociando sería la palabra. Cuando su madre se corrió Rosaura le dio un beso en el muslo y se fue sin más a continuar con lo suyo en su habitación. Me di cuenta de que en realidad había estado esperando a que su madre la llamase para ayudarla porque al continuar ya dejó la revista y se puso a masturbarse en serio.

    -M. Pues sí que suena raro. ¿Y de qué negociaron? Quiero decir, menudo momento para ponerse a discutir…

    -S. Creo que Rosaura no hace nada gratis.

    -M. ¿Quieres decir que le cobraba a su madre por rematarla con la botella? Eso sí que es fuerte Silvia.

    -S. (sonora carcajada) Que no, o sea, no en metálico.

    -M. Ah bueno, es que lo otro también tendría su punto.

    -S. No Mami, creo que lo que, entre comillas, negociaban era algo que en principio a Milagros no debía hacerle mucha gracia. Lo digo porque, como te decía, Rosaura se volvió a su habitación y se puso a masturbarse ya más en serio, pero cada dos por tres miraba hacia la puerta como esperando a su madre, yo veía que estaba en el baño porque estaba la luz encendida. Al final oí a Rosaura gritar: «vienes o qué», y por fin apareció su madre todavía desnuda.

    -M. ¿Cuántas pajas te hiciste aquella noche?

    -S. Déjame que sino no acabaré nunca. Lo que hicieron fue lo que más me calentó y mira que ver a la hija follando a la madre con la botella tiene lo suyo. Milagros se puso de rodillas a los pies de la cama de Rosaura y, no sé de dónde, sacó un pepino, no demasiado grande, apoyó los brazos sobre la cama y empezó a simular una mamada con el pepino, al principio estaba muy seria pero poco a poco empezó a relajarse e incluso soltó alguna carcajada. Joder mami, lo hacía tan bien, los días siguientes, cada vez que hablaba con ella, no podía evitar recordar cómo le pasaba la lengua al pepino o como se lo iba metiendo todo en la boca hasta la garganta y lo sacaba lleno de saliva, realmente lo hacía muy bien, daba la impresión de que se había comido muchas en su vida. Rosaura disfrutaba lo suyo y le hizo un gesto para recordarle, supongo, que tenía que ponérselo también entre las tetas.

    -M. Caray con Rosaura.

    -S. Si, yo me moría de ganas de que se liasen entre ellas para mí, pero nada. El pobre pepino estuvo perdido un rato en el canalillo de Mila, ella lo llenaba de saliva como si fuese una polla y se sobaba las tetas. Mama, te juro que estuve a punto de bajar y timbrar a la puerta, no sé muy bien ni para que, la que se hubiese liado.

    -M. O quizás no. Nunca se sabe. Nunca lo sabremos.

    -S. Yo que sé, el caso es que Rosaura disfrutó del espectáculo un buen rato hasta que su madre, le lanzó un beso y el pepino y la dejo sola.

    -M. No entiendo nada, lo nuestro por lo menos es bien simple, somos unas depravadas viciosas y ya está, somos nosotras y nuestra conciencia, pero lo de ellas… es que no lo entiendo. ¿Y ahí se quedó la cosa?

    -S. Si, bueno me puso muy cachonda que Rosaura agarrase el pepino lleno de las babas de su madre y se lo metiese en la boca, pero ya todo lo que hizo fue metérselo en el coño y darle bien hasta correrse.

    -M. Joder, eso sí que me hubiese gustado verlo a mí, lo confieso, me gustan maduras, pero eso no quita para que me fijase a veces en algunas de tus amigas y Rosaura era una de las que más me gustaban, por eso me sorprendió tanto que dejaseis de ser amigas, aunque claro, nunca me imaginé por qué.

    -S. ¡Vaya! Eso es muy interesante. Así que Rosaura te ponía.

    -M. No te rías de mi por favor.

    -S. ¿Pero era tu favorita?

    -M. No, pero estaba muy arriba en el ranking.

    -S. (casi riéndose a carcajadas) ¡Ah! Pero había un ranking. Dime la numero uno o te hago cosquillas.

    -M. No por favor, cosquillas no que sabes que me pongo enferma.

