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  • Un desconocido me hizo suya después del pub

    Un desconocido me hizo suya después del pub

    Hola, me llamo Luz, tengo 40 años, tez clara, cabello largo castaño, delgada, acinturada, con caderas y mi fuerte unos grandes pechos que suelo destacar siempre usando generosos escotes que ciertamente atraen miradas y eso me encanta.

    Estoy felizmente casada desde hace 10 años con Andrés, tenemos un hijo de siete, pero soy demasiado fogosa y me gusta experimentar el sexo con otros hombres para satisfacer mi apetito sexual y salir de la rutina, todo sin que mi marido lo sepa.

    Lo que voy a relatar es real, me ocurrió hace unas semanas y me he decidido a contarlo acá como una forma de desahogo.

    Una noche de sábado decidimos salir a tomarnos algo a un pub con mi mejor amiga de la infancia llamaba Paola, ante lo cual mi marido no tuvo inconveniente alguno, ya que la conoce desde hace años y sabe, o eso cree él, que es una mujer tranquila y recatada. (Nada más lejos de la verdad).

    Con Paola estábamos tomando algo en una mesa de un pub cuando dos hombres muy atractivos y de la misma edad nuestra, Luis y Sergio, se acercan y nos invitan unos tragos que gustosamente aceptamos y compartimos con ellos en la mesa.

    Yo tuve muy buena química con Luis, con quién conversamos largo y tendido mientras lo mismo ocurrió entre Paola y Sergio.

    Después de unos tragos nos invitaron a bailar, allí estuvimos haciendo el bobo, pero pasándolo bien a medida que el baile iba subiendo de tono y Luis me iba acariciando y dándome besitos tipo piquito que yo le devolvía.

    Paola era más descarada y estaba apasionadamente manoseándose con Sergio para luego acercarse a mi y decirme que se lo iba a llevar a su casa, así que se fueron.

    Con Luis nos quedamos bailando un rato más, para entonces ya dejaba que me acariciara, que me apoyara su erecto pene sobre mis apretados jeans y nos dábamos besos muy apasionados, algo que nos excito y Luis me invitó a su departamento, explicándome que vive solo y no se aguantaba las ganas de hacerme suya.

    Acepté gustosamente la propuesta de Luis y apenas llegamos a su departamento nos besamos apasionadamente y nos fuimos directamente a su dormitorio.

    Allí el me desabrochó la blusa, mientras yo misma me sacaba los jeans y él se sacaba los pantalones, finalmente ambos quedamos en ropa interior.

    Nos metimos en la cama y seguimos besándonos y acariciándonos, el me sacó los sostenes y comenzó a acariciar, besar y lamer mis pechos.

    Pude sentir como sus dedos se metían por debajo de mi ropa interior acariciando los bellos de mi vagina y posteriormente tenía dos de sus dedos dentro a la vez que yo coloqué mi mano por debajo de su ropa interior y le acariciaba su erecto pene, todo esto mientras nos lamiamos y succionábamos nuestras lenguas mutuamente.

    Así estuvimos un muy buen rato hasta que decidida me saqué la ropa interior que me quedaba, el hizo lo mismo con la suya y ya completamente desnudos sacó un condón del velador, se lo puso, yo me recosté boca arriba, abrí un poco mis piernas y lo acerqué hacía mi para que introdujera su erecto pene, algo que estaba deseando desde que estábamos en la pista de baile.

    El me hizo gozar como hace tiempo no lo hacía, se subió sobre mí e insertó su miembro hasta el fondo, yo lo abrazaba, acariciaba su espalda, nos besamos y cuando terminamos en un orgasmo perfecto, ya ambos transpirados a más no poder, nos abrazamos agotados y nos quedamos así unos minutos.

    Nos tendimos en la cama desnudos para recuperarnos del agotamiento, tomamos agua, el me acariciaba los bellos de la vagina mientras conversamos un poco y yo pasaba mis dedos por sobre su pene cuando recibí una llamada de Andrés, mi marido, que me preguntaba cómo lo estaba pasando con Paola, a qué hora iba a llegar a casa y todo sin sospechar que recién había tenido sexo con un recién conocido y que mientras hablaba con él, Luis me acariciaba la vagina y yo le acariciaba el pene a este nuevo amigo que había hecho.

    Le mentí descaradamente a Andrés diciéndole que estaba con Paola, que me iba a ir a quedar a pasar la noche en el departamento ella y que mañana iba a llegar a la casa para que no se preocupe lo cual mi marido se creyó por completo.

    Después de una media hora comenzó a volver la calentura a nuestros cuerpos con Luis, volvieron las caricias y los besos con nuestras lenguas jugueteando en la boca del otro.

    Luis sacó otro condón, se lo puso, se recostó boca arriba y me pidió que lo cabalgara, a lo que respondí gustosamente montándome sobre él y dejando entrar completamente su miembro en mi vagina mientras él me acariciaba y besaba los pechos.

    Estuve subiendo y bajando sobre su pene mientras lo sentía más y más, el me agarraba los pechos, los besaba, yo lo miraba con una mirada cómplice, nos sonreíamos mutuamente a medida que aprisionaba su pene con mi vagina y ya no podía más cuando terminamos juntos con un apasionado beso que le di abrazándolo bien apretado sin querer soltarlo.

    Quedamos muy agotados, le dije a Luis que ya no daba más, estaba demasiado agotada así que no tenía energía para hacerlo otra vez, él me dijo que también estaba agotado y bromeó diciendo que afortunadamente no podíamos más porque ya no tenía más condones.

    Decidimos dormir, así que me puse la ropa interior, pero sin sostenes para que Luis me abrazara aferrado a mis pechos, nos dimos un rico beso de buenas noches y nos dormimos en posición de cucharita.

    Bien adentrada la noche, en plena madrugada, todavía durmiendo de cucharita me desperté sintiendo como Luis me apretaba los pechos y apoyaba su pene contra mi trasero, claramente estaba recargado y con ganas de mi.

    Podía sentir la erección de su pene por sobre mi ropa interior, lo que me excitó muchísimo así que me acerqué a él para sentirlo aún más, luego volteé mi cabeza, le di un beso y le dije que lo quería dentro mío.

    Luis me recordó que ya no le quedaban más condones, pero haciendo cálculos le dije que no estaba en mis días fértiles así que no tenía problemas, además que no podía aguantar más de la calentura.

    Entonces Luis sonrió, me bajó la ropa interior, yo ayudé que me la sacara completamente y en la misma posición de cucharita Luis comenzó a insertar su miembro, está vez sin condón, dentro de mi húmeda vagina.

    Yo acercaba mi trasero lo más que podía a él y sentía su pene cada vez más dentro de mi vagina, entrando y saliendo una y otra vez mientras me presionaba los pechos y yo me volteaba de vez en cuando para besarlo.

    Estuvimos así durante bastante tiempo hasta que Luis me avisó que se iba a correr, yo le dije que lo hiciera con confianza y pude sentir entonces como Luis eyaculaba un potente chorro de semen dentro mío mientras me acariciaba los bellos de mi vagina.

    Me di la vuelta, lo bese apasionante, él se recostó de espaldas y yo me quedé apoyada sobre su pecho agotada mientras me acariciaba el cabello y podía sentir como de mi vagina escurría su semen, pero no me importó y me relajé en esa posición hasta quedarme dormida.

    A la mañana siguiente cuando desperté, Luis seguía dormido, lo dejé tranquilo y me levanté, comencé a buscar mi ropa, me estaba colocando la ropa interior cuando Luis despertó y me preguntó que ocurría, le dije que ya me iba porque mi marido me esperaba en casa.

    Entonces Luis se acercó a mi, me acarició el trasero por debajo de la ropa interior, me miró, sonrió y me dijo que antes podríamos hacerlo una última vez a modo de despedida.

    Le sonreí de vuelta, tomé mi teléfono y llame a Andrés a quien le dije que iba a quedarme a desayunar con Paola y luego me iría a casa, ante lo cual Andrés no objetó y nuevamente se lo creyó.

    Luego de eso me desnudé, volví a la cama con Luis y nos recostamos abrazados y besándonos apasionadamente.

    Posteriormente desayunamos en la cama y Luis comenzó a acariciarme, nos besamos y se acostó de espaldas con una erección que me excitó demasiado.

    Inmediatamente me monté sobre su erecto miembro que se introdujo hasta el fondo de mi vagina, comencé un rico movimiento y podía sentir como su pene tocaba mis paredes vaginales, el me abrazaba, succionábamos nuestras lenguas, apretaba y besaba mis pechos y se movía de tal forma que podía sentir su miembro dentro mío en todo su esplendor a la vez que se lo intentaba aprisionar con mi vagina.

    Estuvimos así hasta que finalmente sentí dentro de mí su potente descarga de semen que me hizo temblar de placer y caer rendida a sus brazos, besándolo como si el mundo se fuera a acabar.

    Agotada, pero feliz, decidimos levantarnos y vestirnos, me despedí con un apasionado beso y guardé su número de teléfono en mi celular con la intención de juntarnos nuevamente lo que estoy segura va a ocurrir muchas veces más.

  • Complejo de Electra (final)

    Complejo de Electra (final)

    Cómo ya les conté luego de tiempo de terapia y autoanálisis logré descubrir un deseo oculto en mí.

    Una atracción hacía mi padre.

    Un deseo reprimido y que lamentablemente ningún hombre podía saciar.

    Todo esto por supuesto me genera un conflicto emocional, ético y mental.

    Estoy realizando terapia para lograr resolver ese conflicto e iniciar una vida donde pueda conseguir una pareja que colme todas mis expectativas y mis deseos.

    Pero la verdad se torna muy difícil, más aún en mi situación actual.

    Luego de mi última separación alquilé un departamento chiquito para vivir pero la situación económica me llevó a no poder pagar el alquiler. Fui a vivir a casa de mi madre, pero la relación con ella es muy difícil, nos llevamos pésimo y aunque mi psicólogo me aconsejó que no lo haga me vi obligada a ir a vivir a casa de mi padre.

    Él vive con su pareja en una casa bastante grande, así que no tuvo ningún inconveniente en aceptarme, de hecho me aclaró que mientras yo viva allí no permitiría que realicé ningún gasto, él se haría cargo de todo y me aconsejo que el dinero que gane lo guarde para poder realizar algún emprendimiento.

    Esto me hizo sentir nuevamente protegida, mimada, segura.

    Recuerdo cuando niña por las noches luego de cenar nos acostábamos mis padres lo hacían en su habitación y yo en la mía, pero siempre me inventaba una excusa para reclamar la presencia de mi padre, miedo, frío, o algún dolor eran excusas para que el deje su habitación y se acueste al lado mío. Yo me dormía tranquila en sus brazos.

    La verdad me daba muchos celos que él se vaya a acostar con mi madre y a mí me dejen sola en mi habitación y cada vez que mi padre se acostaba a mi lado era como una guerra que yo le ganaba a mi madre.

    Ahora no está mi madre, pero si su pareja y aunque ya no puedo utilizar los mismos recursos que cuando niña me sigue dando muchos celos el saber que ella disfruta de las caricias y los abrazos de mi padre.

    La pareja de mi padre es una mujer joven apenas unos años más que yo, es muy bonita y dueña de un cuerpo envidiable hacen linda pareja ya que mi padre si bien mayor que ella, es también joven (48 años) y aparenta mucho menos.

    Se llevan muy bien, y mucho más por las noches…

    Mi habitación está pegada a la de ellos solo la separa un baño en suite que tienen en su dormitorio.

    Por las noches puedo escuchar los ruidos provenientes de su habitación, esos sonidos productos del placer y la lujuria me provocan muchísimas sensaciones. Por un lado me generan celos de mi padre, el saber que esa mujer disfruta del cuerpo, la pasión pero sobre todo el amor de mi padre. Todo eso debería ser mío por derecho propio!!!

    Por otro lado me genera envidia de ella, escuchar sus gemidos, sus suspiros y sus gritos de placer mezclados con dolor.

    No puedo dejar de pensar lo lindo que sería sentir todas esas sensaciones.

    Y por supuesto me generan una excitación tremenda al igual que de adolescente me masturbo continuamente, de hecho me compré algunos juguetitos para lograr apagar el fuego interno, pero todo es inútil. Mi pasión se parece incrementar cada vez más, la verdad ya me está alterando el raciocinio.

    Cuando escucho que están teniendo sexo me gusta masturbarme, me gusta escuchar los gemidos de ella y trato de mover mi juguete al ritmo de esos gemidos mientras en mi mente ese juguete se transforma en el falo de mi padre y soy yo la que genera esos ruidos de placer.

    Me gusta retener el orgasmo y en el momento en que escuchó los gemidos de mi padre darle rienda suelta a mi lujuria y soltar ese orgasmo retenido, de esta forma siento que ambos nos corremos al mismo tiempo y esto me acerca más a él.

    Últimamente cuando escucho esos ruidos producto del placer con mucho cuidado para no generar ruidos me levanto bajo a la cocina por un vaso de agua y al regresar me quedo pegada a la puerta de su dormitorio, desde allí se escucha con mayor claridad, me encanta masturbarme mientras oigo los gemidos de la pareja de mi padre.

    Los otros días fui a casa de mi madre y mi padre se ofreció a irme a buscar para que no ande de noche sola. La idea era pasar el día con mi madre.

    Al llegar a casa de mi madre Charlamos un rato y luego no se bien por qué motivo terminamos discutiendo como siempre, de la bronca me fui y como el día estaba lindo decidí volver a casa viajando.

    La verdad no quería molestar a mi padre.

    Al llegar a casa note que ni mi padre ni su pareja estaban, subí a la planta alta tampoco los encontré, volví a bajar y preparé la merienda para disfrutarla en el patio trasero.

    Cuando voy a abrir la puerta del fondo los veo a mi padre y su pareja disfrutando del parque, aunque no de la manera que lo iba a hacer yo.

    Mi padre estaba tirado en el césped y su pareja le practicaba sexo oral.

    Muy despacio cerré la puerta y me fui directo al living, desde allí a través del ventanal la visión es mejor.

    Ella continuaba con el sexo oral, era la primera vez que veía a mi padre desnudo. Muchas veces le di forma al miembro de mi padre en mi mente, lo imaginaba y podía verlo en mi mente.

    Pero ahora lo estaba observando en la realidad, podía verlo desaparecer entre los labios de su pareja para luego volver totalmente lubricado.

    Ella tragaba y masturbaba su miembro, lo hacía de una forma muy apasionada el rostro de mi padre mostraba un placer exagerado. Yo solo observaba detrás del ventanal, luego de un rato, ella se incorporó lubrico su sexo y tomando el miembro de mi padre con su mano se sentó sobre el introduciéndolo en ella.

    Apoyó sus manos en el pecho de mi padre y movía su pelvis a un ritmo lento.

    Ambos gemían, ella con sus ojos cerrados mordía sus labios y clavaba sus uñas en el pecho de mi padre. Su placer era evidente, y el mío innegable, casi por instinto mi mano se deslizó por mi abdomen para terminar en mi sexo, prácticamente era una laguna de lujuria. Mi humedad delataba el morbo y la excitación que esta situación generaba en mí.

    Ellos continúan con su acto carnal y yo allí observando mientras me masturbaba, frotaba mis pechos con mi mano y mi pelvis casi con movimientos involuntarios acompañaba los movimientos de ellos.

