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  • Por placer y venganza

    Por placer y venganza

    -¿Por qué con ella? -le preguntó entre lágrimas- ¿por qué me hiciste eso?

    No pudo encontrar las palabras adecuadas, se había equivocado y estas eran las consecuencias; bajó la vista tratando de tomar su mano, movimiento que ella esquivó.

    -No sé si merezca tu perdón -dijo con sinceridad- tampoco dimensiono el daño que te hice, solo quiero que sepas que estoy arrepentido y que haré todo por recuperar tu cariño.

    Levantó la vista buscando su mirada, no vio odio o tristeza; solo desilusión había en su rostro.

    _____________

    -¡Lárgate de aquí! -gritó- ¡vete a revolcar con esa zorra!, ¡estoy harta de ti!

    Cerró la puerta dejándolo fuera, tomó sus cabellos mientras su llanto mojaba su rostro. No supo que tiempo estuvo pensando en qué se había equivocado o por qué le hacía esto, recompuso su maquillaje, tomó su bolso y salió de su casa.

    _____________

    -¡Hola Mike!, ¿cómo estás? -mencionó levantando su mano al saludar- la de siempre por favor.

    -¡Qué milagro te trae por aquí? -dijo al entregarle su cerveza- ¿te dieron permiso?

    -No sabe que vengo -respondió con una sonrisa- así que no estuve aquí; ¿ok?

    -Demasiado tarde, allí está tu cuñada -señaló a las mesas del fondo- seguro ella si le dice.

    Giró en el instante que ella hacía lo mismo.

    _____________

    Repasó su vida mientras jugaba con su vaso, ¿merecía por lo que estaba pasando?, ¿por qué tuvo que pasarle a ella? Recordó que fueron muchas las ocasiones que escuchó malos comentarios de él, envidias, pensó en el momento; él no es así. Por él fue el distanciamiento que ahora tenía con su familia, lo sabía más que bien; aun así continuó en su defensa y, ¿para qué?; ¿para qué le fuera infiel a cada paso que daba? Ahora estaba sola, sin familia y esposo; lloró pensando el giro que había dado su vida. Levantó la vista para pedir otro trago y le vio, a quién menos esperaba ver; como si el destino jugara en su contra… o a su favor.

    _____________

    -Liz, hola -dijo al acercarse a la mesa- ¿cómo estás?

    -Santi -respondió dando un beso a su mejilla- que pena que me encuentres así.

    -Pena es la que siento al ver llorar a una mujer hermosa, ¿puedo acompañarte?

    -No lo sé -dijo titubeando- no quiero mas problemas.

    -No tiene porque haberlos -mencionó al tomar asiento junto a ella- tus hermanas están ahora con tu madre, pensé que lo sabías.

    -No -dijo al bajar su mirada- ya ni siquiera me consideran.

    -Dales tiempo, lo importante es que ya tomes la decisión; no puedes seguir haciéndote daño.

    -Acabo de hacerlo -respondió con tristeza- solo que tomará algo de tiempo.

    -Si hay algo en lo que pueda ayudarte, solo dímelo.

    -Lo sé Santi -dijo tomando su mano- fuiste el único que nunca me dio la espalda.

    Era verdad; a Emilio, su aún esposo, lo conocía de años sin ser precisamente su amigo; le advirtió de él desde el mismo día que decidieron iniciar un noviazgo, advertencia que llegó a oídos sordos. Después de casados y en plenos problemas conyugales fue quien medió entre ellos para tratar de encontrar una solución, aún a costa de su esposa quién para ese momento ya se encontraba distanciada de ella; fue también él quien aplicó el debido correctivo cuando la agredió físicamente, motivo por el cual se ganó también su enemistad.

    -Ni una mas Liz -dijo retirando su vaso- no quieras acabarte todo el licor del lugar.

    -Sólo una mas Santi, quiero olvidarme de ese idiota.

    -No Liz, ni siquiera estamos en condiciones de manejar; déjame pagar la cuenta y pedir un taxi, mañana recogemos los autos.

    Al llegar a su casa le pidió quedarse un rato, aún en las condiciones en que se encontraba supo que no era correcto, pero su insistencia le hizo hacerlo; solo un rato, pensó.

    -¿Qué voy a hacer ahora Santi? -preguntó al recargar su cabeza en su hombro.

    -Seguir -le respondió tomándola de la cintura- tienes toda una vida por delante.

    -No creo poder hacerlo sola -dijo abrazándose a él.

    -Ya encontrarás a alguien que valga la pena.

    -¿Alguien como tú? -respondió clavando su mirada en la de él.

    -Mira Liz -dijo separándola- el alcohol es el que habla, mañana mas tranquila verás que…

    -Siempre has estado para mi Santi, me defendiste de Emilio y también de mi familia, parecías mas mi esposo que él; ¿cómo no querer a alguien como tú?

    -No sabes lo que dices -mencionó tratando de no dar importancia- será mejor que duermas y mañana temprano paso por ti para recoger los autos.

    La acompañó a su recamara, la dejó mientras se aseguraba que todo quedará en orden antes de retirarse; casi por salir la escuchó pidiéndole algo de tomar, tomó un vaso con agua y se encaminó a entregarlo.

    -¡Liz! -dijo al entrar y verla desnuda sobre su cama- ¿qué haces?

    -No preguntes -respondió- solo ven.

    -Esto no está bien -exclamó titubeando- no podemos hacerle esto a tu hermana.

    -Ella no está aquí, solo tú y yo… y nadie se lo va a decir.

    _____________

    Muy tarde por la mañana despertó, se vio solo en una cama que no era la suya; los recuerdos llegaron y el remordimiento hizo presa de él, tomó su ropa y una vez reacomodada su apariencia, salió; pensando en no volver jamás a repetir la decisión tomada.

    -¡Hola! -escuchó al salir de la recamara- pensé que nunca saldrías.

    La vio y se sorprendió, ¿lo pasado no le afectaba?, se preguntó; ¿cómo podía estar tan tranquila cuando él no podía siquiera verla de frente?

    -Liz -dijo muy serio- lo que hicimos estuvo mal, no sé como lo va a tomar tu hermana si se llegara a enterar o si esto puede afectar tu separación con Emilio.

    -Fue solo sexo Santi -respondió sin más- no tendría porque afectarle.

    Levantó la vista y vio su irónica sonrisa, en ese momento lo entendió todo.

    -¿Fue solo una venganza? -preguntó tomando conciencia de las verdaderas intenciones de ella- ¿me usaste para darle un escarmiento?

    -Santi, mira…

    -Respóndeme Liz -pidió tomándola de sus hombros- ¿es así?

    -Sí -dijo soltándose- ¡estoy harta de ella!, ¡siempre comparando!, ¡siempre acusando! ¡pues que vea que también a ella le puede pasar lo mismo!

    -Siempre te apoye Liz, ¿por qué me haces esto?

    -Perdóname Santi -respondió sin mostrar algún sentimiento- pero eras el único por quien en verdad le iba a doler.

    -¿Se lo dijiste?

    -Si.

    -Ahora lo entiendo -dijo tomando sus cabellos- era extraño que tu familia te diera la espalda sin más, sé que de nada sirve pero, acabas de perder a tu familia y a quien siempre abogo por ti; ojalá nunca te arrepientas, porque yo ya lo hice.

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    Salió del lugar, sabía de su error y que tendría que afrontar las consecuencias; flaqueó y perdió, lo hizo de la manera más básica sin pensar en lo que podía llegar a suceder. Me lo merezco, pensó al tomar su teléfono.

    -Tenemos que hablar…

  • Un amigo prueba sus condones conmigo

    Un amigo prueba sus condones conmigo

    Tengo un amigo llamado Bruno de cuando estudiaba en la universidad, que siempre me pareció atractivo y él siempre me piropeaba, pero por cosas del destino nunca se dio nada entre nosotros, quizás porque en ese entonces yo tenía pareja y él igual, o porque yo estaba entretenida con otros, en fin, el punto es que siempre lo vi más como un amigo que una potencial pareja.

    Han pasado varios años desde que salimos de la universidad, pero siempre con Bruno estuvimos en contacto por las redes sociales y últimamente nos hemos encontrado, siempre como amigos, ya que él vive cerca de donde trabajo y nos reunimos a veces a la hora de almuerzo o cuando termina mi jornada laboral me lo encuentro y conversamos de todo gracias a la confianza que nos tenemos.

    En una de estas conversaciones de mucha confianza él me contó que se compró unos condones nuevos que tienen unas protuberancias que dan mayor placer, yo no sé del tema, ya que con mi marido Andrés lo hacemos sin condón.

    Bruno me dijo que le gustaría probar estos condones nuevos, pero que le faltaba una compañera que esté dispuesta a ofrecerse para probar siendo penetrada con esos condones y que le contara cómo se sienten.

    Me comentó que como nosotros nos tenemos confianza y nos conocemos desde tanto tiempo, yo podría ser la indicada, si es que no tenía inconveniente, ya que no le sería infiel a mi marido porque solo sería un favor entre amigos para probar los condones.

    La propuesta me sorprendió porque me lo dijo con mucha naturalidad, lo pensé un poco y luego me convenció que solo sería un favor que le haría como su amiga así que acepté y quedamos de juntarnos al día siguiente después de mi jornada laboral.

    Esa noche me costó conciliar el sueño pensando en la propuesta de Bruno, pero me convencí a mi misma que sería una buena amiga y que quizás no sea tan malo probar esos dichosos condones con Bruno, después de todo siempre sentí atracción por él.

    Al día siguiente le dije a mi marido que me quedaría a trabajar hasta más tarde, algo que no le causó sospechas porque era habitual a veces quedarme hasta un poco más tarde, de hecho a veces el mismo me iba a buscar fuera del trabajo.

    Bruno me pasó a buscar cuando salía del trabajo y lo acompañé a su casa a pocas cuadras donde conversamos un poco, luego me invitó a su dormitorio y desde el armario sacó una caja de condones.

    Esos eran los dichosos condones que quería probar, le dije que como buena amiga no tenía problema en ayudarlo a probarlos, así que nos desvestimos y una vez desnudos nos sentamos sobre su cama.

    El abrió la caja, sacó uno de los condones y se lo colocó en su ya erecto pene el cual me impresionó porque Bruno tenía un miembro bastante apetecible.

    Me acosté de espaldas en la cama, Bruno se subió sobre mi, nos quedamos mirando a los ojos y le dije que me penetrara con confianza y yo le diría como se siente.

    Bruno comenzó a pasar su pene por sobre los vellos de mi vagina, luego lo acomodó en la entrada y lentamente comenzó a insertarlo dentro mío a lo que yo le decía que ya estaba entrando y podía sentirlo.

    Una vez dentro en su totalidad lo sacó un poco y volvió a insertarlo lentamente, se sentía exquisito y estuvimos así un buen rato mientras yo le decía lo bien que se sentía.

    Bruno me preguntó si podía tocar mis pechos, le dije que si, entonces comenzó a acariciar y besar mis pechos mientras yo lo abrazaba para que no se despegara de mi a la vez que me acercaba a sus labios y lo besaba de tal forma que nuestras lenguas se entrelazaban.

    Me preguntó cómo se sentía y le dije la verdad, se sentía muy rico, luego me dijo que debíamos probar en otra posición así que me acosté boca abajo, él se montó sobre mí y me penetró la vagina desde atrás mientras me abrazaba y apretaba los pechos.

    Era una delicia sentir su pene entrar y salir dentro mío a la vez que me presionaba los pechos y me acariciaba los vellos de mi vagina.

    Estuvimos así hasta que terminamos juntos, después de un rato saco su pene de mi vagina, se sacó el condón y lo desechó, por lo visto con abundante semen en su interior.

    Me preguntó cómo se sintió el condón, le dije que estuvo increíble, y toda coqueta le dije que no sabría decirle si era a causa del condón necesariamente, a lo que Bruno sonrió y me dijo que para comparar la próxima vez lo podíamos volver a hacer con un condón común con el fin que le dijera si había mucha diferencia.

    Así que quedamos de juntarnos al día siguiente y hacerlo con los condones comunes y yo le diría las diferencias que sentía, pero se me ocurrió sumarle una tercera y cuarta opción para probar, ya que consideré que deberíamos hacerlo también sin condón, para comparar con propiedad, a lo cual Bruno asintió con una gran sonrisa.

