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  • La promesa

    La promesa

    Y aún no terminabas de exclamar los últimos jadeos provocados por aquel orgasmo intenso, que remecía con total autoridad cada rincón de tu cuerpo, tus piernas aun temblaban y mi deseo aún no se saciaba por completo, te observe casi con total misericordia, una misericordia que se desvanecía en la medida que mi imaginación tomaba vuelo, lucias cansada y el brillo del sudor en tu piel provocaba contener el deseo, fue en ese momento que levantaste la cabeza y me miraste con total atrevimiento:

    – ¿No piensas acabar lo que empezaste? -exclamaste desafiante.

    Sólo me provoco esbozar una sonrisa, eras tal cual imaginaba en mi deseo, sentí una erección cada vez más intensa, ya me había saciado de tu feminidad y mis deseos me empujaban a buscar la satisfacción de mis impulsos masculinos, esos que buscan apoderarse de cada rincón y que disfrutan de lo prohibido.

    Lentamente acerque mi mano sobre tu cuerpo, te recorrí en un camino lento, donde las yemas de mis dedos disfrutaron a cada momento, concluí la aventura solo a centímetros del ocaso de tu larga espalda, tu reacción era de total complacencia, sabias hacia donde me dirigía y sin temor alguno me invitabas a tocarla… mis manos acariciaron con firmeza tus prominentes nalgas, mientras mi dedos recorrían con lentitud tu trasero en busca de tu lado más oscuro, aún se sentía la humedad derramada de nuestra última batalla, la utilice con destreza para lubricarte lentamente haciendo círculos en tu piel arrugada, leves exclamaciones susurraban en la pieza, no oponías resistencia alguna a ninguna de mis intromisiones, aceptabas con dignidad tu promesa, esa donde me señalaste que serías mía por completa y más aún al darte cuenta, que cobraría de cada una de tus palabras y tus ofrendas; me miraste fijo, seguías desafiante, te obligue a ponerte en cuatro con las piernas bien abiertas, podía observar en su totalidad lo que sería mío, me acerque a besar la oscuridad de tu culo, el cual disfrute por varios minutos, saboreaba con total placer el gusto de tu cuerpo, reaccionabas con gemidos cada vez que mi lengua se clavaba en lo más profundo, me levante y te acomode a la orilla de la cama, sabias que el momento se acercaba y casi con una actitud burlesca, pusiste tu pecho contra la cama y levantaste las manos por encima de tu cabeza, tu cola se levantó producto de tu destreza y se me entregaba por completo para mi complacencia, acerque mi pene erecto y empecé a deslizarlo en movimientos largos que recorrían todo tu culo, se sentía bien húmedo y no era más que una invitación directa, acomode mi glande en la entrada y comencé a empujarlo lento pero con firmeza, poco a poco fue entrando, un gemido se te escapo dejando de lado la sutileza, tu mano derecha aferraba con fuerza la ropa de la cama y era así justamente como te imaginaba, resistiendo el dolor que comencé a provocar en tu interior, sin arrepentimiento me introduje por completo, te retorciste por un segundo, note como aguantabas el grito, eras valiente y atrevida, y eso me ponía más caliente todavía, sin ni siquiera preguntar cómo te sentías, comencé a clavarte cada vez con mayor fuerza, con mis manos afirme tus caderas y empecé un vaivén endemoniado, un vaivén en donde tu ano era la víctima y mi regocijo la recompensa, me percate que tu mano se había puesto por encima de tu vagina, y de cómo comenzabas a darte placer para mediar el dolor de mis arremetidas, me salí abruptamente de la calidez de tu ano y tomando tus caderas con fuerza te di vuelta dejándote caer de espaldas en la cama, me miraste atónita, puse mi mano en tu cuello y apreté con fuerza, me acerque a tu oído y con voz fuerte señale:

    – ¿Quién te dijo que te tocaras?

    – Nadie, fue mi idea- replicaste incomoda con mi mano haciendo presión en tu garganta.

    – Pues no lo hagas, sino te lo pido… ¿ha quedado claro? – pregunté

    – Sí.

    Sin sacar las manos de tu cuello, pero aflojando mi fuerza, levante tus piernas por sobre mis hombros y acomode nuevamente mi verga, sin mayores preguntas volví a clavarlo profundo y lo dejé ahí por unos segundos, mientras mi mirada se clavaba en tus ojos, sentí tu dolor, pero tu arrogancia no daría tregua, aguantaste como nadie, cada una de las embestidas que clave con la mayor de mis fuerzas, hasta llegar al punto donde mi pene reventó en placer y sentí como se llenaba cada rincón con el calor de mi esperma, sé que tu ano podía sentir cada una de los latidos de mi verga, que incesante se vaciaba en lo más oscuro de tu cuenca, lo saque lentamente y observe con detención como de a poco brotaba el blanco y brillante líquido que era testigo de que te había hecho mía, por completo tal cual lo querías, me tire al lado tuyo sobre la cama y te volteaste con una sonrisa, te causaba alegría saber que te mantuviste digna y que la promesa había sido cumplida.

  • Hice de mi madre mi mujer, mi amante y mi puta

    Hice de mi madre mi mujer, mi amante y mi puta

    Al día siguiente, desperté pero decidí quedarme en mi habitación el mayor tiempo posible, me daba hasta cierto punto, pena de verla, pero pasaron un par de horas y me dio habré, pensando en que ella seguiría dormida por la embriaguez que se puso decidí salir hacia la cocina.

    Prepare hotcakes para ambos pues quería actuar normal por si tenía suerte de que ella no se acordaba nada de lo sucedido, justo estaba comiendo cuando la veo entrar.

    – Hola cariño – dijo mientras entraba casi arrastrando los pies y con una bata puesta.

    – Hola má – dije con demasiados nervios.

    Siguió caminando hasta sentarse frente a mí y dejó caer la cabeza en la mesa.

    – ¿Quieres que te prepare un café?

    – Si cariño, te lo agradecería mucho.

    Me pare de la silla y empecé a prepararlo.

    – Oye disculpa por como me puse ayer, tú sabes que casi no tomo.

    – No te preocupes má, sé que necesitabas despejarte y si lo disfrutaste entonces está bien.

    – Gracias cariño. ¿Oye cómo llegamos?

    – Pues te traje casi cargando. ¿Por qué?

    – Por que como te abras dado cuenta tome de más y no me acuerdo de mucho.

    – ¡A…! Pues eso, cuando me di cuenta que ya estabas muy ebria te dije que ya nos viniéramos y hasta con eso me dijiste que te querías quedar otro rato y te tuve que inventar que me dolía el estómago para que aceptaras venirte.

    – ¿Ya había regresado contigo en la mesa?

    – No, tuve que ir a buscarte cuando sentí que ya te habías tardado mucho?

    – ¿Cuánto tiempo me perdí?

    – Una hora, hora y media.

    – ¿En serio?

    – Si, ¿Por qué?

    – No, por nada. Solo que no me acuerdo que hice, por eso.

    – Pues no sé.

    – ¿Y en dónde me encontraste?

    – Salías del estacionamiento con Ernesto, tu «amigo», con el que estabas bailando.

    – ¿Sabes que hacíamos ahí?

    – Me dijiste que habían ido ahí por qué estabas cansada de bailar y que querías platicar con él y en el salón había mucho ruido y ya hasta te dolía la garganta de gritar. ¿Por qué?

    – Por nada, solo curiosidad.

    Mire a mi mamá muy pensativa, imagine que ya se había dado cuenta que alguien le habían metido la verga y sospechaba de Ernesto.

    – ¿Te puedo preguntar algo?

    – ¿Qué cosa? – contestó con nervios.

    – Ayer vi que tratabas a Ernesto como si lo conociera de más tiempo y me dio curiosidad. ¿Has tenido algún novio desde que tú y mi papá se divorciaron?

    – ¿A qué viene la pregunta?

    – Como te dije, ayer que te vi con Ernesto y verte así tratándose con tanta confianza me dio curiosidad.

    – La verdad es que no. Nunca he tenido relación alguna desde el divorcio.

    Note que mientras me confesaba sus nulas relaciones sentimentales una sombra de tristeza cubrió su rostro.

    -¿Alguna vez has pensado en volver a tener algún novio, pareja o quizá volver a casarte?

    – Como que andas muy preguntón hoy ¿no crees?

    Ambos sonreímos y luego le contesté – Es que en verdad que nunca te había visto como ayer te vi con Ernesto.

    – ¿Estuviste mucho tiempo con nosotros?

    – No realmente, pero lo digo porque, si no supiera que se conocieron en la fiesta hubiera pensado que eran novios. En verdad y aún estabas sobria cuando bailaban e iban a la mesa casi tomados de la mano, luego quisiste platicar con él como su estuvieras en una cita y para rematar te pierdes más de una hora con él en el estacionamiento, me hiciste pensar muchas cosas.

    – ¿Como que cosas? – me cuestionó mientras miraba hacia otro lado.

    – Pues eso, que nunca te he visto con nadie y ya pasaron 11 casi 12 años del divorcio y me dio curiosidad.

    – ¿Que pensarías si algún día te presento a alguien y te digo que es mi novio o algo así?

    – Mientras te haga feliz por mí está bien.

    La conversación quedó hasta ahí, seguimos comiendo y mi madre se fue a su habitación diciendo que quería descansar ya que se sentía mal. Después de una hora salió vestida con ropa casual, unos jeans y una blusa delgada.

    – Ahorita regreso – me dijo ella.

    – Si má, ¿A dónde vas?

    – A comprar – dijo de manera dudosa.

    – ¿Quieres que te acompañe?

    – No cariño, solo voy por unos electrolitos para ver si mejoro.

    Estuve insistiendo pero ella se negó a qué fuera con ella, así que no me quedo más remedio que dejarla ir sola.

    Recordando lo sucedido la noche anterior fui a su habitación a descubrir lo que nunca me había interesado, los calzones de mi propia madre, por primera vez me inquietaba saber cómo eran.

    Varios de encaje, algunos de tela de algodón de anchas proporciones, algunas tangas muy sensuales. Definitivamente no estaba dispuesto a correr el riesgo de que alguien más le metiera la verga a mi mamá.

    ¿Cómo se digiere que un desconocido vea las tetas de mi madre cuando yo apenas veo lo que permite un escote?

    ¿Cómo se digiere que un desconocido le vea la conchita cuando yo apenas y llegó a ver unos centímetros arriba de sus rodillas?

    Quizá este mal que compare dando a entender que quiere verle, pero se supone que por ser su hijo debería de tener más confianza de mostrarme a mí sus intimidades y no a un desconocido. ¿No?

