Blog

  • Me enamoré de una ninfómana y no lo sabía (Parte III)

    Me enamoré de una ninfómana y no lo sabía (Parte III)

    Como he comentado anteriormente, quiero compartir con ustedes algunas explosivas experiencias vividas con mi anterior pareja las cuales se dieron por casualidad después de una discusión pero que me llevaron a plantearme que si quería seguir con ella debía cambiar las reglas de nuestra relación y entender que el amor no es posesión.

    Continuando con el orden cronológico de las cosas a medida que fueron sucediendo, había comentado que Helena, mi novia de entonces, ahora se encontraba trabajando en un outsourcing de manejo de información y datos para empresas como bancos y algunas entidades estatales y que en ese lugar inicialmente había tenido una aventura con el contador quien es un hombre casado y de unos 60 años y que había otro compañero de una edad más cercana a la de ella que la estaba cortejando. Obviamente todo sucedió con la más absoluta reserva para evitar inconvenientes en la empresa y que nadie se enterara de sus aventuras.

    Helena era muy joven y aún estaba desarrollando su personalidad, pero ya se notaba que iba a ser de esas personas de mente abierta y que disfrutan del sexo como una diversión más, igual que tomarse unos tragos, escuchar música, ver una película, ir a una fiesta, salir con sus amigos, etc. Sin necesidad de enredarle sentimientos al tema.

    El sexo es una necesidad humana como comer, dormir o ir al baño, que también debe ser satisfecha para obtener un placer específico.

    Lo que sucede en nuestra sociedad es que hay estereotipos creados donde la gente piensa que únicamente se puede satisfacer esta necesidad con la pareja, pero ¿qué pasa si estás lejos de casa y tienes que cenar en un restaurante?, o si por cuestiones de trabajo debes viajar constantemente y tienes que dormir en hoteles?

    Igual sucede con el sexo, si estás en un escenario donde tu pareja no está presente y sientes esa necesidad, tu subconsciente te dirá que busques satisfacerla con alguien que al menos medianamente te agrade. Insisto, una cosa es el placer sexual y otra cosa es los sentimientos, ahora bien, si puedes hacerlo con la persona amada, mucho mejor, es algo en lo que estoy de acuerdo.

    Entrando en materia, al poco tiempo de entrar a trabajar allí, un compañero se fijó en ella y empezó a hablarle para ganarse su amistad.

    Su nombre es Vladimir y tenía 25 años, medía 1,70 m y trabajaba como mensajero de la empresa y para cumplir su labor se movilizaba en su propia motocicleta.

    Poco a poco hablando de temas laborales fue buscándole conversación y ganándose su confianza y ya después estaban conversando temas personales. A veces almorzaban juntos en el comedor de la empresa cuando él se encontraba en la oficina a mediodía.

    De esa manera fueron conociéndose poco a poco. Ella le explicó que tenía una relación conmigo hacía unos años, que vivía con sus padres y que estaba estudiando en la universidad que se encontraba cerca de ahí, y él también le dijo que vivía con sus padres, que no tenía novia y no estaba estudiando.

    Durante todo este tiempo ella seguía teniendo eventuales aventuras con el contador, con el que salían más o menos una vez por semana o a veces una vez cada dos semanas pero como dije, en esa empresa nadie se enteró.

    Con el paso del tiempo se hicieron buenos amigos, pero poco a poco Vladimir se fue enamorando de ella pues su atracción inicial se convirtió en sentimientos de amor y deseo.

    Naturalmente Helena me comentaba todo el tiempo las cosas que iban sucediendo pues así habíamos acordado. Cualquier experiencia que fuera teniendo desde el principio hasta el final me la explicaría con todo detalle.

    Un buen día Vladimir le manifestó sus sentimientos. Para Helena no fue una sorpresa pues ya lo venía sospechando por las actitudes que él tenía hacia ella, y ese día Helena le recordó que ya tenía una relación conmigo, pero él insistió que la quería y que quería tener algo con ella, que estaba dispuesto a lo que fuera con tal de estar con ella.

    Helena en ese momento no le dijo nada por obvias razones, guardó silencio y todo quedó en suspenso, pero prometió darle respuesta.

    Ese fin de semana hablamos del tema ella y yo y aunque me aclaró que no estaba precisamente enamorada de Vladimir, si sentía un afecto diferente y especial hacia él pues además de haber sido muy atento con ella, había demostrado ser sincero y leal, y no sabía que hacer para no llegar a herirlo.

    Era la primera vez que nos sucedía algo así y después de discutirlo y de analizar los pros y los contras de la situación pues había riesgos, decidimos de mutuo acuerdo que podían tener una especie de relación más allá de la amistad, pero sin llegar a ser un noviazgo oficial, una relación secundaria y que siempre estaría condicionada a lo que decidiéramos ella y yo a medida que se iban desarrollando las cosas y que ella como siempre seguiría siendo completamente honesta conmigo respecto a sus sentimientos.

    El lunes de la semana siguiente ella le pidió que hablaran después de salir de su trabajo, y en una café a pocas cuadras de ahí empezó una relación corta pero extraña. Vladimir se puso feliz y la abrazó y le dio un largo y apasionado beso.

    Como era de esperarse, el viernes de esa misma semana salieron juntos después del trabajo. Irían a un bar cercano a la casa de él después de guardar la moto.

    Estuvieron bebiendo unos vinos, escuchando música y hablando de todo y de todos, luego de eso aproximadamente a las 9 pm se fueron a la casa.

    Vladimir ocupaba un pequeño apartamento en el tercer piso de la casa donde vivía y sus papás vivían en el segundo. Entraron en silencio para que ellos no notaran que llevaba compañía.

    Ya estando a solas en la habitación, él cerró la puerta con seguro, encendió la televisión para tener ruido de fondo y empezó a besarla mientras se iban tocando mutuamente y su excitación iba en aumento. Vladimir se quitó la chaqueta y se abrió la camisa. Mi novia se quitó también su chaqueta y zapatos y se sentó al borde de la cama haciéndole señas para que él se hiciera frente a ella.

    Y así mientras ella acariciaba su pene que ya se sentía durísimo por encima del pantalón, lentamente lo iba desabrochando y bajando la cremallera, alistándose para darle una buena mamada como ella las sabe hacer pues para eso es una experta, cuando yo empecé a salir con ella aún no sabía hacerlo así pero poco a poco fue aprendiendo, practicando conmigo y con sus otros amigos hasta llegar a hacerlo como toda una maestra. Lo que no sabía era que muy pronto se iba a llevar literalmente una enorme sorpresa…

    Estando él con el pantalón abajo y tan pronto como ella le bajó el calzoncillo, saltó ante sus ojos un pene como ella nunca antes había visto…

    A pesar de haber tenido ya experiencias sexuales con varios hombres a sus 21 años, nunca había probado un pene tipo hongo y el que ahora estaba a punto de comerse tenía unos 17 cm de largo, estaba circuncidado, de un grosor promedio, vello púbico abundante pero arreglado, sólo tenía rasurados los testículos, y un enorme glande rosado del tamaño de un huevo grande de gallina.

    Helena no pudo disimular su sorpresa al ver ese pene tan particular y extraño y él por supuesto lo notó. Ella le dijo que era la primera vez que veía un pene así y él le aseguró que por el tamaño de su cabeza podía hacerle sentir cosas que no había sentido antes, lo cual despertó aún más su curiosidad.

    Después de la sorpresa inicial y más llevada por la curiosidad que el deseo se acomodaron para vivir lo que sería en realidad una deliciosa experiencia para los dos. Vladimir se recostó sobre la cama habiéndose desnudado completamente de la cintura para abajo y ella se colocó entre sus piernas y mientras él la sujetaba suavemente a ella por la cabeza con ambas manos acariciando sus negros y lisos cabellos, ella empezó a hacerle un buen sexo oral por unos diez minutos recorriéndolo todo con su lengua empezando por los huevos que era lo único que tenía rasurado, subiendo luego por el tronco y su base velluda hasta su enorme glande lamiéndolo todo desde la corona y jugando con su lengua en la abertura de la uretra hasta que logró hacerlo eyacular.

    Al día siguiente cuando nos vimos, ella me dio los detalles de esa noche. Me contaría que ese glande por su tamaño ocupaba prácticamente todo el espacio de su boca y que cuando lo sintió eyacular, el chorro de semen cayó directamente al fondo de su garganta sin darle siquiera la oportunidad de saborearlo como a ella le gusta hacer cuando sale por primera vez con un hombre, pues según me ha dicho en su experiencia el sabor del semen no es igual en todos los hombres, que la mayoría de los que ella ha probado son como dulces y suaves, hay otros que no tienen mayor sabor y algunos que son amargos, pero que en algunas ocasiones antes de conocernos, como en fiestas con sus amiguitos de colegio o con tipos que había conocido por ahí en algún bar cuando salía con sus amigas, también le habían salido algunos un poco salados y otros entre ácidos y agrios.

    Según ella, por ejemplo, mi semen así como el de Andrés son un poco amargos, el de Jonathan y el de Giovanni es un poco insípido, pero que el del contador de la oficina con el que salía a veces, el señor de 60 años así como el de José quien fue su primer novio si era un poco dulce. Para quien no sepa quienes son ellos pueden leer mis anteriores relatos pues todo esto es una misma historia que vengo narrando a medida que fueron pasando las cosas.

    A Helena siempre le ha gustado mucho hacer sexo oral, probar el semen y comérselo, le encanta eso, me lo dejó aclarado desde el principio de la relación y yo nunca he tenido ningún problema con que lo haga. Lo ha hecho desde antes de conocernos, lo hizo durante todo éste tiempo y lo seguirá haciendo. Para mí que mi pareja haga cosas como enviar y recibir fotos desnuda por WhatsApp, coquetear con amigos, los besos y hasta el sexo oral siempre han sido parte de un juego de atracción y seducción muy propio de los seres humanos, para mí la infidelidad viene cuando hay sexo de penetración sin estar yo enterado de lo que sucede.

    Hacer mamadas siempre ha sido como un fetiche para ella. A lo largo de su vida ha conocido muchos hombres en distintos escenarios que han querido estar con ella y aunque no ha llegado a acostarse con ellos, si les ha hecho felaciones. Una vez le pregunte que con cuantos hombres había estado y según ella, a sus 21 años, con Vladimir iban 12 incluyéndome, pero que le había hecho sexo oral mas o menos a unos 25.

    En fin, cuando me dijo eso que se le había tragado la corrida a Vladimir sin haberlo saboreado a mí me dio mucha risa porque además me lo dijo en un tono como de tragedia, jajaja…

    Yo le dije que bueno, que para la próxima vez que estuviera con él tuviera precaución de no tenerlo todo metido en la boca para que no le volviera a suceder.

    Efectivamente unos días después me confirmó que Vladimir también es un poco amargo como Andrés y yo.

    A lo largo de esa primera noche que estuvieron juntos tuvieron sexo en 4 ocasiones y en la mañana del día siguiente 2 veces más al despertar y en la ducha. Vladimir la había penetrado en distintas posiciones como el misionero, en cuatro patas al borde de la cama, ella cabalgando sobre él, acostados de lado y también sentados en una silla, cayendo a dormir alrededor de las 4 am y despertándose después de las 10 am.

    Como había dicho anteriormente, ese sábado por la noche nos vimos ella y yo para cenar algo y allí me comentó todos estos detalles. En sus palabras me explicó que con un glande de ese tamaño si era verdad que se sentía más intensamente la penetración y que el roce de ese enorme huevo en sus paredes vaginales entrando y saliendo le hacía sentir más placer que un pene normal, aunque costaba un poco de trabajo hacerlo entrar por el orificio de la vagina.

    Así poco a poco fue pasando el tiempo y durante las siguientes semanas y siempre que les fuera posible, mi mujer que había quedado tan feliz y encantada con su nuevo y extraño juguete, se escapaba con Vladimir en la moto a la hora del almuerzo o a las 6 pm después de salir de trabajar hasta un motel cercano (el mismo donde iba a veces con el contador y que una vez fue conmigo y donde ya la distinguían los empleados) a darse un poco de placer extremo. Normalmente iban 3 o 4 días a la semana de lunes a viernes pues los fines de semana por lo general ella estaba conmigo y de esa manera todos la pasábamos bien.

    En cierta ocasión y llevado yo también de la curiosidad por las maravillas que ella decía de su nuevo juguete le pedí que la próxima vez que estuviera con él le tomara algunas fotos para ver como era y porqué la tenía a ella tan entusiasmada pero que no le dijera que eran para mí sino para enviárselas a unas amigas y para tenerlas guardadas en el celular.

    Helena le comentó a Vladimir y él accedió sin problemas y esa tarde después de salir de trabajar estando en el motel, le tomó algunas fotos y me las envió a mi celular.

    En la primera de ellas se le veía a él recostado en la cama, del abdomen casi hasta las rodillas, en un primer plano sus genitales y su pene erecto y de verdad se notaba que tenía una cabeza bastante grande, enorme y rosada que hasta daban ganas de chuparla.

    En la siguiente foto estaba ella mirando a la cámara y besando la enorme cabeza y en la siguiente ya se la había tragado toda.

    La cuarta foto fue tomada con temporizador colocando el celular a los pies de la cama mientras ella se colocaba sobre él de espaldas al celular cabalgándolo y con el pene tocando su vagina, listo para entrar, y en la última foto ya estaba totalmente sentada sobre él de manera que solo se veían sus huevos tocando su culo.

    Confieso que fue bastante emocionante y excitante para mí verla así y tuve que masturbarme.

    Un buen día un grupo de compañeros de la empresa donde ellos trabajaban había organizado una salida a una discoteca un viernes de un mes de octubre, después de salir de trabajar y ella por supuesto estaba invitada. El grupo estaba formado por unas 20 personas de distintas áreas de la empresa y Vladimir también iba a ir.

    Esa noche todo iba muy bien, estaban bailando, cantando y tomando. Vladimir tenía la moto y no podía beber licor, aun así se unió al grupo.

    Ya había pasado un buen rato y la gente estaba algo mareada y desinhibida, la pista de baile seguía llena y el ambiente estaba bastante animado cuando Vladimir desde la mesa donde estaban todos, alcanzó a ver casi al otro lado de la pista de baile a Helena que estaba bailando y besándose con otro compañero de trabajo, un muchacho del área de operaciones, y enseguida se enfureció.

    El disco que sonaba en ese momento era una mezcla y tardó unos 15 minutos en terminarse mientras Vladimir solo podía mirarlos desde la mesa e intentaba controlarse para no perder la cabeza y armar un espectáculo ahí delante de todos porque ellos estaban bailando muy pegados y mientras se besaban él bajaba sus manos hasta tocarle las nalgas y acariciarle suavemente el culo, y al terminar la mezcla y volver ellos a la mesa, él recogió sus cosas y la tomó de la mano disimuladamente y salieron del lugar.

    Vladimir llevado por los celos le reclamó por haberse estado besando con el otro muchacho. Inmediatamente prendió la motocicleta y se la llevó para la casa. Ella se molestó un poco pero no le prestó mayor atención. Al otro día ella me contó que esa noche se había dejado llevar por el licor pues había tomado un poco más de la cuenta y que ese muchacho con el que se estaba besando estaba muy excitado pues al bailar tan pegados podía sentirle la erección y que de no haber ido Vladimir esa noche con toda seguridad habría amanecido con él en el motel porque él ya se lo había propuesto.

    El trayecto hasta la casa era de más o menos media hora. Cuando llegaron a la casa eran casi las 11 pm y a pesar de lo molesto de la situación, discutieron un poco pero las cosas pronto se calmaron, arreglaron todo con un beso y obviamente tuvieron sexo un par de veces esa noche antes de quedarse dormidos. A la mañana siguiente él la volvió a penetrar un par de veces antes de levantarse primero y después en la ducha mientras se bañaban juntos.

    Hacía tiempo ya que Vladimir sentía y asumía que Helena era su mujer y que él era su dueño y por lo tanto actuaba como tal, incluso a veces la celaba conmigo mismo.

    Tiempo después de ese incidente y cuando las cosas otra vez habían vuelto a la normalidad entre ellos, Vladimir se atrevió a proponerle a Helena que tuvieran sexo anal y que si ella se animaría sabiendo que su pene era tan cabezón, y a ella esa idea empezó a darle vueltas en la cabeza.

    Yo le dije que si la vez que lo habíamos intentado ella y yo no habíamos logrado hacerlo, con él le sería casi imposible y que necesitaría muchos preparativos para lograr alcanzar una buena dilatación y que en lo posible no le doliera y evitar tener una mala experiencia porque prácticamente iba a ser él quien le quitara esa virginidad.