    -S. Mama confiesa, ahora no me voy a quedar yo con la curiosidad. Después de lo que te he contado.

    -M. Tienes razón, es Alicia.

    -S. ¿Alicia? Ahora comprendo porque siempre vas a comprar al súper donde trabaja, ya decía yo, pero si tienes cinco o seis más cerca… y el híper.

    -M. Si ya lo sé, pero le quedaba tan bien la faldita del uniforme del súper. Cuando la hicieron encargada y dejó de llevarla me llevé un disgusto.

    -S. Sí, de todo el grupo de amigas era la que tenía mejores piernas y también era, y es, muy guapa. ¿Pero continúas yendo por allí?

    -M. Si, luego se quedó embarazada, coincidió que era verano y llevaba unos vestiditos que cuando estaba ya de siete u ocho meses yo me derretía al verla, una telita de nada, se le marcaba todo el tanga y el embarazo le hacía un culo todavía mejor del que tenía, joder es que además llevaba unos escotes… un día la vi al fondo de un pasillo a contraluz, se le transparentaba todo el vestido, ¡que silueta!, cuando llegué junto a ella para saludarla, como hago siempre, yo estaba tan roja, que me preguntó si me encontraba bien y me ofreció agua. Nunca me había pasado algo así, es que no me gustaba que su embarazo me calentara tanto, me temía que se viese en mi cara las ganas que le tenía, pero su silueta, tan marcada con la barriguita…

    -S. (sonora carcajada) ¿Y tú que dijiste?

    -M. ¿Qué iba a decir? Pues que sí, que sería el tremendo calor que hacía, no le iba a decir que me excitaba tanto que temía no poder disimularlo y por eso me ponía roja. Me ofreció una silla en su oficina y estuvimos un rato charlando. Me estuve masturbando durante meses pensando en ella en aquella oficina. Me trató con mucho cariño, estuvo unos veinte minutos conmigo, me secó el sudor de la frente y la cara con un pañuelo y claro, me puso todo el escote delante, llevaba un sujetador de esos sin tirantes que simplemente te las sujetan por debajo para no apretarlas y van como sueltas dentro de la copa, pero claro, yo podía verle hasta los pezones, aunque no las tiene muy grandes, entre el embarazo y el sujetador aquel, dios, que pezones tenía, enormes y encima me di cuenta de que, aun embarazada, debía hacer topless porque las tenía morenitas, sin ninguna marca del bikini. No sé lo que habría dado por meterme uno de aquellos pezones en la boca. Pero aun hoy no puedo dejar de sentirme culpable.

    -S. ¿Culpable por qué te excitase su embarazo?

    -M. Si, lo veía, no sé, no me gustaba, pero es que me parecía el ser más atractivo del mundo en ese momento. Luego se sentó frente a mí y se remangó el vestido hasta las caderas para poder abrir un poco las piernas, como hacemos todas cuando estamos ya de siete meses y estar cómoda, yo no recuerdo ni de que hablamos, no podía dejar de mirárselas, estoy segura de que tuvo que darse cuenta, aunque o no le importó o se sentía halagada, no lo sé, el caso es que si no hubiese estado embarazada me habría excitado también, pero no sería lo mismo, tenía un ventilador de esos que giran para refrescar la oficina y cada vez que la corriente venia hacia ella aquel vestido empezaba a ondear y me dejaba ver el tanguita precioso, verde clarito, cubriéndole el coño, uff

    -S. Joder mama, que calentorra eres y como me estas poniendo. Comete mis pezones como si fuesen los de Alicia.

    -M. ¿No estas celosa?