    Pero tal y como mencioné en el relato anterior lo que más me molestaba y me causaba celos es saber que alguien le pudiera meter la verga, quizá para algunos no está gran cosa, pero sé que abra otros que entenderán este sentir, saber que un desconocido puede hacer su mujer a mi mamá, someterla a su placer o usar su cuerpo como una funda para su verga degradando su moral a la de una prostituta a la cual se le usa y nada más.

    Eso para mí suponía humillación hacia mi persona y digo a mi persona pues ella estaba de acuerdo con que la usarán.

    Definitivamente tenía que intervenir de alguna manera y siendo consciente de las necesidades de mi madre quería ser yo, su hijo quien admirara el cuerpo sensual de mi mamá, ¿Quién mejor que alguien que la quiere en verdad y valoraría cada milímetro de su piel?

    Y si bien se dice que una madre es entregada a sus hijos, entonces yo quería disfrutar de lo que muchos quieren disfrutar de mi madre, de su cuerpo, de sus redondas tetas, sus piernas torneadas, sus nalgas respingonas y de su vagina. Ese lugar tan íntimo para ella lo concebía solo para mí deleite visual y uso, su fin ahora sería como funda de mi verga y siendo cuerpo de mi madre ella sabría mantener con placer mi verga entre sus nalgas que de solo mirarlas ya causaban una gran sensación y deseo de penetrarla

    Mi madre quería que le dieran verga y yo se la daría, nadie mejor que su propio hijo. Yo sabría bien disfrutar de su cuerpo.

    Fui por dos botellas de tequila, prepare un vaso con limón y refresco.

    Espere a aquel ella llegara.

    En cuanto ella entro a la casa la fui a alcanzar entregándole el vaso en la mano.

    – ¿Y esto? – preguntó.

    – Es para que te mejores rápido – le contesté.

    – No, con lo de ayer ya no vuelvo a tomar.

    – Pues solo toma dos o tres vasos para que no te emborraches otra vez, solo para que tu cuerpo no resienta el alcohol.

    – ¿Y tú cómo sabes eso?

    – Lo he escuchado, por eso lo sé.

    Ella me quedo mirando de manera pensativa.

    – Está bien, te haré caso.

    Empezó a tomar y al llegar al tercer vaso, no se detuvo, en parte por mi insistencia y en parte por qué al parecer a ella también le apetecía seguir tomando.

    Mi madre ya mostraba signos de embriaguez nuevamente pero era consciente de sus actos.

    – Má ¿Puedo preguntarte algo?

    – Dime – dijo en un tono despreocupado, signo inequívoco de que estaba ebria.

    – No pienses que te di de tomar para preguntarte esto, pero, bueno… En parte sí, pasa que no es un tema fácil de platicar.

    Me serví un trago y lo tome rápido.

    – ¿Qué pasa? – preguntó ella inquieta.

    – Sucede que ayer cuando te fui a buscar y llegué al estacionamiento, vi cuando tú y Ernesto se acomodaban la ropa – apenas diciendo esto mi madre me quedó mirando fija y sorprendidamente – ¿hubo algo entre ustedes dos? – termine de decir de una manera seca.

    Mi mamá se quedó pensando hasta que al final me contestó – No lo sé, no recuerdo mucho de la noche. Me acuerdo que salí con él para caminar y platicar, seguí tomando y no recuerdo más.

    – En la mañana, te pregunte si alguna vez habías tenido novio después de mi papá, pero alguna vez te a cruzado por la mente tenerlo. Má, ya no soy un niño y aún que igual no soy un adulto ya entiendo muchas cosas, como que tú cómo mujer, necesitas un hombre en tu cama y es normal, así que te pregunto ¿Has tenido alguna aventura?

    Mi madre nuevamente se quedó mirándome fijamente, tal vez incrédula de mis palabras. Hasta que agacho la cabeza.

    – Tú me has dicho que nos tengamos confianza, así que…

    Nuevamente levanto la mirada hacia mi y empezó a decir.

    – Antes de ayer no, nunca he tenido nada que ver con nadie, he estado sola desde que me divorcie de tu papá, per de ayer no me acuerdo de mucho – se pauso un momento para tomar su bolso y de ahí saco una pastilla – pero creo que ayer lo hice con Ernesto, no estoy segura.

    Cerré los ojos como si me hubiera dolido su confesión.

    – Perdóname hijo.

    Levante la mirada hacia ella y dije – Má, entiendo que eres mujer y tienes necesidades ¿pero qué hay de mí?

    – ¿A qué te refieres?

    – Pues que si pensaste que sentiría yo sí me enterará, por qué supongo que para cualquier chico de mi edad es normal saber que sus papás tiene relaciones, pero no, saber que tú mamá se ha acostado con un desconocido, por qué eso es Ernesto, un completo desconocido.

    Mi madre se quedó con la cabeza agachada.

    – Entiendo que tienes la necesidad de tener relaciones sexuales, o incluso que tengas ganas de hacerlo solo por disfrutar, pero no quiero que cualquiera te haga su mujer.

    Pero tal y como te lo digo, te entiendo por eso te quiero proponer una cosa.

    – ¿Cuál? – pregunto ella.

    – La verdad es que al imaginar que un cualquiera te pudiera hacer su mujer y mirando que estás bien buena, me dieron la idea de ser yo quien te meta la verga – Mi madre cayó en un gran asombro que mostraba en su rostro – piénsalo, crees mejor mostrar tu cuerpo a un desconocido que a mí que soy tu hijo – mientras le exponía mis motivos me empecé acercar a ella y a acariciar su cuerpo – Quiero hacerte mi mujer, prefiero hacerte mía y ser yo quien disfrute de tu cuerpo que alguien más lo haga.

    Me arroje hacia sus labios besándola apasionadamente y ella correspondió desde el primer instante, con la confianza que me otorgó su consentimiento en el beso, empecé a acariciarle las piernas mientras que le decía.

    -A partir de hoy te voy hacer mi mujer.

    Era una total fantasía hecha realidad, fantasía que nunca tuve y que solo gracias a haberme dado cuenta de que mi mamá quería que le metieran la verga hoy estaba cumpliendo.

    Estaba caldeando los ánimos para cogerme a mi madre, a la mujer que muchos otros desean y no es por exagerar, lo he visto cuando vamos por la calle, señores que voltean a verle las nalgas, muecas sorprendidas de las curvas que se forman en su cintura, cadera, tetas, piernas y sus facciones de veinteañera.

    Además del morbo que provocaba someter al placer de mi verga a una mujer mayor que yo y aún más siendo que de alguna manera era prohibida para mí.

    – Si mi amor, has me tuya, has me tu mujer – contesto ella para mí sorpresa.

    No espere más, mi madre era consciente de lo que iba a suceder y yo estaba dispuesto a complacerla al igual que complacer las fantasías que apenas menos de 24 horas ya me había creado.

    Le desabotone el pantalón y lo baje poco a poco, ella no se quedó atrás, hizo lo mismo con mi pantalón y su mano derecha fue en búsqueda de mi verga. Me fue de gran sorpresa darme cuenta que mi madre no era tan santa como yo pensaba, era una mujer fogosa, deseosa de verga. Pero como ya lo había pensado, es normal, es humana como cualquiera y tiene necesidades sexuales o gusto por el mismo, sin embargo ya no me preocupaba ya que con las acciones del momento sabía que ya no buscaría complacerse con algún desconocido, no correría riesgo alguno, ahora sería yo quien se la metería para placer de los dos.

    Mientras aún nos besábamos le empecé a acariciar el clítoris por debajo de su calzón (dedeándola), fue muy excitante tocar aquel botoncito de placer para ella a la vez que para mí era entrar a un mundo nuevo en el que mi madre me compartía el lugar más oculto de su cuerpo, me estaba dando permitiendo disfrutar de su intimidad.

    Note que mi madre ya estaba húmeda, su vagina le pedía verga y yo no la haría esperar.

    Le recorrí su calzón hasta sacárselo y así volver a encontrarme con su desnudes, pues no espere a nada para quitarle su blusa y su brasier. En pocos minutos ambos estábamos desnudos en una situación en la que ya no solo era de madre e hijo si no de hombre y mujer donde yo aria mía a mi madre, pensar eso es tan excitante que no espere más, la acosté en el sillón abriendo sus piernas para meter la cabeza entre ellas.

    A dos dedos le abrí la conchita y le empecé a lamer cuál perro sediento de sus jugos, ella solo me tomo dela cabeza acariciado mi cabello y en momentos empujándome como queriendo meterme dentro de sí.

    Mientras mi lengua acariciaba el orificio de mi madre, mis dedos hacían lo mismo con su clítoris. En momentos alcé la vista para mirar su rostro y en todo momento este mostró un gesto de placer mientras cerraba los ojos.

    – Si cariño, así… Que rico se siente tu lengua – dijo ella interrumpiendo los suspiros que emitía.

    De pronto sus piernas se tensaron a cada lado de mi cabeza haciendo que estás me atraparan, un flujo abundante de sus jugos se acaparo en mi lengua mientras mi madre dejaba escapar un ligero grito y al término de este empezó a decir repetidamente.

    – Que rico, que rico.

    En, quizá un minuto sus piernas se relajaron liberándome de su prisión.

    Mi madre había tendió un orgasmo, el primero junto a mí, me sentí dicho al presenciar este regalo y manjar de su sexo.

    – ¿Supongo que me toca a mí? – dijo mientras se ponía de rodillas ante mí y tomaba mi verga para meterla a su boca.

    Imaginé como sería si mi madre tuviera en la boca la verga de otro hombre, fue un pensamiento inducido por el recuerdo del día anterior. Si no hubiera actuado muy seguramente hubiera escuchado palabras muy bien dedicadas a mi madre. ¿Qué le dirías tu a una mujer con la cuál mantienes sexo solo por placer?

    Te diré las palabras que la situación e imaginar a mi mamá teniendo en la boca la verga de algún otro hombre me hicieron decirle…

    – Que putita te vez Mónica – le dije mientras miraba su rostro desfigurado por mantener mi verga en su boca.

    Saco mi verga, pensé que se había molestado y me regañaría o se iría, pero por el contrario me preguntó – ¿te gusta?

    – Si, me encanta – le contesté con voz entrecortada.

    – ¿Te gusta que tú mamá sea así de putita? – volvió a preguntar.

    – Si, me gusta, pero quiero que seas solo para mí, quiero que solo seas mi putita, a partir de hoy solo serás mi mujer – dije segado por la lujuria del momento.

    Ella me quedo mirando, nuevamente pensé que se enfadaría y ya no querría que la cogiera, pero una vez más me equivoqué.

    – Si mi amor, partir de hoy además de tu mamá también soy tu mujer y tu puta.