    Decidieron hacer la prueba un sábado por la tarde, pues habría tiempo suficiente para los preparativos que habían visto en internet. Ella misma compró un lubricante en gel que había visto en una farmacia. Incluso se sintió un poco diabla y jugó un momento con el muchacho vendedor al preguntarle que si ese gel le servía para tener sexo anal y que le explicara cómo debía usarlo. El muchacho como pudo le explicó y ella hacía como que le prestaba mucha atención.

    Ese día él paso a recogerla a su casa a las 2 pm, fueron a dar una vuelta, almorzaron y después se fueron para su casa, se encerraron en la habitación de Vladimir. Primero según ella, hubo penetración vaginal normal un rato, pero sin llegar a eyacular para encender los ánimos, y enseguida ella se recostó boca abajo abriendo un poco las piernas y colocando una almohada bajo su vientre quedando con el culo expuesto, de esa manera él podía empezar a estimularla acariciando sus nalgas primero y después pasándole su la lengua por el ano, pasando después a la estimulación con los dedos y el lubricante. Poco a poco a medida que ella lo permitía él iba introduciéndole despacio primero uno y luego dos dedos, el índice y el medio para hacerla dilatar, metiéndolos y sacándolos despacio y de manera que ella lo pudiera tolerar.

    Cuando pensaron que ella ya estaba lista aproximadamente una hora después de haberla estado estimulando, la hizo ponerse en 4 patas abriendo bien las piernas sobre el borde de la cama y agachando la cabeza para morder la almohada por si iba a gritar y aplicándose bastante lubricante en todo el pene, colocó su enorme glande en la entrada de su culito, la agarró con ambas manos de la cintura y muy despacio empezó a empujar.

    Poco a poco su gran cabeza desaparecía en las entrañas de mi amada Helena mientras ella agarraba una almohada para ahogar algunos gritos pues a pesar de la preparación podía sentir que le dolía y le incomodaba un poco pues ciertamente esa primera vez no suele ser tan placentera.

    Sin embargo, Vladimir continuó penetrándola despacio hasta el fondo, metiéndole y sacándole sus 17 cm siempre muy despacio y sin parar, teniendo cuidado de no sacar el glande de su recto para no hacer más dolorosa la experiencia pues lo que más le había dolido a ella obviamente fue la dilatación extrema de su esfínter al paso de su hinchado capullo.

    Así pasaron quizá unos eternos 15 minutos hasta que el no aguanto más, la agarro firmemente por la cintura, se lo enterró todo hasta el fondo y libero su descarga entre gemidos y espasmos.

    Esa noche no lo hicieron más. Ambos tomaron una ducha para asearse y se acostaron desnudos a ver televisión mientras se quedaban dormidos.

    De esa manera mi querida noviecita había acabado de perder su virginidad anal y de qué manera con el otro hombre que también le decía que la amaba y que quería hacerla sólo suya.

    Al día siguiente domingo por la mañana, ella se encontraba aún un poco maltratada y aunque no tenía ganas de más, le permitió a él penetrarla por vía vaginal pues él si había amanecido con ganas, así que abrió las piernas y lo dejó entrar.

    Tuvo una molestia para caminar y para permanecer sentada mucho tiempo hasta el miércoles de ésa semana, por supuesto esa semana descansó un poco de tanta vida loca.

    A pesar de todo a ella le gustó la experiencia porque me dijo que quería volverlo a hacer cuando se sintiera mejor, y con el paso del tiempo y poco a poco fueron incorporando el sexo anal dentro de sus prácticas habituales.

    Paulatinamente ella se fue acostumbrando y dilataba cada vez mejor, y Vladimir cada vez le pedía más hacerlo así.

    Pero como nada dura para siempre y todo tiene un final, esta historia de amor también habría de terminar, y todo sucedió un día sábado por la mañana al poco tiempo de despertar cuando después de haberse comido juntos desde el viernes por la noche como lo venían haciendo semana tras semana desde hacía ya 6 meses, y mientras ella estaba en cuatro patas y Vladimir la penetraba por detrás sobre la cama, ocurrió un inesperado accidente que suele suceder en éstos casos cuando la mujer no ha ido al baño a evacuar su intestino.

    Después de esa bochornosa escena se apagó la llama de la pasión, ella se llenó de vergüenza y corrió a asearse y salió lo más pronto posible de aquella casa.

    Él se encargó de limpiar el cuarto y lavar las sábanas, pero ella se llenó de mucha vergüenza y no lo pudo superar y ese fue el fin de esa relación.

    A pesar de todo ella recuerda esos 6 meses de manera especial pues disfrutó al máximo esa sensación de gran placer que le producía ese enorme glande recorriendo sus entrañas.

    Al año siguiente organizamos un viaje terrestre a la costa caribe con el objetivo de visitar unos amigos míos unos días y luego continuar el trayecto hasta la ciudad de Cartagena, pero eso será material de la próxima historia.

    ¡Hasta pronto!

  • Memorias de juventud

    Memorias de juventud

    Por aquel entonces yo contaba tan sólo con 23 primaveras. Fue la etapa más loca y desinhibida de mi vida. Estaba en el último año de carrera y compartía piso (y algo más) con una compañera de la facultad. Era una relación un poco extraña, en tanto que yo no era una bollera. Empezó como un juego en el que estaba abierta a experimentar cosas nuevas y probar otras delicias, por aquello de decir: “que no me lo cuente nadie”, y con ese juego me involucré en una relación en la que permanecimos todo un curso dándonos mutuo placer.

    Al principio era una buena amistad en la que también gozábamos de un buen sexo, aunque mis sentimientos nunca fueron más allá de eso. Por el contrario, para Laura la situación era bien distinta, puesto que ella sí que era lesbiana y se colgó de mí más de lo que cabía esperar, por ello, poco a poco la relación fue enquistándose.

    Por mi parte, yo no desaprovechaba la ocasión de disfrutar de un buen filete si se me presentaba la ocasión, pues notaba que solamente el pescado no lograba alimentarme como cabía esperar. Tenía que hacerlo clandestinamente, —eso sí— para no herir sus sentimientos, pese a dejarle claro que no quería que nuestra relación fuese demasiado absorbente. Aun así, el idilio acabó siendo demasiado tóxico por no saber poner los puntos sobre las “ies” como debería haber hecho.

    A final de curso, con la relación ya un tanto maltrecha, fuimos invitadas a una fiesta en un piso de estudiantes en Benimaclet (Valencia) en donde el alcohol y otras sustancias eran consumidas como si de caramelos se tratase, y tras muchos cubalibres y demás, la fiesta se desmadró por completo.

    Laura y yo no cursábamos la misma especialidad y por consiguiente, ambas dialogábamos con la gente que era más afín a nuestras inquietudes.

    Por mi parte, después de varios cubatas estaba bastante aturdida y el exceso de alcohol embotó mi cabeza causándome serias dificultades para seguir el hilo de una conversación que ya me interesaba poco de por sí. Hice un recorrido visual por la sala intentando encontrar a Laura, pero sin éxito, en su lugar, mi vista se detuvo en una pareja metiéndose mano en un sofá sin ningún pudor, ajenos al bullicio y al resto de invitados. Reparé en que la chica en cuestión era una compañera con la cual había coincidido en algunas asignaturas y hasta ese momento había pensado que era una mojigata, en cambio, la mosquita muerta se apoderó de la verga de su compañero después de liberarla del cautiverio al que estaba sometida dentro del pantalón, y se dedicó a trabajársela con la boca, indiferente a las miradas de los allí presentes. Con gran sorpresa para mí, la puritana engulló el miembro con la maestría propia de una profesional, haciendo que desapareciese en su gaznate sin apenas esfuerzo, pese al tamaño —nada desdeñable— que calzaba su compañero.

    No tardé en perder por completo el hilo de la intrascendente conversación en la que mi interlocutor se esforzaba por captar mi interés, en cambio, yo estaba más centrada en como basculaba la cabeza de la mamona en cuestión, dándole placer a su Don Juan.

    A los pocos minutos se les unió otro joven seducido por la escena, así como por el trasero que asomaba por debajo de su falda cuando perdió su función como tal, mostrando unas nalgas a las cuales se agarró el recién incorporado amante. Sus dedos incursionaron a través del tanga y se perdieron en una raja que a esas alturas estaba igual de encharcada que la mía.

    Mi interlocutor se dio cuenta del poco interés que yo mostraba en la conversación y se percató del motivo de la falta de atención por mi parte, mientras el chico que se había unido a la pareja se deshacía de sus pantalones y penetraba a la mojigata. En vista del caso omiso mostrado por mí, se marchó buscando a alguien, quizás más interesante, sin que por mi parte, su ausencia me supusiera un trauma.

    A la par, el trio pasó a ser el centro de atención de la fiesta y se formó un coro en torno a ellos, si bien, la escena ganó interés para unos y una falta de atracción para otros. Éstos últimos abandonaron el espectáculo y los primeros se unieron a lo que rápidamente se convirtió en un desmadre.

    Algunos se perdieron por las habitaciones buscando algo más de intimidad, a otros les importó bien poco la intimidad y se incorporaron al desenfreno.

    Noté unas manos por detrás cogiéndome de la cintura para luego ir subiendo y apoderarse de mis tetas. Pensaba que era Laura, pero el tamaño era mayor y la forma de apretarlas no eran las mismas, como tampoco lo era la protuberancia que hacía presión reiteradamente en mis nalgas. Desde luego no era ella, pero en esos momentos tampoco me importaba quien fuera porque estaba tremendamente excitada y la sensación resultaba de lo más morbosa y placentera.

    La música era ensordecedora. Miré a mi alrededor y muchos bailaban como si la cosa no fuera con ellos, otros estaban ocupados degustando una almeja, otras saboreando una barra de carne, algunos otros fornicando, y yo sintiendo como una polla intentaba horadarme a través de mis vaqueros, y en vista de que era harto imposible mi asaltante me los bajó con cierta violencia, arrastrando también mi tanga, me apoyó en la mesa y me la clavó sin permiso, y también sin condón. La verdad es que no estaba yo para remilgos, pues el placer que me producía la verga que percutía en mi coño distanció cualquier prejuicio al respecto.

    Volteé mi cabeza para ver quien era mi follador y me cercioré de que no lo conocía, de cualquier modo, estaba gozando de las acometidas que me daba el desconocido agarrado a mis ancas y embistiendo como un toro en celo, mientras me atizaba sonoros cachetes en mis nalgas.

    Ahora ya le había puesto cara al usurpador de mis dominios y estaba disfrutando de sus embates apoyada en la mesa, entretanto mi vista era incapaz de enfocar nada. La música ensordecedora enmudecía los gemidos de la sala. La gente que bailaba no quería dejar de hacerlo y la que disfrutaba del sexo tampoco.

    Mi cara era un fiel reflejo del placer que me estaba dando mi jinete e inmediatamente un orgasmo se fraguó en mi columna vertebral e inmediatamente golpeó mis entrañas como una corriente eléctrica originando intensos espasmos en mi coño, de tal manera que mientras gemía de gusto me percaté de que unos metros más allá Laura me clavaba la mirada más profundamente que la polla que estaba incursionando en mis adentros, aun así, el clímax no remitió, más bien, al contrario. Parecía no querer abandonar mis bajos, de tal modo que no podía hacer otra cosa que seguir gozando, gimiendo, pero sobre todo, no podía dejar de mirar a Laura hasta que poco a poco el orgasmo fue abandonándome.

    En ese momento bajé la mirada como si tuviese que estar arrepentida o sentirme mal por aquello. Noté un vacío en mi interior. Mi follador me dio la vuelta, me arrodilló, y contemplé la formidable verga —lubricada por mis flujos— que acababa de proporcionarme un delicioso orgasmo y que ahora reclamaba mi boca para obtener el suyo y alojar su simiente. Miré a Laura con la enhiesta polla delante de mi cara a la espera de mis caricias, y en vista de mi abstracción, unos fuertes pollazos en la cara me sacaron de mi enajenamiento. Cogí el rabo desde su base y me lo metí en la boca con la intención de darle placer al dueño de aquella magnifica verga y estuve afanada en la tarea durante unos minutos, aun así, parecía que no imprimía la cadencia deseada por él y aceleró el ritmo con movimientos más contundentes intentando follarme la boca. Mientras tanto, busqué de nuevo con la mirada a Laura y no la encontré. En ese mismo instante un chorro de leche se aventuró hasta mi estómago haciéndome abandonar el falo en un arrebato al provocarme una arcada. Mi amante se cogió la polla con una mano, mi cabeza con la otra y echándola hacia atrás y siguió rociándome la cara con su esperma, soltando un trallazo tras otro.

    El morbo que suscitaba esa situación fue el summum. Mi rostro estaba completamente impregnado de la viscosa sustancia. Me hubiese gustado aproximarme a Laura, besarla y compartir ambas un húmedo beso, así como a Edu, pero ella ya no estaba, se había ido, de todos modos, era impensable pretender que ella estuviese con un hombre.

    Me vestí con la intención de marcharme a casa, pedirle disculpas e intentar reconciliarme con ella, en todo caso, yo sabía que no le debía explicaciones y así se lo intenté hacer ver en más de una ocasión, en cambio, Laura conseguía hacerme sentir culpable por mancillar una relación que para mi no era la misma que para ella.

    Edu también se vistió y me propuso que nos fuésemos a un sitio más tranquilo y acepté. La verdad era que él me gustaba y no me apetecía tener que bajar la cabeza ante Laura por unos hechos de los cuales no me arrepentía.

    Aunque ninguno de los dos estábamos en condiciones de conducir, nos fuimos con su coche buscando un lugar tranquilo. Aparcamos en un descampado a las afueras de la ciudad. No éramos los únicos del lugar, pero nos dio igual. Cada cual iba a lo suyo y nadie se interponía en los asuntos de los demás.

    Esa noche acabamos echando otros tres gloriosos polvos intentando prolongar el tiempo, no sólo por el placer, sino también porque no me apetecía tener que dar explicaciones al llegar a casa. Si no se las daba a mis padres, mucho menos tenía por qué dárselas a ella, y eso es lo que hice, omitir cualquier comentario al respecto, y ese fue el fin de una relación que, aunque no estuvo mal durante un tiempo, ya me pesaba.

    Edu fue determinante para quebrar definitivamente el malsano vínculo con Laura y siempre le estaré agradecida, no sólo por eso, sino por haber formado parte de un pedacito de mi vida.

    Aquel día rompí con Laura sin demasiadas palabras, tampoco hubo reproches. Aunque yo ya lo sabía, ella también se cercioró de que no estábamos hechas la una para la otra, y fue romper con ella e iniciar una relación con Edu, y aunque fue relativamente corta, también fue intensa. Después nuestras vidas se separaron cuando profesionalmente tuvieron que tomar caminos diferentes.

    Como nota final decir que sus manos eran prodigiosas, no sólo cuando incursionaban en mi sexo, sino también inventando cachivaches. Estudiaba ingeniería robótica y su talento rebasaba con creces al del resto de sus compañeros. Sea como fuere, estoy segura de que estará en Tesla o Silicon Valley, o algún lugar similar, como mínimo.

    Muchas veces pensé en él, no sólo por el buen sexo del que disfrutamos, sino también por saber qué le habrá deparado la vida.

  • Cogiendo con mi papi en unas casas abandonadas

    Cogiendo con mi papi en unas casas abandonadas

    Hola a todos, ya tenía tiempo de no publicar relato, no podía acceder a mi cuenta, y pues me quedé con las ganas de contarles todo lo que me pasó en los días anteriores, he estado muy activo sexualmente en los últimos días, andado en varias cabinas cogiendo con extraños, un día solo con mi medio hermano en su casa de noche mientras toda la familia dormía, luego con mi papá en varias casas abandonadas lo hacíamos como locos mientras gemía muy fuerte, también lo hice vestida de Sailor Moon con mi medio hermano y papi juntos, también una orgía con varios chavos con los que lo hice hace algún tiempo, y muchas cosas más que le iré relatando en los siguientes días.

    La relación padre-hijo que he tenido con mi papá ha sido genial en las últimas semanas, me compra cosas que me gustan, me consiente; mi mamá obvio aún no sabe nada de lo que hago, pero en estos días hemos estado haciéndolo en casas o lugares abandonados, hace unas dos semanas fuimos a unas casas solas cerca de donde vivo, nos llevamos una sábana y una lampara led, nos fuimos ya casi en la noche, como a las 7, llegamos y nos metimos a la casa, y tapamos la entrada para que nadie nos viera, a pesar de que esta algo retirado de las casas que están habitadas, lo que esta chido es que esta cerca de un puente peatonal, y como esta derrumbado del techo, pues se ve el cielo, son como unas tres casas juntas pero todas están sin techo, y a mi me excitó la idea de que en la oscuridad nos viera la gente desde arriba.

