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  • Una chica normal: Presentación

    Una chica normal: Presentación

    Mi nombre es Megan y antes de publicar mi primer relato quise subir este texto a modo de presentación. De esta manera evito que mi relato sea más largo de lo necesario.

    Confieso que soy adicta a los relatos de esta página. Y es que realmente se ha vuelto mi vicio el estar por las noches en la privacidad de mi recámara iluminada solo por la luz de mi celular buscando un buen relato mientras con mi otra mano hago travesuras bajo las sábanas.

    Tengo mis categorías predilectas y son las que primero busco para ver si hay novedades. Sexo con maduros, amor filial, confesiones, hetero infidelidad, etc. No imaginan la emoción que me da también el encontrar un nuevo relato de alguno de mis autores favoritos.

    Sobre todo en estos tiempos de confinamiento por el Covid, es cuando más me he dedicado a disfrutar de esta agradable y sexy adicción que por ahora no pienso dejar de hacer.

    Y creo que todos tenemos cosas que contar. Experiencias que deseamos compartir cobijados en el anonimato que nos da el estar detrás de una laptop o un teléfono celular. Desgraciadamente no todos tenemos el talento o la capacidad de convertir en relato eso que buscamos imprimir. Ya sea como una confesión que nos libere de alguna culpa, o simplemente para tratar de compartir con los lectores ese placer sexual que vivimos en su momento y que obviamente no podemos ir por la vida contándolo a los 4 vientos.

    Y es por eso que decidí escribir mi primer intento de relato, para contarles una experiencia que viví hace un poco de tiempo. Seguramente como todos los autores primerizos voy a tener un sinfín de fallas y errores, solo espero que no sean lo suficiente garrafales como para que les arruine el placer de la lectura.

    Como dije antes, mi nombre es Megan y cuento actualmente con 25 años de edad. Me describo físicamente para que puedan darse una idea de mi apariencia. Me considero una chica muy normal, como la que puedes encontrar de vecina de al lado o compañera de asiento en el transporte público. Soy de baja estatura, o chaparrita como decimos en México. Soy morena clara y me considero linda. Pero no linda y sexy, sino más bien del tipo linda y tierna. Con cara de niña buena pues. Mi cabello es negro quebrado, pero sin llegar a ser rizado. Ojos cafés oscuros, nariz un poco chata y ancha. Labios delgados y un poco trompuda. Además las comisuras de mis labios me hacen parecer que siempre estoy sonriendo o contenta, aun así esté súper enojada.

    De cuerpo como dije soy bajita de estatura, y no soy ni delgada ni gorda, sino más bien un promedio normal. Bueno, para que me engaño, soy más pasadita de peso que flaca. No estoy tetona, pero si tengo lo suficiente como para presumir un buen escote y claro que me encanta presumir. Soy de cintura ancha y por lo mismo mis caderas son poco notorias. Estoy nalgoncita, eso sí. Y remato con mis piernas anchas y que con un jean de mezclilla o una minifalda ajustada me ayudan a lucir mas culona y piernuda de lo que estoy. En general soy de ese tipo de chicas que desnudas o en traje de baño pues saltan a la vista las imperfecciones del cuerpo, ya sea la pancita, la lonja o incluso celulitis o estrías. Pero también ya bien vestidas lucimos sexys y hacemos voltear a más de uno.

    En ocasiones he intentado verme sexy, pero mis facciones juveniles o casi de niña no me ayudan mucho. Me veo más joven de lo que es mi edad y si bien esa es una ventaja que agradecemos todas las mujeres, cuando trato de ser sexy o vampiresa pues mi carita no me ayuda.

    Pero bueno, hasta aquí dejo este texto. Más que nada quería que me conocieran un poco y de esa forma ya quienes lean mi relato se ahorren el alargamiento innecesario que a veces suele ser tedioso para algunos lectores. Sin más, me despido y espero les haya gustado este pequeño texto de presentación.

  • Llevé a una zurda feminista a la cama

    Llevé a una zurda feminista a la cama

    Creo que debo comenzar por describirme un poco soy un hombre de 25 años, 1.75, peso 65 kg, más de una vez en mi vida me han llamado fascista y misógino a lo que yo respondo macho, facho, pero buen muchacho. Mi vida ha sido un poco desordenada, nunca he roto el corazón de una mujer, pero a muchas les he dejado de hablar a la mañana siguiente.

    La otra protagonista de mi historia es María (el nombre más popular de Latinoamérica buena suerte encontrándola) una zurda feminista radical pro aborto de 1.60 y cabello churon poco pasada de peso, pero con buenas tetas. Más de una vez he recibido insultos de su boca, pero me mantengo firme en mis creencias. Cómo cuando le dije que era asqueroso que no se depilara y no hiciera ejercicio, empezó con su despotricadera de los cánones de belleza, para mí era ridículo yo me pasó una hoja de afeitar en la cara y las bolas y tengo un riguroso régimen de dieta.

    Perdón si me alargue, pero quiero que entiendan que por ella no siento amor alguno. Todo empezó con nuestro círculo común de amigos Juan, Sara y Marcela. Estábamos tomando unos tragos de antioqueño. Yo odiaba a Juan, era un idiota aliade que besaba el suelo que pisaban las chicas, un homúnculo carente de personalidad capaz de vender su brazo por un beso en la mejilla, pero que podía hacer mi apartamento era el lugar de reunión de la universidad. Todos estamos en la misma universidad, claro está yo no iba seguir una carrera de mierda como María (Artes).

    Sara se fue y Juan tras ella como un perro que persigue sus huesos y la conversación se puso interesante.

    «Me da tanto asco los aliades» dije. «La verdad es que las mujeres preferirían estar con un hombre machista a estar con uno.»

    María se rio «un machista cómo tú?»

    «Yo no soy machista» dije porque no me considero uno, solo no soporto a las femilocas.

    «Pero si eres un machito, pito chico» dijo María. «Una verdadera feminista nunca estaría con un hombre como tú»

    «Esa última parte no» dije «¿qué quieres apostar a que puedo llevar a una feminista a la cama?»

    Después de discutir llegamos a un acuerdo…

    «Tu apartamento por lo que resta de año, tu pagarás la renta y yo viviré aquí. Será mi nueva casa» dijo ella.

    «Si vamos a apostar algo así de grande tienes que apostar algo igual tú, intercambio equivalente» dije.

    «No tengo dinero» dijo ella.

    «Tampoco quiero eso»

    Negociamos un rato y llegamos a un trato con Marcela cómo testigo. Luego de dos semanas ya era hora de cobrar por supuesto yo hice trampa. Verán Sara me había estado coqueteando desde hace un tiempo de forma sutil, pero yo sabía a dónde iba. Y claro María no podía decir que su amiga no era una verdadera feminista.

    Ella llegó como oveja al matadero con el rabo entre las patas.

    «Terminemos con esto rápido quieres» dijo mientras ponía las manos en la pared.

    «No tan rápido» yo había preparado una cámara oculta para disfrutar más de este momento. «Primero quiero que me des tu consentimiento»

    «Te doy mi consentimiento»

    Para los que se están preguntando que apostó pues el trato era simple 2 minutos con las manos en la pared yo podía tocarla cómo deseará, pero mi amiguito tenía que permanecer enjaulado.

    «¿A hacer que?» No sé trataba más que de humillarla un poco más que reconociera que perdió y que sería mi perrita por 2 minutos.

    «Ya por favor solo hazlo» dijo ella.

    Para mi buena suerte tenía una licra, la que tome de los bordes y bajé hasta el piso junto con sus pantys. Luego empecé a frotar suavemente el exterior de su vagina, luego roces suaves en su clítoris. No digo que sea bueno en el sexo, pero cuándo se trata de tocar a una mujer esa es mi especialidad.

    «Dime cuánto te gusta»

    «Cállate» dijo ella con la voz quebrada

    Metí mis dedos y estaba completamente húmeda. Y con mi otra mano jugaba con sus pechos por debajo de la camiseta.

    «Tu coño dice otra cosa»

    Ella no dijo nada solo miró el reloj, pero su respiración se hacía más intensa. Faltaban solo 20 segundos le di la vuelta y empecé a chuparle el coño que no estaba depilado. Podía imaginar su reacción… Ese no era parte del trato, pero estaba demasiado excitada. Sonó la alarma.

    «Para ya se acabó» dijo María.

    Yo no pare seguí chupando con fuerza mientras ella empujaba suavemente mi cabeza lejos de su sexo. Podrá decir que no quería pero estaba cerca del orgasmo. Entre resoplos me apartó con fuerza.

    «Ya para se acabó la apuesta» dijo.

    La empuje contra la pared y dije «entonces ahora podemos hacerlo bien,» y la bese.

    Se apartó «que haces?»

    La tomé de la cintura acariciando su cuerpo con mi otra mano. «Será nuestro secreto, no le contaremos a nadie». Me respondió mi besó con complicidad.

    «Prométeme que no le dirás a nadie» dijo María.

    Yo solo baje a chupar su rico coño hasta hacerla gemir, luego le di a probar el sabor de su vagina con unos ricos besos. Ella me quito la camisa como desesperada pasando sus manos frenéticamente por mi pecho sin separarse de mi boca.

    Le quite la camiseta dejando libres sus pechos que no sabía cómo los llevaba sin un brazier, era mínimo una copa c para mí una d incluso.

    Saco mi pene del pantalón y la chupó cómo pudo mientras y sacaba un condón (ya preparado).

    «Creí que no querías que te tocará con mi pito» dije.

    «Lo quiero completo destrozándole» dijo ella.

    No lo espere, me excito tanto que me puse el forro y la cogí en el piso. Ella gemía desnuda sobre mi frío suelo. Me senté en el sofá y ella se montó encima de mí decidida a hacerme venir. Lo hicimos de perrito cómo pudimos en la incómoda sala estábamos tan excitados que no pudimos llegar al cuarto. Me vine en sus tetas, tomo un baño y se fue.

    A veces nos preguntan sobre la apuesta pero nunca respondemos nada.

  • El chico del curso

    El chico del curso

    Carlos y yo nos conocimos en un curso en el año 2009. Yo me sentí atraída hacia él apenas entró al salón de clases: un hombre de cara bonita, joven, con espalda definida, delgado, de 1,90 cm de estatura, blanco, ojos café oscuros, cabellos negros y cejas pobladas.

    Él llegó tarde a la clase y no tenía el libro, así que el profesor me preguntó si podía tomar prestado mi texto para que él fuese a sacar las copias de las páginas que utilizaríamos ese día.

    —¿De quién es el libro? —Preguntó al regresar con las copias.

    —Es mío —respondí levantando la mano para que me viera.

    Ese día no pude concentrarme mucho en clase, volteaba con cierta frecuencia para verlo ya que se decidió sentar al fondo. Tuve un instant crush…

    Al día siguiente, yo estaba conversando con mi grupo de amigos antes de entrar a clase. Cada uno de nosotros había comprado un café en la máquina dispensadora para contrarrestar el frío que hacía en el salón. Una de mis amigas ve a Carlos y comenta:

    —Allí está llegando el nuevo, ¡que guapo es!