    Con un movimiento pasional, volvió a meterse mi verga a la boca y empezó a mamármela con lujuria, como quien lleva años de hambre y de pronto se encuentra un manjar a su entera disposición. Supuse que así era, mi mamá llevaba 10 años sin una verga que la complaciera y ahora yo sé la estaba dando.

    No la reconocía, era una verdadera puta hambrienta de verga y eso me estimulaba a putearla aún más.

    La tome de la cabeza haciendo que entrara mi verga aún más a su boca. Para mi edad no puedo decir que tengo una verga extremadamente grande más bien la tengo normal o eso creo yo, pero era suficiente para para que le llegará a la garganta y provocarle náuseas.

    Pude sentir como con su lengua me masajeaba el tronco y en ocasiones también los huevos, tanto placer me hizo eyacular en su boca.

    Descansamos un poco, mientras ella tragaba mi semen.

    No espero ni cinco minutos cuando volvió a tomar mi verga y a mamar haciendo que nuevamente se me parara.

    En cuanto volví a estar erecto, la tome del brazo e hice que se pusiera de pie.

    – ¿Quién es tu hombre? – le pregunté en un momento de ego.

    – Tú mi amor – contesto ella con un tono sensual – tú eres mi hombre y yo tu mujer.

    Tome mi verga y lo acomode entre sus labios vaginales mientras que con mi mano izquierda hacia que se empinara, apenas sentí que se la podía clavar, empuje para meterle mi verga, de esta manera la estuve bombeando varias ocasiones, de una manera fuerte de tal manera que se escuchaba el choque de nuestros cuerpos.

    Era alucinante, en verdad estaba usando el cuerpo de mi madre a mi placer y ella disfrutaba también.

    No sé cuánto tiempo estuve penetrándola hasta que volví a eyacular dentro de su vagina.

    Al día de hoy ya es normal que le meta la verga por las noches antes de dormir, ella se cuida tomando anticonceptivos.

    Me causa gran morbo ver a mi madre como una puta, sabiendo que es mí puta, saber que soy yo quien disfruta de su cuerpo y su forma de ser a la hora del sexo pues es muy entregada, muy sumisa.

    A pesar de que a veces volvemos a la rutina de madre e hijo, ella sabe bien que ahora es mi mujer, mi amante y mi puta.

  • Agradecimiento de puesto de trabajo

    Agradecimiento de puesto de trabajo

    Luego de una semana de esperar la llamada para ocupar el puesto de trabajo solicitado en el gobierno, pensé que ya no llegaría, y pensé que me habían usado para satisfacer las necesidades de aquel hombre.

    Llegó el momento de la llamada me pidieron que me presentará en las oficinas centrales un día viernes para recibir mi nombramiento, y así fue, llegue a las oficinas y éramos alrededor de 30 personas para recibir un puesto de trabajo. Al recibir el documento decía que tenía que presentarme al siguiente lunes. Pero era viernes y tenía que ir a festejar con algunos amigos. Pero algunos de ellos me dijeron que a las 10 de la noche nos veíamos en un bar al sur de la ciudad, en ese momento había olvidado todo y estaba contenta porque por fin me saldría de casa para rentar un departamento.

    A eso de las 7 de la noche mientras me disponía a arreglarme, me llego un mensaje de Hernán el hombre que me entrevisto, diciéndome:

    «Hola señorita, espero estés muy bien, solo para comentarte que ojalá disfrutes mucho tu trabajo que seas muy eficiente y sobre todo no te olvides de agradecer quien te colocó en ese puesto, saludos» dándome a entender que quería que le fuera a gradecer, así que me dispuse a ir a agradecerle de una manera muy morbosa.

    Me puse unas medias a media pierna, zapatillas color rojo y un abrigo apenas arriba de mi rodilla sin nada de ropa de bajo, fui a las oficinas donde estaba Hernán antes de verme con mis amigos a las 10 de la noche en el bar acordado.

    Al llegar a las oficinas me anuncie con el licenciado, les dije que no tenía cita pero que me anunciarán ya que seguro me recibiría, les di una copia del nombramiento que me habían dado para que me dejaran entrar, al paso de 15 minutos. Por fin me llamaron a su oficina, me llevo la misma secretaria y me abrió la puerta, al cerrarla coloque el seguro y le dije.

    «No se me olvida agradecer y a eso vengo»

    Me pare frente al escritorio y me quite el saco, deje al descubierto todo mi hermoso cuerpo, mi sexo totalmente depilado, inmediatamente sonrió y me dijo:

    «A eso me refería con agradecer» me hinque y a gatas camine hacia él, por debajo de su escritorio, hasta llegar a él y sacar su rica verga del pantalón, chupársela y mamársela hasta el fondo. Él me tomaba de la cabeza metiéndome todo su pene hasta la garganta así durante varios minutos, acto seguido me levantó tomándome de la barbilla y yo gimiendo del rico placer que sentía entre mis piernas.

    Besándonos yo caminaba hacia atrás y el frente a mi, me aventó a su sofá yo lo envolví entre mis piernas sobre su espalda, de pronto me penetro muy rico y fuerte, sentí un rico placer, que di un rico grito, me cogió muy durante un muy buen tiempo, cambiando el ritmo, suave y a la vez duro, que hasta me hacía morder el cojín sobre el sofá, me encantaba como ese hombre me cogía, hasta que por fin termino, chorreando todo su semen en mi cara, terminó antes que yo, le dije que yo también quería terminar, me dijo que ahora era su puta, que quería que fuera su amante, inmediatamente respondí que si, que él me tendría disponible en todo momento que quisiera.

    Lo recosté en el sofá y estuve lamiendo sus bolas y su pene hasta que por fin logré una nueva erección para que volvería a comerme, me lamio mi sexo durante buen tiempo hasta que por fin a punto de chorrear me coloque de a perrita e introdujo su rico pene, yo movía mi culo como perra para terminar y obtener mi orgasmo, me daba nalgadas y me decía puta y maldita perra, eso me excita mucho y por fin di un grito de placer y mi orgasmos estaba consumado, fui al tocador de las oficinas y me cambie, obvio me coloque una minifalda una blusa y encima mi abrigo ya sin medias.

    Más tarde salimos juntos de las oficinas, me dijo que me llevaría al lugar donde iba a verme con mis amigos y así fue, Al llegar al lugar le dije que fuera conmigo, ya que mis amigos irían en parejas, me preguntó si no tenía problema en que un hombre más viejo me acompañará y le dije que no!!!

    Al llegar al bar con mis amigos me vieron llegar con él, obvio estaban sorprendidos, el hombre me llevaba casi 20 años, efectivamente eran 3 de mis amigas con sus parejas, y yo no iría sola, estuvimos hasta las 2 de la mañana bebiendo, platicando y bailando, obvio Hernán iba a ir a dejarme a mi casa, camino a mi casa, Hernán empezó a frotarse sobre el pantalón y a tocar mi pierna, dijo que estaba incómodo así que saco su pene ya erecto, me tomó del cuello y me bajó hacia su pene, para volver a tragarlo y así me llevó todo el camino hasta que llegamos a un motel, quise levantarme pero no me dejó, y ahí estaba chupando su pene mientras el pagaba la habitación, obvio el hombre que atendía me veía ahí como toda una puta ansiosa tragando verga.

    Al llegar a la habitación me pidió que me quitara la ropa y la dejara en el coche, para que entrará desnuda a la habitación, él se adelantó y yo subí las escaleras totalmente desnuda únicamente con mis zapatillas, ya iba algo tomada pero no pensé en hacer lo que me pidió, al entrar a la habitación el ahí estaba, parado con la verga de fuera del pantalón, masturbándose, al verlo me coloque de perfil hacia el sacando mi pecho y mis nalgas, me pidió que a gatas fuera hacia él, mientras se sentaba en el sillón, al llegar metió su pene en mi boca hasta dentro y ahí estuve de rodillas comiéndome su verga, inmediatamente Después fuimos a la tina que estaba llenándose, al entrar nos metimos a nuestro baño de espuma, me subí en él moviendo mi sexo de adelante hacia atrás y dándome de sentadillas.

    Después le quise dar un regalito ya que estaba tan excitada y enjabonada, recargando mis brazos sobre la orilla de la tina, levanté mis nalgas dejando expuesto mi culo y a gritos le decía que me penetrara por mi ano, al cabo me estaba llenando y me estaba haciendo buenos trabajos que le recompensaría con algo más apretadito, esa noche quería gemir tenía alcohol en mi sangre y quería dejarlo entrar por mi cola y así fue, que entró muy fácil, no dolió mucho, al contrario estaba sintiendo muy rico, ese hombre me tenía tan excitada que mis gemidos eran de placer mmmm era rico, así durante mucho tiempo que terminamos al mismo tiempo, el término dentro de mi y yo chorreando mis fluidos dentro de la tina, tanto así que hasta seguramente ponía mis ojos en blanco, terminé desvanecida en la tina y el como todo macho se levantó a tomar agua y yo ahí toda comida por mi culo, yo solo sonreía, ya tenía mucho tiempo que no sentía ese placer.

    Al final me saco de la tina y me llevó a la cama, a eso de las 4 de la mañana, dormimos juntos, pero a las 6 de la mañana, él quería volver a tener acción, yo al sentir su erección solo levanté las nalgas y empezó de nuevo, comiéndome debajo de las cobijas haciéndonos 69 y terminando chorreando nuestros jugos el en mi boca y yo en la de él, al punto de las 12 del medio día me llevo a mi casa, al entrar nadie se dio cuenta, el día sábado dormí toda la noche y en domingo también, ya que el lunes tendría que estar concentrada para iniciar mi trabajo.

  • Caudal de placer

    Caudal de placer

    Vaya chupada de tetas me das; 
    se nota que no las ves ¿desde cuando?
    Humm, así, sí, sigue me está gustando; 
    cariño, me excitas, cómelas más. 

    Ahora, lames mi cintura además
    mi vientre tú humedeces salivando. 
    Amor mio, que bien me estás calentando;  
    vente abajo, mi coño encontrarás. 

    Oh, noto de tu lengua el penetrar, 
    la punta en mi clítoris la sentí, 
    te abres paso, la mueves sin parar

    y un caudal de placer ya crece en mí. 
    Ah, me desbordo creo que voy a gritar:
    ¡uff, me corro, sí, mi amor, me corrí!

  • Educando a Kali

    Educando a Kali

    Usted me reclama nuevos relatos. Yo le ofrezco uno para usted, y si quiere, lo hacemos público.

    Pero si no, sepa que no es una fantasía, sino una promesa.

    Será el día en que coincidamos, y podamos cerrar la puerta de la habitación.