    Mi padre se levantó, colocó a su pareja en la posición que más me excita, ella quedó de rodillas con sus caderas hacia arriba y su pecho apoyado en el verde césped, mi padre tomándola por detrás la penetro y golpeando su pelvis con las nalgas de ella continúo saciando su lujuria.

    Yo no aguantaba más la excitación y el verlos en esa posición, ver el rostro de placer de mi padre y los gemidos y movimientos de ella me llevaron a un orgasmo como pocas veces tuve.

    Mis dedos frotaban con frenesí mi vulva y desde ella comenzó a salir un flujo espeso y caliente que mojó por completo mi mano. Con mi mano libre tomé la cortina y la mordí para evitar gritar de placer.

    Mi padre continuaba llenando de placer a su pareja, ella gemía y disfrutaba al máximo, luego de un rato ella se arrodilló frente a él, mi padre masturbándose descargó toda su pasión en el rostro de ella mientras ésta lo saboreaba cuál néctar divino.

    Ya no se trataba solo de ver a mi padre desnudo de observar su miembro en acción de escuchar los gemidos de ambos, el verlo terminar sobre el rostro de su compañera ver su cara de placer y lujuria, verla a ella extasiada de placer suplicar con su mirada y disfrutar con sus labios de aquel líquido espeso que chorreaba por su rostro.

    Todo esto sumado a las caricias en mi clítoris producto de mis dedos me llevaron a otro orgasmo y a la certeza segura de que yo tenía que estar con mi padre.

    Los días pasan y aquella fantasía, aquel deseo reprimido se transformó en una certeza, no sé cómo, pero sucederá.

    Imaginé miles de maneras de llevarlo a cabo, pero ninguna me terminaba de convencer. La verdad me daba mucho miedo la reacción de mi padre.

    Esa noche se me hacía imposible dormir, estaba sobre excitada sentía un fuego interno y mi mente alborotada imaginaba miles de situaciones sexuales.

    Tipo 2 am me levanté para tomar agua y luchar con mi insomnio, al bajar me encontré con mi padre en la cocina, él estaba solo en ropa interior. Primero me vi sorprendida pero luego creí que era una buena posibilidad para intentar algo.

    Mi padre al verme se sintió incómodo, el hecho de estar en ropa interior le dio pudor, yo solo lo mire y con una sonrisa avance hacia él. El espacio en la cocina es reducido así que al pasar delante de él me coloque de espaldas y disimuladamente le apoye mi trasero sobre su miembro y lo frote al pasar.

    Al sentir su miembro apoyado en mis nalgas, mi cabeza estalló y dejó de razonar sin pensar dos segundos me di vuelta lo mire a los ojos y con mi mano derecha tomé su miembro, él se quedó helado no se movía ni emitía sonido. Yo metí mi mano por debajo de su ropa interior y comencé a masturbarlo. Luego de un instante él reaccionó, tomando mi mano la quitó de él y muy nervioso y alterado me dijo «qué diablos haces!!! Soy tu padre».

    Esto me hizo volver en sí, como si me recuperara de un trance, me vi avergonzada y dando media vuelta salí corriendo a mi pieza, entre me tire en la cama y comencé a llorar.

    No podía creer lo que había hecho, me sentía una estúpida calentona.

    Los días siguientes evité a mi padre, no quería ni verlo de la vergüenza. Afortunadamente él tampoco quería tener contacto conmigo.

    Luego de un tiempo la sensación de vergüenza desapareció y en su lugar volvió el deseo.

    Un día la suerte jugó a mi favor, la pareja de mi padre recibió un llamado de su hermano para avisarle que su madre había tenido un problema de salud, así que ella preparó un bolso y se dirigió a casa de su madre, esto era en el sur del país así que estaría un tiempo prolongado fuera de casa.

    Había pasado un mes aproximadamente y la pareja de mi padre continuaba en la casa de su madre, al principio mi padre estaba de acuerdo en que ella cuide a la madre, pero en el último tiempo ya no le agradaba tanto. Yo sabía a qué se debía el descontento de mi padre, hacía mucho tiempo que él estaba solo y por supuesto tenía necesidades físicas que saciar.

    Una noche lo escuché hablar por teléfono con ella y él le decía que estaba muy caliente y que ya no aguantaba las ganas de poseerla. Yo pensé que está era mi oportunidad y no la dejaría pasar.

    Esa noche por la madrugada me levanté, me dirigí a la habitación de mi padre e intenté abrir la puerta afortunadamente estaba sin llave, gire la perilla muy suave e ingresé. Mi padre estaba durmiendo boca a arriba, sin dudarlo me arrodille a su lado y sacando su miembro lo escupí, lo masturbe y sin titubear lo introduje en mi boca. Su miembro se despertó antes que él, yo solo lo chupaba muy suave para no despertarlo pero a los segundos el despertó. Al verme se sorprendió y de un movimiento brusco se sentó en la cama y nervioso me dijo «hija que haces?! Estás loca?!»

    «No, necesito un hombre y tú necesitas una mujer así que…»

    Y mirando su erecto miembro le dije

    «Aparte dime qué no te gusto»

    El desvío la mirada y solo susurró.

    «Bueno la verdad sí…»

    Era lo que necesitaba escuchar, me incline y sin rodeos continúe chupando su miembro pero está vez mucho más apasionadamente, por reflejó el intento retirarme pero yo no lo permití y continúe con lo mío el suspiro y se recostó hacía atrás.

    Por fin se me daba lo que tanto soñé y añoré, me saque las ganas de chupar aquel pene, lo hice como nunca antes, solo lo chupaba. Por momentos suave y lento y por momentos rápido e intenso, mi padre respiraba agitado y gemía. Estuve como una hora chupando y masturbando su falo.

    Lo tenía súper duro y caliente, cuando me saqué bien las ganas de chuparlo me quite la ropa interior me coloque sobre él y tomando su miembro con mis dedos lo coloque en mi vulva, lentamente fui clavando su falo en mí.

    Mi vagina era una caldera de jugos hirviendo, al sentir ese pene ingresar en mis entrañas no pude aguantar un gemido intenso que salió de mi boca, aquel gemido que estuvo reprimido todos estos años, aquel que tantas veces imaginé que daba. Me sentía súper empapada, movía mi pelvis mientras hacía presión hacia abajo para introducir lo más profundo posible aquel falo.

    Gire sobre mi quedando de espaldas a mi padre, continuaba con mis movimientos con mi mano frote sus testículos y para mí asombro estaban empapados con mis fluidos, mi primer orgasmo no se hizo esperar, en un gemido fuerte y pidiendo a mi padre que no pare de poseerme me corrí de una forma como nunca antes no solo por la cantidad de flujo que salía de mi sino también por el estremecimiento de mi cuerpo mis piernas temblaban, mi vulva estaba súper sensible y cualquier roce provocaba un millón de sensaciones. Mi padre se inclinó y con sus dedos frotaba mi clítoris esto me llevó a mi segundo orgasmo consecutivo, yo solo gemía gritaba y suplicaba porque aquello no terminará nunca. Mi padre me tomó por la cintura me levantó levemente, subiendo y bajando su pelvis me continuó penetrando, yo abrí mis piernas y podía sentir como su miembro entraba y salía de mi, sus testículos golpeaban mi clítoris desencadenando una reacción de placer que me llevo a mi tercer orgasmo. Se oía como mis fluidos brotaban y lubricaban todo, jamás pero jamás había tenido semejante nivel de excitación y placer. Definitivamente estaba siendo mil veces mejor a la fantasía.

    Luego de un rato me levanté y me coloque en mi posición preferida, una vez en cuatro patas sentí el miembro de mi padre penetrando nuevamente, lo hacía de una forma brusca, tomándome por las caderas me introducía su miembro cada vez más profundo, sujetando fuerte las sábanas recibía sus embestidas gritando y gimiendo como loca y cuando estaba teniendo mi cuarto orgasmo escuché su respiración agitada y un grito de placer saliendo de su boca, inmediatamente el líquido caliente que brotaba de su falo inundando todo mi interior.

    Ambos quedamos tirados en la cama sin decir nada, esa noche estuvimos haciéndolo sin parar, lo hicimos en la pieza, en el baño y hasta en el living.

    Luego de unos días su pareja volvió a la casa, pero yo ya era la amante de mi padre y él nos atendía a ambas.

    Por el momento es nuestro secreto pero últimamente me estoy preguntando cómo sería estar con mi padre y mi madrastra, quien sabe…

  • Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (9)

    Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (9)

    A la mañana, Sergio se levantó totalmente repuesto del cansancio acumulado. El sueño había sido reparador y pensar que tenía clases en la universidad por primera vez le animaba. El caso era pasar el menor tiempo posible en casa, todo el tiempo que trascurriera fuera por el momento era una victoria, por lo que la sonrisa no se le iba del rostro.

    Escuchó a su madre como siempre en la cocina, preparando los desayunos para todos, pero debía de hacer una parada. Corrió al baño, vaciando su vejiga y dejando correr todo lo que sobraba en su cuerpo aunque con un segundo objetivo. La erección mañanera había sido particularmente fuerte y en su mano, colocándola en dirección al retrete, se veía imponente.

    El truco de mear para bajarla, no sirvió y bajo el pantalón de pijama el bulto era enorme, llegaba a ser ridículo andar así por casa. Aprovechó la soledad del baño para darse una ducha y disminuir el volumen de sangre, o al menos esperar a que se le bajara sola.

    Así lo hizo. Metiéndose bajo el agua, directamente en el chorro todavía tibio, logrando que su pene diera un salto al notar el contraste de temperatura. Sin embargo no sirvió de mucho y su férreo miembro siguió tan duro como el palo mayor de una fragata.

    No quedaba otra, no tenía muchas ganas de ir con esa erección a desayunar, por lo que tiró por la vía fácil. Agarró su miembro y pasó por su cabeza varias mujeres que habían pasado por su vida. No obstante, no tardó en caer en lo evidente, Marta no era una opción, porque otras la mejoraban. El exotismo de Alicia podía ser, pero la tía Carmen… era otro nivel. Sin embargo, una última superaba a todas, quizá no en belleza, aunque era preciosa, sino que el morbo de lo prohibido la hacía estar la primera de la lista.

    El recuerdo de la noche con Mari apareció muy presente delante de los ojos del joven. Comenzó con pequeños movimientos mientras se imaginaba que su madre estaba allí mismo, dándole la espalda con el trasero bien levantado, lanzándole una mirada felina requiriendo la penetración. De nuevo la embestía con poderosos golpes al tiempo que ella rogaba por más y más y…

    Sergio acabó. Cuatro movimientos y una pequeña película mental de unos cuantos fragmentos le hicieron comenzar a contraerse como una anguila. Los chorros salieron disparados con fuerza al plato de la ducha, dejándole con un jadeo perpetuo y un corazón subido en la garganta.

    —Madre mía… —se rio de su curioso comentario— nunca mejor dicho.

    Con esto el joven se quedó mucho mejor, más relajado e incluso con una sonrisa algo alelada que instauró de forma perpetúa toda esa mañana. Se dio el lujo de despedirse con un beso de su hermana, la cual no rechistó como bien lo hubiera hecho meses atrás, y con otro… a su madre.

    A esta última le pilló totalmente desprevenida y abrió los ojos sintiendo el contacto caliente de los labios de su hijo. Mientras decía adiós le miró por el rabillo del ojo, pensando en que por fin estaría algo más relajada.

    Así fue. Cuando todos marcharon, lo primero que hizo no fue recoger, ni colgar la ropa de la lavadora, ni nada. Lo que más le apeteció fue ir al sofá, tumbarse, quitarse las zapatillas de casa lanzándolas al aire y ver un poco la tele.

    Después de unos veinte minutos de absoluta relajación con el cuerpo sin ninguna tensión en dos días, algo la sacó de su pequeño letargo, produciéndola una sacudida en el cuerpo. El teléfono vibró dentro de su bolsillo, no tenía ni idea de quién podía ser y hasta que no miró la pantalla estaba totalmente desconcertada.

    —¿Mariví?

    —Mari, ¿qué tal estás?

    Era la mujer que tenía la tienda de ropa. Con el viaje de su hijo se había olvidado completamente y eso que solo había sido un día.

    —¿Te pillo bien?

    —Sí, sí, tranquila, que justo me has cogido recogiendo la sala. —no quería decirla que estaba vagueando en el sofá, no sabía cómo lo vería la que probablemente sería su nueva “jefa”.

    —Vale, cielo, perfecto. Solo te llamaba para confirmarte lo que hablamos. Pasé el viernes por mi asesoría y ya tienen todo listo, si quieres, el lunes que viene empiezas. Tenemos que firmar el contrato y eso todavía, por eso esta semana descansa.

    —¡Qué bien, Mariví! —tenía bastantes ganas de empezar a trabajar y salir de su rutina. Aunque seguramente el trabajo… la haría caer en otra ¿no?

    —Nada más, Mari. Nos vemos en la tienda el lunes, ven para eso de las diez, con calma que es el primer día. Lo único… pues ven con alguna ropa mona y un poco retocada, tampoco mucho, no sé si me explico.

    —Entiendo. —tampoco lo entendía muy bien, pero que más le daba ¡iba a trabajar!

    —Nos vemos entonces, besos para la familia.

    —Lo mismo.

    Mari colgó el móvil con una sonrisa nerviosa. Era de lo que más ganas tenía en el mundo y por fin le tocaba el momento de llevar con su esfuerzo dinero a casa. Se encontraba pletórica y con los nervios a flor de piel, solo pensaba en que llegase el lunes siguiente para ir a la tienda. Aunque todavía debía arreglar una cosa… Sergio.

    Quizá debido a la exaltación por el trabajo, Mari se puso a recoger como loca. Guiada por unas fuerzas que nunca tenía por las mañanas, dio la vuelta a todos los cajones de la casa y los volvió a ordenar. No podía parar, si lo hacía, su mente no dejaba de dar vueltas en torno a dos asuntos, que como dos estrellas, atraían su atención. El trabajo y su hijo.

    La felicidad le hizo ver esta segunda de otra manera, hablaría con Sergio, estaba claro, pero su tono de negación absoluta se había relajado. Le diría que aquello fue una locura, que no se podía repetir, pero que estuvo de maravilla.

    Mientras el tiempo transcurría y ella seguía limpiando como loca, la idea de volver a repetirlo le picaba como una aguja. Tal vez su diablillo interno o quizá su entrepierna que últimamente estaba más ardiente que de costumbre, le hizo meditar una y otra vez la situación y acabar por decir “no lo buscaré. Pero si me insiste…”.

    Negó con la cabeza mientras llevaba en la mano la braga que usó en el hotel. Estaba llena de fluidos secos que Sergio depositó en su interior y aunque le dio pena, la arrojó a la basura. Estaban para tirar, no se podían volver a usar.

    Retomó su tarea, con aquella sonrisa que no sabía muy bien de donde venía, si del tema del trabajo, o de la conversación con su hijo. Entró en la habitación de este, era la última estancia en limpiar y comenzó con tantas ganas como con las demás.

    Abrió su armario, estaba tan desordenado como de costumbre y se puso manos a la obra. Cada momento que se detenía era un instante que permitía que su cabeza funcionase. Sin embargo por mucho que se lo negase y tratase de evadirse ordenando ropa, su mente la seguía llevando a la misma habitación de hotel en plena penumbra.

