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  • La hospitalidad del coño de mi cuñada (Parte 2)

    La hospitalidad del coño de mi cuñada (Parte 2)

    No podía dejar de observar a Laura, desnuda en la parte superior de su cuerpo, pasando la lengua por la comisura de su boca que aún goteaba mi semen sobre sus pechos. La cremallera de sus jeans va descendiendo de a poco cómo una invitación a continuar, a ir más lejos aún con nuestra transgresión. Ya habíamos cruzado la barrera y no había vuelta atrás, me había corrido en la boca de la hermana pequeña de mi esposa y ahora estaba de pie frente a ella, desnudo con mi miembro aún hinchado pero ya no tan firme colgando, derramando su saliva sobre el suelo del apartamento.

    ─Vamos, no me hagas esperar hasta que te recuperes. ─me dice apoderada por la lujuria.

    Sin dudarlo por un segundo me acerco a ella, comienzo a quitarle sus pantalones junto a sus bragas. Ella se acomoda en la barra de la cocina donde habíamos estado cenando y me ayuda a remover por completo su ropa. Admiro su cuerpo esbelto y juvenil, su piel tostada de vivir cerca de la costa, su cabello oscuro y ondulado que deja caer sobre sus hombros, sus labios carnosos, el piercing de su nariz, sus bonitos ojos café y de forma almendrada que se clavan en los míos mientras desciendo entre sus piernas, con mis manos que acarician su vientre pasando por ese tatuaje tribal que probablemente no haya considerado mucho en hacerse, luego hacia sus suaves muslos, cálidos, suculentos que acompaña ese delicioso culo que abrió la puerta al deseo en el camino desde el aeropuerto.

    Separo sus piernas para acercar mi rostro a su vulva, que me embriaga con su aroma a sexo, ella cuelga una de ellas sobre mi hombro mostrándome la humedad derivada de su excitación, me toma de la cabeza impaciente por que me embarque en mi misión y yo lo hago sin mediar palabra, uniendo mis labios a los suyos, saboreando por completo su néctar y respirando toda su seducción. Muevo mi lengua en círculos por todo el borde de su coño, adentrándome cada vez más, estimulando cada parte, tomando con profundas respiraciones el poco aire que me deja entrar al sujetar con fuerza mi cabeza contra su sexo y lentamente llegando a su clítoris, el cual primero presiono entre mis labios, lo degusto con mi lengua y lo atrapo entre mis dientes con pequeños mordiscos sutiles.

    Ella se retuerce, exhala con fuerza de placer, cada tanto su respiración se convierte en un gemido, manosea sus tetas esparciendo aún más mi leche sobre su cuerpo, aprieta mi cabello entre los dedos de la otra mano cuando doy en el punto justo. Siento en mi boca la humedad subiendo al ritmo de su excitación, sus jadeos que se hacen palabras.

    ─Joder… quien iba a decir que… mmmm… eras bueno haciendo esto… aaah…

    Su excitación me pone aún más, aumento el ritmo buscando hacerla explotar. Entonces se siente en la barra una repentina vibración, por un instante creemos que es parte del encuentro pero allí el sonido de sus gemidos y de los líquidos moviéndose en mi boca son interrumpidos por el estruendoso tono de mi móvil que estaba junto a ella. La pantalla se enciende y la fotografía de otra hermosa mujer aparece en la pantalla, acompañada de un nombre… María.

    ─Oh no… hmmm… tu esposa nos ha pillado.

    El móvil continúa vibrando, me doy cuenta que no la he llamado en todo el día, sólo hablamos brevemente cuando aterricé para decirle que todo había salido bien y luego ni noticias, sólo me distraje metiendo la polla en la boca de su hermana. Trato de detenerme, pero Laura me contiene, no me deja escapar, me atrapa con su pierna y su mano.

    ─Tú sigue que aún no termino.

    No me resisto mucho, quiero seguir comiéndole el coño hasta que me inunde la boca. La vibración del móvil se intensifica. No importa, terminaré mi tarea y la llamaré en unos minutos diciendo que no escuche la llamada. Mi cuñada me presiona con fuerza para que continúe, noto en su rostro una mirada maliciosa, algo está planeando. Mis ojos se transforman, espero que no planee hacer lo que creo que hará, pero… demasiado tarde. Sin darme tiempo a reaccionar coge la llamada.

    ─Hola.

    El mundo se me viene abajo ¿Acaso está demente? Trato de zafar, pero me tiene inmovilizado.

    ─Si, si. Ya está cómodo aquí.

    Sólo escucho la mitad de la conversación, ella me hace un gesto para que continúe.

    ─Ha bajado… y se dejó el móvil.

    Inicia un juego perverso que no puedo resistir, me pone a mil el peligro, mi miembro se endurece al instante y está listo para follarla de inmediato. Obedezco y continúo.

    ─Uf, no seas pesada. Lo he mandado a por algo, terminará pronto y ya te llama.

    El doble mensaje me enloquece, sabe que no sólo le da largas a mi esposa sino que con un mórbido doble sentido se dirige a mi también.

    ─Bueno ¿Y qué quieres que te diga? ¿Que no puede hablar porque me está comiendo el coño?

    Me calienta tanto que le guste jugar al borde, me hace sudar pero a la vez me pone a mil.

    ─Joder, ni una broma te aguantas. Quizás deberías dejarlo que te coma el coño a ti a ver si te sorprende con lo que sabe hacer.

    Le aprieto el culo con las manos para hundirme más profundo, muerde sus labios para que no se le escape ningún sonido que nos comprometa.

    ─Anda. Ya le digo cuando vuelva. Besitos.

    Corta la llamada, arroja el móvil por ahí y suelta un alarido contenido que hace eco en toda la sala. Mis fauces se llenan de sus jugos en una extasiante sensación de placer, sus músculos se contraen es espasmos involuntarios mientras se corre por completo en mi.

    Me incorporo aún caliente, rozando mi pene por su cuerpo a medida que me paro, tratando de aguantar para no continuar y alcanzar el móvil para llamar a María. Sin embargo ella me detiene, pone su otra mano en mi pecho, me empuja haciéndome recular hasta que choco con el sofá y caigo sentado en él.

    ─No. Todavía no termino contigo. Quiero que me metas esa verga dura bien adentro.

    Me dice cómo una perra en celo antes de acaballarse sobre mí cómo una amazona, cogerse con ambas manos del respaldo, insertar mi miembro en la humedad de su vagina y comenzar a saltar arriba mío de forma bestial. Me deslizo dentro de ella hasta golpearla en el fondo, lubricada por completo entre sus fluidos y mi saliva.

    ─¡AH AH SI AH!

    Sus gritos retumban por toda la casa, me uno a ella con jadeos que brotan del placer que siento. Nuestra respiración se acelera, nuestros corazones parecen que saltan de nuestros pechos, el aire suena a través de nuestras tráqueas cuando nuestros pulmones ruegan por más oxígeno y las maderas del sofá crujen al borde del quiebre.

    Me lleva al límite ver sus tetas danzando al son de sus caderas moviéndose, su cabello cayendo sobre su espalda cuando arroja su cabeza hacia atrás y cierra sus ojos para experimentar al máximo la penetración. Mi polla palpita entrando y saliendo, su perineo golpea mis huevos en cada embestida, pellizco sus pezones para provocarla aún más y ella responde ahogando sus gritos. La tensión aumenta al precipitarnos hacia el final anunciado, mi miembro más duro, su vagina más apretada, las embestidas más a fondo y entonces siento que en los conductos de mi falo se avecina la marea.

    ─¡Dios! Detente que me haces correr. ─le grito tratando de evitar acabar en su interior.

    ─¡Si, si! Yo también.

    Siento que pierdo el control, ella me tiene atrapado y no me deja ir.

    ─Laura… apártate que no aguanto más ¡Me tienes al límite!

    ─Si si… Tú también… Hazlo… hazlo ya… lléname de tu leche… aaah… la quiero toda adentro.

    No hay forma de quitarla, tampoco quiero hacerla, estoy completamente a su merced. Ella me pide mi semen adentro y yo quiero dárselo, quiero llenar por completo su vientre, quiero sentir el placer hasta el final. Ya no me importa si es seguro o no, ya será un problema de mañana, me rindo ante su ruego, la tomo de las caderas y la traigo contra mi para dejar salir toda mi leche en su interior. Ella acaba también cuando siente las olas de calor que la invaden, su coño se contrae con gran potencia estrangulándome el miembro, exprimiendo hasta la última gota que tengo para darle hasta que se derrama por los lados manchando el sofá. En el orgasmo se inclina apoyando sus tetas en mi rostro, siento el sabor del sudor y mi primera corrida al pasar por ellos mi lengua. De a poco la tensión del clímax se desvanece, ella se me deja caer encima y ambos nos relajamos tratando de recuperar el aliento. Nos quedamos abrazados unos minutos, exhaustos en silencio, los tórax expandiéndose y contrayéndose significativamente y las palpitaciones volviendo a su ritmo normal. Ella libera mi polla, dejando salir detrás el producto de nuestro acto entre mis piernas.

    Sin decir más Laura se pone de pie, se dirige al baño y cierra la puerta. Me quedo en el sofá, me estiro para tomar el móvil, lo desbloqueo y le devuelvo la llamada a mi esposa María. Hablo con naturalidad cómo si nada hubiese pasado, escucho lo que ella dice estando sin prenda alguna, cubierto de semen y flujo, sentado en el sofá en el que acabo de tener sexo salvaje con su hermana pequeña. Ella me cuenta su día, me pregunta cómo ha ido el viaje, me dice que ya me extraña. Al mismo tiempo en la sala Laura se contornea completamente desnuda desde el baño a la habitación, no me mira pero me deja verla, le gusta provocarme con el morbo de la situación. Miento rotundamente sobre que estoy cansado por el viaje, trato de concluir la llamada para no torturarme más con la culpa, pero al colgar la culpa sigue, sin embargo no siento una pizca de arrepentimiento, sólo siento el embriagante placer de lo que acaba de ocurrir, sólo siento que quiero más y más. Quiero follarme nuevamente a mi cuñada y no parar, hacerla mía otra vez cómo hace un minuto atrás. Pero el momento ya ha pasado, ella se ha sacado la calentura y no me queda otra que conformarme con el obsequio que me ha dado, una experiencia inolvidable.

    Al día siguiente me esperaban muchas responsabilidades, no viajé hasta aquí para follarme a la hermana de mi esposa, no. Trato de acomodar el sofá, limpiar un poco para no acostarme sobre todos los jugos. Intento dejar las cosas más o menos listas para poder dormir y no despertarme cubierto de las guarradas que hemos dejado. Quiero despejar la mente y poder dormir, pero las imágenes de Laura me atormentan, mis deseos por ella no se calman, todo lo contrario se hacen más intensos. Es allí donde ella vuelve a aparecer en la puerta de su habitación, aún sin haberse vestido se reclina contra el marco de la puerta, me mira directamente a los ojos y me dice las palabras que se disparan por toda mi espina.

    ─Hemos hecho un desastre en el sofá, va a ser mejor que vengas a dormir a la cama.

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    ¿Quieres saber que pasó luego? Ya sabes que debes hacer, sólo pídelo en los comentarios o escríbeme a mi correo.

  • Fantaseando con mi suegra

    Fantaseando con mi suegra

    Que tal, les contaré de la vez que mi suegra me vio mi pene. Pero para eso les contaré como inicio todo.

    Resulta que paso el día de las madres, soy del norte de México y un día mi esposa me contó que mi suegra y sus hermanas estaban muy pícaras y entretenidas en una charla, ya que mi suegra y esposa habían ido a un show de payasos y strippers por ser día de las madres. Mi cuñado les compró los boletos y ellas se fueron acompañadas de la novia de mi cuñado.

    Resulta que mi suegra y sus hermanas tenían un alborote, porque mi suegra quedó como traumada en ese show. Ella según le decía a mi esposa en el show… ¿A poco esas cosas son de verdad? ¿Por qué la tiene torcida? ¿Y esa manguerota? Mi suegra no se daba abasto, estaba súper sorprendida y sacada de onda, nunca había visto otros penes más que el de mi suegro. Se me notaba la cara de sorpresa porque no podía creer lo que veía.

    Esa noche no pasó a más, ella no quiso privado ni tocar ningún hombre, ya que le dio cosa, eso sí andaba muy emocionada y aún sorprendida. A mi me dio mucha curiosidad escuchar eso, y más el morbo de que mi suegra no haya visto otros penes. Pará eso pasaron los días y tocó que nos teníamos que quedar unos días en casa de mis suegros, ellos solo tenían su habitación y nos dejaron usarla mientras ellos dormían en la sala con un sofá cama.

    Para eso no me sacaba de mi mente que mi suegra no haya visto más penes y tome la decisión de por alguna manera tenía que ver el mío. Yo dormía en short y enseguida al cuarto estaba el baño independiente y enseguida la regadera independiente, entonces yo dejaba la puerta de la recamara abierta y me sacaba mi pene del short, yo me hacía el dormido para que me viera cuando pasara al baño, pero nada de eso sucedía.

    Entonces mi suegra decidió hacerme lonche en las mañanas, ella se levantaba a las 6 y opte por levantarme más temprano, lo primero que hice fue levantarme antes y empecé a idear mi plan, me fui a la regadera que era independiente, por lo regular se quedaba el foco encendido y la puerta cerrada. Yo entre con mi ropa y mi toalla, para eso decidí dejar mi ropa y toalla afuera en el lavabo, ya en la regadera no hice ruido y como estaba a mil, mi pene estaba duro y erecto (no me mide mucho apenas llego a los 15 cm) espere en la regadera en silencio, me levante a las 5:45 y esperaba a que se levantará mi suegra, lo primero que haría era ir a apagar el foco de la regadera o ir al baño, para eso estaba con el oído bien atento cuando se repente escuche una pequeña alarma, escuche un pequeño ruido a lo lejos y deduje que era mi suegra, luego empecé a escuchar pasos que venían, cuando ya los escuchaba cercas con dirección a los baños deje de jalármela y mi pinga está al 100, abrí la puerta de la regadera e hice como que iba a tomar mi ropa, al abrirla vi a mi suegra enfrente a un metro de distancia, me miró a los ojos y yo igual, luego vi como hizo un movimiento con su cabeza hacia abajo y empezó a mirarme el pene (que era lo que quería que hiciera) después de unos segundos dije: «perdón», tome mi ropa y me metí a bañar, para eso me la empecé a jalar en la regadera pensando en ese suceso.

    No pasó a más, ya que los días siguientes ella tenía más precaución al ir al baño. Desde ese día no sé qué piense mi suegra de mí.

    Espero les haya gustado, más adelante escribiré otro, pero esta vez nos fuimos mi familia y yo al centro del país y mi suegra nos alcanzó allá, y allá también aplique el mismo truco, luego les cuento el desenlace.