    En ese momento tomé mi teléfono, llamé a mi marido y le dije que ya me dirigía a casa, no sin antes informarle que durante el resto de esa semana me iba a tocar todos los días quedarme hasta más tarde en el trabajo, mientras le guiñaba un ojo a Bruno.

  • Descubriendo los placeres de la masturbación (II)

    Descubriendo los placeres de la masturbación (II)

    Como conté en mi relato anterior, mi primer orgasmo lo tuve casi por intuición. A partir de ese momento me puse a investigar sobre la masturbación y el sexo en general, así fue como descubrí que existían los juguetes sexuales. Pasé semanas buscando tiendas online de juguetes sexuales ya que me daba vergüenza entrar a una tienda física.

    Un día encontré una oferta en Amazon, así que me creé una cuenta falsa y finalmente me decidí a comprar mi primer vibrador. Para que mis padres no vieran lo que compré, envié el paquete a la oficina de correos para recogerlo yo personalmente.

    El vibrador que elegí fue uno de tipo conejito de color negro. Estaba muy emocionada y excitada, me mojaba solo de pensar en lo que podría llegar a hacer con dicho vibrador.

    Tres días después llegó mi paquete y fui a recogerlo al salir de clases. Antes de llegar a casa me deshice de la caja y escondí la caja del vibrador en mi mochila. Al llegar a casa lo primero que hice fue poner el vibrador a cargar en un lugar escondido. Ese día no pude utilizarlo ya que mi familia estaba en casa.

    El viernes mis padres tenían una fiesta en casa de sus mejores amigos, y mi hermano pequeño se quedó a dormir con mis abuelos, por lo que tenía la casa para mí sola.

    Una vez se fueron todos me puse a preparar el ambiente. Bajé todas las persianas de mi habitación, puse música, saqué mi vibrador de su escondite, lo puse en la cama y empecé a buscar un vídeo porno, aunque ya estaba bastante mojada por la anticipación

    El video que elegí fue uno parecido al de la primera vez que me masturbé, un trío de dos hombres con una mujer.

    Me desnudé y empecé a acariciarme las tetas, pellizcando mis pezones y jugando con ellos. En la pantalla entre los dos hombres le comían las tetas y el coño a la mujer.

    Bajé una de mis manos a mi coño y empecé a jugar con mi clítoris y mis labios. Dejé de jugar con mis tetas y con la mano libre agarré el vibrador y lo encendí en la potencia más baja. Acerqué el vibrador a mi clítoris y empecé a jugar con él. La sensación era increíble, sentía que podría correrme en cualquier segundo, así que retiré el vibrador para alargar lo más que pudiera el orgasmo.

    Me restregué el vibrador por el coño para llenarlo de mis jugos, ya que no tenía ningún lubricante. Una vez lubricado, empecé a penetrarme. A este punto, olvidé por completo el video que había puesto.

    Meter el juguete fue un poco doloroso al principio, ya que lo único que me había penetrado antes habían sido mis dedos. Una vez estuvo todo dentro, lo dejé unos minutos para acostumbrarme al tamaño y que se me pasara un poco el ardor. Volví a mirar al video y en ese momento la mujer estaba siendo penetrada por uno de los hombres mientras le chupaba la polla al otro.

    Unos minutos más tarde empecé a mover poco a poco el vibrador. El dolor poco a poco fue dando paso al placer, se sentía increíble. Cambié de posición, me puse en cuclillas y empecé a montar el vibrador. Cada vez que me movía el vibrador rozaba el punto mágico y al mismo tiempo las orejas de conejo hacían vibrar mi clítoris. Mis gemidos se escuchaban cada vez más y más fuertes, estaba al límite.

    Sentía como mi vientre se iba tensando, preparándome para el orgasmo. Ya no podía más, necesitaba correrme. Me acosté y moví un par de veces más hasta que finalmente exploté, solté un fuerte gemido al correrme. Podía sentir las paredes de mi coño contraerse y apretar el vibrador. Todo estaba en silencio, lo único que se escuchaba era el zumbido del vibrador y mi respiración agitada.

    Al recuperar el aliento apagué el vibrador y lo saqué de mi coño, estaba completamente mojado y quedó colgando un hilo de mi corrida. Fui al baño a limpiar el juguete y tomar una ducha.

    Esa noche me masturbé un par de veces más con mi nuevo juguete favorito probando las distintas vibraciones que tenía.

  • Incesto en el bosque

    Incesto en el bosque

    Amaia era una joven delgada, de estatura mediana, morena, de ojos marrones, cabello negro, tenía las tetas pequeñas y un culito redondito. Estaba de vacaciones de verano en Galicia y fue con su prima carnal Florencia a merendar al bosque, o sea, fueron de picnic. Después comer tortilla y de beber vino tinto con gaseosa, a Amaia, que no estaba acostumbrada al vino, se le soltó la lengua.

    -¿Sabías que soy independentista?

    Florencia le preguntó:

    -¡¿No serás peligrosa?!

    -No, yo soy incapaz de matar a un grillo, pero quiero un Euskadi libre.

    Florencia, que era otra joven, gordita, rubia, de ojos azules, estatura mediana, pechugona y con un buen culo, le preguntó:

    -¿Y ese quién es?

    -No es una persona, Euskadi significa País Vasco.

    -Oye. ¿Y además de independentista que más eres?

    -Bisexual.

    -Tú lo que eres es una libertina.

    -Libertina era una chica que conocí. Ella hizo bueno el dicho: El comer y el rascar todo es empezar.

    Florencia la vio venir

    -No me creo ese dicho. ¿Qué buscas, Amaia?

    Amaia siguió con su plan, que era follar a su prima.

    -Lo sabes de sobras. Ya no te chupas el dedo, ¿Quieres que te cuente mi aventura con ella?

    No, Florencia ya no se chupaba el dedo.

    -¿Me quieres calentar por la oreja?

    Amaia sonrió con picardía y después le dijo:

    -¿Tu qué crees?

    -Que no lo vas a conseguir. A mí me gustan los hombres, pero cuenta, siempre tuve curiosidad por saber que hacen dos tortilleras.

    Estaban sentadas entre unos pinos mansos. Se sentaba una enfrente de la otra a ambos lados de un mantel con cuadros azules que habían puesto sobre la hierba. A un lado del mantel estaba una pequeña cesta, y sobre el mantel, un trozo de tortilla, pan, gaseosa y una botella con vino. Amaia cogió la botella de vino tinto, le echó un trago a morro y después de devolver la botella a su sitio, le dijo:

    -Me pasó hace poco. Estaba en la parada del autobús y una chica se me puso al lado.

    Florencia le preguntó:

    -Y era bonita, claro.

    -Mucho. Pues se me pone al lado y me mira, y me vuelve a mirar. Te juro que me empecé a sentir incómoda. Bueno, llega el autobús, me subo, se sube, pago y paga el mismo recorrido El autobús iba lleno. Se colocó detrás de mí y me puso una mano. Me dije: Ah, ¿Qué pasó aquí? Empecé a traspirar. Mira -le enseño las manos- estoy transpirando ahora al recordarlo.

    Florencia le preguntó:

    -¿Dónde te puso la mano?

    -En el culo. Le eché una mirada de esas que matan, pero ella me sonrió. Luego se frotó contra mi culo y cómo llevaba un vestido muy fino sentí algo duro entre mis nalgas. Pensé que sería su puño, pero los puños no laten. Debo confesarte que empecé a excitarme. Cuando paró el autobús me bajé, se bajó. No sé que diablos me pasó. Aquella no era yo. En fin, acabamos en mi casa. Obvio que mis padres no estaban. Bueno, pues beso va, beso viene. Me empecé a calentar una barbaridad. ¿No te dije cómo era la chica, no?

    -Solo me dijiste que era bonita

    -La chica era más alta que yo, delgada de ojos negros, morocha, con el cabello muy largo y rizado y llevaba puesto un vestido gris de seda que en aquel momento se abultaba hacia delante. La verga debía de ser enorme.

    -¡¿Era chica y chico?!

    -Era una tentación. Bien, besándonos me dejé desnudar. Ya en la cama le dije:

    -Me parece muy extraño todo esto.

    Me respondió:

    -«No tiene nada de extraño.»

    -Estoy un poco nerviosa.

    -«¿Por qué?»

    -Porque estoy con otra chica por primera vez.

    Me quitó los nervios a besos en la boca y en las tetas, luego se bajó el vestido hasta la cintura y me puso un pezón entre los labios. Se lo lamí y le chupé la teta. Me dio el otro, se lo lamí y le chupé la teta. Sabía que iba a comerme el coño, pero ya me estaba tardando. Cuando bajó para comérmelo, aún se entretuvo besando mis muslos, besando los lados del coño… Al sentir su lengua meterse entre los labios, de mi garganta salió un gemido que resonó por toda la casa. La lengua ya no salió de mi coño. Lamió los labios, los chupó, lamió el clítoris, lo chupó. La chica sabía lo que hacía en todo momento, ya que paraba de darme lengua cuando debía parar y seguía dándomela cuando debía seguir. Llegó un momento en que vio que yo ya no podía aguantar más. Su lengua recorrió mi coño cada vez más aprisa y exploté en su boca. Retorciéndome cómo una serpiente y jadeando cómo una perra.

    -Te comportaste cómo una golfa.

    Amaia sonrió y le dijo:

    -Y me corrí cómo una loba. Al acabar de correrme terminó de quitar el vestido. Vi su verga, era el doble de gorda que las dos que había visto y algo más larga. Aquel pedazo de carne negra cuando se corrió en mi boca… ¿Quieres correrte tú en la mía?

    Su pregunta cogió a Florencia cachonda perdida pensando en la verga.

    -¿Qué has dicho?

    -¿Lo que has oído?

    Ruborizaba, le respondió:

    -¡Quita, quita! ¿Te metió la verga en el coño después de correrse en tu boca?

    Amaia se levantó, se arrodilló detrás de Florencia, la besó en el cuello, le echó las manos a las tetas y magreándolas le dijo:

    -Deja que te haga gozar.

    Florencia se levantó y le preguntó:

    -¿Te corriste al follarte con su gran polla?

    Amaia se puso en pie, agarró por la cintura a su prima, le metió la mano derecha dentro de las bragas y se encontró con el coño encharcado, le dijo:

    -Deja de temblar que te va a gustar.

    Florencia le volvió a preguntar:

    -¿Te corriste?

    La besó en el cuello y después le respondió:

    -Sí, me corrí, me corrí tres veces.

    Florencia se encogió, pero ya dos de los dedos de Amaia habían entrado en su coño. Sintiendo las tetas de su prima en la espalda se enderezó. Dos dedos entrando y saliendo del coño la pusieron perra perdida. Cuando Amaia le giró la cabeza con la mano y sus labios se encontraron, los labios de Florencia se entreabrieron para ser besados. Sintiendo que se iba a correr le devolvió los besos a su prima. Amaia moviendo los dedos a mil por hora dentro del coño, le dijo:

    -Mírame quiero ver tu cara al correrte.

    Florencia le miró a los ojos, pero al momento se puso tensa. Se le cerraron los ojos de golpe y le llenó de jugos viscosos los dedos y la palma de la mano.

    Al acabar de correrse Florencia, Amaia le quitó la mano del coño, le dio la vuelta y mirándola con ojos de felina lamió los jugos de la palma y los chupó de los dedos. Luego la besó con los labios pringados de jugos y después le quitó el vestido, el sujetador y las bragas.

    -Tienes un cuerpo precioso, prima.

    Le cogió las grandes y duras tetas y se las amasó mientras le lamía los gordos pezones y las rosadas areolas, se las mamó… Al acariciarle el clítoris Amaia le dijo:

    -¿Ves cómo el comer y el rascar todo es empezar?

    Florencia a se moría por correrse de nuevo.

    -Deja de rascar y cómeme el coño.

    Amaia se agachó delante de ella y, cogiéndola de nuevo por la cintura le enterró la lengua en el coño, para después lamer de abajo a arriba cómo si no hubiese mañana. Florencia se corrió. Tuvo una corrida tan larga cómo intensa que Amaia se tragó con ganas atrasadas. Al acabar de tragar se puso en pie y le dijo a su prima:

    -Tengo que orinar.