    -S. Entre nosotras no puede haber celos mama. Comete mis pezones como si fuesen los suyos, ya sé que no es lo mismo…

    -M. Sabes que ahora ya tienen aire acondicionado pero aquel verano todavía no, pero bendigo el calor que hacía aquel día, aquel vestidito rosa, que no pesaría ni cien gramos se me sigue apareciendo en sueños y su piel, su piel era como de arena yo me mareaba de mirar sus rodillas y ver como la tela volaba y me iba enseñando todos sus muslos hasta el coñito todo sudado detrás de la telilla verde del tanga. Me apetecía tanto subirme la falda, quitarme el tanga y sentar mi coño sobre uno de aquellos muslos y frotarlo hasta que se pusiese al rojo vivo… y comerme su boca y su chocho que estaba abierto como una flor… Joder hija, es que has salido a mí, yo es que, sobre todo en verano, me paso el día caliente y Alicia no es la única, algún día te contare…

    Hace ya un tiempo de todo esto, pero recuerdo perfectamente como por primera vez hicimos lo que Silvia llamaba follar, que para ella era distinto de masturbarse juntas o incluso mutuamente, mi hija insistió en encender la luz y se puso de rodillas con las piernas abiertas a los lados de mis caderas para que sus pechos colgasen sobre mi cara, sus pezones son también de un tamaño considerable. Silvia dejó en silencio que jugase con sus pechos mientras se atrevía a mirarme fijamente a los ojos, eso a mí me ponía muy nerviosa, tardé mucho en acostumbrarme.

    -M. Di algo por favor. Me mata este silencio.

    -S. Estoy disfrutando el masaje, me encanta como me las tocas y sentir los pezones en tu boca. Además, así puedes concentrarte en recordar a Alicia.

    -M. Gracias, pero prefiero oír tu voz.

    -S. ¿Sabes que cuando daba de mamar a tu nieto, acabé encaprichándome de mis pezones? Empecé llevándomelos a la boca porque no podía más de lo que me dolían, me aliviaba untarles un poco de saliva, pero con el tiempo, y aunque no tenía ganas de sexo, acabé pasándome buenos ratos jugando con ellos e incluso me gustaba beberme un poco de mi leche.

    Silvia fue dejándose caer sobre mí y nuestras manos se abrieron paso entre nuestros vientres hasta llegar cada una a su coño. Nuestras lenguas destilaron una sabrosa, dulce y espesa saliva que nos intercambiamos un rato. Sin prisa ninguna jugábamos cada una con nuestro juguete y Silvia bromeaba con que teníamos que corrernos a la vez, como en las pelis porno.

    -S. Mami, ¿no te gustaría tener otro nieto? Te acuerdas que sexy estaba en el primer embarazo.

    -M. Oh, Silvia, por favor no seas perversa.

    -S. (divirtiéndose de lo lindo) ¿No te gustaría un fin de semana largo juntas? Solas las dos, con mi barriguita y mis pezones enormes como dos dedales de costurera.

    -M. (gimiendo de placer) Jo, Silvia bésame y calla por favor, que me avergüenzo. Esto ya es demasiado para mí, pues claro que me gustaría, pero, ¿serias capaz?

    -S. Pues claro, por quedarme embarazada no iba a renunciar a ti. Y mamar un poco, ¿no te gustaría?, que te las colgase sobre ti, bien llenas de leche a reventar, y tú me las ordeñases con tu boca y llenarte toda de leche.

    -M. Joder Silvia, yo me corro ya, me has puesto a cien. ¿Y me dejarías acariciarte toda, de los pies a la cabeza?

    -S. Pues claro que sí, pero sobre todo la barriguita, que seguro que te gustaría más que nada.

    Pues sí, nos corrimos a la vez, como en las películas, Silvia lo hizo riéndose, por el placer que sentía, por el que sabía que me daba a mí y por la gracia que le hacia mi rubor ante el tema del embarazo. Y sí que estuvimos de acuerdo en que aquel fue nuestro primer polvo lésbico, conseguimos, aunque suene hortera, una conexión que no había existido el día anterior y eso hizo que el orgasmo fuese otra cosa, digamos que nos llenó de una complicidad que es muy difícil que hubiese llegado de ningún otro modo.

    Ese orgasmo también nos calmó un poco después de un fin de semana tan intenso.

    Estuvimos hablando un largo rato, Silvia me contó como poco a poco Rosaura fue recelando de su presencia tan habitual en casa, aunque necesitaba de su ayuda en los estudios, la relación cada vez más estrecha y más cordial de su madre y su amiga fue agriándole el carácter, probablemente víctima de los celos, aunque ninguna sabíamos de qué tipo eran esos celos. A Silvia le costó contarme la escena que finalmente dio al traste con aquella relación.