    El mundo afuera, nosotros adentro. Toda su plenitud y su hermosura, toda mi perversión, encerrados en un cuarto.

    La miraré a los ojos y le pediré que se arrodille.

    Me encontraré con el traje negro, la camisa blanca, sin ropa interior.

    Sabrá entonces que es el momento de ofrecerme su boca. Usted mostrará sus mejores artes. Chupará, besará, lamerá.

    No logrará que surjan de mi cuerpo sonido alguno. Notará que mi cuerpo responde a sus caricias, su boca quedará llena de mi ser. Se ahogará una vez.

    La apartaré, y le empezaré a quitar la ropa.

    Desnuda por completa, juntaré sus manos y se las anudaré, como si estuviera rezando las manos atadas, juntas, delante suyo.

    Y sin decirle palabra alguna, la acostaré boca abajo en la cama.

    No le vendaré los ojos. No esta vez.

    Quiero que vea mis ojos, la única debilidad que me permito.

    Sentirá que anudo uno de sus tobillos, y lo aseguro en la pata de la cama. Y enseguida, notará que también anudo su otro tobillo que será anudado en la otra pata. Sentirá su cuerpo abierto, expuesto, para que sea yo el que descargue el primer golpe con la mano.

    No usaré cinturones ni látigos. Mi primer contacto con su cuerpo será mi mano, bajando una y otra vez sobre sus nalgas. Hasta que queden rojas. Quiero sentir en mi mano las descargas. Quiero ver como su piel blanca empieza a enrojecer. Usted se dejará hacer. Y yo me serviré de su cuerpo hasta que me plazca. Y después de unos cuantos chirlos, sentirá en su espalda que vuelco aceites… y empezaré a recorrerla con mis manos, las mismas que no tuvieron piedad con sus nalgas, desde el cuello hasta el centro de la espalda… descendiendo lentamente, hasta que las vuelva a sentir en sus carnes enrojecidas…

    Me detendré en sus piernas, las recorreré en toda su longitud… y rozaré su vagina sin tocarla. Sentiré que sus manos atadas están tocándose, sin entender por qué mis golpes y mis caricias han logrado humedecerla. Hoy se lo permitiré…

    Cuando sienta que todo su cuerpo ha despertado, rozaré con mis dedos su clítoris, y se encontrarán con sus dedos. Abriré sus nalgas con mis manos y hundiré mi boca en su culo. Veré con mis ojos, y sentiré con mi boca como se va abriendo para mí, deseando que la penetre.

    Haré círculos con mi lengua sobre su culo, mientras un dedo la penetrará. Encontraré sus puntos más sensibles. Su interior está húmedo y caliente… Usted gemirá.

    Y allí me detendré.

    Me acercaré para que vea como me desabrocho la camisa. Muy lentamente. Sin prisas. Y me desnudaré frente a usted.

    Apoyaré mi miembro en su culo abierto, pero no la penetraré.

    Será usted la que levantará su pelvis para ser penetrada, y no dejará de masturbarse.

    Será apenas el primer orgasmo de la mañana.

    (Si por alguna extraña razón, quisieras comunicarte con el autor del texto, se puede a través de [email protected])

  • Gerardo, mi Uber

    Gerardo, mi Uber

    Definitivamente las casualidades existen. Gerardo vive en mi colonia, en 2019 tendría unos sus 26 años, pero parecía de más edad debido a las dificultades de la vida que le había tocado experimentar. De 1.70 m, pelo y ojos negros, piel morena clara, de espalda y pecho anchos, de complexión fuerte sin necesidad de ir al gym, pequeña barriga de «hétero» y una cara ni bonita ni fea.

    A él parecía disgustarle el verme en el parqueo de la colonia cuando coincidíamos y lo comprendo, pues suelo caerle gordo de entrada a personas como él porque soy muy serio y debido a mi timidez evito contacto con la gente, por lo que creen soy arrogante. De mi parte me gustaba ver como él lavaba su carro rentado, pues trabaja con plataformas como en Uber e indriver, solía lavar su carro sin camisa, con esa eficiencia y rapidez con que la gente que trabaja con trabajo físico suele tener, me gustaba ver su espalda ancha y sudada mientras lavaba el techo de su hyundai elantra negro, como estiraba sus brazos para abarcarlo y como se le miraba su poco vello en las axilas, como se le marcaban los pectorales ligeramente y sus pezones redondos y rosados cuando estrujaba el estropajo para quitarle el exceso de agua.

    Una noche fui a un concierto de la sinfónica, quizás por estos mis gustos clasistas suelo caer mal, y al salir no tenía ganas de regresarme en bus, por lo que pedí un indriver, la primera oferta era de un hyundai elantra negro que estaba a unos 500 m y cuyo conductor, Gerardo, tenía 4.8 de calificación, dicha oferta la acepté sin prestar mucha atención y cual no fue mi sorpresa que ese muchacho de aspecto fuerte de mi colonia que tanto me gustaba ver como lavaba su carro era mi chófer, dije:

    «buenas noches, Gerardo», tratando de lucir tranquilo.

    «buenas» me dijo con una seriedad no hostil.

    Andaba puesta una camisa negra y jeans azules y al confirmar el destino, con una pequeña sonrisa él me interrumpió y me dijo que ya lo sabía. Al inicio del viaje íbamos en silencio hasta que en un redondel un motociclista de Uber eats se nos atravesó y Gerardo tuvo que frenar fuertemente para evitar golpearlo, como buen motorista le exclamó unas palabras altisonantes que yo también secundé, porque podré ser muy serio, tímido y de gustos refinados, pero cuando llega la hora puedo desplegar un arsenal de palabras floridas que puede ser la envidia de cualquier camionero.

    Ese intercambio de palabras soeces quebró el hielo y el resto del viaje transcurrió entre risas y chistes hasta que llegar a mi destino, me dijo que mi viaje era el último y que iría a descansar, a lo cual dije que estaba bien, le ayudé a parquear y le pagué y me dispuse a despedirme y a caminar a mi casa, pero él me retuvo y me pidió ayuda para subir unos comprados hasta su casa a cambio de una cerveza, le dije que no tomaba pero que lo ayudaría con mucho gusto, en este punto Gerardo ya me agradaba más allá de su apariencia y él se miraba mucho más relajado hacia mi. Lo ayudé con un par de bolsas y noté que él perfectamente las hubiera subido solo pues no eran muy pesadas. Me dijo que estaba viviendo con su hermano menor pero que no estaba esa semana en casa.

    Entramos y pusimos las bolsas sobre la mesa, sin dejar de hacer bromas y chistes, luego con esa su voz de macho me dice:

    «quiere agua?».

    «Si, por favor», me sirvió un vaso con agua helada.

    Mientras la tomaba, él se quitó la camisa y se desabotonó el jeans, le vi sus pectorales anchos, el escaso vello de su ombligo y el elástico de su bóxer.

    «si quiere puede quitarse la camisa, pues hace calor» me dijo sin quitarme los ojos de encima.

    Me la quité en silencio aceptando tácitamente su invitación a quedarme y él vio mi torso en silencio. Este momento supe que Gerardo era gay o al menos las prácticas gays no le eran ajenas. No nos dijimos nada en un rato, me le acerqué y le dije que tenía buen cuerpo «gracias, igual usted» me dijo, luego otro silencio y se me acercó aún más, sin tocarlo con ninguna parte de mi cuerpo lo besé en la boca superficial y brevemente, como para tantear el terreno y para mi sorpresa no sólo aceptó mi beso sino que me lo devolvió con más fuerza, más pasión y mientras metía toda su lengua en mi boca apretó su bulto duro contra el mío, te toqué el trasero sobre la ropa y aunque no era grande, era muy duro, yo también estaba muy excitado y lo comencé a besar en los pezones, ahora podía percibir ese olor de hombre joven proveniente de sus axilas, no soporté más y le levanté un brazo, el derecho, y vi esa axila peluda aparecer ante mi, yo sin pensarlo le pasé la lengua por todo ese jardín de las delicias peludo y probé ese sabor delicioso, él estaba un poco atónico, nunca pensó que esa parte de su cuerpo podía ser atractiva, me lo confió otro día, le bajé ese brazo y le subí el otro repitiendo el ritual anterior. Me emborrachaba ese su olor corporal, su olor a loción barata y como aceptaba dócilmente todo lo que le hacía.

    «qué rico» me dijo cuando le pasaba la lengua en su axila por décima vez.

    Luego me empujó y me puso contra pared y me besó los pezones, luego me bajó el jeans y mi pene de 16 cm saltó grueso, venudo, cabezón y palpitante y se lo tragó todo, sin chistar, sin remilgos mujeriles, sus mamadas eran torpes, al igual que sus besos pero con fuerza y pasión, se levantó, me vio penetrantemente, se bajó el jeans y dejó ver su bóxer blanco mojado y un bulto pugnando por salir, se lo bajó y saltó su pene de 16 cm, parado hacia arriba cabezón y con poco vello púbico y procedí a mamarlo, luego sus huevos lampiños y luego el espacio entre el ano y los huevos, era impresionante ver ese hombre parado, con sus magistrales piernas peludas oírlo gemir en el tope del placer, le di vuelta y le abrí esos dos glúteos duros y su hoyo apareció ante mi, con poco vello, cerradito, pensé que ese hoyo había tenido poco tráfico, lo que enduró más mi pene, luego mi lengua procedió a lubricarlo, él seguía en silencio aceptando mi homenaje, luego de un rato y sin preguntar, me levanté y así como estábamos parados, lo penetré, Gerardo gimió quedamente pero lo sujeté de sus brazos y lo puse contra la pared, lo lubriqué de nuevo y le dije al oído «relájate» mientras lo penetraba, era una delicia sentir como esos músculos anales cedían ante mi pene, ellos apretaban fuerte, ya con mis 16 cm de carne dentro lo bombeé fuerte, él estaba con las palmas siempre sobre la pared, piernas abiertas, su espalda ancha sudada y pujando ante cada metida, yo estaba a punto de terminar pero le daba con todas mis fuerzas, pensaba que no quería terminar así de rápido, que quería más de ese hombre, en eso él tensó la espalda, y gimió pesadamente y empecé a sentir como su ano se contraía rítmica y repetidamente en mi pene y vi como de él caía al suelo esa leche espesa y abundantemente, en eso se movió y mi pene a punto de estallar se salió de su ano de hombre, entendí que no podía quedarme así y procedí a masturbarme, Gerardo se acercó y me empezó a besar mientras me tocaba los pezones y terminé sobre su pubis y su pene medio flácido aun goteando semen…

    Nos separamos los 2 jadeantes, sudados, goteando ambos leche, recuperamos un poco el aliento y con una media sonrisa me dice con esa su voz de macho de barrio.