    Los pusimos a merodear por la zona y nos acostamos en una parte pegada a la pared, movimos algunas piedras y escombros y ahí nos quedamos a platicar un rato, sobre cosas sucias, sobre todo lo que íbamos a hacer en los próximos días, encendimos la lámpara que casi no daba mucha luz, solo lo necesario para ver que había a nuestro alrededor, ya entrados en calor, nos empezamos a desnudar, era raro ver a mi papá desnudo en un lugar público, siempre es muy reservado, pues siempre me dice que si nos descubren no le gustaría andar encuerado, y tiene razón, pero siempre somos precavidos; en fin, nos quitamos toda la ropa y yo comencé a chuparle las pelotas a mi jefe y a masturbarlo, a lamer cada centímetro de esa verga, luego me puse de pie, y el ahí sentado, abrí mis nalgas y metió la cara entre ellas para darle unas lamidas y a meterme la lengua en mi entrada, como me gusta que lo haga, me agache lo mas que pude para que siguiera lubricando mi ano, me metía sus dedos a la boca y luego me metía uno, luego otro y luego otro dedo, hasta casi meterme los cuatro dedos, sentía increíble en mi punto g (o punto p para los hombres) masajeaba mi zona tan bien, yo gemía rico, luego veía hacia arriba para ver si nos veía gente, pero no, nada de nada.

    Entonces comenzamos a coger de lo lindo, primero lo monté, mientras me quedaba estático el me daba muy rápido, sus testículos chocaban con mi culo y mi pene chocaba con su vientre, este hombre que hizo posible mi nacimiento me estaba haciendo suyo, y lo adoraba, gemía con mas fuerza, el solo me tapa la boca para no gritar tanto, pero yo lo quitaba, yo estaba de frente al puente peatonal cuando de repente veo que un señor de detuvo a ver que pasaba, yo deje de gemir en ese momento, apagamos la lámpara, pero obvio no cambio mucho, ya estaba mas oscuro, que no se veía nada, yo seguía montando el tronco de mi papi, me daba nalgadas, casi regañándome por andar gimiendo fuerte, pero el señor siguió su camino y ya no regresó, siguió pasando gente pero sin mirar abajo, luego me dio de perrito, mi posición favorita, tomo su cinturón y comenzaba a darme nalgadas con el, ese día termine con las nalgas rojas, y eso me recordaba las cogidas que me daba.

    Pasamos a coger contra la pared, pues me gusta ser sometido, me tomaba de la cabellera y me hacía voltear a verlo a la inversa, mientras mi trasero sobresalía, sus bolas casi chocaban con las mías, le dije que ya iba a venirme, pues ya andaba chorreando precum, la que usaba para lubricar mi ano, en eso me acorde que traía mi dildo, lo saque y mantuve cerca en lo que yo mamaba la verga de mi papá, en lo que me venía, cuando lo hice terminé sobre el dildo, y me lo metí hasta la garganta, mi papi observaba gustoso que su hijo fuera toda una putita sumisa, lo puse sobre una tabla que había por ahí y comencé a cabalgar mi dildo mientras seguía chupando la herramienta de mi jefe, en eso tomo mi cabeza y me hizo atragantarme hasta que se descargó en mi garganta, yo trataba de toser, pero me tenía aferrado a su verga mientras su semen caía por mi esófago, sentía calientito, como sus hijos pasaban por mi cuerpo, como cuando tomas refresco bien frio y lo sientes en el pecho, cuando finalmente se hizo a un lado pude toser y escupir algo de saliva, continué chupando sus huevos y su verga a gusto, mientras notaba que había mas gente viendo, pero en su mayoría pasando de largo.

    Si gustan agregarme a Telegram con gusto les hablo, saludos. @Km4zh0.

  • Mi sabroso perfumero de Buenos Aires

    Mi sabroso perfumero de Buenos Aires

    Hola, soy yo de nuevo, Gloria. Este es un relato nuevo, y muy tierno. Espero guste.

    Era un sábado de mañana y no podía esperar para ver por fin a mi amigo virtual (Marcelito).

    Por charlas previas, había podido deducir su lugar de trabajo, una famosa perfumería de Buenos Aires.

    Lógico, él no sabe que fui, espero me reconozca, aunque jamás vio mi rostro, pero conoce mi cuerpo y mi corte de pelo, así que espero me reconozca, es tan excitante la idea que ya me siento húmeda de solo pensarlo.

    Al llegar lo veo atendiendo a una clienta, me mantengo a distancia y lo observo; buen porte, fino, elegante y muy cortés.

    Lo miro tan detenidamente, que en un momento él se percata de mi presencia, al principio me sonríe cordial como a todas.

    De a poco sus ojos se van abriendo y del desinterés pasa a un asombro increíble, ya está! me reconoció!

    Llama inmediatamente a un compañero para que atienda a su cliente y se me va acercando de apoco, se me pone por detrás y con un susurro me pregunta al oído, Mobumba sos vos??

    Solo asiento levemente, se podían sentir nuestras respiraciones alteradas y entrecortadas, me pasa la mano levemente por la espalda y una corriente eléctrica me recorre toda.

    Luego él me agarra de la mano y sin mediar palabras me lleva hacia la calle, yo no digo nada, solo me dejo llevar.

    No podemos dejar de vernos, ni sonreír, es algo mágico.

    No se cuanto caminamos, solo sé que cuando me di cuenta estábamos en la habitación de un hotel.

    Al cerrar la puerta de la habitación nos abrazamos y nos dimos un apasionado, fogoso y húmedo beso. Cuando por fin nos separamos, agitados por la falta de aire, mi querido Marcelo se sentó en una silla frente a la cama (Ahí recordé nuestras charlas hot) Su deseo siempre fue ver como me masturbaba y me daba placer delante de él.

    Bajo su atenta y apasionada mirada, empecé a sacarme el vestido que traía puesto, sin brasier, solo quede con una tanga diminuta negra y mis zapatos de taco alto.

    Me senté en la cama frente a él y fui abriendo las piernas de apoco, sin apartar la mirada de Marcelo.

    Hice a un costado mi tanga y ya pude sentir la humedad de mi vagina, pude ver la mirada de Marcelo, como hipnotizado por mis partes.

    Aun no se animaba a sacar su duro miembro, pero lo acariciaba suavemente sobre el pantalón, lo cual me puso más cachonda.

    Lentamente masajeo mi clítoris con mis dedos, realmente está mojada, como le dije a Marcelo que era muy dulce, quise que probara mi néctar, alargue mis dedos hacia su boca y el las devoró prácticamente.

    Nuevamente me empecé a dar placer, sin poder evitar que se me escaparan unos gemidos, en ese punto Marcelo ya estaba liberando su enorme miembro y sin ningún pudor se empezó a masturbar, sin sacar la vista de mis partes.

    Estuvimos así, concentrándonos en darnos placer por mucho tiempo, ya estaba a punto de tener un intenso orgasmo, cuando Marcelo se percata, entonces rápidamente se arrodilla junto a mi, separa mis dedos de mi concha y hunde su lengua caliente y húmeda en mi vagina.

    Eso me volvió loca, el placer era intenso e increíble, Marcelo ahora chupaba y lamía mi clítoris en una forma rítmica y torturante, era inevitable que me viniera, se preludiaba un orgasmo intenso, profundo y duradero.

    Con gemidos fuertes y la respiración cada vez más entrecortada…

    Y por fin llego la tan anhelada liberación, el orgasmo más delicioso, intenso que tuve en mucho tiempo y prolongado, ya que Marcelo no paraba de lamer y chupar todos mis dulces fluidos, parecía un poseído entre mis piernas (que a esa altura ya me estaban temblando).

    Cuando caí desplomada en la cama, Marcelo se incorporó, me observa, se relame los labios y se posiciona sobre mí, sin miramiento me introduce su enorme y erecto pene, estaba realmente excitado.

    Casi sin aliento trato de seguirle el ritmo, pero no me da tiempo, sus embestidas son duras, fuertes y profundas, está fuera de si, su lengua en mi boca, su respiración y gemidos denotan una inmediata, sabrosa y urgente liberación.

    Trato de acariciarlo, pero ataja mis manos, me observa a los ojos y da unas ultimas embestidas, siento en mi vagina como se ensancha su miembro y un líquido caliente que sale a chorros, Marcelo gruñe y se retuerce, definitivamente acaba de terminar dentro mío.

    Se desploma suavemente sobre mi, con mucho cuidado y me da besos tiernos por todo el rostro.

    Terminando en un beso profundo y placentero en los labios.

    No hacían falta las palabras, ya nuestros cuerpos hablaron.

    Se repetirá?

    No sé, pero lo gocé rico!!

    Fin.

  • Mi sobrino me hace su puta (2)

    Mi sobrino me hace su puta (2)

    Amanecí algo confundida por haber tenido sexo con el sobrino de mi esposo… Daba la sensación de algo malo que ese chiquillo me hubiese hecho suya así, y de paso tratado de forma tan dominante y como un trapo, pero al mismo tiempo resultaba excitante, emocionante, ser tomada así. Me recordaba de mis experiencias en mi casa de playa, sólo que había el ingrediente de que me daba pena o cargo de conciencia que ese carajito, familia política mía, me hubiese hecho su mujer. De paso, cuando me veía me hablaba lo necesario o me ignoraba, pasó ese día completo sin tocarme o al menos intentar cogerme nuevamente, eso me molestaba mucho hasta que lo encaré en la biblioteca al tercer día:

    -¿Y se puede saber a ti qué te pasa? ¿Acaso estás bravo? ¿No te parece que la molesta debería ser yo por lo que pasó?

    -¿Molesta? Te lo gozaste como yo… ¡Así que no hables tonterías! Y te trato como me plazca, okey? Eres mi esclava sexual y punto, una perra que tomo cuando quiero…

    -¿Ah sí? Con que esas tenemos… Soy una esclava y tú mi dueño y señor, hahaha… ¡Qué estupideces dices! ¡Vaya engreído que eres!

    -Pues sí, me perteneces desde que te cogí y para siempre… ¡Eres mi mujer, mi objeto sexual!

    -Ay ya David, deja de hablar zoquetadas… Lo que pasó no te da derecho sobre mí, nadie es mi dueño, ¡ni tu tío que es mi esposo me habla así o me puede controlar!

    -Hahaha, me imagino la de veces que debes haber cogido con otros siéndole infiel al cabrón de mi tío… ¡Eres más puta que una gallina, Veroniquita! Si dejaste que te cogiera y lo disfrutaste, ¡qué será con un extraño que te muestre la verga! Hahaha.

    -¡Definitivamente no tienes modales! Eres un grosero y un imbécil, hace falta te den una buena paliza para que aprendas…

    -Hahaha, lo que me hace falta es una buena mamada… ¡Ven aquí y chúpame el pene!

    Bajó su short y bóxer, se sentó en la silla ejecutiva frente al escritorio, dio una pequeño giro y me hizo señas con su dedo índice. Yo como boba, actuando como si su pene fuera una flauta mágica que me hechizaba, aunque con cara de bravucona y ceño fruncido, me acerqué, me arrodillé tomando su tranca con mis manos viendo cómo me observaba triunfante con cinismo al saberme puta y adicta a mamar miembros viriles. Se la meneé un rato mientras mi boca se hacía agua, y procedí obediente como verdadera esclava, metiéndomela en la boca de forma golosa, a iniciar unas chupadas con verdadera vehemencia. Me sentía usada, humillada pero al mismo tiempo excitadísima, caliente…

    -Aaahhh tía Veronica, qué boca más sabrosa tienes… Mamas como ninguna otra puta me la ha chupado…

    -Mmmgg, mmmm… -Era el sonido que yo emitía mientras me daba el gustazo con aquel tronco mojado con mi saliva y su babita.

    David me la metió hasta la garganta quedándose así unos segundos, yo soportaba como lo sé hacer muy bien por mi práctica de años, amén que me enardecía su rico pene. Luego me la sacó de la boca y se vino, arrojando cualquier cantidad de su simiente en mi cara, para después, sobre la corta blusita que cargaba, meter su falo y regarme leche en medio de mis senos:

    -Aaaahh qué delicia putita… Te aseguro que te voy a coger las tetas en estos día, me haré una paja con ellas, hahaha.

    Me paré acomodando mi blusa, me senté sobre el escritorio y le pregunté al sobrino:

    -David, ¿cómo es que teniendo tan sólo 18 años sabes tantas cosas sobre el sexo, sobre mujeres?

    -Te cuento que tengo una vecina poco mayor que tú que desde que tuve 15 años me dio culo… Desde allí me la cojo hasta la fecha y me enseñó muchos trucos y cosas del sexo, hasta unos videos educativos de cómo hacer el amor a una mujer vimos juntos, poniendo en práctica lo aprendido… ¡Ese es mi secreto! Pero siempre imaginaba que era a ti a quien cogía, que algún día probaría todo lo que sé con tu hermoso cuerpo, y con esa cara tan linda pero de zorra que te gastas! Hahaha. Y ya ves, por fin lo logré… Y había dejado pasar tiempo sin tocarte para llenar más de semen mis bolas, y que tú sintieras que extrañabas mi verga… Pero quiero que sepas que me provoca cogerte a cada instante que pasa, ¡eres una diosa! Y la vida me premia con tu putería…

    -¡Caramba, me sorprendes chico! ¡Qué cosas! Y no sé exactamente qué me pasó pero me provocaste y bueno, cedí… ¡Pero esto es algo que debe quedar siempre entre nosotros, David! No me perdonaría que tu tío Fabián, que tanto te quiere y quiere a su hermano, se enterase de lo que ha pasado… Yo amo a mi esposo y no quiero que sufra por mis andanzas alocadas!

    -Ah ves? Sabía que eras putaza tía Veronica, hahaha. O sea, te has acostado con otros hombres aparte de mí y de tu esposo, eh?

    -¡Eso no es problema tuyo! Así que ya, hasta aquí la conversación…

    -Mmmm, te recuerdo que quien dice «hasta aquí» o da las órdenes soy yo, okey? Ssss, mamacita, te quiero coger por ese culote que tienes, mmmm, anda… ¡Desnúdate y dame el culo!

    Cuando el carricito de marras me da órdenes, parezco una soldado y él un General… Mi suiche de puta se pasa ipso facto convirtiéndome en una sumisa que hace lo que diga David, quedo a su merced y me pongo de forma autómata como prostituta barata. Me quito la ropa, las cholas y encueradita coloco los brazos y manos sobre el escritorio, separo algo las piernas y espero ansiosa que el taladro del sobrino ensanche mis esfínteres para darme placer extremo.

    -¡Para un poco más ese culo, perra! -Me gritó…

    Junté mis piernas lo cual me permitía elevarme tantito, allí mi macho dominante con su manguera bien erguida metió su glande y luego el resto para sacarme un alarido:

    -¡Ay! Coño bruto me duele así, rústicooo… Aaahhh.

    -¡Chilla perra! Hahaha, nada de contemplaciones contigo… Ese culo está estrechito, mmmm, divino nena… ¿Te duele? Sufre pues, toma, toma…

    -Aaaay David, nooo, ay, ahhhh… Me rompes, ¡me duele mucho! -Ya estaba yo aullando cual loba…

    -¡Ajá, me excita que te duela! ¿Te doy más duro entonces, puta?, ¿eso quieres? Más duro, ah?

    -Aaayyy siiii, coño, siii… ¡Dame duro, cógeme, métemelo rudo y demuéstrame que eres quien manda, que mi culo te pertenece!, gózame y hazme gozaaar… Soy tu mujer, tuya mi loco, cógeme, poséeme a tu manera…

    -¿Te gusta más mi verga que la de mi tío, ah? ¡Dime mujerzuela!

    -Sí, sí… Tu verga es la mejor que me han metido en mi vida, ah… La de tu tío no se compara con la tuya que me ocupa todita, ay… ¡Fustígame por favor!

    Ya estaba en shock de éxtasis, sólo quería que ese carajito me diera durísimo y me hiciera llorar y acabar… La lujuria y la depravación las tenía en el tope, cómo disfrutaba ser sodomizada, mmm. Así me culeó David, insultándome, burlándose de su tío Fabián porque ahí estaba su bella esposa llevando palo parejo y temblando de satisfacción, de deleite, siendo follada por otro hombre… Me golpeaba de vez en cuando en las nalgas y muslos, sentía desmayar del placer intenso, ¡era demasiado mi enardecimiento! Entonces me echó los polvazos dentro de mi colita que me hicieron acabar y ver nublado, me dejó su herramienta portentosa un rato allí ensartada mientras yo desfallecía y me quejaba regocijándome a la vez del gustazo que había sentido:

    -Ay David, ay papito ayyy… Me dejaste el culo full de tu leche… ¡Qué mega-cogida más deliciosa me diste, guaooo, eres bárbaro!

    -Hahah, ¿ves que al principio llorabas como gafa y ya luego te la gozaste? Eres toda un hembra ardiente que sabe disfrutar del sexo como sea y por donde sea… ¡Y con quien sea!, hahaha.