    Amaia se metió entre unos arbustos. Florencia estaba con la cesta en una mano sentada sobre una gran roca. Amaia sacando la cabeza de los arbustos, le dijo:

    -Aquí hay un campito de hierba, ven.

    -¿Para qué?

    -¿Para qué va a ser?

    -No voy a ir para hacer lo que quieras que te haga.

    -Tengo el coño mojado.

    Florencia se apresuró a decir:

    -De meo, cochina.

    Amaia había encontrado el lugar perfecto para follar con su prima sin temor a que las descubrieran y siguió insistiendo.

    -Ven mujer, ven que estoy muy cachonda. Necesito que me hagas con la lengua lo que te hice yo a ti.

    -Calla que te pueden oír, además, no eras independentista, hazlo tu sola.

    -Si le llegara lo haría. Ven anda.

    -Date dedo.

    Amaia puso morritos y sacó su voz de mimosa.

    -Ya me lo estoy dando, no seas mala, ven.

    Florencia ya estaba caliente otra vez, pero le dijo:

    -Voy, pero por no oírte más.

    Dejó el cesto al lado de la roca y se metió entre los arbustos. Vio el campito de hierba. Amaia dejó de darse dedo, le quitó el vestido, las bragas y el sujetador y le dijo:

    -Ya estás temblando otra vez.

    -No puedo evitarlo.

    Le dio un pico y ya fue a por sus gordas tetas, Besó, lamió y chupó, muy de pasada. Hizo que su prima se echase sobre la hierba, se arrodilló delante de ella, le abrió las piernas y la punta de su lengua subió por la raja del coño llevando jugos con ella. Luego cogiéndola por la cintura lamió un labio, después el otro, lamió su clítoris y acto seguido le dio lengua de abajo a arriba. Paraba en el clítoris, se lo lamía de abajo a arriba, transversalmente y haciendo círculos sobre él y volvía a empezar el recorrido. A veces se detenía para clavar la lengua en la vagina, sacarla y seguir hasta el clítoris. Pasado un tiempo los dulces gemidos de Florencia avisaron a Amaia de que se iba a correr. Segundos después Florencia le decía:

    -¡Me viene!

    Babas blanquecinas y espesas salieron de su coño mientras se convulsionaba, Amaia lamiendo su coño se las tragó.

    Al acabar de correrse Florencia, le dijo Amaia:

    -¿Sabrás hacérmelo cómo te lo hice yo a ti?

    -¿A ver si te piensas que soy tonta?

    Tonta no era, pero no le pudo comer el coño cómo ella hubiese querido, ya que Amaia estaba tan cachonda que al sentir la lengua de su prima lamerle el clítoris, le dijo:

    -¡Me corro!

    Quique.

  • Algún día, el sueño de follar con él

    Algún día, el sueño de follar con él

    Decirme chicas, ¿cuántas veces habéis soñado con alguien?, esta es la historia de una de ellas. 

    Me movía inquieta por debajo de las sabanas en la cama, el camisón arrugado en mi cintura y por debajo mis bragas empapadas por mi sexo que manaba un líquido que mojaba mis labios, no sé lo que ha pasado, o si, mi novio duerme a mi lado plácidamente y yo he despertado debido a un sueño del que me hubiera gustado no despertar, mi cabeza lo recuerda como si verdaderamente hubiera pasado, tengo recuerdos míos y de él, como si hubiera estado también en su cabeza, sigo dormida o estoy despierta, es un sueño o un recuerdo, cierro los ojos y nuevamente me veo allí… con él.

    Sentimientos encontrados en esos momentos, sentimientos irrefrenables y la sensación de placer sobre mi cuerpo como nunca antes había experimentado, todo eso y más pasaba por mi cabeza agitándose como en una coctelera una y otra vez, le tenía a mi espalda casi encima de mí y con una mano me subía la camiseta, me acariciaba los pechos mirándome por encima de mi hombro con el mismo deseo que yo, mi cabeza girada, apoyada en la almohada mirándole fijamente a los ojos, unos ojos que me miraban con las mismas reservas que yo tenía, pero en los que se podía leer perfectamente que es lo que él quería, me observaba expectante mientras que sus manos subían y bajaban por mi cuerpo, acariciando mi vientre casi sin tocarme y leyendo en mis ojos la respuesta a la pregunta que los suyos me hacían al mirarme.

    Fue entonces, cuando nuestros labios se unieron por primera vez encajando como en un puzzle hecho a medida, saboreando su boca mi cuerpo empezó a temblar, notando como su mano bajaba desde mi vientre hasta llegar a meterse por debajo de mi braga, nuestros labios se unían en un juego de seducción encantador acariciándonos con ellos, su cuerpo, unido al mío por la espalda sintiendo como su corazón latía con fuerza, su mano explorando mi sexo por debajo de mi ropa interior, era una autopista de sensaciones con caricias desde por mi sexo pasando por mi tripa y hasta mis pechos, sus labios sin despegarse de los míos y nuestras miradas fijamente la una sobre la otra sin apenas pestañear…

    Fue la primera vez que oí salir unas notas de placer del cuerpo de Lara, junto con unos movimientos suaves y ligeros de su pelvis, Lara soltó un gemido tan dulce que pensé que era lo más hermoso que había oído nunca, quien me iba a decir que esa mañana despertaría junto a aquella mujer que el destino quiso que encontrara en aquel aeropuerto, que aquella silueta que observe en la penumbra de la habitación cuando iba acercándose al borde de la cama y que me excito tanto terminaría por intentar que fuera mía, sin ningún viso de que ella quisiera, me tire de cabeza esperando una parada en seco, una mirada de esas que te hielan la sangre, pero primero mi mano acariciando su pecho, sus pequeños jadeos y movimientos sutiles con su pelvis y sus pies, hacían que me animara a seguir hasta que observe en sus ojos, en su mirada el mismo nerviosismo que el mío, pero el mismo fuego, la misma excitación y en vez de un grito y una mirada de reprobación, me pareció ver un por favor sigue, no pares.

    Quien me iba a decir que al mediodía cuando nos marchamos le daría las gracias a aquel hotel por haber estado lleno la noche anterior, por tener que compartir habitación y cama con mi ella, quien me iba a decir a mí que esa niña de ojos grandes y cuerpo de sirena, a la que tan siquiera conocía y que solo el destino haría que se cruzara en mi camino unas horas antes, provocando que la visión de mi mujer se fuera difuminando y perdiendo en mi memoria al admirarla casi desnuda, solo con la ropa interior y una camiseta pasearse a media luz al salir del baño y dirigir sus pasos hacia la cama, puede que estuviera más excitado de lo normal, puede que fuera su olor, su fragancia de mujer, como una sirena que sale del agua cantando su canción y atrapándome en ella, atravesando la habitación en silencio, como si levitara, con la luz justa y necesaria para ver las curvas perfectas de una mujer, su contoneo al andar, el movimiento gracioso de su cuerpo al sentarse y tumbarse en la cama, mientras que una voz suave y sensual me dice…

    ¡Buenas noches, Rafa!, me acababa de acostar después de haber salido del baño, estaba nerviosa porque sabía que aquel hombre que prácticamente no conocía, pero que no obstante que me atraía de una manera inexplicable, no había parado de mirarme, la mala suerte había querido que el hotel estuviera lleno, que no tuvieran más habitaciones y solo dispusieran esa con una cama de matrimonio, así como la mala suerte había hecho que nuestro avión no despegara hasta la tarde del día siguiente por motivos del temporal. Rafa era un hombre culto y a pesar de sus diez años mayor que yo, había entablado una curiosa relación bebiendo unas copas de vino en la cafetería del aeropuerto cuando nos mencionaron que el vuelo se cancela, era un hombre alto al que le debía de gustar el deporte por su aspecto atlético, sin embargo lo que me atrajo de él, fue su conversación, te envolvía con palabras que parecían todas tener un sentido profundo, algo calaba en mi interior cuando me hablaba, no podía parar de mirarle, de escucharle, un hombre muy reservado, pero a la vez tan cercano, cosa de brujería quizás, puede que dejara caer un virus en mi copa de vino, o simplemente era porque me encantaba escucharle, hace unas horas que empezamos hablar, hace no menos de unos minutos me estoy metiendo en la cama con él y siento como mis bragas se han humedecido.

    Quise desterrar de mi cabeza los pensamientos que se amontonaban, imágenes excitantes de los dos juntos, desnudos cubiertos solamente por aquella sábana blanca, su cuerpo y el mío entrelazándose, me siento atrapada entre aquellas cuatro paredes con un hombre que me atrae tanto físicamente como intelectualmente, es ver sus ojos, su cuerpo, sus labios moverse al hablar y me empieza a costar tragar saliva, me siento nerviosa e incomoda a su lado por no poder decirle lo que quiero, lo que pienso, estaba asustada, había visto como me miraba, como sus ojos recorrían casi acariciando mi cuerpo, desnudándome con ellos, tenía miedo y deseo por lo que fuera a pasar y quizás por ello un simple buenas noches dándole la espalda y esperando que todo acabara o quizás, esperando que todo empezara.

    Una noche casi en vela, contemplándole dormir, habiéndome lanzado en alguna ocasión a la aventura de acariciar sus pectorales, queriendo bajar mi mano más abajo de sus abdominales, en la frontera de su piel con la tela de su ropa interior, echándome atrás en el último momento bien, porque la razón volvía a mí o bien, porque mis caricias hacían que su cuerpo se moviera como queriendo despertar y así entre dudas poco a poco me dormí hasta que sus caricias fueron las que me despertaron, ya entraba la luz de la mañana por la ventana, la oscuridad de la habitación había desaparecido, notaba su cuerpo pegado al mío por detrás, su respiración en mis oídos, su mano acariciar mi vientre subiendo por debajo de mi camiseta apretando con suavidad mis pechos, poco a poco mi pereza despertaba y sin decir nada, tan siquiera un hola, mis pies empezaron acariciar los suyos, mi culo se apretaba contra él, sintiendo y rozando con suavidad su pene…

    Lara había girado la cabeza y me miraba fijamente con la boca medio abierta mientras notaba como frotaba su culo contra mí, los dos tardamos en besarnos, parecía como si primero quisiéramos expresarnos todo aquello que no habíamos sido capaces con la mirada, hasta que nuestros labios se juntaron, hasta que sentí el suave roce de su lengua contra la mía, jugando los dos con nuestros labios que no se cansaban el uno del otro, la veía besarme con los ojos cerrados, luego abrirlos, quizás para darme su aprobación cuando mis dedos pasaron la frontera de sus bragas acariciando su monte de Venus poco poblado, entonces note como que sus labios se separaban de los míos, sus ojos se entornaban y su boca medio abierta emitía un suave gemido cuando mis dedos atravesaron la entrada de su vagina, notando la humedad en las yemas de mis dedos.