    «se ducha conmigo?».

    «claro» le dije.

    Ya en la ducha fuimos más cariñosos, más abrazos, más besos, más bromas, enjabonamiento de espalda mutua, aún más bromas. Nos secamos, le ayudé a limpiar el desorden de nuestra lujuria y me vestí y ya para despedirme me dijo:

    «a ver cuando viene otra vez».

    «usted diga y yo vengo».

    Le di un abrazo, que me devolvió con esa sencillez con que abraza un hombre sencillo y me fui.

    Al día siguiente en la mañana, lo vi en el parqueo, lavando su Elantra negro, sin camisa, estrujando el mismo estropajo del exceso de agua y con esa sonrisa de hombre y como si fuera su amigo de toda la vida me dio los buenos días, lo saludé y charlamos unos 5 minutos de alguna tontería que ya no recuerdo.

    Luego me fui pensando que además de un sexo rico tal vez había ganado un amigo, aunque en mi cabeza quedó resonando sus últimas palabras al despedirse:

    «A la próxima a usted le toca».

  • El primer orgasmo de mi mejor amiga

    El primer orgasmo de mi mejor amiga

    Esto pasó hace algunos años cuando yo tenía 18 años.

    Mi mejor amiga se llama Ana, es de cabello rojizo, un culo muy bien formado, pocas tetas, de baja estatura, de piel rosadita y cabello chino.

    Todo comenzó una noche que ella había salido de fiesta con su novio, a eso de las 4 de la mañana me llega un mensaje de ella.

    Me preguntó cómo estaba, que hacía, etc., luego me contó como estuvo la fiesta y que estaba en casa de su novio, de repente la conversación dio un giro algo extraño, ella me decía que de seguro me estaba masturbando o que estaba pasando nudes.

    Ella y yo nos conocemos desde niños, nuestra confianza es muy grande, no hay tema que nos incomode hablar, yo tomé la plática muy normal porque supuse que estaba bajo los efectos del alcohol.

    Seguimos hablando cuando ella de la nada me manda una foto de sus piernas argumentando que no le gustaban sus medias, yo lo tome súper normal y continuamos hablando, después salió el tema de los nudes y me pregunto que si no me daba miedo que se hicieran públicos, yo le dije que solo se los mando a personas de extrema confianza a lo que ella me pregunto que si a ella se los mandaría, yo le dije que obvio si, a lo que ella contesto «A ver envíalos».

    Yo estaba algo sorprendido y no sabía que contestar, pensé en dormir, cuando suena nuevamente mi teléfono, era mi amiga que me había mandado fotos y un video, no pude aguantar la curiosidad y abrí la conversación, al ver las fotos quede paralizado, eran fotos de ella desnuda y un video mostrando su bello trasero, llego otro mensaje que decía «Para que veas que tú también eres de toda mi confianza», lo medite unos minutos y decidí mandarle los míos, eran unas fotos en trusa donde se me veía un buen paquete, mi abdomen y mis pectorales, no soy el más fuerte, pero tengo bien definido mi cuerpo.

    Cuando vio las fotos me sentí muy nervioso, ella solo me hizo cumplidos pero me pidió si le podía mandar una foto de mi pene, yo le respondí que nunca había mandado algo así ya que me han dicho que no es muy atractivo para algunas chicas, ella me insistió, pero decidí ya no contestar e irme a dormir.

    Al día siguiente que desperté, le mande mensaje y le dije que me había quedado dormido, ella me respondió como siempre, supuse que lo de anoche fue producto de su borrachera, eran las 7 de la tarde y me pregunta si mañana la puedo acompañar de compras a la plaza, yo le dije que si.

    Al día siguiente fuimos a desayunar, ella saco el tema de la otra noche y me pregunto si me sentía incómodo, yo le dije que no pero que no esperaba que pasara eso, ella me dijo que con su novio no tiene un buen sexo y nunca ha llegado a un orgasmo, que esa noche tuvieron relaciones, el acabo en segundos y cayo dormido, por eso se había quedado con ganas y al verme conectado pensó en mi.

    Yo le pregunte el por qué yo, ella contesto que me tiene mucha confianza y que mi antigua novia le había contado que era bueno en la cama y tenía un pene decente, yo quede algo sonrojado y a la vez me sentía halagado, ya sin tomar medidas ella me dijo que por eso quería ver mi pene, yo le dije que era algo muy íntimo y que tal vez no era lo que ella esperaba, ella insistió y me propuso que cuando la fuera a dejarla a su casa se lo podría mostrar para que no fuera en foto.

    Yo no estaba convencido pero como era mi mejor amiga accedí, no creí que fuera a pasar algo más.

    Después del desayuno fuimos a hacer sus compras, compro pantalones, blusas, unos zapatos y ya al final entro a una tienda de lencería, no era la primera vez que la acompañaba a una de esas tiendas, estuvo viendo, ella se acerca y me pregunta cual me gusta, yo le dije que a mi me daba igual, entonces replanteo su pregunta y me dijo «¿Con cuál me gustaría verla?», yo soy fanático de las tangas de encaje, entonces le señale una azul de encaje, sin más que decir ella agarro esa y otras que había elegido y fue a pagar.

    Salimos de la plaza y nos subimos al carro, fuimos a su casa, al llegar me detuve y le dije que era el momento, me comencé a desabrochar el cinturón, ella entendió a lo que me refería y me pidió que mejor dentro de su casa yo accedí, pase a su casa y me pidió que la esperara en su cuarto, yo obedecí, pasaron como 20 minutos y ella toco la puerta me pregunto si estaba listo, a lo que contesté que sí, ella entro y venia solo con la tanga azul que yo había elegido y las tetas al aire, yo no sabía que hacer, yo estaba en trusa pero aun con playera, ella me pidió que me la quitara que quería observar mi cuerpo, accedí y quede solo en trusa, yo estaba muy nervioso, nunca había visto de esa forma a mi amiga, me sentía confundido pero muy excitado, ella me comenzó a bailar de manera muy erótica, me dijo que lo quería ver en todo su esplendor.

    Siguió bailando y se acercó me pidió que le bajara la tanga y así lo hice, quedo ante mi su vagina con un mechón de pelos rojizos, estaba muy excitado ya sentía mi pene muy húmedo, ella se agacho y bajo lentamente mi trusa y salto mi pene que tenía una gran erección, lo tomo con su mano y empezó a hacer movimientos con su mano, parecía que me quería masturbar, me dijo que era más grande de lo que imaginaba y que estaba muy gordo, también menciono que el de su novio no es de mal tamaño como unos 13 cm pero que no sabe utilizarlo, siguió así unos instantes cuando sentí su lengua en mi pene en ese momento me hice hacia atrás y le dije que no podía hacer esto, me vestí y salí de su casa.

    Pasaron como 3 semanas y no nos habíamos hablado, durante esas 3 semanas me sentía muy confundido, más porque al masturbarme venía a mi mente la imagen de mi amiga de rodillas y mi pene entre sus manos.

    Un día ella subió a sus historias de Instagram que pongas un emoji y te confesaba algo, yo por curiosidad respondí, esperaba que pusiera algo de esa vez, mi sorpresa fue que ella me respondió, «Quiero que me folles» yo tenía ganas de hacerlo pero algo en mi me impedía hacerlo, decidí no contestarle, pasaron otras 2 semanas, cuando me manda mensaje otra de mis amigas y me dice que si la acompaño a cenar, yo acepte y salí rumbo al restaurante, al llegar no había llegado ella, espere unos 10 minutos cuando alguien me toca mi hombro y era Ana, yo estaba confundido por que esperaba a otra amiga, ella me dijo que le había pedido a ella que me citara para que nos pudiéramos ver, ella iba preciosa un vestido negro muy entallado, unas zapatillas negras de tacón de aguja y su cabello muy bien peinado, me levante y le moví el asiento para que cenáramos, comenzamos a hablar.

    No había salido el tema cuando ella tomo mi mano y me dijo que si la odiaba, yo le conteste que estaba muy confundido, que no sabía qué hacer, me pregunto si le parecía atractiva, a lo que conteste que si.

    Seguimos hablando cuando me dijo que la idea es que me la cogiera esa noche, yo no estaba decidido, pero ella me contesto que no solo esta noche, que quería que yo me la cogiera todos los días por el resto de su vida, yo le pregunte que si me estaba pidiendo ser su novio, ella solo asintió con la cabeza, le pregunte por su novio a lo que me dijo que lo dejaría por mi, me gano el deseo y la jale hacia mi dándonos un beso, salimos con muchas ganas del restaurante y nos metimos al primer hotel que vimos.

    Cuando llegamos a la habitación, empezó un besuqueo muy satisfactorio, nos desnudamos y note que ella traía la tanga azul que yo le escogí, la empuje a la cama y comencé a besar sus senos baje hasta su vagina, ahí empecé a darle un oral, disfrute mucho su sabor me sentía en el cielo, ella solo gemía, cuando sentí su liquido en mi boca sabía que había cumplido la misión, tuvo su primer orgasmo, ella parecía poseída me jalo y me recostó en la cama, comenzó a besarme el cuello, bajo a mi pecho luego a mi abdomen cuando llego a mi pene comenzó a masturbarme y luego lo hundió en su boca, era una mamada deliciosa, comenzó a masajear mis testículos, luego yo la jale la puse de misionero y pregunté si había condón ella dijo que no era necesario, metí mi pene de una estocada soltó un pequeño grito de dolor y después eran solo sus gemidos, seguimos dándonos besos mientras yo la penetraba con algo de rudeza, se vino nuevamente, la manera en que su vagina apretaba mi pene era fantástica, saque mi pene en lo que ella descansaba, sentía su corazón muy acelerado, ella me dio otra mamada, ya que la vi más tranquila la puse en 4 y la comencé a penetrar, en un momento me pidió que le pasara su teléfono a lo que yo obedecí, pensé que nos grabaría, pero le marcó su novio por videochat y el solo la vio a ella en 4 gemir mientras era penetrada por mi, solo se veía mi torso, ella le dijo «Ya estoy con la persona que quiero y el si me da placer».

    Él le colgó y nosotros seguimos en lo nuestro, comencé a dilatar su ano metiendo primero un dedo, le pregunte si le gustaría hacerlo por ahí, ella me dijo que yo podía hacerle lo que quiera eso me excito mucho, después de dilatar bien, comencé a penetrar su ano, al principio costo algo de trabajo pero después fue muy placentero para ambos, ella estaba a punto de llegar a su cuarto orgasmo y yo al primero, ella empezó a contraer su ano y eso hizo que explotara dentro de ella, le llene el ano de semen mientras los 2 llegábamos juntos al orgasmo, caímos rendidos y despertamos al otro día, tuvimos sexo en la ducha antes de irnos, ese día comenzó una bella relación, actualmente llevamos 4 años de novios.