  • Una chica normal (1): Pagando la renta con el culo

    Una chica normal (1): Pagando la renta con el culo

    Mi nombre es Megan y como lo dije en mi texto de presentación, me considero una chica normal. No el tipo de chica esplendorosa y monumental que abundan en muchos de los relatos aquí en la página. Más bien ese tipo de chica que tienes de vecina. Que topas en el transporte público. Que la ves y quizás piensas “Oh mira, qué chica tan linda”. Pero para nada me confundieron con una modelo o una estrella porno.

    Tengo 25 años. Soy morena clara, dicen que tengo ojos y labios muy bonitos y que tengo cara de niña, mis pechos son proporcionados a mi cuerpo y tengo mucho culo, pero también esos kilitos de más, hace que no pase desapercibida a la mirada de los hombres. No me considero sexy, más bien gordibuena. Pero no se dejen engañar. Mi cara de niña es una máscara que esconde debajo una loquita de libido súper desarrollado con una enfermiza adicción a leer relatos eróticos.

    Hace un buen tiempo y cansada de ser empleada, me armé de valor y empecé mi propio negocio de venta de artículos de limpieza. Vendía escobas, detergentes, guantes de látex e incluso cubre bocas y gel antibacterial antes de que llegara la pandemia. Para hacer esto corto les diré que el negocio iba como viento en popa. Vendía bastante bien y mis finanzas cada vez se veían mejor. Y en mi infinita sabiduría pensé que era un buen momento para independizarme y tener mi propio espacio.

    Y pues así fue, renté un pequeño departamento donde instalé mi negocio y no lo voy a negar, estaba feliz. Trabajaba sin salir de casa, vendía bien y sobre todo tenía la privacidad de vivir solita. Esa misma privacidad me permitía tener mis ‘visitas conyugales’ sin que nadie se diera cuenta ja, ja. Bueno, y era obvio que como cualquier chica de mi edad, tener relaciones sexuales ya es parte de nuestras vidas. Pero al vivir en casa de mi madre tenía que comportarme como toda una niña buena.

    Pero bueno, llega el infame Covid-19 y todo se fue a la mierda. Si bien los productos de limpieza siguen teniendo demanda, a causa de la pandemia empezaron a surgir vendedores de mascarillas y gel por todos lados. Está de más decir que mi negocio fue decayendo al grado que mi situación económica pasó de estable a extrema. Seguía teniendo ganancias, pero empecé a retrasarme con mis pagos de la renta y obvio que al dueño eso no le convenía.

    Y bueno, era día primero de mes y solo tenía la mitad de la renta y ni cómo conseguir el resto. Había conseguido una entrevista de trabajo para la tarde de este día. Mi plan era darme un baño, ponerme alguna ropa bonita y salir a mi entrevista. Pensaba ponerme algo sencillo pero sexy. No demasiado sexy ni mucho menos verme putona, pero si algo que llamara la atención de mi entrevistador, pero al mismo tiempo que me hiciera ver como alguien de confianza y capaz para la posición del trabajo disponible.

    Y sobre todo mi intención era salir antes de que llegara a cobrar la renta don Luis, el dueño del departamento. Y no es que me gusta portarme así con el señor, después de todo él siempre se había portado bien y paciente conmigo. Pero esta era ya la tercera (¿o cuarta?) vez que le tenía que pedir más tiempo para completar la renta y la verdad, me moría de pena el tener que hacerlo. Quizás podría conseguir prestado durante el día y más tarde llevárselo a su casa o algo. Cualquier cosa era mejor que tener que dar la cara.

    El problema: seguía en cama. Y sin ganas de levantarme. Según el reloj, tenía un par de horas de tiempo antes de que llegara mi rentero. Y otra más para la entrevista. Llevaba tiempo sin pareja ni relación estable y mi puchita ya extrañaba tener un poco de acción. Decidí recurrir a mi vicio, y tomando mi celular entre a CuentoRelatos para buscar algo interesante que me despabile un poco. Busqué en novedades y escogí el relato con un título que me pareció atractivo. Empecé a leer y no tardé mucho en ponerme a tono.

    Abrí mis piernas y con ello empujé a mi gato que solía dormir conmigo. Molesto, se movió de lugar y me lanzó una mirada acusatoria. ¡Puta! Casi lo escuché decirme. Ignorándolo, hice a un lado mi pequeño calzón floreado y empecé a frotar mi peluda vagina, primero lento y luego más fuerte y con más velocidad. Introduje un dedo. Luego otro más. Metía y sacaba mis dedos mientras leía un relato lésbico acerca de dos cuñadas compartiendo una cama. Mi panochita estaba chorreando jugos y no me costó trabajo meter un tercer dedo. Un cuarto sería demasiado, aunque en ese momento deseaba meterme la mano entera.

    Soltando mi celular estiré mi mano hacia el pequeño mueble a un lado de mi cama y tomé mi desodorante favorito. Favorito no por su aroma, sino por su forma fálica. Lo pase por mis labios, lubricando con mi saliva para luego posicionarlo entre mis piernas. Lo presione contra mi panocha y la saliva y mis jugos hicieron el resto. De un solo empellón lo metí hasta el fondo.

    “¡Ugggh!” gemí al sentir el improvisado falo de plástico abrirse paso entre mi abundante vello púbico y alojarse en mi hambrienta cueva, mientras mi gato seguía con su mirada acusatoria. ¡Puta! Lo escuché decirme de nuevo.

    Empecé un movimiento de mete y saca al tiempo que la humedad de mi sexo y la fricción del desodorante se combinaban para hacer un escandaloso ruido cada vez en aumento. Llevé los dedos de mi mano libre hacia mi panocha, empapándolos de mis jugos para luego llevarlos a mi boca. No tenía tendencias lésbicas, pero me encantaba probar mis propios flujos. Luego llevé mi mano hasta mis pechos para besarlos y estrujarlos tratando de hacerme el mayor daño posible, al mismo tiempo que sentía como se acercaba mi orgasmo.

    “Así papi, así. Cógeme, destrózame papito. Soy tu perra, soy tu puta. Pero no pares, ¡no pareees!” grité en voz alta emulando los muchos diálogos que tanto disfrutaba en mis sesiones de lectura mientras me retorcía entre espasmos, presa de un brutal orgasmo. Sentí como mi caliente y peluda cueva expulsaba chorros y chorros de jugos. Si bien no tenía yo la capacidad de hacer squirt, si lubricaba lo suficiente para salpicar mis piernas y mi cama.

    Saqué el desodorante de mi interior mientras permanecía desfallecida en la cama tratando de tomar aire. Echando un rápido vistazo a mi improvisado juguete sexual, lo vi bañado en una espesa capa blanca casi similar a cuando alguien me llenaba de semen. Mi crema vaginal, le llamaba yo. Me encantaba saber que me había excitado tanto hasta sacarme la crema. Aventé el desodorante en la cama, para luego ver como mi gato, curioso por naturaleza, se acercaba a olfatearlo y segundos después empezaba a lamerlo. “Ja, ja, ja, ¿quién es la puta ahora, estúpido gato?” pensé para mis adentros mientras seguía tratando de jalar aire a mis pulmones.

    Después de un rato y sintiendo que el alma volvía a mi cuerpo, decidí que ya era hora de levantarme. Me quité mi blusa de dormir. Luego deslicé mis calzones por mis gruesas piernas para luego inspeccionarlos un poco. Mostraban una grande y olorosa mancha blanca a la altura de donde quedaba mi puchita.

    Me dirigí al cuarto de baño y estaba por meterme al shower, cuando mi gato me empieza a llorar indicando que quiere salir al patio a hacer sus necesidades, como siempre lo hace cada mañana.

    “Ay pinche gato ¿no ves que tengo prisa?” le dije a mi gato que nomás se me quedaba mirando. Me enredé en una toalla y abrí la puerta y ¡Oh Dios! Justo en ese momento encuentro parado a don Luis, el rentero, a punto de tocar mi puerta.

    Don Luis es un señor de unos 60 y tantos años. Es un señor alto, delgado y de esos que se ven que han trabajado toda su vida. Y con eso me refiero a que tiene manos grandes y fuertes, y a pesar de su edad camina erguido y se nota sano. Incluso me atrevería a decir que me da la apariencia de que en su juventud ha de haber sido guapo y galán. Siempre me ha tratado con respeto e incluso con cariño. Igual que cualquier cosa que necesitara en el departamento, ya sea algún arreglo de plomería, el aire acondicionado o la calefacción, tardaba más en avisarle que en lo que mandaba a alguien a reparar el problema. Cuando hubo rumores de ladrones en los alrededores de la vecindad mandó poner enrejado nuevo en mis ventanas y luces por todo el patio para que no estuviéramos a oscuras. Lo sentía siempre bastante protector hacia mí y la verdad yo lo apreciaba. Por lo mismo me moría de pena tener que quedarle mal con la renta otro mes más.

    “Hola muchachita, estaba apenas por tocar la puerta” me dijo don Luis igual de sorprendido que yo. Sobre todo, de encontrarme enredada tan solo en una pequeña toalla.

    “¡Don Luis! Perdón, je, je… no lo esperaba tan temprano… je, je” le respondí nerviosa, tanto por el asunto de la renta y otro más por encontrarme casi desnuda. Trataba de estirar la diminuta toalla de la parte de arriba para cubrir mis pechos, pero al mismo tiempo intentando no subir demasiado y mostrarle la espesa mata de pelos de mi vagina, don Luis que permanecía inmóvil frente a mí y visiblemente nervioso.

    “Lo siento pequeña, no pensaba encontrarte en un momento tan incómodo para ti, pero pues venía por la renta. Ya sé que usualmente vengo más tarde, pero andaba aquí en los alrededores y decidí pasar de una vez. ¿Tienes el dinero?” me dijo don Luis y yo quería que en ese momento me tragara la tierra y me escupiera en China.

    “Ay don Luis, es que… sabe…” respondí sintiendo mi rostro tornarse rojo de vergüenza. Ni siquiera el estar casi desnuda ante él me apenaba tanto como el tener que inventar una excusa para no pagar la renta.

    “¿No lo tienes?” dijo mi rentero adivinando mi respuesta.

    “Pues… tengo solo la mitad. Usted sabe cómo se ha puesto de dura la situación y pues… pues… no la completé. Si pudiera esperarme una semana más… o deme chance solo hoy y le pago. Más tarde tengo una entrevista de trabajo y tengo confianza en que sí me den el empleo. Igual voy a hablar con un amigo para que me preste el dinero faltante” le respondí sintiendo mi rostro como un arcoíris de mil colores.

    “Ay niña, ya tienes 4 meses así. Me pagas la mitad y luego cuando consigues el resto ya casi se te cumple el siguiente mes de renta. Tú sabes que te aprecio mucho, pero no puedo estar esperándote así cada mes” dijo don Luis y la verdad, sentí lo mucho que le costaba también a él tener que hablarme así.

    “¿Quiere pasar? No quiero estar aquí en la puerta casi desnuda je, je” le dije, más que nada para buscar una salida a el incómodo momento en que me encontraba.

    “Si niña, claro. Perdón por tenerte parada en la puerta así” dijo don Luis para luego entrar tras de mí al departamento.

    Pasamos a lo que era la sala de mi departamento y le indiqué que se sentara a lo cual don Luis obediente tomó lugar en uno de los sillones. Yo permanecí de pie, más que nada porque si tomara asiento, la diminuta toalla sería incapaz de cubrirme toda y terminaba enseñándole mis partes a mi rentero.

    “Bueno niña, entonces ¿cómo le hacemos? No te quiero presionar, pero es dinero que yo también necesito y no puedo estar esperando o que me lo estés dando en partes. Entiendo tu situación, pero espero que tú también me entiendas y sobre todo sepas que no lo hago por complicarte la vida” dijo don Luis sinceramente contrariado.

    “Si don Luis, al contrario, le agradezco la paciencia que me ha tenido. Y para pagarle, pues debe de haber algún modo, alguna solución. Bueno, o sea… pues… sí, ¿o no?” le respondí y me sorprendí a mí misma pensando en lo que estaba a punto de sugerirle para cubrir el pago de la renta.

    Me estaba haciendo tonta yo sola. Sabía bien que no podría conseguir la mitad que me faltaba de la renta. No la había conseguido en todo el mes, mucho menos lo haría en un día. Y la ‘solución’ que estaba pasando por la mente era algo que ni en sueños lo había imaginado hacer. ¿Pero tenía yo otra opción? Por supuesto que no.

    Despacio me senté en el sillón que estaba frente a donde don Luis permanecía. Al sentarme y por lo corto de la toalla, era obvio que mi rentero tendría una vista de mis piernas, mis muslos y mi nalga. No conforme con eso, abrí ligeramente mis piernas para que pudiera tener un leve vistazo de mi panochita. Todo lo hice fingiendo descuido y poniendo cara de estar pensando en la dichosa ‘solución’. Digo, si mi intención era convencerlo de lo que pensaba proponerle, tenía que mostrarle poco de la mercancía.

    “Estabas por meterte a bañar, ¿verdad?” escuché decir a don Luis y de reojo pude ver cómo me miraba mi entrepierna tratando de ser discreto.

    “Sí, como le dije pues tengo una entrevista de trabajo y por eso me iba a dar una ducha” le contesté haciéndome la inocente.

    “¿Me permitirías bañarme contigo y te perdono la mitad de la renta que me debes?” dijo don Luis un poco tímido y nervioso.

    “¡Don Luis! ¿Pero cómo dice eso?” le dije haciéndome la sorprendida, pero por dentro agradecida de que fue él quien lo dijo y evitando ser yo la ofrecida.

    “Tienes razón niña. Perdóname por decirte eso. La verdad no sé qué estaba pensando al faltarte el respeto de esa manera. Olvida por favor esa tontería que acabo de decir y volvamos a ver cómo me pagas el dinero” fue el turno de don Luis de ponerse como arcoíris.

    “¡En la madre! Ya se está echando pa’tras y voy a tener que pagarle el dinero. Tengo que convencerlo antes de que se arrepienta completamente” pensé para mis adentros.

    “Bueno don Luis… yo sé que usted siempre me ha tratado con respeto y hasta me ha protegido, y sé que eso que dijo no lo dice por abusar ni nada. Y pues… sería nomas bañarnos juntos ¿y ya? ¿sin nada de nada? ¿o cómo? Explíqueme porfas” le respondí viendo como su rostro pasaba de arrepentimiento a calentura como por arte de magia.

    “Pues solo meternos a bañar. Yo te tallo tu cuerpo, te enjabono toda y…” dijo don Luis dejando ese último “y”, como si hubiera algo más que agregar. Le miré y levanté mi ceja como diciendo que si había algo más era momento de decirlo. No dijo nada, se quedó callado aun dudoso si de verdad estaba yo aceptando su propuesta.