    Tan increíble es esta sensación, tan excitante, que noto como mi pene quiere salir, necesita salir de mi bóxer, mis dedos siguen penetrando la vagina de Lara, sus gemidos tan suaves hacen que no pueda más y quitándome el bóxer me ponga de rodillas entre sus piernas con mi pene apuntando a su sexo que aún sigue tapado por su braga, empiezo a restregar mi glande por sus bragas ya demasiado húmedas y separándolas un poco intente entrar por un lado, ninguno de los dos dice nada, solo miradas de complicidad, miradas de pasión, de la lujuria del momento en la que nos hemos sumido…

    Tenía mis bragas tan mojadas que sabía que Rafa se había dado cuenta, primero con sus dedos y ahora con su glande pasándolo de un lado a otro, le oía respirar aceleradamente, me sentía tan excitada que únicamente quería sentirle dentro de mí, sus dedos ya me habían hecho gemir de placer, pero quería más, necesitaba más y se lo quería dar a él, apartando por entero las sabanas, con su ayuda subí mis piernas por encima de su cabeza y me empezó a quitarme las bragas muy despacio hasta que las deje de sentir en mi piel, podía ver a Rafa como me miraba, como bajaba la mirada observando mi vulva y al bajar mis piernas me abrí ante él, entregándole las llaves de mi sexo para que pudiera pasar, era una locura, casi no nos conocíamos y por nuestras conversaciones los dos teníamos pareja e incluso hijos, los dos arriesgábamos toda nuestra vida por estar juntos en aquel amanecer, ninguno de los dos se esperaba aquel desenlace cuando entramos en el hotel, pero por la noche se me paso por la cabeza y ahora le estaba entregando mi cuerpo sin decirle nada, diciéndoselo todo…

    Mi pene sube y baja por sus labios, mientras que acarician su clítoris, noto su humedad, la suavidad al pasar entre sus labios abiertos hasta la entrada de su vagina y allí me detengo, con la cabeza de mi pene entrando unos milímetros dentro de ella mirándola fijamente, quiero verla sentir, quiero verla gozar del momento así como lo hago yo, la siento tan húmeda que poco a poco mi pene sin hacer ningún esfuerzo va penetrando dentro de ella, sin hacer ningún movimiento se va hundiendo como si se llamaran, siento mi pene humedecerse, siento como un calor maravilloso lo rodea abrazándole, atrapándole, apretándole y puedo ver como su mirada fija en mí se va diluyendo cuando sus ojos se van cerrando a la vez que su cabeza se echa hacia atrás con un gemido largo que sale de su boca…

    Noto como mi cuerpo se estremece, siento como su pene se va metiendo poco a poco dentro de mi vagina, mis manos aprietan con fuerza las sabanas mientras que la música de mis gemidos, de su respiración entrecortada se hace un hueco en el silencio de la habitación, me siento feliz de tenerle dentro de mí, siento como me ha llenado por completo y las palpitaciones, el roce de su pene hacen que me vuelva loca, tan dentro que todavía no la ha sacado, ha dejado su pene en mi vagina e intenta besarme, sus manos acariciando ambos pechos jugando con mis pezones, no puedo parar de mirarle, se me hace eterno el tiempo hasta que mi boca abierta recibe la suya cuando empieza a retirarse y un gemido intenso sale de mí cuando me vuelve a penetrar, no puedo parar de mirarle, nos miramos sin decirnos nada y con cada penetración que siento, notando como su pene se desliza por el interior mojado de mi vagina, entrando y saliendo de mi cuerpo no puedo mantener los ojos abiertos, cerrándolos cuando el placer me llena y hace que mi cuerpo vaya explotando poco a poco…

    Mi pene entra y sale de su vagina, dándole pequeños empujones al final, haciendo que cierre los ojos y que sus gemidos se conviertan en pequeños gritos de placer, su mano rodea mi cuello y la otra se aprieta contra las sabanas, la siento tan húmeda, tan mojada que entro y salgo con gran facilidad, arañando su interior con la cabeza de mi pene, siento como el calor de mi pene se va subiendo, como se endurece más y más, siento que me va a explotar, mis gemidos se unen a los de Lara, siento como mi pene queda prisionero de su vagina, que me succiona como quitándome la vida, empujo con tanta fuerza que los gemidos de Lara han desaparecido, ya solo gritos al sentir como la penetro tan dentro que mis testículos golpean una y otra vez su culo, sus pechos bailan libres sobre su cuerpo y noto como una ola de calor, de fluidos envuelven mi pene dentro de ella, la veo retorcerse de placer y dejar la boca tan abierta que al final deja escapar un grito de placer que llena toda la habitación y sin darme cuenta, como abstraído por aquel maravilloso espectáculo que Lara me está brindando, la sensación de un placer extremo recorre mi cuerpo hasta que termino lanzando chorros de semen en el interior de su vagina…

    Cada penetración, cada empujón que siento, es un gemido convertido en placer, Rafa entra y sale de mi interior llenándome tanto que me parece que no voy a aguantar mucho, sus roces en la piel suave y desnuda de mi vagina elevan mi temperatura, no quiero que la saque, necesito tenerla dentro de mí y presiono mis músculos vaginales contra él, apretándosela contra mí, es una sensación deliciosa, una sensación que no quiero que desaparezca y no puedo parar de gemir, de apretar y hundir mis manos contra las sabanas que las agarran con fuerza cada vez que le noto entrar tan dentro de mí, el sonido de nuestros cuerpos chocando, el sonido de su pene meterse en mi vagina y nuestros gemidos unirse en un baile interminable, volando por la habitación, es cuando mi cabeza y mi cuerpo se estremecen arqueándose sobre la cama, sintiéndome llena de él y con sus manos apretando mis caderas acercándome y alejándome, el calor me recorre de arriba abajo, noto como no soy yo la que manda sobre mi cuerpo, un placer extremo me hace perder el control y noto como un océano inunda mi vagina, ya no gimo, tan siquiera puedo gritar, mi boca abierta queriendo emitir un sonido, queriendo sacar al mundo lo que siento, Rafa no para de penetrarme, no para de meterme su pene tan dentro que estoy casi en éxtasis y por fin un sonido, un grito tan alto recorre la habitación a la vez que siento sus penetraciones más profundas y fuertes, un gemido, un grito sale de sus labios y me siento llenar de sus fluidos, chorros de semen caliente golpean mi vagina, los dos terminamos en sendos orgasmos que nos hacen caer de lado, besándonos.

    Un orgasmo no ha hecho más que despertar nuestra pasión, después vino otro y otro más, terminamos sudorosos haciendo el amor, no queriendo separar nuestros cuerpos desnudos, unidos por nuestros nuestras caricias, nuestros labios, nuestros sexos, pero era tarde, el reloj comenzaba a devorar las horas, nuestras horas, horas que no teníamos, un avión nos espera como así también nos esperaría nuestro próximo encuentro, quien sabe si una tarde, una noche o todo un día en la que Rafa me hiciera el amor, pero hoy el tiempo había ganado, el tiempo nos separaba, mientras él espera medio dormido en la cama, yo me duchaba limpiando mi vagina, disolviendo su sudor en mi piel y despertándole más tarde con un dulce beso en los labios para que se levantara…

    Al salir de la ducha todavía mojado me encontré a Lara que se empezaba a vestir, viéndola como se abrochaba el sujetador y tapaba esos pechos tan hermosos, cogía unas bragas negras de encima de la cama y se las empezaba a poner de pie, muy despacio hasta subírselas por completo ajustándoselas bien a su delicado cuerpo y tapando perfectamente su sexo, un impulso irrefrenable me hizo ir hasta ella y abrazarla por la espalda, mis manos entrelazadas en su vientre y mis labios que se posaron sobre su perfecto cuello besándolo con delicadeza, mis manos se soltaron y empezaron acariciar su cuerpo nuevamente, sintiendo su piel con las yemas de mis dedos, sintiendo como se estremecía cuando pasaba suavemente por su tripa o cuando apretaba su vulva por encima de su tanga…

    Rafa acababa de salir de la ducha y me había sorprendido abrazándome por la espalda, mojándome con su cuerpo al no haberse secado, en esos momentos estaba vistiéndome, sonriendo y recordando lo que acabábamos de hacer, sintiendo todavía sus caricias en mi cuerpo, como sus besos traspasaban mi piel y como le sentí en mi interior deslizándose con tanta suavidad haciéndome el amor, haciéndome gemir, ahora sus carias por mi cuerpo empezaron hacerme sentir nuevamente deseada, sus labios en mi cuello me despertaban de mis pensamientos y al darme la vuelta para besarme, nuestros labios volvieron a unirse notando su piel mojada sobre la mía, algo me hizo quitarle la toalla que le cubre la parte inferior de su cuerpo, algo me hizo volver a coger su pene entre mis manos, sentir como iba creciendo mientras que nuestros besos no cesaban hasta sentirme caer de espaldas en la cama…

    Lara se había caído en la cama, estaba tan hermosa allí tirada con la ropa interior mirándome nuevamente con ese deseo que yo también sentía, me había quitado la toalla y mi pene estaba nuevamente tan duro como la primera vez que me agache y con mis dedos muy suavemente los metí entre su piel y sus bragas notando que una vez más el calor de su interior quería ser saciado…

    Rafa me miraba y me iba quitando suavemente y muy despacio una vez más las bragas que acababa de ponerme, una vez más esa tela que cubría mi sexo iba deslizándose por mis muslos, por mis piernas hasta quedar en suelo y volver a sentir el cuerpo de mi Rafa sobre el mío, entre mis muslos…

    Pensé que no podía irme de allí sin hacerla otra vez el amor, sin hacer otra vez el amor a Lara…

    Pensé que no podía irme sin sentirle nuevamente dentro de mí, sin sentirle una vez más…

    Y los dos, en esos momentos pensamos que no habría más días, pero si habría más aviones.

  • El polvazo

    El polvazo

    Suena el timbre de la puerta. Voy a abrir. Abro. «Qué sorpresa», exclamo. Es mi vecina la que está frente a mí. Va vestida con un pijama burdeos de dos piezas. La camisa la lleva muy abierta, puedo ver el nacimiento de sus tetas y casi al completo el canalillo.

    «Vienes a follar, supongo», aventuro; «No, anda, apártate que voy a entrar», dice. Entra Maribel, mi vecina. «Ves, has escrito mi nombre, de esto quiero hablar contigo».

    Se sienta Maribel en el sofá. Yo, después de cerrar la puerta, la sigo y me siento a su lado. «Mira», comienza, «creo que ya te estás pasando, das muchos detalles personales en tus escritos, y eso no está bien, porque cualquiera que los lea reconocerá enseguida a tu personaje y verá que existe, que no es una ficción, que es real, lo cual perjudica bastante, por otra parte dudo de que te lean, tus relatos, en fin, no son gran cosa, pero bueno, has escrito mi nombre y dices que soy tu vecina…»; «Hay muchas mujeres llamadas Maribel que son vecinas de alguien»; «Ya, claro, ya».

    Aclarado este punto, Maribel y yo vamos al dormitorio. Enciendo la lamparita de noche. Me desnudo. Ella se desnuda. Su cuerpo fofo me encanta. «Has escrito que tengo el cuerpo fofo, yo tengo el cuerpo fofo», dice Maribel; «Hay muchas mujeres que se llaman Maribel y tienen el cuerpo fofo»; «Y que además es tu vecina»; «De alguien será vecina». Me acuesto. Maribel se acuesta a mi izquierda.

    Me volteo para besar sus gruesas tetas. Me detengo lamiendo el lunar de su teta izquierda, a tres centímetros del pezón. «¡Oye!», protesta;» No me irás a decir ahora que vas enseñando las tetas por la calle»; «No, sólo se las enseño a mis amantes». Vislumbro su peludo coño bajo su barriga, ese coño por donde le nacieron un hijo y una hija. «Te has pasado, yo tengo un niño y una niña»; «¿Y qué?, muchas mujeres llamadas Maribel tienen un niño y una niña»; «Y además es tu vecina»; «Vecina será de alguien».

    Extiendo el brazo para acariciarle el coño con los dedos mientras la beso en la boca una y otra vez silenciando sus gimoteos. «Ay, me pones…, pero no escribas que gimoteo»; «También te reconocerían por eso»; «No, claro, pero pon que grito fuerte, me gusta más»; «No, gimoteas». Maribel coge mi polla con su mano izquierda, que la tiene más libre… «Soy zurda». Porque es zurda… «Pero no lo pongas». Porque es zurda. Estoy muy empalmado.

    Sitúo mi cuerpo entre sus piernas abiertas y penetro a Maribel tumbándome sobre su blanda carne, chupando su cuello graso, sus hombros. «Ah, ah, ah», grita Maribel. «Ahora, sí, es verdad, grito, ¡sigue, sigue!». A punto de obtener un orgasmo, Maribel aprieta mis nalgas y me atrae hacia su centro para dar más profundidad a la penetración, también se abre más de piernas, alzándolas hacia el techo.

    Maribel se asfixia, se asfixia y se corre justo cuando mi semen sale expulsado a borbotones al interior de su coño.

    «Uff, Maribel, qué caldazo», digo; «No escribas eso del caldazo o te reconocerán a ti».

  • Viaje a las sierras

    Viaje a las sierras

    Mi nombre es Ernesto con mi señora Angélica llevamos 19 años de matrimonio,  somos una pareja liberal, solemos realizar tríos e intercambio de parejas, pero hay un morbo mío que ella no lo conoce.

    Este verano decidimos realizar un viaje a las sierras y escogimos un lugar retirado e inhóspito para poder estar solos y descansar a gusto.

    Los primeros dos días estuvimos solos como lo planeamos, pero la tarde del segundo día un vehículo con dos muchachos se colocó a unos metros de nosotros, eran dos hombres de unos 25 no más de 27 años, bajaron sus cosas y acamparon a nuestro lado.