    Yo pensaba lo mismo, pero me hice la desinteresada. Cuando él pasó por nuestro lado, preguntó:

    —¿Este es el salón del profesor Quezada?

    —Sí —Respondí.

    —Gracias, soy nuevo y no recordaba el número del aula. Mi nombre es Carlos.

    —Mucho gusto, me llamo Eva y ellos son Lorena, Mayra, Gabriel, Álvaro y Jessica.

    Después de las presentaciones formales, comentamos que el aula era fría y que sería una buena idea que se comprase un café. Carlos compró su bebida y estuvo conversando con nosotros 10 minutos, luego todos entramos a la clase.

    A medida que el curso avanzaba, fuimos compartiendo como grupo antes y después de la clase: antes de clase el punto de encuentro era el perímetro alrededor de la máquina dispensadora de café y después de clase la reunión era en el estacionamiento.

    Luego llegó el cumpleaños de Lorena y ella nos invitó a su fiesta. Esa sería la primera vez que nos veríamos fuera del instituto. Lorena nos comentó que haría una fiesta semáforo, es decir, que deberíamos ir con los colores: rojo si estábamos en una relación, amarillo si estábamos abiertos a conocer a alguien y verde si estábamos solteros.

    Yo usé un sweater negro, un pantalón estampado con camuflado militar y unos Converse también camuflados. Lorena estaba vestida con un minivestido de un color verde tipo Campanita y unos tacos altos negro, mientras que Carlos decidió vestirse con una camisa casual negra, bluejeans y zapatos deportivos negros.

    En algún momento de la fiesta Lorena decidió confrontarnos a Carlos y a mí para reclamarnos que no seguimos el protocolo de la fiesta semáforo. Al parecer una de sus primas estaba interesada en él y uno de sus amigos estaba interesado en mí.

    —No vine a ligar con nadie —Respondió Carlos.

    —Yo tampoco vine pendiente de una conquista —Respondí.

    En fin, la fiesta siguió y se dieron las 4 am. Le dije a Lorena que gracias por la invitación, que había pasado una noche increíble pero que llamaría un taxi para irme a mi casa. Carlos me escuchó y se ofreció a llevarme. En el carro, escuchamos música, hablamos y nos reímos. Me preguntó porque no había llevado mi auto.

    —Tiene una falla y el mecánico aún no termina con la reparación, estaré sin vehículo una semana —Respondí.

    Durante la siguiente semana en el curso, él y yo hicimos varias tareas juntos y estuvimos conversando de una manera amena. Además, siempre me llevaba a la casa porque aún no tenía mi auto.

    De hecho, Lorena hasta me preguntó si él y yo nos habíamos dado un beso o algo cuando me llevó a mi casa después de su fiesta de cumpleaños porque estábamos pasando mucho tiempo juntos.

    Al final del trimestre, decidimos salir a celebrar que culminamos el curso en un bar. Fuimos Lorena, Mayra, Gabriel, Álvaro, Jessica, Joana, Carlos y yo. Cuando ya habíamos bebido todas las cervezas que nuestros cuerpos podían soportar, Mayra y Gabriel proponen ir a bailar a una disco trendy, sin dudarlo, Carlos y yo aceptamos. Álvaro y Lorena también apoyaron la idea. Joana y Jessica decidieron irse a sus casas.

    Una vez en la disco, pedimos diferentes cócteles y bailamos hasta el cansancio. Sexy Bitch de David Guetta y Akon era la canción de moda y se la pidieron bastante al chico que ponía la música en el local, creo que la bailamos al menos 5 veces.

    Llegó la hora de irnos y yo no estaba en condiciones de conducir. De hecho, pregunté en la disco si podía dejar mi automóvil en el estacionamiento y el personal del local me dijo que solo debía pagar todas las horas que el auto estaría allí. Carlos tampoco estaba en condiciones de conducir así que también dejó su auto.

    Cada uno de nosotros llamó un taxi y se fue a su casa. A eso de las 4 de la tarde, mi celular suena y veo que es Carlos. Atiendo y me pregunta si ya fui a buscar mi carro. Le dije que me había despertado hace 10 minutos y que ni siquiera había almorzado, él me respondió que tampoco había comido y me dijo para comer juntos antes de buscar nuestros automóviles.

    Nos vimos en un restaurante francés, comimos crepes salados y bebimos vino tinto. Nos dieron las 8 de la noche allí, nos besamos por primera vez en ese restaurante y sentí su mano firme recorriendo la parte baja de mi espalda. La deslizó hacia mi culo. Me quedé sorprendida por su contacto.

    —Continúa besándome, no te detengas —me murmura al oído.

    Su mano continúa su camino, introduciendo sus dedos en mi coño desde atrás. Gimo y me arqueo, haciéndole profundizar su movimiento manual. En ese momento, decidimos pedir la cuenta e ir a un hotel.

    Entramos a la habitación del hotel besándonos apasionadamente. Su polla estaba tan dura y caliente que apenas le bajé un poco el pantalón y el boxer, me puse de lado para que me penetrara por detrás. Sus dedos húmedos suben por mi cuerpo hasta acariciar mis pechos y la gruesa punta de su polla se deslizó dentro de mí.

    —¡Oh, qué rica estás! —dice mientras entra y salí de mí con facilidad. Ya me había corrido dos veces, pero seguía pidiendo más. Me provoca, me mantiene en la posición perfecta, presionando lenta y pacientemente en mi interior.

    Me encanta la sensación de su cuerpo fuerte y su miembro duro clavándose en mi cuerpo, sus largos brazos y anchos hombros envolviéndome, haciéndome sentir pequeña. Me levanta una pierna y la engancha alrededor de su firme muslo. El ángulo de su polla llega a una profundidad imposible, acariciando mi punto G, donde cada nervio ya palpita.

    Estoy muy sensible, mi clítoris está muy caliente, así que me relajo y disfruto de las sensaciones mientras me coge con fuerza. Su voz profunda llena el espacio detrás de mí. Su respiración mueve su cuerpo rítmicamente mientras su mano perfila las suaves curvas de mi cuerpo. Me recorre la clavícula, pasa el pulgar por cada milímetro del cuello y luego sus dedos se encajan suavemente bajo mi mandíbula. Sé lo que quiere: empujo mi cuello contra su mano.

    —Nunca imagine que te gustará la asfixia erótica —le digo.

    —Sí —susurra y agrega:— Pero si a ti no te gusta, no lo hago.

    —Me gustaría probar —le digo.

    Su mano se estrecha alrededor de mi cuello y yo jadeo, disfrutando la sensación. Él es inteligente, no aprieta demasiado, esperando el momento adecuado. Su polla sigue moviéndose a un ritmo lento y constante, hipnotizándome. Es tarde, está oscuro, el aire en la habitación es tan tranquilo, que todo esto parece irreal.

    Los contornos de su polla dentro de mí, la voz que se desliza por mi cuello, susurrando cosas que me provocan descargas de placer en todo el cuerpo. La oscuridad me hace más consciente de los sonidos que hacemos juntos, de cómo puedo sentir cada respiración suya moviendo el aire sobre mi cuello, mis pechos. Agarro su culo y lo empujó más hacia mí, abriendo todo lo que puedo para dejarle entrar.

    Él se estremece, tiene un grito ahogado en la garganta, y siento cómo se contrae su polla. Me agarra con fuerza por la garganta y se introduce con fuerza en mí, hasta que su punta llega a mi límite. Grito cuando siento que su cálido semen me llena, contrayendo mi coño para absorberlo todo.

    Despega su mano de mi cuello, arrastrando unos dedos tensos que dejan un rastro de chispas por mi cuerpo y me dice:

    —Es hora de ir por nuestros autos.

  • Una loca y calurosa experiencia

    Una loca y calurosa experiencia

    Bueno espero y les guste esta experiencia que me sucedió hace algunos meses que fue algo curiosa ya que no me pasa por la cabeza hacerlo en algún lugar público y más con un desconocido.

    Era un día un poco caluroso ya casi atardeciendo por fin acabo de dar clase al último grupo que me toco «ese día» me dispongo a recoger mis cosas que tengo en el escritorio salgo del salón y me dirijo al baño para acomodarme mi vestido «que está un poco corto» era un vestido color rojo con franjas blancas me miro en el espejo y observo que además de que esta corto el vestido se marca mucho mi trasero y que decir de mis pechos parecían que se asfixiaban con el vestido y pedían a gritos salir unos segundo después termino de verme en el espejo y me dirijo a la salida de la escuela sin ningún problema.

    Voy caminando por la calle y con solo caminar se levanta y deja ver mi trasero que apenas cubro con un cachetero negro y bra una vez que llegue a la parada del autobús como a los 5 minutos observó como un chico me está observando a lo lejos lo único que hice fue esconderme «por así decirlo» con las pocas personas que estaban en la parada pero no funcionaba ya que cada vez que me movía el vestido se me levantaba y dejaba ver casi todo así que me di por vencida y no le tome importancia «pero cada cierto tiempo lo observaba para ver si se iba o hacia algo».

    Después de varios minutos llega el autobús y prosigo a tomarlo y una vez subiendo las escaleras tomo mi vestido con las 2 manos para evitar que se me levante el autobús iba un poco lleno así que como pude me fui hasta la parte de atrás y me quedo ahí hasta que por la ventana veo como se cruza y muy apurado logra tomar el autobús pero no le di importancia ya que iba un poco lleno después de unos minutos y sin mas no sé como le hizo para escurriese entre las personas que cuando me di cuenta ya estaba a 3 personas de llegar a donde estaba yo y de pronto el autobús hace una pequeña parada en donde descienden pocas personas hasta que llego a mi lado yo solo lo vi con cara de disgusto, tomo mi celular y me pongo a leer unas cosas del trabajo evitando no voltearlo a ver así estuve unos minutos hasta que de pronto si mas me dice.

    – Al verte me das la impresión de estar fastidiada y cansada por un largo y caluroso día de trabajo

    Cuando me dijo eso lo único que hice fue voltear un poco la cabeza *con cara de enojo* y sin responderle solo me le quede viendo y después de unos segundos vuelvo a ver mi celular.

    Unos minutos después me vuelve a pregunta.

    – No puedo dejar de mirar tu cuerpo de arriba abajo

    – ¿Eres modelo?

    – No, soy profesora de secundaria

    – ¿En serio eres profesora?

    – Si, ¿algún problema?

    – No, solo que no es común ver a una chica tan guapa como tú y más que sea profesora ya me imagino como han de estar encantados tus alumnos contigo

    Después de unos segundos de estar charlando sin más me pide una disculpa.

    – Oye, te quiero pedir una disculpa por hablarte así sin más ya sé que vienes cansada y sé que no ha de ser fácil estar con jóvenes yo también vengo saliendo del trabajo y también estoy un poco cansado y de hecho sé que me viste del otro lado de la calle y la verdad cuando te vi quería hablar contigo pero pensaba que eras modelo así que por eso estaba observándote y mira me lleve una sorpresa de que eres profesora

    – No te preocupes, soy yo la que se tienen que disculpar por lo que hice en mayor parte ignorarte así que los dos tenemos por qué disculparnos

    Una vez que nos disculpamos cambiamos de tema esta vez con mas confianza empezamos a hablar casi de todo hasta que de pronto y sin previo aviso el autobús se vuelve a llenar y una vez que la gente empieza a subir noto como se va atrás de mi yo sin darle importancia veía como se llenaba poco a poco hasta quedar apretados entre mochilas y bolsas el autobús empieza a moverse unos segundos más tarde me dice al oído.