    “Pues bueno… me parece bien. Acepto su propuesta de bañarnos juntos a cambio de la mitad del pago de mi renta. Pero solo bañarnos y nada más, ¿ok? Ese es el trato ¿verdad? Le dije asegurando que no habría relación sexual ni nada parecido a lo que don Luis respondió afirmativamente.

    “Ok, entonces nomás déjeme entro al baño y deme un par de minutos en los que pongo el agua y ya se mete usted ¿va? Le dije, sin esperar respuesta. Me metí al cuarto de baño y cerré la puerta sin poner el seguro, abrí las llaves del agua y después de regular la temperatura me metí a la regadera.

    En el momento que el agua cayó sobre mí fue que me dio un chispazo de cordura. ¿qué diablos estoy a punto de hacer? ¿voy a darme una ducha junto a un señor que bien podría ser mi abuelo? Y todo para no pagar la mitad de la renta. Bueno, no tengo más opción y solo será esta vez, me dije tratando de justificar lo que yo misma había propiciado.

    Estaba metida en mis pensamientos cuando escuche no solo a don Luis entrar al cuarto de baño, sino también como se despojó de su ropa. ¡Rayos! Al mal paso darle prisa, pensé mientras me volteaba de cara hacia la pared para evitar verlo entrar a la ducha dándole vista completa de mi culo.

    “Ya puedes voltear, estoy feo, pero no es para tanto ja, ja” dijo don Luis y pues no me quedó otra que voltear cubriendo mis tetas y mi vagina con mis manos y brazos.

    Conforme me movía lentamente para darle la cara, pude ver a don Luis parado a un lado de la cortina completamente desnudo. Si bien su cuerpo mostraba el desgaste normal de una persona de su edad, tampoco estaba tan jodido como yo esperaba. Se veía delgado, sin panza y creo que hasta más alto que cuando lo veía con ropa.

    Pero lo que obviamente atrapó mi atención fue su pene. Si algo me gusta ver cada vez que estoy con algún chico es cuando sus vergas están en estado de reposo. La forma cuando están en un término medio. Ni erecta ni dormida. Y sobre todo como se ven colgando. Se miran pesadas, como si quisieran erectarse, pero el mismo peso las mantiene hacia abajo.

    Y precisamente así se veía la verga de don Luis. Larga, muy larga. Pero también muy delgada. No de esas vergas gruesas que nomás de verlas sabes que te van a reventar toda. Al contrario, era muy delgada. Y la forma en como le colgaba la hacía verse más larga aún. Y no que fuera yo experta en vergas y supiera de tamaños y medidas con solo verlas. Pero sí fue de las más largas que me ha tocado ver hasta ahora.

    “¿Podrías quitar las manos de tu cuerpo, Meg? Me gustaría verte completa” dijo don Luis sacándome de mi apendejamiento visual. Esbozando una leve sonrisa, poco a poco moví el brazo que cubría mis pechos. El agua, los nervios, o qué sé yo, había provocado que mis pezones se pusieran erectos y duros. En cuanto destapé mis senos pude ver como la verga de don Luis cobraba vida y empezaba su elevación apuntando hacia mí.

    Tenía yo tiempo sin tener pareja sexual, por lo mismo no sentía necesario depilar mi área púbica, así que mi panochita estaba cubierta por una espesa mata de pelos negros. Y eso por alguna razón me provocaba más vergüenza que mostrar mis pechos. Tardé un poco más en mover la mano que cubría mi entrepierna, pero cuando lo hice la verga de don Luis se erecto por completo. Ahora se veía más larga aún, pero delgada como dije antes. Me recordaba al tolete que usan los policías para golpear. Me reí en mis adentros por la comparación tan tonta que hice.

    Le señalé donde estaba el jabón y el estropajo y me di vuelta dándole la espalda, para ni un minuto después, sentir las manos de don Luis recorriendo mi cuerpo. La verdad no me estaba resultando tan incómodo como pensé que sería. Sentí como me enjabonaba empezando por mi cuello, para luego bajar por toda mi espalda. Cerré mis ojos al sentir las suaves caricias que don Luis hacía mientras frotaba suavemente el estropajo por toda mi espalda de arriba a abajo y nuevamente subir.

    No pasó mucho tiempo, hasta finalmente llegar a mi carnoso culo. Sentí el toque de sus manos titubeante al principio, para luego ir tomando confianza y no solo enjabonar mis cachetes sino también pasar su mano por la raya que divide mis nalgas, rozando mi panochita. Sin ni siquiera pensarlo, separé mis piernas para darle mejor acceso a su mano para que pudiera introducirse en medio de ellas y enjabonara mi panocha con mayor facilidad. Yo permanecía con mis ojos cerrados, disfrutando la perversa caricia que hacía don Luis en mí. Sentí como pasaba su mano por mi tupida mata de pelos, enjabonando y frotando fuerte mi entrepierna. No tardé mucho en sentir como empezaba a segregar jugos vaginales.

    “Abre tus nalgas para limpiarte bien, mija” escuché decir a don Luis y de nuevo, sin siquiera titubear, tomé los gordos cachetes de mi culo y los abrí de forma impúdica, dándole una vista total de mi más secreto orificio.

    Las manos de don Luis se paseaban frenéticas por toda la raja de mi culo, para luego detenerse en mi ano, frotando fuerte como si quisiera meterme la barra de jabón. No pude evitar lanzar un gemido cuando uno de sus flacos y rugosos dedos penetró mi ano.

    “¡Ugh! No don Luis, no… me… pique por atrás”

    “¿No te gusta por el culo?” me pregunto don Luis sin sacar su dedo de mi trasero.

    “Si me gusta. Pero no hago del baño desde ayer y estoy sucia” le contesté, pero no saco su dedo. Se lo tuve que repetir de nuevo y esta vez sí retiró su dedo de mi ano.

    Estaba sintiendo tan rico que yo solita me di vuelta, para ponerme frente a él, como autorizándolo a enjabonarme la parte frontal de mi cuerpo. Yo seguía con mis ojos cerrados, como si de esa manera negara el estar haciendo las cosas ya con toda la intención. Y si bien todo esto era por conveniencia del pago de mi renta, para nada me estaba forzando don Luis.

    Mi rentero no perdió tiempo. Sentí como sus manos se apoderaban del par de pequeños globos que formaban mis tetas y olvidándose del jabón, empezó a apretarlos y estrujarlos cada vez más fuerte. No pude evitar empezar a gemir, lo cual encendió más a don Luis. Me imagino que ver mi rostro de niña inocente, con el agua escurriendo y lanzando gemidos como toda una putita, era todo un espectáculo para ese hombre que podría ser mi abuelo.

    Lo siguiente fue sentir como su boca se apoderaba de mis pechos, como succionaba mis pezones con furia. Primero uno, luego el otro. Pase una mano sobre su nuca y lo empuje para que siguiera comiéndose mis duros pezones de areola oscura. Al ser él más alto que yo, eso le obligaba a encorvar su cuerpo para poder chuparme sin problema. Yo misma me paraba de puntitas para facilitarle la faena. Me tomo por mis nalgas con sus manos y me levanto en vilo, apoyándome contra la pared sin dejar de chupar mis tetas. Sentía como la dura cabeza de su erecta verga punteaba la entrada de mi panocha. Solo era cuestión de dejarme caer para empalarme por completo en su duro mástil. Habíamos pasado de bañarnos juntos a un faje entre un adulto mayor y una niña puta, y para nada me desagradaba la situación.

    “Megan… Megan… necesito cogerte ahora mismo, niña” me dijo don Luis separando su boca de mis tetas, esperando mi respuesta.

    Ya era muy tarde para detenerme, pero aun así me detuve a meditar en lo que estaba haciendo y lo que estaba por hacer. Iba a coger con un hombre muchísimo mayor que yo en edad, y lo iba a hacer a cambio de un beneficio económico. ¿En qué me convierte eso? ¿Y si alguien se enteraba de esto?

    Mi respuesta era SÍ o NO, y tenía que decidirme ahora mismo. ¿Tendría razón mi gato en que era una puta?

    Aquí termina la primera parte de este relato, espero les guste y me sigan para cuando suba el desenlace.

  • En el torneo de ajedrez, me cogieron muchos

    En el torneo de ajedrez, me cogieron muchos

    Buen día a todos mis lectores, soy su amiga Reina, esto es totalmente real.

    Después de lo que pasó el jueves con los amigos de mi hija, el viernes transcurrió normal en el trabajo, el sábado 9 fue mi cumpleaños y pasaron algunas cosas interesantes, pero ya les estaré contando, lo siguiente sucedió el domingo 10 que me levanté muy temprano porque en realidad no me desvelé tanto, ya un día antes había hablado con el coordinador de deportes de mi hijo, donde acordamos que el domingo yo lo llevaría al torneo ya que el por una serie de asuntos pendientes no podría llevarlos a mi hijo y a otros compañeros deportistas de otros rubros, porque el acostumbra llevarlos todo el tiempo en su camioneta, le había preguntado a mi esposo que si quería ir ya que era domingo podríamos ir los tres, incluso si no tenían nada que hacer mis hijas también les diría que se unieran, pero él me recordó que mi hija Dulce tenía también un torneo de voleibol playero pero en otro lugar, yo lo había olvidado completamente, pero acordamos que el llevaría a Dulce a sus juegos y yo a mi hijo Gabriel a su torneo.

    Ellos ya estaban enterados por lo cual se levantaron muy temprano, igual que mi esposo y yo también, alrededor de las 6 am, Frida se quedaría en casa porque era semana de exámenes en su facultad de Ingeniería y daría un repaso intenso a sus apuntes todo el domingo.

    Emprendimos mi hijo y yo rumbo al torneo ,que sería realizado en otro campus en otra ciudad cercana como a 30 minutos de la nuestra, eran las 7 am, el torneo era entre Universitarios a nivel estatal, en el camino mi hijo me platicaba de todas sus cosas, algunas eran interesantes respecto a su carrera, sus maestros, maestras, sus amigos y amigas, fiestas, me divertían sus comentarios, algunos eran comentarios serios y algunos eran puras tonterías, yo también le platicaba algunas cosas de mi día a día, pusimos algo de música en el estéreo del carro, en fin, el viaje en carretera fue algo agradable y no tan pesado.

    Cuando llegamos al campus algunos vigilantes en la entrada nos indicaron donde es el edificio donde se realizaría el torneo, les dimos las gracias y avanzamos hacia ese lugar, llegamos, nos estacionamos y entramos, en el lugar ya estaban poco a poco llegando las personas, todavía no llegaban todos los participantes para ya había algunos adentro y se veían algunos carros que iban llegando también, el lugar era la biblioteca de la Universidad, que era muy grande, de 3 pisos y muy extensa, las personas de la entrada donde nos registramos como visitantes y mi hijo se registró como participante nos indicaron entrar a otra área que es especial para el Club de Ajedrez, ahí entramos, las otras personas entraban también, llegaban participantes solos y algunos participantes con su coordinador, algunos participantes con su familia y algunos participantes con su familia y coordinador, el lugar era amplio, había muchas ventanas, había mucha luz, había muchas mesas, algunas personas encargadas de la logística se pusieron a colocar los Ajedreces, mi hijo me estaba comentando que los participantes en total eran 20, uno representando a cada municipio del estado a nivel Universitario y también me dijo que algunos eran rivales muy fuertes, inteligentes, estratégicos y con mucha experiencia.

    Estuvimos recorriendo el lugar para ver los cuadros, en ellos había muchas fotografías con Ajedrecistas representando a ese campus con otros Ajedrecistas de nivel nacional y mundial como Boris Gelfand, Magnus Carlsen y otros, y también había otros cuadros con fotos y pinturas de ajedrecistas antiguos como Spassky, Fischer, Larsen, Karpov, Capablanca, Kasparov, en fin. Transcurrió el tiempo, nosotros estábamos sentados, ya los participantes estaban listos, eran exactamente las 8 y el árbitro nos pidió ponernos de pie, llegaron unas personas muy formales con traje, uno era el Rector de ese campus, otros dos los representantes de la secretaría de Educación a nivel nacional y estatal y otro el coordinador de deportes de ese campus, dieron cada uno unas palabras breves por la inauguración del evento, presentaron a todos los participantes incluido mi hijo, también presentaron a algunos invitados excampeones de ese campus, después empezó a sonar el himno nacional y nos pusimos en posición para cantarlo con gusto y alegría.

    Ya al final el árbitro del torneo dio un discurso sobre recordar algunas reglas importantes del juego y nos indicó una pared donde ya estaba publicado el pareo. Todos fueron a revisarlo y ya mi hijo supo quién era su contrincante. La primera ronda empezaría a las 9 de la mañana, la inauguración duró alrededor de 20 minutos, nos quedaban 40 minutos para desayunar algo rápido, ya en casa habíamos comido un refrigerio, un licuado y pan dulce, pero era buena hora para comer algo, salimos del campus para buscar lugares, en cuanto salimos nos dimos cuenta que toda esa estaba llena de locales de distintos platillos, fuimos recorriendo esa calle, había de todo tacos, tortas, gorditas, tamales, pizza, hamburguesas, burritos, quesadillas, en fin, nosotros decidimos ir a las gorditas, cada uno pidió dos gorditas, estaban deliciosas, las de él eran 1 de chicharrón con arroz y otra de alambre con arroz y un Sprite y las mías eran 1 de bisteck con arroz y 1 de lengua con arroz y una Coca-Cola. La salsa también era deliciosa, acompañaba muy bien los platillos.

    Ya terminando de desayunar nos dimos prisa para regresar porque ya iba ser la primera ronda a las 9, lo bueno que no estaba lejos, entramos y mi hijo se dispuso a buscar su mesa, se acomodó en su lugar, su rival llegó y se acomodó, los demás participantes se fueron acomodando también, eran puros hombres participantes, solo había 4 chicas participando también, se veían guapas y pues según mi hijo todos los participantes eran duros para el ajedrez, el árbitro dio la indicación de comenzar y ahí empezaron, había unas sillas de espectadores cercanas a las mesas, yo me senté lo más cerca posible de la mesa de mi hijo, veo que mi hijo empezó con negras y su rival empezó con un Ataque Londres y mi hijo le respondió con una Defensa Francesa, los dos fianchetaban, los dos enrocaron, los dos desarrollaron, iban muy bien los dos, esto se los puedo decir porque yo también participaba en ajedrez de joven y hace poco todavía participaba en torneos y mi hijo le empezó a gustar el juego y yo le enseñé, a mis hijas y a mi esposo también les enseñé y si les gustaba, hasta llegaron a entrar a algunos torneos pero la verdad no eran tan buenos y pues empecé a tener otras ocupaciones como los horarios de mis trabajos que me los cambiaban a cada rato y ya no podía ir a los torneos, y pues así estuve viendo el juego, el juego eran 45 minutos por jugador, así que en total era una hora y media de juego, yo estaba muy entretenida viéndolos, no me aburre para nada, eran 10 mesas en total por ser 20 jugadores, iban apenas 20 o 30 minutos y ya en 2 mesas habían dado jaque mate, solo voltee sin dar mucha importancia y regresé a ver el juego de mi hijo, en eso recordé que por las prisas no me había retocado bien el maquillaje y pensé en aprovechar ese momento así que me fui hacia el tocador.