    La verdad que eran macanudos y no hacían molestias, solo tomaban sol y cerveza.

    Más de una vez la sorprendí a mi esposa mirando a los muchachos, las primeras veces no dije nada pero luego de unas cuantas le dije «que pasa? Los muchachos te deben algo»

    Ella sonriendo me respondió «por ahora no pero quién sabe»

    A lo que respondí «te gustaría no?!»

    La verdad es que lejos de sentir celos esto me excitaba, y más aún porque yo conozco los gustos de mi señora y sabía que esos muchachos aparte de la juventud contaban con los atributos que son del agrado de ella.

    Esa mañana hizo mucho calor y disfrutamos el río, mi esposa se colocó una malla de dos piezas, a pesar de no ser una jovencita tiene un cuerpo muy bonito y si bien el haber tenido un niño le dejo algunos kilitos de más también le dejo unos pechos grandes. Sus caderas siempre fueron su punto fuerte así también su piel sin estrías ni celulitis.

    Mientras ella se bañaba yo preparaba la comida y podía observar a los dos muchachos cada tanto relogear la figura de mi esposa y comentar entre ellos.

    Esa tarde nos acostamos a dormir una siesta lo hicimos dentro de la carpa, al despertar ella estaba dormida, comencé a tocarla y a besarla, puse mi mano en su entrepierna y mientras masajeaba su vulva le decía al oído lo lindo que sería estar con aquellos dos muchachos, de cómo la cogerían con lujuria. Podía sentir su humedad brotar y como su respiración se agitaba, luego ella saco mi pene del pantalón y lo metió en su boca, lo chupa con pasión lo disfruto un buen rato y sin decir nada me levanto y salgo. Al rato salió ella y con cara de enojada me pregunta qué pasó, yo le respondo que nada, solo quería dejarla excitada.

    Cuando estaba atardeciendo le dije a mi esposa que debía ir al pueblo por provisiones ella quiso acompañarme pero yo le sugerí que se quedará ya que todas las cosas nuestras estaban en el campamento y no podíamos dejarlas solas.

    Me subí al auto e intenté darle marcha pero este no arrancaba, o al menos eso simule, me baje del auto y me dirigí a dónde estaban los muchachos, les pedí si me ayudaban a darle un empujón al auto, ellos muy macanudos aceptaron y me empujaron hasta que arrancó el vehículo, me asome por la ventanilla y con una sonrisa pícara le grite a mi esposa «dales unas cervezas frías a los muchachos que quedaron cansados de empujar»

    Ella me miró sospechosa y respondió que sí.

    Yo tomé el camino rural que me llevaba a la ciudad, recorrí unos cientos de metros por el camino desolado y estacione el auto.

    Volví caminando y sigilosamente me acomode a pocos metros del campamento ocultó tras unos arbustos, el sol caía y su luz se agotaba.

    En el campamento mi esposa charlaba con los muchachos mientras éstos tomaban cerveza. Sabía que mi esposa había entendido mi intención así que solo era cuestión de tiempo.

    La verdad fue antes de lo que yo esperaba, no podía escuchar con claridad de lo que hablaban pero note que era sobre el físico de ella uno de los muchachos se levantó de la reposera la tomó de la mano y la hizo girar, ella muy contenta aceptó y mientras ellos observaban su cuerpo ella se contorneaba al girar. El muchacho la invitó a tomar su lugar en la reposera y se colocó parado a su lado, la cabeza de mi esposa estaba a la altura de su pelvis, él se acercó disimuladamente y mientras charlaban colocó su paquete frente a ella. Mi esposa no perdió el tiempo, desató el nudo del shorts de él, lo bajó junto con su ropa interior y tomando su verga con la mano lo llevó a su boca, él recogió su cabello hizo una cola y tomándola desde allí empujaba la cabeza de ella hacia su pelvis. Mi esposa se tragaba toda esa verga sin inconvenientes. El otro muchacho se levantó, quitó sus pantalones y se colocó al otro lado de mi esposa, ella dejó la verga del primero y comenzó a chupar la verga de su compañero.

    Allí estaba mi esposa chupando la verga de esos dos muchachos como una desesperada, por momentos podía escuchar cómo se atragantaba en su trabajo oral y la veía juntar su baba con la mano y utilizarla para masturbarlos.

    La situación me excitaba demasiado, ver a mi esposa intentar meter las dos vergas a la vez en su boca y como ambos muchachos se intercalaban para coger la boca de ella me ponía a mil!

    Luego de un rato uno de ellos la levantó e intentó llevarla a la carpa, pero ella se negó, en cambio sacó una frazada desde la carpa la tendió en el piso y se acostó sacándose la ropa.

    Los muchachos quedaron medio sorprendidos pero yo sabía porque ella prefirió hacerlo afuera.

    Ellos mucho problema no se hicieron, uno se arrodilló y le ofreció su miembro para que lo continúe chupando a lo que ella encantada aceptó, lo tomo con su mano y lo metió en su boca lo chupo con pasión y solo dejo de succionar un instante y fue para gemir cuando el otro muchacho enterró su verga en ella. Angélica gozaba y demasiado la cogida que estaba recibiendo.

    A mí me encantaba ver cómo era penetrada y con qué placer chupaba esa verga dura.

    Los muchachos estaban muy bien dotados y sabían utilizar lo que poseían, luego de un rato ella les pidió que cambiaran de posición.

    Ellos lo hicieron pero previamente le hicieron chupar ambas vergas a la vez nuevamente, por supuesto ella encantada los complacía.

    Cómo no hacerlo si a sus cuarenta y dos años estaba disfrutando de dos muchachos vigorosos y del tipo que a ella le encanta.

    Cada uno tomó su lugar y continuaron cogiendo a Angélica.

    Ella está vez gemía más, tal vez este tenía la verga más grande o la utilizaba mejor.

    No tenía problemas en demostrar su placer y no paraba de decirle que no se detenga, él la obedecía y continuaba bombeando rápido y sin detenerse ella por momentos se olvidaba del otro debido al éxtasis que tenía, pero él se encargaba de recordarle que estaba presente, la tomaba del pelo y le metía su verga en la boca.

    No tardó mucho en tener su primer orgasmo mientras aquel joven continuaba cogiéndola duro como ella había pedido.

    Luego aquel muchacho le extendió su mano y la invitó a incorporarse la dio vuelta y ella se colocó en cuatro, él la penetro y continuo cogiéndola las rodillas y las palmas de las manos de mi señora apoyadas en el piso, su culo rebotaba al compás de las embestidas propinadas por el joven mientras el otro nuevamente tomaba su cabello, hacia una colita y enroscándolo en su mano lo utilizaba para sostener su cabeza mientras cogía su boca.

    Angélica estaba siendo cogida Por esos dos hombres y yo observando a la distancia, si bien como comenté antes, somos una pareja abierta y ella ya ha estado con dos hombres a la vez yo siempre formé parte de eso, pero está vez era distinto yo solo era un observador y la verdad que la situación me excitaba demasiado.

    El muchacho que estaba con su verga en la boca de ella se acostó al lado de Angélica el otro se levantó y ella también pero solo para sentarse arriba de su verga dura. Ahora ella cabalgaba sobre aquel joven mientras el otro disfrutaba del delicioso oral que mi esposa le hacía.

    El viaje al centro ida y vuelta tardaba una hora y media aproximadamente así que a ellos les quedaba un poco más de media hora para seguir gozando.

    Mi esposa se levantó levemente y tomó la verga del muchacho que estaba debajo de ella, muy lentamente comienza a bajar y sin dudas se está clavando aquel miembro en su culito.

    A ella le encanta el sexo anal pero le gusta muchísimo más la doble penetración, así que estoy seguro de sus intenciones.

    Tal cual lo sospechaba Angélica le pide al muchacho que se encontraba parado que la penetre junto con su amigo.

    Nunca imaginé que me excitaría tanto ver a mi esposa en esa situación, pero así es.

    Los muchachos la cogen duro mientras ella gime y grita de placer.

    Detrás de los arbustos puedo observar como ella se arrodilla y ambos muchachos se colocan uno de cada lado y masturbándose se corren directo en la cara de mi esposa, ella toma sus vergas y las frota contra su rostro desparramando todo el semen que la bañaba, chupa un rato más sus vergas y queda tendida en el piso.

    Yo lentamente me dirijo al auto y emprendo el regreso.

    Cuando llego al campamento se encuentra mi esposa sola y al verme me da un abrazo y me dice «muchas gracias» yo me hago el desentendido pero ambos sabemos lo que ocurrió.

  • Unas vacaciones inolvidables

    Unas vacaciones inolvidables

    En esta ocasión les contaré cómo solo unos pequeños días de descanso se convirtieron en una experiencia Inolvidable para las dos.

    Espero les guste y la disfrutes tanto como yo al escribirla.

    Era casi temporada de vacaciones y en familia «como cada año» acostumbramos a ir a la casa de mis abuelos y ahí pasamos la navidad y año nuevo con ellos, es una casa muy grande con una gran vista con muchas habitaciones un pequeño bar y lo mejor es que quedan cerca algunos antros «desde mi punto de vista es una casa muy hermosa y muy bien ubicada».

    Pero está vez iba a ser diferente ya que mi mamá se le metió la loca idea de que invitáramos a un amigo o amiga yo al principio no quería, pero al final termine accediendo.

    Pasaron los días y con ello llegó el día en el que debíamos partir en mi caso yo invite a mi mejor amiga «mi mamá pensó que iba a invitar a mi novio pero digamos que no iba a poder» y en el caso de mi mamá invito a 2 amigos «que prácticamente son casi de la familia ya que los conozco desde que era pequeña» así que sin más nos subimos al auto y nos dirigimos a la casa de mis abuelos.

    Pasan algunas horas y uno de los amigos de mi mamá «para romper el hielo dice».

    – Vaya Karen como has crecido

    – Jejeje

    – En verdad te vez muy bien con todo respeto claro

    – Gracias

    Cuando me dijo eso se nos queda viendo a mi amiga y a mi «pero más a mi» era obvio que quería algo con las dos «pero más conmigo».

    Así fue el resto del camino platicando de cosas hasta que llegamos a la casa de mis abuelos salimos del coche y nos saludan.

    – ¿Cómo estás hija?

    – Estoy bien papá

    – Eso me alegra mucho

    – Y en dónde está mi nieta favorita

    – Jejeje aquí estoy

    – Dale un abrazo a ti abuelo

    Cuando le doy el abrazo a mi abuelo mi mamá le dice.

    – Papá este año va a ser un poco diferente

    – ¿Por qué?

    – Lo que pasa es que traje a algunos amigos para pasar las fiestas también Karen trajo a una amiga

    – Ya veo, por mí no hay problema aquí hay mucho espacio para que estemos todos y entre más seamos mejor

    – Y a todo esto ¿dónde está tu esposo?

    – Lo que pasa es que tiene bastante trabajo además que está viendo la manera de poner un café internet y no creo que pueda venir

    Cuando terminó de hablar yo y mi mamá nos dirigimos al auto salen los amigos de mi mamá y mi amiga y nos disponemos a sacar las maletas cuando una vez adentro mi amiga y yo nos dirigimos al cuarto donde nos vamos a quedar mi mamá y sus amigos se quedaron en la sala platicando, cae el sol y con ello llega la noche bajamos mi amiga y yo y nos dirigimos a la cocina para comer algo nos ve mi mamá y nos dice.

    – Oigan chicas no quieren ir a un antro que está cerca de aquí

    – Pues por mí no hay problema «mi amiga responde»

    – Yo la verdad no sé, ya sabes mamá que no soy de ir a esos lugares

    – Vamos hija te aseguro que nos vamos a divertir

    – Bueno está bien

    Una vez que todos nos pusimos de acuerdo mi amiga y yo nos fuimos a vestir para la ocasión mi amiga saco un vestido de su maleta y yo pues como tenía ninguno decidí poner una de mis tantas faldas que tengo en mi maleta y con un escote y tenis y las dos estamos listas para salir

    Cuando mi amiga y yo salimos del cuarto veo que mi mamá ya está lista con uno de sus diminutos vestidos que acostumbra a usar que apenas cubre su enorme trasero a lo que mi amiga solo atina a decir.