    – Desde que te subes todos los hombres te comen con la mirada

    – La verdad no sabría decirte ya que no le tomo mucha importancia solo quiero llegar a mi casa y ya

    – ¿En serio? Deberías de prestar más atención la verdad eres una chica muy hermosa y este vestido en verdad te queda muy bien de tan solo verlo estoy empezando a tener una erección

    Cuando me dijo eso como pude voltee a verlo y pude notar un pequeño bulto en su pantalón al verlo solo me reí y volví a voltear la cara y cuando lo hice me dice

    – Tu lo provocaste con tu vestido la verdad se te ven unas nalgas increíbles

    – No digas eso, este no es un lugar para hacerlo

    Después varios minutos de recorrido entre bache y bache siento que disimuladamente pone su mano en mi muslo, al principio lo dejas pasar, ya que el autobús viene lleno y no quiero hacer mayor escándalo, pero poco a poco observo como sus caricias se vuelven más prolongadas y atrevidas, de pronto noto como uno de sus dedos recorre mi pierna y cuando llega al comienzo de mi trasero detengo su mano la pellizco, volteo a verlo y con cara de desaprobación le digo.

    – Aquí no podemos hacer esto ponte a pensar en lo que puede pasar si alguien no ve

    Sin decir nada observó como quita su mano y la baja sin embargo unos minutos después comienza de nuevo el toqueteo, esta vez es más descarado con la palma de su mano la pone en mi trasero y comienzo a acariciarme por encima del vestido, de nuevo lo vuelvo a rechazar pero al mismo tiempo por una extraña razón comienza a excitarme ya que nunca me había pasado hacerlo en un lugar público y mas porque tengo novio y no puedo darme el lujo de hacerlo con cualquiera y más por alguien que acababa de conocer, después de 15 minutos de estar forcejeando con el comienza a gustarme y el al observar que ya no estoy poniendo resistencia sube la mano por debajo de mi vestido y encuentro la línea de encaje de mi cachetero lo levanta un poco y juego con los pliegues ya un poco perdía por la situación me recargo sobre el para darle más libertad para que me masturbara y unos segundo después siento como su pene poco a poco va creciendo en el canal de mi trasero, solo exhalo y gimo bajo, disfrutando las caricias, de pronto hace a un lado mi cachetero y mete uno de sus dedos en mi vagina y me dice al oído.

    – Estás mojadisima y mi dedo resbala sin problema por eso te pones esos vestidos tan cortos ¿verdad?

    Sin responder solo puse mi mano en mi boca para evitar gemir alto y sin más en una acción rápida me voltea de tal modo que quede frente recarga un poco su cabeza en la mía y me susurra despacio.

    – Te encanta ¿verdad?

    Asiento con la cabeza mientras «ya totalmente perdida» bajo mi mano a su entrepierna buscando su pene, comienzo a acariciarla por encima de sus pantalones, y poco a poco me acercaba a su cierre hasta que llego y poco a poco la saco de su pantalón cuando la saco de pronto me toma de los hombros y me voltea poco a poco «ahora quedando de espaldas» coloco su pene en el canal de mis nalgas, me levanto un poco el vestido y poco a poco empiezo hacerme hacia adelante y atrás como si estuviéramos cogiendo, después de unos 30 minutos regreso un poco en mi cuando de la nada empiezo a recordar que estoy en un autobús lleno de gente, y observas alrededor si nadie se ha dado cuenta, mientras sigo masturbándolo con mis nalgas me percato que ya casi llego a mi casa y le digo

    – Oye no te vayas a molestar ya casi llego a casa la verdad me gustó mucho, pero recordé que tengo algunas cosas que hacer

    Así que me incorporo me acomodo mi panty y mi vestido y posteriormente me preparo para bajar, pero sin antes darle un beso cuando ya estaba en la puesta y toco el timbre me percato que se mueve de donde estaba y se baja conmigo una vez nos bajamos me dice.

    – ¿En dónde vives?

    – Vivo a unas cuentas cuadras de aquí

    – ¿En serio? Que te parece si terminamos lo que estábamos haciendo en el autobús yo sé que te quedaste con las ganas ¿verdad?

    – Si, tienes razón, pero como te dije tengo cosas que hacer así que si me disculpas…

    De pronto y antes de que terminara de decir la frase me toma de la mano me abraza y me da un beso en la boca así estuvimos unos minutos hasta que de pronto suena mi celular lo sacas con torpeza y me doy cuenta que me habla mi novio, contesto «con un tono nervioso» y mi novio me pregunta.

    – ¿Que tienes?

    – ¿Te pasa algo?

    – Si quieres paso por ti en ¿dónde estás?

    Unos segundos después y con un silencio incomodo le contesto

    – No te preocupes, lo que pasa es que tuve un día pesado en la escuela además ya casi llego a mi casa lo siento mucho por hacer que te preocuparas

    – No es nada solo te marque para saber como estabas de hecho voy de camino a tu casa para verte

    Después de decirle eso comencé a hablar de cosas triviales y de pronto cuando menos lo esperaba siento que su brazo rodea mi cintura y su cuerpo se pega a mí de inmediato de la sorpresa casi se me cae el celular y mi novio escucha un leve grito tuyo y me pregunta

    – ¿Qué te pasa?

    – ¿Estás bien?

    – No te preocupes estoy bien, es que estaba a punto de tropezarme

    Continuo hablando con mi novio mientras trato de zafarme de él, pero comienzo a dejar de hacerlo cuando comienzo a manosearme de nuevo, me toma de mi trasero alzando mi vestido y me da una sonora nalgada ,gimo del dolor pero continúas hablando con tu novio, de pronto y sin más llegamos a mi casa y el no dejaba de acariciar mi trasero como pude abrí la puerta de entramos una vez adentro me suelta y sin decir nada más me apoya sobre la pared y me levanta totalmente el vestido y me da otra nalgada ya excitada y totalmente perdida lo deje que hiciera lo quisiera como mi trasero (desde besarlo hasta nalguearlo) mientras él hacía eso no dejaba el celular mientras el escuchaba que le decía a mi novio cosas de mi trabajo de pronto noto que se agacha y ya sin oponer resistencia (solo tengo miedo y a la vez excitación de que tu novio no nos descubra) pone su cara entre mis nalgas pasa su lengua por encima de tu cachetero y huele todo el aroma que expide tu panty (ese olor embriagante lo impulsa a más), se incorpora un poco y poco a poco baja mi cachetero dejándolo en mis tobillos, saca su pene del pantalón, mientras que con uno de mis dedos estimulo un poco mi clítoris y sin previo aviso mete su pene en mi húmeda vagina, mientras exhalo un largo Ahhh!, y recuerdo que aún estoy con el celular hablando con mi novio y de pronto y preocupado me dice.

    – ¿Que tienes amor? Te escuchas extraña

    – Nada amor, es solo que estoy muy cansada y me estire

    Mientras lo tratos de calmar, comienza a cogerme cada vez más rápido, y me cuesta cada vez más seguir la conversación con mi novio, y mientras me vengo a chorros en su pene, de pronto la saca y aun con mis fluidos chorreando de ella, me agacha frente a él y la mete en mi boca, solo doy arcadas y expresas solo y susurrando le digo

    – Mmm, Mmm,

    – Dame mas

    – Quiero tu lechita en mi boca

    Y mientras él la metía hasta el fondo de mi garganta, y ahogándome con ella de pronto mi novio me pregunta.

    – ¿Te encuentras bien?

    Totalmente perdida a duras penas saco su pene para decirle.

    – Si amor, me duele un poco la garganta

    – No te preocupes

    – Espero no enfermarme ya que en estos días estaré muy ocupada y necesito estar al cien

    y antes de que siga hablando vuelve a meterla en mi boca, y me dice.

    – Calla y sigue

    De pronto mi novio nos alcanza a escuchar y ya molesto me pregunta.

    – Karen, ¿qué estás haciendo?

    – Nada amor, te hablo luego debo hacer otras cosas

    Y le cuelgo «o eso creo» me levantas y me dirijo a la sala me apoyo en el filo de un sillón y le digo «en forma de orden»

    – Cógeme, cógeme más, cógeme como quieras

    – Dale a esta profesora putita lo que necesita

    – Hazme tuya

    – Quiero tener ese enorme pene dentro de mi

    De pronto se acerca poco a poco me da un beso me quita mi cachetero aventándolo al piso, abre mis piernas de par en par y obediente me su pene de nuevo en mí, mientras me está cogiendo muevo mis caderas acompañando su movimiento, mientras aprietos el teléfono entre mis manos, gritando y gimiendo cada vez más alto, solo quiero tener su pene dentro de mí, de ponto pone su mano en mi cuello limitando mi respiración, baja los tirantes de mi vestido y dejo tu bra al descubierto, lo baja también y comienza a acariciar (con cierta violencia) mis pechos y tus pezones.

    Totalmente con la cabeza en blanco me empieza a coger más rápido y en determinado momento entre el sudor de ambos cuerpos, de pronto me levanto con la poca fuerza que me queda rodeo con mis brazos su cuello mientras experimentas otro orgasmo, mientras veo como también está a punto de venirse dentro de mí y le digo.

    – Vente adentro de mi

    – Dale a esta vagina lo que necesita

    Hasta que de pronto siento como poco a poco ese líquido viscoso y tibio inunda todos los rincones de mi vagina, unos minutos después al terminar saca su pene poco a poco y solo veo como su semen escurre fuera de mi al mismo tiempo que su pene pierde poco a poco la erección, la tomo con mi mano la pongo en mi boca y termino de limpiar los restos de ella, saco un poco de papel higiénico de mi bolsa y limpias tu vagina de los restos de mi semen, acomodo mi vestido, lo bajo y mientras un poco avergonzada le digo.

    – La verdad no sé qué me paso yo no soy así

    – Pero acepto que me gusto y lo disfrute mucho

    Pero un aparte de mi sabía que era más un reproche hacia mí que hacia él, no dice ni una palabra mientras se viste, acomodo mi bra y los tirantes de mi vestido, buscas mi cachetero en el piso y me lo pongo poco a poco, «aun siento la humedad en mi vagina en él», ya por último cuando estoy a punto de irme me toma de la muñeca y me dice.

    – No te vas a ir tan fácil

    Me pide mi número mientras se vuelve a apoderar de mi vagina húmeda arcaizándome por encima y al ver mi celular mi celular «para darle mi número» me doy cuenta que no colgué la llamada con mi novio y que todo el tiempo nos estuvo escuchando muy sorprendida solo atinó a decir.

    – ¿Estás ahí amor?

    Pero solo escucho una respiración agitada e inmediatamente cuelga.

    Después de lo sucedió mi novio llego con una cara (pero una parte de mi sabía que lo había disfrutado) (o no estoy segura) hasta la fecha no hemos tacado el tema y llevamos una buena relación como si nada hubiera pasado y con respecto al chico solo hablo con por WhatsApp, pero ya tiene bastante tiempo que no nos vemos.