    Estaba en el tocador retocándome el maquillaje de todo a todo, soy una mujer muy linda, no necesito mucho maquillaje, solo un retoque, pero queda claro que todas usamos, pensé que era baño exclusivo de mujeres y no puse seguro, en eso entra un chico y me asustó un poco, pero después me tranquilicé porque al chico ya lo conocía, era un chico representando a otra ciudad también, me saludó: -Hola Susana, y le dije: -Hola Javier y ahí empezamos a platicar, me dijo que él fue uno de los que terminó pronto la ronda y que ganó, lo felicité y me dijo que hay un solo baño en la biblioteca para hombres y para mujeres, que apenas están construyendo uno nuevo pero ya separados, que solo iba a hacer pis pero mejor se salía y se esperaba a que yo terminara de maquillarme, le dije no te preocupes ya terminé de maquillarme entra y yo me salí hacia el pasillo, en eso me entra una llamada de mi marido y le contesté y me puse a hablar con él, me preguntaba que como iban las cosas, le platicaba que muy bien y le platicaba como se iba dando el torneo, el me platicó del torneo de Dulce, en eso salió Javier y se acercó a mí, lo hizo con mucha confianza porque ese chico anteriormente ya me había dado unas tremendas cogidas, me empezó a abrazar mientras yo seguía hablando con mi marido, le dije a mi marido que ya tenía que colgar porque no se puede sacar el celular en los torneos, y me dijo:

    -ah es verdad, colgamos, en realidad se lo dije para que no escuchara los ruidos que estaba haciendo Javier y le dije:

    -Javier, entre tú y yo no hay nada ¿Qué te pasa?

    Él no me contestó nada, solo me abrazaba y me empezó a besar en el cuello, yo quise pararlo, pero repentinamente me jaló hacia el tocador otra vez, cerró la puerta con seguro, me empezó a besar de nuevo la boca, el cuello, me tocaba las nalgas, los pechos, me metió la mano por debajo de mi falda para tocar la vagina por encima del panty, se sentía muy rico la verdad, empecé a calentarme, yo instintivamente le toqué los brazos, la espalda, el abdomen, toqué por encima de su pants y ya se sentía duro su miembro, yo ya sentía que me mojaba poco a poco, en eso se baja el pants y el bóxer, empiezo a tocarlo lentamente, pero me después me agaché y me arrodillé para meterlo en la boca, ya una vez teniéndolo en la boca se lo empiezo a mamar y así seguí por un largo rato, fueron varios minutos, pero en eso alguien toca la puerta, nos espantamos pero Javier pregunta quién es, contesta su coordinadora:

    -soy Johanna te ando buscando y Javier le contesta:

    -ya voy a salir, espera un momento.

    Nos acomodamos la ropa y Javier se sale del tocador con su coordinadora y se van, yo me quedo ahí un momento más ya con la ropa acomodada y me retoco nuevamente, me salgo del tocador y me voy otra vez a ver el juego de mi hijo, no usaron la hora y media, faltaba media hora y mi hijo ganó así que teníamos todo ese tiempo para descansar una hora completa, en eso que nos levantamos mi hijo ve a Javier de lejos y dice:

    – ve mamá ahí está Javier.

    -vamos a saludarle me dice.

    Nos acercamos y nos saluda:

    – hola Gabriel, hola señora Susana dice Javier,.

    – hola Javier contesté yo y mi hijo dice:

    – hola Javier como estas?

    Y ahí empezamos a charlar, nos salimos del edificio y nos fuimos a sentar al jardín que estaba alrededor de la biblioteca, que era muy amplio, estaba en bajada, parecía un pequeño bosque y ahí seguimos charlando, en eso llego otro chico que yo no conocía pero ellos sí, que era otro participante representando al municipio anfitrión, Gabriel me lo presenta como Alberto,

    -mucho gusto Alberto.

    -mucho gusto señora

    Y ya se une a la plática con nosotros, nos dice que ganó su primera ronda también, ahí estuvimos charlando cuando repentinamente Alberto se acuerdan que quieren ir a saludarle a uno de los exjugadores, Gabriel dice:

    -es cierto vamos.

    Se levantan y Javier les dice que se adelanten, ellos se van y me dejan sola con Javier, yo seguí a Alberto y a Gabriel con la mirada, cuando volteo hacia Javier él ya tenía la verga de fuera diciéndome que terminara lo que habíamos empezado, le digo -serás cabrón y me agaché a comerme su verga con la boca, ahí era un buen lugar porque nadie nos veía y si se acercaban nos podíamos dar cuenta rápidamente, ya después de varios minutos Javier lanzó chorros los cuales me tragué con mucho gusto, en eso estaba terminando de tragar cuando Javier me dice que vienen Gabriel y Alberto, me levanto rápidamente, me limpio lo más posible la boca, me acomodo el cabello y Javier se acomoda la verga dentro de su pants, todos los participantes traen pants deportivos para cada quien con el color y logo de su escuela, en eso Gabriel nos dice -ya vénganse porque empezará la segunda ronda.

    Nos fuimos otra vez, eran las 11, se acomodaron en sus lugares y empezó la segunda ronda, ahí me estuve igualmente atenta, los tres jugaron su hora y media, pero bastante interesante cada juego, los tres ganaron su ronda, nos fuimos a descansar media hora, nos pusimos los cuatro a recorrer los edificios del campus, era bastante grande, vimos los edificios y aulas de diferentes áreas, laboratorios, canchas, algunas canchas estaban siendo usadas para otras competencias deportivas de ese mismo evento estatal como el futbol, bascketball, volleyball, handball, en fin, solo caminamos sin sobresaltos, se pasó la media hora y nos regresamos.

    Exactamente a la 1 empezó la tercera ronda, empezaron a jugar, ahí me estuve viendo el juego, pasó la hora y media y acabaron su juego todos, los tres ganaron su ronda, eran las 2:30 y nos darían un descanso de 2 horas y media para comer, en eso llega un señor que se acercó con Alberto, nos lo presenta como su papá, nos platicó que estuvo presente en las otras rondas y nos dice que nos invita a comer a su casa, aceptamos y se une con nosotros la coordinadora de Javier, así que llegamos a la casa de Alberto en nuestro coche Gabriel y yo, Javier y su entrenadora en su coche, y Alberto y su papá en su coche, nos recibe la mamá de Alberto, Alberto nos presenta y ella ya tenía la comida lista que era una taquiza de carnitas, birria, bisteck, cabeza, pastor, etcétera, y de beber agua de horchata y agua de Jamaica, yo no acostumbro a comer mucha carne, pero cuando uno va a la casa de alguien hay que aceptar lo que te ofrecen.

    Comimos, charlamos, la pasamos muy bien, nos pusimos a descansar en la sala viendo la televisión un programa de chistes, se pasaron dos horas y ya en eso los tres se levantaron porque ya empezaría en media hora la cuarta ronda, yo también me levanté y la entrenadora de Javier, en eso nos dice la mamá de Alberto que ella llevaría a los chicos, que nosotras descansemos, que debe ser agotador estar todo el día ahí en el torneo.

    -voy a llevar los chicos y sirve que veo al menos un juego de Alberto mi hijo, yo le dije que sí, pero la entrenadora le dijo que ella debe estar ahí, la mamá insistió y la entrenadora Johanna aceptó, se fueron los tres chicos en el auto con la mamá de Alberto y nosotras nos quedamos en su casa y también se quedó el papá de Alberto, el papá de Alberto nos ofreció habitaciones por si queríamos dormir, las dos aceptamos, cada quien se fue a una habitación, yo me recosté en la cama me cobijé y si me dormí como media hora, ya después de ese tiempo desperté y la casa se escuchaba muy tranquila, pero después me percaté que se escuchaban algunos ruidos, puse más atención y se escuchaba como si estuvieran follando, me salí de la habitación y al pasar por la habitación donde se quedó Johanna vi como el papá de Alberto se la estaba cogiendo, yo me quedé petrificada y en eso Johanna abre los ojos y me ve fijamente, yo me sorprendo y me regreso a la habitación, al papá de Alberto se le veía un buen pedazo de carne, después escucho a Johanna gritar un poco más fuerte y al papá, supongo que estallaron en un orgasmo, pasaron unos 20 o 30 minutos, se escucharon unos pasos cerca de mi habitación, me hago la dormida y el papá de Alberto entra desnudo, se acerca y se mete entre mis cobijas, empezó a besarme hábilmente, su pene ya se sentía duro nuevamente, me sorprendió que se repusiera tan rápido ya que había cogido a Johanna apenas hace unos momentos, finjo que me estoy despertando y le digo que me suelte, pero hábilmente me besa y empieza a tocar mis partes más sensibles, después de unos minutos me la empiece a meter sin que yo mostrara nada de resistencia, me estuvo cogiendo por un 20 o 30 minutos hasta que al final estallamos en un orgasmo que fue delicioso, se asomó Johanna ya vestida y dijo que ya faltaban 30 para las 7 de la tarde y última ronda, le dije que yo quería estar presente y me empecé a vestir, Johanna le dio las gracias al señor y yo también, nos dio un beso y nos nalgueó, nos dio risa, Johanna se fue a su coche y arrancó, yo me fui al mío y arranqué.

    Al llegar la quinta ronda ya había empezado, ahí alcancé a ver a la mamá de Alberto a la distancia, aparentemente la señora se ve tranquila pero bien que disfruta de una buena polla pensé y se ve muy guapa joven también como yo, ahí estaban todos los participantes jugando, Johanna se fue cerca de donde estaba jugando Javier, yo me senté cerca de Gabriel y en eso un joven que estaba sentado junto a mí me empieza a sacar plática y me dice que él es uno de los participantes pero que renunció en este último juego porque ya no tenía posibilidades que solo ganó un punto de 5 posibles, yo lo estaba escuchando y le dije que mi hijo es Gabriel y me dijo si lo conozco es muy bueno jugando, seguimos charlando y en eso me invito a que camináramos un poco afuera, le dije que sí, y en eso que estábamos caminando pasamos por las habitaciones de estudiantes, me dijo que él es de fuera igual que yo pero que se está hospedando en esas habitaciones junto con su entrenador, me invito a conocer las habitaciones, le dije que sí, entramos, la habitación era solo el cuadro y dos camas nada más, cuando entramos nos llevamos una gran sorpresa el entrenador del chico follaba salvajemente a una de las participantes, ella era la rival del chico en la quinta ronda, pero como el renunció automáticamente ella ganó el punto, nos sorprendimos, pero fue muy excitante verlos, apenas iba dar media vuelta para salirme cuando el chico ya me estaba abrazando y besando, yo le dije -suéltame, pero me empujó hacia la cama con fuerza y yo también hice fuerza para levantarme, pero empezó a tocarme la vagina por encima del panty y eso me debilitó, poco a poco deje de poner resistencia y me dejé querer.

    El chico me quitaba la ropa, él se desnudó y sin más preámbulos me la empezó a meter, mientras en la otra cama seguían cogiendo el entrenador y la chica, pasaron ,varios minutos cuando ellos estallaron en un orgasmo, los dos se levantaron, la chica se vistió, se me quedó viendo y se fue, el entrenador del chico se quedó desnudo y se sentó en la cama viéndonos, de repente los dos estallamos en un orgasmo muy rico y el chico eyaculó dentro de mí, el chico se salió y se sentó para descansar, apenas se salió y el entrenador me tomó, él ya estaba listo para penetrar y me la metió enterita, se sintió riquísimo, así estuvimos un buen rato, el me follaba salvajemente, hasta que nos venimos en un orgasmo, que disfruté muchísimo, se salió de mí, el chico ya estaba vestido y el entrenador se empezó a vestir y yo también, salimos los tres al mismo tiempo de la habitación, caminamos un poco.

    En la entrada de la Biblioteca me encuentro con el Coordinador de Deportes de mi hijo, apenas iba llegando el cabrón, le saludé, los otros dos le saludaron y entraron a la biblioteca, me dijo que le ayudara a cargar unos regalos que le entregaría a Gabriel y los participantes de otros deportes de nuestro campus, fuimos enseguida, yo no tenía confianza con el Coordinador porque ya me había cogido anteriormente y no quería nada con él, pero cuando estábamos ahí en su camioneta me dijo que si quería un cigarro, le dije que sí y nos pusimos a fumar, como hacía mucho frío me dijo que nos metiéramos a la camioneta, le dijo que no, pero se soltó el viento terrible y ya momentos después le dije que mejor si, entramos a su camioneta el de piloto y yo de copiloto, nos acabamos el cigarrillo y me empezó a besar, fue muy sorpresivo pero me dejé llevar, llevé mi mano hacia su miembro erecto que ya lo tenía de fuera y se lo empezó a acariciar y posteriormente a mamar, el coordinador estaba tan excitado que me agarraba de la cabeza para que me lo comiera completito hasta el fondo, me gustó mucho disfrutar de ese gran miembro, ya terminó, se vino en mi boca, me limpié, nos acomodamos la ropa, cargamos los regalos y entramos al torneo otra vez, la ronda ya se estaba terminando, algunos participantes ya se habían levantado, entre ellos mi hijo, esperamos a que terminaran todos, porque darían los resultados, el resultado fue que la chica que se llama Angélica ganó el primer lugar con 5 puntos, yo pensé para mis adentros que su premio fue gran follada que le dieron, el segundo lugar fue mi hijo con 4.5 puntos y el tercer lugar fue Alberto con 4 puntos, esos eran los clasificados al nacional, el cuarto lugar fue para Javier pero ya no alcanzó clasificación al nacional, se indicó que la premiación sería al día siguiente en una premiación general para todos los deportes en ese mismo lugar en las canchas.

    El coordinador les entregó los regalos a Gabriel y a otros chicos de otros deportes, pero la premiación oficial sería al día siguiente, nos fuimos de regreso a casa en el coche, él estaba contento y yo también contenta porque mi hijo le fue bien en sus 5 rondas y a mí en 5 rondas. Al llegar a casa mi esposo y mis hijas ya nos esperaban para cenar y terminar la noche viendo películas de terror y otras de risa, ya iban a ser las 12, pero me fui a bañar, apenas me estaba vistiendo cuando mi esposo llega a acostarse, pero me ve desnuda y se excitó, lo cual provocó que mi esposo me diera mi última ensartada del día.

