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  • Nata, mi colegiala

    Nata, mi colegiala

    Era el primer día, de mi último año, en el instituto. No habían sido unos años memorables, pero tampoco habían estado mal.

    Yo tenía 19 años e iba al instituto con un coche que me había regalado mi tío. Era viejo pero yo era el único alumno de bachillerato que tenía coche.

    Ya en el pasillo y esperando que tocara el timbre vi pasar a mí vecina. Se habían mudado durante el verano, y aunque nuestros padres se habían hecho amigos, nosotros no habíamos cruzado palabra.

    Ella había cumplido los 18 años y había llamado mí atención, pero al verla con el uniforme… sentí algo más fuerte. Llevaba el uniforme del instituto, pero parecía quedarle pequeño y, con una falda tan corta y la camisa a punto de reventar, llamaba la atención.

    Mis amigos empezaron a decirle piropos, pero ella no hacía caso. Yo les pedí que la dejaran tranquila y todos ellos se rieron de mi.

    -anda pelele

    -por qué?

    -mucha jaca pa’ti

    -el pelele eres tú. Es mi vecina y si le va con «el cuento» a su madre, la mía vendrá a por mí

    -ya, ya… excusas. Tú quieres algo

    -si, quiero que te calles

    Ella lo escuchó todo, y unos pasos después, se giró y me guiñó un ojo. Yo creí que nadie lo había visto pero todos mis amigos empezaron a reírse y a darme palmadas en la espalda hasta conseguir que me sonrojara.

    Estuve mosqueado con ellos en clase mientras ellos seguían con sus risas, y en el descanso me fui yo sólo al baño dándose la casualidad de que al salir me crucé con ella de nuevo y ésta vez me sonrió y se fue corriendo.

    De nuevo en clase me sentí descolocado, psicológicamente hablando. Pensaba: «medio verano viniendo sus padres a mí casa a pasar la tarde en la piscina y ella solo un día en el que yo no estaba, cerraba las cortinas cuando me veía en el jardín trasero, cambiaba de acera cuando nos íbamos a cruzar… y ahora me guiña un ojo y me sonríe. ¿Qué será lo próximo?»

    En el descanso no quise ir a la cafetería con mis amigos pues aún lo estaba dando vueltas. Les puse la excusa de que me había gastado el dinero en gasolina. Pero cuando estaba tan tranquilo junto a mi coche ella se acercó y me dijo que al terminar las clases la tenía que llevar a casa, que ya lo habían hablado nuestras madres. Conociendo a mí madre no me extrañaba, pero la verdad es que era «plato de mi gusto».

    Ya de camino a casa yo no podía dejar de mirar aquellas piernas tan bonitas y en un momento de debilidad aproveché un cambio de marcha para acariciar una. Disimulé como si hubiera sido de forma accidental.

    -perdón… yo no quería…

    -que?

    -no quería…

    -no te entiendo

    -mejor

    Pero mientras yo tartamudeaba ella sonreía pícaramente.

    Cuando paré el coche y me iba a bajar ella me agarró la mano y dijo:

    -tu si querías… y yo también

    Luego me dio un besito en los labios y se fue corriendo.

    En ése momento yo ya no entendía absolutamente nada, pero aquello me gustaba.

    Entré en casa y me fui directo a mí cuarto, pues tenía mucho en lo que pensar, pero al sentarme en el escritorio la vi en su ventana mirándome con cara de chica mala y de repente cerró las cortinas.

    Me tumbé en la cama y tras un rato debí de quedarme dormido. Cuando me desperté bajé a la cocina y la vi en nuestro patio trasero con su madre y la mía, las tres en bañador, tomando el sol junto a la piscina. Yo no me atrevía a salir y miraba desde la ventana pero, al percatarse ella de mi presencia, me guiñó un ojo y me sacó la lengua cómo queriendo llamar mi atención. No quise hacer caso porque nuestras madres estaban allí pero ella empezó a colocarse el bikini mientras me miraba de reojo. Luego, y aprovechando que las mamis no miraban me lanzo un beso y se mordió el labio. Yo me deshacía de deseo pero no me atrevía a salir.

    Me fui al baño con la intención de darme una ducha fría y cuando empecé a desvestirme ella entró. Me quedé parado al verla y ella pasó su mano por mí pecho diciendo:

    -no puedes esconderte para siempre

    En aquel momento yo estaba excitadísimo y me empezaba a «apretar el pantalón» pero ella no se detuvo y, después de besarme con mucha ternura, me abrazó apretando su pelvis contra la mía. Yo no pude aguantar y la agarré por el culo para levantarla mientras la besaba con ansia y ella, a su vez, me rodeó con las piernas por la cintura y me besaba casi con más ganas que yo.

    Escuché que alguien entraba desde el jardín trasero y la bajé con cuidado pero ella no quería soltar mi cuello y yo, que no quería que nos vieran, no conseguía separar sus labios de los míos. De repente escuchamos a mí madre preguntar qué si había encontrado el baño y ella me susurró:

    -a la próxima no te libras.

    Luego contesto a mí madre que sí, que ya salía. Y mientras se colocaba el bañador, ya que casi se lo arranco yo, se fue por donde había venido.

    Yo estaba loco de ganas por hacerla mía, pero mi temor por qué nos pillara mi madre no me dejaba hacerlo en mi casa. Tenía que idear alguna manera de estar a solas con ella en algún lugar sin que nadie nos pudiera importunar. Pensé en mil sitios a los que llevarla con mi coche, mil momentos para estar con ella y mil maneras de disfrutar del momento. Tanto tiempo estuve pensando que se me hizo tarde hasta para cenar.

    Ya en la cama no conseguía conciliar el sueño y solo deseaba estar con ella. Imaginaba mil veces en que la besaría y otras tantas que la abrazaría pero sobre todo sentía el deseo de fundir nuestros cuerpos.

    De pronto una bola de papel entró por mí ventana. Me asomé y no vi a nadie. Estiré el papel y había un beso con pintalabios rojo. De nuevo me asomé y la vi bajo mi ventana haciendo señas para que bajara. En silencio bajé con intención de darle un beso y que se fuera a su casa, pero apenas había puesto un pie en el jardín trasero ella se había colgado de mi como un koala y me besó como si no me hubiera visto en meses.

    En el momento en que paró para respirar la pedí que se fuera a casa pero lejos de hacerme caso entró y fue delante de mi hasta mi dormitorio. Yo iba detrás y no podía dejar de mirar su culo, pues llevaba un pantaloncito de pijama muy pequeño y una camiseta, también muy ajustada.

    Ya en mi dormitorio volvimos a besarnos mientras ella me abrazaba y yo acariciaba sus muslos y sus glúteos. Poco a poco nos recostamos sobre la cama y ella acariciaba mi cara mientras me regalaba pequeños besos.

    Impulsivamente me empujó hacia atrás y se quitó la camiseta dejando al aire unos pechos, no muy grandes, pero muy apetecibles. Yo me acerqué y empecé a jugar con mi lengua sobre ellos consiguiendo que sus pezones se pusieran duros. También me deleitaba acariciando sus piernas mientras aquel bombón me rodeaba con ellas.