    Se había olvidado de la conversación que tendría que tener con su hijo, incluso su reciente puesto de trabajo. Estando de rodillas abriendo el primer cajón del armario recordando únicamente el momento íntimo con Sergio. Había sido tan intenso, tan placentero, por mucho que trababa de recordar un momento así con Dani, no lo encontraba. Si alguna vez habían tenido uno tan intenso, hubiera sido al comienzo de la relación, en los últimos quince años estaba claro que no.

    Siguió con el segundo cajón, notando como las sensaciones de asco hacia sí misma por haber mantenido relaciones sexuales con su hijo iban desapareciendo. Llegó a la conclusión, mientras sacaba y metía pantalones, que quizá tenía algo que ver su estado “caliente”. Podría ser que mientras más necesitada de sexo estuviera, viera con mejores ojos aquella… “¿lo puedo llamar relación?” pensó mientras decidía en qué punto estaban ahora.

    Abrió el último cajón, el que estaba a ras de suelo y en el que el joven guardaba cosas varias que apenas usaba. Algunas prendas eran más bien recuerdos, su camiseta con la que jugó a futbol o incluso el kimono cuando hizo karate en la escuela.

    —Si esto ya no le vale…

    Mari negaba con la cabeza mientras sacaba esas ropas tan antiguas y que seguramente su hijo guardaría allí a modo de trofeo. Sacó de allí el kimono, de un color blanquecino casi impoluto por las pocas veces que lo empleó. Lo dejó reposando al lado de sus piernas… porque… había visto algo que le llamó mucho más la atención.

    En el fondo del cajón observó una pequeña porción de tela. Era de un color rojo muy intenso que no sabía qué podía ser. Estiró la mano hasta casi tocar la parte trasera del cajón y allí, bajo otro montón de camisetas viejas tiró de la pequeña prenda.

    Esta emergió a la luz, sacando con ella otras dos prendas que a Mari no le importaron. La puso delante de su rostro y con sus ojos azules mostrando una increíble sorpresa, escudriñó lo que tenía colgado de dos de sus dedos.

    —¿Por qué…? —no entendía que hacía eso ahí— ¿Por qué mi hijo tiene guardado un sujetador?

    ****

    Los preciosos ojos de la mujer estaban fijos en la prenda que colgaba de su mano. Se mecía lentamente en el aire, como un péndulo que la hipnotizaba. Sin embargo, no estaba para nada abstraída, su mirada era tan penetrante porque estaba meditando de donde había salido el sujetador.

    Lo bajó para cogerlo con ambas manos. Estiró los lados de la lencería roja y la dejó delante de sus narices. La primera impresión que tuvo era que aquella tela era de buena calidad.

    —Esto no creo que sea de Marta —recordó la imagen de la ex de su hijo y se reafirmó— No. No tenía tanto pecho.

    No casaba aquel sujetador con ninguna de las mujeres con las que Sergio había estado y que al menos Mari tenía conocimiento. Una idea le pasó por la cabeza, quizá fuera suyo y Sergio se lo hubiera robado para cosas… de adolescentes.

    Cerró los ojos y soltó una ligera carcajada que trató de pausar. Se imaginaba a su hijo con cierta parte de su cuerpo totalmente erecta y con aquella prenda en una mano masturbándose sin cesar.

    —Eso… no creo… es de depravados —volvió a reír— aun así, este no es mío…

    Diciendo eso en voz alta, un rayo de clarividencia surcó su mente haciendo que el cuello se le moviera y su rostro quedara fijo en un punto. Sin mirar a nada, solo al infinito torció el rostro mientras nadaba en sus recuerdos y su sonrisa se diluía.

    —Tengo… uno… —miró de nuevo el sujetador tan bonito que tenía entre las manos— que es igual…

    Se puso de pie, impulsada por una fuerza que no sabía que tenía. Corrió por el pasillo, haciendo resonar sus pies con fuerza contra la vieja madera hasta llegar a su habitación. No podía ser cierto lo que se le había ocurrido, era del todo imposible.

    Se lanzó al cesto de la ropa sucia y después de tirar el sujetador rojo a la cama, comenzó a meter las manos entre las prendas que esperaban a ser lavadas. Varias saltaron por los aires, lo que buscaba Mari parecía estar en el fondo y allí fue a buscarlo. Al final lo vio, una copa de un sujetador de color azul celeste yacía en el fondo.

    Estiró el brazo, teniendo que equilibrarse con un pie debido a la profundidad. Lo sacó de una sentada, tirando también una braga que poco le importaba donde cayera.

    Su mente estaba cavilando todo tipo de posibilidades mientras una se alzaba en lo alto. Con paso lento, observando ambas prendas se acercó a la cama donde había dejado el sujetador rojo. Su corazón iba despacio, muy despacio…, pero el retumbar de cada latido parecía hacer vibrar las paredes.

    Colocó el azul al lado del rojo, ambos completamente estirados en misma sincronía. Miró una vez, dos, tres… repitió en silencio un giro de cuello como un juez de tenis. No había duda, aquellos sujetadores si no estaba errada… eran iguales.

    Sabía muy bien quien le había comprado ese sujetador, recordaba perfectamente el día en el que fue con su hermana de compras. Ella se rehusó, no le gustaban los buenos pechos que le dejaban aquella prenda, sin embargo, Carmen insistió tanto que acabaron comprándose el mismo. Rojo para Carmen, azul para ella.

    Se llevó una mano a la boca, tratando de buscar otra posibilidad que entrara mejor en aquella situación. Aunque lo más acertado seria pensar que Sergio había robado un sujetador a su tía a modo de fetiche. No obstante su mente le decía que no.

    Lo bien que se llevaban… la confianza que tenían… aquellos dos no tenían una relación perfecta por los pelos. Mari recordó cada imagen de complicidad, pero ahora añadiéndole un toque perverso que en esa época le resultaría impensable. Esa idea la hizo tener que sentarse en la cama.

    Su respiración se agitó, no había otra, si su hijo pudo tener relaciones sexuales con ella, que era su madre, ¿por qué no con su tía? Al fin y al cabo era una consanguinidad menor. Y si… ¿Lo habían hecho?

    Se tapó el rostro con ambas manos. La idea era una locura, una verdadera demencia que a cada milésima se iba apropiando de la mente racional de la mujer como un parasito. Las lágrimas querían aflorar y Mari no sabía muy bien por qué. Primero debería comprobar lo sucedido, pero… ¿Por qué lloraba? Lo pensó fríamente, o al menos trató de hacerlo, estaba demasiado caliente.

    El joven parecía que era un degenerado, copulando con su familia sin parar, incluso Mari pensó en si podría haber hecho algo más con otra, lo dudaba, aunque no con mucha fuerza. No era solo a ella, sino también a su tía, y lo peor de todo es que ella, al parecer… había sido el segundo plato.

    Las lágrimas ya fluían por las mejillas dejando un rastro húmedo y salado. No lo podía admitir, porque aunque hubieran cruzado una línea infranqueable ella todavía no lo tenía del todo asimilado, por lo que era más complicado entender lo que pensaba.

    Sin embargo no era muy complicado de averiguar. Mari siempre fue competitiva hasta la médula y ahora… era la segunda. Sumado a todo el amor que desprendía hacia su hijo, inconscientemente se sentía traicionada y dolida, como si ambos fueran pareja. Muy dentro de su alma, aunque se escudase en lo degenerado que era Sergio, sentía la decepción por la deslealtad.

    Ella había sido la segunda, eso era cierto. Aun así, notaba que le había dado todo a su pequeño, por él había traspasado la última frontera y ahora, se daba cuenta de que para Sergio no habría sido nada especial, solo… una más.

    Lloró. Lloró como nunca lo había hecho. Pensando en que su hijo estaba al borde de ser un monstruo sin asumir que sus sentimientos hacia el joven eran del todo desproporcionados. Si Dani hubiera cometido un pecado similar, quizá… se lo hubiera tomado mejor.

    En una mañana pasó de estar nerviosa y relativamente feliz, a estar completamente desolada. Cayó en el llanto más profundo, incluso teniendo que meterse en la ducha por la única razón de no seguir viendo lágrimas sobre su rostro. Trató de convencerse de que no era posible, de que eran tía y sobrino, no obstante el mejor argumento contra esa idea era ella misma. Madre e hijo habían tenido un desenlace similar al que se imaginaba, no tenía excusas, había pasado, punto.

    Sin embargo, le quedó el último rayo de esperanza, una última comprobación antes de asegurar que todo fuera un incesto de locura. Debía echar un vistazo al móvil de Sergio, si salía alguna conversación estaría claro que pasaba algo, si no, seguramente habría sido su alocada mente. Total solo estaba la prueba del sujetador, nada más, debía indagar no se podía dejar llevar por las primeras impresiones.

    Era el último obstáculo que ponía a su cordura, después de eso ya no le quedarían más razones que aceptar lo evidente y mientras esperaba en la sala a que llegará su familia se decía.

    —No puede ser, mi Sergio no puede ser así.

    Solo pudo controlarse cuando su hija llegó a casa, siendo en segundo lugar Dani y por último, pero más a la tarde, su hijo… al que no pudo mirar a la cara.

    El joven no le dio importancia, sabía que su madre estaba tomando una decisión muy importante y seguro estaba hecho un lío. Habían tenido relaciones, algo que estaba totalmente fuera de lugar, sin embargo, él se lo había tomado con filosofía, diciendo que al final solo era sexo, no hacían daño a nadie. Aunque bueno… eso último estaría por ver, porque a su hermana y a su padre seguro que no les hacía mucha gracia.

    —Sergio —le abordó su madre desde la puerta de la sala— vete ahora a ducharte que voy a poner una lavadora.

    Su voz sonaba más dura que de costumbre y mucho más fría que en cualquier otro momento que el joven recordase. Se levantó sin rechistar, siguiendo a su padre que hacía lo mismo recogiendo la cena que le tocaba llevar a trabajar.

    —Cariño, marcho —soltó Dani dando un beso a su mujer—. En tres horas estaré aquí, es solo un apoyo, nada más.

    —Estaré ya en la cama —el tono hacia su marido no era tan frío, aunque se podía sentir que algo no iba bien.

    Sergio marchó al baño, pasando por la habitación de su hermana, que aún no había vuelto del paseo nocturno con sus amigas al que había salido. Pensó en Alicia con rapidez “¿qué será de ella?” para olvidarla con la misma velocidad con la que apareció por su mente.

    El plan de Mari empezaba a surtir efecto. Su marido se había marchado y ya podía escuchar el sonido del agua correr por el cuerpo de su hijo. Fue corriendo a la sala, no había un minuto que perder. El móvil de su hijo seguía en la mesa al lado de ambos sofás, no solía meterlo en el baño cuando se duchaba, la humedad ya le había estropeado un teléfono en el pasado. La madre eso lo sabía y… también sabía que la contraseña para desbloquear el móvil era el cumpleaños de su hijo.

    —¿Qué madre serías si no te lo supieras? —se dijo en voz baja. Aunque no tardó en responderse con otra pregunta— ¿Qué clase de madre soy que me follo a mi hijo?

    El móvil se encendió y en la pantalla salieron los iconos de las aplicaciones. Mari con algo de lentitud miró donde se hallaba el WhatsApp, su plan era mirar esa aplicación y si no funcionaba no sabía que más espiar, no era muy dada a la tecnología.

    Esperaba encontrar alguna respuesta, aunque… si no lo lograba… mejor para ella, lo dejaría correr y ya. Pasó los dedos hasta que encontró el icono verde y con un pulgar tembloroso presionó la pantalla haciendo que las conversaciones saltaran.

    Su corazón estaba en un puño, una mano invisible se lo presionaba hasta el punto del paro cardiaco. Una pequeña gota de sudor frío debido a la tensión y al mal cuerpo le cruzó cerca de la patilla para caer hasta su cuello.

    Las primeras conversaciones que se mostraban no tenían nada de peligro, la gran mayoría eran de amigos. La que le llamó de primeras la atención fue una que ponía “tata”. Se imaginó que era de Laura y por un mal presentimiento la abrió con cuidado. Se sentía mal por espiar una conversación de su hija, pero era un riesgo que necesitaba correr.

    Revisó los mensajes y no vio nada que la preocupase, era una conversación entre hermanos de lo más normal “ahora se llevan muy bien”, se sintió aliviada. Aunque su cabeza no la dejaba de decir que cuidado… quizá su hijo quisiera algo más.

    Agitó su mente para sacar de allí ese presentimiento, quizá se precipitó con el joven y solamente era un cúmulo de casualidades que la habían hecho pensar algo que no era. “¿Tal vez sea por celos?” le preguntó su conciencia. Ocultó la verdad y negó en rotundidad. Se mentía con ganas.

    Movió el dedo hacia abajo, buscando más conversaciones y justo después de las primeras vio lo que estaba investigando “Tía Carmen”. Al verlo fue la primera vez que sintió miedo… un miedo real. A la mente le vino una vez que siguió a su marido por la calle, había estado algo ausente y despistado. Era el comienzo de la época de poco sexo y Mari estuvo casi en la certeza que Dani podía tener algo, obviamente no era así, solo estaba preparando la fiesta de cumpleaños de su mujer. Qué vergüenza sintió al enterarse, menos mal que eso no lo sabía nadie.

    Aquella vez se sintió fatal y esperaba que esta vez fuera similar, sin embargo, cuando abrió la conversación se acabaron las dudas. Leyó los primeros mensajes, subiendo lentamente cada vez que terminaba uno para seguir en el siguiente. La conversación era más o menos corta, Sergio había borrado hasta antes de partir al pueblo para tener aquel último encuentro.

    Mari respiraba acelerada, apenas pestañeaba y la pierna apoyada en el suelo no cesaba de moverse en un ritmo frenético. El corazón le retumbaba en el pecho como los golpes de un tambor, no podía estar más conmocionada, lo que leía no tenía ni pies, ni cabeza, parecían dos amantes.

    —Lo son.

    Dijo en un hilo de voz sacando cierta tensión acumulada. De pronto escuchó como el grifo de la ducha cesaba y al borde de un ataque de nervios apagó el móvil saliéndose de la aplicación de mensajería.

    No había conseguido leer todo, pero aquellos mensajes no dejaban lugar a la duda, su hermana y su hijo habían quedado… para follar. Las palabras le resultaban surrealistas, pero era cierto, Sergio no había ido a ninguna casa con sus amigos, había quedado con su tía “PARA FOLLAR” volvió a gritar su mente.

    Para empezar la mintió con lo de sus amigas, para ir a… “Follar con su tía” le volvió a decir su mente. Estaba atorada con la cabeza distribuyendo sin parar imágenes de Carmen y su hijo en todas las posiciones posibles. No podía soportarlo, mientras su pequeño se secaba todo el cuerpo en el baño, ella se agarró la cabeza, la puso contra sus rodillas y gritó.

    —¡BASTA!

    Las imágenes pararon al momento, pero el sentimiento de dolor, de traición de… asco hacia todo, no se desvaneció. Se levantó esperando que su hijo no la hubiera escuchado y fue a su habitación. Allí recogió el sujetador rojo de su hermana que tenía guardado y lo volvió a mirar, pensando en que bien lo tendría que haber hecho Sergio “esto es un puto premio… un trofeo”.

