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  • Ainhoa, la policial local

    Ainhoa, la policial local

    Mi verano llegaba a su fin, multitud de saludos me recibían bajo el sol. Pequeñas y brillantes manos movidas por el agitado viento de la tramontana me daban la bienvenida. Poco a poco, dejaba atrás el cálido aire húmedo y salado, mientras me desplazaba rápidamente por la autopista, camino a casa. Feliz, por volver a mi mundo conocido, y triste, al dejar atrás un verano de experiencias desconocidas y del que, probablemente, sólo quedaría el recuerdo. El soporífero aire cálido, cargado de contaminación me indicaba que estaba cerca.

    Me había adelantado, mientras mi familia seguía disfrutando de los últimos días de vacaciones. El trabajo me reclamaba.

    La entrada en la ciudad fue rápida, más de lo que recordaba. Quedaban unos días para el final de agosto y la circulación era fluida.

    Después de aparcar, subí el equipaje. Todo estaba en orden, como lo dejamos. El aire cálido y muy cargado, con olor a cerrado. Abrí las ventanas para airear la casa. Poco a poco fue desapareciendo el aire estancado y la temperatura interior se hizo insoportable. Después de cerrar las ventanas y poner en marcha el aire acondicionado, lo primero que hice fue buscar mi móvil. Tenía que llamarla.

    -Ainhoa, ¿qué tal cómo estás? Acabo de llegar. Si escuchas este mensaje llámame o envíame un whatsapp. Besos.

    Había conocido a Ainhoa tres semanas antes y de la peor manera posible. Ainhoa, era agente de la policía local, con sede en el Baix Empordà.

    La primera vez que nos conocimos, circulaba por la comarcal a 120 Km/h, sobrepasando de largo la velocidad máxima.

    Es una recta sin tráfico, por lo que aprieto el acelerador, me dejo llevar, disfrutando de la velocidad. En mitad de la recta, miro a la derecha y advierto un automóvil de la policía local, agazapado en el lateral de un restaurante. ¡Mierda!, pienso.

    En unos segundos, sale de su escondite, se pone en marcha a toda velocidad detrás de mí, con las luces azules encendidas, me invita a pararme y a situarme en el arcén. Me paro y espero. Mirando por el espejo retrovisor, veo que del vehículo de la policía, baja una mujer, con su chaleco y pantalón azul marino y camisa azul clara. Sus andares no invitan a nada bueno.

    Conforme se acerca, la observo. Es alta, o al menos más alta que yo. Bajo su gorra, lleva pelo negro, corto. Es esbelta, musculosa y de andar enérgico.

    Se sitúa al lado de mi ventanilla y me indica con la mano que la baje.

    -Buenos días. Caballero, ¿sabe a la velocidad que circulaba?

    -Pues… no me he fijado, tengo prisa porque tenemos un familiar en el hospital y es posible que haya ido más rápido de lo permitido.

    -Caballero, bastante más de lo permitido, iba usted a 120 Km/h. Documentación, por favor, la suya y la del vehículo y ¡póngase la mascarilla!

    Su tono es seco y autoritario. ¡Qué tía más borde! pienso.

    Mientras se la entrego, la observo. Sus ojos son negros y rasgados. La piel que rodea su mascarilla, morena. Sus manos delgadas y fuertes. Calculo que debe tener treinta y tantos, más cerca de los cuarenta.

    Mira mi documentación, se dirige a su vehículo, y vuelve.

    -Su documentación, y aquí tiene -endosándome una multa-. La próxima vez tenga más cuidado, me indica con el mismo tono seco y autoritario.

    -¡A sus órdenes! le digo.

    -¡Cómo dice!, me responde.

    -No nada… que tendré más cuidado, no se preocupe.

    A la vez que se lo digo, observo su cara y sus cejas arquearse. Juraría que está sonriendo sibilinamente, bajo su mascarilla.

    Pasaron los días. Ya me había olvidado de la maldita multa, de la gracia que me hizo, y de la agente, con su tono chulesco y borde.

    Una noche, mi amigo José y yo, que además de ser colegas profesionales, éramos vecinos en el pueblo dónde veraneábamos, decidimos airearnos un poco de la familia y salir a tomar algo.

    Cogimos mi coche y nos acercamos a un pueblo cercano que se encontraba en su fiesta mayor de verano.

    Es un pueblo pequeño, de estructura medieval, con calles estrechas, adoquinadas y fuertes pendientes, tanto de subidas como de bajadas.

    Aparcamos y nos dirigimos hacia la plaza principal, el lugar más animado y dónde además de la gente del pueblo están, también, los veraneantes que lo visitan.

    La noche invita a sentarse en una de las diferentes terrazas de la plaza, tomar algo y conversar. La temperatura es muy agradable y a pesar de que no estamos al lado del mar, se nota la ligera presencia de la brisa marina transportada en la distancia, refrescando el ambiente junto con la gran cantidad de campos y vegetación que rodean al pueblo.

    Las medidas anticovid se han rebajado. La plaza está llena de gente, deseosa de tomar algo y compartir espacio.

    Vislumbro una pareja que ha pedido la cuenta y que está pagando. Están a punto de levantarse. Me dirijo rápidamente hacia la mesa, dejando detrás a mi amigo José. Mientras me dirijo, se levantan. Es como como llegar y besar el santo. Me siento y a continuación llega José.

    Nos sentamos y pedimos un par de cervezas. Mientras conversamos sobre nuestro verano y la familia, José, muy animado, me comenta el ligue que está teniendo con una chica más joven de su trabajo. Le escucho con mucha atención y morbo, a la vez que presto atención a la conversación que se produce a mis espaldas.

    Esa voz femenina me resulta conocida, pero no sé dónde ubicarla.

    -Ya sabes Mari Pau que a mí siempre me han gustado los hombres mayores que yo, como Toni, y aunque estamos muy bien juntos, tenemos una relación abierta, vamos liberal, ya sabes…, podemos introducir a otra persona con nosotros, incluso podemos tener nuestras aventuras por separado. Es nuestro acuerdo, siempre que no nos traicionemos. La comunicación, para nosotros, es fundamental.

    -Ya lo sé Ainhoa, nos conocemos desde hace años y conozco bien tus gustos masculinos y femeninos, pero a mí no me mires, jajaja, ya sabes que soy muy convencional y no salgo de mi Rafa.

    -Porque tú no quieres, bandida, que si quisieras, tendrías cola, jajaja

    Presto toda la atención que puedo, es bastante más interesante que la que me cuenta José, y esa voz… ¿dónde la he escuchado antes?

    -Mari Pau, ya sabes lo que disfruto poniendo multas y castigando, es que me puede, jajaja. Hace unos días le puse una multa a un tipo que iba a toda pastilla, aquí al lado. No estaba mal, era atractivo, mayor que yo, como a mí me gustan. Gastaba un buen paquete, por lo que puede apreciar tal como estaba sentado, con su carita de cordero degollado. No sé por qué, pero al verlo indefenso y con ese paquete, me puso, y no sabes hasta qué punto. No me hubiera importado follármelo allí mismo.

    -No tienes arreglo Ainhoa, eres como la Mad Max de la carretera, jajaja

    Tal como escucho la conversación, mi nivel de excitación va en aumento, y es escuchar aquello, como si de repente explotase un globo dentro de mi cabeza.

    ¡Es ella!, la “Poli” chulesca y borde de la multa. Así que, yo, con carita de cordero degollado y con buen paquete… He de reconocer, que, en parte, me siento halagado y a la vez furioso.

    -José, disculpa un momento, voy al baño. Pídeme otra cerveza, por favor.

    Ya en el baño y frente al espejo, pienso en lo que voy a hacer. No lo tengo nada claro. Estoy confuso. Siento el palpitar de mi corriente sanguínea en mis sienes y como mis pensamientos se atropellan, embotados.

    No pienso más, salgo del baño y me dijo hacia nuestra mesa pasando por delante de ellas. La veo, la miró a los ojos, sin disimulo, de forma directa e incluso amenazante.

    La observo con detenimiento durante un instante. Sin su ropa de trabajo, parece más vulnerable, más humana. Su cabello negro, corto, como si fuera un chico. Sus ojos oscuros y rasgados. Su cara ovalada, con grandes labios y nariz chata. Lleva una camiseta ceñida, de color rosa y debajo un sujetador deportivo sin aros que sugiere unos pechos pequeños y firmes, pantalón corto que deja al descubierto unas piernas morenas, musculosas y en los pies, sandalias playeras. Parece salida del gimnasio.

    Se da cuenta, me devuelve la mirada con curiosidad. De pronto, sus ojos se abren con sorpresa, sus cejas se arquean y se sonroja, bajando la mirada.

    Su amiga la mira, e inmediatamente dirige su mirada hacia mí, queriendo averiguar quién ha sido capaz de provocar esa reacción. Reacción que, probablemente, no conocía en su amiga.

    -¿Te ocurre algo Ainhoa?

    -No nada. ¿Y si nos vamos?, se está haciendo tarde.

    Estoy sentado, escuchando, mientras mi amigo José sigue con su conversación liguera y a la que ya no presto atención. Estoy orgulloso de haber provocado esa reacción, que no me esperaba. Me siento envalentonado.

    Me levanto de mi silla y sin decir nada a José me doy la vuelta, y de forma audaz, me sitúo frente a ellas.

    -¡Hola!, -así de sopetón-. Perdonad, que os interrumpa, ¿eres la de la multa del otro día?

    Las dos se quedan, que les pinchan y no les sacan sangre. Ya me estoy arrepintiendo de ser tan audaz y ahora soy yo el que está acongojado.

    -Pues sí, soy yo -dice, con una postura recostada sobre su silla y el plan perdonavidas-. Espero que desde entonces hayas conducido con más cuidado.

    Ha recuperado su compostura y vuelve a ser la misma borde de la multa. -No me voy a dar por vencido tan fácilmente-.

    -Me presento, soy Fernando y él es mi amigo José. ¿Podemos sentarnos en vuestra mesa?

    -¿Te refieres a sentarte con nosotras, no?, dice la “Poli”.

    La prefiero sonrojada, la verdad.

    -Sólo si no os molesta. Si molestamos no, por supuesto.

    Se miran. Su amiga le da el visto bueno. La “Poli” toma la palabra.

    -Bueno podéis sentaros. Yo soy Ainhoa, ella es Marí Pau.

    Nos saludamos como corresponde. Nos damos un par de besos en las mejillas y volvemos a sentarnos.

    -Ainhoa, bonito nombre, le digo.

    Me mira expectante, como pensando, a ver que va a soltar este por esa boquita.

    -No he podido evitar escuchar vuestra conversación estando como estábamos, uno al lado del otro.

    Todos, incluido José, me miran con cara extrañada. Especialmente Ainhoa, a la que le está cambiando la cara de color, hacia un rojo intenso. Como si el magma recorriera su cuerpo y estuviese a punto de explotar.

    -Ah si, y ¿Qué es lo que has escuchado?, dice Ainhoa.