    Continuará. Mencionen sus partes favoritas del relato en los comentarios.

  • Amalia: mi primera vez con una mujer madura

    Amalia: mi primera vez con una mujer madura

    Hacía frío. De hecho fue el único día realmente fresco de todo el invierno acá en Corrientes, porque Corrientes es así, de inviernos cálidos. Pero esta vez, por fortuna, fue distinto: de verdad que el viento sureño hacía crujir esos 5 grados de temperatura –que por estas latitudes, es cosa de congelarse hasta el suspiro. Aun así, decidí salir a caminar: fue mi manera de disfrutar el único día fresco de esta ciudad tan calurosa, tan húmeda. Porque cuando hace calor, y hablo de MUCHO calor, todo lo que anhelamos los correntinos es aunque sea una brisa efímera que nos refresque el alma toda; entonces no me quedaba otra que gozar del aire fresco. Remera, anorak, jeans, y no más: realmente estaba decidido a sentir el frío, vivirlo.

    Cuando acá hace calor, la gente va a la costa, a las playas, porque la vista majestuosa del Paraná te hace sufrir menos los rayos del sol que atraviesan la piel sin piedad. De igual modo, cuando desciende la temperatura también vamos a la costa, aunque el frío, el viento y el río nos hagan tronar los huesos. Entonces hacia allí fui, viendo que las calles estaban casi vacías, desiertas. ¿Cómo podía ser? Era el único día fresco, quizás de todo el año, y la gente decidía quedarse en su casa: seguro tomando un café caliente, mirando alguna película bajo una manta. ¿Locos ellos o loco yo? Y bastó con llegar a destino para comprobar que el loco era yo, y otros pocos que andaban también por ahí.

    Era jueves, aburrido, nublado. El río, el viento, el frío. En su conjunto era un buen momento para pensar de cuanta cosa vana tuviera ganas. Y fue así que caminando lento, pausado, embobado, de repente advertí una voz, femenina, dulce aunque un poco más chillona de lo que me gustaría. Se me habían caído las llaves del departamento y esta mujer se acercó para alcanzármelas. Le agradecí y solo sonrió, entonces le devolví la sonrisa. Que cuál era mi nombre. «Milo», le contesté. El suyo era Amalia, me contó sin preguntárselo. Tal vez tenía unos treinta años, ojos verdes y el cabello ondulado y castaño; iba vestida con ropa deportiva, dejando al descubierto su buen cuerpo. Enseguida me preguntó si quería que camináramos juntos y yo acepté sin más.

    Inmediatamente después Amalia estaba riéndose de las estupideces que digo siempre, porque si hay algo en lo que soy bueno es en decir boberías. Sarcástico, irónico, a veces estúpido, pero para ser sincero disfruto que las personas se rían con cada tontería que sale de mi boca. Una hora más tarde, tal vez dos, mi boca estaba en los labios de Amalia, tomándola de la cintura, arrodillados en su cama. Su casa, su cuarto, su cama. ¿Qué había pasado en el medio? No fueron mis chistes tontos ni mis intentos por sacarle temas de conversación que devinieran en sonrisas; sólo bastó con caerle simpático. Lo que había pasado en el medio fueron más de diez años de diferencia, cientos de historias vividas, una mujer decidida a obtener lo que quería.

    Mi boca fue recorriendo inquieta hasta encontrarme con sus senos, donde me detuve un momento a devorar dos pezones que pedían a gritos ser humedecidos. Pero Amalia no quería que mi lengua reposara sólo en su pecho, por eso con sus manos fue empujándome cada vez más hacia abajo, hacia el centro de su cuerpo, hacia su más profundo sexo. Y ahí estaba yo, y mi boca nuevamente inquieta explorando otros huecos. Mi lengua esta vez estaba deleitándose de su zona húmeda, ardiente, deliciosa, suave. Ella se movía lentamente, se retorcía, su respiración era pesada, me hundía cada vez más la cara contra sus caderas mientras me envolvía con sus piernas. Para entonces sus gemidos ya habían hecho crecer mi tremenda timidez y Amalia se apoderó de ella no bien lo notó. Ahora era su boca la que jugaba con mi sexo.

    La manera en que envolvía mi miembro con sus labios yo jamás la había experimentado, simplemente disfrutaba extasiado de uno de los mejores momentos de mi vida. Pero ahí de vuelta apareció la mujer decidida a obtener lo que quería: giró, y mientras seguía jugando con mi pene en su boca, posó su sexo sobre mi cara y otra vez, mi lengua volvió a recorrer su clítoris, sus labios. Esta vez era yo el que empujaba su cuerpo para poder saborear mejor la humedad que emanaba, para ser testigo fiel de semejante obra de arte. Ahora era yo el que estaba decidido a poseer esa figura y hacerla solo mía, aunque sea por un instante. Ese instante en que nuestros cuerpos danzaban en su cama, al compás de la dulce melodía que me significaban sus gemidos, su respiración entrecortada, su voz aguda que murmuraba pidiéndome que no parara. Hasta que mi lengua acelerada hizo que se viniera; lo mismo hice yo, al verla sonriente y satisfecha.

    Tres cuartos de hora después estábamos ahí abrazados, enredados en las sábanas, aún humedecidas por nuestra entrega, nuestro sudor. Amalia me había ofrecido un cigarrillo, y ante mi negativa creo que reprimió sus propias ganas de fumar. Volvió a abrazarme, apoyando su cabeza en mi pecho… su cabello olía tan bien.

    ***

    Amalia tenía 36 años aunque aparentaba menos, estaba separada en proceso de divorcio luego de un fallido matrimonio de doce años, cuyo resultado habían sido dos hermosos mellizos de ocho. Obviamente no estaban en la casa en ese momento porque su padre se los había llevado de viaje por unos días. Ella los extrañaba. Sus ojos se llenaban de lágrimas al recordarlos, sin duda eran su vida. Una vida que había sido bastante apedreada por los prejuicios de los demás, incluso de sus padres, de sus amigos más íntimos. A pesar de haberse casado y formado una familia, nunca pudo dejar de lado ese ángel rebelde de niña adolescente, liberal, sexual. Todo esto me lo contó mientras caminábamos en la costa, antes de terminar yo en su cuarto; ya me había abierto las puertas de su casa mucho antes. Porque a Amalia no se la llevaba nadie a ninguna cama, era ella la que decidía con quien acostarse.

    Hoy la culpa ya no la mata por dentro, pero años atrás sí. La primera vez que engañó a su marido fue después de un año de casados. En un bar del centro, mientras bebía unos tragos con sus amigas, vio entrar a un tipo que le pareció sumamente atractivo, con una sonrisa amplia y cuerpo esbelto. Fueron una, dos, tres miradas. Una hora y media más tarde estaban teniendo un sexo furioso en el departamento de él; cuando el minutero dio cinco vueltas, el hombre atractivo, esbelto y de sonrisa amplia, había acabado. Ella no. Descontenta, insatisfecha, agarró sus cosas y salió de allí. Después de eso se sentía sucia, culpable, impotente. Pero lo que más le molestaba no era haber engañado a su reciente esposo, sino haberlo hecho con un galán que terminó siendo un fracaso. Sin embargo, Amalia siguió haciéndolo y para su suerte se encontró con experiencias increíbles aunque prefirió no darme detalles.

    Luego vinieron Ian y Maya, sus pequeños, sus «bebés», como le gustaba llamarles. Cuando ambos llegaron a su vida, Amalia decidió que debía parar y tratar de llevar una vida más normal. Pero sencillamente no era lo que quería. De todos modos aguantó más de diez años, hasta que juntó el valor necesario para separarse. «Él es un buen tipo, pero serio y aburrido, estructurado». Claramente se refería a su ex marido. Sobre si «él» no la satisfacía lo suficiente sexualmente, no me quiso responder. Entonces seguimos caminando, ya en dirección hacia su casa, que quedaba a unas veinte cuadras. En el camino yo pensaba en qué haría, cómo lo haría, nunca antes había fantaseado con una mujer más grande. Me preguntaba a mí mismo si iba a poder encarar la situación ante una mujer así. Pero ahí fui.

    ***

    Me acuerdo que llegamos: al abrir el portón, un caminito que atravesaba todo el patio nos condujo hasta la casa. Era bastante grande, aunque adentro no había muchos muebles, pues me dijo que hacía poco se había instalado allí. Estaba todo limpio, perfumado, de hecho el aroma a sahumerio era abrumador. Tenía un amplio living con grandes sillones, una mesa ratona bastante fina y una alfombra, según me dijo, de Marruecos. Sobre el hogar se erigía un gran cuadro con un retrato de ella y sus hijos; sin dudas habían heredado su belleza. Mucho más que eso, no había, todavía tenía que acomodar algunas cosas. Luego me preguntó si quería tomar algo caliente y le dije que sí. Fui detrás de ella y cuando estaba por calentar un poco de agua, la tomé por la cintura y le besé en el cuello. Sólo atinó a encogerse de hombros, pero no se resistió, todo lo contrario. Se dio vuelta y comenzamos a besarnos con sugerente intensidad, cuando me dijo que fuéramos a su habitación. Una vez allí, nos tiramos en su cama y seguimos besándonos mientras lentamente nos despojábamos de nuestras ropas. Inmediatamente después bajé hasta sus pies para cumplir con mi sano ritual fetichista y, aunque ella tenía demasiadas cosquillas, pude saborear sus dedos con sus uñas pintadas de negro.

    Sonrió, se recostó por el respaldo de la cama y me llamó meneando el dedo índice. Fui directo hasta su boca y otra vez nos besamos, porque ya era hora de compartir mucho más que palabras. Y ¡dios!, no miento si digo que besarla fue como acariciar el cielo, como si al juntar nuestros labios cada uno dejara un poquito de nuestras almas. Desde el inicio, desde es el primer beso, la entrega a la lujuria fue total. Sin titubear demasiado, la unión de los cuerpos fue inevitable, la atracción había sido irresistible. Me senté, y así, en esa postura, comencé a penetrarla sin prisa pero sin pausa, la intensidad era un vaivén. La manera en que movía sus caderas solo aumentaban mis ansias de entregarme con más fuerza, su respiración invadiéndome el cuello y sus uñas haciendo presión en mi espalda hacían crecer más la calentura. ¡Qué mujer! Si con sólo volver a pensar en ese momento, y recordar cómo se aferraba a mí mientras teníamos un sexo intenso, hace que se me erice el cuerpo entero y revivir ese fuego.

    Y otra vez los besos, sus susurros pidiéndome que no me detuviera, celebrando con gemidos mis movimientos. Fuimos de a poco explorando distintas posiciones, entregándonos por completo, hasta que al fin mi cuerpo pidió liberar toda esa felicidad que llevaba dentro y todo cedió. Segundos de tensión: sabía que ella lo había disfrutado, que lo había sentido, mucho más porque mis ríos de blanca espesura yacían en su interior. Pero me volvió el alma al cuerpo cuando Amalia sonrió, solo entonces supe que los dos estábamos felices, acabados pero felices. Aunque todavía había un poco más… Fue allí que arrodillados en la cama, besándonos, acariciándonos, aquello que estaba en reposo volvió a crecer y ella se apoderó de él. A la vez yo llevé su sexo a mi boca y así, los dos volvimos a ser felices dejando salir al alegre placer. Después quedamos abrazados, en silencio, con su cabeza en mi pecho, y su cabello olía tan bien…

  • Me contrata el arquitecto

    Me contrata el arquitecto

    Habían pasado algunos meses desde que me convertí en becaria de un despacho de arquitectos, el licenciado Ramírez, mi jefe, había sido quien me había contratado con la finalidad de apoyarlo en un nuevo proyecto con una perspectiva e ideas frescas. Puro cuento y palabrería del licenciado, desde aquella entrevista había pasado viendo mis enormes pechos que sobresalían de mi camisa.

    Lic.: Señorita Flores! Quiero los planos de la casa Del Valle.

    Yo: Voy, licenciado.

    Parpadee un par de veces mientras me levantaba del banco frente a el restirador, sabía que esté me veía desde su escritorio, llevó mis manos a la parte trasera de mi falda alisado un poco la tela antes de tomar el plano que tenía enfrente, doy media vuelta pegando aquel pliego a mi pecho mientras camino hasta donde está mi jefe.

    Yo: Tengo algunas dudas sobre una parte del dormitorio principal

    Habló en el tono más dulce que puedo dedicándole una sonrisa mientras mi jefe hacía una seña para que pusiera el plano en su escritorio, lo coloque con cuidado sobre el escritorio mientras me inclinaba sobre este acomodándolo de las orillas cercanas a el mayor, apenas lo veía de reojo mientras esté paseaba su mirada deliberadamente sobre su escote, una sonrisa traviesa apareció en mis labios antes de mirarlo, este baja la mirada hacia el plano mientras llevo mi dedo hasta la parte del dormitorio que estaba del lado derecho del pliego.

    Yo: Creo que podemos ampliar el dormitorio de los señores por lo menos dos metros más sin afectar el resto del plano.

    Me levanto y camino hasta el lado izquierdo de mi jefe el cual se estiraba para tomar un lápiz, cuando llegó a su lado le agachó mientras coloco mi mano en la espalda de este mientras acerco mis pechos al rostro de este llevando mi mano hasta donde estaba el dormitorio mientras comenzaba a hablar.

    Yo: Creo que haciendo algunos ajustes aquí… Podemos darles esos dos metros y el balcón como lo pidió la esposa del dueño.

    Escuchó como su jefe aclaraba su garganta apenas moviendo un poco su cabeza mientras llevaba su mano hasta su entrepierna sin que se notará tanto.

    Lic.: Concuerdo contigo, podemos hacer esa ampliaciones… Pero me gustaría que tú dibujaras, después de todo fue tu idea.

    Habló con voz grave antes de levantar la mirada para ver mi rostro, asentí un par de veces mientras tomaba el lápiz y me acercaba un poco hasta el dormitorio mientras levantaba mi trasero dejándole verlo de cerca, este colocó su mano en la parte baja de mi espalda recargando su brazo sobre mi trasero mientras hacía algunas indicaciones en el plano.

    Lic.: Sabe, señorita Flores. Hace tiempo he notado el grande… Enorme esfuerzo que pone en cada plano, me gustaría comenzar a hablar sobre contratarla para que así pueda ayudarme todos los días, ¿Que opina?

    Habló mi jefe con voz grave mientras acariciaba mi espalda hasta la parte trasera de mi sostén y bajaba lentamente hasta mi trasero, relamí mis labios con excitación ante aquel ligero toque de si mano, así que quite mi mano de su hombro y la coloque en su pierna mientras seguía anotando indicaciones antes de hablar.