    Escuchó la puerta del baño abrirse, su hijo volvía a su cuarto con el cuerpo parcialmente mojado. La rabia de Mari era desmedida, quería ir a donde él y… partirle la cara como nunca lo hubo hecho antes. Sin embargo recapacitó por un momento, ya se pondría furiosa en el momento oportuno, debería plantarle cara de forma más taimada. O al menos… esa era su intención.

    —Sergio —dijo con un tono serio al abrir la puerta.

    El joven se dio la vuelta con únicamente el pantalón y calzoncillo puesto, la cabeza aún estaba húmeda con cada pelo hacia un lado. De no haber estado en una situación de extrema ira, a Mari le podría haber parecido gracioso.

    —Dime.

    El joven algo tranquilo esperaba la conversación por lo ocurrido en el hotel de Madrid. Incluso había pensado alguna contestación dependiendo por donde fuera la charla, tenía un objetivo, quería que todo volviera a la normalidad y si podía ser… que se repitiera.

    Su madre sin embargo, no le contestó nada, solamente le lanzó algo que no llegó hasta donde estaba, quedándose a medio camino entre los dos. El joven sintió una punzada en el pecho cuando lo vio tocar el suelo, era el sujetador que Carmen le regaló después del último coito.

    Mantuvo la serenidad, al menos por fuera, no estaba preparado para algo como eso, no obstante lo miró con frialdad tratando de no mostrar ningún sentimiento. No como su madre que a cada milésima que pasaba ante la pasividad de su pequeño, sus ojos se le inyectaban más en sangre.

    —No vas a decir nada —Mari no podía contener su genio.

    —¿Qué quieres que diga? No sé para qué me tiras el sujetador —trató de parecer lo más desconcertado posible.

    —¿Piensas que es mío? —apretó los labios queriendo calmar su cuerpo, era imposible. Con su pijama largo y algo desgastado podría parecer una madre buena e inofensiva, sin embargo en aquel momento era el mismo demonio.

    —Supongo… —Sergio alzó los hombros como si la cosa no fuera con él.

    —Yo sé de quién es… —levantó una mano señalando a su hijo— dime ahora mismo de quien es, quiero oírlo.

    —No lo sé.

    —¡QUE ME LO DIGAS!

    El grito retumbó en toda la casa, incluso llamando la atención de par de vecinos que no sabían de donde podría venir tal alarido.

    Sergio dio un paso hacia atrás, como si las vibraciones de tal bramido le hubieran hecho retroceder. Sintió verdadero pánico, porque aquella situación no se podía encarar de ninguna forma. Su madre tenía el pecho inquieto, se movía de arriba y abajo con rapidez mientras sus aletas nasales respiraban todo el aire que podían. Sin embargo no era lo que más asustaba a su hijo. Más miedo le daban los dientes blancos y perfectos que enseñaba tras unos labios que poseían un gesto de ira. Y encima de ellos… unos ojos siempre preciosos que ahora solo rezumaban odio.

    El joven no dijo nada, ni aunque quisiera podría haber abierto la boca, porque aquello solo traería más problemas. Miró a su madre, después el sujetador y… volvió a mirar a su madre esperando por lo siguiente que le dijera, tenía miedo, verdadero miedo.

    —¿A dónde fuiste el fin de semana pasado? —Sergio no se atrevió a contestar, aunque su madre disminuyó el volumen— Dímelo, ¿dónde fuiste?

    La mujer llevada por la ira dio un paso adelante. La visión de que aquella batalla la tenía ganada la hacía sentirse envalentonada, nada la podría parar. No sabía que pasaría cuando todo acabase, pero su ira en ese momento era infinita.

    Dio otros dos pasos, rebasando el lugar donde estaba el sujetador tan bonito de su hermana y llegando donde su hijo se mantenía de pie con piernas temblorosas. Había dado otro paso hacia atrás, topando el trasero con la mesa del escritorio, no tenía escapatoria y las manos le habían comenzado a sudar. Aunque eso era lo de menos, la fiera que tenía en frente y tiempo atrás había sido su madre, era en verdad lo que le aterraba.

    —¿Quieres que te lo diga yo? ¿Quieres que tu madre te diga lo que hiciste?

    Sergio no contestaba y en su mente trataba de buscar un motivo a porque lo sabía, solo había uno… su móvil, no había más. Era imposible que Carmen se hubiera ido de la lengua.

    —Vamos, ¿lo quieres, verdad? —Mari estaba a centímetros del torso desnudo de su hijo— Te la follaste, ¿a qué sí? Te la follaste bien follada. —Sergio solo miraba, atenazado por las palabras de su madre, abrió la boca levemente.

    —Mamá…

    —¡Ni se te ocurra llamarme, mamá, puto degenerado! —no gritó tanto como antes, pero incluso la ira le hizo sacar unos pocos esputos por la boca.

    —Mari, déjame que…

    —¿Qué? ¿Qué me lo expliques? ¿Quieres que escuche como mi hijo se folla a su tía? No, gracias, no me interesa. Solo quiero saber por qué eres un degenerado, ¿por qué te has follado a tu propia tía? —Sergio abrió la boca— ¡CÁLLATE! ¡No quiero saberlo, joder!

    Mari se dio la vuelta para no volver a mirar a su hijo. Pensar en que Carmen y él habían estado retozando le ponía la piel de gallina, una sensación de asquerosidad la envolvía, pero también otra… la de ser traicionada.

    —Y luego… me dejé llevar. —Mari recordó el momento en que su hijo la masturbaba bajo el pijama— Desgraciado… no contento con su tía, luego… después de ella… yo.

    Una lágrima corrió por el rostro de la mujer, otra más que habría que sumar al innumerable agua que ya soltó a la mañana. Sergio notó el subir y bajar de la espalda de su madre, estaba llorando, lo sabía. Al momento escuchó el primer sollozo y dio un paso para quedar detrás de ella. Se atrevió a hablar.

    —Lo siento… no quería que acabara así…

    —No hables. Ni una palabra. No quiero que estés en esta casa.

    —¿Cómo?

    —Quiero que te largues de aquí —le dijo su madre con toda la autoridad que tenía, mientras sentía a su hijo a su espalda.

    —Pero… ¿Qué? ¿Qué dices, mamá? ¿A dónde me voy a ir?

    —No es mi problema, no quiero que estés en mi casa. No te quiero volver a ver… No sé qué me paso, pero no puedo arrepentirme más de algo que de lo que pasó en Madrid.

    —¡¿Qué vas a dejar a tu hijo en la calle?! —Sergio se estaba poniendo nervioso, en verdad no sabía cómo arreglar aquello.

    —Dile a la puta de Carmen si quiere acogerte, a mí no me importa.

    —Mari, y ¿qué le digo a Laura, o a papá? —no sabía por qué camino tirar.

    —Mañana mismo haces la maleta y les dices que te quieres independizar. —se dio la vuelta y volvió a mirar a su hijo a los ojos. Los preciosos ojos azules estaban vidriosos y con infinitas venas rojas que parecían hilos.

    —No pienso irme.

    —¡Te irás, punto! —los ojos de Mari estallaban en una ira acumulada— Te dejo que digas lo que te plazca, si no diré lo que hiciste con tu tía.

    —Omitiendo lo nuestro, ¿verdad?

    Mari se volvió a dar la vuelta completamente y le encaró con ganas, ambos estaban piel con piel como dos días atrás, pero los sentimientos eran muy diferentes.

    —¡Eso jamás pasó! Un error que no me perdonaré en la vida.

    —No lo dices en serio. —Sergio se sentía humillado, no quería escuchar aquello, porque sabía que no era verdad— Te encantó.

    —No vuelvas a mencionar eso, ¡te lo advierto! Nunca pasó, es lo peor que me ha pasado en la vida.

    Mari se dio la vuelta y anduvo con pasos fuertes y rápidos hasta la puerta. Estaba de lo más furiosa y quería dar por terminada la conversación, sin embargo, la estúpida adolescencia de Sergio hizo acto de presencia.

    —¡Celosa!

    —¡¿Cómo dices?!

    La cabeza de Mari se giró en un brusco movimiento haciendo que todos sus pelos se movieran con agresividad al tiempo que sus ojos mataban a su hijo.

    —Eres una celosa. Hasta que no te has enterado de lo de Carmen, lo de Madrid te encantó, igual que a mí.

    Recorrió los pasos andados y volvió enfrente de su hijo, encarando al joven que ahora portaba un rostro soberbio que Mari no reconocía.

    —Lo siento, Mari —su mente caliente por la rabia no podía soportar ser tratado así por su madre, él también quería repartir estopa. No se podía quedar callado…— Siento que te joda que haya estado con Carmen primero y que hayas sido la segunda, pero no estés celosa…

    El viento se cortó en un rápido movimiento. Un sonido silbante pasó al lado de Sergio y en un abrir y cerrar de ojos sintió un dolor punzante en la zona siniestra del rostro. Su madre le cruzó la cara con ganas y rabia, apretando sus labios al tiempo que su brazo se alzaba y con la mano abierta impactaba en la cara.

    Sergio giró la cabeza por el golpe y un zumbido le anegó el oído izquierdo. Abrió y cerró los ojos al momento para centrarse donde estaba, un poco más y le noquea con semejante tortazo.

    De pronto un tintineo de llaves sonó en la puerta y la mujer corrió hasta el final de la habitación, para dedicarle una última mirada asesina y deletrearle con los labios.

    —Última noche en esta casa.

    CONTINUARÁ

    ———————

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    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • Vacaciones con papá (4)

    Vacaciones con papá (4)

    Eran las 4 de la tarde, el aire acondicionado del coche de Juan se había estropeado y el calor era asfixiante, la tapicería de piel del coche, se me pegaba a las piernas y me hacía sudar. A pesar de todo el calor y la incomodidad que tenía, estaba relajada, pensando en mis cosas, mirando por la ventana, como el paisaje se volvía cada vez más solitario, hasta que llegamos a la cala.

    Como había dicho Juan, era una cala pequeña y muy bonita, uno de esos sitios, que nadie conoce y que cuando sabes de su existencia te sientes muy afortunado.

    Bajamos del coche y un aire abrasador, nos dio la bienvenida al lugar. No había absolutamente nadie en varios kilómetros a la redonda y solo pensaba en quitarme el pequeño vestido de tirantes, de color morado, que llevaba pegado a mi cuerpo.

    M: ¡Qué sitio tan bonito!

    P: Sí que lo es. Amigo tenías razón, por aquí no pasa nadie. Es un buen lugar para pasarlo bien los cuatro.

    J: Ya te dije que el sitio no te defraudaría. Ahora espero que no me defraudéis a mí.

    P: No te preocupes, en mi familia sabemos agradecer a la gente los favores, en especial mi hija. Nena, ¿te gusta el sitio?

    Y: Sí papi, es muy bonito.

    Mamá cogió a papá del brazo, tirando de él, para llegar cuanto antes a la orilla del mar, yo los seguí, riéndome de como mi madre corría como una niña pequeña. De repente noté una gran mano, justo al final de mi espalda, cuando me giré, vi la sonriente cara de Juan, le devolví la sonrisa y continuamos caminando, mientras su mano continuaba bajando hasta llegar a mi culo.

    Juan era un hombre alto y fuerte, con buen cuerpo. Por su moreno se notaba que pasaba muchas horas expuesto al sol. Tenía el pelo corto y completamente negro, al igual que sus grandes ojos, los cuales no apartaba de mí. La verdad, es que era el típico hombre maduro, que parecía tener éxito con las mujeres, pero por alguna razón, veía algo en él, que no me terminaba de gustar.

    Cuando llegamos cerca del mar, colocamos nuestras toallas y por fin pude quitarme el vestido que tan pegado tenía. Todos me miraban con expectación, al principio no entendía nada, hasta que me di cuenta de mi bikini.

    Me lo habían comprado papá y mamá esa mañana, estaba hecho con una de esas telas brillantes de color plata, mamá decía que era de mi talla, pero la verdad, es que no me tapaba mucho. Afortunadamente, estábamos solos en la playa, si llegamos a estar con más gente, hubiera sido imposible pasar desapercibida y a mucha gente no creo que le hubiera gustado.

    M: Nena, ¡estás muy preciosa!

    Y: Gracias mamá.

    P: Me la acabas de poner dura solo con mirarte.

    J: No eres el único.

    M: Vaya dos, solo pensáis en follar.

    P: Seguro que tú has mojado las bragas cuando la has visto.

    M: Sí, pero he sido más educada que tú.

    Y: Vaya familia de degenerados que somos.

    M: Por cierto, cariño, date protector solar, no te vayas a quemar. Dile a Juan que te ayude.

    J: Yo encantado.

    Juan cogió el protector y como si fuera una muñeca de cristal, comenzó con suma delicadeza a dármelo. Empezó por mis pies y lentamente fue subiendo por mis piernas, iba extendiendo el protector con pequeños círculos sobre mi piel, era una sensación muy agradable. Cuando llegó a mis muslos, me obligó a separarlos para tener mejor acceso. Continuó subiendo hasta que quedó de frente a mí. Con una mirada perversa, me obligó a sentarme en la toalla, situándose él detrás mío con sus piernas a lo largo de las mías.

    Siguió dándome el protector, en la espalda, en los brazos hasta que finalizó su masaje en mis tetas. Comenzó untándolas, de la misma forma que había hecho con mi cuerpo, y poco a poco fue metiendo sus fuertes manos en la diminuta tela de mi bikini. Con la palma de la mano, me estimulaba dulcemente los pezones, que no tardaron en ponerse duros. Continuó su masaje, mientras comenzaba a besarme por los hombros y poco a poco fue subiendo hasta llegar a mi boca. Todo fue muy dulce y delicado, hasta que por fin nuestras bocas se juntaron, en ese momento, las cosas cambiaron y como si una fuerza animal se apoderara de él, comenzó a devorarme la boca. El suave masaje en mis pezones, cambió por completo, comenzó a pellizcarlos, haciéndome sentir una mezcla de dolor y placer que me gustaba.

    Mientras seguía besándome, su mano derecha soltó mi pezón, y se metió en el interior de mis diminutas braguitas, estaba completamente mojada y el no dudó en follarme con sus dedos. Era como estar en un sueño, solo sentía placer y mi orgasmo no tardaría mucho en aparecer. En ningún momento dejó de besarme, era como un lobo hambriento y yo era su presa. Cuando estaba muy cerca de correrme, paró, sacó su mano de mis bragas y me la puso en los labios, para que chupara mis propios flujos.

    Y: ¡Sí!, ¿Por qué has parado? Estaba a punto.

    J: Lo sé, pero no me apetece que te corras.

    Y: ¿Y cuándo te va apetecer?

    J: Por ahora. Venga, sé buena y pórtate bien conmigo.

    Me imaginaba lo que quería, era una sutil manera de decirme que se la chupara, así que no lo dudé, me acerqué a él con intención de sacársela del interior del bañador. No me hacía falta saber que la tenía muy dura, pues se le marcaba bastante en la ropa. En ese momento escuché más gemidos y es cuando me di cuenta que mis padres estaban al lado nuestro.

    La verdad es que no me había dado cuenta de cuando habían llegado, la última vez que los vi, estaban jugando como dos niños en la orilla del mar. Por lo que vi, debían de llevar un rato, mi madre le estaba haciendo una mamada a mi padre y él metiéndole un dedo en el culo. Les dejé que siguieran a lo suyo y me centré en la polla de Juan.