    -Lo que le comentabas a… Mari Pau, que me habías puesto la multa y que te había parecido un tipo interesante. He de decirte que tú a mí me pareciste muy borde, pero escuchándote he cambiado de opinión y por eso he decidido conocerte.

    Los demás miraban, alucinados, como espectadores.

    -Así que borde ¿no?, pues mira Fernando, me gusta tu sinceridad y que hayas decidido “conocerme”. Los audaces siempre tienen premio.

    Así discurrió el resto de la noche, en un tira y un afloja con Ainhoa. Era como un cangrejo ermitaño, unas veces mostrando su coraza y otras, las menos, saliendo y mostrando su vulnerabilidad. Esta ambivalencia en su forma de ser, me desconcertaba pero a la vez me excitaba y mucho. Sentía un irrefrenable deseo de follármela, de hacerla mía.

    Tanto José como Mari Pau, estuvieron toda la noche, casi sin decir nada, siendo espectadores de nuestra conversación, posiblemente la más surrealista que habían vivido.

    Al final de la noche nos intercambiamos nuestros números de teléfonos y al día siguiente, por la mañana, la llamé. Ainhoa, era una mujer que no se andaba por las ramas, y cuando quería era directa y clara como nadie. Me propuso ir esa misma tarde a su casa, cerca de la playa, estaba sola.

    -Fernando, me caes bien. Me gustó tu sinceridad de ayer, y como te dije, los audaces siempre tienen premio. Ven esta tarde a mi casa. No te lo voy a negar, quiero follar contigo. Veremos si estás a la altura.

    Estoy muy excitado, pero también desconcertado y hasta cierto punto, incluso asustado. Es la primera vez que una mujer me habla así, de forma tan directa y dominante. Es una sensación desconocida, que me atrapa, me embriaga y me arrastra hacia ella.

    Desde que hablamos por la mañana, el resto del día estoy impaciente, nervioso, mirando sin parar el reloj, deseando que lleguen las seis de la tarde.

    Me dirijo hacia su casa, a veinte minutos de distancia. Vive en un pueblo costero muy turístico, en una zona de apartamentos a cierta distancia de la playa, fuera del bullicio.

    Me abre la puerta, con una bata ligera de andar por casa, semiabierta en su parte superior y con sus sandalias playeras.

    Su apartamento es muy luminoso, la decoración muy pragmática, con lo justo y necesario. Con muebles tipo Ikea y algunos utensilios marineros colgando en paredes y techo.

    -Pasa Fernando y siéntate en el sofá. ¿Quieres algo de beber?

    -Una cerveza, gracias -estoy nervioso.

    Me siento en el sofá, se dirige hacia la cocina y al instante llega con una cerveza. Tal como me la da se sienta sobre mí, a horcajadas, con su bata abierta, mostrándome sus musculosas piernas y sus bragas de color malva.

    Mientras me mira a los ojos comienza a restregarse suavemente contra mi paquete, quedo hipnotizado mirando cómo, de sus bragas, sobresalen sus labios mayores con sus cadentes movimientos.

    Con su mano agarra mi barbilla y me besa, sacándome del trance, introduce la lengua hasta dentro, succionándola.

    Con mis manos agarro sus glúteos, duros y firmes a la vez que mis dedos palpan su húmedo sexo, mientras sigue frotándose contra mi paquete, totalmente abultado.

    Se pone en pie, me coge de la mano, llevándome hacia el dormitorio. Frente a la cama, seguimos besándonos, devorándonos, tocándonos todas las partes de nuestro cuerpo.

    Deja de besarme, me mira a los ojos y me empuja sobre la cama, quedando tumbado boca arriba. Se dirige hacia un cajón de la mesita y saca un par de esposas metálicas, brillantes.

    Me mira a los ojos, viendo mi asombro y desconcierto.

    -Tranquilo Fernando, tu déjame hacer a mí. Voy a ser un poco mala contigo.

    -¿Me vas a esposar?

    -Shhh, ya te he dicho que tú tranquilo. No te voy a hacer daño, todo lo contario.

    Me coge suavemente de cada una de mis muñecas, primero una y luego la otra, introduciéndome las esposas, cerrándolas, y dirigiéndolas hacia las barras laterales de madera de la cabecera de la cama donde las cierra, dejándome con los bazos extendidos.

    Vuelve al cajón de la mesita, saca un pañuelo de color rojo y dirigiéndose hacia mi rostro, me lo pone sobre los ojos, anudándolo tras mi cabeza.

    Esta nueva sensación de sentirme atrapado, sin visión, me produce gran excitación, acentuando el resto de mis sentidos. Me siento a su merced. Mi olfato se acentúa, apreciando su olor corporal y su sudor. Noto el calor que desprende todo su cuerpo, alrededor del mío, como si fuese un aurea de temperatura.

    Desabrocha los botones de mi camisa, dejándola abierta, y mi cinturón, bajando los pantalones, extrayéndolos por los pies. Me retira los calzoncillos, mientras mi pene erecto salta como si tuviera un resorte, mostrándose en su máxima expresión.

    Con sus manos acaricia mis pechos, erizándome la piel. Baja poco a poco por mi abdomen y pubis, acariciando mi pene depilado, recreándose en mis testículos, suaves y ardientes.

    Siento la humedad y tibieza de su lengua desplazándose sobre mi glande, con suaves lametones, recorriéndolo, degustándolo. Su lengua recorre el tronco de mi polla, lamiéndolo, impregnándolo de su saliva, para detenerse mis huevos, succionándolos, primero uno y luego el otro. Mis manos intentan, como un acto reflejo, ir hacia su cabeza para sujetarla y acompañarla en su dulce movimiento, pero están retenidas. Esta sensación de sentirme totalmente a su disposición incrementa mi placer a otro nivel, desconocido y nuevo para mí.

    Su mano recoge mi polla, me introduce con presión algo elástico. Es un preservativo. Noto el peso de su cuerpo situarse sobre mi pubis. Su mano cogiendo mi pene, dirigiéndolo hacia lo que me imagino es su coño, totalmente húmedo, con una temperatura mucho mayor que la que he experimentado instantes antes. Está totalmente lubricada. Mi polla, bajo la goma, se desplaza con mucha facilidad, como si estuviera impregnada de vaselina. Ya libre de su mano, siento la cálida entrada y la posterior subida y bajada de su vagina, primero de forma lenta y luego más rápidamente. Me está cabalgando, como una amazona, con sus manos apoyadas en mi pecho.

    Siento la forma interior de su sexo, sus recovecos, sus paredes laterales, sus labios golpeando la base de mi polla y en mis huevos. Sus dedos incrustados en mi pecho. Su olor salvaje, a sexo y sudor.

    Puedo imaginármela, oyendo sus jadeos, con la cara desencajada, las piernas flexionadas y a horcajadas sobre mí. Su ritmo se incrementa, pasando a ser frenético. Ritmo que me contagia y sigo, encajando sus movimientos con los míos, tomando impulso hacia arriba, arqueándome y levantándola de mi pubis, penetrándola lo más profundamente posible. Sus jadeos son más fuertes e intensos.

    No puedo aguantar más y me corro, en un orgasmo muy intenso. A continuación sus gemidos y su movimientos espasmódicos, me indicaba que ella también se está corriendo.

    Se levanta sobre mí, me quita el preservativo y vuelvo a sentir su lengua húmeda, recorriendo mi glande, ahora mucho más sensible, lamiendo el semen que queda sobre mi polla, tragándoselo, hasta que siento que no quedan rastros del mismo.

    Mientras me retira el pañuelo sobre mis ojos y con una diminuta llave me abre las esposas de mis muñecas, la observo, totalmente desnuda frente a mí, a escasos centímetros. Es hermosa y vulnerable. La Ainhoa que se muestra pocas veces.

    -¿Te ha gustado, Fernando?

    -Ha sido impresionante. Me ha encantado Ainhoa. Nunca había experimentado algo parecido.

    -Hoy he sido mala, pero poco, muy poco. La próxima vez lo seré de verdad.

    -Has estado a la altura, Fernando, pero veremos las siguientes. Cada vez te pediré más.

    Este fue nuestro primer encuentro durante las semanas que compartimos en el verano. El preámbulo de un mundo de experiencias desconocidas e intensas para mí.

    Al volver a casa, estoy expectante por saber de ella, de recibir su llamada o un mensaje, pero sé que posiblemente no será hoy. Ainhoa disfruta, a su manera, castigándome.

  • Anécdotas sexuales (Parte 4)

    Anécdotas sexuales (Parte 4)

    Por fin, ha llegado el momento de contar como logré tener sexo con cada miembro de la familia de mi ex. Sus dos hermanas menores y su madre. Ya en anteriores relatos, conté mis experiencias con sus hermanas. Ahora contaré como pasó con mi ex suegra.

    Comenzaré por describir a mi suegra. En ese entonces 2015, yo tenía 26 años, ella me doblaba la edad, tenía 52 años, su nombre es Beatriz. Media alrededor de 1.67, piel blanca y con arrugas, cabello hasta el hombro de color cobrizo, un cuerpo de cintura para arriba delgado y firme, tetas pequeñas y los mismos rasgos asiáticos que heredó a sus hijas, de cintura para abajo tenía unas piernas gordas y un culo enorme, nada asqueroso, pero si se notaba que había habido un tiempo donde fue algo robusta. Mi trato con ella siempre fue ameno, a pesar de que ella y su esposo siempre fueron rigurosos y hasta cierto punto demasiado conservadores en varios aspectos. Cuando acabe mi relación con Fer, su hija mayor, yo seguí teniendo buen trato con la señora Beatriz, cuando la topaba en centros comerciales o en algún otro lugar siempre terminábamos platicando.

    Yo en un día de fiesta con varios amigos que venían de otra ciudad, decidimos acudir a un table dance, beber unos tragos, ver mujeres y divertirnos. Teníamos varios minutos ahí y tuve ganas de ir a orinar, me dirigí al baño y al salir me tope de frente a mi ex suegro. Los dos nos quedamos con cara de sorprendido, a mi no me importaba que me hubiera visto, yo no tenía una esposa y no era el que anduvo de santurrón. Nos saludamos incómodamente y me fui con mis amigos. Él estaba en otra mesa con otros señores de su edad. Una chica estaba con ellos y al retirarse le hable y con el pretexto de que me bailara, pero solo quería información. Preguntando a la chica, me dijo que ese grupo de señores (incluido mi suegro) tenían ya años frecuentando el lugar y casi siempre los fines de semana. Me sorprendió escuchar eso, cuando yo era novio de su hijo si había ocasiones donde él no llegaba hasta altas horas de la noche y con el pretexto de reunirse en un club social con sus amigos.