    Saludos y besos…!!!

  • Profesora sexual

    Profesora sexual

    A espaldas de mi marido Andrés tengo una cuenta en una App de citas que de vez en cuando utilizo para conocer hombres que me atraigan y con quienes pueda reunirme a saciar mi apetito sexual, ya que mi marido a veces no me deja totalmente satisfecha o simplemente me encuentro muy caliente.

    Resulta que hace unas semanas me percaté de un mensaje que tenía en esa App de parte de un joven de 20 años llamado Ángel quien me comentaba que deseaba perder su virginidad, aprender a tener relaciones sexuales y consideraba que yo, dado que tengo 40 años, podría contar con la experiencia para enseñarle.

    Aunque no se veía muy atractivo, el chico si tenía lo suyo y la verdad me excitaba la idea de ser quien le quitara la virginidad, además que me llamó mucho la atención ser una especie de «profesora sexual».

    Me contacté con Ángel y entablamos diversas conversaciones, intercambiamos fotografías, era muy directo en lo que buscaba, me contaba de su vida, su falta de experiencia en el ámbito sexual y cada vez que hablábamos me decía lo atractiva que me encontraba, que le encantaría conocerme y que yo sea su maestra en la cama.

    No podíamos encontrarnos en su casa, ya que Ángel vive con sus padres, tampoco podíamos en la mía, ya que vivo con mi marido y mi hijo, así que Ángel me convenció para que nos reunamos en un motel y así fue como un día en que tenía libre del trabajo, cosa que no le informé a mi marido y así el creyó que había salido a mi jornada laboral, me reuní con Ángel en un café, nos saludamos un tanto distantes y pude notar que el pobre estaba muy nervioso y cohibido.

    Para que se sintiera más cómodo y en confianza le comenté que no se preocupara conmigo, que lo iba a tratar bien, que me avisara si algo no le gustaba o le podía molestar y que estaba dispuesta a llegar a lo que él quisiera aprender en la cama.

    Ya cuando Ángel se notó más tranquilo y comprendió que conmigo podrá aprender y practicar en la cama libre de prejuicios decidimos irnos al motel.

    Llegando a la habitación ya nadie nos veía así que podíamos dejar de ser tan distantes, además que ya estaba decidida a ser su profesora sexual y el asumió el papel de alumno.

    Nos sentamos al borde de la cama y le pregunté si sabía besar, nuevamente lo noté muy cohibido, así que le pedí que me besara y el me dio un beso en el que nuestros labios apenas se tocaron, evidentemente Ángel no tenía experiencia besando así que le pedí que lo intentara nuevamente, pero que está vez abriera un poco la boca y apenas lo hizo inserté mi lengua en su boca buscando la suya con el fin que hiciera lo mismo, lo cual al principio no le resultaba, pero luego creo que comprendió la dinámica y terminó besando bastante bien para mí sorpresa.

    Así estuvimos besándonos a medida que lo acariciaba cuando le pregunté si le gustaría verme desnuda.

    Ángel me miró y sonriendo me dijo que le gustaría mucho, lo miré, le sonreí y luego me comencé a desnudar por completo mientras Ángel me miraba sorprendido y aunque lo notaba algo tímido no dejaba de halagar mi cuerpo y piropeándome en todo momento.

    Le solicité que también se desnudara, lo cual hizo rápidamente, ante lo cual pude ver que tenía el miembro completamente erecto, así que le pedí que se pusiera un condón, sin embargo me dijo que no traía condones, que le había dado vergüenza comprarlos y esperaba que yo llevara conmigo.

    No supe si enojarme o reír, finalmente conversé con Ángel sobre su experiencia previa y como me dijo que efectivamente nunca antes había estado con una mujer, sumado a que yo no estaba en mis días fértiles, acordamos hacerlo sin condón.

    Me acosté boca arriba en la cama y le pedí que me besara los pechos, algo que me sorprendió porque me los acariciaba, besaba y succionaba de una manera que me excitaba bastante, bromeábamos con que tenía un talento innato para tratar los pechos de una mujer, a lo que me respondió que los míos eran enormes y le encantaban.

    Posteriormente le pedí que fuera bajando sin dejar de lamer mi cuerpo, fue bajando y rápidamente llegó a mi vagina, allí estuvo pasando su lengua un buen rato, debo reconocer que no lo hacía nada mal, solo que su falta de experiencia causaba que algunos de mis vellos púbicos le quedaran en la lengua, pero lo tomamos con humor y reímos un rato al respecto lo cual sirvió para distender la situación.

    Para ese momento Ángel había conseguido excitarme mucho, me sentía muy húmeda y ya necesitaba sentirlo dentro mío.

    Le dije que ahora él se acostara boca arriba en la cama para poder subirme sobre él, lo hizo sin rechistar, entonces me monté sobre él, acomodé su pene en la entrada de mi vagina y de a poco comencé a bajar hasta que su miembro entró completamente, entonces lo miré a los ojos, aunque él estaba con la mirada fija en mis pechos, le dije que oficialmente ya no era virgen y nos reímos nuevamente.

    Estando sobre él, le sonreí, le di un rico beso y comencé a menearme, subir, bajar, le preguntaba cómo se sentía y claramente ambos lo estábamos disfrutando.

    Me dijo que era mejor de lo que había imaginado, que le estaba gustando mucho, se notaba que lo estaba disfrutando, yo también por cierto, ya que Ángel tenía un pene enorme y grueso que podía sentir en mis paredes vaginales.

    Estuve montada en Ángel disfrutando de su miembro dentro mío, el ya con más confianza me acariciaba la espalda, el trasero, apretaba y lamía mis pechos, nos besábamos constantemente, yo disfrutaba como Ángel intentaba succionar mi lengua cuando finalmente escuché unos gemidos de su parte que intentó disimular, pero que no logró contener y pude sentir una potente descarga de semen en mi interior que también me hizo gemir de placer.

    Me quedé estirada sobre él con su pene dentro mío mientras nos besábamos y acariciábamos a la vez que le comentaba lo buen alumno que era mientras él me halagaba y agradecía por ser su maestra.

    Después de unos minutos, una vez que me levanté y Ángel sacó su miembro de mi vagina comenzó a gotear parte del semen, lo que nos causó mucha risa y con una mirada cómplice me dijo que tenía más por si quería.

    La verdad es que yo pensaba que después de esto nos íbamos a ir del motel, pero en vista de que Ángel había recuperado su erección y yo por mi parte lo estaba pasando tan bien, le dije que lo hiciéramos nuevamente si él quería, a lo que me respondió que estaba listo para otro round.

    Me recosté en la cama boca arriba y le dije que ahora a él le tocaba estar arriba, a lo que ni lento ni perezoso se subió sobre mí, intentó acomodar su pene en mi vagina, pero noté que le estaba dificultando, así que lo ayudé dirigiendo su pene a la entrada de mi vagina y entonces Ángel lo insertó fuerte hasta el fondo, algo que me encantó, lo acerqué a mí, lo abracé y sin soltarlo comenzó a sacarlo y meterlo dentro mío rápidamente a un ritmo frenético que me excitó de sobremanera a la vez que nos íbamos besando, el lamía y besaba mis pechos mientras yo abría las piernas para que entrara todo lo posible y así estuvimos varios minutos hasta que al terminar lo rodeé con mis piernas para que no se alejara y pude sentir nuevamente una gran descarga de su semen en mi interior.

    Nos quedamos un buen rato en esa posición, su pene descargándose dentro mío mientras yo lo rodeaba con mis piernas y nos besábamos apasionadamente.

    Una vez nos levantamos y nos vestimos quedamos de juntarnos nuevamente en cuanto nos sea posible para otras clases de sexo, practicar lo aprendido y probar cosas nuevas.

    Así fue como me convertí en su profesora sexual.

  • Una noche de campamento

    Una noche de campamento

    Eran las dos y media de la madrugada del sábado cuando me desperté solo en aquella carpa que compartía con mi padre. Pensé que quizás había ido a mear ya que había dejado la carpa medio abierta pero los minutos pasaban y el no volvía. Entonces dispuesto a saber dónde se encontraba salí de la carpa y miré hacia todos lados pero no lo veía por ningún lado, pero podía escuchar de fondo cierto murmullo que provenía de la carpa en donde se encontraba mi hermana y su amiga así que pensé que quizás se encontraba allí adentro.

    Me fui acercando lentamente hacia la carpa en donde se encontraban las chicas y a medida que me acercaba el murmullo se hacía cada vez más claro e entendible para mis oídos y al estar a metro y medio pude distinguir entre esas voces la voz de mi hermana.

    – Ahh ahhh ahhhh – decía mi hermana que parecía estar gozando cierto disfrute.

    La luz de la luna me permitió distinguir por fuera las siluetas de dos cuerpos femenino que se encontraban sentadas sobre algo y enfrentadas entré si, además no me fue difícil saber quién era quien. Los senos de mi hermana son muchos más grandes que los de su amiga así que la que se movía hacia arriba y hacia abajo dando pequeños saltitos era mi hermana ya que sus pechos no permanecían estáticos con su movimiento.

    A mi padre no lo veía dentro de la carpa y tampoco lo escuchaba así que llegue a pensar que quizás no estaba allí pero en un momento pude observar con mucha claridad como alguien que se encontraba debajo de mi hermana le empieza a tocar las tetas, entonces comprendí que era lo que estaba sucediendo allí adentro. Mi padre se estaba garchando a mi hermana y no lo escuchaba porque también le estaba practicando sexo oral a la amiga de mi hermana.

    Yo de forma instantánea empecé a pajearme y a recordar como en reiteradas ocasiones había observado a mi padre entrar por las noches al cuarto de mi hermana incluso cuando venía su amiga a quedarse a dormir en casa. Entonces me lo imagine garchandoselas en la cama de ella tal cual como lo estaba haciendo antes mis ojos y eso me llevó a expulsar una gran cantidad de semen no antes de observar la mejor parte.

    En un momento la amiga de mi hermana empezó a hacer algo que a mi me volvió loco completamente y que me llevo a eyacular como nunca antes lo había hecho. Ella desde su posición bajo medio cuerpo hacia abajo para llevarse a la boca esas terribles gomas que no paraban de moverse y que iban de un lado hacia otro al ritmo de los saltitos que daba mi hermana. Yo al ver esto explote y dejé todo el pastito cubierto de semen.

    Ya con mi pija acabada y fusilada debido a la terrible paja que me acababa de hacer pude escuchar por primera vez luego de varias horas la voz de mi padre. Pasó que él se cansó de estar abajo así que en un momento luego que ellas se levantarán él se paró y pronunció unas palabras que desde afuera pude escuchar claramente.

    – Ahora me van a chupar la pija ¿me escucharon?

    Ellas dos no se pronunciaron, solo obedecieron así que vi como las dos se arrodillaron de un lado cada una y empezaron a usar sus bocas y sus lenguas para satisfacer la necesidad de mi padre. Entonces lo volví a escuchar por segunda vez en esa noche.

    – Que rico me chupan la pija ustedes dos, me la van a dejar seca.