    De nuevo ella me empujó y se quitó el pantalón. Yo me quedé mirándola mientras ella jugaba con sus dedos en su zona íntima, perfectamente rasurada, y se mordía el labio inferior. Yo solo tenía puestos unos calzoncillos muy justos y que no dejaban estar a gusto a mí miembro viril, pero ella rápido me los quitó y empezó a jugar conmigo.

    Después de un rato de juegos, besos y abrazos quiso bajar a «beber» de mi pero yo preferiría beber de su boca. Ella se molestó un poco y quería marcharse. Al ver que yo respetaba su decisión se dio la vuelta y dijo:

    -me tienes loca

    Luego se tumbó en la cama abrió sus brazos llamándome a hacia ella. No lo pensé y me fui hacia ella colocándome perfectamente entre sus piernas. De nuevo los besos se sucedían y mi mano derecha acariciaba su pecho izquierdo, mientras la izquierda la sujetaba por la cintura hasta que en el momento justo empuje un poco arrancando así un gemido de su garganta. Ella respiraba fuerte pero se movía acompasada conmigo mientras que mi miembro entraba cada vez un poco más.

    Con cada empujón yo la daba un beso, o acariciaba su cintura, o gemía a la vez que ella, o… un sinfín de detalles por parte de los dos, que denotaban placer mutuo. A mí me bajaba el sudor por la frente y se deslizaba por mí cara hasta caer desde mi nariz y notaba como ella también sudaba pero no aflojaba sus piernas que me tenían preso contra ella. Las embestidas eran cada vez más rápidas y fuertes, pues yo estaba a punto de terminar, y en el momento en que iba a hacerlo ella se enganchó, con sus labios, a mí pecho como una ventosa. Me abrazaba fuerte por la espalda y sus piernas a penas me dejaban mover mientras yo dejaba «todo mi amor» dentro de ella.

    Habiendo terminado me retiré de encima y ella me empujó para tumbarme y quedarse abrazaba a mí durante un buen rato.

    Cuando ya habíamos recuperado el aliento y nuestros corazones latían con normalidad ella me dio una retahíla de besos y dijo:

    -mañana me llevas a clase

    Luego se vistió, me tiró un beso y se fue por la ventana.

    Yo muy cauto me asomé a la puerta para cerciorarme de que nadie se había enterado, pero casi me caigo al suelo cuando vi a mi padre, en medio del pasillo, moviendo la cabeza de un lado a otro como demostrando su desaprobación.

  • Un trío con Gina

    Un trío con Gina

    Llevaba un poco más de un año viéndome con Gina. Vivíamos nuestro tórrido romance con intensidad descubriendo más y mejores maneras de satisfacer esa necesidad sexual que nos sobrepasaba. Como ya he contado en relatos anteriores, Gina era, además de mi amante, una compañera del trabajo y toda nuestra aventura giraba en torno a ese ambiente.

    Para Gina todo esto era un despertar sexual mucho más intenso, yo era apenas el segundo hombre con el que había estado y su curiosidad estaba al tope en cuanto a los límites del sexo, hablábamos de muchas cosas y en teoría, estaba dispuesta a todo. Por otro lado tanto ella como yo manteníamos relaciones serias con otras personas, yo con quien ahora es mi esposa y ella con su novio de aquel entonces, aún están juntos. Lo nuestro, si bien era intenso, era un contrato claro limitado a temas sexuales.

    Jeniffer media como 1.60, su cabello era castaño liso un poco más abajo de los hombros, tenía tremendas tetas, una cara bonita, buenas caderas y poca nalga, era una mujer atractiva que atraía a todos en el trabajo. Pronto se involucró con un compañero, que era casado, y empezaron a salir. Gina se hizo su amiga y me contaba todo. Al igual que nosotros se iban algunos medios días a tirar a un motel cercano al trabajo

    Entre ellas surgió una complicidad que a la postre me llevaría a vivir mi primer trío sexual, el segundo fue mucho después con mi esposa, eso lo cuento en otro relato llamado “Mi esposa, su amiga y una noche de alcohol”. No recuerdo con mucha claridad cómo empezaron a darse las cosas entre ellas, solo recuerdo que durante un medio día mientras descansaba del almuerzo y a la espera del inicio de la jornada de la tarde recibí una foto a mi celular.

    Estaba yo sentado viendo los carros pasar, me extrañaba que Gina no estuviera allí conmigo con algún vestidito insinuador y diciéndome que no llevaba ropa interior. Miré mi celular y abrí el mensaje. Había dos fotos, en la primera estaban Gina y Jeniffer dentro de un baño de la oficina y en ropa interior sonriendo a la cámara. En la segunda salían besándose. Ambas llevaban brasieres blancos, no recuerdo la panty de Gina pero Jeniffer llevaba un cachetero de color café. Me prendí inmediatamente, se me paró la verga y respondí pidiendo una explicación de lo que estaba pasando y, por supuesto, más fotos. No me mandaron más fotos.

    Gina me comentó esa misma tarde que estaba en un coqueteo con Jeniffer desde un par de semanas atrás y que la cosa se estaba poniendo medio caliente entre las dos.

    -¿y qué tal? ¿Qué dice ella?- Le pregunté.

    -Dice que le parece divertido jejeje – respondió.

    -Que delicia! eres una malvada

    -Lo sé

    -oye, ¿y le has contado de nosotros?

    -Sí, lo sabe todo

    -uff, y que dice?

    -Qué le parece divertido jejeje

    -Pregúntale si le gustaría que hicieramos un trio

    -uffff… dale

    -¿Te gusta la idea?

    -uffff mucho cosita, quiero meterle los dedos a ella

    Parece mentira lo sencillo que fue, pero así pasó, yo no hice mucho, Gina en su curiosidad sexual se acercó a Jeniffer y terminó acercándola a mi también, ella aceptó hacer un trío con nosotros.

    Para entonces yo había cambiado de trabajo y se dilató un poco el tema. Gina y yo seguíamos viéndonos porque mi nueva oficina quedaba apenas a unas 5 o 6 cuadras de la de ella. Era viernes. Bendito viernes, las cosas que ha visto el viernes no las ha visto otro día. Era el día que habíamos acordado para vernos los tres.

    Salí de mi trabajo, eran las seis.

    -Hola cosita, ya estoy libre – Le escribí.

    -hola cosita, estamos un poco demoradas por el trabajo acá, te aviso

    Y allí estaba yo, ad portas de una experiencia con la que todos los hombres soñamos, tener a dos sensuales mujeres para ti solito. Me senté en el primer piso del edificio y analicé la situación. Yo ya vivía con mi esposa, le dije que me encontraría con un amigo antes de llegar a casa. A mi amigo le confesé todo lo que iba a ocurrir para que pudiera cubrir mis espaldas ante cualquier imprevisto. Pasaron dos horas más. Yo estaba impaciente ya.

    -¡Ya salimos! vamos caminando a tu trabajo – me escribió.