    Pensé en mi suegra y al calor de las copas, de la chica restregando sus pechos en mi cara, pensé en mi suegra y su culo gordo y en lo descuidada que debería estar en lo sexual. Llegué esa noche a mi casa y me masturbe pensando en mi ex suegra. Esa semana estuve con esa imagen de mi suegra en mi cabeza, deseaba poseerla y comer cada centímetro de ella. Nuevamente el fin de semana llegó e idee un plan. Había comprado hace unos meses una botella de Don Julio 70 (un tequila) no la había abierto y recordé cuanto amaba mi ex suegra el tequila. Lo puse en el congelador un tiempo, tomé mi celular y le mande un mensaje diciéndole que me habían regalado un tequila y me había acordado de ella, que si lo quería. En seguida me dijo que si y que pasaba en la tarde/noche a dejárselo. Me di una ducha larga y me preparé, yo iba a salir más tarde con Luna, su hija menor, pero planeaba cenarme primero a su mamá. Llegué a su casa, toque la puerta y salió, me saludo y me preguntó que porqué iba tan guapo, yo me reí y dije que más tarde tenía un compromiso. Ella me invito a pasar, llevaba puesto un vestido largo floreado, su cabello con una pequeña cola de caballo y unos lentes que usaba para leer. Entramos y le entregué la botella, me dio las gracias y rápidamente saco un caballito y me dijo «lo probamos?» Me reí y dije «sírvame uno».

    Sirvió dos dobles, hicimos shot con algo de sal y limón. «Uy, que rico está» me dijo mientras lamia el limón. «Otro Doña Beatriz? O le pega el esposo?» Me dijo «ps otro, Martin (mi ex suegro) se fue con sus amigos» y sirvió otro y nuevamente lo tomamos. Dos shots rápidos, la cabeza me giraba un poco y pude ver a mi suegra ruborizarse. Ella sola se sirvió un poco más y me dijo «está muy rico, gracias hijo por el regalo» mientras daba unos pequeños tragos. Tomé la botella y le dije «otro ya pa’ llegar listo a la fiesta» y serví uno para ella también «pero si yo no voy a ir» me decía mientras tomaba el vaso y se lo tomaba de golpe «pues no la veo quejándose» le dije mientras me reía. También se rio y se volteó para partir otro limón, vi ese culo gordo que me había hipnotizado toda la semana, me acerque y le dije «hoy se ve muy bien doña Beatriz y huele muy rico» mientras me ponía a centímetros de ese culo.

    Ella me volteó a ver y me dijo «te gusta como huelo, me lo regalo Fernanda» y me acerque a su cuello para olerlo mejor. Solté un pequeño beso en su cuello y enseguida vi su piel ponerse como de gallina. Se volteó y me dijo «¿qué haces?» Y puso su mano en mi pecho. Tome su mano y le dije «doña Beatriz, tengo un deseo y quiero cumplirlo ahorita mismo» y sin aviso le plante un beso en sus delgados labios. Ella se sorprendió y me apartó. «¿Qué haces? No, no, esto está mal, tengo esposo y fuiste novio de mi hija, mejor ya vete» y proseguí a caminar hacía la puerta, tenía el pene totalmente erecto me di la vuelta y me acerque a darle un beso de despedida y tome su mano, la lleve a mi pene y le di un suave beso, yo esperé que soltara rápidamente mi miembro. Pero su mano (sin moverse) estaba posada ahí. «Va a querer o no doña? Para irme o quedarme un rato más» «su mano comenzaba a dar pequeños apretones, decidí resolver su indecisión y saque mi pene grueso y erecto del pantalón. «Ay mijo! Qué es eso?» Dijo en voz algo sorprendida, «lo mismo que tiene don Martín» le dije mientras ponía su mano nuevamente sobre mi pene, «no, no, el de mi esposo no está así».

    Ella comenzaba a jugar con mi pene y yo deseaba ya poseerla. Con mi mano dirigí su cabeza hacía mi y la bese, esta vez me correspondió el beso y vaya de qué forma. Parecía poseída por el deseo, estaba excitada, gemía y jadeaba, pedía verga a gritos. La puse de espaldas contra la pared y comencé a pasar mi pene por ese culo, subí su vestido, dejando al aire libre unos calzones típicos de abuelita de color negro, los baje y pase mi pene por su rajada, era un mar de vellos, pero estaba increíblemente mojado, me posicione y susurre al oído ¿quieres verga, Beatriz? Mientras daba unos golpecitos en la entrada de su vagina. «Métemela, métemela, quiero verga, la quiero adentro». Mi pene entró sin dificultad, la señora de 52 años recibía mi pene grueso dentro de ella «ay si, ay si, métela toda, que rica verga» todo esto mientras gemía de placer. Mi pene estaba completamente blanco con sus fluidos, cada empujón que daba, ella parecía tener un orgasmo, años y años de no tener sexo estaba siendo liberados en mi pene.

    La lleve al sofá y mientras la besaba nos tumbamos y comencé nuevamente a penetrarla con fuerza, tomaba sus piernas con dificultad (eran bastante pesadas) y empujaba con fuerza. Ella tenía los ojos cerrados, en mi cabeza sabía que sufría por dentro al estar engañando a su esposo y al estar con el pene que años atrás también había disfrutado a su hija (y si supiera que ya había probado a sus otras dos hijas se hubiera infartado). La escuche gruñir, como si intentará de ahogar sus gritos y gemidos, saque mi pene, me disponía a llenar su cara con mi semen, con una rapidez increíble se puso en rodillas y lo metió en su boca, poco le importo que estuviera bañado en sus jugos y me hizo acabar dentro de su boca.

    Me retorcía de placer, ella empezó a toser y escupió en una servilleta mi semen. Se puso de pie y me dijo ven, me llevo a su cuarto, me beso y se montó en mi pene semi flácido. Ella ahora llevaba el ritmo, tomaba mi pecho con fuerza cada que tenía un orgasmo «Martin, Martín, porque nunca me cogiste así?» Decía al aire, reprochándole a su esposo el haber descuidado a semejante hembra. No pude más y avise que me venía, «no te salgas, no te salgas, hazme tu puta, dame tu leche» y tome ese culo, lo apreté con fuerza y empujé lo más profundo que pude y solté un grito de placer. Mi semen lleno su vagina, se levantó y fue al baño. Yo permanecí acostado, exhausto y satisfecho, ella salió varios minutos después, totalmente desnuda, pude ver ese arbusto negro en su entrepierna. Me dijo «ven conmigo» camine hacia el baño y me hizo ducharme con ella.

    La penetre suavemente, con sus piernas se aferraba a mi, y nos besamos. Que hembra era mi ex suegra, me corrí nuevamente dentro de ella mientras ella como poseída por la lujuria movía su cadera para acabar de exprimir hasta la última gota de semen de mi cuerpo. Ella me secó como si fuera un bebe, nos vestimos platicamos un rato. Me dijo que mi ex suegro tenis cerca de 8 años sin buscar hacerlo con ella. Sabía que mi suegro tenía una amante más chica y a donde se iba con sus amigos. Ella había intentado cobrársela haciendo lo mismo, pero siempre su moral le hacía dar marcha atrás. El tequila fue lo que ayudó a que por fin ganará la lujuria. Mientras me decía esto, ella daba sorbos a un vaso de tequila. «Vete, antes de que llegues tarde, pero ven cuando quieras y nos echamos otros tequilitas».

    Me fui por su hija Luna, tuve sexo con ella, también me vine dentro de ella. Solo fui dos veces más con mi ex suegra, después supe que terminó divorciándose de mi suegro y que ahora vivía con otro señor que aparentemente la mantenía satisfecha.

    Aquí acaba mi historia y mis confesiones de como pude tener sexo con todas las mujeres de la familia de ex novia. Después escribiré otros relatos de otras experiencias que he tenido.

  • Otra vez el cielo en Mar

    Otra vez el cielo en Mar

    Estaba haciendo el aseo de la casa y tocaron a la puerta de mi casa. Pensé que sería algún vendedor y atisbé por la mirilla. ¡No podía creerlo! Era el ingeniero que una vez llevó a mi marido muy borracho a la casa. (Esa historia ya está contada en El cielo en Mar.) Habían pasado más de cinco años en que nos conocimos, ¡y lo hicimos muy bien!, aunque aquella vez no le pregunté su nombre…

    Abrí de inmediato la puerta y le pedí que pasara. Pensaba recriminarle del porqué de su silencio en tanto tiempo, ya que al darle mi número telefónico esperé con ansias su llamada para volver a sentir su fuego, pero mi pasión por él se fue extinguiendo poco a poco. Al cerrar la puerta, él me tomó la mano y me besó galantemente en el dorso. Me pidió un vaso de agua y fui a la cocina para servirlo, pero él me siguió. Antes de que extendiera mi mano hacia el trastero, sentí su mano levantando mi cabello, después sus labios en mi nuca. Ya no tomé el vaso. ¡Empecé a arder en mis deseos!

    Me volteé y le ofrecí mis labios. El abrazo se hizo ardiente y nuestras lenguas buscaron anudarse. Mis manos aflojaron su cinturón y metí una para acariciar su turgencia, mi pulgar distribuyó su presemen en su glande. Sus manos bajaron a mis nalgas, entraron bajo mi falda y recorrieron mi carne, sentí sus dedos acariciando los vellos de mi panocha y uno viajaba desde el pubis, luego recorría mi clítoris hasta llegar a mi cueva que destilaba jugo de pasión. Viajó intermitentemente haciendo una y otra vez el recorrido.

    Con mi mano libre ayudé a que mis calzones cayeran y con la otra jalé firmemente el tronco una y otra vez mojándomela con sus ganas de amar. Me cargó y me llevó a mi cama, esa misma donde mi marido y yo nos amamos todos los días y donde él fue invitado una vez por mi marido borracho, al final de una farra, para ver cómo le mamaba la verga su esposa.

    Después de que me dio ese beso apasionado en la cocina, sólo queríamos cogernos. Me depositó en la cama y se quitó la ropa de la parte inferior. Nos lanzábamos miradas anhelantes. Cuando él ya estaba sin las estorbosas prendas y su pene erguido y brillante por el líquido que mi mano le había distribuido, le sonreí con coquetería levantándome la falda y abrí las piernas para que él también gozara con el brillo de mi raja que pedía a gritos que me penetrara.

    Me cubrió besándome y metiendo sus manos para atrapar mis chiches y tener un suave punto de apoyo para su movimiento. Nuestras bocas se separaron para, simultáneamente, lanzar ambas un quejido de amor donde él me regaba el interior con su semen y yo empecé con un tren de orgasmos que poco a poco los quejidos subieron de tono hasta hacerme gritar. Ni con mi marido en los mejores tiempos había sentido esto.

    Descansamos, él sobre de mí y yo acariciando su pene con las contracciones de mi vagina. Dejó mis tetas y bajó a lamer y deglutir el atole que hicimos. ¡Yo me sentía en el cielo!, y es que esto no me hace mi esposo y ahora lo gozaba en nuestra cama matrimonial gracias a este señor de quien no conocía su nombre, sólo que se refirió a él como «el ingeniero» cuando una vez lo invitó mi marido a tomar en mi casa.