    -S. Mami fue algo tan simple como que un día me olvidé de cerrar el baño con llave. Estaba tan caliente que se me olvidó y cuando me estaba corriendo con las bragas de su madre en mi boca me giré y vi que Rosaura estaba detrás de mí. Su cara nunca se me olvidará. No nos dijimos nada, porque no hacía falta.

    -M. ¿Y pasaron años hasta que os volvisteis a hablar?

    -S. Pues sí y ya te digo que ese día que nos hablamos en el super, y sin hablar en absoluto del tema, me sentí perdonada.

    -M. ¿Y crees que Milagros supo el motivo de que dejaseis de veros?

    -S. Creo que no. En aquella conversación en el súper me dijo que su madre me apreciaba mucho y le diría que me había visto y que estaba muy guapa y tenía un niño precioso. No sé… me quité un peso de encima, pero te juro que no me arrepiento de todo aquello, hasta este fin de semana no había sentido tanta excitación en mi vida, te lo juro, ese dolor de estómago, ese placer de ver sin ser vista, creí que no había nada mejor, pero lo hay, y eres tú.

    Serían las once cuando el hambre nos echó de la cama en dirección a la cocina, estábamos desayunando cuando sonó el teléfono de casa.

    -S. ¿Quién será? Ya nadie llama al fijo.

    -M. Queda una persona que aún lo hace. Tu tía.

  • Mi primera vez con testigo

    Mi primera vez con testigo

    No es que Lupita no fuera mi amiga pero, la realidad es que yo visitaba principalmente a Carmen su hermana. Por aquellos días, casi todos los viernes, nos reuníamos nos tomábamos algunas cervezas. A veces muchas. Pero era amistad pura y simple. Lupita no siempre nos acompañaba pero esa noche la pasó con nosotros.

    El departamento de Carmen más bien era pequeño pero la única recámara era muy grande y alargada con 2 camas matrimoniales situadas a extremos de la habitación. Aquella noche yo no tomé tanto pero la verdad, no me sentía bien para conducir. Carmen debió notar algo porque me insistió que me quedara a dormir. No era raro que lo hiciera, porque nos teníamos confianza. Lupita andaba particularmente alegre y eufórica esa noche porque estaba despechada al haber terminado con su novio una semana antes.

    Carmen y Lupita eran hermanas pero físicamente muy diferentes. Ambas tenían cuerpos de buenas formas con cintura estrecha y trasero prominente pero lo único que tenían en común. Carmen era una chaparrita morena intensa que gustaba de hacer ejercicio muy seriamente. Lupita, en cambio, era una chica alta, de piel apiñonada, cabello castaño claro muy rizado y ojos verdes. Mientras Carmen era muy abierta y sociable, Lupita era alegre pero siempre parecía mantenerse en guardia. Para hacer la historia corta, yo me fui a mi cama habitual mientras Carmen se metió en su cama al otro lado de la recámara. Ella y Lupita desde temprana hora se habían puesto sus pijamas de franela porque era el cambio de estación al invierno aunque la verdad, todavía hacía suficiente calor como para que yo usara bermuda y playera. Con esa misma bermuda me había metido a la cama mientras seguía bromeando con las chicas.

    Lupita salió de asearse del baño y ahí empezaron las sorpresas ya que en vez de la blusa de franela de su pijama venía solamente con el pantalón y una pequeña playera interior de tirantes. Aunque le miré de reojo, no pude evitar darme cuenta de que debajo de la blusa sus pechos resaltaban sin sostén. Antes de que terminara de reflexionar, Carmen apagó la luz del cuarto y en medio de la penumbra pude distinguir que Lupita llegaba al otro lado de la cama donde yo me encontraba y con un rápido movimiento se despojó del pantalón y se metió bajo el cobertor. Estábamos en la misma habitación que Carmen y Lupita y yo nunca habíamos coqueteado ni intercambiado indirectas. No dejó de llamar mi atención que Carmen no pareció decir nada ni se sorprendió de que Lupita se metiera a la cama conmigo. Asumí que las condiciones eran completamente en contra y honestamente pensé en controlar cualquier impulso al respecto. Estuve despierto un rato pero no pasó mucho tiempo antes de que me quedara dormido bajo el efecto de las cervezas.