    – Tu mamá tiene un trasero muy grande no crees

    – Jejeje sip, pero no la veas

    – Está bien amiga

    Nos acercamos hacía donde están ellos y me percató que los amigos de mi mamá se nos quedan viendo con ojos de deseo, pero las dos no le dimos importancia así que solo nos dirigimos a la puerta y nos vamos directamente al antro.

    Después de una pequeña caminata llegamos no es un lugar grande pero se logra sentir la buena vibra que hay adentro nos acercamos y la música cada vez se escucha más fuerte una vez en la puerta entramos nos acercamos a una mesa y los amigos de mi mamá empiezan a traer bebidas pasan las horas y ya mi mamá un poco subida de copas empieza a bailar con uno de sus amigos y el comienza a tocarla descaradamente «pasado su mano sobre su trasero o tocando sus pechos» pasan unos minutos y mi amiga me dice.

    – Ufff… estoy cansado…

    – ¿Eh?

    – O-Oh… ya veo…

    – Pues si quieres te voy a dejar en la casa para que descanses

    – Está bien

    Cuando me dijo eso nos levantamos de la mesa y nos dirigimos a la puerta en eso me ve el otro chico con que íbamos y me dice.

    – ¿A dónde van chicas?

    – A casa lo que pasa es que mi amiga ya está muy cansada

    – Ya veo

    – Si quieres vámonos todos de hecho el antro ya va a cerrar

    – Está bien

    Cuando me dijo eso recogen sus cosas y nos vamos directamente a casa después de otra pequeña caminata llegamos a casa todas las luces están apagadas «es obvio que mis abuelos ya se durmieron» mi mamá ya un poco relajada abre la puerta poco a poco procurando no hacer ruido entramos y llevo a mi amiga a nuestro cuarto para que descanse pasan unos segundos y se duerme «ni siquiera se cambió de ropa» yo como todavía tenía energía bajo a la sala y no encuentro a nadie «quiero pensar que ya todos se fueron a descansar» pero de pronto escucho el sonido como si algo se hubiera caído y noto que provienen del cuarto de mi mamá subo las escaleras y veo la puerta entreabierta asomo mi cabeza poco a poco y o sorpresa mi mamá ya estaba con sus amigos desnudos mientras se la estaba chupando a uno y su otro amigo le decía.

    – Como ves a su hija

    – La verdad está muy bien, pero la verdad no creo que sea igual a su mamá

    – Tiene que serlo mira como la chupa ahora imagina como la chupa la hija

    – Tienes razón ya de solo imaginaria se me pone dura

    – Lastima que su amiga se durmió si no la hubiéramos pasado rico con las tres

    Cuando dijo eso no sabía si irme o quedarme, pero ni deseo pudo más ya que saber que mi mamá engañaba a mi papá me daba un placer diferente así que me armé de valor y abrí la puerta de golpe cuando lo hice todos se me quedan viendo y mi mamá me dice.

    – ¿Que estás haciendo aquí hija?

    – Lo que pasa es que escuche ruidos y quería ver de dónde venían, pero por lo que veo te la estás pasando bien

    – Puedo explicarlo hija

    – No te preocupes de hecho ya sabía

    – ¿En serio?

    – Sip, de hecho, pensé en tu propuesta que me dijiste hace tiempo y acepto

    – Me parece perfecto

    – Entonces complace al otro chico él ya es mío

    – Está bien mamá

    Cuando me dijo eso nos quedamos viendo fijamente el otro chico y yo y como si fuera mi primera vez me agachó poco a poco le quitó el pantalón y bajo su bóxer para comenzar a chupársela después de unos minutos me dice.

    – ¡Ooooh… N-no puedo creer que esté pasando… ¡Ahh!

    – ¡Tu verga se siente tan caliente! ¡Esta emoción y sensación de libertad son malas para mi corazón!

    – Que te dije mamá e hija tragando verga son un par de putitas

    – Tienes razón y la verdad la chupa bastante bien la hija

    – Y como no va a saber si aprendió de la mejor

    Después de mi mamá y yo al estar chupando sus penes nos levantan del suelo y primer chico le dice a mi mamá.

    – A ver putita ponte en 4 que quiero ver cómo recibes mi verga

    – Claro que si papi

    Mientras el otro chico me dice

    – Ahora tu perrita vamos al sofá y quiero que brinques en mi verga

    -…

    Y sin más nos empiezan a coger mientras se escuchan nuestros gemidos por toda la habitación.

    – Ahhh…!!! Ahhh…!!! Ahhh…!!!

    – Vamos perritas griten más alto queremos escuchar como aúllan

    Y así estuvimos cogiendo por varios minutos mientras intercalábamos posiciones hasta que en algún momento uno dice.

    – Como la vez a las dos

    – La verdad están muy buenas no pensé que su hija iba a salir igual de puta que su mamá

    – Eso yo también no me lo esperaba por qué la conocemos desde que era una niña y se ve que no rompe ni un plato y verla como está ahora tragando verga como la puta que es

    Cuando dice eso ambos sacan sus penes de nuestras vaginas y uno dice.

    – Estaba pensando si cambiamos pareja

    – Por mí no hay problema, pero la última decisión la tiene ni hija

    – Que dices putita te encanta la idea

    – Claro

    – Así se habla putita bueno yo me voy con la mamá y a ti te toca la putita menor

    – Claro, pero primero que te chupe ya que la chupa baste bien

    – Bueno perrita quiero ver cómo la chupas, entonces empieza

    Cuando me dice eso ambas empezamos de nuevo a chupársela, pero está vez cambiando de pareja y minutos después el que está con mi mamá dice.

    – Verdad que la chupa bastante bien

    – Si es toda una puta, su novio no la sabe disfrutar, pero voy a hacer que disfrute

    – Ponte de perrito quiero ver cómo recibes mi verga

    – Claro, métemela ya no aguanto ya quiero tenerte dentro

    – Como vez a tu hija pidiendo verga no cabe duda que es igual a ti

    – Vamos haz que disfrute mi hija

    Cuando dijo eso mi mamá no pude evitar sentirme excitada y deseada al mismo tiempo ya para ese momento ya estaba dominada por el deseo así que el chico pone su pene en mi vagina y empieza a abrirse camino hasta que la mete por completo.

    – Ahhh…!!! Ahhh…!!! Ahhh…!!!

    – Te gusta perrita

    – Me encanta no la saques por favor

    – Cuál verga prefieres la mía o la de tu novio

    – Sin lugar a dudas prefiero la tuya

    – Ahhh…!!! Ahhh…!!! Ahhh…!!!

    En el caso de mi mamá se la siguió chupando al otro chico y de igual forma se la coge, pero ahora en el sofá después de más minutos intercalando posiciones hasta que de pronto nos ponen de pie y nos hincan y a los pocos segundos se vienen en todas nuestras caras.

    – Me vengo Ahhh…!!! Ahhh…!!! Ahhh…!!!

    – ¡Muy bien, yo también voy a venir! Abran bien sus bocas

    – Que rica déjalo salir todo

    – Dios… ¡convertirás esto en un baño de leche!

    – Ahhh…!!! En verdad las dos son unas diosas

    – Vamos límpienlas que no quede nada

    Después de unos minutos nos levantamos y nos dicen.

    – Esperamos volver a repetir

    – Claro, pero siempre y cuando mi hija quiera

    – Claro mamá espero acompañarte a dejar los trabajos que haces a tus clientes

    – Eso espero hija

    – Bueno par de putitas las dejamos descansar nosotros nos retiramos

    – Está bien

    – Adiós

    Después de eso tuvimos sexo casi todos los días en dónde fuera, pero todo lo bueno tiene que terminar porque mi papá llegó como a los 3 días y para mi mala suerte trajo a mi novio.

    Ya después de que regresamos a casa mi mamá parecía que se había quitado un peso de encima ya que ahora cada vez conoce a un chico me lo presenta y lo mismo es cuando vamos a dejar los encargos que le piden.

    Y así empezó mi gran aventura con mi mamá en la que de día somos unas chicas cualesquiera, pero de noche somos todas unas putitas en busca de verga.

    Saludos y besos…!!!

  • Mis sueños eróticos

    Mis sueños eróticos

    Hace ya varias noches que tengo sueños que nunca había tenido.

    Soy una mujer que sueña, mucho, he soñado con hechos ya acontecidos, he soñado con cosas locas y disparatadas, pero nunca me había pasado tener un sueño recurrente, con una persona recurrente y me gusta tenerlo, me excita.

    Recuerdo una noche soñé estar en una reunión, con mucha gente desconocida, estábamos en una cena, muy bien vestidos todos, muy entretenidos y divertidos. En un momento de la noche, y ya terminada la reunión, como son los sueños, sin explicación, me encontraba caminando, sola de noche, por lo que parecía ser un bosque pequeño, creo recordar, era la entrada a un campo, con los árboles que acompañan el camino que marcan la huellas. Y me encuentro por allí con un joven desconocido, comenzamos a hablar para conocernos. Él entre risas y halagos me besa apasionado, y respondo a ese beso, sujetando su barbilla y jugando con mi lengua en sus labios. Y me sueño erotizada por un joven al que casi doblo en edad, me sueño lamiendo su cuello y su pecho, hasta llegar a su pelvis, haciéndolo excitarse mientras lamo su pene erecto.

    Otro sueño que me hizo despertar húmeda y excitada fue aquel en el que me encontraba en un salón de baile sola con el profesor. Después de bailar un buen rato algún ritmo similar a la bachata, baile sensual y erótico por naturaleza, me encontraba desnuda por completo, junto a mi profesor de baile, también desnudo y rozaba mis pezones duros contra su pecho, mientras contoneaba mi pelvis sobre la suya, provocando una erección en él. Continuamos bailando, mi profesor acariciaba mi cuerpo al ritmo de la música, frente al espejo del lugar, podíamos vernos completamente desnudos. Mi cuerpo contoneándose y sus manos que asomaban desde atrás, acariciándolo, recorriéndolo, y de pronto, apoyada con mis manos en el espejo, me penetraba.

    Recuerdo que aquella vez desperté a la madrugada, excitada, había humedecido mi pijama, desperté a mi pareja que dormía plácidamente a mi lado, practicándole sexo oral, y luego me lo cogí, necesitaba el orgasmo que el sueño me había prometido.

    Mis sueños eran siempre con hombres.

    Pero ya no. Ahora solo sueño con mujeres.

    Sueño que estoy en un negocio comprando ropa, y que la dueña del local es hermosa, y me gusta mucho.

    Estoy dentro del probador, con solo una tanga, pues me estaba comprando un vestido, y como es costumbre en este tipo de negocios, llega hasta el probador la chica morocha, hermosa, a ofrecerme otro vestido, abre la cortina, e ingresa al probador.

    Levanto las manos para colocarme el vestido y noto su mirada sobre mis tetas, jugando le digo que es hermosa y reacciona acariciando mi cola con la excusa de acomodarme esa prenda que me traía.

    Y de pronto todo se descontrola.

    Ahora me encuentro comiéndole la boca a la encargada del local, casi desnuda, recostada sobre el espejo con sus manos en mi cuerpo.

    También he soñado estar viajando y que a mi lado se sentara una mujer, de mi edad, muy linda.

    Comenzamos a conversar y cruzando miradas apoya su mano en mi rodilla, y siento una electricidad que llega a mi vagina, su olor es exquisito, y su voz me endulza.

    Sube lentamente su mano por mi pierna, mi clítoris espera ser tocado por esos dedos suaves.

    Y continuamos nuestro viaje en el último asiento del ómnibus practicándome sexo oral, rico, suave, sabiendo exactamente lo que me gusta, mientras yo aprieto mis pezones y me retuerzo de placer, en silencio.

    Anoche soñé nuevamente. Soñé con ella, otra vez. Soñé que estaba en una reunión, sentada al lado de esta hermosa mujer, mirándola reír y mover su boca al hablar, que provoca en mí la humedad inmediata.

    Busque con mi mano su pierna por debajo de la mesa, ella respondió con una mirada pícara, sonriente y acomodándose en la silla para abrir sus piernas y recibir mi dedo.

    Sentía sus labios vaginales tibios, suaves, mojados y solo quería sentirla desnuda, agitada, caliente por mi.

    Introduje un dedo en ella y el resto de su cuerpo se contrajo en reacción.

    Queriendo más me tomó de la mano y discretamente nos alejamos de la multitud

    Lejos de las miradas juzgadoras del resto de los invitados, nos encontramos en un beso con toda la pasión de lo nuevo.