    En eso estábamos y se escuchó el pestillo de la puerta de entrada. Me levanté rápido, bajándome la falda, y salí de la recámara cerrando la puerta. Vi que mi hija entraba a la casa.

    –¿Qué pasó?, deberías estar en la escuela –le pregunté extrañada de verla.

    –Se me olvidó una tarea que debo entregar después del descanso. Pedí permiso a la directora para venir por ella –dijo tomando un folder del cajón de un mueble–. Anoche se me olvidó meterla entre mis cosas –concluyó yendo hacia la cocina.

    Tomó un vaso y se sirvió agua. Al terminar lo puso en el fregadero y descubrió mis calzones en el piso.

    –¿Y esto? ¿Qué hace aquí? –preguntó levantándolos.

    –Se han de haber caído cuando llevé la ropa sucia a la lavadora –contesté tomándolos sin darle mayor importancia.

    –Bueno, me voy –dijo y se retiró–. ¡Tanta prisa que hasta dejé la puerta abierta! –exclamó cuando jaló la hoja de la manija que yo había recordado que sí cerró.

    Aún con la pantaleta en la mano, la cual sentí mojada por obvias razones, cerré la puerta y me dirigí hacia la recámara que tenía la puerta abierta. Al entrar, me percaté de que “el ingeniero” ya no estaba. ¡Qué rica cogida me dio, y seguí sin saber su nombre…!

    **********

    Aclaración: Esta historia no la escribí yo, aunque esté relatada en primera persona. La recibí por correo y pretende ser la continuación de otra ya publicada. La verdad, me gustó mucho, tanto como la primera parte, para la cual discutimos un poco de manera epistolar sobre el desarrollo para hacerla creíble. Esta parte, como la anterior, es sólo una fantasía que nunca ocurrió.

  • Me cogí a mi cuñada (Parte 1)

    Me cogí a mi cuñada (Parte 1)

    Es el momento, es ahora o nunca, pensé. 

    Cecilia estaba sola por unos momentos, con los ojos rojos por una discusión telefónica más, con el padre de su hija; pero aun así sonriente al verme.

    ¿Sería mi oportunidad?

    Cuando uno es muy joven, tiembla ante la primera oportunidad de dirigirse a una mujer, desde un breve y torpe saludo en el colegio, hasta la primera llamada telefónica o la primer notita de amor, cuesta mucho trabajo.

    Qué decir de cuando llegamos al momento de poder tomar una mano tan temblorosa como la nuestra o dar nuestro primer beso, uff, ¡qué difícil!

    Vamos más allá, incluso cuando finalmente podemos posar nuestras inhábiles manos en un par de pechos o de meter un dedo en una vagina en un primer “faje” nos cuesta mucho, aunque las hormonas normalmente nos guían. Ya qué más puedo decir del primer oral o la primera cogida. Todo es sublime, pero COMÚN.

    Lo que no es común es pretender cogerte a tu cuñada.

    La cuñada es otro nivel. Es la hermana de tu esposa, la mujer con quien tus suegros te dejan a solas por la confianza, la que confía precisamente en ti tanto como para platicar cualquier cosa o vestir de la forma que sea en tu presencia.

    Pero cuando las cosas “se van dando” y ya con los años de experiencia, uno aprende a buscar oportunidades y hacer realidad sus fantasías.

    -Qué onda, cuñis, replicó al saludarla

    -Nada, ¿estás bien?, pregunté

    -Sí, bueno, no tanto, ya sabes el papá de la niña que es un idiota, me dijo.

    Me acerqué a ella y la abracé. La abracé fuertemente y ella a mí, nuestros rostros quedaron muy cerca y ambos recurrimos a acercarnos aún más. Su mejilla izquierda estaba pegada a la mía y sentía como una lágrima recorría las mejillas de ambos.

    No dude en despegarme un poco para darle un beso en esa mejilla.

    -Lo lamento, cuñis, le dije; y le di otro beso en la mejilla.

    Pegué de nuevo mi rostro al suyo pero más cerca de su boca.

    Ya no corría otra lágrima y noté un ligero temblor en su cuerpo.

    -Es mi oportunidad, pensé, es ahora o nunca.

    Volví a separarme un poco y le di dos o tres besos en la mejilla, pero más cerca de su boca. Ella tenía cerrados los ojos y no oponía resistencia alguna.

    Tras el tercer beso ella abrió los ojos y casi sin separarse de mi rostro, dijo:

    -Te quiero, cuñis

    Y me dio un beso tronado en la mejilla y me volvió a abrazar.

    En tanto yo recorría su espalda con mis manos hasta llegar al extremo superior de sus caderas. La acariciaba con cariño y ternura y ella a mí.

    Empecé a darle pequeños besos en su mejilla y en algún momento ella volteó más hacia mí su rostro y el siguiente beso fue entre su barbilla y sus labios.

    Vino otro beso cariñoso más, pero ahora en su nariz.

    El siguiente, fue directo en sus labios.

    Dos o tres besos de piquito, luego otro más pero siempre sin abrir la boca.

    Me detuve, la separé un poco de mí, abrió los ojos, tomé su rostro entre mis manos y dije:

    -Soñé muchos años con besar tus labios

    -La verdad yo nunca lo imaginé, pero me gusta, dijo Cecilia.

    Acto seguido empezamos a besarnos apasionadamente, sus labios apretaban los míos y su lengua buscaba furiosa la mía.

    Nuestros hijos veían la tele en un cuarto de arriba y no había nadie en casa. Esa primera planta vacía era ese lecho oscuro que los enamorados buscan para denotar su pasión.

    Nos besamos cerca de 10 minutos, sin tocarnos más que la cintura, cara, brazos y espalda.

    Tomé la iniciativa y empecé a tocar sus nalgas y piernas y ella discretamente puso su mano derecha sobre mi short y acariciaba mi verga poderosamente erecta.

    Le subí la falda que traía para tocarla mejor y pasé mi mano de sus nalgas a su vagina, sobre su calzón de encaje que casualmente usa.

    Estaba mojadísima, pero en verdad muy mojada, todo el frente y parte baja de su ropa interior estaba empapado de sus fluidos.

    Traté de meter mi mano, pero me detuvo.

    -Aquí no cuñis, no, mejor no.

    Sin despedirse subió al cuarto de los niños y segundos después recibí un mensaje en mi celular.

    -“Por fa, no le vayas a decir a nadie lo que acaba de pasar. No está bien. Luego platicamos. Necesito pensar”

    Solo escribí un frío “ok” para no presionarla y me retiré de su casa.

  • Pero ¿Qué pasó?

    Pero ¿Qué pasó?

    Aún me pregunto que pasó esa noche, terminé con mis nalgas al aire, mi culito completamente abierto, lleno de leche, y, no sabía de quien era. Hasta que lo descubrí.

    En los anteriores relatos, les contaba que me había trasladado a Guatemala. Como vivía en un apartamento, grande de 3 habitaciones, y la empresa en la cual trabajaba pagaba el alquiler, me propuso si lo podía compartir, por un tiempo, con un venezolano que estaban trasladando. Como vivía solo, y era por un tiempo no muy largo, acepté, y es así, como una tarde llegó Héctor.

    Héctor era un muchacho (comparado con mi edad), de unos 25 años, acuerpado, piel canela, y bastante energético. «Mucho gusto, Héctor», me dijo, lo llevé hacia una de las habitaciones grandes, y lo dejé instalado. Esa noche no hablamos mucho, dado que había llegado cansado. «Héctor, descansa y lo que necesites, me avisas. Mañana yo salgo a la oficina, como a las 8, si quieres salimos a las 7:00, desayunamos en el camino, y nos vamos juntos a la oficina», «Buena idea» dijo Héctor y se despidió.

    Desde esa mañana, empezamos a hablar mucho. Lo empecé a ayudar con la búsqueda de su apartamento, con su instalación en Guatemala, y mientras él me contaba de su familia, de su novia, y de la vida en Venezuela en estos tiempos. También, como él hacía mucho ejercicio, me invitaba todas las mañanas al gimnasio o a correr, en fin, cada vez más nos volvíamos mucho más cercanos.

    Entre más nos volvíamos cercanos, también Héctor se descaraba un poco. Mientras que Héctor estaba en la casa, yo procuraba salir del cuarto siempre vestido o, si era de noche, con una piyama con una camiseta. Héctor al principio lo hacía, luego empezó a salir en calzoncillos (tipo tanga, que me hacía que le mirara disimuladamente de reojo su paquete, que tenía un tamaño considerable, aún en estado flácido), y algunas veces, cuando llegábamos de hacer gimnasia o de correr, se iba a la zona de ropas, se quitaba la ropa allá y caminaba desnudo por el apartamento, con la excusa de no llevar la ropa sudada al cuarto; uno de aquellos días que hacia esto, nos quedamos hablando un poco, mientras se servía un vaso de jugo de naranja, y tuve que empezar a moverme para disimular la erección que estaba teniendo, al mirarlo de reojo. Héctor como que lo notó, y me dijo «Chamo, deberías ser más relajado».

    Un viernes, después del trabajo, estábamos en el apartamento Héctor y yo, y comenzamos a tomar cervezas. Hablábamos de todo. Con el paso de las horas, las cervezas se nos acabaron, y seguimos con whisky. Seguimos hablando, y como que estábamos decididos a acabar con el bar que tenía en el apartamento. Se terminó la botella de whisky, y seguimos con tequila. Al segundo trago de tequila, me sentía muy mareado, y mi vejiga estaba a punto de explotar… dando tumbos y agarrándome a la pared, del estado de embriaguez que tenía yo, me fui al baño que estaba en mi cuarto… y allí es donde todo sucedió, como me contó Héctor al siguiente día cuando fui en la mañana siguiente hasta su cuarto y le pregunté que había pasado…

    «Te fuiste dando tumbos al baño, y, estabas orinando con la puerta del baño abierta», me dijo. «te sentí orinar, con un chorro potente, y que bajaste la cisterna, luego pasó el tiempo y no escuché más», seguía relatando. «entonces te llamé, no me contestaste, y decidí entrar a tu cuarto. Estabas boca abajo en tu cama, con los pantalones y calzoncillos en tus tobillos, durmiendo. Yo veía tus nalgas bien paraditas al aire, y me provocaron. Me acerqué, te llamé varias veces, y pensé en subirte los pantalones y dejarte durmiendo, pero, lo que hice fue empezar a tocar tus nalgas. Como estabas ebrio, y dormido, no me decías nada, y decidí seguir. Ensalivé un dedo y empecé a acariciar tu orto, e hiciste, dormido, un gemido como de placer, y te volviste a quedar dormido. Eso me asustó un poco, pero, como seguías dormido dije – este está muy ebrio- y volví a ensalivar el dedo y a hacer movimientos circulares en tu orto. Empezaste a gemir, con los ojos cerrados y a naturalmente tratar de parar el culo, allí fue donde yo me quité mi pantalón, liberé tu pantalón de uno de los tobillos, te abrí las piernas un poco, me terminé de parar la verga y, sin pensarlo, escupí tu culo y te la metí de una. Solo gemiste una vez y de resto, parabas como en acto reflejo tu culo, mientras yo lo bombeaba y te metía mi verga violentamente. Duré un buen tiempo en esas hasta que me corrí dentro de ti. Me quedé un rato al lado tuyo, hasta que ya me vine a mi cama, discúlpame, pero te tenía ganas»

    Estaba en shock, pero la verdad, me había gustado mucho. Me metí en sus sabanas, y, como dormía en bóxer, empecé a sobarle su paquete, el cual no demoró en colocarse duro «Que quieres que te haga». «Mámamela» me dijo. Nunca había mamado en realidad una verga, así que me imaginé que era como lamer y chupar un helado. Así lo hice «como lo haces de bien… sigue» me decía… agarré la base de su verga y empecé con dos dedos a pajearlo mientras con mi lengua y mis labios chupaba y lamía su cabeza, hasta que llegó el momento de venirse. El intentó sacar la verga de mi boca, pero no lo dejé y seguí lamiendo hasta que sentí como su leche empezó a salir de su cabeza dentro de mi boca, Con la lengua empecé a lamerla, veía la cara de placer de Héctor, mientras que salía más y más leche. Me tragué una parte, y con la punta de mi lengua seguía lamiendo y limpiando la cabeza de su verga hasta dejarla limpia, tragándome el resto, Se sintió fantástico.