    Me puse de pie y me fui caminando a su encuentro. Llegué a una esquina y las vi. Gina llevaba un vestido gris con una minifalda, se podían ver sus morenas y firmes piernas, pronto abrirán para mi. Jeniffer llevaba un vestido con estampado de cebra, minifalda también, la parte superior era escotada y sus grandes tetas se apretaban y trataban de salir por todos los lados. Al verlas pensé que era el hombre más afortunado del mundo, parecían un par de putas, venían tomadas de la mano y sonrientes a mi encuentro. Le di un pequeño beso en la boca a Gina, miré a Jeniffer y creí que si pronto íbamos a vernos desnudos un beso en los labios era apenas adecuado, me lancé y me respondió positivamente.

    La calle estaba oscura, eran las 8:30 pm. Estiré mi brazo a la aparición de un taxi. Nos subimos. Entré yo primero, después Jeniffer y después Gina. Le pedí al conductor que nos llevara a un motel específico. El taxista miraba por el retrovisor con incredulidad, nosotros hablábamos del trabajo.

    Llegamos al motel, la entrada era un parqueadero amplio, al fondo a la izquierda se podía ver un puerta de vidrio que llevaba a una pequeña discoteca, al lado de esa puerta estaba la recepción, a la derecha un largo pasillo que llevaba a las habitaciones. Me adelanté hacia la recepción y pedí una habitación sencilla. Dos mujeres nos acompañaron, una de ellas les pidió a ambas chicas una identificación para corroborar su mayoría de edad. Creo que no había comentado esto antes, a Gina siempre le pedían una identificación porque parecía mucho más joven de lo que era.

    Para mi sorpresa apenas llegamos al pasillo nos asignaron la primera habitación. La puerta daba directamente al parqueadero por el que acabábamos de entrar. Entramos a la habitación. Había una cama doble, un baño, una ducha y un mueble de aquellos para tirar que tienen todos los moteles. Yo llevaba una botella de vino conmigo. La abrí y le di un trago. Le pasé la botella a Gina y ella se la pasó a Jeniffer, todos bebimos, todos listos.

    Le ordené a Gina sentarse en el mueble sexual aquel y entre charlas y bromas me subí a la cama con Jeniffer. Tomé su cara y le planté un beso largo, le pedí que abriera sus piernas para mostrarle la panty a Gina.

    Gina miraba atónita desde un ángulo privilegiado la panty blanca de Jeniffer. Planté mi mano sobre esa vagina y apreté. Un gemido salió de los labios de Jeniffer. Empecé a masajear suavemente mientras miraba a Gina y le pregunté:

    – Esto es lo que querías, ¿verdad?

    Asintió con la cabeza y se levantó abalanzándose sobre la cama. Entre los dos desvestimos a Jeniffer. Le quitamos su vestido y luego su brasier, pude ver sendas tetas naturales caer por el peso de la gravedad. Eran grandes con pezones claros, tomé una y la mamé como becerro hambriento. Gina hacía lo mismo con la otra teta. Jeniffer suspiraba.

    Los dos empezamos a tocarle el coño, a sobarlo, a acariciarlo, a penetrarlo con los dedos, estábamos empecinados en probar el jugo de cada parte de ese delicioso cuerpo. Tomé otro trago. Nos desnudamos.

    Si bien Gina era la que había logrado llevarnos hasta ahí, dentro de esas cuatro paredes el que mandaba era yo. Así que fui hasta el borde de la cama y me puse de pie allí con mi falo apuntando al cielo y le pedí a Jeniffer que se acercará. La puse boca abajo. Sus nalgas no eran firmes como las de Gina sino más bien un poco aguadas, las separé para satisfacer mi curiosidad de ver su ano y posé mi verga sobre su vagina. La penetré y empecé a darle. Gina se acercó a la cara de Jeniffer y abrió sus piernas morenas desnudando un coño depilado y juvenil. Jeniffer empezó a mamárselo.

    Después de un rato ellas cambiaron de lugar, ahora Gina me ofrecía sus duras nalgas mientras le manoseaba y chupaba el coño a Jeniffer repitiendo varias veces lo mucho que había soñado con ese momento de saborear los jugos de nuestra tetona amiga.

    Debo ser sincero, no recuerdo bien todos los detalles, creo que una cosa que siempre está presente en la mente de un hombre al hacer un trío es ver como satisfacer a ambas chicas. Creo que acá va un tip, no siempre se puede, lo mejor es apartarse un momento para retomar fuerzas.

    Después de un rato me tumbé boca arriba e hice realidad un sueño. Tomé la cabeza de cada chica con una mano y las llevé hasta mi verga tiesa. Entre las dos me la mamaron. Mientras una se ocupaba de la cabeza la otra hacía juego con el tronco y se turnaban rozando sus lenguas. Éramos amigos además, que rico, que delicia mamacita, ufff, sigue, sigue!!! Nos decíamos de todo y bromeábamos también entre tragos de vino.

    -¡Me vengo! – dije.

    Jeniffer se retiró como si supiera que la dueña de aquella leche era Gina. Gina recibió una descarga en la boca y se tragó una buena parte. Lo siguiente es de las cosas más hermosas que he visto. Entre risas coquetas y cómplices Jeniffer abrió su boca para que Gina le escupiera dentro mi semen y después se besaron mezclando su saliva con mi leche, gotas caían en largos chorros sobre mi abdomen.

    Ahí fue cuando decidí tomar un descanso. Tomé la botella de vino y fui al sillón sexual, me senté y me dediqué a observar. Jeniffer se acostó boca arriba, abrió sus piernas y tomó a Gina del brazo atrayéndola. Gina encajó allí su mano y empezó a penetrarla con los dedos mientras se besaban apasionadamente. La segunda cosa más hermosa que he visto con toda seguridad, dos sinuosos cuerpos femeninos rozando, gemidos, gritos, dedos húmedos entrando y saliendo, manos apretando, una obra de arte.

    Volví a la cama mientras ellas seguían en aquello, todo era gemidos y gritos. Gina empezó a meterle los dedos a Jeniffer con rapidez y sevicia mientras le apretaba una teta, salvaje. Hacía realidad su sueño de tener a disposición a esa bella chica mientras yo hacía realidad mi sueño de tener a dos chicas para mi.

    Caímos los tres boca arriba y empezamos a hablar de cosas del trabajo.

    -Oye, ¿es verdad que te ves con Jorge?- le pregunté a Jeniffer.

    -jajaja sí, a veces, nos escapamos al medio día. ¿Hace cuánto se ven ustedes? – respondió.

    -No sé bien, como un año y algo más

    -ustedes son muy locos, me encantan

    Acto seguido me levanté y me lancé sobre Jeniffer. Separé sus piernas y se la metí. Hizo un movimiento circular que masajeó mi verga de forma tal que sentí ganas de venirme de nuevo. La saqué de inmediato sorprendido por semejante jugada. Puse mis manos sobre sus caderas para evitar que pudiera moverse igual y empecé a penetrarla. Gina nos veía acostada a un lado.