    Yo me hubiera venido rápidamente en sus caras si me tocaran las dos con sus lenguas pero mi padre es un hombre con experiencia así que sabe contenerse y es por eso que la chupada de pija duro varios minutos hasta que les acabo en la boca a las dos.

    – ahh ahhh ahhhh – dijo en esta ocasión mi padre al venirse.

    Yo luego de escuchar a mi padre acabar volví rápidamente a mi carpa y me hice el dormido cuando el regreso unos minutos más tarde.

  • Memorias de África (V)

    Memorias de África (V)

    A la mañana siguiente como de costumbre entraron tres mujeres a darme de beber, llevarme comida, asearme y a inspeccionar la “obra” de Aifon. Estaba todavía un poquito irritada, así que volvieron a masajearme con el mismo ungüento tanto la parte de adentro de las nalgas como el sexo, el pubis, la vulva. Aifon me había dejado tan suave como el culito de un niño. Luego en vez de vestirme, me dejaron acostada en el camastro y se fueron.

    Me dejaron toda mi ropa limpia a los pies de la cama. Me puse sólo las bragas y me volví a acostar. No llevaría ni cinco minutos mirando al techo, cuando entró Aifon. Se sentó en el borde del camastro, y me bajó las bragas con una sonrisa. ”Encima te ríes hija de puta, no te contentas con hacerme sufrir, además te regodeas”, pensé. Inspeccionó el pubis y el sexo, el interior del ano mientras doblando mis piernas como el día anterior, me las apoyaba en el pecho. Con los dedos separó los labios y acarició la entrada de mi vagina. Me dio escalofríos y di un respingo. Como si la entendiera, Aifon empezó a hablarme, como si estuviera dándome un informe medido; por supuesto no la entendí, pero dejé que siguiera con su discurso. Creo que vio en mí que no me inmutaba y entonces se puso de pie.

    Se desató el taparrabos y pude ver perfectamente el sexo de Aifon. También lo tenía depilado. Me quedé mirando su pubis, los labios de su vagina de un color moreno oscuro, la arruguita de las ingles, sus muslos redondos y formados… durante unos segundos nos quedamos mirándonos la una a la otra. Yo seguía seria, pero ella estaba sonriente. Noté como el corazón me latía con fuerza, y cuando me atreví, alargué el brazo desde el camastro y le acaricié el muslo que tenía más cerca. Subía hasta sus nalgas y las apreté, las tenía casi tan duras como las mías. Deslicé los dedos entre las nalgas y le toqué el ano. La atraje hacia mí y seguí acariciándola por delante. Metí mi mano entre sus muslos suaves y llegué hasta su sexo. Con un gesto de mi mano hice que abriera un poco las piernas y me dejara inspeccionar a mí su coño. Me senté al borde de la cama, abrí las piernas y la traje hacia mí. Le besé el vientre, el ombligo, le acaricié lentamente los muslos, el pubis, me atreví incluso a llegar hasta su clítoris.

    Ella sonreía al mismo tiempo que su respiración se hacía cada vez más intensa. Ni cuenta me di que había dejado la puerta de la choza abierta. Volví a apretar sus nalgas y a apretar su cuerpo contra mi boca. Intentó cerrar los muslos y quitarme la mano de su coño, pero esta vez quería mandar yo. Le mostré con energía que tenía que estarse quieta. La abrí aún más de piernas y me arrodillé frente a ella. Me agaché lo justo para llegar con mi boca hasta su sexo suave y moreno. Bastó un toque con la punta de mi lengua en su clítoris para que se le escapara un leve gemido. Me levanté, la cogí de la mano y la subí a la cama. La puse de rodillas con las piernas abiertas y yo me coloqué detrás.

    Le besé por la nuca, por el cuello, los hombros, y al mismo tiempo metí mis brazos por sus axilas hasta que pude coger sus pechos. Los pude sentir en mis manos, duros, redondos, suaves. Sus pezones se pusieron duros al pellizcárselos. Tenía la boca entreabierta, jadeaba y respiraba fuertemente. Una de mis manos bajó por su vientre y con mi dedo corazón estimulé su clítoris. Tenía rodeada sus caderas con mis muslos y podía sentir la suavidad su piel. Apreté mis pechos contra su espalda, podía sentir el movimiento de su cuerpo al respirar. No dejé de besarle el cuello, ni de excitarle el clítoris, y rozaba mis tetas en su espalda. Ella también se estremecía y no hizo lo más mínimo por separarse de mí.

    -Cabrona, has hecho conmigo lo que has querido y ahora voy a ser yo la que me desquite. No voy a parar hasta que te corras, zorra.

    Todo eso le dije al oído aun sabiendo que no me iba a entender. Tenía ganas de follarme a aquella chiquilla, y no sé si hasta de vengarme. Me separé de ella lo justo para ayudarla a recostarla boca arriba. Pasé una de mis piernas sobre ella y me quedé a cuatro patas con la intención de someter a aquella salvaje a la tortura de un 69. Me acerqué hasta su sexo y me lo metí en la boca. Con la lengua recorrí toda la raja a lo largo. Estaba mojada y no dejaba de gemir. Me gustó el sabor de su coño húmedo y aumenté el placer metiendo un dedo dentro. Aifon adivinó de qué iba el juego y subiendo su cabeza llegó hasta la entrada de mi sexo y paseó su lengua por los labios de mi vagina. Sentí un placer enorme con aquella boca en mi sexo. Sin decirle nada, con sus manos abrió mis nalgas y arrastro su lengua hasta la entrada de mi culo.

    Con uno de sus dedos intentó entrar, pero no la dejé. ”No guapa, te esperas”, pensé mientras contraía el culo. Durante un movimiento que hice para quitarme los pelos de la cara, pude ver que en la puerta de la cabaña estaba uno de los hombres mirando. Me separé lo justo del cuerpo de Aifon y me puse a cuatro patas. Aifon no dejaba de comerme y apretarme las nalgas con las manos. Le hice una seña con la mano al hombre para que entrara, y se acercó hasta nosotras. El taparrabos no tenía el peso ni el cuerpo suficiente para esconder la enorme polla que se escondía detrás, totalmente erecta. Di un tirón y quité el taparrabos, cogí con mi mano su polla y le masturbé lentamente. También el hombre estaba depilado, su verga era ancha, no muy grande, pero de un tamaño respetable, los testículos también estaban depilados y parecían llenos de semen. Aifon ni se inmutó. Me quité de encima para que pudiera salir de entre mis piernas, y aproveché para acercarme más al hombre. Atraje el glande a los labios y lo chupé delicadamente. Brillaba, era liso, duro y muy suave. Me apeteció mamar aquella verga, y me la metí en la boca. Mientras la chupaba y la llenaba de saliva, le masturbaba. Aifon nos miraba y sonreía.

    -¿Era esto lo que esperabas zorra?, ¿esto es lo que querías ver? -le dije aún a sabiendas de que no me entendía.

    Aquella polla negra y enorme llenaba mi boca, la notaba dura y caliente y a medida que pasaba el rato, se la comía con más fuerza y lo masturbaba con más ganas. Me separé y cogí de la mano a Aifon, la puse frente al hombre y le indiqué con gestos que hiciera lo mismo. Se puso de rodillas y mientras se la comía, yo me puse detrás de ella y le excitaba el clítoris con mi dedo. Al oído le susurraba:

    -¿Te gusta esa polla verdad hija de puta?, venga negra cabrona, cómete esa verga entera.

    Estaba empezando a desatarme, me sentía muy excitada y recordé mis aventuras swinger con Sergio. La visión de aquella chiquilla comiendo la enorme polla de mármol me excitó aún más si cabe. Mi corazón latía como loco, daba la sensación de que quisiera salir de mi cuerpo y la cara me ardía, me sentía congestionada. No se resistió cuando la puse de pie y me la llevé al camastro y la puse boca arriba. Le abrí las piernas y pude ver su sexo marrón oscuro por fuera y rosado por dentro. Avancé hacia ella como una leona en celo y cogiendo uno de sus pechos, me lo llevé a la boca. Lo mordisqueé suavemente y chupé su precioso y oscuro pezón mientras masajeaba. Sentía como su pezón iba poniéndose cada vez más duro y grande dentro de mi boca. Me llenaba la boca con aquella deliciosa y tersa piel.

    Ella mientras, con un leve movimiento de su cabeza, alcanzó uno de mis pechos e imitó lo que yo hacía. Se llevó mi pezón hasta el fondo de su boca, fue maravilloso y excitante. Sentí un espasmo de placer y retiró su boca de mi pecho; hice lo mismo y la besé en la boca. No sabía si aquello era una costumbre también de estos indígenas, lo de besarse me refiero, pero lo hice de todas formas, a lo mejor actuaba yo de maestra en ese momento. Nuestro compañero masculino se había sentado de cuclillas en el centro de la cabaña y nos miraba. La excitación no le había bajado y su polla seguía tan grande y recta como hacía un instante. El beso de Aifon fue torpe pero largo y sobre todo intenso. Estaba claro que lo de besarse era nuevo para ellos, pero a Aifon pareció gustarle. Cerré los ojos, puse mi mano en su cara y busqué su lengua. Tenía los labios suaves, y nuestras salivas se unieron, como lo hicieron nuestras lenguas.

    Las enredamos y aquél beso fue creciendo en intensidad. Doblé ligeramente la espalda y sin perder la postura, bajé por su cuerpo hasta llegar a su coño. Paseé mi lengua mojada por la raja y metí la punta. Con mi dedo pulgar descubrí su clítoris y justo en ese momento emitió un gemido suave y largo mientras arqueaba la espalda. Era flexible como una bailarina; a la cabrona le gustaba que la comiera. Mi saliva se mezcló con sus líquidos y al probar su sabor me sentí en la obligación de provocarle un orgasmo cuanto antes. Intentó cerrar las piernas, pero se lo impedí. Me obligó a forzarla un poco, pero sujeté con mis manos sus muslos y seguí comiéndome aquel coño tan delicioso.

    Por su parte, el hombre se había levantado y situándose detrás de mí, metió uno de sus dedos en mi sexo. Esta vez fue lentamente y acompañado de unos lametones en el ano. A diferencia de los hombres que me había follado desde que estaba en ese poblado, éste era parsimonioso. Sentía su dedo entrar y moverse dentro de mi coño lentamente, mientras su lengua mojaba no sólo el ano sino las partes más internas de las nalgas. Cuando comprobó que mi sexo estaba lo suficientemente mojado, se levantó y cogiéndose la polla con la mano, paseó el glande por la entrada de mi sexo sin meterlo. Al mismo tiempo su dedo pulgar entró ligeramente en mi culo, pero sin llegar al fondo. Lentamente aquella polla entró en mi sexo y buscó acomodo. Me sentía llena, notaba esa verga musculosa y caliente dentro de mí, rozando las paredes de mi coño y dándome un placer infinito. Los movimientos del hombre eran lentos, buscando que mi coño se adaptara al grosor de su verga.