    Nunca sabré la hora pero desperté en medio de la noche. La rodilla doblada de Lupita estaba en contacto con mi cadera. Lo que me había despertado es que esa rodilla tenía cierto movimiento rítmico. Muy lento, muy leve. Fue entonces cuando me di cuenta de que mi mano estaba posada sobre la cara interna del muslo de esa misma pierna. Honestamente no sé cuánto tiempo tendría ahí ni cómo había llegado pero al tacto de su suave piel no pude evitar el impulso de hacer un poco más de ligera presión. Por un momento estuve a punto de retirar mi mano. No quería aprovecharme si Lupita estaba aún dormida. Sin embargo, casi al mismo tiempo que estaba a punto de quitar mi mano, Lupita la tomó y la jaló suave y discretamente hacia arriba. Yo me giré hacia ella y me acerqué un poco. Cuando ella sintió más cerca mi cara acercó su boca a la mía y comenzamos a besarnos sin decir palabra. En ese punto, era claro que ella estaba despierta y consintiendo mis avances, así que llevé mi mano a su entrepierna. Completamente mojada. Descubrí que su panty era tan pequeña que al estar tan mojada casi se metía entre sus labios y al frotar la con mis dedos literalmente la tela de desplazó para un lado.

    Lupita empezó a mover sus caderas para dejarme saber que mis dedos eran bien recibidos. Pasé por detrás de su cuello mi brazo libre para abrazarla. En medio de la oscuridad sentí sus piernas abiertas, su vientre plano y eso me excitaba más mientras mis dedos bailaban en la humedad de sus tibios labios. Moría por chupar sus pechos pero besaba delicioso como para dejar de hacerlo y tampoco quería hacer muchos movimientos para no despertar a Carmen. Enfrascado en esos menesteres estaba cuando metió su mano por arriba de mi bermuda hasta que alcanzo mi verga con su mano y empuñándola duro me dijo suavecito al oído: – por favor entra…

    Como pudimos, en silencio, me ayudó hasta que entre los dos hicimos que mi ropa llegara hasta mis rodillas. Me puse encima de ella y sin hacer mucho caso de que ella aún tenía su panty puesta, enfile para penetrarla. Resbaló fácilmente por lo mojada que ella estaba y lo duro que me había puesto la situación. Empezamos a movernos despacito mientras seguíamos besándonos. Había que disfrutarlo. Seguí en eso cuando con el rabillo del ojo percibí movimiento en la cama de Carmen en medio de la penumbra. Puse un poco de atención sin dejar la danza de nuestras caderas. Carmen seguía en su cama sobre su costado y aunque parecía dormida no dejaba de notar cierto movimiento. Hice un esfuerzo por discernir la incógnita. No podía ser otra cosa. Carmen estaba masturbándose mientras nos miraba a nosotros coger. Le dije a Lupita al oído muy despacito: – nos están mirando –

    Lupita sin dejar de moverse, me tomo el trasero con ambas manos como para asegurarse de que no dejara de atenderla, al tiempo que me dijo: – tú sigue.

    No sé si era el alcohol o la novedad de la situación pero disfruté más a partir de ese momento. Por un momento pensé que Carmen se nos uniría pero mientras pensaba eso, pude escuchar como ella dejaba escapar un leve quejido al tiempo que se estremecía. En ese punto sentí también a Lupita empezar a moverse más fuerte y respirar diferente. Me apretó el trasero con más fuerza y casi instantáneo me vacíe dentro. Pude sentir como su vagina se desbordaba ante nuestros movimientos y nuestros fluidos. Seguimos sincronizados por unos momentos más hasta que ella se quedó quieta. Quise salirme para liberarla de mi peso pero ella me retuvo acariciando suavemente mi espalda y dejándose adentro mi miembro hasta que mi erección desapareció por completo y quedé paulatinamente afuera.