    Se separó, me di vuelta y me tomó para besarnos hasta el hastío… Allí me dijo prepotente:

    Ya está bueno, déjame en paz, ve a lavarte… Si sigues aquí te voy a querer penetrar de nuevo, y necesito recargar mis testículos de bastante leche para echártela donde yo quiera… ¡Vete pedazo de puta!!

    Me fui indignada por el trato que otra vez me proporcionaba despectivamente David, me daba rabia pero me encendía también, mas lo entendía y asumía mi rol… Era su puta esclava y disfrutaba demasiado siéndolo, él se sentía el macho que me tenía a su antojo y yo su hembra que lo complacía con tal de que me cogiese como excelente patán delicioso que es con su apetitoso pene.

    No estoy buscando sexo, ni encuentros, no doy Cam.

    Espero les haya gustado, si quieren mandarme sus comentarios a:

    [email protected].

  • Desafío de selfbondage (II)

    Desafío de selfbondage (II)

    Luego de mi paso por Chiloé, me gustó la zona y le pedí a mi Jefatura tomarme días de vacaciones estando en esa Región. No hubo problemas ya que en trabajo estaba al día y mi desempeño había sido bien evaluado.

    En la Región de Los Lagos había mucho por descubrir y también muchos lugares donde quedarse. Fue un lindo viaje, con zonas hermosas, pero lo interesante vendría en las noches.

    Estando en una zona campestre encontré un alojamiento bien acogedor y al alcance de mi bolsillo. Ya sabía lo que quería hacer llegada la noche así que solo tuve que esperar con ansias.

    Aprovechando que hacía algo de frío rememoré algo que había hecho con mi pareja años atrás en la playa, pero esta vez aplicado a mi mismo.

    Tomé una ducha y luego me vestí, nuevamente mis ligas y portaligas. Me puse la mordaza y me pinte los labios. Luego me cubrí con una bufanda.

    Para abajo me inserte un vibrador en el ano, de aquellos que tienen una bola llegando a la base, que hace imposible la expulsión anal, debes usar tus manos para retirarlo.

    Me puse un abrigo largo, me asegure que nadie me viera y salí. Cuando cerré la puerta de entrada me puse las esposas, el último click fue sublime, y salí a caminar.

    En el fondo tenía el deseo de ser descubierto y bueno, utilizado. Fue un paseo muy emocionante ya que a medida iba caminando subí la intensidad del vibrador.

    Me di una vuelta, me senté en varios lugares, cambié la intensidad en varias ocasiones. De pronto las ganas de tocarme el pene se me hacían incontrolables. También las veces que subí la intensidad del vibrador a máximo dificultaban mi caminar, pero agradecí esa mordaza ya que opaco mis gemidos en varias ocasiones.

    Esa noche fue intensa en lo sexual pero tranquila en cuanto al paseo. Me las arregle para abrir la puerta y luego la de la habitación, tenía las llaves de las esposas en la cama.

    Con tranquilidad me saque el abrigo, bufanda y zapatillas pero no aguante mas. Me saque el vibrador y tome un dildo, aun amordazado me arrodillé en la cama y levante mi culo dejándolo listo para la inserción. También al tiempo que me lo metía me acariciaba las bolas con la otra mano y luego solo el glande del pene, primero de formar suave y lento, luego ya como una máquina coordinada entre mi pene y el dildo, todo bien sincronizado y que terminó en un orgasmo sensacional.

    Sabía me quedaban otros días así que iba a pensar bien que hacer la próxima ocasión en la que necesariamente debía subir la apuesta.

  • La entrevista. Un negocio de azotes

    La entrevista. Un negocio de azotes

    El ambiente en el amplio salón era cálido y acogedor. Fuera se había hecho de noche, llovía y el viento soplaba con fuerza.

    Marta, de profesión periodista, rondaba los treinta, cabello largo, menuda, guapa, aguardaba sentada en una silla acolchada. La luz, abundante, lo llenaba todo. Aparte de la silla gemela que aguardaba dueño, había un mueble de madera lleno de libros, una mesa y de las paredes colgaban algunos dibujos en carboncillo representando escenas orientales de carácter erótico.

    – Ya estoy de vuelta, perdona por el retraso.

    – No se preocupe, está bien.

    – Trátame de tú por favor, no soy tan importante. -respondió el recién llegado con una cálida sonrisa que no dejaba indiferente.

    – Por cierto, tengo zumo, agua. ¿Te apetece algo?

    – Agua está bien. -respondió Marta mirando al anfitrión. Era un tipo bien parecido que rondaría los cuarenta años, metro ochenta, barba negra a juego con los ojos, espalda ancha y rostro interesante.

    Después de servir las bebidas, dio comienzo a la entrevista.

    – Bueno, lo primero de todo, gracias por conceder esta entrevista. Para empezar, ¿Cuéntanos quién eres y en que consiste tu negocio?

    – Gracias a ti Marta. Bueno, me llamo Juan y hace un par de años, junto a una amiga, Clara y un compañero de curro, Rubén, decidimos crear un negocio. La verdad es que yo estaba un poco cansado del monótono trabajo de oficina y un día, mientras tomábamos un café, iniciamos un debate sobre la falta de disciplina en la sociedad actual, el individualismo en las grandes ciudades y bueno, también lo difícil, a nuestro entender, que era sincerarse con la pareja. El caso es que siguiendo con el tema propuse… «¿Y por qué no montamos algo y ofrecemos disciplina a la carta?… Imaginad, a lo mejor una persona ha metido la pata en el trabajo o ha sido perezoso y al llegar a casa o no tiene con quien compartirlo o le da vergüenza… ¿y si le diéramos una buena azotaina en un entorno de confianza? Quizás eso le ayudaría a sentirse mejor».

    – Ya veo… propusiste lo de los azotes y todo comenzó…

    – Bueno, hubo más, Rubén, que es muy de planificar pensó en todo, problemas, preservar la intimidad… y luego el modelo de negocio, ahí Clara fue la primera en sugerir diversidad para hacerlo rentable… por ejemplo, las sesiones individuales a precio hora, pero también sesiones en grupo… incluso performance gratis y que fuese el público el que pagase.

    – ¿Público?

    – Sí, fantasías. Las típicas, pues un aula de alumnos y los profesores zurran al que se porta mal. Pero no solo estás, también otras, por ejemplo, hace un mes creamos una fantasía ambientada en la antigua China. Un «malvado» emperador interpretado por un servidor y una doncella que tiene que someterse al castigo tradicional… Compramos la ropa y nos hicimos con unos palos planos de madera largos… La persona voluntaria, se tumba boca abajo en un banco, un «soldado» desnuda el culete y cuando el emperador da la orden, Rubén y Clara, convenientemente disfrazados, azotan por turno las expuestas nalgas. El público paga la entrada para mirar… aunque a veces, por un extra, también alguno puede participar, decir algo, ayudar a sujetar al castigado, en definitiva meterse dentro de la obra…

    – Suena… real… quiero decir, ¿Se pega de verdad o es más bien teatro?

    – Es real… a ver, todo se pacta con la o las personas que quieren tener esa fantasía con público. Imagina, llega Pili y dice que quiere que la calienten el culo delante de una audiencia, pero luego le damos un azote con la vara y vemos que no lo aguanta… pues en ese caso, sugerimos algo más suave como unas nalgadas tradicionales, más o menos azotes, depende. Ten en cuenta que esto se ensaya.

    – Pero, y ya para cerrar este tema del público, son desconocidos… ¿no teméis que algo se salga del guion?

    – Bueno, siempre puede pasar y es un riesgo que se corre, es parte de la experiencia. Pero para aclararlo, primero, se graba todo y esa grabación solo se usa si media una denuncia, por supuesto, todo esto se trata con la máxima discreción y privacidad. Esto no son videos eróticos para vender, nosotros hacemos experiencias en directo con el recuerdo de unos pocos como testigo.

    – Ya veo.

    – Pero dando más detalles, hablamos con el público, no lo mencioné antes, pero Clara es psicóloga. Además, antes de empezar la representación nos reunimos todos, publico, «actores» y empleados durante al menos media hora para romper el hielo y recordar las normas. El castigado ya nos informó en su momento de lo que quiere y no quiere y eso se respeta al máximo. Pero no es todo rígido, dentro del respeto hay cierta libertad, no hay una representación igual a otra. Marta, si te animas nos cuentas tu fantasía y…

    – ¿Yo? Buff, no sé, creo que eso se escapa de mi área de confort… pero bueno, imagina que quiero probar algo más privado, sin público, como sería el proceso.

    – Sería personal y a medida. El día y hora acordados previamente el cliente vendría a las oficinas. Estamos pensando en un servicio a domicilio, pero todavía no lo tenemos claro. Luego los pasos son, entrevista personal con uno de nosotros dónde el cliente nos comenta el motivo de la visita y determinamos el correctivo a aplicar. Luego…

    – ¿Qué correctivos hay?

    – Azotes, me refiero más a concretar, número de nalgadas, severidad de las mismas, si se emplea algún objeto. Normalmente recomendamos usar solo la mano si no se tiene experiencia. Luego está el examen del culo. Normalmente pasamos a un cuarto y allí él o ella se «bajan los pantalones» y con una linterna comprobamos que todo está en orden. Y ya después tiene lugar la sesión en concreto. Allí hay de todo, desde estoicos a lloricas.

    – ¿Y qué pasa con el componente erótico? ¿Se practica sexo?

    – No. Nosotros nos centramos en azotar el culo. Siempre desnudo para controlar lo que pasa. Dicho esto, es innegable que el trasero es una zona erógena y el calor, incluso el dolor, excita a más de una y uno. Es normal y si algún cliente tiene ganas de masturbarse, o se le pone dura o bueno… algunos y algunas tienen hasta orgasmos. Lo que no hacemos es fomentar activamente el sexo.

    – Pero, perdona que insista, tengo curiosidad. -insistió la reportera haciendo sonreír a Juan.- Entiendo que la gente está nerviosa. Yo estaría hecha un flan. Seguro que os han pasado cosas, digamos, embarazosas.

    – Es parte de los azotes, el componente de la humillación, la vergüenza, los nervios son tan importantes o más que el correctivo. Hemos tenido de todo, desde un tipo al que se le escapó el pipí a una chica que se tiró un pedo en plena azotaina y no sabía dónde meterse. Por supuesto, somos conscientes de los nervios e invitamos a los clientes a que usen el baño y se alivien antes de la sesión. Si el tema pasa de lo anecdótico entonces la sesión se suspende y no se devuelve el dinero o incluso se exige un extra por saltarse las normas.

    – Ok. Y por ir terminando… ¿qué se siente?

    – ¿Qué se siente?

    – Quiero decir, los clientes, que comentan.

    – Los clientes, pues hay opiniones para todos los gustos y colores, pero… perdona que sea indiscreto. ¿A ti te han azotado alguna vez?

    – ¿A mí? -respondió Marta ruborizándose.

    – Sí, me explico, veo que estás interesada en el tema y bueno, creo que la mejor manera de describir algo es experimentarlo. Sería un bonito epílogo para el artículo. Claro, si tú quieres.

    Marta contrajo sus nalgas involuntariamente.

    – Bueno… yo…

    – Anímate, es un minuto, te tumbas sobre mis rodillas y te doy una docena de nalgadas.

    – ¿En el culo?

    – Si claro, en el culete desnudo. La humillación es parte de la experiencia.

    ****

    Epílogo

    Las sensaciones se agolpan y mezclan en mi cerebro. Miedo, curiosidad, nervios, muchos nervios. Me levanto y me acerco a su sitio, puedo oler su perfume, percibir su mirada. El calor sube por mi cuerpo como una corriente tiñendo de rojo mis mejillas cuando me bajo los pantalones y descubro mi culito.

    Durante un instante, antes de acostarme en su regazo, me fijo en su entrepierna, en la erección que se oculta bajo el pliegue de sus pantalones. Durante unos segundos, allí tumbada, noto como sus ojos se recrean con mi trasero mientras que una corriente de aire, real o imaginaria, acaricia mis nalgas.

    El primer azote me pilla por sorpresa, es contundente. Solo un instante después, sin casi tiempo a experimentar todas las sensaciones, su mano cae de nuevo, golpeando mis posaderas justo en medio. Su voz rompe el silencio recordándome que he sido una chica traviesa e indisciplinada, que me prepare para lo que viene. Me muerdo el labio, contraigo las nalgas y un nuevo azote, focalizado en mi nalga izquierda, cae con fuerza seguido de otro en la nalga derecha. Luego le siguen nueve más a buen ritmo que hacen danzar mi trasero.

    Una pausa, hemos llegado al final. Me reincorporo y me visto. Juan me pregunta que tal y le respondo bien por responderle algo. Lo cierto es que no sé muy bien que siento. No han sido muchos azotes, pero mi culo tiene memoria. Me froto distraída las nalgas. Esa noche, al llegar a casa, tumbada en la cama, recuerdo y vuelvo a experimentar sensaciones, mi mano quiere jugar, distraída acaricio mi sexo.

  • Fóllate a mi novia (Parte 1)

    Fóllate a mi novia (Parte 1)

    El celular de Mario estaba averiado,  típica descompostura por agua, su linda y sexi novia Mariana le comentó que su mejor amigo Franco hacía reparaciones de celular y lo arreglaría casi por nada si ella se lo pedía amablemente.

    Mario no estaba seguro, había material delicado ahí y por la descompostura ya no podría conectarlo a su laptop para guardar todo. Pero su chica insistió y definitivamente sería sospechoso que él no accediera. Bueno, él escondía esos videos que él había grabado con el celular escondido follándosela en su cuarto, Mariana jamás quiso que él grabara, eso causó muchas peleas, él lo hizo cada vez que pudo, ahora su celular estaba lleno de docenas de videos xxx algo aburridos, sexo adolescente sin mucho chiste, pero al fin y al cabo, videos pornográficos. Por desgracia para él eran simples estudiantes de preparatoria, estaban sin un duro y lo de la reparación barata sonaba bien, aunque Franco lograra encenderlo y fuera un cabrón intentando buscar algo, estaba bloqueado por patrón, no lograría ver nada.

    Cuando Mariana le devolvió su celular apenas 2 días después él revisó rápidamente y respiró aliviado de que todo pareciera en orden, incluso los mensajes que él sabía que no había leído en WhatsApp seguían en estado de “Nuevos mensajes». Mariana seguía siendo la misma, incluso esa misma tarde follaron y él volvió a grabar a la nalgona chica sin que ella lo notara, todo estaba en orden, él se felicitó a sí mismo por ser tan astuto.

    Franco estaba emocionado. Cuando su linda novia Paulina le dijo por fin que sí, él no podía creerlo, era como si un demonio de la lujuria le estuviera ayudando, él sabía que los demonios castigaban cruelmente después de conceder deseos, pero no le importaba vender su alma por cumplir su fantasía. Se sentía un chingón por siempre lograr lo que quería, tan astuto.

    Paulina por fin había dicho que sí, él sabía que ella no estaba segura, no quería hacerlo, pero él insistió por meses, casi un año, eso causó mil peleas, aunque ella siempre cedía en cada pelea, aunque él tuviera la culpa, Franco lo sabía y parece que al fin lo había logrado, ella le dijo melancólicamente que aceptaba, que lo haría sólo por él, porque llevaban ya 2 años juntos, porque lo amaba locamente, porque cuando él rompió con ella con total desinterés aquella vez, ella sentía que su vida terminaba.

    Y es que ella nunca quiso darle una mamada, le daba asco pensarlo pero él insistió y chantajeó cruelmente, cuando ella estuvo de rodillas frente a él en su cuarto y él le apuntaba con la verga a la cara, ella no pudo negarse, luego ella no estaba lista para follar, pero él uso el viejo truco de chantajearla con amor, le regaló un ramo de rosas gigantes ese san Valentín y la llevó como siempre a su casa, ella creyó que se libraría chupándosela toda la tarde, pero él llenó la cama de pétalos de rosas, ella no quería hacerlo aún, pero lo hizo y una vez ganado un metro, Franco no cedería ni un centímetro.

    No me mal entiendas, Paulina no estaba en una tormentosa relación de llanto, abusos físicos y crueldad, de peleas y obligaciones, Franco no le gritaba ni la trataba mal, era dulce y atento con su linda Paulina, la amaba a su muy retorcido y egoísta modo, ella estaba en una relación de manipulación y chantaje. Franco jamás alzó la voz cuando ella no accedió a darle una mamada, fue mil veces más poderoso su desinterés y distante trato durante una semana, cuando ella le dio una mamada una semana después, él sonrió por fin de nuevo, le dijo que la amaba y la hizo sentir en el cielo, por desgracia él era magnífico manipulando y ella muy ingenua, él le dio su recompensa cada vez que ella accedió a algo y eso se le metió en la cabeza subconscientemente de modo que ella incluso se sentía más lista al «controlarlo» dándole exactamente lo que él quería, pobre de ella.