    Me fui hasta el sillón sexual y me acosté boca arriba allí. Jeniffer se subió sobre mí y empezó a cabalgarme. Sus grandes tetas rebotaban y mis manos no daban abasto para recorrer tan amplias montañas. Le apretaba los pezones mientras gemía con cara de angustia sobre mi verga.

    -Me vengo – dije.

    De nuevo, respetando el orden de las cosas, Jeniffer se levantó de golpe para darle alfombra roja a Gina, que, conocedora de lo que tenía enfrente, agarró mi tubo con la mano y se lo encajó en el coño. Empezó a moverse como solo ella se movía sobre mí, sintió el preámbulo como solo ella sabía sentirlo, sabía que allí venía yo a llenar su coñito joven y poco usado de leche magra. Me vine en un largo gemido.

    Éramos amigos, charlamos mientras nos duchábamos para quitar el aroma a sexo del cuerpo. Hasta donde yo sabía Jeniffer no tenía una pareja, era la única legalmente habilitada para hacer todo aquello. Gina y yo si reparábamos en los detalles que pudieran llevarnos a perder la vida como la conocíamos.

    Salimos de allí, pedimos dos taxis, uno para ellas, uno para mí. Me encontré con mi amigo, le relaté cada detalle, llegué a mi casa, dije que estaba cansado, me acosté a dormir.

    Mucho tiempo después Gina me diría que fue al mismo motel y al mismo cuarto solo con Jeniffer para tener una deliciosa aventura plenamente lésbica. Los detalles fueron asombrosos, pero esa es otra historia.

    Aquello no volvió a pasar, solamente salimos un par de veces a comer juntos. Jeniffer ahora está casada, es madre. De tanto en tanto la estalkeo en Instagram para recordar esa noche.

    Gina y yo seguiríamos viéndonos por 4 años más, hay mucho por contar. Ella y yo ya no nos vemos, decidimos cada uno seguir nuestras relaciones y dejar aquella aventura que seguramente solo nos llevaría al desastre. Yo le mando los links de estos relatos y solo contesta con un like. Es una historia real, no le pasó al amigo de un amigo, me pasó a mi.

  • La educación de Andrea

    La educación de Andrea

    Para entender a fondo leer el relato “Aprovechando la situación. (Conociendo a Andrea)”.

    Ya había pasado un año desde que Andrea llego con nosotros.

    No la considerábamos como una empleada doméstica; sino, más bien pasó a ser parte de nosotros.

    Mi esposa le insistió que terminara su nivel preparatoria y así lo hacia todos los sábados. Además de ser nuestra amante.

    Disfrutábamos cada aventura con ella, se empeñaba en dejarnos complacidos en el ámbito sexual, como en las labores de la casa.

    Un día charlando con ella me confeso que le llamaba la atención una prima suya de nombre Juana.

    Al enseñarme una foto de esta prima, comprendí el porqué le atraía.

    Juana es de tez blanca, pechos medianos, con 1.68 de estatura, a simple vista.

    Le di consejos acerca de como llevársela a la cama, consejos que mi mujer aplicaba con otras mujeres.

    Ella en agradecimiento me dio una suculenta mamada; no me la cogí porque estaba en sus días, pero esas chupadas me dejaron satisfecho.

    Al fin de semana siguiente Martha salió de campamento con varios alumnos, por lo que ella bien sabía que Andrea y yo la pasaríamos bien y así fue.

    Ella estaba muy emocionada, por la llegada de la prima en cuestión y mas porque nosotros dimos permiso de que pasaran juntas ese fin de semana.

    Aparte de todo Andrea ya había practicado unos tips que mi esposa le dio. Yo estaba feliz porque aparte de todo ella vería la forma de compartir a Juanita conmigo.

    Para no hacer mal tercio fui a visitar a unos amigos. El plan era llegar en la noche para ver y disfrutar el show.

    Recibí un mensaje de Andrea diciendo que llegara lo antes posible; pues, me tenía una grata sorpresa.

    Al llegar. Me dirigí a la recamara de Andrea y efectivamente estaba mi sorpresa.

    Ella y su prima estaban revolcándose en su cama aun con ropa. Ella le metía mano a Juana por debajo de una falda blanca con flores negras, al lado estaba otra prima de Andrea llamada Julieta.

    Morena, muy similar al cuerpo de Andrea, solo que con más pecho.

    Lejos de espantarse por mi entrada, me sonrió y me invito a sentarme a ver a las dos primas en celo.

    No podía aguantar la excitación de ver a Andrea besar, desnudar y darle unas chupadas tanto de senos como de clítoris a Juana.

    Aun con el riesgo de ser rechazado comencé a manosear y tratar de besar a Julieta, cosa que ella correspondió perfectamente.

    Le quite su pantalón, que por cierto estaba muy apretado y una vez bajando una tanga amarilla, devore esa rica vulva depilada y babeada de Julieta.

    Ella, igual que Andrea sabían mamar muy rico.

    Juana se encontraba devolviendo la atención que su prima le había dado momentos antes a su clítoris.

    Andrea gemía de placer y para en esos momentos yo ya estaba clavando a Julieta, quien buscaba un espacio en la cama de Andy.

    En lo que Juana chupaba la vagina de Andrea, yo jugaba y clavaba los dedos en la prima.

    Julieta comprendió lo que yo deseaba, así que, se acomodó de tal modo para que mi boca degustara la vulva de aquella prima.

    Al ver que Juana se prendía más deje un momento a Julieta para penetrar a la susodicha.

    Acomodamos a la prima de un modo en el cual yo metí mi cintura por abajo de la de Juana para penetrarla. Andrea junto conmigo devoramos sus pechos, hasta que Andrea me dijo. «No acordamos que Juanita seria para mi solita? Allá esta tu sorpresa».

    Volteo a ver a Julieta, quien estaba sentada en una silla con las piernas abiertas y su mano dándole placer.

    Me bese con Andrea y su prima.

    Me pare frente a mi sorpresa, le levante las piernas, así como estaba en la silla y la clave con cierto desenfreno.

    Después de un rato Julieta me pidió romper su esfínter; así que, ni tardado y sin chistar, la empotré en la cama, dándole un beso negro y a disfrutar.

    Los jadeos de los cuatro ya eran demasiado notorios, además el calor en ese cuarto de cuatro por cuatro parecía sauna, pero el placer era tanto que hasta el sudor de nuestras compañeras lo bebimos como su fuera un jugo afrodisíaco.

    Como es de suponerse, le llene las entrañas de mi líquido a Julieta, en lo que en un 69, Andrea y su prima disfrutaban de los jugos de cada una.

    Descansamos un rato y luego las invite a cenar.

    De regreso Julieta y yo nos fuimos a mi recamara, Andrea y Juana se fueron a continuar también con lo suyo.

    Vaya que Andrea, además de ser compartida, aprendió bien de mi esposa.

    Y en cuanto a las primas.

    Prometieron darle las gracias a mi mujer por lo feliz que es Andrea.

    Vladimir escritor.