    Nos besamos un rato más mientras yo pude darme cuenta de que Carmen se había quedado quieta en su cama, tal vez nuevamente dormida. Volvimos a dormirnos. Aún más extraña se volvió la situación porque nuestra amistad siguió normal como era, como si no hubiese pasado nada esa noche. Nunca volvimos a tocar el tema. Con Lupita se volvió a dar la oportunidad algunas veces más. Ocurrió. Cogimos y después seguíamos como si nada pasara pero ninguna fue tan deliciosa como aquella noche en que Carmen nos miraba mientras cogíamos nosotros. Pasaron años antes de que encontrara un cómplice de verdad para volver a experimentar esa clase de sexo.

  • Sigue la noche en la fiesta swinger

    Sigue la noche en la fiesta swinger

    Después de la intensa cogida que te dio nuestro ocasional amigo, nos quedamos abrazados y te acuestas a mi lado, lo que te permite estar tocando mi pene, acariciando mis testículos y yo puedo jugar con tus senos, recrearme en tus pezones ligeramente duros y el resto de tu cuerpo, mientras nos besamos y comentamos lo rico que fue la cogida con este ocasional amigo, lo mucho que te excitó y lo intenso de los orgasmos que te hizo sentir.

    Me describes cómo llamó tu atención el verlo en esa barra del bar desnudo, junto a los otros dos amigos, su cuerpo trabajado en el gym, su pene semierecto te calentó al mirarlo, observar cómo su verga fue ganando tamaño con la mamada que le iba dando la amiga que llegó allí a chuparlos. Tu eventual deseo de sumarte a esas caricias orales, el que llegara con nosotros y lo llamaras para que se acercara, tocar su cuerpo mientras estabas ensartada en mi pene y me cogías delicioso, el sentir su verga en tu mano, masturbarte lentamente, verla ponerse dura de nuevo y luego llevártela a tu boca para lamerla, saborearla, besarla, succionarla, pasear tu boca por ese tronco hasta llegar a sus testículos, frotar su glande en tus mejillas y labios.

    Luego llevarlo hasta tu sexo y lo fuerte que te llegó a coger, sabiendo que eso te excita de sobremanera, lo rico que sentiste ser poseída de esa forma por un completo extraño, pero que, al verlo en la otra estancia, despertó en ti el deseo de cogerte su interesante verga. Lo intensas de sus caricias mientras te tenía toda ensartada y de cómo se le fue ensanchando su pene cuando estuvo próximo a venirse en ti. Me dices que había sido tal tu excitación, que estuviste a punto de detenerte, sacarlo, retirarle el condón y volver a pedirle que te penetrara, para que se corriera dentro de ti y te dejara llenita de su semen. Lo único que te contuvo fue que no era alguien conocido, de otra forma lo hubieras hecho, como pasa con dos de nuestros habituales amigos.

    Estamos conversando todo ello, mi pene lo has puesto duro por las caricias que le das y recordando el momento recién experimentado, cuando la pareja que está al lado nuestro en el sillón, se acerca más, nos saluda y ella se sienta entre su amigo y yo. Inmediatamente te da un beso rico, luego a mí, lleva su mano a mi pene, y comienza a acariciarme junto contigo. Ella nos dice sus nombres: Laura y René, a lo que le contestamos Eduardo y Pamela. Su compañero le besa a ella el cuello, le pasa sus brazos alrededor de su cuerpo y con una mano la acaricia y la otra se acerca a tocarte, alcanzando tu cadera y luego tu costado hasta llegar a tus senos. Tú te enfrascas con ella a besarse intensamente y acariciarse

    Tiene un cuerpo bien formado, es algo alta y se le aprecia un par de senos coronados con ricos pezones, que se llegan a frotar entre ustedes y luego me los acerca a que se los chupe. Son deliciosos. No me suelta y te dice algo al oído. Entonces, me das un beso en la boca, te incorporas y te pasas al otro lado, para quedar entre René y Laura. Sólo puedo observar como te jala hacia él y te vas acomodando arriba, abriendo tus piernas para montar su tórax. Te abrazas a él y se dan un par de besos intensos en la boca antes de ofrecerle tus senos a chupar, que se los llevas con tus manos. Estás semisentada sobre su abdomen viendo hacia su cara y con una mano buscas detrás de ti su pene erecto. Lo recorres y decides masturbarle, ensalivando tus dedos para que lo frotes rico. Apenas empiezas y él arquea su cuerpo abriendo sus piernas, lo que aprovechas para tocarle sus testículos y llevar tu mano más atrás. Vuelves a mojar tus dedos con saliva y te inclinas hacia atrás perdiendo tu mano en su entrepierna, seguramente buscando su perineo hasta llegar a su ano, que frotas y presionas levemente. Así lo tienes, mamando tus senos -que es algo que te excita mucho que te hagan- y tocándolo rico.