    Subió una de sus piernas a la cama y sus embestidas se hicieron más rápidas. Mientras yo le dedicaba toda mi atención a Aifon, bebí todas las gotas de los flujos que salían de su sexo junto con mi saliva. Con un largo y apagado gemido acompañado de una tensión de su cuerpo, descubrí que le había provocado un orgasmo a aquella jodida salvaje, esa vez fue mía. En días anteriores había hecho conmigo lo que le vino en gana, casi me había convertido en una marioneta, pero en ese momento, era mía y a pesar de sus gemidos y de la intensidad del orgasmo, no paré de comerla, de beberme sus líquidos, de apretarle los muslos, de mordisquearle los labios de su coño.

    Yo por mi parte me había abandonado al hombre, su polla seguía dentro de mí y sus embestidas no habían cesado. Su dedo pulgar había hecho varias intentonas de entrar en mi culo, o al menos yo lo interpreté así, porque nunca llegó a meterlo del todo. Aun así me gustó sentirlo. A cada embestida mi cuerpo se estremecía, se movía, y mis tetas se balanceaban libres. De repente Aifon se levantó, y sin brutalidad, pero con energía se separó de mí y le dijo algo al hombre. Se sentó de rodillas frente a mí y el hombre aceleró sus movimientos mientras me sujetaba la cintura más fuerte. Empezó a follarme de una forma más brusca, y en lugar de molestarme o dolerme, me excitó todavía más. Pasó sus manos a mis caderas y las embestidas se hicieron cada vez más fuertes. Su verga entraba y salía de mi sexo con fuerza y volvía a entrar con ganas. Unas veces dejaba el glande en la entrada de la raja y otras veces sacaba la polla por entero, para rápidamente volverla a meter y el sonido de nuestros cuerpos al chocar con cada embestida me excitaba. Justo en el momento en que notaba que llegaba el orgasmo, el hombre se retiró y Aifon me puso boca arriba con las piernas abiertas.

    Se agachó y me comió el coño. Chupó la vulva, paseó la lengua de abajo hasta arriba, y al revés, me chupó el clítoris, y esta vez un espasmo me recorrió el cuerpo desde la cintura hasta la nuca. El corazón estaba desbocado, y el placer fue de una intensidad enorme. Grité mientras me llegaba el orgasmo. Al contrario que Aifon, no reprimí mi gemido. Al contrario que cuando follaba en casa que, por no darle tema de conversación a los vecinos, mis gemidos eran bajitos y pausados, allí no me conocía nadie. Podía gritar y lo hice, me sentía libre y aquél orgasmo intenso merecía que no me anduviera con remilgos. Mientras me corría, Aifon se había separado un poco de mí y había metido su dedo en mi vagina. No se reía, más bien tenía un gesto de deseo, de excitación, mezclado con una mirada de venganza, como si estuviera buscando la revancha por haberle provocado yo un orgasmo antes que ella a mí.

    -¡Zorra!, ¡puta negra de mierda! -le dije.

    Como si me entendiera, en su lenguaje me dijo algo y quise entender algo similar me estaba diciendo. Entonces adelanté mi cuerpo y metí mi mano entre sus piernas. Con mi dedo corazón busqué la entrada de su culo y de un solo golpe se lo metí. Estaba todavía recuperándome de mi orgasmo, pero tuve el tino suficiente como para hacer eso a la primera y con la fuerza justa para no hacerla daño, pero provocarle placer al mismo tiempo. La estimulé mientras nos mirábamos fijamente, nuestras caras estaban un palmo la una de la otra, cada una podía sentir la respiración de la otra.

    El hombre se acercó a Aifon y como era costumbre entre ellos, sin mediar palabra le metió la polla en la boca. Aifon la cogió con fuerza y la forma desesperada de comérsela no sólo me dio a entender que estaba tan excitada como yo, sino que me provocó una reacción de deseo enorme. El hombre sacó su verga de la boca de Aifon, se giró e hizo lo mismo conmigo. Me la comí con ganas. En todo el rato que llevábamos en la cabaña, aquella negra y dura verga no había bajado su excitación, seguía dura y caliente. En ese momento de distracción por mi parte, Aifon me imitó y metió su dedo en mi culo. Primero lo exploró y cuando encontró el agujero, su dedo se hundió dentro de mí. Esta vez mis espasmos llegaron al mismo tiempo que los de Aifon, y las dos nos besamos mientras disfrutábamos de aquél segundo orgasmo, pero acallando el grito con nuestras bocas pegadas. El hombre estalló en un orgasmo ruidoso, él no se avergonzó y de aquella polla de mármol negro y brillante, salió un enorme chorro de leche blanca que cayó al suelo. Caí rendida en la cama, mientras Aifon continuó de rodillas, mirándome y sonriendo. Una vez que el hombre vació toda su polla, se rio también, cogió su taparrabos y salió de la choza. Poco a poco me fue llegando una especie de sopor, me acomodé en la cama y me quedé dormida.

    Cuando me desperté, Aifon estaba sentada en el borde del camastro y tenía en el suelo la sempiterna calabaza con agua limpia y fresca. Me lavó la cara, las manos, las axilas y abriéndome de piernas, me lavó también el sexo y los muslos. Ayudándome a darme la vuelta, me puso boca abajo y me lavó las piernas y el culo. Cuando terminó, me acarició las nalgas y con las yemas de los dedos recorrió mis costados hasta los hombros.

    Había empezado a llover, pero era una lluvia suave, una especie de chiri miri, lo que hacía el ambiente más bochornoso. En lugar de vestirme como en otras ocasiones, Aifon me cogió de la mano y salimos de la choza. Caminamos por el poblado y me pareció que esta vez había más gente. Las miradas se clavaron en mí, estaba desnuda pero no sentí vergüenza ni rabia, empezaba a acostumbrarme a aquello. Algunas chicas jóvenes se agachaban para ver mis piernas y mi sexo, algunas se paraban frente a mí y me acariciaban las tetas. Los hombres no se atrevían a tanto pero no por eso dejaban de mirarme de arriba a abajo. Las nubes se fueron y dejó de llover; salió un poco el sol, pero a aquellas horas de la tarde ya le quedaba muy poco para estar allí. Llegamos al mismo sitio donde dos días atrás habían puesto la extraña cama donde me depilaron, pero la habían cambiado por otra mucho más alta. Comparándola con un hombre que estaba al lado, llegaba un poco más arriba del ombligo, y a los pies de la cama una tablilla de madera ancha y larga.

    Aifon me indicó con un movimiento de su brazo que me tumbara encima. Lo hice pero me puse de lado y con las piernas algo flexionadas. Volví a sentir esa sensación de vulnerabilidad que creí por un momento que había perdido. Me había acostado lo más arriba que pude para evitar que mis piernas quedaran colgando del borde del camastro, pero Aifon empujando mis hombros hacia abajo, me dio a entender que me tenía que cambiar de postura. Me puse boca arriba, pero con gesto contrariado de Aifon, comprendí que además tenía que rodarme hacia abajo, colocando mi culo casi en el borde y con las piernas colgando dobladas por las rodillas. Me miró de lejos y como si no le terminara de convencer la postura, cogió cada una de mis piernas por los tobillos y las subió hasta apoyar la planta de los pies en las esquinas del camastro. Se me erizó la piel, no sabía si por miedo, que lo tenía, o por frio, que también lo hacía. Me daba la sensación de que esa postura, boca arriba, piernas flexionadas y separadas, no sólo todos podían verme el sexo abierto de par en par, sino hasta las entrañas. Respiré hondo y traté de relajarme.

    No pasó mucho tiempo hasta que el primer indígena apareció por mi lado. Se fue quitando el taparrabos mientras daba una vuelta alrededor del camastro. Frente a mi apareció desnudo y con su verga negra y recta. Con el pene en su mano lo paseó por la entrada de mi sexo y pude sentir el roce de sus testículos cuando se pegó a mí para posar su polla en mi pubis. Se agachó y me comió levemente el coño, pero no pareció que le gustara mucho, o que pensara que aquello fuese necesario, porque se levantó enseguida, empujó su polla con un movimiento de pelvis y me la metió. Estaba bastante dura, pero no era ni muy gorda ni muy grande. O estaba muy excitado, o no había follado en meses, pero lo cierto es que no se movió apenas.

    Casi sin darme cuenta, lanzó un grito, tensó el cuerpo y se corrió dentro de mí. Sentí su semen caliente dentro de mí y después de un par de espasmos, la sacó. ”Maldito seas negro de mierda, ¿qué has hecho hijo de puta?. Te has corrido dentro de mi cabrón”, pensé mientras lo veía. Parecía decepcionado. Los hombres y mujeres de la tribu me miraban pero no parecía sentirse muy atraídos por el espectáculo. Pude reconocer que el que me acababa de follar, o al menos intentarlo, no era otro que el indígena mayor que bauticé como Nokia, el que yo suponía jefe de aquella gente. Mientras se lavaba en un cuenco lleno de agua, yo podía sentir su leche saliendo de mi, chorreando por la abertura de mi coño y llegando hasta el culo. No me atreví ni a cerrar las piernas ni a contenerme para que el semen se fuera de mí. Una de las mujeres más viejas del grupo se acercó a mí con el musgo que usaban a modo de esponja y me lavó. Luego me restregó un líquido viscoso y frío.

    Estaba claro que para aquella gente yo era su juguete, un trofeo blanco. Me alimentaban, me daban de beber, me lavaban, me depilaban, pero también me azotaban y me follaban. Yo era algo divertido a la que sin más abrían de piernas y masturbaban o follaban. Era una sensación extraña ya que sentirme usada me excitaba. Durante un buen tiempo se repitió la ceremonia. Se quitaban el taparrabos, y me la metían. El tercero que lo intentó si se esmeró algo más. Estaba muy bien dotado, su polla se parecía bastante a la del hombre que estuvo con Aifon y conmigo la mañana en la choza. Mientras me acariciaba la parte interior de los muslos, hurgó con su lengua en mi sexo. Lo comió lentamente, metió su lengua dentro y estimuló mi clítoris, consiguiendo que me relajara. Cogió mis piernas y se las apoyó en los hombros, mientras con leves vaivenes de cadera su verga negra y dura rozaba mi coño.

    Una vez que localizó la entrada, con un movimiento seco me la metió. Sentí como se abría paso dentro de mí y como mi vagina se adaptaba a su forma y grosor. Bajó mis piernas y se las puso en las axilas, sujetándolas con fuerza, mientras sus manos agarraban mis nalgas. Mis jadeos gustaron a las pocas personas que se habían quedado para mirar. Sentía la polla subir dentro de mí, oía al hombre gruñir como un salvaje. Otro de los hombres se subió a la cama y se puso en cuclillas por encima de mi cabeza. Guio su polla hasta mi boca y se la mamé mientras la sujetaba. Aquella enorme verga ocupaba toda mi boca e impedía que pudiera gritar de placer. Como no podía moverme para comérsela, empezó a flexionar las piernas como un muelle, de tal manera que con ese movimiento su polla entraba y salía de mi boca. De esa manera sólo me preocupé de que me jodieran y que me hieran correrme. Estaba sudando, mi cuerpo estaba totalmente mojado por la humedad del ambiente y, por qué no decirlo, del trabajo al que me sometían. A duras penas podía respirar, y hasta me fue imposible jadear por el placer que me llenaba.