    Era lo mismo con esto, él insistió hasta el hartazgo, chantajeó, la azotó con el látigo de su desprecio y silencio más de un mes antes de que ella accediera, él no dejó de hablarle ni terminó con ella, era más listo que eso, sabía que dosis de indiferencia y frialdad aplicarle para que ella se diera cuenta de que faltaba algo, Paulina estaba desesperada y melancólica cuando ella misma reabrió el tema de esa turbia fantasía, casi pensando ingenuamente que era su propia idea, él sonrió por dentro, logró doblegarla de nuevo sin que ella se diera cuenta que cayó justo en su trampa.

    —¿De verdad, de verdad? — preguntó emocionado ante la afirmación de su pequeña novia.

    —Sí — decía sonriendo nerviosa la pequeña paulina, se sintió feliz de inmediato de ver qué él sonreía de nuevo de esa manera, la ingenua mujer se sintió astuta porque creía que manejaba la situación — Pero sólo lo hago por ti, ¿Ok? Yo no lo necesito — le decía dulcemente tomándole las manos, era por completo verdad, ella de verdad no quería hacerlo, odiaba la idea, sólo lo hacía por hacerlo feliz, incluso creía que tal vez él tendría suficiente con que ella pareciera dispuesta y pensó que él no la haría hacerlo, Franco lo sabía, pero no dejaría ir su oportunidad — Sólo porque cumplimos dos años y siempre lo has querido… no sé porque, pero siempre lo has querido — decía riendo nerviosa, Franco la abrazó honestamente eufórico.

    —Te amo tanto — le miraba intensamente a los ojos, ella sentía toda esa serotonina corriéndole por el cuerpo.

    —Yo también — decía la linda chica sintiéndose en las nubes.

    Él la besaba apasionadamente como no la besaba hace un mes, dándole su recompensa, reforzándola positivamente, el método nunca había fallado, ella se sentía feliz por hacerlo feliz, pero nunca había estado más nerviosa.

    Venía lo difícil, lo jodidamente difícil, ¿Cómo se supone que haces algo así? Franco decidió que simplemente hacerlo pronto y rápido era lo mejor, apostaría todo a un movimiento, abrió nervioso como el carajo una nueva conversación con Mario, lo saludó amablemente, el otro chico vio el saludo, pero lo ignoró, ¿Que carajos podría querer aquel idiota? Ni siquiera le agradaba, Franco insistió y Mario respondió de mala gana.

    —¿Que pasa? — escribió Mario en seco.

    —Quisiera hablar contigo — respondió Franco.

    Mario alzó los ojos con fastidio, él en serio no lo quería para nada, eso de que fuera el mejor amigo de su novia no le agradaba y él sabía que Franco siempre tuvo intenciones oscuras con Mariana, no era muy sutil, eso del mejor amigo no se lo tragaba y tenía razón, Franco ansiaba el precioso culo enorme de su Mariana, ella siempre lo supo y nunca estuvo interesada.

    —¿Qué quieres hablar? — escribió Mario resistiéndose a decirle que lo dejara en paz y que si volvía a verlo mirando el enorme de Mariana, le rompería la cara.

    —Ok, mejor ser directos — escribió Franco, Mario alzó una ceja confundido.

    Franco envió una captura de pantalla, una captura de pantalla de uno de los tantos videos de Mario follándose a Mariana, Mario casi se desmaya.

    —¡¿Por qué tienes eso?! ¡Te romperé el hocico! — escribió furioso.

    —Mariana te romperá el hocico a ti si le digo, en los videos siempre dejas el celular grabando, lo acomodas entre cosas, como si lo escondieras, pasan varios minutos y entras con Mariana a follar, luego terminan, ella se va y tú vas a parar la grabación a solas, es obvio que ella no sabe — escribió detalladamente Franco en un solo mensaje, Mario casi arroja su celular contra la pared.

    —Te mataré si le dices algo — escribió Mario furioso, todos sabemos que no decía matar literalmente, pero el mensaje quedaba claro.

    —Reservé un salón de estudio para el receso, mañana te aviso cuál, no le diré nada a Mari… aún — escribió Franco y guardó su celular, no quería ver más amenazas, no quería acobardarse.

    Los salones de estudio eran pequeñas aulas que los alumnos podían reservar en horarios fuera de clase para estudiar, Franco tenía una reservada con antelación para tener una charla privada con Mario. Ambos esperaron al receso, Franco nervioso como nunca, Mario furioso. Cuando Mario entró al salón del que Franco le había avisado 2 minutos antes, casi salta sobre él, pero el lugar tenía ventanas enormes y todo se veía desde la recepción, precisamente para que los alumnos no hicieran mal uso de esos lugares, Mario se contuvo con todas sus fuerzas.

    —¿Qué quieres? — preguntó Mario viéndolo intimidantemente.

    —Tranquilo, de hecho, te conviene — dijo Franco nervioso, Mario lo miró confundido.

    —Habla o me largo — dijo Mario firmemente.

    —Ok, no hay manera fácil de decir esto, pero si rápida… — decía nervioso, Mario lo miraba fúrico, parecía ni siquiera parpadear — Quiero que te folles a mi novia — dijo Franco débilmente, Mario entrecerró los ojos mirándolo fijamente sin poderlo creer, lo escuchó, pero no era posible, ¿Verdad?

    —¿Que? — dijo completamente confundido.

    —Ella está de acuerdo, puede ser en mi casa, hoy está sola y ella me dijo antier qu-

    Franco hablaba a súper velocidad, nervioso, y emocionado, Mario lo interrumpió abruptamente.

    —Eres un puto enfermo — dijo honestamente sin alzar la voz y mirándolo detenidamente — Borra eso o te juro que te partiré la cara — dijo furioso.

    —No le diré nada a Mari si lo haces, en serio — decía nervioso sin mirarlo a los ojos, tenía una erección firme — Sí ubicas a mi novia, ¿No? chaparrita, blanca, lindo trasero… — decía rápidamente, Mario avanzó un paso hacia él dispuesto a golpearlo.

    Franco salió, Mario lo miró confundido, parecía tan firme y decidido, nervioso, pero parecía firme en lo que decía, se quedó parado sin comprender como el idiota ese simplemente se fue, su celular sonó y cuando leyó lo comprendió.

    «Te veo en el jardín de San Agustín a la salida, esperaremos 20 minutos máximo y si no, me voy, luego le contaré todo a Mari»

    Franco había escrito ese mensaje cuando entró ahí, sabía que probablemente necesitaría una salida rápida y lo envío cuando estuvo a salvo frente a un grupo de profesores, Mario casi avienta su celular contra el cristal de esa aula.

    Sonaban las chicharras una tras otra, las clases terminaban y se acercaba el final de clases con cada segundo, Mario estaba nervioso, confundido, sorprendido, no podía creerlo, obviamente pensaba que era alguna clase de retorcida trampa, sabía que Franco sentía algo por su sexi y nalgona Mariana, Franco le declaró su amor y ella lo rechazó un año antes de que Mario fuera su novio, tenía que conformarse ahora con ser el mejor amigo y tener una novia que no era ni la mitad de sexi que Mariana, sabía que el muy pendejo lo odiaba, veía su mirada cuando abrazaba a su Mariana frente a él, él se moría por boicotear su relación, leyó aquellos mensajes de Franco en el celular de Mariana cuando tuvieron esa pelea, Franco la animaba a dejarlo y le criticaba cada cosa que él hacía, incluso Mariana le llegó a decir a él mismo riendo un poco que Franco se moría de los celos cada vez que ella le hablaba de él, maldito maricón. Tenía que ser una trampa, tenía que serlo.

    Franco luchaba por no ir al baño a pajearse cada minuto, podía haber sido cualquier chico, Paulina no tenía un favorito, no es que ella quisiera hacerlo de todos modos, además ella era linda, un bonito rostro aún con tierna y adolescente belleza, delgada, blanca como la leche, pequeña, una linda e inocente sonrisa, sus toronjas no eran la gran cosa, pero eran lindas, redondas, en su lugar, su precioso culito era algo pequeño, pero jodidamente lindo y redondo, firme como el que más, varios miraban cuando ella usaba esas licras para jugar voleibol. Podía haber sido cualquiera, cualquiera hubiera aceptado gustoso, aunque ella no fuera «la gran cosa», ¿Sexo fácil y rápido con el lindo culito de Paulina? ¡Sí, por favor! Eran preparatorianos cachondos ansiando culos, virgen la mayoría de ellos, sería pan comido convencer a cualquiera, pero el problema era precisamente ese asunto.

    El asunto de que la mayoría de ellos fueran vírgenes, inexpertos, idiotas que no sabrían complacerla, mentirosos que hablaban sobre encuentros sexuales que nunca sucedieron, que ella por fin hubiera dicho que SÍ y que accediera, ameritaba hacerlo bien, ¿De que serviría tanto esfuerzo si al final todo resultaba en una mierda?

    Franco tenía vida sexual con su linda Paulina y era el rey del mambo frente a sus torpes y vírgenes amigos, tenía que ser Mario, porque era ridículamente guapo, tantas chicas lo deseaban, pero sólo Mariana lo tenía, era alto, blanco, algo delgado aunque hacía algo de ejercicio, tenía ese atractivo rostro y su sonrisa Colgate, además Franco lo vio en esos videos, ahora sabía que tenía la verga enorme y que se follaba bastante seguido a Mariana, había docenas de videos, no parecía ser el más experto en aquellos videos, no dirías que va para actor porno, pero sin duda tenía la verga enorme, duraba un buen rato antes de correrse y si podía complacer a Mariana, no tendría problema con la pequeña y delgada Paulina. Entre sus celos enfermizos por Mariana y Mario, ahora de algún retorcido modo estaba cachondo con la idea de que Mario que se follaba a su primer amor, también se follara a su nuevo amor, tenía que ser él.

    Acabaron las clases, Paulina y Franco caminaron de la mano a aquel discreto, pero cercano jardín, en silencio total, se sentaban nerviosos a esperar, por supuesto que Paulina no sabía del chantaje ni de la morbosa razón de porque fue Mario el elegido, sólo estaba sorprendida de que su novio lo hubiera elegido a él precisamente, ¿Por qué el novio de su mejor amiga? ¿Era correcto? Era demasiado raro, Mariana obviamente no lo sabía, ¿Verdad? Se sentía culpable con aquella chica a la que apenas había saludado algunas veces, le venían imágenes de Mario a la mente y se sentía sucia de pensarlo, ¡Ni siquiera le hablaba a ese chico! ¿Por qué carajos le dijo que sí a Franco? ¡Maldita sea!… Aunque tal vez era mejor que no fuera nadie demasiado cercano, si fuera alguien cercano sería más incómodo y raro, ¿No? Mejor no pensar más, su mente era un desastre.

    Sólo había follado con Franco obviamente, esto estaba mal, el sexo es sobre amor y confianza, ¿Que carajos le sucedía? ¿¡Por qué le dijo que sí!? Franco estaría raro o distante si ella paraba todo en ese momento, pero seguro se le pasaría, aún tenía tiempo, él ya ni siquiera había mencionado el tema, ella lo reabrió, ¿¡Por qué carajos lo hizo!? se sentía idiota. No se arrepentía con más fuerza de otra cosa en su vida, quiso pararlo cada minuto desde que él le dijo que sería Mario, que le dijera quien sería lo hizo real en un segundo, pero él estaba tan emocionado, tan feliz, se le rompería el corazón de verlo triste o enojado por su negativa, se sentó con él a esperar a aquel chico, confundida, nerviosa, aterrada, desesperada, tal vez un poco emocionada, no por Mario, simplemente porque todo era una locura, aunque bueno, era indudable que él era súper guapo, pero mejor no pensar en eso, no es que importara una mierda, ¿No?

    Franco miraba donde doblaba la calle nervioso y emocionado, si no llegaba Mario sería bueno también de algún modo, todo era una puta locura, sería el modo del universo de decirle que parara, llevaba ya 2 años con su linda Paulina y pensaba estar con ella toda la vida de ser posible, era tan linda chica, tan amable y risueña, tan hermosa, tan devota a él, era afortunado, era tierna y lo complacía en la cama, la amaba tanto, Mario dobló la esquina y se le cayó el corazón a los pies, ¡Sí ¡Carajo! ¡Sí!

    La pareja se levantó instintivamente de aquella banca, Mario los vio y clavó la mirada al suelo, se sentía fatal con Mariana, la despidió con un pretexto y la chica se lo creyó sin pestañear, la amaba locamente, era tan divertida, sarcástica y sexi, su culo no tenía comparación, no debió grabar esos videos, se odiaba a sí mismo en ese momento, levantó la mirada ante lo que creyó eran pasos acercándose a él, lo eran, de Franco.

    —¡Hey! Que bueno que viniste… — le dijo nervioso Franco a Mario, ni en sus masturbatorias fantasías más oscuras pensó que llegaría tan lejos, se le secó la boca al ver que todo parecía tan cerca.

    —Sólo déjame ir, te daré dinero o fotos de Mariana o lo que sea… ¡Estás loco! — dijo Mario histérico deteniéndose a hablar con él, aunque hablaban en voz baja, a unos metros estaba Paulina viéndolos con curiosidad — Ni siquiera se me antoja la escuálida de tu vieja — dijo Mario cruelmente.

    No habían funcionado las amenazas, ¿Tal vez funcionarían crueles ataques hacia ella? Además, era verdad, en su lista de fantasías, Paulina jamás había figurado, tenía a la chica más sexi del salón, tal vez de la preparatoria entera y podía tener a varias chicas más mucho más interesantes que esa delgada e insípida muchacha, él sabía que era guapo.

    —Bueno, ¿Qué te parece si vamos despacio? — dijo Franco nervioso como la chingada, intentando no presionar su suerte, no chantajear, no amenazar, conciliar, Mario lo miró confundido.

    Mario lo vio en silencio sin poderlo creer aún, casi dijo algo, pero Franco caminó y él lo siguió, saludó levantándole una mano a Paulina, no quiso ni darle la mano, todo era tan retorcido, Paulina levantó la mano también y clavó la vista al suelo, tal vez era la primera vez que se saludaban, no lo recordaban.

    Los 3 Caminaron en silencio, Franco no tomó la mano de Paulina ni ella lo buscó, se sentía raro ahora ese sentimiento, no dijeron ni una sola palabra, por fortuna Franco vivía cerca así que no hubo tiempo para que ninguno de los 3 tomara suficiente valor para arrepentirse, aunque los 3 querían hacerlo por diferentes razones. Entraron en silencio a la casa, Paulina miró a Franco, Mario también, ambos rogaban que él parara todo, Franco los ignoró y les dijo donde estaba su cuarto, los 3 subieron sin decir nada, Paulina frente a Mario en las escaleras, Mario casi mira su lindo trasero en prácticamente su cara, mejor hundió la vista en las escaleras.

    Entraron y Franco cerró la puerta, Paulina veía atenta la cama donde follaba con Franco, siempre que entraba ahí se ponía húmeda de inmediato y siempre eran recuerdos gratos, la primera vez fue un poco bajo presión, pero sin duda ella lo disfrutaba ahora, pensó que cuando menos debían usar otra habitación para no «manchar» su nido de amor, pero no dijo nada, sólo se quedó viendo la cama evitando con todas sus fuerzas mirar a Mario.

    —Bu-bueno ammm Pau y yo pensamos que estaría bien empezar con mamadas — balbuceó Franco torpemente al principio y terminaba con firmeza, hasta el maestro manipulador dudó.

    —S-sí — dijo Paulina de inmediato con la vista clavada al suelo, había sido condición de ella, es lo más que logró negociar, le daría tiempo de que su novio pensara las cosas y se arrepintiera, ¿Cierto?, no quería saltar directo al abismo, Mario asintió de mala gana con mirada asesina, Paulina no lo vio.

    —Bueno, se quedan en su casa — dijo Franco, Paulina lo miró melancólica, él quiso parar todo, el corazón se le ablandó, pero la verga no, salió de ahí y la puerta pareció cerrarse más estruendosamente que nunca.

    La puerta se cerró y los jóvenes se quedaron ahí sin decir nada, ella miraba la cama atentamente dándole la espalda a propósito, verlo sería devastador, el ambiente tan tenso podía cortarse con un cuchillo. Mario no sabía dónde mirar, miró por un segundo a la delgada chica de espaldas y desvío la mirada. Veían el cuarto sin mirarse, las piernas y palabras de Mario tomaban fuerza.

    —¿Tú en serio estás de acuerdo con esto? — dijo Mario mirándola casi enfadado, no tenía idea aún de que sucedía, ella le dirigió la mirada aunque sin mirarlo al rostro.