    Con tu mano aprietas su dura verga eventualmente, restregando tu clítoris contra su cuerpo, lo que te calienta mucho, besándolo y diciéndole cosas al oído y haciendo que nos viera a Laura y a mi. Eventualmente esparces las gotas que salen de su pene y le llevas tus dedos a su boca para que los chupe, aprovechas para simular con ellos que es un pene y los metes en su boca simulando que lo cogen, le dices algo al oído y él asiente y se deja hacer. Luego los sacas ya ensalivados y lo vuelves a acariciar y pierdes eventualmente tus falanges en su culito, haciendo que gima intensamente. Lo tienes a mil.

    Mientras, Laura se acomoda entre mis piernas, hincada y decide darme una mamada deliciosa, cubriendo la totalidad de mi pene, lamiendo, succionado y frotando mis testículos mientras voltea ocasionalmente a ver a René y la forma que lo estás excitando. El pene de René ya se aprecia duro, largo y va engrosando cada vez más. Laura se incorpora un poco y con mucha práctica, se lleva la punta de mi pene hasta lo más profundo de su boca, dejando pasar a su garganta, succionando con intensidad en cada oportunidad y dejándolo en su garganta por momentos, que la hacen estremecerse al sacar de nuevo la totalidad de su boca. Se ve que disfruta el tener un pene en la boca y lo hace con pasión. Le recojo el castaño y lacio cabello para que la vean en pleno oral y tú no pierdes la oportunidad para decirle a René que la vea chupar mi verga, que lo hace rico y lo disfruta. Que se ve excitada haciéndolo.

    Eso le enciende a René, que te pide que ya lo montes para cogerte y tú decides seguir torturándolo y haciéndolo ver las estrellas con tus caricias. Entonces Laura se levanta, voltea dándome la espalda busca un par de condones en una bolsa que está a la mano y me pone uno a mi y te da el otro. Voltea a ver a René y le dice que la vea ensartarse en mi verga. Acto seguido acomoda su cadera, toma mi pene en su mano y frota su clítoris con la punta, para luego guiarlo a la entrada de su vagina y empezar a recargarse para ir recibiendo mi enhiesta verga en su interior. Desde mi posición puedo ver cómo se va insertando en mi pene hasta que lo cubre todo con su cuerpo y sus redondas nalgas quedan pegadas a mi cuerpo. Ella se inclina hacia adelante para incrementar la penetración. Está deliciosamente excitada y húmeda, lo que hace que mi pene le entre completo y puedo sentir mi punta tocar sus paredes interiores. Se queda quieta un breve momento, sus ojos cerrados, muerde su labio inferior y sus manos apoyadas en mis piernas, lista para empezar a moverse.

    Tú la observas con detenimiento, ves sus pezones totalmente erectos y retadores. Mojas tus dedos, extiendes una de tus manos hacia ella, acaricias sus deliciosas curvas y llegas a sus pezones. Tomas el más cercano con tus dedos, lo aprietas, lo jalas un poco y con tus dedos lo retuerces momentáneamente, lo que le hace gemir, echar atrás su cuerpo ligeramente, comenzar movimientos de su cadera en forma armoniosa cogiéndose mi verga y voltear a verte con la mirada cargada de erotismo y deseo. René no deja de observarla ensartada en otra verga que no es la suya, así como la forma en que empieza a moverse y escuchamos cómo la humedad de su sexo hace evidente la cogida que le da a mi pene.