    Yo: Creo que ya sabe mi respuesta, licenciado. He buscado desde que llegué que me contrate de tiempo completo y volverme su mano derecha para ayudarle en todo lo que necesite, después todo, un hombre tan ocupado necesita de alguien que lo ayude en todas sus necesidades.

    Hablé en un tono sensual mientras movía ligeramente mi trasero contra su mano antes de voltear a verle con una sonrisa traviesa en sus labios, fui subiendo lentamente mi mano por su pierna mientras dejaba el lápiz en el escritorio, logró llegar hasta aquel duro bulto que tenía en su pantalón el cual solo mantenía encerrada aquella verga que había querido desde que me entrevistó comenzando a masajearla lentamente.

    Lic.: En ese caso, creo que ahora para cerrar este acuerdo puedes complacerme revisando la cocina que está en el plano.

    Mi mirada viajó hasta la cocina la cual estaba justo frente a mi jefe antes de mover todo mi cuerpo hacia aquel lugar quedando así mi trasero justo en su rostro, escuché como se levantó de aquella silla seguido de sentir su dura erección contra mi trasero mientras acercaba su pecho a mi espalda.

    Lic.: Bien… ¿Qué cambiaría de la cocina, señorita?

    Pregunta con voz grave mientras empiezo a mover mi trasero contra su dura verga, siento sus manos comenzar a subir mi falda apretada hasta mi cadera revelando aquella tanga negra con encaje que llevaba puesta seguido de una nalgada que esté me propinó, se escapó un jadeo de mis labios mientras abría más mis piernas mientras pegaba mi pecho a el escritorio.

    Yo: Amm… Tal vez podríamos poner en la puerta de la cocina que sale al patio trasero una pequeña terraza de madera.

    Logró decir con voz entrecortada sintiendo como se humedece mi tanga mientras mi jefe lleva sus dedos hacia mi vagina, por lo cual hace a un lado mi tanga dándole mejor acceso.

    Lic.: Me parece interesante pero… ¿No se mojaran?

    Pregunta en tono burlón mientras acerca sus labios hasta mi oído.

    Lic.: Tengo en este momento en mis manos una gran referencia de la palabra mojar…

    Murmura en voz grave mientras mete lentamente su dedo medio dentro de mi por lo cual suelto un ligero jadeo comenzando a mover mis caderas contra su mano, llevo mi mano derecha hasta su gran bulto y comienzo a apretarlo.

    Yo: Poniendo un techo duro pero sin perder el estilo de la casa, podría funcionar como una buena opción…

    Volteo a verle y aprieto con descaro su verga para después intentar desabrochar sus pantalones mientras me masturbaba, relami mis labios antes de escuchar ruido afuera de la oficina donde estaban el resto de trabajadores del despacho lo cual solo me provocaba aún más excitación. Sin perder aún las el tiempo logró abrir sus pantalones para así meter mi mano dentro de estos y liberar su dura verga caliente para mí, siento como mi jefe me pega más a el escritorio por lo cual la suelto para posteriormente frotarla entre mis nalgas mientras sacaba su dedo de mi.

    Lic.: Aunque creo que deberíamos hacer algunas excavaciones profundas y constantes para la parte de las tuberías… ¿No cree?

    Habló mientras colocaba su dura y palpitante verga en mi entrada antes de metérmela duro por lo cual casi grito, levante la mirada directamente hasta la puerta de entrada de su oficina antes de comenzar a moverme contra él buscando una embestida similar.

    Yo: ¿No cree que su esposa le vaya a extrañar el tiempo que tardaremos en terminar el proyecto ante las constantes y penetrantes horas de trabajo tanto aquí como en la obra?

    Aquella propuesta fue casi obvia para mi jefe ya que este comenzó a moverse contra mi como un animal duro y frenético ante la idea de cogerme no solo en su oficina sino en la construcción del proyecto, sentía sus manos aferradas a mis caderas mientras yo como podía comenzaba a desabrochar mi camisa mostrando así el sostén tan pegado que apenas si cubría sus pechos por lo apretado que estaba, sentí las manos de mi jefe ir directamente hasta mis pechos comenzando a apretarlos con fuerza mientras soltaba algunos gemidos, estos fueron rápidamente ahogados por la manos del licenciado la cual puso en su boca antes de morder mi hombro, soltaba algunos gruñidos de placer contra mi piel mientras sentía como sus piernas temblaban de placer. El licenciado metió uno de sus dedos a mi boca el cual comencé a chupar con fuerza.

    Lic.: Eres una zorrita Flores… Hace tiempo que quería metértela hasta que gritaras… desde el día de tu puta entrevista me has dejado con la verga dura, ahora me la vas a tratar bien dejando que te la meta y me la chuparas las veces que a mí se me antoje, vas a ser mi puta más dedicada y te vas a venir las veces que sean necesarias para dejarme satisfecho, zorra de porquería.

    Sentía mi coño mojarse más ante aquellas palabras por lo cual solo podía asentir y gime de placer, sin más mi jefe salió de mi a lo cual me di la vuelta para empujarlo hasta su silla para después montarme sobre él haciendo que su verga entrara por completo en mí.

    Yo: Oh Licenciado… Que rica verga tiene…

    Gemí cerca de su oído antes de comenzar a saltar de forma frenética escuchando los gruñidos y gemidos de placer de mi jefe, lleve mi mano hasta su cabello y lo obligue a poner su rostro entre mis tetas las cuales brincaban sobre su rostro lo cual solo provocó excitarle más, llevo sus manos hasta mi sostén para bajarlo antes de comenzar a chupar mis tetas, pegue su rostro más a mí mientras movía mis caderas de arriba abajo una y otra vez buscando mi orgasmo el cual no se hizo esperar tanto, clavé mis uñas sobre sus hombros cuando me vine sobre él pero no deje de moverme.

    Lic.: ¿Quieres lechita Flores?… Ponte de rodillas, maldita puta.

    Ordenó mi jefe a lo cual asentí, bajé de él para ponerme de rodillas frente a él y comenzar a chuparle la verga con destrezas, movía mi lengua jugando con su glande repetidas veces seguido de metérmela toda en la boca sintiendo arqueadas de lo profundo que podía llegar, mi jefe tomó mi cabello aumentando el ritmo de mi cabeza soltando gruñidos de placer mientras apretaba su agarre sobre mi cabello, levanta mi cabeza sacando su verga de mi boca, la pone entre mis tetas.

    Lic.: Hazme una rusa si quieres tú leche, zorra

    Sin pensarlo dos veces comienzo a hacerle la rusa que pidió mientras chupaba su glande mirándole fijamente mientras hacía su rostro hacia atrás de placer, después de algunos minutos separó mi cabeza de su verga para masturbarse cerca de mis tetas.

    Lic.: Abre la boca y saca la lengua, Flores…

    Apenas abrí la boca comenzó a venirse en mi boca para después llenarme la cara y tetas de su rica leche, la que cayó en mi boca me la tragué justo cuando terminó antes de sonreírme.

    Lic.: Eso es Flores… Ahora vístete que tenemos que firmar tu contrato para después ir a la obra, hoy saldremos de madrugada en la obra después de inspeccionar a fondo todas las habitaciones incluso el patio trasero donde haremos tu dichosa terraza.

  • El gran amor por el mas joven de mis hijos (2)

    El gran amor por el mas joven de mis hijos (2)

    Salí de la habitación aun con semen fresco por todo mi cuerpo.  El calor de la juvenil verga de mi hijo aún podía sentirlo en mi mano. Caminé desnuda hacia el baño y abrí el agua caliente. Había decidido que por el momento estaba bien dejarlo en solo una masturbada. Mientras caminaba hacia la ducha para quitarme esa sensación de semen seco de mi cuerpo note que mi vagina goteaba profusamente, era una señal inequívoca del gran deseo por mi hijo y su enorme y gorda polla lo que lo provocaba. Un deseo que ya había invadido cada célula de mi ser y que apenas y podía controlar en ese momento.

    Entre al baño y abrí el agua caliente. Ingrese a la ducha solo cuando ya había salido un poco de vapor del interior. El agua caliente se sentía deliciosa, me recordaba el calor de la semilla de mi hijo, casi hirviendo por toda mi piel. Mis pechos estaban increíblemente sensibles y era como si pudiera sentir cada gota de agua que caía sobre ellos. Empecé a masajearlos y mis pezones reaccionaron de inmediato poniéndose muy duros. Ansiaban ser mamados, rogaban por unos labios y lengua jóvenes, quizás añoraban a aquel que hace años los había succionado con todo el amor del mundo para alimentarse. Al más pequeño y consentido de mis hijos. Comencé a pellizcarlos fuertemente, el agua caliente casi sobre todo mi cuerpo elevando mi temperatura corporal al mismo tiempo que mi deseo. Mi mano instintivamente fue hacia el monte erótico en mi entrepierna. Estaba inundada en deseo. Mis dedos se deslizaron suavemente hacia adentro y arriba, mis labios dejaron escapara un gran gemido que no pudo ser contenido. Mis pezones estaban duros como piedras y mi suave piel estaba erizada por completo. Mis dedos se movían de forma traviesa dentro de mi vagina jugueteando con cada rincón de su suave textura buscando ese dulce punto, el punto que a cada mujer la llevaba a perder la razón por la lujuria que causaba, el punto G. Al momento de encontrar aquel punto rugoso entre aquel mar de suavidad mis dedos tomaron firmemente la convicción de darle un profuso placer.

    Lo acariciaban suavemente, pero con rigor, mi clítoris se inflaba con cada una de mis suaves caricias. Los jugos de mi vagina se desbordaban lentamente y caían sobre mis piernas hasta el suelo, mezclándose con la suave cortina de agua caliente. De pronto escuche un suave golpe cerca de la puerta, voltee de reojo y pude ver a mi hijo espiando por la puerta que estaba entreabierta, había olvidado cerrarla por completo y él estaba espiándome, inmóvil y mirando fijamente hacia mí, en ese momento decidí darle el espectáculo que buscaba. Saque mis dedos húmedos de mi vagina, rebosantes en mis jugos vaginales y los lleve a mi boca, me recargue sobre la pared de la regadera y comencé a mamarlos como si fuera su polla, incluso dije su nombre. Dame tu polla mi amor déjame mamarla -dije mientras succionaba mis dedos como si fueran su gran miembro y mi otra mano sujetaba firmemente uno de mis senos. Vi de reojo que él había metido su mano a su ropa interior y la movía rápidamente. Eso me excito aún más, mi propio hijo se masturbaba espiándome como un pervertido de lo peor. Yo gemía como una desquiciada y tocaba mi vagina violentamente. Apretaba mis dientes mientras mis dedos se movían con furia hacia arriba de mi vagina y hacia adentro. Cógeme duro mi niño, cógeme duro -dije casi gritando-. MI hijo había aumentado el ritmo de su chaqueta, lo hacía a toda velocidad y yo quise sincronizarme con él, quería imaginarme el sentirlo dentro de mí, sentir el chorro de su amor dentro de mí, lo deseaba con locura. El placer que causaban mis dedos en mi cuerpo electrificaba todo mi ser. Sentí que estaba próximo el gran orgasmo que había estado cosechando. Me ahorque con mi mano izquierda y mientras perdía el aire remanente en mis pulmones me masturbe a toda velocidad, mis dedos se movieron de una manera endemoniada y por fin sentí aquella sensación de una gran marea que se desbordaba de mi vagina. Varios chorros salieron de mí, uno detrás de otro acompañado de gritos desenfrenados, salvajes y sonoros clamando el dulce nombre de mi pequeño hijo. Caí sentada resbalándome por la pared del baño hasta el suelo y me recosté un poco en el suelo del baño para poder descansar un poco. Mi respiración era muy agitada y sentía mi corazón a mil. La sensación del agua caliente sobre mi cuerpo era una auténtica delicia, la satisfacción fue tal, que pude haberme quedado dormida en aquel piso.

    De un momento a otro me senté y volteé hacia la puerta, mi hijo ya no estaba ahí. Cerré a regadera y me envolví en mi toalla. Mis senos se desbordaban por encima de ella casi mostrando mis pezones y apenas y era lo suficientemente larga para cubrir mi vagina. Cuando entre a mi cuarto revise mis notificaciones y había varias del director de la escuela de mi hijo. Me había agregado a mis redes sociales. Había tratado de contactarme porque tenía varias solicitudes de mensaje y de amistad, pero las ignore, por el momento no tenía tiempo para pensar en él o en su diminuta salchicha coctelera. Me seque el cabello y camine un rato desnuda sobre mi alfombra pensando que es lo que usaría ese día. Me puse un vestido veraniego, algo ligero con un bra que juntaba mis senos y los hacia parecer melones frescos y un cachetero que hacía verse a mi trasero más redondo sobre aquella suave y delgada tela. Bajé a la sala y mi hijo estaba viendo algo de televisión y me senté junto a él. Pude notar que mis senos ajustados le llamaron de inmediato la atención.

    – ¿Te gusta mi vestido mi amor? me lo puse porque sé que te encanta este vestidito

    -Si ma, te ves muy bien, muy guapa.

    -Oye, note que estabas espiándome por la puerta mientras tomaba una ducha.

    -Ma, es que yo…

    -Shhh no tienes que decir nada mi amor, yo sé que los chicos de tu edad solo piensan en una cosa solamente, en saciar su deseo primitivo y sexual, es simplemente natural.

    -Ma, ¿Cómo es que podrías ayudarme con mi problema de eyaculación? La verdad me da miedo que por esa razón ninguna mujer quiera estar conmigo.

    -No te preocupes corazón, mami se va a encargar de darte algunos tips para eso, pero primero que nada la práctica es elemental.

    – ¿Y cómo es que debo practicar para que no me pase eso mama?

    -Lo primero es poder controlar esa sensación tan abrumadora, mi amor, tú debes saber controlar ese momento en el que quieres dejar salir toda tu lechita, concéntrate y detente, aprieta el musculo como cuando quieres dejar de orinar cuando vas al baño, concéntrate en eso.

    – ¿Lo hago cuando me masturbe?

    -Tiene que ser un poco más estimulante que eso mi amor, algo que se sienta muy húmedo y caliente, pero no te preocupes por eso yo me hare cargo como te dije antes.