    Cuando se la saqué, me quedé fascinada por su tamaño, todos los hombres presumen de tenerla grande, pero la verdad es que él, tenía motivos más que suficientes para presumir. Comencé a chupársela, mientras el me sujetaba la cabeza marcando el ritmo al que quería que se la chupara. Poco a poco, iba notando como Juan se resistía a correrse, ya estaba muy cerca, pero no se lo pondría fácil. Al igual que hizo él conmigo, lo llevé al límite y cuando sujetó con fuerza mi cabeza con intención de correrse en mi boca, paré, me solté de él y simplemente le sonreí con una sonrisa maliciosa.

    J: ¿Qué haces? Estaba a punto de correrme.

    Y: Yo también, cuando tú paraste antes.

    J: Vamos nena, no me jodas. He venido a pasármelo bien.

    Y: Yo también.

    J: Yo siempre follo así, no me gusta que las mujeres se corran, prefiero que me supliquen un orgasmo, me hace sentir poderoso. Además, en cuanto os corréis, ya no queréis hacer nada más.

    Y: Pues yo soy más de follar para correrme, una pena no haberlo sabido antes, nos habíamos ahorrado muchos disgustos.

    Mis padres que habían estado ajenos a todo esto, de repente pararon y nos miraron como si tuviéramos un alíen en la cara.

    P: Juan, amigo, nosotros disfrutamos todos del sexo, cuanto más placer mejor.

    J: Lo siento, no me gusta que las mujeres se corran, luego me aburro.

    M: Vamos a hacer una cosa. Vamos a darle a Juan su propia medicina. Te vamos a demostrar lo duro que es no correrse en una sesión de sexo. ¿Aceptas?

    J: No es para tanto, las mujeres que lloráis por todo. Venga vale acepto.

    Mis padres, grabaron un video con su móvil, en el que Juan decía, que nos daba permiso para hacer todo esto. Yo pensaba que era excesivo, hasta que vi como mi madre sacaba de su bolsa de la playa varías cuerdas de gran tamaño.

    Y: Mamá, ¿de dónde has sacado esas cuerdas y para que las quieres?

    M: Cállate y ayúdame a sacar todo lo que hay en esa bolsa.

    P: Hija teníamos otro plan para ti, pero como se presentó Juan lo cambiamos.

    Empecé a hacer lo que me dijo mamá, en su bolsa había, esposas, vibradores y consoladores de todos los tamaños y lubricantes, sin olvidar los metros de cuerda que ya había sacado mi madre y con los que estaba atando a Juan de pies y manos. Cuando terminó, Juan quedó a cuatro patas, con sus manos atadas a sus piernas, de tal manera era imposible que se moviera si no era con ayuda.

    M: Bueno pues ya está, me ha quedado bien, ¿no?

    P: Perfecto cariño, eres una experta con las cuerdas.

    Y: Mamá, ¿desde cuándo sabes hacer estas cosas?

    J: ¿Piensas que por atarme lo voy a pasar mal? Cuando me vaya me buscaré una zorra a la que metérsela y listo.

    M: Todavía no hemos terminado. Falta la guinda del pastel. ¿Nena, sigues teniendo la bala vibradora?

    Y: Si mami, voy a por ella.

    La cara de Juan, era un poema, no sabía lo que pretendíamos y menos cuando fue mi madre con uno de sus lubricantes a metérsela en el culo. Mi madre comenzó a jugar con el mando, igual que hizo conmigo.

    J: ¡Oooh dios! ¿Esta es vuestra idea de tortura?

    M: jajaja, ya llorarás.

    J: ¡Zorra! ¡Has parado, sigue! ¡Es una orden!

    Sin hacerle caso, mi padre y yo nos sentamos en la toalla, quedando yo entre sus piernas y de frente a Juan. Papá comenzó a acariciarme mientras iba desatando las cuerdas de mi bikini, hasta dejarme completamente desnuda. La mirada de Juan estaba fija en nosotros, mientras mi madre no había vuelto a utilizar el mando con él.

    Papá seguía acariciándome mientras me besaba, yo estaba tremendamente excitada y quería más. Para mi suerte, papá cogió uno de esos vibradores que habían traído y comenzó a jugar con mi clítoris y lentamente me lo fue metiendo en mi coño. Mi orgasmo estaba muy cerca y afortunadamente para mí, papá no paraba, al contrario, aumentaba cada vez más la velocidad hasta que por fin me corrí.

    Juan nos miraba atento, se notaba que le gustaba lo que veía, ya que su verga se veía realmente dura. Mi padre se acercó a él, quedando su polla a la altura de su cara, lo miró y le dijo:

    P: Ves, no hay nada de malo en que las mujeres se corran, a mí me la ha puesto muy dura y por lo que veo a ti también.

    Juan no contestó, simplemente sacó la lengua y comenzó a chupársela a mi padre, la verdad es que ninguno de los tres esperábamos esa reacción. En ese momento mamá le dio al mando de la bala durante unos segundos y después paró. Su polla empezaba a gotear, el orgasmo estaba próximo. Mamá fue hasta su bolsa y sacó una pala de madera, con la que le golpeó en el culo, haciendo gritar a Juan.

    J: ¡Zorra! Me has hecho daño.

    M: Esa era mi idea, estabas a punto de correrte y no lo podía permitir.

    Mamá se puso delante de él y le obligó a chuparle las tetas, a lo cual Juan no puso pega, otra vez volvía a estar a punto de correrse y mamá volvió a pegarle, esta vez más fuerte. Mientras gritaba de dolor, le dio al mando unos segundos y paró. La siguiente vez mamá le obligó a que le comiera el coño hasta que ella se corrió y otra vez le volvió a pegar.

    Papá y yo mirábamos la morbosa escena, mientras él me acariciaba constantemente, notando su tremenda erección pegada a mi culo. Mamá nos miró sonriendo, se acercó y le dijo algo a papá, él me miró y sonrió. Se lanzó sobre mí y de un golpe me metió toda su enorme polla, yo pegué un grito de asombro y placer. Comenzó a follarme de una manera salvaje mientras mamá jugaba y chupaba mis pezones hipersensibles.

    P: Nena, eres increíble, me encanta follarte, podría pasarme horas dentro de ti.

    Y: Siii ¡papi! ¡Sigue no pares nunca!

    Mamá se tumbó encima de mí, dejándome su coño a la altura de mi cara, sin dudarlo comencé a comérselo, mientras ella jugaba en mi clítoris, con uno de los vibradores. Toda la frustración que había tenido ese día desapareció, era demasiado y no sabía cuánto iba a aguantar. La primera en correrse fue mamá, después la seguí yo y por último papá. Nuestros gritos de placer se escucharon en toda la playa y por supuesto Juan nos vio.

    M: ¿Te ha gustado Juan?

    J: Mucho, pero sigo pensando lo mismo.

    M: Me alegra saberlo, porque vas a seguir ahí.

    Después de esa sesión de sexo los tres estábamos agotados, sudados y llenos de arena. Nos fuimos al mar a bañarnos todos juntos, menos Juan, que seguía en la misma postura. Tras el baño nos tumbamos en nuestras toallas, yo me quedé dormida enseguida, estaba agotada.

    No llevaba mucho tiempo dormida cuando unos sollozos me despertaron, miré y mis padres estaban durmiendo, entonces me di cuenta de que era Juan.

    Y: ¿Qué te pasa?

    J: ¡No aguanto más, me quiero correr! Las imágenes vuestras follando me tienen loco. Lo siento, no debí portarme así.

    M: ¿Ves? Te dije que llorarías.

    J: ¿Qué opinas nena? ¿Lo desatamos y te haces cargo tú?

    Y: Claro papi, yo me encargo.

    Mamá por fin lo desató, asegurándose de que no tenía nada más que el culo rojo y una tremenda erección. Sin pensármelo mucho, me senté encima de él y comencé a follármelo. En apenas unos minutos se corrió. Me levanté y me fui a la toalla. A los pocos minutos lo tenía a mi lado.

    J: Tú no te has corrido.

    Y: Que bien no, eres muy observador.

    J: Oye, perdona lo de antes, creo que he aprendido la lección. Jamás volveré a dejar a una mujer sin su orgasmo.

    Y: Me alegro de que pienses eso, te irá mejor en la vida.

    J: Te debo uno.

    Y: No te preocupes, todavía queda mucha tarde por delante. Ya me lo cobraré.

    Tras hacer las paces como buenos amigos, me quedé dormida en mi toalla. Cuando me desperté serían casi las 9, el Sol, comenzaba a esconderse lentamente. Miré a mi alrededor y estaba sola. A lo lejos, pude ver a mamá bañándose en el mar, pero ni rastro de papá ni de Juan.

    M: Hola cariño, ¿qué tal has dormido?

    Y: Bien mamá. Por cierto, ¿Dónde están papá y Juan?

    M: Han ido a un supermercado a comprar cosas para cenar aquí. ¿No has oído nada mientras dormías?

    Y: No, ¿qué ha pasado?

    M: Me los he follado a los dos.

    Y: ¿En serio? Mamá no hay quien te pare, nunca te cansas, jajaja.

    M: La verdad es que Juan no está nada mal, estoy pensando en invitarlo a casa algún día.

    Y: Pfff lo raro es que quiera seguir hablando con nosotros. ¿Desde cuándo sabes atar tan bien a las personas?

    M: Hija, hay muchas cosas que no sabes de mí, ya te las iré contando. Venga, vamos a bañarnos antes de que se haga de noche.

    Mientras salíamos del agua, vimos llegar a papá con Juan, parecían muy contentos, hablando y riendo. Sacaron las cosas del coche y se aproximaron donde estábamos nosotras. Todo era normal, como si fuéramos amigos de toda la vida y no hubiera pasado nada interesante entre nosotros.

    P: ¡Hola chicas! ¿Qué tal lo habéis pasado?

    M: ¡Muy bien! ¿Y vosotros?

    P: También muy bien.

    M: Vaya se os ve muy contentos, ¿no os ha pasado nada?

    J: Que va mujer, simplemente nos llevamos bien.

    Sabía que mamá sospechaba algo, cuando la vi alejarse con papá, con intención de interrogarlo. Juan y yo nos quedamos sacando las cosas que habían comprado para la cena. La verdad es que después de lo ocurrido, no me parecía un hombre tan interesante, sí, había aprendido la lección, pero ya no me atraía como antes. Entre nosotros había un silencio muy incómodo y yo solo esperaba con impaciencia a que llegaran mamá y papá. Pasados veinte minutos regresaron, mamá me agarró del brazo y me dijo que nos íbamos a dar un paseo, mientras ellos preparaban todo.

    M: He estado hablando con tu padre.

    Y: Lo sé, ¿Qué te ha contado?

    M: Pues resulta que nuestro amigo es una caja de sorpresas.

    Y: Sí, eso ya nos lo ha dejado claro esta tarde.

    M: Resulta, que cuando se subieron en el coche, en vez de ir en dirección a la ciudad, para ir al supermercado, fueron en sentido contrario. De repente se pararon en mitad de un camino, en pleno campo, donde no había nada. Juan salió del coche y comenzó a buscar un palo. Cuando encontró uno le dijo a papá que se bajara y se lo dio.

    Y: ¿No le habrá hecho nada malo a papá?

    M: Que va. Le dijo que por favor lo azotara con ese palo. Que se había puesto muy cachondo cuando le pegué y que quería repetirlo. Papá le dijo, que mejor volvían y le azotaba yo, pero él le contestó que no, que le gustaba más ser la putita de él.

    Y: ¿En serio? ¿Juan es gay?

    M: Eso parece. Papá le azotó unas cuantas veces y cuando paró, Juan se la chupó hasta que se corrió en su boca. Le volvió a azotar mas y entre azote y azote se corrió.

    Y: Joder con Juan, por eso es así con las mujeres.

    M: Jajaja ya ves. Hay personas que son una caja de sorpresa.

    Cuando volvimos ya tenían la cena preparada, nos sentamos en las toallas y comenzamos a cenar. Todo era normal, nos lo pasábamos bien. Juan se pasó toda la noche mirando a papá y yo evitaba mirar a mamá, ya que, si lo hacía, su cara de circunstancia me hacía reír. Cuando terminamos todo recogimos y nos fuimos.

    Cuando estábamos cerca del hotel, Juan paró un momento el coche y le dijo a papá:

    J: Si quieres podemos llevar a las chicas al hotel y los hombres nos vamos a tomar una copa.

    P: Tranquilo, no es necesario, estoy cansado, mejor me voy al hotel.

    M: ¡No! Tú te quedas. Nosotras vamos a tener una noche de chicas. ¿Verdad cariño?

    Y: Sí claro, por mí no hay problema papá, pásatelo bien y disfruta.

    J: Amigo, veo que las tienes bien enseñadas.

    En cuanto llegamos al hotel, mamá y yo nos bajamos del coche, no sin antes dedicarle una bonita sonrisa a papá, que, con la mirada, nos decía que le ayudáramos. Subimos a la habitación y nos duchamos, después nos tumbamos en la cama.

    M: No he sabido nada de papá, seguro que se lo está pasando genial jajaja

    Y: ¿Mamá no te preocupa que pasé algo entre papá y Juan?

    M: Que haga lo que quiera, ya es mayorcito.

    Y: Pero papá que yo sepa no es gay.

    M: No, pero a la hora de meterla, le da igual que sea el coño de una mujer o el culo de un hombre. Además, a tu padre esto le viene bien, que otro macho le suba el ego.

    Y: Y tan macho, no he escuchado a un hombre decir tantas chorradas machistas en mi vida.

    M: Los hay tan machos que luego van pidiendo que les follen el culo a gritos.

    Mamá cogió su móvil y le mandó un mensaje a papá, preguntándole como iba la noche, a los pocos minutos le contestó: “Ya que no me has querido ayudar he tenido que hacer esto yo solo” y una foto de la polla de papá follándose el culo de Juan.

    M: ¿Has visto que bien se lo pasa?

    Y: Ya veo

    M: Sabes que te digo que nosotras también y le vamos a grabar un pequeño video y se lo vamos a mandar.

    Mamá, se acercó a la tele, donde estaba la cámara, la activó y volvió a la cama conmigo. Comenzó a besarme mientras me quitaba la poca ropa que llevaba puesta. Siguió besándome todo el cuerpo, deteniéndose en mis tetas, luego continuó bajando hasta que llegó a mi coño, donde se detuvo a chuparlo, sin prisa, pero de manera salvaje. Mi orgasmo comenzaba a acercarse, otra vez, ya no se las veces que fui capaz de correrme en un día, ella seguía, más y más rápido, hasta que paró. Se levantó de la cama, se quitó toda la ropa y fue a buscar algo. Cuando volvió, traía un vibrador en la mano, miró a la cámara y se lo mostró como si alguien la estuviera viendo.

    Volvió a tumbarse a mi lado, mientras encendía el vibrador, me hizo doblar una pierna, para poder sentarse sobre ella, dejando su húmedo coño completamente pegado a mi muslo. Al igual que hizo antes con su boca, comenzó a pasarme el vibrador por todo el cuerpo, a la vez que ella comenzaba a moverse lentamente sobre mi pierna. Cuando el vibrador llegó a mi coño, ella se movía con más rapidez. Me lo metía unos segundos y luego se lo metía ella, mientras seguía frotándose con mi pierna, todo esto mirando a la cámara. Así estuvimos cerca de 15 minutos, hasta que nos corrimos las dos prácticamente a la vez.