    «Me gustó desayunar así», le dije, me hizo voltear de lado, me bajó mi piyama hasta quitármela, me acomodó su pene semi flácido en la raya de mi culito, y me abrazó en cucharita, así nos quedamos toda la mañana durmiendo… ese fue el inicio de unas noches ardientes, que luego les contaré, hasta que Héctor se mudó de apartamento. Después que se mudó, no quedamos más, dado que su familia se mudó con él. En la oficina nos veíamos, hablábamos como buenos amigos y cruzábamos de vez en cuando miradas cómplices, sabiendo el secreto de lo que hicimos en ese apartamento.

  • Una noche lésbica con una mujer madura

    Una noche lésbica con una mujer madura

    Era un fin de semana del año 2010,  llegué a visitar una amiga en su casa, había llegado en un mal momento porque su madre de ella estaba molesta con su esposo, él había estado tomando demasiado los últimos días. Mi amiga entonces me pidió que me quedará a dormir en su recamara con su madre así evitaría peleas entre su padre y su madre, mientras ella dormía en la sala o estaría pendiente de su padre por cualquier cosa.

    En fin llego la noche, era como a las 11:30 pm, fui a la recamara de mi amiga acostarme, en seguida entro su madre a dormir. Tuvimos que compartir la cama y la sábanas, hacia algo de frio esa noche (para eso entonces yo tenía 19 años y su madre de ella 46 años). En seguida veo que la mamá de mi amiga traía una pijama muy transparente, y lo disfrutaba ver eso y a la vez me hacía algo en la boca. Hasta que de pronto empiezo acariciar los senos de la mamá de mi amiga, le pregunto «Te gusta? Sin embargo no me contestó. Seguir manoseando sus senos y otra vez pregunté «te gusta? quieres que continúe? Ella me contesta qué si.

    En seguida levanto su pijama, ella se negó un poco pero no resistió y se desnudó. Yo sentía mi respiración muy fuerte y ella algo nerviosa (creo que era su primera vez con una mujer) sentía mi vagina babeada. Me levanto y cierro la puerta con llave de la recamara. Me desnudo y abro sus piernas, veo que ella también estaba demasiado mojada. En seguida empiezo a chupar su vagina, la escucho gemir y gritar a la vez, chupo una y otra vez hasta que ella goza en mi boca. Después empiezo a mamarle sus enormes y ricos senos y ella me dice «Eso mámalo rico me excita cuando lo haces» después ella me dice otra vez «Ahora déjame mamarte rico tus pechos» empezó a chupar, se veía que tenía demasiada ganas, estuvo chupando como unos 10 minutos…

    Después ella se acuesta y abre sus piernas y me dice que hagamos la tijera. Abrí mis piernas y me senté sobre su vagina y empezamos a frotar nuestras vaginas una y otra vez… gozamos muchas veces en la posición.

    Intercambiamos de posición. La pongo de 4 y le digo que abro bien sus piernas, veo como su vagina esta mojada y se escurre entre sus piernas todo el juguito. Vengo por detrás de ella y empezó a frotar mi vagina con la de ella… así rico…. ella gritar de placer una y otra vez… y yo disfrutando al extremo. Terminamos y mirar al reloj (3:45 am)

    Me acuesta y la beso rico y le chupo su lengua… muy excitante dice ella… después ella pide más sexo. Empezamos otra vez, ella me empieza a lamer el culo y vagina.

  • Gina y el LSD

    Gina y el LSD

    Gina y yo hacíamos de todo. Tirábamos en el baño, tirábamos en la escalera, tirábamos los mediodías, tirábamos en las noches. Nuestros cuerpos simplemente encajaban, ponerla en cuatro era mi profesión. Me encantaba ir a moteles con grandes espejos en las habitaciones, procuraba poner a Gina en una posición que me permitiera tener todo el plano para degustar a fondo los detalles. Su espalda arqueada y sus duras nalgas eran mi vicio. Su vicio era sujetar mi falo con ambas manos y tragarlo todo. Era una delicia, era complicidad. Era una vida paralela a nuestras relaciones.

    Nos gustaba ser creativos. Por aquel entonces yo consumía drogas con cierta frecuencia y no tardamos mucho en hacer eso parte de nuestros encuentros. Fumábamos un porro antes de tirar. No voy a extenderme en moralismos, cada quien sabe que es bueno o malo para sí mismo, nosotros estábamos en un desenfreno alocado.

    Le hablé a Gina del LSD, de las sensaciones, del voltaje.

    – Quiero hacerlo contigo – me dijo un día.

    El porro era una cosa, el LSD era un nivel completamente nuevo y no estaba seguro de si debería llevar a Gina a aquellos extremos, su interés por vivir cosas nuevas conmigo no conocía de límites y para ser sincero me parecía súper excitante tirar con ella en ese estado. Lo hicimos dos veces.

    La primera vez ocurrió un viernes, le había dicho a mi esposa que iba a compartir un rato con la gente del trabajo y que llegaría tarde. Compré el LSD desde el día anterior y lo partí en 4 pedazos. Aun estando en la oficina le entregué su pedazo a Gina con el acuerdo de que lo llevaría a su boca a eso de las 6 de la tarde cuando saliéramos del trabajo. Yo hice lo mismo. Para mi mala fortuna tuve algunas tareas inesperadas y tuve que resolverlas ya viendo en multicolor la pantalla del computador, una pesadilla. Salí tipo 7:30 de la noche.

    Me dirigí al supermercado en el que solíamos sentarnos los viernes a beber y donde prácticamente empezó todo entre Gina y yo. Había unas 8 personas, todas ya tenían unas cuantas cervezas encima. Fui por una cerveza para mi y me uní a la conversación.

    Gina ya estaba volando, desvariaba un poco y se aferraba a un amigo. Se podría haber aferrado a mi pero siempre existía la sensación de que cualquier muestra de cariño entre nosotros nos dejaba en evidencia. Pasaron un par de horas y decidimos caminar un poco. Todos se fueron y solo quedamos Gina, Luis y yo. Luis sabía todo lo que pasaba entre Gina y yo. Tomamos un taxi los tres con la intención de dejar a Luis en un punto y seguir nosotros a un motel para repetir nuestra ya acostumbrada faena sexual pero esta vez volando por las nubes con LSD.

    Al dejar a Luis se fueron las barreras. Aun en el taxi metí mi mano por debajo de la falda de Gina, corrí su panty y empecé a meterle los dedos. Ella abrió sus piernas, la falda se le subió hasta la cintura y su coño quedó al descubierto. El taxista veía todo por el retrovisor. Gina estaba en éxtasis con sus ojos cerrados y sus piernas abiertas y yo extraía sus jugos mientras la besaba.

    Llegamos al motel. Pedimos una habitación y entramos tambaleándonos. Se acostó en la cama y quedó inmóvil. Yo me desnudé y fui sobre ella. Metí ambas manos dentro de su falda y le quité un panty blanco y húmedo. Metí mi cara entre sus piernas y empecé a mamarle el coño. Pronto estuvo desnuda. La luz del cuarto era de un rojo intenso, sudábamos intensamente y nuestros cuerpos resbalaban.

    Me acosté en la cama con mi verga tiesa y Gina se puso de rodillas frente a ella para trabajarle con devoción.

    – Cosita me encanta tu verga, que rico – Me decía mientras jugaba con mi glande.

    Ambos estábamos en un estado de locura. El rojo intenso me mostraba una escena muy caliente. El cuerpo moreno y menudo de Gina serpenteando sobre la cama entregándose a mi. La puse en cuatro en el borde la cama frente a un espejo que iba del piso al techo. Ensalivé mi dedo gordo y lo posé sobre su ano, empujé y se deslizó dentro de su culo. Me quedé un rato así, viendo en el espejo su cuerpo chocar contra mi mientras mi dedo gordo entraba y salía de su culo hasta la falange.

    Al fondo del cuarto había una puerta corrediza no muy evidente. Gina fue hasta allí y la abrió. Para nuestra sorpresa encontramos un cuartito con unas cuerdas atadas al techo que sostenían una especie de arnés, parecía un columpio. No desaprovechamos, Gina se subió en el arnés y debido a su estado narcotizado falló una pierna y cayó al suelo con un pesado golpe. La ayudé a levantarse, no pasó a mayores.

    Pronto logró subirse al arnés. Sus piernas quedaron flexionadas asomando hacia atrás su culo. La posición tan extrema hacía que incluso sus nalgas se separaran un poco y me daban una vista privilegiada de su ano. Veía cuatro anos yo en ese momento. Posé mi verga sobre su coño y empujándola un poco el columpio lograba un vaivén interesante que hacía que mi verga entrara y saliera de ella. Seguimos tirando por un par de horas.

    La segunda vez que ocurrió aquello del LSD fue en una reunión del trabajo. Todos iríamos a un club de la ciudad a comer, beber y bailar. Gina y yo tomamos el LSD una hora antes de salir para el sitio. Ella estaba ida y yo tenía que hacerla reaccionar un poco de tanto en tanto para evitar que alguien notara la situación. Al terminar la comida y algunos tragos decidimos todos ir a un sitio más popular y menos costoso. Saqué a bailar a Gina.

    – oye, ¿nos escapamos un rato?- le dije.

    – ¿cómo hacemos para que no se den cuenta?- me respondió.

    – Yo salgo y voy a caminar hasta la esquina, tu sales 10 minutos después

    Y así fue. Ejecutamos el plan drogados hasta la coronilla. Salí del sitio y fui hasta la esquina a esperar ansioso. Pasados unos minutos pude ver el duro cuerpo tambaleante de Gina caminar calle arriba y hacia mi. Tomamos un taxi. El maldito carro tomó justo por el lugar donde se encontraban todos nuestros compañeros y nos tocó escondernos un poco entre risas.