    El hombre que me estaba follando sacó la verga de mi sexo antes de correrse y cambió el puesto con el que estaba a mi cabeza. El tiempo justo para recuperar el aliento. Me penetró más fuerte que el que estaba al principio, pero no sentí daño, al contario, estaba bien mojada y excitada. Las embestidas eran rápidas, secas y fuertes, y su pelvis chocaba con los cachetes de mis nalgas. Lo notaba desesperado y eso me divertía. Mientras, el que estaba por encima de mí, metió su polla con mis líquidos en mi boca. Al punto de correrse la sacó y un chorro de leche blanca y caliente cayó en mi vientre. Sentí el líquido tibio y viscoso en mi piel. Nunca en mis aventuras swinger había dejado que los hombres se corrieran sobre mí, me parecía asqueroso y machista, pero en aquellos momentos no podía hacer mucho. Tengo que reconocer que toda aquella corrida sobre mí, sin terminarme de gustar, tampoco es que me provocara un gran rechazo. El hombre que me estaba follando se había vuelto a colocar mis piernas sobre sus hombros, y sus embestidas eran únicamente con un movimiento de pelvis y caderas, a diferencia de otros que bombeaban impulsando todo el cuerpo. Sujetó mis piernas por los tobillos, las separó de su cuerpo y me las abrió. Estaba a punto de tener un orgasmo, cuando su grito acompañó a su corrida. Éste en lugar de pararse, siguió embistiendo usando su leche como lubricante lo que hizo que mi placer fuera aún mayor.

    Cansados unos de follarme y correrse sobre mí, y otros de mirar, volvieron a sus labores. Había anochecido y las mujeres me levantaron para llevarme hasta la choza. Casi no podía caminar. Me dolían los riñones, los muslos, estaba llena de semen y sudor, tenía sed, estaba cansada. Una de las mujeres se agachó y me miró la vagina, dio un par de órdenes y una salió corriendo no sé adónde. En la choza me lavaron con cuidado y me dieron de beber. Trajeron comida, pero no me dejaron que la cogiera. La joven que se separó de nosotras camino de la cabaña volvió llevando en las manos un recipiente muy extraño. Era como un gran embudo de madera y de él salía una especie de liana hueca como si fuera una manguera. En la penumbra de la noche y con sólo la luz de una antorcha en la cabaña, tampoco pude apreciar bien qué tipo de artilugio era aquél. Dentro del embudo había un líquido blanquecino, lechoso y un poco viscoso.

    Las mujeres me cogieron por los brazos y me arrodillaron sobre unas hojas de platanera para que no hiciera daño en las rodillas, y con el cuerpo recostado en el camastro que estaba totalmente cubierto de musgo fresco. Me separaron las rodillas. Seguía sin entender nada de lo que hablaban, pero me dio la sensación de que la muchacha que había traído el embudo, la llamaban Lila. Pues bien, a partir de hoy serás Lila, tampoco conozco tantas marcas de móviles como para bautizar a todos los del poblado. Había visto a Lila acompañando siempre a Aifon, y ahora estaba sujetando por encima de su cabeza el embudo con aquel líquido. La liana hueca terminaba de forma roma y pulida y mientras me preguntaba para qué servía aquello y que demonios iban a hacerme esta vez, una de las mujeres se arrodilló a mi lado, me separó las nalgas un poco y metió por el ano aquella especie de manguerita vegetal. La sentí entrar y moverse dentro de mí. La habían untado con el mismo líquido viscoso que me ponían en el coño mientras me follaban antes. No me molestaba aquello, pero tampoco me sentía cómoda.

    Decidí que lo mejor era estarse quieta. Al colocar la entrada en el agujero de mi culo y empujar, no pude evitar un “¡auuu!” y algunas se rieron, entre ellas Lila. Al mismo tiempo que la más vieja iba metiendo la liana o tubito, una me dio unas palmaditas en las nalgas y con la punta de sus dedos rozó mi vulva y el clítoris. Cuando la vieja creyó suficiente, otra dejó de presionar la liana y el líquido empezó a entrar en mi culo. Había oído lo de las lavativas, pero desde luego en esas condiciones y con aquellos medios, no se la aconsejo a nadie. Empecé a notar un frescor en el vientre, pero también pesadez. La mujer que estaba de rodillas junto a mí, me palpaba el vientre con una mano mientras sujetaba el tubito con la otra. Era como si comprobara el peso o la tensión y si pensaba que no era suficiente, asentía con la cabeza para que Lila y su compañera continuaran con la operación.

    Mi vientre se había vuelto enorme. De vez en cuando una mano se paseaba por mi vagina y me daba unos leves golpecitos. Cuando lo creyeron oportuno, sacaron de mi culo la manguerita. Intenté levantarme, pero una de ellas me sujetó suavemente el hombro y me mantuvo en la posición. Mientras duró la sesión, dos chicas habían salido de la choza y habían vuelto con otro recipiente parecido con el mismo líquido lechoso pero esta vez tibio. Repitieron el tratamiento, pero esta vez metieron la manguerita por la vagina, después de estimularme el clítoris y acariciarme el coño suavemente. El líquido entraba en mi vagina, pero notaba que una parte de él se me escurría por las piernas. Cuando terminaron, me pusieron de pie. Caminaba con ayuda, como si estuviera borracha y me llevaron detrás de la cabaña, entre unos matorrales. Me agaché y expulsé todo lo que llevaba dentro.

    De vuelta a la choza, las mujeres me lavaron a conciencia, y me dieron la ropa, pero sólo me puse las bragas me encontraba cómoda desnuda; el resto lo puse en un rincón. Me encontraba a gusto, fresca y limpia y entonces cogí la comida que no me habían dejado tocar. Un grupo de ellas se llevó el instrumental para las lavativas y Lila y otra chica se quedaron conmigo mientras cenaba. Aproveché para ir conociendo algunos nombres de las cosas de uso diario, les enseñé a decir mi nombre, y las frases normales de “buenos días”, “buenas noches”, “hola”, “adiós”… las partes del cuerpo. Cuando terminé de comer y beber, se fueron y me dejaron sola, lo que aproveché para dormir un rato.

  • Virgen al matrimonio

    Virgen al matrimonio

    «Olivia, ya refresca, deberías abrigarte»,  avisó Jacinto a su hermana, a la que vio desnuda de cintura para arriba, en pantuflas, solamente con el pantalón de un chándal rojo puesto, yendo desde su dormitorio hasta la cocina, mientras él, tranquilamente veía la televisión en el saloncito. «Espera, aún no hemos terminado Antoñito y yo, estamos en las preliminares, pero es que me ha entrado una sed del copón, voy a por agua», explicó Olivia a Jacinto sin parar de caminar. Volvió a ver a su hermana desandar los pasos y regresar a su dormitorio, cuya puerta cerró. Oyó Jacinto los lánguidos quejidos de su hermana mezclados con los roncos gemidos de Antoñito. Pronto terminarían de follar y volvería a hacerse el silencio. Así fue. Los vio salir Jacinto del cuarto, juntos, besándose, vestidos como si nada especial hubiera ocurrido. Claro, para ellos era algo habitual, follar. «Hombre, Jacinto», saludó efusivo Antoñito, «a ver cuando te buscamos novia…»; «Deja, deja, para novias estoy yo, ya sabes que estudio prácticamente todo el día las oposiciones, excepto algunos momentos, como este, en el que me relajo con la televisión, no tengo tiempo yo para novias», dijo Jacinto; «Un día de estos te presentaré a mi hermana, te va a encantar, también estudia, como tú, ambos podríais compaginar…»; «Veremos».

    Jacinto y Olivia vivían solos desde que sus padres decidieron dejar la ciudad para irse a vivir a un lugar más tranquilo en el campo. Ninguno de los dos trabajaba, así que sus progenitores le daban una opípara manutención mensual que ellos gastaban sin demasiados miramientos. Ambos eran jóvenes, veinte años él, veintidós ella. Antoñito era el tercer novio que había tenido su hermana en poco más de un año: no les duraba nada, y bien podía ser porque todavía no había conocido el hombre prefecto para ella o bien, sencillamente, porque a Olivia le gustaba cambiar.

    Un día sonó el timbre de la puerta muy temprano.

    «Las ocho de la mañana», protestó Olivia en su cama, «¿quién podrá ser?, ¡Jacinto, abre!», y gritó para hacerse oír: era la hermana mayor, y mandaba. Jacinto se levantó, se puso las zapatillas de andar por casa y acudió a la puerta en pijama. Abrió. «Buenos días, soy Puri, la hermana de Antoñito», dijo la muchacha que Jacinto se encontró enfrente; «Ah, hola, yo soy Jacinto, pasa, pasa», dijo Jacinto franqueando el paso a Puri; «¡¿Quién es, Jacinto?!», gritó Olivia desde dentro; «¡Nada, nadie, el cartero!», respondió Jacinto.

    Puri era una muchacha alta y delgada, esbelta; su cara era redondita y pecosa; dieciocho años tenía, aunque sus tetas parecieran las de una niña de trece; tenía el cabello pelirrojo y corto, vestía un mono de color blanco con adornos florales y calzaba chanclas playeras. «Pasa, Puri, pasa, ¿quieres café?», ofreció Jacinto; «Ya he tomado, gracias, verás, estoy pensando seriamente en la posibilidad de tener un novio…, Antoñito me habla mucho de ti y he pensado que me gustaría conocerte, eso sí, nada de guarrerías, quiero llegar virgen al matrimonio», explicó Puri; «Creo que me interesas», dijo Jacinto.

    «Ah, ah, ay, ah, ah», oía Jacinto gemir a Olivia. «Estos dos, no paran», pensó Jacinto en el sofá, también pensó en Puri; ¿cómo sería ver a Puri desnuda, cómo sería verla desnuda debajo de él, con la cara contraída de placer? Hasta el matrimonio, virgen hasta el matrimonio. Eso podían ser dos años, o tres o cuatro, dependiendo de que los dos aprobaran sus respectivas oposiciones. Debía hablar con Puri seriamente. Mañana mismo, sin falta. Puso un whatsapp: «Puri, quiero verte mañana. Respuesta de Puri: «A las ocho».

    El día señalado, Jacinto se levantó a las siete de la mañana. Se duchó. Se echó perfume. Desayunó copiosamente. Y esperó. A las ocho menos un minuto abrió la puerta de su casa: allí estaba Puri. «Sshh», soltó Jacinto poniéndose el dedo índice en vertical junto a los labios, «entra», y dijo en sordina. Puri entró. Jacinto la llevó de la mano a su dormitorio y cerró la puerta. Luego se sentó al borde de su cama e hizo un gesto a Puri para que se sentase a su lado. «A ver, Puri, ¿quieres que hagamos el amor, ahora?, deberíamos probar, ¿y si no nos gustamos?», observó Jacinto; «Pero, Jacinto, ni siquiera me he duchado…»; «¡¿Eso significa que sí, Puri?!»; «Eso significa que eres muy tonto, digo, creerse la chorrada de mi virginidad…».