    Tome su cara entre mis manos, y la besé. Nuestras lenguas jugaban tímidamente, nuestros pechos se rozaban, nuestros pezones reaccionaban al estímulo y se endurecían, mi vagina estaba cada vez más húmeda y mi cuerpo quería ser tocado por completo por aquella hermosa mujer.

    Desnudas, ambas, nos encontramos sobre el césped húmedo, nuestros cuerpos se entendían y sabían lo que les gustaba, nuestros gemidos eran ahogados con besos, nuestras vaginas se rozaban excitándose mutuamente, compartiendo humedad.

    Y estábamos en eso cuando me desperté.

    A mi lado, dormía mi pareja.

    Tome una ducha y me masturbe pensando en ella.

    Ella invadió mis sueños y se metió en mis fantasías.

  • Con la sorpresa dentro

    Con la sorpresa dentro

    Y realmente quedé sorprendido al verla así. Yo que creí que regresaba por fin a la normalidad, a mi casa, a la familiaridad del hogar, esto. No me lo esperaba.

    Maly había ido por mí al aeropuerto y llevaba evidente vientre de embarazo. ¡Mi esposa estaba embarazada…! ¡…embarazada y no de mí!

    Según me dijo no me lo había comunicado pues justo quería sorprenderme, y lo había conseguido. Quedé impactado. En la pantalla siempre que nos comunicábamos por internet nunca noté cambio alguno pues su vientre no se alcanzaba a ver.

    Por supuesto que me sentí inmediatamente traicionado, ¡¿quién no en una situación así?! Habíamos pasado meses separados, tiempo suficiente como para estar seguro de que aquello en su vientre no era mío. Aunque ella no tardó en explicarme lo sucedido, y sé que ustedes dirán, “pero qué explicación puede justificar algo así”.

    No obstante, entiendan, en verdad amo a mi esposa… ¡qué carajos!, si no la amara la hubiera abandonado de inmediato. Así que tragándome mi orgullo y mi sentir, sintiendo la traición en carne viva, la escuché e incluso traté de entenderla. “Entender por qué se embarazó de otro hombre en mi ausencia”, lo sé, es demencial.

    Pero para explicar por qué la escuché debo decir que lo hice pues estaba consciente de su deseo por concebir. Eso ya desde hace mucho. Lo habíamos intentado pero sin éxito. Y la imposibilidad de lograrlo la tenía en un estado de aflicción perenne que bien sabía le atormentaba. Ella quería ser madre y yo hice cuanto pude por hacerla feliz.

    Maly, ya en ese estado tan anhelado, me contó todo:

    “¿Te acuerdas la última vez que visitamos a Estela y Ricardo?”

    Ricardo y Estela eran una pareja que frecuentábamos ya que Maly y Estela eran amigas desde la preparatoria.

    Según Maly, Estela en plática privada (mientras que Ricardo y yo estábamos lejos de ellas) le confió que estaba teniendo una aventura con su instructor de yoga. Esto me lo confesó Maly con cierto recelo pues creía que al contármelo traicionaba a su amiga, pero era necesario para entender cómo ocurrieron los hechos. Me pidió guardar el secreto y no decirle nada a Ricardo. Yo se lo prometí pues si bien me he llevado bien con él no somos precisamente amigos, claro que aun así me pesó aquello. Esto es algo que a los hombres en verdad nos afecta, enterarnos que a un conocido le están poniendo los cuernos, es casi como si a uno mismo le pasara, cala hondo, aun cuando le pasa a otro.

    Me dijo que Estela aprovechaba las ausencias de su marido para estar con aquél, ya fuera en su casa o en la de él.

    Según mi esposa ella se había mostrado tan impactada como yo al enterarse. Molesta ante la revelación de su amiga la trató de convencer de que estaba en un error y que debía de dejar de ver a ese hombre. Maly le decía que su matrimonio era primero y que no debía engañar a Ricardo. Pero al parecer Estela no aceptó sus consejos.

    Ella se justificaba en que no se trataba de una aventura amorosa. Según Estela lo que pretendía al tener sexo con aquel hombre era exclusivamente quedar embarazada. Aquí hay que decir que Estela, al igual que mi esposa, ya deseaba hacerlo desde hacía tiempo, es decir embarazarse. Sólo que en nuestro caso no lo habíamos conseguido pese a nuestros intentos. En el caso de Estela la razón era diferente, Ricardo, su esposo, se oponía a tener hijos. Él estaba convencido que ser padre sólo le acarrearía problemas y no deseaba una vida así.

    Estela, sin embargo, estaba obstinada en tener un hijo pese a las negativas de su cónyuge, y allí estaba el motivo de sus frecuentes discusiones. Maly y yo, en cambio, sí estábamos de acuerdo, pero no lo habíamos logrado. Incluso recurrimos a un tratamiento hormonal, lo que sólo elevó su apetito sexual y justo fue cuando yo tuve que salir del país. Claro que en ese momento no pensé siquiera que la cuarentena me iba a dejar lejos de mi hogar por tanto tiempo.

    Dos mil veinte cambió nuestras vidas; pocas veces algo nos afecta así, de forma tan global como ha ocurrido con esta pandemia. De una u otra forma a todos nos afectó. De pronto te das cuenta que hubo un tiempo pre-pandemia, en el que antes vivías, el cuál a estas alturas consideras como “la normalidad”, y que era una época muy diferente a la que ya estás viviendo ahora.

    Yo no entiendo por qué no hicieron la cuarentena desde un inicio, en el lugar específico donde todo comenzó, en vez de hacerlo cuando el virus ya se había diseminado por el mundo. Y mucho menos comprendo por qué justo me tocó aquella locura cuando estaba lejos de casa, dejándome atrapado en un país extranjero sin poder regresar por meses. Pero qué carajos, así fue.

    Había dejado a mi esposa en un estado emocionalmente lamentable, la dejé sola, lo sé, pero qué podía hacer.

    Me comunicaba con Maly tan frecuentemente como podía. Junto con ella lamenté nuestra situación, pues bien sabía que en ese momento le hacía falta. Ambos nos necesitábamos.

    En tales condiciones ella se apoyó en Estela como única compañía y la veía frecuentemente. Esto fue lo peor, lo que propició todo. Y es que ya sabiendo lo que estaba haciendo la condenada “Estelita” ustedes podrán adivinar por qué digo esto.

    Según mi esposa, en una visita que le hizo Estela, ésta le informó que ya estaba encinta.

    “¿Y es de…?”, le preguntó mi mujer, obviamente refiriéndose al amante y no al marido.

    “Sí, por supuesto, Ricardo jamás me lo hubiera hecho. Prefería gastar en preservativos con tal de no arriesgarse a que yo hubiese dejado los anticonceptivos. Cosa que hice, desde luego”, le respondió Estela con una sonrisa en el rostro.

    “¿Pero ahora qué vas a hacer? ¿Cómo le explicarás a Ricardo que…?”

    “Le diré que tomé su esperma de un preservativo usado y que así me embaracé, que estaba tan desesperada que así lo hice. O quizás mejor, le pincharé uno y cuando eyacule verá que se ha roto…, no sé, algo se me ocurrirá. Ay, después de todo si hice esto fue por su culpa. Si tan sólo hubiese cedido no hubiese tenido que recurrir a otro hombre.”

    Maly, indignada, repudió lo hecho por su amiga pero Estela se defendió con argumentos en contra de su cónyuge.

    “Mira, Ricardo es un inmaduro que no quiere responsabilidad alguna. Debería estarme agradecido.”

    “¿Agradecido?”, reaccionó mi esposa a tal comentario.

    “Sí. Yo lo hubiese podido abandonar e irme con otro, pero no lo hice, en cambio este niño llevará su nombre. Y vas a ver, nuestro hijo le ayudará a madurar. Él cree que va a ser joven eternamente y que en cualquier momento podrá cambiar de parecer, pero el tiempo se nos va Maly, a todos. Yo misma estoy consciente de que ya no tenía muchos años para embarazarme, y si no lo hacía ahora cada año sería más improbable o incluso arriesgado. No iba a perder esta oportunidad, la verdad.”

    Esto que le dijo a mi mujer influyó en ella, pues a Maly le atormentó creer que sus años de fertilidad se le agotaban y que quizás nunca concebiría, según me confió como justificando su actuar. No obstante, hubo algo más contundente.

    “Deberías hacer lo mismo”, le aconsejó descaradamente la desgraciada Estelita.

    “¡Pero claro que no. Yo nunca le haría eso a mi marido!”, le dijo Maly, por lo menos eso me contó.

    Ella jamás cometería una infidelidad así como así, según sus propias palabras, pero bueno…

    Afectada por la soledad (me contó mi esposa) sufría por las noches no pudiendo conciliar el sueño; pensando y pensando en que quizás perdería la oportunidad de ser madre si la cuarentena se prolongaba, o, incluso, si (aunque regresara) yo no conseguía embarazarla. Quizás el que yo no estuviera allí era la oportunidad perfecta para…

    Para que Maly se embarazara, aunque fuera de otro hombre.

    Acompañada de la alcahueta de Estela, mi esposa era conducida hacía las puertas de la residencia del mentado instructor de yoga.

    “¿Y estás segura de que él estará dispuesto a…?”, todavía le cuestionaba mi insegura esposa a su amiga.

    “Sí claro”, le decía muy animada, pese al frío que según mi mujer hacía ese día.

    Al llegar al chalet que aquel desgraciado tenía como hogar, Estela tocó el timbre.

    Ambas temblaban, según me contó Maly estaba helando, aunque ella me aseguró que más temblaba por los nervios.

    “¿Y si Jorge se entera?”, todavía le dijo a su amiga, como empezando a arrepentirse de la idea, pero justo en ese momento abrieron.

    Sin embargo quien había abierto no era el hombre que buscaban. Aquél que salió era un hombre de raza negra, alto y musculoso quien según sus propias palabras se llamaba Antoine.

    Según les dijo, el otro hombre había salido y estaría fuera de la ciudad por mucho tiempo. Era por eso que aquél le había encargado su casa.

    Parecía cosa del destino e incluso mi esposa por un momento así lo interpretó. “Dios, o algo igual de sagrado se interponía para que no cometiera un acto de infidelidad”, me dijo.

    Pero claro, Estelita actuó de nuevo. Supuestamente debido al intenso frío, Estela aceptó la invitación que les hizo Antoine para que pasaran y tomaran algo caliente.

    “No, yo creo que mejor nos vamos, ¿verdad…?”, dijo Maly pero Estela ingresó inmediatamente al chalet.

    “Ya debimos habernos ido Estelita, ¿qué estamos haciendo aquí?”, le dijo Maly a su amiga cuando estuvieron solas, pues Antoine había ido a la cocina.

    “Maly, una oportunidad así no la podemos desperdiciar.”

    “¿De qué hablas Estelita?”

    “Qué no sabes que los negros son los hombres más fértiles del mundo. Son como sementales…”

    Y ahí Estela le habló a mi esposa de la (según ella) bien conocida capacidad de aquellos para embarazar a las mujeres.

    Según aquella, un hombre con las características de Antoine normalmente contaba con un miembro viril grueso y largo que, por lo tanto, tenía mayor posibilidad de abrirse camino hacia el útero y así facilitar la inyección de los espermas acercándolos lo máximo posible al óvulo a fecundar.

    Además de que expelían mayor cantidad de semen; cosa que claro, ella aseguraba como absoluta verdad pese a sólo basarse en rumores. No obstante, la sonsacadora expuso aún más cualidades.

    Parece absurdo pero mi mujer se tragó cada una de esas palabras llegando a sopesarlas como si fueran verdad. No le pasó por la cabeza que su amiga decía aquello sólo porque se quería coger a aquel hombre. Esa era la verdad, la mujer evidentemente estaba caliente y estaba deseosa de que se la cogiera el negro.

    Perdón, no tengo nada en contra de las personas de tales rasgos, pero que sólo por ello se enganchen ciertas mujeres me parece muy… bueno, en fin.

    «Él podría ser el padre de tu hijo… viste su cuerpo», dijo la muy deseosa.

    «¿Pero cómo…? ¿Él es negro?», respondió mi mujer señalando lo obvio.

    Maly, queriendo imitar las fechorías hechas por su amiga, pretendía hacerme creer que yo la había embarazado antes de salir de viaje.