  • Anécdotas sexuales (Parte 2)

    Anécdotas sexuales (Parte 2)

    Tiempo atrás fui novio de una chica que provenía de una familia adinerada.  Su nombre es Fernanda y era chaparrita, con una cintura increíble y un culo de infarto, pechos pequeños pero que me volvían loco y rasgos asiáticos. Su familia era algo conservadora y ella también seguía esa línea. Hablar de sexo o tener sexo era raro y aunque cuando lo hacíamos era espectacular, no era muy seguido. Caso contrario con sus dos hermanas menores. Estefy 2 años menores que Fer y Luna 4 años menor. Ellas eran más rebeldes y más abiertas a esos temas.

    Esta historia pasó dos años después de que terminamos. En ese tiempo yo tendría 26 años, acababa de graduarme y había encontrado trabajo en una empresa que se encarga de vender boletos para conciertos y otros eventos. Para mi sorpresa Fany, la hermana menor de Fernanda trabajaba ahí. Ella era un poco más salta que Fer, un poco más morenita y llenita, pero sin ser gorda, tenía unas tetas de buen tamaño y un culo igual que el de su hermana. Ella en ese tiempo tenía 20 años. Yo la llevaba hasta la entrada del fraccionamiento donde Vivian sus papás. En una ocasión la lleve y llovía muy fuerte. Ella me dijo que si podía dejarla en su casa, entramos y para su mala suerte sus papás habían salido, y ella había olvidado su llave. Y al ser ella la única de las hermanas que aún vivía con sus papás no tenía manera de entrar.

    Le dije que no había problema que esperábamos a sus padres (esto me servía también para esperar a que disminuyera la fuerza de la lluvia). Estábamos en el auto escuchando música y ella me empezó a contar que Fer ya estaba casada y le iba bien, pero que su esposo no era muy de su agrado yo me reí y le dije en tono de broma «pues ha de tener buena herramienta, para mantener a tu hermana enganchada» ella se rio y me dijo «a mí me contó que tú también tienes buena herramienta» yo me reí y dije «lo normal, a veces exageran» nos reímos y seguimos hablando de algunas de nuestras experiencias. Yo me empecé a calentar, ella llevaba ese día un pantalón ajustado de vestir y una blusa con un escote exquisito. Y sin pensar puse mi mano en su pierna, ella me tomo mi mano y la mire a los ojos y le robé un beso.

    Ella me contesto metiendo su lengua en mi boca, nos besábamos frenéticamente, pase mi mano por sus pechos y baje lentamente y metí mi mano en su pantalón y acaricié ese tesoro con poco vello y ya húmedo. Metí un dedo y soltó un suspiro, tome su mano y la lleve a mi pene, ella me masturbaba con fuerza, como tratando de arrancármelo. Se inclinó y comenzó a mamármela, era buena, movía su lengua con agilidad, acariciándome el glande y metiéndosela hasta el fondo. No aguante y le dije pásate al asiento de atrás y ponte en cuatro. Baje su pantalón y quite un rico calzón de encaje rosa y sin pensarla introduje mi pene en esa vagina apretada y mojada.

    Ella soltó un pequeño grito de dolor y placer, yo apretaba esas nalgas y bombeaba con fuerza, era un ritmo frenético, estaba poseído por el placer, su vagina era un paraíso, la veía y ella apretaba el asiento y gemía sin parar, yo ya sentía que en cualquier momento iba a acabar y le avise, ella entre gemidos me dijo rápidamente «no te salgas! No te salgas!», cuando escuche eso, solo apreté sus nalgas y empuje hasta al fondo y deposité mi semen dentro de esa vagina, ella seguía moviéndose, como tratando de exprimir hasta la última gota de semen. Saque mi pene y el semen empezó a salir de su vagina, ella se volteó y se pasó los dedos por su vagina y después se chupo el dedo. Me dio un beso y me dijo «siempre quise que me la metieras» ella me contó que nos había visto a su hermana y a mi hacerlo una ocasión en la sala de su casa cuando pensábamos que estábamos solos y que vio mi pene y desde ese día siempre lo deseo.

    Yo le dije que tenia de especial mi pene y me dijo que le impresionó el grosor (como he dicho, soy de tamaño regular 16 o 17 cm, pero bastante grueso) y que quería sentirlo dentro. Sus papás llegaron y ella entró. Mis aventuras con ella siguieron, lo hicimos varias veces más, incluso en la oficina ella iba y me daba mamadas rápidas, siempre me dejó penetrarla al natural y mi semen siempre terminó dentro de su vagina. Tiempo después ella me ayudó a meterme con Estefy, la hermana de en medio y la más rica de las tres. Pero esa, es historia para otra ocasión.

  • Inicio de un matrimonio abierto (6)

    Inicio de un matrimonio abierto (6)

    ¡Hola a todos! 

    El viernes por la noche me habla Gerardo y me dice que Alicia entró en un tratamiento y que no han podido coger y que él ya no aguanta y que Alicia le sugirió que si nos podíamos ver y hacer un trío, pero ese fin de semana yo tuve que salir a Querétaro y regresaba hasta el lunes, pero que lo platicaría con mi esposa y si ella estaba de acuerdo podrían verse los dos solos.

    Hablé con mi esposa y estuvo de acuerdo pero con la condición de salir a bailar y después ir algún hotel, hicimos videollamada con Gerardo y con Alicia, les comentamos la decisión y Alicia estuvo de acuerdo siempre y cuando ella y yo saliéramos después que la dieran de alta.

    Gerardo quedó de pasar por mi esposa el sábado a las 8 de la noche.

    Por curiosidad y morbo el sábado como a las 6 le marqué a mi esposa desde Querétaro para ver cómo se preparaba, me respondió que había ido al salón de belleza para arreglarse el cabello y para maquillarse, también que se había depilado y que se arreglaría con un vestido amarillo corto entallado, que lo combinaría con un biquini y sostén de media copa amarillo neón con liguero, medias amarillas y zapatillas que había comprado en la sex shop, que también se llevaría el lubricante anal y un dildo de los que usamos por si se ofrecía, que el Domingo por la tarde le volviera a marcar para platicarme.

    Estuve imaginando cómo sería su encuentro y me excitaba solo de pensarlo.

    El domingo por la tarde le llamé y me contó a detalle cómo le fue en esta aventura.