    Se metieron en la cama desnudos. Sin la ropa, la delgadez del cuerpo de Puri entusiasmó a Jacinto, mucho, y se empalmó. Por su parte, Puri al ver crecer la polla de Jacinto no pudo contenerse y se la metió en la boca: «Mmm, mmmm». Se la chupaba bien Puri a Jacinto. «Oh, Puri, Puri, Puri», repetía Jacinto todo el tiempo mientras Puri se la estaba mamando. Puri paró y alzó la cabeza. Jacinto interpretó la mirada de deseo de Puri y, sujetándola por los sobacos, la atrajo hasta tenerla encima. Puri inclinó la cabeza para ver mejor y se metió la polla de Jacinto en el coño. «Ay, Jacinto, ah, Jacinto, ay», se quejaba Puri por el placer que sentía. «Oh, Puri, oohh», exhalaba Jacinto a cada sentada de Puri sobre su polla, embriagado por la visión del eléctrico vibrar de las tetitas de ella en cada arremetida. «¡Ah, ah, ah, ah!». ¡Uff, hu, oh, hu!». «¿Qué es ese jaleo?», se preguntaba en voz baja Olivia con su cara pegada a la almohada.

  • Fuego de pasión

    Fuego de pasión

    Todo esto que relato es tan real como la vida misma. 

    En esta ocasión si diré mi nombre, pues ya no me importa lo que nadie pueda pensar de mí.

    Me llamo André y nací en Barcelona; al fin he descubierto la verdadera cara de mi mujer, a través de unos diarios que tenía escondidos en el último cajón de su mesita de noche, entre sujetadores, bragas de seda y, para mi asombro, dos cajas de preservativos, de las cuales, una caja ya estaba abierta y faltaban cinco de ellos.

    Recordaréis que en mi anterior relato, expliqué como, llegando más temprano de lo habitual a mi casa, hallé a mi mujer desnuda encima de un hombre algo más mayor, pero que le daba un placer exquisito; reconozco que me excité muchísimo y acabé masturbándome en el filo del umbral de la puerta entreabierta; fue una experiencia realmente maravillosa y me prometí que acabaría confesándole todo lo que vi.

    La cuestión fue que, no me atreví a decirle mi voyerismo por pudor y algo de miedo; la cosa fue, que un día de aquéllos en los que tenía una semana de descanso, estaba ordenando la ropa y fui a dejar unas mudas de mi mujer a su cajón de prendas interiores y… me encontré no solo con las dos cajas de protectores sino con un diario en el que me di cuenta de lo zorra que era mi mujer; sea como sea, jamás dejaré de amarla.

    En fin, esta Filia mía es la hostia.

    Diario de Sofía

    30 de agosto del 2021

    Hoy, mi marido se ha marchado temprano, pues tienen ensayo con la orquesta.

    Estoy un poco cansada de sus compromisos artísticos y que me tenga abandonada en la cama, el muy tontito se piensa que cuando hacemos el amor me satisface plenamente y las cosas no son así. Yo necesito sexo a tope, necesito sentirme una mujer satisfecha y que mi húmedo coño, sienta una polla bien grande, estoy muy a falta de buen sexo.

    Le oculto que fumo, con los caramelos y los chiclets intento tapar el aliento en cuanto llego de trabajar, pero muchas de esas veces aún no ha llegado y entonces me pongo bajo la ducha fría para paliar un poco mi calor o me masturbo en la cama hasta correrme como una cerda.

    Mas no es suficiente y entonces intento buscar a un amante.

    Sí, lo tengo claro, buscaré a un amante que me dé lo que mi marido parece ser que no me ha dado en bastante tiempo.

    15 de septiembre del 2021

    Después de conocer a Alex y acostarme en su casa tres o cuatro veces, dice que quiere presentarme a un amigo suyo que es de color; hemos fantaseado con hacer un trio y creo que al final lo haremos.

    16 septiembre del 2021

    Hoy mi marido marcha de gira, estará casi dos semanas afuera en el extranjero.

    18 septiembre del 2021

    Me encantan las caricias expertas de Alex, me hace estremecer todo mi cuerpo.

    En la cafetería, cuando se acercó a darme un primer beso, mojé totalmente las bragas.

    Ahora, esas bragas me las quita lentamente, para rodear con sus brazos mis muslos y suavemente, ir chupando mi sexo, la locura es increíble; antes de penetrarme, ya me he corrido en su boca dos veces.

    Luego, penetra su viril polla y nos corremos muy, pero que muy a gusto.

    21 septiembre del 2021

    Hoy es el gran día.

    Hoy conocí al amigo de Alex y después de las oportunas presentaciones, me los llevé a mi casa a los dos.

    Antes de darme cuenta, me fui acercando al amigo de Alex, que se llama Jamal y rocé mis labios con los suyos; las copas de vino las finalizamos en un santiamén y cuando quise darme cuenta, jadeaba encima de un pedazo polla, que me asusta acordarme, pues creo que me dejó el coño algo tocado.

    Esa tarde hice mi primera doble penetración y… joderrr, pedazo experiencia. Estos dos tíos son unos cabrones de mucho cuidado y los he aprendido a querer e incluso a amar; me dejan destrozada y rendida de tanto gusto y de tantas veces que me hacen correr.

    Lo siento André por ti, de corazón.

    23 de septiembre del 2021

    Noto las pollas de Alex y Jamal. Su sabor me vuelve loca.

    Necesito que se corran en mis pechos y que me los dejen manchados y lo hacen, vamos si lo hacen.

    Los dos se retuercen de placer y cuando dejan bien manchados mis pechos, los dos empiezan a lamer mi coño y mi culo.

    Sí, mi culito que le encanta sentir también muchísimo placer.

    Y vamos que si lo hacen.

    Follar durante tanto tiempo seguido me ha dejado saciadísima.

    Que feliz me siento.

    En fin, ya continuaré escribiendo en este diario, lo esconderé entre mis bragas, para que mi marido André no vea nada.

    ¿Qué os parece?

    Aun tiemblo de miedo, porque sé que estoy perdiendo a mi mujer, el problema es que no sé como solucionar esto.

    Pero la amo con toda mi alma.

    Te amo Sofía.

    Prefiero ser tu esclavo sexual que perderte de por vida.

    Diario de Sofía

    10 de noviembre del 2021

    Mi querido André no debe preocuparse por nada, pues el amor que siento por él, jamás ningún hombre podrá remplazarlo, estoy segura que pronto volveremos a follar como cabrones; aunque tenga amantes, ninguno tiene un corazón tan decente y bueno como el de él… pero de todas formas, seguiré chupando todas las pollas que me venga en real gana y abriéndome de piernas como una auténtica lujuriosa del sexo que soy.

    Te amo Sofía mía, tus pechos enormes, tu gordura, tu culazo, tu tatuaje de flor de loto en tu espalda, tus gafas, tus labios… ohh, cuanto te amo.

    André.

  • Un viaje extraño

    Un viaje extraño

    Esto que a continuación voy a contar me pasó hace como un mes. 

    Me desperté en la mañana un día como cualquier otro y noté que tenía una erección. Nada extraordinario, porque lo mismo me pasaba todas las mañanas, aunque creo que esa vez en particular sí se sentía algo distinto desde un principio. Noté que, a diferencia de otras ocasiones, mi erección no fue disminuyendo conforme me iba dedicando a mis actividades habituales de las mañanas, al contrario, mi pene permaneció perfectamente erecto mientras me bañaba, vestía, desayunaba mi café con pan e incluso cuando salía rumbo al trabajo. Debo mencionar que en la regadera intenté masturbarme pero no tuve tiempo de terminar.

    En fin, salí a la calle y esperé en la esquina a que pasara mi camión. Normalmente no tardaba mucho, quizá unos cinco minutos. Pero durante esos cinco minutos comenzó a ocurrir otra cosa que me extraño: no solo tenía el pene completamente erecto, incluso palpitante, sino que comencé a sentir un leve placer sexual en toda la zona pélvica, desde mi ano, mis testículos, el interior de mi vientre hasta la punta de mi glande. Cuando llegó el camión sentí como pequeñas oleadas en que se intensificaba un poco el placer, al subir los escalones del camión.

    Al entrar pagué mi pasaje y me dispuse a buscar un asiento. Había varios porque era bastante temprano en la mañana. Opté por un asiento junto a la ventana y caminé haca él, cada paso otra pequeña oleada de placer. Al sentarme me di cuenta de que el placer había aumentado considerablemente al grado de que me comenzaba a ser difícil controlar mi respiración y tenía que hacerlo con la boca abierta.

    Cuando el camión arrancó me sorprendió la intensidad con que sentí la vibración del motor que a su vez hacía vibrar todo el piso y los asientos. Sentía cómo esa vibración resonaba en las profundidades de mi cuerpo provocándome más y más placer. Después de un rato el camión se detuvo para subir más pasaje, pero el placer se quedó ahí con la misma intensidad. Mi pene estaba como una roca palpitante. No lo podía ver, pero estaba seguro que en la punta ya se podrían adivinar pequeñas gotitas de líquido preseminal.

    El camión siguió su trayecto por varias cuadras hasta que en una de las paradas entró una chica. Debo decir que primeramente noté la forma de sus labios carnosos y cómo su labial combinaba con sus ojos, pero rápidamente me percaté de que estaba buenísima. Llevaba tacones negros, unos jeans azules muy entallados que resaltaban perfectamente la curvatura de sus muslos, pero lo que más me impresionó fue su blusa negra detrás de la cual se adivinaban unos pechos grandes y hermosos que jugueteaban detrás de la seda. Además era muy notorio que traía sus pezones muy erectos y que, al no llevar brassiere, seguramente el continuo roce con la blusa los mantenía en ese estado.

    Al ver a esta chica sentí otra oleada de placer repentina y más intensa que las anteriores, al grado de sentir que podría venirme en cualquier momento, y fue entonces que me percaté de que la chica se acercaba hacia mí. Conforme se acercaba vi sus pechos bailar y observé cómo sus pezones eran estimulados por las caricias de la blusa. Casi podía sentir esas caricias, como si esos pezones fueran dos glandes a punto de eyacular.

    Entonces se sentó a mi lado y de pronto entretuve la idea de que posiblemente ella estaba sintiendo lo mismo que yo, que oleadas de intenso placer sexual la asediaban desde dentro sin ninguna explicación. Volteé a verla y ella me estaba mirando directamente a los ojos. Sus ojos negros e intensos se anclaron a los míos, su mirada me poseyó por completo. Entonces tomó una de mis manos y la colocó sobre su seno derecho, el cual amasé entre mis dedos mientras que en su mirada se adivinaba un placer enorme, como si la estuviera masturbando. Lo más sorprendente de todo era que conforme yo la tocaba y la veía excitarse cada vez más yo también sentía un placer tremendo.

    De un momento a otro decidí, casi sin pensarlo, apretar entre mis dedos su pezón y en ese momento ocurrió: emitió un pequeño gemido al cual le siguieron varias pequeñas e inconfundibles convulsiones, se estaba viniendo. Obviamente al ver esto mi excitación sobrepasó todos los niveles y comencé a venirme yo también. Mi orgasmo y el de ella parecían no terminar, minuto tras minuto el éxtasis continuaba y yo continuaba eyaculando dentro de mis pantalones.

    Después de un tiempo más los orgasmos terminaron y nosotros quedamos agotados. Ella se paró y se bajó del camión rápidamente sin voltear a verme y el resto del día transcurrió como cualquier otro.