    Yo a veces leo esta página porque me gusta leer las experiencias de los demás, ella me descubrió y me pidió que contara nuestra historia.

    Espero les haya gustado.

  • Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (7)

    Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (7)

    Mari soltó la mano de su hijo, era suficientemente mayor para apañárselas solo. El joven movió los dedos con calma, primero masajeando la zona exterior, comprobando que el apurado del afeitado era exquisito. Sus dedos ya pringados por la sustancia que su madre no paraba de expulsar hicieron el primer contacto con el clítoris.

    La protuberancia dura, caliente y mojada le esperaba con ansia y cuando el joven la apretó, Mari siseó con los dientes debido al placer. Sergio no se detuvo, no lo haría ni aunque un genio le prometiera tres deseos, ya que ahora mismo estaba cumpliendo uno.

    Volvió a apretar, esta vez con más fuerza, sumándole una leve rotación a modo de masaje que Mari sintió en el centro de su alma. Apretó las piernas, atrapando la traviesa mano y suspirando sigilosamente. La cosa que allí ya no había nada sigiloso, en el casi perfecto silencio que les envolvía, cualquier ruido era un grito, en este caso… de placer.

    Abrió las piernas de nuevo, al tiempo que Sergio golpeaba otra vez el trasero de su madre con un miembro que suspiraba por salir. En el calzoncillo se le había formado una graciosa mancha de humedad que de haberla visto, Mari se habría derretido, tenía demasiado guardado.

    Quiso poner en práctica todo lo aprendido en su vida, como si todas sus experiencias sexuales confluyeran en ese preciso instante. Volvió a masajear el preciado clítoris y sintió en su propio pecho como el cuerpo de Mari temblaba como loco. Pensó en miles de cosas, sobre todo en querer sacar su escopeta y empezar con el plato fuerte, sin embargo, lo mejor sería ir paso a paso.

    Dejó el monte de venus que tan bien le había sentado tocar, para bajar con unos dedos mojados hasta la cavidad con la que una vez soñó. Lo iba a hacer, nada le iba a parar. Buscó la entrada con el dedo corazón, la encontró enseguida y por fin… aunque no de la forma que anhelaba… penetró a su madre.

    —Mmm…

    Salió de los labios de Mari llegando a los oídos de Sergio, ansioso por escuchar mucho más del placer que la mujer sentía. El dedo que se encontraba en el interior, se movió como una anguila, electrocutando cada pared de la madre.

    Movía sus piernas con cierta inquietud, el placer era tal que ni siquiera se podía estar quieta, todo le molestaba, no sabía ni como ponerse para notar todo el gozo. Mejor mantenerse quieta y que su hijo siguiera… lo estaba haciendo tan bien. Eso sí, con manos ansiosas bajó hasta donde su ropa interior descansaba, la deslizó hasta sus muslos pudiendo abrir bien las piernas y dejando que su hijo introdujera su dedo corazón de forma más profunda.

    La falange se comenzó a mover por todas las paredes, nadando en una piscina de líquidos de lo más placenteros. Mari no quería materializar lo que pensaba, incluso mantenía los ojos cerrados sintiendo un placer sin igual. Lo que había deseado por fin se estaba cumpliendo, iba a tener relaciones sexuales con Sergio… no se dignaba a poner en su mente la palabra hijo.

    Sergio sintió la tensión de los músculos de su madre, tanto en el interior del sexo, como en el resto de su cuerpo, la mujer se contraía. Mari apretaba los dientes al tiempo que el joven aceleraba la marcha e introducía otro dedo en su interior. El movimiento comenzó a ser veloz… como a ella le gustaba, incluso un sonido de chapoteo recorrió la habitación.

    Separó las piernas todo lo que le permitió su nueva braga y puso su cara contra la almohada, no quería gritar, la daba vergüenza, INCREÍBLE. Los dedos comenzaron a elevar tanto el ritmo que Mari no lo podía soportar. Sintió el cielo y el infierno, el calor del sexo y el frío del pecado. Le recorrieron un aluvión de sensaciones y abrió tanto los ojos como la boca de par en par, tensando su cuello contra la cama.

    Salió todo lo que tenía que salir. Contra los dedos de su hijo cayeron años de sexo frustrante y días en los que Mari no se sentía ni siquiera apetecible. Toda la resignación se fue con aquel orgasmo silencioso, tanto que solo las convulsiones del cuerpo de su madre avisaron a Sergio de que había llegado.

    El chico sacó su mano para que su madre se relajara, escuchaba la respiración agitada e incluso el corazón acelerado de la mujer, lo podía sentir retumbando en su espalda. Se quedó quieto, solo con el calor de su mano llena de un viscoso líquido que hubiera pagado por poder ver con claridad, mientras su madre se recuperaba del hermoso orgasmo.

    “Joder… pero, ¿qué coño ha sido esto?” pensó la mujer al tiempo que no podía controlar el temblor de sus piernas. Su trasero le vibraba como loco mientras el pene de su hijo seguía atravesándola ambas nalgas.

    No era tiempo para detenerse, era el momento de actuar, de coger al toro por los cuernos y disfrutar, el fuego de su interior no se había apagado, sino que rugía con más fuerza. Movió más sus piernas, quitándose de encima la braga que atrapó con su mano mientras Sergio seguía quieto a su lado.

    La mujer no le dio tiempo de reaccionar. Sus maltrechas piernas le dieron un respiro y sabiendo que estaba en la posición idónea, no perdió la oportunidad de subirse encima. Una de sus manos se apoyó en la cama, sus piernas se pusieron una a cada lado del joven, justo dejando su sexo repleto de fluidos encima del miembro erecto.

    La mano ansiosa por encontrar lo que buscaba bajó hasta el calzoncillo de su hijo. Introdujo sus dedos sin tanta parsimonia como había hecho anteriormente Sergio. El joven ayudó bajando levemente la tela hasta sus muslos, como su madre, escasos segundos atrás y… la bestia salió.

    Mari la tenía tan cerca, que al salir aquel obelisco la golpeó en sus hinchados labios, dejándola un rastro de líquido preseminal que se unía a los fluidos salidos del orgasmo. La mano rauda lo atrapó después de la colisión, agarrándolo con fuerza y haciendo que el joven se estremeciera de placer. El sonido silbante que salió de los labios del hijo, a Mari… le encantó.

    Dispuso aquel tremendo pene en su entrada, el sexo hambriento de la madre por fin iba a devorar lo que tanto había buscado. Aunque por una milésima, una duda a ambos amantes les pasó por la cabeza como un rayo destructor.

    Sergio en toda la vorágine ardiente en la que estaba envuelto, justo cuando su madre rodeó el grosor de su miembro con la mano, sintió un leve contacto frío que no dudo de que se trataba. Estaba claro que aquel trozo de plata que seguía con una temperatura templada, era la alianza de boda que su madre siempre llevaba encima.

    A Mari quizá por el mismo contacto de su anillo con un pene que no era el de Dani, este le apareció como un fugaz recuerdo. Le iba a ser infiel por primera vez en su vida y no con un cualquiera, sino con su hijo.

    Por aquella milésima de segundo en el que les pareció un siglo entero, todas las dudas y el remordimiento aparecieron. Incluso Sergio meditó la deslealtad a su padre, el máximo exponente de traición que iba a cometer.

    Sin embargo, la moneda ya estaba en el aire y el destino… o el mismo demonio estaba con las riendas de sus vidas. El pene de Sergio rozó de nuevo uno de los labios de Mari, haciendo que aquella millonésima parte de segundo acabase y ambos volvieran a la casi perpetua oscuridad de la habitación.

    La mujer no se detuvo, sino que pasó aquel tremendo miembro por su sexo, masajeándoselo para golpearlo en dos ocasiones contra su duro clítoris. Un sonido rudo y acuoso recorrió las paredes de forma sabrosa. Estaba poseída por un espíritu lujurioso que la instaba a seguir más y más, a sacar todos sus deseos aquella noche. Al final lo que tenía suceder sucedió… la punta del pene de Sergio, se introdujo dentro de su madre.

    De golpe, la mitad del miembro entró en Mari, que trató de aspirar todo el aire que pudo para soportar tanta presión dentro de ella. Un leve suspiro se acompasó con un generoso gemido de Sergio, que ya notaba como su glande era aprisionado por paredes calientes y mojadas.

    La mujer pausadamente descendió su trasero, comenzando a engullir todo lo que su hijo tenía en la entrepierna. En menos de un minuto, sus nalgas hicieron contacto con las piernas del joven y ella se abrió totalmente para dar entrada a los últimos milímetros.

    “Me cago en todo… ¡Si esto me puede partir en dos!” pensó únicamente en su cabeza, con cierto miedo a reproducirlo por su boca. “Esta sensación… es lo mejor… mamá está ardiendo” Sergio con los ojos abiertos trataba de ver la sombra que comenzaba a cabalgarle con suma delicadeza, aunque era imposible. Solo se podían observar las pequeñas siluetas que formaban en la oscuridad y… los pechos que tras la tela se mecían a placer.

    Mari sumida en un placer insano, con las manos apoyadas en el mullido colchón, empezó a mover su cadera de forma parsimoniosa. Quería que su interior se acomodase a semejante monstruo, algo que por supuesto jamás había tenido dentro. Encima de su hijo, la cabalgadura se comenzó a intensificar, ya que en su mente solo salían comentarios que necesitaba dar voz, pero que no podía.

    “No me puedo creer… esto es tener una buena polla dentro…” su calentura iba maximizándose mientras una Mari más joven iba saliendo de su interior, una que dejó a un lado muchos años atrás. Sus piernas se iban abriendo más y más, queriendo captar en su interior los últimos milímetros posibles, hasta el punto de que su propio ano contacto con los genitales de Sergio. “¡Jesús, bendito! Estoy en la gloria… Síííí”.

    El joven en cambio, apenas podía pensar en nada, se mantenía rígido y con las manos en las caderas de su madre. No quería tocar nada que pudiera romper aquel mágico momento y además… apenas podía soportar todo el placer que se concentraba en su entrepierna, de hacer algo, se correría.

    “¡Piensa en algo! En los exámenes… en el futbol… en baloncesto… ¡Lo que sea!”. Su madre incrementó el ritmo al que se mecían sus caderas. Llevada por una rápida respiración que se acompasaba a cada movimiento, Mari se movía encima de Sergio como una verdadera amazona. En cambio el muchacho con los ojos cerrados, recitaba alineaciones de futbol para no acabar cuanto antes.