    No pierdes la oportunidad de decirle a René lo rica que se vé cogiendo a otro y lo excitada que está mientras lo sigues masturbando y tocando sus testículos y culito. Poco a poco Laura intensifica sus movimientos y se sostiene de tu hombro con una mano, dejándote más acceso a su cuerpo. Le vuelves a repetir la dosis de tocar su seno, apretar su pezón, jalarlo y retorcerlo, lo que hace que se moje más y mi pene recibe un baño nuevo de sus líquidos. Le giras la cara, viendo hacia ti y te acercas a besarla, sin soltarle su pezón y alternando con el otro seno.

    Ella te besa desesperada, intensamente, con pasión, mientras se sigue cogiendo mi pene que cada vez está más duro y alargado. Mis manos las coloco en su cadera. Le tocas con cierta intensidad sus senos, en momentos bajas tu mano a su abdomen, hasta la entrepierna y tocas su sexo rodeando eventualmente con tus dedos mi verga entrando en ella. Tu mano sale mojada de sus corridas, entonces tomas su cara y le metes tus dedos a la boca para que te los chupe como si de otra verga se tratara. Eso la prende mucho. Le preguntas si quiere otra verga para chupar mientras la cogen y, sin soltar tus dedos con su boca, asiente excitada.

    Se encuentra en total éxtasis y se corre en forma continua, mojando mis testículos y piernas. Entonces se incorpora, voltea hacia mí, se monta encima de mis piernas y cadera, acomoda el condón y se vuelve a ensartar mi verga en su ardiente y húmeda vagina, abrazándose de mi, metiéndola de golpe al fondo. No tarda en comenzar el subir y bajar su cadera intensamente con mi pene dentro de ella y mojarse más. Es toda pasión y me coge con desenfreno, sus senos bambolean cerca de mi cara, alcanzo a lamerlos y ocasionalmente capturo alguno entre mis labios y se lo succiono con fuerza, lo que la hace gemir y detener momentáneamente su cogida, reanudando sus movimientos en cuanto toma nuevamente aire. Laura me está acercando al orgasmo rápidamente.

    Tú decides hacer lo mismo y, después de poner el condón al pene de René, lo montas y te encajas la totalidad de su largo tronco de un solo movimiento. Él gime aliviado y te ve con esa mirada de admiración de saber que está siendo cogido por una diosa del amor, lo que ciertamente eres. Gimes deliciosamente por esa penetración y sé que disfrutas de ello, te gusta sentirte ensartada.

    Te incorporas para sentirlo todo dentro de ti y empiezas a desplazarte hacia adelante y atrás, lo que te hace frotar tu pubis con su abdomen y sentir su verga dentro cogiéndotela, eso te excita demasiado, y vas mojando el cuerpo de René con tus movimientos. Llevas tu mano a acariciar la espalda de Laura y bajas hasta su cadera, frotando y apretando sus ricas y ejercitadas nalgas. Pierdes tu mano entre ellas y le rozas su culito que está expuesto para ti por la forma que me coge. Al sentirte, Laura detiene un poco su movimiento y haces presión en la entrada con un par de dedos, que logran acceder, lo que le arranca otro gemido intenso. Reanuda sus movimientos y puedo sentir tus dedos rozar por dentro mi pene, lo que me hace venir intensamente en ella, y a Laura le provocas otro orgasmo con tus caricias anales.

    Retiras tu mano, y sin sacarse mi pene, se recuesta en mí, nos besamos brevemente y vemos como te dedicas de lleno a cogerte la verga de René. Tus movimientos se intensifican, él estira sus brazos y aprieta tus senos y pezones, vas acercándote al orgasmo, mientras el empuja vigorosamente su verga de abajo hacia arriba en ti. Empiezas a experimentar tu corrida, sudas copiosamente, te mueves de forma rápida, comienzas a sentir los espasmos de tu orgasmo y le pides que se venga en ti. Eso le hace perder el poco control que ya tenía y con unos gemidos intensos empieza a bombear semen en tu vagina.

    Te sientas en su pene para sentir más su corrida intensa, lo mojas todo, te derrumbas sobre su cuerpo y sin dejar salirse de ti, disfrutas de los últimos estertores de su pene en tu ser, volteando a vernos. Laura acerca su cara a ti y se besan delicadamente.

    Aún es joven la madrugada… sabemos que puede haber algo más.