    —Ammm bueno, o sea… sí — balbuceó ella torpemente, ¿Que decir? «Bueno es que él ha insistido por un año, lo hago por él, pero no quiero hacerlo» Se sentiría más estúpida, él resopló molesto ante la débil respuesta de ella, a Paulina le incomodó la cruel confirmación.

    Mario se sentó en la silla más lejana de Paulina en aquella pequeña habitación, se sentó con medio cuerpo hacia enfrente y mirando el piso.

    —¿Cuánto llevas con Mariana? — preguntó Paulina torpemente, ni ella supo porque, pero el silencio era demasiado abrumador.

    —2 años y medio — respondió rápidamente él, ella se sentaba lentamente en la cama, se vieron medio segundo, ambos desviaron la mirada, ella casi dice algo más, él debió dejarla hablar, todo pudo haber sido diferente, pero se adelantó — Entonces una mamada y listo — dijo él alzando la cara, se envalentonó, estaba en una situación imposible, mejor salir lo más pronto de eso, él la miró fijamente, ella no pudo sostenerle la mirada.

    —Sí, exacto, sólo eso y listo — dijo ella rápidamente, irónicamente queriéndole dejar claro que no habría más que eso, es gracioso, pero ambos pensaban que el otro quería obtener más, habían caído en una trampa a dos bandas y no lo sabían.

    Él asintió pesadamente, ella estaba nerviosa mirando la pared, ambos estaban al menos un poco felices de que él asunto se delimitara en eso solamente, segundos en silencio, ella se sentaba en la cama del lado más cercano a él, Mario alzaba la cara de nuevo, pensaba con fastidio que si esa insípida chica tanto quería su verga como para prestarse a esa cruel situación, al menos debería tener más iniciativa.

    —¿En la cama o …? — dijo él firmemente exigiendo respuesta, casi molesto, estaba a punto de estallar.

    —Bueno, puede ser aquí en la cama o… No sé… Cómo tú veas — dijo Paulina, apretó firmemente las sábanas para que sus manos no temblaran.

    Mario se levantó mal encarado, ella se recorrió en la cama para dejarle espacio, ella no miró su mala cara, él estaba tan convencido de que ella se moría por eso que no notó su miedo, no puedes culparlo de egocéntrico, ¿Que más iba pensar? ¿Que su novio era tan retorcido para obligarla también a ella?

    Mario se acostó en la cama, ella se mantenía tan lejos como podía sin caerse de esa pequeña cama individual. Mario se acostó en la cama, más incómodo que nunca en su vida, ella lo miraba sin mirarle el rostro.

    —Podemos ver algo o charlar primero, o si quieres puedo traerte algo de tomar de la co- decía Paulina nerviosa, histérica y a súper velocidad, al menos quería retrasarlo.

    —Así estoy bien — dijo Mario en seco sin mirarla mientras se terminaba de acostar en la cama, no accedería a cumplir lo que ella quería más de lo absolutamente necesario.

    —Bueno, pues ammm… — dijo ella y le apuntó con los ojos a su entrepierna, ella se sentía molesta de que él fuera tan cabrón que ni siquiera mediara palabra con ella, básicamente ella le estaba haciendo un favor ENORME, ¿No?

    Mario alzó los ojos con fastidio, ella no se dio cuenta, si tan solo hubieran sido más atentos y claros hubieran podido hablar y tal vez intentar revertir la situación, el demonio de la lujuria seguía sonriéndole a Franco manteniendo el engaño para ambos. Mario tomó su zíper y lo bajó rápidamente mirando el techo, Paulina miraba nerviosa la entrepierna del guapo chico, él hundió su mano dentro, tomó su verga y vio a la chica un segundo, ella sintió su mirada y le sonrió torpemente sin mostrarle los dientes, él la odió por obligarlo a eso, ella lo odiaba por tomar la oportunidad de una mamada gratis e ir tan rápido, sin siquiera hablar con ella sobre el tema un poco más.

    Mario sacó su verga a medio asta, no es que estuviera ni un poco emocionado por ella o ese turbio asunto, pero los nervios confunden al cuerpo, Paulina miró fijamente el falo del chico, era evidente que no estaba erecto, parecía aún floja y caía por completo hacia un lado, aun así parecía más grande que la de su Franco, incluso en ese estado de «descanso».

    Él retiró sus manos y veía el techo sin moverse estando acostado sobre la cama, mantenía sus manos lo más lejos que podía de ella, no le daría el gusto de tocarla, ella lo veía ahí tendido y pensaba que era un idiota por ni siquiera intentar «ganárselo». Segundos de silencio incómodo y absoluto, él pensaba con fastidio que al menos su acosadora debía darse prisa, si ellos 2 habían fraguado tan retorcida situación, ella al menos debería hacerlo más cómodo y rápido para él, ella no sabía cómo comenzar, todo era tan turbio, literalmente nunca había visto siquiera otra verga que no fuera la de su Franco, nunca había hablado con este chico y ahí lo tenía acostado con la verga floja de fuera, se sentía tan poco natural y forzado, con su Franco siempre había un previo enorme de besos y caricias que la ponía de buen humor y cachonda, está vez no le apetecía nada.

    Ellos se miraron medio segundo buscando respuestas a sus preguntas en el otro, ella debería empezar de una maldita vez, ¿No? ¿Que esperaba? ¿Que él lo pidiera por favor? Puta loca. Él al menos debería besarla o decirle que inicie, preguntarle al menos si estaba lista, cuando menos decirle que se veía linda, ¿No? ¿Que esperaba? ¿Que ella le diera una mamada directamente cómo una sucia prostituta? Puto cabrón.

    —Debe- balbuceó torpemente él.

    —Sí, yo creo qu- balbuceó igual de nerviosa ella al mismo tiempo.

    Se quedaron en silencio ante la torpe insinuación del otro, se miraron medio segundo y ella le desvío la mirada, recogió nerviosa su cabello con un listón que llevaba en la muñeca, la boca le temblaba, él hundió la nuca en la almohada, miró el techo y sostuvo con una mano su verga para ella para que se diera prisa, ella pensaba que él era un idiota por exigirlo con ese gesto tan vulgar.

    Paulina bajó la cabeza, inclinando medio cuerpo hacia él, no lo pensó, simplemente no quiso moverse de su lugar, cualquier movimiento más del absolutamente necesario serían incómodos y devastadores segundos, él miró con desinterés su pequeño trasero en la falda escolar de ella que le quedaba casi en la cara, sonrió sarcásticamente ante lo que él pensó era una «muy obvia» insinuación de ella.

    Sintió la suave, húmeda y caliente lengua de Paulina recorrerle el falo de arriba abajo, casi se retuerce, pero resistió, no quería darle el gusto, ella volvió a recorrerle la verga con la lengua, la verga de Franco siempre salía de sus pantalones completamente erecta, le daba asco pensar en meterse esa floja vara de carne en la boca, se sentiría raro. Le recorría la verga de arriba a abajo con la lengua varias veces, él pensaba molesto que tremenda pervertida estaba hecha disfrutando hacer eso, su verga se ponía dura, el cuerpo reacciona quieras o no, ella miraba impresionaba como se ponía firme y no parecía terminar de crecer, le pasó la lengua una vez más y miró detenidamente la ya bien erecta verga de Mario.

    Paulina miraba con asco casi vomitivo la verga de Mario detenidamente, recordó cuando estaba por mirar casi con miedo la verga de su Franco por primera vez, él desabrochaba sus pantalones y ella esperaba con terror, pero vio que él tenía un largo y grosor muy normal, incluso un poco más corta y delgada que el promedio riguroso, completamente lisa y derecha, todo parecía proporcional, incluyendo la cabeza y las bolas, respiró aliviada, era una verga casi linda, pero Mario…

    Mario tenía una verga casi obscena, horrible, espantosa diría ella, tan gruesa de en medio y la parte superior, aunque más delgada en la base, estaba chueca haciendo forma de gancho hacia enfrente, tenía una vena enorme y marcada por arriba desde la base hasta la punta, ella se preguntó si podía ser normal o le dolía, parecía que iba explotar, una verga tan espantosa con esa cara tan linda de él, de algún modo ese horroroso pedazo tenía mucha presencia, él casi le dice algo al notar que ella veía detenidamente «tremenda guarra», pensó molesto, ella se resistió a hacer un comentario cruel sólo por amabilidad.

    —Está grande — dijo ella sin poder hacer un comentario positivo ante tal cosa tan horrenda, sólo dijo la verdad, y sólo porque se dio cuenta que llevaba una eternidad únicamente mirando, a Paulina le incomodaban los silencios largos.

    —Gracias — dijo él en seco, sólo por no decirle que era una puta enferma y se la chupara de una vez.

    Ella hundió la cabeza otra vez y él miró el techo de nuevo al mismo tiempo, ella fue e introdujo ese firme falo de carne en su boca, la punta estaba viscosa y sabía mal, él no pudo evitar retorcerse un poco, ella hacia cosas «extrañas», se metía la verga a la boca apretando delicadamente, pero por completo con los labios, abrazando firme y delicadamente su verga, se sentía cálido, húmedo y suave dentro de su boca, demasiado agradable, también se la succionaba con firmeza y le pasaba la lengua por dentro de su boca a lo largo de la verga delicadamente cada vez que bajaba y subía, Mario apretó los labios para no gemir, pero no podía evitar retorcerse, ¡Carajo que bien se sentía!

    Paulina bajaba firmemente hasta más de la mitad de esa larga y gruesa verga sin esfuerzo, recordó el enorme juguete fálico de goma que Franco la hizo chupar tantas veces frente a él mientras la masturbaba, siempre le pedía que fuera lo más profundo que pudiera, ella se sentía orgullosa de cada vez poder ir un poco más profundo en su delicada garganta, se agobió de pensar que él la había entrenado para algo así, mejor no pensarlo.

    Lo succionaba y le pasaba la lengua por dentro de su boca cada vez que subía y bajaba, ella ni siquiera se lo cuestionaba ni lo hacía conscientemente, simplemente lo hacía, lo había hecho cada tarde con Franco después de que él le dio instrucciones muy detalladas mil veces de como hacerlo en esas incontables ocasiones.

    Mariana no era la más oral que digamos, se la había chupado a Mario en un cumpleaños, navidad y 14 de febrero, alguna vez más por ahí, pero no mas de 6 veces en todos esos largos 2 años y medio, ella siempre lo hacía con desgano, tomaba esa verga e introducía una tercera parte en su boca, no se esforzaba ni usaba la lengua, y ella dejaba de hacerlo después de uno o dos minutos, a él no le importaba, ella tenía un culo de campeonato y era hermosa, ella le daba esa patética mamada por 2 minutos y luego él se lo follaba sin comprender porque tanto alboroto en el porno por las mamadas, bueno, lo estaba comprendiendo ahora.

    No pudo evitar bajar la mirada y mirar histérico a Paulina comiéndole la verga, ella bajaba y subía firmemente, hacia esos sonidos succionatorios cuando terminaba en su punta y volvía a bajar de inmediato, se impresionaba de que ella tragara más de la mitad de su falo sin aparente esfuerzo, sabía que tenía buena verga, cuando vio que la lengua de ella sobresalió de su boca acariciándole la verga al mismo tiempo que se la mamaba, lo sintió mil veces más intenso por verlo, ves con los ojos, sientes con la verga, así funcionamos los hombres, gimió un poco y se retorció por completo, se le cayó la cabeza sobre la almohada y no podía creer lo increíble que se sentía.

    Ella sintió un escalofrío al escucharlo gemir, mientras él no gemía ella estaba más cómoda, escuchar los viriles ruidos sexuales de ese chico tan diferentes de los de su Franco la puso nerviosa y retorcidamente emocionada, no sólo era una verga, ahora era claramente otro hombre, lo odió por mirarla, retiró violentamente la mano de él de su propia verga porque odiaba ese gesto que parecía presionarla a chupársela, como si fuera una comanda implícita, él pensó que era una puta guarra desesperada por comerle toda la verga sin obstáculos.

    Ella era experta hace meses provocando que su Franco se derramara exactamente cuando ella quería, por darle placer, porque ya se había aburrido o cansado, o simplemente porque se tenía que ir, así que subió la velocidad, que él no tuviera el estúpido pensamiento de que ella estaría dándole placer toda la tarde, hundía la cara por completo en la entrepierna de Mario y lograba meter toda su verga hasta su garganta, bueno, al menos la práctica con el juguete funcionó, hacia algunas arcadas involuntarias mientras él la miraba de nuevo sin poderle retirar la mirada, «Tremenda puta» pensaba él mientras no podía creer que ella lo disfrutará tanto y de esa manera tan obsesiva y sucia aparentemente, gemía sin control, ya no se daba cuenta ni podía controlarlo, Paulina se la mamaba de nuevo hasta la base acariciándolo con su lengua con fuerza por dentro de la boca, Franco no podía resistirse a eso, Mario no podía creer lo increíble que se sentía, gemía histérico, le restregaba la cadera contra la cara inconscientemente con espasmos involuntarios y disfrutaba como nunca en la boca de aquella puta loca enferma.

    Disfrutaba la asombrosa mamada de esa pequeña chica, quien sabe cuánto tiempo había pasado ya de ella frotando su verga con la lengua y chupándosela histéricamente, las arcadas de Paulina y los sonidos húmedos invadían el cuarto, ella odiaba escucharlo gemir y sentir como se retorcía, quería que terminara ya, él odiaba aún más disfrutarlo tanto.

    De pronto la retiró histérico, con fuerza de una manera casi grosera con ambas manos, irónicamente no quiso ser grosero o cruel, aunque de una manera inconsciente, no es que ella le importara un carajo, pero tuvo un arrebato involuntario, aunque odiaras a alguien, lo quitarías del camino si ves que lo van a atropellar, ¿No?

    —¿Qué? — preguntó molesta ella ante el brusco movimiento de él.

    —Me iba a correr — dijo él, orgulloso de ser tan caballeroso incluso en esa situación tan retorcida, mirándose la verga ensalivada de una manera tan mórbida que sintió asco.

    —Pues córrete y ya — dijo ella molesta, ¿Que se cree este pendejo alargando su placer? Que ni crea que puede retirarla y regresarla a chupársela indefinidamente, que se corra de una puta vez y se largue.

    —No, pero… — dijo él sorprendido, que grandísima puta exigiendo literalmente tragarse su corrida.

    No hablaron sobre cuánto tiempo o como terminaría eso, él pensaba que sería unos minutos y listo, se largaría, ¿Quién carajos se traga las corridas? Eso es cosa del porno solamente, ¿Cierto? Ella estaba tan acostumbrada a que Franco terminara en su boca que le parecía obvio, de nuevo la falta de comunicación empeoraba/mejoraba las cosas para ellos sin saber lo que el otro quería.

    Paulina hundió la cabeza de nuevo para no perder el momentun, fue a toda velocidad segundo uno, tenía que hacerlo acabar y terminar con esta locura, él simplemente la miraba sin poder creer que ella fuera tan guarra y desesperada, de pronto era difícil concentrarse en venirse, Paulina bajaba hasta la base y hacia una arcada escandalosa en su verga, le acariciaba desesperada su falo con la lengua sin sacarse la verga ni un poco y él no podía evitar gemir, ¡Carajo córrete de una puta vez! Pensaron ambos, el mirándola ser tan puta, ella mientras le chupaba desesperada la verga.

    Le tomó 7 eternos minutos más a ella, él por fin sentía ese placer venir de dentro y explotar deliciosamente en toda su verga, se odiaba por disfrutarlo tanto, casi la retira de nuevo inconscientemente, no podía creer que ella simplemente fuera a tragarse su asquerosa y espesa corrida, hasta a él le daba asco echar los condones al retrete o limpiar el desastre después de masturbarse, odiaba a Mariana por haber sido tan mala amante, no creía que fuera posible correrse sólo con mamadas, lo sintió venir intensamente dentro de él y tomó la cama con fuerza para detener el impulso inconsciente de quitarla, hundió la nuca en la almohada y se dejó llevar por la asombrosa experiencia. Paulina sintió la asquerosa corrida de él en la lengua y bajó de inmediato hasta meter la verga de él hasta su garganta, odiaba sentir esa amarga y espesa mierda en la lengua, mejor tragarlo directamente sin tener que «saborearlo», Mario la miraba retorciéndose y gimiendo, sin poder creer que ella fuera tan cerda y tragara así de desesperada su verga precisamente mientras eyaculaba.