    Desabroche mi vestido y lo deje caer al suelo. Mi ropa interior negra de encaje deslumbraba por completo a los ojos de mi hijo. Me puse de rodillas frente al sillón y le dije -ayúdame y bájate todo mi amor-. Él lo hizo y se quedó solo en bóxer. El pene se salía por la abertura que tienen para hacer pipí, él se apeno mucho y se cubrió con ambas manos, aun así, no podía cubrir tremendo animal. Le quité las manos de encima y escupí una gran cantidad de saliva en medio de mis pechos, metí su pene por debajo de mi bra y quedo tremendamente prensado entre mis redondos senos, la sensación de esa manera era como la de una vagina apretada, y húmeda por mi saliva. Los apreté aún más y empecé a moverlos de arriba abajo. Mi hijo apretaba con fuerza los cojines del sofá con sus manos al igual que sus dientes, se estaba esforzando para no ceder ante el deseo tan seductor de poder saciar sus ansias de placer.

    -Siento que voy a estallar en cualquier momento mamita -dijo mientras se retorcía de placer.

    -Debes tener convicción mi amor, aguanta hasta lo más que puedas.

    -Ya no aguanto más mamita.

    -Aprieta el musculo que te dije, ya verás que se te pasa.

    Él lo hizo, y su verga se endureció aún más, pero no eyaculo. Cerro los ojos y yo chupe uno de mis dedos, lo lleve al borde de su virginal culito y lo penetre profundamente, el gimió muy dulcemente casi como el sonido de una chica virgen. No podía creer lo rico que se sentía penetrarlo mientras le daba mis senos, el por mas que lo deseaba no pudo resistir. En un momento dejo salir todo su orgasmo explosivo sobre mí, mi cabello, mis senos, mi ropa interior quedaron cubiertos por completo. El respiraba agitado viéndome. Yo ya no pude soportal el deseo. Me puse en posición de perra y abrí con mis dedos mi vagina mostrándole aquel hambriento hoyo que lo deseaba y ansiaba tanto su grosor. Práctica con la perrita de tu mami mi amor -le dije mientras lo miraba con cara de puta. Él se puso cerca de mi aun con su verga llena de leche caliente y al tomar mis caderas me penetro profundamente, ambos sentimos enamorarnos en ese momento y nunca nos dejaríamos, jamás…

    Continuará…

  • Femdom de cuarentena. De novio a esclavo en castidad (7)

    Femdom de cuarentena. De novio a esclavo en castidad (7)

    Unos minutos después fui al baño. Quería ducharme, sentirme limpio. Al volver en toalla al cuarto de Nuria, me preguntó:

    -¿Cómo te sientes?

    -Me ha gustado mucho la experiencia. Pero creo que igual esto está yendo muy rápido, y no sé a donde va la relación. Vale que el sexo es importante, muy importante, pero llevábamos diez días sin vernos y no esperaba esto al venir a tu casa, la verdad.

    -Pero no te negaste.

    -¿Qué?

    -Que cuando te abrí, te mandé desnudarte y te dije que vendría un chico, no te negaste.

    -Sí, cierto. Me puso muy cachondo la situación. Y sigo cachondo joder. Llevo sin correrme diez días y de verdad que no puedo más.

    -Bueno, tranquilo que pronto te dejaré correrte.

    -Vale. Pero más allá de eso. Que sí, que me encantan esos momentos de sexo tan especial, pero, ¿qué pasa con nuestra relación? ¿A dónde está yendo?

    -De eso quería hablarte hoy, Iñigo. He estado pensando mucho estos diez días sobre lo que hablamos antes de que me fuera de tu casa. Y cada vez tengo más claro que quiero abrir la relación. Te quiero, pero también quiero follar y relacionarme con otros hombres. Pese a ello, quiero que tú ocupes un lugar importante en mi vida en general y en la sexual, claro.

    -¿Qué quieres decir con eso? No seas tan abstracta.

    -Que lo de hoy ha sido solo el comienzo, eso quiero decir. Además, Iñaki es un chico cualquiera que no tengo el mayor interés en volver a ver. Solo me interesó para hacerte probar tu primera polla. Pero quiero abrirme una cuenta en una App de citas, y conocer a chicos nuevos. Me apetece follar mucho y con muchos. Tú podrás participar, pero tal como lo decida yo. Y también puedes follar tú con otras tías, obviamente. Por lo demás, nuestra relación puede seguir igual. Quiero seguir haciendo planes contigo, no te creas que ahora ya solo te quiero como esclavo sexual. Y quiero plantearte una cosa más, y va muy en serio.

    Yo la miré expectante, temiéndome lo peor.

    -Quiero que vengas a vivir a mi piso.

    Yo no me esperaba esa propuesta. Es cierto que durante la cuarentena habíamos estado bien, muy bien, desde el cambio en nuestra relación. Pero también sabía que me gustaba tener mi espacio, dormir solo cuando quería. Por no hablar de que mi casa era mucho más grande y cómoda que la de Nuria. Pero aun así, llevaba tiempo queriendo irme de casa, ya que al fin y al cabo era de mis padres, y no me sentía libre allí. El dinero, sin embargo, era el primero de los obstáculos para marcharme. Nuria, viendo que no decía nada, y adivinando mis pensamientos, continuó:

    -Por el alquiler ni te rayes, de verdad. Yo lo he llevo pagando sola todo este tiempo, y puedo continuar así.

    Evidentemente antes o después esperaría que buscaras alguna fuente de dinero, pero ya veremos más adelante. El motivo por el que quiero que vengas creo que es fácil de entender. Me lo he pasado demasiado bien esas semanas en tu casa, y durante estos diez días no he podido disfrutarte. Además, el control de la relación sexual también se ha hecho mucho más complicada. Que no digo que no te crea, estoy segura que no te has corrido en estos diez días. Pero si realmente quisieras hacerlo, podrías tranquilamente. Y que me dieras tu llave de la jaula no creo que sea una posibilidad. Es muy arriesgado para la higiene y podrías quedarte disfuncional muchos meses si la llevas ininterrumpidamente. En fin, que te quiero conmigo todos los días. Quiero poder controlarte efectivamente, poder esclavizarte cuando me apetezca y seguir las dinámicas que empezamos en tu casa. Y creo que para que esto se haga posible tenemos que vivir juntos.

    Por más que lo intentaba, no conseguía encontrar razones en contra de sus argumentos. Me daba vértigo perder mi espacio, mi privacidad de forma permanente. Pero la posibilidad de vivir con Nuria y verla todos los días era un sentimiento más fuerte aún. Sin embargo, aún me quedaba una cuestión sin resolver:

    -A ver, no te voy a mentir. Me hacen muy feliz tus palabras. Tenía serias dudas de que siguieras sintiendo lo mismo por mí, al querer abrir la relación. Pero que quieras que vivamos juntos me deja mucho más tranquilo. Por mucho que… -Nuria me interrumpió.

    -Espera. Antes de decirme nada sobre la propuesta, si quieres piénsatelo bien. No tienes porqué responderme ahora. Dale unas vueltas, y ya me dirás.

    -Creo que tengo las cosas sufrientemente claras. Mi única duda seria es sobre cómo funcionará lo de la relación abierta, y aquí quiero dejar algo claro. Vale, podemos follar con otras personas, pero no quiero que traigas a otros chicos aquí para tu propio disfrute. Si eso, si es un chico bisexual que también quiera conmigo, como lo de hoy, adelante. Pero si se trata de ligues tuyos, en su casa siempre, ¿vale?

    -Joder, ¡¿entonces aceptas venir a vivir conmigo?!

    -Sí, pero con esa condición. –Dije lo más serio que pude.

    -Vale, está bien. Será así, te lo prometo.

    Nos miramos fijamente. Una sonrisa cálida salía de nuestras bocas, que se juntaron en un beso muy íntimo. Nuria me cogió el cuello con su mano, y empezó a frotarse contra mi cuerpo.

    -Joder, qué cachonda que me he puesto viéndote comer una polla, y con la lefa en tu cara junto a mi saliva. Anda, abre la boca.

    Hice lo que me pedía y recibí su escupitajo en plena lengua. Seguimos besándonos. Mi toalla fue poco a poco deslizándose por mi cintura, y me quedé desnudo. Siguiendo el beso, Nuria movió su mano hacia mi entrepierna y me intentó tocar la polla. Pero entonces se dio cuenta que seguía con la jaula. Se levantó de la cama, buscó la llave, me mandó acostarme boca arriba en la cama, y abrió la jaula. En seguida, con ayuda de un aceite especial, empezó a masajear mi polla, con sus dos manos. Quería sentirla bien. Y después de unos minutos en los que mi miembro se acostumbró a la libertad y recobró la erección, sin pensárselo dos veces se la metió por su hermoso coño y empezó a cabalgarla.

    Yo estaba en éxtasis. Llevaba tiempo sin follar con ella y se sentía increíble. El calor del interior de su coño era maravilloso, y pronto estuve cerca del orgasmo. Nuria se dio cuenta de ello por mi cara, pero en lugar de frenar sus movimientos, me dijo que me corriera. Aliviado, cerré los ojos y me dejé llevar. Sentí como una corrida enorme, se metía hasta el fondo de su coño. Después de diez días sin hacerlo, sentí que nunca me había corrido tanto, y que mis huevos por fin respiraban.

    Nuria se quedó un rato más con mi polla dentro, a lo que le siguió algo que esperaba, y secretamente deseaba, que volviera a hacer. Acercó su coño a mi rostro, y lo limpié hasta quedó impoluto. Como remate final, Nuria me volvió a poner la jaula. La besó tiernamente, y nos vestimos.

    Durante los siguientes días preparé la mudanza. Les expliqué a mi hermana y padres que me mudaba con mi novia, cosa que les sorprendió bastante, pero aceptaron de buenas maneras.

    Los primeros días en mi nuevo hogar fueron bien. Hicimos algunos cambios en su cuarto, compramos una cajonera más, y poco a poco me fui acostumbrando a dormir allí diariamente.

    Respecto a la vida sexual, durante esos primeros días decidimos tomarnos un respiro. Nuria me quitó la jaula de castidad, y no hicimos gran cosa, salvo sexo normal un par de veces. Como era ella, por mutuo acuerdo, la que decidía lo que hacer o no sexualmente, yo acepte esta situación pasivamente, y pese a que le pregunté al respecto pasados cinco días sin femdom, esquivó mi pregunta como pudo y cambió de tema. Algo trama, pensé yo. Y no iba muy desencaminado.

    A la semana, llegué de la Uni, y ella ya estaba en casa. Me esperaba en la habitación, tumbada sobre la cama, desnuda y con el dildo strap on negro más pequeño, acoplado a su pelvis. Nada más pasé, me ordenó que me desnudara yo también, y procedió a ponerme la jaula de castidad. Acto seguido, me untó mucho lubricante en el ano, y me ordenó que me pusiera en cuatro sobre la cama. Todo fue muy rápido, sin darme tiempo ni a asimilar la situación. Llevábamos siete días sin ningún tipo de femdom, y ahora en cuestión de dos minutos estaba con mi culo en el aire, esperando a ser follado después de bastante tiempo. Como le gustaba a Nuria romperme los esquemas, sorprenderme, imponer su voluntad mediante caprichos.

    Me folló durante un buen rato. Al inicio me incomodó muchísimo físicamente. Con el paso de los minutos lo incómodo se transformó en placer, y nuevamente en incomodidad. Pese a su ritmo constante, no conseguía ni de lejos estimularme lo suficiente como para llegar al orgasmo. Aguanté el tiempo como pude, arqueando la espalda y cruzando los brazos sobre la cama, en los que apoyaba la cabeza cerrando los ojos. Al cabo de veinte minutos, Nuria seguía. Yo lo estaba pasando realmente mal, porque nunca me había follado tanto tiempo. Pero por orgullo, no quería mostrarme débil, por lo que no dije nada.

    Por fin, casi a la media hora, en la que no había sacado el dildo ni una sola vez, por fin frenó, y lo fue sacando lentamente. Me quedé con una sensación de vacío y alivio total. Me tumbé sobre la cama de espaldas, y solté un gran suspiro. Pero entonces Nuria me ordenó que me pusiera en cuatro de nuevo inmediatamente, cogiéndome del pelo. Una vez en cuatro de nuevo, sin ver lo que pasaba, esperé. Nuria había adivinado el enorme alivio que había sentido al sentir mis entrañas sin la presencia de un extraño miembro en ellas, y me dijo:

    -Lo siento pero no puedo permitir que te sientas tan aliviado después de esto.

    Entonces procedió a ponerme el plug anal más ancho de todos. Por la follada de antes, no le resultó muy complicado. Una vez con él, pude incorporarme. Sentí inmediatamente la incomodidad. Pero me dio a la vez mucho morbo.

    -Lo vas a llevar hasta nuevo aviso. ¿De acuerdo esclavo?

    -Sí, ama.

    -Así me gusta. Ya puedes vestirte, se acabó la sesión. Cambiando de tema, ¿te apetece ir ahora a la nueva exposición del Reina Sofía sobre dadaísmo?

    -Emmm, sí, venga. ¿Pero entonces tengo que llevarlo en la calle también?

    -Claro cariño. Dije hasta nuevo aviso.

    Salimos a la calle, y se hacía muy incómodo andar, porque sentía como el plug iba tocando varias partes de mi culo al ritmo de mis pasos, y volvía a tener la jaula de castidad, después de muchos días sin ella. Pero nos pusimos a hablar, y sorprendentemente al cabo de unos minutos se me olvidó casi del todo la presencia del plug. Al sentarme en el bus, sin embargo, volví a acordarme intensamente de él, ya que se me metió hasta el fondo. Nuria lo notó, y me besó medio riéndose.

    Una vez en el museo, Nuria me dijo que estaba demasiado cachonda y que quería que fuésemos al baño. Entonces se sentó en el váter, y mandándome ponerme de rodillas, empecé a chuparle el coño mientras la penetraba con dos dedos, hasta que se corrió dos veces. Después limpié tanto mis dedos como su coño con mi lengua, y salimos. Mientras ella se había quedado súper a gusto, yo era ahora el que estaba súper cachondo. En consecuencia, no podía disfrutar mucho de la exposición, ya que por mucho que lo intentara, mi polla pedía a gritos ser liberada y sentía como el líquido preseminal humedecía mis calzoncillos. Fui hacia Nuria y se lo dije, mientras le metía mano en su coño, de lo caliente que estaba. Ella reaccionó sorprendida y me la retiró inmediatamente.

    Como si esto no fuera suficiente, al volver a casa mi calvario aumentó. Primero, Nuria se quitó las bragas. Yo pensaba que querría que le comiera el coño de nuevo, pero no. Escupió sobre ellas, y me las metió en la boca, seguido de un gag. Si creía que el gag era incómodo, imagínate con unas bragas entre la garganta y el gag. Evidentemente, empecé a tener arcadas y a toser. Mientras, Nuria me hacía fotos. Estuve a punto de quitarme el gag yo mismo, pero me contuve. Miraba fijamente a Nuria pidiéndole clemencia, y mientras sentía como mis ojos se llenaban de lágrimas por la incomodidad física que me estaban generando sus bragas.