    Mamá se levantó y con su móvil, vio el video que había grabado, con el programa que tenía, seleccionó el principio y se lo mandó a papa, con un mensaje que decía “si quieres ver el resto, vuelve con nosotras”. No pasaron más de 10 minutos, cuando llamaron a la puerta, era él. Según entró lo primero que pidió fue ver el vídeo, pero mamá no se lo puso fácil.

    M: Antes de ver el video, responde a nuestras preguntas.

    P: A ver, preguntar lo que queráis.

    M: ¿Te has vuelto gay?

    P: ¡Que va!, Si es la primera vez que tengo sexo con un hombre,

    M: ¿Te ha besado?

    P: No

    M: ¿Se la has chupado?

    P: No

    M: ¿Solamente se la has metido?

    P: Sí

    M: ¿Te parece bonito, quitarle el novio a tu hija?

    Y: Jajaja, mamá ese no es mi novio. No tengo interés en él

    M: Lo sé, es un gilipollas el tío, pero nuestra idea es que te lo tirarás tú y no tu padre.

    P: ¿Bueno, me dejáis ver el vídeo?

    M: Primero dúchate y luego nos lo pensamos.

    Mientras papá se duchaba, mamá y yo no parábamos de hacer bromas sobre el nuevo novio de papá, él no se reía mucho, pero no decía nada, para poder ver el video.

    Cuando por fin estábamos los 3 en la cama, papá por fin vio el vídeo. No pasaron más que segundos, cuando se le puso dura de nuevo y mamá y yo no dudamos en metérnosla en la boca.

    El día había sido muy largo, frustrante y divertido a la vez, había descubierto muchas cosas de mis padres, las cuales jamás hubiera imaginado. Nuestras vacaciones empezaban a terminar, apenas nos quedaban dos días, los cuales pasamos los tres juntos, como una familia normal para el resto de la gente.

    De Juan no volvimos a saber nada, salvo una vez que le escribió a papá, preguntándole si quería volver a quedar, a lo que mi padre contestó que no. Con el resto de la gente, seguimos teniendo contacto, no nos hemos vuelto a ver, pero no descartamos volver el año que viene al mismo lugar de vacaciones.

    Dicen que el viaje de vuelta siempre es más triste y aburrido, que el de ida, pero sin embargo para nosotros no fue así.

    Continuará…

    Pueden escribirme a mi email: [email protected].

  • Con el dueño de una tienda de abarrotes

    Con el dueño de una tienda de abarrotes

    Hola, espero estén bien. En esta ocasión les contaré una pequeña historia de cómo el dueño de la tienda de abarrotes me dio una rica cogida, espero les guste.

    Por dónde vivo hay una tienda de abarrotes en la que siempre acostumbro a ir siempre de camino a la escuela paso por ahí el dueño ya nos conoce tanto a mi mamá y a mí y siempre que paso me saluda y de vez en cuando tenemos una pequeña y breve plática.

    Prácticamente así era mi rutina salir de mi casa saludar al dueño de la tienda y comprar mi botella de agua y un snack para el camino harta que un día deje de ir por la situación en la que estamos actualmente si salía solo era para ver a mi mejor amiga o ir a la escuela para ver cómo serían las clases.

    Y abruptamente cambio mi rutina de ir en las mañanas a la escuela a ver cómo se darían las clases y prácticamente ya no veía al dueño de la tienda ya que me iba muy temprano cuando él todavía no abría, hasta que una vez se cruzaron nuestros caminos ya que él ese día abrió temprano porque se estaba surtiendo, una vez que terminó de bajar cajas me vio a lo lejos y con un pequeño grito me saluda.

    -¡Hola Karen!

    -Hola señor…

    -Ya tiene bastante tiempo que no te veo acaso ya vas a otra tienda a comprar

    -Cómo cree solo que por la situación no podemos salir

    -Tienes razón, en mi caso como puedo voy sacando la tienda y a ti ¿cómo te ha ido?

    -Pues un poco ocupada todavía no se deciden si dar clases en línea o perder el ciclo

    -Ya veo ni tiempo para divertirse te da ¿Verdad?

    -Sip

    -Y con eso que dicen cosas sobre ti aquí en la colonia

    -¿Qué cosas?

    -Mira Kary te voy a ser directo dicen que es una putita en busca de verga que la han visto cuando se baja de autos muy lujosos hasta dicen el vecino que la ve cuando se la están cogiendo.

    -…

    -¿Estoy mintiendo?

    -No sé equivoca y no tengo por qué ocultarlo si ya todos saben.

    -Y la verdad con todo el respeto que te mereces Kary te tengo unas ganas de cogerte como no tienes idea.

    -…

    -Siempre que te veo con tus jeans se me para la verga y me tocó cuando estás de espaldas o te vas ya me imagino como tus alumnos han de estar babeando por ti y esos hombres que te cogen han de quedar muy satisfechos para venirte a dejar a tu casa quisiera que me dirás una oportunidad Kary ¿qué dices?

    -Déjeme pensarlo.

    -Anda Kary te tengo una propuesta ven a mi tienda para pasarla rico toda la noche hasta que abra la tienda y sales como si nada pasara y si no te convenzo te juro que jamás vuelvo a tocar el tema

    -En la noche te respondo ya que ahora estoy muy ocupada

    -Está bien Kary espero tu respuesta

    Y así estuve todo el día pensando en la propuesta del dueño de la tienda y entre más lo pensaba más me calentaba hasta que llegó la noche y no pude soportarlo más y fui directamente a su tienda y me dice.

    -Que paso Kary ¿Ya pensaste lo que te dije?

    -Solo te pongo una condición

    -¿Cuál?

    -Déjame tu semen dentro me gusta que me lo vayan

    -Está bien putita, pero me quedaré tanga húmeda o cachetero ¿Te parece?

    -Claro que sí papi, solo que hoy no puedo ¿Que parece el sábado?

    -Yo no tengo problema putita solo con tenerte y disfrutarte me basta

    -Está bien papi entonces el sábado te veo para pasarla bien rico

    -Claro que sí putita

    Pasaron los días hasta que llegó el sábado yo ese día fui a una reunión con mi mamá mi mamá se fue con unos amigos y yo me fui a ver al dueño de la tienda «con el pretexto de que me ibas ir a la casa» un amigo de mi mamá se ofreció a llevarme y en el camino me iba tocando las piernas y en pequeños lapsos con un dedo rosaba mi vagina después de varios minutos llegué le dije que me dejara en la esquina ya que necesitaba comprar unas cosas el accedió y antes de bajarme me da una nalgada y me un beso segundos después se va y me dirijo a la tienda una vez que llegó toco levemente la cortina y el discretamente abre la cortina y me dice.

    -Pensé que ya no ibas a venir

    -Lo que pasa es que fui a una reunión con mi mamá y perdí la noción del tiempo

    -De hecho, te vi que te dejaron en la esquina como putita

    -Jejeje

    -Pasa Kary el día de hoy no eres profesora de secundaria eres una putita que acabo de recoger

    -Claro que papi soy tu putita ahorita que me dejaron caliente y quiero más verga

    -¿Acaso te cogieron en la reunión?

    -Tiene algo de malo

    -Claro que no, no cabe duda que era toda una puta en busca de verga

    Una licra negra de látex en la que se marcaba toda mi vagina y una blusa beige con un conjunto de brasier y su tanga de hilo color negra así estaba vestida.

    -Valla que bien te vez Kary si así dieras clases todos no faltarían a clases

    -Jejeje

    -Riquísimo tu perfume y ese olor a mujer de hembra cogelona

    -…

    Así estuvimos unos 5 minutos en el jugueteo cuando sentí su bulto ya parado, me besa el cuello y empieza recorrer mi cuerpo nos dimos unos ricos y sensuales besos pasan unos minutos y me desnuda toda y me pone sobre el mostrador en donde ponía mis pechos cuando solo iba a saludarlo y ahora estaba mi vagina a placer suyo y empezó a lengüetear mi clítoris, me metía un dedo, luego 2 y por último Bel tercero mientras me retorcía de placer.

    10 minutos después le pedí que me cogiera quería sentir su pene dentro de mí y así fue entro de lleno en mi vagina mientras estimulaba mi ano para que se acostumbrara a una nueva verga después me pone en 4 y veía como mi ano palpitaba de ya querer ser poseído por una verga dura y venosa con unos huevos llenos de semen y 30 minutos después se vino dentro de mi ano deslumbrando algunas gotitas.

    Nos quedamos dormidos y antes de que me fuera sin avisar me metió otra vez la verga, pero esta vez solo en mi vagina y 10 minutos después se vino en mi vagina sintiendo como todo su semen recorría todo mi cuerpo nos tumbamos de nuevo en la cama y ya casi amanecido me dice.

    -¿Qué te pareció putita te gustó?

    -Claro que sí papi

    -¿Si repetirás conmigo?

    -Claro que sí papi, así como quedamos

    . Te estaré esperando cada noche para darte lo que necesitas puta

    -Está bien papi

    -Dime quién mi puta

    -…

    -Vamos di que eres mi puta

    -¡Yo soy tu puta!

    -Más duro

    -¡¡Yo soy tu puta!! ¡¡Yo soy tu puta!!

    -Así me gusta

    -Bueno ya está amaneciendo es hora de que vayas Kary, pero antes deja que bata el semen de hoy para ver esa vagina bien cogida

    -Claro papi

    Después de unos minutos vistiendo y posteriormente batiendo toda su lechita me dice.

    -Ya está Kary bien batida como te gusta hasta esta escurriendo entre tus piernas

    -Espero mi mamá no haya llegado a casa

    -No te preocupes cualquier cosa yo le digo que estuviste conmigo

    -Jejeje está bien pero no le digas que estuvimos cogiendo toda la noche

    -Cómo crees es nuestro secreto putita

    -Bueno te dejo

    -Deja levantó la cortina

    -Está bien -volteo a ambos lados para ver si no hay nadie cerca- y me voy

    Y así comenzó mi aventura con el dueño de la tienda en la que más adelante les contaré como poco a poco me hice su puta.

    Saludos y besos…!!!

  • Ilustraciones

    Ilustraciones

    Siempre presente, ella se asoma a menudo este día a la ventana para fumar un cigarrillo. Ella es delgada, joven, yo diría que de mi misma edad: veintisiete; tiene el cabello castaño, largo y liso; su rostro es bello: fino y bien proporcionado. La ventana es la de una oficina, en la que, es de suponer, ella trabaja. La oficina está en una entreplanta, aislada del resto de plantas por una cornisa perpendicularmente ancha, aislada también de la calle por las marquesinas y los toldos de los comercios de los bajos del edificio. Diríase que la contemplación de ese despacho, de esa oficinista está reservada para mí, ya que yo vivo enfrente, en un edificio antiguo y ruinoso, resto de una manzana antigua y ruinosa, tan ruinosa que todos los edificios de esta menos el mío han sido derruidos, y donde el único habitante soy yo. Mi vivienda la heredé, la adecenté en buena medida. Aquí vivo; y trabajo, viviendo del cuento, óiganme, soy ilustrador.

    Ahí está asomada, blandiendo su cigarrillo, sujetándolo entre sus dedos, índice y corazón. Ella, de vez en cuando, ve que la miro. Ahora me ve. Levanto las dos manos y hago un corazón con los dos pulgares unidos, ella se ríe. Continúa fumando. Ahora apaga el cigarrillo sobre, supongo, un cenicero que habrá en el alféizar de la ventana; se está desabotonando la blusa y veo su carne; se abre del todo la blusa; se quita el sujetador; y le veo las tetas, jóvenes, imponentes, elevadas, areola y pezones sonrosados. Me hace un gesto con una mano: la cierra casi en un puño y la sube y la baja con rapidez. Sin dudarlo ni un segundo, me saco la polla del pantalón y me empiezo a masturbar; ella sonríe y asiente; y se mueve, se contonea, hace bailar a su cintura en círculos a la misma vez que se masajea las tetas. Y me corro.

    Luego ha venido a verme Laura.

    Laura, mujer madura, luce una media melena teñida de blanco; es alta, corpulenta, aunque no está ni gorda ni flaca: su barriga es plana, sus caderas anchas y tiene las tetas grandes, frondosas, así como su culo. Tiene la mirada de una niña traviesa.

    Laura y yo formamos un gran equipo. Ella prepara los guiones que yo ilustro. Debo dejar los bocadillos vacíos que ella me dice para incluir sus textos, teniendo siempre en cuenta la longitud de sus textos: Laura me va guiando. Por descontado, Laura y yo follamos, ¡faltaría más!: para eso también somos equipo. Esta tarde Laura anda distraída: ha visto de soslayo a la oficinista de enfrente y no deja de observar cómo trabaja frente al ordenador. Me dice: «Oye, esa muchacha de ahí enfrente, ¿la conoces?»; «No, para nada»; «Yo sí»; «Ah, bueno, ¿y quién es?»; «Fue»; «¿Quién fue?»; «Fue miss»; «¡Miss!; «Sí, ya sabes, concursos de belleza y todo eso…, cuando era más joven fue Miss Málaga»; «Ah, Miss Málaga, Miss Málaga, qué interesante, Laura, ¿follamos?»; «Sí».

    Nos desnudamos en el dormitorio. Me acuesto. Laura se sienta sobre el colchón junto a mí, inclina el torso sobre mi regazo y me chupa la polla. «Oh, Laura, jamás me cansaré de tus mamadas», pienso. La boca de Laura. Los labios de Laura. La polla, dentro, fuera, dentro fuera, dentro fuera dentro fuera… «Oohh», y mi corrida, el semen que Laura se traga. «Hoy has echado poco semen», comenta Laura; «Es que me hice una paja hace cosa de una hora»; `Ah, ya». Después, desnudos en la cama, hablamos sobre las nuevas ideas de Laura. Parece mentira, una mujer con cincuenta y cuatro años, la de ideas… Dos horas más tarde, clarificadas las ideas, Laura vuelve a mamarme la polla, esta vez con el propósito de ponérmela bien dura para subirse ella y montarme. Dura está y puede montar. Se sube a horcajadas sobre mí. Yo la agarro por la cintura: su carne blanda me excita. Ella toma mi polla y se la mete en el coño. «Hu, hu, hu», gime a cada saltito sobre mi cuerpo; «hu, ah, uff, hu, hu», ya está casi a punto de tener su orgasmo, así que alzo la cabeza y beso y muerdo sus grandes y caídas tetas, que se pegan a mi cara, me abofetean. «¡Hu, aahh!», Laura llegó; «¡Joder, Laura, qué bien follas!», yo también.

    «Qué bien me he quedado»; «Gracias, Laura».

    Es de noche. He acabado de trabajar. Se ha encendido una luz en la oficina. Han entrado, la miss, miss oficinista, y un tipo maduro con traje y corbata. Hablan. El saca una cartera de un bolsillo interior de la chaqueta del traje, a la altura de su pecho. La abre. Coge unos billetes y se los entrega a ella. Ella le mira. Le da un ligero beso en la cara. Él la abraza, poniéndola las dos manos en las nalgas. Ella lo aparta con suavidad y le dice algo. Él asiente. Ella se sube el vestido que lleva puesto hasta la altura del ombligo. Él se desabrocha el pantalón y se saca la polla. Ella acomoda su culo lo mejor que puede sobre la mesa escritorio y abre las piernas. Él se mete entre las piernas de ella y arremete con su cuerpo hacia delante. Luego todo es lo mismo. Él embiste y ella, con la cabeza vuelta hacia el techo, recibe; él embiste, ella recibe, él embiste, ella recibe. En un segundo, la cosa parece cambiar: él parece que cae sobre ella rendido y ella cierra las piernas detrás del culo de él con fuerza, como atrayéndolo. Un segundo. Dos segundos. Tres. Entonces, se separan.