    Gerardo pasó muy puntual por ella, subió a su auto y se enfiló hacia la Ciudad de México, por el rumbo de la Colonia Anzures, le dijo que se veía muy guapa y que el vestido le hacía resaltar sus encantos, le acarició las piernas hasta llegar a su coño en varias ocasiones, mi esposa le preguntó por el lugar y Gerardo le contestó que era una sorpresa, que él tampoco conocía el local, llegaron a un club desconocido para ella, el valet se llevó el auto, entraron, les pidieron el nombre para checar su reserva y les dieron la bienvenida, había pocas personas, la luz muy tenue pero sí se podía ver, la música suave, les asignaron una mesita y al poco empezaron a bailar al principio muy tranquilos, cómo a las 10.00 empezaron a llegar más parejas y la música más movida con cumbias, salsa, rock a las 11:00 invitaron a todos a tomar asiento para el inicio del espectáculo, salieron unos stripper y después de bailar y quedarse solo en tanga, pasaron a las mesas a qué las mujeres los tocaran, algunas más osadas les acariciaron los genitales y otras hasta se las chuparon generando gritos de los asistentes fue cuando se dio cuenta que se trataba de un club swinger, después salió una pareja que también realizaron un striptease y ya desnudos él la empino para meterle la verga hasta venirse, hubo más gritos y chiflidos de la gente, al terminar su presentación, pusieron nuevamente música romántica el público enardecido se parao a bailar sin recato alguno y se besaban fogosos, se agarraban las nalgas, las bubis y penes cada uno en su rollo, vio a algunas mujeres que eran tocadas o les insinuaba algo y decían no y les respetaban su decisión, había vigilancia que estaba muy atenta para cualquier situación.

    Gerardo le dijo a mi esposa si quería dar una vuelta para conocer el lugar y se enfilaron a los pasillos en donde vieron un cuarto oscuro, entraron un momento y ella fue toqueteada sobándole sus nalgas, esto la calentó más de lo que ya estaba.

    Salieron y se encontraron otro cuarto de sado, más adelante, otra habitación con un colchón gigante en donde ya había varias parejas cogiendo y algunas intercambiando caricias, había un cuarto con regaderas y personal dando masajes estimulantes, regresaron al salón a la pista de baile y después de un rato de bailar y acariciarse volviendo a excitarse, pese a que podía haber cogido en el club, decidieron retirarse para ir al hotel, no pidieron la cuenta pues el cover ya incluía las bebidas, solo salieron y pidieron el auto al valet, se fueron al hotel más cercano y pidieron la habitación, en el pasillo él le acariciaba las nalgas y ella el pene, al entrar al elevador Gerardo casi se la coge.

    Llegaron a la habitación y Gerardo la tomo por la espalda y beso la nuca y cuello excitándola aún más, con las manos le subía el vestido y acariciaba su vagina por encima del bikini, ella a su vez con la mano derecha le tocaba la verga, él le susurró que quería cogérsela por el culo, entonces ella sacó el lubricante y el dildo de su bolso, Gerardo termino de quitarle el vestido para dejarla solo en lencería, él se desvistió también y la acostó en la cama, le mamo su vagina hasta hacerla venir, mi esposa se acomodó para lubricar su vagina y ano, encendió el dildo y lo metió en su vagina, en seguida Gerardo la acomodó con las piernas al hombro para clavarle la verga por su ano, lo hizo poco a poco para que ambos lo disfrutarán, una vez que lo tenía en el fondo mi esposa se empezó a mover y no tardó en llegar a otro orgasmo prolongado por la sensación de tener los dos hoyos ocupados, Gerardo no tardó en venirse también, inundando el culo con abundante leche.

    Descansaron un rato y mi esposa lo volvió a estimular con una mamada, lo hizo despacio empezando por los testículos y subiendo hasta la cabeza, misma que metió en la boca para chuparla, estuvo un buen rato estimulándolo, Gerardo aprovechó para pasar su mano hasta su vagina y masturbarla, ambos lo disfrutaron pues no había prisa, y después de un buen rato Gerardo se vino en la boca de mi esposa con un gran chorro de leche, la misma que se tragó sin desperdiciar ni una gota.

    Descansaron otro rato, ambos sobándose y el mamándole los pechos.

    Durmieron unas horas, dieron las 8 de la mañana del domingo y él se levantó para ponerle la verga en la boca de mi esposa buscando que se la volviera a mamar, no se hizo de rogar y se le volvió a parar la verga, mi esposa abrió las piernas para recibirlo por su panocha ésta vez ya no duraron mucho pues ambos se vinieron muy rápido.

    Se bañaron y se vistieron, salieron del hotel a desayunar a un restaurante y después Gerardo llevó a mi esposa a casa.

    Después de hablar con mi esposa, solo estuve pensando en ella y me excitaba, así que el lunes llegué con muchas ganas de cogérmela.

    Al llegar a casa le dije que venía muy caliente, sonrío y me dijo ya me lo imaginaba, me abrazó y puso su mano sobre la bragueta para saca mi verga y mamármela, nos metimos a la recámara y cogimos cómo poseídos,

    Espero les haya gustado por favor hagan su valoración y su comentario, a mi esposa le calienta leerlos.

  • Antes de irse

    Antes de irse

    Me pidió ducharse antes de irse.

    Luego se vistió y se fue, me dio un último beso y un «gracias», todo correcto pero nada más. Sinceramente me alegró, porque no me apetecía dormir con nadie esa noche y menos con un desconocido.

    Pero el sexo no había estado nada mal, de hecho, ha sido uno de los mejores polvos que he tenido. La verdad no me importaría volver a verle.

    Tampoco le dije nada ni le insinué que se quedara, pero era un golpe a mi ego… ¿Por qué no insistió en quedarse y tener unos cuántos rounds más? ¿Es que acaso no le había gustado?

    Al despedirse, entré al baño para asearme y poder dormir con tranquilidad. Y mientras tiraba de la cadena del excusado, empecé a reírme…

    Porque vi que había escrito su número de teléfono en el espejo del baño.

    Así que sí habrá segunda vez.

  • Las aventuras con mi prima montada sobre mí (Parte II)

    Las aventuras con mi prima montada sobre mí (Parte II)

    Mi prima es una exquisitez y yo me la estaba comiendo: la hija mayor del hermano de mi madre.

    Luego de haber comenzado a frecuentar nuestros encuentros para coger a todas horas, tanto a la luz del día, como en la oscuridad de la noche, ahora era también momento de cuidar que nadie nos descubriera, pues aunque ella vivía sola y yo aún con mis padres, no faltaba el impertinente que llegara a molestar a su casa sin avisar, donde cada vez que podía le exprimía sus chichis que por la excitación le brotaba calostro que yo chupaba como un bebé y, en realidad era su bebé porque mi prima me preguntaba «¿vas a querer tu lechita?» y yo decía que sí y me acercaba a ella para succionar una de sus tetas, mientras que con la otra mano le apachurraba la otra o bien le metia el dedo en su rica vagina que para ese momento ya chorreaba y yo más la manoseaba junto a sus pelitos, ah, ¡como lo gozaba!, y cómo no, pues mi prima es una mujer completa, una hembra hermosa que estaba siempre dispuesta a recibir mi verga y a montarme a la hora que sea.