    La forma de gancho de la verga de Mario y sus violentas palpitaciones hacían que su verga se moviera de una manera escandalosa e incómoda dentro de la boca y garganta de Paulina, palpitaba y descargaba una firme carga espesa en la garganta de ella, él gemía, su verga palpitaba de nuevo y todo el proceso se repetía, ¿Que carajos? ¿Por qué palpita así? ¡¿Por qué tanta maldita lefa?! A veces con su Franco ni notaba que él había terminado de no ser por sus escandalosos gemidos y un leve sabor amargo y espeso, ella daba arcadas escandalosas, honestas y sonoras, la saliva le escurría en la verga de él. Pensó en quitarse, pero la idea de la humillación de él tirándole su lefa en la cara la mantuvo soportando la tortura, Mario la veía torciendo la cara del asco sin moverse de su lugar, le seguía impresionando lo puta que era.

    Mario sentía la última violenta y placentera palpitación de su verga, hundía la nuca en la almohada derrotado y exhausto, se sentía patético por los ruidos tan escandalosos que le causó esa chica a la que ni siquiera hubiera mirado aunque pasará desnuda frente a él, Paulina se sacaba la verga de la boca lentamente y succionaba con fuerza a todo lo largo para que nada de su asquerosa corrida escurriera, él se retorcía y casi le gritaba que no fuera tan puta y lo superara de una maldita vez, ”¡Ya terminé! ¡Basta¡” pensó furioso, odiaba a Mariana por no haberle dado nunca una mamada ni de cerca tan buena, odiaba más a Paulina por haberle dado tan placer, él la consideraba un 7 y él obviamente era un 9, se sentía como una derrota.

    La chica alzó la cara con el rímel destruido como si hubiera llorado media hora, se limpiaba las comisuras de los labios, no se miraban, no lo hubieran soportado, él se levantó, se guardaba la verga, evitó como si fuera venenosa la espesa saliva de Paulina que estaba escurriendo por todos lados, subió su zíper dándole la espalda y salió del cuarto. Caminó fuera sin saber exactamente que hacer o a dónde ir, Franco lo abordó de inmediato, quien sabe dónde estaba o de donde salió, Mario estaba aturdido.

    —27 minutos, no está mal — dijo Franco nervioso mirando su celular, parando el cronómetro.

    —Me largo — dijo Mario sin mirarlo.

    Bajaron sin decir nada, ni Franco sabía que decir, notó su zíper mal subido y humedad de saliva alrededor de la entrepierna de Mario, se puso como piedra, le abrió la puerta principal y el chico salió de ahí y caminó sin voltear atrás.

    Franco subió rápidamente, entró a su cuarto, vio a su linda novia sentada en la cama viendo hacia la puerta fijamente, verle el rímel escurrido le terminó de poner dura la verga, cerró la puerta y fue cómo psicópata hacia ella.

    —¿Ya se fue? — preguntó tímidamente la chica, no lo veía a los ojos, él sólo caminaba hacia ella.

    La jaló por las piernas, ella lo miraba nerviosa mientras caía sobre su espalda, Franco metió las manos debajo de su falda y sacó sus lindas panties rosas rápidamente con ambas manos, un espeso hilo iba de su lindo coño a sus panties, Franco metió la cara y comenzó a lamerme su deliciosa y viscosa raja, su coño estaba demasiado viscoso y dispuesto, ella gimió profundamente mirándolo a los ojos.

    —Tienes el coño súper húmedo — dijo él entre los gemidos de ella.

    —Es que… — intentó excusarse la chica, Franco chupó profundamente y ella se retorció gimiendo.

    —¿Quieres chupársela otra vez? — preguntó mirándola a los ojos, esperando reacción.

    —¡No! — dijo histérica la chica, Franco casi se decepciona, pero todo había sido una locura asombrosa y siguió chupando.

    Franco lo hacía mejor que nunca, más apasionado, más sucio y más profundamente, a él le gustaba lamer ese coño, ¿A quien no le gusta? Pero normalmente sólo lo hacía unos segundos para quitarse las ganas y paraba, está vez parecía disfrutar darle placer a su novia, su recompensa, no sólo lamia su coño en un egoísta acto morboso, la complacía, ella amaba esa atención y se sentía asombrosa, ver a su dominante hombre tan entusiasta entre sus piernas la ponía más cachonda, se retorcía y gemía, le sostenía la cabeza con ambas manos, le cubrió la cabeza con su falda escolar, quería decirle algo, pero no quería mirarlo.

    —Tiene una vergota — dijo ella cerrando los ojos, disfrutando la lengua de su hombre, Franco sintió una punzada en la verga y hacia ruidos húmedos debajo de la falda de ella — Me la tragué toda — decía histérica ella.

    Franco presionaba su clítoris con fuerza con la lengua, ella gimió profundamente y le clavaba la uñas un poco en la cabeza, él lamía de arriba a abajo cuánto podía, sorbía y regresaba a su clítoris, las piernas de ella temblaban un poco, le restregaba el coño desesperada en la cara.

    —¡Sí quiero chupársela otra vez! — dijo histérica mirando su falda, como si intentará ver a través de, Franco casi sacaba la cabeza, ¡Necesitaba verla! Ella presionó con fuerza para que él no saliera de entre sus piernas — ¿Me dejas? — preguntó nerviosa, sus piernas temblaban más, él sorbía más, ella presionaba su cabeza con fuerza, Franco sentía que él corazón se le salía del pecho, lo abordaba la inseguridad, furia, celos, le gustaba sentirse en control, lo perdía — ¿Me dejas o no? — preguntó ella firmemente de nuevo.

    —Sí — dijo él firmemente para que ella escuchara, embriagado por los amargos jugos de ella.

    Paulina le restregó el coño en la cara, ella sentía una agradable sensación cálida y deliciosa por todo su cuerpo, se sentía histérica, desesperada y abrumada, comprendió por fin porque Franco se ponía como se ponía cuando se corría en su boca por sus mamadas, la sensación era relajante y abrumadora por igual, gemía más honestamente que nunca en su vida, cerraba los ojos y recordaba la horrorosa, pero increíble verga enorme de Mario, la saliva le sabía a su amarga corrida y eso le gustaba de algún retorcido modo ahora, recordaba como él gemía y la miraba con esa lujuriosa mirada, ellos ni siquiera habían hablado nunca, se sentía una puta, pero también fabulosa por haberle chupado la verga sin siquiera conocerlo.

    Todo iba y venía en su mente, fue demasiado para la pobre Paulina, se entregó al placer dejando la razón fuera y puso la mente en blanco, la sensación se multiplicaba aún más cuando no lo creía posible y explotaba en su coño desperdigándose por todo su cuerpo en cálidas y agradables olas entre sus gemidos, el orgasmo era tan o más asombroso de lo que su amiga Selene le había presumido, ¡Por fin! Cerraba los ojos disfrutando y rogando que él no parara, sus piernas se convulsionaron patéticamente, su coño chorreó un poco en la boca de Franco y los dientes le titiritaban a ella mientras le soltaba la cabeza a su novio y simplemente disfrutaba, él sorbía los jugos orgasmatorios de su linda novia, se sentía asombroso de por fin causarle ese mitológico orgasmo femenino, pero también se sentía patético de que la mitad de ese precioso e inédito orgasmo le perteneciera a Mario que ni siquiera la tocó.

    —————

    Nota para los lectores:

    Perdón por la ausencia, ya estoy más relajado de tiempo y seré constante aquí.

    Sígueme en mi Twitter para novedades, avisos e ideas

    @Homelander_One

  • Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (10)

    Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (10)

    La amenaza de la mujer, por supuesto se mantuvo al día siguiente y a Sergio no le hacía falta ninguna palabra para saber lo que tenía que hacer. Después de la universidad hizo la maleta dejando a cada uno que le preguntaba con una cara totalmente de estupor, igual que la suya…

    Su padre pensó que podía ser normal, ya tenía cierta edad y necesitaría independencia, aunque no se lo esperaba de una manera tan abrupta. Laura en cambio no entendía que podía pasar, incluso le preguntó si era su culpa, pero él le repitió una y otra vez que no, que todo estaba bien entre ellos. A su madre la vio en dos ocasiones y en una de ellas, Mari le lanzó tal mirada mientras apretaba los labios que prefería no haberla visto.

    Se despidió en el salón aquella tarde, con la certeza de que podía ser la última vez que viera a su progenitora, y lo peor de todo es que la recordaría con aquella cara. Un rostro lleno de odio, de resentimiento… y sus maravillosos ojos azules con un gesto de decepción que no se podía sacar de la cabeza.

    La despedida fue rápida, como todas deben serlo. Abrió la puerta de su casa y al cerrarla tras de sí con la maleta en mano, sintió por primera vez en su vida lo que era la verdadera soledad. Estaba solo, en una ciudad que conocía muy bien, pero que ahora se le hacía inmensa y desconocida. Parecía que cada coche, cada persona, cada casa le mirase apiadándose de él. “Mira el pobre muchacho, que le han echado de casa”.

    Cogió el móvil, había jugado la única baza que tenía y casi era desesperada, pero no le quedaba otra. Aquella mañana en clase, habló con uno de sus amigos, no era de extrema confianza, pero tenía cierta relación con él.

    —¿Qué tal, tío? —sonó la voz de Javi a través del teléfono móvil.

    —Ya he hablado con mis padres y no hay vuelta atrás, quieren que me independice.

    —¡Vaya palo, macho! La verdad que lo sigo sin entender, no creo que sea para tanto que vayas a tu rollo en casa.

    Por supuesto la historia que Sergio contó a su amigo no tenía nada que ver con la real. Únicamente se parecía en que su madre tomó la decisión de que debía abandonar la casa, nada más.

    —Ya ves… —cierta agonía le entró en el cuerpo y su voz se quebró. Separó el móvil de su boca y apretó fuertemente los labios hasta formar una línea muy fina— Entonces, ¿sigue en pie lo de quedarme ahí unos días? Te prometo que no serán muchos. Según encuentre algo me piro.

    —Sí, no pasa nada. Lo único lo que te dije, solo hay una cama…

    —No pasa nada, —ya se había hecho a la idea— duermo en el suelo.

    —Me sabe mal, si quieres nos turnamos, no tengo problema. Incluso tengo un saco de dormir, es un poco incómodo, pero mejor que la alfombra…

    —Tranquilo, ya haces mucho dejándome sitio.

    —Vale, tío. ¿Vienes ahora entonces? —Javi debía recoger un poco la cueva en la que se había convertido su habitación.

    —Sí, salgo ahora con el coche. Mándame por mensaje el piso y la puerta, la residencia de estudiantes ya sé dónde está. ¿Suele haber sitio para aparcar?

    —A las noches algo más, pero no te creas que mucho, quizá des un par de vueltas. Nos vemos ahora.

    —Nos vemos, Javi y… muchas gracias.

    Su amigo no se equivocaba, le costó un mundo aparcar el coche y además bien lejos de la residencia. Para cuando llegó, el sol comenzaba a descender por el horizonte mientras en su mente la bofetada de su madre se repetía una y otra vez.

    —¿Te ha costado aparcar, no? —le comentó Javi nada más abrir la puerta. Sergio le asintió—. Pasa, deja las cosas en la mesa.

    El espacio era reducido, una única habitación para un estudiante, con un baño personal, y una pequeña estancia con escritorio, cama y armario, nada más. Todo muy austero, pero ¿de qué se podía quejar? Tampoco tenía dinero para un hotel, tal vez para un par de semanas, si le sumaba la comida y demás extras. Eso no era una salida, era un parche. Aunque bueno… estar en el cuarto de Javi era lo mismo, pero gratis.

    Pensó en llamar a Carmen, quizá ella pudiera solucionar las cosas, pero por el momento quería dar un tiempo a que todo se enfriase, ya hablaría con su tía… era la única ayuda que le quedaba. Si hubiera vivido más cerca, seguramente la hubiera ido a buscar a su casa, sin embargo con tantos kilómetros de diferencia esperaba que su ayuda no fuera limitada.

    Charlaron un rato, aunque Javier no quiso incidir en el problema de su amigo, seguramente ya lo estaba pasando mal, mejor hablar de otras cosas. Pasaron el tiempo hasta la noche algo entretenidos, todo lo que podía un joven que le habían echado de casa y que no paraba de pensar en su madre. Aquel rostro de ira le perseguía y no le dejaba tranquilo, se le había roto el corazón y lo más seguro que también a Mari.

    Cuando la luz se apagó, los dos se acostaron, por primera vez en su vida Sergio lo hacía dentro de un saco y para nada era cómodo. Javi se durmió bastante rápido, al contrario que su nuevo compañero de habitación, el cual no paraba de darle vueltas a todo.

    Con los ojos cerrados, la visión de Mari abofeteándole casi era real, podría sentir el picor en su mejilla, la coloración de la carne después del golpe y sobre todo la decepción en el rostro de su madre. Pensándolo un poco más en frío, creyó llegar a la conclusión de que Mari igual no estaba decepcionada porque su hijo fuera un “degenerado” como le había llamado. Estaba claro que eso no lo podía pensar, ya que ella había disfrutado la noche en Madrid. Sabía que aquellas últimas palabras que le escupió eran las que había estropeado todo, en especial, una de ellas “celosa”. Podía ser verdad, podría ser que su madre lo estuviera, sin embargo, el joven aprendió una lección, aunque fuera tarde, cuando una mujer se pone así, es mejor mantenerse callado.

    Volvieron los últimos momentos en su casa, la cara de su padre, la incredulidad de su hermana y un paso más atrás su madre, con un rostro realmente enfadado sin dedicarle ni siquiera un poco de afecto.

    Acabó por dormirse, mientras una lágrima caía por su rostro llegando hasta el saco de dormir que era su cama. Tuvo pesadillas y no pocas…, pero al final, la noche acabó y el sol apareció por los resquicios de la ventana.

    —¡Dale, Sergio! ¡Arriba!

    Notó las manos de Javi moverse en su brazo derecho y comenzó a abrir los ojos.

    —Ya puedes ducharte, y cuanto antes mejor, que si pillas un momento que se ducha mucha gente apenas cae agua.

    El joven se levantó sin ganas y con la misma preocupación latente, debía buscar un sitio para dormir, no podría seguir allí. Aquella mañana la enfocó a ello, con la ayuda de su amigo por supuesto, ya que aunque Javi le hubiera prestado su habitación, solo sería por un tiempo.

    Estuvo preguntando a varias personas y todo convergía en la misma solución, se tendría que alquilar un apartamento o una habitación, quizá algo compartido con otros estudiantes. Esa idea no era nada rápida, quizá la de compartir piso, pero las prisas no son buenas y a saber dónde se acababa metiendo. Sin embargo, ¿qué otras opciones le quedaban?

    Después de terminar su comida en el comedor de la universidad, con el pensamiento de su madre bien presente y recordando lo felices que fueron antes del incidente, le sonó el móvil.

    —¿Dónde estás? —era Javi que le escribió un mensaje.

    —En el comedor. ¿Pues?

    —Ahora voy.

    Sergio esperó sentado mirando la televisión. Grupos de amigos jugaban a las cartas mientras él se centraba en mirar el insípido partido de tenis que emitían, con algo se tenía que entretener para no pensar.

    Una mano le sacó de ese “estupendo” partido y se dio la vuelta con rapidez algo alarmado, la comida le había dejado medio adormilado y aquello le pilló con las defensas bajas. Detrás de él, Javi apartaba una de las sillas para sentarse mientras que al otro lado de la mesa apareció un joven que no conocía.

    —Hola, Javi, este es Marco. ¿Lo conoces? —negó con la cabeza, pero le estiró la mano para presentarse. Ambos estrecharon palmas y el tercer joven prosiguió hablando— Nos conocemos de una optativa y de que vivimos los dos en la resi.

    Sergio escuchó con atención a su amigo, esperaba ver la salida al final de este pequeño túnel en el que estaba. Todavía no sabía que pasaría dentro de una semana y esa incertidumbre lo mataba. Aunque al menos, le hacía no pensar en otra cosa que le importaba bastante más, la relación con Mari.

    —No había caído en esta posibilidad, pero es la única que he conseguido. Marco se va del piso. —el joven se estaba liando un cigarro que Sergio suponía que contenía marihuana— Y bueno se le ha ocurrido una idea, no es del todo descabellada.

    —Yo no tengo ganas de seguir aquí, es una mierda. —la voz sonaba algo ida, estaba claro que el chico ya tenía varios porros encima— Quiero volver a casa de mis padres, paso de ir a la lavandería y todas esas mierdas. Pensaba que iba a aguantarlo, solo era un año, pero no, ni de broma. De momento la responsabilidad no es lo mío.

    —Y eso… y yo… ¿Dónde enlazamos? —Sergio esperaba que no se le ocurriera hacer de sirviente al tipo por una habitación.

    —Fácil, yo me largo, pero el año está pagado. Mis padres me han dado la paliza con el tema pasta. Es sencillo, todo el año han sido algo más de tres mil pavos. —lamió el papel del cigarro con habilidad y lo pegó— Ahora queda la mitad del curso, en julio debería largarme, por lo que si tú me das mil, arreglado.