    -Esto, por lo de antes, Iñigo. Que sea la última vez que me tocas de forma tan descarada en público sin mi consentimiento. Si hemos acordado que yo tengo el control sobre nuestra relación sexual, actúa en consecuencia.

    Yo intenté decir “perdón” como pude, pero solo salieron de mí unos sonidos incomprensibles. A Nuria esto le hizo mucha gracia y me cogió de la mandíbula riéndose.

    -¿Cómo dices?

    Yo callé y la miré entre serio y enfadado. Mi orgullo me impedía seguir jugando a su juego. Ella lo entendió, y me quitó el gag. Pero para demostrarme que ella seguía teniendo el control, me hizo mantener las bragas en mi boca un rato más, y cuando por fin las sacó, llenas de mi húmeda saliva, escupió nuevamente en ellas y las restregó sobre mi cara. Yo seguí mirándola enfadado, pero no me atreví a decir nada.

    -Necesito ser follada. –Me dijo mientras se tumbaba sobre la cama–. ¿Qué prefieres, que me folle otro chico o que me folles tú con el strap on? Ya estás tardando en ponértelo.

    Sin responder, hice lo que me pedía. Se hacía tan raro tener un dildo pegado a mí, justo arriba de mi polla enjaulada. Y más raro aún era penetrar a Nuria moviendo mi pelvis, pero sin sentir nada. Se creaba una disonancia cognitiva curiosa, que confundía a mi cerebro y le hacía pensar a ratos que el dildo era mi verdadera polla.

    Conforme la follaba y la veía disfrutar sin poder sentir nada yo, crecían mis ganas de al menos comerle el coño. Lo veía tan cerca de mí, tan abierto y brillante, y sin embargo ninguna parte de mí lo estaba disfrutando sensorialmente. Nuria se dio cuenta de cómo se lo estaba mirando fijamente, y decidió torturarme aún más, cambiando el strap on de mi cadera a mi cara. Ella seguía arriba de mí, cabalgando mi cara. Ahora tenía su coño a centímetros de mi boca, pero nada más.

    -¿Quieres comerme el coño eh esclavo? Jajaja

    Después de correrse tres veces, con su corrida bien espesa en todo el dildo, me lo quitó de la cara.

    -Si dejas bien limpio el dildo, igual te dejo comerme el coño.

    Cachondo perdido, lo cogí inmediatamente y me lo metí en la boca lo más profundo que pude, mientras Nuria me miraba masturbándose. Después ella misma cogió el dildo y me lo fue metiendo a su antojo. Cuando ya no quedaba rastro de corrida en el dildo, la miré suplicándole. Ella respondió poniéndome sus dedos, con los que se estaba masturbando, en la boca. Los metí enteros en mi boca, hasta que metió casi su mano entera. Sus dedos me llegaban casi a la campanilla. Me encantaba. Era realmente mucho más estimulante, placentero y erótico tener sus dedos dentro de mi boca, a tener un pedazo de plástico como era el dildo. Me gustaba mucho más sentir su calor, su carne moviéndose dentro de mi boca inmovilizada.

    -Me apetece mucho que me comas el coño, esclavo. Pero no lo vas a hacer. Así aprendes a comportarte la próxima vez. Ahora, túmbate en el suelo paralelo a la cama.

    Una vez en esa posición, Nuria me puso las dos plantas de los pies, que estaban bastante fríos, en la cara. Era desagradable pero a la vez erótico. Saqué la lengua, cosa que le gustó a Nuria, que procedió a meterme los dedos de su pie en la boca. Uno por uno, pasé la lengua por ellos, y cuando se cansó, me metió el pie aún más profundo. Sentía sus dedos muy cerca de mi campanilla, era realmente incómodo por lo ancho que es un pie. En consecuencia, mi boca no paraba de segregar saliva, y empecé a toser. Nuria sacó el pie, ahora caliente y brillante por mi saliva. Me lo pasó nuevamente por la cara y metió el otro. Con el pie en mi boca, se puso de pie y dejó caer un hilo de saliva sobre mis labios, lo cual me puso todavía más cachondo. Además, tenía justo encima el coño de Nuria, siendo frotado intensamente por sus dedos. Llegó al orgasmo, me dio un beso rápido con lengua, y se marchó al baño. Al volver y encontrarme en la misma posición, me dijo que qué hacía, y que ya había terminado la sesión. Para mi enfado, no solo no había podido follar, sino que no había podido ni disfrutar del coño de Nuria, que era lo único que realmente me saciaba de no poder llegar al orgasmo. Lo que no sabía es que la próxima vez que volví a probar su agujero, sería algo tan desagradable para mí.

  • Bucle erótico

    Bucle erótico

    Llevaba seis meses sin pareja y necesitaba un desahogo. Se encaminó al barrio chino y escogió una calle y un bar al azar.

    Negoció precio y servicios con el chino de la entrada que no hablaba español. No acabó de enterarse muy bien lo que estaba contratando, pero el chino le indicó por señas que esperase a que se encendiera la luz verde del fondo.

    Entró por la puerta situada bajo la luz, y se encontró en una habitación que tenía por decoración una enorme cama impolutamente blanca. Encima de la cama una espléndida mulata que vestía un body con la inscripción “Manos de santa”. Ni que decir tiene que las manos le hicieron ver las estrellas de placer.

    Satisfecho, se dirigió al fondo de la habitación y abrió la puerta que señalaba salida. Una nueva habitación con una cama también impolutamente blanca. Encima de la cama una sensual pelirroja vestía un body con una inscripción “Boca de fresa”. Y con la boca lo hizo vislumbrar el cielo.

    Buscó ya un poco cansado la puerta de salida y entró en una habitación con una cama blanca como la nieve. Una explosiva rubia vestía un body que decía “Tómame”. Y la tomó y se vació hasta el último suspiro.

    Se sintió incapaz de seguir avanzando. Así que maldijo al chino y dio la vuelta para deshacer el camino recorrido.

    Abrió la puerta y la habitación tenía ahora una cama de un empalagoso color caramelo. Una monstruosa mujer con brazos cual jarretes de ternera y pechos como ubres de vaca lucía un body con la leyenda “Cómeme”. Al acabar pensó que no volvería a tener apetito de mujer en años.

    La siguiente puerta le condujo a una habitación a oscuras. Entró y la puerta se cerró pesadamente. Una luz muy tenue iluminó una cama de color caramelo aunque ahora de menta, donde un chino descomunal lucía sus atributos excesivos. Su body lucía la leyenda “martillo”.

    Resignadamente se echó en la cama boca abajo, preguntándose qué habría en la siguiente habitación.

  • Memorias de África (VI)

    Memorias de África (VI)

    A la mañana siguiente me despertó el ruido de la puerta. Por la puerta entró Aifon y una luz que casi me ciega. Pude ver el cielo de azul limpio e intenso y la cara de Aifon con esa sonrisa en su boca de la que pocas veces se desprendía. Sentándose en la cama, me bajó las bragas hasta quitármelas, abrió mi sexo colocando los pulgares en los labios y lo estudió detenidamente. Me dio la vuelta y repitió la operación revisando las nalgas y separándolas para ver el ano.

    Por el tono de su voz y su gesto, comprendí que todo estaba perfecto y a su gusto. Para mí también, ya que salvo la forma repentina de despertarme, me encontraba estupendamente, libre de dolores y escozores. Me puso las bragas, me ayudó a levantarme del camastro y me llevó fuera de la cabaña. Atravesamos el poblado y Aifon me llevó a una choza que estaba un poco separada del resto, casi entre los matorrales que daban entrada al bosque. Aquella mañana parecía que había pocos hombres por allí, los niños se dedicaban a jugar y las mujeres estaban ocupadas barriendo con ramitas, hablando entre ellas o preparando comida. Antes de salir, Aifon me había llevado agua y fruta para desayunar. Me lo comí y bebí todo.

    Llegamos frente a esa choza casi aislada del poblado, y ya antes de pararnos Aifon y yo, de ella salió un hombre fornido y alto. Reconocí al indígena que llamé Samsung en primer día que lo vi. Ese mañana lo pude ver a la luz del sol y de cerca; hacía días que no lo había visto, ni siquiera había participado en las orgías a la que sus convecinos me habían sometido. Junto a él estaba Nokia, el hombre mayor al que yo seguía dándole el título de jefe. Nada más llegar, Nokia nos dejó solos y pude centrarme en observar a Samsung. Era musculoso, los hombros anchos, los pectorales muy definidos, cintura y caderas marcadas, piernas largas y musculosas, brazos fuertes… un hermoso semental. La nariz no muy chata, pómulos marcados y una piel marrón brillante.

    Sin mediar palabra y tan siquiera dirigirse a Aifon o a mí, se quitó el taparrabos, dejando al aire una polla erguida y divina. Siempre había pensado en el mito de las vergas de los negros, y que no era tan importante el tamaño o el grosor, sino la forma de usarlo y la pasión que se pone al follar. Pero tengo que reconocer que las medidas de Samsung eran furiosas y bellas. Su polla estaba totalmente empalmada y cada vez que Samsung se movía, ese precioso miembro temblaba y su piel parecía hasta tener cierto brillo a la luz del sol. Se agachó y me quitó las bragas, me dio la vuelta poniéndome de cara a Aifon, me inclinó hacia adelante y colocó mis manos agarrando las caderas de Aifon para sujetarme. Ya me imaginaba metiendo aquella verga en mi cuerpo sin más preámbulos ni preludios, y me dio miedo.

    Sujetando su polla con una de las manos, me rozó entre los muslos y la entrada de la vagina con el glande. Estaba totalmente contraída, y Samsung apartó la polla y me sondeó con la mano y los dedos, tuvo que tomarse su tiempo para poder meter en mi coño su dedo. Sacó su dedo y me puso erguida de nuevo cogiéndome por los hombros. En su cara el gesto era como de frustración. Le dijo algo a Aifon, dio una palmada al aire y ella se fue hacia los árboles. Al rato volvió con una de las varillas con las que me habían azotado días atrás.

    -¡Oh mierda! ¡No! -dije mientras contraía el culo y lo ponía duro.

    Aifon tenía esa odiosa sonrisa que se le ponía antes de castigarme. Giré la cabeza a Samsung y con mirada de cordero degollado le supliqué, pero evidentemente no me entendió. Me hizo una señal con la mano para que siguiera a Aifon, mientras ella ya se había preocupado de cogerme por una de las muñecas y llevarme a rastras hasta un pequeño montículo de hierba. Se sentó y con la habitual energía y decisión que tenían esos salvajes, me puso en sus rodillas boca abajo. Hice fuerza y contraje el culo con todas mis fuerzas a la espera del primer azote. Samsung se acercó a nosotras y cogió el brazo de Aifon para detener el golpe. Giré la cabeza y lo vi como si estuviera pensando.

    Su polla que antes se había casi desinflado, volvía a estar erguida, dura y brillante. Me levantó y me puso de pie mientras le decía algo a la muchacha. Aifon me lanzó una mirada fulminante, se levantó y Samsung me dijo que me sentara con un gesto de su brazo. Aifon se puso en la misma postura en la había estado yo hacía unos instantes. Había aprendido en los días que llevaba conviviendo con aquellas gentes, que se excitaban con los azotes; ellas se mojaban y a ellos se les ponía la verga dura. Y parece ser que Samsung quería experimentar si yo era capaz de mojar mi sexo azotando a Aifon. Por un lado, me dieron ganas de vengarme de esa cabrona, pero por otro nunca me ha gustado la violencia en el sexo o hacer daño a nadie. Le quité el taparrabos y le abrí un poco las piernas. La piel de sus nalgas estaba tibia y suave y al igual que yo, hizo un intento por cerrarse, pero levanté un poco las piernas consiguiendo con eso poner más alto su culo.

    Además, lo hice con energía para que entendiera que ahora era yo la que mandaba. Su culo era parecido al mío pero algo más pequeño teniendo en cuenta su menor corpulencia. Era un culo precioso, redondo, respingón y aterciopelado. Samsung me dio la vara y le di a la chiquilla unos golpes leves, como de calentamiento. La golpeé de forma seca y dejando unos segundos entre azote y azote. Después de unos golpes, tiré la varita y con la mano abierta azoté aquel precioso culo. Con cada golpe sentía que Aifon contraía las nalgas y se crispaba. Tenía la boca cerrada, pero eso no impedía que escuchara unos leves gemidos. Tengo que reconocer que la muchacha tenía aguante, yo en su situación ya estaría derrumbada.

    Samsung estaba de pie, con los brazos cruzado en su pecho, las piernas semi abiertas y con la polla tan empalmada que pensé que iba a romperse. Con una voz grave me dio lo que me pareció una orden, y que yo interpreté como que quería más energía por mi parte. Le di unos pocos azotes mucho más fuertes y sus gemidos pasaron a ser gritos para terminar con un gimoteo más propio de una niña. Se me pasó por la cabeza la loca idea de pasear mi mano por su sexo y meter mi dedo en su coño, la imaginaba llena de líquido, mojada, y las gotas de su flujo mojando mis muslos. Samsung me cogió de la mano para que parara y nos levantó a las dos.

    Estaba excitada y no sé muy bien porqué, noté mi vagina húmeda. Aifon estaba congestionada, y con los ojos llorosos. Me puso frente a ella, me curvó y al igual que antes, puso mis manos en las caderas de Aifon. Tenía el coño de la muchacha a la vista y esa visión me alteró aún más. Separé mis piernas sin que me dijeran nada y mostré mi culo y la entrada de mi sexo. Sentí unas ganas enormes de besar aquel vientre y el ombligo… y no me aguanté. Mientras lo hacía, la polla de Samsung se acercó a mí y me penetró por la vagina hasta el fondo.

    Era un jodido semental, sujetándome por las caderas sacaba su verga y me la volvía a hundir. Sentía mi coño lleno y había cedido para dar hueco a esa enorme polla. Samsung gemía de forma ronca, “¡oh!, ¡oh!, ¡oh!”, y los acompañaba con unas embestidas enérgicas. El placer me daba punzadas y el primer orgasmo me pilló con la boca en la vulva de Aifon. Ni si quiera con la boca ocupada pude reprimir un largo grito de placer. Las sacudidas de Samsung se volvieron salvajes, y cuando el retrocedía su polla, yo con un movimiento me echaba hacia atrás para atraparla. Las manos tensas de Samsung me apretaron las caderas al correrse, al mismo tiempo que lanzó un grito de placer. Sentí como su leche caía en mi espalda y por mis nalgas. Las gotas de su semen me acribillaron. No sé muy bien cómo, pero terminamos los tres en el suelo rodando, los tres cuerpos a la vez. Aifon me rodeó con los brazos y empezó a besarme y a comerme la boca. Los tres acabamos tirados en el suelo jadeando.