    Llegamos a un motel. A diferencia de la otra vez, ahora Gina estaba muy activa, encendió un equipo de sonido que estaba en el cuarto y puso música para bailar. Llevaba una falda de flores que se movía con el vaivén de su cuerpo. Me acerqué por detrás y bailé con ella incrustando mi verga entre sus nalgas.

    Nos desnudamos y como era costumbre, lo primero fue acostarme en la cama y poner a Gina a chuparme la verga por largos minutos. Tiramos intensamente, fue delicioso. En un momento recuerdo que ella estaba de rodillas en la cama moviéndose al son de una canción y yo metí mi mano entre sus nalgas para encajarle un dedo culo arriba.

    – Uffff cosita que rico, mi culito – dijo.

    Pasó algo que no era común entre nosotros. Fruto del efecto de las drogas se dio la vuelta y me pidió que fuera yo el que bailara de rodillas en la cama. Metió un dedo en su boca y mientras yo bailaba me lo metió por el culo. Gemí y gemí como una perra en celo sintiendo como primero un dedo y luego dos escarbaban mi agujero.

    Me vine dentro de su coño mientras le daba en cuatro. Siempre fue una preocupación para ambos el hecho de que nos encantaba que yo terminara dentro de ella. Pensábamos que un terrible desenlace de todo aquello podría ser un embarazo no deseado, nunca pasó pero algún susto pasamos.

    Solo esas dos veces consumimos LSD. Fue otro detalle de esa experiencia de 5 años manteniendo un romance tórrido y prohibido con Gina. Una conexión que a pesar de la distancia en algún momento nunca desapareció durante ese tiempo. Pronto escribiré la conclusión y el final de mi historia con Gina. La extraño, cuando me hago la paja pienso en ella, en sus gemidos, en su cuerpo firme y la forma en que me lo entregaba, quisiera volver a verla alguna vez.

  • Sola mi mujer en casa con sus amigos

    Sola mi mujer en casa con sus amigos

    Todo comenzó con una duda que tenía hace semanas de que hacía mi esposa cuando yo me iba a trabajar y esa duda surgió de un mensaje que alcance a ver en el celular de mi esposa un día que iba saliendo hacia el trabajo, el mensaje decía: ya se fue? Ya podemos ir? Era lo único que decía y yo me quede helado.

    Con esa inquietud le platiqué a un amigo y él me recomendó que pusiera una cámara escondida, de esas cámaras de seguridad con las que puedes ver en vivo lo que está pasando Y escuchar todo por medio de conexión wifi y así me dispuse a hacerlo sin pensar en lo que estaba a punto de descubrir, la cámara la puse en la sala una cámara muy pequeña y discreta colocada atrás de un portarretrato colocado en la pared con lo que yo tenía un panorama muy amplio de toda la sala y coloqué otra más en nuestra recamara atrás de una caja de zapatos dentro del closet.

    Ese día en la mañana todo comenzó con normalidad, hicimos el amor de una forma normal con posición de misionero, no gemía demasiado, unos cuantos besos hasta que termine, todo fue muy clásico, nada pervertido ni nada y después de bañarnos pasamos a desayunar platicar un poco de sus planes de trabajo y luego de despedirme con un beso de pico me fui a trabajar y hasta allí todo muy normal, muy común y ella muy recatada con todo, no vestía provocativa, no era muy morbosa, era un ama de casa común y corriente para mí, nunca me había contado alguna fantasía o que quisiera hacer algo atrevido ni nada pervertido.

    Cerrando la puerta detrás mío y alejándome en mi vehículo todo cambio para ella, me alejé unos 15 minutos de la casa y procedí a estacionarme en un estacionamiento de un centro comercial cerca de nuestra casa y abrí la aplicación en mi celular para ver qué es lo que hacía mi mujer cuando yo estaba trabajando, lo primero que vi fue que ella estaba con su celular en la mano mandando mensajes o eso era lo que parecía, dejaba su celular y luego lo agarraba de nuevo para revisar los mensajes que le llegaban y así estuvo cerca de 15 minutos.

    Yo ya hacía media hora que había salido pero pedí permiso en el trabajo para llegar un poco tarde así es que tenía tiempo suficiente para espiar a mi mujer, ella iba y venía por toda la casa acomodando cosas sin importancia, todo transcurría con normalidad y yo ya estaba un poco aliviado pensando en que todo había sido imaginación mía de que me esposa me estuviera engañando con alguien, ya estaba por cerrar la aplicación y entonces llamaron a la puerta y mi corazón se aceleró de una forma descomunal y yo ya quería ver quien era esa persona que llamaba.

    Mi esposa recorrió toda la casa para abrir rápidamente pero a mi ese tiempo se me hizo eterno y mi corazón explotaba como tratándose de una gran emoción por descubrir algo nuevo en nuestras vidas y efectivamente eso pasó, abrió la puerta y en ella estaba parado un chico como de nuestra edad con una mochila en el hombro mi corazón se paralizó y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo al momento que sentía una curiosidad enorme por lo que estaba viendo, acto seguido ella lo saludó con beso en la boca y lo hizo pasar rápidamente y yo ya estaba estupefacto pero mi sorpresa no quedó allí ya que cuando entró el chico a la casa inmediatamente entraron dos más detrás de él y otro de ellos también llevaba una mochila al hombro.

    Acababa de ver a tres chicos entras a mi casa donde se encontraba mi esposa sola sin saber que era lo que estaba a punto de suceder, ya los tres dentro de la casa ella saludó a los otros dos de la misma forma que saludó al primero con un beso en la boca a cada uno, yo me quería reusar a pensar que le fueran a hacer algo entre los tres y me llene un poco de celos y enojo, quería regresar a casa a confrontar la situación pero me espere curioso de saber qué más iba a suceder, pasaron y se sentaron en la sala el primero muy cerca de ella y los otros dos en un sillón aparte ellos se veían de buen cuerpo de esos que se ve que hacen mucho ejercicio y mi esposa hacía ejercicio pero en casa ella no era de ir al gimnasio y cosas de ese tipo, pero tenía también bien cuerpo.

    Comenzaron a platicar cosas sin importancia cuando uno de ellos comenzó a sacar latas de cerveza de su mochila y comenzaron a destaparlas ofreciéndole una a mi mujer la cual se me hizo muy raro que aceptara pero parecía que los conocía de hace un tiempo así es que agarro la cerveza con toda confianza en ese momento ella agarro su celular y vi que comenzó a escribir en él y al momento de terminar vibro mi celular con un mensaje de ella donde me preguntaba si había llegado bien al trabajo y yo rápidamente le contesté que todo estaba bien y ella se despido de mi con un té quiero mucho.

    A partir de allí toda esa platica con ellos cambio, parecía que estaban esperando una confirmación para comenzar lo que tenían planeado ella les dijo -ya está en su trabajo- y en ese momento el primer chico se abalanzó a darle un enorme beso que ella le correspondió rápidamente con lengua y todo siendo que a mi los besos eran muy simples, estuvieron unos segundos besándose y los otros dos tipos viendo cómo se besaban tomando sus cervezas, dejaron el beso y el rápidamente abrió su mochila y le dijo a mi esposa -te traje lo que te prometí- y saco algo como unos trapos de su mochila a lo que yo advertí rápidamente que era como un disfraz o algo así y después saco unas zapatillas de tacón muy alto y ella tomó todas esas cosas y les dijo -espérenme aquí ahorita vengo- y se fue rápidamente a nuestra recamara a ponerse lo que le habían llevado, cuando ella se fue alcancé a escuchar a los tres decir frases como…

    -ya me quiero coger a la puta de tu amiga.

    -se ve que está bien rica.

    -ya verán que coge bien rico.

    -es bien zorra y puta la condenada.

    Entro a nuestra recamara y se quitó la ropa que llevaba para quedar completamente desnuda, aparto la ropa que le dieron para ponérsela rápidamente, había unas medias blancas que le llegaban un poco arriba de las rodillas, una tanga blanca muy diminuta que ni por error teníamos en nuestra casa, una minifalda de sirvienta que apenas le tapaba el culo, una blusa blanca muy ceñida a su cuerpo que le hacía resaltar los pechos firmes y duros que tenía y tampoco era ella de ponerse ropa muy entallada pero esa blusa le hacía resaltar la forma de su hermoso cuerpo que siempre tenía tapado a la vista de los demás, había también una como pechera de forma de sirvienta y al final se colocó las zapatillas de puta que yo alguna vez le insinué en cómprale, cuando termino de vestirse termino como una sirvienta para atender a sus invitados, uno de ellos le gritó si ya estaba lista y ella le contestó -si ya voy cierren sus ojos- escuche como comenzó a caminar con esos tacones uno tras otro hacia ellos mientras la esperaban con entusiasmo, el sonido de los tacones me hipnotizaba al saber que se dirigía al lugar donde se la iban a coger tres tipos desconocidos para mi.

    Cuando la vi caminar por el pasillo de la casa ella se veía espectacular, nunca la había visto así en ese rol de puta sirvienta, ella siempre habría sido muy mojigata para esas cosas pero allí estaba totalmente transformada y se notaba que lo disfrutaba, llego a la sala y les dijo con una vos muy sensual -sorpresa chicos ya llego su sirvienta para atenderlos como se merecen y para que me consientan como mi marido no lo hace- al momento ellos se iban a parar y ella los detuvo diciéndoles -no no se paren déjenme atenderlos primero- se volteó dándoles la espalda y se fue a la cocina moviendo sus ricas nalgas de un lado a otro y ellos se quedaron como atontados por el espectáculo mi esposa salió de la cocina con una servilleta en mano y con una charola con vasos de vidrio vacíos llego donde estaban ellos y tomo las latas de cerveza llevándoselas nuevamente a la cocina y al momento salió de nuevo con los vasos llenos de cerveza y diciéndoles -sus bebidas están servidas en un momento de las doy.

    Se puso el frente de la mesa de centro y se agachó para colocar la charola y en ese momento les dejo ver la tanga que traía puesta y todo su enorme culo a la vista de ellos, ellos trataron de tocarla pero ella muy sutilmente le daba con la palma de la mano para que no lo hicieran, ella les dio las bebidas y repitió la acción varías veces contoneándose frente a ellos de una forma muy sugerente, ellos platicaban y hacían bullicio de lo que estaba pasando y yo no lo podía creer, estaba viendo a mi esposa actuar verdaderamente como una puta frente a mis ojos y allí fue cuando mis celos se transformaron en una excitación muy grande, mi corazón acelerado y un mar de emociones nuevas que estaba experimentando el ver ese espectáculo, cada que terminaba de servir los tragos se actuaba su rol de sirvienta acomodando los cojines de los sillones, trajo un plumero y se puso a sacudir la sala no sin que cada uno de ellos le metieran la mano en cada oportunidad, cada que podía se agachaba para mostrarles la ganga que traía, etc. Se paseaba por la sala dando vueltas para que se levantara la faldita diminuta que llevaba y dejar ver la parte de enfrente de su tanga, se agachaba frente a ellos para dejar ver encima de la blusa sus ricas tetas duras y firmes.