    —Pero… —Sergio miró a Javi para buscar complicidad. Parecía que el joven no le quisiera timar— no sé si tengo ese dinero. Tendría que mirar en el banco y eso… además ¿así de fácil? ¿Qué dirán si me ven y saben que no eres tú?

    —No pasa nada —saltó Javi a su lado—, nadie va a pasar lista ni mucho menos. Esto lo he visto alguna que otra vez, pero con hermanos, al final las habitaciones están muy solicitadas. Solamente te tienes que hacer pasar por Marco… Gutiérrez, ¿no?

    —Sí. —golpeó el cigarro contra la mesa para prensarlo y lo guardó en la sudadera— Te dejo una fotocopia del DNI por si acaso y ya. La cara no es muy parecida, pero tenemos el pelo similar, si dicen algo lo enseñas y cumple fácil.

    —Joder… pues… no es mala idea, pero a la vez parece un marrón, por si me pillan digo.

    —No creo que pase —añadió Javi que parecía más convencido que Sergio— llevo aquí tres años y jamás me han preguntado mi nombre. Tranquilo, cualquier cosa me tienes abajo, Marco vive en el cuarto, estoy a dos pisos de distancia.

    —Tampoco me queda otra… —Sergio agachó la cabeza haciendo cuentas metales sobre su dinero. Tenía los mil euros, pero después… se acabó. Debería volver a trabajar en el cine o en cualquier lugar, además que la comida no estaba incluida. Aun así, era mejor opción que cualquier otra— Así sea. No tengo más alternativa.

    —Entonces… ¿Te tendría que haber pedido más pasta? —bromeó Marco con unos ojos algo vidriosos. Los tres rieron porque eran bromas sinceras, a Sergio le cambió la perspectiva, ya no parecía que nadie le fuera a engañar— Si te gusta ser independiente, estarás bien. Lo único, no la líes, ni hagas fiestas, que mi nombre estará todavía en el contrato. Sé bueno.

    Sergio levantó la mano y chocaron palmas el uno con el otro, mientras Marco se levantaba con el cigarro en mano y buscando el mechero en la otra.

    —Muchas gracias, tío, de verdad.

    —No es nada, los dos salimos ganando. —se despidió con la mano de ambos— Pásate mañana por la habitación y hablamos de la tela, Javi sabe dónde es. Nos vemos. —se paró un momento en seco como si olvidara algo importante y volvió la vista— Sergio, al loro con la gente. Sobre todo cuidado con las tías… en la planta hay alguna que otra que es un tanto especial… ya las conocerás.

    El joven se marchó arrastrando levemente los pies, al tiempo que Sergio sonreía por sentirse con un techo donde cobijarse. Solo esperaba que todo saliera bien, no quería rebosar de felicidad, solo cuando hubiera logrado asentarse en la habitación.

    Miró a su amigo que aún seguía sentado junto a él. Se alzó de hombros respondiendo que no tenía ni idea de lo que había comentado Marco en último lugar y el joven volvió a mirar el aburrido partido que echaban en la tele. En voz alta, mientras Javi sonreía reconfortado por volver a quedarse solo en la habitación, Sergio meditó.

    —¿Qué querrá decir con eso?

    CONTINUARÁ

    ——————-

    En mi perfil tenéis mi Twitter para que podáis seguirme y tener más información.

    Subiré más capítulos en cuento me sea posible. Ojalá podáis acompañarme hasta el final del camino en esta aventura en la que me he embarcado.

  • De compras

    De compras

    Siempre he odiado comprar ropa. Lo que más valoro cuando vivo en pareja es que la otra parte vaya sin mí, compre lo que sea y lo ponga en el armario. Al final si a mí me da igual. Pero hacía años que estaba solo. Y la ropa pasó de interesante a guiñapos raídos antes de lo que yo esperaba. Bueno en realidad la mayoría tardó varios años en hacerlo, casi tuve la tentación de volver con alguien solo para que me comprase ropa.

    Por fin hice de tripas corazón y me dirigí a un centro comercial que un compañero de trabajo me había recomendado. Al salir a la calle tuve pereza de mover el coche y cogí el bus, no todos los días aparcas delante de casa y no tenía pensado salir el fin de semana, así que allí se quedó. Era viernes. Empezaba a hacer frío, por fin, después de un caluroso octubre, así que agradecí la chaqueta. Cogí el bus, la parada estaba a dos pasos de casa y el nº 2 me dejaba en la puerta del Centro Comercial.

    Una vez allí me dirigí a la tienda que me había dicho mi compañero y entré. Hasta aquí todo bien. Pero solo hasta aquí, dentro de la tienda empezaron los problemas, no encontraba nada, no veía lo que me gusta, y no sabía ni que talla uso. Por fin, por aburrimiento cogí unos pantalones y me fui a los probadores. No me entraban, eran como 10 tallas más pequeños. Y no es que esté gordo, para mis 48 años estoy aún de buen ver, con mis canas y mi cuerpo cuidado, no de gym, pero cuidado. Y allí estaba yo en gayumbos y viendo a ver que hacía para ir a buscar algo de mi talla.

    Los probadores eran grandes y tenían una cortina de esas que por los lados cuesta de cerrar. Asomé la cabeza para ver si alguien del personal me podía ayudar y vi pasar a un chico todo de negro con un montón de perchas en la mano.

    —¡Oye perdona! —le dije con la cabeza fuera del vestidor y aguantando la cortina con una mano.

    —¿Sí?

    —¿Me puedes traer unos pantalones de mi talla? Es que estos son como un porrón de tallas menos.

    Él se me quedó mirando con una expresión extraña y de repente fijó la mirada en los pantalones que le estaba acercando y empezó a reírse un poco. —¿No eres un poco mayor para usar ropa de niño?

    —¿Qué?

    —Que has cogido ropa de la sección de niños, espera —Y sin tiempo a protestar nada se acercó a la cortina y mientras yo me echaba hacía atrás él metía la mitad del cuerpo en mi probador. Me levantó la camisa y estudió detenidamente mi cintura y caderas, me resultó extraño que mirase tanto mi bulto; pero fue bastante profesional.

    Salió rápido del probador y volvió al rato con dos pares de pantalones. Bastante más grandes. Los primeros me estaban bien, muy bien. Y él seguía allí mirando por la raja que deja la cortina y cuando vio cómo me quedaban volvió a meter la cabeza y me dijo que muy bien y que me probara los otros. Eran unos vaqueros de pitillo y me sobraba mucho por abajo. Volvió a meter la cabeza y le dije que estos no, que no me gustaba como quedaban por abajo. Y sin decir nada se metió dentro del cubículo cerró bien la cortina y se arrodillo delante de mí.

    —Es que estos hay que hacerles el doblez por abajo, y así quedan bien, y si no lo los cortas por aquí y también quedan bien, se llevan así, rotos por debajo. Lo único —siguió diciendo mientras se levantaba y se movía alrededor magreándome los muslos y el culo sin contemplación— Lo único, como te digo, es que estos hay que saber cargarlos.

    —¿El qué?

    —¡Mira! —Y diciendo esto, me metió la mano por la cintura y me agarró la poya sin cortarse un duro, mientras decía. —hay que arreglarse bien el paquete, porque si no, si te empalmas y está mal puesta crece hacia afuera y es un corte, pero si la pones así crece hacia arriba y no se nota —Toda esta explicación la había hecho mientras me movía la poya de arriba abajo por dentro del pantalón —Y tú debes tener cuidado con esto, porque veo que vas bien armado.

    No entendiendo bien a que se refería, vi con estupor como mi poya se había levantado y estaba ya gorda y lozana, preparada para la marcha. El dependiente no se cortó un pelo, se volvió a arrodillar delante de mí, bajó la cremallera, tiró del pantalón con fuerza hacia abajo arrastrando calzoncillos y todo y polla saltó emocionada hacia arriba. Se arribó con rapidez y se la metió casi entera en la boca. Mi joven mamón, no tendría los 20 años aún, cara de pillo, y una mirada intensa y sensual. Tenía septum, una boca grande con labios finos y una sonrisa picarona muy seductora. Su cara era fina y de facciones marcadas, barba casi no había aún, y el pelo castaño claro y de cejas finas.

    Yo estaba en shock no sabía ni que hacer. Él seguía a lo suyo, me comió los huevos con delite, con la punta de su lengua jugueteó con mi glande y con los labios repasó de lado los 18 cm del tronco de mi polla. Era sin duda alguna, la mejor mamada que me habían hecho nunca. Y la primera que me hacía un tío. Saltaron algunos pensamientos heteroraros, pero en cuanto empezó a pajearme y a succionar al mismo tiempo solo pensé en correrme dentro de aquella boquita tan traviesa. Él siguió marcando un ritmo cada vez más frenético hasta que con grandes convulsiones le llené la boca del zumo de mi nado. Se lo tragó todo sin parpadear. Hasta se relamió y me limpió los restos dejándome la poya limpia e impoluta.

    —Menudo servicio de venta —pude decir entre jadeos y con una sonrisa tonta en la cara.

    —Ni siquiera trabajo aquí —Y se levantó y se fue tan rápido que no puede decirle ni gracias.

    Compré lo pantalones y un poco entre contento y abatido y me dirigí hacia la salida. Me cruce con él en las escaleras mecánicas. Él y su grupo de amigos subían y yo bajaba. A grito pelado les dijo a sus compañeros que se dieran prisa que la peli iba a empezar, creo que me guiñó hasta un ojo. Capté la indirecta y me dirigí al cine. En la cola me puse justo detrás de él y haciendo como que acomoda las bolsas y el abrigo, le rocé el culo. Él se giró y me volvió a guiar un ojo. Mientras sus amigos se dirigían a comprar palomitas volvió a gritar: —¡cómprame lo que sea que voy a mearla! —seguro que le escuchó todo el cine. Yo compré mi entrada y fui directo detrás de él. Entré en su mismo cubículo, estaba meando de verdad, me arrimé por detrás y le cogí la polla mientras le besaba el cuello.

    —Aquí no, tú siéntate detrás que yo voy en seguida.

    Yo me senté detrás y él con sus amigos. Al poco de empezar la película se levantó y volvió con una bolsa de alguna golosina. Iba a sentarse cuando levantó la vista e hizo como que saludase a alguien, se arrimó a su primer amigo y le dijo algo señalando hacia mí. Supongo que le dijo que había visto a alguien e iba a saludarlo. Cuando llegó se sentó a mi lado y empezamos a besarnos.

    —Me has puesto muy cachondo —me dijo mientras me cogía la mano y se la llevaba al paquete.

    —Nunca he estado con un chico —le susurré yo al oído y con una sonrisa empezó a besarme con pasión. Él se bajó la cremallera y se sacó una polla que no tenía nada que envidiarle a la mía, creo que era más grande. Empecé a pajearlo con ganas. Él apartó el reposabrazos que había entre los dos y cogiéndome por la nuca fue guiando mi cabeza hasta que su enorme polla estuvo a escasos centímetros de mi boca.

    No me calenté mucho la cabeza y me metí aquel pollón en la boca, mientras él se recostaba sobre la butaca. Me costó cogerle el tranquillo de como se come una buena poya, él lo hacía tan bien que parecía fácil. De todas formas, pareció gustarle, exploré con mis labios y con mis manos todo lo que pude, saboreé cada centímetro de aquella polla, sus huevos, su perineo y hasta roce su ano con uno de mis dedos. No sé cuánto tiempo estuve, creo que poco o me pareció poco, pero lo disfruté, y el también. Me lo hizo saber llenándome la garganta de espesa y caliente leche, sabía raro, pero no era desagradable. Me lo tragué todo, y cuando levanté la cabeza de aquella maravillosa polla me recibió con una enorme sonrisa de felicidad y me llenó a besos con cariño y ternura. Y nuevamente, se levantó rápidamente y se fue con sus amigos.

    Al salir del cine me fui detrás de él y sus amigos a ver si había alguna forma de intercambiarnos los datos. Quería volverlo a ver. Por suerte, todos nos subimos al mismo bus. Entró el último de sus amigos y se sentó solo, dejando libre el asiento de al lado, yo fui corriendo y me senté a su lado. Entre las bolsas y el abrigo le volvía a tocar la pierna y le acaricié parte del culo; pero no pudimos intercambiar ningún dato, pues uno de sus colegas se giró y empezó a decirle cosas.

    Me llevaban los demonios, pero no había forma. Y una parada antes de la mía se movieron todos en grupo y se bajaron. Mi mirada era de absoluta desesperación y él volvió a guiñarme un ojo. Pero no lo entendí. Bajé del bus en mi parada y me dirigí abatido hacia mi casa.

    De repente de alguna de mis bolsas empezó a sonar un móvil que no era el mío, la abrí y vi que había un móvil con la pantalla llena de rotos y una carcasa llena de pegatinas. Estaba sonando, ni se me pasó por la cabeza de quién podía ser aquel móvil, pero estaba sonando y dado que no era muy bueno, lo mejor sería descolgarlo para saber de quién era.

    —Esto hola —dije dubitativamente.

    —Hola, ¿eres la persona mayor que iba en el autobús ahora mismo al lado de unos jóvenes?

    —Sí

    —Es que se me ha caído el móvil, me lo podrías devolver, por fa

    —Claro dije yo —se me iluminó el rostro de repente adivinando que mi joven amante había dejado caer su propio móvil dentro de una de mis bolsas y ahora llamaba desde el móvil de un amigo. Le dije la dirección y que le esperaba en la puerta y con un “voy corriendo” colgó.

    Y de verdad vino corriendo, llegó casi sin aliento. Y nos quedamos mirando y riendo durante un instante. Cuando hubo recuperado un poco el aliento le dije: —vivo aquí mismo, solo, ¿quieres subir y te doy un vaso de agua?

    —Sí

    En mi casa, lo del vaso de agua se nos olvidó. Nos fuimos desnudando por el pasillo y ya en mi habitación estábamos en bolas y empalmados. Nos fundimos a besos y nos estuvimos magreando a base de bien. Tenía un cuerpo perfecto, unos pectorales bien definidos, unos abdominales marcaditos y casi no tenía pelos en ningún lado de su cuerpo. Nuevamente nos estuvimos mamando las pollas en un 69 de lujo. Jugué con su ano también en un momento dado lo tumbé boca arriba y abriéndole las piernas me puse sobre él.

    —Para, para —me dijo cuando mi polla encaró su culito después de haber estado un rato chupándoselo —soy virgen y activo.

    —¿Qué?

    —Que nunca me han dado por el culo.

    —Pero no jodas, ¿quieres que pare? —pregunté.

    —No, pero despacio, ¿vale?

    Por un momento había entrado en pánico. Saqué un bote de lubricante que alguna amante había olvidado allí y que nunca acertaba a tirarlo. Y cuando todo estuvo bien lubricado, fui metiendo mi poya en aquel culo estrecho. He de reconocer que tenía el mejor culo que yo he visto en mi vida, duro, respingón, suave al tacto y con unos cachetes que daba gusto masajear. Y, además, resultó que era de los tragones, en menos que canta un gallo mi polla estaba dentro, hasta los huevos la metí.

    Después de un rato empecé a bombear con suavidad y entre besos, caricias y toqueteos de su poya empezamos a follar como cosacos. Luego lo puse a cuatro patas y lo penetré profundamente, lo cual le encantó. Movía el culo a ritmo de mis embestidas. Le di varios cachetes en su precioso culo y el gemía de placer con cada uno. Sus movimientos de cadera me llevaban al cielo.

    Luego nos pusimos en cucharilla y levantándole una pierna empecé a penetrarlo con fuerza y velocidad. Él forzando el cuello no dejaba de besarme. Cuando me noté que me iba a correr me puse encima de él a lo misionero nuevamente y lo fui penetrando suavemente hasta que me indicó que estaba a punto y entonces le metí tres o cuatro buenas envestidas. Nos corrimos casi al mismo tiempo. Y dejándome caer sudando y jadeando nos fuimos enfriando entre besos.

    Al poco rato, se levantó dispuesto a irse y lo cogí de la muñeca antes de que pudiera ponerse los gayumbos. —Por favor, ¿cómo te llamas?

    —José —dijo él con una sonrisa pícara en la cara.

    —¿Nos podemos volver a ver? — Y sin dejar esa sonrisa, cogió mi móvil de la mesita y lo acercó a mi muñeca para desbloquearlo. Marcó unos números y su teléfono sonó en algún lado del pasillo.

    —Llámame cuando quieras —y guiñándome un ojo otra vez dijo —prefiero verte sin ropa que, probándotela, pero ya sabes, cuando quieras.

    Y levantándome lo bese con pasión. Y volví a recorrer con mi lengua cada centímetro de su precioso cuerpo. Nos volvimos a encender y volví llenarle el culo de mi dulce néctar y él a mi la boca del suyo. Y ya nunca más se volvió a ir corriendo, sino que se corrió antes de irse.