    Me voy a acostar; es tarde. Nada hay ya que hacer sino dejar a los sueños un lugar. No me dormiré sin haber sabido que el amor tiene un precio. Siempre. Hasta el amor romántico lo tiene. Díganmelo a mí. Eficazmente prostituido por haberme enamorado perdidamente de una niña de dieciocho años, de Laurita, a la que amé, embaracé y, después, perdí. Fue mala idea por parte de Laurita lo de decir a su madre que yo era ilustrador.

  • Caricias prohibidas

    Caricias prohibidas

    Mi nombre no tiene importancia, lo que realmente sí tiene interés, es la situación que viví hace unos pocos días al llegar de un ensayo con la orquesta sinfónica de Lisboa. Soy pianista y suelo andar de un lugar hacia otro interpretando conciertos clásicos.

    Mi mujer es de carácter bondadoso y su físico es más bien rollizo, lleva gafas para ver mejor, un pircing en la nariz más bien discreto y unos pechos considerables. Viste por lo normal con tejanos, jersey holgado y bambas cómodas.

    Somos una pareja fiel, jamás le he puesto los cuernos ni ella a mí, al menos que yo sepa. La amo con locura y sus sentimientos hacia mí, son mutuos.

    Por eso, decidí darle una sorpresa y llegar un día antes, pues el concierto de Mozart lo teníamos más que aprendido.

    Al abrir la puerta de mi hogar, noté que las persianas estaban medio bajadas y la luz mortecina de la tarde, daba paso de forma tímida.

    En el pasillo observé ropa tirada a diestro y siniestro, unos tejanos, un jersey, una camisa de hombre, unos calzoncillos y unas bragas de color rosa. Una ligera música sonaba desde mi habitación y con ella, empecé a discernir susurros, risas y unos largos y cálidos orgasmos.

    Mi corazón empezó a latir a mil por hora.

    No podía ser cierto.

    Pero lentamente, sigilosamente, me asomé a la puerta entornada y pude observar, tragando saliva, como Sofía, mi querida mujer, se movía tranquilamente, entregándose con auténtica pasión, sobre el cuerpo desnudo de un hombre. Los pechos de ella, una 130 de pezones llenos de gloria, los lamia un hombre bastante más mayor que ella. Se besaban en la boca, entregándose en cuerpo y alma.

    Primero sentí dolor y al instante, noté una fuerte erección que no entendí, pero que empecé a disfrutar, pues ver a Sofía follar, me ponía muy cachondo.

    Rápidamente, en medio del pasillo me desnudé y empecé a acariciar mi polla, húmeda y bien grande, mientras veía a mi esposa al borde del orgasmo y como le daba placer a su amigo.

    Cuando se corrieron, gritando como animales, yo hice lo mismo.

    La crema de mi leche, salió a borbotones e intenté gritar lo menos posible.

    Sofía besó a su amigo y descendió hasta su flácida polla, pero lentamente fue lamiendo su glande hasta hacerlo crecer. Era casi el doble de enorme que el mío.

    Mientras jugaba con él, el hombre acariciaba su gran trasero, en el que mi mujer tiene un tatuaje precioso.

    -Sofía, cariño, me corro otra vez.

    -Hazlo Amiend, descarga tu leche en mi boca.

    Los gritos de placer eran como dulces sinfonías de amor.

    Amiend se convulsionó y Sofía se tragó toda la descarga.

    Yo, mirando, me corrí de nuevo.

    Pero esta historia no acaba aquí, las cosas, creo que irán mejorando.

    Gracias cariño, mi Sofía, por darme tanto.

    Como me encanta verte follar y dar placer a tu amigo.

    Pronto, no obstante, le explicaré que la vi y que quiero participar yo también.

    David caricias

  • Remembranza

    Remembranza

    Muchas lunas atrás el grupo con el que pasaba más tiempo fuera del trabajo era realmente fiestero. Usualmente cuando nos encontrábamos era hasta la salida del sol. En alguna oportunidad paramos a echar gasolina cuando volteo y veo una criatura sorprendente. Era una belleza minúscula. Yo no soy muy alto, pero ella llegaba a mi pecho a lo más. A pesar de ser bajita despedía una sensualidad que te pegaba en todos los sentidos a 5 metros de distancia, lo que le daba un aura fabulosa. Cuando se acercó pude sentir su aroma fuertemente, no usaba perfume, y si usaba perfume, no lo note. La delicada mujercita despedía un aroma de limpieza y hormonas. La sensación que producía era fascinante. Te hacía sentir como cuando llegas de la escuela y encuentras que tu madre te cocino lo que más te gusta. Limpieza y hierbas aromáticas.

    Al acercarse también note que tenía caderas pronunciadas y muy bien formadas. Pechos turgentes, con los pezones erectos. Bueno, las noches son frescas. Tenía una voz baja, como ella misma, pero su voz producía un sonido musical. Su voz era el calmante para su presencia. Nos preguntó en que dirección íbamos. El área no parecía ser muy tranquila. Le explique hacia donde íbamos y que dirección tomaríamos. Ella me pidió el favor de que la acercáramos a su casa. Por supuesto ofrecí llevarla hasta la puerta de su casa. Después de todo, estábamos solo cruzando. Cuando subió al coche note que su trasero era perfecto, una perfecta semicircunferencia, pero los glúteos estaban separados. Glúteos aparte significa que son musculo, no gordura.

    Empezamos a charlar en el auto, ella y yo subimos atrás y los amigos, uno manejaba y el otro le hacía conversación, no nos prestaban atención. Yo estaba congelado de la impresión. Soy algo tímido, pero cuando salimos de tragos y fiesta me suelto un poco. Ella noto mi nerviosismo y me susurro al oído: este muy nervioso, déjame que te ayude a bajar tu presión. Y entonces puso su mano en mi pierna, acariciándola bajo la ropa. Yo estaba tan hipnotizado con su voz y su elegante maneras que no note cuando me bajo el cierre del pantalón, hasta que metió su mano y empezó a acariciarme el pene sobre la ropa interior. Casi termino allí mismo. Pero ella paro el movimiento y me pidió que desabrochara mi pantalón, así lo hice. Ella se puso delante mío y con suavidad y destreza me bajo la ropa interior, dejando a la vista mi erección que ya empezaba a doler. Era mucho más joven, una época en que podía tener sexo varias veces al día, pero las oportunidades no se presentaban todos los días. Ella se bajó el pantalón para que la acariciara así que empecé a acariciar sus nalgas y su anito. Una vez cómoda se metió mi miembro en la boca. Me gustaría contarles que se sentó encima, y experimento el placer más grande. Pero sería mentira. Expertamente me chupo y lamio y me hizo terminar muy rápido.

    Ella se frustro porque esperaba más, pero con los tragos que tenía tomados no podría tener una nueva erección inmediatamente. Así que nos empezamos a besar y acariciar. Moví mi mano hacia su entrepierna para acariciar su clítoris y vulva. Al encontrar su clítoris note que parecía ser un poquito más largo que los clítoris que acaricie antes. Al buscar su vulva no la encontraba así que le pedí que me dejara verla para poder devolver el favor. Ella se levantó, se bajó el pantalón y me mostro el pene más reducido que nunca había visto, realmente parecía un clítoris ligeramente grande. Tenía testículos minúsculos. En realidad sus genitales parecían los de una criatura. Y entonces me miro con ojos suplicantes así que empecé a acariciar su clítoris hasta que empezó a gemir. Luego me conto que muchas veces se reían de ella y no todos estaban dispuestos a darle placer. Yo soy muy bueno con las manos y los dedos, así que realmente la hice terminar en un estado de éxtasis. Después seguimos besándonos y acariciándonos hasta que llegó el momento de separarnos. Después de todo este tiempo aun la recuerdo con afecto. Espero que ella también lo haga.

  • La recamarista madura

    La recamarista madura

    Soy Leandro, tengo 29 años, moreno, alto, algo normal nada fuera de lo común, siempre me he considerado como alguien de atractivo normal aunque he tenido suerte de salir y relacionar con mujeres de muy buen ver.

    Esto comenzó en agosto del año pasado. Cerca de mi trabajo hay un motel en el cual una encargada -la cual por privacidad la llamaremos Rosa. Su trabajo era la limpieza de los cuartos del motel además de cobrar a los cachondos que pasar por el motel. Una mujer ya de edad entrada, 53 años, muy guapa a pesar de su edad, delgada, de baja estatura, con unos pechos hermosos y un culo redondito y muy bien moldeado.

    A la hora de la salida del trabajo me había encontrado con ella en varias ocasiones más no cruzamos más que miradas y sonrisa coqueta de parte de ella. Hasta que un día en mi hora de comida me la encontré. Nos saludamos y sin dudarlo le pregunté su nombre, a qué se dedicaba su edad, etc. etc., la plática fue a pesar de corta muy satisfactoria cuando estaba por irme ya que mi tiempo de comer se terminaba me decidí por pedirle su número aprovechando para invitarla a salir a lo que ella con esa sonrisa tan sexy aceptó dándolo y terminando con esa linda frase tan esperada «me llamas» lo cual puso a mi cabeza a volar.

    El domingo siguiente me propuse a invitarla a comer a lo cual accedió y así las siguientes 3 semanas nos la pasamos muy cómodamente saliendo a comer ya que nuestros horarios coincidían.

    Más en el último un pequeño incidente cambió por completo de tono las salidas. Al salir del trabajo le invité una cerveza y llevarla a su casa cosa que no habíamos hecho antes, ella no dudó y me dijo que si, al llegar a su casa nos despedimos y me atreví a robarle un beso a lo que ella respondió rápido metiendo su lengua en mi boca comiéndonos en un beso tan cachondo y apasionado que se me puso dura de inmediato y ella sin fijarse tiró mi cerveza en mi pantalón.

    R: perdón ya te ensucie…

    L: no te preocupes no pasa nada

    Ella tomó un trapo de mi carro y empezó a limpiarme pero yo no podía ocultar en nada mi erección a lo que ella sin remedio con el trapo rozó mi pene con su mano a lo que se sorprendió y dijo:

    R: tan solo con un beso y ya se despertó que pronto hee

    L: con ese beso y ese escote paras hasta el tráfico mi amor.

    Rápidamente tome su mano y la puse sobre mi pene estrujándolo de una manera tan sexy y cachonda que no pude evitar gemir de gusto a lo que ella respondió.

    R: que rico se siente

    Bajo el cierre y lo saco con tanta agilidad que me sorprendió.

    Ella comenzó masturbarme de una manera tan delicada abrazando mi pene con su dedo índice y pulgar muy suave pero muy delicioso no podía soportar lo satisfacción que eso me producía. Ella se inclinó para seguirme masturbando y yo aproveché para levantar su vestido de por sí ya corto y meterle mano en esa tanga tan sexy y tallar con los dedos su ya humedecida vagina. Mientras nos besábamos tan calientemente que parecíamos echar humo lo que aproveche para separarme y besar lamer y morder desde sus orejas hasta su cuello a lo que ella se estremecía y gemía muy cachondamente. Rápidamente me separe para levantarla y sacar sus pechos para chupárselos. Eran un manjar delicioso que a su edad aún están muy firmes y parados estaba fascinado no podía parar y mientras ella con su mano derecha acariciaba testículos y con su mano izquierda frotaba la cabeza de mi pene inundada de líquido preseminal se notaba su experiencia en hacerlo. Lo hacía como una profesional.

    No pude contenerme y la tomé del cuello a lo que ella sin resistencia se bajó y empezó a darme la chupada de mi vida. Comenzó por dar pinceladas a mi verga con su lengua de una manera muy caliente en ocasiones absorbía como si fuera un popote dejando escuchar la manera tan increíble de hacerlo cuando de pronto lo metió por completo. Fue increíble pude sentir literalmente como la cabeza de mi pene topaba en su garganta no podía ni abrir los ojos de tanto placer ella lo mamaba de una manera increíble, se atragantaba lo lamía y recorría con tanta lujuria, lo sacaba de su boca para escupirle y seguir chupando era maravilloso sentir su garganta en la cabeza cuando no pude resistirme más.

    L: me voy a venir…

    Ella solo siguió chupándolo más fuerte hasta que inunde su boca con tanto semen que se le salía a lo cual ella lo comió completo limpiando lo que había quedado en mi pene y su boca recogiendo con sus dedos el semen caído de su propia boca para volver a introducirlo en ella.

    Se me acerco y me besó después de haber comido tremendo manjar. Fue un beso tan diferente tan cachondo ella solo sonrió y dijo:

    R: ya me voy mañana nos vemos corazón

    L: claro mañana paso por ti para ir a comer que tengas linda noche.

    Bajo del carro acomodado su tanga y su vestido limpiando su boca y moviendo las nalgas como cual puta al meterse a su casa y fue ahí cuando todo empezó

    Continuará…

  • Enculando a mi novia en cama de su amante

    Enculando a mi novia en cama de su amante

    Continuación del relato “Sacrificando mi culo por la mujer más hermosa 1 y 2”, dejo los enlaces al final de este relato.

    Arturo se había ido y solo me quedaba su recuerdo. Los muebles que me había regalado me hacían evocar todas las experiencias vividas, las noches de pasión e incluso llegaba a sentir que no se había marchado, esa noche dormí en su cama, me costó dormir, rememorando todo lo vivido sobre ese colchón, el cual había sido mudo testigo de tantos encuentros llenos de sexo, pasión y lujuria…

    Al otro día, ya me encontraba un poco repuesto, cierto que me dolía su partida, pero la vida debía continuar, así que más tarde le hablé a Adriana y la invité a mi departamento, le dije que tenía una sorpresa que mostrarle, una vez que llegó le mostré la sala y el escritorio que me había dejado Arturo, no podía creer que Arturo hubiera sido tan generoso.

    Ay vida, que gentil fue Arturo, el departamento ha quedado precioso, tus compañeros van a quedar impresionados.

    Como había comentado anteriormente mis compañeros de departamento vivían uno en un pueblo del estado de México y el otro en uno del estado de Hidalgo y ambos solían viajar los fines de semana, desde el viernes y llegar el domingo en la noche, así que los sábados eran los días que normalmente llevaba a mi novia a coger en el departamento, aprovechando la ausencia de mis amigos y compañeros.

    Si, ya tenemos sala, lástima que ya no cupo el escritorio y la silla ejecutiva en mi cuarto. Pero todavía hay más, ven.

    La llevé a mi cuarto y le mostré la cama king size y la enorme pantalla de TV que me había dejado Arturo.

    -Mira, la cama es enorme y súper cómoda y mira la pantalla, ¿no es impresionante? – Dije.

    -Ufff, amor, la pantalla me encantó, es enorme, pero la cama no se la hubieras aceptado, conociendo a Arturo ha de estar más usada que una cama de motel barato, quien sabe qué tipo de mujerzuelas se habrán acostado en esa cama, me da un poco de repulsión- expresó.

    -Mujerzuelas, mujerzuelas como tú – pensé, al recordar que esa cama había sido usada por Arturo y mi novia en varias ocasiones, pero me quedé callado, en vez de eso insistí,

    -Es una cama súper cómoda, tamaño king size y está en perfecto estado, no podía no aceptarla amor, mi cama tu sabes que era vieja e incómoda.