    El coloso que tenía entre las piernas, le estaba guiando al cielo, apenas llevaba par de minutos encima del joven que no podía aguantar más. Se había propuesto reservar todas las fuerzas para volver a tener un orgasmo tan intenso como el de minutos atrás, pero le era imposible, la “corrida” volvía a aparecer.

    Todavía con los ojos cerrados el muchacho apretó con fuerza la cadera de su madre, sabedor de que aquel ritmo frenético que había impuesto, sería una señal que anunciaba el final. Con todos los dedos en la cintura de Mari, la asió de adelante hacia atrás, acompañando el rápido ritmo de esta y así, hacer más profunda y placentera la penetración.

    Los dedos en su cintura los notaba como garras, como… a ella le gustaban “no me deja escapar…” se decía mientras no paraba de moverse. Levantó algo su cadera y se recostó levemente sobre Sergio, pero sin tocarle. Iba a terminar, estaba más que claro. Alzó todavía más su cadera y cambió los movimientos, sacando el pene de su hijo hasta la punta y después bajando sus nalgas con fuerza para insertársela entera.

    Solamente pudo hacer varias pasadas, el placer era tal que en el momento que sintió una punzada en la columna se tuvo que erguir completamente sobre el muchacho. Se quedó en un ángulo de noventa grados, parando el ritmo y haciendo una fuerza desmedida con su cadera a la vez que sus terminaciones nerviosas se volvían locas. El pene que tenía en su interior con aquella posición llegaba hasta el infinito y ella… ella… iba a reventar…

    No le hacía falta al muchacho abrir los ojos, con sus oídos pudo escuchar el chapoteo que anegaba ambos sexos y como a su madre por fin se le escapaba algo de la boca.

    —Sí…

    Su tono de voz sonó falto de fuerza, solamente un suspiro agónico sin poder expresar todo lo que le gustaría.

    La mujer se apoyó en la cama, haciendo una fuerza extrema para no caerse encima de su hijo mientras sus nalgas se abrían del todo y dejaban caer lo que sobraba dentro de su sexo. La vibración comenzó a ser tremenda, el cuerpo de Mari se estaba estremeciendo de una forma que nunca había vivido. No podía detener el ligero movimiento de sus piernas, quizá sacando la herramienta de Sergio, pero… eso no era una opción…

    Aunque al final tuvo que hacerlo. Se resignó a abandonar por unos segundos el placer indescriptible que sentía con aquello en su interior. Pasó una de sus piernas por encima de su hijo, quedándose arrodillada en la cama y pausando su cuerpo durante unos segundos.

    Sergio se quedó de nuevo quieto, esperando que hacer mientras sentía como por el tronco de su sexo, corrían innumerables muestras de los líquidos de su madre. Acercó una mano hasta aquella zona, donde con un dedo, recogió instintivamente una muestra de aquel maravilloso brebaje. Lo había tenido en la mano pocos segundos atrás, pero ahora algo le llamó, acercó su mano y… el dedo que rebosaba con aquella sustancia se lo introdujo dentro de su boca.

    Saboreó el dulce sabor de su madre, que todavía se hallaba con el corazón desbocado a su lado. Aun así, no había tiempo para degustar más aquel dulce néctar. Sintió una mano que le agarraba del brazo con cierta fuerza y poca delicadeza, haciendo que se sentase en la cama.

    Mari se movió con torpeza, las piernas aún le fallaban y menos mal que no tenía que ponerse de pie, si no sabía que daría con su cara en el suelo. Se acercó lo máximo que pudo a la pared con el mural que hacía de cabecero. Quitó de un golpe la almohada y aún agarrando del brazo a su hijo, le hizo saber que lo quería a su espalda, justo detrás de ella.

    Sabedor de la postura que quería la mujer, Sergio no pudo contenerse las ganas. Con efusividad se colocó a su espalda, agarrando con fuerza su pene rebosante de fluidos y dirigiéndolo a la entrada. La pega era que la gran oscuridad no le dejaba apenas ver y la posición no era la más cómoda para una introducción rápida. Con cierta ansia y atorado porque a su madre no se le ocurriera de pronto que todo era una mala idea, sujetó ambas piernas de la mujer abriéndolas con rapidez.

    “Eso es, Sergio…” pensó al notar la rudeza con la que separó ambas piernas “así es como lo quiero…”. Apoyó la cabeza en el mural, sacando una leve sonrisa del rostro sabiendo que su hijo no la vería y alzó su trasero todo lo que pudo. La ayuda que le prestó al muchacho fue maravillosa, porque en el siguiente movimiento… entró de golpe.

    —¡Ah…!

    Gimió descontrolada la madre al sentir que el poderoso miembro la horadaba con pasión. Su voz se derretía sintiéndola mejor que antes, mucho más dentro si aquello era posible… notaba que sus entrañas eran golpeadas cada vez que entraba, “maravilloso…”.

    Las primeras sacudidas de caderas simplemente fueron para acomodar su miembro al interior, después, Sergio empezó los verdaderos movimientos que tanto le gustaban. Primero un ritmo lento y mantenido… algo que a su madre le era insuficiente. De segundo plato, uno más duro, digno de su tía Carmen, esto… gustó más a Mari.

    Los sonidos de cada golpe resonaban en las paredes de la habitación. Las manos aprisionaban con dureza la piel de la cintura de la mujer, que ya solo mantenía el camisón tapando sus pechos, nada más. Sergio se estaba volviendo más fiero por momentos, tenía en sus manos… y en su miembro… un sueño hecho realidad, se estaba… estaba… follando a su madre.

    Los ojos bien fijos en la espalda que vislumbraba de la mujer, le hacían centrarse únicamente en la penetración. Una tras otra las acometidas iban y venían, y los dos adquirieron el hábito de gemir con cada entrada. Mari se había acostumbrado al poder de la… polla de su hijo, y ahora, bajaba su trasero cada vez que esta se iba a introducir para hacer mayor la penetración.

    Estaban idos, completamente poseídos, y lo mejor de todo era que el orgasmo de ambos estaba bien cercano. Para Sergio, que el interior de su madre se hubiera dilatado era una ventaja, ahora podía aguantar un poco más y aquello propiciaba que la mujer… estuviera a punto del tercero.

    Con cierta vergüenza perdida, debido a que al menos él ya estaría satisfecho en unos momentos, apretó más el ritmo. Las entradas eran endiabladas y Mari no podía contestar con los golpes de su trasero. Acabó cediendo a lo inevitable y su rostro quedó pegado al mural de la pared mientras detrás… a su espalda… su hijo le daba una paliza implacable con su miembro sexual.

    Abrió la boca para jadear, porque gritar era demasiado, aunque lo hubiera hecho tan alto que todo el hotel se hubiera despertado. Sergio en cambio había cambiado sus pequeños jadeos por verdaderos gemidos de esfuerzo, el sudor empezó a hacer acto de presencia y debía acabar.

    Llevó una mano al hombro de su madre, queriendo tomar la situación por completo y hacer las últimas entradas de forma pletórica. A su madre los ojos se le habían quedado en blanco, el placer la había envuelto y su último orgasmo empezaba a salir como loco, del mismo modo que estaba ella.

    Solamente pudo hacer una cosa, llevar su mano hasta donde Sergio dejó la suya. En el hombro de Mari, mientras los sonidos de la penetración se acrecentaban y en su mente iban formando onomatopeyas de comic “Plas, Plas, Plas”, entrelazó los dedos con su hijo.

    Ambos apretaron fuerte, mientras a Mari ese sonido le evocaba el recuerdo de su madre persiguiéndola con la zapatilla y golpeándolas…, “Qué oportuno…”. Sin embargo rápido se le pasó, porque sintió algo… algo que vino precedido de un pequeño alarido de su hijo que la dejó perpleja. Era algo caliente… ardiente, que se desparramaba por su interior… Sergio se había corrido.

    —¡Síííí!

    Gritó Mari estremeciéndose al sentir como su vagina se anegaba de un líquido tan caliente como maravilloso que la hacía completar su perfecto orgasmo. El pene se le introdujo por completo a la par que lo soltaba todo en un potente geiser, dejándola con una sensación de plenitud indescriptible y notando como aquella polla le tocaba las entrañas. Sintió el pecho de su hijo sobre su espalda con aquella respiración desbocaba en su nuca mientras esta se sonreía sin parar.

    Se había vuelto totalmente loca de placer, “¡El mejor de mi vida!, ¡El mejor de mi vida!” se juraba una y otra vez. Abrió los ojos, aún con su imaginación volando por un nirvana infinito y por alguna razón le vino una única cosa a la mente. Separó su cabeza del mural, donde unas cuantas gotas de su propia saliva viajaban raudas después de caer involuntariamente de su boca. Sin razón aparente, sacó la lengua y lamió con lentitud y ganas, similar a tomar un helado en medio del desierto. “Como me hubiera gustado… comerme esa polla”.

    Aquel último y lascivo pensamiento le hizo temblar por última vez, sobre todo cuando el pene de Sergio salió y su garganta se destensó para dejar salir un leve, pero gustoso.

    —¡Aahh…!

    Sergio se tumbó realmente muerto, sin siquiera buscar su calzoncillo que había perdido al ponerse detrás de su madre. Mari en cambio tardó algo más, se dejó caer con calma boca abajo, notando como alguna que otra gota de semen había escapado y ahora viajaba por su muslo. Quitó de su muñeca su braga nueva y como pudo, con un gran esfuerzo, se la puso para tratar de parar la hemorragia que manaba de su sexo “mañana las tiro” pensó con los ojos cerrados.

    Al unísono, como dos almas conectadas, se durmieron en el mismo momento. Solo la oscuridad y aquellas paredes habían sido testigos de aquel sexo tan corto, pero tan pasional. Ni siquiera ellos mismos habían visto lo sucedido, solo lo sintieron… y de una manera inimaginable. Ahora tocaba esperar a que el sol saliera por el horizonte y… asumir lo que había pasado.

    CONTINUARÁ

    ——————–

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    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Anécdotas sexuales (Parte 3)

    Anécdotas sexuales (Parte 3)

    En mi anécdota pasada les conté de cómo me comí a la hermana menor de mi ex. A lo largo de un año, frecuentemente teníamos nuestros encerrones, en baños de antros, en el auto, moteles, oficina, su casa, mi casa, cualquier lugar era bueno para dejarle firmada la vagina con mi semen. No teníamos ni la más mínima intención de ser novios, solo queríamos disfrutar de buen sexo y de una buena química durante el acto. La hermana de en medio entre mi ex y Luna, era Estefy. En el tiempo en que esto pasó ella tenía 23 años y yo 26.