    Y llegó el momento esperado por todos y hasta por mi, les pregunto -mis señores desean que les sirva en algo más?- los tres dijeron -tenemos ganas de coger a una puta sirvienta- ella les dijo -y como les puedo ayudar Yo para cumplir ese deseo de mis señores?- uno de ellos dijo -comienza por chuparme la verga puta- y mi esposa se acercó a él, se arrodilló ya que él estaba en el sillón, le bajo con delicadeza los pantalones y comenzó a bésale la punta del enorme pene que ya estaba al descubierto, los otros dos chicos se dedicaron a observar el espectáculo, ella les dijo -si quieren váyanse quitando la ropa porque siguen ustedes- rápidamente quedaron desnudos y sentados en el sillón esperando su turno, el primero que se la estaba chupando procedió a quitarle la blusa blanca que tenía y la dejo solo con el traje de sirvienta con las tetas al aire, el espectáculo era muy morboso y excitante yo ya tenía la verga muy dura y a punto de explotar, en eso el chico agarró su cabeza por el cabello y con fuerza comenzó a bajar la cabeza de mi esposa de una forma frenética hasta que ella se comía por completo la verga de él, el movimiento era de un mete y saca espectacular alcanzaba a ver cómo salía su pene de la boca de ella.

    Y en instantes ya la tenía de nuevo completamente dentro de ella entraba y salía sin parar hasta que escurría saliva por los lados de la boca de mi mujer, el detuvo el movimiento bruscamente y le dijo -ahora ve con ellos para que les des placer también- ella respondió -si mi señor lo que usted diga- fue rápidamente con ellos y mientras a uno le mamaba la verga de igual forma al otro lo estaba masturbando con una de sus manos el tercero se paró de su lugar y se fue acercando poco a poco ella por atrás y como estaba arrodillada también la agarró de las caderas y la levando para que quedara de pie y comenzar a penetrarla por atrás mientras ella seguía mamando pene, los tres chicos eran muy atléticos y comenzaron a hacer con ella de todo después, uno de ellos dijo -hay que llevarla a su recámara- y en ese instante otro la cargó de una forma muy ligera como quien carga a su esposa en su luna de miel, ella lo abrazó y comenzó a besarlo de una forma muy erótica hasta que llegaron rápidamente nuestra cama y la lanzó como si fuera un pedazo de carne del cual estaban a punto de disfrutar entre los tres, ella cayó en la cama y se rio al momento que decía -soy toda suya hagan de mí lo que quieran.

    Al instante la dejaron completamente desnuda sin nada encima, nunca había visto a mi esposa de esa forma completamente abierta a recibir cualquier trato sexual que alguien pudiera imaginar, uno de ellos se recostó en la cama y la puso a ella sobre él, alcance a ver su enorme verga completamente dura dispuesta a penetrar a mi esposa, ella colocó la entrada de su vagina ese enorme falo y poco a poco comenzó a bajar hasta que el la tomo de las caderas y en un movimiento rápido le hundió la verga dentro de ella, ella soltó un enorme gemido de placer que yo nunca había escuchado, comenzó a elevarse para dejarse caer de nuevo y se penetrada una vez más mientras sus gemidos se hacían más fuertes y profundos.

    Él la tomo de las caderas y los movimientos comenzaron a ser más rápidos cada vez, se levantaba y se dejaba caer una y otra vez con un rostro lleno de placer y lujuria, alcanzaba a escucharla decir -que rico es esto que siento agg rico que rico sigue así me gusta mucho tu pene dentro de mi.

    Uno de ellos le dijo -y apenas estamos comenzando- ella dijo -que sigue- uno de ellos se colocó detrás de ella, le untó lubricante que llevaban en el ano y apuntó su pene a la entrada de este y poco a poco lo comenzó a hundirse también dentro de mi esposa y sus jadeos comenzaron a ser de una forma diferente, un poco más lento mientras sentía como iba entrando poco a poco dentro de ella, despacio despacio que rico me lo hacen ahh, fuero las gemidos que escuchaba emitir a mi esposa, ya completamente con el pene dentro de su culo y otro pene dentro de su vagina ella se comenzó a mover de una forma muy sensual de nuevo metían sus penes y los sacaban cada vez más rápido adentro afuera adentro afuera hasta que ella comenzó a gemir de nuevo más rico y más rápido, sus gemidos eran de una puta disfrutando el acto de ser cogida por dos hombres y estaban en eso cuando dijo el tercer chico -oye puta pero te falta otro agujero por llenar- ella dijo -falta mi boca para estar completamente llena por todos lados, quiero que llenen mis tres agujeros de leche se le quedo viendo al tercer chico y abrió su boca esperando y pidiendo que le metieran ya una tercer verga él se arrimó hacia ella y poco a poco introdujo su falo en su boca hasta llegar al final de su garganta, comenzaron los movimientos sincronizados para meter y sacar sus vergas dentro de mi esposa mientras ella disfrutaba todo lo que hacían con ella.

    Para ese momento yo ya tenía también mi pene fuera de mi pantalón y me lo movía frenéticamente de arriba hacia abajo estaba súper excitado con la escena de mi esposa siendo penetrada por tres al mismo tiempo, sus gemidos ya eran ahogados por la otra verga en su boca pero muy intensos, los tres la perforaban al mismo tiempo y ella seguía gimiendo como loca de una forma que yo jamás imaginé que podría hacer ella, entraban y salían de allá una y otra vez una y otra vez hasta que vi como tenía fuertes orgasmos ya que su cuerpo se comenzaba a convulsionar de placer, se veía como sus piernas temblaban y su manos las dejaba caer como un bulto de carne sin fuerza alguna y ellos seguían sin parar picando cada uno de sus agujeros una y otra vez sin parar como si fueran máquinas de placer para ella metiendo sus vergas dentro de mi esposa, en eso uno de ellos dijo -hay que cambiar- se salieron de sus agujeros y el que estaba abajo de ella la botó como un trapo viejo y ella cayó en la cama con una enorme sonrisa en su cara diciéndoles -no puedo más- ellos dijeron -pero nosotros aun no terminamos contigo pinché puta, otro de ellos se recostó en la cama y uno más la cargó para colocarla sobre él y comenzar la misma escena, llenando los tres agujeros al mismo tiempo y comenzar a bombearla de nuevo con más fuerza.

    Ella comenzó a moverse de manera frenética hacia adelante y hacia atrás una y otra vez una y otra, ellos no dejaban de empujar sus penes y no paraban de tocarla y recorrer su cuerpo frenéticamente sin dejar ningún lugar por estimular, tocaban y masajeaban sus tetas, el que estaba abajo de ella las chupaba una y otra vez, el que estaba sobre ella no dejaba de agarrarle las caderas moviéndola de un lado a otro, el que tenía su pene en su boca no dejaba de agarrarle el cabello haciendo su cabeza de adelante hacia atrás sin parar un solo instante mientras se oía como su pene tocaba el fondo de su garganta y parecía ahogarse, entre los tres la estaba cogiendo de una forma espectacular como queriéndosela comer toda sin dejar nada de ella hasta que llegó el momento en que ella volvió a estallar en un orgasmo pero esta vez fue un orgasmo muy continuo y múltiple ya que no paraban de temblar sus piernas una otra vez completamente llena de sudor.

    Alcance a ver cómo comenzó a salir un líquido de dentro de ella que comenzó a escurrir en el estómago del tipo que estaba debajo de ella, lo estaba dejando completamente empapado de los jugos que estaban brotando de mi mujer y también estaba dejando la cama completamente mojada, sus tres verdugos comenzaron a gemir también anunciando que estaban a punto de derramar su leche dentro de ella, y ella decía entre una vos ahogada porque tenía una verga en su boca -siiii quiero su leche dentro de mi- y comenzaron a finiquitar la escena con los cuatro viniéndose al mismo tiempo, ella no paraba de temblar y ellos comenzaron a expulsar su leche uno en su vagina, otro en su culo y el último en la boca, los tres vertieron su néctar dentro de ella de una forma muy rica y yo también comencé a botar una cantidad enorme de leche por el gran espectáculo de ver cómo se cogen a mi esposa tres desconocidos.

    Sacaron sus penes de mi esposa y alcancé a ver cómo comenzó a escurrir semen de dentro de ella ya que la dejaron aventada y abierta de piernas justamente enfrente de donde tenía ubicada la cámara y ella completamente extasiada con una sonrisa en su cara y aun con algunos espasmos que recorrían su cuerpo cada algunos segundos parecía que seguía teniendo orgasmos muy pequeños hasta que por fin quedó inmóvil en la cama casi inerte por la cogida que le habían pegado aquellos tipos, pasaron unos momentos y ellos le tomaron algunas fotos a ella allí tumbada llena de semen con la boca aun escurriendo de leche pero ella con una cara de felicidad como nunca la había visto jamás.

    Le dijeron que si le gusto y ella les contesto -me encanto espero que puedan venir otro día para repetir- Uno de ellos dijo -si y ahora te vamos a traer un disfraz de colegiala va- a lo que ella contesto -ya quiero que llegue ese día- ella trato de levantarse y les dijo que iba a arreglar la casa para cuando yo llegara y uno de ellos le dijo -no te preocupes ahorita nos llevamos todo- agarro el disfraz de sirvienta, levantaron todas las latas de cerveza regresaron con ella a la recámara y cada uno de ellos se despidió con un beso en la boca y se fueron riendo y comentando que estaba muy rica mi esposa, yo quedé fascinado con la escena y encantado de saber lo puta que podía ser mi esposa y ella se quedó ahí tirada llena de placer por todos lados.

    Me fui a trabajar con muchos pensamientos en mi mente, confundido ya que esa parte de ella no la conocía, la tenía muy oculta la puta de mi esposa y cuando regrese a casa todo estaba completamente limpio, se notaba que acababa de cambiar las sábanas de la cama y ella estaba perfectamente bañadita y muy limpia ella, me recibió con un beso como siempre y nos dispusimos a cenar y a platicar de cómo había estado su día, obviamente no me platico esa parte de su excitante día que mantenía perfectamente oculto.

    Yo quede muy pensativo toda esa semana y muy inquieto, a la vez muy excitado y animado a ver cuándo regresarían los tres chicos y no falto mucho para verlos de nuevo ya que en una fiesta que organizamos para los vecinos ella me dijo que había invitado a tres de sus amigos de la universidad y cual fue mis sorpresa cuando llegaron que eran los mismos que se habían cogido a mi mujer días antes, ella me los presento uno por uno y me comentó que los tres iban al mismo gimnasio y que me invitaban a ir con ellos para hacer ejercicio a lo que yo le dije -si son de tu entera confianza adelante puedes ir con ellos- uno de ellos me dijo -no te preocupes ten la confianza que la vamos a cuidar muy bien y la trataremos de la mejor manera- no hace falta mencionar que regresaron a mi casa con un traje de colegiala pero esa será parte de otra historia.