    Creo que nadie sospechaba lo que hacíamos en realidad y me refiero a la familia porque un día fuimos a la playa todos juntos cuando ella se puso un diminuto traje de baño color rojo que gocé mucho al vérsela puesto y mientras bebía una cerveza pensaba: «ay, todo lo que me estoy comiendo» y lo pensaba más cuando se metía al mar y la veía salir caminando sobre la arena con su bamboleo que me hacía admirar sus hermosas piernas, en realidad estaba excitado ya y, si no hubiera nadie ahí ya estaríamos comiéndonos, pero no, ahí estaba mi madre, quien en ese paseo me pidió que le diera un masaje a mi prima que porque según se sentía tensa de la espalda (todo mundo sabía que yo podía dar masajes) y así, sentada mi prima sobre la arena y, sin pensarlo, me puse detrás de ella y comencé a sobar su espalda y hombros tratando de ser profesional, pero no podía, estaba ante el anhelo de mi apasionante lujuria, por lo que cuando ella cerraba los ojos y estando la familia frente a nosotros aproveché para bajar mi mano y meterle la mano debajo de su bikini y tocar su culo, meterle el dedo en su hoyito, masajear sus nalguitas, esas nalguitas que tantos besos le he dado.

    Creo que nadie se dio cuenta de cómo me estaba aprovechando de ella. Los días pasaron luego de eso y transcurrieron con un deseo que no se calmaba, creo que en el fondo teníamos algo de remordimiento por lo que hacíamos y picar o coger, no lo hablábamos abiertamente, simplemente era pedido con un «¿Te puedo acompañar a tu casa?», donde yo terminaba debajo de ella y ella montada sobre mí, gimiendo como un animal en brama, yo con la verga deslechada. A veces terminábamos y descansábamos un poco para regresar nuevamente a otra metida de verga, batidos en nuestros sudores, nuestras salivas impregnadas en nuestros cuerpos.

    A mí me encantaba mamarle su ponchito, su vagina, chupar sus pelos púbicos, mientras de reojo veía como cerrando sus ojos gozaba la muy puta de lo que le hacía, cómo le apretaba sus chichis con tanta fuerza, todo eso le hacía antes de volverle a meter mi verga, cómo también la volteaba luego de perrito y le empezaba lamer su culo, un culo moreno que se estiraba y aflojaba conforme lo besaba para luego terminar dándole besos en la boca y sentir una vez más su rico aliento.

    En fin, mi prima tenía 29 y yo 25. En esas fechas llegó a los 30 años y lo hizo acompañada de mí. En casa de mi madre organizamos una fiesta para ella y durante la fiesta nos dimos cuenta que nos faltaban bebidas, las cuales estaban en casa de ella, había que irlas a buscar, ¡qué buen pretexto para irle a mamar un rato su ponchito!

    Decidimos ir a su casa, yo acompañándola. Al llegar no prendimos la luz y sólo nos alumbraba la luz de los faroles de la calle que entraban por la ventana. Vi a mi prima que se acercó a hacer algo al lavabo y estando de espaldas, cómo llamándome, me acerqué para tomarla y comenzar a besar su cuello mientras mi mano tocaba sus chichis y también su ponchito. Caray, su vagina o ponchito estaba mojada, muy húmeda, como si ya me hubiera estado esperando.

    Ella se volteó y me comenzó a besar en la boca mientras tomaba mi mano para que no dejara de apretarle las tetas, luego nos fuimos casi abrazos hasta llegar a su cama, donde la desvestí para comenzar a besarla en su rajita, lamerla, meterle la lengua en su hoyito, saborear lo salado de esa parte de su cuerpo e impregnarme de su olor a mar, es decir, ligeramente a pez, una conchita que no me hartaba de comer y esa conchita tampoco de ser comida.

    Abrazados así, no pude más y me bajé el pantalón para meterle de una vez mi verga, mientras ella me besaba y me abrazaba, de vez en cuando le besaba el cuello y sus chichis, hasta que ella me dijo que me quería montar, con un ruego a la que no pude negarme y sin más se subió para comenzar a gemir de manera estrepitosa del placer que nos estábamos dando, mientras yo veía como la parte baja de su abdomen se meneaba sobre mi cuerpo, sentía como sus pelitos se enlazaba con los míos, entonces me pidió que le mordiera las chichis y así lo hice, fuertemente mientras me tragaba el calostro que brotaba de la punta de su teta.

    Era el paraíso o quizá la lujuria de los avernos. Yo le tocaba sus nalgas como queriéndola abrir, entonces ella me dijo: «métete el dedo», refiriéndose a su culo. Continuando ella montada, le di un dedo para que me la chupara y untara de su salida, de esa manera me fui hasta su culo y suavemente comencé a tratar de meter mi dedo, no quería lastimarla, así que lo hice despacio, muy despacio, a lo que ella respondió con más gemidos, creo que de dolor, pero no me pedía que le sacara el dedo, hasta que finalmente entró en toda su extensión y pude sentir el interior de su culo mientras mi verga yacía adentro también.

    Ella comenzó a menearse más mientras yo le apretaba las chichis y sentí cómo su máximo placer llegaba a su clímax mientras encogía los hombros y la piel de sus brazos se erizaba, sabía que se había dado una buena venida a la vez que caía rendida sobre mi pecho respirando fuerte. Yo aún no terminaba, pero ella ya: necesitaba vaciar mi leche, así que le obligué a ponerse de perrito, ella así lo hizo y me paro su enorme culito mientras yo se la metía fuerte y rápido, sentía como mis huevos chocaban contra su ponchito hasta que mi fuente de leche no soportó más y sacándole rápido mi verga, me vine sobre sus nalgas con una copiosa cantidad de leche que le batí hasta por la espalda.

    Al final qué más íbamos a hacer, más que gozar de nosotros con eso que nos había dado la vida: buena compañía éramos. Nos aseamos y regresamos a la casa donde la fiesta se desarrollaba, creo que nadie notó nada.

    Al final decidimos ir al antro nuevamente en familia, donde a cada momento que ellos se descuidan en el salón, nosotros nos dábamos nuestros intensos besos. Mi prima, como la quiero y ella a mí.

    Continuará…

  • Sometida con gusto (Parte 1)

    Sometida con gusto (Parte 1)

    Vuelvo a los relatos porque le gusta a mí pareja dejar por sentado cada cosa rica que le hago y ella provoca con su sensualidad.

    Últimamente su boca enciende el fuego en la cama, sabe exactamente como besarme y dónde recorrer con su lengua para enloquecerme, aclaro que hace un excelente sexo oral.

    Y así comenzó esa noche su boca comenzó a besar, chupar mí cuello y siguió por mi pecho para continuar hasta mi cintura, a la par del recorrido de su lengua crecía más mi calentura.

    Siguió jugando debajo de mí ombligo, sentir mis gemidos la volvía más caliente, le gustaba enloquecerme, pero no fue por mucho tiempo.

    Cómo toda provocación llega al final de dos formas consentida o no, la segunda es la que más le gusta.

    Tomé su cabeza por detrás guiándola con fuerza hacia debajo de mi bóxer y de a poco sentí como ingresaba en su deliciosa boca mi miembro.

    Ese roce que se provocaba en el interior de su boca me llevaba a niveles altísimos de gozo, solo verla obligada haciéndolo me ponía como loco.

    Y no era algo lento, no para nada, a ella no le gusta así. La forzaba a chupar rápido y ella encantada.

    No sé porque, pero cada tanto le decía algún insulto, quizás por fantasía o solo el afán de demostrar su sometimiento forzado.