    Estefy igualmente era de rasgos asiáticos, gran cabello largo y negro y sedoso. Un culo perfecto, el mejor de las tres hermanas, los pechos mas redondos y unas piernas de infarto, producto de años de deporte y ejercicio. Ella sabía lo que tenía y sabía que con querer a un chico, lo podía tener hincado con tal de poder decir que se pudo comer aquel culo. Con ella mi trato siempre fue ameno a pesar de que en el fondo siempre quise hacerla mía. Verla en casa de mi ex en pequeños shorts y leggings era habitual y eso me ponía cachondisimo.

    Paso el tiempo y ella fue novia de un amigo mío, yo la veía frecuentemente en fiestas y siempre la desee. En una ocasión con Luna (su hermana menor), conseguí un brownie con marihuana, me habían dicho que generar sexo bajo la influencia de marihuana era increíble y lo probamos… fue diferente jaja, no sé si volvería a hacerlo, pero en ese viaje mientras tenia sexo, cuando me corría le dije Estefy a Luna. Ella no probó el brownie y estuvo «consiente» durante nuestro encuentro y me pregunto que porque había dicho el nombre de su hermana. Yo solo conteste que porque me atraía y pues era un deseo el poder estar con ella.

    Pasamos días y hablábamos como siempre y ella me dijo un día mientras la llevaba a su casa que ella podía hacer que mi deseo se cumpliera (poder estar con su hermana). Luna después me contó que ella y Estefy siempre fueron muy unidas e inclusive habían experimentado entre ellas, habían hecho tríos con algunos chicos y aunque ya tenía tiempo que no (por la relación de Estefy con mi amigo) era habitual que si encontraban a un chico con la que alguna de las dos hubiera disfrutado lo solían compartir. Cuando me contó todo esto, quede sin palabras, sabía que ellas dos eran mas abiertas y mas activas en lo sexual que mi ex, pero jamás espere lo que acababa de contarme.

    Yo accedí, nerviosamente le pregunte como iba a hacer para que accediera después de saber que era el ex novio de su hermana mayor. Me dijo que no me preocupara y me dijo que ella me avisaba. Esa semana estuve nervioso, Estefy era el tipo de mujer con la que uno sueña estar. Me mataba a pajas pensando en como la iba a tener y como iba a disfrutar ese momento. Hasta que por fin, llegó el mensaje, era una dirección que no conocía, así que supuse era la casa de Estefy. Ese día me preparé, en el trabajo estuve distante de Luna, concentrando en hacer un buen trabajo. Luna se reía al verme así y bromeaba conmigo. Salimos de trabajar, luna pasó a mi lado y coquetamente me dijo «suerte campeón».

    Salí corriendo al auto, me subí y fui a mi casa a ducharme. Casi volando, me dirigí al punto de encuentro. Era una casa normal, una reja blanca y un auto esperaban ahí. Me baje, toque el timbre y para mi sorpresa, Luna me abrió y me dijo pásale. Entre y sin previo aviso Luna me comenzó a besar, me deje llevar, pero entre en razón y le pregunte ¿y tu hermana? Ella me dijo, «ahorita baja, se está duchando, deja te ayudo porque si no, no vas a durar nada». Tenía razón, tenía una semana esperando eso y estoy seguro que de haber entrado al ruedo en el estado en el que estaba mi rendimiento hubiera sido vergonzoso. Ella bajo mi pantalón y me empezó a masturbar mientras me besaba. Como lo dijo, mi excitación ya estaba en un punto altísimo, ella se metió mi pene en su boca y a los 20 segundos yo ya había terminado.

    Mientras me descargaba en su boca, Luna me miraba con cara de sorpresa, no me había pasado eso con ella en casi un año de sexo. Se tragó mi leche y me dijo «ya ves como venías» solté una risa nerviosa y en eso me dijo vente. Me tomo de la mano y me llevo hacia el segundo piso. Nos metimos a un cuarto, me tumbo en la cama y seguimos besándonos. Escuche una puerta y solo escuché una voz que decía «¿no me esperaron?» Estefy aún no sabía que era yo, Luna tapaba mi cara con su cuerpo. Avanzó y pude ver como su cara paso de normal a sorpresa y se volteó con Luna y le dijo «¿estás loca? Te estas cogiendo al ex de tu hermana? Por dentro solo pensé «esto se acabó», Luna en lugar de parar me seguía besando y volteando a verme, me guiño un ojo.

    Estefy traía solo una toalla que dejaba ver sus bien torneadas piernas. Luna se detuvo, bajo de golpe mi pantalón y mi pene grueso rebotó, y mientras pasaba su lengua por mi glande volteaba a ver a su hermana. Estefy estaba parada a un lado en silencio, miraba a su hermana devorar mi pene, yo no apartaba mi vista de esa escultural mujer. Luna se subió y comenzó a cabalgarme, ella llevaba el ritmo y al igual que yo, no dejaba de ver a su hermana. Pude ver como poco a poco Estefy comenzaba a morder su labio y como estaba inquieta, como si algo dentro de ella le quemara. Luna seguía hasta que no pude mas, le avise que ya me corría y se sacó mi pene, con su mano me masturbo y tres chorros salieron disparados hacia su estómago. Luna nuevamente se volteó con Estefy y le dijo «¿sigues de amargada o ya se te antojo?»

    A pesar de que Estefy aún no decía nada, podía notar la pelea interna dentro de ella, mordía su labio y su mirada estaba centrada en mi pene, pero al mismo tiempo no podía quitarse de la mente que yo era el ex novio de su hermana mayor. Me puse de pie y me acerque a ella, sentía su respiración agitada, la tome de la cintura y la acerque a mí. Luna, se acercó y beso el cuello de su hermana por detrás, yo empecé a pasar mis labios cerca de los suyos y mientras estábamos los dos rodeándola, su respiración se agitaba cada vez más. Yo ya tenía una erección increíble que topaba en su estómago. Luna desenredo la toalla y cayó al piso. Pude ver ese cuerpo escultural, una vagina totalmente depilada y un pequeño tatuaje justo arriba de su pubis. Bese sus labios y comencé a besarla, ella dudaba pero contesto mis besos con su lengua, sentí la boca de Luna en mi pene y empecé a gemir tenuemente. Baje mi mano hacia su vagina y ella me dijo espérame, Luna tomó la mano de Estefy y la puso en mi miembro y solo dijo «esto no me va a caber, cho (apodo con el que se dirigía a Luna)».

    La tome de sorpresa levantándola de sus nalgas y la besé, la puse en la cama y comencé a tratar de meter mi pene, estaba increíblemente apretada, mi pene al parecer era bastante grueso para su vagina. No pude mas y así termine en su estómago, no me importo y usando el semen como lubricante introduje mi pene hasta el fondo, sentí su vagina apretarse y ella comenzó a tener un riquísimo orgasmo, sus piernas y sus caderas se movían con espasmos y sus ojos estaban en blanco, me apretó fuerte hacia ella y me beso, Luna nos veía desde un pequeño sillón y se masturbaba mientras yo tenía a su hermana con las piernas como aretes. No aguante mucho, sus gemidos eran mucho para mi, su cara al tener mi pene adentro me volvía loco. No paraba de bombear y no le avise y me descargue dentro de ella, lo saque y sin aviso simplemente volví a correrme, ahora en su estómago. Yo pensando que mi rendimiento había sido pésimo (tres corridas en menos de 15 minutos) me puse de pie disponiéndome a marcharme, Estefy me detuvo sin palabras, se puso en cuatro y me dijo «aún aguantas?»

    La tomé y la embestí con fuerza, me corrí rápidamente, pero no me importo, esa visión de tenerla en cuatro no quería perderla y a pesar de estar con piernas de espagueti y haberme corrido, no baje el ritmo, penetre esa vagina con fuerza y con todo el propósito de volver a llevarla al orgasmo, ella gemía como loca, con su mano izquierda acariciaba mis huevos e intercambiaba de momentos para pedirme que bajara el ritmo.

    Yo no podía y a decir verdad ni ella, su vagina me apretaba y cada embestida parecía ser que iba a succionar hasta mi alma. Cuando estaba a punto de volver a correrme por segunda vez en esa posición, sentí una de sus manos en mi pierna como tratando de apartarme, no le puse atención porque estaba concentrado en solo aguantar. Volví en mi y escuche «no espérame, me voy a orinar!» Y de la nada sentí este chorro caliente mojar mis piernas y mi pene. Había estado tan enfocado que ella ya había tenido dos orgasmos y el tercero termino con su primer squirt. Introduje mi pene y ella pego un pequeño salto, seguido de un gemido increíble de placer y me dijo vente donde quieras papi y saque mi pene y eche mi leche en su espalda.

    Quede exhausto me tumbe al lado de ella, Luna se acercó y me dijo al oído «a mi nunca me diste así». Con Estefy solo pude tener esa oportunidad de comérmela, desafortunadamente jamás quiso volver a intentarlo, aunque si creció mi amistad con ella, pero jamás llegamos nuevamente a algo sexual.

    La última parte de esta anécdota con esa familia, será cuando logre hacerlo con mi ex suegra y un reencuentro con mi ex para cerrar todo.

  • No puedo imaginarme en brazos de otro

    No puedo imaginarme en brazos de otro

    «No puedo imaginarme en brazos de otro». Es lo que le dije a mi esposo cuando me comentó que le excitaba la idea de verme en la cama con otro.

    Debo admitir que su propuesta me excitaba demasiado, pero a la vez me parecía algo loco que él quisiera verme en la cama con otro.

    Después de que me lo propusiera de diferentes maneras y pensarlo detenidamente, acepté. Así que mi esposo me dio la opción de elegir.

    Opté por un amigo a quien siempre me había parecido muy liberal y sexy. Lo invité a tomarnos un café, me puse una falta de tubo y una camisa que hacía notar mi escote, mis senos estaban que estallaban. Le hice la propuesta, le comenté que solo sería sexo por diversión sin ataduras ni compromisos.

    El me pidió unos días para pensarlo, como llevaba tanto tiempo casada él me respetaba mucho. Pero al verme así le costaba quitarse de la mente tenerme en sus brazos. Al cabo de un par de días aceptó y vino a nuestra casa.

    Fue excitante estar en los brazos de otro hombre delante de mi esposo.

    Un pene diferente en sabor, textura, tamaño, rendimiento… No digo que fuera mejor o peor, solo diferente.

    Que mi esposo me viera llega al orgasmo en los brazos de otro y me contemplara como una diosa en la cama despertó en mí un morbo que no sabía que tenía.

    Mi esposo me analizaba, me observaba, babeaba de verme llegar en cada orgasmo…

    Tal fue la experiencia, que basta con decir que seguimos buscando más compañeros casuales.