  • Mi cuñada se muda a nuestra casa

    Mi cuñada se muda a nuestra casa

    Debido a la erosión de la relación de mi cuñada con su esposo, ella decide decirle a su hermana, o sea a mi mujer si podía recibirla en nuestra casa por un tiempo hasta que pueda solucionar su situación. Mi esposa me comenta que le agradaría ayudar a su hermana, debido a que uno nunca sabe cuándo necesitaría del prójimo, además que nosotros teníamos cerca de cinco años solos porque nuestros dos hijos habían decidido irse a otro país, argumentando también que nuestra casa es bastante grande para acoger a mi cuñada y sus tres pequeños hijos. Sin más que decir, debí aceptar.

    A menos de una semana llegaron, los recibimos con atención y cariño, a la siguiente semana logramos encontrarle un cuidado diario para los niños, así la hermana de mi esposa tuviese tiempo para conseguir empleo.

    El primer día de cuidado de los niños, mi cuñada regresa a la casa, mi señora había salido a trabajar, yo laboro de manera remoto, hablamos cerca de 20 minutos, ella me dice que se ducharía porque venía sudada, en poco tiempo aparece con shorts cortos y franela sin sostenes. A pesar de su tres partos se conservaba bastante bien, sin mucho protocolo de me acercó plantándome un beso, restregando sus pechos a mi torso, sólo susurró que esperaba repetir lo vivido conmigo hace un año atrás, que desde que fornicamos no había cogido, que con el papá de sus hijos había muerto todo deseo.

    Me besaba con frenesí, yo la acariciaba por todo el cuerpo, al sentir mi erección, liberó de mi pene y lo engulló con maestría, ella estaba tan húmeda y excitada que pidió que la penetrara, se colocó de pie y dándome la espalda, cuando sintió mi verga en la entrada de su coño, se separó de mi un poco haciendo que recodara su gusto por el sexo anal, primero deseaba ser sodomizada, relató que yo era el único que había profanado esa hendidura y siempre sería para mí, sin miramientos abrí sus nalgas, con su ayuda, apuntando mi sexo a su ano, que ya estaba bien lubricado, imagino que después de la ducha, ya tenía todo planeado.

    La penetré con fuerza, hundiéndose hasta el fondo de un sólo tirón, los gemidos eran fuertes, al cuarto bombeo, tuvo un orgasmo, luego se acostó boca abajo, la penetré en tal posición, cogíamos como dos desesperados, cambiamos de posición varias veces, en cuatro fue unas de mi predilectas.

    Al cabo de un rato me pidió que la cogiera por la vagina, se sentó en mí, marcando el ritmo, hasta estallar nuevamente en un grandioso orgasmo, aún yo no me corría, desde que práctico yoga y hago ejercicio, parece mentira, pero disfruto más del sexo y controlo la eyaculación. Le hago saber que aún no acabo, nuevamente me ofrece su orto, me dice que le avise cuando tenga ganas de correrme, deseaba que le echara toda la leche en su culo, pero de preferencia boca abajo y yo encima de su espalda, era su posición predilecta, decía que lo sentía hasta el fondo, tal cual lo hice, explotamos los dos al mismo tiempo, derrame sus entrañas, permanecí encima de ella hasta que mi pene perdiera algo de tamaño.

    Tomamos un descanso, dijo que deseaba ser mi perrita, sólo debíamos ser discreto para que su hermana no sospechara. Apenas todo comenzaba.

  • Algo por decir…

    Algo por decir…

    Cerró de golpe la puerta, e inmediatamente su vista se fijó en él; lo miró con un odio infinito. Pudiera no ser toda su culpa, pero era innegable que era parte de ella, ambos lo sabían.

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    ¿A quién quería engañar? aún le atraía y eso era lo peligroso. De entrada, no tenía porque haber aceptado salir con él, lo sabía y lo hizo; mucho menos invitarlo a pasar después de que la acompañara a su casa; mala decisión, muy mala. Recordó la discusión con su esposo por su ausencia aun cuando le dijo que tenía algo importante que decirle, eso la animó y sirvió de pretexto para verse después del trabajo, sólo un café y tal vez un trago después como en ocasiones hacia; pensó. Ahora estaba ahí, en su casa, sobre el lecho nupcial; embriagada de alcohol y deseo, soportando y disfrutando de las acometidas salvajes que le propinaban sin descanso, justificándose en cada ingreso por la falta de intimidad con la que se había visto mermada. Pasado el frenesí tuvo un lapso de remordimiento mientras él, a su espalda, la tomaba de la cintura en un abrazo que quemaba su piel; una lágrima escapó rodando por su mejilla antes de que el sueño llegara y la llevara a la conciliadora inconciencia.

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    Aún no amanecía y el frío calaba con furia, subió al auto y tomó camino. ¿Qué estaba haciendo de su vida?, ¿Para qué tanto trabajo?, se cuestionó; cierto era que su nivel de vida aumentó y que se encontraba ahora en posibilidad de darle a ella la vida que había pensado pero, ¿lo valía?; habían discutido precisamente por eso y por algo más a lo que, en su momento, no prestó atención; él ofrecía estabilidad económica, ella lo que quería era de su tiempo. Por este viaje aplazó la que sería su reconciliación; sabía que, aunque necesario, era su culpa y necesitaba reivindicarse; por eso estaba ahora en camino, quería sorprenderla con las mejores vacaciones que pudieran haber tenido, lo preparó todo, no dejó nada al azar. El par de horas se le hicieron eternas, aún tenía que hacer algún papeleo y también preparar maletas; muy temprano llegó y, para sus planes, ya era tarde.

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    Se despertó alertada por el ruido de la puerta; somnolienta, no alcanzaba aún a entender el dolor que taladraba sus sienes y el porqué se encontraba a medio vestir, giró y al momento encontró las respuestas. Dio un golpe a su acompañante quién, aturdido, intentó vestirse no sin antes tropezar buscando sus ropas. La desesperación hizo presa de ella al tratar de razonar qué hacer, un miedo atroz le invadió al ver como se abría la puerta.

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    Entró a su casa intentando no hacer ruido, apenas amanecía y la imaginó durmiendo; avanzó al estudio cuando, al pasar por la estancia, observó una prenda que no era suya, mucho menos de ella; tomó dirección a la recámara pidiendo que no fuera cierto lo que estaba pensando. Abrió y su vida cambió.

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    -¡Esteban! -dijo intentando cubrir su desnudez- ¿qué haces aquí?

    No dio una respuesta a su pregunta, la vio solo un momento y enseguida su mirada se fijó en la de él.

    -Lárgate de mi casa -exclamó con calma- si vuelvo a verte ya no será mi culpa lo que te pase, me conoces.

    Quitó la atención de él al momento que cruzó la puerta, la fijó en ella pensando el paso a seguir por esto que aún no alcanzaba a entender del todo.

    -¡Esteban! -pidió de nuevo ahora por su atención al ver como daba la vuelta e intentaba salir de la habitación- déjame explicarte por favor.

    -No es necesario -respondió con una extraña calma que no correspondía al momento- es la peor forma de decirme que no te interesa seguir conmigo, pero la acepto.

    -Sabes que no es verdad -dijo intentando acercarse- te amo, lo sabes; esto es mi culpa, pero no volverá a pasar, mira, estaba molesta y solo quería hablarlo con alguien para…

    -Y ese alguien tenía que ser precisamente él -mencionó fijando su mirada en ella- mira, ahora ya no importa, pero te pedí muchas veces te mantuvieras alejada; puede ser que parte de la culpa sea mía por confiar en tí, pero la la decisión fue solo tuya.

    -Podemos arreglarlo -suplicó abrazándose a su cintura- solo olvidémoslo, además tengo algo por decirte y…

    -Ya no me interesa lo que puedas decirme -respondió quitándose de su abrazo y sin dejarla terminar su comentario- y no, no voy a poder olvidarlo nunca; quita de tu cabeza el que podamos estar juntos, eso ya no va a ser posible.

    Salió dejándola en un mar de llanto, al salir lo encontró aún ahí; una descarga cruzó por su cuerpo y un deseo infinito de venganza llegó a su mente.

    -Te dije que te largaras -dijo aún con una intimidante calma- sino te hice pagarlo en su momento ahora no esperes que me contenga.

    -Solo escúchame -respondió intentando tomar su hombro- ella tiene algo por decirte y es necesario que la escuches porque…

    Todo ocurrió en un instante, tomó su brazo mientras su puño se incrustó en su estómago, al doblarse, su frente dio de lleno en su rostro rompiendo su nariz; le tomó de los hombros estrellando con fuerza su cabeza en la pared mientras, tomándolo del cuello, le dijo:

    -¡No va a haber otra hijo de puta, pero si la hay, esto te va a parecer una caricia en comparación de lo que te voy a hacer!

    Lo tomó de sus ropas, abrió la puerta y lo arrojó a la calle.

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    Pasó mucho tiempo, el mismo que ocupó trabajando fuera intentando olvidarla; fueron muchas las llamadas y mensajes que ella le envió durante meses, no respondió a uno solo de ellos. Por familiares y amigos supo que cambió de casa y trabajo inmediatamente después de firmado el divorcio, le dolió; mucho. Durante ese tiempo intentó en varias ocasiones de olvidar y tratar de hablar con ella, pero siempre llegaba a su mente ese fatídico día en que la encontró con su exesposo; el intento siempre quedó en eso.

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    Caminaba de prisa, era tarde y sabía que posiblemente ya no llegaría; atravesó el parque cuando, al girar en una esquina, la vio; frenó su marcha en el instante que ella lo vio a él, ambos quedaron sin algo que decir hasta que fueron interrumpidos por quien tenía el derecho de hacerlo.

    -Mami -escuchó- ¿me compras un helado?

    Volteó la vista y observó al niño más hermoso que recordaba, se inclinó y acarició su cabeza mientras le preguntó:

    -¿Cómo te llamas campeón?

    -Santiago.

    Fijó la mirada en ella preguntando sin palabras.

    -Si -dijo ella- como tu padre.

    -¿Puedo darle un abrazo?

    -Claro.

    Lo abrazó y una infinita ternura inundó su alma, cómo hubiera querido seguir con ella y no compartir, sino tener para él estos momentos. Se puso de pie después de un rato con lágrimas intentando escapar de sus ojos, la vio y los de ella no pudieron soportar el intento, un fluido llanto corría por sus mejillas.

    -Tienes un hijo adorable -dijo con sinceridad- deben estar orgullosos de él.

    Una sonrisa en ella fue su respuesta, limpió su rostro mientras se dirigía al pequeño.

    -Despídete del señor -dijo.

    -Despídete de tu papá -pensó.