    Luego de tanto gozo provocado por sus labios y lengua, decidimos dormir ya que no teníamos preservativos y además trabajábamos temprano.

    Pero al final cuando uno está caliente no hay sueño que pueda esas ganas de hacerlo, ella se acomodó en la cama y como siempre en plan de provocar y despertar en mí, mi lado depravado, me dio la espalda y su cola deliciosa que tanto me gusta quedó rozando mí bulto…

  • Nicol (1): Rompiendo la rutina

    Nicol (1): Rompiendo la rutina

    A Nicol la conocí cuando me fui a vivir un tiempo con mis abuelos, ella vivía en la casa de al lado y siempre la miraba por la ventana, de un 1.60 su cuerpo no estaba mal y siempre que estaba en casa vestía un shorts jeans desgastados y blusa de tirantes, yo admiraba su belleza y así por las tardes solíamos jugar a los naipes cuando mis abuelos salían.

    Acompañándome a pasar el rato nos fuimos conociendo y hablábamos de todo un poco, hasta que una tarde llegó con una de sus locuras, le había robado dos vinos dulces a su papá y pidió que lo compartiéramos mientras jugábamos como siempre, no pude negarme y así empezamos tomando pequeños sorbos de una de las botellas hasta acabarla.

    Sin darnos cuenta el sabor dulce del vino nos había embriagado y para la segunda botella de su propia boca salió que aparte de beber debíamos quitarnos una prenda, no pude negarme y así después de cinco rondas Nicol término en brasier y una tanga deportiva, lo cual provocó que tuviera una erección aunque aún podía ocultarla gracias a llevaba puesto aún mi camisa.

    Decidido y confiado en que ganaría la convencí de apostar dos prendas y para mí mala suerte termine perdiendo, levantándome del sofá me despoje primero de la camisa y luego de mis bóxers, en cualquier otro momento habría sentido vergüenza, pero ahora solo sentía el efecto del vino.

    La sonrisa pícara de Nicol lo decía todo al ver mi erección y yo solo permanecía inmóvil, hasta que ella misma me dio la botella de vino y dando el último pronto sentí sus cálidas manos envolviendo mi pene, no pude evitar escupir un poco de vino que bajó por mi pecho directo hacia la parte baja de mi abdomen.

    Nicol pasó su lengua y limpio el camino que el vino había dejado para luego meter mi pene dentro de su boca, podía sentir su lengua jugar con mi pene y así estuvo entre estímulos que en todo momento podrían hacer que terminará por estallar en su boca.

    Sabiendo cómo complacer después simplemente me soltó y yo pensé que todo había terminado, pero contrario a lo que yo esperaba se quitó el brasier y su tanga, acostándose sobre el sofá abrió sus piernas y se masturbo ella misma para luego solo decirme «Ya estoy muy mojada… y solo por hoy podrías meterla».

    Ni siquiera tenía un condón a la mano sin embargo ella tampoco lo mencionó y así solo me coloque entre sus piernas y mi pene se deslizó dentro de ella, amasaba sus senos y mordía con delicadeza sus pezones.

    Mientras disfrutaba de la calidez de su vagina la cual abrazaba mi pene, me gustaba sentir su respiración agitada y además sus quejidos cuando la golpeaba con fuerza, entrelazando sus piernas alrededor de mi cintura buscaba calmar mis arremetidas y por una parte estaba bien ya que aún no quería venirme.

    Estaba en mi elemento e incluso cuando me cansé y me aparte por instinto Nicol se subió sobre mi y empezó a cabalgar sobre mi pene al tiempo que yo acariciaba sus senos, mordía sus pezones delicadamente y mis manos apretaban sus nalgas para atraerla más hacia mí, moviéndose en círculos refregaba su vagina en mi pene y aquel dolor se sentía placentero.

    Después de eso simplemente la puse a cuatro patas y nalguee su trasero antes de volver a embestirla, me volví un zángano y solo pensaba en meterla tan profundo hasta que sentí una corriente nacer de mi cabeza y bajar hasta la punta de mi pene, yo sabía que estaba por venirme y se lo advertí.

    Rápidamente ella se apartó y empezó a meter mi pene dentro de su boca, todo fue tan loco y así terminó tragando mi semen, fue sin duda lo mejor y así después de tan magnífico acto nos despedimos y acordamos volver a vernos para jugar.

    ****

    Espero que les guste este fragmento y que me lo hagan saber si tienen algunos comentarios…

    Y si quieren parte dos solo tienen que esperar por la buena de Nicol.

  • Engañando a mi novio de nuevo

    Engañando a mi novio de nuevo

    Veníamos escribiendo nos hace una semana. Las fotos y videos de su pija rondaban todo el día en mi mente. Era grande y venosa. Quedamos en vernos el lunes, pero yo tenía que zafar de mi pareja…

    El lunes en la tarde, logré meter que tenía que viajar al médico. Excusa perfecta. Nos organizamos y viaje a verlo a él.

    Apenas bajé del bondi, él me esperaba en su auto. Entre y me comió la boca.

    -Que ganas tenía de verte, bebé

    -Y yo ni te cuento

    -Vamos pa casa? O querés que te coja acá en el auto?

    -Mejor bajate el ahorro que te chupo la pija hasta que lleguemos a tu casa

    No lo dudo, se bajó el ahorro y el boxer. Yo al toque agarré su pija y empecé a masturbarlo por un par de cuadras. Eran las 12 del mediodía, la ciudad estaba llena de gente y eso me excitó. Sin pensarlo me balance a su pija metiéndome la hasta la garganta. Él gimió. Me excitaba pensar que alguien podía vernos, o el simple hecho de saber que él estaba manejando mientras yo me comía toda su pija. Llegamos a su casa y paro el auto.

    -Ay amor no dejes de chuparla. Que rico si. Cómetela toda. Que rica putita sos. Abrí grande la boquita que ahí viene la lechita

    Fueron 5 segundos desde que dijo eso hasta que me inundó la boca de leche. Me la trague toda.

    Se subió la ropa y subimos a la casa. Era una casa apartada de la ciudad, en el medio del campo. Entramos y su casa era hermosa. Me dijo que me sintiera como en casa y me sacará todo. No lo dude. Dejé mi bolso, me saque la campera y comencé a quitarme toda la ropa, dejando solo mi lencería. El dejo las llave de su auto, y vino hacia mi, se sacó su remera y quedó en bóxer.

    -Que rico que la chupas puta

    -Te gustó papi?

    -Me encantó, ahora ven que quiero todo ese cuerpito para mí solito…

    Me abrazo de espaldas y me besó el cuello mientras acariciaba mi cintura. Beso mi espalda y tocó mis tetas. Me quito el sostén y mis tetotas se soltaron. Me dio la vuelta y comenzó a manosearlas y chuparlas. Su pija estaba dura de nuevo. Me agarró y me puso en cuatro. Me saco la tanga y me metió sin dudarlo la pija hasta el fondo. Estaba re mojada ya. Me dio pijazos hasta cansarse.