    -Bueno, si tu insistes allá tú, pero yo no me acostaré en esa cama, creo por lo menos le debes comprar un buen forro y desinfectarla, bien sabes cómo era Arturo, en esa cama habrán desfilado un sinnúmero de mujeres, y seguramente muchas de dudosa reputación, no vaya a agarrar una infección.

    -Si, putas, bien putas como tú, -estuve a punto de decir, pero me contuve.

    -Al final la convencí de quedármela con las condiciones que Adriana propuso.

    -Ja ja, no te preocupes, la vamos a desinfectar bien y comprarle un buen forro de colchón, le voy a poner hasta agua bendita, anoche escuché gemidos, jadeos y suspiros- Bromeé con mi novia.

    -Ja, ja, entonces creo que tendremos que buscar un sacerdote para que realice un exorcismo, esta poseída.- Añadió Adriana, ambos reímos.

    Fuimos a comprar el material de limpieza y desinfección, así como el forro para el colchón y algunas colchas y sábanas. Al regresar me ayudó a desinfectar y ponerle el forro al colchón y las sábanas.

    Al terminar, no tenía donde guardar el material de limpieza sobrante que compramos y se me ocurrió guardarlo en el escritorio, también regalo de Arturo, pero al abrir un cajón, un frasco cilíndrico rodó y llegó a mis manos, inmediatamente lo reconocí, era el botecito de lubricante que usaba Arturo con sus conquistas y le grité a Adriana.

    -Mira amor, aquí nos dejó Arturo un regalo sorpresa, ja ja.

    -¿Qué es amor?,- volteó a ver y le mostré el botecito.

    Claro que sabía de qué se trataba, ya que había sido testigo como Arturo lo usó para lubricar su colita el día que la cogió por primera vez, así como cuando me llegó con la colita llena del semen de Arturo, y seguramente lo había usado por lo menos un par de veces más, pero no iba a descubrirla.

    -Mira, es un lubricante sexual, y dice aquí que tiene estimulante y relajador muscular- ¿No te gustaría probar?

    -Ay Ariel, eres insaciable, pero estoy cansada.

    -Vamos a descansar un rato y ya veremos.- le dije, guardando el frasco en mi pantalón y me fui a preparar unas palomitas y refresco para ver una película en la nueva pantalla.

    Nos acostamos en la cama y nos pusimos a ver una vieja película romántica, platicando y comiendo palomitas, mientras la veíamos la abrazaba y le daba suaves caricias, la cual ella correspondía, y algunos besos tiernos, en un momento la abracé y me puse detrás de ella, apretando mi cuerpo al suyo, mi verga ya estaba dura y la acomodé entre sus nalgas.

    -Mmmm- ronroneó como una gatita y allí me di cuenta que la acción podía empezar, así que empecé a frotar mi verga contra sus nalgas con mayor firmeza, como si la estuviera penetrando y una de mis manos buscó sus pechos, apretando sus pezones por encima del sostén, empecé a besar su cuello, y recorrer su piel con mi lengua, sabía que le excitaba mucho que le succionara el lóbulo de su oreja y eso hice, lo succionaba y mordisqueaba suavemente.

    -… Ayyy, Ariel, que caliente estás, me estás poniendo muy cachonda.

    -¿Y qué esperabas?, si siento tu cuerpo ardiente rozar el mío, me prende tu cuerpo, tus tetas, tu culito divino, toda tú me pone muy cachondo- le susurré al oído.

    Me bajé el pants que llevaba, ella traía unos leggings azules imitación mezclilla y una blusita que le fui quitando lentamente y acomodé mi verga entre sus nalgas, al tiempo que besaba su espalda, busqué su tierno agujerito trasero con mi verga y presioné ligeramente, solo punteando la entrada unos segundos y dejar de presionar, solo masajeando la entrada, presionaba y dejaba de presionar, mientras mi mano estiraba sus ricos pezoncitos, bajé mi mano y la acerqué poco a poco a su coñito, acariciando toda su piel en el recorrido, al tocar su coñito sentí que se estremeció y dio un ligero gemido, estaba sumamente mojada, chorreante, prueba indudable que mis caricias estaban haciendo efecto y le di media vuelta, busqué sus labios y nuestras lenguas se entrelazaron en un beso cachondo e intenso, al tiempo que apretaba sus nalgas, busqué sus tetas y hundí mi cara entre ellas, hambriento, las chupaba y succionaba, mordisqueando sus pezones, fui bajando lentamente hasta llegar a su coño y me di media vuelta quedando sobre ella en la clásica posición del 69, su coño frente a mi cara y mi verga palpitante rozando sus labios.

    Abrí sus piernas y su coño y culo quedaron expuestos ante mí, empecé a chupar su coño y separé sus nalgas con mis manos, chupando como un perro hambriento recorriendo mi lengua desde su clítoris hasta su agujerito rosadito y fruncido, empezó a gemir y con mayor intensidad aumenté el ritmo de mis lengüetazos, saboreando sus fluidos, mientras mi verga pulsaba contra sus labios, abrió la boca, succionando suavemente la cabeza de mi verga, me sentía en el cielo, me encantaba sentir mi verga en su tibia boquita mientras gozaba chupando su rajita, nuevamente froté la punta de mi lengua contra su hoyito y Adriana se retorció y dio un gemido de placer, así que ataqué con más ímpetu su hermoso agujero, abrí más sus nalgas y punteé con mayor fuerza su agujero,

    -Me encanta tu culo Adriana, es delicioso, no sabes cómo me prende, es tan rico.

    Adriana había dejado de chupar mi verga mientras gemía de placer, pero entonces sentí que retomaba la acción, pero ya no con mi verga, sino que fue directo a mi entrepierna, besó mis muslos y tomándome de las nalgas acercó mis huevos a su boquita, empezó a lamer mis huevos con suavidad y sentí que mi cuerpo se estremecía, esa caricia me transportó al paraíso, era delicioso, hermoso, mi verga se puso más dura todavía.

    Abrió mis nalgas y desplazó su dedo por el perineo, ese caminito que va desde mis huevos a mi hoyito y me hizo gemir de placer, mi cuerpo vibró al contacto de su dedo frotando la entrada de mi agujero y sin pensar, abrí mas las piernas en señal de aprobación, era riquísimo, al notarlo, empezó a recorrer con su lengua ardiente mi perineo y pronto llegó a la entrada de mi fruncido agujero, sentí que explotaba y un gemido involuntario delató el placer que experimentaba, movió su lengua en forma circular y empezó a presionar la entrada con su lengua, sentí que me desmayaba, mi cuerpo se tensó, y una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo, era increíble, seguí chupando el culo de Adriana con mayor intensidad, succionándolo, era increíble estaba comiéndome el delicioso culo de Adriana, mientras ella comía el mío, culo a culo.

    Ya no podía más, estaba tan caliente que di media vuelta, me puse un condón, le abrí las piernas a mi novia y la ensarté por su coño en una sola embestida profunda, hasta que mis huevos chocaron contra su pelvis, dio un gemido profundo y arqueó la espalda, mi verga quedó abrazada por su cálido interior, ardiente, lubricado, la empecé a embestir con fuerza tomándola de la cintura y busqué su boca, mordiendo sus labios, mi lengua se introdujo en su cavidad y empezó a explorarla, un beso ardiente, jugoso, chupaba sus labios al tiempo que aumentaba la velocidad de mis embestidas, su vagina empezó a apretar mi verga cada vez más, contrayéndose y sus flujos chorreaban en abundancia, sentía como mis huevos estaban lubricados de sus fluidos, al embestirla, empezó a convulsionar y sus espasmos vaginales apretaban deliciosamente mi verga, pero me concentré en aguantar, no quería correrme todavía, no sin antes probar su delicioso culo, quería llenarla de mi leche y no correrme en un condón, la vi morderse los labios y poner los ojos en blanco, así que seguí succionando sus ricos pezones hasta que estalló en un orgasmo intenso.

    -Me corro, me corro, Me corro, aghhh -Gritaba

    Sentí que se tensaba, todo su cuerpo temblaba, convulsionaba y se retorcía, los espasmos fueron disminuyendo de intensidad hasta que cayó desfallecida sobre la cama, relajada, sudorosa y agitada, con mi verga todavía dentro de su ardiente coño.

    -Ayyy, Ariel, que rico, no puedo creer que me hagas correr tan intenso, eres increíble.

    -Todavía falta amor, no hemos probado el regalito de Arturo- le dije, al tiempo que me estiraba para alcanzar el botecito de lubricante.

    -Ayyy Ariel, que bárbaro, pero está bien, vamos a probar que tiene de especial ese lubricante.- Mintió, sabiendo de antemano la sensación, y seguramente deseando nuevamente sentirlo en su colita.

    Así que le saqué la verga y me quité el condón, le di vuelta poniéndola boca abajo y separé sus nalgas, amasándolas para relajarla, su tierno agujerito quedó expuesto y pasé mi lengua por todo el canal, dio un respingo y gimió de gozo y repetí la operación un par de veces más, continué succionando la entrada y empujando la punta de mi lengua, su cuerpo se tensaba y apretaba las sábanas con sus puños, estaba gozando mucho y gemía suavemente, empezó a empujar su culo contra mí, señal inequívoca del placer que sentía..

    Abrí el botecito de lubricante y pues un poco en la yema de mi dedo y regresé a su arrugado orificio, frotando suavemente y aplicando una ligera presión, cuando sentí que estaba bien lubricada la entrada puse un pequeño chorrito directamente en su culo y empujé mi dedo un poco, solamente la falange y lo empecé a mover en forma circular, procurando esparcir el lubricante en todas sus pareces internas.

    -¿Te gusta amor? – ¿Que sientes?, le pregunté.

    -Ay Ariel, se siente riquísimo, tiene algo el lubricante que hace que mi colita se sienta caliente y más sensible, me encanta sentir tus dedos, ayyy, que rico.

    Ya sabía los efectos del lubricante, pero quería escucharlo de su boca, seguramente estaría recordando las veces que Arturo la había enculado y me puse más excitado, así que hundí mi dedo en su interior, haciendo que soltara un gritito de placer, estuve jugando unos minutos con su colita, y poniendo un poco más de lubricante, inserté dos dedos, Adriana se retorcía de gozo, suspiraba y gemía levemente, pronto sentí su colita flojita y que mis dedos entraban y salían fácilmente de su orificio.

    -Ya estás lista amor, tu colita esta abiertita, estás lista para recibirme- le anuncié.

    Apoyé mi verga en su esfínter y presioné, firme pero suave, lentamente introduje la cabeza, Adriana dio un gemido y su cuerpo se tensó un poco, así que esperé que se relajara, disfrutando los espasmos de su culito, que se contraía apretando suavemente mi verga, cuando sentí que se relajó un poco, continué avanzando, lentamente hasta que se la metí hasta la mitad, me detuve nuevamente y empecé con un mete y saca, lento y delicado, escuché como poco a poco empezaba a gemir, y doblaba más la cintura, arqueando la espalda, era evidente que quería más y empujé el resto de mi verga hasta empalarla completamente, chocando mis huevos contra sus nalgas.

    -Listo amor, ya te empalé hasta los huevos, cada vez te entra más fácil, ¿te gusta?

    -Me vuelves loca Ariel, que rico, me siento tan llena y el lubricante me hace sentir la colita tan sensible, tan caliente, puro placer, nada de dolor, me encantaaa

    La tomé de las nalgas y empecé a embestirla con mayor intensidad, embestidas lentas y profundas, me encantaba ver como mi verga entraba dentro del culo de Adriana, como desaparecía centímetro a centímetro, y como gemía como puta, el lubricante también afectaba a mi verga y también la sentía más caliente y sensible, mil sensaciones recorrían mi columna vertebral y llegaban a mi cerebro.

    Y empezó a culear, cada vez que se la metía ella empujaba su culo hasta que se ensartaba completamente y mis huevos rebotaban en sus nalgas, eso fue demasiado para mí, sentí que en cualquier momento me correría, pero quería que nos corriéramos juntos, así que busqué con mi mano su clítoris y empecé a masajearlo al tiempo que la seguía empalando, empezó a retorcerse y mi cuerpo se retorcía a su ritmo, nuestros cuerpos temblaban, oleadas de placer recorrían nuestros cuerpos y gemíamos, aullábamos de placer, ya no pude más y mi verga se expandió y empezó a lanzar chorros de esperma ardiente dentro de sus entrañas, chorros y chorros de leche, hasta que caí rendido sobre su cuerpo sudoroso, sentía los espasmos de sus paredes internas ordeñándome la verga, extrayendo toda la leche de mis huevos, hasta la última gota, poco a poco los espasmos fueron disminuyendo de intensidad y mi verga perdiendo firmeza.

    Fuimos recuperando el aliento y me tumbé a un lado de Adriana al tiempo que la abrazaba,

    -Gracias amor, le dije, fue maravilloso, eres fantástica, me has hecho gozar como nunca- le dije

    -Si amor, fue riquísimo, me gustó todo, tu cogida, el lubricante, y sobre todo lamer tu colita, ja ja, pensé que te resistirías o dirías algo, pero vi que te encantó- respondió Adriana,

    -Ja, ja, es que fue delicioso, nunca pensé que se pudiera sentir tanto placer por esa parte, ja, ja, me mandaste al cielo- Mentí,- Cada vez te vuelves una putilla más pervertida, ja ja- agregué.

    -Ja, ja, perdona amor, pero tienes una colita deliciosa, ja ja, sabes, nunca te lo he dicho, pero lo primero que llamó mi atención al conocerte fue tu culo, tan bien formado, a las chicas también nos gustan los culos de los hombres, y en varias ocasiones había estado tentada de morderlo, pero me contuve, pensé que tal vez te molestaría, me da gusto ver que fue todo lo contrario, en otra ocasión tal vez probamos ese lubricante contigo, estoy segura que te va a encantar, ja, ja.

    No rechacé la oferta, pero tampoco la afirme, dejaría la iniciativa a mi novia y los juegos que quisiera experimentar, simplemente me quedé pensando en todo lo vivido y lo rico que había sido todo, no sé, por un momento pensé que tal vez la cama tenía algo de culpa, era como si el espíritu de Arturo hubiera poseído a Adriana, mi antes recatada novia, y ahora se había vuelto una putilla pervertida, ávida de disfrutar nuevos placeres,

    Lo que no imaginaba Adriana era que sus caricias en mi hoyito trasero habían avivado mis ganas de sentir algo más que un dedo en mi interior.

    Nos levantamos y nos dimos un baño rápido, ya era tarde y tenía que regresar a Adriana a su casa, nos despedimos con un beso cachondo y regresé a mi departamento.

    Al llegar, busqué el botecito de lubricante para ver la marca, tenía que comprarlo también, lo abrí y lubriqué la punta de mi dedo con el lubricante y froté la entrada de mi agujero, una vez que sentí que se empezaba a poner más caliente y sensible metí la punta del dedo para masturbarme analmente, mientras me jalaba la verga, hasta que me corrí en forma deliciosa y me quedé dormido.

    Lo que pasó después lo cuento en el siguiente relato.

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    Relatos anteriores:

    Sacrificando mi culo por la mujer más hermosa

    Sacrificando mi culo por la mujer más hermosa (2)