    “Ay, no me vas a decir que esperabas hacerle creer a tu marido que él te había embarazado. Jorge está lejos y quién sabe cuándo regrese, no te lo va a creer. Discúlpame amiga pero no puedes hacer lo mismo que yo. Eso sería imposible. En tal caso dile que recurriste a otros medios.»

    “¿Otros medios?”

    “Sí, no sé… inseminación artificial. Que un donante anónimo te donó sus espermas y que no sabías que era afrodescendiente, qué sé yo.”

    “Ay Estela, ¡cómo se te ocurre!”

    Me contó mi esposa que luego ellas tomaron café y té con Antoine y que conversaron. Él les dijo que era físico culturista, que trabajaba en un gimnasio, pero que además modelaba e incluso hacía apariciones en televisión.

    No dudo que esto motivara aún más a la amiga de mi esposa, quién, según Maly, le brillaban los ojos y le sonreía coquetamente al negro macho.

    Luego de un rato de plática, según me confió Maly, Estela se ofreció a ayudarle a Antoine a recoger las tazas y llevarlas a la cocina. Maly cree que fue en ese momento, cuando ellos dos estuvieron en la cocina, cuando Estela le contó sobre el motivo que las había llevado allí. Es decir, posiblemente Estela le confió las intenciones de mi esposa por embarazarse y, quizás, le pidió su ayuda para eso. Tiene sentido, era buen punto de partida para que la sonsacadora de Estelita cumpliera su fantasía de ser cogida por el negro, el que mi esposa necesitara que la embarazaran le serviría de pretexto.

    En seguida Antoine y Estela regresaron con bebidas alcohólicas y ella creé que ya traían su plan: Ayudarse con esos tragos para desinhibirla; pues bien sabía que mi mujer no cedería del todo estando en sus cinco sentidos.

    Maly, no acostumbrada a beber tanto como su amiga, no tardó en subírsele y en poco ya estaba riendo de cualquier tontería (así es ella cuando se embriaga), mientras que Estela y Antoine cruzaban miradas cómplices. Mi esposa lo notaba pero ya para ese punto estaba tan animada por el alcohol que dejó que pasaran las cosas.

    Entre guasa y guasa Estela propuso a Antoine jugar a las cartas poniendo como pago la ropa que les vestía. Por supuesto esto con mira a crear una situación más íntima y cachonda de aquel trío.

    Borracha como estaba, Maly no tardó en perder sus prendas rápidamente, aunque los otros dos no se quedaron atrás, pues, dejándose ganar también quedaron en ropa interior fácilmente.

    Estela exhibía su excitación por ver por fin el cuerpo desnudo de Antoine. Aquél la tenía bien prendida al lucir su bien marcada musculatura. El atlético hombre ya sólo vestía trusa cuando Estelita le ganó con gran satisfacción la última de sus prendas.

    Sabiendo lo que vendría, con gran entusiasmo compartió su sentir con mi esposa.

    “¡Ay, por Dios!, prepárate Maly, vas a ver lo que nunca has visto.”

    “Ay, ¿a poco?”, le respondió mi mujer ingenuamente.

    Y el negro se bajó el calzón.

    Mi mujer dijo que aquello la espantó. Cuando mencionó esto imaginé cómo pudo haberse visto su rostro, de seguro hasta debió gritar del horror.

    “¡Es tremenda!”, bramó mi esposa.

    La figura del alto y musculoso macho estaba ahí mismo, ante ella, pero el foco de su atención se centraba en lo que le colgaba entre sus macizos muslos, un morzolote que parecía gruesa morcilla rematada por una hinchada cabeza y por debajo, en la base, dos testículos grandes y colgantes.

    Esto derechamente le impactó a mi esposa, y eso a pesar de que el mencionado falo no estaba erecto, pues, según me contó, sólo colgaba arqueándose apuntando hacia el piso.

    Tal fue el susto que Maly trató de huir de allí inmediatamente, sin embargo su amiga la tomó de la muñeca y así la detuvo.

    Con palabras la trató de tranquilizar

    “Ven… cálmate… mira que…”

    En fin, el caso es que, mientras le decía cualquier pendejada, prácticamente la llevó de la mano hasta acercarla a Antoine quien, inmóvil y desnudo, la aguardaba.

    La desgraciada de Estelita llevó de la mano a mi esposa hasta que ella sostuvo la vergota de Antoine quien la lucía descaradamente. De esta manera Maly tocó por vez primera una cosa así.

    Según dijo, se afianzó de ella involuntariamente, como si no controlara su propia mano ésta manipuló tal apéndice de adelante a atrás, y se maravilló de su grosor y de su endurecimiento conforme ella lo manipulaba.

    La vergota se erectó y la tiesa carne maravilló a mi mujer. Como retomando consciencia de que aquello era parte viva de Antoine Maly subió la mirada al rostro del negro hombre con vergüenza, sin embargo éste le sonrió. Maly sintió tal seguridad y confianza que le correspondió en la sonrisa. Lo demás ya se lo imaginarán.

    “Y luego tú, en tu estado”, le decía Maly a Estelita mientras veía admirada como su amiga toleraba las rudas arremetidas que aquel negrazo vigoroso hacía contra el menudo cuerpo que tenía delante.

    Estela no contestaba pues lo único que podía emitir eran gemidos, como producto de las rudas intromisiones a su cuerpo.

    No obstante,

    “¡Pero… ¿Y tu bebé?!”, insistió mi esposa.

    “El bebé estará bien”, Estela dijo con cierta dificultad, apenas pudiendo expeler las palabras entre cada empellón que recibía duramente desde atrás. La mujer prefería gozar antes que pensar en la salud de su producto.

    No sé cómo mi mujer no huyó de allí en ese momento, luego de ver lo tolerado por su amiga. En vez de eso fue testigo y luego…

    “Maly ven aquí, vamos, ven aquí”, le dijo Estelita a mi mujer animándola a acercarse a la erecta verga que para el momento ella tenía entre manos.

    El hombre echado en la cama se dejaba manipular del falo en un break con el fin de descansar por un momento del ayuntamiento.

    “Está caliente”, dijo mi esposa al tenerlo en su mano nuevamente.

    “Pero bésalo Maly que una cosa así no la tienes frente a ti todos los días”, le dijo Estela animándola a interactuar con el pedazo de carne viva que en ese instante latía entre sus dedos.

    La mano de mi cónyuge se movió de manera automática de arriba abajo acariciando el fuste que sujetaba, al cual, sonriendo nerviosamente, dirigió sus labios con los que besó la cabezona punta.

    Para este momento yo no creía que mi mujer hiciera todo esto sólo por estar borracha, o por querer embarazarse, para mí que lo disfrutaba. Y máxime lo digo porque luego:

    Maly por propia voluntad dio lengüetazos a aquella cabezona como si de una bola de helado se tratara. La amiga rio ante el atrevimiento de su compañera de aventura y se unió a ella en sus lamidas y caricias, ya que el falo era lo suficientemente grande para que ambas lo atendieran.

    Una y otra lo limaban con ambas manos restregándolo como nunca habían hecho con pene alguno. Deslizaban sus palmas una y otra vez por toda aquella gruesa largueza. Le sopesaban los grandes y pesados testículos contenidos en aquella talega de carne que sólo Estela se atrevió a lamer. Ésta se metió; no sin cierto esfuerzo; la cabezona punta del glande y tragó pescuezo, tanto como pudo, demostrando su natural lujuria de hembra descascada. Estaba casada, e iba a ser madre, pero no por eso dejaba de ser mujer, una muy lujuriosa, y esto lo demostró con creces cuando…

    “No sé tú pero yo quiero seguir metiéndome este pedazo de felicidad por la vagina”, dijo impúdicamente.

    “Ven Antoine, quiero volver a sentirte dentro mío”, le dijo al hombre, quien se incorporó mientras que ella se tendía de espaldas a la cama abriéndose de piernas al poderoso macho que se le colocaba encima.

    Volvió a gritar cuando se le introdujo Antoine como si su sexo aún no se hubiese adaptado al inusual tamaño.

    Mi esposa pudo ver como aquella tremenda cosa ingresaba al sexo de su amiga y no podía creerlo, por lo menos así me lo puntualizó detallándome cada metida como si de un hecho inusitado se tratara.

    “¿Cómo se ve?”, de repente le cuestionó Estela y mi esposa tomó consciencia de lo que estaba haciendo y se sintió avergonzada.

    Sonrojándose casi se retiró pero Estela le dijo:

    “No te afrentes, esto es perfectamente normal. Tú también tienes que hacerlo, acuérdate que además tú lo necesitas más que yo. Ven, ahora es tu turno”, y la mujer le cedió el lugar a Maly.

    “Sí, así, tus piernas bien abiertas”, le decía Estela mientras que ella misma le tomaba de ellas para separarlas tanto como pudiese. Bien sabía que era necesario para poder dar cabida a lo que vendría.

    “Voy a… necesito un momento”, de repente dijo mi mujer y se levantó de la cama. Comentándome esto creí que me iba a decir que se había arrepentido, pero no. Sólo tomó un instante para tranquilizarse, pues era la primera vez que… pues bueno, que me sería infiel, y más aún, que se metería un pene de tal tamaño lo que le daba susto.

    Tras respirar profundamente dijo: “Bien, estoy lista”, y regresó a la cama donde retomó posición.

    “Nunca he…”, dijo como tratando de solicitar prudencia al negro macho que tenía delante. Había visto con que contundencia había arremetido a la amiga y no quería que…

    Sin embargo justo aquella intervino.

    “No te preocupes, yo voy a ayudar para que se facilite la penetración”, así le dijo Estela mientras que, tomando la verga por propia mano, la condujo con cuidado (según mi mujer) hacia la abertura vertical.

    “Sólo siéntelo”, dijo Estela y manipuló el pene para que la cabezona punta rozara el clítoris de mi mujer, además de paseárselo por toda la raja.

    Lo sentido por Maly en esa paseada de verga no me lo confesó.

    Luego, como si de un hilo a insertar en el ojal de una aguja se tratara, Estela chupó y ensalivó el falo y se dispuso a insertárselo a mi mujer.

    “¡Ay Dios! ¡Lo siento tan… es tan grande!”, gritó mi esposa.

    “No creo poder contenerlo todo”, dijo luego.

    Pero el negro hizo caso omiso y siguió perforando.

    Estela intervino nuevamente y acarició a Maly como para tranquilizarla.

    “Enfócate en el placer y no en el dolor”, le dijo.

    Y parece que así lo hizo Maly pues, según me confesó, poco después Antoine se la metía y sacaba a mayor velocidad brindándole un placer nunca antes experimentado. Era puramente sexual, aclaró, como diciéndome que no se enamoró de él.

    “Yo sólo te amo a ti”, me aseguró.

    Pero por supuesto yo no dejaba de imaginarme como aquel negro desconocido había fornicado a mi esposa, quien se le había abierto de piernas con fin de que aquél le hiciera un hijo.

    Me la imaginaba siendo penetrada desde atrás mientras su amiga frente a ella le decía:

    “Ya ves, ya ves, te dije que ésta sería una maravillosa experiencia, ¿o no? De seguro que Jorge nunca te ha hecho sentir así”

    Y mi esposa de seguro asentiría siendo penetrada, mientras ella apoyada en sus cuatro extremidades trepidaría por los duros asaltos.

    Es más, pude oír cómo Estela de seguro le decía a Antoine:

    “Eyacúlale, eyacúlale bien adentro. Lo más profundo que puedas”, mientras que Maly seguía gozando de alguno de esos orgasmos que aquél le hubiese sacado.

    Aunque según Maly, para calmarme, me dijo que por el contrario, ella pedía tregua diciéndole: “Ay, ya, ya… ya no aguanto. Ya me cansé”, pues consideraba haber llegado a su límite.

    Pero el otro respondía: “Aguanta, espera, aún nos falta. Todavía no estoy listo para eyacular”, diciendo esto al estar bien consciente de que aún podía contener los espermas por un rato más de gozo.

    Pero al final el hombre cumplió con lo prometido. Inundó a mi mujer con la semilla prometida, e incluso la cargó para ponerla de cabeza, de tal manera que los fluidos que él le hubiese inyectado se deslizaran por gravedad hasta lo más profundo de su matriz.

    Fue así como me lo contó Maly.